ABRIL-MAYO 2026 | NÚMERO 52


Salvador Vargas Sánchez (1963-2026)

sentido adiós in memoriam ¡GRACIAS Y HASTA SIEMPRE! RAEL
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ABRIL-MAYO 2026 | NÚMERO 52


Salvador Vargas Sánchez (1963-2026)

sentido adiós in memoriam ¡GRACIAS Y HASTA SIEMPRE! RAEL
Mirar con los ojos de la filosofía para cambiar la realidad
Por Rael Salvador

Mientras la poesía nos una, la muerte jamás nos separa Rael Salvador
e queda en su legado, en las cientos de miles de palabras que publicó de manera ininterrumpida desde hace más de 40 años en libros y columnas periodísticas, en las que expresaba con pasión, convicción y sensibilidad humana lo que sentía y pensaba: “¡Qué valioso el expresar las emociones a partir del lápiz y la realidad! ¡Qué desbordante alegría vivir un eterno romance con el conocimiento!”.
Se queda en sus lectores, de quienes esperaba apertura para percibir estímulos y reaccionar ante ellos con empatía emocional y compromiso con la reflexión: “¡Qué importante saber leer de manera crítica!”.
Se queda en sus miles de alumnas y alumnos, niñas y niños bajacalifornianos de entre seis y 12 años de edad a quienes impartió clases desde la trinchera de las aulas rurales y semi rurales durante más de 35 años, espacios idóneos para el intercambio de conocimientos y aprendizaje... y más allá, en todas y todos sus discípulos de las aulas sin muros, a quienes tuteló en el ejercicio de la crítica literaria y la escritura, pues: “No sólo se nace del vientre de la madre sino también cada vez que se toma conciencia”.
Se queda en cientos de proyectos artísticos y culturales en que participó, impulsó o promovió como parte de la comunidad artística de Ensenada y Baja California o desde el ejercicio del periodismo cultural, pues creía firmemente que la educación, el arte y el pensamiento crítico son herramientas superiores a la violencia para defender la identidad y lograr cambios sociales, como dijera Guglielmo Ferrero: “La cultura ayuda a un pueblo a luchar con las palabras antes que con las armas”.
Se queda también de manera irrefutable en las más de 350 ediciones de Palabra, de su segunda y ahora tercera época que, con total entrega y tino dirigió a tinta, sudor y fuego: “El fuego se desprende de la pluma para no quemar la mente”.
En esta edición, Palabra rinde un sentido homenaje a su editor, a nuestro querido Rael Salvador, quien aunque el pasado 25 de marzo dejó este plano de existencia terrenal (el día de la independencia de Grecia), con su arte, su amor y su palabra compartida trasciende la finitud física para vivir en lo eterno.
Gracias a las colaboradoras y colaboradores por responder, como cada mes, al llamado... y sobre todo ¡gracias a Rael por todo lo que nos entregaste. Honraremos tu legado, pues como siempre decías: “el periodismo cultural es la astronomía de la memoria”.
M.Q.
Abril-Mayo 2026 / Número 52
Director General
Arturo López Juan
Director de Información
Enhoc Santoyo Cid
Director Editorial
Gerardo Sánchez García
Gerente Administrativo
Alfredo Tapia Burgoin
Coordinadora de Publicidad
Ma. Del Socorro Encarnación Osuna
Coordinadora de El Vigía Digital
Sandra Ibarra Anaya
Editor PALABRA
Rael Salvador (†)
Coeditor / Corrector
Manuel Quintero
Diseño Editorial
Arturo Corpus
Crítica de la razón existencialista / Rael Salvador
Docente, escritor y periodista cultural / Manuel Quintero
Rael Salvador: Semblanza en clave poética / Gabriel Trujillo Muñoz
El Vigía, Rael y Palabra / Arturo López Juan
Claridad, cortesía y crítica / Enhoc Santoyo
El caballero de las letras / Lauro Acevedo
Después de Rael / Oscar Angeles Reyes
Complicidad / Marcela Danemann
Trascendencia de un poeta: Rael Salvador / Iliana Hernández
Artista, maestro y amigo entrañable / Redacción Palabra
Salvador Vargas Sánchez, un hermano REAL / Enrique Botello
Quiero escribir de mi tío / Luis Felipe Ullate Ritchie
Ha muerto un poeta / Olga Alicia Aragón
Rael “el bombero” Salvador / Eduardo Cruz Vázquez
Un legado entre París, México y la eternidad / Eric Rodríguez
“De la literatura, me quedo con la lectura” / Herandy Rojas
Palabra y su contribución en el rescate del kiliwa / Arnulfo Estrada
Rael y la visión poética sobre el mundo natural / Carlos Lazcano
Iluminado por las sombras / Ramón Ángel Acevedo Arce “Rakar”
Un intelectual de otro tiempo / Daniel Salinas Basave
No hay silencio más ruidoso que tu ausencia / Araceli Alanis Cañarte
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Págs. 8 y 9
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Fotografía
Enrique Botello / Ruth Gámez
Colaboradores
Carlos Mongar, Sergio Gómez Montero (†), Gabriel Trujillo Muñoz, Federico Campbell (†), Daniel Salinas Basave, Leobardo Sarabia, Santiago M. Zarria, Manuel Quintero, Enrique Botello, Héctor García M., Óscar Ángeles Reyes, Fernando Mancillas, Iliana Hernández, Herandy Rojas, Carlos-Blas Galindo (†), Alberto Manguel, Martín Caparrós, Alfonso Lorenzana, Eduardo Cruz Vázquez, Eric Rodríguez Ochoa, Jorge Ruiz Dueñas, Carlos Velázquez, Rob Riemen, Alexa Álamo, Arnulfo Estrada R., Jorge Ortega, Elizabeth Cazessús, Olga Alicia Aragón, Carlos Lazcano, Gustavo Dessal, Araceli Alanis Cañarte, Luis Felipe Ullate Ritchie, Lauro Acevedo y Marcela Danemann.
Corresponsales en el extranjero
Ferdinando Scianna (Italia); Cony Mollet-Sigüenza (Francia); Ramón Ángel Acevedo, “Rakar” (Chile); Patrick Liotta (Argentina); Héctor García Mejía (Los Ángeles).
Corresponsal en Tijuana Enrique A. Velasco Santana
Teléfonos para publicidad: 120.55.57, extensión 1021. Palabra no responde a colaboraciones no solicitadas ni asume como propias las opiniones de sus columnistas y comentaristas. La opinión de la revista literaria se encuentra reflejada en su editorial. Todas las imágenes y fotografías que aparecen en la presente edición son utilizadas con fines informativos.
Av. López Mateos, No. 1875. Ensenada, B. C. México.

SPor Rael Salvador Escritor y editor
i queremos ayudar a que la realidad cambie, debemos acercarnos a la filosofía.
Dejar de lado esa especie de vergüenza heredada, de culpa religiosa, de cadalso histórico —de tradiciones de calendario, de irracionalidad escolar, de adiestramiento noticioso— y afrontar la vida contra la telaraña de lo infausto y la idiotez de los estigmas.
¿Para qué? ¿En condición de qué? ¿A cambio de qué?
Aceptemos aquí las interrogantes en calidad de reto y a título de enfrentamiento, que no son duditas que se contorsionan y dejan ver su sexo en esas bolas de cristal que desenmarañan entuertos y pronostican el presente, y todo mundo en paz.
Contra el entumecimiento del alma, la palabra liberada. Frente al sistema tirano, la sublevación de los principios. Ante los perros guardianes del orden, el hecho filosófico.
El hecho filosófico se ha tornado una afrenta que, en palabras de Michel Onfray, asumiríamos “a partir de una poética de granero o de una fenomenología de la bodega, de la vacilación de una vela o del perfume dominical de un pollo asado”. Un delicado agravio que resulte insoportable ante los déspotas, como la risa sin la esclavitud de las mandíbulas, como la cabellera acariciándote con humedad los hombros, como el libro bajo la axila o el exilio, como citar a Marx, refrendar a Sartre y escurrirte en un beso público la miel de Camus.
Y el mismo Camus dirá: «Una sociedad que soporta entretenerse por una prensa envilecida y por un millar de bufones cínicos que se adornan con el nombre de “artistas” corre hacia la esclavitud a pesar de las protestas de las propias personas que contribuyen a su desgracia. (…) Nuestra tarea consiste en no caer en esa sucia complicidad. Nuestro honor depende de la energía con que nos neguemos a aceptar el compromiso».

otro, políticas—, con esa mirada se observa el devenir de la contingencia humana: sus desastres y sus glorias, sus torpezas míticas y sus esplendores virtuales, su anonadamiento bárbaro y, también, su maravilloso velamen hipertecnológico desplazándose en el mar pedregoso del espacio.
“El legado de la filosofía es existencialista, posee un ojo oriental y otro occidental —uno induce visiones psíquicas y otro, políticas—, con esa mirada se observa el devenir de la contingencia humana”
Pero la “fiesta del chivo” no termina ahí (Jean-Paul Sartre, estoy seguro, secundaría, sardónico, insistiendo: “El terrorismo es la bomba atómica de los pobres”).
La sociedad tiene deudas filosóficas con nuestra calidad de vida:
Porque adiestra para una óptica siniestra.
Porque instruye para sacarle los ojos a la confianza.
Porque educa para que la mentira se acepte como verdad.
Porque catequiza para que el prohibicionismo sea religión.
Porque adoctrina para que los que menos tienen más quieran.
El mundo posmoderno del capitalismo pasional nos ha torcido la manera de apreciar la realidad y, antes de sucumbir como el crucero griego Costa Concordia, ese viraje está obligado a recuperar la ruta: “El capitán / no es el capitán. / El capitán / es el mar…”, dirá en auxilio nuestro el poeta anarco-existencialista Jesús Lizano.
Y aquí una cita entusiasta de Michel Onfray, de quien hago referencia, sin indigestión académica, a cada instante: “Hay que salir del tiempo corto del periodismo que vive de la emoción, para entrar al tiempo largo de los filósofos, que vive de la reflexión”.
*Texto inédito. Capítulo avance del último libro escrito por Rael Salvador dedicado al filósofo Jean-Paul Sartre y a uno de sus mentores y amigo Jacobo De (el dramaturgo Rodolfo Alcaraz), próximo a ser publicado.
El legado de la filosofía es existencialista, posee un ojo oriental y otro occidental —uno induce visiones psíquicas y
Porque ilustra para que lo legal no sea una opción.
Porque alfabetiza para repetir que no hay otro camino mejor.
Pandemónium (1990) -Antipoesía-


El fuego se desprende de la pluma para no quemar la mente
Rael Salvador
Ciudad abierta (fotocrónica de Héctor García Mejía) (1994) -Máximas y aforismos-
Te metes, tiras y sales (1995) -Poesía- (Ilustrado por Mati Ransenberg)


Estatuaria en el perfil de la visibilidad (microesculturas de Efrén Zavala) (1998) -Máximas y aforismos-
Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar (1999) -Poesía- (Ilustrado por Leonel Flores)

Si yo puedo matar a Bush, ¿por qué alguien que lo odia más no puede hacerlo? (2001) -Máximas y aforismosLa resaca del Sol de las anémonas (2005) -Ensayo-

Vitis Terrae. Poesía y fotografía (2010) -Poesía- (Fotografía de Enrique Botello)
Obituarios intempestivos. Vida y muerte de Albert Camus, Facundo Cabral y Anna Politkóvskaya (2014) -Obra narrativa: Ensayo-


Claridad & Cortesía. La creación de una belleza nueva (2015) -Ensayo-
ATA TON DAIMONA EAYTOY. Recuerdo del héroe llevado por su demonio (2022) -Ensayo biográfico de Jim Morrison(Ilustración y fotografía por Héctor García Mejía)


NIETZSCHE. El príncipe sublimedel intelecto (2023) -Ensayo, Autobiografía lectora-
Rael Salvador, editor de Palabra, falleció a los 63 años el pasado 25 de marzo. Crítico, polémico y hasta controversial, fue un ser humano dedicado a desarrollar, exponer y defender con pasión su pensamiento en las distintas esferas en las que se desenvolvió; su figura deja una huella imborrable y un extenso legado a través de sus escritos y enseñanzas

Por
Manuel Quintero
Periodista y editor manoqui.mx@gmail.com
Indistintamente es educador, es poeta, en parte filósofo y, más que nada un lector pertinaz y obsesivo Sergio Gómez Montero
Conocí a Rael Salvador en 2006 en la redacción del periódico El Vigía, donde en su momento fungí como coeditor, editor y coordinador editorial. Desde nuestras primeras interacciones reconocí en él a un personaje de otra índole, culto y apasionado, que expresaba y defendía sin miramientos sus convicciones... poseedor de una escritura única. Junto a él y con el auspicio de nuestra casa editorial impulsamos el regreso del suplemento cultural Palabra en su segunda época, cuyo primer número se publicó el 13 de marzo de 2011, hecho que fortaleció nuestra amistad más allá del espacio periodístico. Fueron muchas nuestras convivencias personales, en mi casa o en la suya, en las que compartimos gustos y experiencias, así como muchos los proyectos artísticos y culturales que emprendimos juntos, por lo que con el tiempo, de manera natural aumentó el respeto y la confianza mutua en nuestras maneras de percibir la vida y la forma de desarrollar nuestro trabajo.
Estudios y docencia
Rael Salvador estudió en la Escuela Normal Urbana Estatal de Ensenada entre 1978 y 1982. Como egresado y profesionista fue maestro frente a grupo en las escuelas Primaria Estatal “Francisco González Bocanegra”, en Tecate; la Primaria Estatal “Tierra y Libertad”, en Tijuana; la Primaria “Claudio Sarabia”, en San Vicente; y la Primaria “José María Morelos y Pavón”, en la zona de Maneadero, en Ensenada, en donde concluyó su trabajo como profesor y después como director del plantel.
“En su Declaración de principios”, texto publicado en una de sus columnas, Rael se asumía como: “Un profesor deseducador, alguien que se niega a ser un simple transmisor de enfermedades pedagógicas. Un profesor sui generis, discípulo de la vida, es decir, un alumno de nada y un aprendiz de todo, seducido por la Declamación, la Música, la Danza, la Pintura, la Escultura, la Arquitectura, el Cine, la Gastronomía y la Perfumería”.
En su juventud, en 1987, Salvador Vargas también estudió Psicología en el Centro de Estudios Xochicalco, así como Periodismo en la Escuela “Ricardo Flores Magón”.

Escritura
Con relación a la literatura y la escritura, Rael se consideraba “Un obrero de la palabra en claroscuros y silencio, que provocan la imaginación hacia la iluminación y algarabía”.
Su iniciación en la escritura se dio a temprana edad en los talleres literarios de Ensenada, sin embargo, consideraba que gran parte de su formación se dio de manera autodidacta, influencia-

do por las enseñanzas de poetas, escritores y ensayistas que conoció en su andar, como el maestro y poeta Luis Pavía; los escritores y ensayistas Sergio Gómez Montero y Carlos Mongar, así como el dramaturgo Rodolfo Alcaraz o Jacobo De, quien lo introdujo en el pensamiento existencialista en los años 80 del siglo XX.

Publicó 12 obras. Entre sus libros de poesía destacan: Te metes, tiras y sales (1995) y Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar (1999). Cuenta con la obra narrativa: Obituarios intempestivos. Vida y muerte de Albert Camus, Facun do Cabral y Anna Politkóvskaya (2014), Claridad & Cortesía. La creación de una belleza nueva (2015), KATA TON DAI MONA EAYTOY. Recuerdo del héroe lle vado por su demonio (ensayo biográfico de Jim Morrison, 2022), y “Nietzsche. El príncipe sublime del intelecto” (La Jornada Baja California, 2023).
Su vinculación con los temas contracultura les inició al publicar su primer libro de antipoesía Pandemónium, en 1990.
Entre sus autores: Friedrich W. Nietzsche, Søren Kierkegaard, Martin Heidegger, Edmund Husserl, Karl Jaspers, Gabriel Marcel, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, William Blake, Albert Camus y la Generación Beat con su legado contestatario, como Jack Kerouack, Allen Ginsberg y los escritores músicos Bob Dylan y Jim Morrison.
“Los libros permiten la adquisición de nuevos conocimientos para ampliar panoramas y crecer en sabiduría a través de la lectura”, decía.
Periodista y promotor cultural
Rael Salvador laboró y colaboró con sus escritos en medios de comunicación impresos locales, regionales y nacionales como El Vigía (Ensenada), La Jornada Baja California (Tijuana), El Mexicano (Ensenada), Semanario Siete Días (Mexicali) y los periódicos El Día, La Jornada y El Heraldo (Ciudad de México). También participó con sus comentarios en diversos programas de televisión y radio.
Fue coordinador de la editorial Estirpe baja y director de la revista Baja estirpe, así como de XYZ Documentos en resistencia, El hombre rebelde y del periódico cultural El muro (del semanario Regeneración). Así como coordinador de la editorial Aula Sin muros.

Consideraba que los libros que leía eran “fiestas de la palabras” y que representaban un conocimiento que guardaba como tesoro en el corazón.
En distintos periodos publicó las columnas “El último La Jornada Baja California), “Los perros guarA los 4 vientos) y “Crítica de la razón cínica”, “Claridad & Cortesía” y “En Séneca (El Vigía).
Consideraba que “En la prolongación de la palabra encontramos el espíritu”.
Hasta la fecha de su fallecimiento fue editor de la revista cultural Palabra, en su tercera época.
Rael Salvador emprendió el viaje a otro plano de la existencia el 25 de marzo de 2026: “La muerte y la vida se revelan al poeta en un imprevisto relámpago”, decía. Su figura deja una huella imborrable en la docencia, el arte, el periodismo y la cultura de Ensenada, así como un extenso legado a través de sus escritos y enseñanzas. Gracias Rael, “mijo, mijo, mijo”... te recordaré siempre con cariño, admiración y respeto. Descansa en paz.
“No soy Ernesto Sabato, héroe y tumba, donde el escritor y su fantasma son algo más que un tango. No soy Pablo Neruda, un pétalo de nieve. No soy José, haciéndole al ensaramago. No soy Pedro Lemebel, haciendo de su variación una diferencia. No soy un profesor disfrazado de escritor. No soy un maestro, soy lo que queda de un poeta dentro de la educación. No vivo de acuerdo con mis ingresos sino de acuerdo con mis medios emocionales y esa intensidad me la brinda la pulsión del arte. Y del arte y sus múltiples disciplinas escojo la que más me asienta: la literatura, y de ella prefiero su etapa inicial o primigenia: la lectura, y sin más esa es mi riqueza, mi activo personal, mi solvencia en la vida, lo demás herramientas y garfios para el hundimiento de la humanidad simuladora”.
Texto leído por Rael Salvador el 19 de septiembre de 2025 en homenaje que le hiciera el Seminario de las Artes, en el marco de la V Edición del Encuentro de Escritores Horas de Otoño, “Gloria Ortiz Ramírez”, realizado en el Centro Estatal de las Artes de Ensenada.

Crítica de la razón cínica: goo.su/21M1sER
Claridad & Cortesía: raelsalvador.wordpress.com
Era un profeta que sacudía conciencias, que luchaba desde la justiciera argumentación, desde la imaginación acuciosa para prevenir la censura, la explotación, el genocidio en todas sus formas. Su camino era el de la sinceridad, el de la integridad, el de la gratitud

Por Gabriel Trujillo Muñoz Escritor y poeta, autor de Espantapájaros y Tijuana city, tres novelas cortas angel.gabriel.trujillo.munoz@uabc.edu.mx
¿Qué importas tú? Di tu palabra y hazte pedazos. Nietzsche
Rael Salvador (Ensenada, 1963-Ensenada, 2026) escribía la columna semanal “El último lector” en el periódico La Jornada Baja California. En su texto del 30 de diciembre de 2021, que estaba dedicado a la memoria del poeta y dramaturgo Ángel Norzagaray, recientemente fallecido, comenzaba diciendo: “En la belleza sombría de existir la muerte se revela madre de la vida. Después del ruido y la furia, a su llamado acudimos todos: desfile de sombras que durante un tiempo breve se agitaron en escena, y luego no se oye más. Es un cuento contado por Shakespeare que no significa nada.Y ahora la muerte de improviso —como es su encomienda— da por terminada la función: ‘con tragos ásperos vamos a olvidar’ los motivos de la fiesta”. Y el 25 de marzo de 2026, en ese desfile de sombras, también participó, muy a nuestro pesar, el propio Rael.


La noticia fue un golpe: nadie la esperaba. Al menos yo no. El aviso me llegó, cosa curiosa, desde España por voz de Elisa López, quien me informó a partir de que ella misma lo descubriera en el Facebook del periodista tijuanense Jaime Cháidez. Mi respuesta fue rauda, sin procesar del todo lo recibido: “es la primera noticia que tengo y no sabía nada, voy a buscar más información, es una pena y una pérdida enorme para la cultura de Baja California. Palabra es el último reducto de gran amplitud que le quedaba al periodismo cultural impreso en nuestra frontera. No lo puedo creer”. Rael murió al pie del escritorio: trabajando en lo que creía, escribiendo desde la indignación, la lucidez y el pesimismo esperanzador, cultivando la tolerancia en su vertiente más entusiasta y perentoria. Rael, en el número de marzo, el último que cuidara en vida, dijo: “Nos
“Rael murió al pie del escritorio: trabajando en lo que creía, escribiendo desde la indignación, la lucidez y el pesimismo esperanzador, cultivando la tolerancia en su vertiente más entusiasta y perentoria”
ha tomado bastantes años de encomiendas escriturales —en el rango del periodismo cultural y el ensayo prosocial— para conformar una barra de colaboradores comprometidos, intelectuales y pensadores que, hoy por hoy, a partir del sentido crítico, sopesan o refutan versiones triviales de orden decorativo e institucional, y que a su vez definen una vocación editorial que ofrece testimonio de nuestras divergencias y puntos en común: la Revista Cultural Palabra, de la casa editorial El Vigía, es una vitrina de ideas y páginas, facilitadora de creatividad e imaginación, que hace de la reflexión escrita un concentrado de receptividad y encuentro”.
Salvador colaboraba en la edición de Baja California de La Jornada desde 2015. La última columna que publicó el



19 de marzo, titulada “Ten cuidado: No olvides que tu vida ha sido bendecida con la mía”, estuvo conformada por una serie de retablos reflexivos. En uno de ellos Rael escribió sobre la Novena Sinfonía de Beethoven: “los que escribimos formamos un coro que confía todavía en Beethoven: cantar contra la muerte, insistir que volveremos a ser hermanos”. E insistía en su fe en la escritura, en la creatividad, en observar el mundo con los ojos bien abiertos: “No sólo hay que tener sed de la verdad, sino dientes suaves para rumiarla en la saliva de la inteligencia. Sólo de ahí saldrán palabras honestas y duraderas. Pero antes, en un ejercicio de profilaxis contemplativa —apartados del mercado violento y sus sirenas de guerra—, debemos educarnos en el rumor profundo de los libros y elevarnos con los escarpados oleajes de la vida que, en su humano valor fundamental, son y serán nuestra experiencia y armas de acción”. Salvador era un profeta que sacudía conciencias, que luchaba desde la justiciera argumentación, des-
de la imaginación acuciosa, para prevenir la censura, la explotación, el genocidio en todas sus formas. Su camino era el de la sinceridad, el de la integridad, el de la gratitud. Agradecía la música, la literatura, los rituales cotidianos, la amistad como forma personal de la poesía.
La literatura como forma de curar A Rael lo empecé a leer a mediados de la década de los años ochenta del siglo pasado. Como era y es costumbre, sus colegas en las lides literarias lo catalogaron como “poeta maldito”, como el subversivo de las letras bajacalifornianas. Vieron en él sólo a un alumno de Jim Morrison y de Friedrich Wilhelm Nietzsche, pero no se percataron de que Salvador fue, igualmente, un lector veraz de El Principito. Su mentor en los afanes poéticos no fue otro que el poeta ensenadense Luis Pavía (1942-1998) y en los afanes ensayísticos fueron muchos, entre ellos Carlos Mongar y Sergio Gómez Montero (1945-2025). Por esos tiempos, los de la penúltima década del siglo XX, a Rael lo conocí en lecturas, presentaciones de libros, festivales literarios. Tales fueron los encuentros donde apareció llevando el estandarte de la poesía contestataria, de la lira de combate. En todo destacaba: no iba sobre seguro en sus textos poéticos o reflexivos. El canto a la naturaleza marina no era su marejada creativa. El centro de su palabra era la condición humana, sus fallas, sus abismos. Lo que dolía desde la calamidad y la violencia. Lo vital en sus exclamaciones y portentos. Sus versos trepidaban con el furor de la cultura urbana, de la política mundial, pero su personalidad era la de un eremita en el desierto: contemplaba el mundo, sí, e igualmente pregonaba sus juicios de valor sobre lo que nosotros, los humanos, nos hacemos unos a otros, sobre la sociedad en sus hipocresías y murmuraciones, sobre el poder que cree merecerlo todo mientras abusa de los débiles, los marginados, los indefensos. Era un escritor que no aceptaba el papel de comparsa en los ritos culturales. Creía en la literatura como una forma de curar nuestro entorno y no como una pasarela de la fama y la celebridad. No competía con nadie más que consigo mismo. Le encantaba platicar de sus autores favoritos, de sus descubrimientos librescos, de la forma de asumir el lazo inextricable entre lo que pensaba y lo que hacía en la arena pública del periodismo. Rael se educó en los talleres literarios pero fue, afortunadamente, un autodidacta, es decir, un lector compulsivo que quería saberlo todo, vivirlo todo, experimentarlo todo. De sus días en que fue visto como una amenaza frente a la sacrosanta trinidad de patria, dios y familia, se convirtió con los años en un pensador que seguía su propio camino sin muletas ideológicas, sin asideros dogmáticos, en un editor concienzudo y creativo, en un periodista cultural de primera línea.
“Era un escritor que no aceptaba el papel de comparsa en los ritos culturales. Creía en la literatura como una forma de curar nuestro entorno y no como una pasarela de la fama y la celebridad. No competía con nadie más que consigo mismo”
Salvador es su legado
Ante su repentino fallecimiento, su ausencia habrá de sentirse en su ciudad natal, Ensenada, como en el resto de Baja California. Ahora veo, a poca distancia de donde escribo, los ejemplares que nuestro poeta-editor me mandara, vía el periodista y editor Manuel Quintero, integrante del equipo de Rael para la realización de la revista Palabra. Todo lo que hizo Salvador es su legado: un pandemónium de versos, un suplemento cultural donde la filosofía y la poesía contaban con refugio permanente, una mesa redonda para discutirlo todo con todos. El poeta vuelto promotor cultural hoy es un fantasma. Una presencia que nos impele a continuar con su tarea. Ya en su artículo de Palabra del mes de marzo, dedicado al fallecido director de cine húngaro Béla Tarr, nuestro poeta y pensador escribió proféticamente una frase atribuida al filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “¿Qué importas tú? Di tu palabra y hazte pedazos”. O lo que es lo mismo: el protagonista ha cumplido con su papel en esta obra de teatro y ya puede salir de escena, desaparecer. Lo que queda de él no es una ráfaga de aire, un fuego fatuo, sino su obra: lo que dijo ante los demás, lo que imaginó y puso en las páginas de sus libros, lo que compartió con sus amigos mientras estuvo con vida. El ciclo de los cambios y las transformaciones. Lo humano que, siendo efímero, perdura, prevalece. Y que en el caso de Rael Salvador Vargas Sánchez, define su paso por el mundo, la cosecha de sus palabras, la verdad de sus luchas y de sus actos. Ahora mismo, Rael ya es un barco que busca horizontes inéditos. Un velero que toma rumbo hacia costas lejanas. Un poeta fiel a la ruta de sus versos, leal a su empeñosa travesía.

La trascendencia de esta revista es un legado y herencia cultural de nuestro querido amigo, poeta y filósofo

LPor Arturo López Juan Periodista. Fundador y director general de El Vigía arturolj1@gmail.com
a difusión de la literatura y la cultura en los últimos 40 años en Baja California no se puede entender sin dos protagonistas que han sido fundamentales: Rael Salvador, educador, poeta, escritor, filósofo y promotor cultural y la revista Palabra
Ambos nacieron a las letras -casi juntos- a mediados de los años 80 del siglo XX, el primero como parte de su formación magisterial y literaria y la segunda como un esfuerzo del periódico El Vigía por visibilizar la riqueza literaria de Ensenada y Baja California.
El 20 de mayo de 1985 El Vigía vio la luz pública y después de algunas semanas parió a Palabra, posiblemente el primer suplemento cultural y el más longevo que ha tenido la ciudad.
Fue en Palabra en donde el propio Rael Salvador publicó sus primeras poesías al lado de plumas juveniles como las de Flora Calderón y Olga Aragón, entre otras y otros incipientes y consolidados escritores que se sumaron a la pléyade de personalidades de las letras ensenadenses, bajacalifornianas y mexicanas.
Retomo y actualizo parte de lo escrito en el texto “El Vigía y la cultura, a 37 años de Palabra” en noviembre de 2022, a propósito del primer aniversario del relanzamiento -ya como revista en una tercera época- de la publicación.
En su nacimiento, con la dirección de Francisco Vargas Bañaga, me tocó ser el coordinador de Palabra desde su primer número y correspondió a Olga Aragón ser la responsable de la información, eso también me hizo ser testigo de la adolescencia literaria de Rael Salvador.
Las páginas se abrieron para quienes quisieron participar en aquellos años; en el primer número Rael Salvador como poeta -después y hasta su muerte coordinador y editor de Palabra- publicó tres poesías, las primeras que fueron impresas, en los albores de su prolífica trayectoria literaria.

Aunque, hay que decir que ese tropiezo no le impidió continuar su carrera en las letras, ni cobrar nuevos bríos al convertirse en el editor de lo que hoy es una de las mejores revistas culturales del país.
En aquel primer número, la joven periodista y escritora Olga Alicia Aragón Castillo tuvo mucho que ver, ya como insistente promotora del suplemento y como presentadora de la actriz y cuentista Rosario Gorosave, quien publicó “La caza del topo”.
“Fue en Palabra en donde el propio Rael Salvador publicó sus primeras poesías al lado de plumas juveniles como las de Flora Calderón y Olga Aragón”
Luego vinieron otras que lo convirtieron en el “poeta maldito” expulsado del paraíso editorial de la palabra impresa en Palabra, su lenguaje subido de color para el conservadurismo de aquel tiempo le impidieron seguir.
Carlos Jiménez, aquel periodista bohemio y enamorado escribió “De músicos, música y directores”, producto de su amplio conocimiento del tema, pero también de su gusto por el arte musical.
Ellos aportaron a los lectores de El Vigía una visión crítica de la realidad, pero también una perspectiva más amplia y profunda. Sobre ciencia Palabra publicó “Dentro del domi-
nio del átomo”, un artículo de Abelardo Heredia.
Aquella primera época de Palabra inició el 28 de junio de 1985, apenas se publicaron 18 ediciones, porque el tren que lo transportaba descarriló; El Vigía se vio obligado a cerrar el 26 de diciembre de 1986, sin embargo, dejó una huella indeleble en la cultura ensenadense.
Hoy, a 40 años Palabra es una revista que bajo la coordinación de Rael Salvador logró conjuntar a plumas de gran renombre nacional e internacional, personajes que han aportado a un ejercicio diverso y plural del pensamiento filosófico e intelectual.
Podríamos decir que los contenidos y trascendencia de Palabra son un legado y herencia cultural de Rael Salvador. Palabra representa un enorme esfuerzo económico, porque la cultura no goza de ningún mecenazgo, ni la generosidad de los anunciantes, pero vale la pena, porque es el medio que nos permite corresponder a la preferencia del lector de El Vigía y cumplir con nuestra responsabilidad social.
En este esfuerzo la participación del desaparecido poeta y filósofo ha sido fundamental; sin su insistencia, necedad y activismo la revista no hubiera llegado tan lejos.
Homenaje a Rael
A más de 23 años de la segunda época de El Vigía, Palabra ha cobrado renovados bríos; reenfocaremos nuestros esfuerzos en la pluralidad de ideas, la diversidad de temas y expresiones del arte y la cultura.
La intención es documentar el pensamiento ensenadense, la identidad bajacaliforniana y fronteriza, pero sobre todo las diversas expresiones de una mexicanidad mestiza, cosmopolita y globalizada, pero al mismo tiempo con gran etnocentrismo y arraigo cultural.
Esta visión antropológica, de universalidad y de inclusión se antoja difícil, complicada, pero está alineada a esa gran aldea global que Marshall McLuhan planteó a mediados de los años 60 del siglo pasado, pero que hoy es una realidad, lo queramos o no.
Ahí la gran tarea de El Vigía, particularmente de Palabra, porque ser residentes de la última esquina de América Latina no nos salva de la obligación de —desde aquí— participar en un esfuerzo unificador que nos permita trascender a los grandes cambios tecnológicos, políticos, económicos y desde luego, a la enorme amenaza del cambio climático.
De ese tamaño es el reto, sin embargo, confiamos en la intelectualidad de nuestro generoso equipo de pensadores, que tienen en las letras la herramienta idónea para asumir el papel que nos corresponde en la construcción de la nueva civilización.
Desde luego que también es parte de nuestro compromiso continuar con el legado de Rael; desde mi posición como director general de El Vigía, fundador de Palabra y amigo, me sumo e invito a las y los colabores a continuar con la misión de promover las letras y la cultura.
Es el mejor homenaje que podemos rendirle a Rael Salvador.




LPor Enhoc Santoyo Cid Periodista. Director de información de El Vigía esantoyo@elvigia.net
legué a Ensenada en agosto de 1987 -cuando tenía 24 años de edad-, contratado desde Veracruz por el periódico El Mexicano para trabajar como reportero, y como me asignaron las fuentes culturales un compañero de la redacción me dijo que en algún evento de corte literario conocería a Rael Salvador.
Y en efecto, pronto conocí al “poeta maldito”, como le decían por su escritos marginales, irreverentes y provocadores, pero fue hasta abril de 1989, cuando fui designado director de la edición vespertina, que asumí el riesgo de invitarlo como columnista a sabiendas que su estilo era disruptivo en tiempos de censura y autocensura; incluso el propio Rael me advirtió que al darle entrada me metería en problemas, y así fue desde sus primera publicaciones, porque la clase política en el poder, sin importar su bandera ideológica, no soporta la crítica y menos el humor negro y la ironía.
Con el paso de los años coincidimos en varios escenarios, y aunque no formaba parte de su círculo cercano siempre prevaleció entre nosotros el respeto mutuo, porque los debates, que fueron muchos y prolongados, siempre terminaban con carcajadas y un abrazo.
Sin embargo, al comenzar el nuevo siglo la relación y los encuentros se hicieron más frecuentes gracias a El Vigía, donde él se encargó de editar la segunda época (a partir del año 2011) del suplemento cultural Palabra, además de escribir una columna diaria para la edición general del periódico, que se titulaba “Claridad & Cortesía”; como responsable del área editorial parte de mis responsabilidades era revisar todos los artículos de las páginas editoriales o de opinión, por lo que tuve el privilegio de leer antes de su impresión lo que Rael sintetizaba en 500 palabras, textos que después se convertirían en libros.
Así que puedo presumir que conozco la mayor parte de sus obras literarias, además de conservar sus libros que me dedicó con mensajes muy emotivos y originales.
A Rael le obsequié un globo terráqueo (modelo tridimensional de la Tierra a escala), pero el regalo que más alegría y orgullo le generó fue una tarjeta que me había enviado el escritor y periodista Federico Campbell, y apenas se la entregué la mandó a enmarcar y la colocó en primer plano en el escritorio de su oficina. Y de esas cosas que tiene la vida, logramos convencer a Campbell de que escribiera para Palabra la columna “La hora del lobo”, cuyos textos aparecieron de forma ininterrumpida hasta su fallecimiento en 2014.

lo que quería y lo que no quería, con quien se podía construir una sólida amistad a partir de las diferencias, dado que sus reflexiones y críticas son un enérgico llamado a cuestionar el estado de cosas, a no quedarse en la preverbalidad, a leer y escribir para pensar y trascender.
Fueron tantas las juntas de trabajo, entrevistas de radio, discusiones editoriales y convivencias, que este espacio no es suficiente para honrar la memoria y legado de Rael, un poeta y escritor que tenía muy claro
Duele su temprana partida, inesperada, en su etapa de madurez y riqueza discursiva, pero deja un importante legado.
Gracias Rael.

Por Lauro Acevedo Poeta y escritor, autor de Arboranza. Yo, la multitud enardecidavoz@gmail.com
Rael nace con el horizonte, en cada mañana lanza al viento los filos de sus espadas, para cortar con firmeza total, todos los motivos injustos de la condición humana. Firme en su palabra, honesto en su voz, canta y es su canto un principio de rebeldía. Ante el genocidio y la desesperanza no calla, lanza su grito, esgrime con valentía su lengua, espada, metáfora Lauro Acevedo
Cuando la fortuna nos pone en los momentos de conocer a un caballero andante postmoderno, esa es la figura que rescato para Rael Salvador, por su clara tendencia a denunciar entuertos y su afán por la búsqueda de la justicia.
Lo puedo comparar con un Quijote de la literatura contemporánea, primero por esa locura manifiesta de las mil y una lecturas, lo que propició que su pluma fuese la más ágil del noroeste de México y lograra una gran cantidad de ensayos literarios para la posteridad. Dueño de sí, cabalgó por la llanura agreste de la vida y su voz letral quedará para siempre en sus proclamas, siempre atentas al mundo y sus ires y venires entre el bien y el mal, cada matiz era percibido por Rael y expuesto a los oídos que quisieran y pudieran escucharle.

En septiembre de 2025 el Seminario de las Artes de Baja California rindió un homenaje a Rael Salvador, en el marco del V Encuentro de Escritores “Horas de Otoño”.
la Normal Estatal de Ensenada, donde fuimos compañeros de generación.
Maestro por vocación, siempre consideró a la educación como un quehacer fuera de las aulas, en una “Aula sin Muros”.
“Dueño de sí, cabalgó por la llanura agreste de la vida y su voz letral quedará para siempre en sus proclamas”
Schopenhauer, afirmó también “Mi vida es heroica, no definible en términos pequeñoburgueses o mercantilistas (…)” así Rael transcurrió en su existencia, por esos senderos, por esas convicciones.

APor Óscar Ángeles Reyes Escritor y biólogo por la UAM todoestodo@gmail.com
lguna vez alguien me dijo: “los amigos de mis enemigos son mis enemigos”, haciendo referencia a Rael Salvador. Gracias a eso, entre otras cosas y a la estupidez humana, en ese momento comenzaba a ganarme un enemigo de juguete. Lo cierto es que Rael no podía transitar por la existencia como una persona común, sencilla; andaba con un halo muy propio y una historia que se tejía entre mitos y grandes figuras, coleccionista de momentos.
Rael fomentaba aprecio y animadversión, y es lo menos que se puede esperar de una figura.
Las aventuras de los cobardes, y con motivo de Berenice, mi último libro, diría palabras más palabras menos: “como se pervirtieron tus personajes al paso de los años, Oscar”. Muy probablemente, nadie conoció mi obra mejor que él.
Arthur Schopenhauer dijo: “desear tan poco y conocer tanto como sea posible ha sido la máxima principal que ha guiado mi existencia”, estas palabras con toda certeza, las puedo adjudicar a Rael.
Lo conocí desde muy jovencito, en la Escue-
Rael no tuvo la oportunidad del ocio que la herencia paterna le proporcionó a Schopenhauer, lo cual constituye un doble mérito, pues aún con las carencias y la necesidad de trabajar, a veces en contra de la corriente, logró sus metas intelectuales y conservar su aguda mirada que va más allá del horizonte.
QEPD el poeta, el ensayista, el periodista cultural, “El caballero de las letras”.
Como editor, como periodista y promotor, siempre estuvo entre la marea cultural en Ensenada, y su mayor y mejor logro fue Palabra, a quien siempre he entendido como el medio más serio en el que se difundían las ideas en Baja California. Palabra fue el primer espacio en el que publiqué seriamente una columna (“Detrás de las cosas”), y me dio a lo largo de muchos años un espacio para aclarar la garganta, decir y experimentar. Esa era la naturaleza de Rael Salvador: se convertía en un punto de inflexión en la vida de muchos escritores de la región; en el más discreto de los casos, en un parteaguas en mi vida.

Habrá quien aborde magistralmente la trayectoria de Rael, sus andanzas, pero yo puedo describir con seguridad a mi trayectoria con respecto a la amistad que nos unía, ni espumosa mi efusiva. En mi itinerario como escritor, Rael estuvo presente desde mi primera novela: Furia en abril, que presentó junto con Ramiro Padilla en el CEART; vendrían las demás, prologaría
En los últimos tiempos, a pesar de encontrarlo más en la clínica que en el café, el fallecimiento de Rael fue cabronamente sorpresivo, como algo irreal —apenas me voy acostumbrando a la desaparición de la gente, perdiendo más que la infancia—. Escasamente semanas atrás le decía: “Trabajo en algo que podría llamarse Crónicas norteñas”, y las esperaba. Es decir, únicamente él sabía de ello, y el texto inicial estaba pensado para Palabra. Es así como se acomoda la pregunta: ¿en dónde, a quién ahora? No es trivial el retiro de Rael, no al menos para personajes como yo, que terminé de formarme culturalmente en los espacios que él abrió. Era Rael alguien con muchas cosas qué decir, con extensísimas lecturas; también el compañero que batallaba con la parte más humana, con las rocas en su interior, pero también quien hacía caminos para los otros. Incómodo a veces, altivo, agudo, hastiado de la mediocridad, luminoso también, egocéntrico, capaz de posar para las cámaras —no cualquiera lo hace—; barroco, existencialista, circular, brutalmente honesto, acumulador quizá, poeta, ensayista y narrador; todo un tipo. Tenía la capacidad de aglutinar, de tomar de aquí y del otro lado del continente pensadores y escritores, y ahora nos toca seguir la existencia sin él, por nuestro lado.

Por Marcela Danemann Gestora y promotora cultural. Redactora independiente para medios gráficos y digitales marceladanemann@yahoo.com
He aquí que el silencio fue integrado por el total de la palabra humana,y no hablar es morir entre los seres: se hace lenguaje hasta la cabellera, habla la boca sin mover los labios, los ojos de repente son palabras... ...Yo tomo la palabra y la recorro como si fuera sólo forma humana, me embelesan sus líneas y navego en cada resonancia del idioma... Pablo Neruda
Rael Salvador estuvo entre nosotros y así permanecerá. En estos días han sido innumerables las reflexiones que compartieron sus amigos, colegas y lectores ante su inesperada partida; un mosaico de aristas que revelan la relevancia de su quehacer profesional, sus pasiones y su personalidad.
En marzo de 2011, recibí su invitación para sumarme a la barra de colaboradores del Suplemento Cultural Palabra. Me sugirió que “metiera” una columna de opinión cada domingo y por supuesto que ser parte de ese equipo de críticos locales me pareció una excelente oportunidad que siempre atesoré. La mayoría de las veces, antes de la entrega final, solía devolverme comentarios y notas al margen para per-

feccionar el contenido y asegurarse que cumpliera el perfil deseado. Así, me fue brindando algo más que técnica; me dio esa seguridad emocional tan necesaria para escribir y me invitó -siempre- a buscar la luz también en la lectura.
Recuerdo que una vez le comenté que la Casa de América, en Madrid, celebraría los 97 años de Ernesto Sábato con una maratón de lectura de cinco horas en la que participarían políticos, escritores y artistas leyendo su primera novela, publicada en el año 1948. Rael, echando mano a su tan magnífica y única poesía me respondió: “Sin duda la mejor manera de homenajear a un escritor de esa talla era paladeando su lectura una y otra vez, hasta que una idea inmortal nos rompa como una ola de savia de eucaliptos y cristales en la lengua de nuestra propia existencia” (...).
Cuando se cristalizó la tercera época de Palabra, en su versión de revista literaria mensual, su visión fue clara: dar voz a distintas manifestaciones para que la sociedad tenga frente a sí el gran ejercicio de la reflexión. Hoy, quiero compartir y rescatar la potencia con la que nos hizo cómplices de aquellas páginas:
(...) “La Cultura se encuentra en la reconstrucción del gran eje de la Historia, la cual observamos como un rescate donde pende el sonido de nuestras pasiones artísticas, literarias y políticas. Esa relevancia conjunta que se ofrece cuando la agudeza equilibra el ojo y la diana.

Las empresas culturales, como son los suplementos literarios, han reunido en su momento a los mejores críticos, poetas, escritores, artistas e intelectuales del país y del extranjero. En ellos Neruda dio a conocer sus poemas de Canto general; Alfonso Reyes su traducción de la Ilíada; Borges, ficciones de su libro El Aleph.
Recordemos que Juan José Arreola publicó El guardagujas un domin-

go de suplemento y Rulfo algunos textos que luego aparecieron en El llano en llamas.
La característica principal de esta noble tarea es que el ejercicio de la crítica está al servicio de los lectores —fomentada y recibida a través del intercambio de la reflexión— y no sujeta al gusto de directivos, editores o autores.
Cuando se dice que se hace crítica, casi siempre se pagan favores, se ajustan cuentas o se hace negocio sin ningún recato. Palabra ha mantenido inamovible su carta moral al respecto y responde al principal criterio editorial de El Vigía: “Periodismo con la gente” (...)
Le agradezco a Rael su claridad al imaginar Palabra, un espacio de creación tan vivo, tan necesario.
Emprende el vuelo, pero sigue gravitando la interacción, los recuerdos y sus escritos sobre nosotros

Por Iliana Hernández
Es docente y traductora. Escribe artículos, ensayos, cuentos y poesía premoniciones@hotmail.com
“La hora del lobo”, lo sé. La hora de la ausencia para soportarlo todo. Rael Salvador
Escribo esto un viernes 27 de marzo de 2026. Hace dos días falleció Rael Salvador nuestro editor del suplemento ensenadense Palabra. Con tristeza, he estado sopesando lo que significa que Rael, en un acto de acertijo final (para la comprensión de quienes nos quedamos en la orilla de la playa), haya tomado otro rumbo tan lejano al nuestro.
¿Qué significa que sus reflexiones y horas de lectura gozosa ya no continúen en este plano de la existencia? ¿Cómo otorgar permanente significado a la muer-

te inoportuna? ¿En qué líneas de verso o prosa hay que buscar para honrar de mejor manera lo que el propio autor deseaba en ausencia?
Tengo pesar en el espíritu. Creo que la gran tragedia a la que nos arrastra la muerte de un escritor es la pérdida de un universo de ficción y realidad, una nube de posibilidades creativas se pierde, se diluye su única forma de abrazar y rechazar lo que el mundo es ante sus ojos. Lo sé. Con la muerte de un poeta se acaban muchas vidas posibles, desdicha semejante a la muerte de una lengua, porque es imposible nombrar sin su palabra originaria a los objetos y las esencias de esta tierra.
Los saberes del hermano mayor

Como presentimiento mortal, de Federico Campbell, hermano mayor del suplemento cultural Palabra, Rael escribió: “Al escucharle, después de haberle leído y releído durante tantos años, alguna vez le comenté a su sobrino Eduardo Campbell, su siempre acompañante en Ensenada, que este hombre conforma la esencia de la sabiduría humana y que está aquí, ante nosotros, sólo para demostrarnos la alegría de sus dones: la belleza de pensar, aunada a la capacidad de escribir y vivir: escribivir”.
“La gran tragedia a la que nos arrastra la muerte de un escritor es la pérdida de un universo de ficción y realidad, una nube de posibilidades creativas se pierde”
un hombre como Federico Campbell? ¿Es sólo su literatura, el gabinete desordenado y amable de sus saberes? ¿Su vieja filosofía puesta al día por su aprecio a la ciencia? ¿Los nunca suficientes libros, barcaza espiritual que lo lleva y lo trae de la vida a la muerte y de la muerte a la vida? ¿Su cuidado estilo, que refleja el ánimo y la seducción de un profesional?”
Resulta fácil decirlo: conocí en él, Federico Campbell, la valiosa belleza de la palabra, voz pausada, diamante y nube en la balanza del orfebre, todo siempre sonrisa deliberada, defensa relativa ante la inteligente modulación de su pensamiento y la cita justa.¿Qué importancia puede tener encontrarse en la vida con
Quiero, en este recordar a Rael, llevarlo hasta el desierto que es uno de mis paisajes amados y el que puede ser metáfora de la búsqueda última, cavilación humana en el silencio aparente de un Dios que curioso sigue cada movimiento y decisión de sus criaturas, el desierto es el crisol-vida en el que la voluntad, la persistencia y el arte personal se prueba, donde la escritura solitaria se sufre y se goza.

Rumiar las escrituras de los que se van Estos pocos días que han pasado vuelvo a la consigna de preguntarme por el significado de la presencia y ahora, ausencia de Rael en nuestra Ensenada. El poeta/filósofo emprende el vuelo, pero sigue gravitando la interacción, los recuerdos y sus escritos sobre nosotros. Es el desierto, en su aridez, donde las preguntas recrean a la divinidad, la ajena y la propia. En la reseña que Rael hace sombre el libro Palimpsesto, ensayos sobre el arte rupestre de Leonardo Varela señala:
“Y comento ante las sombras en llama, que si la lectura en presente es la que determina lo que sucede, el pasado convierte en memoria toda visión de futuro, y tal es el desasosiego que podemos encontrar en una gramática emergente que pretende reestructurar el acto de leer en contraposición del evento socrático que proporciona toda evocación. Si en la escritura hemos redescubierto la mayéutica por excelencia, a través de la cual una persona se revela a sí misma, porque precisamente nadie lee nada, sino que a través de lo que se lee nos leemos a nosotros mismos. (…) La lectura no modifica al lector, sino que saca lo que hay dentro de él, Sócrates, no sin ironía partera, lo expresaba así: ‘Yo no te digo otra cosa distinta a lo que tú ya sabes, pero no sabes que lo sabes’. La refracción misma de los saberes del hombre, cifrados en la hélice humana.”
Rael subraya en el texto de Varela una verdad que en su propia escritura es una constante: la conjunción de literatura y filosofía para explicar la humanidad de cada lector que se refleja en los libros que lee. Así, uno va descubriéndose al leer al otro, y en eso coinciden
Varela y Salvador: hay siempre una escritura, un palimpsesto latente en cada signo que el lector hace suyo en un libro, pero también en lo cotidiano, en el arte que es reescrito por quien lo interpreta.
Es prematura, os lo digo
En la edición número 43 del suplemento Palabra, Gabriel Trujillo hace un recuento de muertes prematuras en el mundo literario bajacaliforniano; recuerda a los ensenadenses Regina Swain, Luis Pavía, Eliseo Quiñones, Gloria Ortiz y otros quienes tienen en común un trabajo literario sólido que la muerte interrumpió, tal es el caso de Rael Salvador de quien habrá una nueva obra que será publicada en el corto plazo.
La verdad, la sentencia es que toda muerte de un escritor, de una escritora es prematura. Se cierran puertas en donde el lector pudo haber encontrado otras rutas para vivir, para perderse y volver a encontrarse.
Con Rael se va la escritura abigarrada, la sintaxis compleja, los saltos de un pensamiento hermético al registro coloquial del lenguaje, la sensación de que el lector tiene que seguir el paso a la idea central, consultar los referentes que el escritor ya ha digerido en adjetivos encaballados.
Leer a Rael es entrar a un salón de hipótesis que coquetean con el semblante sonrojado de una tesis muy débil o un argumento apoltronado, leerlo es el viaje, el trip con Nietzsche y Facundo Cabral en un escenario imposible: la página en la que, en Rael, caben naturalmente Camus y Campbell en diálogo profundo ante una copa de vino en el Valle de Guadalupe.
Un poeta vestido de negro
Ensenada despide de sus calles la figura resuelta de Rael, vestido de negro y calza botas, lleva un co-

llar de pequeñísimas conchitas blancas al cuello, de mirar grave, mesurado hablar, pero rápido conciliador y dado a la risa, a la remembranza de quien vio y sopesó kilos y más kilos de libros que hoy, esta noche lo siguen esperando en su biblioteca. ¿Cómo se despide uno de los libros amados? ¿Cómo interpretan los retacados estantes de sus libreros la falta de las manos conocidas, las madrugadas de luz, el silencio del que lee y escribe en compañía de otros fantasmas escritores?
Aquarius (Mi novia en la nieve)
La cerveza cae directo a mi corazón. Es invierno y ella sigue el ritmo dorado de mis tragos. El saco de dormir guarda una cobija a cuadros y un libro / que no termino de leer (y reescribir).
Estoy medio ebrio, escuchamos a The Doors:
“Come on baby, light my fire”, tú sabes.
Pinos, un poco de tequila, humo y aplasto mi cara / en la nieve: dejo una Luna como huella.
Estoy helado y colorado. Le pido que mee encima de mí: sobre la frente, un poco arriba de la nariz…
¡Dios mío, sobre el tercer ojo!
La cara ardiente de frío es acariciada por el calor humano / de un tibio, calientito y salado chorro de alivio para ambos.
¡Un acuerdo! Sí.
Lo nuestro es así, más en invierno (si queremos sobrevivir). Rael Salvador
Un poeta ha muerto en el puerto de Ensenada, Baja California
Esta mañana y la siguiente serán tragadas por la rutina, toneladas de publicaciones seguirán agolpándose en nuestro celular en un sinsentido apodado Inteligencia Artificial, Chat GPT, Gemini, más cruceros llegarán a este puerto ensenadense, el tráfico hará más lento el fluir en Reforma pero, en medio de ese caos un poeta ha muerto y nada se detiene por ello, las celebraciones y las despedidas continúan sin sopesar que una gran dedicación a la lectura se vio interrumpida y ese, el acto personal de leer se fue con Rael, queda su ejemplo.
Las palabras palpitan dentro de cada uno de sus libros, esperan por el hechizo de ser convocadas por un lector, desde sus páginas hay hervor de pensamiento apasionado, hay hermenéutica de mentes brillantes, existe emoción; la devoción de Rael por degustar historias e ideas, pero no lo olvides, contiene la perla invaluable de haberse dedicado a observar el ingenio y debilidad humana, el haberse construido una salida hermosa de esta vida.




Poética la muerte, afecta sólo a las cosas inmortales. Chateaubriand
Redacción Palabra
Tras el fallecimiento del escritor, periodista y editor Rael Salvador el 25 de marzo de 2026, mensajes en redes sociales dieron testimonio de la trascendencia de su obra como artista, maestro y promotor cultural. La comunidad cultural y periodística de Baja California expresó sus condolencias y reconoció su trayectoria y legado. Aquí una muestra de lo publicado.
“Un hombre de convicciones, fiel a sus principios y sus ideas. Versátil como autor, de intereses variados y hasta disímbolos que iban de la filosofía al rock, de la ciencia a la psicomagia. Hizo de la libertad de pensamiento su acuario ético e intelectual y ahí nadó siempre a sus anchas como un apasionado del articulismo y un generoso editor. Se echará de menos su persistencia y su talacha. Fue un verdadero faro de y para la literatura en el puerto de Ensenada, donde dirigió hasta su muerte el suplemento Palabra del periódico El Vigía. Que en paz descanse”. Jorge Ortega, escritor, poeta y ensayista
“Querido Rael Salvador, tu luz permanecerá en cada palabra y en cada trazo que dejaste. Mi gran amigo a la distancia, nunca existió un viaje a Ensenada sin que nos encontráramos para nuestras largas charlas y un café… lo mismo cada vez que nos juntábamos online. Tus ideas y tu crítica continuarán guiándonos... y tu voz resonará siempre como un faro en medio de la oscuridad. Gracias por acompañarnos con inteligencia, rigor y una sensibilidad que transforma el arte en vida. Que tu recuerdo inspire calma, claridad y valor para los que te queremos. Seguiré nombrando mi obra como lo hiciste en aquella crítica en el 2020, Caligrafía capilar. Feliz Viaje… ya eres libre… es una manera de decir… ¡siempre has sido el ser más libre que he conocido!” Marisa Caichiolo, artista y curadora de arte internacional
“Las amistades no se miden en los años sino en la profundidad de la mirada que nos ha heredado la “confianza” en ellas. Conocer a un maestro de las letras, a alguien cuya voz resuena en sus libros ha sido algo grande en mi vida, tuve la oportunidad de ser coautora de algunos de ellos. Me acompañó en mis pérdidas cercanas de amigos, sin imaginar que él sería el siguiente. Nuestra amistad nació en el estudio Todos Santos, me enseñó que la existencia no se trata de acumular, sino de saber observar el mundo. Me enseñó que la fotografía no es sólo capturar una luz, sino entender la sombra que la precede. De él aprendí el valor del minimalismo, la elegancia de lo poco, la fuerza de lo esencial y la belleza en dejar el objeto fuera de cuadro, me exigía bastante en la imagen... creía que podría logran aún más. En la poesía me mostró que las palabras son puentes… No sólo sirven para describir la vida, sino para crearla de nuevo.

La mayor lección que he recibido no está en sus libros, sino en su presencia: “La vida sólo se vuelve inmensa cuando aprendemos a simplificar el corazón”. La última vez que nos vimos presencial, habíamos hablado de su salud, la muerte, de Dios y nos dimos un fuerte abrazo. Llevaré siempre conmigo el orgullo de haber sido su fotógrafa, coautora en algunos de sus libros y la fortuna de haber sido su amiga, colaboradora en la revista cultural Palabra. Gracias a la vida por haber coincidido en este tiempo, me quedo con la gratitud de haber captado su esencia en papel”
Ruth Gámez, fotógrafa
“Estoy impactado. Me acabo de enterar de la muerte de Rael Salvador (Salvador Vargas Sánchez, 17 enero, 1963. Ensenada, Baja California), editor de la revista cultural Palabra del periódico El Vigía. La información fue difundida, hace unos minutos, por el propio periódico. Rael (poeta, narrador, ensayista y docente) era de los últimos escritores que practicaba el periodismo cultural (género en extinción), tanto en El Vigía como en La Jornada, Baja California. Te mando un abrazo, Rael, ya puedes descansar en total paz”.
Jaime Cháidez, periodista y promotor cultural
“Una gran pérdida para Baja California y en particular para Ensenada. Rael deja gran huella en el campo de la literatura y el quehacer intelectual en general. Descansa en paz amigo Rael Salvador”.
Everardo Garduño, sociólogo y antropólogo sociocultural

“Hace dos días me tocó escribir la nota necrológica de un colega, compañero y amigo. Un momento triste y difícil. Muchas ideas, recuerdos y sentimientos se agolpan y alteran la objetividad de un texto que debe ser básicamente informativo, evitar lo subjetivo y la cursilería. Rael era un ser literario, con quien se podía conversar por horas sobre diferentes obras y autores, discrepar racional y con argumentos sobre temas políticos y educativos. Fue también aficionado al texto ácido, crítico, irónico y mordaz. El mejor homenaje a cualquier poeta, escritor y periodista es leer o releer su obra, revisarla, difundirla, analizarla, re-pensarla. Nomás el recuerdo queda, dice un fragmento de la canción Un puño de tierra. Es una verdad contundente, pero parcial, la tinta, lo escrito, también perdura”. Gerardo Sánchez, periodista, director editorial El Vigía
“Ensenada está de luto. Rael Salvador: Fue un lector atento y un escritor comprometido con la palabra. En lo personal, su presencia representó un impulso para mi, una invitación a seguir, a no soltar el vínculo con las letras, a sostener el amor por lo que se construye desde el lenguaje. Hoy su partida pesa, pero se queda en los libros, en las páginas que tocó, en las ideas que compartió, y en el recuerdo de quienes coincidimos con él. Mis condolencias para su familia y seres cercanos. La vida es breve, frágil en su forma, pero eterna. Me quedo con sus palabras “Alexa , no dejes de escribir ”. Que descanse en paz mi querido amigo Rael Salvador”. Alexa Álamo, artista multidisciplinaria de Ensenada, B. C.
“Rael, hoy tus letras vuelan alto. Se nos fue un amigo, un gran cronista, un hombre de una pluma extraordinaria y una calidez humana que iluminaba cualquier espacio. Su labor como cronista, ensayista y promotor del pensamiento crítico en la Península de Baja California ha dejado una huella imborrable. Rael no solo escribía; construía puentes entre el lector y la reflexión profunda. Desde librería La Nave de Lulio su memoria seguirá entre libros, libreros, lectores; extendemos un abrazo a su familia y amigos. ‘La escritura es una forma de permanencia.’ Se va un amigo, se queda el escritor. Hasta siempre, Rael. Gracias por tu amistad y tu legado”. Aracely Jiménez, promotora literaria La Nave de Lulio
“Hay maestros que no sólo enseñan, sino que intervienen. Guardo conmigo el eco de tus palabras: directas, certeras y de una precisión casi quirúrgica. Agradezco profundamente tu acompañamiento en un proceso crucial de mi vida; tus preguntas afiladas fueron el bisturí que me ayudó a separar la maleza de la verdad. Me bebía los libros que me recomendabas, buscando en la literatura las respuestas que tú sabías sugerir con una elegancia intelectual única. Bajo tu tutela, aprendí que el arte no es sólo estética, sino un ejercicio de honestidad brutal y de generosidad con los otros. ‘Toda la carne al asador’, me decías, y en esa frase residía tu exigencia de entrega. Gracias, Maestro, por impulsarme a cuestionarlo todo, por enseñarme a limpiar las telarañas del pensamiento y por recordarme que la libertad se conquista a través de la creación y la autocrítica. Hoy me duele tu partida, Salvador. Me permito esta tristeza y, como tú mismo me aconsejaste, voy a ‘llorar hasta salvarme nadando’. Se queda en mí la pulsión de seguir adelante, creando, siempre libre. Hasta siempre, mi querido maestro”.
Rachel “Loba” Robles, danzante y coreógrafa
“Rael seguirá ahí, en cada texto que nos obligue a pensar más allá de lo evidente, en cada joven que encuentre en la escritura una forma de decirse, en cada lector que descubra que la cultura también se construye desde lo local. Yo, por mi parte, me quedo con su lección más grande: escribir no es sólo un acto de expresión, es un acto de formación. Y él, sin duda, fue uno de mis grandes maestros”.
Joatam De Basabe, periodista
“Hoy es un día triste. Murió Rael Salvador. Lo bauticé como el existencialista tardío. Le gustó el nombre. A él le debo todos mis libros de ensayo, fue el que me empujó a escribir en el suplemento cultural de El Vigía. Y mi carrera siempre estará ligada a él. Descanse en paz”.
Ramiro Padilla Atondo, escritor
“Lamentamos profundamente la partida de nuestro amigo Rael Salvador. Su pasión por la literatura era admirable e infinita. Escritor, poeta, ensayista. Su obra queda para la eternidad. Extrañaremos sus constantes visitas a las librerías y sus interesantes charlas. Siempre bromista y ávido de novedades literarias. Descansa en paz estimado Rael”.
Librería Tecnilibros
“¡Vuela alto querido poeta!”
Enrique. A Velasco Santana, escritor y promotor cultural
“Hoy inicia el día con una triste noticia, Rael Salvador, periodista, columnista, maestro, critico, escritor, poeta, ensayista y un compañero

en el arte, deja este plano, un vacío y un legado en las letras de BC, y la comunidad cultural, lo conocí hace mas de 30 años, siempre una plática interesante, de mente inquisidora, inteligente, libre pensador, y dueño y conocedor sin duda del buen discurso en todas sus vertientes. Serio, creativo, sensible y profesional. Tuve el privilegio de que escribiera no una, muchas reseñas, críticas, reflexiones, presentaciones y artículos de prensa de mi obra a lo largo de mi trayectoria y de diferentes etapas. Gracias Rael Salvador por tus letras, por tu legado, por tu crítica y sensibilidad, por tus textos de mi trabajo, el apoyo, y la amistad”.
Nancy Ordoñez del Villar, artista plástica multidisciplinaria
“Rael Salvador no era un escritor de vitrina o aparador, sino más bien una especie de francotirador de la palabra, quien ponía a la periferia en el centro de su pensamiento crítico. Él no escribía para informar, escribía para despertar”
Gerardo Ortega, editor La Brújula y Portuaria California

El fotógrafo Enrique Botello describe cómo fue la niñez, adolescencia, juventud y adultez al lado de Rael, su querido e íntimo amigo

EPor Enrique Botello
*Fotógrafo y ex docente de la Facultad de Artes (UABC) chocorrol_@hotmail.com
l aviso de que Rael estaba hospitalizado al principio no me sorprendió, apenas hablamos un par de días antes y todo iba, al parecer, dentro de los parámetros normales después de una cirugía como a la que fue sometido. Inmediatamente me llegó otro aviso: Rael está intubado, ahí todo cambió. Me acerqué al hospital con Sara su mujer, y Olivia su hermana, el pronóstico no era nada favorable.
Por alguna razón, siempre pensé que Rael escribiría un hermoso texto, como varios que había escrito para sus seres queridos, para cuando yo muriera. Después reflexionaba y caía en cuenta que ya no sería testigo, pero aun así me imaginaba lo que podría haber dicho de mí, su hermano... como él me decía.
Esa hermandad se fincó desde la infancia temprana, los dos fuimos hijos varones únicos, los dos tuvimos una niñez rodeada de
amor, fuimos privilegiados. En nuestra generación estábamos en medio, convivíamos con niños más grandes y más pequeños que nosotros, de pronto estábamos aislados y eso nos hizo más cercanos.
Al saber la noticia de su dolorosa partida, inicié un recuento de lo que vivimos desde esa infancia en el California, como una novela de cuatro capítulos empecé a hacer un inventario por etapas: niñez, adolescencia, juventud y adultez.
I. Infancia
Salvador, lo llamaba su mamá Olivia, así lo conocí cuando se mudó al fraccionamiento California, creo apenas de 7 u 8 años, arrogante, presumido y chiqueón. Poco a poco se integró a la comunidad de niños que ya teníamos algunos años de vecindad. Esa etapa fue sin sobre saltos, la disfrutamos mucho, los juegos después de la comida, las idas al cine o al circo, las piñatas, las travesuras y los regaños. Siempre competíamos, no siempre ganábamos.

Sólo recuerdo una vez que intentamos agarrarnos a golpes, enfrente de la casa de Doña María, no fue nada y nunca más llegamos más lejos que eso.
II. Adolescencia
Para entonces lo conocían como “el Chava”,

al entrar a la secundaria nos hicimos de nuevos amigos, yo fui a la Diurna #2 y él a la 9, hubo alguna separación, pero aun así compartíamos muchas actividades, el beisbol era el común denominador, empezamos a escuchar música diferente a la de nuestros padres y a conocer mundos diferentes. Descubrimos que la música, el cine y los libros nos brindaban experiencias únicas y empezamos a disfrutarlas más de manera continua, nos topamos con The Doors y Jim Morrison se convirtió en un modelo a seguir en términos de imagen y creatividad, pero sin dejar a un lado el beisbol y la lucha libre, “el Chava” tenía una gran colección de revistas de esos géneros, además heredó el
“Salvador, lo llamaba su mamá Olivia, así lo conocí cuando se mudó al fraccionamiento California, creo apenas de 7 u 8 años”
oficio de su madre y él mismo nos confeccionaba máscaras y uniformes. Yo entré a la prepa Ensenada y él ya tenía claro que sería maestro, se matriculó en la Normal Estatal, ahí, de la mano de Luis Pavía conoció el universo de las letras y fincó desde muy joven lo que sería su mundo rodeado de libros. Seguíamos apegados a nuestras familias y entre sobre saltos propios de la pubertad nada era algo fuera de lo normal, sin embargo “el Chava” empezó a cultivar un lado oscuro, era un conquistador, su semblante morrisiano era seductor.
III. Juventud Después de la preparatoria yo me fui a
Mexicali a estudiar Medicina Veterinaria, los fines de semana y vacaciones que estaba en Ensenada eran memorables, entonces yo ya tenía un carro y nuestras aventuras se hicieron más intrépidas, empezamos a frecuentar las discotecas y los bares, pero en el refugio de nuestra calle nuestras experiencias con la creatividad crecían cada vez más, improvisábamos estudios de grabación, yo imitaba a artistas y “el Chava” era el entrevistador. Hacíamos concursos de dibujo, inventábamos tipografías y hasta un juego de beisbol con dados, entre muchas cosas más.
Al finalizar la Escuela Normal, “el Chavita”, así lo conocían en el gremio, se fue de servicio a Guanajuato, yo todavía seguía en Mexicali. Uno o dos años después lo dos estábamos de regreso, él se casó con Elizabeth Vargas y de su efímero matrimonio nació su primera hija, Gala Cristina.
Influenciado en esa época por los dadaístas y surrealistas acuña el nombre de RAEL, anagrama de la palabra REAL, lo hacía en admiración a esos movimientos del arte que se dieron después de la Primera Guerra Mundial, por cierto, me hizo leer los manifiestos de Tristan Tzara y André Breton, de ahí las actitudes rebeldes y provocadoras de sus escritos en sus inicios como escritor.
Yo terminé la universidad y regresé a Ensenada, nos reencontramos de manera natural, él empezó a estudiar psicología en Xochicalco, en donde mi mamá estaba a cargo de la cafetería y Rael era su abonado consentido, entonces era adicto al café y al tabaco, al café colado le agregaba café soluble mientras encendía un cigarro antes de terminarse el anterior. Ahí empieza a involucrarse en las artes
escénicas y se asume como director del primer grupo de teatro de Xochicalco y monta una primera obra, en este periodo yo inicio en la fotografía y empezamos a colaborar juntos en mis primeros proyectos fotográficos, que entonces por su influencia estaban muy apegados al surrealismo, esa etapa fue un parteaguas para los dos porque nos involucramos seriamente en el mundo de las artes.
Conocemos a Jacobo De, otro personaje que marcaría su quehacer literario, pues las vivencias de Jacobo en Francia al lado de los existencialistas lo motivaron a ser adorador de Sartre, Camus y Beauvoir, entonces formamos una compañía de teatro callejero y trabajamos intensamente por dos años hasta la partida de Jacobo, en ese periodo leímos mucho material de los existencialistas.
También aparece Facundo Cabral, lo conocimos por mi padre que era músico y Rael fue tocado por su personalidad. Una vez lo vimos en concierto y en camerinos le hizo una de sus primeras entrevistas, iniciando con esto su carrera como periodista cultural. Por esos tiempos publica Pandemónium, que por su contenido le hace ganarse el mote de “Poeta maldito”, entonces se alejó de las actividades deportivas.
IV. Adultez
Esa época fue muy prolífica, entonces se consolidó el ICBC y se abrió el Departamento de Extensión Universitaria de la UABC, también abrió sus puertas la Galería 19, todo ello generó un movimiento cultural importante en Ensenada. Fundamos la revista Baja Estirpe, y hacíamos presentaciones públicas cada nuevo número. Coincidimos como profesores en la Escuela de Periodismo “Flores Magón” que dirigía Javier Cruz y de donde salió una camada importante de jóvenes periodistas que todavía andan por ahí. Rael abre una librería en Los Globos y ahí se mantiene por un tiempo, mientras publica otros libros propios y ajenos.

Octava. Sin duda el espacio más prolífico fue en Galería 184, ahí, con su ayuda, creamos un lugar muy especial, y generamos una comunidad de amistades invaluables, junto con muchas dinámicas en torno a las artes, entre ellas realizar un proyecto editorial de suplemento cultural que a la postre fue Palabra en su segunda época desde el periódico El Vigía, que nació de la iniciativa de Rael, Carlos Mongar y un servidor. Tenía una rutina, llegaba temprano y luego se iba a dar clases, por la tarde estaba de vuelta, siempre leyendo o escribiendo, los viernes hacíamos reuniones en torno al vino, la cerveza y la música, así rigurosamente sin falta hasta la pandemia.
“Empezamos a escuchar música diferente a la de nuestros padres y a conocer mundos diferentes.
Descubrimos que la música, el cine y los libros nos brindaban experiencias únicas”

Siempre estuvimos muy cerca, se apropiaba de espacios en mis estudios, desde el Estudio EFE hasta mi última ubicación en Miramar y
Con sus malestares de salud, desamores y la soledad que lo acompañaba al final del día su caminar cambió, he estado revisando fotos de toda la vida, en las de los últimos años su mirada ya no era la misma, en las fotos antiguas su mirada era distinta.
A mi familia fue muy cercano, mi madre lo cuidaba como a un hijo más, con mis hermanas Chayo y Mela también convivió mucho, la relación con mis hijos fue muy estrecha, a diferencia él nunca trajo a alguna de sus hijas a nuestra casa, a pesar de que todas la celebraciones importantes
las pasaba con nosotros, tenía un lugar en la mesa y ahí se apostaba de principio a fin. En días regulares llegaba por las tardes, algunas veces a comer, otras a ver alguna película y de un tiempo hasta unas semanas antes de su partida a recoger artículos coleccionables que me compraba. Todavía escucho el sonido de sus pasos sobre el piso de madera del porche, el tintinar de sus llaves antes de tocar la puerta y su silbido anunciando su llegada, ese silbido era de nosotros, con ese nos identificábamos desde niños.
La escena literaria pierde a un gran escritor con todas sus virtudes para promover el conocimiento, yo pierdo a mi hermano/amigo, al hombre imperfecto. Conmigo no usaba su máscara de poeta maldito y crítico, llegaba pidiendo la mejor botella de vino en la casa pero también podía ir caminando por unas caguamas a la tienda de la esquina.
Me quedan infinitas historias que podría contar, por ahora el espacio no me da para más, quedamos sin debernos nada, nos despedimos amándonos, sólo quedaron pendientes unos tragos de whiskey, que según él prometió los tomaríamos a su regreso del inframundo.
Por Luis Felipe Ullate Ritchie
He leído bastante sobre el fallecimiento de Rael. El “poeta maldito”, el maldito escritor, maldito periodista, maldita figura artística del gremio cultural de Baja California y del “patrimonio mundial” que perdimos con su partida.
Desde que supe, y que mi papá —hermano del alma de Rael—, Enrique Botello escribió algo en Facebook haciendo el anuncio, sentí que también debía escribir algo. Fui renuente a hacerlo porque estoy a años luz de escribir como mi padre, y a cientos de vidas, de otros planetas, de otros tiempos, de escribir como Rael.
Me dije que tal vez volvería de la muerte para decirme: “¿¡Escribiste esa «basura cósmica» sobre mí!?” (clásica frase de Rael). “Vales pito”. Me reiría y tendría una oportunidad más de verlo. De tomar una cerveza con él. Aunque era más común que me mandara al Oxxo por ellas; o tomar un vino “robado” de la cava de mi papá.
“Mijito, ábrete un vinito, ¿no?”. Acercaba una botella y me decía: “No mames, eso no se lo das ni a los perros. ¡Sácate uno mejor!”.
Como siempre, mi padre, que lo amaba, que lo ama, al llegar y ver la botella abierta y las dos copas no diría nada, sólo haría una mueca, un ligero suspiro y nos acompañaría.
que yo. Creo que él sí leyó. Yo viajé, impulsado por las palabras de mis tíos Pol: “Viaja. Vive de otra manera. Habla otros idiomas y besa otros labios”, y Rael: “lee mucho en su idioma original. Ve a Ingmar Bergman en sueco, lee a Kant en alemán, disfruta de Camus en francés”. Lo hice. Y hoy, en memoria, eso también soy yo.
Recuerdo también cuando salió la película Into the Wild, de Sean Penn. Él me recomendó, y regaló, el libro original de Jon Krakauer y me dijo que escuchara —y leyera— atentamente el soundtrack hecho por Eddie Vedder para la película. Lo sigo escuchando y apreciando hasta la fecha. Ahí sigue él.
Tenía su lado sensible, a pesar de las peladeces que decía o hacía seguido. Como todo mundo ha compartido, teníamos conversaciones de esas que construyen galaxias, cambian políticas y cierran bares.

Recuerdo la impresión —aún vibra en mis huesos— de cuando, en la sala de mi casa, mi papá con guitarra en mano y Rael con tambor tarahumara tocaron juntos Maldición de Malinche, de Gabino Palomares. No recuerdo haberlo visto participar en otra escena musical. Ese tambor aún resuena dentro de mí
O cuando Damián, mi mejor amigo y yo le llevamos unos poemas que escribimos cuando estábamos en preparatoria. Tan didáctico y profesor que era, nos dijo únicamente: “tienen que leer más”, para no decirle a unos pubertos como nosotros: “¿y esta mierda qué?”.
Damián resultó muchísimo mejor poeta
Quiero escribir de mi tío. El alcahuete, el soberbio, el imprudente, el tío de lengua larga. El tío que decía imprudencias frente a cualquiera que se le atravesara. El tío que tenía lista una selección de joyas en papel, listas para mí cada vez que regresaba a Ensenada. Así fue ese tan esperado ritual desde que me fui en 2014. Cada año esperaba mis libros, mi vino, charlas densas, de las que te sacuden, uno que otro insulto y un muy fuerte abrazo.
Mi biblioteca es 90 por ciento producto de esas dádivas majestuosas. Y aun así, eso y mis lecturas no son ni el 1 por ciento de lo que él leyó. Volveré este año sin esos tesoros. Sin él.
El viento sopla más fuerte desde que se fue. El aire está más cargado de su presencia, de su ausencia. Escribir esto parece tan fácil… y es lo más frágil que he hecho. No era educado ni pulcro. Era soez, impúdico y ruidoso de una manera sutil, casi imperceptible para el ser humano. Pero, era mi tío. Y lo voy a extrañar eternamente. No era para mí el profe de escuela rural, el escritor, el periodista, el epítome del gremio cultural, el poeta maldito. Era sólo mi maldito tío.
Por Olga Alicia Aragón Castillo Periodista y escritora chihuahuense arcoalicia@yahoo.com.mx
¡Es un dolor profundo! Te abrazo, querido Enrique, y te agradezco por haber sido siempre un amigo hermano de Rael.
Ensenada pierde con la ausencia de Rael parte de lo más bueno, de lo mejor de su esencia.
Rael Salvador es, porque seguirá viviendo en su obra, un intelectual forjado a sí mismo con pasión y tenacidad en la lectura, en la sed de saber.
Rael es también un artista de la palabra, un escritor con imaginación y valentía, con talento y dominio de la técnica y con una mente creadora de fantasías; un ave raris en los cielos de Ensenada. Un hombre universal.
Conocí a Rael cuando ambos éramos muy jóvenes, él más que yo, y desde siempre me deslumbró su inteligencia, su enorme bagaje cultural, a pesar de su edad temprana.
Yo le quise mucho. Sé que nos quisimos. Y nos seguimos queriendo a pesar de muchos años de distancia, como lo quiero ahora en su presencia etérea.
Es muy difícil alcanzar el crecimiento intelectual, literario, periodístico en la difusión y el quehacer cultural; en el conocimiento de los fenómenos políticos y sociales como analista; en el conocimiento de la condición humana como observador de lo mejor y lo peor de las personas. Ese crecimiento lo alcanzó Rael y pudo llegar a alturas insospechadas con sus propias alas.
Ensenada le debe mucho a este “poeta maldito”, que podía ver cómo las iglesias vomitaban sapos por sus puertas.
Mucho le deben los ensenadenses a este escritor de ternuras y de verdades amargas, de soles luminosos y de tempestades; a este periodista, a este maestro, a este hombre que no regateaba un ápice de solidaridad y compromiso con las mejores causas del pueblo, de las mujeres, de los derechos de los niños, de los creadores de belleza, del mundo de la diversidad sexual, de la defensa de la flora y de la fauna, de la madre naturaleza paridora de vida, de la cultura que nos hace humanos.
Rael amaba su profesión de maestro y su pasión de artista.
Y muchos y muchas amamos el entusiasmo con el que se entregaba a todo lo que emprendía,

porque era capaz de hacer florecer el desierto. Podían censurarlo, como lo hicieron, y él volvía a abrir los espacios que arbitrariamente le habían cerrado, porque podía crear paraísos fuera del edén privatizado.
Rael amaba inmensamente a sus hermosas hijas. Y era hermoso ver como encarnaba en él la ternura cuando abrazaba y se abrazaba a sus hijas.
Nos deja un intenso dolor la muerte de nuestro querido Rael y, a la vez, el agradecimiento a la vida por habernos permitido respirar, mientras pudimos, el mismo aire. Agradezco a la vida que permitiera cruzar mis caminos por los senderos de Rael.
Mi más sentido pésame a sus hijitas, a su familia y a ti, querido Enrique Botello, que fuiste un hermano para nuestro amigo mutuo.
Que tu cuerpo vuelva a ser polvo de estrellas y tu alma sea guiada por tus musas, al universo a donde trascienden inmortales los poetas, mi querido Rael.
*Texto publicado el 25 de marzo de 2026 en la página de Facebook de la autora.

Por Eduardo Cruz Vázquez Periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural angol97@yahoo.com.mx
un bomberazo, Rael, tienes mucho de salvador. Preparo una nueva obra colectiva que se titula Sucesos culturales 19882024. Un repaso de seis sexenios a partir de algunos acontecimientos en tan largo trayecto. El amigo que se ocuparía de la muerte de Octavio Paz en 1998 no deseó continuar. ¿Me puedes ayudar ocupándote del asunto?
- Le entro, Eduardo, cuenta conmigo, sin duda es un gran tema.
Ya por el WhatsApp, al brindarle las características de presentación de su artículo, se despidió con estas palabras: “Salud y saludos cordiales (porque el vino es bueno para todo corazón y toda ocasión)”.
La charla telefónica ocurrió el martes 22 de julio de 2025. Le pedí a Rael escribirlo en dos semanas, cuando las y los otros autores habían contado con meses para hacerlo. Fue un acto de profunda amistad. No eran ya tiempos de buena salud para él.
El lunes 4 de agosto recibí su texto, con el título de “Vislumbres de Paz”. Leí ipso facto, hablamos para fijar unos ajustes y al devolverlo vía WhatsApp anotó: “He de decirte que me ha gustado la reubicación de perspectiva… Ya me dirás qué diablos procede. ¡Saludos! ¡Me voy a descansar un poco de mí mismo!”.
Desde que llegué a vivir a Ensenada, a mediados de febrero de 2024, pensé que la convivencia con Rael y con Sergio Gómez Montero, mi compadre y artífice de nuestra amistad desde 2009, sería intensa. No fue así. Ambos estaban enfermos. Más delicado Sergio -quien falleció el sábado 15 de febrero del año pasado- fue posible reunirnos a comer con mi comadre Norma y en ocasiones acompañado de mi ahijado Sergio, todos los domingos. Con Rael los encuentros no fueron tan abundantes y recordaré con mucho cariño un par de comidas en casa del querido Enrique Botello, estupendo anfitrión y excelente cocinero, ya que no se repetiría una experiencia tan llena de gozo. Los tres intentamos armar

un proyecto que nos permitiera colaborar, ser atrevidos y perfilar “Los imaginarios de Ensenada”. Disfrutamos el intento.
Hacia el sábado 30 de agosto le mandé la propuesta de portada de Sucesos culturales. Al comentar su agrado remató el mensaje: “A lo que tiene futuro hay que darle entrada”.
Pulcro, irónico, erudito, con un uso delicado del oficio de escribir, Rael me respondió el lunes 10 de noviembre al preguntarle sobre el cierre de año para la revista Palabra, de la que he sido colaborador muchos años, ya de regreso en la Ciudad de México: “En enero le entramos con ímpetu, como recomendó Napoleón”.
Sin agobiarlo, estuve lo más cerca de su doloroso periplo de atención médica. El miércoles 11 febrero, tras una intervención quirúrgica sentenció: “Hay túneles sin luz al final, pero este concluye con cierta calidad de vida”.
- ¡A seguir el viaje capitán! le respondí.
- Capitán, no hay capitán: ¡El capitán es el mar! me aleccionó.
En el artículo que se convierte en póstumo, Rael termina con estas palabras: “Vuelta y revuelta. Cada vez que la muerte nos aborda nos vuelve más actuales. Lo refería el mismo Paz: ‘La historia es nosotros, los hombres’”.

DPor Eric Rodríguez Ochoa Candidato a Doctor en Filosofía y a Jurista/Abogado y Criminólogo. Profesor-investigador con estudios en teología y psicoanálisis profesorericrodriguezochoa@outlook.com
esde hace tiempo me dedico a la investigación y a la docencia. He aprendido que ser filósofo es, ante todo, atreverse a incomodarse a uno mismo. Mis palabras han salido de mi silencio para reflejar ese espejo que a veces preferiría no mirar, y otras veces me indica el camino. Mis teorías, mis reflexiones y mis textos han viajado por más de diez países, y uno de ellos fue Francia.
Fue allí donde Rael Salvador, hace tres años, leyó en francés un artículo que yo había escrito en 2023: “Pandillas juveniles de 1980: ¿Una década perdida?”. Poco después me escribió por correo y me dijo: “Profesor Eric, he leído su artículo en idioma francés; me pareció no sólo muy interesante, sino también muy original. Le hago una cordial invitación a escribir en Palabra, del periódico El Vigía, e inaugurar una sección llamada «filosofía», en donde usted pueda escribir”. Así comenzó una colaboración que, con el tiempo, se volvió amistad, diálogo y destino.
Juntos escribimos varias columnas de filosofía. También inauguré la sección Archivos Criminológicos, desde la cual quise pensar la criminología a partir de la literatura, la filosofía y la propia disciplina. Lo extraordinario de Rael era su vastísimo conocimiento: podía reconocer a cada autor que yo le proponía como reto, y conocía sus obras con una precisión admirable. Su manera de escribir me atrapó por completo; atrapó mi espíritu y también mi mente. Más tarde, invité junto con Rael al gran profesor francés Jonathan Daudey, colega y amigo, nietzscheano como él. Le propusimos escribir sobre su pensamiento, y el resultado
fue publicado en Palabra con el título: “Amar el abismo: Nietzsche entre París y Ciudad de México”. Entonces comprendimos que nuestro esfuerzo había dado fruto: habíamos logrado hacer de Palabra una revista internacional, leída en Europa, en Francia, y resonante más allá de nuestras fronteras.
La muerte de Rael me entristece profundamente, pero mi alma guarda paz por todo lo que logramos en estos tres años. Quedaron artículos pendientes, sí, y permanecen todavía en mi tintero. Jonathan Daudey lamenta su partida como yo, como muchos. Rael fue, sin duda, un puente vivo entre Europa y América Latina.

Es momento de sentir orgullo por un “pensador infinito”, como yo le llamaba. Así lo nombraba cuando intercambiábamos mensajes sobre lecturas, pensamiento político y filosofía. Discutíamos con pasión, defendiendo cada uno nuestras tesis, y al final dejábamos abierta la conversación, como quien sabe que el pensamiento verdadero nunca se agota. Rael Salvador descubrió en mí, según sus palabras, a “un joven talentoso”. Y aunque yo ya me acerco a los cuarenta años, él vio en mí quizá a un niño interior; yo, en él, vi a un padre intelectual que me guiaba sin imponerse, sólo con la fuerza de cada reflexión. Con su lectura, con su generosidad y con su inteligencia, me devolvía siempre al carril de la sabiduría y del conocimiento. Rael Salvador, Jonathan Daudey y yo hicimos de Palabra; una palabra nuestra: una palabra fina, una palabra compartida, una palabra para todas y todos. Vivimos en lo eterno.
Rael Salvador tenía una capacidad innata para nombrar las cosas con claridad y belleza natural propias de quien domina estilo, lenguaje y poesía

DPor Herandy Rojas Escritora y periodista.
Autora de Ni libro ni árbol ni hijo Periodismo, arte y literatura herandyrojasg@gmail.com
e voz firme, incisiva, de una certeza que sólo concede la verdad a quien la encarna, Rael Salvador fue un periodista, escritor, maestro y artista de la palabra, entregado al conocimiento, los libros y a una notable habilidad, lúcida, humana, para interpretar, desentrañar como piedra angular la realidad política y social contemporánea.
A Rael lo conocí en el periódico El Vigía, casa editorial de lo que durante muchos años fue el suplemento cultural Palabra, hoy revista cultural, en donde, gracias a Enhoc Santoyo Cid, actual Director de Información, tuve la oportunidad de conocerlo y trabajar a su lado durante varios años.
Fui recibida por él como practicante y me dio el cargo de asistente editorial, confió en mi capacidad y criterio y me enseñó todo lo que en ese momento me podía compartir. Si bien era docente de profesión, Rael también disfrutaba enseñando fuera del aula. Un hombre con un bagaje intelectual amplísimo, consciente de ello, y una seguridad dialéctica evidente.
Al igual que un rockstar, montado en su eterno saco negro de terciopelo, Rael cabalgó su vida al ritmo del arte y la literatura, siendo de esta última, la lectura, el latido que lo sostuvo, como si una verdad en él hubiera encontrado hogar. “De la literatura, me quedo con la lectura” expresaba, obedeciendo a un gesto ya repetido, capaz de sostener el andamiaje del mundo, de su mundo.
Tenía una capacidad innata de nombrar las cosas con una claridad y una belleza natural, que sólo puede lograr quien domina estilo, lenguaje y poesía. “No me pidan que baje, suban ustedes”, expresaba, en alusión a quienes siempre le atribuyeron una prosa “compleja, difícil de leer”, invitando siempre a estudiar e investigar ante el desconocimiento.

Desde Cioran a Lévi-Strauss; Ulises Carrión; Eduardo Galeano; Alberto Manguel; Osho; Alejandro Jodorowsky; Susan Sontag; Haruki Murakami; Pascal Quignard; Máximo Gorki; Anaïs Nin; Ryszard Kapuscinski; Vicente Leñero; Juan Gelman; Julio Cortázar; Edgar Morin; Kahlil Gibran; Bruce Chatwin; Friedrich Nietzsche; por nombrar sólo algunos, fueron el leitmotiv de nuestras interminables conversaciones.
“Los libros me brindan una buena transparencia para ver el mundo con mayor claridad”, me dijo, como tantas veces, sólo unos días antes de su fallecimiento. Nunca dudó en compartirme ese gusto, e incluso una parte de su biblioteca, firmando para mí aquellos de mayor valor editorial y algunos cuantos, incluso, por el mismo autor.
Entre esos libros especiales se encuentran A quien corresponda (Anagrama, 2008), del escritor argentino Martín Caparrós; Escritos para desocupados (Sur+, 2013), de Vivian Abenshushan; y Patas arriba. La escuela del mundo al revés (Siglo XXI Editores, 2009), del escritor uruguayo Eduardo Galeano, pero, en esta ocasión, firmado por el escritor y pedagogo Peter McLaren.
La música, un lugar especial
En otro registro de su vida, a la par de la palabra, la música ocupó un lugar especial, atravesada por voces que exploran la existencia: León Felipe, Facundo Cabral, The Doors, Patti Smith, Víctor Jara. No como simple acompañamiento, sino como una forma de ir más allá del sonido, en busca de un eco de su humanidad.
« Riders on the storm / riders on the storm / into this house we´re born / into this world we´re thrown / like a dog without a bone, an actor out on loan / riders on the storm / there’s a killer on the road / his brain is squirmin´ like a toad / take a long holiday / let your children play / if you give this man a ride / sweet memory will die / killer on the road, yeah... », esbozaba junto al Rey Lagarto.
Si bien otras voces lo habitaban, la de Facundo Cabral se sentó a su lado; compartiendo en más de una ocasión tragos, ideas y versos. De esos encuentros quedó algo más que la memoria, un profundo respeto y admiración de quienes se reconocen en el otro.


“Le mostré mi libreta de anotaciones y hablamos de filosofía y libros, era un hombre de conocimiento”, afirmaba, recordando que el cantautor argentino lo invitó a irse con él para

trabajar a su lado, a quien también expresó haberle regalado unas líneas que posteriormente Cabral incorporó en “Muchacha siempre desnuda caminando entre los grillos”.
Al respecto, tiempo atrás tuve la oportunidad de escuchar algunas de aquellas conversaciones registradas en casetes, que Rael había puesto en mis manos para la transcripción de varios fragmentos que se publicarían después en el, hasta entonces, Suplemento Cultural Palabra
Trabajar a su lado me dio herramientas, bases y una experiencia que aún me sostiene. Siempre me decía, “tienes el conocimiento, las credenciales y la capacidad para situarte, sin desventaja, en el terreno intelectual. Además de una mirada bondadosa que, como una pequeña luz, ilumina con su dicha la gracia del Universo”.
“¡Cuídate mucho, quiérete mucho, ama mucho! ¡La felicidad también radica en esa armonía de bellos detalles!”. Por todo ello, gracias, siempre.

DPor Arnulfo Estrada Ramírez Oceanólogo, historiador e investigador.
Ex Cronista Oficial del municipio de Ensenada, B. C. Es autor de Lengua y cultura Kiliwa y Cuentos y mitos Yumanos kumeey@yahoo.com.mx
esde los mismos inicios de Palabra, bajo la dirección de Rael Salvador y como suplemento cultural del periódico El Vigía, se me brindó un espacio en donde fue posible publicar alrededor de 75 textos en español y traducidos al kiliwa, lengua nativa de Baja California que se encuentra en los límites de la extinción. El espacio que se me asignó lo titulé como “Kiliwa, palabras en riesgo”, en alusión a los últimos cinco usuarios fluidos del idioma. Todos los textos fueron publicados entre abril del 2011 y marzo del 2014, cuando me desempeñaba como coordinador de Cultura Popular e Indígena en el recién creado Instituto Municipal de Cultura y Desarrollo Humano de Ensenada (IMCUDHE).
Mi primer texto lo titulé “Por qué existen el día y la noche”. Era un buen comienzo para introducir al lector en la cultura y la lengua de los kiliwas, pues se trata de un mito sobre el origen de esos dos fenómenos naturales. Le siguieron los textos temáticos relacionados con las actividades cotidianas de los escasos pobladores asentados en la comunidad serrana conocida como Arroyo de León, ubicada en los márgenes de la Sierra de San Pedro Mártir.
vo práctico para motivar la enseñanza de la lengua kiliwa, apoyado con fondos del Instituto Nacional Indigenista (INI). Al material publicado, habría que sumarle otra veintena de textos inéditos que había logrado reunir durante algunos años atrás.
Le seguiría el ordenarlos por temas y buscar los recursos para su publicación. Afortunadamente, la Coordinación Estatal de Educación Indígena de la Secretaría de Educación de Baja California, que encabezaba el profesor Paulino Sierra Cruz, se interesó en el proyecto y consiguió los fondos necesarios para la impresión de un amplio documento que lleva el título de Lengua y cultura kiliwa publicado a finales del 2017, con un tiraje de 350 ejemplares.

Al final de mi participación como columnista de “Kiliwa, palabras en riesgo”, ya había logrado reunir suficiente material para publicarlo en un libro que fuera útil para ser consultado por los interesados en aprender lo básico de esta lengua. El formato sería similar al del libro que ya había publicado en 1998 con el título de Hablemos kiliwa, instructi-
Al cumplir mi tiempo en el IMCUDHE también cerré mi columna en Palabra en su edición semanal, publicación que siguió ese mismo formato hasta cerrarse en noviembre del 2019. Dos años después, en diciembre del 2021, se reanudó el suplemento cultural, pero ahora en forma mensual. También en esa nueva época fui invitado por Rael Salvador para participar con temas de carácter histórico relacionados con nuestra bella ciudad de Ensenada. Entre los números 1 (noviembre de 2021) y 50 (febrero de 2026) solamente envié ocho artículos que fueron publicados esporádicamente.
El pasado 25 de marzo, a Rael lo sorprendió la muerte, pero su memoria seguirá viva a través de Palabra. En paz descanse.

EPor Carlos Lazcano Sahagún Explorador y estudioso de la historia. Escritor, periodista y fotógrafo carloslascano@ymail.com
n el año 2008 fue publicado mi libro Privilegios de la luz: maravillas subterráneas de México. Se trata de un libro mayormente fotográfico, sobre las cuevas más hermosas de México. Desde luego, para el prólogo del libro le pedí a un reconocido espeleólogo italiano, con quien había explorado muchas cuevas, escribiera algunas palabras. Pero igualmente le pedí a Rael Salvador escribiera otras palabras introductorias. Rael no era espeleólogo, pero sí poeta, y la visión de los poetas sobre el mundo natural suele ser radicalmente diferente a las visiones técnicas que cualquier otro especialista en cuevas pudiera plantear. Recordé que cuando leí el libro de Rodolfo Neri Vela, el primer mexicano en viajar al espacio, mucho me decepcionó, y entendí el que Octavio Paz propusiera a un poeta para ese viaje al espacio.
Las palabras de Rael para mi libro las tituló “El lado frágil de la luz”, en ellas describe de una manera bella y sensible las imágenes que se muestran en el libro. No se trata de una mera descripción poética, son una reflexión, otra forma de percibir tantas maravillas que vamos descubriendo los espeleólogos. Decía Rael en ese ensayo:
Otro mundo habita bajo las pisadas del exterior… revela maravillas esculpidas en la oscuridad… el vientre de la Tierra incuba formaciones espectaculares… vemos, pero aún estamos ciegos ante la maravilla. Estalactitas que discursan la belleza en forma de asamblea de agujas… dentro de estas cúpulas extáticas habitan profundos abismos rellenos de especulaciones oscuras; ahí los cañones subterráneos movilizan extensos ríos que descargan holandas disfrazadas de cascadas a la pureza de los lagos ocultos.
No recuerdo cuando conocí a Rael, pero mi trato cotidiano con él lo inicié cuando empecé a colaborar con El Vigía hace ya más de 20 años. Después me invitó a colaborar al suplemento Palabra, que él maravillosamente co-

ordinaba. A veces nos reuníamos a platicar en la cafetería La Taza y solía unirme a las pláticas entre Carlos Mongar y Rael en dicha cafetería. Mucho disfrutaba el tiempo con ellos. En una ocasión Rael fue a mi casa y tuvimos una larga plática en mi biblioteca, ahí Rael se dio cuenta de que compartíamos el gusto de varios autores, así intercambiamos algunos libros, entre los que recuerdo están los ensayos de Yuval Noah Harari, novelas de Paul Auster, algunos libros del historiador moderno Walter Isaacson y textos del escritor mexicalense Gabriel Trujillo. Todas estas lecturas nutrían nuestros encuentros.
Uno de los últimos temas que tratamos fue precisamente sobre el destino de las bibliotecas particulares de intelectuales. Me invitó para que escribiera para Palabra sobre el tema. Y es que a la muerte de muchos de ellos sus valiosas bibliotecas se dispersan y se pierden. Yo supongo que Rael debió haber tenido una importante biblioteca, la que espero su familia sepa conservar o darle un digno destino.
Ciertamente me duele su partida. Rael fue un buen amigo y colega y lo voy a extrañar. Vaya para su familia mi más sentido pésame, solidarizándome con su pena. Igualmente para mis amigos de El Vigía, espacio de gran importancia para Rael en donde pudo desplegar algunos de sus más importantes proyectos. Adiós querido amigo, ya nos reencontraremos en el cielo.
Siendo el gran lector meditativo que era, el arte para él no sólo debía tener una función moral o formativa, sino que debía subvertir el orden de las cosas, y sin concesiones

Por Ramón Ángel Acevedo Arce, “Rakar” Fotógrafo y escritor, corresponsal de Palabra en Chile y en otras partes de América elviajederakar@hotmail.com
Todos bailamos con la muerte y esa es nuestra grandeza, siempre y cuando permanezcamos vivos.
Rael Salvador
Algo ocurre en nuestro corazón cuando, como un ramalazo en pleno rostro, nos sacude la noticia de la partida de un amigo; es como si un árbol se derrumbara en el paisaje interior de nuestras vidas. Cuando el ser preciado abandona el escenario de este mundo y le sobrevivimos, es lugar común decir que fue “un adelantado”. Sin embargo, pienso firmemente que Rael Salvador se nos adelantó en todo. Más aún, él era un adelantado por excelencia, de aquellos seres únicos que exploran, cual avezados geógrafos, no sólo el mundo que le fue dado vivir, sino también las cartografías del alma, aquellas que definen por esencia lo propiamente humano.
Como hacedor de imágenes, escudriño una y otra vez su fotografía de niño de medio cuerpo; intento descubrir en la mirada melancólica de ese rostro (que tiene todo el mundo por delante), los rasgos en ciernes del escritor “adelantado” que muchos conocimos de adulto. Mas, la imagen, por sí sola, me

deja en la epidermis. Sólo acuden en mi auxilio sus propias palabras en la carta que le entrega a su progenitor en el Día del Padre: “De usted, Padre, seguro lo recordará, una Navidad recibí mi ‘oficio’: una ‘Enciclopedia Roja’ (Argos, 1971), que aún sigo considerando el pilar de mi formación de escritor y amante de lo griego”. Y a través de esta misiva, me entero de que siendo aún un joven, su progenitor le apura para que viaje a Mexicali a cobrar el Premio Estatal de la Juventud en Creación Literaria (su primer “galardón” importante). El muchacho Rael, comprendemos, lleva toda la potencialidad del hombre maduro, y con los años descubrirá en esa convivencia paterna y fecunda, la génesis de su viaje personal por los derroteros de la literatura que signarían su destino.
El encuentro
Me sería imposible hablar de Rael sin mencionar el contexto de nuestro encuentro, y sin referirme a ciertos hitos personales que nos fueron vinculando en el camino. Le conocí en el ya lejano 2012. Me encontraba por unos meses en Ensenada desarrollando una residencia artística en el área de Fotografía. Me acerqué al periódico El Vigía sin conocer a nadie. Me movía el deseo de difundir en algún medio las presentaciones audiovisuales que realizaría en el entonces CEARTE las semanas siguientes. En el vestíbulo del edificio, me atendió la periodista Montserrat Buendía y le enseñé los libros publicados: El Viaje de Rakar (sobre Pueblos Olvidados de Chile), y el catálogo La Locura de Artaud-Van Gogh, o el desquite de la Locura, pues ambos correspondían al contenido de las exhibiciones. Ella me pidió los ejemplares para enseñárselos al editor, y se ausentó unos instantes. A los pocos minutos regresó junto a Rael, quien me concedió afablemente su atención y su tiempo. Supongo que sólo las cubiertas de los ejemplares (que incluían textos de Baudelaire y Artaud, respectivamente) tocarían alguna de sus fibras más sensibles de ese “malditismo” juvenil que aún reverberaba en sus pasiones literarias. El hecho es que, desde el inicio sentí con él una correspondencia en la manera de ver el mundo y de sentir. Luego me pidió que lo acompañara a la sala de redacción y me presentó a la periodista y escritora Herandy Rojas, a quien le encargó que me entrevistara de inmediato para una crónica que publicaría en Palabra.

visuales, a lo que accedió con beneplácito. Después de cumplidas las exhibiciones en CEARTE, donde su aporte fue crucial, y después que él comentara varias imágenes en El Vigía, nos reunimos en un bar de la ciudad para compartir algunas horas. Nos acompañó Herandy Rojas y la poeta mexicalense Oralia López, a quien yo había conocido recientemente. Fue en esta ocasión en que Rael me sorprendió ofreciéndome la corresponsalía de Palabra en Chile que, por entonces, se publicaba semanalmente.
“Todo en Rael era original y diferente, muy propio de esas escasas personas que el destino nos pone en el camino, que nos contagian con su sola presencia y dejan una huella indeleble”
Transcurrieron unos días y, en virtud de nuestra afinidad personal, lo invité a participar en la presentación de los audio-
A fines de 2017 publiqué el fotolibro Retratos (des)de la Locura (Hospitales mentales en Chile). Algunos meses antes le pedí a Rael que lo prologara. Tituló su texto “Luz coagulada”. Aciertos más allá del marco de la razón, y como epígrafe citó una frase de Pascal Quignard: “El alma aproxima la luz de su propia noche”. El año 2018 regresé a Ensenada para la presentación del libro de marras en la Biblioteca Pública Regional Benito Juárez. La había organizado el poeta y amigo Lauro Acevedo y, por supuesto, participaba también Rael. En dicha ocasión propició que yo pudiera intercambiar mi libro con uno que portaba en sus manos el escultor José Luis Morales; se trataba de la joyita literaria Expresiones de la locura: el
arte de los enfermos mentales, escrito por el psiquiatra vienés Hans Prinzhorn, y que yo había buscado por años. La escena fue registrada por el mismo Rael en una fotografía en cuyo pie agregó: “Rakar consigue un cambalache de altura: para eso sirve la luz de la imagen y la palabra” (noviembre 6, 2018).
Carta a su padre
El año 2022, con ocasión de la muerte de Jesús Salvador Vargas Cota (1938-2022), Rael publicó una carta a su padre recién fallecido, y le escribí lo siguiente: “Sé que todo es muy reciente, pero leyendo tus textos en homenaje a tu padre, pienso que se justificaría sobremanera que ellos tuviesen un espacio más digno que Facebook, pues lo que aquí se publica se lo lleva el viento y la hojarasca de los likes. Sería emocionante que el próximo Nº de Palabra lo dedicaras entera, o principalmente, a la figura paterna (obvio, de manera genérica), la cual ha inspirado desde emotivas apologías hasta las repulsas más acerbas (como la consabida de Kafka), pasando por el Retrato distante de Auster. Mi relación con mi padre difiere sustancialmente de la que tuviste la fortuna de vivir con el tuyo, pues te acompañó por muchos años, y el tiempo te dio la opción sanadora del imprescindible reencuentro, ese que sólo nos allana la indulgencia y nuestros más sublimes sentimientos. Si le das vuelta al asunto, y cuando pasen unos días, me comentas”. Me respondió inmediatamente, como siempre lo hacía. “Si nuestras palabras mueven a un lector a abrazar con indulgencia y más bondad a ‘su viejo’, la causa ya está ganada”.
“En
escritores de Baja California. Avanzando en el propósito, me envió las siguientes palabras: “Interesante introducción al tema, Rakar. No me han mandado el texto de Tomás Di Bella (...), con el cual amarraremos el cuarteto o quinteto, porque meteremos el poema Los mellizos de Bukowski (el cual, seguro, conoces)... Saludos, y gracias. Bellas palabras”.
Titulé aquella introducción “Viaje al fondo del Padre (‘Una odisea de dos vidas’). El subtítulo lo había tomado de la misma carta de Rael, y juntos elegiríamos la imagen de portada. Parecía entusiasmado a que se publicara este número. Sin embargo, unos días después, me informó que había decidido dejarlo pendiente, y que por “cuestiones familiares” consideraba inoportuno publicarlo. Le respondí que no se preocupara y que aplazaríamos la publicación para cuando lo estimara conveniente. A finales de 2025, volvimos a retomar el asunto y me expresó que estaba dispuesto a ponerlo en carpeta.
esa ética de las palabras en que se sustentaba su escritura, radicaba su valor y su coherencia interna; rara avis para quien las ideas eran para vivirlas y no para presumirlas como lánguidos trofeos académicos”
“Una joyita para Ensenada” En una ocasión, haciendo algunas fotografías en la ciudad, me crucé con un amigo de Rael que estaba de paso, y que me había presentado días atrás en el periódico. Hablamos unos minutos. No retuve su nombre, pero hoy evoco nítidas sus palabras: “Rael -me dijo-, es una joyita para Ensenada”.

Los dos textos que Rael había publicado y que me habían conmovido, eran: en primer lugar, aquella carta que le entregara a su progenitor con ocasión del Día del Padre hace algunos años, en una de esas tantas “reconciliaciones”, y que él había recuperado: “... ahora que la recupero, me regocijo al leerla de nuevo, porque sé que fue uno de los tesoros que guardó con calidez, junto a los libros que publiqué y le dediqué… y que fueron su orgullo”, le escribe emocionado. El segundo, titulado “Padre, tendría mucho que decirle”, era un sentido Adiós a su progenitor. Para esta nueva consonancia que nos unía, me pidió que me encargara de la introducción y que incluyéramos dos narraciones: la de Roberto Castillo que le había enviado “una belleza de texto”, y también la de Tomás Di Bella, ambos

En efecto, todo en Rael era original y diferente, muy propio de esas escasas personas que el destino nos pone en el camino, que nos contagian con su sola presencia y dejan una huella indeleble. Para él, el arte y la cultura no eran divertimento, ni liviandad, ni expresión sublimada o encubierta de la vanidad humana, como es frecuente. Siendo el gran lector meditativo que era, el arte para él no sólo debía tener una función moral o formativa (como le dictaba su vocación acendrada de maestro), sino que este debía subvertir el orden de las cosas, y sin concesiones, como me lo expresó en una oportunidad. Asimismo, en esa ética de las palabras en que se sustentaba su escritura, radicaba su valor y su coherencia interna; rara avis para quien las ideas eran para vivirlas y no para presumirlas como lánguidos trofeos académicos.
Sin duda, Rael fue un adelantado en todo sentido. Era un escritor que, provocado por la imagen, y como pocos, era capaz de adentrarse en los símbolos y en las correspondencias de las cosas; allí donde la gran mayoría se quedaba sólo en la epidermis de la realidad, él iba más lejos, pues era un visionario. El cine y la fotografía, como signos de la modernidad, eran desnudados en el escenario de sus incandescentes palabras con una écfrasis original, o al menos una mirada nueva, y que nos remitía siempre, como telón de fondo, a su depurado humanismo.
Palabras finales
Has salido Rael por completo de la escena de este mundo. Tu vida y tu obra se cierran en ese círculo perfecto e incomprensible, como es el misterio mismo de la muerte con la que “todos bailamos”. Como buen adelantado e iluminado por las sombras que fuiste, nos rebasaste también en esta doble partida. En tu natal Ensenada me prodigaste esa hermosa hermandad mexicana, tu valiosa amistad, tu generosidad de espíritu y tu vasto conocimiento, como sólo los grandes saben hacerlo.
En uno de tus mensajes postreros me escribiste: “Rakar: disfruta de todo lo que te ilumine, que para eso son las sombras; al asombro se llega por vía de las llamas metafísicas”. Así será Rael, mientras permanezca en este Viaje de sombras que iluminan, seguirás viviendo en mi memoria y la de todos aquellos que te sobrevivimos consternados, como navegantes dolientes en esta frágil barcaza que llamamos vida.
Rakar, Horcón (litoral central de Chile)
Abril 6 de 2026

HPor Daniel Salinas Basave Ensayista y periodista. Reside en Tijuana desde 1999. Autor de Juglares del bordo, El lobo en su hora y Bajo la luz de una estrella muerta danibasave@hotmail.com
ace diez días, en la mañana dominical de los Idus de Marzo, Rael Salvador me escribió como hacía siempre que brotaba un nuevo ejemplar de Palabra. En los últimos doce años, la regla no escrita es que cada que salía un número del suplemento cultural al que cuidó y mantuvo vivo con tanto esmero, él me enviaba el archivo. En esta ocasión la portada estaba dedicada el cineasta húngaro Béla Tarr.
Sin importar las circunstancias y ajeno a cualquier angustia por bonos de popularidad, Rael se la jugó siempre por la alta cultura. Palabra fue el suplemento bajacaliforniano que dio cabida a expresiones artísticas más complejas además de reunir una variopinta y sofisticada legión de colaboradores (Federico Campbell entre ellos). Desde 2014 a la fecha le envié periódicamente mi colaboración, a la que bauticé como Aleatoriedades. Obviamente me tocó coincidir con él no pocas veces en charlas y mesas redondas.
Rael era un intelectual de otro tiempo, de la estirpe, vocación y estilo de un filósofo existencialista de los sesenta, una suerte de Sartre perdido en la Cenicienta del Pacífico. Derrochaba esencia de vieja escuela. Su estilo no era complaciente y sus convicciones no eran negociables. Caminaba por el sendero de la izquierda más tradicional, pero hizo de Palabra un suplemento plural en donde cabían todas las ideologías.
Sé que amaba profundamente la obra de Eduardo Galeano (al que alguna vez entrevistó) y aún así me publicó un texto satírico sobre el uruguayo. Adoraba a Facundo Cabral (a quien también entrevistó) y su desafiante poesía navegaba en un cementerio marino entre las oscuras ínsulas de Breton, Jim Morrison y


Foto: Ruth Gámez
Por Araceli Alanis Cañarte
Poetisa radicada en Ensenada, B. C. El origen de su conexión con la literatura proviene de un abuelo que hacía música jugando con rimas
26/03/26
Rael, por lo que escuché ayer, supongo que piensas que ya no asistirás a nuestras pláticas literarias, ¡pues te equivocas!; estaré atenta y puntual en nuestra cita. La pequeña mesa que se nos hace inmensa, el té matcha de tu preferencia y lo ardiente de mi café nos esperan.
Como cada jueves acudo a nuestro encuentro. Con lo puntual que eres se me hace raro que no has llegado. De pronto siento un escalofrío y percibo en el silencio del bullicio la presencia de tus letras; doy por hecho que ya estás aquí.
Comienzo diciendo:
¿Sabes?, están diciendo por ahí que la palabra escrita está de luto, que la tinta de tu pluma se apagó y que ahora desfilas entre sombras.
Sorprendida y molesta me dije:
- ¿De qué hablan? ¡Esas son falacias! ¿Acaso intentan prescindir o difamar la certeza de tu conocimiento y lo colosal de tu universo? No lo sé, sin embargo sé que todos los días sigues encontrando “Rosas en el mar”, al buscar la razón de tanta falsedad, al buscar el amor que quiera comprender la alegría y el dolor, la irá y el placer, así como un bello amor sin un final; ¿lo recuerdas? Es la melodía que le da voz a tu corazón.


Rimbaud. Escribió hasta el último día su columna El último lector y es de los pocos colegas de quien puedo decir que se murió con la suya, abrazado a su bandera y su trinchera. Hoy, como el Rey Lagarto, tomó la autopista hacia el final de la noche.
Texto publicado el 25 de marzo de 2026 en la página de Facebook del autor.

Fotografías: Héctor García Mejía.
- ¿Sabes? Cada vez que alzo la mirada veo por doquier los alfabetos de tus versos, la poesía de tu conciencia, las complejas y agudas columnas que publicas cada semana y que nos hacen profundizar en la lectura, y qué decir de tu esencia que yace en Nietzsche. El príncipe sublime del inte lecto, en los ensayos de los “Obituarios intempestivos”, en el “Recuerdo del héroe llevado por su demonio”, en Claridad & Cortesía. La creación de una belleza nueva, en el vino que besas del Vitis Terrae y lo mejor de todo en la edición de 51 números de la revista cultural Palabra en donde eres la respiración y el latido, así como en muchos textos más que estás por publicar en tu Sartre.
De pronto mi entusiasta plática es interrumpida por un mesero que pregunta: ¿Seguirá esperando a su acompañante?¿Relleno su taza de café?
Me sorprende su pregunta.
Giro la mirada para encontrarme con la tuya y me doy cuenta que sólo mi silla está ocupada, en la tuya veo el reflejo de un paraíso cósmico de cristal libresco con aroma a dinamita.
En ese momento entiendo que, ahora la galaxia baila de la mano con la sombra más brillante, que el latido de tu pluma ahora resuena en el eco del tiempo, que tu obra literaria trasciende junto a tu eterno romance con los libros, que tu legado es infinito y que has dejado un vacío que ni el tiempo ni la memoria alcanzan a llenar.
Con profunda tristeza me digo:
- ¡Ha caído el roble más sabio del bosque, sin embargo me fortalece saber que sus raíces ya se habían entrelazado con las mías! ¡Hasta pronto, querido Rael!