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Ante la velocidad alucinante en la que todo se desvanece y cae en el olvido antes incluso de madurar y envejecer adecuadamente—, legar sabiduría y marcar nuevas rutas trascendentes para la humanidad, está siendo parte de la nostalgia crítica del siglo XXI.
La cultura ritual, gestada desde las cuevas del paleolítico —debido a estados alterados de conciencia (documentados hasta el éxtasis)—, ofrece amplia muestra del valor de lo sagrado: una manera de comunicarnos que estructura el pensamiento (o viceversa), ante diversos símbolos de hechura y confección humana que lo orientan —que, testificados por la “conciencia”, damos a llamar lenguajes o sus derivados, la diversidad de idiomas— y que no es otra cosa sino la parte esencial de la arquitectura cerebral cognitiva universal (muescas, puntos, óvalos, espirales, manos y grafías que se repiten en todas las culturas, ya se trate de riscos o cavernas, de Atapuerca o Lascaux, de aborígenes de Amazonia o Australia), que desde poco más de dos y medio millones de años abarcan una importarte parcela de tiempo y espacio, nuestra reveladora Edad de Piedra.
Por ello, todo alrededor de un artista —como peligro evidente— corre el riesgo de la belleza y la trascendencia.
Elección y sentido —continuados por ejecución y realización—, son implacables consecuencias de una misteriosa lógica espiritual, ya se trate de finos trazos de chamanes o burdos garabatos de niños.
Ante sus sentidos —y los nuestros—, sumados al recogimiento de la sorpresa absoluta, la cúpula de la antigua noche antropológica tiene que ser reimaginada.
Es así que aquello que se dirige a uno mismo, se dirige hacia los demás.
Sin Béla Tarr / Rael Salvador
Madre Baja California: Polisemia del símbolo / Enrique Avilez
Mexicali 1980-1989: una nueva generación, una nueva literatura / Gabriel Trujillo Muñoz
Marzo 2026 / Número 51
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Director de Información
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Director Editorial
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Coordinadora de Publicidad
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Coordinadora de El Vigía Digital
Sandra Ibarra Anaya
Editor PALABRA
Rael Salvador
Diseño Editorial
R.S.
págs. 3 a 5
págs. 6 y 7
págs. 8 y 9
Música, sólo música / Eduardo Cruz Vázquez pág. 10
La palabra “again” / Martín Caparrós pág. 11
La deslocalización de la economía y la sociedad / Fernando Mancillas Treviño págs. 12 y 13
Nudos: Lo que algunas ellas y algunos ellos saben / Gustavo Dessal pág. 14
Sartre: El ser humano, esa criatura absurda e inquieta / Peter Sloterdijk pág. 15
David Toscana: Literatura con mayúscula / Daniel Salinas Basave pág. 16
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Arturo Corpus Fotografía
Enrique Botello
Colaboradores
Carlos Mongar, Sergio Gómez Montero (†), Gabriel Trujillo Muñoz, Facundo Cabral (†), Federico Campbell (†), Daniel Salinas Basave, Leobardo Sarabia, Santiago M. Zarria, Manuel Quintero, Enrique Botello, Héctor García M., Óscar Ángeles Reyes, Fernando Mancillas, Iliana Hernández, Ruth Gámez, Herandy Rojas, Carlos-Blas Galindo (†), Alberto Manguel, Martín Caparrós, Alfonso Lorenzana, Eduardo Cruz Vázquez, Eric Rodríguez Ochoa, Jorge Ruiz Dueñas, Carlos Velázquez, Dimitris Yeros, Edgar Lima, Rob Riemen, Alexa Álamo, Arnulfo Estrada R., Jorge Ortega, Elizabeth Cazessús, Jazmín Féliz, Atsumi Ruelas Takayasu, Alfonso García Quiñones, Gustavo Dessal y Enrique Avilez.
Corresponsales en el extranjero
Ferdinando Scianna (Italia); Cony Mollet-Sigüenza (Francia); Ramón Ángel Acevedo, “Rakar” (Chile); Patrick Liotta (Argentina); Héctor García Mejía (Los Ángeles).
Corresponsal en Tijuana Enrique A. Velasco Santana
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La muerte es así, el lento paso de un mal sueño. Con El caballo de Turín, reparamos que la vida se convierte en el extraño espasmo del obstinado viento sobre la arena…

APor Rael Salvador Escritor y editor raelart@hotmail.com
“Es el ritual del tiempo en su templo: la orgía de luces que se intersectan para dar nacimiento a las estrellas en la cúpula del cráneo”
Béla Tarr le gustaba decir que Tarkovsky era más inocente que él, ya que “en sus películas, la lluvia purifica a las personas...” Al decirlo, su mueca se volvía una sonrisa de niño. Entonces, un misterio suave le agachaba la cabeza y la mirada surfeaba a sus pies —1, 2, 3 segundos y volvía a poner sus ojos bellos en el objetivo— y remataba: “En las mías sólo hace barro”.
Sin Béla Tarr, el mundo se vuelve más húmedo y oscuro —como el sabor del sexo antiguo—: en el interior de la ballena, la vela de su ser se apaga y queda el temporal presente del odio contra el odio y, en ese sofoco de muerte, nosotros somos más pobres.
Eso, en la vida temprana, lo advertimos en el autor de Así habló Zaratustra —él, Tarr, que se atrevió a rodar con magnificencia El caballo de Turín— cuando nos sugiere que “la vida sin música es un error”.
¿La vida sin Tarr? ¿Sin alcohol? ¿Sin la colmena de paz que fue el encuentro con otros labios, con otros estertores del alma?
Muy de mañana, consultando el oráculo podrido que es la prensa, en una nota perdida leo: “Muere el director húngaro Béla Tarr…” Y, una vez más — huyendo del orden establecido por las imperantes rutinas de la idiotez—, busco al músico Víg Miháli y, en medio de la nausea que me provoca el conocimiento vacío, cierro la mirada y me dejo arrastrar por los acordeones de un tiempo que conduce a la extraña luz de un refugio: mi libro sobre Nietzsche El príncipe sublime del intelecto—, donde cito la importancia irremplazable de Béla, del Béla Tarr que nos enseñó a ver y a entender al caballo que le dio pasaporte al “Hombre dinamita”.
Crimen y castigo
«Principios de 1889, Piazza Carignano en Turín, Italia. En la “strada” Carlo Alberto, salvajes latigazos en el lomo doblan en suplicio a un caballo —han huido ya las cariátides bajo su vientre—; en el cerebro de un paseante, filósofo de oficio, restalla el hundimiento de una piedad trágica…

Antes, en el año de 1866, otro equino aparece en escena.
Es el sueño de Dostoievski en Raskólnikov, el personaje de Crimen y castigo, que toma el nombre de Rodia, de 7 años, y quien observa el castigo y el crimen de un caballo escuálido por parte de una horda de borrachos. El brutal sacrificio, a golpes de hierro, hace presente a Rodia el espinazo partido de la débil bestia y anticipa la reacción de Friedrich Nietzsche al abrazarse al cuello agonizante para limpiar la sangre con sus propias lágrimas de dolor.
“El pobre niño está fuera de sí —describe el escritor ruso—. Lanzando gritos, se abre paso entre la gente y se acerca al caballo muerto. Coge el hocico inmóvil y ensangrentado y lo besa; besa sus labios, sus ojos…”
Los seres humanos tenemos el guion escrito a partir de las penas de nuestros antepasados. Se llama psicogenealogía —numen del “Eterno retorno”—, y es precisa como una enfermedad genética.
El 3 de enero de 1889, día con amenaza de borrasca, el filósofo alemán, exánime y conmovido, observa al cochero golpear cruelmente a su caballo…
—¡Hale! ¡Yeeaaahhh! ¡Arre! —y truena el látigo con el placer de un disgusto evidente.
Inamovible, abrazado a él, lágrimas que bautizan de oscuridad la demencia, pierde la cabeza. Sabemos lo que acontece a Nietzsche, el derrumbe, pero nada aventuramos del caballo de Turín.
Como el de Turín, el “caballo” de la pintora Elena Pomar profundiza en guardar un trágico eclipse filosófico: la locura de Nietzsche. En su configuración de mapa nocturno —tinta que discurre sobre el papel— se observa la desesperación del trote manual, como si cabalgáramos el infinito plano secuencia de Béla Tarr.
Quien conoce los trabajos del director húngaro, sabe que la insistencia, sostenida en el objetivo (sin por ello anular la acción), es un recurso que ofrece fulgor intransitivo al arte.
Lo mismo sucede con el trazo de Pomar.
—¡Hale! ¡Yeeaaahhh! ¡Arre! —y, “eterno retorno”, restalla y truena una vez más el látigo con la epiléptica resonancia de una evidente agonía.
Ya decía, inamovible, abrazado a él, lágrimas que bautizan de oscuridad la demencia, pierde la cabeza.
vencia. La muerte es así, el lento paso de un mal sueño. El espasmo de un cadáver sobre una granja.
Discurso del “Hombre botella” en la lección de El caballo de Turín: “Sin alcohol, la vida sería un error”.
Y me parece ver a Nietzsche mezclar el cloral hidratado con sus cervezas inglesas que tanto le satisfacían, la stout y la pale ale».
Creer, crear y crecer
Cuando joven, contaba con mi equipo de filmación, y es muy seguro que Sátántangó —con sus siete horas y media de duración— habría sido parte de mi catálogo… Son curiosas las coincidencias: «En un día oscuro en Budapest, a finales de los años ochenta en la Hungría comunista, Béla Tarr fue a buscar a Krasznahorkai para filmar su novela Sátántangó, pero Krasznahorkai rechazó la oferta. Es más, le dijo incluso que no volvería a escribir y cerró la puerta. Béla Tarr rodeó el edificio, se fijó en una ventana con la luz encendida y golpeó con los nudillos el cristal. Krasznahorkai se estaba lavando la cara en el baño. Abrió y contempló la cara de Tarr bajo la lluvia. “Ve mis películas y entenderás por qué quiero adaptar tu literatura”, le dijo el cineasta. Y así empezaron a crear», nos narra Gregorio Belinchón en la noticia luctuosa publicada en El País (06/01/2026).
«Béla Tarr que nos enseñó a ver y a entender al caballo que le dio pasaporte al “Hombre dinamita”»
Sabemos lo que acontece a Nietzsche, pero nada aventuramos del caballo de Turín.
El llamado testamento de Béla Tarr nos lo revela: la bestia que consoló el autor de y su sombra su fuga mental… Él había pedido disculpas en nombre de toda la hu manidad. La grandeza de un acon tecimiento transforma su piedad en infierno.
En blanco y texto, silbido ciego, el viento es la música argenta con la que se vive la soledad enganchada a la desgracia. Secos de alma, como la arenisca que golpea y el pozo que se marcha, el arriero manco y su hija meca nizan la existencia en un vulgar ritual de sobrevi

Me pasó lo mismo con mi maestro Jacobo De. Lo cuenta el fotógrafo Enrique Botello en el prólogo de mi reciente libro sobre Jean-Paul Sartre: “Rael ejercía como docente y filmaba sus guiones surrealistas con una cámara Super 8, entonces el destino nos colocó en el mundo de las artes escénicas; tras un fallido intento de trabajar en un proyecto dramático, apareció un hombre que iba a cambiar y a fortalecer nuestra manera de ver el mundo. Recién afincado en El Sauzal, en Ensenada (Baja California), fuimos a buscarlo. A regañadientes nos recibió una tarde, sin dejarnos cruzar la puerta de su departamento, en el que vivía con Nadia, su joven esposa”. Por sus trusas y carácter, supusimos que, húmedo y sofocado, lo habíamos levantado de encima de ella. Nuestra petición encarecida era que nos ayudara a montar una obra teatral; a través de la puerta entre abierta, nos pidió regresar otro puto día.
Entonces, un poco exaltado, le grité por la ventana: “¡Lee mis guiones y entenderás por qué quiero ponerlos bajo tu dirección!”. Y así empezamos a creer en los muertos, a crear juntos, a crecer al lado de él.

Lo que viene después es hermoso: Krasznahorkai —el guionista de Tarr— obtiene el Nobel de Literatura 2025.
Nobel y melancolía
Las parrafadas László Krasznahorkai (Hungría, 1954) son oleajes de una bravura germinal, como esos arrebatos que, en apariencia —sólo en ella—, se discursan interminablemente en la ebriedad onírica de una pasión exacerbada: un puñado de ideas heridas que danzan —en mutuo auxilio mágico— para formar la armonía agónica de significativos “sistemas solares” literarios…
De la novela Melancolía de la resistencia (Editorial Acantilado, 1989), el formidable cineasta que es Béla Tarr (Hungría, 1955-2026) rehace desde la óptica newtoniana de Melville —y de la mano de Ágnes Hranitzky, su esposa— una parcela del océano de palabras de László Krasznahorkai y crea la belleza insondable de Armonías de Werckmeister
Podría aventurar que Armonías de Werckmeister (estrenada en 2001) retrata una gradual y paulatina historia donde la velocidad de la luz genera un entusiasmo primigenio que revitaliza las oscuridades más abisales del subconsciente —observar el Universo por

el ojo de una ballena—, lugar donde “la perdida de las ilusiones —como sentencia Jacques Rancière— ya no dice gran cosa sobre nuestro mundo”.
(Demasiado trillado conocer a alguien por su dolor, ya que lo excepcional será conocerlo por su amor.)
János (Valuska), el joven protagonista de Melancolía de la resistencia —soñador de silencios y ojos de Dionisos—, reinaugura todas las noches su teatro de alcohol en el bar rural, lugar comunitario donde los borrachos se convierten en astros, lunas, planetas…
Así, el salto de la literatura al cine.
Pero, ¿en qué consiste esta extraña maravilla fílmica que es Armonías de Werckmeister, escrita por Krasznahorkai? ¿En la poderosa fachada de János, mitad príncipe de las ilusiones y mitad tonelero de tres centavos? ¿Es la música de Víg Mihály, esa partitura de tersura monótona, tan deliciosa como senos de seda y esperanza?

cón— la embriaguez del origen humano y nos arrulla con un vals de piedras girando en la nada filosófica, logrando el milagro de equilibrar emociones y pulimentar diamantes, como si el Universo se encontrara en el bolsillo del elogio y la gloria a la vuelta de la esquina.
El film está compuesto en el ojo vernáculo de la ballena y la revuelta civil, en un manicomio tomado por asalto y lo valioso de la amistad antigua…
¡Aquello que, al abandonar el espíritu de Séneca, las palabras ya no pueden advertir, mucho menos decir!: la traslación de Krasznahorkai a Tarr.
¡Espinas de luz en las tinieblas del deseo! ¡Misterio total en las cosas doblemente tontas! ¡Perplejidad en esa capacidad que poseen los seres más mediocres de recuperar su dignidad!
“Cuando joven, contaba con mi equipo de filmación, y es muy seguro que Sátántangó —con sus siete horas y media de duración— habría sido parte de mi catálogo…”
Uno, por más que lo desee, lo quiera o lo pretenda, lo demande o lo exija, no saldrá indemne de esa paz turbulenta que es encontrarse con la epifanía cinematográfica-literaria por excelencia...
estrellas en la cúpula del cráneo —alegoría inversa a la caverna de Platón—, comunión pagano literaria a la que arrastra el séptimo arte… Y después de ello, tiende uno a acariciar al gato, a precipitarse hacia el fresco de la ventana, a abrir cualquier diccionario y fijar los ojos en la honestidad del perro, intentar una llamada que no se hace, alzar la mirada hacia Orión, tomar un bombón de araña entre las yemas o equilibrar el lápiz en la uña como si se tratara de un relámpago domesticado, apretar los labios, pasar el trago con dificultad, maldecir con lágrimas la alegría que en ese instante inunda la impostación de la sonrisa y hace pensar seriamente en los tristes despojos de la existencia…
Eso es László Krasznahorkai, también el maestro de la cámara… Y lo que reclamó Nietzsche: “¿Qué importas tú? Di tu palabra y hazte pedazos”.
Por partes iguales, punk y ángel, János instaura — entre pastores, campesinos, cazadores e idiotas de rin-
Sí, es el ritual del tiempo en su templo: la orgía de luces que se intersectan para dar nacimiento a las
Y luego, cuando corren a todos después de armar el barullo cósmico, vemos a János caminar y caminar —en la acción del blanco y negro, que es el característico e hipnótico plano secuencia de Béla Tarr, color de lo que se escribe— y la música de Víg Mihály cae como nieve en el incendio metafísico que acaba de provocar, y lo que hemos visto o creímos ver es sólo la “armonía” del deseo que dibuja lo divino con dedos frágiles: ¡la gran literatura de Krasznahorkai! ¡El magnífico cine de Béla Tarr!

Por Enrique Avilez
Artista plástico y director de arte en escultura y relieve escueladeartepublico@hotmail.com
De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse en una infinidad de modos una infinidad de cosas, es decir, todo lo que pueda caber bajo un entendimiento infinito. Baruch Spinoza
La escultura Madre Baja California, ubicada en el Centro Estatal de las Artes Ensenada (CEART), fue construida entre los años 2006-2007. Se trata de una obra de arte figurativo que contiene tres elementos básicos: técnica, estética y contenido. Es una forma en el espacio con gran contenido de significados derivados de la conciencia, contexto, principios formales y arte figurativo bajo los cuales concebí la forma y el mensaje.
Concurso de Arte Público (ICBC)
En el periodo entre 2001-2007, el Gobierno del Estado de Baja California convocó artistas-escultores de la localidad a concursar con propuestas de Arte Público para lo que sería el futuro CEART, en la manzana #8 de Ensenada, B.C. Desconozco cuántos artistas participaron y también ignoro quiénes fueron jueces del concurso, sólo sé que fuimos seleccionados cuatro artistas: Sebastián Beltrán, Miguel de La Torre, Alfonso Arámbula y su servidor, Enrique Avilez. Fue una grata sorpresa quedar en la selección, un gran honor que me llena de satisfacción y agradecimiento.
Construcción de la escultura
res, albañiles y asistentes. Trabajamos intensamente para cumplir en tiempo y forma. La técnica de construcción utilizada fue “ferrocemento”, la misma que se utiliza para construir una casa, sin embargo, este tipo de estructura está hecha para vivir en su espacio interior, mientras la escultura es un centro, necesita espacio alrededor.
Desde siempre se consideró que estaría a cielo abierto, en el espacio despejado de la Plaza de las Artes, la ubicación debía permitir que la escultura fuera apreciada desde cada uno de sus ángulos. Por todas estas razones técnicas y artísticas fue necesario también diseñar y construir una base que se complementara con la escultura; así, la base y la escultura en armonía pretenden optimizar la correcta y segura exhibición de la pieza al público.
La escultura se construyó al mismo tiempo que el actual edificio de CEART, nacieron al mismo tiempo; sobre la marcha, no faltaron las dificultades y retos propios de un proyecto de este tipo; sin embargo, logramos superarlos de la mejor manera posible, finalmente CEART Ensenada se inauguró el 31 de julio del 2007. La escultura se concluyó, sin embargo, el acabado artístico de la base quedó inconcluso por causas ajenas a mi voluntad. Este ha sido un pendiente desde ese entonces.
“La escultura se concluyó, sin embargo, el acabado artístico de la base quedó inconcluso por causas ajenas a mi voluntad. Este ha sido un pendiente desde ese entonces”
No es lo mismo hacer una figura pequeña que construir una escultura de aproximadamente 12 metros. Visualizar el formato monumental, las consideraciones de ingeniería y proporción anatómica a gran estaca fue un gran reto. Se requerían andamios, desplazarse en horizontal y vertical, transportas materiales y herramientas.
Fue necesario un equipo de trabajo multidisciplinario, contraté un equipo de profesionales en ingeniería y arquitectura, además de técnicos en construcción como soldado-
Memoria y espacio
La memoria espacial no funciona como un archivo cronológico, los espacios no se recuerdan como fueron, sino como los sentimos: las emociones de la experiencia. La inteligencia humana ordena y transforma el espacio de acuerdo con sus preferencias simbólicas, está profundamente conectada a los sentimientos, es decir, la imaginación de cada persona reacciona al medio ambiente de acuerdo con sus creencias a nivel consciente e inconsciente. Pensamos desde diferentes lugares, en esos sitios siempre suceden cosas desde siempre: la infancia, la edad adulta, la vejez… La asociación emocional fija las memorias: la pertenencia, la identidad, lo subjetivo.
El Centro Estatal de las Artes invita a la contemplación tanto del edificio como de las diferentes manifestaciones artísticas; en ese sentido, cada uno de los artistas seleccionados

—para emplazar Arte Público— hizo una aportación; Sebastián: una representación de Las olas en metal, instalada en la barda paralela al Boulevard Lázaro Cárdenas. De la Torre: La danza del fuego, siendo una alegoría a la vitalidad. Arámbula: Humanos, caracteres estilizados de diferentes aspectos antropomórficos que componen la sociedad (el artista nombró recientemente una pieza del conjunto escultórico, con el nombre de Lauro Acevedo, en honor al poeta). Avilez: Madre Baja California, torso femenino en representación del Estado de Baja California y el símbolo de la Madre.
Autonomía formal
En la disciplina escultórica figurativa es válido concentrar fuerza en un fragmento artístico: torsos, manos, cabezas; en ese sentido, la escultura Madre Baja California no es una obra incompleta, es una escultura terminada —el enfoque se centra en la forma—, el fragmento es una totalidad artística: se enfatiza la fuerza, expresividad y movimiento en una parte del todo. Este recurso expresivo se ha practicado desde la más remota creatividad humana, desde el periodo paleolítico hasta manifestaciones modernas, presentes en Rodin, Brancusi, etc., y consagrados artistas mexicanos actuales como Javier Marín, quien expone hoy

en día fragmentos monumentales de anatomía humana en diferentes plazas del mundo; su obra me inspira, tanto como las cabezas olmecas, Henry Moore, Miguel Ángel y el arte rupestre.
Elementos de la región
En la escultura se aprecian distintos elementos culturales representativos de nuestro Estado, por ejemplo: las faldas están inspiradas en la indumentaria tradicional de nuestras etnias regionales, nuestros antepasados las fabricaban con elementos extraídos del entorno natural: corteza de árbol, ixtle y fibras de especies vegetales. Actualmente se exhiben en museos de antropología, INAH.
Motivación espiritual, el símbolo. Mi propia madre me trajo al mundo en condiciones difíciles, siendo ella adolescente. He querido que mi madre significase algo más que la reproducción: ella es un fractal del Universo.
Una mujer es representación del planeta, entendida su presencia como parte de la divinidad: la madre de todas las cosas. El planeta tiene agua en su vientre marino; de igual forma, el líquido amniótico en el vientre materno. La madre es la primera casa: “La madre”, elemento social presente en civilizaciones primitivas desde antes de la escritura. Las más remotas expresiones de la inteligencia humana están dedicadas a la madre-mujer, misterio cósmico, mineral, estructura de respeto y admiración organizada en torno a la madre, la conexión con lo divino y la vida humana en equilibrio con el entorno. La conciencia colectiva une personas a través de las culturas, es construcción social que trasciende la barrera del tiempo, y, en ese sentido, símbolo trascendente.
La diferencia entre un símbolo y un signo, es que el símbolo tiene significado profundo, ancestral, es manifestación psíquica más allá de la cultura actual. Mientras que un signo puede ser una creación actual, inmediata, es literal, limitado y específico. En resumen, un símbolo contiene muchos signos. Lo ideal es, no quitarle valor al contexto del pasado, las diferentes etapas son valiosas para comprender el presente y visualizar el futuro.
El símbolo trasciende porque puede tener infinitas interpretaciones y significados, esa variedad de signos les dan polisemia a algunas obras de arte. El símbolo de la madre, amor, fertilidad, es universal, trasciende: biológicamente sólo la mujer es madre... culturalmente la mujer es símbolo de maternidad y continuidad de la vida, representa simbólicamente la casa, el planeta Tierra, la madre naturaleza y su infinita sabiduría. Es paz, núcleo y sentido al mismo tiempo.
La madre en esencia es amor a la vida: unificación y crecimiento de todos los procesos vitales. Una condición importante para el desarrollo del amor es la libertad. Desde que existe la conciencia y el inicio de las civilizaciones podemos encontrar expresiones artísticas que interpretan incansablemente el símbolo de la madre. El amor a la vida se desarrolla más en una sociedad justa que logra armonía, seguridad, justicia, y, especialmente en una sociedad que estimula la creatividad.
El equilibrio emocional de la humanidad depende de la armonía con este símbolo de la madre.
La escultura, también y, en efecto, representa a nuestro Estado (territorio, geografía, tierra, cultura) como una madre, la madre naturaleza, una “casa-madre” simbólica para todas y todos nosotros; nos debería recordar que, de cierto modo, somos todos “hermanos y hermanas”, “hijas e hijos” de la misma “madre”, de la misma tierra y este significado guarda belleza. Es grande.
Mantenimiento y mejoras. La obra escultórica y la base sobre la cual está construida se consideran una pieza integral, ya que la base está edificada específicamente para los requerimientos de estética, exposición, arte y seguridad en temas propios de cualquier construcción, como una barda, una casa, un puente, etc.
Debido a la técnica “ferrocemento” empleada para la construcción, se requiere mantenimiento máximo cada seis años. Es importante recalcar que no se trata sólo de temas estéticos, sino propios de la seguridad que requiere la construcción de una obra de estas dimensiones.
En el tema de mejoras, el primer objetivo es terminar lo que quedó pendiente desde hace 18 años a la fecha actual (2026), me refiero justo a la conclusión estética de la base, la cual consiste en adosar seis placas metálicas, estilo gran mural, con diseños inspirados en las pinturas rupestres de Baja California, localizadas en La Sierra de San Borja, Valle de San Quintín y La Rumorosa. Su antigüedad oscila entre los siete y nueve mil años de antigüedad; nuestra raíz cultural, algo totalmente nuestro y que merece ofrecerle la importancia que realmente merece. Siempre fue parte de Madre Baja California la idea artística de que la base misma representara justamente eso, la base ancestral de nuestro estado.
Afortunadamente ya contamos con un contrato —ISCBCCEARTESERVICIO0042025— en proceso de firmas, al cual se le está dando seguimiento para coordinar en conjunto con SCBC-CEART los trabajos necesarios para garantizar las técnicas de mantenimiento, restauración, mejoras y conclusión.
Es importante aclarar que las mejoras de la base no serán costeadas con recursos del Estado, sino con apoyo de la sociedad civil, de hecho, ya se vienen desarrollando actividades en apoyo de la escultura por parte de la ciudadanía y comunidad artística, por ejemplo: el día 12 de julio de 2025, en el CEART se llevó a cabo el Simposio de Arte Público y simultáneamente una exposición y venta de arte y libros, dicho evento con el fin de recaudar fondos para las mejoras, con la participación de más de 60 artistas plásticos, literatos, intelectuales y una nutrida asistencia de amantes del arte que participó activamente. También el día 11 de enero del año en curso, FOVICOM (Fotógrafos, videógrafos y comunicadores), a través del empeño de Ruth Gámez, organizó una caminata urbana: comunicadores, deportistas, fotógrafos, cinematógrafos y tejido social de diversas profesiones convergieron al final del recorrido en la escultura Madre Baja California, donde se habló de estos motivos y de lo que representa su presencia artística.
Llegados a este punto, de si su presencia monumental significa imposición del matriarcado o del patriarcado, nada hay de eso. No se trata de quién tiene poder sobre quien, ni de cómo se administra ese poder, el debate de roles de sexo esta fuera de contexto… Más bien, tiene que ver con el poder mágico que posee la madre para reproducir la vida. Naturaleza divina, entendimiento infinito: la lluvia, los ríos, el mar, la sierra, las montañas, las turbulencias del viento, el paisaje de Baja California, la vestimenta de las etnias de la región… La madre tiene su lugar correcto en el centro de la vida, simboliza, en este sentido, equilibrio. El orden es virtud: amor a la vida.
Los escritores mexicalenses aprendieron a valerse de su propio trabajo e imaginación y llevaron a cabo los proyectos necesarios para consolidar la nueva literatura en la capital del estado

HPor Gabriel Trujillo Muñoz Escritor y poeta, autor de Espantapájaros y Tijuana city, tres novelas cortas. angel.gabriel.trujillo.munoz@uabc.edu.mx
oy cuando veo en Mexicali el auge de eventos que tienen en el trabajo literario y editorial su eje central, ya sea ferias del libro o encuentros anuales de escritores, tengo la certeza de que todo estos movimientos comenzaron en la década de los años ochenta del siglo pasado, entre 1980 y 1989, cuando el punto de efervescencia de la literatura mexicalense estaba puesto en los talleres de creación literaria y en el surgimiento de la frontera como cultura a estudiar, pero sobre todo se ubicaba en la aparición de nuevas generaciones de escritores con nuevas formas de hacer las cosas, con expectativas distintas a la hora de asumirse como creadores, interesados en enlazarse con los autores contemporáneos de México y el mundo, muchos de los cuales llegaban por primera vez a la capital del estado de Baja California.
En aquellos años, las instituciones locales —la Universidad Autónoma de Baja California, la Dirección de Asuntos Culturales (más tarde ICBC) y la Casa de la Cultura— eran los espacios donde se presentaban autores y obras a la consideración del público mexicalense. Pero buena parte de los escritores visitantes venían a dar conferencias, clases o talleres, a trabajar ofreciendo sus conocimientos y destrezas a sus colegas fronterizos, a la vez que buscaban un saludable intercambio de puntos de vista sobre el oficio de escritor, lo que se daba en distintos puntos de la ciudad y que, según el talante de cada autor visitante, podía llevarse a cabo en restaurantes chinos, cafeterías del Centro Cívico o cantinas de la Chinesca.
Aquí hay que detenerse en las motivaciones de tales visitas. Mexicali se estaba volviendo en una ciudad con una vida artística importante. Una década antes, en los años setenta del siglo XX, la habían visitado en plan de enseñanza e intercambio intelectual, figuras de la talla del
filósofo alemán Herbert Marcuse, la crítica de arte Raquel Tibol, así como la escritora Elena Poniatowska y el poeta Carlos Pellicer, entre otros. Para los años ochenta, los escritores se multiplicaron en sus visitas. Esto se debió a que en esta década el interés de la intelectualidad mexicana sobre la cultura fronteriza se avivó considerablemente al fundarse, irónicamente desde el centro del país, el Programa Cultural de las Fronteras.
Creación literaria
A partir de 1980, los talleres de creación literaria, los de la Dirección de Asuntos Culturales como los de la UABC, congregaron a decenas de escritores mexicalenses, especialmente los menores de cuarenta años. Y muchos de ellos tuvieron la oportunidad de convivir y aprender con escritores ya reconocidos. Esto también llevó a que se abrieron rutas de comunicación con los autores del otro lado, tanto chicanos como anglosajones, residentes de California en su gran mayoría. De esa manera se pudo dialogar con Alurista, poeta chicano, Guillermo Gómez Peña, performancero mexicoamericano, los narradores Harry Polkinhorn y Sandra Cisneros, el investigador Charley Trujillo y el poeta Juan Felipe Herrera, quien sería, décadas después, poeta laureado de los Estados Unidos, así como con narradores como el mexicano Ignacio Betancourt y el chileno Jaime Valdivieso.
A ellos se sumaban los escritores que nuestra máxima casa de estudios, la UABC, pudo traer a Mexicali gracias a convenios con la Universidad Nacional Autónoma de México y con la Universidad Autónoma Metropolitana. De la primera acudieron los poetas Marco Antonio Campos, Vicente Quirarte y Enrique Fierro, así como el filósofo español Fernando Savater, mientras que de la segunda llegaron los poetas y narradores Bernardo Ruiz, Carlos Montemayor y Héctor Carreto. Extensión Universitaria de la UABC tuvo a bien presentar a Fernando Benítez y Carlos Monsiváis en el Teatro Universitario y con lleno total. Y por parte de la Dirección de Asuntos Culturales (DAC) destacó la presencia del periodista Eduardo Cruz Vázquez, la novelista colombiana Albalucía Ángel, amiga cercana de los autores del boom lati-

noamericano, los novelistas Armando Ramírez y Gustavo Sainz, que se presentaron en el café literario, y de Elena Poniatowska, que abarrotó el Teatro del Estado.
Ahora bien, a mí me tocó compartir estas actividades, tanto las enseñanza-aprendizaje como las recreativas, con narradores, poetas y ensayistas que llegaban a Mexicali provenientes del sur del país como del otro lado de la frontera. Me tocó la suerte de conversar con Fernando Savater y Héctor Subirats, y ambos accedieron a publicar en el primer número de Travesía su artículo “El método, la ciencia y el progreso”. Con Enrique Fierro y Marco Antonio Campos platicamos de poesía latinoamericana, mientras que con Bernardo Ruiz nos dedicamos a hablar de nuestro tema favorito: la narrativa fantástica y de horror sobrenatural, donde la figura tutelar no era otro que Howard P. Lovecraft.
Juntar palabras
Por otra parte, con Carlos Montemayor pude discutir

lo que era ser un autor nacido en el Norte, criado en la frontera, lejos de los fastos de la corte literaria imperante en nuestro país, y comentamos el deber que teníamos, como escritores del norte, de contar nuestro entorno por más precario que a los literatos del centro del país les pareciera. Don Carlos, como buen chihuahuense, fue uno de los primeros en identificar la tarea más acuciante que teníamos por delante: escribir nuestra historia desde la ficción, desde la poesía, desde la investigación literaria. Para saber dónde estábamos parados, para dilucidar quiénes nos precedieron en la tarea de juntar palabras y darles brillo y compartirlas con nuestros semejantes.
Los años ochenta vieron la eclosión de Tijuana, con su Cecut y su Colegio de la Frontera Norte, como un nodo de desarrollo cultural en Baja California. Pero muchos olvidan que también fue la década del despegue artístico de Mexicali. Si la Casa de la Cultura podía traer a artistas como Rufino Tamayo y José Luis Cuevas, el recién establecido Instituto de Cultura de Baja California pudo presentar, en su café literario, a muchos escritores salidos de los talleres de creación literaria de la capital del estado.
Mexicali bullía, en los años ochenta, con toda clase de actividades, muchas de ellas que apenas comenzaban y darían frutos casi inmediatamente o en los años siguientes. Fue cuando surgieron, en la UABC, Paralelo 32, el grupo de danza contemporánea, y el Taller de Teatro Universitario, comandados respectivamente por Carmen Bojórquez y Ángel Norzagaray, y hubo una clara explosión en las artes visuales con artistas como José García Arroyo, Rubén García Benavides, Carlos Coronado, Francisco Arias, Ruth Hernández, Eduardo Auyón, Josefina Alcalá y el grupo fotográfico Imágenes.
Escritores veteranos
En literatura destacarían desde escritores veteranos como Benito Gámez, Sergio Gómez Montero, Francisco Lizárraga, Sergio Búrquez y Héctor Gasca, a la vez que los autores jóvenes, los fogueados en la crítica textual de los talleres literarios, llevarían la batuta en el desarrollo literario de la capital del estado, publicando revistas como El Oficio, Travesía, Enlace, Tintas y, ya rozando 1990, Trazadura. Autores como Óscar Hernández, Delia Valdivia, José Manuel Di Bella, Gabriel Trujillo Muñoz, Mara Longoria, Luz Mercedes López Barrera, Ana María Fernández, Édgar Gómez Castellanos, Katery Mónica García, Aglae Margalli, María Edma Gómez, Raúl Navejas, Eduardo Arellano y Jorge Arturo Freyding.
Esta década, la penúltima del siglo XX, vio actividades inéditas donde los jóvenes poetas y narradores mexicalenses marcaron el paso en muchos sentidos. En 1982 se dio el Certamen Universitario de Poesía y Cuento, en 1984 tuvo lugar el Primer Festival de Poesía Fronteriza auspiciado por la UABC, en 1987 ocurrió el Primer Encuentro de Escritores de las Californias que organizó la DAC. Y no solo eso: los autores locales comenzaron a salir fuera de la entidad invitados a participar en encuentros situados en el interior del país y en los Estados Unidos, como en mi caso fueron el III Encuentro de Jóvenes escritores en el puerto de Veracruz, auspiciado por la Universidad Veracruzana y la UNAM, el II Festival Internacional de Poesía, organizado por el INBA-UNAM-UAM y la Universidad Michoacana. Entre ambos conocí a literatos tan diversos como Carmen Boullosa, David Martín del Campo, Benito Taibo, Francisco Hernández, Carlos Illescas, Germán List Arzubide, Alfredo Cardona Peña, Ernesto Mejía Sánchez, Ángel González, Dolores Castro, Evodio Escalante, Jorge Esquinca, Frida Varinia y Ernesto Cardenal, sin olvidar el Coloquio de Literaturas del Noroeste en la Unison, en Hermosillo, Sonora, el Pacific Coast Council on Latin American Studies en el Whittier College de Los Ángeles, California, y 8 Mexican Writers. A Bilingual Reading en la Universidad Estatal de San Diego, que tuvieron lugar entre 1986 y 1988.
Marco Morales de Tecate. Revistas mexicalenses como El Oficio, Travesía, Tintas y Trazadura abrieron sus puertas a escritores y académicos para difundir sus textos de creación y de reflexión. Desde entonces la literatura mexicalense no fue un campamento aislado en medio del desierto sino un oasis para todo el que quisiera beber de sus textos.
Además, los autores mexicalenses empezaron a aparecer en publicaciones nacionales y extranjeras como Sábado de unomásuno, Periódico de Poesía (UNAM), Casa del tiempo (UAM) y Caravelle (Francia). Pero hay un punto que no puede pasarse por alto al hablar de la emergencia de Mexicali como centro literario en estos años: su labor editorial no tuvo parangón en cuanto a libros que exploraban el panorama de las letras de la entidad: ahí estaba la colección Cuadernos del Taller de Literatura de la UABC, coordinada por Óscar Hernández, que rebasó las 20 publicaciones y donde se dieron a conocer escritores como Mara Longoria, Óscar Montaño, Laura Villedasveytia, Luz Mercedes López Barrera, Katery Mónica García, Sergio Rommel, Delia Valdivia, Tomás Di Bella, etcétera.
“Los escritores visitantes venían a dar conferencias, clases o talleres, a trabajar ofreciendo sus conocimientos y destrezas a sus colegas fronterizos”
Otro proyecto significativo fue la creación, en 1987, de la editorial Binational Press entre nuestra máxima casa de estudios y la Universidad Estatal de San Diego, y el establecimiento del Departamento de Editorial y Diseño Gráfico-UABC que, bajo la tutela de Georgina Walther, aumentaron la producción con libros sobre la frontera y la literatura, a la vez que impulsaron una enorme producción editorial de obras tan importantes como Parvada. Poetas jóvenes de Baja California (1985), Antología de la nueva narrativa bajacaliforniana (1987), Mexicali: escenarios y personajes (1987), Los caminos venturosos (1987) y Tres ensayos sobre el ensayo bajacaliforniano (1988). A esto se sumaron las publicaciones de la DAC-ICBC, empezando por libros de Francisco Lizárraga, José Manuel Di Bella, Édgar Gómez Castellanos y el Diccionario Enciclopédico de Baja California (1989).
Los contactos también se dieron con los escritores de otras ciudades bajacalifornianas. La generación de los ochenta no tuvo que crear, como generaciones anteriores, asociaciones culturales para reunirse, compartir publicaciones y hacer encuentros. Pronto hubo intercambios literarios con creadores como Lauro Acevedo, Flora Calderón y Rael Salvador de Ensenada, Rosina Conde, Roberto Castillo, Francisco Morales, Víctor Soto Ferrel, Leobardo Sarabia y Humberto Félix Berumen de Tijuana y Manuel Valenzuela, Víctor Alejandro Espinoza Valle y
Así como se ve, en los años ochenta, los escritores mexicalenses aprendieron a valerse de su propio trabajo e imaginación y llevaron a cabo los proyectos necesarios para consolidar la nueva literatura en la capital del Estado y para difundirla por todas partes. A esta década, hoy la podemos apreciar como una etapa clave para el desarrollo literario en la frontera norte, en el noroeste mexicano. De ahí en adelante, todo fue posible. Sus semillas creativas dieron como fruto la vida literaria del Mexicali actual, la madurez evidente de sus tantos autores y obras.

MPor Eduardo Cruz Vázquez Periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural angol97@yahoo.com.mx
e tomo el título del diálogo entre Haruki Murakami y Seiji Ozawa (1935-2024), publicado a finales del pandémico 2020 por Tusquets. Lo hago para celebrar el enorme privilegio que ha sido la primera temporada de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) que este año conmemora los 90 años de su creación. También estamos de fiesta por los 50 años de la sala Nezahualcóyotl, recinto que será intervenido a partir de abril para darle lustre y reabrir puertas en septiembre.
En Música, sólo música el escritor japonés le dice al director de orquesta: “En mi opinión, la música mejora la escritura y la escritura el oído”. —“Es interesante”, suelta Ozawa y le devuelve: “¿Cree que se puede sentir un ritmo al leer?”, a lo que Murakami responde “Sí (…) Un buen término para definir todo eso sería ‘polirritmo’, como en música. Para lograrlo hace falta tener buen oído y eso es algo innato, se tiene o no se tiene (…) Escribo como si compusiera música. Ese es mi truco”.
El gran orquestador revira: “Nunca había pensado que en la escritura pudiera haber ritmo. No estoy seguro de si llego a entender del todo lo que quiere decir”.
La distancia se hace insalvable y pasan a otros temas. Me vino la necesidad de regresar a este breve intercambio para dimensionar a los pianistas invitados en la primera temporada de la OFUNAM en el marco del Festival Internacional de Piano. Por primera vez escuché al francés Andy Elmer, a la mexicana Daniela Liebman, a la franco-húngara Suzana Bartal, a la canadiense de origen chino Sophia Lu y al británico Stephen Hough. Descubrí al director español José María Moreno Valiente y siempre será una delicia el titular de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, el japonés norteamericano Scott Yoo. Si vieran de lo que es capaz.
Comparto con quienes ven en el teclado de la computadora un piano. Que lo contenido en las páginas de un libro es una obra mu sical que se registra según los géneros y es tilos. Estar expuesto a la música como a la lectura, son sonidos que se convierten en ritmos, parafraseando a Murakami. El ma nantial que lo invade a uno en cada pro grama de la orquesta confirma el paraíso al que se puede acceder a tan bajo costo. En mi sección favorita, la del coro, para no dejar de ver a los directores, el precio al pú blico es de 160 pesos, pero con la variedad de descuentos queda en 80.
Apenas unos meses antes, en la fron tera del cambio de año, pude leer dos obras que alimentan esta experiencia de vida. Del argentino Alejandro G. Roemmers El misterio del último Stra divarius (Planeta, 2025). Es una no vela entre histórica y policiaca a partir del suceso ocurrido en la comunidad de Areguá, cercana a Asunción, Paraguay. La ficción se genera por el asesinato del científico, arqueólogo, músico y lutier alemán Bernard Raymond von Bredow y su hija de catorce años, Lorena Lydia, sucedido el 22 de octubre de 2021.
Resulta que del también coleccionista se dijo que poseía el último Stradivarius, fir mado con la sangre de su creador italiano Antonio Stradivari. El autor bonaerense logra un amplio registro del suceso, combi nando la saga de la familia constructora de violines y de otros instrumentos musicales, con los alcances de su valor, su movimiento en épocas, países y dueños. Si algo es un misterio es el número de estos violines que existen en el mundo. Apenas en febrero de 2025, Sotheby’s subastó uno de ellos en 11,3 millones de dólares.
“Lo contenido en las páginas de un libro es una obra musical que se registra según los géneros y estilos”

Gener y su emocionante periplo para conocer todo lo que sucedió antes de tenerlo en sus manos.
En seguida leí Historia de un piano 31887, del barcelonés Ramón Gener, quien, entre otras labores, fue destacado barítono. Uno puede llorar con esta obra que es la biografía del piano de cola con ese número de serie, un Gro-
Así es mis valedores, como significó para la posteridad el escritor Tomás Mojarro (1932-2022) que quien lo llegó a escuchar en Radio UNAM, estará de acuerdo en que sus narraciones eran música. A quienes aún andan lejos de los dominios de la música y la literatura, no se tarden mucho en acercarse.
Trump, Meloni, Orbán, Putin, Milei y compañía felizmente limitada no son conservadores, son reaccionarios

QPor Martín Caparrós
Escritor y periodista argentino, autor de El hambre y Ñamérica
@martin_caparros
uizá por eso nos salvemos. No del todo, ya lo sé, pero un poco, apenas más que otros. Sí, corremos con la ventaja de no tener esa palabra, la que sintetiza lo peor de la conversación mundial contemporánea. En castellano no hay una palabra como again; para decirlo tenemos que juntar dos —otra vez, de nuevo— o caer en la tristeza del adverbio en mente: nuevamente, diríamos, por ejemplo. Pero nadie propondría un eslogan que rezara “Hagamos a la humanidad grande nuevamente”; no tiene ritmo, se tropieza, no suena a grande…
Y esto, decía, nos lo pone un poco más fácil. Again —que traduciremos de una vez por todas por “otra vez”— es la clave del desastre, la contraseña de estos tiempos de mierda: Make America Grotesque AGAIN. Que sea como antes otra vez.
Hay pocos cuentos más viejos y resistentes que el de la Edad de Oro; pocas personas que no hayan vivido años y años lamentándose por vivir en esos años y no en otros anteriores, superiores. Tantas creyeron que al principio había habido una edad maravillosa que la maldad del hombre, el rencor de los dioses, la astucia de la serpiente, la codicia de la mujer o cualquier otro cliché habían arruinado hasta llegar a esta basura: nuestras vidas. Insisto: no hay relato más insistente, persistente, inconsistente, estu-
pefaciente que ese cuento para amargados que se creen que su único error fue no haber nacido en el momento justo —otro— y su única solución sería empeñarse en que alguna magia los devolviera a aquella era ya perdida, siempre perdida, como el tiempo.
El relato de la edad dorada ha servido para fundar reinos, religiones, filosofías y hasta romances retrasados, pero nunca se pone tan necio como cuando se usa para hacer política. Y es lo que está pasando en estos días.
“La democracia, últimamente, se dedica a reírse de nosotros y nuestras ignorancias: a mostrarnos lo caro que pagamos no saber”
Ahora, en este mundo que no encuentra su futuro, cada vez más personas se dejan arrullar por la vieja canción de la mitología de segunda: “Que todo tiempo pasado fue mejor”. Eso, en política, tiene un nombre: se llama reaccionario. No es conservador, porque conservadores son los que quieren que las cosas sigan siendo como son, estando como están; conservadores somos, lamentablemente, en estos días los progres y otras izquierdas que tratamos de conservar los derechos luchados y adquiridos —la igualdad ante la ley, la libre circulación de las personas, la presunción de inocencia, la salud pública, el aborto, la democracia, esas cositas. No, Trump, Meloni, Orbán, Putin, Milei y compañía felizmente limitada no son conservadores, son reaccionarios. O sea: tratan de encabezar una reacción que lleve a nuestras sociedades a adoptar muchas de las reglas y características

que supuestamente tenían en ese tiempo ido.
Un tiempo cuya primera calidad, por supuesto, es no haber existido: el señor Milei, por ejemplo, antes de dedicar todos sus esfuerzos a higienizar los calcetines de su jefe, se desgañitaba gritando que la Argentina había sido la primera potencia del mundo en 1890 y que él nos iba a llevar de vuelta a esa época magnífica. La Argentina, es obvio, nunca fue la primera potencia del mundo pero millones de personas lo creyeron y lo votaron. (La democracia, últimamente, se dedica a reírse de nosotros y nuestras ignorancias: a mostrarnos lo caro que pagamos no saber.)
Un tiempo cuya segunda calidad — contradictoria y complementaria de la primera— es que resulta muy creíble: ¿por qué no podremos hacerlo, si ya lo hemos hecho? Si nuestros abuelos
vivieron así, nosotros nos merecemos vivir como ellos, como se vivía antes de que los corruptores arruinaran todo — insiste la ignorancia.
Un tiempo cuya tercera calidad es su hipocresía: te ofrece, so pretexto de que “entonces todos vivían mejor”, volver a sociedades donde la desigualdad era tan bestia que ni siquiera se podía nombrar. Y lo hace para que unos pocos señores sigan siendo más ricos que nunca en la historia. Así que la palabra again es casi un lapsus del lenguaje, un tropiezo donde el lenguaje dijo más que lo que habría querido: again, la repetición por excelencia, la palabra de los reaccionarios, se lee muy fácil como a gain, una ganancia, lo que todos estos señoros y señoras realmente quieren. Qué pequeña ganancia para unos hombres —habría dicho un astronauta distraído—, qué gran pérdida para la humanidad. Again?
Al introducirse tecnologías digitales en la industria, el incremento de la precisión, la eficiencia y la velocidad permitieron el desplazamiento de algunas labores desempeñadas por el ser humano a la antigua periferia de la economía mundial

Por Fernando Mancillas Treviño Profesor-Investigador de la Universidad de Sonora fernamancillas@yahoo.com

E“La noción de ‘elusión’ certifica la distinción entre las actividades formalmente legales como la evitación de impuestos y otras evidentemente ilegales como la evasión de impuestos, reuniéndolas en un todo indiferenciado”
n esta obra monumental, el sociólogo y economista británico John Urry (1946, Londres, Reino Unido-2016, Lancaster, Reino Unido) realiza una profunda exploración del proceso de deslocalización del trabajo, los flujos financieros, fiscales y monetarios, del entretenimiento y el placer, de la energía y su financiarización, de residuos y desechos tóxicos, de servicios de seguridad, de los mundos acuáticos y de climas no regulados, así como de las alternativas de relocalización, a través de la organización de una sociedad global baja en emisiones.
El proceso de deslocalización del trabajo se desarrolló con el “proceso de deslocalización de las labores productivas haca países que ofrecían mano de obra barata y no sindicada, y también una regulación y una carga tributaria menores, ubicando frecuentemente los centros de trabajo en zonas francas o especiales. Esta situación se calificó de ‘nueva división internacional del trabajo. Y
la mayor complejidad tecnológica y la disponibilidad de una mano de obra más barata en el Sur global posibilitaron la deslocalización de ciertos procesos industriales. Al introducirse tecnologías digitales en la industria, el incremento de la precisión, la eficiencia y la velocidad permitieron el desplazamiento de algunas labores desempeñadas por el ser humano a la antigua periferia de la economía mundial”.
En el desarrollo del neoliberalismo ha sido esencial el gran aumento del movimiento monetario y de riqueza que ha llegado a setenta paraísos fiscales a lo largo del mundo. Entre ellos, se encuentran: Hong Kong, Gibraltar, Singapur, la City londinense, Delaware, Lichtenstein, Dubái, Panamá, Mónaco, las Islas Caimán, las Vírgenes británicas, la isla de Jersey, Manhattan y Suiza.
99 de las 100 las empresas principales europeas se nutren de filiales extraterritoriales y gran parte del mundo

localizado se encuentra relacionado con este desplazamiento fundamental de los impuestos y el dinero. Entre un cuarto y un tercio de la riqueza mundial se encuentra deslocalizada.
La noción de ‘elusión’ certifica la distinción entre las actividades formalmente legales como la evitación de impuestos y otras evidentemente ilegales como la evasión de impuestos, reuniéndolas en un todo indiferenciado. En ese sentido, la “creación de muchos paraísos fiscales y la proliferación de la deslocalización de capitales se convirtieron en elementos clave de un sector financiero liberado y emanado de las normativas nacionales que tan inherentes habían sido al capitalismo organizado. Además, con el incremento de la desigualdad global muchos individuos y grandes empresas comenzaron a proporcionar pingües beneficios a algunas sociedades en desarrollo a las que se indujo a proporcionar servicios financieros deslocalizados para una clase rica cada vez más poderosa”.
En lo relativo a la deslocalización del entretenimiento y el placer han surgido lugares desterritorializados, enormemente comercializados, que cuentan con entornos simulados más hiperreales que el original, con sofisticados
patrones de diversión sistemáticamente informatizados que segregan a la población local del turismo consumidor: “En realidad, son lugares que pueden generar adicciones masivas al juego, el alcohol, las drogas, las compras la ingesta compulsiva, etc. Todos ellos dependen de la multiplicidad de ‘opciones’ y es muy posible que creen adictos. Esas zonas se conocen en todo el mundo por sus excesos consumistas y por el enorme flujo de visitantes que en ellos se entretiene y divierte, son lugares que aparentemente sirven para escapar y ser libre, pero que no tienen nada que ver ni con una cosa ni con otra”.
Desde hace unas décadas la energía ha transitado de una situación local y descentralizada a una completamente deslocalizada, tanto financiera como simbólicamente, articulándose con otros procesos extraterritoriales, de movilidad, de carácter extremo y de financiarización. En el siglo XXI, las fuentes de energía alternativas se encuentran en ámbitos muy extremos, profundos y riesgosos para lo trabajadores y los ecosistemas. Por ejemplo, “la explosión de la plataforma marítima Deepater Horizon, de BP, el 20 de abril de 2010 en el golfo de México suscitó mucho debate sobre la energía extrema…” […] “Durante los cinco años anteriores al accidente, en el golfo de México se habían registrado más de 12,000 accidentes relacionados con la seguridad en las plataformas petrolíferas. Las principales empresas involucradas en el accidente —BP, Halliburton y Transocean— ocasionaron una explosión que acabó con la vida de 11 trabajadores y provocó el mayor vertido de petróleo al mar de la historia, ya que en el golfo de México se depositaron casi 5 millones de barriles de crudo”. Además del distanciamiento y el carácter extremo de diversas fuentes de energía, se encuentra el proceso de financiarización de la energía, en el cual se han desregulado los mercados energético y financiero, dando lugar a una enorme especulación financiera en constante aumento en el ámbito energético. El régimen neoliberal se define por una obsolescencia programada a escala industrial de productos y lugares, generando con ello, una gigantesca cantidad de residuos que se trasladan por el mundo en rutas ocultas que culminan en vertederos sumamente peligrosos y elevadamente dañinos, alejados de los lugares de origen en los que se desecharon. Según estimaciones del Banco Mundial la cantidad anual de residuos sólidos urbanos pasará de 1,300 millones a 2,200 millones de toneladas. Así, hubo: “un tiempo en el que algunos residuos se consideraban útiles. Ahora, hasta los que pueden reciclarse se suelen deslocalizar en secreto. Enormes buques portacontenedores llenos de desechos patrullan las rutas marítimas del mundo y depositan su carga, con frecuencia tóxica, en centros de procesamiento extraordinariamen-
te peligrosos”. […] “Por otra parte, sus tóxicas repercusiones suelen recaer sobre personas cuyo derecho a la salud se considera menos importante que los derechos de quienes han generado los residuos”.
En términos de la deslocalización de la seguridad se emplean programas algorítmicos que identifican interacciones ocultas entre personas, grupos, conductas y transacciones. Esta seguridad algorítmica es generada por grandes corporaciones privadas, que a través de técnicas militares supervisan los desplazamientos cotidianos en rutas cotidianas de trabajo o hacia viajes al exterior.
El análisis de los ecosistemas acuáticos resulta indispensable para el conocimiento de su deslocalización contemporánea en los cambios operados en las relaciones globales. En este entorno oceánico transitan alrededor de 100,000 barcos mercantes que transportan el 95 % del comercio internacional. Tales buques son ajenos a la propiedad y las leyes nacionales, siendo conformados por tripulaciones de trabajadores de países subdesarrollados, cuyos tesoros que llevan en sus contenedores son para las clases y sectores opulentos del mundo.
Como alternativa a esta situación, el autor propone un proceso de relocalización autónoma, con la autoorganización de: “una sociedad civil baja en emisiones, compuesta por decenas de miles de experimentos, redes, prototipos, laboratorios, ciudades, universidades, diseñadores y activistas de todo el mundo que están tratando de concebir prácticas relocalizadas, utilizando sobre todo recursos de internet y también reuniones de carácter horizontal”.
“En términos de la deslocalización de la seguridad se emplean programas algorítmicos que identifican interacciones ocultas entre personas, grupos, conductas y transacciones”
John Urry (1 de junio de 1946, Londres-8 de marzo de 2016, Lancaster) sociólogo y economista británico, profesor de la Universidad de Lancaster, Reino Unido. Fue jefe del Departamento de Sociología en la Universidad de Lancaster en 1983. Desde 2003 hasta 2017 fue director del Centro de Investigación sobre Movilidad. Fue fundador de la Academia de Sociedades Científicas del Reino Unido para las Ciencias Sociales. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Dinamarca, entre otras distinciones. Publicó más de 40 obras, traducidas a 18 idiomas, entre ellas: con Scott Lash, Economías de signos y espacio (1998),Sociology Beyond Societies: Mobilities for the Twenty-First Century (2000), Global Complexity (2002), Climate Change and Society (2011), con Jonas Larsen, Mobilities, Networks, Geographies (2016), entre otras.
John Urry, Off$hore. La deslocalización de la riqueza, Madrid, Ed. Capitán Swing, 2025, 253 páginas. .

EPor Gustavo Dessal Psicoanalista y escritor argentino. g.dess.esp@cop.es
n el capítulo VI de La interpretación de los sueños, Freud analiza su famoso sueño de la “monografía botánica” y nos recuerda su teoría de los pensamientos inconscientes. Más exactamente, en la página 519 de la edición de Biblioteca Nueva escribe: “Nos hallamos aquí en medio de una fábrica de pensamientos en la que, como en una obra maestra de hilandería, y según los famosos versos (Goethe, Fausto) se entrecruzan mil y mil hilos, van y vienen las lanzaderas, manan invisiblemente las hebras, y un único movimiento establece mil enlaces”. Como es habitual, Freud suele apelar a una metáfora literaria cuando se enfrenta a algo que no cesa de no escribirse, un real que proviene de su propio inconsciente o de aquel que descubre en su práctica. Goethe suele ser su referente preferido, y él mismo nos revela en su Autobiografía que fue el ensayo “Naturaleza” de ese poeta universal lo que lo decidió a emprender la carrera de medicina.
En algún otro lugar de su obra, Freud afirma que la invención del hilado y la fabricación de ropa fue algo que la civilización le debe a las mujeres. La razón que argumenta es que la falta fálica fue determinante, porque el vestido permite encubrir la castración. Es un argumento discutible, puesto que los hombres también se visten, y a lo largo de la historia ambos sexos han hecho de ello un signo, un semblante. El vestido, el ropaje, son la representación mediante la cual lo simbólico y lo imaginario envuelven lo real del sexo. Eso es válido para cualquier clase social o económica. La célebre fábula de “Los vestidos del emperador” es una prueba de que el semblante guarda una relación estructural con el fenómeno de la creencia y sus propiedades hipnóticas. No por azar es un niño el que vendrá a restituir el lugar de la verdad. La ética del psicoanálisis edificada por Freud se basa precisamente en haber levantado el velo de la presunta inocencia infantil.

“Freud afirma que la invención del hilado y la fabricación de ropa fue algo que la civilización le debe a las mujeres”
Lacan se tomó muy seriamente a Freud, al punto de no
desechar ni siquiera la idea de que las mujeres saben hacer mejor con la falta que los hombres. En su Carta de almor, donde presenta la diferencia entre las posiciones (no los géneros) masculina y femenina, sitúa a los seres sexuados que no conocen la excepción (posición femenina) en una relación que puede sortear el falo y dirigirse al Otro, donde se deja envolver en los miles y miles de hilos que forman la lengua, extrayendo de ello una vivencia gozosa que no desmiente la castración. En cambio, quienes forman manada alrededor de un individuo que está exceptuado de la castración, se enredan los pies todo el tiempo. Tal vez sea esa la razón por la cual Lacan se interesó en los hilos y los nudos. El tejido del telar, invención femenina, es una articulación muy precisa y variada de nudos. Según el modo en el que los hilos se anudan, tendremos una variedad determinada de tejido, además del material con el que están hechos. Para Lacan, el material del tejido es indefectiblemente el lenguaje, el “moterialisme”, ese neologismo intraducible a otra lengua que condensa “mot” (palabra) y “materialisme”. Los hilos y los nudos no son un modelo. Resulta difícil entender qué significa que sean reales, tan reales que por contraste no los hallaremos en la naturale-
za. Solo en el ser hablante hay nudos, variedades que permiten entender, por ejemplo, la diferencia entre la neurosis y la psicosis. En los últimos años de su vida, Lacan empleó gran parte de su tiempo a fabricar nudos, a hacerlos y deshacerlos. Estaba convencido que eso aseguraría aún más el rigor de la práctica analítica. Incluso le servirían para reafirmar que todos estamos mal hechos. El ser hablante es algo inacabado, y la normalidad es un mal chiste. Los nudos evocan el ronroneo de la lengua, ese goce que Freud ya había sospechado en su libro El chiste y su relación con el inconsciente. La más temprana infancia nos muestra la misteriosa satisfacción que se puede sentir en los gorjeos de la lengua, del significante cuando aún no ha establecido un pacto con el sentido común, el discurso corriente, que es en definitiva el discurso delirante, pero no necesariamente patológico.
Eso vuelve a dar la razón a Freud: la experiencia del análisis nos introduce en un viaje regresivo, un recorrido que va de la narratividad del Edipo a la forma inaugural en la que un sujeto hubo de instalarse en el incesante ir y venir de los hilos de la lengua. Ese tiempo originario e insondable donde se decide el nudo que habrá de definirlo. Eso sí, un nudo fallido. Siempre fallido.

LPor Peter Sloterdijk
Filósofo y ensayista alemán.
Autor de Has de cambiar tu vida y Normas para el parque humano
a filosofía de Jean-Paul Sartre (1905-1980) es una lucha contra la obscenidad, contra la cómoda alienación burguesa; lucha contra el ser humano pegado a la realidad, contra el ser humano acabado.
La cuestión no es ser una cosa: on a raison de se révolter (“tenemos derecho a rebelarnos); quien se rebela es “correcto”.
Explicable solo a través de su libertad, el ser humano es el ser sin disculpas.
En una retrospectiva sinóptica, Sartre aparece hoy, por ahora, como el último héroe de una serie de poderosos filósofos europeos de la libertad.
Desde que el joven Fichte se apoderó del estandarte de la subjetividad y lo impuso con frenético vigor contra lo que él consideraba su época perfectamente pecaminosa, la cadena de pensadores que interpretaron la naturaleza del ser humano como libertad no se ha interrumpido.
Al igual que sus predecesores, Sartre comprendió al ser humano en el corazón de su conciencia como ese ser absurdo e inquieto que, en un contexto de creciente autoclarificación, se sumerge cada vez más profundamente en su absurdo.
a Sartre menos que a la mayoría de sus precursores en este descubrimiento.
Incluso el resuelto Fichte, al final, buscó superar su demostración de subjetividad abismal colocando su propia espontaneidad en La vida expresiva de una divinidad que lo hizo todo.
Friedrich Schlegel, el maestro del ironismo entre los subjetivistas románticos, se convirtió al catolicismo, que a principios del siglo XIX se convirtió en un refugio para los recién llegados a la indefensión.
A la Iglesia católica ciertamente le gustaba ser el útero materno de los no nacidos adultos que buscaban escapar de la frialdad del mundo exterior moderno.
*Temperamentos filosóficos. De Platón a Foucault. Edición alemana, 2009. Versión inglesa 2013, traducida por Thomas Dunlap. Columbia University Press 2013, de la sección sobre Sartre.

“Al igual que sus predecesores, Sartre comprendió al ser humano en el corazón de su conciencia como ese ser absurdo e inquieto que, en un contexto de creciente autoclarificación, se sumerge cada vez más profundamente en su absurdo”
Para él, ser humano significaba asumirse como una nada activa, como una insondabilidad viviente.
Que la subjetividad significa el abismo, esto asustó


Por Daniel Salinas Basave Ensayista y periodista. Reside en Tijuana desde 1999. Autor de Juglares del bordo, El lobo en su hora y Bajo la luz de una estrella muerta danibasave@hotmail.com
on David Toscana empecé por el principio. El 21 de abril de 1993, día de mi cumpleaños 19, alguien (creo que mi tía Rocío Lozano, pero no estoy tan seguro) me regaló su primera novela, Las bicicletas, recién publicada entonces en Tierra Adentro. Así comencé a recorrer su sendero narrativo. Conservo ese primer libro de Tierra Adentro, hoy con la firma de David, siempre sobrio y escueto en sus dedicatorias.
No tengo su obra completa, pero todo lo que he leído, desde Las bicicletas hasta El peso de vivir en la tierra, me ha dejado huella profunda y me hace caer en la tentación de la relectura. El último lector inspiró incluso un capítulo en mi Estrella muerta y hace poco volví a entrarle a Olegaroy y al Duelo por Miguel Pruneda. Hace 32 años, Juan Carlos Martínez, entonces reportero de El Norte, le hizo su primera entrevista extensa a Toscana. Mi tocayo Daniel de la Fuente compartió dicha entrevista en 2018 y hoy puedo decir que es histórica. Me permito robarle una foto de entonces. Un documento imperdible. Yo tardé algo en saberlo, pero las primeras novelas de David Toscana se escribieron a unos metros del lugar donde yo entonces vivía, en Colinas de San Jerónimo.
«Hay un ermitaño imprudente en una de las puntas de la sinuosa Colinas de San Jerónimo: Encerrado en su “cueva” construida con páginas de Golding y Faulkner, David Toscana teclea su silenciosa voz en una computadora personal», escribe Martínez. Pues bien, yo vivía entonces en esas sinuosas colinas, en la muy literaria calle Francisco Petrarca. Hace ya un buen rato que no me tomo el tiempo de leer al Premio Alfaguara, pero obvia decir que el libro de Toscana lo leeré con deleite apenas lo publiquen.

yúscula en la editorial Alfaguara. Además, independientemente de que sea Toscana, el tema del libro es uno de los pasajes más crueles y bizarros de la ya de por sí cruel y bizarra historia bizantina, como fue la batalla de Clidio o batalla de Belásica el 29 de julio de 1014.
“Tardé algo en saberlo, pero las primeras novelas de David Toscana se escribieron a unos metros del lugar donde yo entonces vivía, en Colinas de San Jerónimo”
Por primera vez en años veremos Literatura con ma-
Como ustedes saben, colegas, a mí me apasiona la historia balcánica y en el pueblo búlgaro de Klyuch se enfrentaron las tropas del emperador bizantino Basilio II y el búlgaro Samuel. Los bizantinos hicieron pedazos a los búlgaros. Las crónicas de la época dicen que los bizantinos tomaron más de 15 mil prisioneros de guerra, pero en lugar de matarlos, Basilio ordenó sacarles los ojos. Los
dividió en grupos de cien, de los cuales 99 eran cegados, mientras que a un solitario soldado sólo le sacaban un ojo para que en su calidad de tuerto (en el reino de los ciegos el tuerto es rey) condujera al resto de regreso a Bulgaria. Dicen que la cruel medida fue en represalia por el asesinato de Botanites, el lugarteniente favorito de Basilio. El búlgaro Samuel murió de un ataque cardiaco el 6 de octubre de 1014 cuando frente a su palacio irrumpió el ejército ciego. Recuerdo con claridad cuándo y en dónde estaba cuando leí por primera vez ese pasaje en la revista española Historia y Vida, en una solitaria sobremesa en una fondita china de Mexicali en 2011.
Escribiera quien escribiera la novela yo la leería con emoción, pero siendo de Toscana, apuesto doble contra sencillo a que será simplemente chingona.