Inteligencia de negocios con IA: una guía para pequeñas empresas
EDUARDO A. DURAZO WATANABE, P. 4
Nicholas Hilliard
JOSÉ CARRILLO CEDILLO, P. 3
Réquiem para un juez
JUAN RUDAMETKIN, P. 5
El agente secreto
VILLAESCUSA, P. 10
DIRECCIÓN
Arturo López Juan Director General jlopez@elvigia.net
Enhoc Santoyo Cid Director de Información esantoyo@elvigia.net
Gerardo Sánchez García Director Editorial gsanchez@elvigia.net
Hugo Toscano Coordinador Editorial htoscano@elvigia.net
Gerardo Ortega Editor gortega@elvigia.net
Johana Ochoa Oficina de la Dirección General
PUBLICIDAD
Socorro Encarnación Osuna Coordinadora de Publicidad sencarnacion@elvigia.net
Patricia Ibarra Mena Ejecutiva de Cuentas pibarra@elvigia.net
Rodrigo Olachea García Diseñador Editorial
California Estrada Sánchez Diseñadora Publicitaria
EL VIGÍA DIGITAL
Joatam de Basabe Coordinador editorial El Vigía Digital
Sandra Ibarra Coordinadora El Vigía Digital sibarra@elvigia.net
Digita Media BC, S.C. de R.L. de C.V. Calle Ambar No. 984, Fracc.Mediterráneo C.P. 22818, Ensenada, B.C. Tel: (646) 120.55.57 Ext. 1021
DEL DIRECTOR:
Cada 20 de marzo el calendario internacional marca una conmemoración que, a primera vista, podría parecer abstracta: el Día Internacional de la Felicidad. No se trata de una fecha patriótica ni de un aniversario histórico tradicional. Su propósito es distinto. Invita a reflexionar sobre una pregunta sencilla, pero profunda: ¿cómo sabemos si una sociedad realmente progresa?
Durante gran parte del siglo XX, la respuesta parecía clara. El desarrollo se medía principalmente a partir de indicadores económicos, especialmente el Producto Interno Bruto (PIB). Si la economía crecía, si la producción aumentaba y si las cifras macroeconómicas eran positivas, se asumía que el bienestar colectivo avanzaba en la misma dirección.
Con el tiempo, sin embargo, esa certeza comenzó a resquebrajarse.
Los indicadores económicos siguen siendo fundamentales para entender la marcha de un país. Nadie discute que el crecimiento económico es necesario para generar empleo, financiar servicios públicos y mejorar las condiciones materiales de vida. Pero la experiencia de muchas sociedades ha demostrado que el crecimiento por sí solo no garantiza bienestar.
Puede existir expansión económica y, al mismo tiempo, desigualdad persistente, deterioro ambiental, tensiones sociales o altos niveles de estrés en la vida cotidiana. La prosperidad estadística no siempre coincide con la experiencia real de las personas.
Fue precisamente esa inquietud la que, hace varias décadas, llevó al pequeño reino asiático de Bután a plantear una idea provocadora: medir el progreso no sólo a partir de la riqueza económica, sino también considerando el bienestar de la población. La llamada Felicidad Nacional Bruta parecía entonces una curiosidad filosófica surgida en un país remoto del Himalaya.
Hoy, sin embargo, aquella intuición ha comenzado a influir en el debate internacional.
Cuando la Organización de las Naciones Unidas proclamó en 2012 el Día Internacional de la Felicidad, no pretendía instituir una celebración festiva, sino abrir una conversación global sobre el sentido del desarrollo. El mensaje de fondo es claro: la economía debe ser un medio para mejorar la vida humana, no un fin en sí mismo.
En ese contexto, cada vez más gobiernos, universidades y centros de investigación exploran indicadores más amplios para evaluar el bienestar social. Factores como la salud, la educación, la confianza en las instituciones, el equilibrio entre trabajo y vida personal o la fortaleza de los vínculos comunitarios comienzan a formar parte de esa discusión.
Los estudios internacionales sobre felicidad han mostrado, de hecho, que las sociedades con mayores niveles de bienestar no son necesariamente aquellas con mayor riqueza material, sino las que logran construir entornos sociales más equitativos, seguros y confiables.
La pregunta que plantea esta efeméride, en el fondo, es profundamente política y cultural: ¿qué tipo de progreso queremos construir?
En una época marcada por avances tecnológicos extraordinarios y, al mismo tiempo, por crecientes tensiones sociales, la reflexión sobre el bienestar humano adquiere una relevancia particular. El desafío no consiste únicamente en producir más riqueza, sino en construir sociedades donde esa riqueza se traduzca en vidas dignas, equilibradas y con sentido. Recordarlo cada 20 de marzo no es un gesto simbólico menor. Es una invitación a revisar las prioridades con las que medimos el éxito de nuestras sociedades. Porque, al final, el progreso sólo tiene sentido si mejora la vida de las personas.
NICHOLAS HILLIARD
La Turicata
Nicholas Hilliard (1547–1619) ocupa un lugar singular en la historia del arte inglés. Reconocido como el gran maestro de la miniatura en la corte de Isabel I y Jacobo I, su obra no solo refleja
ca. Su legado es inseparable de la imagen que hoy tenemos de la era isabelina.
SU DOBLE DISCIPLINA
Hilliard nació en Exeter en 1547 y se formó como orfebre antes de dedicarse plenamente a la pintura. Esta doble disciplina le otorgó una sensibilidad especial hacia los detalles, los materiales preciosos y la ornamentación, cualidades que trasladó a sus retratos en miniatura. Su habilidad técnica y su capacidad para fusionar artes decorativas con pintura lo convirtieron en un artista único dentro
tía en pequeños retratos ovalados, generalmente pintados sobre vitela. Estas obras, de apenas unos centímetros, eran portátiles y se usaban como objetos personales, símbolos de afecto o instrumentos políticos. En un tiempo en que la imagen del monarca debía circular con discreción y control, las miniaturas de Hilliard se convirtieron en una herramienta clave para la representación del poder.
Entre sus obras más célebres se encuentran los retratos de Isabel I, como el famoso Pelican Portrait y el Armada Portrait, que transmiten la majestuosidad y el aura casi divina de la reina. En ellos, Hilliard supo conjugar la precisión del detalle con una fuerte carga simbólica: joyas, vestimentas y gestos que reforzaban la autoridad y el mito de la monarca.
CARACTERÍSTICAS
DE SU ESTILO
Exquisitez en los detalles: cada pliegue de la ropa, cada joya y cada mechón de cabello están representados con minuciosidad.
Uso de colores vivos: la paleta brillante y contrastada subraya la riqueza y sofisticación de sus modelos.
Idealización del rostro: más que buscar un realismo crudo, Hilliard aspiraba a capturar la esencia y dignidad de la persona retratada.
Fondos planos y dorados: que evocan tanto la tradición medieval como la influencia de su formación como orfebre.
Su técnica, además, se distingue por la aplicación delicada de la pintura en capas finas, lo que permitía lograr una luminosidad particular en las miniaturas. El resultado eran retratos que parecían joyas pictóricas, objetos de contemplación íntima y prestigio social.
RELEVANCIA CULTURAL
La obra de Hilliard no puede entenderse sin el contexto de la corte isabelina.
Sus retratos ayudaron a consolidar la imagen pública de Isabel I como la “Reina Virgen”, símbolo de estabilidad y poder en un tiempo de tensiones religiosas y políticas. Asimismo, sus miniaturas circularon entre nobles y diplomáticos, funcionando como obsequios cargados de significado político. Más allá de la reina, Hilliard retrató a numerosos cortesanos, capturando la moda, los gestos y la elegancia de la aristocracia inglesa. Sus obras son hoy documentos históricos que permiten reconstruir la vida cultural de la Inglaterra del siglo XVI.
LEGADO
Aunque Hilliard enfrentó dificultades económicas a lo largo de su carrera, su prestigio como artista se mantuvo firme. Su influencia se
extendió a discípulos como Isaac Oliver, quien continuó la tradición de la miniatura en Inglaterra. Con el tiempo, sus retratos se convirtieron en referentes visuales de la era isabelina, diferenciándose del arte continental, más inclinado hacia el naturalismo y la monumentalidad. Nicholas Hilliard no fue simplemente un pintor de retratos; fue un creador de símbolos, un artesano de la identidad política y cultural de su tiempo. Sus miniaturas, delicadas y luminosas, condensan en pocos centímetros la grandeza de una época. Hoy, su obra sigue siendo admirada no solo por su virtuosismo técnico, sino por su capacidad de transformar la pintura en un lenguaje de poder, intimidad y memoria.
* Notas de Wikipedia
José Carrillo Cedillo
Inteligencia de Negocios con IA: una guía para pequeñas empresas
Sociedad y Tecnología
DEduardo Durazo Watanabe*
urante años, para una Pyme hablar de inteligencia de negocios —el proceso de convertir los datos de la empresa en información para tomar mejores de cisiones— sonaba a un lujo que sólo un gran corporativo podía tener. No porque faltara interés, sino porque faltaban capacidades: analistas con formación estadística, programa dores que dominaran R o Python, y perfiles que entendieran plataformas como Power BI. Técnicas como seg mentación por clustering, K-means o enfoques bayesianos quedaban reservadas sólo para quien pudiera pagar a un profesional especializado. Hoy el tablero cambió, la inteligencia artificial (IA) —y, más recientemente, los agentes— está reduciendo esa barrera: puede ayudar a diseñar cómo capturar datos, a ordenar información dispersa y, en algunos casos, a sugerir el análisis más conveniente. Sin embargo, esa accesibilidad trae un riesgo: creer que la IA sustituye el criterio del empresario; la IA puede acelerar el camino, pero no puede elegir el destino.
EMPEZAR POR LA DECISIÓN, NO POR EL ARCHIVO
El error más común cuando una empresa quiere implementar inteligencia de negocios (BI por sus siglas en inglés) es empezar preguntando qué datos tiene. Es una pregunta natural, pero suele llevar a un callejón: coleccionar variables, tablas y reportes sin un propósito. El punto de partida correcto es la decisión que se busca mejorar. Una PYME no necesita construir un repositorio de datos
para beneficiarse de la BI; necesita responder una pregunta que se repite y que tiene impacto en dinero, operación o clientes. ¿Qué productos están creciendo por margen y no sólo por ventas? ¿En qué parte del proceso el costo pesa más: merma, devoluciones, tiempos muertos, logística? Cuando la pregunta está clara, los datos dejan de ser “un problema técnico” y se convierten en evidencia para decidir.
DIRIGIR, NO VATICINAR
En la vida real de una PYME, el reto no es la ausencia de datos; es su dispersión. Ventas en Excel, inventarios en otro archivo, costos en un sistema distinto y la operación resolviéndose por WhatsApp. Aquí la IA aporta valor de forma muy concreta: puede ayudar a convertir información desordenada en una estructura usable, detectar duplicados, identificar campos faltantes, homologar categorías y limpiar inconsistencias. Ese trabajo, que antes demandaba horas de un analista, hoy puede acelerarse con herramientas que proce-
san tablas de datos y proponen correcciones. Pero la palabra clave es “proponen”: la empresa sigue siendo responsable de validar, porque un dato limpio pero mal interpretado no es más que una mala decisión con mejor presentación.
Cuando se habla de BI, conviene recordar que no es solo un reporte; es una ruta que avanza por etapas. La primera es descriptiva: entender qué pasó. Aquí un tablero de decisiones simple puede mostrar ventas, margen, rotación e indicadores operativos básicos. La segunda es diagnóstica: explicar por qué pasó. Si el margen bajó, ¿fue por descuentos, por mezcla de productos, por costos de logística, por devoluciones? Este es el punto donde la IA puede ser especialmente útil porque ayuda a explorar relaciones, comparar segmentos y sugerir “drivers” que podrían estar moviendo el resultado. La tercera etapa es predictiva: anticipar qué podría pasar si seguimos igual. Ya no se trata de mirar el retrovisor, sino de estimar escenarios razonables. Finalmente, la etapa
prescriptiva convierte el análisis en una recomendación: qué deberíamos hacer, con qué prioridad y con qué impacto esperado. BI se vuelve estratégico cuando el camino termina en una decisión defendible, no en una gráfica.
LIDERAZGO Y CRITERIO
La promesa de la IA en BI es poderosa porque democratiza capacidades. Pero esa democratización no elimina la necesidad de criterio. En especial, no reemplaza el trabajo más importante: formular buenas preguntas. Una empresa que delega esa parte en la IA corre el riesgo de obtener análisis correctos para problemas irrelevantes. Lo recomendable es usar la IA como copiloto: que ayude a ordenar datos, acelerar exploraciones, proponer hipótesis y simplificar presentaciones. Pero que la dirección mantenga el timón: decidir qué se quiere mejorar, qué trade-offs se aceptan y qué acciones se ejecutarán con base en los hallazgos.
Para una PYME, la mejor estrategia es comenzar en pequeño, pero con la visión de qué metas se busca conseguir. Elegir una decisión recurrente —mensual o trimestral—, definir un indicador principal y sus variables que lo explican, y construir el dataset mínimo necesario para responder esa pregunta. A partir de ahí, la IA puede ayudar a capturar, limpiar y presentar información de forma consistente. Con el tiempo, el proceso madura: de describir a diagnosticar, de diagnosticar a predecir, y de predecir a prescribir. Ese es el momento en que BI deja de ser un ejercicio de reporteo y se convierte en una forma de dirigir mejor. El punto no es “hacer ciencia de datos”. El punto es que una PYME pueda tomar decisiones con evidencia, no sólo con intuición. La IA abre la puerta; la claridad del negocio decide si esa puerta conduce a resultados reales o a una nueva colección de herramientas sin impacto.
* Cetys Universidad.
A partir del SÁBADO 14 de MARZO de 2026
RÉQUIEM PARA UN JUEZ
El Valor de la Vida
El término juez, según la RAE, es aquella persona que tiene autoridad y potestad para juzgar y sentenciar.
El término griego antiguo para juez es krités derivado de krino juzgar. Otras palabras relevantes incluyen dikastés para jueces de tribunales, éforo para magistrados supervisores en Esparta, y en la mitología, Minos, Radamantis y Éaco son los jueces del inframundo.
Al parecer, la característica principal del juez es precisamente juzgar y sentenciar, y juzgar significa tener claro el don del discernimiento para determinar lo que está mal o bien. De esa manera se hace lo que se llamaba anteriormente justicia, que se considera término obsoleto, al menos en las leyes de nuestro México y el mundo en general.
Tengo muy en mente episodios relacionados con juicios de diferentes índoles en donde después de haber escuchado a las partes, el juez emite un veredicto. Estos los he visitado en diferentes ocasiones con los juicios en Estados Unidos que por cierto son muy interesantes ya que a diferencia de los juicios en México donde he tenido la necesidad de formar parte de éstos, la justicia que proviene de una persona como juez, no en el caso de México, cuenta con la capacidad suficiente y respaldada por una personalidad ecuánime y que reúne diferentes e imprescindibles requisitos:
Independencia e Imparcialidad: Actúa sin influencias externas, presiones ni prejuicios, garantizando un trato equitativo.
Capacitación y profesionalismo: Posee título de Licenciado en Derecho, sólida formación jurídica y actualización continua.
Integridad y ética: Persona recta, honesta y proba.
Prudencia y sabiduría: Escucha cortésmente, responde sabiamente y pondera con prudencia antes de decidir.
Objetividad: Aplica la norma sin dejar influir sus sentimientos o subjetividades.
Liderazgo y Comunicación: Capacidad para dirigir audiencias, comunicar decisiones de manera clara y gestionar conflictos.
Requisitos típicos en México:
Ciudadanía mexicana. Título de Licenciado en Derecho con cédula profesional. Buena reputación y no haber cometido delitos graves. Experiencia profesional previa. Es todo.
¿Quedó claro?
El punto es el siguiente: Cuál es la causa por la que el Gobierno mexicano obliga al llamado juez para decidir sobre un delito apegándose las leyes mientras que éstas prácticamente están diseñadas para proteger al delincuente, y en muchos casos, quien aparece como delincuente es el mismo acusador haciendo a un lado el concepto justicia la gran mayoría de las veces y aún muchas más por causa de los derechos humanos.
Concepto de justicia: Principio moral que lleva a determinar que todos deben vivir honestamente.
Rectitud, imparcialidad, equidad, neutralidad, ecuanimidad, objetividad, honradez, honestidad, probidad, razón, derecho, razón, conjunto de todas las virtudes.
Aquello que debe hacerse según derecho o razón.
Aún en los principios, con el pueblo
vendría a traer la renovación de las actitudes de aquellos que pareciera están destinados a hacer el mal, y gracias a la ley, impunemente.
Mi más sentido pésame a los buenos y justos jueces de México, ya que habiéndose desarrollado en un marco de principios morales, éticos, humanistas, ejemplos de ciudadanía, familias intachables, e incluso espirituales, los hayan convertido en simples lectores de burdas leyes que socavan la dignidad del ser humano.
La diosa de la justicia principal es Temis en la mitología griega, representante del orden divino, la ley y las buenas costumbres, a menudo sentada junto a Zeus. Se representa comúnmente con una balanza (equilibrio), espada (poder/castigo) y una venda (imparcialidad), simbolizando la aplicación justa de la ley sin prejuicios.
judío, al juzgarse un caso, el castigo caía sobre el culpable e incluso debía resarcir el daño. Interesante. Yo lo llamaría justicia. Ya hemos oído que todo pecado acarrea juicio inclusive, así que por ningún motivo discurramos el que a la hora del juicio divino, Dios hará a un lado la justicia. A cada cual de acuerdo con sus obras.
Una experiencia personal: Por sexta vez roban mi casa. Milagrosamente capturan al delincuente. Se inicia el juicio que dura aproximadamente tres años (así es) mas al primer año de detención lo dejan libre (enero 2025) por una nueva ley que determina que los juicios serán llevados a cabo con el delincuente en libertad. Volví a no dormir en paz. Término del caso: Acepto una indemnización parcial por falta de documentación comprobatoria de todo lo robado. Queda en libertad para seguir robando.
Mi gran decepción es el que maniatando todos los atributos que un juez reúne para impartir justicia, queda resumido a dar simplemente lectura a lo que la ley menciona y que por su estructura está sumamente alejada de la justicia. Un solo error en las actas y se determina la libertad a un asesino o violador de menores. ¿Y el concepto justicia en que forma figura para la impartición de ésta?
Recuerdo un caso en China, ya hace varios ayeres, en el que la autoridad captura a un graffiti, condenándolo a la pérdida de una mano. Se acabó el graffiti en esa nación.
En un mundo en donde impera la violencia en todos los niveles, probablemente el aplicar la ley con justicia
Va para las autoridades de México. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8
Un sinnúmero de congregaciones, iglesias, y otras instituciones de fe se unen constantemente para levantar oraciones por los dirigentes de nuestro país no tomando en cuenta lo bajo que han caído. Aún ellos son merecedores de la gracia del Señor Jesucristo pues no saben lo que hacen. Por último, fundamentos de ley para los magistrados y gobernantes de México principalmente:
2 Crónicas 19-6 Y dijo a los jueces: mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está entre vosotros cuando juzgáis.
Salmo 2-10 Ahora pues, oh reyes, sed prudentes: admitid amonestación, jueces de la tierra.
2 Samuel 23:3 El Dios de Israel ha dicho: me habló la roca de Israel: habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios.
Capítulo 2 Plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias especialmente por los gobernantes y todas las autoridades.
Dios desea que nadie se pierda en la hora del juicio final en justicia. Todos juzgamos sin cesar, mas en la misma forma nadie escapará del juicio. Hora de ponernos a cuentas. ¿De qué vale ganar al mundo si perdemos una salvación tan grande?
Todos los miércoles de 2:00 a 5 :00 pm Parque Revolución, palabra de Dios y alabanza.
Juan Rudametkin
A partir del SÁBADO 14 de MARZO de 2026
IMPACTO AMBIENTAL (PARTE 2)
Reflexiones
de un Abuelo HOMO DEMENS Y SU
Homo demens ha sido un factor clave en la crisis am biental, dado su nivel de violencia e impacto sobre los siste mas naturales. En su ambición des medida, su ansia de poder y su baja empatía con su entono humano y no humano, ha causado deterioro en los ecosistemas, tanto terrestres como marinos. Ha acelerado la desapari ción de especies y por tanto modifi cado significativamente los ecosiste mas. Adicionalmente, ha provocado el incremento de la presencia de la molécula de bióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, cuya conse cuencia es el calentamiento climático; esto por la destrucción de áreas forestales —importantes captadores de ese CO2— y por las emisiones de Gases Efecto de Invernadero (GEI), por sus actividades industriales, urbanas o de producción de energía. Asimismo, ha deteriorado el suelo forestal y los mares por actividades tan improductivas para el ser humano, como las pruebas de bombas atómicas en atolones del Pacífico Sur (recuérdese por ejemplo el ensayo nuclear que llevó a cabo el gobierno francés en el atolón de Mururoa de 1966 a 1996) o en la producción de sustancias prohibidas producidas por narcotraficantes, en áreas boscosas del sur de México y otras actividades ilícitas como la tala de bosques (en Michoacán, estado de México y otros). Algunas veces solo basta que este tipo de humano tenga la ocurrencia de usar su fuerza o “inteligencia” para demostrar su capacidad de destrucción.
es ese personaje? ¿De dónde proviene y cuál es su historia? ¿Será que todos los Homo sapiens tienen la posibilidad de convertirse en ese personaje? Si la respuesta es afirmativa a la última pregunta, entonces H. sapiens se autodestruirá irremediablemente, pero antes no dejará piedra sobre piedra en nuestra casa, el planeta.
De allí salta la pregunta de ¿Quién
De las preguntas formuladas arriba se derivan una infinidad de otros cuestionamientos, pero casi nulas respuestas. O si las hay, muchas de ellas pueden entrar en conflicto o ser incluso contradictorias. La respuesta dependerá de la ética de quien la formule y de quien la responda. Adicional a ello, la historia muestra que el humano a jugado muchos papeles que lo hacen un proveedor de sabiduría y respuestas a la necesidad de sus propias sociedades, pero esos mismos, en otra época, podrán ser percibidos como verdaderos verdugos de la humanidad. Hitler y Mus-
cipalmente relacionado con ignorancia: la ignorancia también es peligrosa). La otra acepción, relacionada con la crueldad (brutalidad, vandalismo, crueldad, atrocidad). Gabriel Zaid (en Letras Libres) y Sergio Dahbar (Letras Libres, febrero de 2026) han reflexionado sobre este tema, donde el primero lo refiere a una crítica social que busca desafiar o transformar las estructuras de poder y opresión en la sociedad, mientras que el segundo en cuanto a la crítica a la justificación de los intereses políticos y el uso de la violencia.
LA BARBARIE Y SU CLASIFICACIÓN
solini planteaban una alternativa de vida próspera a los pueblos alemán e italiano, después de su derrota en la gran guerra, para el primer pueblo y la falta de reconocimiento como un país miembro de los vencedores, para el segundo (para detalles recomiendo la lectura al libro de A. Scurati. 2020. M, el hijo del siglo. Alfaguara); y por ello esos pueblos los eligieron como sus líderes; pero hoy todos sabemos cómo acabaron estas propuestas.
No pretendo aquí plantear mi punto de vista de que es lo bueno y que es lo malo (aclaro que no soy partidario del maniqueísmo), sino tratar de reflexionar sobre estas criaturas demens y sus impactos en el ambiente, siguiendo una perspectiva histórica y clasificatoria del tipo de barbarie. Aquí la palabra barbarie, la entenderé en sus dos acepciones, de acuerdo con el diccionario la Real Academia Española. La primera, asociada a la falta de cultura o civilidad (esto prin-
Antes de la Ilustración, en la Ilustración y después de la ilustración el ha ejercido la barbarie con singular alegría. Por razones religiosas, por expandir su territorio y apropiarse de lo ajeno, por dominar a sus pares o por agravios amorosos (por ejemplo, recuérdese La Ilíada de Homero), el sapiens siempre ha ido contra el humano y por los otros elementos no humanos (el ambiente). Pero todo de manera muy razonada y en muchas ocasiones conducidas por genios y sabios. Alejandro Magno, Calígula, Napoleón Bonaparte, Adolfo Hitler, Benjamín Netanyahu, y tantos otros ejemplares de esa clasapiens han sido distinguidos ejemplares del H. demens. Y si, hablo de una clase de humano, ya que hay muchas clases de humanos. Esto nos lo relatan las diferentes obras literarias o académicas de la historia del humano, donde resaltan los acontecimientos que, según el tiempo en que se lean, pueden tomarse como barbarie o como acontecimientos heroicos. Desde La Ilíada y La Odisea de Homero hasta la obra de JK Turner México Bárbaro (Edit. Mexicanos Unidos, 2014) son testimonios escritos sobre esa barbarie humana. No utilizare este espacio para comentar al respecto; mi intención es entender un poco este fenómeno, a través de analizar brevemente la historia de la barbarie asciendo énfasis en su tipificación, lo cual, creo, podrá darnos una idea de cómo entender la violencia contra lo no-humano, ya que sobre lo humano está más que documentado y ya incluso se han elaborado antídotos contra ella (marcos legales, el derecho, etc.), aunque imperfectos claro. Con esta reflexión, tratar de especular cuales serían los antídotos (o al menos sus componentes) para corregir la barbarie ecológica y ambiental.
Rafael “Rach” Solana*
EMPECEMOS CON ESTO
Planteo la siguiente hipótesis. El humano moderno (H. sapiens sapiens), contrariamente al que ubicamos en la prehistoria (H. sapiens arcaico), ha desarrollado su fase de barbarie a través de su historia. Es decir, en esta parte de mi reflexión me inclino más por la posición de Jean-Jacques Rousseau que sostiene que el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe. En el caso de la que pudiéramos llamar barbarie del humano arcaico es producto de la demanda de satisfactores básicos (alimento, vestido y hogar): los naturales, pero no por otros valores y normas inventadas por los mismos humanos con fines de dominación u otros valores y normas que no son naturales. Si lo vemos a través de las esferas, en la antropósfera (esfera natural) la barbarie no está definida. Esta empieza a asomar sus fauces en esferas no naturales como la mitósfera (palabra inventada por un servidor, donde el ambiente se observa tras un cristal de mitos creados por el humano: seres extraterrestres, la mitología griega, etc.), la opionósofera (mundo de opiniones o opiniolandia donde el humano trata de entender el mundo y se la cree) u otras esferas no naturales. Bajo esta hipótesis, en principio, cuando el humano era una entidad errante, hace unos setenta mil años, esta especie no requería de actos de barbarie para consolidarse. Este humano arcaico que deambulaba por la gran llanura en su andar bípedo, y en pequeñas bandas de no más de veinte personas, fabricaba armas para capturar y matar presas móviles —muchas de ellas de mayor tamaño— para satisfacer sus necesidades naturales. Rara vez divisaba otras bandas humanas y en su caso entablaba alguna comunicación primitiva, de por ejemplo donde estaban los mejores sitios para la cacería. Pero alguna vez, dijo algo falso resultado de su imaginación: inició la era de las mentiras (las mitósfera). Harari en su libro Sapiens: De animales a dioses (2016) nos ilustra este acontecimiento que marca el antes y el después. Nos recuerda que, en su capacidad de inventar chismes, el humano logró desarrollar un lenguaje complejo y cooperar en grandes grupos. “Este desarrollo cognitivo permitió la creación de mitos, historias y sistemas de creencias compartidas, lo que fue fundamental para la cooperación a gran escala”. Harari argumenta que esta habilidad de inventar y transmitir ficciones, como religiones y conceptos abstractos, fue el secreto del éxito del Homo sapiens frente a otras especies humana (Harari, op cit.); pero también el inicio de la barbarie. Así que el humano arcaico con sus características naturales no necesitaba la barbarie. Sin embargo, un contacto más estrecho con otros grupos de su misma especie o de otros homínidos, tal vez provocaron competencia por recursos o espacios, hace más o menos unos cincuenta a treinta mil años (algunos comentan, por ejemplo, que las primeras víctimas de la barbarie del sapiens fueron individuos del H. neanderthalensis), y por tanto la aparición de signos de barbarie.
Siguiendo con el razonamiento de Rousseau y de esta primera etapa, el Ser Humano (el sapiens ya había tomado conciencia de sí mismo y de su entorno) se volvió más violento cuando experimento el proceso de sedentarismo, cuando inicio la construc-
ción de núcleos poblacionales y de civilizaciones. Y las civilizaciones tienen su porción de barbarie. Walter Benjamin (filósofo alemán, 1892-1940) mencionó que un acto civilizatorio es al mismo tiempo un acto de barbarie o en otras palabras “no hay documento de cultura que no lo sea al mismo tiempo documento de barbarie”.
Las civilizaciones tienen hambre y sed de crecer y satisfacer a sus dioses y a sus monarcas. Las civilizaciones en la historia antigua de occidente, por ejemplo, sintieron esas necesidades. Primeramente, los pueblos de Mesopotamia (hititas, babilonios, etc.) y luego los persas, conquistaban y tomaban esclavos. Luego vino la Grecia Helénica de Alejandro Magno que se caracterizó por sus conquistas, pero no tanto por su violencia contra los pueblos conquistaban ya que Alejandro solía casar a sus soldados con las mujeres de esos lugares; es decir, ejercía la barbarie en el campo de batalla, pero no contra sus ciudadanos. Y en su mística, los griegos también eran conciliadores. Heráclito en su tragedia de Apolo (mesura) y Dionisio (exceso) argumenta “unid lo concordante y lo discordante” (desde Morin, 2007).
El imperio romano, expansionista hasta la locura, domino una gran porción de la actual Europa medi- terránea, el cercano oriente y el norte de África. Humanos violentos en la guerra, pero increíblemente tolerantes con las creencias religiosas. En ese basto imperio se cuenta que coexistían un gran número de sectas. La Roma politeísta era muy tolerante con las creencias de los pueblos conquistados.
Entonces, hasta principios de nuestra era, se infringía la Barbarie social-histórica-política, pero no se definía una barbarie religiosa. Aquí empezamos a vislumbrar una de tantas barbaries del H. demens Una barbarie, sin embargo, que se observa desde esos tiempos antiguos, al menos en occidente se refiere a la violencia contra las mujeres. En esas civilizaciones se tenía perfectamente marcado los roles que jugaban ambos sexos. Allí, en su barbarie de guerra, las mujeres eran agredidas por los soldados del ejército vencedor y civilizatorio. Y más aún, incluso en la mitología, la mujer era vista como causante de todos los males. Hesíodo y Homero, relatan que los dioses le dieron en posesión una caja a una mujer llamada Pandora, con la advertencia de que no la abriera por ningún motivo o circunstancia. Sin embargo, de acuerdo con esta mitología, Pandora como toda mujer, débil y curiosa —características indeseables en esa época e imperio— abrió la caja, dejando salir todos los males del mundo e incluso a la esperanza (que finalmente hasta hoy es una paradoja). Es decir, la mujer y sus actos fueron las causantes de todos los males. Esta visión, desafortunadamente, ha durado hasta nuestros días, en lo social, en lo político y en lo religioso. Es la barbarie contra las mujeres.
La barbarie religiosa, por su parte, ha estado presente en varias civilizaciones a lo largo de la historia más reciente. En occidente, con la adopción del cristianismo parte del emperador Constantino I (siglo IV), provocó una ola de violencia de diversos grupos religiosos en contra de humanos que profesaban otras creencias. Ya un siglo después, el arma más poderosa que ha utilizado es “el arma bárbara de Satán” (Morin, op. cit). La define como el arma separadora, rebelde, negacionista y enemigo de dios y del humano. Por esa barbarie religiosa se desataron Las Cruzadas (por ejemplo, la matanza en Constantinopla) y otras guerras “santas”. En el colonialismo en América se utilizó esa barbarie para someter a los pueblos originarios. La geopolítica se ha definido a punta de cañones y bombazos religiosos. Otra creencia monoteísta, el islam, ha seguido ese ejemplo. La barbarie étnica es una de las atrocidades más infames que ejerce el H. demens. La España cristiana purificadora del siglo XV y XVI, por ejemplo, ejerció violencia sobre los judíos sefaradíes y los moriscos que profesaban el islam en el Al-Andaluz. Y los siguientes siglos, pero ya en la América colonial, a través de las leyes de “pureza de sangre” se despojaron tierras a los habitantes originales. Esto último prevaleció en México hasta inicios del siglo XX, por ejemplo, en la península de Yucatán, dentro de las haciendas henequeneras o los cultivos de tabaco en el valle nacional (Turner, op cit.). Otras barbaries como la llamada revolucionaria, la emancipadora o “por deber”, son otros elementos con lo que se sirve el H. demens para modificar (¿destruirse?) asimismo y a lo no-humano. Y en ese caso tenemos también la barbarie contra los ecosistemas. Pero eso lo comentamos en la siguiente columna.
En los setenta, el entonces rey de Bután lanzó una idea más espiritual que política: la Felicidad Nacional Bruta, consigna que cuestionaba que el progreso debía medirse principalmente por el crecimiento económico
REDACCIÓN*/LA BRÚJULA
Ensenada, B. C.
El 20 de marzo, cada año, el calendario mundial registra una conmemoración peculiar: el Día Internacional de la Felicidad. No celebra una batalla, ni el nacimiento de un héroe nacional, ni la firma de un tratado histórico. Celebra algo aparentemente simple y, al mismo tiempo, extraordinariamente complejo: la posibilidad de que las personas vivan bien.
La fecha fue establecida en 2012 por la Organización de las Naciones Unidas, que invitó a los gobiernos del mundo a reconocer que el bienestar humano debería ser un objetivo central de las políticas públicas. En otras palabras, que el progreso no puede medirse únicamente con cifras económicas, crecimiento del producto interno bruto o índices de productividad.
La propuesta planteaba una pregunta que parecía tan obvia como revolucionaria: ¿de qué sirve el desarrollo si no mejora la vida de las personas?
Desde entonces, cada 20 de marzo se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre esa idea.
EN UN PEQUEÑO PAÍS ASIÁTICO
La historia del Día de la Felicidad comienza lejos de los grandes centros financieros del mundo. Su origen se encuentra en el pequeño reino de Bután, un país enclavado en el Himalaya entre India y China, conocido por sus montañas, sus monasterios budistas y una filosofía política singular.
En la década de 1970, el entonces rey Jigme Singye Wangchuck lanzó una idea que, en su momento, parecía más espiritual que política: la Felicidad Nacional Bruta.
La propuesta cuestionaba un dogma dominante en la economía moderna: que el progreso de un país debía medirse principalmente por su crecimiento económico. Wangchuck sostenía que esa medición era incompleta.
En una frase que se volvería famosa, el monarca afirmó:
“La felicidad nacional bruta es más importante que el producto interno bruto”.
La frase no era sólo un gesto retórico. El gobierno de Bután comenzó a diseñar indicadores para evaluar el bienestar de su población considerando factores como la salud, la educación, la conservación del medio ambiente, la vida comunitaria y el equilibrio entre trabajo y tiempo libre.
Durante años la idea fue vista como una curiosidad exótica de un pequeño reino asiático. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a despertar interés en economistas, sociólogos y organismos internacionales que cuestionaban las limitaciones de las mediciones tradicionales del desarrollo.
En el documento se afirma:
“La búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental”. La declaración parecía sencilla, pero su alcance era profundo. Por primera vez un organismo internacional colocaba el bienestar subjetivo —la forma en que las personas experimentan su propia vida— en el centro del debate sobre desarrollo.
MÁS ALLÁ DEL DINERO
CUANDO LA FELICIDAD LLEGÓ A LA ONU
El concepto tardó décadas en dar el salto al escenario internacional. A comienzos del siglo XXI, en medio de crisis económicas globales y debates sobre desigualdad social, varios países comenzaron a discutir nuevas formas de medir el bienestar colectivo.
Uno de los impulsores de esa conversación dentro del sistema internacional fue el diplomático Jayme Illien, quien promovió en Naciones Unidas la idea de crear un día dedicado a reflexionar sobre la felicidad como objetivo de política pública.
Illien sostenía que la economía moderna había perdido de vista el propósito fundamental del desarrollo.
“El crecimiento económico debe servir a las personas, no al revés”, argumentó en una de sus intervenciones ante la comunidad internacional.
La iniciativa fue tomando forma en el seno de la Asamblea General de la ONU. En 2012, los 193 Estados miembros aprobaron por consenso la resolución que proclamó oficialmente el Día Internacional de la Felicidad.
La resolución contenía un mensaje claro: los gobiernos deben considerar el bienestar de sus ciudadanos al diseñar políticas públicas.
Durante gran parte del siglo XX, la prosperidad de los países se evaluó casi exclusivamente a partir del crecimiento económico. El indicador dominante fue el producto interno bruto (PIB), una medida del valor total de bienes y servicios producidos en una economía.
El problema es que el PIB no dice mucho sobre cómo viven realmente las personas.
Un país puede tener un crecimiento económico elevado y, al mismo tiempo, altos niveles de desigualdad, deterioro ambiental o estrés social. La discusión sobre el bienestar comenzó a ampliarse a partir de estudios en psicología, economía conductual y ciencias sociales que mostraban algo paradójico: a partir de cierto nivel de ingresos, el aumento de la riqueza no necesariamente se traduce en mayor felicidad.
Esa idea fue resumida por varios investigadores en lo que algunos economistas llaman la paradoja del bienestar moderno.
En palabras de un informe presentado ante la ONU:
“El desarrollo económico es necesario, pero no suficiente para garantizar el bienestar humano”.
De esta reflexión surgió una nueva corriente de pensamiento que propone medir el progreso de las sociedades con indicadores más amplios: salud, educación, relaciones sociales, confianza institucional y calidad del entorno.
INFORME MUNDIAL DE LA FELICIDAD
A partir de la proclamación del día internacional, las Naciones Unidas comenzaron a impulsar estudios globales para evaluar el bienestar de las poblaciones.
Uno de los más conocidos es el World Happiness Report, publicado anualmente por investigadores y especialistas en economía del bienestar. El informe analiza factores como:
• Ingresos y nivel de vida
• Esperanza de vida saludable
• Apoyo social
• Libertad personal
• Generosidad
• Confianza en las instituciones
LOS RESULTADOS SUELEN OFRECER ALGUNAS SORPRESAS.
Desde hace varios años, los países nórdicos —especialmente Finlandia, Dinamarca e Islandia— encabezan los rankings de felicidad mundial. En esas sociedades, el bienestar no se explica únicamente por el ingreso económico, sino por una combinación de servicios públicos eficientes, redes de apoyo social, bajos niveles de corrupción y un fuerte sentido de comunidad.
Las conclusiones de estos estudios han alimentado debates sobre el tipo de sociedad que se quiere construir en el siglo XXI.
EFEMÉRIDE CON VOCACIÓN PEDAGÓGICA
El Día Internacional de la Felicidad no es una celebración festiva en el sentido tradicional. No hay desfiles ni rituales oficiales en la mayoría de los países. Su objetivo es más bien pedagógico.
La jornada busca abrir una conversación global sobre el bienestar humano.
En universidades, organizaciones civiles y medios de comunicación se realizan debates, conferencias y actividades que reflexionan sobre temas como la salud mental, la cohesión social o el equilibrio entre trabajo y vida personal.
También se ha convertido en una oportunidad para que los gobiernos presenten políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población.
Algunas ciudades han adoptado iniciativas como programas de bienestar urbano, espacios públicos más amables, promoción del transporte sostenible o políticas de conciliación laboral.
La felicidad, en ese sentido, comienza a entenderse como un fenómeno colectivo y no únicamente individual.
LA PARADOJA CONTEMPORÁNEA
La existencia misma de un Día de la Felicidad revela una paradoja de la época contemporánea.
Nunca antes en la historia de la humanidad tantas personas habían tenido acceso a avances tecnológicos, servicios médicos, educación y bienes de consumo. Y, sin embargo, en muchas sociedades se observa un aumento de la ansiedad, el estrés y la sensación de aislamiento.
Los sociólogos han señalado que el bienestar depende de múltiples factores que no siempre están relacionados con la riqueza material: relaciones personales, sentido de propósito, seguridad, participación comunitaria.
El debate sobre la felicidad, por lo
tanto, también es un debate sobre el modelo de desarrollo.
¿Puede una sociedad ser próspera si sus ciudadanos viven bajo presión constante?
¿Puede considerarse exitosa una economía que produce riqueza pero también desigualdad y desgaste social?
El Día Internacional de la Felicidad invita a plantear estas preguntas.
UN CAMBIO CULTURAL
EN MARCHA
Aunque todavía es temprano para evaluar su impacto real, la efeméride ha contribuido a cambiar la conversación global sobre el desarrollo.
Cada vez más gobiernos, organismos internacionales y centros de investigación exploran nuevas métricas para evaluar el bienestar social.
Algunas ciudades han creado observatorios de felicidad urbana. Varias universidades estudian la relación entre bienestar psicológico y políticas públicas. Incluso empresas privadas han comenzado a incorporar indicadores de bienestar laboral en sus estrategias organizacionales. Lo que hace algunas décadas parecía una idea idealista de un pequeño reino asiático se ha convertido en un tema central del debate contemporáneo.
LA PREGUNTA QUE PERMANECE
Al final, el Día Internacional de la Felicidad no ofrece respuestas simples. Su importancia radica precisamente en la pregunta que plantea.
Si el desarrollo económico, la tecnología y la política son instrumentos para mejorar la vida humana, entonces el bienestar de las personas debería ser la medida final del progreso.
El desafío consiste en encontrar formas de construir sociedades que no sólo sean productivas, sino también habitables, justas y humanas.
Quizá por eso la frase pronunciada hace décadas por el rey de Bután sigue resonando con fuerza en el debate global:
“La felicidad nacional bruta es más importante que el producto interno bruto”.
La sentencia, nacida en un remoto reino del Himalaya, resume el espíritu de una efeméride que cada 20 de marzo recuerda algo esencial: el progreso tiene sentido sólo cuando se traduce en vidas que valen la pena ser vividas.
* Texto elaborado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial.
EL AGENTE SECRETO
Película brasileña de Kleber Mendonça Filho con Wagner Moura, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Isabél Zuaa, Maria Fernanda Cândido, Udo Kier, Tânia Maria (2026). El agente secreto, la nueva película del director brasileño Kleber Mendonça Filho, se cuenta en enredos, engaños, desviaciones, misterios, huecos, coincidencias y saltos temporales. La historia principal se explica fácilmente, se trata de un hombre que debe huir de otros que tratan de matarlo, pero su ejecución es dispersa, frecuentemente confusa. No obstante, todas estas, llamémosles impurezas o imperfecciones, esas cosas que otras películas pocas veces hacen, contribuyen precisamente a su riqueza. A que la película se
sienta, no solo como una historia de persecución política durante la dictadura brasileña, sino en un mosaico complicado, contradictorio, vibrante, soleado y sudoroso de cómo fue vivir en esos tiempos.
Tiempos de “gran picardía”, dice la película, refiriéndose al Brasil de 1977, cuando Armando Solimões (Wagner Moura), el protagonista de la película, llega a la ciudad porteña de Recife, más o menos como un hombre sin pasado. ¿Qué lo trae aquí? Su mirada es una pista. Cuando se detiene en una gasolinera y se encuentra con un cadáver cubierto por cartón, o ve detenerse a la policía, sus ojos buscan el peligro por todas partes, pero también se cuidan de delatar cualquier miedo.
Más adelante aprendemos que los hombres que lo persiguen fueron contratados por Henrique Ghirotti (Luciano Chirolli), un ejecutivo de la compañía energética Eletrobras, quien alguna vez intentó adueñarse del departamento universitario en el que Armando trabajaba como investigador. Pero antes de llegar a ello, la película salta un poco de aquí para allá. Primero, un trío de policías llega a otra universidad para recuperar una pierna que fue encontrada en el
Al mismo tiempo, la película solo cobra vida con la gente y la ciudad que hay a su alrededor. La historia de Armando es igualmente la historia de las personas que lo rodean. En casa de doña Sebastiana también viven Thereza Vitória (Isabél Zuaa) y Antonio (Licínio Januário), dos fugitivos de la Guerra de Civil de Angola, y Clòvis (Robson Andrade), un joven gay (esto no es explícito, pero la forma en que Doña Sebastiana, lo describe, diciendo que él no es hombre de la forma en que a otros les gustaría, refleja una aceptación que trasciende su conocimiento de las etiquetas). Su convivencia, aunque resultado de la necesidad, se convierte en un verdadero sentido de comunidad. A
interior de un tiburón. También conocemos a Augusto (Roney Villela) y Bobbi (Gabriel Leone), el dúo de sicarios detrás de Armando, mientras se deshacen de otra víctima.
El título de la película es algo irónico, pero en cierto sentido, también se cumple. Aun si Armando no está entrenado para ello, las circunstancias lo obligan a moverse en la clandestinidad. Interactuar con el exterior requiere de absoluta discreción: adoptar nombres falsos, vigilar las líneas telefónicas o apoyarse de hombres armados. Primero se resguarda con otros refugiados políticos en la casa de Doña Sebastiana (Tânia Maria), una ex-anarco-comunista y se pone en contacto con Elza (Maria Fernanda Cândido), una líder de la resistencia política interesada en escuchar su testimonio sobre la corrupción de Ghirotti. Hay momentos que funcionan como genial suspenso. Cuando Vilmar (Kaiony Venâncio), otro hombre contratados para matar a Armando lo encuentra en una oficina del registro civil, Mendonça Filho lo acentúa como lo haría Brian De Palma, con una dioptría dividida en la que la pantalla se colapsa entre un claustrofóbico primer plano de Armando nervioso y uno de la pequeña multitud entre la que el sicario se mezcla.
La actuación de Moura es esencial para que El agente secreto funcione tan bien. Conocemos datos importantes sobre Armando solo cuando la película está bastante avanzada, por lo que su comportamiento
y sus interacciones con los demás son nuestra principal forma de saber más sobre él. Es una actuación muy interna, en la que vemos gestos sutiles, que sugieren un lado frágil y vulnerable, que grandes despliegues de emoción. Armando se mantiene reservado incluso cuando se vuelve a encontrar con su hijo pequeño Fernando (Enzo Nunes), quien vive resguardado en la casa de sus abuelos; o cuando éste le pregunta por su madre Fátima (Alice Carvalho), la cual murió hace tiempo. Armando puede ser frío y duro, las circunstancias lo han moldeado para ser así. Pero Moura también lo hace alguien de afable carisma, instantáneamente simpático, sin que deje de sentirse como un hombre normal al que fácilmente podríamos encontrar si salimos a la calle.
Pegado a la Butaca
Alberto Villaescusa Rico
La atmósfera particular de Recife se siente en las escenas de gente bai lando en sus calles durante el carna val. También en la subtrama sobre una “pierna peluda” que, dicen los periódicos, ataca a la gente por las noches. Inspirada en una leyenda urbana local inventada para sortear la censura, aquí aparece como una saga que es seguida con devoción y morbo. Muertes sangrientas coexis ten con una película llena de vida; que encuentra la verdad detrás del estereotipo de que los latinos con vertimos todo en fiesta. Hay un sen tido medio perverso de que, a pesar de todo lo que pasa, la vida sigue y que la gente todavía se divierte. Mucha de la vitalidad y energía de El agente secreto viene igualmen te de su cinefilia: de sus referencias y menciones de otras películas, así como su reverencia por las salas de cine. No es regla que los críticos de cine que hacen el salto a hacer cine, como es el caso de Mendonça Filho, también hacen películas sobre otras películas (creo que esto es muy cierto, de Jean-Luc Godard, pero no igualmente de François Truffaut). Pero las emociones y experiencias relacionados al cine no pueden separarse fácilmente de la trama de El agente secreto. Al mismo tiempo que es una película sobre la dictadura brasileña, su corazón también está en ese niño que quiere ver Tiburón porque el póster le provoca miedo y fascinación en dosis iguales. En esa
multitud que se emociona con los sustos de La profecía y, por qué no, en una pareja practicando sexo oral en sus asientos, en medio de los demás espectadores. Todo esto tiñe a El agente secreto de nostalgia, pero no esa a la que nos ha acostumbrado el Hollywood de ahora. Esa que nutre películas que son repeticiones de otras que salieron hace diez, veinte o más años, que
no nos dan más que el reconocimiento de algo que alguna vez nos hizo felices y que alimentan el recuerdo falso de un pasado feliz y sin dificultad — una nostalgia que fortalece el fascismo que describe Umberto Eco, que ignora los hechos de la historia e inventa un ayer mítico al mismo tiempo que excluye la diferencia. Pero la nostalgia de El agente secreto es complicada, agridulce. No
se hace ilusiones, no niega lo que fue un tiempo de violencia. Dispersos momentos de alegría coexisten con atrocidades y crímenes que corren el riesgo de olvidarse y quedar impunes. El recuerdo de querer ver Tiburón en el cine se funde con la persecución política de un ser querido. Recordar lo ocurrido y lo vivido, en toda su complejidad, es esencial porque la memoria colectiva, lo que pensamos del pasado, moldea nuestras creencias y las ideas con las que actuamos en el presente. Porque los males de la dictadura, aunque a veces obvios, también se mueven en las sombras; aparecen en la forma de un funcionario corrupto que contrata a un par de sicarios que contratan a otro para no dejar rastro. Supongo que todo esto suena un poco sentimental y sí, El agente secreto tiene cosas sentimentales. Pero estos elementos aparecen esporádicamente y coexisten con un universo más rico, con un humor vulgar e irreverente, por lo que nunca sentimos que la película quiere llevarnos a las lágrimas. Quizá el toque tan rico de la película se explica por la experiencia propia de Mendonça Filho, quien nació en 1968 y creció en el mismo Recife —lo que lo haría más o menos la edad del personaje de Fernando y un adolescente cuando la dictadura terminó.
Y quizá esto también explica su urgencia política, la idea de que las vidas de sus personajes están tan conectadas al mundo que las rodea. Me siento tentado a compararla con Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson, otra película de este año que se centra en la clandestinidad y la lucha contra un gobierno autoritario. Pero aunque Una batalla tras otra me parece en general una película mejor y me gusta mucho más, también es una en la que la política actúa como el trasfondo para una historia personal, en la que la revolución actúa como metáfora dentro de una historia sobre un padre y su hija. En El agente secreto la política y la vida diaria se entrelazan de manera inseparable. Las decisiones de unos pocos en el poder, repercuten no solo en la integridad física de Armando, pero también en decisiones prácticas, casuales sobre cómo vivir la vida diaria. Para la película, esos detalles pequeños pesan tanto como los hechos históricos.
El espacio es utilizado por la sociedad para satisfacer una necesidad básica, habitar. Es de conocimiento general que las personas nos hemos ido adaptando al espacio hacia las condiciones que faciliten no solo habitarlo, sino también para su aprovechamiento con la obtención de recursos alimenticios y materiales, pero además para tránsito y uso recreativo, de ocio o cultural.
Una situación que siempre ha incidido en el uso del espacio es las diferentes capacidades con las que cuentan las personas para acceder a él. Es decir, las personas débiles visuales, o ciegas, sordas, con discapacidad motriz y con alguna condición neurodivergente no pueden usar, aprovechar y gozar el espacio como lo hacemos el resto.
Generalmente los espacios se han diseñado y construido asumiendo que el 100 por ciento de la población ve, escucha, y camina de manera fácil, lo cual no es así.
Recientemente existe, según el país donde se encuentre, avances en el diseño de espacios públicos pensados para el disfrute, construidos con la infraestructura necesaria para cubrir las necesidades de las personas en general, pero también con alguna condición de discapacidad, indistintamente su género, edad y condición social. Sin embargo, en países como México, el uso y aprovechamiento del espacio sufre un atraso brutal en cuestión de accesibilidad espacial, ya no hablemos de cultura, ocio y transporte, sino básicas, como lo es la vivienda. Los espacios públicos tampoco cuentan con una infraestructura satisfactoria para personas que requieren un diseño específico para garantizar su accesibilidad.
Pero veamos que la accesibilidad puede definirse como la capacidad que tiene cualquier objeto, lugar o
servicio de poder ser utilizado por cualquier persona, independientemente de sus capacidades cognitivas, físicas o sensoriales, es decir, es una cuestión de derechos humanos.
El espectro de la población que se beneficia directamente de los espacios o servicios inclusivos son las personas con discapacidad, adultos mayores, con problemas de movilidad temporal, embarazadas, niños, niñas, y con problemas de comunicación, esto quiere decir que, aunque es fundamental aproximadamente para el 10% de la población, necesaria para el 40 %, en última instancia es confortable para el 100 % porque la accesibilidad facilita la utilización y disfrute de los espacios, sin importar la condición. Esto quiere decir que proveer de medios inclusivos no se trata de cuantas personas usan el espacio en un día, sino que la accesibilidad debe estar garantizada para cuando la necesidad se presente, dado que la inclusión beneficia no solo a un sector, sino facilita el acceso a todos.
La accesibilidad se puede dividir en dos tipos: accesibilidad directa, que busca incluir la practica de la accesibilidad desde el primer momento donde se desarrolla el diseño de cualquiera que sea el producto o contenido a producir. Lo que quiere decir que el diseño de un espacio podría ser concebido idealmente desde el inicio para cubrir necesidades de uso.
La segunda es la accesibilidad indirecta, que significa diseñar un contenido sin tener en cuenta la accesibilidad en un primer momento, pero eventualmente se rediseña o ajusta para transformarlo en accesible. Esta es la que generalmente se ha implementado en la mayoría de los espacios públicos hace poco, aunque generalmente se presentan muchos problemas de ajuste, ya que las dimensiones suelen ser insuficientes y a veces las soluciones propuestas no solucionan la accesibilidad, sino la agravan.
Dentro del diseño de productos o contenidos pensados hacia la accesibilidad, la fundación Design For All recomienda ocho criterios a considerar: Debe ser respetuoso, seguro, saludable, funcional, comprensible, sostenible, asequible y atractivo. Entendiendo que deben considerar la diversidad humana, sin discriminación.
Luis Gabriel Razo Castro*
Estudiantes de la Escuela Nacional para Ciegos. Imagen propia, 2025.
Fachada de la Escuela Nacional para Ciegos. Ciudad de México. Imagen propia, 2025.
Módulo háptico y audiodescripción, Museo Nacional de Bellas artes. Imagen propia, 2025.
Que los elementos que formen parte del entorno contemplen todos los riesgos para garantizar la seguridad de las personas. No deben ocasionar dificultades ni riesgos para la salud, deben permitir el uso a todas las personas sin ocasionar problemas prácticos, utilizar información clara en el diseño para la comprensión de todos los usuarios, debe resistir el paso del tiempo sin que implique derroche de recursos naturales, que todos puedan disfrutarlo y debe satisfacer necesidades y expectativas considerando los siete criterios antes mencionados.
Para que todo lo anterior funcione es necesario contar también con una cadena de accesibilidad, la cual se entiende por la capacidad de acceder y egresar de un entorno, de desplazarse y circular por los distintos espacios que lo conforman, de aproximarse y usar los distintos elementos que existan en el.
Además, considera recibir información de dicho entorno, permitiendo y promoviendo también la comunicación en condiciones de autonomía, facilidad y seguridad. La cadena de accesibilidad aplicada a un espacio de atención debe considerar entonces las acciones de: acceder y egresar, desplazarse y circular, aproximarse y utilizar, comunicar e informar.
Lo que quiere decir que todas las personas tienen derecho a transitar desde el domicilio particular, transitar por banquetas y calles con infraestructura e información adecuada, usar el transporte público hasta llegar y regresar de su destino de manera segura y fácil.
Entonces, la razón para diseñar y ofrecer los espacios, privados y públicos, desde una perspectiva de ac-
cesibilidad, se sustenta en el derecho humano del acceso, uso y disfrute del espacio de manera inclusiva, sobre todo en los de función pública, como lo son, parques, plazas, escuelas, transporte y por supuesto, museos.
No se necesita invertir mucho tiempo para notar en los espacios públicos de Ensenada que la infraestructura de la ciudad, en términos de accesibilidad carece y padece la falta de un diseño inclusivo. Hay intentos y buenas voluntades, aunque suelen quedarse muy cortos.
Por esa razón es importante pensar el espacio antes de diseñarlo, no desde los ojos, oídos y pies, sino en la ausencia de ellos para poder comprender que el uso de el espacio público, en particular de los museos, debe garantizar su disfrute para todos.
Especialmente si hablamos del Museo Histórico Regional de Ensenada, bajo el resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ya que este último ha emprendido una campaña de accesibilidad e inclusión en museos, la cual, si no se pone en práctica en los espacios bajo su cuidado, corre el riesgo de quedarse en un discurso político y demagógico.
Nota: La mayoría de la información de este artículo fue tomada del curso de Inclusión en Museos en 2025, ofrecido en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía por Denisse Hernández Muñoz, docente de la Escuela Nacional para Ciegos en la Ciudad de México y especialista en inclusión en museos.
* Museógrafo. Asistente de promotor de comunicación cultural.
Inauguración de exposición inclusiva en la Escuela Nacional para Ciegos. Imagen propia, 2025.
Infografía de accesibilidad en museos. Imagen propia, 2025.
A
INFORMARSE: LA MAYOR
RESPONSABILIDAD CIUDADANA PARTE II
Naveguemos
“La nueva oligarquía económica repite modelos de irreconciliación, sólo que ahora, en lugar de tener al Ejército bajo su dominio, como en tiempos de Madero, tiene un arma altamente letal: es dueña de la comunicación.”
Así terminé la anterior colaboración para La Brujula.
Informarse, hoy en día, a través de fuentes serías, objetivas, verdaderas, buscando diversas opiniones que, aunque opuestas, sean libres y decentes, parece ser una tarea que exige mucho tiempo al día.
Creo que es la mínima obligación de cualquier ser humano bien intencionado que intente ejercer su poder ciudadano. Romper el hipnotizante poder de los medios que editorializan a partir del engaño, de la tergiversación o de la mirada sesgada que ofrece una visión parcial del todo, vociferando que están relatando el todo de un suceso, de un evento.
La democracia ya no se puede sostener acudiendo solamente a las urnas, en el mejor de los casos, cada cierto periodo, para depositar un voto que termina ubicando en el poder a los más incapaces, a los más rapaces, a los más corruptos. Y los casos son ya cada vez más numerosos: Trump, Milei, Bukele, Kast, Meloni, Macron, etc. etc.
La democracia exige militancia y no sólo acudir a las urnas cada cierto periodo de años. El poner un papelito en una urna y a continuación dedicarse tiempo completo a los intereses personales, ya no es posible.
La democracia exige un mínimo de responsabilidad y participación en la vida pública. Gobernar es demasiado delicado y trascendente para dejarlo to-
talmente en manos de los gobernantes.
Y ello no significa participar en cada manifestación, en cada barricada, en cada cierre de calles, en cada panfleto lanzado en los medios masivos.
Ello significa una actitud mínima, posible y digna: estar bien informado.
Estar bien informado para con ello romper los hilos del titiritero que maneja los hechos según su conveniencia y de acuerdo a sus criterios de lo que el ciudadano debe saber o no.
Estar bien informado significa menos Tik Tok, menos Instagram, menos YouTube, menos Facebook
Estar bien informado es dedicar el tiempo posible a revisar varias fuentes de noticias, con diferentes tendencias y lograr tener una idea más o menos clara y objetiva de cuál es la verdad de un hecho. Escuchar, leer programas de información y no solo de entretenimiento, que utilizan los sucesos para divertir, ironizar, ridiculizar.
Como un ejemplo de lo que es la información “desinformante”, copiaré un texto de reciente aparición, como editorial de La Jornada, el 3 de marzo de 2026 y que plantea datos que, sin duda, arrojan una mirada, desde otro ángulo, a lo que acontece en la República de Irán.
Dice así:
“Políticos, medios de comunicación, académicos y los grupos paraempresariales que se autodenominan representantes de la “sociedad civil” aseguran desear para los iraníes un régimen laico, democrático, modernizador y moderado, pero olvidan mencionar que Irán ya se había dado a sí misma un gobierno con todas esas características, el del primer ministro Mohammad Mosaddegh (1951–1953).
Cuando el dirigente intentó nacionalizar la Anglo–Persian Oil Company (antecesora de la actual British Petroleum), el imperio británico…: acusó al mandatario de “comunista”, saboteó la economía del país, le impidió comerciar con su propio petróleo y, finalmente…, depuso a Mosaddegh e instaló un gobierno títere encabezado por un monarca inventado, el sha Mohammad Reza Pahlavi… (quien) sumió a Irán en un permanente baño de sangre… La policía política del sha, Savak, torturó y asesinó a todos los políticos y simpatizantes de la democracia, además de despilfarrar la riqueza petrolera en una vida de lujos y excesos que se exhibían sin pudor frente a un pueblo depauperado… cuando Irán estalló finalmente contra la opresión, la
única institución capaz de canalizar y coordinar la ira popular fue la jerarquía del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país… Este apretado resumen no da cuenta de todo el sufrimiento causado por Occidente al pueblo iraní, pero basta para mostrar la hipocresía de Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz, así como de la práctica… de los medios de comunicación, al justificar sus agresiones contra Irán en nombre de la `defensa propia´”. No tengo la menor duda de que esta mirada puede ser muy criticada, pero es innegable que ofrece un ángulo diferente, distinto a lo que vemos, oímos y leemos a diario en los medios más expuestos en nuestro escenario cotidiano.
Por ello insisto, hasta la náusea, de que una obligación de un ciudadano que intenta participar en la vida de su país, nace con la militancia de buscar la información desde los diferentes puntos de vista. Insistiremos sobre el punto.
* Arquitecto, diseñador, catedrático, velerista. De origen uruguayo, llegó a México en 1970.
Ricardo Harte*
¿HOMBRES O MUJERES?
Raíces
CARLOS LAZCANO*/COLABORACIÓN carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.
Hace algunos años me comentaban unas personas que la mujer haría mucho mejor papel en la política mexicana que los hombres. El tiempo de las mujeres ya está aquí y la experiencia demuestra que no es así. La realidad nos deja ver que la mujer puede ser tan corrupta e ineficaz como los hombres. Y es que el problema no es de mujeres o hombres, sino de un sistema político que promueve lo peor de las personas. Nuestro actual sistema político lo crearon los triunfadores de la Revolución, los generales Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón, quienes estaban acostumbrados a dar “cañonazos de 50 mil pesos” o la persecución (y hasta la muerte) a quien no se plegara. Así, desde entonces se estuvieron creando leyes, no para resolver problemas, sino para negociar con ellas, para eso sus textos eran lo suficientemente ambiguos para que pudieran ser interpretadas al gusto del cliente. Así, la corrupción se fue extendiendo, tanto en los círculos gubernamentales como privados, hasta que se volvió parte de la cultura mexicana.
El sistema de leyes procuró incentivar la peor cara de los mexicanos, de tal manera que al robo en la política se le asume como algo normal y si alguien no lo hace es que es un tonto. Mentir es otra de las características, así como el cinismo y la mediocridad. Hoy se acepta que toda la clase política y gobernante va a robar y la gente lo acepta diciendo que
va a votar por el menos malo, o con el que roba poquito. Bajo nuestro sistema la honestidad es inaudita, algo intolerable que hay que aplastar. Por eso normalmente a los honestos se les denuesta, se les humilla si no es que se les asesina. Actualmente, por vez primera tenemos una presidenta de la república, una gobernadora de Baja California (y 12 en otros estados), una presidenta municipal en Ensenada (y cientos de ellas en muchos otros estados), en el poder legislativo la mayoría son diputadas y en el senado andan por el 50 por ciento. También en cada municipio hay numerosas mujeres y muchos de los puestos de primer nivel son ocupados por mujeres. Aquí en Baja California la participación política de la mujer es mayoritario en todos los niveles. Pero ciertamente es una lástima el pobre papel que han venido haciendo, empezando por la gobernadora. Lejos de
estar a la altura del cargo, igual que los hombres, han estado haciendo papeles mediocres en el mejor de los casos.
La presidenta de la república ha mostrado altos niveles de mentiras y cinismo, continuando con la política de proteger a los narcos y minimizando los altísimos niveles de inseguridad. La educación pública está cada vez peor al igual que el sector salud, en donde los recortes presupuestales son criminales. A la ciencia y la cultura se le ha minimizado y al parecer se quiere que México sea un país con gente con un bajo nivel de preparación, mediocre pues.
Da tristeza y coraje ver que tantos años de lucha para que la mujer participe en política, hayan derivado en lo que estamos viviendo. La mayoría de los funcionarios públicos, tanto hombres como mujeres, tienen pésimos perfiles educativos, si es que los tienen. E incluso parece como si se bus-
cara a personas con currículos delincuenciales para los cargos y puestos de elección. Títulos falsos, universidades patito, tesis plagiadas. Diputadas dizque “feministas” defendiendo a violadores. Promoviendo leyes para que niños desde los cuatro años puedan cambiarse de sexo sin permiso de sus padres. Control del Poder Judicial. Solapando delincuentes incrustados en el partido en el poder, que roban petróleo, roban agua, se adjudican contratos millonarios, son parte de cárteles y recibiendo una impunidad obscena. Tantos años de ir degradando a un pueblo han logrado que en este país se tenga una visión mediocre de sí mismo, por lo que no es de esperarse que esta situación terrible cambie pronto.
* Cronista, escritor, investigador y espeleólogo. carloslascano@hotmail.com
IV DOMINGO DE CUARESMA
(JN 9, 1-41)
La semana pasada, leíamos el diálogo que tuvo Jesús con la samaritana en torno al pozo de agua. Así como la samaritana, que no conocía a Jesús, al final, junto con otros samaritanos, confesó que Jesús era el Mesías y después fue a proclamarlo por todas partes: “Hemos encontrado al salvador”.
En el Evangelio de hoy, Jesús se presenta como “la luz del mundo”; su misión es liberar a los hombres de las tinieblas del egoísmo, del orgullo y de la autosuficiencia. Adherirse a la propuesta de Jesús es andar por un camino de libertad y de realización que conduce a la vida plena.
La oscuridad en que vivía el ciego del evangelio, representa las tinieblas del pecado, la oscuridad
causada por la ausencia de la gracia de Dios. Y la luz que entra en la vista del ciego recién sanado por el Señor es la vida de Dios en nosotros; es decir, la gracia.
Jesucristo, realizó muchos milagros de sanación y cada uno de estos milagros fue hecho en forma diferente: a unos sanaba porque se lo pedían; otros, como el caso de este ciego, ni siquiera se lo pidió. A unos sanaba tocándolos o dándoles la mano; a otros porque más bien lo tocaban a Él, y a otros sanó, sin siquiera tenerlos en su presencia. Con unos usaba palabras, con otros algunas sustancias. Unos se curaban enseguida y otros un tiempo después.
Lo que sí es común a todas las curaciones hechas por Jesús es que lo más importante era la sanación que ocurría en el alma del enfermo: su curación tenía una profunda consecuencia espiritual. El Señor no hace una sanación física, sin tocar profundamente el alma. Y cuando el Señor sana directamente es para que se manifieste en la persona la gloria y el poder de Dios. Y sana no sólo para que el enfermo sanado crea en Dios y cambie, sino también las personas a su alrededor.
Sin embargo, sabemos que no todo enfermo es sanado. Jesús, con su Pasión, Muerte y Resurrección, les dio valor redentor a las enfermedades y también a todo tipo de sufrimiento. El sufrimiento bien llevado, aceptado en Cristo, sirve para santificarnos y para ayudar a otros a santificarse. No es que sean fáciles de llevar las enfermedades -sobre todo algunas de ellas- pero son oportunidades para unir ese sufrimiento a los sufrimientos de Cristo y darles así valor redentor. Es por ello que después de Cristo, ya los enfermos no son considerados como personas malditas por el pecado propio o de sus padres, como sucedía antes de la venida del Señor. De allí la pregunta de los Apóstoles al encontrarse al ciego: “¿Quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?”, a lo que Jesús responde: “Ni él pecó ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios”.
Las enfermedades más graves no son las del cuerpo, sino las del alma. Por eso la sanación fundamental es la sanación interior. Esta puede darse, ha -
biéndose sanado el cuerpo o no. Muchos enfermos se han santificado con su enfermedad. En el caso del ciego de nacimiento del Evangelio de hoy, vemos que este hombre fue de los que ni siquiera pidió ser sanado, pero que el cambio más importante se realiza en su alma. El ciego, que ya no es ciego, cree en Jesús y confía en El. Y cuando se le revela como el Mesías esperado, el ciego que ahora ve cree, postrándose, lo adoró.
Necesitamos, como el ciego, ser curados por el Señor, dejarnos tocar por Él. Jesús le ungió los ojos con barro. Dejarse tocar por el Señor es recibir el gesto del perdón en el sacramento de la reconciliación, participar de su cuerpo en la Eucaristía. Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos. Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida sea iluminada por esta luz.
Que Dios Todopoderoso los bendigas, acompañe y proteja siempre.