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LA BRÚJULA REVISTA CULTURAL

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El título universitario en tiempos de Chat GPT

DIEGO PÉREZ RIVAS P. 8

Educar no es someter

TANNYA ARCE, P. 3

Antoine Watteau

JOSÉ CARRILLO CEDILLO, P. 4

Los leones, soldados de la Gruya

REYNALDO MAGAÑA, P. 6

Cuando el mito y la mentira se vuelve un delito ambiental

RAFAEL “RACH”

SOLANA, P. 10

DIRECCIÓN

Arturo López Juan Director General jlopez@elvigia.net

Enhoc Santoyo Cid Director de Información esantoyo@elvigia.net

Gerardo Sánchez García Director Editorial gsanchez@elvigia.net

Hugo Toscano Coordinador Editorial htoscano@elvigia.net

Gerardo Ortega Editor gortega@elvigia.net

Johana Ochoa Oficina de la Dirección General

PUBLICIDAD

Socorro Encarnación Osuna Coordinadora de Publicidad sencarnacion@elvigia.net

Patricia Ibarra Mena Ejecutiva de Cuentas pibarra@elvigia.net

Rodrigo Olachea García Diseñador Editorial

California Estrada Sánchez Diseñadora Publicitaria

EL VIGÍA DIGITAL

Joatam de Basabe Coordinador editorial El Vigía Digital

Sandra Ibarra Coordinadora El Vigía Digital sibarra@elvigia.net

Digita Media BC, S.C. de R.L. de C.V. Calle Ambar No. 984, Fracc.Mediterráneo C.P. 22818, Ensenada, B.C. Tel: (646) 120.55.57 Ext. 1021

DEL DIRECTOR:

Durante siglos, la universidad ha sido algo más que un recinto de enseñanza: ha representado un pacto social. Un acuerdo tácito según el cual la sociedad delega en una institución autónoma la tarea de formar, evaluar y certificar a quienes habrán de ejercer profesiones decisivas para la vida colectiva. El título universitario, en ese sentido, no es un simple documento; es una garantía de competencia, un signo de confianza pública y, para muchos, la llave de la movilidad social.

Hoy, ese pacto enfrenta una tensión inédita.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa —capaz de redactar textos, resolver problemas y simular procesos creativos— ha alterado de raíz los mecanismos tradicionales de evaluación. Lo que antes se consideraba evidencia suficiente del aprendizaje —un ensayo, una investigación, un proyecto— puede ahora ser producido, en buena medida, por una máquina. La consecuencia no es menor: si los instrumentos para medir el conocimiento han quedado obsoletos, también lo está, en parte, la certeza que el título universitario pretende ofrecer. No se trata de una crisis menor ni pasajera. Está en juego la credibilidad de las instituciones de educación superior. Durante el siglo XX, la universidad consoli-

dó su prestigio como filtro meritocrático: quien egresaba lo hacía tras haber demostrado, mediante evaluaciones rigurosas, un dominio mínimo de su disciplina. Esa lógica, que permitió ascensos sociales y fortaleció profesiones enteras, hoy se encuentra bajo sospecha. Frente a este escenario, han surgido dos respuestas igualmente insuficientes. Por un lado, la prohibición tajante del uso de herramientas de inteligencia artificial en el ámbito académico. Esta postura, aunque comprensible, ignora una realidad insoslayable: la tecnología ya forma parte del entorno profesional al que los estudiantes habrán de incorporarse. Negar su existencia es condenarlos a la obsolescencia.

Por otro lado, la permisividad absoluta, que abre la puerta a un uso indiscriminado de estas herramientas. Aquí el riesgo es distinto, pero igualmente grave: la formación de profesionales que delegan el pensamiento, la crítica y la creatividad a sistemas automatizados, debilitando las capacidades que precisamente justifican su certificación.

Entre ambos extremos, se perfila una tercera vía: la reflexión institucional profunda. No se trata únicamente de adaptar reglamentos o endurecer sanciones, sino de redefinir qué significa aprender, evaluar y acreditar en una época donde la

inteligencia ya no es exclusivamente humana. Esto implica establecer criterios claros sobre el uso legítimo de la tecnología, fomentar la transparencia en su empleo y, sobre todo, reorientar la enseñanza hacia habilidades que ninguna máquina puede suplir del todo: el juicio crítico, la interpretación, la duda razonada.

Pero este esfuerzo no puede recaer únicamente en el aula. Las autoridades universitarias deben asumir que preservar la calidad académica puede tener costos inmediatos —como menores tasas de aprobación—, pero resulta indispensable para sostener la legitimidad a largo plazo. Convertir a la universidad en una fábrica de títulos sin sustento sería, a la postre, despojarla de su razón de ser.

El desafío es mayúsculo. Si la universidad renuncia a su función de garante del conocimiento verificable, el título perderá su valor simbólico y práctico. Y con ello, la sociedad entera perderá un referente esencial de confianza.

La pregunta, entonces, no es si debemos adaptarnos al cambio tecnológico, sino cómo hacerlo sin sacrificar aquello que, durante siglos, ha dado sentido a la educación superior. En esa respuesta se juega no sólo el futuro de la universidad, sino la calidad misma de nuestras profesiones y de nuestra vida pública.

EDUCAR NO ES SOMETER

Justicia y Familia

La deuda emocional de quienes forman a nues tros jóvenes.

No, las nuevas generaciones no son más frágiles.

Son más conscientes. Y eso incomoda.

Han aprendido a nombrar lo que durante años se normalizó: la humillación como método, el grito como herramienta, la intimidación como forma de control. Lo que antes se justificaba como “disciplina”, hoy empieza a ser señalado por lo que es: violencia.

Y, aun así, muchos espacios educativos y deportivos siguen operando bajo esos mismos patrones.

Se sigue educando desde el miedo.

Se sigue entrenando desde la descalificación.

Se sigue confundiendo carácter con resistencia al maltrato. Durante décadas se instaló una idea peligrosa: que formar implicaba endurecer, incluso a costa de la dignidad. Que quien no soportaba el trato “duro” no tenía lo necesario. Que el respeto debía ganarse a través del sometimiento.

Esa lógica no solo es obsoleta. Es profundamente dañina.

Hoy ya no hablo desde la teoría. Lo digo desde lo que estoy viendo, desde lo que estoy viviendo de cerca. Hay jóvenes pagando un precio emocional altísimo por perseguir sus sueños. Jóvenes que, en espacios donde deberían crecer, están siendo quebrados. La ansiedad se vuelve rutina. El miedo a equivocarse paraliza. La exigencia deja de ser

motor y se convierte en amenaza.

Y lo más grave: empiezan a creer que eso es normal.

Que sentirse insuficientes es parte del proceso.

Que ser exhibidos es parte de aprender.

Que callar es parte de avanzar.

No lo es.

Aquí es donde la discusión deja de ser cómoda. Porque obliga a mirar de frente una realidad que muchas instituciones prefieren ignorar: no todas las personas que enseñan o entrenan tienen el perfil emocional para hacerlo.

Y no es un tema menor.

No basta con saber.

No basta con experiencia.

Formar implica una responsabilidad ética profunda: la de no dañar.

Pero esa responsabilidad muchas veces se evade. No solo por falta de capacitación —que ya es grave—, sino por algo más difícil de admitir: la falta de honestidad para reconocer los propios límites. Hay quienes no deberían estar al frente de jóvenes.

Y, sin embargo, lo están. Repitiendo patrones. Reproduciendo violencias. Escudándose en discursos de exigencia mientras dejan huellas que no siempre se ven, pero permanecen. Porque el daño emocional no

siempre es evidente. No deja marcas visibles, pero sí transforma la forma en que una persona se percibe a sí misma.

Un comentario puede quedarse años.

Una humillación puede redefinir una vocación.

Y frente a eso, minimizar también es violencia.

Decir “así es esto” o “así me formaron” no solo invalida a los jóvenes, también perpetúa un sistema que normaliza el abuso. Sin embargo, algo está cambiando.

Las nuevas generaciones están cuestionando. Están poniendo límites. Están nombrando lo que antes se callaba. Y eso no las hace débiles: las hace más sanas.

Pero no basta con que ellas lo identifiquen.

Siguen siendo jóvenes. Siguen necesitando adultos que respalden, escuchen y actúen.

Ahí es donde madres y padres tienen un papel que no admite omisiones.

No se trata de intervenir por todo, pero tampoco de justificarlo todo.

Cuando un joven expresa angustia, cuando el miedo sustituye la motivación, no estamos frente a “falta de disciplina”. Estamos frente a una alerta. Y las alertas no se ignoran.

Se atienden. Se investigan. Se confrontan si es necesario. Porque acompañar también implica incomodar. Cuestionar. Negarse a normalizar lo que está mal.

La formación no puede seguir sosteniéndose en estructuras que priorizan resultados sobre bienestar ni validando prácticas que atentan contra la dignidad en nombre del rendimiento.

Eso no forma. Eso deforma.

Educar y entrenar implica más que transmitir conocimientos. Implica entender que se está trabajando con personas en construcción, con identidades en formación.

Y quien no entiende eso, no debería estar en esa posición.

Las instituciones educativas y deportivas no solo tienen la facultad de formar: tienen la obligación de garantizar entornos seguros, libres de violencia y con mecanismos reales de prevención, detección y actuación. No es una concesión. Es un deber.

Porque ningún sueño debería costar la salud emocional de quien lo persigue.

Y ningún proceso de formación debería implicar perderse a uno mismo en el camino.

¿Qué estamos formando realmente, si para alcanzar un sueño hay que perder la dignidad en el camino?

¿Vale la pena llegar, si el costo es convertirse en alguien que aprendió a tolerar el maltrato para lograrlo?

Esto es para ustedes, mis hijos. Para ustedes, que saben en silencio de quiénes hablo.

Y por cada joven que está luchando por no perderse a sí mismo en el camino de lo que ama, porque ningún logro debería exigir renunciar a quien se es. Soñar no debería doler.

*Jueza especializada en violencia familiar contra las mujeres con enfoque en protección de la infancia.

Tannya Miroslava Arce González*

A partir del VIERNES 1 de M AYO de 2026

La Turicata ANTOINE WATTEAU

Antoine Watteau (1684–1721) fue el pintor que inauguró el Rococó francés con un estilo delicado y poético, creando el género de las fêtes galantes, escenas de cortejo y ocio

cortesana en imágenes cargadas de teatralidad, música y melancolía.

CONTEXTO HISTÓRICO Y ARTÍSTICO

—Nacimiento: Valenciennes, Francia, 1684.

—Muerte: Nogent - surMarne, 1721, a los 37 años, víctima de tuberculosis.

—Formación: Aprendió con Claude Gillot y Claude Audran III, lo que lo acercó al mundo del teatro y la comedia italiana.

—Movimiento: Rococó, aunque con raíces en el barroco tardío.

con su obra Embarque para la isla de Citera.

CARACTERÍSTICAS DE SU OBRA

—Temática: Escenas de ocio, cortejo amoroso, música y danza, inspiradas en la vida cortesana y en la comedia italiana.

—Estilo: Pincelada ligera, colores suaves, atmósferas bucólicas y teatrales.

—Innovación formal: Uso de diagonales y composiciones dinámicas que guían la mirada del espectador como si participara en

OBRAS DESTACADAS

1. Embarque para la isla de Citera (1717

—Obra presentada a la Academia.

—Representa a parejas que parten hacia la isla de Venus, símbolo del amor.

—Es considerada fundacional del género fêtes galantes.

2. Los placeres del baile (1717)

—Escena costumbrista de la Francia de Luis XV.

—Más de cincuenta figuras en conversación y danza, con un ritmo visual que convierte la grafía. [La Cámara del

3. El juicio de París

—Inspirado en la mitología griega.

—Paris elige entre Hera, Atenea y Afrodita.

—Ejemplo de cómo Watteau combina temas clásicos con su estilo galante. [artistasycuadros.com] (https://artistasycuadros. com/antoine-watteau/ the-judgment-of-paris/)

INFLUENCIAS Y LEGADO

Rubens y Poussin en la composición y colorido; la comedia italiana en la teatralidad.

—Legado: —Inspiró a pintores como Nicolas Lancret y Jean-Baptiste Pater.

—Su obra anticipa sensibilidades modernas: la melancolía, la fugacidad del placer y la teatralidad de la vida social. —Fue el primer gran maestro del Rococó, un estilo que dominaría la pintura francesa hasta mediados del siglo XVIII. [WikiArt.org](https://www.wikiart.org/ es/antoine-watteau)

ABRIÓ UN NUEVO CAMINO

La obra de Antoine Watteau es un puente entre el barroco y el rococó, entre la solemnidad y la ligereza. Aunque su vida fue breve, su pintura abrió un nuevo camino en la representación de la sociedad: un arte que celebra la belleza efímera, la música, la danza y el amor, pero siempre con un trasfondo de melancolía que recuerda la fragilidad de la existencia.

Su legado no sólo reside en la creación de un género pictórico, sino en haber capturado la esencia de una época que buscaba en el arte un refugio de gracia y placer frente a las tensiones políticas y sociales de su tiempo. Notas de Wikipedia

José Carrillo Cedillo

EL DISEÑO SIN FILTRO

Caracol, Un

Museo Para Ti

“¿Le puedes me ter más di seño? ¿Pero son puros dibujitos? ¿Qué tan difícil puede ser?” Son preguntas que prácticamen te cualquier diseñador ha es cuchado al menos una vez. A veces podrían responder se con horas de explicación, pero en este equipo prefieren dejar que su trabajo hable por sí solo.

una imagen genérica y una representación con identidad y valor educativo.

Pero diseñar en un museo no consiste solo en colocar textos o imágenes. También significa pensar la experiencia del visitante: qué verá primero, qué llamará su atención, dónde se detendrá y cómo recorrerá la sala. Buscamos que cada espacio despierte curiosidad; que la información no solo se lea, sino que se recuerde.

En Museo Caracol, casi fuera de la vista del visitante, existe un departamento que suele trabajar entre pantallas, pruebas de impresión y ajustes de último minuto: el equipo de diseño. Ahí se encuentran Daniela, líder del equipo, junto a sus auxiliares Briana y Christian. Los tres comenzaron como prestadores de servicio y, con el tiempo, se integraron formalmente al equipo del museo. Para todos, esta oportunidad llegó de forma inesperada y también representó su primera experiencia profesional.

Recientemente participaron en la exposición Tiburones: Sobrevivientes de la historia, un proyecto que concentró meses de planeación en un periodo mucho más corto para hacerse realidad. Fueron jornadas intensas, llenas de horas extra, presión, esfuerzo y más de una migraña, pero también de aprendizaje constante.

DANIELA

Como diseñadora, nunca imaginé trabajar en un museo. Normalmente el diseño gráfico se asocia con redes sociales, publicidad o branding, pero

la museografía es distinta. Te lleva a un espacio físico y no digital, donde hay que encontrar maneras interesantes de comunicar sin caer en lo aburrido, pero tampoco en lo absurdo. Más aún en una época donde casi todo compite por segundos de atención.

Nuestra tarea es lograr que la investigación curatorial pueda entenderse tanto por niñas y niños como por personas adultas. Antes de eso, debemos digerir toda esa información y pensar cómo representarla: con íconos, textos, colores, imágenes, texturas y tipografías. También importa cómo colocamos cada elemento; si un texto está unos milímetros más a la izquierda o ligeramente inclinado, todo cambia. Son pequeños detalles que termi nan construyendo una expe riencia completa.

Detrás de lo que muchos perciben como algo “simple” existe un proceso meticuloso de análisis, síntesis y toma de decisiones. Incluso con nue vas herramientas como la inteligencia artificial, estos proyectos siguen requiriendo observación cuidadosa, crite rio y sensibilidad. A veces, un detalle mínimo en la anato mía de un tiburón, una pro porción o una textura, puede marcar la diferencia entre

La museografía también es trabajo en equipo. Colaboramos con curadores, educadores, comunicadores, programadores, arquitectos y montajistas. Muchas veces, lo que se ve perfecto en pantalla cambia por completo al llevarlo al espacio real. Y no basta con dominar un solo programa: entran la ilustración, la animación, el modelado 3D y, sobre todo, la capacidad de resolver problemas constantemente.

BRIANA

Considero que el diseño gráfico es un aspecto clave en las experiencias museográficas, ya que mi labor consiste en transformar información compleja en contenidos visuales atractivos, claros y fáciles de comprender para el visitante. Detrás de lo que

muchos perciben como algo “simple” existe un proceso de análisis, síntesis y múltiples decisiones. Como muchos di señadores, suelo ser mi críti co más exigente: siempre hay algo que ajustar… y sí, de vez en cuando también aparece uno que otro colapso mental. Algo que caracteriza a nuestro equipo es el compromiso con la calidad. Incluso ante solicitudes “rápidas” o “sencillas”, nos resulta difícil no ir un poco más allá. Disfrutamos cuidar cada detalle y entregar propuestas funcionales y bien pensadas. En este proceso, el trabajo colaborativo ha sido clave: compartir ideas con Daniela y Christian me ha permitido superar bloqueos creativos y seguir creciendo profesionalmente. Trabajar en proyectos museográficos también implica enfrentarse a tiempos ajustados, por lo que he aprendido a equilibrar creatividad, estrategia y eficiencia. Por eso, cuando a un diseñador se le pregunta cuál es la mejor parte de un proyecto, la respuesta suele ser la misma: terminarlo, llegar a casa y descansar sin pendientes. Aunque, siendo honesto, lo mejor viene después: ver la exposición terminada y saber que mi trabajo contribuye a que otros aprendan y disfruten.

CHRISTIAN

Por mi parte, una de las partes más emocionantes del proceso es dar forma visual a ideas ajenas: desde una infografía hasta solicitudes urgentes “para ayer”. Para mí, diseñar implica ponerme en los zapatos de los demás y pensar no desde mis gustos personales, sino desde cómo el público entenderá mejor el mensaje. Además, trabajar con el equipo de divulgación, quienes suelen llegar con ideas inesperadas y entusiasmo contagioso, se convierte en una gran motivación. Ver cómo se

les ilumina el rostro al ver una propuesta terminada es, para mí, una señal clara de que el trabajo está bien hecho. En mi proceso creativo suelo escribir ideas, bocetar espacios y compartir propuestas con mis compañeras para recibir opiniones. Ese intercambio constante impulsa nuevas soluciones. También reconozco que la creatividad viene acompañada de desgaste y dudas, por lo que busco equilibrar el tiempo frente a la pantalla con actividades manuales como pintar o hacer manualidades, encontrando ahí una forma de recargar energía. Si algo nos ha regalado la museografía, es la oportunidad de convertirnos un poco en todo: biólogos, artistas, físicos, paleontólogos o narradores. Al final, la recompensa suele aparecer en momentos sencillos: la risa de un niño frente a un interactivo, la sorpresa de una familia en una sala o el brillo en los ojos de alguien que descubre algo por primera vez. También queremos decirles a colegas, futuros diseñadores y a cualquier persona interesada en una carrera creativa que sigan sus ideas. El camino puede ser difícil y no siempre habrá quienes comprendan su visión, pero con curiosidad, dedicación y esfuerzo todo es posible. Incluso esa idea que surgió a las tres de la mañana, en un sueño o de camino a casa, puede terminar generando un impacto.

*Diseñadores de Caracol Museo de Ciencias.

A partir del VIERNES 1 de M AYO de 2026

LOS LEONES, SOLDADOS DE LA GRUYA

Crónicas Rurales

En el sur inmediato de Ensenada, donde el paisaje empieza a cambiar de la brisa marina al pulso seco de la tierra adentro, se abre un territorio cargado de memoria: el antiguo Valle de la Gruya, hoy denominado ejido Uruapan. No es un sitio cualquiera. Ahí, entre brechas de polvo, cerros de vegetación rala y la cercanía espiritual de la Sierra de Juárez, se sostiene una de las genealogías más significativas de la historia regional, una que enlaza pasado y presente a través de la palabra, la sangre y la tierra.

Daniel, Vérulo y Raimundo León Cortez no son solamente descendientes de una familia antigua: son depositarios de una tradición que se remonta a la figura de José María Meléndrez, el patriota que en 1854 defendió la península del embate filibustero encabezado por William Walker. En ellos pervive no solo la memoria de aquel episodio crucial, sino la vocación de resguardar una narrativa que durante décadas fue sostenida con disciplina casi sacerdotal por su padre, Porfirio León Amador, conocido en la región como el Patriarca del Valle de la Gruya. Hablar de Porfirio León Amador es hablar de una figura entrañable y, al mismo tiempo, imprescindible para comprender la historia viva de Baja California. Nacido el 15 de septiembre de 1932 en el rancho San Miguel, al norte de La Gruya, su vida transcurrió entre relatos, recorridos y enseñanzas. No fue historiador de oficio, pero sí custodio de una memoria oral que muchos académicos y cronistas aprovecharon para reconstruir episodios clave del pasado peninsular. Su voz, firme y pausada, se convirtió en fuente primaria para quienes

buscaban entender el entramado histórico de la región.

Descendiente directo de antiguos pobladores, su linaje remite a nombres fundacionales como Juan Ignacio Ceseña, quien en 1826 recibió el predio de La Grulla como pago por sus servicios a la cruzada misional de las Californias. Aquella tierra, inicialmente llamada “La Soledad de la Grulla”, fue transformándose con el paso del tiempo hasta quedar simplemente como La Gruya, nombre que aún resuena entre los habitantes más antiguos.

La historia familiar se entrelaza con la historia nacional en uno de sus capítulos más dramáticos. Susana Ceseña, hija de aquel primer propietario, contrajo matrimonio con el soldado de cuera Guadalupe Aniceto Meléndrez Orantes. De esa unión nació Antonio María Meléndrez Ceseña, quien enfrentó y derrotó a las fuerzas filibusteras de Wi-

lliam Walker, evitando la pérdida de la península y parte de Sonora. Sin embargo, la paradoja histórica fue cruel: en lugar de reconocimiento, encontró la muerte. Fue fusilado en la misión de Misión de San Vicente Ferrer por órdenes del entonces presidente Antonio López de Santa Anna, víctima de intrigas políticas que oscurecieron su gesta. Ese agravio histórico no fue olvidado en la familia León. Por el contrario, se convirtió en una causa moral. Porfirio León Amador dedicó buena parte de su vida a reivindicar la figura de Meléndrez, a narrar su hazaña, a señalar la injusticia de su ejecución. Lo hacía en charlas informales, en caminatas por los parajes donde la historia parecía respirar aún, y en encuentros con investigadores que encontraban en él una fuente invaluable.

Su herencia no fue solo discursiva. Fue también territorial y comu -

nitaria. El Valle de la Gruya, convertido en ejido Uruapan a partir de la ola agrarista de 1937, forma parte de ese proceso histórico que redefinió la propiedad de la tierra en México tras la Revolución. La transición de rancho a núcleo agrario implicó no solo cambios legales, sino una reconfiguración del tejido social. En ese contexto, la familia León no solo permaneció, sino que asumió un rol activo en la consolidación de la comunidad. Hoy, Raimundo León Cortez, hijo de Porfirio, preside el ejido Uruapan. Su liderazgo no puede entenderse sin esa herencia histórica. En su figura convergen la responsabilidad agraria y la conciencia histórica. No es únicamente un representante ejidal; es, en muchos sentidos, un continuador de la misión paterna: mantener viva la memoria, defender la identidad, dar sentido a la pertenencia.

Reynaldo Magaña*
Los Leones.

Sus hermanos Daniel y Vérulo, por su parte, han asumido otro frente de esa misma causa. En su lenguaje cotidiano se cuelan palabras y expresiones heredadas de los pueblos originarios, especialmente de los Pai-pai, a quienes su padre profesaba un respeto profundo. Porfirio no solo reconocía su presencia histórica; los consideraba parte esencial del alma de la región. Adoptó sus formas de saludo, aprendió sus palabras, y transmitió ese legado cultural a sus hijos. Daniel, al repetir esas expresiones, no solo honra a su padre, sino que prolonga una relación de respeto que trasciende generaciones.

La genealogía de esta familia es extensa y rica en conexiones. Desde Rafael León Salgado y Ramona Espinoza, originarios de Todos Santos, hasta Lorenzo León Espinoza y Leonor López Meléndrez, se va tejiendo una red que desemboca en Vérulo León López y Dolores Amador Armenta, padres de Porfirio. De ahí surge una descendencia amplia, marcada por nombres que hoy forman parte del entramado social de Baja California.

Pero más allá de los nombres, lo que distingue a esta familia es su relación con la memoria. En una región donde el olvido suele avanzar con rapidez, ellos han resistido. Han hecho de la historia una práctica cotidiana, no un ejercicio académico distante. Han entendido que el pasado no es un archivo muerto, sino una herramienta para comprender el presente.

Porfirio León Amador falleció, pero su presencia sigue siendo palpable. Vive en los relatos que otros escribieron a partir de sus palabras,

en las rutas que recorrió señalando sitios de importancia histórica, en la conciencia de sus hijos y nietos. Vive, sobre todo, en ese compromiso silencioso de no dejar que la historia se diluya.

En tiempos donde la identidad regional enfrenta complejidades, desde la globalización hasta la fragmentación social, figuras como Daniel, Vérulo y Raimundo León Cortez

adquieren una relevancia particular. No son personajes mediáticos ni buscan protagonismo. Su labor es más discreta, pero no menos significativa: sostener el hilo de la memoria, cuidar el relato, defender la dignidad de un pasado que aún tiene mucho que decir.

El Valle de la Gruya, hoy ejido Uruapan, no es solo un espacio geográfico. Es un territorio simbólico donde convergen historia, familia y comunidad. Y en ese cruce, la familia

León Cortez sigue de pie, como testigo y como guardiana.

En Baja California, donde el viento arrastra historias y el tiempo parece moverse a otro ritmo, hay quienes entienden que recordar no es un acto pasivo, sino una forma de resistencia. Y en esa resistencia, la memoria de José María Meléndrez sigue viva, no solo en los libros, sino en la voz de quienes se niegan a olvidarlo.

*El autor es consejero regional de la crónica de Ensenada.

Youtube: Foro Agrario México

X: @ReyMagaa

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Instagram: reynaldo_magana

Treads: reynaldo_magana

Correo: reyconosil@gmail.com

Familia.
Porfirio.
Vérulo.

A partir del VIERNES 1 de MAYO de 2026

El título universitario en tiempos de ChatGPT: ¿qué estamos certificando realmente?

Tecnología y Sociedad

esde sus más lejanos orígenes, en la alta edad media, la universidad fue diseñada como una organización dotada del monopolio legítimo del saber oficial. Es decir, la universidad era una corporación dedicada a la enseñanza, la interpretación y la aplicación de los saberes considerados como fundamentales, pues originalmente se enseñaba teología, derecho, medicina y artes. El poder simbólico de la universidad ha estado estrechamente vinculado, por lo mismo, a su capacidad de emitir certificaciones con plena validez jurídica, la cual concede a sus poseedores ciertos privilegios entre los que se encuentran aquellos asociados a la movilidad social, la confianza pública y el estatus socioeconómico.

La misión certificadora de la universidad es uno de los elementos más constantes en su historia y desarro-

llo, si bien es cierto, las materias específicas de certificación han sufrido profundas transformaciones. No obstante, la documentación acreditadora de capacidades intelectuales, científicas y profesionales funciona en muchos casos como una especie de licencia que permite, por una parte, enseñar dicha profesión y, por otra, ejercer la profesión en el marco de un código profesional determinado. Quiero invitar a los lectores a pensar específicamente en un cierto tipo de profesiones cuyo ejercicio está estrictamente regulado por todo tipo de normas jurídicas. Tal es el caso de los profesionales que ejercen la medicina en todas y cada una de sus especialidades, las cuales están estrictamente supervisadas al considerarse como actividades riesgosas y sensibles que pueden poner en riesgo la vida humana. Pero también lo es en el caso del derecho, dado que su práctica legal y legítima solamente es posible cuando se accede a un título universitario y una cédula profesional que habilita a un individuo determinado a ejercer las actividades asociadas a dicha profesión. Siguiendo estos ejemplos prototípicos podríamos esbozar una gran lista de profesiones vinculadas a las leyes de salud como la odontología, la enfermería, la farmacia, química, nutrición, psicología etc.

Del otro lado, veríamos profesiones como contador, actuario, arquitecto, ingeniero, trabajador social, etc.

A lo largo del último siglo, el s XX, la universidad se constituyó en un motor del progreso social, así como en un instrumento que permitía e impulsaba la movilidad social a través de la meritocracia. Es decir, la universidad funcionaba como una especie de filtro que garantizaba que hubiera progreso social basado en la adopción de saberes y técnicas consideradas como útiles socialmente. Las políticas públicas de posguerra permitieron, de este modo, que amplios sectores sociales que antes no podían acceder a educación superior, pudieran apalancarse socialmente mediante el aprendizaje y el dominio de un campo. El valor de la certificación universitaria consistía fundamentalmente en acreditar que el portador de un título universitario estuviese capacitado con los conocimientos mínimos para ejercer una profesión con un cierto estándar de calidad.

Las universidades se distinguieron muy pronto unas de otras. Lo hicieron, en primer lugar, por el grado de libertad del que gozasen. Es decir, cuando las universidades realmente lograban separar el poder político del poder intelectual mediante la autonomía institucional, decíamos que se daban las condiciones idóneas para que los gremios de especialistas se constituyesen en una especie de filtro capaz de separar el grano de la paja. En otras palabras, cuando una universidad se encuentra distanciada razonablemente del poder político podemos asumir que sus enseñanzas y sus acreditaciones dependen menos de contenidos ideológicos y más de contenidos científicos o, al menos, epistémicamente más independientes. Por otra parte, no hay que olvidar que esa distancia del poder político permitía que dichas organizaciones funcionasen en el papel como verdaderos santuarios o refugios de libertad de opinión e investigación, cuyo fin más alto era la búsqueda libre de la verdad.

Regresando a la misión certifica dora de saberes por parte de la uni versidad, cabría decir que, al menos durante todo el siglo XX, el valor real del título universitario está asociado fuertemente a la credibilidad de que dicho documento es la representación jurídica de un grado de capacidad ve rificable a través de la evaluación y el control de calidad. En otros térmi nos, el título universitario tiene valor cuando los sistemas de evaluación de una universidad determinada se han mostrado a lo largo del tiempo como robustos y confiables.

Desde 2023 hasta el día de hoy di cho estado de cosas ha cambiado muy radicalmente. Dicha transformación ha sido puesta en marcha desde el corazón mismo de los avances tecno lógicos y más específicamente por la inteligencia artificial generativa. Y es que lo que está sucediendo en el campo de batalla es que la tecnología está avanzando muchísimo más rápido de lo que lo hacen las instituciones y los actores de los que depende la gestión escolar. Con la llegada de las tecnologías que generan texto, vídeo, audio y todo tipo de contenidos que hasta hace bien poco tiempo solamente podía ser realizado por humanos, los criterios que utilizábamos en las universidades para evaluar a los estudiantes han quedado prácticamente obsoletos.

te la estrategia “copiar y pegar”, pedir chat bot que redacte un trabajo académico, que elabore un contenido sin siquiera supervisar su contenido, y en general todo tipo de actividad en la que el estudiante no declare abierta y transparentemente el uso que ha hecho de dicha tecnología.

Tanto su servidor, como colegas de diferentes universidades en diferentes lugares del mundo, estamos siendo testigos de está subversión en el seno de las instituciones de educación superior. Aunque muchos de nosotros hemos tratado de ponernos al día en nuevas herramientas y técnicas de enseñanza, lo cierto es que el cambio es tan acelerado que es muy complicado seguir el paso. Por un lado, se nos presenta la oportunidad de prohibir o impedir cualquier tipo

de uso de la inteligencia generativa en el aula de clases y en la realización de actividades dentro del aula. No obstante, dicha respuesta no parece ser muy satisfactoria, ya que de seguirla al pie de la letra dejaríamos a nuestros estudiantes absolutamente abandonados a la deriva del desarrollo tecnológico. Naturalmente, dichas carencias tarde o temprano les van a cobrar la cuenta en el mercado laboral. Por otra parte, tenemos la posibilidad de permitirles a los estudiantes que hagan uso de dichas herramientas de forma indiscriminada en todas aquellas tareas que puedan ser suplidas verosímilmente por una máquina o sistema. Pero aquí corremos el gran riesgo de dejar a nuestros estudiantes abandonados a la deriva de las alucinaciones y errores de la inteligencia artificial generativa. La falta de capacidades básicas, de pensamiento crítico y de curiosidad auténtica puede convertirse fácilmente en otro destino indeseable

en el que los profesionales no se distinguen en nada de los ciudadanos de a pie. Si esto sucede, los cimientos mismos de la meritocracia quedarían trastocados.

Finalmente, existe una tercera vía, la cual me parece que es la mejor ubicada entre profesionales de la educación. Es decir, aquella que aconseja realizar un profundo ejercicio de reflexión de la comunidad universitaria para elegir de manera democrática y razonable qué prácticas deben considerarse como legítimas y cuáles no. Por ejemplo, una práctica que puede parecer legítima es la de usar la IAG como una forma de resumir textos, traducir textos, realizar una búsqueda bibliográfica, programar un chat bot para estudiar para un examen o hasta crear un gpt especializado con el que puedas tener profundas conversaciones sobre temas complejos. Por otra parte, las prácticas que parecen ilegítimas a todas luces son, realizar tareas median-

A escasos tres años de la publicación del primer sistema de inteligencia artificial generativa, las cosas han cambiado mucho en las universidades. Los profesores cada vez nos enfrentamos a grupos más desmotivados y a estudiantes que recurren a la inteligencia artificial generativa para ahorrarse el esfuerzo de pensar o de crear. Por otra parte, las autoridades universitarias parecen ensimismadas en sus viejas prácticas, asustadas por el número de estudiantes que podrían ser reprobados si las políticas antiplagio se aplicasen estrictamente. Y es que no hay que olvidar que a final de cuentas muchas universidades funcionan como empresas que entregan cifras. Y nadie quiere pagar el costo de tener porcentajes de eficiencia terminal ruinosos, aunque eso implique bajar el listón en el rigor de las evaluaciones que se practican a los estudiantes.

Como profesor e investigador creo que el camino no pasa solamente por las sanciones, pero sí me parece que las sanciones forman parte de un plan de acción más completo e integral, como la formación docente y la formación estudiantil en habilidades digitales, el desarrollo de habilidades blandas como el pensamiento crítico, la duda razonable y la capacidad de reflexión. De otro modo, nuestro concepto de las universidades como corporaciones confiables que certifican capacidades y habilidades pasará muy pronto a formar parte del acervo de la historia. En ese camino, perderemos mucho y ganaremos muy poco.

A

Cuando el mito y la mentira se vuelve un delito ambiental (parte 1)

Reflexiones de un Abuelo

El mito se entiende como un pro ducto de la imaginación del hu mano. Sus anhelos, sus temores o sus deseos se ven reflejado en sus mi tos. Etimológicamente la palabra proviene del griego (mythos=μῦθος) que significa relato o “comunicación de ideas mediante el lenguaje hablado”. Es decir, una creencia compartida por una comunidad, que muchas veces se hace verdad, pero inexistente e irreal.

Cuando esos mitos son producto de la convivencia del humano con la naturaleza, pueden convertirse en formas de respetar a la naturaleza, pero también pueden causar una crisis ambiental. En el primer caso, es por ejemplo lo relacionado con la bondad de la tierra (la madre tierra) que proporciona bienestar para el humano, “bien portado”: el regalo de la naturaleza. Pero “si te portas mal” la naturaleza se vengará. Ante este mito el humano se muestra respetuoso, temeroso e indulgente.

Pero cuando el humano manifiesta mitos producto de su egocentrismo en relación con lo natural, entonces el sapiens resulta una especie destructiva para los sistemas naturales e incluso contra sí mismo al anteponer esos mitos sobre el bienestar humano. Veamos algunos ejemplos del siglo XXI.

VIRILIDAD Y VEJIGA DE TOTOABA

Este pez habita en el Golfo de California y los científicos denominan Cynoscion macdonaldi. Actualmente se considera una especie en peligro de extinción producto, entre otras cosas, de la sobreexplotación clandestina. Este pez es altamente preciado por

el sabor de su carne, pero sobre todo por su vejiga natatoria, la mal llamada “buche”. El buche de totoaba es un producto muy apreciado en los bajos fondos del mercado asiático por su supuesto efecto para mejorar el rendimiento sexual del masculino sapiens. En ese bajo mundo se afirma que tiene propiedades afrodisiacas, pero además proporciona remedios para otros trastornos de la salud humana y mejora el apetito sexual: incrementa la potencia sexual (aumenta la libido), mejora la circulación sanguínea, rejuvenece la piel e incrementa la expectativa de vida. ¿Cómo lo hace?; nadie lo ha estudiado y solamente en el imaginario de personas con muy escasos conocimientos biológicos, químicos, médicos o psicológicos afirman que estos “milagros” son posibles y que este buche ha sido utilizado en la medicina tradicional china. Esto, aunque nadie explica cómo llegó allí en épocas pasadas y cómo se estableció esa cadena de distribución que llevó el famoso buche desde el Golfo de California hasta un “oscuro y humeante” consultorio de algún hechicero oriental con “profundos” conocimientos de la química del buche de totoaba. Esto, seguramente, solo esta en el imaginario de personas que han establecido un comercio ilegal y los ingenuos sapiens que buscan mayor potencia sexual o “rejuvenecer” su ya gastada piel. Pero eso sí, ese

mito convertido en mentira y delito, se convierte en dólares reales para los embaucadores del mercado negro del buche de totoaba, que venden su producto hasta en treinta y cinco mil dólares el kilogramo.

A todas luces la extracción y explotación ilegal de totoaba es un delito, y así debe nombrarse: no es una pesca o captura hecha por los hombres de mar. El impacto de esta actividad es resentido en todo el ecosistema del Golfo de California. La extracción ilegal, no regulada y no reglamentada, hace que el pez totoaba hoy se encuentre en riesgo, la pesca legal en persecución constante y el ecosistema impactado por las artes de pesca que son utilizadas de manera clandestina. El pez se encuentra en riesgo, ya que su extracción no está acompañada por el conocimiento científico. Por ejemplo, no discrimina por tamaños o los niveles de madurez sexual de los peces, elementos esenciales para entender la biología y ecología de la especie, y su historia natural como su ciclo de vida. En cuanto al impacto en el ecosistema, esta actividad ilegal daña otros elementos biológicos y abióticos. Para extraer este pez se usa la denominada red de enmalle a la deriva, que como su nombre lo indica, el pez queda enmallado (enredado) entre los hilos de la red, lo cual le impide su escape y le dificulta el intercambio de gases a través de sus agallas. Estas re-

des cuando ya no son útiles o cuando deben abandonarse por la presencia de la autoridad se dejan a merced de la corriente y viajan sin remedio por amplias áreas atrapando indiscriminadamente peces de totoaba y otros que, al quedar atrapados, mueren. A este tipo de efecto se le denomina “pesca fantasma”, que tiene la capacidad de destruir grandes ecosistemas. Adicionalmente, dado el material con que son confeccionadas las redes, en el largo plazo estas redes ilegales contribuyen a incrementar los microplásticos en el ambiente marino, que finalmente llegan, vía la cadena alimenticia, al plato de cualquier sapiens que le guste comer pescados y mariscos.

En el mercado de pescados y mariscos la extracción de totoaba puede causar distorsiones importantes. Por ejemplo, dado que el producto con valor es el buche (vejiga natatoria), el cuerpo del pez es desechado o es potencialmente introducido al mercado legal a precios muy bajos dado que es comercializado sin documentos que amparen su captura (por ejemplo, una factura). La totoaba es un miembro de la familia de las curvinas que son apreciadas en las mesas del humano. Una totoaba totoaba que se comercializa en el mercado local que no lleva ni cabeza ni cola es fácilmente confundida con una curvina, a menos que se usen sofisticados métodos de identificación.

Rafael “Rach” Solana*

Debido al daño que causa en el ecosistema y al humano esta extracción ilícita de totoaba, las autoridades en materia de pesca y de vida silvestre (Semarnat) han ideado una serie de procedimientos para inhibir esta actividad. Todas estas acciones acompañadas por pescadores legales, las ONG y la ciencia. Ejemplo de ello es el cultivo de totoaba que, además que ha sido un importante avance para la ciencia, ha impactado en la maricultura comercial. Asimismo, tiene una fuerte reglamentación para la conservación de la especie (por ejemplo, la norma oficial mexicana de especies en peligro de extinción) y ha desplegado importantes actos de vigilancia, tanto en las zonas donde se extrae como en los mercados nacionales e internacionales (con la colaboración de otros países). Pero a pesar de todos esos inhibidores y otras formas de producir totoaba, esta actividad no cesa.

¿Qué hace falta?: Combatir ese mito de la potencia sexual. Actuar de manera transdisciplinaria desde la educación básica hasta incluso en los sitios recreativos de adultos. Estas acciones, aunque lentas, en el largo plazo suelen ser efectivas.

MARFIL,

SANTO MILAGROSO

Las figuras milagrosas hechas de marfil son las guardianas de humanos. En Filipinas, este mito se extendió desde el siglo XVIII, cuando artistas chinos elaboraban figuras de santos con este material. Y esta elaboración contribuyó a que estas estatuillas se asociaran a una gran devoción religiosa, lo cual penetró en la cultura de esa época y ha seguido hasta el siglo XXI. Estas esculturas no solo eran objetos de arte, sino también representaban un legado de tradiciones espirituales y una forma de expresión artística que reflejaba la interacción entre la cultura asiática y la cristiana. Todos sabemos que en Filipinas no hay rinocerontes y elefantes, nativos. Las poblaciones de las diferentes especies de paquidermos y los perisodáctilos (rinocerontes), se distribuyen principalmente en el continente africano. Las especies de elefantes (que también viven en la India) que pro- ducen marfil solamente viven en África, principalmente. Así que este raro y valioso material proviene de la caza ilegal de estos dos grupos de estas especies que están al borde la extinción en algunas áreas africanas. Para combatir el tráfico ilegal de marfil, las autoridades de muchos países africanos y organizaciones in-

ternacionales (Cites: Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres), conjuntamente con ONG y la ciencia, han desarrollado una serie de mecanismos para combatir la caza ilegal de elefantes y rinocerontes para mitigar sus consecuencias. Han, por ejemplo, endurecido las leyes contra los cazadores furtivos y los traficantes de marfil (Sudáfrica, Namibia y Botsuana). Asimismo, han creado granjas de refugio y crecimiento para juveniles de especies de elefantes y rinocerontes y han desarrollado una guardia multinacional para la vigilancia estricta y contra las actividades ilícitas. Con todo, sus poblaciones están en peligro de extinción.

Aunque las acciones emprendidas contra la caza ilegal de elefantes y rinocerontes han disminuido, esta no ha sido erradicada. Los incentivos económicos son elevados: en el mercado negro un kilogramo de marfil puede alcanzar un precio entre dieciocho mil a treinta mil dólares.

¿Qué se debe hacer?: Combatir ese mito del santo niño de marfil.

La industria verde apoya a la conservación de las especies.

A las actividades turísticas se les conoce como la industria sin chimeneas y algunos incluso la refieren como industria verde. Y sí, aparentemente es inocua con el ambiente y hace “renacer” el espíritu natural de los usuarios de esta industria. Sin embargo, por debajo de las mesas de los restaurantes, de las camas de sus cómodas habitaciones, de los jardines (¿kitsch?) de sus hoteles o de sus actividades “ecológicas-recreativas” (lo que quiera decir esto) ronda el fantasma del impacto ambiental.

La huella ecológica de una instalación turística es mucho más profunda

que una infraestructura urbana. Algunos ejemplos. El consumo energético de un hotel es un 60% a 70% más elevado que los edificios típicos de una zona urbana, por metro cuadrado (https://obras.expansion.mx/arquitectura/2024/06/05/que-hace-que-un-hotel-sea-sustentable). La huella hídrica por humano en una instalación hotelera actualmente se considera un problema crítico (https://www.prostay. com/es/blog/sostenibilidad-hoteles/).

La generación de residuos per capita es superior en instalaciones turísticas comparada con un ambiente de ciudad. Y, en general, por el alto consumo de energía en infraestructura hotelera, se incrementan considerablemente las emisiones de CO2, cuando no hay otras fuentes de energía. Es de reconocer, que todas estas problemáticas han sido mitigadas y minimizadas por la implementación de prácticas sostenibles y el uso de herramientas para el monitoreo y mediciones de contaminantes, que han ayudado a tomar mejores tomas decisiones, aunque esto no ha sido suficiente.

¿Qué hace falta?: Reconocer esos problemas y eliminar el mito que algo sin una chimenea no es contaminante. Algo más: educación ambiental.

Pero para este caso me quiero referir al uso de la biodiversidad como elemento recreativo; en especial al caso de nadar entorno al tiburón ballena (Rhincodon typus). Este pez gigante, con todo y que se llama tiburón, que puede llega a medir hasta 20 metros y pesar hasta 34 toneladas, es una especie que se alimenta de plancton, pequeños peces y crustáceos. Por todas esas características, su lento desplazamiento y su “atractivo”, entorno a los individuos de estos titanes del océano, que visitan de vez en vez áreas cercanas a destinos turísticos

(por ejemplo: el caribe mexicano), se ha desarrollado un turismo de aventura consistente en nadar cerca de ellos. Esta actividad atrae a muchos turistas ociosos de tal forma que, por más regulaciones sobre el comportamiento de las personas entorno a estos colosos, los entusiastas nadadores (que cada vez se aglomeran más) infringen deliberadamente las reglas para tomarse una selfie. La cantidad de personas que se aglutinan entorno al un tiburón ballena y sus erráticos comportamientos, impactan severamente en el comportamiento de este, los desorienta y, sobre todo, alterar de manera temporal o permanente, su capacidad de alimentación o inhiben su reproducción (algunas zonas donde se nada con el tiburón ballena son áreas de reproducción). Y a todo esto, hay que sumarle al incremento del riesgo de colisiones de las embarcaciones con alguno de esos animales. ¿Qué se debe hacer? Educación ambiental, en donde se refuerce el conocimiento de que el humano no es la especie elegida por los dioses y que la naturaleza no esta a su servicio. Fomentar la conciencia ecológica y la justicia ecológica.

Aunado a lo anterior, están otros mitos y creencias de la relación entre el humano y el ambiente. Por ejemplo, en relación al Cambio Climático hay mitos que niegan el efecto de las actividades humanos o las ocultan. Entre otros, tenemos los siguientes (https:// www.consumer.es/medio-ambiente/ bulos-cambio-climatico-desmontamos-siete-teorias-negacionistas):

• El cambio climático no es real

• Los embalses se vacían para crear sequía

• El Calentamiento climático se debe a la fumigación aérea con pesticidas

• No es para tanto cuando la temperatura ambiental sube uno o dos grados centígrados

• El clima siempre ha cambiado a lo largo de su historia

• El CO2 es beneficioso para las plantas

• El calentamiento se debe a que la fuerza del sol es cada vez mayor

¿Qué hacer? Reforzar el pensamiento crítico.

* Consultor ambiental. rsolana@biig-consultores.com

LLEGADA DE HERNÁN CORTÉS A SANTA CRUZ

se unieran a la causa hispana.

Una de las existencias más intensas alguna vez vividas fue la del conquistador de Tenochtitlan. Vamos a tratar tres momentos de su vida.

En el primero, podemos decir que tuvo su ápice entre los años 1519 y 1524.

Desde que desembarcó en Cozumel, donde rescató a Jerónimo de Aguilar, un náufrago que fue capturado por los mayas, y que sabía la lengua local. Le fue útil a Cortés como intérprete del maya en Centla, donde, después de unas luchas feroces, fueron vencidos los centlecas.

Como muestra de paz, ahí le entregaron 20 mujeres y otros tributos de guerra. Entre estas mujeres, estaba una muy inteligente, con gran capacidad para los idiomas, de origen noble, muy desenvuelta y de agradable apariencia física: era Malinalli, quien, posteriormente, devino en Malinche. Sabía maya y náhuatl, lo que ayudaba a que entre Aguilar y ella, tradujeran del náhuatl al español, en un principio. Posteriormente, ella aprendería el castellano.

Gracias a ella se pudo establecer una alianza con los cempoaltecas, que ayudaron a que, después de algunas escaramuzas, los tlaxcaltecas también

Superaron la celada que les estaban preparando los guerreros de Cholula, para después llegar a Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519, y permanecer ahí hasta el 30 de junio de 1520.

Pasó todo el periplo de la noche triste desde su salida por la calzada de Tacuba hasta el regreso con sus aliados de Tlaxcala. Se planeó entonces el sitio a los mexicas de Tenochtitlan, que culminó con la derrota de éstos el 13 de agosto de 1521.

Los soldados vencedores se fueron a vivir a los pueblos aledaños, mientras se reorganizaba la distribución de los espacios dentro de las ruinas de lo que posteriormente iba a ser la Ciudad de México.

Cortés se fue a vivir a Coyoacán con la Malinche, donde nació su hijo Martín.

Hasta aquí, a la Malinche se le reconoció, como decía Gonzalo Rodríguez de Ocaña que, después de Dios, ella había sido la causa de la conquista de la Nueva España. Después asomaron los problemas.

AQUÍ, EL SEGUNDO MOMENTO

Cristóbal de Olid había sido enviado por Cortés a explorar la región de Las Hibueras, en Honduras, con el fin de poblarla y conquistarla, y ver la posibilidad de que hubiera un paso hacia el Océano Pacífico. De esta manera, Cortés afianzaría su dominio ante Diego Velázquez, con quien seguía en pleito.

No obstante, Olid se alió con Velázquez, por lo que Cortés organiza una expedición contra Cristóbal, que resultó de consecuencias muy adversas. Es octubre de 1524.

Columna INAH BC
John Joseph Temple SG*
Hernán Cortés en el Códice Weiditz.

En esta marcha, que pasa por zonas de muy difícil acceso, despobladas, con abundantes ríos caudalosos, zonas selváticas, sobrevinieron muchas necesidades, fatigas y muertes por hambre, lo que posiblemente motivó el connato de rebelión encabezada por Cuauhtémoc, quien, descubierto, fue condenado a la horca en Itzamcanac, con Tetlepanquetzal.

Al llegar al lugar donde estaba Olid, éste ya había sido muerto hacía tiempo, por lo que la expedición, con todos sus reveses, resultó inútil.

Conjuntamente, durante la ausencia de Cortés, la ciudad de México había sido sometida por sus adversarios, y sus propiedades, redistribuidas. Y es que se corrió el rumor de que todos habían muerto en la expedición. Todo esto le trajo problemas de índole administrativa y legal, pero, sobre todo, personal.

EL TERCER MOMENTO VIENE POCO DESPUÉS

Después del fracaso del rescate de los náufragos de la Nao Trinidad, la del viaje de Magallanes–Elcano, Cortés quedó con la compulsión de explorar el Mar del Sur, como entonces se le conocía al Océano Pacífico. En dos exploraciones que organizó, apenas se descubrieron algunas islas despobladas y hubo una primera llegada a la Bahía de la Paz. Pero, al no haber ido él al mando, decidió ir en persona en una tercera expedición podría completar la hazaña. Y lo hizo en grande. Desgraciadamente.

Llegó a Santa Cruz (hoy La Paz), el 3 de mayo de 1535. Aún se veían los restos de una de las anteriores expediciones.

Llevó 300 soldados, 34 colonos casados con sus mujeres. 150 caballos, comestibles, indígenas, negros y naborías en número no especificado, y equipo para

mantener una colonia por el tiempo que llevara hacerla autosuficiente, a su criterio.

Para tener que llevar a todo este personal, comida y equipo, había que hacer varios viajes entre la costa de Nueva Galicia y Santa Cruz. El navío con los alimentos y bebidas encalló, y fue difícil recuperarlos y llevarlos. La navegación era turbulenta.

Pero peor fue la estancia en Santa Cruz. El clima era seco, sin posibilidad de agricultura. Casi no había agua para beber. No había pastos para los caballos, y, en fin: empezaron a morir, sobre todo los indígenas, los esclavos de origen africano y hasta españoles.

Ante este panorama, la esposa de Cortés, auxiliada por el recién llegado virrey de la Nueva España, rescataron a una parte.

En Santa Cruz se dejó a Francisco de Ulloa a cargo de los restantes colonos que, a su vez, fueron reintegrados después al resto de Nueva España.

De estos acontecimientos, Nuño de Guzmán, némesis de Cortés, dejó una Probanza ad Perpetuam rei Memoriam, es decir, para perpetua memoria del asunto, en la que se regocija en obtener testimonio de algunos de los pobladores de Santa Cruz, desacreditando todo el proyecto.

En las declaraciones, hay un avance de lo que después Kino, en 1683 y, posteriormente, los jesuitas de Juan María de Salvatierra, a partir de 1697, van a encontrar ahí mismo.

Cortés siguió envuelto, hasta su muerte en 1547, en proyectos que no alcanzaron las alturas de lo que fuera el primer momento aquí brevemente reseñado.

* Arqueólogo. Sección de Arqueología Histórica del Centro INAH Baja California.

Mapa del siglo XVII, cuando se creía que California era una isla
Malinche y Cortés en Xaltelolco, Tlaxcala. Wikipedia.

LOS CAÑONES DE NAVARONE

El Valor de la Vida

Aciencia cierta, ¿quiénes de los lectores recuerdan aquella guerra que por el poderío de las armas se distinguió y que se refiere precisamente a Los cañones de Navarone. Terrible guerra bélica allende el año de 1961 que trascendió la historia debido a lo cruenta de ésta? Durante la II Guerra Mundial (1939–1945), los alemanes dominan las aguas del Mediterráneo gracias a un eficaz sistema de defensa que los aliados no pueden contrarrestar. La causa de la superioridad alemana es el fortín de Navarone, que, gracias a sus gigantescos cañones cuyas dimensiones eran mayores a 18 metros de largo y más de 15 pulgadas de diámetro y que podían recorrer una distancia mayor a 35 kilómetros, cie- rra el paso a la navegación por el mar Egeo. Épica de principio a fin.

Este es el argumento: En 1943, la Armada británica no es capaz de rescatar a 2 mil soldados atrapados en la Isla de Kheros, ya que dos poderosos cañones alemanes en la cima de la isla Navarone están hundiendo los buques aliados. Después de un ataque aéreo fallido, el comando aliado decide enviar un equipo de seis hombres disfrazados de pescadores a Navarone para destruir los cañones. El escuadrón está comandado por el mayor Roy Franklin y compuesto por el capitán Keith Mallory, quien es un experimentado escalador de montaña, y su excompañero el coronel Andrea Stavros. el experto en explosivos John Anthony Miller, el ingeniero CPO “Carnicero” Brown y el asesino griego Spyros Pappadimos, quien nació en Navarone. Navegan durante la noche y después de un encuentro con una lancha patrullera alemana y una tormenta en el mar, llegan a Navarone y el capitán Mallory necesita escalar una cara del acantilado durante una intensa noche lluviosa para continuar con su misión.

Con un elenco de primera categoría entre los que brillan Anthony Queen, Gregory Peck, J. Lee Thompson al menos, esta película se lleva un merecido Oscar y varias nominaciones.

Para los no conocedores de esta historia, es ficción. Gana un Oscar.

En fin, derivado de esta película tomo el título para realizar un pequeño cambio al renombrarla de la siguiente manera: Los baches de Navarone. Así es, me refiero a la pesadilla del pueblo ensenadense que emulando los grandes cañones, mues-

tra enormes y granados hoyos que surcan prácticamente toda la ciudad, excepto claro por cuestiones de lucimiento, el centro de la ciudad, y que tornan a los muchos automovilistas en víctimas de un estrés ya que incluso no podemos apreciar el paisaje sin que seamos sorprendidos cayendo en un bache. No menciono el elenco estelar porque me avergüenza. No sólo es cuestión de la dura molestia, sino de que al mismo tiempo la suspensión de los vehículos va en firme deterioro, así como el daño sicológico, haciéndonos un poco menos tratables puesto que esta situación afecta nuestra sensibilidad y aún el desarrollo de nuestras actividades en general.

Debo tomar como ejemplo de urbanidad a Estados Unidos ya que es nuestro vecino. Un país super desarrollado al lado de otro país subdesarrollado. Claro que en por demás soberbia aclaramos el que ni a los talones nos llegan, ¿verdad? Y la verdad es que ni siquiera podemos darnos el lujo de copiarles sus éxitos urbanísticos porque no se comparan con los nuestros. Denle un vistazo al tren Maya. Todo un éxito. Está calculado que en los siguientes 300 años se recuperará la inversión. Ya no fui testigo del resultado. Ni modo.

Ni un solo bache en los condados, y si aparece uno, a la siguiente noche queda reparado. ¿Milagro? No lo creo, y sé de ciencia cierta el que la funcional administración define como importante el que el productor de riqueza, el de a carro circule agradablemente por las calles bebiendo su taza de café, escuchando música, y llegue a su destino a producir en grande. Claro. Es como llegar en avión al aeropuerto de Francia, de lujo. Mas si en el trayecto corremos el riesgo de que por sacarle la vuelta a un bache chocamos, todo se acaba.

Como observación personal, mi vivienda se sitúa en las afueras de Ensenada, hacia El Sauzal de Rodríguez y normalmente decido tomar el Bulevar Fernando Consag hacia el centro ya que me motiva y relaja el hermoso paisaje de nuestro mar (lo que queda). Esto me produce una sensación de bienestar y al arribar a mi destino llego por demás motivado.

Por otro lado, saliendo del centro de la ciudad y circulando por las calles de la periferia todo se termina. El espejismo del centro de la ciudad desaparece para dar lugar a la verdad. Una ciudad denominada majestuosa como se señala al entrar al bulevar Costero queda muy lejos de la realidad puesto que el estado de las calles, prácticamente todas adolecen de pavimento en un 30 por ciento. Esto genera situaciones insostenibles que, por parte de las autoridades, intentan manejar el asunto como parte de una cultura. La cultura del bache, y recuerdo hace varios ayeres el eslogan particular que decía: “Adopta un bache”. Penoso. Mas con el tiempo y la escasez de paciencia aparece otro que señala: Estoy harto de los baches.

Todo este caso jamás en la vida comercial de Ensenada ha sido erradicado. ¿Las causas? Importancia relativa.

Lista de daños y secuelas al respecto:

Daños Mecánicos: Llantas, rines, amortiguadores y sistemas de dirección y suspensión son los más afectados.

Seguridad: Riesgo de accidentes, especialmente para motociclistas y ciclista.

Económicos: Costos de reparación de hasta 12 mil pesos por vehículo.

Sicológicos: Shock e impotencia El impacto repentino y violento genera una sensación de shock inmediato y frustración al ver el daño al vehículo. Ansiedad al Conducir (Amaxofobia) Miedo o nerviosismo al volver a transitar por la zona o temor excesivo a encontrar nuevos baches.

Estrés y preocupación: La incertidumbre sobre el costo de la reparación y el tiempo que el auto estará en el taller genera ansiedad financiera y personal.

Culpa: Pensamientos recurrentes sobre si el incidente pudo haberse evitado (debería haber visto el bache).

De innumerables situaciones adolece nuestra ciudad ubicándonos en una posición que no permite el verdadero disfrute de transitar al menos, dignamente por nuestras calles. De la misma manera, no callemos nuestras voces en cuanto a lo justo, a lo verdadero, a lo de buen nombre para así aspirar a la plenitud merecida como ciudadanos que tributamos sin cesar y que contribuimos al desarrollo de nuestra ciudad.

¡Cuidado! ¡Un bache!

jrudametkin@gmail.com

Juan Rudametkin

A partir del VIERNES 1 de M AYO de 2026

EN LA ANTESALA DE LA VIOLENCIA

FRANCISCO MORALES

Agencia Reforma

Un fenómeno editorial suele acaparar los titulares por el total de ejemplares vendidos y las reimpresiones que se han agotado, pero éste no es el caso de Comerás flores (Libros del Asteroide), la primera novela de la española Lucía Solla Sobral. Sí, ha vendido ya más de 100 mil ejemplares y está en su vigésima reimpresión, pero lo que ha dominado las conversaciones, tanto en redes sociales como en el boca a boca, es la potente identificación de las y los lectores con su retrato del maltrato psicológico, el duelo y la amistad.

Ahí se narra la historia de Marina, una joven de 25 años que acaba de perder a su padre, y su encuentro intempestivo con Jaime, un hombre 20 años mayor que rápido la deslumbra con su aparente encanto y los lujos de una vida acomodada que ella no puede permitirse.

Subrepticiamente, de a poco, Jaime comienza a adquirir el control de la vida entera de Marina, primero con una atención excesiva —lo que hoy se conoce como love bombing— y después con exabruptos que, progresivamente, elevan el nivel de la violencia.

“Por desgracia, todas fuimos, o la amiga de una chica que sufrió malos tratos, o esa propia chica”, señala la autora, en entrevista, sobre la identificación que ha propulsado el éxito del libro.

A partir de los comentarios de numerosas lectoras —pero de lectores también—, Solla Sobral (Marín, Galicia, 1989) supo que el libro está siendo regalado ampliamente por personas que buscan explicar a sus seres queridos las situaciones de maltrato por las que pasan, o han pasado, y también por quienes buscan advertir a sus cercanos sobre las relaciones de riesgo que perciben.

De manera contundente, la novela ha llegado a poner en la conversación pública un tema del que no se habla lo suficiente.

“Se trata muy poco sobre el maltrato psicológico. Y se trata también muy poco el maltrato físico. En España, por lo menos en las noticias, sólo nos hablan de violencia de género cuando hay un asesinato”, evalúa la novelista.

“Hasta entonces no pasa nada, o sea, nunca se habla de la antesala al asesinato; no se habla de todo lo que pasa antes de que te den una paliza o que te amenacen de muerte”.

OCURRE A CUALQUIERA

Nacida en el taller de escritura de la autora Marta Jiménez Serrano, primero como un cuento titulado

La casa del terror, la novela construye a Marina, de

a flor de piel, Marina es presentada como una joven inteligente, con amplias lecturas sobre feminismo, que batalla con la precariedad laboral que aqueja a su generación, pero que está arropada por un entorno familiar amoroso, una amiga incondicional, Diana, y su perrita Frida.

Aun así, como puede ocurrirle a cualquiera, Marina es cautivada por Jaime, un narcisista e inseguro hombre de 45 años, esnob y pedante, que se declara “compositor de atmósferas”, aunque su profesión estaría mejor descrita con el término “decorador de interiores”.

manera consciente, como una joven que elude al estereotipo de la mujer que padece maltrato.

“Me daba cuenta de que las pocas veces que se habla, se suele dibujar un perfil muy concreto de víctima, como si hubiese un único perfil, que es una mujer aislada, sin recursos, sin formación, migrante”, explica.

“Entonces, si nos dibujan ese perfil y tú empiezas a sufrir violencia machista en tu relación, no te vas a sentir identificada con eso; no vas a creer que eres víctima de violencia, creerás que te está pasando otra cosa, porque ‘tú no eres así’, porque no esperas que te pase eso a ti”.

Al inicio de la novela, con el duelo por su padre

Convencida desde el inicio de que lo que quería retratar era el maltrato psicológico, la autora realizó un amplio sondeo entre amigas y conocidas para identificar los comportamientos más recurrentes de este tipo de violencia machista.

Éstos terminaron configurando las acciones manipuladoras de Jaime: periodos prolongados de la “ley del hielo”, aventar y romper cosas en casa, controlar el vestuario y la alimentación, y acelerar el automóvil a más de 200 kilómetros como método de intimidación.

“Siempre tuve claro que quería ceñirme a eso, porque creía que era necesario que, desde la literatura, lo tratemos, y porque en ese mismo taller literario en el que yo estaba, recuerdo que un compañero, cuando envié una escena, me dijo: ‘¿Sólo va a pasar esto?’, porque le parecía poco. La violencia le parecía muy baja, o muy floja”, recuerda.

“Y me llamó la atención que necesitase más violencia para que le pareciese importante. Entonces, para mí eso fue muy motivador y dije: ‘No, 100 por ciento me tengo que ceñir a esto y que esto parezca lo que es: que es grave’”.

Periódicamente durante la novela, Marina hace un recuento de todo aquello que tiene en su vida: “Tengo: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto”, declara al inicio. Una lista que, progresivamente, se va haciendo cada vez más corta, dominada por la presencia manipuladora de Jaime, en su intento por abarcarlo todo.

PROSA VERTIGINOSA

La novela debut de Solla Sobral ha sido reconocida también por una prosa vertiginosa, en ocasiones un tanto asfixiante, cargada de lirismo.

“Yo leía muchísimo en voz alta lo que escribía para calcular esa asfixia, porque necesitaba que la lectura se atragantase casi del ritmo que lleva ella con los pensamientos, con esos monólogos internos que tiene. Yo quería que el lenguaje se adaptase a lo que Marina va sintiendo, no al revés, no adaptar los sentimientos de Marina al lenguaje”, expone.

“Y esa lírica que tiene, sobre todo al principio, también va acorde con la inocencia, o la ingenuidad de Marina, con lo naíf que tiene, sí, un toque medio infantil y cómo concibe el amor, y se va perdiendo un poquito según avanza la historia.

“Ella también va cambiando su concepto del amor y va madurando y se va perdiendo un poco ese lirismo, aunque lo mantiene hasta el final, pero el final es mucho más prosaico”.

V DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN. CICLO A

Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Día del Señor

Jesús en el evangelio nos revela el rostro auténtico de Dios: “Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Ver a Jesús es ver al Padre. Jesús es el “Camino” para llegar a Dios, quien nos coloca delante de la auténtica “Verdad”, el único que puede dar “Vida”. Nadie va al Padre sino por él. Como cristianos al proclamar nuestra fe en Jesús resucitado, mostramos el rostro del Padre a la humanidad.

Jesús es nuestro Camino al Cielo. Es el camino que hemos de recorrer durante esta vida terrena para llegar a la Vida Eterna, para llegar a la Casa del Padre, donde está Él. No vamos solos en el camino, vamos acompañados de todos aquéllos que buscan hacer la Voluntad del Padre, Jesucristo mismo nos acompaña y nos guía en el Camino, y al mismo tiempo nos ayuda a llevar nuestra carga. El camino, tanto el interior como el exterior, es siempre un itinerario que hay que hacer para llegar de un sitio a otro. Jesús es para nosotros el camino para llegar al Padre; el mismo Jesús es nuestro camino.

Cristiano es el creyente que recorre siempre el camino de Jesús: vive de la verdad, y la verdad lo conduce a la vida. Lo contrario de la verdad es la mentira, y lo contrario de la vida es la muerte. Al camino verdadero se opone el camino mentiroso. Junto a “los caminos de Dios” están también “las sendas del mal”, por eso debemos distinguir el verdadero camino.

Cristo es el camino, y la verdad, y la vida, sin negar que hay muchos hombres y mujeres, los más, que no han conocido a Cristo ni lo conocerán. De he -

cho, Dios ha querido que sus hijos tengan a su disposición otros muchos caminos, pero todos conducen al mismo fin.

Si ya conocemos ahora el camino, la verdad y la vida. ¡Cómo somos todavía tan insensatos para caminar por sendas de error y de mentira, por caminos que solo conducen a la muerte! Sígueme, nos dice Jesús, y nuestra respuesta debe ser, aquí estoy, Señor, para caminar contigo, para hacer tu voluntad, siempre, a cada instante, en unión con tu divino Corazón.

No perder de vista hacia dónde nos dirigimos. Por más atareados que estemos en nuestras ocupaciones diarias, nunca olvidemos que somos ciudadanos del cielo. Donde llegó nuestro Señor y Maestro, allá estamos invitados todos, sin excepción.

¿En qué caminos nos movemos? ¿Cómo podemos hallar el camino del Señor?

¿Qué significa que Jesús es el camino? Dios es inaccesible para nosotros; con nuestras limitadas fuerzas humanas no podemos acercarnos a él. Pero sí podemos hacerlo por medio de Jesús.

¿Qué significa que Jesús es la Verdad? Significa que sólo por medio de él podemos conocer el misterio de Dios; en él está la respuesta a los interrogantes más profundos del ser humano.

¿Qué significa que Jesús es la Vida? Significa que nosotros logramos la unión con Dios Padre, que es la vida eterna, sólo a través de la unión con Jesús. Así nuestra mortalidad queda impregnada de eternidad.

Hoy el Señor nos invita a que no vayamos por la vida siguiendo caminos falsos que hacen que nos perdamos; que busquemos más bien la verdad, porque todos necesitamos la verdad para poder vivir, que no nos dejemos engañar por ese ambiente de falsedad en el que vivimos, donde todo es relativo y engañoso.

Que Cristo, nuestro Camino, Verdad y Vida, los bendiga hoy, acompañe y proteja siempre.

* Presbítero. cpomah@yahoo.com

(JN 14, 1-12)

Carlos Poma Henostroza*

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