Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia
SOFÍA SALGADO P. 8
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DEL DIRECTOR:
Cada 11 de febrero el calendario internacional nos recuerda el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La fecha, impulsada por la Organización de las Naciones Unidas, busca visibilizar la participación femenina en los campos científicos y tecnológicos. Sin embargo, más allá de la conmemoración, la reflexión que se impone es incómoda pero necesaria: ¿estamos hablando de un reconocimiento genuino o de una estrategia funcional para objetivos económicos y productivos más amplios? En el discurso contemporáneo se repite con frecuencia que empoderar a mujeres y niñas genera desarrollo, crecimiento e innovación. La frase es correcta, pero su insistencia revela una paradoja: pareciera que la inclusión femenina se justifica más por su rentabilidad que por un principio de justicia elemental. Cuando la equidad necesita explicarse en términos de utilidad económica, algo sigue desbalanceado en la estructura cultural que la sostiene. La ciencia ha sido históricamente un territorio de exclusiones silenciosas. Nombres como el de Rosalind Franklin —cuyas aportaciones al descubrimiento de la estructura del ADN fueron ignoradas durante décadas— nos recuerdan que el conocimiento no sólo se construye con descubrimientos, sino también con omisiones. Reconocer hoy a las científicas invisibilizadas no es un acto simbólico menor ni un gesto tardío: es una forma de reescribir la memoria colectiva y ensanchar el horizonte de lo posible para las nuevas generaciones. No obstante, la problemática no se reduce al pasado. En la actualidad persisten estereotipos, jerarquías laborales y brechas de oportunidad que se mani-
fiestan de manera sutil pero constante. Programas de becas, convocatorias con enfoque de género y discursos institucionales de igualdad han generado avances, sí, pero con frecuencia se quedan en la superficie. La equidad no se mide por la cantidad de iniciativas anunciadas, sino por la transformación real de las condiciones de acceso, permanencia y liderazgo.
En este escenario, el énfasis en las niñas adquiere una relevancia particular. La infancia es el territorio natural de la curiosidad, del asombro y de la pregunta sin miedo al error. Promover la ciencia en niñas no debería entenderse como una estrategia para producir futuras profesionistas altamente calificadas, sino como un acto de dignificación cognitiva: permitirles pensar, cuestionar y crear sin las barreras invisibles que históricamente han limitado su participación. Cuando una niña se reconoce capaz de descubrir, no sólo se fortalece su futuro individual; se enriquece el pensamiento colectivo.
Hablar de mujeres en la ciencia no es hablar de cuotas ni de concesiones, sino de justicia histórica y de inteligencia social. La inclusión auténtica no consiste en abrir una puerta de manera temporal, sino en desmontar las paredes que la hicieron necesaria. Apostar por la presencia femenina en el conocimiento científico es, en el fondo, apostar por una sociedad más completa, más crítica y más humana. Porque la ciencia, cuando excluye, se empobrece; y cuando integra, se expande. La brújula apunta, entonces, no sólo hacia el progreso tecnológico, sino hacia una ética del conocimiento donde nadie deba pedir permiso para pensar.
ROBERT CAMPIN
La Turicata
Robert Campin: fue el iniciador del realismo flamenco. Fue un pintor activo en Tournai, Bélgica, y es reconocido como uno de los primeros maestros del Renacimiento del Norte. Aunque gran parte de su biografía permanece en la penumbra, se sabe que dirigió un taller influyente en el que se formaron figuras clave de la pintura flamenca. Su estilo se caracteriza por la atención obsesiva al detalle, la representación naturalista de objetos cotidianos y la introducción de un nuevo realismo que transformó la pintura religiosa.
UNA REVOLUCIÓN VISUAL
La obra más célebre de Campin es el Retablo de Mérode (c.1425), un tríptico que representa la Anunciación. En él, la Virgen María aparece en un interior doméstico burgués, rodeada de objetos cotidianos como un libro, una vela apagada y un jarrón con lirios, todos cargados de simbolismo religioso. El arcángel Gabriel entra en la estancia con un gesto solemne, mientras que en los paneles laterales se muestran los donantes y la figura de José trabajando en su carpintería. Este retablo es innovador porque traslada un episodio bíblico a un espacio íntimo y reconocible para el espectador de la época. La minuciosidad con que Campin representa los objetos —la textura de la madera, el brillo metálico de las herramientas, la luz que entra por la ventana— revela su interés por la realidad tangible y su capacidad de dotar de significado espiritual a lo cotidiano.
UN ENFOQUE DISTINTO
Otra obra destacada es La Nati-
vidad (1420–1425), conservada en el Museo de Bellas Artes de Dijon. En esta pintura, Campin introduce elementos poco comunes: la escena ocurre de día y aparecen las parteras Zelemi y Salomé, tomadas de los evangelios apócrifos. Además, los pastores se observan apenas a través de una ventana, en segundo plano, lo que contrasta con la importancia que suelen tener en otras representaciones del mismo tema.
El tratamiento de la luz, la disposición de los personajes y la inclusión de detalles arquitectónicos muestran la intención de Campin de renovar los motivos tradicionales, aportando realismo y una lectura más humana de los relatos bíblicos.
RASGOS ESTILÍSTICOS Y APORTES
• Realismo minucioso: Campin fue pionero en la representación detallada de objetos, tejidos y espacios interiores.
• Simbolismo cotidiano: cada elemento tiene un significado religioso, pero se integra en un entorno familiar.
• Innovación técnica: utilizó el óleo sobre tabla con gran maestría, logrando transparencias y efectos lumínicos que enriquecieron la pintura flamenca.
• Influencia pedagógica: su taller
formó a artistas que expandieron su legado, como Rogier van der Weyden.
LEGADO Y TRASCENDENCIA
La obra de Robert Campin marca el inicio de una nueva sensibilidad en la pintura europea. Al introducir escenas religiosas en espacios domésticos y al otorgar protagonismo a los objetos comunes, Campin acercó lo divino a la vida cotidiana. Su capacidad para fusionar realismo y espiritualidad lo convierte en un precursor del Renacimiento del Norte y en una figura clave para comprender la evolución del arte flamenco.
Aunque muchas de sus obras documentadas se han perdido, las que se conservan —como el Retablo de Mérode y La Natividad— siguen siendo testimonios de su genio innovador. Campin no solo inauguró un estilo, sino que también sembró las bases de una tradición pictórica que influiría en generaciones posteriores.
En conclusión, Robert Campin transformó la pintura religiosa al dotarla de un realismo íntimo y simbólico. Su obra, cargada de detalles y significados, abrió un camino que sería continuado y perfeccionado por los grandes maestros flamencos del siglo XV.
Datos de Wikipedia
Retablo de Mérode, c.1425, es la obra más celebre de Campin.
José Carrillo Cedillo
GILDARDO MAGAÑA, EL HEREDERO CIVIL DEL ZAPATISMO
Crónicas Rurales
La Revolución mexicana produjo una constelación de caudillos, jefes militares y líderes sociales cuya memoria suele reducirse a episodios armados o a consignas repetidas. Sin embargo, entre esas figuras destaca Gildardo Magaña Cerda, un revolucionario que entendió que la lucha agraria no terminaba en el campo de batalla, sino que debía traducirse en organización, leyes y gobierno. Su vida representa el puente entre el zapatismo armado y el agrarismo institucional.
Nacido el 7 de marzo de 1891 en Zamora, Michoacán, Gildardo Magaña se formó en un entorno liberal y con una educación poco común para su tiempo. Estudió Comercio en Estados Unidos y regresó a México con una visión crítica del régimen porfirista. Desde temprano se integró al movimiento antirreeleccionista y, tras el fracaso de diversas conspiraciones, encontró en Morelos el espacio donde su pensamiento y su acción
convergieron: el Ejército Libertador del Sur, de Emiliano Zapata.
Magaña no fue únicamente un combatiente. Zapata supo reconocer en él a un organizador, a un ideólogo y a un negociador. Tras la toma de Cuautla fue ascendido a teniente coronel y posteriormente se convirtió en uno de los principales enlaces políticos del zapatismo. Su papel como emisario ante otros jefes revolucionarios, incluido Francisco Villa, revela una faceta poco conocida: la del revolucionario que dialoga, explica y persuade. Incluso durante su encarcelamiento, Magaña dedicó tiempo a enseñar a leer a Villa y a explicarle el contenido del Plan de Ayala, documento central del agrarismo revolucionario.
En 1916 fue nombrado general y jefe del Estado Mayor zapatista. Tres años después, el asesinato de Emiliano Zapata marcó uno de los momentos más dolorosos de la Revolución. Fue entonces cuando los jefes del sur eligieron a Gildardo Magaña como sucesor natural. No se trató de una designación simbólica: recaía sobre él la responsabilidad de mantener vivos los principios de restitución de tierras, justicia agraria y autonomía campesina en un país que avanzaba hacia la institucionalización del poder.
Con la caída de Venustiano Carranza y el triunfo del Plan de Agua Prieta en 1920, Magaña entendió que el zapatismo debía evitar la aniquilación
y buscar una salida política. Negoció la incorporación del Ejército Libertador del Sur al Ejército Nacional, con la condición de que se respetaran los ideales agrarios. Fue ascendido a general divisionario y comandó la Segunda División del Sur, participando también en la pacificación del país.
Pero quizá su aporte más duradero ocurrió fuera del uniforme. Magaña impulsó la Confederación Nacional Agraria, convencido de que los campesinos necesitaban organización permanente y no sólo promesas de reparto. Su tránsito de la lucha armada a la acción pol ítica lo llevó a ocupar cargos públicos y, finalmente, a ser electo gobernador de Michoacán en 1936, en pleno cardenismo, etapa clave para la consolidación del ejido y la reforma agraria.
Desde el gobierno, Magaña defendió la educación rural, el reparto de tierras y la dignificación del campesinado. También dejó testimonio escrito de su pensamiento en obras como Emiliano Zapata y el agrarismo en México, donde reivindicó la lucha
del sur como una causa histórica y no como una rebelión circunstancial. Gildardo Magaña murió el 13 de diciembre de 1939, aún en funciones como gobernador. Su fallecimiento truncó una carrera política que muchos consideraban con proyección nacional. Su legado, sin embargo, permanece: fue el revolucionario que entendió que la tierra debía defenderse con las armas cuando fue necesario, pero también con leyes, instituciones y memoria histórica.
En tiempos en que el discurso agrario suele vaciarse de contenido, recordar a Gildardo Magaña es volver a las raíces de una lucha que sigue inconclusa.
* El autor es consejero regional de la crónica de Ensenada.
Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Jorge Luis. Borges
El olvido y la memoria son temas de gran relevancia en la obra de Borges. Él los utiliza para cuestionar la naturaleza del tiempo y la realidad, planteando que somos, en esencia, la suma de nuestros recuerdos y nuestros olvidos. Más allá de los terrenos metafísicos y existenciales en los que Borges se adentra para escudriñar estos conceptos, en el mundo digital tienen implicaciones de gran relevancia.
OLVIDO Y MEMORIA
Para los seres humanos, poder olvidar es tan importante como poder recordar. Nuestro sistema nervioso, por medio de procesos de selección natural, fue desarrollando mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras; este rasgo evolutivo tiene valor adaptativo para la supervivencia, pues optimiza la toma de decisiones y la capacidad de adaptación al entorno. Con su famoso cuento “Funes el memorioso”, Borges advierte sobre las terribles consecuencias que tuvo el personaje principal, Irineo Funes, quien tenía una memoria perfecta y no olvidaba un solo detalle o momento de su vida; esto lo convirtió en una suerte
de autista incapaz de manejar ideas y enclaustrado en un universo de impresiones aisladas, como un “perro visto a las tres y cuarto de perfil”. En efecto, en dicho cuento se argumenta que pensar es una forma de olvidar lo irrelevante. Irineo, al recordarlo todo, no puede abstraer, cada cosa es única y no puede ser clasificada, imposibilitando el conocimiento y la comunicación.
MEMORIAS DIGITALES
El mundo digital se ha convertido en una especie de memoria colectiva que va más allá de lo que había logrado cualquier enciclopedia en recopilar, organizar y divulgar todo el conocimiento humano disponible. A diferencia de las enciclopedias, en los repositorios digitales disponibles en internet y otros medios (online y offline) la información no siempre se recopila, organiza y divulga de manera racional, crítica y objetiva; tampoco se busca “educar al público, democratizar el saber, erradicar la ignorancia y fomentar el progreso social y científico” como se estableció en la Encyclopédie del siglo XVIII.
En los vastos repositorios digitales se encuentra todo tipo de información (y desinformación), desde maravillosos anales de descubrimientos científicos, hasta las más burdas y triviales conversaciones de celebridades e influencers del momento.
Entre toda la inconmensurable cantidad de información disponible en los medios digitales, hay piezas informativas que en vez de seguir almacenadas en esas memorias binarias deberían ser relegadas al olvido. En algunos casos, el conservar información sobre eventos pasados pueden contribuir al estigma profesional o social sobre ciertos individuos; por ejemplo, aquel video donde aparece el muchacho en una fiesta fumando mariguana ¿es necesario que aquel ímpetu de juventud, que no se repitió, le cause problemas una década después en sus entrevistas de trabajo? Quizás también en algún momento un negocio tuvo malas prác-
ticas, las cuales quedaron registradas en los reviews publicados por clientes molestos, entonces ¿debería ese negocio sufrir daño en su reputación y en su economía, aunque haya tomado en cuenta a sus clientes y haya cambiado sus malas prácticas?
Los noticieros han dado cuenta de daños sicológicos e incluso físicos, que han sufrido personas de quienes han circulado imágenes íntimas y de revenge porn. Así como las anteriores, existen muchas situaciones en las cuales las personas y las organizaciones deberían tener la capacidad de poder eliminar –de repositorios digitales y herramientas de búsqueda– información obsoleta, irrelevante o no consensuada. Esto se conoce como el derecho al olvido (en inglés, RTBF o right to be forgotten).
UNA LEGISLACIÓN PARA EL “OLVIDO”
El derecho al olvido permite a las personas y organizaciones eliminar “rastros digitales” que ya no son necesarios o resultan irrelevantes, tales como noticias antiguas, información personal o, en algunos casos, registros de asuntos legales pasados. La Unión Europea tiene la estructura legislativa más avanzada en este sentido, bajo el artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR por sus siglas en inglés).
Los derechos plasmados en este artículo tienen su origen en una sentencia histórica del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 2014 contra Google (Google Spain contra AEPD), donde se determinó que se debería proteger la privacidad y la reputación personal de la memoria permanente e indeleble de internet. El Art 17 del GDPR ha tenido fuerte influencia fuera del ámbito de la Unión Europea.
En México se reconoce el derecho
de supresión de datos personales en el entorno digital; en Latinoamérica en general se adoptan influencias del derecho internacional, con desafíos para equilibrar la privacidad y la libertad de expresión. En otras regiones, como India y Corea del Sur, los tribunales administrativos y judiciales han reconocido y aplicado esta doctrina en casos específicos. En Estados Unidos no existe un derecho al olvido amplio debido a las protecciones de la Primera Enmienda a la libertad de expresión. Aparte de los retos jurídicos y legales (que son mayúsculos), también existen retos tecnológicos no triviales, pues resulta complejo implementar la eliminación en sistemas distribuidos, copias de seguridad y sitios de terceros. Además, las eliminaciones de las herramientas de búsqueda generalmente solo se aplican a los resultados de búsqueda dentro de la jurisdicción específica (por ejemplo, sólo dentro de un país), no a nivel global. En cualquier caso, al igual que Funes con su memoria perfecta y prodigiosa, les vendría bien a los repositorios digitales ser purgados, eliminando y actualizando ciertas informaciones. En otra de sus alusiones al olvido, ahora con su poema “1964”, Borges nos sentencia:
Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.
* Investigador titular en el Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (Cicese). jagm@cicese.mx
Antonio García Macías*
SIRĀT: TRANCE EN EL DESIERTO
Pegado a la Butaca
Película francoespañola de Oliver Laxe con Sergi López, Bruno Núñez, Richard Be llamy, Stefania Gadda, Joshua Liam Henderson, Tonin Janvier, Jade Ou kid (2026). Luis (Sergi López) y su hijo Esteban (Bruno Núñez) llegan a un rave en el desierto de Marrue cos buscando a Mar, hija del primero y hermana del segundo, quien se en cuentra desaparecida. Los asistentes simpatizan con su situación, pero no pueden darles pistas concretas. A lo mucho mencionan otra fiesta, más aislada, donde ella pudiera estar. De repente, la diversión es interrumpi da por el ejército marroquí, que llega con órdenes de evacuar, pues ha estallado una guerra. Pero dos vehículos recreativos desobedecen y se desvían por un camino de tierra. Luis y Esteban, convencidos que se dirigen a esta segunda fiesta, los siguen en su simple camioneta.
El guion, escrito por Laxe y Santiago Fillol, no piensa en ellos como huecas figuras. Más bien, sabe detenerse en esas acciones y gestos precisos que revelan su carácter. La frivolidad del grupo es matizada por la simpatía que muestran hacia la búsqueda de Luis y Esteban. Cuando padre e hijo los tratan de seguir, ellos los desalientan señalando que su camioneta no está hecha para atravesar el desierto, (lo que recorren a ratos ni siquiera se puede describir como caminos) una preocupación honesta por su seguridad.
La relación empieza pragmática. Luis trata de ganarse su confianza comprándoles bidones de gasolina para su viaje. Más adelante cree que los han embaucado y abandonado, pero su desconfianza es prematura; solo estaban dándose la vuelta para tirar de su camioneta y ayudarles a cruzar el río. En un acto de bondad desinteresada, Esteban toma un chocolate de sus limitadas provisiones y se lo ofrece a sus nuevos amigos. Cuando uno de ellos le hace trenzas al pequeño, es un rito de iniciación que termina por hacerlos parte oficial de una comunidad. Aun cuando no sabemos lo suficiente para pensarlos como personajes dramáticos bien redondeados, muestran una ternura, solidaridad y compasión que los vuelve enternecedores.
Sirāt: Trance en el desierto, dirigida por Oliver Laxe, empieza con este escueto escenario. Mucha de su primera parte gira alrededor de cómo Luis, Esteban y los asistentes al rave sortean los obstáculos que se aparecen en su camino: un río, o un estrecho paso montañoso, por ejemplo. Hay en esto un homenaje a las aventuras puramente físicas de películas como El salario del miedo de Henri–Georges Clouzot o su versión en inglés dirigida por William Friedkin. Como ellas, Sirāt establece el peligro con atención a los elementos del paisaje: el sol que que quema la piel de sus personajes, los horizontes infinitos y
la montañas como muros que se extienden a los cielos. Si algo malo llega a pasar, no hay nadie en kilómetros a la redonda que los pueda ayudar. Uno a uno sortean los problemas, más con buena suerte y persistencia que con ingenio, en momentos de gran suspenso.
Este énfasis en los elementos no da mucho tiempo para desarrollar a sus personajes. Bigui (Richard Bellamy), Stef (Stefania Gadda), Josh (Joshua Liam Henderson), Tonin (Tonin Janvier), Jade (Jade Oukid), los compañeros de Luis y Esteban, resultan un grupo coherente pero amorfo. Fuera de sus características físicas (dos de ellos tienen amputaciones que los hacen necesitar de prótesis) cuesta distinguirlos entre sí. Con Luis y Esteban es un poco más fácil conectar emocionalmente. Ellos se adentran al peligro para recuperar a un ser querido. Nuestra primera impresión
de los demás es que son idiotas imprudentes en busca de diversión. La viva encarnación del estereotipo de los europeos que se adentran al tercer mundo creyendo que las reglas no aplican para ellos.
No obstante, estas caracterizaciones simples parecen ser el punto. De su pasado sabemos poco o nada, lo que nos invita a especular. Aprendemos que Mar no desapareció contra su voluntad sino que escapó. Esta pequeña información nos invita a ver a Luis con otros ojos. ¿Se trata de un padre estricto, arrepentido de su método de crianza? En otro momento, uno de los viajeros dice que no extraña a su vieja familia, que su verdadera comunidad está en las personas que en ese momento lo acompañan. La frase es un cliché, pero la sugerencia es igualmente poderosa. Su sinceridad basta para bocetarle un doloroso escape de un traumático pasado.
Dicha bondad es necesaria, pues el mundo que los rodea es bastante cruel, y la película es igualmente cruel con ellos. Pero si de verdad fueran unidimensionales, si en ellos no hubiera esa chispa que los hace sentir humanos, su sufrimiento habría sido chocante al inicio antes de volverse tedioso. Sin revelar mucho de la trama, puedo decir que las pérdidas que sus personajes sufren me sacudieron de una manera profunda y elemental. El sufrimiento de sus personajes merece ponerse en el contexto del sufrimiento en el mundo real. Esto significa hablar de política, algo que los personajes nunca hacen. Espectadores atentos podrán notar que uno de ellos menciona que la fiesta a la que se dirigen se encuentra cerca de la frontera con Mauritania. Mauritania en realidad no tiene frontera con Marruecos, a menos que uno reconozca el territorio ocupado del Sahara Occidental como parte legítima de él. El clímax de la película se desarrolla precisamente en la zona de muros y minas terrestres construidas para alejar a los saharauis que viven ahí pero no se asimilan como marroquís.
Alberto Villaescusa Rico
La película solo alude a la experiencia de ellos en su última escena y entonces solo lo hace por unos instantes, cuando la cámara se posa en los rostros de personas con rasgos y vestimentas que sugieren habitantes del norte de África pero que no tienen personalidad e historia. Podríamos concluir que la película no los ve como humanos, sino como decoraciones, partes del paisaje. Quizá es un gesto hueco en una película que en realidad no está realmente interesada en ellos. Pero esa distancia, que podría ser insultante en otras películas, se siente extrañamente apta en una que sugiere que sus personajes son más humanos, más puros, cuando dejan de ser ellos mismos. Esa pérdida de uno mismo se logra a través de los sentidos. No se puede hablar de Sirāt sin hablar de su música. La escena inicial, que nos muestra el primer rave, se extiende más allá de lo que necesita para decirnos donde estamos. En su lugar, la música pulsante de Kangding Ray nos envuelve, absorbe y se salta nuestra consciencia. El uso de drogas psicodélicas más adelante nos muestra la pérdida de la conciencia como un estado deseable, a veces necesario. Hay una dimensión espiritual a todo esto, prestada específicamente de las imágenes del islam. Una televisión abandonada nos muestra el peregrinaje a Meca, sugiriendo un paralelo visual entre la Kaaba y las bocinas en el desierto. Y el título de la película, una referencia al As-Sirāt, el puente fino que lleva al paraíso, encuentra una interpretación bastante literal en su secuencia más tensa del final, donde la salvación se encuentra precisamente en actuar sin pensar. Estas conexiones pueden ser oportunistas, pero no me parece que Laxe llegue a ellas sin razón. Sirāt no me parece una película superficial o incoherente. Pienso que su fotografía, diseño sonoro y estructura buscan crear una experiencia sensorial más que contar una historia. Algunas películas apelan a nuestras mentes, otras a nuestros corazones, pero Sirāt se siente en el cuerpo. En ese suspenso que nos obliga a aguantar la respiración, en esas tragedias tan súbitas y arbitrarias que se sienten como golpes directos al estómago — cuando ocurren, no tenemos tiempo de procesarlas emocionalmente. Y en ese retumbar del bajo electrónico que nos desconecta de lo racional y que, quizá, nos acerca a la iluminación y a la trascendencia.
alberto.villaescusa19@gmail.com
X: @betovillaescusa
El elevador
El Valor de la Vida
¡M
alos olores! Jaja. Sería el primer detalle a observar. Doce personas encerradas en un pequeño cuarto. Todo un laboratorio para un científico, psicólogo o psiquiatra al menos. Un reducido número de personas ocupando este espacio dentro del cual podríamos experimentar las más sorpresivas reacciones.
No hay ruidos, no hay intercambio de miradas, la atención se cifra de seguro en aquel o aquella que oprimen el botón tratando de dilucidar a qué piso llegará como destino, silencio total. No más.
El cuerpo humano asemeja el disfraz perfecto que cubre todos los aspectos internos del individuo tales como pensamientos, intenciones, deseos, anhelos, dejando sólo a la imaginación la manera en que éste reaccionará. Muchas de las imágenes que vemos en las películas y que tienen relación con el uso de un elevador son una parte estratégica para lograr una escena que deje huella en la mente del cinéfilo. Escenas de intenso amor, aquel que busca el botón de Alto a medio piso para dar rienda suelta a un memorable encuentro de romanticismo a veces extremo.
Encuentros obligados con entes enfrascados en una guerra de capacidades laborando en el mismo departamento y edificio; el elevador atascado y el que salva las vidas de los pasajeros con sus habilidades mecánicas, etc.
La gran pregunta sería si en un momento dado los personajes del elevador que mantienen una apariencia totalmente correcta, como es usual, respetándose unos a otros, al abandonar éste, se sucede un cambio sustancial en la manera de desarrollarse en sus medios recuperando
su forma de ser y actuar a la manera de todos los días. Y es que estar de manera tan estrecha con otros individuos en un elevador, en este caso, las diferentes personalidades nos llevan a muy variadas reacciones.
Cuando se entra a un ascensor, muchas veces surge una incómoda sensación de desconexión entre los pasajeros. A pesar de que se trata de un espacio reducido, y el contacto visual es inevitable, las interacciones sociales suelen ser mínimas. Los saludos, que en otras situaciones son comunes, se ven reemplazados por un silencio incómodo.
Este comportamiento ha despertado el interés de los psicólogos que buscan entender por qué la gente no saluda en espacios tan pequeños y cerrados. Uno de los factores más mencionados es la distracción. En la vida moderna, las personas a menudo están sumergidas en sus propios pensamientos o pendientes de sus teléfonos móviles. Esta constante atención dividida hace que, en muchas ocasiones, simplemente no se percaten de que hay otros a su alrededor. Sin embargo, ésta no es la única explicación posible.
Otro motivo frecuente tiene que ver con la ansiedad social. Para algunas personas, los espacios reducidos como los ascensores provocan una sensación de incomodidad, lo que los lleva a evitar cualquier tipo de interacción. El silencio, lejos de ser una falta de educación, se convierte en un mecanismo para mantener la calma y evitar que el contacto visual o las palabras les hagan sentir aún más tensos.
Lo que dice la psicología sobre este comportamiento: La psicología revela que este fenómeno puede tener varias explicaciones. Las personas más introvertidas, por ejemplo, tienden a evitar las interacciones breves y superficiales como los saludos, ya que prefieren preservar su espacio personal. Para ellos, saludar en un ascensor puede sentirse innecesario o invasivo. Asimismo, las diferencias culturales juegan un papel importante, pues en algunas regiones del mundo no es habitual saludar en contextos informales como este.
Recuerdo la película El ángel exterminador de Luis Buñuel exhibida en el año de 1962.
Lo que veo en ella es un grupo de personas que no pueden hacer lo que quieren hacer: salir de una habitación. Imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo.
A posteriori, Buñuel lo interpreta así: En la sociedad humana de hoy, los hombres se ponen cada vez menos de acuerdo, y por eso combaten entre ellos. En la película sucede lo mismo: ¿Por qué no llegan juntos a una solución para salir de la sala? Una parábola sobre El ángel exterminador podría ser sobre la condición burguesa. Entre obreros no sería igual. Seguramente habría una solución al encierro. Cree Buñuel que finalmente hallarían la salida. ¿Por qué? Porque el obrero está más en relación con las dificultades concretas de la vida.
Por lo que a la repetición de acontecimientos se refiere hay como veinte repeticiones idénticas de escenas. Todos los días de nuestra vida nos repetimos. Cada mañana nos levantamos, nos lavamos los dientes con el mismo cepillo (¿creemos?) y con los mismos movimientos de la mano, nos sentamos en la misma mesa a desayunar, vamos a la misma oficina, encontramos a las mismas personas... y cuántas veces ha ocurrido que en una fiesta saludamos a una persona y una hora después le damos otra vez la mano, le decimos hola y después exclamamos: “Oh, qué estamos haciendo, acabamos de saludarnos hace un minuto”. El hecho es que, quiéranlo o no, la sociedad está inmovilizada. Creo que ésta es la única interpretación simbólica que uno puede hacer. El tiempo no lineal: En cuanto los personajes quedan encerrados es como si ya no transcurriera el tiempo. Por eso hay repeticiones. No es el tiempo como una línea.
Visto desde otra perspectiva, el mundo está encerrado en sí mismo, y recuerdo haber visto hace poco una fotografía del telescopio James Webb en la que se muestra la pequeñez de nuestro planeta comparado con esta galaxia. Somos realmente imperceptibles, mas aún en ese pequeño espacio que ocupamos, ni podemos salir de ahí, ni podemos ponernos de acuerdo en algo definitivo en cuanto a relaciones humanas se refiere.
A fin de cuentas, estamos encerrados en un elevador. Probablemente nos haga falta, en ese espacio reducido y lleno de personas, sonreírles, extenderles la mano, entablar un diálogo aunque sea escueto, desear los buenos días. No esperemos respuesta, mas dejemos que salga de nosotros el deseo sincero de que, aún en un mundo tan pequeño como lo es el nuestro, reine la cordialidad y la tolerancia que tanto necesitamos.
Juan Rudametkin
DÍA INTERNACIONAL
DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA UNA CIENTÍFICA CON “A”
La ONU propuso el 11 de febrero para dedicarlo a hacer conciencia del papel que tiene el género femenino en el desarrollo científico
SOFÍA SALGADO
Ensenada, B. C.
Empoderar a las mujeres y niñas genera dinero. O, como señala el Consejo Nacional de Población, “el empoderamiento de las mujeres y las niñas contribuirán al desarrollo económico del mundo y al progreso de los objetivos y metas de la Agenda 2030”.
Si nos quedáramos con la primera afirmación, nos remitiríamos a la mercadotecnia con perspectiva de género, pero su contexto real es el de fomentar la ciencia en mujeres y niñas. Pero habrá que revisar esta intención para entender de dónde parte y por qué se dan los resultados obtenidos hasta hoy.
Hace once años, la Organización de las Naciones Unidas declaró el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La intención es reconocer el papel que desempeñan las mujeres en la ciencia y la tecnología. También se menciona la promoción de su acceso y participación en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (englobadas en el acrónimo inglés STEM).
Sin embargo, cuando prestamos atención al
porqué de esta intención, surgen principalmente dos objetivos: el desarrollo económico mundial y el progreso de metas de la Agenda 2030. Pode mos notar que la inclusión y reconocimiento de la mujer no es un fin, sino un medio para la obten ción de otros beneficios que, por supuesto, no es tán dirigidos ni dedicados a un impulso profundo de la paridad de género.
Para todos los países el desarrollo económico es una meta permanente. México no es el único país que, a lo largo de su historia, ha vivido periodos de alivio económico gracias a la exportación de sus recursos: plata en la Colonia, minerales en el Porfiriato, petróleo en el siglo pasado y litio en el presente siglo. A pesar de crecer en el ámbito de manufactura, la economía mexicana recurre principalmente a las vías ya mencionadas que, al ser fuentes limitadas —y sobreexplotadas— pro nostican aprietos para el país.
Por otra parte, están aquellos países con econo mías mucho más desarrolladas, pero que depen den de grandes importaciones para sostener las demandas de su población. En cualquiera de los dos casos, resulta atractivo tener alternativas para lograr y asegurar un crecimiento futuro. Y si bien en ningún momento la ciencia ha dejado de ser revolucionaria, la implementación del concepto de innovación ha cambiado las reglas del juego.
La estratega Natalie Nixon define la innovación como una invención transformada en valor esca lable; convertir ideas en valor a través de produc tos, servicios, procesos o modelos de negocios. La investigación científica alimenta el desarrollo de tecnologías, procesos y productos para nutrir industrias, logrando grandes crecimientos como lo hemos visto en la inteligencia artificial, la nano y biotecnología, y energías limpias.
La biofísica y cristalógrafa Rosalind Franklin (1920-1958) realizó importantes contribuciones a la comprensión de la estructura del ADN, los virus, el carbón y el grafito Se le recuerda principalmente por la imagen del ADN obtenida mediante difracción de rayos X.
El ácido desoxirribonucleico —conocido por las siglas ADN— es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas fundamentales para el desarrollo, funcionamiento y reproducción de todos los seres vivos.
El concepto de innovación se entrelaza con la Agenda 2030, en una búsqueda de mejoras, no sólo industriales o tecnológicas, sino además sociales y ambientales. Planeaciones eficientes, políticas más positivas, reducción de costos sociales, y estrategias útiles en contextos internacionales son algunos de los productos que se buscan obtener por medio de la innovación.
Erradicar la pobreza, reducir las desigualdades y proteger el planeta; sueños que si nos ponemos a pensar más en serio, tal vez no sean logrables sin hacer provecho de las población femenina, que están muy cerca de ser la mitad de la población mundial. Antes de adoptar una postura incluyente o de fomento, es importante considerar los esfuerzos por recordar lo que se intentó borrar. El reconocimiento de las científicas invisibilizadas a lo largo de la historia es algo que comenzó a ha-
cerse hace mucho tiempo, como es el caso de la química y cristalógrafa Rosalind Franklin. Tras haber generado la información visible del ADN más valiosa del momento, los resultados de sus investigaciones le fueron robados y aprovechados para la obtención del Premio Nobel despojándola del crédito.
¿Qué provecho tiene darle reconocimiento a alguien que murió hace casi 70 años? Desde una perspectiva en la que todo debe ser productivo o mercantilizable, ninguno. Pero desde un panorama que incluye los valores de respeto y dignidad, este tipo de acciones son sólo el comienzo de un gran cambio estructural, necesario desde hace siglos.
En la última edición del tradicional Festival del Conocimiento en Ensenada se presentó Las mujeres piensan en todo, una puesta en escena con teatro de sombras que condensa el pensar, planificar, calcular y anticipar de las mujeres en la historia de la ciencia. De esta manera, ofrece un reconocimiento genuino a la presencia e impacto de las mujeres en el mundo como lo conocemos hoy en día.
Caminar el reconocimiento para escalarlo a la inclusión, necesitará involucrar mayor esfuerzo, estrategia y ética. Porque cuando se carece de éstos, no tardan en surgir historias en las que, en lugar de ofrecerse oportunidades de manera equitativa, se ejercen violencias tanto a hombres ya establecidos como a las mujeres que recién están ganando terreno en estos campos. En la experiencia de Uvinaí Salgado, bióloga, extécnica y colaboradora en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, ha sido notorio los roles que se les asignan a las científicas dentro de las instituciones. Como técnicas, hay quienes son elegidas por tener habilidades convenientes para las investigaciones de sus jefes directos. Otras, son más atropelladas entre la indiferencia y el rechazo sutil. Y en general, la identidad femenina dentro de la ciencia es constantemente criticada, moldeada y mutilada de oportunidades y vivencias dentro y fuera de su profesión. “No hay equidad”, menciona como punto final. Los esfuerzos por fomentar la presencia y participación de mujeres y niñas en la ciencia han generado impactos visibles en diferentes partes del mundo, que a su vez, hacen
eco en nuestra localidad. En intención, son bastante positivos; en los hechos, muchas veces son insostenibles y más simbólicos que estructurales. Una de las estrategias más recurrentes ha sido la creación de programas de becas, estímulos y convocatorias con enfoque de género y dirigidas al incremento de la población femenina involucrada en áreas STEM. En países más desarrollados, estas acciones han mejorado el acceso a la profesionalización científica de mujeres y niñas. Pero en lugares donde no existen mecanismos tan sólidos para el patrocinio o financiamiento, frecuentemente se truncan carreras. En el ámbito de políticas públicas, se han incorporado discursos de igualdad y paridad en planes de desarrollo, agendas y programas. Incluso, es común la difusión de información y protocolos contra la violencia de género. Sin embargo, los impactos más profundos aún son limitados; cuando se tiene suerte, hay para las mujeres acceso a condiciones laborales equitativas, oportunidades directivas, o reconocimiento profesional. Mientras tanto, de manera menos visible continúan las jerarquías, estereotipos o cuotas de género y otros gestos que perpetúan la desigualdad. Y justo cuando esta escalera
hacia la paridad de género en la ciencia parece demasiado empinada, se añade el énfasis de las niñas dentro de la cien cia. Pero este enfoque no es ca sual ni arbitrario, sino que res ponde a un momento clave de la formación del pensamiento. La infancia es el territorio natural del asombro, de la pregunta constante, de la ex ploración sin miedo al error. Filosofar, en su sentido más elemental, es precisamente eso: preguntarse por el mun do, intentar comprenderlo, desarmarlo y volverlo a cons truir a partir de la curiosidad. La ciencia nace de ese mismo impulso.
Sin embargo, ese asom bro no se cultiva de la misma manera en todos los cuerpos. A muchas niñas, desde eda des tempranas, se les ense ña a dudar de su capacidad, a moderar su curiosidad o a dirigirla hacia espacios consi derados “más adecuados”. El énfasis en las niñas busca, en tonces, proteger y sostener ese impulso exploratorio antes de que sea domesticado, antes de que la exclusión se vuelva cos tumbre y la renuncia parezca elección propia. Promover la ciencia en ni ñas no debería entenderse como una estrategia para pro ducir futuras trabajadoras al tamente calificadas, sino como un acto de justicia y dignifi
CAMINAR LOS SITIOS MISIONALES DE BAJA CALIFORNIA (PARTE I)
Columna
Al graduarme de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Baja California en Mexicali, a fines de los años setenta, tuve oportunidad de trabajar en el museo de la misma casa de estudios. Había cursado una materia optativa en el tema de cultura donde el maestro historiador David Piñera habló del gran patrimonio bajacaliforniano. Fue mi primer acercamiento.
El primer contacto físico con misiones fue en el Museo del Gobierno del Estado de Baja California (que posteriormente sería el museo de la Universidad Autónoma de Baja California y finalmente Centro de Investigaciones y museo) que tenía una sala llamada “Misiones de Baja California”, salones oscuros con imágenes
ginales misionales, como las campanas de San Borja, ménsulas y vistas decorativas de madera, dos figuras de santos y dos libros originales de registro matrimonial y de defunción, entre otros… que eventualmente requerían mantenimiento y rediseño museográfico. Con el tiempo me enteré que muchos de esos objetos fueron traídos al museo por el titular de Parques Nacionales, hacia 1974, aprovechando la reciente inauguración de la carretera transpeninsular y luego del museo, siendo gobernador Milton Castellanos.
Desde ahí se me comisionó a recu-
donarían al museo, ubicado en Lore- tropología y etnología de Baja California, entonces era Anita Williams, los Primeros Pobladores de (entre otros títulos),teca personal, y que se entregó de tiempo completo a la integración de las salas del museo. Pero yo aún no conocía físicamente ninguna misión. Fue cuando que me integré al grupo de cinco personas que haríamos elcional de monumentos Históricos, quienes hicieron campamento en el museo, al ser comisionados desde el INAH en la ciudad de México en un
Espadaña Santa Gertrudis.
Fachada San Borja de Adac. Archivos INAH–BC. Carlos Chávez.
Diana Guerrero González*
INAH BC
San Vicente Ferrer.
Salimos de la ciudad de Mexicali los primeros días de octubre de 1984, estuvimos en Ensenada dos semanas aproximadamente, y de ahí partimos a recorrer todo el estado, lo que nos llevó a conocer detalladamente las misiones, minas, ranchos, poblados históricos, haciendo trabajos de levantar fotografía, planos, bitácora, e historia oral de los vecinos de los inmuebles históricos. A fines de noviembre de 1984, se rumoreaba que estaba en planes la creación de un Centro INAH para Baja California, fue así que, con el antecedente del trabajo en catálogo, un funcio-
nario del INAH me propuso formar parte en la futura Sección de Monumentos Históricos. Ya integrada al Centro INAH, el segundo semestre de 1986, mucho del trabajo trató sobre misiones, al ser inmuebles monumento histórico construidos desde el siglo XVIII. Ese mismo año se visitó la misión de Santa Gertrudis la Magna a petición de los ejidatarios, e iniciamos algunos trabajos de rescate. Se elaboró con el apoyo de la Dirección de Monumentos Históricos del INAH, un anteproyecto para el rescate de las misiones, para ello se hizo un viaje a los sitios misionales de
Santo Tomas de Aquino, San Vicente Ferrer, Santo Domingo de la Frontera y El Rosario. Se elaboró un grueso expediente con planos y fotografía detallados, en 1990. Subsecuentemente, se fueron haciendo expedientes con propuestas varias para el rescate, también se trabajó en estudios, proyectos y presupuestos de los dos edificios de cantera Santa Gertrudis y San Francisco de Borja, en diversas épocas y etapas. Todo dentro del marco de “Protección legal y técnica” y “Mantenimiento de Misiones”. Para 1996–98 logré, con el “Proyecto de Deslinde de Predios
Misionales”, llegar a San Pedro Mártir, San Telmo, Santa. Catarina, San Juan de Dios y Sta. Ma. de los Ángeles, que así conocí. Algunas de las misiones de Baja California Sur, las conocí físicamente cuando hice un viaje para documentar mi tesis de Máster, en 2003: San Luis Gonzaga, Comondú, Guadalupe, San Juan Bautista Malibat… El tema da para una segunda parte, en próximas fechas cuente con ella amable lector. Por ahora, se nos acaba el espacio.
* Sección de Monumentos Históricos. Centro INAH–BC.
Misión Santa Gertrudis.
San Fernando Rey de España de Velicatá.
Misión de Santa Gertrudis La Magna. Espadaña.
Plano de la Misión de San Fernando.
V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? (MT 5, 13-16)
Día del Señor
En el Evangelio de hoy, Mateo, prosigue el sermón de la montaña con dos comparaciones, sobre el papel del cristiano en la historia: la sal de la tierra y la luz del mundo. Todos sabemos muy bien para qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma manera, desde las tinieblas, todos conocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Jesús nos dice que tenemos que ser “sal” y “luz del mundo”. La sal era un elemento tan importe en la sociedad romana que, hasta la palabra “salario” se derivaba de la costumbre romana de pagar a los soldados con una ración determinada de sal. La sal era necesaria para evitar la corrupción de los alimentos y para darles sabor. Este ingrediente en la actualidad es sumamente importante para sazonar los alimentos. Pero también se necesita mucha experiencia y buen sazón para saber las cantidades exactas de sal que deben de usarse para no arruinar la comida y obtener un platillo exquisito. Jesús usa a la sal como un ejemplo explícito, y al mismo tiempo la usa como una imagen metafórica que simboliza la acción de todos los que aman a Dios y dan sabor al mundo. “Ustedes son la sal del mundo”.
se tiraba, porque era sagrada. La sal tenía un gran valor, ya que no sólo se usaba para coci nar, sino para secar carne y conservarla por largo tiempo, para desinfectar, etc. En los tiempos de Jesús la sal era considerada como un don sagrado, con un uso que brinda beneficios. Por eso, cuando Jesús compara a sus seguidores como la “sal del mundo”, nos dice que los que aman a Dios y a su prójimo se convierten en el don para el mundo, un deleite compartido. Tenemos en nuestras manos la sal del amor y la luz de la fe. Nos las ha dado Dios para hacer maravillas en nuestro mundo, ayudando a los demás, buscando el bien común y poniendo a Dios por encima de todas las cosas, primero en nuestra vida y después en la de los que nos rodean.
Que brille nuestra “sal” (amor) y nuestra “luz” (fe) delante de la gente, para que, viendo el bien que hacemos, alaben a Dios. Es grande la confianza que Dios pone en nosotros, para que
que siempre son para el bien común. Hemos de cuidarlos y hacerlos crecer.
¿Dónde hace falta ser “sal” o “luz”? ¿Dónde hago falta yo? ¿Dónde hace falta mi amor y mi fe? Nuestro mundo nos necesita, nos necesita a todos los cristianos, que nos hagamos presentes en la sociedad sin perder nuestra identidad cristiana, sin esconder nuestra condición de seguidores de Jesús. Si nos conformamos con ser cristianos solo aquí, dentro del Templo, dejaremos de ser la luz del mundo. Si reducimos nuestra fe al “salero” de nuestra vida privada, seremos una sal que ya no da gusto.
Jesús advierte a sus seguidores. “Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada”. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús. La luz de Cristo no sólo debe ilumi-
tianos debemos iluminar con nuestra vida a la sociedad en la que vivimos. Todos sabemos que la luz sirve para dar claridad. Por eso, no han de esconderse. Tampoco han de actuar para ser vistos. Con su vida han de aportar claridad para que en la sociedad se pueda descubrir el verdadero rostro del Padre del cielo.
Debemos día a día, ser sal que da sabor, que aportemos una mayor riqueza de amor y de esperanza a la vida de aquellos que caminan a nuestro lado.
Debemos de ser luz para todas esas personas que se encierran en sí mismas creyendo que así son felices. Debemos de ser luz para que muchas personas amplíen sus horizontes para fijarse en Dios y en los demás y no sólo en ellos mismos.
Que Dios Todopoderoso, los bendiga hoy, los acompañe y proteja siempre
*Presbítero. cpomah@yahoo.com
Carlos Poma Henostroza*
Cero Quejas
El puerto de Ensenada se vestía de tonos naranjas y púrpuras al caer la tarde. El aire traía consigo el olor a sal y a los mejores vinos provenientes del Valle de Guadalupe. A la par, se escucha en el malecón las hieleras que llevan dentro miles de recetas familiares de ceviche como la mejor tradición del lugar. Las olas golpeaban suavemente el malecón como si marcaran el ritmo de una historia que apenas comenzaba. Allí, entre cámaras y cuadernos de notas, Clara y Daniel se conocieron en un taller de fotografía. El clic fue inmediato: un café, dos bromas muy bien entendidas, un juego de carcajadas que hacía más íntimo el momento.
Clara, con su sonrisa abierta y su mirada curiosa, sentía que cada instante junto a Daniel era un descubrimiento. Hacía no mucho terminó una larga relación que sólo le dejó un perro maleducado y el deseo de cambiar su vida. La dopamina se manifestaba en ella como un fuego interno: cada vez que él la miraba, su corazón latía más rápido, como si la vida misma le regalara una recompensa. Esa chispa la hacía buscarlo, inventar excusas para conversar, sentir entusiasmo por cada encuentro.
La oxitocina aparecía en los gestos pequeños: cuando él le alcanzaba la cámara y sus dedos se rozaban, cuando compartían un café caliente en el malecón, cuando sus voces se entrelazaban en confidencias. En Clara, la oxitocina era un abrazo invisible que la envolvía en confianza y apego, un lazo que la hacía sentir que Daniel era un refugio seguro.
las risas compartidas. Camina ban por Playa Hermosa y, en tre bromas y juegos, Clara sentía una calma alegre, como si el mundo entero se ordenara en esos momentos. Era la sensación de bienestar que surge cuando la compañía se convierte en alegría pura.
Pero Daniel vivía otra historia. Él había decidido que no quería enamorarse. Vivía sus emociones entre dos ciudades, el trabajo no le daba más tiempo que para dedicarle un poco de tiempo a capturar bellos atardeceres, y por eso su estrategia era racional: limitar los estímulos que disparaban esas hormonas. Cuando sentía que la oxitocina lo invitaba a confiar, se retraía. Cuando la dopamina lo empujaba hacia la ilusión, se recordaba sus razones, generando un leve aumento de cortisol, esa hormona del estrés que lo mantenía alerta, como un guardián que bloqueaba la calma.
La serotonina en Clara fluctuaba como las mareas del Pacífico. A veces la llenaba de paz, otras la hacían pensar obsesivamente en Daniel, como si cada ola trajera su nombre. En Daniel, en cambio, la serotonina se
sesión del enamoramiento. Sim plemente, no quería sufrir mal de amores una vez más.
Una tarde, en el mirador de Punta Banda, Clara se atrevió a preguntar:
—¿No sientes que esto podría ser más que amistad?
El viento agitó el cabello rizado de Daniel. En su interior, la dopamina reclamaba su lugar, la oxitocina le susurraba que se dejara llevar, la vasopresina —esa hormona que impulsa la fidelidad y el apego exclusivo— comenzaba a despertar. Pero él, fiel a su decisión, respondió con calma:
—No quiero enamorarme. Prefiero que sigamos siendo amigos, te acabo de encontrar y no te quiero perder.
Clara bajó la mirada hacia las olas que rompían contra las rocas, se descalzó y metió los pies en el agua fría. Sintió un golpe de agua fría en los pies y en el corazón también. Comprendió que el amor no depende sólo de la química del cuerpo. Las hormonas son como la música del mar: la dopamina puede encender la ilusión, la oxitocina puede crear apego, la vasopresina puede im-
pulsar la exclusividad… pero al final, la voluntad humana puede decidir si se escucha esa melodía o se guarda silencio.
El tiempo pasó. Clara siguió fotografiando los atardeceres de Ensenada, aprendiendo que la belleza no siempre se captura en una imagen, sino en la experiencia de sentir. Daniel continuó con su disciplina, convencido de que su control era su libertad. Ella se abrió a nuevas melodías, él eligió el silencio.
Y así, entre el vino de los valles y el rumor del Pacífico, quedó la historia de dos almas que se encontraron en la frontera entre la biología y la voluntad. Clara descubrió que el amor es una danza entre hormonas y decisiones; Daniel demostró que, aunque el cuerpo nos impulse, la mente puede elegir otro rumbo.
En Ensenada, donde el mar nunca deja de cantar, su historia se convirtió en un recordatorio: el amor puede ser ciencia, puede ser química, pero sobre todo, es elección.
*Periodista. Apasionada por el café a cargo de una barra de especialidad en el Valle de Guadalupe. FB & IG: espresso.an4n4
Adriana Carrillo*
ÍCARO EN LA LAGUNA
Juego de Ojos
Se llamaba Cliserio y quería volar. No quería viajar, ni huir, ni llegar a otro lugar ni conocer nuevas tierras. Quería ver el mundo desde el cielo, como lo ven las aves. Tenía diecisiete años y era campesino del ejido Florencia en la Comarca Lagunera, uno de tantos hijos del surco y del polvo. Todos los días miraba el despegue de los aviones del aeropuerto de Torreón. Por las noches en la cama de paja de la choza de sus padres se dormía imaginando casas diminutas, caminos que se encogen, hombres convertidos en puntos. No soñaba con motores ni con rutas aéreas. Soñaba con la altura. Sin saberlo, Cliserio estaba repitiendo una historia antigua. No la había leído. Nadie se la contó. En su mundo no había mitología griega ni advertencias
solares. Pero el impulso era el mismo: elevarse aunque el cuer- po no esté hecho para eso. Ícaro también fue joven. También creyó que bastaba el deseo.
Sabía que nunca tendría dinero para subirse a un avión, así que hizo lo único que podía hacer un muchacho muy pobre con una obsesión muy grande: se acercó y buscó la oportunidad. “Comenzó por apersonarse con los mecánicos del Aeropuerto”, recuerda el cronista Federico Sáenz Negrete. “Era común verlo servir de achichincle entre los trabajadores del puerto aéreo. Era aceptada la presencia del joven que acariciaba el fuselaje de los DC-3 con verdadero respeto e ilusión”.
Tampoco sabemos cómo le fue creciendo la idea de que bien colocado y detenido con firmeza podría acompañar al pájaro metálico en su ascenso.
Lo que sí tuvo claro fue que era algo que sólo al amparo de la noche podría lograr. En su crónica de El Siglo de Torreón, Sáenz Negrete explica: “El joven observó perfectamente la mecánica de aterrizajes y despegues. Sabía que dependiendo del viento, los pilotos, en coordinación con la torre de control, elegían el sentido del despegue
y que antes de iniciar la carrera, el avión se detenía unos minutos para probar los instrumentos. Esos minutos podrían ser el momento adecuado para abordar el aparato y aferrarse al fuselaje. Ya lo había practicado con aviones que estaban en mantenimiento. Su cuerpo encajaba perfectamente en el ala trasera y podría apoyar los pies en el empenaje, donde los flaps ensamblan con el ala. Practicó cómo insertar los brazos para quedar bien sujeto cuando llevara a cabo su soñado vuelo. Sueño de un niño campesino, qué le vamos a hacer”.
En la noche del 8 de octubre de 1950, Cliserio se coló por un desgarro de la reja perimetral
del aeropuerto en espera de su oportunidad. Vio aproximarse el DC-3 XA-FUM de “Líneas Aéreas Mineras”. A los controles iban el capitán Jorge Guzmán Lavat y el primer oficial Guillermo Bueno, con 21 pasajeros, diputados y senadores, que viajaban a la capital de la República. Esa noche soplaba viento del sureste y el avión se dirigió a la lejana cabecera 12 en donde Cliserio se ocultaba. Los pilotos lo alinearon, checaron magnetos, aceleraron e iniciaron la carrera de despegue. Faltaban unos minutos para las 12 de las noche. En ese momento Cliserio saltó y se abrazó a la cola. Al empenaje. Al timón trasero derecho. Se quedó ahí.
Miguel Ángel Sánchez de Armas*
Guzmán Lavat era un piloto experimentado, formado en una generación donde volar no era un oficio sino una prueba. Fue piloto en la Real Fuerza Aérea Canadiense durante la Segunda Guerra Mundial y era extremadamente profesional, muy admirado y estimado en la aviación mexicana. Pertenecía a esa estirpe de aviadores para quienes el riesgo no era abstracto. Hombres que habían pensado la muerte en serio.
Al despegar sintió una vibración leve. Luego otra, más intensa. No le gustó. La experiencia le habló antes que los instrumentos. Media hora después decidió regresar. Algo no estaba bien. Quizá en ese momento no podía saberlo, pero el peligro que no lo alcanzó en cielos europeos pudo haberlo esperado ahí mismo, sobre Torreón. No en combate, sino en un vuelo doméstico, con traje civil y pasajeros ilustres, por un muchacho colgado del fuselaje como una idea imposible.
“Afortunadamente”, dice Sáenz, “el piloto giró el ala hacia donde nuestro héroe se aferraba a la vida, de haberlo hecho al lado contrario, la fuerza centrífuga hubiese lanzado a Cliserio por los aires y su historia hubiese permanecido en el limbo.”
Cuando aterrizaron, la cola bajó con violencia. Al inspeccionar encontraron al muchacho que quiso volar. Cliserio estaba apenas estaba consciente y desnudo salvo un gorro y unas gafas de aviador. El viento de 290 kilómetros por hora le había desgarrado la ropa y nadie se explicó cómo había sobrevivido al frío.
Ícaro cayó al mar. Cliserio no. No porque fuera más sabio, sino porque el mundo en que cayó era otro. No cera ni plumas, sino aluminio y tornillos. No dioses vigilantes, sino un piloto atento que decidió volver.
Nadie celebró la hazaña de Cliserio. Se habló de cargos, de castigos ejemplares, de barrotes de prisión, de poner orden en el cielo. Pero llegaron los periodistas, la historia dio la vuelta al mundo y el pueblo decidió otra cosa. La revista Time publicó la hazaña con la cabeza “Free Loader”. Se organizaron colectas populares en la toda la Comarca Lagunera para pagar la fianza y liberarlo. Dos médicos laguneros avecindados en la Ciudad de México enviaron fondos suficientes para la defensa legal. Dicen que Pedro Infante, también piloto, ayudó. Y así fue como Cliserio obtuvo su libertad. “Una libertad bastante menor a la que había obtenido aquella noche estrellada, cuando desafió todo el catálogo de leyes y candados que fijan nuestras cadenas, muchas veces autoimpuestas,” reflexionó Sáenz.
Con el tiempo, Cliserio aprendió a volar y montó una empresa de fumigación aérea en Chiapas. Murió en 1997, viejo ya.
En la mitología, el castigo es ejemplar. En la realidad mexicana, a veces hay indulto. No por justicia divina, sino por terquedad humana.
Se llamaba Cliserio Reyes Guerrero. Y antes de ser piloto, antes de ser mito, antes de ser noticia, fue eso: un muchacho campesino que quiso volar.
*Periodista
LA BASE DE LO QUE HOY SOMOS
Raíces
CARLOS LAZCANO/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.
Hoy amanecí profundamente agradecida con los pueblos originarios de nuestro hermoso México. Gracias a ustedes existo. Gracias por su resiliencia, por su inteligencia y por su capacidad de resistir en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia. No puedo imaginar lo que sintieron al ver llegar a personas que impusieron la violencia, el sometimiento y el terror. Hoy en día ya es difícil tomar decisiones bajo amenazas … imagínate vivir con el miedo constante de perder la vida si no obedecías. Nuestros ancestros fueron forzados a alinearse con quienes venían sin respeto, sin higiene, sin humanidad. Las mujeres indígenas tuvieron que soportar abusos, violaciones y humillaciones de hombres que ni siquiera lavaban sus cuerpos. Tuvieron que cocinar, atender y sobrevivir a un sistema que las veía como objetos. Eso fue un infierno. Hombres y mujeres fueron esclavizados, golpeados, marcados con hierro, obligados a trabajar en minas hasta morir. Familias enteras
desaparecieron bajo la violencia colonial. Y aun así … resistieron, sobrevivieron. Transformaron el dolor en cultura, convirtieron lo impuesto en arte, mezclaron lo propio con lo extranjero sin perder su esencia.
Gracias a ustedes hoy existe este México lleno de identidad, color, música, comida, textiles, sabiduría y belleza. Gracias a los pueblos originarios de ayer y gracias a los de hoy, porque sin ustedes, México no sería México. Hoy puedo vestir un traje creado por manos nativas, hoy puedo honrar sus raíces, hoy puedo decir con orgullo: que chingones son y que honor venir de ustedes.
De vez en cuando me encuentro con mensajes de este tipo en las redes sociales, mensajes totalmente falsos que distorsionan nuestra historia, colocándonos en el papel de víctimas. Para comenzar los “pueblos originarios” no existen. Del único lugar que podremos decir que somos origina- rios es del sur de África, donde surgió el Homo sapiens. En nuestro continente todos llegamos de algún lado, algunos hace miles de años y otros más recientemente. Todos descendemos de inmigrantes y una característica de los seres humanos es la movilidad constante.
El autor de este texto quiere hacernos creer que la riqueza cultural que hoy distingue a nuestro país procede de la violencia y la resistencia. Qué pobre visión de sí mismos tienen y que gran ignorancia de la evolución social y cultural de nuestro país. Nuestro país se construyó no con violencia, sino fruto de alianzas entre indígenas y españoles. De hecho, el discurso de tal texto es el que quiere que creamos nuestro gobierno. Que nos identifiquemos como víctimas, no como parte de una sociedad que tiene tanto raíces hispanas como indígenas y que además adoptamos lo mejor de cada una de estas raíces. Dentro de la historia universal México fue la pieza protagónica que hizo del Imperio español el más importante de su tiempo, lográndose por vez primera una globalización que unía los mercados de Asia con América y Europa. Y no, México no era una colonia, como algunos quieren que nos veamos. Éramos parte de ese gran imperio, y como lo dije nuestro rol fue fundamental. Un país colonialista no crea escuelas, universidades, catedrales, grandes ciudades, riqueza, nuevas culturas, entre muchas otras cosas. Por eso México era un reino muy importante dentro de la estructura de la España de aquel tiempo. Y los grupos indígenas, en su mayoría, jugaron un papel muy importante en este reino. Y dicho reino es el cimiento, la base de lo que hoy somos.
MIGRANTES, SERES EN LAS SOMBRAS
Con un grupo de alumnos de las licenciaturas de Diseño Industrial, Diseño Gráfico y Diseño Interactivo, encaramos un tema de vinculación real, en el marco de la materia Laboratorio de Inmersión Social.
Esta materia pretende que la población estudiantil conozca, estudie y entienda a comunidades diferentes a sus hábitos, creencias, dificultades y costumbres.
Ello con el triple objetivo de: 1) concientizar sobre el México profundo y complejo, 2) experimentar sobre las herramientas necesarias para lograr la información suficiente que pueda resolver, a través de diferentes miradas del diseño, las necesidades que la comunidad manifieste y 3) el desarrollo de ideas de diseño concretas, posibles y adecuadas.
El tema que este semestre hemos encarado es el de conocer a un grupo de migrantes, que sean representativos de estas situaciones.
Nos vinculamos con la Casa del Migrante Arcángel Rafael, perteneciente a la red de casas de migrantes de la Congregación de los Misioneros Scalabrinianos, en el área de Iztapalapa, Cdmx.
Comenzó la primera jornada de acercamiento a la comunidad, con una entrevista/charla/exposición del coordinador de la Casa, licenciado Miguel Agüero.
Los temas viajaron desde los detalles de organización, de filtros de acceso, historias cotidianas, características generales de estas comunidades, reglas de disciplinas al interior de la Casa, etcétera.
Todo ello enriquecido con anéc dotas de casos de éxito y, también, casos de fracasos, de pérdidas.
Cuando releo las anteriores líneas, la primera reacción es de borrar todo. Ninguno de los datos anteriores, necesarios para ubicarnos en el tema, no reflejan absolutamente nada todas las emociones, sensaciones, estremecimientos y sorpresas que vivimos al enterarnos de anécdotas concretas, de personas concretas, en tiempos y espacios concretos.
Una de esas historias, es la de la abuela que llegó al refugio, meses atrás, trayendo consigo a su nieta pequeña.
Cruzaron el Tapón del Darien, “intransitable zona selvática entre Panamá y Colombia, que interrumpe a la carretera Panamericana. Es una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo, caracterizada por terrenos inhóspitos, presencia de grupos criminales, violencia sexual y riesgos naturales. Más de 520 mil personas cruzaron en 2023” (visión general. creada por IA)
La abuela comenzó a cruzar la selva del Darien, con su hija y dos nietas. Una de ellas adolescente y una pequeña. Al intentar escalar unas rozas abruptas, para llegar
a unos diez metros de altura, su hija y la nieta adolescente resbalaron, cayeron y ambas sufrieron contusiones mortales.
La abuela decidió continuar el viaje y llegó, meses después, al refugio de Casa del Migrante Arcángel Rafael. Allí espera para rediseñar y resolver su futuro, y el de su pequeña nieta, sin posibilidades inmediatas de solución.
Sólo una pequeña historia de las muchas que en la Casa viven cotidianamente, a través de los más de 10 mil seres humanos que han pasado por allí.
Las personas migrantes, en todo el orbe, pertenecen a los grupos humanos que, posiblemente, sufren las mayores injusticias, las peores situaciones, los sucesos más inhumanos que nos podemos imaginar.
Y ello sucede día a día, semana a semana, mes a mes.
Sucedió ayer, sucede hoy y todo indica que, si las condiciones no se modifican, seguirán sucediendo.
Me permito referirme a un fragmento de la Revista Migrantes, ejemplar de Septiembre–Diciembre 2025, del artículo con título “La sanación en el reencuentro familiar y comunitario” de P. Percy Cervera, C.S.: “…en
América Latina, y por qué no de cirlo, en todo el mundo. Lamentablemente toda noticia referente a personas migrantes nos presenta una realidad sumamente dura y triste, que puede fomentar el permisivismo, la xenofobia y la desesperanza. El endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos se ha traducido en una estigmatización y criminalización sin precedentes de las personas migrantes. Las noticias que abordan el tema migratorio, tradicionalmente, han tenido un sesgo negativo, presentando al migrante como una amenaza para las comunidades a las que llega.” Los estudiantes salieron de la Casa de Migrantes, con una impresión conmovedora, indignados e impotente ante una situación real, muy, muy real, que, lejana a sus vidas cotidianas, los desafiaba a no mirar hacia otro lado, a no olvidar las horas vividas, a no intentar explicar los hechos con argumentos falaces, superficiales y banales. Los estudiantes abrazaron el desafío y se lanzaron a una batalla singular: crear soluciones de diseño que faciliten, de alguna manera, la vida de los migrantes. Ya veremos a lo que llegan.