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LA DI RG C E D IE M RA ICI BR TU ÓN E 2 ITO 0 No 2 .11 5 3
LA HUMANIDAD ES UNA DECISIÓN STAFF Cuando la historia sucede sin testigos
REYNALDO MAGAÑA, P. 10
Redes sociales, enganche y contenido tóxico J. ANTONIO GARCÍA MACÍAS, P. 3
P. 8
Los buenos propósitos
LAURA ELENA BELTRÁN PADILLA, P, 12
Tatuajes
JUAN RUDAMETKIN, P. 13
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A partir del SÁBADO 20 de DICIEMBRE de 2025
DIRECCIÓN Arturo López Juan Director General jlopez@elvigia.net Enhoc Santoyo Cid Director de Información esantoyo@elvigia.net Gerardo Sánchez García Director Editorial gsanchez@elvigia.net Hugo Toscano Coordinador Editorial htoscano@elvigia.net Gerardo Ortega Editor gortega@elvigia.net Johana Ochoa Oficina de la Dirección General PUBLICIDAD Socorro Encarnación Osuna Coordinadora de Publicidad sencarnacion@elvigia.net Patricia Ibarra Mena Ejecutiva de Cuentas pibarra@elvigia.net Rodrigo Olachea García Diseñador Editorial California Estrada Sánchez Diseñadora Publicitaria EL
VIGÍA
DIGITAL
Joatam de Basabe Coordinador editorial El Vigía Digital Sandra Ibarra Coordinadora El Vigía Digital sibarra@elvigia.net
Digita Media BC, S.C. de R.L. de C.V. Calle Ambar No. 984, Fracc.Mediterráneo C.P. 22818, Ensenada, B.C. Tel: (646) 120.55.57 Ext. 1021
DEL DIRECTOR:
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n un tiempo marcado por la prisa, la polarización y el exceso de ruido informativo, detenerse a pensar en la humanidad puede parecer un gesto menor, incluso ingenuo. Sin embargo, pocas preguntas resultan hoy tan urgentes como esta: ¿qué significa ser humanos en un mundo que parece acostumbrarse a la violencia, la desigualdad y la fragilidad ajena? La semana que va del 20 al 26 de diciembre ofrece una oportunidad singular para plantear esa reflexión. No por lo que se celebra, sino por lo que se recuerda. El calendario reúne llamados institucionales a la solidaridad, gestos históricos de fraternidad en medio de la guerra y tragedias naturales que pusieron en evidencia la vulnerabilidad compartida de la especie. No se trata de efemérides aisladas, sino de señales que, leídas en conjunto, interpelan al presente. La humanidad, como valor, no es automática ni permanente. No se activa por decreto ni se garantiza por tradición. La historia muestra que aparece, muchas veces, en condiciones adversas: cuando los soldados bajan las armas por unas horas para reconocerse como iguales; cuando comunidades devastadas por un desastre reciben ayuda de desconocidos; cuando la cooperación se impone al interés inmediato. En esos momentos, breves pero decisivos, la humanidad deja de ser una idea abstracta y se convierte en práctica concreta. Este editorial no busca idealizar el pasado ni suavizar la dureza del presente. Las guerras continúan, la
pobreza persiste y los desastres naturales seguirán ocurriendo. Pero también es cierto que, frente a esas realidades, la indiferencia no es neutral: es una forma de renuncia. Recordar los momentos en que la humanidad se abrió paso —aunque haya sido de manera parcial o efímera— no es un ejercicio nostálgico, sino un acto de responsabilidad. En ese sentido, la Navidad, entendida más allá de su dimensión religiosa, funciona como un símbolo cultural de pausa y encuentro. No garantiza el cuidado ni la empatía, pero los sugiere. Nos recuerda que detenerse, escuchar y mirar al otro sigue siendo posible, incluso cuando el entorno empuja hacia la fragmentación. En una época saturada de discursos, recuperar el valor del silencio compartido puede ser un acto profundamente político. Desde este espacio editorial creemos que el periodismo tiene un papel clave en esta tarea. No solo informar lo que ocurre, sino ofrecer contextos, memoria y preguntas que ayuden a comprender quiénes somos como sociedad. Apostar por textos que reduzcan el ruido y busquen sentido no es evadir la realidad, sino asumirla con mayor profundidad. La humanidad no es una fecha marcada en el calendario ni una consigna cómoda. Es una decisión cotidiana que se renueva o se abandona. Recordarlo, especialmente en tiempos difíciles, no resuelve los problemas del mundo, pero sí puede orientar la forma en que los enfrentamos. Y eso, en sí mismo, ya es un punto de partida.
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REDES SOCIALES, ENGANCHE Y CONTENIDO TÓXICO Tecnología y Sociedad Antonio García Macías*
Tener libertad de expresión no significa decir lo que quieras, significa decir lo que es humano, sin odio y sin prejuicios. Abhijit Naskar, Citizens of Peace (2019).
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n una entrega previa en esta columna (21 sept. 2024) discutí el llamado deplatforming, el cual consiste en la suspensión que se hace a ciertos usuarios del uso de alguna plataforma de redes sociales, usualmente por haber cometido alguna falta a los términos de uso de dicha plataforma. Ahora quiero enfocarme en la forma en que se alienta el contenido negativo y algunas posibles formas de limitarlo.
NETIQUETA Y DISCURSO ONLINE
En los primeros años de la historia de la internet, sólo tenían acceso a ella personas relacionadas con alguna institución gubernamental o académica; se podría comparar esto con un pequeño pueblo donde la mayoría se conoce y se lleva a cabo la vida con relativa buena civilidad. En los inicios de la década de los noventa el internet se fue abriendo cada vez más a usuarios de otros ámbitos, de tal suerte que cada vez se fue pareciendo más a una gran ciudad, con todos los problemas que esta trae, como inseguridad y alto tráfico. Fue entonces que las comunidades se fueron autorregulando para encontrar buenas maneras de convivir; una de estas medidas fue la propuesta de reglas de netiqueta (netiquette, en inglés). El diccionario de la Real Academia, define a la netiqueta como el “conjunto de normas de cortesía
que regula el comportamiento de los usuarios y las comunicaciones en internet”. Algunas de estas normas aconsejaban ser respetuoso, comunicarse con claridad, evitar escribir todo en mayúsculas, hacer uso de los emoticonos, respetar la privacidad, entre otras. La netiqueta ayudó, a quienes la seguían, a llevar conversaciones respetuosas y educadas en foros de discusión tales como los BBS (bulletin board systems), Usenet, así como en los nuevos servicios de acceso a internet como AOL. Ya en el nuevo siglo XXI, con la popularidad de servicios de mensajería (ICQ, AIM,…), así como de redes sociales (Friendster, MySpace, Facebook, …), la netiqueta prevaleció como código de honor para regular la conducta online. No obstante, las redes sociales trajeron consigo algo que los antiguos foros no tenían y que hicieron que medidas de autorregulación como la netiqueta resultaran insuficientes: en sus entrañas se habían codificado algoritmos que promueven el enganche a todo costo.
ENGANCHE ANTE TODO
Las redes sociales funcionan con modelos de negocio basados en la economía de la atención; en esta, la atención humana se considera un bien escaso y valioso que puede captarse y monetizarse, generalmente mediante la publicidad. Las empresas de la nueva economía compiten por captar y retener la atención del usuario, que luego se utiliza para generar ingresos mediante la recopilación de datos y la publicidad dirigida. Esto a menudo implica el uso de principios psicológicos y de diseño para aumentar la in-
teracción y el tiempo de permanencia en las plataformas. La escritora Irene Vallejo lo ha descrito en forma muy elocuente: “Decían que el mejor señuelo para atrapar atención es el sexo. Hoy las redes sociales han demostrado que el odio es mucho más adictivo, más orgiástico, más contagioso, más irresistible. El insulto excita al algoritmo y los nuevos magnates hacen caja con nuestros conflictos. El extremismo calculado vende. La furia está bien financiada. Por eso, la temperatura de los discursos se está calentando aún más deprisa que el clima”. De manera que, se trata de provocar reacciones intensas, desencadenar emociones de alta permanencia tales como la furia, la indignación y el rechazo, las cuales nos pueden impulsar a reenviar un video, comentar en una publicación, reaccionar ante un post. El periodista Leitong Macías lo ubica con claridad: “Las redes aprenden a ofrecernos precisamente eso: motivos para irritarnos. Cada publicación que nos escandaliza, cada comentario que nos contradice, cada figura política que nos indigna, cumple una función económica. El algoritmo no distingue entre verdad y mentira, solo mide la intensidad de la reacción. Lo que más nos enoja es lo que más nos muestra. Así, el conflicto se vuelve sistémico. No es un error de la tecnología, sino su esencia funcional. La polarización no es un efecto colateral: es el modelo de negocio.”
¿HAY ALGO POR HACER?
En la actualidad –no por azar, sino por diseño– la mayor parte del contenido de las redes sociales están
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elaborados para provocar reacciones e interacciones, no importando si tienen base en hechos verificables. Los usuarios se han acostumbrado ya a este tipo de contenido lleno de emotividad, aunque carente de profundidad intelectual, por lo que esperan esas cualidades en modelos de escritura, reportajes, debates políticos y otras formas de expresión que se consumen a diario. Existen los mecanismos técnicos para que las plataformas de redes sociales, por ejemplo, asignen puntajes a los usuarios que generen contenido que no contribuya a la desinformación, y promover o limitar los contenidos en distintos grados dependiendo de cuanto contribuyan a una comunidad de ideas. Si no se implementan ampliamente este tipo de mecanismos es por la sencilla razón de que ninguna plataforma ve suficientes incentivos en ser la primera en hacerlo. Estamos ante un ejemplo clásico de dilema del prisionero, pues todas las plataformas de redes sociales podrían beneficiarse a largo plazo si adoptaran estos mecanismos, pero a corto plazo, la primera que empiece a restringir la desinformación perderá enganche de usuarios con relación a las plataformas que no lo hagan. Para que se den los cambios necesarios tiene que cambiarse primero el sistema de incentivos que está moviendo este mercado; eso se logrará solo mediante un esfuerzo concertado de todos los involucrados (consumidores, plataformas, anunciantes), lo cual permitirá también que los gobiernos introduzcan las regulaciones adecuadas. Por supuesto, como elementos fundamentales de las redes sociales, los usuarios deberían jugar un papel protagonista en evitar la propagación de la desinformación que provoca contenido de odio, polarizante. Evocamos de nuevo a Irene Vallejo, quien diagnostica “Al final, necesitamos creer en nosotros mismos para creer en los demás. Frente a los accionistas de la ira, podemos fortalecer los vínculos y decidir que confiamos en nuestros vecinos. Urge usar las palabras no como arma, sino como argamasa: cultivar el debate frente al combate. No podemos permitirnos tener más odios que ideas”. * Investigador titular en el Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (Cicese). Se puede contactar en jagm@cicese.mx
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Pegado a la Butaca
Alberto Villaescusa Rico
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elícula estadounidense de Rian Johnson con Daniel Craig, Josh O’Connor, Glenn Close, Josh Brolin, Mila Kunis, Jeremy Renner, Kerry Washington, Andrew Scott, Cailee Spaeny, Daryl McCormack, Thomas Haden Church (2025). Iniciaré, de manera apropiada para una película que gira alrededor de la investigación policial y el catolicismo, con una confesión. Antes de publicar esta reseña, vi Wake up dead man: Un misterio de Knives Out dos veces. Esto es algo que no acostumbro a hacer, pues soy un creyente parcial en el valor de las primeras impresiones. Pero películas como Wake up dead man están, por supuesto, diseñadas para desafiar las primeras impresiones. Pertenece orgullosamente a esa tradición de ficción detectivesca en la que el espectador (o lector o escucha, pues el género también tiene larga historia en la literatura, la televisión y la radio además del cine) recibe detalles parciales de un crimen y se engancha tratando de averiguar quién y cómo lo cometió antes de un dramático final que lo revela todo. Películas como ésta se ven una primera vez queriendo saber quién es el culpable. Y se ven una segunda con ojo a cómo la narración hace que todo encaje en su lugar, apreciando su pericia para engañarnos. Parte importante del éxito de las dos predecesoras de Wake up dead man, Entre navajas y secretos de 2019 y secuela de 2022 Glass Onion, está en la increíble habilidad de su guionista y director Rian Johnson para construir
WAKE UP DEAD MAN: UN MISTERIO DE KNIVES OUT tramas complicadas y sorpresivas que están siempre un paso delante de nosotros. Para ese punto de su carrera ya había experimentado con géneros famosos por su complejidad: el cine noir en Brick, el de estafas en Estafa de amor y la ciencia ficción de viajes en el tiempo en Asesino del futuro–Star Wars: Los últimos Jedi se siente como la mayor anomalía de su filmografía, aunque ese episodio igualmente me parece el más narrativamente ambicioso de aquella saga. Una película (ahora toda en franquicia) inspirada en la ficción detectivesca tipo Agatha Christie era un paso lógico en su evolución como cineasta. La primera vez que vi Wake up dead man, su tercera película centrada en las pesquisas del detective Benoit Blanc (Daniel Craig), me hizo sentir que Johnson por fin había estirado la liga demasiado. Me pareció ambiciosa, entretejiendo las conspiraciones y revelaciones a las que nos había acostumbrado con una sorprendentemente sincera reflexión sobre la religión católica. Pero aunque el misterio me intrigó al principio, sentí que su resolución dedicaba más tiempo a las explicaciones que a dejar que pasaran cosas nuevas. Me quedo con algunas pequeñas reservas, pero me da gusto haberle dado una segunda oportunidad. Aunque las sorpresas y los engaños son centrales a su encanto, las películas de Blanc también han construido sus propias normas que nos dan una idea más o menos clara de qué podemos esperar. Más que un investigador imparcial, Blanc de nuevo se comporta como el aliado de la única persona decente – la Marta Cabrera
de Entre navajas y secretos, la Helen de Glass Onion – en un verdadero nido de víboras. Aquellas películas nos daban por lo menos unos momentos para llegar a esa conclusión, pero Wake up dead man expedita el proceso poniéndonos desde el principio en el lugar de Jud Duplenticy (Josh O’Connor), un padre católico recientemente reasignado a la iglesia de la pequeña comunidad de Chimney Rock. Jud se convierte en el asistente del monseñor Jefferson Wicks (Josh Brolin), quien preside una congregación cada vez más pequeña de seguidores que le deben una férrea y fanática lealtad. Están su entregada administradora Martha Delacroix (Glenn Close), el alcohólico doctor Nat Sharp (Jeremy Renner), la confiable abogada Vera Draven (Kerry Washington), el hijo adoptivo de ella y político fallido Cy (Daryl McCormack), el paranoico escritor de ciencia ficción Lee Ross (Andrew
Scott) y la chelista discapacitada Simone Vivane (Cailee Spaeny). Tan intensa es su devoción (o su miedo), que cuando Jud llega ofreciéndoles una interpretación más clemente y amigable de la fe católica, ellos lo tachan inmediatamente de usurpador. Esta colección de personajes le permite a Johnson, como hizo en las dos películas anteriores, comentar y burlarse del panorama político de Estados Unidos. El personaje de Cy, el ejemplo más obvio, ofrece la cara más oportunista y cínica del partido republicano: en uno de los muchos y finos chistes de la película, Cy se toma una pequeña eternidad para enlistar todas las causas de las que se trató de colgar para avanzar su carrera. Lee, por su parte, se refugia en Chimney Rock y monseñor Wicks queriendo escapar de la “mente colmena” de los progresistas urbanos. La novedad está en que Wake up dead man se acerca a la política, como puede es-
perarse, desde el ángulo de la religión. Wicks, la aparente víctima pero también el más claro villano de la película, encarna lo peor de la religión institucionalizada. Él tergiversa la fe y el dogma bíblico para convertirla en miedo y desconfianza en sus seguidores y en poder y dinero para él. Los miembros individuales de su congregación buscan cosas diferentes en él, lo que le permite a la película articular actitudes variadas sobre la religión. Algunos son creyentes verdaderos, otros comparten el cinismo de Wicks, pero no hablaré de ellas con mucho detalle, pues los verdaderos motivos de cada uno son pistas importantes para resolver el misterio. Benoit Blanc me sigue pareciendo, no necesariamente un portavoz de lo que Johnson piensa y siente, pero sí un símbolo de lo que él valora: es tremendamente astuto, con un sentido del humor bobo y burlón (su grueso acento, que lleva el habla sureña a los extremos caricaturescos del Gallo Claudio de los Looney Tunes, es parte fundamental de él) y una moralidad incorruptible. Pero Blanc, quien se describe como un “orgulloso hereje”, no refleja exactamente los valores de una película que, a través de Jud (y otro personaje) tiene por lo menos un poco de confianza en el poder redentor y bondadoso de la fe. Jud, un boxeador que pierde el camino después de matar a un rival en la lona y lo vuelve a encontrar en Jesucristo, es el espíritu y corazón de la película. Él y Blanc hacen una divertida y conciliadora pareja dispareja; aunque el segundo no simpatiza con la institución que el primero representa, entiende la bondad fundamental que guía su creencia.
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La religión católica, con sus muchas imágenes y simbolismos, también le permite a Johnson hacer lo que hace siempre ha hecho: divertirse. Su título, que toma prestado de una canción de U2 y literalmente se traduce a “despierta hombre muerto” sugiere un complot elaborado o sobrenatural que hará ecos al milagro de la resurrección de Jesús. Un objeto de particular importancia alude a la manzana que despojó a Adán y Eva del jardín del Edén – introduciendo así otro tema importante, el de la tentación. Mientras que el mismo nombre de Jud alude por supuesto al de Judas (que traiciona a Jesús así como Jud parece traicionar a Wicks). Un bar, en el que Jud se refugia después de ser rechazado determinadamente por la congregación, es decorado totalmente en imágenes del diablo. Detalles obsesivos como éstos serían pedantes en una película más seria. Pero Johnson puede cortar el tono solemne que construye a ratos con chistes de lo más vulgar. Las alusiones religiosas son una cara de su humor. La otra: una cripta vandalizada con dibujos de penes, momento que recibe un genial remate cuando Martha cree inocentemente que se trata de cohetes espaciales. O Wicks tratando de incomodar a Jud describiendo con detalle distintas de formas de masturbarse. Wake up dead man igualmente juega y se divierte con su técnica. Para las escenas que ocurren en el interior de la iglesia, el director de fotografía Steve Yedlin alterna entre la nublada oscuridad y fuertes destellos de luz que parecen intervención divina, apareciendo justo cuando el drama lo exige. Un flashback lleno de ira es filmado parcialmente a través de vidrios de colores acomodados en ángulos expresionistas. Movimientos de cámara llamativos aparecen de manera ocasional para hacer énfasis en algún objeto o evento importante, pero su estilo tiende a ser sutil y modesto, componiéndose principalmente de primeros planos que nos permiten leer con claridad aquellas expresiones mínimas que delatan las verdaderas intenciones de sus personajes. La música de Nathan Johnson, con sus cuerdas chillantes y nerviosas, completan la atmósfera de un misterio clásico. No puedo hablar con el mismo entusiasmo de la forma en que la película trata a su elenco. La lista de nombres famosos es impresionante–Mila Kunis y Thomas Haden Church completan los papeles más importantes: ella como una agente de policía, él como el jardinero de la iglesia. Pero no siento que brillen verdaderamente como conjunto. Aunque Johnson comunica la motivación de cada personaje con eficiencia, sacrifica oportunidades para que, al interactuar, revelen verdaderas personalidades. Extrañé los mezquinos pleitos entre el caprichoso clan de Entre navajas y secretos o los ilusos disruptores de Glass Onion. Pero si Wake up dead man sacrifica este placer particular, nos entrega muchos otros también. Me queda claro que Johnson llega a Benoit Blanc con un amor profundo y conocimiento enciclopédico de las narrativas de misterio – una de sus pistas importantes es la lista de recomendaciones de un club de lectura, lo que la hace la rara película que viene con bibliografía incluida. En sus fórmulas no ve rígida repetición sino la capacidad de experimentar y jugar con la forma en que las películas nos transmiten información y juegan con nuestro conocimiento. Después de dudar por un momento, Johnson recuperó mi fe. Wake up dead man: Un misterio de Knives Out está disponible en cines. alberto.villaescusa19@gmail.com X: @betovillaescusa
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IV DOMINGO DE ADVIENTO He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo
(MT 1, 18-24)
Día del Señor Carlos Poma Henostroza*
stamos ya en el último domingo anE tes de la Navidad sería oportuno ir considerando la venida del Salvador, en y sus planes. José no entiende del todo su nacimiento en Belén. Ya estamos casi listos, disponiéndonos a celebrar a Dios que ha querido entrar en nuestra historia, y que quiere permanecer con nosotros y, sobre todo en estos días, quiere hacer lo que un día nos prometió: “yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos (Mt 28, 21). Vayamos preguntándonos. ¿Hemos preparado bien el camino de nuestra familia para que el Señor entre en ella? ¿Hemos dispuesto nuestro corazón para que Dios hable? El Evangelio de hoy nos habla, muy especialmente de María, la madre en que se cumplirá la profecía de Isaías: la virgen da a luz un hijo (Is 7, 14). Ella es la nueva Eva, a la que alude el prefacio de este domingo; en él proclamaremos que “si del antiguo adversario nos vino la ruina, del seno virginal de María, la hija de Sión, ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz”. El recuerdo de la Virgen-Madre es muy oportuno para que terminemos bien el Adviento y celebramos con fe la Navidad. La Virgen María se mantiene en silencio: lo que Dios le ha dicho en privado, Ella lo conserva en su corazón y no le dice nada de ello a José. El Señor suele actuar así, en forma misteriosa y secreta. Y el Señor mantiene el secreto, hasta que José, hombre bueno y santo, “no queriendo poner a María en evidencia”, nos dice el texto evangélico, decide abandonarla también en secreto. Pero Dios, que tiene su momento para revelarse, le habla en sueños a José a través del Ángel: “María ha concebido por obra del Espíritu Santo”. José, el humilde artesano, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios
el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María; él conoce o, al menos, intuye el misterio y que el hijo que va a tener María es obra de Dios y, humildemente, no queriendo usurpar una paternidad que ya sabe que es del Espíritu, quiere retirarse. No comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Será el ángel enviado por Dios quien le asegure que sí cabe: él va a ser el esposo de María y esta condición certificará que el Mesías era de la dinastía de David. José cree lo imposible, igual que María en la Anunciación creyó lo imposible. Ambos creyeron que para Dios no hay nada imposible. José sin ser el padre biológico del hijo de María, recibe la misión de hacer de padre a Jesús, acogiendo la voluntad de Dios, actúa como esposo de María y como padre legal de Jesús. Desde el Adviento, en la Navidad y en la Epifanía José está muy presente. Junto con María, también él es un modelo para nosotros, abierto a la Palabra de Dios y obediente a la misión que se le había confiado. La capacidad de escucha, de confianza en Dios y de aceptación de su voluntad que tuvieron María y José debe ser para nosotros un ejemplo que nos anime a superar todas nuestras dificultades. La razón de nuestra esperanza es que Dios cumple su promesa, es “Dios con nosotros”. Que nuestro Señor, los bendiga hoy, acompañe y proteja siempre. * Presbítero. cpomah@yahoo.com
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PSEUDOCIENCIA: ENTRE LA PERSUASIÓN Y EL FRAUDE (PARTE II) Reflexiones de un Abuelo Rafael “Rach” Solana*
La ciencia es como el sexo: algunas veces tiene aplicaciones prácticas, pero no es por eso que la hacemos. (Richard Feynman)
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a ciencia usa la razón y su finalidad es generar conocimiento. Los científicos son motivados por el deseo de saber más, de conocer más. Ese deseo de conocer, la episteme al que se referían los griegos clásicos, era (y es) la chispa que arranca cualquier aventura de escudriñar a la naturaleza que incluye, sin lugar a dudas al interior del humano (físico y espiritual), y por supuesto a su ambiente – todas las diversas esferas del sapiens. Para Platón, el conocimiento era la verdad real y el punto más alto del saber; lo que concierne a la razón. Aristóteles, por su parte, consideraba que el conocimiento se derivaba de la experiencia; comienza con el uso de los sentidos y sus captaciones, que forman las imágenes de la naturaleza en el humano que practica la investigación científica. Para ambos filósofos, el conocimiento es el medio para intentar comprender la realidad y el mundo que nos rodea. Sin embargo, los que profesan esa actividad: los científicos, como cualquier humano, también pueden ser motivados por otras causas. Ese deseo de saber, hoy en día y desde tiempos pasados, se acompaña de otros estímulos que impulsan al sapiens científico a emprender la búsqueda
del conocimiento. Y estas otras motivaciones en muchos casos, desafortunadamente, ocasionan sesgos o distorsiones cognitivas; voluntarias o involuntarias. Presiones de los humanos que financian a la ciencia, creencias arraigadas en el grupo de trabajo, urgencias ambientales o de salud, nuevas técnicas de investigación y muchas más, en muchas ocasiones desvían por caminos diferentes al trazado original y llevan al científico a otros “puertos del saber”, muchas veces con mejoras en la generación del conocimiento (si es que la palabra mejora pueda ser aplicada), pero en otros casos con efectos desastrosos o no deseados, para las sociedades humanas o para el ambiente. De entrada, toda la ciencia debe ser financiada por algún agente exterior al grupo científico. Y ese financiamiento de alguna manera está vinculado a intereses específicos: empresas privadas, gobiernos o sociedad civil, siempre tendrán una motivación diferente a solamente generar conocimiento. El financiamiento desde los gobiernos se sir-
ve de la ciencia para impulsar sus ideas políticas; los fondos donados por alguna entidad privada son motivados por ganancias económicas y, en general, cualquier origen financiero tiene intereses particulares. La ciencia no escapa de las leyes del mercado en cualquier país, por más marxista que sea. Un caso especial, por ejemplo, es cuando los países “estimulan” a sus científicos a través de becas económicas, según su productividad. Eso no está mal; al contrario, la sana competencia permite mejorar las formas de hacer ciencia, desde la formulación de las hipótesis hasta la publicación o el uso de los resultados en beneficio del humano. El problema es cuando esa “libre competencia” es diseñada en esferas burocráticas que ignoran como hacer ciencia. Ese es el caso, por ejemplo, cuando se definen los indicadores con los que miden esa productividad. ¿Publicas tus resultados de manera abundante?, entonces eres de los mejores: “publicar o morir” dicen algunos. Al final de un ciclo
anual se escuchan en los pasillos de los centros de investigación o en las universidades: ¿Cuántos papers produjiste este año? Desafortunadamente esa pregunta pocas veces se acompaña con el cuestionamiento de que significan esos documentos en la generación de conocimiento, que finalmente es la razón de la ciencia. Las distorsiones como la mencionada arriba son producto de la forma de administrar a la ciencia. La falta de conocimiento de los que administran los sistemas científicos o sus sesgos de visión por motivaciones ideológicas o creencias, conllevan a inventar sistemas de estímulos para la ciencia o de financiamiento, alejados del objetivo de generar conocimiento. En estos sesgos cognitivos han inventado, por ejemplo, una división de la ciencia: la ciencia básica y la ciencia aplicada. Ya Luis Pasteur mencionaba que tal división es inexistente: “Sólo hay aplicaciones de la ciencia”. Y más recientemente el destacado científico y médico mexicano Ruy Pérez–Tamayo mencionaba que “la ciencia —actividad humana que busca comprender la naturaleza y cuyo único producto es el conocimiento— no se ocupa de resolver problemas sociales, laborales, de salud y ni siquiera tecnológicos, sino solamente problemas científicos” (Bonfil-Olivera: https://www.comoves.unam.mx/). Hasta hoy nadie ha podido trazar la frontera entre estos supuestas dos tipos de ciencia y a lo más caen en definiciones circulares: “la ciencia básica es la que no se aplica y la otra es la que se aplica”. No hay tal división, soluciones a grandes problemas sociales o del ambiente se han originado por preguntas que nacen de la simple curiosidad de un humano científico. Ejemplos hay miles, la obtención de la vacuna contra el Covid a través de la edición genética o la solución al problema del adelgazamiento de la capa de ozono, se han generado desde laboratorios científicos, por sapiens que han hecho buena ciencia. La ciencia es solamente ciencia.
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Lo qué sí existe, y los humanos que hacen ciencia pueden clasificarla fácilmente dado su experiencia, es la ciencia bien hecha (Pérez Tamayo dixit) y además reconocer cuando algo aparenta ser ciencia pero que tiene otros fines a la generación del conocimiento. Pseudociencias que aparentan ser ciencia abundan en los laboratorios científicos del mundo. De acuerdo con Lifshitz, un médico mexicano dedicado a la ciencia, “la lista de falsas ciencias y falsos investigadores a lo largo de los tiempos es interminable, pero muchos han sido identificados más o menos fácilmente. No obstante, muchas de estas pseudociencias y de estos pseudocientíficos siguen teniendo adeptos con base en anécdotas que pueden tener su explicación en el efecto placebo o en la tendencia de ciertas enfermedades a curarse solas (vis medicatrix natura)”. A esas actividades que aparentan ser ciencia, pero que tienen otros fines, les denominaré aquí pseudociencia depredadora, para diferenciarla de la pseudociencia innata mencionada en la columna precedente a esta (ver La Brújula no. 112). La sugerencia de este nombre se debe a que estas actividades pseudocientíficas utilizan foros de difusión de gran calado, como revistas o sitios electrónicos con amplia difusión, para publicar sus resultados. Estas revistas y sitios de redes de comunicación son impulsadas por empresas privadas que obtienen ingentes ganancias en cada publicación. Debido a esta característica y otras, a estas revistas se les ha denominado depredatory journals. Los predatory journals son publicaciones que muestran una frecuencia constante y aparentemente son administradas desde empresas bien establecidas. Sin embargo, a diferencia de las revistas científicas, carecen de un comité editorial integrado por expertos en el tema que publican y no cuentan con un mecanismo efectivo para que los manuscritos se someten
a revisión de otros científicos antes de ser difundidos, lo que los científicos denominan “revisión por pares”. Otras características que presentan son: prometen falsas expectativas sobre el impacto y la indexación de los artículos publicados en bases de datos reconocidas; falta de transparencia – por ejemplo, no proporcionan información clara sobre sus políticas de retracción o plagio; realizan campañas de solicitud de manuscritos y usan números ISSN (el número seriado de la publicación) falsos. Estas predatory journals representan una amenaza para la ciencia y para la salud pública o del ambiente. Permiten la difusión de información falsa con apariencia académica, que puede ser utilizada para justificar terapias pseudocientíficas, productos milagro, cosméticos sin base clínica o incluso políticas públicas basadas en estudios fraudulentos. En palabras de Carles Tamayo, “cualquiera con 80 dólares y un documento en inglés técnico puede publicar lo que quiera en algunas de estas revistas”. La pseudociencia depredadora ha sido usada para justificar la utilización de plaguicidas negando efectos nocivos para la salud humana y también para apoyar la aplicación de políticas específicas o para probar genéticamente la su-
perioridad de una raza (ciencia xenófoba) y muchas otras distorsiones en perjuicio del ser humano y del ambiente. A continuación, presentaré algunos ejemplos. El primer ejemplo se refiere al efecto de fumar marihuana en el tamaño del pene. Este caso fue presentado por el creador de contenido y periodista español Carles Tamayo con el objetivo de advertir de los riesgos de la desinformación generada por un falso trabajo científico (https:// www.abc.es/sociedad/: J Palomo, 26/05/2025). Este periodista logró publicar en varias revistas académicas una investigación inventada, con datos absurdos y coautores que son falsos, para denunciar el negocio de las predatory journals. Se trata de un supuesto estudio científico que aseguraba que fumar marihuana hacía crecer el pene en más de dos centímetros. El nombre de este artículo que contiene estos falsos resultados lleva como sugerente título (en inglés, obviamente): The perceived effect of cannabis use on penile growth in humans. Pero todo es falso: los datos, las universidades, los autores y las conclusiones. El manuscrito resultado de esa falsa investigación fue enviado a varias revistas y aceptado por seis; se publicó en tres. Un ojo medianamente
entrenado que lee ciencia automáticamente reconocería la falsedad de los datos, de los tratamientos y de las conclusiones. Por ejemplo, en un trabajo científico lo primero que hay que declarar es cuál es la fuente de información y cómo se extrajo esta. En el artículo mencionado nos dice que los datos correspondían a una muestra de 10 mil hombres jóvenes de un pequeño pueblo del sur de España que apenas tiene 3 mil habitantes, entre hombres y mujeres (saque sus propias conclusiones). Pero más aún, los supuestos autores eran miembros de universidades inexistentes como la “Universidad Central de Charlatanería de Cochabamba y la Universidad de Jerbos Independientes de Siberia, esta última representada por dos roedores ficticios —Wilfred el jerbo y Richmond el jerbo— que figuraban como coautores del estudio”. Ya en sus conclusiones se incluyó una afirmación absurda: “el supuesto efecto del cannabis era mayor si la droga se pagaba con objetos no monetarios, especialmente cromos de Dragon Ball. Una frase del artículo decía textualmente: “Los datos de este artículo han sido falsificados, ya que nuestros encuestados son producto de nuestra imaginación”. Pero a pesar de la evi-
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dente falta de rigor científico, el artículo se publicó sin ninguna corrección ni solicitud de verificación. Este mismo periodista, en colaboración con Fernando Cervera (locutor español y divulgador científico) nos ha hecho reír contando el supuesto beneficio a la salud, utilizando la llamada terapia de “fecomagnetismo”. Esta es supuestamente una terapia basada en heces humanas. Para mayor información refiérase al siguiente sitio: https://www.libertaddigital. com/ciencia-tecnologia/ciencia/2014-08-27/. Esto es una demostración clara de cómo el uso de tecnicismos puede disfrazar a la pseudociencia en ciencia. El artículo del pene y el cannabis y la falsa terapia de fecomagnetismo no son solo una broma: son una llamada de atención para tener cuidado de esas pseudociencias depredadoras y sus efectos en el humano y en el ambiente. Carles Tamayo y sus colegas denuncian que el sistema de publicación científica está siendo utilizado por quienes buscan dar legitimidad a informaciones falsas. El experimento es, en palabras de sus autores, “una herramienta de pedagogía crítica para alertar sobre la pseudociencia y la importancia de la revisión por pares”. Pero la pseudociencia depredadora tiene otros caminos, que no son tan fáciles de descubrir y que ha llevado muchos años su detección. Esto sin embargo lo platicaré en las siguientes columnas. Y para no dejar pasar la ocasión, ya que este manuscrito será integrante del último número de La Brújula durante 2025, aprovecho para desearles a todos los que me honran con la lectura de estas reflexiones que tengan una feliz navidad y un próspero año nuevo, en compañía de sus seres queridos. Ya nos veremos en este espacio o en otros, para seguir conversando y reflexionando sobre los avatares de la vida. * Consultor ambiental.
rsolana@biig-consultores.com
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LA HUMANIDAD ES UNA DECISIÓN Entre el 20 y el 26 de diciembre, la historia ofrece gestos que interrumpen la violencia, la indiferencia y el ruido. Desde un llamado global a la solidaridad hasta una tregua en plena guerra y una tragedia natural devastadora, este texto propone una lectura: la humanidad no es un ritual, sino una decisión compartida REDACCIÓN/LA BRÚJULA Ensenada, B. C.
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ntre el 20 y el 26 de diciembre, el calendario concentra una serie de fechas que, vistas de manera aislada, parecen inconexas. Pero leídas como una sola historia, forman un espejo incómodo y necesario sobre lo que significa ser humanos en tiempos de ruido, violencia y fragilidad compartida. No es una semana de celebraciones en sentido estricto, sino una franja del tiempo donde la historia ha dejado señales claras: llamados formales a la solidaridad, gestos espontáneos de
fraternidad en medio de la guerra y tragedias naturales que desnudan la vulnerabilidad colectiva. En ese cruce se juega una pregunta que sigue vigente: ¿qué hacemos con nuestra humanidad cuando todo alrededor empuja en sentido contrario? El 20 de diciembre, la Organización de las Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de la Solidaridad Humana. No es una efeméride popular ni ocupa titulares, pero su origen y su mensaje son profundamente políticos y éticos. Fue establecida por la Asamblea General mediante la resolución 60/209, que define la solidaridad como “uno de
los valores fundamentales y universales que deben subyacer a las relaciones entre los pueblos en el siglo XXI”. En un lenguaje sobrio, casi burocrático, la ONU recuerda que los grandes problemas contemporáneos —la pobreza, el hambre, la desigualdad, el cambio climático— no pueden resolverse de manera aislada. En uno de sus mensajes institucionales se afirma que la solidaridad “reconoce nuestra humanidad compartida y la interconexión de nuestros destinos”. El dato duro es el contexto: según cifras de la propia ONU, más de 700 millones de personas en el mundo viven en pobreza extrema, con menos de 2.15 dólares al día. La solidaridad, en este marco, no es un gesto moral abstracto, sino una necesidad estructural. Sin cooperación internacional, esos números no disminuyen: se normalizan. El llamado del 20 de diciembre no celebra lo que somos,
sino lo que aún no hemos logrado ser como comunidad global. Cuatro días después, el calendario retrocede más de un siglo y nos coloca en otro escenario, aparentemente opuesto: el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, diciembre de 1914. Trincheras llenas de lodo, frío, hambre y miedo. Millones de hombres movilizados para una guerra que apenas comenzaba a mostrar su verdadera dimensión. Y sin embargo, en la víspera y el día de Navidad, ocurrió algo que ningún alto mando ordenó ni pudo controlar del todo. Soldados británicos, franceses y alemanes dejaron de disparar. Salieron de las trincheras. Se encontraron en la tierra de nadie. No fue un acto coordinado ni universal, pero los historiadores coinciden en su alcance: hasta 100 mil soldados participaron en distintos puntos del frente en treguas espontáneas. Se intercambiaron cigarrillos, chocolate, botones de uniforme. Se cantaron canciones. Se enterraron muertos en común. En algunos sectores, se improvisaron partidos de futbol. Un soldado británico recordaría años después: Looking back on it all, i wouldn’t have missed that unique and weird Christmas Day for anything —“Mirando atrás, no me habría perdido aquel día de Navidad único y extraño por nada”.
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Ese gesto, breve y frágil, no detuvo la guerra. La Primera Guerra Mundial terminaría costando más de 16 millones de vidas, entre militares y civiles. Los mandos prohibieron que la tregua se repitiera en los años siguientes. Y sin embargo, lo ocurrido en diciembre de 1914 permanece como una fisura luminosa en la historia de la violencia organizada. No porque cambiara el curso del conflicto, sino porque demostró que incluso en las condiciones más extremas, los seres humanos pueden reconocerse unos a otros como algo más que enemigos. La Tregua de Navidad no fue un rito religioso. Fue un acto cultural de encuentro. Un momento en el que el calendario, el cansancio y la memoria personal se impusieron, por unas horas, a la lógica de la guerra. Lo que se suspendió no fue solo el fuego, sino la deshumanización. Ese gesto sigue interpelando al presente porque revela algo incómodo: la violencia necesita de estructuras, órdenes y narrativas; la humanidad, a veces, solo necesita silencio y proximidad. El 25 de diciembre, entendido desde esta perspectiva, deja de ser una fecha confesional para convertirse en un símbolo cultu-
ral más amplio: la necesidad de pausa, de cuidado, de reconocimiento mutuo. A lo largo del mundo, millones de personas se reúnen ese día no por dogma, sino por costumbre, por afecto, por memoria familiar. Incluso quienes no celebran la Navidad participan, de una u otra forma, en ese ritmo social que invita a detenerse. No siempre se logra. Pero la intención persiste. Al día siguiente, el 26 de diciembre de 2004, esa ilusión de control se rompió de manera brutal. Un terremoto submarino de magnitud 9.1 frente a la costa de Sumatra provocó un tsunami que golpeó las costas del océano Índico con una fuerza devastadora. En cuestión de horas, comunidades enteras fueron arrasadas en Indonesia, Sri Lanka, India, Tailandia y otros países, llegando incluso a la costa oriental de África. Más de 230 mil personas murieron. Millones quedaron desplazadas. Fue uno de los desastres naturales más mortíferos de la historia moderna. El dato es contundente: según organismos internacionales y registros oficiales, el tsunami afectó a más de 14 países y dejó a alrededor de 1.7 millones de personas sin hogar.
La naturaleza no distingue credos, fronteras ni celebraciones. Para miles de familias, el día después de Navidad no fue descanso ni encuentro, sino pérdida absoluta. Y sin embargo, de nuevo, apareció la humanidad. La respuesta internacional fue inmediata y masiva. Gobiernos, organizaciones civiles y ciudadanos comunes enviaron ayuda humanitaria, recursos, personal médico. Se calcula que la respuesta global movilizó más de 14 mil millones de dólares en ayuda, una de las mayores oleadas de solidaridad internacional registradas hasta entonces. No devolvió la vida a quienes la perdieron, pero evitó una catástrofe aún mayor. Mostró, una vez más, que frente a la fragilidad compartida, la cooperación no es un ideal abstracto, sino una herramienta concreta de supervivencia. Vistos en conjunto, estos hechos —el llamado institucional del 20 de diciembre, la tregua espontánea de 1914, la tragedia del tsunami de 2004— trazan una misma línea: la humanidad aparece cuando se reconoce la interdependencia. A veces desde la norma y la diplomacia. A veces desde el gesto mínimo entre desconocidos. A veces desde la
urgencia que impone la tragedia. No hay romanticismo posible en estas historias. La guerra continuó después de la tregua. La pobreza persiste pese a los llamados de la ONU. Los tsunamis seguirán ocurriendo. Pero hay algo que permanece como aprendizaje histórico: la humanidad no es un estado permanente ni garantizado. Es una decisión que se toma —o se omite— una y otra vez. En una época saturada de información, de opiniones estridentes y de conflictos amplificados, volver la mirada a estas fechas no es un ejercicio nostálgico. Es una forma de buscar sentido. De recordar que, más allá del ruido, la historia también está hecha de silencios compartidos, de manos extendidas, de pausas que permiten ver al otro no como amenaza, sino como semejante. Tal vez por eso esta semana del calendario sigue hablando. No para decirnos quiénes somos, sino para preguntarnos, con insistencia serena, qué estamos dispuestos a hacer con nuestra humanidad. * Texto elaborado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial.
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CUANDO LA HISTORIA SUCEDE SIN TESTIGOS Crónicas Rurales
documente con responsabilidad, rigor y compromiso con la memoria colectiva.
AHÍ ES DONDE ENTRA LA FIGURA DEL CRONISTA Reynaldo Magaña*
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n cada época, en cada coyuntura importante de la vida social, hay hechos que marcan un antes y un después. Algunos son proclamados como históricos desde el primer día; otros, en cambio, parecen episódicos, pasajeros, incluso incómodos. Sin embargo, el tiempo es implacable y termina colocando cada suceso en el lugar que le corresponde. Lo verdaderamente grave no es que los acontecimientos ocurran, sino que cuando suceden, no haya quien los
El cronista no es un espectador pasivo ni un decorador de efemérides. Tampoco es un burócrata de la nostalgia. Es, en esencia, el notario social del presente, el testigo que observa cuando la mayoría solo reacciona, el que conserva cuando la vorágine arrasa, el que escribe cuando otros prefieren guardar silencio. Su tarea no es tomar partido político, sino dejar constancia de los procesos humanos, sociales, económicos y culturales que moldean una comunidad. Las ciudades no se explican únicamente por sus edificios, sus fechas oficiales o sus personajes de bronce. Se explican por sus conflictos, por sus decisiones colecti-
Escudo de Ensenada.
Máquina de escribir antigua.
vas, por sus tensiones no resueltas, por los momentos en que una sociedad se detiene, reflexiona y se redefine. Todo eso constituye materia prima de la crónica. Por eso resulta indispensable entender que la función del cronista no está en la comodidad del escritorio, sino en el pulso de la calle, en la vida pública, en los espacios donde se reconfigura el destino de la comunidad. La historia no avisa cuándo va a cambiar de rumbo; simplemente lo hace. Y cuando nadie está mirando con ojos de cronista, el registro se pierde, se fragmenta o se distorsiona. Cada generación tiene sus propios desafíos: crisis económicas, disputas por el territorio, transformaciones legales, cambios en el modelo de desarrollo, choques entre el poder y los sectores sociales. Todo eso va tejiendo una narrativa que no siempre aparece en los informes oficiales ni en los discursos ins-
titucionales. Esa narrativa vive en las voces de la gente, en los acuerdos y desacuerdos, en las decisiones colectivas que definen el rumbo de una región.
RESCATAR ESAS VOCES DEL OLVIDO
No basta con que los acontecimientos queden registrados en redes sociales, comunicados de prensa o archivos administrativos. La crónica aporta contexto, interpretación, secuencia, rostro humano. Convierte el dato en historia y el momento en memoria. Sin cronistas, los pueblos solo conservan fragmentos dispersos de su pasado; con cronistas, construyen identidad. Y es justamente en los tiempos de mayor tensión cuando la crónica se vuelve más necesaria. Porque es fácil escribir cuando todo es celebración, pero es imprescindible escribir cuando hay incertidumbre, confrontación, reorganización social,
replanteamiento de derechos y de responsabilidades. Ahí es donde se define qué tipo de sociedad somos y qué tipo de sociedad queremos ser. Los cronistas no están para aplaudir ni para condenar: están para registrar con fidelidad. Para nombrar a los actores, ubicar los escenarios, describir los procesos, dar cuenta de las consecuencias. Su compromiso no es con los gobiernos, ni con los grupos de poder, ni con las mayorías estridentes. Su compromiso es con la verdad histórica y con las generaciones que algún día preguntarán: ¿qué pasó?, ¿cómo pasó?, ¿por qué pasó? Cuando un cronista falta a su cita con la historia, no solo se pierde una página: se pierde una clave para entender el presente. Porque la memoria no se construye sola. Se construye con trabajo, con presencia, con escucha y con escritura. En tiempos donde el ruido informativo es constante, donde lo urgente desplaza a lo importante y donde lo inmediato sepulta a lo trascendente, la crónica sigue siendo un acto de resistencia. Resistencia contra el olvido. Resistencia contra la versión única. Resistencia contra la comodidad de mirar hacia otro lado. Por eso, hoy más que nunca, resulta indispensable reivindicar el papel del cronista como guardían de la memoria viva, como observador crítico del tiempo que nos toca, como puente entre lo que está ocurriendo y lo que mañana será historia. Porque los pueblos que no se cuentan a sí mismos, tarde o temprano terminan siendo contados por otros. Y no siempre con justicia. *El autor es consejero regional de la crónica de Ensenada. Youtube: Foro Agrario México, X: @ReyMagaa, Facebook: Crónicas rurales, Instagram: reynaldo_magana, Treads: reynaldo_magana, Correo: reyconosil@gmail.com
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PERSONAJES PARA CONECTAR Caracol, Un Museo Para Ti Mayra Alexandra Pérez Corral*
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taviada con su chaleco café, unas botas caqui desgastadas, un casco de exploradora que notoriamente ha vivido más aventuras que cualquier persona promedio y una serpiente que cuelga de su brazo, Marianita Salvaje sale por la puerta que está detrás del escenario del Auditorio “Estela Parrilla Echeverría”. Las personas se asombran por el tamaño de Cuate, la serpiente alicante o cincuate que vive en Museo Caracol y acompaña a Marianita a hacer sus presentaciones. Marianita Salvaje representa la parte más aventurera del museo. Con mucha energía y amor por los animales, ella logra que los visitantes conozcan las especies que tenemos en Caracol. A través de sus presentaciones y talleres denominados “Animales en Acción”, las personas aprenden sobre la diferencia entre fauna nativa y fauna exótica, la importancia de
respetar a especies como tarántulas y serpientes, y qué considerar antes de adquirir una mascota exótica. Marianita Salvaje es sólo un personaje, pero nace de una persona real. La bióloga Mariana Novelo Bátiz es quien se dedica al cuidado de las especies terrestres como miembro del equipo de Divulgación y Educación Científica de Caracol. Ella, antes de interpretar a su personaje, impartía una conferencia titulada “Charlando con animales”, que tenía su versión alternativa “Charlando con serpientes”, donde hacía básicamente lo mismo que hace Marianita: mostrar a los animales y enseñar sobre ellos. Pero a la charla le faltaba algo. Los otros miembros del equipo de Divulgación empezaron a hablar sobre qué hacía falta para que la charla fuera más interesante y que el público conectara mejor con el mensaje. Como muchas grandes ideas, empezó como un juego. “Que se tire de una tirolesa para llegar al escenario”, “que se cuelgue de lianas”, “que vaya vestida como exploradora”. Así fue surgiendo el personaje. Una exploradora valiente que conoce y ama a los animales. Obviamente no se tira de una tirolesa… aún, pero los visitantes llenan el auditorio para verla, la gente se emociona, los niños participan con entusiasmo, los jóvenes escuchan con atención y curiosidad. El uso de personajes es una estrategia que ayuda a conectar con la au-
diencia, especialmente en temas que pueden parecer complejos. Implica ponerle voz, rostro y personalidad, en este caso a la ciencia, para que llegue a públicos de diferentes edades. Esto reduce barreras cognitivas y emocionales entre los visitantes y la ciencia que buscamos comunicar. Desde que somos pequeños, los personajes nos ayudan a comprender nuestro entorno. Ya sea por medio de cuentos, fábulas, o incluso anécdotas familiares, las historias y sus personajes van moldeando nuestras ideas acerca del mundo y la realidad que nos rodea. Por eso no es raro que conectemos con personajes de películas o series, y hasta con mascotas de diferentes marcas. Los personajes son elementos narrativos que, bien construidos y utilizados, pueden servir a las organizaciones para construir identidad y ser símbolos y puentes de comunicación entre ellos y sus audiencias. Además, en ámbitos culturales y de educación, el uso de personajes y mascotas puede enriquecer la experiencia de aprendizaje, hacer más relevante el contenido y despertar la curiosidad del público. Aunque la mascota o el personaje no sea humano, el atribuir características y rasgos humanos a objetos y animales facilita que las personas se identifiquen emocionalmente con él y se involucren más activamente en la experiencia que ofrecen. Esto sucede porque los humanos nos relacionamos mejor con figuras que se parecen a nosotros. Un conejo que va tarde a su trabajo, un león que perdió a su padre o un juguete que está celoso porque su dueño prefiere jugar con otro juguete, son algunos ejemplos que, seguramente, más de uno recuerda muy bien. Los objetos que parecen vivos o animales que comparten nuestras
características, tanto físicas como emocionales, nos ayudan a vernos a nosotros mismos y empatizar. Estamos más abiertos a escuchar la información que nos brinden o a aprender de sus experiencias. Por eso, y tomando en cuenta el éxito de Marianita Salvaje, quisimos crear otro personaje. Marianita habla únicamente sobre animales, así que buscamos un personaje que pudiera representar los tres ejes de Caracol: el cielo, la tierra y el mar. También debía ser un explorador, y despertar curiosidad y asombro, pero al mismo tiempo, tenía que ser tierno y amigable. Y por supuesto, al ser la mascota de Museo Caracol, pensamos que debía ser un caracol. Este tierno caracol es el personaje oficial de Caracol Museo de Ciencias. Tiene su chaleco azul como buen guía del museo y su sombrero de explorador, muy similar al de Marianita Salvaje. El único problema es que no le hemos encontrado un nombre adecuado. Por eso, desde la semana pasada tenemos una campaña activa para que las personas puedan votar por el nombre o incluso proponernos alguno. Los nombres que más nos gustan son añadidos como opciones que se pueden votar. Si quieres ayudarnos a elegir un nombre para nuestro personaje oficial, puedes ir a nuestras redes sociales donde tenemos el enlace para entrar a la encuesta. Estaremos muy agradecidos con tu participación ya que este pequeño caracol es una herramienta más con la que buscamos acercar a las personas a la ciencia, que se inspiren a cuidar la naturaleza que les rodea y a descubrir algo nuevo sobre su entorno. * Coordinadora de Comunicación de Caracol Museo de Ciencias.
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LOS BUENOS PROPÓSITOS Una Mirada Hacia la Infancia Laura Beltrán Padilla*
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iciembre es una temporada que nos invita a reflexionar sobre lo acontecido durante el año y visualizar lo que queremos lograr para el siguiente ciclo. Ahora nuestra energía se centra en las fiestas decembrinas, en ambientar el hogar y participar en actividades familiares y sociales. Solemos hablar de los buenos propósitos, pero pocas veces consideramos lo que implica el llegar a una meta. Los buenos propósitos forman parte de un contexto cultural que combina muchas emociones, como la alegría por lo vivido, la tristeza por lo perdido y el deseo de cambio y de lograr más. La motivación siempre es necesaria para recargar la energía y modificar conductas no saludables que no nos permiten avanzar. Ser comprensivos con uno y con los que tenemos cerca es importante. Tal vez un integrante de la familia logró buenos resultados este año y el otro no lo hizo como quería por diversas circunstancias que nos toman por sorpresa. Lo que sí, los cambios intencionados no ocurren de la noche a la mañana. Siempre se necesita subir
peldaños, y de manera segura, para mantener el bienestar. Hay hogares en donde predomina la unión y la armonía, y en otros el caos y la pesadumbre; en donde se reviven momentos de dicha y felicidad, o de conflicto, por duelos no elaborados. En estas fechas, el factor económico juega un papel crucial para dar cierta quietud. Para los adultos, cada día representa un reto, que depende de la estabilidad personal y de crianza para mantener cierto equilibrio. La energía se transmite en el diario vivir y los hijos aprenden de lo que observan y reciben. Estos propósitos valiosos, es importante visualizarlos, ejecutarlos y registrarlos con cierta disciplina. Algo común es el acumular algunos kilos en estas festividades; preocuparse es una cosa y ocuparse es otra. Lo ideal es trazar un plan, modificar hábitos y realizar cambios paulatinamente. Para eso debemos ser conscientes y disfrutar del trayecto para mejorar en diversas áreas. La convivencia, el tiempo de calidad y la buena escucha, suelen ser muy benéficos para nutrir el alma y el corazón tanto de pequeños como de grandes. Es importante considerar a todo el ser: cuerpo, mente y emociones, y reflexionar sobre cómo estamos en cada uno de ellos. ¿Cómo me siento física y anímicamente? ¿Tengo salud? ¿Me estoy alimentando bien? ¿Tengo buen sueño? ¿Cómo estoy promoviendo buenos hábitos en los menores que tengo cerca? Todos estos ingredientes son parámetros que nos indican cómo está funcionando nuestro organismo, si nos sentimos bien o requerimos hacer cambios para mantener
una mejor calidad de vida. En casa no solo es compartir ideas, sino ser ejemplo para los demás. Recomendaciones Agradecer por las experiencias, inclusive los retos difíciles. Cerrar ciclos pendientes y no guardar rencores. Pedir disculpas si ofendí o actué mal. Perdonarme por no lograr lo que esperaba. Pasar tiempo de calidad con los seres queridos. Cerrar el año sin deudas o no hacer gastos innecesarios. Planear el siguiente año y prever lo necesario. Vivir con espiritualidad, fe y valores.
Acciones Mejorar la salud, hacer ejercicio, comer sano y descansar. Aprender algo nuevo, inscribirse en un curso o desarrollar una habilidad. Fomentar la literatura con los hijos y ver películas de buen contenido.
Actividades recreativas en familia, sociales y en contacto con la naturaleza. Mejorar la comunicación entre padres e hijos, tiempo de calidad. Realizar acciones de voluntariado y comunitarias con los hijos. Llevar un control de presupuesto y gastos necesarios para el hogar. Realizar cambios importantes siempre y cuando sean para mejorar. Considerar acompañamiento psicológico si se da algún acontecimiento difícil. Por tanto, esta temporada es una oportunidad valiosa para reconectar, fortalecer vínculos y sentirnos dichosos por los buenos momentos, más allá de lo material y de regalos ostentosos. Lo más preciado entre seres humanos debe ser promover la cultura y transmitir valores en las siguientes generaciones, priorizando el amor, la fe y la bondad. Mis mejores deseos para cada uno y que reine la paz en sus hogares. Feliz Navidad. *Psicóloga. laurabelpad@gmail.com http://laurabeltran.com.mx
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TATUAJES El Valor de la Vida Juan Rudametkin
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a mente, fuente de un poder prácticamente ilimitado. Un don de aquel que nos creó al que yo llamo Dios para realizar obras más que monumentales, y una inagotable capacidad para enfrentar retos que rayan en la locura fundándose en conceptos que no aceptan un “no se puede” sino en un “cómo lo logro”. Pensamiento positivo como lo ejemplifica el dicho de que el vaso está medio lleno o está medio vacío. ¿Cómo lo ves tú? Esto revelará tu visión de lo que puedes realmente llevar a cabo. La mente es sólo un elemento que nos conforma y que está aunado a otros que nos hacen ver como una creación en gran perfección. El detalle estriba en la manera de cómo utilicemos todos éstos geniales atributos. El tópico de esta reflexión estribará en la manera en que algunos entes sociales dan uso, a causa de las diferentes culturas, a aquel increíble órgano llamado piel. La piel humana es el órgano más grande del cuerpo, una barrera protectora vital que regula la temperatura, percibe sensaciones, produce vitamina C y se regenera. Se divide en epidermis, la capa superficial, dermis, la capa media e hipodermis, la capa profunda, junto con anexos como lo son el cabello, las uñas y glándulas. Sigo con las maravillas. Es una defensa contra bacterias, químicos (¡con razón si me mancho de pintura de aceite y me lavo con thinner no le pasa nada!) temperatura y rayos UV, controla la temperatura corporal mediante sudor y grasa, detecta tacto, dolor, presión y temperatura, produce vitamina D al exponerse al sol, evita la pérdida de agua e ingreso de patógenos.
Entonces, ¿por qué rayos la tatuamos? Qué buena pregunta, al menos en mi apreciación personal. Dentro de las sociedades milenarias el tatuado de los cuerpos fue asociado con subculturas o estigmas ahora se transforma en una expresión de identidad cada vez más aceptada y diversificada. Sin embargo, más allá de su estética y popularidad surge una pregunta fundamental: ¿Cómo se relaciona ésta práctica con la salud mental de los individuos? (Leidy Johana Vicuña R.). El perfil psicológico de las personas tatuadas es que tienden a ser más extrovertidas, lo que implica una búsqueda activa de estímulos externos, entornos socialmente ricos y actividades concurridas. Actitud de entusiasmo hacia lo novedoso y una aversión hacia la monotonía, asumir riesgos y aventura. Necesidad de sobresalir y diferenciarse del resto, búsqueda de identidad única. Estudios diversos demuestran que hay una relación entre la personalidad y la salud mental. Definitivamente es toda una cultura que el mismo ser humano se ha impuesto con un marcado interés social. Ahora, visto desde el punto de vista de la salud, esta práctica atenta contra todos los conceptos mencionados al principio. Ahora se convierte en un total obstáculo para la función tan específica de la piel. Nuestro forro protector. A propósito, tengo algunos años batallando con una mancha en la cara a causa de los rayos UV. Y eso que no me tatúo. El punto principal de la disertación: Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo, ni imprimiréis en vosotros señal alguna, Yo el Señor. Levítico 19:28. Muy interesante. Por un lado la biología nos señala la gran importancia de la piel, por otro lado, el aspecto psicológico, y por el lado de la creación del hombre por Dios. Más que interesante ya que se presentará un choque de culturas milenarias y actuales, y claro, como sucede actualmente, ni la biología ni la fe tendrán parte. Sólo la apreciación personal, el cómo pienso y se acabó. Investigando en cuestión de fe,
como último enfoque, me encuentro con información interesante: ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Requete interesante: Hora de decidir. Primeramente tenemos que definir de qué está lleno nuestro corazón puesto que La Biblia dice que de lo que está lleno el corazón habla la boca. Cierto. Al oír a personas cuya conversación está llena de maledicencias u desprecio es seguro que su mente y corazón no sean puros. Al revelarnos el que somos el templo del Espíritu, un templo viviente, en que mente cabe el que podemos grafitear una Iglesia. Y nos damos cuenta que las iglesias no están grafiteadas. Oh. Cierto que hay conciencia de Dios a fin de cuentas. Con más razón, si nosotros somo precisamente eso, cómo pues lastimamos nuestro cuerpo al utilizar tatuajes? Y más aún, ¡Nos señala el que no somos de nosotros! O sea, que echamos mano de lo ajeno para dañarlo. La hechura de nuestros cuerpos es sumamente gloriosa y que persigue fines que trascienden incluso el tiempo. Presentarnos ante Dios en el tiempo del juicio sin mancha de ningún tipo dará lugar al gran respeto que tuvimos en vida del templo en el que Dios mismo nos convirtió. De esa manera honramos el propósito para el cual fuimos hechos. El templo del Espíritu Santo.
Gracias Dios, porque al menos, yo no merezco tal distinción. Otra parte relacionada con la grandeza que sólo Dios ha puesto en nosotros se refiere en la siguiente manera: Por consiguiente hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1 Amigos, no es la pretensión traer juicio al respecto, ya que como dice el dicho, de los arrepentidos es el reino de los cielos, sino de una reflexión acerca de lo que está bien y de lo que está mal, no desde nuestro punto de vista, ya que nuestra mente acabará por justificarnos, sino de lo que es perfecto para la maravilla de lo que representamos a través de nuestro cuerpo. Al parecer no hay justificación para el tatuaje. El probable único daño que corporalmente pudiera tener justificación sería la circuncisión, ya que ésta, en los tiempos del Padre de la fe, Abram nace con el propósito de señal en el cuerpo como hijos de Dios, mas incluso aún ésta pierde valor al Jesucristo hacer notar el que ésta vale nada, sino que la verdadera marca que debemos llevar en nosotros es la circuncisión en el corazón. Qué maravilla, en qué nivel de valor como seres humanos nos coloca Dios en comparación con las tendencias del mundo. ¡Somos su templo!
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ENTREVISTA A VÍCTOR MENDOZA LARA, PSICÓLOGO CLÍNICO “Los hombres no son sanos porque no ha habido hombres sanos en sus historias” REDACCIÓN/LA BRÚJULA Ensenada, B. C.
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n un momento histórico marcado por la revisión crítica de los modelos tradicionales de masculinidad, la salud emocional de los hombres se ha convertido en un tema urgente y, con frecuencia, incómodo. La dificultad para pedir ayuda, el silencio afectivo, la soledad y el consumo de alcohol como vía de escape forman parte de un entramado que sigue cobrando costos personales y sociales elevados. Para abordar este escenario, presentamos una conversación con Víctor Mendoza Lara, psicólogo clínico con formación en México, Estados Unidos y Europa, especialista en terapia familiar, de pareja e individual, y miembro de asociaciones profesionales internacionales. Desde su experiencia clínica y académica, Mendoza ofrece una lectura profunda y crítica sobre la manera en que los hombres han sido emocionalmente formados —y abandonados— dentro de estructuras familiares y culturales que privilegian el mandato del cumplimiento sobre el derecho a sentir. En esta entrevista, el especialista reflexiona sobre la herencia paterna, el miedo al fracaso, la soledad masculina, el silencio emocional y el papel del alcohol en la gestión afectiva de los varones, planteando preguntas incómodas sobre la salud mental, la identidad y la urgencia de repensar, sin consignas ni lugares comunes, lo que significa hoy ser hombre. ¿Qué papel juega la figura paterna —presente o ausente— en la manera en que un hombre se relaciona con sus emociones?
La figura paterna juega un papel esencial en la crianza, desarrollo y vida de los hijos e hijas, sobre todo en estas últimas considerando la dilución actual en cuanto a la identidad, el desempeño social y los procesos culturizantes. En relación con los varones, los rasgos propios de su sexo le proveen una estructura y recursos básicos y trascendentales para un óptimo afrontamiento de los inconvenientes y dilemas de la vida. Sin embargo, todo dependerá del nivel de eficiencia que tenga su progenitor. Y es ahí donde la situación se complica y parece empeorar en el transcurso del tiempo. Porque para que un padre ejerza una positiva influencia en los hijos e hijas, requiere un estado de salud mental y emocional suficiente que lo posicione en el camino de la adultez. La adultez, bajo esta perspectiva, implica un proceso de desarrollo progresivo que perfeccione su desempeño multidimensional y su configuración individual incorporándose a una condición de salud mental. No es posible aspirar a un acompañamiento adecuado y útil hacia los hijos si no se está situado en un marco amplio de la autoconciencia profunda. Regularmente, las relaciones entre padres (ambos sexos) e hijos acaban siendo de adolescentes criando a otros adolescentes, sólo con amplia diferencia en cuanto a traumas, ambiciones y poderes. Adicional a lo anterior, en los varones la figura paterna condiciona la vivencia y manejo del mundo emocional, tanto interno como externo. Y esto determina el resto de las relaciones afectivas y la réplica de estereotipos machistas. La ausencia o incompetencia del padre, marca un desasosiego en los hijos, un espacio insustituible que los obliga a vivir agrietados, con bastos problemas de intimidad y cercanía emocional, así como alteraciones del estado de ánimo. Es indispensable la figura donde el hijo se refleje
Doctor Víctor Mendoza.
estructuralmente, donde pueda ir incorporando patrones de comportamiento que lo integre y guie en su relación con el mismo y la vida. Los padres, no sólo los presentes, sino los realmente interesados en su desempeño paternal son necesarios e indispensables para organizar el mundo psicoemocional y vinculante de hijos. Los hombres no son sanos, porque no ha habido hombres sanos en sus historias. Es una triste condena. ¿Cuánto pesa el miedo al fracaso en la construcción de la identidad masculina? Habrá que recordar que el varón está condicionado a resolver, cuidar y proveer, en términos concretos. Y a ser valorado en cuanto a su capacidad de éxito (económico, material o machista) aunque se simule otra cosa. El perder la admiración por sus logros, disponibilidad y poder
es aterrador porque lo ensombrece. En este proceso, no queda el más mínimo asomo de visión siquiera para poder verse a sí mismo. Es tan claro y demandante lo que hay que hacer que se asume que cumplirlo implica “estar del otro lado”, por lo tanto ya se es merecedor de recibir “algo” a cambio. Ahora, el no consumar esos mandatos es fracaso debido a que no se cumplieron las expectativas familiares y sociales y por lo tanto no se es merecedor. Cómo se puede configurar una identidad medianamente sana si se destina toda la energía posible a moldearse para cubrir la cuota de satisfacción mandatada. En estos términos, el miedo al fracaso ni siquiera permite construirse autónomamente. La condena a la exclusión, comparación y juicio es mortal para la libertad de configurarse personalmente. Al fracaso hay que temerle, porque en ello está el machismo representado y con ello la hombría. Debe ser un horror vivir condicionado a valer en cuanto se obtienen logros. Sobre todo, si son encomendados por otros y juzgado por otras. ¿Por qué el silencio emocional se convierte en uno de los principales factores de riesgo para el suicidio masculino? El silencio, es interesante que lo abordes, junto al silencio... la soledad; eso diría yo. Verás, el silencio es parte de la dinámica que rodea a la experiencia y la conducta suicida pero también al sufrimiento previo. El silencio es un aditivo que, bajo las condiciones inadecuadas, forma parte del exilio emocional y figurativo de las personas. Pero en el hombre, es un medio de interacción con él mismo y dentro de las relaciones. El silencio no sólo es la ausencia de verbalidad, sino la lejanía, el disimulo, la evitabilidad y con ello el padecer interno. Desde el cuestionamiento de la suficiencia y la capacidad, hasta el desamor y la incomprensión.
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En el hombre, el silencio es el amigo interno que siempre entiende y que siempre está. Es el medio que conduce al encuentro de sí mismo mientras los demás no están o no lo ven. Es el silencio que muchas veces duele y que condena, ya sabes tu: “tú nunca dices nada, tú todo te lo guardas o mi papá sólo se enojaba”, dicen las entendidas y los entendidos. Se olvida que los varones no tienen permiso de expresarse libremente sin juicios perniciosos o peyorativos. El permiso y reconocimientos es sólo por hacer y ganar, concretamente. Cuando un varón ve a otro callado, sabe y entiende que los demonios están retorciéndose en su interior. Que no se aceptable hablar, sólo mirarle y sonreír. Esa es la clave de “me está llevando la chingada”. ¿Qué tipo de educación emocional necesitarían los niños y adolescentes para construir masculinidades más sanas? Este tema es fascinante para mí: lo masculino y el mundo emocional. La roca frente a la flor, la sentencia cultural versus el infierno interno acallado. De inicio, no quiero validar esa frase aparentemente reveladora de: “nuevas masculinidades” no creo que eso exista realmente, es un cuento ideático resultante de la frustración generacional. Existe la idea añeja de lo masculino arraigado en el colectivo, eso sí. La imagen burda del varón. Pero en otro sentido está el masculino por descubrir que reconstruya la vivencia del ser hombre de forma saludable y armoniosa. Es así como yo lo simplificaría, para fines prácticos. Algo que se ha satanizado en oposición a lo que aún no se ha encontrado, pero se prefiere distanciar mediante las llamadas a nuevas masculinidades. Es contradictorio en sí mismo. Ahora, lo masculino ha ido transformándose y a la vez sustituyéndose por símiles que lo reducen. Lo que se prejuicia ahora parte de esa ambigüedad conceptual, y es asociarlo con lo machista, lo insensible e impositivo y también, claro, con cualidades positivas intrínsecas alineadas a la imaginería que alude el concepto. Como la persona que está para proteger, cuidar, defender, dar… en fin. No hay masculinidades, existen los varones deformados y abandonados de distintas maneras que se
“No hay masculinidades, existen los varones deformados y abandonados de distintas maneras que se ven imposibilitados de construir una individualidad masculina en términos saludables.”
ven imposibilitados de construir una individualidad masculina en términos saludables. Porque de inicio, no existen marcos de referencia cercanos que le hagan vivirlo y sentirlo. Unos que le permitan asociarse con un masculino distinto, el alineado a lo armónico y en contacto con los afectos, las bondades y la potencialidad de recursos en pro de su desarrollo y de otros. No se necesita estrictamente una educación emocional para los hombres: se requiere una vivencia emocional transversal entre sexos que privilegie respetar las diferencias y distancias entre los sexos. Pero para esto deben participar ambos progenitores. Sólo que ninguno de los dos ha visto o comprende qué es lo que busca construir. Todo se vuelve un seguimiento de estereotipos desarticulados ridículamente reforzados por la sociedad y basado en ideologías ocurrentes surgidas del desespero y la frustración. En relación con el hijo varón, éste ha necesitado desde siempre, y más en la actualidad, ser digno de afectos, pero de forma incondicional. Validar la forma en que vive y expresa lo que siente y ser merecedor de amor por quien es, no sólo por lo que hace o se espera que haga. Al tiempo de reconocerle y acom-
pañarle en la optimización de sus cualidades. El hijo varón no necesita ser “atendido o servido”, necesita atención conscientemente afectuosa, libre y madura (sinceramente, aunque lo parezca, no es poca cosa) que le permita estructurarse rompiendo estereotipos y prejuicios viejos y actuales. Para rematar, en la actualidad, una masculinidad (que deberá ser saludable sin tener que acotarlo), es trascendental, necesaria y urgente. ¿Cómo incide el consumo de alcohol u otras sustancias en la forma en que los hombres gestionan sus emociones? Es interesante que hagas esta asociación, porque es un hecho que están relacionadas en términos muy negativos (aunque no en todos los casos ni siempre). El alcohol, la droga más peligrosa y consumida por su aceptación y promoción social, es un excelente medio para un manejo desastroso de las emociones. No sólo para el varón, sino para todos. La diferencia podría ser la historia de relación entre el alcohol y cada sexo. Los varones han tenido más permiso, incluso, incentivados por sus progenitores (ambos) como introducción a la adultez. Habrase visto mayor tamaño de
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madurez y cualidad para ejercer la función de padres. El alcohol, por una parte, permite salir material represivo e inhibido acumulado durante la vida, pero por otro lado concede los permisos necesarios para exponerse y verse vulnerable. Es una asociación perversa que calcina la posibilidad de explorar el mundo emocional de forma honesta y clara. La droga se convierte en protagónica en la que se burlan y se sufren las experiencias y percepciones simulando un estado de armonía ilusorio y pasajero. Y así, aquieta los dolores y asienta las alegrías para que la dimensión emocional permanezca aturdida. El alcohol ayuda a no ver la realidad interna y así es imposible drenar los sufrimientos y encontrar la tranquilidad. Entre otras cosas, por esto el alcohol es un elemento esencial en las reuniones entre varones (actualmente también entre las féminas), porque es crear un escenario donde se permite y acepta que suceda lo incomprensible en otros escenarios. Ahí el varón puede “falsear”, sufrir o mostrar el dolor de sus desamores e incluso dar permiso a las manifestaciones ocultas de su sexualidad. Todos lo entenderán; es permitir que el demonio machista se haga presente sin tapujos. En este sentido, el alcohol siempre será el invitado esencial y, ahora, para ambos sexos. En uno les permite sentir y expresarse aun caóticamente, y en el otro les concede vivirse, aunque ilusoriamente, como iguales con el otro sexo. Agobiante labor. ¿Qué impacto tiene la soledad masculina en la salud mental y las relaciones afectivas? Excelente apunte. La soledad ha jugado un papel esencial en la vida del varón. Antes, era un refugio para sufrirse sin miedo, pero ahora es un camino que se está tomando por decisión propia y en algunos casos, como medida sanitaria frente al caos y escandalo dramático que exigen las nuevas relaciones tanto románticas como sociales. El silencio aleja, cuando menos, de la demanda cotidiana de cumplir y es una oportunidad de verse sin miedo a desconfigurarse y en muchos casos, sirve para ser verdugo de la propia existencia. Muchos varones deciden estar solos porque no pueden cumplir, evitan luchar para imponerse o desean estar sin guerras.
PECIO FANTASMA DE SAN QUINTÍN, BAJA CALIFORNIA Columna INAH BC John Joseph Temple SG*
U
n pecio es un barco hundido. Dependiendo de las causas de su hundimiento, nos va a dar una información importante, pues resulta ser una cápsula del tiempo. El caso al que nos vamos a referir fue el de un galeón que encalló alrededor del último cuarto del siglo XVI, sin sobrevivientes conocidos, con una preciosa carga procedente de Filipinas, de la que quedan solamente fragmentos de porcelana, martabanes de cerámica de alta temperatura, posiblemente usados para contener agua, cera, artículos relacionados con la navegación y una cantidad apreciable (hasta ahora, poco más de 160) de placas de plomo, en promedio de unos 750 centímetros cuadrados cada una, que formaban parte de una capa protectora en la parte del casco que quedaba bajo el nivel del agua, contra animales xilófagos, como los teredos, específicamente los de la especie Teredo navalis.
Estos organismos, que se alimentan de la madera del casco del barco, dejan enormes huecos que fomentan avenidas de agua dentro de la nave, haciéndola más pesada y, eventualmente, hasta hundiéndola. Cristóbal Colón, en su cuarto viaje, se tuvo que deshacer de tres de sus cuatro carabelas debido a que no podían desaguarlas ni con todas las bombas y recipientes que tenían, pues “el agua entraba por todas las cavidades hechas por los gusanos” Algunos remedios que fueron utilizados hasta el presente, fueron, por ejemplo, el uso de tablas exteriores de refuerzo, digamos, de sacrificio, que después de algún tiempo eran quitadas por su desgaste para colocar otras. Al pasar el tiempo, se empezó a utilizar el plomo para, de alguna manera, limitar su poder destructivo. Hasta donde sabemos, el uso de estas placas se extiende, por lo menos, desde los romanos hasta mediados del siglo XVIII. Se hacían por medio de martillado, después de haber sido fundidas sobre una piedra plana. El procedimiento era el siguiente: primero, los tablones de la nave se unían por medio del método de carpintería de mortaja y espiga. Luego se calafateaba con estopa, brea, y alquitrán o alguna sustancia similar. A continuación, se cubría la parte viva de la nave (que es
Exposición Gritos de libertad, del fotógrafo Abelardo Serrano. 2025 Aniversario XXX del MHRE.
El galeón fantasma de San Quintín (Wreck of the San Felipe, by Gordon Miller © Island Art Publishers and Gordon Miller, 2004). Ilustración usada en los montajes museográficos.
la que queda bajo el agua), desde la quilla hasta el primero o segundo tablón del barco, con telas que tuvieran sustancias venenosas. Se ha recuperado, en algunas placas, la huella de este tipo de telas, quizá lona. Después se cubría dicha superficie con las láminas. La clavazón se realizaba por medio de clavos de hierro (como los recuperados en el naufragio que estamos relatando) que ha dejado una huella de unos dos centímetros cuadrados. Eventualmente, se utilizó otro tipo de metales. De este modo, quedaba una nave prácticamente aislada, protegida con sustancias que rechazaban o hasta envenenaban de alguna manera la actividad de estos bivalvos, menguando su poder destructivo. No hace falta añadir que el mismo plomo les resultaba venenoso. Se procuraba colocar las placas imbricadas de manera que el barco tuviera una navegación más ligera y con el menor roce posible. Se debía renovar la cubierta cada siete años. El problema que presentaba el recubrimiento es que el plomo y el hierro (u otros metales) ejercían corrosión por la acción galvánica, y los clavos tenían que ser repuestos antes de que las placas cayeran. Lo que queda del casco del galeón fue localizado a unos cincuenta metros de la orilla del mar, pero dificultades inherentes a la excavación han hecho peligroso poder rescatar el resto que yace sumergido, con las demás placas y el lastre, y otros artefactos que seguramente van a proporcionar una mayor cantidad de datos de interés una vez recuperados. Algunos otros pecios similares con placas de plomo como cubierta han sido recuperados:
el San Esteban y el Santa María de Yciar, ambos naufragados en las costas del Estado de Texas en 1554; el Angra B, en las Islas Azores, del siglo XVI; el del arrecife Molasses, del siglo XVI y el ballenero vasco San Juan, de 1565, en Terranova. Tenemos una muestra de placa de plomo en la sala de Historia Misional del Museo Histórico Regional de Ensenada. Cerca del sitio donde encalló el Galeón Fantasma, hay también huellas de otros naufragios. Se trata, entre otros objetos, de placas de cobre muy delgadas, cuya procedencia es más fácil de detectar. Se trata muy posiblemente de placas de cobre del ballenero norteamericano Black Warrior. La Armada Británica intentó aplicar la técnica de las láminas de plomo, pero en algún momento se le dificultó adaptar a todas sus naves a esta tecnología, por lo que buscó opciones. Estas eran Zinc, metal Muntz (que es una aleación de latón con trazas de hierro), y cobre, quedando este último como la mejor opción, aunque a veces no era tan durable. Empero, las naves eran más ligeras y causaban menos roce con el agua, que las de plomo, haciendo al navío más veloz. Esta resultó la mejor opción en el futuro, hasta la llegada de los barcos de casco metálico. Se le denomina fantasma, por no saberse con certeza su nombre. Se le ha designado, sucesivamente, San Juanico, Isabelita y, últimamente, San Felipe. En los tres casos, se ha demostrado no ser el galeón del que aquí tratamos. * Profesor. Sección de Arqueología Histórica, Centro INAH–BC.