La medicina moderna suele avanzar en silencio. No siempre a través de descubrimientos espectaculares o imágenes futuristas, sino mediante pequeñas conquistas tecnológicas que terminan cambiando la vida cotidiana de millones de personas. El marcapasos pertenece precisamente a esa categoría: una de las invenciones más trascendentes del siglo XX y, al mismo tiempo, una de las menos comprendidas fuera del ámbito médico.
Detrás de ese pequeño dispositivo implantado bajo la piel existe una historia profundamente humana. Una historia marcada por el miedo, la experimentación, la controversia ética y la obstinación científica. También por algo más simple y universal: el deseo de seguir viviendo. Durante siglos, el corazón fue considerado casi un territorio sagrado. Mucho antes de comprenderse sus mecanismos eléctricos, se le atribuían dimensiones emocionales, espirituales e incluso morales. Por ello, intervenirlo artificialmente parecía una idea impensable. Sin embargo, la medicina moderna avanzó precisamente gracias a quienes decidieron cuestionar esos límites.
El desarrollo del marcapasos demuestra cómo la ciencia suele abrirse camino entre dudas y resistencias. Los primeros intentos fueron rudimentarios, dolorosos y, en muchos casos, peligrosos. Hubo errores técnicos, dispositivos que fallaban, pacientes que no sobrevivieron y médicos obligados a improvisar soluciones en una época donde la tecnología apenas comenzaba a dialogar con el cuerpo humano.
Hoy resulta fácil olvidar que gran parte de la cardiología contemporánea nació en medio de incertidumbres enormes. Los pioneros que desarrollaron los primeros marcapasos trabajaban prácticamente en territorio desconocido. Lo hicieron impulsados por una convicción elemental: si el corazón podía detenerse por fallas
eléctricas, quizá también podría volver a impulsarse mediante electricidad.
Ese razonamiento transformó la medicina para siempre.
Actualmente, millones de personas viven gracias a un aparato que monitorea, regula y acompaña el ritmo cardíaco de manera permanente. Lo extraordinario es que el marcapasos dejó de ser visto como un símbolo futurista para convertirse en parte habitual de la vida moderna. Y quizá ahí radica una de las mayores paradojas de los avances científicos: cuando funcionan bien, terminan volviéndose invisibles.
Pero la historia del marcapasos también revela algo incómodo sobre nuestra época. Mientras la tecnología médica avanza a velocidades impresionantes, las enfermedades cardiovasculares continúan creciendo como consecuencia directa de estilos de vida cada vez más desgastantes. Estrés crónico, jornadas excesivas, sedentarismo, tabaquismo, mala alimentación y ansiedad forman parte del paisaje cotidiano de millones de personas.
La tecnología puede prolongar la vida, pero no reemplaza el cuidado personal.
Esa es quizá la lección más importante detrás de esta historia. Ningún dispositivo sustituye completamente el descanso, la prevención médica, la actividad física o la atención a las señales del propio cuerpo. El marcapasos corrige ritmos cardíacos; no corrige hábitos de vida. En una sociedad que envejece aceleradamente y enfrenta crecientes problemas de salud crónica, la conversación sobre el corazón ya no pertenece únicamente a hospitales y especialistas. Se ha convertido en un tema social, cultural y humano. Porque al final, más allá de cables, baterías y tecnología avanzada, el marcapasos sigue representando algo profundamente simbólico: la capacidad humana de encontrar una chispa de vida incluso cuando el corazón parece dispuesto a detenerse.
ARTEMISIA
La Turicata
rtemisia Gentileschi (Roma, 1593–Nápoles, 1656) emerge en la historia del arte como una voz que desafió los límites de su tiempo. Su pintura no es solo un ejercicio estético, sino un manifiesto de resistencia, un testimonio de la dignidad femenina en un mundo dominado por hombres. En sus lienzos, la herencia del claroscuro caravaggesco se transforma en un lenguaje ético, donde la luz no solo revela cuerpos, sino también la verdad de la alteridad.
FORMACIÓN Y CONTEXTO
Hija del pintor Orazio Gentileschi, Artemisia creció en un taller impregnado de la influencia de Caravaggio. Desde muy joven mostró un talento excepcional, capaz de rivalizar con los maestros de su época. En 1616 se convirtió en la primera mujer admitida en la Accademia delle Arti del Disegno de Florencia, un logro que la situó en un espacio reservado casi exclusivamente a los hombres. Su vida, marcada por el trauma de la violación y el juicio contra Agostino Tassi, se convirtió en un trasfondo que impregnó su obra de una fuerza singular: cada pincelada es resistencia, cada figura femenina es afirmación.
TEMAS Y ESTILO
La pintura de Artemisia se caracteriza por un dramatismo intenso, heredado de Caravaggio, pero con un giro decisivo: la centralidad de la mujer. Sus protagonistas no
son musas pasivas ni cuerpos decorativos, sino sujetos activos, heroicos, capaces de transformar la violencia en justicia.
En Susana y los viejos (1610), Artemisia representa a la joven acosada con un realismo compasivo, alejándose de la mirada masculina que solía erotizar la escena.
En Judith decapitando a Holofernes (1612–13), la violencia se convierte en un acto de justicia: Judith aparece poderosa, decidida, acompañada por su sirvienta en un gesto de sororidad.
En su Autorretrato como alegoría de la pintura (1638), Artemisia se pinta a sí misma como la personificación de la Pintura, reclamando un lugar simbólico en la tradición artística.
Su estilo combina el realismo anatómico con una teatralidad que intensifica la experiencia del espectador. La luz, siempre dramática, no solo ilumina, sino que revela la verdad oculta: la dignidad de las mujeres frente al sufrimiento.
SIGNIFICADO HISTÓRICO
La obra de Artemisia es inseparable de su biografía. Tras el juicio público en 1612, sus cuadros adquirieron un tono de resistencia y afirmación. La violencia que sufrió se transformó en un lenguaje pictórico donde las mujeres no son víctimas silenciosas, sino protagonistas de su destino.
Durante siglos, su figura fue eclipsada por Caravaggio y otros maestros del Barroco. Sin embargo, hoy se reconoce a Artemisia como una de las grandes pintoras de su tiempo, pionera en la representación femenina desde una perspectiva femenina. Su legado es doble: artístico y ético. En sus lienzos, la pintura se convierte en un espacio de justicia simbólica, donde la dignidad se afirma frente a la opresión.
Notas de Wikipedia .
José Carrillo Cedillo
PALANTIR Y LA VISIÓN DE LA REPÚBLICA TECNOLÓGICA
Tecnología y Sociedad
Palantir Technologies, una influyente empresa de alcance global, saltó recientemente a la palestra pública con una especie de manifiesto de 22 puntos resumido del libro “La República Tecnológica” de su director ejecutivo, Alex Karp. Si bien a menudo se la considera una simple proveedora de datos gubernamentales que opera entre bastidores, este manifiesto da fe de una ideología política nada encubierta que los críticos denominan “tecnofascismo”.
LOS PALANTÍRI
En el imaginario de J.R.R. Tolkien, los palantíri son bolas de cristal indestructible que fueron utilizadas por los dúnedain (una especie de superhombres) para vigilar sus reinos; el uso de estas herramientas requería gran fuerza de voluntad y a menudo conducía a la manipulación o la locura. El palantir de Sauron, que aparece en la trilogía del Señor de los Anillos, fue una herramienta clave en la Tercera Edad para monitorear la Tierra Media desde Barad-dûr. El maléfico Sauron la utilizó para manipular al mago Saruman mostrándole visiones verdaderas pero seleccionadas para sembrar desesperación y engaño.
Palantir, la empresa que ahora nos ocupa, pareciera tener un nombre muy ad-hoc y nada sutil, sobre todo si vemos el tipo de actividades que realiza. Para empezar, es una importante empresa contratista global
que tiene entre sus clientes fuerzas armadas, agencias de inteligencia y organismos encargados de hacer cumplir la ley. Su software se utiliza para, entre otras cosas, apoyar las “cadenas de ataque”, es decir, fusionar datos para ofrecer opciones más rápidas para atacar objetivos enemigos en el Reino Unido y Estados Unidos; también gestionar la salud pública, al administrar una plataforma de datos de 300 millones de libras esterlinas para el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido; no menos importante, para operaciones de policía predictiva, que incluye implementar herramientas para la detección y vigilancia del delito. O sea, Palantir está ayudando a los gobiernos y corporaciones a establecer un eficiente panóptico digital, una máquina de espionaje bien afinada.
EL INFAME MANIFIESTO
Alex Karp, fundador junto con Peter Thiel de la empresa Palantir, no es el típico jefe de empresa de Silicon Valley. El no calza bien, por ejemplo, en el cliché del estudiante de computación o ingeniería que decide abandonar la escuela para lanzarse a la aventura de montar un startup y posicionar alguna tecnología revolucionaria. Lejos de eso, Karp estudió filosofía, leyes y luego un doctorado en teoría social; en esto último hay un paréntesis interesante: primero estudió alemán para poder ingresar a la Goethe University Frankfurt, donde inició su trabajo doctoral bajo la supervisión del afamado filósofo Jürgen Habermas, quien (según narra el mismo Karp en la revista Politico) después de un tiempo no quiso seguir supervisándolo por considerar que su trabajo no estaba a la altura del esta-
do del arte en su campo de estudio. Pero, regresando al manifiesto, este contiene 22 puntos donde se sostiene que la supervivencia de la democracia occidental depende de la revitalización tecnológica del complejo militar-industrial. Uno de los principales argumentos de este manifiesto indica que el poder duro está por encima de la ética, pues Karp argumenta que la “retórica grandilocuente” y los “debates teatrales” sobre la ética de la inteligencia artificial son insuficientes. Cree que la era de la disuasión nuclear está llegando a su fin, siendo reemplazada por una nueva era de disuasión basada en armamento con base en inteligencia artificial. Karp también promueve el regreso del servicio militar obligatorio, pues el manifiesto sugiere que el servicio nacional debería ser un “deber universal”, abogando por abandonar las fuerzas armadas exclusivamente voluntarias.
Antonio García Macías*
Otro argumento que le ha acarreado fuerte controversia es el de la jerarquía cultural, donde Karp rechaza explícitamente la idea de que todas las culturas son iguales, calificando a algunas de “regresivas y dañinas”. Critica el “pluralismo vacío” y argumenta que Occidente ha evitado erróneamente definir su cultura en nombre de la inclusión. Aunado a esto, defiende la remilitarización de los aliados y califica el desarme de Alemania y Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial como una “corrección excesiva” que debe revertirse para mantener el equilibrio de poder.
TECNOFASCISMO Y OTRAS LINDURAS
No es de sorprender que el manifiesto haya provocado fuertes reacciones, mayoritariamente negativas, por parte de académicos y grupos de derechos civiles. Los críticos argumentan que Palantir promueve una visión del mundo “abiertamente hostil a la democracia liberal”. Se critica fuertemente la fusión entre Estado y tecnología, pues destacados analistas advierten que la visión de Palantir busca reemplazar la deliberación democrática con una “racionalidad instrumental”, donde la eficiencia y el “poder coercitivo” se imponen al debate público y la disidencia. Al integrar su software en la infraestructura central del gobierno, las élites tecnológicas podrían comenzar a funcionar como “autoridades cuasi políticas” sin haber sido elegidas. Una preocupación importante es la normalización
de la vigilancia masiva y la “delegación de decisiones a sistemas opacos”. A diferencia de los organismos gubernamentales tradicionales, Palantir es una empresa privada que no rinde cuentas directamente al público, pero ejerce influencia en áreas sensibles como el control de la inmigración, la guerra y la atención médica; estas son áreas que afectan directamente la seguridad nacional y la soberanía de las naciones. Si bien algunos funcionarios gubernamentales, como el Secretario de Salud del Reino Unido, admiten que la tecnología es útil, han calificado las declaraciones de la dirección de Palantir como abominables. Los expertos en ética advierten que el manifiesto es una bomba que señala un giro hacia el autoritarismo, donde personas no electas imponen grandes narrativas de superioridad cultural al público. A fin de cuentas, el manifiesto pone de relieve una tensión creciente: a medida que los gobiernos dependen cada vez más de la tecnología privada para sus operaciones básicas, las ideologías personales de los magnates tecnológicos (o tech bros) que construyen esa infraestructura van erosionando las estructuras democráticas y con ello las vidas de quienes dependemos de ellas.
*Antonio García Macías es investigador titular en el Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE). Se puede contactar en jagm@cicese.mx
A partir del SÁBADO 23 de MAYO de 2026
¿APRUEBO O REPRUEBO?
Una Mirada Hacia la Infancia
¿Apruebo o repruebo? Más de uno nos hicimos esta pregunta alguna vez. Lo cierto es que, para muchos estudiantes, la escuela ha dejado de ser únicamente un espacio de aprendizaje para convertirse en un lugar de presión, exigencia y evaluación constante. Detrás de un número y una calificación puede esconderse cierto grado de ansiedad, miedo, frustración e incluso la sensación de fracaso.
Hoy en día, frente a múltiples retos y desafíos, muchos niños y jóvenes están en la cuerda floja haciéndose la pregunta al ser evaluados: “¿Paso o no paso?”. Este tema es común escucharlo en el ámbito psicológico y pedagógico. Varios aspectos influyen para que se dé una buena integración escolar y el alumno se sienta motivado o, por el contrario, rebasado y con el ánimo por los suelos para acudir a la escuela.
Las evaluaciones han sido parte de la práctica cotidiana de los maestros, pero es importante reconocer el impacto emocional que trae consigo. Para algunos aprobar no significa sólo el 10, sino la aceptación, el reconocimiento y la tranquilidad emocional. Reprobar, en cambio, puede verse como una experiencia de vergüenza, decepción e incapacidad. Lo cual impacta en la valía y el desarrollo emocional.
Desde temprana edad, un menor inicia la vida académica y a través de ella se inician los retos y un proceso
de construcción. Mucho influye el apoyo desde casa para que se adapte a las exigencias del entorno escolar y se sienta con mayor confianza en su desempeño. Pero cuando el alumno centra demasiado su atención en las calificaciones, puede correr el riesgo de desarrollar inseguridad modera da, autoexigencia excesiva y miedo constante a cometer un error.
Mucho tienen que ver en esto los cuidadores: los padres, tutores y el personal docente. Desde pequeños, algunos alumnos aprenden que equivocarse es decepcionar a los adultos. Como consecuencia, desa rrollan ansiedad frente a los exáme nes, a las exposiciones o al hablar frente al público.
Algunos se sienten rebasados a tal grado que muestran rebeldía o problemas de conducta, como una forma para llamar la atención. En este sentido, no todos los alumnos saben expresar lo que sienten con palabras; algunos lo hacen con conductas desafiantes, ansiedad o depresión.
Otra situación se inicia en los hogares cuando se dan comparaciones entre hermanos: “Tu hermano casi no estudia y saca 10” o: “¿Por qué no puedes ser igual?”. El impacto emocional es alto y suele generar heridas que afectan la estima y la relación entre hermanos. El mensaje que se recibe es contradictorio y el niño puede sentirse insuficiente, menos capaz e incluso menos querido. No cabe duda de que las palabras de los padres tienen un peso profundo.
Las comparaciones generan rivalidad, el vínculo entre hermanos deja de construirse desde el afecto y comienza a desarrollarse la competencia, el resentimiento o la necesidad constante de demostrar valor. El hermano “privilegiado”, que obtiene mejor puntaje, puede verse afectado también y sentirse como una carga silenciosa al mantener la imagen de “el exitoso” en la familia. Paradójicamente, he recibido en consulta alumnos con promedios
altos y un coeficiente elevado, pero con altos niveles de presión interna. Otros toleran mejor el estrés y desarrollan ciertos mecanismos para funcionar de manera más adaptada y tolerar la frustración de no sacar la “excelencia académica”. Un cúmulo de factores influyen: herencia, entorno familiar, nutrición, calidad de la educación y estado emocional. Desde el ámbito psicológico sabemos que el rendimiento académico no define particularmente la inteligencia ni el potencial de una persona. Existen niños y niñas con altas capacidades en otras disciplinas: artísticas, deportivas, recreativas y sociales, que son pocas veces reconocidas cuando únicamente se priorizan los resultados escolares por medio de una calificación. Reducir el valor de un hijo únicamente a una calificación puede invisibilizar otras capacidades para su desarrollo. Es necesario tener en cuenta que el reprobar no siempre significa falta de capacidad. En ocasiones representa agotamiento emocional, problemas de atención, de aprendizaje no detectados o simplemente una etapa de crisis personal. Vivimos en una era de mucha estimulación digital, lo que puede afectar la capacidad de atención y concentración. La forma de procesar la información se
da de manera distinta en relación a hace unas décadas.
Tal vez el verdadero reto educativo no sea solamente lograr que los alumnos aprueben materias, sino ayudarles a construir una identidad más allá del éxito o del fracaso escolar. Que el aprender también implica frustrarse, equivocarse y volver a intentarlo. Esa es también una preparación para los desafíos que se presentan en la vida.
Hay que tener en cuenta que el estudiante representa esperanza, creatividad y capacidad de transformación. El día del estudiante nos recuerda que detrás de cada uniforme, mochila o pupitre existe una historia distinta. Formar alumnos emocionalmente sanos, críticos y seguros de sí mismos puede ser una de las tareas más importantes de nuestra sociedad.
El acompañamiento emocional siempre será necesario cuando de menores se trate: Escuchar, validar emociones y enseñar estrategias para sostener el bienestar emocional y académico de los menores resulta fundamental.
* Psicóloga. Posgrado en Psicoterapia de Niños. http://laurabeltran.com.mx
Laura Beltrán Padilla*
El Valor de la Vida
Curiosa situación se da cuan do, por causas muy diversas, somos sorprendidos hasta el límite de proferir una exclamación onomatopéyica a la falta de palabras. Y es que por naturaleza, cuando algu na situación nos sorprende en verdad, nuestra reacción difícilmente pasa desapercibida.
Como lo expresa Atahualpa Yu panqui, cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino, pareciera que el camino va inventando sorpresas para goce del alma del viajero. Bien se dice que el camino es más importante. Habitamos en un mundo tan prolífero en todos los sentidos que aun con toda una vorágine de maravillosas sorpresas seguimos siendo azorados, y razonando positivamente, nuestra vida se motiva por ese hecho casual. El ser sorprendido agradablemente.
PERO, ¿QUÉ ES ESTO?
ellos. De hecho, la nefasta reacción humana es el disparar primero y lue-
Tu que amablemente te das tiempo de leer estas líneas tendrías que detenerte un poco sólo con el propósito de dar lugar a una opción real. Ya hay un Dios que habitó en medio de un pueblo y que entregó esperanza de vida eterna al mundo, situación insólita ya que cualquier otro ser que apareciera para mostrarnos su paternidad no tendría la capacidad de preparar un mundo nuevo para nosotros, la raza
La gran pregunta sería: ¿Por qué la gente decide fabricar dioses que parten de enmedio de si mismos para engrandecerse mutuamente y satisfacer su deseo de creer en algo o alguien no voltean al mismo cielo para ver descender las promesas de vida eterna en una dimensión, aunque no revelada en detalle al hombre, ha sido preparada para los que hacen la voluntad ya hecha manifiesta en la Biblia aceptando a Jesucristo como su Señor y salvador?
Echando un vistazo al mundo en general, hasta el día de hoy hemos sido sorprendidos por muy diversas situaciones, desgraciadamente, de índole negativa. Prácticamente hacia donde giremos la vista nos toparemos con escenarios que rayan en el desvarío o enajenación, más aún, en medio de la decadencia humana. He tomado en cuenta un insólito hecho que incluso ha trascendido en forma por demás sorpresiva y que se relaciona con la visita de un ser espiritual que no pertenece a nuestro mundo. Dios.
Debe sonarles fuera de lugar el comentario, pero estoy seguro de que más de una persona en el mundo, y no significa una falacia, espera que algún ser de otra galaxia nos visite. Recuerdo a mi suegro a quien honro cada vez que puedo, que a pesar de ser ferviente creyente en el Señor Jesucristo decía que si se le apareciera un neptuniano al menos, aceptaría que se lo llevaran. Jaja, Ah, qué suegrito. Incluso el decir de muchísima gente es rendirles tributo, ya que creen que alguien vino a sembrarnos aquí como un experimento.
Desde este punto de vista podrían evaluar la situación los extraterrestres, identificar con suma claridad nuestro
comportamiento a través de nuestra existencia y descubrir que somos autodestructivos, que hemos casi extinguido nuestro entorno, que somos víctimas de la avaricia. Ellos, con toda seguridad procederían a destruirnos, puesto que somos un virus para este mundo y para nosotros mismos.
Una vez que un científico en su laboratorio lleva a cabo un experimento biológico y éste es un fracaso, procede a incinerarlo, y de manera personal creo que a este mundo dicho ente sideral le daría chicharrón a través del fuego para que se eliminara todo rastro que pudiera contaminar de nuevo el ambiente.
Si repasamos la historia del hombre nos encontraremos con el hecho irrefutable de que se ha enfocado en la búsqueda de algo o alguien en quién creer. La prueba es que alrededor de 4 mil 200 religiones existen en este mundo y 80 por ciento de la población mundial profesa alguna creencia. Dato estadístico. Entonces, algo hay en nuestro ser que nos encamina invariablemente a buscar lo espiritual. Comprobado. Somos espirituales. Ahora, la sociología, antropología, historia, ciencia política, economía y al menos geografía humana aseveran que un ser de otra dimensión visitó la tierra. Un hombre–dios que en sólo tres años sin ayuda y atacado en todo momento, y a pesar de que mostró poderes extraordinarios para beneficio del hombre, cambió radicalmente el rumbo de la humanidad. Su nombre es Jesucristo, el que había de venir.
Mucho he meditado en la aparición de un ser extraterrestre, no como lo pinta Hollywood, sino un ser que desciende del firmamento o que brota del centro de la tierra al que, con toda seguridad, le mostraremos pleitesía, mas al ente desconocido, analizarnos cómo su supuesta creación y darse cuenta de que tendemos a la autodestrucción no dudará en borrarnos de la faz de la tierra.
No podemos estar supeditados a esta clase de argumentos. Más bien, de acuerdo con nuestro raciocinio, esperar por la respuesta de que con un gran propósito hemos sido colocados en este mundo para realizar hazañas prodigiosas de toda índole. Un destino positivo y engrandecedor de la raza humana.
Sinceramente pienso que el ser humano en su soberbia se ha revelado como el centro del universo. Un ser que, percibiendo presencia espiritual, se ha llamado a sí mismo dios. Un ser que percibiendo que existe un Dios se atreve a determinar su naturaleza de acuerdo a su propia conveniencia. O sea que intentamos hacer a Dios mismo a nuestra imagen y semejanza. Una locura.
El evento se ha dado lugar. Un ser fuera de este mundo se ha revelado a la complicada humanidad y ésta, como sucedió con el pueblo judío, que no reconoció al Mesías de acuerdo a sus propias escrituras, recae en el mismo error. No reconoce que un Dios lo visitó y que caminó entre
Una gran verdad nos ha sido entregada de la cual nadie se escapa. Dios mismo ha puesto fin a la existencia del hombre como se señala en el Salmo 39-5. He aquí, diste a mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti.
¿Valdrá la pena dejarse llevar por supercherías humanas, por creencias fundadas en la supuesta sabiduría del hombre, o reconocer que la sabiduría proviene de Dios, el que por siempre ha existido? ¿Cuál será el costo real de haber cometido el error de creer en el Dios equivocado?
No voltees al cielo buscando no que no es. Ya se ha dado testimonio por las ciencias de la tierra de aquel que había de venir. Sintámonos sumamente honrados de que el mismo creador de todo lo que existe nos ha tomado en cuenta. ¿Buscas no morir? Sábete que eres llamado a trascender por la grandeza que el que te creó, Dios mismo, ya puesto en ti. Tus días no terminan aquí. Ningún otro ser te ha entregado tal regalo, y más sin merecerlo, por lo que al menos puedes exponerte a sus designios y probar que la verdad plasmada en su libro es suficiente para discernir tus pensamientos.
Te deseo de todo corazón encuentres la verdad, mas ésta ya te ha sido presentada. Ahora sólo queda tu decisión.
Todos los miércoles parque Revolución de 2 a 5 pm. Palabra de Dios y alabanza.
Juan Rudametkin
EL MARCAPASOS: LA MÁQUINA QUE CAMBIÓ LA VIDA DE MILLONES
REDACCIÓN*/LA BRÚJULA
Ensenada, B. C.
La primera vez que Ernesto sintió que el corazón se le “apagaba” estaba sentado frente al mar. Tenía 62 años y había pasado gran parte de su vida entre oficinas, estrés, cigarrillos y jornadas interminables. Aquella mañana observaba el movimiento del Pacífico mientras sostenía una taza de café cuando ocurrió algo extraño: el pecho pareció vaciarse de golpe. No fue dolor. Fue silencio. Una pausa súbita dentro del cuerpo. Luego vino el mareo. Después, oscuridad.
Despertó en el piso de una cafetería mientras una mujer le sostenía la cabeza y un paramédico buscaba su pulso. Semanas después, acostado en una cama de hospital y conectado a monitores, escuchó una frase que millones de personas han oído desde mediados del siglo XX:
—Necesita un marcapasos.
La palabra sonaba mecánica, distante, casi futurista. Sin embargo, detrás de ese pequeño dispositivo implantado bajo la piel existe una historia fascinante de médicos obstinados, ingenieros visionarios, accidentes de laboratorio y polémicas éticas que transfor-
maron para siempre la medicina moderna. La historia del marcapasos es, en realidad, la historia de cómo el ser humano aprendió a dialogar con la electricidad para evitar que el corazón se detuviera.
Hoy, más de 1.5 millones de marcapasos se implantan cada año en el mundo. Lo que alguna vez fue un experimento riesgoso se convirtió en una tecnología cotidiana que salva millones de vidas. Pero llegar hasta ahí implicó décadas de errores, fracasos y debates sobre los límites de la ciencia.
Durante siglos, los médicos entendieron que el corazón era mucho más que un músculo. Late gracias a impulsos eléctricos naturales que actúan como un sistema interno de sincronización. Cuando ese sistema falla, el corazón puede disminuir peligrosamente su ritmo o detenerse durante segundos. Esas pausas, conocidas como bloqueos cardíacos o arritmias severas, pueden provocar desmayos, daño cerebral o muerte súbita.
A principios del siglo XX, quienes sufrían este problema tenían pocas posibilidades de sobrevivir. Muchos simplemente esperaban el deterioro progresivo. Otros morían sin diagnóstico claro. La cardiología todavía era
una disciplina limitada y el corazón seguía siendo un territorio lleno de misterios. Todo comenzó a cambiar en 1926, cuando el médico australiano Mark Lidwill desarrolló uno de los primeros aparatos capaces de estimular eléctricamente el corazón. El dispositivo era rudimentario: una aguja conectada a corriente eléctrica que se introducía en el pecho del paciente para provocar latidos artificiales. El método funcionaba, pero resultaba aterrador para la época. Muchos médicos consideraban que intervenir eléctricamente el corazón era una forma de “jugar a ser Dios”. La polémica no era menor.
Aún existía la idea de que el corazón representaba algo más que un órgano. Era símbolo de vida, emociones y espíritu. La sola posibilidad de mantenerlo latiendo mediante electricidad parecía una frontera moral peligrosa. Las dudas crecieron todavía más en los años cuarenta y cincuenta, cuando la cirugía cardíaca comenzó a desarrollarse aceleradamente. Los hospitales descubrieron entonces un problema inesperado: muchos pacientes sobrevivían a las operaciones, pero horas después el corazón dejaba de latir adecuadamente. La medicina había aprendido a abrir el tórax, pero todavía no sabía cómo controlar el ritmo cardíaco después de una intervención. En ese contexto apareció el cardiólogo estadounidense Paul Zoll, uno de los pioneros decisivos del marcapasos moderno. En 1952 presentó un dispositivo externo que enviaba descargas eléctricas al corazón mediante electrodos colocados sobre el pecho. El aparato salvaba vidas, aunque de una forma brutal. Las descargas eran extremadamente dolorosas. Algunos pacientes sufrían quemaduras severas, espasmos violentos o fracturas musculares debido a
la intensidad de los impulsos eléctricos. Había quienes describían el procedimiento como si el cuerpo recibiera golpes desde adentro. Sin embargo, para muchas personas era la única alternativa frente a una muerte casi segura.
La cardiología moderna avanzaba en medio de un territorio incierto. Los médicos improvisaban soluciones mientras la tecnología apenas comenzaba a desarrollarse. En esos años, las enfermedades cardiovasculares ya se perfilaban como uno de los grandes problemas sanitarios del mundo. Décadas después, la Organización Mundial de la Salud confirmaría que los padecimientos cardíacos provocan cerca de 18 millones de muertes al año a nivel global, convirtiéndose en la principal causa de mortalidad.
Pero la verdadera revolución ocurrió casi por accidente. En 1957, el ingeniero estadounidense Wilson Greatbatch trabajaba en un aparato destinado a registrar ritmos cardíacos. Mientras ensamblaba el circuito, colocó por error una resistencia equivocada. El dispositivo comenzó entonces a emitir impulsos eléctricos rítmicos, muy parecidos a los latidos del corazón humano.
Greatbatch comprendió inmediatamente la importancia de lo que tenía enfrente. Aquel error podía convertirse en la base de un dispositivo implantable que sustituyera el ritmo natural del corazón.
Mientras tanto, en Suecia, el cirujano Åke Senning y el ingeniero Rune Elmqvist trabajaban discretamente en el desarrollo del primer marcapasos interno. Su paciente sería un hombre de 43 años llamado Arne Larsson, quien sufría bloqueos cardíacos tan graves que llegaba a perder el conocimiento varias veces al día.
El 8 de octubre de 1958 ocurrió uno de los momentos más importantes de la medicina contemporánea: Larsson recibió el primer marcapasos implantable de la historia.
El aparato apenas funcionó unas horas antes de descomponerse.
Los médicos implantaron un segundo dispositivo. Ese también terminó fallando tiempo después. Sin embargo, Larsson sobrevivió. A lo largo de su vida recibió múltiples reemplazos y terminó convirtiéndose en símbolo mundial de la nueva era tecnológica de la medicina. Los primeros marcapasos eran enormes comparados con los actuales. El modelo implantado en 1958 pesaba cerca de 200 gramos y utilizaba baterías recargables externas. Hoy, algunos dispositivos pesan menos de 30 gramos y pueden durar más de una década funcionando dentro del cuerpo humano. Sin embargo, el camino estuvo lleno de problemas.
Los años cincuenta fueron una época de experimentación extrema. Los cables internos podían romperse. Las baterías dejaban de funcionar repentinamente. Algunos dispositivos se sobrecalentaban y otros emitían impulsos erráticos. Hubo pacientes que murieron debido a fallas técnicas y cirugías que terminaron en infecciones severas. Los médicos estaban entrando en un territorio completamente nuevo, aprendiendo sobre la marcha. En la actualidad, muchos de aquellos procedimientos serían impensables bajo las normas éticas y regulatorias modernas. Pero sin esa etapa experimental, la cardiología contemporánea difícilmente existiría.
La polémica ética también fue intensa. Había sectores religiosos que consideraban inapropiado prolongar artificialmente la vida mediante máquinas. Algunos especialistas advertían sobre consecuencias psicológicas
graves en pacientes dependientes de un aparato electrónico para sobrevivir. La idea de convivir permanentemente con una máquina dentro del cuerpo provocaba miedo genuino.
La frontera entre lo humano y lo artificial comenzaba a desdibujarse.
Aun así, la tecnología avanzó rápidamente. Las baterías de litio permitieron fabricar dispositivos más pequeños y confiables. Los materiales se volvieron más resistentes y compatibles con el cuerpo humano. Los impulsos eléctricos pudieron regularse con mayor precisión.
Con el paso de las décadas, el marcapasos dejó de verse como un experimento extraordinario para convertirse en parte habitual de la medicina moderna.
Hoy, muchos aparatos pueden monitorear el ritmo cardíaco en tiempo real, almacenar información clínica e incluso ajustarse automáticamente según la actividad física del paciente. Algunos funcionan sin cables visibles
durante años las señales de su cuerpo: el cansancio constante, la presión arterial elevada, la falta de aire, los dolores pequeños que siempre atribuyó al estrés o a la edad.
El cardiólogo fue claro: —El marcapasos ayuda, pero no reemplaza los cuidados.
Esa quizá sea la mayor lección de toda esta historia. La tecnología puede sostener el ritmo del corazón, pero no puede vivir por nosotros. Ningún dispositivo sustituye completamente el descanso, la alimentación adecuada, el ejercicio o los chequeos médicos periódicos.
y otros permiten supervisión remota mediante sistemas digitales.
Pero detrás de toda esa sofisticación tecnológica persiste una realidad inquietante: el corazón contemporáneo sigue enfermando a gran velocidad.
En México, las enfermedades cardiovasculares permanecen entre las principales causas de muerte, especialmente en personas mayores de 50 años. El sedentarismo, la hipertensión, la obesidad, el tabaquismo y el estrés forman parte de una combinación peligrosa que deteriora lentamente el sistema cardíaco.
Ernesto entendió eso después de la cirugía.
Cuando despertó tras la implantación del marcapasos, lo primero que hizo fue tocarse el pecho. Apenas percibía un pequeño bulto bajo la piel. Durante semanas tuvo miedo de dormir de lado o caminar demasiado rápido. Pero el cambio más profundo no fue físico, sino emocional.
Comprendió que había ignorado
La historia del marcapasos también refleja algo más profundo: la transformación de una sociedad que envejece. Cada vez más personas viven más años gracias a los avances médicos, aunque también enfrentan enfermedades crónicas relacionadas con estilos de vida agotadores.
El corazón moderno vive sometido al estrés permanente, jornadas largas, ansiedad, insomnio y mala alimentación. Los médicos llevan décadas insistiendo en medidas simples que continúan siendo decisivas: caminar diariamente, reducir el consumo de tabaco y alcohol, controlar la presión arterial y realizar revisiones médicas preventivas.
Parece sencillo. Pero sigue siendo vital. Décadas después de aquellos experimentos improvisados en hospitales de Suecia y Estados Unidos, después de los errores eléctricos, las pruebas fallidas y las discusiones morales, el pequeño aparato implantado bajo la piel de millones de personas continúa haciendo algo extraordinario: escuchar el silencio entre un latido y otro.
Y recordarle al corazón cuándo debe seguir adelante.
* El presente texto fue elaborado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial.
A
CRISIS AMBIENTAL: ENTRE NATURALEZA Y CULTURA
Reflexiones de un Abuelo
La naturaleza es todo lo que rodea al humano. El interactúa con ella y está in terrelación debe de ser regulada para asegurar una saludable y sostenible convivencia. Para que esto se obtenga es necesaria la intervención y acuer do de dos diferentes autoridades que residen en tres diferentes espacios: la ciencia y la política (sociedad y go bierno). Si se obtiene un balance entre esos poderes se tendrá mayor certeza en la impartición de justicia ecológica y la simetría de esos dos componentes interactuantes: natura y cultura. La ciencia es un elemento esencial que orienta a la toma de decisiones y a la impartición de justicia, en cuanto a la lucha contra la Crisis Ambiental. En especial, la ciencia que apoya decididamente en este tema es la Ecología, definida como aquella que estudia las interacciones en la naturaleza. Este término (Ökologie) fue adaptado por primera vez a finales del siglo XIX por el biólogo Ernst Haeckel. La palabra nos remite al estudio (logos) del ambiente (oikos) donde viven los organismos (microbios, hongos, plantas y animales). La intención de la adopción de esta ciencia por parte de Haeckel era la de establecer una rama de la biología que se dedicara a estudiar la relación de los organismos con su ambiente. Y ya bajo este marco de la Ecología, el botánico inglés Arthur Tansley concibió la noción central de esta ciencia: el ecosistema, que se refiere al escenario constituido por todas las partes interactuantes de lo
biótico y lo abiótico, que interactúan entre sí. Este sistema natural se considera como una entidad autorregulable y autorreplicable; lo que los científicos le llaman homeostático (sistema que se autorregula). Una gran unidad que interactúa a su vez con otros ecosistemas, que es cambiante y adaptable, y que intercambia información, materia y energía. Con este concepto, los científicos pueden dirigir sus estudios limitándolos conceptualmente a un espacio y a un tiempo. Los científicos que estudian a la naturaleza —los ecólogos y las ciencias afines— son una autoridad epistemológica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que su función es la de introducir restricciones empíricas sobre las afirmaciones de lo que razonablemente puede ser una relación humano-naturaleza y sobre todo lo que puede intervenirse o cambiarse en esa relación, de manera responsable. Su autoridad no es política; es decir, no les corresponde decidir qué [se debe
hacer], sino esclarecer qué es posible, probable o falso (Nieto-Morales. “La soberana verdad”. Letras Libres. No. 329, mayo 2026). La ciencia de la Ecología no busca afirmaciones; la propia arquitectura del método científico la orienta a probar (rechazar) hipótesis y plantear, con incertidumbre, los probables escenarios o la nulidad de las afirmaciones. Para ilustrar lo anterior, tomemos el caso de la ahora multicitada comunidad vegetal rosetófila costera, señalada en los principales periódicos regionales (ejemplo: El Vigía) y donde todo indica que parte de su área de distribución es en donde se pretende construir la carretera alterna (bypass), Ensenada–Tijuana. Los ecólogos estudian lo que hay en esa comunidad vegetal natural: de cuántas especies de plantas y fauna está constituida; cuál es la abundancia de esa flora y fauna, y como son sus patrones de distribución. Y algo importante, cuáles son las especies clave que son
las que a partir de ellas se constituye la comunidad o están en riesgo (por ejemplo, las especies de cactus, agaves o algunos arbustos endémicos). Con esa información orientan a la sociedad y al gobierno (la autoridad política) cuales serían los escenarios (posibles cambios) más probables de esa comunidad rosetófila costera si se traza por esos terrenos el famoso bypass Pero nada más; aunque algunos científicos entusiastas quieran desarrollar otro papel, pero en ese caso estarían actuando como otra autoridad (por ejemplo: social o político) En resumen, el que hace ciencia de la naturaleza pertenece a ese poder epistemológico y su labor es tratar de entender a la naturaleza. Por otra parte, se requiere tomar decisiones de como implementar un desarrollo en beneficio del humano, pero bajo una óptica de conservación de la naturaleza. Aquí es donde interviene una autoridad cultural: la llamada autoridad política, constituida por el gobierno y la sociedad. Se entiende que la cultura es la forma en que el humano se relaciona con su ambiente. Se manifiesta a través de costumbres, tradiciones, valores y expresiones artísticas que reflejan la identidad de una sociedad. La cultura influye en cómo las sociedades se adaptan e interactúan con su entorno natural, y en cómo se transmiten y aprenden las normas y creencias a lo largo de las generaciones. Entonces, apoyada en la cultura y en la ciencia, la autoridad política (sociedad y gobierno) debe tomar su responsabilidad como un papel regulador en el uso de la naturaleza y tomar la ruta más adecuada, tratando de encontrar una simetría en los ecosistemas, que balancee el desarrollo humano con la conservación de lo natural, evitando incrementar la Crisis Ambiental y entablar una lucha constante contra ella.
En resumen, la autoridad política reside en la dupla gobierno y sociedad, y estos son los que toman decisiones basados en la ciencia.
Rafael “Rach” Solana*
En la cultura es donde surgen di versas formas de pensar la interac ción humano-naturaleza. Algunos miembros de la sociedad se inclinan más por la conservación y otros por el desarrollo. La autoridad política entonces debe buscar un balance en sus decisiones sobre el desarrollo hu mano y la conservación de lo natural, tomando en consideración todos los enfoques y a la ciencia, en una bús queda continua de una simetría en los ecosistemas. Veamos.
¿Varias ecologías?
La ciencia de la Ecología parte de un solo paradigma y por tanto es úni ca. Su objeto de estudio es el ecosiste ma (ontología) y su ética es plantear posibilidades, probabilidades o nega ción, sobre algún elemento de la na turaleza. Y aunque a lo largo de la historia se han implementado diversos enfoques metodológicos, la ciencia de la Ecología es una sola. Por otra parte, la cultura, entendida como la relación del humano con la naturaleza, ha permitido desarrollar diversas formas de pensar sobre esta relación. A lo largo de la historia, el humano ha tratado de entender lo natural en al menos tres diferentes formas. La más antigua, aunque prevalece en tiempos actuales, es pensar la relación a través de un ser supremo (Teocentrismo). Representantes de esta forma de pensamiento es el animismo, el chamanismo, el budismo y otras doctrinas religiosas. Una segunda forma de percibir a la naturaleza es el antropocentrismo, en donde el humano plantea que la naturaleza es una especie de esclava dócil que cumple todas las necesidades del sapiens: ya sea como benefactora o para depositar sus residuos. Las leyes del mercado y de oferta/consumo son producto de esta visión antropocéntrica. Hoy se asegura que la visión de eficiencia y optimización de los mercados es la causa principal de la crisis ambiental.
estas corrientes se funden en lo que ahora se conoce como Ecocentrismo. Bajo esas tres visiones se manifiestan muchas formas de culturas ecológicas, a las que se pueden denominar como ecología política y ecología social. Luc Ferry en su libro Les Sept Écologies (Edit. J’ai Lu, 2022) agrupa a todas estas tendencias de ecología cultural, en siete grupos. Estas son las siguientes:
1. Colapsología. Los que ostentan esta ideología argumentan que irremediablemente habrá una catástrofe, inminente e inevitable. Pablo Servigne y sus colegas argumentan que se registrará un colapso en los sistemas económicos, sociales, tecnológicos y energéticos. Esto permitirá que se desarrolle un nuevo orden natural y humano, por lo que es necesario estar preparados. Este grupo de humanos muestra altos niveles de cortisol y noradrenalina en sangre, y generalmente están deprimidos.
profunda de los años setentas. Argumentan que se requiere un decrecimiento en el desarrollo humano y en la población, a toda costa. El documento de “Catastrofismo iluminado” (Per un catastrofismo illuminato) del filósofo Jean-Pierre Dupuy describe este pensamiento pesimista. Al igual que los colapsólogos, la hormona predominante en su torrente sanguíneo es el cortisol y la noradrenalina. Requieren inyecciones de altas dosis de serotonina para salir de su depresión. 4. Ecofeminismo. Este movimiento equipara la lucha y la defensa del ambiente con las luchas emprendidas para el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Esta propuesta se fundamenta en que toda práctica feminista debe incorporar una perspectiva ecologista y viceversa. La hormona que predomina es la progesterona y no hay cabida para la testosterona.
un animal. Simpatizan con los alarmistas revolucionarios. En su propaganda suelen mostrar imágenes dramáticas, como rastros (mataderos) donde se sacrifican animales de granja. Al igual que los alarmistas revolucionarios el cortisol y noradrenalina son las hormonas predominantes en sangre.
7. La Ecomodernidad. Son pura adrenalina, ellos piensan que el crecimiento es infinito y la contaminación cero. Se caracterizan por acudir a todos los eventos sociales (como colectas o fiestas a favor del ambiente). Un tanto cínicos, propagan la economía circular. La Ecomodernidad apuesta por ir un poco más lejos de los preceptos del crecimiento verde y del desarrollo sostenible. Este grupo propone disociar la idea de que el crecimiento económico, conlleva directamente a un mayor consumo de energía o recursos naturales: es decir impulsan la eficientización.
Seguramente existen otras formas de pensar el ambiente, aunque los anteriormente descritos movimientos sociales (ecología política) son los más representativos.
Para contrarrestar la crisis ambiental, desde hace al menos cincuenta años se han alzado muchas voces para plantarle la cara a la visión antropocéntrica y a la crisis ambiental. A través de estas voces, se ha desarrollado una nueva forma de ver a la naturaleza, más humana y buscando mayor equidad y simetría. Estas visiones, además de basarse en la razón (mercado, eficiencia, etc.), también hunden sus raíces en la razonabilidad (el deber ser, pensando en la conservación de la naturaleza y en el bienestar de las futuras generaciones). Todas
2. Los alarmistas reformistas (desarrollo sostenible). Estos muestran una mayor empatía con la naturaleza y el desarrollo sostenible. Son la antítesis de los colapsólogos y consideran que se puede seguir el desarrollo con el mismo esquema de mercado, siempre y cuando se mitiguen las emisiones de los gases efecto invernadero. Aquí, tal vez, pudiéramos situar a la propuesta del papa Francisco de su Ecología Social mencionada en su Laudato si. Este grupo de humanos se caracterizan por presentar altos niveles de oxitocina en sangre, por lo que tienden a tener buenas interacciones sociales, son expresivos y crean buenos vínculos con la naturaleza.
3. Los alarmistas revolucionarios. Estos son los herederos de la ecología
5. Descolonialismo. Este enfoque de la ecología política entrelaza el discurso anticolonialista con la defensa de la naturaleza. Este movimiento está en contra del desarrollo a través de la explotación de los recursos naturales de manera devastadora y sin miramientos (por ejemplo, el Coltán en el Congo). Están en contra del denominado capitalismo salvaje. Representante de este grupo es la joven activista Greta Thunberg. Aquí se observa un gran coctel de hormonas, ya que debe combinarse en diversos momentos el cortisol y la adrenalina (para la lucha y huida), la dopamina y la oxitocina.
6. Veganismo. Este grupo se opone ferozmente a todo maltrato animal, de tal forma que no está en su dieta cualquier alimento que provenga del grupo faunístico. No se visten con lana, cuero o cualquier otra parte de
Evito hacer un ejercicio de cuáles serían las posturas de cada uno de estos grupos con respecto al ejemplo de la construcción de la nueva carretera Ensenada-Tijuana, por dos razones. La primera porque estoy seguro que en nuestra sociedad existen miembros de todos esos grupos y que todos ellos tienen una postura específica sobre el tema. Además, tengo entendido que la consulta pública, que se realiza por ley, ya fue llevada a cabo y cada grupo fijo su postura. Si se hace una buena mezcla de la ciencia (Ecología) y las emociones presentadas (bajo los movimientos de la Ecología Política), de tomarán buenas decisiones. Ahora solo es necesario que las autoridades de gobierno (en cualquiera de sus tres órdenes) se responsabilicen de la toma de esas decisiones, bajo la mejor evidencia científica y tomando en cuenta a las opiniones vertidas por todos los grupos interesados. Les toca a ellos, no a la ciencia.
Lo importante es encontrar la simetría en los ecosistemas que faculte la impartición de la justicia ecológica. Y, sobre todo, que permita contar con una mayor certidumbre para nuestro futuro como humanos y la convivencia con los no humanos.
En el verano de 2007, durante los trabajos de campo del proyecto Salvamento arqueológico Bajamar–Jatay 2006-2007, recuperamos, entre otros materiales arqueológicos, el fragmento de un cuchillo de piedra de morfología distintiva durante la exploración del campamento conchero denominado Z11-Z11a. Este conchero se localizaba aproximadamente a 1.5 kilómetros de la línea de costa, a 75 metros sobre el nivel del mar, en un punto de la segunda plataforma marina que bordea la cañada proveniente del Cañón de Jatay –que deriva a su vez del arroyo Guadalupe– con topografía nivelada.
Las excavaciones arqueológicas mostraron que el área central del sitio tuvo función doméstica en donde se identificaron restos de al menos tres hogueras conformadas por piedras de basalto con restos de ceniza y pequeños fragmentos de carbón, en esta área se registraron herramientas de funciones domésticas como cortar, raspar y moler, algunas para cazar y restos de utensilios para cocinar y almacenar alimentos –fragmentos de vasijas. La cronología de este sitio se corroboró mediante dataciones de radiocarbono y objetos diagnósticos como puntas de tecnología arco/flecha y fragmentos de ollas de cerámica, los resultados radiocarbónicos arrojaron fechas de 550 años antes del presente, o dicho de otra manera mil 400 años después de Cristo, esta cronología concuerda con el registro de las piezas de cerámica, ya que sabemos que las técnicas alfareras arribaron a la costa noroeste de Baja California hace mil años, por lo que se confirma que este campamento prehispáni-
co tiene una antigüedad de quinientos cincuenta años y que corresponde a la Prehistoria tardía.
Cabe resaltar la diversidad morfológica y temporal de cuchillos y puntas de proyectil de piedra que se recuperaron durante las excavaciones, ya que algunas corresponden a la Prehistoria tardía, otras al periodo que le antecede –el Arcaico– y una es mucho más antigua, del periodo Paleoindígena, es nuestro interés analizar esta última pieza en esta entrega.
La pieza se recuperó en la sección norte del antiguo campamento, en el nivel 1 de excavación, es decir en la capa superficial de 10 centímetros de espesor, se trata del fragmento basal/medial de un cuchillo bifacial –tallado en ambas caras– del tipo denominado Lake Mojave. La pieza está fragmentada y conserva prácticamente todo el pedúnculo/base y una parte del borde de la hoja que denotan claramente la silueta original. Mide 9.6 centímetros de largo, 3.5 centímetros de ancho y .7 centímetros de espesor; en ambas superficies se aprecian cicatrices de talla por percusión directa.
El pedúnculo, de bordes rectos y convergentes, es significativamente pronunciado, estrechándose hacia el extremo proximal y terminando en la típica base redondeada del tipo Lake Mojave, en el borde de una de sus caras se observan retoques largos subparalelos efectuados por presión y en el borde proximal se efectuaron una serie de pequeños desprendimientos cortos para redondearlo. La
que la de todo el artefacto, está patinizada, esto significa que el objeto estuvo mucho tiempo a la intemperie, bajo el sol, lo que oscureció
la superficie, este proceso inició poco tiempo después de quebrarse ya sea en la -
ra o en sus primeros usos. El material empleado para su manufactura es una roca fina de origen volcánico de muy buena calidad para los procedimientos de talla.
Rubén F. García Lozano*
Puntas Lake Mojave
Cuchillo tipo LakeMojave , Bajamar-Jatay.
Lago Mojave es un tipo de artefactos bifaciales de piedra –puntas de proyectil y cuchillos– que forman parte del complejo arqueológico Lago Mojave (Lake Mojave Complex) que data del Pleistoceno tardío/Holoceno temprano (alrededor de 11 mil–8 mil años antes del presente) y que a su vez forma parte de la Tradición de los Lagos Pluviales Occidentales (Western Pluvial Lakes Tradition) que comprende el oeste de la Gran Cuenca de Norteamérica y las tierras áridas y semi–áridas del sur de California.
La sociedad portadora de esta
tradición estaba adaptada a lagos, pantanos y pastizales que desaparecieron en un periodo conocido como Altitermal (ca. 8 mil–7 mil ap) en el que la temperatura media ascendió, así el complejo Lago Mojave fue reemplazado por pueblos mejor adaptados a las nuevas condiciones secas y áridas de la región. Se ha considerado que esta tradición se manifiesta en la costa sur de California con el complejo San Dieguito representada en el icónico sitio Harris (Sdi–149), cuyos bifaciales son tecnológicamente equivalentes a Lago Mojave y Silver Lake.
Siendo así la pregunta obligada es ¿qué hacía un artefacto antiguo de los desiertos de California en un campamento costero tardío del noroeste de Baja California? Hoy sabemos qué hace mil años grupos yumanos se desplazaron de la cuenca del río Colorado, en la parte que divide hoy los estados de Arizona y California, hacia los territorios del oeste y suroeste, esto es el norte de la cordillera peninsular y la vertiente occidental de ésta hasta la costa del Océano Pacífico. Estos grupos traían consigo su cosmovisión, estilo de vida y cultura material, y por los datos ob-
tenidos en los campamentos que habitaron sabemos que también transportaban objetos que encontraban y recogían de sus lugares de procedencia, dicho esto, es posible que este cuchillo Lake Mojave fuera recolectado en el desierto de Mojave y trasportado por estas poblaciones en su travesía hacia la costa del Pacífico. Hoy en día la pieza se encuentra exhibida en las vitrinas de la sala del paleoindígena del Museo Histórico Regional de Ensenada.
* Arqueólogo. Investigador del Centro INAH–BC.
Excavaciones arqueológicas en el campamento Z11, Bajamar-Jatay.
LA PALABRA
Naveguemos
Al final de la novela, Virgilio entiende que lo que queda es el lenguaje: “La palabra se cernía sobre el universo, se cernía sobre la nada... un mar cerniéndose, un fuego cerniéndose, pesado como el mar y leve como el mar, sin dejar por ello de seguir siendo palabra: no pudo retenerlo y no debía hacerlo; para él era inconcebiblemente inefable, pues estaba más allá del lenguaje”.
Aquellos personajes jóvenes que habían sido sembrados en noviembre de 2020, habían ya crecido en tamaño y en belleza. El fresno de la zona de juegos, el mezquite del acceso, los naranjales, los olivos, los álamos se habían apoderado de la construcción de sombras. Orgullosos ocupaban el espacio que originalmente nos habíamos imaginado.
Producían esa rara y normal sensación de que siempre habían estado ahí. Ya no se podía pensar en ese espacio sin la presen-
cia soberana de estos personajes.
Los niños y los pájaros los habían adoptado como compañeros, como viviendas, como abrigo.
Los ancianos respiraban mejor bajo sus sombras. Las parejas disfrutaban el arrullo de la brisa, brisa que se veía en el movimiento de ramas y hojas.
Y nuestros amigos ya parloteaban los sucesos cotidianos, con el café y el vino en ristre.
—Siempre me he preguntado cómo se verían estos espacios sin los árboles, sin las flores, sin los juegos, sin el escenario –meditó Aída.
—Pues a todos nosotros nos tocó vivirlo. Es tan grande el cambio en estos espacios, que hemos borrado de nuestra memoria cuando todavía era un lugar intocable, dedicado a los metales, lo motores, las llantas, la velocidad, el ruido –contestó Mercedes.
—Pues para la falta de memoria, está la palabra –musitó don Sebas mientras zarandeaba su copa de tinto.
—¿La palabra?¿Cómo? –intercaló doña Elsa en tono casi de exigencia.
—Pues sí. Todo esto que estamos dialogando, que nos invita a la reflexión, que nos permite descubrir y descubrirnos, se provoca, en gran
parte, por la palabra oral, por la palabra del otro. Creo que no es suficiente ensimismarte durante largas jornadas de retiro espiritual buscando en donde está el fondo de ese abismo que es nuestra alma, si no tenemos la posibilidad de expresar en voz alta esas incertidumbres, esas certezas y esas expectativas. La palabra se cierne sobre el universo, dice Virgilio.
—Entiendo. Entonces, Don Sebas, desde ese ángulo ¿cuál es para usted el aporte que este espacio tiene para nosotros, los ciudadanos peatones?
—¿Te puedes imaginar este diálogo sentados a la orilla de una banqueta, al rayo del sol, pasando a un metro de distancia una micro ruidosa que modera su motor y frena con chirridos?
—Bueno, no. No creo que hubiera sucedido ese diálogo.
—Exactamente. El espacio ha construido el hogar de la palabra. Hemos aprendido a escuchar. A meditar la opinión del desconocido. Estos personajes/árboles, las macetas, las bancas que serpentean por lo que antes era esa calle ajena, ahora son nuestro cobijo para escuchar y ser escuchados. Hemos aprendido que mientras no podamos expresar en voz alta nuestros pensamientos, significa que no los tenemos claro, que debemos sacudir las ideas en el cernidor del diálogo.
—Este…-agregó confusa la señora Elsa– sí…de acuerdo. ¿Y en palabras más sencillas cómo se explica este tema del espacio y la palabra?
—Yo entiendo
–intervino Aída– que lo que don Sebas está provocando, es justamente eso: que hablemos, que expresemos, y discutamos para reflexionar nuestras ideas, nuestras creencias, exponiéndolas a la opinión del diferente.
—Y todo ello exige un escenario para que ello suceda –sumó rápidamente Mercedes. Y estos espacios son esos lugares mágicos que se han arrancado de la lógica mercantil, de la visión miope del utilitarismo monetario, del desarrollismo inmobiliario que interpreta que los lugares públicos de convivencia social, con sombra verde y silencio urbano, son lunares inútiles que deben ser extirpados para que suceda el concreto, el vidrio, el metal y la utilidad máxima de cada metro cuadrado del escenario urbano.
—Ay, ay, ay, ay –se lamentó la señora Elsa–, yo sólo quería que me explicaran qué era eso de la palabra ¡y terminó este tema en un discurso politico!
—Justamente es eso, mi querida señora Elsa. La palabra es un caballo pura sangre que hay que ponerle la montura del sentido, de la intención, de la temática. Pero una vez que está ensillado, puede galopar hacia donde queramos, con total libertad.
—Ah, bueno…ahora sí me quedó claro: la palabra es un caballo.
Las carcajadas y los gritos de ¡salud! se oyeron, rebotando en los troncos, en las ramas, en los grandes macetones metálicos y en las bancas blancas que se escurrían por el terreno del ágora del espacio público.
Ricardo Harte*
¡VAMOS AL VALLE!
Cero Quejas
La aventura inicia con el ¡Vamos al valle! Ese día te levantas temprano y decides primero juntar un buen grupo de acompañantes para pasarla increíble. Zapatos cómodos, un sombrero o gorra, protector solar. Si van niños no olviden la pelota, para los más grandes prueben con llevar también, juegos de mesa, porque es ir a conocer, relajarse y disfrutar.
Primero el desayuno. Un típico almuerzo mexicano. Todos sentados en
pepino, perejil, fresas, un trozo de nopal y zumo de las naranjas, todo tiene manos de lugareños y sabor de hogar.
De entre unos buenos tacos de barbacoa con su consomé que aún tiene el hervor del hoyo donde fue cocinado a fuego lento, unos chilaquiles rojos en mole y pechuga de pollo encima; y por supuesto, unos buenos tacos de birria, típica del rumbo. Por qué no un postrecito, por supuesto que te lo mereces, un tradicional pay de manzana.
Empieza ya el clima templado, vale la pena un chapuzón, varios hoteles tienen day pass donde no es necesario estar hospedados para disfrutar de sus albercas. También está el Parque de la Jersey ¿Han ido últimamente a ver los capibaras? Hay donde disfrutar de un día relajado, jugando pelota en sus jardines o juegos de mesa bajo las sombrillas, hasta una buena carnita asada se puede organizar ahí.
Ya para quienes desean conocer un
Hacer degustaciones de entre más de un centenar de casas productoras de la bebida que representa al estado es una gran opción. Por lo menos tres vinícolas en un día es un muy buen plan. Además, ya hay lugar con cabida para toda la familia, porque si no tomas vino, tomas café o hasta una colección de cerveza artesanal que también le sale muy bien a los ensenadenses.
Detrás de todo ese trabajo reflejado en lindos lugares, famosos spots, circuitos de vino y restaurantes para todos los bolsillos, está la gran labor de familias completas que le apostaron al campo mexicano.
Para hacer vinos se necesitan manos trabajadoras, gente comprometida y sobre todo amor por el país. Como un beneficio extra, el campo regaló muchos insumos que dieron origen al desarrollo de restaurantes de gran calidad. Tan sólo en el valle, hay más restaurantes con reconocimiento de la guía Michellin, que en cualquier ciudad del país.
No es sólo verse bonito, el valle sigue dependiendo del trabajo agrícola real: poda, cosecha, tierra, agua, clima, manos cansadas y creatividad.
dole a sacar agua de las arenas y producción de calidad mundial.
Dentro de grandes terrenos que resguardan hoteles de lujo o casas de renta de corta estancia, restaurantes de comida local como mesas familiares o lo que se conoce como fine dining, o incluso una novel ruta cafetalera con barras de especialidad; entre sus veredas se respira un ambiente rural y campirano. Se siente un aire de paz, de relajación y descanso.
Sinceramente, hay pocos lugares en México donde puedas desayunar pan artesanal, probar vino hecho a unos metros, comer ostiones frescos, escuchar música entre viñas y terminar viendo un atardecer color cobre sobre los cerros. Eso es magia territorial.
La mejor forma de ver crecer la región donde habitamos es siendo consumidores locales. Escucho muchas voces que dicen hace mucho que no voy al valle. Quiero invitarlos a que vivan de nuevo la gran experiencia que es estar en un lugar trabajado con empeño para hacerlo crecer, verlo florecer y producir, sobre todo producir, gran reto en esta época de comercio competitivo.
en el Valle de Guadalupe. A partir del SÁBADO 23 de MAYO de 2026
*Periodista.
Adriana Carrillo*
SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS Ven espíritu de amor y de paz
Día del Señor
El tiempo litúrgico de Pascua concluye hoy domingo con la solemnidad de Pentecostés, en el que los cristianos celebramos la venida del Espíritu Santo a los Apóstoles, marcando los orígenes de la Iglesia y el comienzo de la misión a todos los pueblos y naciones.
La contemplación y la alabanza de la Iglesia destaca la presencia del Espíritu de Dios y la entrega por el Resucitado de su Espíritu a los suyos para hacerles participar de su misma vida y constituir con ellos el nuevo Pueblo de Dios.
El domingo de Pentecostés es “fiesta de la Iglesia”. El acontecimiento que hoy celebramos marca el nacimiento de la Iglesia. Este Espíritu de Dios; que es, el Espíritu de Jesús y el Espíritu del Padre. Él es la presencia de Dios con nosotros. Él es la promesa cumplida del Señor cuando nos dijo: “Miren que estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). La verdad es que el Espíritu del Señor estuvo presente en toda la Pascua y fue el auténtico artífice de la iglesia primitiva desde el primer día en que Jesús ya no estaba con ellos.
El Espíritu Santo es nuestro Maestro y nuestro Guía, también se le dan muchos nombres: Paráclito (o Abogado), Espíritu de la Verdad, Espíritu de paz, Espíritu de Amor, etc. La principal de estas funciones tal vez sea la de nuestra santificación. Es el Espíritu Santo quien, con sus suaves inspiraciones, nos va sugiriendo cómo transitar por el camino de
(JN. 20, 19-23)
la santidad, por ese camino que nos lleva al Cielo.
El don del Espíritu es el gran regalo que Jesús da a los apóstoles y a todos nosotros. Ese espíritu nos sigue acompañando y nos convoca para dar testimonio de Él en el mundo, a través de nuestras obras. Ese Espíritu es el que nos anima a no estancarnos, a no permanecer quietos, a mirar siempre hacia delante, nos anima a descubrir, a investigar, porque todo ha sido creado por Dios. Dejemos que el Espíritu renueve nuestros corazones, encienda su luz en nosotros, que penetre en nuestra alma y sea nuestro consuelo, que nos enriquezca y llene nuestro vacío, que nos envíe su aliento para vencer el pecado.
Los dones que nos regala son actuales. El don de sabiduría nos capacita para distinguir la realidad de la fantasía, nos hace encontrar el secreto de la felicidad: la entrega total a Dios.
La inteligencia nos ayuda a dis-
tinguir los signos de los tiempos y aceptar los cambios necesarios. El consejo nos da la posibilidad de descubrir cuál es el buen camino que hay que seguir.
La piedad nos ayuda a vivir la espiritualidad y nos aleja del materialismo.
La ciencia nos permite descubrir cómo son las cosas, aunque no nos dé el sentido último de las mismas que nos viene por la de.
El temor de Dios, entendido como debe ser, nos hace realizar por amor lo que Dios espera de nosotros.
La fortaleza es necesaria para asumir compromisos auténticos sin miedo al mañana.
El relato del evangelista Juan pone de manifiesto que Pentecostés significa el envío misionero: “Así como el Padre me envió, los envío yo a ustedes”. Esta misión no es solo para los Obispos y sacerdotes. Es una responsabilidad de todos los bautizados. Debemos proclamar la alegría del Evangelio: el Señor resucitado está en medio de nosotros, y el Espíritu Santo acompaña a la Iglesia en su camino de discernimiento.
Que el Espíritu Santo los acompañe, proteja hoy y bendiga siempre.