Sensatez, felicidad, química y el teorema de Bayes (parte 2)
RAFAEL “RACH” SOLANA, P. 6
DIRECCIÓN
Arturo López Juan Director General jlopez@elvigia.net
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EL VIGÍA DIGITAL
Joatam de Basabe Coordinador editorial El Vigía Digital
Sandra Ibarra Coordinadora El Vigía Digital sibarra@elvigia.net
DEL DIRECTOR:
Cada año, el 23 de abril nos ofrece una pausa que, más que simbólica, debería ser profundamente reflexiva. El Día Mundial del Libro no es una celebración decorativa ni una efeméride menor: es una oportunidad para preguntarnos, con cierta honestidad, qué lugar ocupa hoy la lectura en nuestra vida cotidiana.
El reportaje que acompaña esta edición lo deja claro: México sigue siendo un país que lee, pero cada vez con más dificultad. El promedio de 3.2 libros al año por persona no es una cifra catastrófica, pero sí revela una tendencia inquietante. Más aún cuando se observa que buena parte de la llamada “lectura” ocurre hoy en formatos fragmentarios: mensajes, publicaciones, textos breves que difícilmente sustituyen la experiencia profunda de un libro.
No se trata de idealizar el pasado. Pero quienes se formaron en décadas anteriores —en la preparatoria, en la universidad, en la vida profesional— saben que el libro fue durante mucho tiempo una herramienta central de pensamiento. Leer implicaba concentración, disciplina, incluso cierta paciencia. Era, en muchos sentidos, un ejercicio de construcción interior.
Hoy, ese hábito compite con una realidad distinta: pantallas múltiples, estímulos constantes, una economía de la atención que privilegia lo inmediato sobre lo duradero. En ese contexto, el libro no desaparece, pero pierde terreno. Y lo pierde no por falta de producción —ahí están los más de 76 millones de ejemplares impresos al año en México—, sino por una razón más compleja: la dificultad de sostener la atención. La industria editorial, como bien se señala, vive una paradoja. Nunca hubo tantos títulos disponibles y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil consolidar lectores constantes. Las librerías se transforman, se reinventan, buscan ofrecer experiencias más allá de la simple venta. El libro digital avanza, amplía el acceso, pero también modifica la forma de leer. Todo cambia, y lo hace con rapidez. Sin embargo, hay algo que permanece. Leer sigue siendo un acto profundamente individual. No depende de estadísticas ni de políticas públicas —aunque ambas sean necesarias—, sino de una decisión íntima: detenerse, abrir un libro, dedicarle tiempo.
En ese sentido, la lectura se ha convertido, como
señalan algunos especialistas, en una forma de resistencia. Resistencia frente a la prisa, frente a la dispersión, frente a la superficialidad que con frecuencia domina la conversación pública. Leer exige silencio, y el silencio es cada vez más escaso.
Para una ciudad como Ensenada, donde aún persisten ciertos ritmos más humanos, la lectura podría encontrar un terreno propicio. No como obligación escolar ni como gesto cultural forzado, sino como una práctica que acompaña, que ordena, que permite pensar con mayor claridad.
Este Día del Libro no debería agotarse en recomendaciones o listas de títulos. La pregunta de fondo es otra: ¿estamos dispuestos a recuperar el tiempo que la lectura exige? ¿A concedernos ese espacio en medio del ruido?
Porque, al final, el destino del libro no depende únicamente de la industria editorial ni de las plataformas digitales. Depende, sobre todo, de cada lector. De ese gesto simple — abrir un volumen, avanzar una página— que, aunque parezca mínimo, sostiene una de las formas más profundas de la cultura. Y eso, precisamente eso, sigue estando en nuestras manos.
Digita Media BC, S.C. de R.L. de C.V. Calle Ambar No. 984, Fracc.Mediterráneo C.P. 22818, Ensenada, B.C. Tel: (646) 120.55.57 Ext. 1021
LA INFANCIA QUE NOS HABITA
Justicia y Familia
Aveces creemos que la infancia queda atrás, como una etapa que se guarda en la memoria mientras la vida avanza, pensamos que crecer significa dejarla atrás, como si perteneciera únicamente al pasado. Pero no es así, la infancia no desaparece, permanece dentro de nosotros, silenciosa, moldeando la forma en que miramos el mundo, reaccionamos al dolor y aprendemos a amar.
Había una niña que aprendió muy temprano a observar.
conversaban, ella permanecía atenta, como si el mundo dijera cosas incluso cuando nadie hablaba.
Sabía expresar, pero no siempre decía todo lo que pensaba, y casi nada escapaba a su mirada.
Sus padres vivían en armonía. La casa tenía estabilidad, rutinas, una calma suficiente para crecer. Sin embargo, la niña percibía algo más difícil de nombrar: pequeños silencios, sueños pospuestos, esfuerzos que se escondían detrás de la normalidad cotidiana. Sin saber explicarlo del todo, intuía que los adultos también cargaban cansancios invisibles.
Y entonces comenzó a defender.
Defendía a quien veía solo, a quien notaba frágil, incluso a quienes parecían fuertes pero guardaban tristeza. Nadie se lo pidió. Simplemente sentía que debía hacerlo. Decía lo que otros callaban y hacía preguntas que a veces incomodaban. Algunas veces fue vista como la niña rebelde, impertinente;
gullo cuando la veían argumentar con una firmeza inesperada para su edad. Sin darse cuenta, empezó a habitar esa idea de sí misma. Aprendió que debía sostenerse sola, que ser fuerte era una forma de permanecer segura.
Lo que casi nadie notaba era que también tenía miedo.
Pero el miedo, cuando no encuentra espacio, aprende a quedarse en silencio.
La niña sonreía, respondía, avanzaba. Y quizá porque parecía capaz de defenderse, pocas veces alguien pensó que también necesitaba ser defendida. Así fue creciendo: sosteniendo más de lo que correspondía a sus manos pequeñas, aprendiendo a ocultar la fragilidad detrás de la determinación.
El tiempo pasó.
La niña se convirtió en una mujer firme, capaz de enfrentar conflictos y levantar la voz cuando algo le parecía injusto. Su carácter abrió caminos y su determinación la sostuvo. Muchos la describían fuerte; algunos incluso la percibían fría. Sus propios padres seguían mirándola con la tranquilidad de quien cree que nada puede derribarla.
Pero la vida adulta tiene una forma silenciosa de revelar verdades.
Un día comprendió que su fortaleza no había nacido de la dureza, sino de la sensibilidad. Que observar tanto la vida desde pequeña la volvió profundamente empática. Que su impulso de defender no era confrontación, sino
dejar que baje la guardia sin sentir que pierde fuerza.
Porque crecer, al final, no fue dejar de ser aquella niña, sino aprender a mirarla con ternura.
Y entonces lo entendió con claridad, casi como un susurro: esa niña soy yo.
Hay una frase que repito con frecuencia en mi función, casi a diario: todos somos lo que vivimos de niños.
Esa convicción se vuelve aún más clara cuando me corresponde escuchar a menores. Algunos hablan con una claridad que sorprende para su edad. Nombran lo que sienten, lo que viven, lo que necesitan. Otros dicen muy poco.
Pero su silencio dice más que mil palabras.
En sus miradas, en sus pausas, en la forma en que eligen o evitan ciertas palabras, muchas veces se revela una historia que todavía no saben explicar. Y es ahí donde comprendo que la infancia no es un territorio pequeño. Es el lugar donde comienzan a formarse las certezas más profundas sobre el amor, la seguridad y el propio valor.
A diario veo frente a mí padres con la oportunidad invaluable de marcar de manera positiva el futuro emocional de sus hijos.
ficó ausencia de miedo, sino aprender -
char a esa niña, permitirle descansar,
Y sin embargo, muchas veces prevalece el peso de su propia historia. Las heridas no resueltas, las formas en las que aprendieron a amar, los silencios en los que crecieron. Como si, sin darse cuenta, la infancia que habita en ellos terminara hablando más fuerte que la infancia que hoy tienen frente a sus ojos.
Mientras tanto, sus hijos gritan… pero lo hacen en silencio.
Esperando que alguien ayude a abrir los ojos de los adultos que más aman. Que entienda que lo que viven hoy es algo que puede acompañarlos toda la vida.
Por eso, cada vez que escucho a un niño en una entrevista, no solo escucho lo que dice, también lo que calla. Porque sé que en esos silencios muchas veces habita una historia que apenas comienza a formarse.
Y entonces no puedo evitar pensar en la niña que alguna vez fui.
Recordándome: que lo que vive un niño hoy puede acompañarlo toda la vida.
La infancia no pasa: simplemente aprende a vivir dentro de nosotros.
* Jueza especializada en violencia familiar contra las mujeres con enfoque en protección de la infancia.
Tannya Miroslava Arce González*
A partir del SÁBADO 18 de ABRIL de 2026
REMBRANDT
La Turicata
Rembrandt van Rijn es considerado uno de los grandes maestros del Barroco europeo y el artista más influyente de la Edad de Oro neerlandesa. Su obra se distingue por la intensidad psicológica de sus retratos, el manejo magistral de la luz y sombra, y la capacidad de transformar escenas bíblicas y cotidianas en meditaciones universales sobre la condición humana.
CONTEXTO HISTÓRICO Y BIOGRÁFICO
—Nacimiento: Leiden, 1606.
—Fallecimiento: Ámsterdam, 1669.
—Formado con maestros como Jacob van Swanenburgh y Pieter Lastman, Rembrandt absorbió influencias italianas y flamencas, pero desarrolló un estilo propio profundamente arraigado en la tradición neerlandesa.
—Su carrera coincidió con la Edad de Oro neerlandesa, un periodo de prosperidad cultural y económica que favoreció la demanda de retratos, escenas históricas y grabados.
RASGOS DISTINTIVOS DE SU OBRA
—Claroscuro: Rembrandt llevó la técnica del tenebrismo a nuevas alturas, creando atmósferas dramáticas y espirituales.
—Retratos psicológicos: Más allá de la representación física, buscaba revelar la interioridad de sus modelos.
—Autorretratos: Realizó más de 80, convirtiéndose en un testimonio único de su evolución personal y artística.
—Grabados: Fue un innovador en el arte del grabado,
explorando texturas y efectos lumínicos imposibles en la pintura. Obras representativas
La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632): Primer ejemplo de su capacidad para transformar un encargo en una escena vibrante y teatral.
La ronda de noche (1642):Su obra más célebre, un retrato colectivo que rompe con la rigidez tradicional al dotar de movimiento y dramatismo a la milicia cívica de Ámsterdam.
Judit en el banquete de Holofernes (1634): Una composición bíblica que muestra su dominio narrativo y la tensión dramática.
Autorretrato de 1659: Refleja la introspección y vulnerabilidad de sus últimos años, marcados por pérdidas personales y dificultades económicas.
Etapa temprana (1625–1632): Influencia de Lastman, con colores vivos y composiciones narrativas.
Madurez (1632–1642):Consolidación de su estilo, con obras monumentales como *a ronda de noche Últimos años (1642–1669): Paleta más sobria, pinceladas sueltas y un enfoque introspectivo, reflejo de sus crisis personales.
LEGADO
Influencia: Inspiró a generaciones posteriores, desde artistas barrocos hasta pintores modernos como Van Gogh.
—Humanismo: Su obra se centra en la dignidad y vulnerabilidad humanas, trascendiendo el contexto religioso o histórico.
—Reconocimiento: Hoy se le considera el pintor más importante de la historia de los Países Bajos, y uno de los pilares de la pintura occidental.
EXPLORADOR DE LA CONDICIÓN HUMANA
Rembrandt van Rijn no solo fue un virtuoso técnico, sino un explorador de la condición humana. Su capacidad para conjugar luz, emoción y narrativa lo convierte en un artista universal cuya obra sigue interpelando al espectador contemporáneo. En sus retratos, escenas bíblicas y grabados, encontramos un espejo de la fragilidad y grandeza del ser humano, razón por la cual su legado permanece vivo más de tres siglos después de su muerte.
Notas de Wikipedia.
José Carrillo Cedillo
A partir del SÁBADO 18 de ABRIL de 2026
PERMÍTEME UNAS PALABRAS….
El Valor de la Vida
Einicia la interesante polémica en cuanto a la manera de expresarse de las personas. Un diccionario que describe tan exactamente a las personas sólo por su manera de expresarse independientemente del nivel de educación, cultura, o incultura, estrato social, etcétera, y es que es sorprendente escuchar –¿o debería decir oír?– a personas que nos sorprenden con su forma de comunicarse a través de la palabra y que nos obligan a calificarlos por su forma de hablar.
Oír es el acto involuntario y fisiológico de percibir sonidos con el oído. Escuchar es la acción voluntaria y consciente de prestar atención, comprender y procesar lo que se oye. En resumen: oír es biológico, escuchar es cognitivo. Buena explicación. Dice el refrán: oídos sordos a palabras necias. O sea, sólo escucha las incoherencias que provienen de personas que no comprenden el verdadero significado y grandeza de poder comunicarnos como verdaderos seres sociales, y es que desgraciadamente las nuevas culturas principalmente desembocan en expresiones que podrían salirse de la realidad.
He sido sorprendido, por ejemplo, el descubrir el uso de palabras soeces que simplemente nos invitan a describir a una persona falta de cultura y respeto.
Lo sorprendente del caso es que este tipo de lenguaje vulgar no conoce estratos sociales. Puede darse en medio de círculos tan sofisticados como lo son científicos, artísticos o docentes que en un momento dado nos impactamos ya que de acuerdo a la persona-
lidad podríamos esperar una manera de expresarse más ad hoc por parte de quien vienen floridas expresiones.
Públicamente y auspiciado por, incluso, el buen gobierno, el uso de palabras soeces que insultan la dignidad humana a través de obras teatrales, publicidad impresa en comercios y otras formas de llamar la atención, lo que significa el que no es más significativa la manera de expresarse, de acuerdo a una cultura sana y de respeto mutuo, si se justifica el resultado. Por ejemplificar burdamente, noté en la ciudad de Puebla, una ciudad por demás histórica, el nombre de una taquería que ostentaba con orgullo su nombre comercial: Taquería La ching…. Paso, mas incluso en Ensenada actualmente existen zonas que practican, para llamar la atención y mostrar su respeto por los consumidores este tipo de expresiones.
¿Sabes que para expresarte bien debes de aprender a hacerlo? Y la mejor manera es fijándote en la forma de expresarse de otra persona. Claro que si escoges a la persona equivocada que habla sólo basura, sucederá que tú también hablarás basura, y acerca de esto, éste es el significado de pedante: Dicho de una persona que es engreída y que hace inoportuno y vano alarde de erudición, téngala o no en realidad. O sea, de un rollero, y algo espeluznante es que quien más lenguaje soez esgrime, muestra sólo el que no tiene tema valioso para compartir. Incluso tiende por necesidad a utilizar chistes y comentarios fuera de lugar para darse cierto valor. Penoso.
PRINCIPIOS DEL LENGUAJE ADECUADO: Adaptación al contexto: Utilizar un tono formal en entornos académicos o profesionales, y un tono más cercano en situaciones informales. Lenguaje Inclusivo: Anteponer siempre el término persona ej. “persona con discapacidad, persona en situación de calle, evitando términos despectivos como minusválido o vagos.
Precisión y claridad: Evitar muletillas, repeticiones, frases muy largas o el uso excesivo de extranjerismos. Una manera clara de aprender a expresarse es observar cómo la gente se viste. A todas vistas la gran mayoría de las personas nos damos cuenta, incluso al grado de hilaridad, de la forma de vestirse de otros. Bueno, si te llama la atención positivamente la vestimenta convencional de alguna persona, vamos, imítala y otra persona pensará lo mismo de ti y te convertirás en un saludable ejemplo a seguir. Sucede lo mismo con el lenguaje. Ahora, tu vestimenta así como tu manera de expresarte viene aunada a la circunstancia que te rodea. Por ejemplo, si asistes a un concierto filarmónico de altura, naturalmente que no utilizarás vocablos que usas en un bar.
Se trata de evaluar situaciones más que de personas. En mi particular parecer, no acepto en una conferencia de altura y en un lugar de respeto el uso de palabras soeces que sólo intentan supuestamente “romper el hielo”.
Incluso he escuchado en diferentes altares religiosos el uso de palabras no soeces pero inadecuadas de acuerdo a la importancia de la situación. Toda una gama que sólo muestra nuestra ignorancia en un tema de importancia como lo es el hablar correctamente.
Todo esto forma parte de conocimiento a nivel social. Incluso tu credibilidad ante otros depende de tu forma de expresarte.
No podemos permitirnos el que los demás nos califiquen como personas que tienen nada valioso de que platicar, por lo que la gran y difícil
recomendación es: Leer. Si leemos, un sinfín de palabras acrecentarán nuestro acervo cultural mediante el cual al comunicarnos con los demás denotaremos hermosa fluidez de palabras, claridad en las ideas, cultura, seguridad al menos.
Mucho recomiendo el darnos tiempo de leer el diccionario de sinónimos y antónimos que nos proporcionan elocuencia al hablar.
El arte de hablar, o la oratoria, es la habilidad de comunicarse con elocuencia, claridad y convicción para persuadir, conmover o informar a una audiencia. Más que el uso de palabras, combina la inteligencia emocional, la técnica vocal, el lenguaje corporal y la autenticidad para crear un impacto memorable en el oyente. Y ciertamente el que es un arte ya que nuestra correcta forma de hablar impacta efectivamente a este.
Invitación que me incluye:
Sócrates proponía el uso de tres filtros antes de hablar: la verdad, la bondad y la utilidad. Esta técnica busca evitar rumores, maldad y conversaciones innecesarias, fomentando una comunicación consciente y ética que construye en lugar de destruir. Su método, la mayéutica, se basa en hacer preguntas para descubrir la verdad. Basta de rebajar nuestra valía como personas quienes a través de la forma de hablar nos convertimos en simples copias de culturas que intentan hacer caer en detrimento la maravilla de poder expresarnos correctamente. A todo esto… ¡Sin palabras!
Los miércoles de 2 a 5 de la tarde en el parque Revolución. Palabra de Dios y alabanza.
Juan Rudametkin
A partir del SÁBADO 18 de ABRIL de 2026
SENSATEZ, FELICIDAD, QUÍMICA Y EL TEOREMA DE BAYES (PARTE 2)
Reflexiones de un Abuelo
El ser humano ha desarrollado estrategias para sobrevivir. Estas habilidades las construye a través de conocer su entorno. Mientras más conoce su ambiente y ese conocimiento crece y contará con mayores certezas para tomar decisiones. Captar, almacenar, procesar y transmitir información adecuadas para vivir en armonía. La información se almacena en el genoma, en biomoléculas y en el cerebro.
Asimismo, el ser humano cuenta con cinco sentidos básicos que le permiten mirar, escuchar, oler, saborear o sentir a través del tacto. Pero, paradójicamente, con la modernidad estos sentidos se han ido deteriorando. Si un humano arcaico compite contra un sapiens moderno, aquel actuaría con mayor celeridad ante un estímulo externo, si la competencia fuera en un ecosistema prístino. Esto es debido a que el arcaico requeriría estar más atento a la posible presencia de riesgos o fuentes de alimento, mientras que el humano moderno apenas requeriría abrir el refrigerador. Hoy el humano cuenta con prótesis que le permiten compensar esas desventajas ante el mundo moderno: lentes, aparatos de audición e incluso mascotas domesticadas para sentir mejor al ambiente, son algunas de estos reemplazos. Pero el humano tiene otras herramientas que apenas se pudieran vislumbrar en el sapiens de hace miles de años: la conciencia y la imaginación. La conciencia de sí mismo convirtió al sapiens en un ser humano. Por su parte, la imaginación les abrió las puertas a
otras esferas, tanto fuera como dentro de sí mismo, y esto les permitió procesar de manera consciente esa información a través de inventar nuevas esferas de corte mística (explicar la realidad a través de verdades espirituales) y social (la opinionósfera) y, además, transmitirlo a otros humanos. Con ello, crear y compartir verdades que sustentan su convivencia y ser más cooperativo. La libertad, la igualdad y la fraternidad, son las bases creadas por el sapiens para convivir con otro ser humano. De cómo entiende y practica esos conceptos en su entorno social será la base para plantear su convivencia para crear naciones, civilizaciones y cultura. Esta imaginación ha crecido y, en este caso, es el humano moderno que le lleva ventaja al arcaico. El sapiens actual ha tenido tiempo de crear esferas a lo largo de sus últimos diez mil años. Una muestra de ello es el arte. El humano arcaico solo contaba con las paredes de las cuevas donde se refugiaba. Usando como pintura carbón vegetal u otros materiales pétreos plasmaba sus visiones para comunicar sus experiencias. Por su parte, el humano moderno ha creado infinitas formas de arte para plasmar sus visiones y pensamientos y, los más audaces, sus formas de ver el mundo. Pasando por el arte religioso, el barro-
co, el impresionismo y el cubismo, en la pintura; la narrativa, el poema o el ensayo, en la literatura; la cocina mexicana, de autor, la BajaMed y otras, en el arte de crear y paladear los sabores; o por Bach, la ópera, el jazz y el rock (no se incluye el reguetón, por favor), en la música, ha sabido diversificar la transmisión de la información y transformar su visón del mundo.
Y así como en el arte, la exploración de la naturaleza a través de la ciencia, le permite al humano crear conocimiento y transmitir esas verdades efímeras usando el razonamiento y la observación, pero también desarrolla tecnología para emprender viajes fuera del planeta o entender el lenguaje de la vida. Adicional a este aprendizaje, los científicos sociales y los humanistas, en una velocidad más lenta, desarrollan argumentos y proponen mecanismos para lograr simetrías entre el humano-humano y el humano-naturaleza. Esto último lo tendrían que acelerar antes de que el sapiens que aprendió con la razón, pero sin razonabilidad, lleve al planeta a los umbrales sin retorno de sus límites.
Con todos esos saberes contamos para tomar decisiones. Y cabe preguntarnos: ¿Por qué algunas de nuestras decisiones son acertadas y otras
son un fracaso? ¿Por qué algunos humanos toman mejores decisiones que otras en situaciones semejantes? Por ejemplo, un humano líder de alguna comunidad desarrolla mecanismos que hacen que su colectividad se acerque al óptimo estado de bienestar, mientras que otro bajo, las mismas condiciones (e igual cantidad de información), lleva a su comunidad al desfiladero. La respuesta reside en su habilidad para ese manejo, análisis y transmisión de la información con la que cuenta. Para ello hay varios caminos: uno a través del camino simple de la inducción/deducción (que por cierto no tiene nada de simple) y otro a través de incorporar información a posteriori para mejorar recursivamente una decisión, entendiendo que la cadena decisión-resultados-consecuencia es un mecanismo recurrente y de retroalimentación. Norbert Wiener, el padre de la cibernética, describió este mecanismo para un sistema dinámico donde se experimenta una retroalimentación, autorregulación y control: la homeostasis.
INSENSATEZ E INDUCCIÓN
Recordemos el relato de “El pavo inductivista” que inventó Bertrand Russell, para mostrar que hoy el solo usar los sentidos es una forma muy limitada de procesar la información del entorno. La paradoja ilustra la falacia de la inducción clásica, que ilustra cómo un razonamiento basado en simplemente observaciones, sin utilizar otros elementos, puede llevar a conclusiones erróneas. La percepción era una herramienta poderosa para el humano arcaico que le permitió sobrevivir. Para el humano moderno lo es también, pero este requiere de otras herramientas más para mejorar su vida. El entorno del humano moderno se ha hecho más complejo, donde su vida ya no reside solamente en la biósfera, sino que se transmuta en otras múltiples esferas: la opinionósfera, la teósfera, la antropósfera, etc. Y lo de mayor trascendencia: cada esfera sustentará una verdad distinta e interpretación de la realidad, muchas veces disímiles.
Rafael “Rach” Solana*
La historia nos cuenta que existía un pavo parlanchín y presumido. Se vanagloriaba que su vida era ideal. En el bosque, los otros pavos tenían que dedicar gran parte de su día en buscar el escaso y disperso alimento que se encontraba en la naturaleza; eso les causaba un gran estrés. Por si fuera poco, los pavos que no pertenecían a la granja tenían que cuidarse de sus depredadores, ya que en el mundo natural se había confeccionado una compleja red trófica y ellos estaban en los primeros eslabones. Por el contrario, los que vivían dentro de ella contaban con alimento en abundancia y de los cuidados de sus criadores. Todos los días, después de proporcionarles abundante alimento rico en proteínas y grasas, los llevaban a pasear a los patios, en donde el coyote no se podía acercar por miedo a la escopeta del granjero. Y así día con día, de tal suerte que el pavo se regodeaba con los demás: “no hay mejor vida que esta”. Este pavo observó que, al llegar los últimos días del año, fue llevado a otra habitación donde los olores eran más intensos y se incrementaba de manera importante la temperatura (lo cual era agradable, ya que la temperatura del ambiente tiende a disminuir en esa época del año). Además, su cuidador le ofrecía una comida todavía más abundante y condimentada con mejores sabores; es el paraíso. No hay nada que temer, les decía a sus compañeros pavos, al día siguiente seguramente va a ser mejor; y sí, cada día que pasaba era mejor, hasta que el calendario marcó el 23 de diciembre, donde repetía que al siguiente día le iba a ir mejor. Y el final no se lo cuento ya que seguramente ya lo han deducido.
¿Qué fue lo que pasó? El pavo no tomo en cuenta detalles que le proporcionaban su ambiente nuevo (otra información). Por ejemplo, que día a día se iba reduciendo el número los pavos que habían llegado a la cocina (así se llamaba la habitación). En ella, los humanos que la habitan tenían la labor de generar guisos con aves que comen otros humanos. Otro detalle: cada que desaparecía un pavo se observaba en los botes de basura muchas plumas de ¡pavo! Seguramente que los rastros minúsculos de sangre que se observaban en el piso eran indicios de un pavo sacrificado. Los olores de la cocina además le recordaban a sus parientes y amigos cuando estaban al sol, pero eso no le inquietaba: deducía que estaban en la sauna (y así era). Y así fue hasta que llegó la hora de que el plato central de alguna mesa
de humanos se encontró el pavo, muy bien adornado, por cierto. En el caso del humano, los peligros no existen en la naturaleza, los crea el humano. Son riesgos que el humano debe enfrentar. Los riesgos no están para tener un éxito o fracaso, nadie los puso como obstáculo o ventaja para un humano. Los inventa o los crea el humano.
Va un ejemplo. Hace unos días me contaron que un humano se tomó una fotografía en donde en una mano sostenía una víbora y con la otra a su hijo. Sabemos que las víboras representan un riesgo para el humano si este traspasa el umbral de seguridad del ofiúrido (la víbora); pero no son un peligro –producen veneno para paralizar a sus presas, no para morder y matar humanos–. Es decir, ese humano, con información distorsionada y su creencia de que el sapiens domina a la naturaleza estaba cometiendo una insensatez, ponía en peligro al infante. Esta conducta es semejante al del pavo inductivista. El humano piensa que él tiene el poder sobre la naturaleza y puede controlar a la víbora: alguien le transmitió esa falsa información. Pero al animal no le interesa lo que el humano piense; la víbora tratará de huir de esa agresión y usará los medios con los que cuente para hacerlo, sin importarle lo que piense ese adulto y el destino de él o de su crío.
SENSATEZ Y EL TEOREMA DE BAYES
El teorema de Bayes es probablemente el artilugio más importante que cualquier persona racional puede aprender. Esencialmente es una fórmula que pregunta: cuando se te presenta toda la evidencia de algo, ¿Cuánto debes creerlo? Es decir, en nuestro mundo moderno, nada es cierto ni falso, solamente es probable (o en algunos casos posible, si va mezclado con impurezas, con mentiras). Y esa probabilidad cambia a medida que obtenemos mayor evidencia que soporte nuestras suposiciones y nuestras premisas.
En general todos tenemos ciertas ideas sobre cómo funciona el mundo, y la nueva evidencia puede cuestionarlas y de qué manera. Veamos algunos ejemplos.
Alguien podría creer que la actividad humana no está relacionada con el cambio climático. Estas es su premisa que puede estar sustentada en su cultura del uso del carbón para obtener energía, sus prejuicios hacia la ciencia o que piensa que la tierra es plana y él es el centro del universo. La ciencia moderna cuestiona esa hipótesis, que definitivamente se considera previa. Y ahí comienza la danza. Un solo estudio podría no tener la suficiente fuerza para refutar la creencia previa. Pero a medida que se acumula más evidencia se puede ir demostrando que la tierra
es esférica y que el calentamiento del clima es consecuencia de la actividad humana. En algún momento, la hipótesis previa es cada vez menos plausible. Esto lo realizamos con herramientas como el teorema de Bayes.
El teorema sustenta que ser racional no se trata de blanco o negro; o eres creyente o no, eso es otra cosa. Puedes usar la razón de tu argumento, pero no necesariamente ser racional y mucho menos actuar con razonabilidad. Lo racional implica tomar decisiones con lógica y evidencia y la razonabilidad requiere el uso de una ética y responsabilidad. Sin evidencia —sin datos que formen creencias—, solo nos quedan nuestras presunciones, creencias y sesgos. Usamos de manera limitada y sesgada información. Muchos humanos de ciencia, incluso caen en seo: toman a sus hipótesis como mascotas.
En la siguiente columna presentaré algunos ejemplos del uso del teorema de Bayes para el aprovechamiento y conservación de la naturaleza usando recursivamente información. Responder a preguntas: ¿Por qué algunos pescadores pescan más que otros?, es un buen reto para el teorema de Bayes o la Inteligencia Artificial.
DÍA MUNDIAL DEL LIBRO: ENTRE LA MEMORIA Y EL PORVENIR
REDACCIÓN*/LA BRÚJULA
Ensenada, B. C.
Cada 23 de abril, desde que la Unesco instauró el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el mundo hace una pausa simbólica para recordar que la lectura no es un hábito menor, sino una de las columnas invisibles que sostienen la vida cultural. En ciudades como Ensenada —de ritmo pausado, vocación turística y conversación larga— el libro conserva aún un lugar íntimo: no como objeto de moda, sino como compañía.
Sin embargo, bajo esa imagen casi romántica, la industria del libro atraviesa una etapa de transformación profunda: menos lectores constantes, cambios en los formatos, presión económica sobre editoriales y librerías, y una transición silenciosa hacia lo digital.
Este reportaje propone una mirada amplia: del dato duro a la experiencia cotidiana; de la estadística nacional a la voz de quienes viven del libro.
UN PAÍS
QUE LEE…
PERO MENOS
México no es un país ajeno a la lectura, pero sí uno en tensión con ella.
dición más reciente, el promedio de lectura en el país es de 3.2 libros al año por persona. La cifra, que podría parecer razonable en términos generales, revela en realidad una tendencia a la baja respecto a años anteriores.
Más aún: casi 70 por ciento de la población alfabeta se considera lectora de algún material, ya sea libros, revistas o contenido digital. Pero ese dato amplio esconde una realidad más compleja: leer no siempre significa leer libros, y mucho menos leer con profundidad.
En términos estrictos, el libro compite hoy con múltiples formas de lectura fragmentaria: redes sociales, blogs, contenidos breves.
“Antes el libro era la puerta de entrada al conocimiento; hoy compite con una multitud de estímulos que fragmentan la atención”, dice el editor independiente Rafael Navarro, con sede en Ciudad de México.
En apariencia, la industria editorial mexicana sigue siendo robusta. En 2024, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, se produjeron 76.4 millones de ejemplares impresos en el país .
Es una cifra significativa, pero que debe leerse con cautela. La producción ha disminuido en los últimos años y, más importante aún, el número de títulos no necesariamente se traduce en lectores efectivos.
Ese mismo año se registraron 20 mil 054 títulos publicados, lo que implica una enorme oferta editorial. El problema, coinciden especialistas, no es la falta de libros, sino su circulación.
“Hay más libros que nunca, pero menos tiempo para leerlos”, comenta María Teresa Solís, librera en una cadena nacional con presencia en Baja California.
ta: miles de títulos compiten por una atención cada vez más escasa.
LENTA MIGRACIÓN HACIA LO DIGITAL
Uno de los cambios más significativos en la última década ha sido el crecimiento del libro digital.
Aunque en México el libro impreso sigue dominando —especialmente entre lectores mayores—, el consumo de contenidos digitales ha ido en aumento. Las plataformas de lectura, los audiolibros y los dispositivos electrónicos han ampliado el acceso, pero también han modificado la forma de leer. Hoy, una parte importante de la población combina formatos: lee en papel, pero también en pantalla. Según datos recientes, las páginas de internet y contenidos digitales ocupan ya el segundo lugar entre los materiales de lectura en México .
El escritor Luis Felipe Ortega lo resume así: “El libro no está desapareciendo; está cambiando de cuerpo. Lo importante es si la lectura sigue siendo profunda o se vuelve apenas un gesto”. A partir del SÁBADO
“El reto ya no es solo publicar, sino lograr que alguien permanezca en una página más de cinco minutos”.
“El lector actual entra a la librería con curiosidad, pero también con prisa; muchas veces hojea más de lo que compra”. El fenómeno no es exclusivo de México. A nivel global, la industria
Para una generación formada antes del internet — como buena parte del público de La Brújula— el libro físico conserva una dimensión sensorial difícil de sustituir: el peso, el olor, la textura. Pero las nuevas generaciones parecen menos atadas a ese ritual.
LEER: ENTRE EL HÁBITO Y LA RESISTENCIA
Hay algo que las cifras no capturan del todo: el acto íntimo de leer.
En México, ocho de cada diez personas han leído al menos algún material en el último año . Pero leer un mensaje, una noticia o una publicación en redes no equivale a leer un libro.
El problema, dicen especialistas, no es solo cuánto se lee, sino cómo se lee.
“El libro exige tiempo, silencio y concentración; tres cosas escasas en la vida contemporánea”, explica la promotora cultural Adriana Villaseñor.
“Por eso leer hoy es casi un acto de resistencia”.
En ciudades como Ensenada, donde la vida todavía permite ciertos ritmos más pausados, la lectura podría encontrar un terreno fértil. Sin embargo, la competencia por la atención —televisión, plataformas digitales, redes— es universal.
Lecturas en voz alta, presentaciones de libros, clubes de lectura: la experiencia se ha vuelto clave para atraer a los lectores.
“Ya no basta con tener libros en los estantes”, señala la librera María Teresa Solís. “Tenemos que ofrecer una experiencia, un motivo para quedarse”.
Este cambio ha sido especialmente visible en librerías independientes, que buscan
nente fronterizo: influencias culturales diversas, acceso a mercados distintos y una tradición editorial que, aunque modesta, ha sido constante.
ENTRE
EL DATO Y LA MEMORIA
Las cifras pueden ser frías, pero detrás de ellas hay historias. Un lector que regresa a un libro después de décadas. Un editor que insiste en publicar poesía. Un librero que recomienda un título
con calma. A releer. A recordar que el conocimiento no siempre llega en fragmentos.
UN FUTURO ABIERTO
La industria del libro no está en crisis terminal, pero sí en transición.
Produce millones de ejemplares, pero enfrenta el desafío de formar lectores.
Convive con lo digital, pero aún depende del papel. Se adapta, pero también resiste.
Quizá, como ocurre en tantas cosas esenciales, el futuro del libro no dependa tanto de las grandes cifras como de los gestos individuales: abrir un volumen, pasar una página, seguir leyendo.
Porque, al final, cada lector —en Ensenada o en cualquier parte— mantiene viva una tradición que no se mide solo en números, sino en tiempo, memoria y pensamiento. Y eso, precisamente eso, es lo que hay que cuidar.
En México, donde el promedio de lectura se mantiene en 3.2 libros al año, el reto no es menor.
bro no es sólo una efeméride
* Trabajo realizado con la ayuda de herramientas de
Del canon al texto a la carta: la literatura frente a la IA generativa
Sociedad y Tecnología
Imagine que, en vez de escoger un libro, usted le pide a su aplicación:
“Quiero una novela breve so bre la culpa, ambientada en mi ciudad, con una protago nista de mi edad y un tono entre el realismo y la ironía”. En segundos recibe un tex to “a medida”. La escena in quieta: si la lectura se ajusta siempre a nuestra biografía, ¿no quedaremos encerra dos en un espejo, como te mía Jorge Luis Borges? Pero también seduce: quizá esa misma tecnología abra puertas a estilos y preguntas que antes no aparecían.
na, qué sesgos arrastra, qué incentivos la gobiernan y qué principios la orientan. También cambia la manera de “consultar” literatura. Con resúmenes y reescrituras instantáneas, aparece la tentación de volver la obra una herramienta: que todo responda, que todo sea útil, que nada se resista. Pero la potencia literaria vive en su opacidad fértil: en lo que exige tiempo, en lo que incomoda, en lo que no se deja traducir del todo. Si toda dificultad se externaliza al asistente, se empobrece la lectura como experiencia.
Desde las filosofías de las ciencias digitales, la inteligencia artificial generativa no es un simple atajo para producir palabras: es un instrumento que altera el campo de lo posible. El telescopio no sólo amplió la vista; reconfiguró el cielo. De modo análogo, estos modelos vuelven maleables la voz, la estructura y el registro, y nos empujan a repensar qué entendemos por obra, originalidad y autoría. La literatura deja de ser solo un objeto terminado y se acerca a un proceso donde la versión y la edición ganan centralidad. La primera transformación se juega en la lectura. En el mundo impreso, el libro es fijo y el lector se adapta. Con la IA generativa apa-
rece la tentación inversa: que la obra se adapte al lector. En su mejor cara, eso democratiza el acceso: traducciones inmediatas, glosas, guías de contexto, explicaciones por capas, acompañamiento para quien entra por primera vez a un lenguaje difícil. Para muchos, esa mediación será la diferencia entre abandonar un texto y habitarlo. Pero la misma dinámica puede privatizar la experiencia literaria. La literatura ha funcionado como una tecnología de extrañamiento: nos expone a otras épocas, clases sociales, geografías y sensibilidades. Si pedimos lecturas “desde mi perspectiva”, podemos sustituir el encuentro con lo ajeno por una versión domesticada del mundo. No hace falta censura: basta el ajuste fino, ese “te muestro más de lo que ya te gusta”,
para fabricar burbujas interpretativas donde todo confirma y poco descoloca.
La salida no es prohibir la personalización, sino volverla crítica. El conocimiento es situado, sí, pero no debería volverse provincial. La IA puede actuar como prótesis hermenéutica si la usamos para tensar la interpretación: “contradíceme”, “propón una lectura rival”, “cambia el punto de vista”, “señala lo que estoy evitando”. En vez de un mayordomo narrativo, la máquina puede ser un interlocutor incómodo que nos obligue a argumentar y a leer con más paciencia.
La segunda transformación ocurre en la escritura. Nadie escribe desde cero: toda literatura dialoga con una biblioteca, visible o no. La IA vuelve esa biblioteca operativa y veloz: sugiere tramas, ritmos,
escenas, metáforas, alternativas. Limita si el autor se reduce a elegir la primera opción plausible y delega el riesgo. Potencia si se usa como generador de variaciones: invertir una escena, desplazar el narrador, imponer restricciones formales, explorar caminos que, sin ese impulso, quizá no se probarían. Aquí conviene una noción clásica de la filosofía de la técnica: el fármaco, remedio y veneno a la vez. La IA puede homogeneizar estilos si se convierte en estándar invisible de la prosa “correcta”, si premia lo estadísticamente frecuente y vuelve autopista el cliché. Pero también puede ampliar repertorios y abrir puertas a voces sin acceso a talleres, redes o capital cultural. La dirección dependerá de la infraestructura: con qué datos se entre-
La tercera transformación toca la autoría y el ecosistema editorial. Si los textos se generan, adaptan y actualizan, el autor deja de ser solo un nombre en la portada y se vuelve un conjunto de decisiones declarables: qué materiales se usaron, qué se verificó, cómo se editó, qué límites éticos se asumieron. Aparecen oficios nuevos —editores que controlan fuentes, curadores de estilo, diseñadores de restricciones— y formatos híbridos: relatos interactivos, “ediciones vivas”, obras que se reconfiguran sin dejar de ser compartibles.
¿Nos limitará o nos potenciará? Hará ambas cosas, según el uso social. Si convertimos la literatura en un servicio de confort, perderemos su fuerza crítica. Si, en cambio, cultivamos una ética de la divergencia —leer para salir de uno mismo, pedir a la máquina no solo que nos refleje, sino que nos desestabilice— la IA generativa puede ampliar ideas e imaginación. Defender la literatura, quizá, consista en no renunciar a la fricción con lo otro.
* Docente de la Fhycs, campus Tijuana, UABC. ruiz.karla32@uabc.edu.mx
Karla Ruiz*
Imagen desarrollada por ChatGPT (OpenaAI, 2026).
MAMÁ, QUIERO
SER UN TIBURÓN
Caracol, Un Museo
Para Ti
Si yo fuera un animal, me gustaría ser un tiburón. Siempre que me hacen esa pregunta, contesto lo mismo sin dudarlo y la reacción es la misma: una mirada de sorpresa seguida de un “¡pero si son malos!” o el clásico “comen humanos”. Es ahí cuando la “loca de los tiburones” que llevo dentro sale al rescate, armada con datos y una pasión que no cabe en una sola conversación.
A mis ojos, los tiburones son criaturas magníficas, bellas; una fuerza que transmite paz. Me cautiva la inmensa variedad de sus tamaños y esas aletas que logran que sus movimientos bajo el agua se vean como si fuera una coreografía.
Mi fascinación no nació en el océano, sino en mi hogar cuando era niña. Recuerdo el momento en que mis papás le dieron un peluche de tiburón a mis hermanos. Mientras otros veían un simple juguete, yo vi una silueta y una criatura que me despertó la curiosidad por conocerlos.
A partir de ahí, mi vida se llenó de películas, dibujos, documentales y libros. Entonces decidí que no quería quedarme solo con la imagen agresiva que el cine nos ha vendido, quería ir más allá, conocer su verdadera esencia y contagiar a los demás con una perspectiva más justa y científica.
Pero basta de hablar de mí; como dicen por ahí, “a lo que nos truje, Chencha”, porque los verdaderos protagonistas de esta historia son ellos. Para entender que debemos respetarlos, primero debemos comprender su linaje. Habitan el planeta desde
hace 400 millones de años. Son más viejos que los anillos de Saturno. Han sobrevivido a cinco extinciones masivas, convirtiéndose en los animales que hoy mantienen el equilibrio de nuestros mares, pero su permanencia en el tiempo también se explica a través de su reproducción.
A diferencia de lo que muchos creen, el proceso para asegurar la siguiente generación es complejo y variado. Para empezar, los tiburones no tienen un cortejo romántico como las aves; no hay bailes coloridos ni cantos. Lo que existe es una pasión ruda: el macho utiliza su boca para sujetar a la hembra de una de sus aletas pectorales; este comportamiento deja cicatrices en las hembras (quienes tienen la piel más gruesa por esta razón).
A través de giros y maniobras, logra posicionarla para introducir sus órganos reproductores llamados claspérs o gonopterigios. Imaginémoslos como un par de lápices gruesos y resistentes situados en la parte baja del cuerpo, cerca de la cola, los cuales el macho introduce en la cloaca de la hembra. Una vez introducido el esperma, ambos siguen su camino. Son seres libres y pícaros; no forman parejas estables, sino que pueden aparearse con varios ejemplares en ese mismo período y, por ende, durante su vida.
A partir de la fecundación, entramos en terreno bastante sorprendente, donde el desarrollo de las crías puede ocurrir de distintas maneras: Viviparidad aplacentaria: En este mecanismo, el embrión crece dentro de la madre, pero sin una placenta. Imaginen un pequeño “globito” unido al embrión por un cordón; ese es el saco vitelino, una estructura que contiene todos los nutrientes necesarios para su desarrollo inicial.
Conforme el pequeño embrión crece, se va alimentando de esta reserva hasta que el saco desaparece por completo, indicando que ya está listo para nacer. Sin embargo, en algunas especies, este recurso no es suficiente. Cuando el saco vitelino se agota, la naturaleza despliega estrategias mucho más intensas. Por ejemplo, existe
la oofagia, donde los embriones obtienen energía extra consumiendo los huevos no fecundados que la madre sigue produciendo para ellos.
Pero hay un nivel todavía más extremo: la adelfofagia. En este caso, el primer embrión en desarrollarse, quien incluso desarrolla sus dientes antes que el resto, comienza a alimentarse de sus hermanos junto con su respectivo saco vitelino. Esta competencia asegura que solo el individuo más apto logre nacer, siendo una verdadera lucha por sobrevivir.
Viviparidad placentaria: Los embriones están conectados por un cordón umbilical a una placenta unida al útero materno, recibiendo nutrientes y oxígeno directamente de la madre. Esto garantiza que nazcan con un desarrollo avanzado y listas para salir a enfrentar los retos que el océano tiene para ellos.
Ovíparos: ¡Sí, hay tiburones que ponen huevos! Pero no te imagines algo como los de las gallinas; estos están hechos de queratina (el mismo material de nuestras uñas), lo que los hace increíblemente resistentes. Muchos tienen formas extrañas, como espirales o bolsos, con estructuras que parecen “alambres o ganchos” en los extremos para anclarse a las rocas, arrecifes de coral, pastos marinos o algas. Estas cápsulas resguardan a la futura cría en su desarrollo fuera de la madre. Aquí también aparece el saco vitelino, pues el pequeño tiburón cuenta con su propia reserva de nutrientes dentro del huevo hasta que llega el momento de salir.
Si te preguntas cuántas crías puede tener un tiburón, la respuesta siempre será la frase favorita de cualquier biólogo: “depende de la especie”. Y es que la variedad es asombrosa: mientras que el tiburón zorro suele tener solo dos crías y el mako entre cuatro y 15, el tiburón azul puede llegar a tener 100. El récord absoluto lo tiene
el tiburón ballena, capaz de albergar hasta 300 crías.
Pero más allá de la cantidad, algo que sorprende de los tiburones es que, al nacer, estas crías no son tan pequeñas como imaginamos. Muchas llegan al mundo midiendo entre un metro y un metro y medio, listas para valerse por sí mismas.
Lograr este nivel de desarrollo antes de nacer tiene un costo: un tiempo de gestación sumamente largo. Mientras otros peces tardan apenas dos meses en completar su ciclo, un tiburón blanco requiere 12 meses y un tiburón tigre hasta 15 meses. Además, debido al enorme gasto energético que conlleva este proceso, muchas hembras requieren un período de recuperación de dos o tres años entre cada gestación. Esto significa que los tiburones no se reproducen de forma masiva ni rápida; cada individuo que se pierde es un golpe para la población.
Escribo esto porque cambiar nuestra forma de verlos es el comienzo de su salvación. La próxima vez que pienses en un tiburón, te invito a que no imagines a un monstruo que te acecha al entrar al mar. Piensa en el embrión que luchó por sobrevivir desde el útero, piensa en lo increíble de su cuerpo, diseñado no para destruir, sino para resistir; un ser que utiliza sus mandíbulas no para cazar humanos, sino para asegurar su propio alimento y sobrevivir en un mundo marino que no perdona. Si quieres seguir conociendo a estos increíbles sobrevivientes y dejarte sorprender por estas hermosas criaturas, te invito a que nos visites y descubras más de ellos en nuestra nueva exhibición “Tiburones: Sobrevivientes de la Historia” en Caracol Museo de Ciencias. ¡Nos vemos pronto!
* Auxiliar en atención al visitante de Caracol Museo de Ciencias.
Odaly Yusmila Merlin Lambarena*
A
CUANDO EL AMOR DUELE
Una Mirada Hacia la Infancia
No todos los niños expresan su dolor con llanto. Algunos lo guardan, lo transforman, lo endurecen. Crecen aprendiendo a callar lo que sienten y a contener lo que los lastima. Con el tiempo, ese silencio emocional puede convertirse en resentimiento; no
siempre explosivo, sino más profundo, silencioso y difícil de nombrar. Un menor desarrolla un apego inseguro, y no necesariamente por la ausencia física, sino por heridas emocionales que son ignoradas o minimizadas. El niño o la niña piensa que hay algo en lo que no es suficiente para recibir atención y amor. Esa interpretación profundamente dolorosa es el terreno en donde comienza a gestarse el resentimiento. Cuando un menor crece sintiéndose no importante o desplazado, desencadena una mezcla de emociones como la tristeza, el enojo y la confusión. Por lo general, cuando no se expresa y se contiene, no desaparece, se transforma en irritabilidad, oposición, distancia emocional o incluso indiferencia: “A mí no me importa”; “A mí no me duele”.
El resentimiento suele tener un origen relacional. Por ejemplo, cuando uno de los padres se inclina más por otro hijo, cuando hay promesas que no se cumplen, el menor puede quedar atrapado en una ambivalencia emocional. Tiene necesidad de reconocimiento afectivo. Ama, pero también sufre. Y en esa tensión interna comienza a construir defensas.
Cuando se da de manera constante, se pierde la confianza y algunos menores responden alejándose emocionalmente. Hasta cierto punto es común cuando se da una separación o divorcio en los padres. En ese forcejeo psicológico el menor está expuesto a la inestabilidad de los adultos. Lo defraudaron: “Si no espero nada, no me lastiman”. Otros en cambio, expresan su malestar de manera más visible: Se vuelven intolerantes, se enojan con facilidad, reaccionan de manera intensa ante situaciones pequeñas, se da una acumulación emocional.
Lo complejo es que muchas de estas manifestaciones pueden ser malinterpretadas. El niño distante puede ser etiquetado como frío y el que se enoja como difícil. Se aprecia el problema, pero no se va a lo medular: qué desencadenó los síntomas. Por lo general, son historias no re-
sueltas y necesidades afectivas no cubiertas. Con el paso del tiempo, sino se interviene ese patrón de resentimiento y malestar, este puede seguir a otras etapas de la vida. En el ámbito terapéutico, trabajar con los menores implica ir más allá de la conducta observable y comprender su origen. Es fundamental ofrecer un espacio donde el niño pueda expresar lo que siente sin temor a ser invalidado. Nombrar el resentimiento, darle sentido y reconocer su historia, es parte del proceso de reparación. La terapia de juego es un recurso muy valioso en mi quehacer cotidiano, pues permite el que los menores proyecten su mundo interno. A través de personajes aparecen escenas de rechazo, abandono, injusticia y maltrato, que muchas veces no se pueden expresar con palabras.
Al validar sus emociones, el menor comienza a construir una nueva forma de relación. Decirle a un niño: “Entiendo que estés molesto”, no refuerza su enojo; lo organiza. Acompañarlo en lugar de rechazarlo le enseña que sus emociones son importantes y puede transformar el resentimiento, por ejemplo, en algo distinto: En confianza.
Hablar de niños y niñas que crecen con resentimiento no es señalar culpables, sino visibilizar realidades y buscar alternativas para sanar y seguir adelante. El primer paso es brindarles la oportunidad de expresar lo que sienten, en lugar de silenciar o minimizar, eso puede hacer la diferencia para sanar. Ningún cuidador es perfecto; todos nos equivocamos. Lo importante es reparar y ser sinceros: “Me equivoqué al hablarte de esta manera, no debí hacerlo”. Cuando la tensión se rebasa, hay que pedir ayuda profesional. Eso puede ser clave para mejorar la calidad de las relaciones y la construcción de vínculos más seguros y duraderos. Por tanto, el resentimiento en la infancia no es un defecto de carácter, sino una necesidad no atendida. La infancia tiene una enorme capacidad de reparación cuando aparece un adulto dispuesto a mirar, escuchar y cambiar. Porque cuando un menor se siente verdaderamente visto, algo cambia: Ya no necesita defenderse del mundo, puede empezar a confiar en él, y en ese espacio comienza la verdadera transformación.
* Psicóloga con Posgrado en Psicoterapia de Niños. http://laurabeltran.com.mx
Laura Beltrán Padilla*
A partir del SÁBADO 18 de ABRIL de 2026
Un campamento base de cazadores-recolectores en el Pacífico bajacaliforniano
En el invierno de 2017, un equipo de arqueólogos del Centro INAH Baja California, hicimos los primeros recorridos sistemáticos en la localidad Costa Azul–Rancho San Nicolás, ubicada al norte del puerto de Ensenada, con los que constatamos la relevancia de dicha franja costera en términos arqueológicos. Los trabajos efectuados allí confirmaron la presencia de diferentes tipos de campamentos a cielo abierto que se encontraban distribuidos desde la línea de costa a las elevaciones naturales que delimitan la zona es su extremo este.
Durante estos recorridos se registraron más de setenta campamentos–concheros de dimensiones y densidad de materiales variables, desde campamentos base mayores y medianos ubicados en puntos estra-
tégicos, es decir, cercanos al litoral y a escurrimientos de agua dulce, hasta campamentos menores, de tránsito o provisionales, situados generalmente en las proximidades de los campamentos base.
Los campamentos base mayores de la localidad llegaron a tener extensiones de hasta diez mil metros cuadrados, la superficie de estos generalmente tiene una alta densidad de vegetación de matorral costero en el que crecen frondosos arbustos “saladitos” y robustos agaves shawii. La matriz del suelo arqueológico tiende ser de color gris oscuro, de textura limosa y de consistencia suelta, acompañada de miles de conchas trituradas y lascas de desecho de piedra tallada, junto con restos óseos de fauna como peces, huesos fragmentados de mamíferos marinos y terrestres, restos de caparazones de erizo de mar y alguno que otro crustáceo. De los cuatro campamentos base mayores identificados en la localidad se tuvo la oportunidad de explorar uno de estos, el denominado Rancho San Nicolás 30 ubicado junto a la línea de costa. El sitio fue investigado en el año 2021 como parte de un programa de trabajo de salvamento arqueológico llevado a cabo por el INAH Baja California.
Desde el inicio de las exploraciones se observó en superficie una alta densidad de materiales arqueológicos en la que se identificaron algunos artefactos y restos de fauna de desecho alimenticio como conchas semi completas de abulón y mejillón, restos óseos de fauna silvestre, yunques pequeños, machacadores de piedra, fragmentos de puntas de proyectil, navajas de rocas criptocristalinas y un ornamento de concha, además se registraron algunos materiales modernos como casquillos de balas -calibre 22-, bolsas de plástico, tapas oxidadas de lata, botellas de vidrio, un reloj de mano sin correa, así como varias canicas, materiales recientes que datan de finales del siglo pasado. Con la superficie libre de vegetación se observaron zonas con madrigueras de roedores activas y en desuso, en las excavaciones se pudieron identificar en algunos puntos los túneles de las madrigueras, algunas veces conteniendo aún restos de pasto seco y retazos de bolsas de plástico recientes. En este campamento base se realizaron 24 unidades de sondeo, de algunas de estas derivaron unidades extensivas mayores que abarcaron en promedio cada una 48 metros cuadrados, en la zona nuclear del sitio se excavaron 13 unidades extensivas cuya suma cubrió una superficie de 592 metros cuadrados, con las excavaciones en esta zona se identificaron y registraron 237 elementos arqueológicos, la mayoría correspondieron a restos de fogones u hogueras, o bien
a concentraciones de rocas con huellas de exposición al fuego, además se registraron varias acumulaciones de conchas completas y otros elementos poco frecuentes como contextos funerarios, incluyendo el de un cánido, apisonados de tierra y concentraciones de huesos de fauna quemados. Estos elementos estaban distribuidos en todo el espacio explorado y a diferentes profundades, los más superficiales se ubicaron a pocos centímetros de la superficie y los más profundos entre 1 metro y 1.30 metros de profundidad, en casi todos los elementos arqueológicos se registraron objetos asociados, particularmente artefactos de piedra, como raederas, raspadores, lascas con huellas de uso, navajas, yunques pequeños, percutores y los restos de los alimentos consumidos por sus antiguos habitantes como conchas de abulón y mejillón y huesos de fauna marina y terrestre. Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en este amplio campamento base mostraron que en este asentamiento prehispánico habitacional se realizaron recurrentemente actividades de consumo, procesamiento y explotación de los recursos del litoral durante miles de años, reflejando la adaptación de sus habitantes a la vida en la costa y su especialización en la explotación de los recursos silvestres que esta ofrecía durante el Holoceno medio y tardío.
*Arqueóloga investigadora, Centro INAH Baja California.
Columna INAH BC
Gengis J. Ovilla Rayo*
Paisaje costero en la localidad arqueológica Costa Azul–Rancho San Nicolás.
FRANCISCO MORALES Agencia Reforma
Apartir de un episodio trágico de la Antigüedad, apenas sugerido por un escueto recuento histórico, el novelista David Toscana logró crear una conmovedora fábula sobre la ceguera, pero plena de humor “toscaniano”: la recién galardonada novela El ejército ciego (Premio Alfaguara 2026).
Este jueves, el poeta Hernán Bravo Varela y el narrador Eduardo Antonio Parra elogiaron la novela –que calificaron como una obra maestra de su autor– en una presentación llevada a cabo en el Museo de Memoria y Tolerancia.
Descrito por el jurado del galardón como una “épica de los vencidos”, el libro toma como protagonistas a los mil 500 soldados búlgaros que, en el año 1,014, fueron cegados –unos pocos, vueltos
CONSTRUYE TOSCANA FÁBULA ÉPICA
tuertos para guiar el camino– por el emperador Basilio de Bizancio tras arrasar con ellos en la batalla de Klyuch.
Por diversas razones, este impactante episodio histórico es dado por verídico por parte del pueblo búlgaro, pero no quedó asentado en casi ninguna fuente histórica y, según la indagación de Toscana, tampoco ha sido llevado a la ficción por ningún novelista de esa patria.
“Si alguien me reclama, si un búlgaro me pregunta por qué, les voy a decir: ‘Les di más de mil años’”, bromeó Toscana con el público.
Ante este vacío, el autor no operó con la lógica de un
historiador, sino con la de un novelista.
“Es una fábula sobre la luz y la oscuridad, sobre la felicidad y la desgracia, sobre la risa y el dolor, sobre el sufrimiento y la dignidad. No estamos ante una novela histórica, sino ante una novela ‘toscaniania’”, celebró Parra.
“¿Qué significa esto? La falta de datos históricos sobre este suceso, porque tengo entendido que el registro de información es mínimo, le vino como anillo al dedo al autor para llevar esta tragedia de hace poco más de mil años a la órbita de su propio universo narrativo y, como en casi todos sus relatos anteriores, aplicar su imagina-
ción para enfocar la trama en su conocimiento de las mujeres y de los hombres. “Para sacar a relucir las miserias y las grandezas de sus personajes, las víctimas de Basilio, para explorar las actitudes y reacciones humanas ante la ceguera y para darnos una lección de cómo todos somos capaces, incluso ante las adversidades, de adaptarnos para seguir con la vida y buscar la felicidad si contamos con sentido del humor y las verdaderas ganas de vivir”.
LAS DOS MEJORES NOVELAS
Por su parte, Hernán Bravo Varela destacó el hecho de que,
según su opinión, dos de las mejores novelas que se han escrito en México en los últimos años conforman una suerte de estirpe: la de Toscana y El cuarto jinete (2021), de Verónica Murguía, ya que ocurren en la Edad Media y lejos del actual territorio mexicano.
La de Toscana, calificó, es una novela cerca de la poesía, pues, como destacó el jurado, está enraizada en la épica. “Leer en plena oscuridad del mundo una novela así nos devuelve algo mejor que la vista: la dicha, aquella insólita felicidad de lo invisible”, aquilató Bravo Varela.
En una cálida charla entre buenos amigos, Toscana reflexionó sobre la dificultad de lograr que la novela estuviera narrada por ciegos, prescindiendo, por ello, del sentido más usado en la literatura.
“La literatura no se ve”, concluyó Toscana después de una indagación profunda, pues, aunque las letras visibles sean el vehículo de la literatura, los soldados ciegos le enseñaron que la narración literaria no depende primordialmente de la vista, sino de la imaginación.
“Durante siglos la literatura se escuchó”, expuso, remontándose a los tiempos de Homero. “No había ni siquiera escritura: había música, había ritmo, había imágenes, música, estaba todo ahí, pero no había ni siquiera alfabeto, no había instrumentos de escritura”.
La novela de Toscana indaga en este tiempo, que es campo fértil para la imaginación de un novelista, y que logra, por fin, hacer justicia a una historia terrible que, a decir de los presentadores, termina por convertirse en un relato sobre la humanidad de los supervivientes de una tragedia.
“Hay un pasado que no está historiado, y es precisamente la falta de palabras, la falta de escritura, que hace que tantas cosas se hayan perdido”, declaró Toscana, convirtiendo algo que podría sonar absolutamente pesimista en un mundo por descubrir para la literatura. A partir
A partir del SÁBADO 18 de ABRIL de 2026
EN RECUERDO DE “VARGUITAS”, A UN AÑO DE SU PARTIDA
AGENCIA REFORMA
Ciudad de México
Aun año de la muerte de Mario Vargas Llosa, Geney Beltrán aborda la etapa temprana de su literatura, que considera una ‘aduana necesaria’.
De ese trance iniciático y fundamental nació, en 1966 –hace 60 años–, La casa verde, que llegó a confirmar a Mario Vargas Llosa como una fuerza insoslayable del movimiento literario que, en un golpe genial de marketing, habría de terminar por llamarse “Boom Latinoamericano”.
“Escribí esta novela en París, entre 1962 y 1965, sufriendo y gozando como un lunático, en un hotelito del Barrio Latino –el Hotel Wetter– y en una buhardilla de la rue de Tournon”, rememoraba el autor en el prólogo que hizo para esta novela en 1998.
Ese joven escritor, “Varguitas”, terminaría por hacerse acreedor al Premio Nobel de Literatura en 2010, a decir del jurado, “por su cartografía de las estructuras de poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, rebelión y derrota del individuo”.
A un año de su fallecimiento, el 13 de abril de 2025, esta frase laudatoria de la Academia Sueca puede trazarse hasta los más tempranos esfuerzos literarios de Vargas Llosa (1936-2025): La ciudad y los perros (1963) y La casa verde
“Lo que es indudable es que el joven Vargas Llosa tenía una enorme ambición literaria”, comenta al respecto el escritor y académico Geney Beltrán Félix.
“Él canalizó esta ambición a través de una forma de la novela que tenía mucho prestigio crítico a mediados del siglo 20 en Occidente, que era la ‘novela total’, esta deriva de las grandes novelas europeas del realismo decimonónico, y de varias empresas novelísticas de los autores renovadores, vanguardistas, del primer tercio del siglo 20, que eran emblemas de la ambición literaria absoluta”.
Beltrán Félix, quien actualmente es coordinador de la Casa Estudio
Cien Años de Soledad y profesor de la Fundación para las Letras Mexicanas, conversó con Vargas Llosa en 2014, después de que obtuviera el Nobel, precisamente sobre estas dos novelas tempranas.
“La casa verde y La ciudad y los perros son empresas novelísticas que buscan representar un momento histórico, una geografía específica, de la historia reciente del Perú”, plantea el ensayista.
“Esto va de la mano de la audacia técnica. Vargas Llosa no es timorato en estos intentos, es muy audaz, a veces al riesgo del exceso, que es lo que él advertía sobre La casa verde en aquella entrevista (de 2014)”.
Si bien Llosa jamás renegó de un libro suyo en su vida, su segunda novela, influenciada por su amor por la literatura de William Faulkner, llegó a parecerle demasiado experimental para la obra que terminó desarrollando posteriormente.
Beltrán Félix recuerda que el autor obtuvo un espaldarazo de la crítica muy temprano, desde su primera novela, que ganó el Premio Biblioteca Breve y que fue publicada por el sello Seix Barral, en España, tras un esfuerzo decidido por vencer a la censura franquista.
Lo anterior, junto con el apoyo de la influyente agente literaria Carmen Balcells, infundieron al joven escritor con una confianza en sí mismo que lo llevó a ir más allá en las ambiciones que exhibió La ciudad y los perros.
Con sus múltiples historias que se entrecruzan a través de los años, Vargas Llosa logró una radiografía de las dinámicas de poder y la violencia de la Amazonia peruana, a partir de la historia de un precario prostíbulo.
“Es muy curioso que es una novela escrita en Europa sobre una geografía americana muy poco represen-
tada. Es un ejercicio a la distancia, digamos, de construcción y de evocación”, aquilata Beltrán Félix.
Con personajes inolvidables de la bibliografía de Vargas Llosa, como don Anselmo, Bonifacia, el Sargento Lituma y el bandolero Fushía, esta novela compleja y experimental fue la antesala de la que ha sido catalogada como una de las obras maestras Conversación en La
Como profesor y asesor de los nuevos talentos literarios mexicanos, Beltrán Félix ha constatado que Vargas Llosa ya adquirió la estatura de
“Es un clásico moderno al que nos tocó ver en vida, pero él, en su generación, en esto que se llamó el Boom, consiguieron alcanzar una condición de celebridad literaria que se manifestaba en la trascendencia de sus condicionamientos políticos, en la manera como dialogaban con la realidad inmediata”, expone el académico.
“Al mismo tiempo, no se cuestionaba la altísima calidad de su obra literaria”.
Aunque sus posicionamientos políticos han llegado a ser duramente cuestionados por las generaciones posteriores, su figura es insoslayable.
“Sí es un autor que sigue siendo visto como una aduana necesaria para formarse un criterio literario y una condición de escritor.
“Creo que eso no le ocurrió a otros autores latinoamericanos que tuvieron mucha relevancia”, apunta Beltrán Félix sobre otros escritores, como el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el uruguayo Juan Carlos Onetti, que son menos leídos actualmente.
“Con Vargas Llosa, creo que sí sigue siendo un autor al que se le lee, aunque sea para cuestionarlo, en términos no solo políticos, sino literarios también”, concluye.
A un año de su fallecimiento, y a 60 de la publicación de su segunda novela de juventud, Mario Vargas Llosa continúa generando discusiones políticas y literarias relevantes, además de mantenerse vigente en las lecturas de las nuevas generaciones.
III DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN Lo reconocieron al partir el pan (Lucas 24, 13-35)
Día del Señor
El evangelio de hoy nos cuenta la historia de dos discípulos decepcionados que dejan la comunidad. En el camino un extraño se les acerca y conversa con ellos. Una cena juntos en Emaús. Un regreso a la comunidad. Ésta puede ser también nuestra historia.
¿De qué hablaban en el camino de la vida?
Jesús es el extraño que siempre sale a nuestro encuentro, pero el domingo se nos acerca de una manera especial. Nos habla, nos enseña, camina con nosotros, nos ofrece la palabra, nos abre los ojos, nos parte el pan y lo cotidiano se transforma en sagrado y nos envía con el corazón alegre a compartir con los hermanos.
Gente ordinaria, como ustedes y yo y como los dos discípulos decepcionados podemos ser forta-
lecidos por Dios para hacer cosas extraordinarias.
Jesús quiere ser nuestro compañero de camino. Tiene gente que bendecir, vidas que transformar, corazones que animar.
Y nos llama para ser discípulos listos para seguirle y deseosos de guiar a otros hacia una relación más plena con Dios.
Los discípulos están tristes porque todas sus ilusiones se han derrumbado. Ellos expresan sus sentimientos mediante un verbo muy sugestivo: “nosotros esperábamos”, esto significa que están frustrado, decepcionados, porque esperaron una cosa y sucedió otra. Cuántas familias, trabajadores, estudiantes, padres de familia, empresarios, políticos, docentes, catequistas, pastores, hemos soñado para esta altura del año, sin embargo, nada hemos podido realizar, es más, entramos en un clima de crisis sin precedente en lo cultural, económico, político, emocional psicológico.
Ellos, los apóstoles, habían puesto todas sus esperanzas en Jesús de Nazareth, profeta poderoso en obras y en palabras, y esperaban que Jesús fuese el libertador de Israel. Sin embargo, todos sus sueños se derrumbaron el Viernes Santo.
¿Hacia dónde se dirigen los discípulos? Hacia donde queremos dirigirnos nosotros. Ellos, los discípulos, regresan a Emaús, es decir, regresan a la rutina cotidiana para allí distraerse en las ocupaciones diarias y dejar de pensar. En el mundo de hoy, ¿a dónde se dirigen los que dan la espalda a la Iglesia? Unos tocan a las puertas de los grupos evangélicos; otros buscan respuestas en las místicas orientales que están de moda; otros deciden vivir su relación con Dios de una forma absolutamente privada rechazando toda mediación comunitaria y eclesial; otros caen en el agnosticismo y puedan llegar a un ateísmo práctico.
Jesús sale a nuestro encuentro, quiere ser nuestro compañero de camino. Ahora bien, hay que entender que Dios se manifiesta de mil maneras; si fuéramos menos distraídos seríamos capaces de reconocer los infinitos pequeños milagros que se dan en la vida de todos los días y que nos están recordando que Dios nos ama. Jesús resucitado está con nosotros, y quiere iluminar nuestra mente y nuestro corazón, Él quiere fortalecer nuestra débil fe.
A través de un diálogo conducido con mucho tacto, Jesús va orientando a los discípulos de
manera que descubran el sentido de todo lo que ha pasado. Poco a poco empiezan a descubrir la luz en medio de la noche de desesperanza en que se encuentran, a través del diálogo van recuperando la confianza y se van sanando las heridas.
La experiencia espiritual de los discípulos de Emaús llega al clímax cuando reconocen a Jesús por la forma como bendijo el pan. Ni si quiera se quedó a compartir con ellos, al bendecir el pan desapareció. Este hermoso relato nos enseña que el lugar por excelencia para el encuentro con Jesús es la Eucaristía celebrada en comunidad.
Dios está con nosotros, aunque a veces no lo percibamos, como los dos discípulos de Emaús. Ojalá que Cristo resucitado nos ayude a comprender y aceptar capítulos particularmente dolorosos de nuestras vidas. Que cada oración y contemplación de la palabra de Dios sea una experiencia de encuentro con el Señor de la Vida que nos trae la paz siguiendo las huellas de los discípulos de Emaús.
Que Dios los bendiga hoy acompañe u proteja siempre.