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La vuelta al mundo en 80 plantas

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L A V U E LTA A L

MUNDO

80 P L A N TA S EN

Jonathan Drori

Ilustraciones de Lucille Clerc


Contenido

Introducción

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Las plantas N O RT E D E E U RO PA

Ortiga mayor, Urtica dioica, Inglaterra Rododendro, Rhododendron ponticum, Escocia Quelpo (kelp y quelpo gigante), Laminaria spp. y Macrocystis pyrifera, Escocia (y Estados Unidos) Esfagno o musgo de turbera, Sphagnum spp., Irlanda Muérdago blanco, Viscum album, Francia Ajenjo, Artemisia absinthium, Francia Trébol rojo, Trifolium pratense, Dinamarca Tulipán, Tulipa spp., Países Bajos Lúpulo, Humulus lupulus, Alemania Cebada, Hordeum vulgare, Alemania Lino, Linum usitatissimum, Suecia Diente de león, Taraxacum officinale, Estonia 4

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S U R D E E U RO PA

Azafrán, Crocus sativus, España Tomatera, Solanum lycopersicum, España Aro o yago tragamoscas (y Arum maculatum, Dieffenbachia y güembé), Helicodiceros muscivorus et al., España (así como Inglaterra, Estados Unidos y Brasil) Mandrágora, Mandragora officinarum, Italia Ricino, Ricinus communis, Italia Alcachofa silvestre o cardo, Cynara cardunculus, Italia Mirto, Myrtus communis, Grecia

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M E D I T E R R Á N E O O R I E N TA L Y O R I E N T E M E D I O

Ororuz o regaliz, Glycyrrhiza glabra, Turquía Cidro, Citrus medica, Israel Papiro, Cyperus papyrus, Egipto Árbol de la mirra, Commiphora myrrha, Yemen

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ÁFRICA

Palmera aceitera, Elaeis guineensis, República de Guinea Cacaotero, Theobroma cacao, Costa de Marfil Iboga, Tabernanthe iboga, Gabón Welwitschia, Welwitschia mirabilis, Angola Árbol carcaj (y aloe vera), Aloidendron dichotomum (y Aloe vera), Namibia Vainilla, Vanilla planifolia, Madagascar Jacinto de agua, Eichhornia crassipes, Kenia Cafeto arábigo, Coffea arabica, Etiopía

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CENTRO Y SUR DE ASIA

Asafétida, Ferula assa-foetida, Irán Rosal de Damasco, Rosa × damascena, Irán Alheña o henna, Lawsonia inermis, Pakistán Loto, Nelumbo nucifera, India Tagete, Tagetes erecta, India Mango, Mangifera indica, India

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Platanero (y sus parientes: el abacá, el plátano enano chino y el bananero de Etiopía), Musa spp., Musella y Ensete, India (así como Filipinas, China y Etiopía) Añil, Indigofera tinctoria, Bangladés

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A S I A O R I E N TA L

Soja, Glycine max, China Bambú maderero gigante, Phyllostachys reticulata, China Nori (alga), Pyropia yezoensis, Japón Crisantemo, Chrysanthemum spp., Japón Ginkgo, Ginkgo biloba, Japón

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S U D E S T E A S I ÁT I C O

Jengibre, Zingiber officinale (y Z. spectabile), Tailandia Cocotero, Cocos nucifera, Indonesia Raflesia, Rafflesia arnoldii, Malasia Árbol de la nuez moscada, mirística, Myristica fragrans, Indonesia

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OCEANÍA

Árbol de Navidad de Australia Occidental, Nuytsia floribunda, Australia Balga, xantorrea o árbol «de hierba», Xanthorrhoea preissii, Australia Adormidera, Papaver somniferum, Australia Árbol helecho plateado o ponga, Cyathea dealbata, Nueva Zelanda Fucsia de Nueva Zelanda o kōtukutuku, Fuchsia excorticata, Nueva Zelanda Kava, Piper methysticum, Vanuatu Pino de tornillo o pandano, Pandanus spp., Kiribati Árbol candil o kukui, Aleurites moluccanus, Islas Marquesas (Polinesia Francesa)

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S U DA M É R I C A

Yerba mate, Ilex paraguariensis, Argentina Amaranto o moco de pavo, Amaranthus caudatus, Perú Patata, Solanum tuberosum, Perú Bombonaje, Carludovica palmata, Ecuador 6

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Nenúfar gigante, Victoria amazonica, Guyana Caña de azúcar, Saccharum officinarum, Brasil

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MÉXICO, AMÉRICA CENTRAL Y CARIBE

Agave tequilero, Agave tequilana, México Cocolmeca, Dioscorea mexicana, México Nopal o chumbera, Opuntia ficus-indica, México Ananás o piña, Ananas comosus, Costa Rica Orgullo de Barbados, pequeño flamboyán, Caesalpinia pulcherrima, Barbados

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N O RT E A M É R I C A

Cáñamo, Cannabis sativa, Estados Unidos Araucaria columnar o pino de Cook, Araucaria columnaris, Estados Unidos Zapatilla de dama amarilla y otras orquídeas, Cypripedium parviflorum et al., Estados Unidos (y con una pequeña gira mundial) Saguaro, Carnegiea gigantea, Estados Unidos Maíz, Zea mays, Estados Unidos Musgo español, Tillandsia usneoides, Estados Unidos Magnolio común, Magnolia grandiflora, Estados Unidos Tabaco, Nicotiana tabacum, Estados Unidos Calabaza, calabaza de peregrino, Cucurbita spp. y Lagenaria siceraria, Estados Unidos (así como Papúa Nueva Guinea) Plantas odre, Sarracenia, Darlingtonia y Nepenthes spp., Estados Unidos (y Borneo) Algodoncillo común, Asclepias syriaca, Canadá Cola de caballo o equiseto de invierno, Equisetum hyemale, Canadá

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177 180 182 184 186 188 191 195 198 200

TODO EL MUNDO

Fitoplancton marino

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Para saber más Índice

205 212


FRANCIA

Ajenjo Artemisia absinthium

E

l ajenjo es una robusta herbácea que crece junto a los caminos y que tiene una dilatada y valiosa historia medicinal. Crece hasta la altura del pecho, tiene las hojas plateadas y con profundas incisiones y ramilletes de un color amarillo pálido que nacen de los extremos de las ramas. Al triturar esta planta, el cóctel de compuestos aromáticos que se genera emite un intenso aroma parecido al de la salvia. Fiel a su nombre en inglés, wormwood («madera de gusano»), la planta contiene sustancias químicas que repelen eficazmente los gusanos, un atributo muy valioso en la época en la que los parásitos intestinales eran un agravante cotidiano. Hay otras criaturas para las que también resulta desagradable. En el siglo i d. C., Dioscórides sugirió en De materia medica que se le añadiera extracto de ajenjo a la tinta para que los ratones no se comieran los libros, que en aquella época se hacían con papiro (véase pág. 64). Además, Plinio el Viejo documentó en el año 77 la capacidad del ajenjo para ahuyentar a los insectos, a la que aluden tanto el antiguo nombre francés de la planta, garde-robe («preservador de vestimenta»), como el antiguo término inglés ware-moth («polilla de la ropa»). El término alemán Wermut (usado para el ajenjo romano, que es un pariente cercano) es el ancestro del vermut, que en origen era un elixir medicinal amargo. En 1792, el médico suizo Pierre Ordinaire (como suena) comercializó Extrait d’Absinthe, una medicina alcohólica patentada a base de ajenjo, y en 1805 Henri-Louis Pernod montó su fábrica de absenta justo al otro lado de la frontera, en Francia. La receta fue evolucionando hasta convertirse en un brebaje de ajenjo, anís (Pimpinella anisum) y otras hierbas que se destilaban y, después, se mezclaban con extractos herbales. El resultado tenía un gran amargor, un brillo esmeralda y una increíble potencia alcohólica. En la década de 1840 se distribuyó absenta entre las tropas francesas en Argelia como medida preventiva contra las fiebres y los parásitos, así como con la esperanza de que valiera para desinfectar el agua contaminada. Después se corrió el rumor de que era afrodisíaca y posiblemente peligrosa, lo que hizo que los soldados regresaran a casa con una gran afición por esta bebida. Con todo, la absenta alcanzó la auténtica popularidad cuando dispuso de una jerga y una parafernalia propias. La ceremonia que se impuso para su consumo en la década de 1870 era deliciosamente barroca: se vertía una medida de absenta en un vaso y se colocaba un cubito de azúcar en una cuchara ranurada especial sobre el vaso; a continuación, se hacía gotear sobre el azúcar agua helada, a ser posible dispensada de un sofisticado artilugio de latón y cristal; después, en un proceso 25


conocido con el pertinente nombre de la louche («enturbiamiento»), emergían de la solución varias sustancias oleosas, que se disuelven con facilidad en alcohol concentrado pero no tan bien en agua, y el verde cristalino adquiría mágica y seductoramente un amarillo lechoso. Por su color y supuestos efectos psicotrópicos, la absenta fue apodada la fée verte («el hada verde»), y fue exaltada por la multitud bohemia que se reunía en los cafés de la belle époque. Los bares especializados satisfacían el ritual de relajarse después del trabajo con un vaso de absenta, lo cual se promocionaba con el ingenioso término l’heure verte («la hora verde»). Irónicamente, ya que en el año 50 d. C. Dioscórides había señalado que la planta curaba la resaca, el ajenjo parecía aumentar los efectos del alcohol e incluso alterar la percepción y provocar alucinaciones. En la década de 1880, muchos de los pintores impresionistas eran usuarios entusiastas de esta bebida, como también lo fueron Oscar Wilde, Pablo Picasso y Charles Baudelaire, así como Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, poetas malditos de la época de este último que (literalmente) se morían por ella. Gracias al respaldo de semejantes personalidades, el gusto por la absenta se convirtió en una moda, luego en una adicción... y en una oportunidad de negocio. Esto hizo que el mercado se llenará de versiones baratas de la bebida. Y ahí es donde comenzaron los problemas. Los adictos crónicos comenzaron a dar muestras de «absentismo». La palidez y perturbación mental de los enfermos se le atribuyeron a la tuyona, un componente venenoso del ajenjo. Si bien Vincent van Gogh pudo haber producido algunas de sus obras más interesantes bajo la influencia de la absenta, la locura, automutilación y eventual suicidio del pintor también pudieron haberse visto propiciados por el consumo de la bebida. El peligro de esta bebida queda reflejado en la pintura de Edgar Degas en la que figura un bebedor de absenta junto a una resignada e infeliz mujer que mira fijamente sobre su vaso. Hubo consumidores que sufrieron convulsiones e incluso fallecieron. La absenta se prohibió en Francia y en muchos otros países al comienzo de la primera guerra mundial. Ahora sabemos que aquella absenta barata solía adulterarse con un brebaje de venenos y colorantes perjudiciales. Lo más probable es que fueran estos, combinados con el elevadísimo contenido de alcohol, y no tanto las pequeñas cantidades de tuyona, la causa de los problemas más graves. Hoy en día, el ajenjo se ha visto rehabilitado, aunque, para estar seguros, solo se elabora utilizando variedades de ajenjo con un nivel muy bajo de tuyona, muy por debajo del umbral en el que ejercería cualquier efecto medicinal. Sin embargo, esto no ha impedido que los fabricantes modernos y sus comerciantes intenten restablecer también la reputación psicoactiva de la absenta. Pero la historia del narcótico no acaba aquí. A partir de finales de la década de 1960, los científicos chinos hicieron un esfuerzo concertado para encontrar nuevos tratamientos contra el paludismo mediante el examen de las especies vegetales que se habían empleado en la medicina tradicional para combatir las fiebres. Inspirándose en el clásico Zhou hou jiu zu fang 26


(«Manual de recetas para emergencias»; 340 d. C.), de Ge Hong, y en un pasaje de un manual médico de 1596 (Bencau Gangmu) sobre el «calor y frío debidos a la enfermedad de la fiebre intermitente», los investigadores estudiaron el ajenjo dulce (Artemisia annua), una especie originaria de China, emparentada con el ajenjo y con unas hojas plumosas brillantes y unas flores cremosas. Esto les llevó a descubrir y a extraer una sustancia llamada «artemisinina»: su estructura química requiere importantes recursos de la planta para que la sintetice, y su propósito parece ser el de inhibir a las plantas competidoras para que no invadan el territorio del ajenjo. Sin embargo, en los seres humanos acaba con los parásitos sanguíneos de la malaria. La investigación fue recompensada con el Premio Nobel, y la artemisinina y sus derivados son en la actualidad la base de muchos medicamentos antipalúdicos elaborados a partir del ajenjo dulce cultivado en China, Vietnam y varios países africanos. Qué satisfactorio es cuando el conocimiento ancestral le aporta tan valiosas pistas a la ciencia moderna.


ALEMANIA

Cebada Hordeum vulgare

L

a cebada, una gramínea que llega hasta la cintura y que tiene espigas de semillas y ásperas cerdas, es un resistente cereal con una dilatada historia humana. Este, el cereal cultivado más antiguo de la región, comenzó a domesticarse en la zona del actual Israel y Jordania hace más de 10 000 años. Como planta silvestre que trataba de asegurar el éxito de la siguiente generación, habría evolucionado para esparcir sus semillas por el suelo en cuanto estuvieran maduras. Sin embargo, este rasgo hacía que la recolección por parte de los humanos fuera una tarea muy ardua, así que cuando la gente se encontraba con plantas mutantes que, por casualidad, retenían la semilla en el tallo, las elegían para cultivar la siguiente cosecha, repitiendo el proceso durante generaciones hasta que toda la cebada se aferró de forma decidida a sus semillas. Esto hizo que el grano fuera infinitamente más fácil de recolectar, pero, claro está, también provocó que la planta ahora dependa del ser humano para propagarse. El cultivo de cebada, trigo y otros cereales ejerció una profunda influencia en las sociedades humanas, ya que hizo que las comunidades se asentaran y les permitió fusionarse y edificar ciudades. La cebada ya se cultivaba en Egipto y Mesopotamia hacia el año 4000 a. C., donde tenía la enorme ventaja sobre el trigo de que toleraba la salinidad del suelo irrigado por el agua fluvial en lugar de por la lluvia. En el año 1800 a. C. era un cereal crucial en toda Eurasia. En la época romana, la cebada seguía siendo el principal alimento del Mediterráneo oriental, donde se consumía en forma de gachas o para elaborar pan sin levadura. Ceres, la diosa romana de los cereales y la agricultura, llevaba gavillas de cebada, no de trigo, y a los gladiadores, que se entrenaban con una dieta vegetariana de judías y vigorizantes cereales, se les conocía como hordearii («comedores de cebada»). La cebada solo necesita una corta temporada de crecimiento y sigue siendo un cultivo resistente y fiable, capaz de hacer frente a la sequía y a los suelos pobres y tolerante a las altas latitudes y altitudes. Es un alimento excelente debido a su inusual mezcla de fibras dietéticas, que mejoran los niveles de colesterol y la regulación de la glucosa incluso cuando se le ha quitado la cáscara exterior y se ha pulido para obtener la llamada «cebada perlada». Sin embargo, salvo en algunas partes de Oriente Medio y Próximo, donde a menudo se añade a guisos, la cebada está, por desgracia, subestimada como alimento humano: sus principales usos son como forraje para animales y como ingrediente para la elaboración de cerveza. En lo que hoy es el sur de Irak, los sumerios de hace 4000 años consideraban que la cerveza era una marca de civilización, acaso porque las comunidades debían estar 34


bien asentadas para cultivar la cebada con la que se elabora. La cerveza se menciona en abundantes textos cuneiformes; incluso existe una tablilla de alrededor del año 1800 a. C. en la que se da una descripción lírica de su elaboración y un himno a Ninkasi, la diosa de la elaboración de esta bebida. Por desgracia, si bien el antiguo poeta sostuvo que «Cuando se vierte la cerveza filtrada, es como el chorro del Tigris y el Éufrates», omitió la receta. Puede que los elaboradores de cerveza sumerios fermentasen una mezcla de pan de cebada y agua, al igual que la refrescante bebida de baja graduación conocida como kvass y que se hace hoy en día con pan de centeno en Europa del este y Rusia. También puede ser que «malteasen» la cebada. El proceso del malteado se basa en la bioquímica de la cebada, que se presta a la elaboración de cerveza. El grano se empapa para que empiece a germinar, lo que genera enzimas que actúan en el abundante almidón (el almacén de energía de la semilla), convirtiéndolo en azúcares que la planta de la cebada utiliza para propiciar su propio crecimiento. En torno a una semana después, el proceso se detiene calentando el grano germinado, tras lo cual se extrae la maltosa y otros sabrosos azúcares y se fermenta todo con la levadura. En Escocia, esta infusión se destila para elaborar whisky; algunos países han adoptado la desconcertante práctica de hacer «whisky» a partir de maíz fermentado, aunque incluso así utilizan cebada en la mezcla. Alemania se ha dedicado a la elaboración de cerveza, y, por lo tanto, a la cebada, a lo grande. Además del lúpulo (véase pág. 32), el agua y la levadura, la cebada es uno de los cuatro ingredientes de la cerveza que permite la Reinheitsgebot, literalmente, «ley de la pureza». Promulgada en 1516, esta ley impidió la adulteración, pero ha significado que la cerveza alemana haya puesto de relieve tal vez la tensión habitual entre la coherencia impecable y el placer y la emoción que genera la diversidad.


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