Dirección editorial Leopoldo Blume Fotografías y textos Miquel Dewever-Plana Edición fotográfica y concepto gráfico Miquel Dewever-Plana Tratamiento de imágenes Dominique Herbert Traducción de los textos en francés Jorge González Batlle Coordinación de la edición en lengua española Cristina Rodríguez Fischer Primera edición en lengua española 2012 © 2012 Art Blume, S.L. Av. Mare de Déu de Lorda, 20 08034 Barcelona Tel. 93 205 40 00 Fax 93 205 14 41 E-mail: info@blume.net © 2012 Miquel Dewever-Plana I.S.B.N.: 978-84-9801-660-4 Depósito legal: B.26.593-2012 Impreso en Tallers Gràfics Soler, Esplugues Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor. WWW.BLUME.NET Preservamos el medio ambiente. En la producción de nuestros libros procuramos, con el máximo empeño, cumplir con los requisitos medioambientales que promueven la conservación y el uso responsable de los bosques, en especial de los bosques primarios. Asimismo, en nuestra preocupación por el planeta, intentamos emplear al máximo materiales reciclados, y solicitamos a nuestros proveedores que usen materiales de manufactura cuya fabricación esté libre de cloro elemental (ECF) o de metales pesados, entre otros.
Con la colaboración de:
la otra guerra
Prólogo La otra guerra. Una de las que nunca se habla. O tan poco. Miquel Dewever-Plana ha elegido mostrárnosla. Explicar las razones que han llevado a ella. Las raíces de este mal están perfectamente identificadas. Es más, las autoridades conocen sin excepción a todos los miembros de estas pandillas de jóvenes, chicos y chicas, que se conocen como «maras». Pero nadie hace nada. Peor aún, a veces la policía los extorsiona, los encarcela por motivos sin importancia y los suelta, de modo que salen de la cárcel con más odio que cuando entraron. Miseria, pobreza, un urbanismo anárquico y, sobre todo, corrupción: son tantos los motivos que podrían explicar tan dramática situación… Pero ¿cómo no reaccionar ante semejantes fotografías, ante unos testimonios a cuál más emotivo? El relato en que Norma cuenta cómo su hija de 17 años fue ejecutada delante de ella no me abandonará nunca. Uno entre tantos otros. Una violencia intolerable, una barbarie encubierta, ejecuciones en nombre de un «honor» que carece ya de todo sentido. La población no puede soportar estas arbitrariedades día tras día, y algunos deciden alistarse a los grupos paramilitares para resucitar los escuadrones de la muerte, de tan siniestro recuerdo, que secuestraban y asesinaban a los miembros de la guerrilla, uno a uno. Los reaccionarios –ellos tampoco– no hacen las cosas a la ligera. Todos los actos de esos jóvenes perdidos son, claro está, absolutamente condenables. Droga, proxenetismo, robos con violencia y asesinatos constituyen su pan de cada día. Miquel Dewever-Plana no los ve solo como delincuentes. Sin caer nunca en la victimización o, peor aún, en la artificiosidad, se propone mostrarnos sus emociones, sus sentimientos. No cabe duda de que necesitó una buena dosis de paciencia para lograr ser aceptado en su vida cotidiana, en cada una de las situaciones que nos descubre y de las que quiere ofrecer un testimonio sin ensañamiento, con una tenacidad digna de todo respeto. Las imágenes serán, a buen seguro, impactantes para algunos lectores. Pero, como casi siempre, no son las fotografías de Miquel las que resultan demasiado violentas, sino que son las situaciones que muestran las que resultan insoportables. 4
A menudo se tiende a asociar el nombre de un fotógrafo con una obra en concreto de su carrera. Josef Koudelka y los gitanos, Mary-Ellen Mark y las prostitutas indias, Stanley Greene y Chechenia, Eugene Richards y los soldados estadounidenses de regreso de Irak, Paul Fusco y los niños de Chernobil… Estoy convencido de que este libro, del todo necesario, se convertirá en una referencia, de modo que ya no se podrá hablar de la violencia en Guatemala sin pensar en Miquel Dewever-Plana. Suelo repetir con frecuencia que el talento de un fotógrafo se mide por su discreción, por su capacidad para pasar inadvertido. Si, cuando miramos un reportaje fotográfico, nos ponemos a pensar en el talento de su autor, es señal de que este ha fracasado en su misión. Si, por el contrario, sentimos empatía por sus sujetos y no notamos en ningún momento la presencia del fotógrafo, eso quiere decir que nos encontramos ante uno de los grandes. Al adentrarnos en este libro, cuya dolorosa realidad difícilmente se podrá olvidar, constatamos hasta qué punto Dewever-Plana es un inmenso fotógrafo.
Jean-François Leroy Fundador y director de Visa pour l’image, Perpiñán
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Una noche, caminando de “regreso a casa, un chavo me propuso dinero para mantener relaciones sexuales con él. Me reí y lo mandé a la chingada. Él llamo a unos cuates, me agarraron entre los tres, me llevaron a un parque, me arrancaron la ropa y me hicieron todo lo que ellos quisieron. Al llegar, desnudo y ensangrentado, comenté a mi padre lo que acababa de ocurrir. En lugar de darme consuelo, se puso a pegarme, gritando: Vos no sos hombre. Vete de una vez, ya no te quiero ver, que sos un mal ejemplo para tus hermanos. En esta casa no hay sitio para un hueco de mierda. Tiró mis cosas a la calle y cerró la puerta con llave. Esa noche, la única persona que me dio apoyo fue un marero. Tenía 15 años, y ese día, él y sus compañeros se convirtieron en mi nueva familia.„ Alex G. 22 años, integrante de una pandilla.
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“Respóndeme Chinito, dime que no es cierto, que no te has muerto. Respóndeme hijito, por favor, respóndeme… Hijito, aquí te di la vida, en este hospital. ¿Quién me iba a decir que aquí mismo tendría que verte muerto? Dios, pero ¿por qué te di la vida para que te murieras a tus 15 años? Pero te juro por Dios, hijito, que tus hermanos te van a hacer justicia y los que te han hecho esto lo van a pagar de la misma forma en que te han matado.„ Guillermina F. 48 años. Su hijo, Santos, de 15 años, murió al llegar al hospital baleado por supuestos mareros.
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“Siempre decimos que por mi madre vivo y que por mi barrio muero. Pero ahora que soy papá, ya no me siento tan convencido de que vale la pena morir por mi barrio... prefiero vivir por mi hijo.„ Manuel J. 22 años, integrante de una pandilla.
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La otra guerra es esa que, en tiempos de paz, provoca en Guatemala a día de hoy tantas víctimas como las que hubo durante el conflicto armado de la década de 1980. Este país, de tan solo 14 millones de habitantes, se ha convertido en uno de los más peligrosos del mundo, con una media de 18 asesinatos al día, de los que un 98 % quedan impunes.
ISBN 978-84-9801-660-4
Es esta realidad, que algún día podría convertirse en la nuestra, la que lleva documentando el fotógrafo Miquel Dewever-Plana desde hace más de diez años. Con una certeza: es la falta de educación, la fragilidad de las estructuras sociales y la impunidad las que favorecen la violencia. Sus fotografías, que no pueden dejar indiferente a nadie, ilustran los testimonios de todos los protagonistas de esta «otra guerra».