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Los misioneros eran los grandes héroes de la sociedad victoriana, una cultura que se veía a sí misma como la guía moral del mundo y en la que se veneraba a estos exploradores/conversores por su empeño en llevar la cristiandad y la civilización occidental a las ignorantes masas paganas de continentes remotos y oscuros. Este era, sin duda, el espíritu que guiaba a David Livingstone, quien había crecido a las afueras de Glasgow con un padre devoto y el sueño de convertirse algún día en un médico misionero, uniendo las dos cosas que más le interesaban: la fe cristiana y la ciencia. Una vez que lo ordenaron sacerdote, y tras obtener su título de medicina, se unió a la Sociedad Misionera de Londres con la esperanza de que lo enviaran a China;
ATLAS
no obstante, descartó esta posibilidad cuando estalló la primera guerra del opio en 1839 y el 8 de diciembre de 1840 lo enviaron a Kuruman,
de las
en la provincia de Cabo del Norte, en Sudáfrica. El asentamiento misionero que se encontró en el lugar le causó una gran decepción, por lo que pasó los años siguientes recorriendo la región. En 1845 contrajo
GRANDES EXPLORACIONES
matrimonio con Mary Moffat, hija de otro misionero, e insistió en
David Livingstone
que lo acompañara en sus viajes pese a que se encontraba en estado de gestación. A estas alturas resultaba ya evidente que el interés de
Livingstone había dejado de ser convertir al cristianismo a los africanos para inclinarse hacia la exploración del continente africano en su totalidad. En 1852 envió a Mary y a sus hijos de regreso a Inglaterra
Aventuras y descubrimientos
y allí vivieron en la miseria mientras él seguía explorando África.
En mayo de 1853, Livingstone se embarcó en un enorme viaje. El objetivo de esta expedición consistía en recorrer el río Zambeze, que desemboca en el océano Índico, con el fin de descubrir si llegaba a alcanzar el océano Atlántico por el oeste. El nacimiento edward del Zambeze, sin embargo, se encontraba en Zambia, por lo que brooke-hitching el grupo de Livingstone se vio obligado a abandonar sus canoas para comenzar una penosa marcha por tierra hasta llegar a Luanda, en la costa nordeste de Angola, en mayo de 1854. Livingstone, que había contraído malaria, sufrió un colapso y tuvo que permanecer tres meses en el lugar. Una vez que hubo recuperado las fuerzas, Livingstone guio a sus hombres de regreso al Zambeze, en esta ocasión con el fin de explorar su recorrido por el este. De camino hallaron el deslumbrante salto de agua de Mosi-oa-Tunya («el humo que truena»), a las que llamó cataratas Victoria en 1855, y escribió: «Nunca antes lo habían visto ojos europeos, pero escenas tan maravillosas deben de haberlas visto ángeles en vuelo». Livingstone continuó hasta llegar a Quelimane, en la costa oriental de Mozambique, y desde allí comenzó su viaje de vuelta a Gran Bretaña. A su llegada al puerto de Southampton lo recibió
Página anterior: mapa original pintado a mano por Thomas Baines, que representa la ruta que realizó con Livingstone por el río Zambeze en el barco de vapor Ma Robert.
David Livingstone y Henry Morton Stanley en el «continente negro»
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