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Especial aniversario 56 años

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Personas, lugares y recuerdos que hacen nuestra historia 1970 - 2026


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ÍNDICE

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EL OBSERVADOR VIERNES 16 DE OCTUBRE DE 2026

Seis razones por las cuales la marca de “El Observador” le otorga confianza a nuestros contenidos informativos y publicitarios

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Me gusta leer el diario. La pasión de contar historias

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El Observador como multicanal

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La historia de Cerefán: el centro que brinda una segunda oportunidad a la avifauna silvestre

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Jorge Cantwell Araya: las historias del rescatista quinterano que desafió innumerables veces a la muerte

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Jamil Donoso: de aprender detrás de una barra a crear pisco sour de copihue en Villa Alemana

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César Villegas Mena: la promesa familiar que llevó a Deportes Limache desde Tercera hasta Primera

48 - 49

La “Alojada de la Virgen Visitadora”: una tradición que lucha por mantenerse en los hogares de Chincolco

50 - 51

Víctor “Pochocho” Ortiz: la voz que hizo de la radio una compañía para toda la vida

52 - 53

¿Sociedades anónimas o clubes sociales?

54 - 55

La tarde en que Gervasio comentó por radio uno de los ascensos de San Luis

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Dulces de La Ligua: un sabor que lleva más de un siglo en la misma familia

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Estudiando las estrellas desde Ocoa para todo Chile: el sueño del astrofísico Thijs de Graauw

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“Trabajar en Cemento Melón era mucho más que recibir un sueldo”

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Nogales: historias populares que han sobrevivido al paso del tiempo

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Semana Campichana: 35 años de una celebración que nació desde el pueblo

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Rostros del mal: los 10 crímenes más violentos en la historia de la región

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Matías del Río: el vínculo con San Felipe que comenzó antes de sus recuerdos

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Palestinos en el valle: la inmigración que echó raíces en la región

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¿Cómo era ser dirigente de Unión La Calera antes de las sociedades anónimas deportivas?

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Mauro von Siebenthal y la denominación de origen para vinos desalcoholizados: "Es una pérdida de prestigio enorme y un autogol"

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Capilla Los Perales: los hitos de un templo centenario con alma de catedral

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De las canchas al aula: la historia del sanluisino que eligió educar

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Las múltiples caras y escenarios del histórico grupo Zenith

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Cuando toca empezar de nuevo: el camino que llevó a Rossana y Rafael a abrir su tienda de café

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años

DOR RVA E S B EL O

EMPRESA PERIODÍSTICA

EL OBSERVADOR “La Verdad más que un valor es una actitud ante la vida”

Roberto Silva Bijit

Fundador y Presidente del Directorio: Roberto Silva Bijit Director: Roberto Silva Binvignat Jefe de Informaciones: Gabriel Abarca A. Diagramación: Marcelo Barros S. Mitzi Valenzuela S. Arte: Vinka Saavedra D. Pamela Pérez R.

PUBLICIDAD Jefa de Ventas: Alejandra Cabezas Hill acabezas@observador.cl Coordinadora Comercial: Verónica Tapia H. ventasquillota@observador.cl Fono: (34) 2342210 Casa Matriz Quillota Circula en las comunas de: Quillota, La Cruz, San Pedro, La Calera, Hijuelas, Nogales, El Melon, La Ligua, Cabildo, Catapilco, Chincolco, Hierro Viejo, Petorca, Zapallar, Maitencillo, Papudo, Cachagua, San Felipe, Catemu, Panquehue, Llay Lay, Los Andes, Limache, Olmué, Quilpué, Villa Alemana, Horcón, Loncura, Ventanas, Quintero, Puchuncaví, Torquemada, Laguna, Rungue, Valparaíso, Viña del Mar, Concón.

Biblioteca Salvador González Ferruz: casi medio siglo fomentando la lectura y construyendo comunidad en Llay Llay Carlos Pimentel Guzmán: la historia de uno de los campeones del automovilismo olmueíno Marcelo Pérez: de una radio desarmada a una vida entera dedicada a la luthería La historia de Limache también se puede leer en su cementerio Bryan Holmes: de Artificio y Quillota a una destacada carrera musical en Brasil Comedor de andantes: un plato de comida y un espacio de encuentro en La Calera Andraz Echeverría: del río Aconcagua a la elite del canotaje slalom del mundo

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EL OBSERVADOR VIERNES 16 DE OCTUBRE DE 2026

por las cuales la marca de “EL OBSERVADOR” le

otorga confianza a nuestros contenidos informativos y publicitarios

que usted 1 Queremos sepa la verdad

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Escribimos para que sea un agrado leer los textos

Cuidadosamente hemos ido desarrollando una forma de contar historias basadas estrictamente en los hechos reales, pero que tenga una forma más entretenida para que su lectura sea un agrado. El camino para eso es reportear en el lugar en que suceden las noticias y volver a escribir con la emoción de lo ocurrido. Ahí, al escribir, aunque parezca extraño decirlo, se parte por el comienzo y se termina con el final, evitando relatos desordenados que confunden al lector, y que al final, concluida la lectura, lo dejen sin haber comprendido lo que verdaderamente sucedió. A esa forma de narrar le llaman “nuevo periodismo” y nosotros la venimos aplicando hace más de cuatro décadas.

Detrás de cada publicación hay profesionales universitarios que presentan las noticias una vez que ya han revisado su veracidad con las fuentes oficiales y con la familia cuando procede. Ellos entregan su texto, que pasa a revisión de un editor y que después tiene una segunda revisión por parte del director. Nada se despacha sin asegurarnos de que no haya errores, que todo está revisado y comprobado. Esa es la primera garantía de un contenido confiable.

3 Millones de visitas al mes No se trata solamente de tener un sitio web, sino de entregar contenidos confiables que nuestros lectores quieran seguir. Por eso nuestra audiencia digital activa supera las dos millones 400 mil visitas al mes. Cuando decimos audiencia, estamos considerando a los lectores papel, a los lectores digitales en nuestro sitio web, en Facebook, Instagram, X y Tik Tok, todas ellas son revisadas principalmente en celulares. Para acompañar esa tendencia los contenidos se diseñan en forma vertical para las pantallas de los teléfonos. Todo este trabajo permite que hoy en día podamos tener unas “métricas” (es decir, audiencia medida por edad, lugar, tiempo de consumo, etc.) que son las más importantes de toda la Región de Valparaíso.

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Desde que en un 26 de septiembre de 1970 comenzara a circular en nuestra zona el diario “El Observador”, han ocurrido muchos cambios tecnológicos, que han ido reforzando y potenciando al papel. Dos radios llegaron para acompañar su tarea de informar, para más tarde agregar también un Diario Electrónico, y lo que es más importante, un sitio web que cobija todas nuestras plataformas digitales y nuestras redes sociales. Al cumplir 56 años ofrecemos una empresa de comunicaciones multicanal, comprometida con su comunidad, que entrega información objetiva, contrastada con las fuentes y en forma oportuna. Estas son seis razones.

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Mediciones objetivas de la audiencia

Y en los temas digitales no se trata solo de contar buenos resultados, sino de mostrar los sistemas objetivos de análisis que existen a nivel internacional. Los números que presentamos corresponden a la medición del sistema Google Analytics, que hoy es una garantía y un respaldo para las empresas de comunicación.

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Información oportuna, pero confirmada

La velocidad en informar es un requisito muy valioso, sin embargo, no se puede entregar una noticia sin haberla confirmado, sin preguntar si es cierto, si corresponde al relato, si están bien los nombres, si es así como ocurrieron los hechos (siempre el cómo es fundamental). Tampoco es suficiente con decir que es “noticia en desarrollo” y lavarse las manos porque la entrega noticiosa no era la final, sino simplemente un adelanto, porque el adelanto también tiene que ser comprobado y contrastado con las fuentes. Detrás de nuestra empresa hay un responsable legal, que a diferencia de lo que ocurre con algunos comentarios irresponsables en las redes, responde ante la justicia ante cualquier situación irregular.

Canal confiable de buenos negocios Nuestros medios, además de prestar un importante servicio informativo, también cumplen un papel importante en la economía de la zona, contribuyendo a que muchos emprendedores y empresarios puedan mostrar sus productos y servicios, logrando así

transformarnos en un canal de buenos negocios. Si una empresa no tiene un buen soporte publicitario no puede sostener su libertad informativa y su objetividad. La misión de una empresa periodística descansa en que tenga un buen negocio con sus servicios.

* Imágenes generadas con Inteligencia Artificial mediante ChatGPT


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EL OBSERVADOR VIERNES 16 DE OCTUBRE DE 2026

Me gusta leer los diarios en papel

La pasión de contar historias

Por Roberto Silva Bijit

Por Roberto Silva Binvignat

Los diarios están hechos de muchas noches y de muchas letras. En sus hojas envuelven historias que nos hacen pensar en la vida, en la muerte, en la alegría y en la tristeza. El paso de una hoja a otra hoja es como el paso del tiempo.

“¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios; pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión”.

La historia de las ciudades pasa por sus páginas, registrando nombres y fechas, momentos con los que mañana se podrá reconstruir el pasado.

(De la película “El secreto de sus ojos”: Pablo Sandoval, interpretado por Guillermo Francella, a Benjamín Espósito, interpretado por Ricardo Darín)

La noche tiene para los diarios olor a café. La tinta tiene olores intensos. Los diarios tienen sonidos suaves cada vez que uno da vuelta la página para seguir avanzando en la lectura. Los ojos siguen las líneas de las letras y van de izquierda a derecha asumiendo las palabras y las frases y van bajando, como en una escalera ordenada, cada línea de lo que nos está contando. Siempre los diarios andan apurados, igual que las noticias que se urgen porque las tomemos en cuenta y no nos sueltan hasta que las traspasamos al papel, hasta que las leemos en la pantalla. Todo es rápido en las salas de crónica de un diario. A veces demasiado rápido, nervioso y sorpresivo. Los diarios se acuestan tarde y se levantan temprano. Ven cómo se acaba la tarde y entra la noche por sus ventanas, sienten como las primeras luces anuncian sus recorridos por ca rreteras, calles y ciudades. Es en esas primeras horas del día cuando los diarios empiezan a familiarizarse con sus lectores y van entrando a las casas, a los kioscos de los suplementeros, a la vida de las personas que buscan en sus páginas saber lo que pasa a su alrededor y entender la forma en que esos sucesos se incorporan a sus vidas. El tamaño de las letras es muy importante para los diarios. La tipografía grande es el título, mientras más grande la letra, más grande e importante es la noticia. Las letras son subordinadas a la noticia, parten con un tamaño mayor, bajan con una letra intermedia y terminan con la letra del texto. Un diario es un armónico conjunto de letras. Las letras tienen paredes en las que se sujetan. Pueden ser redondas como la o, flacas como la l, gorditas como la m, misteriosas como q o sencillas como la i. Todas las letras son importantes y todas tienen su propio significado.

Este 26 de septiembre cumplimos 56 años escribiendo la historia de nuestras comunas. No sabemos cuántas se han publicado ni podemos ubicarlas en una ciudad particularmente. Tampoco sabemos cuántas estaban vinculadas al fútbol o al campo, cuántas a la crónica roja o al exitoso mérito de algún vecino. Muchas de ellas fueron para ayudar a una persona que necesitaba recursos para una costosa operación o graficaron el esfuerzo de un grupo de estudiantes por triunfar y salir adelante. Cumplimos más de cinco décadas llevando el quehacer de su barrio o de su localidad, para que esté informado y sepa lo que pasó o va a pasar. ¿Se viene el puente entre Artificio y La Calera? ¿Qué dijo el alcalde? ¿Qué dijo el ministro? ¿Cómo se gestó la reunión?. También, para que pueda tomar decisiones, elegir con argumentos y definir un camino. Son las noticias que pueden marcar un día o un mes. Las historias de las comunas que habitamos y merecen quedar escritas, incluso, para que sean revisadas tiempo después. “El Observador” ha contado muchas noticias y ha escrito muchas páginas de historia. Algunas grandes y otras chicas, pero que dejan constancia de lo que pasa, de lo que nos afecta e implica, en mayor o menor medida. Y las historias nos apasionan, porque detrás de cada vivencia, de cada relato o entrevista, había una experiencia que dejó huella, que marcó un momento, que merecía ser contada.

Los que escribimos en los diarios usamos palabras más que letras. Mientras estamos pensando en el texto muchas palabras piden ser incluidas y se sobreponen unas con otras: uno escribió incendio y de inmediato las palabras voraz, violento, ardiente, descontrolado, arrasador, se le vienen a la cabeza. Escribir es saber seleccionar la palabra justa para darle emoción a lo que se escribe, o sea, bajar del cerebro la palabra que le dará mayor realce al escrito, hacerla aterrizar a través de suaves golpes en nuestro teclado.

Es la pasión por contar historias lo que nos mueve. Podrá leerlas y estar de acuerdo o no, reflexionar o dejar pasar, condenar o felicitar; pero se enteró de lo que ocurrió, supo cómo se gestó el triunfo o padeció la derrota, y aquello lo implicó porque conocía a un amigo de un amigo, o le sucedió a un cercano o a usted mismo. En “El Observador” hemos contado más noticias que historias, debido a que, por extensión y redacción, debemos ser eficientes con los espacios, pero nos encantaría que cada noticia pudiese ser desarrollada como una historia.

En los diarios se dice que una foto vale por mil palabras, pero eso depende de la foto. Hay fotos que con solo mirarlas nos dicen todo, ni siquiera necesitan lo que nosotros llamamos “lectura de foto”. Una foto que muestra emociones nos llega al corazón. Las fotos son las mejores compañeras de nuestros textos, de nuestras palabras.

Afortunadamente es una pasión que desarrollamos semana a semana, a veces diariamente. Y la edición que tiene en sus manos es un súper ejemplo. Cuando la posibilidad de lectura es un privilegio, en tiempos donde las tecnologías la limitan, presentamos más de 30 textos o historias para descubrir, asombrarse y disfrutar.

A los diarios los identifican las portadas, que vienen a ser como la cara de una persona. Siempre hay color en la portada y un logotipo del diario, que es su marca y su distinción. Por el logotipo y las tipografías de la portada conoceréis vuestro diario. Siempre las portadas son parecidas porque necesitan hacerse características y fáciles de reconocer por sus amigos lectores.

Son narraciones que describen la esencia de “El Observador”; entregarle mediante estas páginas la posibilidad de viajar, recordar o conocer, aquellos hechos o vivencias que redactamos con una pasión que no cambia: seguir escribiendo la historia de nuestras comunas.

Me gusta leer los diarios en papel porque sé dónde comienza y donde termina. Me manejo con la portada y la última página, con la página editorial y con las cartas, sé muy bien donde están los avisos económicos y las defunciones, en qué parte están las noticias de cada una de nuestras ciudades y donde puedo revisar el deporte. Me manejo con el diario que es mi compañero informativo, mi objeto de papel que reviso con mis manos y con mis ojos y que si quiero lo puedo guardar para siempre. Todavía se podría tocar el papel de La Aurora de Chile en que Bernardo O’Higgins puso un aviso para vender su piano. Los diarios se quedan para siempre entre nosotros. Un lector muy querido, pidió que le echaran un ejemplar aniversario de El Observador adentro de su ataúd, tal como si lo fuera a seguir leyendo. Los diarios forman parte de nuestra vida, son como la parte letrada de nuestra existencia.


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OFERTA ACADÉMICA DE LA UV:

Crecimiento de acuerdo a las necesidades del país y en todas las áreas del conocimiento Vicerrectora académica de la institución, Marcela Alviña, destaca la incorporación de siete nuevas carreras desde 2024, que se suman a programas altamente posicionados. Un total de 49 carreras ofrece la Universidad de Valparaíso para el proceso de admisión 2027, programas que abarcan todas las áreas del conocimiento y que corresponden a las áreas que han tenido mayor desarrollo en el país, con miras a formar profesionales idóneos, con excelencia profesional y humana, que respondan a las necesidades de la sociedad actual. Según explica Marcela Alviña, vicerrectora académica de la UV, “nuestra oferta académica ha ido creciendo de acuerdo con la normativa vigente en Chile. Por una parte, como institución que se acoge a la gratuidad y con nuestro nivel de excelencia de acreditación institucional por seis años, tenemos la posibilidad de crecer en la matrícula de primer año un 2,7 por ciento. Adicionalmente, la UV aprobó frente a la subsecretaria de Educación Superior su Plan de Crecimiento, lo que ha permitido incorporar siete nuevas carreras a la oferta académica a partir del año 2024”. Subraya la vicerrectora que “esta vía nos ha permitido renovar nuestra oferta acorde a las áreas que han tenido mayor crecimiento en el país, y que en consecuencia requerirán más profesionales que hayan sido formados con estándares de calidad disciplinares y como personas integrales”. Ejemplo de lo anterior es la carrera de Ecología, señala, “atendiendo a la importancia del cuidado del medio ambiente y la sostenibilidad, que es uno de los valores de la Universidad de Valparaíso, contemplado en nuestro Modelo Educativo. También hemos crecido en carreras vinculadas al área de la tecnología: Plan Común de Ingeniería, carre-

postular ha disminuido significativamente en el país”, apunta la doctora Alviña. ras de Ingeniería en Informática, Ingeniería en Finanzas, Ingeniería en Gestión Logística e Ingeniería en Información y Control de Gestión”. Algunas de estas carreras se han abierto en el Campus San Felipe y en el Campus Santiago. “Así, podemos cumplir con un abanico de carreras de pregrado disponibles no solo en casa central sino en los campus, llegando a estudiantes que en oportunidades no tienen los medios para estudiar fuera de sus hogares”. Otra de las carreras de reciente creación en la UV es Pedagogía en Lengua y Literatura, “con la que nos hacemos cargo de nuestra misión como universidad del Estado en ofrecer cupos en el área de las pedagogías, aun cuando las y los estudiantes interesados en

Amplio espectro

La Universidad de Valparaíso ha ido aumentando progresivamente su matrícula de ingreso, según explica la vicerrectora, “llegando este año a más de tres mil ochocientas ochenta estudiantes, con una oferta de programas de pregrado en prácticamente todas las áreas del conocimiento, donde el área de salud se reconoce como una fortaleza”. En tal sentido, acota: “La única área del conocimiento que no teníamos y que se abre en la oferta 2027 es el área agropecuaria, debutando la carrera de Medicina Veterinaria, que abrirá cien cupos para primer año. Se trata de un hito significativo tanto para la Universidad como para el territorio. Entregaremos la única oferta desde una universidad pública y estatal en la Región de Valparaíso,

impartiendo una carrera con una visión de ‘One Health’ que viene a cerrar el ciclo de salud humana, desarrollada en las Facultades de Medicina, Odontología, Farmacia y Ciencias; la salud ambiental, desarrollada en la Facultad de Ingeniería y Ciencias del Mar; y la salud animal, que se incorpora a la Facultad de Ciencias”. Finalmente, Marcela Alviña destaca el interés de las y los postulantes por esta casa de estudios: “La amplitud de la oferta académica dada por la diversidad de áreas del conocimiento, así como por la presencia de carreras altamente demandadas, la presencia en los campus, el prestigio y la calidad académica reflejada en su acreditación en nivel de excelencia, hacen que la Universidad de Valparaíso sea la que presente el mayor número de postulaciones de la Región de Valparaíso. Para el proceso de admisión 2026, la UV recibió más de diecinueve mil postulaciones”.

Medicina Veterinaria: la nueva carrera que ofrece la UV para el 2027 La carrera ofrecerá cien cupos y será la única alternativa pública y tradicional de la región. La medicina veterinaria actual trasciende el cuidado de animales de compañía y aborda desafíos vinculados a la salud pública, la conservación de la biodiversidad, la investigación científica y los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas. En ese contexto, la Universidad de Valparaíso abrirá la carrera de Medicina Veterinaria para el proceso de admisión 2027, ampliando las oportunidades de formación profesional desde una perspectiva científica e interdisciplinaria. La nueva carrera convertirá a la Universidad de Valparaíso en la única institución pública y tradicional de la región que impartirá Medicina Veterinaria. Además, al estar adscrita al sistema de gratuidad, quienes accedan a este beneficio estatal cursarán sus estudios sin costo de arancel ni matrícula.

Uno de los atributos distintivos de la nueva carrera será su inserción en la Facultad de Ciencias, en una propuesta que busca desarrollar profesionales en un entorno caracterizado por la innovación, la formación temprana en investigación, el

trabajo interdisciplinario y la generación de conocimiento. Otro de los sellos que tendrá Medicina Veterinaria en la UV es su enfoque “Una Salud”, que integra la salud humana, la salud animal y los ecosistemas. A esto se suman prácticas desde el cuarto semestre y el futuro Centro Veterinario Docente, destinado a fortalecer la formación clínica de las y los estudiantes. Según coinciden el rector de la UV, Osvaldo Corrales, la decana de la Facultad de Ciencias, Marisol Tejos, y la jefa de carrera, Claudia Rojas, esta iniciativa responde a una necesidad regional, considerando que Valparaíso no contaba con una oferta pública en Medicina Veterinaria. Asimismo, señalan, fortalece el compromiso de la Universidad con la formación en áreas estratégicas para el país. Por otra parte, la carrera tiene a su haber la infraestructura y la trayectoria de décadas de trabajo académico y científico de la Facultad de Ciencias, para ofrecer una sólida formación apoyada en

disciplinas como fisiología, bioquímica, biología y ecología. La carrera iniciará sus actividades académicas en 2027 con cien vacantes y cupos especiales para su primera generación de estudiantes.


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EL OBSERVADOR VIERNES 16 DE OCTUBRE DE 2026

EL OBSERVADOR MULTICANAL para llegar a todos los públicos Sitios Web

Diario Impreso El Observador Prestigio asegurado cada viernes. El medio tradicional con un tiraje de 12.000 ejemplares a la semana.

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Más de dos millones en audiencia, entre www.observador.cl y redes sociales. Además, contamos con una plataforma digital especializada en publicaciones legales ofreciendo los valores más convenientes de la región y otro sitio web para avisos económicos.

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Refinería de Cobre de Ventanas: 60 años dando valor al metal que mueve el mundo De la industrialización de los años sesenta a la transición energética y la ciencia, la Refinería Electrolítica de Codelco proyecta su futuro desde la calidad y la experiencia en la producción de uno de los cátodos de cobre más reconocidos del mercado mundial. En este nuevo aniversario de El Observador, este reportaje cuenta parte de su historia y los actuales desafíos.

En Ventanas, el futuro tiene la forma de una placa de cobre denominada cátodo, producto final de la Refinería Electrolítica de Codelco Ventanas, una instalación que en noviembre cumple seis décadas de oficio, aprendizaje y transformación industrial. Si a lo largo del tiempo se forjó una reputación internacional por la calidad de sus cátodos, hoy se encamina hacia un nuevo desafío: ser la materia prima esencial para las tecnologías que están cambiando el mundo, como la electromovilidad, las energías limpias, y la inteligencia artificial. El 11 de noviembre de 1966, el entonces Presidente de la República, Eduardo Frei Montalva, inauguró la Refinería Electrolítica de Ventanas, bajo la tutela de la Empresa Nacional de Minería (Enami). Su instalación en la bahía de Puchuncaví respondía a la aspiración de un Chile que vivía el boom de la industrialización. Refinar el metal rojo significaba no sólo agregar valor al principal producto del país, sino también desarrollar las capacidades nacionales, generar empleo técnico y fortalecer una cadena que vinculaba minería, procesamiento y exportación. Para Quintero, Puchuncaví y otras comunas de Valparaíso, aquel impulso se tradujo en trabajo, formación de oficios y viviendas para familias de trabajadores, como la tradicional Población Enami de Quintero, hoy conocida como población Nueva Serena. Eran tiempos en que la modernización se expresaba en grandes instalaciones productivas, situación que fue incorporando exigencias ambientales y una relación más estrecha con las comunidades, desafíos que hoy son parte de la esencia de esta

empresa, que en 2005 fue adquirida por Codelco, creando la División Ventanas. El valor de la pureza Desde el 30 de mayo de 2023, día en que cesó sus operaciones la histórica Fundición Ventanas, la refinación de cobre se convirtió en el eje productivo de esta División de Codelco, mejorando los estándares de eficiencia y sustentabilidad, para seguir aportando cátodos de un 99,99% de pureza, que son recibidos por los mercados internacionales más exigentes, para utilizarlo no sólo en productos tradicionales como las redes de alta tensión o las tuberías, sino también en las bobinas de las turbinas eólicas, en los motores de vehículos eléctricos, y en los circuitos de los enormes centros de datos que hacen posible la inteligencia artificial. Claudio Flores Álvarez, gerente general de Codelco División Ventanas, es categórico: “No hay transición energética sin cobre refinado. Redes

eléctricas, energías renovables y electromovilidad requieren grandes cantidades de cobre para conducir energía con eficiencia. En este ámbito, la pureza del metal resulta clave para aplicaciones científicas y tecnológicas exigentes” Una nueva frontera industrial Para las Refinerías de Cobre, uno de los desafíos es asegurar abastecimiento en un mercado con menor disponibilidad de ánodos. En el caso de Ventanas se ha decidido proyectar el futuro, evaluando oportunidades de nuevos negocios que complementen la producción principal. “Al enfrentar este nuevo escenario, repensamos el futuro de División Ventanas aprovechando nuestros activos y las capacidades de nuestros equipos en la producción de cobre refinado. Incluso, estamos evaluando opciones muy innovadoras, como explorar el procesamiento de chatarra de cobre para transformarla en cátodos de alta pureza”, expresa su geren-

te general. De manera simultánea, Codelco Ventanas apunta hacia las estrellas. En julio de este año, representantes del Centro Espacial Nacional visitaron la refinería para establecer una mesa de trabajo que permita explorar el uso de cobre refinado en la fabricación de componentes para los satélites chilenos. “Estamos trabajando de manera colaborativa para ir más allá del cátodo de cobre y posicionar a Codelco Ventanas como proveedor para industrias de aplicaciones de avanzada”, señala Isabel Venegas, directora de Nuevos Negocios. A seis décadas de su inauguración, Ventanas busca seguir agregando valor al cobre chileno. La experiencia de sus equipos humanos, la actualización tecnológica y la innovación son tres pilares fundamentales para contribuir a que Codelco mantenga su propósito de impulsar el desarrollo sustentable de Chile y el Mundo.

Destino de los cátodos de cobre de Codelco Ventanas


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EL OBSERVADOR VIERNES 16 DE OCTUBRE DE 2026

Matías del Río: el vínculo con San Felipe que comenzó antes de sus recuerdos El periodista vivió apenas seis meses en la ciudad, pero su historia familiar y sus constantes regresos mantienen vivo ese arraigo Por Gabriel Abarca Armijo “¿Sabías que Matías del Río es sanfelipeño?”, me preguntó Roberto, director del diario. No lo sabía, y el dato me llamó de inmediato la atención. Podía ser una buena historia para esta edición aniversario, pero conseguir la entrevista, pensé, no sería sencillo. Al menos, con quienes llevan años ligados a la televisión, uno suele imaginar agendas demasiado apretadas. Igual le escribí por Instagram, sin muchas expectativas. Pero para mi sorpresa, la respuesta fue positiva y llegó mientras, coincidentemente, yo estaba en San Felipe. Desde ahí comenzamos a coordinar el encuentro que finalmente se concretó el viernes 2 de octubre en Radio Duna, su lugar de trabajo. La emisora está en Avenida Andrés Bello, comuna de Las Condes, a pocos metros del Mall Costanera Center. Ya en el edificio, en el piso 14, se percibe el movimiento propio de una redacción. Mientras espero, aparece Matías acompañado de un colega. Saluda amablemente y pide unos minutos porque debe terminar de grabar un reel para sus redes sociales. Después pasamos a su oficina. Desde la ventana, la cordillera ocupa parte importante del paisaje. Sobre el escritorio hay cuatro pantallas: una con WhatsApp, otra con su planificación, una tercera para escribir y la cuarta es su teléfono celular. “A veces hago más de diez cosas al mismo tiempo”, dice, entre broma y confesión. La imagen resume bastante bien al Matías del Río de hoy. Pero antes de todo eso hubo una ciudad que quedó profundamente ligada a su historia. Se trata de San Felipe, donde pasó apenas sus primeros seis meses de vida. Sin embargo, el vínculo nunca se cortó: su historia familiar retrocede varias generaciones y las visitas se han mantenido hasta el día de hoy. UNA HISTORIA QUE PARTIÓ CON SU ABUELO Para entender ese vínculo hay que volver a Alfonso

del Río, su abuelo paterno. Matías cuenta que era un agricultor joven que alrededor de los años 30 se asoció con su hermano Raimundo para comprar parte de la Hacienda Quilpué, en San Felipe. “La historia que yo recibí también debe estar llena de imprecisiones, como son las historias cuando se pasan de generación en generación”, advierte. Su padre nació en 1935 en la hacienda, estudió Agronomía y más tarde regresó al valle para trabajar en el campo. Su madre, santiaguina, también terminó instalándose en San Felipe y sus hermanos mayores vivieron allí. Matías, el menor de cinco, nació circunstancialmente en Santiago porque su madre viajó para el parto, pero volvió inmediatamente al valle. “Mis nueve meses en la guata de mi mamá son en San Felipe”, recalca con orgullo. Luego, a los seis meses, la familia se trasladó a Viña del Mar. No tiene recuerdos de haber vivido en San Felipe, pero eso no cambia su percepción de la ciudad.

“Yo siento algo en San Felipe. Siento una energía. Quizás porque me lo invento, porque le tengo cariño a ese lugar, a esa tierra, porque mi abuelo tuvo esperanzas ahí, porque mi papá le dedicó muchos años a esa tierra, porque lo vi sacarse la mugre”, explica. “CUANDO SUENA SAN FELIPE, PARO LA OREJA” La conexión no quedó guardada solo en la historia familiar. Matías sigue viajando con frecuencia. Tiene una pequeña casa cerca de La Troya, con un jardín que comenzó su padre y que él ha seguido cuidando. Le gustan las plantas y la carpintería. Se ríe cuando aclara, con total sencillez, que es “carpintero aficionado y malo”, pero lo hace porque lo disfruta profundamente. También recorre la ciudad. Va al mercado y a la feria, conoce caseros, se asoma al gimnasio a mirar básquetbol, pasa por El Almendral y sigue medios y radios locales. “Cuando suena San Felipe, yo paro la oreja”, dice. Incluso el fútbol forma parte de ese vínculo. Aunque es hincha de Universidad Católica, sigue a Unión San Felipe, tiene su camiseta y ha ido a verlo al estadio. Esa identificación llegó también a su hijo menor.

Antes de la entrevista, Matías del Río recibió varios libros de Roberto Silva Bijit, siendo uno de ellos “Habla Neruda”.

Matías del Río ha desarrollado una dilatada carrera en diferentes medios de comunicación, siendo hoy Radio Duna su principal lugar de trabajo.

Cuando camina por las calles antiguas intenta imaginar cómo eran en tiempos de su padre y de su abuelo. “Cuando paseo por esas calles viejas del San Felipe antiguo, me imagino los cuentos que me contaba mi papá”, dice. Piensa en el tren, la estación, los caballos y el trayecto hacia la Hacienda Quilpué. También lamenta la pérdida del antiguo palacio del lugar: “Habla del poco cariño que le tenemos a nuestro patrimonio arquitectónico en Chile”. CURIOSIDAD COMO FORMA DE VIDA Matías entró primero a estudiar Antropología en la Universidad Austral de Valdivia y luego terminó inclinándose por el periodismo, carrera que comenzó a cursar en la Universidad Finis Terrae. No recuerda un momento exacto en que haya ocurrido el cambio, pero sí una característica presente desde antes: la curiosidad. “Siempre he sido muy curioso. Me interesan las historias de todas las personas”, menciona. Dice que esa inquietud ya existía cuando recorría San Felipe y conversaba con trabajadores del campo, vecinos o personas mayores. Preguntar, escuchar y tratar

de entender por qué ocurren las cosas terminó convirtiéndose en profesión. Hoy lee diarios, columnas y análisis, pero concede el mismo valor a otra fuente: conversar con la gente. “Desde el punto de vista de la información, todos valen exactamente igual, porque te dan distintas miradas”, asegura. Por eso sostiene que el periodismo debe hacerse “a escala humana, uno a uno (…) Nosotros no somos el centro de la noticia. Somos vehículos para tratar de llevarle a la gente la historia más completa posible”. Más que hablar de objetividad, prefiere otro concepto: honestidad intelectual. “Cuando alguien me convence o logro matizar mi posición original, siento que hice el trabajo”, afirma. CUATRO PANTALLAS Y UNA VIDA EN MOVIMIENTO La rutina diaria de Matías es intensa. Se levanta temprano, hace ejercicio, deja a sus hijos en el colegio y antes de las ocho ya está en la radio. Luego vienen reuniones de pauta, contenidos para redes, podcasts, talleres y un segundo programa en la tarde. La televisión ocupa hoy menos espacio y él habla de

esa etapa con humor. Dice que esa “semijubilación” de TVN lo obligó a adaptarse a nuevas herramientas, redes sociales e inteligencia artificial. Y reconoce que eso le acomoda. Entre todo ese movimiento, San Felipe sigue apareciendo. Allí conoce gente, sabe a quién llamar y entiende códigos que para alguien completamente ajeno pasarían inadvertidos. Es también una de las razones por las que valora al periodismo regional: quien vive un territorio “reconoce historias, fuentes y matices que desde lejos cuesta ver”, destaca. Cuando piensa en los años que vienen, no habla de abandonar Santiago. Sus hijos, sus amigos y buena parte de su vida están allí. Pero sí imagina tener más tiempo para regresar. “Me gustaría tener más libertad para irme un jueves y volverme el lunes”. Quizás esa frase explique mejor que cualquier etiqueta su relación con San Felipe. No necesita haber pasado allí toda su infancia ni prometer un regreso definitivo. Le basta con saber que, cuando vuelve, reconoce las calles, los nombres y las historias. “En San Felipe sí sé por dónde partir”, concluye.


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En INACAP formamos a los técnicos y profesionales que Chile necesita para construir el futuro de Valparaíso Con una amplia oferta de carreras técnicas y profesionales, diplomados y cursos, INACAP Sede Valparaíso ofrece alternativas de formación para jóvenes y adultos que buscan desarrollar nuevas competencias y ampliar sus oportunidades laborales. Su Vicerrector, Gonzalo Vallejos Berenguer, destaca el valor de una educación conectada con las necesidades productivas de la región, que combina aprendizaje práctico y directa vinculación con el mundo laboral. Abriendo oportunidades para quienes deciden seguir creciendo con el respaldo de 60 años de trayectoria. UNA DECISIÓN QUE PUEDE TRANSFORMAR TU FUTURO Elegir qué estudiar es mucho más que escoger una carrera. Es comenzar a construir un proyecto de vida, descubrir capacidades y prepararse para enfrentar los desafíos de un mundo que cambia permanentemente.” En ese escenario, INACAP Sede Valparaíso inició su proceso de Admisión 2027, con una propuesta formativa que pone el desarrollo del talento, la experiencia práctica y la vinculación con el mundo laboral en el centro del aprendizaje. Para Gonzalo Vallejo Berenguer, Vicerrector de INACAP Sede Valparaíso, uno de los principales desafíos de la educación técnico-profesional es mantener una formación que responda a las necesidades actuales y futuras de los sectores productivos. “El país avanza en su desarrollo económico, con esto surgen nuevas necesidades desde los distintos sectores productivos de las regiones. Como institución de educación superior buscamos dar respuestas a estos desafíos” distintos sectores productivos de las regiones. Y nosotros entramos a poder dar respuesta a esos requerimientos”, explica la autoridad académica. Esta mirada cobra especial relevancia al momento de elegir dónde estudiar. Frente a la evolución tecnológica, la transformación de los procesos productivos y las nuevas exigencias profesionales, la formación práctica adquiere un papel fundamental. Es por esto que INACAP impulsa su modelo educativo del Aprender Haciendo, en el que busca que los estudiantes desarrollen conocimientos y habilidades aplicadas a escenarios reales de sus distintas áreas de formación. En Valparaíso, la oferta académica considera carreras técnicas y profesionales en sectores como tecnología aplicada, administración y servicios, energía y sustentabilidad, mantenimiento y logística, entre otros.

Pero ¿qué diferencia a una formación conectada con el mundo productivo a una que no lo está? El Vicerrector destaca la importancia del trabajo permanente con quienes conocen las necesidades de cada sector. Como explicó durante la entrevista, INACAP mantiene contacto director con actores clave del mundo productivo, a través de su Consejo Productivo Regional de Valparaíso, instancia de articulación que reúne a empresas, sector público y sociedad civil para alinear la formación Técnico-Profesional con las necesidades reales de la región. “Estar vinculados directamente con la industria nos permite entregar un formación pertinente a nuestros estudiantes. Que hoy lo más se requiere es desarrollar capacidades, aprender a resolver problemas y prepararse para los cambios que están viviendo las industrias. En INACAP Valparaíso queremos que cada estudiante descubra su potencial y tenga la oportunidad de llevarlo a la práctica desde su proceso formativo”, declara la autoridad académica. EDUCACIÓN CONTINUA: NUEVAS OPORTUNIDADES PARA SEGUIR CRECIENDO La formación también representa una oportunidad para quienes se encuentran insertos en el mundo laboral y buscan perfeccionarse, capacitarse o reconvertirse. En este ámbito, INACAP Sede Valparaíso impulsa alternativas de Educación Continua que incluyen diplomados, cursos de especialización y formación en oficios, orientados a fortalecer competencias y abrir nuevas posibilidades de desarrollo. Entre las áreas mencionadas en su oferta se encuentran electromovilidad, ciberseguridad y gastronomía, disciplinas que permiten acercarse a conocimientos especializados y nuevas herramientas para el trabajo. Para el Vicerrector, ampliar las oportunidades de acceso a la educación es parte de una visión que considera las distintas trayectorias y etapas de la vida de las personas. “En INACAP impulsamos el aprendizaje a lo largo de la vida, porque sabemos que la educación es motor de movilidad social para todas las personas, sin importar su edad ni trayectorias formativas” sostiene Vallejo, destacando durante la entrevista la importancia de generar oportunidades sin importar la procedencia o la experiencia previa de quienes buscan estudiar. En esta línea, la institución también promueve alternativas de acceso para adultos mediante beneficios como las Becas Plateada y Dorada, sujetas a los requisitos correspondientes.

“Queremos que más personas comprendan que siempre es posible seguir aprendiendo. Hoy un trabajador puede necesitar actualizar sus conocimientos, un emprendedor puede querer fortalecer su negocio y una persona puede decidir comenzar una nueva etapa laboral. La Educación Continua permite acompañar esas distintas necesidades con formación pertinente y práctica”.

Para Gonzalo Vallejo B, la educación técnico-profesional tiene un impacto que trasciende las aulas y puede contribuir al desarrollo de las comunidades. “Hoy no solo formamos para el mundo laboral, también conectamos las necesidades de la región de Valparaíso con oportunidades laborales porque formar talento es también contribuir al desarrollo del territorio”

UNA FORMACIÓN QUE MIRA LAS OPORTUNIDADES DE VALPARAÍSO La relación con las empresas, los establecimientos educacionales y las organizaciones del territorio es otro de los aspectos que la institución busca fortalecer. A través de sus programas de articulación con la educación media, actividades de vinculación y espacios de encuentro con empleadores, INACAP Sede Valparaíso impulsa iniciativas orientadas a conectar la formación con las necesidades del entorno regional. Una expresión de este trabajo es la Feria Laboral INACAP-CPC 2026, que se desarrollará del 9 al 13 de noviembre, generando un espacio de encuentro entre personas que buscan empleo y empresas que requieren incorporar talento.

60 AÑOS FORMANDO OPORTUNIDADES, CON LA MIRADA PUESTA EN EL FUTURO Este nuevo proceso de admisión coincide con una fecha significativa: los 60 años de INACAP, institución fundada el 21 de octubre de 1966. Para su Vicerrector en Sede Valparaíso, estas seis décadas representan una trayectoria que va mucho más allá de la formación académica, considerando el aporte que la educación puede realizar a las personas y sus familias. Durante la entrevista, Vallejo destacó especialmente la movilidad social y el impacto de la educación técnico-profesional en las trayectorias personales, las comunidades y el desarrollo del país. Sin embargo, la conmemoración también plantea una mirada hacia adelante. Los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial y las transformaciones de los sectores productivos exigen nuevas capacidades y una disposición permanente al aprendizaje. “Celebramos 60 años de historia, pero nuestra mirada está puesta en el futuro. Queremos que quienes hoy están pensando en estudiar en INACAP Valparaíso sepan que tienen una oportunidad para desarrollar sus talentos, prepararse para el mundo laboral, construir su futuro y el de sus familias. Los invitamos a conocer nuestra oferta académica y atreverse a dar ese primer paso. Porque los próximos 60 años también se construirán con el talento de las nuevas generaciones”.

Gonzalo Vallejo Berenguer, vicerrector de la Sede Valparaíso.

ADMISIÓN 2027: TU TALENTO NO ESPERA. TU FUTURO TAMPOCO. El proceso de Admisión 2027 ya está abierto. Quienes desean iniciar una carrera técnica o profesional pueden conocer la oferta académica, los requisitos de ingreso y las alternativas de financiamiento disponibles. Asimismo, quienes buscan perfeccionarse, especializarse o adquirir nuevas competencias pueden explorar las oportunidades de Educación Continua. Conoce tu próximo desafío en www.inacap.cl. INACAP Sede Valparaíso. Lleva tu talento a la práctica.


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Palestinos en el valle: la inmigración que echó raíces en la región

La Calera, Quillota, San Felipe y Los Andes concentran una historia que comenzó con los primeros inmigrantes árabes y que continúa hasta hoy a través de sus descendientes

Por Gabriel Abarca Armijo Si tuviésemos que trazar un mapa de la inmigración árabe en la Región de Valparaíso, habría cuatro ciudades que necesariamente deberíamos destacar: La Calera, Quillota, San Felipe y Los Andes. Bajo esa denominación conviven distintos orígenes, entre ellos sirios, jordanos y libaneses, aunque uno sobresale con especial fuerza: el palestino. Baldomero Estrada Turra conoce bien ese proceso. Quillotano, doctor en Historia, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y especialista en migraciones, ha investigado durante años la llegada e integración de diversas colectividades extranjeras al territorio local, entre ellas la proveniente del mundo árabe. De hecho, en abril de este año presentó su libro “Comunidad Árabe, Región de Valparaíso”, una obra que recorre la identidad, trayectoria y aporte de estos inmigrantes y sus descendientes en la zona. Por lo mismo, sus estudios permiten reconstruir un fenómeno que, sin haber sido masivo, alcanzó una presencia significativa en distintos ámbitos de la vida local. “Demográficamente, la colectividad árabe constituye una minoría”, explica. Su influencia, sin embargo, superó ampliamente su peso numérico y se proyectó desde el comercio hacia los espacios profesionales, empresariales, culturales y políticos. Y dentro de ese conjunto, la ascendencia palestina adquirió especial relevancia: en ciudades como La Calera, por ejemplo, Estrada estima que cerca del 80% de las familias de origen árabe proviene de esa raíz. LLEGAR SIGUIENDO A LOS QUE ARRIBARON ANTES La presencia palestina en determinados puntos de la región no fue producto del azar, donde la clave estuvo en las redes que comenzaron a formarse entre quienes ya se habían establecido y aquellos que todavía permanecían en

Baldomero Estrada Turra, doctor en Historia, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y especialista en migraciones, junto a su libro “Comunidad Árabe, Región de Valparaíso”.

sus lugares de origen. Un inmigrante llegaba, encontraba trabajo, conseguía asentarse y luego comenzaba a comunicarse con familiares y conocidos que habían quedado atrás. “Esos primeros que llegaban, los pioneros, iban a traer a su familia y a sus amigos”, señala Estrada. Se trataba de una cadena migratoria en la que los vínculos de confianza reducían la incertidumbre de emprender viaje hacia un país distante. De ese modo, determinadas localidades terminaron concentrando grupos que incluso procedían de los mismos pueblos. Bajo esa premisa, es posible entender que buena parte de los palestinos establecidos en Chile tenía sus raíces en localidades cristianas como Belén, Beit Jala y Beit Sahour. Las primeras llegadas se remontan a fines del siglo XIX, aunque el flujo aumentó con fuerza en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Entre 1905 y 1914 arribó a Chile más de la mitad de los palestinos correspondientes a aquella etapa migratoria, empujados por la inestabilidad económica y política del

Imperio otomano y por medidas como el enrolamiento militar. Muchos viajaron con documentación otomana y, al llegar a Chile, comenzaron a ser llamados “turcos”, una denominación que no reflejaba sus diferencias étnicas y culturales. De hecho, para esos primeros inmigrantes la identificación con su pueblo de origen podía ser incluso más fuerte que las divisiones nacionales que hoy permiten distinguir entre palestinos, sirios o libaneses. Por otro lado, una de las principales rutas de ingreso pasaba por Buenos Aires y continuaba hacia Chile a través de la cordillera. Desde 1910, ese trayecto incorporó el Ferrocarril Trasandino, inaugurado ese año entre Mendoza y Los Andes, lo que convirtió también a esta última ciudad en una puerta de entrada desde Argentina. EL COMERCIO COMO PUERTA DE ENTRADA Había que sobrevivir y el comercio apareció como una de las alternativas más accesibles. Sin embargo, españoles, italianos y otros grupos ya ocupaban una parte importante de esa actividad. Los recién llegados encontraron entonces su propio espacio. En vez de esperar al cliente, salieron a buscarlo y recorrieron sectores rurales ofreciendo mercadería puerta a puerta. Si una familia necesitaba algo que no llevaban, podían conseguirlo para la siguiente visita. Y si no había dinero, aceptaban huevos, gallinas u otros productos. También vendían a crédito. Aquella forma de vender, de acuerdo a Estrada, impli-

En el marco del aniversario de la Academia de Danza Árabe As-Salam Studio, celebrado en el Club Unión Árabe de Quillota, se hizo entrega a la colonia de un fragmento de piedra de Gaza, como símbolo de resistencia, memoria y conexión con la tierra.

caba además una manera particular de relacionarse con los clientes. Conversar, negociar y generar confianza eran parte del intercambio. El propio investigador alcanzó a observar esa cultura comercial décadas más tarde en Quillota, donde nació y pasó parte de su juventud. “Yo me paseaba por la calle Prat y estaba llena de árabes”, recuerda. La escena permanece nítida en su memoria: comerciantes apostados cerca de la entrada de sus establecimientos, atentos a quienes caminaban por la vereda y ofreciendo una amable conversación. “El vendedor árabe tiene que estar en la calle, te saluda. No importa si te conoce o no. Te trata como si te conociera y eso genera una cercanía, una relación de familiaridad permanente”, recalca. DE INMIGRANTES A VECINOS La integración, sin embargo, estuvo lejos de ser inmediata. Durante las primeras décadas existió la denominada “turcofobia”. Parte de la sociedad miraba con desconfianza a esos recién llegados, mientras su austeridad alimentaba algunos prejuicios. Muchos repetían su ropa y reducían al mínimo los gastos porque perseguían una meta concreta: ahorrar lo suficiente para abandonar la venta ambulante y abrir un negocio propio. Con el tiempo, varios lograron dar ese paso. El crecimiento urbano, el ferrocarril, la expansión de la educación y el desarrollo industrial también acompañaron aquella transformación. Quienes inicialmente recorrían sectores rurales ofreciendo mercadería pudieron convertirse en comerciantes establecidos y algunos grupos familiares avanzaron posteriormente hacia otras actividades, entre ellas la industria textil. La segunda generación dio un nuevo salto. Los hijos nacieron en Chile, asistieron al colegio y luego ingresaron a las universidades. Por ende, observa Estrada, existe en la actualidad una importante presencia de descendientes árabes en profesiones como medicina, odontología, enfermería y obstetricia, además del empresariado y la actividad pública. En apenas unas generaciones, la condición de extranjero comenzó a diluirse. Pero integrarse también

La Calera posee un estrecho vínculo con la reivindicación palestina gracias a su numerosa colectividad, que en más de una ocasión se ha pronunciado en las calles contra el genocidio que ocurre en dicho territorio.

significó cambiar. En un comienzo existió una fuerte tendencia a formar matrimonios dentro de la propia colectividad. Sin embargo, los hijos nacidos en Chile comenzaron a relacionarse de otra manera con su entorno y aquella práctica fue perdiendo fuerza. Tampoco todos consideraron necesario transmitir el idioma árabe. Otras costumbres, en cambio, resistieron mejor el paso de los años. “La cuestión valórica, la familia, el respeto a los mayores y la unidad familiar se han mantenido firmes en el tiempo”, enumera Estrada. A ello suma una hospitalidad que convertía las casas en lugares de encuentro. El académico recuerda hogares donde podían reunirse 15 personas a almorzar, aunque varias de ellas fueran simplemente amigos que habían llegado de visita. “Son muy acogedores”, resume. UNA HERENCIA QUE SIGUE PRESENTE La migración tampoco quedó completamente relegada al pasado. En 2008, casi un siglo después de aquellas primeras grandes llegadas, Chile recibió a 116 refugiados palestinos pertenecientes a 28 familias provenientes del campamento de Al-Tanf, en la frontera entre Siria e Irak. Parte de ese grupo fue reasentado precisamente en La Calera y San Felipe, dos ciudades con una presencia árabe construida durante generaciones. Más de un siglo después de aquellos primeros inmigrantes, buscar las huellas de la colectividad árabe en la región ya no significa necesariamente encontrar comunidades separadas del resto.

Están en los apellidos, en antiguas casas comerciales, en profesionales, empresarios y figuras públicas. También permanecen en determinadas costumbres familiares y en una memoria que todavía atraviesa lugares como Quillota, La Calera, San Felipe y Los Andes. Esa es, para Estrada, una de las particularidades del fenómeno: una colectividad pequeña desde el punto de vista demográfico consiguió alcanzar una influencia mucho mayor que su número. Él mismo comprobó la fuerza de esos vínculos cuando viajó a Palestina en 2018. Bastaba mencionar Chile para que apareciera algún familiar, conocido o referencia relacionada con este país. Incluso el Club Deportivo Palestino funcionaba como un inesperado punto de encuentro. “Yo decía: ‘Soy chileno’, y eso ya generaba una relación distinta”, recuerda. Es la otra cara de un proceso que comenzó con personas que dejaron Medio Oriente para instalarse en un territorio desconocido. Primero recorrieron caminos ofreciendo mercadería. Después levantaron negocios, formaron hogares y enviaron a sus hijos a estudiar. Con el paso de las generaciones dejaron de ser aquellos “turcos” que despertaban desconfianza para transformarse simplemente en quillotanos, caleranos, sanfelipeños o andinos. Y quizás allí esté su huella más profunda: conservar parte de una herencia nacida a miles de kilómetros, mientras ellos y sus descendientes pasaban a formar parte de la identidad de estas ciudades.


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Acreditación 2027: UVM evalúa sus avances y proyecta el desarrollo de la universidad para los próximos años La actualización de las carreras, el fortalecimiento de la gestión institucional, la inclusión y el trabajo con las comunidades forman parte de los ámbitos que la Universidad Viña del Mar (UVM) está revisando en su proceso de acreditación 2027. La institución entregó su informe de autoevaluación a la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) y comenzó una etapa de difusión de sus resultados entre estudiantes, académicos, colaboradores y autoridades, en preparación para la visita de pares evaluadores prevista para el segundo semestre de 2026. El informe considera el período 2021-2026 y examina el desarrollo de la universidad en cuatro dimensiones: docencia y resultados del proceso formativo; gestión estratégica y recursos institucionales; aseguramiento de la calidad; y vinculación con el medio. La revisión busca identificar los avances alcanzados, las oportunidades de mejora y la forma en que las distintas áreas contribuyen al cumplimiento de los objetivos institucionales. Para el rector de la UVM, Carlos Isaac Pályi, el proceso representa una oportunidad para analizar el trabajo realizado y definir los desafíos que marcarán la siguiente etapa de desarrollo de la institución. “Lo más importante de este proceso es que nos ha permitido mirarnos hacia adentro, ver cómo hemos avanzado y también cuáles son los desafíos que tenemos hacia el futuro. Eso es lo que más nos dejan estos procesos de acreditación, más allá del resultado que podamos obtener”, señaló. La socialización de los resultados comenzó con jornadas informativas donde se presentaron antecedentes del informe de autoevaluación y los principales avances de las distintas unidades. La iniciativa busca que la comunidad universitaria conozca el trabajo desarrollado y comprenda cómo sus actividades se relacionan con el proyecto institucional. El director general de Aseguramiento de la Calidad, Olegario Hernández Allel, destacó la importancia de involucrar a los distintos estamentos en esta etapa. “Es súper importante que todos los estamentos, los equipos de trabajo y las personas estén informadas de los avances que ha tenido la universidad en estos últimos cuatro años. Que conozcan en detalle lo que ha hecho su área, que reconozcan su propio trabajo en este avance y, a veces, tener una mirada de conjunto de lo que la universidad ha logrado y en lo que se ha ido transformando”, afirmó. Hernández también explicó que el aseguramiento de la calidad debe abarcar las distintas funciones de la institución, desde la docencia y la gestión administrativa y financiera hasta los mecanismos de seguimiento y mejora implementados por las unidades. En ese sentido, la autoevaluación considera los resultados de estos mecanismos y su contribución al cumplimiento de los objetivos institucionales.

La Universidad Viña del Mar entregó su informe de autoevaluación a la Comisión Nacional de Acreditación y comenzó una nueva etapa de trabajo con su comunidad. El proceso considera avances en formación académica, gestión institucional, aseguramiento de la calidad y vinculación con el medio. Paralelamente, la institución prepara su planificación estratégica para el período 2027-2031. Formación académica y actualización de las carreras

La formación de los estudiantes constituye uno de los ejes del proceso. En este ámbito, la universidad ha revisado los avances relacionados con sus planes y programas de estudio, el desarrollo del cuerpo académico, la flexibilidad curricular y la formación en línea, considerando las necesidades del entorno y los requerimientos del mundo laboral. La vicerrectora académica, Dra. Paulina Zamorano Varea, señaló que el trabajo realizado busca fortalecer la formación profesional y mantener el foco institucional en la inclusión y las particularidades de la Región de Valparaíso. “Lo que hemos buscado durante estos años es ofrecer a nuestro estudiantado una formación de calidad, con énfasis en la inclusión y la flexibilidad curricular, incorporando atributos que faciliten su incorporación al mundo laboral y manteniendo el sello de una universidad con foco en la inclusión y en lo regional”, indicó. La autoridad también destacó el desarrollo de la formación en línea y el fortalecimiento del cuerpo académico como parte de los avances institucionales. Ambos aspectos se relacionan con el desafío de responder a las transformaciones de la educación superior y fortalecer la calidad de los procesos formativos.

Vinculación con las comunidades

La vinculación con el territorio, la inclusión, la convivencia, la equidad de género y la diversidad también forman parte de los ámbitos abordados por la universidad en el desarrollo de sus políticas y acciones institucionales. El trabajo en estas materias involucra a distintas unidades y actores de la comunidad universitaria, con el propósito de integrar estos aspectos en su quehacer. En materia de vinculación con el medio, el trabajo se expresa en iniciativas que relacionan la formación universitaria con necesidades concretas de la población. A través de su Centro de Prácticas (CEPS), la UVM desarrolla prestaciones y actividades de atención jurídica, psicológica y social, además de operativos territoriales y proyectos con comunidades de la Región de Valparaíso. Entre las iniciativas mencionadas por la institución se encuentran, por ejemplo, el programa AURA, orientado a personas afectadas por el incendio de Viña del Mar, y el proyecto CEPS Conectando Territorios, que contempla acciones en el archipiélago de Juan Fernández. Estas experiencias permiten vincular el trabajo académico con las necesidades de sectores que requieren apoyo profesional y fortalecer la relación entre la universidad y su entorno. La vicerrectora de Vinculación y Desarrollo, Francisca Huber Vio,

destacó que la participación de los estudiantes es parte central de este trabajo. “Ahora viene una etapa de socializar, transmitir y mostrar los avances que hemos desarrollado desde el proceso anterior. Los estudiantes son parte importante de este proceso, porque todo lo que hacemos en vinculación con el medio está pensado también para ellos”, afirmó. La vinculación con el territorio también se relaciona con el carácter regional de la institución. Según los antecedentes presentados durante la socialización del informe, la universidad ha desarrollado actividades en distintas comunas y ha reforzado su relación con las comunidades, junto con registrar una mejora en el porcentaje de retención de sus estudiantes.

Una hoja de ruta para 2027-2031

Mientras avanza el proceso de acreditación, la UVM inició la elaboración de su Plan de Desarrollo Estratégico (PDE) 2027-2031, denominado “Nuevos Horizontes – UVM sin límites”. La iniciativa busca establecer las prioridades institucionales para los próximos cinco años, dando continuidad al plan anterior e incorporando oportunidades de mejora identificadas durante su implementación. Entre los ámbitos preliminares considerados para esta nueva planificación se encuentran la comunidad universitaria, la identidad institucional, la pertinencia de la oferta académica, la calidad y complejización académica, el impacto territorial y la sostenibilidad. Durante el lanzamiento de la iniciativa, el rector Carlos Isaac Pályi subrayó la importancia de que el nuevo plan se construya con la participación de los distintos estamentos. “Esa es la invitación. A que haya un aporte de cada uno de ustedes, de sus equipos, para poder mirar cómo visualizamos a la universidad de aquí hacia adelante”, expresó. La acreditación institucional y la planificación estratégica constituyen, de esta forma, dos procesos relacionados. Mientras la autoevaluación permite examinar los resultados del período y revisar los mecanismos de aseguramiento de la calidad, la planificación busca traducir ese diagnóstico en objetivos y acciones para los próximos años. El desafío será sostener los avances, abordar las brechas identificadas y fortalecer la capacidad institucional para evaluar sus resultados. La formación académica, la gestión institucional, el aseguramiento de la calidad y la vinculación con el medio constituyen los ámbitos centrales del proceso de acreditación, en una etapa en que la universidad también busca definir las prioridades que orientarán su desarrollo hasta 2031.


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¿Cómo era ser dirigente de Unión La Calera antes de las sociedades anónimas deportivas?

El ex dirigente Arturo Chahuán Issa recuerda aquellos tiempos

Por Ricardo Maturana Otey Fueron los primeros dirigentes, gestores del surgimiento de Unión La Calera en 1954, los que sentaron las bases del amor por el club y lo sostuvieron con mucho ingenio, cariño desinteresado y pasión a veces desenfrenada. Para las nuevas generaciones de hinchas, es difícil imaginarse al fútbol como una actividad que no se movía por dinero, sino por una pasión. Arturo Chahuán Issa, destacado ex dirigente y empresario, ha sido testigo de la historia de Unión La Calera. “Tenía cinco años cuando se formó Deportes La Calera. Me acuerdo de eso”, apunta de entrada, confirmando su condición de conocedor del club, del que ha sido hincha toda su vida. Años después seguiría los pasos de su padre, convirtiéndose en directivo del club e incluso presidente. “Nosotros desde que tenemos uso de conciencia nacimos como hinchas furibundos y pasionales de Unión Calera”, explica, marcando una diferencia con lo que ocurre hoy en el fútbol chileno en general. “Hoy hay mucha gente, que no era del fútbol, y que entra al fútbol por otros motivos. No digo que sean mejores o más malos. El fútbol cambió”. Arturo Chahuán conoce muy bien cómo era ser dirigente y llevar las riendas de un club profesional como Unión La Calera, antes de la mercantilización del fútbol. Su padre, Sabino Chahuán Awad –un destacado y recordado comerciante de la ciudad- fue un activo dirigente, desde la fundación del club, quien fue presidente también en la década del 60,

en la época dorada de Unión La Calera. “Cuando mi padre era dirigente, era muy audaz, porque en ese tiempo no había plata ni de televisión, ni de publicidad, de nada. Solamente importaba la recaudación, la asistencia en los estadios”, recuerda. “Mi papá se concentraba con el plantel, iba al entrenamiento, había mucha convivencia, mucha calidez”, señala, recordando un periodo de grandes jugadores caleranos, como Manuel “Mago” Saavedra, “Pata Bendita” Castro, “Tato” Pérez, Nelson García, y tanto otros. Ese amor por Unión La Calera y su cercanía con el trabajo de su padre como directivo lo hizo asumir como dirigente en un momento muy complicado, no solo de Unión La Calera, sino también del país. En 1978, en plena Dictadura, el club tenía como interventor a Jorge Lafrentz (padre) y el coronel Luis Zúñiga, quienes llamaron a Arturo Chahuán Issa y otros empresarios locales para decirles que, o asumían ellos el club o “bajaban la cortina” de Unión La Calera. “Nos hicimos cargo con una directiva bien amplia. Estaban, entre otros, Manuel Rocha, Nicolás Chahuán, Nazzar Chahuán, Rodolfo Chahuán, Arturo Arancibia, Bichara Chahuán y varios más. Era un tremendo desafío. No teníamos casi nada, pero nos unía un sentimiento muy fuerte por Unión La Calera”, comenta Arturo, quien tuvo la misión –entre otras- de acercar nuevamente a Cemento Melón a Unión La Calera, algo que consiguió.

Ese grupo de dirigentes entendió que había que fortalecer el trabajo de los jugadores propios. “Le dimos mucha importancia a los jugadores de casa. La idea era que, trabajando con las empresas de la zona, pudiéramos llegar a darle desayuno a los niños, tener psicólogo, profesores, es decir, un compromiso social”. Fue todo un proceso de al menos cinco años, donde aparecieron muchos jugadores de la zona, los que fueron siendo muy importantes para el equipo en esos años. Así se llegó a 1984, año en que Unión La Calera logra el anhelado ascenso a Primera División, con un equipo prácticamente formado en casa. En medio de esa campaña, Arturo Chahuán decidió salir de la directiva. “Por temas personales”, aclara, pero volvería a las labores directivas en 1996, cuando el club estaba en Tercera División y nuevamente aproblemado. “Se formó un grupo grande de gente de la zona. Hubo algunas personas que fueron muy importantes en reunir a todos para salvar al club, me refiero a Ramón García, Gerardo Maturana y Octavio Cabrera”, rememora. Eran casi 30 caleranos. “Alexis Chahuán y José García fueron muy importantes”, señala Arturo Chahuán, que formó parte de ese grupo donde también estuvieron Roberto Chahuán, Cecil Jaime, Daniel Cortés, Patricio Jadue, Fernando Toro, José Manuel Belmar, Aldo Orlandini, Remo Betta, Bichara Chahuán, Rodolfo Chahuán, Ignacio Córdoba, Alejandro Carrillo, y muchos más. En ese tiempo, Unión La Calera era una corporación sin fines de lucro, y una o dos veces al año, se realizaba una asamblea general de socios, donde la directiva rendía cuentas y donde los

En 1996, cuando el club estaba en Tercera División, un grupo de caleranos ordenó la casa y devolvió a Unión La Calera al profesionalismo, en un trabajo de cinco años.

socios elegían a las directivas. “Afortunadamente nos tenían mucha confianza y fe”, reflexiona el empresario que, como parte de ese grupo, fue presidente nuevamente del club. Fue una época de mucho ingenio para generar recursos. “Había pasión por el club. Hacíamos una ‘cucha’ para los viajes o para la concentración, porque no había plata. O la colocábamos nosotros, pero lo hacíamos por pasión. Al final, uno sabe que en Calera son más las tristezas que las alegrías, pero cuando tu equipo gana, esa alegría no la comparas con ninguna otra”, explica con emoción.

TRANSFORMACIÓN A S.A. Al volver a Primera B en 2000, ese grupo directivo se mantuvo, nombres más o menos, hasta 2006, fecha en que Unión La Calera y todos los clubes profesionales debían convertirse en sociedades anónimas deportivas para acogerse a la Ley 20.019. La directiva de ese momento, encabezada por Arturo Chahuán, buscó que empresarios de la zona, asumieran el control del club, pero nadie quiso. “Buscamos por todos lados. Hicimos muchas reuniones con las autoridades de la zona”. Entonces, vinieron unos capitalinos a presentar un proyecto, un plan de inversión que involucraba infraestructura también. Ese plan fue propuesto a la asamblea de socios de la época, que votó a favor de la llegada de este grupo vinculado a la Corredora de Bolsa Serrano McAuliffe. Así, luego de la votación y un aplauso cerrado de los asistentes, el club pasó a convertirse en una S.A deportiva profesional. Arturo Chahuán aclara dos hechos, que muchas veces han generado preguntas. El primero, que en esa transformación no hubo una venta. “Nosotros nunca vendimos el club. Lo que hicimos fue acogernos a la ley y a una conversión del club, de una corporación sin fines de lucro a una sociedad anónima deportiva”. La otra aclaración tiene que ver en la gente que se hizo cargo de Unión La Calera. “Era una corredora de bolsa muy prestigiosa. Nunca nadie puso en duda nada. Además, en un principio ellos cumplieron con todo lo propuesto. Pero la bolita de cristal nadie la tiene para

Tres generaciones ligadas a Unión La Calera. Sabino, el patriarca, Arturo Chahuán Manzur, y Arturo Chahuán Issa, en una imagen en el antiguo estadio municipal.

imaginar lo que pasó luego”. Y lo que pasó fue que luego de tres años, esas personas que llegaron a controlar Unión La Calera, terminaron en la cárcel por apropiación indebida de $12 millones de acciones de sus clientes en la corredora. Tomás Serrano, Jorge Fuenzalida y Luis Núñez, todos estuvieron tras las rejas. En agosto de 2015, el club es vendido al grupo argentino liderado por los hermanos Pini y Christian Bragarnik, que inauguraron una nueva forma de dirigir a Unión La Calera. Al alero de los actuales administradores, el club cementero deportivamente alcanzó cosas importantes como clasificar a torneos internacionales y tener planteles de lujo hace unos años. Pero el costo fue muy alto. Se alejaron de la ciudad, se instalaron en Mantagua y Concón, cambiaron la insignia y perdieron cualquier arraigo con el hincha. Comparar la actual administra-

ción de Unión La Calera con cómo era antes, es imposible. Ya el hecho de que mes a mes recibe casi 300 millones de pesos, es decir, 3.500 millones de pesos al año, no resiste comparación con épocas donde la austeridad y pobreza eran la tónica. “Hay cosas que esta sociedad anónima ha hecho mal. Ha perdido el arraigo. Falta darles más importancia a los jóvenes de la zona, a la responsabilidad social también. Es delicado el fútbol porque no se puede jugar con el cariño y la pasión de los hinchas por su club”, aclara Arturo Chahuán. “Ellos (los actuales dueños) son profesionales del fútbol, viven de esto, lo nuestro era más la pasión. Y mantengo esa pasión. Cuando voy al estadio a ver a Unión La Calera quiero que el equipo gane, que la pelotita entre al arco rival. Uno nace con esto y la pasión por Unión La Calera seguirá hasta la muerte”, puntualiza el ex dirigente cementero.

Junto a Harold Mayne Nicholls, fue parte de su directorio en la ANFP, y entre otras misiones, fue a Rosario, a asegurar la llegada de Marcelo Bielsa, el primer paso para que Chile volviera en 2010 a un Mundial.


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Mauro von Siebenthal y la denominación de origen para vinos desalcoholizados: "Es una pérdida de prestigio enorme y un autogol" El vicepresidente de la Asociación Viñateros de Aconcagua, explica cómo este decreto podría dañar la producción de vinos no solo de la región, sino que del país Por Juan José Núñez Brantes El pasado 14 de julio del 2026, el Ministerio de Agricultura publicó la creación del Decreto N°4 que modifica la legislación vigente en materia de zonificación vitícola. Una reforma que podría haber pasado completamente desapercibida, pues no tuvo gran difusión en la prensa ni en el gremio. Sin embargo, la situación ha generado ruino entre los productores y asociaciones de viñateros, tanto de la Región de Valparaíso como del país, pues advierten que la importante modificación no tuvo mayor consulta. Pero, ¿cuál es este cambio? Se trata de la incorporación del vino desalcoholizado y parcialmente desalcoholizado entre aquellos especiales a los que sí pueden aplicarse las reglas de Denominación de Origen (D.O.), que estipula y garantiza que la bebida alcohólica originaria de la uva proviene de una zona geográfica específica de Chile y que, además, cumple con normas estrictas de cultivo, cosecha y elaboración. ALARMA ENTRE LAS VIÑAS Mauro von Siebenthal es un abogado suizo que visitó Chile y se enamoró perdidamente del valle del Aconcagua. Soñaba con producir vinos y tras investigar, eligió Panquehue para hacerlo su nuevo hogar. Como es muy ejecutivo, ya en 1998 concretaba su deseo: la viña Von Siebenthal, en la provincia de San Felipe. Actualmente es vicepresi-

dente de la Asociación Viñateros de Aconcagua, y como buen abogado, alza la voz sobre la posibilidad de que estas dos categorías puedan utilizar la D.O. y terminen dañando el importante prestigio que Chile ha construido en el mercado vinícola del extranjero. En 2025, los vinos con D.O. representaron el 78% del valor total de las exportaciones de esta bebida alcohólica. -¿Cómo afecta este decreto a la producción de vinos de nuestra región y Chile? “Chile presenta diversidad de lugares, clima, suelo, técnica de cultivo de la viña, y esa diversidad es una riqueza. Pero esa riqueza puede verse debilitada si permitimos que vino parcial o totalmente desalcoholizado entren en la D.O. Porque para sacarle todo o la mitad del alcohol a un vino, hay que dividirlo y luego recomponerlo,

mediante un proceso industrial muy invasivo y agresivo. Es una cosa que rompe las relaciones con el lugar. Si en Aconcagua el clima te da vino de 14 grados, el hecho de luego presentarlo totalmente desalcoholizado, significa que esos 0 grados no reflejan la realidad de esa denominación”. -¿Por qué considera que permitir el uso de la D.O. en vinos desalcoholizados podría perjudicar la imagen país? “Los viñateros estamos muy preocupados precisamente porque esto es como un retroceso de 30 años respecto a todos los esfuerzos que hizo la industria para levantar el perfil del vino chileno. Entonces, es un problema de imagen país también. No podemos permitir que denominaciones que tienen un prestigio, figuren presentes en una etiqueta de vino desalcoholizado. Es una pérdida de prestigio enorme y un autogol, en mi opinión, dramático”. -Para aclarar, ¿ustedes no están en contra de que se produzca este vino desalcoholizado? “La ley chilena desde muchos años ha estableci-

Viña Von Siebenthal • Dirección: Calle O'Higgins s/n, Panquehue, Valparaíso. • Teléfono de contacto: +56 34 259 1827 / +56 9 9459 6173. • Correo electrónico: latorre.soledad@gmail. com (para reservas de tours). • Horario de atención: Lunes a viernes de 9 a 18, y sábado y domingo de 10 a 16, previa reserva.

do que es posible producir vinos desalcoholizados. De eso no hay mucho que decir, pero que después entren en una denominación, es eso a lo que nos oponemos. Ahora, si tú me preguntas a mí como como productor si veo un futuro esplendoroso para esos productos, yo no creo. El vino se presta mal para ser una base de bebidas analcohólicas, que tienen una industria suficientemente amplia para no necesariamente tener que utilizarlo. Sumado a que el consumo per cápita de vino bajó 10 veces. Si uno va a ver cuánto vino se tomaban los argentinos 50 años atrás, o lo italianos, o franceses 50 años atrás, los números eran increíbles. Entonces, dentro de menos consumo, pero de más calidad, ¿qué espacio puede tener el vino desalcoholizado? Muy poco". -Entonces, ¿qué tamaño tiene el mercado de este vino sin alcohol como para siquiera justificar su espacio en el decreto? “En Chile de cada mil botellas vendidas, dos son de vino desalcoholizado. No dos de 100, que ya sería poco, dos de mil. Y a nivel mundial esa cifra nos supera el 1%. Entonces, estamos poniendo en riesgo estamos poniendo en riesgo el 99% de los vinos por un 1%, ¿tiene sentido eso? No lo tiene. Y más allá del hecho que los más grandes expertos de la Organización Internacional de la Viña, dicen que los vinos desalcoholizados rompen la relación que hay entre el lugar, el vino original, y lo que encuentras en la botella después de haberle quitado el alcohol. No es una opinión mía, es algo de quién conoce la técnica de vinificación y de desalcoholización, personas que la tienen muy clara.

Como vicepresidente de la Asociación Viñateros de Aconcagua, el también fundador de la Viña von Siebenthal en Panquehue llama a cuidar el patrimonio vitivinícola extraordinario del país.

Con 28 años como productor de vinos en Chile, Mauro von Siebenthal suscribe incluso que la etiqueta de aquellos analcohólicos debería advertir al consumidor el proceso industrial que lleva detrás.

Entonces no es muy difícil decir lo contrario, cuando los expertos mundiales te dicen que es otro producto”. -¿Y se conversó con ustedes, los productores, mientras se redactaba este decreto? ¿O siquiera una vez publicado? “Ni la prensa se enteró, inclusive colegas de viñas muy prestigiosas no estaban al tanto de esto. Sucede que el decreto empezó a trabajarse a nivel institucional en el año 2021. Hay que decir que ahí sí se hizo una consulta, pero durante diciembre entre Navidad y Año Nuevo, cuando nadie está pendiente de esas cosas. Entonces todos se olvidaron de ese tema. Cinco años después, apareció publicado y salté como como un resorte. Porque a pesar de que contiene algo bueno como instituir como D.O. el Secano Interior en el sur, favoreciendo a muchas comunas, esa parte noble viene acompañada de que los vinos desalcoholizados puedan ser parte de la denominación de origen. Es muy curiosa la construcción de esto”. -¿Y en el extranjero ha habido casos similares? “En Italia, de las más de 500 D.O, no hay ninguna que acepte esto. Está absolutamente prohibido desalcoholizar total o parcialmente vinos dentro de las denominaciones. Si lo haces, la pierdes automáticamente. En Fran-

cia, en tanto hay unas tres o cuatro, bastante periféricas, que admiten parcialmente el sin alcohol. Las demás le cierran la puerta totalmente”. -Y en lo local, ¿qué consecuencia puede tener para los productores de la Región de Valparaíso? “La paradoja es que el decreto va a debilitar todos los vinos de Chile, porque no hay no hay ni una viña que no tenga un vino con una denominación de origen ni uno premium. Entonces, por eso yo hablo de autogol, que para permitir a una fracción del mercado de utilizar la D.O., vamos a perjudicar la gran mayoría”. -Finalmente, ¿cuáles son los pasos a seguir ahora? “Aparte de los viñateros de Aconcagua, todas las semanas se suman a esta petición viñas de todo el país. Entonces, hay dos caminos. El judicial, donde la demanda está depositada y va a seguir su propio su propio camino. Y el camino político, de sensibilización de tomar conciencia sobre la problemática, para abrir el debate. Entonces, yo siempre hago la invitación a todas las viñas que se preocupan de estos temas a contactarme, para ponernos de acuerdo con el principio de que los vinos desalcoholizados tienen que estar en otra categoría y jugar en otro equipo”.


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PAULO SOLARI, RECTOR DEL CFT PUCV:

“La educación técnico profesional es una oportunidad real de transformación de los proyectos de vida” En esta entrevista, el Rector Paulo Solari Alliende aborda los principales desafíos de la educación superior técnico profesional, destacando su rol estratégico en la formación de capital humano, la empleabilidad y la movilidad social. ¿Cuál es el aporte del CFT PUCV a la movilidad social en la Región de Valparaíso? Somos el Centro de Formación Técnica más grande de la región de Valparaíso, tenemos más de 8.400 estudiantes y hemos iniciado el proceso de admisión para el 2027. Nuestros estudiantes pertenecen a familias de mucho esfuerzo, prácticamente el 70% son la primera persona en sus grupos familiares que acceden a la educación superior. También, casi un 70% son mujeres, jefas de hogar y madres que tienen que compatibilizar sus estudios, con el trabajo y el cuidado para sacar adelante a sus familias. Las últimas generaciones que ingresaron al CFT PUCV pertenecen a los primeros

cinco deciles. Pues bien, cuando nuestros estudiantes avanzan en sus planes de estudio, logran titularse y finalmente, dentro de plazos acotados se insertan laboralmente, se produce una movilidad en términos de esta caracterización socioeconómica y se incorporan en los deciles superiores. Para esas personas estudiar en una institución como el CFT PUCV es una oportunidad real y concreta de transformación de sus proyectos de vida. Frente a los desafíos de empleabilidad que enfrenta la región, ¿Qué cambios requiere la formación técnico profesional para responder a las nuevas necesidades del mercado laboral? Desafíos de la región Somos una región muy extensa, tenemos que enfrentar el tema de la crisis energética, la escasez hídrica y múltiples desafíos, por lo tanto, instituciones como la nuestra tienen que tener una oferta suficientemente amplia, con progra-

mas de corta duración, que otorguen certificaciones, que sean habilitantes laboralmente, y que podamos impartirlos no solamente en jornadas diurnas, sino que también en vespertina, o en formatos a distancia. De esta manera, nuestros programas son una respuesta pertinente a las necesidades y oportunidades del mundo laboral. En el marco de la discusión del proyecto de la Ley de Presupuestos 2027 ¿cuál es su visión respecto a las brechas de financiamiento para la educación superior técnico profesional? Me parece que se plantea una propuesta que nos deja tranquilos en términos de que no hay una reducción significativa de las transferencias asociadas a la política pública de gratuidad. En ese sentido, nuestros estudiantes que hoy tienen gratuidad van a seguir accediendo a ese financiamiento. Pero también hay algunas cuestiones que nos inquietan. El presupuesto mantiene la

Paulo Solari, Rector del CFT PUCV.

brecha de financiamiento entre el subsistema universitario y el técnico profesional, que a nosotros nos parece que necesariamente se tiene que revisar. Hoy en día las instituciones del subsistema técnico profesional, no tenemos solamente que enfrentar el desafío de la formación de personas y la habilitación en términos

laborales, sino que también tenemos que desarrollar actividades en términos de innovación, emprendimiento, transferencia tecnológica y vinculación con el medio. Para eso, históricamente, el subsistema técnico profesional no ha recibido recursos en las cantidades mínimas razonables para poder enfrentar ese desafío, como sí ocurre en el mundo universitario. Esto no es una crítica al mundo universitario, es una observación de la realidad del sistema de educación superior chileno, donde también hay que considerar el fenómeno de la pirámide invertida, el cual plantea que hay sobreabundancia de profesionales universitarios y todavía existe mucha escasez de técnicos. ¿Qué se necesita para avanzar hacia un sistema de educación superior más equilibrado? Desde la política pública, se deberían incentivar fondos concursables que promuevan consorcios entre universidades e instituciones técnico profesionales.

Nosotros somos parte de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y hemos desarrollado en los últimos años una relación de colaboración y articulación muy virtuosa. Un ejemplo de aquello es lo que estamos haciendo en materia de minería, en virtud de un convenio con el Centro de Minería de la universidad. Tenemos una sede en La Ligua con instalaciones en Cabildo, donde se imparte la carrera TNS en Operaciones Mineras, con un enfoque hacia la pequeña y mediana minería de esa parte de la región. Si desde la política pública, el Gobierno Regional o distintas agencias público-privadas recibiéramos rec ursos para poder hacer investigación, desarrollar y transferir el conocimiento; el aporte de nuestras instituciones podría ser notable. Entonces, la respuesta yo creo que es bastante evidente: Entendemos la realidad del país, pero esperamos acercarnos a una respuesta que sea coherente al diagnóstico.

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Capilla Los Perales: los hitos de un templo centenario con alma de catedral El histórico recinto religioso de Quilpué resurgió tras una profunda restauración que permitió rescatar el legado de los Padres Franceses Por Francisco Bonifaz Reyes La Capilla Los Perales de Quilpué se mantiene hoy como un testimonio del siglo XIX en Chile, donde convergen la fe, el paisaje rural y la arquitectura. Lo que comenzó a mediados de aquella centuria como el refugio espiritual de la Congregación de los Sagrados Corazones, conocidos como los Padres Franceses, es actualmente el único Monumento Nacional de carácter religioso de la comuna. La historia del Fundo Los Perales combina la contemplación con el trabajo de la tierra. En este rincón de Marga Marga, los Padres Franceses desarrollaron durante décadas la formación de sus religiosos junto con labores agrícolas y una reconocida producción de vinos. Las raíces de este enclave se remontan a 1859, cuando se levantaron las primeras edificaciones de la Casa de Formación. Entre ellas destacaba una primitiva capilla de un piso, cuya considerable altura y elevados ventanales sobresalían entre los campos circundantes. El gran cambio ocurrió hacia fines del siglo XIX. En

1890, Los Perales se consolidó como Casa de Formación de la congregación y, una década después, un nuevo templo de estilo neorrománico se levantó a un costado del convento. Construida sobre una sólida base de ladrillo, con robustas vigas de roble y cimientos de piedra caliza, la actual Capilla Los Perales nació con dimensiones poco habituales para una construcción religiosa rural. Su escala y ornamentación evocaban más a una gran iglesia urbana que a una capilla de campo. Fueron necesarios ocho años de trabajo para levantar su nave central, compuesta por sobrias columnas y arcos de medio punto, en una obra liderada por el sacerdote Sebastián Solery. También requirieron una extensa labor la pintura del gran mural que corona su techo y la confección de los 16 altares que originalmente la adornaban. Su culminación llegó el 18 de septiembre de 1900, cuando fue inaugurada solemnemente ante la presencia del Presidente de la República, Federico Errázuriz Echaurren.

El techo posee una riqueza artística muy poco conocida por la comunidad.

DE ESTAR CASI EN EL SUELO AL RENACIMIENTO El conjunto arquitectónico funcionó de manera ininterrumpida hasta 1965, cuando un violento terremoto destruyó el convento aledaño y provocó graves daños en la estructura de la capilla. Aquello obligó a un prolongado cierre y marcó uno de los periodos más difíciles de su historia. Su valor patrimonial llevó a que en 2008 el Ministerio de Educación la declarara Monumento Histórico, estableciendo un área protegida de 1.511,57 metros cuadrados. Sin embargo, la naturaleza volvió a golpear. El terremoto del 27 de febrero de 2010 agravó sus daños estructurales y convirtió en urgente una intervención de mayor profundidad. En 2012, el Programa Puesta en Valor del Patrimonio, a través del Ministerio de

Un antes y un después tras los trabajos de restauración y reparación del histórico templo.

Obras Públicas y la Subsecretaría de Desarrollo Regional, destinó 505 millones de pesos para su restauración. El proceso se desarrolló a partir de un proyecto impulsado por el municipio de Quilpué junto al Obispado de Valparaíso y el párroco de la

Domenico Albasini y el rescate de la arquitectura religiosa El arquitecto y consultor en restauración Domenico Albasini Santander, fundador de MJA Arquitectura y Construcción, ha desarrollado parte de su trayectoria en proyectos donde la ingeniería antisísmica contemporánea se combina con la conservación del patrimonio histórico religioso. Su trabajo apunta a incorporar soluciones constructivas que permitan extender la vida útil de los edificios sin alterar sus características fundamentales. Dentro de esa trayectoria lideró el proyecto de restauración de la Capilla Los Perales. También estuvo a cargo de los trabajos realizados en la Capilla San Agustín de Punta de Choros, sumando experiencia en la recuperación de infraestructura religiosa y Monumentos Históricos.

La comunidad religiosa ha podido recuperar este valioso espacio de fe y patrimonio.

época. La iniciativa contó además con el respaldo del entonces alcalde Mauricio Viñambres, quien firmó un convenio con el Gobierno Regional para iniciar el proceso administrativo y concretar la entrega de los recursos. El desafío técnico fue considerable. El arquitecto Domenico Albasini lideró la restauración bajo criterios orientados a conservar la esencia del templo y fortalecer su estructura sin alterar sus principales características patrimoniales. Entre las intervenciones estuvo el reforzamiento de la estructura general de cal y canto. También se ejecutó un nuevo radier, sobre el cual se instaló un piso de madera de pino oregón que respetó la apariencia original del espacio.

El cielo del templo fue sometido a un cuidadoso proceso de recuperación, durante el cual especialistas restauraron las pinturas y frescos que lo cubren. Asimismo, se reconstruyeron los vitrales de los ventanales superiores. La intervención también alcanzó el exterior, donde cerca de 500 metros del entorno rural fueron recuperados mediante una plazoleta, áreas verdes y senderos peatonales. Así, la Capilla Los Perales dejó atrás décadas marcadas por los daños de los terremotos y volvió a convertirse en un espacio recuperado para la comunidad, donde la arquitectura histórica y las soluciones contemporáneas se combinan para preservar uno de los principales patrimonios religiosos de Quilpué.

Los años de luz y sombras de la capilla Los Perales - 1859: Se levantan las primeras edificaciones y la capilla originaria, caracterizada por sus elevados ventanales. - 1890: El recinto se consolida como Casa de Formación de los Padres Franceses. - 1900: Es inaugurado el actual templo neorrománico, con la presencia del Presidente Federico Errázuriz Echaurren. - 1965: Un terremoto destruye el convento y obliga al cierre de la capilla. - 2008: Es declarada Monumento Histórico Nacional, en un proceso encabezado por la arquitecta Mariana Torrealba, quedando protegida una superficie de 1.511,57 metros cuadrados. - 2012: Comienza el proceso de restauración patrimonial, con una inversión de 505 millones de pesos.


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Las múltiples caras y escenarios del histórico grupo Zenith Hernán Pizarro fue uno de los integrantes de la banda. A través de sus recuerdos reconstruye sus orígenes, las distintas etapas que atravesó y la huella que dejó en Quillota y otros puntos de la región Por Natalia Morales Aguilar El pasado 21 de septiembre se habrían cumplido 50 años desde el nacimiento del grupo Zenith. Sin embargo, no hubo celebración. Para sus integrantes, la historia de la agrupación terminó con la muerte de su líder, José “Checho” Pizarro. Así lo decidieron quienes formaron parte del conjunto, entre ellos Hernán Pizarro, hermano menor del músico. Hablar de Zenith es también recordar parte de la vida social que tuvo Quillota décadas atrás. La banda pasó por locales comerciales, clubes deportivos, sedes vecinales, matrimonios y fondas dieciocheras. Sus presentaciones no se limitaron a la ciudad, sino que también llegaron a otros puntos de la región, como Valparaíso y Zapallar. La historia comenzó en un festival de música realizado en 1976 en el entonces Liceo de Hombres, actual Liceo Santiago Escuti Orrego. Allí participó un grupo de estudiantes de Segundo Medio aficionados a tocar guitarra. Entre ellos estaban José “Checho” Pizarro, Guillermo “Güilo” Fredes, Jorge Tobar, Patricio Araya y Luis Arancibia. Después de presentarse ante el público, “Checho” se propuso formar una banda y ganarse la vida con la música. Su hermano Hernán recuerda bien aquella etapa. “Ellos tuvieron la inquietud de armar un grupo, pero más comercial. Incluso por eso ‘Checho’ quedó repitiendo en Tercero Medio, porque se dedicó de lleno a aprender a

tocar instrumentos. Primero aprendió batería y después pasó a segunda guitarra”. Más tarde se sumaron los hermanos quillotanos Leonardo y Luis Herrera. Con ellos, comenzaron a ensayar diariamente en la casa de Waldo Barahona, también alumno del Liceo de Hombres, quien vivía en el paradero 12 de La Cruz y ocasionalmente cantaba. El repertorio se concentraba entonces en canciones de Viking 5. Jorge Tobar ocupaba la primera guitarra y “Checho” la segunda, aunque después este último pasó al bajo y Guillermo Fredes asumió como segunda guitarra. Tras egresar del colegio, Zenith comenzó a animar espectáculos bailables en poblaciones de las afueras de Quillota. La formación original se mantuvo durante unos seis años, hasta que algunos integrantes tomaron otros caminos musicales. UNA BANDA QUE RECORRIÓ LA ZONA Entre 1979 y 1980, Zenith comenzó a presentarse de manera estable en distintos locales. Durante años pasó por espacios quillotanos como “Degli Italiani”, la tanguería “Inspiración”, el Club Unión Árabe, “For Capreca”, “La Florida” -en Boco- y “La Papa” -en San Pedro-. También actuó en la “Bodega Calerana”. El Sindicato de Pescadores de Horcón los contrató para tocar los fines de semana

durante los veranos de 1980, 1981 y 1982. En la tanguería “Inspiración”, ubicada en calle Blanco, permanecieron tres años consecutivos. A mediados de la década también llegaron hasta Cachagua, donde actuaron en 1984 y 1985. En ese periodo, el vocalista era Sergio González, conocido como “El Charola”. Precisamente allí ocurrió una de las anécdotas más recordadas del grupo. El terremoto de 1985 sorprendió a sus integrantes mientras se preparaban para tocar durante el último fin de semana de aquella temporada de verano. Era domingo 3 de marzo y Zenith acomodaba sus instrumentos antes de una presentación prevista para cerca de las ocho y media de la noche. “Estaban alistando los equipos cuando empezó el terremoto y mi hermano decía que el mar comenzó a sonar muy fuerte. Sonaban las rocas con las olas. Se asustaron y empezaron a agarrar los equipos, pero no sabían para dónde arrancar. Decidieron alejarse del mar y se acercaron a un bus que los iba a llevar a La Ligua”, relata Hernán. En medio de la confusión apareció un carabinero amigo de la familia. “Los vio, los bajó de la micro y los subió a la patrulla policial. El carabinero los vino a dejar al puente Concón y les dijo: ‘Pasen despacito’. Pero todos arrancaron corriendo, porque el puente se podía caer. Lograron llegar a Quillota y volver a salvo”. DISTINTAS ETAPAS Y NUEVOS INTEGRANTES Tiempo después, Zenith retomó sus presentaciones estables en la tanguería “Inspiración”. Fue entonces cuando Hernán Pizarro se incorporó formalmente al conjunto. Tenía 21 años y co-

De izquierda a derecha. Arriba: José "Checho", Pizarro; Luciano Álvarez; Sergio Pérez; Mauricio Arancibia y Hernán Pizarro. Abajo: Mauricio Pérez y Mauricio Pizarro.

De izquierda a derecha. Arriba: Fernando Santana; Jaime Calderón; Manuel Valdebenito y Jorge Chacana. Abajo: José "Checho" Pizarro y Manuel Iturrieta

menzó tocando la tumbadora y el güiro, aunque en algunas ocasiones también cantaba. “Después, en el 87 y 88, nosotros salimos de ahí por una discusión entre integrantes. Mi hermano armó Zenith por otro lado. Salió el cantante Luis Herrera y muchos otros. Zenith siguió tocando en el Club Unión Árabe y siempre el jefe fue ‘Checho’ Pizarro, mi hermano, hasta que murió”, recuerda. Hubo también una etapa en que las presentaciones se trasladaron con fuerza a villas y poblaciones de Quillota. Zenith, por ejemplo, participó en las actividades previas a la inauguración de la Villa Sol de Julio, en San Pedro. “Participamos en una ramada con Patricio Amaro, ‘Las Periquitas’ y el locutor Juan Guillermo Méndez”, recuerda Hernán. Después de compartir unas cinco o seis ramadas con “Las Periquitas”, el grupo volvió a presentarse de manera estable, esta vez durante cerca de tres años en la “Bodega Calerana”. “Siempre hubo dónde tocar. También estuvimos en todos los clubes deportivos, sobre todo los de la Asocia-

ción Agrícola de Quillota. Una semana aquí, otra allá. Todo el mes estábamos tocando. Siempre pedían a Zenith porque los integrantes eran puros cabros. La gente quería músicos jóvenes”, asegura. Con el tiempo, los escenarios siguieron ampliándose. “En el último periodo empezamos a salir a Cabildo para hacer reemplazos. También íbamos al Casino de la Armada en Valparaíso y al local ‘Oasis’ de Villa Alemana. Ahí tocamos de forma estable como por tres años, en invierno y verano, con o sin lluvia”. Zenith también fue invitado a la inauguración de la primera ramada realizada en la Escuela de Caballería de Quillota. UNA ESCUELA PARA MÚSICOS Más allá de su popularidad y de mantenerse activa durante años, quienes pasaron por Zenith recuerdan también a la banda como un espacio donde muchos aprendieron a hacer música. “Muchos pasaron por la banda y llegaron sin saber nada. Yo, sobre todo, porque no tenía idea y nunca fui de música. Pero aprendí ahí. Lle-

gaban músicos que tocaban muy poquito y mi hermano les enseñaba a los tecladistas tecla por tecla. Él aprendió muy bien lo que es la métrica de la música”, cuenta Hernán. Esa constante renovación explica las diferentes formaciones que tuvo Zenith durante su existencia. “Del grupo Zenith hay varias versiones. Tuvo distintas caras, varios integrantes, pero siempre se nombran los que estuvieron más años”, explica. Con el tiempo, la salud de “Checho” comenzó a deteriorarse. Aunque ya no tenía la misma fuerza para dirigir al conjunto, para Hernán siguió siendo su referente. “‘Checho’ empezó a decaer en su salud, pero igual seguía con nosotros. Después ya no tenía la fuerza para dirigir un grupo, pero para mí seguía siendo nuestro jefe”. Su fallecimiento, en julio de este año, marcó definitivamente el final de la agrupación. Durante toda su vida, José “Checho” Pizarro se dedicó a la música y a Zenith. Por eso, su hermano resume el cierre de aquella historia con una frase sencilla: “Murió ‘Checho’ y con él murió Zenith también”.

De izquierda a derecha: Hernán Pizarro; Sergio Pérez; Luciano Álvarez; Hernán Escar y José "Checho" Pizarro.


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Cuando toca empezar de nuevo: el camino que llevó a Rossana y Rafael a abrir su tienda de café Antes de crear Sar Coffee vendieron juguetes, productos de aseo y huevos. Llegaron a este proyecto mucho después, tras años de probar caminos, equivocarse e insistir una vez más Por Gabriel Abarca Armijo El aroma a café se siente en el aire. Estamos junto a Rossana Reinoso Palacios y Rafael Andaur Astudillo, creadores de la tienda Sar Coffee, ubicada en calle Buenos Aires 943-A, en pleno centro de Villa Alemana. Conversamos mientras tomamos un Catuai Amarillo lavado de Honduras, con notas de chocolate y dulce de panela. Su historia podría parecer sencilla, pero esconde una serie de cambios y aventuras dignas de ser contadas. Y es que, antes de llegar a este mundo, nunca imaginaron que el café sería una parte fundamental en sus vidas. Es más, Rafael reconoce que incluso, en el pasado, “lo odiaba”. Pero las vueltas de la vida fueron poniendo las piezas en su lugar y hoy, luego de varios emprendimientos de diferente tipo, sienten que están en el sitio correcto. Por lo tanto, vibran con cada proyecto que inician. QUEMANDO ETAPAS Antes de llegar al café, Rossana trabajaba en una panadería de Quilpué y Rafael pasó por distintos empleos en el retail. Más tarde decidieron emprender juntos y abrieron un bazar frente a la antigua Municipalidad de Quilpué. Allí vendían confites y juguetes, además de ofrecer fotocopias, mientras Sebastián, su hijo, crecía entre el negocio y sus padres. Pero en 2013 las cuentas dejaron de cerrar y, antes de endeudarse, prefirieron bajar la cortina y volver a trabajar como empleados. De aquel primer intento les quedó una precaución que todavía los acompaña. Cada vez que emprenden algo también piensan qué harán si no resulta. “No es pensar negativo, pero es: ¿qué pasa si esta cosa no funciona?”, explica Rafael. Una alternativa apareció entre 2016 y 2017, cuando invirtieron $50.000 en productos de limpieza para abastecer un condominio. Compraban, cobraban y reinvertían. Sin embargo, “esos 50 mil pesos después se transformaron en 70 mil, después en 90 mil y

así”, recuerda Rossana. La pandemia hizo crecer el negocio. Un condominio que compraba entre $80.000 y $120.000 llegó a pedir hasta $450.000 y pudieron comprar una camioneta. Aun así, nunca creyeron que ese ritmo duraría. Con el fin de las restricciones aparecieron más proveedores, bajaron los márgenes y algunos condominios recortaron gastos. Mientras ese negocio perdía fuerza, en 2022 una amiga les propuso comprar entre varias personas una caja de huevos de gallinas libres. Sobraron algunos, los ofrecieron a vecinos y comenzaron a recibir pedidos. “Fue como un emprendimiento sin querer”, cuentan. En tres meses llegaron a vender unas 15 cajas y, en una feria gourmet en Peñablanca, agotaron cerca de 120 bandejas. Parecía abrirse otro camino, hasta que la gripe aviar afectó la disponibilidad: podían necesitar 15 cajas y recibir solamente tres. EL CAFÉ QUE NO ESTABAN BUSCANDO Los huevos dejaron de ser una alternativa segura, pero las ferias los acercaron a otra cosa. En una de ellas, Rossana compró una bolsa de café de especialidad a una mujer colombiana. Rafael, que decía que no le gustaba el café, lo probó y cambió de opinión: “Esto sí que es distinto, esto

Uno de los orígenes con los que trabajan es el de Bolivia, aunque también tienen café de Honduras, Brasil y Perú, entre otros.

es café de verdad”. Comenzaron a preguntar por orígenes, cosechas y perfiles, probaron distintos granos y vendieron aquel café colombiano. Más tarde, un cliente pidió café boliviano y la búsqueda del proveedor terminó abriendo la posibilidad de desarrollar una marca propia. La idea les produjo dudas. Rossana estaba acostumbrada a comprar un café de unos $3.500 y ahora debían convencer a alguien de pagar cerca de $12 mil. “Yo decía: ‘Flaca, ¿en qué lío nos metimos? ¿Quién me va a pagar 12 lucas si toda la gente está pagando entre tres y cuatro mil pesos?’”, recuerda Rafael. Los clientes aparecieron y a fines de 2023 nació Sar Coffee, nombre que reunió a Sebastián, los apellidos de ambos y una terminación relacionada con el café. Partieron con lotes de unos cinco kilos y siguieron aprendiendo. “Cada vez que traemos un grano nuevo es como un juguete”, dicen. DE LAS FERIAS A UN LUGAR PROPIO Durante un tiempo las ferias fueron el espacio natural de Sar Coffee. De hecho, en una versión de la Expo Vive Papudo calcularon mercadería para diez días, pero en los primeros tres vendieron cerca de 60 kilos. Sus tostadores estaban de vacaciones y debieron conseguir otro proveedor para completar la feria. Al año siguiente, algunos clientes regresaban preguntando por los granos que habían probado. La dinámica de ferias, de manera itinerante por la región, funcionó hasta que en 2025 los puestos comenzaron a subir de precio y el margen se redujo. Al mismo tiempo, se repetía una pregunta entre quienes les compraban: dónde podían encontrarlos después. Así comenzó a tomar forma la tienda. Un conocido les avisó que dejaría un local en Villa Alemana que ellos ya habían visto. A fines de 2025 iniciaron los trámites y en enero hicieron una marcha blanca, todavía compatibilizando la atención con las ferias en Papudo. En febrero abrieron formalmente y las dudas regresaron casi de inmediato. Villa Alemana estaba prácticamente vacía por las vacaciones y las ventas fueron

Sebastián, Rossana y Rafael en una de las tantas ferias de las cuales han participado.

muy bajas. “Nos miramos y dijimos: ‘¿Habremos tomado una buena decisión?’. Fue horrible ese mes”, recuerda Rafael. Habían firmado por un año y llegaron a pensar que, si no mejoraba, cumplirían el contrato y después verían qué hacer. La diferencia era que esta vez no querían abandonar el café. Marzo cambió el panorama. Llegaron clientes que ya los conocían de las ferias y valoraban tener un lugar permanente. Hoy imaginan que Sar Coffee podría llegar a otras ciudades, aunque sin

apurarse. “Queremos ir creciendo despacio, sin prisa pero sin pausa, sin perder esa identidad”, aseguran. Mientras conversamos, el café de Honduras se termina y la tienda sigue funcionando. Resulta curioso que Rafael alguna vez dijera que no le gustaba el café: hoy sus días transcurren entre granos, preparaciones y clientes. Nada de esto nació de un plan que anticipara dónde terminarían. El bazar, los productos de limpieza, los huevos y las ferias fueron apareciendo y agotándose

en distintos momentos, y cada vez Rossana y Rafael tuvieron que volver a preguntarse qué podían hacer después. El café llegó en medio de una de esas búsquedas y terminó siendo distinto a lo anterior. Por primera vez en mucho tiempo, ya no están pensando cuál será el próximo camino. Quieren quedarse en este, hacer crecer la tienda y descubrir hasta dónde pueden llevarla sin perder la cercanía que construyeron cuando Sar Coffee todavía cabía en unas pocas bolsas sobre una mesa de feria.

Durante un tiempo, la venta de huevos de gallinas libres formó parte de su itinerario.


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CORPORACIÓN

saluda a El Observador en su 56° Aniversario

Con gran entusiasmo, la Corporación Alianza Solidaria Chile se suma a la celebración de un nuevo aniversario de El Observador, medio que durante 56 años ha contribuido al desarrollo y fortalecimiento de la Región de Valparaíso. En esta oportunidad, reafirmamos el inicio de nuestro segundo año de trabajo junto a diversas instituciones, organizaciones y comunidades, con el propósito de generar alianzas que promuevan iniciativas que aporten al bienestar de las personas y al cuidado del entorno. Desde Alianza Solidaria Chile, renovamos nuestro compromiso de seguir construyendo comunidad, fortaleciendo redes y desarrollando acciones que contribuyan a una sociedad más solidaria, participativa y sostenible.

Gracias

El Observador,

Por 56 años de trayectoria y por su compromiso con la Región de Valparaíso.

www.alianzasolidariachile.cl

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Biblioteca Salvador González Ferruz: casi medio siglo fomentando la lectura y construyendo comunidad en Llay Llay Creada en 1978, combina lectura, rescate patrimonial, encuentros de adultos mayores, actividades infantiles y estrategias para atraer a jóvenes a la literatura Por Marisol Valdés Riffo Con tres mil 471 usuarios registrados y alrededor de 300 préstamos mensuales, la Biblioteca Pública Salvador González Ferruz de Llay Llay se ha convertido en mucho más que un lugar para buscar libros. Creada en 1978, hoy combina lectura, rescate patrimonial, encuentros de adultos mayores, actividades infantiles y nuevas estrategias para acercar a los jóvenes a la literatura. La historia de la biblioteca comenzó el 5 de enero de 1978 y en 2028 cumplirá medio siglo de constante modernización. Desde el año 2000, por ejemplo, la integración en red permitió que los usuarios pudieran localizar libros en otras bibliotecas públicas. El recinto mantiene cerca de 300 préstamos mensuales y el último inventario contabilizó 12.356 ejemplares, aunque la actualización de este año aún está siendo revisada. En sus estanterías conviven novelas, literatura infantil, mangas y cómics y textos de autoayuda. “Yo diría que la biblioteca es como un centro cultural, donde tú encuentras información y cultura, pero también cuentas con un espacio en donde puedes compartir con otras personas”, resume Melania Rojas, encargada del recinto. MEMORIA DE LLAY LLAY Una de las labores que mejor refleja ese carácter comunitario es el trabajo realizado junto al programa Memorias del Siglo XX, que

Melania Rojas, encargada de la Biblioteca, junto a Javier Parra Poblete, bisnieto de Luis Cereceda, quien fue primer marido de Violeta Parra.

permite rescatar fotografías y documentos familiares para preservar parte de la historia local. El material sirve para montar exposiciones, especialmente durante el Día del Patrimonio. Este año, por ejemplo, la biblioteca dedicó una muestra a la familia Durán, vinculada a una de las generaciones más antiguas de peluqueros de Llay Llay. La exposición incluyó fotografías y objetos como tijeras y un antiguo sillón. Incluso realizaron un corte de pelo durante la actividad. Hace un tiempo, relata Melania, un bisnieto de Luis Cereceda -el primer marido de Violeta Parra y padre de Ángel e Isabel- llegó a la biblioteca tras conocer una

muestra y contó que conservaba fotografías, discos, trofeos y otros recuerdos de su abuelo. Entre los documentos había una carta que había enviado a su padre durante su permanencia en prisión en 1973. “Nosotros teníamos la idea como que Violeta se llevó a los hijos y ya no tenían contacto. Y a través de la foto y de todo lo que nos mostró este chico, nos dimos cuenta que no, porque no habían perdido contacto con el papá”, relata la encargada del recinto. Las fotografías aportadas por los vecinos son escaneadas y documentadas mediante una ficha para luego ser enviadas al Archivo Nacional. De esta manera, una fotografía familiar puede convertirse también en parte de un archivo destinado a preservar la memoria colectiva. LA LECTURA COMO ENCUENTRO Ese espíritu también está presente en los clubes de lectura para adultos mayores. Uno de ellos, “Las Descarriadas”, nació a partir de una alianza con el programa de adultos mayores y una experiencia de Medicina Narrativa. La propuesta inicial era que los participantes se hicieran socios y llevaran libros a sus casas. La biblioteca planteó una alternativa: reunirse a leer y conversar sobre lo leído. “Es diferente leerlos solos en la casa y no tener con quién comentarlos, que tener un grupo en donde hayan ocho miradas”, explica Melania. “Las Descarriadas” reúne habitualmente entre 17 y 18 mujeres, aunque en invierno la asistencia puede bajar. Por su parte, los hombres también recuperaron su espacio. Dos antiguos integran-

El grupo “Entre varones” cuenta con 11 integrantes que se reúnen para hablar de literatura y otros temas.

El grupo de damas recibió una invitación a Valparaíso por parte del programa Memorias del Siglo XX para conocer los archivos de la "Sociedad Unión y Protección de Obreras".

tes plantearon a Melania que se habían quedado sin club. La respuesta fue formar uno propio. Uno de ellos asumió como mediador y comenzaron con seis participantes. Hoy el grupo “Entre Varones” cuenta con 11 integrantes. Estos clubes también han realizado actividades fuera de la biblioteca, como visitas al museo Arte al Límite, la Viña Sánchez de Loria y los archivos de la Sociedad Unión y Protección de Obreras, en Valparaíso. La lectura, de esta forma, se convierte en una puerta para compartir experiencias que van más allá de las páginas. MANGAS Y CÓMICS PARA LOS JÓVENES Uno de los desafíos más importantes ha sido recuperar la relación con los jóvenes. Melania recuerda que alrededor de 2020 comenzaron a notar que aumentaban las solicitudes de mangas y cómics. La biblioteca tenía algunos ejemplares, pero eran pocos. La primera postulación para ampliar esa colección no resultó. Cuando Melania asumió la dirección en 2024, decidió retomarla. El proyecto incluyó mangas, cómics y estanterías especiales. Esta vez los recursos llegaron y ese mismo año se realizó el lanzamiento, con participación de jóvenes vinculados al cosplay. “Los jóvenes han vuelto así increíblemente por esa literatura”, cuenta. La apuesta, sin embargo, no termina en el manga, ya que para la biblioteca esa lectura puede ser el primer paso hacia otros géneros. “Es un proceso de crecimiento, de madurez, digamos, y ya les van interesando otro tipo de

cosas”, señala Melania. La misma lógica se aplica a los niños. Con el programa Biblio Verano se han realizado cuentacuentos, y en vacaciones de invierno talleres de dibujo de cómics. También existe una caja o mochila viajera que permite a los colegios solicitar entre 20 y 30 libros para que los estudiantes los lean y luego los devuelvan. UN LUGAR PARA COMPARTIR La actividad del recinto tampoco se limita a los clubes de lectura. Allí funciona un grupo de biodanza y se reúne el movimiento de Silo, cuyos integrantes llevan alrededor de 20 años desarrollando actividades en Llay Llay en torno a temas relacionados con el buen vivir, la convivencia y el bienestar. Melania recuerda un taller de música que terminó con una actividad de sonoterapia y permitió reunir a distintos grupos. Ese carácter de espacio de encuentro resulta especialmente importante para los adultos mayores. Algunos participantes de los clubes le han contado a Melania que se sienten solos en sus casas. Muchos están jubilados, mientras sus parejas continúan trabajando y sus hijos tienen sus propias ocupaciones. “Para ellos es un panorama y es compartir y sentirse acogidos, sentirse parte de un espacio”, explica. La relación cotidiana también se expresa en las recomendaciones de lectura. Las estanterías son abiertas, pero cuando alguien no sabe qué leer, la orientación puede partir de una conversación personal. “Me dicen ‘estoy pasando por esta situación’, o sea,

igual hacemos de psicóloga a veces”, cuenta Melania, al explicar que algunos usuarios llegan buscando lecturas que los acompañen en momentos determinados. CAMINO AL CINCUENTENARIO Mientras prepara el camino hacia sus 50 años, la biblioteca también enfrenta necesidades concretas. Las lluvias provocaron daños en el piso y otros elementos del recinto, ubicado en Almirante Latorre 19, esquina Agustín Edwards. La municipalidad está evaluando trabajos en las canaletas y una de las paredes, mientras la biblioteca espera postular a proyectos para abordar otras mejoras. La postulación está prevista para marzo y los resultados, para agosto de 2027. Pero junto con reparar el espacio, también existe la intención de seguir ampliando sus públicos. Una de las ideas de Melania apunta a la primera infancia: crear un espacio donde madres y niños pequeños puedan acercarse a los libros y explorar elementos con distintas texturas, incorporando el tacto como parte de la experiencia de lectura. La Biblioteca Pública Salvador González Ferruz se ha transformado en un espacio de cultura, información, memoria y encuentro. Un lugar donde el préstamo de libros es apenas el comienzo de una relación más amplia con la comunidad. A dos años de cumplir medio siglo, los libros siguen siendo protagonistas. Pero en Llay Llay, alrededor de ellos, también se ha construido algo que no cabe en un inventario: una comunidad.


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Sopraval y las historias que nacen de su trabajo junto a las comunidades vecinas

La compañía desarrolla diferentes iniciativas en la Región de Valparaíso que contribuyen a potenciar el emprendimiento, la vida saludable y el desarrollo local. Emprendedores que fortalecen sus negocios, comunidades escolares que incorporan hábitos saludables y Servicios Sanitarios Rurales que fortalecen su gestión y el acceso al agua potable son parte de las historias que nacen de los programas de contribución comunitaria de Sopraval. A través de diferentes iniciativas que buscan responder a las necesidades de las comunidades donde está presente, la compañía mantiene una vinculación permanente con su entorno, que busca generar nuevas oportunidades y entregar herramientas que permitan a vecinos y organizaciones sociales fortalecer sus capacidades y avanzar en sus propios proyectos. Emprendimiento, vida saludable y desarrollo local son los tres pilares que orientan este trabajo y que se

materializan en programas como Capital Emprendedor, Súper Sano e Impulsa Agua, iniciativas que cada año abren espacios de participación, capacitación y acompañamiento a las comunidades que buscan generar un impacto positivo y sostenible en las comunidades. OP ORT U N I DA DE S PA R A E M P R E N DE R Y C R E C E R Para quienes buscan fortalecer un emprendimiento, contar con asesoría y herramientas puede marcar una gran diferencia. Ese es precisamente uno de los objetivos de Capital Emprendedor, programa que busca potenciar negocios locales mediante mentorías, capacitaciones y entrega de financiamiento. Para Keidy Velasco, ex participante del programa y creadora de “Keidy Ve-

lasco Pastelería y Cocina”, participar en esta iniciativa significó mucho más que recibir recursos para su emprendimiento. “Gracias a las herramientas que me entregó Capital Emprendedor pude consolidar mi negocio”, asegura. Agrega que “hoy, producto de todo lo que aprendí, instalé un local físico e inicié con el servicio de coffee break y coctelería para empresas”, cuenta Keidy. U NA COM U N I DA D E S COL A R QU E A P R E N DE A V I V I R M ÁS SA LU DA BLE A través del programa

Súper Sano, desde hace más de veinte años, la compañía ha contribuido en la promoción de hábitos de vida saludable al interior de establecimientos educacionales a través de lúdicos talleres. Para el director del Liceo Juan Rusque de la comuna de Nogales, Luis Pérez Madrid, la iniciativa ha tenido una positiva recepción dentro de la comunidad escolar. “Ha sido una linda experiencia para nuestros estudiantes, en especial porque aprenden de una manera divertida y dinámica la importancia de los hábitos saludables desde temprana edad”, asegura el

docente. El programa basa sus contenidos en la malla curricular del Ministerio de Educación para estudiantes de primero a cuarto básico, a través de dinámicas lideradas por entretenidos personajes que interactúan con los alumnos. “En nuestro establecimiento promovemos el autocuidado y una correcta alimentación, por ello Súper Sano es una iniciativa que valoramos, ya que apoya el propósito que tenemos como comunidad escolar”, afirma el director. A P OYO A L A S COM U N I DA DE S RU R A LE S El tercer eje de este trabajo es el desarrollo local. A través de Impulsa Agua, Sopraval apoya iniciativas orientadas a ejecutar soluciones hídricas para comunidades rurales, favoreciendo el acceso al agua potable y contribuyendo al fortalecimiento de su infraestructura. Una de las organizaciones beneficiadas por el programa es el Servicio Sa-

nitario Rural Quebradilla Los Maitenes de La Ligua. La organización logró rehabilitar su infraestructura de captación mediante la mantención del pozo principal y el recambio de cañerías en mal estado, permitiendo optimizar la eficiencia del sistema de abastecimiento de agua potable. Su presidente, Cristián Maturana, destaca el impacto positivo que tuvo esta iniciativa en la comunidad del sector. “Estamos agradecidos con este proyecto porque permitió la continuidad operacional del sistema durante el temporal de julio, logrando que las 232 familias que están conectadas al sistema no tuvieran inconvenientes”, asegura el dirigente. Agrega que “sin el financiamiento que recibimos hubiese sido imposible realizar este proyecto debido a su alto costo. Por ello fue una gran noticia para nuestra comunidad ser beneficiados con Impulsa Agua de Sopraval”, afirma Maturana. U N COM P ROM I S O QU E SE CONST RU Y E E N LO S T E R R I T OR IO S Desde distintas perspectivas, cada programa comparte el propósito de generar oportunidades y acompañar a las comunidades con iniciativas que contribuyan a su desarrollo, respondiendo a las necesidades y desafíos de cada territorio. Ya sea fortaleciendo un emprendimiento, promoviendo hábitos saludables o apoyando proyectos que mejoren la calidad de vida de las comunidades, Sopraval busca que su contribución genere oportunidades concretas y un impacto positivo que perdure a largo plazo.


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Carlos Pimentel Guzmán: la historia de uno de los campeones del automovilismo olmueíno Comenzó compitiendo en un Fiat 600 y hoy corre en un Lada que él mismo preparó Por Juan Carlos Reyes Morales Carlos Jorge Pimentel Guzmán se siente entre limachino y olmueíno. Realizó su educación básica en la Escuela F-389 de Granizo y luego continuó la enseñanza media en el Liceo de Limache, para posteriormente estudiar electricidad en el Instituto Técnico Profesional Joaquín Edwards Bello de Quillota, donde se tituló como electricista. Después de jugar fútbol durante su niñez, fue la actividad de su padre, quien era mecánico, la que terminó acercándolo al deporte que se convertiría en su gran pasión: el automovilismo. “Siempre estuve entre los fierros. Me gustaban los autos, por lo que cuando en 2003 supe que se intentaba reabrir el autódromo de Olmué y que, de esa manera, se podría volver a correr en la pista de la Villa Olímpica, me junté con un amigo y compramos un Fiat 600”. UNA CARRERA ETERNA Fue en ese vehículo donde Carlos Pimentel comenzó a mostrar sus habilidades al volante, aunque reconoce que las primeras competencias fueron un verdadero sufrimiento. “Ese auto lo armamos desde cero y lo corría algunas veces yo y, en otras fechas, mi amigo. Nos íbamos turnando para usarlo”. Y el recuerdo de su primera carrera, disputada en 2003, no es precisamente el mejor. “Fue un verdadero sufrimiento y resultó eterna. Uno paga el noviciado, porque aparecen los problemas. No es lo mismo tener el auto andando cuando lo preparas que tenerlo en la pista. Ahí aparecen las fallas, el auto se calienta, los neumáticos fallan y surgen otros problemas que hacen todo más difícil”. Para el piloto olmueíno fueron cuatro o cinco carreras de aprendizaje. “Lográbamos terminarlas, pero no en los primeros lugares, como esperábamos”. Con el paso de las competencias, sin embargo, comenzaron a llegar los primeros triunfos. Aquel Fiat 600 permaneció en sus manos hasta 2012. “Incluso, en un momento nos federamos y tuvimos la oportunidad de correr en un

Campeonato de Verano que se realizó en la pista asfaltada de la Villa Olímpica de Quilpué, donde logramos un positivo segundo lugar”. LA PANDEMIA “FRENÓ” AL AUTOMOVILISMO Como ocurrió con muchas otras actividades, primero el estallido social y luego la pandemia provocaron la suspensión de las competencias de automovilismo en Olmué y en distintos autódromos del país. “Se detuvieron las carreras e incluso muchos pilotos vendieron sus autos. En mi caso, comencé a trabajar en el sector minero y ya no tenía tantas posibilidades de competir, porque los turnos no me coincidían con las fechas”. Pero la pasión por este deporte hizo que, una vez reactivadas las competencias, Carlos Pimentel decidiera regresar a las pistas. Para ello adquirió un nuevo automóvil. “Me quise dar un gusto. Vi que había un Lada en venta

en Valparaíso y lo fui a comprar. Al comienzo andaba tercero o cuarto y después le agarré el ritmo al auto”, recuerda. Con ello también volvieron los buenos resultados. “En 2023 gané algunas carreras y fui cuarto en el campeonato. Luego fui mejorando y en 2025 sumé varios podios, ocupé el primer lugar y terminé ganando la competencia anual. Fue una gran alegría y satisfacción”. En la actual temporada, algunos cambios de fecha debido a las lluvias, que dejaron la pista en malas condiciones, le han impedido estar presente en todas las jornadas. “Mi trabajo en minería me ha complicado este año, porque no he podido cuadrar con las carreras. En la fecha de septiembre no pude estar y tampoco podré participar en octubre, lo que me aleja de la posibilidad de ganar el campeonato. Pero voy a dar la pelea por subir al podio al final de la temporada”. Sus condiciones al volante y la preparación de sus vehículos le han permitido sumar hasta ahora entre 25 y 30 triunfos. “Mi satisfacción es que yo mismo preparo el auto para cada carrera y, cuando

Un joven Carlos Pimentel aparece junto a su Fiat 600, luego de ser uno de los ganadores en una competencia de verano realizada en el autódromo asfaltado de Quilpué.

El piloto olmueíno tuvo un gran 2025, temporada en la que se coronó como ganador de la categoría Lada en la competencia organizada por el Club “Los Tuercas”.

se gana, queda esa sensación de alegría”. UN DEPORTE DE ALTO COSTO Para Carlos Pimentel, el automovilismo es una verdadera pasión, aunque reconoce que practicarlo implica un importante esfuerzo económico. “El automovilismo es caro y la satisfacción es poder levantar la copa y pasear con la bandera a cuadros por la ventana después de la última prueba, cuando te has coronado campeón. Eso es lo más satisfactorio”. Respecto de los costos, explica que muchas veces desde afuera no se alcanza a dimensionar cuánto dinero requiere mantener un vehículo competitivo. “La gente lo ve muy básico, pero para andar rápido tienes que invertir una buena cantidad de dinero, sobre todo en el motor y en todo lo necesario para que el auto funcione bien”. Como ejemplo, señala que una culata puede costar más de 400 mil pesos, siendo apenas una de las piezas del motor. “Es un deporte caro y al que no se le da mucha importancia, porque siempre todo es fútbol”, comenta con

cierta desazón. A ello se suman los gastos propios de cada jornada. “Para tener el auto en la pista se necesita pagar inscripción, combustible y otros gastos. Ya estamos hablando de más de 70 mil pesos por carrera. Hay muchos que comienzan en este deporte, pero después, por los altos costos, terminan abandonando. Por eso, quien mantiene la constancia es muy rescatable y hay que felicitarlo”. “CORRER EN PISTA DE TIERRA ES MUY DIFÍCIL” Para el piloto, competir en la pista de tierra de la Villa Olímpica de Olmué tiene un sabor especial. “Es complicado, porque se corre cerca de los 100 kilómetros por hora, tienes las curvas y, además, un auto pegado al lado. En las rectas se llega a 125 kilómetros por hora y yo, en el Lada, he alcanzado los 135. Por eso me saco el sombrero por todos los que corren en una pista de tierra. Desde afuera se ve fácil, pero en la pista es otra cosa”. Pese a todas esas dificultades, el automovilismo también representa para él

Con su Lada amarillo ha conseguido destacadas actuaciones gracias a su velocidad y arrojo en la complicada pista de tierra de la Villa Olímpica de Olmué.

una forma de desconectarse. “Cuando se acaban las carreras y llego a casa estoy relajado. Me han dicho que incluso me cambia el semblante. Rescato eso que me da el automovilismo, porque es la mejor terapia que tengo”. A sus 48 años, Pimentel no piensa todavía en levantar el pie del acelerador. “Voy a competir hasta que me pueda sentar en el auto y pueda mirar para adelante. Espero poder disfrutar de este deporte por algunos años más”. Eso sí, sabe que todo dependerá también de que no aparezcan imponderables que le impidan continuar en las pistas. “Hasta ahora no he tenido grandes accidentes. Algunos topones, pero nada grave. En una ocasión, una piedra me rompió el parabrisas y, junto con la tierra, perdí un poco la visibilidad. Tuve que disminuir la velocidad y un auto me chocó por detrás y me tiró hacia un costado. Ha sido lo más complicado hasta ahora”. Pero la historia familiar con el automovilismo podría continuar. Su hijo, de 13 años, comienza a acercarse a este deporte y ya despierta en Pimentel la ilusión de verlo algún día en competencia. “Se está acercando. Sabe manejar, le gusta y solo le falta soltarse un poco más para poder estar compitiendo próximamente. La idea es comprar otro auto para que él pueda correrlo”. Así, todo indica que la tradicional pista de Olmué seguirá viendo a Carlos Pimentel Guzmán durante algunos años más y, quizás en un futuro no muy lejano, también a su hijo continuando una pasión que comenzó entre fierros y que ya forma parte de la historia familiar.


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Marcelo Pérez: de una radio desarmada a una vida entera dedicada a la luthería Nacido en La Cruz, lleva cerca de 30 años reparando instrumentos musicales. Una curiosidad que comenzó en la infancia terminó transformándose en un oficio que hoy desarrolla en Valparaíso. Por Milena Rojas Aguilar Juan Marcelo Pérez González lleva cerca de tres décadas dedicado a la luthería, un oficio que descubrió casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en una forma de vida. La historia comienza cuando tenía alrededor de siete años. Su madre había salido a trabajar y él se quedó solo en casa, con algunas pequeñas responsabilidades que cumplir. Una vez terminadas, encontró una radio antigua y decidió abrirla. Con un cuchillo de mesa comenzó a sacar los tornillos para descubrir qué había en su interior.No entendía de circuitos ni mecanismos, pero quería saber cómo funcionaba aquel aparato. “Me encontré con este mundo fascinante de un montón de circuitos, una placa y unos cables, sin entender nada, absolutamente nada”, recuerda. Años después, esa misma curiosidad volvería a aparecer, esta vez ligada a la música y, especialmente, a los instrumentos. Marcelo nació en La Cruz y creció en la población Santa Rosa. Cuando cursaba cuarto medio en el Colegio San Isidro todavía no tenía demasiado claro qué quería hacer con su vida. Fue entonces cuando apareció una figura que sería determinante: su profesor de música, Luis Letelier Mathiesson. El docente halló algo en él. “Vio que tenía dedos para el piano”, cuenta Marcelo. En ese tiempo estaba aprendiendo a tocar guitarra y comenzó a participar en talleres y presentaciones del colegio. Poco después terminó tocando el bajo en una agrupación escolar, aunque lo que más lo atraía era la posibilidad de experimentar y descubrir qué podía hacer con un instrumento. “Lo que más me encantó fue el hecho de poder jugar con la música y experimentar, producir música desde el interior de uno y llevarla hacia afuera”, cuenta. NACE UN LUTHIER En aquella época conse-

guir instrumentos musicales no era sencillo. Eran caros y el acceso a talleres especializados era limitado. Para realizar una reparación, muchas veces había que viajar hasta Santiago. Fue precisamente esa dificultad la que terminó abriéndole un nuevo camino. La primera prueba importante llegó con su propio saxofón. Un día éste dejó de sonar y tuvo que llevarlo a Santiago. El costo de la reparación era tan alto que prácticamente equivalía al valor del instrumento. Entonces tomó una decisión: “Lo reparo yo. Voy a ver qué puedo hacer”. Improvisó un pequeño espacio de trabajo sobre un escritorio, colocó una toalla encima y durante aproximadamente una hora y media se dedicó solamente a observar el instrumento. Miró los mecanismos, qué pieza empujaba a otra, qué ocurría al bajar una llave y cómo se movían sus distintas partes. Hasta que se atrevió a desarmarlo. “De pronto me di cuenta de que tenía todo el saxo desarmado”, recuerda entre risas. Después logró volver a montarlo y, cuando lo hizo sonar, el instrumento funcionaba nuevamente. Ese momento significó mucho más que una simple reparación. Para Marcelo fue descubrir que podía hacerlo.

A partir de entonces comenzó a aprender resolviendo problemas y acumulando experiencia. Primero llegó el saxofón de un amigo. Luego otro supo de su trabajo y también llevó el suyo. Así, casi sin proponérselo, las reparaciones comenzaron a multiplicarse y aquella curiosidad inicial fue tomando la forma de un oficio. Cerca de los 20 años se trasladó a Valparaíso para estudiar música y saxofón en la Universidad de Playa Ancha. Pero no llegó solo con sus ganas de estudiar: también llevó aquella pequeña mesa, la toalla y las rudimentarias herramientas con las que había comenzado a reparar instrumentos en su casa. Mientras avanzaba en su formación musical, siguió trabajando con ellos y perfeccionando una actividad que, con los años, terminaría convirtiéndose en su principal especialidad. “Era importante para mí saber música, porque reparar un instrumento no consiste solamente en solucionar un problema mecánico. Un luthier necesita comprender aquello que el músico necesita conseguir de su instrumento”. Para Marcelo, la experiencia musical permite ir más allá de una falla técnica y evaluar si una nota tiene la afinación adecuada, si suena “sorda”, si posee una buena proyección o si el instrumento responde como debería. Ese aprendizaje acumulado durante años encontró finalmente un espacio propio. En 2018 obtuvo un fondo que le permitió adquirir nuevas herramientas, consolidar su trabajo y establecer un

Balanceado de saxofón, uno de los trabajos realizados por Marcelo Pérez mediante el uso de un torno mecánico para conseguir el centro requerido.

El trabajo de Marcelo Pérez puede conocerse a través de MP Luthería, taller ubicado en Taller Blanco, en Blanco Sur N° 1146, Valparaíso.

taller dedicado al oficio. Actualmente funciona bajo el nombre de MP Luthería y forma parte de Taller Blanco, espacio cultural de Valparaíso que reúne salas de ensayo y distintos talleres ligados al arte. EL TRABAJO EN EL TALLER Actualmente, Marcelo Pérez se especializa principalmente en instrumentos de viento. Trabaja con trompetas, trombones, tubas, cornos e instrumentos de caña. Por lo mismo, recalca la importancia de la especialización dentro del oficio. “Existen profesionales dedicados específicamente a instrumentos de cuerda, percusión y otras familias. Por eso, cuando llega un instrumento que escapa de mi especialidad, prefiero derivarlo a otro profesional”, explica. Entre los problemas más frecuentes que recibe en su taller se encuentra la falta de mantención, una tarea que, a su juicio, debería realizarse cada seis meses debido al desgaste natural de los instrumentos. También llegan por pérdida de lubricación mecánica, deformaciones en los ángulos de las piezas, componentes extraviados o filtraciones de cierre. Para realizar esas

reparaciones dispone de herramientas destinadas a soldaduras de orfebrería, rectificaciones mecánicas y fabricación de piezas, entre otros trabajos. “ELEGÍ UNA FORMA DE VIVIR” Después de casi 30 años dedicado a este oficio, Marcelo tiene claro qué es lo que más valora de su trabajo: “Elegí una forma de vivir. Opté por lo que yo sentía que debía hacer, para lo que estaba llamado en esta vida”. También encuentra satisfacción en observar cómo cambia la relación de un músico con su instrumento después de una buena reparación. “Cuando el instrumento queda en buenas condiciones, deja de luchar contra él y comienza simplemente a tocar”. Para Marcelo, uno de los desafíos pendientes es avanzar hacia una mayor formalización de la luthería. “Necesitamos formalización educativa para poder formar una industria real, una formación especializada que permita preparar a nuevos profesionales de la luthería y responder a las necesidades que genera el crecimiento de la actividad musical”. Su reflexión apunta también a una relación que con-

La falta de mantención es uno de los principales problemas que presentan los instrumentos y, según Marcelo, debería realizarse cada seis meses.

sidera inseparable: si una sociedad impulsa bandas, orquestas y educación musical, también necesita personas capaces de cuidar y mantener los instrumentos que permiten desarrollar ese aprendizaje. Aquella curiosidad que comenzó frente a una radio desarmada cuando apenas tenía siete años terminó, con el tiempo, encontrando su lugar entre saxofones, trompetas, herramientas y mecanismos. Para Marcelo Pérez, más que un trabajo, la luthería terminó siendo precisamente eso: una forma de vivir.


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La historia de Limache también se puede leer en su cementerio

Fundado en 1885, el camposanto conserva entre tumbas y mausoleos las huellas de familias, guerras, tragedias y transformaciones que marcaron a la comuna

Por Gabriel Abarca Armijo La historia de las ciudades no está escrita solo en los libros. Una parte de ella también se conserva en sus cementerios, entre lápidas, cruces, rejas de hierro y antiguos mausoleos. En el Cementerio Parroquial de Limache, basta atravesar su antiguo portal para comenzar ese recorrido: afuera permanece la ciudad actual; mientras adentro, poco a poco, emerge otra. Lo primero que queda en evidencia es el Limache de fines del siglo XIX, el de las familias que ayudaron a levantar los primeros asentamientos, de los hombres que partieron a la guerra y de generaciones completas que terminaron reuniéndose en este lugar. El camposanto fue fundado en 1885 y, durante sus primeros años, incluso la muerte reproducía algunas de las divisiones de aquella sociedad. Por ejemplo, chilenos y extranjeros ocupaban espacios diferenciados; y también existía un sector destinado a quienes no profesaban la fe católica, conocidos entonces como “disidentes”. Con el paso del tiempo, aquellas fronteras fueron perdiendo sentido. Hoy todos forman parte del mismo registro: religiosos y laicos, niños y abuelos, gente adinerada y otros que carecían de aquello. Aquí descansan antiguos habitantes, además de personas cuyas vidas terminaron cruzándose con algunos de los grandes acontecimientos de la historia local y nacional. CUANDO LAS TUMBAS CUENTAN LA CIUDAD Basta seguir caminando para que comiencen a aparecer apellidos vinculados al desarrollo de Limache: Hirtz, Ward, Fort y Campbell, entre otros. Sus mausoleos también permiten observar las diferencias sociales de aquella época. Algunas construcciones de fines del siglo XIX adoptaron formas neoclásicas, con columnas, frontones triangulares y mármol tallado. Pequeños templos que también reflejaban, incluso después de la muerte, las di-

ferencias sociales de aquella época. Entre las sepulturas más antiguas hay una que obliga a detenerse. Es la de Adolfo H. Bourgeois, diplomático y empresario europeo relacionado con el auge internacional del comercio salitrero. Su tumba está fechada en 1883, dos años antes de la inauguración oficial del cementerio, y posee un imponente portal de hierro forjado en Valparaíso. En la estructura todavía pueden observarse sus iniciales, “AB”, mientras que en el interior sobreviven frescos pintados a mano. La conexión con Valparaíso se repite en rejas, cruces y ornamentos encargados a talleres del puerto, reflejo de los vínculos comerciales que mantenía Limache durante aquel periodo. Seguimos avanzando y la arquitectura comienza a cambiar. Las construcciones ornamentadas ceden progresivamente espacio a formas geométricas y al hormigón armado. La transformación no fue solamente estética: también respondió a la necesidad de levantar estructuras más resistentes después de un acontecimiento que quedó grabado en la historia local, el terremoto de 1906. GUERRAS Y TRAGEDIAS BAJO LA MISMA TIERRA El cementerio también permite recorrer episodios ocurridos mucho más allá de sus muros. Aquí existen sepulturas de veteranos de la Guerra del Pacífico, soldados

y oficiales que combatieron en el norte. Unos metros más adelante, el recorrido conduce hacia otro conflicto: también descansan en este lugar combatientes y civiles vinculados a la Guerra Civil de 1891. Luego aparece 1906. El terremoto que destruyó buena parte de Valparaíso golpeó también a Limache. Familias de la comuna murieron durante la catástrofe y varias de sus víctimas fueron sepultadas aquí. Así, la transformación arquitectónica que se observa al caminar y quienes descansan bajo estas tumbas terminan contando dos dimensiones de una misma tragedia. El recorrido se convierte entonces en una particular línea de tiempo. No hay vitrinas ni documentos ordenados cronológicamente. Hay nombres, fechas y monumentos. Para leerlos es necesario caminar, pero también detenerse en los detalles. El Alfa y el Omega representan el principio y el fin de la vida; las antorchas invertidas, una existencia que se apaga; las coronas de laurel, el triunfo sobre la muerte. También aparecen ángeles dolientes tallados en piedra. HISTORIAS QUE ESCAPARON DE LAS LÁPIDAS Como ocurre con muchos cementerios antiguos, no todo lo que se cuenta aquí puede comprobarse. Décadas de funerales y sepulturas también alimentaron el imaginario popular. Uno de los relatos habla de un misterioso vecino de Limachito a quien la tradición atribuía un supuesto pacto que le habría proporcionado fortuna. Según la historia, el día de su funeral aparecieron desconocidos vestidos de negro que desaparecieron después de la ceremonia.

La lápida de una víctima del terremoto de 1906 da cuenta de cómo la historia de una ciudad también puede reflejarse en un cementerio.

El portal de entrada al cementerio conserva una estructura clásica presente en varios camposantos del país.

El mito creció con otro detalle: seis hombres habrían tenido enormes dificultades para levantar su ataúd, pese a que el fallecido era de contextura pequeña. También existen relatos sobre supuestas psicofonías en el antiguo sector de los “disidentes” y otros que conectan el cementerio con túneles subterráneos y la leyenda campesina del “Culebrón”. Son parte del folclor construido alrededor del recinto y no hechos acreditados. Distinto es lo ocurrido en diciembre de 2016. Durante la reducción de los restos de una persona sepultada en 1994, trabajadores y familiares abrieron el ataúd y, en lugar de encontrar las osamentas, hallaron una figura confeccionada con trapos, cojines y poleras que imitaba un cuerpo humano. El episodio, conocido como el caso de “la muñeca de trapo”, dio origen a investigaciones policiales y eclesiásticas destinadas a establecer qué había ocurrido con los restos. UNA MEMORIA MUCHO MÁS CERCANA Pero este cementerio no conserva únicamente historias lejanas. Seguimos caminando y llegamos a una sepultura que muchos todavía recuerdan: la del profesor Nibaldo Villegas. El docente fue asesinado en agosto de 2018, en un crimen que conmocionó al país. Tras su despedida, cerca de mil personas participaron en la ceremonia realizada en la Parroquia de Las 40 Horas de Limache y acompañaron el cortejo hasta este cementerio, donde fue sepultado. Con el tiempo, su tumba comenzó a recibir visitantes

provenientes de distintos lugares. Llegaron flores, cartas y personas que permanecían en oración, mientras algunos comenzaron a atribuirle favores y a tratar su sepultura como una suerte de animita. Es una memoria mucho más reciente que las guerras, los terremotos y las antiguas familias que aparecen a lo largo del recorrido, pero demuestra que este registro histórico continúa escribiéndose. MÁS DE UN SIGLO BAJO NUESTROS PIES Al avanzar hacia la salida volvemos a encontrarnos con el Limache actual. La ciudad que existe fuera de estos muros es muy distinta de aquella que vio nacer el cementerio en 1885. Cambiaron sus calles, crecieron sus barrios y desaparecieron

muchas de las personas y familias que protagonizaron su desarrollo. Pero una parte de aquella ciudad permanece aquí. Está en los apellidos de antiguos vecinos, en el hierro trabajado en Valparaíso, en las tumbas de quienes participaron en la Guerra del Pacífico, en las víctimas de 1891 y del terremoto de 1906. También en historias más recientes, como la del profesor Nibaldo, que recuerdan que la memoria de una ciudad nunca termina de construirse. Incluso las diferencias que alguna vez separaron a chilenos, extranjeros, católicos y “disidentes” terminaron diluyéndose con el paso de las generaciones. Por eso, recorrer el Cementerio Parroquial es también una manera distinta de recorrer Limache.

La tumba del querido “Profe” Nibaldo refleja otro fenómeno: la del culto popular a aquellas figuras que fueron importantes para la gente.


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San Luis

vuelve a ser de Quillota

El club de fútbol profesional de mayor tradición en la provincia, ha recuperado su arraigo en la zona con la administración del Grupo V.

L

a ciudad ha vuelto a entusiasmarse con el presente de San Luis de Quillota. Los resultados deportivos en el último tramo del torneo de Ascenso, han provocado en el hincha una efervescencia y emocionalidad que durante años parecía reprimida. Tanto así, que en los recientes encuentros de local del equipo, la familia canaria ha completado los aforos permitidos por la autoridad y el pasado 4 de octubre, ante la Unión Española, fue protagonista de una salida espectacular para alentar al equipo. Y esto, no es casualidad. “Vamos a devolverle el club a los quillotanos”, era la frase que repetía el expresidente César Villegas Urrutia (QEPD) y que, paso a paso, se convertía en una realidad. Desde el cambio de administración en octubre de 2024, el club ha recuperado parte de su esencia y vínculo con el ciudadano de Quillota. Ello ha estado de la mano del trabajo de un histórico jugador como Humberto Suazo y su cuerpo técnico, que han entregado oportunidades en el plantel profesional a los jugadores formados en Quillota. Es el caso de Fabián Pastenes, Diego Zamorano, Pablo Millán, Javier Castro, Kevin Velozo e Ikher Araya, estos dos últimos oriundos del Cerro Mayaca; entre otros, que son parte de una decena de jóvenes quillotanos

que han sumado sus primeros minutos. El Complejo Manuel Arancibia en San Isidro, a su vez, tomó un nuevo aire: con una fuerte inversión en infraestructura que se tradujo en la ampliación de camarines, un nuevo gimnasio para el fútbol joven, la iluminación artificial de la cancha 1 y buses de acercamiento hacia el complejo deportivo. Por otro lado, sus puertas se abrieron a la hinchada y la familia volvió a encontrarse con los jugadores del Primer Equipo en la ciudad, quienes hoy viven en Quillota. Este es el legado que continúa, liderado por el Grupo V: un proyecto deportivo que persigue el desarrollo del Fútbol Joven y de jugadores con identidad en el Primer Equipo. Próximo a cumplir 107 años y con el anhelo de llegar a lo más alto del fútbol criollo, la institución recuperó su lugar en Quillota, que de esta manera vuelve a sentirse representada por San Luis y sus colores aurinegros.

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Bryan Holmes: de Artificio y Quillota a una destacada carrera musical en Brasil

Hace 20 años vive en Río de Janeiro, donde desarrolló su carrera como compositor y productor

Por Juan José Núñez Brantes Antes de convertirse en profesor universitario en Río de Janeiro, recibir un Premio Pulsar y llevar su música a distintos países de América y Europa, Bryan Holmes Díaz fue un niño que creció en Artificio, un adolescente que estudiaba en Quillota y un joven que recorría ambas ciudades entre amigos, bandas y una curiosidad musical que terminaría definiendo su vida. Hoy lleva 20 años viviendo en Brasil, donde ha desarrollado una destacada trayectoria como compositor, músico, productor e investigador. Sin embargo, cuando reconstruye el camino que lo condujo hasta ese presente, La Calera y Quillota aparecen una y otra vez. Nació en Santiago, en 1981, y vivió sus primeros años en Talca. A los siete, después de la separación de sus padres,

se trasladó junto a su madre hasta Artificio, en La Calera, donde residían sus abuelos. Allí comenzó una etapa fundamental de su infancia y juventud. “Siempre me gustó la música, de chico, y varios géneros. Por ejemplo, en mi casa había unos casetes de música clásica que nadie escuchaba. Yo, con 10 años, los sacaba para grabar encima cualquier estupidez. Pero antes los escuchaba, porque si la música me gustaba, no los borraba. Así empecé a conocer Beethoven, Mozart, un montón de músicos que nadie conoce a esa edad”, recuerda. QUILLOTA COMO SEGUNDA CASA Si Artificio fue el lugar donde vivía, Quillota terminó convirtiéndose en su otra ciudad. Allí estudió,

hizo amigos, tuvo bandas y pasó buena parte de su adolescencia. “La verdad es que era como de tierras quillotanas porque estaba todo el tiempo allá. Estudiaba, carreteaba, tenía mi banda. Entonces, a pesar de que vivía en Artificio, era como quillotano porque frecuentaba todo el tiempo la ciudad”, relata. Fue precisamente en el Instituto Rafael Ariztía donde su relación con la música comenzó a transformarse en algo más profundo. Cursaba octavo básico cuando el profesor Raúl Gardella lo incorporó al grupo del establecimiento como baterista. “A él le debo mucho, pues fue quien me puso a tocar la batería. Sin embargo, duré poco

tiempo, pues me echaron del colegio después”, recuerda. Aquel episodio, lejos de alejarlo de la música, terminó empujándolo hacia algo que años más tarde se convertiría en el centro de su carrera: la composición. “Cuando me iban a echar del IRA, fui a la otra sala de música y, sabiendo que no

iba a tocar más batería, dije: ‘Bueno, me toca la guitarra’, y me robé una hoja con acordes. Cuando me puse a tocar en la casa, hago un acorde y dije: ‘Voy a componer’. Me tapaba los ojos y decía: ‘Quiero entender cómo funciona esto’, por qué en cierto orden suena bien o no. Ahí empecé a interesarme por la composición”. Durante aquellos años también se acercó con fuerza al rock y al punk. Junto a algunos de sus amigos formó bandas como Kontrapoder, con la que participó en tocatas de la región y Santiago. Según recuerda, incluso compartieron escenario con agrupaciones emergentes como La Floripondio y Sonora de Llegar. DE LA FILOSOFÍA A LA COMPOSICIÓN Por un momento, su camino pareció llevarlo en otra dirección. Holmes estudió Filosofía durante dos años en Valparaíso, pero fue precisamente en esa etapa cuando una experiencia terminó

por convencerlo de que quería dedicarse definitivamente a la música. “Resulta que cuando estudiaba Filosofía conocí a una argentina que tenía una obra de teatro, para la que yo y otros amigos de la carrera compusimos la música. Terminó siendo una especie de poesía teatral sonorizada. La presentamos en Valparaíso y eso me motivó muchísimo. Fue como: ‘Ah, compuse algo que no era un tema para mi banda punk, sino que iba más allá, con otros instrumentos’. Fue algo que me impulsó bastante a seguir ese camino de la composición”, recuerda. Decidió entonces estudiar Música y comenzó a profundizar en la composición, acompañado por profesores y maestros que fueron ampliando aquello que había comenzado años antes entre Artificio y Quillota. EL VIAJE QUE TERMINÓ EN BRASIL En Valparaíso conoció a Doriana Mendes, su ex Continúa en página 34


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Bryan Holmes: de Artificio y Quillota... esposa, durante un festival. Más tarde formarían el proyecto electroacústico “2dB dúo” y, en 2006, Bryan decidió partir rumbo a Brasil. Él mismo recuerda con humor que terminó viajando “por irse atrás de ella”. Lo que inicialmente fue un cambio personal terminó convirtiéndose también en un salto decisivo para su carrera. En Río de Janeiro comenzó a consolidarse como compositor de música electroacústica y de otros géneros, al mismo tiempo que desarrollaba una trayectoria académica que lo llevó a convertirse en profesor de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro. Su trabajo empezó además a circular fuera de Brasil. Sus obras han sido escuchadas en Alemania, España, Estados Unidos, Francia y Rusia, mientras distintos reconocimientos comenzaron a destacar su producción artística. Entre ellos aparece el Premio Pulsar que recibió en Chile en 2017. La historia de ese galardón, sin embargo, tuvo un episodio bastante particular. “Resulta que viendo la gala en vivo supe que le habían entregado el premio

a otro tipo. Creo que una semana después me llegó un mail: ‘Hola, soy el director de la SCD, la verdad es que hubo un error en el conteo, tú ganaste el premio y se lo entregaron al segundo lugar’. Pensé que ya no servía de nada, si el famoso fue el otro, salió en la tele en vivo. Sin embargo, cuando fui a Chile me organizaron un concierto con todos mis invitados en la sala SCD Bellavista (...) y ahí recibí el premio”, recuerda Holmes. Para entonces habían pasado muchos años desde aquellas primeras experiencias musicales en la zona. Pero detrás del compositor premiado seguían estando los casetes escuchados durante su niñez en Artificio, las jornadas en el

Instituto Rafael Ariztía y las primeras bandas formadas junto a sus amigos. UNA VIDA LIGADA A LA MÚSICA Actualmente Bryan vive en Río de Janeiro, donde combina la docencia universitaria con distintos proyectos. En su casa cuenta con un estudio propio y dedica buena parte de su tiempo a masterizar y mezclar música, tocar con un colectivo de improvisación libre y trabajar en su sello “Fonogramas 278”. También mira hacia nuevos desafíos, entre ellos la composición para producciones audiovisuales. “Soy bien bueno haciendo música para imagen en movimiento, Holmes reconoce como maestros fundamentales en su trayectoria a Raúl Gardella, Eduardo Cáceres, Vania Dantas y Carlos Palombini, quienes lo acompañaron en distintas etapas de su formación musical y académica.

Aunque vive en Brasil desde 2006, Bryan Holmes ha recibido distintos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Pulsar 2017.

pero el problema es que esos son nichos muy cerrados. De hecho, yo le daba clases de composición al tipo que compone la música para las novelas de Globo, las que ven en Chile”, comenta. A lo largo de su trayectoria reconoce a varios maestros fundamentales: Raúl Gardella, del Instituto Rafael Ariztía; Eduardo Cáceres, durante sus estudios de composición en la PUCV; Vania Dantas, quien lo guió en su maestría en UNIRIO; y Carlos Palombini, durante su doctorado en la misma universidad.

“NO ESTÁ MAL SER REBELDE” Consultado por algún mensaje para los jóvenes de la región, que sueñan con desarrollarse en la música o la composición, Holmes vuelve a una palabra que aparece constantemente al repasar su propia historia: rebeldía. “No está mal ser rebelde, porque yo nunca dejé de serlo. Claro, hay cosas donde uno no lo puede ser, por cuestiones burocráticas, donde no puedes pasarte de los límites. Pero no es necesario ajustarse a los moldes de la sociedad tal como quieren que uno sea”.

Veinte años después de partir a Brasil, Bryan Holmes vive a miles de kilómetros de los lugares donde pasó su infancia y juventud. Pero una parte importante de su historia artística continúa anclada aquí: en Artificio, donde comenzó a descubrir la música; y en Quillota, donde tomó unas baquetas, una guitarra y empezó a preguntarse cómo se construía una canción. Fue desde esas dos ciudades, mucho antes de los premios, las universidades y los escenarios internacionales, donde comenzó realmente su camino.

#CULTIVARVIDA Se une al 56 Aniversario de Diario El Observador

56 años contando las historias de nuestra gente Desde 1970, El Observador ha sido testigo de innumerables historias. Historias de personas, de sus ideas, de sus acciones y de los proyectos que han contribuido al desarrollo de nuestras comunidades. En sus páginas han quedado registrados los cambios, los desafíos y también los grandes momentos que han marcado la vida de nuestra región. Desde Grupo Hijuelas queremos saludar a todo el equipo de El Observador y a quienes han formado parte de estos 56 años de periodismo cercano a las personas.

Feliz Aniversario, El Observador Que sigan siendo muchos años más contando las historias que vale la pena conocer.


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Haz tu reserva familiar al teléfono (33) 2320393 Horario: lunes a sábado de 12 a 16 horas y de 19 a 23 horas. Domingos y festivos de 12 a 16 horas. Av. 21 de Mayo 2261, paradero 13, La Cruz.

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Comedor de andantes: un plato de comida y un espacio de encuentro en La Calera Tres veces por semana, voluntarias de la Parroquia Santo Nombre de Jesús preparan almuerzos para personas en situación de calle. No siempre alcanza para todos, pero quienes llegan encuentran también conversación, compañía y afecto Por Milena Rojas Aguilar

A las ocho de la mañana, cuando buena parte de la ciudad recién comienza su jornada, en la Parroquia Santo Nombre de Jesús las cocinas ya están encendidas. Las voluntarias llegan temprano porque hay que decidir qué preparar, calcular las porciones y conseguir que las ollas rindan lo suficiente para todos. El miércoles 23 de septiembre, cuando visitamos el lugar, había sopa de verduras, ocho kilos de arroz con carne molida y el infaltable pan. Y a eso de las 10 de la mañana, el olor de la comida ya comenzaba a salir desde la cocina y a extenderse por el frontis de la parroquia. La escena se repite cada lunes, miércoles y viernes, cuando decenas de personas saben que, a partir de las 10:30, podrán recibir un plato caliente. Habitualmente llegan cerca de 90, aunque la cifra puede aumentar. Poco a poco comienzan a aparecer quienes viven en situación de calle. Algunos arrastran problemas de alcohol o drogas; otros simplemente no han encontrado una oportunidad para salir adelante. Hay también quienes llevan tanto tiempo viviendo así que la calle terminó convirtiéndose en su único hogar. Pero, al momento de llegar al comedor, sus historias quedan por un instante en segundo plano: son personas que tienen hambre y esperan poder alimentarse. Y aunque desde afuera podría imaginarse un ambiente marcado únicamente por la tristeza, la escena es bastante distinta. Mientras aumenta el número de personas, también aparecen los chistes, las conversaciones y las risas. Aquel día incluso hubo guitarra y cantos. Algunos esperan sentados y en silencio; otros se saludan como viejos conocidos y se llaman por sus nombres. Por un momento, las dificultades que cada uno carga parecen ceder espacio a algo mucho más cotidiano: la conversación y la camaradería. Cuando llega la hora de servir, todos esperan su turno. Hasta los perros que acompañan a algunos parecen acomodarse a la fila. Uno a uno reciben su bandeja, entregan su nombre para el registro y, quienes pueden, dejan un aporte voluntario, a veces de apenas algunas monedas. Después cada cual busca dónde sentarse: algunos comen

en la entrada de la iglesia, otros en los bancos de la calle y también hay quienes se acomodan en el suelo. No existen grandes comodidades. Pero las voluntarias procuran que algo nunca falte: dignidad. La comida se prepara y entrega con el mismo cuidado con que podría hacerse en cualquier casa. Por eso, explican, quienes llegan no reciben solamente un almuerzo. También encuentran un saludo, una conversación y, muchas veces, un abrazo. Ese miércoles, sin embargo, las ollas no fueron suficientes. Se alcanzaron a entregar cerca de 70 porciones y hubo personas que quedaron sin comer. Entre las voluntarias se hizo evidente la angustia de tener que pronunciar una frase que ninguna quiere decir: “Ya no queda más”. VOLUNTARIAS AL CIENTO POR CIENTO Inés Galaz, encargada de la Pastoral Social San José, lleva cerca de tres años participando en esta labor. Cuenta que el comedor nació como un proyecto impulsado por el padre Pedro Aguiar, fallecido en junio pasado, y que posteriormente fue retomado por el padre Alejandro González. La atención se distribuye entre distintos grupos. Los lunes corresponde a la Pastoral Social de la Parroquia Santo Nombre de Jesús, los miércoles participa el equipo al que pertenece Inés y los viernes se suma un grupo de apoderados de la Escuela Teresa Brown de Ariztía. Para ellas, el compromiso no consiste simplemente en aparecer cuando hay tiempo.

“Para mí esto es maravilloso. Yo no pensaba venir, nunca estuvo en mis planes, pero el padre Alejandro pidió cooperación. Primero pensé que iba a venir miércoles por medio, cuando pudiera. Pero vi que no había más gente y entonces dije: ‘Yo voy a venir todos los miércoles’”, recuerda Inés. NO SOLO ES ALMUERZO, TAMBIÉN ES CARIÑO El contacto frecuente ha permitido que las voluntarias conozcan a quienes llegan cada semana. Algunas personas pueden ser más difíciles de tratar, reconoce Inés, pero muchas otras son especialmente cariñosas y agradecidas. “Yo en la calle me voy de beso y abrazo con ellos. ‘Hola, tía’, ‘hola, mamita, ¿cómo está?’, me dicen cuando me ven. O también: ‘Gracias, tía. Que Dios la bendiga’, ‘hoy, tía, tiene mano de ángel’. Son frases que siempre escuchamos mientras servimos. Son muy agradecidos”. Esa cercanía también les ha permitido mirar más allá de los prejuicios que habitualmente rodean a quienes viven en la calle. Inés recuerda una frase que repetía el padre Pedro: muchas personas solamente ven lo malo en quienes atraviesan esa realidad, “pero en ellos están los ojos de Jesús”. CUANDO LA COMIDA NO ALCANZA Ese miércoles, las risas dieron paso durante algunos minutos a la preocupación. La comida se terminó antes de que todos pudieran recibir una porción. Cocinar para 70, 80 o 90 personas nunca garantiza que alcance. Basta con que ese día lleguen algunos más para que las voluntarias deban enfrentarse al momento que más les cuesta: decirle a alguien que esperaba almorzar que ya no queda comida. “Sí, da pena, porque detrás de cada plato que no alcanza hay una persona que llegó esperando comer”, reconoce Inés. La necesidad, explica, ha aumentado. Incluso han comen-

Las voluntarias del comedor no solo preparan y entregan almuerzos: con el paso del tiempo han establecido vínculos de cercanía con muchas de las personas que acuden a la parroquia.

Cerca de 90 personas suelen acudir al comedor, aunque algunos días la demanda supera las porciones disponibles y no todos alcanzan a recibir un plato.

zado a recibir a personas que anteriormente acudían a otros espacios de apoyo, por lo que cualquier colaboración puede resultar importante. “El llamado que hacemos es sencillo: colaborar. No necesariamente con grandes cantidades. Un paquete de arroz, una salsa de tomate, un aceite. Lo que cada persona pueda aportar”. “UNA OPORTUNIDAD PARA LA GENTE QUE ANDA EN LA CALLE” Pero para entender lo que

significa este comedor también había que escuchar a quienes llegan hasta allí. Uno de ellos lo resume de manera sencilla: “Es una oportunidad para toda la gente que anda en la calle. Por lo menos son tres días a la semana que uno puede alimentarse y se agradece. Y como ve ahí, el ambiente es bueno, la gente llega contenta, sabe que va a tener un plato de comida”. Otro agrega: “No todos somos amigos, pero todos sabemos que estamos viviendo

una situación parecida”. Y alguien más define el lugar como “un punto de reunión donde se puede compartir un ratito”. Entre las conversaciones surge una frase que permanece dando vueltas incluso después de abandonar el recinto: “Cualquiera puede terminar así. Nos hacen el quite en la calle, pero nadie está libre”. También aparecen recuerdos del padre Pedro Aguiar. “Era muy bueno. Yo era niño cuando llegué a la parroquia y estaba él. Me quería mucho.

Cuando falleció lo sentí harto, porque conmigo fue muy bueno”, relata uno de los asistentes. Antes de despedirnos, queda una última pregunta para las voluntarias: ¿Hasta cuándo van a seguir haciendo este trabajo? “Hasta que Dios diga”, responden, casi al mismo tiempo y sin pensarlo demasiado. Afuera, la ciudad continúa con su ritmo habitual. Dentro de la parroquia quedan las ollas vacías, las bandejas utilizadas y el olor del almuerzo todavía

suspendido en el ambiente. Pero queda también algo más difícil de medir: el encuentro de personas que, durante algunas horas, compartieron comida, conversación y compañía. Porque en aquel comedor el objetivo inmediato es aliviar el hambre, pero alrededor de cada plato se ha ido formando también una pequeña comunidad. Una donde quienes llegan buscando qué comer encuentran, al menos por un momento, un lugar en el que alguien los espera.

Rosa Orrego López, Inés Galaz, Marta Matzner, Miriam Navea, Carolina Farías y María Vargas forman parte del grupo de voluntarias. También integran la Pastoral Patricia Melis, Mónica Miranda, María Eugenia Johnson y Sarita Bernal, quienes no aparecen en la fotografía.


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Comedor de andantes: un plato de comida y un espacio de encuentro en La Calera Tres veces por semana, voluntarias de la Parroquia Santo Nombre de Jesús preparan almuerzos para personas en situación de calle. No siempre alcanza para todos, pero quienes llegan encuentran también conversación, compañía y afecto Por Milena Rojas Aguilar

A las ocho de la mañana, cuando buena parte de la ciudad recién comienza su jornada, en la Parroquia Santo Nombre de Jesús las cocinas ya están encendidas. Las voluntarias llegan temprano porque hay que decidir qué preparar, calcular las porciones y conseguir que las ollas rindan lo suficiente para todos. El miércoles 23 de septiembre, cuando visitamos el lugar, había sopa de verduras, ocho kilos de arroz con carne molida y el infaltable pan. Y a eso de las 10 de la mañana, el olor de la comida ya comenzaba a salir desde la cocina y a extenderse por el frontis de la parroquia. La escena se repite cada lunes, miércoles y viernes, cuando decenas de personas saben que, a partir de las 10:30, podrán recibir un plato caliente. Habitualmente llegan cerca de 90, aunque la cifra puede aumentar. Poco a poco comienzan a aparecer quienes viven en situación de calle. Algunos arrastran problemas de alcohol o drogas; otros simplemente no han encontrado una oportunidad para salir adelante. Hay también quienes llevan tanto tiempo viviendo así que la calle terminó convirtiéndose en su único hogar. Pero, al momento de llegar al comedor, sus historias quedan por un instante en segundo plano: son personas que tienen hambre y esperan poder alimentarse. Y aunque desde afuera podría imaginarse un ambiente marcado únicamente por la tristeza, la escena es bastante distinta. Mientras aumenta el número de personas, también aparecen los chistes, las conversaciones y las risas. Aquel día incluso hubo guitarra y cantos. Algunos esperan sentados y en silencio; otros se saludan como viejos conocidos y se llaman por sus nombres. Por un momento, las dificultades que cada uno carga parecen ceder espacio a algo mucho más cotidiano: la conversación y la camaradería. Cuando llega la hora de servir, todos esperan su turno. Hasta los perros que acompañan a algunos parecen acomodarse a la fila. Uno a uno reciben su bandeja, entregan su nombre para el registro y, quienes pueden, dejan un aporte voluntario, a veces de apenas algunas monedas. Después cada cual busca dónde sentarse: algunos comen

en la entrada de la iglesia, otros en los bancos de la calle y también hay quienes se acomodan en el suelo. No existen grandes comodidades. Pero las voluntarias procuran que algo nunca falte: dignidad. La comida se prepara y entrega con el mismo cuidado con que podría hacerse en cualquier casa. Por eso, explican, quienes llegan no reciben solamente un almuerzo. También encuentran un saludo, una conversación y, muchas veces, un abrazo. Ese miércoles, sin embargo, las ollas no fueron suficientes. Se alcanzaron a entregar cerca de 70 porciones y hubo personas que quedaron sin comer. Entre las voluntarias se hizo evidente la angustia de tener que pronunciar una frase que ninguna quiere decir: “Ya no queda más”. VOLUNTARIAS AL CIENTO POR CIENTO Inés Galaz, encargada de la Pastoral Social San José, lleva cerca de tres años participando en esta labor. Cuenta que el comedor nació como un proyecto impulsado por el padre Pedro Aguiar, fallecido en junio pasado, y que posteriormente fue retomado por el padre Alejandro González. La atención se distribuye entre distintos grupos. Los lunes corresponde a la Pastoral Social de la Parroquia Santo Nombre de Jesús, los miércoles participa el equipo al que pertenece Inés y los viernes se suma un grupo de apoderados de la Escuela Teresa Brown de Ariztía. Para ellas, el compromiso no consiste simplemente en aparecer cuando hay tiempo.

“Para mí esto es maravilloso. Yo no pensaba venir, nunca estuvo en mis planes, pero el padre Alejandro pidió cooperación. Primero pensé que iba a venir miércoles por medio, cuando pudiera. Pero vi que no había más gente y entonces dije: ‘Yo voy a venir todos los miércoles’”, recuerda Inés. NO SOLO ES ALMUERZO, TAMBIÉN ES CARIÑO El contacto frecuente ha permitido que las voluntarias conozcan a quienes llegan cada semana. Algunas personas pueden ser más difíciles de tratar, reconoce Inés, pero muchas otras son especialmente cariñosas y agradecidas. “Yo en la calle me voy de beso y abrazo con ellos. ‘Hola, tía’, ‘hola, mamita, ¿cómo está?’, me dicen cuando me ven. O también: ‘Gracias, tía. Que Dios la bendiga’, ‘hoy, tía, tiene mano de ángel’. Son frases que siempre escuchamos mientras servimos. Son muy agradecidos”. Esa cercanía también les ha permitido mirar más allá de los prejuicios que habitualmente rodean a quienes viven en la calle. Inés recuerda una frase que repetía el padre Pedro: muchas personas solamente ven lo malo en quienes atraviesan esa realidad, “pero en ellos están los ojos de Jesús”. CUANDO LA COMIDA NO ALCANZA Ese miércoles, las risas dieron paso durante algunos minutos a la preocupación. La comida se terminó antes de que todos pudieran recibir una porción. Cocinar para 70, 80 o 90 personas nunca garantiza que alcance. Basta con que ese día lleguen algunos más para que las voluntarias deban enfrentarse al momento que más les cuesta: decirle a alguien que esperaba almorzar que ya no queda comida. “Sí, da pena, porque detrás de cada plato que no alcanza hay una persona que llegó esperando comer”, reconoce Inés. La necesidad, explica, ha aumentado. Incluso han comen-

Las voluntarias del comedor no solo preparan y entregan almuerzos: con el paso del tiempo han establecido vínculos de cercanía con muchas de las personas que acuden a la parroquia.

Cerca de 90 personas suelen acudir al comedor, aunque algunos días la demanda supera las porciones disponibles y no todos alcanzan a recibir un plato.

zado a recibir a personas que anteriormente acudían a otros espacios de apoyo, por lo que cualquier colaboración puede resultar importante. “El llamado que hacemos es sencillo: colaborar. No necesariamente con grandes cantidades. Un paquete de arroz, una salsa de tomate, un aceite. Lo que cada persona pueda aportar”. “UNA OPORTUNIDAD PARA LA GENTE QUE ANDA EN LA CALLE” Pero para entender lo que

significa este comedor también había que escuchar a quienes llegan hasta allí. Uno de ellos lo resume de manera sencilla: “Es una oportunidad para toda la gente que anda en la calle. Por lo menos son tres días a la semana que uno puede alimentarse y se agradece. Y como ve ahí, el ambiente es bueno, la gente llega contenta, sabe que va a tener un plato de comida”. Otro agrega: “No todos somos amigos, pero todos sabemos que estamos viviendo

una situación parecida”. Y alguien más define el lugar como “un punto de reunión donde se puede compartir un ratito”. Entre las conversaciones surge una frase que permanece dando vueltas incluso después de abandonar el recinto: “Cualquiera puede terminar así. Nos hacen el quite en la calle, pero nadie está libre”. También aparecen recuerdos del padre Pedro Aguiar. “Era muy bueno. Yo era niño cuando llegué a la parroquia y estaba él. Me quería mucho.

Cuando falleció lo sentí harto, porque conmigo fue muy bueno”, relata uno de los asistentes. Antes de despedirnos, queda una última pregunta para las voluntarias: ¿Hasta cuándo van a seguir haciendo este trabajo? “Hasta que Dios diga”, responden, casi al mismo tiempo y sin pensarlo demasiado. Afuera, la ciudad continúa con su ritmo habitual. Dentro de la parroquia quedan las ollas vacías, las bandejas utilizadas y el olor del almuerzo todavía

suspendido en el ambiente. Pero queda también algo más difícil de medir: el encuentro de personas que, durante algunas horas, compartieron comida, conversación y compañía. Porque en aquel comedor el objetivo inmediato es aliviar el hambre, pero alrededor de cada plato se ha ido formando también una pequeña comunidad. Una donde quienes llegan buscando qué comer encuentran, al menos por un momento, un lugar en el que alguien los espera.

Rosa Orrego López, Inés Galaz, Marta Matzner, Miriam Navea, Carolina Farías y María Vargas forman parte del grupo de voluntarias. También integran la Pastoral Patricia Melis, Mónica Miranda, María Eugenia Johnson y Sarita Bernal, quienes no aparecen en la fotografía.


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Andraz Echeverría: del río Aconcagua Oriundo de Los Andes, el joven deportista ganó hace poco la medalla de oro en los Juegos Odesur en Argentina. Radicado hace años en Brasil, junto con repasar sus inicios de la mano de su abuelo, apuntó su sueño de llegar a los Juegos Olímpicos Por Ricardo Maturana Otey La vida personal y deportiva de Andraz Echeverría Olguín está cargada de sacrificio, esfuerzo y mucho trabajo para llegar a convertirse en el mejor de Chile en su especialidad, consiguiendo importantes logros en su carrera. Oriundo de Los Andes y vinculado desde niño con el río Aconcagua, este deportista de 30 años, medallista panamericano y suramericano en el canotaje slalom, número uno de Chile y uno de los mejores del mundo en este deporte, fue construyendo poco a poco su exitosa trayectoria. El destacado deportista andino conversó con “El Observador” solo horas después de lograr la medalla de oro en la categoría de kayak slalom paralelo en los Juegos Sura-

mericanos Odesur de Santa Fe, Argentina, y realizó un repaso de su carrera, su presente y los sueños que aún persigue. DEPORTE FAMILIAR EN “LA CASA AZUL” Para Andraz Echeverría, el canotaje siempre fue un deporte familiar. La figura de su abuelo materno, Enrique Olguín, fue fundamental para que él comenzara a practicar y a encantarse con este deporte. “Mi abuelo fue uno de los primeros que empezó con el slalom en Chile y también lo llevó a Argentina y a Brasil. Él tuvo los primeros botes a mediados de los ochenta”, explica con orgullo. Todo comenzó con el negocio familiar llamado “Blue

House”. Se trata de un hostal en Los Andes, donde la casa familiar fue convertida en alojamiento para los visitantes, especialmente extranjeros que descubrieron que el río Aconcagua era ideal para entrenar y prepararse. “Fue un gran centro de entrenamiento entre los 90 y mediados de los 2000. Para los que venían era súper barato y mi abuelo compartió con mucha gente, aprendió de los entrenadores y me enseñó a mí”, señala el joven andino. De esta forma, deportistas de Europa y Estados Unidos comenzaron a venir a “La Casa Azul” en el verano en Chile, buscando un lugar donde entrenar y preparar la temporada, lejos del invierno en el hemisferio norte. En esos años, sin Internet, solo el boca a boca, o a través del fax, se comenzó a pasar el dato de esta casa en Chile, en Los Andes, y cada verano eran deportistas de Italia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Eslovenia los que llegaban a entrenar, pero también a disfrutar de la hospitalidad y afecto de los andinos, así como de costumbres tan propias como la “Fiesta de la Chaya”, lo que

para estos extranjeros era toda una novedad. “Todavía ahora que voy a los campeonatos internacionales y me topo con gente de esta generación, siempre se recuerdan. De hecho, uno de los mayores medallistas olímpicos, Michal Martikán, me dijo el año pasado: ‘Para mí, el lugar de entrenamiento más entretenido al que he ido ha sido el Los Andes, Chile. Me gustó eso de la chaya’. Es increíble”, comentó Andraz Echeverría. De hecho, su nombre -poco común- surgió de un visitante en el hostal familiar. El esloveno Andraž Vehovar, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, estuvo en Los Andes. “Según cuentan en mi familia, no sabían cómo ponerme y justo él estaba en la casa. Era muy simpático, así que les gustó el nombre”, explica. SU ABUELO, UN PILAR EN SU VIDA En esa casa nació y creció Andraz Echeverría, y por eso sus recuerdos de infancia están ligados a dichos visitantes. “Había gente que venía de afuera y se quedaba. Por lo tanto, siempre encontré

Andraz Echeverría, el andino que comenzó a practicar el canotaje en el río Aconcagua hasta ser uno de los mejores del continente.

muy interesante el deporte. Además, el río estaba ahí. Hasta que tuve la edad y mi abuelo me empezó a enseñar en una laguna, con un bote súper antiguo”, recuerda. Su abuelo, como el propio Echeverría reconoce, fue una figura fundamental en su vida. “Él fue un papá. No tuve un papá presente, siempre estuvo mi mamá, la familia y mi abuelo. De él aprendí el gusto por el deporte y me inculcó los valores”. Lamentablemente, falleció en diciembre del año pasado, víctima de un cáncer de pulmón. Por eso, cuando recibió la medalla de oro en

los pasados Juegos Suramericano en Argentina, Andraz Echeverría se emocionó al recordarlo. “Antes de competir y ganar el oro, soñé con él”, comenta emocionado. “Soñé que iba en el auto, y yo estaba sentado atrás. Estaba triste por un resultado y mi abuelo manejaba. Luego, me miraba por el espejo retrovisor. Entonces, me decía: ‘Tranquilo, porque tú estás este año para algo más grande’. Desperté y me sentí muy calmado, y así afronté la competencia, con la confianza y seguridad que me iría bien”, señala. Aunque pasó por otros


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a la elite del canotaje slalom del mundo colegios, egresó del Liceo Maximiliano Salas de Los Andes, un establecimiento del que guarda buenos recuerdos y del que está muy agradecido. “Un colegio municipal muy bueno, los profesores me querían harto y siempre me apañaron mucho con el deporte. Me dejaban salir antes para ir a entrenar y me permitían dar pruebas libres”. Ya entre los 15 y los 16 años el joven andino comenzó a tener buenos resultados en los torneos nacionales de slalom y a tener una buena proyección, lo que se confirmaría con el paso de los años y sus positivas actuaciones fuera del país. Así llegaron las medallas y títulos como un sudamericano en 2019 y una medalla de plata en un panamericano de su especialidad en 2021, lo que le permitió obtener una beca. Fue en esa época que el deportista, hoy de 30 años, estudió marketing y trabajó en Estados Unidos. “Salí justo cuando vino la pandemia. Hubo como un boom de lo digital y enseguida encontré una pega administrando y haciendo contenido, con

eso me mantenía y hacía mis cosas”, afirma. Eso tiene que ver con su gusto por el cine y la fotografía, áreas en las que ha podido trabajar, además de entrenar y competir. De hecho, ha hecho videos para la municipalidad del lugar donde está radicado actualmente en Brasil. “Me he ganado unos proyectos allá, me da una renta extra. Siempre estoy haciendo algo, estoy entrenando, estoy siendo papá y

estoy trabajando”, explica. Las diferencias con sus rivales son grandes. El año pasado Andraz Echeverría logró ubicarse 15 en el ranking mundial, todo un mérito si se considera que a quienes enfrentó se prepararon participando en copas del mundo todo el año y entrenaron durante meses fuera de sus países, mientras que él no. “Igual nos sacamos a veces la cresta, más que otros países que lo tienen todo en

Su abuelo Enrique Olguín, pionero del canotaje y del kayak en Los Andes, fue su gran apoyo. “Él fue mi papá”, señala el deportista andino.

bandeja para tener esos resultados, y lo hablo por el equipo en general, porque igual somos más; nos merecemos los trainings, nos merecemos hartas cosas, porque tenemos mejores resultados que otros países”, menciona. VIVIR Y ENTRENAR EN BRASIL Junto a su pareja y su hijo de dos años vive en Brasil, en la ciudad de Tres Coroas, Estado de Río Grande do Sul. Fue en la época de la pandemia cuando fue a entrenar unos meses allá y terminó enamorándose de su mujer (Javiera García, cantante andina que participó en el programa de televisión The Voice) y también del lugar, ideal para vivir y entrenar. Hace unos años, producto de una inundación ocasionada por un fuerte temporal, perdió todo lo que tenía. Por lo mismo, debió comenzar desde cero junto a su familia. Aunque por ahora no está en sus planes volver a Chile y a Los Andes, Andraz Echeverría revela un deseo: “Así como represento a Los Andes, al Valle de Aconcagua y en general a la región, me gustaría tener algunos

patrocinios de allá mismo. Sería bonito que una marca o alguna empresa me ayudara a comprar equipamiento”. Y agrega que “cuando vivía allá, me moví harto como para hacer escuelitas, pero nadie me pescó. Pedimos ayuda para comprar botes y remos, mi idea era hacer algo más social, enseñarle a los niños, pero nadie me tomó en cuenta, hasta que apareció esta oportunidad de irse a Brasil”. Comenta que su idea fue volver al país, pero no poder contar con las mismas condiciones para entrenar que hoy tiene descartó aquella empresa. “También hay que aprovechar la familia, todos nos ponemos viejos. Es difícil igual estar afuera y no poder estar cerca para ayudar en ciertas cosas”, reconoce. Ganar el oro en los Odesur 2026 era un objetivo, pero el más importante está por venir: Andraz Echeverría entrena y trabaja con mucho esfuerzo, luchando por seguir entre los mejores del mundo y de Chile, teniendo en mente llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. “Los Juegos Olímpicos son

mi sueño, mi motor y también tener resultados internacionales en el mundial, en copas del mundo”, explica con convicción, y para conseguirlo debe clasificar a un Campeonato Panamericano que se realizará el próximo año. El deportista de Los Andes confía estar en su mujer momento y cree que seguirá en la competencia de alto nivel hasta los 36 años. “Ahora estoy cosechando todo. Este año gané hartas cosas, así que debo aprovechar de mantenerme. Imagino que en algún momento me cansaré, porque los ciclos de entrenamiento son duros. No solo es llegar y competir, hay meses y meses de preparación para una competencia”, analiza. Por ahora, el joven andino, que creció recorriendo el río Aconcagua con las enseñanzas y el cuidado de su abuelo, seguirá trabajando para cumplir sus sueños, representar como lo ha hecho al deporte chileno, llegar a los Juegos Olímpicos y disfrutar a su familia y su hijo Mateo, a quien ya le encanta remar. “Así como mi abuelo me apañó, yo lo voy a apañar en lo que él quiera”.


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Muchos lo conocieron como el profesor Luis Suzarte, pero no todos saben que ese académico de educación física, tan reconocido en los colegios quillotanos, fue un habilidoso volante de San Luis en el profesionalismo que compartió con grandes figuras y enfrentó a destacados equipos. Todo eso lo dejó para convertirse en profesor Por Gonzalo Valero Acevedo Es el menor de ocho hermanos, de una reconocida familia quillotana del sector Corvi, vinculada al deporte, a la música y a la enseñanza. Luis Alberto Suzarte Díaz nació el 19 de junio de 1950 y desde pequeño supo que su vida estaría vinculada al fútbol. A temprana edad comenzó a deslumbrar con una técnica exquisita, unos pases milimétricos y una linda pegada de derecha, características que lo hacían sobresalir por sobre los niños de su barrio. Su día lo pasaba jugando al fútbol con amigos. Para esos años, el sueño natural de los jóvenes de la zona era llegar a jugar

en San Luis de Quillota o Unión La Calera, debido a que tras temporadas buenas -y otras malas- ambos equipos habían logrado sobresalir en el fútbol profesional, por lo que muchos niños de la época pudieron ver en vivo a grandes figuras futbolísticas que pasaron por los pastos del Nicolás Chahuán Nazar o el actual Lucio Fariña Fernández. A pesar que la infancia de Luis Suzarte estuvo vinculada al sector Corvi, no jugó por ellos. Su vida en el fútbol amateur la comenzó a los 10 años en el Club Deportivo Unión Royal. Sus estudios los hizo en la Escuela 1 y luego en

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De las canchas al aula: la historia

el Liceo de Hombres Santiago Escutti Orrego, integrando en ambos establecimientos recordadas selecciones de fútbol. Que Luis Suzarte llegara a San Luis era cuestión de tiempo, dado que era muy reconocido en el fútbol de los colegios y también en los torneos amateur. Eso finalmente sucedió en 1971 cuando tenía 19 años. Luis Suzarte, quien ya estudiaba Pedagogía en Educación Física en la sede Valparaíso de la Universidad de Chile (actual UPLA), había jugado el campeonato de los barrios por el Deportes México, su equipo amateur de toda la vida, donde había cumplido una destacada actuación. El entrenador Fernando Mondaca, quien tenía por misión buscar jugadores para sumar al plantel de San Luis que jugaba en segunda división, lo vio y lo invitó a probar suerte en el cuadro canario. Tras el torneo de ascenso de 1969, San Luis de Quillota había terminado en tercera posición. A pesar de ser una buena campaña, el club no terminó bien en lo institucional y tampoco en lo económico.

Fue tal el descalabro que, a principios de 1970, quedaron a disposición solo seis jugadores de un técnico que todavía no era confirmado por los dirigentes. Ahí apareció Eduardo “Punto” Silva junto al preparador físico Carlos “Máquina” Hernández, en su primera etapa al mando técnico del cuadro quillotano antes de su exitosa experiencia de fines del 70 y principios de 1980. SU LLEGADA A SAN LUIS Si bien estaba en el pro-

fesionalismo, institucionalmente San Luis de Quillota funcionaba como un cuadro con pocos recursos y, muchas veces, dependía del apoyo económico de dirigentes y ciudadanos quillotanos. Eran otros tiempos, donde los equipos chilenos pequeños eran modestos y estaban muy lejos de los dineros que hoy rodean al fútbol. De 1970 a 1972, San Luis vivió distintas crisis institucionales, que terminaron alejando a “Punto Silva” y a otros dirigentes. En ese contexto futbolís-

tico e institucional, llegó un joven Luis Suzarte a probar suerte en San Luis de Quillota. Los recursos eran escasos y las instalaciones deportivas estaban muy lejos de lo que hoy entendemos por fútbol profesional. Rápidamente se integró como uno más en un plantel que estaba constituido por una mixtura de jugadores jóvenes y otros de más experiencia como Juan Verdugo, que ya era un crack, y Rómulo “Pollo” Betta, quien regresaba tras una exitosa carrera en lo más alto del ba-

Luis Suzarte aparece en una oncena titular de San Luis en 1972 (el segundo agachado de derecha a izquierda).


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del sanluisino que eligió educar lompié nacional. Con altos y bajos, Luis Suzarte estuvo en San Luis de Quillota hasta 1974. “Durante esos años que integré San Luis tuve la oportunidad de jugar junto a grandes jugadores, como Fernando Pérez, Eduardo Lobos, Pollito Betta, Adrián Tapia, Juanito Verdugo, Patricio Escudero, entre otros. Fueron años muy lindos, donde pude competir al más alto nivel, mostrando mis habilidades en mediocampo y ataque”, nos cuenta emocionado al recordar esos años. Además, esos años en el

Luis Alberto Suzarte Díaz.

fútbol profesional le permitieron enfrentar a grandes futbolistas y equipos que son parte de la mejor historia del fútbol chileno. “Puedo decir que tuve el gusto de jugar contra el equipo de Colo Colo que disputó la final de la Copa América del año 72, y al año siguiente el 73 jugamos también contra el famoso equipo que tuvo la Unión Española, el cual también disputó las finales de la Copa Libertadores. Tuve el gran privilegio de tener como adversarios en esa época a Machuca, Berli, Chino Arias, Ahumada, Pininas Palacios, Pollo Véliz, y muchos más que integraban la selección chilena”, relata con orgullo. Por esos años, el corazón de Luis ya tenía dueña. En 1971 había conocido a Myrtha Tapia, hija de una conocida familia del sector México, de quien se enamoró perdidamente. Con ella decidió formar una familia, tener hijos y construir un futuro juntos. Estos anhelos chocaban un poco con su realidad como futbolista de San Luis y con los modestos recursos que percibía por jugar a la pelota. Por lo que tras darle

muchas vueltas, tomó una difícil decisión. Optó por dejar el fútbol profesional, para dedicarse de lleno a los estudios en la Universidad. Tal como en el fútbol, Luis era de decisiones rápidas y de no darle muchas vueltas a las cosas. Pensó en la familia, en su futuro y optó por los estudios universitarios. Tras dejar San Luis en 1974, al año siguiente se tituló de profesor y dos años después se casó con Myrtha. “La causa principal de por qué dejé el fútbol profesional fue que, en ese tiempo, no era muy bien remunerado y además no cancelaban los sueldos oportunamente, lamentablemente no existían las condiciones que hay actualmente en el fútbol profesional”, confiesa Luis. SU FUTURO FUERA DEL PROFESIONALISMO Como amaba el deporte y el fútbol, la profesión se le hizo fácil y se tituló rápidamente. En 1975 ingresó a trabajar en la Escuela de Deportes de Quillota, posteriormente el año 1978 se incorporó al Colegio Diego Echeverría, establecimiento

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donde cumplió una importante labor formando memorables selecciones de fútbol. “Había llegado hace poco tiempo y logramos clasificar con la selección de fútbol de categoría intermedia para ir a los Juegos Nacionales que se desarrollaban en Villarrica, logrando ser el primer equipo en obtener el título de campeón nacional de fútbol escolar de Quillota”, recuerda con orgullo. Si bien dejar el fútbol profesional no fue una decisión fácil, “considero que fue la mejor determinación, debido que mi gran vocación de profesor me brindó muchas satisfacciones a lo largo del tiempo con lo cual pude realizarme plenamente, tanto a nivel personal, familiar y profesional”. En el Diego Echeverría trabajó hasta el año 1994, participando anualmente en las Olimpiadas Maristas y logrando destacados triunfos deportivos. Por años, los equipos de fútbol del establecimiento marista fueron muy valorados a nivel local, regional y nacional, siendo Luis Suzarte uno de los principales artífices de los grandes

jugadores que emergieron durante esos años. Paralelamente a su trabajo en el Colegio Diego Echeverría, el año 1979 ingresó a trabajar al Instituto Rafael Ariztia, en el cual estuvo hasta el año 2017, lo que le permitió estar por 40 años ligado a la congregación marista. Pero del fútbol nunca se desligó por completo. Cada fin de semana jugaba en las competencias del balompié amateur. Además del Club Deportivo México, también defendió las camisetas de Pedro Frugone, del Club Deportivo Andrés Bello. A principios de los 80, jugó por el Deportivo Magisterio, representando a todos los profesores de Quillota en un gran Campeonato de baby fútbol que reunió a 1.500 empresas a lo largo de todo Chile. Salieron campeones y el premio fue un viaje para todo el equipo al Mundial de Fútbol de España 1982. Luego de ganar la final, fue escogido como el mejor jugador del campeonato. Tras más de 40 años enseñando a estudiantes de colegios en Quillota, hoy Luis Su-

zarte se encuentra jubilado. A sus 76 años el tiempo se lo dedica a su familia y amistades, y a ver fútbol. Suele estar muy actualizado de lo que sucede en San Luis y en el balompié nacional. Si bien su paso por el profesionalismo fue importante, fue su etapa como profesor y formador de estudiantes lo que hoy más lo llena de orgullo. “Destaco lo mucho que aprendí y me entregaron mis propios estudiantes. Fue su cariño, respeto, perseverancia, espontaneidad, superación y la capacidad de resolver problemas lo que me hicieron una mejor persona. A través del tiempo me siento muy feliz por la huella que dejé en cada uno de ellos, tal vez no recuerden todos los ejercicios que aprendieron, pero sí recordarán por muchos años al profesor que los trató con mucho cariño, confianza, respeto y que les educó para la vida”, concluye Luis Suzarte, el ex jugador sanluisino que cambió el fútbol profesional por la enseñanza y el deporte formativo de muchos estudiantes de la zona.

Gracias por su compromiso con una comunidad informada y por acompañar día a día el desarrollo de la región


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La historia de Cerefán: el centro que brinda

Animales heridos y afectados por la acción humana encuentran aquí un lugar para recuperarse y volver, cuando es posible, a la vida en libertad

Por Marisol Valdés Riffo Hay lugares que existen porque alguien decidió que no podía mirar para otro lado. En San Felipe, uno de ellos es Cerefán, el Centro de Rescate de Fauna Andina, una iniciativa que desde hace siete años recibe animales silvestres heridos, los rehabilita y, cuando es posible, los devuelve al lugar donde fueron encontrados. Detrás del trabajo está Max Lemaître, médico veterinario y director del centro. La historia comenzó en 2018, cuando trabajaba en una clínica de animales pequeños y empezó a recibir fauna silvestre que necesitaba atención. El SAG, que no contaba con un centro de rescate en la zona, también comenzó a pedirle ayuda de manera informal. La necesidad terminó convirtiéndose en un proyecto. En junio de 2019 Cerefán se formalizó con tres

veterinarios: Lemaître, Paulina Urbina y Marcia Gálvez. Paulina se alejó después de algunos meses, pero Marcia continúa hasta hoy. Actualmente son cuatro los profesionales que trabajan voluntariamente en el centro: Violeta Barrera, Marcia

Gálvez, María Elisa Lemaître -prima de Max- y él. Sin embargo, el centro no cuenta con financiamiento estatal. Cerefán funciona con aportes de la comunidad y con el trabajo de personas que dedican parte de su tiempo a una tarea que no les reporta ingresos. Los gastos mensuales fluctúan entre $800 mil y $1,2 millones, dependiendo de la cantidad y el tipo de animales que reciben. ATAQUES Y ATROPELLOS Una de las causas que está

Marcia Gálvez y Max Lemaître son los encargados, junto a un grupo de colaboradores, de brindar atención y cuidados a los animales que llegan al centro.

presente en buena parte de los rescates, y que Lemaître identifica por lejos como la principal, son los ataques de animales domésticos: entre un 70% y un 80% de los ejemplares que ingresan lo hacen después de ser atacados por perros o gatos. En el caso de los guanacos, explica que “llegan porque perros de parcela, que tienen dueños y andan sueltos, los atacan”. Incluso han encontrado perros con collar entre los que protagonizan estos ataques. Con las aves pequeñas, los gatos representan una amenaza frecuente, mientras que en las aves rapaces predominan los disparos. Peucos y otras especies llegan con heridas provocadas por armas de fuego, mientras que tucúqueres y lechuzas suelen intoxicarse tras consumir roedores envenenados. Algunos casos quedan especialmente marcados. Los cóndores baleados son parte de los episodios que más impacto generan, pero también está la historia de un águila que quedó prácticamente con una pata seccionada por un simple hilo de volantín. No era hilo curado: el hilo común

interrumpió la circulación. La extremidad terminó colgando, con el hueso expuesto y una infección que se sumó a otras lesiones. “Hubo que eutanasiarla. Las heridas que tenía eran horribles”, explicó Lemaître, quien agrega que más recientemente, a finales de agosto, “tuvimos un puma que atropellaron en Panquehue, que ha sido un caso emblemático y que terminó falleciendo”. Más allá de las lesiones, el veterinario observa un problema de fondo: la distancia

que muchas personas mantienen con la fauna silvestre. La preocupación por perros y gatos suele ser mayor porque forman parte de la vida cotidiana, mientras que los animales nativos permanecen más alejados de la experiencia diaria. Por eso, una parte importante del trabajo de Cerefán ocurre antes de que un animal llegue a sus instalaciones. El equipo realiza actividades de educación y difusión, participa en Aconcagua Fest y visita establecimientos

Una vez recuperados, aquellos animales que están en condiciones de volver a la vida silvestre son liberados en el mismo lugar donde se les encontró.


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una segunda oportunidad a la avifauna silvestre educacionales para hablar sobre fauna y conservación. “Yo creo que el cambio viene con las generaciones nuevas y por eso nosotros hacemos actividades de difusión, de concientización”, plantea Lemaître. PERMANENCIA Y SEGUIMIENTO Actualmente el centro en-

frenta una dificultad decisiva para su futuro: no tiene un lugar propio. Funciona en dependencias arrendadas, con un acuerdo que puede terminar si el propietario solicita el inmueble. Esa incertidumbre limita incluso la posibilidad de postular a fondos de infraestructura, porque se requiere seguridad respecto del lugar donde se

ejecutará la inversión. Por ello, el objetivo para el próximo año es conseguir un arriendo que garantice una permanencia de entre cinco y diez años. Con esa certeza podrían invertir en infraestructura y mejorar las condiciones para los animales. Cerefán cuenta con personalidad jurídica como organización sin fines de lucro y funciona en Yungay N° 911, en San Felipe, donde se reciben los animales y está la oficina. Allí las aves cumplen además su período de cua-

rentena antes de ser trasladadas a Tocornal, donde se desarrolla parte de la rehabilitación. Pero el proceso no termina cuando el animal se recupera. Si puede volver a desenvolverse por sí mismo, la liberación se realiza en el mismo lugar donde fue encontrado, con la idea de que pueda retornar a su territorio. Pero algunos quedan con secuelas permanentes que les impiden cazar, caminar adecuadamente o volar. En esos casos son derivados a centros

¿Qué hacer si se encuentra a un animal herido? Frente a un animal silvestre herido, Lemaître pide no manipularlo por cuenta propia. En el actual contexto de emergencia por influenza aviar, el llamado es a contactar al SAG y, si no es posible obtener respuesta, recurrir a Carabineros. La enfermedad puede transmitirse a las personas, por lo que el rescate debe quedar en manos de quienes cuentan con los elementos y conocimientos necesarios. Cerefán funciona con aportes de la comunidad y con el trabajo de personas que dedican parte de su tiempo a una tarea que no les reporta ingresos.

de exhibición o reproducción. En este contexto, Cerefán mantiene una campaña para financiar el seguimiento de dos chulengas (guanacas juveniles) que llegaron al centro cuando tenían apenas una semana de vida, luego de que sus madres murieran tras ser atacadas por perros. Fueron criadas y rehabilitadas y el objetivo es liberarlas en diciembre, pero esta vez con collares de seguimiento. “La idea es evaluar el éxito de la liberación, porque si las liberamos y después no las vemos nunca más, no sabemos si fue exitoso o no”, dice Max. Cada collar tiene un costo aproximado de $1,3 millones y se necesitan dos. Los dispositivos permiten realizar seguimiento durante cerca de dos años y pueden recuperarse para ser utilizados posteriormente en otro animal. Para un centro que depende de donaciones, reunir ese monto no es un detalle menor. Como tampoco lo es sostener mes a mes la alimentación, medicamentos, insumos y atención veterinaria de animales que llegan después de experiencias que muchas veces son consecuencia di-

recta de la actividad humana. A eso se suma una red de colaboradores que tampoco recibe sueldo. Entre ellos hay un funcionario policial, profesores, mecánicos y otras personas de la comunidad que aportan según sus posibilidades. El propio Lemaître divide su tiempo entre su trabajo como veterinario de perros y gatos, labores como perito judicial y asesorías profesionales, pero Cerefán queda fuera de esa actividad remunerada. “Nos da sentido hacerlo”, resume sobre la motivación que mantiene en pie el proyecto. Y agrega: “Si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie. Los animales se morirían no más”. Mientras tanto, Cerefán sigue funcionando con una lógica sencilla: recibir, curar, rehabilitar y devolver. No hay grandes estructuras ni un financiamiento permanente detrás. Hay veterinarios que trabajan sin cobrar, voluntarios que colaboran y una comunidad que, mediante sus aportes, permite mantener abierta una puerta para animales que difícilmente tendrían otra oportunidad.

“Somos una comunidad Marista con 92 años de trayectoria que educa, acompaña y transforma” En la Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple de la Fundación Diego Echeverría Castro creemos que cada estudiante tiene talentos, sueños y capacidades que pueden transformar su futuro. Somos una comunidad educativa Marista que combina tradición, innovación y formación Técnico Profesional, ofreciendo experiencias de aprendizaje que van más allá de la sala de clases y que preparan a nuestros estudiantes para desenvolverse con confianza, responsabilidad y compromiso en un mundo que cambia constantemente. Aquí se aprende haciendo, creando, colaborando y sirviendo. Impulsamos metodo-

logías activas, proyectos interdisciplinarios, Aprendizaje + Servicio, experiencias vinculadas con la ciencia, la tecnología, el deporte, la cultura y el territorio, fortaleciendo aprendizajes que cobran sentido cuando se conectan con la vida. Nuestra educación pone a la persona en el centro. Por eso promovemos una escuela inclusiva, acogedora y comprometida con el bienestar, donde cada estudiante pueda descubrir sus capacidades, desarrollar sus talentos y construir su propio proyecto de vida acompañado por una comunidad que cree en él. Nuestra formación Técnico Profesional

entrega herramientas para continuar estudios, incorporarse al mundo laboral, emprender y enfrentar los desafíos del futuro, integrando competencias técnicas con una sólida formación humana y valórica. Fortalecemos nuestra propuesta educativa a través de convenios con instituciones de educación superior, como la Universidad Técnica Federico Santa María, y vínculos de colaboración con el Hogar de Cristo, la Ilustre Municipalidad de Quillota y empresas de la zona. Estas alianzas enriquecen las experiencias de aprendizaje, acercan a nuestros estudiantes al mundo laboral y académico, y promueven su compromiso con las necesidades

del entorno. A ello se suma FIRA FM, nuestra radio colegial, un espacio de comunicación, participación y expresión que proyecta la voz de nuestra comunidad educativa, fortalece la identidad Marista y nos conecta con el territorio. Somos una escuela con historia y raíces en Quillota, pero con la mirada puesta en el futuro. Ven a conocernos y descubre todo lo que puedes llegar a ser. Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple - Fundación Diego Echeverría Castro Educación Marista que forma, inspira y transforma.


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Jorge Cantwell Araya: las historias del rescatista Fue uno de los que sacó el cuerpo de Allende de La Moneda, revivió a una joven que había sido dada por muerta y se sumergió en un pozo séptico para salvar a un niño de siete años Por Marisol Valdés Riffo Durante años, Jorge Cantwell fue el héroe silencioso de Quintero, un hombre que nació para servir y que dedicó cada día de su existencia a salvar vidas ajenas sin esperar nada a cambio. Eso, porque hay hombres que vienen al mundo con un propósito grabado en el alma, y las suyas son de esas historias que merecen ser contadas. Jorge Armando Cantwell Araya nació el 26 de octubre de 1950 en Santiago, en el seno de una familia ferroviaria que lo llevó a recorrer el país durante su adolescencia. Tras completar sus estudios en Ovalle, donde su padre ejercía como jefe de estación de Ferrocarriles, regresó a la capital a comienzos de los años 70 para integrarse a la 13ª Compañía de Bomberos de Providencia, iniciando así una vocación que definiría toda su existencia.

En 1978 llegó a Quintero para trabajar en Enami, donde quedó a cargo del área de seguridad y prevención de riesgos. Y lo que comenzó como una estadía temporal se transformó en un arraigo definitivo: “Vine con mi familia por seis meses, pero Dios quiso que me quedara aquí. Quintero era como un paraíso chiquitito, con un paisaje muy bonito, la gente era muy buena. Soy enamorado de Quintero”, confesó en una entrevista realizada en agosto de 2016. Se casó con María Teresa Yagnam, con quien tuvo dos hijos, Cristian y Jorge. Sin embargo, Cantwell, conocido también por los apodos “Rambo”, Z-1, RPE-1, don Jorge o “El loco Cantwell”, lamentablemente falleció el pasado domingo 23 de agosto, a los 75 años, producto de un tumor pulmonar, de-

jando un legado imborrable en la comunidad quinterana. LA MONEDA EN LLAMAS El 11 de septiembre de 1973 marcó para siempre la memoria de Jorge Cantwell. Aquel día, siendo un joven bombero de la 13ª Compañía de Providencia, fue convocado junto a sus compañeros por un incendio en un edificio frente a La Moneda. “Ellos concurren y cuando empiezan a llegar se

Jorge Cantwell Araya arriesgó muchas veces su vida para salvar a otros. Ahora, el Cesfam de Quintero llevará su nombre.

dan cuenta de que las cuadras estaban cercadas por militares. Piden el acceso y les dan el paso, pero siempre y cuando los militares fueran con ellos en el carro”, relata su hijo Cristian, quien conoció los detalles de aquella jornada a través de conversaciones que su padre comenzó a compartir años después, cuando los nietos crecieron y empezaron a preguntar. Cuando comenzaron los bombardeos sobre el palacio presidencial, Jorge y los demás bomberos se lanzaron bajo los carros para protegerse. Una vez que les permitieron ingresar, el primer escuadrón en entrar fue precisamente el de la 13ª Compañía. En medio de los escombros humeantes y la confusión, Jorge Cantwell fue uno de los hombres que encontró el cuerpo del Presidente Salvador Allende. “Ellos vieron muchos cuerpos y eso los llevó también al salón donde estaba el cuerpo del Presidente. Cuando lo encontraron no supieron inmediatamente que era él. Después alguien ingresó e hizo el comentario del Presidente y ahí lo sacaron”, narra su hijo.

Envuelto en un chamanto multicolor que técnicamente era una alfombra, el cuerpo del mandatario fue retirado por estos bomberos que nunca imaginaron ser testigos de un momento tan crucial en la historia de Chile. “No fueron imágenes muy bonitas ni tiempos muy bonitos, fue un periodo que él nunca mencionó mucho”, confiesa Cristian. EL NIÑO DEL POZO Entre los rescates que marcaron profundamente a Jorge Cantwell, aquellos que involucraban niños ocu-

paban un lugar especial en su corazón. Uno de los más recordados ocurrió en Loncura, cuando una familia entera cayó a un pozo séptico comunitario tras romperse la losa de cemento. “Una abuelita con ocho nietos estaban tomando té, había un parrón. El cemento cedió y era la tapa de un pozo de toda la comunidad, y todas las aguas negras caían ahí. Se rompió el cemento y cayeron todos”, relata Cantwell en su testimonio. El rescate se extendió por horas. Trabajaron con grúas horquilla y agotaron todos los medios disponibles.

El 11 de septiembre de 1973, Jorge Cantwell, -segundo desde la izquierda- fue uno de los bomberos que sacó el cuerpo de Salvador Allende de La Moneda.


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quinterano que desafió innumerables veces a la muerte “Rescatamos a siete niños y a la abuelita, pero quedó un chiquito de siete años, de nombre Sergio. El niño quedó atrapado entre un bloque de cemento y el pozo séptico. Por todos lados caían las excretas. El chiquito nos ayudaba, nos decía: ‘Tío, yo sé, llama a los milicos y ellos me van a sacar porque ellos saben’”, recordaba Cantwell en la entrevista de 2016. Eran cerca de las once de la noche cuando llegaron carabineros del GOPE. Jorge tomó una decisión que pudo haberle costado la vida: "Dije: ‘ya mi cabo, me voy a sumergir, voy a hacer fuerza como sea y usted lo saca. Si se le desmiembran los pies, bueno, pero lo sacaremos’”. Se sumergió en el pozo repleto de aguas servidas, y en ese momento límite entre la vida y la muerte, ocurrió lo que él siempre atribuyó a la divinidad: “Dios, en ese momento, cuando me sumergí, me ayudó, moví el bloque y lo sacamos”. El niño sobrevivió indemne. “Mi papá y don José, que fue el que se metió con él, todavía no entienden cómo lograron mover ese trozo de cemento. Pero se hizo, fue la adrenalina, llá-

melo como quiera, incluso se puede llamar milagro”, reflexiona su hijo. FUEGO EN LA PIEL A finales de los años ochenta, Jorge Cantwell vivió en carne propia la tragedia que tantas veces había presenciado en otros. Trabajaba en Enami cuando se produjo el accidente: unos tubos de acetileno y oxígeno cayeron dentro de una olla de fundición donde había cobre fundido. “Cuando se subió mi papá con una persona, ven que empiezan a inflarse los tubos y uno hace explosión. Eso hizo que el cobre fundido saltara sobre mi papá. En ese tiempo los buzos eran de algodón. Obviamente se empezó a prender”, relata Cristian. Jorge Cantwell resultó con el cuerpo quemado del cuello hacia abajo. Lograron subirlo a una ambulancia, y antes de partir le entregó su billetera a un compañero de trabajo con una instrucción terrible: “Llévasela a ‘La Negra’ (su esposa María Teresa), porque no sé si voy a llegar”. Mientras tanto, en su casa, la familia veía “Sábados

Gigantes” cuando llegaron a buscar a su madre. “Mi mamá salió en el auto con un tío, y en Concón los pararon. Un carabinero les dijo que no podían pasar porque había un incendio forestal enorme y porque acababa de chocar una ambulancia con un carro bomba”, relata Cristian. La ambulancia que trasladaba a Jorge Cantwell había chocado. Paradójicamente, el hombre que iba quemado de pies a cabeza fue quien sacó al paramédico que lo acompañaba, quien había quedado peor tras el impacto. Lo subieron a una ambulancia de la Armada y lo trasladaron al IST. “Allí atendieron a las otras dos personas. Mi papá llegó con el cuerpo negro y lleno de hollín, porque iba sin ropa. Y el doctor le dice: ‘Tú, ¿qué hacís acá?’. Y le respondió: ‘Hueón, si vengo quemado’”, recuerda su hijo con una mezcla de dolor y admiración. Jorge Cantwell estuvo meses hospitalizado, primero en el IST y luego en la Clínica Reñaca, luchando por recuperarse de las quemaduras que marcaron su cuerpo para siempre.

LA NIÑA QUE VOLVIÓ A VIVIR Quizás el rescate que más conmovió a Jorge Cantwell fue el de una joven que todos daban por muerta. Ocurrió cerca del cruce de La Virgen, en un accidente de tránsito que dejó múltiples víctimas. Cuando Cantwell llegó al lugar, los equipos de emergencia ya habían cubierto con una lona naranja el cuerpo de una de las víctimas. Pero algo lo impulsó a acercarse. “Mi papá destapó la manta naranja y dijo: ‘Pero si no está muerta’. La gente de la ambulancia le respondió: ‘Sí, ella está muerta’. Pero mi papá empezó a hacerle reanimación hasta que la hizo reaccionar", relata Cristian. Aquella joven tenía alrededor de 16 años. Fue trasladada con vida al hospital, y décadas después, convertida en una mujer adulta, llegó al funeral de quien le había salvado la vida cuando era apenas una adolescente. Esa niña que volvió a vivir, que creció y que se convirtió en mujer, fue la prueba viviente de la filosofía de “Don Jorge”. Por eso, el pasado 2 de septiembre, el

Concejo Municipal decidió preservar su memoria con una muestra de agradecimiento: el Cesfam de Quintero llevará el nombre de Jorge Cantwell Araya. “Era una persona muy sensible que quería mucho la vida y que nos enseñó todo el

valor que tiene y a no escatimar esfuerzos en salvar a cualquier persona”, afirma su hijo Jorge. Aquel gesto definió la esencia de Jorge Cantwell: nunca rendirse, nunca aceptar la muerte como inevitable cuando hubiera un resquicio de esperanza.

La vasta experiencia de Cantwell -de rojo, al centro- lo llevó a ser destacado como mejor rescatista latinoamericano y sudamericano en España y en Estados Unidos.


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Jamil Donoso: de aprender detrás de una barra A sus 55 años, produce en Huahualí una marca nacida tras décadas de trabajo y varias recetas que fue perfeccionando con el tiempo Por Gabriel Abarca Armijo Jamil Donoso todavía era adolescente cuando alguien dijo que sabía preparar una vaina. El barman del restaurante donde trabajaba en aquel entonces había faltado, y justo ese día llegó un grupo importante de personas. Él llevaba un tiempo mirando la barra manteniendo cierta distancia, aunque fascinado por las botellas, los colores y la forma en que aquel hombre atendía. Tanto preguntó que terminó aprendiendo algunas recetas, las cuales anotaba cuidadosamente porque ni siquiera conocía todos los ingredientes. Por lo mismo, ese día tuvo que recurrir a sus apuntes. “Estaba muy nervioso; era adolescente todavía”, recuerda con algo de nostalgia. De esta forma, buscó las botellas, preparó el trago y esperó la respuesta del encargado del local. Al rato, le pidieron otro.

Décadas después, aquella escena sigue diciendo mucho de su historia. Jamil siente que buena parte de su recorrido se explica por las personas que aparecieron en momentos decisivos, dispuestas a enseñarle algo o a darle una oportunidad. DE TEJAS VERDES A OTRO MUNDO Jamil Orlando Donoso Velázquez está próximo a cumplir 55 años, vive en Villa Alemana, pero es oriundo de San Antonio. Creció en Tejas Verdes, en una familia obrera y en un ambiente ligado a pescadores. Pudo haber optado por ese camino, pero la curiosidad siempre fue parte de su esencia. Eso sí, su acercamiento a la cocina comenzó incluso antes de entrar a un restaurante. Sus padres trabajaban y él se quedaba con su hermana.

Por tanto, si tenía hambre, debía arreglárselas. “Le preguntaba a vecinas y tías: ‘¿Cómo se prepara esto?’ (…) Si quería algo, tenía que aprender a hacerlo”, recuerda. Después llegaron los trabajos temporales y aquel puesto de copero que inicialmente ni siquiera sabía en qué consistía. Pasó por distintos restaurantes hasta que apareció Pedro Villegas, a quien recuerda como uno de sus maestros. “Me dijo: ‘Quiero hablar

La preparaciones de Jamil se han consolidado en toda la región e incluso el país.

contigo. Te vengo a dar la oportunidad de tu vida’”. Buscaban a alguien joven para formar en Las Brisas de Santo Domingo, exclusivo sector visitado por las personas más acaudaladas del país. Compatibilizó trabajo y estudios, se formó en vinos, coctelería, protocolo y servicio, y memorizó la carta internacional cuando no había Internet para consultar una receta. Permaneció cerca de 15 años en ese ambiente. EL SOUR QUE TERMINÓ EN UNA BOTELLA Durante esos años también comenzó a experimentar. Algunos clientes le pedían que los sorprendiera y Jamil modificaba cantidades, agregaba hielo, cambiaba la goma y anotaba los resultados. Y una de esas pruebas terminó siendo decisiva por casualidad. Había preparado un trago para un cliente que finalmente no llegó ese fin de semana. En vez de desecharlo, lo congeló. Cuando el hombre regresó, lo puso en la juguera y se lo dio a probar. Le gustó y pidió más para una próxima visita. “Ahí la clave fue el

congelado”, confiesa. Después comenzaron a preguntarle por qué no lo ponía en una botella. Algunas personas se llevaban el sour a sus casas, aunque él todavía no veía allí un negocio. “Simplemente lo hacía porque me gustaba y porque

a la gente le gustaba”, explica. La idea fue madurando lentamente. En los lugares donde trabajaba seguía preparando sus sour y su entorno insistía en que debía venderlos por su cuenta. Él dudaba. “Yo tenía bastante inseguridad. Pero desde mi

Jamil Sour obtuvo 9 medallas en Catad’Or. 3 medallas de oro en 2024 con Tropical, Canela y Mojito; y 6 medallas en 2025, Gran Oro para Chirimoya Colada sin alcohol, oro para Tropical y Gin Tropical y plata para Canela, Copihue y Menta-Jengibre.


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a crear pisco sour de copihue en Villa Alemana entorno fueron empujando la idea”, reconoce. También fueron otros quienes propusieron usar su nombre. Al principio “Jamil Sour” le parecía egocéntrico, hasta que lo convencieron de que la gente ya asociaba las preparaciones con él: era, simplemente, “el sour de Jamil”. UN VIAJE Y UN COPIHUE Una de las variedades más particulares nació de otra casualidad. Jamil estaba estresado y quería desconectarse cuando vio un bus que decía Valdivia. Pensó que no conocía la ciudad, preguntó si quedaban pasajes y se fue. Allá contactó a un amigo que conoce desde tercero básico. Su curiosidad por los copihues terminó llevándolos hasta una productora de Loncoche que elaboraba licores y otros productos con la flor. Llegaron a su parcela por caminos de campo, entre bosque y barro, y Jamil comenzó a probar. Luego, en su taller, comenzó a experimentar, y el resultado fue un sour floral con un sabor que algunas personas comparan con un

té de rosas. Pensaron que su mayor precio podía dificultar las ventas, pero ocurrió lo contrario: comenzaron a llegar clientes preguntando directamente por el copihue. UNA FÁBRICA EN VILLA ALEMANA Hoy Jamil Sour se produce en una pequeña fábrica del sector de Huahualí, en Villa Alemana, con cámara de frío y paneles solares. Conseguir los permisos necesarios para producir alcohol de alta graduación, cuenta, les tomó cerca de dos años y medio. Las ferias siguen siendo su principal vitrina. Allí no solo venden: Jamil intenta recuperar algo de la experiencia de una barra. “Echamos la talla, conversamos, hacemos juegos, ponemos música. La gente a veces se queda ahí como si estuviera en una barra”, relata. También buscan incorporar ingredientes de la zona: el limón proviene de Limache y la menta se compra en viveros locales. Sus reconocimientos en Catad’Or, dice Jamil, les han permitido llegar a nuevos públicos y hoy aspiran a seguir compitiendo. Pero cuando repasa su tra-

yectoria, no parte por las medallas ni por la fábrica. Vuelve al adolescente que preguntaba cómo preparar comida, al copero que miraba trabajar al barman y a quienes fueron apareciendo después. “Mi vida ha sido así desde el comienzo. Siempre me he encontrado con las personas precisas”. Una le enseñó su primer trago, otra lo llevó a Las Brisas y después alguien lo impulsó a estudiar. Años más tarde, su entorno terminó convenciéndolo de que aquello que llevaba tanto tiempo preparando podía transformarse en una marca. Hubo que estudiar, trabajar y aprovechar cada puerta que se abrió. Aun así, habla de su historia como si todavía quedara un capítulo importante por escribir. “Hoy tenemos nuestro pequeño negocio y sentimos que todavía falta esa gran oportunidad. Pero yo estoy seguro de que va a llegar”. Tal vez por eso sigue haciendo lo mismo que cuando un cliente le pedía que lo sorprendiera: probar, corregir y volver a intentar. Solo que ahora, después de tantos años, su nombre está escrito en la botella.

El pisco sour de copihue nació tras un viaje de Jamil al sur y se ha convertido en uno de sus productos estrella.

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César Villegas Mena: la promesa familiar que llevó

El presidente tomatero recuerda el camino iniciado junto a su padre, explica las decisiones que marcaron el crecimiento del club y habla de los desafíos que todavía considera pendientes

Por Gabriel Abarca Armijo Cuando apenas era un niño, y antes de ser dirigente deportivo, César Villegas Mena ya recorría estadios. Lo hacía junto a su padre, César Villegas Urrutia, quien por aquellos años era chofer de la barra de San Luis. El fútbol, por lo tanto, siempre estuvo presente en una familia que, varias décadas después, terminaría escribiendo su propia historia dentro de este deporte. Villegas estudió Ingeniería Comercial y, a comienzos de los años 2000, realizó una tesis sobre la transformación de corporaciones en sociedades anónimas deportivas, cuando todavía no existía la ley que posteriormente regularía ese modelo. El trabajo terminó aplicándose en San Luis y la familia se incorporó al proyecto institucional del

club quillotano. La historia cambió en 2015. Su padre, en aquel entonces un exitoso empresario, dejó la institución poco después del ascenso conseguido bajo la conducción de Víctor Rivero y, además, atravesaba un complejo momento de salud que lo obligaba a dializarse tres veces por semana. La familia intentó adquirir el club, pero las negociaciones no prosperaron. Fue entonces cuando una noticia publicada por “El Observador” abrió inesperadamente otro camino: Deportes Limache enfrentaba serias dificultades económicas y necesitaba un inversionista. De esta forma, los hermanos Villegas compraron las acciones y, en 2016, sorprendieron a su padre con la noticia. “Le dije: ‘Papá, vamos a

volver a los orígenes, vamos a volver al barrio’”. A esa frase agregó una promesa que, mirando el estado del club en aquel entonces, podía parecer exagerada: “Este proyecto, en un par de años más, lo vamos a tener peleando en las grandes ligas”. La respuesta de su padre quedó grabada para siempre: “Te creo y vamos a despertar esta ciudad”.

de ellos ocurrió durante un viaje a Concepción, cuando más de mil personas acompañaron a Deportes Limache

APRENDER A PENSAR COMO UN CLUB GRANDE El punto de partida estaba bastante lejos de esas “grandes ligas”. Después de haber conocido la Primera División junto a San Luis, los Villegas regresaron a las canchas de Tercera, algunas con antiguas graderías de madera y condiciones muy diferentes a las del fútbol profesional. Los primeros intentos por ascender terminaron en frustraciones. Sin embargo, hubo momentos que comenzaron a demostrar que el proyecto podía crecer. Uno

y permitieron dimensionar el vínculo que estaba generándose entre el club y sus hinchas. Con la llegada al profesionalismo aparecieron nuevas dificultades. En Segunda División los ingresos eran escasos y buena parte del funcionamiento debía sostenerse con recursos propios. La apuesta fue entonces trabajar con una estructura superior a la categoría en que se encontraban: mejorar alimentación, hotelería, traslados e indumentaria, además de cumplir los compromisos adquiridos con jugadores y trabajadores. El regreso de Víctor Rivero acompañaría posteriormente el periodo más exitoso de la historia de Deportes Limache: el ascenso a Primera B y el salto a

César Villegas Mena: “Vamos a llevar esta institución a una copa internacional. De ahí para adelante podré decir: ‘misión cumplida’”.

EN ANIVERSARIO DEL DIARIO REGIONAL, PROGRAMA CABALLO Y MASCOTA MAESTRA, SALUDAN A EL OBSERVADOR EN SUS 56 AÑOS. Con mucho entusiasmo y agradecidos de la cobertura de tantos años, María Soledad Birrell (profesora especialista) presenta su evolucionado programa de intervención socio emocional para alumn@s, niños y adolescentes que incorpora juegos y material de apoyo, así como también talleres innovadores de entrenamiento para profesores, alumnos y familias. La propuesta (ubicada en OCOA) considera apoyo en prediagnósticos, acompañamientos y orientaciones en

autocontrol y liderazgo. En los más de 20 años de experiencia e investigación esta propuesta cuenta con numeroso material y libros de apoyo.

María Soledad Birrell Directora CEO INNOVA CABALLO MAESTRO MASCOTA MAESTRA

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Primera División. Para Villegas, esos resultados son consecuencia de una forma de administrar que también intenta aplicar en las series menores. “Todo lo que recibimos del fútbol lo invertimos. Algunos lo toman como gasto o pérdida; nosotros lo invertimos en el formativo, en los complejos deportivos, en los niños”. EL SUEÑO DE VOLVER A JUGAR EN LIMACHE Cuando se le pregunta por la principal deuda del proyecto, Villegas no menciona un campeonato ni una clasificación internacional. Su respuesta apunta directamente a la ciudad: conseguir que Deportes Limache vuelva a jugar en la comuna que lo vio nacer. “Entre una copa internacional o tener un estadio, lejos tener un estadio, porque privilegio a la gente”. Su aspiración es contar con un recinto para cuatro mil o cinco mil espectadores que permita recuperar completamente la localía y evitar que los hinchas deban trasladarse a otra comuna para acompañar al equipo, tal como sucede en la actualidad.


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a Deportes Limache desde Tercera hasta Primera En lo estrictamente deportivo, eso sí, todavía queda una promesa pendiente: “Vamos a llevar esta institución a una copa internacional. De ahí para adelante podré decir: ‘misión cumplida’”. Y dicha meta no es tan alocada. A la fecha de redacción de este reportaje (25-09-2026), el club marchaba sexto con 33 puntos, en zona de clasificación a la Copa Sudamericana.

pre a mi padre’”. Así nació “El Presi del Pueblo”. “El podcast fue mi herramienta para ir dejando un poquito la depresión y aprender a convivir con esa pena”, cuenta. Al principio incluso tuvo que estudiar oratoria. Hablaba demasiado rápido y las cámaras le producían nervios. Con el tiempo, el espacio comenzó a recibir invitados relacionados con el

fútbol y las comunicaciones, aunque mantuvo como eje las historias personales, las dificultades y las experiencias de superación. El nombre, que originalmente surgió de la manera en que jugadores y cercanos lo llamaban, terminó coincidiendo con una creciente exposición pública y con su intención de llegar, algún día, a la dirigencia nacional.

CREER EN LOS PROCESOS Villegas explica su historia en Deportes Limache desde una misma idea: los proyectos necesitan tiempo y confianza. Como ejemplo recuerda la temporada en Primera B, cuando el equipo acumuló 11 fechas sin ganar. En muchos clubes, reconoce, aquello habría significado

la salida inmediata del entrenador. Sin embargo, la dirigencia decidió respaldar a Víctor Rivero. Deportes Limache terminó clasificando octavo a la liguilla y posteriormente consiguió el ascenso. “Uno debe creer en los proyectos. Uno no puede analizar al técnico por el resultado del domingo”, sostiene. Esa convicción acompa-

ña una historia que comenzó con un club en dificultades y una promesa entre padre e hijo. Hoy Deportes Limache está en Primera División y quedan dos desafíos que Villegas menciona recurrentemente: llevar al equipo a una competencia internacional y conseguir que pueda disputar sus grandes partidos en su propia ciudad.

UNA CONVERSACIÓN PARA APRENDER A CONVIVIR CON LA PENA En medio de toda esa vorágine, apareció también un proyecto mucho más personal a raíz de la muerte de su padre. A comienzos de este año todavía atravesaba el duelo cuando, conversando con Paulo Vergnano, uno de sus colaboradores más cercanos, decidió hacer algo que nunca había imaginado: sentarse frente a una cámara y comenzar a hablar. “Estaba con una pena muy grande porque había fallecido hacía poco mi padre. Le dije: ‘Voy a crear un programa, un podcast; hablemos de la vida y recordemos siem-

Los hermanos Hugo y César junto a César Villegas Urrutia, el patriarca de la familia.

César Villegas (quinto de izquierda a derecha) junto a sus “ministros” Diego Vaes Herrera, Paulo Vergnano y Hugo Villegas tras la grabación del podcast “El Presi del Pueblo” junto a su invitado, el ex árbitro internacional Javier Castrilli (al centro).


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La “Alojada de la Virgen Visitadora”: una tradición Durante seis meses, las familias reciben a la Virgen de la Merced en sus casas. Le pagan mandas, le rezan y le bailan, aunque el recambio generacional no parece llegar

Por Marisol Valdés Riffo

Cada agosto, la Virgen Visitadora sale de la iglesia de Chincolco para iniciar un recorrido que se extiende hasta marzo. Pasa por distintos sectores y permanece una noche en las casas preparadas para recibirla, acompañada por rezadoras, cantores a lo divino y bailarines. En Chincolco, la celebración de la Virgen de la Merced no termina con una misa ni queda restringida al templo. La imagen sale al encuentro de la comunidad y durante meses va pasando de casa en casa, siguiendo un itinerario que involucra a Chincolco y localidades de los alrededores. La tradición, según relata Carmen Araya Yanca, se remonta a varios siglos y habría llegado con los españoles. Ella reconoce que no existe un registro histórico que permita precisar su origen, pero

sí una certeza entre quienes la mantienen viva: la Alojada de la Virgen Visitadora forma parte de una costumbre propia de este territorio. “Esta tradición viene como del 1700 y tanto, porque los españoles vinieron y la trajeron”, cuenta Carmen, quien preside el grupo Voces del Cantar a lo Divino, agrupación que reúne a cantores, bailarines y rezadoras. La primera parte de esta tradición ocurre la noche del 14 de agosto. La Virgen sale desde la iglesia del Sagrado Corazón y se dirige al cementerio, en la llamada “salida de los antepasados”. Allí se realiza una romería y una misa, mientras las familias visitan a sus deudos y encienden velas. VISITAS Y ALOJADAS El 15 de agosto, la imagen

participa en una procesión junto a bailes religiosos y vecinos. Este año llegó desde Chalaco en una carreta hasta la iglesia de Chincolco, donde se realizó la misa antes de iniciar el recorrido por los hogares. Algunas familias solicitan una visita de 15 o 20 minutos, mientras otras se inscriben para recibir a la Virgen durante una noche completa. La persona encargada de llevarla, conocida como demandera o demandero, organiza las visitas y acompaña la imagen. Las familias que esperan una alojada comienzan a prepararse con anticipación. De hecho, las inscripciones para recibir a la Virgen en una alojada se inician en junio y la distribución se organiza para ordenar el recorrido. Las viviendas preparan un altar y disponen alimentos para quienes lleguen durante la noche, incluyendo los tradicionales bollos con merengue. Las familias que piden una alojada lo hacen para cumplir una manda, agradecer por la recuperación de un familiar o pedir por la salud de alguien. La Virgen

permanece toda la noche en la vivienda, acompañada por una vigilia abierta a familiares y vecinos. “Se reza el rosario, se hace una novena, y toda la noche se le canta a la Virgen”, explica Carmen. La jornada incluye también la participación de cantores a lo divino y personas que llegan a rezar o cantar, aunque no hayan sido invitadas previamente. “Para ir a una alojada no se necesita invitación”, agrega. La casa que recibe a la Virgen se transforma en un punto de reunión para ve-

cinos, familiares y devotos. El café, el pan y los bollos forman parte de una acogida que, más allá de la comida, expresa la disposición de las familias a compartir la noche con quienes llegan a acompañar la imagen. El recorrido se extiende por distintos sectores de Chincolco y sus alrededores, entre ellos O´Higgins, Sor Teresa, La Puntilla, La Polcura, La Chimba Norte, Los Comunes, Chalaco, El Pedernal, Calle Larga, El Valle, Alto del Puerto, El Sobrante y la población El Bajo. Carmen

calcula que la imagen permanece cerca de seis meses en movimiento, hasta comienzos de marzo, cuando vuelve a la iglesia para esperar la siguiente salida de agosto. Durante las alojadas los fieles manifiestan su devoción también a través del canto y la danza. Se empieza con la solemnidad del Canto a lo Divino, se pasa al respeto físico de Las Lanchas, se continúa con Las Danzas para abrir el espacio comunitario, y se puede finalizar con El Mambo u otros ritmos festivos “a lo humano” antes

La Virgen sale al encuentro de la comunidad y durante meses va de casa en casa, siguiendo un itinerario que recorre a Chincolco y sus alrededores.


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que lucha por mantenerse en los hogares de Chincolco de que la Virgen continúe su camino al día siguiente. Las Lanchas es el baile de mayor respeto frente al altar de la Virgen. Es individual y por relevo. Comienza con un saludo formal a la Virgen usando el pañuelo, seguido de un virtuoso escobilleo y zapateo muy pegado al suelo.

Durante las alojadas los fieles rezan, cantan y también manifiestan su devoción a través de bailes como Las Danzas, Las Lanchas y Los Mambos.

Al terminar, se entrega el pañuelo al siguiente bailarín. Las Danzas mantienen el respeto religioso, pero introduce mayor dinamismo y soltura en la velada. Incorpora mudanzas más libres y desplazamientos en el espacio. El paso sigue siendo un escobilleo adaptado a la música, pero la coreografía es más compartida que en La Lancha. Y El Mambo marca el cierre de la jornada o el momento de distensión tras cumplir los ritos principales. Es un ritmo mucho más acelerado, alegre y de carácter puramente social. En el contexto de Petorca, se refiere a un rasgueo rápido de guitarra y una danza "corridita" o pícara del campo chileno. En tanto, los bailes chinos participan en la procesión grande del 15 de agosto, pero no en las alojadas nocturnas. Este año acompañaron a la imagen desde Chalaco hasta la iglesia de Chincolco. EL CANTO A LO DIVINO En el centro de las noches de alojada está también el canto a lo divino, una tradición que se alimenta de versos

de raíz bíblica y de conocimientos transmitidos entre generaciones. Carmen forma parte de Voces del Cantar a lo Divino, agrupación creada el 19 de enero y que lleva tres años de funcionamiento. El grupo reúne aproximadamente a 14 o 15 integrantes entre cantores, bailarines y rezadoras, y participa tanto en las alojadas como en otras actividades religiosas. La transmisión del canto combina versos aprendidos de padres y abuelos, recopilaciones escritas y composiciones propias. Carmen menciona el caso de su pareja, cantor de Pedernal, cuya tradición pasó de su abuela a su padre y luego a él. “Hay una raíz bíblica, hay una raíz generacional y además el mismo cantor también va componiendo”, explica Carmen. En esa combinación se encuentra una de las características de una práctica que no permanece congelada, sino que se sostiene mediante personas que siguen cantando y transmitiendo lo aprendido. La tradición, sin embargo, enfrenta una preocupación que Carmen plantea con claridad: la falta de jóvenes

interesados en continuarla. A su juicio, hoy existen algunos cantores jóvenes, pero son pocos en comparación con quienes participan actualmente. La inquietud no se limita al canto; si no existe relevo, también se pone en riesgo el conjunto de prácticas que rodean a la Virgen Visitadora. “Yo no veo a la juventud muy interesada en esto, en esta tradición”, sostiene. Su preocupación es que, cuando los actuales cantores dejen de participar, no haya suficientes personas preparadas para asumir ese papel. “Yo creo que va a llegar un tiempo en que desgraciadamente esta tradición se va a terminar”, afirma, aunque inmediatamente expresa su deseo de que eso no ocurra. La propia comunidad ha comenzado a buscar formas de acercar esta práctica a los estudiantes. Voces del Cantar a lo Divino está postulando a un proyecto que contempla visitas a dos colegios de Chincolco para explicar a los alumnos en qué consiste el canto a lo divino y mostrarles la tradición que existe en la localidad. La apuesta es que conocerla pueda despertar

interés entre niños y jóvenes que hoy no necesariamente tienen contacto con estas expresiones. La tradición también ha llamado la atención de investigadores. Carmen recuerda el trabajo realizado en torno a Pedro Tapia, cantor de Pedernal, cuya historia fue plasmada en un libro. Además, un grupo de estudiantes de antropología llegó a Chincolco y tiene previsto realizar un trabajo de diez días en octubre.

“Es una tradición tan linda”, dice Carmen al explicar el sentido del trabajo que realizan para acercarla a las nuevas generaciones. La frase resume también el desafío que enfrenta Chincolco: que una costumbre sostenida durante generaciones pueda seguir encontrando personas dispuestas a recibir a la Virgen, acompañarla por los caminos y mantener vivos los cantos que cada año vuelven a sonar en las noches de alojada.

Durante la noche también llegan cantores a lo divino como Juan Alberto Fuentes Valdés y Adriana Rodríguez Rojas, quienes entonan versos aprendidos de padres y abuelos, recopilaciones escritas y composiciones propias.


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Víctor “Pochocho” Ortiz: la voz que hizo Comenzó como junior en una emisora de Arica a los 14 años y nunca se alejó de un micrófono. Villa Alemana, Quillota y Los Andes fueron parte de su trayectoria

de 2023, a los 70 años, rodeado por sus seres queridos y amigos más cercanos. Pero su historia con la radio había comenzado muchísimo antes.

Por Gabriel Abarca Armijo

UN JUNIOR FRENTE A LOS CONTROLES Nació el 7 de enero de 1953 en Iquique. Sin embargo, todos sus recuerdos de infancia estaban ligados a Arica, la ciudad donde creció junto a su madre Gladys -quien lo tuvo a los 15 años- y a su abuela Juana. Las necesidades económicas de una familia numerosa terminaron abriendo el camino que marcaría su vida, ya que a los 14 años consiguió trabajo como junior en Radio El Morro de Arica Allí comenzó ordenando discos y realizando tareas menores, pero poco a poco aprendió a manejar los controles y luego, casi como por obra del destino, se acercó a la locución. “Mi papi siempre decía que él nació para eso, para comunicar. No encontraba otra pasión que no fuera la radio”, cuenta con orgullo su hija Carol Ámbar Ortiz Cortés. Cuando tenía alrededor

Todas las tardes, Víctor Ortiz Miranda repetía un pequeño ritual. Tomaba su viejo cuaderno, encendía el computador y comenzaba a escuchar canciones. Una detrás de otra. Algunas pasaban sin dejar huella; otras despertaban un recuerdo o simplemente esa certeza que desarrollan quienes han pasado una vida entera haciendo radio. Entonces tomaba el lápiz y las anotaba. Página tras página, cientos de títulos fueron dando forma a “El Cancionero Inolvidable”, espacio que durante su última etapa radial condujo en Radio Buena Onda 99.5 FM de Los Andes. Detrás de cada selección había mucho más que una pauta musical. Estaba la historia de un hombre que entró a una radio siendo prácticamente un niño y que, casi seis décadas después, seguía es-

cogiendo canciones pensando en alguien que estaría escuchando al otro lado. Víctor Ortiz, el “Pochocho”, falleció el 9 de mayo

Con su sonrisa característica, Víctor siempre tenía una “tallita” o una palabra de aliento para quien la necesitara.

de 20 años, Víctor animaba un club nocturno en Arica, donde interpretaba canciones antiguas y temas de la Nueva Ola. Por ello, es natural decir que la música formaba parte de su vida cotidiana. Tanto así que Carol, su hija menor, recibió su nombre por una canción que a su padre le gustaba especialmente: “Oh Carol”, una de las composiciones más famosas y recordadas de Neil Sedaka. Aunque a lo largo de los años trabajó en una pesquera, empresas de seguridad, neumáticos, restaurantes, ferreterías y ventas, la radio siempre terminaba reapareciendo. VILLA ALEMANA Y EL NACIMIENTO DEL “POCHOCHO” En 1993 dejó Arica junto a su familia y se radicó en Villa Alemana. Allí comenzó una relación con la Región de Valparaíso que se extendería por tres décadas. Y fue en Radio Simpatía 106.7 FM donde terminó consolidándose aquel personaje que los auditores conocerían simplemente como “Pochocho”. El origen del apodo tenía bastante de su propio humor.

“Él decía que era precioso. Decía: ‘Yo soy precioso, soy un pochochito’”, recuerda su hija. Eso sí, al aire exageraba la broma. Cuando alguna auditora quería conocerlo, él se describía como “chico, guatón y pelado”. Si luego descubrían que no era así, con la picardía que le caracterizaba, tenía preparada otra salida: decía que si

contaba cómo era realmente, “después todas se iban a enamorar de él”. Pero aquel personaje también tenía una dimensión solidaria. A la radio llegaban mensajes de familias que organizaban bingos, personas enfermas que necesitaban reunir dinero o vecinos buscando apoyo. Víctor comenzó a movili-

Víctor Ortiz Miranda, a sus 15 años, en Radio El Morro de Arica.


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de la radio una compañía para toda la vida zar a sus auditoras y así nació el Club de las Pochochas, organización con presidenta, secretaria y tesorera que participaba en beneficios y actividades sociales principalmente en Villa Alemana. “Yo encontraba que mi papi era lo máximo porque era importante para la gente. Hizo muchos beneficios y entregó ayudas para personas que gracias a esos eventos podían recaudar el dinero que necesitaban”, recuerda Carol. Tras separarse de su esposa, a mediados de los 90, se instaló en Quillota y trabajó en Radio Crystal. Años después llegaría a Los Andes, donde combinó labores comerciales en la Empresa Periodística “El Observador” con la radio.

cionaba. “Decía: ‘Parece que hice bien mi pega, porque mira, todavía se acuerdan de mí’”, relata su hija. Fuera de la radio era un hombre profundamente familiar. Le gustaba reunir a sus hijos alrededor de un asado, cantar, bailar y mantener a todos cerca. Ese vínculo cobraría todavía más importancia cuando su salud comenzó a deteriorarse. Víctor padeció fibrosis pulmonar idiopática. En algún momento los médicos le hablaron de una expectativa de vida de entre tres y cinco años, pero convivió con la enfermedad durante cerca de una década. Él lo asumía con particular serenidad. “Decía que solamente Dios sabía el tiempo de vida que uno tenía”, recuerda Carol.

“PARECE QUE HICE BIEN MI PEGA” Con el paso del tiempo, Víctor comenzó a comprobar que su voz había dejado huella. Todavía en Villa Alemana, cuando iba de visita, había personas que preguntaban por “el Pochocho”. Carol incluso pasó a ser reconocida como “la hija del Pochocho”. Aquello lo emo-

CUANDO LA RADIO ENTRÓ A SU DORMITORIO Durante la pandemia, mientras vivía en Los Andes, extremó los cuidados y aprendió a realizar buena parte de sus compras por internet. Sin embargo, las temperaturas extremas del valle comenzaron a afectar con mayor fuerza sus pul-

mones. Por recomendación médica regresó a Villa Alemana, donde además podía permanecer cerca de su familia. Pero la enfermedad no consiguió apartarlo completamente de la radio. Cuando trasladarse hasta la emisora dejó de ser posible,

acondicionó un dormitorio como estudio casero. Instaló micrófono y audífonos y buscó materiales para mejorar la acústica. Allí escribía sus programas, grababa las locuciones y enviaba los archivos a Nicolás Fuentes, el radiocontrolador con quien trabajaba. Así

Una larga trayectoria radial marcó la vida del querido “Pochocho”.

continuó dando vida a “El Cancionero Inolvidable” en Radio Buena Onda 99.5 FM. Cuando Víctor murió habían quedado más de mil archivos con sus grabaciones. Nicolás y el propietario de la radio pidieron autorización a Carol para seguir utilizando aquel material. Ella aceptó. Y durante un tiempo la voz del “Pochocho” continuó apareciendo al aire después de su muerte. LA FIESTA QUE QUISO VIVIR Víctor tenía un deseo muy concreto: llegar a los 70 años. También había decidido cómo quería celebrarlos. No quería que su familia se reuniera solamente después de su muerte. Quería verla junta mientras él todavía pudiera disfrutarla. Por eso pidió una gran celebración de cumpleaños. Llegaron sus hermanos, hijos, nietos y familiares. Más de 20 personas se reunieron en su casa. “Yo creo que ese fue el día más feliz de su vida”, dice Carol. Fue además la última vez que cantó. Para entonces ya necesitaba oxígeno durante buena parte del día, pero aquella jornada

tuvo risas, música y bromas. Exactamente como él quería. Víctor Ortiz falleció el 9 de mayo de 2023. Incluso había dejado instrucciones sobre su despedida: escogió el Cementerio Parque del Sendero de Villa Alemana, la fotografía que quería utilizar y la ropa con que deseaba ser sepultado. Detrás quedaron su familia, sus auditores y una enseñanza que Carol recuerda hasta hoy: ayudar sin esperar reconocimiento, “hacer las cosas sin que la otra mano supiera”. Quizás por eso resulta difícil separar al locutor del hombre que organizaba beneficios, al padre que reunía a la familia del “Pochocho” que hacía reír a quienes lo escuchaban. Y vuelve entonces aquella imagen en Los Andes: Víctor frente al computador, pasando canciones hasta encontrar la indicada. Tomaba el lápiz, la apuntaba en su cuaderno y seguía buscando. Después venía otra. Y otra. No sabía exactamente quién estaría escuchando cuando sonaran. Después de toda una vida en la radio, tampoco necesitaba saberlo.


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¿Sociedades anónimas o clubes sociales? Por Jorge Vidal Fuentes

* El autor de esta columna es CEO de FP Sports. Ex presidente de Provincial Osorno. Ex gerente general de Universitario de Deportes. Ex oficial CONMEBOL. Máster en Gestión Deportiva y Máster Internacional en Negocios y Administración del Fútbol (MINAF), Johan Cruyff Institute.

Hay una discusión que vuelve cada cierto tiempo al fútbol chileno: si los clubes deben ser S.A. o si deberían recuperar una estructura más cercana a los clubes sociales tradicionales. La pregunta es válida, pero a mi juicio resulta insuficiente, porque pone el foco en la forma jurídica y no necesariamente en el problema principal. Un club puede estar constituido como sociedad anónima, corporación, fundación o asociación y aun así ser bien o mal administrado. La estructura importa, por supuesto, porque determina derechos, obligaciones, mecanismos de control y formas de participación, pero no reemplaza la calidad de la gestión. La pregunta central debería ser otra: quién administra el club, bajo qué reglas, con qué controles y con qué comprensión de la institución que tiene entre sus manos. Lo planteo desde una convicción que he ido formando después de más de 30 años vinculado al fútbol desde distintas posiciones. Un club puede tener propietarios, accionistas,

concesionarios, presidentes o administradores, pero hay una parte de la institución que no puede ser transferida por contrato: el vínculo que existe entre el club y su gente. Se pueden comprar acciones, financiar planteles, construir infraestructura o asumir el control de una administración, pero la historia, la identidad y el sentido de pertenencia no se adquieren de la misma manera. Ese patrimonio se construye durante años y, en muchos casos, durante generaciones. He conocido esta industria como hincha, socio, gerente, dirigente y ejecutivo. Viví Universitario de Deportes primero desde la tribuna y luego como gerente general; fui directivo de San Luis de Quillota y presidente de Provincial Osorno, además de haber trabajado en otros ámbitos del fútbol sudamericano y en actividades vinculadas a Conmebol. Esa experiencia me ha llevado a entender que quien asume la conducción de un club no recibe simplemente una organización deportiva. Recibe también una historia

que comenzó mucho antes de su llegada y que continuará después de su salida. Ahí aparece, en mi opinión, uno de los errores que se repite en el fútbol: confundir control con propiedad absoluta. Tener la administración o la mayoría accionaria permite tomar decisiones, pero no convierte automáticamente al administrador en dueño de la identidad de la institución. Cuando eso se olvida, el club comienza a distanciarse de su comunidad. Y cuando un club pierde ese vínculo, pierde también una parte importante de su valor. El arraigo no se genera solamente con campañas de marketing, buenos resultados deportivos o inversión. Todo eso puede ayudar, pero la pertenencia se construye con tiempo, continuidad, símbolos compartidos y una relación reconocible entre el club, su historia y el lugar que representa. Por eso hay instituciones que, aun contando con recursos, tienen dificultades para construir una hinchada estable, mientras otras conservan un vínculo profundo con su comunidad incluso después de décadas de malos resultados.

Para entender la discusión actual conviene mirar también cómo evolucionó el fútbol. Gran parte de los clubes nació como organizaciones sociales en una época en que la actividad era principalmente amateur. Los futbolistas no estaban insertos en estructuras laborales comparables a las actuales y los clubes funcionaban con costos y obligaciones muy distintas. Con la profesionalización cambiaron las condiciones. Los jugadores pasaron a tener contratos laborales, aparecieron obligaciones previsionales y tributarias, cuerpos técnicos más amplios, áreas médicas, fútbol formativo, seguridad, comunicaciones, marketing, infraestructura y estructuras administrativas de mayor tamaño. Al mismo tiempo crecieron los ingresos provenientes de derechos de televisión, auspicios, venta de entradas, licencias comerciales, transferencias de jugadores y otras actividades. El fútbol dejó de ser solamente una práctica deportiva y pasó a desarrollar una dimensión económica cada vez más rele-

vante. Muchas instituciones creadas para una realidad anterior tuvieron dificultades para adaptarse. En Sudamérica existen numerosos ejemplos de clubes históricos que enfrentaron crisis financieras profundas. Colo-Colo, Universidad de Chile, Universitario de Deportes y Alianza Lima, entre otros, atravesaron en distintos momentos situaciones que obligaron a replantear sus modelos de administración. En ese contexto surgió la idea de que transformar los clubes en sociedades anónimas podía resolver problemas que las antiguas estructuras no habían conseguido enfrentar. La experiencia posterior mostró que el cambio de figura jurídica, por sí solo, no era suficiente. Una S.A. puede tener una gestión responsable o irresponsable, del mismo modo que una corporación o un club social. Si una institución gasta sistemáticamente más de lo que genera, acumula obligaciones que no puede pagar o carece de controles internos, terminará enfrentando problemas independientemente de su denominación legal. Ese


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principio es especialmente relevante en el fútbol profesional, porque hoy estamos frente a una actividad que genera ingresos importantes y que debe ser administrada con criterios compatibles con esa realidad. Que una organización tenga o no fines de lucro no modifica la necesidad de llevar presupuestos, controlar costos, cumplir obligaciones laborales y tributarias y proyectar su sostenibilidad. Tampoco debería modificar el deber de transparencia frente a quienes participan de la institución. En el fútbol moderno, por eso, la discusión se ha desplazado progresivamente hacia la gobernanza. Las regulaciones internacionales ponen cada vez más atención en la solvencia, la sostenibilidad financiera, el control de costos, la transparencia y la responsabilidad de quienes administran. Al mismo tiempo, también existe una preocupación por proteger la identidad, la historia y el vínculo entre los clubes y sus aficionados. No son objetivos contradictorios. Un club puede ser administrado de manera profesional y, al mismo tiempo, respetar su origen y su relación con la comuni-

dad. En Chile esta discusión tiene además un componente actual. Durante años, el funcionamiento del modelo de S.A. deportivas fue objeto de cuestionamientos. Sería difícil sostener que, antes de la reciente modificación legal, su aplicación y fiscalización hubieran alcanzado todos los objetivos que se plantearon originalmente. Si el sistema hubiese funcionado sin problemas, probablemente no habría existido la necesidad de reformarlo. La modificación reciente abre una nueva etapa, pero todavía es pronto para evaluar sus resultados. Una ley puede mejorar reglas, establecer mayores exigencias o cerrar espacios que antes generaban dificultades, pero su efectividad dependerá finalmente de la forma en que se aplique. El verdadero examen comienza ahora: cómo se fiscalizará la propiedad y el control de los clubes, cómo se manejarán los conflictos de interés, qué capacidad tendrán las instituciones encargadas de supervisar y qué responsabilidad se exigirá a quienes administran. No corresponde declarar el éxito de la reforma antes de verla funcionar, pero tampoco condenarla de antemano. Será

su ejecución la que permita saber si logró corregir parte de los problemas que motivaron el cambio. Por eso sigo pensando que reducir toda esta discusión a “sociedades anónimas versus clubes sociales” puede llevarnos a una conclusión equivocada. El desafío principal está en la calidad de la gobernanza. Un club necesita planificación, disciplina financiera, controles, profesionales capacitados y una estructura

que permita exigir responsabilidades. También necesita fútbol formativo, protección de su patrimonio y una relación transparente con quienes forman parte de la institución. Pero, junto con todo eso, necesita conservar algo que no aparece en un balance. Su identidad. Quien administra un club debería entender que ocupa un lugar transitorio dentro de una historia más larga. Puede dejar una buena administra-

ción, ordenar sus finanzas, construir infraestructura, formar jugadores o conseguir resultados deportivos. Todo eso puede convertirse en parte de su legado. Lo que no debería hacer es confundir ese período de administración con la propiedad de la historia institucional. Los presidentes cambian, los gerentes cambian, los accionistas cambian y los jugadores cambian. El club permanece porque existe una comunidad

que continúa reconociéndose en él. Por eso, más que preguntarnos si el futuro pertenece a las S.A. o a los clubes sociales, quizá deberíamos preguntarnos: qué instituciones queremos construir y qué responsabilidad estamos dispuestos a exigir a quienes las administran. Porque el dinero, los activos y los contratos pueden cambiar de manos. El sentimiento de pertenencia, en cambio, no se compra ni se transfiere. Se construye.


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La tarde en que Gervasio comentó por radio El 26 de febrero de 1984, los canarios vencieron por 3 a 0 a Ovalle y consiguieron el regreso a Primera División Por Juan Carlos Reyes Morales La temporada 1982 había dejado buenas sensaciones en San Luis, especialmente por el repunte experimentado durante la segunda rueda. Sin embargo, al interior del club comenzaba también una etapa de cambios, marcada por el desgaste de los dirigentes que habían encabezado el proceso institucional desde fines de 1976. A la venta de Patricio Yáñez se sumó la partida de otros jugadores importantes. Víctor “Pititore” Cabrera emigró a Deportes Concepción, donde se encontraba el ex entrenador sanluisino Alex Veloso; mientras que la dupla de centrales también se desarmó con las salidas de Mario Orlando Figueroa y Moisés Berenguela. Pese a ello, fue posible mantener una base del plantel; y para asumir la conducción técnica llegó Alicel Belmar, experimentado entrenador que venía de dirigir

a Cobresal. La temporada 1983 comenzó para los canarios con su participación en la Copa Chile Polla Gol, certamen integrado por 24 equipos. San Luis quedó en el Grupo A junto a Cobresal, Deportes Ovalle, Deportes La Serena, Unión La Calera, Santiago Morning, Deportes Colchagua, San Antonio y Coquimbo Unido. El cuadro quillotano consiguió avanzar hasta las fases finales de una competencia que finalmente ganó Huachipato, resultado que le entregó al conjunto acerero el primer cupo de ascenso a Primera División. UNA GRAN CAMPAÑA El rendimiento mostrado en la Copa Chile alimentó la ilusión de los hinchas y, un mes después del término de ese torneo, comenzó el Campeonato Oficial de Segunda División.

Para entonces, San Luis ya no contaba con Jorge “Pindinga” Muñoz, vendido a Huachipato, ni tampoco con los dirigentes Horazio Bruzzone y Joaquín Barrera. La presidencia pasó entonces a manos de José Antonio Rebolar.

A lo largo del torneo, el equipo amarillo realizó una destacada campaña y se mantuvo permanentemente en los primeros lugares de la competencia de Ascenso. El campeonato se extendió hasta comienzos de 1984. El 8 de enero, San Luis

El cantautor uruguayo Gervasio participó como comentarista en la transmisión de “Tribuna Deportiva” durante el triunfo sanluisino sobre Ovalle. Años más tarde fue encontrado muerto en Talagante, en un caso que décadas después volvió a ser investigado.

disputó el último partido de la segunda rueda frente a Cobresal, en El Salvador. Los nortinos vencieron por 1 a 0 y terminaron primeros, mientras que los canarios también consiguieron clasificar a la liguilla que definiría los cupos a Primera División.

En ese mini torneo, San Luis protagonizó una notable arremetida final. A tres fechas del término consiguió quitarle el invicto a Cobresal en el norte, imponiéndose por 3 a 1 con tres goles del recordado Sergio “Zorro” Salinas. En la jornada siguiente, los amarillos derrotaron en Quillota a Linares por 3 a 2, con anotaciones de Fernando Caballero, Jorge “Mágico” Pérez y nuevamente Sergio Salinas. El ascenso quedaba así al alcance de la mano. GERVASIO EN LA RADIO Y FIESTA TOTAL EN QUILLOTA Así se llegó al encuentro que podía devolver a San Luis a Primera División. Miles de quillotanos colmaron las graderías del antiguo Estadio Municipal esperando ser testigos de una nueva jornada histórica para el club. Como era habitual, el programa “Tribuna Deportiva”, que por aquellos años se transmitía a través de Radio Chacabuco bajo la dirección del periodista Lucio Fariña Fernández, estuvo presente para llevar todos los detalles del partido a quienes seguían a los canarios desde sus ho-


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uno de los ascensos de San Luis gares. Pero aquella tarde tendría un invitado inesperado. Ese mismo día debía presentarse en Quillota el reconocido cantante uruguayo José Gervasio Viera Rodríguez, conocido artísticamente como Gervasio. El artista llevaba varios años radicado en Chile, tenía una importante cantidad de seguidores en el país y era, además, un reconocido aficionado al fútbol. Lucio Fariña Fernández decidió invitarlo al estadio para presenciar el encuentro, considerando también que el plantel sanluisino contaba aquella temporada con dos futbolistas uruguayos. Gervasio aceptó de inmediato. Su llegada no pasó inadvertida. Los hinchas, especialmente las damas, llegaron a ver al cantante, pidiéndole autógrafos. Por momentos se armó una batahola en el recinto de calle Bulnes. Pero su participación fue mucho más allá de observar el partido. Durante el encuentro, Gervasio se sumó como comentarista a la transmisión de “Tribuna Deportiva”, sorprendiendo por sus conocimientos futbolísticos

y celebrando junto al equipo radial el triunfo que estaba consiguiendo San Luis. Los canarios terminaron imponiéndose por 3 a 0 a Ovalle, con dos goles del juvenil Jorge “Mágico” Pérez y otro del experimentado atacante uruguayo Uruguay Graffigna. Mientras Lucio Fariña Fernández relataba las acciones, Gervasio aportaba sus comentarios desde la transmisión. Con el pitazo final se desató la celebración. Más de seis mil hinchas festejaron desde las tribunas, mientras la emoción se trasladaba también a los futbolistas. Uno de los momentos más sensibles tuvo como protagonista al capitán Guillermo Barrera, quien había sufrido pocos días antes el fallecimiento de su padre, pero decidió igualmente estar presente como una forma de rendirle homenaje. Al término de la temporada, Cobresal se consagró campeón de la Serie de Ascenso con 56 puntos, seguido por San Luis con 44. Ambos clubes consiguieron subir a Primera División. Han pasado más de cuatro décadas desde aquella tarde

del 26 de febrero de 1984, pero el recuerdo permanece entre quienes vivieron uno de los ascensos más recordados en la historia sanluisina. Y dentro de esas memorias quedó también una escena difícil de repetir: uno de los cantautores más populares de aquellos años comentando por radio el partido que devolvió a los canarios a la máxima categoría.

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UNA CAUSA QUE VOLVIÓ A INVESTIGARSE Seis años después de aquella visita a Quillota, la historia de Gervasio tendría un desenlace que durante décadas generó interrogantes. La mañana del 28 de octubre de 1990, cuando tenía 42 años, el artista fue encontrado muerto en una propiedad de la comuna de Talagante, en

la Región Metropolitana. En un comienzo, la investigación consideró su fallecimiento como un suicidio. Su familia, sin embargo, cuestionó públicamente esa conclusión y manifestó dudas respecto de las circunstancias en que se produjo la muerte y de algunas de las pericias realizadas. Décadas más tarde, durante 2025, la causa experi-

mentó un nuevo giro y pasó a investigarse formalmente como un posible homicidio. Una historia muy distante de aquella luminosa tarde de febrero de 1984, cuando Gervasio llegó al Estadio Municipal de Quillota para presenciar un partido y terminó transformándose, casi por casualidad, en parte del relato de uno de los ascensos más recordados de San Luis.

Cerca de 6.500 espectadores llegaron aquella tarde al Estadio Municipal de Quillota para presenciar el triunfo de San Luis sobre Ovalle y celebrar el regreso del cuadro canario a Primera División.


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Cinco generaciones han mantenido viva una herencia que pasó del tren a la Ruta 5 Norte Por Juan José Núñez Brantes Se dice que los tradicionales dulces de La Ligua tendrían su origen en el Chile colonial del siglo XVII, aunque su auge habría comenzado durante el siglo XIX, cuando los vendedores recorrían los carros de los trenes de pasajeros ofreciendo sus productos a quienes atravesaban la zona. Con el tiempo, aquellos comerciantes comenzaron a ser conocidos como dulceros y mantuvieron el oficio incluso cuando cambiaron las condiciones de venta. Tras el fin del ferrocarril, se trasladaron hacia la Ruta 5 Norte, donde continuaron desarrollando una labor que ya formaba parte de la identidad local. Hoy es habitual verlos vestidos con su característico delantal o chaqueta blanca y agitando una varilla con cintas del mismo color para llamar la atención de los viajeros, mientras cargan los tradicionales canastos con

dulces de La Ligua. La expresión cultural alcanzó reconocimiento nacional en 2019, cuando los dulceros fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile, poniendo en valor sus costumbres, prácticas y saberes. Para muchas familias, además, no se trata únicamente de vender. El oficio reúne también conocimientos de fabricación y una herencia que ha pasado de una generación a otra. Es el caso de Gonzalo Tapia Abarca y su familia, residentes de La Chimba, quienes llevan cinco generaciones ligados a la preparación artesanal y comercialización de estos productos. Actualmente trabajan en el kilómetro 154,5 de la Ruta 5 Norte, donde desde temprano y hasta cerca de las 23 horas ofrecen sus pasteles a quienes transitan por la carretera.

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Dulces de La Ligua: un sabor que

Pero su presencia cumple también otra función. Gonzalo, presidente del Sindicato de Canasteros de la Panamericana Ruta 5 Norte, explica que los dulceros se han convertido en una referencia para quienes recorren la zona. “Muchas veces la gente, sin necesidad de usar un mapa, con solo ver a una persona con pañuelo blanco y canasto, sabe que está en La Ligua. Además de ser agentes culturales por nuestro oficio, marcamos un hito en el territorio, uno turístico y socioeconómico. Junto con parar a comprar dulces, los viajeros también nos piden ayuda para orientarse”. Desde el sindicato también han impulsado mejoras destinadas a dignificar las condiciones de trabajo. Los vendedores cuentan con espacios de descanso, similares a pequeñas garitas, y baños químicos distribuidos en distintos puntos de la ruta. Además, han recibido capacitación en manipulación de alimentos, como parte de un proceso que busca dar mayor formalidad a una actividad que, en el caso de esta familia, se ha mantenido durante más de cien años.

VIDAS LIGADAS AL OFICIO La historia familiar comienza con Doralisa Martínez, bisabuela de Gonzalo, quien alrededor de 1920 empezó a preparar pasteles mientras trabajaba como in-

quilina en el Fundo Irarrázaval, en el sector de Pullally. “Nuestra conexión con esta labor comenzó aproximadamente en 1920 con mi abuela, quien les preparaba los dulces a los patrones. Luego comenzó también a

vender en el pueblo”, recuerda Luisa Abarca Martínez, madre de Gonzalo. Aquella actividad, que inicialmente significaba un ingreso adicional, fue convirtiéndose paulatinamente en su principal sustento después

Gonzalo y su madre Luisa continúan una tradición dulcera de más de cien años en una jornada habitual de ventas.


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lleva más de un siglo en la misma familia de abandonar la hacienda. Poco a poco, Doralisa comenzó a acercarse a la estación ferroviaria para vender sus productos en los coches de los trenes, dando inicio a una tradición que permanecería durante décadas en la familia. Sin dejar la producción, traspasó sus conocimientos a su hija Juana Rosa Martínez, quien continuó con el oficio e incorporó bollos y tortas a la oferta. “En ese tiempo hacer dulces era todo un rito. Para revolver las mezclas, por ejemplo, se utilizaban ramas de árboles que comúnmente también se ocupaban para santiguar”, relata Gonzalo. La preparación continúa siendo artesanal, aunque las actuales exigencias sanitarias modificaron muchas de aquellas antiguas prácticas. De todas formas, el sabor se mantiene intacto. CUANDO LA TRADICIÓN ESTUVO EN RIESGO Juana transmitió posteriormente sus conocimientos a su hija Luisa Abarca Martínez (madre de Gonzalo). Sin embargo, con ella, la continuidad de la tradición

familiar estuvo en riesgo. Tras casarse, Luisa dejó temporalmente el oficio y durante años trabajó como técnico agrícola, profesión que había estudiado. A ello se sumó el término del ferrocarril en La Ligua, escenario donde durante décadas se había desarrollado buena parte de la venta. Parecía que aquella historia iniciada por Doralisa podía interrumpirse, pero el conocimiento y el vínculo con los dulces permanecieron dentro de la familia. Fue entonces cuando Luisa Tapia Abarca, nieta de Juana, decidió retomarlo. Tenía 17 años cuando comenzó a vender en la Ruta 5 Norte, reemplazando los antiguos vagones del tren por la carretera. Hoy tiene 44 y continúa en el mismo oficio. “Trabajar en la carretera es duro. En mis inicios salía con un canasto muy grande, que cargaba a pesar de ser muy flaca. Pero con los años el amor por vender el dulce es mayor. Si me preguntas, nosotros no sentimos orgullo, sentimos un inmenso gozo por esta tradicional labor”.

TRADICIÓN Y FUTURO Con el paso de los años, su madre también terminó regresando al rubro. En 1998, Luisa Abarca Martínez dejó definitivamente su trabajo como técnico agrícola y volvió a la actividad que su abuela había

iniciado. Hoy, con 73 años y casi tres décadas como dulcera, reconoce haberse enamorado del oficio y continúa cumpliendo extensas jornadas a orillas de la carretera. Algo similar ocurrió con Gonzalo Tapia. Co-

menzó a los 15 años y, pese a haberse formado como administrador público, ejercer su profesión e incluso vivir en otras comunas, siempre terminó regresando a la venta de los pasteles junto a su madre y su hermana.

En su rol de agentes culturales y turísticos, han participado en el Tren del Recuerdo. En la imagen Luisa Abarca Martínez.

La tradición ya alcanza también a nuevas generaciones. Javiera Valencia Tapia, de 26 años, y Amparo Vivanco Tapia, de 10, crecieron acompañando a sus familiares en la carretera. La mayor, además, conserva los conocimientos necesarios para fabricar los dulces. “Lo importante para nosotros como familia es conservar la tradición, la cultura y la identidad que existe en los dulceros, que nos hace únicos a nivel nacional. A lo mejor existen otros dulces, pero ninguno tan famoso como el de La Ligua”, afirma Gonzalo. Esa continuidad, sin embargo, también genera preocupación. Según explica, han visto llegar a vendedores y fabricantes de otros lugares que, a su juicio, no mantienen la misma calidad ni respetan las tradiciones asociadas al oficio. Por ello, han solicitado a la Municipalidad la creación de una ordenanza que permita regular la actividad y proteger una labor que, para esta familia, comenzó hace más de un siglo y que hoy continúa viva junto a la Ruta 5 Norte.


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Estudiando las estrellas desde Ocoa para Aunque falleció en abril, su legado permanece en la zona a través del planetario que ayudó a construir y del proyecto con que buscó acercar la astronomía a niños de todo el país Por Natalia Morales Aguilar El científico neerlandés Thijs de Graauw participó en la construcción de importantes telescopios en Europa y estuvo estrechamente ligado a ALMA, proyecto que dirigió entre 2008 y 2013. Antes de instalarse definitivamente en Chile, recorrió buena parte del país y quedó marcado por su diversidad geográfica. De acuerdo a Claudio Heine, quien fue su amigo por más de 15 años, De Graauw solía decir que Chile era “el país más interesante del mundo”. Ese vínculo lo llevó hasta Ocoa, donde encontró el lugar en que quería establecerse junto a su esposa. En el Oasis de La Campana adquirió seis parcelas y convirtió ese rincón de Hijuelas en su hogar definitivo. “Realmente se enamoró del país. Tanto

para él como para su esposa, su hogar estaba en Chile”, dice Heine. Tras jubilarse de ALMA, De Graauw concentró parte de sus esfuerzos en acercar la astronomía a niños y jóvenes. Fue en ese contexto que impulsó, junto a Heine, la creación del Planetario Observatorio Ocoa. Thijs de Graauw murió en abril de 2026, a los 84 años, pero su legado sigue presente en ese proyecto y en su sueño de acercar el conocimiento del universo a nuevas generaciones. SENCILLEZ Y GENEROSIDAD La forma en que Thijs llegó a involucrarse con la futura compañía de Bomberos de Ocoa permite entender parte de su personalidad. Vivía en el Oasis de La Cam-

pana cuando supo que la comunidad reunía fondos para levantar el cuartel y decidió acercarse junto a su esposa para ofrecer ayuda. Durante una completada solidaria, ambos se sumaron a las tareas más simples. Como solo hablaban inglés y nadie sabía demasiado sobre ellos, terminaron picando tomates. Poco después, alguien advirtió que aquel voluntario era nada menos que el entonces director de ALMA. “Le dije: ‘Oye, perdona, yo no sabía de quién se trataba’. Y él respondió: ‘No, no hay problema’. Ya estaba con la tabla picando”, recuerda Claudio Heine, quien con el tiempo se convertiría en uno de sus amigos más cercanos. La anécdota no fue excepcional. Mientras avanzaba la construcción del cuartel, Thijs preguntó qué faltaba para terminar la obra. Le explicaron que aún necesitaban el techo. Tomó las medidas, hizo algunos cálculos y se retiró sin anunciar nada. Días después llegó un camión con todo el material necesario, incluido un sistema de aislación incorporado. Había sido donado por el científico.

Tiempo más tarde apareció otro vehículo con sillas nuevas y una gran mesa de madera para el cuartel. Ese tipo de gestos, realizados sin buscar reconocimiento, se convirtió en una de las formas en que quienes lo conocieron no olvidan su

generosidad. EDUCACIÓN Y DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Después de jubilarse de ALMA, alrededor de 2015, Thijs comenzó a ofrecer charlas en distintos países,

Thijs de Graauw y Claudio Heine durante la construcción del Planetario Observatorio Ocoa.

entre ellos Estados Unidos, Rusia, Alemania y Sudáfrica. En uno de sus viajes pasó por Chile y compartió con niños en una actividad que terminaría abriendo una nueva etapa. Claudio lo recuerda de esta manera: “Le dije: ‘Thijs, resulta muy buena la experiencia con los niños, pero nos faltan telescopios. Tenemos a un eximio doctor en astronomía, astrofísico espacial, ¿por qué no vemos la forma de comprar un telescopio para que ellos también puedan mirar las estrellas?’”. Thijs salió nuevamente del país y, cuando regresó, lo hizo con cuatro telescopios de última generación con posicionamiento satelital. Son los mismos que actualmente funcionan en el Observatorio Ocoa. A partir de esa experiencia comenzaron a estudiar la enseñanza de la astronomía entre los escolares chilenos. Según Claudio, los resultados sorprendieron profundamente al científico. “Thijs me decía: ‘Esto es increíble, es inverosímil. Chile es el país más importante en el ámbito de la ob-


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todo Chile: el sueño del astrofísico Thijs de Graauw servación astronómica y no les enseña astronomía a los niños. Además, solo tiene un planetario para que los estudiantes puedan aprender’”. También comparaba la realidad nacional con la de otros países. “Me decía que en el mundo había 4.000

planetarios, que Argentina tenía 40, Brasil 80 y nosotros -porque él decía ‘nosotros’, sintiéndose chileno-, siendo los más importantes, no teníamos. ‘Esto no puede ser’, decía”. Aquella inquietud terminó transformándose en un

proyecto concreto. Ambos impulsaron la Fundación Planetarios Educativos para Chile, cuyo objetivo es desarrollar 100 planetarios desde Arica hasta Punta Arenas para acercar la astronomía a los estudiantes. Para demostrar que era

posible, necesitaban comenzar por uno. “Había que hacer un piloto, un planetario para desarrollarlo y que lo pudieran ver en vivo y en directo. Thijs estudió el aspecto técnico y económico para crear uno con la más alta tecnología, pero al menor costo po-

Desde la inauguración del planetario, estudiantes de distintos colegios de la zona lo han podido visitar y aprender de astronomía. En la foto aparece Thijs con un grupo de escolares.

sible”. La pandemia terminó acelerando el proceso. “Thijs no pudo salir más de Chile, así que me dijo: ‘Llegó el momento, hagámoslo nosotros. Construyamos nosotros mismos este planetario en Ocoa’”. Y así lo hicieron. “Al principio éramos los dos solos, Thijs y yo. Después, cuando hubo que hacer la cúpula, contratamos a dos maestros”. Según Claudio, se trata de una de las primeras cúpulas para planetarios fabricadas en Chile, considerando que tradicionalmente estas estructuras son importadas. El proyecto, asegura, permitió además reducir considerablemente los costos habituales de este tipo de infraestructura. “Nosotros construimos un planetario con menos del 10 por ciento de lo que cuesta el más barato que ha hecho el Estado. Lo hicimos con 200 millones de pesos”. Claudio compara esa cifra con otros proyectos desarrollados en Chile, entre ellos el planetario de Huechuraba, construido por cerca de $1.800 millones, y otras iniciativas de mayor costo. El Planeta-

rio Observatorio Ocoa, en cambio, fue financiado directamente por ambos. “Lo construimos con fondos propios, mitad y mitad. Lo empezamos sin tener entre nosotros ninguna firma, absolutamente nada. No era fácil ganarse la confianza de Thijs, pero él confiaba en mí al 100% y yo en él al 100%”. Hoy Claudio continúa trabajando para que ese proyecto crezca mucho más allá de Ocoa. Es también una forma de mantener vivo el sueño que compartió con su amigo. “Siempre me sentí muy orgulloso de ser amigo de una eminencia científica. Él era diferente a cualquier persona que uno pudiera conocer. Siempre estaba pensando como científico y veía mucho más allá de lo que nosotros habitualmente vemos. Tenía una visión distinta”, dice. Y quizás precisamente ahí está la dimensión de su legado: en haber mirado desde un pequeño rincón de Hijuelas hacia las estrellas, pero pensando al mismo tiempo en los niños de todo Chile.


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Tres antiguos trabajadores recuerdan distintas épocas de la fábrica y una relación que trascendió lo laboral para instalarse también en sus hogares, sus barrios y sus vidas Por Milena Rojas Aguilar En este reportaje quisimos rescatar el sentir de los ex trabajadores de Cemento Melón y lo que significó para ellos la presencia de esta gran industria en la ciudad. Nos acercamos a tres épocas distintas -las décadas de 1940, 1950 y 1970- a través de tres testimonios que permiten comprender que la relación entre la empresa y sus trabajadores fue mucho más allá de lo laboral: se extendió hasta sus hogares, sus barrios y buena parte de sus vidas. FRANCISCO LAZO, 103 AÑOS DE HISTORIA En noviembre de 1941,

cuando Francisco Lazo Díaz tenía 17 años, llegó desde San Felipe y comenzó a buscar trabajo en La Calera. Conversar con él sorprende por la impecable memoria y lucidez que mantiene a sus 103 años. Pocos meses después ingresó a Cemento Melón. “En ese tiempo la fábrica no tenía máquinas para cargar y descargar. Todo se hacía al hombro”, recuerda. Cuenta que comenzó ganando diez pesos diarios y que, al cumplir 18 años, su sueldo aumentó a 22 pesos. Sus primeros años transcurrieron cosiendo los sacos utilizados para envasar el

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“Trabajar en Cemento Melón era

cemento. “Había que coserlos, reparar los que estaban dañados para volver a utilizarlos. Eran tareas que exigían paciencia y trabajo manual”. Luego aprendió nuevas labores, comenzó a utilizar las máquinas y fue adquiriendo experiencia. “Me familiaricé con los molinos, los hornos y las grúas. En 1950 llegué a ser operador de horno. No cualquiera podía asumir ese puesto y yo ya era todo un experto”, dice con orgullo. Durante sus 35 años en la empresa se casó, formó su familia y logró acceder a una vivienda. Tiempo después de jubilarse se reencontró con Marta Orlandini, a quien conocía desde que ella era estudiante. Cuando se hizo cargo del Liceo San José, le ofreció trabajar allí, donde permaneció hasta los 82 años. Francisco Lazo conserva un sentimiento de gratitud por la oportunidad que encontró

cuando apenas era un adolescente. Hoy sabe que casi todos aquellos que trabajaron con él en aquella época ya han fallecido, pero guarda en su memoria rostros y nombres de quienes compartieron esos años. Su testimonio es parte de la historia de La Calera y también una memoria viva de la ciudad. DE BARRER LOS TALLERES A CONVERTIRSE EN SUPERVISOR Octavio Godoy Riveros también comenzó a trabajar siendo casi un niño y encontró en la fábrica una estabilidad que lo acompañaría durante gran parte de su vida. Ingresó el 11 de mayo de 1953, cuando tenía 15 años. Su primer puesto fue en la maestranza, donde debía realizar labores de aseo y limpieza. Allí conoció el interior de la planta y sus distintas áreas, que requerían trabajadores con diversos conocimientos y

Francisco Lazo Díaz, de 103 años, conserva con lucidez los recuerdos de sus décadas como trabajador de Cemento Melón.

Octavio Godoy ingresó a la fábrica a los 15 años y con el tiempo llegó a supervisar un equipo de trabajadores.

habilidades. También recuerda la explotación de piedra caliza en el cerro La Melonita. “Había caminos por donde transitaban los trabajadores y, durante las jornadas nocturnas, veía cientos de faroles subiendo o bajando. Eran los mineros que salían o entraban a los turnos”. Hacia fines de la década de 1970, Octavio quedó a cargo del área de lubricación de la planta. Desde esa función llegó a supervisar un equipo de 12 personas, responsabilidad que mantuvo hasta su retiro en 1999. Más adelante solicitó una vivienda y, alrededor de 1972, llegó a la casa donde reside actualmente. Fue un cambio importante para su familia, aunque uno de los beneficios que más recuerda fue la educación de sus hijos, algo que junto a su esposa, ya fallecida, siempre agradeció. “Todos pudieron estudiar con becas otorgadas por Cemento Melón”, dice con orgullo. En 1999, después de décadas de trabajo, Octavio

dejó la fábrica. Hoy, a sus 89 años, pertenece al Club de Adultos Mayores Cemento Melón, donde se reúne con personas que compartieron con él distintas etapas de su trayectoria. “Yo me sentí contento y lleno, y conocí muchos amigos que conservo hasta ahora. Así mantengo algo que considero fundamental: la satisfacción por lo vivido y la amistad de quienes fueron parte de ese camino”. VIDA DE BARRIO Mientras Francisco y Octavio ya trabajaban en la fábrica, Mario Rojas Celedón todavía era un niño. Tenía nueve años cuando llegó junto a su familia a vivir a calle Blanco. “Por las mañanas veía pasar a los trabajadores. Los recuerdo cubiertos de polvo, con sus tradicionales gorros de papel y caminando en dirección a la planta”. Entre sus recuerdos también están los famosos “pitos” de la fábrica. “Sonaban temprano, al mediodía y nuevamente por


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mucho más que recibir un sueldo” la noche. Para los trabajadores marcaban el inicio de una jornada laboral. Para nosotros, los niños del barrio, era todo un acontecimiento”. Otro recuerdo está en calle Pedro de Valdivia, donde organizaban sus “pichangas” de fútbol. “A veces los camiones que transportaban sacos de cemento comenzaban a ocupar el espacio que era nuestra cancha. Nos enojábamos harto”, recuerda entre risas. A los 22 años, finalmente consiguió trabajo dentro de la misma planta que antes observaba como un mundo desconocido. UNA FÁBRICA QUE TAMBIÉN ERA COMUNIDAD Entrar a Melón era, para muchos, una aspiración. No se trataba solamente de conseguir un sueldo, sino también de tener seguridad, posibilidades de ascenso y beneficios como electricidad, agua, retiro de basura y educación para los hijos. Pero por sobre todo, estaba la expectativa de acceder a una vivienda. Los trabajadores contaban además con iglesia y colegios. En el bandejón central de la población Cemento Melón había un pequeño zoológico, una pileta y juegos para los niños. También existían espacios de esparcimiento con piscina, casino, estadio y lugares para las celebraciones de fin de año. “Además, se formaron equipos que representaban

a la empresa y competían en ligas de alto nivel, como Fosfato Melón”, cuenta Mario. El equipo llegó a enfrentarse con clubes importantes, incluso con Santiago Wanderers. De ese ambiente también surgieron jugadores que posteriormente integrarían las filas de Unión La Calera. LA NOSTALGIA Y LA GRATITUD Al conocer estas historias, aparece una idea común: lo que más recuerdan y agradecen es la tranquilidad, la seguridad y las amistades que formaron. Mario Rojas cuenta que hoy la feria minorista se ha convertido en un lugar de encuentro.

Mario Rojas, al centro de la fotografía, junto al grupo del Departamento de Vigilancia durante la década de 1980.

“Ahí uno vuelve a encontrarse con antiguos compañeros o incluso jefes. Cuando nos vemos, nos abrazamos y recordamos. Conversamos como si hubiéramos sido compañeros de curso durante muchos años”. Para quienes construyeron allí parte importante de sus vidas, los recuerdos permanecen intactos. Los años compartidos en Cemento Melón siguen siendo un lugar al que siempre pueden regresar, aunque sea a través de la memoria.

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Nogales: historias populares que han La tradición oral conserva historias que forman parte de la identidad del territorio. El profesor Claudio Bavestrello Ruz aborda el valor de estos relatos y la importancia de transmitirlos a nuevas generaciones Por Juan José Núñez Brantes Hay historias que no aparecen en los libros escolares ni en los registros oficiales, pero permanecen vivas en la memoria de quienes las escucharon de sus padres, abuelos o vecinos. Sucesos inexplicables, personajes locales y antiguas creencias forman parte de una tradición oral que también construye identidad. Nogales no está ajeno a esta herencia y conserva relatos donde la memoria, el misterio y la historia se mezclan. Más allá de comprobar su veracidad, estas narraciones permiten conocer otra dimensión del pasado nogalino, aquella que pocas veces queda registrada en documentos. Recuperarlas plantea también una pregunta: ¿cuánto permanece en la memoria de las nuevas generaciones y cuánto podría

perderse si dejan de contarse? Para abordar su importancia conversamos con Claudio Bavestrello Ruz, profesor de Historia del Colegio Francisco Miranda de Quillota y autor del libro “Del río al cerro”. Publicado en 2022, el texto recopila mitos y leyendas de la antigua provincia de Quillota -que incluía Limache y Olmué- y entrega contexto sobre el impacto de estas historias en sus comunidades. UN IMPORTANTE TRABAJO DE RECOPILACIÓN “Hoy los estudiantes generalmente leen mitos y leyendas de Chile que son maravillosos, pero no necesariamente pertenecen al territorio que ellos habitan”, explica Bavestrello. Para el autor, incorporar relatos locales a la educación permite

conectar esos contenidos con la experiencia de los propios estudiantes. “Es muy importante dar ese paso de tomar toda esta historia, toda esta oralidad, y convertirla en un texto que permita llegar también a los lugares donde los estudiantes comienzan a aprender”, señala. Durante su investigación encontró personas que prefirieron no compartir sus experiencias o solicitaron mantener sus nombres en reserva por vergüenza o temor a las burlas. “Todavía existe mucho esto de la mofa en algunos lugares con respecto a estos relatos”, comenta. Esa reticencia dificulta la recopilación y amenaza la continuidad de las historias. “Lo lamentable es que efectivamente se van a perder con el paso del tiempo. Ya se han perdido muchos relatos”. Bavestrello también destaca el aporte de exploradores urbanos que visitan lugares asociados a estas leyendas y posteriormente difunden sus registros audiovisuales en plataformas digitales, permitiendo que las historias alcancen nuevas audiencias.

MITOS Y LEYENDAS DE NOGALES Los relatos populares suelen estar vinculados con acontecimientos históricos, antiguos oficios y lugares que todavía permanecen en la memoria local. Son historias difíciles de comprobar y que, en muchos casos, sobreviven únicamente porque alguien decidió contarlas. Precisamente allí radica su valor: más allá del misterio, forman parte de una memoria colectiva que permite conocer cómo distintas generaciones entendieron, imaginaron y explicaron el territorio donde vivían. Estas son algunas de las narraciones recogidas en “Del río al cerro”. EL C EMEN T ER IO D E L O S M I N E RO S Tras la tragedia del relave de la Mina El Soldado, que destruyó El Cobre y cobró cientos de vidas, se instalaron cruces y otros símbolos en un cementerio improvisado. La tradición cuenta que en el actual Parque de los Mineros todavía puede escucharse un estruendo similar al agua del tranque y que allí aparecen entidades que continuarían

esperando reunirse con sus familias. E L P E R RO “D O RO ” El rescate de las víctimas de El Cobre fue complejo. Como parte de la ayuda internacional llegó desde Ám-

sterdam un pastor alemán llamado “Doro”, entrenado para localizar sobrevivientes y víctimas de aludes. Pese a las difíciles condiciones, encontró cinco cuerpos durante su primera jornada y otros dos posteriormente. El esfuerzo

Claudio Bavestrello Ruz, autor de libros sobre mitos y leyendas, destacó la importancia de rescatar las historias de Nogales y El Melón para preservar la memoria oral del lugar.


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sobrevivido al paso del tiempo terminó enfermándolo y su entrenador debió regresar con él a Europa, pero los habitantes conservaron el recuerdo de la esperanza que entregó durante aquellos días. L A C A R R E TA DE P EDRO F ÉL I X V IC U ÑA A comienzos del siglo XX, una peste afectó al pueblo. La única carreta fúnebre recorría la actual calle Pedro Félix Vicuña transportando a los fallecidos hasta El Nazareno. Se cuenta que en aquel sector, donde actualmente se celebran las Fiestas Patrias, existirían varias personas sepultadas. Según la leyenda, sus almas aún vagan por el lugar y solo los perros serían capaces de percibirlas. Algunos vecinos aseguran, incluso, haber escuchado el característico chillido de la antigua carreta. LA MUJ ER C U LEBR A Otro relato sitúa en El Melón a una mujer alta y delgada, con dos colmillos y un permanente siseo. Pese a su aspecto, ejercía una particular atracción sobre los hombres y era conocida como la Mujer Culebra. La leyenda señala que una noche se

encontró con el Hombre Culebrón y semanas después descubrió que daría a luz culebras en vez de hijos humanos. Entonces habría pactado con el diablo entregar su vida a cambio de que este cuidara a sus descendientes. La mujer murió durante el parto. E L C U L E B RÓN D E L C EMEN T ER IO Otra leyenda habla de una extraña criatura que aparecía entre las tumbas del cementerio de Nogales. Un grupo de mujeres que limpiaba sepulturas habría huido gritando después de encontrarse con ella. La describían como un animal de cerca de un metro de largo, cuerpo grueso, piel escamosa y una cabeza rodeada de pelos. El relato sostenía que se alimentaba de carne humana y que, al finalizar el verano, se internaba en el mar después de dejar un huevo del que nacería otro ejemplar. E L RO S E L I N D O En El Cobre, las madres solían advertir a sus hijos desobedientes: “¡Te voy a echar al Roselindo!”. El personaje deambulaba por El Soldado y despertaba temor

entre los niños. Según la historia, sufrió una descarga eléctrica al tomar los cables de un poste de alta tensión y perdió el brazo derecho tras caer. Aunque su figura asustaba a los más pequeños, algunos vecinos lo ayudaban con comida y alojamiento. Él, a cambio, hacía mandados, cortaba leña y recolectaba productos para vender. U N E NC U E N T RO C E RC A N O En 1993, Gabriel D. H. viajaba hacia Santiago junto a tres familiares cuando, según relató años después, vivió una extraña experiencia al pasar por la cuesta El Melón. La niebla adquirió un tono amarillento, el vehículo comenzó a moverse y las mujeres aseguraron que algo se había sentado junto a ellas. Gabriel, quien se definía como escéptico frente a los ovnis, afirmó haber visto cómo sus manos se volvían transparentes y distinguido entre la neblina a seres “imponentes y de gran estatura”. Según su relato, estas entidades les habrían salvado la vida al evitar que chocaran con un bus. La experiencia habría durado menos de diez

minutos, aunque el vehículo apareció posteriormente en Calle Larga, provincia de Los Andes, a más de cien kilómetros de distancia. L A L E Y E N DA D E L Q U I L L AY A nt ig ua mente, uno de los cerros de El Melón estaba cubierto de boldos, litres, peumos, quillayes y espinos. Con el tiempo, los habitantes comenzaron a talar los árboles para obtener leña. La leyenda cuenta que el quillay reunió a los árboles que todavía permanecían en pie para dar una lección a los hombres. El cerro se volvió empinado y los leñadores cayeron, mientras uno de ellos terminó convertido en un matorral seco. Cuando recuperó su forma humana encontró el cerro árido y escuchó alQQuillay decir que los árboles no volverían a crecer hasta que los niños regresaran al lugar. Según la tradición,

cada primavera el cerro reverdece cuando ellos vuelven a reunirse allí. LA QUIN T R ALA Catalina de los Ríos y Lisperguer, conocida como la Quintrala, fue una figura

de la época colonial cuya historia dio origen a numerosas leyendas. Tuvo una casa en la actual Hacienda El Ingenio, en La Ligua, mientras su marido, Alonso de Campofrío, fue encomendero de tierras de Hijuelas. En el sector de La Peña, en Nogales, algunos habitantes identifican una antigua casona como “la casa de la Quintrala”. La tradición asegura que en el lugar todavía pueden escucharse gritos latigazos e incluso el paso de antiguos carruajes. El libro “Del rio al cerro”, de Bavestrello, fue editado por primera vez en 2022, y el año pasado sacó una segunda edición, que incluye más relatos e historias populares de la provincia.


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Semana Campichana: 35 años de una Vecinos reconstruyen la historia de una festividad que comenzó con actividades comunitarias y que, con el tiempo, dio origen al Festival del Poroto Verde, reuniendo a generaciones completas en torno a una tradición local Por Juan José Núñez Brantes Un miércoles por la tarde emprendemos rumbo a Puchuncaví, específicamente a Campiche, tomando el camino interior por el sector de Colmo. El trayecto anticipa parte de lo que encontraremos: bosques, casas rurales y un paisaje que parece alejarse de la imagen más conocida de la comuna. La sensación se repite al llegar. El verdor, los valles y las parcelas entregan a Campiche esa apariencia de pueblo que todavía conserva buena parte de su identidad. En la sede vecinal nos esperan el presidente de la Junta de Vecinos, Humberto Araya Bahamondes, y varios residentes antiguos. La idea es reconstruir la historia de la Semana Campichana, que finalmente dio paso al Festival del Poroto Verde, dos celebraciones que terminaron

estrechamente vinculadas. Mientras llegan los últimos participantes, Humberto nos lleva hasta el patio donde se desarrolla el evento. Bajo un gran galpón se abre un espacio con capacidad para cerca de dos mil personas y con el valle como telón de fondo. A la conversación se suman Richard Devia Fernández, de 60 años; Ramiro Fernández Herrera, de 67; y Jorge Orellana del Nido, de 69, tesorero de la Junta de Vecinos. Entre fotografías antiguas y recuerdos, comienza a tomar forma una historia que se remonta al menos 35 años. 19 EDICIONES, PERO 35 AÑOS DE HISTORIA Cuando preguntamos por el origen del Festival de la Voz “El Poroto Verde”, las fechas no aparecen de inmediato.

“Creo que en 1991. Ese año parten todos mis recuerdos de la celebración, que fue en grande”, dice Richard. Otro de los vecinos recuerda 1994, pero las fotografías terminan inclinando la discusión hacia comienzos de los años 90. “Esas fotos son de la segunda edición y eso fue en el 92’”, comentan. Finalmente coinciden en que la historia de la celebración tiene, al menos, 35 años y po-

presidente de la Junta de Vecinos, Gregorio Salas, junto a Víctor Vega y una vecina llamada Rosa, cuyo apellido no recuerdan, impulsaron la iniciativa. Así nació la Semana Campichana. La idea era dedicar una semana de la segunda quincena de febrero a actividades para los habitantes del sector. Había juegos típicos, competencias de alianzas entre las distintas poblaciones y un

Richard Devia y Ramiro Fernández, vecinos históricos de Campiche, junto a Humberto Araya y Jorge Orellana, presidente y tesorero de la JJVV.

Una viña boutique chilena con raíces alemanas, que combina tradición europea y producción local en el Valle de Aconcagua. Su trabajo se desarrolla bajo un modelo natural, orgánico y sustentable. Venta de vinos tintos del Valle del Aconcagua y de blancos de Rheingau, Alemania

siblemente comenzó incluso antes, con actividades más sencillas. Su origen está relacionado con la antigua Fiesta de la Primavera que organizaba Puchuncaví, donde Campiche participaba con carros alegóricos. Cuando esa celebración dejó de realizarse durante un año, surgió entre los vecinos la idea de organizar algo propio. Según relatan, el entonces

Catas programadas, almuerzos con maridaje y encuentros culturales

Visitas guiadas a la casa patrimonial, decretada Monumento Histórico

Santa Teresa de Llay Llay, El Salitre s/n, Provincia de San Felipe Contacto: Yessica Salas

Cel: 569 7672 9910 569 7972 9891 vinabaronknyphausen@gmail.com

Saludamos al Diario El Observador en su 56° aniversario

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baile final con música en vivo. Los vecinos recuerdan que el éxito de aquella primera etapa se explicó en buena parte por la gran cantidad de jóvenes que vivían entonces en Campiche y que encontraron en la celebración una instancia para participar. Al año siguiente se incorporaron nuevas actividades. “Se añadieron las candidaturas a reyes y reinas, y cada sector empezó a presentar a los suyos. También había temáticas distintas y al final se hacía un desfile de carros alegóricos por toda la localidad”, recuerda Richard. Pese a la buena acogida, con el tiempo las descoordinaciones dentro de la directiva vecinal y el regreso de la Fiesta de la Primavera provocaron la suspensión de la Semana Campichana. Los esfuerzos del pueblo volvieron entonces a concentrarse en la celebración comunal, donde incluso llegaron a participar con una torta del tamaño de un camión. EL NACIMIENTO DEL FESTIVAL DEL POROTO VERDE Con una nueva directiva de la Junta de Vecinos, en


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celebración que nació desde el pueblo 1998 regresó la idea de organizar un evento propio. Esta vez nació bajo el nombre de Festival del Poroto Verde, reduciendo los cinco días originales a dos y adoptando un formato más cercano a un concurso regional de canto. El nombre estaba directamente relacionado con la identidad agrícola de Campiche. “Se le puso así porque

en esta época había mucho poroto verde. Llegaba el verano y el valle estaba lleno de gente cosechando. Pero ya no existe, debe quedar un agricultor”, recuerda Richard. Y aunque el formato cambió, se mantuvieron elementos de la celebración anterior, como la elección de reyes y reinas y el tradicional baile de cierre. Los vecinos recuerdan

Tras la vuelta del evento en 1998, Richard recuerda que junto a Ramiro y Daniel Rodríguez eran los encargados de armar la escenografía.

que en aquellos años también recibieron apoyo para mejorar las condiciones del recinto. El entonces alcalde de Puchuncaví, Camilo Pérez, colaboró con la amplificación y su hermano donó una estructura para levantar el galpón que aún se mantiene en el lugar, utilizando materiales provenientes de la desaparecida fábrica de

Este 2027, en la edición 20, quieren siete días de celebración, según explicó Humberto Araya. Para ello, combinarán la Semana Campichana y el Festival del Poroto Verde.

azúcar de Viña del Mar. Con un espacio más adecuado, el entusiasmo de los habitantes y el respaldo de las autoridades, la fiesta comenzó a consolidarse. Con los años también regresaron actividades de sus primeros tiempos, como los juegos tradicionales y las competencias entre alianzas. Poco a poco, el evento ganó reconocimiento más allá de Campiche y comenzó a convocar visitantes desde otros sectores de Puchuncaví, la provincia y la región. El financiamiento, sin embargo, ha sido una dificultad permanente y en algunos años impidió realizar la celebración. Pese a ello, la participación vecinal permitió mantenerla en el tiempo y convertirla en una referencia para otras localidades. Por su escenario también han pasado artistas de reconocimiento nacional, entre ellos Pachuco, Memo Bunke y, más recientemente, Paul Vásquez, “El Flaco”. Durante la última década, la incorporación de fondos concursables regionales y recursos del Ministerio de las Culturas permitió fortalecer el Festival del Poroto Verde y

ampliar su convocatoria. UNA TRADICIÓN QUE BUSCA NUEVAS GENERACIONES En 2026 se realizó la edición número 19 del festival, con una asistencia estimada entre 500 y 600 personas. Hubo nuevamente carros alegóricos y alianzas, aunque estas últimas ya no poseen el protagonismo de décadas anteriores. “Últimamente lo hemos hecho más corto porque no hemos tenido la experiencia total y los recursos”, reconoce Humberto Araya. Uno de los principales desafíos de la actual directiva es volver a involucrar a los habitantes más jóvenes. “Estamos tratando de que la gente se vuelva a conectar. Queremos que los jóvenes también se hagan partícipes, porque esto es muy importante para el pueblo”, explica. Los vecinos coinciden en que esa renovación resulta fundamental para asegurar la continuidad de una tradición que nació precisamente gracias a la participación comunitaria. También existen planes para mejorar la infraes-

tructura y ampliar las posibilidades del encuentro. “Queremos hacer un espacio techado para los clubes sociales que venden sus cosas y contar también con un escenario para no depender de la Municipalidad. La idea es incluir a los jóvenes a través de sus grupos de música e ir atrayendo a los nuevos residentes, empaparlos con la celebración”, señala Humberto. El desafío adquiere mayor importancia considerando cuánto ha cambiado Campiche. “Antes el pueblo era muy pequeño, pero actualmente tenemos una expansión gigante, quizás cinco o seis veces más que antes”, agrega Jorge Orellana. Después de 35 años, la Semana Campichana ya no es exactamente aquella fiesta que comenzó entre alianzas, juegos y carros alegóricos. Tampoco el Festival del Poroto Verde es el mismo de 1998. Pero en ambos permanece una idea común: una celebración levantada por los propios vecinos para reunir a un pueblo que ha crecido, cambiado y que hoy busca mantener viva una tradición nacida desde su propia comunidad.


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Rostros del mal: los 10 crímenes más Desde Émile Dubois hasta los homicidios ocurridos en Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, el recorrido reúne episodios que atravesaron más de un siglo y dejaron una profunda huella en la zona Por Francisco Bonifaz Reyes En 2026, la Región de Valparaíso volvió a aparecer entre los territorios con más homicidios del país, ya que solo durante el primer semestre se registraron 53 asesinatos consumados. Pero detrás de cada cifra hay una vida interrumpida, una familia afectada y una historia que no termina con una sentencia. Ahora bien, los rastros de esa violencia se remontan mucho más atrás. De hecho, los archivos de la Biblioteca Nacional conservan testimonios de asesinatos, bandolerismo y otros delitos desde el período colonial. Con el paso de los siglos cambiaron las ciudades, las armas, las policías y también la forma de entender el crimen. Sin embargo, permanece una pregunta: ¿en qué momento alguien decide cruzar el límite y destruir la vida de otro? La historia

criminal de Valparaíso está llena de esos casos. Algunos terminaron en expedientes judiciales y otros adquirieron dimensiones de leyenda. Desde Émile Dubois hasta homicidios que estremecieron Viña del Mar, Villa Alemana, Quilpué y Valparaíso, esta selección no pretende ser un “ranking de maldad”. Más bien, reúne diez casos considerando el número de víctimas, la reiteración de los hechos, las características de éstos, las condenas y su repercusión pública o histórica. Desde los primeros expedientes criminales de la región hasta los casos que todavía ocupan titulares, el recorrido deja una certeza más incómoda que cualquier cifra: los delitos no existen aislados de las sociedades donde ocurren. Cada expediente tiene un nombre, una familia y una comunidad que debe convivir con sus consecuencias.

Émile Dubois: el asesino que terminó convertido en leyenda

Jorge Pizarro Sagredo y Carlos Topp Collins: los “Psicópatas de Viña del Mar”

En Valparaíso se desarrolló la historia de un criminal cuya figura terminó por confundirse con una leyenda. Su verdadero nombre era Louis-Amédée Brihier Lacroix, aunque la historia lo recuerda como Émile Dubois. El inmigrante francés se hizo conocido a comienzos del siglo XX por una serie de robos y homicidios contra comerciantes y personas acomodadas. Con los años surgió a su alrededor una imagen casi romántica: la de un hombre que robaba a los ricos, una suerte de Robin Hood porteño. Los antecedentes históricos señalan, sin embargo, una realidad mucho más violenta. En enero de 1905 asesinó a un comerciante en su establecimiento y después atacó a otros empresarios. Las investigaciones señalan que reunía antecedentes sobre sus posibles víctimas y estudiaba sus rutinas. Fue detenido, juzgado y condenado a muerte. En 1907, un pelotón de fusilamiento puso fin a su vida en Valparaíso. Pero su historia no terminó con la ejecución. Su tumba en el Cementerio de Playa Ancha comenzó a recibir visitas y, con el paso de las décadas, adquirió para algunos devotos la condición de “animita”. De criminal condenado pasó a leyenda popular.

El país no podía creerlo. Entre agosto de 1980 y noviembre de 1981, Viña del Mar quedó atrapada en una cadena de homicidios, violaciones y robos que sembraron temor en distintos sectores de la ciudad. Los protagonistas eran Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins, ambos funcionarios activos de Carabineros, quienes conformaron la dupla conocida como los “Psicópatas de Viña del Mar”. Los cuerpos comenzaron a aparecer en distintos puntos de la ciudad. Entre las víctimas había parejas atacadas por los dos policías, en delitos que combinaban violencia sexual, homicidio y robo. La investigación obligó a crear una brigada especial para identificar a los responsables, hasta que el misterio terminó en marzo de 1982, cuando Sagredo y Topp fueron detenidos. Los tribunales establecieron la responsabilidad de ambos por diez homicidios y cuatro violaciones. El 29 de enero de 1985 fueron ejecutados en la cárcel de Quillota, ubicada entonces en calle Chacabuco, donde hoy funcionan los tribunales de Garantía y Oral en lo Penal de la comuna.


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violentos en la historia de la región Gabriel Alberto Páez Hernández: el ex carabinero que mató a su esposa y suegra En enero de 2004, Quilpué fue escenario de un doble homicidio cometido por un ex funcionario de Carabineros. Gabriel Alberto Páez Hernández, ex cabo de la institución, fue condenado por los asesinatos de su esposa, Jennifer Marcela Araya Biott, y de la madre de ella, Leonor del Tránsito Biott Vidal. El crimen ocurrió en una iglesia de la Quinta Región y provocó

especial impacto por la condición de ex funcionario policial del autor. La Corte Suprema registró posteriormente la condena de Páez a presidio perpetuo por el parricidio de su esposa y a 15 años y un día por el homicidio calificado de su suegra. Páez cumple su condena en el Centro Penitenciario de Valparaíso.

Erasmo Moena: el “Psicópata de Placilla”

Víctor Pulgar Vidal: el crimen de Nicole Saavedra

En abril de 2010, Placilla de Peñuelas quedó asociada a uno de los episodios criminales más violentos de la historia reciente de Valparaíso. Erasmo Moena Pinto contactaba a mujeres mediante supuestas ofertas laborales. Dos de ellas, Loreto López Fernández y Andrea Quappe Pinto, llegaron hasta sectores boscosos de Placilla, donde fueron asesinadas. La investigación estableció, además, la existencia de delitos sexuales contra ambas víctimas. Moena acababa de recuperar su libertad tras cumplir una condena anterior cuando cometió estos crímenes. Los investigadores también descubrieron que otra mujer había recibido un contacto similar, aunque la cita no llegó a concretarse debido a la detención del autor. En mayo de 2011, el Tribunal Oral en lo Penal de Valparaíso lo condenó por ambos homicidios: 40 años por uno, 20 por el otro y 541 días por porte ilegal de armas. A raíz de estos hechos, la prensa lo bautizó entonces como el “Psicópata de Placilla”. Actualmente, Erasmo Moena Pinto cumple su condena en la Cárcel de Valparaíso.

Nicole Saavedra Bahamondes tenía 23 años cuando desapareció, en junio de 2016. La investigación estableció que había abordado un vehículo de transporte conducido por Víctor Pulgar Vidal, quien la secuestró y mantuvo retenida durante varios días. Después fue violada y asesinada. Su cuerpo apareció en Limache. En octubre de 2021, el Tribunal Oral en lo Penal de Quillota condenó a Pulgar a presidio perpetuo calificado como autor de secuestro con violación y homicidio. Durante el proceso se solicitó que se considerara la agravante de crimen de odio. El tribunal no la acogió por considerar insuficiente la prueba sobre una motivación discriminatoria. El caso provocó movilizaciones y abrió una discusión nacional sobre la violencia contra mujeres lesbianas y el acceso a la justicia. Pulgar cumple su condena en el Centro Penitenciario de Valparaíso.

Luis Alberto Henríquez Vergara: el doble homicidio de Belloto Norte En abril de 2022, Belloto Norte, en Quilpué, quedó marcado por el asesinato de una pareja dedicada a la venta de leña. Luis Alberto Henríquez Vergara, de 69 años, fue condenado como autor de ambos homicidios. Según la Fiscalía, el hombre se desplazaba en bicicleta cuando observó a las víctimas. Luego regresó hacia ellas, sacó un revólver y disparó primero contra el hombre. Cuando su pareja intentó auxiliarlo, también recibió un disparo. Durante el juicio, el Ministerio Público describió el ataque como una ejecución sin provocación previa. En enero de 2023, el Tribunal Oral en lo Penal de Viña del Mar lo condenó a 18 años de presidio efectivo por los dos homicidios. Gendarmería mantiene en reserva el recinto donde Henríquez cumple su condena. Una de las posibilidades es el Complejo Penitenciario de Valparaíso, aunque esa información no ha sido confirmada públicamente. Continúa en página 70


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Ricardo González Latorre: el caso del “Abogado del Metanol” El abogado Ricardo González Latorre habría escogido un método distinto para reducir a sus víctimas: el veneno. De acuerdo con la tesis de la

Fiscalía, suministraba metanol mezclado con alcohol a determinadas personas, con el propósito de provocar su muerte y, posteriormente, cobrar segu-

ros de vida. Durante el juicio se revisaron antecedentes relacionados con varios fallecimientos y un homicidio frustrado. En mayo de 2023, el Tribunal Oral de Viña del Mar lo declaró culpable de dos delitos de homicidio calificado: uno consumado y otro frustrado. La sentencia estableció una pena de 24 años de cárcel. La Fiscalía había solicitado presidio perpetuo calificado. Otros antecedentes, vinculados con muertes ocurridas años antes, también fueron presentados durante el juicio. Su eventual relación con un patrón más amplio debe entenderse dentro de los límites establecidos por la investigación y la sentencia. González cumple su condena en el Centro de Detención Preventiva de Quillota.

Hugo Bustamante: las confesiones del llamado “Asesino del Tambor” Si existe un nombre que estremeció a Villa Alemana, ese es el de Hugo Bustamante Pérez. En 2024, mientras cumplía condena por el asesinato de Ámbar Cornejo, confesó a la periodista Ivonne Toro que también había asesinado a Elena Hinojosa y a su hijo Eduardo Páez. El testimonio formó parte del libro “La Niña Ámbar”, escrito por Toro. Los antecedentes entregados por Bustamante llevaron a la búsqueda de restos en un inmueble de calle Covadonga, vinculado a aquellos crímenes. La periodista puso la información a disposición de la PDI y del Ministerio Público. En febrero de 2026, el Juzgado de Letras de Villa Alemana lo condenó a diez años y un día por ese doble homicidio. La pena se sumó al presidio perpetuo calificado que ya cumplía por el asesinato de Ámbar.

La investigación también estableció que, en 2005, había asesinado a su pareja, Verónica Vásquez, y al hijo de ella, Eugenio Honorato, de nueve años. Ambos cuerpos fueron ocultados dentro de un tambor. Años después, ya en libertad, asesinó a Ámbar Cornejo, adolescente de 16 años, crimen por el cual recibió presidio perpetuo calificado. Con las condenas conocidas hasta 2026, acumula al menos cinco víctimas mortales reconocidas judicialmente, correspondientes a homicidios cometidos en 1996, 2005 y 2020. Actualmente, permanece internado en el Centro Penitenciario de Rancagua.

Alexis Ramírez Gutiérrez, “El Chucky”: tres homicidios en cinco semanas Uno de los casos más recientes de esta recopilación ocurrió en Valparaíso. Alexis Ramírez Gutiérrez, conocido como “El Chucky”, fue condenado en 2026 por tres homicidios cometidos en un período de aproximadamente cinco semanas. Según los antecedentes expuestos durante el juicio, dos de las víctimas eran barristas de Colo-Colo. La tercera murió tras un ataque ocurrido en las afueras de un bar en el sector

de subida Ecuador. En junio de 2026, el Tribunal Oral en lo Penal de Valparaíso lo condenó a presidio perpetuo, además de otra pena por lesiones. La sucesión de tres muertes en poco más de un mes convirtió el caso en uno de los episodios homicidas recientes más notorios de la ciudad. Por razones de seguridad, Gendarmería mantiene en reserva el recinto donde Ramírez cumple su condena.


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Educación, inclusión y desarrollo: Minera Las Cenizas y su compromiso con nuevas oportunidades en Cabildo 1 Centro de Hipoterapia en Peñablanca abre nuevas oportunidades de bienestar para niños

y niñas TEA de Cabildo.

Cada semana, cerca de 50 niños y niñas participan en las jornadas de terapia asistida con caballos del Centro de Hipoterapia Minera Las Cenizas, una iniciativa desarrollada junto a la agrupación LUEPAUT que amplía las oportunidades de atención terapéutica y acompañamiento para niños y niñas con trastorno del espectro autista (TEA) y sus familias. En el sector de Peñablanca, comuna de Cabildo, la interacción con caballos se ha convertido en una oportunidad para acompañar el desarrollo y estimulación sensorial y emocional de niños y niñas autistas, a través de una experiencia terapéutica activa, que estimula la motivación, la participación y la socialización. El complejo terapéutico está emplazado en terrenos de Minera Las Cenizas. La empresa apoya el desarrollo de las sesiones y aporta recursos para la implementación de esta iniciativa, impulsada en colaboración con LUEPAUT (Lugar de Encuentro de Personas Autistas). Actualmente, las terapias benefician a cerca de 50 niños, niñas y jóvenes de Cabildo, dando continuidad a una alternativa de atención que responde a una necesidad de la comunidad y contribuye a ampliar el acceso a terapias y acompañamiento especializado. El proyecto comenzó a materializarse durante 2025, con capacitaciones para los profesionales que imparten las terapias. En octubre de ese año se iniciaron las primeras sesiones, dando paso a un proceso que continúa vigente y que ha permitido acercar esta modalidad terapéutica a decenas de familias de la comuna. De esta manera, la hipoterapia se consolida como una iniciativa relevante para Cabildo, reflejando el valor de la colaboración entre la empresa y las organizaciones locales para promover la inclusión y contribuir al desarrollo integral de las personas.

Beneficios de la Hipoterapia

La hipoterapia utiliza el movimiento del caballo para estimular habilidades físicas, emocionales y sociales. Entre sus beneficios se encuentran el trabajo del equilibrio, la coordinación y el control postural, además del fortalecimiento de la autoestima, la motivación y la interacción con el entorno. Las sesiones se adaptan a las necesidades de cada participante y requieren preparación especializada para su adecuada ejecución.

2 Sembrar, cultivar y aprender: la experiencia inclusiva de una granja educativa en Cabildo La granja educativa del CRAD Paul Percy Harris fomenta la inclusión y el aprendizaje práctico mediante el trabajo colaborativo con Minera Las Cenizas, fortaleciendo la autonomía y las habilidades laborales de sus estudiantes. El aprendizaje también se construye fuera de la sala de clases, cultivar la tierra, cuidar el entorno y participar en tareas cotidianas son experiencias que permiten desarrollar autonomía, responsabilidad y habilidades para la vida. Bajo esa perspectiva, Minera Las Cenizas suscribió hace dos años un convenio con el Centro de Recursos y Atención a la Diversidad (CRAD) Paul Percy Harris de Cabildo, destinado a fortalecer las oportunidades formativas de sus estudiantes. En mayo de 2024, la compañía minera habilitó el espacio para una granja educativa donde los estudiantes pudiesen realizar prácticas laborales. El terreno está destinado al cultivo de hortalizas, el compostaje y otras actividades agrícolas. Esta iniciativa busca acercar a los estudiantes a tareas concretas, favoreciendo el aprendizaje práctico y la adquisición de herramientas que puedan contribuir a su desarrollo personal y formativo. En este lugar, los propios estudiantes participan activamente en las distintas etapas del proceso productivo, desde la preparación y siembra hasta el cuidado de los cultivos, la cosecha y la venta de los productos. Actualmente, según la temporada, cultivan distintas hortalizas, entre ellas acelgas, habas y repollos, mediante prácticas de producción orgánica.

Aprender haciendo

El convenio representa una colaboración orientada a la inclusión de personas con distintas capacidades, poniendo a disposición infraestructura para que la comunidad educativa cuente con un lugar donde llevar adelante sus actividades. Más allá del terreno, la granja constituye una oportunidad para aprender haciendo, fortalecer capacidades y participar activamente en experiencias vinculadas al trabajo y conectadas con el entorno. Este tipo de iniciativas adquiere especial relevancia en una comuna como Cabildo, donde la articulación entre empresas y organizaciones locales permite ampliar las oportunidades disponibles para distintos grupos de la comunidad.

La experiencia también les permite a los estudiantes aprender sobre comercialización, ofreciendo sus cosechas y comprendiendo el valor de su trabajo. En ocasiones, visitan las oficinas de Minera Las Cenizas para exhibir y vender sus productos, compartiendo con los trabajadores los frutos de su aprendizaje.

3 Alfadeca: metodología para aprender a leer y comprender duplica su alcance en niños de Cabildo Aprender a leer y comprender lo que se lee es fundamental para el desarrollo y las oportunidades educativas de niños y niñas. Con ese objetivo, Minera Las Cenizas y Fundación Rassmuss impulsan en Cabildo el programa Alfadeca, metodología para el aprendizaje de la lectoescritura desde los primeros años de educación básica. El programa combina una metodología multisensorial basada en la neurociencia, recursos pedagógicos especializados y acompañamiento a los equipos docentes para fortalecer el aprendizaje de la lectura y la comprensión lectora. La meta es que los niños y niñas alcancen estas habilidades al finalizar segundo básico, sentando bases sólidas para su trayectoria educativa.

Más estudiantes cada año

Este año, la incorporación de un segundo establecimiento educacional permitió a Minera Las Cenizas y Fundación Rassmuss ampliar el alcance de Alfadeca en Cabildo, aumentando de 58 a 124 estudiantes beneficiados. La iniciativa comenzó en 2025 en el Colegio Bicentenario que amplió su cobertura en abril de 2026 con la incorporación de la Escuela Básica Araucaria. Con la llegada a este segundo establecimiento, el número de estudiantes beneficiados aumentó de 58 a 124, extendiendo el alcance en la comuna. A través de esta colaboración, Minera Las Cenizas y Fundación Rassmuss contribuyen a acercar herramientas pedagógicas a más comunidades escolares de Cabildo, apoyando el trabajo de los docentes y promoviendo mejores oportunidades de aprendizaje para niños y niñas.

Grupo Minero Las Cenizas

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