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El ángel de las lágrimas

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El ángel de las lágrimas

Zaimar Echenique

El ángel de las lágrimas

El ángel de las lágrimas

Título original: El ángel de las lágrimas.

Primera edición: Julio 2024

Texto de Zaimar Echenique

© 2024, Zaimar Echenique

Ilustraciones de Zaimar Echenique

© 2023, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

Impreso en España

ISBN: 978-84-666-3972-2

Depósito legal: B. 34.791-2023

® Todos los derechos reservados.

Este libro o cualquier parte del mismo no podrá reproducirse ni utilizarse de ninguna manera sin la autorización expresa por escrito del autor, excepto para el uso de breves citas en una reseña de libro. Esta historia es una obra de ficción.

Para todos aquellos que han amado y han perdido.

Hace mucho tiempo, cuando el cielo apenas podía diferenciarse de las aguas oscuras del mar, El Creador había construido una de sus más hermosas criaturas a la que la humanidad alabaría en el futuro: los ángeles. Ellos eran hermosos, etéreos, atemporales y fuertes. Cada uno era único y perfecto a su manera, con características que podían diferenciarlos entre cada uno.

Entre estos, existió un arcángel, quien era muy fuerte y tenía una sabiduría que inundaba a sus compañeros y los mantenía en calma. Su nombre era Cassiel.

Él era muy independiente pero amable. Tenía un carácter manso, y era responsable. Nunca se había metido en problemas, y aunque era un seguidor del arcángel Luzbel, supo que ponerse de su lado a la hora de la revuelta era un error significativo.

Por ello, cuando El Creador arremetió contra los desobedientes, Cassiel heredó el manto de protector y lo reemplazó como guardián de la humanidad.

— Los humanos son un error —había dicho Luzbel antes de partir a su destierro—. Caer bajo ellos será nuestra condena.

— Los humanos solo necesitan ser guiados —le había refutado Cassiel—. No necesitaremos castigarlos si somos capaces de orientarlos en su trayecto de vida.

— Te deseo el éxito, hermano —se había burlado Luzbel—, ellos solo te causarán sufrimiento.

Por desgracia, esa fue la última vez que Cassiel pudo hablar con Luzbel.

Sin embargo, Cassiel siempre estaba ocupado en sus labores, por lo que no pensaba en Luzbel ni en sus palabras, que eran un presagio de su futuro.

Un día, El Creador les enseñó a todos los ángeles su nueva creación: los humanos. Cassiel los observó junto a sus hermanos, pero no se había sentido muy impresionado de verlos.

— No entiendo como Luzbel cayó por los humanos —algún ángel había dicho—. Son muy inofensivos. No hacen gran cosa.

— Luzbel estaba equivocado —respondió Cassiel—. Él logró ver el peligro donde no lo había.

— Es una verdadera lástima —reconoció ese ángel—; me hubiera gustado ver su rostro furioso ahora al saber que estaba equivocado.

Pero, por desgracia, los ángeles tuvieron que tragarse sus palabras. En un momento donde Cassiel estaba vigilando, una serpiente logró colarse en el jardín. Ella envenenó la mente de la mujer para que desobedeciera las reglas que El Creador había impuesto: hizo que ambos comieran ese fruto prohibido.

Eso desató la furia divina sobre sus cabezas, haciendo que fueran expulsados inmediatamente; y a Cassiel, quien se supone que debía vigilarlos, fue castigado también. Ahora debía estar detrás de la pareja de humanos, dejando su lugar en el Paraíso.

De cierta manera, él también fue expulsado. Luzbel tenía razón.

Para Cassiel, quien era muy calmado y sabio, el dolor logró cegarlo. ¿Por qué tenía que pagar por un error que no cometió?

— Tu deber era vigilarlos —El Creador le había reprochado—. No debiste dejar pasar a la serpiente. A partir de entonces, Cassiel estuvo condenado a vivir al lado de los humanos. Observó como la pareja pasó grandes dificultades.

Él debía vigilar que no se desviaran del camino divino, pero no podía intervenir. Eso se le había hecho fácil los primeros milenios; pero cuando la humanidad comenzó a avanzar, fue cada vez más difícil quedarse al margen.

Hasta que lo conoció.

En sus años de vida, Cassiel había visto nacer y morir a muchas personas, pero ninguna había llamado su atención: todas eran iguales para él.

Pero entonces, lo encontró: era un humano hermoso, con los ojos verdes como el césped del Edén, con una enorme sonrisa amable y una personalidad abnegada. Él había ayudado a muchas personas dándole comida, cobijo y hogar.

Cassiel había quedado cautivado por ese humano; y empezó a aparecer en sus sueños. Siempre en forma de cosas pequeñas, como él en forma de animales pequeños o simulando ser la brisa de la tarde.

Cassiel había quedado perdidamente enamorado. Aunque él no lo sabía.

Supuso que vivir mucho tiempo con los humanos había hecho que se contagiara de sus actitudes. Aunque cierto día, Cassiel regresó al Paraíso. Quería hablar con El Creador para interceder por el humano de ojos verdes, porque estaba en peligro.

— Conoces las reglas —dijo El Creador—, no puedes involucrarte.

— Pero él es diferente —Cassiel rogó—. Él va a morir pronto. Y no quiero que sufra.

— No puedes interferir en el orden de las cosas naturales —regañó el Creador—. Y si lo haces, él lo pagará.

Cassiel abandonó el Paraíso, pero desobedeció al Creador. Le advirtió al hombre que estaba en un máximo peligro y que pronto moriría; y él, muy agradecido, le explicó que aceptaría cualquier destino que El Creador tuviera preparado para él.

Eso rompió el corazón de Arcángel, porque sabía que no podía salvarlo.

El hombre murió, tristemente. Y tal como El Creador había asegurado, pagó las consecuencias de los actos de Cassiel: el hombre terminó condenado a la eternidad en el infierno.

Cassiel no pudo salvarlo. Y con mucho dolor, derramó lágrimas que cayeron a la tierra, ganándose el nombre del ángel de las lágrimas.

Cassiel fue condenado por la humanidad dos veces: por no haber vigilado, y por haber amado. FIN.

Zaimar Echenique

El ángel de las lágrimas

Una historia corta que muestra como el amor muchas veces puede significar la pérdida total del alma; de como no todas las intenciones, por más buenas que sean, terminan en finales felices y como todas las decisiones tienen consecuencias.

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