Skip to main content

septiembre 2026 La Cosecha

Page 1

Amar a nuestros enemigos: cuando la Palabra de Jesús transforma el corazón Por Blanca Primm

H

ay palabras que escuchamos muchas veces, pero que no siempre dejamos entrar verdaderamente en nuestro corazón. La Palabra de Dios es una de ellas. Podemos escuchar el Evangelio, leer la Biblia, participar en la Misa y, sin embargo, permanecer igual por dentro. Escuchar verdaderamente la Palabra significa permitir que ella cuestione nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. La Palabra de Jesús no es simplemente una palabra humana entre muchas otras. Tiene autoridad propia porque procede de Dios. Jesús no habla solamente para informarnos; habla para darnos vida. Su Palabra ilumina, corrige, sana, transforma y llama a la conversión. Por eso, el discípulo no está llamado solamente a admirar las enseñanzas de Jesús, sino a creer en Él y poner en práctica lo que Él enseña. Jesús mismo lo dice con claridad: «Pero a ustedes que me escuchan les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian» Lc 6,27-28. Estas palabras pueden parecernos demasiado exigentes. Incluso podemos preguntarnos: ¿Cómo puedo perdonar a quien me ha humillado, traicionado, rechazado o causado una profunda herida? Y, sin embargo, Jesús no está hablando en sentido figurado. Nos está mostrando el camino de sus discípulos. Existe una diferencia fundamental entre escuchar las palabras de los hombres y escuchar la Palabra de Cristo. Las palabras humanas pueden aconsejar, convencer o inspirar. Pero la Palabra de Jesús posee una autoridad diferente porque en ella se comunica la verdad y la vida de Dios. Por eso, ser cristiano significa creerle a Jesús. No podemos escoger solamente aquellas enseñanzas del Evangelio que nos resultan agradables y dejar de lado aquellas que nos cuestan. Es relativamente fácil escuchar a Jesús cuando nos habla del amor, de la misericordia y de la esperanza. Es mucho más difícil escucharlo cuando nos dice: “Amen a sus enemigos”, “oren por los que los persiguen”, “perdonen”. Pero precisamente allí comienza una verdadera conversión. La fe no consiste solamente en saber lo que Jesús enseñó. Consiste en dejar que su enseñanza transforme nuestra vida. El papa Francisco nos recuerda que Jesús conoce bien lo difícil que puede ser vivir este mandamiento. Amar a nuestros enemigos muchas veces supera nuestras propias

fuerzas. Sin embargo, Cristo no nos pide simplemente que sigamos siendo como somos; Él viene a transformar nuestro corazón y a darnos la gracia necesaria para amar de una manera nueva, con un amor que va más allá de nuestras capacidades humanas. Es importante comprender correctamente lo que Jesús nos pide. Amar al enemigo no significa aceptar la injusticia, permitir el abuso, guardar silencio ante la violencia o renunciar a la búsqueda de la justicia. Tampoco significa necesariamente volver a establecer una relación cercana con alguien que nos ha hecho daño. Perdonar no elimina la necesidad de poner límites. Podemos reconocer la injusticia y, al mismo tiempo, negarnos a vivir dominados por el odio. Se trata de buscar justicia sin buscar venganza. Podemos protegernos sin desear el mal del otro. Y podemos comenzar a perdonar incluso cuando todavía nos duele. A veces pensamos que perdonar significa dejar de sentir inmediatamente el dolor. Pero no siempre es así. Perdonar es un camino. Hay heridas que necesitan tiempo. Hay traiciones que dejan una marca profunda. Hay palabras que no se olvidan fácilmente. Hay experiencias que cambian para siempre una relación. Por eso, el perdón no siempre es un sentimiento. Es una decisión de la voluntad sostenida por la gracia de Dios. Podemos decir: “Señor, todavía me duele lo que sucedió. Todavía no puedo comprenderlo. Pero no quiero vivir alimentando el odio. Te entrego esta persona y esta herida. Dame la gracia de perdonar”. Tal vez al día siguiente todavía sintamos dolor. Entonces volvemos a orar. Y al día siguiente, nuevamente. El perdón puede convertirse así en un camino de conversión. Para comprender el amor a los enemigos tenemos que mirar a Cristo crucificado. Mientras sus verdugos lo estaban crucificando, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” Lc 23,34. Jesús no respondió al odio con odio. Respondió entregándose al Padre. La cruz nos muestra que el perdón cristiano no nace de negar el sufrimiento. Jesús sufrió verdaderamente. La cruz fue real. El dolor fue real. La injusticia fue real. Pero el amor fue más grande. Por eso, cuando perdonamos, no estamos diciendo que la herida no existió. Estamos diciendo que Cristo es más grande que nuestra herida. Que la gracia de Dios nos de la paz de Cristo y la fortaleza para amar como Él nos amó, hasta el extremo de dar la vida aunque éramos pecadores. Que podamos también nosotros esforzarnos por amar así. ■

Apostolado Hispano Católico Blanca Primm, directora Rocio Melendez, asistente administrativa y coordinadora de La Cosecha T 865-637-4769, F 865-584-7538 E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK

KATHY RANKIN

Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen Mt 5,44

Llevando la Luz de Cristo A partir del 18 de septiembre, la Diócesis de Knoxville lanzará una nueva visión pastoral llamada “Llevando la Luz de Cristo en el este de Tennessee”, que nos llama a: Orar, Invitar y Servir. La visión se centra en “Construir una Civilización del Amor”, que se extiende más allá de nuestra propia diócesis, donde cada persona y toda la creación de Dios son valoradas con amor. Por Bee Goodman

E

n la Misa de la Vigilia Pascual, la imagen de la luz que se propaga desde el cirio pascual hacia cada persona, vela por vela, persona por persona, a través de las bancas para iluminar la iglesia, es ahora el corazón de una nueva visión para la Diócesis de Knoxville. El 18 de septiembre, el obispo Beckman presentó oficialmente la iniciativa “Llevando la Luz de Cristo en el este de Tennessee”, su visión pastoral para el futuro de la diócesis. Las prioridades pastorales, estructuradas como “Las Ocho Luces”, son la culminación de sus viajes por toda la diócesis, al escuchar a los fieles en los salones parroquiales, al pasar tiempo con los sacerdotes, participar en caminatas y discernir lo que ha presenciado, desde que llegó hace dos años como obispo de la diócesis. Es a través de estas luces que nos llama, de maneras sencillas, a unirnos a él en la oración, la invitación y el servicio para “Construir una Civilización del Amor”. Construyendo una Civilización del Amor “Amamos porque Dios nos amó primero. Y cada acto de caridad genuina —por muy discreto o pequeño que sea— es otra piedra que se coloca en los cimientos de la civilización del amor que estamos llamados a construir juntos, aquí mismo, en el este de Tennessee”. El elemento central de la visión, “Construyendo una Civilización del Amor”, retoma esta frase que el obispo Beckman atribuye a San Pablo VI, a la que más tarde se hizo eco con San Juan Pablo II, y ahora el Papa León XIV. En una charla reciente en el evento “Community Connections” celebrado en la iglesia de Santo Tomás Apóstol en Lenoir City, el obispo Beckman

ofreció su propia definición. “Una civilización del amor es una sociedad. Una civilización en la que cada persona, desde el momento de la concepción hasta su muerte natural, es valorada y apreciada como un hijo amado de Dios, creado a imagen y semejanza de Dios, y en la que cada persona cuenta con lo necesario para vivir plenamente y ser plenamente humano”, dijo el obispo. El obispo comparó la labor que tienen por delante con la construcción de una catedral medieval, un proyecto que llevó generaciones y requirió todo tipo de trabajadores. “La persona que coloca la piedra angular es tan importante como la que coloca la piedra de remate en la cima, y cada piedra que hay en medio”, dijo. “Así que todos tenemos trabajo que hacer. Cada uno de nosotros tiene algo que puede aportar”. Las Ocho Luces La visión se profundiza al recordar otra imagen de la Vigilia Pascual: la pila bautismal. Desde los primeros siglos de la Iglesia, las pilas bautismales han tenido a menudo forma de octágono. El ocho es el número de los nuevos comienzos, de la resurrección, de la vida que abre el bautismo, y un recordatorio de que debemos vivir nuestras promesas bautismales en todos los aspectos de nuestra vida. En torno a esta fuente, la visión del obispo se articula en “Las Ocho Luces”: Oración, Vocaciones, Formación, Educación, Caridad, Compromiso con los Jóvenes, Evangelización y Cuidado de la Creación. “Una luz enciende a la siguiente”, dice la introducción de la visión. “No necesitas llevar las ocho contigo. Estés donde estés ahora mismo, esta es una invitación a dejar que se enciendan en tu vida”. Llevando la Luz continúa en la página 4

Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 3219080. ■


II Jornada Diocesana de la Juventud ¡Hagan lo que Él les diga! Por Magdiel Argueta

T

odavía recuerdo con mucha alegría aquel 9 de noviembre de 2024 cuando más de 200 jóvenes adultos nos reunimos para celebrar nuestra primera Jornada Diocesana de la Juventud. Era la primera vez que hacíamos algo así en nuestra diócesis y, aunque teníamos muchas ilusiones, creo que ninguno de nosotros sabía realmente todo lo que Dios iba a hacer aquella noche. Bajo el lema “¿Qué buscas? Ven y verás”, jóvenes de diferentes parroquias, ciudades e incluso de otras diócesis nos encontramos para cantar, compartir, celebrar la Misa, adorar a Jesús y, sobre todo, recordarnos unos a otros que vale la pena seguir caminando en la fe. Al final de aquella jornada vivimos uno de los momentos que más guardo en mi corazón. Los jóvenes de “Tras las Huellas de Jesús” y “Nova Esperanza” entregaron la cruz y la imagen del Inmaculado Corazón de María, signos oficiales de la JDJ, a los jóvenes de “Testigos del Amor de Dios” de St. Patrick en Morristown. Con aquella entrega comenzaba, sin saberlo, la preparación de lo que viviremos dos años después. Y ya llegó el momento. El próximo 14 de noviembre de 2026, nos volveremos a encontrar en Morristown para celebrar la II Jornada Diocesana de la Juventud, con un nuevo lema que nace de las palabras de María en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). Personalmente, me encanta este lema, porque creo que describe muy bien lo que queremos vivir con nuestros jóvenes en esta segunda jornada. En la primera JDJ Jesús nos preguntaba: ¿Qué buscas? Ahora queremos dar un paso más. Ya lo hemos encontrado, ya sabemos dónde está, pero ahora viene una pregunta todavía más personal: ¿estoy dispuesto a escucharlo y hacer lo que Él me pida? Por eso toda la experiencia de esta segunda Jornada seguirá un camino muy sencillo, pero profundamente vocacional. Nuestro primer tema será “Has sido llamado por tu nombre”, inspirado en Isaías 43,1 y presentado por Sister Lupita Manrique. Queremos comenzar recordándole a cada joven algo que muchas veces olvidamos: Dios no nos conoce solamente como parte de una multitud. Dios conoce nuestro nombre, nuestra historia, nuestras luchas, nuestros sueños y también nuestras heridas. Antes de preguntarnos qué quiere Dios de nosotros, necesitamos recordar que somos suyos y que hemos sido llamados personalmente por Él. Después tendremos un momento que me emociona mucho: el panel “Llamados por su nombre”. No queremos que sea simplemente otro punto en la agenda, sino una conversación real sobre la vocación y sobre las diferentes maneras en que Dios entra en nuestra historia. Tendremos como panelistas a Sister Lupita Manrique, José Barrera, Ivanny Barillas y el Padre Julio Padilla, y tendré la alegría de acompañar este momento como facilitador. Queremos hablar de la fe, las decisiones, las búsquedas, las dudas y de cómo cada persona va descubriendo poco a poco el lugar al que Dios la llama. El segundo tema lleva precisamente el lema de toda nuestra Jornada: “Hagan lo que Él les diga”, presentado por Sister Ondina. María no tiene un discurso largo en las bodas de Caná. Ella simplemente señala a Jesús. Y creo que eso también es parte de nuestra misión como Iglesia: ayudar a nuestros jóvenes a mirar hacia Él, aprender a escucharlo y confiar, aun cuando no entendamos completamente lo que está haciendo. Más adelante tendremos nuestro tercer tema: “No temas, levántate y ve”, inspirado en Jeremías 1,7 y presentado por el Padre Julio Padilla. Porque una experiencia con Jesús no puede quedarse solamente dentro de un salón. Dios llama, nosotros escuchamos, pero después tenemos que levantarnos. Hay que regresar a nuestras parroquias, familias, trabajos, universidades y comunidades dispuestos a vivir lo que hemos descubierto. Y como ya es parte del corazón de nuestra JDJ, tendremos también momentos para celebrar juntos la Santa Misa (que de hecho será el inicio de nuestra II JDJ), compartir como comunidad, tener adoración eucarística, y disfrutar de la alegría de estar entre jóvenes que comparten una misma fe. Este año tendremos además una presencia muy especial que desde hace

tiempo queríamos compartir con nuestros jóvenes. Desde Monterrey, México, nos acompañará Jésed, Ministerio de Música, cuyo servicio a la Iglesia por medio de la música y la oración ha llegado durante muchos años a comunidades de diferentes países. Jésed nos acompañará especialmente en nuestros momentos de oración y terminaremos la noche celebrando con ellos en concierto. Nuestra meta para esta segunda Jornada es poder volver a reunir a aquellos 200 jóvenes adultos hispanos, pero si es posible llegar a muchos más. Después de lo que vivimos en 2024 sé que nuestros jóvenes tienen hambre de estos espacios. Necesitan lugares donde puedan encontrarse, hacer preguntas, conocer otros jóvenes católicos, fortalecer su relación con Dios y descubrir que la Iglesia también es su casa. Por eso, si tienes entre 18 y 37 años, quiero invitarte personalmente. No importa si estás muy involucrado en tu parroquia o si apenas estás intentando volver a acercarte a Dios. No importa si tienes tu vocación clarísima o si todavía no sabes qué estás buscando. Ven con tu historia, tus preguntas, tus sueños y también con aquello que todavía no entiendes. María ya nos dio el mejor consejo: “Hagan lo que Él les diga.” Nos vemos el 14 de noviembre en Morristown. La historia que comenzó en 2024 continúa, y tengo mucha esperanza de ver lo que Dios hará ahora en nuestra II Jornada Diocesana de la Juventud. Para más información puede comunicarse con la Pastoral Juvenil Hispana de la Diócesis de Knoxville al correo margueta@dioknox.org o vía texto y WhatsApp al (865) 416-2289. ¡Te esperamos! ■

Nueva Visión Pastoral Diocesana se presenta en el Día de los Ministerios 2026 Por Rocio Melendez

2 septiembre 2026

ROCIO MELENDEZ

E

l sábado 15 de agosto, en la parroquia de Todos los Santos en Knoxville, se llevó a cabo el Día de los Ministerios 2026, donde hubo un gran encuentro entre la comunidad cuya lengua dominante es el inglés y la comunidad Hispana/Latina. Más de 250 personas se registraron para participar en el evento. De las 250 personas, cerca de 100 asistieron de la comunidad Hispana/Latina. Después de la celebración de la Misa con el obispo Mark Beckman, se ofreció sesiones en inglés y español, con el fin de brindar aprendizaje y recursos en el trabajo práctico y cotidiano del ministerio laico. Se invitó a participar a los catequistas, directores de educación religiosa, ministros juveniles, voluntarios parroquiales, y a cualquier persona interesada en conocer más sobre los ministerios. El Día de los Ministerios también fue una oportunidad para que todos los participantes conocieran por primera vez la visión del plan pastoral del Obispo Beckman “Llevando la Luz de Cristo en el este de Tennessee”. La fecha oficial del lanzamiento de “Llevando la Luz” será el 18 de septiembre. Ocho luces pastorales señalan los caminos cotidianos a través de los cuales se hace la invitación a los fieles a vivir la visión del plan en la vida parroquial, la vida familiar y la comunidad en general. Las luces pastorales son: Oración, Vocaciones, Formación, Educación, Caridad, Compromiso con los Jóvenes, Evangelización y Cuidado de la Creación. El Día de los Ministerios fue una oportunidad para que cada participante enriqueciera sus conocimientos sobre los diversos ministerios que ofrece la iglesia. Para la comunidad Hispana/Latina, se ofreció 4 sesiones en español. La primera sesión fue “La Liturgia y nuestro Llamado al Servicio” presentada por el Diácono Rafael Pubillones del Decanato de Chattanooga. La segunda sesión fue “Encontrando Esperanza en Medio de la Prueba: La Fe que nos Sostiene”, presentada por el Padre Renzo Alvarado Suárez, vicario parroquial de Nuestra Señora de Fátima en Alcoa. Después del almuerzo, se continuó con la tercera sesión que fue un panel sobre “Vocaciones y Familia”, donde participaron siete panelistas. La última sesión fue “El tema de Inmigración y Enseñanza Social de la Iglesia”, presentada por los esposos Charlie y Gerry Mulligan. Algunas sesiones ofrecidas en inglés fueron “El Camino hacia la Candidatura”, “Amigos Especiales de la Diócesis de Knoxville: Ministerio para Personas con Necesidades Especiales”, y “El Arte de la Escucha Pastoral”. En la primera sesión en español llamada “La Liturgia y nuestro Llamado al Servicio”, el Diácono Rafael Pubillones destacó la importancia del Misterio Pascual de Jesucristo, y la Misa como la liturgia central. En su charla mencionó cómo en los ministerios litúrgicos en los que participamos, nuestros servicios a veces parecen “tareas” pero que nuestro llamado es a que sean mucho más que “tareas”, debiendo ver el mismo significado del ministerio en la Misa. Dio como ejemplo que el lector no solo “lee”, si no que prepara al pueblo para escuchar la Palabra de Dios en la forma en la que proclama la lectura. También hizo mención en su charla sobre el uso del latín en la Misa y la reforma litúrgica de Sacrosanctum Concilium. Durante la tarde, el panel sobre “Vocaciones y Familia” ofreció una conversación importante. Estuvo conformado por las siguientes personas: la Hna. María Ema Soto, MAG, del decanato de Chattanooga, el diácono Roberto y su

Conocimiento y herramientas Durante el panel sobre “Vocaciones y Familia” en el Día de los Ministerios 2026, se abordó temas relevantes a la promoción de las vocaciones en la familia, las herramientas para mejorar la comunicación entre padres e hijos, el papel de la fe y la participación de los jóvenes en la vida parroquial, y la vocación al matrimonio y al diaconado. La Hermana Ema Soto, del decanato de Chattanooga y el Padre Renzo Alvarado, Vicario de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Alcoa, compartieron su experiencia de llamado a la vida religiosa y sacerdotal respectivamente. Más de 250 personas se inscribieron en el evento, y asistieron cerca de 100 personas de la comunidad hispana/latina. esposa Lupe Cortes de la parroquia de Santo Tomás en Lenoir City, la Dra. María Panizo, psicóloga, el Padre Renzo Alvarado Suarez, vicario parroquial de Nuestra Señora de Fatima en Alcoa, Magdiel Argueta, coordinador diocesano de Jóvenes Adultos, y la moderadora del panel Blanca Primm, directora del Apostolado Hispano. El panel buscó como objetivo compartir con los padres de familia los conocimientos necesarios y herramientas para poder fomentar vocaciones en las vidas de sus hijos, comprender lo que es el discernimiento y el rol que tiene en nuestras vidas, y brindar a los matrimonios y familias luces y herramientas relevantes para mejorar las relaciones entre sí. Unas de las preguntas que se hicieron fue para el diácono Roberto y Lupe Cortes, sobre si podían hablar del diaconado en conjugación con el matrimonio. Mencionaron que a diferencia de lo que se podría creer comúnmente, el diaconado y el matrimonio deben ser de naturaleza complementaria, y que, para poder servir al ministerio del diaconado en manera efectiva, el matrimonio debe encontrarse en buenos términos. El matrimonio debe ser primero antes de cualquier cosa. Si no, un mal matrimonio puede afectar el ministerio del diaconado en el que sirve la pareja, y viceversa. También mencionaron cómo ambas vocaciones se retroalimentan y trabajan juntas, y que el matrimonio del diácono Roberto y Lupe ha sido más fuerte por esa razón. El último Día de los Ministerios en la Diócesis de Knoxville se realizó hace 9 años, en el 2017. Fue de gran bendición traer de nuevo este evento a la diócesis, y se espera poder repetir cada año esta oportunidad de formación. El Día de los Ministerios 2026 fue un gran éxito. ■

Diócesis de Knoxville Viviendo nuestra fe Católica Romana en el Este de Tennessee

lacosechadok.com


Palabras del Obispo por el Obispo Mark Beckman

El Arduo Trabajo del Amor Llevemos la Luz de Cristo en el este de Tennessee

“¡Todo es un regalo!” Como señalé el mes pasado, todo lo que tenemos en este mundo creado es un regalo que el Señor nos ha dado. Nuestra primera reacción ante esa conciencia es siempre la gratitud, pero la gratitud debe conducir inevitablemente a un amor abierto y generoso de nuestra parte. Si todo lo que tenemos es un regalo, entonces debemos dar libremente todo lo que tenemos y somos, como respuesta de amor a nuestro Dios y a nuestros hermanos y hermanas en este mundo. El Papa León XIV nos recordó recientemente en su primera encíclica que todos estamos llamados a ayudar a “construir una civilización del amor”, una frase que utilizó por primera vez en 1970 el Papa Pablo VI y que repitió con frecuencia el Papa Juan Pablo II, quien dijo: “…¡Sean discípulos y testigos del Evangelio, para que el Evangelio sea la buena semilla del reino de Dios, la civilización del amor! ¡Sean constructores de paz y unidad!”. Hace poco me preguntaron qué significa realmente “construir una civilización del amor”. En primer lugar, hay que decir lo que no es. Una cultura de muerte que abraza la guerra y la intolerancia, la apatía hacia los necesitados y un lugar donde se ignora el sufrimiento humano representa todo lo contrario al llamado del Evangelio al amor. Construir una civilización del amor significa crear una cultura en nuestras comunidades, en nuestra nación y en el mundo en la que se valore y se aprecie a cada persona humana, se respete la dignidad humana y se le permita a cada uno contribuir al bien del mundo. Esa civilización se basa en la dignidad de la persona humana, el respeto por la vida, el cuidado de esta creación que Dios nos ha dado, y se fundamenta en los principios de la paz, el respeto, la comunicación sincera, la compasión y la empatía hacia quienes sufren. Crea estructuras, tanto a nivel local como global, que promueven el bien auténtico de las personas, una sociedad basada en la tolerancia, la paz, el diálogo respetuoso y el entendimiento mutuo. ¡Esto implica un gran esfuerzo de nuestra parte! Cada uno de nosotros, al final de nuestra vida en la

tierra, será juzgado por cómo hayamos respondido a los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas, tal como lo deja claro Jesús en Mateo 25. “Pensar globalmente, actuar localmente” resume en pocas palabras el desafío de construir una civilización del amor. Cada uno de nosotros tiene su ámbito de influencia. Con nuestros recursos económicos, nuestro tiempo y nuestra energía, así como con nuestros talentos y dones únicos, podemos difundir la luz del Evangelio en todos nuestros encuentros cotidianos con las personas. Podemos tratar a los demás con respeto y dignidad. Podemos ayudar al prójimo necesitado que tenemos frente a nosotros con los recursos que Dios nos ha dado. Podemos esforzarnos para que otros puedan participar en todas las buenas obras del reino. Expandiéndonos hacia afuera, podemos participar en organizaciones y actividades, dedicando nuestro tiempo, talentos y recursos a los esfuerzos para lograr que nuestras comunidades locales reflejen mejor estos valores del Evangelio. También podemos convertirnos en ciudadanos más comprometidos, trabajando con diligencia, dirigiéndonos a nuestros representantes electos y apoyando los esfuerzos en nuestro estado, nación y a nivel internacional que promuevan una paz genuina y la construcción de una cultura de vida y respeto. Ninguno de nosotros puede hacerlo todo, sino que juntos, guiados por el espíritu de Dios, ¡comienzan a suceder grandes cosas! Como nos acaba de recordar el Papa León en su audiencia del miércoles: “No podemos quedarnos como espectadores pasivos. […] Con Cristo y sostenidos por el poder de su Espíritu, los creyentes están llamados a asumir las cargas de sus hermanos y hermanas, especialmente de aquellos que están oprimidos por la injusticia, la discriminación y la violencia”. ¡Hermanas y hermanos, llevemos la Luz de Cristo al este de Tennessee, y contribuyamos a construir la civilización del amor! ■

Por Padre Lino Otero, presidente de Guadalupe Radio Nota editorial: Esta es la continuación de la segunda parte, punto 9, y el comienzo de la tercera parte, punto 10, de una carta escrita por el Padre Lino Otero dirigida a la comunidad inmigrante. Debido a la extensión y profundidad de este importante mensaje (un total de 18 páginas), publicaremos el texto en secciones durante las próximas edi¬ciones de La Cosecha. Los invitamos a seguir esta serie especial en los meses que vienen. 9. Participación política con prudencia El tema político es espinoso pero no podemos ignorarlo. Como inmigrantes, a veces nos vemos en medio de debates polarizados, usados como ficha por unos y otros. Aquí se impone la prudencia. ¿Qué quiero decir? No te expongas innecesariamente. Ten cuidado de no dejarte manipular por ningún extremo, ni caer en provocaciones que puedan ponerte en riesgo. Nuestra presencia ya es suficientemente frágil para encima añadir problemas. Por ejemplo, evita participar en altercados o protestas violentas; no te dejes tentar por discursos radicales que incitan al odio o a la ilegalidad abierta. La prudencia política es una virtud necesaria para nuestra supervivencia y buen testimonio. Esto no significa callar ante la injusticia. Podemos –y a veces debemos– alzar la voz por nuestros derechos, pero siempre de forma pacífica, inteligente y en el marco de la ley. Involúcrate si quieres en organizaciones pro-migrante serias, en campañas de sensibilización, escribiendo a tus representantes con respeto. Esa es la vía. Lo que debemos evitar es exponernos por imprudencia: por ejemplo, andar manejando sin licencia y a alta velocidad (te aseguras problemas), o asistir a eventos donde sabes que habrá redadas solo por desafío. Jesús nos dijo: “Sean sencillos como palomas, pero astutos como serpientes” (Mt 10,16). Es un equilibrio: inocencia y astucia santa. Ni ingenuos que se meten en la boca del lobo, ni miedosos que no hacen nada. Más allá de la prudencia defensiva, hay una estrategia cristiana que a la larga tiene más impacto que mil consignas políticas: el testimonio cotidiano de virtud. La historia muestra que el cambio más duradero nace de abajo, de las familias, de la cultura, de cómo vive la gente sus valores. Si nosotros, los inmigrantes hispanos, vivimos las virtudes cristianas con coherencia, acabaremos transformando La Cosecha

la percepción y hasta las leyes con el tiempo. ¿Cómo sucedió el fin de la esclavitud, o la conquista de derechos civiles en EE.UU.? Por supuesto hubo activismo político, pero en la base hubo comunidades testimoniando justicia, perdón, igualdad, ganando la batalla moral en el corazón de la sociedad. Nosotros podemos ganar corazones mostrando, con hechos, que somos una bendición para este país y no una amenaza. ¿Cómo? Siendo los mejores vecinos, los empleados más confiables, los amigos más leales, los creyentes más generosos. Que quien trate con un inmigrante católico diga: “¡qué gente de bien, trabajadora, alegre, con valores familiares admirables!”. Ese testimonio silencioso desmonta prejuicios más que cualquier pancarta. Si anhelamos que nos respeten, comportémonos respetablemente. Si exigimos justicia, seamos justos en lo pequeño. Si pedimos oportunidad, demostremos mérito y gratitud. No para adular a nadie, sino por convicción interna de hacer el bien. Esta influencia silenciosa es potentísima. Piénsalo: tal vez en tu cuadra vivan vecinos estadounidenses recelosos de los latinos. Pero si ven tu conducta intachable día tras día - tu familia unida, tus hijos educados, tu jardín cuidado, tu saludo amable -, esa constancia puede derretir el hielo. Un día quizá necesitarán de ti (todos somos vulnerables eventualmente) y allí estarás tú para ayudarles. Así se construyen los puentes verdaderos: persona a persona, servicio a servicio. Arregla tu cuarto primero, y luego los demás escucharán tus propuestas para arreglar la sociedad. Por supuesto, esto no quita que debamos votar (si podemos) responsablemente, alzar la voz en debates públicos con respeto, etc. Pero siempre desde la plataforma sólida de la coherencia. Si lamentablemente algunos compatriotas han dado mal ejemplo (delincuencia, etc.), tú multiplícalo con doble buen ejemplo. “Vence el mal haciendo el bien”, decíamos. Esa es también estrategia social. No es pasividad; es acción virtuosa sostenida, que es mucho más revolucionaria de lo que parece. Es fácil gritar consignas; es difícil vivir santamente. Pero lo segundo es lo que cambia realmente las cosas. En resumen, prudencia política y testimonio: no te quemes en batallas inútiles, pero tampoco escondas tu luz. Participa cuando haya causas justas, siempre en paz. Mientras tanto, edifica en tu metro cuadrado el tipo de sociedad que quisieras ver. Tu hogar, tu comunidad eclesial, tu vecindario, son micro-sociedades donde puedes sembrar justicia, solidaridad y fe. Conviértete en ese fermento del que hablaba Jesús: un poquito de levadura que hace fermentar toda la masa (Mt 13,33). Quizá no

CORTESÍA DE CESAR BAUTISTIA

Entre el Miedo y la Esperanza: Carta de Aliento para Inmigrantes Hispanos

Visita al Capitolio Un grupo de jóvenes profesionales - maestros, trabajadores sociales y psicólogos – y la directora del Apostolado Hispano Blanca Primm participaron en la visita organizada por TIRRC, al Senador Tom Hatcher para compartir historias y testimonios sobre las consecuencias que tendría uno de los proyectos de ley que afectaría a las familias inmigrantes. veamos el cambio macro inmediato, pero cada corazón conquistado por el testimonio vale la pena. Dios obra a fuego lento a veces, pero de forma segura. Confía en esto: si somos fieles en dar buen testimonio, Dios se encargará del resto. Él puede mover corazones incluso en la política. Recordemos cómo el faraón dejó ir a Israel tras ver la obra de Dios, o cómo Constantino terminó legalizando el cristianismo al ver la grandeza de sus fieles. Dios sabe tocar las estructuras en su momento, pero nos pide que mientras tanto no dejemos de ser luz y sal. Si la sal se vuelve sosa (o sea, si nos corrompemos o nos amargamos), ¿con qué se salará el mundo? (cf. Mt 5,13). Mantengamos nuestro sabor evangélico. Esa es nuestra contribución única y valiosa, más allá de cualquier otra. PARTE III – “¿NO ESTOY YO AQUÍ, QUE SOY TU MADRE?” 10. La aparición a Juan Diego: modelo del inmigrante pobre Llegamos a una sección profundamente consoladora: nuestra espiritualidad guadalupana, la presencia tierna de María en nuestra historia. La frase “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” fue dicha por la Virgen de Guadalupe al humilde San Juan Diego en 1531, y resuena hoy con fuerza especial para nosotros, inmigrantes latinos en EE.UU. Veamos por qué la historia guadalupana es un modelo providencial para el inmigrante pobre: Juan Diego era un indígena, campesino sencillo, sin influencia ni poder en la sociedad colonial recién impuesta. Además, tenía un tío enfermo de gravedad (su única familia cercana). Es decir, se encontraba en la posición más vulnerable: pobre, perteneciente a un pueblo derrotado y humillado, preocupado por la salud de su ser querido. Nosotros podemos vernos reflejados en él: gente sencilla, venida de contextos de pobreza o

Diócesis de Knoxville Viviendo nuestra fe Católica Romana en el Este de Tennessee

derrota social, con familia en necesidades... Y sin embargo, Juan Diego fue el elegido de María. ¡Dios puso sus ojos en el más pequeño para una misión grandiosa! Esto ya nos debería llenar de esperanza: a los ojos de la Virgen, ningún pobre inmigrante es invisible. Más bien al contrario, ella parece preferir aparecerse a los insignificantes según el mundo. Así lo ha hecho en Guadalupe, en Lourdes, en Fátima… siempre niños, campesinos, gente al margen. Eso nos dice que nuestra pequeñez no es obstáculo, sino más bien ocasión para la gracia. “Derribó a los poderosos y exaltó a los humildes” canta María (Lc 1,52). Juan Diego es prueba viviente de ello. ¿Qué mensaje le dio la Virgen a Juan Diego? Básicamente un mensaje de amor y protección maternal: “Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor... que no se perturbe tu rostro, tu corazón. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Qué más has de menester?”. Estas palabras (traducidas del náhuatl del Nican Mopohua) son de una ternura infinita. La Virgen le dice en esencia: “No tengas miedo, hijito. Yo te llevo en mi regazo como a un bebé. Yo cuido de ti, ¿por qué te afliges?”. Imaginemos el efecto en Juan Diego: de estar agobiado por su tío moribundo y la incomprensión del obispo, pasa a sentir una paz celestial al saberse literalmente en los brazos de María. ¡Y además su tío es sanado milagrosamente en ese mismo momento! Ahora, aplicación directa a nosotros: María de Guadalupe nos dice exactamente lo mismo hoy: “No tengas miedo... ¿No estoy aquí yo, tu Madre?”. A cada hispano con miedo en EE.UU., la Morenita del Tepeyac le repite: “No se turbe tu corazón. Estoy contigo, en tu jornada de inmigrante; camino a tu lado en el desierto; te Inmigrantes continúa en la página 4 septiembre 2026 3


Llevando la Luz viene de la página 3

El llamado del obispo Beckman es sencillo: a través de la oración personal, la invitación y el servicio, cada uno puede generar un impacto significativo de muchas maneras importantes.

Al hablar de “Las Ocho Luces”, el obispo Beckman vuelve una y otra vez a tres palabras para describir lo que cualquier persona puede hacer: rezar, invitar y servir. Rezar significa comenzar cada día escuchando activamente la voz de Dios. Invitar significa abrir tu vida a Cristo a través de la oración personal o al acercarte a una persona y pedirle a Dios el valor para acercarla a Cristo, a la Iglesia o a cualquier llamado que Él ya haya puesto en su vida. Servir significa salir al encuentro de la persona que tienes delante, sea quien sea, con un amor generoso, en lugar de esperar a que un programa o un comité lo haga primero. El obispo Beckman deja claro que esto no pretende ser una tarea adicional a “Las Ocho Luces”. Es el mecanismo que subyace a todas ellas. Cada luz, desde “Vocaciones” hasta “Cuidado de la Creación”, funciona de la misma manera: alguien reza, alguien es invitado, alguien sirve, y eso es lo que enciende la siguiente llama. El obispo Beckman no pide perfección; nos pide que demos ese paso. “La luz ya está aquí”, afirma la visión en sus líneas finales. “Llevémosla juntos”. Para el obispo Beckman, eso no es una metáfora que haya que explicar, sino una instrucción. Reza hoy. Invita a una persona esta semana. Sirve al prójimo que Dios ponga frente a ti. Haz eso, y la luz se extenderá exactamente como lo hizo a través de esa catedral oscura el Sábado Santo, una vela a la vez. Visita www.dioknox.org/bearing-the-light para obtener más información. A partir de principios de octubre habrá folletos, tarjetas de oración y más información disponibles en las parroquias. ■

D. PATRICK MURPHY-RACEY

Ora. Invita. Sirve.

En imagen de Cristo “Y veo cómo la luz se va extendiendo de una vela a otra hasta que toda la catedral se llena de luz, y ves los rostros del pueblo de Dios reflejados en la luz de esas velas”. Así describe el obispo Beckman, su vista, durante la procesión de la Vigilia del Sábado Santo de este año en la catedral.

Inmigrantes viene de la página 3

BLANCA PRIMM

protejo bajo mi manto cuando pasas la frontera; velo tus sueños en la caravana; intercedo cuando lloras por tu familia lejana. ¿Acaso no me tienes a mí? ¡Conmigo no te falta nada!”. Es un mensaje extremadamente personal y lleno de consuelo. Nosotros los latinoamericanos tenemos la gracia de conocer a María como Madre desde niños; quizás en la adultez esa devoción se enfría un poco por las penas de la vida. ¡Volvamos a ella con confianza de hijos! Como Juan Diego, podemos presentarle nuestras angustias: “Madre, tengo miedo de ser deportado... Madre, mi hijo anda en malas compañías... Madre, nos falta el trabajo o la salud”. Y ella nos dice: “¿No estoy yo aquí?”. Tal vez alguno dirá: “Bueno, bonito mensaje pero mi realidad sigue igual”. Fíjate: Juan Diego también seguía pobre y huérfano de patria; sin embargo, desde Guadalupe nada fue igual para los indígenas: recibieron dignidad, identidad nueva como pueblo de Dios. Así también nosotros, a la luz de María, descubrimos que no somos huérfanos ni parias: somos hijitos queridos de la Madre de Dios. Esto da una autoestima y esperanza enormes. Si la Virgen se me aparece (espiritualmente hablando) y me dice “te escogí a ti”, ¿qué más da si el mundo me rechaza? ¡Tengo a la Reina del Cielo de mi lado! Es lo que sintió Juan Diego. Y de hecho María le dio una misión a él, como también nos la da a nosotros... veamos esto en el siguiente punto. ■

Inmigración A mediados de agosto, el personal de la Cancillería de la Diócesis de Knoxville y otros líderes de fe de diferentes denominaciones, se congregaron en la sede diocesana para escuchar una presentación del doctor Todd Scribner, subdirector de Educación y Divulgación del Secretariado de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El tema fue el "Panorama sobre Inmigración en Conexión con la Doctrina Social de la Iglesia".

4 septiembre 2026

Diócesis de Knoxville Viviendo nuestra fe Católica Romana en el Este de Tennessee

lacosechadok.com


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
septiembre 2026 La Cosecha by Diocese of Knoxville - Issuu