Dios actúa en los humildes, en pecadores que regresan a Dios con todo su corazón
“Él levanta del polvo al desamparado…” Sal 113,7
En este tiempo de Semana Santa en el que estamos a puertas de conmemorar el misterio central de nuestra fe, la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor, damos gracias a Dios por su inmenso amor y misericordia con nosotros. En estos tiempos, amanecer a un nuevo día de vida es un regalo, una nueva oportunidad. Lo que pasa en el mundo, aunque se vea lejos de nosotros geográficamente nos afecta, nos prueba, y nos pide una respuesta en nuestra vida cotidiana. En los tiempos en que Jesús vivió en esta tierra también se veían injusticias, pleitos, escasez y muertes. La ambición por el poder y el tener, la idolatría y el exceso en los placeres estaba presente como ahora lo está en medio de nosotros. Él mismo fue víctima de estas injusticias, pero Él se entregó voluntariamente por nosotros por amor, haciendo la voluntad del Padre, para salvarnos del pecado y vencer a la muerte. Jesús con su vida nos enseñó algo clave: el amor y la misericordia. Un encuentro con Dios y una respuesta a su llamado implica una conversión, un cambio de mente y de corazón, que viene con un verdadero arrepentimiento. Cabe hacernos la pregunta: ¿Qué hemos ganado en esta cuaresma? De repente, aún no hemos tocado fondo. Aún hay tiempo para dejar que el Señor nos ayude a entrar en nosotros mismos, para reconocer nuestros pecados, y aquellos malos hábitos que nos esclavizan y nos conducen a seguir pecando, sin propiciar un cambio que nos devuelva la vida y
nos haga avanzar en nuestro amor a Dios y a los demás. Si creemos que cambiar y acercarnos más a Dios es difícil, lo será si pretendemos hacerlo como un acto de nuestra propia voluntad, pero con Cristo a nuestro lado y su gracia es posible, porque es el poder de Dios que encuentra barro para moldear su obra en nosotros. Tú que lees estas líneas ¿sabes que Dios te llama a una vida con Él, sea en la situación que te encuentres? ¿sabes que el Señor no te abandona en las circunstancias que te ha tocado vivir? Siempre hay una esperanza, sobre todo una esperanza en que su amor en nuestra vida es real y que Él se vale de nosotros para llevar esa esperanza, aunque seamos siendo pecadores, pero con ese deseo de cambiar y ser continuamente transformados por Él. Somos conscientes de que la conversión no es automática, es un proceso de toda la vida, pero necesitamos estar siempre en movimiento hacia los caminos que Dios nos propone, siempre buscando llenarnos de su gracia. Si sientes que el Señor toca a tu puerta, escúchalo, abre la puerta y déjalo entrar. Recibe su amor, hazlo tuyo y devuelve bien a quien te hace el mal. Eso es lo revolucionario del Evangelio. Amar hasta el extremo de la cruz. Un camino que trae vida y resurrección que como nuestro maestro estamos llamados a seguir. Recordemos su Palabra: “El levanta del polvo al desamparado y alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes, con los príncipes de su pueblo”. Salmo 113, 7-8. ■
Vía Crucis EN VIVO 2026
ALL SAINTS: 1 PM
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NOTRE DAME: 1:30 PM
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ST. MARY, JOHNSON CITY: 3 PM BILINGÜE - 2211 E Lakeview Dr, Johnson City, TN 37601
ST. PATRICK: 4 PM 2518 W Andrew Johnson Hwy, Morriston, TN 37814
ST. TERESA OF KOLKATA: 6 PM 3445 Maynardville Hwy, Maynardville, TN
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ST. THERESE OF LISIEUX: 11 AM 900 Clingan Ridge Dr NW, Cleveland, TN 37312
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Muere el Obispo Richard F. Stika, tercer Obispo de Knoxville
De la muerte a la vida El obispo Mark Beckman inciensa el féretro del obispo Richard F. Stika durante la Misa fúnebre por el obispo Stika, el 10 de marzo, en la Catedral del Sacratísimo Corazón de Jesús.
Por el equipo de The East Tennessee Catholic
El obispo Richard F. Stika, quien se desempeñó como el tercer obispo de la Diócesis de Knoxville de 2009 a 2023, falleció en su natal St. Louis a los 68 años. Fue encontrado en su residencia el 17 de febrero.
Se celebró una misa conmemorativa en la Iglesia de la Annunziata en Ladue, Missouri, un suburbio de St. Louis, a las 10 a.m. (hora del centro) el martes 3 de marzo. La misa fúnebre y el entierro se llevaron a cabo al mediodía (hora del este) el martes 10 de marzo en la Catedral del Sacratísimo Corazón de Jesús en Knoxville, con el obispo Mark Beckman como celebrante principal y el cardenal Timothy Dolan como homilista.
Annunziata es el lugar donde, como monseñor, el obispo Stika sirvió antes de su nombramiento en el este de Tennessee. El obispo Beckman, cuarto obispo de Knoxville y sucesor de Stika, se enteró del fallecimiento de su predecesor el 17 de febrero.
"Mantenemos al obispo Stika en nuestras oraciones para que el Señor lo lleve plenamente a la luz de Su reino, y ofrecemos nuestras oraciones por el consuelo de su familia y de todos los que lloran su partida. Que descanse en paz con el Señor", expresó el obispo Beckman.
Richard Frank Stika nació el 4 de julio de 1957 en St. Louis, siendo el tercer hijo de Frank Jr. y Helen Stika. Tenía dos hermanos mayores, Lawrence y Robert Stika, y un hermano menor, Joe Calabro. El futuro obispo creció en un pequeño bungalow de ladrillo en la avenida Scanlan, al sur de St. Louis, donde la familia pertenecía a la parroquia Epifanía de Nuestro Señor. El joven Richard Stika asistió a la escuela primaria de la parroquia antes de ingresar a la preparatoria del Seminario St. Augustine en Holland, Michigan, siendo esta la única vez que vivió fuera del área de St. Louis antes de llegar a Knoxville como obispo.
Regresó a St. Louis y se graduó en 1975 de la preparatoria Bishop DuBourg. Estudió en la Universidad de St. Louis, donde obtuvo una licenciatura en administración de empresas en 1979 y discernió su
vocación al sacerdocio. Se inscribió en el Seminario Kenrick en Shrewsbury, Missouri (actualmente Seminario Kenrick-Glennon), donde obtuvo una licenciatura en filosofía en 1981 y una maestría en teología en 1985. El cardenal John J. Carberry lo ordenó como diácono transitorio el 1 de mayo de 1985. Fue ordenado sacerdote el 14 de diciembre de 1985 por el arzobispo de St. Louis, John L. May. El obispo Stika se desempeñó como vicario parroquial en la parroquia María Reyna de la Paz en Webster Groves, Missouri; en la parroquia San Pablo en Fenton, Missouri; y en la parroquia de la Catedral de St. Louis. También sirvió como canciller de la Arquidiócesis de St. Louis. El entonces monseñor Stika coordinó uno de los eventos más históricos en la vida de la arquidiócesis: la visita del Papa Juan Pablo II a St. Louis en 1999, bajo el patrocinio del cardenal Justin Rigali. Monseñor Stika era párroco de la Iglesia de la Annunziata cuando recibió una llamada el 16 de diciembre de 2008 del nuncio apostólico, el arzobispo Pietro Sambi, comunicándole que el Papa Benedicto XVI lo había nombrado obispo de Knoxville.
"Fue una llamada muy amable que inició un torrente de emociones que me trae a este momento tan especial con ustedes hoy", dijo en su rueda de prensa inicial en Knoxville el 12 de enero de 2009. "He tenido casi tres semanas para prepararme, semanas llenas de momentos de fe y momentos humanos de alegría por venir a Knoxville, pero también de tristeza por dejar una comunidad, una ciudad y las parroquias donde serví y viví por casi 52 años".
Fue ordenado e instalado como obispo el 19 de marzo de 2009, en la solemnidad de San José, a quien le tenía una devoción especial. Más tarde atribuiría a la intercesión de dicho santo el haber sobrevivido a graves incidentes de salud relacionados con su diabetes tipo 1 y problemas cardiacos.
Renunció a su episcopado en junio de 2023, citando problemas de salud, y se convirtió en obispo emérito de Knoxville. Su renuncia ocurrió en medio de controversias sobre su manejo de casos legales en Stika continúa en la página 4
Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual
Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 3219080. ■
Por Magdiel Argueta
En medio de los desafíos que enfrentan muchos jóvenes hispanos en Estados Unidos (desde la adaptación cultural hasta las presiones emocionales y sociales propias de la juventud) el ministerio de Pastoral Juvenil Hispana en la diócesis de Knoxville continúa consolidándose como un espacio de encuentro, formación y acompañamiento espiritual. Para quienes participan en él, no se trata simplemente de un grupo dentro de la Iglesia, sino de una comunidad que transforma vidas. A través de testimonios personales, varios jóvenes han compartido cómo este ministerio ha impactado profundamente su vida espiritual, emocional y comunitaria. Sus palabras reflejan una realidad que se repite en muchas parroquias: la necesidad de espacios donde los jóvenes puedan sentirse escuchados, acompañados y guiados en su camino de fe. Para Ángel Aguilar, un joven adulto de Chattanooga, la Pastoral Juvenil representa mucho más que una actividad parroquial. Él describe su experiencia como un punto de apoyo fundamental en su vida. “Para mí, pastoral juvenil es un ministerio que me ha ayudado bastante a nivel personal, tanto como espiritual. ¿Por qué? Porque para mí ha sido como encontrar una segunda familia, personas con las que conecto y puedo ser yo mismo, lo cual no surgía estando en el mundo, se podrá decir”. Su testimonio refleja una dimensión que muchos jóvenes mencionan con frecuencia: el sentido de pertenencia. En un contexto social donde muchos jóvenes buscan identidad y aceptación, la Pastoral Juvenil ofrece un entorno donde pueden vivir su fe con autenticidad. “Entonces, pastoral juvenil hispana para mí ha sido un refugio, un lugar donde puedo ser feliz y también adorar a Dios, esto es algo fundamental y muy importante porque siendo joven lo necesitamos”, añade Aguilar. En su reflexión, también reconoce el papel que este ministerio ha tenido en su vida personal: “Pastoral juvenil ha sido una de las más grandes ayudas y pienso que todos los jóvenes deberíamos estar y formar parte de la pastoral juvenil. Porque sin eso no sabría yo dónde estaría en estos momentos”.
Una experiencia similar comparte Mary Bonilla una joven adulta hondureña de Pigeon Forge, quien recuerda cómo su participación en un grupo juvenil marcó su vida desde temprana edad. Para ella, estos espacios son esenciales para abordar las realidades que muchos jóvenes enfrentan en silencio.
“Hablando desde mi experiencia, es importante porque creo que uno de joven tiene muchos problemas, tal vez sociales, emocionales”, explica. Bonilla destaca que la convivencia con otros jóvenes permite compartir esas luchas y encontrar acompañamiento en la fe. “Convivir con más jóvenes y tratar esos temas con ellos nos ayuda a nosotros mismos”.
Recordando su propia experiencia cuando tenía apenas 14 años, afirma: “A mí me ayudó bastante… el grupo de jóvenes me ayudó mucho a acercarme a Dios y también a adorarlo a Él. Pude aprender más también sobre lo que es la Iglesia, sobre lo que es Jesús”.
Hoy, desde su realidad parroquial actual, Bonilla señala una necesidad creciente entre los jóvenes. “Actualmente no tenemos grupo juvenil aquí en la parroquia a la que yo pertenezco… pero es muy importante el grupo. Estamos esperando una respuesta. Muchos jóvenes nos están preguntando que cuándo comenzaremos”.
Según ella, muchos jóvenes buscan precisamente ese espacio donde puedan compartir sus experiencias y encontrar orientación. “Ellos quieren tratar tal vez de esos temas con más jóvenes que están pasando por lo mismo y encontrar una salida… porque se sabe que con Dios uno todo lo puede”, añadió con seguridad.
Para Marvin Pérez de Morristown, la Pastoral Juvenil también ha representado un punto de inflexión en su vida personal y espiritual. Su testi-
monio resalta la dimensión formativa del ministerio y la motivación que genera en quienes participan activamente.
“Para mí pastoral juvenil ha sido un antes y un después”, afirma. “Ha sido algo que en lo personal me ha motivado a prepararme mejor, dar lo mejor de mí”.
Pérez reconoce que el camino de fe no está exento de dificultades, pero considera que el acompañamiento comunitario es clave para perseverar. “Muchas veces entendemos que el camino se puede tornar difícil, pero si nosotros no nos enamoramos más de Dios, si no procuramos dar lo mejor de nosotros, es ahí donde nos estancamos”.
En su experiencia, la Pastoral Juvenil ha sido también un lugar de crecimiento interior. “A través de este ministerio de pastoral juvenil yo he sentido un alivio en mi corazón. La verdad siento mucha alegría, mucha paz, un entusiasmo de dar más, de querer aprender más”. Además, reconoce la responsabilidad que conlleva el liderazgo juvenil dentro de la Iglesia. “Sé que allá afuera donde me ven hay muchos jóvenes que ven el ejemplo en mí y lo que quiero es dar un paso más, que esos jóvenes vean el rostro de Jesús en mí”.
Cristian Figueroa de Lenoir City, por su parte, destaca el papel del ministerio en la construcción de comunidad y en la respuesta pastoral a los cambios sociales que vive la Iglesia en Estados Unidos.
Figueroa considera que el futuro del ministerio es prometedor si se mantiene el entusiasmo actual. “Si continuamos con el mismo espíritu y entusiasmo que tenemos, habrá un gran impacto en muchos jóvenes”. En su reflexión también introduce un elemento clave en la realidad pastoral actual: la migración. “Sabemos que este país es un país en el que migran muchas personas y eso es algo que no se va a detener”.
Ante esta realidad, afirma que la Pastoral Juvenil Hispana tiene un papel importante que desempeñar. “El ministerio de Pastoral Juvenil Hispana necesita estar preparado para toda esa migración juvenil que viene hacia acá”, añadió convencido.
Sus palabras reflejan una convicción clara: muchos jóvenes migrantes llegan buscando no solo oportunidades económicas, sino también espacios de pertenencia y formación espiritual. “A lo mejor allá no hay esta educación que obtenemos nosotros acá, la formación y tampoco el acompañamiento que existe en nuestra diócesis de Knoxville”, cerró con mucha seguridad. Los testimonios de estos jóvenes muestran una realidad que va más allá de las estadísticas o los programas pastorales. Para muchos de ellos, la Pastoral Juvenil no es simplemente un grupo dentro de la Iglesia, sino un lugar donde descubren su identidad, fortalecen su fe y encuentran una comunidad que camina con ellos.
En una sociedad marcada por cambios culturales acelerados, desafíos emocionales y procesos migratorios constantes, estos espacios se convierten en una oportunidad para acompañar a las nuevas generaciones en su crecimiento humano y espiritual. Como lo expresan los propios jóvenes, se trata de un lugar donde pueden encontrarse con Dios, con otros jóvenes y consigo mismos. ■
Conociendo a nuestros Sacerdotes: Padre Jijesh Paul, MSFS
Por Blanca Primm
El P. Jijesh Paul, Misionero de San Francisco de Sales (MSFS), nació el 6 de junio de 1982 en Vythiri, en el distrito de Wayanad, Kerala, India. Es hijo de Paulose y Thresia, quienes lo formaron en la fe desde una edad temprana.w Perteneció a la parroquia de San José de Vythiri, que forma parte de la Diócesis de Calicut (Rito Latino). De nacionalidad india, el P. Jijesh creció en una familia muy unida, con dos hermanos, un ambiente que contribuyó a moldear en él valores de fe, responsabilidad y servicio. Respondiendo a su vocación a la vida religiosa, ingresó aw los Misioneros de San Francisco de Sales (MSFS) e hizo su Primera Profesión el 7 de junio de 2002 en el Noviciado MSFS de Chabua. Posteriormente realizó su Profesión Perpetua el 12 de septiembre de 2009 en la Casa de Estudios MSFS de Shillong. Continuando su camino hacia el sacerdocio, fue ordenado diácono el 27 de mayo de 2010 en Shillong por Mons. John Moolachira, Obispo de Diphu. Más tarde ese mismo año, el 29 de diciembre de 2010, fue ordenado sacerdote en su parroquia de origen en Vythiri por Mons. Joseph Kalathiparambil, Obispo de Calicut. Realizó sus estudios teológicos en el Oriens Theological College en Shillong, Meghalaya, entre 2007 y 2010, preparándose para su ordenación sa-cerdotal. Continuando con su desarrollo académico en años posteriores, obtuvo una Maestría en Psicología a través de la Indira Gandhi National Open University (IGNOU), en Nueva Delhi, entre 2021 y 2023.
Padre Jijesh nos habla de su espiritualidad y vocación: “Desde la infancia, la idea de llegar a ser sacerdote fue creciendo silenciosa pero firmemente dentro de mí. Durante toda mi educación y formación catequética estuve rodeado de sacerdotes dedicados y de hermanas religiosas, y su testimonio alegre dejó en mí una profunda

impresión. Aunque la semilla de la vocación fue sembrada desde temprano, el camino estuvo lejos de ser sencillo. En mis primeros años de formación, la nostalgia por mi hogar a menudo me sobrepasaba, y hubo momentos en los que realmente pensé en marcharme. De hecho, hubo ocasiones en que mis mismos formadores pensaron que quizá sería mejor para mí volver a casa. Sin embargo, de la manera más inesperada, la gracia me sostuvo. Cuando me preguntaban si quería irme, algo dentro de mí respondía con claridad: «No me voy». Mirando atrás, veo esos momentos como instantes en los que Dios fortalecía mis raíces. Como dice San Pablo: «Por la gracia de Dios soy lo que soy», y reconozco profundamente esa verdad en mi propia vida. Lo que yo no podía sostener por mí mismo, Dios lo sostuvo suavemente.
La espiritualidad salesiana en la tradición de los Misioneros de San Francisco de Sales
Pertenecer a la congregación MSFS significa vivir la espiritualidad de San Francisco de Sales:
una espiritualidad marcada por la mansedumbre, la sencillez, la humildad y el celo pastoral. Nos esforzamos por hacer accesible la santidad, no mediante acontecimientos extraordinarios, sino a través de la fidelidad al deber cotidiano, la hospitalidad en las relaciones y una confianza inquebrantable en el amor de Dios. Nuestro fundador, el P. Mermier, solía recordarnos: «La Congregación no es para sí misma; es para la Iglesia». Ese espíritu continúa guiando mi vida y mi ministerio. La espiritualidad salesiana interpela dia-riamente mi interioridad —buscando la presencia de Dios en lo ordinario— y me invita a acercarme a las personas con paciencia, compasión y respeto. Nuestro enfoque en la evangelización Como MSFS, nuestra misión es apostólica y pastoral, y se expresa en varios ministerios claves:
• Predicación de misiones parroquiales: Reavivar las comunidades de fe, fomentar la renovación espiritual y hacer accesible la Palabra de Dios a todos mediante una predicación sencilla y sentida, un sello distintivo de la tradición salesiana.
• Misión en el extranjero: En el espíritu de nuestro fundador, que envió mi-sioneros a distintos continentes, seguimos sirviendo allí donde la Iglesia tiene mayor necesidad, ofre-ciendo atención pastoral, educación y formación en diversos contextos culturales.
• Educación: Siguiendo el énfasis de San Francisco de Sales en la formación integral, nos comprometemos con una educación que forme tanto la mente como el corazón. Ya sea en escuelas o en ámbitos catequéticos, vemos la educación como un camino hacia la dignidad humana y el crecimiento espiritual. A través de cada uno de estos ministerios, buscamos encarnar el espíritu salesiano: acercarnos a cada persona con mansedumbre, reconocer su dignidad y acompañarla hacia un encuentro más profundo con Cristo". ■
KELLY DEEHAN
Consejo Diocesano de Pastoral Juvenil Hispana Ellos son los 18 miembros del DCPJH que caminan juntos y velan por el ministerio de PJH en la diócesis de Knoxville. MAGDIEL ARGUETA
Fe de Erratas: En el artículo Conociendo a nuestros sacerdotes: Padre Michael Raj del mes de febrero, en la pág. 1, columna derecha, segundo párrafo debió decir: Hice mi primera profesión religiosa el 5 de mayo de 2016 en vez de 2026.
LPalabras del Obispo por el Obispo Mark Beckman
La luz ha llegado
Participación récord al Rito de Elección muestra la presencia de Dios en la Iglesia en el Este de Tennessee
os días de Cuaresma apenas comenzaban cuando una gran cantidad de personas se reunió en nuestra Catedral del Sacratísimo Corazón de Jesús, provenientes de todos los rincones de nuestra diócesis. Cada banca estaba llena y la gente se alineaba por todas las paredes de la iglesia. Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos asistieron al Rito de Elección anual para aquellos que caminan hacia los sacramentos de la Pascua.
El encuentro de este año podría ser el más grande en la historia de nuestra diócesis. Lágrimas de alegría llenaron mis ojos al ver sus rostros y escuchar los nombres de sus parroquias mientras los directores del catecumenado presentaban los libros de los elegidos para ser firmados. Es la tarea ordinaria del obispo diocesano llamar a las personas a los sacramentos pascuales del bautismo, la confirmación y la sagrada Eucaristía. Es un profundo recordatorio y reflejo del gran misterio de que es Dios mismo quien nos llama a cada

Cuno por nuestro nombre. “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados…” son las palabras de Jesús para cada uno de nosotros mientras recorremos la Cuaresma. Este año, al escuchar los nombres de nuestras parroquias en voz alta, me vinieron recuerdos vívidos de mis viajes por toda nuestra diócesis. Una de las mayores alegrías de mi primer año y medio ha sido la oportunidad de visitar nuestras comunidades en todo el este de Tennessee (todavía me faltan algunas comunidades por visitar, y espero esa oportunidad con ansias).
He viajado ya a los cuatro puntos cardinales de nuestra hermosa diócesis, desde Copperhill en el extremo sureste (donde la línea estatal de Georgia pasa justo por la iglesia) hasta Mountain City en el borde noreste (donde me impactó la excelencia de la música y la hospitalidad del pueblo de Dios), pasando por Jamestown en la esquina noroeste, cerca de la belleza natural del Big South Fork, hasta llegar a South
Pittsburg en el suroeste (¡donde recibí una sartén de hierro fundido hecha localmente con mi escudo de armas grabado!).
En todos los lugares a los que he viajado, he sido testigo de nuestras vibrantes comunidades de fe, su dedicación al Señor y su generosidad y servicio. Nuestra Iglesia Católica en el este de Tennessee es una comunidad vibrante y creciente que cuenta con alrededor de 83,000 miembros.
Esta Cuaresma se nos invita a sumergirnos más profundamente en el misterio de Jesucristo, crucificado y resucitado. Los cientos de personas que anhelan las aguas del bautismo este año son un recordatorio viviente para todos nosotros, los que ya hemos sido bautizados, de que hemos sido reclamados por el mismo Cristo Jesús. Somos las hijas y los hijos amados de Dios.
Sin embargo, en verdad y humildad, sabemos que aún estamos "en obra", que mucho en nosotros todavía necesita ser sanado y perdonado, purificado por el misterio
del amor y la misericordia de Dios. Las cenizas que marcaron nuestras frentes, acompañadas de las palabras “¡Arrepiéntete y cree en el Evangelio!”, nos lo recordaron vívidamente el Miércoles de Ceniza. Los ecos de las palabras de la liturgia bautismal —“A ustedes se les confía esta luz para que la mantengan ardiendo brillantemente”— nos recuerdan que se nos ha confiado la luz sagrada del mismo Cristo, con el fin de llevarla a cada pueblo, colina y rincón de todo el este de Tennessee. Con nuestra mirada puesta en la celebración de la Pascua, cuando se encienda el fuego nuevo y la luz de las velas llene nuestras iglesias, y como dice el Exsultet, nuestros templos vibren de alegría, sabremos sin duda alguna que el Espíritu Santo de Dios está actuando. El Señor Jesús ha vencido al pecado y a la muerte con su resurrección, y ustedes y yo somos testigos de este gran misterio. ¡Que Dios, que ha comenzado esta buena obra en nosotros, la lleve a su feliz término! ■
En el sacramento, nos encontramos verdaderamente con nuestro Padre celestial en su Hijo amado y en el Espíritu Santo
ada celebración de un sacramento, dice la Iglesia, “es un encuentro de los hijos de Dios con su Padre, en Cristo y el Espíritu Santo” (1), un diálogo en signos, acciones y palabras litúrgicas. En columnas anteriores, he explorado detalladamente cómo encontramos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en la Misa. En esta columna, quiero hablar sobre el sacramento de la penitencia —la confesión— como un encuentro con la Trinidad. El sacerdote, en virtud de su ordenación, significa y actúa en la persona de Cristo Cabeza. En la celebración de la confesión, “el Cristo a quien él hace presente y que realiza por su medio el misterio de la remisión de los pecados, es el que se presenta como hermano del hombre, pontífice misericordioso, fiel y compasivo, pastor decidido a buscar la oveja perdida, médico que cura y consuela, maestro único que enseña la verdad e indica los caminos de Dios, juez de los vivos y de los muertos, que juzga según la verdad y no según las apariencias” (2).
El sacramento de la penitencia, al igual que los demás sacramentos, es un diálogo. El sacerdote comienza la celebración con la señal de la cruz y da la bienvenida al penitente. Las palabras de bienvenida sugeridas en el Ritual de la Penitencia enfatizan el sacramento como un encuentro personal: “Ven con confianza al Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta a Él y viva” (Ezequiel 33:11); “Que el Señor Jesús te reciba. Él vino a llamar a los pecadores y no a los justos. Ten confianza en Él” (Lucas 5:32); “Que la gracia del Espíritu Santo ilumine tu corazón, para que con confianza confieses tus pecados y llegues a conocer la misericordia de Dios” (3). El penitente entonces confiesa sus pecados al sacerdote. Esto también es una interacción entre el penitente y Dios, como explicó San Agustín: “Quien confiesa sus pecados... ya está trabajando con Dios. Dios denuncia tus pecados; si tú también los denuncias, te unes a Dios” (4). Luego, el sacerdote propone y el penitente acepta una obra de penitencia, también conocida como satisfacción. Esta es una interacción entre el penitente y Dios, pues es “el signo del compromiso personal que el cristiano ha asumido ante Dios, en el sacramento, de comenzar una nueva vida” (5). El penitente hace entonces un acto de contrición, expresando a Dios su dolor por el pecado. Al hacerlo, el penitente se guía por su conciencia, que es “el lugar, el lugar sagrado donde Dios habla al hombre” (6).
El sacerdote entonces impone su mano sobre el penitente —signo de la
Por Padre Diego Rivera
Cuando el ángel dijo a las mujeres: —No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde estaba (Mateo 28,5-6), el ángel se expresa a ellas y es el anuncio a la humanidad entera: —No tengan miedo, no está aquí, ¡ha resucitado! La Pascua es la certeza de la vida, es la afirmación del triunfo sobre la muerte, es la garantía de un lugar diferente en la eternidad. Las mujeres venían a ver un cadáver, buscaban confirmar un milagro y se encontraron con la certeza de la resurrección,
invocación del Espíritu Santo— y pronuncia la fórmula de la absolución que concluye con la señal de la cruz. “En este momento, el pecador contrito y convertido entra en contacto con el poder y la misericordia de Dios. Es el momento en el que, en respuesta al penitente, la Trinidad se hace presente para borrar el pecado y restaurar la inocencia. Y el poder salvador de la pasión, muerte y resurrección de Jesús se imparte también al penitente como la ‘misericordia más fuerte que el pecado y la ofensa’” (7). Esta es, en cierto modo, la obra del Espíritu Santo, quien “es en Su persona ‘el perdón de nuestros pecados’: donde la relación con el Padre ha faltado o incluso se ha roto, el Espíritu, que es ‘el amor tierno del Padre’, se derrama y se convierte en el vínculo vivo de amor que une a las personas” (8).
El sacramento de la penitencia es vital no solo para cada uno de nosotros, sino también para la vida de la Iglesia. “A través de la sanación de nuestro pecado, recuperaremos la frescura propia de la Iglesia; redescubriremos el verdadero rostro del Señor, ya no oscurecido por los ídolos que erigen nuestra conciencia moral y nuestro superego frustrado; sobre todo, entraremos en el gozo del Padre, ya que nuestro regreso alegra a sus ángeles y a la comunión de los santos” (9).
Cuando acudimos a la confesión, encontramos a la Trinidad en signos, palabras y acciones. El lenguaje litúrgico incluye al sacerdote, la señal de la cruz, la imposición de manos sobre el penitente en la invocación de la Trinidad, y palabras de bienvenida, consuelo, arrepentimiento, perdón y paz. Aquí nos encontramos verdaderamente con nuestro Padre celestial en su Hijo amado y en el Espíritu Santo. ■
1 Catecismo de la Iglesia Católica (CCC), 1153
2 San Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia (ReP), 29
3 Ritual de la Penitencia, 67, 68, 69
4 CCC, 1458
5 ReP 31.III
6 San Juan Pablo II, Veritatis Splendor, 58
7 ReP 31.III
8 Jean Corbon, Manantial de la Liturgia, p. 169
9 Corbon, p. 170
El Padre Randy Stice es director de la Oficina diocesana de Culto y Liturgia. Puede ser contactado en frrandy@dioknox.org.
¡La Pascua, un Aleluya por la Vida y la Libertad!
con la vida misma.
La pascua nos grita que ya no prima la fatalidad de la muerte, ya no hay llanto, ni dolor, ni tormento: existe el grito de un aleluya, entonado con la alegría de la fe y la esperanza en Cristo resucitado. Para los judíos, la fiesta de la Pascua es el día del encuentro, del comer y festejar en familia, el día del cordero: es el homenaje a Yaveh desde la espera triunfante de la salvación, es el reconocimiento de lo sagrado, el día de la ley y el respeto a los mandatos de la antigua alianza. Para los judíos es la gran celebración de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto.
La pascua es todo un festín que recoge la tradición ancestral de miles de años esperando la promesa de Dios en la humanidad, pero en Cristo, la pascua trasciende a una experiencia de libertad donde se desencadenan las ataduras de la muerte, del pecado y la condena, y se pasa a la elevación la vida. Ya no es la tumba oscura y fría, es la piedra que se abre y la contemplación de la resurrección; es la luz del cirio encendido que expresa la luz de la eternidad. Ya no son las tinieblas, es el brillo de la esperanza.
En nosotros, los católicos, la celebración de la Pascua es la fiesta definitiva de la redención, un grito profundo y resonante en cada criatura del universo que dice: Hay vida, hay esperanza, hay libertad, porque la pascua es la recopilación y el fruto de la cruz, el sentido de nuestra fe, la eliminación de los signos condenatorios y desesperanzadores en la apertura a la eternidad. ¡Ya no somos seres para la muerte, somos seres para la
vida!
Aquí se frena la retórica filosófica y se nutren las ideas racionales del milagro de la cruz; Cristo no muere en vano, ha resucitado. Por esto la pascua es sinónimo de vida, vida terrenal y vida espiritual: es vida abundante en Dios que nos eleva con Él al misterio de lo divino. Cuando entonamos el aleluya y escuchamos el sonido vibrante de las campanas, es un himno que nos recuerda que con Cristo hemos sido redimidos y seremos resucitados: “¡Oh madero santo donde estuvo clavada la salvación del mundo!”. Ya no es el miedo a la muerte, es el abrazo a la vida; ya no es el suplicio de la cruz, es la experiencia de la resurrección. ¿Dónde está, muerte, tu Victoria? Este misterio nos lleva a mirar al cielo y levantar la bandera blanca de la salvación eterna; Cristo verdaderamente nos salva y nos hace parte de su victoria. Estas palabras de San Pablo deben resonar en nuestros oídos: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Co 15, 14-17) El apóstol de los gentiles reconoce que, si la resurrección fuera una farsa, si no hubiera sucedido, todo sería un retroceso; el resultado sería un estancamiento de las promesas proféticas y nada
La Pascua continúa en la página 4
Padre Randy Stice
Cristo Resucitado La resurrección no es solo un recuerdo histórico, sino el fundamento de la fe y la razón profunda de la alegría cristiana: Cristo vive, y con Él nace la esperanza de una vida transformada y eterna.
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ocurrió en medio de controversias sobre su manejo de casos legales en la diócesis y quejas relacionadas con un seminarista y un exsacerdote. Esto resultó en un proceso canónico llamado "visitación" realizado por otros obispos, cuyos informes fueron enviados al Dicasterio romano encargado de asesorar al Santo Padre. Tras esta visitación, el obispo Stika presentó su renuncia al Papa Francisco, quien la aceptó el 27 de junio de 2023. El obispo Stika será recordado por liderar el esfuerzo para construir la nueva Catedral del Sagrado Corazón de Jesús, dedicada en 2018. Incluso operó una retroexcavadora para remover los primeros surcos de tierra en la ceremonia para el inicio de la obra de la catedral en 2015, y con frecuencia subía en una grúa para realizar inspecciones detalladas de la cúpula de la catedral durante su construcción. El baldaquino de la catedral, una estructura de 13.7 metros de altura sobre el altar, lleva inscrito el lema episcopal del obispo Stika: Iesu Confido in Te (“Jesús, en Ti confío”). El obispo presidió las misas para el inicio de la obra de la catedral el 19 de abril de 2015 y para su dedicación el 3 de marzo de 2018. La misa de inicio de obra atrajo a feligreses de toda la diócesis, así como a muchos dignatarios, incluidos el Cardenal Rigali, el Cardenal Dolan, el Cardenal William Levada, el entonces gobernador de Tennessee Bill Haslam, la entonces alcaldesa de Knoxville Madeline Rogero, el exalcalde del condado de Knox y ahora congresista Tim Burchett, el expresidente de la Universidad de Tennessee Joe DiPietro y el exentrenador de fútbol americano de la UT Butch Jones.
Durante su gestión, el obispo Stika ordenó a 24 sacerdotes y 47 diáconos permanentes, estableció varias parroquias y dio la bienvenida a cinco comunidades religiosas a la diócesis. También viajó a Colombia y México para dos de las ordenaciones sacerdotales.
Entre las nuevas comunidades católicas establecidas hubo dos para católicos vietnamitas: Divina Misericordia en Knoxville y la Asociación Pública de Fieles Santa Faustina en Chattanooga. Jesús le dijo a Santa Faustina que mandara pintar una imagen con las palabras “Jesús, en Ti confío”, el lema del obispo.
Misa con el Obispo Richard Stika Un día muy alegre para la comunidad hispana celebrando con el Obispo Stika, miembros del clero y las hermanas misioneras del Sagrado Corazón de Jesús “Ad Gentes”, la promulgación del Plan Pastoral Diocesano para el Ministerio Hispano, el 26 de junio de 2021, en la Catedral del Sacratísimo Corazón de Jesús. La realización del plan fue un fruto del proceso del V Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana/Latina en los Estados Unidos.
Las Hermanas Religiosas de la Misericordia de Alma, Michigan, fueron la primera comunidad que el obispo Stika invitó a servir en la diócesis. Les siguieron las Hermanas Evangelizadoras de María, las Esclavas de la Preciosa Sangre, los Benedictinos de la Divina Voluntad y las Hijas Benedictinas de la Divina Voluntad. El obispo renovó la afiliación con los Misioneros de Glenmary, quienes supervisaron nuevas parroquias en Maynardville y Erwin y una nueva misión en Rutledge, y mantuvo las afiliaciones con las Hermanas Dominicas de la Congregación de Santa Cecilia y los Padres Paulistas. El obispo Stika dedicó numerosas iglesias y otros edificios parroquiales, incluida la gran Iglesia de San Juan Neumann en Farragut en 2009, un extenso proyecto de construcción iniciado bajo el segundo obispo de la diócesis, el ahora arzobispo retirado Joseph E. Kurtz. Bajo el liderazgo del obispo Stika, se estableció la Fundación del Legado de Santa María tras la venta del sistema de salud St. Mary’s. En 2013, el obispo dedicó la primera clínica móvil del Legado de Santa María, que continúa ofreciendo atención médica gratuita a residentes sin seguro en el este de Tennessee.
La Iglesia de los Santos Pedro y Pablo en Chattanooga fue declarada basílica menor por el Vaticano en 2011, a principios del tiempo del obispo Stika en la diócesis. La Campaña Hogar del obispo también financió una renovación importante de la basílica, construida en 1890. Presidió la investigación en 2020 que abrió la causa de santidad del Beato Padre Patrick Ryan, párroco
incumplimiento de las promesas de Dios con la humanidad. La resurrección es el regalo que se celebra en pascua y es la realidad que cambia la historia del mundo entero. Sin esta fiesta que nos recuerda este acontecimiento triunfante de Cristo, no tendría sentido la Iglesia, la predicación, ni nuestro esfuerzo por querer alcanzar una vida eterna. La pascua libera las criaturas del pecado y las une a su Creador en la espera del cielo; el aleluya es el sonido de la victoria y del gozo que resuena en cada creyente y se torna en el sentido de la fe. Celebrar la Pascua también es un llamado a renovar nuestra manera de vivir. No solo abarca el triunfo de lo espiritual en la vida eterna, también repercute en la invitación a tener una mirada diferente de la vida, una postura más positiva del cuidado de la existencia; cuidar y valorar nuestro cuerpo como un don y regalo de Dios, valorar el tiempo de vida para construir y
Catequistas (derecha) A finales de febrero tuvimos la gran alegría de tener al Padre Fernando Torres, de la Diócesis de Ponce, Puerto Rico, como presentador en nuestro Retiro Diocesano de Catequistas, que tuvo lugar en la parroquia Santo Tomás Apóstol, en Lenoir City. Tuvimos una asistencia récord de 104 personas. El Padre Fernando, especialista en el Antiguo Testamento, empezó el retiro haciéndonos reflexionar en la pregunta fundamental: ¿de dónde vienes y a dónde vas? Como catequistas, ver nuestra historia, quiénes somos y el llamado que Dios nos hace y su promesa, fortalece nuestro caminar para cumplir la misión recibida.
de Santos Pedro y Pablo, que murió en la epidemia de fiebre amarilla de la ciudad en la década de 1870, como el traslado de los restos del Padre Ryan a la basílica en 2021. El obispo organizó un Congreso Eucarístico celebrado en Sevierville en septiembre de 2013, que contó con la presencia del Cardenal Rigali, el Cardenal Dolan, el obispo Robert Barron, el Dr. Scott Hahn, el arzobispo Kurtz y otros obispos de todo Estados Unidos.
El obispo Stika también estableció el Centro de Retiros Cristo Príncipe de la Paz en Benton en 2012.
Se reunió con el Papa Francisco en múltiples ocasiones y asistió a las canonizaciones de San Juan XXIII y San Juan Pablo II en el Vaticano. El Papa Francisco bendijo una piedra de dedicación para la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús durante una visita del obispo Stika y el Cardenal Rigali.
El obispo guió a la diócesis a través de la pandemia de COVID, cuando las misas fueron suspendidas en todas las iglesias a principios de 2020 antes de reanudarse el fin de semana de Pentecostés de ese año.
El obispo Stika lideraba la diócesis cuando esta celebró su 25º aniversario en 2013. También celebró sus propios aniversarios 25 y 35 de ordenación sacerdotal mientras servía en Knoxville.
Su fallecimiento ocurrió apenas unos días antes de que su amado equipo de béisbol, los Cardenales de St. Louis, jugara su primer partido de pretemporada, un evento que esperaba con ansias cada año. El obispo fue fanático del equipo toda su vida y amigo cercano de la leyen-
da de los Cardenales y miembro del Salón de la Fama Stan Musial y su esposa Lillian; además, conocía a muchos otros jugadores y personal directivo de St. Louis. El obispo Stika fue celebrante en la misa fúnebre del Sr. Musial en 2013. El obispo Stika forjó una amistad de décadas con el Cardenal Rigali después de que este último fuera nombrado arzobispo de St. Louis en 1994. El futuro obispo fue elevado a monseñor en 1995, y el Cardenal Rigali pasó a servir como arzobispo de Filadelfia en 2003. Después de jubilarse en 2011, se mudó a Knoxville para vivir con el obispo Stika, y continuó residiendo con él cuando el obispo regresó a St. Louis. El obispo Stika a menudo bromeaba conectando el título del Cardenal Rigali con el apodo de su equipo de béisbol favorito (Cardinals), y no dudaba en mencionar, incluso en sus homilías, su cadena de hamburguesas favorita, White Castle. El Cardenal Rigali fue el consagrante principal del obispo Stika en su ordenación episcopal en el Centro de Convenciones de Knoxville. Los co-consagrantes fueron el Azobispo Kurtz y el Obispo Robert J. Shaheen, entonces obispo de Nuestra Señora del Líbano de Los Ángeles, una eparquía maronita con catedral en St. Louis. El obispo Stika tenía facultades bi-rituales en la Iglesia Maronita.
Al tiempo de la inauguración de la construcción de la catedral, El obispo Stika presidió el evento "Conversación con los Cardenales" en el Teatro Tennessee en 2015 con sus amigos el Cardenal Rigali, el Cardenal Dolan y el Cardenal William Levada.
El obispo estaba a solo dos pasos de distancia en la sucesión apostólica del Papa Juan Pablo II. El futuro santo ordenó al Cardenal Rigali como arzobispo en 1985, y el Cardenal Rigali, a su vez, ordenó al obispo Stika.
“La persona [en el linaje] de la que me siento más orgulloso, porque siempre he tenido un sentido especial hacia él, es el Papa Juan Pablo II”, dijo el obispo Stika en 2009. “Es como mi abuelo episcopal”. Un hito para la comunidad hispana fue la aprobación del Plan Pastoral para el Apostolado Hispano para nuestra diel 11 de junio de 2021 como fruto del proceso del V Encuentro. ■
aportar en las personas que Dios pone a nuestro alrededor: familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos, etc. Es la invitación a ser instrumentos de vida para el otro que muchas veces solo ve muerte, aunque esté vivo; es la invitación a vivir en unidad, a predicar la esperanza, a ser luz para que otros encuentren paz.
La celebración de la Pascua me debe inspirar a disipar las malas actitudes y transformar nuestra manera de ser en buenas obras, en acciones amorosas, en ser expresión de bondad y de perdón.
Mi cuerpo, mis actitudes y mi manera de vivir deben ser reflejo de esa gran fiesta de la Resurrección; porque si Cristo todo lo transforma y lo renueva, también mi vida debe ser transformada y renovada.
Entonar el canto del Aleluya en la Pascua, y celebrar con la Iglesia esta fiesta, es el compromiso de vivir en la alegría de la fe y en la vida de la gracia. ■
Bendito Corazón (izquierda)
Un grupo de fieles de diversas parroquias se congregó en Knoxville para asistir a la presentación de la película Bendito Corazón, que llegó a algunos cines del este de Tennessee. La película está ambientada en la época de la Nueva España, en la región de Los Altos de Jalisco, México, donde se acoge y se afianza la fe y devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Gracias a la familia Bozeman por auspiciar este encuentro coordinado por la Oficina del Ministerio Hispano.
La Pascua viene de la página 3