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julio 2025 La Cosecha

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De Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por siempre. Amén. Rom 11, 36 por Blanca Primm

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l entorno y medio ambiente donde vivimos son importantes para que nuestra salud y desarrollo personal y comunitario alcancen su mayor potencial. Nuestra salud espiritual también es influenciada al contemplar la creación de Dios, porque Dios nos habla a través de ella. Cada uno de nosotros recuerda con cariño el lugar en el que crecimos, sea en otro país o en este, en una región diferente, quizás en las montañas, en una zona tropical, o en la costa desértica, junto al mar, o en áreas con vegetación silvestre y presencia de animales de granja o tal vez en zonas más urbanas de la ciudad. Quizás con un clima muy apacible o como en el este de Tennessee donde las estaciones son muy marcadas. Lo importante es que por designios de Dios hemos nacido en un lugar específico, y también vivimos en un lugar específico que es nuestro hogar, y tenemos el derecho y el deber de cuidar y preservar para las siguientes generaciones, para los hijos de nuestros hijos y más. Los dejo con una oración que nos permite reflexionar sobre nuestro lugar en la creación de Dios y la dignidad de cada persona y la importancia de todo lo creado. Oración cristiana con la creación (Laudato Si 246) Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas, que salieron de tu mano poderosa. Son tuyas, y están llenas

de tu presencia y de tu ternura. Alabado seas. Hijo de Dios, Jesús, por ti fueron creadas todas las cosas. Te formaste en el seno materno de María, te hiciste parte de esta tierra, y miraste este mundo con ojos humanos. Hoy estás vivo en cada criatura con tu gloria de resucitado. Alabado seas. Espíritu Santo, que con tu luz orientas este mundo hacia el amor del Padre y acompañas el gemido de la creación, tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien. Alabado seas. Señor Uno y Trino, comunidad preciosa de amor infinito, enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, donde todo nos habla de ti. Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado. Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe. Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño por todos los seres de esta tierra, porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Ilumina a los dueños del poder y del dinero para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles, y cuiden este mundo que habitamos. Los pobres y la tierra están clamando: Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida, para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas. Amén. Papa Francisco, Laudato Si’, 2015 ■

Todos Compartimos la Responsabilidad de Cuidar nuestra Casa Común por Mary Tankersley (Continúa de la edición de Junio)

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a encíclica Laudato Si está repleta de alabanzas y oraciones. Comienza y termina con la oración de dos Franciscos. El amado San Francisco del siglo XIII fue la inspiración del Papa Francisco. San Francisco, nuestro Patrón de la Ecología, se deleitaba en la creación de Dios hasta el punto de hablar y cantar a las plantas y animales que amaba y consideraba hermanos y hermanas. Su conocido Cántico del Sol expresa que el amor a la creación ES amor a Dios, e incrustó esta frase umbriana en el cántico “Laudato Si, mi Signore”, que significa “Alabado seas, mi Señor” [LS 1]. Sucesivamente, el

Papa Francisco aporta dos oraciones: una oración por nuestra tierra y una oración para avanzar en la unión pacífica con la creación [LS 246]. Alaba tanto a la Divina Trinidad como a nuestra Madre María hacia la conclusión de su encíclica, y también alaba la Eucaristía como el mayor de los dones de Dios: "En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado" [LS 236]. Yendo directamente a la fuente de la sabiduría, fue Jesús mismo quien dijo “Recoged los pedazos sobrantes para que nada Casa Común continúa en la página 2

Apostolado Hispano Católico Blanca Primm, directora Rocio Melendez, asistente administrativa Selene Mayorga, coordinadora de La Cosecha T 865-637-4769, F 865-584-7538 E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK

JULES & JENNY, LINCOLN, UK, WIKIMEDIA COMMONS

La Creación y nosotros somos del Señor

La Familia de los Santos Una serie de vitrales en la Iglesia de Santa María en Inglaterra representan a Lázaro agonizando con María y Marta a su lado.

Marta, María y Lázaro: Tres rostros de la vida cristiana por Padre Renzo Alvarado Suárez

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n Betania, un pequeño pueblo a las afueras de Jerusalén, vivía una familia muy especial: Marta, María y Lázaro. Tres hermanos. Tres corazones abiertos a Jesús. Tres formas distintas de amar y seguir al Maestro. Cuando uno se detiene a contemplar sus vidas, se encuentra con un espejo de lo que significa ser cristiano en distintas dimensiones: servir, contemplar, y vivir la experiencia del paso de la muerte a la vida. ¿Quién es Marta? El corazón del servicio, Marta es, probablemente, la figura más activa del grupo. En el Evangelio de Lc 10, 38-42, aparece ocupada, moviéndose de un lado a otro, afanada con los quehaceres de la casa mientras Jesús está en su hogar. Ella representa a tantos hombres y mujeres que en la Iglesia se entregan sin descanso al servicio: las que organizan las celebraciones, los que limpian el templo, los que cocinan para eventos, los que hacen el trabajo invisible. Su acción es generosa, concreta, valiosa. Pero Jesús le dice algo que puede sorprendernos: “Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, pero solo una es necesaria”. ¿Está Jesús desvalorizando su esfuerzo? No. Está invitando a Marta y a nosotros a no olvidar lo esencial: que el servicio no debe alejarnos del Señor, sino acercarnos más a Él. Que el trabajo no nos robe la presencia. Marta nos enseña que el servicio es santo si nace del amor y se realiza con paz, sin ansiedad ni necesidad de reconocimiento. En ella descubrimos a la Iglesia en acción, al corazón que trabaja, a la fe que se expresa en obras. ¿Quién es María? El alma contemplativa, María, su hermana, aparece en el mismo episodio sentada a los pies de Jesús, escuchando su palabra. Esta actitud puede parecer simple o incluso poco práctica. Pero en realidad, María encarna el corazón contemplativo de la vida cristiana. Ella elige detenerse, escuchar, beber de la fuente. Y Jesús

no solo aprueba su elección, sino que la llama “la mejor parte”. María nos recuerda que, sin oración, sin escucha profunda, sin detenernos ante el misterio de Dios, nuestra fe se convierte en activismo. Ella nos enseña a estar en la presencia de Dios, a hacer silencio, a dejarnos enseñar, a descansar en Él. En tiempos donde el ruido, la prisa y la productividad parecen marcar el ritmo de la vida, María es una voz profética que nos dice: no se trata solo de hacer, también hay que ser. Ser discípulo, ser oyente, ser alma sedienta. María es también la figura de tantas personas que, desde la oración, sostienen a la Iglesia: religiosas contemplativas, adoradores del Santísimo, intercesores silenciosos que oran por el mundo. Sin ellos, el cuerpo eclesial se debilitaría. En María reconocemos a quienes eligen “la mejor parte”, que no les será quitada. Y Lázaro es la experiencia de la Resurrección. El hermano que muere y al que Jesús devuelve a la vida (Jn 11). Su historia es una de las más conmovedoras del Evangelio. Jesús llora ante su tumba. Se conmueve profundamente. Y luego lo llama: “¡Lázaro, sal fuera!”. Y el muerto salió. Lázaro simboliza el gran misterio del cristianismo: la victoria sobre la muerte. Su resurrección anticipa la de Cristo, y por tanto, la nuestra. Pero también tiene una resonancia existencial. Todos nosotros hemos pasado por momentos en los que algo dentro murió: la esperanza, la alegría, un sueño, una relación. Y es ahí donde Jesús se hace presente para decirnos: “¡Ven fuera!”. Ven fuera del encierro, del miedo, de la tristeza. Sal al encuentro de la vida. Lázaro es testimonio de que el amor de Dios puede devolvernos lo que pensábamos perdido. Pero Lázaro también nos enseña algo más: no volvió solo a la vida, volvió a la comunidad. Su historia termina con una cena, rodeado de Marta, María y Jesús (Jn 12). Porque la vida nueva no es para aislarse, sino para compartirla. ¿No es acaso ese el corazón del Evangelio? La vida cristiana continúa en la página 3

Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 321-9080. ■


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