No opriman a la viuda, al huérfano, al forastero o al pobre Zac. 7,10
E
l pasado 12 de noviembre, los Obispos de los Estados Unidos en su Asamblea Plenaria de otoño en Baltimore aprobaron una declaración en apoyo a los inmigrantes. Este “mensaje especial” que expresa la preocupación por el trato, muchas veces inhumano, que se está dando a los inmigrantes, las detenciones y por separación de familias, ha sido ratificado por el Papa León XIV, quien en repetidas ocasiones ha hecho un llamando a tratar a los inmigrantes con humanidad de acuerdo con la dignidad que poseen. A continuación, les compartimos el mensaje completo de los Obispos publicado en la página de internet de la Conferencia de los Obispos Católicos de Los Estados Unidos (USCCB): “Como pastores, los obispos de los Estados Unidos, estamos unidos a nuestro pueblo en nuestro Señor Jesucristo, por lazos de comunión y compasión. Nos inquieta ver en nuestras comunidades un clima de temor y ansiedad ante las prácticas de perfilamiento y la aplicación de las leyes migratorias. Nos entristece profundamente el tono que ha adoptado el debate contemporáneo y la creciente denigración de los inmigrantes. Nos preocupan las condiciones en los centros de detención y la falta de acceso a una atención pastoral adecuada. Lamentamos que algunos inmigrantes que viven en los Estados Unidos han perdido su estatus migratorio de manera arbitraria. Nos preocupan las amenazas contra la santidad de los lugares de culto, y el carácter especial de los hospitales y las escuelas. Nos entristece profundamente cuando nos encontramos con padres que temen ser detenidos al llevar a sus hijos a la escuela o cuando intentamos consolar a familiares que ya han sido separados de sus seres queridos. A pesar de los obstáculos y prejuicios, por generaciones, los inmigrantes han contribuido inmensamente al bienestar de nuestra nación. Como obispos católicos, profesamos nuestro amor por nuestro país y oramos por su paz y prosperidad. Por este preciso motivo nos sentimos obligados en este entorno a elevar nuestras voces en defensa de la dignidad humana otorgada por Dios. La enseñanza católica exhorta a las naciones a reconocer la dignidad fundamental de todas las personas, incluidos los inmigrantes. Como obispos, abogamos por una reforma significativa de las leyes y los procedimientos migratorios de nuestra nación. La dignidad humana y la seguridad nacional no son valores en conflicto. Ambas pueden alcanzarse con buena voluntad y uniendo esfuerzos. Reconocemos que las naciones tienen la responsabilidad de controlar sus fronteras y establecer un sistema de inmigración justo y ordenado por el bien común. Sin dichos procedimientos, los inmigrantes corren el riesgo de caer en la trata de personas y en otras formas de explotación. Las vías legales y seguras sirven como antídoto frente a esos riesgos. La enseñanza de la Iglesia se basa en la preocupación fundamental por la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. (Génesis 1:27). Como pastores, recurrimos a las Sagradas Escrituras y al ejemplo de Dios mismo, donde encontramos la sabiduría de la compasión de Dios. La prioridad del Señor, como nos recuerdan los profetas, es para los más vulnerables: las viudas, los huérfanos, los pobres y los migrantes (Zacarías 7:10). En el Señor Jesús, vemos a Aquel que se hizo pobre por nosotros (2 Corintios 8:9), vemos al buen samaritano que nos levanta del polvo (Lucas 10:30-37) y vemos a Aquel que se encuentra en los más pequeños (Mateo 25). La preocupación de la Iglesia por el prójimo y nuestra preocupación aquí por los inmigrantes son una respuesta al mandato del Señor de amar como Él nos ha amado (Juan 13:34). A nuestros hermanos y hermanas inmigrantes, estamos con ustedes en su sufrimiento, pues si un miembro sufre, todos sufren (1 Corintios 12:26). ¡No están solos! Observamos con gratitud que tantos de nuestros sacerdotes, religiosos consagrados, y fieles laicos ya están acompañando y asistiendo a inmigrantes en sus necesidades humanas básicas. Exhortamos a todas las personas de buena voluntad a continuar y ampliar esos esfuerzos. Nos oponemos a las deportaciones masivas e indiscriminadas. Oramos por el fin de la retórica inhumana y de la violencia, ya sea dirigida contra inmigrantes o contra los organismos de seguridad. Oramos para que el Señor guíe a los líderes de nuestra nación y estamos agradecidos por las oportunidades pasadas y presentes de dialogar con funcionarios públicos y electos. En este diálogo, continuaremos abogando por una reforma migratoria significativa. Como discípulos del Señor, seguimos siendo hombres y mujeres de esperanza, ¡y la esperanza no defrauda! (Romanos 5,5). Que el manto de Nuestra Señora de Guadalupe nos envuelva a todos en su maternal y amoroso cuidado y nos acerque cada vez más al corazón de Cristo”. ■
Apostolado Hispano Católico Blanca Primm, directora Rocio Melendez, asistente administrativa Selene Mayorga, coordinadora de La Cosecha T 865-637-4769, F 865-584-7538 E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK
CROSSROADS MINISTRY CENTER
Somos una Familia Humana
Adviento Este tiempo no nos prepara para “una idea”, sino para un Niño. Un Dios que llega pequeño para que lo abracemos, un Dios que llega pobre para recordarnos que nuestra dignidad no depende del éxito; un Dios que llega frágil para enseñarnos que la vulnerabilidad no es un fracaso, sino un camino de encuentro.
Adviento: La Luz de Cristo para Tiempos Emocionalmente Difíciles Por el Padre Renzo Alvarado
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Is 9,1). Cada año, este versículo resuena como una caricia divina sobre un mundo que carga cansancio, ausencias y heridas. Y si somos honestos, nuestra comunidad hispana en los Estados Unidos conoce bien ese caminar entre sombras: familias separadas, seres queridos que ya no están, padres y madres trabajando doble turno para sostener la casa, jóvenes navegando entre culturas, corazones que extrañan, cuerpos que se agotan, y almas que a veces sienten que el futuro se vuelve demasiado incierto. Sin embargo, ahí, justamente ahí, irrumpe el Adviento como una luz que no pide permiso, que no pregunta por la lista de problemas, que no exige que tengas fuerzas: simplemente llega. Adviento no es un cierre de año. Es un comienzo. Y es hermoso que sea la Iglesia la que nos recuerde, con terquedad divina, que para los cristianos la esperanza no depende del calendario, sino de Aquel que viene a nacer. No celebramos el fin de algo, sino el inicio de todo: Dios que vuelve a creer en la humanidad, Dios que vuelve a confiar en nosotros, Dios que decide hacerse pequeño para que nadie tema acercarse a Él. En su encíclica Praeclara gratulationis, el Papa León XIII (20 de junio de 1894) recordaba que la humanidad necesita volver a la luz que viene de Cristo y que la verdadera renovación comienza cuando dejamos que esa luz toque nuestros espacios heridos. Qué actual suena esto para nuestras familias. Adviento es precisamente eso: un tiempo donde la luz de Dios visita las zonas que quizás hemos escondido, donde su ternura penetra aquellas realidades que hemos enfrentado solos durante demasiado tiempo. Tal vez este año ha sido difícil; tal vez has cargado más de lo que podías; tal vez sentiste que estabas avanzando a tientas. Pero aquí está Cristo diciendo de nuevo: “Yo soy la luz que viene al mundo.” La psicología nos enseña que el ser humano necesita símbolos para reorganizar su mundo interior. Necesita rituales que le permitan iniciar, recomenzar, cerrar ciclos, sanar memorias, redefinir caminos. Adviento es exactamente eso: un tiempo simbólico que reestructura el corazón. Mientras encendemos las velas de la corona, no solo prendemos cera: encendemos significados. Encendemos la certeza de que no estamos solos; encendemos la memoria de que lo frágil también es sagrado; encendemos la convicción de que la vida puede volver a levantarse. La primera vela —la de la esperanza— es quizá la que más necesitamos como familias hispanas. Porque la esperanza no niega las dificultades, pero tampoco les entrega la última palabra. Quien espera en Dios aprende a mirar la realidad con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Y eso cambia todo: la angustia ya no domina, la tristeza no tiene la última frase, y las preguntas más duras encuentran un lugar donde descansar. La esperanza es, psicológicamente, uno de los motores más poderosos del bienestar humano: nos ayuda a reinterpretar la vida no desde el miedo, sino desde la confianza. Por eso, querido hermano, querida hermana, si has sentido cansancio emocional, si tu familia carga incertidumbres, si el futuro parece borroso, escucha esta buena noticia: el Adviento no te pide fuerzas; te regala esperanza. No te exige que tengas todo bajo control; te invita a abrir un pequeño espacio para que Dios actúe. El Adviento no te juzga por tus temores; te recuerda que el amor de Dios es más grande que ellos. Y aquí está lo más hermoso: este tiempo no nos prepara para “una Adviento continúa en la página 4
Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 3219080. ■