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agosto 2025 La Cosecha

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Nuestra fragilidad y verdadera fortaleza LUCA GIODANO WIKIMEDIA COMMONS

Acumulen tesoros en el cielo, donde ni las polillas ni el óxido los destruyen. Mt 6,20 por Blanca Primm

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veces en la vida vemos cosas contradictorias. Una de ellas es cómo el ser humano cree que es invencible y hasta todo poderoso. El afán por el poder, por el placer y por el tener es algo que nos enceguece y olvidamos el horizonte para el cual hemos sido creados. Es muy triste ver cómo el mismo ser humano somete a otros seres humanos que tienen la misma dignidad y los usa como piezas o cosas. Esto se produce en muchos ámbitos, tanto económico, político y social, a mayor escala, pero también a menor escala. Estos mismos antivalores que vemos en el mundo y que son fáciles de distinguir porque traen miseria, injusticia y frustración también trastocan las pequeñas comunidades, y en especial amenazan la comunidad más importante e íntima que es la familia. Los medios de comunicación, las redes sociales, los “influencers” van impregnando con estos valores los cerebros de nuestros hijos anteponiendo la producción y riqueza sobre la dignidad y valor intrínseco, es decir en sí mismo, de las personas. Este valor no es cualquier valor, es el valor más grande que cada persona tiene y que le fue dado por Dios mismo, su dignidad de ser hechos a imagen y semejanza de Dios. Él lo quiso así. Sin embargo, la imagen que tenemos de que el ser humano es poderoso se contradice con la verdad de nuestra propia fragilidad, humana ya que nuestra existencia es inestable e incierta, corta y nuestra vida pasajera y rápida porque no podemos extender ni un día más de nuestra vida sin que Dios lo permita. Pero cómo entonces estamos viviendo esta corta vida. Corta porque ¿qué son 80 años frente a la eternidad? La muerte es una realidad inminente. Pero no la muerte eterna. Por eso me llamó la atención el pasaje de 1Timoteo 6,7-10 “Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos”. Tomemos un tiempo para hacer un examen de conciencia y pensar en quién es nuestro Dios y dónde está nuestro corazón. ¿Cuál es el tesoro por el cual vivimos y trabajamos? ¿Qué es más importante, el “ser” o el “tener”, el amar o el usar a otros? Solo en Dios y en su plan de amor podremos encontrar la verdadera felicidad. Cultivemos nuestra relación con Dios sobre la posesión de bienes materiales. La verdadera riqueza reside en la fe, el amor y la justicia, más que en riquezas terrenales. No es posible servir a dos amos al mismo tiempo. Es necesario decidir dónde enfocar el corazón y el rumbo de la vida. ■

La Asunción de la Virgen por Luca Giordano: La Asunción de María es la glorificación de su cuerpo y alma en el cielo, anticipando la resurrección de todos los creyentes.

La Asunción de la Santísima Virgen María por Padre Jhon Mario Garcia

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San Agustín: Interioridad, Comunidad y Amor para nuestras Comunidades por Padre Antonio Lozán Pun Lay, O.S.A. CREDITOS: P. GREGORIO TOMÁS, O.S.A

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l 28 de agosto celebramos a San Agustín. En un contexto marcado por la migración, la búsqueda de identidad y los desafíos sociales, las enseñanzas de San Agustín de Hipona (siglo IV–V) surgen como una guía poderosa. Su énfasis en la interioridad como vía hacia la trascendencia ofrece raíces profundas para el fortalecimiento cultural y espiritual de nuestras comunidades en Estados Unidos y América Latina. El primer paso entonces sería revisar cómo va nuestra vida interior porque eso nos ayuda a revisar cómo va nuestra búsqueda de la verdad. San Agustín afirma: “No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo…” —una lla-

San Agustín: Imagen que se encuentra en el convento de Valladolid. mada a la introspección como base de autenticidad y resiliencia ante la presión de asimilación. Existen organizaciones que organizan retiros y caminatas en la naturaleza donde las personas coSan Agustín continúa en la página 3

Apostolado Hispano Católico Blanca Primm, directora Rocio Melendez, asistente administrativa Selene Mayorga, coordinadora de La Cosecha T 865-637-4769, F 865-584-7538 E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK

ermanos y Hermanas en Cristo, cada año el 15 de agosto los cristianos católicos del mundo entero celebramos La Asunción de la Santísima Virgen María, una solemnidad bellísima en la que se conmemora la entrada gloriosa de María en el cielo en cuerpo y alma, al final de su vida terrenal. Podría decirse que es una de las más grandes festividades marianas, junto con la Inmaculada Concepción y la Anunciación. Comúnmente la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María se confunde con la de la Ascensión de Nuestro Señor Jesús. Sin embargo, la diferencia es abismal, ya que mientras que Cristo Nuestro Señor, sube al cielo por su propio poder como Dios, la Santísima Virgen María es asunta, es decir llevada, por la gracia de Dios al cielo. La doctrina enseña que María, por su importante y única participación en la vida, muerte y resurrección de su Hijo, no sufrió la corrupción del cuerpo y fue llevada al cielo para participar plenamente en la gloria de su Hijo resucitado. Es importante tener en cuenta que no podemos encontrar relatos directos de este hecho en las Sagradas Escrituras, no obstante, la Iglesia fundamenta esta verdad en la Tradición de los Apóstoles y en el desarrollo a través de los años de la reflexión teológica sobre la figura de la Virgen María. A lo largo de los siglos, los cristianos hemos creído que conforme a la naturaleza de la Virgen María como Madre del mismo Dios, no podía experimentar la descomposición de su cuerpo, ya que ella desde el principio fue inmaculada desde su concepción y completamente fiel a Dios. Después de muchos años de flexión teológica y fieles a la tradición, esta creencia fue proclamada como dogma de fe por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, mediante la consti-

tución apostólica Munificentissimus Deus. El dogma declara: La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”. De esta manera, esta hermosa celebración es signo de esperanza para todos nosotros. María, nuestra Madre, siendo plenamente humana, ya participa de la gloria que todos los creyentes esperamos alcanzar al final de los tiempos. Ella es considerada la primera redimida y la primera en recibir la recompensa completa del cielo. En esta celebración también se resalta el valor del cuerpo humano y la vocación de todos nosotros como persona —alma y cuerpo— a la vida eterna. María, en su Asunción, se convierte en modelo y consuelo para el pueblo de Dios. El impacto de esta fiesta ha logrado que el 15 de agosto sea un día de precepto en muchos países, y suele celebrarse con procesiones, Misas solemnes, y diversas expresiones culturales y religiosas. En lugares como España, Italia, América Latina y Filipinas, la Asunción es una fecha profundamente arraigada en la religiosidad popular. Además, muchas iglesias, catedrales y parroquias están dedicadas a la Virgen Asunta. En el arte, la Asunción ha sido representada por artistas como Tiziano, Murillo y Rubens, mostrando a María siendo elevada al cielo, rodeada de ángeles y en actitud de alabanza. Mis queridos hermanos y hermanas, La Asunción de la Santísima Virgen María es un recordatorio del destino glorioso al que todos estamos llamados, y de la fidelidad de Dios hacia quienes, como María, viven con fe, humildad y amor. Celebrarla es renovar la esperanza cristiana en la vida eterna, para poder ver a la Santísima Virgen, como Reina del cielo, pero también como Madre cercana que intercede por sus hijos en la tierra. ■

Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 321-9080. ■


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