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“Ámense unos a otros como yo los he amado” Jn 15, 12
Por Blanca Primm
Feliz Pascua de Resurrección! Esta es mi temporada favorita del calendario litúrgico: el tiempo Pascual. Me fascina como este tiempo, en el hemisferio norte coincide con la llegada de la primavera. Me alegra mirar las flores aparecer, como de la noche a la mañana, y crecer embelleciendo el paisaje, nuestros jardines y calles, especialmente en el este de Tennessee, donde la naturaleza es tan bella y palpable. Espero que su tiempo de Cuaresma haya permitido que su fe se fortalezca en anticipación y preparación para la gran fiesta de la Pascua. Un compromiso que hice en la Cuaresma fue empezar a leer un libro que me habían regalado hace más de diez años y que deseaba leer. Se llama “Testigos de Esperanza, del Cardenal Francis Xavier Nguyen Van Thuan”. ¡Se los recomiendo! Si bien estoy a la mitad del libro, he leído ya varios capítulos y está siendo una gran lectura espiritual para mí, sobre todo por el tiempo tan inestable en el que estamos viviendo, lleno de conflictos y detenciones injustas.
El Cardenal Van Thuan, quien fue obispo coadjutor de la Arquidiócesis de Saigon, en Vietnam, fue detenido por el régimen comunista y destinado a vivir trece años en el confinamiento. Despojado de todo su ministerio episcopal, vestimentas y accesorios, que le recordaban su ministerio, el Cardenal sintió una gran soledad y dolor agonizante al estar separado de su comunidad y de los sacramentos. Pero fue su amor por Jesucristo y la Iglesia, y su gran fe y fidelidad a su vocación de obispo que a pesar de la situación tan difícil que atravesó por más de una década, presenció el poder de Dios actuando en su vida y transformando también la vida de los guardias y prisioneros que entraban en contacto con él.
La esperanza de la resurrección del Señor constituye el corazón de la fe cristiana. No se trata simplemente de una idea abstracta o de una promesa futura desligada de la realidad presente, sino de una fuerza viva que transforma el modo en que el creyente enfrenta el sufrimiento, el tiempo y el sentido de su existencia. El Cardenal Van Thuan no esperó pasivamente una liberación futura; aprendió a vivir cada instante como un encuentro con Dios. Esta actitud revela una clave fundamental: la esperanza de la resurrección no consiste en evadirse del presente, sino en descubrir que Cristo resucitado está vivo aquí y ahora. Dios, aunque esté
escondido en un momento difícil no nos abandona.
Para Van Thuan, el presente era el único lugar donde podía amar y cumplir la voluntad de Dios. No tenía control sobre el futuro ni podía cambiar el pasado, pero sí podía elegir amar en cada momento. Esta espiritualidad del “instante presente” transforma radicalmente la vida cristiana. La resurrección deja de ser solo un acontecimiento que celebramos en la liturgia para convertirse en una realidad que se hace visible en cada acto de amor, en cada gesto de entrega, incluso en las circunstancias más adversas.
El cardenal solía insistir en que la santidad no se construye a partir de grandes obras extraordinarias, sino de la fidelidad en lo pequeño, en lo cotidiano. En prisión, esto significaba sonreír a sus guardias, compartir palabras de esperanza, celebrar la Eucaristía en secreto con unas gotas de vino y unas migas de pan, o simplemente ofrecer su sufrimiento con amor. En estas acciones aparentemente insignificantes se manifiesta la fuerza de la resurrección: la vida vence a la muerte, el amor supera al odio, la luz penetra la oscuridad. Un pilar de esperanza para el Cardenal Van Thuan fue la Palabra de Dios. En su libro, cuenta que usó unos papeles que las autoridades le habían dado para responder a unas preguntas, e hizo una pequeña libreta pequeña, donde escribió trescientas oraciones de la Sagrada Escritura que se acordaba de memoria, y que lo fortaleció y nutrió espiritualmente durante su encarcelamiento. La esperanza cristiana, vista desde esta perspectiva, está inseparablemente unida al amor. No es una espera pasiva, sino activa, creativa, capaz de transformar incluso el dolor en ofrenda. Amar en el presente es ya participar en la vida nueva de Cristo resucitado. Van Thuan enseña que hay que amar primero que todo; amar a cada persona; amar a nuestros enemigos; amar entregando hasta la vida, como lo hizo Jesús; y amar mediante el servicio. Comprendió que, aunque todo le fuera arrebatado, nadie podía quitarle la libertad interior de amar.
Así, la resurrección del Señor no es solo una promesa de vida eterna, sino una invitación a vivir de manera nueva cada instante. Es la certeza de que el amor tiene sentido, incluso cuando no vemos resultados inmediatos; de que cada acto de fidelidad, por pequeño que sea, tiene un valor eterno; de que el sufrimiento, unido a Cristo, puede convertirse en fuente de vida. ■
Pensamiento de San Agustín
La Pascua, la fiesta de los que se atrevieron a decir que SÍ
Por P. Fernando Torres Lanause
Jesús dio su último grito de amor en una cruz y se quedó, para siempre, grabado en la historia, porque “nadie tiene mayor amor que aquel que da su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
Al tercer día, en el tiempo de Dios, la luz brilló y aquellos que se habían marchado regresarían a la escena. Se había acabado el miedo, se había acabado la muerte y la falta de sentido. Él estaba más VIVO que nunca, amándolos, fortaleciéndolos y sosteniéndolos. Ellos volvieron y se quedaron para dar TESTIMONIO de la verdad más dulce, más intensa y auténtica: que ÉL les había dado la vida y que ahora valía la pena vivir toda la vida… las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, pues “si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.” (Romanos 14:8).
La Pascua es el paso decisivo de la muerte a la vida. Es el paso que lo cambia todo, porque quien lo da ya no camina solo, ya no camina a oscuras. La Pascua es descubrir que la última palabra no la tiene la muerte, sino el Amor. Es pasar del miedo a la confianza, del pecado a la gracia, de la desesperanza a la certeza gozosa de que Dios cumple siempre sus promesas.
Una vez más Él quiere hacerte parte de su fiesta; una vez más quiere recordarte que eres importante para Él y que por ti volvería a dar la vida; una vez más es PASCUA. Una vez más es LA FIESTA DE JESÚS, una vez más es la dulce MEMORIA de su entrega, de su lucha, de su esperanza. Y la Pascua es también vivir la fe. Porque la fe no es simplemente creer que algo sucedió hace dos mil años; la fe es dejar que ese acontecimiento te transforme hoy, aquí, ahora. Vivir la fe es levantarse cada mañana con la certeza de que el Resucitado camina a tu lado y de que cada gesto de amor que ofreces es un eco de aquella mañana gloriosa en la que el sepulcro

quedó abierto para siempre. El que deja entrar la Pascua en su corazón queda sumergido en una gran alegría que es el misterio del amor del Maestro. ¿Qué significa eso? Que esta fiesta no la puede celebrar cualquiera. Esta fiesta es para aquellos que están dispuestos a entregarlo todo, a lucharlo todo, a transformarlo todo, con autenticidad y con fe; esta fiesta es para aquellos que creen firmemente las palabras dichosas que el ángel Gabriel dijo a María: “porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37), es decir, esta fiesta es para los que se han atrevido a decirle que SÍ, como María; es para aquellos que no temen que Él les contagie la dicha del Reino; es para aquellos que un día descubrieron que Él era el centro, el amor, la razón, el sentido, el Señor de su existencia y ya no quisieron volver a su vida de antes; les gustó, les fascinó, y se arriesgaron a vivir Jesúsmente. Celebrar la Resurrección es vivir la Pascua. Es mirar la cruz y no ver derrota, sino victoria; es mirar el dolor y no ver el final, sino el comienzo de algo nuevo. Es atreverse a perdonar cuando todo invita al rencor, a esperar cuando todo parece perdido, a amar cuando el mundo dice que no vale la pena, hasta que toda nuestra existencia se convierta en un canto amoroso de Aleluya.
Este año han llegado nuevamente los días más brillantes y felices: la PASCUA.
Jesús está esperándote, para decirte Palabras de Vida Nueva, para Partir el Pan y ofrecerte su Vino; para abrazarte una vez más desde su Cruz; y para saciarte de ilusión, de paz y de luz, con su Resurrección. Vamos, ¡arriésgate! Será hermoso, profundo, sublime. Es PASCUA, es el PASO A LA LIBERTAD, a tu LIBERTAD. Decídete, entonces, a irte caminando detrás de Él, por la orilla del camino y cuando se vuelva y te pregunte: “¿Qué buscas”, sólo respóndele: “A Ti, Señor, a Ti y sólo a Ti, porque Tú eres lo mejor que me ha podido pasar”. ■
Mesa de San José Esta es la tradición que une a la comunidad hispana en Madisonville. El Padre Julius Abuh llevó a cabo la bendición de los panes en la parroquia San José Obrero. Decenas de familias se congregaron para presentar sus panes, muchos de los cuales fueron compartidos entre los asistentes. Esta bendición especial es una muestra vibrante de la fe y la generosidad que caracterizan a esta comunidad durante la fiesta en honor al esposo de la Virgen María, durante la Cuaresma.
"Cristo murió para que tú vivas" Por ti, Cristo aceptó ser crucificado, para enseñarte la humilidad. Él estaba vivo y tú estabas muerto. El murió para que tú vivas. Dios venció a la muerte para que la muerte no pudiera vencer a los seres humanos. (Comentario al Evangelio de S. Juan 2,4; 14,13) Parroquia y C.E.P. "Nuestra Señora del Consuelo, Lima, Perú"
Blanca Primm, directora
Rocio Melendez, asistente administrativa
Selene Mayorga, coordinadora de La Cosecha
T 865-637-4769, F 865-584-7538
E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK
Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual
Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 3219080.
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Por Magdiel Argueta
Caminar el viacrucis no es simplemente recorrer estaciones; es dejar que cada paso te hable al corazón. Este año, en la Catedral del Sacratísimo Corazón de Jesús, esa experiencia se vivió con una fuerza especial, marcada por la participación, la organización y, sobre todo, por una fe que se sentía en el ambiente. Aproximadamente 400 personas se reunieron para acompañar a Jesús en su camino hacia la cruz, en un viacrucis que contó con la participación de nueve ministerios (entre ellos el de Pastoral Juvenil Hispana) y cinco
familias. Cada estación fue preparada con dedicación, reflejando no solo el esfuerzo de quienes organizaron, sino también el deseo de toda una comunidad de vivir este momento con profundidad.
Para una parroquia donde los domingos se congregan entre 1,200 y 1,300 personas, ver esta respuesta durante la Semana Santa confirma algo que se ha venido gestando en los últimos años.
Guadalupe Cifuentes, feligresa de la catedral desde hace 16 años, lo expresa con claridad: “Sí, ha sido notorio el cambio… antes participaba muy poca gente, pero en estos últimos dos años ha habido muchísima participación, sobre todo en la organización del viacrucis y de las misas. Asiste más gente”. Sus palabras no solo describen un aumento en números, sino un despertar en la comunidad, un paso de la pasividad a una fe más viva y comprometida.
Para quienes participaron, la experiencia también tuvo un significado muy personal. Algunos venían de vivir esta devoción de maneras distintas en otras parroquias. Sin embargo, el viacrucis tradicional vivido en la catedral logró transmitir algo igualmente profundo.
Lo que me impactó personalmente fue la devoción de las personas y la organización del evento. Cada estación se vivía con respeto, con silencio, con atención. No era solo una actividad más dentro del calendario; era un momento donde la comunidad se detenía para contemplar el sacrificio de Jesús.
Y es precisamente ahí donde se encuentra el sentido de todo esto. Cuando una comunidad se reúne así, que no se trata solo de una tradición, es porque, poco a poco, se va comprendiendo que el sacrificio de Jesús tiene un propósito. Que no fue en vano. Que sigue hablando hoy. ■
Por Diácono Jim Bello, Director del Diaconado
El diaconado se ha desarrollado a lo largo de los siglos para satisfacer las necesidades de la Iglesia; sin embargo, el llamado al servicio permanece arraigado en sus orígenes bíblicos. Tal como la comunidad cristiana primitiva convocó a los primeros diáconos, hoy en día la comunidad continúa llamando a hombres que puedan servir a las necesidades de los obispos, los sacerdotes y el pueblo de Dios. En la Iglesia del siglo XXI, la vocación del diácono permanente sigue fundamentada en los Hechos de los Apóstoles (6:1–7), cuando siete hombres fueron elegidos y ordenados por los apóstoles para atender las necesidades prácticas de la Iglesia primitiva. Su ministerio permitió que los apóstoles se dedicaran más plenamente a la oración y al ministerio de la palabra. Desde el principio, la Iglesia reconoció al diácono como alguien llamado al servicio: asistiendo al obispo, proclamando el Evangelio y ayudando a llevar a cabo la misión de caridad de la Iglesia. Con el paso del tiempo, el diaconado se convirtió gradualmente y de forma principal en un paso hacia el sacerdocio, lo que hoy se conoce como el diaconado transitorio. La restauración del diaconado como una vocación permanente y distinta fue propuesta en el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 29). En 1967, el Papa San Pablo VI emitió la carta apostólica Sacrum Diaconatus Ordinem, estableciendo las normas generales para restaurar el diaconado permanente en la Iglesia Latina. No es raro que un hombre comience a considerar el diaconado porque alguien en su parroquia le

Diaconado El Diácono Humberto Collazo (centro) junto con catequistas de diferentes parroquias de las diócesis de Knoxville en la última conferencia sobre RICA (Ritual de Iniciación Cristianas para Adultos) en la parroquia Santo Tomás Apóstol en Lenoir City. Los diáconos son servidores de la Palabra, de la Liturgia y la Caridad. Son un puente entre la Iglesia y la comunidad, llevando a Cristo Servidor al pueblo de Dios en su vida cotidiana.
hizo una pregunta sencilla: "¿Alguna vez has pensado en ser diácono?". Esta sutil invitación puede despertar la posibilidad de una vocación que tal vez nunca se había considerado. A menudo, un compañero de la parroquia reconoce en un hombre un corazón para el servicio, amor por la Iglesia y la voluntad de ayudar a otros a crecer en la fe. Una vez que un hombre comienza a discernir este llamado, la Iglesia le pide que emprenda un periodo significativo de formación. Este proceso, que suele durar al menos cinco años, incluye estudios teológicos, formación espiritual, servicio pastoral y un discernimiento continuo. Durante este tiempo, el candidato y la Iglesia buscan juntos claridad sobre si Dios lo está llamando a las Sagradas Órdenes como diácono permanente. Al mismo tiempo, el proceso también fortalece la
¿Matrimonio o Sacerdocio?
capacidad del candidato para servir fielmente a la Iglesia en cualquier vocación que Dios finalmente confirme.
La Iglesia en la Diócesis de Knoxville continúa experimentando un crecimiento notable, y con ese crecimiento surge una necesidad cada vez mayor de diáconos permanentes. Como servidores de la Palabra, la Liturgia y la Caridad, los diáconos sirven como un puente entre la Iglesia y la comunidad, llevando a Cristo Servidor al pueblo de Dios en su vida cotidiana.
Actualmente, trece candidatos de nuestra diócesis se acercan al final de su cuarto año de cinco de formación hacia la ordenación al diaconado permanente. Cada uno de estos hombres ha crecido en la fe, la oración y el servicio mientras continúa buscando la guía del Espíritu Santo para discernir su vocación.
Lo más probable es que ninguno de estos hombres estaría en formación hoy sin el aliento de un feligrés que reconoció en ellos un corazón de servidor y sugirió en oración que Dios podría estar llamándolos al diaconado.
Si conoce a alguien que pueda tener tal llamado, dedique tiempo a la oración pidiendo la guía del Espíritu Santo según la voluntad de Dios, y considere ofrecer una palabra de aliento hacia el discernimiento. Aquellos que deseen solicitar información sobre el diaconado pueden enviar un correo electrónico a jbello@dioknox.org. Mientras tanto, por favor oren por los diáconos permanentes de nuestra diócesis y por los trece candidatos que continúan discerniendo esta vocación y esperan con ansias, si Dios quiere, el llamado a las Sagradas Órdenes en junio de 2027. ■
Por Courtney Mares, OSV News
CIUDAD DEL VATICANO
(OSV News) -- El Papa León XIV ha compartido sus consejos sobre cómo discernir la propia vocación, comenzando por la importancia de crear un espacio de silencio interior para escuchar "lo que el Señor tiene en su corazón para nuestra felicidad".
En el primer mensaje del Papa León para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, publicado por el Vaticano el 25 de marzo, el Papa escribió que "la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama --a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo-- y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad". "Queridos jóvenes, ¡escuchen esa
voz!", dijo. "Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades".
Las formas de crear espacio para escuchar la voz del Señor, dijo, incluyen dedicar tiempo a la adoración eucarística, meditar diariamente la Biblia, realizar obras de caridad y participar plenamente en la vida sacramental y eclesial de la Iglesia. "De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar”, dijo.
Señalando el ejemplo de San Agustín, el Papa León dijo que es
esencial "aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo".
"'Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas' -- 'No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad'", dijo, citando el tratado de San Agustín del siglo IV "De la verdadera religión".
Al discernir la propia vocación, es esencial cultivar la confianza en el Señor, dijo el Papa León. "La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros", afirmó.
"La vocación, en efecto, no es una meta estática", añadió, "sino un proceso dinámico de maduración, favo-
recido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación". La Iglesia Católica celebra cada año la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones el cuarto domingo de Pascua, conocido como Domingo del Buen Pastor o Domingo de las Vocaciones. Este año cae el 26 de abril. "Toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación", dijo el Papa León. Courtney Mares es la editora del Vaticano para OSV News. Síguela en X en @catholi courtney. ■

A veces, lo único que necesitamos es dar un paso por un nuevo camino
Al principio de mi sacerdocio, buscaba un lugar tranquilo para rezar, lejos del ajetreo de la vida parroquial durante la Semana Santa. Había oído hablar de un lugar llamado "Radnor Lake", que había sido reservado como área natural estatal, y decidí ir a explorar. Era un día de abril perfecto, cálido y soleado; al bajar del carro y empezar a caminar por el sendero a través del bosque, la belleza me abrumó. Todo el suelo del bosque estaba cubierto de nuevas flores primaverales y los árboles de arriba brotaban con nuevas hojas verdes. "¿Dónde he estado toda mi vida?", me pregunte a mí mismo. Nunca había estado tan atento a la belleza de la creación de Dios mientras caminaba en silencio por el bosque. Esa decisión de empezar a caminar por un sendero cambió literalmente mi vida. Desde entonces, he sido un excursionista habitual y, más tarde, un mochilero. He disfrutado de la belleza de cada estación y momento en la creación de Dios. La belleza de la primavera que se desarrolla a nuestro alrededor ocurre cada año durante los grandes 50 días del tiempo de Pascua. Nos señala el misterio más pro-

Flor del Cornejo (Dogwoods) a lo largo del Middle Prong en la sección Tremont del Parque Nacional de las Great Smoky Mountains.
fundo de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, que hemos celebrado tan recientemente en los días de la Semana Santa. La Basílica de San Clemente en Roma representa en un mosaico del siglo XII una profunda visión teológica en arte sobre el misterio de la nueva creación que Dios ha comenzado en el misterio de Su muerte y resurrección. La cruz de Cristo se encuentra en el centro, con agua viva fluyendo de Su costado. Esa corriente se convierte en un
manantial dador de vida que fluye para tocar a toda la creación. Por todas partes brota vida nueva en las plantas, los animales y la humanidad. Nuestros nuevos católicos, nacidos de las aguas del bautismo en la gran Vigilia Pascual de este año, son signos vivientes de la Vida Nueva que Dios está creando aquí mismo en el este de Tennessee, al unirse a nosotros en la mesa del Señor, durante este tiempo de gracia.
Dios nos invita a todos a un
nuevo comienzo. Se nos invita a seguirle por un camino, una decisión que nos cambiará a nosotros mismo y a quienes nos rodean, para hacer surgir una primavera en la vida de nuestras comunidades. La belleza que Dios quiere para nosotros está marcada por la paz, la esperanza, una fe viva, un respeto tierno por las personas vulnerables en medio de nosotros y por toda la vida humana, mediante uncompromiso confiado, decidido y sostenido de cuidar este hermoso mundo que Dios nos ha dado. Que el Espíritu de Dios abra nuestros ojos para ver verdaderamente Su presencia en los rostros de quienes nos rodean, para ayudarnos a responder a sus necesidades con renovada compasión y generosidad. En un mundo, todavía desfigurado por los pecados de la guerra, el aislamiento egocéntrico y el maltrato a tantas personas vulnerables, ustedes y yo servimos como las semillas de un nuevo comienzo, regadas desde el costado del corazón traspasado de Cristo, quien se ha entregado para la sanación de toda la creación. A veces, lo único que necesitamos es dar un paso por un nuevo camino, ¡y de repente todo cambia!■

23 de marzo, 2026
Nosotros, en Caridades Católicas del Este de Tennessee, Oficina de Servicios para Inmigrantes, hemos observado un número creciente de estafas relacionadas con la inmigración en nuestras comunidades. Estas estafas suelen utilizar indebidamente el nombre y el membrete oficial de Caridades Católicas, así como el membrete de agencias federales, para parecer legítimas y ganarse la confianza de personas vulnerables. Es importante que todos tengan cautela y se mantengan informados para que puedan reconocer y evitar estas actividades fraudulentas.
Los estafadores pueden enviar cartas, correos electrónicos o mensajes afirmando ofrecer servicios de inmigración, asistencia legal o procesamiento acelerado a cambio de un pago. También pueden decirle que debe pagar por trámites adicionales. Estas comunicaciones pueden parecer oficiales y convincentes, pero no son legítimas. Caridades Católicas no opera de esta manera, y las agencias federales tampoco lo hacen. Una de las señales de advertencia más comunes es la solicitud de pago a través de métodos no tradicionales o no seguros.
Caridades Católicas y las agencias federales no se comunicarán con usted a través de WhatsApp ni de ninguna otra plataforma de redes sociales. Caridades Católicas y las agencias federales no aceptan opciones de pago de persona a persona como Zelle, CashApp, PayPal y otras plataformas similares. Especialmente, no aceptamos tarjetas de regalo ni criptomonedas como forma de pago.
Para protegerse, nunca comparta información personal sensible, como su número de Seguro Social, estatus migratorio o detalles financieros con personas desconocidas o no verificadas. Si no está seguro de si una comunicación es legítima, tómese el tiempo para confirmarlo comunicándose directamente con Caridades Católicas utilizando la información de contacto oficial. El sitio web oficial de Caridades Católicas es ccetn.org.
Las oficinas de Caridades Católicas en el Este de Tennessee se encuentran únicamente en las siguientes direcciones:
• 119 Dameron Ave, Knoxville, TN 37917
• 5720 Uptain Road, Building 6100, Suite 4200, Chattanooga, TN 37411
• 302 Wesley ST. STE 2, Johnson City, TN 37601
Si alguien que dice representar a Caridades Católicas o a una agencia gubernamental se pone en contacto con usted, pero le indica una ubicación diferente, le solicita formas de pago inusuales o le pide que se comunique a través de canales no oficiales, debe proceder con precaución y denunciar el incidente. Caridades Católicas también ofrece consultas gratuitas.
Atentamente,
Michael Shao, Esq. BPR# 040622
EOIR: HH285984
Managing Attorney Office of Immigration Services mshao@ccetn.org / 865-770-5734








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