Skip to main content

abril 2026 La Cosecha

Page 1

La Pascua, la fiesta de los que se atrevieron a decir que SÍ

El amor lo conquista todo

Por P. Fernando Torres Lanause

J

esús dio su último grito de amor en una cruz y se quedó, para siempre, grabado en la historia, porque “nadie tiene mayor amor que aquel que da su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Al tercer día, en el tiempo de Dios, la luz brilló y aquellos que se habían marchado regresarían a la escena. Se había acabado el miedo, se había acabado la muerte y la falta de sentido. Él estaba más VIVO que nunca, amándolos, fortaleciéndolos y sosteniéndolos. Ellos volvieron y se quedaron para dar TESTIMONIO de la verdad más dulce, más intensa y auténtica: que ÉL les había dado la vida y que ahora valía la pena vivir toda la vida… las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, pues “si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.” (Romanos 14:8). La Pascua es el paso decisivo de la muerte a la vida. Es el paso que lo cambia todo, porque quien lo da ya no camina solo, ya no camina a oscuras. La Pascua es descubrir que la última palabra no la tiene la muerte, sino el Amor. Es pasar del miedo a la confianza, del pecado a la gracia, de la desesperanza a la certeza gozosa de que Dios cumple siempre sus promesas. Una vez más Él quiere hacerte parte de su fiesta; una vez más quiere recordarte que eres importante para Él y que por ti volvería a dar la vida; una vez más es PASCUA. Una vez más es LA FIESTA DE JESÚS, una vez más es la dulce MEMORIA de su entrega, de su lucha, de su esperanza. Y la Pascua es también vivir la fe. Porque la fe no es simplemente creer que algo sucedió hace dos mil años; la fe es dejar que ese acontecimiento te transforme hoy, aquí, ahora. Vivir la fe es levantarse cada mañana con la certeza de que el Resucitado camina a tu lado y de que cada gesto de amor que ofreces es un eco de aquella mañana gloriosa en la que el sepulcro

Por Blanca Primm

F

eliz Pascua de Resurrección! Esta es mi temporada favorita del calendario litúrgico: el tiempo Pascual. Me fascina como este tiempo, en el hemisferio norte coincide con la llegada de la primavera. Me alegra mirar las flores aparecer, como de la noche a la mañana, y crecer embelleciendo el paisaje, nuestros jardines y calles, especialmente en el este de Tennessee, donde la naturaleza es tan bella y palpable. Espero que su tiempo de Cuaresma haya permitido que su fe se fortalezca en anticipación y preparación para la gran fiesta de la Pascua. Un compromiso que hice en la Cuaresma fue empezar a leer un libro que me habían regalado hace más de diez años y que deseaba leer. Se llama “Testigos de Esperanza, del Cardenal Francis Xavier Nguyen Van Thuan”. ¡Se los recomiendo! Si bien estoy a la mitad del libro, he leído ya varios capítulos y está siendo una gran lectura espiritual para mí, sobre todo por el tiempo tan inestable en el que estamos viviendo, lleno de conflictos y detenciones injustas. El Cardenal Van Thuan, quien fue obispo coadjutor de la Arquidiócesis de Saigon, en Vietnam, fue detenido por el régimen comunista y destinado a vivir trece años en el confinamiento. Despojado de todo su ministerio episcopal, vestimentas y accesorios, que le recordaban su ministerio, el Cardenal sintió una gran soledad y dolor agonizante al estar separado de su comunidad y de los sacramentos. Pero fue su amor por Jesucristo y la Iglesia, y su gran fe y fidelidad a su vocación de obispo que a pesar de la situación tan difícil que atravesó por más de una década, presenció el poder de Dios actuando en su vida y transformando también la vida de los guardias y prisioneros que entraban en contacto con él. La esperanza de la resurrección del Señor constituye el corazón de la fe cristiana. No se trata simplemente de una idea abstracta o de una promesa futura desligada de la realidad presente, sino de una fuerza viva que transforma el modo en que el creyente enfrenta el sufrimiento, el tiempo y el sentido de su existencia. El Cardenal Van Thuan no esperó pasivamente una liberación futura; aprendió a vivir cada instante como un encuentro con Dios. Esta actitud revela una clave fundamental: la esperanza de la resurrección no consiste en evadirse del presente, sino en descubrir que Cristo resucitado está vivo aquí y ahora. Dios, aunque esté

escondido en un momento difícil no nos abandona. Para Van Thuan, el presente era el único lugar donde podía amar y cumplir la voluntad de Dios. No tenía control sobre el futuro ni podía cambiar el pasado, pero sí podía elegir amar en cada momento. Esta espiritualidad del “instante presente” transforma radicalmente la vida cristiana. La resurrección deja de ser solo un acontecimiento que celebramos en la liturgia para convertirse en una realidad que se hace visible en cada acto de amor, en cada gesto de entrega, incluso en las circunstancias más adversas. El cardenal solía insistir en que la santidad no se construye a partir de grandes obras extraordinarias, sino de la fidelidad en lo pequeño, en lo cotidiano. En prisión, esto significaba sonreír a sus guardias, compartir palabras de esperanza, celebrar la Eucaristía en secreto con unas gotas de vino y unas migas de pan, o simplemente ofrecer su sufrimiento con amor. En estas acciones aparentemente insignificantes se manifiesta la fuerza de la resurrección: la vida vence a la muerte, el amor supera al odio, la luz penetra la oscuridad. Un pilar de esperanza para el Cardenal Van Thuan fue la Palabra de Dios. En su libro, cuenta que usó unos papeles que las autoridades le habían dado para responder a unas preguntas, e hizo una pequeña libreta pequeña, donde escribió trescientas oraciones de la Sagrada Escritura que se acordaba de memoria, y que lo fortaleció y nutrió espiritualmente durante su encarcelamiento. La esperanza cristiana, vista desde esta perspectiva, está inseparablemente unida al amor. No es una espera pasiva, sino activa, creativa, capaz de transformar incluso el dolor en ofrenda. Amar en el presente es ya participar en la vida nueva de Cristo resucitado. Van Thuan enseña que hay que amar primero que todo; amar a cada persona; amar a nuestros enemigos; amar entregando hasta la vida, como lo hizo Jesús; y amar mediante el servicio. Comprendió que, aunque todo le fuera arrebatado, nadie podía quitarle la libertad interior de amar. Así, la resurrección del Señor no es solo una promesa de vida eterna, sino una invitación a vivir de manera nueva cada instante. Es la certeza de que el amor tiene sentido, incluso cuando no vemos resultados inmediatos; de que cada acto de fidelidad, por pequeño que sea, tiene un valor eterno; de que el sufrimiento, unido a Cristo, puede convertirse en fuente de vida. ■

DIANA MARTINEZ

“Ámense unos a otros como yo los he amado” Jn 15, 12

quedó abierto para siempre. El que deja entrar la Pascua en su corazón queda sumergido en una gran alegría que es el misterio del amor del Maestro. ¿Qué significa eso? Que esta fiesta no la puede celebrar cualquiera. Esta fiesta es para aquellos que están dispuestos a entregarlo todo, a lucharlo todo, a transformarlo todo, con autenticidad y con fe; esta fiesta es para aquellos que creen firmemente las palabras dichosas que el ángel Gabriel dijo a María: “porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37), es decir, esta fiesta es para los que se han atrevido a decirle que SÍ, como María; es para aquellos que no temen que Él les contagie la dicha del Reino; es para aquellos que un día descubrieron que Él era el centro, el amor, la razón, el sentido, el Señor de su existencia y ya no quisieron volver a su vida de antes; les gustó, les fascinó, y se arriesgaron a vivir Jesúsmente. Celebrar la Resurrección es vivir la Pascua. Es mirar la cruz y no ver derrota, sino victoria; es mirar el dolor y no ver el final, sino el comienzo de algo nuevo. Es atreverse a perdonar cuando todo invita al rencor, a esperar cuando todo parece perdido, a amar cuando el mundo dice que no vale la pena, hasta que toda nuestra existencia se convierta en un canto amoroso de Aleluya. Este año han llegado nuevamente los días más brillantes y felices: la PASCUA. Jesús está esperándote, para decirte Palabras de Vida Nueva, para Partir el Pan y ofrecerte su Vino; para abrazarte una vez más desde su Cruz; y para saciarte de ilusión, de paz y de luz, con su Resurrección. Vamos, ¡arriésgate! Será hermoso, profundo, sublime. Es PASCUA, es el PASO A LA LIBERTAD, a tu LIBERTAD. Decídete, entonces, a irte caminando detrás de Él, por la orilla del camino y cuando se vuelva y te pregunte: “¿Qué buscas”, sólo respóndele: “A Ti, Señor, a Ti y sólo a Ti, porque Tú eres lo mejor que me ha podido pasar”. ■ Mesa de San José Esta es la tradición que une a la comunidad hispana en Madisonville. El Padre Julius Abuh llevó a cabo la bendición de los panes en la parroquia San José Obrero. Decenas de familias se congregaron para presentar sus panes, muchos de los cuales fueron compartidos entre los asistentes. Esta bendición especial es una muestra vibrante de la fe y la generosidad que caracterizan a esta comunidad durante la fiesta en honor al esposo de la Virgen María, durante la Cuaresma.

Pensamiento de San Agustín "Cristo murió para que tú vivas" Por ti, Cristo aceptó ser crucificado, para enseñarte la humilidad. Él estaba vivo y tú estabas muerto. El murió para que tú vivas. Dios venció a la muerte para que la muerte no pudiera vencer a los seres humanos. (Comentario al Evangelio de S. Juan 2,4; 14,13) Parroquia y C.E.P. "Nuestra Señora del Consuelo, Lima, Perú"

Apostolado Hispano Católico Blanca Primm, directora Rocio Melendez, asistente administrativa Selene Mayorga, coordinadora de La Cosecha T 865-637-4769, F 865-584-7538 E-mail: lacosecha@dioknox.org www.dioknox.org, FB: lacosechaDOK

Procedimiento de la Diócesis de Knoxville para reportar casos de abuso sexual Cualquier persona que tenga conocimiento real o que tenga una causa razonable para sospechar de un incidente de abuso sexual debe reportarlo a las autoridades civiles apropiadas, y al Centro McNabb, nuevo coordinador de asistencia para víctimas de acoso sexual de la diócesis de Knoxville, al número de teléfono para denuncias (865) 3219080. ■


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
abril 2026 La Cosecha by Diocese of Knoxville - Issuu