Skip to main content

Historia

Page 1


El Dr. Bobby Charlton es el mejor neurocirujano de este mundo. Ha ganado miles y miles de trofeos por ser el mejor doctor que este mundo ha visto. La dedicación y el talento lo han visto hacer las cirugías más difíciles y en condiciones imposibles, salvando a personas con pocas posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, con su conocimiento y precisión, ha salvado muchas vidas y el suyo propio, ganándose así el respeto de las personas que lo rodean y de la medicina.

En la calle Aconcagua, en Santiago, Chile, se encuentra un lugar peculiar, entre dos casas con un aire misterioso. Aquí es donde ocurrió un crimen que aún mantiene a la gente pensando en que pasó.

Todo comenzó una tarde oscura, cuando el mejor amigo de Bobby Charlton, Hojlund notó algo extraño. Mientras caminaba cerca de las dos casas, vio una sombra moverse detrás de una de las ventanas. No pensó mucho en lo que había pasado al principio, pero algo en la atmósfera le hizo sentir que algo no estaba bien. Los rumores sobre cosas extrañas que habían pasado en la calle ya eran comunes, pero esa noche, algo parecía diferente. El crimen, aún sin esclarecer, había comenzado a dejar sus primeras huellas.

Un día Bobby Charlton llamó a su mejor amigo, Didier Drogba, un cálido lugar de trabajo macabro. Charlton, un famoso neurocirujano en su comunidad de East Sacramento, solía correr con su Grupo de la Montaña a través de la espinilla. La policía sospechó de Bobby, pero Hojlund quería demostrar que su amigo era inocente. Investigó y descubrió que Drogba tenía problemas financieros y que alguien lo estaba amenazando. Además, encontró documentos en su oficina que revelaban que Drogba estaba a punto de exponer un fraude multimillonario en su propia empresa. Buscaron las imágenes del circuito cerrado de una cámara de seguridad y i j b i

Hojlund y Bobby se encontraron en la casa para hablar del caso.

—Bobby, esto no tiene sentido. No fuiste vos, pero la policía sigue pensando que podrías haberlo hecho dijo Hojlund preocupado. —Lo sé, pero no tengo nada que ver, solo puedo esperar a que encuentren a la persona que realmente mató a Drogba contestó Bobby resignado. No podemos esperar más, tenemos que hacer algo. Tienés que ver estos documentos que encontré en la oficina de Drogba, parece que estaba investigando un fraude. —¿Un fraude? Esto podría cambiar todo especialmente la muerte de Drogba… Quién más sabía de esto? —preguntó Bobby con la cara pegada a los documentos .

Hojlund decidió investigar. Al día siguiente, logró contactar a un antiguo socio de Valdivia que le confesó que la secretaria de Valdivia, Marcela, había estado actuando de forma muy extraña.

¿Te parece que ella pudo haber sido? preguntó Hojlund. —No lo sé, pero es lo primero que se me vino a la cabeza — respondió el exsocio.

Con esta pista, Hojlund y Bobby conversaron con la esposa de Valdivia. Ella le dijo que efectivamente, esa noche, Marcela llegó a la casa de Drogba y se fue casi corriendo. A pesar de esto, la policía no tenía pruebas suficientes para lograr que la pareja de Valdivia quedara detenida. Hojlund decidió interrogarla.

—Marcela, sabemos que fuiste la que entraste a la casa de Valdivia esa noche del crimen —lo confrontó Hojlund. —Qué? No, eso es imposible respondió ella nerviosa. Te vieron las cámaras insistió Hojlund.

Marcela intentó negarlo, pero su expresión cambió cuando se le mostró la grabación. Su rostro empalideció y comenzó a temblar.

—Vale… Fui a verlo esa noche, pero no lo maté —dijo, con la voz entrecortada. — ¿Entonces qué pasó? —preguntó Bobby. —

Valdivia descubrió lo del fraude. Me amenazó con ir a la policía… y yo… solo quería asustarlo, pero las cosas se me fueron de las manos —reconoció, llorando.

Marcela le había echado una dosis letal en la copa a Valdivia. La policía la detuvo a ella y Bobby fue declarado inocente.

Todo parecía tener sentido, pero Hojlund comenzó a sospechar que Marcela no había obrado sola. En un segundo vistazo a los documentos de Valdivia, encontró correos electrónicos que indicaban que otra persona participó en el fraude: un alto directivo de la empresa, Ricardo Mena.

Bobby, esto no ha terminado. Creo que Ricardo Mena estuvo involucrado le dijo Hojlund. —¿Tienes pruebas? —preguntó Bobby. —No aún, pero si presionamos a Marcela, tal vez hable —dijo Hojlund, decidido.

Decidieron compartirlo con la policía y les dieron las pruebas. A Marcela, cuando la volvieron a interrogar, al principio se negó a hablar, pero al mencionarle a Ricardo Mena, su gesto cambió.

Yo no fui sola... Ricardo me necesitaba. Dijo que si no hacía nada para detener a Valdivia, él se encargaría de todo eso —confesó con pavor.

Y con aquella declaración, la policía arrestó a Ricardo Mena, quien intentó negarlo todo, pero con la confesión de Marcela y los documentos recuperados no pudo escapar.

Días más tarde, Bobby y Hojlund se sentaron en una cafetería a conversar sobre lo acontecido. —Gracias, Hojlund. Sin tu ayuda, yo seguiría siendo un sospechoso —dijo Bobby con gratitud. Siempre supe que tú eras inocente. La verdad no podía quedar sin decirse —repuso Hojlund con una sonrisa.

La noticia de que el caso había llegado a su esclarecimiento resonó en toda Santiago. Ante el descubrimiento de los hechos, la comunidad premió con un suspiro de alivio, aunque su corazón seguía inquieto. Se había hecho justicia, pero el misterio de la calle Aconcagua estaba cerrado.

—¿Todavía crees que hay algo más en la calle Aconcagua? —preguntó Bobby pensativo.

—Seguramente hay más —respondió Hojlund.

Y si en cierta ocasión hay que resolver otro misterio, ya sabes a quien ir a ver dijo Hojlund, con una mueca en la boca.

Bobby rió y levantó la taza de café en un brindis.Cerrar ya la historia, pero ambos sabían que el misterio nunca desaparece del todo. En la calle Aconcagua, las sombras se seguían moviendo tras las ventanas en espera de la siguiente historia que contar.

Pero ignoraban que había alguien más que a ellos los observaba desde una mesa cercana. Un hombre de imprecisa figura pasaba las hojas de un periódico donde se contaba la historia del caso; su rostro se cubría bajo la sombra del sombrero. Cuando los dos amigos se fueron de la cafetería, el hombre dejó una nota sobre la mesa y desapareció entre las personas que pasaban.

Sobre la hoja de papel había una sola frase: "Esto no ha terminado".

Bobby se detuvo un instante al salir y miró a su alrededor. Un escalofrío le corrió espina abajo, pero no vio nada que no fuera habitual. Hojlund le dio una palmada en el hombro. —Vámonos. Santiago siempre tiene más misterios que ofrecer. Bobby guardó la nota en el bolsillo sin decir palabra.

El genial neurocirujano Bobby Charlton está pasando por un mal momento en Aconcagua Street. Con su amigo Hojlund, está tratando de desentrañar secretos, estafas y un tejido de mentiras. Pero cuando adivinan la verdad, surge una pregunta más y empiezas a sentir que hay otro misterio por resolver.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Historia by Domingo Sanhueza Year 9 - Issuu