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VANIDADES AMANDA

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Seguro la conociste como chica pesada y ahora la verás como líder de un culto, pero, en la vida real, Amanda Seyfried ha evitado interpretar roles de víctima. Diagnosticada desde los 19 años con trastorno obsesivocompulsivo, la actriz busca normalizar la conversación sobre salud mental.

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VANIDADES DE LA MODA

¡Prepárate para la primavera! Descubre cuáles serán las mejores tendencias para vestir durante los días soleados.

BELLEZA

Mientras las celebridades ultiman detalles para deslumbrar en los premios Óscar, te compartimos sus trucos y cuidados.

REALEZA

Más allá de la corona y de los títulos nobiliarios, la influencia de estas mujeres está cambiando el rumbo de la historia.

CELEBRIDADES

De ser el referente del latin lover a ser denunciado por abuso, ésta es la delicada situación de Julio Iglesias.

ILUSION OPTICA

Filósofa de profesión y diseñadora de oficio, la visión única de Elsa Schiaparelli transformó la moda en arte.

EIsa Schiaparelli hilvanó con genialidad el mundo de la moda y el arte, creando piezas que, a la distancia, siguen siendo llamativamente irreverentes y sofisticadamente disruptivas. Hablamos de creaciones icónicas como el sombrero en forma de zapato y el vestido langosta (inmortalizado por la lente de Cecil Beaton y usado por la duquesa de Windsor, Wallis Simpson).

Si hablamos de la mujer, Elsa nació en Roma en 1890; su padre fue astrónomo y su madre pertenecía a la aristocracia. Estudió filosofía y publicó un libro de poesía erótica, por lo que la enviaron a un convento. Tras realizar una huelga de hambre, salió libre y se mudó a Londres. Ahí conoció al conde William de Wendt de Kerlor, con quien se casó (aunque más tarde la abandonó por la bailarina Isadora Duncan).

Pero si nos referimos al mito, Schiaparelli se separó de su esposo por infidelidad y buscó cómo mantenerse a sí misma y a su hija, Maria Luisa Yvonne Radha de Wendt de Kerlor. Instalada en París, bien conectada con los círculos vanguardistas de la ciudad y apadrinada por el modisto Paul Poiret, decidió lanzar su propia firma de moda en 1927. Sus creaciones introdujeron el surrealismo en la moda e inmediatamente su propuesta resonó en el estilo de personalidades como Marlene Dietrich, Mae West y Zsa Zsa Gabor.

Ahora, para hablar de la artista, está la nueva exposición Schiaparelli: Fashion Becomes Art, que se inaugura este mes en la Galería Sainsbury, del Victoria & Albert Museum, en Inglaterra. La muestra, que abre sus puertas de marzo a noviembre, ofrece un recorrido por el legado de la creadora a través de más de 200 objetos. Su desbordante ingenio se aprecia en prendas, accesorios, joyas, esculturas, muebles y perfumes, así como en material de archivo. Toda una historia que se mantiene viva, pues, aunque la casa cerró en 1954, reabrió sus puertas en 2012 gracias a que el empresario italiano Diego Della Valle adquirió los derechos de la marca. En 2017, la firma consiguió la distinción de Alta Costura y su legado sigue evolucionando bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry.

Elsa Schiaparelli colaboró con artistas de la talla de Salvador Dalí y Jean Cocteau.
Irina Shank y Bella Hadid lucen piezas de alta costura, obra de Daniel Reseberry, director creativo de Schiaparelli.

TRAGEDIAS Y LEYENDAS

Estás

1. Gene Hackman y Betsy Arakawa. 2. Rob Reiner y Michele Singer. 3. Cory Monteith. 4. Matthew Perry. 5. Michelle Trachtenberg. 6. Naya Rivera. 7. Liam Payne. 8. Mark Salling.

Hollywood siempre ha sido sinónimo de glamour. Sin embargo, tras las luces y las alfombras rojas se esconden historias marcadas por el misterio y por finales imposibles de olvidar. La muerte de algunas estrellas que parecían intocables ha dejado interrogantes que aún alimentan rumores, teorías y titulares impactantes. Repasamos algunos de los desenlaces que han sacudido a la industria del espectáculo en los últimos meses.

DRAMAS FAMILIARES

La muerte del legendario intérprete Gene Hackman, a los 95 años, y la de su esposa Betsy Arakawa, en febrero de 2025, dejó al mundo sin palabras. Sus cuerpos fue ron hallados en su residencia de Santa Fe, Nuevo México, con signos de momi ficación parcial, lo que indicaba que habían pasado varios días sin ser encontrados.

La investigación determinó que Arakawa, pianista de 65 años, falleció primero a cau sa de un síndrome pulmonar provocado por hantavirus, transmitido por excremen tos de roedores, tras detec tarse nidos en la vivienda. Hackman murió una sema na después por complicacio nes cardiacas, agravadas por un Alzheimer avanzado, lo que sugiere que, quizá, nunca fue conciente del fallecimiento de su esposa.

Un detalle escalofriante fue el ha llazgo de Zinna, una de sus perras, muerta por inanición dentro de una jaula en un armario del baño, cerca del cuerpo de Arakawa. Aunque Gene y Betsy llevaban más de tres décadas jun tos y vivían alejados del foco mediático, él tenía tres hijos de su primer matrimo nio, con quienes mantenía una relación distante. Tras conocerse que el actor

había dejado su fortuna a Betsy, sus hijos iniciaron una batalla legal por el legado, estimado en 80 millones de dólares, según el New York Post, abriendo un capítulo legal tras la tragedia. Aún más sorprendente fue el caso de violencia familiar que envolvió al famoso cineasta Rob Reiner, quien fue el creador de clásicos como When Harry Met Sally o The Wolf of Wall Street, y a su esposa Michele Singer, fotógrafa y productora. En diciembre de 2025, ambos fueron hallados sin vida en su casa de Brentwood, California, con múltiples heridas de arma blanca. El principal sospechoso resultó ser su hijo Nick Reiner, de 32 años,

Gene Hackman vivió sus últimos años alejado del foco mediático, junto a su esposa Betsy Arakawa, quien fue su gran apoyo por más de tres décadas.

detenido por asesinato en primer grado. Detrás de la imagen de familia perfecta se ocultaban graves tensiones: Nick sufría problemas de adicción y salud mental. De hecho, la noche previa al crimen habían asistido a una fiesta navideña donde, según testigos, se produjo una fuerte discusión entre padre e hijo. Al día siguiente, Romy Reiner, hija del matrimonio, acudió a la vivienda al no poder contactarlos y dio la voz de alarma. Según TMZ, Nick sufre delirios, se considera víctima de una conspiración y no comprende por qué está detenido. Su abogado, Alan Jackson–en tre cuyos clientes se encuentran Harvey Weinstein y Kevin Spacey–, renunció al caso en el Tribunal Superior de Los Ángeles y fue sustituido semanas después por uno de oficio: Kimberly Greene. De acuerdo con The New York Times, “esto puede suge rir que la familia Reiner –Nick tiene dos hermanos: Jake, de 34 años, y Romy, de 28–se ha distanciado del acusado y de su caso judicial, al menos econó micamente”. Al cierre de esta edición, estaría ocurriendo la comparecencia de Nick ante la justicia estadounidense y, de acuerdo con el diario, si es declarado culpable, podría en frentarse a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional o a la pena de muerte.

ÉXITO, ADICCIONES

Y FINALES PREMATUROS

La fama y el reconocimiento no siempre van de la mano del equilibrio emocional. El éxito puede convertirse en una carga dificil de sostener, en especial cuando se suma la presión mediática y el acceso ilimitado a sustancias. Así fue el final de Matthew Perry en octubre de 2023, que dejó en shock a millones de seguidores de la serie Friends. El actor, inolvidable como Chandler Bing, tenía 54 años cuando fue hallado sin vida en el jacuzzi de su casa de Los Ángeles. Lo que inicialmente se consideró un trágico accidente acabó revelando una historia más oscura: Perry falleció a causa de una sobredosis de ketamina, que le provocó la pérdida de consciencia y el posterior ahogamiento. Aunque su muerte fue catalogada como accidental, la investigación destapó una red de negligencias. Se imputó a cinco personas, incluida su asistente y dos médicos, por suministrarle la

sustancia irregularmente. En 2025, dos personas se declararon culpables, entre ellos una mujer conocida como la “reina de la ketamina”. Perry había hablado abiertamente de sus adicciones y aseguraba sentirse “sobrio y agradecido por seguir vivo”, aunque en sus memorias confesó que no le sorprendería morir joven. Su fallecimiento reabrió el debate sobre el uso terapéutico de la ketamina y dejó claro que la fama no siempre protege de las tragedias. Algo similar ocurrió el 16 de octubre de 2024 en Buenos Aires, Argentina. Liam Payne, exintegrante del grupo One Direction, falleció a los 31 años tras caer desde el balcón del hotel donde se hospedaba. La autopsia confirmó politraumatismo craneal y hemorragias internas, además de la presencia de alcohol y drogas en su organismo. Aunque la mecánica de la caída quedó clara, las circunstancias previas siguen generando dudas, pues nunca se supo cómo consiguió las sustancias ni se logró esclarecer si se trató de un accidente o de un acto intencional. Payne atravesaba una etapa frágil, marcada por sus

La muerte de Matthew Perry causó una profunda tristeza y reavivó el debate sobre las adicciones y la presión asociada a la fama.

luchas contra las adicciones y la presión de una fama temprana. Además, en ese momento se encontraba solo, ya que su pareja, Kate Cassidy, había regresado a Estados Unidos dos días antes, lo que alimentó especulaciones. Todo su patrimonio fue destinado a su hijo Bear Grey, nacido en 2017 de su relación con Cheryl Cole, quien hoy administra la herencia junto a un abogado. La investigación oficial británica se ha pospuesto hasta mayo de este año para permitir la traducción completa de los informes y declaraciones de testigos en Argentina, lo que proporcionará un cierre formal al caso.

TRAGEDIAS INESPERADAS

La muerte de Naya Rivera (1) en 2020 se convirtió en uno de los episodios más conmovedores ligados al universo de Glee. La actriz y cantante, de 33 años, se ahogó accidentalmente en el lago Piru, en California, tras salvar

la vida de su hijo de cuatro años. Madre e hijo nadaban desde una embarcación alquilada cuando Naya notó que el bote se alejaba. Logró subir al pequeño a bordo, pero ella ya no tuvo fuerzas al quedar atrapada en la vegetación. El niño relató cómo vio desaparecer a su madre bajo el agua. Su cuerpo fue encontrado días más tarde. Su partida reavivó la llamada “maldición de la serie Glee”, que desde 2013 ha estado marcada por la muerte de Cory Monteith (2) por sobredosis; el suicidio de Mark Salling (3), tras ser condenado por pornografia infantil, y las denuncias de racismo que recibió Lea Michele (4). Una serie que celebraba la superación terminó asociada a una cadena de tragedias. Pero febrero de 2025 trajo otro golpe para Hollywood con la muerte de Michelle Trachtenberg, recordada por sus interpretaciones en Buffy, la cazavampiros y Gossip Girl. La actriz tenía 39 años y fue encontrada sin vida por su madre en su apartamento de Manhattan. En un inicio, su fallecimiento se percibió como un misterio, ya que la familia rechazó la realización de una autopsia. Semanas antes, Michelle aseguraba en redes sociales sentirse “sana y feliz”. Posteriormente, el informe oficial confirmó que murió a causa de complicaciones derivadas de la diabetes, agravadas por un reciente trasplante de higado, problemas de salud que nunca había compartido públicamente. Durante los meses previos, sus seguidores habían mostrado preocupación por cambios evidentes en su aspecto fisico, como una notable pérdida de peso y palidez, pero ella negó atravesar dificultades médicas. Tras su muerte, su amiga Amanda de Cadenet reveló que Michelle era consciente de que la muerte era una posibilidad, pero vivía con esperanza, dejando claro que la fragilidad también puede estar oculta detrás de la fama. El éxito no inmuniza contra la soledad, la enfermedad ni los demonios internos. Detrás de cada rostro conocido hay una vida expuesta a los mismos riesgos que cualquier otra. Y aunque algunas respuestas llegan con el tiempo, muchas dudas quedan suspendidas, alimentando un halo de misterio que sigue estremeciendo al público.

Michelle Trachtenberg fue una estrella juvenil y un icono televisivo; su inesperada muerte conmocionó a toda una generación.

CAYETANA DE ALBA

UN SIGLO DE HISTORIA

Entre palacios, guerras, amores imposibles, arte, escándalo y libertad, Cayetana convirtió su vida en una leyenda profundamente española y absolutamente propia. Fue protagonista de su tiempo y autora de su propio mito.

Hay nombres que nacen para la piedra y aquellos que nacen para la vida. El de Cayetana fue ambos. Bastaba mencionar su nombre para que España entera supiera de quién se hablaba. No hacía falta apellido ni titulo ni explicación.

La incomparable duquesa de Alba transitó el siglo XX con la historia sobre los hombros y la libertad en la mirada. Fue aristocrata sin rigidez, popular sin cálculo y europea sin perder su arraigo a Sevilla. Mientras el mundo cambiaba de guerras a democracias, de dictaduras a modernidades, Cayetana atravesó todo con una mezcla de orgullo, dolor, belleza y una manera de vivir que jamás pidió permiso.

SU SANGRE, SU DESTINO.

Cayetana de Alba nació en Madrid, en el Palacio de Liria, el 28 de marzo de 1926. No nació en una casa: sino en un archivo vivo de la historia de España. Desde la cuna estuvo rodeada de retratos de antepasados, documentos valiosos y cuadros centenarios. Su nombre completo parecia una genealogia dicha sin respirar: Maria del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva. Cada nombre era un padrino, una devoción, una alianza, una memoria. Y es que, en su mundo, su nombre no fue identidad, sino historia. Pero ella eligió llamarse simplemente Cayetana. Mientras que la Casa de Alba nació en el siglo XV con los reyes católicos y caminó junto a la historia de España y el imperio, las dinastias de Austrias y Borbones, guerras, diplomacia, arte y poder. Fueron siglos de matrimonios estratégicos, herencias sin varón y extinción de linajes que concentraron decenas de titulos en una sola sangre. Pero Cayetana no los acumuló: los heredó. Ella tenía más de 40 titulos, reconocidos incluso por el Récord Guinness, un dato que a ella le divertía mucho. La duquesa pensaba que los titulos no hacen a la persona, pero si la obligan. La historia de su apellido comenzó lejos de España. James Stuart, hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra y Escocia, tuvo que huir tras la caída de su pa dre; vagó por Europa hasta que España lo acogió, sirvió

a Felipe V como militar brillante y fue recompensado con los títulos españoles Berwick y Liria. Así nació la rama Fitz-James Stuart dentro de la nobleza española. Con los siglos, esa sangre inglesa se mezcló con la aristocracia peninsular. Por herencias y matrimonios, los Fitz-James Stuart heredaron finalmente el ducado de Alba. No fue un salto: fue una lenta cadena de alianzas, muertes sin herederos varones y destinos que se iban concentrando. Por eso Cayetana era Alba y también Stuart. En su sangre convivian Sevilla y Escocia, los reyes católicos y los Estuardo.

En el siglo XIX hubo dos hermanas que marcaron su destino antes de que ella naciera: María Francisca de Sales Portocarrero, “Paca”, XVI duquesa de Alba, y su hermana menor, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia.

Así, mientras Eugenia reinaba en Paris junto a Napoleón III, Paca gobernaba el ducado en España. Dos mujeres, dos formas de poder. Paca fue bisabuela de Cayetana y Eugenia, su tía abuela. En su sangre

vivian ambas: la duquesa y la emperatriz. En su casa, Eugenia de Montijo no era

historia lejana: era leyenda intima.

La madre de Cayetana fue María del Rosario de Silva y Gurtubay, una mujer muy elegante, discreta y profundamente unida a su hija, quien murió de tuberculosis cuando la pequeña tenía sólo ocho años. La enfermedad fue lenta y la niña la vio apagarse poco a poco. Desde entonces, Cayetana fue una chiquilla solitaria que jugaba en palacios enormes. Siempre dijo que esa pérdida la volvió fuerte por fuera y frágil por dentro. Ella aprendió a no depender, pero nunca dejó de buscar amor.

Su padre, Jacobo Fitz-James Stuarty Falcó, XVII duque de Alba, fue un diplomático brillante, embajador en Londres y París. Él la adoraba, sin duda, pero viajaba sin parar, así que decidió que su hija no sería frágil y la dotó de conocimiento, idiomas, música, arte y viajes. Además, Cayetana fue bautizada con dos padrinos reales: Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Así fue como creció entre salones inmensos y silencios largos. Fue niña y heredera al mismo tiempo.

LA GUERRA, EL EXILIO Y LONDRES

Su hogar, el Palacio de Liria, construido en el siglo XVIII por los duques de Berwick y Alba, era símbolo del poder ilustrado. Allí convivian cartasde Colón, documentos de los reyes católicos y obras de Goya, Rubens, Velázquez y Tiziano. Y aunque durante la Guerra Civil fue bombardeado y quedó casi destruido, la familia logró salvar archivos y cuadros. Reconstruir Liria fue reconstruir la memoria. Cayetana decía que aprendió a leer mirando esos icónicos retratos. Pero la guerra le llegó siendo niña y su familia huyó a Francia, para luego arribar a Inglaterra. Londres fue su escuela emocional y es que en esa época Cayetana vivió entre sirenas, apagones, racionamientos y refugios. Aprendió a no temblar por fuera, aunque por dentro sentía un terremoto de emociones. También fue un tiempo en el que conoció el mundo, pues su padre solía llevarla a recepciones; asimismo, aprendió idiomas, política y cultura internacional. Incluso coincidió en círculos cercanos a la futura reina Isabel II. La guerra la volvió fuerte y aprendió que todo se puede perder en un instante.

UNA DUQUEZA ENAMORADA

Años más tarde, en Sevilla, Cayetana se enamoró del torero Pepe Luis Vázquez. Él era ídolo del pueblo; ella, la joven duquesa más deseada. El amor fue real, intenso. Pero una duquesa no podia casarse con un torero. La presión social los separó. Pepe Luis se retiró joven y vivió con dignidad. En sus memorias, Cayetana mencionó que fue uno de los grandes dolores de su vida. Después de aquel amor imposible, comprendió su destino. Su padre no actuó como tirano, sino como heredero de una lógica histórica: la duquesa de Alba debía casarse con alguien que pudiera sostener un nombre y una herencia.

Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, hijo del duque de Sotomayor, pertenecia a una de las familias nobles más antiguas de España. Era serio, discreto, hecho para sostener casas grandes. Cayetana y Luis se casaron en 1947 en la Catedral de Sevilla. Fue la boda del siglo. Sevilla se llenó de flores y multitudes

que gritaban sus nombres. Tuvieron seis hijos: Carlos (1948), Alfonso (1950), Jacobo (1954), Fernando (1959), Cayetano (1963) y Eugenia (1968). La casa fue un torbellino de niños, flamenco, toreros e intelectuales. Luis era el equilibrio. Cayetana, el huracán. Pero Luis enfermó durante largo tiempo y ella lo cuidó en silencio. Murió en 1972. Cayetana quedó viuda a los 46 años con seis hijos y una herencia inmensa.

Después de Luis, conoció a Jesús Aguirre, exsacerdote jesuita, editore intelectual, y se enamoraron hablando de libros. Cuando anunciaron su boda en 1978, España se escandalizó, pero fue uno de los matrimonios más profundos de su vida. Jesús modernizó la Casa de Alba e impulsó exposiciones. Cayetana dijo que con él habia aprendido a pensar distinto. Jesús Aguirre murió en 2001.

Su única hija, Eugenia Martínez de Irujo, nació en 1968. Todos sus hijos la llenaron de ilusión enormemente.
Cayetana, en el palacio de Liria, con su primer marido, Luis Martínez de Irujo, y sus hijos Fernando Jacobo, Carlos y Alfonso

El exsacerdote

jesuita Jesús Aguirre fue el segundo esposo de

en

Al final de su vida, Cayetana se enamoró de Alfonso Díez, a quien conoció en ambientes sociales de Madrid. Alfonso era funcionario del Estado, discreto, ajeno a la aristocracia. Tras la muerte de Jesús, Cayetana atravesó años de soledad, entonces Alfonso apareció como una compañía tranquila. Cuando anunciaron su boda en 2011, estalló la polémica: él era más joven, no era aristócrata, así que los hijos de la duquesa de Alba dudaban de sus intenciones. Ella respondió repartiendo su herencia en vida. Quería dejar claro que Alfonso no se casaba con su fortuna, sino con ella. Se unieron en matrimonio en Sevilla, y ella, ya anciana, disfrutó bailando flamenco, una de las grandes pasiones de su vida. Entonces dijo que no queria morirse sin haber vivido ese amor, y cumplió su deseo.

ADIÓS A UN ICONO ETERNO

La duquesa de Alba administró palacios como Liria, Las Dueñas, Monterrey, Piedrahita y El Carpio. Su fortuna venía de tierras, ganaderia, arrendamientos urbanos, patrimonio artístico y turismo cultural. Pero fue mucho más que rica. Cayetana fue un icono. Nadie se vestia como ella y nadie envejecía como ella. Y entonces convirtió su apellido en una marca viva.

la duquesa de Alba. Ambos posan
su casa en Marbella.
Su ultimo amor fue Alfonzo Díez, Quien finalmente fue aceptado por los hijos de Cayetana como uno más de la familia. Se casaron en 2011.

En sus memorias Yo, Cayetana reflexionó sin máscaras de su infancia solitaria, la muerte de su madre, el amor imposible por Pepe Luis, su miedo a la soledad, su carácter difícil y su hambre de libertad. Dijo que había vivido como había querido y eso tenía un precio. Pero Cayetana nunca se arrepintió. La duquesa de Alba falleció en Sevilla, a los 88 años, en la ciudad que eligió su amor definitivo. Murió en su casa, rodeada de patios, flores, retratos antiguos y siglos de memoria. No se fue lejos de lo que había sido su mundo, se fue dentro de él. Cuando se anunció su muerte, España hizo algo poco común: guardó respeto. Miles de personas hicieron fila durante horas para despedirla. No iban por

10 curiosidades de Cayetana

1. El Récord Guinness la reconoció como la persona con más titulos nobiliarios vigentes. Tenía más de 40 títulos oficiales.

2. Por tradición histórica, la duquesa de Alba tenía el privilegio simbólico de no arrodillarse ante el Papa y entrar a cualquier lugar de Sevilla sin identificación.

3. Aprendió a leer mirando retratos. Decía que de niña “leía” los cuadros del Palacio de Liria como si fueran cuentos: cada rostro le contaba una historia.

4. Bailó flamenco hasta el final y lo hizo en público incluso en su última boda, donde sorprendió bailando sevillanas.

5. Era poliglota. Gracias a su padre diplomático, creció hablando español, francés e inglés con naturalidad.

6. Fue amiga de artistas, toreros e intelectuales. Se movía igual de cómoda entre aristocratas que entre pintores, escritores, toreros y flamencos.

7. Tenía fama de vestirse sin pedir permiso. Mezclaba alta costura con trajes de gitana, flores en el pelo y collares exagerados. No siguió reglas de estilo.

8. Dormía poco. Prefería leer, hablar o escuchar música.

9. Distribuyó su herencia en vida por amor. Antes de casarse con Alfonso Díez, repartió su patrimonio entre sus hijos para que nadie dudara de su amor.

10. Le temía a la soledad. En sus memorias confesó que lo que más temía no era la muerte, sino estar sola.

protocolo, iban porque sentían que se iba alguien que les pertenecía sin haberles pertenecido nunca. Su funeral en la Catedral de Sevilla fue sobrio y solemne. No hubo espectáculo, sólo silencio, ese que se guarda para las figuras que ya no necesitan demostrar nada. No sólo se despidió a una duquesa, sino una forma de ser mujer sin pedir permiso, una manera de envejecer sin esconderse y de vivir sin ofrecer disculpas. Cayetana no fue estatua, fue presencia. No fue recuerdo quieto, sino historia viva. Y por eso, cuando hoy se pronuncia su nombre, no suena a pasado, sino a algo que todavía camina por nuestra memoria.

En sus memorias. Cayetana retrató sus amores y tragedias, su trabajo por la Casa de Alba, su papel de madre, y su intensa vida social.
Shondaland TM Shondaland
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