Este proyecto no hubiera sido posible sin el apoyo y la colaboración de todas las personas que formaron parte del proceso. Agradecemos al programa que hizo posible este espacio por impulsar el encuentro, el aprendizaje y la creación compartida.
A las maestras y compañeros de distintas carreras del ITESO, por su compromiso, disposición y trabajo en equipo a lo largo de todo el proyecto.
A los grupos de CEMAM, CETAM y Foro Cometa, por abrirnos sus espacios, su tiempo y, sobre todo, por su confianza para compartir experiencias y construir juntos.
Al ITESO, por fomentar este tipo de proyectos que conectan realidades y generan aprendizaje más allá del aula.
Este trabajo es el resultado de un esfuerzo colectivo y de todos los encuentros que lo hicieron posible.
Jimena Valeria Isais López
Ximena Montserrat García Rodríguez
Sara Salazar Vega
María Fernanda Sotelo Heded
Fotografías y Redes
Katia Arvizu Chávez
María de Monsterrat Covarrubias de
La Mora
Veronica Atzhiry Mendoza López
Alondra Johana Mora García
Docentes PAP
Sharinna Aguilar Ayala
Lilia Gabriela Esparza Valencia
Mariana Salazar Castillo Asesores
José Roberto Sánchez Olvera
Álvaro Valadez Ramírez
Vestuario
Mariana Bayardo Hernández
Regina Cuenca Jiménez
Cristina Espindola Gosset
José Antonio García Hernández
Estelle Ramírez Gómez
Organización y Actividades
Paloma Fernández del Valle Valencia
Paula Gutiérrez Hernández
Danna Paulina Nigó Ruíz
Susana Paola Nuño Gudiño
CARTA EDITORIAL
En esta cuarta edición de Ancestro celebramos, una vez más, la fuerza que surge cuando las generaciones se encuentran. Desde el PAP Hilando Generaciones y Moda, continuamos impulsando la participación activa de las personas mayores, promoviendo su bienestar, su creatividad y su presencia en los espacios sociales y culturales.
Este ciclo estuvo lleno de creación, exploración y descubrimiento. Cada actividad abrió un espacio para la confianza, la alegría y la convivencia, reafirmando un enfoque fundamental: reconocer a las personas mayores no como parte del pasado, sino como sujetos actuales, visibles y activos en la construcción de nuestra cultura.
Además, se trabajó con material artístico a través de la creación de vestuario para el grupo de baile de alto rendimiento Candela y Tumbao A.C., experiencia que fortaleció el diálogo intergeneracional desde la práctica creativa y escénica.
Los artículos que conforman este número reflejan esa vitalidad. La belleza en lo cotidiano, la transformación de la autopercepción, la capacidad de reinventarse y la importancia del movimiento nos recuerdan que la edad no es un límite, sino una posibilidad reafirmando que siempre hay algo nuevo por aprender, vivir y disfrutar.
Ancestro continúa siendo un puente entre generaciones: un espacio para escucharnos, crear y reconocernos. Gracias por acompañarnos en este proyecto que sigue hilando historias, experiencias y afectos.
SALA 1: INTERSECCIONES
ÍNDICE
Un espacio donde las edades no se separan, se cruzan. A través de retratos intervenidos, miradas y fragmentos se mezclan para mostrar que la identidad no pertenece a un solo momento, sino a la superposición de muchos tiempos que conviven.
SALA 3: EL CUERPO COMO ESCENARIO
El cuerpo como espacio de expresión y presencia. A través del movimiento, las formas y las siluetas, se explora cómo la identidad se habita y se comunica sin necesidad de palabras, mostrando que el cuerpo también cuenta lo que somos.
SALA 2: MATERIA Y MEMORIA
La creación entendida como un proceso vivo. Aquí, los materiales, las texturas y los gestos revelan cómo la memoria no se queda en el pasado, sino que se transforma en algo presente. Cada detalle muestra el valor del hacer, del tiempo invertido y de lo que se construye en conjunto.
CRÉDITOS Y AGRADECIMIENTOS
Un cierre que reúne los nombres, colaboraciones y aportes que dieron forma al proyecto, reconociendo el trabajo colectivo detrás de cada proceso. Este espacio visibiliza a quienes, desde distintas áreas, hicieron posible su realización, destacando la suma de miradas que construyen el resultado final.
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SALA 1
SEGUIR
Hay una idea que se repite mucho cuando hablamos de personas mayores: que viven de recuerdos, que todo lo importante ya pasó. Pero este proyecto me enseñó lo contrario. La vejez no es una pausa, ni un regreso al pasado. Es una continuidad. En Hilando Generaciones y Moda entendí que cada puntada no reconstruía algo perdido, sino que creaba algo nuevo. No era nostalgia, era presente. Mientras cosíamos, hablábamos, reíamos, aprendíamos... no estábamos reviviendo, estábamos viviendo, Y eso cambia todo.
VIVIENDO
La moda deja de ser solo estética y se vuelve historia en movimiento. Cada prenda tiene algo más que tela: tiene tiempo, manos distintas, edades que se encuentran. En��������er
Aquí las generaciones dejan de percibirse como separadas y empiezan a convivir dentro del mismo espacio. A través de las imágenes, se pueden notar coincidencias que no son inmediatas: una mirada que se repite, una postura similar, una forma de estar que, aunque viene de experiencias distintas, se siente cercana.
No se trata de borrar las diferencias, sino de observar cómo, al compartir tiempo y espacio, estas se vuelve menos rígidas. Poco a poco aparece una mezcla más natural, donde lo joven y lo mayor ya no se perciben como opuestos, sino como partes que pueden coexistir y complementarse sin necesidad de compararse directamente.
SALA 2
La materia también recuerda.
Pero no como archivo muerto.
Recuerda en presente. En cada hilo, en cada pliegue, en cada textura hay una acción que sigue ocurriendo.
Crear no es repetir. Es transformar lo vivido en algo que todavía respira.
MATERIA Y MEMORIA
manos no repiten.
Lo que alguna vez
. fue su rutina, hoy es decisión. objeto.
La materia deja de ser
Y es ahí cuando se vuelve un .
LAS MANOS QUE SABEN
Hay manos que narran y saben.
Saben cómo sostener la tela sin que se mueva, cómo medir sin regla, cómo deshacer un error sin desesperarse. Son manos que han hecho muchas cosas antes: cocinar, cuidar, trabajar, esperar. Cuando las vimos coser, entendimos que no estaban repitiendo algo aprendido hace años. Estaban creando desde lo que son hoy. No ������í�� ��i����. Ha��í�� ��������i��.
Y nosotros, como estudiantes, llegamos con ideas, con diseños, con ganas de hacer. Pero poco a poco entendimos que no veníamos solo a enseñar, sino a escuchar. A observar. A aprender de otra forma.
Entre hilo y tela se fue formando algo más que prendas.
El espacio siempre era el mismo, pero nunca se sentía igual.
Había días llenos de ruido: voces que se cruzaban, risas que salían sin aviso, historias que empezaban en un punto y terminban en otro. Y había días más tranquilos, donde el silencio no incomodaba, solo acompañaba.
Las conversaciones no seguían un orden. A veces eran recuerdos, a veces eran cosas del día, a veces solo comentarios pequeños que, sin darse cuenta, se quedaban. Entre una cosa y otra, el tiempo pasaba distinto, más lento, más ligero.
Había algo en la forma de estar ahí: sin prisa, sin necesidad de llenar cada momento. Solo compartir el espacio, coincidir.
Poco a poco, las caras se volvieron conocidas, las voces también. Ya no hacía falta preguntar tanto. Las pláticas empezaban solas, como si siempre hubieran estado ahí...
No era algo extraordinario.
Era más bien lo cotidiano: sentarse, escuchar, reír un poco, quedarse en silencio. Y en todo eso, sin hacerlo evidente, se iba construyendo algo. Una cercanía simple.
De esas que no se explican mucho, pero se sienten.
SALA 3
El cuerpo no exhibe.
Expresa. No hay personaje. No hay representación. Hay presencia.
El movimiento no busca ser visto.
Busca .
Cada pliegue, cada sombra, cada paso es parte de una narrativa que no se actúa: se vive.
El cuerpo cambia.
Pero
no desaparece. Se adapta.
Se transforma. Se reescribe.
Vestirse no es cubrirse.
Es decir algo sin palabras.
“NO” ES UN VIAJE AL PASADO
A veces se habla de trabajar con personas mayores como si fuera un “viaje en el tiempo”. Como si todo girara en recordar. Pero esto no se sintió así.
No estábamos regresando a ningún lugar. Estábamos construyendo uno nuevo. Cada sesión era distinta. Cada conversación abría algo que no estaba antes. Las historias no eran solo recuerdos, eran puntos de partida.
La moda, en este caso, no fue tendencia ni Fuetemporada. lenguaje.
Una forma de decir: “esto soy”, “esto viví”, “esto siento hoy”. Porque sí, hoy. La vida no se queda atrás.
Estas prendas no nacen de una pasarela tradicional. Nacen de conversaciones, de risas, de silencios compartidos.
Cada diseño tiene algo más que forma: tiene memoria, identidad y presente. No buscan representar el pasado, sino acompañar a quien las usa hoy.
Son piezas que no disfrazan la edad, la abrazan.
Porque la moda también puede ser un espacio donde todas las etapas de la vida tienen lugar. Donde no se trata de encajar, sino de expresarse.
Al inicio, veíamos la vejez desde lejos. Una etapa que imaginábamos lenta, limitada, casi como si perteneciera a un ritmo distinto al nuestro. Había una idea previa, construida sin haber estado realmente ahí.
Pero al conocerlas, esa distancia se fue acortando.
En los encuentros, en las conversaciones y en los momentos compartidos, empezamos a ver algo muy diferente. La vejez dejó de sentirse como una etapa aparte y comenzó a mostrarse como lo que realmente es: una forma más de estar en el presente. No desde la nostalgia, sino desde el gozo y la continuidad.
Aprendimos que el tiempo no se vive igual para todos, pero sí se comparte. Que hay historias que siguen creciendo, opiniones que siguen cambiando y personas que siguen construyéndose, sin importar la edad.
También cambiamos nosotros. Dejamos de querer tener el control de todo y aprendimos a soltar, a escuchar, a adaptarnos. A entender que estar ahí, acompañar y coincidir ya era suficiente. Al final, lo que nos llevamos no se puede medir fácilmente. No es sólo lo que hicimos, sino lo que nos transformó. Cambió nuestra forma de ver la vejez, pero también nuestra forma de entender el tiempo, la paciencia y la manera en la que nos relacionamos con otros.
Hoy ya no vemos la vejez como algo lejano.
La vemos como parte del mismo camino.
No como algo que nos separa, sino algo que nos conecta.