

![]()


ANTROPOLOGÍA SALUD TECNOLOGÍA HISTORIA
VARIEDAD HUMANA
¿A QUE SE DEBE QUE SEAMOS TAN DISTINTOS? ¿CUAL PODRÍA SER REALMENTE LA PROXIMA PANDEMIA?
LOS MODELOS DE LENGUAJE EN IA CADA VEZ MEJOR
ENTRENADOS
LA DERROTA FRANCESA EN WATERLOO. ASÍ CAYÓ NAPOLEÓN

14 Una cultura de sedientos
Descubrimos las motillas, estructuras hidráulicas de la Edad del Bronce que ayudaron a superar un tiempo de aridez en La Mancha.
22 ¿Cuál podría ser la próxima pandemia?
La OMS más de 30 patógenos con potencial pandémico: virus zoonóticos, bacterias resistentes y enfermedades reemergentes como la viruela
32 A la conquista del espacio
La industria aeroespacial española se abre camino y contrubuye al desarrollo tecnologico y a la soberanía europea en el transporte cósmico.
39 Modelos de lenguaje en IA
Cada vez mejor entrenados, los LLM responden con mayor presición a lo que esperamos de ellos ¿Podrán llegar a mimetizar el lenguaje humano?
44 Los sueños lúcidos
Si somos conscientes de estar soñando ¿podemos llegar a tener pleno control sobre lo que soñamos? ¿Podemos co-
municarnos con otrso soñantes? Los cientificos analizan este fanómeno
52 Deidades del inframundo mesoamericano
El espacio subterraniode olmecas, mayas o zapotecas y las deidades destructoras que lo gobiernan
64 Variedad humana
Los humanossomos una combinación de características comunes pero con tantas variedades como en un arcoíris
108 Así cayó Napoleón
Waterloo supuso el fin del imperio francés y el surgimiento de un nuevo mapa político europeo
28 Nazareth Castellanos
Esta física teórica nos habla de las otras inteligencias y de su nuevo libro, El puente donde habitan las mariposas
58 Ángeles Ceregido
Esta doctora en Química e investigadora desmonta mitos y clichés acerca de la alquimia.
6 Gran Angular
Jorge de los Santos explica de qué forma la guerra extermina las palabras.
12 Hablando de ciencia
Niju hibakusha, supervivientes a dos bombas atómicas, por M. A. Sabadell.
21 Palabras cruzadas
El terror de Poe hoy, por Lucía Sesma.
62 Pensamiento crítico
David Pastor Vico nos aclara qué son
88 Neurociencia
La memoria humana y los recuerdos olvidados, por Manuel Martín-Loeches. 90 Matrices y matraces
Eugenio Manuel Fenández Aguilar nos cuenta quién fue Annie Jump Cannon.
104 Neurociencia
La pederastia explicada por la socióloga y criminóloga Victoria Pascual.
106 Pinceladas de meteorologo
Los cielos turbulentos de Van Gogh, por José Miguel Viñas.
DAVID PASTOR VICO Filósofo

NO, NO NOS RASGUEMOS LAS VESTIDURAS POR LA FALTA DE VALORES DE LOS JÓVENES. LOS VALORES SE ADAPTAN A LOS TIEMPOS Y A LAS SOCIEDADES, PERO NO POR ELLO PIERDEN SU CARÁCTER DE UNIVERSALES.
a juventud está perdiendo los valores!». Seguro que has oído esto un millón de veces y, si tienes la edad suficiente, es muy probable que hasta tú lo hayas dicho en alguna ocasión. Quizá no lo dijeras así, quizá fue algo más como «los jóvenes ya no respetan nada», «yo no era así a tu edad», «anda que si yo hubiera tenido las oportunidades que tú tienes me habría quedado ahí mirando”, «¡En qué manos vamos a dejar el país!», «El reguetón es una mierda y lo sabes». ¿Sigo?
No te comas demasiado el talento, expresiones como estás las hemos encontrado en tablillas hititas, viejas piedras talladas o en cerámicas de hace miles de años. También se le atribuyen lindezas semejantes a Hesíodo, a Sócrates (que no dejó ni una palabra por escrito y que seguro que no dijo nada de esto), a Cicerón y a mi vecina Mariló del quinto B.
Que «los jóvenes» van perdiendo los valores desde que el mundo es mundo es tan cierto como que las pulseras con imanes sirven para bajar peso, dejar de fumar y, como bonus track, para que la renta te salga a devolver. Y, aun así, cuando hablo con madres y padres de alumnos de cualquier nivel, siempre se empeñan en explicarme lo bien que han educado a sus hijos en valores. Me cuenta de las magníficas peroratas que les largan a bocajarro a sus pobres vástagos y lo ojipláticos que se quedan todos, casi extasiados, ante la locuaz y persuasiva oratoria que desarrollan frente a ellos. ¡Qué maravilla!
Quizá sería mucho mejor empezar por explicar qué narices son los valores y de ahí seguir a ver qué estamos haciendo bien y qué no. Vamos allá.
«Llamamos valores a esas conductas o actitudes de nuestro carácter que, dependiendo de cada momento histórico, del lugar del mundo y de las costumbres y tradiciones de cada cultura, se consideran valiosos para la construcción moral de esas sociedades». ¿Entiendes por qué se llaman valores, porque son valiosos?
Si eres una persona extrovertida y con don de palabra, y has nacido en una sociedad que valora positivamente estas características personales, como podría ser la estadounidense de los años 70, 80 y 90 del siglo xx, tu carácter será tomado como ejemplo de valores a emular por la sociedad en la que vives. Y de haber
nacido más retraído y tímido, te habrías tenido que esforzar para encajar en ese estándar de valores bien aceptados. A unos les costaría más, a otros menos y otros, los menos, no podrán adaptarse. Estos últimos serán tomados por inadaptados, difíciles de carácter, poco sociales, los «raritos» e incluso antisociales. Claro que, si hubieran nacido en las mismas fechas, pero en Japón, seguramente serían la norma social aceptada y los extrovertidos y parlanchines serían los excéntricos a la norma social.
Por supuesto que no todos los valores bordean estas lindes. Pero seguro que ahora resonará en tu cabeza algo que, seguro que has escuchado muchas veces; los valores son universales. ¿Será verdad?
EL BUENO DE NIETZSCHE, CONSCIENTE DE QUE LOS VALORES ERAN CONVENCIONES SOCIALES y no gustándole los propios de su momento, suspiraba por que estos se transvaloraran por la acción de una voluntad superior, un «súper sayayin» de la moral, que los transformara de una cosa en otra diferente, de la moral del rebaño a la moral del super hombre. Pero quizá le faltó la suficiente perspectiva histórica como para darse cuenta de que esto ya pasaba de manera natural. Cualquier valor se transvalora, sí o sí, con el paso del tiempo, con el mestizaje cultural, con una buena guerra, una hambruna de las de verdad, una epidemia, una invasión, una disrupción tecnológica o cualquier cosa que marque un antes y un después en una sociedad.
Las parejas que se conocieron por internet hace veintitantos años eran, poco más o menos, que fenómenos de feria, excepciones de las que desconfiar y a las que se les preconizaba un futuro efímero, pues la forma natural de emparejarse era por medio de la acción de los grupos de amigos. Hoy, el 61 % de las parejas se conocen en línea y tan solo el 18.58 % lo hacen a través de los amigos. Lo círculos de amistades, por tanto, han perdido el papel de hacer de celestina y con ello, también se están mutando los valores que queramos reconocer en esto, como «complicidad», «intimidad», «solidaridad afectiva», etc ...
Los valores cambian sí, pero, aunque esto no deje de su-

Así que no te desgastes en charlas infructuosas. actúa como quieres que tus hijos lo hagan, por lo menos cuando estés frente a ellos. Si quieres que lean, lee ante ellos, si quieres que sean leales, fieles y nobles, ya sabes
ceder jamás, la existencia de valores sí es universal. Todas las construcciones morales a lo largo de nuestra historia valoran ciertas actitudes por encima de otras, adquiriendo estás la categoría de «valores». Así que el continente es universal, aunque el contenido pueda cambiar. ¿Lo pillas verdad?
PERO NUESTRA EXPERIENCIA DE LA VIDA ES TAN POCO AM-PLIA COMO LOS AÑOS QUE SOMOS CAPACES DE SUMAR, y no todos cuentan, asúmelo. Solo debemos computar aquellos en los que somos realmente conscientes de nuestra existencia y nuestra relación con el mundo. Por lo tanto, y ya que nuestro cerebro no es una máquina perfecta, tenderemos por defecto a dar a los valores de los que somos coetáneos y compartimos, el rango de universales y necesarios, porque yo lo valgo y ya está. Así, cuando veamos que nuestros queridos valores están en peligro o riesgo de transvaloración, como cuando los jóvenes irrumpen en escena. Daremos la voz de alarma al grito de «¡Los jóvenes han perdido los valores!». Y así seguiremos en esta metafórica rueda del eterno retorno.
Decía Salvador Allende en 1972, en la Guadalajara mexicana, que «ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica». Y no puedo estar más de acuerdo con él. La juventud, por su inexperiencia y osadía, por su atrevimiento e inocencia, fue capaz de levantar los adoquines de las calles de París en 1968
esperando encontrar bajo ellos la arena de las playas, cosa que obviamente no sucedió. ¿Pero realmente importa? Lo importante es que hicieron lo que los jóvenes deben hacer, que es cuestionarse su propia realidad e intentar cambiarla si sienten que no encajan en ella. Por lo menos eso, intentarlo.
Los valores, por tanto, y por si creías que se me había olvidado, no se transmiten a golpe de discurso machacón. Los niños los aprenden de sus padres imitando sus acciones. Habrá valores más afines a su carácter que otros, pero es el proceso de imitación el que los va puliendo, definiendo o haciendo aparecer y arraigar. Así que no te desgastes en charlas infructuosas, actúa como quieres que tus hijos lo hagan, por lo menos cuando estés frente a ellos. Te explico. Si quieres que lean, lee ante ellos, si quieres que sean leales, fieles y nobles, ya sabes. Si quieres que socialicen, hazlo tu primero con los padres de sus compañeros de cla- se o tus vecinos y que ellos lo vean, pon primero el ejemplo.
Pero, si aún después de todo esto, te empeñas en seguir afirmando que los jóvenes han perdido los valores, desengáñate, si esto fuera realmente verdad, la culpa de sería de aquellos que como tú no supieron predicar con el ejemplo y se limitaron a sermonear desde la atalaya que falsamente brindan los años mal vividos, mal entendidos.
Continuará ... O
POR EUGENIO MANUEL FERNANDEZ AGUILAR Físico
Director de Muy
Interesante Digital

EN UNA SOCIEDAD QUE NO ESTABA PREPARADA PARA ACOGER MUJERES
ASTRÓNOMAS, ESTA CIENTÍFICA PIONERA CLASIFICABA ESTRELLAS Y CREÓ UN NUEVO SISTEMA PARA ORGANIZAR EL CIELO, DESCIFRANDO ASÍ UN LENGUAJE ESCONDIDO.
n una vieja fotografía de principios del siglo xx, un grupo de mujeres posa frente a la cámara. No parece una imagen demasiado especial, hasta que uno descubre que esas mujeres pasaron a la historia por un trabajo que, durante años, apenas fue valorado: clasificar estrellas. Entre ellas estaba Annie Jump Cannon, una astrónoma que, a pesar de haber perdido buena parte de su audición por una enfermedad en su juventud, desarrolló un talento extraordinario para ordenar el caos del cielo.
Su historia es una de esas que cuesta entender sin detenerse en los detalles. Porque, a primera vista, parecería improbable que una mujer sorda, nacida en una pequeña ciudad de Estados Unidos en 1863, pudiera transformar la astronomía. Pero lo hizo. Y lo hizo a su manera: desde el silencio, desde la constancia y desde una paciencia capaz de soportar miles de horas mirando espectros de luz.
Cannon no solo clasificó más estrellas que nadie. También mostr que se podía hacer ciencia con rigor, pasión y coraje, incluso en un mundo que no estaba preparado para recibir a mujeres astrónomas.
UNA INFANCIA MARCADA POR LAS ESTRELLAS . Annie Jump Cannoncreció en Dover, Delaware, en una familia donde las noches estrelladas tenían un valor especial. Fue su madre
quien, desde pequeña, le enseñó a reconocer las constelaciones y a disfrutar del cielo nocturno. Aquellos primeros aprendizajes resultaron decisivos. No se trataba solo de observar, sino de aprender a mirar con atención.

Su interés por la astronomía la llevó a estudiar Física y Astronomía en el Wellesley College, un centro universitario exclusivamente femenino. Allí, Cannon no solo aprendió las bases teóricas de las ciencias físicas, sino que también se adentró en el mundo de la espectroscopia, una técnica que permitiría descomponer la luz de las estrellas y analizar sus propiedades.
La espectroscopia sería su herramienta principal muchos años des-pués, pero entonces aún faltaba mucho camino por recorrer. Porque la vida de Annie tuvo un giro dramático cuando contrajo escarlatina, una enfermedad que le provocó una pérdida de audición severa. Esa dificultad marcó decisivamente su trayectoria personal y profesional, alejándola durante años de los laboratorios y las investigaciones.
EL REGRESO A LA ASTRONOMÍA:
HARVARD LA ESPERABA. Tras la muerte de su madre en 1894, Annie Jump Cannon decidió volver a acercarse a la astronomía. Primero lo hizo como profesora de Física en su antiguo colegio, pero pronto buscó algo más. La Universidad de Harvard, por aquel entonces, se había convertido en un lugar de referencia para los estudios astronómicos gracias aluso pionero de l a fotografía aplicada al estudio del cielo.
En 1896, Cannon fue contratada por Edward Pickering, director del Observatorio de Harvard. Pickering
había formado un equipo de mujeres conocidas como las «computadoras de Harvard», encargadas de analizar las placas fotográficas de las estrellas y clasificar sus espectros. Aunque su contratación respondía también a un contexto de desigualdad salarial -las mujeres cobraban mucho menos que los hombres por el mismo trabajo-, lo cierto es que Cannon se ganó rápidamente un lugar destacado en el equipo.
Su capacidad para analizar las pla- cas y distinguir los detalles de los espectros estelares sorprendía a todos. Mientras otras personas necesitaban largos ratos para identificarlos elementos de una estrella, ella era capaz de hacerlo con rapidez y precisión. No tardó en convertirse en la persona más eficiente clasificando estrellas.
EL LENGUAJE SECRETO DE LAS ESTRELLAS. Clasificar estrellas puede parecer una tarea fría y mecánica, pero para Annie Jump Cannon era, en realidad, una manera de leer un lenguaje escondido. Cada estrella dejaba un patrón de líneas en su espectro, y esas líneas hablaban de su composición, su temperatura y su historia. Hasta entonces, existían distintos sistemas de clasificación estelar, pero eran complicados y poco eficaces. Cannon dedicó años de trabajo a crear un sistema nuevo, basado en la temperatura de las estrellas, que pudiera organizar el cielo de una manera sencilla y universal. Así nació el sistema de clasificación de Harvard, una secuencia de letras -O, B, A, F, G, K, M- que ordenaba las estrellas desde las más calientes a las más frías. Este sistema, que aún se utiliza hoy en día, fue un logro colosal, porque permitía a los astrónomos de todo el mundo estudiarlas estrellas bajo un mismo criterio. Además, Cannon ideó un sencillo truco de memoria para que los estudiantes recordaran el orden de las letras, una frase en inglés que se convirtió en un clásico en las aulas: Oh, Be A Fine Girl - Kiss Me!

UN TRABAJO MONUMENTAL Y SILENCIOSO. A lo largo de su carrera, Annie Jump Cannon llegó a clasificar más de 350 000 estrellas, un número asombroso incluso para los estándares actuales. Su trabajo no se limitó a organizar el cielo: también descubrió alrededor de 300 estre- llas variables, cinco novas y una estrella binaria espectroscópica. Su dedicación fue tan extrema que llegó a clasificar unas 5000 estrellas al mes durante sus años más productivos. Para ella, el trabajo era una mezcla de rutina y pasión. Aunque la tarea era repetitiva y cansada, ella sentía que estaba descifrando los secretos del universo. Pero Cannon no solo se ocupó de las estrellas. También luchó por el reconocimiento de las mujeres científicas. Participó activamente en movimientos sufragistas, defendió el acceso de las mujeres a la educación y creó un premio destinado a premiar a astrónomas jóvenes que destacaran en su campo.
EL RECONOCIMIENTO TARDÍO Y EL LEGADO ETERNO. Durante años, Annie Jump Cannon trabajó en segundo plano, recibiendo sueldos bajos y pocos honores.
Pero su constancia acabó rompiendo barreras. En 1911 fue nombrada conservadora de los archivos astronómicos de Harvard, un puesto relevante dentro del observatorio. Poco después, en 1914, fue aceptada como miembro honoraria de la Royal Astronomical Society, en un gesto histórico.
Su reconocimiento definitivo llegó en 1938, cuando Harvard la nombró profesora regular de astronomía. Fue la primera mujer en conseguir ese título en la institución. Además, recibió varios doctorados honoris causa y fue galardonada con la Medalla Henry Draper, siendo la primera mujer en lograrlo.
Annie Jump Cannon murió en 1941, pero su legado no desapareció. Un cráter lunar lleva su nombre, y su sistema de clasificación estelar sigue siendo una herramienta fundamental para los astrónomos de todo el mundo. Por último, el premio que ella mis-ma impulsó continúa entregándose cada año a mujeres astrónomas en Norteamérica, recordando que, detrás de las cifras y las placas fotográficas, hubo una mujer que supo mirar el cielo como nadie. O
Pocos nombres resuenan con tanta fuerza en la historia de la ciencia como el de Alan Turing, un visionario cuya influencia atraviesa disciplinas, generaciones y fronteras. Y es que, como afirmaba el físico Stephen Hawking: «Turing fue uno de los científicos más influyentes del siglo xx. Su trabajo es tan relevante hoy como lo fue durante la guerra». Este libro, coordinado por el divulgador Daniel Torregrosa ofrece una mirada accesible y profunda a la vida y legado de quien sentó las bases de la informática moderna y la inteligencia artificial. Desde una infancia marcada por la curiosidad desbordante hasta su decisiva participación en Bletchley Park, donde ayudó a descifrar los códigos nazis durante la Segunda Guerra Mundial, vamos viajando por el recorrido de un hombre cuya genialidad fue tan luminosa como trágicamente incomprendida. Turing ideó la célebre máquina de Turing, un concepto abstracto que sentó las bases de los ordenadores actuales. También propuso el Test de Turing, un experimento filosófico que aún hoy desafía a los creadores de inteligencia artificial: ¿puede una máquina pensar? Pero este libro no se limita al genio técnico. Aborda también la injusticia histórica que lo condenó


Monumento a Alan Turing en Sacksville Park, en Mánchester, Reino Unido.
por su orientación sexual, en una época que no supo entender su grandeza. Su trágico final, a los 41 años, marcó una pérdida irreparable para la humanidad.
Gracias a un estilo riguroso pero claro, el libro consigue algo notable: explicar conceptos complejos sin perder profundidad, y conectar la vida personal del científico con sus contribuciones teóricas.
Así, el lector no solo comprende la importancia de sus algoritmos, sino también la resiliencia de su carácter. Torregrosa, reconocido divulgador científico (es químico y su actividad profesional está relacionada con la seguridad, salud y toxicología laboral), reúne a un equipo de autores que rinden homenaje a un pionero cuyos logros aún transforman nuestro mundo digital. Turing nos llevó de la máquina Enigma a la revolución digital. Es esta una lectura imprescindible para amantes de la ciencia, la historia y la tecnología, que devuelve a Alan Turing al lugar que merece: el de los verdaderos arquitectos del futuro.

NUESTROS DIMINUTOS
ALIADOS INVISIBLES
¿Sabías que en tu cuerpo habitan trillones de microorganismos que influyen en cómo digieres, duermes, piensas ... e incluso en cómo te sientes? La microbiota, ese complejo ecosistema invisible que vive en tu intestino, tu piel o tu boca, es el gran protagonista del nuevo libro de la Dra. Silvana Tapia: Microbiota: Cuídala, cuídate. Con un enfoque cercano, pero sin perder la base científica, Tapia nos guía por un universo fascinante donde bacterias, virus y hongos no son enemigos, sino aliados imprescindibles para la salud. Como ella misma afirma: «cuidar de nues tra microbiota es cuidar de nosotros mismos en un viaje de simbiosis que dura toda la vida».

La obra explica cómo estas comunidades microbianas participan en procesos tan complejos como la digestión, la respuesta inmunitaria, la regulación del metabolismo o el equilibrio hormonal. Y va más allá: revela las conexiones, respaldadas por la evidencia científica más actual, entre el estado de la microbiota y enfermedades como la obesidad, la diabetes, el cáncer o trastornos neurológicos como el autismo y el alzhéimer. Durante la gestación y la lactancia, el papel de la microbiota es clave para el desarrollo inmunológico del bebé. Incluso tras la muerte, estos microorganismos siguen actuando, descomponiendo el cuerpo y completando un ciclo vital que empieza en el nacimiento y no se detiene ni al final. Además de explicar el «qué» y el «porqué», la autora dedica un espacio esencial al «cómo»: cómo mejorar nuestra microbiota con hábitos diarios como la dieta rica en fibra, el ejercicio moderado y el uso responsable de antibióticos y probióticos. Silvana Tapia, profesora e investigadora en la Universidad de Málaga, combina rigor académico con pasión divulgativa. Su compromiso con la educación científica y la igualdad en las vocaciones STEM se refleja en una obra tan pedagógica como reveladora. Este libro es mucho más que una guía de salud: es un recordatorio de que convivimos con un universo invisible que moldea cada aspecto de nuestra vida. Y que, en definitiva, somos más microbios que humanos -una verdad que la ciencia apenas comienza a desentrañar.
Las comunidades microbianas están involucradas en multitud de procesos de nuestro organismo con un papel clave en todos ellos.






El paleontólogo y biólogo evolutivo Stephen Jay Gould, fue catedrático «Alexander Agassiz» de Zoología de la Universidad de Harvard y combinó magistralmente la investigación científica con la divulgación. En esta ocasión defiende la complejidad de la evolución frente a los atajos simplistas. Esta antología de ensayos revela su visión crítica y humanista de la ciencia, desmantelando ideas como la sociobiología reduccionista o las teorías raciales disfrazadas de genética, y reivindica figuras ignoradas como Barbara McClintock.
Clara Grima, matemática, profesora universitaria y divulgadora, desmonta mitos y temores sobre una de las palabras más temidas-y mal entendidas- de nuestro tiempo: algoritmo. Con humor y claridad, nos muestra que, lejos de ser enemigos invisibles, los algoritmos son herramientas que han modelado nuestra historia y siguen guiando nuestro presente. Desde la antigua Grecia hasta el corazón de las redes sociales, este libro nos invita a descubrir su lógica y belleza. Como afirma Grima: «Porque no son tan malos como parecen».
El neurobiólogo Andrea Levi nos guía por un viaje fascinante donde la biología y la memoria se entrelazan entre neuronas, sinapsis y ADN. ¿Podemos heredar los recuerdos? Parece que sí. A través de la neurociencia y la epigenética, el autor explora en la genética de los recuerdos: cómo la vida se convierte en memoria, cómo nuestras vivencias dejan huella en nuestras células, e incluso podrían transmitirse de una generación a otra. Con un enfoque claro y poético, Levi nos invita a reflexionar sobre aquello que nos define: lo que recordamos.
¿Por qué sufrimos tanto si somos la especie más inteligente? Emiliano Bruner propone una hipótesis fascinante: el estrés y la ansiedad son efectos colaterales de un cerebro que evolutivamente se volvió demasiado bueno imaginando, planificando ... y preocupándose. Nuestro superpoder cognitivo, basado en palabras e imágenes, nos ha alejado del presente, sumiéndonos en una «inflamación psicológica crónica». Bruner entrelaza neurociencia, evolución y filosofía en un ensayo revelador.
James Nestor nos revela una verdad tan simple como revolucionaria: estamos respirando mal, y eso nos está enfermando. A través de ciencia, historia y experimentación personal, demuestra cómo el cambio en nuestros hábitos de masticación ha deformado nuestras mandíbulas y alterado nuestra forma de respirar. El libro expone cómo volver a respirar por la nariz puede mejorar el sueño, reducir el estrés, aliviar dolores y hasta rejuvenecer el cuerpo. Con técnicas simples y basadas en evidencia, Nestor nos guía hacia una salud más profunda y natural. Como afirma Wallace Nichols: «Si respiras, necesitas leer este libro». Una lectura tan vital y decisiva como el aire que inhalamos.

Desde el declive de Europa hasta la guerra fría tecnológica entre China y EE. UU., Daniel Lacalle disecciona con precisión los grandes cambios que están redefiniendo la economía global y nos alerta sobre el auge del «Estado depredador» y del fin de la globalización tal como la conocíamos. Con un estilo claro y directo, analiza cómo los gobiernos intervienen más que nunca, mientras la innovación y el descontento social marcan el pulso del siglo xx1. Estamos ante un libro imprescindible para comprender hacia dónde va el mundo porque quien no entiende la economía, está condenado a que se la impongan. Lacalle ambién propone soluciones al alcance del ciudadano. medio para plantarse y luchar pacíficamente.




La microbiota, el conjunto de miles microorganismos que habitan nuestro cuerpo, conforma un ecosistema complejo y dinamico que mantiene una relacion simbiótica con nosotros.

Te invitamos a un viaje fascinante por los momentos estelares del ingenio humano. Le tomamos el pulso a la ciencia a lo largo de siglos de hallazgos que cambiaron nuestro mundo en distintos momentos de la historia.
También puedes adquirir las Ediciones Coleccionista de Muy Interesante en https://suscripciones.zinetmedia.es/muyinteresante/muy-interesante-edicionescoleccionista/


La historia de la ciencia está llena de momentos «¡Eureka!» que fueron el resultado de afortunados accidentes. Pero la casualidad necesita de una mente preparada que la perciba y la sepa interpretar.



