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Galería S’Art de Huesca 1971-2013. El proyecto artístico de Ángel Sangustín

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Amparo Coiduras Sanagustín

Galería S’Art de Huesca 1971-2013 EL PROYECTO ARTÍSTICO DE ÁNGEL SANAGUSTÍN


Galería S’Art de Huesca 1971-2013 EL PROYECTO ARTÍSTICO DE ÁNGEL SANAGUSTÍN

Amparo Coiduras Sanagustín


Ficha catalográfica Galería S’Art de Huesca, 1971-2013: el proyecto artístico de Ángel Sanagustín / Amparo Coiduras Sanagustín. – Huesca : Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2019 96 p. : il. col.; 24 cm Bibliografía: p. 95-96 ISBN 978-84-8127-303-8 Galería S’Art – Historia Sanagustín, Ángel (1927-2013) 7.075 (460.222 Hu) (091) 929 Sanagustín, Ángel

© De la presente edición, Instituto de Estudios Altoaragoneses 1.ª edición, 2019 Coordinación editorial: Teresa Sas Bernad Corrección: Ana Bescós García Cubierta: Detalle de un retrato al óleo de Ángel Sanagustín realizado por Luis Toro en 2012 (foto: Javier Broto) Fotografías: Salvo mención expresa, las fotografías proceden de la colección de la familia ISBN: 978-84-8127-303-8 IBIC: BGF, ABQ, WTHM Depósito legal: HU-221/2019 Imprime: Gráficas Alós. Huesca Edita Instituto de Estudios Altoaragoneses (Diputación de Huesca) Parque, 10. 22002 Huesca. Tel. 974 294 120. Fax 974 294 122 www.iea.es – publicaciones@iea.es


A Ángel Sanagustín Juegas inquieto entre colinas altas, entre campos sedientos de agua, y en tus manos la flauta mágica de la vida danza, danza y danza. En tu mente rota de pensamientos persistentes nuevas sensaciones dormidas despiertan al alba y tus ojos azules se pueblan con la luz de la esperanza. Y no eres poeta, y no eres artista, y haces arte con el arte. Un mundo nuevo, conseguido con tu lucha perenne, te abre el portón inquieto de su fabulosa fantasía. Y tú dejas pasar su viento silbante de oídos huecos y recoges su sonido, sonido que el arte lleva dándole aposento bajo el arco iris de tu alma.

Carmen Fons 1972


Cediendo una vez más a la amable invitación de esta especie de héroe de la cultura plástica española que es Ángel Sanagustín, he venido por segunda vez a Huesca; la primera, con ocasión de la exposición de José Caballero. Raúl Chávarri, 1987

Mis primeras acuarelas se las vendí a Ángel Sanagustín, con doce años. Teresa Ramón, 1995

Ángel Sanagustín abrió una puerta al arte plástico en Aragón, exponía obras de gente reconocida y, a la vez, de gente que empezaba, pero que tenía calidad. […] Acompañaba las inauguraciones de las exposiciones con otras actividades como literatura o música, que convertían estos actos en auténticos acontecimientos culturales. Pedro Fuertes, 2004

A los catorce años iba a la galería S’Art, y aquello me parecía como entrar en otro mundo, la octava maravilla. Pilar Bernad, 2004

La amistad de Ángel es para mí fundamental. Julián Grau Santos, 2010

Auténtico, podría decir que así recuerdo a Ángel en su pureza, una persona culta, un filósofo atemporal… a la vez que un sabio de las relaciones y de los valores humanos. Myriam Grande, Asapme, 2013

¡Cuántos somos los que hemos aprendido a amar el arte a través de esas exposiciones que desde comienzos de los años 70 ha programado Ángel Sanagustín en su sala! Luis Lles, en Diario del Alto Aragón, 2013


Caricatura de Ă ngel SanagustĂ­n realizada por Alejandro Brioso en 1978.


PRÓLOGO

Todo lo que he podido hacer, bien o mal, en los últimos cuarenta y tantos años tiene su origen en la oferta de trabajo que recibí en la primavera de 1976 para dirigir la zaragozana galería Itxaso, en la que había expuesto algunas de mis primeras obras como pintor en solitario o compartiendo espacio con Pablo Subías, quien me había preparado para ingresar en la Escuela Superior de Bellas Artes San Jorge de Barcelona. Cuando lo comenté con Ángel Sanagustín, propietario de la galería S’Art de Huesca, donde también se habían podido ver algunos de mis primeros dibujos y pinturas, con su punto somarda y su voz de barítono me espetó: «¿Tú qué tienes que hacer dirigiendo una galería en Zaragoza? Dirige S’Art». Si volver a Aragón era para mí una oferta tentadora, acercarme a mis primeros espacios vitales y a mi familia suponía un auténtico regalo. Tuve el privilegio de estar al frente de la galería S’Art durante las temporadas 1976-1977 y 1977-1978, y en esos meses se pudo disfrutar en la sala de la pintura de Ramon Sanvisens, profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona y uno de los coloristas más rotundos de la pintura española del siglo pasado; Julián Grau Santos, pintor y dibujante excelente, injustamente tratado por la crítica en los últimos tiempos; Guillem Fresquet, maestro indiscutible de acuarelistas; Maloles Rubió y Antonio Santos, dos jóvenes prometedores a los que el tiempo ha dado la razón; Lamolla, surrealista leridano; Alejandro Villá; Paco Revelles; Ceferino Olivé; Teresa Davies…; y muchos otros, como Emilio Grau Sala, Martínez Tendero, Martín Ruiz Anglada, José Beulas, el fotógrafo mallorquín Alexandro en su paso fugaz por el hiperrealismo y la escultora oscense María Jesús Bruna. Poder realizar las exposiciones de todos ellos, en los meses en que compartí mi trabajo como profesor de dibujo del colegio Altoaragón con la dirección de la galería, supuso un aprendizaje tan importante o más que el recibido durante mi paso por la Universidad de Barcelona; un auténtico máster en conocimiento de artistas, producción de exposiciones y relaciones con el mundo del negocio del arte. Algo que Ángel Sanagustín venía haciendo desde el año 1971, cuando dedicó una parte de su floreciente negocio de venta de electrodomésticos a sala de arte (Sanagustín Arte, S’Art) y que no dejó de hacer hasta muy poco antes de su desaparición: aprender del arte y de los artistas. Félix Ferrer, miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte desde sus comienzos, a través de sus comentarios en Nueva España pero sobre todo con sus entrevistas y artículos de novedades en la sección de cultura de la revista Argensola, primera de las editadas por el Instituto de Estudios Altoaragoneses,


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daba cumplida noticia de los éxitos de los oscenses fuera de nuestro territorio, como los de Antonio Saura, que tuvo que esperar más de dos décadas para recibir los primeros reconocimientos oficiales entre los suyos, y sus exposiciones europeas y americanas; o los de José Beulas, quien desde su regreso de la Academia de Roma iba subiendo peldaños progresivamente en el escalafón oficial con sus sucesivas participaciones en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Pero también tenía espacio y tiempo para los progresos de los mejores aficionados y de los profesionales que seguían permaneciendo en la capital o en la provincia. María Cruz Sarvisé, Victoria Giné, Paco Zueras, Javier Sauras o Luis Toro, entre los que habían pasado por períodos de formación en Escuelas Superiores de Artes, pero también Teresa Ramón, José María Lanzarote, Alejandro Brioso, Leoncio Mairal y muchos otros que habían aprendido en sus propios estudios con resultados en algún caso sorprendentes. Aún no se había puesto en marcha la marea artística de los jóvenes Torrijos, Carreras, Torrens y muchos más que iban a cambiar la manera de entender el arte, ni Huesca, cuyo ritmo vital era especialmente cansino para cualquier actividad cultural en ese momento, había abierto la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, desde la que emergerían los nuevos valores oscenses. Nadie podía entonces pensar que la capital altoaragonesa llegaría a ser puesta ahora mismo como ejemplo de interés por la cultura, y S’Art durante cuatro décadas fue uno de los espacios que contribuyó a que se gestara ese cambio. Ferrer mantenía relación con algunos de los mejores artistas y críticos de arte españoles del momento y los trajo a Huesca, a la galería S’Art, venciendo prejuicios y hasta desprecios por parte de algunos de los que se autodenominaban entendidos. Sus años en la dirección de la sala, los primeros, fueron decisivos para que pudiera mantenerse un nivel expositivo impensable en una ciudad a la que le costaba comprender que estábamos entrando en un tiempo nuevo para la sociedad y para el arte. Ángel Sanagustín, que no había pasado por ninguna escuela especializada, tuvo la posibilidad de formarse en las bellas artes a través de los contactos constantes con muchos de los mejores teóricos y prácticos de los años setenta y ochenta del pasado siglo, oyendo a los unos y mirando con evidente interés el trabajo de los otros. Conversador ameno, sabía escuchar y disfrutaba de una memoria poco común. Porque no contaba con formación específica en arte y su dedicación principal era el comercio, actividad para la que estaba especialmente dotado, resulta mucho más sorprendente que a lo largo de más de cuarenta años mantuviera abierto


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el único espacio privado para exposiciones en la ciudad de Huesca, por el que pasaron no solo algunos de los mejores realizadores contemporáneos para presentar sus trabajos más recientes, sino muchos de los expertos en arte más prestigiosos de nuestro país. Entre ellos el maestro de la crítica en Aragón, Ángel Azpeitia, que ostentó el récord de permanencia en un mismo medio de comunicación, Heraldo de Aragón, durante más de cincuenta años y que contribuyó al mantenimiento inicial de la sala y al interés creciente de Ángel Sanagustín por el arte, especialmente por la pintura. Cuando en Huesca solo la Caja iniciaba tímidamente sus actividades culturales y expositivas y las instituciones públicas andaban muy lejos de entender la importancia que podía tener la cultura para sus fines, en el espacio de la galería S’Art algunas de las inauguraciones de las muestras incluían presentaciones de libros de poesía, se dictaban conferencias sobre arte de todo tiempo, se organizaban conciertos… Ángel consiguió crear una auténtica isla para la actividad cultural en un océano de indiferencia no solo permitida sino incluso alentada por algunos poderes locales. La ciudad y la provincia de Huesca no deberían olvidar a quien en momentos en los que el arte importaba bastante poco, en la larga postrimería de la posguerra, supo promocionar el arte mucho más allá de su natural y extraordinaria visión comercial. Cuarenta años, ya casi medio siglo, han pasado desde que S’Art abriera su puerta por la calle Loreto, con una fachada magnífica iluminada con los hierros de Iñaki. Medio siglo en cuyas dos últimas décadas me ha correspondido el honor de dirigir el Instituto de Estudios Altoaragoneses de la Diputación de Huesca, que cumple ahora setenta años de servicio cultural a la ciudad y a la provincia altoaragonesa. Mentiría si no manifestara el orgullo que me produce que haya sido el IEA el que ha decidido recuperar en su colección de Homenajes la figura y la obra de un tamaritano, Ángel Sanagustín, que puso en muchas de las casas de Huesca el primer televisor en los años sesenta y setenta del pasado siglo y los primeros dibujos y pinturas en nuestras paredes familiares. Que este homenaje se derive de la concesión de una de las ayudas de investigación que el Instituto ha promovido en las últimas décadas es motivo mayor de satisfacción, que incrementa el hecho de que haya sido una de sus nietas la que lo ha puesto en marcha. La ciudad y la provincia de Huesca no hacen sino cumplir con un deber de gratitud manteniendo viva su memoria. Fernando Alvira Banzo Director del Instituto de Estudios Altoaragoneses


Ă ngel SanagustĂ­n hacia 1973.


UN SUEÑO Y UNA PASIÓN

Precisamente fue el anhelo de alcanzar un sueño lo que llevó a Ángel Sanagustín, mi padre, a fundar junto a mi madre, María Victoria Fons, una galería de arte en Huesca. Corría el inicio de los años setenta del pasado siglo y todavía no se había estrenado nuestra democracia. Ambos desoyeron a familiares y amigos y la galería S’Art comenzó su andadura en 1971 con un afán apasionante: dedicar un espacio expositivo al arte moderno y antiguo, así como a la reflexión y el diálogo cultural. En su anagrama aparecía un capitel en blanco y negro que evidenciaba una de las grandes pasiones de Ángel: el arte románico. Era un capitel de la colegiata de Santa María la Mayor de Alquézar. Además, entre sus motivos se mostraba otra de sus debilidades: la naturaleza. Yo entonces tenía diez años, y debo decir que vivir una experiencia cultural tan intensa marcó mi vida, como no podía ser de otra manera. A pesar de que mis recuerdos son difusos, puedo evocar con cierta nitidez el intenso movimiento cultural y social de la galería durante los años posteriores a su inauguración. Algunas personas eran asiduas, pues mediante el envío de un catálogo (impreso en Gráficas Alós, cuyo excelente trabajo acompañó siempre a la galería) por correo postal se invitaba a los amantes del arte cada quince días, que era el ritmo de las exposiciones. Además, con el público que asistía a la inauguración se celebraba una cena en uno de los sitios preferidos de mi padre, la Venta del Sotón, con los hermanos Acín al frente. Así, a una edad muy temprana tuve la oportunidad —aunque entonces no lo entendía bien— de presentar charlas y conciertos e incluso de adentrarme en la crítica de arte de la mano del profesor Azpeitia, que me animaba a hacerlo desde una perspectiva diferente, más social y psicológica que puramente técnica. Fueron tantas las experiencias, las personas, las evocaciones y las obras que difícilmente puedo dar cuenta de todo ello en pocas líneas. Pasaron por la galería cientos de personas, algunas anónimas, tanto de Huesca como de fuera de nuestra ciudad, visitantes a través de los cuales mi padre siempre decía que aprendía, pues sus comportamientos, sus actitudes, sus emociones y sus reacciones ante las obras artísticas que se exhibían eran observados por él con aguda atención. Es más, Ángel consideraba que la sensibilidad hacia el arte era una virtud que mostraba el verdadero talante de una persona. Y también se rendía ante quienes presentaban sus obras en S’Art, pues consideraba que el arte, desde el conceptual hasta el más figurativo, constituía una habilidad excepcional, una forma de comprender el mundo y de expresar sentimientos y pasiones. Su admiración se hacía patente no solamente en el deseo de presentar sus creaciones, sino también en su anhelo de poseerlas y coleccionarlas. De todo ello se hace un balance técnico en este libro.


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Se puede afirmar que los verdaderos protagonistas de la galería fueron todas esas personas, algunas de las cuales continúan siendo relevantes en nuestras vidas, pues precisamente la dimensión social era una de las grandes virtudes de Ángel, mi padre. Su capacidad de comunicación, su generosidad y su cercanía, así como unas dotes increíbles para el comercio y las relaciones públicas, propiciaron lo que se puede considerar un éxito comercial y cultural en el ámbito del arte en Huesca: la galería S’Art y sus más de cuarenta años de existencia. Pero me quedo corta al definir esa faceta social, y mentiría si no dejara patente mi admiración por esa habilidad innata que marcó su existencia, pues para él la amistad era uno de los valores más potentes de la vida y de ahí su talante y su talento para hacer amigos hasta el final de sus días. Oradores recurrentes como Joaquín Sánchez Tovar o Ángel Gari, con el apasionante tema de la brujería, que le encantaba a mi padre, o concertistas como Antonio Arnal, con su guitarra clásica, amenizaron el espacio cultural de la galería. Resulta interesante remarcar que en esa primera década, los años setenta y principios de los ochenta, las instituciones públicas comenzaban a despegar y a abrirse a diversos movimientos sociales, culturales, artísticos…, pero el vacío existente hasta ese momento se llenó en nuestra ciudad con la galería S’Art. Raúl Chávarri, Fernando Fernández Gómez hijo, la saga de los Santos —Ángeles, Julián, Antonio…—, Ramon Sanvisens, Santos Vivar Sanmillán, Rafael Santos Torroella, Manuel Viola, Antoni García Lamolla (Agramunt, 2016), José Caballero, Pedro Fuertes, Iñaki, Alberto Duce y un largo etcétera de personalidades del arte, la literatura y el cine estuvieron presentes en S’Art. Recuerdo también a mujeres como Teresa Ramón —a la que a los doce años de edad ya le compró sus primeras acuarelas, lo que ella siempre relata con emoción—, Esperanza Altuzarra, Josefina Álvarez, Margarita de Grassa, María Cruz Sarvisé, Pilar Bernad y muchas otras, porque para él no existían diferencias en cuanto al sexo del artista. Evoco a personas significativas y me gustaría citarlas sin olvidarme de nadie, pero es prácticamente imposible: artistas como Javier Sauras —a quien Ángel siempre tuvo un gran afecto y consideraba todo un talento de la escultura—, José María Lanzarote, Alejandro Brioso, Enrique de Caso, Ángel Gutiérrez Fanlo, Blanca Merchán…; críticos y periodistas como Jaime; los distintos directores de la galería, y todos aquellos que acompañaron siempre a mi familia en el proyecto. En esos recuerdos de adolescencia y juventud también rememoro cómo en la galería me enamoraba no solamente de los cuadros, sino también de los artistas, y cómo, mitad pasión irracional y mitad interés por las conversaciones, los cuadros, los libros…, fue allí donde modelé mis inquietudes y mi interés por el mundo de las ideas, las artes, las humanidades y lo social, pues los debates y los diálogos en torno a diferentes temas eran continuos. José María


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de Labra me impresionó con su obra de abstracción geométrica y determinó mi pensamiento durante muchos años, pues era un auténtico filósofo que dotaba a sus formas de un elevado grado estético y las convertía en verdaderos tratados de pensamiento. De la última época recuerdo con mucho cariño a Vicente Burrel, Piter Saura, Paco Puyuelo, Luis Toro, Vicente Badenes, Enrique Trullenque… En su prodigiosa memoria mi padre guardaba celosamente anécdotas y experiencias vividas durante esos más de cuarenta años de trabajo como galerista, mecenas y coleccionista de arte. Me acuerdo del relato que hacía de su encuentro cuasi clandestino con Rafael Alberti —de quien guardamos un documento firmado y dedicado a él que se reproduce en las páginas centrales de este libro—, que tuvo lugar en Avignon el 23 de mayo de 1973 en la inauguración de una exposición de Picasso. Habían hablado con anterioridad por teléfono, pero no se conocían personalmente. Mi padre contaba que Alberti era una persona excepcional, sensible, culta y potente. Cuando Ángel llegó al Palais de Papes, donde se celebraba la exposición, había mucho público, el lugar se hallaba repleto de gente. Alberti estaba completamente prohibido en España y existían pocas imágenes suyas en esa época. Sin mediar palabra, en medio de la multitud, sus miradas se cruzaron, un destello de entendimiento y comunicación saltó como una chispa y los dos se fundieron en un largo y afectuoso abrazo: «Ángel…», «Rafael, ¡¿eres tú?!». Cuando nos lo contaba sentía una emoción que nos contagiaba a quienes lo escuchábamos, pues, además de entrañar el orgullo especial de haberse reconocido mutuamente, ese momento simbolizaba su talante soñador, romántico, un tanto rebelde y ambicioso de mi padre. Esa clandestinidad de los momentos previos al final de la dictadura generaba en él un acicate más para continuar su labor divulgadora del arte. Y fue en ese momento, de la mano de nuestro querido León Buil Giral, cuando Ramón J. Sender estuvo en la galería S’Art firmando libros e incluso dejó alguna pintura hecha por él, y la ciudad aclamó al autor. Ángel también relataba el talante excepcional de nuestro querido escritor, que con motivo de su centenario, en 2001, tendría su merecido homenaje en la galería de la mano de Pepe Hidalgo y Luis Trullenque. Mi madre siempre contaba una anécdota que revela el carácter y la personalidad de mi padre. Recién casados, hicieron una visita al Museo del Prado, donde pasaron varias horas. La sorpresa de ella llegó al ver cómo lloraba Ángel ante muchas de las obras. Él no quería que lo contara, pero impresiona tanto el hecho de observar esa sensibilidad especial que tenía por el arte que recordarlo nos da un detalle más de su capacidad y de su inteligencia. Además, no se conformaba con dar a conocer al gran público las obras de muchos autores del momento, sino que incluso fue mecenas de algunos de ellos. Promovió la edición de libros de poesía y desarrolló también una faceta que


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todavía nos sigue sorprendiendo, la del arte social, pues colaboró codo a codo con distintas asociaciones orientadas a dar soporte a personas con diversidad funcional o intelectual. Recuerdo que siempre decía: «No os dais cuenta del valor que tiene lo que hacen, pues es la expresión profunda de esas personas, que muchas veces no saben ni pueden darse a entender de otra manera». Realizar una presentación como esta, tratándose de una persona cercana, y más de mi padre, es algo a lo que no estoy acostumbrada. Me resulta emocionante e inquietante, dado que me gustaría haber plasmado en estos párrafos toda una vida, y eso es prácticamente imposible. Me habría encantado hacer una historia de vida de Ángel ahora que se ha ido, pero estoy segura de que en estas breves líneas he podido mostrar mi percepción como hija, mi agradecimiento por haber recibido lo mejor de mis padres, que me inculcaron el gusto por las artes y la pasión por mejorar y emprender un aprendizaje continuo que gracias a este libro se perpetúa a través de mis hijicas, palabra cariñosa con la que él se refería a mis tres hijas, Ángela, Vicky y Amparo. Y es simbólico porque es Amparo, la más pequeña, la que en este homenaje representa a toda nuestra familia con una profunda gratitud por haber tenido como abuelo a una persona diferente y excepcional. Hay que considerar además que una de las experiencias más trascendentes en la vida de mi padre fue la de conocer a la que sería mi madre, casarse con ella y formar una familia. Ella pertenecía a una familia de clase media, pues mi abuelo era un teniente coronel de artillería que después de diversos traslados acabó en la Academia General Militar, en Zaragoza, donde vivió los últimos años y donde mis padres se conocieron. Desde muy joven mi madre mostró una gran inclinación por el dibujo y la pintura, y también por el diseño; de hecho, ella misma diseñaba y hacía sus vestidos y los de sus hermanas, y eran seis. Abel Bueno Gros, su profesor de Dibujo y Pintura, participó en exposiciones colectivas en Zaragoza. Para finalizar quiero dejar constancia del talante extremadamente amable, la entrega y el buen hacer que acompañaron la vida de Ángel Sanagustín López. Amigos, conocidos, clientes y demás personas de su entorno se han llevado mucho de él. Una vez me preguntaron a qué edad había fallecido y uno de sus amigos contestó: «Ángel ha vivido cuatro veces lo que su edad cronológica marcaba: tenía ochenta y seis años, pero vivió más de trescientos». M.ª Victoria Sanagustín Fons Profesora titular de la Universidad de Zaragoza Campus de Huesca


INTRODUCCIÓN

El propósito principal de esta publicación es rendir un homenaje a la galería de arte S’Art y a la figura de su fundador y propietario, Ángel Sanagustín López. Se pretende recorrer sus más de cuarenta años de historia (1971-2013) para poner en valor la propuesta artística que generosamente Ángel brindó a la ciudad de Huesca a través de la sala de arte. La primera tarea llevada a cabo para ello ha consistido en buscar, seleccionar, recopilar y analizar los datos relativos a la historia de la galería de arte S’Art. En este empeño se ha intentado, por un lado, reflejar de manera descriptiva los acontecimientos que rodearon a la casi totalidad de los artistas que expusieron sus obras en el periodo de estudio, que coincide con el de la propia historia de la sala; por otro, se ha perseguido obtener el máximo de información procedente de los propios archivos de la galería de arte. El rigor ha acompañado constantemente el proceso, siempre con la mirada reflexiva que exige todo trabajo académico, con el fin de proporcionar una investigación veraz y leal de los eventos acaecidos en ese periodo. Además, esta obra se plantea con una visión humanística, pues en la segunda parte se aborda la figura de Ángel Sanagustín, una persona que con su sensibilidad consiguió mantener durante más de cuarenta años un negocio familiar dedicado a un sector tan complejo, difícil y minoritario como es el del arte y la cultura, destacando asimismo que a través de una entrada completamente libre, gratuita y amable sorprendía y efectuaba una labor de pedagogía social silenciosa pero imparable entre una ciudadanía necesitada de espacios de contemplación de arte y de reflexión intelectual en torno al fenómeno creativo. Así, conviene destacar que en primer lugar se ha utilizado un método de trabajo descriptivo, con el análisis documental como técnica principal. En este sentido, se han consultado los archivos de la galería de arte, donde una buena parte del material lo constituyen los catálogos que se editaban cada quince días con fotografías de las obras y los artistas y comentarios realizados por críticos de arte. Esos catálogos tenían un lenguaje visual muy característico y eran una de las señas de identidad iniciales de la galería S’Art, una identidad que quedaba subrayada además por el anagrama que aparecía en todos ellos, un capitel románico que con su belleza y su inmutabilidad presidía todas las exposiciones organizadas en dicho espacio de exhibición artística, situado en el centro de Huesca, en la calle Loreto. Por otra parte, se ha llevado a cabo un barrido de los datos almacenados en los principales medios de comunicación de Huesca, concretamente en la prensa escrita digitalizada (el Diario del Alto Aragón y el Heraldo de Aragón constituyen


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introducción

la base fundamental), así como en el repositorio del Sistema de Información de Patrimonio Cultural Aragonés (Sipca). También se ha utilizado para el desarrollo de la obra un método inductivo consistente en recoger, a través de entrevistas realizadas en profundidad, testimonios de amigos, familiares y otras personas que tuvieron alguna vinculación con Ángel. Todos ellos han ofrecido su particular visión de los eventos y las exposiciones que tuvieron lugar en la galería y han aportado referencias importantes en relación con la personalidad de su fundador y relevantes también para la publicación. Por último, a partir de toda la información recopilada, ordenada, estudiada y analizada se ha aplicado un método de síntesis con una técnica creativa y personal de la autora de esta obra. Conviene tener en cuenta que la recopilación de unos datos que abarcan un periodo de más de cuarenta años no es una tarea sencilla, y lo mismo ocurre con la labor de análisis, síntesis y creación. Además, la galería de arte S’Art ha tenido una intensa actividad a lo largo de su existencia, y por eso se pueden haber extraviado apuntes, reseñas o algún autor notable. Así, es de justicia y humildad considerar que cualquier fallo en este sentido se debe a la sobreabundancia de información y legajos. En ningún momento se ha orientado el trabajo de una forma consciente o con alguna intención oculta. Por ello, y por adelantado, se pide perdón si en la obra hay alguna ausencia. Como en todo documento de estas características, y aunque en él se ofrece una relación exhaustiva de exposiciones, artistas, conferenciantes, críticos de arte, músicos y demás colaboradores, es necesario subrayar que puede existir alguna omisión involuntaria. Finalmente, en esta introducción es importante dejar constancia de la emoción que su realización ha supuesto para la autora y de su agradecimiento al Instituto de Estudios Altoaragoneses de la Diputación Provincial de Huesca, que ha permitido la materialización de este libro.


La galería S’Art de Huesca


Etapas de la galerĂ­a recogidas en la prensa local.


EL INICIO

En diciembre de 1971 Ángel Sanagustín López decide dar un paso valiente y abrir las puertas de una nueva y pionera sala de exposiciones de arte moderno y antiguo. Así es como reza su logo, que incluye una pieza de un capitel románico de la colegiata de Santa María la Mayor de Alquézar (García Omedes, 2019). La galería S’Art, donde se darían cita numerosos virtuosos de la pintura, la escultura, la poesía, la fotografía, la ilustración y el diseño gráfico, así como relevantes personajes del mundo de la música y la crítica de arte y de otros ámbitos de la cultura tanto nacionales como internacionales, inició su andadura con la ilusión de llenar un hueco en el panorama aragonés del arte. Tanto Ángel como su familia asumían el reto y consideraban que la observación y la contemplación de las obras de arte son un auténtico goce espiritual y sensorial: el arte como performance humana rinde culto a la estética como valor y sitúa al observador en el momento presente, erigiéndose en un instrumento sanador y de ocio. Ángel Sanagustín decidió poner en marcha su galería de arte en Huesca a pesar de que en ese momento era un aclamado comerciante y no tenía, en apariencia, nada que ver con el mundo del arte. Sin embargo, lo hizo, en primer lugar, llevado por su pasión y su entusiasmo por el arte, ocultos hasta este momento, además de por una sensibilidad excepcional. El sentimiento artístico latente lo había acompañado durante toda su vida, aunque fue desde el momento en que fundó la galería, y gracias a su larga trayectoria, cuando se demostrarían su extraordinario sentido estético, su comprensión del fenómeno artístico y su capacidad para transmitir a espectadores y clientes lo que los artistas pretendían expresar a través de sus obras. Esa era la consideración que Ángel tenía del arte. En la decisión de abrir ese nuevo espacio tuvo gran protagonismo su esposa, María Victoria Fons Gil, que desde joven mostró talento para el dibujo y la pintura y que tuvo como maestros a Eustaquio Segrelles en Valencia y Abel Bueno Gros en Zaragoza. Dotada de una capacidad, una habilidad y un buen gusto asombrosos, María Victoria se dedicó a esas disciplinas de manera constante, aunque no como actividad profesional. Era una persona apasionada por el mundo del arte, original en su forma de ser, gran creyente y soñadora que siempre alentó el ímpetu romántico y creativo de Ángel. La galería de arte S’Art comenzó su andadura justo al comienzo de una década trascendental para la ciudadanía de Huesca y de todo el país, pues en poco tiempo llegaría el tan ansiado cambio político y se instauraría la democracia. Así, se puede considerar que sus primeros años fueron paradigmáticos e interesantes, precisamente por dos hechos que no pueden por menos que sorprender al observador y al documentalista de la historia de ese centro de exhibición


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la galería s’art de huesca

artística: el primero tiene que ver con los permisos que continuamente debían pedirse a la Delegación del Gobierno para poder presentar las exposiciones que quincenalmente tenían lugar en la sala; el segundo es la evidente cuestión de que el arte y los artistas estaban escrupulosamente vigilados por el régimen, dadas las características de este colectivo, creativo, espontáneo y un tanto anárquico. Todo ello generó una atmósfera especial que dotaba a la galería de un halo romántico y una diferencia respecto a otros espacios de la ciudad que nunca la abandonaron. Al igual que cualquier otro tipo de confluencia social en la que se compartieran y se debatieran ideas, el fenómeno artístico estaba en el punto de mira, y en la galería S’Art, además, se daban cita no solamente los artistas que exhibían sus obras, sino también el público interesado y los críticos de arte, así como conferenciantes e intelectuales tanto de la ciudad como de fuera de ella. Nunca hubo ningún problema en esos primeros años, tal vez gracias al talante del galerista, a su multitud de contactos y a su red social de apoyo, o tal vez porque la apertura y el cambio empujaban inconscientemente un movimiento social que envolvía a todas las instancias y a todas las personas; eso nunca se sabrá. Como espacio para la reflexión artística y la exhibición de arte local, nacional e internacional, la galería se erigió en agente de pedagogía social en torno al arte y la cultura y se convirtió en una esfera ciudadana abierta a la participación de espectadores más o menos activos, así como de todo tipo de personas y grupos sociales, algunos de ellos con diversidad funcional o intelectual, a los que abría sus puertas también para que intervinieran como protagonistas exhibiendo sus realizaciones. A lo largo de su historia pasaron por ella cientos de artistas que dejaron su impronta en Huesca: esa era la ilusión del galerista y ese era también su objetivo, además de crear una masa crítica en torno al arte moderno y contemporáneo en un momento en el que España todavía no era una democracia, pero, tal vez precisamente por eso, sentía una imperiosa necesidad de expresión, de exhibición artística y de comunicación interactiva entre los creadores y el público. En la galería S’Art se daba cita una amalgama de artistas, espectadores, visitantes, críticos de arte, estudiantes de diversos niveles y variadas ramas del conocimiento, aparte de la artística, la gráfica y la de la restauración. Destaca el hecho de que en muchas ocasiones los propios docentes enviaban a los discentes a visitar las exposiciones para después llevar a cabo análisis y críticas, una dinámica social que era facilitada por la sala y que durante años fue única. En ese cuasi microcosmos se reunían personas poseedoras de una gran sensibilidad y una amplia cultura, además de aquellos idealistas que compraban si podían, quienes al fin y al cabo estaban muy interesados en las muestras que visitaban. En ese ambiente, entre todo ese público, se transmitían sensaciones y emociones suscitadas por las obras de arte, y todas ellas fueron las constructoras


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espirituales y culturales de la galería. Es significativo que uno de los convencimientos más firmes de Ángel fuera el de que siempre aprendía algo de ellas. Hay que tener en cuenta además que la percepción es subjetiva y se basa en las experiencias previas, la educación y la sensibilidad, entre otras características del individuo. Así, recopilar ese conocimiento ayudó a Ángel a profundizar en el fenómeno artístico, en las reacciones que este provoca y en el valor no solamente material, sino también inmaterial, de las obras expuestas. Igualmente los críticos de arte fueron una parte importante del quehacer de la galería S’Art, que cada quince días inauguraba una exposición con conferencias, conciertos y críticas. Con ellos recorriendo la sala, el público se dejaba guiar por el saber experto, por el acercamiento de quien conoce y se aproxima al objeto artístico con una sensibilidad educada, certera, sólida. Raúl Chávarri, Ángel Azpeitia, Federico Torralba, Félix Ferrer, Fernando Alvira, José Luis Ara, Luis Lles y otros acompañaron a Ángel y su familia en esa aventura intensa y pasional que giraba en torno al arte, su observación y las consecuencias derivadas de todo ello.

HITOS EXPOSITIVOS MÁS NOTABLES

Los hitos más relevantes de la historia de la galería de arte S’Art se han agrupado siguiendo un criterio cronológico y teniendo en cuenta las consideraciones de la autora, de tal forma que se pueden observar cinco etapas en torno a las cuales se congregan, se describen y se interpretan esos acontecimientos: la inauguración de la sala, los años setenta, las décadas de los ochenta y los noventa, el periodo que abarca de 2000 a 2013 y, finalmente, la clausura. En la división realizada se aprecia una evolución conceptual del diseño de los contenidos expuestos en la galería de arte, así como del resto de las manifestaciones creativas y los eventos llevados a cabo en el seno de ese espacio. Metafóricamente, la progresión histórica de la estructura estética de esos contenidos se asemeja a las decisiones arquitectónicas graduales tomadas en la construcción de una catedral gótica. La base, sólida y contundente (así fue la inauguración, con la vanguardista y moderna puerta de entrada, símbolo durable), permitió la realización de elevadas paredes con grandes aberturas, vidrieras, que dejaban pasar la luz para iluminar las estancias y generaban colores que invitaban a permanecer dentro y favorecían la introspección (los años setenta, con un destello colorista y creativo de gran potencia). En la construcción de la catedral se abren huecos e incluso terrazas al aire libre, con arbotantes y contrafuertes, y así se pueden colocar diversos elementos arquitectónicos y muebles (los años ochenta y noventa, complemento


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de la fase anterior). Al final, el edificio gótico se cierra con pináculos y torres de gran belleza, con una estética de elevación hacia el cielo que hace la edificación más fina y acabada (los años 2000-2013 y la clausura de la sala).

INAUGURACIÓN: 30 DE DICIEMBRE DE 1971

El acto de inauguración de la galería de arte, que estuvo presidido por el gobernador civil, Víctor Fragoso del Toro; el alcalde de la ciudad de Huesca, Emilio Miravé; el vicepresidente de la Diputación Provincial, Saturnino Arguis; el presidente de la Audiencia, Cecilio Serena, y otras autoridades y personalidades, puede ser considerado como un acontecimiento distinguido que además fue acogido por gran cantidad de oscenses. Fue un acto social y cultural de gran importancia; de hecho, en ese momento no existía en la capital ninguna sala con esas características ni con esas dimensiones, ya que se trataba de un proyecto emprendedor totalmente privado, sin ayudas públicas ni subvenciones de ningún otro tipo. Además, el entonces párroco de la catedral, Enrique García, ofició un acto litúrgico precedido de unas palabras con las que explicó su significado cristiano y pidió a Dios que iluminase y fortaleciese los propósitos de Ángel Sanagustín para que pudiese seguir creando y proyectando realidades como esa. Hasta el mismo mes de la inauguración no se supo con exactitud cuándo iba a tener lugar y en qué iba a consistir la apertura de esa nueva sala. Ángel, en una entrevista publicada en el diario Nueva España el 17 de diciembre de 1971, unos días antes de la inauguración, afirmaba: «No se trata de ningún rumor. Pretendemos que se abra antes de Navidad». Y a continuación explicaba: Se ha querido que la apertura sirva para promocionar a los valores oscenses. Por eso se abrirá la exposición bajo el título «Artistas oscenses de hoy». Queremos que en ella estén todos representados. Si por cualquier circunstancia a alguno de ellos no le hubiera llegado la invitación, le hace hoy la Galería en la seguridad de que será muy bien recibida.

Además, en esa misma entrevista explicaba con gran afán cómo sería la distribución artística de los espacios de la galería: «La sala ocupará dos plantas. Una de ellas, lujosa y la otra “naiff”, para el “pop-art”, pintura joven. Por sus dimensiones, será la de mayor capacidad de la región. La iluminación ha sido debidamente estudiada». El numeroso público que se dio cita en aquella ocasión todavía recuerda a día de hoy la brillantez del acto y de la presentación. Especialmente destaca la


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El gobernador civil Víctor Fragoso del Toro y Félix Ferrer Gimeno, primer director de la galería, en la inauguración. 30 de diciembre de 1971.

Otras personalidades asistentes al acto. (Foto: Uri)

vanguardista puerta de entrada, que generó un impacto estético entre los asistentes y quienes recorrían la calle Loreto, un impacto que nunca olvidaron: no había nada igual en Huesca hasta entonces. Con motivo de la inauguración tuvo lugar la primera exposición, Artistas oscenses de hoy, en la que el reconocido pintor José Beulas fue invitado de honor. Además, la Diputación cedió a la sala para la ocasión la obra Pugilismo, de Julián Grau Santos, que estaba destinada al Museo de Arte Contemporáneo del Alto Aragón. Los artistas que expusieron en la inauguración de la galería fueron Francisco Abadías, Gerardo Abadías Herranz, Josefina Álvarez de Gutiérrez, Fernando Alvira Banzo, Benjamín Aparicio Serrano, Mariano Arenas Bara, José María Aventín, Rosario Azor Alastruey, Vicenta B. de Garona, Fernando Badías Bolea, Antonio Baso Andréu, Alejandro Brioso Lafuente, Sara Cabella


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El artista Iñaki y M.ª Victoria Sanagustín Fons en la inauguración de la galería. 30 de diciembre de 1971.

Actuación de un grupo irlandés de música folk en la presentación de una exposición. Julio de 1972. (Foto: Fanlo)

Sanagustín, Mercedes Coarasa Ereza, Ángel Compairé Jaime, Jaime Compairé Jaime, Esteban Escartín, Lorenzo Ferrer Benimeli, María Victoria Fons de Sanagustín, Manuel Gella Labadía, José Generelo Gil, Nicasio Giménez (Niji), José Luis Gratal Salillas, Antonio Guillart Labadía, Asunción Guillén, Ángel Gutiérrez Fanlo, Javier Herce Mora, Antonio Herrera Navarrete, Iván, María del Carmen Lacambra, José Luis Lacarte Garasa, María Assunción Laplana Sánchez, José Larruy, Antonio Marco Palacio, José Antonio Muro Betrán, Juan José Navarro Landa, Francisco Oliver Blanco, Aída Corina Omella, Victoria Ordás Gil, Marina Ortiz, Jesús María Pérez Barón, Jesús Pueyo Otal, José María Riva y Nogués, Eliseo Rivas Gandio, María Teresa Salcedo, María Cruz Sarvisé, Javier Sauras Viñuales, Luis Sipán Compañé, Pablo Subías Guillén, Consuelo Santamaría, Luis Tesa Ayala, María del Carmen Udina Villacampa y Antonio Zamora Mairal. Todos ellos protagonizaron una exposición que se alargó hasta enero de 1972 y dio paso a una década de gran impacto artístico, mediático, social, cultural, educativo y económico, pues tanto directa como indirectamente la galería de arte generó un hervidero de vida en torno a ella: la edición de los catálogos; el


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Dos de las conferencias que solían impartirse con motivo de las inauguraciones en la sala. Arriba, en 1972, el ponente invitado con el artista Emilio de Arce.

envío de estos y de otras comunicaciones; las comidas, las cenas y los picoteos organizados y financiados por la sala; la enmarcación de las obras pictóricas; los empleos generados; el impacto en medios de prensa locales, regionales y nacionales; la inversión comercial, y un largo etcétera de actividades y procesos relacionados con la gestión de un proyecto emprendedor de este tipo. La primera exposición contó con una gran variedad de artistas de Huesca, algunos que estaban ya consagrados en el mundo del arte y otros que iniciaban su andadura. Así, se puede afirmar que desde ese mismo día la galería S’Art se convirtió en un lugar de encuentro y colaboración entre creadores que comenzaron a disfrutar su vivencia del arte en el entorno local, pero que tenían, se podría decir, una proyección universal. En la inauguración del espacio tuvo una relevancia especial la obra que el artista aragonés Iñaki diseñó para la puerta de entrada de la galería, así como todo


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Estructura de hierro diseñada por el artista Iñaki para la entrada principal de la galería, inicialmente situada en el número 4 de la calle Loreto.


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Público asistente a una inauguración, con Ángel Sanagustín al fondo.

el conjunto artístico que configuraba la sala, con pequeñas ventanas que decoraban la fachada y con una barandilla hasta la buhardilla, que albergaba más obras y constituía un espacio de exposición muy diferente y un tanto bohemio, más con el paso de los años. Esa obra de hierro fue un referente visual de la galería durante toda su andadura y un elemento estético que determinó el gusto y la habituación a ella de la ciudadanía. La puerta marcó también una constante en las decisiones estéticas del devenir de la sala: totalmente vanguardista, inicialmente de color naranja, mantuvo un equilibrio perfecto con las exposiciones del interior, y su evolución hacia el gris supuso un progreso que dio paso a un arte menos conceptual y vanguardista, más figurativo y accesible para el público. En sus inicios el local de la galería poseía una estructura constituida por tres partes diferenciadas. La nave principal, a la que se accedía por el número 4 de la calle Loreto, incluía a su vez una zona abuhardillada de amplias dimensiones y con cierto toque industrial. En ambas zonas se exponían obras de arte y se celebraban conferencias, conciertos, presentaciones de libros y demás. Contaba el espacio con un mobiliario de madera cómodo y de fácil uso, así como con unos sillones de color rosa fucsia que recordaban el pop art. La segunda estancia, que tenía también acceso a la galería, pero desde el número 43 del Coso, estaba dedicada a uno de los negocios que poseía su propietario, la venta de electrodomésticos.


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Durante más de la mitad de su trayectoria el local se mantuvo de esa forma, puesto que el talante comercial y abierto de Ángel permitió que ambas actividades se coordinaran y se complementaran de una manera sorprendentemente armónica. Como bien dejaba claro Ángel, la parte del Coso Alto era para comer; la de detrás, para alimentar el alma y para el deleite espiritual y estético. En la sala principal, a la que se accedía desde la calle Loreto, era donde se celebraban las inauguraciones de las exposiciones y donde acontecían todos los actos culturales que solían acompañarlas: recitales, presentaciones, conciertos, etcétera. En torno a la década de los noventa Ángel decidió desvincularse del negocio de los electrodomésticos y lo traspasó a una de sus empleadas, Juani Burgos, quien se estableció en la calle Zaragoza, número 9. De esa forma, centró su actividad en la galería de arte, que pudo ampliar al contar con la sala y la antesala del local. Fue así como la puerta de acceso desde el Coso Alto cobró especial relevancia, pues pasó a ser la entrada principal a la sala de exposiciones. Se generó un espacio de grandes dimensiones que durante muchos años fue un referente estético. Antonio Santos ideó y diseñó un toldo de color blanco, igual que los catálogos, con el anagrama de la galería y el nombre de Ángel Sanagustín. Las paredes de la estancia del Coso se pintaron de negro y las luces se modernizaron.

AÑOS SETENTA

Tras el éxito de la inauguración, a lo largo de los primeros años la sala acogió una gran cantidad de artistas que vistieron de color y empaque sus paredes. En esa etapa eran alrededor de dieciocho las exposiciones que se celebraban anualmente, que consagraron la galería como una de las más relevantes entre las salas de exhibición de pintura aragonesa y nacional. Fue una década de gran importancia en la que el fundamento del proyecto emprendedor se consolidó y se potenció al máximo. Tal y como afirmaban Lorente y Almazán (2003) citando a Alvira (2000), la galería S’Art alcanzó su esplendor en los años setenta y fue la única de esa época que subsistió. Después de la primera y única exposición de 1971, el año 1972 comenzó con múltiples exposiciones de artistas de ámbito nacional y prestigio internacional, un elenco creativo que dotó a la galería de una atmósfera de vanguardia y distinción sin precedentes. A finales de enero de 1972 Orestes Mateos, dibujante y pintor expresionista además de grabador y caricaturista, expuso su obra. Fue pintor oficial de La Sorbona de París y se considera que su pintura bebía de la fuente de Goya, pero con toques naíf. Antes de su muerte el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo organizó una retrospectiva suya. También expuso en S’Art


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Gregorio Prieto, que se trasladó expresamente desde Madrid. Este autor asociado a la generación del 27, que realizaba dibujos de una simplicidad extrema y pinturas llenas de fuerza y personalidad, retrató a coetáneos suyos como Picasso o García Lorca. Actualmente existe una fundación que lleva su nombre. Un representante del arte aragonés como era Marco Antonio, de Barbuñales, presentó óleos, aguafuertes, acuarelas, tallas escultóricas, temple al huevo, temple a la cola de pescado, pastel, dibujos y paisajes. En abril Fermín Alegre Monferrer, que procedía de Teruel y cuya obra sigue siendo muy valorada, presentó veintidós obras. También expuso Virgilio Albiac, profesor de la Escuela de Arte de Zaragoza cuyas obras —paisajes y abstracciones de un marcado carácter aragonés tanto en sus trazos como en el manejo de colores y texturas— se custodian hoy en el museo que lleva su nombre en Fabara, su pueblo natal. Albiac recibió el Premio Aragón Goya en 2001. Julián Grau Santos expondría pintura y dibujos y se consolidaría ya como una de las firmas más destacadas que acogió reiteradamente la galería, pues para Ángel la destreza del pintor era asombrosa. Hijo de su admirada y querida Ángeles Santos y del consagrado Grau Sala, Julián era para él como un hijo: se querían y se respetaban profundamente. Ángel consideraba que Julián Grau Santos era uno de los grandes pintores del siglo xx español. Sus trazos ágiles y su impresionismo personalista, que en los últimos años ha evolucionado hacia colores más potentes y calientes, provocaban en el galerista una gran fascinación. Otros creadores que ya se situaban en la cresta de la ola y posteriormente consolidaron su quehacer estético y cuyas obras pudieron verse en S’Art fueron algunos representantes de la pintura italiana vanguardista del momento. Walter Mac Mazzieri se reveló como un dibujante sorprendente con unas figuras irreales que provocaban cierta inquietud. Considerado como pintor surrealista y representante de un estilo característico, se distingue por su originalidad y su calidad pictórica tanto en Italia como en el resto de Europa. También expuso en la sala otra pintora italiana de renombre, Luciana Matalon, que cuenta con una fundación en Milán y cuya obra es representativa de toda una época de artistas italianos, los mismos que en distintas etapas se han podido contemplar en la Bienal de Venecia, que como se sabe se celebra cada dos años en la ciudad italiana. Pepe Guevara, pintor onubense de marcado carácter abstracto y con una paleta de colores cálidos y muy marcados que compartió exposiciones con Dalí, Picasso y Tàpies y está representado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en el Vaticano y en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, presentó en junio de ese año sus obras más trascendentales. Por su parte, Emilio de Arce exhibió treinta óleos y una colección de dibujos y participó en un acto en torno a la obra expuesta en el que intervino el joven escritor Juan Cabrera.


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Lleno absoluto en el acto de inauguración de la exposición de José Caballero, que incluyó una conferencia de Raúl Chávarri. 17 de mayo de 1973.

Félix Ferrer Gimeno, Ángel Sanagustín y José Antonio Labordeta, entre otros, en la presentación de la exposición de Ricardo Santamaría que tuvo lugar en 1973.


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En ese año de 1972 José Ignacio Velázquez, profesor de Lengua Española en la localidad francesa de Saint-Nazaire, expuso veintisiete obras bajo el denominador común de pintura lírica y surrealista. Luis Urcía Pueyo, nacido en el pueblo altoaragonés de Albalatillo, mostró veintiuna obras realizadas con la técnica del pirograbado. La aragonesa Julia Dorado presentó en octubre linograbados, aguafuertes, serigrafías y monotipos, una pintura intimista de la que ella misma afirmaba para la prensa recientemente: «Me sumerjo en mí misma y en toda mi experiencia, con mis inquietudes y todas mis frustraciones, con todo mi esfuerzo». El creador Iñaki deleitó a los visitantes con su pintura y su escultura, y en el acto de apertura el poeta italiano Carlo Liberio del Zotti pronunció una charla sobre El arte en nuestro tiempo. Francisco San José fue un discípulo de Benjamín Palencia cuya obra se enmarca en la segunda escuela de Vallecas y se encuentra en lugares emblemáticos como el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, el antiguo Museo del Alto Aragón de Huesca, el Museo Camón Aznar de Zaragoza, el Palacio de las Cadenas de Toledo, la colección del Congreso de los Diputados en Madrid o la colección de la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid. Su mujer, Pilar Aranda, aragonesa, también expuso en la galería S’Art, con una pintura calmada, estilista y de muy buen gusto (García Viñó, 1979). Simó Busom i Grau, paisajista catalán de Barcelona que ha recibido el premio del Ayuntamiento de Barcelona, el Premio Moncada y el Premio de Dibujo Ynglada-Guillot, destaca por su personal cubismo y por un fauvismo ágil y espontáneo y pertenece al grupo de pintores de la conocida Sala Parés de la Ciudad Condal. En la galería presentó treinta obras en las que incorporaba la tierra y el hombre. La última exposición de ese primer año de andadura de la galería mostró la obra de Francisco Mateos y Juan Navarro Ramón. La del sevillano Mateos, que se encuentra entre lo poético y lo metafísico, posee un carácter de intemporalidad y se puede apreciar a día de hoy en museos de arte moderno de Nueva York, París, Bruselas y Madrid. Navarro Ramón, sin embargo, con una dicción pictórica interesante, no ha obtenido el reconocimiento que se merecía. «Y es que el conjunto de la obra de Navarro Ramón pudiera sintetizarse en una espléndida sinfonía de la que tendríamos que estructurar los tiempos de cada una de sus etapas» (López, 1974; cit. en Hernández, 2005). Se trata, pues de un importante elenco de artistas que deleitaron al público oscense y generaron un genuino mundo cultural en la ciudad de Huesca, que jamás había vivido algo así, de tal categoría artística y tanta notabilidad internacional.


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En 1973 tuvieron lugar algunos encuentros con ilustres personalidades de la cultura española que se dieron cita en la galería y la dotaron de carácter. Ese año S’Art comenzó a abrirse camino y a tener prestigio dentro del mundo del arte y siguió en la línea de realizar en torno a dos exposiciones al mes. En enero de ese año el entonces gobernador militar de Huesca, el general Gerardo Mayoral, visitó la sala acompañado del teniente coronel ayudante Alfonso de Nicolás. Fue un acto solemne en el que se mostró un gran interés por la marcha de una industria artística que daba mucho prestigio a la capital. A principios de año la galería exhibió las pinturas del oscense Leoncio Mairal tituladas Paisajes. En esta nueva muestra se contó con un discurso de apertura del catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza Federico Torralba que versó sobre Las exposiciones de arte. La exposición de Andrés Isasi, Ander, en la que pudieron verse veinticuatro obras de una variada imitación figurativa y expresionista con un colorido grisáceo de hondo sentimiento anímico, se completó con un recital de guitarra de Alfonso Isasi, artista que compuso obras para la cantante Massiel y el grupo Los Sírex. El acto de inauguración de la muestra de Alberto Duce, a quien veríamos en repetidas ocasiones posteriormente. Durante la segunda quincena de febrero hubo una exposición conjunta de grabados de Mayte Ubide y pintura y cerámica de María Dolores Gimeno en la que Eloy Fernández Clemente, doctor en Pedagogía y director de la revista Andalán, pronunció una conferencia titulada Iván Illich, Neill y Paulo Freire: signos de una nueva pedagogía. El artista zaragozano Ricardo Santamaría expuso pinturas y esculturas en una muestra antológica organizada en colaboración con la Galerie de France de París y el Ateneo de Madrid. La inauguración estuvo respaldada por la presencia de numerosos zaragozanos y la intervención del poeta aragonés José Antonio Labordeta, que interpretó algunas de las canciones de la tierra inspiradas en sus poemas. También pronunció unas palabras el padre Damián Iribarren, el capuchino de los gitanos. Hubo además una conferencia a cargo de la artista de la cerámica María Dolores Gimeno, acto que presidió Lolita Calleja. Pilar Arenas estuvo en marzo con su pintura y sus esmaltes. Josefina Álvarez, que expondría también en años posteriores, participó en una muestra conjunta con la Hermandad Pictórica Aragonesa, formada por los hermanos Ángel y Vicente Pascual Rodrigo, que exhibieron sus pinturas y sus dibujos, además de pósteres y volátiles. En la inauguración, que tuvo lugar el día 31 de ese mes, Juan José Velázquez dio una conferencia titulada Hacia una sociología de la vanguardia: comunicación y arte. Ramón Polit expuso grabado y pintura, y el acto inaugural corrió a cargo de Eugenio Frutos Cortés, catedrático de Filosofía de la Universidad de Zaragoza,


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que habló sobre Unidad de época y creación artística. Fue una inauguración un poco más original de lo habitual, si cabe, pues el propio Polit hizo una demostración de la técnica de estampación del grabado. El zaragozano Miguel Ángel Albareda Agüeras presentó veintitrés paisajes a principios de mayo. Por su parte, José Caballero, considerado como un gran amigo de Ángel, dio uno de los toques más impactantes de esos primeros años exponiendo grabado además de pintura. Una de las obras más relevantes fue Océana, un libro compuesto por litografías de gran belleza estética y de tinte abstracto junto con poemas escritos por Pablo Neruda, quien pidió a Caballero que lo ilustrara. En el acto inaugural ofreció una conferencia sobre su extensa obra el crítico Raúl Chávarri. A comienzos de ese verano, del 2 al 14 de junio, se llevó a cabo un homenaje a Miró, a quien tanto admiraba el galerista. El siguiente artista fue Salgado, que exhibió treinta y cuatro obras y trece apuntes de desnudo (óleo sobre papel). A continuación, Iñaki deleitó de nuevo con pintura, escultura y dibujo. Entrado el otoño, se realizó una muestra pro restauración de la ermita de Nuestra Señora de Treviño en la que se agruparon obras de arte donadas por artistas que de una u otra manera estaban vinculadas al Alto Aragón. Otros artistas que expusieron durante ese año fueron Lluís M. Saumells, que mostró escultura, pintura, grabado y dibujo y contó con la presencia en la inauguración de Gonzalo Borrás Gualis, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, que habló sobre La obra como valor de inversión; Gloria Merino, que en octubre presentó su obra, inspirada por paisajes, figuras y composición; Fernando Delapuente, que ofreció una exposición de pintura y dibujo en cuyo acto inaugural el poeta italiano Carlo Liberio del Zotti, que ya había participado anteriormente en la galería como conferenciante, habló sobre La pintura ingenuista como conquista poética; la inglesa Teresa Davies, quien exhibiría sus acuarelas también posteriormente; el artista bilbaíno afincado en Zaragoza Hanton; y Fernández Barrio, que expuso pintura, grabado y dibujo. El año 1974 puede ser presentado como uno de los más destacados de la galería. Este intenso periodo de tiempo acogió a lo largo de sus doce meses más de veinte exposiciones. Artistas consagrados y de renombre pasaron por S’Art. Pedro Fuertes acompañó desde el inicio la andadura de la galería. Fuertes, además de ser un pintor y un escultor de prestigio con un estilo único y potente, estuvo unido a Ángel por una estrecha amistad. Miguel Torrubia fue un artista polifacético que con sus esculturas y sus sorprendentes y rompedoras poesías asombró al público oscense. Además, estuvo Alejandro Villá, pintor colorista de trazo cubista que realizó paisajes catalanes de gran valor.


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Fernando Calderón, dibujante y pintor, fue conocido además por pertenecer a una acomodada familia de Santander con varios artistas entre sus miembros. Uno de ellos, su hermano Juan Carlos, alcanzó gran prestigio en nuestro país como compositor de música ligera. Fernando pintó famosos murales que se encuentran en destacados lugares de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Expuso un total de doce óleos, once bocetos y dibujos y seis obras con técnica mixta sobre temas relacionados con el ser humano. A la muestra colectiva constituida por acuarelistas de la talla de Teresa Davies, Guillem Fresquet —que será uno de los artistas más expuestos posteriormente—, Ceferino Olivé y Juan Bautista Plana la siguieron el polifacético Aransay, calificado como «uno de los artistas más personales y coherentes del arte aragonés de los últimos años» (Castro, 2015). Tramullas, que mostró sus esculturas en abril; Gutiérrez Fanlo, quien exhibió veintiséis obras que obligaban al visitante a replantearse temas sociológicos muy relevantes en aquella época, como eran la transmutación de la economía agraria o el paso del campo a la ciudad; y Cipriano Coma Díaz, artista asturiano que presentó veintitrés magníficas obras de pintura y veinte platos de porcelana decorados a gran fuego bajo barniz que dejaron impresionado a todo el público. El surrealista Antonio García Lamolla —o Antoni Lamolla, como le solía gustar que lo llamaran—, que estuvo en la sala con una exposición antológica, contagió a todo el mundo su pasión por el arte con una muestra de obras dispares tanto de su etapa surrealista, con cuadros que han alcanzado elevadas cotizaciones, como de una época más impresionista, pero igualmente seductora y completa. Maestro y amigo personal de Manuel Viola, establecería una profunda amistad y relación con Ángel y su familia. Abad Gil, considerado como un narrador expresionista, expuso escultura, obras impresionantes y emotivas que como él afirmaba le servían para encontrarse a sí mismo. Carlos Torroba Gómez-Acebo, madrileño afincado en Bélgica, exhibió sus obras más íntimas en mayo. Le siguió el internacional artista japonés Masayoshi Kumamoto con veintinueve impactantes óleos de extraordinaria riqueza colorista y siete diseños. La artista parisina Irene Golberger Walowska mostró sus obras en una exposición cuya inauguración contó con la conferencia del psiquiatra y psicoanalista Francisco Doménech Coll titulada El arte y los estados anímicos. A continuación, Ángel Grávalos presentó esculturas y dibujos y tuvo como ponente invitado a Ramón Sainz de Baranda, profesor de la Universidad de Zaragoza, que habló sobre Defensa del paisaje en el Alto Aragón: el problema del Añisclo. Pudieron verse entonces unos paisajes de Fernando Badías con esqueleto y carne penetrada que escapaban al realismo anecdótico. Marta Cabeza expuso su Románico en Aragón y la conferencia del acto inaugural, El


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Camino de Santiago en el Alto Aragón: arte, historia y leyenda, corrió a cargo de María del Carmen Lacarra Ducay, doctora en Filosofía y Letras. Ángel Maturén presentó por primera vez en la galería una exposición de joyas, con gran éxito de público y de ventas. El día de la inauguración Carlo Liberio del Zotti habló sobre El arte en joyería. El pintor oscense de adopción José Beulas estuvo siempre presente en la galería S’Art. Beulas dejó en nuestra provincia un legado indiscutible, pues tanto sus obras pictóricas, óleos y acuarelas, como su colección particular han formado parte de la historia reciente del arte en Huesca, todo ello materializado en el Centro de Arte y Naturaleza (CDAN). Andrés Ferrer ofreció una exposición de fotografía de lo más íntima y reveladora en cuya inauguración se contó con el publicista Luis del Val, que habló sobre El símbolo y la imagen. A finales de noviembre llegó Navarro López con sus óleos y sus dibujos y más tarde Pedro Arribas presentó treinta y ocho obras. Por último, tras una nueva muestra de Marco Antonio, José Lapayese del Río exhibió treinta y cinco cuadros de carácter colorista trabajados con paleta y golpes de óleo y con un estilo personal y muy diferente (Manrique de Lara, 1978). En definitiva, se puede afirmar que las obras expuestas durante ese año fueron de un muy alto valor plástico y estético y dejaron una huella imborrable en Huesca y Aragón. El año 1975 comenzó con una exposición de las obras más paisajistas de Jaime Mariné, a la que siguieron una muestra del pintor Tomás Olivar y otra de Jesús Infante Pérez de Pipaón, considerado como un acuarelista consagrado del siglo xx en el mercado nacional. En la inauguración de esta última, el escritor Gabriel García-Badell impartió una conferencia titulada «Las cartas cayeron boca abajo» y la ciudad de Huesca. El propio Infante decía «que un artista alcanzaba la madurez como tal cuando su estilo era inconfundible; cuando, pintara lo que pintara, el sello de sus pinceladas, de sus colores, de sus texturas no tenía otro dueño que no fuera él mismo» (Izquierdo, 2017). José María Peralta y Martínez de Lecea, más conocido como J. de Lecea, fue un artista aragonés reconocido y al que se le han rendido homenajes y dedicado exposiciones en lugares emblemáticos de Aragón como el Museo Camón Aznar de Ibercaja en Zaragoza y otros, un pintor que se movió entre la abstracción y la pintura figurativa en un ir y venir constante (GEA 2000). En el acto de inauguración de su muestra José Giménez Aznar, miembro de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, dio una conferencia sobre El pintor y su obra. En marzo tuvo lugar una exposición de Francisco Crespo en cuyo acto de apertura intervino el escritor Alfonso Zapater, que dio una charla sobre Actualidad y vigencia de Joaquín Costa.


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José María Martínez Tendero presentó sus obras ese año y se convirtió en un pintor muy admirado por el galerista, por lo que volvería a exponer posteriormente. La Gran enciclopedia aragonesa lo define con unas palabras que conviene traer a esta publicación dada su precisión: Interesado por la pintura y escultura desde muy joven, con 12 años tiene su primera individual, sobre todo de escultura, y con 18 años se matricula en la Escuela de bellas Artes de San Carlos, Valencia, donde estudia dos cursos, para continuar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En 1970, un año antes de concluir sus estudios, fija su residencia en Zaragoza. Por entonces también tenía estudio en Albacete y estuvo relacionado con el Grupo Telom de Toledo. Vive en Zaragoza. Como pintor se interesa por el impresionismo y con posteridad por el hiperrealismo, mientras que, finalizando los sesenta, la figura y el paisaje, de indiscutible personalidad, se basan en una reducción temática mediante la desarticulación de planos y volúmenes con suelta técnica. Obra, por tanto muy abstraída con fondos casi monocromos sobre los que flota un cuerpo informal y otros elementos de gran sugestividad. Y si en la Zaragoza de los setenta influye en bastantes pintores, más tarde, años ochenta, dichos fondos monocromos le sirven para incorporar figuras femeninas que flotan y se mueven. Figuras de cuerpos como si fueran abstracciones informales de ricas texturas e impactantes coloridos. (GEA 2000, con actualización en 2009)

Alejandro Brioso, unido a Ángel por una gran amistad, expondría muchas veces en la sala. Además de acuarelas dibujó interesantes caricaturas, entre las que destaca la que hizo de Ángel con gusto y sabiduría, colocando en el retrato los elementos que desde su perspectiva eran más significativos en la vida del galerista: su mujer, como una cruz; su hija Vitico, representada en otra cruz; la galería S’Art; un aparato de radio de la marca Radiola; y su característico cigarrillo. Blanca Merchán y Enrique de Caso fueron asiduos de la galería como artistas y como visitantes. Ese año, con la colaboración de Ignacio Moreno, locutor de Radio Zaragoza, realizaron una exposición conjunta en la que se mostraban las esculturas de ella y la pintura y el dibujo de él. Vicente Asensio presentó su obra dividida en cuatro secciones: composición y figura, bodegones, paisajes y acrílicos. Después mostraron las suyas José María Lanzarote, también amigo personal de Ángel, pintor colorista y muy accesible, de trazos ligeros y simples pero de impacto, y el joven Luis Trullenque, con una exposición diferente a lo habitual, dado que en ella se pudieron ver obras donadas a la Sociedad Deportiva Huesca antes de ser subastadas. Con motivo de esta última tuvo lugar una conferencia de Martina Cases, abogada y jefa del Servicio


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de Promoción de la Iniciativa No Estatal del Ministerio de Educación y Ciencia, titulada Perspectivas del arte en Aragón. Fernando Alvira Banzo, cuya especial relación con la galería S’Art se inició en esa época y no cesó hasta su clausura, ha tenido una evolución imparable como artista plástico, desde unos comienzos marcados por el dibujo, base de su obra, hasta una mayor abstracción, que se refleja en sus acuarelas y sus óleos. Se le puede considerar un pintor expresionista porque dota a su obra de sentimientos intentando reflejar el entorno que lo rodea con cierto intimismo. En esa ocasión Alvira presentó veintiún óleos, ocho plumillas y trece obras realizadas con ceras, tintas y acrílicos. En la exposición colectiva titulada I Antología de Pintura de Educación y Descanso: 1946-1974 se mostraron veintitrés obras. También estuvo presente en la sala ese año Manuel Carmona, un reconocido artista que impresionó a Ángel desde el principio, con óleos y litografías de estilo naíf que entusiasmaron al público oscense. En la inauguración de esa especial muestra Laureano Menéndez de la Puente, miembro de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, ofreció una charla titulada Recuerdos de la vieja Facultad de Medicina de la Universidad de Huesca. El 24 de octubre de 1975 se inauguró una exposición de Ángeles Santos, perteneciente a la generación del 27 y reconocida en los últimos años como brillante pintora y excelente artista gráfica. Su cuadro Un mundo, óleo de gran formato que representa un imaginado planeta surrealista, fue pintado por la artista a los dieciocho años y hoy se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Más tarde se pudo ver la obra de Hanton, artista dotado de gran fuerza y un tanto disruptivo en su expresión plástica, y la de Suñol Genís, que en el acto de apertura contó con una conferencia de Francisco Domenech Coll titulada El arte como reflejo de la psicología humana. Cerró el año el gran artista Escartín con una muestra muy novedosa para el público oscense. En 1976 fue cuando Fernando Alvira Banzo tomó las riendas de la dirección de la galería. Ese año se contó con muestras individuales de Jesús Masana Monistirol, quien presentó veintitrés obras de carácter muy profundo; Ramon Sanvisens, docente y artista; Antonio Guayar, que inauguró febrero con una muestra paisajística de alta calidad pictórica; Joaquín Pacheco —o Pacheco a secas—, artista zaragozano de renombre; Antonio Fernández Molina, cuyas obras, óleos en su mayoría, reproducían composiciones que nos resultan familiares pero indescifrables como conjunto; Josefina Álvarez, que volvió a S’Art para presentar sus últimos trabajos; y Marco Antonio, que exponía allí por tercera vez. La primera exposición colectiva del año se titulaba 7 pintores de hoy, y en ella participaron Aguirrezabala, C. Duclós, B. Ibañes, J. de Lecea, Mayky, Martínez Tendero y S. Oyarzun. La conferencia de inauguración la ofreció Antonio Cobos.


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La siguieron las individuales de Juan Díaz Carrión, escultor, con diecinueve figuras y dibujos, y Margarita García Susín, que exponía en solitario por primera vez. En verano se presentaron las colectivas Pro iluminación del estadio Alcoraz y Siete pintores jóvenes en Huesca. En esta última participaron María Dolores (Maloles) Rubió, Isabel Bandrés, Rosa María Boix, María Ángeles Eisig, Manuel Alfonso Marqués, Luis Toro y Antonio Santos. Antonio Durán Gudiol dio una charla titulada En torno al valle de Nocito en la inauguración de la muestra de Niji que precedió a la II Bienal Nacional de Pintura, muestra que con honor y placer acogió la galería de arte durante algo más de dos semanas a finales de octubre y principios de noviembre. Rafael Santos Torroella presentó veintiséis obras de acuarela en noviembre y Badías Bolea fue el último en exponer ese año, en el que también se vieron obras de Martín Ruiz Anglada y Julián Grau Santos, grandes representantes de la pintura. José María Lanzarote inauguró con su pintura el año 1977. Fue una exposición novedosa tanto para la galería como para Lanzarote, pues se trataba de cuarenta óleos de pequeño formato. A continuación llegaron el pacense Francisco Revelles, Carlos Iznaola y Alejandro Villá, quien expuso en Huesca debido únicamente a su amistad con Ángel Sanagustín. Cipriano Coma Díaz y Andrés Coma del Corral ofrecieron una muestra de esculturas impactante por su potencia plástica y por tratarse de un tipo de arte expresivo y diferente. Alexandro, pintor hiperrealista mallorquín, fue el siguiente. Tras él llegó Ana Ruiz, que exhibió pinturas, textiles y cajas ilustradas, y después Alejandro Brioso con sus acuarelas, Pedro Fuertes, Pere Planells y de nuevo Teresa Davies. En noviembre Fernando Alvira Banzo volvió a deleitar al público con su dibujo y su pintura. Para empezar diciembre se contó con Martínez Tendero y para terminar el año con las acuarelas de Guillem Fresquet y una exposición colectiva que incluía obras de José Guevara y Fernando Pennetier. Ese año también pasó por la galería Ruizanglada, de quien Fernando Alvira Banzo hablaba en estos términos: «Hacía tiempo que este artista no realizaba una exposición individual. Su obra abarca un tiempo considerable. Pese a ello el factor tiempo […] es el primer condicionante». A continuación añadía: «Y a pesar de su pincelada nerviosa y rápida, los resultados son a los ojos de este espectador completamente sedantes». Su estilo no se puede calificar: lo importante es que «Ruizanglada es un pintor». Según Alvira, «la obra del último momento es la de mayor realización. Si se me permite diré que es lo mejor de su obra. Pienso que esto es importante, pues demuestra esfuerzo continuado. Un afán de investigación» (Alvira Banzo, 1977). En 1978 volvió a presentar obras suyas Alexandro, esta vez con un acto de inauguración presidido por Raúl Chávarri, crítico de arte que habló de La pintura realista española. Lamentablemente se trata de un artista que, si bien dejó su impronta en la galería S’Art, no ha llegado a tener el reconocimiento que merecía.


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Fernando Alvira Banzo, que más tarde sería director de la galería, junto a la escalera diseñada por Iñaki con algunas de las obras que expuso en noviembre de 1977.

Carrera Blecua, pintor al que Huesca nunca va a olvidar por su valentía con la expresión plástica y que tuvo influencias de autores como Tàpies o Manolo Valdés, no solo estuvo presente en la historia de la galería exponiendo sus obras, sino que además con sus comentarios estéticos generaba una atmósfera de mundo alternativo. Su talante abierto, sociable y comprometido era evidente. En la inauguración dio una conferencia Victoria Combalía. Uno de sus más íntimos amigos, el insigne escultor oscense Javier Sauras, decía en una entrevista mantenida con él en septiembre de 2019: «Carrera Blecua estaba convencido de que el arte puede cambiar la sociedad y generar un compromiso para conseguir objetivos más elevados y armoniosos, pues la belleza y la estética generan cohesión social y bienestar». Rafael Pérez Ruiz, con su exposición en solitario, dio paso a la colectiva de Pacheco y Vicente Lezama, en cuyo acto inaugural Abel Pérez habló sobre Arte y sociedad. A esta la sucedió otra muestra colectiva en la que participaron


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cinco artistas: Miguel Ángel Albareda, Virgilio Albiac, José Baqué Ximénez, J. de Lecea y José María Martínez Tendero. La siguiente fue la de los artistas Lezeta y Mary Mar. En agosto se contó de nuevo con la presencia de Alejandro Brioso, y en el acto de inauguración el célebre mago Rayers Sam dio una conferencia sobre La magia y el arte. Ese mismo año expuso la polifacética y siempre presente en el mundo artístico oscense y aragonés Teresa Ramón, que contó con Montserrat Costa como conferenciante invitada. La última muestra colectiva llegó en noviembre con Enrique de Caso y Blanca Merchán, y el año terminó con las individuales de Francisco Revelles y Mariano Otero. El año 1979 se inauguró en la galería con una exposición colectiva de cinco pintores: Bosco Martí Vallbona, Simó Busom, Rafael Durán, Ignasi Mundó y Josep Serra Llimona. Posteriormente hubo una individual de Antonia Orús Sacacia a la que sucedió en febrero el I Concurso de Pintura Gastronómica Ajo de Oro, donde se reunieron antiguos y nuevos artistas del mundo pictórico. Las siguientes muestras individuales que ofreció la galería fueron las de José Cozar Viedma, con paisajes de Huesca, Baeza, Cuenca y Albarracín, entre otros lugares; Ana Isabel Cabrero; Juan José Torralba, con su obra gráfica y sus dibujos; y Sarroca, con sus creaciones sobre el Pirineo oscense, que tanto amaba. Después estuvo Josefina Álvarez con veintiséis obras y en abril llegó Alexandro seguido de Visconti con sus acuarelas. Expusieron también Mariano Tena y de nuevo el ilustre Manuel Carmona, que contó con una conferencia de Montserrat Costa para la inauguración. José María Lanzarote volvió a presentar obras suyas ese año. La muestra colectiva que vino a continuación fue la de Enrique de Caso con sus bricaturas y Alejandro Brioso con sus ipercolias, una exhibición que pretendía aportar nuevas experiencias plásticas al espectador. En el acto inaugural de la siguiente, de Badías Bolea, pronunció una conferencia José Antonio Llanas Almudévar. Cerró ese intenso y plástico año una exposición colectiva donde se mostraron litografías, grabados, acuarelas, dibujos, óleos y textos que reunieron a Julián Grau Sala y Julián Grau Santos, padre e hijo, poniendo así un broche de excelencia y buen hacer a la década de los setenta.

DÉCADAS DE LOS OCHENTA Y LOS NOVENTA

Tras una etapa que puede ser calificada como la década dorada de S’Art empiezan los tiempos denominados de platino, casi veinte años que algunos expertos consideran como los mejores de la galería. Fue en ese periodo cuando se dieron cita en ella los artistas de mayor reconocimiento, y fue además cuando Ángel se


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convirtió en promotor de la pintura a nivel nacional. Artistas de todo el panorama español e incluso del internacional deseaban con entusiasmo poder exponer en S’Art. Asimismo fue entonces cuando Ángel pudo recoger algunos frutos que no había logrado obtener en la primera fase de la galería, pues hasta comienzos de los años ochenta nunca antes había conseguido un balance económico positivo en el negocio. Hay que decir que, además de contemplar las exposiciones y disfrutar de ellas, el público podía adquirir obras. En este sentido, resulta interesante señalar que Ángel, como comerciante que era, daba facilidades para que quienes quisieran comprarlas pudieran pagarlas en cómodos plazos, algo totalmente inusual en este tipo de productos, considerados más de lujo que de necesidad, aunque para el galerista el arte era algo necesario en la vida de todo individuo. El año 1980 comienza con un gran amigo y asiduo de las exposiciones de la galería, Guillem Fresquet, al que siguió Pérez Barón, conocido artista oscense, discípulo de Félix Lafuente y de Ramón Acín, que presentó principalmente acuarela, siempre muy delicada y perfilada. Por su vínculo con la provincia y también por la amistad que sus hijos tenían con Ángel, la exposición fue un éxito. Cecilio Almenara Marqués contó con una ponencia del crítico de arte Jaime Esaín en el acto inaugural. Lo sucedieron el creador Fabri, Ramón Ballarín y el oscense Luis Toro, que mostró veintiún óleos junto con diecinueve lacas de paisajes inventados y se convirtió en expositor habitual de la galería y gran amigo de la familia. Pedro Arribas, Felisa Carranza —artista residente en Estados Unidos con una pintura comercial y personalista—, Serrablo, José Rosales con sus bodegones realistas y Joaquín Clemente fueron algunos de los que deleitaron al público de Huesca con exposiciones ese año. La magnífica muestra de fotografía El Alto Aragón a principios de siglo, basada en una recopilación de trabajos de Lucien Briet y comisariada por el antropólogo y escritor oscense Ángel Gari, rindió un reconocimiento al fotógrafo francés amante de nuestra provincia por primera vez en España. Gari considera que ese fue un momento álgido del arte en Huesca y que la exposición tuvo un interés enorme. Asimismo por aquel entonces hubo otra, promovida por el propio Gari, dedicada a Ricardo Compairé Escartín, una muestra de fotografía costumbrista de gran valor. Enrique de Caso presentó sus acuarelas en octubre con Joaquín Sánchez Tovar como ponente. Teresa Ramón estuvo de nuevo en la galería la segunda quincena de ese mes y contó con el artista José Beulas, que esta vez participó como conferenciante y habló sobre Abstracción y realismo mágico en la pintura de Teresa Ramón. También pasó por S’Art Rafael Català, que llegó a ser un gran amigo de Ángel y que impresionó al público con unos bodegones realistas de trazo rápido y con elementos sorprendentes como telas, periódicos o libros.


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En la exposición colectiva IV Bienal de Pintura Ciudad de Huesca se dieron cita numerosos artistas. En esa ocasión, como en el resto de las bienales, la galería colaboró con la sala de arte Genaro Poza, perteneciente a la entidad bancaria que hoy es Ibercaja. Finalmente llegó la exposición individual de Escartín. Este extraordinario año lo fue también debido a que ni siquiera Ángel o sus allegados más cercanos se esperaban que la población oscense se animara a comprar y valorar el arte y la cultura que en la galería se mostraban. Esto significa que hasta ese momento las exposiciones habían resultado poco ventajosas desde el punto de vista económico, puesto que, como declaraba Ángel en una entrevista, los oscenses como norma general no suelen gastar su dinero en adquirir piezas de arte, además de que en esos momentos en Huesca no había una cultura artística semejante a la que podía encontrarse en otras ciudades de España (Sánchez Vallés, 1988). El siguiente año que destacó por la calidad y la exquisitez de las obras expuestas fue 1981, que comenzó con las exposiciones de Ángel Salamanca, José María Sesé, Antonio Fernández Molina —que repetía en S’Art—, José Serfaty y Mariano Otero. La primera muestra colectiva fue la de los hermanos Ángel y Vicente Pascual Rodrigo, conocidos como Hermandad Pictórica Aragonesa, que inauguraron en marzo. Los siguió José María Martínez Tendero con su exposición individual. Después se pudo contemplar otra colectiva, en esa ocasión con los artistas José Antonio Fortuño, Chusa Martín, Ana Lindemann, Pilar Bernad y Lorenzo Latre. Además hubo una individual de José María de Labra que llamó la atención por exhibir un arte de vanguardia, geométrico, basado en la lógica y la estética espacial y con un talante inteligente que desbordaba al espectador. A continuación llegaron cuatro grandes pintores en una exposición colectiva: Manuel Bordallo, Teresa Davies, Guillem Fresquet y Francisco Román, destacados y afamados acuarelistas que llenaron la sala de pinceladas ágiles, paisajes sensitivos y una técnica depurada y exquisita. Posteriormente se sucedieron exposiciones individuales hasta finales de de año: José Falcón —con tintas chinas y ceras, y con la ponencia de Ángeles Pérez Anoro en la inauguración—, Sergio Abraín —con pinturas, dibujos y cajas—, Alejandro Villá, Alexandro, José Rosales, Mangot, Alejandro Brioso con sus sugerentes acuarelas y Francisco Román. Sobre Mangot decía Navilo en el diario Nueva España: La sensibilidad femenina de ninguna manera está reñida con la fuerza expresiva. Ejemplo fehaciente lo tenemos en la exposición que ahora nos presenta la Galería S’Art y que reúne los requisitos suficientes para gozar del interés y admiración de cuantos la visiten.


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Es Mangot un nombre a tener en cuenta […], pues salta a la vista el dominio y destreza de que hace gala en sus estructuradas y académicas composiciones. (Navilo, 1981)

En 1982 y 1983 se contó con gran cantidad de autores de renombre y manifestaciones artísticas de alta calidad. Además, algunos de ellos repetían como expositores en la galería, por lo que se creó un ambiente de amistad y confidencialidad en el que los clientes y los visitantes llegaban a entusiasmarse con las obras y los artistas. A S’Art llegaron Ricaurte, Isabel F. Echevarría en una de sus primeras exposiciones individuales, Fabri con veinte obras y Manuel Bordallo con sus acuarelas sobre temas de Huesca y el Ampurdán. La siguiente muestra fue una colectiva titulada Los valles pirenaicos: 1927-1933. Después expuso Baringo, en abril, y Ramón Ballarín presentó sus óleos sobre paisajes de los valles de Ansó, Pineta, Hecho, Benasque, Cerler, etcétera, además de bodegones y flores. Más tarde hubo una muestra de Beulas dentro del conjunto de la antológica que con motivo de su nombramiento como hijo adoptivo de Huesca se celebró simultáneamente en S’Art, en el Centro Cultural Genaro Poza y la galería Atenea. La Hermandad Pictórica volvió a sorprender con nuevas demostraciones de buen hacer e innovación en el mes de octubre, con litografías que se expondrían posteriormente en la feria de arte contemporáneo de Nueva York. En la inauguración, Julián Gállego, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, pronunció una conferencia titulada La Hermandad Pictórica en las nuevas tendencias de la pintura figurativa. Terminó el año con dos grandes artistas como son Rafael Català y Teresa Ramón, que ya habían mostrado sus obras con anterioridad, pero Ángel tenía un especial interés en que volvieran a exponer en la sala. En 1983 pasaron por S’Art, entre otros, Antonio Santos, Antonia Orús Sacacia, Iglesias Sanz, Fini López, Fabri, Enrique de Caso, Mariano Otero, Emilia Xargay, Vayreda C., Teresa Davies —que expuso acuarelas, paisajes, interiores, marinas, figuras y temas del Alto Aragón—, Felisa Carranza, Margarita Gil Granero, José Rosales —que volvió con sus bodegones— y Raúl Santos Viana. Cerró ese año con sus apreciadas acuarelas Guillem Fresquet, maestro del pincel y consagrado pintor, reconocido a nivel nacional y considerado como uno de los acuarelistas catalanes más importantes del siglo xx. A lo largo de su carrera artística recibió numerosos premios y menciones, entre los que cabe destacar la Primera Medalla de la Agrupación de Acuarelistas de Cataluña, que ganó en tres ocasiones, las mismas veces que obtuvo el Primer Premio de la Bienal de Montblanc. En 1973 recibió el encargo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de realizar acuarelas de diferentes vistas de ciudades españolas


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destinadas a ilustrar sellos y tarjetas postales de tema turístico (Lerín, 2008). Fresquet fue autor de un libro que lo haría famoso, Cómo pintar a la acuarela, que apareció en 1988 en la colección Aprender Haciendo de Parramón, editorial consolidada en el mundo del arte. Se trata de un libro fundamental para aprender el difícil arte de la pintura al agua, que es como se conoce la acuarela. Materiales, utensilios, técnicas, explicaciones, consejos, etcétera, conforman la parte teórica, que se completa con una amplia atención a la práctica a través de una serie de ejercicios explicados paso a paso, tal y como reza la introducción. En los tres años siguientes, 1984, 1985 y 1986, el público oscense pudo descubrir una gran variedad de artistas, entre los cuales se puede señalar a Francisco Román, de nuevo con sus sentimentales y cromáticas acuarelas, y al artista madrileño de padres aragoneses Mariano Villalta Lapayese. Además Alberto Duce expuso de nuevo pinturas al óleo, grabados y dibujos. Este aragonés fallecido en 2003, que fue uno de los pintores fijos de galería S’Art y mantuvo una estrecha amistad con Ángel Sanagustín, era considerado por Ángel otro de los grandes olvidados maestros de nuestro territorio. Destacó esa exposición porque Duce pasó unos cuantos meses pintando a distinguidas personalidades y a todo aquel que deseara ser retratado por un excelente pintor cuyas obras se han visto por todo Aragón y en otros puntos de la geografía española e internacional y que a lo largo de su carrera pudo vivir de su arte. Una de las más conocidas, que se ha perdido, es el fresco que tenía el Gran Hotel del balneario de Panticosa, donde se podía observar a personajes aragoneses en distintas actitudes. Finalmente, cerraron 1984 Antonio Santos y Rafael Català, ambos asiduos de la galería tanto por su buen hacer estético y plástico como por la amistad que los unía al galerista. En esas fechas Santos diseñó el toldo de entrada a la galería y promocionó el espacio como uno de los lugares más encantadores para exponer de toda España. Por su parte, Rafael Català se iba consagrando como un maestro de la pintura realista gracias a su modo de plasmar las telas y a los claroscuros que les otorgaba. En 1985 exponen Felip Brugueras con sus acuarelas, Salvador Alemany con sus plumillas y de nuevo José Rosales. El año siguiente, 1986, destacan Ramón Ballarín y Francisco Torneró con sus óleos y sus retratos. Este último generó un impresionante ambiente artístico en torno a la galería, pues realizaba los retratos en la propia sala en horarios diferentes a los de apertura al público, de modo que S’Art se convirtió por unos meses en un rincón de idas y venidas, risas e intensas sesiones de posado. También estuvieron presentes ese año otros creadores del momento: Adolfo del Rey con pintura y dibujo, Alberto Duce con pintura al óleo y al agua además de


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dibujos y grabados, Miguel Mainar Boira, Vicente Badenes, Jesús Benito y de nuevo Francisco Román con sus ya consolidadas acuarelas. Seguimos con 1987 y 1988. En el primero encontramos artistas de la talla de Alejandro Villá, Carrillo, Rafael Català, Guillem Fresquet —ya como un clásico de S’Art con sus inigualables acuarelas—, José María Díaz Castán, Santiago Estruga con óleos y acuarelas, Antonio Gómez con pinturas y dibujos, María José Contador, Víctor Puyuelo o Manuel Bordallo, quien, con sus acuarelas de temas diversos, pero principalmente marinas infinitas con aguas transparentes y brillantes y románticos atardeceres, invitaba al espectador a soñar frente a sus cuadros en un entorno de paz y sosiego. Finalmente, José Rosales, que repetiría al año siguiente, llegó de nuevo a Huesca con sus flores hiperrealistas y apasionó a un público cada vez más amplio. En 1988 destacan nombres como Baringo con óleos, María Victoria Arbeloa, Manuel Macías con acuarelas, Estrada Vilarrasa también con acuarelas, Medina con sus espejos, de nuevo Rafael Català, Vicente Perachio con acuarelas, Urgeell y una vez más José Rosales, siempre acompañado de un gran éxito de público. De la última etapa de estos veinte años que estamos analizando cabe mencionar en 1989 a Vicente Burrel, Felip Brugueras, de nuevo Baringo —que introdujo una novedad en el acto de inauguración, pues donó un cuadro que se sorteó entre los asistentes—, una muestra de kalagas —tapices de Birmania hechos a mano—, Guillem Fresquet, una exposición de arte gráfico de grabados y finalmente Vicente Perachio. En 1990 destacaron artistas como Antonia Orús Sacacia, Vicente Burrel —que de nuevo sorprendió—, José Rosales una vez más, Francisco Román con sus acuarelas, Guillem Fresquet y, esta vez en solitario, Ángel Pascual Rodrigo representando a la Hermandad Pictórica. También a principios de los años noventa, en 1991 hubo una exposición colectiva titulada VII Certamen Juvenil Aragonés de Artes Plásticas, en la que se exhibió pintura, escultura y dibujo. En cuanto a las individuales, se vieron las de José Rosales, una vez más con óleos; I. Iathsse (Carlos Catasse); José García Prieto, con hiperrealistas bodegones al óleo; Rafael Català, otro clásico ya de S’Art; Manuel Carmona; Vicente Perachio, con obras en miniatura; y un homenaje a las acuarelas de Guillem Fresquet, que había fallecido recientemente y había estado unido a la galería no solo por una relación profesional, sino por una estrecha amistad con Ángel. Siguiendo con los años noventa, en 1992 llegan las exposiciones de Pedro Saura, Antonio María Almazán e I. Iathsse (Carlos Catasse), así como una colectiva que recoge el IX Certamen Juvenil Aragonés de Artes Plásticas, donde se reúnen obras tanto de pintura y dibujo como de escultura.


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En 1993 Dolores Serveto Olivé, Pedro Saura con sus Paisajes imaginarios y Rafael Català protagonizan las exposiciones individuales. Además se presenta una asombrosa colectiva de cerámica de Milagros Palacín Navarro y dibujos de Maribel Rey Allué. Por su parte, Alberto Duce —con gouache, pintura y obra gráfica—, Antonio Higinio Laiglesia Almenara y Rafael Català completan el año 1994. Al año siguiente se cuenta con artistas de interesante trayectoria como son Margarita de Grassa, Luis Trullenque, Salvador Alemany con sus plumillas y Teresa Ramón, quien vuelve a deleitar con su sugerente e irrepetible pintura. En 1996 exponen artistas conocidos y amigos como Antonio Amat, Vicente Burrel y el asiduo de la galería Luis Toro, quien en los años dos mil realizaría varios retratos a Ángel y lo dejaría inmortalizado en una imagen de san Antón en la iglesia parroquial de su localidad natal, Lascellas. Además, junto con el Rotary Club de Huesca, Ángel fomentó actividades en torno a la cultura y el arte en la ciudad. Julián Grau Santos volvió a la galería en 1997. Aunque parezca difícil, su obra se supera a sí misma constantemente. Pintor consagrado en nuestro país y fuera de él, tiene un romántico vínculo con Huesca, su ciudad natal, y apuesta por realizar exposiciones en las que el público se vuelca. Otro artista oscense que tuvo mucha relación con la galería fue Vicente García Plana, que ofreció una gran exposición de esculturas ese año. Paisajes del Pirineo era el título de la exposición de Sarroca que dio comienzo al año 1998. La siguieron las de Antonio Santos, Simó Busom, Miguel Cantón Checa, Miguel Ángel Encuentra, Dolores Serveto Olivé, Teresa Ramón y Sergio Abraín con sus correspondencias. Fue en ese año cuando se presentó el I Premio de Pintura organizado por el Rotary Club de Huesca y el club de Tarbes. Ángel era en ese momento presidente del Rotary y se organizó un premio cargado de ilusión y de participación. Las obras presentadas se exhibieron en la galería. El último año de este periodo, 1999, lo protagonizan nombres conocidos como los de Josep Guillén u Óscar Sanmartín Vargas. Este último, dibujante y modelista, trabaja también como ilustrador y desde hace años diseña cubiertas y colecciones para la editorial Tropo. En colaboración con el escritor Óscar Sipán ha publicado álbumes ilustrados como Leyendario, Criaturas de agua o Guía de hoteles inventados. Dentro del mundo del cine y la televisión ha participado en series y largometrajes entre los que destacan Águila Roja, Pájaros de papel o Toledo. Es conocido asimismo como diseñador de escenografías para teatro y anuncios publicitarios. En su trabajo, de marcado carácter surreal y fantástico, se pueden rastrear influencias clásicas de artistas como Alberto Durero y otras más modernas relacionadas con los relatos de ciencia ficción de Ray Bradbury o con la literatura de terror de H. P. Lovecraft (Pétula Plas, 2019). Además pasaron por la galería Luis Toro, Sarroca y Willy Frissen. La guinda del


Logotipo diseñado en Gráficas Alós que eligió el propio galerista. En él se reproduce un capitel del claustro de la colegiata de Santa María la Mayor de Alquézar.

Tarjeta con la que se invitó a la inauguración de la galería.


Pugilismo, óleo pintado por Julián Grau Santos en 1967. Perteneciente a la Diputación Provincial de Huesca y expuesto luego en el Museo de Arte Contemporáneo del Alto Aragón, se cedió a la galería S’Art con motivo de su inauguración. (Foto: Javier Broto)

Portadas de los catálogos de las exposiciones de José Caballero y Teresa Ramón que tuvieron lugar en 1973 y 1982 respectivamente.


Uno de los cuadernos personales de Ă ngel SanagustĂ­n con dibujos, pinturas y dedicatorias de varios artistas. Abajo, una dedicatoria de Fernando BadĂ­as y una pintura de otro artista. (Fotos: Javier Broto)


Dibujos de Grau Santos, Lanzarote y Beulas en uno de los cuadernos personales de Ă ngel. (Fotos: Javier Broto)


Arriba, una pintura de Ricardo SantamarĂ­a. Abajo, un dibujo de Enrique de Caso junto a la huella de otro de Blanca MerchĂĄn. (Fotos: Javier Broto)


Pieza que Pedro Fuertes regaló a Ángel Sanagustín y que incluye un retrato y una peculiar representación del galerista. (Fotos: Javier Broto)


Dos retratos realizados por el pintor y amigo de Ă ngel Luis Toro en torno a 2012. (Fotos: Javier Broto)


Ă ngel retratado por Margarita de Grassa y por Hanton. (Fotos: Javier Broto)


Una de las ventanas diseĂąadas por IĂąaki para la fachada principal de la galerĂ­a. (Foto: Javier Broto)


Dedicatorias de Rafael Alberti y JosĂŠ Caballero.


Retrato de Harm Oscar donde aparece el galerista sentado en su entraĂąable sillĂłn.


Pรกginas de un cuaderno que el artista Harm Oscar regalรณ a ร ngel.


Capitel del claustro de la colegiata de Santa María la Mayor de Alquézar que sirvió de imagen para el logotipo de la galería. (Foto: Antonio García Omedes)


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pastel de una etapa maravillosa la puso una muestra colectiva titulada Gráfica internacional en la que se incluyeron obras de autores de la talla de Braque, Chagall, Clavé, Matisse, Picasso, Miró y Tàpies. A finales de ese año se convocó el II Premio de Pintura organizado por el Rotary Club de Huesca y las obras presentadas se expusieron en la galería.

ÚLTIMOS AÑOS: DE 2000 A 2013

Comenzaba un nuevo siglo y, a pesar del paso del tiempo, la galería de arte continuó en la brecha. En sus últimos trece años de andadura se recogió la semilla de autores consolidados en el panorama de las artes plásticas, por un lado, y por otro ese periodo estuvo marcado por una profunda crisis económica que inevitablemente afectó también al arte. En el nuevo siglo aparecieron, sin embargo, artistas que irían cerrando la larga historia de galería S’Art, muchos de los cuales ya habían presentado sus obras en ella. Ángel, personaje consagrado como uno de los galeristas con más solera de España, destacado por su carisma, sabiduría y entusiasmo, hizo que muchos autores volvieran a exponer en la sala con el interés de dar a conocer sus obras y con la ilusión de venderlas. El número de exposiciones descendió debido al elevado coste que tenía cada una y a que Ángel iba cumpliendo años. A principios de siglo, en el año 2000, expusieron pintores como Josep Guillén, Javier Sanagustín Esperanza, Falcón Lima —con sus sugerentes óleos de personajes anónimos pero cargados de fuerza—, Rafael Navarro o Margarita de Grassa —con pinturas y dibujos—. El año siguiente tuvo un extraordinario comienzo con la obra de Julián Grau Santos, cuya maestría es cada día más reconocida. Otro oscense que ya se había dejado ver por la sala, Luis Toro, en esa ocasión expuso dibujos. La exposición del artista Vicente Burrel abrió el año 2002. Posteriormente mostraron sus obras Javier Sanagustín y Enrique Montañés, entre otros. Da comienzo en diciembre, pero continúa durante los primeros meses de 2003, una exposición titulada Maestros aragoneses en la que se dan cita los artistas Antonio Saura, Vicente Badenes, Virgilio Albiac, Alberto Duce, Pilar Aranda y Leoncio Mairal, entre muchos otros. Esta exposición fue compartida con la galería Aroya de Zaragoza. A continuación se inauguró una muestra en la que participaron María José López Pardo y Daniel Royo López. Julián Grau Santos volvió ese año, seguido de Pedro Saura y de María Dolores Serveto. En noviembre de 2004 expuso un fabuloso artista, Adolfo Lahoza, en una muestra organizada por la Asociación Amigos del Castillo de Loarre.


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Pedro Fuertes, tras treinta años sin exponer en la capital oscense, regresó en 2005 con la misma ilusión y la misma pasión que siempre. También uno de los pintores más emblemáticos de la galería S’Art, Julián Grau Santos, exhibió sus nuevas realizaciones. A pesar de ser asiduo de la Sala Parés, Grau Santos ha mantenido a lo largo de los años un estrecho vínculo con Huesca y con S’Art, de tal forma que en cuanto tenía nueva obra la galería le abría sus puertas que el público oscense pudiera contemplarla, pues no cabe duda de que, además ser un gran amigo de Ángel, Julián Grau Santos siente pasión por su tierra. En 2006 la temporada comenzó con Luis Toro. Lo siguieron Vicente Burrel y de nuevo la insigne Ángeles Santos: Ángeles Santos continuó exponiendo sus últimas obras. En octubre de 1975 la galería S’Art de Huesca presentó 33 pinturas, entre paisajes y retratos, llenos de gracia y con luz transparente, una obra profunda, vivencial y emotiva, al decir de los cronistas. […] No se apreciaron grandes cambios en las obras que presentó […] en S’Art de Huesca, en 2001 y 2006, aunque en esta última se quiso recordar el pasado que, sin duda, aportaba valor a la secuencia de bodegones, paisajes y flores de su jardín, donde encontró el sosiego. (Tudelilla, 2019)

A continuación llegó el oscense Luis Trullenque y en noviembre la también oscense Pilar Bernad puso su punto con una exposición de estilo realista con elementos fantásticos. Además Ángel recibió un premio por su continua colaboración con Asapme Huesca.

Imagen de la entrada a la galería por el Coso Alto publicada en la prensa local. (Foto: Rafael Gobantes)


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La tónica de 2007 la marcó una muestra colectiva, pero antes expusieron individualmente artistas como Julián Grau Santos, Vicente Burrel, Adolfo Ramón o Josep Guillén. En la colectiva se contó con la presencia de Vicente Burrel, Rafael Català, Willy Frissen, Julián Grau Santos, Josep Guillén, Adolfo Ramón, Luis Toro y Harm Oscar. En 2008 se contó con la participación de artistas como Rafael Català, de nuevo en la galería, y con una exposición en homenaje a García Torcal, que había fallecido poco antes. El verano se terminó con obras de Arcadia en pro de la salud mental, con el fin de promover un tipo de pintura que goza de menos reconocimiento, y en otoño hubo una muestra de grandes de la pintura como son Goya y Dalí, además de las de Vicente Burrel, Julián Grau Santos, Luis Toro, Alberto Duce, José Caballero, Simó Busom, Falcón Lima y el japonés Kumamoto. Los últimos años de la galería coincidieron con los últimos años de vida de Ángel y estuvieron claramente marcados por un descenso del número de exposiciones, ya que la edad no permitía al galerista mantener el ritmo de vida de las etapas anteriores. En 2009 se pudieron ver obras de Juan Manuel Moreno Flórez: Sin duda, las acuarelas que presenta el artista madrileño Juan Manuel Moreno Flórez bajo el título de «Tierra y agua» en Galería S’Art son de irreprochable técnica. Centralizando lo bello en su totalidad representan lo armónico que rige la tierra y el agua, algo que más de una vez vemos y transitamos sin advertir. Son sus paisajes favoritos, en su convencimiento de que para captar una parte importante de ellos hay que aproximarse a los detalles, acercarse a los límites de lo estructurado, sentirlos y amarlos. (Ara, 2009)

Luis Toro y Julián Grau Santos fueron los siguientes en mostrar sus obras. Hubo también una muestra que aunaba literatura con pintura en la que diversos artistas plásticos pusieron color al libro de poemas Las flores del mal de Charles Baudelaire. Se trataba de una edición limitada (ciento treinta y cinco láminas) y de coleccionista con serigrafías firmadas y numeradas de los artistas Calderón, Capel, D’Al Re, Delgado, Fouz, Guijorro, Piquer, Rodríguez y Tejada publicada en 1980. Por otra parte, en colaboración con Asapme se presentó otra deliciosa y efusiva exhibición de obras realizadas por personas con diversidad funcional o intelectual: Nuria del Río, presidenta de Asapme, presentó ayer en la Galería S’Art, coincidiendo con la inauguración de la exposición anual de pintura resultado de los talleres de la asociación, los actos que se van a desarrollar en el Alto Aragón en torno al Día Mundial de la Salud Mental, que este año «quiere hacer énfasis en la importancia de la relación entre la salud mental y las enfermedades físicas crónicas, destacando


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la galería s’art de huesca la relación bidireccional entre las enfermedades mentales y otras crónicas como el cáncer, la diabetes, la obesidad y las dolencias cardíacas y respiratorias».

Esta exposición de arte social tuvo una gran repercusión de público y la labor de Ángel fue reconocida por la asociación con la entrega de un premio. Alfredo Cabañuz también expuso en 2009, y lo hizo con una obra rompedora y muy fuerte. Esa muestra se recordará siempre por el movimiento artístico juvenil y la admiración que Ángel sentía por él. Concluyó noviembre de ese año con obra gráfica de Picasso, Antonio Saura y Miró. En 2010 Esporrín Sanclemente y Adolfo Lahoza presentaron sus obras de manera individual, mientras que Paco Puyuelo y Piter Saura lo hicieron en una muestra conjunta que casi fue marcando ya el adiós de la sala, una exposición inolvidable en la que ambos autores dieron lo mejor de sí mismos. Paco Puyuelo con sus esculturas y Piter Saura con sus pinturas llenas de irrealismo seductor, impactante y depurado generaron admiración y entusiasmo entre el público oscense. En noviembre de 2010 Julián Grau Santos volvió a Huesca y a la galería, como siempre con un gran impacto en la ciudad. En 2011 Simó Busom sigue entusiasmando con su pintura en una exposición individual y los chicos y las chicas de Asapme regresan a la galería para presentar sus obras. Además se exhiben pinturas del fondo de galería de cuarenta y tres artistas —entre ellos César Manrique, Willy Frissen, Rafael Català, Falcón Lima, Francisco García Torcal, Ramón J. Sender y Julián Grau Sala—, obras de arte clásico y antiguo en una muestra internacional conmemorativa que se podría considerar como un verdadero lujo para los sentidos. En el penúltimo año de la galería, 2012, pesar de que Ángel intentaba sacar fuerzas siempre que podía para no abandonar la galería S’Art, su salud era ya delicada y se notó un descenso de la actividad. Ese año hubo tres exposiciones principales. En la primera, de índole colectiva, se dieron cita cincuenta artistas, entre ellos García Torcal, Grau Santos, Willy Frissen y Rafael Català; en la segunda, que tuvo lugar en septiembre, volvieron a mostrar sus obras los miembros de Asapme; y en la tercera, en noviembre, lo hizo el oscense Luis Trullenque: Trullenque despliega en estos cuadros una aparentemente fácil y sustanciosa fluidez, una frescura que nos presenta los temas como vistos por primera vez y un dinamismo rico al tiempo que sobrio. Son grandes lienzos en los que la pintura ha ido vertiendo los secretos de la luz y de un color siempre vivo y lleno de misterio, un color limpio y rico que abunda en sorpresas de tonos inesperados y arquitecturas inéditas, en creativos y emocionantes contrapuntos sometidos unas veces al rigor de la geometría y otras a la composición que sabe concretar el tema y versarlo depurado. (Ara, 2012)


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CLAUSURA

Llegamos al momento del cierre de la galería, el fin de cuarenta y tres intensos años en los que se pudo conocer a muchos artistas de procedencias, estilos pictóricos y plásticos muy diversos, con estéticas rompedoras o más conservadoras. Un público completamente entregado durante todo ese tiempo, con su amistad y su fidelidad, hizo que S’Art fuera la única galería de arte privada de Huesca que alcanzó casi medio siglo de existencia. La apasionante aventura que puso en marcha Ángel Sanagustín en 1971 tuvo su punto final en 2013. El Diario del Alto Aragón dedicó una portada al cierre de la galería, y no son pocos los que afirman que esa labor de divulgación y comercialización del arte en Huesca durante tantas décadas merecía un homenaje público, considerando además que en S’Art se expusieron obras de gran importancia en el mundo del arte español e internacional y se dio cabida asimismo a autores oscenses para promover y apoyar su carrera artística. Ese año la Fundación Agustín Serrate, a través de su centro Arcadia, estuvo presente en la galería S’Art, tal como consta en sus archivos: Bodegones, retratos, dibujos figurativos y abstractos dan cuerpo a la exposición «Senderos» que ayer se inauguró en la Galería S’Art de Huesca y que firman los usuarios del Centro de Día de salud mental Arcadia, de la Fundación Agustín Serrate. Cada cuadro de los cincuenta que componen esta muestra tiene su particular historia y estilo, aunque predomina el color y se percibe creatividad y originalidad en cada parada de este recorrido, que es el resultado del taller de pintura en el que han participado durante los últimos meses. «Es una experiencia muy enriquecedora para ellos, y también para nosotros», comentó a este periódico durante la inauguración María José Lloro, trabajadora social de Arcadia, «porque permite que nos sintamos todos iguales y compartamos la misma experiencia creativa». (Fundación Agustín Serrate, 2013)

En 2013 expuso también Toni Ferrer, que presentó una obra conceptual de colores atractivos y muy sugerente, rompedora y con influencias de Kandinsky y Mondrian. En la última exposición el galerista hizo alarde de su buen gusto y presentó obras que formaban parte del fondo de galería —«un maravilloso bazar», en palabras de Luis Lles— reunido por él. Allí se vieron obras de artistas que a lo largo de más de cuatro décadas habían pasado por un espacio que era único e irrepetible porque siempre estuvo marcado por la personalidad de su fundador y propietario. Las firmas de Piter Saura, Luis Toro, Vicente Burrel, Vicente Badenes, Esperanza Altuzarra, Willy Frissen, Català, la Hermandad Pictórica


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Aragonesa, Alexandro, Simó Busom, Grau Santos y Guillem Fresquet, entre otros, se dieron cita en S’Art en esa ocasión. Además, para ser honesta e intentar preservar el rigor del presente documento, tengo que señalar que algunos artistas no se han podido ubicar en ninguno de los periodos de tiempo anteriores por falta de información y de documentación, pero se sabe que expusieron en S’Art en diversas ocasiones y que sus obras y sus percepciones constituyeron una parte muy importante de la historia de la galería. Se trata de Josefina Álvarez, Esperanza Altuzarra, Manuel de las Casas, Francisco Echauz, Villaseñor, Lluís Vila Plana, Antonio Capel, S’Al Re, Piquer Delgado, Pouz, Rodríguez, Tejada, Lucien Briet, Ricardo Compairé Escartín, María Cruz Sarvisé, Rafael Canogar, Andrés Galdeano, Gomollón y Ángel Maturén. Otras personas que apoyaron el proyecto artístico de la galería y de Ángel desde sus ámbitos profesionales fueron Antonio Angulo y Javier García Antón como directores del Diario del Alto Aragón, que además tenían amistad con Ángel; Myriam Martínez, redactora del mismo periódico, que era una persona muy importante para él; Fernando Sanagustín, profesor y pintor que era habitual de la galería y muy querido por nuestra familia, quien consideraba el espacio como un lugar en el que se juntan almas que aman y se apasionan con la pintura y las artes; Nuria del Río y Myriam Grande, quienes desde Asapme hicieron que el proyecto artístico de Ángel fuese aún más relevante para la ciudad de Huesca colaborando con él cada cierto tiempo; Vicente Baldellou, destacado arqueólogo y director del Museo de Huesca, que compartía con Ángel el amor por el arte y la pasión por las pinturas rupestres; y José Milicua, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona que participó con sus críticas en exposiciones de la galería y era también amigo de Ángel.

ELEMENTOS Y PERSONAS MÁS RELEVANTES Puerta de entrada a la galería: Iñaki (1971)

La puerta de acceso por el número 4 de la calle Loreto fue esculpida por el pintor y escultor Iñaki, quien la diseñó expresamente para la galería por encargo de Ángel Sanagustín y realizó además las ocho ventanas que se encontraban junto a ella. El conjunto formaba una fachada vanguardista de aluminio macizo de color naranja muy rompedora para la época que dio a la calle una atmósfera completamente diferente y dejaba impresionados a quienes acudían a la galería y a los viandantes. También, con el mismo lenguaje visual que había utilizado para la puerta y las ventanas, hizo la barandilla que protegía las escaleras que llevaban a la segunda planta de la galería.


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Asistentes a un acto celebrado en la galería, entre ellos León Buil Giral.

Félix Ferrer Gimeno durante una de sus conferencias.

El galerista no quiso abrir la sala hasta que el escultor hubiese terminado la puerta, puesto que para él era muy importante que contar con una pieza de arte que acompañase todas las exposiciones. Dirección: Félix Ferrer Gimeno (1971-1973) y Fernando Alvira Banzo (1976-1978)

La galería S’Art contó con dos directores y tres colaboradoras que a lo largo de los años apoyaron su evolución y el trabajo de Ángel Sanagustín. Félix Ferrer Gimeno fue director de la sala durante los dos primeros años de su andadura. Entre otras cosas, impulsó la galería en sus inicios y contribuyó a ponerla en funcionamiento, escribió críticas y presentaciones de los primeros artistas que expusieron en ella y ayudó a Ángel en el trabajo diario. El segundo director fue Fernando Alvira Banzo, que además de ser un magnífico artista colaboró con el galerista en muchas de esas tareas que tanto tiempo y esfuerzo requerían (Alvira Banzo, 2019). De 1976 a 1978, desde su perspectiva


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de artista, realizó críticas de arte, aportó su enfoque, expuso ante visitantes y clientes su interesante modo de entender el arte y conversó con el público para explicarle las técnicas, las reflexiones y las formas de cada pintor en cada caso. Colaboradoras: María José López, Loni Funes y Arlette Alegre

La primera de las colaboradoras fue María José, que mantuvo una estrecha relación con la familia Sanagustín y permaneció mucho tiempo en la galería S’Art. Loni, esposa del pintor Luis Toro y buena amiga de Ángel y su familia, también estuvo muchos años al lado del galerista. Arlette participó en la gestión de la sala durante la última etapa y ayudó a Ángel y sus nietas a informatizar la gran cantidad de papeleo que requería, así como a tramitar todos los asuntos que él llevaba aparte de la galería de arte. Además lo apoyó cuando su salud era ya delicada y no podía hacer grandes esfuerzos. Junto a ellas, Benito Bibián siempre tuvo un papel importante en los negocios de Ángel, pues fue el colaborador que más años pasó junto él en sus diferentes facetas profesionales y familiares. Vaya desde aquí un emocionado agradecimiento a todos ellos por la labor que realizaron. ¿Un Goya en Huesca? (1972)

Poco después de abrir la galería de arte Ángel logró traer a Huesca un Goya que según los expertos era un autorretrato auténtico. Además de ser un entusiasta de la pintura del artista, le encantaba poseer obras antiguas y únicas, y gracias a su faceta de coleccionista conseguía, o intentaba conseguir, verdaderas obras de arte que se pudieran exhibir en la ciudad. Se trata de una anécdota de lo más extraordinaria. La noticia se extendió rápidamente, ya que no era algo común, y apareció en diferentes medios de comunicación de todo el país. Además, mientras estuvo expuesto el cuadro la sala permaneció custodiada por agentes de la Policía Nacional. Primer balance económico positivo (1980)

Es destacable que, según afirmaba Ángel, el año 1980 fuera el primero en el que se obtuvieron ganancias mayores que las pérdidas que suponía abrir una galería. En general el arte es un bien de consumo al que no todo el mundo puede acceder, y él solía decir que las personas que poseen mayor sensibilidad no tienen el dinero suficiente para realizar la inversión; de ahí que siempre hiciera lo posible, vendiendo cuadros a plazos, para que nadie se quedara sin su obra de arte. Aun


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Jesús Silva Porto, comisario general del Patrimonio Artístico Nacional y conferenciante invitado para la presentación de la exposición colectiva pro restauración de la ermita de Nuestra Señora de Treviño que tuvo lugar en la galería en septiembre de 1973.

así, la sensación de gastar dinero en adquirir obras de arte es algo complicado y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Ángel era totalmente consciente de eso, pero no titubeó ni un segundo a la hora de mantener la galería abierta durante los años en los que no obtuvo ninguna compensación económica. A pesar de ese dato, en los años setenta la afluencia de público y clientes a la galería no dejó de ser numerosa en ningún momento, ya que la sala se convirtió en todo un referente del arte y de los saberes compartidos en un espacio único y diferente. En las décadas de los ochenta y los noventa fue cuando Ángel estuvo más satisfecho por los resultados económicos obtenidos, aunque, como él afirmaba repetidamente, el mercado del arte es un ámbito complejo y difícil dentro del mundo del comercio y los negocios. Nunca se planteó esa labor como para ofrecerla a los clientes a modo de inversión, pues tenía una visión romántica del intercambio artístico en el sentido ya mencionado de que no todo el mundo puede permitirse o quiere comprar obras de arte. Además estaba convencido de que la sensibilidad de cada uno es más valiosa que las especulaciones o las cotizaciones de los artistas.


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El profesor, médico y ganador del Premio Planeta Santiago Lorén durante la conferencia que impartió en la sala con motivo de la inauguración de la muestra de Gloria Merino. 15 de octubre de 1973.

Fotografía de Gloria Merino en el catálogo de su exposición.


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Actos culturales: artistas, conferenciantes, poetas…

Sobre todo en las primeras décadas de la galería, cada vez que se inauguraba una nueva muestra se celebraban diversos actos culturales. Músicos, cantantes, conferenciantes, poetas y artistas de todo tipo participaban en los actos de apertura de las exposiciones, que duraban aproximadamente quince días. Entre los nombres destacados y reconocidos estuvo el de José Antonio Labordeta, cantautor, escritor y político español que sorprendió a todos los asistentes, y fue notable la presencia en la galería de Ramón J. Sender firmando libros. Hay que mencionar los conciertos de Antonio Arnal a la guitarra, así como la participación de Raúl Chavarri, reconocido crítico de arte y hermano del cineasta Jaime Chávarri, y la de Fernando Fernández Gómez, hijo de Fernando Fernán Gómez, acompañando a este último. El crítico aragonés Ángel Azpeitia, además de realizar las presentaciones para los catálogos de las exposiciones, impartió numerosas conferencias en la galería, pues era un buen amigo de Ángel. Antonio Fernández Molina, poeta y pintor, ilustró constantemente al público con su compañía. Las conferencias de Joaquín Sánchez Tovar, catedrático de Geografía e Historia del instituto Ramón y Cajal muy conocido en la ciudad, eran frecuentes, además de sugerentes y divertidas. Igualmente, desde la galería Ángel Sanagustín fue mecenas para la publicación de algunos libros de poesía y novela, siempre impulsado por un carácter soñador y generoso que le hacía apoyar a todas las personas en las que veía sensibilidad y amor por el arte con las que se cruzaba en su camino. Proyección social: participación continua

La proyección social de la galería siempre fue admirable. Ángel la cedía prácticamente a todo aquel que tuviera algo que exponer y con frecuencia colaboraba con asociaciones dedicadas a la atención de personas con diversidad funcional o intelectual, incluso fomentando y apoyando el desarrollo y las exposiciones de sus obras con el fin de mostrar la capacidad artística de todas ellas. Promovió certámenes de pintura para jóvenes recién graduados y presentó exhibiciones de obras plásticas en pro de la restauración de ermitas o la remodelación de espacios como El Alcoraz de Huesca. Brindó la galería al Rotary Club de Huesca para la organización de eventos culturales y colaboró con el Ayuntamiento de la ciudad en varias bienales de pintura. Esos fueron algunos de los proyectos que albergó e impulsó la galería, pero hubo otros, dado que Ángel tuvo un carácter bondadoso y honrado e intentó ayudar a muchas personas. Como en cualquier actividad humana, no faltaron pequeños problemas, conflictos y dificultades, pero él siempre mantuvo el


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empeño de luchar por poner el arte y a los artistas por encima de todo. Siempre atento a lo que ocurría a su alrededor, intentó colaborar, mejorar y subsanar los fallos que pudieran surgir. Camilo José Cela, crítico de arte

Curiosamente y, lejos de ser todavía un premio Nobel, Camilo José Cela redactó una crítica de arte que se incluyó en el catálogo de la obra del pintor mallorquín Alexandro, amigo del escritor. Es un interesante recuerdo para una galería de arte que siempre fue espacio de cultura e ingenio.

La galería de arte S’Art se podría definir como un proyecto sociocultural único y particular que promovió el arte en Huesca y que tanto a través de exposiciones artísticas como de otro tipo de manifestaciones culturales dotó a la ciudad de un lugar de encuentro para el público en general y los artistas en particular. Su historia delata una trayectoria de vida, ilusión y amor al arte, la de su fundador y propietario, Ángel Sanagustín López, y su familia.

Sugerente anuncio publicado en la prensa local en la primavera de 1972.

Placa tallada en piedra situada junto a la puerta de acceso a la galería por la calle Loreto.


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Ă ngel SanagustĂ­n fotografiado el 22 de agosto de 1999.


¿QUÉ HUBO ANTES DE LA GALERÍA?

Ángel Sanagustín López, nacido en Tamarite de Litera el 24 de noviembre de 1927, era hijo de Casimiro, huérfano y guardia civil, y Francisca, hija y hermana de sastres; hermano de José María, Isabel, Emilia, Ascensión y Pilarín; esposo de María Victoria Fons Gil; padre de María Victoria Sanagustín Fons; y abuelo de Ángela, Victoria y Amparo. La vida de Ángel comienza en Tormos, una pequeña localidad donde vivió su infancia al lado de sus padres y sus hermanos. Cuando era muy joven, a los dieciséis años, el maestro del pueblo llamó a sus padres y les dijo: «Ya no puedo enseñarle más a su hijo». Así fue como a esa edad se puso a trabajar de vaquero. El propietario para el que trabajaba solía decirle: «Zagal, no trabajes tanto, que parece que el negocio sea tuyo». De esa forma descubrió que prefería trabajar y hacer todo el esfuerzo para sí mismo, y al cabo de aproximadamente un año decidió irse solo a Huesca a buscarse la vida. Para sus padres fue un golpe muy duro, pues no querían dejar marchar a uno de sus hijos. El padre, guardia civil en el cuartel de la localidad altoaragonesa de Tormos, propuso al resto de sus hijos —seis en total— y a su mujer seguir los pasos de Ángel e ir a vivir a Huesca. Así llegaron al cuartel de Huesca, donde vivieron durante varios años. En aquella época Ángel recorrió con su bicicleta una gran cantidad de pueblos como agente comercial, vendiendo hilos, telas y accesorios de diferentes tipos. Conocía la provincia como la palma de su mano, y gracias a su extraordinaria memoria recordaba, aun cuando era ya muy mayor, los pueblos por el orden en el que se encontraban en los diferentes valles pirenaicos, pues era además un gran amante del Alto Aragón, de la naturaleza y de sus bellezas, y cazador y pescador desde muy joven. En ocasiones recordaba que a esa temprana edad quiso emigrar a Canadá porque le parecía un país muy atractivo por su clima frío y por la belleza de sus paisajes; sin embargo, su madre no dejó que se fuera, ya que estaban profundamente unidos y ella lo convenció para que no abandonara su tierra natal. Tras unos años de mucho esfuerzo, convenció a un comercial de la capital para abrir en Huesca una mercería a la que puso el nombre de El Ángel. Allí comenzó su fama, pues vendía con gran éxito telas, hilos, botones y demás a muchas personas, especialmente mujeres. Dispuesto y trabajador, con grandes dotes para las relaciones públicas y sociales, una gran autonomía y un talante innovador desde muy joven, despertaba admiración a su alrededor por su viveza y su ingenio. Tras un par de años en ese negocio, y debido a los buenos resultados de ventas y público del establecimiento, lo fichó una familia de comerciantes de Huesca, la familia Susín, que le ofreció ser representante de sus


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Ángel y su esposa, Mariví, en un rincón de ese Pirineo que tanto les gustaba a ambos.

cristalerías por la zona norte de España. De ese modo se convirtió en un exitoso agente comercial, ganaba abundante dinero y podía llevar un alto nivel de vida. De hecho, tendría unos veintisiete años y ya poseía uno de los primeros coches que se vieron por Huesca. Así, yendo y viniendo por todo el norte del país, fue como forjó su imagen pública y consolidó su gusto por el comercio y por estar en contacto con la gente. Decidió montar su propio negocio y a finales de los años cincuenta, con unos treinta años, ya estaba completamente independizado y establecido en Huesca. Comenzó vendiendo electrodomésticos de todo tipo: lavadoras, frigoríficos, televisores, aparatos de radio… Su perspicaz visión para los negocios le hizo introducir la fórmula del pago a plazos, el pago con letras, que hasta aquel entonces era totalmente desconocida en Huesca. Revolucionó el mundo de la compraventa y su nombre aparecía en muchas conversaciones populares de la localidad. Tanto es así que durante años circuló por la capital y por el resto de Aragón un chiste relacionado con Ángel que fue publicado en el Álbum de adioses ii de Manuel Benito y en más de un medio de comunicación: Pero en estos días hubo una gran sorpresa, una explosión de fervor todavía mayor: la presencia en Huesca y en San Juan de la Peña del Caudillo. El día 29, con toda la


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ciudad en formación, Franco vuelve a salir de un coche en la plaza de Navarra —lo había hecho ya en 1953— y torna al balcón de la Diputación, desde donde arenga a treinta mil altoaragoneses: —Vuestra capital fue trinchera y fue muralla contra la invasión de los nuevos bárbaros. Aunque la ciudad lo que recordó durante muchos años fue un pequeño chiste: Franco sale al balcón y dice: —Oscenses, hace unos años no teníais nada y ahora tenéis estufas, frigoríficos, lavadoras; y todo eso, ¿a quién se lo debéis? —A Ángel Sanagustín. Contestaron al unísono. Y es que eran los tiempos de electrodomésticos que se compraban con letras o a plazos y que se adeudaban, entre otros, al buen industrial Sanagustín.

Se casó con María Victoria Fons Gil, hija de un militar, que vivía en Zaragoza. Aficionada al dibujo y la pintura, había sido discípula en Valencia del pintor Segrelles y en la capital aragonesa de Abel Bueno Gros. Ángel y Mariví incrementaron juntos su pasión por el arte y años más tarde emprenderían la fundación de la galería S’Art. Un dato interesante es que desde muy temprana edad Ángel se dedicó a coleccionar todo tipo de objetos artísticos que muchos despreciaban. En sus inicios en el mundo del comercio realizaba trueques con familias de los pueblos que necesitaban electrodomésticos; él, a cambio, se quedaba con diferentes piezas: sillerías, cuadros, trinchantes, cómodas, mesas… Cabe destacar que

Anuncios de la tienda de electrodomésticos regentada por Ángel Sanagustín publicados en la prensa local.


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todos aquellos con quienes entró en contacto lo tenían en una alta estima y lo admiraban como persona y como comerciante. En general, prefería perder sus derechos antes de que alguien no se fuera contento con lo que había comprado o cambiado. En 1971 inauguró la galería S’Art, que compartiría espacio con el establecimiento de venta de electrodomésticos hasta unos años después, cuando cerró la tienda para centrarse únicamente en la sala de arte. Durante sus años de galerista y comerciante Ángel Sanagustín López se forjó una imagen pública sólida, una imagen que quedaba expresada en las muestras de cariño que recibía. Eran numerosas las manifestaciones de aprecio que le dispensaban los artistas y el público en general, que siempre destacaban su intensa vida social, su talante generoso y amable y su personalidad abierta, noble, sagaz y honrada.

Mariví, la esposa de Ángel, pintando en un embarcadero.


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Ángel durante una sobremesa con un grupo de amigos.

Ángel, Mariví y Vitico en el aeródromo de Pau durante una excursión organizada por el Rotary Club de Huesca.

El Rotary Club de la capital oscense, que fomenta la aplicación de normas de ética en el trabajo y contribuye al desarrollo de la buena voluntad y la paz en el mundo, le entregó el reconocimiento Socio Paul Harris. En noviembre de 2010 se le rindió un homenaje en la I Muestra de Arte Ciudad Huesca, organizada por diversas entidades públicas y privadas. Por su parte, la Asociación Oscense Pro Salud Mental le concedió, por su constante apoyo, el Premio a la Colaboración en Salud Mental el 26 de septiembre de 2006. En 2011, en la gala Altoaragoneses del Año organizada por el Diario del Alto Aragón, recibió el premio Pajarita de Oro en Cultura, creado para distinguir a personas, entidades o instituciones que hayan destacado por su proyección el año anterior. En mayo de 2016, dos años después de su muerte, el Ayuntamiento de Huesca le dedicó uno de los paseos centrales del parque Miguel Servet, donde colocó una placa conmemorativa con su nombre. Así, el coleccionismo, el comercio y el arte serían las tres facetas que marcaron la vida de Ángel.


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De su personalidad destacaban su capacidad para hacer amigos y mantenerlos, unas dotes comunicativas y sociales innatas y presentes hasta el final de su vida y una forma de ser única e irrepetible. Transmitía una sabiduría y unas experiencias que encandilaban y persuadían aun sin querer. Hoy seguimos saboreando la amistad de muchas personas que lo adoraban y cuyo cariño continúa con nosotras: mi madre, mis hermanas y yo misma.

SU FAMILIA MÁS CERCANA

Cuando Ángel era joven y vivía con sus cinco hermanos y sus padres todos contribuían a que la familia saliese adelante: el que tenía que ir a trabajar iba y el que se tenía que quedar en casa ayudando lo hacía. En esa época encontró empleo en una finca en la que, entre otros menesteres, hacía de vaquero, y hasta el dueño le decía que no trabajara tanto. Así, a esa edad decidió dejar el pueblo e irse a Huesca en busca de nuevas metas, arrastrando de esa forma a su familia. Años más tarde se convertiría en un afamado comerciante. Entonces conoció a María Victoria Fons Gil. Se encontraron en el paseo de la Independencia de Zaragoza cuando Ángel iba a dar una vuelta con un amigo, su querido Cándido Puyal, y Vito —como llamaban coloquialmente a María Victoria, o Mariví— se dirigía al cine con una amiga. Él fue directamente a saludarla y le dijo: «¿No te acuerdas de mí?». A pesar de que tenía ni idea de quién era, ella no dudó en saludarlo de vuelta y responder: «Sí, sí, por supuesto». Entablaron una conversación como si se conociesen de toda la vida y finalmente, con sus amigos perplejos por la situación, se fueron los cuatro juntos a bailar. De esa manera comenzó un noviazgo que terminó con un largo matrimonio del que nacería

Ángel y Mariví durante una celebración. (Foto: Arroyo)


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una niña. Vito era una artista; pintaba y dibujaba siempre que tenía tiempo, y antes de casarse, durante los veraneos con su familia, frecuentó en Valencia la academia de Segrelles, que tuvo una gran influencia en la obra posterior de Mariví. En Zaragoza fue discípula de Abel Bueno Gros, quien acogía y enseñaba a jóvenes que poseían una alta capacidad para la pintura. Sus nietas la recuerdan con muchísimo cariño, siempre dibujando, rezando y riendo. Una de las hermanas de Vito dedicó su vida profesional a la escritura y la pintura. Fue el amor al arte de su cuñado y amigo lo que hizo que Carmen le dedicara un poema. Esas profundas líneas describen a la perfección el espíritu de Ángel, y por eso se han utilizado como comienzo de este libro. Fruto de ese matrimonio nació su única hija, María Victoria —o Vitico, el diminutivo aragonés de Vito, como se la conoce—. A la edad de dieciocho años se fue a estudiar Psicología a Salamanca y posteriormente un doctorado en Sociología para años más tarde convertirse en profesora titular de la Universidad de Zaragoza, pues la docencia y la investigación habían sido su sueño desde muy pequeña. Fue un cambio radical para ella, puesto que estaba acostumbrada a vivir bajo la atención de sus padres. Las circunstancias que vivió Vitico hicieron que se convirtiera en lo que es hoy en día, una mujer inteligente y luchadora y una madre extraordinaria. A los veintisiete años se casó con José María Coiduras, que sería el padre de sus tres hijas y que acompañó a Ángel y su familia en diferentes actividades tanto de la galería de arte como del resto de los ámbitos a los que su suegro se dedicó. Sus nietas: el núcleo más próximo

Mis hermanas y yo misma, como nietas de Ángel, coleccionamos recuerdos de momentos a su lado que fueron para todas nosotras un precioso regalo, momentos en los que nos envolvía de cariño y nos contaba historias apasionantes de todo tipo y aventuras que nos encandilaban, momentos en los que nos dolía la tripa de tanto reír y momentos de admiración cuando lo oíamos hablar de la vida y escuchábamos sus anécdotas. Él fue quien nos enseñó a amar el arte, a respetar a la familia y disfrutar de ella, y, por supuesto, él fue uno de los que nos inculcó la pasión por la vida y por encontrar aquello que realmente nos hiciera vibrar. Era un soñador y a la vez un hombre sagaz en los negocios. Me acuerdo de esos domingos íntimos y hogareños en la casa de Labata, cuando nos ponía a sumar y multiplicar mentalmente, un cálculo que él hacía con una facilidad tan asombrosa que incluso nos ganaba aunque nosotras utilizáramos la calculadora y él únicamente la cabeza, o nos


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preguntaba definiciones enunciadas por filósofos y pensadores clásicos, como la que formuló Aristóteles del arte, o la que dio Platón de la filosofía, o la máxima socrática, y así mil y una experiencias que nos seguirán acompañando siempre. Son recuerdos imborrables que acrecientan mi admiración por él y por el legado cultural que nos transmitió, junto con algunas valiosas obras pictóricas que espero que podamos cuidar y mantener. Mi abuelo era una persona honrada, capaz y amable. Siempre dispuesto a hacer favores, era solidario y amigo de sus amigos.

SUS AMIGOS Y SU RED SOCIAL

A lo largo de su popular vida, Ángel tuvo un gran círculo de amigos y conocidos que lo rodeaban. Algunos de ellos los encontramos en el Club de Tenis Osca, en el Rotary Club de Huesca, la Peña Gastronómica, el coto de caza de Sarsamarcuello y múltiples eventos sociales y culturales de su época, si bien la mayor parte del tiempo, en especial durante sus últimos años, lo pasaba en la galería, donde recibía a todo aquel que quisiera compartir momentos y vivencias con él. El Rotary Club de Huesca

Esta organización de personas que pretenden implantar elevadas normas de ética en el trabajo y contribuir al desarrollo de la buena voluntad y la paz en el mundo acogió durante muchísimos años a Ángel, que junto con otros socios fundadores contribuyó a su creación en Huesca en 1985. Ángel fue un socio muy activo del club. Prestó la galería para organizar exposiciones y conferencias culturales con el fin de divulgarlo, fue presidente a finales de los años noventa y obtuvo el reconocimiento Socio Paul Harris años más tarde. A través del Rotary Club se financió el monumento a la Paz de Huesca, que se encuentra en la avenida del mismo nombre y que fue diseñado por el arquitecto oscense Eduardo Cuello y promovido por Joaquín Rodrigo y Josemari Álvarez. Se hizo mención especial de su actividad y se le tuvo muy en cuenta durante todos los años en los que prestó su ayuda de manera desinteresada. Allí pudo consolidar su amistad con muchos de los socios que actualmente constituyen el club. Ignacio Almudévar fue como un hijo para Ángel y ambos compartieron siempre intereses, valores y cariño. Entre los socios con los que mantuvo una estrecha relación se podría citar a José Luis Rodrigo, José Luis Navarro, Fernando Albajar, Josemari Álvarez, Fernando Gutiérrez, Antonio Bernad, Eduardo Cuello, Antonio Cardeña,


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Ángel y sus nietas.

Un grupo de miembros del Rotary Club de Huesca con el arquitecto Eduardo Cuello y el que fuera alcalde de la ciudad Enrique Sánchez Carrasco en la inauguración del monumento a la Paz.

Francisco Andrés, Julio José Sopena, Antonio Lorenzo, Paul Atkinson, Juan Lino Lasierra, Ramón Garín, Mariano Martín Cáceres, José María Coiduras, Ángel Bernad hijo, Santiago Arnillas, Santiago Alastuey, José Labarta, Lorenzo Otín, Ignacio Almudévar, Juan Carrero y Rosa María del Valle. También tuvo relación con muchos miembros de clubs de Zaragoza, Pamplona, Tarbes y Pau. Labata

Durante mucho tiempo este pequeño pueblo fue la segunda residencia y la pasión de Ángel. Siempre iba y venía con su coche y nunca dejó de visitar a sus amigos. Compró la casa cuando tuvo dinero para hacerlo, en su edad adulta, y, a pesar de ser un forastero, el pueblo lo acogió como si fuera uno más de toda


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la vida. Paquito, Benito, Elías, Marianer… son algunos de los amigos con los que tantos momentos compartió. Participaba asiduamente en las matacías y ofrecía su casa a quien la necesitase. Tenía un huerto de tomates, verduras, hortalizas, etcétera, y le encantaba pasar tiempo allí y hacer él solo todas las tareas. Plantaba, regaba y recogía para disfrutar de buenos alimentos. En otra de sus facetas como emprendedor, Ángel recogía la uva de sus viñedos y elaboraba vino con la colaboración de algún amigo. En la casa del pueblo tenía todos los aperos necesarios para producirlo y pasarlo posteriormente a unas barricas donde lo guardaba para que pudieran disfrutarlo sus allegados. En todas esas tareas lo ayudaba un incondicional que permaneció trabajando a su lado durante más de tres décadas: Benito Bibián. Este vecino de Labata y gran trabajador, que era y es como de la familia, se hizo famoso gracias a las tortillas de patata que preparaba en el bar Olimpia, que también regentaba Ángel. Club de Tenis Osca

En sus ratos de ocio le gustaba compartir tiempo y partidas de guiñote con un grupo de amigos que se fue consolidando a lo largo de más de treinta años. Lo llamaban el maestro porque era uno de los campeones y por su gran memoria, pues siempre recordaba las cartas y las jugadas que habían realizado los otros jugadores. Algunos de esos amigos eran Josemari Artero, Manolo Ortín, Antonio Bernad, José Luis Mur, Mariano Lafarga, Ángel Bernad, José Antonio Costas, Tote Lafuerza, Jesús Gracia, José Luis Callén ( Joluca), Carlos Mostajo, Javier Montes, José María Blasco, Luis Valero, Pepito Blanch, Juan Armendáriz, Adolfo Ciria, Gonzalo Corrales, José Luis Gracia, Antonio Cerezo, José Antonio

Ángel y su amigo Josemari Artero.


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Latorre, José Antonio Moseñe, José María Nieto, Ángel Oliván, Pablo Ramón, Julián Sarasa y Feliciano Viñuales. En el último cumpleaños que celebraría Ángel, el 24 de noviembre de 2013, estos amigos escribieron unos versos que le encantaron a Ángel y nos apasionaron también al resto de la familia: Querido Ángel: Felicidades ¡Gracias por tu sabiduría, que no la dan siempre los libros! ¡Gracias por el sentido de «fiesta» que siempre nos has dispensado! ¡Gracias por ser «El Maestro» de la sonrisa… y de la vida! ¡Gracias por la filosofía con que has encarado la vida y de la que nos has contagiado! ¡Gracias por enseñarnos a «saber» perder y ganar…, aunque no te hayamos salido buenos alumnos! ¡Gracias por habernos permitido ser tus amigos! ¡Gracias maestro…, gracias amigo! La Peña Guiñotera. Club Tenis Osca

La Peña Gastronómica

Una de las grandes pasiones de Ángel era la buena comida. La sensación de probar diferentes sabores y matices era una de sus mayores debilidades, pero siempre fue un gastrónomo moderado y de gustos refinados, y le interesaba sobre todo la comida sana y natural. Por eso tenía muchos amigos en la Peña

Con un grupo de amigos en el coto de caza de Sarsamarcuello.


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Gastronómica de Huesca, donde todos los jueves se reunía un gran número de personas para cenar en un local habilitado a tal efecto. Entre los miembros de esa asociación destacaban Josemari Artero, Pepe Rodríguez, Vicente Ascaso, Javier Alastruey, Juan Lino Lasierra, Pacho Bermúdez de Castro, Paquito Bescós, Mariano Martín de Cáceres y Julián Sarasa, que compartieron mesa y mantel con Ángel durante muchísimos años. El coto de caza

Ángel era un apasionado de la pesca y la caza. Le encantaba salir al monte con sus compañeros y volver con algún que otro animal. Poco a poco fue sustituyendo los días de pesca en el río por los de caza. Siempre decía que cuando era joven había muchas truchas y muchos barbos en los ríos de Huesca, pero que se habían ido extinguiendo. Finalmente se hizo socio del coto de caza de Sarsamarcuello y así podía disfrutar de uno de los mayores placeres de los que dispone el ser humano, la naturaleza, además de deleitarse con una buena comida y con la compañía de los amigos del coto. Para Ángel poder disfrutar de la pureza del aire de la montaña era magnífico; en cuanto tenía tiempo libre, se escapaba a la montaña. Loulou Laporte, Josemari Artero, Manolo Ortín, Paco Andrés, Luis Chávarri, Ignacio Almudévar, José Luis Mur, Paquito Bescós y Ángel Bernad fueron amigos íntimos con los que pasó sus últimos momentos. Loulou, su gran amigo francés, lo recuerda todavía con lágrimas en los ojos; y es que, aunque no se veían muy a menudo, cada vez que lo hacían se emocionaban mucho. Él y su mujer, Claudine, forjaron con Ángel una amistad que todavía a día de hoy mantenemos su hija y sus nietas. Se podrían dedicar páginas y páginas a narrar el cariño que unió a Ángel a todos ellos. Obsequios

Fueron muchos los que quisieron demostrarle a Ángel su agradecimiento y su profundo sentimiento de amistad. Aquí se le rinde homenaje recogiendo una selección de obsequios y manifestaciones de cariño hacia él. El primero comerciante y después reconocido galerista tuvo una vida plena que le permitió conocer a personas y personajes de muy diversos ambientes por las que él siempre manifestaba su estima y, en muchos casos, su admiración. Rafael Alberti fue amigo de Ángel Sanagustín en unos años difíciles, todavía sin democracia. Se conocieron telefónicamente gracias a José Caballero y más


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tarde se vieron en una exposición de Picasso en Aviñón. Fue un encuentro emocionante: entre cientos de personas, sus ojos se cruzaron y cada uno supo enseguida quién era el otro. Continuaron hablando y se enviaban recuerdos a través de Pepín Bello, intelectual oscense que vivió en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Ángel siempre tuvo la pena de no haber ido a ver a Alberti en alguna otra ocasión, pues le parecía un ser humano excepcional. Su amigo el reconocido artista José Caballero expuso varias veces en la galería S’Art a lo largo de su historia. Este excelente pintor de la escuela de Vallecas, uno de los más reconocidos artistas del siglo xx, trabajó con muchos personajes ilustres, entre ellos Federico García Lorca y Pablo Neruda. Merece la pena destacar Océana, obra escrita por Pablo Neruda e ilustrada por él con litografías de gran belleza. Ángel le pidió que le firmara un libro en el que se recoge la obra del propio artista. Caballero lo hizo y le dedicó unas delicadas palabras. Por aquel entonces la galería gozaba de un reconocido prestigio dentro y fuera de Aragón. Julián Grau Santos, excelente artista y muy buen amigo de Ángel, expuso más de diez veces en S’Art. Siempre que le resultaba posible se desplazaba desde Pozuelo de Alarcón a la capital oscense para ver a su amigo y exponer su obra en la galería. Nacido en Canfranc, hijo de Ángeles Santos y Emilio Grau Sala, es un pintor de muy reconocida trayectoria en el ámbito nacional e internacional. Además de con incontables momentos en los que hablaban de arte y disfrutaban de su compañía mutua, Julián obsequió a Ángel con la paleta que había utilizado para realizar las obras de una exposición que se mostró en la sala en 2006. El oscense Luis Toro ha sido uno de los artistas que han acompañado a Ángel durante casi toda la trayectoria de la galería. En el ámbito profesional confiaron el uno en el otro, y en el personal supieron guardar una valiosa amistad. Este pintor, dibujante y docente tiene a su nombre numerosos reconocimientos y recientemente ha sido nombrado aragonés de mérito por la Federación de Casas de Aragón en el Exterior. Uno de los encargos que le hicieron a Toro, como ya hemos comentado, fue pintar el san Antón de la iglesia de su localidad natal, Lascellas. Él le preguntó a Ángel si podía tomar su cara como modelo para retratarla en la pintura, a lo que el galerista accedió, así que hoy podemos ver a san Antón con su rostro. Pedro Fuertes, artista multidisciplinar de Zaragoza, obsequió a Ángel con un maravilloso regalo: una pieza original que simula las ventanas de la evolución por la que el propio Ángel fue pasando a lo largo de diferentes etapas de su vida y de su galería. Fuertes, que expuso por primera vez en S’Art a principios de los setenta y volvió a hacerlo treinta años después, pintó un retrato de Ángel y un minotauro con la intención de revelar su particular visión de la personalidad del galerista, así como el cariño que le tenía.


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El artista holandés Harm Oscar, quien tenía en muy alta estima a Ángel, le dedicó un libro de pintura y poesía en el que relata la complicidad que existía entre ambos y la devoción que sentía el pintor por el galerista. Son versos plasmados en dibujos únicos que ponen de manifiesto los sentimientos del autor. Este obsequio se lo dio Harm a Ángel poco antes de que falleciera. Alejandro Brioso caricaturizó varias veces al galerista, pues, además de ser un buen artista, quiso retratar a Ángel de manera diferente para que se pudiese ver identificado en toda su obra. Así, Brioso lo dibujó con algunos de los elementos más característicos de su vida: su familia, la galería, el comercio, el cigarrillo que siempre fumaba… Margarita de Grassa, Hanton y Luis Toro otorgaron a Ángel el placer de verse retratado por ellos. Cada uno con su estilo y su esencia, pintaron al galerista con el fin de agradecerle la amabilidad y la generosidad con las que siempre los había tratado. Estos cuadros siempre fueron recordados por Ángel con mucha estima.


CONCLUSIÓN

Deseo dejar patente mi agradecimiento al Instituto de Estudios Altoaragoneses de la Diputación Provincial de Huesca, pues, como autora de esta publicación, he tenido total libertad para expresar, exponer y analizar los más de cuarenta años de la galería de arte que mis abuelos inauguraron en 1971. Fue una trayectoria marcada por el amor al arte y por el interés personal de Ángel Sanagustín en ser un ciudadano comprometido con un gran espíritu de superación y en buscar siempre el lado humano, romántico y trascendente de la existencia. Él vio en el arte una oportunidad de negocio como comerciante que era, pero también consideraba que el arte es un instrumento de cohesión social, una forma de expresar los más íntimos pensamientos y las emociones de los artistas, una herramienta capaz de movilizar a los espectadores en la búsqueda de la felicidad y la realización personal. La galería de arte S’Art, con sus más de cuarenta años de andadura, fue un espacio en el que se dieron cita personalidades del mundo de la cultura, académicos, críticos, creativos de diversas artes, escritores, periodistas, poetas, músicos y público en general: un recorrido cargado de amor por el arte, pasión por la vida y compromiso social y cultural. Con este libro se rinde homenaje a todas las personas que configuraron la historia de la sala, tanto a las que se reflejan en estas páginas como a otras que acompañaron a Ángel, y se agradecen sus aportaciones, su colaboración y su entrega. Concluyo la obra como la comencé, pidiendo disculpas si he omitido a alguna de esas personas que protagonizaron la vida cotidiana de S’Art y agradeciendo a mi familia, especialmente a mi abuelo, la herencia cultural que nos ha dejado, su sensibilidad, su humanismo, su espiritualidad y su amor por Huesca y su provincia, así como su interés por conservar y mantener los restos históricos y el patrimonio y por observar y cuidar esos valores inmateriales y también materiales que constituyen la razón de ser de cualquier persona. Nuestras raíces están aquí y es aquí donde queremos continuar. Nos queda mucho por hacer. Ordenar, limpiar y conservar una colección para el recuerdo es todo un reto que asumimos las nietas de Ángel como parte de ese legado cultural y espiritual.


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En homenaje a la trayectoria vital del comerciante y galerista altoaragonés Ángel Sanagustín López (Tamarite de Litera, 24 de noviembre de 1927 – Huesca, 16 de diciembre de 2013) y en reconocimiento a la historia de la galería de arte S’Art, cuya apertura marcó un hito en la ciudad de Huesca en la década de los años setenta del pasado siglo, este libro está escrito desde el corazón de una de sus nietas como un nuevo fruto de la ayuda de investigación que el IEA le concediera en 2016, junto con la exposición Enmarcando la historia de la galería de arte S’Art y la vida de Ángel Sanagustín (13 de diciembre de 2019 – 12 de enero de 2020), realizada con la colaboración del Ayuntamiento de Huesca.


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