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SUPLEMENTO IDEAS+PALABRAS EDICIÓN 7.649

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IDEAS+ PALABRAS

4-5 ] REMIGIO TROMBÓN

EL MAESTRO TROMBONISTA REMIGIO PEREIRA EN UN SOLO SOBRE SU HISTORIA Y SU VISIÓN DE LA MÚSICA

7 ] TEATRO EN MINIATURA

Cajas mágicas, pequeños universos Nos metemos dentro de las cajitas mágicas del colectivo Ojos Curiosos, un grupo de artistas locales que construye miniuniversos de títeres, historias y fantasía.

2-3 ] PATRIMONIO

6 ] LITERATURA

La importancia de la preservación de sitios históricos como forma de entender el presente

Caparrós habla de la memoria en la Argentina de hoy y cómo la viven los nuevos escritores

Juanjo Ivaldi

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PATRIMONIO ]

La conservación de los sitios históricos como proyecto de Estado

Los sitios históricos constituyen espacios que contribuyen a generar apreciaciones significativas de lo acontecido. Su representación es necesaria para afrontar el pasado con el presente.

ERASMO GONZÁLEZ. (*) FOTOS GENTILEZA

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os sitios históricos se constituyen en espacios valiosos que contribuyen a generar apreciaciones significativas de lo acontecido, sean estas asombro o estupor, admiración o desconcierto, exaltación o vergüenza. Su representación es necesaria para afrontar el pasado con el presente, pues se convierte en un imaginario de construcciones simbólicas para los ciudadanos. Cada sitio histórico no solo representa el conocimiento y análisis

que causó su edificación, también sirve para trabajar las mentalidades, la interpretación de aspectos vinculados a las acciones emprendidas por otras generaciones en la preservación de esos patrimonios. El mantenimiento de los lugares requiere de una organización eficiente y perdurable en el tiempo, los mismos forman parte de la ciudad y por ende los municipios no solo deben convivir con ella y asimilarlo como parte de identidad y orgullo de la ciudad, sino que también deben tejerse estrategias para poder cubrir los costos de su vigencia.

La caldera de uno de los buques rescatados, exhibidos en Vapor Cué.

Un ejemplo de lo dicho se comprueba con la creación, en 1978, del Parque Nacional Vapor Cué, el cual, como sitio histórico, simboliza el recuerdo de un trágico suceso de la Guerra Guasu, el combate del 18 de agosto de 1869; cuando los marinos paraguayos, impotentes ante la superioridad numérica de los enemigos, recibieron la orden del Mariscal López de prender fuego a los buques y huir a Saladillo. La exposición al aire libre de esos seis barcos que formaron parte de la Marina Paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza:

Río Apa, Paraná, Yporã, Salto del Guairá, Pirabebé y Amambay, causan impresión a los visitantes; y este patrimonio se debe a la iniciativa de una comisión formada hace treinta y ocho años para la recuperación de esos buques, y cuya labor se prolongó por cinco años. El objetivo principal trazado por aquella comisión fue el resguardo de buques de guerra de la armada paraguaya que llegaron hasta allí durante la Guerra contra la Triple Alianza, en 1869, y quedaron varados en el lugar y olvidados por más de un siglo.

Sin embargo, la sostenibilidad en el mantenimiento de lugares vin-

Parques nacionales como el de Vapor Cué deben representar oportunidades de progreso para los municipios, ser sinónimo de salud e higiene, no de miseria y suciedad.


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Rescate del Pirabebé del antiguo cauce del río Yhaguy.

Imagen del estado original en que fue hallado el buque Anhambay, capturado por los paraguayos en el Mato Grosso. culados con la historia depende, en gran medida, de todos los actores sociales, y en ello influyen ciertos criterios vigentes. Así, el proyecto de recuperación de los buques de guerra en Vapor Cué se ejecutó durante un gobierno militarista que apuntó como propaganda política los hechos gloriosos de la Guerra del 70, protagonizados preferentemente por hombres de armas. Actualmente, se entiende que el conocimiento y preservación de reliquias históricas no pue-

den depender de un proyecto de gobierno; la misma debe erigirse como proyecto de Estado y constituirse en centro cultural recreativo que enlace la historia y el turismo tomando como marco señalador los beneficios para la ciudadanía como bien cultural y económico de los patrimonios históricos.

nacional de sitios históricos, estrategias de recuperación de aquellos espacios mediante la construcción de circuitos turístico-culturales, proyecto a enmarcarse en la “coyuntura” del Programa Regional, Más allá de la Guerra y la Conmemoración del Sesquicentenario de la Epopeya Nacional.

En ese sentido, la Secretaría Nacional de Cultura, en conjunción con el primer informe del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas, pretende generar, con su relevamiento

Tomando como fuente los datos de la Contraloría General de la República en su informe del año 2012, se indicó que el estado de conservación de la zona de Vapor Cué es

regular, ya que los buques expuestos se encuentran con agua acumulada y basura en el interior de los barcos y en las cercanías. Desde hace dos años, el intendente de Caraguatay ha peticionado la asistencia del gobierno para preservar el museo de Vapor Cué, invadido por la basura y donde corren un serio riesgo el daño de las piezas puestas en exposición. Evidentemente, parques nacionales como el de Vapor Cué deben representar oportunidades de progreso para los municipios, ser sinónimo de salud e higiene, no de miseria y

suciedad; deben significar mejores condiciones de vida por estar en contacto con la naturaleza; y no ser fuente de muerte al ser depositario de las actitudes negativas del ser humano. La gestión de la sociedad civil con autoridades locales y nacionales debería conjugar la trilogía ideal para establecer políticas de tratamiento de los patrimonios culturales y sus proyectos a plazos determinados. Esto es necesario para que nuestros sitios históricos sean el reflejo de un verdadero proyecto de Estado.

Erasmo González: # Doctor en Historia. Miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas

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Domingo de cultura en los barrios

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esde las 17:00 de hoy se pone en marcha una nueva edición los Encuentros con el Arte “Rohayhuve Che Barrio” en varios barrios de la capital, bajo la coordinación de las Direcciones Generales de Cultura y Turismo, Área Social y la Dirección de Servicios Urbanos de la Municipalidad de Asunción. En esta oportunidad los encuentros serán en la calle Acá Verá entre Teodoro S. Mongelós y José Asunción Flores (Bo. Bernardino Caballero), Plaza Vecinos Unidos

(8 de Setiembre casi Mburucuyá, Bo. Santa María), Plaza Las Colinas (Poetas Paraguayos entre Ana Iris Chávez y Dora del Cerro, Zeballos Cué) y Plaza Ycuá Martínez (Ananías Maidana e Ingá, Loma Pytá). En esta oportunidad se contará con la participación de Andrea Valobra y Óscar Fadlala, Purahéi Soul, Rolando Chaparro, Grupo Sembrador, Ballet, Banda y Conjunto Folclórico Municipal de Asunción, Pachín Centurión, Ars Nova Music Studio del Prof. Fernando Capdevila, Carlos Báez, The Ban-

lers, Banda de música de chicas Highways, Zeppelin Band, artistas emergentes y academias de danzas (convocados por los Centros Municipales). En esta primera etapa de presentaciones se desarrollarán 24 encuentros en distintas plazas de la ciudad de Asunción. El objetivo principal es la revitalización y puesta en valor de espacios públicos, a través de la realización de actividades artísticas en plazas barriales, y la promoción de la participación ciudadana.

Feria de libros usados Una atractiva feria de libros usados se abre hoy, desde las 9:00, en La Cafebrería (Malutín 675 Casi Lilio, Asunción). La convocatoria es abierta y cualquier feriante puede participar reservando un lugar o venir de paseo a comprar o cambiar libros sin reservar lugar. Los interesados simplemente deben confirmar su participación, llevar

sus libros y venderlos, intercambiarlos o regalarlos. No habrá comisión a pagar. Cada quien decide cómo desea participar: venta, trueque o regalo. Si venden, las ganancias son para cada feriante. La organización no interfiere en el comercio. Los libros pueden ser físicos como digitales. Para los libros digitales se ruega traer alguna notebook.

“Nosotros simplemente queremos difundir la costumbre de leer, propiciar la circulación de libros y dar a conocer autores. Este evento es sin fines de lucro totalmente”, señalan los organizadores. La línea baja de la Cafebrería es (021) 610 902. Los organizadores se encargan de facilitar las mesas, sillas y el espacio, y de promocionar el evento.


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antes tenía un grupo impresionante de músicos, dirigidos por un maestro de apellido Medina. Era un conjunto grande de cuatro bandoneones, violines… Hoy día creo que sigue funcionando con un grupo básico de músicos.

ENTREVISTA AL MAESTRO REMIGIO PEREIRA ]

“El trombón es el amor de mi vida”

En octubre voy a dirigir la orquesta y se va a ofrecer un repertorio de obras mías íntegramente. Algunas se estarán estrenando en esa ocasión.

El maestro Remigio Pereira, en una sesión intimista sobre su vida, sus nuevas composiciones, sus proyectos editoriales y esa armónica relación que mantiene con su trombón desde más de 40 años. ARTURO PEÑA Periodista

arturopena@lanacion.com.py

FOTOS WILFRIDO ORTEGA

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legamos y apenas tras el saludo el maestro tomó su trombón y soltó una breve improvisación con aires jazzísticos. Fue como una combustión espontánea. La atracción natural entre dos elementos, metal y carne, que se conocen desde mucho tiempo. Hace más de 40 años que esa magia ocurre, cotidianamente, entre el maestro Remigio Pereira y su trombón. Desde sus inicios, a los 11 años, en la Banda de la Policía Nacional, su prolongada y prolífica carrera musical, hasta hoy, en su rol de músico solista de trombón y arreglador de la Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay. Hijo de una leyenda de la cultura paraguaya, don Arturo Pereira, el “Ravalero de Punta Karapa”, Remigio acunó de su padre muchas enseñanzas de música y de vida, invalorables legados de una familia de músicos y lucha-

dores. Hoy todos esos aprendizajes los imprime en su visión de la música, de su música, lo que más ama en la vida. -José Asunción Flores se inició en la Banda de la Policía tocando el trombón. Tu padre también fue de esa escuela y un gran defensor de la obra de Flores. Lindas coincidencias musicales. -Yo, igual que Flores, entré como aprendiz de la Banda de la Policía a los 11, y me quedé más de 30 años. Soy jubilado de ahí. Estando en la banda estudié con el maestro Rudencindo Lugo, que era compañero musical de Flores. En las rondas de tereré, él nos contaba muchas anécdotas que vivieron juntos. El director entonces era Carlos Villagra, también estaba el maestro Pino, el maestro Cañete, que eran glorias de nuestra música. Yo estudié con ellos. Fue una época maravillosa, estar con todos esos genios. Papá entró después ya de Flores. Tengo también varios tíos, hermanos de mi papá, que integraron la agrupación, como Américo Pereira, que fue un gran clarinetista, y Amado Pereira que fue solista también. Recuerdo en una época, entre

el 73-74, íbamos a las retretas, primero me llevaban para cargar los atriles y después ya fui como músico. La retreta era uno de los principales medios, bueno, estaba la radio también, pero era una de las formas más tradicionales por las que se difundían importantes obras de la música paraguaya. De hecho, Flores empezó a difundir sus creaciones a partir de la Banda de la Policía. -¿Siempre tocaste el trombón exclusivamente? -Sí, siempre toqué el trombón. Hice algunas incursiones con la trompeta, llevado más por las necesidades… (ríe al recordar). Cuando aparecieron los discjokeys, las orquestas populares terminaron. Yo estaba en el Equipo 87, trabajábamos muchísimo en los grandes bailes. Luego eso terminó y también se redujo el trabajo para las orquestas. Entonces incursioné en muchas otras cosas. Por ejemplo, comencé a tocar trompeta en un conjunto mariachi. Estuve en un local sobre la avenida Eusebio Ayala durante cinco años. En otra época llegué a tocar el contrabajo en el conjunto del maestro Agustín Barboza. Pero, obviamente, para mí el trombón es el amor de mi vida.

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Otra de las mejores épocas fue cuando toqué con Alejandro Cubilla y su Banda Koygua. En ese tiempo, también estaba mi papá en el conjunto y fue una época de las más lindas, porque fuimos partícipes de muchos eventos importantes y también del movimiento político de esa época. Acompañábamos a los movimientos campesinos en lugares donde había verdaderos conflictos y con la Banda Koygua viví de cerca todo ese tiempo. Yo tenía 20 y poco años, era principios de la década de los ‘80. Llegué a ir a grandes festivales con Alejandro Cubilla, a Mar del Plata, Quito, Cosquín. -O sea, fuiste músico de banda folclórica mucho tiempo. Ahora ese tipo de agrupación casi desapareció. -Hoy en día las bandas populares ya no existen. Y todo eso tiene que ver en gran medida con las políticas culturales que realmente no responden a lo que es nuestra historia. Toda esa historia no está plasmada en ningún lado, especialmente la de las bandas populares. Mi padre escribió un libro que se lanzó ya después de su partida, “Origen social de la música popular paraguaya”, donde des-

cribe esa parte de la historia y justifica la existencia de las bandas populares en el desarrollo de la música paraguaya.

“Da gusto despertarse con música y dormir con música, que es lo que a uno le gusta, lo que me gustó siempre”.

Las bandas militares, por ejemplo, desaparecieron. Y son elementos que hicieron parte principal de la cultura y la difusión de nuestra música. Podemos decir que son tiempos nuevos, la tecnología, etc., pero estoy seguro que si ponés a tocar música paraguaya con una bandita en una plaza, la gente va a salir a bailar. Yo no sé por qué no se puede seguir con esas cosas. De ahí desaparecieron muchos elementos que hacen a la parte musical, que hacen a la cultura parag uaya. Desaparecieron nuestras orquestas típicas. Yo recuerdo que el elenco cultural de la Municipalidad de Asunción

estar preparado para tocar todo, las formaciones se diferencian seguramente dentro de lo académico, pero un músico tiene que hacer música. Además, en algunos lugares se gana bien, pero a veces no lo suficiente. Se dice luego que la música es “el arte de combinar los horarios”…. (ríe). Uno tiene que estar haciendo de todo un poco a veces.

-Hiciste, y seguís haciendo, repertorio popular, jazz, clásico….¿ Dónde te sentís más cómodo?

Hoy sigo en la Orquesta Sinfónica Nacional, donde estoy desde que se fundó, soy solista de trombón y también arreglador. En su momento estuve en la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción. Otra actividad importante para mí es la Trombonanza, un gran festival con conciertos y cursos de alto nivel que se hace desde 17 años en Argentina. Estoy ahí desde el comienzo como profesor y he compartido con los mejores trombonistas del mundo.

-Realmente yo tengo formación clásica. Estudié en la Escuela de Música de Brasilia, pero también hago mucha música popular, jazz… Hoy día el músico tiene que

Personalmente no me puedo quejar, siempre hice lo que me gustaba. Yo me siento dichoso y también muchas personas que hacen esto y viven de esto, porque da

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gusto despertarse con música y dormir con música, que es lo que a uno le gusta, lo que me gustó siempre. -También tenés una faceta de compositor. -En estos últimos diez año sobre todo, estuve trabajando en eso. Ya se han estrenado varias obras mías. Hay un concierto sinfónico para trombón y orquesta que se estrenó con la Orquesta de Santa Fe, en Argentina; acá en la Sinfónica Nacional se presentaron varias, una de las últimas fue “Kamba kua sinfónico”. En octubre voy a dirigir la orquesta y se va a ofrecer un repertorio de obras mías íntegramente. Algunas se estarán estrenando en esa ocasión. Voy haciendo composición en paralelo. Aunque lo ideal para nuestra música es que hubiera compositores de tiempo completo, porque hay una necesidad de composiciones nuevas. Como colectivo, tenemos que producir.

En mi caso, no tengo una formación académica en composición, tengo estudios hechos con maestros como Florentín Giménez o con mi padre. Hay una falta de creadores, tiene que haber más gente que con toda su locura venga y diga: Esto es lo que yo hago. Esto también se debe en parte a la gran influencia de la música europea que todavía tenemos. Buena parte del calendario de las orquestas sinfónicas es de música europea, casi nada nacional. Pero está cambiando de a poco. En la Sinfónica Nacional ya hay un porcentaje importante de obras latinoamericanas y nacionales. Hay muchos compositores nuevos, jóvenes, muy interesantes, que todavía no tienen ese espacio. Pero eso únicamente se puede hacer como parte de una política pública cultural de Estado. -¿Pensaste en escribir sobre tu experiencia, tu visión de la música? -Ahora que siento un poco ya algún cansancio físico, con los

5 años, me dije: Tengo que buscar algo para hacer en mi casa, me voy a poner a escribir. Estoy trabajando en un ensayo sobre los músicos de antes. Hay muchas historias de las bandas populares, de grandes músicos, que se perdieron. Fijate el caso de Rubio Gómez, por ejemplo, que fue solista de la OSCA y tocó con la orquesta de Mauricio Cardozo Ocampo. Fue un músico increíble que ni siquiera a Clorinda cruzó probablemente, pero hizo cosas maravillosas, y su historia nadie conoce. Francisco Alvarenga dejó obras impresionantes que no se estudian ni en los conservatorios. Mi papá escribió muchas cosas después del ‘89, porque antes de eso no podía escribir nada a causa de la dictadura. Recuerdo que cuando éramos mitã’i venía la policía a casa, entraban y rompían todo. Muchos músicos empezaron a escribir lo poco que se pudo en aquella época. Pero faltó mucho. Mi viejo tenía tantas ganas de seguir escribiendo… Me gustaría seguir ese legado también.


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LITERATURA ]

De los desaparecidos a los naufraguitos

Tras 40 años, la dictadura argentina es ya un capítulo de su literatura. Los escritores más jóvenes se sobreponen a la obligación de hacerse cargo de una memoria aún presente. POR MARTÍN CAPARRÓS PARA BABELIA, DIARIO EL PAÍS DE ESPAÑA

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n un país tanguero, melancólico, es probable que nada produzca más nostalgia que esos años sesenta, el gran momento de la cultura argentina o el gran mito. Eran tiempos en que Borges y Bioy aún escribían, Cortázar publicaba Rayuela, García Márquez no encontraba otro lugar donde lanzar Cien años, Lezama Lima y Marcuse encabezaban listas de best sellers, Walsh y Martínez reformulaban el periodismo, Saer y Piglia se afilaban los dientes, Bergman y Antonioni llenaban los cines, Nebbia y Spinetta inventaban el rock en castellano, la universidad era un vivero incontenible y plásticos y arquitectos y sociólogos y psicoanalistas se sentían en el sitio donde querían estar. Pero esa efervescencia cultural no parecía completa sin un correlato político: la militancia de los años setenta fue su consecuencia. Y el golpe de los militares contra ella, el precio -tan abusivo- que la Argentina pagó por esa fiesta. Fue hace 40 años, parece, y no parece que fue ayer. Entonces, hace 40 años, hubo una dictadura y fue eficaz: cambió la Argentina como ningún Gobierno en todo el siglo XX. Y, como toda dictadura, siguió dictando sus palabras a la cultura de su país cuando ya había acabado. Todavía: esa dictadura cristalizó una imagen de la Argentina. Gracias a esa dictadura la Argentina aportó uno de sus pocos vocablos al léxico global: desaparecidos se dice en castellano en muchas lenguas. Para el saber del mundo la Argentina se volvió la tierra del secuestrotortura-asesinato —y Maradona—. En estos años su cine, por ejemplo, ganó dos Oscars en Hollywood: tanto La historia oficial como El secreto de sus ojos trataban de muertos y desaparecidos durante aquella dictadura. Pero el efecto, por supuesto, no fue solo externo. La obligación del recuerdo se impuso en nuestra sociedad: la idea insistente de que no tener presente esos horrores nos condenaba a repetirlos en el futuro.

Tanto que la palabra memoria, tan múltiple, tan rica, pasó a tener, en argentino básico, un sentido excluyente: “Recuerdo de las atrocidades cometidas por los militares durante la dictadura de 1976”. Desde entonces, el gran debate, explícito o implícito, de la literatura argentina fue si había que hablar o no de todo aquello, cómo, cuánto. El primer gran libro sobre la dictadura no incluía la palabra dictadura ni habría podido, porque salió durante: en 1980 Ricardo Piglia publicó Respiración artificial, una novela que intentaba repensar sotto voce ese país que empezaba a ser otro. El tercer gran libro se publicó en 1984 y se llamaba Nunca más, la reconstrucción que pudo hacer la Comisión sobre la Desaparición de personas, un comité de notables convocado por el primer Gobierno democrático -de Raúl Alfonsín-, de los peores crímenes de los militares. El segundo ya estaba publicado -un año antes-, pero nadie lo notó: en esos tiempos de principios y solemnidades, no muchos estaban preparados para leer la gran farsa de Los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill. Esos primeros años de democracia fueron ricos en debates y redescubrimientos: volvían a circular los textos de las grandes víctimas -Walsh, sobre todo, pero también Conti, Urondo, Oesterheld-, volvían los escritores que se habían exiliado -Di Benedetto, Soriano, Tomás Eloy Martínez- y la reintegración con los que se habían quedado incluía discusiones y reproches mutuos. Otros -Cortázar, Gelman, Moyano, Saer, Cohen- no volvían: desconfiaban o se habían acostumbrado a sus nuevos lugares. Resistía la idea setentista de que la novela podía cambiar el mundo: lo que alguien llamó, en esos días, la literatura Roger Rabbit, por aquella película en que un personaje dibujado —pura ficción— interactuaba con personas reales, con el mundo. Y hubo lugar para esa decepción que España había conocido pocos años antes: la libertad recuperada no sacó a la luz ninguna obra maestra guardada o reprimida. Durante unos años, la obligación

moral de hacerse cargo de la memoria pesó sobre la literatura argentina; fue necesaria la irrupción de escritores más jóvenes -Aira, Pauls, Fresán, Laiseca- que, desde la reivindicación de un cierto arte por el arte o la narración por la narración, se despegaron del asunto: rechazaban el país que les había quedado y situaban sus ficciones en mundos lejanos o perfectamente inverosímiles. Los novelistas más nuevos se reunieron en un grupo que llamaron Shanghai porque estaba en las antípodas de Buenos Aires. A mediados de los noventa, el tema languidecía: parecía que no quedaba mucho por decir. La amnistía a los militares condenados y la euforia económica menemistas lo opacaban y buena parte de la población seguía sin creerse del todo esas historias de horrores y torturas. Fue entonces cuando El Vuelo —la conversación de Horacio Verbitsky con el capitán Adolfo Scilingo, piloto naval que le contó cómo tiraba, desde sus aviones, militantes al Río de la Plata— los convenció: para tantos, el testimonio del verdugo era mucho más creíble que los de sus víctimas. Y aparecieron, al mismo tiempo, crónicas y ensayos que intentaban

devolver a esos militantes setentistas sus historias: en estos nuevos relatos “los desaparecidos” ya no eran sólo aquellas víctimas ingenuas del Nunca más; eran personas que habían decidido oponerse a un sistema político con todas las armas a su alcance. Mientras, la ficción no pareció encontrar cómo o por qué retomar el tema: la dictadura seguía apareciendo, aquí y allá, como un telón de fondo para un thriller o una película, pero no hubo novelas originales que la tematizaran. Hasta que, ya en este siglo, la cuestión volvió por donde nadie la esperaba: gracias a esa convicción de tantos escritores de que su verdadera patria es la infancia. Sucedió, en realidad, en toda América Latina: novelistas se lanzaron a hablar de sus primeros años como si no hubiera mañana y, muchas veces, esas infancias incluían las aventuras más o menos militantes de sus progenitores. Suenan los nombres, por ejemplo, de Guadalupe Nettel, Alejandro Zambra. Alguien los llamó “los naufraguitos” por esas autoficciones donde sus propias zozobras y derrotas se inscriben en las derrotas y zozobras de sus padres. En Argentina su padre putativo sería

Alan Pauls, que, con sus Historias —del Llanto, del Pelo, del Dinero—, intentó una relectura de los setenta en clave de hijo. Y su madre ídem una realizadora, Albertina Carri, que abrió caminos en 2003 con Los rubios, una película donde su infancia era esa vida rara que sus padres —clandestinos, perseguidos— mantenían. Los retomaron, de formas muy variadas, varios: Laura Alcoba, María Eva Pérez, Félix Bruzzone, Patricio Pron y siguen firmas. Con ellos llegó la libertad al tema de la pérdida extrema de la libertad, tan limitado por ciertas convenciones. Unos cuentan con sorna o condescendencia, otros con el desgarro de haber sido heridos en la carne de otro, otros con la extrañeza extrema de quien nunca va a entender, otros con el espanto de quien se roza con los monstruos. De sus textos, en cualquier caso, desaparecieron la obligación del respeto o del drama o del acto de contrición constante o del silencio sobre ciertas complicidades. Con ellos, el tema de la dictadura se volvió tan abierto que, ahora sí, tras 40 años de dictadura, es solo un tema, una excusa de la literatura. Es lo que pasa, supongo, cuando una historia empieza a ser historia.


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MINITEATRO DE TÍTERES ]

Cajitas llenas de magia

La magia del teatro en miniatura es la llamativa propuesta de un colectivo de artistas locales. ARTURO PEÑA Periodista

arturopena@lanacion.com.py

FOTOS JUANJO IVALDI

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as cajas mágicas son en cajas escénicas, cerradas o semicerradas, que poseen visores a través de los cuales uno o más espectadores pueden observar una obra de teatro en miniatura. Algunas referencias históricas las ubican ya en el siglo XVI y hay muestras de ellas en China con títeres de sombra, en Inglaterra se conocen como “Peepshow”, en Alemania “Guckkaste”, en España “Titirimundi”, en Brasil “Lambé-lambé”, en México “Cajas misteriosas”. En Paraguay, el colectivo de artistas Ojo Curioso comenzó a impulsar los espectáculos de Cajas Mágicas en nuestro medio desde hace un par de años, generando curiosidad entre la gente por lo llamativo de la presentación, parecida a los antiguas cámaras fotográficas con trípode. “Podríamos pensar que se trata de un antecedente remoto de la TV: una caja habla a un solo espectador, pero aquí el titiritero y sus personajes están en vivo, la acción de crear y ver se produce en el mismo instante, es simultánea y ésta es la magia exclusiva del teatro. El espectador se coloca unos audífonos, afina la vista y se asoma por un agujero mágico. Comienzo, se trata de una historia completa en minutos, una historia que nos es cercana. Así una tradición de hace siglos se actualiza para hablarnos de nuestro mundo con un interesante sentido dramático”, dice sobe las cajitas Ana Laura Santamaría en

Las Cajitas Mágicas suelen rondar las ferias de Asunción y Areguá, y a veces van al exterior también. libro “A través de la mirilla… Nos encontramos”, del mexicano César Tavera. Es como introducir la cabeza en una galera. En cada minipuesta, un pequeño universo mágico se abre. MUNDO INTERIOR Ojo Curioso es un colectivo de artistas que desde diversas expresiones: artes visuales, títeres, teatro, pedagogía, coincidieron en la pasión por las miniaturas. Desde el año 2014, vienen organizando encuentros

El Colectivo Ojo Curioso y sus Cajitas Mágicas. de Cajas Mágicas, participando de ferias en Areguá y Asunción y generando eventos en torno a la magia de los títeres. “La titiritera mendocina Gabriela Céspedes fue quien nos introdujo en estos mundos de historias mínimas, cajas oscuras y espectadores espías”, afirma Tessa Rivarola, una de las integrantes del equipo. Una fascinación para los chicos, aunque el teatro en miniatura está pensado para toda las edades.

Los integrantes actuales son: Chacho López Grenno (titiritero), Tessa Rivarola, Carola Mazzotti (com-

pañía Kunu´u Títeres), Eduardo García, Adriana Mongelós (Teatro Miniatura Paraguay), Noelia Buttice (pedagoga y escritora), Ana Brisa Caballero (artista visual). Este año, una de las integrantes del Ojo Curioso, Carola Mazzotti, participó del 3er. Festival de Teatro Lambe Lambe en Valparaíso Chile. Las integrantes de la compañía Kunu’u Títeres, parte del colectivo también, participaron con sus dos Cajas del Festival Latinoamericano de Títeres Tata Pirirí en El Dorado, Argentina.

“Cada caja expresa algo del mundo interior de quien la realizó, el proceso que conocimos para llegar a crear una caja mágica fue partir de una historia, construir sus personajes, escenario, montar luces, construir la caja misma. Cuando el espectador se encuentra con ellas. Las cajas mágicas no son destinadas únicamente a niños y niñas, en ellas habitan historias que precisan ser contadas, para ser apreciadas por cualquier ojo curioso”, agrega por su parte Noelia Buttice, otra de las integrantes.


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OPINIÓN ] La felicidad es una medida del desarrollo MABEL CAUSARANO Arquitecta

EXPOSICIÓN ]

Arte para recordar la Guerra del Chaco

Muestra exhibe objetos de artistas paraguayos en conmemoración de la contienda chaqueña.

En noviembre del 2014, Andrés Oppenheimer se sorprendió ante los resultados de la encuesta de Gallup sobre los países más felices del mundo, pues 9 de los 10 más felices eran latinoamericanos, encabezados por Paraguay, por tercer año consecutivo. El desarrollo sostenible apunta a un desarrollo económico que garantice el mantenimiento de la riqueza natural y la diversidad cultural para las generaciones futuras. El concepto se instaló a nivel mundial; sin embargo, el Producto Interno Bruto (PIB) sigue siendo la magnitud macroeconómica más utilizada en la medición de la evolución económica. Su creador, en 1934, fue el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets, quien expresó, treinta años después, que “las metas de más crecimiento deberían especificar más crecimiento de qué y para qué”. Otros agregaron: “para quiénes”. Desde hace medio siglo, ambientalistas, cientistas y promotores sociales señalan las limitaciones del uso del PIB como medida del bienestar social, pues no incluye diversas mejoras en la calidad de vida, como el disfrute del tiempo libre y la protección de los bienes culturales. Tampoco incorpora la producción de bienes y servicios que no pasan por el mercado, como el cuidado familiar de los adultos mayores y de las personas con discapacidades severas, el trabajo del voluntariado ni la economía sumergida que, en algunos países, supera el 25% de lo cuantificado en el PIB. En cambio, valora positivamente la producción de armas de guerra. Señalan que el PIB no cuantifica los efectos nocivos del crecimiento económico sobre el medio ambiente, como la destrucción y el deterioro de los recursos naturales, renovables y no renovables, entre ellos, el petróleo. Y que, como medida del progreso, toma la producción y el uso masivo de vehículos, al igual que la actividad de la industria papelera. Los primeros comportan la utilización de los combustibles fósiles, la contaminación atmosférica y acústica; la segunda, conlleva la tala de bosques. Finalmente, todos contribuyen al aumento de los gases de efecto invernadero. Hay propuestas para utilizar medidas alternativas a las convencionales, como las que plantean que el desarrollo social se basa en la complementariedad del desarrollo material y espiritual. Alguna lo evalúa según 4 ejes: la promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de los valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno. Desde el 2006, la New Economics Foundation publica el Índice del Planeta Feliz (IPF), un indicador cualitativo que incluye la expectativa de vida, la percepción subjetiva de felicidad y la huella ecológica, indicador este último del impacto ambiental de la acción humana en los ecosistemas y de la capacidad del planeta de regenerar sus recursos. El IPF se complementa con el PIB y el Índice de Desarrollo Humano, utilizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Califica el bienestar y la felicidad en base a valores subjetivos y a los factores que lo alteran, de acuerdo con la información recogida en 143 países, que abarcan el 99% de la población mundial. En noviembre del 2014, Andrés Oppenheimer se sorprendió ante los resultados de la encuesta de Gallup sobre los países más felices del mundo, pues 9 de los 10 más felices eran latinoamericanos, encabezados por Paraguay, por tercer año consecutivo. Un 87% de los paraguayos encuestados dijimos que, en las 24 horas anteriores, nos divertimos, reímos, descansamos bien y fuimos tratados con respeto. La seriedad de la Gallup y la reiteración de los resultados no dejan duda sobre su veracidad. Es muy alentador que casi el 90% de nuestros compatriotas viva a diario experiencias positivas. Es un capital psicosocial de enorme valor para el desarrollo sostenible.

E

l Observatorio Cultural del Paraguay, emprendido por el Centro Cultural de la República – Cabildo, lanzó este jueves la primera muestra del acervo cultural, dedicada a los artistas paraguayos contemporáneos de la Guerra del Chaco, en conmemoración del mencionado conflicto bélico. El evento tuvo lugar en la Casa Bicentenario Josefina Plá.

artistas como Josefina Plá, Herminio Giménez, José Asunción Flores, Agustín Barboza, Emiliano R. Fernández, Juan Manuel Frutos Pane, Carlos Federico Reyes, entre otros; así como filatelia y la colección de fotografías Friedrich.

Además, en el marco de la muestra, se presentó la página web del Observatorio, www.observatoriocultural.gov.py, realizada con el apoyo de la Secretaría Nacional de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (Senatics) en donde el público puede acceder a la información sobre documentos y objetos patrimoniales digitalizados.

Staff.

La selección incluye objetos de

Dichos objetos seleccionados para la exposición forman parte del acervo cultural, de cuyo cuidado y catalogación se encarga el obser-

vatorio. La muestra se extenderá hasta el viernes 24 de junio a las 19:00. En ocasión del cierre, habrá un concierto de la Orquesta del Congreso Nacional, bajo la dirección del maestro Diego Sánchez Haase, con una selección de obras sobre la Guerra del Chaco de los renombrados compositores paraguayos. Fuente: Secretaría Nacional de Cultura.

Editor General: Ricardo Benítez | Editora: Marycruz Najle: marycruznajle@ lanacion.com.py. | Redacción: Yvelice Villalba, Arturo Peña Villaalta, Karina Rios, Vicente Páez, Yesica Vera Zarza, Adriana Zacarías, Alberto Castro | Diseño y armado: Josema Ferreira.


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