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Suplemento Ideas+Palabras-Edición 8.011

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IDEAS+ PALABRAS

8 ] HOMENAJE UNA ESTATUA EN LA PLAZA

DOMINGO 11 JUNIO DEL 2017

Especial Centenario de Augusto Roa Bastos (1917-2017)

Este espacio resulta pequeño para rendir homenaje al gran escritor paraguayo, Premio Cervantes de Literatura y orgullo para el país que lo vio nacer y al que le dedicó su obra y desvelos. Este número de Ideas + Palabras está dedicado a reflejar el pensamiento y el homenaje de algunas personalidades que lo conocieron, gozaron de su amistad y sobre todo, lo admiran por sus logros y también por su vida. En realidad, hubieran hecho falta cientos de páginas para contener las muchas voces de escritores, intelectuales, periodistas y cineastas, además de miles de lectores de todo el mundo, que reconocen a Roa Bastos como el más grande escritor nacional y uno de los más importantes de toda Hispanoamérica.


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AUGUSTO ROA BASTOS ]

El Karai Guasu de la Palabra-Alma El día que Augusto Roa Bastos ganó el Premio Cervantes, a Gabriel García Márquez le bastó con exprimir un poco la memoria y, con su habitual ingenio para reescribir la historia, las historias, le envió un telegrama que decía sencilla y generosamente: Tú, El Supremo. ANTONIO CARMONA Autor, director teatral y periodista

aunque muchas, una sola historia, la que comienza en Carpincheros, con la rubia y soñadora Gretchen, y termina en el mismo lugar con ella convertida en la protectora Yasy Möröti, navegando ya con los carpincheros, en el último relato, justamente, el que da el nombre al libro. Todos los cuentos no son sino parte del jeroglífico que Roa comienza a desentrañar, marcando su destino literario: narrar su aldea, su Manorã, narrar el Paraguay, desentrañar y recomponer el jeroglífico.

N

o es casual que la imagen de Roa –al que Doña Josefina Plá siguió siempre llamando Roíta, como se lo rebautizó en Vy’araity, dada su pequeña, frágil y tierna figura, desde el rostro tristón, a una nariz pegada, hasta su gesto permanentemente sencillo y fraternal– haya quedado definitivamente ligado a la inmensa, austera y terrorífica imagen del Supremo Dictador, hasta el punto que los títulos de los artículos sobre su obra desde los más informativos hasta los más analíticos vayan irremediablemente unidos al Supremo y que haya sido condenado por los caricaturistas a vestir de por vida y por muerte las ropas pomposas del Dictador.

En ese conjunto de historia se prefigura la construcción de “Hijo de Hombre”, legible como un conjunto de historias, hasta el punto que el mismo autor le sacó una madera quemada, a la primera edición, que volvió a añadirle a su reedición-reescritura, reivindicando el derecho del autor a volver a escribir sus textos, aunque ya sean éditos. Madera quemada pasa de ser capítulo de novela a cuento y, luego, vuelve a esfumarse en la novela, sin que afecte un ápice a la estructura narrativa ni a la comprensión del relato, ya ausente, ya presente.

El Dr. Francia no es solo “Yo el Supremo”, sino que atraviesa toda la obra de Roa, como una permanente e inevitable alucinación, como atraviesa toda la historia del Paraguay, marcándola a fuego, como marcó para siempre la mano de Macario, el personaje que abre Hijo de Hombre, con “la onza de oro” candente que “El mismo Karai Guasu la había puesto en un brasero”, para tentar al robo y castigar al ladrón, denunciado por “la llaga de la verdad”. Y no contento con el castigo, hacer que su padre le “enderezara” con cincuenta azotes propinados con “una rama de guayabo mojada en vinagre y sal”.

Citando a Yeats al comienzo de la reedición corregida y aumentada, anticipa su obsesión: “Cuando retoco mis obras es a mí a quien retoco”. Es que Roa está escribiendo siempre una sola historia, y sus variaciones, la única que escribe todo escritor, como le gustaba parafrasear a Roland Barthes. LA ISLA RODEADA DE RÍOS

PRIMERA-ÚLTIMA-PRIMERA

Lo deja escrito en su primeraúltima historia: “Hay lugares de donde no se puede salir. Y este lugar de Manorã, en Iturbe del Guairá, es uno de ellos”.

Roa quiso reencontrar y reescribir su primera historia, “Lucha hasta el alba”, “Cuando hacia 1968 comencé a compilar ‘Yo el Supremo’, encontré el cuento esfumado –una palabra prestada de las artes visuales, que es frecuente en los ensayos y en las notas explicativas de sus narraciones o en sus obras de teatro, desde sus tiempos de cineasta– entre las páginas del Tratado de Pintura, de Leonardo da Vinci, libro que yo aprecio particularmente y que me enseñó a ver el sentido del mundo como un vasto jeroglífico en movimiento, pero cuyos signos son tal vez indescifrables”.

Donde lo confi nó el Supremo y de dónde no lo pudieron exiliar los aprendices de Francia que marcaron, con sangre, la historia contemporánea del Paraguay, ya que contra más lejos y más confi nado lo exiliaron, más su imaginación se asentó en su portón de los sueños, en Manorã, en Itapé, en las orillas del Tebicuary, donde los esclavos de los ingenios azucareros ven pasar a los eternos navegantes sin tierra propia, salvo el camino, la estela marcada en el río, los carpincheros. Como Roa navegando una y otra vez en torno a ese mítico trozo de suelo de su isla rodeada de ríos, esfumado como

Digo, quiso encontrar y reescribir, porque como él confiesa, y sabemos los que lo frecuentamos, era uno de sus libros de cabecera, permanentemente leído y releído. Y nos data, más que la fecha, el momento de su historia en que decide encontrar el cuento “esfumado”, fantasmal; cuando comienza “a compilar ‘Yo El Supremo’”. En este cuento, marcado fuertemente como autobiográfico, la historia del protagonista comienza

también marcada, a cintarazos, por su padre: “¡Ahí lo tienen al futuro tirano del Paraguay! ¡Rebelde ahora, déspota después!… ¡A vergajazos voy a enderezar a este cachorro del maldito Karai Guasu”. Cuento primero-último-primero, entonces, como el ancestral canto de los guaraníes, al que tantas veces recurrió develando la inevitable relación significativa del ñe’ê, palabra y alma al

mismo tiempo. Roa comienza a “compilar” el Supremo con el recuerdo escrito sobre su propio cuerpo, como Macario comienza a rememorar “Hijo de Hombre” con la marca escrita por el Dictador en el suyo. COMPONIENDO JEROGLÍFICOS La primera de sus obras relevantes es “El trueno entre las hojas”, un conjunto de cuentos que cuentan,


IDEAS + PALABRAS un fantasma en su tierra, para que no pudieran desterrarlo, despatriarlo. En uno de los tantos testamentos que escribió en distintas etapas de su vida, cuando estaba en el exilio, notablemente, pidió que cremaran sus restos y esparcieran las cenizas sobre el Paraná, por donde seguiría habitando, perfectamente esfumado, navegando por uno de los ríos de su patria, sin que la dictadura pudiera detenerlo ni alejarlo. COMPILADOR DEL LIBRO QUE ESCRIBEN LOS PUEBLOS En sus reflexiones sobre el guión cinematográfico, escritas como preámbulo a la edición del guión de Choferes del Chaco, nos deja ver mucho de lo que tiene la novelística de Roa del cine: “Ahora la imagen se hallaba en movimiento y dejaba entrever los intersticios de la materia, los enigmas del alma humana, como en los sueños, sin dejar de ser real”. Como le diría Buñuel –cuyo Perro Andaluz cita como obra modelo– a su guionista, cuando le comentó que tal película quedaba corta para la exhibición: no importa, le añadimos un sueño. Buñueliano, Roa suma sueños, y los resta, conformando un gran sueño. Presentando todas las piezas del jeroglífico, imponiéndoles un orden “cuyos signos son tal vez indescifrables”, de la única manera en que puede exponerlos y narrarlos con armonía, como un gran caleidoscopio, cuyos signos se van mezclando en distintos momentos, en distintos órdenes. En “Yo el Supremo” va a llevar esa configuración hasta el paroxismo, de ahí que insista en calificarse “compilador” del libro que escriben los pueblos. No se trata, como algunos han pretendido interpretar, de una concesión populista o uno de sus tantos gestos de modestia. Para él es un honor, una misión, ser el compilador del libro que escriben los pueblos, la palabra de su pueblo. En pocos escritos o declaraciones, Roa ha sido tan elocuente al referirse a esta obra como en el prólogo a su versión teatral: “las imágenes mueren solas, se esfuman”; “todo esto no concierne solamente a la escenografía; tiene que ver también la fractura, el ralentamiento o la aceleración de los ritmos dramáticos”. En cuanto a la forma y la estructura. También es elocuente en cuanto al contenido, sobre la dicotomía simplista de si su discurso es francista o antifrancista: “Ninguna causa puede justificar y legitimar el despotismo, el dominio de una clase por otra o la opresión de la sociedad en su conjunto la férula de gru-

pos, castas o del infaltable ‘hombre providencial’”. “Es cierto que el logro en Paraguay de la autarquía, la independencia y la autodeterminación se debió al régimen dictatorial francista en la primera mitad del siglo pasado; el más austero que nuestras repúblicas conocieron desde la emancipación. Aun así, la sociedad paraguaya tuvo que pagarlo caro como una ilevantable deuda de la historia. Quedó marcada desde su nacimiento por el maligno signo del poder. No conoció jamás la democracia en su amplitud de libertad y responsabilidad; es decir, la libertad del hombre en sociedad, el hombre libre en sí, pero responsable ante los otros”. MIRANDO DEL REVÉS En el prólogo a otra de sus obras teatrales, Pancha Garmendia y Elisa Lynch aclaran aún más su concepción de la historia vista desde la “compilación” de las voces y los mitos de los pueblos: “Es una versión extraída del imaginario colectivo en el que el personaje de Pancha Garmendia se ha transmutado en una imagen mítica en permanente metamorfosis. Es pues, con relación a la historia oficial, una obra antihistórica, transgresiva, que se mantiene sin embargo fiel al sentido de la historia vivida y a su viviente expresión en la tradición oral. Los perfiles legendarios e imaginativos, simbólicos, permiten seguir puntualmente el destino de la protagonista y “leer” al revés de la trama que la historiografía le quiso asignar fijando sus rasgos de una manera inmutable en virtud de una cierta ideología del etnocentrismo y patrioterismo paraguayo generalmente maniqueos, y según provenga de los enemigos o de los partidarios de Francisco Solano López”. BASTA CAMBIAR LÓPEZ POR FRANCIA Roa alude más de una vez a leer la historia del revés, cita incluso la célebre frase de Baltasar Gracián, en Vigilia del Almirante: “Solo mirándolas del revés se ven bien las cosas de este mundo”. Esa es una de las claves de su enfoque narrativo: poner el lente al revés de la historia, transgredir los tiempos y contrastar los discursos de los protagonistas. Ninguna de sus obras es unipersonal, de una sola voz, de un narrador absoluto, exclusivo y excluyente; es siempre un intento de ordenar, como nos dice cuando habla de lo que aprendió del libro de Leonardo, a ver el sentido como un vasto jeroglífico en movimiento, cuyos signos son indescifrables por sí solos. Y, habría que especificar en su caso, el sentido de la historia,

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desde las remotas dimensiones del mito hasta los escrupulosos inventarios de absurdos de los historiadores (ver el caso ilustrativo del rastreo de Los restos mortales del Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, editado por el Ministerio del Interior de Paraguay en junio de 1962, parte del desconcertante epílogo de la novela de El Supremo). UN LIBRO DEL REVÉS La Nota final del Compilador es más contradictoriamente, dialécticamente, aclaradora: “Ya habrá advertido el lector que, al revés de los textos usuales, este ha sido leído primero y escrito después. En lugar de decir y escribir cosa nueva, no ha hecho más que copiar fielmente lo ya dicho y compuesto

por otros”. Mucho se ha hablado, de El Supremo Dictador, de Julio César Chaves, como influyente en la “documentación” utilizada por Roa en sus largos cinco años intensos de escritura definitiva, pues como se ve desde su “Lucha hasta el alba”, escribió esa historia toda su vida. Más influyente, y más acorde con el estilo del Compilador, es El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos, de José Antonio Vázquez, compilación de documentos y testimonios de época. Mucho se ha dicho también del estilo cervantino; ¿acaso no es El Quijote un conjunto de muchas voces, desde el manuscrito original escrito en árabe y casualmente encontrado, hasta todos los rela-

3 tos y todas las voces populares que se escuchan-leen en sus páginas? Sin duda, hay una gran conexión entre El Quijote y El Supremo, con sus contrapuntos de Sancho y Patiño, con las voces de los pueblos que invaden permanentemente la historia central contándonos relatos populares, historias, mitos y leyendas, sueños, esfumados, caleidoscopio de un mundo plagado de signos indescifrables, en busca de un desciframiento del sentido de la vida y de la historia. Roa hizo el reconocimiento en su cervantino discurso al recibir el Premio Cervantes, nombrándolo a su maestro “Supremo Señor de la Imaginación y de la Lengua”. A él le cabe el título de “Karai Guasu de la Palabra-Alma”.


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CENTENARIO ROA BASTOS ]

Augusto Roa Bastos, el genio de la literatura paraguaya cumple 100 años ARMANDO ALMADA ROCHE (Desde Buenos Aires, especial para La Nación) armandoralmadaroche@yahoo.com.ar

A

ugusto Roa Bastos, nacido en 1917, un 13 de junio –ahora es el centenario de su nacimiento– y muerto el 26 de abril del 2005, víctima de un infarto mientras se recuperaba de una operación cerebral; participó muy joven (a los quince años) en una de las guerras más crueles que se han desarrollado en el continente americano: la Guerra del Chaco. Un confl icto en el cual dos países pobres, Bolivia y Paraguay, se enfrentaron despiadadamente por cuenta de los imperialismos extranjeros –concretamente, en este caso, por cuenta de las multinacionales del petróleo–. De aquella terrible experiencia, Roa Bastos extrajo materiales para una de las mejores novelas de la literatura latinoamericana: “Hijo de Hombre”, publicada en 1960. Hay que decir que, desde 1947, Roa Bastos vivía exiliado de su país. Su posición política, independiente, pero de signo nítidamente democrático y antiimperialista, no podía resultar cómoda para los sucesivos tiranos –luego le tocaría el turno al grotesco Stroessner– que han gobernado nuestro país.

Roa Bastos, Eva y Abente.

Eva de Abente, Dr. Carlos Abente, Roa Bastos y Sila Godoy.

Abente, Chilavert y Roa Bastos.

ESTAR CERCA DE SU TIERRA Desde entonces, Roa vivía en el exilio. Algunas veces volvía a su patria para recoger materiales para sus libros, y establecer contacto con un mundo que siguió siendo suyo. “Un escritor no debe de perder nunca sus raíces –nos decía–. Un escritor latinoamericano, si quiere escribir una obra auténtica, tiene que estar cerca de su tierra”. El Cono Sur de Latinoamérica era en aquel tiempo un infierno: Chile, Uruguay, Argentina. Y hacia el Norte, Bolivia y Paraguay, más el gigante brasileño, torvo y acechante en ese entonces, dispuesto a cumplir su papel subimperial de gendarme de sus vecinos. Como José María Arguedas, o Juan Rulfo –dos escritores de los cuales hablaba con subida admiración–, Roa Bastos había ido a buscar las claves históricas de América Latina en la presencia de lo amerindio. Al contrario que los indigenistas –de méritos históricos indudables–, Roa Bastos, como los escritores antes mencionados, quiso superar los viejos esquemas naturalistas,

Facsímil de un cuento de Roa Bastos publicado en un semanario de Argentina. Además, un poema con su firma de puño y letra. (Todas las imágenes, de Armando Almada Roche) en última instancia paternalistas, con los cuales se quería dar cuenta de la vasta realidad latinoamericana. “Mi propósito es integrar en la literatura un orden mítico, simbólico, que rebasa los planteamientos puramente naturalistas”. Y al hablar de Rulfo y de Arguedas señalaba una característica que se puede aplicar también a su propia novela: “Transformaron la novela regional americana, dándole una dimensión poética universal”. Frente a una

literatura ideologizada en exceso, ellos plantearon una nueva valoración de lo autóctono más auténtico, más real, tanto desde un punto de vista estético como histórico. PERSONAJE DE FAMA Sin duda, Roa Bastos era el nombre mayor de la literatura paraguaya moderna y uno de los que marcaron el tono de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del

siglo XX. Ganador del Premio Cervantes en 1989, famoso por títulos como “El trueno entre las hojas” (1953), “Hijo de Hombre” (1960 o “Yo, El Supremo” (1974), entre más de veinte obras que incluyen poemas, relatos y textos teatrales. También fue un destacado guionista de cine en la Argentina, donde adaptó sus cuentos con Manuel Antín en “Castigo al traidor” (1966), “Armando Bo” en “El trueno entre las hojas” (1958)

y con Lucas Demare en “Hijo de Hombre” (1961); o llamado también “Choferes del Chaco”. Recuerda Roa: “Los borradores de ‘El trueno entre las hojas’ pasó, antes de ser publicado, por las manos de mi querido amigo y maestro y hermano mayor Hérib Campos Cervera. Todo lo que escribía lo leía primero él. Como crítico era severo, implacable, pero no destructivo. Él me marcó erro-

res de enfoque de algunos cuentos, y le di carta blanca para que me los corrigiera de cabo a rabo. Se tomó el trabajo de leerlos, de arriba abajo, y del revés al derecho, como quien dice. Si bien yo tenía alguna destreza para los artículos periodísticos, el cuento era nuevo para mí. Hérib era un gran lector de los mejores cuentistas del mundo y de América. Luego de dos semanas me devolvió el manuscrito con notas y correcciones, aquí y allá. Lo

había desmenuzado hasta sus últimas fibras. Desde luego, que no me enojé porque me estaba ayudando y yo solito le pedí que lo leyera y corrigiera. Sé que a los escritores y a los poetas no les gusta que se los corrija, pero que una buena mano lo oriente a uno en sus comienzos me parece bueno. Antes, en Asunción, cuando tenía pretensiones de poeta, me orientaba y corregía. Y yo aceptaba sus correcciones porque eran buenas y bienintencio-

nadas. No existía, lo que se dice, mala leche. Así pasó con mi libro “El trueno entre las hojas”, que gracias a Hérib quedó presentable para su publicación. Desgraciadamente no lo pudo ver impreso porque se publicó luego de su muerte. HÉRIB CAMPOS CERVERA “Hérib solía cargarme porque yo publicaba mis cuentos en revistas del corazón, como “Idilio”, “Secre-

tos” y “Anhaí”. Revistas populares, o de cordel, llenas horóscopos y fotonovelas. Él bromeaba: “Sos el escritor del populacho, de las pokyra, aquí llamadas sirvientas. Nunca los intelectuales serios te van a tener en cuenta”. Y se reía a carcajadas. Y agregaba: “Publica o perecerás”. Aparte de sus bromas, le gustaba como escribía y me alentaba a que leyera lo que cayera en mis manos. “Todo sirve”, me decía. “En materia de lectura nada es

basura. Acordate”. Cada vez que nos encontrábamos me preguntaba si seguía escribiendo, que no dejara de hacerlo; “aun en contra de la oposición de tu mujer”, sentenciaba. Y enseguida añadía: “Estoy pensando seriamente en si dejo la poesía o si me separo de mi mujer. No se puede ser marido y poeta al mismo tiempo. Hay que elegir. Bien sabes, querido ‘Roíta’, que el trabajo del poeta es un oficio turbador y terrible”. Y vaya si él lo sabía.


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MEMORIA ]

“Roa era un hombre despojado “Siempre he pensado que los escritores nos cuentan mejor la historia que los propios historiadores”.

Uno de los invitados más destacados al Congreso Internacional sobre la obra de Roa Bastos fue el laureado escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez Mercado, quien se refirió a la importancia de la obra del Premio Cervantes desde su mirada particular. ADRIANA ZACARÍAS Periodista

adriana.zacarias@gruponacion.com.py FOTOS: PÁNFILO LEGUIZAMÓN

S

ergio Ramírez Mercado es escritor laureado con varios premios importantes, como el Alfaguara de 1998, además de periodista, abogado y político. Fue vicepresidente de su país, Nicaragua, en la presidencia de Daniel Ortega. Estuvo en Paraguay para disertar como invitado especial, en el marco del Congreso Internacional “Roa, entre la lite-

ratura y la historia de América Latina y el Caribe”. Dicho evento se llevó a cabo la semana pasada en recordación del centenario del Premio Cervantes 1989. Con ademanes de gran orador y profundo conocedor de las letras, el intelectual recuerda el prodigioso legado del Premio Cervantes. “Roa era un hombre despojado de cualquier insolencia de carácter, orgullo. Fue un hombre muy sencillo. Le gustaba siempre estar al margen del centro de atención. No tenía altisonancias y me parece que siempre ha tenido esa nostalgia, esa tristeza profunda por un país al que no podía regresar. Pero que nunca olvidaba”, describe.

“HIJO DEL EXILIO” “Fue un hijo del exilio. Vivió medio siglo casi fuera de la frontera de su patria y eso le dio a su carácter una melancolía muy profunda, pero nunca perdió la esperanza de que en Paraguay y en América Latina en general, pudiera sobrevenir el cambio democrático”, asevera, al tiempo que rememora las veces que se habían encontrado. Roa fue un testigo de las injusticias de su tiempo y lo transmitió claramente en sus libros. Fue un gran defensor de la democracia, corriente que en el siglo XX no comulgaba con la tiranía reinante en América Latina. “Los contextos históricos tienen mucho que ver con lo que un escritor tiene que decir. Cuando Roa escribió ‘Yo el Supremo’, nunca dejó de tener en mente que Paraguay seguía siendo regido por una dictadura, con otro dictador que representaba otros intereses. La dictadura de Stroessner al él lo tocó directamente, porque había sido sacado a la fuerza del país cuando quiso vol-

“Las figuras grotescas de los grandes dictadores, ahora fueron sustituidas por grandes capos del narcotráfico”. ver y fue víctima de ese sistema de gobierno”, alega. A tenor del político, Stroessner fue contemporáneo de Somoza, Trujillo y Batista; dictadores que habían caído. Sin embargo, él seguía siendo el único dictador de esa hornada que se seguía sosteniendo. Cabe destacar que Sergio Ramírez Mercado ejerció como vicepresidente de su país desde el 10 de enero de 1985 hasta el 25 de abril de 1990, durante el mandato de Daniel Ortega. LOS ENCUENTROS “Me encontré varias veces en la vida con Roa, la primera de ellas en un congreso de escritores en Caracas, allá por 1971. Yo lo veía con la referencia de un discípulo. Había

leído ‘El trueno entre las hojas’, me pareció un libro de cuentos deslumbrante, también ‘Hijo de hombre’, una novela trascendental para una guerra sin sentido que se daba en América Latina”, cuenta, dejando evidenciada su afición hacia las obras de Roa. A renglón seguido, trae a colación la gran feria del libro de Frankfurt, desarrollada en 1976, que reunió a grandes exponentes de las letras latinas, pues el evento los homenajeaba: “Nos encontramos luego en la feria del libro en Frankfurt, en Alemania, en 1976. Esa feria fue dedicada a América Latina. Roa, que ya vivía en el exilio en Francia, llegó; estaban Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo. Era una pléyade de escritores de ese tiempo, que


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de toda insolencia” “La dictadura de Stroessner al él lo tocó directamente, porque había sido sacado a la fuerza del país cuando quiso volver y fue víctima de ese sistema de gobierno”. tenía tal resonancia que la habían dedicado a América Latina”. ROA EN LA LITERATURA HISPANOAMErICANA “Roa Bastos pertenece a ese grupo de escritores que transformaron el lenguaje, la manera que tenemos de ver la literatura. La literatura en manos de Roa, se convierte en un testimonio imaginativo que nunca se apartó de la realidad de su país, que a su vez es la realidad de América Latina”, analiza, y agrega: “Siempre he pensado que los escritores nos cuentan mejor la historia que los propios historiadores”. EL PERFIL DEL DICTADOR En la obra ‘Yo el Supremo’, el autor pone de manifiesto una realidad flagrante, pese a utilizar los recursos literarios concernientes a la estética narrativa. “Cuando Roa escribe ‘Yo el Supremo’ no inventa un personaje. Como ‘El recurso del método’ de Alejo Carpentier que también es una novela sobre el dictador o como ‘El otoño del patriarca’ de Gabriel García Márquez, que también es un dictador, pero no sabemos quién es”, menciona. RETRATO DEL DOCTOR FRANCIA “Roa no crea una invención, va a la figura histórica del Doctor Francia. Y él lo que hace es reconstruir esta figura a través de documentos inventados o reales. Pero vamos persiguiendo esta figura desde la Independencia y todo su gobierno que dura hasta su muerte en 1840”, explica. La historia se fusiona con la ficción, creando un escenario ambivalente, sumado al prolífico estilo narrativo de Augusto Roa Bastos. “Es un relato histórico, sin perder de vista que es un relato de ficción, que es para lo que la novela sirve, para que uno conozca la historia a través de la imaginación y la va construyendo a través de un lenguaje, yo diría de carácter extraordinario, enhebrando el lenguaje en base a muy distintas fuentes.

Entonces, en este sentido, para mí, ‘Yo el Supremo’ es un monumento verdadero de narración”, subraya. UN CICLO TERMINADO Para el escritor, ‘Yo el Supremo’ sigue siendo un hito y paradójicamente, un retrato fiel de la actualidad política latinoamericana. Por otra parte, la obra prima es imposible de emular. “Es muy difícil repetir o emular. Un escritor que comienza, que quiere escribir algo como ‘Yo el Supremo’, no creo que fuera una buena idea, porque hay otros aspectos de la realidad que narrar. Yo creo que ya la figura del dictador como la toma Roa, es un trabajo que ya está completado. Se terminó de completar con ‘La fiesta del chivo’ de Mario Vargas Llosa. Ese panorama, esa galería siniestra de los dictadores de América Latina la tenemos completa”, asegura. LA ACTUALIDAD “Hoy, en América Latina tenemos otras realidades muy distintas. Las figuras grotescas de los grandes dictadores, ahora fueron sustituidas por grandes capos del narcotráfico. Son figuras grotescas, en muchos casos fantasiosas, usan el dinero de otra manera, quieren que se vea que tienen dinero, que tienen poder. Esa es otra vena de personajes presentes hoy en el siglo XXI, en la literatura latinoamericana, como muchos aspectos, simplemente cito un caso”, deduce. “Yo el Supremo”, una realidad vigente Con relación a la coyuntura vivida en países de Latinoamérica, señala que la figura de ‘Yo el Supremo’ sigue presente en estados cuya democracia permanece inestable, con peligros de golpe de estado o autoritarismo en pose de socialismo: “El hecho de que los países latinoamericanos no tengan todavía vidas democráticas plenamente establecidas y al mismo tiempo en equilibrio con la justicia social. Que surja de pronto un golpe de estado, que las instituciones sigan siendo débiles y haya un

nuevo tipo de autoritarismo disfrazado de socialismo; todo eso lo hace actual. Nos hace ver siempre a América Latina como él la vio. Y si uno lee de nuevo ‘Yo el Supremo’, pues tiene lecturas contemporáneas”. El gran desafío, que los jóvenes lean Por último, deja una tarea pendiente: “El gran desafío, no solo con Roa, sino con Rulfo, García Márquez y otros grandes escritores de América Latina, es hacer que los jóvenes los lean. Los escritores ya dejaron su obra, la dejaron para la posteridad. Pero esa posteridad tiene que ser activada. Los jóvenes tienen que leer a estos escritores, no solo porque se lo pongan a la fuerza en los planes de estudio y hagan un resumen o lo copien de internet, sino que debe haber una enseñanza sistemática de estos escritores por dos razones: la lengua te hace más grande leyéndola, uno aprende más a escribir mejor o a leer mejor, y porque se puede encontrar una lección de historia en sus novelas”, sintetiza.

“La novela sirve para que uno conozca la historia a través de la imaginación y la va construyendo a través de un lenguaje, yo diría de carácter extraordinario. Para mí, ‘Yo el Supremo’ es un monumento verdadero de narración”.

SERGIO RAMÍREZ MERCADO Sergio Ramírez Mercado, (Masatepe, Nicaragua, 1942) tiene en su haber alrededor de 15 libros traducidos a más de 20 idiomas. En 2014 fue nombrado vocal del patronato del Instituto Cervantes, en representación de las letras y la cultura latinoamericana. Escritor, periodista, político y abogado nicaragüense, fue vicepresidente de Nicaragua durante los años 1985-1990. En 1959 ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de León y un año después funda la revista experimental literaria “Ventana”, encabezando el movimiento literario del mismo nombre junto a Fernando Gordillo. En 1964 se gradúa como doctor en Derecho, recibiendo la Medalla de Oro como mejor estudiante de su promoción. En 1968 y 1976 es elegido secretario general de la Confederación de Universidades Centroamericanas (CSUCA), con sede en Costa Rica. Inicia su carrera literaria como escritor de cuentos: “El estudiante” (1960) y tres años después publica una recopilación de “Cuentos”. En 1970 aparece su primera novela, “Tiempo de fulgor”, alternando, hasta hoy día, la narrativa con el ensayo y el periodismo. En Nicaragua, en 1977, encabeza el grupo opositor de “Los Doce” integrado por intelectuales, empresarios, sacerdotes y dirigentes civiles, en apoyo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en lucha contra el régimen del presidente nicaragüense Somoza. Dos años después forma parte del gobierno de Nicaragua junto al político Daniel Ortega, retirándose de la política en 1996 para dedicarse a la literatura. Como editor, funda en 1978 la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) en San José (Costa Rica) y en 1982 la editorial Nueva Nicaragua. Desde 1999 da clases en diferentes universidades de EE.UU., México, Perú, España y Chile. Un año después de su graduación empieza a colaborar en prensa, dirigiendo publicaciones como “Carátula” y “El libro azul”, del Centro Nicaragüense de Escritores. Como periodista ha trabajado en distintos medios centroamericanos de Guatemala, Panamá, Honduras, El Salvador y Costa Rica, así como en otros países de América del Sur, como Chile, Argentina, Venezuela, Bolivia, etc. En España publica el blog El Boomeran, dentro del diario “El País”. La universidad de Princeton custodia una colección de manuscritos de sus escritos, correspondencia personal, literaria y política, papeles y documentos relacionados con la carrera política de Sergio Ramírez y de la historia política de Nicaragua, así como fotografías y material gráfico e impreso.


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HOMENAJE ]

El Supremo ya tiene su estatua La hermosa estatua, obra del artista dominicano Juan Gilberto Núñez, es idéntica a la descubierta en la pasada Feria del Libro en ese país. Tiene una expresividad que sorprende.

D

urante la primera semana de conmemoración del Centenario de Roa Bastos, precisamente el pasado 6 de junio, en la tradicional Plaza Uruguaya, se realizó una emotiva ceremonia de descubrimiento de una estatua dedicada a homenajear al Premio Cervantes. La misma es un trabajo de Juan Gilberto Núñez, un artista dominicano que nos regala la figura que presenta a un Roa contemplativo, en su faceta de analista y observador de su entorno, según lo explicó el propio autor, que estuvo presente en la ceremonia y en los homenajes a Roa. El mismo realizó otra estatua, idéntica, que fue descubierta en un acto realizado en el marco de la Feria Internacional de Literatura de República Dominicana en donde Paraguay fue invitado de honor y se homenajeó a Augusto Roa Bastos en su centenario. El acto se realizó en presencia de autoridades y representantes de diferentes organismos culturales. El ministro de Cultura, Fernando Griffith, se dirigió a los presentes, manifestando su satisfacción por la honra a la memoria del Premio Cervantes 1989, indicando que es

una deuda saldada por los aportes a la cultura paraguaya de parte del escritor. “Este homenaje es una muestra de que como paraguayos estamos tomando conciencia, antes no éramos conscientes de la magnitud de Roa como escritor y como hombre paraguayo, no habíamos entendido su contribución al país, hoy estamos cumpliendo con una deuda que teníamos hacia su memoria”, expresó el titular de la SNC. De la ceremonia participaron también el presidente del Congreso Nacional, senador Roberto Acevedo; el senador Eduardo Petta, el intendente de Asunción, Mario Ferreiro; la directora del Centro Cultural de la República el Cabildo, Margarita Morselli; el presidente de la Fundación Luces y Sombras, Juan Gilberto Núñez; así como también Mirta Roa, hija del Premio Cervantes. También estuvieron presentes Sergio Ramírez (Nicaragua) y Sergio Guerra (Cuba), intelectuales extranjeros invitados para el Congreso Internacional “Roa, entre la literatura y la historia de América Latina y el Caribe”.

+ACTUALIDAD

Hoy culmina Maratón de lectura de “Yo el Supremo” Desde ayer sábado 10 de junio, a las 9:00, se dio inicio a la gran maratón de lectura de la novela cumbre del laureado escritor Augusto Roa Bastos: “Yo el Supremo”, que le valiera el Premio Cervantes en 1989. La actividad, de la que participan reconocidas personalidades de diferentes ámbitos de la cultura del Paraguay, se lleva a cabo en el Auditorio José María Rivarola Matto, en el Centro de Convenciones Mariscal López, en el

marco de la Feria Internacional del Libro de Asunción (FIL 2017). La lectura de la obra forma parte de la serie de eventos prevista para todo el mes de junio, organizada por la Comisión Nacional de Conmemoración del Centenario de Augusto Roa Bastos, quien nació en Asunción, un 13 de junio de 1917. Las actividades se intensificaron durante toda la semana que pasó, tanto en el marco de la FIL como en otras ocasiones, tanto en Asun-

ción como en el interior del país. Hubo congresos dedicados a analizar la obra y figura del máximo escritor nacional y actividades de todo tipo, repasando la vida y obra extensa de Roa. En el caso de la Maratón de lectura de “Yo el Supremo”, se realizó ayer una breve introducción sobre la obra para comenzar la lectura. Aproximadamente 45 voluntarios, previamente inscriptos, leyeron en la primera y culminarán hoy domingo con la lectura de la obra, que además de extensa, ofrece un desafío importante a quienes encaran su lectura. A las 9:00 se reanuda la lectura y se invita especialmente a participar a todas las personas interesadas, especialmente estudiantes, amantes de la literatura paraguaya y público en general acercarse a la obra del Premio Cervantes, de esta manera amena y particular.

La Ley N° 5.790, promulgada en diciembre del 2016 por el presidente de la República, Horacio Cartes, señala que la Comisión del Centenario de Roa Bastos estará coordinada por la Secretaría Nacional de Cultura; e integrada por la Secretaría Nacional de Políticas Lingüísticas, Secretaría Nacional de Turismo, Secretaría Nacional de Deportes. Igualmente, el Centro Cultural de la República El Cabildo, así como representantes de la Comisión de Cultura, Educación, Culto y Depor-

Staff.

tes de la Cámara de Senadores; la Comisión de Educación, Cultura y Culto de la Cámara de Diputados, el Ministerio de Educación, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Fundación Augusto Roa Bastos. “Yo el Supremo” es una novela considerada como una obra maestra de la literatura castellana, fue escrita durante el largo exilio de Augusto Roa Bastos en 1947 en la Argentina y editada por primera vez en 1974, en Buenos Aires, por la Editorial Siglo XXI.

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Editor General: Ricardo Benítez | Editora: Marycruz Najle: marycruz.najle@ gruponacion.com.py. | Redacción: Ramonita González, Yvelice Villalba, Karina Ríos, Yesica Vera Zarza, Adriana Zacarías, Alberto Castro | Diseño y armado: Francisco Quiñónez.


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