DÍA DE LOS VETERANOS Y CAIDOS EN MALVINAS
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MALVINAS, UN RECUERDO IMBORRABLE
A 36 años de la gesta A pesar de los errores políticos y militares de los gobernantes, los veteranos de Malvinas dieron su vida en defensa de los valores y de la soberanía nacional. Hoy, como cada 2 de abril, los actos conmemorativos se extienden en todo el país. El 2 de abril de cada año se recuerda con orgullo a los soldados que participaron en la Guerra de Malvinas en 1982. En cada pueblo y ciudad de nuestro país, se realizan actos en honor a aquellas personas que lucharon y dieron su vida. Y Rafaela no es la excepción a esta conmemoración. Recordemos que el 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas con el fin de recuperar la soberanía que en 1833 había sido arrebatada por fuerzas armadas de Gran Bretaña. La historia comienza en 1820, cuando una fragata argentina fue enviada desde Buenos Aires para tomar posesión de las islas que anteriormente correspondían a España y se encontraban deshabitadas. Finalmente en 1833, un contingente de barcos Ingleses arribó a las islas, haciéndose posesión de estas en nombre del Rey de Inglaterra.
La disputa En 1982 el país transitaba una época oscura. Desde 1976, las Fuerzas Armadas habían dejado de lado a la democracia y los derechos de la población, tomando por la fuerza la dirección del país. Los problemas económicos y el empobrecimiento del país aumentaban día a día, haciendo más visibles los conflictos sociales y desenmascarando la realidad. El 2 de abril de 1982, los argentinos se despertaron con la noticia de que las Islas Malvinas, aquel pedazo de tierra alejado al sur del país, habían sido recuperadas por un sorpresivo desembarco de tropas del ejército, como muestra de soberanía. El objetivo principal de las fuerzas armadas no solo fue recuperar las islas, sino también desviar el foco de atención de una población golpeada por años de dictadura. En una acción "patriótica", la Junta Militar buscó lo-
grar el apoyo de todos los sectores de la sociedad. El gobierno inglés de Margaret Tatcher reaccionó seis días más tarde, enviando hacia las islas un ejército superior en número y equipamiento. Mientras, en el mundo, tanto las potencias como Estados Unidos y Francia, condenaron junto a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el accionar de los argentinos, sin realizar intervención alguna para impedir el conflicto. Desde ese momento, comenzó una cruenta batalla, desarrollada tanto en el mar y como en la tierra. A pesar de la superioridad de las tropas inglesas, los soldados argentinos demostraron el valor, la fuerza y el sacrificio luchando por la soberanía nacional. En noviembre del 2000, a través de la Ley 25.370, el día 2 de abril fue declarado Día de los Veteranos y Caídos en Malvinas en homenaje a todos los combatientes
caídos y los sobrevivientes de la guerra de Malvinas y sus familiares.
Aquellos héroes Han pasado 36 años desde la finalización de la guerra y cada 2 de abril se realizan actos en todo el país para homenajear y mantener vivo en la memoria, a aquellos que
participaron de la gesta de Malvinas. A pesar de los errores políticos y militares de los gobernantes, los veteranos de Malvinas dieron su vida en defensa de los valores y de la soberanía nacional. Hoy en día, todos los veteranos de guerra se reúnen para ayudarse entre ellos y cada 2 de abril recuerdan a sus compañeros que no es-
tán, buscando que se reconozca de forma pacífica que las Malvinas son argentinas. Actualmente, la disputa por estas tierras se realiza de manera diplomática y forma parte de las agendas en cumbres presidenciales en las que varios países latinoamericanos y del mundo adhieren al reclamo argentino por la soberanía sobre las islas Malvinas.
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Omar De Felippe, el futbolista al que Malvinas le cambió la vida
A punto de cumplir 56, el exjugador de Huracán aún siente en la piel los gritos, los ruidos de la guerra; "Estaba sentado, rezando para que no cayera una bomba", rememora; también, explica cómo se acostumbró al horror: "Ves morir a alguien y es como que no hubiera pasado nada". Su cabeza prefería no pensar, sino estar ocupada, aunque por momentos le resultaba imposible. Estaba en la guerra, pero aún no lo sentía. Solo percibía el desolador silencio que se escuchaba en cada rincón de las Islas. El frío era cruel. Dolía. Y, mientras, la cabeza trataba de concentrarse en la fogata y los mates que ayudaban a luchar contra, hasta ese momento, el único enemigo, el frío. Pero, sin quererlo, pensaba. Sin embargo, a las 4.40, de ese primero de mayo de 1982, en territorio malvinense, todo volvería a cambiar para ese joven de 20 años. Un ruido lejano irrumpió en la tranquilidad de la noche. Un instante después, habrán sido minutos o, tal vez, segundos, el ruido se intensificó y se dejó reconocer: eran hélices, era un avión. Luego, la primera bomba tocó la tierra y dos más la acompañaron. En él,
un sentimiento irreconocible se apoderó de cada una de sus células. Poco después entendería: era miedo, era la guerra. A más 30 años de aquel trágico enfrentamiento que le costó la vida a 649 soldados argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños, más otros tantos posconflicto, Omar De Felippe, exjugador y entrenador de fútbol, habló con canchallena.com y narró su experiencia en Malvinas. "Hace unos años, cuando estaba contando en una nota que no iba a hablar más del tema, el camarógrafo me miró y me dijo: "No lo tome mal, pero nos gustaría que la historia la cuenten los que estuvieron y no cualquiera. Me hizo reflexionar y tiene razón. Uno debe homenajear a los compañeros que volvieron y a los que quedaron allá. Es importante que no se olvide y las nuevas generaciones
lo sepan", confiesa De Felipe, sentado al borde de la pileta del edificio donde vive, en el barrio porteño de Caballito. El 7 de abril, a la madrugada, cinco días después de que el ejército argentino tomara Puerto Argentino, un soldado le entregó a Rosa, la madre de De Felippe, una cédula de citación para su hijo, que acababa de ser dado de baja del servicio militar. Entre lágrimas, como si hubiese sentido lo que vendría, entró al cuarto de Omar, que aún descansaba, y le dio la noticia. "Le dije que se tranquilice, que después iba. Y, a las 10, me presenté en el regimiento. Yo no pensaba que me iban a llevar. Y cuando entré, me dieron la ropa y me contaron el pelo. Parecía algo normal. No nos decían nada", recuerda el ex DT de Olimpo, equipo con el que logró el ascenso a primera división en 2010 y que dirigió hasta
noviembre de 2011. Las siguientes 48 horas de De Felippe, como él explicó, estuvieron cargadas de incertidumbre. El viernes 9 de abril vería por última vez a su familia antes de viajar a Malvinas. Pero ellos no lo sabían. Él tampoco. "Cuando se fue la visita, nos formaron y nos empeza-
ron a entregar el armamento. Entraron a unos colectivos, nos subieron y salimos para Malvinas", cuenta Omar, y agrega: "El viaje tuvo dos etapas muy marcadas. La primera fue la salida del regimiento con mucha algarabía. La gente nos alentó durante todo el viaje al Palomar. De mi familia
no había nadie. La única persona que conocía era un amigo que estaba dando vuelta por ahí. Me preguntó dónde íbamos y le dije que no sabía, pero que le avise a mi vieja que me iba y que iba a estar bien. La segunda fue cuando llega(Continúa en pág. 21)
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(Viene de pág. 20) mos al aeropuerto, donde todo cambió. En las cinco o seis horas que duró el viaje, creo que no hablé. Era otra realidad la que íbamos a empezar a vivir". De Felippe desembarcó en la Isla Soledad y, tras caminar más de 12 kilómetros por un camino sinuoso y acechado por las bajas temperaturas, llegó a Puerto Argentino. "La primera imagen siempre la recuerdo: era un agujero en la pared de una casa que se había ocasionado cuando tomamos Puerto Argentino. Mientras recorríamos las calles, los padres encerraban en las casas a los niños que jugaban en la plaza. Ellos también tenían miedo. Una vez instalados, comenzamos la rutina", describe el exjugador de Huracán, Villa Mitre y Olimpo, entre otros, con la mirada perdida, como si aún estuviese viendo esas imágenes. Pero esa rutina cambió aquel primero de mayo, cuando comenzaron los enfrenamientos, cuando el miedo invadió a Omar, como seguramente lo hizo con gran parte de los jóvenes que lucharon, casi sin recursos, para defender a la Patria. "No me imaginaba la guerra así. En un momento, mirando un combate, parecía una película. Hasta había momentos de belleza por la trazante de los fuegos. No llegás a ver a la gente, ves las cosas que se tiran. Tiene de todo una guerra. Estás sentado, rezando para que no te caiga una bomba, pero sabiendo que están cayendo en algún lugar y psicológicamente te destruye. Por momentos, no teníamos cómo contrarrestar los ataques de ellos a toda hora. No dormís, estás sobresaltado constantemen-
te", relata De Felippe, que, sin quererlo, mezcla pasado con presente, como si aún fuese parte de ese combate. ¿Cómo se hace para ver morir a un compañero y seguir? ¿Para no comer y sacar energía de donde no la hay? ¿Para que nada te afecte? Para De Felippe, la respuesta es una sola: "Mecanismos de defensa". Y explica: "Te vas endureciendo de tal manera que solo te preocupás por tu grupo, que son 4 o 5 personas. Todo se hace más duro. Y vos te endurecés tanto que por ahí ves morir a alguien y es como que no hubiera pasado nada. Creás mecanismos de defensa que no hay nada que te pueda alterar tu pensamiento y tu supervivencia. Mirás las cosas y no te penetran". "No cierro los ojos para recordar, lo hago estando despierto. Son situaciones que viví y estarán siempre presentes: pasar hambre, sufrir frío, estar descompuesto, tener que robar para comer, tener que comer la grasa que sobraba, escuchar la primera bomba, tirar todas las balas que pudimos… Hay mil imágenes en la cabeza", dice, mientras esa mirada sigue perdida a más de 1900 kilómetros de donde está sentado, 30 años atrás. Y esos recuerdos, que parecen volver a sentirse, llevan a otros: "Era difícil cerrar los ojos y dormir. El peor momento fue cuando sabíamos que estaban los gurkhas [soldados británicos] dando vuelta por la noche y te acostabas con la nueve milímetros sin seguro en el pecho. El alerta siempre fue permanente y eso te llevaba a dormir con un solo ojo. Allá no nos daban tanta información, pero te enterabas por rumores que se corrían". El 14 de junio la guerra
DÍA DE LOS VETERANOS Y CAIDOS EN MALVINAS llegó a su fin, o no. Quizás, fue sólo el principio de todo. "Cuando se firmó la rendición, nosotros estábamos volviendo del frente. Caminamos unos ocho kilómetros, pero fue un caos. Si bien la guerra se había terminado, nos seguían disparando. Hubo heridos y hasta muertos. Fue un descontrol. Teníamos que empezar a readaptarnos a lo que sería la vuelta. Cuando empezaron a llegar los ingleses, vimos a los chicos de 18 años que ellos traían para hacer experiencia. Ellos
eran profesionales. Los de mayor rango no podían entender el equipamiento y la ropa que teníamos", recuerda. Y continúa: "Nos juntaron a todos en Puerto Argentino para llevarnos al aeropuerto y, en la mitad del camino, nos iban desarmando. Eso fue devastador. Muy difícil. Es una mezcla de bronca, de odio, de dolor". Una vez de regreso, De Felippe, junto al resto de los combatientes, estuvo 48 horas aislado en Campo de Mayo. "Comíamos asado a
toda hora: a la mañana, al mediodía, a la tarde y a la noche. No usábamos los cubiertos, comíamos con las manos. Nuestro estado de ansiedad era muy grande. Hubo muchas peleas ahí adentro. Las deudas no cobradas en Malvinas se dirimieron ahí a mano limpia", relata, mientras la mirada parece haber vuelto y, con ella, De Felippe. A punto de cumplir 56 años, De Felippe, casado y con una hija, la pequeña Bianca, de cinco años, re-
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flexiona: "Siempre lo digo, más allá de lo familiar, el fútbol me salvó la vida. No sé si habré tenido las condiciones suficientes para ser jugador, pero Huracán me había evaluado mucho tiempo. Tan bueno no era porque no jugué en ninguna selección, pero me ayudó a encarrilarme en la vida. Me dio la posibilidad de poder ser una persona normal, como cualquiera, sin olvidar que me tocó estar en una guerra, de la cual tengo mucho orgullo de haber estado".
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LA PROEZA DE OWEN CRIPPA
Una de las misiones más arriesgadas en Malvinas Al caer la tarde del 20 de mayo de 1982 los Tenientes de Navío Guillermo Owen Crippa y Horacio Talarico se reúnen con el Capitán de Fragata Oscar Manuel Arce, quien les comunicó que el día siguiente deberían cumplir una misión sobre San Carlos. La orden consistía en realizar una navegación rasante a través del valle existente entre Puerto Argentino y San Carlos. A las 10:04 Crippa recibió la autorización de la torre de control e inició la corrida de despegue. Poco antes de la llegada a la planicie ubicada entre Monte Kent y Cerro Rivadavia, observó cierta actividad de combate; dos columnas de humo gris oscuro que se elevaban de sendos helicópteros, posiblemente derribados por aviones Harrier mientras transportaban personal del Ejército para reforzar posiciones. Cuando planificó la misión, Crippa había tomado como punto de referencia el valle del río San Carlos, pero al acer-
carse allí se encontró con una espesa capa de niebla que, con el efecto de los rayos del sol, provocaba una series de reflejos que no le permitían una buena visión, por lo que decidió cambiar la dirección de ataque: en vez de entrar al puerto San Carlos por el sur, lo haría por el norte, con el sol lo más atrás posible. "De todos modos la flota británica estará en mar abierto, o en el peor de los casos en la boca del estrecho". Al llegar a la Ensenada del Noreste miró en todas las direcciones pero se sorprendió al no encontrar ningún barco allí o en las proximidades. Por un momento esa situación lo intranquilizó, le creó cierta incertidumbre. Con esos interrogantes rondando por su mente, Crippa giró a la izquierda y se pegó a la costa, volando a 500 pies de altura y una velocidad de poco más de 300 nudos. Así continuó sin novedad, pero cuando estaba próximo a Punta Correntada, de pron-
to, algo le provocó un estremecimiento: recostada inmóvil sobre la costa de Punta Roca Blanca, en la boca norte del Estrecho de San Carlos, estaba la silueta inequívoca de una fragata Clase 21. Como el buque no dio señal de haberlo detectado continuó con su navegación siguiendo el contorno de la costa, la que, hacia el sur, se va elevando cada vez más, tomando la característica de los típicos "fiordos". Instantes después vio, por segunda vez, unidades inglesas: eran dos fragatas recostadas en las proximidades del Monte Rosalia, al sur de la boca de la Bahía Roca Blanca, en la Gran Malvinas. Aparentemente tampoco lo habían detectado. Cuando desde atrás de un cerro salió al canal propiamente dicho del Estrecho de San Carlos, se encontró, de pronto, con un helicóptero Sea Lynx británico que, como colgado en el aire, a unos 1.000 pies del agua, estaba, aparen-
El piloto argentino Owen Crippa.
temente, haciendo detección aérea temprana "de data", como se dice en la jerga. Crippa, instintivamente, se preparó para atacar: acomodó el Aeromacchi ascendió un poco para no dispararle de abajo hacia arriba, selecto el armamentoyenmomentosenquese disponía a gatillar, vio un buque que estaba en las lenguas de agua que va hacia el puesto de la Estancia San Carlos. En escasas décimas de segundo tuvo que decidirse: el
helicóptero no lo había visto y era difícil que lo atacara. En cambio el buque además de ser una mucho mejor "presa", si lo atacaría. "Me tiro al buque. No es tu destino", pensó refiriéndose al piloto del helicóptero y giró bruscamente a la izquierda para entrar en picada final de ataque. Nuevamente acomodó el avión, tomó puntería y apretó el gatillo, pero no salió ni un disparo. Apretó para tirar cohetes y tampoco. Una sen-
sación de amargura e impotencia le hizo pensar: "¡Qué bronca! ¡Llegar hasta aquí y no poder hacer nada!". Siempre en picada de tiro, se dio cuenta, al observar el tablero, que había olvidado selectar el "master" de armamento cosa que hizo instantáneamente. Sabía que con cañones y cohetes no podría hundir ningún buque, pero estaba en condiciones de anular, (Continúa en pág. 23)
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(Viene de pág. 22) en gran medida, los sistemas electrónicos con que cuentan las naves de guerra modernas. Eso y dejar fuera de combate al buque era lo mismo. Ya estaba casi encima del barco.Tratódeapuntaralpuente de comando y a las antenas, hizo los disparos y levantó la trompadesuaviónantelaproximidad de la nave, a lo que cruzó por la popa para volver a pegarse al agua y comenzar las maniobras bruscas de zigzagueo. En ese momento comenzaron a tirarle con cañones desde un transporte de asalto tipo Fearless, que estaba a su izquierda. Al mirar hacia ese buque, vio el fogonazo y el humo característicos que se produce cuando se dispara un misil y de inmediato la estela brillante que iba dejando el proyectil a medida que se aproximaba al avión. Para impedir que le tiraran, recurrió a un arriesgado procedimiento, que consistía en meterse entre medio de los buques, que de este modo dejarían de tirar ante el peligro de impactarse entre ellos. En efecto, los ingleses cesaron el fuego momentáneamente, pero lo reincidieron una vez que su avión había pasado, tratando de impactarlo mientras se alejaba. Se había metido en la boca del lobo. Volando a plena potencia y esquivando cómo podía, tanto a los buque como a las esquirlas, que se iban formando a su alrededor, enfiló hacia Punta Federal, con la esperanza de alejarse de las unidades inglesas. Pero se equivocó: al "saltar" un cerro, en lugar de esconderse se encontró de golpe con más barcos, ubicados a su derecha, próximos a la bahía Ruiz Puente. Repuesto de la sorpresa
giró bordeando un cerro, en momentos en que las naves comenzaron a tirarle con artillería. Al pasar el cerro se planchó sobre el piso de un amplio valle que está antes de llegar a Puerto Sussex. En ese instante, un pensamiento se cursó por su mente: "Si voy a Puerto Argentino y digo que hay muchos buques, me van a decir que está bien, que habrá cuatro o cinco. Pero cuántos en realidad ¿cuántos había? Trató de calmar sus nervios; estaba agitado y sentía el cuerpo empapado en transpiración. Se había salvado del fuego de los buques pero era posible que un PAC de Harrier ya estuviera dirigiéndose al lugar para interceptarlo. "Mejuegounavezmás",pensó en voz alta y elevándose un poco hizo un suave giro hacia la izquierda, regresando hacia el Río San Carlos. Su intención era contar, identificar y ubicar a cada una de las unidades británicas en la carta que llevaba en la rodilla derecha. Así; lo hizo eran nada menos que catorce buques; una cifra que no estaba en sus cálculos y en los de nadie. Para cualquiera, era un disparate concebir la presencia de esa cantidad de naves en una zona tan restringida. Como se estaba acercando demasiado, volvió a girar está vez hacia el sur, "Listo,
DÍA DE LOS VETERANOS Y CAIDOS EN MALVINAS ahora a casa", dijo a sí mismo y puso rumbo hacia Puerto Argentino. Fue entonces cuando se presentó otro problema: en el prevuelo, había buscado referencias que le ayudaran en su navegación y le evitaran tener que diferenciarlas en elmomento,desviandosuatención. Pero al haber cambiado su navegación por la mala meteorología, perdió esos puntos geográficos de referencia que le permitirían guiarse para el regreso. De acuerdo con la nueva ruta que debía seguir, se veía obligado a pasar por Puerto Darwin, donde había fuerzas propias que desconocían la existencia de la misión. Lo más probable es que le tiraran y tal vez lo derribaran. El peligro existía y era consciente de ello. Tenía solo una alternativa: pegarse todo lo más posible al piso, volar sobre el sector sur de las Alturas Rivadavia y rogar por que no lo derribaran. Afortunadamente, sin mayores novedades llego a Bahía Agradable y salió al mar. Hasta ese momento había logrado sortear un escollo muy difícil: pasar sobre la artillería propia. Aún no se había comunicado con Puerto Argentino por dos motivos fundamentales: primero porque los británicos contaban con elementos como para detectar la emisión de su radio e ir en su búsqueda y segundo, porque para emitir
debía ascender bastante, pues volando tan bajo las ondas radioeléctricas de muy alta frecuencia (M.A.F. o V.H.F.) tenían muy poco alcance. Cuando salió al mar, no tenía una idea clara de dónde se encontraba. Según sus cálculos, había dejado la tierra al sur de la Rada Agradable, pero no estaba nada seguro. Ascendió e intentó entonces comunicarse con Puerto Argentino. A las 10:45 Crippa aterrizó en Puerto Argentino. Cuando el Aeromacchi se estacionó en un costado de la pista, el Capitán Arce se acercó a la máquina. Crippa había comenzado a bajar por la escalerilla. En su cara se reflejaba toda la tensión del momento vivido. -¿Así que están ahí? -le preguntó Arce antes de que Crippa llegara al piso. -Sí señor, tienen todo tipo de barcos. Nunca pensé que los iba a encontrar en ese lugar y en esa cantidad. Alcancé a atacar a una fragata (*), vi el impacto de cañones pero desconozco qué efecto tuvieron los cohetes. -Crippa, vamos a la Central de Operaciones así nos informa en detalle -dijo Arce mientras apuraban el paso, pues comenzaba a lloviznar con cierta intensidad. La información aportada por el Teniente Crippa fue de fundamental importancia para las acciones futuras emprendi-
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La nave que hizo historia.
das contra las fuerzas británicas. Ese mismo día, horas después del vuelo sobre San Carlos, aviones de la segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque y de la Fuerza Aérea incursionaron exitosamente sobre los buques enemigos. Owen Crippa se retiró con el grado de Teniente de Navío, aviador naval. Fue condecorado con la máxima distinción que otorga nuestro país: "La Nación Argentina al Heroico
Valor en Combate". (*) Gran Bretaña reconoció que el 21 de mayo, aproximadamente a las 10:30 horas un avión Aeromacchi, solitario, provocó averías a una fragata clase 21. Según un artículo publicado en la sección Defence Attache de la revista The International Defence Review (n°3/1983, pag. 24), el buque atacado sería la fragata tipo 22 H.M.S. "Brilliant".
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Anoche, la tradicional vigilia; hoy, todos los actos oficiales En el Centro de Excombatientes tuvo lugar la emotiva reunión, repetida cada año, donde se escucharon oraciones y se entonó el himno nacional. En tanto, este lunes se realizarán las actividades oficiales. En la ciudad, la principal será a las 10. El acto oficial por el Día de los Veteranos y Caídos en la Guerra de Malvinas tendrá lugar este lunes en la Plaza del Soldado, del barrio Malvinas Argentinas, en la intersección
de Iriondo y Kaiser. La conmemoración comenzará a la hora 10. La actividad contará con la presencia de autoridades municipales, integrantes de las escuelas de la ciudad, como así también de representantes del Centro de Excombatientes en Malvinas de Rafaela y el Departamento Castellanos. En caso de mal tiempo, el acto se realizará en la Escuela Técnica Malvinas Argentinas, ubica-
Fotos: D. Camusso
da en Mensajero Donna 365. Por su parte, el martes 3 de abril a las 20, en el Complejo Cultural del Viejo Mercado, se realizará la charla "Malvinas en clave de historieta", que contará con la presencia del autor de la historia "Tortas fritas de polenta", Adolfo Bayúgar, y del protagonista de la obra, Ariel Martinelli. Ese día, quedará inaugurada una muestra vinculada sobre la historieta, que permanecerá en exhibición para ser visitada por escuelas y público en general. Estas actividades se enmarcan en la programación "Imaginación" del Complejo Cultural.
Vigilia Al cierre de esta edición, se desarrollaba la Vigilia de Malvinas y a la medianoche se llevaba a cabo la entonación del Himno Nacional Argentino, la Marcha de Malvinas y una Oración por los veteranos de la Guerra de Malvinas y sus familias. La conmemoración se llevó a cabo en el salón del Cen-
tro de Excombatientes de Malvinas de Rafaela y del Departamento Castellanos, ubicado en avenida Italia 1.147.
Acto nacional El ministro del Interior y Obras Públicas, Rogelio Fri-
gerio, encabezará hoy en Ushuaia el acto central por un nuevo aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas. En la ciudad capital de Tierra del Fuego, el evento tendrá lugar en la plaza Malvinas, a orillas del canal de Beagle, junto a la
gobernadora provincial, Rosana Bertone; el intendente municipal, Walter Vuotto; y el titular del Centro de ex Combatientes de Ushuaia, Carlos Latorre, además de otras autoridades civiles, militares y eclesiásticas.