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La creación del Virreinato del Río de la Plata El Virreinato del Río de la Plata nació para reforzar la presencia española, frente a la británica, en el Atlántico Sur. Sin embargo, y a pesar de la importancia de este objetivo político, el apoyo español a la provincia de Buenos Aires y al Virreinato fue limitado, razón por la cual los argentinos se independizaron con más premura que otros territorios en América. El Virreinato del Río de la Plata fue creado con la última división administrativa de los españoles en América en 1776 e incluía lo que hoy son Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y parte de Brasil. Su capital era Buenos Aires. El Virreinato del Río de la Plata surgió con el objetivo de reforzar la presencia española, frente a la británica, en el Atlántico Sur. Sin embargo, y a pesar de la importancia de esta cuestión política, el apoyo español a la provincia de Buenos Aires y al Virreinato fue limitado, razón por la cual los argentinos
se independizaron antes que otros territorios en América. Para los criollos argentinos el comercio era su principal actividad económica y el control de los puertos sobre el río de La Plata y las rutas del Atlántico Sur era importante. Por eso, cuando los británicos invaden en 1806 y luego en 1807, los porteños organizan una milicia para hacerles frente bajo el mando de Cornelio Saavedra. Esta milicia derrota a los británicos sin la ayuda de los españoles. Esto les muestra sus propias capacidades de defensa y aviva el
deseo de independencia de los criollos locales quienes esperaban, desde principios del siglo XIX, la posibilidad de participar no sólo de las decisiones económicas de la colonia sino de las políticas también. Hasta ese momento, éstas recaían en las manos de los españoles venidos de la península Ibérica y no en los locales lo que había dado origen a una división muy marcada entre la oligarquía local y los realistas. Los criollos, liderados por el jurista Juan José del Paso y engrandecidos por sus victorias sobre los ingleses, empezaron a clamar por la independencia total de España antes que los otros territorios españoles en América. Sin embargo, Saavedra, quien conocía las capacidades de su milicia, les pidió a los criollos esperar a que España estuviera aún más debilitada por los franceses para declarar su autonomía y disminuir, de este modo, las probabilidades de que España atacara a los criollos por desacato a la corona. Así, cuando en mayo de
1810 se conocieron las noticias que informan sobre la caída de la Junta de Sevilla, Saavedra creyó que el momento había llegado. Los criollos convocaron a una reunión del Cabildo y proclamaron, el 25 de mayo de 1810, y bajo el mando del general Manuel Belgrano, el fin del virreinato español sobre las provincias del Río de la Plata. Nacían Las Provincias Unidas de Sur América creando, para fines prácticos, una Junta de Gobierno presidida por el general Saavedra en la cual se afirmaba la lealtad de los criollos argentinos a Fernando VII, legítimo rey de España, y se desconocía la autoridad sobre Argentina de la Junta de Sevilla en España, por cuanto los argentinos no habían sido consultados para su creación. La lealtad argentina frente a Fernando VII era cuestionable y más que legítima, constituía una jugada política frente a los realistas ya que ni el general Saavedra, ni los criollos creían posible que Napoleón pudiera ser venci-
El Virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776 e incluía lo que hoy son Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, parte de Brasil y Guinea Ecuatorial (África).
do con facilidad y menos que Fernando VII regresara al trono. Sin embargo, Fernando VII regresó al trono y ejerció su poder de manera absoluta y déspota, castigando a los criollos en América a quienes consideró revoltosos y peligrosos por haber desconocida la Junta de Sevilla, lo que llevó a la campaña de recon-
quista del continente. No obstante, y al igual que había sucedido cuando las invasiones británicas, las tropas de la reconquista no llegaron hasta las remotas tierras argentinas. Esto facilitó el surgimiento de un Estado independiente antes que esto sucediera en el resto del Continente.
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¿Cómo surgió la carrera militar y el liderazgo de Cornelio Saavedra? En 1797, inició su carrera en la función pública como regidor. Su destacada actuación le valió, dos años más tarde, la designación de procurador, y en 1801, la de alcalde de primer voto. Las invasiones inglesas parecen descubrir en Saavedra una nueva vocación: la militar. Dice en sus memorias: "Este fue el origen de mi carrera militar. El inminente peligro de la patria; el riesgo que amenazaba nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella". Durante las invasiones inglesas el cuerpo de Patricios, el más importante de la capital virreinal, lo eligió como comandante. Desde 1808 participó en las reuniones de la jabonería de Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, en la que se destacaba por su moderación y una prudencia que a muchos de sus compañeros les resultaba excesiva. Cumplió un papel destacado
en los hechos de mayo. En la reunión de comandantes del 20 de mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días después, en el Cabildo Abierto del 22, votó a favor de la destitución del virrey. Fue designado presidente de la Junta formada el 25 de mayo, pero su nuevo cargo no parecía agradarle demasiado, según lo cuenta en sus memorias: "Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. A pesar de mis reclamos no se hizo lugar a mi separación. El mismo Cisneros fue uno de los que me persuadió para que aceptase el nombramiento por dar gusto al pueblo. Tuve al fin que rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y vocal de la excelentísima
Junta (…). Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos". El presidente Saavedra chocará muy pronto con su secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno. Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio administrativo. Se proponían cambios económicos y sociales más profundos. Pensaban que la revolución debía controlarse desde Buenos Aires. Saavedra, en cambio, representaba a los sectores conservadores favorables al mantenimiento de la situación social anterior y era partidario de compartir las decisiones de gobierno con las otras zonas del territorio. El 5 de diciembre de 1810, se produjo una fiesta en el regimiento de Patricios. Uno de los asistentes que había tomado algunas copas de más, el capitán Atanasio Duarte, propuso un brindis "por el primer Rey y Empera-
dor de América, Don Cornelio Saavedra" (jefe del regimiento) y le ofreció una corona de azúcar que adornaba una torta a doña Saturnina, esposa de Saavedra. Al enterarse del episodio, el secretario Moreno decretó el destierro de Atanasio Duarte diciendo que "… un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país"; prohíbió todo brindis o aclamación pública a favor de cualquier funcionario y suprimió todos los honores especiales de que gozaban los miembros de la junta. La pelea entre Moreno y Saavedra estaba desatada. Moreno, preocupado por los sentimientos conservadores que predominaban en el interior, entendió que la influencia de los diputados que comenzaban a llegar sería negativa para el desarrollo de la revolución y se opuso a su incorporación al ejecutivo. Triunfó la posición encabezada por Saavedra, y Moreno se vio obligado a renunciar y a alejarse del país, encabezando una misión diplo-
Cornelio Saavedra fue quien estuvo al frente de las milicias para hacerle frente a los ingleses en 1806 y 1807.
mática en diciembre de 1810. Murió misteriosamente en alta mar el 4 de marzo de 1811. Ante la desaparición de Moreno, Saavedra creyó ver fortalecido su poder. El 5 y 6 de abril los saavedristas Joa-
quín Campana y Tomás Grigera movilizaron a los sectores suburbanos hacia la Plaza de la Victoria con el apoyo de los Patricios, los Pardos y Morenos contra el (Continúa en pág. 4)
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(Viene de pág. 3) sector morenista de la Junta. A las tres de la mañana entregaron un petitorio en el Cabildo en el que se proponían deponer al sector morenista y crear un ejecutivo fuerte en manos de Saavedra. Pero Saavedra no aceptó el mando. Pero se llegó a una transacción seguramente sugerida por el Deán Funes: Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga marcharían al destierro y serían reemplazados por tres saavedristas –entre ellos, Campana-, el regimiento de la Estrella sería disuelto y su jefe, Domingo French, confinado, como no podía ser de otra manera junto a Antonio Beruti. Saavedra continuaría como presidente de la Junta. Pero el desastre de Huaqui en el Alto Perú precipitó las cosas. Saavedra debió marchar al Norte a fines de agosto de 1811 y su ausencia fue aprovechada por sus adversarios. A los ocho días de haber llegado a Salta se le hizo saber su separación del ejército y de la presidencia de la Junta, y se le ordenó entregar las tropas a Don Juan Martín de Pueyrredón. El sector morenista recuperaba el control de la situación y creaba un nuevo poder ejecutivo: el Triunvirato. El 6 de diciembre de 1811, los Patricios se sublevaron en defensa de su antiguo jefe. Pidieron que volviera Saavedra y que renunciara el coronel Belgrano, designado como nuevo comandante del regimiento. El Triunvirato arma una doble estrategia. Por un lado, negociar y por otro, rodear el cuartel para intervenir en cualquier momento. Hubo
varios mediadores, entre ellos, Juan José Castelli, el orador de la revolución, que estaba arrestado en el propio cuartel tras haber sido sometido a juicio por la derrota del Desaguadero. También mediaron el vehemente adversario de Castelli en el debate del Cabildo Abierto del 22 de mayo, el Obispo de Buenos Aires, Benito Lue y Riega, y el Obispo de Córdoba, Rodrigo de Orellana. Pero todo fue inútil. Los Patricios se mantenían firmes en sus demandas. Uno de los amotinados, el soldado de origen inglés Richard Nonfres, en un rapto de exaltación, comenzó a proferir insultos y disparó un cañonazo contra las tropas que estaban apostadas frente al regimiento. La respuesta no tardó en llegar. El saldo del combate fue de 8 muertos y 35 heridos. Pero Rivadavia y el Triunvirato no iban a dejar las cosas así. Instruyeron un proceso sumario. Por "razones de seguridad" fueron expulsados los diputados del interior. El Deán Funes fue detenido sospechado de complicidad con los rebeldes. Los implicados negaron durante el juicio toda intención política y recordaron sus planteos iniciales. Pero nadie les creyó y en la sentencia se hablaba de un "movimiento popular que se tramaba". Once sargentos, cabos y soldados fueron fusilados a las ocho de la mañana del 10 de diciembre de 1811 y sus cuerpos colgados en la Plaza de la Victoria "para la expectación pública". Entre los muertos estaba el inglés Ricardo Nonfres, quizás el autor del primer disparo de una guerra civil que iba a
durar casi 60 años. Esta derrota selló la suerte de Saavedra. Se intentó confinarlo en San Juan, pero alertado a tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes y arribó a Chile acompañado por su hijo Agustín de 10 años. En 1814 decidió volver a la patria. Mientras volvía a cruzar la cordillera, su esposa Doña Saturnina Otárola apela al gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín, para lograr el reingreso de su marido. San Martín accedió fijándole residencia en San Juan. Saavedra fue enviado escoltado hacia Buenos Aires para estar presente en el juicio que se había iniciado y tras la revolución del 15 de abril de 1815, el Cabildo le devolvió su grado militar. Sin embargo, al asumir el poder Álvarez Thomas el cargo de Director Supremo, lo conminó a abandonar Buenos Aires e instalarse en Arrecifes. En 1818, el Congreso Constituyente puso término a las causas en su contra y el director Pueyrredón dictó un decreto confiriéndole el empleo de brigadier general de los ejércitos de la Nación, con una antigüedad retroactiva al 14 de enero de 1811. A fines de ese año fue designado Jefe de Estado Mayor, en reemplazo del general Antonio González Balcarce, que había marchado a incorporarse al ejército libertador de Chile. Murió en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829. En diciembre de ese año el gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, trasladó los restos de Saavedra a la Recoleta y le brindó un homenaje.
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CURIOSIDADES DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
Guinea Ecuatorial: una provincia argentina en África En África hay un país de habla hispana que fue parte del Virreinato del Río de la Plata. Si bien fue Colonia Portuguesa, en 1777 fue cedida al Reino de España. La República de Guinea Ecuatorial, se encuentra ubicada en el Occidente de África. Limita con Camerún al norte, Gabón al sur y al este y el golfo de Guinea al oeste, en cuyas aguas se encuentran más al suroeste las islas de Santo Tomé y Príncipe. Tiene una población de 1.200.000 de personas. Como su nombre sugiere está sobre el golfo Guinea. El portugués, Fernando Poo, en el año 1471 la descubrió buscando una ruta a la India. La bautizó Formosa (Hermosa). Que al poco tiempo fue conocida por el nombre de su descubridor. Está compuesto por una parte continental llamada Río Muni y por varias islas, Annobón, Bioko y Corisco. Su capital es Malabo, que se encuentra en la Isla Bioko, que antes se conocía como Fernando Poo. Es el país de habla hispana, con la menor cantidad de habitantes.
Guinea Ecuatorial y el virreinato de Buenos Aires Es el único país africano que tiene como lengua oficial el castellano. Ya que fue una colonia española. Originalmente fue colonia portuguesa, pero luego fue transferida en 1777, por el Tratado de
La República de Guinea Ecuatorial es el país de habla hispana con menor cantidad de habitantes.
San Ildefonso. Portugal cedió estas islas al Reino de España a cambio de la Colonia del Sacramento en el margen oriental del Río de la Plata. España recibe la Guinea Ecuatorial, la pone bajo la dependencia del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata. Lógicamente, cuando en 1810 se produce la Revolución de Mayo, la última preocupación de la Primera Junta era asumir la responsabilidad política por el territorio de la Guinea Ecuatorial, dado el cúmulo de problemas con que se enfrentaba y la falta de una relación concreta entre Buenos Aires y aquella región. En 1968, durante el gobierno de Franco en España, se le otorga la independencia al país, que pasa a ser gobernado por el dictador
Francisco Macías Nguema. Este es derrocado en 1979 por su sobrino y asesor militar de confianza, Teodoro Obiang, quien desde entonces y hasta la actualidad maneja el gobierno con mano de hierro. Guinea Ecuatorial es uno de los países más pobres del África Subsahariana, pero en los últimos años, con el descubrimiento de petróleo, comenzó a crecer fuertemente.
El dictador Obiang gobierna el país desde 1978 a la actualidad.
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French y Beruti: mucho más que escarapelas El imaginario popular-y el que se enseña todavía hoy en las escuelas- asocia el nombre de estas dos personalidades al reparto de escarapelas. Qué hay de verdad y qué de mito en este relato. La importancia de French y Beruti en las jornadas de Mayo no fue la de repartidores de escarapelas azul y blancas, hecho que no existió, sino que a ellos se les debe, junto con las milicias, el aporte de sectores populares a un movimiento que de otra manera hubiera sido un golpe de Estado de un sector de los ciudadanos de alto nivel social y económico, sobre todo criollos, contra funcionarios y comerciantes monopolistas españoles de su misma clase. French y Beruti, eran los cabecillas de un temible grupo de choque conocidos como los "infernales", también "los chisperos"’ debido a que usaban armas de fuego a chispa. Eran aguerridos orilleros de los suburbios, mezclados con algunos jóvenes de familias "decentes", todos comprometidos con la causa patriótica. Estaban vinculados a los criollos que
conspiraban en contra del virrey Cisneros en la jabonería de Hipólito Vieytes o en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, entre los que se contaban Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Feliciano Chiclana, Francisco Ocampo, y otros. El fuerte de los "infernales" no era la dialéctica cultivada en la lectura de Voltaire o Rousseau sino su capacidad de crear un clima de agitación favorecedor del cambio, de recorrer las calles gritando en contra de Cisneros y reclamando Cabildo Abierto para designar nuevas autoridades, de asustar y llegado el caso agredir a los partidarios de la lealtad a los representantes de una metrópoli invadida y decadente. Fue la amenazante presión de esa turba disciplinada, mucho más que la prédica elaborada de los intelec-
tuales patriotas, la que finalmente logró que el síndico Leyva, el 20 de mayo, temiendo que la situación empeorase, saliera al balcón del Cabildo y anunciase que el Virrey "está inclinado a que el Cabildo Abierto se haga". La estrategia de los españolistas era convocar a un Congreso General con la participación de las provincias y así lograr que el prolongado tiempo que eso llevaría enfriase la elevada temperatura revolucionaria. Pero sus deseos sufrieron un revés cuando el 22 de mayo se votó en el Cabildo Abierto y el resultado fue a favor de la deposición del Virrey. Claro que la elección había sido condicionada por la decidida acción de los "infernales" quienes, con la discreta colaboración de los Patricios, se instalaron en los ingresos a la Plaza y decidían quienes ingresaban al Cabildo y quienes no. Allí fue donde nació lo
French y Beruti fueron quienes aportaron los sectores populares al movimiento de mayo.
de las escarapelas ya que para distinguir a los revolucionarios de los españolistas los primeros portaban cintas blancas en sus sombreros o en sus solapas. Los de los
colores celeste y blanco fue un año más tarde y a instancias de la Sociedad Patriótica. Pero esa victoria no significó el fin del conflicto pues la
astucia de los realistas logró que el 23 se anunciase la constitución de una Junta Provisoria presidida por Cisne(Continúa en pág. 7)
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(Viene de pág. 6) ros y constituida por dos de los suyos (Solá e Inchaurregui) y dos criollos (Saavedra y Castelli) lo que significaba que el poder continuaba en las mismas manos. Los "decentes" insurrectos habían depuesto su intransigencia en la convicción de que no se podría avanzar más allá de lo logrado hasta entonces. Fue entonces cuando se produce la participación popular, la irrupción plebeya en los sucesos de Mayo, tenazmente negada por historiadores renuentes a considerar los sucesos en función de las circunstancias sociales. El acuerdo provocó
gran indignación en los miembros de la "Legión infernal" cuyo número, según las Memorias de French y de Beruti, llegaba a seiscientos, un número posiblemente exagerado pero que revelaba una convocatoria importante para una población escasa, favorecida por la circunstancia de que French era "cartero único" en Buenos Aires y por lo tanto tenía conocimiento y acceso a los habitantes de la ciudad y de la campaña en sus propias viviendas. Apoyados por oficiales y soldados de las milicias, también integrados mayoritariamente por ciudadanos de humilde origen que se acuartelaron en el Fuerte decididos a intervenir
cuando fuese necesario, los "chisperos" se lanzaron a la calle a exigir la renuncia de la Junta Provisoria. Uno de los chisperos "decentes" fue un joven Tomás Guido, el futuro gran amigo de San Martín, quien en sus Memorias ensalzaría el papel de Beruti en las jornadas del 24, cuando renunciado ya Cisneros y teniendo por delante la tarea de conformar la Primera Junta revolucionaria, iban y venían listas y nombres en el campo patriota sin que se llegase a un acuerdo. Las vacilaciones se extendían y el acuerdo se demoraba. Fue Beruti quien finalmente "cuando parecía agotada la esperanza de po-
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French y Beruti, eran los cabecillas de un temible grupo de choque conocidos como "los chisperos"’ debido a que usaban armas de fuego a chispa.
derse concretar pidió se le pasase papel y tintero, y como inspirado de lo alto, trazó sin trepidar los nombres de los miembros que compusieron la primera Junta". Todavía el 25 fue necesario que French patease la puerta del Cabildo al grito de "¡el pueblo quiere saber de qué se trata!", porque los cabildantes eran tercamente renuentes a aceptar las renuncias de la Junta Provisoria
y a designar a la primera Junta Revolucionaria. Fue necesario que Beruti seguido por un grupo de "chisperos" violentasen la puerta, subiesen las escaleras a la carrera e irrumpieran en el salón donde deliberaban los cabildantes. Según versión de Cosme Argerich, testigo presencial, el líder de la banda, arma en mano, les enrostró con talante de amenaza que el Cabildo ya no tenía facultad para sustituir a los integrantes elegi-
dos por el pueblo y advirtió, con las armas en la mano, que "si en el acto no se acepta (la Junta) pueden ustedes atenerse a los resultados fatales que se van a producir , porque de aquí vamos a marchar todos a traer a la plaza las tropas que están reunidas, y que ya no podemos contener en el límite el respeto que hubiéramos querido guardarle al cabildo". Luego serían los juramentos y el nacimiento de la Patria.
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El 25 de mayo de 1810: el primer gobierno patrio Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Triunfó ampliamente la opción de deponer al virrey y delegar el poder en el Cabildo. Sin embargo, ese mismo día, el Cabildo daría su golpe contrarrevolucionario nombrando una junta presidida por al virrey depuesto, algo que concretaría el 24 por la mañana y que resultaría inadmisible para los partidarios del cambio. Hacía tiempo que el ritmo natural que durante siglos había caracterizado a las colonias españolas de América se había alterado. Las guerras en Europa, las mismas reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII, la inquietud de la aristocracia española americana y el descontento de muchos criollos, generaban no pocas preocupaciones. El comercio con los ingleses y la circulación de ideas liberales hacían que la sociedad de los estratos sociales definidos y duraderos comenzara a resquebrajarse. El 13 de mayo de 1810, los habitantes de Buenos Aires pudieron confirmar los rumores que circulaban intensamente: la Junta Central de Sevilla, último bastión de la Corona española en pie, había caído también a manos de los ejércitos napoleónicos. Inmediatamente, el virrey
Cisneros advirtió que se crearía una nueva regencia americana en representación de Fernando VII y en defensa de la Corona. Pero la Junta que lo había nombrado había desaparecido y los patriotas porteños creyeron que era momento de convocar a un Cabildo Abierto que discutiera los pasos a seguir. El 19 y 20 de mayo, las reuniones fueron febriles. El 21 de mayo, una multitud, encabezada por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se reunió con las armas en la mano para exigir el Cabildo Abierto y la renuncia del virrey. Llevaban el retrato de Fernando VII y una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española. El Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra, logró calmar los ánimos, pero la convocatoria para el día siguiente era un hecho. El 22 de mayo, "la parte
Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Triunfó ampliamente la opción de deponer al virrey.
más sana y principal del vecindario" concurrió al Cabildo. Como el día anterior, la
La Primera Junta estuvo presidida por Cornelio Saavedra.
plaza estaba llena, mientras transcurrían las acaloradas discusiones, que se extendieron durante 15 horas. Se discutía qué hacer tras haber caído Sevilla en manos de los franceses. Los más conspicuos defensores del statu quo, entre quienes se encontraban el obispo Benito de Lué y Riega y el fiscal Manuel Genaro Villota, sostenían que los americanos debían obediencia a los españoles. Pero los criollos, en boca de Juan José Castelli y Juan José Paso, exigían la conformación de juntas autóctonas, porque consideraban que, despa-
recido el virrey, el poder había regresado al pueblo. Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Triunfó ampliamente la opción de deponer al virrey y delegar el poder en el Cabildo. Sin embargo, ese mismo día el Cabildo daría su golpe contrarrevolucionario nombrando una junta presidida por al virrey depuesto, algo que concretaría el 24 por la mañana y que resultaría inadmisible para los partidarios del cambio. La junta propuesta por el Cabildo se componía, además de Cisneros, por una
vocalía integrada por Cornelio Saavedra y Juan José Castelli (criollos) y el párroco de Monserrat, Juan Nepomuceno Solá, y el comerciante José de los Santos Inchaurregui (españoles). De inmediato, desde los suburbios porteños cundió el descontento general. Castelli y Saavedra, que no habían sido siquiera consultados, renunciaron a integrar la junta, y patricios y Arribeños tomaron las armas. Recomenzaron así las discusiones de los patriotas. (Continúa en pág. 9)
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(Viene de pág. 8) El 25 de mayo, las protestas eran ya incontenibles. La misma multitud de días atrás ocupaba nuevamente la plaza. El movimiento patriota se había instalado cerca del Cabildo, el cual reunido desde temprano había rechazado la renuncia de la Junta. Ni los jefes militares estaban ya del lado del virrey. Los cabildantes debieron finalmente solicitar la renuncia de Cisneros y aceptar la propuesta de nombrar una nueva junta. Así, nacía el primer gobierno patrio. Saavedra fue el presidente. Lo secundaron Mariano Moreno, Juan José Paso, Manuel Alberti, Miguel Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu. Todos juraron en nombre de Fernando VII, pero algunos creían que era sólo cuestión de tiempo para que esto dejara de ser así. Años de guerra deberían pasar antes de que el 9 de julio de 1816 se declarara la independencia. Recordamos los acontecimientos del 25 de mayo con palabras del presidente del primer gobierno patrio, Cornelio Saavedra, sobre aquellas jornadas. "Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. A pesar de mis reclamos no se hizo lugar a mi separación. El mismo Cisneros fue uno de los que me persuadieron aceptase el nombramiento por dar gusto al pueblo. Tuve al fin que rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y vocal de la excelentísima Junta (…) Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos". Fuente: Felipe Pigna, El Historiador.
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El pensamiento de Mariano Moreno: más vigente que nunca Algunos extractos del pensamiento de Mariano Moreno, uno de los más esclarecidos patriotas de la Revolución de Mayo, reivindican valores que hoy tienen más vigencia que nunca, como la importancia de la instrucción y la educación como método contra las tiranías, la necesidad de vigilar la conducta de los representantes, los reparos ante las injerencias del extranjero y la necesidad de una organización federal en el gobierno. "El oficial de nuestro ejército después de asombrar al enemigo por su valor, debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su instrucción. El que se encuentre desnudo de estas cualidades redoble sus esfuerzos para adquirirlas, y no se avergüence de una dócil resignación a la enseñanza que se le ofrece, pues en un pueblo naciente todos somos principiantes, y no hay otra diferencia que la de nuestros buenos deseos: el que no sienta los estímulos de una noble ambición de saber y distinguirse en su carrera, abandónela con tiempo, y no se exponga al seguro bochorno de ser arrojado con ignominia: busque para su habitación un pueblo de bárbaros o de esclavos y huya de la gran Buenos Aires que no quiere entre sus hijos hombres extranjeros a las virtudes". "El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de
éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal". "Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce, lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía". "Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos y no deben fiar más que de sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse. Recibámoslo en buena hora, aprendamos las mejoras de su civilización, aceptemos las obras de su industria y franqueémosle los frutos que la naturaleza nos reparte a manos llenas; pero miremos sus consejos con la mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les habían producido los chiches y coloridos abalorios. Aprendamos de nuestros padres y que no se escriba de nosotros lo
que se ha escrito de los habitantes de la antigua España con respecto a los cartagineses que la dominaron: Libre, feliz, España independiente Se abrió el cartaginés incautamente: Viéronse estos traidores Fingirse amigos, para ser señores; Entrar vendiendo para salir mandando’" Fuente: Mariano Moreno, Escritos Políticos, Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915. "En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor a todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas á no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades; acostumbrada a ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo, que deslumbra a los demás, y los separa de su inmediación; confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se detiene en buscar á el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto
distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es, que á presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho pensar en secreto algún remedio". Algunos miopes quieren ver en esta disputa el origen de la oposición entre unitarios y federales, alineando por supuesto a Moreno en el rol de padre del unitarismo y a Saavedra como progenitor, ya que nuestra historia es fanática de los padres, del federalismo. Es curioso porque Saavedra, hombre poco afecto a la filosofía y a la escritura, no ha dejado una sola línea en la que mencione siquiera las palabras federalismo o federación, mientras que el "unitario" Moreno le dedica varios párrafos de su texto: Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse, y la Constitución del Estado: Allí señalaba: "El gran principio de la federación se halla en que los estados individuales, reteniendo la parte de soberanía que necesitan para sus negocios internos, ceden a una autoridad suprema y nacio-
Los pensamientos de Mariano Moreno hoy cobran más vigencia que nunca.
nal la parte de soberanía que llamaremos eminente, para los negocios generales, en otros términos, para todos aquellos puntos en que deben obrar como nación. De que resulta, que si en actos particulares, y dentro de su territorio, un miembro de la federación obra independientemente como legislador de sí mismo, en los asuntos generales obedece en clase de súbdito a las leyes y decretos de la autoridad nacional que todos han formado. En esta forma de gobierno, por más que se haya dicho en contrario, debe reconocerse la gran ventaja del influjo de la opinión del contento general: se parece a las armonías de la naturaleza, que están compuestas de fuerzas y acciones diferentes, que todas concurren a un fin, para equilibrio y contrapeso, no para oposición; y desde que se practica felizmente aun por sociedades incultas no puede ser calificada de difícil. Este sistema es el mejor quizá, que se ha discurrido entre los hombres".
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Mitos en torno a la Revolución de Mayo El investigador del CONICET Gabriel Di Meglio, especialista en el tema, recupera la historia alrededor de la fecha patria. Blanco, rectangular, con arcadas, una torre alta con un reloj incrustado en el centro y una cruz en la cúpula: la imagen congelada del Cabildo se replica como una estampita y aflora en la memoria de los argentinos cada 25 de mayo. No sucede lo mismo en otras partes del mundo: en Colombia el emblema de la revolución es un florero, en Portugal un clavel, en Hong Kong un paraguas. ¿Por qué en Argentina se rinde pleitesía a un edificio cada vez que se conmemora un nuevo aniversario de la Revolución? Gabriel Di Meglio, investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), hipotetiza al respecto: "Yo creo que se consolidó más por un imaginario que se armó rescatando los testimonios de la época. Porque la foto del Cabildo con las personas y los paraguas nunca existió. Sin embargo, junto con la Casita de Tucumán, el Cabildo es el ícono de la emancipación por excelencia". El imaginario de la gente
adelante del Cabildo inmortalizada en aquella postal escolar, dice, comenzó a erigirse hacia 1880. "Pareciera haber sido elegido de manera casual, porque fue donde se reunió la Primera Junta. Las memorias son muy engañosas. Ese día no hubo dibujantes: había testigos pero estaban más preocupados por describir el cambio político que cómo eran las cosas ese día. Cuando se volvió históricamente a la fecha para reconstruir lo que había sucedido fue muy influyente un libro de ficción, de Vicente Fidel López, uno de los fundadores de la historiografía argentina, que escribió el libro Semana de Mayo. Ahí puso por primera vez el tema de los paraguas. Y el primer artista que encontramos que pintó la postal fue un español llamando Nicolás Cotanda, basado en ese texto". Di Meglio conoce de cerca el monumento porque, además, dirigió durante los últimos cuatro años el Museo Nacional del Cabildo. Allí vio cómo cada 25 de mayo el
Un mito: para el historiador Gabriel Di Meglio, la foto del Cabildo con las personas y los paraguas nunca existió.
lugar se llena de gente emocionada, pero también comprobó que eso mismo sucede todos los días. "En 2017 vinieron 370 mil visitantes, que para un museo pequeño como el nuestro es mucho. Viene gente de todo el país, y la minoría son chicos de escuelas: el lugar atrae mucha
gente. Todos le tienen mucha simpatía a este símbolo".
La actualidad de la revolución ¿Cómo se enseña la Revolución de Mayo hoy en las escuelas? Para Di Meglio, hay un peso de la solemnidad
escolar, de cómo debe conmemorarse la revolución que reafirma el acto tradicional, el ritual que se traslada con las mismas formas a lo largo del tiempo, "pero lo de 1810 no fue solo una revolución política sino también en contra de las jerarquías sociales y raciales, que tuvo conse-
cuencias muy fuertes en la formación posterior del país". El historiador advierte que en 1810 fue el comienzo, pero la emancipación continuó durante, al menos, una década. "La Revolución de Mayo inicia un proceso en el (Continúa en pág. 11)
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(Viene de pág. 10) cual algunos grupos muy minoritarios querían la independencia, pero la mayoría de los revolucionarios al principio mas bien plantean la autonomía dentro del imperio español, es decir, que el rey acepte el autogobierno local. Y ese no es el discurso escolar que plantea que la Revolución de Mayo, es el inicio de la independencia. Digamos que, en los festejos tradicionales, el resultado está puesto al principio". "Lo que debería enfatizarse hoy –continúa- es lo transformador y también que el proceso implicó un nivel de conflictividad enorme, entre los revolucionarios, conflictividad social y racial. Esa revolución tuvo consecuencias muy grandes a lo largo del tiempo: uno de los problemas que tenemos es que se cree que Argentina vuelve a empezar de nuevo hacia 1880, cuando se consolida el Estado- Nación, pero eso lleva cierta idea de presentismo, eso no es así: lo que falta es explorar más las continuidades de las líneas comenzadas en la revolución, que influyeron hasta el siglo XX y la actualidad". También, señala el investigador, es importante analizar concretamente qué cambió en 1810: ver cómo la sociedad de castas deja de serlo, cómo se transformó la economía, cómo se pasó de ser súbditos de la monarquía a ciudadanos de la república, qué implicó la república, por qué nació una literatura como la gauchesca. "Está bien seguir celebrándolo, pero es interesante añadir al discurso tradicional que no solamente un grupo de hombres de las clases altas de Buenos Aires y otras provincias con-
dujo ese proceso sino que tuvo una intervención popular decisiva, y también analizar el papel de las mujeres en ese proceso, que están ausentes de ese discurso tradicional, salvo como dama antigua escolar, y no se sabe aún cuánto cambiaron las relaciones de género en ese entonces. Pero efectivamente hay cuestiones que tienen que ver con el patriarcado que vienen de mucho antes del siglo veinte". Di Meglio brega por devolverle cierto largo plazo a la historia argentina. "Es una historia corta pero en los últimos años se enfatizó mucho el estudio desde 1900, faltan más estudios de lo colonial, más a largo plazo y menos cortoplacista. Y se pueden establecer líneas de continuidad desde la revolución, desde lo político hasta lo laboral".
El flechazo con la Revolución En su infancia, Di Meglio también era de los que dibujaba un Cabildo en su cuaderno escolar, se pintaba la cara con corcho para actuar de "negrito" rodeado de compañeros disfrazados con trajes de granaderos, damas antiguas y vendedores ambulantes y ya de grande, vivía la fecha como un simple feriado de descanso. Hasta que en la Facultad de Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se reencontró con la efeméride y convirtió el día rojo en el calendario en su objeto de estudio, centrándose en el rol de las clases populares durante la emancipación. "Estudiar las revoluciones es de lo más atractivo para un historiador, porque son los períodos en los que las cosas más cam-
bian, momentos de transformación enorme. Además, creo que estudiar cómo fue la Revolución de Mayo fue esencial para mí para comprender la realidad actual". El puntapié de su interés en la Revolución de Mayo fue un texto de Tulio Halperín Donghi, en el que el historiador mencionaba el rol preponderante de la plebe en el proceso, pero no profundizaba mucho más en ese punto. "Me quedó flotando esa curiosidad: tenía ganas de estudiar algo de la historia argentina y me terminé enamorando del papel de las clases populares de la Ciudad de Buenos Aires en la Revolución de Mayo, porque sin tener en cuenta la participación plebeya no es posible entender el fenómeno: una de las claves de la revolución es la gran movilización popular". Para trabajar el período revolucionario que seleccionó -de 1810 a 1830-, fue fundamental el trabajo de archivo, y también fue su mayor desafío. Porque como la mayoría de la población de la época era analfabeta, los testimonios escritos de las clases populares son muy pocos. Para sortear el inconveniente, Di Meglio se centró en las fuentes mediadas: los discursos de las clases altas sobre la plebe, la prensa de la época y los documentos gubernamentales, policiales
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Gabriel Di Meglio, es historiador e investigador del CONICET.
y sobre todo, de la Justicia. "El documento judicial fue la estrella, fue la fuente que mejor me permitió explorar ese universo humano al que de otra forma no me habría sido posible acceder, porque ante cualquier juicio hubo una persona que tomaba declaraciones de víctimas, que justamente eran los que hablaban pero no sabían escribir". Al indagar en los archivos judiciales, Di Meglio llegó a dar con un documento inesperado que fue clave para su
investigación. "Un día, después de horas y horas en el archivo, encontré en un documento judicial la transcripción de la arenga de un soldado negro miliciano a sus compañeros, durante la organización de un motín. Fue un hallazgo que me permitió reafirmar muchas de las cosas que yo venía encontrando, porque es muy difícil encontrar de manera directa qué le dice alguien del mundo popular a otro: es más fácil encontrar eso cuando los líderes son de las elites", re-
cuerda. Como en ese entonces aún no existían las cámaras digitales, Di Meglio copió en su cuaderno la arenga casi de forma textual. "Era un episodio totalmente olvidado y pequeñito, pero que daba muchas pistas para entender un proceso político más general. Fue hermoso. De esos momentos de mi trabajo que nunca voy a olvidar. Tuve mucha suerte al encontrarlo". Fuente: Mitos sobre el 25 de Mayo, en www.coni cet.gov.ar
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La celebración del centenario del 25 Mayo de 1910 en Rafaela A lo largo de la Semana de Mayo, se realizaron diversas actividades para conmemorar el primer siglo de aquel hito histórico. Las mismas incluyeron procesión cívica, tedeum, carrera de automóviles, juegos atléticos e infantiles. Nuestra localidad, organizó una serie de actos con motivo de cumplir los primeros cien años de la Revolución de Mayo. Para ellos se creó la Comisión Popular Pro-Centenario, designando presidente al doctor Ernesto B. Salva.
Al respecto, esta comisión solicitó varios subsidios "a fin de poder dar mayor realce a las fiestas que proyectamos para los próximos festejos del centenario" a las siguientes empresas, entidades y autoridades: el presidente de
El doctor Ernesto B. Salva presidió la Comisión Popular Pro-Centenario.
la Comisión Nacional del Centenario José Gálvez; el gobernador de la provincia de Santa Fe Ignacio Crespo Rodríguez del Fresno; el presidente de la Comisión de Fomento Pedro Avanthay; los diputados provinciales Carlos T. Arguimbau, Eudoro Cullen Iriondo, Eduardo L. Echagüe; senador F. Constanzo; el agente de la Cervecería La Quilmes Bartolomé Parody; el presidente del Banco de la Nación Argentina; el director general de la Compañía Francesa de FF.CC.; el administrador del FCC&R; el administrador del FCCA; entre otros. "En su sesión de la fecha (23 de abril de 1910) ha resuelto que sería un acto patriótico, en recuerdo de la fecha histórica que se va a conmemorar el 25 de Mayo próximo, cambie el nombre del boulevard Susana por el de avenida Centenario (actualmente bulevar Hi-
pólito Yrigoyen) y se coloque una placa de bronce con el citado nombre en la pared de la Iglesia (parroquial) o de la casa de Luis Bonazzola y Cía", dice la nota de Salva a Pedro Avanthay, titular de la Comisión de Fomento (Rafaela fue declarada ciudad en 1913). A la procesión cívica y tedeum del 25 de Mayo asistieron el titular de la Comisión de Fomento Pedro Avanthay, el presidente del Instituto Colonial Antonio Cossettini, el jefe político del departamento Castellanos Ramón Vásquez, Luis Bertone del Centro Unión Dependientes de Comercio, el presidente de la Sociedad Rural de Rafaela José María Aragón, el presidente del Club Rafaelino Roque Riva, el director del Instituto Belgrano Agustín Francois, el director del Colegio San Martín, la directora del Colegio Fiscal, en-
El presidente de la Comisión de Fomento Pedro Avanthay.
tre otras autoridades. Para los festejos se compraron 450 bombas para salvas por la suma de
120 pesos moneda nacional y fuegos artificiales. (Continúa en pág. 13)
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(Viene de pág. 12) En la Sociedad Rural se realizó el programa de juegos atléticos del Club Atléticos Argentina, en la tarde del 27 de mayo. Los festejos incluyeron una carrera de automóviles que se desarrolló el domingo 29 de mayo. El banquete tuvo lugar el día 29, que incluyó asado con cuero y baile, y juegos populares para niños y juegos atléticos. El 1 de noviembre de 1910, la mencionada Comisión resolvió en el acta de disolución donar a la Comisión de Fomento todos los adornos adquiridos para la semana de los festejos, a la Sociedad Damas de Beneficencia el sobrante de fondos que alcanzó la suma de 47,37 pesos, al Tiro Federal Argentino el premio que quedó vacante en la carrera de automóviles, al Centro Cervantes el vestuario adquirido para la velada literaria musical.
A nivel nacional Mientras se mantuvo la abstención de los radicales, Roque Sáenz Peña se consagró presidente de la Nación, siendo acompañado en la vicepresidencia por Victorino de la Plaza.
El acontecimiento sirvió como marco para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo. Al cumplirse el siglo de nuestra revolución de mayo, el país celebró la fecha con magnificencia, visitantes ilustres, monumentos conmemorativos, desfiles brillantes, estado de sitio, rencor anarquista y hambre criollo. Más de cincuenta representaciones extranjeras estuvieron presentes en el país, destacándose la ausencia de Brasil por resquemores diplomáticos y la de Gran Bretaña, aunque en este último caso por el duelo que provocó la muerte del rey Eduardo VII. Pero la comunidad inglesa ha querido testimoniar el afecto al país que le brindó generosa hospitalidad, haciendo levantar frente a la estación de Retiro una espectacular torre de 76 metros de altura coronada por un reloj de casi cinco metros de diámetro, iluminado, todo el material fue traído desde Inglaterra y cuyo costo fue de noventa mil libras esterlinas. Fuentes: Copiador de notas de la Comisión Popular Pro-Centenario y fotografías en el Archivo Histórico Municipal de Rafaela.
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Primer mástil de la Plaza 25 de Mayo - Más tarde este sería trasladado a Bv. Santa Fe y en su lugar se levantaría el monumento al Gral. San Martín.
Nuestra Plaza 25 de Mayo: en recuerdo a aquel día histórico Es la plaza principal de la ciudad contando con una extensión de cuatro manzanas, desde donde nacen las cuatro principales avenidas (al Este el Bv. Santa Fe, al Oeste el Roca, al Norte el Lehmann y al Sur el Bv. Yrigoyen). En su centro se encuentra emplazado el monumento al General San Martín; a pocos pasos del mismo está la caja armónica en la que actúa la banda de música y hace las veces de escenario oficial en celebraciones patrióticas, mientras que entre las obras escultóricas que más se destacan, pueden citarse el reloj floral, la
estatua del segador, la Venus de Milo, el niño de la fuente, los leones, los siervos, el mural del trabajo, entre otros. A su alrededor se construyeron los primeros y más importantes edificios de la ciudad como la ex Casa Ripamonti, la Municipalidad, el correo, las sucursales de los bancos y la Cate-
dral San Rafael.
Monumento a San Martín El 17 de agosto de 1950 se inauguró el monumento a San Martín en la plaza 25 de Mayo. Las obras fueron efectuadas por administración municipal. El Concejo Delibe-
rante, según lo establecía la ordenanza N° 1001, había autorizado al Ejecutivo la suma de 20.000 pesos en dinero, materiales, personal técnico u obrero para ser invertidos en la construcción de la estatua del General José de San Martín para ser levantada en lugar del mástil de la bandera que sería trasladado a Bv. Santa Fe.
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Acto oficial por el 211° aniversario de la "Revolución de Mayo" Se realizará de manera virtual y podrá verse a través de la página oficial de Facebook de la Municipalidad de Rafaela. Este martes 25 de mayo, a las 10:00, el intendente Luis Castellano encabezará el acto oficial conmemorativo del 211° aniversario de la "Revolución de Mayo".
Teniendo en cuenta las disposiciones sanitarias vigentes, el mismo se llevará a cabo de manera virtual a través de la página de Facebook de la Municipalidad de Rafaela.
Para observar su desarrollo, los medios de comunicación y público en general podrán ingresar a https://www.facebook. com/municipalidadra faela
Nuevamente, este año el acto tendrá modalidad virtual.
¿Por qué comemos locro el 25 de Mayo? Es la primera fecha patria del año y, otoño mediante, se festeja con un plato caliente que evoque la cultura e historia de Argentina, por ejemplo, el locro. El 25 de Mayo es la primera fecha patria del año y, aunque en 2021 nos encuentre encerrados en nuestras casas por la pandemia de Coronavirus, el clima ya se presta para encargar un delivery de locro, que cumple la doble función de llenar el estómago y celebrar la tradición culinaria argentina. Muy poca gente dedicará una semana a buscar los ingredientes (maíz, huesos, tripa gorda o mondongo) para después pasar siete horas supervisando la olla. Mejor pedirlo hecho a uno de los tantos pequeños negocios o instituciones que llevan varios días en la campaña de "reserve su porción". Pero, ¿por qué el menú estrella del 25 de Mayo es el locro y no la carbonada, el puchero o las empanadas?.
"El locro del 25 de Mayo es algo bastante tardío", convino Carina Perticone, semióloga y becaria doctoral Conicet. En la Ciudad de Buenos Aires, la tradición de comerlo en esa fecha se afianzó en el siglo XX, pero empezó con la llegada del plato a las mesas porteñas a principios del XIX. Antes de 1820 el locro se comía en Salta, Tucumán, Córdoba y el norte de Santa Fe, pero en la Ciudad de Buenos Aires "no hay evidencia de que se comiera porque la sociedad buscaba comer a la española", explicó Perticone. Punto para la carbonada, que deviene de una preparación originaria de la Madre Patria y no del maíz de los Andes. Pero "entre 1860 y 1890 se tomó lo rural como emblema" para alimentar una
identidad común a todos los habitantes del país. Ese período, el de las presidencias históricas de Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento y Nicolás Avellaneda, incluyó cambios políticos, aluviones de migrantes (internos y de Europa) y conquistas territoriales. "Todo esto fue acompañado de creación de tradición nacional" que no incluyó específicamente a la gastronomía, pero sí a todo lo demás. "No hubo un proyecto de elecciones culinarias sino un montón de literatura criollista, y ahí aparecía el locro. Pero era menos importante que la carbonada, por ejemplo", señaló Perticone. La carbonada es tan rendidora como el locro, pero como lleva más carne es más cara de preparar y éste le ganó el lugar como plato
En la Ciudad de Buenos Aires, la tradición de comerlo en esta fecha se afianzó en el siglo XX, pero empezó con la llegada del plato a las mesas porteñas a principios del XIX.
"de festejo grande" para 1960. Aunque no hubo "una acción definida y orgánica para con la cocina" a mediados del siglo XIX, para 1930 "si preguntabas qué platos son argentinos te iban a decir asado, locro, carbonada y puchero", se-
gún Perticone, con lo que algo en el perfilamiento de "lo nacional" surtió efecto. El "locro patrio", entonces, "fue una construcción, pero no arbitraria", aclaró Perticone. Si se mira un libro de cocina de 1950, como "La mesa del hogar", un tomo
impreso en Buenos Aires "para costear obras de piedad y caridad radicadas en Tucumán", el locro podría ser de maíz o de trigo, no lleva mondongo y es más "liviano" en el sentido de que no tiene tripa gorda, cuero de chancho ni mondongo.
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211 años de historia: cómo se vivía en Mayo de 1810
Embarrados, sin agua ni cloacas, la gente se mojaba los pies en las orillas del Paseo del Bajo y el Virrey Cisneros lo prohibió, por indecente. La semana de mayo llovió mucho, pero casi nadie tenía paragüas. En 1810, Buenos Aires tenía apenas unos 6,1 kilómetros cuadrados, pero estaba poblada por unas 44.000 personas. El río llegaba hasta la actual calle Leandro N. Alem y enfrente estaba el Paseo del Bajo, una alameda con bancos desde donde se veían los barcos de los pescadores. A los porteños les encantaba ir a mojarse los pies a esa zona, tanto que en 1809 el virrey Cisneros tuvo que prohibir esos "baños" por indecentes y sólo permitirlos de noche, por decoro. La Plaza de Mayo era el centro neurálgico de la ciudad, y estaba atravesada por una recova de puestos donde se vendía un poco de todo y también lo que había quedado de la suculenta comida casera que las negras esclavas cocinaban en las casas. Se sabe, por la correspondencia de Juan Martín de Pueyrredón y su esposa Dolores, que cuando vinieron desde España en 1805, el banquete de bienvenida se componía de: "Unas aceitunas, sardinas y fiambre, la consabida sopa con pan tostado, arroz o fideos. Después pescado fresco. Después vino el asado de vaca y algo de cordero; la ensalada de lechuga y unos pepinos; un guiso de garbanzos y lentejas, acompañado
de unas albóndigas, tortillas de acelga, mollejas asadas, mondongo y finalmente los postres". Y cuando hablamos de "algo dulce" para cerrar una comida pensemos en arroz con leche, un turrón llamado yema quemada, mazamorra y pastelitos con dulce de batata o membrillo. La proximidad del río hacía que los porteños consumieran mucho pescado, sábalo sobre todo. Y sí, también mucha carne, porque era salvaje y barata –recién por entonces comenzaban a prosperar las estancias, que luego acapararían la producción de ganado en pie, cuando dejaran de proveerlo las vaquerías-. La clase media –los comerciantes pequeños, los artesanos- también se alimentaba de perdices, gallinas, pavos, pajaritos, palomas e incluso iguanas. Ya por entonces había puchero, ideal para cocinar durante horas toda la carne que había quedado, mezcladas con las legumbres de la huerta. Todo acompañado del vino que llegaba desde Mendoza o San Juan. Y para la clase alta (unos 500 entre españoles, los comerciantes nativos más prósperos y los funcionarios) estaban reservados la mulita – carne tierna y cara, el vino francés, la ginebra holandesa
y la cerveza británica. El plato, el tenedor y la copa individual también eran un lujo de los ricos que habitaban las casonas de hasta tres patios, en general sobre la calle Defensa, la más cara de Buenos Aires. La mayoría vivía en casas bajas de un solo dormitorio, que incluso alquilaba. No había red cloacal, el agua era escasa y los grandes señores patricios vestían la misma camisa durante cinco días seguidos. Todos los desechos –incluso los de la letrina y la "escupidera" nocturna se acumulaban en el fondo de las casas, hasta que el olor hediondo los obligaba a tirarlo a la calle no sin antes alertar a los transeúntes: "¡Agua va!". Todas las calles eran de tierra y cuando diluviaba era imposible no enterrarse. Hay documentos que dan cuenta de la triste historia de dos lecheros cuyo carro se desplomó en un pozo causándoles la muerte. El caballo era el principal medio de transporte, pero la gente bien tenía carro. Por eso, los zapatos blancos estaban reservados para las damas patricias que los vestían cuando iban al Teatro Coliseo, luego de empolvarse la cara con harina de maíz. El resto de la gente vestía los ponchos y las prendas de lana de oveja o
vicuña que hilaban los aborígenes que vivían en tolderías, dispuestas en Perú y Chile, a 4 cuadras de Plaza de Mayo. Al sur estaban los barrios pobres: San Telmo, Barracas, Monserrat, Congreso y Tribunales, según describió el arqueólogo Daniel Schávelzon. Las mujeres que no tenían esclavas, hacían las tareas domésticas mientras los chicos jugaban a los dados, las cartas, la rayuela. La clase media bebía en las pulperías y los hombres cocinaban las ideas revolucionarias en El Café de la Victoria –con billar y el preferido de Belgrano- y el Café Marcos. La Plaza de Toros del Retiro, que funcionó hasta 1819, podía albergar 10.000 personas y era el punto de encuentro de todos los estratos sociales. O el pato, que se jugaba con un animal de verdad dentro de luna bolsa que
Los más célebres salones de la época fueron las casas de Ana Riglós, Melchora Sarratea y Mariquita Sánchez de Thompson.
había que hacer pasar por un arco. Hubo un lugar para ir a bailar, pero luego se cerró por "indecoroso". En 1810 se estima que había unos ocho mil músicos, pero sus presentaciones se limitaban a las tertulias de 20 a 24 horas, en las casas de las familias que los contrataban para educar a sus hijas – como las famosas que hacía Mariquita Sánchez de Thompson sobre calle Florida- o a tocar piezas breves en los intervalos de las obras de teatro. La semana de 1810 que decidió la historia de la patria fue muy lluviosa, pero casi no había paraguas (unos poquitos, para los ricos, cla-
ro); sólo las mujeres usaban unas pequeñitas sombrillas para el sol, que no eran de tela impermeable. Aunque ya se celebraba el 12 de octubre con una convocatoria popular, no eran tan habituales las reuniones en la Plaza de Mayo, sólo excepcionales cuando se convocaba a un cabildo abierto para debatir un tema especial. Y sin duda, el del 22 de mayo se las traía. Todos los paisanos corrían con el facón metido en la cintura y se armó revuelo en toda la ciudad. Tanto, que un año más tarde, en el mismo Cabildo, recordaron su triunfo con un baile inusual hasta las tres de la madrugada. Era para tirar la casa por la ventana.
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