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20 de Junio - Día de la Bandera

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MARTES 20 DE JUNIO DE 2017

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ESPECIAL DÍA DE LA BANDERA

MARTES 20 DE JUNIO DE 2017

Los mitos y verdades que esconde el 20 de Junio El 20 de junio se celebra en nuestro país el Día Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano. Para la mayoría está asociado con el Día de la Bandera en memoria a que en esa fecha de 1820 moría, pobre y olvidado, su creador. Según la historia, Belgrano murió tan pobre que su familia debió disponer del mármol del lavabo para hacerle la lápida; y tan olvidado, que solo el periódico El Despertador Teofilantrópico publicó el aviso de su muerte con una resumida biografía. Ese 20 de junio de 1820, hace ya 197 años, eran otras las preocupaciones políticas y sociales: la guerra civil hizo que ese mismo día Buenos Aires llegara a tener tres gobernadores distintos. Todo era complejo, tan complejo que, como en otros casos, la sociedad olvidaba en su despedida a uno de los próceres más importantes de la nación.

La otra parte de la historia La bandera nacional fue

enarbolada por primera vez en la Batería Independencia, en Rosario, el 27 de febrero de 1812, por decisión de Belgrano, para poder distinguir su tropa de la enemiga, ya que ambas usaban un distintivo colorado. Si no se eligió el 27 de febrero para recordarla, podría pensarse que fue porque el 20 de junio reforzaría el reconocimiento al prócer y evitaría que tamaña celebración quedase fuera del calendario escolar por vacaciones. Aunque es cierto que hace unos años se recordó el bicentenario del primer día que flameó. Pero la historia depara sorpresas que hacen dudar de que esto sea cierto: sucede que a muy pocos días de enarbolarla, el Triunvirato le ordenó a Belgrano que escondiera esa bandera y hasta el día de hoy nadie sabe a ciencia cierta dónde está.

De la escarapela inversa Todo había sucedido de forma inesperada: el 7 de fe-

brero de 1812, Belgrano "que se encontraba en Rosario al mando del Regimiento 5 de Patricios" le había reclamado al Triunvirato: "Me tomo la libertad de exigir a V.E. que se declare una escarapela nacional para que no se equivoque con la de nuestros enemigos". El distintivo propuesto era una escarapela azul y blanca en reemplazo de la colorada, que se confundía con la enseña realista. El Triunvirato le hizo saber su aprobación y el 18 de febrero creó la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Sur con colores inversos a los actuales. Pero el 27 de febrero, Belgrano informó al Triunvirato: "Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé a hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional. Espero que sea de la aprobación de vuestra excelencia".

Ocultarla disimuladamente Pero el Triunvirato no te-

nía pensado cortar los lazos con España. De hecho, poco antes el gobierno había proclamado "la unidad indivisible de la nación española de la cual forman parte las provincias del Río de la Plata". De inmediato, Bernardino Rivadavia, secretario de Guerra del Triunvirato, le escribió a Belgrano: "Haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente". Pero Belgrano no recibió a tiempo esa carta porque se encontraba en viaje hacia Salta para ponerse al frente del Ejército del Norte; y fue así como el 25 de mayo de 1812 volvió a hacer jurar allí la bandera. Furibundo, el secretario de Guerra volvió a escribirle a Belgrano, usando esta vez un lenguaje mucho más enérgico.

Reparar el desorden La misiva decía: "El gobierno no hace más que dejar a la prudencia de V.S. la reparación de tamaño desorden,

D. Camusso

pero debe prevenirle que esta será la última vez que sacrificará hasta tal punto los respetos de autoridad y los intereses de la nación que preside". El 18 de julio de 1812, Belgrano le respondió: "La bandera la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella". En su Historia argentina sin mitos, el historiador Juan Carlos Christensen ironizó: "La serie de cargos que se le puede

hacer a Rivadavia es casi tan larga como la calle que lleva su nombre y que se extiende fuera de la capital, es decir, adonde él nunca puso el pie..." Porque Manuel Belgrano no le hizo caso a Rivadavia, es que la Argentina tiene su bandera desde el 27 de febrero de 1812. Que se la celebre el 20 de junio, el día que falleció su creador es un homenaje, que en su momento no recibió.


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DEBATE SIN FIN

Más versiones sobre el color verdadero de la bandera Luego del hallazgo del Conicet sobre un lienzo antiguo, los historiadores defienden los colores tradicionales de la insignia. Luego del hallazgo, llegó la réplica. La ciencia aplicada y la investigación histórica salieron con los tapones de punta a discutir cuáles son los verdaderos colores de la bandera argentina. Todo se disparó después de que químicos del Conicet detectaran, en un viejo lienzo patrio de 1814, que los colores de los extremos de la bandera son de azul de ultramar y no "azul celeste" como siguen sosteniendo los historiadores y herederos de Manuel Belgrano. Los investigadores del Centro de Química Inorgánica (Cequinor, ConicetUNLP) y de la Universidade Federal de Juiz de Fora de Brasil dispararon la polémica al analizar espectroscópica y químicamente una tela mandada a hacer por

Bernabé Aráoz, primer gobernador de Tucumán, que se encuentra en el Templo de San Francisco de esa provincia. Carlos Della Védova, investigador superior del Conicet y director del Cequinor, señaló que las muestras a las que tuvieron acceso están lejos de conservar su color original, pero supieron de la novedad al exponerla a pruebas químicas. "No rechazamos el trabajo realizado por el Conicet. Solo aclaramos que el estudio se hizo sobre una bandera que no fue la creada por Belgrano", indicó al diario Ámbito Financiero el licenciado Manuel Belgrano, presidente de la institución y chozno nieto del prócer. Según el historiador, exis-

te un documento del 27 de febrero de 1812 escrito por el propio Belgrano, ubicado en el Archivo General de la Nación, en el que hace referencia a que la bandera será "celeste y blanca, conforme a los colores de la Escarapela", el distintivo que ya utilizaban los independentistas desde las Invasiones Inglesas. Hay otra evidencia que se opone a la hipótesis de los químicos. El nieto recordó el clásico cuadro de su antepasado, pintado en un viaje a Londres en 1815, donde se lo ve posando ante unas imágenes de batallas en el que aparece junto a una bandera con los colores celeste y blanco. El lienzo tenía la particularidad de tener solo dos, y no tres, como ahora. Ese detalle da cuenta de que entonces existían diseños del

Trozo de lienzo encontrado, sometido a pruebas químicas.

pabellón patrio, pero no habría controversia en torno a los colores. Con todo, si bien la bandera analizada no es la que se izó en febrero de 1812 a orillas del Paraná, los científicos del Conicet insisten en que "hay motivos para creer que

Aráoz debe haber tomado el modelo de su creador, a quien era cercano". Fue el tucumano quien tras el Éxodo Jujeño lo habría convencido en el paraje de La Encrucijada para enfrentar las tropas realistas en su provincia y no en Córdoba,

como había ordenado el Primer Triunvirato, dijo Carlos Della Védova al diario Clarín. Después de 200 años de historia, como si estuviera grabado en nuestro ADN, la identidad nacional sigue en debate.


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Colores pensados y existentes La bandera nacional fue adoptada oficialmente como símbolo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 20 de julio de 1816 por el Congreso General Constituyente de San Miguel de Tucumán. Ese mismo Congreso fue el que proclamó el 9 de julio de 1816 la Independencia Argentina. En un principio, Manuel Belgrano propuso para la escarapela y la bandera que la franja que actualmente es celeste, sea de un color próximo al azul o turquesa. Pero como en ese momento en el Río de la Plata era difícil encontrar paños de esos colores, se optó por los colores celeste y blanco. La teoría más conocida por todos los argentinos sostiene que Manuel Belgrano se inspiró en dichos colores, en una tarde a orillas del río Paraná en la actual ciudad de Rosario, cuando imaginaba el futuro y destino del país, y miró el cielo que ese día estaba diáfano con un sol radiante. De esa imagen surgieron

los colores de la bandera. Otra suposición más realista es que se habría inspirado en los colores del manto albicelestes de la virgen de la Inmaculada Concepción, cuyos colores también fueron elegidos por la dinastía borbónica. Y a través de estos colores se lograría tener una simpatía con los reyes de España. No sabemos qué fue lo que inspiró a Manuel Belgrano en la elección de estos colores; lo único cierto fueron sus intenciones de crear algo común entre la población que los hiciera sentirse identificados y luchar por este país que se estaba formando. Las idas y vueltas, entre la creación y el temor a exhibirla, entre la independencia y la dependencia, duraron varios años, aunque Manuel Belgrano tenía la fortaleza para saber que un país no podía ser independiente sin tener sus símbolos que la representaran, por eso quiso diferenciarse y buscar algo propio.

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El padre de la Bandera Por Felipe Pigna. La otra historia ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene día en el calendario oficial. El día de su muerte es el día de la bandera. Y ya sabemos de la importancia que el símbolo patrio adquiere entre nosotros más allá de los festejos deportivos y las declamaciones patrioteras de ocasión. No nos han enseñado con ejemplos a querer nuestra bandera, ha sido violada y usurpada por los gobiernos genocidas que han hecho abuso de su uso. Hay que recuperarla para nosotros. Es esa una tarea imprescindible pero larga y, mientras tanto, Belgrano sigue sin ser recordado como se merece. Manuel Belgrano, uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social entre otras muchas cosas, ha sido condenado a convertirse en una especie de sastrecillo valiente. La operación es simple. Se trata claramente de un ideólogo de la subversión americana y no conviene que desde la más tierna infancia,

los niños aprendan a honrar la memoria de pensadores, innovadores y revolucionarios, portadores, como en este caso, de una coherencia meridiana entre sus dichos y sus hechos. Las ideas de Belgrano estaban cargadas de profunda sensibilidad social como lo demuestra este informe al consulado: "He visto con dolor, sin salir de esta capital, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria y desnudez; una infinidad de familias que solo deben su subsistencia a la feracidad del país, que está por todas partes denotando la riqueza que encierra, esto es, la abundancia; y apenas se encuentra alguna familia que esté destinada a un oficio útil, que ejerza un arte o que se emplee de modo que tenga alguna más comodidad en su vida. Esos miserables ranchos donde ve uno la multitud de criaturas que llegan a la edad de pubertad sin haber ejercido otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto". Pero no se quedaba en la crítica, proponía inmediatamente la solución: "la lana, el

algodón, otras infinitas materias primeras que tenemos y podemos tener con nuestra industria, pueden proporcionar mil medios de subsistencia a estas infelices gentes que, acostumbradas a vivir en la ociosidad, como llevo expuesto, desde niños, les es muy penoso el trabajo en la edad adulta, y son y resultan unos salteadores o unos mendigos". Belgrano fue el primero por estos lares en proponer una verdadera Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos: "es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se aver-

güenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades ( ...) que se podría obligar a la venta de los terrenos que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas, y están colindaras con nuestras poblaciones de campaña, cuyos habitadores están rodeados de grandes propietarios y no tienen ni en común ni en particular ninguna de las gracias que les concede la ley: motivo porque no adelantan...".


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Un temporal que arrasó con 73 años de historia Cada 20 de junio Rafaela nos regalaba una de las postales más lindas. Nuestra bandera, nuestros colores y nuestro mástil desplegaban todo el orgullo patrio de una fecha como estas. La Jefatura se iluminaba con la bandera flameando en lo alto. El centro de la ciudad se volvía imponente. El mástil encabezaba la ciudad desde el 24 de junio de 1944, este año cumpliría sus 73 años, pero la madrugada del 1 de enero de 2017 no fue

la esperada. Una fuertísima ráfaga de viento azotó Rafaela y destruyó árboles, techos y también tiró el mástil de la ciudad que se ubicaba frente a la Jefatura de la Unidad Regional V de Policía de la provincia de Santa Fe. Esté símbolo ciudadano marcó la importancia de la tormenta, que junto con otra que llegó dos días después, hizo que los rafaelinos nos uniéramos para salir de la triste situación que afectó a cientos de familias.

Resultado del 1 de enero. Rafaela de pie espera por su vuelta para enaltecer el centro de la ciudad.

Su nacimiento Era en el medio de la Plaza 25 de Mayo, donde hoy montado en su caballo está el General Don José de San Martín. Originalmente se había situado en ese lugar el mástil principal de la ciudad. Fue hasta mediado de la década del ´40, que allí se cumplían todos los actos escolares referidos al pabellón nacional. Pero ya en 1936, el 26 de mayo, Luis Remonda junto con un grupo de vecinos propusieron la idea de construir un mástil más importante para la ciudad. A raíz de ello se constituyó la comisión denominada "Pro-Erección Mástil a la Bandera", para lo cual se presentaron varios proyectos eligiéndose el perteneciente a Ricardo Merlo, quien se encargaría definitivamente de construirlo. Claro que el destino físico de la obra trajo, como en todas las decisiones que atañen al desarrollo de la ciudad, un

debate entre la ubicación en el centro de la Plaza, con lo cual se reemplazaría el existente, o donde finalmente se destinó, frente a la Jefatura de Policía, en el final del bulevar Santa Fe, en el punto de bifurcación de avenidas. Fue tal el debate que el Municipio decidió dominar el tema y el 5 de mayo de 1939 dejó de lado el aporte de la Comisión, dando lugar a que ese 9 de junio el Concejo de entonces dicte la resolución Nº 411, resolviendo la construcción del mástil en la Plaza principal. Pasó poco tiempo para que la obra de cemento se concluya, lo cual no agilizó los plazos y jamás se inauguró, por nuevas discrepancias que volvieron sobre la ubicación e incluyeron el exagerado tamaño, determinándose entonces su pronta demolición. Pasaron los años y recién el 20 de julio de 1945 el intendente Raúl Dutruel, firmó el decreto Nº 935 que declara-

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CASTELLANOS

Una postal próxima a ser recuperada.

ba que el mástil de la bandera construido en el centro de la plaza debía ser demolido en el término de 150 días, dando lugar al emplazamiento en ese espacio del monumento a San Martín, que fuera inaugurado el 17 de agosto de 1950. A todo esto ya para el 24 de junio de 1944, se erigió en

la plazoleta ubicada frente a la Jefatura de Policía, el mástil gracias a la donación de la señora Luisa de Ripamonti, para la culminación de una obra de 30,65 metros de altura, supervisada por el entonces jefe de la oficina de Obras Públicas de la Municipalidad de Rafaela, Ing. Juan Báscolo.


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DESPUÉS DE LA TORMENTA LLEGA LA CALMA

El nuevo mástil podría estar inaugurado a finales de julio Luego del temporal del 1 de enero, las fuerzas se pusieron para colocar uno nuevo. Ya se está trabajando, para su instalación se espera una jornada especial, lo mismo que para su inauguración. D. Camusso

Hoy, martes 20 de junio, Día Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano, se hubiera colocado, como todos los años, la gran bandera nacional con presencia de las máximas autoridades locales, aunque en este caso tampoco hubiera estado el intendente Luis Castellano que se encuentra en Fossano por 20 años del hermanamiento. Los actos centrales se llevarán a cabo en la Plaza de la Bandera, en barrio Amancay en Martín Oliver y Azcuénaga en barrio Amancay en hora de la tarde, donde además habrá

una feria y distintas actividades para toda la familia. Lo importante es que el nuevo mástil se encuentra en etapa de construcción luego de varias reuniones y en un trabajo del Municipio e instituciones de la ciudad para recobrar este símbolo de Rafaela.

El nuevo mástil El nuevo mástil se levantará en el sector donde se encontraba originalmente, desplazado unos metros para permitir un mayor retiro de la calle, N. Gramaglia

de modo que su percepción sea el de un elemento destacado. El fuste del mástil es construido en tramos de acero de mayores diámetros y espesores, que responden a las nuevas demandas climáticas y dimensiones de bandera. Los que circulan por la zona de Roque Saénz Paña y 1° de Mayo pueden llegar a verlo en proceso de armado. Se espera que el mismo sea trasladado, según pudo averiguar Diario CASTELLANOS, por las vías del tren hasta avenida Santa Fe. El recorrido, en un operativo especial que se dará en algunas semanas, se habla de primeros días de julio, continuará hasta llegar a su lugar de ubicación, donde necesitará unos 15 o 20 días para poder estar listo.

La inauguración Las versiones hablan que

el nuevo mástil quedará inaugurado sobre fines de julio, dado que la veda electoral impide inauguraciones 15 días antes de los comicios para no mezclar actos de gobierno con campaña. Para la inauguración se espera la participación de las

instituciones de nuestra ciudad, entre ellas las escolares, con sus abanderados, por lo que hay que esperar el reinicio del ciclo lectivo de la segunda parte del año. Falta poco tiempo para que el mástil tenga nuevamente la bandera flameando

en un lugar emblemático de Rafaela. Este 20 de junio, Día Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano, para muchos asociados al día de la bandera, no pasará desapercibido para los rafalinos. La postal será otra.


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Belgrano: "No busco gloria, busco unión" Es difícil hablar de alguien que ya no está, de quien cambió su vocación de abogado para ocupar el cargo que su patria le ofrecía y aun así, pudo decir años más tarde en una de sus cartas: "no busco gloria sino la unión de los americanos". Hablar de un hombre que por todo premio a sus gloriosas victorias en los campos de Salta y Tucumán. Solo pidió poder fundar escuelas donde se enseñara a respetar los derechos del hombre. Hablar de un hombre junto a quien marchó todo el pueblo jujeño durante el éxodo, destruyendo sus pertenencias para no dejar nada que el enemigo pudiera utilizar. Hablar de un hombre que no replegó su fuerza a pesar de la derrota. Hablamos entonces, no de

un hombre común, sino de uno cuyo destino signo y dirigió miles de destinos; de alguien sobre cuya espalda cayó la enorme responsabilidad de comandar hombres de batallas y acumular resonante triunfo. Normalmente, asignamos la figura de Belgrano con la creación de un símbolo patrio: la Bandera; porque un 27 de febrero de 1812. En orillas del Río Paraná, sin pedir permiso a sus superiores, se celebró la ceremonia de la Bandera. Formada la tropa, Belgrano desvaino la espada y dijo: "este será el color de nuestra divisa, con que marcha el combate, los defensores de la patria". Es así que hoy, hacia donde miremos ella está, acobijándonos. Cielo y nube que se besan, que se juntan, que nos

obligan a seguir luchando, como lo hicieron Belgrano y tantos hombres, por una patria justa, libre y soberana. "Azul un ala, del color del cielo; azul un ala, del color del mar"... suelen cantar varias veces al año los estudiantes argentinos, aunque los colores que inspiraron a Manuel Belgrano para diseñar el pabellón nacional, que se enarboló por primera vez el 27 de febrero de 1812, podrían ser en homenaje a la Virgen, de la que el patriota era muy devoto, y por los colores de la Escarapela Nacional usados en la Semana de Mayo de 1810. De esa primera bandera que flameó en las barrancas de Rosario hace hoy exactamente 200 años no queda nada. Sí queda el mensaje que envió Belgrano al Triunvira-

to, aunque falto de precisiones: "Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la Escarapela Nacional; espero que sea de la aprobación de V.E.". Belgrano respondía así a la disposición del 18 de febrero de 1812 del Triunvirato, que había fijado que las tropas de las Provincias Unidas del Río de la Plata usaran la Escarapela Nacional "que deberá componerse de dos colores blanco y azul celeste" y por la cual fue abolida la insignia "roja que antiguamente se distinguía". Varias modificaciones sufrió la bandera argentina en estos primeros 200 años. El presidente de la Asociación Argentina de Vexilología, la disciplina que estudia las ban-

deras, señaló que el cambio más notorio del pabellón nacional se produjo durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, porque usó azul oscuro para las dos bandas, el sol era más rojo y en los cuatro ángulos había gorros rojos de la libertad.

Devoción mariana Es importante dejar en claro que aunque utilizó un celeste más oscuro y un sol más rojo Rosas no le faltó el respeto a la Bandera. Más allá de las suspicacias, teniendo en cuenta que el color celeste identificaba a los unitarios, adversarios de Rosas, en aquella época era difícil determinar el color exacto. Con certeza -"porque la historia se basa en documentos", el pabellón nacional más

cercano al que creó Belgrano y que llega a la actualidad es el que autorizó el Congreso de Tucumán el 25 de julio de 1816. En 1812, en Jujuy se hace bendecir una bandera en la catedral, y entre junio de 1812 y enero de 1813 se supone que Belgrano guarda la bandera. Fue Bartolomé Mitre el primero en estudiar el tema de la bandera nacional. Buena parte de los historiadores coinciden en la teoría de que los colores del pabellón estuvieron relacionados con la devoción mariana de Belgrano. La imagen de la Inmaculada Concepción tenía un vestido blanco y un manto celeste, y, además, Buenos Aires estaba bajo la protección de Nuestra Señora del Buen Ayre, con los mismos colores.


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El día que Belgrano visitó el Monumento a la Bandera El chozno del creador de la enseña nacional estuvo semanas atrás en Rosario para participar del 60º aniversario del Instituto Belgraniano. "Cuando en el colegio hablaban del primer gobierno patrio o invasiones inglesas, cuarenta compañeros de la clase se daban vuelta para mirarme al nombrar a Belgrano, ahí comencé a preguntar en mi casa", cuenta Manuel Belgrano Lastra, chozno del creador de la Bandera e invitado especial ayer en el 60º aniversario del Instituto Belgraniano de Rosario (IBR). De vaqueros, cálido y locuaz, Belgrano Lastra recibió al diario rosarino La Capital apenas llegó de Maipú (provincia de Buenos Aires), ciudad que junto a Olavarría, donde reside, y la Capital Federal, completan el circuito en el que se mueve y que también incluye su trabajo como licenciado en administración Agraria. El viaje es uno más de los que realiza por todo el país, convocado para hablar de su antecesor y prócer de fuste en el Olim-

po de los héroes patrios. "En junio, en Puerto Madryn, voy a presentar la Bandera de la Libertad Civil, un paño blanco con el Escudo de la Asamblea del Año XIII, con una modificación importante en el gorro, que es el que usaba el pueblo y detalles dorados que indican la soberanía del Inca", explica Belgrano Lastra en una pista clara de la esencia conceptual que rescata del prócer. Salta, Jujuy y San Juan, donde hablará sobre la influencia y apoyo de Belgrano a San Martín en el Cruce de los Andes, lo esperan en la agenda de congresos y foro, como quehacer del Instituto Nacional Belgraniano que preside. "Siempre me gustó la historia", dice y cuenta que con 16 años recorría las postas de Belgrano en el norte del país, ya atraído por lo que después sería su formal función de portavoz familiar, a

cinco generaciones vista.

Árbol genealógico Además de ilustrar sobre la vida del prócer, una de las preguntas más frecuentes que responde Belgrano es el camino que tomaron los genes familiares, y que arranca con Manuela Mónica, hija del General, que se casó con Carlos Manuel Vega Belgrano, un pariente. De esa unión nacieron Manuel, Carlos y Flora, y otros pequeños que fallecieron "infantes como ocurría en esa época". La única que tuvo descendencia fue Flora, quien se casó con un primo, Juan Carlos Belgrano, "y ahí se recupera el apellido, sus hijos fueron Manuel, Mario y Néstor, mi abuelo", explica. La línea genealógica coloca así a su padre Manuel como tataranieto del creador de la Bandera y al entrevistado

como quinta rama, que se identifica con el término chozno para ascendiente o descendiente. "Flora fue mi bisabuela, ahí se recupera el apellido, porque si no hubiéramos tenido descendencia directa sin el apellido, los primeros que llevan el apellido después de Belgrano son mis abuelos", explica en referencia a Néstor y sus hermanos. Pero además de los genes, también viajó el nombre Manuel en el árbol familiar. "Siembre hubo algún Manuel", comenta y dice que intentó abrir una línea poniéndole el nombre completo del prócer a su hijo, que se llamaba Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, pero la idea no prosperó. Solo su nieto lleva el primer nombre para seguir la tradición. Con ambos se replicó la secuencia a la hora de anoticiar sobre el antepasado. "Se les empieza a explicar

Manuel Belgrano Lastra, chozno del creador de la Bandera.

un poco más cuando van al colegio", dice Belgrano Lastra que varias veces llegó a Rosario por su propia cuenta a ver el Monumento y participar, inadvertido, de los actos "como un ciudadano de a pie". Desde hace años llega como invitado especial, como cuando dio las primeras puntadas a la bandera más larga del mundo ideada por Julio Vacaflor. "Ese día también estuvo una descendiente de María Echeverría de Vidal, la mujer que confeccionó la bandera del 24 de febrero de 1812", evoca con satisfacción.

¿Hay detalles en la familia que no están en los libros de historia? "No, fue muy público todo, dimos toda la documentación, no hay secretos, sería muy egoísta", comentó. Y sobre los intentos de saldar el bronce con la vida real de los héroes, a modo de ejemplo, citó la película Belgrano (con Pablo Rago). "Mis amigos dijeron que los emocionó, pero creo que hay un error en el lenguaje chabacano que no existía en aquel entonces, la parte humana que muestra me parece bien», explicó el hombre que lleva los genes del prócer y que días pasados estuvo por Rosario.


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AFIRMACIONES QUE PERDURAN

Belgrano: "Sin educación nunca seremos más de lo que somos" También dijo: "El mejor medio de socorrer la mendicidad y la miseria, es prevenirla y atenderla en su origen y nunca se puede prevenir si no se proporcionan los medios para que el mendigo busque su subsistencia". Hoy, 20 de junio, se cumplen 197añosdelfallecimientodeuno de los próceres argentinos indiscutidos. El creador de la Bandera,queuniósudestinoalde la patria naciente, reunió en su personalidad distintas cualidades. Manual Belgrano había nacidoen1770enunadelasfamilias más ricas de la ciudad de Buenos Aires. Estaba destinado a una vida tranquila, de libros y escritorios. Sin embargo, decidió enredarse en la construcción del país, aceptando una vida de sobresaltos y riesgos; incluso él, un intelectual, terminó abrazando por esta causa el destino de las armas. Miembro del primer gobierno patrio, y por tanto iniciador del proceso de emancipación nacional, se hizo militar por imperio de las circunstancias.

Hombre de pensamiento "No tenía grandes conocimientos militares -escribió José

María Paz-, pero poseía un juicio recto,unahonradezatodaprueba, un patriotismo puro y desinteresado, el más exquisito amor alorden,unentusiasmodecidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido". Fue Belgrano un hombre de pensamiento. Tuvo la oportunidad de estudiar derecho en Europa,dondealformarpartedela eliteintelectualdelaépocatomó contactoconlasideasrevolucionarias, económicas y políticas, técnicasycientíficas,queimperaban en el viejo mundo a fines del

siglo XVIII. Historiadores como Ovidio Giménezconsideranqueelcreador de la Bandera fue el primer economista argentino, por la laborquedesarrollócomofuncionariopúblico(durante16años,a partir de 1794, fue secretario general del Consulado Real de BuenosAires).

Algunas de sus frases Comprendió cabalmente la relaciónentreeducación,traba-

jo y situación social. Por eso se preguntó:"¿Cómo,cómosequierequeloshombrestenganamor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia deciudadanoshonrados,quelas virtudes ahuyenten los vicios y queelgobiernorecibaelfrutode sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando degeneraciónengeneracióncon mayores y más grandes aumentos?". También dijo: "El mejor medio de socorrer la mendicidad y la miseria, es prevenirla y atenderlaensuorigenynuncase

puede prevenir si no se proporcionan los medios para que el mendigobusquesusubsistencia". Sus reflexiones como pedagogo,aunquepronunciadashace ya200años,tienenunatremenda actualidad."Sineducaciónnunca seremos más de lo que somos. Jamás me cansaré de recomendar la escuela y el premio", escribió.

Enorme figura moral Belgrano tuvo un final en el

ostracismo, sin el reconocimiento de sus conciudadanos. Su vida se apagó lentamente en medio de la pobreza. No tenía plata para pagarle a su médico, a quien le dijo que no podía hacerlo porque el gobierno le debía diecisiete meses de sueldo. Entonces terminó retribuyéndole con su reloj personal. Falleció en la misma casa donde había nacido, y con su cama como único mueble.


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Los días finales de Manuel Belgrano El 20 de junio de 1820 moría Manuel Belgrano en la pobreza extrema, en una Buenos Aires asolada por la guerra civil. Fue uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social. Se destacó durante las invasiones inglesas, cuando se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad, y fue uno de los pocos que se negó a prestar juramento al invasor. Cumplió un rol protagónico durante la Revolución de Mayo y fue nombrado vocal de la Primera Junta. Encabezó la expedición al Paraguay y el 27 de febrero de 1812 creó la Bandera, algo que le valió la reprimenda del Primer Triunvirato. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán y Salta. Tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, sin embargo, se retiró del Ejército del Norte. En 1816, participó activamente en el Congreso de Tucumán que el 9 de julio declararía la Independencia. Reproducimos a continuación, un capí-

tulo de un libro de Bernardo González Arrili, donde hace referencia a los últimos días en la vida de Manuel Belgrano. Días enteros permaneció en su lecho, en la misma habitación donde naciera, atendido por sus hermanos, entre ellos el canónigo don Domingo Estanislao, y la dulce Juana, que le hizo de madre. Iban a verlo muchos amigos de la juventud y casi todos los vecinos; uno, Juan Súllivan, que era médico, tocaba el clavicordio, para distraerlo. Lleváronle unos días a San Isidro, frente al río, pero fue necesario volver pronto a la ciudad. A medida que los signos de su hidropesía aumentaban, se le descarnaba el semblante. Su hermosa cara "así como es lindo, debe ser su corazón", había dicho Cumbay-, su color sonrosado, su nariz fina y recta, con la lumbre mansa de sus ojos claros y el rizado de los cabellos rubios –"el alemán", como lo llamaba Balbín-, habíase transformado por completo. Solo los ojos eran los mismos, aunque más mansos, velados a veces por una cortina de lágrimas sutiles. En vigilia casi continua –

dormía dos o tres horas, no más, cada día- algunas tardes las pasaba en su sillón poltrona mirando el patio, un retazo del cielo de su Buenos Aires bien amada. Allí supo, una vez, que se anunciaba una invasión de santafesinos de López; como si el alma le empujara, quiso ponerse en pie, y acaso pensó ordenar que le ensillaran un caballo para concurrir a la defensa, pero el dolor le recordó que era un vencido, y dejándose caer en su asiento, llevóse las manos a la cara y lloró, el pecho partido de angustia. Fue a verlo Lamadrid y lo encontró "bastante agobiado". Le devolvió los "apuntes de mis campañas, que había escrito yo en Fraile Muerto, en el año 1818, por orden suya, y me los alcanzó diciendo: Estos apuntes los hizo usted muy a la ligera; es menester que usted los recorra y detalle más prolijamente y me los traiga". Tenía momentos en que rogaba que le dejaran solo. Su amigo el exgobernador de Córdoba, doctor Castro, que le preguntó el por qué de su voluntaria soledad, obtuvo esta respuesta:

-Pienso en la eternidad, adonde voy, y en la tierra querida que dejo… La indigencia le amargaba sus días finales. El gobernador interino, Ramos Mejía, le socorrió con unos pesos. Para poder pagar sus deudas, solicitó Belgrano que se le diera otra cantidad mayor a cuenta de sus haberes. El gobernador pasó su solicitud a la Junta de Representantes. Los hombres que la formaban tenían entonces preocupaciones de mucho interés y no disponían de mucho tiempo para gastarlo en atender al hombre de Mayo, que moría lentamente en la pobreza. Hicieron a un lado la solicitud. Llegó Balbín, su buen amigo, de Tucumán, unos días antes de que expirara. -Amigo –le dijo Belgrano, mi situación es cruel. Me hallo muy malo. Duraré muy pocos días. Espero la muerte sin temor, pero me llevo al sepulcro un sentimiento… -Dígamelo usted, si puede saberse… -El de que muero tan pobre que no tengo con qué pagarle el dinero que usted me prestó, aunque no lo perderá. El Gobierno me debe algunos miles

de pesos, y luego que el país se tranquilice, se los pagarán de mi albacea, quien queda encargado de satisfacer la deuda. Balbín estaba ya casi tan pobre como su amigo. La intranquilidad del país, que era el nombre que se le daba a la anarquía naciente, le dejaba sin blanca. En setiembre, el día 26, publicaba un aviso en La Estrella del Sud, de Buenos Aires, ofreciéndose para "enseñar a la perfección y en poco tiempo los idiomas francés, español y latín, por solo cuatro pesos al mes"… Belgrano dictó y firmó su testamento veinticinco días antes de morir, el mismo en que se cumplía la primera década de la Revolución. En él encargaba a su hermano, el canónigo, del cuidado de "sus escuelas". En secreto, encomendó al mismo que, una vez pagadas todas sus deudas, aplicara el sobrante al cuidado y educación de la hija que dejaba en Tucumán, Manuela Mónica, que fue luego "dechado de virtud y amabilidad, tan semejante a su padre en la fisonomía como en la dulzura de su carácter", según los

Apuntes del general Ignacio Álvarez Thomas, escritos en 1846. Regaló su reloj de oro al doctor Redhead: "Es todo cuanto tengo que dar a este hombre bueno y generoso". El 19 de junio dio un beso a su hermana Juana, para pagarle sus amorosos desvelos, y en la mañana del otro día, a las siete, expiró suspirando: -¡Ay, Patria mía!... Hecha la autopsia de su cadáver, se comprobó con asombro que "el corazón era más grande que el del común de los mortales", lo que debía ser uno de los efectos de su enfermedad. Se le amortajó con un hábito de Santo Domingo, pues así lo dejó pedido, y en un féretro de madera de pino, recubierto de tela negra, lleváronlo sus hermanos y algunos pocos amigos la media cuadra que distaba su casa del convento dominico, y allí, a la entrada de la iglesia, al pie de la pilastra derecha del arco central, le cavaron la fosa. Una losa de mármol blanco, trozo de la cubierta de una cómoda que había pertenecido a la madre, lo cubrió con la leyenda: "Aquí yace el general Belgrano".


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