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Hacia la formación del Primer Gobierno Patrio Luego de las invasiones inglesas y de la respectiva victoria de las tropas criollas ante estas, un sentimiento de unidad y fuerza emergió entre la población rioplatense. España vivía desde 1808 el avance de tropas napoleónicas y su poder político y económico se debilitó. En efecto, sus colonias americanas se vieron desatendidas y desabastecidas durante todo este tiempo. El siglo XIX comenzaba así con grandes cambios políticos y económicos. El Virreinato del Río de la Plata ya contaba con una elite intelectual, un sector comerciante —que a su vez estaba imposibilitado para comerciar libremente con Inglaterra— y un grupo de criollos armados que cada vez fortalecían más su poder militar. El descontento entre los criollos de Buenos Aires crecía a la par de las pretensiones de organizar un gobierno autónomo y la práctica del libre comercio. Así, un proceso intelectual, comercial y militar con ideas independentistas comenzó a desarrollarse en el
Virreinato del Río de la Plata. El 13 de mayo de 1810 llegó la noticia de que Sevilla había caído en manos de las tropas de Napoleón. Sevilla era el último bastión del poder español y de esta manera el virrey Cisneros se vio obligado a ceder ante la iniciativa de los criollos revolucionarios de Buenos Aires que pedían una convocatoria a Cabildo Abierto. Con una participación de aproximadamente doscientas cincuenta personas, el 22 de mayo se realizó una sesión de Cabildo Abierto en la que se decidió destituir al virrey Cisneros. El pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo el 25 de mayo, creando una Junta de Gobierno integrada por Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Se iniciaba así el proceso revolucionario que desembocaría en la declaración de la Independencia el 9 de
julio de 1816.
El camino La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos ocurridos en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, en ese entonces dependiente del rey de España, y que tuvieron como consecuencia la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de Gobierno. Mucho se ha hablado y se hablará de esta fecha, porque es parte fundamental de nuestra historia y más allá de puntos de vista y opiniones marcó un antes y un después en el desarrollo de nuestro país. Es importante siempre recordar que los eventos de la Revolución de Mayo sucedieron durante el transcurso de la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo, fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central, y el 25 de mayo, fecha de asunción de
la Primera Junta.
El principio de la historia La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de
Bayona y su lugar ocupado por José Bonaparte. La declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 de Gran Bretaña sirvió como un ejemplo para los criollos de que una revolución e independencia en Hispanoamérica eran posibles, además de que a finales del siglo XVIII se habían comenzado a difundir los ideales de la Revolución francesa de 1789. Estos factores, más otros de orden interno, propiciaron la Revolución de Mayo que dio lugar al naciomiento
del Estado Argentino.
La Revolución de Mayo Todo comenzó el viernes 18, cuando Virrey Cisneros le comunica al pueblo la caída de Andalucía en poder de los franceses, lo que ya había sido conocido debido a que habían llegado noticias a Montevideo al recalar una fragata inglesa. Los Patriotas realizaron una reunión con el Jefe del Regimiento de Pa(Continúa en pág. 15)
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(Viene de pág. 15) tricios, Cornelio Saavedra, ya que consideraban oportuno poner en acción sus ideas revolucionarias. El sábado, los Patriotas comisionan a Castelli ya que pretendían presentarse ante el síndico procurador Julián de Leiva, y a la vez, por otro lado a Manuel Belgrano y a Cornelio Saavedra le pidieron que se acercaran ante el Alcalde en primer Voto, Juan José Lezica, para que con la aceptación del Virrey Cisneros, se convocara un Cabildo Abierto y así el pueblo podía decidir su destino. En tanto, el 20 de mayo de 1810, el Virrey Cisneros, ya enterado del pedido, se reunió con las Fuerzas Militares y Saavedra no fue muy enérgico en su posición, entonces Cisneros no pudo resolver nada. Los revolucionarios, no haciendo mucho caso del enojo del virrey, envían a Martín Rodríguez y a Castelli, quienes logran que se convoque a un Cabildo Abierto para poder deliberar el destino del pueblo. El lunes los vecinos apoyaban la solicitud del Cabildo Abierto, los regidores recibieron por parte del Virrey Cisneros una autorización
escrita, en la cual se accedía a la voluntad de pueblo de convocar a una sesión pública para el día 22 de mayo, a la cual se invitó a la parte más representativa del vecindario. El 22 de Mayo con un público de doscientas cincuentas personas se reunió el Cabildo Abierto. Primero se hizo un debate, que fue iniciado por Justo Núñez, escribano del Cabildo, prosiguió Benito de Lué y Riega, Obispo de Buenos Aires, ambos aconsejaban no innovar. El doctor Juan José Castelli, expuso y defendió las ideas revolucionarias de los Patriotas, exaltando los derechos del pueblo de Buenos Aires para ejercer la soberanía y conseguir un Gobierno Propio. Ruiz Huidobro, militar, continuó con el uso de la palabra y expuso que habiendo cesado en el cargo el Rey Fernando VII, también caducaba el mando del Virrey Cisneros, y que el Cabildo debía decidir el sucesor. Siguieron otras exposiciones, y posteriormente se realizó una votación, pero dado lo extenso de las sesiones de ese día, y lo avanzado de la hora, se dejó el escrutinio para el día siguiente.
El miércoles, antes del votar, fueron expuestas opiniones muy diversas. Debido a la falta de unidad en las ideas los síndicos quisieron aprovecharse para así, designar como presidente de la Junta provisional al propio Cisneros. Se realizó el escrutinio y el resultado fue de155 votos para la "Destitución del Virrey", 89 votos "Por la continuación del Virrey solo o con asesores" y 27 personas "No votaron". El 24 de mayo en una reunión en el Cabildo se dispuso que la Junta de Gobierno fuera presidida por Cisneros, dos españoles: Juan Solá y José Santos Incháurregui y dos criollos: Castelli y Saavedra. Los cuales con el asesoramiento del síndico reaccionario español Julián de Leiva, redactaron un Reglamento. Juraron ese día y fueron aprobados por los mandos militares.Por trascendidos se supo que continuaba al mando el Virrey Cisneros, comenzó a agitarse la población agrupada en la Plaza Mayor, encabezados por French, Beruti y otros. Los patriotas revolucionarios, reunidos, hicieron ver el error a Castelli, quien dijo que elevaría su renuncia y sugeriría la misma actitud a
Saavedra. Eran apoyados por los regimientos de Arribeños y Patricios. Los dos criollos miembros de esta Junta, presentaron su renuncia, esa misma noche. Y el síndico volvió a citar para el día siguiente. En la casa de Rodríguez Peña estuvieron reunidos toda la noche los patriotas, deliberando cuáles de los miembros debían integrar una lista que será presentada
ante el Cabildo.
El viernes 25 de mayo de 1810 Los cabildantes aceptaron la renuncia indeclinable del Virrey Cisneros, el cual, aceptó el descontento popular hacia su investidura; los jefes militares le negaban su apoyo. Después de muchos artilugios del síndico Leiva para coartar los objetivos
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patriotas, los cabildantes decidieron aceptar la Junta revolucionaria presentada, avalada por firmas, y respaldada por el pueblo en la Plaza, quedó integrada: Comandante de Armas Cornelio Saavedra (presidente), Juan José Paso y Mariano Moreno (secretarios) y Manuel Alberti, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Domingo Matheu y Juan Larrea (Vocales).
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¿Qué hay de mito y qué de verdad del 25 de Mayo? En toda historia se refleja la visión del que la cuenta, más si se trata de un escrito. El resto de las personas, que el correr del tiempo, añaden sucesos a los acontecidos e incluso mitos que decoran el relato. El 25 de Mayo de 1810 no es la excepción. Se habla que una multitud reunida frente al Cabildo esperaba saber "de qué se trata", enfundada con escarapelas celestes y blancas entregadas por French y Berutti. Las mujeres lucían peinetones, los paraguas abundaban y el sereno daba la hora. Se trata de un relato que se ha transmitido a través de las generaciones, que forma parte del inconsciente colectivo de los argentinos, aparece en las escuelas y hasta en los actos oficiales. Pero si tuviéramos la posibilidad de viajar al pasado, la imagen que encontraríamos sería definitivamente muy distinta.
La otra cara de la historia En primer lugar, la multi-
tud que uno podría imaginar no era tal. "En ese momento, Buenos Aires tenía 50.000 habitantes y los que firmaron el petitorio para que se nombrara a una nueva junta el 25 de Mayo fueron 411", puntualizó la historiadora Ana Castro. Una vez que la junta presidida por Cornelio Saavedra juró, cada uno en su cargo, se instaló rápidamente en el fuerte. "En ese momento se desencadena la lluvia y todo el mundo se va a su casa. Ahí termina el 25 de Mayo", explicó la experta que aclaró que no hubo festejo. También se aclara que pudo haber gente vendiendo, pero haciendo su trabajo habitual. "Las actas del Cabildo están clarísimas: el pueblo no estaba participando", remarcó la historiadora con datos que suman para tener una idea de lo que era el contexto alrededor del Cabildo aquella mañana de lluvia. El historiador Daniel Balmaceda explicó que la concepción que en ese momento se daba a la palabra "pueblo" era muy diferente a
la actual. "El pueblo se llamaba a los vecinos importantes, los que tenían peso político e incluía militares, sacerdotes y profesionales", precisó. "La expresión se ha transmitido de forma incorrecta ya que en su lugar la frase que se escuchaba era ‘el pueblo quiere saber lo que se trata’. Esto hacía referencia a los temas que se estaban discutiendo, en qué se estaban ocupando", especificó el hombre. Otro mito que se sigue transmitiendo es el que dice que Domingo French y Antonio Berutti repartieron escarapelas celestes y blancas durante esos días, cuando la misma fue creada dos años después en 1812. Un fragmento aclara que no fue tan así como se cuenta hoy en día. "Amanecieron lunes en Plaza Mayor bastante porción de encapotados con cintas blancas al sombrero y casacas en señal de unión entre americanos y europeos, y el retrato de nuestro amado monarca (Fernando Séptimo) en el cintillo del
sombrero, de que vestían a todo el que pasaba por allí. Comandábalos French, el del Correo, y Berutti, el de Cajas...". En los actos que conmemoran el 25 de Mayo siempre se destacan las damas antiguas vestidas con sus faldas anchas y peinetones, cuando en realidad este último accesorio todavía no se había inventado. Los peinetones aparecieron recién en 1828. Otro personaje que suele estar inmerso en toda representación de aquella época es el sereno que se popularizó por su pregón "Las doce han dado y sereno". "El sereno era el que anunciaba si había buen o mal tiempo, pero no existió hasta 1830", indicó el historiador. "En 1810, el paraguas ya se conocía en Buenos Aires, pero habían muy pocos porque era un elemento de lujo", detalló Balmaceda y estimó que si estuvieron presentes aquel histórico día no fueron más de dos. "De todas formas no eran iguales al objeto que conocemos hoy: eran de diámetro mucho más chico y no eran impermeables", se-
ñaló. De todo y de un poco de cada uno se construye la historia y la del 25 de Mayo no es distinta, aunque imaginar-
la a nuestra manera tampoco está mal, siempre y cuando no deje de ser la fecha que dio origgen al primer gobierno patrio.
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Los antecedentes y las causas de la Revolución de Mayo (Delfina López.-) Puede decirse que existen dos causas fundamentales por las cuales se produjo la Revolución de Mayo. Por un lado, estas tierras y su gente ya tenían una madurez histórica considerable, y no era alocado para los criollos aspirar a un gobierno propio. Como consecuencia de la Revolución Francesa producida en 1789, muchas ideas liberales y revolucionarias influenciaban a los intelectuales de la época, sobre todo a importantes hombres de estas tierras como Mariano Moreno. Por otra parte, el Estado Español se encontraba en una decadencia política, material y espiritual, crisis que se acrecentó tras la invasión napoleónica en 1808. Es por eso que los hechos ocurridos en Mayo de 1810 son difíciles de comprender si no se hace una revisión que lo que acontecía en aquel momento en el resto del mundo. Las dos naciones más importantes del momento –Francia e Inglaterra-, estaban en gue-
rra, desatada por la lucha por el control del mercado europeo, tras la Revolución Industrial. Inglaterra, además de pretender una hegemonía en el mercado europeo, aspiraba a reemplazar a España en el dominio económico sobre sus colonias.
Se levanta el Alto Perú Cuando Napoleón toma la Península Ibérica, el rey Carlos IV de España le cede la corona a su hijo, Fernando VII, y éste, a su vez, a José Bonaparte, el hermano de Napoleón. Con la deportación de los reyes a Francia, se forma la Junta Central y Suprema de Sevilla, noticia que llegó en septiembre de 1808 a la ciudad de Chuquisaca – actual ciudad de Sucre, Bolivia-, junto a la de la prisión de los reyes españoles. En la universidad y los ambientes intelectuales comenzó la agitación ante la duda de si debía seguirse la suerte de España o resistir en
América. "Si estos territorios le pertenecían a España y el rey está impedido de reinar, América debería gobernarse a sí misma", planteó el joven tucumano Bernardo de Monteagudo, estableciendo el famoso "silogismo de Chuquisaca", uno de los argumentos revolucionarios que desataron el 25 de mayo de 1809 el levantamiento emancipador en el Alto Perú. El entonces teniente general Baltasar Cisneros ordenó una brutal represión contra los rebeldes, causando centenares de muertos, y ordenando crueles torturas, sin importar edad ni sexo. Estas noticias no tardaron en desparramarse, causando indignación y malestar en todos los criollos del virreinato.
Buenos Aires se agita: la Revolución de Mayo El 13 de mayo de 1810 llegó a Montevideo un barco inglés trayendo al Río de la Plata una importante noticia:
en enero de ese año, Sevilla había caído también en manos de Napoleón. De esta manera, la Junta Central, el último bastión de poder español que los americanos reconocían, había sido disuelto. Aunque Cisneros, ya nombrado virrey, trató de ocultar las novedades, la noticia no tardó en difundirse, por lo que no tuvo otra alternativa más que dar a conocer oficialmente la información, a través de una proclama. Esta situación que acaecía en España cuestionaba firmemente su legitimidad, y pese a los deseos de que todo transcurriera según su voluntad, los criollos lo presionaron para que llamase a un Cabildo Abierto, que quedó fijado para el día 22 de mayo. Durante el Cabildo Abierto, uno de los ejes de la discusión fue si Cisneros debía permanecer o no en su cargo. El debate fue muy acalorado y despertó pasiones en ambos bandos. Aquel 22 de mayo casi todos los asistentes aprobaron la destitución del vi-
rrey, aunque no se ponían de acuerdo sobre quién debía asumir el poder y por qué medios. Hubo dos propuestas: la de Juan José Castelli, quien propuso que fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una Junta de Gobierno; y la de Cornelio Saavedra, la elegida, que prefirió que el nuevo gobierno sea organizado por el propio Cabildo. Al día siguiente, y en una maniobra maliciosa, los conservadores del Cabildo, adeptos al virrey, nombraron una Junta presidida por el propio Cisneros, lo que provocó un gran descontento popular y la reacción de las milicias. La noche del 24 de mayo, una delegación encabezada por Castelli y Saavedra, se hizo presente en la casa de Cisneros y logró a la fuerza que el virrey renuncie. De esta manera, la Junta nombrada el día anterior quedaba disuelta, por lo que se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente. El 25 de mayo de 1810, grupos de vecinos de la ciu-
dad y las milicias comandadas por French y Beruti –ver nota aparte-, se reunieron en la plaza frente al cabildo aguardando la formación del nuevo gobierno. Finalmente, se anunció la formación de la Primera Junta de Gobierno, presidida por Cornelio Saavedra, con los abogados Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, y los abogados Manuel Belgrano y Juan José Castelli: el militar Miguel de Azcuénaga; el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes españoles Juan Larrea y Domingo Matheu como vocales. La Revolución estaba en marcha. Quedaba por ver qué caminos tomaría.
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Diez cosas que no sabías del 25 de Mayo Los masones como artífices de la Revolución, el destino de traición y olvido para los hombres de la Junta, la resistencia de Mendoza y otras provincias. Lo que no te contaron en la escuela. La Revolución de 1810 transformó la realidad de la época, ¿pero fue realmente una revolución?, ¿cómo fue la trama del proceso que llevaría a los conflictivos hechos de la Semana de Mayo?, ¿quiénes fueron realmente los protagonistas del 25? En esta nota intentamos iluminar algunos aspectos ocultos, o escamoteados, por la historia "vieja" oficial argentina.
1) Cintas blancas y rojas Era viernes. En la mañana del 25 en la Plaza de la Victoria había parte de las tropas y no más de mil personas. Algunos llevaban en sus pechos cintitas azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían usado durante las invasiones inglesas, pero French y Beruti repartían cintas blancas y rojas, colores que simbolizaban la unión entre americanos y europeos. Según otra postura, el color blanco representaba la paz y la roja a la guerra. Un grupo de jóvenes, enviados los morenistas,
gritaban consignas para alentar a la gente.
2) Pocos paraguas y a oscuras El viento y la garúa constantes habían hecho que la gente se retirara de la plaza y los que se quedaron, un centenar de personas que soportaban el clima durante la tarde, se protegía bajo los aleros de las casas y galerías aledañas. La lluvia impedía que se encendieran las luminarias; las candilejas y faroles alimentados con aceite de potro o de bagual se apagaban, por eso se abrieron los postigos de todas las ventanas iluminadas desde el interior de las casas con candelabros. Muy pocos tenían paraguas, un artículo caro y de lujo, importado de Inglaterra y que vendía una sola tienda.
3) Mujeres Un grupo de damas entusiastas que conocían los secretos de la revolución desde hacía tiempo, entre ellas,
las mujeres de la familia Vieytes, estaban en la Plaza de la Victoria, mezcladas con la multitud. Cinco días antes Casilda Igarzábal, esposa de Nicolás Rodríguez Peña, junto con otras mujeres instó a Cornelio Saavedra a oponerse a Cisneros.
4) En nombre del rey La Primera Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Para algunos era una estrategia a la que llamaron la "máscara de Fernando". Pensaban que todavía no había llegado el momento. Los revolucionarios fueron conservadores, no declararon la independencia. En el Río de la Plata se siguió jurando en nombre de Fernando VII con la bandera española flameando en el Fuerte de Buenos Aires hasta 1815. La emancipación formal llegaría el 9 de julio de 1816. Así lo recuerda Saavedra en sus memorias: "Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando
VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos".
5) La Primera Junta, un acuerdo político La composición de la Primera Junta, en realidad, la Segunda Junta, surgió de un escrito presentado por French y Beruti respaldado por un gran número de firmas. En el Cabildo Abierto
del 22 de mayo de 1810, el pueblo había votado la destitución del virrey Cisneros y pidió al Cabildo asumiera el poder y nombrara una Junta. Pero el Cabildo interpretó esto a su manera y nombró una Junta presidida por el exvirrey. Fue un escándalo: esta Junta renunció el 24. El 25 de mayo, por la presión popular, se nombró una Segunda Junta. Los nombres de sus integrantes fue el resulta-
do de una negociación entre tres partidos, que habrían ubicado a tres candidatos cada uno: los carlotistas, los juntistas o alzaguistas, y el "partido miliciano". Belgrano, Castelli y Paso eran carlotistas. Los partidarios de Álzaga eran Moreno, Matheu y Larrea. Saavedra y Azcuénaga representaban al poder de las milicias formadas du(Continúa en pág. 19)
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(Viene de pág. 18) rante las invasiones inglesas; en el caso de Alberti, esta pertenencia es más problemática.
6) Más un cambio de gobierno que una revolución
En 1810 Buenos Aires tenía una población de 45.000 habitantes, los sectores populares estaban formados por grupos muy amplios y heterogéneos de personas, incluidos los esclavos, que trabajaban como artesanos, peones, jornaleros, vendedores ambulantes y demás. No se puede saber con exactitud cuántos de ellos participaron en el movimiento revolucionario porque no hay documentos. De ahí que los historiadores concuerden en la idea de que el 25 de mayo no se produjo una revolución sino que a partir de esa fecha el proceso revolucionario comenzó a dar sus primeros pasos.
7) No fue una revolución popular Uno de los mitos sobre "la Semana de Mayo" es que se trató de una revolución popular. Lejos de ello fue una revuelta de un sector de la
clase "decente" de criollos y españoles adinerados que temían la participación de la "chusma" tanto como los partidarios del virrey. Por eso, cuando las cosas arrancaron en la dirección incorrecta y Saavedra y Castelli insólitamente aceptaron el 24 de mayo integrar una Junta presidida por Cisneros, en una actitud que parecía una la traición, Beruti, líder de los "chisperos" que integraban la temible "Legión infernal" amenazó con que tañiría la campana del Cabildo para convocar al pueblo. El susto de los españoles y criollos, partidarios y contrarios de la continuidad del virrey, hizo que todo volviese atrás.
8) Fue resistida en Mendoza y otras provincias El haber derrocado al virrey y a la junta que en principio se había formado para representarlo, reemplazándolos por la Primera Junta fue algo escandaloso para muchos y por lo tanto las primeras reacciones en el virreinato ante lo sucedido fueron disímiles. En Córdoba se armó una contrarrevolución presidida por Liniers; Mendoza tuvo algunas reticencias en aceptar a la Junta; en
Salta hubo muchas discusiones; la resistencia fue activa en el Alto Perú, Paraguay y Montevideo. Mendoza en un primer momento dudó pero luego apoyó a la Revolución. Nuestra provincia no tuvo durante los primeros años un peso determinante y se limitó a enviar a sus diputados a la Junta, entre ellos, Tomás Godoy Cruz. Adquirió un peso mayor a partir de 1814 y cuando el plan de San Martín se empieza a ejecutar desde Mendoza y se instala aquí con una base fuerte.
9) La Masonería estuvo detrás de la Revolución de Mayo Según algunos historiadores el movimiento de mayo de 1810 fue promovido por dos logias masónicas: La Logia Independencia y la Sociedad de los Siete. La primera nació en 1810 y estuvo presidida por Julián Álvarez: esta logia habría servido de base para la creación de la Logia Lautaro de San Martín y Alvear. La Sociedad de los Siete nació con el movimiento revolucionario del 25 de mayo de 1809 (ocurrido en Chuquisaca y que fuera antecedente del 25 de mayo de 1810), y llegó a tener nueve miembros: Matías Irigoyen,
Castelli, Chiclana, Donado, Paso, Nicolás Rodríguez Peña, Vieytes, Belgrano, y Beruti: todos eran masones. La mayoría de ellos tuvieron participación fundamental en las reuniones de la jabonería de Vieytes, en el Café de Marco (las dos cocinas de la revolución), y en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. De los nueve miembros de la Sociedad de los Siete, tres formaron parte de la Primera Junta: Paso, Castelli y Belgrano. Esta sociedad secreta fue un desprendimiento de una logia anterior llamada Logia San Juan de Jerusalem, que tenía entre sus miembros a Peña y Vieytes, quienes iniciaron en dicha logia a Belgrano, Beruti, Paso, Saavedra, Álvarez Thomas, y a los tres hermanos Balcarce. Otros historiadores sostienen que las logias mencionadas nacieron de influencias de logias inglesas durante las invasiones a Buenos Aires en 1806 y 1807.
10) Enfermedad, traición y olvido para los hombres de la Junta *Saavedra: Fue destituido, y luego restituido en sus grados militares. Estuvo un
tiempo confinado en Arrecifes y luego volvió rehabilitado para desempeñar cargos militares de escasa importancia. Murió absolutamente olvidado. *Moreno: Su paso por el poder fue efímero pero intenso. Murió en alta mar en una fragata inglesa, cuando viajaba a Londres a cumplir una misión encomendada por la Junta. Su hermano Manuel siempre sostuvo que Mariano fue envenenado por disposición de sus enemigos. *Paso: Desempeñó cargos importantes durante mucho tiempo y militó en la Masonería en mayo de 1810. Murió en 1833 a los 72 años, y en el más absoluto olvido. *Alberti: Durante una acalorada reunión en el Fuerte el sacerdote murió de un síncope el 2 de febrero de 1811. Tenía 48 años. *Azcuénaga: Fue el único miembro de la Junta que tuvo una vida feliz y tranquila junto a su familia. Murió en 1833 en su finca, donde actualmente se encuentra emplazada la Residencia Presidencial de Olivos. *Belgrano: Murió en 1820 de múltiples enfermedades y en la más absoluta pobreza. Su lápida fue confeccionada con un mármol de una cómoda perteneciente a su herma-
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na. No tenía dinero ni para su funeral. *Castelli: Fue procesado militarmente por su actuación en el desastre de Huaqui y por sus diferencias con Viamonte. El 12 de octubre de 1812 murió en prisión víctima de un cáncer de lengua provocado por la quemadura de un cigarro. Fue el principal orador del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. *Larrea: Fue un comerciante que ganó y perdió varias veces su fortuna. En 1847, desesperado por no poder levantar un pagaré, se suicidó de un navajazo. *Matheu: Luego de ocupar algunos cargos, en 1847 se alejó de la función pública por su estado de salud y se dedicó hasta sus últimos días a ser un comerciante de bajo perfil. Fuentes: Diario de Buenos Aires 1810, de Roberto L. Elissalde; Historias argentinas de Pacho O’Donnell; Hombres de Mayo. Quiénes hicieron la Revolución, de Ricardo De Titto; La masonería: política y sociedades secretas, de Emilio Corbiére; Buenos Aires de Fiesta. Luces y sombras del Centenario, de Ricardo Warson, Lucas Rentero y Gabriel Di Meglio.
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LA PRIMERA JUNTA
El perfil de los integrantes del Primer Gobierno Patrio Presidente El presidente de la Primera Junta fue Cornelio Saavedra, nacido un 15 de setiembre de 1759 en la ciudad de Potosí, Bolivia. De pequeño se radicó con su familia en la ciudad de Buenos Aires, donde asistió al colegio, el cual no pudo terminar, por lo que pasó luego a dedicarse a tareas rurales. En 1797, inició su carrera en la función pública como regidor. Su destacada actuación le valió, dos años más tarde, la designación de procurador y, en 1801, la de alcalde de primer voto. Las invasiones inglesas parecen descubrir en Saavedra una nueva vocación: la militar. En 1806, tras combatir en la primera invasión inglesa, organizó el Regimiento de Patricios, el cual lideró durante la segunda invasión británica, ocurrida en 1807. Tuvo activa participación en las reuniones previas a la Revolución, así como también en el Cabildo Abierto
del 22 de mayo, siendo designado presidente de la Primera Junta. Durante su mandato mantuvo disidencias con Mariano Moreno, secretario de dicho cuerpo, ya que Saavedra representaba a lo sectores conservadores, defensores de sus privilegios y, por lo tanto, favorables al mantenimiento de la situación social anterior. En 1811, mientras se encontraba de misión en Salta, fue destituido de su cargo y confinado a San Juan - y más tarde a Chile -. En 1818, el Congreso lo rehabilitó y fue ascendido a Brigadier General. En 1822 se retiró del ejército. Ya mayor, ofreció su participación en la guerra contra Brasil, petición que fue rechazada por su avanzada edad. Falleció el 29 de marzo de 1829.
Secretarios Juan José Paso fue un jurisconsulto argentino, nacido en Buenos Aires el 2 de enero de 1758. Estudió en el
Colegio Monserrat de Córdoba y, posteriormente, se graduó como doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Córdoba y allí enseñó filosofía hasta 1781. En 1802 regresó a Buenos Aires y fue nombrado fiscal de la Audiencia en 1803 y diputado del Consulado en 1806. Tuvo activa participación en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, siendo elegido, una vez constituida la Primera Junta, secretario de dicho cuerpo junto a Mariano Moreno. Entre 1811 y 1812 formó parte de los dos Triunviratos y en 1813 tuvo una activa participación en la Asamblea General Constituyente. Como diputado por Buenos Aires participó del Congreso de Tucumán - que declaró la independencia el 9 de julio de 1816 -, del cual también fue secretario. Fue electo diputado para el Congreso de 1824 en el que presentó importantes proyectos para la creación del primer banco y la organización del ejército. Tras la
firma de la Constitución unitaria de 1826, Paso se retiró de la política. Falleció en Buenos Aires el 10 de setiembre de 1833. Mariano Moreno fue un jurisconsulto y político argentino, nacido en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1778. Estudió en el Colegio de San Carlos y, más tarde, en la Universidad de Chuquisaca, en donde se recibió de abogado en 1804. De regreso a Buenos Aires, comenzó a desarrollar su carrera profesional. Participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, siendo designado posteriormente secretario de la Primera Junta. Fundador y primer editor de La Gazeta de Buenos Aires, también propició la creación de una biblioteca pública de índole nacional. Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio administrativo, y se proponían cambiaos sociales y económicos más profundos. En 1811 trató de oponer-
se, aunque sin éxito, a la incorporación de diputados del interior a la Primera Junta. Al no lograr su objetivo renunció, asumiendo la tarea de encabezar una misión diplomática en Londres. Durante el viaje a la capital británica, sufrió algunos malestares y el capitán del barco- un misterioso inglés que se negó a dejar descender a la tripulación en el puerto más cercano- le proporcionó unas gotas de un supuesto remedio, que lo enfermaban cada vez. Finalmente, el 4 de marzo de
1811, le suministró un vaso de agua con cuatro gramos de antimonio tartarizado, un fuertísimo veneno que acabó con su vida
Vocales Manuel Belgrano fue un prestigioso abogado, político y militar argentino. Nació en la Ciudad de Buenos Aires y allí comenzó a cursar sus estudios para luego continuarlos en España, lugar en (Continúa en pág. 21)
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(Viene de pág. 20) donde se graduó en derecho. Fue, desde 1794, secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, creó la Academia de Náutica en 1799 y, como capitán de las milicias urbanas, participó en las Invasiones Inglesas. Durante la Revolución de Mayo de 1810, en cuya preparación participó activamente, fue elegido vocal de la Primera Junta. Comandó la Campaña al Paraguay y la Segunda Expedición al Alto Perú. Allí combatió en varias batallas con suerte diversa y se destacó especialmente en las victorias de Salta y Tucumán. Creó la bandera nacional, que fue adoptada como distintivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1814 fue enviado en misión diplomática a Europa, junto a Bernardino Rivadavia, y, cuando regresó - al tiempo de celebrarse el Congreso de Tucumán, en 1816 - expuso en sus sesiones el propósito de organizar el gobierno como una monarquía moderada en favor de un inca. Murió un 20 de junio de hidropesía en Buenos Aires, sumido en la más profunda pobreza. Para honrar su memoria, se instituyó
esa fecha como el Día de la Bandera. Juan José Castelli fue un político y abogado argentino. Era primo de Manuel Belgrano y nació un 19 de julio en la Ciudad de Buenos Aires. Fue secretario interino del Consulado de Comercio y Regidor del Cabildo. En la historia argentina se lo conoce como "el orador de la revolución de mayo" porque fue uno de los que sostuvo la posición más extrema: estaba a favor de la caducidad del gobierno de España y de la necesidad de que el poder volviera al pueblo. Como vocal de la Primera Junta apoyó las ideas políticas de Mariano Moreno. Firme y enérgico, creía en medidas fuertes para aplastar a toda la oposición, por eso, mandó ejecutar sin miramientos a Santiago de Liniers y a otros líderes que habían intervenido en una conspiración contra la Junta. Se unió en el Alto Perú al ejército de Antonio González Balcarce como promotor de la revolución. Pero la victoria del general Goyeneche sobre las fuerzas patriotas en Huaqui en junio de 1811 tuvo como consecuencia un largo proceso conocido como
"Desaguadero" y Castelli fue separado de su cargo y desterrado. En diciembre se le inició un sumario pero la justicia no alcanzó a pronunciarse: el 12 de octubre de 1812, Castelli moría en Buenos Aires, pobre y calumniado, de un devastador cáncer en la lengua. Manuel Alberti fue un sacerdote patriota vinculado al movimiento revolucionario nació en la Ciudad de Buenos Aires un 28 de mayo de 1763. Se recibió de Doctor en Teología en la Universidad de Córdoba. Participó activamente de las jornadas de mayo de 1810: junto a 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del Virrey Cisneros durante el Cabildo Abierto del día 22, documento fundamental que antecede a los sucesos del viernes 25. Dueño de un discurso moderado pero sustancioso, fue uno de los elegidos para integrar la Primera Junta de Gobierno y, se afirma, era uno de sus miembros más ilustrados. Fue uno de los redactores de "La Gazeta de Buenos Aires", según consta en el decreto de su fundación. A pesar de su condición de clérigo, aceptó el Plan Revolucionario de Operaciones
ideado por Mariano Moreno que exigía la pena de muerte para todo aquel que se manifestara en contra de las acciones revolucionarias. Murió de manera repentina en Buenos Aires un 2 de febrero de 1811. En 1822 una calle de esa ciudad fue bautizada con su nombre y el 19 de junio de 1910 se inauguró en el barrio de Belgrano una estatua en su honor. Miguel de Azcuénaga fue un político y militar argentino nacido en 1754. Cursó sus estudios en Sevilla, España, y regresó a Buenos Aires en 1773 para ingresar en el Cuerpo de Artillería del Ejército. Combatió en territorio uruguayo contra los portugueses y participó en la defensa de Buenos Aires durante los ataques ingleses de 1806 y 1807. Durante la Revolución de Mayo de 1810 fue designado vocal de la Primera Junta, cargo del que fue separado en la revolución del 5 y 6 de abril de 1811 y por el que tuvo que exiliarse en San Juan. Al año siguiente regresó fue Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y uno de los constituyentes de 1819. Su último cargo político fue el de diputado del Congreso de Tucumán. En
el ámbito militar, representó a las Provincias Unidas del Río de la Plata en las negociaciones posteriores al final de la Guerra Argentino-Brasileña en 1828. Falleció en Buenos Aires en 1833. Juan Larrea nació en 1782 en España. Llegó a Buenos Aires desde Cataluña a principios del 1800 para establecerse como comerciante. Durante las invasiones inglesas de 1806 fue designado capitán de un cuerpo de voluntarios catalanes y luego se unió al Partido Republicano para derrocar al Virrey Sobremonte en 1807. Sin descuidar su trabajo mercantil, Larrea siguió participando en actividades políticas y fue elegido vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio de 1810. Durante la sublevación del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado de su cargo y se exilió en San Juan. Regresó a Buenos Aires dos años después, cuando se instituyó el Segundo Triunvirato, para convertirse en uno de los miembros más participativos de la Asamblea Constituyente de 1813. Fue el responsable de la creación de la Escuadra Naval en 1814, que bajo el man-
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do de Guillermo Brown obligó a los realistas a salir de las aguas del Río de la Plata. Su último cargo público fue el de Cónsul Argentino en Francia. De vuelta en Buenos Aires, y abocado al comercio, se suicidó en 1847 por no haber podido levantar un pagaré. Domingo Matheu nació en1765, y fue un piloto de barcos, militar y comerciante catalán que se radicó en Buenos Aires en 1791 para dedicarse a las actividades mercantiles junto a su hermano. Participó de las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807 como Oficial en el Cuerpo de Miñones y jugó un papel decisivo en la Revolución de Mayo de 1810. Ingresó como vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio a los 44 años. Matheu siguió colaborando con los objetivos militares de la Argentina y les ofreció apoyo monetario a las primeras expediciones libertadoras enviadas a Bolivia, Paraguay y Uruguay. Disuelta la Primera Junta, se desempeñó como director de una fábrica de fusiles y tuvo a su cargo la confección de informes militares. Se retiró de la vida política y militar en 1817 y falleció en Buenos Aires en 1831.
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ESPECIAL DÍA DE LA PATRIA
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ASÍ ERA SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AYRES EN 1810
Una muy joven ciudad, pero poco sofisticada
La Buenos Aires de 1810 era una joven ciudad, mucho menos sofisticada que lo que podríamos imaginar. Ya no era un poblado en torno a un puerto de contrabandistas, pero tampoco una cuadrícula ordenada. En ese entonces había polvo por doquier y con las lluvias muchísimo barro con enormes pozos en los que podía caerse una carreta. Los registros señalan que los vecinos construían sus casas con la amalgama que elaboraban a partir de la tierra que sacaban de las calles. Por esta razón las lluvias dejaban charcos que eran verdaderas trampas mortales. Muchos relatos de la época dan cuenta también de la falta de higiene, donde la basura se tiraba en cualquier lado, los animales muertos quedaban tirados, fuera un caballo o un toro, yl os olores no eran menores, mientras que el río hacía lo suyo. Menos de 50 mil personas vivían en Santa María de los Buenos Ayres hacia 1810.
Los españoles e hijos de estos con negocios e influencias dominaban la clase alta, y podían ocupara cargos públicos, luego el resto de sus compatriotas menos favorecidos le seguían en importancia social aunque muchos criollos ya le peleaban en ganancias y poder. Eran los llamados "vecinos". El treinta por ciento de la población era negra y no tenían derechos. Cada familia acaudalada contaba con 25 esclavos y hasta las menos pudientes tenían al menos 10. A los esclavizados se los ocupaba en tareas hogareñas pero también para el comercio como vendedores ambulantes. Había gente de oficio, como talabarteros, albañiles, carpinteros, los que mataban perros o ratas por encargo, herreros, trabajadores portuarios, y los gauchos que carneaban, entre otros. Los comerciantes más pobres y contrabandistas se apostaban en las calles. Era corriente ver a las la-
vanderas con una tabla de madera en la cabeza y sobre ella un bollo de ropa para ir al río a lavar las prendas encargadas. A las mazamorreras los niños las llamaban "tías" y llevaban sobre sus cabezas un gran cuenco de
cuero con mazamorra caliente. El farolero era otro personaje que recorría las calles, con una escalerilla y un farol, iba encendiendo las velas. Y mientras todos llevaban sus vidas como podían, las noticias de Europa llegaban
en barcos y con sus pasajeros, los días agitados en el viejo continente convulsionaban aún más los ánimos por estos lados. Los encuentros en las casas de algunos señores eran cosa diaria, se debatía el futu-
ro, y para ello debían señalar la posición respecto a España y la posibilidad de un nuevo gobierno. Encuentros afiebrados, iluminismo y ecos de la Revolución Francesa en Santa María de los Buenos Ayres.
POR EL 25 DE MAYO
El Papa pidió serenidad, paz y respeto mutuo El Papa Francisco le envió al presidente Mauricio Macri el habitual telegrama de salutación con motivo de la conmemoración del 25 de Mayo, en el que aboga por "un clima de serenidad, paz y respeto" en el país. Por su parte, el Gobierno confirmó que el primer mandatario y todo su gabinete asistirán este jueves al tradicional Te Deum por la fiesta patria que el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, oficiará hoy, a las 10, en la catedral metropolitana. Y al que fueron invitados representantes de los
diversos cultos. El telegrama –difundido por la presidencia de la Nación- dice textualmente: "Con motivo de la fiesta nacional de la República Argentina deseo expresar a vuestra excelencia mi cordial felicitación, que extiendo a todos los hijos de nuestro país, a la vez que pido al Señor que les acompañe en su desarrollo material y espiritual, propiciado por un clima de serenidad, paz y respeto". En 2014, un telegrama de salutación por la misma conmemoración había provoca-
do una fuerte controversia, cuando un funcionario del Vaticano –ante las primeras informaciones- negó que el Papa le haya enviado una carta a la entonces presidenta Cristina Kirchner y advirtió sobre el uso político de la figura de pontífice: "Con el Papa no se juega", dijo. Pero al día siguiente la Santa Sede aclaró que el mensaje existía, aunque era el habitual telegrama por el 25 de Mayo. Al año siguiente -el último del mandato de Cristina-, el Papa decía en el nuevo telegrama por la fecha patria: "En el día en que Argentina Celebra la fiesta nacional, manifiesto a vuestra excelencia mis saludos, que acompaño con mi oración al Señor para que otorgue a todos los argentinos abundantes gracias y los dones de una pacífica convivencia y una creciente prosperidad en Justi-
cia y solidaridad". Finalmente, el año pasado, ya con Macri en la presidencia, el Papa le al mandatario en el telegrama: "En el día en que esta amada Nación celebra su fiesta patria me complace en manifestar a Vuestra Excelencia mi cordial felicitación, que acompaño con mi oración al Señor para que conceda a todos los argentinos copiosos dones de su misericordia que les ayuden a avanzar continuamente en la búsqueda del bien común, la reconciliación y la fraternidad". Al igual que el telegrama, el Te Deum también tuvo lo suyo cuando, en 2014, el presidente Néstor Kirchner decidió no asistir más al oficio en la catedral porteña que oficiaba el entonces cardenal Jorge Bergoglio por sus duras homilías y optó por ir a catedrales del interior.
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TE DEUM, ACTO OFICIAL Y RECITAL
Tradición y festejos populares marcarán la actividad oficial El tradicional Te Deum abre el camino de las conmemoraciones por el 207º aniversario del Primer Gobierno Patrio. El encuentro, como marca la tradición, a partir de las 9:15, es en la Catedral San Rafael. El acto oficial es al término de la celebración religiosa, a las 10, en el Cine Teatro Municipal Manuel Belgrano, en bulevar Santa Fe 555. El lugar fue elegido porque el pronóstico extendido anun-
cia una jornada con una mínima de 16 grados y una máxima de 20 con cierta inestabilidad, con probabilidades de lluvias y tormentas. En el Cine Teatro se llevará a cabo una celebración con palabras alusivas, actuación y abanderados de todas las escuelas. Hay que remarcar que a diferencia de los años anteriores, el miércoles 24 de mayo, a la noche, no habrá Velada de Gala. Posteriormente, en horas
de la tarde, en la Plaza 25 de Mayo, con entrada libre y gratuita, se desarrollará el Festejo Popular con la actuación del Grupo de danza "Amanecer", Gerardo Mescheller, el Ballet "La Salamanca" y Patricia Ratti. En caso de mal tiempo esta actividad se traslada al Cine Teatro Municipal Manuel Belgrano. Se calcula que aproximadamente, la jornada concluye a las 18.30, porque el viernes es día labora-
ble y de clases. Antiguamente se decretaba feriado puente y se extendía a fin de semana largo cuando una fecha patria coincidía, antes o después, con la cercanía de un fin de semana. Las escuelas, en su mayoría, realizaron los actos alusivos el miércoles y, en algunos casos lo harán el viernes a la mañana. Disfraces, actuaciones y relatos históricos, forman parte de estas celebraciones escolares.
ARCHIVO
La Plaza y sus alrededores se visten de fiesta.
Cómo se preparaba el tradicional locro en 1810 En vísperas del 25 de Mayo, en el aniversario 207 de la Revolución de Mayo, se recuerdan y celebran una serie de acontecimientos que marcaron el inicio del proceso de independencia argentino respecto de España. En una época ya fría del año en esta parte del mundo, los platos de olla toman protagonismo. El locro, una de las recetas patrias por excelencia, es el plato que humeaenlasmesasdelosargen-
tinos en esta fecha. En su libro de 2016 "La comida en la historia argentina", el historiador Daniel Balmaceda brinda algunos datos curiosos sobre la preparación de esta receta en la Argentina del 1800. En el libro dice que en la Recova, un imponente edificio que se ubicaba en el centro de la actual Plaza de Mayo,seubicabangeneralmente los vendedores de locro con
sus ollas por esa época. "Llegaban temprano, preparaban un fuego y le daban calor y vueltas al suculento plato que fue comida originaria del pueblo quechua y siempre ha tenido al maíz como elemento principal, aunque también solía prepararse con trigo", relata Balmaceda. Aparentemente, a pesar de la evidente popularidad del locro, la receta cambiaba según
cada cocinero o cocinera. La receta para cinco personas sería: -Habría que usar 400 gramos de de maíz blanco pelado, porción que se conocía como yanuna de maíz (del quichua yanuni: guisar) y lavarlo en agua fría para sacarle restos de afrecho –la cáscara del grano desmenuzada en la molienda– y echarlo en una olla. -En la misma olla había que
poner a hervir 200 gramos de porotos y hueso o una cucharada de grasa vacuna o porcina, tres litros de agua y una cucharada de sal gruesa. -Mientras tanto se agregaba una cebolla entera y carne picada a cuchillo o un trozo de carne a desmenuzar después. -"Como la olla está hirviendo desde las ocho de la mañana, aesodelasonceseestáespesando el locro; con un palo hay que
removerlo un poco, y si le falta agua, se le añade la necesaria, cuidandodequeseaaguacaliente: se le prueba la sal, y si todo va bien, se sigue cocinando", dice la receta. Un poco antes del mediodía se ponela grasa freída, que se prepara en una olla o sarténaparte,juntoconunpuñado de cebolla picada y ají picante. -A mediodía, el locro ya estaría listo.