Seccion 2 (Consensus)
Las ciencias formales, naturales y sociales no son solo “materias escolares”: están profundamente ligadas a la forma en que se organiza la vida colectiva y se gobiernan los territorios. En los niveles nacional, estatal y municipal, cada tipo de ciencia cumple funciones específicas, pero en la práctica se entrelazan en la educación, las políticas públicas, la gestión ambiental, la cultura y la participación ciudadana. A continuación se expone una visión amplia y articulada que puede servir como base para un texto extenso.
1. Qué son las ciencias formales, naturales y sociales
Las *ciencias formales* (principalmente matemáticas, lógica y estadística) trabajan con estructuras abstractas y sistemas de símbolos. No estudian directamente la realidad física o social, sino modelos que permiten *medir, clasificar y representar* esa realidad (por ejemplo, censos, indicadores, modelos de riesgo).
Las *ciencias naturales* (biología, física, química, geología, ecología, etc.) estudian los fenómenos del mundo físico y vivo: clima, biodiversidad, suelos, agua, energía, cuerpos, paisajes. Suelen proporcionar la base para entender problemas ambientales y de recursos naturales, clave para las políticas de desarrollo sostenible (Ortiz et al., 2025).
Las ciencias sociales estudian la sociedad, las relaciones humanas, las instituciones, la economía, la política y la cultura. Incluyen disciplinas como sociología, ciencia política, economía, antropología, geografía humana, historia, entre otras. Analizan cómo se organizan las colectividades, cómo se ejerce el poder, cómo se distribuyen los recursos y cómo se producen los cambios sociales (Bhandari, 2023).
En conjunto, estos tres grandes grupos de ciencias permiten comprender y actuar sobre el territorio y la población: medir, explicar, planificar, intervenir y evaluar


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2. Nivel nacional: ciencia y Estado
En el nivel nacional, la relación entre ciencia y Estado es especialmente estrecha. Estudios recientes sostienen que la ciencia moderna y el Estado moderno son co emergentes: el Estado se apoya en la ciencia para conocer, clasificar y administrar el territorio y la población, mientras que la ciencia se apoya en el Estado para obtener recursos, legitimidad y marcos regulatorios (Nelson et al., 2023).
2.1. Ciencias formales al servicio del Estado
Las ciencias formales permiten al Estado:
- Realizar censos y encuestas nacionales, con técnicas estadísticas que cuantifican población, empleo, pobreza, educación, salud, etc.
- Elaborar indicadores y modelos que orientan presupuestos, políticas sociales, tributarias y de infraestructura.
- Desarrollar sistemas de información geográfica, big data e inteligencia artificial, que procesan grandes volúmenes de información para la seguridad, la administración pública y la planificación
(Alvarado-Peña et al., 2025; Nelson et al., 2023).
Estas herramientas de clasificación, jerarquización y cuantificación hacen posible que el Estado “vea” su territorio de manera sistemática y tome decisiones de alcance nacional (Nelson et al., 2023).
2.2. Ciencias naturales y políticas nacionales
Las ciencias naturales sostienen:
- *Leyes nacionales ambientales (agua, bosques, biodiversidad, residuos, cambio climático), basadas en estudios de ecosistemas, calidad de aire y agua, ciclos biogeoquímicos, etc. - Políticas de energía y recursos (hidrocarburos, minería, energías renovables), que dependen del conocimiento geológico, físico y climático.
- Programas nacionales de *educación ambiental* y de enfoque Ciencia Tecnología Sociedad , que usan contenidos de ciencias naturales para formar una ciudadanía capaz de entender y participar en controversias socioambientales (Ortiz et al., 2025).
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La investigación en ciencias de la naturaleza aplicada a la educación secundaria indica que el enfoque CTS ayuda a que los estudiantes relacionen los fenómenos naturales con problemas sociales (por ejemplo, contaminación, cambio climático, deforestación) y desarrollen compromiso ambiental y participación ciudadana (Ortiz et al., 2025).
2.3. Ciencias sociales, gobernanza y políticas públicas
Las ciencias sociales analizan y cuestionan el propio funcionamiento del Estado:
- Estudian cómo el Estado usa la ciencia para definir la ciudadanía, regular la economía, controlar el territorio y legitimar su autoridad (Nelson et al., 2023).
- Desarrollan teorías sobre gobernanza, gobierno, redes, ambientalismo y desarrollo sostenible, que orientan políticas públicas en seguridad, salud, educación, cultura, ambiente y economía. (Bhandari, 2023).
- Aportan marcos para entender fenómenos como la desigualdad, los conflictos, la violencia, la participación política, los movimientos sociales y los procesos de democratización.
En el campo del desarrollo sostenible, la investigación social destaca que no basta con el crecimiento económico: se requiere equilibrar equidad social, protección ambiental y viabilidad económica, integrando conocimientos naturales y sociales en las decisiones de alto nivel. (Bhandari, 2023; Alvarado-Peña et al., 2025).
Además, los sistemas nacionales de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en América Latina y el Caribe enfrentan retos importantes: falta de inversión constante, escasa formalización de la carrera científica, debilidades en investigación y en el uso de la tecnología en instituciones educativas. Se concluye que es urgente fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas de los países para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 (Alvarado-Peña et al., 2025).
3. Nivel estatal o regional: articulación de conocimientos
En el nivel estatal o regional, las tres familias de ciencias se combinan para responder a problemas más específicos del territorio: cuencas, regiones agroproductivas, polos industriales, sistemas urbanos, etc.
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Planeación y gestión regional
- Las matemáticas y la estadística permiten construir diagnósticos regionales con indicadores de empleo, salud, educación, producción, riesgo de desastres, entre otros.
- Las ciencias naturales apoyan estudios de impacto ambiental de proyectos regionales (presas, carreteras, zonas industriales), así como diagnósticos climáticos y de biodiversidad a escala subnacional.
- Las ciencias sociales analizan la estructura económica y social de la región, los sistemas productivos, los patrones de migración, la organización política y las desigualdades internas.
Esta integración es clave para planes de desarrollo regional y para políticas sectoriales (agricultura, turismo, transporte, energía) alineadas con objetivos nacionales e internacionales de sostenibilidad
3.2. Educación, ciencia y tecnología a nivel estatal
Muchos sistemas educativos son gestionados parcialmente a nivel estatal o regional. En este ámbito:
- Se diseñan e implementan currículos regionales de ciencias naturales y sociales que incorporan problemas y casos del entorno inmediato: cuencas, zonas costeras, áreas rurales específicas, ciudades intermedias
- Se crean y financian centros de investigación y universidades estatales que funcionan como nodos de producción científica y tecnológica para la región
- Se promueven programas regionales de formación docente en ciencias, buscando que los profesores integren las perspectivas CTS, ambientales y sociales en su práctica
La literatura subraya que muchas instituciones educativas latinoamericanas aún presentan un déficit en formalización de profesionales, recursos para investigación y aprovechamiento de la tecnología, lo que limita su capacidad de participar plenamente en sistemas de ciencia e innovación.

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Nivel municipal o local: ciencia, territorio y comunidad
El nivel municipal es donde el conocimiento científico se vuelve más tangible para la ciudadanía: en el espacio público, los servicios cotidianos, las escuelas, los museos y las iniciativas comunitarias.
Ciencias naturales y biocultura en la ciudad
Un ejemplo concreto proviene de proyectos de comunicación pública de la ciencia basados en la *biodiversidad urbana* y el conocimiento tradicional sobre plantas. En el Museo de Ciencias Naturales de Necochea (Argentina) se desarrolló “El Alimento Oculto de la Ciudad”, un proyecto que:
- Se basa en una investigación paleoetnobotánica sobre las relaciones entre personas y plantas alimenticias nativas en el sureste de la Pampa.
- Identifica 18 especies nativas comestibles presentes en espacios públicos urbanos (plazas, veredas, márgenes).
- Produce un cuadernillo y una exposición museística donde se presenta información científica sobre estas plantas, pero a la vez se ofrece un espacio de escritura para que el público aporte sus propios saberes y memorias bioculturales
Este proyecto muestra cómo, en el ámbito municipal, las *ciencias naturales* se combinan con las *ciencias sociales y humanidades* para:
- Poner en diálogo el conocimiento científico con los saberes locales.
- Revalorizar el entorno cotidiano de la ciudad como fuente de alimento y cultura.
- Generar datos científicos al mismo tiempo que se construye un espacio participativo con la comunidad (Elichiry, 2025).
Es un ejemplo de cómo la ciencia puede estar en la calle, en los parques y en los museos locales, y cómo el municipio puede promover proyectos que vinculen ambiente, alimentación, identidad y participación ciudadana*. Educación secundaria y ciudadanía ambiental
En escuelas secundarias ubicadas en municipios, la integración de *ciencias naturales y educación ambiental* con enfoque CTS promueve que los estudiantes:
- Reconozcan las controversias socioambientales locales (basurales, contaminación de ríos, pérdida de áreas verdes, uso de agrotóxicos).
- Desarrollen flexibilidad de valores, es decir, capacidad para considerar diferentes puntos de vista, informarse y revisar sus posiciones ante problemas complejos.
- Se involucren en acciones de *compromiso ambiental y participación ciudadana*, como campañas locales, proyectos de reciclaje, huertos escolares o mediciones comunitarias de calidad de aire y agua
Todo esto hace que el municipio sea un laboratorio vivo donde se conectan ciencias naturales, ciencias sociales y formación ciudadana
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Gestión local, cultura y servicios
En la gestión municipal:
- Las ciencias formales sostienen los sistemas de *presupuesto, catastro, estadísticas locales, monitoreo de servicios públicos* (agua, alumbrado, transporte, recolección de residuos), lo que permite medir cobertura, eficiencia y necesidades.
- Las ciencias sociales aportan diagnósticos sobre *pobreza urbana, segregación espacial, violencia, informalidad, participación vecinal, cultura ciudadana*, que son insumos para diseñar políticas locales de seguridad, inclusión social, cultura y deporte.
- En cultura, los municipios diseñan políticas culturales, museos, festivales y programas de patrimonio* que se nutren de estudios antropológicos, históricos y sociológicos, así como de proyectos de comunicación pública de la ciencia como el descrito en Necochea (Elichiry, 2025).
Cuando los gobiernos municipales colaboran con universidades, institutos de investigación y organizaciones civiles, se crean *espacios de innovación local* donde convergen la investigación científica, el conocimiento práctico de los habitantes y las prioridades políticas del territorio.
5. Ciencia, tecnología e innovación: desafíos transversales
En todos los niveles (nacional, estatal, municipal), la articulación entre ciencias formales, naturales y sociales depende de la *calidad de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación*.
Investigaciones en América Latina y el Caribe señalan que:
- La aceleración tecnológica, especialmente tras la pandemia, hizo evidente el papel de la *inteligencia artificial y los sistemas digitales* en educación, salud y gestión pública (Alvarado-Peña et al., 2025).
- Muchos países muestran rezagos en la *formación de profesionales, inversión en investigación, infraestructura tecnológica y uso sistemático de la innovación* en las instituciones educativas (Alvarado-Peña et al., 2025).
- Para aprovechar plenamente el potencial de las ciencias en todos los niveles de gobierno, es necesario *fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas*, formar docentes e investigadores, y construir puentes entre la investigación académica y las necesidades de la sociedad (Bhandari, 2023; Alvarado-Peña et al., 2025; Ortiz et al., 2025).
Las ciencias sociales llaman la atención sobre la importancia de considerar para quién, cómo, cuándo y dónde se produce el conocimiento, y de asegurar que las políticas científicas no profundicen desigualdades, sino que contribuyan al desarrollo humano y ambientalmente sostenible (Bhandari, 2023). Desde esta perspectiva, el conocimiento científico no puede entenderse únicamente como un proceso técnico o neutral, sino como una práctica social que se desarrolla en contextos históricos, políticos y culturales específicos. Esto implica reconocer que la producción científica está vinculada con las necesidades de la sociedad, con las estructuras de poder y con los retos que enfrentan las comunidades en diferentes escalas territoriales.
En este sentido, las ciencias formales, naturales y sociales cumplen funciones diferenciadas pero complementarias dentro de la construcción del conocimiento y su aplicación en la vida pública. Cada una aporta herramientas, enfoques y métodos distintos que, cuando se articulan de manera adecuada, permiten comprender y atender de forma más integral los problemas contemporáneos. Mientras las ciencias formales se enfocan en sistemas abstractos y en la construcción de modelos lógicos y matemáticos, las ciencias naturales analizan los fenómenos del mundo físico y biológico, y las ciencias sociales estudian las dinámicas de las sociedades, sus instituciones, culturas y formas de organización.
La interacción entre estos tres campos del conocimiento resulta especialmente relevante para la toma de decisiones públicas y para el diseño de estrategias orientadas al bienestar colectivo. Los desafíos actuales —como el cambio climático, la desigualdad social, la urbanización acelerada, la crisis de los recursos naturales o las transformaciones tecnológicas— son problemas complejos que no pueden abordarse desde una sola disciplina. Requieren enfoques interdisciplinarios capaces de integrar datos cuantitativos, análisis cualitativos, modelos predictivos y comprensión de los contextos sociales.
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El nivel estatal representa un espacio intermedio en el que los lineamientos generales establecidos a nivel nacional se adaptan a las condiciones particulares de cada región. En los estados o entidades federativas, la diversidad geográfica, cultural, económica y social exige diagnósticos más específicos que permitan diseñar estrategias acordes con las necesidades locales. En este contexto, la investigación científica contribuye a generar información detallada sobre las características del territorio, la distribución de la población, los sectores productivos y los problemas sociales que requieren atención prioritaria.
Las ciencias naturales, por ejemplo, permiten identificar las características ambientales de cada región, como la disponibilidad de agua, la calidad del suelo, la presencia de ecosistemas estratégicos o los riesgos asociados a fenómenos naturales. Las ciencias sociales ayudan a comprender las formas de organización comunitaria, los patrones de migración, los niveles de pobreza o las dinámicas culturales propias de cada territorio. A su vez, las ciencias formales ofrecen herramientas analíticas para procesar grandes volúmenes de datos y construir modelos que orienten la toma de decisiones públicas.
En el ámbito estatal, la articulación entre estas disciplinas puede fortalecer la planeación regional y mejorar la eficacia de las políticas públicas. Por ejemplo, el diseño de estrategias de desarrollo económico puede beneficiarse de estudios sociales sobre las condiciones laborales y las desigualdades territoriales, así como de análisis ambientales sobre la sostenibilidad de los recursos naturales. De igual manera, la planeación urbana y la gestión del territorio requieren integrar conocimientos sobre geografía, ecología, economía y sociología para lograr ciudades más habitables, resilientes e inclusivas.
Por otra parte, el nivel municipal constituye el espacio más cercano a la vida cotidiana de las personas. Es en este ámbito donde las decisiones públicas se traducen directamente en servicios, programas y proyectos que afectan la calidad de vida de la población. Los municipios son responsables de la gestión de servicios básicos como el agua potable, el saneamiento, la recolección de residuos, el mantenimiento de espacios públicos, la seguridad y el ordenamiento territorial.


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En este contexto, la aplicación del conocimiento científico adquiere una dimensión práctica y tangible. Las ciencias naturales pueden contribuir al manejo adecuado de los recursos locales, al diseño de sistemas de gestión de residuos o a la implementación de estrategias de conservación ambiental. Las ciencias sociales permiten comprender las necesidades, percepciones y formas de participación de la ciudadanía, lo cual resulta fundamental para el éxito de los programas públicos. Asimismo, las ciencias formales proporcionan herramientas para la gestión administrativa, la elaboración de presupuestos, la evaluación de políticas y el uso eficiente de los recursos disponibles.
Además, en el ámbito municipal se vuelve especialmente importante la participación comunitaria y el diálogo entre el conocimiento científico y los saberes locales. Muchas comunidades poseen conocimientos tradicionales sobre el manejo del territorio, la agricultura, el uso del agua o la conservación de la biodiversidad. Cuando estos saberes se articulan con la investigación científica, se generan soluciones
más pertinentes y sostenibles, capaces de responder a las necesidades específicas de cada comunidad.
Otro aspecto relevante en el nivel municipal es la dimensión cultural del conocimiento. Los proyectos educativos, culturales y ambientales pueden contribuir a fortalecer la identidad local, promover la valoración del patrimonio y fomentar prácticas más responsables con el entorno. En este sentido, las ciencias sociales desempeñan un papel clave al analizar las dinámicas culturales y al promover procesos de participación que permitan a las comunidades involucrarse activamente en la transformación de su entorno.
En conjunto, la articulación entre las ciencias formales, naturales y sociales permite construir enfoques más integrales para la gestión pública y el desarrollo territorial. Cuando estas disciplinas se integran de manera efectiva, se amplían las posibilidades de comprender la complejidad de los problemas sociales y ambientales, así como de diseñar soluciones más equitativas y sostenibles.
En conclusión, las ciencias formales, naturales y sociales cumplen funciones diferenciadas pero complementarias en los ámbitos nacional, estatal y municipal. A nivel nacional, son pilares para el diseño de políticas, la construcción del Estado y la orientación del desarrollo sostenible. En el nivel estatal, permiten aterrizar esos marcos generales en diagnósticos y estrategias regionales más cercanas a los problemas concretos de cada territorio. En el municipio, se expresan en la vida cotidiana de las personas a través de los servicios públicos, la educación, los proyectos culturales y ambientales, la participación comunitaria y la resignificación del entorno.
CITAS:
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Gibbons, M. et al. (1994). The New Production of Knowledge: The Dynamics of Science and Research in Contemporary Societies SagePublications.
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