personaje
Kevin Johansen
“Hay que evitar la solemnidad del ‘cansautor” El músico despide el 2012 con un disco doble y un show en el ND Ateneo. Asegura que el humorista gráfico Liniers es su Yoko Ono y Jorge Drexler, su celestino en la patria musical latinoamericana. Por: Daniela Rossi - Fotos: Gustavo Pascaner
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stá sentado en una vereda de Belgrano R mientras espera su almuerzo, con “New”, su Yorkshire Terrier que sacó a pasear. A unos metros la pizarra de un local dice “felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”, una palmadita de Sartre en medio de la ciudad. Alguien sale de un bar y lo saluda, le cuenta emocionado que recién estuvo escuchando su disco, antes de salir de su casa. “Está buenísimo, sos un groso, Kevin”, dice antes de irse con una sonrisa. A Kevin Johansen se lo siente bien porteño hoy, cómodo en su lugar en el mundo desde hace más de diez años. Es conocida la línea de tiempo que lo llevó a ser un niño nacido en Alaska, criado en California, con una primera adolescencia vivida en Buenos Aires, unos meses en Montevideo y una juventud en
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Nueva York. De esa vida itinerante, más allá de los recuerdos, costumbres e idiomas, le quedó algo adentro y la seguridad de que cada etapa había estado bien vivirla de esa manera. “Llamale suerte, destino, como sea. Pero yo en los ’90 estaba en Nueva York, en donde me reconectaba con mi infancia yanqui, laburaba de cualquier cosa y de repente llevo mis demos a CBGB, el club clásico del punk rock y me dicen que esa era mi casa”. No vivía de la música, pero fue un refugio desde el que empezar: un tipo que había escuchado a los Ramones y Blondie confiaba en mí y creía que era bueno”, recuerda. Terminada la etapa de los Clinton en Estados Unidos, Kevin armó su valija y volvió a Argentina, el país en el que había nacido su mamá. Su voz grave empezó a sonar todas las noches en la cortina de “Resistiré”, la novela más vista del 2003. En ese momento surgió el proceso de despojarse
del inglés y de la idea de que era un músico que solo reversionaba temas, y comenzó a andar su propia senda. Hoy está a pocos días de cerrar el año en el ND/Ateneo, de la manera en que lo hace desde cinco: después de Navidad, entre un brindis y el otro, él se sube al escenario con los The Nada, su banda, y cierra el año con una seguidilla de recitales. “Antes decíamos ‘fin de diciembre, qué fiaca para tocar’. Pero una vez probamos y descubrimos que la gente en esa época relaja, ya pasó un poco la obligación de estar felices y ya pasa a otro plano. Y funcionó”, dice. - Este año presentaste BI, un disco doble, en la que invitaste a varios colegas a cantar. ¿La música es para vos un espacio para compartir con amigos? - Sí, obvio, desde ya que es una disciplina colaborativa. Por más solista que seas, es así. Salvo que, como dice Rada, seas “cansautor”, que estés solo vos y
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