¿Existe Dios? ¿Existe Dios? A menudo esta cuestión entra en nuestras mentes. Tratemos de encontrar una respuesta racional a esta pregunta. Mi respuesta a esta cuestión es afirmativa. Con base en mi estudio y mi experiencia, puedo decir con plena convicción que Dios existe. No hay duda de ello. Cuando digo que Dios existe, lo digo en el sentido científico y no en el sentido común. Generalmente la gente cree que está en la posición de demostrar o refutar cualquier cosa. Mas ésta no es la posición científica. De acuerdo a la ciencia moderna, uno no puede demostrar o refutar nada; solamente se puede llegar a una probabilidad pero nunca a la certeza. Si existe información suficiente para mostrar que tal o cual cosa existe, entonces uno puede proclamar que tal o cual cosa existe. La pregunta usual si Dios existe, plantea otra cuestión en sí. Los estudios en antropología, es decir, la ciencia que estudia al hombre, han establecido que el concepto de Dios está arraigado en la naturaleza humana. La creencia en Dios corre por nuestras venas. Cada hombre y cada mujer es por naturaleza creyente. Es especialmente en tiempos de desamparo y crisis cuando descubrimos que hay un Ser Supremo. Cada hombre y cada mujer ha experimentado este hecho natural, al menos una vez su vida. Entonces ¿por qué esta pregunta? Si el concepto de Dios está presente en nuestra médula, ¿por qué uno cuestiona la existencia de Dios? La razón es muy simple. La gente quiere saber si existe una base racional para su creencia interior, si hay alguna prueba científica a favor de sus sentimientos íntimos. Debo hacer hincapié que ciertamente hay una base científica para la creencia en la existencia de Dios. Pero por lo general la gente falla en descubrirlo por la mera razón que tratan de aplicar un criterio que erróneamente consideran que es científico. Quieren una prueba en términos de observación, mientras que éste no es el método científico ni el criterio por el cual juzgar. Si aplicamos el criterio correcto, encontraremos que Dios es un hecho comprobado. Aquí recuerdo incidente que tuvo lugar en 1965, cuando vivía en Lucknow. Conocí a un caballero, que era doctor en Filosofía y un gran admirador de Bertrand Russell. Por supuesto, era ateo. Durante nuestra conversación acerca de Dios preguntó: "¿Qué criterio tiene para comprobar la existencia de Dios?". Yo le respondí: "El mismo criterio que usted tiene para comprobar la existencia de cualquier otra cosa". El diálogo terminó allí. No hubo más preguntas ni respuestas después. ¿Por qué este ilustrado hombre guardó silencio? La razón es muy simple y bien conocida. Mi respuesta le recordó el hecho que vivimos en un mundo donde el argumento deductivo es tan aplicable al concepto de Dios, como a cualquier otro concepto.