

Del Mocha Mousse al verde pantano: los nuevos neutros que marcan la
decoración actual
Pantone apuesta por la suavidad del Mocha Mousse, pero el interiorismo actual se inclina hacia una estética más cruda y terrenal, donde los tonos pantano, musgo y arcilla ganan terreno en muros y maderas.
Pantone apostó por la dulzura y la ligereza con su Mocha Mousse, un tono cálido con matices rojizos y malvas que, según Laurie Pressman, vicepresidenta del Pantone Color Institute, invita a reenfocar las experiencias y disfrutar los pequeños placeres. Su nombre –heredado de un postre aireado– encaja con la preferencia reciente por colores suaves, vaporosos y calmantes.
Pero mientras Pantone celebra lo dulce, el diseño interior parece haberse desplazado hacia algo más crudo y terrenal. En estudios, showrooms y redes sociales, el protagonismo lo toman los tonos pantano, musgo, arcilla y barro: una paleta más turbia, natural y profundamente material.
La británica Cassandra Ellis, fundadora de Atelier Ellis, lo resume con
Tonos cálidos, terrosos y envolventes que buscan reconectarnos con lo esencial: la naturaleza y la textura orgánica.






humor: “Creamos All the Queen's Horses inspirados en los caballos reales. Es literalmente el color del lomo: profundo, terroso y natural”. Su colección incluye tonos como Warm Mud Brown, Bird's Nest y Fallen Plum, todos unidos por una misma idea: la belleza de la imperfección.
En Instagram, el verde Bancha de Farrow & Ball acumula miles de menciones, mientras estudios como Muka, en California, apuestan por pintar cabañas completas en verdes lodosos para lograr ese ideal contemporáneo de refugio natural. “Vivimos en una época tan acelerada que ya ni el minimalismo beige logra calmarnos”, dice Ellis. “Queremos sentirnos enraizados”.

Mocha Mousse propone una calidez suave y sensorial que envuelve los espacios en ligereza y bienestar.
La artista y diseñadora Faye Toogood coincide. Su colección Gummy incorpora ocres, marrones y verdes elaborados con fibras naturales. “Hoy más que nunca, necesitamos reconectar con la naturaleza. Nuestro bienestar depende de ello”, afirma.
Para la diseñadora inglesa Hollie Bowden, estos tonos “sucios” son los nuevos neutros: una base envolvente desde la cual los colores vibrantes respiran mejor. “Pinté un piso verde oscuro y lo cubrí con una alfombra de leopardo; parece dramático, pero se siente neutro”, cuenta.
Así, mientras el Mocha Mousse sigue siendo un símbolo de calidez sensorial, los interiores de hoy se hunden cada vez más en el barro y el musgo. En tiempos inciertos, la decoración busca justo eso: volver a lo real, lo imperfecto y lo vivo.•






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*imágenes refereciales

Calle San Martín 173, Miraflores
Más de 13 áreas sociales
2 y 3 ambientes
Desde:
Por Alessia Carboni
Un hogar entre mundos: la mirada cosmopolita de Ignacio Martínez Argüello
El diseñador argentino nos revela cómo fusionó la riqueza cultural peruana con una sofisticación cosmopolita, creando un “departamento neoyorquino a su manera” en San Isidro.


Una composición equilibrada de color y elegancia que envuelve cada rincón con armonía, creando un ambiente donde todo uye con naturalidad y propósito.

El diseñador Ignacio Martínez Argüello nos recibe en su nuevo proyecto en San Isidro, un departamento que define como un “homenaje a todo lo vivido y aprendido en el Perú”. Durante los meses previos a su mudanza a Buenos Aires, transformó este espacio en una síntesis de su mirada cosmopolita y de la profunda conexión afectiva que desarrolló con el país.
Explica que la motivación principal fue “trasladar a un nuevo espacio todo lo aprendido y vivido” en etapas anteriores. Para él, cada hogar debe tener

identidad: personalidad del habitante, diálogo con el entorno y respuestas a las necesidades del momento. Recuerda que su primer departamento frente al Golf estaba inspirado “mucho en Perú: en su geografía y su historia”. Esta vez buscó algo “sofisticado y curado, pero accesible e inspirador”. Para lograr un ambiente más internacional y ecléctico, incorporó piezas de diseño y una mezcla más amplia de elementos, imaginando un “departamento neoyorquino… pero a mi manera”, en sintonía con el espíritu urbano de San Isidro.
La intención se percibe desde los gestos más visibles. Decidió dar “prioridad absoluta” a los grandes ventanales de la salacomedor, usando cortinas vibrantes que guían la mirada hacia el exterior y un cortinado de piso a techo que amplifica la luz y la escala. Más que piezas icónicas, buscó crear un espacio fluido y cómodo. Ignacio cambió la abogacía por el diseño, una pasión que lo acompañaba desde niño. Su estilo evolucionó junto a él y su vida en distintas ciudades y también moldeó su mirada, enseñándole que los materiales, colores y configuraciones varían según el clima y la cultura. Si resumiera el proyecto en tres palabras, elegiría: contenedor, cómodo y curado.•

Las piezas peruanas que visten las mesas de los mejores restaurantes del mundo
Las piezas peruanas de cerám ca y cubier tos se transforman en protagonistas de la a ta gastronomía, elevando as mesas de restaurantes renombrados gracias a talleres de diseñadores y ar tesanos locales
Por: Micaela Simón
Pájaro Loco crea piezas de cerámica y madera para algunos de los restaurantes y cafeterías más in uyentes del país, uniendo diseño, técnica y gastronomía desde su taller y showroom en Barranco.

Virgilio Martínez ha sido uno de los principales impulsores de que la vajilla sea parte esencial del relato gastronómico. De Central a proyectos como MIL o Mayo, su cocina pide piezas que traduzcan ecosistemas, alturas y paisajes. Para lograrlo, recurre a talleres peruanos que trabajan con precisión y ponen en valor lo hecho a mano.
Cotto Design, Altamar, Pájaro Loco y Polen Studio –cuatro estudios recomendados por Virgilio– crean hoy piezas únicas para algunas de las mesas más destacadas del Perú y del extranjero.
COTTO
Cotto nació del espíritu creativo de Corinna Silva-Rodríguez Bonazzi, diseñadora peruana formada en Otis/ Parsons (Los Ángeles), quien fusionó su sensibilidad familiar con su formación gráfica y su experiencia en Estados Unidos y México. Hablando con Camila, marketing manager de la marca, la




historia adquiere claridad: “Mi mamá creó Cotto en 2008; empezó haciendo piezas personales”.
El punto de quiebre llegó cuando Virgilio Martínez las buscó al abrir Central. “Ahí comenzamos a hacer piezas exclusivas para restaurantes y hoteles”, contó. Ese vínculo con la alta gastronomía se consolidó durante años, posicionando a Cotto como un aliado de la industria.
La pandemia abrió una nueva etapa: “Creamos una línea diseñada por nosotros para clientes directos; ahora también vendemos para casas”. Actualmente, la marca opera con tienda online y un display en su estudio de Barranco.

En las piezas de Pablo y José Carlos Fernández se nota la unión de cerámica y madera: relieves marcados, formas robustas y bandejas cálidas que acompañan cada diseño.
La estética de Cotto tiene una raíz íntima. “Somos una familia que cocina muchísimo; la mesa es un punto de referencia”, explicó. Por eso, sus piezas responden a un estilo minimalista, moderno, con inspiración Bauhaus, pensado para perdurar: “Tenemos piezas de cuando mi mamá empezó que hoy siguen vigentes”. Para esta temporada, la firma apostó por una paleta más vibrante: “Estamos lanzando colores vivos, pensados para el verano y las casas de playa”.
Cotto mantiene también su línea de hospitality, donde todo se diseña a medida. “Hemos hecho piezas para Carnaval, Marcelo Wong, Abel Ventín, restaurantes y cafés”. Su esencia permanece intacta: “La mayoría de las piezas son hechas a mano; ninguna es igual a otra”.
ALTAMAR
Altamar, fundado por Nagib Zariquiey, ha construido una estética reconocible a partir de la naturaleza, el mar y la investigación de texturas. “Tenemos tres ejes: clases, vajilla personalizada para hoteles y restaurantes, y piezas limitadas para nuestra tienda”, explicó.


Cada pieza se elabora a mano en su taller, incluyendo los esmaltes.
“Formulamos todos nuestros esmaltes; nos encanta jugar con forma y textura”. Su identidad se cristaliza en un tono insignia: el Azul Altamar, presente en tazas, vasos y piezas utilitarias.
La marca ingresó a la gastronomía en 2019. “Nuestro primer cliente fue Central”, recordó. Luego llegaron Astrid & Gastón y, con el tiempo, la cadena Belmond: Monasterio (Cusco), Sagrado (Urubamba), Miraflores Park (Lima). La continuidad de estos encargos consolidó a Altamar como una referencia en vajilla para hoteles de lujo.
Nagib complementó su línea creativa con una base formativa particular. Aunque estudió diseño en la PUCP, su aprendizaje en cerámica fue autodidacta.
“Todo lo que sabemos de utilitario y esmaltes lo aprendimos experimentando con nuestro horno”. Esa investigación constante le permitió desarrollar un lenguaje visual propio, donde conviven forma, función y un fuerte vínculo con el paisaje peruano.
El trabajo de Nagib Zariquiey resalta con esmaltes profundos y orgánicos, especialmente su icónico Azul Altamar.

PÁJARO LOCO
Detrás de Pájaro Loco están Pablo y José Carlos Fernández, dúo creativo que combina cerámica y madera para dar vida a menaje y mobiliario con sello propio. En solo cinco años, su estudio se volvió favorito del circuito gastronómico: han desarrollado piezas a medida para referentes como Central, Maido y Osaka, y también para cafeterías clave como Punto Café, Latente, Monótono y Three Monkeys. El trabajo de Pablo Fernández, fundador de Pájaro Loco, está profunda-
mente ligado al sector gastronómico. “El 99% de lo que hacemos es para restaurantes, hoteles y cafeterías”, afirmó. Su showroom en Barranco funciona como vitrina y tienda, pero cada pieza nace de encargos específicos: platos, contenedores y objetos diseñados para distintas propuestas culinarias.
En los últimos años, la marca encontró una fuerte demanda en el mundo del café. “Hay mucha innovación en piezas para cafeterías; los baristas buscan objetos que acompañen su servicio”, explicó. Además de la cerámica, gestionan un taller de madera en Villa El Salvador donde producen bandejas y mobiliario complementario.
Parte de la identidad de Pájaro Loco se construye en Casa Rocaverda, la casona barranquina que comparten con una cafetería y una artista visual. “Es un espacio donde puedes ver la cerámica, tomar un café y explorar propuestas creativas”, comentó. El resultado es un ecosistema que refleja la intersección entre diseño, arte y gastronomía contemporánea.
POLEN STUDIO
Polen Studio, liderado por Elizabeth Vásquez, se ha consolidado como un referente de la cerámica actual. Con casi una década de trayectoria, el estudio creció desde una práctica inicialmente escultórica hacia piezas utilitarias y producciones hechas a medida. “Mi propuesta es cerámica hecha a mano, inspirada en la naturaleza, con un enfoque en diseño”, dijo.
El taller trabaja para restaurantes peruanos e internacionales: Central, Mayta, cafeterías artesanales


Las piezas de Corinna Silva-Rodríguez Bonazzi destacan por sus líneas limpias y acabados mate inspirados en el minimalismo.

y proyectos en Dubái (NASCA) y Los Ángeles (Monarch, del exdirector creativo de Kenzo). La variedad responde a una investigación técnica que es parte del ADN del estudio. “Usamos técnicas locales como el paleteado de Chulucanas, y orientales como el nerikomi. También combinamos procesos artesanales con otros semiindustriales”, explicó Elizabeth.
La identidad visual de Polen proviene de referencias precolombinas, colores de la naturaleza y el estudio profundo de materiales. El resultado son piezas de carácter expresivo pero funcionales, que pueden escalarse sin perder su esencia manual. “Lo nuestro es un laboratorio constante”, resumió. •

Regalos para celebrar con estilo
Piezas seleccionadas por diseñadores, coleccionistas e interioristas que aportan calidez, carácter y un sello único, convirtiéndose en detalles que elevan cualquier look, ambiente u ocasión.
Las piezas de Elizabeth Vásquez mezclan colores terrosos, técnicas como el nerikomi y superficies expresivas.



PATCHWORK BLANKET MOZHDEH MATIN, manta de patchwork en tonos burdeos y rosa. S/2710
AVE SAGRADA CUSHION
BALKANICA, cojín con diseño inspirado en aves sagradas. S/371




PAPER PRINT CORAL
ABANICO DE MAR
MILK,impresión artística inspirada en la naturaleza marina. S/456


CUADRO FRAGMENTS
CABUCHON, cuadro de la artistas Yiriane Kahn. S/610



PANAL TABLE LAMP, Polen Studio de Elizabeth Vásquez. S/3130

FLORERO COTTO, en degradé azul y amarillo. A pedido.

VARIACIÓN BRANCO, Estudio IMD y Elvia Paucar (2024). S/4100


ADDISON ROSS –SACACORCHO DONNA MONNA, sacacorcho de diseño elegante en tonos suaves. S/152






ESCULTURA LENTES, Decostudio, lentes de bronce para mesa. S/101

MAPA DEL PERÚ EN 1821 FALLA, pieza histórica que suma un toque clásico y cultural a la decoración. A pedido.


SILLA TRENZADA GREENSALT STUDIO, silla con estructura moderna y asiento tejido a mano. A pedido.
BOWL DE CÁSCARA DE HUINGO MATERIA PRIMA, bowl realizado con cáscara de huingo. S/59



LUMINARIA MESA NOGAL MATERIA PRIMA, diseño minimalista. S/550


SET DE CUCHARAS XYLOS TALLER, trabajadas artesanalmente. A pedido.
FLORERO HURACO CER, orero cerámico de líneas escultóricas y acabado artesanal. A pedido. ESPEJO LARME AEMAISON, espejo con marco artesanal y diseño delicado. S/499
AMASADOR DE MADERA MOLLE, amasador hecho a mano en madera maciza. A pedido.




ADORNO DE PARED ETNO CASAMÍA, adorno de pared de estilo étnico, elaborado con materiales naturales. S/395





COJINES DE CUCHIMILCOS ELÍAS OBJETOS, cojines inspirados en las guras de cuchimilcos. A pedido.
ESCULTURA TOPOGRÁFICA
CORDILLERA DE LOS ANDES WINSU, representa la topografía andina S/250 - S/1000 (según tamaño).
PIE DE PUNA, JARRÓN DE CERÁMICA EN DOS ACABADOS QUE COMBINAN ARTESANÍA Y DISEÑO CONTEMPORÁNEO. S/179
CUADRO MID CENTURY Deco Design, obra de estilo Mid Century. S/179


ARTE MURAL JUNIA
CASA SOYER, pieza mural con estética etnológica y moderna. S/338


PACK TAZAS PARA ESPRESSO METEORO STUDIO, conjunto de tazas con acabados cerámicos. A pedido. Hechas a mano.
SET MIRAGGIO CASA DESIGN, artesanal con funda texturizada y relleno 100% plumas. S/1016.

SILLA AURA CASA DESIGN, diseño contemporáneo con respaldo curvo. S/2200




SOPORTE STOFF NAGEL, ícono danés de los años 60 para usar solo o como candelabro modular. $180
MATISSE’S GARDEN
MOMA, libro ilustrado que cuenta la creación del jardín recortado de Matisse. S/75



CÍRCULOS DE PIGMENTOS VALENTINA MAGGIOLO, serie de pigmentos naturales en composiciones circulares para arte y decoración.
KIT CIANOTIPIA, set para crear fotografías solares con luz, agua y papel especial.
$18,99


Lecturas que iluminan: la selección personal de Julia Viñas
DESDE LA VEJEZ Y EL ARTE HASTA LA SABIDURÍA AMAZÓNICA Y EL
PULSO FESTIVO DE LAS DANZAS PERUANAS, ESTOS LIBROS DE JULIA VIÑAS –FUNDADORA DE LA EDITORIAL PERUANA MÓNIMO– TRAZAN





LÁMPARA CURVAENLUZ CER, lámpara de cerámica gres con curva orgánica y luz suave. S/1450



KALEIDO TRAY XL HAY, bandeja de acero geométrica que se combina con otras de la serie. S/500


TEXTIL ISKONAWA, pieza en algodón pintado con barro que representa al cerro Roebiri. S/420



SALERO INCLINACIÓN SOFISTIA, salero de alabastro tallado a mano con diseño geométrico y cucharita. S/135
TRAMPA TEJIDA DE TAMSHI JANE ARTISANS, objeto amazónico tejido en tamshi. A pedido.

MANTA ZUZUNAGA
ZOOM IN 2, manta de lana merino con patrón pixelado tejida en jacquard. S/912

UN MAPA LITERARIO QUE UNE INTROSPECCIÓN, TESTIMONIO Y PATRIMONIO CULTURAL.

En “Ruth”, Adriana Riva da voz a una mujer judía de 82 años, viuda y recién jubilada, que navega su cotidianidad con curiosidad, humor y una profunda sed de conocimiento. La protagonista, apasionada por la pintura y la ópera, comparte sus reflexiones sobre la vejez, la memoria y el deseo, lejos de los estereotipos habituales sobre la tercera edad.


Esta crónica personal de Héctor Abad Faciolince parte de un viaje a Ucrania en el contexto de la guerra. En un episodio dramático, un misil impacta en una pizzería, desencadenando una reflexión profunda sobre la fragilidad de la vida, el azar, la culpa y el horror de la violencia.
Este libro es una exploración de las creencias, mitos y cosmologías de diversos pueblos originarios de la Amazonía peruana. Reúne relatos, ensayos y hermosas ilustraciones para dar cuenta de cómo las comunidades indígenas conciben su mundo: vivo, conectado y habitado por espíritus y fuerzas naturales.


En esta publicación ilustrada, la antropóloga Soledad Mujica y el ilustrador Víctor Ynami celebran la vasta riqueza cultural del Perú a través de veinticinco danzas tradicionales de la costa, la sierra y la Amazonía.


Calidez, herencia y detalles en una mesa navideña
Entre rojos intensos, piezas heredadas y arreglos florales que nacen de la calma, Jazmín Sarria crea una mesa navideña donde la tradición, la sensibilidad y el arte de recibir se convierten en una experiencia íntima y cuidadosamente pensada.
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Jazmín Sarria, diseñadora de interiores en Lima, presenta una mesa de Navidad donde los rojos y blancos en todos sus matices conviven con platos contemporáneos, piezas antiguas heredadas y centros florales que reflejan su amor por las plantas y por el acto mismo de recibir.
“Lo que más disfruto de mi trabajo es que el proceso creativo, para mí, es casi una meditación”, confiesa Jazmín.
“Cuando estoy armando una mesa o
trabajando con flores, me concentro en silencio y me siento completamente presente. Es un momento muy especial”. Esa calma interior es la que, finalmente, se traslada a quienes se sientan a su mesa: una sensación de haber sido pensados, cuidados y agasajados. Hija de una diseñadora de interiores que también estudió Artes Plásticas, Jazmín creció rodeada de estética y creatividad como algo cotidiano. “La estética y la creatividad

Marcada por una vida rodeada de estética, viajes y una conexión profunda con las plantas, Jazmín transforma cada montaje en un ritual creativo que nace del silencio y la contemplación.

Su estilo combina platos contemporáneos, elementos desestructurados y piezas antiguas, una mezcla donde los rojos intensos y los blancos puros dan carácter a cada mesa.
siempre fueron parte natural de mi vida”, recuerda. Estudió Diseño de Interiores, exploró distintos ámbitos del rubro y llegó a tener su propio negocio de eventos, donde preparar mesas y decoraciones se convirtió en su gran pasión. Durante la pandemia, ese amor por recibir y por lo bello encontró
un nuevo lenguaje: las plantas. “Me conecté muchísimo con ellas”, cuenta. Esa conexión, sumada a su gusto por las mesas bien puestas, reforzó su camino creativo. Hoy tiene una tienda-taller en Lima –aún sin inaugurar oficialmente–donde dicta talleres de arreglos florales y table setting que la llenan de alegría.
Para sus diseños navideños, Jazmín se nutre de múltiples fuentes. Los viajes son una de sus grandes maestras: “Siempre me enseñan y me llenan de ideas nuevas”. También recurre a sus libros y a plataformas digitales como Pinterest y redes sociales, donde encuentra propuestas hermosas de personas muy talentosas. Sin embargo, nunca copia literalmente. “Uso esas referencias como punto de partida para desarrollar mis propias ideas”, explica. El resultado es un estilo propio que combina lo moderno con lo antiguo: platos contemporáneos y elementos desestructurados conviven con manteles y piezas heredadas o rescatadas en mercados de antigüedades. En cuanto a colores, confiesa una debilidad especial por los rojos y los blancos –incluidos
Por Alessia Carboni
Jazmín Sarria Fotos: Lalo Rondón



Entre proyectos memorables –como ambientar carpas y mesas para Melinda Gates en el Colca–, su trabajo revela una sensibilidad que une naturaleza, inspiración y belleza en cada detalle.
todos sus matices: guinda, bordeaux–que le dan calidez y elegancia a la vez. Este año tuvo la oportunidad de llevar su talento más allá de Lima en un proyecto inolvidable: diseñó la ambientación completa –carpas, mesas y decoración al aire libre– para Melinda Gates durante su visita al Colca. “Fue un reto enorme, porque implicó armar todo el setting en miradores y locaciones realmente excepcionales, muchas de ellas a grandes alturas y con condiciones climáticas muy desafiantes”, recuerda. Aun así, el resultado fue maravilloso. Ese tipo de experiencias –donde naturaleza, diseño y hospitalidad se funden– son las que más la motivan, porque le permiten crear atmósferas únicas en lugares verdaderamente memorables. Para Jazmín, todo se resume en una sola intención: “Quiero que la gente se sienta agasajada, querida y encantada con la experiencia estética”. Le ilusiona que quienes se sientan a su mesa disfruten y se enamoren de los detalles. En esencia, su trabajo busca transmitir amor, calidez y belleza en cada elemento, desde la vajilla hasta el último pétalo. •

Creatividad servida en la mesa
Una mesa que mezcla recuerdos familiares, diseño icónico y un toque lúdico. Rafaela Maggiolo reinventa la Navidad con guiños personales, piezas inesperadas y una puesta en escena que celebra la creatividad en su forma más íntima y divertida.
Por Alessia Carboni Fotos: Víctor Ruiz
Rafaela Maggiolo

Rafaela Maggiolo preparó para esta edición una mesa de Navidad que es pura celebración, con un toque de fantasía y, sobre todo, autenticidad. El detalle que más llama la atención son las sillas miniatura de la colección Vitra, repartidas entre los platos y las copas, jugando con la escala y dando a la mesa una dimensión divertida y casi mágica.
“Lo más importante para mí fue lograr una mezcla de celebración y fantasía, pero siempre en un territorio auténtico”, explica Rafaela. “Mis papás empezaron a coleccionar esas sillas hace años, y a mí me hacen pensar en mis primeras notas sobre historia del mueble, cuando me traje desde Berlín el afiche de la línea del tiempo de Vitra. Nos pareció divertido incluirlas para jugar con la forma y la escala, y dar a la mesa una dimensión adicional”.
El amor por el diseño y el arte lo lleva en la sangre. “Mis padres sembraron la semilla del amor por el diseño, el arte y la estética en general”, cuenta Rafaela.


La propuesta navideña de Rafaela Maggiolo mezcla celebración, fantasía y autenticidad, tomando como punto de partida la sensibilidad por el diseño y el arte que heredó de su familia.
Creció en una casa de Barranco que era increíble: llena de arte por todas partes y con soluciones funcionales inesperadas –una nevera de carnicería en la cocina,
una caja fuerte convertida en mesa de centro en la sala y hasta la cabeza de un caballo presidiendo el comedor–. Esa sensibilidad por lo bello y lo funcional

está presente en su familia desde hace varias generaciones, y marcó para siempre su forma de ver los espacios. Su camino en la decoración empezó de la manera más natural: primero decorando su propio cuarto de adolescente, después su casa, luego las de sus amigas y, finalmente, las de sus clientes. Hoy, como diseñadora de interiores, disfruta cada etapa del proceso. “Tengo la suerte


de amar todas las facetas de mi trabajo”, confiesa. “Decodificar a cada cliente, entender sus gustos y lo que los mueve, ir en busca de piezas nuevas que den en el clavo, definir marcos y bases, y finalmente los montajes. Al inicio de cada proyecto siempre siento mariposas en el estómago, tengo mucha suerte de sentir eso en mi trabajo”. Lo que más busca en cada proyecto es el equilibrio perfecto. “El balance entre lo que yo quiero para un proyecto y mi habilidad para dar forma concreta al mundo de mis clientes”, explica. “Lograr que ambos se retroalimenten”. Para ella, un espacio bien logrado debe sentirse auténtico, propio e íntimo; debe
Cada detalle de su mesa –desde las sillas miniatura Vitra hasta la puesta en escena–re eja su búsqueda constante de equilibrio entre su visión creativa y la historia íntima de quienes habitan los espacios.
contar la historia de quienes lo habitan, sin imposturas ni excesos. Esa misma filosofía aplica a su mesa navideña: cada elemento –desde las sillas miniatura hasta la vajilla– tiene una razón de ser, un recuerdo o una emoción detrás. Porque, en el fondo, todo lo que hace Rafaela Maggiolo está atravesado por el mismo hilo conductor: el cariño por las historias familiares, la celebración de lo heredado y la alegría de compartirlo. Esta mesa no es solo una composición estética; es una extensión de su casa de Barranco, de sus padres coleccionistas, de sus viajes a Berlín y de esas mariposas que todavía siente cada vez que empieza algo nuevo. •
Por Edwin Heathcote Fotos de Stefan Giftthaler
Skopje, el sueño brutalista
Diseñada por Kenzo Tange, esta ciudad de Macedonia del Norte es una de las pocas metrópolis brutalistas del mundo, una cápsula de concreto atrapada entre la nostalgia del pasado y el anhelo de un futuro que nunca llegó.
La hauntología es una idea que abarca la noción de que estamos constantemente perturbados por futuros imaginados en el pasado que nunca se materializaron: utopías condenadas, modernismos radicales, visiones de ciencia ficción de metrópolis futuristas que no comprendieron que las ciudades de la década de 2020 se parecerían, decepcionantemente, a las de los años cincuenta.
Esto es cierto casi en todas partes. Excepto en Skopje. La capital de Macedonia del Norte, una pequeña ciudad de medio millón de habitantes representa una de las realizaciones más notables del urbanismo modernista
tardío y brutalista, una cápsula del tiempo de un momento modernista en la arquitectura que fue extraordinario, optimista y efímero.
La reconstrucción total de la ciudad fue impulsada por un terremoto masivo en 1963, que destruyó casi todo el centro histórico, mató a más de mil personas y dejó a otras 160 mil sin hogar. Se organizó un concurso de arquitectura (una intervención urbana rara en esta escala) bajo el auspicio de las Naciones Unidas, y fue ganado por el arquitecto japonés Kenzo Tange (1913-2005) junto con un grupo de arquitectos yugoslavos.

Tras el terremoto de 1963, Skopje fue reconstruida casi desde cero bajo un plan urbano liderado por el arquitecto japonés Kenzo Tange y auspiciado por las Naciones Unidas.


Tange se había hecho famoso como diseñador del sereno Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima (1955) y como el arquitecto más visible de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, cuyo punto culminante fue su asombroso Gimnasio Nacional Yoyogi, una obra de incesante invención escultórica. Fue la primera vez que se encargó a un arquitecto japonés una intervención de tal magnitud fuera de Japón, y marcó un momento de globalización y apertura arquitectónica radical: un cambio decisivo en el urbanismo.
El resultado, francamente, se parece poco a lo que Tange había imaginado; sus ideas fueron diluidas y sus edificios principales quedaron en gran parte sin ejecutar. Como ocurre tan a menudo con los grandes proyectos, una multitud de comités y prioridades políticas acabaron atenuando la visión original. Aun así, el resultado fue extraordinario. Existen enclaves de urbanismo brutalista en Nápoles, São Paulo, Chandigarh y Londres (donde los edificios del Southbank forman uno de los mejores complejos sobrevivientes), y estos son fotografiados y fetichizados sin cesar. Pero hay muy poco que se acerque a la escala y ambición de Skopje.



El plan de Tange imaginaba megaestructuras modulares interconectadas, con rutas peatonales elevadas y un núcleo urbano de concreto que evolucionara como un organismo vivo.
El proyecto de Skopje fue el primer encargo internacional de gran escala para un arquitecto japonés: Kenzo Tange, autor del Gimnasio Nacional Yoyogi de Tokio.



El proyecto modernista reflejó una vocación global y no alineada, con ayuda de países como Japón, Reino Unido, EE. UU., la URSS e incluso un donativo de Picasso al nuevo Museo de Arte Contemporáneo. Así nacieron espacios como la Oficina Central de Correos de Skopje, 1979-81, por Janko Konstantinov, que se aprecia en la imagen central.
Se trató de un proyecto nacionalista con vocación global. Yugoslavia era una nación no alineada; su líder, el mariscal Tito, logró resistir el peso aplastante de la URSS, y su régimen consiguió mantener unidas a naciones dispares. Esa libertad respecto a la esfera soviética fomentó la colaboración de otros países: no solo los japoneses, sino también los británicos y estadounidenses, que enviaron componentes prefabricados, tiendas de campaña tras el desastre y equipos de ingenieros y tropas para montarlos. Los soviéticos y búlgaros también brindaron ayuda; incluso Picasso donó una pintura al nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Skopje.
Tange fue un destacado defensor de un movimiento arquitectónico japonés peculiar llamado metabolismo. Era una combinación única de megaestructuras y edificios modulares, una idea de una vasta ciudad de concreto que pudiera crecer y evolucionar como un organismo vivo, con nuevos módulos que se añadían y reordenaban según las necesidades de la metrópolis. Uno de sus monumentos más destacados, la Torre de Cápsulas Nakagin de Tokio, fue demolida en 2022. Irónicamente, el mayor logro del metabolismo se concretó en una pequeña ciudad balcánica lejana.


En 2014, el plan Skopje 2014 intentó “embellecer” la ciudad con fachadas neoclásicas y esculturas nacionalistas kitsch, una revisión arti cial de su identidad brutalista.
El plan original de Tange para Skopje mostraba un núcleo central de enormes megaestructuras, montañas modulares de concreto conectadas verticalmente por grandes cilindros de circulación. Las rutas peatonales se elevaban por encima de las autopistas, al estilo de mediados de siglo; en un lado de la ciudad, una fila de bloques
de viviendas evocaba las murallas medievales perdidas.
Algunos de estos elementos sobrevivieron como pequeños ecos del diseño original, pero con el tiempo los edificios individuales fueron asignados a otros arquitectos, en su mayoría yugoslavos. El único edificio importante de Tange en la ciudad fue la estación y centro de transporte, completado en 1981, aunque en una versión muy reducida y degradada. Aun así, el espíritu de su visión metabolista sobrevivió, y con creces. Basta mirar la asombrosa Oficina Central de Correos (diseñada por el arquitecto macedonio Janko Konstantinov, 1979-81), que encarna algunas de las ideas centrales de Tange: los cilindros de concreto, los volúmenes escultóricos, pero en una forma que también evoca los castillos y fortificaciones de un vecindario históricamente marcado por guerras y asedios.
El mismo arquitecto diseñó el Edificio de Telecomunicaciones (1972-74), que evoca los arcos y arcadas


Arriba se aprecia el Museo de la República de Macedonia del Norte, 1971-1976, por Kiril Muratovski y Mimoza Nestorova-Tomic, mientras que abajo destaca el monumento a la fábrica de municiones de los partisanos, 1981, por Aleksandar Nikoljski y Vladimir Pota.
neoclásicos de la ciudad antigua, pero los mezcla con extrusiones de concreto de estilo espacial y aberturas modulares de ventanas con un toque escultórico.
En otros lugares, grandes estructuras como el edificio de dormitorios estudiantiles de Georgi Konstantinovski (1971), con su concreto acanalado y sus entrantes y bahías finamente modelados, recuerdan a los enormes monstruos brutalistas de Ernő Goldfinger, como las Torres Trellick y Balfron en Londres, aunque quizá con un refinamiento más urbano. Esa destreza formal recuerda que Konstantinovski estudió con el maestro del concreto Paul Rudolph en Yale durante los años sesenta. Por último, el edificio del Banco Nacional de Macedonia del Norte, diseñado por Radomir Lalović y Olga Papeš, recuerda que, cuando las arquitectas apenas eran reconocidas en Occidente, la Europa del Este comunista solía enorgullecerse de promoverlas. Pero no son los edificios individuales los que hacen de Skopje una visión
tan notable; es el efecto colectivo de lo que quizá sea la única metrópolis brutalista del mundo. Ese efecto se vio diluido con un programa de reconstrucción mal concebido llamado Skopje 2014, cuando el gobierno promovió una serie de intervenciones en un estilo neoclásico comercial con la intención, equivocada, de hacer que la ciudad pareciera más histórica, añadiendo además una capa de esculturas nacionalistas kitsch. El resultado es radicalmente inapropiado y extrañamente artificial, una respuesta empalagosa y decorativa al áspero y gris coraje de la reconstrucción brutalista. Aun así, queda mucho que insinúa aquel futuro que nunca llegó del todo. La Skopje brutalista parece, paradójicamente, tanto del pasado muy lejano como del futuro distante. Y las fotografías de Stefan Giftthaler aquí, íntimas y épicas a la vez, transmiten algo de esa combinación de futuros pasados, como imágenes recordadas de una era ya desaparecida que prometía tanto. •
Desbordar para construir
En el marco del CONARQ Lima 2025, el chileno Nicolás Valencia, la decana del CAP, Lourdes Giusti, y la presidenta de la FPAA, María Samaniego, reflexionaron sobre el rol de la arquitectura en un país diverso y con grandes retos territoriales.

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP se convirtió en el punto de encuentro de la arquitectura nacional e internacional durante el XIX Congreso Nacional de ArquitectosCONARQ Lima 2025, organizado por el Colegio de Arquitectos del Perú (CAP).
Bajo la temática “Desbordar: La arquitectura puede y debe llegar a todas partes”, el evento convocó a profesionales, académicos y estudiantes con el objetivo de reflexionar sobre los principales desafíos de la disciplina en el país y en la región. Entre los invitados internacionales destacó el arquitecto chileno Nicolás Valencia, quien expuso sobre arquitectura y comunicación a partir de su experiencia como exeditor de ArchDaily. Durante su presentación, afirmó: “La arquitectura es más que un rol; es una caja de herramientas”.
Añadió que, en su opinión, los estudiantes deben experimentar con esta disciplina. “Ser un arquitecto que diseña hoy en día es mucho más escaso. Los jóvenes deben explorar diferentes alternativas y entender el contexto, su identidad, y no compararse con discursos extranjeros”. También reflexionó sobre el formato del congreso: “Estos eventos tienen que llegar a donde la gente está. Hay que usar nuevos lenguajes para acercar la arquitectura al ciudadano”.
La presidenta de la FPAA, María Samaniego (arriba), la decana del CAP, Lourdes Giusti (der. arriba), y el arquitecto Nicolás Valencia (der. abajo), dialogaron sobre retos como la informalidad de las construcciones en el Perú.



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Desde el ámbito institucional, la decana nacional del CAP, Lourdes Giusti, explicó que el congreso se articula en tres ejes –territorio, comunidad y materialidad–bajo el lema Desbordar. En tal sentido, explicó: “Estamos acostumbrados a que el arquitecto es un artículo de lujo solo para millonarios; sin embargo, tenemos un país donde más del 70% de nuestra población habita viviendas que se han construido sin asistencia técnica. ¿Qué podemos hacer y plantear los arquitectos? Por eso existe este congreso, para aprender de las buenas prácticas que se realizan tanto en países vecinos y también en el mundo académico”. La arquitecta enfatizó: “Queremos que las conclusiones se conviertan en propuestas que puedan incorporarse en políticas públicas”. Además, destacó el rol del Estado: “Una buena obra trae identidad,
movimiento económico y dignidad. Por eso es clave que el Estado vuelva a apostar por concursos de arquitectura”.
Por su parte, María Samaniego, presidenta de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA), aportó una mirada regional: “Estos encuentros permiten conectar problemas comunes y respuestas responsables a los desafíos de habitar”. También resaltó el impacto del congreso en la formación de futuros arquitectos: “Para los estudiantes es invaluable: les muestra hacia dónde va la profesión”.
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Sobre el lema del evento, comentó: “Desbordar es una invitación a superar límites disciplinarios y territoriales. Los aprendizajes del CONARQ pueden convertirse en referencias replicables en otros países de la región”. •


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Amplios depas, pocos vecinos.






