Artistas, curadores y coleccionistas se encontraron en el Museo de Arte de Lima (MALI) para dar inicio a una nueva edición de Pinta Lima, en una mañana que puso en primer plano el diálogo entre tradición, contemporaneidad y nuevas voces.
El Museo de Arte de Lima (MALI) fue el punto de encuentro de Pinta Lima 2026 con su tradicional brunch de apertura. En una mañana que reunió a artistas, galeristas, curadores y coleccionistas, el encuentro funcionó como antesala de lo que se vivió en Casa Prado: una escena activa, diversa y cada vez más conectada con el circuito internacional.
Entre conversaciones, recorridos y reencuentros, el brunch confirmó el rol del MALI como articulador cultural y como espacio donde se cruzan distintas miradas sobre el arte contemporáneo.
OLINDA SILVANO: IDENTIDAD Y RECONOCIMIENTO
Una de las voces más celebradas fue la de Olinda Silvano, artista shipibo-konibo que presenta una muestra individual en el museo en paralelo con la feria.
Ronin Koshi, hijo de Olinda Silvano; el artista español Robert Ferrer i Martorell; la artista shipibo-konibo Olinda Silvano; y la directora del Museo de Arte de Lima (MALI), Sharon Lerner.
Olinda Silvano (Paoyhan, Padre Márquez, Loreto, 1969). Sin título / Untitled, 2025. Acrílico con pan de plata sobre papel y acrílico con platino sobre tela. Cortesía Taller Río Corrientes.
“Para mí, como Olinda Silvano, hacer una muestra individual acá en el MALI es un honor, un desarrollo acá en mi país, Perú, mi patria. Siempre he hecho exposiciones en diferentes países, pero nunca acá”, comentó.
Su trabajo, basado en el kené –sistema visual propio de la cultura shipibo-konibo–, dialoga hoy con espacios institucionales que antes le eran ajenos. Su presencia en el MALI marca también un momento de mayor visibilidad para artistas provenientes de comunidades amazónicas.
ROBERT FERRER: NUEVAS LECTURAS DESDE LO CONTEMPORÁNEO
El recorrido continuó con el artista español Robert Ferrer, presente en esta edición de Pinta Lima. Su trabajo se inserta en una línea contemporánea que reflexiona sobre los lenguajes actuales del arte y su relación con el contexto.
Victor M. Echevarría, chairman del EFG; Diego Costa Peuser, fundador y director global de Pinta; Nicolás Kecskemethy, director nanciero del Museo de Arte de Lima; y Sanjin Mohorovic, CEO EFG LATAM, durante el brunch de Pinta Lima 2026.
Durante el brunch, Ferrer destacó el interés por la escena latinoamericana y la posibilidad de conectar con artistas y propuestas de la región en un mismo espacio. Su participación refuerza el carácter internacional de la feria y el intercambio constante entre distintas geografías.
NICOLÁS KECSKEMETHY: EL MALI COMO PUNTO DE ENCUENTRO El cierre de la mañana estuvo marcado por la mirada institucional. Nicolás Kecskemethy, director financiero del MALI, subrayó la importancia de este tipo de encuentros dentro del calendario cultural de la ciudad. “Me parece una oportunidad fantástica de unir a toda la comunidad del arte local e internacional”, comenta. El brunch, explicó, no solo inaugura la feria, también consolida al museo como un espacio de encuentro entre distintos actores del arte. En un contexto donde el acceso a la información y la circulación de obras es cada vez más amplio, generar estos espacios de intercambio resulta clave para fortalecer la escena local. Con esta apertura, el MALI vuelve a posicionarse como uno de los ejes de Pinta Lima, en una edición que confirma el interés por seguir ampliando el diálogo entre lo local y lo internacional. •
Javier Tolmos y María Emilia Miró Quesada.
Nicolás Kecskemethy, director nanciero del MALI.
Jacobo Fitz-James Stuart y Rober Ferrer.
Juan Andrés Traverso y Raffaella Descalzi.
Allegra Cordero di Montezemolo y Miguel López.
Tadeo Bellatín Elmore.
Marzia Smareglia y Patricia Ibarra.
Luisa Fernanda Gutiérrez y Patricia Villanueva.
Barclay & Crousse destaca en la Bienal de Santa Cruz con proyecto educativo
El proyecto del Colegio Franco Peruano, diseñado por Barclay & Crousse, fue premiado en la Bienal de Arquitectura de Santa Cruz por su propuesta educativa, sostenible y contextual.
En un momento en que la arquitectura latinoamericana gana cada vez más presencia en el circuito internacional, el reciente reconocimiento otorgado en la Bienal de Arquitectura de Santa Cruz de la Sierra confirma el lugar que el Perú viene ocupando en esta conversación. El proyecto del Colegio Franco Peruano, diseñado por Sandra Barclay y Jean-Pierre Crousse, ha sido distinguido en la categoría Producción Profesional - Obra Construida, consolidando una trayectoria que combina rigor técnico, profundidad conceptual y compromiso con el entorno.
Este premio en la categoría Producción Profesional - Obra Construida no solo celebra la excelencia arquitectónica, sino que además destaca un trabajo que trasciende lo construido para convertirse en un manifiesto contemporáneo a favor de la educación, la tierra y la resiliencia urbana.
De Lima al escenario internacional, este proyecto reafirma el papel de la arquitectura peruana como agente activo en la creación de nuevas pedagogías espaciales.
El proyecto Colegio Franco Peruano destaca por resolver con solvencia una de las condiciones más complejas de la práctica arquitectónica: intervenir un espacio en funcionamiento sin interrumpir su dinámica cotidiana.
La estrategia de construcción por etapas, sumada a la adaptación simultánea a las normativas francesa y peruana, revela un riguroso trabajo técnico y una visión integral del proceso de diseño.
Sin embargo, es precisamente en su dimensión conceptual donde la obra alcanza mayor profundidad. La arquitectura no se limita a acoger el aprendizaje, sino que lo provoca, lo estimula y lo expande. A través de una organización administrativa, ecológica y académica, el proyecto no solo responde a condiciones físicas como la contaminación acústica de la Carretera
Las graderías se convierten en un espacio de encuentro donde lo académico y lo social conviven en la vida cotidiana escolar.
La obra destaca por integrar arquitectura, aprendizaje y entorno en un mismo espacio.
Panamericana, sino que también construye un ecosistema educativo donde lo lúdico, lo experimental y lo informal adquieren un papel protagónico.
La incorporación de una franja ecológica activa, concebida como un espacio vivo de aprendizaje, así como la articulación de recorridos, umbrales cromáticos y espacios intermedios, evidencian una arquitectura que entiende al estudiante como un sujeto integrado, capaz de aprender fuera del aula y en constante interacción con su entorno y los demás.
El Colegio de Arquitectos del Perú (CAP) celebró este importante reconocimiento, destacando la presencia peruana en la Bienal Internacional de Arquitectura de Santa Cruz. El gremio resaltó el premio
otorgado al Colegio Franco Peruano, de Barclay & Crousse, en la categoría Producción Profesional / Obra Construida, así como la distinción al proyecto Parque Bicentenario de Ayacucho, de los arquitectos Paolo Rossi Contreras Zea y Miguel Montor, en la categoría Proyectos. Para el CAP, estos logros reflejan la calidad proyectual, la innovación y el compromiso de la arquitectura peruana con su entorno, consolidando su aporte al desarrollo cultural, social y urbano a nivel internacional.
Este reconocimiento internacional no solo enaltece a sus autores, sino que posiciona al Perú como referente en la producción de una arquitectura educativa de calidad, sensible al contexto y comprometida con el futuro. •
El Pompidou entre selva, frontera y arquitectura
El Centre Pompidou tendrá su primera sede en las Américas y estará en Foz do Iguaçu. Diseñado por Solano Benítez, el proyecto apuesta por una arquitectura integrada al paisaje y una nueva mirada cultural en la región.
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El nuevo Centre Pompidou Paraná marca un giro en la identidad del museo francés. Lejos del lenguaje high-tech de su sede original en París, el proyecto propone una arquitectura esencial, abierta y vinculada directamente con su entorno. Con cerca de 24 mil metros cuadrados, el edificio integra salas expositivas flexibles, espacios de encuentro y recorridos que diluyen los límites entre interior y exterior. La intención es que la experiencia del visitante esté atravesada por el paisaje, en diálogo constante con la vegetación de la región.
Uno de los ejes del diseño es el uso de materiales locales. La tierra roja característica de la zona se convierte en ladrillos que dan forma al museo, combinando técnicas tradicionales con soluciones contemporáneas. A esto se suman estrategias de venti-
Salas exibles, espacios de encuentro y puntos de observación construyen una experiencia donde arquitectura y naturaleza se transforman en conjunto.
lación natural, sombra y microclimas que responden a las condiciones del lugar.
El proyecto también establece una relación directa con el Parque Nacional do Iguaçu, reforzando la conexión entre cultura y naturaleza en uno de los entornos más biodiversos del continente.
UN NUEVO POLO CULTURAL EN LA TRIPLE FRONTERA
La elección de Foz do Iguaçu no es casual. Ubicada en la frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, la ciudad es uno de los principales destinos turísticos de la región gracias a su cercanía con las Cataratas del Iguazú y la represa de Itaipu Binacional.
Con una inversión superior a los 200 millones de reales, el proyecto busca sumar una dimensión cultural a este destino global, descentralizando la oferta artística y generando nuevas dinámicas en América Latina.
El museo no se plantea solo como un espacio de exhibición. Incluirá áreas de investigación, formación y residencias artísticas, con una programación que combinará obras del acervo parisino con producciones latinoamericanas.
UN MUSEO PENSADO COMO ESPACIO VIVO
Más que un edificio, el Centre Pompidou Paraná se concibe como un organismo en evolución. La propuesta de Solano Benítez entiende la arquitectura como un proceso que aprende del entorno y se adapta a él.
El desarrollo del proyecto ha incorporado además instancias de diálogo con la comunidad local, con la intención de que el museo sea un espacio cercano y de uso cotidiano.
De esta manera, la primera sede del Centre Pompidou en América Latina no busca replicar un modelo, sino construir uno propio: un lugar donde la cultura, el territorio y las personas conviven y se transforman juntos. •
Con un diseño de Solano Benítez, el museo llegará a Foz do Iguaçu, en la triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, con una propuesta que se aleja del modelo high-tech parisino.
Confianza que se diseña
En el nuevo departamento que diseña para un cliente recurrente –con quien suma varios proyectos a lo largo del tiempo–, la interiorista Luz María Buse reorganiza piezas existentes, introduce arte contemporáneo y a na decisiones espaciales donde el vacío y la circulación resultan determinantes.
“Una de las mejores cosas que me han ocurrido en la vida es contar con la confianza de mis clientes”, comenta Luz María Buse, diseñadora de interiores peruana, al referirse a este último proyecto. El encargo actual corresponde a un nuevo departamento que recoge objetos, muebles y decisiones acumuladas en viviendas anteriores. La operación se centra en reconfigurar los nuevos espacios: “Hemos movido muchas cosas de sitio. Lo que estaba en la sala pasó al comedor”. La redistribución responde a proporciones distintas, una lectura más
el ingreso
una alfombra
La sala principal se organiza a partir de dos sillones en “L” que conducen hacia una chimenea en latón negro. El recorrido invita a ingresar y permanecer. La alfombra de pasadizo, de Ámbito, en bra de llama con textura a dos colores, aporta calidez y delimita la zona social. En las paredes hay obras como las de Valeria Ghezzi y una fotografía de Javier Silva Meiner. “Un espacio debe invitarte a vivir”, dice Luz María.
profunda del uso y a la incorporación de nuevas adquisiciones.
Uno de los cambios más precisos aparece en la chimenea. “Había una muy antigua con una voluta de yeso. Decidí cambiarla por un volumen muy arquitectónico en latón negro”, indica la diseñadora. Este nuevo aspecto redefinió su protagonismo y la convirtió en el eje visual de la sala.
Un punto importante es la disposición del mobiliario, que según su organización crea la experiencia. “Pones dos sillones en forma de L que, enfrentados, te conducen hacia la chimenea y te invitan”, menciona Luz María. El espacio deja de ser un área de paso y se convierte en un lugar que provoca permanecer. El manejo del vacío resulta clave. Frente a ciertos muros, la decisión consiste en no intervenir. Este “silencio” permite que piezas específicas adquieran protago-
En
destaca
turca, de Ámbito, con líneas que recuerdan a un telar Paracas. Sobre el muro, una serie de cuadros de Denise Mulanovich rinde homenaje al mártir José Olaya; debajo, una mesa de un artista francés. Un remo –bautizado por Luz María como “el remo de Olaya”– completa la escena.
Por María Jesús Sarca Antonio Fotos; Miguel Carrillo
El comedor fue concebido como un espacio menos formal y más “juguetón”. Una mesa de madera rodeada de colores cálidos, con obras que acompañan sin saturar, tiene la intención de mantener activa a la familia.
nismo, como las obras de Valeria Ghezzi, cuya materialidad orgánica introduce textura y profundidad: “Un cuadro, que está hecho con cortezas de árbol amazónico, es una maravilla”.
La selección de materiales responde a criterios de uso. Algodones y linos dominan las tapicerías, con costuras visibles que refuerzan el carácter manual. Las alfombras, de la marca Ámbito,
acompañan esta lógica al aportar calidez y definir las zonas dentro del espacio. Los acabados buscan comodidad y resistencia antes que rigidez formal, permitiendo una interacción natural con el entorno. Más allá de la composición, el proyecto se sostiene en el conocimiento del cliente. La casa se proyecta para acompañar distintas etapas. Hábitos, dinámicas familiares y momentos específicos guían la
EL CORREDOR: ENTRE LA CONEXIÓN Y EL AISLAMIENTO
Hoy entendemos el corredor como una simple línea de tránsito, pero, lejos de su aparente neutralidad, este dispositivo técnico ha consolidado la fragmentación de la vida doméstica que hoy naturalizamos bajo el concepto de privacidad.
POR SEBASTIÁN CILLÓNIZ
www.cllz.pe
@cllz_arquitectura
Coleshill House, 1657, Sir Roger Pratt. Uno de los primeros pasillos de la historia atraviesa la casa lateralmente para segregar el movimiento del servicio del en lado de habitaciones al este y oeste.
IZQUIERDA Destaca una obra de Maricruz –con acumulaciones matéricas y tonos terrosos– junto a una pieza suspendida de Ana Orejuela, elaborada en madera hecha un nudo. DERECHA La interiorista Luz María tomó todo lo que ya tenían y lo hizo funcionar: “Ese es el sentido de esta casa”.
configuración. “Un cliente que confía en ti, confía en tu arte”, afirma. En este cuarto proyecto para un mismo cliente, Luz María no replica esquemas anteriores. Ajusta, depura y reorganiza un lenguaje compartido. La confianza acumulada permite decisiones más precisas, donde cada elemento responde a una historia previa y a una forma específica de habitar. •
Arquitecto y docente formado en la Ponti cia Universidad Católica del Perú (PUCP) y con un Master of Advanced Architectural Design por la Universidad de Columbia en Nueva York. Combina la práctica profesional con la re exión crítica sobre la vivienda y los espacios cotidianos, entendiendo el diseño como una herramienta para pensar, ordenar y mejorar la vida diaria con rigor, sensibilidad y criterio técnico. Ha sido reconocido con el Hexágono de Oro (Plan Selva, 2016) y ha participado en proyectos curatoriales como Living Scaffolding, Pabellón del Perú en la Bienal de Arquitectura de Venecia. Actualmente dirige Sebastián Cillóniz Arquitectura, donde desarrolla proyectos residenciales que integran claridad conceptual, buen gusto y una gestión consciente del presupuesto, acompañando a sus clientes en decisiones complejas con solvencia intelectual y precisión proyectual.
El tránsito entre los recintos exige la exposición al clima y al encuentro, transformando la circulación en un espacio continuo donde la fricción ineludible disuelve la frontera tradicional de la privacidad. Ryue Nishizawa, Casa Moriyama, Tokio, Japón, 2005.
En nuestro paso por la casa, los espacios están caracterizados por ser de permanencia, trabajo o descanso. Hoy, sin embargo, ensayaremos la disección de uno de los espacios más inocuos: el corredor. Este está diseñado para ser pura transición, una línea de movimiento cuya vocación es conectar. En la arquitectura doméstica contemporánea, al distribuir los espacios de permanencia, el corredor aparece como un requerimiento técnico, un espacio resultante de la operación distributiva que incluso no está listado en los ambientes de la casa. Sin embargo, detrás de esta aparente neutralidad se esconde una de las invenciones tipológicas más determinantes al interior de la vivienda.
El corredor aparece en la historia de la arquitectura como un dispositivo que responde a un propósito histórico específico. Robin Evans, en su texto seminal “Figuras, puertas y pasillos”, resalta que antes de su aparición en el siglo XVII la arquitectura doméstica consistía en una matriz celular. El término “enfilade” en francés se refiere a las habitaciones conectadas entre sí, donde uno se desplaza de habitación en habitación y este movimiento implicaba un acto de mediación constante entre los cuerpos. La invención del corredor sirvió para arquitecturizar una frontera interior cuyo propósito era segregar al personal de servicio de los dueños de casa, ayudando así a construir la idea moderna de privacidad, extrayendo el tránsito del centro de la vida para reorganizarlo en un nuevo espacio dedicado.
En Lima, la trayectoria del corredor cobra un matiz particular. Si bien Evans emplea el término hallway o pasillo, en nuestro contexto la palabra “corredor” arrastra una resonancia distinta. Nuestro corredor era, en cambio, una experiencia semiexterior, un espacio de sombra y estancia que articulaba la convivencia, ya que en la vivienda tradicional limeña la circulación no era interior ni confinada –aunque sí había enfilados–, sino a través del patio y la galería abierta. La adopción paulatina del corredor interior representó el paso de un espacio de espesor y luz a uno de confinamiento y sombra, acompañando la importación del proyecto moderno, desplazando el recorrido hacia el interior de una envolvente cada vez más compacta y consolidando un cambio radical. Hoy el corredor parece haber cambiado su explícita carga jerárquica por una nueva estructura de relaciones. Si bien el espacio de un departamento se rige por las lógicas de optimización normativa y los parámetros de rentabilidad del mercado inmobiliario, este dispositivo ya no opera como el escenario de una segregación social manifiesta. Por el contrario, frente a la voluntad contemporánea de diluir las antiguas fronteras al interior de la casa, el corredor empieza a subvertir su propia genealogía y se reconfigura como un espacio de fricción ineludible. Deja de ser una herramienta de aislamiento y se convierte en un lugar de encuentro ocasional. La circulación, paradójicamente, recupera su antigua capacidad de articular la vida en común. •
Mid Meza
Una vista lateral de
Por Rodrigo Chillitupa Tantas Fotos: Paula Morrison
Patrimonio peruano en Washington
A pocas semanas de cumplirse los doscientos años de relaciones bilaterales con Estados Unidos, la historia de las casonas diplomáticas del Perú en ese país recobra vigencia por su riqueza arquitectónica y cultural. Una de las más importantes es la residencia del embajador peruano en Washington, Alfredo Ferrero, quien revela detalles clave sobre este espacio y su valor histórico.
Este mes de mayo, el Perú y los Estados Unidos cumplen doscientos años de relaciones bilaterales que se lograron consolidar gracias a la confianza y la cooperación económica. Y dentro de esa hermandad peruana-norteamericana vuelve a cobrar vigencia también la historia de las sedes diplomáticas que nuestro país tiene en Washington D. C.: Battery Terrill y la Casa Wilkins. “La Casa Wilkins y Battery Terrill desempeñan un papel central como plataformas de diplomacia pública. No son únicamente espacios físicos, sino escenarios donde el Perú se presenta ante el mundo y ante los Estados Unidos en toda su diversidad
Battery Terrill, residencia del embajador peruano, integrada a un entorno boscoso de 25 acres diseñado por Horace Whittier Peaslee, formado en la Universidad de Cornell, quien proyectó el conjunto bajo el estilo colonial revival.
cultural, gastronómica, artística y económica”, explica el embajador del Perú en Washington, Alfredo Ferrero, en entrevista con CASAS. Cada casona, con una tradición y distintas funciones, representa la identidad peruana en territorio norteamericano.
Battery Terrill, donde vive el embajador peruano designado y se realizan eventos de promoción cultural, se encuentra ubicado en el 3001 de Garrison Street, Noroeste, al límite norte del vecindario conocido como Forest Hills, llamado así por su propietario de fines del siglo XVIII, el general de la Guerra de la Independencia Uriah Forrest.
Una de las ciento sesenta y tres fortificaciones que el expresidente
Al interior de Battery Terrill, donde vive el embajador peruano designado, se tienen los espacios ideales tanto para la vida familiar como para recepciones sociales. Todo a partir de la modernidad y funcionalidad de un hogar.
El interior de Battery Terrill re eja una elegancia sobria, ya que cuenta con nos muebles, sillas, cuadros y alfombras que decoran un espacio propicio para el embajador peruano designado y su familia.
La artesanía en madera en los ambientes de la residencia de Battery Terrill representa lo mejor del trabajo especializado que había en la década de 1920. Brinda calidez y comodidad a los visitantes del lugar.
estadounidense Abraham Lincoln ordenó construir en 1862 para defender Washington ante un posible ataque del Ejército Confederado durante la Guerra Civil fue Battery Terrill. Recibió su nombre en honor al general brigadier William R. Terrill, fallecido en la batalla de Perryville, Kentucky, el 8 de octubre de 1862.
“Tiene una dimensión simbólica muy especial. Un espacio que en su momento tuvo una función defensiva hoy es un lugar de encuentro, diálogo y cooperación. Representa la evolución de las relaciones internacionales hacia formas más constructivas y colaborativas”, sostiene el embajador Ferrero sobre Battery Terrill. Los propietarios iniciales de Battery Terrill fueron Charles Tompkins y
Lida Tompkins. Ambos le encargaron el diseño de la residencia a Horace Whittier Peaslee, arquitecto y paisajista formado en la Universidad de Cornell, quien optó por el estilo colonial revival para la estructura del lugar. Así se puede notar que en la fachada tiene un entorno boscoso de 25 acres. El garaje fue integrado a la estructura principal, siguiendo las ideas de Peaslee sobre la modernidad y funcionalidad del hogar. A diferencia de las tradicionales casas georgianas del siglo XVIII, la residencia ofrece vistas hacia un paisaje natural, en lugar de jardines formales frontales que están al este. El interior de Battery Terrill refleja una elegancia sobria –con finos muebles, sillas, cuadros y alfombras– que se convierte en el
El embajador Alfredo Ferrero destaca que en la residencia peruana en Washington se realizan, con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, labores periódicas de mantenimiento especializado, con énfasis en la conservación de los materiales originales.
Dentro de Battery Terrill hay espacios donde se destacan los lazos de hermandad entre los Estados Unidos y el Perú. Además, se cuenta con una escalera curva monumental que permite al visitante acceder a los ambientes de la residencia.
espacio ideal tanto para la vida familiar como para recepciones sociales. Aunque no se incorporan elementos originales del siglo XVIII, la artesanía en madera en los ambientes de la residencia representa lo mejor del trabajo especializado que había en la década de 1920.
En 1944, el embajador del Perú en los Estados Unidos, Pedro Beltrán, adquirió Battery Terrill como residencia. Y a pesar del tiempo transcurrido, la estructura y los acabados se mantienen intactos y bien preservados.
“Se promueve el cuidado de las áreas verdes, el uso responsable de los recursos y la integración de prácticas sostenibles que contribuyan a mantener este espacio como un entorno saludable. Los visitantes de la residencia siempre quedan impresionados, ya es que es una vitrina para el Perú, cada salón tiene un motivo porque encuentran artesanías, pinturas y textiles cusqueños”, detalla el embajador Ferrero.
LA CASA DEL PERÚ
La embajada del Perú en Washington D.
La residencia de Battery Terrill se encuentra ubicada en el 3001 de Garrison Street, Noroeste, al límite norte del vecindario conocido como Forest Hills, llamado así por su propietario de nes del siglo XVIII, el general Uriah Forrest.
C. funciona en la Casa Wilkins, ubicada en el cruce de la Calle 17 con la Avenida Massachusetts entre los óvalos Dupont y Scott. Pertenece al Estado peruano desde 1973.
La propiedad fue adquirida en 1908 por Emily Jane Robinson, viuda de Beriah Wilkins, reconocido congresista estadounidense, originario de Ohio y vinculado al periódico “The Washington Post”. La casa de cuatro plantas fue construida entre 1909 y 1910, bajo el diseño del famoso arquitecto francés Jules Henri de Sibour. Henri de Sibour se inspiró en la influencia arquitectónica de la Escuela de Bellas Artes de París. Así se tiene que la fachada de la embajada tiene un estilo renacentista italiano, aleros de estilo corintio y guardas interiores de inspiración Tudor y Jacobina, con finos enchapados en roble, e incluye un ascensor enchapado en madera originalmente de la marca Otis.
En el segundo piso se encuentra los despachos del embajador y hay salones que albergan piezas de la escuela cusqueña,
La Casa Wilkins, donde funciona la embajada del Perú en Washington D. C., tiene cuatro plantas. El arquitecto francés Jules Henri de Sibour se inspiró en la in uencia arquitectónica de la Escuela de Bellas Artes de París.
junto a obras de artistas contemporáneas de origen indígena. Además, se puede visualizar piezas precolombinas como huacos. En el tercer y cuarto piso están las antiguas habitaciones familiares y del personal del servicio doméstico que pasaron a ser oficinas.
“La Casa Wilkins simboliza elegancia, historia y vocación internacional. Que sea nuestra sede en este momento conmemorativo refuerza la idea de una relación madura y consolidada”, menciona el embajador Ferrero. Antes de que fuera la sede diplomática peruana, en la Casa Wilkins funcionó la Embajada de Australia entre 1946 y 1973. Ahora es el sitio donde el embajador Alfredo Ferrero no solo sostiene importantes reuniones con representantes del gobierno norteamericano, sino que también registra historia, tradición y arte de lo mejor del Perú.
“Battery Terrill y la Casa Wilkins serán ejes articuladores de una programación que incluirá actividades culturales, académicas, de promoción económica, turística y gastronómica. Buscamos que sean puntos de encuentro que reflejen la profundidad histórica de la relación bilateral, pero también su proyección hacia el futuro con Estados Unidos”, finaliza el embajador Ferrero. •
Funcionalidad y calma como forma de habitar
Una vivienda de tres niveles donde la calidez de los materiales y una distribución clara acompañan el ritmo cotidiano. El proyecto Álvarez Calderón, de la interiorista Carla Cánepa, apuesta por lo simple y bien hecho.
En el proyecto Álvarez Calderón, la diseñadora e interiorista Carla Cánepa plantea una idea directa: crear una casa que funcione bien todos los días, sin perder carácter.
La vivienda, distribuida en tres niveles, responde a las dinámicas de una familia joven, con espacios que fluyen, materiales que conectan y decisiones que priorizan el uso real por encima de lo ornamental. Desde el ingreso, la propuesta se entiende de manera clara. La madera marca el recorrido y ordena el conjunto. Está presente en distintos planos —mobiliario, Por Renzo Espinosa Mangini
revestimientos, detalles— y logra una continuidad visual que aporta calma.
ÁREA SOCIAL: EQUILIBRIO Y CRITERIO
La sala y el comedor se resuelven con una selección precisa de piezas. Las formas orgánicas suavizan la arquitectura y hacen que el espacio se sienta más cercano. La paleta es neutra, con tonos claros que amplifican la luz y algunos acentos de color que introducen ritmo sin recargar. En este contexto, el mobiliario
La terraza se integra como una extensión natural del interior, conectando los materiales cálidos con la vegetación exterior.
—todo de Sierra Muebles— acompaña con coherencia la propuesta, reforzando la calidez y el carácter del espacio.El mobiliario no compite, acompaña. Hay una intención clara de mantener el orden visual, pero sin caer en rigidez. Los textiles —incluidas las alfombras, de Ámbito—, las mesas y los objetos decorativos suman capas sin distraer.
Formas orgánicas y tonos neutros de nen una sala donde la madera y el arte equilibran el espacio social. Todos los muebles son de Sierra Muebles. La alfombra, de Ámbito, elaborada en 100% lana de oveja con tejido punzonado, aporta textura y calidez.
Mobiliario de líneas sencillas e iluminación contemporánea conviven en un comedor que prioriza el orden visual y la funcionalidad.
El arte aparece como un elemento constante. No está colocado al azar: cada pieza aporta identidad y construye una narrativa silenciosa en los ambientes. Es un recurso que suma profundidad y vuelve la casa más personal.
INTERIOR Y EXTERIOR SIN BARRERAS
La terraza funciona como una extensión natural del área social. No se siente como un espacio aparte, sino como una continuación lógica. La elección de materiales —madera, piedra y fibras— refuerza esa transición y permite que todo se integre con el entorno. La vegetación cumple un rol clave: ayuda a conectar los espacios y a generar una sensación de apertura. Las plantas acompañan la arquitectura y suavizan los límites, haciendo que el interior respire hacia el exterior. Dentro de la casa, uno de los puntos más expresivos es el baño de visitas. Aquí el lenguaje cambia ligeramente: aparecen contrastes más marcados, texturas y una composición que busca llamar la atención. Es un espacio pequeño, pero con carácter, pensado como un momento distinto dentro del recorrido.
En conjunto, el proyecto mantiene una línea clara. Cada decisión —desde los materiales hasta las formas— responde a una intención concreta: hacer que la casa funcione y se sienta bien. No hay excesos ni gestos innecesarios.
El resultado es una vivienda que no solo se ve bien, sino que acompaña. Y en un proyecto residencial, eso termina siendo lo más importante. •
CÓMO ARMAR UNA MESA DE CUMPLEAÑOS INFANTIL
Qué suerte poder trabajar una mesa así, compartiendo el mismo criterio con mi clienta.
La idea fue volver a esa mesa de cumpleaños infantil que siempre se hacía en Lima: un lonche familiar, con primos y amigos, reflejo de lo que somos los peruanos, generosos por naturaleza. No podían faltar los clásicos: sanguchitos triples o de pollo, gelatina, cancha, todo hecho en casa.
Con el tiempo, Lima se ha convertido en una ciudad que ofrece múltiples alternativas que simplifican la vida. Sin embargo, en ese camino también hemos ido dejando de lado ciertos gestos que nos definían. Porque, si algo nos caracteriza, es que todo lo hacemos delicioso y somos espléndidos al invitar.
Para conservar ese espíritu familiar, no hace falta exagerar ni, mejor dicho, sobreproducir. Es precisamente
Una mesa de dulces con ores y detalles coloridos que celebra lo simple y lo familiar.
en el exceso donde muchas veces se pierde la elegancia.
Al estar ubicada en el jardín, la mesa se pensó en diálogo con su entorno: mariposas, hormigas y libélulas decoran las fuentes; topiarios de mirto y flores de colores alegres aportan frescura. Es una mesa abundante y colorida, sí, pero también natural. Los muñecos vintage de “The Tale of Peter Rabbit”, de Beatrix Potter, introducen un aire de añoranza que equilibra el conjunto. Quizá, también, hay aquí una respuesta a la sobrecarga visual que domina muchos eventos hoy en redes sociales. Es difícil que un niño procese tantos estímulos y tanto ruido en un solo momento.
Hay una frase de Leonardo da Vinci que siempre tengo presente: “La simplicidad es la máxima sofisticación”. Una idea que resume todo: la verdadera elegancia está en saber quitar lo superfluo para quedarse con lo esencial. •
Javier Delgado juega con las texturas con muebles de terciopelo, cojines de seda, super cies de madera y una pared íntegra de mármol, logrando un espacio cálido, elegante y pensado para sostenerse en el tiempo.
Una casa para durar
El Proyecto SB, diseñado por Javier Delgado, rede ne un dúplex en San Isidro con una lógica atemporal: paleta neutra, protagonismo del arte, materiales cálidos y una distribución adaptada a una pareja joven de origen intercultural.
Por María Jesús Sarca Antonio Fotos: Fabiana Silva
El punto de partida no fue un estilo ni una tendencia. Fue una historia compartida. Una pareja a punto de casarse, con orígenes distintos –India y Lima–, planteó un encargo que exigía equilibrio cultural sin caer en clichés. Javier Delgado entendió el reto desde el inicio: “Tenía que hacer un mix cultural y que al mismo tiempo el proyecto se viera muy elegante”.
Esa claridad definió el rumbo del Proyecto SB, un dúplex intervenido desde la distribución hasta el detalle decorativo. La premisa resultó directa: permanencia en el tiempo. Delgado lo explicó desde la
primera reunión: “Yo quería para ellos algo que sea atemporal, que el tiempo pase y que se siga viendo elegante”. La decisión descartó modas y condujo hacia una estética sobria, con guiños eclécticos y acentos neoclásicos.
MATERIA Y COLOR: EL EQUILIBRIO PRECISO
Madera, tonos o -white y superficies neutras organizan los espacios. La elección responde a una “búsqueda de calidez” y los materiales refuerzan esa intención. Terciopelos en los sofás, seda en cojines y
El dúplex incorpora obras de Mónica Tuss, Mariella Agois, Gam Klutier, Andrea Velasco Astete, entre otros artistas, que introducen acentos de color y carácter en distintos espacios.
buscando piezas que dialoguen con la arquitectura. “Que el color sea dado por la obra de arte”, resume.
El recorrido incluye trabajos de Gam Klutier, Nader Barhumi, Mariella Agois y Patica Jenkins, entre otros. En el comedor, una obra de Claudia Tuss actúa como punto focal. Se incorporan esculturas puntuales que complementan la narrativa con volumen y textura.
dentro de la vivienda. “El cliente cuando lo vio me dijo: ‘No puedo creer lo que has hecho’”, recuerda.
Este tipo de decisiones evidencian una postura clara: la arquitectura puede adaptarse. “Aprendí que en la arquitectura todo es modificable, todo está en la creatividad y cómo lo cambiamos”, afirma.
MÉTODO Y AFINIDAD
enchapes de madera generan una atmósfera doméstica, confortable. El comedor, con tablero de cristal y base de madera, introduce ligereza visual. En contraste, el bar incorpora un tono charcoal –un carbón profundo– que aporta densidad y carácter. La luz natural, abundante en el dúplex, transforma ese color a lo largo del día: “En la mañana era un carbón más ligero, y en la noche, uno más intenso”. El color toma más presencia en el arte. Las obras seleccionadas definen la identidad del espacio. Delgado trabajó junto a los clientes en la curaduría,
Cada pieza responde a una estrategia: activar el espacio sin saturarlo. La arquitectura se mantiene como soporte, el arte como detonante visual.
RECONFIGURAR
PARA HABITAR MEJOR
El proyecto no se limitó a revestimientos.
La distribución original del dúplex planteaba una lógica distinta, pensada para una familia más numerosa. Delgado replanteó el uso del espacio a partir de las necesidades reales de la pareja.
Una despensa sobredimensionada en la cocina se transformó en un bar con cava integrada. La intervención optimizó el metraje y generó un nuevo centro social
El proceso se apoyó en una comunicación fluida. Reuniones constantes, intercambio de referencias y ajustes durante obra permitieron afinar el resultado. Delgado describe ese vínculo como esencial: “Tiene que haber una sinergia de ambas partes”. El desarrollo siguió una secuencia ordenada: conversación inicial, brainstorming, diseño, visualización en 3D, presupuesto y ejecución. Los cambios surgieron durante la obra, dentro de un margen controlado.
Más allá del resultado formal, el proyecto deja una conclusión clara para su autor: el entendimiento con el cliente define el éxito. “Que mi cliente esté feliz, ese fue mi objetivo”. •
CELOSÍAS
Geometría y Color
San Isidro
¡NUEVOS MODELOS! diseñados para darte la libertad de elegir color y textura, óptimas para dividir ambientes, dejar pasar la luz y aportar carácter a tus espacios.
ARRIBA Muros de color arcilla, formas simples y materiales locales de nen la casa en Abiquiú, pensada para integrarse con el entorno. DERECHA El estudio se abre al paisaje: un gran ventanal enmarca los árboles y convierte la vista en parte del espacio.
Abiquiú: el refugio creativo de Georgia O’Keeffe
Una casa de adobe en ruinas se convirtió en el lugar donde la artista, reconocida como “la madre del modernismo estadounidense”, vivió, trabajó y encontró inspiración en el paisaje de Nuevo México.
Ca. Baltazar La Torre 530 San Isidro
Georgia O’Keeffe en el patio de su casa en Abiquiú, un espacio íntimo que acompañó su vida y su obra.
En 1945, Georgia O’Kee e compró un terreno de cuatro acres en el pueblo de Abiquiú. Ahí había una casa de adobe, de estilo hacienda y organizada alrededor de un patio central. Estaba abandonada, en ruinas, casi absorbida por el paisaje. Sin embargo, para O’Kee e eso no fue un problema.
Decidió reconstruirla y adaptarla a su manera de trabajar. Con el tiempo, ese espacio se convirtió en su hogar y su estudio hasta el final de su vida. La arquitectura, los materiales locales y las vistas del entorno se integraron en su proceso creativo. Esta exposición reúne pinturas inspiradas en esa casa de Abiquiú, varias de ellas mostradas por primera vez en décadas. También incluye una recreación de su estudio, con
una mesa diseñada por la propia artista y sus herramientas originales.
UN PROYECTO COMPARTIDO
Para la restauración, O’Kee e trabajó junto a su amiga, la escritora Maria Chabot. Mantuvieron la estructura original, pero redefinieron los espacios. Chabot diseñó áreas domésticas, un jardín con árboles frutales y el estudio más grande que tuvo la artista. Además, propuso ampliar las ventanas para abrir la vista hacia los álamos y la meseta que rodeaban la propiedad. La casa, rodeada por muros, miraba hacia su patio interior. A diferencia de su primera residencia en Ghost Ranch, aquí las vistas no eran
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inmediatas. La solución fue crear un nuevo punto de observación. Ese vínculo con el exterior no fue solo visual. Las decisiones en la casa –abrir muros, ampliar ventanas, separar el estudio– respondían a una necesidad concreta: mirar mejor. En Abiquiú, la arquitectura dejó de ser un fondo y pasó a formar parte del proceso creativo. Con el tiempo, ese espacio se volvió inseparable de su obra. La casa, el estudio y el paisaje funcionaban como un mismo sistema, donde cada elemento influía en el otro. O’Kee e no solo habitó ese lugar: lo construyó a su medida para pintar desde ahí. •
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