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CASAS ED345 WEB

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LA REVISTA DE ARQUITECTURA, DISEÑO Y DECORACIÓN DE COSAS

CASA EQUIS

El enclave desértico de Sandra Barclay

Colección “Monumentos en el Bicentenario” | La Casa Villa Brava I en Paracas | Guía de objetos de playa | Sara Flores en la Bienal de Venecia | Tendencias 2026 en iluminación | Especial Terrazas de Paula Olcese y Jordi Puig | Plantas en verano: cómo cuidarlas mejor

RAZ AS

Alberto Guzmán y el espacio desde el dibujo Sara Flores hace historia en la Bienal de Venecia

Objetos de playa diseñados por autores

El Centro Histórico de Lima leído desde sus monumentos

ARQUITECTURA Playa Blanca y el poder del color frente al mar

Lo nuevo y lo que vuelve en iluminación este año

Casa Poseidón: un refugio en equilibro con el

La cocina entre técnica y vida cotidiana según Sebastián Cillóniz

Isabel Maguiña comparte tips sobre el cuidado de las plantas en verano

Cinco diseñadores que marcan el rumbo del diseño

Sandra Barclay Arquitectura en diálogo

PARA LA ARQUITECTA PERUANA, DISEÑAR ES UNA FORMA DE ESCUCHAR AL LUGAR, AL CLIMA Y A QUIENES LO HABITAN. FORMADA ENTRE LIMA Y PARÍS, Y SOCIA DE JEAN PIERRE CROUSSE EN BARCLAY & CROUSSE, SANDRA BARCLAY HA CONSTRUIDO UNA DE LAS TRAYECTORIAS MÁS

SÓLIDAS DE LA ARQUITECTURA LATINOAMERICANA, RECONOCIDA POR SU SOBRIEDAD, PRECISIÓN Y PROFUNDA SENSIBILIDAD HUMANA.

1. Un edificio: Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo.

3. Un árbol: meijo.

7. Una foto: “María Reiche y las líneas de Nazca” (1993), de Javier Silva Meinel.

2. Un objeto: yupana.

4. Una trama: “Color Study” (1970), de Anni Albers.

8. Un microcosmos: Puruchuco.

9. Un recorrido: Deriva desde Lomas de Amancaes con Francesco Careri (Lima, 2017).

5. Un land art: “Los peines del viento” (1977), de Eduardo Chillida.

6. Un libro: “La invención de la naturaleza” de Andrea Wulf.

10. Una actividad: maquetar.

Piezas clave para el verano 2026

Una curaduría de objetos que combinan diseño y funcionalidad para acompañarte durante la temporada de sol.

BUSINESS & PLEASURE CO.

Sombrilla de patio estilo retro con paneles rosa, US$5122.

MOZDEH MATIN

Cushion Solar 50 x 50 cm, 100% algodón, US$285.

PRAIA

Silla playera plegable de madera con tela resistente, US$139.

POLEN STUDIO

Lámpara de mesa orquidea, S/2450.

POLTRONA FRAU

KELLY WEARSTLER

Mesa de centro escultórica en capas, US$7000.

CASASTRATA

Yute STRIPED en azul, Medidas: 300 x 400 cm, US$2250.

AMSTEL GALLERY

Sombrilla retro estilo europeo, estructura de madera, US$359.

PÁJARO LOCO colección barista, las piezas tienen capacidad para 4 oz., S/70, y 5 oz., S/70.

Lámpara portátil recargable de color óxido y diseño escultórico para exteriores, a pedido.

SUNDAY SUPPLY

Sombrilla premium con tela UPF50+, US$148.

IZCUE

Aros Servilleteros Pelícano, S/160.

BUSINESS & PLEASURE CO.

Butaca de exterior en teca natural, tela Mónaco del color ‘Le Sirenuse Stripe’, US$2389.

Alberto Guzmán: el escultor que pensó el espacio desde el dibujo

La exposición del artista peruano “Alberto Guzmán (1927-2017), Obra gráfica, dibujo y escultura”, ofrece una revisión integral de la producción de uno de los artistas peruanos con mayor proyección internacional del siglo XX, bajo la curaduría de Luis Eduardo Wu arden.

Instalada en el Museo del Grabado ICPNA, la muestra dedicada a Alberto Guzmán propone un recorrido por distintas etapas y soportes de su producción, poniendo en diálogo obras gráficas, dibujos y esculturas que revelan la solidez de un pensamiento artístico sostenido en el tiempo. El conjunto permite observar cómo la investigación formal, el rigor constructivo y la libertad experimental convivieron en una obra marcada por la búsqueda constante y la autonomía del lenguaje.

Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes y radicado en París desde los años sesenta, Alberto Guzmán fue una figura clave en la introducción de la abstracción en la escultura peruana. Su obra dialogó con los lenguajes internacionales sin perder referencias simbólicas de raíz precolombina, y extendió esa búsqueda al dibujo y la gráfica, una faceta central de la muestra. Acuarelas, grabados y técnicas mixtas revelan cómo el gesto y la línea no fueron estudios previos, sino parte de una exploración autónoma que acompañó su interés sostenido por la luz, la transparencia y la depuración formal.

LA VOZ DE QUIEN TRABAJÓ A SU LADO

En conversación con el escultor Álvaro Roca Rey, surge una mirada clave para entender al artista. Fue asistente de Guzmán durante dos años y medio en París y se volvió su amigo cercano. “La mayor parte de los escultores hacen bocetos y planos detallados. Alberto no hacía planos.

Se sentaba, empezaba a dibujar y ese dibujo ya era una obra de arte”, señala. Para él, esa manera directa y libre de trabajar definía el carácter de toda su producción. “Llegaba por las mañanas y, en vez de sufrir, se divertía con el papel”.

Muchos de esos dibujos, que luego podían derivar en esculturas en bronce, hierro o mármol, están hoy expuestos y permiten entender la continuidad entre sus exploraciones bidimensionales y tridimensionales. La muestra incluye además piezas provenientes de colecciones privadas y del propio ICPNA, así como obras donadas recientemente por la esposa del artista al Museo del Grabado, gestión en la que Roca Rey tuvo un rol decisivo.

Para Roca Rey, “la muestra es un compendio no muy extenso, porque su obra fue muy vasta, pero reúne piezas prestadas por coleccionistas y obras que ya pertenecen a la colección del ICPNA”, señala. El énfasis en el trabajo bidimensional responde,

Para Alberto Guzmán, el dibujo no era un paso previo, sino un modo de pensar el espacio: una exploración autónoma que atravesó toda su obra.

además, al espacio que la acoge. “Como se presenta en el Museo del Grabado, se ha dado un mayor peso al dibujo y al grabado, que es una parte fundamental de su trabajo y pocas veces exhibida”.

Pese a su relevancia, Guzmán tuvo un reconocimiento limitado en el Perú, donde su obra pública fue escasa y su mercado se concentró principalmente en Francia. Para Roca Rey, esta exposición representa una oportunidad poco frecuente de acercarse a su trabajo en el país. “En el Perú no es tan conocido, pero creo que es uno de los dos o tres mejores escultores que ha tenido el siglo XX”, afirma. La muestra reafirma, finalmente, una idea compartida por quienes lo conocieron de cerca: Guzmán no solía teorizar sobre su obra, pero esta se explicaba por sí sola. “Él no tenía facilidad para explicar lo que hacía, pero su obra hablaba mucho mejor que él, y cuando el arte habla, no miente” concluye Roca Rey. •

Sara Flores y el momento en que el Perú decidió mirarse de frente

Más que una presencia en Venecia, la obra de la artista shipibo-konibo marca un giro: el arte peruano entra al gran circuito internacional desde sus saberes ancestrales, sin traducirse ni pedir permiso.

Sara Flores, artista shipibokonibo, lidera el Pabellón del Perú en la Bienal de Venecia 2026, llevando el kené al centro del arte contemporáneo global como un lenguaje vivo y en expansión.

El Perú llega a la Bienal de Venecia 2026 con una representación que marca un nuevo momento para su escena artística. Sara Flores, artista shipibo-konibo nacida en la Amazonía, encabeza el Pabellón Nacional llevando el kené al centro del arte contemporáneo global, desde una voz propia y sin intermediarios. Articulado por el Patronato Cultural del Perú y con curaduría de Issela Ccoyllo y Matteo Norzi, presenta nuevas obras de Flores basadas en el kené, el sistema geométrico ancestral del pueblo shipibo-konibo. No se trata de una retrospectiva ni de una traducción didáctica, sino de una expansión: el kené aparece como un sistema vivo, capaz de dialogar con la contemporaneidad desde la reciprocidad, la conciencia ecológica y la continuidad cultural.

KENÉ: DE HERENCIA ANCESTRAL A LENGUAJE CONTEMPORÁNEO

Para el arte peruano contemporáneo, este momento marca una madurez poco frecuente. No la del consenso ni la del estilo dominante, sino la de una escena capaz de sostener múltiples voces sin jerarquías implícitas. Que una artista indígena lidere la representación nacional no es un gesto simbólico ni una corrección tardía: es la confirmación de que lo contemporáneo también se construye desde saberes transmitidos por generaciones, y que estos no necesitan adaptarse para ser leídos como actuales. Nacida en 1950 en la comunidad de Tanbo Mayo, a orillas del río Ucayali, Sara Flores ha desarrollado una práctica anclada en el kené desde la transmisión materna y el conocimiento colectivo.

Sus obras, realizadas con pigmentos vegetales extraídos de plantas forestales, traducen una relación profunda entre cuerpo, territorio y cosmología. En ellas, la geometría no decora ni ilustra: ordena, cura, conecta. El kené, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2008, deja de ser una herencia estática para revelarse como un lenguaje en expansión.

La edición 2026 de la Bienal, titulada “En tonos menores”, refuerza esa lectura. Concebida por la curadora Koyo Kouoh –y continuada tras su fallecimiento–, propone una resistencia al espectáculo y una poética de la sutileza. Menos volumen, más resonancia. Menos gesto grandilocuente, más atmósfera. En ese contexto, la obra de Flores no solo encaja: encuentra un terreno fértil. Su trabajo, silencioso y preciso, opera como uno de esos “oasis” que la bienal imagina: espacios donde la fragilidad se vuelve fuerza colectiva.

Que museos como el Met, el Guggenheim o la Tate hayan incorporado su obra a sus colecciones confirma algo que Venecia amplifica: el kené ya no necesita explicación. Lo mismo ocurre cuando su lenguaje dialoga con otros territorios, como la moda, a través de colaboraciones como Dior Lady Art. No hay concesión ni exotización, sino continuidad.

Más que una artista invitada, Sara Flores encarna un cambio de paradigma. Un Perú que deja de mirarse desde la traducción o la nostalgia y empieza a hablar desde lo que es. En Venecia, el kené no representa al pasado: señala un futuro posible. Y eso, en el lenguaje del arte contemporáneo, es decir mucho. •

Por Micaela Simón

Diseñada junto al arquitecto Tarek Shamma, la villa despliega interiores marroquíes y una paleta rosada que vibra elegante y personal.

La villa rosa de Christian Louboutin

Un refugio privado diseñado como obra de arte, entre arrozales, tonos rosados e inspiración marroquí. La Salvada y La Maison des Bateaux son la expresión más íntima y exuberante del universo creativo de Christian Louboutin en la costa más serena de Alentejo, en Portugal.

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Escondida entre los campos de arroz y la serenidad natural de la costa portuguesa, en la tranquila aldea de Melides, se alza una joya de diseño: la villa La Salvada, un refugio privado concebido por el icónico diseñador de suelas rojas, Christian Louboutin. Junto a su hermana, La Maison des Bateaux, forma parte de la expansión íntima de su boutique hotel Vermelho Melides, un nuevo proyecto donde la hospitalidad se convierte en experiencia sensorial.

La Salvada emerge como un santuario estético donde cada detalle parece pensado para detener el tiempo. No es un alojamiento: es una invitación a la contemplación pura del paisaje del Alentejo, con espacios que combinan arte, moda y la poderosa calma de un entorno natural casi intacto.

LUJO POÉTICO: ARQUITECTURA, DISEÑO Y ALMA

La Salvada, de aproximadamente 250 m 2 ,

La piscina funciona como un espejo sereno donde la arquitectura se funde con la luz y el agua, prolongando la calma del entorno.

fue diseñada por el arquitecto egipcio Tarek Shamma, mientras que los interiores llevan el trazo personal del propio Louboutin. El resultado es hipnótico: techos de doble altura, una gran claraboya cenital que baña con luz natural la sala, el comedor y el lounge, y una paleta dominada por rosas empolvados, arenas cálidas, rojos vibrantes e índigos profundos. Una alquimia cromática que recuerda sus viajes por Marruecos y su fascinación por lo artesanal. El mobiliario –buena parte de la colección personal del diseñador– incorpora piezas de diseño global y objetos únicos adquiridos en mercados del norte de África, mezclados con azulejos hidráulicos, maderas recuperadas y textiles portugueses hechos a mano. Afuera, la villa ofrece un espectáculo de calma cinematográfica: piscina privada, chimenea exterior, terrazas lounge y vistas de 360°, donde los arrozales y el Atlántico parecen coreografiados para el deleite del ojo.

Techos altos y luz cenital inundan los espacios sociales de claridad natural, mientras que en las habitaciones una paleta de tonos pastel envuelve los ambientes con calma y so sticación sutil.

DOS FORMAS DE VIVIR MELIDES: INTIMIDAD O CONVIVIALIDAD Pensada para máximo cuatro huéspedes, La Salvada es un retiro absoluto, ideal para quienes buscan privacidad total, inspiración o descanso radical. Dos suites privadas e independientes con baños en suite, espacios amplios y silencio curado, convierten a la villa en un escenario perfecto para desconectar del mundo sin renunciar al más alto confort.

A minutos de distancia, La Maison des Bateaux –también concebida por Louboutin y Tarek Shamma– ofrece una experiencia distinta: con unos 150 m 2 y capacidad para hasta seis personas, combina la arquitectura tradicional alentejana encalada en blanco con un espíritu náutico chic. Decks de madera, textiles azules, objetos marineros, una sala de TV convertible en dormitorio extra y la misma conexión mística con los arrozales, construyen un ambiente

más cálido y familiar. Perfecta para el viajero que prefiere compartir el lujo y hacerlo social.

EXCLUSIVIDAD Y ESTÉTICA

Las villas son la evidencia de que el estilo distintivo de Christian Louboutin puede cruzar del calzado al territorio habitable sin perder un gramo de personalidad. Pero, como todo lo que roza su universo creativo, la exclusividad tiene tarifa: La Salvada parte desde €2200 la noche, mientras que La Maison des Bateaux empieza en aproximadamente €1700. Sin embargo, el valor no yace en el número, sino en la experiencia: dormir dentro de la mente estética de un creador obsesionado con la belleza, en un lugar donde la naturaleza pone las reglas y el diseño actúa como homenaje. Un refugio elitista, sí, pero también un poema visual donde la moda, el paisaje y el silencio se sientan a la mesa. •

Una operac ón sustractiva que excava el terreno para construir espacios intermedios, contro c imát co y continu dad entre interior y exter or.

Casa Equis: arquitectura que nace del desierto

Una arquitectura tallada en la arena replantea la manera de convivir con el desierto. Casa Equis propone una arquitectura que se hunde en el territorio para revelar su fuerza, trabajando la luz, la sombra y el vacío con una sutileza que la ha convertido en referencia latinoamericana.

Casa Equis se implanta siguiendo la topografía del desierto, organizando el programa en dos niveles que optimizan asoleamiento, masa térmica y visuales.

Ubicada en el desierto de Cañete y diseñada por los arquitectos Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, la Casa Equis –concluida en 2003 y de 172 m 2 construidos– se ha convertido en un referente de la arquitectura latinoamericana contemporánea por su capacidad de dialogar con un territorio austero y potente.

A lo largo de los años, el proyecto ha sido distinguido con premios y nominaciones como el Mies Crown Hall Americas Prize (IIT Chicago, 2014), el Record Houses Award de “Architectural Record” (Nueva York, 2004) y menciones en la IV Bienal Iberoamericana de Arquitectura (Lima, 2004). Su reconocimiento internacional

Patios, corredores y vacíos estructuran un sistema espacial que regula la luz natural y refuerza la relación con el paisaje árido.

responde a la radicalidad silenciosa de su gesto arquitectónico: crear intimidad sin negar el desierto, excavarlo para revelarlo, en lugar de imponerse sobre él.

La propuesta parte de una idea

esencial: los arquitectos imaginaron un volumen puro, casi primitivo, que pareciera haber existido siempre allí. Sobre este bloque conceptual se realizó un trabajo sustractivo: retirar materia como quien excava un sitio arqueológico en busca de vestigios precolombinos ocultos bajo la arena.

De esa operación nacen patios, corredores y vacíos intermedios que borran los límites entre interior y exterior, generando un flujo espacial continuo que integra la arquitectura con el horizonte árido.

UN PAISAJE HABITADO DESDE EL VACÍO

La implantación responde a la pendiente natural del sitio. La casa se organiza en dos niveles que acompañan la topografía costera: arriba se ubican las áreas

Una arquitectura de volumen puro y materialidad terrosa que dialoga con el entorno a través de la escala, la sombra y el envejecimiento natural.

sociales, abiertas plenamente hacia el océano mediante grandes paños de vidrio sin marco; abajo se encuentran los dormitorios, semienterrados y protegidos por la masa térmica del terreno. Esta disposición no solo controla la radiación solar, sino que ademas intensifica la sensación de resguardo en un paisaje expuesto. La terraza principal funciona como una extensión del desierto: una

“playa artificial” donde la vida interior se prolonga hacia el exterior. Una piscina angosta y lineal acompaña esta plataforma, reforzando el horizonte continuo que une arquitectura, mar y arena. La paleta cromática –ocres, arenas, tonos terrosos– permite que la casa se funda visualmente con su entorno, envejeciendo con él a medida que el polvo del desierto matiza su apariencia.

El proyecto propone una forma de habitar el desierto basada en la integración paisajística, la e ciencia pasiva y la construcción desde el vacío.

La luz natural, cuidadosamente filtrada a través de patios y cortes cenitales, modela la experiencia interior. Sombra profunda, destellos precisos y penumbras móviles construyen una atmósfera que responde tanto a criterios estéticos como climáticos. El corredor que conecta los dormitorios se convierte en un espacio de introspección, enmarcando el océano desde la penumbra y recordando que, aun en su apertura, la casa privilegia la sensación de refugio.

Más que una vivienda, Casa Equis es una declaración sobre cómo habitar el desierto sin transformarlo en otra cosa. Su forma parece surgir de la arena y no superponerse a ella. Sus vacíos construyen vida donde otros verían solo vacío. Y su diálogo con la luz, la sombra y la materia reafirma una idea poderosa: en territorios extremos, la arquitectura no debe imponerse, sino revelar. •

Un espacio de reencuentro urbano

La recuperación de la Casa de Correos y Telégrafos propone un diálogo entre la herencia culinaria, el archivo histórico y una arquitectura que Lima ha mantenido en silencio desde 2019.

Caminar por la segunda cuadra del jirón Conde de Superunda es, desde hace seis años, bordear un silencio de piedra y hierro. Detrás de la imponente fachada de inspiración francesa de la Casa de Correos y Telégrafos de Lima, el trajín de las cartas y los telegramas parece haber quedado suspendido en un paréntesis que comenzó en 2019. Sin embargo, lo que para muchos es solo un hito arquitectónico hoy clausurado, se prepara para protagonizar una de las transformaciones más ambiciosas del Centro Histórico.

El proyecto impulsado por Prolima, que hoy entra en su fase de preinversión, no se limita a un ejercicio de restauración estética; se trata de una operación a escala metropolitana que busca devolver a la ciudad un espacio de reencuentro donde la historia y la cotidianidad vuelvan a dialogar.

La intervención plantea la creación de un conjunto cultural de

escala metropolitana que integra tres pilares fundamentales: la Casa de la Gastronomía Peruana, el Museo Postal y Filatélico, y el Archivo General de la Nación. No se trata de una convivencia accidental, sino de una propuesta que entiende el patrimonio como un organismo vivo. Bajo esta premisa, la Casa

ARRIBA La iniciativa plantea la recuperación del inmueble y de las instituciones que actualmente alberga, entre ellas, el Archivo General de la Nación, el Museo Postal y Filatélico y la Casa de la Gastronomía Peruana.

IZQUIERDA Propuesta de recuperación del pasaje Piura, con restitución de elementos originales y puesta en valor del espacio público.

Casa de Correos y Telégrafos. Inaugurada en 1897 y reconocida como Patrimonio de la Humanidad, esta sede neoclásica evolucionó de o cina de correos a Museo Postal, transformándose en marzo de 2011 en la Casa de la Gastronomía Peruana.

de la Gastronomía dejará de ser una exhibición estática para transformarse en el Nuevo Centro Nacional de la Gastronomía de Lima. El objetivo es consolidar un núcleo de investigación y transmisión de saberes donde el arte culinario sea abordado desde su génesis histórica y su dimensión social, proyectando a la capital como un referente regional que educa además de alimentar. Por otro lado, el rescate del Museo Postal y Filatélico representa un acto de justicia con la historia de las comunicaciones en el Perú. Clausurado también desde 2019 por el deterioro estructural, este espacio recuperará su transparencia original. La propuesta contempla la restitución de vitrales históricos hoy desaparecidos y la eliminación de tabiquerías modernas que, durante décadas, asfixiaron la lectura arquitectónica del edificio. Al liberar estos espacios, se recupera la continuidad visual de sus patios, permitiendo que la luz vuelva a recorrer los pasillos que alguna vez fueron el corazón logístico del país. Igualmente crítica es la situación del Archivo General de la Nación, cuya sede en este palacio opera apenas a una tercera parte de su capacidad. La restau-

El nuevo rooftop proporciona una vista privilegiada de la torre de la recientemente restaurada iglesia Santo Domingo, integrándose a un complejo que albergará salas de degustación, centros de experimentación y laboratorios de investigación dedicados a la cultura y el sabor peruanos.

La casa se posa sobre el acantilado como una pieza sólida y contenida. Piedra, travertino y volúmenes quebrados dialogan directamente con el paisaje de Pucusana.

ración integral propuesta por Prolima incluye un plan de reforzamiento estructural diseñado para garantizar la estabilidad de un inmueble que custodia tesoros documentales invaluables. La reconfiguración de sus ambientes permitirá una gestión moderna de la seguridad y, fundamentalmente, una mayor apertura hacia la población a través de nuevas salas de consulta e interpretación. Finalmente, el proyecto alcanza su cota más evocativa en el pasaje Piura y el nivel inferior del conjunto. La recuperación de los “atlantes” que custodian los extremos del recorrido y la rehabilitación de los bloques de vidrio en el suelo permitirán que el sótano deje de ser un espacio residual para convertirse en una galería de arte y experimentación técnica. Este juego de luces naturales, filtradas desde el suelo urbano, simboliza la esencia de la intervención: devolver la claridad a un patrimonio que Lima no puede permitirse olvidar. Al concluir esta obra, el palacio no solo será un monumento para ser observado desde afuera, sino un espacio habitable donde la ciudadanía podrá leer su historia y saborear su cultura en un mismo recinto.

Arquitectura en equilibrio frente al mar

Por: Renzo Espinosa Mangini Fotos: Gonzalo Cáceres Dancuar t

Hay casas que buscan imponerse al paisaje y otras que entienden que el verdadero lujo está en saber acompañarlo. Esta, ubicada en Pucusana –a 60 kilómetros de Lima–, pertenece sin duda al segundo grupo. Su base no es una terraza ni un jardín: es un acantilado. Desde allí, la casa se eleva con elegancia sobre el peñasco para dominar una vista de 180 grados del Pacífico, un privilegio reservado para pocos terrenos y bien aprovechado por una arquitectura que decide contemplar.

La relación con el mar es directa y sin miedo. Cada pliegue del volumen fue pensado para encuadrar un fragmento

distinto del océano. Desde el dormitorio principal, que se asoma hacia un islote frente a la costa, hasta la ducha del baño en suite, enfrentada de lleno a las olas, pasando por la piscina y la terraza –el corazón social de la casa–, suspendidas sobre la costa de Pucusana.

ARQUITECTURA QUE SE ADAPTA AL PEÑASCO

El terreno, de más de mil metros cuadrados, era generoso en tamaño, pero complejo en ejecución. Lejos de forzar una solución espectacular, el proyecto se apoya en una idea clara: ensamblar la arquitectura al

Los voladizos y quiebres del volumen no son un gesto formal: permiten encuadrar vistas especí cas del mar y aprovechar la condición angular del peñasco.

lugar, admirar el entorno y dejar que sea el paisaje el que marque el ritmo. El resultado es una casa que funciona como un palco privilegiado desde donde se pueden observar el mar, el cielo y la roca.

La geometría responde a esa lógica. La punta del peñasco ofrece una visual en ángulo obtuso y el diseño aprovecha esa condición para generar nuevos encuadres hacia los espigones. Un volumen quebrado, casi como una máscara, define la estética general de la casa y proyecta las visuales desde los ambientes principales. No es un

gesto caprichoso: es una decisión precisa para mirar mejor.

Los propietarios, de gustos clásicos y vida social intensa, buscaban una casa para habitar todo el año. Eso exigía funcionalidad, confort y una clara organización del programa. La solución fue una estructura de cuatro niveles, con la previsión de un departamento independiente en el nivel más bajo del peñasco, proyectado como una obra futura. Nada sobra, nada está de más. El ingreso es deliberadamente austero. Un área de estacionamiento y una

La relación con el océano es constante. Desde las áreas sociales hasta los espacios más íntimos, la arquitectura se abre sin temor al paisaje.

puerta de madera envejecida marcan el acceso. Al atravesarla, se revela un ascensor vidriado que acompaña el recorrido vertical sin perder nunca la relación con el entorno. Incluso en el ascenso y descenso, el mar está presente. Para quienes prefieren el recorrido a pie, una escultórica escalera de hormigón atraviesa la casa en línea recta, conectando desde la puerta de entrada hasta el living y, más abajo, la piscina.

MATERIALES NOBLES Y UNA VIDA EN CAPAS

Los materiales refuerzan la idea de sobriedad y pertenencia. La piedra laja beige reviste los muros y dialoga con la roca natural del basamento, que se amalgama con el peñasco mientras la casa desciende unos doce metros desde el nivel de ingreso. Las fachaletas apaisadas de mármol Travertino envuelven los voladizos y enmarcan la silueta completa. La madera aparece en celosías que filtran la luz del atardecer y bajan la intensidad del sol naranja sin bloquear la vista.

El dormitorio principal apuesta por una atmósfera serena y func ona

El dormitorio se extiende hacia el exterior y se vincula con una pequeña piscina suspendida sobre el acantilado.

La ducha en suite se abre al océano a través de celosías de madera que ltran la luz y preservan la intimidad sin perder la vista.

La paleta es contenida: blancos, beiges y tonos cálidos dominan interiores y exteriores. La excepción es la piscina, pintada de un azul profundo que replica el color del mar y termina de fundir la arquitectura con el paisaje. La continuidad entre dentro y fuera se refuerza con solados de mármol que se repiten sin interrupciones, generando una sensación de fluidez permanente.

La casa se organiza de manera simple y lineal. Sin recovecos ni gestos innecesarios, distribuye sus usos según el nivel. En el primer nivel hacia abajo se desarrolla el área más íntima: el estar, el comedor, la cocina y el dormitorio principal, con baño, vestidor, balcón corrido y una terraza donde la contemplación es casi una actividad obligatoria. Desde allí, la vista se clava en un islote mar adentro; para lograr ese encuadre, el volumen se quiebra de forma precisa.

Un nivel más abajo aparece el área social, pensada para recibir y celebrar. Aquí

la casa se abre por completo: un hall distribuye tres dormitorios con baño, el área de servicio se resguarda en un patio y, al frente, una gran terraza de Travertino poroso se extiende junto a la piscina de borde infinito. Es el espacio más elegido, donde el paisaje se presenta sin filtros.

Más abajo aún, casi oculto, queda el nivel de servicios. Pero incluso allí hay un gesto inesperado: una puerta secreta que permite acceder directamente al mar. Un detalle que resume el espíritu de la casa: siempre hay una forma de acercarse un poco más al océano.

De noche, la iluminación indirecta –resuelta con apliques y rajas en el techo–despega los volúmenes y convierte la casa en una especie de faro sobre el peñasco. El acantilado, actor principal de esta obra, sostiene una arquitectura que se mimetiza con la geografía y deja que el paisaje haga el resto. Porque aquí, más que habitar una casa, se trata de vivir al borde del mar. •

La terraza se plantea como una extensión del área social interior. La madera en pisos y vigas vistas aporta continuidad y calidez, mientras el mobiliario combina bras naturales y acentos de color.

Vivir el color en Playa Blanca

Textura, arte y luz se entrelazan en este refugio costero donde cada pieza parece elegida para provocar una reacción. Un proyecto que transforma lo cotidiano en experiencia sensorial.

Casa Matiz se ubica en el condominio Playa Blanca, en Asia, y nace a partir de una premisa clara: diseñar espacios capaces de provocar emoción. Nada aquí está pensado para ser recorrido con prisa. Cada ambiente invita a detenerse, a observar, a descubrir detalles que aparecen con el uso y la luz. El interiorismo lleva la firma de Paula Olcese, con una propuesta marcada por el color y la sensibilidad material, mientras que la remodelación estuvo a cargo del estudio Doble Altura, que replanteó la relación de la vivienda con la luz, la escala y el ritmo de los materiales.

La casa nace desde una premisa simple pero potente: atreverse a sentir. Y ese atrevimiento se hace visible desde la primera mirada. El color entra a escena sin pedir permiso. En el área social interior, un mueble de celeste suave se convierte en un eje sutil pero lleno de intención. Sobre él se sitúan objetos de cristal y piezas que capturan la luz. La combinación es fresca, liviana, casi lúdica: un anticipo del carácter que irá desplegándose en cada ambiente.

El esquema cromático –naranjas vibrantes, celestes limpios, maderas cálidas– se articula con seguridad. No busca saturar, sino marcar una pulsación. En la terraza, el color retoma protagonismo con una banca escultórica en naranja terracota, de líneas curvas y estructura sólida, que sostiene jarrones transparentes y objetos cerámicos. Muy cerca, un pequeño side table rojo –de forma geométrica, apilada y

Paula Olcese, responsable del interiorismo de Casa Matiz.

MENAJE INSPIRADO EN INDONESIA Y VIETNAM DE FALABELLA

La colección Indonesia y Vietnam destaca por su menaje en tonos azules que evoca la serenidad del mar. Con bordes irregulares y texturas que resaltan sobre la madera, estas piezas complementan un ambiente tranquilo y acogedor.

Descubre esta colección en Falabella Jockey Plaza, Salaverry y Falabella.com

IZQUIERDA. El comedor se organiza a partir de una paleta serena donde la madera, los textiles claros y el acento grá co de la alfombra marcan el ritmo del espacio. ARRIBA. La madera y las bras naturales construyen un ambiente cálido y ordenado. La vegetación integrada y las lámparas colgantes aportan textura y una luz suave que acompaña el uso diario del espacio.

contundente– aporta un golpe visual que equilibra las fibras naturales del mobiliario exterior.

La madera aparece como el gran unificador. Se repite en pisos de tono claro, en mesas de superficies lisas y, sobre todo, en el cielo rítmico de vigas vistas, que envuelve a la terraza con una calidez que invita a bajar la velocidad. La carpintería de muro a muro, también en madera, abre espacio para plantas que caen con naturalidad, reforzando esta conexión orgánica que la casa insiste en mantener.

El ambiente exterior muestra su propio lenguaje: sillones amplios en fibras trenzadas, suaves cojines en tonos neutros, mesas auxiliares en materiales mixtos –desde un mosaico geométrico en blanco y negro hasta una pieza en nude de bordes redondeados– y, al centro, una mesa baja con una superficie tipo damero en maderas claras y oscuras, una pieza que se siente artesanal, casi táctil, como si invitara a recorrerla con las manos.

Este juego de texturas continúa en el interior, donde una alfombra de patrón ajedrezado en fibras naturales marca el ritmo bajo la mesa del comedor o escritorio. La repetición del

motivo –de discretos cuadrados negros y beige– crea un hilo visual que conecta ambientes y añade ese toque gráfico, vivo, sin caer en estridencias. Los materiales completan este lenguaje emocional: fibras naturales en lámparas colgantes que filtran la luz en tramas cálidas; superficies laqueadas que reflejan y hacen vibrar los colores; cerámicas esmaltadas en amarillos, azules y terracotas; plantas que irrumpen como notas verdes que suavizan el discurso. Cada elemento aporta una capa más a la experiencia sensorial, como si la casa estuviera compuesta de pequeñas escenas que funcionan por sí mismas, pero también en conjunto.

Gracias al trabajo articulado entre Paula Olcese y el estudio Doble Altura, Casa Matiz redefine lo que significa habitar frente al mar desde una mirada contemporánea y profundamente expresiva.

En Playa Blanca, el verano no es un estado del clima: es un estado de ánimo. Y esta casa, con su mezcla de texturas, objetos y gestos irreverentes, logra que esa sensación dure todo el año. Aquí, la invitación es permanente: detenerse, mirar, sentir, descubrir. •

Villa Brava I: una casa que se recorre en Paracas

Ubicada frente a la bahía, esta casa propone una forma pausada de vivir: entre patios, sombras y recorridos que conectan interior y exterior sin forzarlos. Una arquitectura que no se impone al paisaje, sino que aprende a acompañarlo.

1. La sala se abre como un espacio continuo donde concreto, madera y luz natural construyen una atmósfera serena y contenida.

2. La cocina como pieza central, integrada al recorrido y de nida por materiales honestos y proporciones exactas.

3. La circulación como experiencia, un tránsito contenido que ralentiza el paso y acompaña a la mirada.

En Paracas, el tiempo parece avanzar distinto: el viento marca las horas, el silencio se hace sentir y el desierto convive con el mar. En ese escenario se levanta Villa Brava I, una casa que no busca llamar la atención desde el primer vistazo, sino revelarse mientras se recorre. Aquí, la arquitectura es una experiencia que se construye paso a paso.

El proyecto, obra de los arquitectos Patricia Llosa Bueno y Rodolfo Cortegana Morgan, se emplaza en un terreno largo y estrecho –6,40 metros de ancho por 45 de fondo–, una condición que, lejos de ser una limitación, se convierte en el punto

de partida.La casa se organiza como una secuencia, casi como un relato: espacios y vacíos se encadenan, dejando huellas en el recorrido cotidiano. No hay una única escena protagónica, sino una serie de momentos que dialogan entre sí, acompañados siempre por la luz, la sombra y el silencio del entorno.

ENTRE REFUGIO Y HORIZONTE

Desde el inicio, la relación con el lugar es clara. Paracas es reserva natural y santuario, un territorio donde la presencia humana debe saber acomodarse. El paisaje es desértico, pero vivo; la

flora y la fauna aparecen sobre la superficie, y el mar establece un horizonte que invita a abrir la mirada. Al mismo tiempo, los vientos intensos exigen refugio. Villa Brava I se mueve en esa tensión: proteger sin cerrarse, abrirse sin exponerse del todo. La casa responde a esa condición a través de una continuidad fluida entre interior y exterior. Los límites se desdibujan, no por ausencia de muros, sino por la manera en que los espacios se conectan. Los patios son clave en esta estrategia. Funcionan como intervalos y, a la vez, como una presencia vaciada del

desierto dentro de la casa. No son simples áreas de iluminación o ventilación, sino espacios que marcan el ritmo de la vida diaria.

Estos patios se suceden a lo largo del lote y articulan la totalidad del proyecto. Son exteriores interiorizados, lugares donde el tiempo se siente de otra manera. La verticalización de algunos de estos vacíos intensifica esa percepción: la luz cae desde arriba, las sombras se desplazan lentamente y el cielo se cuela en la rutina doméstica. En Paracas, pasar del sol a la sombra es parte del habitar; la casa lo asume como algo natural.

RECORRER, MIRAR, HABITAR Formalmente, Villa Brava I se construye a partir de la repetición. Una serie de pórticos de concreto cruzan el ancho del terreno y liberan los recorridos longitudinales. Esta estructura seriada no solo resuelve lo constructivo, sino que define el carácter del espacio. La ejecución, a cargo de Américo Chavez Constructores, refuerza esa lógica de precisión y sobriedad, donde cada elemento cumple un rol claro dentro del conjunto. Las vigas se hacen visibles, ordenan el trazo y confinan ciertos ambientes sin necesidad de cerrarlos por completo. El espacio interior se verticaliza en momentos específicos, buscando la luz del cenit y estableciendo una relación directa con el cielo. En el primer nivel, esta estrategia permite liberar visuales cruzadas entre la bahía, el interior de la casa y el espacio superior. No se trata de grandes gestos, sino de decisiones precisas que van moldeando la experiencia de habitar. Los pisos de terrazo, desarrollados por Casa Rosselló, aportan continuidad material

y una textura silenciosa que acompaña el tránsito diario sin imponerse, reforzando esa idea de arquitectura que se vive a través del cuerpo y el tiempo.

El recorrido es fundamental. Puentes, escaleras, planos y vigas se convierten en umbrales que desplazan la mirada y el cuerpo. La escalera, por ejemplo, no es solo un elemento funcional: su profundidad y la presencia de las vigas que contienen el muro de borde ralentizan el ascenso, obligando a una pausa. La sombra de la masa se decanta primero en el patio y luego acompaña ese movimiento vertical, recordando que aquí el tiempo no apura.

Detrás de estas decisiones hay una reflexión constante sobre el acto de habitar en el desierto y frente al mar. El proyecto recoge lecturas y referencias de otras arquitecturas que han interpretado este territorio a lo largo del tiempo, pero lo hace sin citas explícitas ni gestos evidentes. Más que un ejercicio teórico, Villa Brava I plantea una forma de vida: una casa capaz de ser refugio y lugar de encuentro, flexible frente a las estaciones y en diálogo permanente con su entorno.

El encargo del cliente apuntaba justamente a eso: una vivencia entrelazada entre interior y exterior, una vivienda que acompañe el paso del tiempo en estrecho vínculo con la bahía. La respuesta no fue un objeto

ARRIBA. El patio como extensión del interior, un espacio de sombra y encuentro donde el desierto se incorpora a la casa. ABAJO. Recorridos longitudinales articulados por muros perforados que ltran luz, viento y visuales.

1. Mirar al cielo desde adentro, uno de los vacíos verticales que intensi can la relación entre luz, sombra y arquitectura.

2. Volúmenes blancos y cortes precisos de nen la fachada, una arquitectura que dialoga con el cielo y el desierto sin imponerse.

3. El baño principal, un espacio íntimo y silencioso donde la luz natural y los materiales de nen la atmósfera.

cerrado, sino un sistema de relaciones espaciales que permite distintas maneras de ocupar la casa a lo largo del año. En verano, los patios y recorridos abiertos toman protagonismo; en otras épocas, los espacios más contenidos ofrecen abrigo frente al viento. Desde el alzado, la casa expresa su singularidad sin estridencias. Repliega su interioridad y deja que el paisaje siga siendo el protagonista. No compite con el entorno ni busca imponerse como un hito aislado. Al contrario, se inscribe en un linaje de arquitecturas que entienden el desierto como un espacio de transición constante, donde lo construido debe saber desaparecer por momentos.

Villa Brava I es, en ese sentido, una casa que se deja recorrer más que mirar. Su valor está en la experiencia cotidiana: en cómo la luz entra a distintas horas, en cómo el silencio se filtra entre los muros, en cómo el cuerpo se mueve entre sombra y sol. Es una arquitectura que no grita, pero que se queda.

No es casual que este proyecto haya sido reconocido con el premio Gran Bienal Internacional en la categoría Producción Profesional Internacional en la Bienal Internacional de Arquitectura de Santa Cruz 2024. Más allá del reconocimiento, Villa Brava I confirma que a veces las mejores casas no son las que buscan decirlo todo de inmediato, sino las que saben acompañar, con coherencia y carácter, el paso lento del tiempo. •

Una casa frente al mar pensada para vivir sin prisa

Ubicada en la primera la frente al océano, Diagonal nace de la búsqueda de calma. Un refugio de playa donde la arquitectura se integra con el paisaje e invita a disfrutar del tiempo sin prisa. Esta obra es el resultado de una sinergia impecable entre el diseño arquitectónico de la Arq. Gabilu Barcellos y la ejecución del Ing. Freddy Torres, ambos socios directores de Vialto Constructora.

Esta casa de playa fue concebida como un refugio sereno donde la arquitectura acompaña el paisaje y el ritmo natural del entorno. El proyecto parte de una idea clara: vivir el mar sin excesos, con una arquitectura sobria, abierta y atemporal, que privilegia la luz, la ventilación y la conexión constante entre el interior y el exterior. Desde el primer momento, la casa transmite calma. Los espacios son amplios, luminosos y fluidos, pensados para invitar a bajar el ritmo y disfrutar del lugar. Aquí, la experiencia no se limita a mirar el paisaje, sino a sentir la brisa, la luz y el sonido del mar como parte de la vida cotidiana.

DISEÑO QUE RESPONDE AL ENTORNO

El clima costero y el entorno del condominio

Gramas fueron determinantes en el diseño.

La casa se abre hacia el exterior de manera controlada, protegiéndose del sol directo y aprovechando al máximo la ventilación natural. Terrazas, celosías y grandes vanos permiten una relación directa con el jardín y el mar, diluyendo los límites entre el interior y el exterior. Uno de los gestos más distintivos del proyecto es el uso de la diagonal, incorporada a pedido del cliente. Este recurso se manifiesta especialmente en el techo de la terraza, donde las lamas dispuestas en diagonal filtran la luz, generan sombra y aportan dinamismo a una arquitectura predominantemente horizontal. Más que un elemento decorativo, la diagonal se convierte en un hilo conductor que da identidad a la casa.

Casa Diagonal surge de la colaboración entre Gabilu Barcellos y Freddy Torres, socios de Vialto Constructora, con una visión común de arquitectura serena y conectada con su entorno.

1. La escalera de concreto y vidrio convive con un living funcional, donde el sofá mostaza introduce calidez en un ambiente de líneas limpias y tonos neutros.

2. Maderas macizas, bras naturales y textiles claros se combinan en una sala pensada para usarse sin rigidez, donde cada objeto suma textura y calma.

3. Un aparador de madera recuperada, orquídeas y piezas artesanales crean un punto focal que aporta color y carácter sin romper la armonía del espacio.

MATERIALIDAD HONESTA Y ATEMPORAL La paleta de materiales fue elegida pensando en el clima marino y en el paso del tiempo. El concreto, la madera tratada y los tonos neutros predominan, creando una atmósfera cálida y contemporánea. Son materiales que envejecen bien, requieren bajo mantenimiento y mantienen su carácter con los años, algo esencial en una casa de playa.

El interior mantiene la misma coherencia: espacios frescos, bien iluminados y confortables, donde cada elemento cumple una función y aporta al conjunto sin protagonismos innecesarios.

CONFORT Y BIENESTAR COMO PRIORIDAD Más allá de lo estético, la casa fue pensada para ofrecer bienestar. La ventilación cruzada, la iluminación cenital controlada y el uso eficiente de la luz natural permiten mantener una temperatura agradable sin depender excesivamente de sistemas artificiales. La arquitectura actúa así como una aliada del confort y la eficiencia energética.

Un aspecto clave del proyecto es la decisión de ubicar una amplia sala de estar y casi todos los dormitorios en el semisótano. Lejos de sentirse como un espacio secundario, este nivel se concibe

1. La terraza es el corazón de la casa: un espacio protegido y abierto a la vez, con lamas que ltran la luz y una relación directa con el jardín, la piscina y el mar.

2. El acceso a la vivienda se resuelve con recorridos claros, luz natural y vegetación integrada, marcando desde el inicio una experiencia calmada y contenida.

3. La piscina y la terraza enmarcan el atardecer, integrando el mar, el jardín y la vida interior en un solo espacio de descanso.

4. Fachada sobria y horizontal, donde el concreto y los volúmenes simples dialogan con el jardín y el clima costero.

EQUIPO PROFESIONAL

• Diseño Arquitectónico: Arq. Gabilu Barcellos

• Plani cación y Ejecución: Ing. Freddy Torres

• Fotografía y Dirección de Arte: Wendy Alpaca y Romina Figueroa

como una especie de refugio: un lugar de conexión íntima, recogimiento y descanso. Protegido del sol más intenso y del ruido exterior, el semisótano ofrece una atmósfera fresca, silenciosa y acogedora, ideal para bajar el ritmo y habitar la casa desde un lugar más introspectivo y humano. La terraza se convierte en el corazón de la vivienda: un espacio protegido pero abierto, con una piscina que se integra a la calma y frescura del mar, ideal para reunirse, descansar o simplemente contemplar el paisaje. Es, sin duda, el lugar que mejor resume la personalidad de la casa.

UNA ARQUITECTURA QUE ACOMPAÑA A LA VIDA

Esta casa no busca imponerse sobre el entorno, sino dialogar con él. Es una vivienda pensada para ser habitada sin prisa, donde cada decisión arquitectónica responde al deseo de vivir el mar de manera auténtica, cómoda y consciente. En una frase: una casa contemporánea frente al mar, donde la arquitectura enmarca la calma, la luz y el paisaje. •

LA COCINA ENTRE INFRAESTRUCTURA, CONVIVENCIA Y VIDA COTIDIANA

La cocina concentra, más que en ningún otro lugar de la casa, las exigencias infraestructurales del proyecto contemporáneo: agua, desagüe, gas, ventilación, electricidad, artefactos, superficies técnicas y mobiliario especializado. Es uno de los espacios donde la arquitectura se vuelve más costosa y precisa, sin margen para la improvisación.

POR SEBASTIÁN CILLÓNIZ

www.cllz.pe

@cllz_arquitectura

Arquitecto y docente, formado en la Ponti cia Universidad Católica del Perú (PUCP) y con un Master of Advanced Architectural Design por la Universidad de Columbia en Nueva York. Combina la práctica profesional con la re exión crítica sobre la vivienda y los espacios cotidianos, entendiendo el diseño como una herramienta para pensar, ordenar y mejorar la vida diaria con rigor, sensibilidad y criterio técnico. Ha sido reconocido con el Hexágono de Oro (Plan Selva, 2016) y ha participado en proyectos curatoriales como Living Scaffolding, Pabellón del Perú en la Bienal de Arquitectura de Venecia. Actualmente dirige Sebastián Cillóniz Arquitectura, donde desarrolla proyectos residenciales que integran claridad conceptual, buen gusto y una gestión consciente del presupuesto, acompañando a sus clientes en decisiones complejas con solvencia intelectual y precisión proyectual.

ABAJO Comedor popular en La Balanza, Comas. La cocina externa a la casa como parte de la ciudad.

En un proyecto nuevo, la cocina condensa buena parte de la inversión económica y tecnológica, no solo por la acumulación de equipos, sino porque articula un saber proyectual específico que deberá actualizarse con el tiempo. Heredera de la racionalización moderna que la convirtió en una máquina eficiente, la cocina funciona como el espacio cotidiano de producción y de vida en familia.

En Lima, las cocinas suelen estar cerradas. Nuestra gastronomía, rica en guisos, salteados y frituras, dialoga poco con la idea contemporánea de la cocina abierta que la integra con la sala y el comedor. A su vez, el comedor de diario activa la cocina según la escenografía de la vida doméstica. Allí se desayuna apurado, se almuerza en tránsito, se cena sin invitados y se sostiene la repetición cotidiana de la vida sin el peso social de la representación.

En este ámbito conviven tiempos, cuerpos y roles distintos. Están quienes cocinan, quienes trabajan cocinando, quienes comen y ensucian, quienes limpian y quienes trabajan limpiando. Todos conviven; no siempre todos viven en la casa. La cocina limeña es infraestructura técnica y coreografía doméstica.

Aquí se hacen visibles las condiciones materiales y sociales en las que el trabajo doméstico, remunerado o afectivo, coexiste. Nuestras cocinas pueden entenderse como una superposición de prácticas locales y modelos importados. El siglo XX abordó la cocina como un problema técnico, cuya expresión más conocida fue la Frankfurt Kitchen de Margarete Schütte-Lihotzky, un espacio reducido y optimizado que buscaba liberar tiempo y energía para una vida moderna emancipada. Aquella promesa no se cumplió del todo, pues el reparto del trabajo doméstico permaneció intacto, solo más eficiente y menos visible. Mientras la historia occidental oscilaba entre optimizar la cocina o eliminarla, Lima fue construyendo una tercera vía. La cocina se desplazó y se tensó entre lo doméstico y lo colectivo. Al salir de la casa, la cocina se hizo visible. En ese desplazamiento, se convierte en un espacio privilegiado para leer la vida familiar y urbana en constante convivencia. En una ciudad reconocida por su gastronomía, me resulta inevitable pensar que la arquitectura de la cocina puede anticipar, también, el futuro de la arquitectura de la ciudad. •

IZQUIERDA Cocina de galera en la Casa Cooper. Espacio infraestructural de servicio, no de convivencia.
Mid Meza

Luz con intención: las tendencias de iluminación que marcarán el 2026

Menos focos impersonales y más piezas con carácter. La iluminación deja de ser un recurso técnico para convertirse en un gesto de diseño que define ambientes, estados de ánimo y formas de habitar la casa.

Si estás pensando en renovar tu casa, o simplemente en darle un giro, seguro tienes en mente colores de pared, muebles, textiles y algún objeto fetiche. Pero hay un elemento que suele quedar relegado hasta el final y que, paradójicamente, lo cambia todo: la luz. Porque no importa cuán bien elegido esté un sofá o cuán espectacular sea un revestimiento, si la iluminación no acompaña. En 2026, los interioristas coinciden en algo claro: iluminar bien ya no es iluminar más, sino iluminar mejor.

La tendencia general apunta a abandonar la luz plana y uniforme para apostar por atmósferas construidas en capas, con piezas que dialogan entre sí y cumplen funciones distintas a lo largo del día. “Hoy tratamos las luminarias casi como joyas dentro del espacio”, explica Katie McPherson, directora asociada de Meyer Davis. Especialmente en zonas donde pasamos más tiempo –cocinas, dormitorios, áreas sociales–, las lámparas colgantes esculturales, las combinaciones interesantes de pies y pantallas y la iluminación con un guiño artístico se vuelven protagonistas.

La clave está en la flexibilidad. Crear esquemas que puedan pasar de una luz funcional y brillante a otra más suave e íntima, simplemente regulando intensidades o encendiendo distintas fuentes. Para eso, los reguladores y las luminarias a diferentes alturas ya no son un lujo: son casi obligatorios.

ADIÓS

AL FOCO ÚNICO (Y AL TECHO COMO ÚNICA RESPUESTA)

Durante años, la iluminación empotrada fue sinónimo de modernidad. Hoy, depender exclusivamente de ella empieza a verse anti-

cuado. “Cada vez más personas entienden que la luz de techo no debería ser la única fuente de iluminación”, señala DuVäl Reynolds, fundador de DuVäl Design. En lugar de un gran gesto dominante, el 2026 apuesta por la superposición: apliques, lámparas de mesa, lámparas de pie, colgantes e incluso luces para cuadros.

El resultado son espacios más cálidos, con profundidad y personalidad. Además, esta forma de iluminar permite que una misma habitación se adapte a distintos momentos del día y usos. Sarah Broughton, cofundadora de Rowland+Broughton, lo resume así: “Se trata menos de una sola luminaria impactante y más de recrear la sensación de la luz natural a través de capas”. Luz difusa para paredes y techos, y puntos más focalizados para leer, cocinar o destacar una obra de arte.

LA LÁMPARA COMO JOYA

Eso no significa llenar la casa de lámparas sin criterio. Al contrario: una de las tendencias más fuertes es elegir pocas piezas, pero con carácter. Bethany Gale, diseñadora de interiores en Stonehill Taylor, habla de un renovado interés por tratar la iluminación como si fuera joyería. Lámparas colgantes de cristal, inspiradas en el vidrio veneciano o de Murano, se convierten en puntos focales, mientras el resto del esquema las acompaña con discreción.

La casa de Gregg Irby en Atlanta cuenta con numerosos ejemplos de pantallas de lámparas de tela de colores, incluso en el acogedor estudio.

Combinarlas con pantallas de tela suave ayuda a equilibrar el conjunto. El efecto es inmediato: espacios que pueden pasar de ser prácticos y luminosos a íntimos y atmosféricos en cuestión de segundos. Además, las paletas cálidas y los contrastes bajos favorecen no solo al ambiente, sino también a quienes lo habitan. Algo que el diseño hotelero lleva años demostrando.

1. Una lámpara de araña de cristal de Murano color ámbar preside esta sala familiar de Dallas diseñada por Jan Showers.

2. La diseñadora Meredith Ellis utilizó apliques, lámparas de mesa e iluminación de trabajo en esta sala de estar de Manhattan.

3. Una lámpara de araña vintage de hojas de latón de Tommaso Barbi deja una impresión audaz en esta cocina diseñada por Alex Papachristidis.

PANTALLAS CON PERSONALIDAD

Las pantallas clásicas no desaparecen, pero en 2026 se atreven a algo más. Colores, patrones sutiles, rayas, flores pequeñas o estampados gráficos empiezan a ganar terreno. Para Reynolds, las pantallas se convierten en una excusa perfecta para introducir un gesto lúdico o un detalle personalizado en una luminaria que antes era meramente funcional.

El secreto está en el equilibrio: una pantalla llamativa puede transformar por completo una lámpara sencilla y aportar carácter sin sobrecargar el espacio.

LUZ BLANCA QUE SE ADAPTA A TI Otra gran protagonista es la iluminación blanca modulable. Poder cambiar la temperatura de la luz a lo largo del día ya no es solo una cuestión de confort, sino de bienestar. “La iluminación adaptativa se ha vuelto esencial”, afirma Feldman. Pasar de una luz más fría y activa durante el día a tonos cálidos al caer la noche ayuda a acompañar el ritmo circadiano y a crear ambientes más amables.

En 2026, la iluminación deja de ser un detalle técnico y se consolida como una herramienta de diseño emocional. Porque al final, una casa bien iluminada no solo se ve mejor: se vive mejor. •

Barnaba Fornasetti

El último romántico analógico

El director artístico de la casa Fornasetti vive entre archivos, chalecos vintage y un rechazo feroz a la tecnología. Milanés por convicción y espíritu, conversa sobre estilo, memoria, creatividad y la importancia de mirar el mundo con las manos, no con pantallas.

Barnaba Fornasetti tiene clara una cosa: su estilo no se define por lo que viste, sino por cómo combina las piezas. “Alguien me dijo dandy”, comenta, “pero no me encanta la palabra. Suena poco cool”. Aun así, lo suyo tiene algo de eso: una elegancia relajada, colores que cambian según el ánimo –un día verde; otro rojo– y una devoción casi ritual por tomarse el tiempo para arreglarse. Su última obsesión es una consola de madera de los años 50, diseñada por Osvaldo Borsani, que encontró en una subasta. Hoy ocupa un lugar central en Casa Fornasetti, la residencia que está restaurando junto a su pareja, Sara. Encima, un espejo con alas ajustables. Le gusta lo vintage, especialmente si es Fornasetti auténtico, pero esta vez ganó Borsani. “Era contemporáneo de mi padre; creo que se conocían”, recuerda.

En la casa también vive una jirafa de madera tamaño real. La historia viene de un viaje a Sudáfrica: vio una pequeña, no la compró y se arrepintió. Cuando Sara volvió al país, le pidió una versión XXL. “Son los animales más elegantes que existen”, dice sin ironía. Milán es su ciudad. Habla de ella como quien habla de un viejo amor. “Para mí, es lo que Nueva York es para Woody Allen”. Vivió casi una década en la Toscana, pero Milán sigue siendo su centro de gravedad: europea, conectada, discreta. “No tiene las atracciones evidentes de Roma o Florencia, pero está llena de detalles escondidos. Es tímida pero fascinante”. Entre libros, recomienda “Her Life as an American Madam”, la autobiografía de Nell Kimball. Clara, irónica, brutalmente honesta. Aunque últimamente, confiesa, la lectura compite con algo más doméstico: cada noche ve “Downton Abbey” con Sara.

ANALÓGICO POR CONVICCIÓN

La Navidad no lo entusiasma demasiado, pero la celebra por tradición. De niño, sus padres solían regalarle animales: perros, pavos reales, tortugas. Cuando crecían demasiado, terminaban en la cena navideña. “Lloré muchas veces. Fue cruel”, dice, riéndose ahora.

Si hay un tema que lo activa, es su relación con la tecnología. O, mejor dicho, su rechazo. “No escucho podcasts. No uso computadora. Quiero seguir así. El mundo necesita gente que

Su colección de copas Biedermeier, exhibida en una ventana de la sala de estar.

En la biblioteca, un archivo de imágenes organizado por temas por Piero Fornasetti, que aún hoy utiliza el atelier.

no use tecnología para ofrecer otra perspectiva”. Guarda todo en una agenda de cuero sin marca –arrancó la página donde estaba impresa– y escribe con pluma. “Soy un escriba”, dice. “WhatsApp es un sufrimiento”.

Su estilo bebe del rock inglés: Rolling Stones de los 60, Beatles del periodo “Let It Be”. Sacos con rayas, pantalones estrechos, esa elegancia británica que marcó a la moda italiana. Cita a E. Marinella como ejemplo perfecto de ese cruce cultural. “La elegancia no tiene fronteras”.

Entre sus objetos más queridos hay un prendedor que su padre pintó a mano: una oreja en miniatura sobre porcelana. Sara lo transformó en un broche de oro con diamantes. Lo usa siempre.

En su refrigeradora nunca faltan jugos de manzana, mermelada de naranja muy

1. Su imprescindible de belleza: “Immaginazione”, Extrait de Parfum de Fornasetti.

2. La sala de música cuenta con una cómoda Leopardo de Fornasetti, bandejas de la rma exhibidas en la pared y una jirafa obsequiada a Barnaba por su pareja, Sara. 3. Su bicicleta, decorada con el diseño “Greca” de Fornasetti, realizada en 2023.

amarga, kefir y quesos de oveja o cabra. La última canción que lo atrapó fue “Kiyakiya”, de Babatunde Olatunji. Ritmos africanos que, dice, le levantan el ánimo.

DISEÑAR CON IRONÍA Y MEMORIA

A los 75 descubrió que aún puede lanzarse al mar para liberar un ancla atrapada a seis metros de profundidad. “Mis oídos no quedaron muy bien”, reconoce entre risas. Sobre la vida después de la muerte, es escéptico. Cree más bien en una espiritualidad humana. “Me considero un artista espiritual, no religioso”.

Si tuviera que nombrar algo irremplazable, no duda: Sara. Prefiere no hablar demasiado de la relación, pero confiesa otro placer del que no puede prescindir: un cigarrillo después del café. Orgánico, sin aditivos. Solo tres o cuatro al día.

Para Barnaba, el diseño lúdico no es inventar rarezas, sino representar lo obvio con ironía. Por eso adora la Villa Barbaro de Palladio. Y cuando la inspiración escasea, vuelve a los archivos de su padre: miles de recortes clasificados por temas. “Ahí siempre encuentro algo. Es mi manera de conversar con él”.

Fornasetti en la sala de estar junto a su gato, Smoky, sentado sobre el sillón “Vanity Fair” de la colaboración Fornasetti x Poltrona Frau.

Cinco diseñadores que están encendiendo el radar creativo global

Del metal sinfónico a objetos que juegan con la arquitectura, estos talentos del SaloneSatellite 2025 están reescribiendo las reglas del diseño contemporáneo.

Roc H Biel. El diseñador español transforma residuos en objetos de fuerte impacto visual. En Dust Order y Nesting Lights, trabaja con silueta, vacío y contraste para desa ar la percepción del material.

ella, en Milán. Juntos encontraron una estética juguetona que huye de la solemnidad. Su Bubble Lamp, hecha de TPU inflable, ganó uno de los premios del SaloneSatellite: es blanda, redonda y se mueve entre juguete y escultura. El Bubble Stool sigue la misma lógica. Todo parte del ensayo y error. “Somos jugadores”, dicen. Y se nota.

2. KEJUN LI: DEL CÁLCULO ESTRUCTURAL AL PLACER DE LA FORMA

Cada edición del SaloneSatellite –la plataforma del Salone del Mobile dedicada a jóvenes creadores– funciona como un termómetro del futuro. Lo que aparece ahí suele marcar el camino del diseño en los próximos años. En 2025, cinco nombres destacaron por su capacidad de cruzar límites con naturalidad: materiales poco comunes, procesos experimentales, referencias personales y una libertad creativa que se siente fresca y directa. Estos son los diseñadores que hoy vale la pena seguir si quieres entender hacia dónde se mueve el diseño global.

1. STUDIO OLOLOO: AMOR, METAL SINFÓNICO Y OBJETOS QUE PARECEN SONREÍR

Zhen Bian y Jaco Qian se conocieron en un concierto de Nightwish, y esa energía teatral del metal sinfónico atraviesa todo lo que hacen. Desde su estudio en Ningbo, China, Ololoo funciona como un laboratorio donde inflan, presionan y deforman materiales sin miedo al error. Él, formado en Alemania;

Kejun Li. Ingeniero chino convertido en diseñador, explora la geometría como forma de expresión. Cadenza in Matt Noir y Neo-baroqueism, presentado en SaloneSatellite, traducen cálculo estructural en juego formal.

Antes de diseñar objetos, Kejun Li diseñaba puentes. Trabajó como ingeniero en proyectos de gran escala en China y África, hasta que decidió empezar de nuevo y mudarse a Italia para estudiar Diseño. Ahí encontró su lenguaje en la geometría digital, especialmente en el hexágono, una forma que permite infinitas combinaciones sin perder orden. En el SaloneSatellite presentó Neo-baroqueism, un concepto que invita a girar, intervenir y combinar piezas libremente. “La arquitectura también puede jugar”, dice Li, que hoy explora cuerpo y sensualidad como parte de su método creativo.

3. ROC H BIEL: CONVERTIR RESIDUOS EN OBJETOS DESEABLES

Las piezas de Roc H Biel parecen hechas de arena compactada, pero son sólidas y resistentes. La contradicción es intencional. El diseñador español, radicado en Londres, desarrolló un nuevo material a partir de aserrín descartado mezclado con magnesio, creando un compuesto que parece piedra sin serlo. Sus mesas y taburetes modulares juegan con la percepción y apuestan por la sostenibilidad: pueden desmontarse y reutilizarse. Desde su taller en casa, Biel sigue

Gil. Diseñadora nacida en Varsovia, concibe cada pieza como un relato visual. Post War Drobe y All-Seeing Chair combinan simbolismo, humor y expresión personal.

experimentando con fibra, tierra comprimida y luz. “Si no te hace mirar dos veces, no sirve”, resume.

4. MARIA GIL: CONTAR HISTORIAS A TRAVÉS DEL DISEÑO

Para Maria Gil, diseñar es narrar sin palabras. Desde su taller en Varsovia, crea piezas que parecen venir de otros mundos. Formada entre Varsovia, Londres y Milán, dejó atrás el diseño puramente funcional para apostar por la expresión. Su trabajo combina procesos artesanales, impresión 3D y diseño coleccionable. En Post War Drobe, imagina cómo habría evolucionado el diseño polaco sin las restricciones del siglo XX,

mientras que la luz y el humor atraviesan piezas como la All-Seeing Chair. “Si no genera amor o rechazo, no está vivo”, dice.

UNA GENERACIÓN SIN MIEDO

Estos creadores confirman que el diseño contemporáneo ya no busca la forma perfecta ni el objeto eterno. Busca explorar, probar, fallar y volver a intentar. Desde materiales inflables hasta residuos convertidos en piezas deseables, desde geometría digital hasta objetos que cuentan historias, el diseño avanza hacia territorios más libres. Este SaloneSatellite deja claro que la creatividad global está viva, inquieta y más impredecible que nunca. •

Studio Ololoo. Jaco Qian y Zhen Bian se conocieron en un concierto de metal. Hoy desarrollan un diseño experimental y enérgico, como el Fragi Tea Set, donde lo cotidiano se vuelve lúdico.
Maria

PLANTAS EN VERANO: CÓMO CUIDARLAS MEJOR

En verano, debemos tratar nuestras plantas con otras precauciones, ya que el calor les exige ciertas necesidades, pero también nos regala grandes satisfacciones. Es una estación intensa: todo crece más rápido, florece con fuerza y, al mismo tiempo, aparecen nuevos desafíos. Hay que tener en cuenta que las plagas proliferan con el calor y se propagan con facilidad. No se pueden evitar, pero sí reconocer a tiempo. Las más comunes son la arañita roja, el oídio –ese polvillo blanco tan visible–, la queresa, que parece una pequeña lentejita adherida a la hoja y deja melaza, la cochinilla blanca, el pulgón y la mosca blanca. Muchas de ellas vuelan de una planta a otra, contagiando el jardín entero.

En terrazas y espacios pequeños, una forma casera de controlarlas es limpiar las hojas con jabón potásico o agua con una mínima proporción de detergente. La observación constante es clave.

Pero el verano también trae alegrías y exuberancias, especialmente cuando vemos floraciones abundantes. El buen jardinero, sin embargo, se prepara con anticipación: la poda y el abonamiento hechos en agosto son los que permiten ver buenos resultados en esta época. La mejor forma de abonar es con productos orgánicos como humus, musgo, compost y fertilizantes ricos en potasio. Si no lo hiciste antes, aún puedes hacerlo empezando el verano, pero evita el guano de vaca, ya que puede quemar las plantas. Lo principal es el humus y el musgo, siempre de buena calidad.

Aquí hago una advertencia importante: hay mucha oferta de abonos de pésima calidad, verdaderas estafas que el ojo no entrenado no sabe reconocer. Elegir bien el abono es tan importante como saber cuándo aplicarlo.

Otro factor clave es el riego, que en verano debe ser más frecuente, pero siempre bien hecho. El agua tiene que llegar a las raíces, y lo ideal es regar cuando el sol ya ha caído. Regar mal es tan perjudicial como no regar.

En esta estación vemos buganvilias en plena floración, geranios, floripondios, cucardas, laureles, anturios, hemerocalis, ericas, lantanas y muchas más. Pero lo fundamental, ya sea en jardín o en macetas, es abonar al menos una vez al año y como máximo dos.

ESO MARCA LA DIFERENCIA

Para zonas de playa, plantas como la buganvilia, la campanilla, el mioporo, la carisa, el croto, las sansevierias, palmeras, tecomarias, durantas, lantanas, salvias y espárragos funcionan muy bien. Y si quieres que la buganvilia floree aun más, el superpotasio es un gran aliado.

Un punto aparte merecen las orquídeas, que en verano están en plena floración. Como cultivadora, he desarrollado un abono orgánico que aplico directamente a la hoja de forma semanal; se absorbe por los poros y las raíces aéreas, y los resultados son extraordinarios. El peor error que veo en los aficionados es el exceso de riego. Muchas orquídeas llegan a mí con raíces podridas y sin vitaminas, lo que impide cualquier buen resultado. Después de cada floración, es importante cambiar el sustrato,

1. En verano, las oraciones alcanzan su máximo esplendor y revelan el resultado del cuidado constante, el riego adecuado y la observación atenta.

2. Russell Page, referencia imprescindible del paisajismo moderno, recordaba que la observación es la base de todo buen jardín.

3. Cuando la vegetación dialoga con la arquitectura, el jardín se convierte en parte de la vida cotidiana y del carácter de la casa.

ya que allí se acumulan restos de fertilizantes e insecticidas que estresan a la planta. El mejor sustrato sigue siendo la corteza de pino con un poco de musgo blanco, que evita el encharcamiento.

Recuerdo la primera orquídea que compré hace casi treinta y cinco años: un cymbidium que me hipnotizó. Costó 350 dólares y no dudé en pagarla. No imaginé que sería el inicio de una gran aventura y una pasión que he cultivado a lo largo de los años, estudiando en la Universidad Agraria, pero sobre todo aprendiendo a observar.

Como decía el gran paisajista Russell Page, la observación es la clave de todo buen jardinero. Para quien se dedica a esto, el trabajo nunca concluye: cada día hay un nuevo reto, porque trabajamos con seres vivos en constante evolución.

Poetas y jardineros, con lenguajes distintos, buscan lo mismo: evocar lo invisible a través de formas, aromas e imágenes. Como un verso bien escrito, un jardín invita a detenerse, a perderse y a habitar el presente.

De todos mis oficios, la jardinería es mi gran pasión. Leer y estudiar me ha sido fundamental. Cada vez que descubro a un nuevo paisajista, busco sus libros. Los ingleses han hecho de la jardinería una pasión nacional, y he aprendido mucho de figuras como Capability Brown, Gertrude Jekyll y, por supuesto, Russell Page, cuyo libro siempre me acompaña. Cuando viajo, busco jardines botánicos, viveros y floristerías: todo nace de la observación. Mis libros son mis tesoros. Google ofrece información, sí, pero cuando un tema te importa, no hay nada como leer a quien admiras de verdad. Leer a los mejores es la mejor escuela. Mi recomendación sincera es consultar siempre con un especialista antes de embarcarse en un jardín o llenar una terraza de plantas. A veces una simple asesoría evita errores enormes. Veo a diario plantas mal ubicadas, árboles plantados donde no debieron estar y espacios desaprovechados que pudieron ser otra cosa. Nada es más lindo que un proyecto de jardinería, grande o pequeño. Es decidir con qué plantas vas a convivir, cuándo florecerán, de qué color serán sus flores, si perfumarán tus tardes, si las verás desde la ventana. Pensar un jardín es imaginar la vida que lo va a habitar. Y esa inversión de tiempo y cuidado, especialmente en una ciudad como Lima, donde no llueve, merece siempre la pena. •

Ellas toman el MALI

En 2026, el MALI presenta cuatro proyectos individuales de Julia Codesido, Sandra Gamarra Heshiki, Astrid Jahnsen y Olinda Silvano, que abordan indigenismo, archivo, representación femenina y saberes indígenas.

Indigenismo moderno, museo como archivo, representación femenina y visualidad shipibo-konibo atraviesan el trabajo de estas artistas. A lo largo del año, prácticas diversas en tiempo, lenguaje y contexto confluyen en el MALI mediante exposiciones individuales que interrogan la historia, la representación y la circulación cultural desde posiciones críticas.

JULIA CODESIDO

Nacida en Lima en 1883, Julia Codesido ocupa un lugar central dentro del programa anual. Curada por Luis Eduardo Wu arden y Ricardo Kusunoki, la exposición revisa una trayectoria marcada por los debates de la modernidad artística en América Latina y un compromiso social persistente. Formada en museos europeos durante la Belle Époque, con referencias a Goya, El Greco y la pintura flamenca, Codesido regresó al Perú para integrarse a la naciente Escuela Nacional de Bellas Artes, donde desarrolló un lenguaje propio.

La muestra examina su papel pionero entre las primeras pintoras profesionales del país y su tránsito del indigenismo hacia registros cercanos a la abstracción. Rostros andinos, escenas populares y una paleta intensa configuran una obra que dialoga con influencias europeas y mexicanas sin perder anclaje local, y propone una lectura crítica sobre las tensiones de género del ideario indigenista.

SANDRA GAMARRA HESHIKI

El MALI y el Museo de Arte de São Paulo presentan la primera exposición panorá-

Julia Codesido, Sandra Gamarra Heshiki, Astrid Jahnsen y Olinda Silvano protagonizan la programación 2026 del MALI, con proyectos individuales que revisan el indigenismo, el archivo, la representación femenina y los saberes indígenas desde miradas contemporáneas.

mica regional de Sandra Gamarra Heshiki, curada por Florencia Portocarrero y Sharon Lerner. El concepto de “réplica” articula el recorrido como respuesta a relatos hegemónicos, apropiaciones de tradiciones artísticas y relecturas de la propia producción.

El proyecto se despliega en paralelo en ambas instituciones y, a través de operaciones pictóricas sobre colecciones, archivos y discursos museográficos, cuestiona jerarquías del canon y examina la circulación de imágenes dentro del sistema del arte.

ASTRID JAHNSEN

El MALI presenta la primera exposición en Lima de Astrid Jahnsen, fotógrafa peruana radicada en Madrid. El punto de partida es una afirmación de Camille Flammarion, publicada en 1903, que atribuía menor peso al cerebro femenino. Desde esa premisa, la artista revisa enciclopedias del siglo XX y evidencia la escasa presencia de mujeres en estos relatos del conocimiento.

La muestra reúne una serie fotográfica de mujeres anónimas en espacios urbanos, captadas sin pose ni artificio, que activan una reflexión sobre visibilidad, autoridad intelectual y construcción del saber desde un lenguaje sobrio.

OLINDA SILVANO

La exposición individual de Reshinjabe, nombre shipibo-konibo de Olinda Silvano Inuma, recorre el trabajo de una artista y lideresa indígena que ha redefinido el kené dentro del arte contemporáneo peruano. Curada por María Eugenia Yllia, la muestra reúne obras tempranas y recientes, permitiendo observar procesos y circuitos de circulación local e internacional.

El proyecto visibiliza saberes ancestrales y da cuenta de la expansión de su práctica hacia nuevos soportes, incluido el entorno digital. En conjunto, la programación del MALI plantea un año de revisión crítica y necesaria, con las artistas ocupando el centro del relato. •

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