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Desde el fin de un mundo

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Edición de Andrea Reed-Leal


Desde el fin de un mundo Cruces de prácticas, amistades y saberes frente a la emergencia Hace poco visité una ciudad donde fue difícil respirar. Encuentro que es cada vez más frecuente en mi vida estar en contextos en los que me cuesta trabajo respirar. En esa ciudad, una plasta densa y café nos rodeaba al punto que no podía ver más allá de unos metros de mí. Fue la ciudad con la peor calidad del aire del mundo durante los días que la visité. Inhalé partículas tóxicas que entraron a mi cuerpo por los pulmones hasta los conductos de sangre: mercurio, plomo, benceno, monóxido de carbono. Mi cuerpo lo sentía, me dolía respirar, comencé a toser mucho, me llené de mucosa amarilla y se me fue la voz durante días. Este aire se condensó por el humo de los incendios de bosques en la periferia, las industrias que exhalan dentro de la ciudad, la sequía y la falta de lluvias. La respiración es quizá el mecanismo que hace más evidente nuestra interrelacionalidad con el mundo exterior: respiramos lo que exhalan las álgas y los árboles y ellos lo que exhalamos nosotras. ¿Qué pasa cuando no es posible esconderte de aquello que te hace daño en algo tan vital como lo es el acto de respirar? ¿Cómo habitar un mundo que de forma tangible está en crisis? Estas preguntas nos las hacemos una y otra vez desde las humanidades y las artes. La devastación medioambiental, social y económica se nos ha hecho cada vez más presente; es imposible escapar o esconderte. Rodeada de un pensamiento que se resigna a la idea de que no es posible un futuro, volteo la mirada en cambio hacia las acciones, los pensamientos y prácticas de quienes plantean un pensar y sentir que se dirigen hacia la vida y no la muerte. Este proyecto de libro nació en Pilsen, el barrio mexicano de Chicago, Estados Unidos, donde una comunidad latinx generosa promueve las voces y la cultura hispanoamericana. Contratiempo radio es una de las plataformas que lucha contra el regreso de los nacionalismos, el racismo y las xenofobias y busca resaltar el multiculturalismo, bilingüismo, la comunidad latinxsestadounidense, el respeto mutuo frente a un contexto climático y político en colapso. Durante varias semanas en 2024 nos enlazamos desde la cabina de Lumpen Radio, Stephanie Manríquez, Charlie García, y yo, y escuchamos las experiencias de cada una de las colaboradoras de este libro, mujeres mexicanas que desde sus prácticas artísticas, literarias y pedagógicas promueven otros mundos. Nos pareció importante que quedase un registro escrito sobre este nutritivo diálogo:

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CRUCES DE PRÁCTICAS, AMISTADES Y SABERES FRENTE A LA EMERGENCIA

Edición de Andrea Reed-Leal


DESDE EL FIN DE UN MUNDO


6 Desde el páramo llega una voz 14 Revitalización de la lengua náhuatl 28 Feminismo desde la entraña para empezar a pensar en la sanación planetaria 42 Lo resbaloso como medio 52 Diario personal: la herida de clase y un sashimi atorado 56 Paisajes sonoros. Fragmentos sobre la escucha y los encuentros 66 JusticiaS, más allá de la interseccionalidad 70 Si camino bailo 82 La escuela por venir (aquí, ahora) 91 Biografías Créditos y agradecimientos

Índice


Desde el páramo

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Mónica Nepote

llega una voz en colaboración con Alegría Acosta Vera

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Para escribir a veces libro una batalla con una fiera. Lucho para salirme de su hocico y sus dientes filosos, aunque sé que su triunfo no será precisamente devorarme sino tenerme ahí: en el hocico, amedrentada y a mitad de la parálisis. Esa fiera se llama ritmo capitalista. Mi tiempo, como el de todxs, está cooptado, marcado por el inclemente y siempre insatisfecho ritmo de la producción para el que, pese a mis esfuerzos, nunca lograré dar lo que me requiere. La ciudad en donde habito tiene en sus propias condiciones materiales el ingrediente que contribuye a mi agotamiento: sus amplias y casi ina barcables dimensiones, las considerables distancias hacen de cualquier traslado verdaderas odiseas. Trabajo en una universidad dando clases y mi desplazamiento implica poco más de una hora de ida más otra de vuelta. A raíz de la pandemia me acostumbré a trabajar desde mi casa, lo que hizo que mis horarios se desdibujaran; no hay tiempo para las acciones concretas, todas están revueltas: son las 7am, me gustaría hacer ejercicio para comenzar al día desde el cuerpo como un ritual necesario para arraigarme, a la vida y a la carne que soy. Pero el estado continuo de estar ocupada se ha filtrado en todo espacio de tiempo, no hay horario, hay trabajo, siempre hay trabajo. El ejercicio, el cuerpo, queda desplazado por trabajo y agotamiento. Los tiempos del cuerpo se volvieron, también, una masa viscosa. ¿Efecto de la menopausia o la lógica capitalista? Ambas quizá contribuyen a que mi mente esté más dispersa, de una forma que no recuerdo haber experimentado anteriormente. No he logrado recuperar el tiempo—espacio para entrenar, esa disciplina que me da fuerza para ir a la montaña.


Lamento, de alguna manera, empezar este listado de quejas. Dudo unos segundos y mis dedos continúan. La autocensura tampoco es una buena herramienta, desde hace unos años nuestras lecturas cambiaron, también nuestra manera de escribir. No recuerdo desde cuándo, pero sé que mis últimas lecturas están marcadas por textos mucho más personales, íntimos. Me pregunto si las redes sociales han contribuido a esto, no sé tampoco si afirmar que es un punto a favor para estas —no dejo de considerarlas siniestras, diseñadas para nuestra infelicidad, ya lo dice Geert Lovink. Una voz interna salta inmediatamente y advierte. Ojo aquí, ¿estás citando a un hombre del norte global antes que alguna compañera del hackfeminismo? La voz otra vez, no tengo que justificarme, pero Lovink lo dice de una manera concisa: las redes están hechas para mantener nuestro descontento, de eso se nutren, de eso se sostienen. Como en la película Monsters Inc que vi no sé cuántas veces con mi hija, la energía eléctrica de la ciudad se genera con los gritos de los niños, así la energía de las redes lucra con nuestra emocionalidad y al parecer el tono de grises de la violencia es mucho más rentable que el de la alegría. Así es todo, el capital nos quiere tristes y produciendo. On line pero desconectadxs, flotando en el enojo y profesando el desconocimiento de las consecuencias materiales de nuestros intercambios. El fuego de nuestro descontento podría ser un buen mecanismo para desoír las frases con las que las tecnologías iteran la forma en que debemos usarlas, pero más bien ese fuego es aterradoramente parecido al fuego que en la última primavera arrasó con hectáreas de bosques en México. En este mundo distópico vivimos: sin tiempo, en llamas, angustiadas y encharcadas en las pasiones tristes. Para salir de los dientes de esta criatura inclemente y feroz, cuando ya no puedo más, arrastrándome casi, llego a espacios que me sostienen, a conversaciones que me dan vida. Uno de esos espacios es el que sostengo con una mujer que apenas conozco de manera presencial. Ella vive en Ecuador, bajamos juntas al cráter del Xitle hace unos meses cuando ella vino a visitar a su hermana que reside en la Ciudad de México. Compartir caminos es dialogar, ampliar la escritura hasta los pies, andar las montañas como un texto, dislocar el ritmo del capital a partir de caminar y escuchar. Este fue quizá, un pacto tácito que de una manera natural dio un origen a un intercambio de escrituras. Alegría (ese es su nombre) y yo vamos hilando, quizá sin saber o más bien: sin pretender, un texto que trenza las voces de ambas. Nos identificamos por los mismos amores: a la montaña, al sonido, al registro de la grabación, a las formas diversas y amplias de maternar y, sobre todo, a investigar la forma en que nuestras ausentes: madre (en mi caso), abuela (en el suyo) se vuelven o se transfiguran en presencia en la montaña.

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¿Es posible la fuga, es posible desarticular o desacotarnos del obligado tiempo productivo propio del entorno urbano sometido a las fuerzas de lo fabril: 24/7, horas de producción, poco descanso, deudas eternas, trabajo por entregar, la sensación de estar envuelta en la bolsa viscosa de valores tan opuesto a la bolsa —o al morral de transporte (aludiendo a la traducción de Andrés González) de Ursula K. Le Guin? ¿Cuáles son las historias que somos capaces de generar, fuera de un sistema de compraventa y servicios de producto? Ahora me queda claro que los libros son productos y responden a las necesidades de mercados y, oh sí, he visto a las mejores mentes de mi generación y otras más, sucumbir ante las formas de producción que dicta el mercado por las razones que sean, quizá válidas, todxs merecemos una digna economía, pero que me despiertan sospecha y aburrimiento. ¿Cuáles serán las historias que nacen desde la entraña, que buscan escuchar otros sonidos y otras guturalidades? No porque sea el deseo atribuirnos el epíteto de “experimentales”, sino para simple y llanamente encontrarle sentido a la vida, en medio de vertederos tóxicos, racismo ambiental, explotación laboral, desigualdades, secuestro lingüístico, falta de imaginación política, un genocidio inconmensurable. Aquí estamos en los extremos de un cableado simbólico y real, en una conversación que quiere trasminar sentido, misterio y poesía, en este mundo perennemente online. Alegría se llama mi interlocutora, y este precioso símbolo de hablar con Alegría es parte de estas transcripciones, un diálogo que me lleva a compartir esos otros espacios, otras conversaciones, otras racionalidades. Hola Mónica: Estoy trabajando el silencio. Estoy trabajando en un proyecto personal buscando el silencio de la montaña y queriendo grabarlo o registrarlo de algún modo. Una de las hipótesis es que el silencio se esconde o nace en las lagunas. Estoy empezando a grabar las lagunas y los ojos de agua en el Páramo. Todavía no sé qué es el proyecto, pero por lo pronto es también una nueva excusa para seguir visitando las montañas y encontrarme en las alturas. Hola Ale: Ahora que estuve en la montaña sentí mucho la presencia de Griselda, cuando estaba viva me dijo más de una vez: “Ojalá podamos ir un día a la montaña a caminar juntas”. Y me puse a pensar, ¿quién me dice que aún con la muerte, o a pesar de la muerte, no es posible caminar con alguien? Tal vez están de otras formas. Ese es un ensayo que me gustaría escribir. Me gustaría pensar que estas audiocartas son una forma de empezar a escribir.


Me quedo pensando en el texto que quieres escribir, en caminar la montaña o caminar en la vida con personas que ya no están o que están de otro modo, como que son una presencia distinta, y justo me haces pensar en una de las entradas que escribí para el diario de las caminantes. En las alturas a veces me encuentro con mi abuela paterna, quien murió hace algunos años. No sé si iba a las montañas, no sé si le gustaban las montañas, pero siento que a veces puedo encontrarme con ella o con otras personas que ya no están… cuando camino y sobre todo cuando caminan en la montaña. Hay cosas que pasan allá arriba que todavía no entiendo, y capaz que nunca voy a entender realmente. Ale me comparte su texto: “La montaña me contesta preguntas de las formas más insospechadas. Cuando camino llegan mensajes de otro tiempo. Su voz viene cargada de tantas voces, su voz tiene todas las voces. La montaña es principio y es final, es canal. Hay días que camino rápido, como buscando algo con las manos entre la niebla. Es solo cuando me detengo que puedo escuchar a otras personas conmigo. A veces es la abuela la que habla a través de ella. Nos encontramos en un paisaje que nunca fue nuestro. La abuela y yo solo conocíamos sus jardines de acuarelas. Ella me encuentra en las alturas”. Me gusta pensar que caminar en la montaña es escuchar de una manera radical. Es muy loco cómo el sonido también se relaciona con el espacio. Cómo escuchas con nitidez algo que sucede a muchos metros de distancia, cuando no tienes barreras como lo son los edificios, o el barullo de las calles. He intentado grabar esa experiencia, pero se pierde, no es lo mismo, nunca es lo mismo llevarte un registro que estar en el lugar, en ese sentido la montaña nos enseña muchísimo, sobre todo a estar ahí, creo. Ahora te grabo desde el páramo del Cotopaxi, estuvimos con una amiga en unas lagunas. Estoy frente a un ojo de agua. La última vez que vine acá, vine hace un par de meses con un amigo a grabar con mi hidrófono el ojo de agua. Y olvidamos las pilas de la grabadora. Mi amigo insistía en que no sonaba nada, que esta agua no iba a sonar. Pero las lagunas suenan, las aguas suenan todas. Hay algo de este silencio que no es silencio, como la montaña. Creo que es algo que me encanta de la montaña. Cómo suena el silencio y cómo logró encontrarme en calma e inquietud. Y tenía pendiente grabar, te pensaba, hoy te pensé un par de veces mientras caminábamos o escuchábamos y pensé en tu texto de Escuchar la montaña. Y pensaba:“llego en la casa y le grabo”. Y ahorita caminamos un rato con esta amiga y dije, no, mejor le grabo desde acá para que escuche cómo suena el Cotopaxi. Eso, solo quería mandarte un saludo desde

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los Andes y retomar el contacto, la conversa. Tu texto de la montaña habla me habló de muchas formas, me trajo imágenes, resoné con muchas historias, todo el tema de la maternidad y el silencio y el no silencio, y siento que estoy en esa búsqueda de transitar la maternidad de mi hija de 9 años y una crianza que a veces me desborda y me agota y también me enternece y me inspira, y en esa crianza ruidosa mi hija es conversona. Siempre estoy buscando el silencio y siento que cada vez que llego al silencio o que empiezo a topar con los dedos del silencio se me escapa y se me va. Me pasa también acá en la montaña; siento que llego a veces a momentos en los que hay este silencio y de repente canta un pájaro o suena el agua, o canta el viento o silba a alguien, o algo, ahora veo unos patos. Hoy ya pudimos grabar. Grabamos largo. No sé a qué hora te llegue este mensaje, pero acá la foto que te mandé hace un rato, eran las 2:30. Ahora te grabo, son casi las 5:30 de la tarde y acá seguimos, podría quedarme aquí largo hasta, no sé… hay algo de este paisaje que me abraza y me conmueve profundamente. Además… he venido a este lugar tantas veces, es el mismo lugar este paisaje y a la vez es otro, la luz cambia, a veces hay neblina. He estado aquí con tormenta, lluvia, garúa y estoy aquí mientras atardece. El sol se va y me gusta estar aquí con la montaña; me hace pensar en La montaña viva de Nan Shepherd: ir a la montaña no para llegar a ningún lado, sino para estar con ella un rato. Cariños desde el ojo de agua del Cotopaxi. ¿Descubriste algún micrófono para las rocas? Me quedé pensando… lo que hacen alguxs artistas es llevar sus registros sonoros a un software que interpreta como datos y luego traducir esas grabaciones a música. Tengo mis distancias con estas prácticas, depende del proceso de lxs artistas. Muchas de las piezas consisten en colocar arduinos en plantas u hongos, pero a veces lo que escuchamos es el ruido resultado del arduino y la planta, no es que sea“la voz”de la planta. Por ahí alguien decía que todos estos sonidos que se atribuyen a las plantas o los hongos, por ejemplo, están pensados bajo un entendimiento humano,“no es propiamente el sonido en sí de ese cuerpo sino lo que el humano considera que es el sonido que dichos cuerpos emiten”. Y esto me hace pensar: cuántas veces la escucha no pasa por encontrar un sonido perceptible para nosotrxs, esa es mi pregunta final, creo. Estoy en un círculo de estudios que se llama así: Círculo de estudios contra el soundscape, y un día en una sesión surgió una pregunta bien interesante que era: ¿qué estoy dejando de escuchar? Ya que también entendemos lo sonoro como eso que percibimos… en fin, es solo meterle debate al debate.


Estoy viendo una imagen muy hermosa (y en el audio no se especifica qué es).

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Presente: Esta conversación sigue y sigue. Al día de hoy Alegría está abriendo sus experiencias de la percepción del silencio en Ecuador, trabajando con grupos en talleres en la montaña. Por mi parte, hace una semana regresé de un largo viaje y una estancia de 4 días en el Pico de Orizaba. Vi una roca que me hizo pensar en las rocas de Alegría, experimenté la escucha y el espacio, experimenté el tiempo de una forma muy distinta a cómo habita el tiempo en la ciudad. Ale y yo nos comunicamos por mensajes de audio y pienso en cómo las montañas que visitamos se comunican entre sí, las montañas, al ser corteza, son la piel del planeta, la piel en la que nosotrxs transitamos. Si nuestros cuerpos son una entidad amplísima y una serie de configuraciones, ¿por qué no pensar en ese sistema Gaia que proponían James Lovelock y Lynn Margulis? De alguna manera, estas palabras que nos hacen enlazar estas montañas, sus aguas y nuestros fantasmas establecen este gesto de conjurar por otros tiempos, aleatorios, improbables, especulativos con los que nos abrigamos para vivir y contrarrestar las hostilidades de los tiempos hegemónicos, las feroces batallas, el dolor del mundo.

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Revitalización

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Sabina Cruz de la Cruz

de la lengua náhuatl Traducción de Andrea Reed-Leal

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¿Acquiya na? Na notocah Sabina Cruz de la Cruz. Niehua ce pilaltepetzin tlen itocah Tecomate, Chicontepec, Veracruz. Niquinpiya macuilli noicnihuan. Na nitepipi huan nicpiya ce nomimi. Naman nicpiya notetah. Ya no ehua ce pilaltepetzin tlen Chicontepec huan nahuati. Ticpiyah ce topilcihuapil tlen quipiya nahui xihuitl huan ce tooquichpil tlen quipiya ce metztli. Ni pilaltepetzin Tecomate axcanah nelhuei huan macehualmeh zaniloah zan nahuatl. Yehyectzin tlaxoxoctic. Nouhquiya yolic momacatiyahqui ma oncah tlamachtiliztli zan pan pilaltepetzin. Naman oncah azta telebachillerato campa nictlamih notlamachtiliz, huan teipan niquizqui pan nopilaltepeuh. Notatah tlahuel quinecqui ma niccencuilih nimomachti meuhcatzan tlen tototatahhuan axcanah quihuelittayayah ma tiquizacan, tohhuantin pampa ticihuameh: tlahuel mahmahuiyayah. Zampampa niquizqui pampa notatahhuan nechmacauhqueh. Huan nouhquiya quemman nicuecuetztzin nieliyaya niquihtoayaya huan niquinilliyaya notatahhuan, “Na axcanah nicnequi nimechcauhtehuaz zo niyaz ceyoc altepetl, na nicnequi nimocahuaz nican”. Zampampa nelnelliya axticmatiz tlen huallauh zo tlen panoz pan monemiliz.

¿Quién soy? Me llamo Sabina Cruz de la Cruz. Nací en un pueblo llamado Tecomate, en Chicontepec, Veracruz. Tengo cinco hermanos. Yo soy la mayor y tengo uno más grande. Ahora tengo esposo. Él también nació en el pueblo de Chicontepec y es nahua. Tenemos una niña de cuatro años y un niño de un mes. Este pueblo de Tecomate no es muy grande y la gente habla solo náhuatl. Es muy bonito y verde. También se fue dando que hubiera escuelas en el pueblo. Ahora hay escuela hasta el telebachillerato donde terminé mis estudios. Después salí de mi pueblo. Mi papá quiso mucho que continuara mis estudios, aunque a mis abuelos no les pareció que saliéramos, porque somos mujeres: tenían mucho miedo. Pero salí porque mis padres me dejaron. Y también cuando era niña decía y les dije a mis padres: “Yo no quiero dejarlos ni irme a otra ciudad, quiero quedarme aquí”. Pero realmente no sabes lo que viene ni lo que va a pasar en tu vida.


Pan miac xihuitl nitlamachtihtihualtoc ica nahuatl huan nitlatehtemohtihualtoc ica macehualtlaneltoquilli pan Instituto de Docencia e Investigación Etnológica de Zacatecas, campa Desde hace muchos años he enseñado quiyacana tlamachtihquetl Eduardo de el náhuatl e investigado sobre la Cruz. Oncah tlamachtiliztli pan creencias indígenas en el Instituto IDIEZ tlen ciclo escolar ica cequi de Docencia e Investigaciones caltlamachtihquetl tlen Estados Etnológicas en Zacatecas (IDIEZ), Unidos: California Los Ángeles (UCLA) que está dirigido por el maestro huan Berkeley (UC Berkeley), New Eduardo de la Cruz. Hay clases México (UNM), Texas pan Austin (Ut en IDIEZ en el ciclo escolar con Austin), Michigan (Umich), Brown, algunas universidades de Estados Stanford huan cequinoc. Xihxihuitl Unidos: UCLA, UC Berkeley, UNM, UT, nouhquiya oncah tlamachtiliztli UMich, Brown, Stanford y otras. Cada tlen xopantla chicuace cemanoh año también hay clases de verano de pan caltlamachtihcan tlen Utah, seis semanas en la Universidad de huan tlen invierno ome cemanoh pan Utah, y en el invierno dos semanas IDIEZ. Calaquih momachtianih tlen en IDIEZ. Recibimos estudiantes ehelihuiz canahya. Nomomachticahuan de todo el mundo. Mis alumnos 16 yancuinih, tlatlahcotinih huan tlen son principiantes, intermedios y tlecantoquehya. avanzados.


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Nahuatl: Nahuatl ni ce macehualtlahtolli, zampampa nouhquiya tlen nelmiac zaniloanih quipiya Mexco. Quipano ce millon huan tlahco macehualmeh tlen ica zaniloah ehelihuiz canahya, quence Durango, Michoacan, Oaxaca, Valle tlen Mexco, Tlaxcala, Puebla, Morelos, Guerrero, Veracruz, Hidalgo huan San Luis Potosí. Nouhquiya nahuatih pan El Salvador huan miaquih tlen yahtoqueh Estados Unidos. Macehualtlahtolli huan macehualtlaneltoquilli tlahuel quipiya ipatiuh meuhcatzan panotoc miac tlamantli, tlen quence cequin ayoccanah quinequih ica zanilozceh. Tiquihtozceh yoltoc pampa nocca tiitztoqueh cequin tlen ticmanahuiah huan quipannextiah huan nopa quichihua axcanah ma polihui

Huahcauhquiya macehualmeh tlahcuiloayayah ica pictoramas huan logogramas pan amoxtli tlen naman quitocaxtiah códices. Quemman ahciqueh tlen axcanah macehualmeh, peuhqui mochihua tlahcuiloliztli ica alfabeto latino. Ticmatih oncah caztiantlahtolli tlen axcanah nelmopatlatoc ica nahuatl, quence: “chocolate”, “tomate”, “aguacate”, “apachurrar” huan cequinoc. Nahuatl ce mohmotzquiliztlahtolli: cehcen itlahtol quence tlatocaxtiliztli, tlachihualiztli huan tlapantiliztli, quipiya iyollo huan miac tlatenmotzquiltilli tlen techillia acquiya ce macehualli, acquiya

El Náhuatl El náhuatl es una lengua indígena; es la más hablada de México. Más de un millón y medio de indígenas lo hablan en lugares como Durango, Michoacán, Oaxaca, el Valle de México, Tlaxcala, Puebla, Morelos, Guerrero, Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí. Se habla también en El Salvador y en algunas comunidades de Estados Unidos. El náhuatl y sus variantes tienen una riqueza cultural muy grande, aunque han pasado muchas cosas, como que algunas personas ya no quieren hablarlas. Decimos que está vivo porque todavía estamos algunos que la revitalizamos y la protegemos, eso hace que no se pierda.

Antiguamente, los indígenas escribían con pictogramas y logogramas en libros que ahora se conocen como códices. Cuando llegaron los que no son indígenas, se empezó a usarse la escritura con el alfabeto latino. Sabemos que hay palabras en castellano que han cambiado con el náhuatl, por ejemplo: “chocolate”, “tomate”, “aguacate”, “apachurrar” y otras. El náhuatl es una lengua aglutinante: cada palabra tiene un sustantivo, un verbo o locativo, y su raíz y muchos sufijos que nos dicen quién es esa persona,


iteucco ce tlamantli, acquiya quichihua ce tlamantli, acquiya quichihuilia, quemman mochihua, etc.

quién es su dueño de esa cosa, quién hace esa cosa, hacia quién le hace, cuándo se hace, etc.

Notlamachtiliz huan tequitl pan IDIEZ Quen peuhqui nimomachtia nicmachilih ohuih pampa na nizaniloayaya zan Mis estudios y trabajo en IDIEZ náhuatl huan pan caltlamachtihcan Cuando comencé a estudiar fue eliyaya zan caztiantlahtolli. difícil porque sólo hablaba náhuatl Zampampa queuhquinon nictlamih nicmachiliyaya ohuih nopa niquizaz, y la escuela era en español. Pero 18 así terminé mis estudios en mi quence nochin niquinillamiquiz pueblo hasta el telebachillerato. Y notatahhuan, nototatahhuan, noicnihuan, tlacualli, nemiliztli pan entonces me resultó difícil migrar, ce pilaltepetzin. Pan nopilaltepeuh pues a todos los iba a extrañar, a mis padres, a mis abuelos, a mis quemman niyauh nitlahtoa nahuatl, hermanos, a la comida y la vida en huan campa notequiuh pan huei el pueblo. Cuando voy a mi pueblo altepetl tlahuel nicamati hablo náhuatl, y donde trabajo en la nitlamachtiz ica ni tlahtolli, ciudad me gusta mucho enseñar esta tlahtolli tlen ica niixtlapanqui. lengua, la lengua materna con la que Notatah tlahuel quiihtoayaya crecí. Mi padre me decía mucho que ma niccencuili ma nimomachtih, continuara mis estudios, así que huanquinon quemman tlanqui notlamachtiliz tlen telebachillerato cuando terminé mi telebachillerato me fui a Zacatecas, donde comencé a niyahqui pan altepetl Zacatecas estudiar derecho en la universidad. campa peuhqui nimomachtia pan caltlamachtihcan tlen Derecho. Pan ni En esta ciudad estaba mi hermano altepetl itztoya nomimi, ya achtohui mayor, él se fue primero para ir a yahqui para momachtiz. Quen achtohui la escuela. Cuando recién llegué (a niahcic nictlatiyaya notlahtol huan la ciudad) ocultaba mi lengua y de canin huallauh, zampampa teipan huan dónde vengo, pero después, y hasta ahora, ya no lo hago. naman axcanah.


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Queuhquinon nonemiliz mopatlac pan altepetl quemman niahcic pampa axquemman niquiztoya huan nochi yancuic niquittayaya tlen oncah. Zampampa queuhquinon peuhqui huan niccencuilih nimomachtia. Ohuih nicmachilih pampa axcanah nochi niccuamachiliyaya tlahtolli, nochi nonemiliz nizanilohtoc ica náhuatl pan nopilaltepeuh. Huan meuhcatzan huahca niitztoya huanya noicnihuan, niccencuilia huan azta naman tizaniloah ica nahuatl, nouhquiya huanya notatahhuan. Nictlamiltih notlamachtiliz pan 2007.

Entonces mi vida cambió cuando llegué a la ciudad, porque nunca había salido y todo lo que veía era nuevo. Pero así empecé y continué estudiando. Se me hacía difícil entender todas las palabras, toda mi vida había hablado sólo náhuatl en mi pueblo. Y aunque estaba lejos con mis hermanos, continúo hablando en náhuatl, también con mis padres. Terminé mis estudios en 2007.

Noque nimomachtiyaya pan Derecho, hueliz ce xihuitl huan tlahco peuhqui nechtemoa ce tlacatl tlen axcanah mexicano ya itocah John Sullivan. Ni tlacatl ehua pan tlalli tlen Estados Unidos, cualli zaniloa náhuatl tlen nopilaltepeuh, huan quipaxalohtoc. Huan quemman niccacqui nelcualli zaniloa, teipan nimotlahtlanilih, “¿Quenque zo queniuhqui ya nelcualli zaniloa notlahtol, huan tlen ehuah nopilaltepeuh huan quizah ceyoc canahya, quemman mocuapah paxaloah, inihhuantin ya ayoccanah quinequih zanilozceh nahuatl?, ¿Quenque?”

Mientras estudiaba derecho, quizá después de un año y medio, empezó a buscarme un hombre que no era mexicano, llamado John Sullivan. Este hombre viene de la tierra de los Estados Unidos, habla bien el náhuatl de mi pueblo y lo ha visitado. Cuando lo escuché hablar muy bien, me pregunté: “¿Por qué o cómo él habla tan bien mi lengua, y los que vienen de mi pueblo y salen a otro lado, cuando regresan a visitar, ya no quieren hablarlo? ¿Por qué?”

Ya tequitiyaya pan instituto tlen itocah Instituto de Docencia e Investigación Etnológica de Zacatecas (IDIEZ), tlen quiyecanayaya, huan quinecqui ma nicalaqui huanya nitequiti. Peuhqui nechnotza ma


Él trabajaba en IDIEZ, lo dirigía, niyauh. Quemmantzin nouhquiya y quería que yo entrara a trabajar yohuiyayah nechonittah cequinoqueh allí. Empezó a invitarme a ir. A notequixpoyohuan para ma nicalaqui huanya inihhuantin. Quemman peuhqui veces también iban a verme algunos de mis compañeros para invitarme a niyauh, na nicmatiyaya nizaniloz huan axcanah nicmatiyaya queniuhqui trabajar con ellos. Cuando comencé a ir, yo sabía hablarla y no moihcuiloa ce tlamantli. Peuhqui sabía cómo se escribe en náhuatl. nechmachtia queniuhqui moihcuiloa, Él empezó a enseñarme cómo se tlen tlahtoltecpanaliztli huan escribe, a pronunciar y aprendí a nimomachtih para nitlamachtiz. enseñar. Me gustó lo que hacen con Nicamatqui ica tlen quichihuah el náhuatl. En ese tiempo, apenas ica náhuatl. Pan huanquinon habían empezado a trabajar en el quichihuayayah zanoc peuhtoyah ica nahuatlahtolxitlauhcayotl. Azta naman diccionario. Hasta el día de hoy trabajo en IDIEZ. nitequiti pan IDIEZ.

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Campeca tlen quichihuah pan pilaltepetzin Ce tlamantli tlen tlahuel nechpactia Ritual que se hace en la comunidad Una de las cosas que me da gozo es nicmatiz pan pilaltepetzitzin, saber que la gente en el pueblo macehualmeh nocca quichihuah todavía hace rituales y los hace con campeca tlen quimatih mochihua lo que hay y sabe lo que es bueno ica tlen oncah huan cualli para para su bienestar. Antiguamente, ininnemiliz. Huahcauhquiya tlen tohuahcapanhuan quichihuayayah tlen nuestros abuelos los hacían en días y meses asignados, y ahora ha nelnelliya tonatiuh, metztli tlen eliyaya tonatiuh huan naman quentzin cambiado un poco, pero sí los siguen mopatlatoc zampampa quena quichihuah. haciendo.


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Quence tlen ilhuitl/miccailhuitl tlen mochihua pan ce huan ome tlen noviembre, mochihua xihxihuitl. Tlen tonatiuh ce quimanextia, tiquinchiyah toteixmatcahuan tlen ayoccanah itztoqueh tlen cuecuetzztzin huan tlen ome huallohuih tlen huehhueih. Tlachihchihuah tlaixpan ica xochitl tlen cempohualli, cuapelexxochitl huan chiyanxochitl; nouhquiya chichiquilli huan mochichiquilhuiah. Tlen ni miccailhuitl, cequin tlen tiquiztoqueh pan topilaltepeuh huan axhueli tiyohuih tionpaxaloah pan nopa tonatiuh huanquinon ticchihuah campa tiitztoqueh. Axcanah nelcencah pampa axcanah nochi tlamantli tlen motequihuia ticahcih pan huei altepetl zampampa ticchihuah quen tihuelih pampa ticmatih techhualpaxaloah toteixmatcahuan tlen ayoccanah itztoqueh.

Como en el Día de Muertos, que ocurre en el primero y segundo día de noviembre y se celebra cada año. En este día, los señalamos, esperamos a nuestros familiares difuntos, a los pequeños el día primero y el segundo de noviembre vienen los mayores. Las personas adornan el altar con flores de cempasúchil, mano de león y chiyanxochitl, también con tamales, y se visitan. En este Día de Muertos, algunos que hemos salido de nuestro pueblo y no podemos ir a visitar lo hacemos desde donde estamos. No es igual, porque no encontramos en la ciudad todas las cosas que se usan, pero hacemos lo que podemos porque sabemos que nos vienen a visitar nuestros familiares que ya no están.

Tlen monamictiah ni quemman ce hueli quitlalia tonatiuh quemman eliz huan eli telpocatl ichan. Eli eyi tonatiuh ce tlen nexquetzah hueliz ce pailah, ce tonatiuh tlen tlamictiah hueliz ce zo ome torohmeh; huan ce tlen tlaixpiyalli, huan motlamacah nochimeh tlen ininteixmatcahuan tlen ichpocatl huan telpocatl. Ni tequitl quiyecana ce tlacatl tlen quiilliah huehuehtlacatl.

Los que se casan: cuando pueden, asignan el día que se celebrará el matrimonio en la casa del joven. Son tres días. En el primero ponen a cocer el maíz en un cazo muy grande, otro día matan quizá a una o dos vacas, y un día de baile, y dan de comer a todos los familiares de la joven y el joven. Este trabajo lo dirige un hombre sabio conocido como el huehuehtlacatl.

Tlen momapacah, ni nouhquiya huahcahua eyi tonatiuh, cencah tlen monamictiah huan nouhquiya quiyecana

La ceremonia de lavamanos: esto también dura tres días, igual que los que se casan, y también lo dirige el


huehhuetlacatl. Mochihua ichan tlen tecompah tlen iconeuh huan tlen inintiotah ininconeuh quinmapacah. Huanquinon inihhuantin yohuih huanya ininteixmatcahuan quence tlacuanih huan cequinoc tlamantli tlen mochihua, momanextia quence yoltoc totlahtol huan tlaneltoquilli tlen tototatahhuan technextilteuhtoqueh.

huehuetlacatl. Se hace en la casa del compadre de la hija y se les lavan las manos a los padrinos. De esta forma ellos van con sus familiares a comer y algunas otras cosas que se hacen, se señala cómo está viva nuestra lengua y nuestra creencia, lo que nos han dejado nuestros abuelos.

Ceyoc tlen nouhquiya quichihuah Se hace otro ritual también cuando quemman ahuazquiztlan, tlahuaqui zo hay sequía, se seca todo o no axcanah tlaeli, itocah “campeca crece lo que se siembra: se llama tlen tlatlacualtiliztli”. Ni tequitl “El ritual de la petición de la huahcahua nahui tonatiuh campa lluvia”. Este trabajo dura cuatro monemiliah ica miac tlamantli quence días en los que se preparan muchas xochitl, coyolxochitl, amatlatectli cosas como flores, coyolxochitl pampa monequi nelmiac. Quiyecana ce (flores de coyol) y recortes de huehuehtlacatl huan mochihua pan ce papel picado, porque se necesitan xochicalli zo ce acahya ichan. Tlen mucho. Está dirigido por el chaneh ya quimati tlen tlamantli huehuehtlacatl y se realiza en el monequi zo ya tlahuel huanya camati xochicalli (la casa ceremonial) o en huehuehtlacatl. Monotzah huan ahcih la casa de alguien. El dueño de la miac macehualmeh tlen ehelihuiz casa sabe lo que se necesita, o él pilaltepetzitzin. Quinnotzah habla mucho con el huehuehtlacatl. Se tlatzotzonanih tlen tlatzozonah llaman y llegan muchas personas de tonayan huan cenyohual, nouhquiya diferentes pueblos. Les hablan a cihuameh huan tlacameh tlen ahcih los músicos que toquen día y noche, mihtotiah, tlapopochhuiah huan también a mujeres y hombres que tepalehuiah ce tlatoctzin. Nochimeh lleguen a bailar, copalear y ayudar tlen ahcih pan ni calli monequi un rato. Todo aquel que llegue a tlatlepanittazceh ica tequitl tlen esta casa debe respetar el trabajo mochihua. que se realiza.

Ni tequitl tlahuel malhuilli yeca quiihtoah tlan tiyauh monequi titlatlepanittaz ica tlen tiquitta, tlen quichihuah huan tlen monequi

Este es un trabajo muy sagrado, por eso dicen que si vas, debes respetar lo que se ve, lo que hacen y lo

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quichihuazceh. Queuhquinon technextilteuhtoqueh tototatahhuan.

que deben hacer. Así nos enseñaron nuestros abuelos.

Tlamachtiliztli tlen nahuatl Naman yancuic motlalana huan oncah tlamachtiliztli tlen náhuatl pampa monequi momanahuiz totlahtol, quence tlamachtiliztli pan caltlamachtihcan huan amatl tlen quiihcuilohqueh tohuahcapanhuan. Cequi instituciones huan pilaltepetzitzin tequitih ica quimanahuizceh, huan mochihua ma motequihui tlen ica huahcapatl huan ica tlen naman. Instituto campa nitequiti quichihua tlamachtiliztli quen niquihtohqui achtohui, huan nouhquiya pan pilaltepetzin campa tihuallohuih Tecomate, Chicontepec, Veracruz. Pan caltlamachtihcan tlen primaria quichihua ma oncah ce tlamachtiliztli ica nahuatl tlen inglez. Yohuih tlamachtiah momachtianih tlen nahuatl tlen Estados Unidos tlen tlecantoquehya. Mochihua ome cemanoh huanquinon momanextia quence nahuatl yoltoc, huan iuhquinon ma elto ica pipilmeh tlen naman.

La enseñanza del náhuatl Ahora en la actualidad hay clases en náhuatl, porque se debe preservar nuestra lengua, como clases en las escuelas y los libros escritos por nuestros ancestros. Algunas instituciones y comunidades están trabajando para preservarlo y se hace que se use el clásico y el moderno. El instituto donde trabajo ofrece clases, como mencioné antes, y también en el pueblo de donde venimos, Tecomate, Chicontepec, Veracruz. En la escuela primaria hay clases de náhuatl y de inglés. Van estudiantes avanzados de Estados Unidos a enseñar. Se hacen dos semanas y se muestra cómo el náhuatl está vivo, y que así siga con los niños de la actualidad.


Ica notlatehtemoliz Tlen ica nicamati nitequitiz, quence notlahtehemoliz eli tlen De mi investigación xihuipahtli tlen pilaltepetzitzin. Lo que trabajo en mi investigación Ni tlatehtemoliztli nicnecqui es sobre la herbolaria medicinal nicchihua pampa quemman nieliyaya de los pueblos. Quería hacer esta nicuecuetztzin huan nimococoayaya investigación porque cuando era huan notatahhuan nechhuicayayah niña y me enfermaba, mis padres me huanya tepahtihquetl. Nechmacayaya llevaban al médico. Me daban pahtli pahtli huan na axhueliyaya (medicina) y no podía beberla. niconi. Huanquinon notatahhuan quitemoyayah huanya ahuimeh tlen pan Entonces mis padres buscaban con las señoras del pueblo una pilaltepetzin ce pahtli tlen oncah pan pilaltepetzin quence xihuipahtli, medicina como xihuipahtli (plantas medicinales), cuapahtli (la cáscara cuapahtli tlen quichihchihuayaya nonanan. Zan quilliyayah queniuhqui del árbol), que la preparaba mi mamá. Sólo le decían cómo hacerlo. ma quichihua.

Nicchiuhqui ce tlahcuiloliztli ica xihuipahtli tlen naman ica nahuatl. Ni tlahcuilolli elqui ica cocoliztli tlen techpano ahachica, quence totonicayotl, tlatlaciztli huan yacatzompilli. Nouhquiya quemman ce mococoa, quemmantzin yohuih ica ce tepahtihquetl quence ma quichihuilican ce tequitl, quence: ce tlaochpantli, ce tlacotontli para ma cualli itzto. Huan ica ni, nicchiuhqui ce tlahcuiloliztli pan revista Ethonohistory tlen “Tepahtihquetl pan ce pilaltepetzin.” Niquihcuiloh ica nahuatl huan huallauh ica ingleztlahtolli.

Nitequipanoc ce ome xihuitl pan cequin tlahtolxitlauhcayotl tlen

Escribí un texto sobre la medicina en náhuatl. Este artículo trató sobre las enfermedades que nos afectan con frecuencia, como la fiebre, la tos y la gripa. Además, cuando alguien se enferma, a veces va al tepahtihquetl (curandero) para que le haga un trabajo, por ejemplo: un trabajo de limpieza para que se sienta mejor. Y con esto escribí un artículo en la revista Ethonohistory, titulado “El tepahtihquetl pan ce pilaltepetzin (curandero) en un pueblo”. Lo escribí en náhuatl y fue traducido al inglés.

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Códice Florentino Digital. Ni elqui ce huei tequitl tlen quiyecanqui Dra. Kim N. Richter. Ya ce tlatehtemohquetl pan Getty Research institute. Nechtemohqui notlanahuatihcauh Eduardo de la Cruz para ma nitequipano huanya inihhuantin pan ni huei tequitl. Elqui ce huei huan yehyectzin tequitl. Nicchiuhqui cequi tlahtolxitlauhcayotl tlen cequin tlahtolli huan tlahtolpamitl tlen quimanextia itzontlancauh ce tlahtolli. Tlen nican niquittac quemman oncah ce tlahtolxitlauhcayotl, monequi tiquihtoz queniuhqui eltoc, queniuhqui neci, queniuhqui iixnezca, huan ica tlen motequihuia. Huan tlen naman nouhquiya queuhquinon mochihua ica ce tlamantli tlen axcanah quipiya ce xitlauhcayotl, zan ica ce tlahtolli. Nouhquiya ica xihuitl, xochitl, cencah mochihua; quence quimanextia ica queniuhqui nopa xihuitl, xochitl, queniuhqui eli huan ica tlen zo queniuhqui motequihuia.

Trabajé durante un par de años en algunas traducciones del Códice Florentino Digital. Este fue un gran proyecto liderado por la Dra. Kim N. Richter. Ella es investigadora del Instituto de Investigación Getty. Me buscó mi director, Eduardo de la Cruz, para trabajar con ellos en este gran proyecto. Fue un gran y hermoso trabajo. Hice algunas traducciones de palabras y frases. Lo que aquí vi, con una definición, es que se debe decir cómo es, cómo se ve, qué apariencia tiene y cómo se usa. También se hace lo mismo con plantas y flores: cómo se muestran, cómo son y con qué o cómo se usan.

Niquihtoa ica ni tlamantli tlen tlatehtemoliztli, quipiya tlahuel ipatiuh pan pilaltepetzitzin tlen macehualmeh huan pan cequinoc canahya pampa iuhquinon quimatih queniuhqui mopahtiyayah tototatahhuan huan cequin nocca queuhquinon quichihuah naman. Miaquin quinequih quimatizceh itocah ce xihuitl, xochitl,

Yo digo que esta investigación tiene mucho valor para los pueblos nahuas, así como para otras personas, porque así saben cómo se curaban nuestros abuelos y cómo se cura ahora. Mucha gente quiere


queniuhqui eli, tlan huehhuei zo cuecuetztzitzin huan quenque motequihuia zo queniuhcatzan monequi ticcuiz. Tlan ticcecuiliah ni tlaneltoquilli axquemman polihuiz.

saber el nombre de una hierba o flor, cómo es, si es grande o pequeña y por qué se usa o cómo debes agarrarla. Si continuamos con este conocimiento, nunca se perderá.

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Nitlami ica ni tlahtolli Ica ni tlahcuilolli nictzotlamiltia notlahtol huan nimechmaca ce tlahtolpamitl campa niquihtoa “ma axcanah tictlatican tonahuatlahtol tlen nahuatl, axcanah ma tictlatican canin tihuallohuih, ma tiquihtocan totlahtol yoltoc, huan monequi axcanah ma ticcahuacan ma miqui. Monequi ma ticcencuilican titlahtoah huan titlamachtiah. Tinochimeh hueli ticchihuah ni tequitl huan axcanah zan tlen momachtiah zo tlen quichihuah inintlatehtemoliz. Ni ce tequitl tlahuel yehyectzin huan cualli.

Termino con esta palabra Con este texto concluyo mi palabra y les doy una frase en la que digo que no debemos esconder de dónde venimos, debemos decir que nuestra lengua está viva y no debemos dejarla morir. Debemos continuar hablándola y enseñándola. Todos pueden hacer este trabajo y no sólo quienes están estudiando o investigando la lengua. Este es un trabajo muy hermoso y bueno.


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Feminismo desde la entraña

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Irmgard Emmelhainz

para empezar a pensar en la sanación planetaria

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Confieso que batallo con la compulsión de mirar el celular, sobre todo en los ínfimos momentos vacíos de espera, por ejemplo, cuando la señorita pasa los productos por la banda antes de cobrarme, o durante la espera para que me entreguen el coche en el estacionamiento. Sucumbí, abrí el Instagram justo en una publicación de Motaz Azaiza, el periodista que documentó los primeros meses el genocidio en Gaza. Se trataba del video del cuerpo de un joven decapitado. Quise obligarme a desviar la mirada y escrolear para cambiar de imagen porque, ¡qué pinche acto de dar testimonio es encontrarse una imagen en IG mientras espero en el estacionamiento! La primera vez que vi el video no logré descifrar visualmente la decapitación. Me dio morbo y curiosidad. A pesar de mi resistencia a acoplarme a esta forma Live de atestiguar la guerra, llena de ambivalencia, la volví a ver tratando de poner más atención. Mientras veía mi coche acercarse por el rabillo del ojo, logré distinguir un cuerpo sostenido por cuatro o cinco personas con una manta azul, sin una pierna. En esta segunda vez que veo el video, noto que los que cargan el cuerpo abren la manta y la empujan un poquito hacia adelante para descubrirlo. Fibras de músculos sangrantes cuelgan en lugar del cuello y la cabeza. Siento náusea y ganas de llorar. El valet se estaciona delante de mí y me entrega las llaves del coche. Miro alrededor de mí aquilatando la indiferencia


generalizada en los espacios públicos, anónimos. Siento náusea y emito un sollozo, me permito soltarme, congelada con las llaves y el celular en la mano. Un rato antes había también mirado el celular topándome con una nota en IG anunciando una protesta en la embajada de Israel el día anterior; al buscar la noticia del suceso, me encuentro en YouTube videos de decenas de granaderos preparándose para la batalla contra los estudiantes de la UNAM que van a protestar la invasión y genocidio en Rafah. De eso hace ya meses. Eran los meses en los que hablábamos del calor como algo incómodo, de algo de lo que había que aliviarse individualmente con aire acondicionado, vestimenta fresca, abanicos o miniventiladores que se conectan al iPhone. Yo no entendía bien si lo que sentía era el calorón o sofocos perimenopáusicos. Se hablaba de la escasez de agua como un problema distinto, una nuisance más, algo de lo que quejarse en una plática trivial. Despertaba añorando las mañanas de antes, los amaneceres fríos de la Ciudad de clima de altura y montaña, de volcanes, que invitaban a ponerse bajo los nacientes rayos del sol para calentar el cuerpo junto con traguitos de café. Así eran los veranos, cuando por la tarde chubascos tremendos enfriaban la ciudad y se sentían en la cuerpa las cuatro estaciones del año transcurrir en un solo día. Desde la pandemia, esas mañanas empezaron a hacerse escasas. Y amanecía con la sensación de despertar en Mérida, después de una larga noche de batalla contra la sensación de calor. Al mismo tiempo, mis amigxs del norte global se regodean de sus dulces inviernos, de las tempranas primaveras, de la poca nieve que les cae. Finalmente llegaron tremendas lluvias y se calmaron las conciencias consumistas. El agua empezó a caer tan fuerte que, en vez de reponer los mantos freáticos, empezaron a erosionar los suelos, quedando incapacitados para absorber el agua que fluye veloz sobre la tierra o la encharca. Las mañanas con el frío de antes no han regresado del todo, son mojadas y tibias. Mi hija de 13 tiene pesadillas recurrentes de montes desérticos y árboles muertos. Incendios, megaproyectos, violencias ligadas al extractivismo e intereses corporativos desplazan comunidades originarias por todo el planeta. Se trata

Ribotril

Prozac Zanax Qualad Tafil

Norpramin Tofranil Pamelor 30

Welbutrin

Lexapro Paxil Zoloff

Celexa Remeron

OxyContin


Vicodin

de comunidades racializadas marcadas como desechables o redundantes que resisten desde los varios centros de la catástrofe climática. Violencia racializada y de género y daño medioambiental van de la mano y perpetúan Percocet vulnerabilidades diferenciadas frente al desastre presente y futuro en curso. En esta encrucijada histórica, Opana nos encontramos de cara a la polarización social y a los fundamentalismos identitarios exacerbados por la Roxybond comunicación digital, líderes políticos autoritarios y populistas que hacen uso de las identidades (raciales y Diazepan de clase) como herramientas políticas. El encierro de la Pandemia del COVID-19 marca sin duda una transición a la intensificación del extractivismo, la violencia, los desplazamientos forzados y las enfermedades Clordiaze- inflamatorias: se trata de la puesta en esteroides del poxido capitalismo global (tecnofeudalismo); de la desaparición de la política formal tradicional y su transformación en un simulacro, y de la subsunción de la organización política al reino digital. De la normalización de la Bromazepan destrucción masiva (Gaza, Derna, Los Ángeles…). En este contexto, se propagan narrativas que reclaman 31 Clonazepan lenguajes fugitivos que (de nuevo) construyen identidades al autonombrarse“cuir”,“negra”,“mujer”,“trans”, “heredere de oprimides”,“marginal”, y que describen los traumas derivados de habitar categorías impuestas Alpraxolam como estrategias de sobrevivencia. Articulando lugares de enunciación atravesados por la raza-clase-género, se busca visibilizar estructuras sistémicas de opresión en nuestras sociedades sin duda aún coloniales. Estos Lorazepan lugares de enunciación buscan ir en contra de la universalización de las categorías“mujer”y“humano”que han servido para articular saberes y estructuras de poder occidentales, intentando poner al frente saberes otrxs Midazolam para democratizarlos. A quinientos años, estamos dando cuenta del legado de la colonización en las cuerpas y las psiques de lxs despojadxs, y no debe de sorprendernos que haya un backlash Sertralina violento (las nuevas derechas, la fundamentalización de las identidades, la puesta al frente de las voces de las víctimas) ante los esfuerzos de concientizar y poner como tema de conversación frontal el legado de Fentanilo la colonización en las relaciones sociales y laborales


contemporáneas. Pero este backlash, por un lado, hace evidente que la libertad de expresión, la crítica a las instituciones burguesas, la cultura de la protesta, todo ello sustentado por el valor de la libertad (y por lo tanto, el liberalismo), nos falló porque esta visión de libertad carece de una visión de justicia y de una postura crítica contra el sistema capitalista. Por otro lado, este backlash ha hecho que la función contemporánea de la víctima se encuentre en un terreno pantanoso y peligroso, porque no busca impartir de forma justa la culpabilidad y el sufrimiento para facilitar posibles procesos de reconciliación y perdón, sino, como lo planteó recientemente un conocido activista, la función de la víctima es ahora la de ser una especie de tábano que exhibe la maldad y los daños cometidos por los seres humanos, y acusa a una sociedad indolente que lo permite e ignora. La gasolina que azuza el reclamo de la víctima es el resentimiento, y corre peligro de caer en una nueva tendencia fascistoide que podemos llamar “fundamentalismos identitarios”, caracterizados a veces por la incontinencia emocional. Es así que el campo socio emocional contemporáneo hace que el régimen sensible esté atravesado por malentendidos e interlocuciones que se sitúan en la rabia y la culpa. Ostensiblemente, partiendo de que construimos conocimiento traduciendo a nuestras propias palabras el mundo de lxs otrxs, no es la diferencia lo que se mide, sino el universo en común lo que nos da acceso a la diferencia. Parte del problema es que la traducción entre mundos está siendo una fuente constante de malentendidos que articulan nuevas versiones de las emociones y genera, por ejemplo, intolerancia, porque niega lo que es importante para lxs otrxs. El campo socioemocional centrado en externalizar las emociones coincide con lo que Eva Illouz llama “capitalismo emocional”.1 Según ella, la construcción del capitalismo vino de la mano de la construcción de una cultura emocional especializada que disolvió la división entre la esfera pública no-emocional y una privada saturada de emociones, dando lugar a una nueva cultura de la emotividad. En este contexto, el yo nunca

1 Eva Illouz, Intimidades congeladas: Las emociones en el capitalismo (Buenos Aires: Katz Editores, 2007).

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ha tenido una representación tan pública. Esto va de la mano del hecho de que la identidad moderna se autoconstituye a partir de una narrativa de reconocimiento, que tiene que ver con los intereses ideales y materiales de grupos sociales que operan en el mercado y que dominan en el Internet. Allí, el afecto se convierte en un aspecto esencial del comportamiento económico y la vida emocional sigue la lógica de intercambio y las relaciones económicas, y estas son las nuevas formas de sociabilidad. Esto explica, según Illouz, el surgimiento de una narrativa de identidad que impulsa tanto un ethos de autoayuda (ahora un nicho de mercado en su propio derecho) y una narrativa de sufrimiento. En este contexto, ¿cómo podemos pensar la relación entre vida emocional, desigualdad de clase y reproducción de clase? Si consideramos a la visibilidad como un activo, como la posesión de capital que ostenta poder, la cancelación funciona como una manera de oponerse y tomar al poder, destruyendo la visibilidad de unxs para erigir la de otrxs. Otro elemento del campo socioemocional que atraviesa el capitalismo es la idea de la necesidad de la autorrealización, lo que ha generado una jerarquía entre los autorrealizados y los dañadxs. En este contexto, la narrativa de autoayuda y autorrealización está intrínsecamente ligada a una narrativa de la memoria y de la memoria del sufrimiento. Y al epicentro de esta narrativa se encuentra el mandato de ejercitar la memoria del sufrimiento a los efectos de liberarse del mismo, dando lugar a una cultura cada vez más confesional en la que impera lo que Ilouz llama“la democracia del dolor” (todxs sufrieron y ello nos da el derecho a narrar la especificidad del sufrimiento propio). Desde esta perspectiva, pienso que los fundamentalismos identitarios y el capitalismo de emociones están intrínsecamente ligados. ¿Cuáles serán las mejores maneras de apoyar las luchas políticas que no son propias? ¿Cuáles son los principios fundamentales de la utopía ante las violencias que vivimos? ¿Y cómo son las utopías frente al cambio climático? ¿Podremos trascender los valores sociales que privilegian el bienestar económico frente a todo lo demás que heredamos y cómo lo haremos?


Detector-de-fundamentalismos identitarios 1.

Desdén contra quien no reconoce como“igual”y todxs los no-iguales son enemigxs, opresorxs y racistas.

2.

Enuncia su posición moral elevada por encima de lxs demás, sobre todo de lxs opresores.

3.

Se considera víctima o heredere del sufrimiento de las víctimas de las historias coloniales.

4.

No reconoce ciclos de trauma intergeneracional y cómo le afectan en el presente: culpa a quienes detecta como “opresorxs”.

5.

Es imposible entablar diálogo con lxs fundamentalistas identitarxs. Sólo escuchan el tenor sufrido de su propia voz.

6.

Lxs fundamentalistas identitarios sólo se organizan para enunciarse como víctimas desde sitios de enunciación individuales, en vez de organizarse políticamente para luchar por derechos (laborales, por ejemplo) o contra el cambio climático o el extractivismo, despojo inmobiliario, desplazamiento forzado…

7.

También se organizan para exigir que se borren las figuras incómodas de las historias (de la literatura, el arte, las políticas nacionales…). Y que se fulmine a los pedófilos, a las machas, a lxs misóginxs, a los esclavistas y explotadores de pueblos originarios.

8.

Habitan la identidad construida a partir de la racialización y de género y lo viven como un nicho; polarizan en vez de dialogar.

9.

En redes sociales, su sistema límbico está desatado tanto como su narcisismo.

10. A fuerza de impedir que hable una por todas, lo íntimo se convierte en denuncia política, generando una epistemología de personalismo no-representativo que repudia el punto medio entre mi experiencia y la de lxs otrxs. 11. Eliminación de las instituciones como mediadores o marcos de relaciones interpersonales al ámbito de lo personal (en redes sociales); reemplazo de la universalidad o lo colectivo por el interés individual.

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Sin duda urge una desinversión radical en el proyecto de blanquitud (consumismo, consumismo, consumismo, individualidad hedonista, exceso) y luchar por un orden social distinto que tenga al centro la redistribución de recursos y riqueza y el aprender a habitar el mundo de manera que honremos la vida colectivamente y de manera integral. Sin embargo, el complejo capitalista nos trabaja desde la libido y psiques, capturando nuestros afectos, creando una crisis de relacionalidad que hace que vivamos alienadxs unes de otres y de nosotras mismas, que sabotea nuestro sistema límbico y genera epidemias de ansiedad, pánico, ira – de pasiones tristes–. Al grado tal, que la política se ha transformado de ser un sitio para la organización colectiva y disidencia, al manejo especializado de las pasiones tristes en el mundo digital a través del simulacro, que genera ira y polarización. Encapsuladxs en la jaula digital, nos dice el filósofo italiano Bifo, el inconsciente despierta monstruos porque el lenguaje recombinante de la tecnología digital no es compatible con la fluidez del inconsciente. En las plataformas digitales, la actividad mental se obliga a funcionar a reglas ajenas a la empatía, la amistad, la solidaridad, el placer, inclusive el sufrimiento, porque sólo entiende la funcionalidad operativa (like // not like). Cuando la mente tiende a operar solamente a través de oposiciones binarias, la amistad se hace inaccesible, porque el formato conectivo de la mente en el ámbito digital impide conectarse con otras mentes. Al contrario, el lenguaje digital busca optimizar la combinación funcional, en vez de la conectividad afectiva. De esta incompetencia intersubjetiva surge una ola masiva de depresión que acecha todo el planeta, también la de polarización y la explosión de ira y sufrimiento en redes.2 Las pasiones tristes también son exacerbadas por el incremento del padecimiento de estrés a nivel colectivo, y están ligadas a epidemias de inflamación que causan enfermedades como diabetes, cáncer, Crohn’s, colitis, fibromialgia. Según el doctor canadiense Gabor

2 Franco (Bifo) Berardi,“Thomas Crooks”e-flux Notes, July 31, 2024 disponible en red: https://www.e-flux.com/notes/620641/ thomas-crooks


Mate, pionero en ligar las Una nueva clase media literaria emociones a las enfermedades, está narrando a través de múltilas dolencias inflamatorias ples autoras una existencia hecha tienen que ver con el desgaste de veracidad, testimonio, análifísico o “carga alostática de sis e incertidumbre vital, que hoy cuerpas obligadas a mantener despliega ansiedades, renuncias, su equilibrio interno de cara aprensiones y vivencias que nunca a circunstancias cambiantes y habíamos leído con el despliegue retadoras, entre ellas, secue- de minuciosidad al que hoy podelas de trauma y estrés crónico. mos asistir: desde la exploración En nuestra cultura, gran de la conducta delictiva intrafaparte de la población padece miliar de tantas madres cabronas de esta carga alostática que y autodestruidas (y destructivas) afecta negativamente la salud hasta la víscera imbatible que ata mental y física. Siguiendo a la propia vida al cuidado de una Mate, mientras que el estrés hermana. personal de vivir desconectades y en situaciones precarias política, económica y mediomambientalmente, sin discriminar por raza o clase social, la carga alostática impuesta por la desigualdad cae onerosamente en los despojades. Quienes además carecen 36 de herramientas y acceso a servicios de salud física y mental o a terapias médicas alternativas para encontrar caminos de sanación y recuperación. Las tesis de Mate parten de la idea de que lxs humanxs somos seres biopsicosociales. Esto quiere decir que nuestra salud o enfermedad está entrelazada con el entorno (medio ambiente, relaciones interpersonales, calidad y variedad de alimentación) y nuestro manejo de las emociones, aunado a la carga genética u otros detonantes como el estar expuesto a sustancias tóxicas como el BPA, aluminio, mercurio, microplásticos u otro tipo de contaminantes. Por ejemplo, lxs afectadxs por el derrame de desechos tóxicos en el Río Sonora, responsabilidad de Grupo México, tienen plomo, arsénico y cadmio en la sangre, lo que ha generado una epidemia de cáncer en la región.3

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Almudena Barragán,“Plomo en la sangre y pérdidas millo-

narias, la tragedia del río Sonora sigue sin resolverse”El País, 3 de agosto de 2022, disponible en red: https://elpais.com/mexico/2022-08-04/plomo-en-la-sangre-y-perdidas-millonarias-la-tragedia-del-rio-sonora-sigue-sin-resolverse.html


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Las enfermedades inflamatorias son causadas por detonantes medioambientales, sociales y estados mentales causados por funcionamientos del cerebro, pero también por una red de nervios que enervan la periferia de los órganos vitales, especialmente el intestino. En este contexto, me interesa el concepto de“feminismo de la entraña”(Gut Feminism) de Elizabeth A. Wilson, quien propone que el entendimiento de los procesos biológicos, más allá del constructivismo social del género como sitio de argumentación política y conceptual es crucial para el feminismo. La perspectiva centrada en la biología del feminismo de entraña nos ayuda a ir más lejos de la comprensión de cómo se forman las cuerpas a través de la invención biomédica y tecnológica: lo que Paul B. Preciado llama el complejo farmacopornográfico, asentado en un construccionismo social que toma en cuenta las restricciones culturales, sociales, simbólicas y lingüísticas que gobiernan y esculpen los tipos de cuerpos (y psiques, deseos) que tenemos. Wilson nos insta a mirar la sangre y las entrañas y a pensar en el intestino como un órgano de la mente que delibera, comprende, rumia. Wilson y Gabor Mate nos invitan a resarcir la ruptura epistemológica y ontológica occidental entre razón y emoción, cerebro y entraña, para entender la interrelación entre los órganos internos y estados emocionales de la mente en el medio contemporáneo, entrelazando el cerebro al cuerpo, la psique y las neuronas al mundo para entender los enredos que generan estados inflamatorios en humanes y medio ambiente (incendios forestales, calentamiento de los océanos, por ejemplo). Las ideas del siglo XX se formaron a través de las categorías en mayúsculas del Periodismo, Historia, Política, Cine, Literatura. En el SXXI comienzan a predominar las narrativas en primera persona, de la víctima, que parten de una aprehensión del mundo más visceral, afectiva, individualizada. En este contexto, la esplacnología ―el estudio de las vísceras y cómo se conectan a través de colonias de bacterias y hongos con el“exterior”del cuerpo humano― podría servirnos para entender cómo las sustancias biológicas forjan alianzas complejas y crean formas diversas. Lynn Margulis usó el término“holobionte”para comprender entidades formadas


por la asociación de diferentes especies que dan lugar a unidades ecológicas. Más allá de la etnografía, sociología e historia, la esplacnología holobióntica nos podría ayudar a y sanar los enredos planetarios partiendo desde el organismo al sistema planetario y entender el carácter psíquico del“interior”orgánico.

Es revolucionario lo que están contando los libros de ficción o semificción de escritoras de los últimos 40 o 50 años y es objetiva e históricamente nuevo: nunca habíamos podido meter las narices, ni las lectoras ni por supuesto los lectores, en el centro de una experiencia de vida, una experiencia moral, que nunca antes se había contado como la cuentan estas escritoras recientes. Simplemente no existía el horizonte de posibilidad existencial ni la tolerancia social ni la estructura38 editorial para hacerlo posible y hoy han creado múltiples audiencias interconectadas y fieles, casi adictas. Son hijas de un tiempo nuevo y de una opulencia virtuosa que permite la itinerancia vital y geográfica... Creo que descubrí en el colegio de monjas, durante las horas de plática entre adolescentes, en las que tratábamos de descifrar la crueldad y frustraciones de nuestras madres, que la mayoría de la gente está emocionalmente mal y atravesando, de alguna manera u otra, algún proceso de reparación emocional. Esas conversaciones entrañables fueron el comienzo y soporte de nuestro trabajo de crecimiento que hemos hecho en mayor o menor medida a lo largo de décadas de amistad, en las que hemos compartido trucos, terapias, experiencias, avances. Tal vez procesos de recuperación como éstos son el secreto que teje las redes afectivas del mundo en el que vivimos, lo que hace que estemos intrínsecamente


vivxs. Puede que la vida se trate de descubrir las miles de maneras que existen para recuperarnos, levantarnos y seguir adelante. Que en la recuperación personal, colectiva y medioambiental sea el sitio donde podamos encontrar nuestro propósito en la vida. Porque más allá de crear un estilo de vida y cultivar el “éxito”, de curar una imagen impecable propia en redes sociales, no hay nada hay más ajeno al complejo capitalista de consumo digitalizado de subjetivación individualista que tener un propósito de vida. En Rehearsals for a Living, la correspondencia entre Leanne Betasamosake Simpson y Robyn Maynard que tuvo lugar en plena pandemia, ellas hablan de poner al frente al “sufrimiento silenciado”, esa forma de sufrimiento colectivo que es heredado por varias generaciones y La conquista de un espacio social igualitario - en las sociedades ricas que se queda en los huesos, en el ADN de las personas. occidentales-no es una hipótesis o un diagnóstico sino un dato objetivo De transformar la fuente de ese sufrimiento en un en muchas novelas de autoras de lugar desde donde se pueda en torno a 30 años, que ha sido evidentemente previo a la decantación conspirar, soñar y cuidar la vida de otras maneras: de una experiencia literaria que celebrándola y preservánamasa y mima modos visiblemente distintos de hablarse, de acercarse, dola. Se preguntan, ¿qué significa construir vidas de tantearse, de tocarse y de sentirse (a una misma y a los demás). vivibles, juntxs en las ruinas? ¿Habitando cuerpxs que cargan con las consecuencias físico-emocionales de las violencias coloniales-de género? Robyn y Leanne hablan de comunidades que están creando, construyendo y experimentando con formas de cuidado colectivo en los lugares abandonados (por el Estado) y donde la gente genera sus propias visiones de libertad, luchando por construir vidas vivibles a partir de formas de cuidado colectivo. Su punto de partida es una política de la compartición para desinvertirse de la individualidad y ahondar a lo comunal como lo que teje la vida. Con una perspectiva de anti-acumulación entrelazada con la práctica del cuidado colectivo y en aras de construir sociedades que cuiden la tierra y las aguas y vivan de una manera en la que se promueva la vida; una realidad en la que las economías extractivistas dejen


de tener sentido.4 Para que no me acusen de “apropiación” de las ideas de estas pensadoras indígenas que admiro muchísimo y considero mis maestras, propongo el concepto de otra de mis maestras:“la economía de la placenta”de Luce Irigaray.5 Ella propone colocar a la placenta como órgano tanto material como semiótico para abordar la ética y política de cuidado de lxs otrxs, pero también en términos holobiónticos, pensando a la madre-feto como un estado liminal simbiótico que podría servir como metáfora para entrelazar al colectivo. Material y políticamente, también estamos siempre entrelazadxs, unidxs por fronteras semipermeables somáticas, nacionales, políticas, sociales, lingüísticas, emocionales y holobíonticas. Al usar estas metáforas, corro el riesgo de que las feministas que eligen no maternar me acusen de esencialismo biológico del cuerpo reproductivo. En fin, escribir y plantear ideas conlleva sus riesgos y nunca me he arrepentido de correrlos.

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Leanne Betasamosake Simpson and Robin Maynard, Rehearsals

for a Living (Chicago: Haymarket Books, 2022). 5

Luce Irigaray, Cuerpo a cuerpo con la madre (México: Peri-

feria, 2022).


Que se sigan premiando sandeces indigeribles firmadas por mujeres es solo una excrecencia inevitable de la revolución literaria de fondo que está viviendo Occidente mientras lee y difunde múltiples libros de mujeres con historias que nunca se habían contado antes ni hubo la menor oportunidad de leer. Y no, no es verdad: no hubo una literatura de mujeres sepultada por los hombres y sus complejos (múltiples), y el mejor contraejemplo es la evidencia de una librería virtual o física que incluya los últimos 30 o 40 años de literatura para darse cuenta de que es un sinsentido. El cambio es de paradigma y es revolucionario. 41


Lo resbaloso

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Valeria Mata

como medio Galia Eibenschutz

Durante varias semanas, tuvimos intercambios guiados por el agua y los caracoles. Solo eso. Abrir un espacio para hablar de babas, caminar con la boca abierta y ensayar en suelos viscosos. En el video El agua (proyecto para un texto), Marcel Broodthaers 43 aparece sentado intentando escribir bajo la lluvia mientras el agua diluye constantemente la tinta. Dos años antes de morir, John Cage escribió en una carta: “Por decirlo de algún modo, estoy escribiendo en el agua”. Los arqueólogos subacuáticos dibujan en el fondo del mar para registrar lo que van encontrando en el entorno.

El cuerpo que se moja. Lo inasequible, lo siempre movedizo. El cuerpo permeable: sudar es estar a la intemperie, afectada. Ni el trazo ni la palabra quieren ser sólidos. ¿Por qué detener una trayectoria o un curso? Un mundo derretido. Nuestra consistencia es moldeable. Si el agua nos toca, nos escurrimos.


Valeria: Llevo varios días sumergida en el elemento agua en muchas de sus formas; como si nuestra plática en el Zoom fuera el pronóstico de lo que me sucedería en los días venideros. Esta presencia permanente que se filtra en mí y a mi alrededor me ha sacado de equilibrio, y extrañamente me gusta. Me genera una sensación de soltar, de mezclarme, de estar incómoda y no de pedir refugio y ablandarme, sino de formar parte de un caldo de cultivo sin escapatoria. Mi interior es un caldo de cultivo… una caverna viscosa y húmeda.

Recuerdo una escena de un documental de los 90 sobre la vida de los insectos en prados y estanques: Microcosmos. La escena es un acercamiento a dos caracoles que en su viscosidad se aparean sutil y lentamente, deslizándose en sus superficies hasta formar una sola cosa babosa traslúcida, alucinante. Galia: Parece que los caracoles y sus babas nos convocan. El miércoles pasado leí que Francis Bacon quería que sus pinturas se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellas dejando rastro de su presencia como el caracol que deja su baba. Pensé sobre todo en sus pinturas de figuras sentadas o acostadas, en las que hay un trazo resbaladizo; cuerpos que se escurren, casi apareándose con las superficies, como en la escena del documental del que me hablabas.

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Cuando era niña iba a recoger caracoles y me los ponía en el antebrazo para intentar que lo usaran como carretera. Me quedaba muy quieta esperando a que sucediera algo: que empezaran a dejar, con su avance, un camino transparente en el que se reflejaba la luz. ¿Qué sería moverse como lo hace el caracol? ¿Podríamos dejar un rastro semejante al suyo? Dice Chantal Maillard: Inadvertido, sin pretensiones, el caracol pasa sin defenderse. Transita. En la mano, apenas sentimos una ligera humedad que luego se cristaliza. ¿Conoces este video? Francis Alÿs, Children’s Game #31: Slakken

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Valeria: Qué bonito lo que cuentas de tu niñez con los caracoles. Mi hermana y yo también teníamos ciertos códigos con ellos. El jardín de la escuela a donde íbamos a tomar clases de inglés por las tardes estaba siempre lleno de caracoles y mi hermana y yo los recolectábamos mientras esperábamos a que mi madre llegara por nosotras. Luego los dejábamos en un recipiente de plástico con lodo y hojas en nuestro cuarto. Se iban saliendo escurridizos del recipiente y se perdían entre las mil cosas de nuestro cuarto. Después los encontrábamos enredados en el pelo de las muñecas. Sí, conozco ese video de Francis Alÿs, es muy, muy, bello. ¡Ese juego me parece genial! Aquí empieza a hacer calor y la piel se siente pegajosa. Ayer, por ejemplo, llovió y el agua que venía de arriba se mezclaba con mi propia agua-sudor. Una relación entre humedades.


Me gustaría encontrar esa calidad de movimiento y ese deslizarse lento de los caracoles. ¿Cómo sería moverse en una superficie babosa en un escenario o un espacio de ensayos baboso y blando? Me parece que por lo pronto hay que soltar la quijada y dejar que la lengua caiga y la baba caiga; para que todo el resto del cuerpo haga lo mismo. Intentaré algo así en los días venideros, algo así como ensayar en una tina llena de espuma…o ir al vapor con tu amante.

Tenía pensado entrar a nuestro documento compartido y contarte algo que venía pensando en el autobús, pero leí “soltar la quijada”y se me puso la piel chinita. Ayer un médico me dijo que tenía los músculos de la mandíbula muy tensos y me preguntó si dormía apretando los dientes. Que necesitaba “relajar la cara”. Así que, como ejercicio, voy a hacer eso que dices: dejar que la lengua caiga, que la baba caiga. Además, me gustan los estados o emociones que hacen aparecer a la baba: el asombro, la fascinación, el sueño, el antojo.

Hace poco me contaron de una tradición que tiene que ver con ese movimiento sobre superficies babosas del que hablas. En Granada, Andalucía, durante las fiestas patronales del barrio de San Pedro, se organizaba un juego que consistía en cruzar el río pasando por unas piedras muy resbaladizas que habían sido untadas con

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jabón o grasa. La gente iba pasando poco a poco tratando de mantener el equilibrio. Ganaba quien no se caía al agua. Unas señoras mayores me decían que ver la ropa mojada pegada a los cuerpos le daba cierto erotismo a la fiesta.

Dice Cecilia Molano: Todo lenguaje es como un intento por organizar el balbuceo. Moverse como pez en el agua.

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Hoy me propuse caminar desde la salida del metro hasta la casa con la boca abierta. Me iba viendo reflejada en los cristales de los negocios y en las caras de varias personas, que me miraban entre desconcertadas y curiosas. Mientras me movía, pasé de tener una apertura forzada a una caída suave de la mandíbula, que me cansaba menos. Aflojar la quijada me llevó, casi como un reflejo, a aflojar la mirada, a que los ojos quisieran estar más cerrados que fijos. Me percibí como un sapo relajado, con su gran saco vocal debajo de la barbilla, esa bolsa de piel holgada que se estira y les sirve para almacenar aire. Yo, en este caso, acumulaba saliva. En nuestra reunión de Zoom, dices: “La partera me decía que relajara la quijada para que se me relajara la cadera”.


Veo las fotos que pusiste de la fiesta en Granada. Me gusta sobre todo la de la izquierda, donde está una sola mujer que cruza sobre las piedras del río, y todo el pueblo la mira. Un instante de equilibrio sostenido por cien miradas. Puedo imaginar o hasta casi sentir ese elemento erótico que señalaron las señoras mayores. Resbalar y caer, sostener, resbalar, caer… todo mojado… balbuceos. Mantengo en mi memoria la sensación de la planta de los pies tocando la roca con lama verde babosa.

Qué coincidencia, sin haberlo planeado, hace dos días fui al bosque con una amiga y terminé cruzando el río descalza; nuevamente sentí como si el haber hablado de este juego de cruzar el río en la fiesta de Granada me hubiera pronosticado que unas semanas después estaría cruzando el río descalza, sintiendo con la planta de mis pies la babosidad de las rocas. Pude entender el elemento erótico del que hablábamos. Sentir el desliz de la planta de los pies sobre la roca provocó que todo mi cuerpo se contagiara de la baba que lubrica la acción de caminar y al mismo tiempo refresca. Lo curioso es que también, con el desequilibrio, se despierta el sentido de alerta al sentir la posible caída y solo de imaginarla ese cuidado se vuelve aún más extremo. Mezcla de babosidad placentera y alerta.

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Leí esto que dice Manuel Delgado: Lo viscoso, filtrándose entre los intersticios de lo sólido y desmintiéndolo.

—Voz en off del video que te envié por nuestro chat. 22/07/24 11:06pm.—

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Hola Valeria, resulta que salí a pasear a mi perro por aquí cerca de mi casa, y de repente miré el piso, por suerte me fijé, y me encontré en la banqueta, cerca de una planta, a los caracoles, y me acordé de nuestro proyecto, me di cuenta que lo tenía un poco abandonado y bueno, es muy noche pero quise hacer este video porque no sé si mañana me los voy a encontrar. De repente me di cuenta que quizás los caracoles eran parte de mi infancia, parte de estar en los jardines voluptuosos, porque ahora en estos últimos años me he encontrado a los caracoles solamente en videos, pero aquí hay muchos. En realidad no es el mejor momento para sacar este video, pero dudo que mañana vayan a estar. Es hermoso cómo se deslizan, pareciera que van súper lento y de pronto notas que avanzan. También son hermosos sus cuernos que se pueden hacer chiquititos y ser parte de su cabeza y cuello; esa manera de cambiar la forma se me hace increíble. Son muy bellos.


No nos hemos escrito desde hace una semana, pero durante estos días el agua me estuvo rodeando literalmente. Viajé con mi compañero a El Hierro, la más pequeña y alejada de las Islas Canarias. Para llegar tuvimos que tomar dos ferrys. En el primero, la marea era tan fuerte que nos movíamos de un lado a otro como ese juego del barco pirata que hay en las ferias. Lo sorprendente fue que el balanceo que para nosotras era un suplicio, parecía algo totalmente normal para los cuerpos isleños con los que compartíamos el ferry. En un mensaje de voz, mi madre nos recomendaba que en lugar de resistirnos al oleaje con el cuerpo tenso, nos meciéramos suavemente al mismo tiempo que el barco, para acompañar el movimiento y no oponer resistencia. Los caracoles siguieron insistiendo con sus apariciones, porque el mismo día que me enviaste los videos de los caracolitos que encontraste cerca de tu casa, yo conocí un lugar que se llama la Cueva del Caracol. Era un complejo de varias casas-cueva comunales utilizadas por los pastores y sus familiares para pasar temporadas con sus ovejas y cabras. Antes, las cuevas se usaban como refugios durante los periodos de trashumancia. Hoy son lugares de reposo o de reunión durante las fiestas populares de la isla. Y otra cosa: me hablaron de caracolas de mar de uso colectivo. En El Hierro les llaman“bocinas”y sirven como instrumentos de comunicación entre los lugareños, para dar avisos a distancias largas.

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Nosotras también, a distancia, intercambiamos mensajes gracias a los caracoles.

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Diario personal: la herida

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Dahlia de la Cerda

de clase y un sashimi atorado

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La primera vez que Iván y yo fuimos a un restaurante de lujo de comida japonesa, sentí que alguien me había metido en una película que no entendía. Todo estaba diseñado para que tú supieras que estabas en un lugar caro. Las luces, los platos perfectos, hasta el silencio, tenían cara de millonario. Cuando entramos, me tragué la emoción porque no quería verme impresionada, pero por dentro estaba pensando: “¡Mira dónde estamos, cabrona! ¡Mira hasta dónde llegaste!” Nos sentaron junto a una fuente con peces que parecían más reales que yo misma en ese lugar. Me dieron un menú lleno de palabras que no entendía, y aunque Iván estaba emocionado viendo qué pedir, yo estaba más ocupada en no verme torpe. A veces, cuando estás en un lugar así, lo primero que haces es camuflarte: cuidar cómo hablas, cómo te mueves, cómo hasta respiras. Todo para que nadie note que no eres de ahí, aunque, claro, siempre lo notan. Al principio, estaba emocionada. Pedimos sake, sashimi y un rollo que no recuerdo cómo se llamaba, pero sí que venía en un plato tan perfecto que me dio pena comérmelo. Me dije que me lo merecía, que todo lo que había escrito, todas las puertas que toqué y que me cerraron en la cara, me habían traído aquí. Pensé en las veces que soñé con algo así, con salir del barrio, con demostrar que podía llegar más lejos.


Pero la emoción se me atoró en la garganta cuando miré al mesero. Un hombre moreno, delgado, con las manos cuidadosas y una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Lo vi moverse con esa precisión que solo tienen las personas que no se pueden permitir un error. Y en ese momento algo en mí empezó a quebrarse. Me llegó el pensamiento, como un golpe en el pecho: “Ellos son de los que yo escribo, ¿no? Esas son las vidas que yo cuento en mis libros, y ahora están aquí, sirviéndome a mí.” El sashimi estaba delicioso, pero no podía disfrutarlo. Miré alrededor, vi a los meseros y a los cocineros, todos morenos, todos moviéndose rápido y en silencio, como si supieran que su trabajo dependía de no ser vistos. Me imaginé a sus familias, a los barrios de donde vienen, a las rentas que pagan. Pensé en mi mamá, que pasó años sirviendo tragos en un bar donde los borrachos la trataban como si fuera un mueble. Y ahora yo estaba aquí, sentada en una silla de lujo, pagando lo que probablemente ellos no ganan en una semana por un plato de comida que ni sabía usar los pinches palillos para comerlo.

Ahí me cayó el veinte: ¿qué chingados estoy haciendo aquí? Es fácil romantizar el barrio cuando estás lejos, pero cuando estás cerca, cuando ves a alguien que podría ser tu primo o tu vecina trabajando para que tú vivas esta experiencia, todo se siente mal. Pensé en mis textos, en cómo siempre hablo de la resistencia, de la dignidad de ser de abajo, y ahora yo estaba en una mesa donde, seamos honestos, no era bienvenida, ni siquiera por mí misma. Me sentí una traidora. Una hipócrita. ¿Cómo escribo sobre el barrio, sobre la precariedad, mientras estoy en un lugar donde un sashimi cuesta más que el súper de una semana? ¿Qué significa esto? ¿Que ya no soy una de ellas? ¿Que me vendí? Pensé en todas esas morras y vatos que leen mis libros porque ven ahí reflejada su vida, su rabia, y sentí que los estaba traicionando, que los estaba dejando atrás.

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Iván notó que estaba rara y me preguntó si estaba bien. No supe qué decirle porque ni yo entendía lo que sentía. Era una mezcla de culpa, vergüenza y enojo. Quise dejar todo e irme, pero al mismo tiempo quise quedarme y terminar lo que había empezado, como si quedarme fuera una manera de demostrarme algo que no podía poner en palabras. Mientras terminábamos el sake, pensé en todas las cosas que nadie te dice sobre cambiar de clase social, en cómo no es sólo el dinero lo que cambia, sino la forma en que te miras y la forma en que te miran. Cambiar de clase social no es un triunfo limpio, es un conflicto eterno, una herida que nunca cierra. Porque siempre llevas contigo el barrio, pero nunca puedes llevarte completo al barrio contigo.

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Lo más cabrón de todo es que esa herida de clase no te deja en paz. Te hace cuestionarte todo. ¿Estoy aquí porque me lo gané o porque me traicioné? ¿Escribir sobre el barrio me legitima o me convierte en una explotadora? ¿Es esto un triunfo o una derrota? Cuando terminamos, dejamos una propina grande, aunque sabía que eso no cambia nada. Salimos del restaurante, y en la calle sentí el aire frío y un alivio extraño. Iván me abrazó y, como siempre, me regresó a mí misma. Esa noche aprendí algo importante: no se trata de encajar, porque nunca vas a encajar del todo. No se trata de quedarte ni en el barrio ni en el restaurante. Se trata de recordar siempre quién eres, de usar lo que has ganado para construir algo más grande, para escribir con más fuerza, para no olvidar nunca de dónde vienes ni a quién le debes las palabras. Porque escribir no es un lujo ni un capricho, es un compromiso. Y esa herida de clase, esa incomodidad, es también un recordatorio: “No olvides. No dejes de contar. No dejes de luchar.”Salí de ahí con la certeza de que puedo habitar ambos mundos, no porque uno sea mejor que el otro, sino porque tengo algo que decir en ambos. Y esa noche, mientras caminábamos de regreso a casa, sentí que el puente que soy todavía aguanta.


Paisajes sonoros. Fragmentos

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Sandra Sánchez

sobre la escucha y los encuentros

Yo sé que tendré / Basalto, mucho basalto Y levantaré / Y levantaré… Mercedes Nasta

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No por contigüidad dos cosas son similares o diferentes, tampoco causales o cronológicas. No hay necesidad de relación entre dos. El encuentro es lo que hace que lo distinto comience a vibrar. Esta es una historia sobre la escucha y los encuentros en dos paisajes sonoros. Por un lado, Fuentes Brotantes; por el otro, el Paricutín – considerado el volcán más joven del mundo; en purépecha Parhíkutini, que significa ‘lugar al otro lado’.


Fuentes Brotantes, Ciudad de México. La magia de escuchar con los audífonos de Irvinj la amplitud del agua fluyendo entre piedras, lluvia y musgo. Más tarde, el sonido derivado de acariciar la piel de un tronco. Hacerme consciente de que la caricia tiene su propia sonoridad. Gracias, Irvinj; guardo ya ese recuerdo con alegría. Mucha intuición, mucha escucha, mucho leer el deseo del otro. Me lo imagino pensando: “Sandra quiere escuchar esto, no lo sabe, pero sé que lo disfrutará”. El ofrecimiento desinteresado, la curiosidad por la sensibilidad y el placer del otro.

(((El sonido de una mano haciendo masajito o de un gatito amasando))) Un encuentro tiende a propiciar otros encuentros. Y como dice Deleuze, leyendo a Spinoza, vivir es estar a su merced. Encontrarse implica asumir el riesgo del ritmo que toma al cuerpx para modificarlo, más allá de su propia voluntad. La escucha es un modo del encuentro, “estar a la escucha es siempre estar al linde del sentido, o en un sentido de borde y de extremidad, y como si el sonido no fuese precisamente nada distinto de ese borde, esa franja o ese margen”(Jean-Luc Nancy, A la escucha, p.7). Encontrarse es hacer un borde, escuchar es atenderlo. Y sabemos que no sólo con los oídos se escucha, se escucha con la piel, con el poro abierto, con el alma. Escuchar nunca es una acción pasiva, siempre se corre el riesgo de la transformación. Pensar el paisaje sonoro desde el encuentro y desde la escucha permite arrebatar a la modernidad la palabra paisaje como un binarismo donde un sujeto mira lo que tiene enfrente para dominarlo. El paisaje como encuentro y escucha es una toma de posición dentro de un ensamblaje donde no hay adentro y afuera, sino alianzas, trazos, rutas, fracturas, enigmas, palabras, improvisación y ética. La ética de ser afectado y afectar a la vez en un entramado de relaciones donde es ineludible tomar posición, donde cada cuerpo será modificado en la interacción. Iniciamos nuestra caminata sonora cerca del metrobús, al final de la calle, casi llegando a Insurgentes, donde acaba el Ajusco (parque al sur de la Ciudad de México donde vive el Xitle, volcán ahora inactivo). En medio de ese camino, tan común, hay una línea de agua que separa la montaña de la vorágine de contaminación de la ciudad.

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Paulina se asoma a las coladeras y se da cuenta de que el agua de un lado y del otro es distinta, mucho más sucia pasando el límite. Las líneas materiales que no sabemos reconocer. ¿Cómo se traza el camino en un territorio? Abriendo el deseo a la vez que la pregunta, creo. ¿Cuál es la singularidad de este lugar y cuál es mi deseo respecto a ella? Zonas donde la propiedad privada no es tan clara. ¿Quién preserva estos terrenos? ¿quiénes pueden usarlos, atravesarlos, cuidarlos o contaminarlos? Me acuerdo mucho de Marie Bardet (filósofa y coreógrafa) diciéndonos que conocer la relación de nuestro cuerpo con la fuerza de gravedad es un punto clave para el movimiento. Ignorar nuestra relación con la fuerza de gravedad es desatender dónde estamos parados, lo cual lleva a desconsiderar la tierra que nos acoge.

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Sandra Sánchez. cierta noche, 2025.


Pátzcuaro, Michoacán. Las emociones son pájaros brillantes. Le cambio a la música para escribir este párrafo. Estar sobrio y Un Manhattan de Lázaro Cristóbal Comala. Un trago de café antes de seguir, siempre un trago de café antes de seguir. Leo me enseña en su celular el volcán de Durango verde y pleno. Un verde muy distinto al de Fuentes Brotantes, como si Durango no pudiera renunciar, ni en verano, a un amarillo de cadmio, entre limón y pálido. Abro el Instagram para ver sus pinturas: junto al desgaste de lo áureo, azul y tierras; los nombres propios de cada color. Busco Azar (2023), un lienzo donde un ramo de crisantemos, aún anudado, vuela en picada desde muy muy alto, rajando el viento. Destinado a caer, a desatarse, no deja de avanzar lento hacia el encuentro con dos cuerpos de agua divididos por uno de tierra. La pintura, a veces, te puede hacer mirar como un animal que flota para detener momentáneamente el tiempo. Me punza el pecho. Luego me dice que el volcán (también inactivo) se pone seco en invierno. Me enseña fotos. Esos verdes se metabolizan en tierras carcomidas por días y días debajo de un sol obstinado, dulce y tenaz; pienso en lo que sucede al mezclar el rosa quinacridona con el amarillo cromo, también viene a mi mente el enigma que sostiene el siena tostado; sospecho que estoy inventando una imagen —o más bien, no me alcanza ni el recuerdo ni el conocimiento ni las palabras para describirla. La memoria es ficción y se escribe en tiempo presente.

En el volcán, un recoveco. ¿Qué se sentirá que te entierren ahí? ¿La fantasía es un modo de la escucha? Escuchar la fantasía, ¿cómo distinguir mi imagen de la imagen del otro en un encuentro?, ¿cómo escuchar la disparidad de ambas vivencias sin intentar sintetizarlas?, ¿cómo atender la diferencia y permitir que ella siga afectando a las partes? Escuchar es resistirse a anular el relato del otro a nuestro favor. Escuchar es atender el hueco sin intentar llenarlo. En el Paricutín, parado en la punta de un montículo, Leo balancea una piedra un tanto más grande que su mano. Toma vuelo y la avienta. El sonido produce eco. Nos damos cuenta de que estamos parados sobre una gran vasija. La resonancia del vacío. El vacío no como falta sino como posibilidad de tránsito. La escucha como tránsito sin necesidad de narración.

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Fuentes Brotantes, Ciudad de México. Rossana insiste en que leamos un documento sobre el lugar. Siento respeto por su necesidad de no quedarnos sólo con la experiencia del umbral que abrimos al jugar entre los árboles para escuchar el palpitar de los troncos. El círculo que acompaña, al que me integré este semestre, se llama Contra el soundscape, que de alguna manera implica “contra la idea de paisaje como tierra que se puede explotar y de la cual se pueden extraer materiales a costa de la violencia contra seres humanos y no humanos”. Entiendo su porfía en saber dónde estamos, cuál ha sido la historia del lugar; la genealogía de sus resistencias frente al cemento que devora esta ciudad.

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Se dice que en Fuentes Brotantes habitaron tecpanecas y existen documentos que afirman que la fuerza de esas aguas sirvió para mover el molino de trigo de Oztotome en el siglo XVII y sabemos que esa edificación aún existe protegida por la comunidad. Hay documentos y testimonios de que la fábrica de hilados y tejidos La Fama Montañesa movió todo su proceso productivo con las aguas de ese manantial a partir de 1831. Nuestros abuelos obreros y campesinos de la Fama aprovecharon sus aguas para sembrar maíz y desarrollaron una cultura intensa en su lago, río y bosque donde hubo pasiones y amor, música, paseos, fiestas y rituales. (Silvestre Cárdenas Rivera. Del Manantial al Drenaje: Fuentes Brotantes en Tlalpan). Las tierras alrededor del río se otorgaron como pago. Ese paisaje natural se sostiene en el trabajo de los obreros y en su modo de habitar la tierra con sus familias. No está la montaña o la pila de basura de un lado y el humano del otro, sino todo junto en ensamblajes móviles. En Materia Vibrante Jane Bennett (filósofa) dice que toda la materia vibra porque tiene un conato, es decir, una perseverancia sobre su propia existencia. La perseverancia sucede en la relación, en el conjunto. No sin ella, ¡imposible! Recuerdo un fragmento de La guerra de deseo y tecnología de Sandy Stone (performer y escritora): no es que la naturaleza produzca su tecnología, sino que la tecnología está imbricada con la naturaleza. La naturaleza no precede a la técnica, ambas se elaboran a la vez. Es ineludible hacer alianza y tomar postura. No contemplar el paisaje, sino tirar la piedra para hacer sonar y sentir dónde estamos parados y qué hacemos con eso.


Paricutín, Michoacán. Ya de regreso, Memo me dice: “Lo que vivimos fue como un día que no pasó”. Un viaje tan intenso que se resiste al correr del tiempo, como el viento en las faldas del volcán que, en vez de ir de un lado al otro, circula en loop. Techno susurrante y suavecito. Mariana me escribe hoy: fuimos atravesadxs por “un océano magma liminal”. Después de un acompañamiento de escritura de textos sobre pintura, diez artistas, un galerista y yo hicimos una fiesta hermosa, llena de vulnerabilidad, alegría, riesgo, velitas y verdades personales e impersonales. Lxs cinco que quedamos decidimos ir a las 4 de la mañana al Paricutín. Fue un tránsito daimónico. Nos turnamos para habitar y expresar nuestros dolores, entusiasmos y fantasmas, mientras lxs demás escuchaban y contenían entre la oscurana, el serpenteo de la carretera y los corridos tumbados. En ese viaje brotó de nuestros ombligos un hilo rojo cereza que nos une, que podremos dejar de lado conforme pase el tiempo, pero que no dejará de conectarnos al volcán. A la tierra de ceniza en la que reposamos, a los pequeños montículos de basalto, pero, sobre todo, a la enorme generosidad de escuchar el quebranto, la pasión y las quimeras del otrx como si fueran propios. No en un sentido de identificación, no en el ego de “a mí también me ha pasado”, sino en el cariño de acompañar la potencia salvaje con potencia salvaje, de saber que de una u otra forma todxs estamos atravesados por ella. Escuchar el delirio no es poca cosa. El camino, el alcohol, la complicidad, las condiciones que permiten que aparezca sin que sea un brote. Las tecnologías de la escucha de lo que no genera plusvalor, sino pérdida; intuyendo que a veces necesitamos perder (n-1) para seguir escuchando, para seguir viviendo, para seguir arriesgándonos a los cuerpxs entre cuerpxs y al amor. Al fracaso.

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Pátzcuaro, Michoacán. Cuando volvimos, Ofe, quien nos preparó comida rica durante el encuentro, estaba muy preocupada. El narco está muy presente en la región. No tuvo que contarnos historias precisas para que con su mirada pudiéramos imaginar a lxs desaparecidxs, asesinadxs, violadxs y desposeídxs. Recuerdo que en una de mis primeras sesiones en el Círculo contra el soundscape alguien dijo que la escucha se edita, que tendemos a borrar lo que no queremos escuchar. Fue una gran revelación, ¿cómo practicar oír aquello que no necesariamente alimenta mi narcisismo? El paisaje es sonido de río, corteza de árbol, animal, viento en loop, pero también es bala, llanto, grito, detonación; sonido indescifrable. Todo en el mismo territorio. No creo que sea posible no editar; incluso la idea de yo desde la que performamos la vida es un acto de edición. Sin embargo, creo que podemos preguntarnos por nuestras tecnologías de escucha, por las formas en que puntuamos eso que oímos: a quiénes escuchamos, en qué condiciones, a favor de quién o qué, cómo nos dejamos afectar o no por ello. ¿Qué decidimos hacer con ese enorme y fértil encuentro que es la escucha?

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Colonia San Rafael, Ciudad de México. Para este hermoso proyecto que es Entrelazadas, Andrea me invitó a reflexionar sobre algo que aportara a imaginar un presente más justo. Le prometí un texto sobre la escucha y la improvisación. Desde el principio, pensé en incluir esta cita maravillosa de Marie Bardet de su texto ¿Improvisar?: “Improvisación es una palabra para algo que no puede conservar ningún nombre; si se queda fija en algún lugar suficientemente tiempo para adquirir un nombre, empieza a moverse hacia la fijeza”. La escucha, al afectar y ser afectada, al ser piel, ocupa a la improvisación como estrategia de tránsito. La escucha no fija, sino transforma al dejar pasar. Me imaginé un texto bastante teórico. Sin embargo, no salió. Lo que la improvisación trajo es lo que me hace sentido ahora: hacer vida con lxs otrxs, arriesgarnos a los encuentros (aunque destiente), intentar imaginar en conjunto tecnologías de escucha y de compartición para ensayar vivir la vida en complicidad y afecto. Quizá no podemos resolver problemas mayores, pero sí hacernos cargo de nuestra fuerza de gravedad, de la tierra que habitamos, de las personas humanas y no humanas con las que compartimos vida. De recordar a nuestrxs muertos; nuestros altares y vociferaciones; nuestras historias. De nuestras potencias salvajes.


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Sandra Sánchez. volcán, 2024.


PD. Este texto se escribió porque el maullido de Lucrecia me enseñó a escuchar. Porque Rossana, Jero, Irvinj, Mónica, Paulina, Lucía y demás cómplices sostienen semanalmente el Círculo contra el soundscape, para pensar, imaginar, elaborar y ensayar la escucha, el sonido, la vida. También porque Gera y Gonz de La Guerrera me invitaron a acompañar a sus artistas a escribir sobre sus prácticas pictóricas y propusieron un encuentro en Pátzcuaro para tallerear la última versión en colectivo. Pero, sobre todo, porque Leo, Mariana, Gibrán y Memo decidieron que era buena idea ir al Paricutín, un 29 de julio a las 4:00 am, aún a riesgo de.

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Sandra Sánchez. desorientarse, 2025.


JusticiaS, más

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Fátima Gamboa Estrella

allá de la interseccionalidad Nadie me contó qué soñaba Julia, mi abuela.

Para Julia May Canche, de Kimbilá, Yucatán.

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Julia no tuvo opción, pero sí sueños y amores. Pedro Gamboa, el dueño de la Hacienda, se la llevó cuando era aún casi una niña a cambio de mercancía. Años más tarde fue expulsada de la Hacienda, embarazada de su cuarto hijo, Ramiro, mi padre. Abuela, tu historia me duele, sin duda, pero, sobre todo, porque el relato está sesgado, se queda con los dolores y nadie nos habla de la rebeldía, las alegrías y fortalezas de las mujeres que, como tú, abuela, resistieron a las pocas opciones que la vida les puso a la mano. Y no puedo escribir sobre mí, si no sé de dónde vengo y los dolores y poderes que albergan en mi corazón y mis pensamientos. A ti, abuela, te quiero contar lo que hago, lo que aprendo y aprendí de ti y de nuestro pueblo maya, para honrar tu historia y la mía. Para honrar nuestra resistencia y la de miles de mujeres de aquí y allá frente a un mundo que insiste en tratar de arrebatarnos la digna existencia. Tengo la suerte de haber conocido a muchas mujeres en mis andares, mujeres que resisten y resuelven de mil formas ante los límites, barreras y zancadillas que la vida les pone. Mujeres que me traen de vuelta a ti y a nuestra capacidad de crear sueños, amores y posibilidades. No se trata de minimizar las injusticias y opresiones que


vivieron, que viven y que vivimos las mujeres, sino de poner en valor la resistencia y la rebeldía, la tuya y de otras mujeres. Ellas, ustedes, nos han permitido hoy estar aquí: porque ustedes fueron, nosotras somos. Sabes, abuela, a menudo en mi trabajo hablamos de interseccionalidad para explicar y explicarnos ese gran tejido de diversas opresiones que vivimos las mujeres, opresiones que nos hacen vivirnos en experiencias diferenciadas. Es así como desde la interseccionalidad me contaron tu historia, por ser mujer, maya y empobrecida, dirían las académicas o servidoras públicas: “la triple discriminación”. Sin duda, el dolor, la historia de racismo y misoginia que enfrentan las mujeres indígenas mayas nos han movilizado. Pero yo quiero saber más. Quiero saber qué soñabas, tus alegrías o las razones que tenías para vivir. ¿Te gustaba cantar? ¿Qué injusticias incendiaron tu corazón? Hoy aprendo de ti, abuela, a través de otras mujeres, que, como tú, han vivido y viven triples y múltiples opresiones, pero no claudican, son más que eso, son más que dolor, son más que opresión, son Justicias, exigen justicias, sueñan justicias. Las mujeres mayas que conocí, irónicamente dando un taller sobre acceso a la justicia, me enseñaron que la primera justicia no viene de las instituciones del Estado ni de las leyes. Tal como están las cosas, eso suena inútil y hasta absurdo para ellas. De ellas aprendí que la primera justicia nos la hacemos a nosotras cuando reconocemos lo que nos duele, lo nombramos y somos comprensivas con nosotras mismas, cuando nos vemos con ojos de derechos y orgullo de lo que somos, sin importar lo que el mundo nos ha querido imponer. Me enseñaron que cuando un grupo de mujeres detona su propia justicia, se genera un fuego colectivo transformador, que puede cambiarlo todo. Las mujeres liberadas de prisión me enseñan de la resiliencia, del poder para reconstruirse pese a haber pasado una de las más crueles torturas, la prisión. Estas mujeres están derribando los propios muros y significados de la prisión a punta de experiencia y agencia, se están organizando para asesorar, defender y acuerpañar a otras mujeres dentro y fuera de prisión.

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Ellas crean y transforman el derecho cuando proponen nuevas perspectivas sobre reinserción social que les permitan volver a la libertad en condiciones de disfrute y dignidad. También he tenido la oportunidad y la suerte de caminar cerca de mujeres trans y veo en su lucha cosas parecidas a la nuestra, la de las mujeres mayas, ya que al igual que a nosotras nos cuestionaron nuestra propia humanidad y a ellas les cuestionan, en pleno siglo XXI, su propia existencia. Ellas están organizándose para dar digna vida a las muertes de quienes son asesinadas por las violencias transfóbicas, para reclamar vidas sin violencias en todos los espacios. Mujeres que reclaman un mundo donde quepamos todas, que buscan maneras disruptivas y creativas de transformar el derecho para hacerlo útil y preventivo, para que la justicia, las justicias, nos alcancen en esta vida. Cuando miro, escucho y siento a estas mujeres, me miro junto a ti, Julia, te escucho, te siento. Nadie me contó nunca qué soñabas, pero sé que, como estas mujeres, que tanto me han enseñado, también soñabas con justicia. Esas JusticiaS, en mayúscula y en plural, que parten del dolor, pero también de la resistencia y la alegría, esas que se construyen en colectivo, junto a otras mujeres, junto a otras historias. JusticiaS transformadoras que se extienden como el fuego a la familia, la comunidad, el sistema y las mujeres que llegarán en las próximas generaciones. Nosotras, desde los cuerpos que ocupamos, nuestras memorias e historias, los contextos que habitamos y los deseos que sentimos, sabemos qué necesitamos. No queremos la justicia del Estado si genera más violencia. La justicia debe traernos paz, protección y ternura. Justicia es lo que me enseña tu historia, abuela Julia. Justicia es poder encontrarme entre mujeres diversas para crear y encender juntas ese fuego transformador que nace de nuestra historia y nuestros deseos, de las opresiones, pero sobre todo de las alegrías y el empeño de vivir una vida que merezca la pena ser vivida, una vida sentida justa y en justciaS.


Si camino

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Michelle Sáenz Burrola

bailo

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En este texto comparto tres experimentos realizados entre 2023 y 2024 sobre la idea de caminar en cardumen en el espacio público del Centro Histórico y en el espacio de una casa no propia. Para el experimento la consigna es habitar el lenguaje de un cardumen explorando posibilidades de lo coreográfico al activar la escucha entre quienes somos cardumen, el espacio donde estamos y las coreografías que ahí funcionan. Cada persona tiene la posibilidad de proponer una ruta en el cardumen tomando, dejando, rotando activamente el liderazgo. Además de las caminatas, comparto ideas, experiencias, deseos y vida cotidiana que atraviesan este proyecto.


En la calle Si la calle es un mar, y en ese mar hay varios cardúmenes de gente – todxs siguiendo las muchas coreografías que se generan con el diseño de las ciudades entre semáforos y la delimitación de las calles, edificios y sus variantes incontrolables– entonces, ¿cómo podemos insertarnos en estas coreografías imparables? Y ¿para qué hacerlo? Estas muchas coreografías que se repiten diariamente tienen variaciones de ritmo, tensión y volumen dependiendo de los días de la semana, el clima, las festividades del lugar, los encuentros, las protestas. Sin embargo, aprendemos todas estas coreografías de la ciudad, y las acuerpamos; moldeando nuestra comprensión del mundo y el cómo podemos transitar en él. La manera en que caminamos en el espacio público está afectada directamente por la arquitectura y el urbanismo junto con las ideologías que las permean. ¿Cómo influye un espacio en tu cuerpo? ¿Cómo se mueve el cuerpo en un espacio como el del Centro Histórico de la Ciudad de México? ¿De qué manera es posible hackear las coreografías de este espacio? ¿Cómo se siente el cuerpo ahí? La primera caminata es Caminata cardumen, Café del Centro (2023). En este primer experimento habitamos el vocabulario de un cardumen (en cuanto a sus movimientos) imaginando el Centro de la Ciudad de México como un mar, pasando por la Plaza de Santo Domingo, el Zócalo, hasta llegar a la Torre Latinoamericana, Bellas Artes, La Alameda, el Barrio Chino. La intención es acuerpar el movimiento colectivo de un cardumen transformando nuestro cuerpo para hacer una deriva caminata en la ciudad, explorando la escucha entre cuerpos con la ciudad y la rotación de liderazgos en nuestro pequeño cardumen. Buscamos sentir que el agua, la ciudad, las corrientes nos envuelvan. El agua es densa, así como el movimiento. El agua pasa por todas las partes de mi cuerpo, fuera, dentro y con su fuerza me lleva. En el agua tengo un movimiento ondulado, gano velocidad en este sólido líquido con el que me puedo impulsar. La corriente del agua influye en el movimiento de los peces, las corrientes de movimiento en la ciudad también influyen en el movimiento de nuestros cuerpos, nos impulsan y detienen. En cardumen nos movemos al unísono pareciendo un sólo organismo. Respiramos para mantenernos conectadxs a nosotrxs y a lxs demás. Caminamos sin prisa, con sol, a veces con prisa, otras con cansancio, a veces con lluvia. En la caminata pongo atención en mis pies y sus pies, en las rodillas, en el sonido de la ciudad, en todas las personas que pasan a nuestro lado, en mis muslos, en la pelvis, en los coches que pasan, en mi esqueleto, en mis hombros, en mis cachetes, en no alejarme, en cambiar de velocidad de acuerdo a quien va guiando la caminata.

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La segunda caminata es En la caminata un cardumen en el cardumen una poesía, en colaboración con Amado Cabrales desde el piso 14 de la Torre Latinoamericana y su perímetro (2023). En este segundo experimento volvemos a habitar el vocabulario de un cardumen (en cuanto a sus movimientos) imaginando el Centro de la Ciudad de México como un mar, caminando al unísono en dos grupos. Durante la performance pudimos probar dos perspectivas: 1. caminar en cardumen por el territorio comunicándonos con el grupo de arriba y 2. Observar al grupo que caminaba en los alrededores de la torre desde la torre misma siguiendo al cardumen por las cuatro caras del edificio. Ambos grupos nos veíamos en la distancia como puntos de color caminando. Recorrimos el espacio cultural de la Torre Latinoamericana en la parte de atrás, el edificio Guardiola, la calle de Madero, Av. 5 de Mayo, el cruce a Bellas Artes, su plaza, el legendario cruce de Eje Central, el Centro Cultural El Rule y su patio que se conecta de nuevo al espacio del centro cultural / jardín de la Torre Latinoamericana. Sentimos que caminamos juntxs y que podemos escucharnos, reírnos, perder un poco el control para transitar la ciudad. El sol se siente. Sabemos que el enfoque de llegar a un sitio no es lo principal, sino construir juntxs. Seguir a quien está a tu lado, quien está al frente. Tomar la dirección del cardumen y soltarlo. Mi cuerpo está caliente. Mirar al cardumen en la torre en la distancia, aunque estamos lejos, nos vemos, no estamos realmente lejos. Cuando miramos desde arriba vemos al otro grupo y compartimos significados, nos vemos y comunicamos en la distancia. La distancia de la Torre Latino a la explanada de Bellas Artes jamás se sintió tan corta. Mi cuerpo desde arriba se siente con menos movimiento, sé que quienes caminan tienen mayor cansancio, su cuerpo trabajaba más. Miramos un cuerpo formado de muchos cuerpos en movimiento, que entran y salen de las coreografías de esa zona transitada, histórica y compleja. Desde el Piso 14 de la Torre Latinoamericana se siente una brisa que cambia la temperatura. Mirar al cardumen caminando desde la torre, es mirar con mayor detalle la coreografía de ese lugar. La energía estaba en nuestros pies, en sus piernas, en mis rodillas, en nuestros hombros, en el mar de gente de la ciudad, en mis cachetes. La atención estaba en la mirada y en los cientos de estímulos a nuestro alrededor. La atención estaba en escucharnos con atención.


Cómo movernos. En el texto “Coreopolicía y coreopolítica o la tarea del bailarín”, el curador y escritor de estudios de performance André Lepecki reflexiona alrededor de la observación que la historiadora y filósofa Hannah Arendt hizo en 1950, “…hemos llegado a una situación en donde no sabemos, por lo menos no todavía, cómo movernos políticamente.”Lepecki reformula la observación en su texto y propone libertad por política. En ese sentido, Lepecki propone reescribir no sabemos, por lo menos no todavía, cómo movernos políticamente y en consecuencia libremente. Lo que plantea Lepecki me provoca imaginar alternativas acerca de lo que podría ser movernos políticamente y con libertad en los espacios públicos. Al igual que imaginar posibilidades a esta búsqueda del movimiento desde lo individual y lo colectivo en una realidad en donde el control, la alienación y las violencias sistémicas hacia el cuerpoterritorio se perpetúan sin descanso. En ese sentido considero que caminar es herramienta para explorar estas preguntas. Si camino bailo En mis encuentros con la improvisación de contacto, que es una práctica y herramienta para la investigación de movimiento utilizada en la danza, me interesó la comprensión sobre caminar que proponía el coreógrafo Steve Paxton en la década de los sesenta: un movimiento tan cotidiano como caminar entra en el campo semántico de la danza. A partir de este cambio de paradigma, la caminata es vista por su gama de cualidades de movimiento que puede ser ejecutada por corporalidades múltiples junto a su especificidad, dejando de lado el virtuosismo del cuerpo que lleva consigo la danza moderna o clásica occidental. La idea de caminar como práctica e investigación en la danza me parece maravillosa. Para mí esto quiere decir: bailo seguido, que lo hago en mi contexto, con mis afectos, a distintas horas del día y a lo largo del año. Si camino, bailo.

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Cuando bailo soy yo misma Bailar me hace sentipensar enlazada con todas las partes de mi cuerpo y mis sentires, me gusta sentirme interconectada, prestarle atención a lo mínimo para amplificar esas sensaciones en una relación micro-macro, conservarlas como ecos y acuerparlas como aprendizajes que se archivan en mi cuerpo. Cuando bailo me siento como que mi cuerpo funciona parecido a una raíz, que es múltiple, con la posibilidad de crecer, tener energía y enfocarla en distintas partes, fortalecer y ganar flexibilidad en partes de mi cuerpo que no conocía o recordaba, entrelazarme con mi entorno y con lxs demás. Conectarme con mi respiración, calentar, mirarme, sentirme, mirar a quienes están ahí, sentir a quienes están ahí. Cuando bailo estoy presente, me siento ahí.

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Sentir una microdanza La microdanza me permitió entender que el movimiento es imparable, no hay nada que no se mueva incluso si pareciera estático y fijo. Intentaré describir una microdanza para que puedas hacerla. Cierra los ojos para sentir que tu cuerpo jamás está estático, incluso si estas paradx. Busca el balance en el centro de tu cuerpo. Conecta con tu respiración inhalando y exhalando. Ya que encontraste tu centro, relaja tu cuerpo un poco y comenzarás a sentir una tensión entre estar en balance y en desbalance. Entonces vas a notar pequeños, micro, diminutos desbalances y balances que tu cuerpo hace para encontrar un centro que te permite estar paradx. De adelante a atrás, de atrás a la derecha, de la derecha a adelante, de adelante a la izquierda y así sucesivamente sin orden específico, el orden lo marca el cuerpo. La representación cartográfica no es el territorio Me gusta caminar para conocer ciudades, pueblos, montañas, cerros, sobre todo me gusta caminar a la orilla de cuerpos de agua. De todos esos lugares he acuerpado aprendizajes distintos que archivo y atesoro en mi cuerpo, sensaciones muy diferentes. En estos aprendizajes he estado acompañada por diferentes personas con las que tengo un vínculo afectivo. Caminar sería ir lento, ir más rápido, sentir mi cuerpo calentar mis articulaciones, no hablar, hablar poquito, reír, no hablar, parar por un momento, hablar poquito, reír, hablar todo el tiempo, reír, estar en mis pensamientos, cantar, ir a un lugar totalmente diferente en mis pensamientos, no hablar, tomar un descanso, llorar poquito, llorar mucho, no hablar, reír, concentrarme en la velocidad de mi cuerpo, abrazarnos, no hablar, llegar a donde pensábamos llegar, regresar, no hablar, hablar poquito, regresar. Caminar me ayuda a reconciliarme conmigo y con lo que me rodea.


Sanar En los últimos años me he convertido en una mujer adulta, con todo lo que esto puede implicar. Mi madre también va creciendo. Durante este tiempo han pasado muchísimas cosas por mi cuerpo e historia, también por la historia y el cuerpo de mi madre. Nos hemos acompañado lo más que hemos podido. Han habido muchas transiciones de tipo físicas, emocionales, económicas, afectivas, políticas. Mi madre hace lo mejor que puede y todavía más. Está haciendo lo posible por tener una casa. Al crecer nadie me dijo que esta relación que atesoro también tiene que cambiar, que la vamos modificando. Nadie me dijo que los acuerdos son transformados por nosotras. Nadie me compartió que esos cambios y modificaciones duelen mientras se reconfiguran. Aunque algunas veces yo no estoy de acuerdo con cómo hace las cosas. Sanar supongo que es aceptar (la) (me), aceptar los cambios, respetar las diferencias, querer a mi madre por lo que es y no por lo que quisiera que fuera. Para sanar debo de derribar los monumentos que construí de ella. Mi madre es más suave y flexible que un monumento. Si la relación con mi madre fuera un objeto sería una escultura de una arcilla y el mecanismo sería mantenerla húmeda para conservar su capacidad de transformación. Parece que la relación con mi madre siempre se estará transformando. Quiero respetar lo que ella decide, porque sus razones son valiosas e importantes. Escuchar nuestros límites. Tenernos ternura y paciencia. Cuidarnos. Cuidarla. Lugar donde vivir Un lugar alegre, un lugar donde me sienta segura, un lugar compartido, un lugar silencioso, un lugar ruidoso, un lugar que se mueve, un lugar sin agua, un lugar con aire, un lugar con árboles, un lugar cerca de, un lugar lejos de, un lugar para florecer, un lugar que pueda pagar, un lugar que apenas imagino, un lugar con agua, un lugar sin nada, un lugar para sembrar, un lugar para cosechar, un lugar con closet, un lugar húmedo, un lugar luminoso, un lugar para hacer amigxs, un lugar con agua, un lugar que huela a bergamota, un lugar con todo, un lugar chico, un lugar viejo, un lugar para acompañar, un lugar para compartir, un lugar donde pueda llorar, un lugar para transformar, un lugar que huela a comida, un lugar para tomar un baño caliente, un lugar donde pueda hacer, deshacer, rehacer y conservar, un lugar para pensar, un lugar para dormir, un lugar para descansar, un lugar alegre. En la casa La tercera caminata cardumen (2024) en colaboración con Nabil Yanai, Mila Maza, Julia Barrios de la Mora y Carolina Vélez es adentro de una

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casa que no era casa nuestra. En esta casa somos un cardumen de cinco mujeres, todas somos distintas, pero estamos vinculadas por una energía en común, una especie de centro en nuestras pelvis y nuestras miradas que nos unen en la cercanía y la distancia. Escribimos en el espacio con nuestros cuerpos siguiéndonos hasta en las fechorías. El microuniverso que creamos entre nosotras nos permite estar vinculadas, no perdernos, no perder la atención en lo que hacemos. Se siente como un fluir de momentos que estamos construyendo, compartiendo y esperando juntas. Crear un espacio de calma entre tanto caos. En una casa enorme, con pisos de madera y techos enormes nuestros cuerpos se adaptan con agilidad al espacio. Ponemos suma atención en nuestras miradas como un lazo que nos conecta entre nosotras y con el espacio. Entre nosotras hay un juego de miradas, directas, laterales, periféricas, entrelazando una cadena de miradas, relacionándonos en la distancia, estirando la complicidad. Pensando nuestra mirada como agente de equilibrio, mirando lo que normalmente no vemos, fascinándonos por lo ordinario, generando extrañamiento y un extra cotidiano. Jamás imaginé que la mirada fuera un motor de movimiento tan potente. Mirar es moverse, mirar es preparar, mirar es invitar, mirar es comunicar, mirar es acercarse, mirar es alejarse, mirar es acariciar, mirar es mostrar, mirar es tocar, mirar es moverse. Moverse con la mirada. Bailar con la mirada. Ponemos atención en el tacto y en nuestra escucha, tocamos con nuestro cuerpo el espacio, a nosotras mismas, tocar es hablar, tocar es reconocer, tocar es proponer, tocar no solo con el cuerpo sino también con la presencia, el movimiento. Nuestro tacto es lateral como el de los peces que se mueven de manera curva. Nos tocamos con cuidado y también sacudimos nuestras manos en el cuerpo y en el aire que nos envuelve. La energía la transformamos en eso que necesitamos. Dibujamos y esculpimos con nuestro cuerpo, en líneas que vamos trazando en el espacio, verticales, horizontales, que se mueven por las orillas, que se mueven por el centro. Líneas que se recorren de adelante a atrás, líneas que se articulan tocándonos. Tomarnos el tiempo, no correr, pestañear es interesante, no guiarnos por el entretenimiento. De nuestros cuerpos salen escamas de colores azul, amarillo, rosa, gris y verde. Esta fue una exploración coreográfica y les agradezco a ellas por estar ahí, por compartir, por repartir el peso.


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Partitura para ser cardumen dentro de la casa Microdanza. Mirar el espacio. Mirar a otra persona. Caminar en referencia a esa persona que miramos . Nos acercamos y hacemos cardumen Nos sincronizamos con desfases en las miradas y en la caminata. Proponemos pequeños gestos que seguimos como cardumen. En un momento desenvolvemos una escultura performática y la desarrollamos. Caminamos con ritmo y desfase en grupos de 5,4,3,2 transicionamos a 2,3,4,5 y finalizamos con 5,4,3,2,1. Microdanza. Este ciclo se repite cinco veces en distintos lados de la casa. Al final el cardumen se va a otro océano, a otra habitación, a otra página.

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Aprendizajes Hasta ahora los aprendizajes de este proyecto han sido varios, espero poderlo repetir en distintos espacios y de cada uno seguir aprendiendo. He disfrutado colaborar con diferentes creadorxs maravillosxs y tener la oportunidad de trabajar con audiencias pensando de manera expandida lo coreográfico, la performatividad, lo escultórico y el dibujo, confiar en el poder de la experiencia como un vehículo potente para compartir. He aprendido que trabajando en colaboración se reparte el peso, se aprende escuchando, reconociendo a cada persona. Este proyecto me ha permitido explorar fragmentos coreográficos y continuar en este hacer. Me ha permitido resistir, no soltar ideas que considero valiosas, pero de las que a veces dudo, escuchar activamente, aprender de la escucha y materializar ideas, llevarlas a cabo como una acción de resistencia. Me ha permitido reconciliarme y recordar mi cuerpo en los procesos e investigaciones que sostengo. Cuidar mi cuerpo, y dentro de lo posible, el de quienes están cerca, escucharlo, dejarlo hablar, sanar y conversar. Muchas gracias a todas las personas que han sido parte del cardumen: estando, colaborando, acompañando, compartiendo, documentando, probando. Gracias a Andrea por la invitación a entrelazarme y a escribir este texto. Gracias a Mónica, Irmgard y Sandra y a todas las entrelazadas por ser motor creativo en la escritura y creación. Gracias a mi primera maestra de baile Carmen por ser sensible y compartirme tanto amor. Gracias a Stephanie de la revista contratiempo por permitir espacios de escucha, escritura. Gracias a ti persona lectora por llegar hasta aquí.

Créditos de fotografías: Melissa Lunar, Sergio Matamoros, Mercedes González Luna, Eduardo Yescas y Pedro Pablo Stevenson.


La escuela

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Vivian Abenshushan

por venir (aquí, ahora)

Todos los días hay brotes nuevos en el hueco de la devastación. Nosotros y nadie: el bosque. Groupe Épopée, 2012

1/ Durante un tiempo de vida quizá demasiado largo 83

fui, lamentablemente, una estudiante ejemplar. Luego ya no lo fui, al menos no desde la perspectiva de los patrones escolares establecidos. Intuyo que volví a nacer una noche, que era casi madrugada, cuando decidí abandonar mi tesis de licenciatura en la página 143. Momento extraordinario y convulso en el que comencé a convertirme en la persona que ahora soy. Después de haber sido esmerada hasta el desfallecimiento, racional y disciplinada, provista de una excesiva autoexigencia intelectual; después de haber incorporado todos los valores de lo que Paulo Freire llamó, desde una perspectiva crítica,“la educación bancaria”(estudiantes que consumen información almacenada para después), con su sistema de competencia individual (siempre la primera de la clase), sus saberes cuantificables y colonizados (inglés y computación para un futuro de ensueño), sus prestigiosos premios y concursos (declamación y oratoria en el haber), ¿cómo me atreví a semejante derroche, desertar de la noche a la mañana a todos mis réditos escolares? Quería ser escritora y, en el fondo, temía quedar atrapada para siempre en los pasillos universitarios, replicando dócilmente, como había hecho hasta entonces, una idea instituida del saber. Después


de todo, mi madre y mi padre me habían acercado desde muy pequeña a los libros, estimulando mi avidez por el aprendizaje, siempre lejos de lo que consideraban “la constreñida vida doméstica”a la que habían sido sometidas las mujeres durante siglos. Pero yo deseaba, además, escribir al lado de otras y otros, ensayar colectivamente otras formas de vida posibles. Algún efecto debieron de tener en mí los cantos anarquistas que me compartía mi padre en un viejo tocadiscos, los sábados por la noche. ¡Ni Dios ni amo! No es extraño que, con semejantes estímulos (tan contrarios al profuso adiestramiento que cargaba en la mochila), decidiera en cierto momento ir en busca de mi propio deseo (una afirmación de autonomía, una forma de llegar a ser) y me entregara a la inmensa alegría de caminar sin rumbo, con Emma Goldman bajo el brazo, por las calles congestionadas de la ciudad, durante derivas cada vez más prolongadas. Para escribir, no me bastaba pensar el mundo, deseaba tocar sus intensidades con el cuerpo, atravesarlo y dejarme atravesar por él, expuesta a mí misma y a los otros, en circunstancias más concretas que aquellas que me ofrecían las aulas y los libros. Deseaba implicarme. Fue así que la pedagogía de la deambulación me jubiló prematuramente de la academia, mientras dedicaba cada vez más tiempo e intención a la educación no formal, una educación sin horarios ni currícula obligatoria, sin muros ni jerarquías del conocimiento, enclaves de autoformación donde el aprendizaje era entendido como un proceso hospitalario y recíproco, un proceso común. Si la escuela es el lugar donde se producen y trasmiten las visiones de mundo, ¿cuántas escuelas del rendimiento (donde se enseñan las formas de dominio y las técnicas de servidumbre adaptativa para el trasiego laboral) se harían hoy cargo del horizonte insoslayable al que nos han conducido: este colapso planetario, con su destrucción permanente de formas de vida, sus despojos territoriales y sus ondas expansivas de violencia y existencias precarias? ¿Qué pedagogías otras nos acompañarán para enfrentar las pedagogías del colapso, la sofocación y el no-futuro? En su libro La escuela de aprendices, la filósofa catalana, Marina Garcés, escribe que la educación es

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el lugar donde se acoge la existencia y, también, un campo de batalla donde la sociedad reparte, de forma desigual, sus futuros. ¿De qué sirve saber cuando no sabemos cómo vivir? ¿Para qué aprender cuando no podemos imaginar el futuro? ¿Cómo queremos ser educados?”En esta última pregunta, hay un giro radical. Frente a la creciente dificultad de imaginar un futuro compartido, Garcés propone“situarse en el lugar del aprendiz” . Pero el aprendiz no es simplemente un estudiante, no se trata de poner al alumnado en el centro, sino de las relaciones de aprendizaje que se establecen bajo una alianza en la mutua convivencia. Se trata de “desescolarizar la sociedad” , como propuso Iván Illich en los años setenta, para romper con la parálisis de la imaginación social. Parece que no podemos perder más el tiempo, porque la velocidad nos ha declarado la guerra. Pero la imaginación necesita, precisamente, tiempo. Quizá podríamos empezar por imaginar una escuelita de la lentitud, unas pedagogías sin precipitación, un espacio sin ansiedades, sin estrés, sin fechas límite, sin producto final, sin meta prefigurada. Una escuelita a la intemperie que avance o retroceda al ritmo de una caminata a pie, atenta a los sonidos de los árboles mecidos por el viento. Porque un árbol es, después de todo,“tiempo hecho visible”(Francis Hallé). Una escuelita bajo el árbol para hacernos tiempo sería, entonces, el lugar más propicio para repensar la escuela en su acepción original: del latín schola, y éste del griego scholé; propiamente“ocio”,“tiempo libre”. El árbol podría ser nuestro primer maestro. De eso habla Leanne Betasamosake Simpson en su hermoso texto,“La tierra como pedagogía”, al recordar una historia del pueblo Mississauga Nishnaabeg, al que pertenece. Kwezens (mujer pequeña, niña) sale un día a caminar por el bosque de arces para juntar leña, mientras siente el primer calor de la primavera en las mejillas. Está contenta. Después de un rato, se sienta bajo la sombra de un arce para“estirarse y tal vez descansar un poquito y tal vez juntar la leña en un ratito”. De pronto, en la cima del árbol, aparece una ardilla roja muy ocupada en roer y chupar, roer y chupar, una corteza. MMMmmm, eso debe estar rico, piensa la niña. Entonces hace un hoyo

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en ese árbol y hace una pequeña canaleta para que corra el agua dulce de la corteza y luego la lleva a su mamá, quien cree cada palabra de su aventura y vuelve al día siguiente con todas las madres y tías para recolectar un poquito del agua dulce que la niña descubrió gracias a la ardilla, el árbol y el descanso. Dice Betasamosake que esa es una de sus historias favoritas de aprendizaje, “porque en ella no sucede nada violento”. Una historia tan distinta a toda su educación, desde preescolar hasta el posgrado, en la que tuvo que lidiar con la agenda y la pedagogía de alguien más. Qué contraste, pienso ahora, entre esta historia y la de aquel día en que invitaron a Ronald Reagan, mientras era presidente de Estados Unidos, a ver las secuoyas de California, que se encuentran entre los árboles más longevos del mundo: “Vista una, vistas todas”, dijo velozmente y se fue. Así habla la escuela del rendimiento para la cual los bosques son un mapa liso, legible: un yacimiento de biomasa, una zona de desarrollo futuro, un mito recreativo para el turismo, montañas y mesetas introducidas en el orden general de la economía. Es la historia de los colonos que se apropian de la práctica nishnaabeg y producen, cada año, toneladas de miel de maple comercial. Una escuelita bajo el árbol es un espacio contrapedagógico, un lugar donde otra sensibilidad toma cuerpo. Nos recuerda, como ha escrito Taniel Morales, que“la enseñanza y el aprendizaje no son propiedad de la institución, sino pulsiones básicas de la vida. Todo aprende.”Una pedagogía de la tierra es, también, una trama oral y comunitaria donde se desafían las reglas de operación del pensamiento hegemónico y sus proyectos de muerte. En ella no se habla del mundo como ese objeto que se observa desde arriba, desde los satélites o las élites, sino como una relación con el bullicio de la tierra, la medicina de las plantas, los ciclos de siembra y cosecha. La escuela de raíz occidental es una escuela desgajada. Es pura separación: entre humanos y naturaleza, mente y cuerpo, teoría y práctica, intelecto y emoción. Al explicar el mundo sólo a través de la realidad científica, reproduce incesantemente una racionalidad instrumental, donde han quedado rotos todos nuestros vínculos con la comunidad viviente. Encerrados entre

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cuatro paredes o mirando la Tierra detrás de la pantalla, ¿qué bosques distantes estaríamos dispuestos a honrar y defender? En Un mundo ch′ixi es posible, Silvia Rivera Cusicanqui habla de “la larga cadena de desprecios coloniales que presupone la ‘ignorancia del indio’ y se filtra por los poros de lo cotidiano para erigir los muros del sentido común”, esa diversidad de lenguas y epistemes, esa relación de mutua convivencia, donde mujeres y hombres crían las plantas y cuidan los ríos, pero también se sienten criados por ellos, han sido enterrados, considerados incompetentes, poco sistemáticos o jerárquicamente inferiores al conocimiento científico, mutilando en nosotros aprendizajes vitales. En este desgajamiento, en este epistemicidio, también se han pauperizado los saberes del cuerpo y se han instituido sus distintos disciplinamientos, impidiendo en todo momento imaginar y reconocer formas de vida distintas a la lógica del desarrollo capitalista. Este desarraigo es también una desposesión ética, la diferencia entre tener un medio ambiente y habitar un mundo. ¿Es posible recrear los vínculos con el monte, esa imbricación entre una forma de vivir y una forma de luchar, de defender la tierra, fuera de los contextos comunales y agrofestivos que los mantienen vivos? ¿Esos saberes pueden filtrarse entre las grietas del asfalto urbano sin que nos apropiemos de ellos de un modo extractivista, simulado o impracticable? Cusicanqui sugiere que en nuestra realidad abigarrada, llena de complejidad, tensión y diferencias, una pedagogía ch′ixi es posible. Un aprendizaje, dice con Jacotot, de la “igualdad de inteligencias”. Ch′ixi se refiere, literalmente, al gris jaspeado, formado a partir de infinidad de puntos negros y blancos que se unifican para la percepción, pero permanecen singulares. Se trata de una metáfora que Cusicanqui usa para reconocerse como una mujer con manchas aymaras y manchas occidentales. La aprendió de un escultor aymara, “hablando de animales como la serpiente o el lagarto, que vienen de abajo, pero también son de arriba, son masculinos y también femeninas, tienen una dualidad implícita en su constitución.”Lo ch′ixi no habla de fusión o hibridez. No niega una parte ni la otra, ni busca una síntesis o conciliación

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imposible, sino que admite la permanente lucha, en nuestra subjetividad, entre lo occidental y lo que no lo es. Lo ch′ixi como una fuerza descolonizadora de los saberes. En todas partes hay pueblos y fuerzas vivas que resisten a la equiparación integral que produce la escuela del rendimiento. Desde la escuelita zapatista hasta la Unitierra en Oaxaca, desde El Tambo del Colectivo Ch′ixi en Bolivia, hasta la Preparatoria Comunitaria José Martí en Ixhuatán, desde la Universidad Popular de Caen hasta La Madriguera en el Bosque, enclavada en Cerdeña. Está en los grupos de estudio autogestionados, los círculos de lectura feministas, los enclaves anarquistas de autoformación. Son escuelas de aprendices, en el sentido de Garcés, donde se recupera la potencia, el goce y la complejidad del hacer juntos, y la pregunta a resolver es qué tipo de interdependencias sostienen el entramado de un planeta inevitablemente compartido. Escuelas ch′ixi de saberes entreverados, donde se recrea la“igualdad de las inteligencias”y el saber de archivo convive con el sabor de la cocina o el cultivo del huerto. Escuelas emboscadas, que son también colectividades resistentes, donde la defensa de los bosques es una política, necesariamente existencial, irreductiblemente cercana. Como sugería Foucault, ahí se fortalece y profundiza la insurrección de los saberes sometidos: su existencia misma fisura los muros del sentido común imperante y desafía las promesas de un colapso inescapable. Me han preguntado cómo me gustaría que fuera la escuela, cómo imagino la escuela por venir. Pienso en una escuelita para desaprender el ímpetu loco de hacer y hacer. Una escuelita de la escucha, el cuidado y los afectos, es decir, de unos cuerpos que se dejan afectar por otros. Una escuelita donde los maestros no dominan a sus discípulos, sino que enseñan, ante todo, a liberarse de ellos. Una escuelita antipatriarcal, donde no tienen cabida las pedagogías de la crueldad. Una escuelita de la contemplación, pero también de la piel y la sensorialidad en contacto con lombrices y musgos. Una escuelita de la complicidad gozosa en el hacer y el no hacer, en el saber y no saber, en la alternancia de los ritmos y la respiración común. Una escuelita que nos devuelva el

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sueño y la posibilidad de dormir. Una escuelita para bailar la teoría, porque pensamos con todo el cuerpo. Una escuelita jamás inmovilizada en un trazado definitivo, sino en devenir permanente. La escuelita que imagino está fuera de la Escuela y ya existe, está en muchas partes. Se trata de escuelas concretas, aquí ahora, y no deseos de una escuela distinta para un mañana improbable. Son las escuelas del afuera, del desajuste y la fisura, donde las raras, las inadaptadas, las ingobernables, las respondonas y todas las que entran en conflicto con las estructuras establecidas y sus desigualdades, nos encontramos para defender nuestro derecho al futuro.

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Monica Nepote Escritora, artista, observadora, escucha y montañista. Autora de los libros de poesía: Trazos de noche herida, Islario, Hechos diversos y La voz es mi pastor. Trabaja en torno a las narrativas y poéticas de lo no humano a través de la escritura, espacios pedagógicos, conferencias y conversaciones. Recientemente, junto con el poeta y editor Yaxkin Melchy publicó Dahlia de la Cerda el libro Semillas de nuestra tierra: Nació, creció y vive muestra ecopoética mexicana editada por actualmente en la Ciudad el sello Cactus del Viento y el Material de Aguascalientes. Estudió de Lectura de Rachel Carson publicado la licenciatura en Filosofía. por la UNAM. Las trabajadoras obtuvo el Es escritora, activista y Premio Xavier Villaurrutia de Escritores podcastera. Es autora de los , para Escritores 2024. Acaba de aparecer libros Perras de Reserva (2022) su libro Vestigios de un mundo por venir, Desde los zulos (2023) y Medea publicado por Festina. me cantó un corrido (2024), editados por Sexto Piso. Katalyn Solís Galia Ebeinshutz Es historiadora Artista multidisciplinaria por la Universidad Nacional Autónoma que desarrolla su trabajo de México. Nació en Actopan, Hidalgo entre el arte escénico y y vivió durante muchos años en la Ciudad el arte visual. Explora de México. Actualmente radica en Chicago, temas como el registro 91Illinois. Está a cargo del contenido digital del movimiento y del paso de la revista Contratiempo Chicago y es del tiempo, la presencia coordinadora de comunicación y medios en escénica del cuerpo y una organización de derechos laborales para su proyección en la migrantes indocumentados. Cree que“otro arquitectura. Estudió mundo es posible”. la licenciatura de Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y la maestría en DasArts, Ámsterdam Holanda. Se ha presentado en diversos centros culturales y Fátima Gamboa museos de México y Es abogada, integran te del pueblo indíge na en Estados Unidos y maya y activista de los derechos de Canadá. Fue seleccionada las mujeres lesbiana s. Actualmente es como coreógrafa del Directora General de EQUIS: Justicia para 2019 por la Fundación las Mujeres A.C. Adem ás es integrante Mcknight, Minneapolis. de la Red Nacional de Abogadas indígenas. Además ha recibido apoyo Escritora de su prop ia vida, facilitadora de producción de la de procesos comunita rios y tejedora de Fundación Jumex en los movimientos por las justicias de todas la s años 2002, 2005, 2011. mujeres en su divers idad. Especialista Actualmente es miembro en juzgar con perspe ctiva de género, del Sistema Nacional de interculturalidad y justicia abierta Creadores de Arte. feminista.


Vivian Abenshushan Sandra Sánchez Escritora y agente Es curadora, escritora, psicoanal ista cultural indiscipliná. y artista. Su trabajo se intere sa en Practica pedagogías y desmontar las lógicas ocularcen tristas escrituras del afuera atendiendo a la escucha, al tac to desde BLA: Espacio de y a la coreografía. Es docente en el Experimentación Escrita. Museo Anahuacalli y Leal en la Universidad del ora Andrea Reede investigad a t r s i m a r Claustro de Sor Juana. e c , a doctora po a t Editora a d i d n a c nto Forma parte del proyecto interdisciplinar. Es el departame n e o g a c i h C de lecto/escucha Ambient la Universidad de s, en el que re tu ra te Li d iento nguages an para Leer. e el conocim r b de Romance La o s n ó i c a g investi al de realiza una riodo coloni e p l e n e 023) s a ahu biblioteca (2 la r de mujeres N ta bi Ha e (2017). ditora d México. Es e as de Tizapán ic ón Cr s. y mo no ve ales (2025) ri te Ma y El río que s do re Coordinó tora de En publicarse). Además es au r o p ( os br cen li as de Mujeres que ha es Entrelazad n o i c a s r e v n rtir o de c Sabina tiempo, a pa a r t n el proyecto o C a t s i y la Rev Cruz de la Cruz Lumpen Radio ción. esta publica e c a n l a u Originaria de Tecomate, c l de Chicontepec, Veracruz, nativo hablante de la 92 lengua nahuatl. Actualmente es instructora de lengua y cultura nahua en las Universidades de Los Ángeles, California (UCLA), Universidad de New México, Universidad de Columbia. Colabora en el Instituto de Docencia e Investigación Etnológica de Zacatecas (IDIEZ). Es egresada de la Universidad Autónoma de Zacatecas . (UAZ), con una licenciatura en ta oga social l ó p Valeria Ma o r t n a es Derecho y tiene una maestría en gadora y e los cruc Es investi r b o s a g i t Educación Histórica por el Centro inves la Escribe e tísticas y r a s a c i t c y de Actualización del Magisterio prá n política ó entre las i s n e m i d ía, la de Zacatecas (CAMZ). Ha impartido inarios antropolog y los imag , a d i m o c ie, e la clases en la Universidad de icado plag l b u cultural d p a H . el viaje Utah, la Universidad de Stanford, scriba este e sociales d e r , e b o r ). pule, la Universidad de Tulane y la mueve (2020 e s e copie, mani u q o l a ) y Todo Universidad de Texas. Participó en er relacion m o libro (2018 C o r b i l itó el la traducción e investigación del En 2021 ed Códice Florentino del Getty Research (y confronta) mundos. Institute, Los Ángeles, California. Su tema de investigación sobre la medicina tradicional y ha participado en conferencias en temas de medicina tradicional de las comunidades indígenas.


nz Irmgard Emmelhai investigadora Es escritora e a Ha sido invitada independiente. as rios, conferenci impartir semina a ll ituciones de ta y cursos a inst sus textos han Stephanie Manríquez internacional y na de ce do a un os Es escritora, productora de id sido traduc ls na ur jo y as st vi radio, periodista y artista idiomas para re arte, , ne ci e br so docente galardonada, radicada especializados más s Su a. ur lt en Chicago. Considera la cu política y La n: so s ne io ac narración como una actividad recientes public la n: mú co o id nt radical para las comunidades tiranía del se l de ra be li eo sn po BIPOC y se ha comprometido ón reconversi de os ví En ), 23 20 a crear espacios para que México (Debate, cicios er Ej : es bl si po se escuchen voces diversas, otros mundos erra, Ti o aj (B l ca di con el objetivo general de de imaginación ra l de ia or st hi ra nt aumentar la representación 2023) y La co lección de en la radio pública y co a un , no ca xi ‘pueblo’ me l ó. Es miembro de alternativa. Actualmente, ensayos que edit res en do ea Cr de al on es Directora Ejecutiva Sistema Naci . yo sa en de a de Contratiempo, una rí la catego organización literaria que destaca las contribuciones culturales de la diáspora 93 Michelle Sáenz Burrol hispanohablante a través a Es artista v isual que tr de programas presentados abaja desde enfoque perf un ormático, ut en revista impresa, publiilizando imá en movimient genes o, dibujo, e cación digital, radio, scultura y t para crear i exto nstalaciones teatro y talleres. También y performanc proyectos se es. Sus es directora de Lumpen sitúan cerca de un lengua poético y co je reográfico, Radio, radio co-munitaria b uscando esta acuerdos ent b l e c re imágenes er de Chicago. En 2020, fue y experienci vinculadas a as lo sensible. reconocida por la Fundación Le interesan archivos y d los ar énfasis a Field y la Fundación los procesos menudo compa , que a MacArthur como una de las rte mediante publicacione s. 11 “Líderes para un Nuevo Chicago”y en 2023 recibió el“Premio de Humanidades Públicas”de Illinois Humanities.

Maru Calva y Enrique Mendoza Forman parte de Proyectos Ninguém, una oficina multidisciplinaria que se dedica esencialmente (pero no solo) a idear sistemas visuales. Maru también co-fundó Aeromoto, una biblioteca de arte y cultura contemporánea de acceso público en la Ciudad de México.


Créditos y agradecimientos DESDE EL FIN DE UN MUNDO Cruces de prácticas, saberes y amistades frente a la emergencia Contratiempo nfp, 2025 La editora agradece a cada una de las colaboradoras que hicieron posible la recopilación, edición y publicación de este libro. En especial a las artistas, investigadoras y escritoras por su tiempo y entusiasmo durante las conversaciones en el podcast Entrelazadas y posteriormente en la escritura de los textos aquí publicados. También agradece a Contratiempo, Lumpen Radio, Stephanie Manriquez y Charlie García, por el apoyo durante las grabaciones y en el proceso editorial a lo largo de casi dos años. Finalmente a Maru Calva por continuar la colaboración editorial que entrelaza el trabajo de mujeres creativas. El copyright de los textos pertenece a las escritoras. “La escuela por venir (aquí, ahora)” de Vivian Abenshushan apareció publicado por primera vez en la Revista de la Universidad de México, en junio de 2023. Los demás ensayos se publican aquí por primera vez. Coordinación y edición: Andrea Reed-Leal Diseño: Proyectos Ninguém - Maru Calva, Enrique Mendoza Apoyo editorial: Stephanie Manriquez Impresión: Chema Skandal Impreso en México y Estados Unidos Primera edición, octubre de 2025 Es posible la reproducción parcial o total con el permiso escrito de las titulares del copyright. Esta primera edición de Desde el fin de un mundo. Cruces de prácticas, saberes y amistades frente a la emergencia se realizó entre junio de 2024 y agosto de 2025. En su composición se usó la tipografía SimSong Regular. Se terminó de imprimir y encuadernar en noviembre de 2025.


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Mónica Nepote hila con Alegría Acosta Vera sobre las genealogías de mujeres (ausentes) que encuentran al caminar en las montañas; Sabina Cruz de la Cruz narra su historia y lucha por la preservación de la lengua y cultura Nahua dentro y fuera de México; la violencia extractivista, racial y colonial en distintas partes del mundo, la violencia epistémica y mediática y la proliferación de nuevas derechas llevan a Irmgard Emmelhainz a una crítica contra el capitalismo desde el conocimiento de la microbiota intestinal; Galia Eibenschutz y Valeria Mata entretejen sus voces de experiencias y acuerpamientos líquidos y consistencias acuosas y plantean un mundo desde lo resbaloso como medio; la escritura de Dahlia de la Cerda interrumpe el clasismo en los círculos literarios de México desde el disfrutar un sashimi con Iván, su pareja; Sandra Sánchez nos llena de sonidos de un trayecto al Paricutín; Fátima Gamboa Estrella habla de su abuela y la resiliencia de mujeres mayas; Michelle Sáenz Burrola propone el movimiento y el baile para caminar en la calle; las pedagogías de Vivian Abenshushan son sobre la lentitud, el descanso y el bosque. Desde el fin de un mundo reúne las propuestas, reflexiones y saberes de estas mujeres. Nos muestra las maneras en las que desde el archivo, la escucha, el cuerpo en movimiento, la ecopoesía, la especulación y el activismo podemos vislumbrar otras realidades y pensar nuestra situación en crisis. Entrelazamos nuestros saberes y experiencias. Las diferencias solo nos muestran que es necesario reconocer y aceptar otros mundos co-presentes. Juntas indagamos nuestro momento desde distintos lugares, posturas y perspectivas, encontrándonos en prácticas situadas, amistosas y colectivas. Contra los imaginarios catastróficos, sus voces convocan una serie de quehaceres activos y plantean que la crisis es solo el fin de un mundo, pero otros muchos son posibles.

Andrea Reed-Leal Chicago, verano 2025


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Desde el fin de un mundo by Revista contratiempo - Issuu