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Las catedrales del vino, por Josep Llorens (Catedrático ETSAB-UPC)

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Las Catedrales del Vino Josep Llorens. Catedrático Dpto. construcción, Etsab, UPC

RESUMEN / Las “Catedrales del Vino” son edificios proyectados a principios del siglo XX, en el sur de Cataluña, con objeto de alojar las bodegas de las cooperativas agrarias, que carecían de los recursos necesarios para construir con acero u hormigón. Las desarrolló el arquitecto Cèsar Martinell (1888-1973) a partir de la albañilería tradicional y de las realizaciones de los arquitectos modernistas contemporáneos, como A. Gaudí, Ll. Domènech o J. Puig. Aprovechó las posibilidades constructivas y arquitectónicas de la fábrica de ladrillo, utilizándola, no solamente en muros y pilares, sino también para sustituir las jácenas, viguetas, forjados y cubiertas, dando lugar a un tipo de edificio en que el sistema constructivo deviene la forma arquitectónica y satisface los requerimientos técnicos y funcionales. Algunos de los recursos utilizados por Cèsar Martinell siguen vigentes para la construcción económica y sostenible donde la mano de obra y los recursos locales están más disponibles que la energía y los productos de importación. INTRODUCCIÓN / La elección y tratamiento de los materiales son dos factores básicos que configuran el lenguaje arquitectónico. Su relación ha variado mucho a lo largo de la historia, destacando especialmente el ladrillo porque ha sido objeto de aplicaciones diversas. Aunque se ha tratado a menudo como sucedáneo de la piedra (figura 1), las aplicaciones más interesantes son las que han aprovechado sus características para configurar el espacio arquitectónico (figura 2). A principios del siglo XX, el arquitecto Cèsar Martinell desarrolló en Cataluña la construcción de edificios agrarios basándose exclusivamente en la utilización intensiva del ladrillo, con lo que generó un tipo arquitectónico singular. Partiendo de la albañilería tradicional, consiguió responder a las necesidades de las cooperativas de agricultores poco dotadas de recursos, sacando el máximo provecho al material más económico disponible. Lo colocó en muros, pilares, arcos y cubiertas, es decir, en la totalidad del edificio, de manera que se aprovecharan completamente las secciones resistentes haciéndolas trabajar principalmente a la compresión, sin tracciones ni flexiones significativas. No recurrió al armado, que tanto afecta a largo plazo a la durabilidad, y simplificó considerablemente la ejecución prescindiendo de cimbras y puntales. Se trata del perfeccionamiento progresivo de un tipo constructivo a través de medio centenar de experiencias similares y sucesivas realizadas en un corto período de tiempo, que abarca aproximadamente de 1917 a 1923 y que se localiza preferentemente en el área de la Cataluña meridional. Este perfeccionamiento progresivo conlleva un cambio de modelo al pasar del edificio lineal delimitado por los muros y la cubierta a dos aguas al espacio unificado o gran salón característico de la arquitectura gótica civil mediterránea. En esta evolución se pueden distinguir cuatro fases que van desde la nave convencional de muros y armaduras de cubierta hasta el conjunto de naves construidas únicamente con ladrillo en las que acaban apareciendo algunos elementos decorativos. Los ejemplares más destacados de este nuevo tipo de edificio han sido apodados “Catedrales del vino” por la monumentalidad del espacio interior. ANTECEDENTES Y CONTEXTO / La Mancomunitat y el Cooperativismo / Los factores que propiciaron el desarrollo de las construcciones agrarias de Cèsar Martinell fueron las necesidades de la agricultura y la política de desarrollo económico y cultural emprendida por la Mancomunitat de Cataluña, un organismo político que se constituyó en 1914, gracias al Decreto de Mancomunidades Provinciales de 1913, y perduró hasta 1925, al ser disuelta por la Dictadura del General Primo de Rivera. La situación de la agricultura catalana a principios del S XX era precaria y arcaica. Los cultivos de vid, que constituían una parte considerable de la producción agrícola total, se habían visto muy afectados por la plaga de filoxera de 1877 a 1900. Aunque los recursos disponibles eran escasos, era necesario desarrollar y modernizar los cultivos. Uno de los instrumentos que lo permitieron fue el movimiento cooperativo basado en el pequeño ahorro y la supresión de los intermediarios que se inició en Barberà de la Conca en 1894 (Fuguet, 1984). Estas cooperativas, que se extendieron rápidamente, recibieron la ayuda de la Mancomunitat en forma de asistencia técnica para la racionalización de los procedimientos constructivos y de industrialización de los productos agrícolas. El técnico designado para la construcción de las instalaciones se hacía cargo, no solamente de los aspectos constructivos, sino que también atendía a las necesidades de iluminación, ventilación, almacenamiento, transporte, manipulación, silos, depósitos y cubas con objeto de mejorar la eficiencia, la productividad, la salubridad, las condiciones laborales y la calidad. Por ello Cèsar Martinell proyectaba los edificios e intervenía en la organización del proceso industrial y la racionalización de sus elementos, incluyendo el diseño de los depósitos y sistemas de aislamiento, de las circulaciones, la aireación de las cubas y las condiciones de fermentación. EL MODERNISMO / A principios del siglo XX, convivían en Barcelona, junto con los restos de la arquitectura historicista, el modernismo y el noucentisme liderados por Ll. Domènech (1849-1923), A. Gaudí (1852-1926) y J. Puig (1867-1956) a los que se pueden añadir, por su influencia, a J. Rubió (1871-1952) y F. Berenguer (1866-1914) . El Modernismo se basó en la construcción tradicional de ladrillo cerámico, que desarrolló para configurar la arquitectura, completándola con las prestaciones que ofrece el hierro para proporcionar equilibrio y estabilidad, tal como lo describió J. Martorell (Martorell, 1910) en “Estructuras de ladrillo y hierro atirantado en la arquitectura catalana moderna”. Durante la segunda mitad del siglo XX se manifestó un interés creciente por la arquitectura del Modernismo con A. Gaudí a la cabeza, que tuvo su punto álgido en 1992. También se valoró la arquitectura relacionada con este período y, en particular, las obras de colaboradores y discípulos de A. Gaudí como J. M. Jujol (1879-1949) y C. Martinell (1888-1973). En este contexto se difundió la denominación de “Catedrales del Vino” para las bodegas realizadas por este último, que se atribuye al poeta y dramaturgo Angel Guimerà (1845-1924).

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2 1 Palacio de Torino de ladrillo simulando las formas renacentistas de piedra. 2 A. Gaudí, 1909: Escuelas de la Sagrada Familia, Barcelona.


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