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Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

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REVISTA -de! INSTITUTO de CULT'(JRA PUERTORRIQUENA ANTROPOLOGIA HISTORIA LITERATURA ARTES PLASTICAS TEAT RO MOSICA ARQUITECTURA

. JULIO - SEPTIEMBRE 1959

. I

SanJuan de Puerto Rico


REVISTA DEL INSTITUTO DE CULTURA PUE_R TORRI Q UEN A JUNTA DE DIRECTORES Eugenio Fernandez Mendez - Prcsidemc Ei]riqur Laguerre

Arturo Morales Carrion

Jose Trias Monge

Teodoro Vidal

· Salvador Ti6 Jose A. Buiccago

Director Ejecutivo - Ricardo E. Alegria

NUM. 4

1959

JULIO • SEPTIEMBRE SAN JUAN

DE PUERTO RICO

SUMA RIO

r Simbolos 'e Borinquen por Maria Teresa Babin

1

Literatura folkl6rica puertorriquefia por F, Manrique Cabrera ..

4

kxpo~lci6n

de Pintura y EscultQra

ti~a .

Her~andez-Ba8

Segundo festival de teatro puertorriquefio · por Francisco Arrivi . Tres hombres junto al rio, por Rene ¥arques .

1

10 ·

Cuento 15

El maestro en la Escuela Elemental por Antonia Saez •

20

Dedicatoria a Luis Mufioz Rivera

23

Regionalismo por Luis Munoz Rivera

24

Sisifo por .Luis Munoz Rivera

26

Parentesis · por Luis Munoz Rivera

29

Lo que fui, lo que soy, lo que he de ser siempre por Luis Munoz Rivera .

32

Iconografia de Munoz Rivera .

34

Epistolario de Luis Mufioz Rive~a

35

'


Biblioteca-Museo en la casa donde naci6 Luis Mufio:l! Rivera, en Barranquitas

37

Mausoleo

39

Un poema aleg6rico de Luis Mufi.oz Rivera: Sisifo por Conc.!Ja.l.Metendez~. • '

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41

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Luis Mufi.oz Rivera, politico por Ernesto Juan Fonfrlas •

43

Mufi.oz Rivera y la juventud por Miguel Melendez Munoz

49

El periodjsmo lirico de Luis Mufi.oz Rivera por Jose S. Alegria •

51

Munoz Rivera en la caricatura

54

PUBLICACION DEL INSTITtlTO DE CULTURA PUERTORRIQUENA Director: Ricardo E. Alegria. Dlseiio: C. M. llustraciones: Lorenzo Homar, Alfonso Arana, Rafael Tufliio y Carlos Maricbal. Potograflas: Alexander George, Cados Col6n, Samuel A. Sa'ntiago y Jorge Diana.

IMPRBSO, EN LOS TALLBRBS DB A.RTBS , GR APICAS CCBDICIONBS RVMIOS• ·

BARCBLONA (ESPANA)

Colaboradores


JOSE S. ALEGRIA, periodista, poeta y cuentista, naci6 en Dorado y curs6 sus estudios de derecho en Estados Unidos. Colaborador en los principales peri6dicos del pafs, durance doce afios desempefi6 la direcci6n de la revista Puerto Rico Ilustrado. Cultivador de la cr6nica y del cuento de sabor local, ha dado a la estampa, entre otros, los libros Cr6nica1 frivolas ( 1938), Retablo de la aldea ( 1949) , obra premiada por el Instituto de Literatura Puertorriquefia; El alma de la aldea ( 195 5), ·Y el poemario Ro1a1 y Flecha1 (1958). El licenciado Jose S. Alegria preside en la actualidad el Instituto Puertorriqu,efio de Cultura Hispanica. ·

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MARfA TERESA ~ABfN DE VICENTE. Ensayista, naci6 en Ponce. Doctora en Filosofia de la Universidad de Columbia (1951) y profesora de Lengua Espaiiola en la Universidad de Nueva York. Ha publicado las obras «lntroducci6n a la Literatura Hispanica», obra de texto para la ensefianza del espaiiol en Universidades de Estados Unidos (1949), «El mundo poetico de Federico Garcia Lorca» (1954) y «Fantasia " Boricua» (1956). .

I

FRANCISCO .ARRIVi. Dramaturgo, director teatral y poeta, naci6 en San Juan. Becado por la Fundaci6n Rockefeller curs6 estu-. dios de arte teatral en la Universidad de Columbia. Desde 195 3 es Director de Programas de la radioemisora WIPR, adscrita a la Secretaria de lnstrucci6n Publica. Su primera obra foe "Club de Solterol', montada por primera vez en 1940, a la que ban seguido, entre otras, "Alumbramiento" ( 1945), "Maria Soledad" (.1947_),.,"Caio del muerto en vidd' ( 1951) y "Vejigantel' ( 1957).

ERNESTO JUAN FONFRfAS, abogado, legislad.or, escritor y periodista, hace afios ocupa la presidencia de la Sociedad Puertorriquefia de .Autores y Periodistas. Es director de la revista Prensa y miembro de la Academia Puertorriquefia de la Lengtia Espaiiola. Ha publicado varios libros de caracter costumbrista que destacan la figura del jibaro. Entre ellos figuran ConPersao en el Batey (1956), premiado por el Instituto de Literatura Puertorriquefia, Gudsimas ( 1957) y Una voz en la montafla .(1958).


NARCISO FIGUEROA, compositor y pianis· ta, · naci6 .en Aguadilla, miembro de la distinguida familia de musicos de SU apellido. Estudi6 en Europa con Cortat, Pilar Fernandez Mora, Ricardo Vives y Mme. Giraud Latarsei y ha realizado varias jiras por America .. Es autor de numerosas composiciones inspiradas en nuestro folklore que llevan al piano una nueva expresi6n de lo tradicional puertorriquefio.

CONCHA MELENDEZ. Ensayista, crfrka y poetisa, naci6 en Caguas. Doctora en Filosoffa y Let:ras de la Universidad Nacional de Mexico ( 1932). dirigi6 durante varios afios el Departamento de Estudios Hispanicos de la Universidad de Puerto Rico, donde dicta catedras de literatura hispanoamericana. Ha publicado las obras: "Psiquis doliente" (1923), "Amado Nervo" ( 1926), "La novela indianista en Hispanoamericd' ( 1933), "Signos de lberoamerica" ( 1936), "Asomante" ( 1939), "Entrada en el Peru" ( 1941), "La inquietud sosegadd' ( 1946), y "Ficciones de .Alfonso Reyes)' ( 1956).

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Dramaturgo, cuentista y poeta, naci6 en Arecibo, Pueirto Rico. Becado por la Fundaci6n Rockefeller en 1949, realiz6 estudios de arte teatral en la Universidad de Columbia. Ocupa el cargo de Jefe de la Secci6n Editorial de la Comunidad en la Secretaria de lnstrucci6n PUblica. En 1944 public6 el poemario Peregrinacion y en 1955 el libro Otro dia nuestro, colecci6n de cuentos. Entre sus obras dramaticas figuran El Sol y los McDonald (1950), La carreta (1952), Palm Sunday (1956) y la farsa 'Juan Bobo y la Dama de Occi' dente, tambien de 1956. REN~ MARQU~s.

MIGUEL MELENDEZ Mu:Noz, ensayista, novelista y cuentista, naci6 en Cayey. Ha publicado numerosos ardculos, dispersos en peri6dicos y revistas, y varias obras de caracter costumbrista y soc;iol6gico sobre el tema del jibaro. Entre ellas se destaca,n Estado social del campesino puerto~ rriqueno ( 1916), Cuentos del cedro ( 1936) y Cuentos de la Carretera Central ( 1941). En 1958 recibi6 de la Universidad de Puerto R!co el grado honorffico ~e Doctor en Filosoffa y Letras.


/ ANTONIA., SAEZ naci6 en Hwnacao. Durante muchos afi.os ejerci6 al magisterio en escuelas primarias y secundarias. En 1930 se recibi6 de maestra en artes en la Universidad de Puerto Rico y en 1931 de doctora en Filosofia y Letras en la Universidad Central de Madrid. Es autora de las siguiente& obi:as: El teatro en ·Puerto Rico (1950), Las artes

del lenguaje en la escuela elemental (1944), premiada por el Instituto de Llteratura Puertorriquefia; La lectura, arte del lenguaje (1948), igualmente premiada por el . Instituto de Literatura, y Las · art es del lenguaje en la escuela secundaria (1952).

~(; ·~~ FRANCISCO MANRIQUE CABRERA naCi6 en Dajaos, barrio rural de Bayam6n, y durante varios ai'ios fue maestro de es· cuela primaria y secundaria. Curs6 estu· dios 'superiores en la Universidad de Puertc. Rico y en 1934 se recibi6 de doctor en Filosofia y Letras en la Universidad Central de Madrid. Desde 1938 esta adscrito a la Facultad de Artes Hispanicas de la Universidad de Puerto Rico, donde profesa catedras de literatura espafiola y ·puertoniqueiia. Ha publicado las siguientes obras: Poemas de mi tierra tierra (1936); Antologla de poesla infantil (1943), Huella-sombra y cantar (1943), poemario que obtuvo premio del Instituto de Literatura Puertorriquefia, y la Historia de la literaturci ·puertorriquena (1956).

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Simholos de Borinquen Por

MARtA TERESA BABtN \

PALABRAS MAGICAS

E

L INVENTARIO DE LOS SfMBOLOS DE LA CULTURA DE ·PlJER-

to Rico podria intentarse desde muchos miradores : la lengua, la historia, la filosoffa, el arte, la poesfa. Un glosario de voces desde la letra A hasta la Z aportaria luces para una especie de mitologfa de la tierra y del hombre antillano. La flora y la fauna, la multiplicidad de nombres con que designamos barrios y pueblos, montes y llanuras, las costumbres y los habitos del ser que habita nuestra Isla, estan impregnados de su encanto. La musica popular, el folklore, la poesfa culta y la cocina del pobre y del rico transmutan el simbolo en metafora para halagar el coraz6n y agradar el cuerpo. Mana de las fuentes primigenias y persiste lo mismo en las yerbas de los curanderos como en los versos de Corretjer, en las nanas de Esther Feliciano, en la lirica de Lillianne Perez Marchand, en los cinco sentidos de Tomas Blanco, en el bolero y en la plena, en el viaje de Juan Martinez Capo, en la llamarada ·Y el laberinto de Laguerre, en los vejigantes de Arrivi y el terrazo de Diaz Alfaro. Tantos mas buscan y buscan por senderos creadores distintos las esencias y las substancias potentes del alma de nuestra cultura singular, que no es posible cegarse y negar la magia y la vigencia de su espfritu. Las artes plasticas sentiran la llamada y empezaran a enriquecerse en formas y en t:olores cuando lo hagan movimiento y espacio visible. en la escultura y la pintura. Al estudiar y recopilar datos para un panorama de la cultura puertorriqueiia surgian al paso los mitos poe.. ticos que yacen en el subsuelo de la vida creadora en mi pais. La disciplina obligaba a descartarlos y a dejar· los en remojo para una hora propicia. Empiezo a regodearme ahora en el tesoro, habiendo cumplido la tarea de exponer y analizar los hechos vitales que considero entraiiables para aquilatar en conjunto la expresi6n de la cultura de Puerto Rico en el mapa americano. Al revivir y glosar estos simbolos, la emoci6n es el hada madrina que me sirve de guia, mientras el intelecto se rinde para no obstruir la corriente de la espontaneidad y del libre albedrio. Me acojo a la prosa por hallarme a su sombra mas cerca de la conversaci.6 n y del silen·

cio, volcando en el ambito de la evocaci6n la magia de los simbolos de la patria. Invoco para este inventario cuatro conceptos claves de la lengua, en los cuales palpita la entraiia fecunda del mito. En los ojos dormidos despierta la imagen calida de una vision ya borrosa, aguijoneando la fantasia para hacerse plastica en palabras. Casabe. Giiiro. Bohio. Batey .. . Batey. Bohio. Casabe. Giiiro. Empiezo a jugar solitario, barajando los simbolos augustos con temblor y miedo. Me siento presa de un extraiio bienestar. Giiiro. Batey. Casabe. Bohio. Cambian de lugar al antojo, variando el acento, entreteniendo la pluma con el tintineo de cada vocal, dejando el escorzo leve de su mutismo sonoro en las raices de mi estirpe. · Otros nombres claros y redondos, legados por los primeros hombres de latitudes y geografias antiguas, se van apiiiando en la memoria. Mineros del siglo XVI que sacaron los metales de mi suelo, lavaron las arenas de mis rios, y trajeron los metales de mi herencia, cambiando oro por oro, transmutando salitres en valles fer· tiles, sembrando caiia, cafe y tabaco cuando escaseaban los filones del precioso arsenal indfgena. Primera codicia antillana, alimentada con jengibre y murcielagos asados, espantada con las hormigas y las alimaiias que el sol sostiene en el aire y el pantano para defender con sus armas el derecho al tr6pico. · Quedan a 'salvo de la marejada los cuatro puntos cardinales de esta aventura: Casabe. Giiiro. Batey. Bohio. c:Que sugieren a traves de los siglos? c!Por que suenan tan mfos en la conciencia plena del siglo veinte, zarandeada por las miles tentaciones y amenazas del espacio enceridido de luces artificiales? Me cantan y me lloran en la soledad callada de mi vida inquieta, lanzandome al descubrimiento de Borinquen en mi misma·.

I.

CASABE

La batea cubierta con anchas hojas de platano ocul. ta la leyenda perdida de los aborfgenes. En el trajfn calcinante del palmar huele a leqa, a frituras de jueyes, a guisos con manteca y achiote, y a sudor de hombre.

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Las bocas y los ojos se abren y se cierran con el ritmo lento del hambre insaciable. Danzan sin querer las manos y los pies de la mujer, del nifio y del padre, ungidos al andar con la gracia agil del cruce de tres razas potentes. La batea. La batea. (Que guarda debajo de esas verdes hojas mustias cuya mancha secular llevaremos por siempre los borincanos? (Sera el pan de casabe, el pan amasado con las manos callosas del tiempo, el pan de la yuca indigena que otro pan blanco no ha podido desterrar de nuestra Isla? (A que sabra ahora? (Sera igual al otro? lNo estara adulterado? (Lo comeria dofia Juana Ponce, la madre de Troche, lo comeria de nifio Ayerra y Santa Maria antes de irse a la capital azteca para gongorizar con Sor Juana, lo comeria Torres Vargas para sentirse mas criollo de lo que era, lo llevaria Ponce de Leon en su alforja repleta de esperanzas para hallar Ia fuente de la juventud en la Florida? Las l1ojas de platano se levantan las faldas pudorosamente, dejando al aire el dorado tesoro. Se nos salen los ojos y se nos van las manos. Tocamos la torta esfetica, la acariciamos antes de morderla, y masticamos con rabia de siglos para sacarle el jugo a la masa, en un anhelo desesperado por nutrir el cuerpo con la savia virgen de la raiz de la yuca. t Casabe de Guaybana, casabe del Coayuco, casabe de Guanina, que de madrugada se lo servia con cafe a su amante don Crist6bal, conquistando al conquistador aplatanado en la tierra de sus mayores I (Que tal te sientes ahora, don Casabe, entre tantos otros panes ex6ticos rebanados en serie geometrica, metidos higienicamente en papel encerado? lTe engullfan a ti los nifios y los hombres de antes con la misma gana que se comen de prisa los de hoy a los otros panes? lNo te aflige verte relegado al folklore en tu tosca y honrada persistencia mientras reinan en la mesa esos amasijos de blandura esponjosa? Don Casabe no habla, pero mira, hacienda su presencia esporadica en nuestro apetito. Lo pregonan en San Juan los revendones de Lofza, surge de improviso envuelto en el tumulto oliente a gasolina, y sigue su rumba sin perder ni la forma ni el gusto. (Quien lo prepara todavia? (De d6nde sale? (En que misterioso fog6n se le adereza? Mi lengua avida lo saborea con asombro, coma si la magia de un dios tutelar me trasladara al Coayuco y me sintiera recien nacida el afio 1511.

en las manos rugosas del limosnero ciego y del vidente enfiestado. Se asemeja callado a la sonrisa de una cara arrugada en reposo'; y se asemeja parlero a la chachara indiscreta de los hombres en las horas ebrias de las confidencias con tintes verdes. Se ofrece con sencillez al tacto y sugiere formas de bailes y de atavismos ocultos de otra gente. No es instrumento musical a secas, es mas que eso: una obra de arte para verse sin oirse, para palparse y tocarse con los dedos y los ojos. A veces se me antoja un chismoso, entrometido en la plena, en el seis chorreao, en la danza y el guateque. Sobresale en cuanto aparece, sosteniendo el dialogo sin rendirse con el cuatro, el tiple, la guitarra y el acorde6n .. Ni las maracas ni los palillos pueden ahogarlo. Y se sostiene imperterrito hasta la amanezca, terco y enjuto, coma esos viejos centenarios que jamas ceden en su porfia. El poeta le ha cantado coma se le canta a la patria, mientras el le canta a la patria coma si le cantara a una mujer. En el run run vespertino de la montafia su chasquido inconfundible penetra las brisas y las aguas. La soledad se siente embrujada por su mon6tono y bien templado compas de espera. La varilla lo rasca, pegandose con gusto a su came pajiza, enamorada de su tacto, uniendose ambos con la amorosa certeza de un maridaje perfecta. (Puede cualquiera arrancarle sonido a su cuerpo, hacerlo vibrar y expresar alegria, tristeza, despego, ternura, furor o entrega? Que se lo pregunten ;:ii gran Bohique de la musica brava. Contestara coma' me contest6 a mi, con el cefio firme de su sabiduria: el giiiro ha de tocarse con seriedad y amor por quien sepa sus secretos, sin perder el hilo, con los sentidos concentrados en las rayas y la varilla firme, sin frivolidades y sin desvios. Mientras tengamos giiiro tendremos duende.

III. BoHfo

II. GtiIRo El calabacin seco, surcado por rayas paralelas, descansa .en la mesa, cuelga de un clavo en la pared, vibra

El llanto .de un recien nacido rompe las brumas. Las blancas y difusas sabanas de niebla arropan dulcemente el bohio negruzco y endeble. La criatura hace pucheros y empieza a dormir su ilnico suefio tranquilo, de viaje ya hacia la parca y dura realidad de su destino. Abre la puerta el hombre ensimismado. El humo oloroso a cafe impregna la madrugada de la montafia, madrugada tibia, humedecida de llanto y de rocio. La mujer fortalecida por el alumbramiento cuela el cafe. El bohio parece estremecerse y achicarse mas, coma si quisiera proteger en un abrazo la tierna inocencia que ilumina su miseria. Pencas de palma seca, listones de madera tosca, soberao y cumbrera, se retuercen con el tembloroso rubor del amor fecundo. Un cantar aylelolero rompe el si-

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lencio mafianero y un hosanna soleado se filtra por las rendijas. El bohio se ha transfigurado: acuden piand<!> los polluelos, retozan los cabritos, mugen los becerros, y el cundeamor se abre para fos pajarillos. La madre mece el coy, contemplando embelesada al hijo del bohfo.

IV.

BATEY

Apunta Venus en el cielo y en la tierra se abre la flor de la maya. Los coquies alborotados y las guajanas emplumadas cosquillean el airecillo tenue de la anochecida. De los cuatro puntos de la Isla surge al unisono el areyto soterrado en las honduras del alma ancestral de nuestra historia.

Vagan por las jaldas del monte y los arrecifes de la costa pirata, los suefios truncos de miles de hombres en pena, pegados a la tierra con ufias y con dientes. Al convite del areyto todos los' suefios paran el oido. Se encaminan descalzos y presurosos al batey destinado, "el batey barrido y pulido por los siglos de espera, abierto y desnudo, limpio y calido para la danza. El Cerni dormido que todos los borincanos llevamos dentro, el Cerni talisman secreto, despierta del letargo en la soledad rumorosa. Y cada uno se siente repetido en el pr6jimo, compafiero y acompafiado, con la fuena renovada de la esperanza. Venus brilla como nunca. El batey se inunda de luz y la noche no puede con ella. Acuden el casabe y el giiiro aportando la cena y el baile. El bohio se engalana de Cacique con plumachos para recibir a los transefuttes trasnochados. Se estremece el batey con el peso de los suefios en trance de amanecida. Al alba, acurrucados en la flor de la maya, enhiesta en su carapacho verde, los suefios miran impavidos el cielo azul y blanco ; seguros y reposados en la confianza tranquila de la espinosa cerraz6n que les protege de! maleficio, palpitando en el coraz6n de la milenaria planta an tillana.

;Casabe, guiro, bohio, batev/ ;Guiro, batey, casabe, bohio! ;Casabe, bohio, batey, guiro! i Bohio, casabe, guiro, batey I

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Literatura folkl6rica puertorriqueiia '

POR

V mundo del folklore islefio supone siempre en quien OLVER CON AMOROSO ACENTO LA MIRADA SOBRE EL DENSO

traza estas lineas un viaje de placer a sus orfgenes. Ello impone, ademas, nueva cosecha de experiencias hondas, cierto modo tambien de estrenarse en capas social-espirituales que de lejos nos vienen, a la sombra del tiempo guardador. De ahi que este volver en verdad de-verdad nos puebla de sorpresas, puesto que aun siendo nosotros mismos somos tambien otros en cierto modo bien distintos, y las materiales, no siempre par mas numerosos - que lo son - tambien se nos presentan coma nuevos. Hay, par asi decirlo, otros ojes, otro modo de ver y sorprender, ciertas canas de amor en la mirada y un tanto reverdecernos hacia adentro al contacto de manantiales de ingenuidad y pureza que tanta paz abonan cuando las afios pesan. Va sin decir, par tanto, que en este breve apunte muy poco o casi nada nos prestara de apoyo el peculiar enfoque que es virtud cardinal de lo cientifico. Entendemos, si, y ya en otra ocasi6n lo hemos formulado, que «Folklore es hoy nombre que rotula un saber de ancha ciencia con vastos territorios que explorar. Ciencia de las tradiciones populares, ciencia del hombre que propende a la reconstrucci6n de las patrimonios tutelares, saber de pueblo adentro no a solas de cuentos y cantares, sino tambien de haceres y sentires; estudio de las pervivencias culturales que el tiempo guardador ha conservado; geologia social-espiritual que hunde sus pesqui· sas en estratas de ayeres que aun hacen presencia del vivir que fueron.» Dentro de este variadisimo y elastico mundo de materiales, a nosotros nos interesa solo la palabra en su expresa dimensi6n primordial y creadora; y ello refiriendonos exclusivamente a su presencia dentro del limitado predio islefio. Confesamos tambien marginal al interes nuestro en este instante todo emplazamiento de rigor hist6rico, sabre todo en su expresi6n documentista y descriptiva. Tanto en la proximidad de esta perspectiva coma desde la que anteriormente mencionamos, manos buenas ban ejercitado nobles esfuerzos. Nos referimos a las obras de Rafael W. Ramirez de Arellano, Ricardo Alegria, J. Alden Mason y Aurelio Espinosa, J. Junghans, Pablo Garrido, Monserrate Deliz, Francisco L6pez Cruz, y sabre

F.

MANRIQUE CABRERA

totlo, Maria Cadilla de Martinez entre otros. Estos trabajos, que son estudios mas o menos parciales y colecciones limitadas, ofrecen, con todo, un gran interes para la gran obra que aguarda realizaci6n en ese cam· po. Partiendo de un estudio tan envolvente coma dila· tado - que, insistimos, ahora no podria ser nuestro centro atencional -, lo definitivo para nosotros serfa -coma he sefialado- «la verdadera obra, la que habrfa de realizarse a campo traviesa, organica y sistematica· mente y que aguarda realizaci6n, esperando visi6n clara, dedicaci6n amorosa, y entrafiable vocaci6n.» Ahora bien, luego de la indispensable referenda descriptiva, en la ocasi6n presente nos ban de intetesar en primer piano las problemas que plantea y el interes y las posibilidades que ofrece nuestro folklore, hoy par hoy, a quien busque entender todo laboreo en la palabra portadora de espfritu. Del mundo aborigen, que hasta hoy sepamos, nada hemos heredado en cuanto a contenidos de folklore literario. Cultivaban las indigenas el famoso Areito, especie de romance o cr6nica dramatizada, que les servfa para recordar el pasado heroico y tambien para ensayar futuras acciones guerreras. Pero tanto esta manifes· taci6n coma cualquier otra que pudiera haber existido, desapareci6 con el derrumbe total de aquel mundo. La presencia de nuestras voces negras en la masa prima del folklore islefio, no ha sido objeto de una investigaci6n seria y definida. Cabe presumir con toda posibilidad de acertar que par lo menos en determinadas zonas de nuestra Isla - Guayama, Ponce, Loiza, etc. manifestaciones vivas ailn hoy mismo, se pueden de hecho constatar. · Parece, sin embargo, fuera de razonables dudas el poder afirmar que el volumen decisivo de nuestro ha· ber folkl6rico literario es bagaje cabal de entronque his· · panico. Se explica parser esta dimension de nuestra herencia la mas madura, la mas prestigiosa en atesoramiento cultural, par su lengua veterana en altas realizaciones creadoras, par traernos intactos las moldes prestigiosos de una c!ensa cultura popular nutrida en fuentes diversas ya unificadas, sin embargo, en un claro espiritu de sentido nacional. ·

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su conocido Arte nuevo de hacer comedias, a prop6sito Asi lleg6 hasta nosotros, como' a todo el resto del de los tipos de composiciones que el genial dramaturgo vasto mundo americano, la volandera copla, breve desacostumbrara a utilizar conio propias para determina· prendimiento del romance viejo. Para algll.n investigadas instancias de espiritu 0 del animo : dor cercano (Alden Mason y Espinosa) la copla..:h~ sido y sigue siendo el vehiculo preferido de los pueblos hisAcomode los versos con prudencia panicos para manifestar sus hondos y caros sentires li· a los sujetos de que va tratando. ricos. La experiencia ·puertorriquefia, como luego vere:. Las decimas son buenas para quejas; "' mos, cuadrara fielmenfo en esta regla. el soneto estti bien en los que aguardan,· Al tronco iberico debemos tambien el vetusto rolas relaciones piden los romances ... mance tan curtido en resonancias epicas y en hermosuras de alma popular. Todavia la voz de nuestros campos ' Este vincular la decima y la queja que hiciera Lope, repite y canta Delgadita, Blanca Flor, Las tres cautivas, fue aigq que en la poesia dramatica posterior tuvo acatamiento· .e;eneral. Baste recordar las celebres quejasGerineldo, Hilo Verde e innilmeros fragmentos y variantes de afiosos romances del viejo solar. A estos se decimas del ·· Segismundo calderoniano. Lope en forma alguna indic6 el porque de ese marlsuman romances carolingios, y aun algunos que regis. daje. Muy lej6s" d.el ammo nuestro tambien suscribir de tran la casi inverosimil proeza de Col6n. · modo radical o porque si, los supuestos esteticos ·que imCon todo ello en termtnos generales, el romance en· tre nosotros no ha dado a la luz nuevas creaciones auplicitamente estan detras de tal posici6n. No obstante ello, «la curiosidad literaria» que sefi.alamos cobra prot6ctonas dentro de su molde peculiar. Mas bien se }Ja refugiado a la sombra de "la me-moria colectiva. Otro porciones de extrafi.eza -suma CUaJ\dO se observa la propoco ha emigrado al corro infantil, a la canci6n de cuna piedad que pudiera tene'r la'.'. adjudicaci6n de las «relaciones» al romance - desprendimiento del cantar de y, sobre todo, se ha prosificado para ampliar el rico gesta '- · vehiculo del sentfr..i>0pular espafi.ol, pueblo for· repertorio de los cuentos del batey, o sea aqueUos que el narrador campesino relata de SUS semejantes;en las jado en largas experiencias . de belicas jornadas. Frente a esto, nuestro pueblo, que se inicia en la historia con horas de la tertulia, o en medio de trabajos que convo· quen bajo techo a grupos numerosos de jibaros. Tamuna rapida acci6n guerrera frente al indio aborigen, es testigo de esporadicos ataques extranjeros y sin grandes poco ha sido el romance instrumepto preferido de nues· tra masa popular para comunicar sus sentires. hondos. ' consecuencias, aun sienj:lo como fue antemural del Imperio. La nota belica nunca le dio t6nica primaria. Mas Se explica esto a juicio nuestro porque en el romance popular hispamco, en virtud de su origen y abolengo se bien su temprano empobrecimiento de recursos, •secuemantuvieran vivas, aunque acaso durmientes, sus honla de privaciones y precariedades, es lo que abona las abundantes quejas que pueblan las viejas y nuevas cr6das raices epicas. Aca en las tierras nuevas - sobre todo nicas. Acaso algo, si no mucho de esto, explique el poren las islas - pasaba la etapa relativamente corta del que se nos conozca entre los pueblos hermanos, como-la proceso conquistador, el forcejeo que sigue es el de acomodarse fisica y espiritualmente a las nuevas realitierra del 1Ay bendito I y del Lamento borincano. Si en dades. Esto tendra, de una parte, mucho de intimo y el decir de Lope «las decimas son buenas para quejas» ... , tal parece que - siguiendo el hilo de la «curiodoloroso y de otra la dura prosa de las limitaciones que el cotidiano y simple subsistir iba imponiendo. Nada, sidad literaria» - habrian de serlo para el sentir queen fin, quedaba en pie que pudiese foguear la llama joso del pueblo nuestro. epica. La evidencia documental del cultivo espontaneo de Muy distinto es el caso de la decima. Cumple a esta la decima entre nosotros nos llega desde fines del simenci6n destacada por el sitial que tiene dentro del abi· glo XVII. Se reitera en el siglo XVIII y en el siguiente si· glo hay abundantes materiales. Hoy sigue en pie de margarrado conjunto folkl6rico nuestro. Se trata de un capitulo brillante a la· par que extrafio en logros poeticos cha el mismo torrente caudaloso. Por ello cabria decir de la musa popular riquefia. tC6mo y por que ha venique el Decimario islefio en virtud de su crecimiento, do la decima a ser instrumento preferido de pueblo profusi6n y variedad, es lo mas frondoso y vital de nuestro aporte lirico dentro del ambito de nuestra manifes· adentro para darle expresi6n entrafi.able de su llama taci6n folkl6rico-literaria. lirica? Quien sabe sea este el mas interesante problema de altura literaria popular que confronte Puerto Rico Tan varia como extensa realizaci6n poetica popular, como pueblo. Sohre el particular se ban detenido saganos pide necesariamente, aun dentro de la brevedad de ces ojos como los de Pedro Salinas y Luis Santullano, este apunte, algo que nos permita vislumbrar la profun· para s6lo mencionar nombres recientes. A todos no da unidad del Decimario islefi.o por encima de su diverpuede menos que sorprender el hecho de que una estrosidad frondosa. Fue Maria Cactilla de Martinez, en su infa tan caracteristicamente culta como la decima se meta vestigaci6n sobre La Poesia Popular en Puerto Rico, la en los montes de Puerto Rico para aduefiarse del sentir primera voz que sefial6 que dentro de nuestra tradipqpular tan victoriosamente. Ninguna de las «explicaci6n decimera viva, no s6lo se constata la clasica deciciones» propuestas en realidad pueden saciar nuestra ma tal como la fij6 Espinel, sino que incluso se registran extrafi.eza en este punto. Piensese por de pronto que una vestigios de las decima primitiva que cultivara el Marcomposid6n como la dificil decima, fijada en su forma ques de Santillana. Va tal observaci6n como constancia definitiva al decir de Lope de Vega por Vicente Espide una rareza hist6rica. nel, que nunca ha sido popular en Espana, en esta Isla Sin embargo, fuera ya del ambito de saberes cultos, desplace al romance e incluso opaque la copla en tanta y ateniendonos al puro saber popular, es decir, las nomanifestaci6n folkl6rica preferida, ciones que el puro pueblo tiene de su decima, queremos Como curiosidad literaria por lo menos vale recorindicar que para nuestros cantaores lo que el ret6rico dar lo que aquel asombroso Lope de Vega apuntara en llama decima, no es sino un pie de decima. El repen·

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tista jibaro entiende por decima una composici6n de mayor desarrollo que solia llamarse en los viejos tiem- • pos decima larga, que no es sino la clasica glosa de los siglos aureos. Es decir, se trata de cuatro decimas upies» de decimas - precedidos de una cuarteta - generalmente copla - y cada pie lleva como remate el verso correspondiente, segiln el orden, de la cuarteta. La decima, es decir, el pie de decima que entiende el carnpesino, puede aparecer no siempre como parte de una glosa o decima larga. Normalmente aparece tambien como una de las multiples decimas de una serie, que asi se llama por un verso comiln de cierre o remate. Tai verso comiln a todas las decimas de la serie se denomina en el decir jibaro el «tema» o upie forzado». Tienen estas series como origen los tomeos juglarescos en· tre repentistas, en cuyas ocasiones hay que demostrar ser buen «versador» y conocer bien el «tema» que se impone. Debe entenderse, desde luego, que con suma frecuencia, la memoria colectiva recuerda y destaca aisladamente alguna decima en sentido estricto, como preferida de una serie o decima larga, de modo que en el patrimonio comiln se la registra suelta y sin referenda a la unidad de que debi6 formar parte originalmente. En punto a temas o asuntos el Decimario nuestro abarca los mas variados y diversos que suponer quepa. Al compas de lo religioso anda lo profano. Al lado de lo hist6rico, lo legendario. Junto a experiencias sociales, ' las personales; y todo ello en repertorio interminable que nos recuerda la amplisima riqueza tematica del vie· jo romance espafiol. En lo que al metro atafie, entendemos indispensable sefialar que aun cuando la manifestaci6n octosilabica sea la mas abundante, no es ilnica ni exclusiva. Algunos coleccionistas se ban sorprendido del voluminoso caudal de decimas hexasilabicas. Se recordara que hasta el siglo xv este metro fue propicio a las manifestaciones liricas espafiolas de signo popular. Luego, retrocede ante el creciente empuje del octosilabo. Entre las clases populares nuestras mantiene algo de su antigua vigencia y esta se manifiesta en la decima hexasilabica antes di cha. En terminos generales, cuanto llevamos dicho de la decima cctosilabica, cabria afirmarlo de la otra. No obstante ello, una vez que nos detenemos en animos de escrutar discrepancias o divergencias nos salta a la vista un inequivoco dato como hecho claro, a saber: la decima hexasilabica, por su peculiar metro y juego acentual ritmico se acopla con mayor justeza al ritmo mel6dico de nuestros aguinaldos y villancicos. De ahi que esta sea la decima aguinaldera por antonomasia entre los cantaores de montafia adentro. Mas alla de la decima cabria una menci6n rapida a capftulos menores del lirismo folkl6rico riquefio. Entre estos destacan las adivinanzas, las rimas infantiles y los corros de nifios. A todas estas manifestaciones las caracteriza un mismo signo hist6rico-espiritual; es decir, las conservamos en algunos casos casi en la misma forma en que nos llegaron del solar iberico, lugar de procedencia. En lo que a las rimas infantiles respecta, tal identidad es notable. Muchos de nuestros corros de nifios son simplemente viejos romances o romancillos que en tal funci6n se ban conservado intactos en la memoria colectiva.

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Donde han ocurrido ciertas variaciones y, por con· siguiente, se constata elemento creador es en lo que atafie a Jas adivinanzas. Verdad es que muchas de las que pueblan el recuerdo islefio son patrimonio comiln de la casa grande de la lengua. Otras, mantienen su arranque de origen pero registran ciertos localismos identificables. Valga decir, se ban acriollado. Finalmen· te, hay un grupo bastante numeroso que evidencia to· tal factura islefia, identificable por los materiales que lo informan o por las experiencias que recoge. La adivinanza, por su especial destino social o co· lectivo, tiende a aguzar la conciencia literaria. Propende al ejercicio metaf6rico por los rumbos de lo ingenioso. Tai ejercicio despierta la imaginaci6n y agudiza el entendimiento. La prosa tiene en nuestro cuento folkl6rico su her· moso aporte y singular cosecha. Aun dentro de las pocas colecciones que hasta la hora presente se ban hecho observamos SU variedad y profusion. La mas elemental mirada nos advierte que tan voluminosa herencia se remite a los duros dias del amanecer americano. En tan dificiles tiempos los colonos, haciendose a la vida de las tierras nuevas, departfan entre sf cantando romances o entretejiendo relatos medievales y narraciones de fondo oriental. Tales relatos y narraciones al paso de los afios se iban tifiiendo con el colorido que a la nueva vida le iba proveyendo la experiencia his· t6rica. Asi naci6 nuestro hermoso cuento del batey. El examen mas epidermico de los materiales nos se-· fialaria una clara division de los mismos. De un lado cabe agrupar cuentos de encantamiento, cuentos de fondos legendarios, magicos o maravillosos, cuentosadivinanzas, cuentos de no acabar, romances prosificados, etc. En el segundo rengl6n se pueden incluir los cuentos de signo apicarado que en su mayor parte se unifican en tomo a la figura de Juan Bobo. En la primera agrupaci6n se repiten o remoldean cuentos de abolengo medieval europeo u oriental, identificables aun detras de las variantes criollas. A veces las transformaciones que sufren son harto radicales. Hay muchos de neta solera criolla e incluso es posible hallarlos de oscura raiz africana. De comiln tiene este nucleo el culto a lo hazafioso, a lo imaginativo, el reto a la aventura, y el acento magico. ·Los cuentos de signo apicarado, tienen un interes muy distinto y de mayores posibilidades. Cabe sefialar entre eStOS el destaque que tiene SU personaje clave: Juan Bobo. En la parte sudoccidental de la Isla hay otro personaje presente llamado Pedro Animala (Pedro Urdemalas), pero este parece que ·ha ido con el tiempo acoplandose al primero hasta fundirse con el en ocasiones. Juan Bobo como personaje popular folkl6rico parece remontar sus orfgenes al lejano Oriente. Dentro del conjunto de cuentos apicarados, .Tuan Bobo de hecho se queda solo en la escena y precisamente cada vez nos parece mas claro advertir que dentro de todas sus formas y despues se evidencia un peculiar desarrollo del personaje. Vale decir, del simple bobo o tonto sin mas, se va convirtiendo en una especie de Juan que se hace el bobo. Dicho de otro modo, a veces su boberia es simple disfraz o careta. Por ello asf se explica que haya cuentos en que aparezca casandose con la hija del Rey. Este peculiar Juan Bobo de simulada boberia tal, parece haber asimilado un rasgo particular de la sicologia jfbara, a saber: la jaibe-


ria, simulaci6n taimada para despistar a quien se acerque. Por estos ademanes de Juan Bobo entiendo que posiblemente el estudio a fondo de su fi.gura puede que tenga que decirnos mucho a las puertorriquefios de hoy sabre nuestra intimidad coiectiva. Volviendo la vista sabre el conjunto total de la variada y rica veta literaria de este folklore isleii.o, nos llega la constancia de que fue en los predios de la musa popular y an6nima donde el aliento creador de nuestro pueblo tuvo su flor y su fruto en aquellos tres duros siglos que estrenan la historia colonial de Puerto Rico. Durante tales tiempos la Isla fue casi olvidada. La mira.da de la Madre Patria se posaba en la fabulosa

tierra firme. Tai olvido y desamparo nos priv6 de tempranas grandes urbes, de altos centros de cultura y hasta del minimum necetiario para empefios de elevado rango. Este es el lado triste. Sin embargo, justamente ese mismo divorcio, les im¡ puso a nuestros padres la tarea. de encomendarl'e a la palabra oral, a la palabra viva, el refraseo de la herencia hispanica enriquecida con el aprendizaje de la tierra nueva para ofrecersela a la estampa de la memoria colectiva. Ahi ha estado desde entonces coma piedra de toque y voz de aliento para todo espiritu de empefio creador. Bafiarse en ese mundo de sencillez poetica, y de brumas magicamente legendarias es tomar tierra de musculosa entraii.a todavia.

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Exposicion de Pintura y Escultura Hernandez - Batista

Del 3 al 30 de abril se present6 en el Instituto de Cultura Puertorriquefia una exposici6n de pintura y escultura de los j6venes artistas puertorriquefios Manuel Hernandez Acevedo y Tomas Batista. Man1:1el Hernandez Acevedo, el mejor pintor primitivo del pais, naci6 en Aguas Buenas, en 1921. Desde hace algunos afios trabaja en el Taller de Artes Graficas de la Divisi6n de Educaci6n de la Comunidad donde tiene a su cargo la impresi6n de carteles. Por sus ¡manos ban pasado, para la impresi6n y mezcla de colores, todos las carteles alU disefiados e impresos. Fue en dicho taller donfte se inici6 como pintor y artista grafico. Hernandez Acevedo ha expuesto en Puerto Rico, Estados Unidos y Mexico. '

Tomas Batista naci6 en Luquillo, en 1935. Trabaj6 durante tres afios como artesano en el Taller del pintor Angel Botello Barros. Desde hace dos afios disfruta de una beca del Taller de Escultura del lnstituto de Cultura Puertorriquefia; que dirige el escultor espa:iiol Francisco Vazquez (Compostela). Ha sido esta la primera exposici6n de Batista. Las diecisiete tallas en madera y piedra que en ella figuraron fueron realizadas en los Ultimos dos afios.

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Dos aspectoli de la exposici6n cte Batista. ¡ Hernandez Adan y Eva, talla en caoha.

Arrabal, dibujo de Manuel Hernan~ez.


Segundo

~estival

de teatro puertorriquefio Por FRANCISCO ARRiv1

15 DE MAYO Y EL 18 DE JUNIO DE 1958, de las piezas dramaticas Encrucijada, La Hacienda de Los Cuatro Vientos, Vejigantes y Los Soles Truncos, no ha tenido precedentes en el teatro expresivo de la problematica puertorriqueiia, presente o pasada. Se juntan en rapida sucesi6n de estrenos cuatro dramaturgos, cuatro directores, cuatro escen6grafos y una legi6n de actores y tecnicos que despliegan extraordinaria capacidad creadora. Culmina con la fiesta escenica el esfuerzo de una generaci6n que, a partir de 1938, ha luchado por concretar un repertorio genuinamente puertorriqueiio. El exito se hace patente con la entusiasta acogida de la prensa, que publica mas de cuarenta artfculos sobre el particular, y en la gran afluencia de publico al hist6rico Teatro Municipal Tapia durante cuatro semanas consecutivas. El Primer Festival de Teatro patrocinado por el lnstituto de Cultura Puertorriqueiia reconoce la labor continuada de los dramaturgos Emilio S. Belaval, Manuel Mendez Ballester, Rene Marques y Francisco Arrivf. Su 1-esonancia abre las puertas al Segundo Festival, esta vez dedicado a tres escritores de la generaci6n del 30, que ayudaron a despertar entre 1938 y 1944 lo que Belaval, Mendez Ballester, Marques, Rosa Nieves, Francisco Arrivi y la creciente generaci6n de j6venes dramaturgos, insisten en mantener vivo, un teatro propio. Al reconocimiento de Luis Rechani Agrait, Enrique A. Laguerre y Fernando Sierra Berdecia, suma el lnstituto de Cultura Puertorriqueiia el de Ballets de San Juan, organizaci6n de serios prop6sitos artfsticos que ha trascen:dido, bajo el gobiemo de Ana Garcia y Gilda Navarra, la representaci6n de bailes clasicos y se ha lanzado en varias ocasiones a la busqueda de una expresi6n puertorriqueiia. Previa discusi6n del Segundo Festival en el seno de la Junta Asesora de Artes Teatrales, el Profesor Ricardo E. Alegria, Director Ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueiia, encomienda la coordinaci6n del espectaculo a la senora Lillian Skerrett de Torres, quien habfa entendido ya en la coordinaci6n del Primer Festival. Con la reposici6n de las piezas dramaticas Mi senoria, La resentida y Esta noche juega el j6ker, seguidas · por el estreno de los ballets Juan Bobo, La encantada y Sanj1:1aneras, inspirados en motivos musicales del pais, el Segundo Festival de Teatro resulta una fiesta escenica de recordaci6n y una proyecci6n de nuevas posibilidades creadoras en la esfera del ser puertorriqueiio.

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L MONTAJE, ENTRE EL

Mi senoria, repuesta entre el 9 y el 12 de abril de 1959, tuvo el aplauso publico por vez primera en 1940 bajo el impulso de la memorable sociedad d,ramatica Areyto. Despert6 entonces gran revuelo critico, incluso motiv6 un11- potemica periodistica de Emilio S. Belaval por el derecho a la libre expresi6n escenica. Como en el mas reciente montaje, prob6 su buena calidad de farsa trascendental hondamente expresiva del ambiente puertorriqueiio, no solamente del politico, sino del animico general. Mi senoria es obra de pantomima vivaz, grotesca casi siempre, rayana en la bufoneria, si se quiere: pero deja traslucir, no obstante, un fondo de humanidad afanosa de bien al modo peculiar nuestro : ,emoci6n a flor de piel, gesticulaci6n barroca, elocuci6n gritona, alma in.mediata. Dice bien Manrique Cabrera en su Historia de la Literatura Puertorriquena: « ... su personaje central, Buenaventura Padilla, envuelto y todo entre aires de falsa importancia, de disparatada expresi6n, de contomos caricaturistas, a la hora de la caida prefiere noblemente el retomo al pueblo que es lo suyo, no importandole entonces los sufrimientos ... » Luis Rechani Agrait, su autor, nos lega en Buenaventura· Padilla 1m personaje de extraordinaria movilidad y acusado relieve escenicos. Enriquece nuestra caracteriologia teatral con una eficaz trasposici6n artistica del poHtico inculto, pero generoso y sim::ero, devorado finalmente por los demonios del oportunismo. Parece magla de las Mil y una noches que sin ningiln esfuerzo anterior, Rechani Agrait creara µn ente de ficci6n que ha· brfa de acompaiiamos por siempre, una vez apagadas las candilejas. Tanto en 1940 como en 1959, dirigi6 la obra Leopoldo Santiago Lavandero, cuya facultad de regidor de la escena parece proyectarse mejor en el nivel de la farsa grotesca. Logr6 comunicarle a la .legi6n de figuras de bajo relieve un movimiento aeompasado a la dinamica del muiieco central, el cual creci6 en el animo del publico hasta convertirse en personaje de cuerpo entero. Carlos Rechani Agrait, esta vez maquillado por el tiempo, interpret6 nuevamente el papel de Buenaventura Padilla. Hoy como ayer demostr6 excelente calidad

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Ml Seiioria, de Luis Re,chani Agrait. Carlos Rechani Agrait, hennano del autor, en la interpretaci6n de Buenaventura Padilla.

(De izquierda a derecha) Mercedes Sicardo, Madeline Willemsen y Marcos Betancourt en una escena de ÂŁ.a resentida, de Enrique A. Laguerre.


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Esta noche juega el joker, de Fernando Sierra Berde· da. (De izquierda a derec ha) Jose Luis Marrero, David Ortiz, Josie Perez y Carlos Rodil en un momen to culminante de la co media.

de actor, que s6lo ha querido revelar en la obra· de su hermano. Mete6rico actor para mete6rico autor, ambos con el mismo apellido. . Carlos Marichal disefi.6 y realiz6, en los pocos dias de que dispuso para la faena escenografica, un decorado funcional de mecanica eficiente. La resentida, repuesta entre el 16 y el 19 de abril, prob6 el fuego por vez primera en 1944 a gestiones del Teatro Universitario. Leopoldo Santiago Lavandero, entonces su director, forz6 up parentesis en los montajes de obras extranjeras y enderez6 su maquinaria escenica a probar el interes en la creaci6n teatral puertorriquefia. El drama de Laguerre arram:r6 mas de diez mil espectadores avidos de presenciar el fen6meno de auto· representaci6n colectiva. Confirm6, como ha sucedido en los festivales patrocinados por el Instituto de Cul· .tura Puertorriquefia, que existe una amplia conciencia puertorriquefia en busca de su definici6n artistica. Laguerre ensaya en La resentida el drama de pasiones con fondo hist6rico, hijo de la inspiraci6n y la con· sulta. Ambienta la obra entre clamores de las partidas sediciosas que en 1898 incurren en desmanes contra los espafioles hacendados. Sohre esta turbulencia que acusa la conciencia aut6ctona, no obstante descender a muchas violencias injustificadas, el dramaturgo recrea un momenta de la vida puertorriquefia, con toques de me· lodrama, es cierto, pero penetrado del hermoso paisaje _montafies, de costumbres del cafetal, de un espi_ritu criollo traducido en decir ji'.baro veraz y poetico.

Laguerre vag6 por los cafetales donde desarrolla su drama. Absorbi6 el hermoso paisaje, catalog6 las costumbres del paisanaje, escuch6 de viva voz relatos de hombres antafiones que vivieron las trombas de las partidas sediciosas. Con esta experiencia, que detennina su novela Solar Mo11toya, se di6 a crear el dramatico personaje de Marta, el cual encontr6 justas actrices en Maria Judith Franco, interprete para el Teatro Universitario, y Madeline Willemsen, quien le dio grandeza en el Segundo Festival de Teatro. .Angel F. Rivera, sefialado para dirigirla en la reposici6n, le imparti6 dignidad al juego escenico. Concerto con USO maximo de facultades los talentos de Madeline Willemsen, Mercedes Sicard6, Manuel PerJ!z Duran, Laura Martell, Raul Carbonell, Luis Vera, Marcos Beutancourt y demas actores, quienes lograron un tercer acto de gran fuerza histri6nica y una impresionante orquestaci6n de figuias. -' Antonio Cataldo disefi.6 un expresivo decorado de ambiente rural. Se sum6 con labor efectiva al creciente afan de teatro. Esta noche juega el joker, repuesta del 23 al 26 de abril, recibi6 primer premio en un concurso de obras dramaticas patrocinado por el Ateneo en 1938. Coincidi6 en el concurso con El clamor de los surcos, de Manuel Mendez Ballester, y El desmonte, de Gonzalo Arocho del Toro. Con esta comedia se inici6 el movimiento de teatro que cristalizara en Areyto (1940) y se proyectara indestructible hasta culminar en el Primer. Festival de Teatro puertorriquefio. •

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Ernesto Gonzalez y Gilda Navarra en el ballet Juan Bobo de Hector Campos Parsi.

Ana Carda encama la Bri. .sa del Mar en el ballet . Sani11aneras, de Jack Delano


Belaval salud6 su aparici6n con espiritu entusiasta: «Los que hemos sentido preocupaci6n de crear un teatro nuestro, no podemos pt;nsar en esta obra de Fernando Sierra Berdecia sin ver en ella un augurio triunfal de nuestro teatro. La noche de su estreno, se pre· sent6 ante esa gran pupila caliente de nuestro publico, una de las mas atractivas posibilidades de nuestra cultura popular.» Esta noche juega el joker descubre un panorama . de gran importancia en el desarrollo de nuestra literatura: el del emigrado puertorriquefio a Ja ciudad de Nueva York. Este panorama se ha de ampliar .con obras como Tropico en Manhattan, de Cotto Thorner; Paisa, de Jose Luis Gonzalez; La ceiba en el ties to y El laberinto, de Enrique A. Laguerre; La carreta, de Rene Marques; Spiks y El huesped, de Pedro Juan Soto; Encrucijada, de Manuel Mendez Ballester, y El murcielago, de Francisco Arrivf. Tras su ingenioso juego . escenico, la comedia de Fernando Sierra Berdecia intenta una definici6n teatral del alma puertorriquefia. Allende las 1iuperficies sicol6gicas desmenuzadas por la centrffuga- neoyorquina, el autor cree hallar un nucleo espiritual inalterado por las fuerzas disolventes de la ciudad monstruo. Nps presenta, pues, el viejo conflicto del ser y las apariencias resuelto simb6licamente en la jugada de naipes entre el esposo de Marfa ·y los «amadores» de esta.' El esposo encara valientemente la posibilidad de cualquier jugada, irse o quedarse, siempre que su atractiva mujer se decida o no por uno de los «amadores». Hay que acreditar al director Andres Quinones Vizcarrondo una cuidadosa e inteligente direcci6n de Esta noche juega el joker: a Josie Perez una chispeante interpretaci6n de la protagonista ; a Jose Luis Marrera capacidad pr~teica en su histrioilismo; a Carlos Rodil, Eliseo Lopez, Eva Alers, David Ortiz, Edwin Ramirez, Armando Roura y Lili Flores, actuaciones de acusada limpieza. Rafael Rios Rey imagin6 y realiz6 un decorado de mucho gusto . . Con Esta noche juega el joker, el Segwido Festival de Teatro cerr6 una fase de recordaci6n y se aprest6 al

" inspirados en experimento de escenificar tres ballet§.. musica puertorriquefia. Escogi6 con tal pro~6sito partituras de Hector Campos Parsi, Jack Delano y ·j\'maury Veray. Se encomend6 la tarea al cuerpo de baile «Ballets de San Juan», precursor de esta aventura con presentaciones como La Bruja de Loiza, ballet inspirado en una leyenda ree>ogida por Ricardo E. Alegria y puesta en musica por Jack Delano. Hector Campos Parsi suministr6 una refundici6,n de Juan Bobo, ballet inspirado en ·\rarios irtciderites ccimicos de dicho personaje folkl6rico, tan amado por los nifios de la Isla. Jack Delano ofreci6 Sanjuaneras, suce• si6n de cuadros populai;es capitalinos enlazados por la encarnaci6n de Las brisas del mar y Las brisas de la montafia, segun las describiera Tomas Blanco en su en· sayo Las brisas. Amaury Veray particip6 con un ballet fantasmag6tjco, La encantada, elaboraci6n· de una leyenda de ufinaos y aparecios» de las montaftas de Yauco. . La presentaci6n del programa de tres ballets duranie los dias 30 de abril, 3 y 7 de mayo, llev6 gran publico al Teatro Tapia. Volvi6 a reinar el entllsiasmo ·desbor·dante del primer festival. Influy6, sin duda, la voluntad desplegada en la aventura por Ana Garcia y Gilda Na· varra, directoras de "'Ballets de San Juan». El espectaculo, realzado por la labor escenografica de Lorenzo Homar para Juan Bobo, de Irene y Jack Delano para Sanjuaneras y de Pao Cabrera y Fernando Rivero para La encantada, result6 de contrastado ~olo­ rido y variada dinamica. Juan Bobo proyect6 un 'clima magico de sano humor. Sanjuaneras estiliz6 la vida amalgamada del «Casco» de la capital. La encantada tradujo una emoci6n romantica en terminos de atm6s· fera softada. No se debe olvidar el esfuerzo titanico de Donald Thompson con Ja orquesta de doce musicos, enfrentanaose a complejas partituras de estilo modern~. Cuando cay6 el ultimo tel6n del Segundo Festival de Teatro, se habia reafirmado una raiz a la vez que se ha bia ensanchado una perspectiva. '

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rene marques

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Tres hombres junto al rio Por RENE MARQUES

Matareis al Dios del Miedo, y solo entonces sereis libres. (Profecia de Bayoan)

\!IO A LA HORMIGA TITUBEAR UN INSTANTE

Y AL FIN SU· bir decidida por el lobulo y desaparecer Iuego en el oido del hombre. Como si hubiesen perdbido el alerta de un fotuto, para el inaudible, las otras emprendieron la misma ruta, sin vacilar siquiera, invadiendo la oreja de un color tan absurdamente pa.J.ido. Observaba en cuclillas, como un cacique en su dujo, inmovil, con la misma inexpresividad de un cemi que hubiesen · tallado en tronco de guayacan en vez de Iabrado en piedra. Seguia sin pestaii.ear la invasion de los insectos en la oreja del hombre. No experimentaba ansiedad, ni alegrfa, ni odio. Observaba, sencillamente. Un fenomeno ajeno a el, fatal, inexorable. El crepusculo tenia de achiote el azul del cielo sobre aquel daro junto al rio. Pero las sombras empezaban a alargarse en el bosque cercano. Toda voz humana callaba ante el misterio. Solo las higuacas, en la espesura, ponfan una nota discordante en el monotono areyto del coqui. Alzo la vista y vio a sus dos companeros. En tuclillas tambien, inmoviles• como el observando al hombre cuya piel tenia ese color absurdo del casabe. Pens6 que la espera habia sido larga. Dos veces el sol se habia al· zado sobre la Tierra del Altivo Senor y otras tantas la habia abandonado. Sintio una gran gratitud hacia ellos. No por el valor demostrado. Ni siquiera por la paciencia en la espera, sino por compartir su fe en el acto saciilego.. Tenia sed, pero no quiso mirar bacia el rio. El ru· mor de las aguas poseia ahora un sentido nuevo: voz agonica de un dios que musitara cosas de muerte. No pudo menos que estremecerse. El frio baja ya de la montaiia. Pero, en verdad, no estaba seguro de que asi fuese. Es el frio, repitio para si tercamente. Y apreto sus mandibulas con rabia. . Era preciso estar seguro, seguro de algo en un mundo que subitamente habfa perdido todo SU sentido. Como si los. dioses se hubiesen vuelto locos, y el Hom· bre s6lo fuese una flor de majagua lanzada al torbellino de un rfo, flotando apenas, a punto de naufragio, girando, sin rumbo ni destino, sobre las aguas. No -como antes, cuando habia un orden en las cosas de ·-la tierra y de los ~oses. Un orden ciclico para los hombres: la paz del yucayeke y el ardor de la guasabara, la bendidon de Yuquiyu y la furia de Jurakan~ la vida stem-

pre buena y la muerte mala siempre. Y un orden inmutable para los dioses: vida etemamente invisible en lo alto- de la Montana. Todo en el universo habia tenido un sentido, pues aquello que no lo tenia era obra de los clioses y habia en ello una sabiduria que no discu· tian los hombres, pues los hombres no son dioses y su Unica responsabilidad es vivir la vida buena, en pie· na libertad. Y defenderla contra Ids Caribes, que son parte del orden ciclico, la parte que procede de las ti· nieblas. Pero nunca las tinieblas prevalecieron. Porque la vida libre es la luz. Y la luz ha de poner en fuga a las tinieblas. Desde siempre. Desde que del mar surgie· ra la Gran Montana. Pero ocurrio la catastrofe. Y los dioses vinieron a habitar entre los hombres. Y la tierra tuvo un nombre, un nuevo nombre: Infiemo. Desvio la vista de sus dos compafieros y dejo escurrir su mirada sobre ei cuerpo tendido junto al rio. Sus ojos se detuvieron en el vientre. Estaba horriblemente hinchado. La presion habia desgarrado las ropas y un trozo de piel quedaba al descubierto. Penso que aquella came era tan blanca como la pulpa del guama. Pero la imagen le produjo una sensaci6n de nausea. Como si hubiese inhalado la primera bocanada de humo sagrado en el ritual embriagante de la cohoba. Y, sin embargo, no podia apartar los ojos de aquella protu· berancia que tenia la forma mfstica de la Gran Mon· tana. Y a la luz crepuscular, le parecio que el vientre crecia ante sus ojos. Monstruosamente creciendo, amenazador, ocupando el claro junto al rio, invadiendo la espesura, creciendo siempre, extendiendose por la tie· rra, destruyendo, aplastando, arrollando los valles, ab· sorbiendo dentro de si los mas altos pkos, extinguien· do la vida ... lLa vida? Cerr6 los ojos bruscamente. No creo en su poder. No creo. Volvio a mirar. Ya el mundo habia recobrado su justa perspectiva. El vientre hinchado era otra vez solo eso. Sinti6 un gran alivio y pudo sonreir. Pero no lo hizo. No permitio que a su rostro se asomara el mas minimo reflejo de lo que· en su interior pasaba. Habia aprendido con los dioses nuevos. Ellos 'sonreian cuando odiaban: Tras cle su arriistad se agazapaba la muerte. Hablaban del amor y esclaviza. ban al hombre. Tenian una religion de caridad y per· d6n, y flagelaban las espaldas de aquellos que deseaban

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servirles libremente. Decian tener la humildad del nifi.~ misterioso nacido en un pesebre y pisoteaban con fu. riosa soberbia •os rostros de los vencidos. Eran tan feroces como los Caribes. Excepto quizas por el hecho de no comer came de hombre. Eran dioses, sin embargo. Lo erari por su aspecto, distinto a todo lo por el hombre conocido. Y por el trueno que encerraban sus fotutos negros. Eran dioses. Mis amigos son dioses, habia dicho Agileyban;:i. el Viejo.

Sinti6 sobre sf la mirada de los otros, y alz6 sus ojos hacia ellos. Se miraron en silencio. Crey6 que iban a decir algo, a sugerir quiza que abandonaran la espera. Pero en los rostros amigos no pudo discernir inquietud o impaciencia .. Sus miradas eran firmes, tranquilizadoras. Casi como si fuesen ellos los que trataran de infundirle animo. Otra vez tuvo deseos de sonreir. Pero su rostro perinaneci6 duro como una piedra. Alz6 la cabeza para mirar a lo alto. Las nubes tenian ahora el color de la tierra. Mas arriba, no obstante, habia reflejos amarillos. Y era justo que asi fuese, porque ese era el color del metal que adoraban los dioses nuevos. Y alla, en lo alto invisible llamado Cielo, donde habitaba el dios supremo de los extraiios seres, todo, sin duda,· seria amarillo. Raro, inexplicable dios supremo, que se hizo hombre, y habit6 entre los hombres, y por ¢stos fue sacriflcado.

-<.Pero era hombre? (.Hombre de came Y. hueso, como nosotros? - le habia preguntado al consejero blanco de nagua parda, y cabeza monda como fruto de higiiero. -Sf, hijo mio. Hombre.

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-c:Y lo mataron? -Sf, lo mataron.

-c:Y murio de verdad? (.Como muere un hombre? -Como muere un hombre. Pero al tercer dia habia resucitado. -(.Resucitado? -Se levanto de entre los muertos. Volvio a la yida. -<.Al tercer dia? -Resucitado. -Y si a ustedes los matan, i:volverdn a estar vivos al tercer dia? '' -Solo t'esucitaremos para ser juzgados. -(.luzgados? -En el Juicio del Dios Padre. -<.Y cudndo serd ese dia? -Cuando no exista el mundo. -c:Tardard. m'u.cho? -<.Mucho? Quizd.. Cientos, miles de anos. Y el dios de nagua parda habia sonreido. Y posando · la mano derecha sobre su hombro desnudo, le empezo a hablar de cosas aun mds extranas, con voz que sonaba '· agridulce, como la jagua • I . -Tu ta.mbien, hijo ml.o, si vivieras en la fe de Cristo, vivirl.as eternamente ... 21 oia la voz, pero ya no percibla las palabras. Cier· tamente no tenla interes en vivir la eternidad bajo el yugo de los dioses nuevos. Agiieybana el Viejo habia muerto. Le sucedia ahora Agiieybana el Bravo. Eran otros tiempos. Y si la magia de los dioses blancos no tenia el poder de volverlos a la vida hasta el fin del mundo... , La idea surgio subita, como un fogonazo lanzado por Jurakdn. Su ser, hasta las md.s hondas raices, · experimento el aturdimiento. Casi cayo de bruces. Sintio un miedo espantoso de haberlo pensado. Pero simultd.neamente surgio en el una sensacion liberadora. - Se puso en pie con ganas de relr y llorar. Y ech6 a correr dando altiridos. Atrd.s quedo la risa de los seres blancos. Y entre carcajadas oyo como repetian las voces: «/Loco!» «/Loco!>>. Baj6 la vista y observ6 la marcha implacable de las :hormigas. Ya no subian por la ruta inicial del 16bulo. Habian asaltado la oreja por todos los flancos y avanzaban en masa, atropelladamente, con una prisa desconcertante, como si en el interior del hombre se celebrase una gran guasabara. -Necesito una prueba, una prueba de lo que dices. -Yo te traere la prueba-dijo ,el a Agiieybana el Bravo. Forjo el plan a solas. InsuflO su fe en dos naborias rebeldes. Cruzaron los tres el bosque y se pusieron en acecho. Esperaron. Terminaba el dia, cuando lleg6 a la orilla el hombre color de yuca. Iniento dos veces vadear el rio. Podrla creerse que no sabia nadar. 0 quizds solo trataba de no echar a perder sus ropas nuevas. Miedo 21 lo sabia. no sentiria. Era uno de los bravos. '· Hizo sena a los otros de que estuvieran listos. Y sa· lio de la espesura. Saluda sonriendo. 21 podia conducir al dios blanco por un vado seguro. El otro, sin vacilar, · le extendio la mano. . (;'" . La mano color de yuca era fina como un helecho. Y tibia como el casabe que ' se ha tostado al sol. La suya, en cambio, ardia como tea encendida· de tabonuco.


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J

En el lugar previsto, dio un brutal tiron de la mano - blanca. Aprovechando la momentdnea perdida de equi· librio, se abalanzo sabre el cuerpo. Y hundio sus dedos en el cuello fino, y sumergio la 'dorada cabeza en e) agua que se rompiO en burbujas. Los otros ya hablan acudido en su ayuda. Aquietaban tenazmente los con· vulsos movimientos, manteniendo todo el cuerpo bajo el agua. Y f luyo el tiempo. .Y fluyo el rio. Y el f luir de la brisa sorprendio la inmovilidad de tres cuerpos en el acto .sacrilego. Se miraron. Esperaban una manifestacion de magia. No podlan evitar el esperarlo. Surgiria de las aguas coma un dios de la venganza. · Pero el dios no se movia. Lo sacaron de las aguas. Y tendieron sus despojos en un claro junta al rio. -Esperemos a que el sol muera y nazca por tres veces - dijo el. Esperaban en cuclillas. Se iniciaba el dia tercero y la cosa nunca vista ailn podia suceder. Desde el rfo subi6 subito un viento helado que agit6 las yerbas junto al cuerpo. Y el hedor subi6 hasta ellos~ Y los tres aspiraron aquel vaho repugnante con fruici6n, con deleite casi. Las miradas convergieron en un punto: el vientre hinchado.

Habfa crecido desmesuradamente. Por la tela desgarrada quedaba ya al desnudo todo el tope de piel tirante · y · lfvida. Hipnotizados, no podian apartar sus ojos de aquella cosa monstruosa, Respiraban apenas . .Tambien la tierra contenfa su aliento. Callahan las higuacas en el bosque. No se ofan los coqufes. AHii abajo, el rfo enmudeci6 el rumor del agua. Y la brisa se detuvo para dar paso al silencio. Los tres hombres esperaban. De pronto ocurri6, ocurri6 ante sus ojos. Fue un estampido de espanto. El vientre hinchado se abri6 esparciendo por los aires toda la podredumbre que puede contener un hombre. El lledor era capaz de ahuyentar una centena. Pero ellos eran tres. S6lo tres. Y permanecieron qUietos. Hasta que el se puso en pie y dijo : -No son dioses. A una sefia suya, los otros procedieron a colocar los despojos en · una ham'aca de algod6n azul. Luego cada cual se ech6 un extremo de la hamaca al hombro. Inm6viles ya, espe~aron sus 6rdenes. · Los mir6 un instante con ternura. Sonriendo al fin, dio la sefial de partida. -Serli libre mi pueblo. Serli libre. No lo dijo. Lo pens6 tan s6lo. Y acercando sus labios al fotuto, ech6 al silencio de la noche el ronco sonido . prolongado de su triunfo. 19


El maestro en la Escuela Elemental Par

SIGNIFICACION E IMPORTANCIA DEL MAESTRO

E cansa todo el sistema escolar. Si la escuela es para L MAESTRO

SAEZ

a nifios es labor creadora por excelencia, es labor que acerca al Creador.

ES LA PIEDRA ANGULAR SOBRE LA CUAL DES-

el alumno, la escuela la hace el maestro bajo cuya direcci6n brotan y se desarrollan las potencialidades de los 'educandos y se realizan los fines y prop6sitos que fundamentan la educaci6n. Nada importa un curriculo sabiamente esbozado, ni programas pedag6gicamente preparados, si falta el maestro que interprete, oriente y realice la labor dfa a dia. La respop.sabilidad del maestro es, por tanto, extraordinaria, ya que su funci6n es preparar al hombre para que alcance su pleno desarrollo, dentro de unas normas de vida que garanticen el respeto a su propia dignidad y a la sociedad en que viva. Esta funci6n impone una severa disciplina y un alto espfritu de servicio. Por eso, cpmilnmente se dice que el magisterio exige una vocaci6n tan decidida como la del sacerdocio. Pero si esta vocaci6n faltare y se fuere al magisterio por puro apremio econ6mico o por cualquier otra raz6n, ese mismo apremio o raz6n debe determinar en el futuro maestro un alto sentido de responsabilidad, nacido de la gratitud que ha de_ guardarse a lo que ofrece oportunidad de enfrentarse honradamente a la existencia; gratitud que igual:e, en cierta medida, el amor y la entrega que detennina una decidida vocaci6n. Esta responsabilidad es mayor en el maestro de escuela elemental por estarle encomendada la tarea de iniciar el proceso de la educaci6n dirigida, de despertar y encauzar las potencialidades del niii.o, de orientar y fortalecer sus intereses y de iniciar el desarrollo de buenos habitos, de destrezas, actitudes e ideales de vida que le capaciten para continuar su formaci6n como individuo probo y como miembro eficiente de la sociedad. â&#x20AC;˘ Por estas responsabilidades ninguna labor ofrece mayores posibilidades de servicio y de desarrollo pleno del ser como el magisterio. Ninguna mas rica en rendimientos espirituales, en satisfacciones fntimas, sobre todo la ensefianza elemental, en la que de manera mas palpable pueden apreciarse los frutos de esa labor. Ensefiar

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ANTONIA

EL MAESTRO ES UN PROFESIONAL Generalmente cuando se piensa en una profesi6n se habla en terminos de prestigio, de credito, de economfa, de subir en la escala social-econ6mica y muchas veces se ignora el sentido de responsabilidad que conlleva, ya que una profesi6n es un servicio social. Son muchas las razones que hacen del magisterio una verdadera profesi6n. El maestro es un profesional : Primero, porque realiza determinado serv1c10 social con una funci6n especffica que exige un largo perfodo de preparaci6ri especializada, fundamentalmente de fndole intelectual y que conlleva el planteamiento de problemas, la busqueda de infonnaci6n y la fonnulaci6n de posibles soluciones. J Segundo, porque dis:fmta de liberl:ad para ejercer sus habilidades y para juzgar la autoridad del grupo a que pertenece, en la determinaci6n de normas de conducta y de exigencias de calificaci6n. Tercero, porque tiene la responsabilidad de aceptar los juicios emitidos y los actos realizados dentro del marco de la autonomfa profesional. Cuarto, porque ha de dar mayor atenci6n al servicio rendido que al logro econ6mico. Quinto, porque pertenece a una organizaci6n que garantiza, mediante normas, el ingreso en ella y la exclusion de la misma. Sexto, por9ue se rige por un c6digo de etica que sostiene normas elevadas de conducta. LA PERSONALIDAD DEL MAESTRO El maestro ha de ser, ante todo, un ser humano cqn amplio sen ti do de la vida; con claro sentido social, con grandfsimo interes en ensefiar, porque ve en la ensefianza la mejor manera de alcanzar la plenitud de su desarrollo intelectual, moral y social y el mejor modo de servir a sus semejantes.


Esto implica que el maestro ha de tener el espiritu siempre joven, Ueno d~ ambiciosa humildad de saber, acrecentada con los afios, que le mantiene siempre alerta ante el espectaculo del diario vivir, consciente de sus problemas y de la necesidad de encararse con eUos, El maestro ha de tener mente y cuerpo agiles. La pereza y la indolencia no pueden tener cabida en las huestes magisteriales. El maestro necesita estar siempre «en forma». El maestro ha de tener amplitud de riiiras al plantearse los problemas de la existencia y de la ensefianza. Nada humano le debe ser ajeno. El maestro ha de tener atracci6n personal nacida de la limpieza de su cuerpo y de las dotes de su espiritu: imparcialidad, sentido de justicia, de franqueza, de reposo, de buenas maneras, reveladoras del respeto que se guarda a si'. mismo y del que debe a los demas. El maestro ha de amar y conocer su vemaculo; de conocerlo nace, en buena medida, el conocerse a sf mismo y el conocer su herencia cultural. Ha de sentir la palabra como cosa viva, reveladora de los quilates de su espi'.ritu y mantenedora de los valores de su tradici6n. El maestro necesita palabra facil y sencilla que brote clara y diafana del hond6n del alma y que comunique y exprese su mensaje con exactitud. Por tanto, el maestro ha de ser un buen conversador y para serlo necesita cultivar su voz con esmero. La voz es don precioso cuando a enunciaci6n clara se aUna modulaci6n rica y seguridad de tono, ajustado al sentido de lo que se quiera decir. La VOZ es el instrumento mas poderoso del maestro. Con ella establece los mayores contactos comunicativos, con eUa atrae o repele. No se ponderara bastante la influencia que la voz del maestro ejerce sobre SUS alumnos. I Cuantos y cuantos problemas .de disciplina tienen su rai'.z en la voz desternplada del maestro I No olvidemos' que la voz humana es el instrumento mas expresivo de los sentimientos y las emociones y a 1a vez el mas revelador del dominio que el hombre tiene sobre los mismos. La voz, su entonaci6n, da el justo sentido a la palabra. No se puede ser un buen maestro si no se· tiene buena 'Salud. La salud del cuerpo es indispensable para la sanidad mental, para el dominio propio. Temperamentos excesivamente nerviosos deben evitar su ingreso .en el magisterio. El maestro necesita equilibrio, estabilidad, seguridad en si mismo. La buena apariencia personal es atributo necesario. El maestro ha de tener esmero en su vestir, ha de cultivar la verdadera elegancia que nace de la sencillez y la moderaci6n. La sala de clases no debe confundirse con un sal6n de baile o de recepciones. La verdadera elegancia esta en la propiedad del vestir para la ocasi6n y el lugar. Ademas, la labor del maestro demanda cierta comodidad que facilite la movilidad que la tarea impone, y, sobre todo, el atavio del maestro debe hacer resaltar su pulcritud y su decoro: El maestro ha de ser puntual y exacto en todos · 10s · asuntos concernientes a la profesi6n: asistencia a clases, a las reuniones profesionales, a las entrevistas; entrega de informes, preparaci6n de trabajos, etc. Nada entorpece mas la labor escolar que la falta de exactitud y puntualidad del maestro. Un maestro poco puntual hace alumnos irresponsables. El maestro ha de ser integro y valiente. Valor e integridad ban de orientar todos los actos de su vida,

como persona y como profesional. Ha de regir su vida ajustada a una escala de valores que de firmeza a su conducta, a sus creencias y a la fidelidad a si mismo. Ni pedir ni dar lo que no sea justo y merecido. Ni atajos, ni vericuetos, ni emboscadas : s6lo el camino real, aunque este Ueno de dificultades y de obstaculos. El maestro ha de ser leal a ~u profesi6n, ha de sentir orgullo de pertenecer a eUa y ha de poner empefio en hacerse dia a dia mas digno de Uamarse maestro. Nadie mas deshonesto que el ser que no respeta su quehacer. Y, por ultimo, el maestro ha de sentir genuino amor por los nifios. Sin amor por la nifiez no puede haber comprensi6n, y sin comprensi6n no puede establecerse esa corriente de simpatia cordial que va del que pretende ensefiar al que anhela aprender y que constituye la mejor pedagogi'.a, la base de toda preparacion profe· sional. PREPARACION MAGISTERIAL La complejidad de la vida moderna, la rapidez con que se originan cambios fundamentales en el conoci-' miento e interpretact6n del mundo fisico y del mundo social humano, exigen amplia preparaci6n al que tiene como labor contribuir a la formaci6n e informaci6n de las nuevas generaciones. Es, por tanto, natural que las exigencias educativas del futuro maestro sean cada di'.a mas rigurosas y abarcadoras de los diversos Campos del saber. La preparaci6n del maestro incluye dos aspectos fun· · damentales : la educaci6n general y la educaci6n profesional. I. - Educacion general.

Anterior a la preparaci6n profesional esencialmente especializada, la tendencia mas reciente es exigir al maestro una preparaci6n general, liberal, en algunos casos, de dos afios, en otros de cuatro, que le propor· cione conocimientos basicos, en las diversas disciplinas del saber humano, que a la vez que le capaciten para la ensefianza, le preparen para comprender el devenir de los contenidos de las artes y las ciencias. Asi se le considera mejor preparado para afrontar las particula· res obligaciones de su especial quehacer. En diversas universidades forman parte de esta educaci6n general los viajes a diversos paises por las opor· tunidades de constataci6n que ofrecen, por la amplitud de horizontes que proporciona el contacto con otras gentes, con otros puntos de vista y con otras costum· bres. Tam bien . se estimula grandemerite la lectura por la riqueza de experiencias vicarias que suministra. Los cursos de honor en muchas universidades son principalmente situaciones para amplias lecturas. La preparaci6n del maestro en la actualidad da extraordinaria importancia al que ensefiar, a los contenidos 4el saber, antes de iniciar al estudiante en las materias que le sefialen el como y el. cud.nto de la ensefianza. Esta educaci6n general, liberal, abarca: biologia, sociologia, filosoffa, sicologfa, antropologfa, historla, lengua y literatura, especialmente. Es muy significativo el enfasis que en esta tendencia reciente se pone en la ensefianza del vernaculo. Debese, q'uizas, al reconoci·

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miento de lo que el dominio de la Iengua propia significa para el humano pensar y sentir. En Puerto Rico, dada nuestra especial condici6n, al ·dominio del vernaculo hily que afiadir el conoeimiento del ingtes como lengua extranjera preferida. II. - Educaci6n profesional.

La preparaci6n profesional tiene diversas facetas: de un Iado estan las disciplinas pedag6gicas fundamentales: historia, filosofia, sicologia y sociologia educativas; de otro, los aspectos metodol6gicos de las diversas disciplinas escolares: artes del lenguaje, ciencias naturales, ·estudios sociales, matematicas, musica, artes, economfa domestica, artes manuales y educaci6n ffsica; de otro, la observaci6n y la practica de Ia ensefianza con las actividades de laboratorio que ambas exigen: organizaci6n de programas, planeo de la ·ensefianza, empleo de los recursos escolares y de la comunidad, formulacion de informes, constataci6n de historiales, manejo del tegistro, preparaci6n de materiales de ensefianza, selecci6n · de recursos auxiliares - mapas, laminas,.· graficas, cine, radio, televisi6n, etc.

En muchos colegios este amplio programa pedag6gico se lleva a cabo en Ios dos ultimos aiios de una eta· pa de cuatro afios ; en otros se afiade un aiio y hasta dos de preparaci6n profesional a Ios cuatro afios cie preparaCi6n colegial. En Puerto Rico Ia ley escolar dispone que Ia p reparaci6n del maestro normal sea de dos ·aiios, despues de los cuatro de escuela secund~ria o superior. Hace mucho tiempo que las autoridades universitarias han visto y han indicado la casi imposibilidad de ofrecer al maestro de escuela elemental la preparaci6n que demandan las exigencias de la escuela elemental modema. Varios factores han retardado el aumento de aiios de preparaci6n profesional : la ley escolar vigen te, la gran demanda de maestros elementales, debida, no s6lo al creciente numero de alumnos de escuela elemental, sino al exodo de ·maestros de este nivel y, sobre todo, el escaso sueldo que recibe el maestro elemental. Es este quizas uno de los mas graves problemas con que se confronta la Universidad y el-gobierno de Puerto Rico.

(Fragmentos del capitulo «El Maes· tro», colaboraci6n para un libro que actualmente prepara el Colegio de Peda" gogia de la Universidad de Puerto Rico).

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LUIS MU&OZ RIVERA naci6 en Barranquitas en 1859 y muri6 en San Juan en 1916. Periodista combativo, poeta sefiero y patriota irredu~ tible, llev6 a su culminaci6n el movimiento autonomista iniciado por Ram6n Baldorioty de Castro, obteniendo de Espafia la Constituci6n auton6mica de 1897, de cuyo Gobierno fue Secretario de Gracia y Justicia y de Gobema<:i6n. Desaparecida la autonomia y restaurado en Puerto Rico el sistema .colonial como resultado de la guerra hispanoamericana, Mufioz Rivera consagr6 el resto de su vida a luchar por el reconocimiento de la libertad y la dignidad de su patria. Un aiio despues de su muerte se inauguraba oficialmente el regimen de la Carta Orglinica, princip.io del ulterior desarrollo politico y constitucional alcanzado por Puerto Rico. El Instituto de Cultura Puertorriquefia, encargado por la Hon. Asamblea Legislativa de conmemorar el centenario del natalicio de Mufioz Rivera en toda la Isla, se honra en dedicar a su memoria este numero de SU Revista.


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Regionalismo

(*)

Por LUIS MUNOZ RIVERA

LOS RASGOS QUE DAN FISONOM1A PROPIA Y FUERTE· mente acentuada al pueblo espafiol, uno de los mas caracteristicos, sin duda alguna, es la devoci6n al regionalismo. Este culto no se debilita ni se atenua con la centraIizaci6n administrativa, que, cohibiendo en cierto modo las manifestaciones de vida local, pone bajo un mismo uniforme nivel a todas las comarcas peninsulares. Por el contrario, Conforme pasa'n los tiempos, muestrase cada vez mas arraigado y mas firme. Alienta en la historia, palpita en las costumbres, ostentase pujante en los distintos dialectos que brotaron de nuestra lengua como ramas de un arbol llnico y hasta favorecen su desarrollo las condiciones topograficas y los dementos naturales del hispano suelo. No es ya solo en los nucleos capitales de cada pro· vincia, donde toman positivo relieve sus entusiasmos. La nota regionalista resuena tambien en Madrid. Los gallegos y los astures, los vascongados y los catalanes. tienen alli sus circulos que les recuerdan las dulzuras del hogar nativo; en breve instalaran el suyo los valen· cianos, y lo mismo tratan de hacer los montafieses bajo los auspicios del Marques de Comillas, jefe de la Trasatlantica, y del egregio novelador don Jose Maria de Pe· reda. Todo esto lo aplaude la prensa peninsular, en terminos tan afectivos como calurosos. Y ningiln peri6dico, ni el mas intransigente en materia de libertades politicas, incurre en el absurdo de criticarlo como funesto para la unidad de la patria y para la soberania nacional. Sin embargo, lo que alld constituye una virtud de raza, acd se estima como una falta de las mas punibles.

E....

N;l'RE

(•) La defense de la personalidad puertorriquefia fue uno de los postulados que guiaron la vida publica de Luis Mufioz Rivera. Este articulo, ·publicado · originalmente en La Democracia el 2 de septiembre de 1895, refleja la situaci6n entonces imperante en la Colonie, donde los que querian mantener el sistema colonial se empefiaban en negar la existencia de la personalidad cultural puertorriquefia.

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Los puertorriqueiios no pueden ser regionalistas, porque lo prohibe el espfritu de la Colonia, como no pueden serlo tampoco los naturales de Filipinas y de Fernando P6o. Cataluiia y Navarra, Aragon y Galicia, todas las regiones de la iberica naci6n pueden afirmar SU caracter propio sin que la patria se estremezca, ni la monarquia vacile sobre sus cimientos, ni se bamboleen las instituciones, ni se destruya para siempre el vinculo comun que une con fuertes lazos a todos . los espaiioles, para que formen un solo pueblo. Nosotros, no. Puerto Rico no tiene fisonomia: carece de rasgos peculiares : no hay en el esas sefiales tipicas que distinguen al vascuence del galaico o del balear. Es simplemente, una factoria con pretensiones ciudadanas. Para salir del mont6n, ni siquiera debe invocar los antecedentes hist6ricos que abonan a los pueblos de la Peninsula. Asi se expresa la ignorancia. En iguales terminos hablan tambien los etemos suspicaces, los etemos egoistas, que combaten sin tregila nuestras aspiraciones a todo lo grande, elevado y generoso, porque sus menguadas conveniencias s6lo consiguen agitarse libremente en una atm6sfera de siervos, y nutrirse con los _miasmas del pantano. No obstante, muchos de ellos alla, en la tierra madre, son dem6cratas ardorosos, altruistas que vuelan con el pensamiento a las alturas del ideal, y cantan a todo pulm6n el Guernicaco A1"bola, y defienden con amor acendrado los antiguos fueros. Pero al llegar aqui, las convicciones desaparecen, el patriota se convierte en mercader, y el que pidi6 para sus coterraneos todas las libertades, franquicias y am• plitudes compatibles con el actual regimen, s6lo anhela para nosotros las estrecheces de un sistema mezquino, que cohibe, cuando no mata, nuestras iniciativas mas fecundas. c:Que dirian ellos si la colonia puertorriquefia de Bar-


celona o de Madrid formara las bases de un grupo re¡ gionalista, para dar alglll1 consuelo a la nostalgia del terrufio? No pretendemos investigar la raz6n de semejantes anomalias. Cumplimos con seiialarlas, nada mas, deplorando al par sus desastrosos efectos.

Fijense los intransigentes de las Antillas en los as¡ pectos que indicamos. Y tendran que convencerse de que el regionalismo l~te en las fibras mas hondas del coraz6n ibe.ro, y es fuente inagotable de todas las virtudes patrias.

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Sisifo PoR Luis Muiiioz RIVERA

I

H

A OFBNDIOO A LOS DIOSES INMORTALES

y purgara sus culpas.

II Allli abajo; sobre la Unea imperceptible y vaga en que el lispero monte-cuyas crestas van 11 perderse en el espacio - linda con la planicie desigual, el bloque de granito, agrietado por el tiempo, duerme inm6vil el sueiio de los siglos. Nadie Ii moverlo se atrevi6: la empresa es superior Ii la energ{a humana y a la esperanza misma. Entre los hondos y oscuros intersticios de la roca fabricaron sus grutas los leones de abiertas fauces y de agudas zarpas, viajeros de otras tierras y otros climas. Y l qui~n destruye el antro pavoroso de donde brota sin cesar la muerte?

III De todas partes el rumor se eleva: el bloque es un obstliculo, un peligro, una amenaza y, para ciertos seres, un deshonor. Confusa griterfa desciende al orco en que Plut6n escucha. -ÂŤSisifo-ordena-marcharas al punto: sobre tus hombros echaras la mole: la mole cuya inmensa pesadumbre asusta y exaspera a los corintios. Y no descansarlis hasta fijarla, s6lida y firme, en la escarpada cima. I Ve adelante y trabaja IÂť

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IV Resignado pero indomable ; con la altiva y ruda dignidad de quien cumple su destino y en SU valor descansa, pOCO a pOCO llega el titan a la planicie y busca el peii6n que sus fuenas desafia. Lo contempla hito en hito; gira en tomo; estudia sus cavernas seculares y aplica el hombro a su gigante masa. Todo inutil. Los monstruos le acometen con infernal estruendo y los reptiles clavan en el su envenenada lengua. La multitud, del exito dudosa, le aplaude sin cesar; pero a distancia, cual si temiese al rapido desplome. Resiste el bloque al temerario impulso; redoblan su tremenda algarabia las bestias que en sus c6ncavos se ocultan y Sisifo jadeante se detiene, medita y vuelve a comenzar.

v (Quien osa medir la angustia de las almas recias que en frente del obstaculo se obstinan hasta vencerlo 6 sucumbir~ c:Quien sabe lo que el ignoto pensamiento encierra en sus dias de fiebre 6 de locura?

VI El enviado de Plut6n socava su peftasco: lo mueve, lo sacude; lo siente vacilar, dobla sus brfos, y lo levanta al fin sobre su dorso para emprender la ruta inverosimil hacia la ingente cumbre, nunca hollada. Alla va; de sus manos, que se adhieren al agrio risco ; de sus pies desnudos ; de su cuerpo que hieren los silvestres cardos y las ortigas punzadoras ; de su frente, doblada bajo el peso, brotan la sangre y el sudor.

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VII El monte con sus quiebras profundas, y sus cactus que tejen ancha red, y sus lagunas en que se hunde la planta, y sus repechos en que el halito falta a los pulmones le impide caminar. A cada instante la ascensi6n es mas dura. El viento sopla coma una tempestad; el sol calcina coma una fragua; pero sube, sube y sube mas, jomada tras jomada, y ve, cuanto mas lejos el abismo, mas pr6xima la cuspide suprema.

VIII Tal coma un rio de invisibles ondas el tiempo corre al insondable pielago de la callada eternidad. Un dia Sisifo huella la fulgente cumbre y arroja en tierra su terrible carga. De tanto esfuerzo Jupiter se asombra; la multitud, ya libre, desde abajo rompe en un hurra atronador y el heroe erguido en el pefi6n, que le sostiene coma un enorme pedestal, sonrie contento de su triurifo. El sol que nace con su nimbo de rayos le rodea; sabre su frente el dombo de las cielos; a SUS pies el Obstaculo y en tomo, de las mundos el ancho panorama.

IX Leve rumor que desde el norte llega de subito se extiende, y va creciendo coma el alud que la ventisca engendra; el relampago alumbra con sus cintas de fuego el horizonte que se nubla. y se oscurece al fin ; el rayo vibra; el terremoto estalla y el pefiasco se desprende veloz, se lanza ciego, rueda con furia hasta la sima y vuelve a reposar tranquilo en SUS cimientos con espantosa precisi6n. ¡

x En ese simbolo amargo de la esteril lucha, de la gloria pueril, jamas completa, y del dolor, eterno coma el mundo, esta toda la vida del poeta.

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Parcute~i!; POR LUIS MUNOZ RIVERA

Dichoso aquel que no ha vistu mas rlo que el de SU patria

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RAS DIE_z ANOS DE LUCHAS INCESA KTES

qwero vagar, como antes, junto a la margen del humilde rfo que tantas veces ofreci6 a mis penas la paz de sus arenas y la quietud de su ribazo umbrio.

Corren aqui, cual lfquidos cristales, otras linfas iguales a las que vi corr~r hora por hora ; en su murmullo languido y doliente, el espiritu siente toda una juventud que pasa y Hora.

Yergue sus ramas el laurel afiejo que en el m6vil espejo de las aguas refleja su verdura. Y los cactus de flores amarillas ocultan las orillas a modo de silvestre colgadura.

De las cercanas frondas en un hueco se esconde el tronco seco en qu~, al rumor de la corriente leda, daban impulso a mi ambici6n temprana las odas de Quintana y los nerviosos cantos de Espronceda.

Nada se altera en el rinc6n querido; hasta el leve ruido que mis ensuefios arrull6, persiste : es el mismo paisaje; no varfa; lo encuentro como el dia en que le dije adi6s conviilso y triste.

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En cambio, de mi propio cque me resta? Al subir la agria cuesta rod6 de mis quimeras el bagaje,' y, aunque huello con fmpetu el camino, errante bedufno, tardo en llegar al termino del viaje.

Arriba, lo ideal: foco de lumbre que irradia en la alta cumbre sobre los mundos su calor eterno; abajo, lo real: nebula oscura que tiene la negrura de la noche y los frfos del invierno.

Y en la pendiente yo; fuerza que avanza; voluntad que se lanza; alma que busca la verdad perdida y se sumerge en la penumbra densa para sentir la intensa vibraci6n del esfuerzo y de la vida.

c.A d6nde voy? Que el porvenir responda. La sima es negra y honda; pero es la-abrupta cima ingente y clara. Soy de leis que en la liza perseveran, y sin temblar esperan . la gloria 6 el peligro cara a cara.

Mi musa altiva, que el placer rehusa,

fue la tragica musa contra todos los dogmas insurrecta: armada con el yambo deslumbrante march6 siempre adelante y, entre cien lfneas, eligi6 la recta.

Nunca en ei lodo de pasiones malas mi inspiraci6n sus alas quiso plegar; en la batalla ruda un triple empuje a confortarme viene: mi aliento me sostiene; mi fe me salva; mi intenci6n me escmda.

Entre tanto aqui estan mi soto umbrio; la margen de mi rio; el tronco entre la fronda abandom -\o ; el laurel verdinegro y la corriente que surge de repente coma imagenes vivas del pasado.

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Cuando ansio la calma y el reposo y, al azar, silencioso en esta muda soledad me pierdo sin que el bullicio mundanal me estorbe j c6mo mi ser .absorbe el balsamico aroma del recuerdo I

Mis creencias, mis dudas, mis amores; las no olvidadas flores que fuf dejando en pos, lacias y mustias; las tumultuosas esperanzas mfas; mis locas alegrias y el inmenso caudal de mis angustias ;

algo que dura en mf: caduca historia que puebla la memoria y evoco a veces, si en tristezas vivo, para que agite mi organismo inquieto con su influjo secreto a manera de suave reactivo.

t Adi6s, orilla placida y amena en cuya paz serena respiro de otro ambiente la frescura I j Adi6s, remanso que en tu fondo gua~das las visiones gallardas de mi primera edad dichosa y pura I

Vuelo a buscar mas anchos horizontes: Ia cuenca de tus montes me oprime como un cerco de granito; vuelo a encontrar mas amplias perspectivas: tus ondas fugitivas no saciar. ya mi sed de lo infinito.

La vejez llega; la existencia es corta. Si mi destino aborta y tomo a demandar calma y olvido lreservaras en tus riberas pfas el sitio que solias a la altivez estoica del vencido?

No caere; mas si caigo, entre el estruendo. rodare bendiciendo la causa en que fundf mi vida entera; vuelta siempre la faz a mi pasado y, como buen soldado, envuelto en un gir6n de mi bandera.

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Lo que fui, lo que soy, lo que he de ser siempre PoR LUIS MUNOZ RIVERA

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DE MAYO, AUSBNTE YO EN WASHINGTON, APARECI6

en El Heraldo Espanol, de Puerto Rico, esta alusi6n carifiosa: «lamas h~mos dicho que el senor Munoz Rivera, despues de haber sido en Puerto Rico el leader de la prolongaci6n de un partido monarquico de la Peninsula, · dijo en dos banquetes celebrados en Puerto Rico para conmemorar el onomastico del Rey de Espana - una vez en el Parque y otra en el Hotel Inglaterra que sus ideas habfan sido siempre republicanas.» En efecto ; por una convicci6n arraigada en mi espfritu desde que apenas contaba quince anos, y por una constante afirinaci6n de mis ideas en el estudio del progreso a traves de la Historia, mis ideas fueron profundamente republicanas. No concebfa yo que un hombre, sin otro tftulo que el de nacer en un palacio y heredar un cetro y un trono, rigiese a los demas hombres, imponiendoles su voluntad soberana. Crefa yo que todos, por el hecho de venir a la vida, poseemos la potestad de intervenir con nuestro voto en las funciones del poder supremo. En una _palabra: entendfa yo que ni la aristocracia, ni la teocracia, ni la autocracia, ni ninguna de las modalidades del gobierno personal o del gobierno por clases, por castas, por oligarqufas, era compatible con la digi:iidad humana. De ahf mis preferencias, mis inclinaciones a la democracia y a la· Republica. Pero sobre eso, y antes que eso, habia µegado yo al mundo en una isla diminuta, sin medios para la lucha en el campo .de las armas, sumisa a la naci6n madre por !eyes de su amargo destino. Quebrantar aquella coyunda no se pudo jamas: los hijos de la tierra, en masas poco menos .que unanimes, peleaban por su decoro colectivo, llamandose reformistas en 1867, asimilistas en 1877, autonomistas en 1887. Los duenos, los senores, los que traian su fe de bautismo refrendado en la Espana de Europa, sostenian - cosa natural- su monopolio de los asuntos publicos. Y les ayudaban - cosa triste - unos pocos hijos de la tierra, combatiendo los nobles impetus de sus hermanos, llamandose

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«incondicionales espanoles» y ayudando a la esClavitud de Puerto Rico. 1Que empresa tan diffcil la de combatir con exito a Ios incondicionales de alia y de aca ! Ep. la pugna desigual gastaron SU existencia }OS mas fntegros patriOtas: Padial, Freire, Goico, Acosta, Baldorioty, Celis, Corchado, Brau, Marin, C6rdova, Alonso, Morales, Quinones ... Los mas altos entendimientos del pafs. No habfa esperanza. Cuando defendfan la causa insular se les acusaba de rebeldes, de antiespanoles; se les llevaba' con la guardia civil por los caminos solitarios a las carceles inicuas; se les colocaba fuera de la ley; se les castigaba como a reprobos. No habia es~ peranza. Y yo asistfa al espectaculo siniestro desde mi atalaya de Barranquitas, Y en mi se formaba un sentimiento superior a las filosoffas escolasticas, superior a los sistemas jur.idicos, superior a las formas del poder politico; se formaba el sentimiento regional: el puro y noble y exclusivo sentimiento de la patria. Habfa visto caer a mis maestros; habfa visto agonizar a mis hermanos; habfa visto a mi pueblo, al pueblo de Puerto Rico, debatirse en las ansias de una desesperaci6n dantesca. Segufa siendo republicano; mas por encima de itodo debfa y querfa ser puertorriqueno: Y para serlo ton eficacia y librar a la Colonia del coloniaje, y sacudir el viejo arbol de la tirania y romper el bloque de los seculares privilegios, necesitaba apoyarme en una fuerza : en la de los partidos de la metr6poli. lEn cual? lEn los que tambien, coino yo, pugnaban - inutil empeno - por la Republica, o en los que podfan desde el reducto monarquico establecer la autonomia, entonces inverosimil? No dude un minuto. Yen primero de julio de 1890 funde este peri6dico y en el levante la bandera de una conjunci6n con el partido liberal. Trabaje y vend. La autonomfa dej6 de ser abstracci6n filos6fica y pas6 a ser concreci6n practica. I Puerto Rico gobernaba a Puerto Rico! Y 6iganme bien los que me discuten: si cualquier naci6n d~l planeta - no ya Espana, la n~ci6n descu-


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bridora y civilizadora - ; si cualquier naci6n del planeta, Italia, Inglaterra, Rusia, Turquia, las monarquicas, con sus reyes, sus emperadores, sus cesares, sus sultanes, me hubieran garantizado para mi pobre roca trcr pica! el Self Government, yo habria sido italiano, ruso, ing!es, turco,¡ todo: porque no era asi ni turco, ni ingles, ni ruso, ni italiano; porque asf era lo ilnico que soy, lo que satisface mis ansias nativas y reflexivas; porque asf era j puertorriquefio l Entre la Republica redentora y la redentora Monarquia, c:c6mo vacilar? Yo habria optado por la Republica. Solo que la Republica en Espana no surgi6, no surge. Y yo no sacrificaba Puerto Rico a mis preferencias, a mis idealidades, a mis teorias. En mi coraz6n, en mi voluntad, Puerto Rico pasa antes que Espafia, antes que los Estados Unidos, antes que Europa y antes que America. Y cuando Puerto Rico necesit6 o necesite salvarse, yo fui a Espafia, yo ire a los Estados Uni dos; yo no me para en los consejos de mi amor propio. Arriba el interes de mi Isla y abajo¡ las bellezas que aprendi en mis libros. Las ilusiones de que se nutri6 mi alma; abajo, si fuera preciso, la popularidad, trabajosamente lograda en seis lustros de esfuerzos y de sacrificios. Ahora no hay peligro en ser republicano. Lo soy. Me complace esta compatibilidad entre mis ensuefios po-

lfticos y mis deberes patri6ticos; pero si otra Monarquia llegase a triunfar a las puertas de Washingtop, segiln Catilina a las puertas de Roma; si un Teodoro Roosevelt crease el imperio americano, segiln una Isabel el imperio espafiol; si se reprodujeran las circunstancias en que no servf yo a la Monarqufa, sino que !ogre la Monarqufa al servicio de mi Patria, yo aceptaria de Teodoro Roosevelt, coma acepte de Cristina a la uni6n, asf tenga que abrazar a mis rudos adverde Hasburgo, la salvaci6n, la redenci6n de Puerto Rico. Esto fui; esto soy y esto sere hasta que caiga en el silencio y en el reposo de la tumba. Esto eritiendo que han de ser los buenos y perspicaces compatriotas mios. Y por esto abogo por la uni6n y quito obstaculos sarios, y perdonar a mis rudos enemigos, y olvidar que un dia la piqueta rompi6 mis talleres, la demagogia amenaz6 mi hogar y la reacci6n me condujo al banquillo de los reos. Eso es nada; eso es menos que nada, porque eso es mi angustia, mi dolor; porque eso, si yo sintiese de modo distinto, podria ser mi venganza o mi orgullo. Y lo otro ... Lo otro es mi Patria.

La Democracia, 12 de julio de 1910 .

.\'lednlla l:unmemorativa del Primer Cente¡ nario de! natalicio de Luis Munoz Rivera, acuiiada por el lnstituto de Cultura Puertorriqueiia.

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Iconografia cle Munoz Rivera

1871

1908

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DOCUMENTOS DE NUESTRA HISTORIA

Epistolario de Luis Munoz Rivera Cartas a Jose de Diego y Mariano Abril <">

Washington. Marzo 24, 1914 Mi querido De Diego: Anoche recibi su carta, por special delivery con una copia del Memorial para el Congreso. Esta mafiana la cablegr.afie como sigue: «Recibido, leido' memorial, lo endoso de coraz6n. Envielo pronto a los Presidentes de ambas Camaras. Mantle tirar quinientos folletos para los miembros.» El Memorial es sobrio, claro y firme. Lo atenderan o no. Yo opino que no lo atenderan. Pero mientras tanto ' habremos cumplido un deber imperioso, en absoluto ineludible. Nos imponen. la ciudadanfa porque quieren ligarnos a Ia Republica for ever. Es un prop6sito arrete; que no cambiara a menos que el Senador Root amenace . con hacer una campafia. Yo trabajare ese asunto a outrance, Io mismo que trabajare contra el veto absoluto, que es una iniquidad. Ffjese en las palabras de Mr. Jones en los hearings. «La independencia es una idle dream del partido unionista.» Mr. Jones, nuestro mejor' amigo en Washington, declar6 eso; Mr. Jones, el paladin, el soi dissant paladin de la independencia filipina. En mi discurso - debate general del bill - respo:qdere a las palabras tremendas con que se pretende asesinar la suprema aspiraci6n de un pueblo. Y respondere tambien a otras palabras que el Secretario de la Guerra lanz6 a mansalva, cuando no se podia contestarle. Y si mi discurso mata el bill, salvare, por lo menos, el honor de Puetro Rico. · Marcho con prudencia, marchare con prudencia en tanto que reste una esperanza de gobierno propio. Por-. que el gobiemo propio lo admito, aun con ciudadanfa americana. En mas de una oportunidad hemos discutido ese punto usted, Herminio Diaz y yo, sosteniendo yo que la ciudadania, ni impedira a nuestros compatriotas defender la independencia, ni impedira al Congreso otorgarla. Ahora tengo en mi abono la opinion del J uez Towner, representante de Iowa en la Camara. Esa opinion esta en los hearings. Y el Juez Towner es un ju-

rista de gran prestigio. En el Comite de asuntos insulares, es el chairman, el ranking member de la minorfa republicana. El declar6 que, siendo nosotros ciudadanos, nos sera dable, sin cometer un delito de traici6n, seguir luchando por nuestra nacionalidad. Fijese en todos los signos. El bill se elabor6 en la Secretaria de la Guerra. La Secretaria de la Guerra lo empuja. Y el Gobemador vino a Washington, llamado por el bureau, para que no fuera el bill del Resident Commissioner, sino el del General Macintyre, el discucutido en el Comite y en el hemiciclo. Nadie nos ayuda Nadie nos sostiene. Ninguno de los cuatro dem6cratas que visitaron la Isla quemara un cartucho por nuestras libertades. Ningiln senador, ningiln representante, esta con nosotros. Ningiln peri6dico se ocupa de nosotros ni acoge nuestra propaganda ni acogera nuestra protesta. La maquina funciona y la maquina es omnipotente. Si consiguieramos 'tupninir el veto absoluto, crearfamos magnificas condiciones para el futuro combate por mas amplios progresos. La mayorfa lo sabe. Y convierte el veto absoluto en una condici6n sine qua non, anulando asf el influjo de la Legislatura. En este momento, y dado que el bill, en su forma actual, no es digno de nosotros y tendremos que hostilizarlo, me i'n·· clino a creer que el bill no pasara y que el acta Foraker

• La carta a Jose de Diego, quien entonces ocupaba la presidencia de la Camara de Delegados de Puerto Rico, revela la situaci6n prevaleciente en el Congreso de F.stados Unidos al comenzar a discutirse por este cuerpo el ptoyecto de ley organica para Puerto Rico conocida luego bajo el nombre de Ley Jones. Munoz respaldaba el proyecto, que habria de liberalizar el regimen existente en la Isla bajo la .Ley Foraker. Al proyecto se incorporaron mas tarde dos clausulas que diaponian la conversion de los puer· torriqueiios en ciudadanos norteamericanos y el veto absoluto del Gobernador a la legislaci6n aprobada por las camaras puertorriqueiias. Munoz combati6 tales innovaciones, pero al convencerse. de que sin la clausula de la ciudadania no seria aprobado el proyecto y se mantendria intacto el regimen colonial existente, se someti6 a la primera, sobre todo despues que algunos connotados juristas, entre ellos el juez Horace Mann Towner, mas tarde gobernador de Puerto Rico, declar6 que la ciudadania norteamericana no cerrarla a los puertorriqueiios el camino hacia la independencia. Las cartas a su intimo amigo y colaborador de La Democracia, don Mariano Abril, fueron escritas pocos meses antes de su muerte. En ellas manifiesta su amor por su pueblo natal, Barranquitas, y SU estado de animo en medio del combate.

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se perpetuara como se perpetuan siempre sobre nuestra pobre patria las maldiciones del infierno. Acuerdese de la profecfa siniestra de aquel Fray Angel, citada tantas veces en la prensa de Puerto Rico. Usted se siente triste. c.Y yo? Yo necesito realizar esfuerzos enormes de voluntad para mantener una cal· ma estoica y no llegar al fin mientras no llegue el fin. Nadie sabra nunca Io que he sufrido en estas agonias de! Capitolio. Pero, mas que ninguna angustia, pesa en mi espfritu la de sospechar que unos pocos compa· triotas duden de mi. En treinta aiios de pelea incesante, he demostrado que en mi se debe poner, que yo merezco, ilimitada confianza. Siento los golpes y guardo silencio. Algt1n dia lo rompere, si es que mi conciencia y mi patriotismo ·no me exigen que caiga en la muerte sin hablar, sin gritar, como un ultimo sacrificio por Ia tierra a que consagre y consagro mi vida. En este correo van para usted, Barcelo, Giorgetti, D. Navarro, etcetera, ejemplares de! bill Jones ya corregido, en su forma definitiva, segt1n suba al floor. Lo reintrodujo Mr. Jones el dia 20. En la pagina 25, linea 24, se exige la ciudadania americana a los que de aqui en adelante se inscriban electores. Es la imposici6n de un Garrison, a la cual se rinde el Comite con cierto disimulo. Y en la pagina 26, linea 24, se exige que el Resident Commissioner sea la Bona fide Citizen of the United States, Es la represalia directa, contra mf, par mis declaraciones de! Hearing. · No me queda tiempo, para escribir a los · otros ami· gos. Enseiie esta a Barcel6, Giorgetti, D. Navarro... Y no a todos pues las voces pesimistas ban de quedar entre los que poseen valor para no desalentarse. Suyo, un abrazo, L. MUNOZ

conservare cariiiosamente, cerca de mi para contemplarlos a menudo. Usted no sabe de que modo busco alivio en los recuerdos gratos de los viejos dias alegres. Digame ahora algo de Barranquitas. c.Se instal6 ya el acueducto? c.Funciona de una manera eficaz? c.Veranea mucha gente ahf? Y digame tambien algo de politica: su pensamiento, SU impresi6n sabre el pitiyanquismo, el..., etc. Nuestro pobre pais no acaba de atravesar el istmo de! persona· lismo, aun habiendo dejado atras el de! despotismo. Estoy trabajando por el bill Jones, que no es bueno, pero que es lo mejor a nuestro alcance. j Que dificil sacarlo a flote entre el mare magnum de asuntos legislativos que agobian al Congreso ! Confio en que lo sacare. Escribame, escrfbame pronto. Hagame una cr6nica fntima y mandemela. Un fuerte abrazo, L. MUNOZ

Washington, agosto 8 de 1916. Mi querido Abril: Llega ahora su carta de! dia 1.0 con detalles sobre Barranquitas, que me alegran mucho, mucho. No se si en mi influyen reminiscencias romanticas de mi remota juventud; pero esas montaiias, y ese riachuelo, y esas noches estrelladas de Barranquitas traen siempre a mi espfritu una melancolia dulce y sofi.adora. Para mis ultimas aiios, que ya seran pocos, quisiera un pedazo de esa campifi.a cubierto por un pedazo de ese cielo. i Quien sabe si tampoco lograre I

plantar la quinta y la era, y el jardln, y el palomar. Washington, junio 30 de 1916. Mi querido Abril: Lei en La Democracia que vuelve usted a Barranquitas. j C6mo· le envidio I Si pudiera yo fabricar en esas alturas, no un palacio, ni un palacete, sino una pequeiia casa con baiio, volverfa tambien a mis abrup· tas montaiias y quiza para siempre. No puedo. Ahora mi situaci6n econ6mica es mas estrecha que hace veinticinco aiios, cuando, el 1.0 de julio de 1890, empece a vivir de! periodismo en Ponce. Y de usted no hay que hablar. Nosotros debimos nacer en un villorrio de Bohemia. Y nadie nos librara de ser, hasta la muerte, unos luchadores trashumantes por los propios !deales y por los ajenos intereses. Recibi, alla en marzo, una carta suya y procedi de acuerdo con sus indicaciones. Recibf un retrato suyo y un grupo con el marco de un paisaje esplendido. Los

Usted, mas bohemio que yo, es mas foliz que yo. Ahora ha muerto ahi Mercedes Villaronga, una de las mejores amigas mias de otros tiempos. Una santa mujer, de la familia Villaronga, de Ponce, prima de Gabriel y Eduardo. c.De politica? Si supiera usted c6mo me cansa, al convencerme de que solo guardo para mf traiciones y . desencantos. Ya hablaremos; no en San Juan, sino ahi arriba, a la sombra de un arbol, en la paz de una tarde fresca y en la intimidad de un afecto que dur6 un tercio de siglo y que no morira sim> con nosotros, que todavfa somos dos. Sus observaciones sabre la polftica son exactfsimas y coinciden con mis juicios... Lo que triunfara e:; el socialismo . con el arma de! sufragio. Es inevitable\ Y es justo ... Suyo, abrazandole, L. Mu&oz

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Bihlioteca-1\tluseo en la casa donde naci6 Luis Mu:fioz Rivera, en Barranquitas

1916, E · Luis Mufi.oz Rivera, don Eduardo Giorgetti, uno de N EL ANO

POCOS D1A:s DESPU)js DE LA MUERTE DE

sus amigos mas intimos, adquiri6 por compra la casa donde el patriota puertorriquefio habia nacido en el afio 1859. La casa, una humilde estructura de madera techada de zinc, fue regalada por el filantropo al pueblo de Puerto Rico para que la conservara como un monumento mas a la memoria del pr6cer. Con motivo de la celebraci6n que se lleva a cabo en todo el pafs para conmemorar el primer centenario del natalicio de Luis Mufi.oz Rivera, el Instituto de Cultura Puertorriquefia se ha encargado de la restauraci6n de la hist6rica casa, con el prop6sito de convertirla en biblioteca publica para el pueblo de Barranquitas y en museo donde se 'conservan objetos vinculados a la vida y ol~ra del ilustre compatriota.

La biblioteca ha sido habilitada adaptandola al estilo de la casa. En una habitaci6n de esta se ha instalado el despacho de don Luis Mufi.oz Rivera, con el viejo escritorio que el us6 oo la redacci6n de La Democracia y con los muebles de su casa de Barranquitas que el habia regalado al Casino de la poblaci6n hace ya muchos afios, y que hoy el Casino ha donado a la Bibliotecamuseo. En unos antiguos ·anaqueles se conservan algunos de los libros de su biblloteca. En la habitaci6n se muestran otros objetos que pertenecieron al patriota. En la secci6n destinada a biblioteca se exhiben ~anus­ critos y fotograftas del patriota asi como sus obras literarias y algunos de los libros que sobre el se ban escrito. ·

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Dos aspectos de la sala de lectura.

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La Biblioteca-museo fue inaugurada el dfa 17 de julio, fecha en que se conmemor6 el centenario de su natalicio. Desde entonces la Casa ha sido visitada por miles de personas, y los estudiantes de la poblaci6n, han comenzado a usar su biblioteca, que atiende un funcionario destacado alli por la Secretaria de Instrucci6n Publica. . ¡

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El despacho de Munoz Rivera en la Biblioteca â&#x20AC;˘ Museo de Barranquitas.

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El Mausoleo de Luis Muiioz Rivera

Con motivo de la celebraci6n del centenario del natalicio de Luis Munoz Rivera, el Instituto de Cultura Puertorriquefia ha restaurado el mausoleo dedicado a su memoria en el cementerio de Barranquitas, decorando su interior con un mural ilustrativo de la trayectoria cfvica y pol!'.tica del pr6cer, obra. del pintor Rafael Rios Rey. El mausoleo alberga una pequefia exposici6n de objetos, documentos y fotograffas relacionados con la vida y rnuerte de Mufioz Rivera. Los paneles dedicados a su rnuerte cornprenden la inascarilla tomada al patricio pocas horas despues de haber dejado de existir y numerosas fotograffas del entierro, el mas imponente de que se conserva rnemoria en el pais. Una pieza muy interesante es el cuadro confeccionado con cabello de las mujeres de San German, homenaje singular al ilustre puertorriqueiio en el primer aniversario de su fallecimiento. El 17 de julio de 1959, fecha precisa del centenario del natalicio, qued6 abierto de nuevo al publico el mausoleo, inmediatamente despues de Ia ceremonia de Ia ofrenda floral, que congreg6 junto a su tumba representaciones de todos Ios pueblos de Puerto Rico.


Un poema · aleg6rico de Luis Munoz ·Rivera:

Sisifo <~) Por CONCHA MELENDEZ

PODEMOS DETENERNOS EN OTRAS POESfAS QUE NOS DICEN N mucho ailn de aquella alma fuerte y radiante. 0

Nombraremos de pas~ la sobria belleza del conjunto de poemas de amor Ella, la moderna frescura de Vendimiaria, donde .el tema del vino se canta con la mirada puesta en lo universal, usando el procedimiento de sf'ntesis tematica, que usa Ruben Dario en La cancion.de los pinos y Marina, que no se habfan escrito ailn; en Quia nominor leo, donde Munoz canta como Marti en el poema VII de Versos sencillos, los valores eternos de Espana por encima . de los errores de la Espana oficial .que combati6; ni en Parentesis, melanc61ica evocaci6n del pasado, imitaci6n en tono y forma del I dilio, de Nllfiez de Arce. Pero sf me detendre en Sisifo, alegoria majestuosa y patetica del momenta mas mtensamente doloroso en el porfiado ,combate del autor. Los mejores criticos que conozco de la poesia de Munoz Rivera - Mariano Abril y Fernandez Juncos - no comentaron este poema escrito en 1898 y publicado por primera vez en Tropicales en 1902. Una nota de The Puerto Rico Herald en diciembre de 1902, anuncia el Ii.bro en prensa en Nueva .York y enumera la,s poesias ineditas hasta 'entonces incluidas en el. Entre ellas nombra a Quia nominor.leo (1896), gran parte de El paso del despota (1887) y Slsifo. El autor de la nota s6lo dice que ' el poema «es corto, escrito en versos libres, en qu,e po- · dran descubrinre las luchas del patriota. Pero queremos dejar integra a los lectores de Tropicales la primera impresi6n de este poema». Miguel Melendez Munoz en nuestro tiempo 2 ha sefialado c6mo «en la opini6i;i comiln Munoz es cuando mas, el Sisifo del mito griego». Considera que Sisifo es una · de las mas bellas poesfas de 'Munoz Rivera, «de hondo sentido politico-filos6fico». Lo es por la creaci6n aleg6ric~ que revive al mito afiadiendole detalles nuevos, veladas alusiones al episo: dio hist6rico que en el alma del poeta fue tremendo derrumbe. Sisifo es, a mi ver, la mas valiosa expresi6n de la poesfa .de Munoz Rivera. Establece _el paralelismo .en1 Fragmento del ensayo De frente al 'sol: Apuntes sabre

tre el castigo a que los dioses someten al heroe corintio y la suma de los esfuerzos largos y persistJ;:ntes de Mufi.oz por alc~mzar pa.ra nuestro pais libertades y felicidad, momentaneamente logradas, para caer poco despues con el triunfo de los Estado& Unidos en la guerra con Espafia en 1898. El paso ,de la esperanza 'c umplida, al desaliento y pesimismo total, le record6 a Sfsifo, «imagen de la agitaci6n perpetua y los esfuerzos impotentes del espiritu humano» 3. A SU regreso .de Espana, despues del pacto con don Praxedes Sagast'a, cuando con los otro!: comisionados autonomistas - Matienzo, G6mez Brioso, Degetau - consigui6 «la mayor descentralizaci6n posible dentro de la unidad naciorial», el periodista Ram6n B. L6pez, en una entrevista para La Correspondencia-doce de febrero de 1897 - le interroga sobre la significaci6n para Pue:r:to Rico del dia en que Sagasta «ocupe el banco azul». Munoz Rivera le ,contest6 con alegria: <c'Etl dia en que · eso ocurra, las cosas cambiaran para Puerto Rico ... Llegara por fin por todos los . caminos la regeneraci6n social y .econ6mica de nuestro pueblo». Esa perspectiva de· bienaventuranza fue la que borraron, al amanecer del doce de mayo de 18.98, los cafiones de la escuadra de los Estados Unidos, rompiendo fuego sobre San Juan. Esto es la experiencia vivida. Su transformaci6n aleg6rica es el poema Sisifo. La identificaci6n con el heroe es s6lo en la absurdidad de su castigo, y no en la compleja leyenda que envuelve el personaje. Po~": haber denunciado a Esopo el rap to de su, hi.ja Egina por Jupiter, Sisifo es condenado despues de su muerte a hacer rodar penosamente una encrme roca, sobre la pendiente de una montafia ha9ia la cima, sin que pudiera llegar nunca a ella. Romero escribi6 la descripci6n. mas conmovedora del suplicio: «Aquejado de terribles sufrimientos, levanta con ambos brazos una enorme roca y la hace rodar con penosos esfuerzos,· hacia la cima de una montafia. Cuando esta a punto de alcanzarla, Crates misma lo rechaza y hace caer .la roca en la llanura. Al instante distiende los musculos, y re-

ta poesia de Luis Mu.noz Rivera. 2 Dos Lu.i:res ... Ponce, Puerto Rico, Talleres Graficos de la .Revista del Cafe, 1?57, pags. 2-~.

3 P. Decharme. Garnier, pag. 430. ·

Mythologie de la Grece Antiqu.e, Paris, . .

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veneer el 'obstaculo es vida, y no vencerlo, muerte. En emprende su trabajo: el sudor se desliza por su cuerpo la parte s~ptima,·Sisifo logra levantar la roca y caminar y el polvo vuela por encima de su ~beza». con eUa hacia la c1,1mbre. El poeta va asido a su invenAlbert Camus fue atraido al rnfto, de Sisifo por una ci6n por el agfio' psco. La ruta le parece inverosimil. experiencia parecida a la de Muiiqz ~vera: el cataclisSangre y sudor1 brotan de sus pies desnudos, de su cuermo de la derrota de Francia en la ;se~nda guerra munpo herido por ortigas y cardos, de su frente. El polvo se dial, la ocupaci6n por los alema,nes que hada ver la liha trasmutado en sangre, simbolo de la vida entregada ben1ci6n distante, cerrando los caminos del futuro con una visi6n filos6fica donde se suprime todo optimismo. a su ·quehacer, aunque lo contemple absurdo. Camus piensa que no hay mayor castigo que el filtil y Mientras ·estudiaba este poema, me vino el recuerdo penoso esfuerzo sin esperanza. Pero termina s1,1 ensayo de otro, el XLV de Versos sencillos. Pero aquel no es diciendo que la lucha en si misma, es bastante para lleuna alegoria completa; Marti, sin sumergirse en un nar el coraz6n del hombre. Y en cuanto a los mitos, mito, es actor que habla en primera persona y la solufueron hechos para que los anime la imaginaci6n 1, ci6n de su duda es una afirmaci6n del heroismo y acEso hizo Mufioz Rivera en su poema. En las versioci6n hacia la esperanza. nes del mito, la piedra espera a Sisifo en el Hades; en Esta parte octava del Sisifo de Muiioz Rivera, tiene la versi6n de nuestro poeta «asusta y exaspera a los coel majestuoso ritmo Ueno de pausas de Los heroes, de Marti, como Uamamos al poema XLV. Logra el mismo rintios», en la superficie de la tierra, cerca de la ciudad, acaso. Cuatro partes del poema describen el escenario efecto de marm6rea escultura. Ni un solo color, salvo el en donde aparecera el heroe, que tiene por fondo la indeterminado oscuro, hay en todo el poema; ni lo memultitud en movimiento, su rumor y sus gritos. Dos . lodioso, ni el repique de la rima. 'Asunto y forma se fun. den en el habil manejo del verso libre, adecuado cual versos iniciales introducen el asunto informandonos soninguno en este casn. bre la ofensa de Sisifo. La segunda parte es la descripci6n de la roca, que Es el momento en que lo inverosimil, lo absurdo, se ahora es bloque de granito, y el aspero monte a cuyos olvidan un instante, porque el abismo ha quedado lejos pies, «duerme inm6vil el sueii.o de los siglos>1. Bloque y la cima se ve pr6xima. El monte, como la roca, se ha agrietado por el tiempo, que nadie se ha atrevido a moUenado de expresivas quiebras, lagunas, repechos, vever ni con la esperanza. getaci6n agresiva. Tanto Camus como Munoz Rivera, se En la tercera parte hay algo que el Sisifo de Homero apartan del mito eh un punto esencial: en las versiones no tuvo que veneer: en la roca hay grutas habitadas que conozco, Sisifo no Uega nunca a la cumbre. Parte por leones con las fauces abiertas y fas zarpas prontas de su castigo es verla pr6xima y casi al alcanzarla, senal ataque. Venidos de otros climas desatari el. pavor y tir que la roca se desploma y rueda otra vez al abismo. la muerte. Sisifo en este poema «un dfa hueUa la fulgente cumEn la cuarta parte la multitud clama contra el bre - arroja en tierra la terrible carga». No fue una obstaculo que es peligro, . amenaza, y «para ciertos se· pron ta Uegada; el tiempo «rio de invisibles ondas» cores, deshonor». La simple, a_unque enorme roca del mito, rri6 a la caUada eternidad. La palabra sugeridora de sise carga de significado. Plut6n, rey de las sombras, eslencio, es ahogada por el estruendo de Ja multitud que cucha los gritos que descienden hasta el. La imagina-. aplaude al victorioso. El heroe, erguido, es ahora una ci6n sigue crean'do lo nuevo. Sfsifo esta en el Hades · escultura que sonrie sostenido sobre el pedestal de la cuando Plut6n le dice: «marcharas al punto». La mole· montaiia. Amanece. El sol que ama lo hace centro de que asusta a los corintios, tendra que levantarla el ensu nimbo de rayos. viado de Plut6n y asentarla fiime en la cima. La orden . La alegoria se vforte ahora en un anticlimax. ·Leve termina: «Ve adelante y· trabaja»; mandato que siempre rumor Uegando del norte se extiende, crece; relampaobedeci6 el poeta. gos, horizonte oscurecido y, al fin, el terremoto que. desLa quinta parte es la proeza . de Sfsifo, «el indomaprende la roca humanizada por la furia. La conclusi6n ble, altivo, rudo». Ahora es un titan que aplica el homdel poema 'nos hace posible acercar este Sisifo al del bro a: la masa gigante. La alegorfa sugiere en este pungran escritor frances. Como aquel, es «simbolo amargo to, la resistencia y el ataque de las fuerzas contrarias; de la esteril lucha», del esfuerzo que nada alcanza, de la acometida ·de los monstruos, la lengua de los reptiles la incompleta gloria, del dolor del hombre, que el poeta clavandose envenenada en el luchadoi, la multitud · cree etemo. aplaudiendo temerosa de lejos. El reflejo de los cfrculos No creo que esta fuera la actitud filos6fica -permaiilfemales de Dante alumbra este instante del poema. nente de nuestro poeta, sino uno de sus transitorios· El bloque Ueno de fieras ocultas, resiste. Sisifo medita Gethsemanies. Porque en su vida, el esfuerzo no fue esy vuelve a la acci6n liberadora. teril: provoc6 mas amor que odio, mas esperanza que En la sexta parte, el poeta expresa en dos· preguntas negaci6n. Y ese es el saldo necesario y etemo en toda la angustia acompaiiada de reciedumbre para quienes vida.

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1 Alberto Cmnus. - Le Mythe de SiBiphe, Par.ls, Gallimard, 1942.

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Luis Munoz Rivera, politico Sintesis de una conferencia Par ERNESTO JUAN · FoNFR1As

~POCAS

EN DE ZOZOBRAS y DE AGON1AS PA· U NAtrias,MANANA, baj6 de las montafias de Barranquitas a las llanuras de Ponce un hombre, que. trafa en el espfritu un grito inmenso de rebeklia que horad6 las montafias, pase6 su sonido de bronce por las costas y puso en pie, como un solo hombre, a un pueblo que pedfa un poco de justicia y un poco de libertad, »Ese hombre era Luis Mufi.oz Rivera». Estas palabras son del peri6dico La Correspondencia, de los hombres que manejaron una pluma viril, ennoblecieron la tribuna periodistica y supieron rendirle ·homenaje postrero al aguerrido barranquitefio, sin mordeduras partidistas, cuando el silencio infinito se pos6 inmortal sobre su cuerpo, y se aure6 en sombras de eternidad la figura multiple del esforzado paladin puertorriquefio. Vino de la montafia; habfa nacido en ella. El vagido libertario irrumpi6 de las entrafias de la sierra; se encresp6 como un inmenso oleaje sobre las gibas estent6reas de las altiplanicies, y se volc6 desde alli con un rugido inmenso sobre las costas, arropando a los vaIientes, sonsacando a los pusilarumes, y agitando con briosa eclosi6n la ensefia de la justicia, de la dignidad, · de la redenci6n. Naci6 Luis Munoz Rivera el dfa 17 de julio de 1859, en Barranquitas, hijo de don Luis Ram6n Munoz Barrios, y d.ofia Monserrate Rivera Vazquez. «Barraquitas era en el 1859 un villorrio. Se componia de un grupo de casitas y bohios, de una iglesia de madera con techo de hierro galvanizado que era el mejor edificio del pueblo, y de una casa ayuntamiento tambien de madera, que hacf.a las veces de oficina principal, hospitalillo, cdrcel y cuartel de orden publico.» Para terminar la 'e stampa ffsica del pueblo que acogiera a la luz de la vida al pr6cer ilustre, bastenos decir que para la fecha dicha, «existian dos escuelas, no ha· bia carreteras, y habia un solo camino vecinal hasta Coamo.» La ausencia de otros detalles de progreso en la comunidad, no empequefieda en sus habitantes la voluntad para el trabaio, la honestidad de las costumbres, la acrisolada virtud de sus mujeres, el concepto de la dignidad en todas las clases, y el redo esfuerzo de sus habitantes

·para saber arrinconar la estrechez econ6mica o la angustia de ,la desesperaci6n sobre un recio orgullo, aupando las esperanzas de una vida mejor por sobre las cimas rocosas de la sierra, avizorando la aparici6n de un caudillo, que coino otro Salvador tendria por cuna · una tierra humilde, en este caso la de Barranquitas, arrullada por la frondosidad de sus guabas en los riscos agresivos, y el susurro de sus fuentes, que se despeiiaban desde la ·callosidad de la piedra en lo alto del monte. Y el caudillo Ileg6. · Su padre era un hombre de relativos medias de fortuha, y de reconocida solvencia letrada. Habia en el caracter, austeridad, civismo, presencia y honradez. . El hijo hered6 esas cualidades. Don Luis Muiioz Barrios fue alcalde de Barranquitas durante cierta epoca colonial del gobierno de Espafia. Politicamente «era conservador», pero no ultramontano, de tal suerte, que los autonomistas de su pueblo lo encasillaron y votaron en unas elecciones, a pesar de que era el candidato oficial del Partido Conservador local. El padre de Muiioz Rivera fue un hombre culto. Su biblioteca era famosa en toda la jurisdicci6n. El hijo trajo a la vida el amor por la lectura y el respeto por las causas de los demas. · El hijo creci6 en un hogar eminentemente religioso. Mientras don Luis Muiioz Barrios era «Un aferrado conservador», su hermano Vicente era ·«un recalcitran· · te liberal.» De su tio Vicente don. Luis Mufi.oz Rivera bebi6 para satisfacer plenamente su natural predisposici6n a los altos conceptos libertarios. Habia nacido poeta. Fue poeta siempre. De poeta se hizo polftico, pero sigui6 siendo poeta siempre, en carne de tierra criolla, en rio de caudal sereno bajo el pomarrosal aromoso. Encauz6 en el torbellino de su vida todas las virtudes de una ingente capacidad creadora: tribuna, periodismo, poesfa, para depurarse amigo noble y patriota eminente. Embrid6 todas las vocaciones menos la polftica, a la que le solt6 el freno del quehacer diario, para verse jinetear durante treinta afios de briosos impulsos patri6ticos, en hechura de personalidad, transfigurada en leyenda. En Luis Mufi.oz Rivera - cantera de riqufsimos filones - la polftica era una de esas

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vetas en las que la munificencia se prodigaba a raudales, opacando otras, sin que por ello las demas fueran de menor evaluaci6n. H abia nacido politico. La reciedumbre del caracter del padre, la honestidad religiosa que· se calibraba como prenda en el hogar, la verdad que era talla de virtud para el ejemplo vivo, no podian sino ayudar a la vocaci6n que nacia en el, desde el trasiego de la cuna, para tonsurarle esclavo de los ideales redentores en bien de su pueblo. No escase6 en ejecutorias brillantes el camino escogido, aunque era el mas lleno de espinas, el de mas miserias hmt.anas, pero como tal, el de mas responsabilidad y ancht{rosa proyecci6n para el bien, el de mas capacidad pa~a dar a manos llenas, sin eufemismos; como hitos e~la verdad de su vida. Dar siempre en holgura, no empece la ocasi6n ni el · motivo, ·con peligro de quedarse sin nada. Por dar, quedarse sin la vida que entregara todavia joven, y haberse quedado antes sin bienes de fortuna, con un haber de enemigos, pero llenas las alforjas de la emoci6n del cumpljck> deber, con toda una fortuna de realizaciones en quehacer patri6tico, en bien de los humildes, de los huerfanos, en bien de su tierra irredenta tan llena de desconsolados y pequefios. Era como otro Pablo de Tarso, como otro Hijo del Hombre que vino para dar y para cosechar en presencia de sacrificio, pero a ia vez en presenda de amor triunfante. Intentamos en la conmemoraci6n del primer centenario del natalicio del pr6cer distinguido, fijar su apostolado puertorriquefio en su dificil y ardoroso empefio politico. i Cuan dificil tarea la que no~ corresponde I Amoldar en una breve conferencia toda una in.tensa vida ( treinta . afios dei (cincuenta y siete) consagrada a vivir y hacer vivir patria desde todas las trincheras. · Hacerla y vivirla en altura, con noble intenci6n, con aliento patri6tico, con fe virtuosa, sin descender nunca a la expresi6n burda, a la enemistad partidista, a la persecuci6n esclava, a la actitud ap6stata. Creia y practicaba lo que dijera en. el canto a su rfo amigo: .

nunca en el lodo de pasiones malas mi inspiracion sus alas quiso plegar ,· en la batalla ruda un triple empuje a confortarme viene : mi aliento me sostiene; mi f e me salva; mi intencian me escuda. Mufioz Rivera brill6 con· genuina y personal expresi6n en diferentes campos. En todos y cada uno de ellos sembr6 conciencia puertorriquefia. Fue lo que quiso ser; y en .cada faceta de su personalidad hubo timbres gufas. El poeta, el tribuno, el periodista, el patriota, no le van a la zaga al politico. Algunas de las primeras des·cuellan con superior categorfa en relaci6n con la ultima. Sin embargo, el juicio que generalmente priva en el ambito puertorriquefio sobre Munoz Rivera fue y es el del politico. · Como asegura don Miguel Melendez Munoz: «El politico ante todo y sabre todo en el aspecto total y masivo de su personalidad.» No hay d.u da de ello. Es porque la poesia, que fue su primera vocaci6n, se qued6 orillada corno refugio del

espiritu, ante el imperativo solemne 4e su vida azatosa de politico, a la cual sirvieron esclavas, pero con no menos apasionado y vibrante apostolado sus dotes de periodista y de orado'r, para enardecer en Munoz Rivera sus ingentes virtudes de estadista. Todas a la vez, polftica, poesia, oratoria y periodismo se daban en oficio reverente, ilnico, inigualable, ante el altar de la patria, a la cual Mufioz servia como a Dios mismo. 0 sea, toda otra manifestaci6n que no fuera la de servirle a su pueblo no tenfa en el ilustre barranquitefio objetivo, raz6n, finalidad. El servicio habia de ser en vida, pleno de j>resencia puertorriquefia. Se entiende: en patria ayer, cuando ejercia su apostolado de sacrificio; en patria hoy, cien afios despues de su nacimiento, cuarenta y dos despues de su rnuerte, y en patria mafiana, a perpetua recordaci6n y ejemplo; con voz propia y destino de conciencia inconfundible. Asi de augusto fue el ejercicio de su vida polftica. Nunca cej6 de la linea trazada cuando su ideal, que era su rnusa (servicio a la patria esclava) traz6 su destino. No creemos que fue el destino el que hiciera su ideal. Se dio a ese orden de conducta «noble y altivo, generoso y bravo», para. fijar su posici6n que no vari6 ni un instante, ni en un apice, despues de fijar rurnbos en la bitacora de su vida. '!;

Mi musa altiva, que el placer rehusa fue la trdgica musa contra todos los dogmas insurrecta; armada con el yambo deslumbrante marcho siempre adelante y, entre cien lineas, eligio la recta. Buen marinero, encauz6 la nave de su destino por mares procelosos sin sefial alguna de desviaci6n. Mufioz Rivera se inici6 en la politica en el 1883, ingresando en el Partido Liberal. Ahi se enfrent6 en po· sici6n irreductible (linea de la que hemos hablado antes) en los ardores de una juventud briosa, poetica y de ribetes revolucionarios, a su progenitor que militaba en tiendas contrarias. Feliz iniciaci6n. Mostraba con ello caracter, valia de espiritu, libertad irreductible,. Era como SU padre; y este dejaba hacer porque barruntaba en aquel primer grito de conciencia liberada, lo que su hijo sentia a entrafia honda del ser, y que luego fijaria corno sello de personalidad propia.

Alma fogosa, corazo,; sereno; brazo nervudo, voluntad entera la f e por guia, la razon por freno; la libertad por unica bandera,· sin la cobarde sumision del parla sin el brutal instinto de la fiera.

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Tenia que ser politico; y tenia que caer con las , huestes contrarias al regimen; a pesar de que su padre militaba entre los adversarios de su ideologia politica~ Mientras se dedicaba al comercio, como socio de la firma Munoz y Negron, en Barranquitas, le nornbraron Presidente del Comite Liberal y, a la vez, concejal de! Municipio. · En el 1885 propusieron su candidatura para diputado a la Asamblea provincial por el Distrito de Juana Diaz, cargo que .eJ no acept6. Ese mismo afio comenz6 a

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colaborar en Ia Revista de Puerto Rico, fundada y dirigida por el periodista espanol Francisco Cepeda l en El Clamor del Pais en las manos de Salvador Brau y en El Pueblo, que dirigia don Ram6n Marin. Prevalecia para la epoca un regimen opresivo, perseguidor de todo fuero liberal. Enemigo era para la Corona todo aquel que no se sometia a Ios dictados del Gobernador, de sus esbirros o de sus incondicionales. A Ios veintiocho anos «sufria las suspicacias del regimen». El alcalde de Barranquitas lo denunci6 como sospechoso en un informe reservado que enviara al Gobernador. El 7 de marzo de 1887 se celebr6 en el Tuatro La Perla, de Ponce, Ia Asamblea Constituyente del Partido Autonomista, bajo Ia presidencia de su inspirador y jefe, el ilustre puertorriqueno don Roman Baldorioty de Castro. A esa asamblea asisti6 el joven Munoz Rivera como representante de Vega Alta, Cidra y Barranquitas, De tal manera se distingui6 que llam6 la atenci6n de Baldorioty, que en una reuni6n politica poco despues en Yauco, lo present6 coino su aventajado discipulo diciendo: KCreo que me superara y sera el continuador de nuestra obra politica y social». La historia tiene mucho que contar de semejante premonici6n, cuando se estudian ambas figuras en un paraJelismo auton6mico. · Munoz Rivera indiscutiblemente fue un aventajada discfpulo de tan brillante maestro. Las riendas y el porvenir del aut9nomismo, que era sin6nimo de Iibertad, estaban en manos gufas. Era el ano terrible del 87, de nefasta recordaci6n para la Isla, cuando se instituy6 con toda su malhadada y sanguinaria cohorte de proselitos, el famoso Componte. Las carceles se encontraban llenas de pr6ceres puertorriquen6s. El terror apuraba a la poblaci6n. No habia paz en los hogares. Los caminos se veian atestad9s de guardias civiles. No se tenfa confianza en persona al guna porque habfa temor a represalias y violencias. El 25 de marz~ de 1887 lleg6 a Puerto Rico el gobernador general° Romualdo Palacios, fijando sus cuarteles generales en Aibonito. Su prop6sito principal era acabar con el movimiento autonomista que con tantos sacrificios habfa prendido don Roman Baldorioty de Castro. · · El dia primero de julio de 1890 se public6 en Ponce el primer numero de La Democraeia; La fund6 Munoz Rivera, quien entonces contaba treinta ·y un anos de edad. El primer artfc~lo de Munoz, titulad~ «En Campafia», fue una completa exposici6n de su programa y linea de conducta que no podfa set otra sino aquella que anunda en su Parentesis. .. .y entre cien lineas, eligi6 la rec ta».

La °Democr'acia fue su estandarte. Sin ella, Ia obra de Munoz Rivera como politico hubiera. resultado in· conclusa. Sin el, La Democracia no hubiera resultado io que fue : trinchera de Iibertad puertorriquefia. Munoz Rivera fue un polftico de ideas progresistas. No escatim6 esfuerzo para hacer de la lidia pol:ltica una profesi6n de fe, un sacerdocio, «medio de hacer patria», No crey6 jamas detener SU paso despues de comenzada la lucha. Se abri6 camino con denodado esfuerzo,

esgrimiendo Ia verdad por norma y el valor por guia. No reconocia enemigo alguno, pero tampoco dudaba de Ia mano alevosa que esgrime el arma a espaldas y a Ia sombra. No rehuia combate, no empece el adversario o las armas si en la lucha habia aprovechamiento a favor de su pueblo. Como Anteo, acumulaba energfas insospechadas de · Ios efluvios de Ia tierra; porque Ia amaba ardorosa, en tranablemente. Era un titan para el tr~bajo. No cejaba ni a Ia presi6n ni ·a la ofensa. Cedia al impulso de una palabra tranquila, como las arenas de su rio, que tantas veces ofreci6 a sus penas, la quietud de su rebow umbrio. Era un politico de aventajada estatura moral. De anchos horizontes. De clara visi6n. No se rendia en Ia lidia. No se amilanaba en el fragor del combate. La persecuci6n del adversario le hada detener el paso, fijar la «linea recta», y embestir. No habia atisbos en su caracter, en sus decisiones, en su actitud. Habia entereza y honestidad. Siendo polftico no dej6 de ser poeta. Sus bronces lfricos se empinaron siempre por encima de las turbulencias y l'atigas politicas. Amaba la lucha abierta, franca, sin cuartel. No pedfa tregua. Tampoco la daba; pero al vencido le devolvia Ia espada con honores y le tendia la mano. Una mano hecha para el bien. Era polftico versado en todos Ios resortes vivos de la politica. · Naci6 politico. La aprendi6 a puno Iimpio, subiendo Ia empinada cuesta, como Sfsifo. «Mufioz es el politico por antonomasia que envela algunos aspectos notables de su personalidad y eclipsa otros muchos mas sobresalientes.» 1 Muy raro es hallar en un director de pueblo ~una conciencia polftica». En Mufioz Rivera la hal?ia, porque creia en la conciencia de las multitudes. «Mufioz Rivera es el politico de mas amplia VlSIOn y el que mejor sabe interpretar el sentido de su tiempo», afirma Carlos N. Carreras. Hizo de sus campafias politicas una escuela de ten· dencia puertorriquena. Para la epoca de la fundaci6n de La Democracia prevalecfan dos corrientes de acci6n dentro del Autonomismo, la del puertorriquefiismo de Munoz, y Ia del iconoclasta de Cepeda. Entre Cepeda y Mufioz habia un cisma ideol6gico de profundas e inaccesibles callosidades, inspirado por los ataques en cuestiones de principios iniciados por Cepeda contra Baldorioty. Munoz Rivera sali6 a Ia defensa del ilustre puertorriqueno. Cepeda habia ganado la partida. Baldorioty qued6 fuera del Directorio Autonomista. Ello precipit6 su muerte. Mufioz Rivera ret6 a duelo al ilustre autonomista espafiol. Cepeda desisti6 de toda Iidia y abandon6 el pafs. Mufi.oz Rivera se qued6 desde entonces como uno de Ios jefes supremos del Partido Autonomista; por lo menos qued6 honrosamente reconocido como el udes· · tacedor» de Ios entuertos en su colectividad. Pero no habia triunfado al'.!n. Estaba en Ios albores de una vida prenada de enconos, subidas y bajadas, 1 M. Melendez Munoz. -

C071.ferencia, ·Julio 16, 1955.

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lucha sin cuartel, pesaaulas y sobresaltos; y el solo contra todo un infierno desencadenado en poderosas 'fuerzas para herir a la patria indefensa. El solo se atrevia a concitar los flagelos del averno, sin arredro, con la ..fe por gufa y la raz6n por freno; solo, pero con su pueblo ; por eso la soledad le henchia de brfos, como a Sisifo. «Con nuestros amigos, con nuestros hermanos, iremos a. todas partes; lo mismo al Tabor que al Calvario; lo mismo a la apoteosis que a la muerte.» 1 Tremol6 la bandera Autonomista por sobre todas las conveniencias partidistas. Agigant6 la conciencia de las huestes y se enfrent6 a la problematica de verse solo o de alinear a su lado a otros que como el, interesados en la mejor soluci6n de los problemas de la patria, se ofrecian a voz de ejemplo viril. «Incansable forja'dor de grandes agrupaciones ideo16gicas, Muii.oz Rivera robusteci6 la tradicion honrosa de nuestra democracia civilista» 2. En Muii.oz Rivera Puerto Rico despert6 a una conciencia democratica pue1"4>rriqueiia. La tarea se impuso con caracteres homogeneos y propios en lo individual; con timbres y raiz legitima en lo colectivo. Inconfundible autenticidad de lo puertorriquefio. Si eso solo fuera el haber de Mufi.oz Rivera nos dabamos· por satisfechos. El sello de lo aut6ctono, se forjaba al rojo vivo del orgullo patrio. El titanico empefio, sin orillamiento, n~ claudicaci6n imprimia a los bronces libertarios la voz del caudillo de Barranquitas; potque Mufi.oz conocia a su pueblo, y le sabfa «un pueblo viril, de alma de fuego, con el valor tenaz del espartano y la altivez ind6mita del griego» s. Frente a todo cuanto no fuera legftima expresi6n de · reconocimiento a los valores de la tierra, sin matices provincialistas, ni nacionalisrrio rengo, Mufi.oz Rivera avanzaba a pasos firmes contra el inconformismo colonial, de cuya escuela era enemigo mordaz y temible. Precisaba la fe de su pueblo; crefa en la fuerza y honradez de su pueblo, pero sabfa que a su pueblo habfa que educarlo, levantarlo - ponerlo de pie. El fiangotismo senil o indiferente, de transigencia colonial o de incondicionalismo al regimen,· cualquiera de ellos, le dolfa en su acervo criollo, le araiiaba en su dignidad de hombre, y le hacia enfermar en su voluntad patri6tica. A partir de la fundaci6n de La Democracia, Mufi.oz quiso orientar por rumbos mas accesibles, con objetivos y realidades concretas, la polftica de su Partido; y en la Asamblea Autonomista de 1891 en Mayagiiez . propuso con Jose de Diego el nombramiento de una comisi6n que fuese a Madrid, representando a su Partido, con el fin de pactar un convenio con uno de los partidos politicos de la madre patria, que garantizara y reconociera la autonomia de Puerto Rico cuando en Espana, dicha colectividad polftica alcanzara el poder. .Desde los primeros tiempos autonomistas, Jose de Diego «coincidio con Munoz en el fondo esencial de su gran pensamiento: llevar Ia. vida polftica insular al seno de la vida nacional, sin abandonar los ideales. 1 Luis Munoz Rivera. ...:... Diseu'l'so, marzo 23, 1891. Munoz Rivera. Setttidor de lo Puertorriqueno, 17 de julio de 1955. 3 Luis Munoz Rivera. - Nulla Est Redemptio. 2 Arturo Morales Carri6n.

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Muii.oz propuso que el Partido Autonomista ingresara «conseryando sus aspiraciones» en el Partido fu. sionista mobarquico de Sagasta. La proposici6n del poeta aguadillano era que se uniera con la misma reserva al Partido Republicano de Castelar. Con la rrlisma idea, ailn cuando con dos f6rmulas distintas, Mufi.oz y De Diego acordaron proponer el en· vio de una comisi6n a Madrid. Ambos fueron derrota· dos por abrumadora mayorfa. La pr6xima asamblea autonomista no result6 triunfante para la colectividad ni para el pais. Habia cisma en el seno del Partido. Ambiciones, pequefieces, estulticia; de todo un poco habia para· lesionar la unidad de sus huestes. El Partido se dividfa. Su desintegraci6n arrastraba a la inaccion, a la desidia y al abandono. La conservadores Ubarri, Villar, . Balbas, Gallard, «pontifices maximos del incondicionalismo ultramarino», combatfan a muerte a Muii.oz Rivera, sabiendole el ilnico capaz de resucitar toda la fuerza auton6mica, y el ilnico para unir a las huestes dispersas. El espfritu de Iucha en las fuerzas creadas por Bal· dorioty de Castro, se habia refugiado en un «dejar ha.· cer» que mutilaba todo prop6sito de renovaci6n. Mufi.oz tom6 el mando. De ahf en adelante no lo solt6 mas. El politico que habia en el, y que habfa venido madurando sagaz, habilidoso, artero, de estocada hasta el pufio a fondo de la yugular, madrug6 insumiso, irrebatible, infrenable, de vision precisa, de mando caudillo, de actitud alerta. Reorganizadas las huestes dispersas, en una cohesi6n de s6lida realidad polftica, el Partido acord6 mantener el retraimiento, hasta «que los poderes metropollticos concediesen a los electores de Puerto Rico igual cuota que a los de Cuba». La situaci6n se mantuvo asi con graves riesgos para la autonomia. Eran momentos de apuros revolucionarios. La asfixia colonial ponfa armas en · manos de un patriotismo desenfrenado. · Cuba arribaba a la manigua. Puerto Rico merodeaba por los alrededores de otru eclosi6n libertaria a mano armada. En Espana, Salmer6n y Azcarate proclamaban el derecho de Cuba y Puerto Rico a su independencia. Carvajal declaraba estar con el Ejercito, con los voluntarios y con toda ·la· fuerza necesaria para conservar la soberanfa de Espana. «Pi y Margall era resueltamente separatista.» Las fuerzas de Balbas, Ubarri y otros eran incondicionales al regimen, no importa los desmanes del regimen. Los autonomistas no eran separatistas. «Munoz Rivera pulsaba la opinion y esta no se animaba a revuelta alguna.» Mufioz embarc6 para Espana con la salud quebrantada. Iba aprendiendo de Moret, de Sagasta, de Castelar, de Pi y , Margall, de Maura. Iba comprendiendo mejor los problemas de la madre tierra y los de la suya; iba queriendo mas entrafiadamente a su solar patrio: «No admito que nadie ame mas que yo la libertad y la dignidad de mi patria», habfa escrito una vez.


«Nadie mas que yo ... » La hiperbole nos sacude el entendimiento y nos electriza con su impacto impetuoso, para hacernos detener ante esta frase que no responde a silabeo pueril, sino que es una granitica ma· nifestaci6n de desbordada y apasionante realidad puer· torriquefia. Por su patria, todo. Amistad eterna, enemistad irreconciliable. Desde el Tabor hasta el Calvario. «Todas sus energias, todas sus actividades, todo su pensamiento y todo su amor lo dedic6 entero a la tierra de sus anhelos, a su querido Puerto Rico.» lC6mo la quiso en su multiple capacidad intelectiva? Como poeta la cant6 a raiz de tronco· en su tierra ardorosa, para beberla a sorbo de rio suave y murmurante, y rendirse a ella enamorado y fiel. Como orador la cubrl6 de palmas en la apoteosis de su verbo, la emocion6 en la cumbre de su pensamiento y la cant6 para perpetuar su amor que no tenfa valladares. Como periodista la analiz6 en sus llagas, la cal6 profundo en sus angustias, calibr6 sus potencialidade£ y la vio surgir impetuosa, 6nica, con expresi6n de recia autoctonfa puertorriquefia. Como patriota la ador6 como a una madre; la dese6 con la ardiente pasi6n de una novia y la posey6 brava y caballerosamente hasta verse morir en sus brazos. lOuien la quiso ml\s? lmposible asegurarlo. Todo en el ·s e dio a su tierra siit reservas de clase alguna. Y se dio en salvarla redentora. Como politico la coloc6 en el pedestal de todas sus preocupaciones: Fue gufa, luz, faro, prop6sito, raz6n, norte, inspiraci6n de su denodada lucha, de su gigantesca e inconmesurable lucha de hombre para hacerla feliz. Fue programa de su vida, fue incentivo y fue fin Unico. cMufioz fue la .voz de Puerto Rico. Puerto Rico era mudo antes de nacer Munoz Rivera,. 1, a pesar de que «SU. pals era lienzo estrecho para su figura», 2 · cMufioz Rivera tenfa la conciencia de su valer y todo eso lo puso a la disposici6n de su ·'patria, de sus amigos y de sus enemigos», a Asf fue el barranquitefio ilustre, Lo aprendi6 con los jefes de los diferentes partidos politicos de Espana y los grandes hombres de aquel gobierno, era aguij6n de lucha a favor de su pueblo. A s~ regreso hizo propaganda pactista. La autonomfa estaba desmembrada como colectividad. Sus hombres se sentfan defraudados y dispersos. El Partido desde el 1887 venfa dando traspies cuando en ese afio de 1887, vio a sus dirigentes en la carcel. El retraimiento del 93 dej6 el campo libre a los adversarios. Los incondicionales eran los duefios del coto e imponfan su criteria y sus desmanes. La burocracia campaba por SUS respetos. No habia ley para quien militara en tiendas diferentes. Mientras los incondicionales eran los «dueiios y se· iiores,., tambien habfan hecho magnfficas relaciones oficiales en ·Madrid, imponiendo sus condiciones politi-

1 Rafael Arrigalla. - Escrito en 1916. 2. Manuel Martinez Davila. - 1916. 3 Tomas Carri6n Maduro. ~ Sobre Luis Munoz Rive1'a..

queras, que indudablemente les· daban seria,, ventajas sobre los demas. El caos era tal en la tropa autonomista, que un delegado, durante la Asamblea del Partido en Ponce, alla para marzo de 1896, propuso la disoluci6n del Partido. Munoz se opuso en un vibrante discurso y salv6 la colectividad, a pesar de que con ello la situaci6n no mejoraba las condiciones de vida del autonomismo como agrupaci6n directora en la opini6n publica. Trans· curri6 un tiempo en incertidumbres. Munoz se decidi6 por la disoluci6n en la Asamblea celebrada en San Juan el 19 de abril de 1896. El asunto fue puesto a debate. Munoz fue derrotado abrumadoramente. Rubric6 su derrota con esta frase lapidaria: « Y bien; llegaremos sangrando a la cumbre, pero llegaremos.» E.1 pr6cer sabia lo que decia; parecfa que leia el porvenir o adivinaba, poseido de facultades superiores, los secretos arcanos que respondfan sensibles a su adivinaci6n. ' «Alea jacta est», la suerte estaba echada. En el 1890, Munoz incit6 al pacto. El autonomismo, en orfandad representativa desde Madrid, no podfa enfrentarse al incondicionalismo armado suficientemente. Munoz se dio· en convencer a un grupo de hombres para lograr el pac_to. Por fin Matienz.o Cintr6n, presidente del Autonomismo, qued6 convencido. Cit6 a una Asamblea e:xtraordi· naria del Partido y gan6 la propuesta de M~oz. La Comisi6n sali6 para Madrid a pactar con Sagasta. Iba compuesta de G6mez Brioso, Matienzo y Mu· ii.oz Rivera. Su frase aquella en un momenta diffcil iba madurando en una realidad imperativa: «Llegaremos sangrando a la cumbre ... • :£sta fue· una de las jornadas mas exitosas del hijo de Barranquitas. Munoz alcanz6 Uno de SUS mas robustos triunfos polfticos con la aceptaci6n y firma del pacto. Su capacidad caudilla qued6 totalmente reconocida ; pero su esplendor qued6 un tanto empaii.ado con la retirada que hicieron de las filas d.el Partido el brillante paladin y luchador doctor Barbosa: Manuel F. Rossy, Santiago Veve Calzada, Sans::hez Morales y otros. La despedida 'del grupo estuvo matizada de preocupaci6n. El doctor Barbosa anunci6 su retirada con estas palabras: «Yo me llevo a mi casa la bandera del autonomismo puro. No · quiero mixtificaciones. Allf en mi coraz6h, ta guardare inc6lume.• · El Partido Autonomista al incorporaise al Partido Liberal de Sagasta tom6 el nombre de Partido Liberal, y qued6 bajo la jefatura de Mufioz Rivera. Su lucha era titanica, pero su posici6n polftica cada dfa era mas fuerte y decidida. De el podemos decir como dijo Carri6n Maduro: « Estaba metido hasta el cuello en la polftica, que nunca le manch6 porque su tlinica era el honor.» Cuando Sagasta lleg6 al poder, Puerto Rico alcanz6 el reconocimiento pleno de sus afanes, de sus luchas, de sus desvelos en la autonomfa, cumpliendose asi lo acordado en el Pacto con Sagasta.

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Y fue ello el triunfo de un hombre de fe inconmovible, a quien Dias le permiti6 la bondad de servirle a su pueblo con ejemplar desempefio de una vida limpia. «El primer heroe que el pueblo reconoce universal. mente es un heroe civil. Y es hello que la conciencia colectiva de un pueblo arranque de una pluma y no de un sable.» 1 ' tVisi6n, taumaturgia, suerte, premonici6n? Llamese coma sea; fue la suprema realidad gozada por un pueblo despues de cuatrocientos afios de vida civilizada; Fueron las manos de su hijo ilustre las que recibieron el galard6n - aquel jibaro sencillo que en el torbellino ardoroso de la pelea campal, le pedia a su rio murmurante:

~ Luis Muiioz Marin en su introduccl6n a las Obras ComM pletas de Luis ·Munoz Rivera. - Torno 1. - Campaiias. PoUticas.

Si mi destino aborta y torno a demandar calma y olvido,

. f!reservards en tus riberas pias el sitio que solias a la· altivez estoica del vencido? No podia ser vencido quien ha cargado como escapulario el aliento \ que sostiene, la fe que salva y la intenci6n que escuda. lGan6 el, po~tico o el p~triota? Ambos, y entre los dos, tambien el orador, el poeta y el periodista. Queda contestada la interrogante. Ganaron todas y cada una de SUS mwtiples fuerzas, todas y cada una puestas al servicio de la patria, sin servilismo ni apostasia. No gan6 Mufioz Rivera. Gan6 la patria; la patria de Betanc~s. de Matienzo, de Brau, de todos las humildes y de todos encopetados, de todos los hijos de Dios sabre la tierra puertorriquefia, Barranquitas, julio 1959.

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Muiioz Rivera y la juventud Por MIGUEL MEu1NDEZ MUNOZ

LAS GRANDBS VIRTUDES QUE DIFERENCIARON E NTREMufioz Rivera, que no enjuician sus muchos bi6-

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grafos, tal vez por la privacidad de su discreto intimis¡ mo, pasa inadvertido su amor y su preocupaci6n por la juventud. Su constante desvelo acucioso por su pro. greso intelectual y moral. 1 No fu~ nunca el hombre maduro, conductor vidente y honesto de su pueblo, amado y seguido por el, en el lapso de su fecunda y agitada existencia, que contemplase, desde la cima de su prestigio, con altanera superioridad, a los jovenes en el verdor y la florescencia de sus inquietudes intelectuales, contemporaneos con sus actividades polfticas. Poseia la rara facultad para descubrir a los j6venes que pudiesen descollar, no solo como posibles colaboradores de su ideario politico, sino que fijaba su atenci6n perspicaz, con visi6n certera, en los escritores y poetas noveles que... prometian, como se decfa entonces. Los animaba, los estimulaba para que, las promesas, fructificasen en positivas realidades para prestigio y gloria de nuestra cultura. La Democracia no fue un mero y exclusivo portavoz de sus ideales politicos - vocero de su propaganda, organo polemico para la exposici6n y la defensa de sus programas de gobiemo...-En sus paginas acog:ia su ilus- , tre director las colaboraciones de escritores y poetas j6venes,_que se propusieran dialogar con nuestro pueblo. No en la estricta exposicion de manifestaciones politicas, o en la adhesi6n incondicional al lider maximo, sino en funciones creativas: cr6nicas literarias, cuentos, novelas cortas, juicios criticos sobre obras de escritores puertorriquefios y extranjeros, y poesias de todo genero. En este aspecto La Democracia mantuvo en la primera epoca de su publicaci6n y, a veces, en su segunda en Caguas y San Juan, una secci6n que se intitulaba ORO NATIVO, si publicaba versos de poetas puertorriquefios; ORO VIEJO, si insertaba poesias de au tores cla¡ sicos espafioles o extranjeros, traducidas a nuestro idioma. Si Mufioz Rivera fue el primer periodista de su tiempo, no superado aim, era, asimismo, literato de prosa original, fluida y concisa.

La politica que lo elev6 a la cumbre del amor y la devoci6n, casl fanatica, de nuestro pueblo, en cuya altura sufre la agonia personificada en el Sisifo de su poema, nos malogr6, en parte, al escritor que pudo enriquecer el tesoro de nuestra cultura con las gemas de su talentb. Porque si en la poes:Ca logra situarse en la posici6n cimera que ocupan nuestros mas grandes liricos, lcuantas obras literarias: cuentos, novelas, dramas, pudo habemos legado? En este Ultimo genero lo intent6 una vez y dej6 clara y definitiva constancia de su genio literario. Y como testimonio fehaciente de esta capacidad suya, observese que fueron literatos, tanto como periodistas, aunque ejercieran esta disciplina en su labor cotidiana: Mariano Abril, Luis Rodriguez Cabrero, Eugenio Astol, Matias Gonzalez Garcia, Rosendo Rivera Colon y otros de sus colaboradores. En los UJ.timos afios de su vida establece en La Democracia una secci6n literaria con el titulo NtJESTRA GENTE. En ella colaboran Luis Llorens Torres, Nemesio Canales, Miguel Guerra Mondrag6n, Evaristo Rivera Chevremont y algunos mas. Permftaseme que en el centenario de su natalicio, que celebramos ahora 1 refiera una anecdota de las muchas en que fue protagonista, haciendo gala siempre de sli retentiva excepcional. Cuando ocurre mi primer enctlentro con Mufi.oz Rivera no podfa presentir que pudiese reconocerme, que se acordase de quien era yo y ... de donde procedia. Ya me hab:Ca concedido la atencion de contestar las cartas que le escribia, enviandole mis articulitos para La Democracia. Y fui a visitarle un dfa en la redacci6n de su peri6dico, en la calle de San Francisco. Llevaba los orlginales de una serie . de artfculos que hab:Ca escrlto con el t:Ctulo de Rapsodia Econ6mica... nada menoi.. En aquel mamotreto trataba, con tonos muy sombrios y con proyecciones derrotistas, la situaci6n que, por cierto, era bastante critica, de los terratenientes con un mercado muy pobre y limitado para la demanda de sus productos agricolas. Entre en la redacci6n de La Democracia. En un salon de dimensiones regulares se hallaban, ante sus escritorios, dos sefiores. Salude timidamente. Uno de ellos me conocfa: era Mariano Abril.

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Contest6 a mi saludo, y me dijo: -lVienes a ver a Mufioz? -SL. si es posible ... si se puede - dije yo. -lC6mo no? Entra. Y "me indic6 una habitaci6n, incomunicada del sal6n de redacci6n par una pequefia puerta de cristales. La empuje atemorizado. Mufioz Ri¡ vera escribia en su escritorio. Al notar mi presencia encogida, azorada, levant6 la vista hacia mi. Se sonri6 y, con acento afectuoso, me dijo: -Entra, entra muchacho. Tu eres hijo de Conchi¡ ta, lVerdad?

-Si - murmure, confundi.do. -lTe extrafia ... ? El tiempo pasa demasiado rapido. Tu eras un nifio cuando yo pernoctaba en la gran casona de mi tio, Miguel. Mufioz Barrios, tu abuelo. En ella descansaba. Y, al dia siguiente, segufa viaje para Caguas en un caballo que el me facilitaba. De alli a San Juan ... No estaba terminada la carretera que comunicaria a Cayey con Caguas ... .(Que traes? Dejame ver. Vas progresando. Me satisface mucho.

MIL!.SJACllTI

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El periodismo lirico de Luis Muiioz Rivera Por

LUIS MUNOZ RlvERA, AQUEL JOD ESDBvenBARRANQUITAS lfrida, cuando todavia era arbol tierno que empezaba a gallardear, defendia con su poesfa las libertades de nuestra amada Isla, conocedor del sagrado principio que solo Se llega a todas partes por el Camino seguro de la estricta nacionalidad, que aqui crecia y crece todavfa en el eterno subsuelo de dolor. Cuan mucho le debe Puerto Rico a aquella afici6n de Luis Mufi.oz Rivera por la poesia. De la fragil leyenda extrajo la ernoci6n de realidad ; de la historia escrita torn6 la reveladora inquietud de las vibraciones humanas, y por un proceso que pudieramos Harnar de alquitararniento conserv6 integra la vibraci6n de la epoca y del espiritu. En el, la vieja estirpe iberica retorna fragante y vigorosa, rnagnifica de generosidad y heroisrno, arrogante en la defensa de sus libertades, y fl.el a sus tradiciones. Jamas nuestra indefensi6n, nuestro coloniaje, nuestra tragedia, fue tan bien expuesta. Su obra Tropicales es un verdadero registro de todas las emociones que forman la vida y pasi6n de un poeta que s6lo vive para el canto. Su modo progresista de pensar lo llev6 ternp•ano a las filas liberales-aut9nornistas. Asi fue de Baldorioty de Castro, prirnero el admirador, mas luego SU seguidor y a la rnuerte de aquel su sustituto, para seguir luchando, como el noble maestro, por nuestras libertades, por nuestros valores morales y espirituales, por nuestras tradiciones. Para luchar, en suma, por la verdad y la justicia. Para tan alto y patri6tico cometido, fund6 el dia 1.0 de julio de 1890 el peri6dico La Democracia, en Ponce. Aqui transparecen en los instantes rnejor logrados de una prosa rnaciza, elegante y airada, enardecido contra aquellos que pretendian irnponer a trayasos su ornnimoda voluntad. La Democracia silenci6 al poeta de Ba-" rranquitas. El que fue un excelso poeta, acab6 por transformarse en el politico, en el hombre de acci6n, en el literato profesional y laborioso que ha de trabajar pro pone lucrando. Qued6 SU libro en versos que es, en parte, un verdadero registro de todas las emociones que formaron la vida y la poesia de un poeta que s6lo vivi6 para el canto. Pero es bueno recordar que se advertia siernpre en su decir en la ·tribuna, en sus pr6logos, en

Jos~

s.

ALEGRfA

su correspondencia, en sus cr6nicas y en su prosa periodistica, que su pepsarniento politico lo habia formado en su poesia, desde Varsovia (1882) hasta Mens Di· vinior' (1902). Su prirnera poesia, Adelante, aparece publicada en El Pueblo, de Ponce (1882) evocandola, en junio 21 de 1883, decia a Lola Rodriguez de Ti6: «Race poco mas de un afio publique en El Pueblo mi prirnera poesia; desde entonces la indulgencia de los maestros en el divino arte de Apolo me ha proporcionado el placer de escuchar frases de encornio pronunciadas por labios muy autorizados, Braschi, Padilla, Dominguez, Vargas, Acosta, Fernandez Juncos, Velazquez, Arny, Corchado, etcetera, me alentaron con su aprobaci6n». A principios de 1884, publica su valiente cornposici6n Varsovia. He aqui parte de aquel editorial lirico que, de haberse escrito en prosa, hubiera llevado a Munoz Rivera a la carcel:

Amanece: el motin, implacable en sus iras, frenetico estalla; se confunden en recia batalla los hijos del pueblo, los siervos del rey; de alaridos se llena el espacio; roja sangre en las calles humea; i:quien saldrd victorioso, la idea o el hombre que a tiros impone su ley? Hay que reconocer lo relevante de la poesfa en el desarrollo de nuestro problerna politico. Baldorioty de Castro, Mufi.oz Rivera y De Diego representan el mero trivalente que levanta el espiritu de lucha de nuestro pueblo. Pero hablernos de lo que por plurnas mas valiosas que la rnia, ha de cornentarse en el futuro y ha de llamarse el periodismo ·lirico de Mufi.oz Rivera. Lo llarno asi, porque su poesfa altisonante no es otra cosa que grito de protesta, exaltaci6n patri6tica, demanda de Ii· bertad y de justicia. A periodista alguno, durante el regimen de Espana, se le hubiera ocurrido escribir un editorial en que apareciera el decir y el sentir que con toda desnudez se expresan en su poesia Nulla Est Redemptio (1889).

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En esta roca tropical nacido, jamds pense que el infeliz colono su propia dignidad diese al ot\Jido. Sufrir de algun jerarca el duro encono, llevar a los altares su primicia y sus tributos a los pies de un trono ,· sentir que su fortuna se desquicia,que hasta el rustico albergue campesino tienden su zar12a el dolor y la codicia, es del ilota el misero destino: el 'SOporta la inmensa pesadumbre, y recorre, indolente, su camino. ; Sumisa y desdichada muchedumbre que en servil ignorancia vive y muere, por voluntad, por miedo, por costumbre se posterna ante el braw que la hiere ! Pueblo que el triunfo a la humildad confia, ni libre ser ni respetado espera. Lola Rodriguez de Tio recuerda en carta suya que una noche en que se leian estos versos encendidos de protestas y patriotismo en una de las tertulias de su casa, el doctor Dominguez exclam6: «Esos versos son muy peligrosos». No lo eran para quien jamas temi6 a nada ni a nadie.

Quia Nominor Leo (1896), que dedica al pueblo es· pafiol, es su mejor editorial en poesia: Eres fuerte: las viejas tradiciones dan firme base a tu poder sombrlo y se extienden tus belicas legiones como las aguas que desborda el rio. Cuando las pobres islas que sujetas bajo el pie, se revuelven y amenazan, formtindose a comptis tus bayonetas cerco de hierro a sus instintos trazan. Eres noble: conservan "tus museos en cien cuadros el brillo de tus glorias, y en tus parques agrupas los trofeos · de cien combates y de Cien victorias. Pero cierras los ojos y. obstinado sigues tu marcha en el erial oscuro, cu al si los grandes triunfos del pasado pudieran resp~nderte del futuro. Y olvidas, manteniendo a la colonia bajo la punta de tu espadd recia, como existieron Grecia y Macedonia,como cayeron Macedonia y Grecia. Y llegamos a El Paso del D¢spota, una serie de com· posiciones coherentes en las que el poeta desafia todos las peligros de aquella epoca que llev6 a ilustres COID· patriotas a los calabozos de El Morro, y a cientos de puertorriquefios a sufrir. injurias, persecuciones, atro· pellos y serios y fieros castigos corporales en carceles · y cuarteles. Ante aquella infame conducta tolerada y alentada par el general Romualdo Palacios, el mas encamizado enemigo de Puerto Rico y de la madre Espana, a la que deshonraba aqui haciendonos vivir una esclavitud polftica sin rescate. Muiioz Rivera, desde las alturas de Barranquitas arranc6 a SU lira de poeta las mas duras notas de condenaci6n y de altivez patri6tica : Plus Quam

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Civilia Bella, Minha Terra, Cuba Rebelde, Turba Multa, Alea Jacta Est, Judas, El General, Abismos, Patriota., Profecia, Himno y Parias, septiembre-o'ctubre 1887, s6lo eran la condenaci6n y la protesta para ser lanzadas por aquel patriota sin miedo y sin tacha. Aqui, en estas cuartillas, seria impropio insertarlas todas y vamos a concretamos dando como muestras al· gunos fragmentos de ellas que todavia al leerlas, nos soliviantan el espfritu.

PLUS QUAM CIVIL/A BELLA La soldadesca impone, beoda y turbulenta, el btirbaro suplicio con furia criminal,' la ley es humo leve que arrastra la tormenta,el pueblo pobre acacia que dobla el vendaval. Se Urman de inocentes los negros calabows ,' se acusa en el tormento la victim a infeliz se escuchan por doquiera gemidos y sollozos, y todos ante el despota inclinan la cerviz. TURBA MULTA Bajo los anchos pliegues de una bandera invicta en Arapiles y en Cerinola, una turba se ampara tosca y logrera, hija degenerada de la altanera raza espanola. Gente que audaz persigue lucro mezquino; que en altos ideales su afdn escuda,que siembra odios eternos en su camino" que de climas remotos hambrienta vino, pobre y desnuda, y hoy que sus ricas tiendas aqul levanta del colono pretende mofarse impla; contemplar en el tajo nuestra garganta y hacer que en nuestra tierra fije su planta la tirania. Esos no representan al pueblo hispano noble, viril, altivo, franco y sincero, convertido, a esta margen del oceano, en mont6n de burocratas, rudo, inhumano, torpe y artero. Monton a quien los parias rinden tributo; que en exitos menguados te pavoneas; I que de tu negra infamia logras el fruto en dias tempestuosos de sangre y luto ! i Maldito seas I EL GENERAL Mirad: frente por frente se divisa al viejo capataz de la mesonada,ni un pliegue de bondad en su sonrisa; ni un destello de luz en su mirada. Alma siniestra ,' rostro abotagado; labia en un gesto de des den caido; el corazon a la piedad cerrado y a la doliente suplica el oido. Tiene en la diestra el rayo que calcina; tiene en . el alma el odio que envenena" tiene a sus pies un pueblo que se inclina y arrastra, murmurando, su cadena, en tanto que del torpe libertino solo cede la colera sombrla,


al inf lujo magnetico del vino y al sopor humillante de ' la orgia. Alla, sobre las cumbres de la sierra, con sus turbas de ilotas y reptiles, para dictar SUS ukases se encierra entre nubes de sables y fusiles. Miedoso de la fiebre vengadora plant6 su tienda lejos de los mares, y abri6 como una caja de Pandora, el cofre de sus juicios militares. Inquisidor, a sus es}Jirros manda que a los hombres apliquen la tortura y caigan en los pueblos como banda negra y f eroz a la que el hambre apura. La Marsellesa (1889) y Sisifo (1898) son la protesta y el desesperado esfuerzo encubierto en el verso. Estoy -por creer que los espafioles del gobierno, tan admiradores de la bravura y del gesto heroico y sabedores que cada puertorriquefio de aquella epoca era un nieto del Cid y un en parte, aunque pequefia, de ese Don Quijote que encarn6 en America y en America se multiplic6, dejaban que Mufioz Rivera expresara en verso su protesta y su sentir patri6tico. Esa actitud tµvo su compensaci6n. Cuando fue relevado el odiado general Palacios, asumi6 la gobernaci6n el general Contreras y fue Luis Mufioz Rivera quien, por encargo de la juventud puertorriquefia, escribi6 sus magistrales versos de despedida al noble y humano gobernador que se marchaba despues de mas de dos afios de gobernaci6n, cuya «mano tremolara por doquiera de la ley el magnifico estandarte, y Themis reparaba, justiciera, la sanguinaria ofuscaci6n de Marte»,

Mufioz Rivera fue un gran poeta en sus versos y en su prosa porque sabia que no cab~ encontrar excelencias en la novedad cuando esta se aparta deliberada· mente de los modelos eternos. La poesia es el elemento propio y la esencia del lenguaje, y el lenguaje es una realidad esencialmente poetica. Y no debemos olvidar que la onda cordial de una nueva conciencia solo puede brotar de las liras y que en nuestro Puerto Rico jamas la vida politica y la espiritual se desarrollaron separadamente. A nuestro gran poeta qtie hoy honra Puerto Rico, le toc6 vivir un mundo tragico en el que bregaban confundidos crepusculos y auroras, dos credos - americanizacion y puertorriquefiidad; dos razas, hispanica y anglosajona; dos civilizaciones, la norteamericana, que llego con el Mayflower, a Plymouth cien aftos despues de la fundacion de nuestra ciudad de San Juan, y la que nos vino en las carabelas de Colon con la cruz, con la gramatica de Nebrija y con el Fuero Juzgo; dos lenguas, la del corazon y la del convencionalismo. Mufioz Rivera, que en gloria este, nos salvo de esta concrecion, ensefiandonos la brega sentimental con el pasado, porque todo nuestro sentir, no importan las disciplinas, ha de encauzarse dentro de una tradicion historica. Y cuando nos falten fuerzas para la brega con este presente que vive nuestra patria, iremos a esa montafia de Barranquitas y ante su tumba llamaremos al hermano:

Amado maestro, tu que en los alcones De tu campo duermes el suefio sereno Bajo el manto etern<> de las frescas flares ... Retorna a nosotros como el Nazareno.

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Munoz Rivera, en la caricatura

La figura de Munoz Rivera, sus pronundamientos y actividades pollticas, quedaron registradas frecuentemente en carlcaturas publicadas en los diarios y revistas de Puerto Rico. Esta pagina recoge varias de esas caricaturas, firmadas por Cyro, Mario, Momo y otros destacados dibujantes de la epoca.

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'' EL GALLO DE BARRANQUITAS"

Y en esta apostura y de esta manera

al toro se""embiste, se mata la fiera.

1:1

IU&R 80110

EL PRESIDENTE: ;.Ha eido Ud. proceeado alguna vez, eeiior Muiioz Rivera? MUNOZ RIVERA:-Cuarenta y doe vecee he eido prooesado, y eiempre por el delito de bacer pattia, lo miemo que abora, senor Presidente.

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5.000 cjem. -Deposito Lc~al B, 3343-1959 ' Printed in Spnin


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