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Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

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Manuel Abreu Adorno


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DEL INSTIIUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Luis A~rait. Presidente José Rovira Sánchez Rafael David Valentín Virgilio Monsanto Díaz EIsa Tió

Carmen Solá de Pereira Ismael Rodríguez Bou Enrique Laguerre Francisco Lluch Mora

Director Ejecutivo: Elías López Sobá Directora de la Revista: Marta Aponte Alsina Secretaria de la Revista: María Esther Colón Este número comenzó a preparse bajo la dirección de Juan Martínez Capó Apartado 4184

SAN JUA

DE PUERTO RICO

Núm. 89

ArirO XXIV

1985 JULIO-SEPTIEMBRE SUMARIO CUENTO Vivir del cuento Por Manuel Ramos Otero

1

ENTREVISTA Fuego y Canto 11: Conversaciones con Clemente Soto Vélez. Por Marithelma Costa 1, HISTORIA Ponce, comienzos de su urbanismo hasta 1898 Por Carmen Ada Rivera de Figueroa .... 15 ARQUEOLOGIA La arqueología de las cuevas de Puerto Rico Por Ovidio Dávila ISLA LITERARIA Tiempo literano La poesía de Francisco Hernúndez Vargas. In memoria m Por Manuel de la Puebla

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La poesía como recuperación en Josemilio González Por Violeta López Suria 31

Reevaluación Tatas sobre el estado actual del ensayo en Puerto Rico Por Marta Aponte Alsina 35


Crítirn general La noche oscura del niño Avilés (La subversión de la historia) Por Rubén Gcnzález 39

LENGUA Habla vulgar, había coloquial, habla culta Por Manuf'1 Alvarez Nazario 45 TEATRO Ludwig Schajowicz en el Departamemo de Drama de la Universidad de Puerto Rico. Impresiones Subjctivas de un recuerdo Por Victoria Espinosa 49 VIAJES Una visita a Santander Por Mari.e:loria PQl111A

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TESTIMONIO Julio Cortázar: Las claves misteriosas de algunos. encuentros y desencuentros Por Manuel Abreu Adorno 57 POESIA Un día me quedé solo Por Ricardo Cobián 63 El deseo Por Néstor Barreto Sobre el mediodía Por Obed-Edom

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fifi

El lagartijo, las alas y la luz Por Jan Martínez .•.................... 68 Fiesta de máscaras en Hatillo Por Olga Nolla

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Bibliografía Puenorriq ueña 1984-con tin uación Por Juan Martínez Capó

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Portada e ilustraciones: Félix Cordero Separata: José C.ampeche: Kx-Voto de la Sagrada Familia Retratos de Colaboradores: Efraín Garda Osario La publicación de un artículo, comentario, poema, cuento o reseña no significa que el Instituto de Cultura Puertorriqueña se solidariza con los puntos de vista expuestos por el autor. Los costos de este proyecto se han sufragado parcialmen te con el apoyo de la "National Endowment for the Arts"

Impreso en República Dominicana Printed in Dominican Republic ©1985 Instituto de Cultura Puertorriqueña Aparece trimestralmente Suscripción anual. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. $6.00 Precio por eiemplar . . . .. . . . . . . . . . . . .. . .. . .. .. . .. $2.00 (Apphcauon for second cJass mail privilege pending at San Juan, Puerto Rico) ISSN: 0020-3815 DEPOS\TO LEGAL: B. 3343-1959 Impreso en Editora Corripio Santo Domingo, República Dominicana Composición y diagramación: Novograph


COLABORADORES


MANUEL ALVAREZ NAZARIO. Lingüista y ensayista puertorriqueño. Nació en Aibonito en 1924. Ha publicado, entre otros trabajos fundamentales para el estudio de la lengua, los siguientes libros: El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico; El arcaismo vulgar en el español de Puerto Rico y La herencia lingüística de Canarias en ~uerto Rico.

VICTORIA ESPINOSA. Hizo su especialización en Teatro en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, bajo la dirección de Leopoldo Santiago Lav~ndero y del Dr. Ludwig Schajowicz, de 1945-49. Luego, como profesora en ese departamento, impartió varios cursos de drama. Para los Festivales de Teatro que auspicia anualmente el Instituto de Cultura Puertorriqueña desde 195'8. ha dirigido entre otras muchas, Los Soles Truncos de René Marqués. De 1964-1969, hizo su doctorado en Tea tro con Mención Honorífica en la Universidad Nacional Autónoma de México, con la tesis, El Teatro de René Marqués y la representa: ción de su obra Los Soles Truncos. De regreso a Puerto Rico en 1969, vuelve a dirigir para los Festivales de Teatro y tambi~n para grupos particulares. Para el Teatro Rodante Puertorriqueño de Myria m Colón dirigido en 1982 en Nueva York, Flores de papel de Eg-on WoH, El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín y El retablillo de don Cristóbal, ambas de Federico García Larca. En estos momentos dirige la Oficina de Fomento Teatral del Instituto de Cultura Puertorriqueña e imparte el curso de Dtrección Escénica del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico.


MARTA APONTE ALSINA. Nació en Cayey, Puerto Rico. Ha publicado rese· ñas de libros en periódicos y revistas y los siguientes ensa yos críticos; N atas para un estudio ideológico de las novelas de Manuel lena Gandía(Sin nombre, 1979); Póstumo interrogado: relectura de Tapia (Edición conmemorativa. Universidad del Sagrado Corazón, 1982); Lectura cTÍtica del Parque Central de Bayamón (Ediciones Islabón. 1985) YLos Códigos de la isla (Plural. 1985). Ha recibido varios premios literarios en los géneros de cuento y ensayo.

RlJBEN GONZALEZ nació en Santurce. Puerto Rico. el26 de noviembre de 1952. Se doctoró en Gainesville. Florida (1981) con una disertación sobre la poesía puertorriqueña de los años sesenta y setenta. Enseña en la State University of New York. üld Westbury. Prepara un libro sobre la nueva poesía puertorriqueña.


OVIDIü DAVILA. Nació en Coroza!, Puerto Rico. Realizó estudios en la Universidad de Puerto Rico, donde obtuvo el grado de Bachiller en Antropología con Honores. Prosiguió estudios de postgrado en las universidades de Kansas y Vale, en los EE. UU., obteniendo luego la Maestría en Estudios Puertorriqueños con especialización en Arqueología. bajo la dirección del Dr. Ricardo E. Alegría, en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Actualmente es candidato al grado de Doctor en Historia, con mención en Arqueología, en la Universidad de Valladolid. Desde 1974 trabaja para el Instituto de Cultura Puertorriqueña, habiendo realizado una destacada labor en términos de investigación arqueológica. Ha publicado numerosos ensayos y artículos monográficos sobre arqueolo~ía e historia postal en revistas y publicaciones científicas de Puerto Rico y el extranjero.


MANUEL DE LA PUEBLA es un poeta y crítico español radicado en Puerto Rico, en cuya Universidad obtuvo el título de doctor con una serie de estudios sobre literatura hispanoamericana. Desde 1965 es profesor en la Facultad de Humanidades, de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, donde imparte cursos graduados y subgraduados. Es el fundador y director de la revista Mairena. Entre sus publicaciones: Unos apuntes líricos, No es desamor tu viaje, La poesía militante puertorriqueña. Es editor de La poesía actual del mundo hispánico, Julia de Burgos, Francisco Matos Paoli poeta esencial, Poesía Joven en Puerto Rico. En colaboración con Marcos Reyes Dávila ha publicado: Poesía Universitaria, Poesía Puertorriqueña 1982, Poesía Puerto·· rriqueña 1983.

VIOLETA LOPEZ SUKIA. Prolesora universitaria. Varios de sus poemarios aparecen en Antología pohica, puhlicada por la Editorial Universitaria en el 1970. Autora de Obsesión de heliotropo, cuentos, 1960, Argénida supzste poemas, 1984. Tiene. inéditos: La ropa o el cieno, 1985 y Para tocar la voz, 198q.


MANl EL RAMOS OTERO naClO en Manatí, Puerto Rico, en 1948. Ha publicado un libro de cuentos, Concierto de metal para un recuerdo y otras orgías de soledad (1971), una novela, La novela· bingo (1976), Yun libro en el que alternar el cuento y ('~ relaLO: El cuento de la Mujel del Mar (1979). También acaba de publicar un libro de poesía: El libro de la muerte (1985). Ha recibido varios premios de cuento del Ateneo Puertorri queño y de cuento y poesía de la Revist Sin Nombre. Ha sido traducido al inglés al francés y al alemán. Tiene un libro inédito de cuentos, titulado Página en blanco y staccato, al cual pertenece Vivi1 del cuento. Hace 17 años que reside en 1, ciudad de New York.

MARITHELMA COSTA. Nace en San Juan de Puerto Rico y estudia en la Universidad de Puerto Rico, en la Autónoma de Madrid, y en la de Columbia. Actual-


men te prepara su tesis doctoral sobre poesía española medieval en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Su primer libro De tierra yagua editado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña se publicará próximamente. Prepara un segundo poemario, De imago mundi, una colección de relatos, Entre azul y buenas noches y una colección de conversaciones con crí ticos-escri tores, ] ano escribe. Enseña en Lehman College de la Universidad de Nueva York.

CARMEN ADA RIVERA DE FICUEROA. Escritora y profesora universitaria. Nació

en Ponce, Puerto Rico. Ha publicado ensayos sobre temas de arte y arquitectura en revistas locales y europeas. Es autora del libro Architecture for the Tropics: A Bibliographical Synthesis (Editorial Universitaria, 1980). Es profesora en la Universidad de Puerto Rico.


RICARDO COBIAN. Poeta y crítico. Nació en 1952 en La Habana, Cuba. Desde los ocho años reside en Puerto Rico. Ha publicado trabajos en revistas y antologías del país y el extranjero. Tiene impresos dos cuadernos: En víspera de todos nosotros (1976) y Caminante adjunto (1981). Bajo el sello de Ediciones Islabón publicó en 1984, el poemario Estrellas y prisioneros. Es presidente del Cí rculo Martiano de Puerto Rico y Director Ejecutivo del Comité del Sesquicentenario de Eugenio María de Hostos, adscrito a la Universidad de Puerto Rico.

NESTOR BARRETO. Nació en Santurce, Puerto Rico. el 24 de mayo de 1952. Es diseñador publicitario y editor. Dirige Quimera Editores, empresa fundada con la publicación de Eva Romances, seudoromances y seudo-seudoromances metropolitanos. Sus poemas se han puhlicado en Alicia la Roja y Reintegro (Revistas), Claridad, El Mundo, El Reportero (Dia'ios) y en Herejes y Mitificadores de Rafael Rodríguez y Efraí n Barradas.


OBED-EDOM, puertorriqueño (1957). Cursó estudios de Filosofía en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Su poesía ha sido publicada en revistas. antologías y periódicos nacionales: Reintegro, Plural, Poesía joven en Puerto Rico (Mairena, 1981), periódico El Mundo, semanario Claridad, entre otros. Colabora frecuentemente con los periódicos del país mediante artículos y entrevistas sobre asuntos culturales, tales como arte, teatro, música y poesía. Ha desempeñado labores de edición en la Editorial de la Universidad de Puerto Rico y de editor y redactor en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Actualmente es el Editor de Noticias Internacionales del diario EL REPORTERO.


MARIGLORIA PALMA. Nació en Canóvanas. Puerto Rico el 6 de septiembre de 1921. Ha publicado 22 libros: once poemarias. dos novelas. l libro de cuentos, 4 libros para niños. 3 obras de teatro, 1 libro de folklore. Con su primer libro de versos Agua Suelta, recibió el primer premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. 1942. En 1966 su poemario San Juan entre dos azules. fue galardonado con el primer premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. En 1974 su novela de ambiente norteamericano Amy Kootsky. recibió el primer premio Damas Cívicas. Su libro Teatro para niños. recibió el mismo premio.

MANUEL ABREU ADOR 'O. Narrador y poeta . puertorriqueño. Nació en San Juan en 1955 y falleció en París en 1984. En 1978 vio la luz su libro de cuentos Llegaron los hippies (Ediciones Huracán). Se han publicado poemas y cuentos suyos en periódicos y revistas de Puerto Rico y el extranjero. Próximamente se publicarán su novela No todas las suecas son rubias y un poemario inédito.


JAN MARTINEZ. Nace en 1954. Puertorriqueño. Autor del poemario Minuto de silencio (1977). Ha publicado poesía en revistas como Palestra. Reintegro. Mairena. Renacimiento. Amaneceres. Ventana (de cuya Junta Editora fue miembro) y Ambito. Es uno de los poetas antolo~a­ dos en Poesía Di. Antología de la sospecha, de Joserramón Mel{·ndes. umerosos artículos suyos han aparecido en el periódico El Mundo. del cual es colaborador. Actualmente reside en 'ueva York y enseña en Lehman Colle~e.

OLGA NOLLA estudió Ciencias Bioló~i­ cas en Manhattanville Colle~e of the Sacred Heart, White Plains, ew York y obtuvo una maestría en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fundó y diri~ió, junto a Rosario Ferré, Waldo L10reda y Luis César Rivera, la revista literaria Zona Carga y Descarga y fue coordinadora de la revista feminista Palabra de Mujer (1977). Ha trabajado en periodismo (El Nue,lo Día. Prensa l.ibre) y como guionista y productora de los pro-


gramas de. Humanidades 101 y 102 Ylos programas Stepping Stones (Educación Bilingüe) del Canal 40. Actualmente se desempeña como profesora de Humanidades y Español en la Universidad :\Ietropolitana de la Fundación Ana G. Méndez. Ha publicado 4 poemarios: De lo familiar (1973); El sombrero de plata (1976); El ojo de la tormenta (1976) y Clave de sol (1977).


Vivir del cuento POR M\l'\I't:1. R;\;\IOS OTERO

"Ml' di cun¡fa qul' su t'O: l's/aba hecha de hl'bras humanas. que Sil boca tenía dítm/t's \' una Il'n~ gua qul' se trababa)' destrababa a/ hablar. )' que sus ojos eran como todos los ojos de la gel/te que t'it'e sobrt la tínra ". -Juan Rulfo- e

ME LL;\:\IO

:\IO~SERRATE AIXARE7. " ~.\CI POR El.

1895. en un barrio de ~Janatí llamado la Florida que ahora me han dicho que es pueblo. Primero me jodieron por mestizo. después por puertorriqueño. y luego por esa cuestión que llaman ciudadano americano. En resumidas cuentas. que siempre he estado jodio por pobre. De Puerto Rico 110 recuerdo nada excepto una quebrada. una finca de plátanos y panapenes. unas sopas de guinea y uatro hermanos que murieron de raquitismo. de paludismo, de lombrices. Hace más de treinta años que \'i\'O aqui, en :\Iolokaí. con los leprosos. Llegué a Hawaii con el segundo embarque de puertorriqueños que trajeron para trabajaren las plantaciones. por allá por el 1901. Mi madre y yo fuimos asignados a una plantación de piñas en la Isla de Oahu; mi padre logró escapar en Los Angeles, antes de que nos metieran al barco. y hasta el sol de hoy. Esperamos la llegada del ,-iejo por más de cinco años. pero Flor María (siempre llamé a mi madre por su nombre) nnalmente se amancebó con un peón italiano de un cañaveral de Wahiawa. Flor María nunca quiso aprender inglés y el italiano era gente, Después de todo, seis brazos de esdavQ'; trabajan mejor que cuatro. Empel.amos recogiendo piñas y terminamos cortando caña. de sol a sol. hasta que ~ no<; venció el contrato. Después, el • DI: 'u "o\"l'la Iilul:ula /',.drll /'úramo.

Ílaliano}' yo. nos conseguimos un bote apostando en las peleas clandestinas de gallos; desde t'ntonces. no se me quita este olor a pes('ao entre cuero y (·ame. 1':0 terminé de leer la carta. Monserrate Ah'arez es el tipo de hombres que son personajes de cuento. de esquina y de barra. Además. las cartas siempre reconocen la presencia inmediata de un lector que está dispuesto a creer todo lo que le cuentan. Por otro lado. hablar de un puertorriqueño hawaiíano precipita una sospecha de exotismo. La realidad. sin embargo. es mucho más compleja y no todo el m undo tiene los pies en la misma tierra. Supe de Monserrate Alvarez por Norma. una puertorriqueña nacída y criada en el Bronx que. durante los últimos 25 años. había vh'ido en t~das las islas del archipiélago de Hawaii. y por su mando. un soldado norteamericano italb-irland(·s. a quien ella había conocido en Manatí. durante las fiestas patronales de La Candelaria, y con quien se había casado en la Base de Tortuguero. donde él estaba estacionado durante la Guerra de Corea. A través de Norma y su marido y de los increíbles cuentos sobre aqut'lIos puertorriqueños que desde e~ 1900 fueron a lrabajar a Hawaii como campesinos asalariados y terminaron atados a un sistema de plantaciones de esclavos. habiamos vuelto a otro tiempo perdido de nuestra historia. Di~o 'habíamos'. porque no estaba solo <,uando es('uché aquellos cuento,>. No es ('onveniente estar solo cuando la historia invade y alucina la sUput'sta realidad. Es mejor cuando se siente la respiración de un ~miA"? lambién silendada por el t:l!ento. Por lo qut' Imagmo que, tanto Ma~ali mmo yo, estábamos trasplantados en el siRIo, n'('orriendo la lravt'sía dt' un barco de ('arga con campesinos horkuas camino a Nt'w Orleans y, desde allí. las millas largas en un tren de ganado hasta California y olro barm t'n d pU('TlO ("on


rumbo fijo a Hawaií. El cuento se detuvo. Magali nos invitó a que subiéramos a su cuarto en el hotel yabrié· ramos un litro de Don Q que habia traido de Puerto Rico y todavía estaba intacto en la maleta. Subimos en ascensor hasta el piso 10. Es muy probable que hubiera otra gente con nosotros. pero la posibilidad de un cuento nunca contado dominaba en el ambiente. Magali abrió la puerta del cuarto y a través de los cristales divisamos el crepúsculo ahumado sobre los edificios destartalados de Newark. Estábamos en New Jersey para una conferencia sobre el puenorriqueño en la literatura a la que habíamos sido invitados. Norma se habia invitado ella misma para presentar su trabajo sobre el puertorriqueño en Hawaii y la Universidad de Rutgers en Newark. patrocinadora del evento, habia accedido siempre y cuando ella se pagara el pasaje. Magali y yo habíamos ido al barrio portugués de Newark y terminamos comiendo mariscos con dos poetas rn un restaurante llamado Roque e Rebelo. En el momento en que una de las poetas hada su defensa de la décima jíbara puertorriqueña y la otra condenaba la escritura fonética del poeta Che Melendes. Norma, quien estaba en la mesa de alIado con su marido. se acercó y anunció que ella había recopilado 214 décimas entre los puertorri, queños más viejos de Hawaii. Invitamos a Norma y al marido a que se unieran a la mariscada. Siguió una conversación sobre el verso octosílabo digna de trovadores y poetas realengos. Magali y yo nos miramos añorando los cuentos de uno de esos bares llamados Aquí me quedo. probamos los mejillones y asentimos en silencio. volvimos a mirarnos y estuvimos de acuerdo: ¡Qué bueno era estar juntos nuevamente! Magali y yo nos conocimos en un curso de humanidades en la Universidad de Puerto Rico. Hace mucho tiempo de eso. No nos volvimos a ver hasta que se cruzaron nuestros cuentos en un estudio antológico de Concha Meléndez. El mío se llamaba Noches de asma: el de ella Todos los domingos. Entre ambos existian vinculas familiares y la convicción de lu~ares comunes en un abrazo inédito. Fuimos compañeros por azar y lue~o lectores lejanos de los cuentos del otro. Ella. debajo de un abanico de aspas en un edificio medio restaurado del Viejo San Juan; yo, en un apartamento de ~itano en New York. Yentonees nos reconocimos en el encuentro. Hoy sigo creyendo que lo que más nos une es esa necesidad de vivir del cuento, de siempre estar pendiente a las conversaciones que cubren un tramo de acera en cualquier ciudad. Por eso. no importaba tanto que estuviéramos en Newark, siempre estábamos dispuestos a imaginar a Newark y al mundo y a creer que es indispensable se~uir atando cabos con ambición de Muralla China. La mera mención de la palabra 'cuéntame' hada posible nuestra amistad. fundamentada en la palabra y en todos sus recovecos, y preparaba el terreno para una continuidad interrumpida solamente por los libros de historia. Las cosas cayeroJl en su sitio. de repente. cuando

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una de las poetas anunció que quena fotografiar la pobreza del ghetto puertorriqueño de Newark, bajo las luces de neón, y tenía que irse; la otra extrañaba al amante y quería llamar por teléfono a Puerto Rico. Quedamos en la mesa Norma y su marido, Magali y yo. Norma mencionó que su hija mayor se consideraba puertorriqueña, que se habia casado con un japonés y que dominaba perfectamente el japonés. el hawaiiano y el inglés. Yo le dije que una prima hermana mta se había casado con un filipino y que yo no conoda los hijos. Magali mencionó una cuestión de judío sefardita mallorquín en su pasado, Y el marido de Norma comentó que en Hawaii se daba una yauda que creda salvaje en el agua pero que por más que habían tratado de sembrar matas de plátanos el terreno de Hawaii no dejaba que la mata llegara a su madurez y la abuela de Norma les enviaba plátanos por correo desde Puerto Rico. Ya estábamos ubicados en el cuento. Enlonces, Norma mencionó a Monserrate Alvarez. Cuando saH de Puerto Rico no sabia nada de Hawaii. No fue hasta que abordamos el vapor City o/ PaTa. en los muelles de Los Angeles. cuando escuché una conversación entre un grupo de cortadores de caña de los cañaverales de Toa Alta y me enteré que el mismo año de 1898 cuando los Estados Unidos invadieron a Puerto Rico también se quedaron finalmente con Hawaii. Ya me olia que salfamos de Guatemala para meternos en Guatepeor. yo nunca había ido a la escuela pero hasta un analfabeto entendia cuando aquellos hombres trazaban sus destinos sobre un mapa maltratado y húmedo. diciendo que miráramos la linea casi recta que se puede trazar desde Puerto Rico hasta Hawaii y que la misma pasaba un poquito más al norte del mentado Canal de Panamá. y quién no habia oido hablar del canal en esos tiempos, todo iba a ser canal de mar a mar. que si de momento estás en el Mar Caribe mira y de pronto estás en el gigantesco Pacífico y si miras atrás casi se ve Puerto Rico. Estos americanos han partido de verdad el mundo. Aprendi a leer dllrante el viaje con lajoven esposa de uno de aquellos hombres, una doña Pura Pérez que habia sido maestra rural en un barrio de Morovis, pero que ronocia todas las manias de la caña mejor que cualquiera de los que la cortaba. Aprendi lo suficiente como para leer las pala. bras 'Porto Rican' debajo de la silueta dibujada de un criminal enmascarado, armado con cuchilla y pistola, que había aparecido en un periódico hawaiiano. y saber que 'Porto Rican' pronosticaba lo malo. Para colmo, el vapor en que habíamos zarpado dedan que antes había sido severamente marcado por los huracanes del Caribe y ahora terminaba llevando puertorriqueños de los que verdaderamente conodan la cicatriz que un huracan deja en la tierra de la que se comen rafees y tubérculos día tras día. Yo siempre he dicho que nad al revés. Tuve que salir de Puerto Rico para apren· der a leer y a escribir en español y en Hawaii no había más de mil y pico de puertorriqueños incluyendo el


cargamento del cual yo era parte. Nadie sospechaba que estábamos destinados a ser una'amena13 para los otros trabajadores y los otros eran muchos: japoneses, portugueses, chinos, yen aquellos momentos hasta rusos que habían bajado de Alaska y la Siberia. Aquella caricatura del 'portorriqueño' no era profética; con toda la mala leche, la Sugar Planters' Association de Hawaii había trazado nuestra imagen de pillos de barrio, desorganizados y vagos aunque siempre armados yalertas a la pelea, la apuesta y la bebida, con un historial temeroso de rebelión. Antes de llegar ya nos tenían miedo (al menos, resentimiento) y estábamos aislados en un archipiélago desde el cual no había regreso. Se decía que el Departamento de Guerra de los Estados Unidos nos había traído porque éramos 'americanos' trasladados de un territorio a otro y era mandatorio poblar esas islas de 'súbditos leales' y eliminar para siempre la amenaza constante que representaban los japoneses unionados, quienes eran mayoría en Hawaii ya su vez leales al japón aunque estuvieran en territorio gringo. Y para los otros, los puertorriqueños éramos peones gringos; al menos eso fue lo que nos gritaron unos mexicanos cuando nos bajaron del tren en California y nos metieron como cabras en el vapor rumbo a Hawaii. El 16 de junio de 1901 llegamos al puerto de Honolulu en la Isla de Oahu y al día siguiente la isla entera se había enterado de que los puertorriqueños habíamos capturado el barco que nos trajo. En el 1820, llegaron los primeros misioneros norteamericanos al Hawaii, aunque el Capitán james Cook de la marina inglesa había 'descubierto' la Isla de ,)ahu a fines del siglo 18. Con el arribo de Cook los

hawaiianos predijeron al divisar su flota que 'un 'espantoso bosque ha surgido desde el fondo del mar'. La profecía que las brujas le habían hecho a Macbeth había tomado la forma de los árboles de lava del Hawaii para prevenir a Kamehameha el Grande, quien había nacido una noche de tormenta en el17lJ6 y cuyo destino había sido señalado por Pele, la diosa de los volcanes: Kamehameha unificaría las islas del archipiélago y haría de ellas un sólo reino. Cuando Cook regresó al Hawaii un año después de su primer viaje, Kamehameha todavía no había subido al trono y Cook 10 invitó a que visitara su velero. Transcurrió un mes de largas conversaciones a bordo donde el inglés y el futuro monarca intercambiaron bienvenidas, entre otras cosas, y se contaron, posiblemente, cuentos de este mundo y del otro. Se sabe que Cook nunca regresó a Inglaterra; fue encontrado apuñaleado cerca de la Bahía de Kealakekua, quizá mientras trataba de escapar. Pero siguieron llegando al archipiélago otros 'visitantes' que ni el mismo Kamehameha, habiendo asumido el trono, pudo detener. Misioneros y mercaderes continuaron llegando desde la remota Europa y desde la más cercana Asia. La caña de azúcar dejó muy pronto de ser para los hawaiianos 'la dulce lanza de plumas rosadas'. Los extranjeros anticiparon la nobleza más rica de sus venas. Los misioneros norteamericanos que arribaron desde el 1820 adamaron al nuevo rey: King Sugar Caneo Seguramente, que fueron esos mismos misioneros los que redactaron las notas más extensas y fantásticas sobre los hawaiianos de antes (de antes de ser invadidos por los fanáticos mensajeros de jehová): después de todo, los misioneros eran maes-


tras dedicados ejecutando una labor noble con bondad y tolerancia. eran emisarios de la 'civilización' con los ojos clavados en El Negocio. No sé por qué me acuerdo ahora de aquel verso de Palés: ..... Africa mastica en el silencio -ñam·ñam. su cena de exploradores y misioneros..... Magali me miró asombrada y añadió que ya yo me había puesto a contar ese cuento que estaba por hacerse. ese cuento que nadie puede anticipar cómo ni dónde se comienza porque nos moríamos por contarlo y si no lo contamos morimos. Tanto Magali como yo habíamos contado de ritos y repeticiones familiares. en coincidencias forzadas por los hábitos del domingo: reuniones con siete tías salte· ras. visitas a la abuela en Vega Baja o al Cementerio de Manatí. soledades de habitación con espejo. Ella. tal vez. habia anticipado todo con esa línea suya 'la familia de todos nosotros', esa familia que primero t's e1 mundo hasta que el recuerdo la escudriña y un cuento la vuelve personaje. Esa familia de todos nosotros sealargaba. de repente. en la aventura nuestra de indagar la historia en cada historia. de abrazar la niñez anterior para poder saber por qué las cosas son como son ahora. Al fin yal cabo. cada aventura es un recuento de las vicisitudes, tragedias y logros de un héroe. Aunque a ese héroe la historia misma lo hubiera vuelto anónimo. Recordamos que Norma había dicho que la paradoja de los puertorriqueños en Hawaii era la de tener, por un lado, una imagen negativa y. por el otro, una invisibilidad total. ¿La cultura invisible, me pregunté yo. o la ceguera nuestra? ¿Quién no vio a quién? Sin duda alguna, Monserrate Alvarez y los otros puertorriqueños de Hawaii habian vuelto el rostro hacía atrás, a través de las plantaciones de caña y piña. y Puerto Rico había sido una imagen. clara pero intocable. presente pero remota. y ese dolor y esa pobreza habían sido trasplantados a otro suelo y otra isla, como si el tiempo los hubiera obligado a pasar de un lado a otro del espejo. como si se hubieran mudado de casa y todavía tuvieran el mismo landlord. Por motivos de la conferencia sobre el puertorriqueño en la literatura había un reguero de cuentistas, poetas. aspirantes a novelistas. escritores consagrados. ensayistas marxistas o estructuralistas, matrimonios de escritores, profesores de literatura con la esposa o el marido, directores de departamentos de lenguas romances, excursiones de estudiantes chicanos de Coro pus Christi y Sacramento. poetas del Nuyorican's Cafe y, entre todos ellos, esa dudosa especie de educados especialistas en el asunto, los críticos, usualmente acompañando de conferencia a coctel a la mafia de los libreros y los editores de libros. El evento duraría tres dias. una conferencia detrás de la otra pisándose los talones como las avemarías de un rosario. tratando de justificar hasta el último chavo prieto que los organizadores habían conseguido de las corporaciones privadas y públicas y de las agencias del gobierno. Era nuestra 'Primera Conferencia Nacional de Literatura Puerto·

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rriqueña', aunque lo de 'nacional' fuera totalmente debatible porque lo nacional para los escritores y los patrocinadores eran cosas diferentes. La historiadora Oiga Jiménez ha comentado que la historia de Puerto Rico es 'una historia de emigraciones desde los tainas hasta el siglo 20'. Ultimamente ha sido muy comentada y debatida la metáfora de J.L. González de que Puerto Rico 'es un edificio de cuatro pisos'. Es muy curioso imaginarnos como una raza de albañiles pero hasta los mismos norteamericanos en Hawaii (nos contó Norma) nos consideraban 'seres raros que construyen sus casas al revés'. Lo que importa es que nuestra casa siempre ha tenido una orden de desahucio clavada sobre la puerta. Y ya es hora de botar al casero, añadió Magali. Después de un exhaustivo día de oradores prin. cipales y poli ticos asegurándose el voto puertorriqueño de New Jersey, Magalí y yo caminamos hasta el Gateway Hotel donde nos tenían hospedados, por las calles apagadas y desiertas de Newark. Todavía no hablamos redactado nuestras ponencias para el foro de los 'Jóvenes Narradores' que tendría lugar la mañana siguiente. Dicen que los cuentistas nunca llegamos a viejos pero lo que pasa es que siempre contamos el mismo cuento y la gente nunca se da cuenta. Paramos en el bar del hotel yen la penumbra de velas yel calorcito de los tragos se nos soltó la lengua y nos sentamos: ella me habló del mar y yo le habré preguntado del mar, ella me dijo que estaba loca por salir de Puerto Rico un tiempo y yo le dije que a mi me pasaba lo mismo con New York y que hacía siglos que no escuchaba un cuento. Magali me dijo que en Puerto Rico habia más poetas por milla cuadrada que en-otro pais del mundo; yo le dije que por eso mismo en Puerto Rico no nos dejan vivir del cuento. Complejo de Schehrezada, nos dijimos. No sé por qué demonios bautizaron Pacifico a este océano. Nunca he visto mareas más borrascosas que aquel vómito de olas con que zarpamos desde Los Angeles. Yo me sentía aún desconsolado por la ausencia de mi padre que había logrado escapar, mientras que Flor Maria y yo y los demás emigrantes viajábamos bajo cerrojos hasta que el vapor estuvo en alta mar. Mi padre no era un hombre especial pero era mi único padre. Era difícil que se me salieran las lágrimas con el estómago vacío. Por horas nos dedicamos a escuchar el lapso de los retortijones en las barrigas de los otros hasta el punto que la avena con agua salada que tantas veces había rechazado yo, desde que comenzó la misera· ble trayectoria, había empezado a añorarla como si fuera un plato de majarete. Mi sueño se interrumpió cuando uno de los puertorriqueños que todo lo explicaba con mapas, un hombre joven de músculos curti· dos llamado Bautista, regresó furioso a nuestro compartimiento a darnos la noticia: la comida que estaba destinada para los emigrantes boricuas la tenían almacenada en la cubierta de abajo donde usualmente llevaban el ganado y ahora se engordaban las ratas... la carne cecina estaba podrida. el arroz estaba lleno de


gorgojos, las moscas habían puesto tantos huevos sobre las ratas muertas que el bacalao estaba infestado de lan'as. La idea de capturar el barco la mm Bautista pero todo el mundo decidió apoyarlo. Si no se hacía algo antes de llegar a Ha",aii. allá nos darían el mismo trato cuando llegáramos. Bautista. que había ,'i\'ido un año en San Juan y podía manejárse1as en inglés mejor que los otros. aprehendió al capitán obligándolo a que trajera la policía que había 'custodiado' a nuestro grupo durante la larguísima jornada. Hablaba en nomo bre de todos los puertorriqueños del barco. De primera intención el capitán lo acusó de criminal y de hablar por sí solo, pero no tu\,o más remedio que traer la policía porque mientras Bautista armaba el re'-ue1o doña Pura Pérez había gritado que nos arrancáramos las etiquetas con nueSlrOS nombres y el nombre de la plantación en Hawaii a la que cada cual había sido asignado y las tiráramos por la borda: los otros corrimos a la cubierta de abajo r comenzamos a tirar los sacos de comida podrida al mar. Sentimos cuando el barco se detu\'o. Estábamos hambrientos y haraposos pero ,·h·os. Los policías yel capitán tenían que llevarnos "i,'os y alimentados a Hawaii. También ellos recibirían su pago de la Sugar Planters' Association r nosotros "alíamos ,·h·os ... He escuchado muchos cuentos de muertos en mi "ida pero ninguno de un muerto que corte caña. No tengo mucha maña para reconstruir el pasado y no es porque haya sido doloroso, pero a nadie le interesa la felicidad de nadie y mi pasado está repleto de momentos serenos caminando por las playas negras de l\laui o escalando los riscos del cráter del Haleakala. o simplemente mojándome de lluvia por las calles de Hilo. o masticando tabaco hilado bajo el resplandor de la luna. Recuerdo que en Puerto Rico medíamos el tiempo por la frecuencia de los huracanes, pero aquí 10 medimos por la erupción de los volcanes. Me han preguntado muchas "eces si me siento puertorriqueño y siempre he dicho que sí; pero aunque no quisiera serlo no creo que me hubieran dejado oh·idarlo. Hoy y des· de que llegué a Hawaii he aprendido a sentirme ha· waiiano: nos iguala la miseria. el silencio voluntario del que espera una catástrofe natural que nos redima la culpa por estar desapareciendo del rostro de la Tierra, nos iguala el número. Muchas veces he lanzado bayas de ohelo aliaga de lava ardiente del Volcán Kilauea en sacrificio a Pele, su diosa. y he visto cuando su cabellera sedosa se encara cola en rizos de lava derretida y anuncia una venganza más dulce que la piña. No puedo negar que a veces añoré que mis venas tuvieran sangre hawaiiana para no sentirme tan desarraigado, pero los hawaiianos han sido desenterrados de su propio suelo. Siempre tuve la sospecha de que jamás regresaría a Puerto Rico... No es cierto eso que dicen de que el buey solo bien se lambeo Los colonizadores europeos del Hawaii llegaron como todos, con La Biblia en una mano y la pistola en

la otra. Los primeros. en su mayoría inKleses yalemanes, se quedaron con grandísimas extensiones de tierra, casándose con mujeres hawaiianas que poseían títulos de propíedad. De acuerdo con la tradición, los únicos hawaiianos son los que cargan sangre hawaiiana yasí los descendientes de estos colonizadores tenían las necesarias gotas de sangre usurpada para implantar la monarquía azucarera de los Cooks. los Alexander, los Castles y los otros que se unieron para formar la Sugar Planters' Association del Hawaii. un emporio controlado por dnco familias. No es coincidencia alguna que Kamehameha El Grande muriera en el 1819, a los 82 años, y que al año siguiente los misioneros norteamericanos se unieran a las bandas protestantes de los colonizadores. Kamehameha El Grande había consolidado las islas del archipiélago bajo un solo gobierno. había puesto fin a los reinos feudales y las guerras internas sin prever, tal vez, la nueva invasión de señores feudales extranjeros que usurparían las tierras de su reino en nombre de la civilización y el cristianismo. Año tras año siguieron llegando misioneros y barcos balleneros desde los Estados Unidos aumentando el comercio con la Ciudad de Honolulu. sede del gobierno del reino. Es un dato curioso que, en más de una ocasión, los monarcas hawaiíanos hayan muerto durante visitas a los países colonizado;es del Hawaii. Liholiho. conocido comu Kamehameha 11, y su esposa la reina, fueron víctimas de una epidemia de sarampión en Londres. Lord Byron, tío del famoso poeta inglés, fue comisionado por su gobierno para llevar los restos de los reyes hasta sus tierras. El príncipe Kauikeaouli fue proclamado Kamehameha 111. mientras Lord Byron hacía un recorrido por las islas y eregía un monumento a la memoria del Capitán Cook, en el lugar donde los hawaiianos lo habían 'asesinado'. Kamehameha III no subió al trono hasta diez años más tarde pero. durante ese período, los ingleses se dedicaron a suprimir 'los vicios que están destruyendo a la raza hawaiiana'. entendiendo como vicio todo aquello que interrum· piera 'el digno espíritu capitalista del protestantismo'. Cientos de niños hawaiianos fueron separados de sus familias y enviados a las 'mejores escuelas inglesas' y durante el reinado de Kamehameha 111 y el 'protectorado inglés' la población hawaiiana se redujo rápidamente.l.ps Estados Unidos demandaron el paKodeviejas deudas a comerciantes norteamericanos; Francia protestó la expulsión de sus misioneros católicos y envió sus expertos en cuestiones de guerra. En el 1839, el mismo año que se escribió la constitución en hawaiiano. más de 15 milhawaiianos fueron admitidos a la Iglesia Protestante y un año después los misioneros norteamericanos establecieron la primera escuela para 'educar a los jefes jóvenes de las tribus del Hawaii'. Por primera vez se comenzó la enseñanza de in~lés en las escuelas. En el 1842 unos embajadores hawaiianos lograron que los Estados Unidos reconociera la independencia del reino del Hawaii; en el 1843 InKlaterra atacó el puerto de Honolulu obliKando a Kamehameha 111 a que cediera 'provisionalmente' las islas pero, pre-

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sionada por el gobierno francés, Inglaterra firmó con Francia una declaración conjunta, ese mismo año, reconociendo la independencia de Hawaii y jurando que nunca tomarlan posesión del archipiélago. Los Estados Unidos comenzaron de inmediato sus manio· bras para anexar el reino frente a la creciente amenaza de derrocar al gobierno de Kamehameha III, quien no habla hecho lo necesario para detener la rápida extinción de la casta de jefes ni de la población yquien habla abierto los brazos, con poca resistencia, a misioneros, comerciantes y politicos invasores. La muerte repentina del rey colocó a su sucesor, Kamehameha IV, en el trono vado de Hawaii. Su reino duró nueve años: se dice que bajo los efectos del alcohol, Kamehameha IV matÓ a su secretario privado (otros rumores aseguran que lo mató por celos ya que el secretario habia sido su amante y amenazaba con abandonarlo) y el rey decidió abdicar al trono; no lo hizo, pero tres años más tarde, agobiado por la muerte de su hijo, el pdncipe sucesor, Kamehameha IV se enterró en vida con el corazón destrozado. Su hermano mayor le sucedió entonces como rey bajo el titulo de Kamehameha V. En el 1865, bajo su reino, se estableció la colonia de leprosos en Molokai y comenzó la segregación. Mucha gente que jamás volvió a salir de Molokai no eran leprosos. Kamehameha V murió misteriosamente en el 1872 y con él terminó la Dinastia Kamehameha. El principe Lunalilo fue seleccionado por la legislatura hawaiiana (los libros de historia no mencionan la inOuencia ejercida por los consejales de guerra norteamericanos, ni las presiones de los reyes azucareros de la Sugar Planters' Association) para ser el nuevo monarca de las islas. Desafortunadamente (o por fortuna, dependiendo de quién es el sujeto impHcito), Lunalilo murió al finalizar el primer año de su reinado, y como sucesor la legislatura eligiÓ al Coronel David Kalakaua, cuyo reino se dedicó a 'estrechar los lazos entre Hawaii y los Estados Unidos', entre otras cosas, a través de un trae tado de reciprocidad comercial. En el 1891, después de dieciseis años en el trono, Kalakaua 'respiró por última vez' en el Palace Hotel de San Francisco, mientras visitaba los Estados Unidos invitado por altos oficiales de la marina y el ejército norteamericanos. El mismo dla de su entierro, su hermana la Reina Regente, fue proclamada reina bajo el titulo de Liliuokalani. Como la nueva reina no tenia hijos, la princesa Kaiulani fue nombrada heredera, fuera de las lineas naturales de la herencia. Kaiulani era la hija del Honorable Archibald Cleghom, gobernador de la Isla de Oahu, y de la princesa Likelike: producto de la aristocracia hawaiiana y el capitalismo cañero. liernán C'.onés y La Malinche, dijo Magali terminando su tercer trago. Sotomayor y Guanina, dije yo diciendo lo mismo después de pedirle otra ronda a la waitress. ¿Cómo se cuenta un cuento? ¿Se permiten los apartes y las digresiones y los brincos históricos? ¿El mejor cuento es el más corto? ¿Será el cuento el 'germen' de la novela? En un cuento, ¿cuenta lo que se cuenta? Por la tarde hablamos escuchado la ponencia 6

de Norma, titulada Th~ Pu~rto Rican In Hawaii. pero desde el primer instante en que la hablamos conocido, lo que nos habla contado se habla vuelto la obsesión necesaria. Sin saberlo, Norma habla detenido el curso de la noche para ser Schehrezada, la puertorriqueña hawaiiana del Bronx que operaba la rueca de una histo· ria olvidada. ¿Por qué habia sido Norma la que habla contado el cuento que tenia que ser contado? ¿Por qué Magali ahora fraguaba las palabras necesarias para seguir contándolo y por qué yo estaba volando por el tapiz de un tiempo inconsciente? Los cuentos no sur· gen de la nada y sin embargo hasta que no se cuentan no hay conciencia de que ese cuento existe. Los personajes llegaron, cruzaron una calle, abrieron una puerta, coincidieron y se reencontraron en la confianza nueva. Yo sólo sabia que tenfa que contar algo por amor a Magali o al tiempo compartido con Magali, para que la distancia no fuera nada más que una lla· mada telefónica de Puerto Rico a New York, ni mucho menos la carta que Magali ni yo no nos escribiríamos aunque supiéramos que deblamos hacerlo. Dimos lata por horas, como quien se levanta en medio de un cuento a hacer café porque hacer café en ese preciso instante es parte de hacer el cuento. Hablamos de ser maestros: Magali, de periodismo y yo de un curso llamado Th~ Puerto Rican Community: Vrban Study. que para mi comenzaba por allá por los tiempos de Cristo y el Imperio Romano y no con la emigración en masa de los puertorriqueños, después de la Segunda Guerra. Y de momento caímos en la Bahia de Pearl Harbar en la Isla de Oahu, en su forma de herradura de la suerte que, desde el 1873, había sido seleccionada por los Estados Unidos como su gran fortaleza militaren el Pacifico (era inevitable que Magali y yo pensáramos en el archipiélago de Puerto Rico haciendo lo mismo en medio del Atlántico), protegiendo todos los intereses corporativ,os a través del continente americano y luego. en pleno siglo 20 'defendiendo democracias contra la epidemia roja' que ni el mismo médico chino curada. Y de repente, en el 1959, la erupción del volcán de la Revolución Cubana agrieta desde el centro al imperio. Los hawaiianos mismos habian pronosticado, tan pronto como los norteamericanos fortiricaron con baterías militares el cráter del volcán exlinto Diamond Head, que la Diosa Pele se vengaria por haberse invadido sus dominios. y no dijeron cuál volcán supuestamente dormido sería el primero. Magali y yo nos fuimos del bar a la maquinilla: 10 de ella se llamaría Cuentos d~ mujeres. y lo mio Vivir del cuento. ¿Por qué me pongo ahora a escribir esta carla que me piden? No los conozco. Y si dije antes que no es cierto eso de que el buey solo bien se lambe, ahora me contradigo. La soledad cierra heridas, cura llagas y obliga al ser humano a hacer las paces con la guerra interna ya creer en uno mismo. Y los puerlorriqueños hemos alJ"avesado descalzos la prueba del fuego tantas veces que si no se nos han quemado los pies y la cabeza


ha sido por mucho más que mIlagros. Después que me . llamaron pillo y pordiosero, me hicieron ciudadano norteamericano sin consultarme. Lo recuerdo claramente: Flor Maria no había querido firmar otro con· trato con Ja Sugar Planters, Association y como el italiano le habia salido un buen hombre se decidió a montar un pequeño restaurante de palma en una playa de Wahiawa. Era por allá por el 1917. No!\ iba bien sobreviviendo sin capataces. Flor María era buena coci· nera y el italiano y yo aprendimos a pescar hasta con lanza. Asi cogíamos los tiburones. Flor María se inventó una alcapurria de yauda de agua, rellena con carne de tiburón. Nos iba bien, recuerdo, hasta que nos hicieron dudadanos y me llamó el ejército. Al principio nos negamos: mucho rango de soldado raso pero ningún derecho al voto; protestamos en la corte y dizque 'ganamos el caso' ...ahora los puertorriqueños podíamos votar y al poco tiempo me reclutaron y me asignaron a una Cábrica de armamentos. A los pocos años, las huelgas de los japoneses unionados y las epidemias del flu hicieron que la Sugar Planters trajera más puertorriqueños. Pero era la misma historia, los nuevos llegaron como ganado marcado con las inicia· les de la ciudadania: 'U.S.A. Working Meat'. A la verdad que éramos mucho más que eso. Los americanos siempre le tuvieron el ojo puestoaljaponés y a su amenaza en el Pacífico, del cual los americanos querían ser el único dueño, y cuando en medio de la Gran Depresión las Filipinas demandaba su independencia, no se permitía la inmigración de trabajadores filipinos al Hawaii. Estábamos en el medio sin saberlo: el Departamento de Guerra nos quería en las plantacio.

nes y en la luerza militar de Hawaii, la Sugar Planters no nos queda por ningún lado... que si era muy costoso traernos desde Puerto Rico cuando no queríamos que· darnos en los cañaverales, que si vivíamos deasistenda pública más que ningún otro grupo de inmigrantes, que si teniamos el peor récord criminal... La Sugar Planters se salió con las suyas y el gobierno americano accedió: era más barato traer filipinos de aquellas aguas que puertorriqueños de otros Lares. Y digo 10 de 'otros Lares' sabiendo lo que digo, no es Cácil moldear un puertorriqueño a la imagen y semejanza del que le dé la gana. Es muy cierto aquello de que el jíbaro es desconfiao, pero es desconfiao dependiendo de aquel que quiere coger confianza sin haber probado su amistad. Me han dichoqueya no quedan jíbaros en Puerto Rico, que los que no terminamos en Hawaii, se fueron por miles de miles a New York y que cambiaron el machete por un cheque de Welfare. Yo digo que no es cierto, que la gente exagera, y que lo que importa no es lo que le cuentan sino quién le lo está contando. Pasa lo mismo con ese otro cuento de que lodos los jíbaros eran blan· coso No señor, no es cierto. A Flor Maria se la trajo mi padre desde Vieques cuando todavía era una zurrapa bien priela y hermosa; él había ido a cortar caña a Vieques y allí la conoció. Ycomo ella habíamos miles... que si a veces de ojos c1aritos, pero los taos y no era de sol nada más... que si algunos con el pelo lacio, pero los otros con pelo de erizos de mar. Al que no sabe contar el cuento debieran amarrarle le lengua. A lo mejor paresa mismo estoy dirigiéndome a ustedes por carta, porque mi lengua nunca ha merecido estar amarrá. En la Noche de San Juan del 192!J, al italiano se lo comió un tiburón. No hay duda alguna que Flor María y el italiano se amaban. Lloró lágrimas de sangre, como ella misma dijo. Habíamos ido a la playa con una batea de arroz con gandules y asamos un puerquito en la orilla. Habíamos más de veinte familias puertorriqueñas celebrando la Noche de San Juan. y no cuento a los que no tenian Camilia porque lo mismo eran Camilia nuestra. A las 12 de la noche nos tiramos de espaldas dentro del mar... al italiano lo agarró un tiburón. Yo también lo lloré, por qué negarlo... si no era mi padre Cue mi hermano y amigo... la soledad y el exilio juegan maromas inesperadas con la gente. Enterramos 10 que se pudo al dia siguiente. Al entierro vinieron los puertorriqueños, los italianos, algunos portugueses, filipinos y chinos. La realidad de los periódicos era una cosa... los trabajadores nos llevábamos bien hasta donde se puede sin traicionarse uno mismo. Para colmo. después de vieja. Flor María descubrió después del entierro que estaba preñada. A los pocos meses se murió dando a luz y ni la criatura se salvó. Me quedé solo y me mudé para Honolulu. Me llevé conmigo dos o tres retratos, una maleta con ropa y la taza de coco que Flor María me habia hecho para uno de mis cumplea· ños. Todavía la conservo y mejor no desayuno si no puedo beberme el caCé negro en ella. Esa taza es toda mi tradición. No me siento producto del hambre y la mise· ria a pesar de la pelambrera que siempre llevé en los 7


bolsillos. Esa taza de coco es una imagen, una protección digamos, un amuleto si se quiere, es una imagen que hace que mi cabeza viaje por las noches a otro tiempo que no fue mejor pero que fue otro tiempo, tal vez porque para mi Puerto Rico y Flor Maria son la misma cosa. Ya no es lo mismo, los hijos de los hijos se han casado con hawaiianos que ya no son hawaiianos y ahora gozan del prestigio de ser hawaiianos. Otros hijos de los hijos se han casado con japoneses, pero ~ los japoneses no los conozco. Algunos ya están tan disueltos en otra cosa que me recuerda el ardor de las aguavivas del mar. Los más viejos tenemos un sabor que no se nos va de la boca, un ruido de pájaro que nos persigue hasta en las cuestas, una música bien adentro como de montaña, una décima suave que nos remonta a un sitio que por ley natural es nuestro, y es como si al haber trabajado esta tierra hubiéramos trabajado esa tierra lejana, como si al pescar en este mar pescáramos en esas otras playas a las que no hay que preguntar si son nuestras, pero eso llamado nuestro que de repente se sabe ser nosotros. Admito, aquí nosotros es una palabra ambigua. ¿Acaso no lo ha sido siempre a través de nuestra historia? Durante los ocho turbulentos años que comenzaron con el 1891, los norteamericanos en Hawaii y la Sugar Planters' Associauon produjeron un caos en la sociedad y el gobierno. Los Estados Unidos dieron un golpe a la monarquía de la Reina Liliuokalani yestablecieron un 'gobierno provisional' como antesala para la anexión total de Hawaii; después declararon ellos mismos la República del Hawaii y finalmente declararon su anexión. Entendamos los hechos, si se puede: la monarquía de la Reina Liliuokalani fue derrocada por su evidente separatismo. Al igual que su hermano, el monarca anterior, Liliuokalani se consideraba la· Reina del Hawaii y de los hawaiianos ya los residentes extranjeros los consideraba invasores. Lo que la corporación azucarera y el gobierno norteamericano señalaba como 'despotismo personal' no era otra cosa sino la defensa necesaria de la cultura y la sociedad hawaiiana. Al convertirse en reina, Liliuokalani juró hacer cumplir la constitución que su hermano habia firmado, protegiendo evidentemente a los verdaderos dueños del archipiélago y declarando la guerra (oblicuamente) a los invasores. El gobierno norteamericano se propuso desacreditar su reino acusándola de traficar en opio. El 14 de enero de 189!, cuando la reina se proponía consolidar el poder de los hawaiianos sobre su territorio, tuvo lugar el golpe de estado. Las tropas norteamericanas se apoderaron del gobierno tres dias después. El presidente Cleveland, creyendo que la llamada 'conspiración' de Liliuokalani ,y sus seguidores, había sido instigada por el ministro norteamericano en Hawaii, ordenó el retiro de las tropas y a que se bajara la bandera de las rayas y las estrellas. Cleveland había enviado a James H. Blount para que rindiera un informe de la situación, y el comisionado Blount había

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favorecido el levantamiento de Liliuokalani. Blount fue luego acusado de 'hostilidad contra aquellos que hablan traído la civilización yel progreso a las islas'. Pero el verdadero objetivo de Cleveland era otro: le ofreció la restauración de la monarquia a Liliuokalani, siempre y cuando ella no se vengara de sus 'opositores'. La Reina Liliuokalani rechazó la oferta a menos que se le permitiera cortarle la cabeza al menos a una docena de los 'ciudadanos más respetables'. Era evidente que bajo el gobierno de Cleveland no se darla la anexión de Hawaii a los Estados Unidos pero, habiendo derrocado la monarquía, un gobierno constitucional (colonial) fue impuesto al ser electo presidente de la República del Hawaii un tal Sanford B. Dale. Liliuokalani y sus seguidores se rebelaron y se les fabricó un caso de posesión de armas para derrocar el gobierno republicano, o a lo mejor Liliuokalani y sus seguidores estaban verdaderamente armados y organizados, dispuestos a dinamitar y a quemar a todo enemigo que les cortara el paso. A los 'conspiradores' se les celebró juicio: de 191 prisioneros solamente 7 fueron exonerados. Liliuokalani fue sentenciada a cinco años de prisión con multa de cinco mil dólares. Un año después, en el 1896, el presidente Mckinley firmó la anexión del Hawaii. Dos años después, en el 1898, el mismo presidente ordenó la invasión militar de Puerto Rico, Cuba y Filipinas. Fue el 12 de agosto de 1896 cuando los norteamericanos izaron permanentemente su bandera: ningún hawaiiano del gobierno ni de la población civil estuvo presente. De ahí en adelante, se dice que Uliuokalani vivió del cuento, que solamente la veían (vestida de púrpura y negro) pasar en una calesa tirada por dos caballos azabaches. El cuento lo estaba contando la Schehrehzada que llevamos adentro: dicen que Schehrehzada había leido los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados, dicen que poseia también mil libros de crónicas referentes a los pueblos de edades remotas, a los reyes de la antigüedad y sus. poetas; dicen que era muy elocuente y habladora y que daba gusto oirla contar cuentos interminables, a los que dedicaba toda su energia, su belleza y su sabiduría. Pero en Puerto Rico hubieran llamado su habilidad pura insolencia, le hubieran gritado vaga cada vez que se atreviera a con tarle un cuen to a alguien, la hubieran escupido por ser una profela falsa y alterar la paz, hubieran recomendado que se la llevara la perrera para que terminara sus días (y esas dichosas noches) en el manicomio municipal; después de un primer chichaíto en el cafelÍn Aquí me quedo, la hubieran botado por borracha y de mencionar la palabra cuento le hubieran dicho embustera y en El Morro la hubiesen marcado para siempre con una letra 'C' colorada, para que por 11ls barrios todo el mundo se enterara de su malacostumbre de falsificar la realidad con esa cosa llamada cuento. Estaba pasando alli mismo: el público esperando una ponencia académica y lo único que del papel salia no lo era. El lugar era el bar de la esquina. Alguien en la primera fila comentó


que la palabra no suda. En el auditorio está sentada la Generación del Cincuenta (menos René Marqués que está muerto); Magali me hala por el codo y me dice que fuera de Puerto Rico eso no me lo entiende nadie, pero añade: la Generación de los Hombres en )a Calle. Ya están diciendo que eso de la Generación de las Mujeres de la Calle no es buen epileto para los '80, que hay que volver a inventar el lenguaje. El cuento es cosa de mujeres, dijo alguien desde el público, y estoy de acuerdo: Schehrehzada emancipó las musulmanas que estaban en la calle de la muerte, y todo contándole cuentos interminables al verdugo. ¿Quién es el nuestro? Una noche, en otro bar de otra esquina, me había dicho mi amiga Vanessa: "¿Quiém no conoce el cuemtista? ¿Quiem no conoce esa figura que se detiene em cualquier esquina. escogiendo como l"ÍClima al primer borracho crédulo, al bartemder aburrido cuyos oídos estam prestos al comsuelo momemtáneo, a la figura que romda calles pero que tambiém forma parte del círculo familiar: al que siempre imvemta sus historias y las que no im\'emta las exagera hasta el pumto de la ausemcia total de reconocimiemto? 'Ese vive del cuemto', 'ese es um cuemtista', se le motea com desprecio y, al mismo tiempo, com Cascinaciom por su capacidad para el imvemto, para el embuste. No hace nada, sólo cuemta. Vive y muere del cuemto. Es um paria amado y odiado, romdador de pueblos, imdispemsable". Yo se lo tomé en serio, le dije a Magali. Magali añadió: tú sabes cómo es Vane, Vane es poeta. Yo estaba viviendo del cuento y Magali contando cuentos de mujeres, de mujeres que podaron sus resentimientos, o de mujeres que eran del mar, de mujeres como la Flor María Córdova, de la cual Monserrate Alvarez contaba tanto en sus cartas, en su cuento epistolar bajo el quinqué y la luz eléctrica de la crónica histórica de un viaje tratando de entender Jaíees. en el mara\'ilIoso testimonio de la palabra escrita que antes de serlo había sido imaginada. ¿Te acuerdas de aquello que nos escribió Monserrate AI\'arez en una de sus cartas (le escribí a Magalí cuando ella regresó a su apartamento del abanico de aspas, después de la conCerencia), recuerdas el resenti· miento de su Crase 'el que se Cue no hace falta'? ¿Estamos escribiendo todo esto porque nos sentimos culpables de no haberlo sabido antes? ¿O lo nuestro es un bochinche irremediable de cuentistas vagos buscándose una oreja que nos oiga? ¿Lo nuestro es comunismo o espiritismo del bueno? 1:no que se comunica con las almas de otros cuentislas muertos, que si Poe con láudano, que ~i Felisberto con lámparas que se prenden y se apaRan solas, que si como dice Dinesen ... 'para las mujeres de Dinamarca el café es para el cuerpo lo que la palabra del Señor es para el alma', que !¡i la coca intravenosa hace que uno diRa todas estas cosas, y aquí me tienes. Un cuentista es la droR3 del otro. MaR3lí escribió El cuento por hacer, publkado en dos partes en el periódicoEI Mundo, el 26de junio y el3 dejuIiode 1983. En su 'anículo periodístico' MaRali clamaba por la escri-

tura de un Cuenlo cuya proposición exi~e la ambi~iil'­ dad de un final abierto y la invitación para seguir contando el cuento, un cuento, otro cuento.

He oído contar a muchos puertorriqueños en Hawaii que no fue hasta los años '50 cuando se les mejoró la cosa como puertorriqueños... que los clubes sociales y las reuniones de los viernes por la noche con comida típica y una música que había viajado tanto que ya no tenía la misma tonada habían cambiado la imagen del puertorriqueño. Yo, a la verdad, que no me acuerdo. Me quedé huérCano de madre ya hecho un hombre, y desde entonces Cue el ejército y un trabajo detrás de otro hasta que me tiré por los bares de Honolulu y conseguí un trabajo de bartender. El bar se llamaba Aquí me quedo, y allí me quedé por mucho tiempo. El dueño era un boricua de Loba de los del primer cargamento; nos hicimos amigos de inmediato, como reconociendo cosas de las que ninguno de los dos jamás hablaba. La vida del bar es otra vida. No era lo que se dice un bar de mala muerte, aunque la muerte se paseaba con cuchillas por el bar lo más campante. Nunca me llevé bien con la calaña de los soldados ni los marinos: trago pagado, trago servido. Pero hay soledades de borracho con las que uno se identifica y entonces viene el cuento, el aquí te digo Juan Antonio, el como me lo contaron te lo cuento Ana Lydia, el soy todo oídos Manuel soy todo oídos. Se oye y se habla, se bebe juntos con extraños y caras familiares, el reloj sobre la enlrada del pasillo que va para I¿s baños se vuelve más que un hábito y de momento tienes 45 añoso más y sigues celebrando que estás vivo. Pero todas las madrugadas, cuando cierras el bar, caminas por las calles más oscuras y eternamente húmedas de la ciudad hasta el cuarlO donde vives solo, desde hace tantos años, mirando a través de la ventana el mar, más allá de la bahía. Tienes un presentimiento de que tu cuento de vivir del cuento se está terminando, y no son los callejones sin salidas sino los caminos abiertos. Te pones a imaginar que por el cuarlO camina la mujer con la que debiste haber compartido los años, para decirle sin creerlo que nunca la has conocido, que nunca hubo suficiente para dos o más de dos, queel quesolo la hace solo la paga. Ya yo rendí cuentas o como dicen los americanos: Tve paid an my dues ' El bar Aquí me quedo ha sido para mí como la última cena de Cristo: después de haber estado cambiando tanta aRua por vino me tienen crucificado. O acaso habrá sido de otra forma: después de tanto milaRfO de agua por vino y noches de parranda con sus doce amiRos, Cristo acusa a uno: Judas, me vendiste... yal fin y al cabo lo que pasa es que cada vez que el crucificado se emborracha la cORe con Judas. No se puede decir que Monserrate Alvarel ha sido un hombre de iRlesia, pero eso sí, soy reliRioso. La amistad es como una red de pescar, de cuando en cuando caen peces amiRos, uno los acompaña un rato para que no estén solos y después los suelta. Por eso no la p('~ué de 9


pescador y terminé de bartender: cambié el agua por la botella y por el qué más quieren saber de mi. Me fui del bar cuando me salieron las verrugas y las manchas en la cara. En el hospital de Honolulu dijeron que había contraído lepra y me mandaron directamente a la colonia de los leprosos en Molokai, y desde el 1950 vivo aquí. La colonia está situada en una península de la costa norte de la Isla de Molokai, rodeada de agua por tres partes y por la única que la conecta a la tierra nos aísla un precipicio de dos mil pies de alto. Nuestra colonia se llama Kalaupapa. Aquí llevo viviendo 33 años... es curioso que a esa misma edad dicen que murió Cristo... hablando del rey de Roma y la' cabeza que asoma. Así son las cosas mucha~ veces: coincidencias. Cuando llegué me asignaron un trabajo en la biblioteca. Al principio fue de lo mejor: los libros y los periódicos... me puse a leer de Puerto Rico y después, poco a poco, Cui leyendo menos y menos, porque en Molokai no se está Cuera de Molokai aunque esto sea un pequeño mundo; hay leprosos hawaiianos, portugueses, chinos, japoneses, americanos, puertorri· queños y quién sabe de dónde. Coincidencias, digo yo. Aquí me casé por primera vez a los 58 años con Pura Pérez, la misma que me había enseñado a leer y a escribir desde que me fui de Pueno Rico rumbo a Hawaii. Pura llevaba 18 años en la colonia de leprosos, pero no fue sino después de haber estado yo aquí por buen rato que la reconocí una tarde en la biblioteca: no se parecía a Pura hasta que me habló, entonces retornó toda su dulzura y se le cambió el gesto. Nos casamos y fuimos Celices por once años hasta su muerte. No tuvi· mas hijos porque Pura era mayor que yo y estaba pasada de tiempo, pero después de viejo volví a lf'nf"T un

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hogar, ron al~uien cuyos recuerdos eran similares a los míos, leíamos todas las noticias que nos llegaban de Puerto Rico por revistas y peri6dicos, hablábamos en español entre nosotros y nos contábamos cuentos que lo!> d<J:i sabíamos de sobra; hicimos un álbum de recortes para sentirnos conectados con ese mundo remOlO en el cual ya no hadamos Calta, o tal vez para evadir lo más evidente, que éramos leprosos y que Molokai es el mundo. Con la muerte de Pura me sentí terriblemente solo. Pero la naturaleza de Molokai es como toda la naturaleza de Hawaii, espesamente verde y misteriosa cuhiena siempre por una llovizna quieta, y a los pocos años de estar viudo me volví a casar, esta vez con una portu· guesa de 35 años, Mercedes Goncalves, que trabajaba en el sanatorio como enfermera. Hablamos mucho de tener hijos, pero a los hijos de los leprosos que nacen saludables se los llevan a un orfelinato fuera de Molokai. Una pena que la lepra hiciera estragos con Merce· des tan rápido y se muriera tan joven a los 42 años. Desde entonces he vuelto a la misma lectura: estoy a 88 años de mi naci miento y desde hace como cinco que los médicos me han dicho que no soy leproso, que nunca lo he sido, que lo mioes una condición del pigmento de la piel. Y entonces, de repente, llega una carta desde la colonia de PueTlo Rico hasta la colonia de leprosos en Molokai devolviéndome de pronto la humanidad y ahora sí valgo como personaje de cuento, como trabajador inmigrante, como puertorriqueño, como leproso, y rd están revolcando la basura incoherente de mi historia para que esa tumba que todavía no reclama su inquilino reclame el epitafio que ustedes han' escrito.

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Fuego y canto JI: Conversaciones con Clemente Soto Vélez· POR MARrrHELMA CDSTA

la isla aprisionada del silencio que los marineros de todos los tiempos la llaman puerto rico para que el silencio rompa su silencio con voz de isla torturada LA TIERRA PROME'FlDA

M

TC ¿HUBO ALGUNA PERSONA QUE TE INCULCARA el amor por Jos Iihrost

CSV: No, el cariño lo tenia yo. Leía todo lo que caia en mis manos. Después que aprendi el aIrabeto, me converú en ·un tren. Meencantaba la geograCia,la astro· nomía, todas las cosas que a los muchachos por lo general no le gustan. MTC: ¿Dónde encontrabas estos libros, en la biblio· teca de lá escuela? CSV: ¿Qué te voy a decir?, pues donde podía. En la escuela no había biblioteca pues se construyó para el grupo de familias del barrio Campo Alegre, que está como a tres o cuatro kilómetros de Lares. MTC: Según contabas el otro dia, te criaste con el señor Francisco Marca no, un capitán que se había sublevado contra la dictadura de LiJí en Santo Domingo. ¿Cuánto tiempo viviste con él? CSV: Hasta la Primera Guerra Mundial. Por el 1917, cua'ndo se acabó la guerra, me fui de Lares. Vino mi hermano del campo de batalla y me contó que habia conocido allí a un pintor que vivía en Arecibo. Yo • Quiero agradecer a Amanda Wlez y AnnabeUe Segarra. cuya val iosa ay uda rue de suma importancia para concretar esta en trevista.

tendria como once o doce años. Era muy joven pero me fui a vivir a la casa de este pintor. Me recibieron al estilo de Puerto Rico, como si fuera un hijo. Seguido, sin perder tiempo, me metió en su taller y me enseñó a pintar. Yo era como una esponja, absorbía todo. Tenia muchos deseos de aprender. MTC: ¿Querias ser pintor? CSV.· Yo quería hacer algo, pero no sabía exacta· mente qué. Senúa un verbeneo interior. Queria escribir, leer, pintar, hacer cualquier cosa artistica. MTC: Pero no llegaste a pintar demasiado... CSV: No, porque después que empecé a pintar, él se dio cuenta que yo tenía mucha habilidad para pintar casas. El tenia muchas casas, así que lo que hizo fue cambiarme el pincel por la brocha. Pero yo me dije: "Esto no es lo mio". Sin embargo, estuve más de un año con él, y eso me vino muy bien porque aprendi a trabajar con las manos. MTC: ¿Cuándo te diste cuenta que preferias escribir? CSV: Siempre tuve esa sensación, pero lo primero que llegó a mis manos fue la pintura. Cuando me trasladé a San Juan, hice amistad con los muchachos de mi edad que tenian mis mismas inquietudes. Entonces empecé a ver el mundo desde el punto de vista de la escritura. Empezamos todos a leer como locos. En la Biblioteca Carnegie no había libro ni periódicu, aun los extranjeros, que no leyéramos. MTC: ¿Exisúan en Puerto Rico, durante esa época, sentimientos de comunidad con el resto de Latino· américa? CSJ/: En el espíritu nuestro de la Atalaya, sí, pero no en el del gobierno. El gobierno estaba totalmente desgarrado del resto del continente. Esa ha sido la desgraCla nuestra. La revolución de nuestro grupo, tanto en lo literario como en lo político, se basaba en la relación con el resto del mundo.

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MTC: ¿Se carteaban con otros escritores? CSV: Sí, y también escribíamos en ciertos periódicos, como el Repertorio A mericano, un cé lebre semanario que había en Costa Rica. Repertorio Americano era la tribuna de América, todos los revolucionarios publicaban alli. También teníamos relación con la revista argentina Nosotros. MTC: ¿Cómo establecieron esta relación? CSV: Al poeta Graciany Miranda Archilla le habían dado una placita en el Departamento de<Educación y él nos traía papel timbrado. en inglés, pues todo era en esta lengua. Le escribimos una carta a la revista Nosotros de parte de La Atalaya de los Dioses. Cuando llegó a Argentina, los directores de la revista la cogieron en serio. Eramos unos escritores que nos autodenominábamos dioses, y escribíamos en un papel del gobierno timbrado en inglés. Los directores de la revista nos dieron un saludo yeso nos conectó internacionalmente. MTC: ¿Cómo era el San Juan de esa época? CSV: Físicamente era el mismo San Juan de hoy. Lo único que en Puerta de Tierra comenzaba un manglar que llegaba hasta el medio de la bahía. El gobierno empezó a dragarlo y lograron que la bahía llegara hasta Miramar, donde está ahora. Por eso el primer aereopuerto se llamaba Isla Grande. Por ahí Cue que nos sacaron a nosotros para Atlanta. MTC: El otro día contabas que los dos sitios de reunión en San Juan eran La Cafetera y La Mallorquina. ¿Había roces entre el grupo atalayista que se reunía en La Cafetera y el grupo de La Mallorquina? CSV: No, no había ningún roce. Claro. estábamos separados pero cuando nos encontrábamos éramos amigos. Había gente como Evaristo Ribera Chevremont y dos o tres más. que tenían su mundo aparte y no querían saber de nada más. Como nosotros adivinamos eso. hicimos nuestro propio mundo que fue el Atalayismo. Ellos se reunían en su grupo y nosotros en el nuestro. La Atalaya de los Dioses fue entonces una respuesta a ellos... CSV: Fue una necesidad histórica de nuestro país. Aquí se le cerraban las puertas a toda la juventud. No se podía hacer nada. Lo que había era hambre y miseria. Los puertorriqueños dirigentes estaban totalmente enajenados, al extremo que no querían admitir que Puerto Rico era una nación. Hasta allí llegaban. Yeran abogados. gente que había estudiado mucho. Cuando nosotros decíamos "la nación puertorriqueña", ellos nos contestaban: "1 Puerto Rico no es nación, hombrel" Teníamos que pelear con ellos. Si habíamos llegado a eso, dime tú lo que era la situación del país. Habíamos llegado a negamos a nosotros mismos...Esta era la gente instruída, los políticos que escribían en los periódicos. MTC: ¿Qué idea tenía el puertorriqueño de la calle? CSV: El hombre de la calle sencillamente era un reflejo del hombre que no era de la calle. Si no tenía madtros, ¿qué iba a hacer? Ganarse el pan. si podía 12

trabajar. o si no, morirse de hambre. Esa era la situación del hombre de la calle y a éste fue que llegamos nosotros. MTC: ¿Cuáles fueron las primeras actividades atalayistas? CSV: Prácticamente empezamos saliendo a la btUe con la bandera puertorriqueña en las manos y llamando a la revolución política. También escribíamos mucho. Uníamos lo político a lo literario. No se podía ser un buen poeta si no se era un buen patriota. MTC: ¿Además del periódico sanjuanero El Tiempo, dónde más publicaban? CSV: También publicábamos en una revista que se llamaba Alma Latina, cuyos dueños eran venezolanos. yen las revistas locales como La Linterna, El Gráfico. y los periódicos. MTC: ¿Cómo se recibió el movimiento atalayista en los círculos intelectuales del país? CSV: Teníamos enemigos que le inventaron veinte mil nombres a la Atalaya: Atalaya de los Mimes, Atalaya del Fanguito. Atalaya de esto. Atalaya de aquello. veinte mil atalayas... MTC: Pasaste más de siete años de tu vida en la cárcel. ¿Qué ganaste durante esos años? CSV: Gané paciencia para resistir estar encerrado. MTC: ¿Cuál era tu rutina diaria en la cárcel? CSV: Iba frecuentemente a la biblioteca y allí leía todo 10 que fuera bueno. MTC: ¿Recuerdas algún libro en especial, tenías alguno favorito? CSV: Los de filosofía, poesía y -los de los grandes novelistas como Dostoievski. También enseñaba español a los presos. MTC: ¿Cómo los trataban los otros presos? CSV: Los presos americanos nos trataban con respeto. Habían pocos presos hispanos, pero ellos nos trataban muy bien. a pesar de la propaganda que decía que éramos caimanes. Cuando llegamos a Atlanta habían movilizado a la Guardia Nacional porque creían que comíamos gente. MTC: Cuando ustedes llegaron a Atlanta. ¿había ya otros presos politicos allí? CSV: No, nosotros fuimos los primeros. Eramos ocho: Albizu. Corretjer, había tres Velázquez, padre e hijo y otro Velázquez de Caguas, Rosado y Gallardo Santiago. Rosado es el abuelo de este muchacho que mataron en el Cerro Maravilla. Está ha mas en diferentes celdas: a mí me pusieron con Albizu en una celda, a Corretjer con otro, y así nos organizaron. 'MTC: ¿Cómo has hecho para escribir en español y viviren los Estados Unidos, un país en el que se habla el inglés? ¿Cómo te sientes frente a esta contradicción? CSV: Para mí, mi obligación como poeta y revolucionario es defender el instrumento de mi expresión personal. MTC: ¿Qué métodos usas. lees mucho en español, oyes la radio? CSV: La lectura siempre ha sido para mí una necesidad, es como un alimento. También el radio y la televi-


Clemente Soto Véle~,1985 foto: Marithelma Costa.

sión. Yo me he hecho la obligación y la necesidad de defender mi lengua. Además de leer en español. también la defiendo escribiendo en ella, porque si no la escribo es igual que nada. La lengua tú la entiendes cuando la escribes. no cuando la hablas. MTC:'¿L1evas un diario? CSJ/: Aquí el único diario que existe es Amanda, mi mujer. MTC: ¿Sigues alguna rutina para escribir, por ejemplo, te sientas todos los días a una hora fija? CSV: Yo siempre estoy escribiendo en la mente. Cuando lo tengo ya todo cuajado. entonces me siento en la maquinilla. MTC: ¿Escribes directamente en la máquina? CSV: Sí, porque después que yo escribo a mano, no puedo entender lo que he escrilo. Claro, porque las ideas van más lápida que la mano. MTC: Entre Caballo de palo, que es del 59. y La tierra prometida, que se publica en el 79, hay veinte años de diferencia. ¿Qué hiciste durante esos veinte años? CSV: Estaba escribiendo La tierra prometida Y otros poemas. MTC: ¿Cuál fue la primera visión que tuviste de La tierra prometida1 ¿La concebiste desde el principio como tres libros, o fue creciendo poco a poco, de una manera orgánica?

CSV: Fue una cuestión de desarrollo. La tierra prometida es una obra escrita para ser estudiada. no para leerse nada más. La escribí para enseñarle a mi pueblo a pensar. y para demostrarle al enemigo que los puerto· rriqueños pensamos. MTC: ¿Cuál fue la primera imagen que tuviste de la tierra prometida? CSV: El mar. El mar fue la primera visión de La tierra prometida. MTC: ¿Por qué la estructuraste en lres libros? CSV: Yo parto de la idea de que un libro nunca debe ser muy largo. Eliminé por completo los poemas indio viduales, porque son una pérdida de tiempo. Para no desperdiciar nada, desarrollo la idea general de un poema, pero en un libro entero. Así se escribió el primer libro de La tierra prometida. De ahí salta al segundo libro. y de ahí al tercero. El tercero lo dedico totalmente a la revolución puertorriqueña por la liberación nacio· nal proclamada en Lares. MTC: En su introducción a Caballo de palo, Señeriz habla de la importancia que tiene la música en tu obra. ¿Qué tipo de música crees que le ha influenciado? CSV: Yo soy músico en mi interior, me interesa toda la música revolucionaria, Beethoven, Schostakovich, Brahms... Todo 10 que sea música buena, y música buena para mí es música revolucionaria. MTC: La tierra prometida recuerda los métodos surrealistas de escrilura automática. Se transparenta 13


también una estructura sinfónica a base de repeticione~ con variantes. ¿~uándo empezaste a escribir mediante asociaciones libres? CSV: Desde que empecé a escribir lo hice así. Por ejemplo. José Olmo que desde hace años está investigando en los archivos y tiene todos los textos que escribi antes de entrar en la cárcel, encontró un verso que dice "el tren del silencio silba y inás aumenta el silencio". El silencio no puede ser un tren. sin embargo aquí el tren también es silencio. Esto es surrealista. MTC: Hay partes de La tierra prometida que parece que se escribieron en varias jornadas consecutivas. ¿Es esto cierto? CSV: Lo que pasa es que yo venia del trabajo, en Brooklyn, y para salir de toda la porquería comercial relacionada con lo que hacía, en lo que Amanda hacía la comida, me sentaba a escribir en la esquina de aque. lla cama de la calle 84. MTC: ¿Cómo describirlas el proceso de escritura de La tierra prometida1 CSV: Tanto La tierra prometida. como mis mros libros. se desarrolla en forma de espiral. Después de escrito, subdividí el libro en los números 1,2.3.4. Setc. MTC: ¿ Reescribiste mucho? CSV: Muy poco, porque yo no soyel tipo de escritor que escribe mucho. Hay veces que estoy concibiendo una sola idea durante una noche cntera, y después, es que le doy Corma en el pdpel. Una vez en el papel. trato de apretarla más todavía. Las ideas pasan por tu cabeza por millones. Tú no puedes atraparlas todas. es imposible. De todo ese millón de ideas que pasan. tienes que seleccionar la que quieres. la que te satisface, la que levanta tu espíritu. Yeso no se hace en un segundo. Yo tengo que apretar la idea hasta el máximo. MTC: Pero apretar la idea es reescribir... CSV: Yo reescribo hasta borrar todo lo que escribi antes. Vuelvo a concebir la idea tal y como fue en su origen, yde nuevo ledoy la forma que quiero. Poresoes que en Escalio hay una frase que dice: "¿Podrías tu darle a un rio la forma de una estrella?" MTC: En La tierra prometida ha y muchas resonancias bíblicas. ¿Lees la Biblia a menudo? ¿Qué libros de ella te interesan? CSV: Yo lei la Biblia como seis veces LOrridas para saber qué decía. Me interesan los cuentos de Ester y Salomón y el Cantar de los cantares. La Biblia tiene cosas interesantísimas en materia de pensamiento. Por ejemplo Santiago, que se acerca más a los obreros, le dice a los burgueses, cuidado con eSlafar a los obreros y usar de su sudor. E Isaías. y San Lucas, todos ellos tienen cosas lindísimas, San Pablo el convenido era otro revolucionario. Sin embargo, hoy ya no me toca demasiado cerca. MTC: ¿A qué edad la leiste? CSV: Tendría como dieciséis años. Ya estaba en San Juan. MTC: También me pareció encontrar ecos del poema "Los Titanes", de Holderlin ... CSV: Tiene cosas muy lindas, es uno de los poetas 14

que más se acercó a lo que no se habían acercado 'Ios anteriores. Alemania dio muy grandes poetas. MTC: ¿Qué otro poeta alemán te interesa? CSV: Schiller. que fue un gran poeta. sobre todo desde el punto de vista de la poesía nacional. El tiene un verso que yo siempre cito hablando del estado revolucionario. dice: "Die Freiheit hat ein Freund in Himmel". (e) Yo digo: "No". yo difiero de SchiUer. La libertad debe tener un ami~o en la tierra, no en el cielo. Es esa idea romántica que trata de enfrentarse a los problemas sin enfrentarse con ellos. El romanticismo quiere sacarle eJ cuerpo a los problemas y esto es reconocer que los problemas son superiores al individuo. El individuo nunca puede ser inferior a los problemas porque nosotros creamos los problemas, los problemas no nos crean a nosotros. MTC: ¿Te interesa el poeta revolucionario ruso Maiakowski? CSV: Siempre me interesó. Nosotros discutíamos mucho a Maiakowski ya los poetas de su movimiento. Maiakoski era un poeta maravilloso: el tiene un verso que es un cuadro, como lo tiene Shakespeare. Se refiere a un obrero y dice: "Y por el roto que el tenía en el pantalón, se podía ver el cielo". ¿Quieres una figura más linda que esa? Y por ejemplo Shakespeare en Inglaterra dice: "Y el cielo como un tacaño se robó la última estrella". ¿sabes.lo que hay en ese verso? La tacañería. el cielo. la aurora. la tierra, las estrellas... Cuanto Dios creó está en ese verso. MTC: Amanda nos ha hablado del nuevo idioma de Soto Vélez. ¿Quieres hablar un poco de él? CSV: Desde antes de Caballo de palo, yo diría que hace más de 30 años. empecé a discutir conmigo mismo las posibilidades de alterar el idioma español en mate· ria gráfica. Cómo eliminar hojarasca del idioma y ganar en intensidad en la palabra. Eliminar los adornos. En el español tú tienes un montón de cosas que están fuera de la fonética: se escriben un montón de palabras con haches, se escriben las ces. las eses. las zetas, cuando para nosotros no hay mas que un sonido que es la ese; escribir la uve y la be labial, todo eso para mí hay que eliminarlo. Yo me quedo con la he larga. MTC: Y entre elle y ye? CSV: Yo me quedo con la elle. es más puramente latina. Entre jotas y ge. la ge tiene su posición y la iota la suya. Yo digo. la letra se va a llamar ga, ge.gi.go, gu para evitar problemas. Entonces cuando tú la llamas asi se acaban los diacríticos, y yo digo averigue, sin poner la diéresis sobre la u. En mi nuevo alfabeto no existe tal cosa. Toda palabra llana que termina en uta, al transformarse la zeta en ese, se elimina el acento y queda Veles. sin acento. Toda palabra aguda que termina en zeta. se lran¡forma en ese. y adquiere acento. Como ferós. con acento en la o. Esas son reglas de la misma lengua que están en pie, no las hago yo. Yosolo las aprovecho.

• La libertad tiene un amigo en el cielo.


Ponce, comienzo de su urbanismo hasta el 1848· POR CARMEN ADA RIVERA DE FICUEROA

SUS COMIENZOS EN EL SIGLO XVIII

E L PRIMER AUTOR QUE ESCRIBE ESPEOFlCAMENTE sobre el incipiente núcleo urbano de Ponce, hasta donde hemos podido constatar, es el cronista dieciochesco Fernando Miyares González. En sus Noticias particulares de la isla y plaza de San Juan Bautista de Puerto Rico, escritas hacia el 1775, al informar sobre cada pueblo en particular, nos dice de Ponce lo siguiente: ...Tiene una buena iglesia parroquial y aunque no hay unidas en la plaza más de setenta casas pasan de cualrocienlas las eSlablecidas a media legua en conlomo, cuya proximidad de unas a Olras no se ve en ninguna parle de la isla. 1

Bien nos ha señalado el estudioso de nuestra cultura, Eugenio Fernández Méndez, en su an¡Uisis de la obra, que Miyares hace 'notar repetidas veces las pocas casas que hay generalmente en los pueblos y la naturaleza dispersa de los vecindarios. mientras que al hablar de Ponce "nota con curiosidad el patrón de asentamiento insótito".2 Siete años mas tarde, otro cronista del siglo XVIII, el erudito benedictino Fray lñigo Abbad y Lasierra, Cirmaba el manuscrito de su Historia geográfica civil y natural de la Isla de San Juan BatJtis.ta de Puerto Rico,

• El pr('Sente uabajo forma parle de mi lrsis docloral sobre' la arquitrClura domcl-stira rn Poner para srr pr('Sentada rn la t nh'rrsi· dad de Valladolid; t's roml.'jrro rl Dr. Jesús l rrea Frrnández. 1. Fernando Miyares Conzálrz, Noticitu particutari!s di! ia isla" pla%D de San Juan Baulista di! Punlo Rico. [1775]: Apunte preliminar por Eugenio Femández M~ndez. Universidad de Puerlo Rico, Rlo Piedras, P.R,. 1954. p. 81. 2. E. Fernández M~ndrz. "Apuntes" en op. cil.. p. xxiii,

publicada luego en el 1788, en la que declara que el pueblo de Ponce "es de los más antiguos" de la Isla y a continuación pasa a informar con más detalle acerca de su pequeño y primitivo núcleo urbano del modo siguiente: ... 115 casas forman un cuadro dilaladfsimo. La iglesia parroquial lo cierra por un lado; enel cenlrodeél hay una capilla. que lo divide, dejando dos plazas menos solitarias que las de los otros pueblos, puescn éste y en su circunferenCia vive mucha parte de 105 vecinos, que ascienden a 755 con 5,058 almas.•.!

Se hace evidente que ambos autores llegaron a observar cómo Ponce empezaba entonces a diferenciarse en algo de los demás pueblos de la Isla, a excepción de la Capital. El primero, al señalar la mayor proximidad de los vecinos establecidos en sus contar· nos; el segundo, al describir su espacio central urbano como "dilatadísimo" y dividido en dos plazas "menos solitarias que las de los otros pueblos". En ros años venideros se ha de concebir ese espacio central del pueblo en dos formas distintas: bien como el centro urbano donde se encuentran dos plazas o como el de una sola plaza grande en medio de la cual se levanta la iglesia. Los dos autores nos sugieren que Ponce contaba para esas fechas con mayor número de vecinos que los demás pueblos. No coinciden ellos, sin embargo, al describir el templo. Si Miyares lo considera como una buena

.5, Fray Uligo AblJad y Lasierra. "Drsaipción topogr::Uica de 105 pueblos del partido de la Villa de San Germán pertenrcienll.'S a la cosla sur". Hisloria geográfica, cilJil" natural de la isla de San Juan Bau lista di! Punlo Rico [ 1788]. ESludio prelim inar por Isabel CUli~­ rrez del Arroyo. Edilorial Universitaria. Universidad de Puerlo Rico. Rlo Piedras. P.R.• 1966, p. 142.

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iglesia parroquial, Fray Iñigo encuentra que ésta es pequeña y está deteriorada, aunque fueron pocos los años que mediaron entre la apreciación que de ella hacen ambos cronistas. Hay que apuntar además, cómo Fray lñigo nos informa que esa primitiva iglesia cerraba el cuadro por un lado a la vez que habla de una capilla, no mencionada por Miyares, la que divide el espacio del mismo en dos plazas. En cuanto al desarrollo del núcleo urbano ponceño hacia finales del siglo XVIII, carecemos de mayor infor· mación. La población del partido de Ponce habia aumentado casi tres quintos en once años, 4 conclusión a la que llega el historiador local, Eduardo Neumann Gandia, luego de comparar los datos recogidos en dos censos: el que se realizó en el 1765, ~ que resulta Ser el primer censo oficial, y otro que le sigue de 1776. Del total general de almas en todo el Partido, queen el 1765 sumaba lJ,314, la cifra habia ascendido a 5, 674 en el 1776. 6

Neumann nos informa también que en el año 1800 alcanzó un total de 7,2lJ4 almas 7 y es de suponer que conforme se iba multiplicando la población itia tamo bién extendiéndose su modesto y reducido caserio. Como se ha podido ver, hasta ese momento y desde el punto de vista urbanístico, a los cronistas sólo les había interesado anotar la mayor o menor densidad poblacional y el número y proximidad de las viviendas existentes en el núcleo del poblado y sus tierras circundantes. Es de común conocimiento que, en su conjunto, los pueblos de la Isla estaban integrados en esa época por una sociedad típicamente rural. Su exiguo conglomerado urbano permaneda prácticamente abierto en con· tinuidad con la ruralia, presentando de ese modo un carácter uniformemente rústico que no permitia hallar diferencias válidas entre pueblo y campo. Por eso, todos ellos, incluso Ponce, ofrecian en su campestre manota· nía un contraste muy marcado frente al carácter indudablemente urbano de San Juan, la ciudad capital marftima protegida por murallas. Si Ponce hubiese presentado en esa época algún rasgo distinto en cuanto al tipo, la forma o calidad de sus viviendas, aquellos agudos observadores indudablemente lo hubiesen señalado en sus escritos de uno u otro modo. Vale la pena recordar ahora cómo sólo algunos años antes el Mariscal Alejandro O'Reylly, en su Memoria de 1765,' habia descrito las casas de los pueblos seme·

4. Eduardo Neumann Gandla. Verdadera )1 auttntica historia de la dudad de Ponce desde sus primitivos tiempos hasta la ¿poca contemporánea, San Juan. 1915. p. 65. 5. E. Neumann Gandla, Verdadna y •••• p. 65. 6. E. Neumann GandJa, op. cit.• p. 64. 7. Op. cit.• p. 66. 8. Alejandro O'Reylly. Memoria sobu /a J.da de Punto RICO. 1765. en Alejandro Tapia y Rivera. BiblIOteca Histórica de Puerto Rico. Institulo de Literalura Puertorriqueña. San Juan de Puerlo Rico. 1945. n ';29.

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jantes a palomares, fabricados de madera con vigas y tablas, que se redudan a un par de cuartos y Cjue perma· nedan abiertos de dia y de noche. La mayoría, según dice, careda de puertas y ventanas. "Todos los puebias", a excepción de la Capital, "no tienen más vivien· tes que el Cura, los demás existen siempre en el campo". Luego añade: "Iascasas que están enel campo son de la misma construcción yen poco aventajan unas a otras".9 También Fray lñigo, en su apreciación de las viviendas de la Isla, nos indica cómo la fábrica de casas del pueblo de Guayama en la costa sur y "aún de toda la . Isla, excepto las de la Capital. está ideada con consulta de la necesidad de materiales, temperamento de el clima y circunstancias del país" y es de opinión que: Son con poca diferencia como las que lenían los indios nalurales de esta Isla, de quienes sin duda aprendieron 105 españoles su conslrucción. persuadidos por la experiencia ser adecuadas al clima. ID

Pasa emonces el autor a describir con bastante deta· lle la técnica empleada para levantar aquellas primitivas viviendas, cuyos elementos deconstrucción simplemente se unían con bejucos. Forman estas casas elevadas sobre vigas, según dice, por la excesiva humedad del suelo y por "libertarse de las inundaciones", informando luego que no emplean cal. ni piedra, ni hierro en su conslrucción, "afianzando en su misma debilidad la mayor firmeza cuando ()Curren terremolos o huracanes". Más no conforme con toda esa descripción. advierte luego que: No todas las casas de la Isla son lan reducidas, ni groseras: hay algunas cubiertas de leja, hechas de labias bien ajustadas y clavadas. con vivienda y sepa· raciones: pero siempre sobre vigas. y bajo el mismo plan•... 1I

Al finalizar el siglo XVIII, el botánico francés, André Pierre Ledrú, quien visitó Puerto Rico en el 1797, se limitará a comemar sobre Ponce que es "un partido de importancia tamo por la población que asciende a 5,733 almas, cuanto por su extensión y por sus cosechas de café.. ,"t2 Mas, pese a que 10 considera "de importancia", lampoco parece encontrar nada de singular interés sobre el aspecto urbano o la forma de sus viviendas que fuera digno de ser notado en la valiosa relación de su visita. Todo parece indicarnos que, al finalizar el siglo, el pueblo no habia logrado todavia cambio a1f{Unn nola·

9. A. O'Reylly, Memor;a mbre .... p. 529. 10. Fray l. Abbad Y Lasierra. "Ikscripción lopo'~T;Uka de los pueblos del partido de la ciudad de Puerro Rico". Historia geogTli. ¡lea, p. 112. 1L Fray l. Abbad. op. cil.. p. 115. 12. Andr~ Pierre Lrdrú, Viaje a la isla de Puerto Rico tn el año 1797. Traducido por Julio L. Vizcarrondo. San Juan de Puerro Rico. Editorial Coqul, 1971, p. 76-77.


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ble en este aspecto. desde que el Mariscal O'Reylly visitó la Isla y escribió sobre ella su Memoria (1765) Hay que tener en cuenta. desde luego. que el 28 de agosto de 1772 había azotado al pais un huracán que pudo ser presenciado y descrito por Fray Iñigo. el cual causó daños en toda la Isla u y que en el 1787. según anota Neumann, hubo un fuerte movimiento sismico y un rayo que agrietó en Ponce la Iglesia de la Guada· lu pe. u Estos fenómenos con tribuyeron indiscutible15. Fray Idigo Abbad. Ob. cil•• p. 201. . 14. E. Neumann r.andla. Jlerthder. y •••• P 259.

mente a retardar el proceso del desarrollo urbano en Puerto Rico, y por supuesto, el de Poncc también,

EL DESARROLLO URBANO EN EL SIGLO XIX

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(1800-1848)

La pobladón del Partido de Poncc. como se ha podido ver, continuaba en aumento dcsdeel siglo anterior, pero su caserio permaneda más o menos en el mismo estado rústico aún después de transcurrida la orimera década del nuevo siRio. Durante los primero!l

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años, el pueblo sufrió sequía y debió luchar contra el desarrollo de una epidemia de viruelas. u También pudo sobrevivir a los estragos causados por el huracán del 4 de septiembre de 1804, que.destruyó muchas propiedades y llegó a ocasionar muertes. 16

EL PLANO DE ORDOIVEZ

A pesar de todo, la población del Partido superaba en el 1818 la cifra de ocho mil almas. 17 Fechado en ese mismo año, aparece el plano más antiguo que se cQnserva de su centro urbano, el cual presenta Neumann como obra de D. Alejandro Ordóñez, Justicia Mayor del Partido}e Este plano muestra el estado embrionario en que todavía se encontraba el pueblo y desde cuyo núcleo central partían varias calles por las que se iría extendiendo su caserío. Por la disposición de las calles en trazado rectilfneo que definen el área de la plaza y algunas inmediatas a ésta, el esquema responde básicamente a las Ordenan-zas que se recopilan luego en las conocidas Leyes de Indias, justamente a la Ley Primera del Título Siete (De la población de las ciudades, villas y pueblos), que dispone lo siguiente: ...cuando hagan la planta del lugar. repártanlo por sus plazas. calles y solares á cordel y regla, comen· zando desde la plaza mayor. y sacando desde ella las calles a las puerlas y caminos principales....'

A fin de evitar posible confusión al estudiar dicho plano. es necesario informar antes lo que Neumann nos ha advertido en el texto de su obra: que para mayor comprensión, él ha indicado al lado del nombre antiguo de las calles "el que hoy lIevan".20 Ese "hoy" corresponde, naturalmente. a la época del historiador en que las calles de Ponce tenían nombres de puertorri. queños ilustres. Esos nombres, están actualmente casi en el olvido pues no tardaron en volverse a imponer las antiguas denominaciones como la del Comercio, de la Marina y otras. De las calles que corren por los extremos norte y sur de la plaza vemos, respectivamente primero, la que desembocaba en el camino hacia Capitaneja, la cual recibiría luego el nombre de Isabel. La otra es la anti· gua Calle Real o del Comercio. nombre éste úhimocon que aún se conoce. El camino hacia Tallaboa partía de su prolongación oeste que más tarde adquiriría el nombre de la Villa, ya que en esa dirección llegaban también hasta la Villa de San Germán.

15. E. Neumann Gandla. op. dt.. p. 95. 16. Op. ch.. p. 259. 17. Op. dI., p. 69. 18. Op. cit.• (701. 19. Recopilación de las L~es de los Rrynos de las Indias, Quinta Edidón. Madrid. Boix Edilor. 1841. Tomo 11. Libro IV. p. 105. 20. E. Neumann Gandla. op. dI.• p. 69.

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En ruanto a las calles que bajan de norte a sur y flanquean la plaza por sus lados este y oeste, se observa que la primera se denominó Calle de la Marina pues al prolongarse en dirección sur iba a empalmar con el entonces camino que llevaba al Puerto. Esta calle se conoce todavía por el mismo nombre pero, en su extensión norte que aparece algo avanzada en el plano, se conocerá luego como la Calle de Atocha. A su lado oeste se encuentra tra,zada una paralela sin denominación alguna. que es la actual Calle de la Unión. En aquella época conduda al Cementerio. abierto desde 1814 durante el episcopado de D. Juan Alejo Arizmendi, único obispo puertorriqueño que dirigió la Diócesis bajo la dominación española. 21 Sorprende el trazado tan extendido en esos años de la llamada Calle "Nueva", conocida luego como la Mayor, y que conduce directamente al lugar de la can tera de piedra caliza situada al norte del pueblo. Se puede observar, además, que tanto la calle que llegaba al Cementerio como la actual Calle de la Luna situada paralelamente al sur de la del Comercio, se anotan como calles despobladas ("C.D."), ambas sin identificar. El lado sur de la plaza que se muestra apa· rentemente arbolada se conoda en esa época como Plaza Real o del Mercado. Ente el limitado número de construcciones que aparecen indicadas en el plano, se han identificado, aparte de la Iglesia y la Ermita, las siguientes: la Casa del Rey y Cárcel, la Aduana, el almacén de D. Gregario Medina, un corral de animales que está situado en la parte norte de la plaza. cerca de la Casa del Rey, y como estructura con función de carácter popular, una gallera. En cuanto a las casas de vivienda, el hecho de qUt sólo algunas queden señaladas en dicho plano, nos sugiere eran éstas las únicas que valía la pena destacar entre las existentes. En la calle que se dirige a Capitaneja (de Isabel o "PujaIs") están ubicadas la casa "del Cura", la de VilIafaña y la de Rafael Calzadilla; en la otra parte, hacia TaHaboa, se encuentra la de D. Domingo la Guardia y a su costado sur, la gallera de su propiedad. Tal vez eran éstas algunas de las pocas casas de madera que se levantaban en el pueblo. pues la mayoría se reducía prácticamente a rústicos bohíos, como se confirmará más tarde. Por eso, el citado historiador de Ponce resume diciendo que en el comienzo del siglo Ponce era "u~ villorio con humildes viviendas que rodeaban la plaza". En cuanto al carácter de sus construcciones comenta: ...En aquella época se vela alguna que otra casa de madeQl del pals. las más eran ¡nconfortables bohlos de paja y yaguas. En lodo el partido 5610 habla una tienda mista [sic]. una pulperla y algunos ventorrillos. u

21. E. Neumann. op. cil.• p. 71. 22. Op. cit., p. 66.


•

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Se inriere de esto que, respecto al tipo y calidad de la vivienda, s610 encontramos todavfa, más o menos, la continuidad de lo que se habia estado construyendo anteriormente. T:al vez el pueblo empezaba a sentir la esperanza de un posible mejoramiento al percatarse de las libertades permitidas por la recién otorgada Real Cédula de Gra· cias de 1815, cuandQ sus vecinos tuvieron que afrontar otra desgracia: la del incendio del 27 de Cebrerode 1820.

EL INCENDIO DE 1820 Según el Parte oficial del incendio, firmado en el mes siguiente por D. Francisco Vasallo, que la Comandancia militar envia al Gobernador, unas ciento seis casas "de lo mejor de Ponce" fueron consumidas en tres horas. 2! La pérdida se hada más sensible, informa, por haberla sufrido el comercio, "lo que más realzaba este Partido". Fueron varios los vecinos que quedaron "absolutamente arruinados", D. Gregario Medina y D. Domingo la Guardia entre ellos. De las casas que se mencionan en dicho Parte y que no aparecen anotadas en el plano de 1818; declara que se incendiaron la de, D. José Font y Blanch y la de Tomás Moreau, aparte de la de Francisco Va lis "que si hubiese ardido, por la disposici6n en que está, hubiera acabado con el resto del pueblo". Lo interesante es que Vasallo expresa que hizo "descobijar cuantas casas y ranchos estaban cubiertos de paja y yaguas" y esto nos confirma c6m_ estaba aún constituida una parte del caserio en el 1820. Bajo los estragos causados por el fuego, había desaparecido tres cuartas partes del pueblo. 24 Sin embargo, ante esta nueva calamidad, los ponceños no parece que arredraran, antes bien, la misma les sirvi6 de acicate para empezar a edificar con mejor planificación, a fin de realzar en lo posible el aspecto urbano del pueblo. Doce años después de ese incendio, nada el culto proCesar y periodista D. Ramón Marin, quien en su obra Villa de Ponu considerada en tres distintas épocas, comenta lo siguiente: Al reediCicarse el pueblo sobre las ruinas del incendio, hilOlo ya con algún esmero sustituyendo su antiguo y rústico casedo con otro de mejor apariencia, aunque también de madera y un tanto más en armnnfa con los gustos y necesidades que de fuera se iban impor· tando. u

Se desprende de lo anterior, que fue a partir del

23. "Parte dtl inetndio dt Ponct dtl 27 de rebrtto dt 1820" E Neumann Gandla. op. ch., p. 2O!i. 24. Lidio Cruz Monclova. Historia de Puerto Rico (siglo XIX), Editorial Univttsitaria, Univtrsidad dt Puerto Rico. 1952, Tomo 1 p.127. 2!i. Ramón Marln, Villa de Ponce consider4IÜJ en tres distintas épocas, Ponee. Establtcimienlo úpográrico "El Vapor", 1877. p. )9-20.

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incendio de 1820 cuando se inicia en Ponce una etapa de cambio perceptible. El c~mbio progresivo aunque lento al principio, se acelerar~'luego, hasta alcanzar en la última década del XIX un momento que puede describirse como de gran florecimiento urbano. Lo interesante es que Marln anota que, aún cuando se sigue empleando la madera al levantar el nuevo <:aserio, éste resulta ahora de mejor apariencia ... "y un tanto más en armonia con los gustos y necesidades que de fuera se iban importando". En otras palabras, en aquel momento ha empezado Ponce, por su parte, a quebrar levemente la barrera de aislamiento cultural en que se encontraba la Isla desde siglos anteriores, al aceptar la innuencia extranjera.

DE 1820 A 1848 Marin resulta ser un autor clave para comprender, en gran medida, ese proceso de increible crecimiento que experimentará Ponee, al menos el del periodo que cubre desde el incendiC' de 1820 hasta el 1876, un año antes de que la entonces Villa fuese declarada Ciudad. El prop6sito que lo anima a escribir esta obra, según sus p,opias palabras, es "dar á conocer en sus detalles esta poblaci6n en tres distintas épocas de su existencia..." a Cin de que asi "pueda mejor apreciarse su manera de ser y sus adelantos progresivos".2& La intenci6n del autor nos revela la profunda admiración que sentia por el adelanto espiritüal y material que ya se palpaba en el creciente pueblo de Pance de esos años. No lo es menos la Ce que siente en la utilidad y trascen· dencia de su propia obra. Las tres épocas distintas en las que separa Marin el desarrollo hist6rico de la "Villa de Ponce", quedan deCinidas del modo 'siguiente: Primera - desde los comienzos del pueblo hasta el 1811. Segunda - desde el 1811 hasta el 1846 Tercera - desde el 1846 hasta el 1876. En la primera época no creemos necesario detenernos: el autor plantea ante todo el problema de la fecha de fundaci6n del pueblo. Cita luego extensamente el conocido texto de Abbad y Lasierra cuyas páginas dice, están "ilustradas hoy por las luminosas ampliaciones con que las ha anotado el erudito puertorriqueño D. José Julián Acosta".27 Con el año de 1811, inicia Marin la segunda época en que propone considerar la Villa de Ponce. Desde una perspectiva clara de la historia, el autor percibe lo que signifi~6 la presencia de D. Alejandro Ramirez, quien ese año llegó enviado como Intendente de Hacienda; el primero que hubo en Puerto Rico. La estima en que tiene Marin al Intendente es innegable. Siente que es el de "la mano hábil y poderosa guiada por la ciencia 26. Ramón Marbl, op. cit., p. 8. ?:l. Op. cit., p. 8.


econ6mica y mas que por ésta. por el deseo del bien público". que vino a levantar la Isla de su PQstraci6n. Desde 1804 el puerto de Ponce se había habilitado como puerto menor y. en el 1811 se declar6 expedito para la importaci6n y exportaci6n por los buques norteamericanos y de las demás naciones amigas. Ambas clases de comercio se habían estado haciendo exclusivamente. desde el 1809. por el puerto privilegiado de la Capital. Mas en virtud de la Real Cédula de Gracias del 10 de agosto de 1815. concedida por la influencia del Intendente Ramírez. se abrían ahora los puertos principales de la Isla. incluso el de Ponce. al comercio con todas las naciones. De ahí que empiece a entrar al país capital extranjero; que se introduzcan nue\'Os instrumentos y procedimientos. Eso constituye un factor primordial en el desarrollo de la agricultura. especialmente la dedicada al cultivo de la caña de azúcar. "Todo contribuía a que los habitantes se hicieran más laboriosos e ilustrados..... concluiría más tarde D. José J. Acosta. 28 Entre las díversas medidas que tom6 Ramírez para encauzar el desarrollo econ6mico de la Isla. está la de fomentar la en trada de nuevos colonos. acomodando en ella familias de isleños canarios. Bajo tan sabias medidas. según Marín ... "no fue Ponceel menosqueentr6a ben er iciarse".29 La Real Cédula de 1815 fomentaba la inmi~raci6n en general. tanto de españoles como de extranjeros. hacia Puerto Rico. aunque limitada a las personas procedentes de naciones amigas. Si bien en siglos anteriores llegaron a incorporarse algunos inmigrantes, la Ley estipulaba ahora concesiones, garantías y derechos a fin de estimular el interés por establecerse en la Isla entre las personas que deseaban emigrar.!O Así se explica lo que declarara antes ~l mencionado autor de que al reedificarse el pueblo se hizo ya con "algún esmero" y... "un tanto más en armonía con los gustos y necesidades que de fuera se iban importando". Se continuaba sí. empleando la madera como material común de construcción. pero en el patrón de las edificaciones parecía iniciarse el cambio. La influencia extranjera empezaba a manifestarse en Ponce. según observa Marín. y conforme se iba nutriendo la poblaci6n con nuevos inmigrantes. habría de continuar ampliándose también su plano urbano. Aparentemente. a falta de fuentes históricas para cubrir la segunda época y por haber nacido en el 1832. Marín no puede dar testimonio personal de los hechos. puesto que aún al final de la misma seria apenas un adolescente. Por eso. para llenar ese vacío. reproduce en su obra un informe oficial presentado a la Comandancia militar del Departamento por el Alcalde D. José

28. Op. cit.. p. 19. 29. Op. cit.• pp. 17-18. !lO. Estela Cirre de Loubriel. La inmigración en Puerto RICO .. ura"1t' el SIglo X/X, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico. \964. p. xxxiii.

Ortiz de la Renta en el 1846. año que cierra la segunda época. Antes de referirnos a este informe del Alcalde ponceño debemos. sin embargo. tomar en ruenta otro documento oficial que le antecede. que tal vez Marín desconocía por no tener acceso al mismo. Se trata de la Memoria presentada al Gobernador porel Secretario de Gobierno. D. Pedro Tomás de Córdova. en el 1831.'· Según esta Memoria. en el 1824 se sumaban en el Partido 9.878 almas yen ell8281a cifra había alcanzado las 14.927. Lo más significativo es que en el 1830. quince años después de que fuera concedida la Real Cédula de Gracias. aparecen informados 401 extranjeros "domiciliados y naturalizados" en Ponce. Entre los vecinos, se contaban 171 artesanos y el pueblo ten ía un agrimensor. En relación a las viviendas existentes. se informan 121 casas y 178 "bojios" en la poblaci6n. mientras que en el campo las casas sumaban a 877 ya 381 los bohíos. u En el pueblo, por lo tanto. el número de bohíos superaba en mucho al de las casas. mientras la diferencia estaba a la inversa en el campo. Esto permite formarse una idea de cómo estaba distribuida la población en aquella sociedad rural de la que Ponce estaba constituido y el contraste es muy significativo. En cuanto a la disponibilidad que gozaba de materiales de construcción. Córdova menciona una cantera "de piedra bla'nca de talla. la cual está a las inmediaciones del pueblo. y de la que se proveen dos hornos de cal que trabajan la mayol' parte del año, y otra también". uice, "de piedra blanca de talla. más s6lida. en el cerro de piedras blancas. inmediato al río de Bucaná y barrio de Sa baneta". Aparte de esto. comenta que... "no faltan buenas maderas para construir casas, que es el mayor uso que se hace de ellas... "n Según la estadística formada en el 1828. sabemos que además de tener los dos hornos de cal ya mencionados. tenía también Ponce seis hornos de ladPillos.'4 En su Memaría. Córdova da cuenta. además. de las obras públicas. A saber: la iglesia. que "tiene rendida parte de la b6veda y cuya reedificación va a emprenderse"; la ermita. que "sirve de parroquia"; la Casa del Rey "con los bajos de mampostería que es la Cárcel"; "una pirámide en el centro de la plaza con la inscripción de Plaza Real" y un "hermoso pozo". Por otro lado. "el cementerio con cerca de mampostería". "la vigía" y la batería. "construida últimamente en la playa para la defensa del puerto, que es uno de los habilitados con Aduana".'~ La Memoria de 18S1 ofrece. según se ha podido ver. una visión bastante clara de cómo Ponce iba aumen-

51. Pedro Tomás de Córdova. Memorias g~ogrdJícas, históricllS, económicas y ~stadistícllS de la /sla d~ Puerto Rico. 6 vol., Oficina del Gobierno. IRS 1!l2. P.T. de c6rdova. op. cÍl.. Tomo 11. p. 255. !I!I. Córdova, op. cit., Tomo JI. p. 254. !l4. Op. cit.. p. 257. !l5. Op. cit.• p. 254,

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tanda con relativa rapidez su número de vecinos y trataba de aprovechar. naturalmente. los recursos natu· rales disponibles en las inmediaciones del pueblo para mejorar su aspecto urbano. Por lo pronto. entre las obras públicas. estaba en proyecto reedificar la Iglesia de la Guadalupe y en la playa se podia contar con una batería recientemente construida para la defensa del puerto. Sugiere también esta M~mor;a la posible participación de los ponceños en acti\'idades diversas puesto que informaba 171 artesanos y la presencia de un agrimensor. Toca ahora. como corresponde al orden cronológico. examinar el informe del Alcalde Ortiz de la Renta. de 1846. que aparece en el libro de Marin. u De este documento se han podido extraer algunos datos que. junto a 105 que proporciona la M~morja de Córdova. ayudan a esclarecer en algo el desarrollo urbano que se presenciaba en el pueblo durante esa época. En cuanto a materiales de construcción. menciona Ortiz de la Renta la mina o cantera de piedra "para sillería de superior calidad" la cual se encuentra "a solo un tercio de legua" de la población. Aunque se trata de la cantera de piedras blancas que ha informado Córdm·a. lo importante es que Marin añade' . "el,. la cual se han sacado para fábricas de este pueblo y otros de la Isla"." Esto comprueba que en Ponce. aparte de la madera. se estaba ya empleando con alguna frecuencia la piedra como material de construcción desde antes de 1846. De acuerdo con Córdm·a. antes de 1831. supuestamente. se había estado empleando también el ladrillo. Desde luego. que en obras como la iglesia. "los bajos de la Casa del Rey" que servían de cárcel y. probablemente. la ermita. es natural que se empleasen con bastante anterioridad estos materiales más duraderos y resistentes que la madera. Informa también el Alcalde sobre algunos edificios de mampostería que habían sido construidos o se estaban construyendo en Ponce en esa fecha: Estando inútil la Casa del Rey de madera muy anti· gua. se construye un edificio de mamposterla destinado a casa Capilular. Cuartel de Milicias y Cárcel. de aho y con los repartimientos necesarios y cómodos á los objetos espresados [sic]. y está la Iglesia del mismo material de capacidad y vistosa. ambos edificios en la plaza mayor de esta población. Al extremo de ella se fabrica otro magnHico y costoso edificio. también de mamposteria. dedicado á cuatlel de la tropa veterana que guarnece este punto. SI

Luego agrega que en la población del Puerto se halla la Aduana. que es otro edificio "de costo y espa· doso. y la Bateria de San José con su casa y almacén de pertrechos; todo igualmente de mampostería". En cuanto al desarrollo del plano urhano, Ortil. de la Renta lacónicamente expone: "Tiene este pueblo 24

36 Ramón t-farln. l.a VIlla dI! Ponu...• pp. 2()'26. 37. R. Marln. op. cit.. p. 23. 38. Op. cil" p. 2,'>,

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calles y 7 en el Puerto" y másade1ante: "El pueblo tiene la extensión de 818 varas castellanas de E á O Y 1062 de N á S".'9 [683.77 metros y 887.H metros respectivamente]. De esta reladón algo limitada. en cuanto al aspecto urbano de Ponre. se lamenta Marín: Sensible es que el informe municipal preins('rto no se estendiera [sir] en puntos tan inter('santes como son los colegios (,,,istentes enlonc('s. hospitales. fincas rurales y número de casas y habitantes....o

Al Alcalde Ortiz de la Renta le interesó presentar. ante todo. una relación más completa sobre la geografia y los recursos naturales del Partido y dice omitir en su informe las noticias sobre el número de casas. colegios. hospitales y demás. "quedando pendiente del resultado del censo y estadística a formarse". H Al informe del Alcalde Ortiz de la Renta. se ha permitido Marín hacerle algunas rectificaciones. Piensa que "así lo demanda la verdad de la historia". Especial interés tiene. por ejemplo. el que declare no ser probable que en la época a que se contrae el informe oficial tuviera Ponceel número de calles que se mencionan [24]. y si las tenia. prosigue: ... personas respetables y bien enteradas nos aseguran que sólo ('xistian en proyecto o simplemente trazadas; pues algunas d(' las mismas calles á que sin duda se hace referencia: aún en el año 1850 estaban sin edificar en su mayor pane y sobre todo ('n sus prolongaciones. como lo mismo se advi('rte en las calles d(' Cristina. LatoTt(', la Salud y Olras... u

Sugiere con esto que el Alcalde exageraba en su informe los progresos alcanzados por el pueblo. Sin entrar en más detalle. el autor pone fin a la parle que trata sobre esa época de Ponce. definida por él como la segunda. Neumann pondrá en duda también que Ponce tuviera para ese año el número de calles que el informe del Alcalde presenta. y aclara. "si las tenía. no estaban pobladas. y sólo trazadas".4S No obstante. ha anotado que después del incendio de 1820 se comisionó a Ordóñez "para el arreglo del pueblo y se abrieron nuevas calles" como la del León. la de la Aurora y el cal1ejón del Amor. mientras la de la Salud sólo quedaba parcialmente trazada. 44 Dice. además. que en el 1836 se abrió la cal1e Cristina hasta su empalme con la Mayor.4 5 De fecha anterior al 1846 se han podido encontrar dos planos firmados por agrimensores: uno en noviem· bre de 1838 por Félix N. Desjardins y el otro. en septiembre de 1839 por Bartolomé Curpeaud. Son

39. 40. 41. 42. 43, 44. 45.

Ibid. Op. cil" pp. 26-27. Op. cit., p. 26. Op. cit.. p. 28. E. Neumann. op. ril.• p. 76. Op. (il •• p. 73. Op. ril., p. 74,


proyectos de calles en el sitiodel Capá, nombre con que se conocía en esa época la parte noreste del pueblo. i6 Su trazado. sin embargo. no parece coincidir exactamente con las del plano general de la ciudad que en el 1886 rirma Arturo Quiñones. Ayudante de Obras del Ferróca rri 1. 47

LA IGLESIA Y LA PLAZA

Como se ha \"isto en la Mt'moria de 1831, Córdo\'a mencionaba. entre las obras públicas de Ponce. a la iglesia que tenía "rendida parte de la bóveda" y cuya reedificación iba a emprenderse. En su informe de 1846. el Alcalde se refería también a dicha iglesia. como obra que había sido realizada en mampostería, al igual que el edificio destinado a casa Capitular que se estaba construyendo. Neumann. por su parte, anota el 25 de julio de 1839 como la fecha en que se bendijo ese nuevo templo de la Guadalupe. 48 que se había comenzado a edificar desde abril de 1835,49 donde estu\'o la antigua capilla bajo dicha advocación, en el centro de la plaza mayor. Al edificar la iglesia en la plaza de Ponce. no parece se siguiera estrictamente lo dispuesto en cuanto a la consU1.lcción de este tipo de edificio en panicular. Conforme a las Ordenanzas que aparecen bajo la Ley \'111, se indica que en lugares mediterráneos, es decir, alejados de la costa. no se debía fabricar el templo en la plaza. sino algo distante de ella. donde estuviera separado de cualquier otro edificio que no perteneciese al propio templo. Debería estar también levantado del suelo para que fuese \'isto de todas partes. de forma que habría de entrarse a él por gradas. so La iglesia de la Guadalupe no se edificó. en Ponce. levantada del suelo como ocurre en otros pueblos de la Isla. ~i siquiera hay que subir un peldaño para entrar a ella. mas si algún templo se podía~1 apreciar perfectamente de todos lados es éste. por estar ubicado en medio de la plaza y por las proporciones generosas con que se trazó la misma. Puede decirse que al proyectarlo de ese modo se prefirió seguir

46. Archim General de Puerto Rico. Colecdone~ Particulares -2. FOlogranas. 259 d, Ca. 18. 47. Archivo General de P.R.• Obs. púhs., Municipales -Ponce. ego 54, Exp. 7, Ca. 288 (coplal. 48. E Neumann. op. di., p. 29. 49. Ihid. SO. RecopIlación de la.s Iryt.s .... Tomo 11, Lihro I\', Tlculo Siel(' p,106. 51. Hoy dla no es posibleconlcmplar la caherrra dellemploen su IOlalidad pue~ a ~u lado oriental ~eencuentra el edilicio que en el 1882 se levanló para la Exposición de la Feria de Ponce, el conocido Parque de Bombas·de la ciudad.

más bien el espíritu dt' las Ordenanzas qUt' su propia letra. El emplaz••mic:nto de la i~lesia en t'1 mismo ('('ntro de la plaZ¡l, bien estt- rodeada ddardines odt'los solan's que forman la p\<ll.a mayor de los pueblos, ('S 'lC('nadamente advertido por D. Ernt'slo La Ordell Mir.td(', como una (drant'rístÍt"a que hace lmi(d a las i~I('sias de Puerto RÍt"odentrodel conj unto de lasdeHispanoamt·ri(d, siendo en su opinión. el ('aso más visibl(' el dt· Ponce. Considera L, Ord('n esta (·ara(·lt'rístitd ('omo la más ori~inal y afortunada de nuestras i~lt'sias.~2 Conviene aquí señalar que en Para~uay se t'nnlt'ntra también esta disposición de la i~lt'sia en el ('('ntro de las plazas.~'

Durante los años que mediaron entre el incendio de 1820 y el informe de 1846, firmado por Ortiz de la

Renta, Ponce había dado pruebas. aparentemente, de un consecuente desarrollo urbano. Su población aumentaba notablemente. pues si Córdo\'a informa que en el 1828 era de 14.927. Si Neumann da la cifra de 16.970 en el 1836. 55 A pesar de lodo, Marin opina que. en cuanto a riqueza urbana. estaba Ponce muy lejos todavía de ser de las principales poblaciones de la Isla pues no sólo Mayagüez antes del incendio de 1841, sino que Arecibo y Guayama la superaban por aquellos años en este concepto. 56 Aún así contaba el pueblo en el 1848 con la nueva casa Capitular y sus dependencias para Cuartel y Cárcel; con el nuevo y espacioso templo de la Guadalupe; y con un segundo cementerio que fue terminado desde el 1842, aún más alejado de la plaza.~7 Aparte de esto, se había fabricado otro "magnífico y costoso" edificio, también de mampostería, dedicado a cuartel de la tropa veterana. 58 Junto a esto, el caserío que iba extendiéndose por nuevas calles y allá, en el Puerto, además de la Batería de San José, el importante edificio de la Aduana que se había concluído en el 184 LB De ese modo se acercaba Ponce a la categoría de Villa. Desde el 1840. a instancias del Alcalde Don Salvador de Vives, quien confiaba en la creciente riqueza del pueblo para merecerlo, le fue concedido ese título por la Real Orden del 29 de julio de 1848.60

52. Erne~lo La urden Miracle. "l..a~ iRlesias anlÍRuas de Puerlo Rico", Revuta del Instituto de Cultura Puertorrlque;¡a, San Juan de Puello Itico. Núm. 16, 1962. p. 51. 53. Véasc lihro del arquilcclO Juan Giuria: l.a arquitutura en ("{ Paraguay (Facuhad de ArquileclUra y Urhanismo. Universidad de Bueno~ Aire.~. 1950), p. 55 Yp, 57. 54. Supra. n. 37. 55. Neumann. 'tndadera .... p. 74: p. 262. 56. Marln, l.a vil/a de Pana .... p. 27. 57. Neumann, Verdadera .... p, 263. 58. Supra. n. 4!1. .1)9. N('umann, Vndadt!Ta .... p. 2fi!l. 60. Neumann. op. di.• p. 77.

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La Arqueología de las Cuevas de Puerto Rico· POR 0\'1010 DAVILA

os

PROPO~DIOS EXPO~ER l'X RESnlEX DE LO~

N trabajos más imponanles realizados en las cuevas

en Pueno Rico con el propósilo de estudiarlas arqueológicamente y de obtener nuevos conocimientos sobre nuestra prehistoria, Este resumen estará basado en las fuentes arqueológicas publicadas y que han estado disponibles para nuestra consulta, En 1889 aparece publicado por el Dr. Agustín Stahl un folleto titulado Pictografías Indo-boricuas de/litoral, impreso por el Boletín Mercantil de San Juan. En el mismo. el Dr. Stahl nos ofrece una descripción de la famosa Cue\'a de las Golondrinas de ManatÍ. En este pequeño trabajo. de apenas 7 páginas. nos ofrece una detallada descripción de la cue\'a. dándonos medidas de sus características físicas. También nos ofrece alguna información sobre la composición del depósito arqueológico localizado en la misma. La imponancia de este trabajo radica en ser una de las primeras descripciones cuidadosas de una cueva con propósitos arqueológicos. Este trabajo incluye ilustraciones de los petroglifos localizados por Stahl en la cueva. Para 1890 aparece un trabajo del arqueólogo francés Alphonse L. PinatltÍlulado Nott:s Sur les Pelroglyphes el Antiquités des Grandes et Petites Antil/es. Este trae -bajo que sólo circuló mediante copias heliostáticas dei manuscrito original, constituyó, posiblemente, el primer U"abajo de descripción del arte rupestre puertorri. queño. Gracias a una reciente traducción del profesor Manuel Cá'rdenas, de la Facultad de Ciencias Sociales

• Ponencia leída en el Primer ConKTe\o de E\pell'Olo~ia de PUl'flO Rico. celebrado rn la Biblioleca Carnegie de San Juan, bajo los auspicios de la Sociedad Espeleológica de Puerto Rico yel Departa. mento de Recursos Naturales. el 22 de agoslo de 1980. La primera parte. poner de carácter t~cnico. ha sido om ¡tida con aUlorilaci6n del autor; se publica la parle hislórico.hibliográfica,

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de la Universidad de Puerto Rico. este trabajo está asequible, habiéndose publicado dicha traducción, con introducción y notas del doctor Ricardo E. Alegría, en el primer número'de la Revista del Museo de la Universidad de Puerto Rico. ton este trabajo. Pman informa por primera vez la existencia de la Cueva del Indio en Arecibo. Describe la misma al igual que sus complejos petroglifos. Incluye en este trabajo algunas ilustraciones esquemáticas de los mismos. Otra importante cueva visitada e inspeccionada por Pinart es la igualmente famosa Cueva de los Archillas, entre Morovis y Ciales. Con respecto a ésta, se limita a mencionarla y a ilustrar unos dibujos de varios petroglifos encontrados por él en dicha cueva. Dicho sea de paso, los petroglifos no han podido ser relocalizados en la cueva. Es Pinart la primera persona en informar la existencia de pictografías en Puerto Rico, cuando nos habla de una inscripción tallada y "coloreada" en la Cueva del Consejo de Arecibo. En el texto original, Pinart llama erróneamente a la cueva como la "del Conejo", que no es otra que la que hoy conocemos como la Cueva de Miraflores. En este trabajo se hacen breves 'alusiones a la Cueva de Boquilla de Manatí, a la Cueva de las Planadas en Pasto Viejo, Ciales, y a la Cueva del Mallorquín en Cabo Rojo. Las próximas referencias a cuevas, en trabajos arqueológicos, las hace Coll y Toste en su muy cono· cida obra Prehistoria de Puerto Rico que data del 1897, aunque fuera publicada en el 1907. Coll y Toste hace mención de la Cueva de los Muertos en el barrio Angeles de Utuado, como un lugar donde habían sido descubiertas osamentas indígenas, pero, lamentablemente, no entra en mayores detalles. La cueva a la cual mayor atención le da es la de Miraflores. ColI y Toste describe esta· ueva como un taller de trabajo en piedra de los


Vista dr,~dr rll1llt'Tior di' la el/rIla

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Grmt'1OJ. MorOl·is. Purrto Rico. Foto dt"1 ..JUlor,

grupos indígenas de la Isla. indicándonos igualmente la existencia en la misma de petrogliCos en sus paredes. Para el año 1907 sale a la luz la importante obra del arqueólogo norteamericano Jesse Walter Fewkes titu· lada The Aborígenes o/ Porto Rico and Neighboring Islands. Para la etnología prehistórica de Puerto Rico este trabajo es uno de los más importantes. En él se realiza un verdadero intento de complemento de las Cuentes etnohistóricas referentes a la vida de los aborígenes antillanos con la evidencia arqueológica. Una de las cuevas visitadas y trabajadas por Fewkes fue la Cueva de las Golondrinas en Manatí. Allí realizó excavaciones. inCormándonos haber llegado a una profundidad de 10 pies en un depósito compuesto por ceniza y cerámica, En términos estratigráCicos. lamen· tablemente. poco nos dice, Es. sin embargo. la primera excavación arqueológica en una cueva de Puerto Rico. A mediados de la segunda década del presente siglo. viene a Puerto Rico a realizar estudios antropológicos un equipo de investigación dirigido por el prominente antropólogo Dr. Franz Boas. quien ha sido llamado el "Padre de la Antropología Americana", Con él vienen tres arqueólogos cuyos trabajos en varios yacimientos de la ]sla han dejado una profunda huella en la arqueología puertorriqueña. Nos referimos a John A]den Mason. Robert T, Aitken y Hermán K, Haeberlin. A ellos les debemos la mayor parte de la labor arqueoló· ~ica realizada hasta ahora en la región caliza compren·

dida por los barrios Angeles y Caguana de l'tuado. y Río Abajo de Arecibo. El primer informe publicado por el grupo Cue el de Haeberlin. el cual apareció en el \'olumen 19. número 2. de la revista American A Tltllropologist de 1917. bajo el título "Sorne Archaeological Work in Parlo Rico". En este trabajo Haeberlin nos inCorma, entre otras cosas. sobre las exca\'aciones realizadas por él en la Cue\'a de la Seiba. en la Hacienda del Jobo en Arecibo. Por lo que se desprende del inCorme. HaeberJin realizó una labor arqueológica eficiente para lo que se podía esperar en cuanto a procedimientos de exca\'ación ~. estudio en la época. Realizó un plano muy aceptable de la cue\'a. describiendo la orientación y Corma de la planta de la misma, Este plano. igualmente. nos presenta un corte trans\-ersal del piso de la cue\'a, HaeberJin tiene el cuidado de excavar la cue\'a área por área, teniendo así un conlrol del material encontrado, DÍ\'ide el material por estratos y realiza obsen'aciones sobre la composición de los mismos, Se limita a describir los arteCactos encontrados de hueso. cerámica y piedra. sin llegar a conclusiones sobre su Cunción o significado, El segundo inCorme fue el de Aitken. publicado en la misma revista en c'l'\'olumen 20 correspondiente a 1918. bajo el titulo "A Parla Rican Burial Ca\·e,". Como sugiere el titulo. el informe está dedicado Cundamentalmente al trabajo de exca\'ación de una cue\'a. en este caso la de Cerro Hueco o Antonio. localizada en el 9" _:>


barrio Caguana de lTtuado. En este caso se.dedican 12 páginas enteras a la descripción de los trabajos arqueológicos. Este informe es más completo que el de Haeberlin. Aitken nos describe de la siguiente forma el procedimiento realizado de la excavación: The method used was quite simpl!!. and consisted in removing the floor a layer at a time. No trenching was . done. The lOols used w!!re long blades known as machetes. th!! uni\'ersallools oC the Porto Ricans. For breaking through the caldte lay!!rs a pickax was necessary. For the actual uncovering oh he specimens a small lrowel was used. and much oC the earth in these cases was remo\'C'd with only Ihe fingers as lools.

Vemos en esta descripción una intención de siste· matizar la excavación por estratos, aunque el sistema de profundizar y remover el material dista mucho de ser lo más adecuado dentro de lo que hoy podría considerarse asi. No obstante, es la primera vez que un investigador se preocupa por utilizar un sistema metodológico en su trabajo en la Isla. El material encontrado en la cueva era indicativo de que la misma había sido utilizada como sitio ritual y de habitación por los indios correspondientes al ultimo período de ocupación prehistórica de la Isla, es decir, el taíno. De los tres arqueólogos, el más que se destacó fue John Alden Masan. No sólo por su labor arqueológica en la Isla, sino porque, además, posteriormente se convirtió en una de las figuras arqueológicas más destacadas de América. Mason fue quien excavara el hoy famoso Centro Ceremonial Indígena de Caguana, asesorado por Robert L. Junghanns. Producto de su tra· bajo en este yacimiento fue su clásica obra titulada A Large Archaeological Site At Capá, Utuado publicado por la New York Academy of Sciences como parte de la serie de publicaciones del Scientific Survey oC Porto Rico and the Virgin Islands (Vol. XVIII-Part l. 1941). Fueron dos las cuevas que Masan estudió con mayor detenimiento durante sus trabajos en Puerto Rico. La primera de ellas fue la Cueva de los Muertos, llamada así por la gran cantidad de restos humanos que alH se han encontrado. El sitio realmente es un gran refugio rocoso, formado por un gran paredón calizo en la cara sur de uno de los grandes cerros calizos de la región cársica del barrio Angeles de Utuado. El refugio fue evidentemente utilizado por grupos indígenas como sitio de cocina, ya que el terreno del refugio está compuesto pr,ácticamente por ceniza. Mason nos inCorma haber excavado en el lugar y haber encontrado que el primer estrato está compuesto de ceniza con algunos fragmentos de huesos humanos. Debajo de éste encono tró un estrato de más o menos un pie de profundidad compuesto de cenizas. carbón y terreno negruzco descansando sobre un nivel de terreno estéríl. El material arqueológico contenido por el depósito estaba constituido por guijarros de río, lascas de pedernal y álgunos fragmentos de concha de caracoles de tierra. No llega a

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conclusiones sobre el material y se limita, como los anteriores autores, a exponer los hallazgos. La segunda cueva trabajada por Masan fue la Soler, en el mismo barrio Angeles. que nosotros rebautilamos con el nombre de Mason. en honor a este distinguido investigador. En esta cueva. Masan encontró una gran cantidad de pictografias. Este fue el primer informe sobre pictografías en Puerto Ricoyel mismofuepublicado en las Actas del Vigésimo Séptimo Congreso de Americanistas celebrado en Lima. Perú, en el 1939. Esta cueva está localizada en una de las áreas más despobla. das de Puerto Rico y llegar a ella es bastante difícil. por lo que su localización exacta estuvo perdida por más de 60 años para la arqueología. hasta que hace unos años tuvimos la fortuna de dar nuevamente con ella. Dentro de esta cueva. Mason localizó un gran número de motivos aborígenes pintados en las paredes de la parte más cercana a la entrada. No localizó ninguna otra eviden.cia arqueológica en la cueva, por 10 que le pareció era una de naturaleza ceremonial. Para el año de 1936. el Dr. Irving Rouse. de la Universidad' de Yale, vino a Puerto Rico con el propósito de realizar una labor arqueológica intensiva para el establecimiento de una cronología arqueológica para la Isla. Esto le llevó a realizar excavaciones arqueológicas en un gran número de yacimientos a través de todos los puntos del territorio puertorriqueño. incluyendo las islas de Mona y Vieques. La única cueva excavada por Rouse fue la de Carmona, en Canóvanas. Para el tiempo de su estudio. la cueva estaba habitada por un individuo, por lo que la excavación fue limitada. Encontró fragmentos de cerámica del estilo Santa Elena y Capá de la cultura sub· taína y taína respectivamente. Poco después. en el 1948, Ricardo E. Alegría. realizó excavaciones en una cueva costera en Loila llamada María de la Cruz. En esta cueva Alegría encontró un importante conjunto de materiales que resultaron corresponder al primer gr~po de humanos en habitar nuestra Isla: los indios arcaicos. Los trabajos en esta cueva resultaron ser uno de los más importantes hasta ahora realizados en la Isla, ya que en ellos participaron arqueólogos de la Universidad de Harvard. como por ejemplo. el Dr. Gordon Willey. quien además, fue uno de los co·autores del artículo publicado en la American Antiquity con respecto a las excavaciones. La próxima publicación sobre un trabajo realizado en una cueva fue el efectuado por quien escribe estas líneas en Vega Baja. Producto de este trabajo fue un folleto titulado Las Pictografl'as de Cueva Maldita. publicado en Vega Baja por la Sociedad de Investigaciones Arqueológicas e Histór,icas "Sebuco". Inc. La Cueva Maldita es más bien un refugio rocoso. La misma está localizada en el barrio Almirante Sur de Vega Baja. Dentro de la misma localizamos tres petroglifos y seis pictografías. Cuatro de las pictograffas eran policromas y las otras dos en negro. Su hallazgo rue el primero de una larga serie de descubri mientas de pictografías en toda la región comprendida por los territo-


rios municipales de Vega Baja y Morovi~, todos, igualmente, en cuevas y refugios rocosos. Cueva Mal· dita no demostró contener depósito arqueológico, por lo que no se realizó ningún tipo de excavación. Para nosotros resultó obvio, primero, que no fue lugar de habitación, ya que es poco profunda y por su poca altura no se puede caminar dentro de la misma. Lo más probable es que el lugar fue un sitio para la celebración de ritos y ceremonias de naturaleza religiosa. Estos trabajos fueron realizados en el 1976. A principios del 1977 realizamos trabajos afq ueológicos en la cueva Los Gemelos, localizada en la región cársica del barrio Barahona de Morovis. Esta cueva fue localizada por nosotros mientras realizábamos exploraciones arqueológicas en la región en cuestión. En el interior de la cueva localizamos un gran número de pictografías y dos petroglifos. En la entrada este de la misma, descubrimos un pequeño montículo rt'siduario que resultó ser prehistórico, el cual excavamos para determinar su naturaleza cultural. La exca vación nos demostró, por los materiales que arrojó, que se trataba de los restos de una actividad cuhural aborigen correspondiente al período precerámico. Encontramos gran número de artefactos de piedra tallada a base de lasqueado por percusión, así como restos alimenticios entre los que se encontraban representados moluscos terrestres, judas y almejas marinas. Resultados preliminares de estos trabajos fueron publicados en dos articulos periodísticos. Un informe completo de los mismos fue presentado por nosotros como tesis de maestría al Instituto de Cultura Puertorriqueña. En la revista Promoción Cultural, del Instituto de Cuhura Puertorriqueña, (Año lII, Núm. lO, 1980) acabamos de publicar un breve artículo donde informamos un sorprendente descubrimiento arqueológico realizado en una pequeña cueva localizada en el barrio Pugnado Adentro de Vega Baja. Nos teferimos al hallazgo de dos espátulas vómícas talladas en madera en forma de culebras enroscadas, restos de seis maracas monoxílicas -tres de ellas en reconocible estado y una en buen estado de conserva ión-. un aspirador de la cohoba de forma humana, dos ocarinas talladas en semillas de corozo, un buril de concha de caracol, veinte cuentas de collar talladas en concha, entre otras piezas. Este material fue encontrado por varios niños del secior quienes, por diversión, exploraban un inmenso cerro calizo del área. Un material de esta naturaleza, ~ólo es posible encontrarlo regularmente en cuevas, ya que ahí está protegido de la humedad y de otras inclemencias del tiempo. La cueva es de poco tamaño y está en un sitio bastante peligroso para llegar a ella. lo que nos hizo llegar a la condusi6n de que desde tiempos prehistóricos nunca antes alguien la hubiera visitado, ya que de haber sido así, las piezas no hubieran podido conservarse hasta hoy.

Como hemos podido ver, las cuevas han tenido mucho que ver con la arqueología en Puerto Rico. Es lamentable que por limitación de recursos y personal no sean más numerosos los trabajos en las cuevas de Puerto Rico. Existen en la Isla cientos de cuevas con gran potencialidad arqueológica que por una u otra razón no han podido investigarse apropiadamente. No obstante, la actual década de los años 1980 se perfila ante nosotros como una de gran impulso y desarrollo para la arqueología y para la espeleología.

E'l:cnl'nció" nrqll~ológicn nI CIlt'l'/l Los Pu~rlo Rím. Falo d~1 Autor.

Gt.'m~/os. Moro!'ís.

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La poesía de Francisco Hernández Vargas In Memoriam POR MANUEL DE LA PUEBLA

p

ocos A~OS ANTES DE SU FALLECIMIENTO INVITE

a Francisco Hernández Vargas para que hablara sobre su obra a un grupo de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico que estaban estudiando la poesía en ese momento. Fue una lección memorable tanto para los universitarios como para el poeta. Desde el comienzo se logró la más deseable comunicación quedebeexistiren toda gestión educativa. Hernández Vargas entró con sus versos, con sus anécdotas y vivencias en el centro mismo del interés suscitado. En vez de presentar un análisis conceptual, frío, lingüístico-matemático de su poesia prefirió recitar de memoria algunos poemas suyos, situándolos previamente dentro de loscomextos literarios y políticos-sociales puerlorriqueños bien conocidos por él, vividos y asimilados. Excelente método. Desde hace ya bastante años la poesia ha perdido este senlÍdo de comunicación. Se ha ido por caminos extraños, fuera de las dimensiones humanas, fuera del contacto con el hombre concreto, con el lector común. De ah( la desgraciada suerte de la poesía y los poetas, en su mayor parte. Francisco Hernández Vargas nunca escribió para élites o minorias poéticas; pensó siempre en sus lectores; en la poesia como len~uaje de comunicación con el pueblo. Tenia un mensaje poético que transmitir y no podia detenerse en abSlracciones, en predosidades de estilo, en elaboraciones que se cierran sobre sí mismas en el puro acto de la creación literaria. El no fue un hiperarlÍsta o -como dice Guillermo Venegas- "no sucumbió al vicio de los superintelectualistas". Le interesó la captación de la vida y la transmisión de lo que escribía como vivencia, con capacidad para el disfrute de los demás. De ahí la calidad humana, entrañable de ahi la palpitación que las cosas más humildes alcanzan en su obra: la vaca India, la yegua Mascota, el perre, Sultán, la cabra Berrenda; pero también: la montaña,

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los árboles, la casa, los alimentos, y los hombres, los vednos: en todas las cosas halla el poeta la vida escondida de ellas; misteriosa o inKenua. Ese sentimiento, ese captar la poesia dormida en lo cotidiano yen lo común es privilegio de unos pocos. En nuestros dias, por causa de la violencia, de la agresivi. dad con el hombre y del despiadado maltrato a la naturaleza nos falta esa capacidad para dialogar con la creación, para encontrarse a si mismo en la naturaleza. Es un castigo nuestro. Ojalá que el dios Apolo arroje a todos los poetas del Olimpo y los riegue por la tierra para que convivan con sencillez entre los hombres y las cosas. No sé si a Francisco Hernández Vargas se lo in luye dentro de la generación puertorriqueña del treinta o se lo sitúa en un grupo posterior; no me interesan mucho las clasificaciones. Pero de cualquier forma su acción humana y su quehacer literario están dentro del espíritu de esa generación, particularmente en lo que se refiere al desentrañamiento de las esencias nacionales y a las urgencias en fijar y sostener la identidad puerlorriqueña. Creo que su poesía puede sumarse a la de los neocriollistas, como Juan Antonio Corretjer y Francisco Manrique Cabrera. Su poesía cabe dentro de la tendencia en que el poeta -según explica Jase Emilio González- "se dirige a la realidad que le rodea, al paisaje, al hombre, a la sociedad",1 Pero que, en el caso suyo, la actitud no tanto está marcada por un propósito de análisis y de explicación de esa realidad, cuanto por el deseo de evocar y de fijar en el arte y en el tiempo las vivencias próximas y las más rancias esencias puertorriqueñas. Tal como él nos recalcó en su charla, se

1. José Emilio Goruález La poaía crmlmlporánea tk Punlo RICO. San Juan. Instituto de cultura Puertorriqueña. 1972. p. !l61.


advierte en su poesía una búsqueda deliberada, una actitud (y aptitud) para dar testimonio de 10 propio, para defenderlo. Basten. entre muchas, algunas de sus afirmaciones poéticas: Estoy de pie en la ralz de las carreteras y sobre las entrañas de la tradición... Caminito de barro y de piedras que amarras el recuerdo de los tiempos idos, de los años buenos, a esta hora de a~onla nacional y de incertidumbre des puertorriqueña..• De pie. en la guardarraya de la luz y la sombra. volveré a mi conuco. a integrarme a mi esencia... Yo soy el que cama. coplero de la altura. cantor de la montaña. lo puro de mi tierra por mi hahhl... ~ Por esas inquietudes telúricas. patrióticas. sinceras. la poesía de Hernández Vargas entronca también con los principios integralistas expuestos por Luis Hernández Aquino. Es una poesía que: busca el acento y capta el ritmo de nuestra vida y nuestra tierra. y le da expresión; una poesia que sea por lo tanto. expresión biológica de nuestro medio y de la lierra.' Con esa conciencia nacional, con esa responsabili· dad y urgencia del momento, Hernández Vargas halla su vereda, el camino breve. directo. seguro que lo con· duce hasta la entraña de su pueblo. Es, en el fondo. un camino de acción y de sentimiento impuesto por los principios indeclinables de afirmación nacional que orientaron toda su vida. Hubo en la década del sesenta poetas destacados pOI una postura radical, política. a quienes pareció insufi· ciente la acción revolucionaria de la poesía de la tierra de algunos predecesores (Virgilio Dávila. Luis Lloréns Torres... ) y mostraron su disconformidad con ella. No había porqué menospreciar su labor. La poetizadón de las costumbres. personajes, ambiemes y modalidades espirituales de la isla no respondía en ellos a una moda literaria, no era una tendencia estilizada. sino una necesidad de llevar al arte algo genuino. algo propio frente a la avalancha de lo foráneo. No era una literatura vacía sino una forma de definirse. Por la sinceridad con que lo hizo Hernández Vargas su verso es otra manifesta·

2, Fr¡UlriNonl I-h~l"nünd('1 '·.lrJ,t.ls. C"'HJ 1,lJru... l' ,." ~\·o/() Ir,un: 1-:1 PUt'rlo Rim. 1!J7.t p. 20.2 I \ 2[1, . )l. Luís lkrn¡',nilt,1. AtJlIino. ¡.:t'J)ín f.\¡hm,. A.in 2. JI. 2.

ción de la integración lograda entre vida y literatura. El lo ha dicho hermosamente y sin vacilaciones: Estos poemas no acaban de escribirse, ni siquiera se escribieron ayer, sino anteayer. Casi todos son de la década del treinta, de entre 19!J5 y 1945, de por ahi. Entonces estaba en plenitud de amores: la patria con sus montañas y sus héroes. la tierra con sus peones y sus Tios y las mujeres con sus ternuras y sus desencanlOS. Pero a pesar de los años, suscribirla todo lo que he escrÍlo porque lo siento igual que antes y hasta con más intl:midat!. porque lo 'té mejor y lo he vivido r Jo he surrido má~ hondamente. 4 La poesía es para Hernández Vargas una milicia. Una forma de expresar su compromiso. Es su compro· miso. De otra forma no hay para él literatura. I.J(,\,O má, dt, treinta año, dedic ado a";, leH", I>t'1O d aho¡;ado CJÜ(' qui'io tragar'i(' d poc'la no 1(; ha Irlgrat!o, 1.a PO( ~ía de ho~ ~ eJe mañana mt'e'irx'ra y no \o~ a negarme, Seguiri' con mi'i n~r'iO'i de lucha \ de prOIl:'ila. eJe amor y eJ('" enlllra~.~ ,

Ha habido poetas que han separado la poesía y la acción polltica, como Leopoldo Lugones. No así Hemández Vargas. Para él la poesía es igual a testimonio. Escribe de. sobre y para algo; con un punto de vista preciso. claro, indeclinable. Responde a su tiempo. porque "negarse 3 su tiempo. seria negarse a sí mismo". ~o es un poeta e\'3SI\·0. Conoce. \'I\'e y testífica sobre la realidad. Jamás se cerró (ni siquiera en su propia soledad), \'i\"ió siempre alerta pupo le"antar su \'02 (como en su poemario Bra:.osJ a fa\'or de los obreros. de los oprimidos. de los estudiantes pobres. de los marginados. de la mujer encinta: a fa,or de las huelgas justas y de los salarios justos: en contra de los opresores del hambre. de la pobreza. de los burladores de las leyes. contra los Pilatos y los Judas. contra la desigualdad y el discrimen, Tal como dice en la dedicatoria: "A esos héroes del mundo. sencillos. anónimos y oscuros que escriben el poema del trabajo en estrofas de brazos y músculos". Con su homenaje a los brazos obreros. a los cargadores de azúcar. al agricultor, al zapotero. al hmpiabotas. al estudiante. asi entiende edificar la patria; pues su verso. como escribió Pablo Antonio Cuadra. "no sólo le impulsa a cantarla. sino a fundarla". a asumir en ella un papel importante e impostergable. Se lamenta el escritor y sociólogo Eduardo Seda Bonilla de que Se desgasta el sentido )' el st'ntir de la \'ida de comunidad r se df.'teriora 1.'1 ámbito en donde sf.'define y se afirma la identidad del ser humano f.'n com·i"f.'ncía con otros serf.'S humanos, Se nos "a dI.' las manos el st'ntido dI.' la "ida l'. lejos de transformarnos social& menlt" caminamos a cif.'gas hacia la soled:ld dI.' la

nmor.

4 YS. Francisco HM'nándt'l \'argas. Op, Cit,. p. 8

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comunidad anómica. donde el perfil de la identidad de cada individuo se percibe borrosamente y nadie es nada ni vale nada".'

pero yo estimo que son precisamente los poetas puerto· rriqueños los que tienen más claro el concepto del ser nacional; ellos son los que nunca han perdido el sen· tido de la vida. a la vez que levantan los valores espirituales y culturales de Puerto Rico a los niveles más altos. La eficacia de la poesía comprometida de Hernández Vargas descansa en la convicción de que el poeta es portavoz de su pueblo y de que está identifi· cado con sus intereses. Cuando recogió parte de su obra en una antología. le puso por título Cinco Libros y un solo tema: El amor; un titulo que puede desorientar ya que solamente uno de los libros contiene poemas amorosos. Sin embargo está bien puesto. Porque ya sea que se trate del encuentro con la tierra. con los hombres y mujeres humildes de su pueblo. con la vida callada de las cosas; o ya sea que bendiga a los brazos de los trabajadores; o marque las huellas o ponga en azul el doloroso sentir suyo y de sus semejantes. sus cinco libros: La vereda, Brazos, Huellas. En azul y Rezagos. están inspirados

6. Eduardo Sc'da Bonilla. Rrql/it'm por l/lIa C'III/l/ra, Rlo Pil'C!ra•• Edidolll'S B;tyn.;n, 1972, JI, 19.

so

por el amor. y están destinados HA los que sienten la poesía y no pueden escribirla" tal como expresó en la última dedicatoria. Hay poetas que se distinguen por el desarrollo de un solo aspecto en su poesía. Uno por el amoroso; otro por el acento trágico o melancólico o patético; o por su poesía patriótica. o épica o religiosa... Hernández Varo gas estimó la poesía como una totalidad; como expresión del hombre completo. como mensaje para todos. Muchos lectores están disgustados con buena parte de la poesía de hoy porque no ven en ella: amor. emoción. espíritu. los tres elementos que Juan Ramón Jiménez consideraba indispensables. No sucede así con la de Hernández Vargas. Dejemos que nos lo diga con sus propias palabras. Mis mejores versos tuvieron su época y su gente. pero ta l vez sea ahora cuando se están conociendo mejor y que están llegando más al pueblo y gustando más. Su temática es de constante vigencia. siempre en pre· sente, Puerto Rico y su problema, el jlbaro y su amenaza de extinción, el amor y su angustia y el obrero y su eterna lucha de redención. Mis versos llevan un mensaje por campos y ciudades, arriba y abajo, a todas partes. atados. 7

7. Francisco Hc.'l'I1ándel Vargas. Op. ál.. p. 8


La poesía como recuperación en Josemilio González· PoR VIOLETA LOPEZ SURIA

No

Rt.SULTA SIEMPRE COMODÓ EXPLORAR UNA

obra en que la resonancia conflictiva se adhiere a estratos poélicos.josemilio González (1918), al menos ausculla claves que esclarecen en algunos aspectos su profundización. Lo luminoso en esta trayectoria es ver como nuestro autor. desde la incómoda travesia pueTlorriqueña al rasgar la década del cuarema, se sobrepone a los hechos y de éstos sustenta su misión poelizame. Un cominuo recuperarse desde si mismo que promueve dimensiones esenciales hacia los demás. Si nos detenemos en el poema P~rfil.s~cr~to que inicia Parábola dd canto (1960), hay un verso que despliega posibilidades. Trata directamente la otredad: "tan arquÍlecturadameme llegas". Es ágil partir de aquí porque jose.milio renexiona su imimidad, bien se dirige a la amada, a su estar corpóreo. La secretividad como trasfondo a la vez puede recobrarse en lo funcional de su poesía. Porque para j osemilio parece ser que creación y mujer son un haz compacto, suprarraciona1. Ambas cosas se materializan. Hay un recobrarse que recuerda a Huidobro en su MamJi~sto del 1935 donde éste sitúa al poema como arquitectura de la poesia. Desde ese recuperarse como constame de belleza.josemilio nos va adentrando en su mundo·particular. El horadarse motiva su estética. ya deshechos los laros subjetivos en vías de lo que le rodea. De ahí los halos ambiguos. Parece disolverse en uni· sona vivencia. Sabemos que es hasta no ser capaz de ser conflic· tivo, acecha lo nuevo remozado en lo antiguo, quien sabe si en su infatigable búsqueda, el no querer envol· vemos hace que tralemos de rescatarlo.

• Palabras leIdas por su aUlOra con mOlivo del homenaje a Josrmi·

lío Gonúlez por la revista Guajana yel Pen Club en la Casa Aboy.

Su darse a los demás no tendría por qué ser lucha solitaria, de modo que casi no le creemos cuando pisa y se hiere con las raíces que le hacen igual de distinto. Ha sentido golpes más isleños que vallejianos, golpes sordos de esos que no salen en los poemas. Se vincula a todo en forma profusa. Parte de esa profusión. Escribir para él es enojarse consigo mismo, crear vuelcos alucinados, vuelcos patéticos. No es tan fácil ubicarlo. De lo que él quiera recupe· . ramos aún no lo sabemos. Habría que captarlo en las rachas cuando no frunce del todo la ironía. Es todo él desde lo insospechable que lo cunde a su manera de un hervidero profético. No repudia como Leopardi, la contemplación atormemada que plantea con cierta placidez por contornos graves. No sé si a capricho busca asidero un cuIlo muy de él por la forma. porque no cree que la métrica esté del todo anquilosada. pero sude desprenderse el ropaje adiposo y a comrapelo en sus cantos como el dolieme Frisch, va desdoblando roña y sabiduría por dejar atrás lo copioso, descriptivo al mostrarse más que esencial, sincero. Un recorrido por la problemática que nos da en sus cuadernos ha de enfremarnos en la medida de su atrecho local: Prof~cía d~ PlJ~rto Rico (1954), obra que tiene como antecedente a Poemas d~ sangr~ (1938), publicado conjuntameme con Francisco Matos Paoli y Carmen Alicia Cadilla. A esta vinculación pertenece Cántico mortal a Julia d~ Burgos. (1955). La imimidad queda expuesta de Parábola d~l canto (1960) a Sol~dad absoluta (1971): El rapto confesional, el sentimentalismo contenido adrede en estos úllimos poemariQs se muestran no tan cerca a veces de aquellos dejos esclare· cedores que Salinas suscitó en su amoroso esplendor. A manera de semilla estos pliegos nos van regando las dimensiones de su ruta, principalmente la puertorriqueñidad que es para Josemilio una proeza cIara,


A 1 m ieró/ono. r'~'olt!la LÓPt!% SUrla. smlados: ]os¿ Emilio Gom.ált!: y su t'sposa. t!nlre d público IHIIIt!nlt!: Clt!mt!nlt! Solo V':lt!l..

casi respirable. Así queda carne adentro en Proft!da d~ Puerto Rico. En Cántico mortal a Julia de Burgos, si bien roza lo beatíCico, rasgo de aquellos años crÍlicos del 50, logra entretanto por su sinceridad un desgarre vital, responsable. Hay en estos poemarios ciertos destellos a los que podemos aludir. si es que lo son de plenitud, porque desembocan en ese recobrar el contacto vivido desde una rebeldía necesaria en que Jasemilio nos revela un mundo de valores. los nuestros. Poeta éSle, destemplado pero adherido en Corma dinámica a lo esencial de la tradición, a lo formal del fraseo si de este emana una energía de pueblo añorado. de llanto que no se confiesa que es lo peor. Entre sus inquietudes es capaz de orientarnos sin importarle cuán desorientado esté. Su poema es arma para crearnos una trayectoria. En su visión de mundo no entran como entre lo mejor de René Marqués. halitos morbosos de liquidación. Hay dos obsesiones en Prof~cía.: ese puño de mono taña que es la tierra y los jóvenes. Pero para ellos [rae consigo la recordación. la de sus mártires como' emblema ejemplar: "Cadáveres amados I cadáveres que un día I vi caer junto a la sombra mía ..... Son estos cuerpos macerados los que estructuran sin olvido su obra. El los revive más que evocarlos como "estrellas de su duelo", al espacializarlos los hace "arder gozosamente". en un impacto apasionante. desconcertado. Josemilio parte de éstos, realidad dual en la que nos involucra. Ellos. porque dieron su vida y nosolros -lo esperable hasta cuándo de nuestro pueblo. Pero su impacto es para lo vispera" nuevo. De ellos expande la realidad carnosa de su poemario. Hay un desmadre

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flácido ante los hijos caídos. Es poesia que lo vincula a la filosa militancia de Correljer, a sedimentos patrios de Clemente SOlO Vélez, Francisco.Matos Paoli. La melaCorización que le caracteriza parece ser un recurso de esparcimiento ante una naturaleza que desea aprisionar en la palabra. presagio del exterminio que nos cerca. Semimos golpes de un corazón -barcarola, no ya caracol, como aquel estadio nerudiano. sino nudo desde donde las represiones enrejadas han hecho hueco. Supera la angustia existencial en esa etapa de su poesía ante lodo lo que le acosa. Son los lapsos del destierro en su vida. Le llevan a hacer latentes. a enmarcar sus pueblos queridos: Lares, Utuado. Barranq uitas. Cruzan en sus poemas Manolo el Leñero. cruza Hostos. No es cuestión de recobrarlos poéticameme. Están ahí para animarnos con júbilo. Lejos de caer en la melancolia. trata de superar su tensión. pero ésta se vuelve terrosa. irre\'ersible. Recurre a la fronda metafórica. el verdor aún latenle emonces, hoy des\'aído, por lo que él ha sabido recoger un vigor que parece irse de nuestro ambieme. Ante todo el desgarre hosco del destierro y sus consecuencias se deja entrever. La vaciedad surge esta vez en el resplandor de la palabra que es fuerza más que soñada. vil'ida. Conjuntos de agua: río y mar lo liberan de su depresión en el' medita tia de Oda al mar de Guajataca. que puede considerarse plaquette en cuamo a unidad y equilibrio en sus aspectos, La recordación en Profecía de Puerto Rico se enfoca de nuevo con el poema a Pepito Santiago. eSludiante muerto por la policía en la Universidad durante el año 1935. Se unen en esta galería los doce puertorriqueños


muertos en Okinawa y aquellos seltados p'or el CuelIo en la masacre de Pon ce. El recuerdo en Josemilio, más que elegíaco cobra matices de crónica. Es esa su urgencia. Nada cae en vano para nuestro poeta. Su motivo culminante es Julia, que cerca de la mitiCicación resuelve profetizarla. Las preocupaciones Cundamentales de Prof~cía ... traspasan la textura del Cántico mortal. Pero esta vez Julia de Burgos es el ser suCriente devuelta a su pureza. Ubicable entre los poetas malditos que estudia Francisco Umbral en su obra sobre Garda Lorca. Cántico mortal justifica cierta emotividad y anticipa en ramalazos a Parábola d~l canto, pese a las divergencias temáticas que los caracterizan. Veremos cómo el trasunto amoroso y otras variantes relacionan a estos poemarios: Cántico mortal... , Pará· bola del canto y Sol~dad absoluta. Lo que tiende a separarlos es la transición que se va operando en el lenguaje poético de cada obra debido quizás al tiempo que las separa y al viraje en cuanto al tono además de las variantes temáticas principalmente en So/~dad absoluta. En Cántico mortal. Julia de Burgos es la máxima aspiración transmutada en Cotos de silvestre adolescencia. Su ser sobrepasa 10 telúrico y es'comparable a los Cadáv~r~s amados en Profecía de Puerto Rico. Son entes irrepetibles. Julia marca esa ansiedad de vuelta al origen. La muerte como agente mágico la vuelve a la vida. El mar ha de ser esa Cuente de vitalidad que la cerca y presagió su destino: "Oh nostalgia de amar / mar subterráneo I ún!co brazo amante I remo de paz I anclado en tu ventana". El poeta y la aspiración esencial amada se uniCican hacia una soledad posterior que se va gestando. La tragicidad que envuelve a Julia la vierte en agua, emanación núbil y patria. Pero hay ira. desconcierto porque el poeta conCiesa no aceptar su destino. Entre contradicciones persiste su ansia de instalarla en lo perdido para así recobrar, hacerla providencial en "niña pez", "carne yagua". Pero no se conCorma y en una manera desorbitada junta Cragmentos prosaicos del sector pobre neoyorquino donde cae Julia. Algunas imágenes recuerdan la etapa inicial del Bergman cineasta: "El corazón es una araña I que sabe a bronce. a saliva y a lágrima". Notamos que la enumeración caótica destacable en otros ejemplos de estos poemarios tienen algún acercamiento al Larca de Po~ta ~n Nuroa York aunque recuerda también a Neruda en R~sidencia ~n la ti~rTa 1. La mujer núbil en Parábola del canto tuvo como anticipo el metamorfosear a Julia en niña como si nos devolviese con ello algo diáfano. esperanzador de nuestra problemática isleña. El Cántico nos diría el poeta. es la médula. Fauna y Clora se fusionan en alusiones a la corporeidad "mortal y rosa" de Salinas. Prosigue el ademán caótico de Parábola... en las metáforas ante todo impresionistas. "Tocaste mi rodilla deleznable / mi negro puño de Curar y arena". Lo erótico cobra a veces una tensión lumínica: "Bebí de tu

mejilla la manzana de agua I resbalé por el claro embudo de la aurora / subí contigo al lomo Cogueado de la noche". Entremezcla esta Cluidez josemiliana de raiz creacionista a su insistencia y acercamiento métrico, burlando el metrónomo por lo dúctil de su juego de imágenes. "Esta rosa inundada en cuyo Cuego Cino I mojo la red ardida de mi suave silencio". Ansias. pasión recortada de perCección y movimiento aleixandrino. Se divisa también la presencia de los poetas españoles del 27. Es como si toda la poética amatoria se encontrase a sí misma. Hay eCectos acústicos en el paisaje un tanto estático que se recoge en ejemplos de: cit:los d~ hojalata. ~stTellas frías que ast:tean los dedos de la amada, a la vez que ésta se vuelve espejo de cima aguda. El dejo surrealista, la exaltación barroca. persisten en una razón de amor que une espacio y cuerpo. Se entremezcla en la carne Corcejeante. entre resentimiento, ausencia, recuerdo. Todo. se devela en zonas semioscuras, sugestivas. Hay veces que el cosmós luminoso se hace partícipe de su ansiedad. El hervor deja al azar las sugerencias. El verso se hace óvalo panorámico, quietista. confidente de la secretividad en Soledad absoluta. "No estoy aquí para llorar a nadie I ni mis lágrimas sirven para amarte." Desaparece la rajadura sentimental. el esbozo dramático de las obras anteriores. La distancia en la añorada tierra europea trasciende sequedad, desasosiego. El poeta se siente extranjero de sí mismo. Tiende cierta coraza a su intimidad sintiendo que se hiere lo más soñado, de modo que lo que no confiesa pesa más hasta enroscársele en la garganta. El exilio anterior que dejó entrever, volcar en los motivos de Julia. Julia como asidero de su propia verdad, crea en sí cierta ansiedad de desexilio que desemboca en paisaje o gesto poetizaOle. La estancia en París se toca de anlipoesía por vías de la incomunicación. Hay equilibrio en este derrumbe psíquico: "Sino que acepto un redondel de niebla / una campana gris de la distancia". Esto lo lleva a reClexionar entre dejos nerudianos: "Todo lo que he jugado y he perdido / todo lo que he ganado y he perdido". En su estadio paradójico le sentimos cruzar ligero de equipaje como Machado. El libro estructurado en rorma de diario lírico. Cechado de marzo a mayo. acentúa principalmente dos lendencias estéticas: aquello qua.enCatizaba Ezra Pound en cuanto a tratar las situaciones directamente ya Cuesen subjetivas u objetivas. además de la combinación de un contenido fluído y otro sórdido. La primera parte de Soledad absoluta contiene a trazos una adherencia a la Corma, cierta rigurosidad. Esle ámbito clasicista da un viraje en las dos últimas partes en las cuales el autor se convierte en eOle contemplativo. Museos, escritores y músicos parisienses se hacen presencia pictórico-poética. entre sus Cavoritos: Rimbaud, Verlaine. Proust.


La poesía toma un giro huidizo, de ágil síntesis, ondulante: "anémonas terrestres / delicadas vigilias I banderas libres en el azar del agua". En la entrelínea late la tierra ausente. La referencia amorosa invade su mundo de creación casi en sesgos de óleos: "quiero besar de pronto sus muslos minerales J la coyuntura gris de su distancia". El poeta queda situado en su más demudado arrobamiento. Los golpes confesados quedan atrás, ensordecidos. Pero siguen resonando porque ante todo su misión es hacia la otredad vivencial, más telúrica que poética. Es como si él presintiese que en su mundo fatídico queda mucho por recuperar. Descubre poéticamente todo lo que está por hacer. Como ser que profundiza ante lo funcional sabe que desde su poesía se recupera por recuperarnos. Josemilio González ha reunido principalmente en estos cuatro cuadernos poéticos un registro emotivo acechado de fragmentos conflictivos que si bien no se aparta de la sensibilidad epocal que le caracteriza, nos sitúa en su ámbito local recopilando experiencias significativas.

No hrmm ;odo;do .0 por". mf.otU iOédil.l mundo vasto, enriquecedor que le caracteriza. Lo esclarecedor de este retrato poco habitual es que le vemos a través de los demás como sucede con su ensayística, y a manera de marco transparente los moti· vos ~eroicos de nuestros seres sufrientes enfocan su postura existencial. Pocas veces un poeta es los demás, ya que la consa· bida subjetividad de por sí puede menguar la visión del todo aunque no lo parezca. Josemilio es los otros pero ha pagado con ello d diluirse, desplazarse directamente en lo problemático de la marginación. De ahí la profundidad de la poética que lo define. Se vincula al paraíso perdido. Realiza que entre ese da yquita hay ciertos rasgos trágicos, pero él los reviene en júbilo. Es el júbilo del que vive en 10 maravilloso. Casi nos aventuraríamos a pensar que es para ofrecer· nos la sustancia de su persona que es su poesía. los motivos esperanzadores de su recuperación.

Acto artlstico dl/ra/lIt' t'l 1Iomt'IIajt' tributado a Josl- Emilio Gom.álr: t'tI la Ca.m Abo)'.

1. LUt'RO dt, It'ido l'SIt' Imb.,jo. st' publicad pormario La ,,;,la~' 1'/ cl/cuballO (Pormas Po'I';" los niños dI.' Pllt'f10 Rkol. San Juan I05lj· 11110

dt' Cllhllra Put'norl"iqut'ña.


Notas sobre el estado actual del ensayo en Puerto Rico! POR MARTA APONTE ALSINA

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I ACEPTAMOS QUE LA LITERATURA LATINOAMERI· cana en el presente siglo es obra de la ruptura. entonces habría que decir que hasta hace apenas dos décadas los escritores puertorriqueños se comportaban como hijos ejemplares. Mariana Robles de Cardona. en una conferencia pronunciada en 1958. sostenía: '" "la generación que se inicia hacia 1945. integrada por ensayistas de valía en nuestras letras actuales ... no hace sino conti· nuar en sustancia la obra comenzada por la generación bajo estudio".f Y como para apoyar la posición de Robles de Cardona. René Marqués. portavoz destacado de la llamada a veces generación del 40 y otras genera· ción del 50. observada refiriéndose al cultivo del cuento: "La promoción de narradores jóvenes que logra o inicia su formación literaria en la década del cuarenta da comienzo a su tarea, en buena medida. como continuacion lógica del movimiento del treinta que le precede".s Esta cordialidad inveterada entre jóvenes y viejos, se explica por la opresión colonial en cuyo medio se forma y desarrolla la nacionalidad puertorriqueña: mecanismo deCensivo. atrincheramiento en clave de puenorriqueñidad. santo y seña de un grupo que. siempre en lucha contra el régimen. Cunda sus instituciones. La tradición. una tradición. fue conservándose y transmitiéndose casi a coto cerrado, con mucho de cenáculo y sociedad secreta, abriendo o cerrando sus puertas según soplasen los aires políticos, incluyendo en sus más Celices momentos a representantes de un variado

1. Le! una versión de esle lTabajo en un foro del PEN CLUB, el 6 de octubre de 1985. 2. "El Ensayo en la Generación del TreiOla", en 1.II/!Talurapu/!Tlorriqueña. 21 conlermcias. Institulo de Cultura PUeflOrriquei\a. San Juan. 1969, p. 5!19. 5. "El Cuento Puenorriquei\o en la Promoción del Cuarenta". en Enlayos (195J·1966). Editorial AmiJIana. 1966. p. 85.

aunque siempre reducido espectro ideológico: desde separatistas y revolucionarios a ultranza hasta los ada· lides de un puenorriqueñismo abstracto ysentimental. Contra esa tradición institucionalizada por el ala puertorriqueñista de la pequeña burguesia -y Cundamentalmente contra René Marqués, curiosa transmutación del inevitable chivo expiatorio- se vuelca la furia iconoclasta de un adelantado de la ruptura. En 1970, Juan Angel Silén publica Hacia una visión positiva del puertorriqueño y desde la entrada en materia aflora la necesidad experimentada por el escritor de situarse ctÍticamente respecto a la tradición, cualidad que apunta hacia la sustitución del sujeto tradicional por otro. en cuyo nombre hablaría el ensayista. "El personaje principal de este libro", afirma Silén. "es el pueblo puertorriqueño". Entre 1970 y 1975 se multiplican los ataques a BastílIas. Academias y Ateneos. Angel Quintero Rivera lanza su Lucha obrera en Puerto Ríco e Isabelo Zenón Cruz, Narciso descubre su trasero. La propuesta contra· cultural se completa con un manifiesto de Nan y Zayas y Silén sobre la mujer. y con un libro de notable éxito editorial: A mis amigos de la locura. de Ernesto Ruiz. Es preciso mencionar también, aunque pertenezcan a un periodo posterior. los trabajos de puertorriqueños residentes en los Estados Unidos: Frank Bonilla. Ricardo Campos. Félix Ojeda y la ejemplar contribución a la critica de las ideologías que realizó Juan Flores en su lectura de Pedreira. Un alegato común sostiene a estos ejemplos de la nueva ensayistica. la urgente necesidad de lomar la palabra a nombre de grupos previamente marginados: la clase trabajadora. el "pueblo" .Ia mujer. el migrante. el llamado enCermo mental. Se observa, repito. un desplazamiento del sujeto tradicional y. en consecuencia. la provocación de rupturas formales. Para aclarar este punto conviene reconocer que el

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ensayo, cuando se inclina del lado de la opinión. se acerca a la autobiografía; poslUla implicitameme que todo conocimiento es, de algún modo. aUlobiográCico. Si tiende hacia la comunicación de ideas', se aproxima a la prosa de exposición denlÍfica. Estos extremos -la sensibilidad subjeliva y el objetivismo fáclico. la sol· tura estructural y el rigor lógico- deslindan el ampo de juego del género. Pues bien. a partir de la ruplUra de los años setema y posiblemente bajo la influencia objetivista del marxismo -ampliamente difundido como método de análisis y guía para la acción política duranteel período de referencia- se desgasta la noción del género como ejercicio "belleletrista", necesariamente caprichoso. Por lo mismo que se advierte el carácter provisonal de todo conocimiemo. urge una actitud crÍlica. de suspi. cacia ante los excesos de la subjetividad e invulnerable. por otro lado. a posiciones dogmáticas que apagarían el fuego turbador de la imaginación. Me parece que el escritor adquiere, de ese modo. una conciencia más clara. casi angustiosa. de la insoslayable historicidad de sus juicios; de que la historia le juzgará de la misma manera que él o ella juzgan a la historia. Entre el yo ingenuo y falazmente autónomo del sujeto tradicional se ha instalado una i"Onciencia hipercrítica que resiente 36

las trampas ideológicas del lenguaje. La crisis del sujeto enuncian te tradicional proviene. señaladamente. de dicho desarrollo. Tienen razón cuantos subrayan la importancia actual del ensayo histórico y de interpretación histórica. Un doble movimiemo de desmitificación y reconstrucción alienta en los trabajos de investigadores como Fernando Picó. Francisco Scarano, Guillermo Baralt, Isabel Picó. Carlos Buitrago. Yamila Azize. Mercedes López Barah y otros que es imposibe nombrar en su totalidad. La voluntad de ruptura espejea en la elección de temas que desmantelan figuraciones míticas centenarias (es el caso de Baralt y Esclavos rebeldes) yen la adopción de las voces de los desheredados por la historiografía tradicional (Fernando Picó). Viene al caso en este momemo la última (¿penúltima?) etapa de José Luis González. El González que en 1974 confesaba su estupor ante el conflicto de generaciones, se conviene en un provocador de distancias por derecho propio a partir de Conversación. Su actitud, sin embargo. le aparta del instinto parricida sileniano: "No es concebible una nación sin tradición nacional... lo que sucede es que en toda tradición hay elementos perdurables y elementos perecederos. La tarea de un intelectual verdaderamente revolucionario consiste pJt~cisamente en distinguIT entre unos y otros elementos"4. Notamos un cambio de énfasis; no se trata ya de pasar por la guillOlina a nobles y burgueses, sino de revisar y reasimilar el pasado. Esta actitud concuerda con la de promover lecturas actualizadas de nuestra historia. Hablo de una intención que podría llamarse revisionista. ya que reniega del adanismo tábula rasa a la "ez que anhela poner al día los temas y figuras previamente explorados por la historiografía tradicional. Se trOlla. para usar una expresión de Walter Benjamin. de "cargar al pasado de tiempo actual". El nuevo sujeto histórico necesita adquirir consistencia e idemidad de clase, elaborar interpelaciones que lejos de desligarle del pasado, le conviertan en heredero de sus causas más progresistas. Los escritos recientes de Manuel Maldonado Denis parecen ilustrar esta tendencia. En sus retratos de Hastos y Betances, Maldonado se propone "incular las figuras cumbres del procerato con el pensamiento social de a,'anzada en el siglo 19. Es preciso mencionar también a Iris Zavala en su carácter de autora de la introducción al volumen Libertad y crítica en el ensayo puertorriqueño. No creo que el propósito de estos autores sea crear nue"as mitologías obreristas, sino abordar el examen crítico de una tradición con el fin de orientar la práctica del nuevo sujeto. Desde esta perspectÍl'a, el trabajo del ensayista se des-academiza, ya que si bien las palabras jamás tendrán las consecuencias inmediatas de la práclica. tampoco es imaginable una práctica consecuente sin ellas. -l. Arcadio Dial Quiñonn. COIl1'nsllrióI' con Jos~ LUIS G07l:/Í· I~:.

Edi["iont's Hurarnn. Rlo Piedras. Puma Riro, 1976. p. 69.


Acarreando contradicciones y diferencias, el ensayo . puertorriqueño hoy no ignora la dimensión polhica de su práctica intelectual ni la tensión entre la subjetividad del deseo y la dimensión social de la escritura. El ensayo político per se tiene, a partir de la década del setenta, distinguidos exponentes tales como Pedro Juan Rúa, Wilfredo Maltos. Roberto Alejandro y el colectivo del Taller de Formación PolÍlica. Pero es en otra modalidad que tradicionalmente ha servido a la elaboración de teorias sobre la realidad nacional donde se comprueba la afirmación anterior. Me refiero al ensayo de crítica literélria. Bastará recordar la producción, tan diversa a primera vista, de Rosario Ferré, josé Ramón Meléndez, Efraín Barradas, Liliana Ramos, Aurea Sotomayor, Juan Flores. Arcadio Díaz Quiñones. José Luis Méndez o Luis Zayas Micheli. En todos ellos se advierten. en mayor o menor medida, las características señaladas. Cuando Rosario Ferré se acerca a la literatura hecha por mujeres, asume una posición equidistante entre el impresionismo intuitivo y los esquemas de la crÍlica sociológica feminista. En su lectura del llamado socialismo real, hay elementos de la crítica de izquierda dentro del propio marxismo, siguiendo el ejemplo de una Alejandra Kollontai. Reivindica la pasión como fuerza transformadora y método hacia el conocimiento, quizás el único que por mucho tiempo fuera considerado propio de la mujer. Por otro lado, no deja de situar la llamada condición femenina y la cuhura del erotismo en un contexto social y polhico, como en su lectura de Virginia WooU, a quien muestra en función de crítica atormentada de la burguesía de su tiempo. Esta forma de reelaborar la tradición es semejante al empeño. observado en los revisionistas. de cargar al pasado de tiempo actual. Si en Ferré el método arranca de la pasión. en otros se hace evidente la pasión del método. Me refiero a quienes están en vías de elaborar una sociología materialista del hecho literario, proyecto que en Pueno Rico ha adoptado preferentemente las bases teóricas del estructuralismo genético goldmanniano. como lo demuestran los trabajos de josé Luis Méndez, josé Juan Beauchamp. Federico Acevedoy Emilio Diaz Valcárcel. La propuesta sistematización de la investigación literaria se inscribe. por su intención totalizante y vagamente L!tópica, en la tendencia ruptural. Algo apane y al margen se ubica la obra crítica de Arcadio Diaz Quiñones. En el prefacio a El alm U~T%O ~n la hi~rba. Díaz Quiñones advierte que ha tratado de alejarse de "abstracciones deshumanizadoras o métodos definitivos". Caracteriza su proyecto como una "libre revisión crítica de lo heredado" hecha con "libertad y veneración". Sin embargo, lejos de revertir a una lectura ilusoriamente t:leutral, insiste en que le preocupan. sobre todo, los códigos morales, clasistas y estéticos que atraviesan la producción literaria. Nos encontramos ante el resultado de influencias tácitamente asimiladas, exento de manifiestos y andamiajes teóricos pero muy cercano a la critica de las ideologías.

Mientras pasamos rrvista al ensayo de interpretación literaria. es imposible obviar las aportadones de Luiz Zayas Mkheli. el padre de la mitonÍlka. tendencia que también tiene visos de mnvertirse en escuela. Lo sorprenden le del mélodo de Zayas es la forma en que se lanza desde los textos que fomenta hac'ia un esquema abarcador de interpretación nacional que podría caracterizarse como una especie de historia sagrada del pueblo puertorriqueño. Aún cuando se observen respecto a Zayas diferencias filosóficas fundamentales. sus hallazgos en el orden de análisis de textos son aprovechables precisamente porque descubren la intención mitologizante de una corriente principal de nuestra literatura. A todo esto, en la obra de ensayistas más jóvenes como José Ramón Meléndez, la conciencia activa ante el peso de la tradición adquiere una importancia capital. La propuesta de Meléndez representa, en mi opinión, una vuelta de tuerca, un nuevo desarrollo si se le compara con el movimiento parricida de comienzos de los setenta. Es semejante a la posición revisionista pero va más allá. hacia una especie de fusión orgánica. En cierto sentido el hijo salió más conservador que los padres, conservador, se entiende, por su deseo de preservar tradiciones asimilándolas de lleno en un pluralismo generoso. Para citar a Meléndez: .....la obra da, aumenta la tradisión i contiene elementos de eya. De hecho, sólo es tradisión por sus elementos. La obra repite i aumenta más qe superar. término del qe a abusado bastante la última crÍlica. Todo esto qiere desir qe la obra es clásica (se funde con la tradisión) i comele iconoclasia (añade)" ,5 La figura de Juan Antonio Corretjer es clave en la formación de Meléndez, ya que por su posición consecuentemente revolucionaria, el poeta mayor posibilitó el relevo, es decir, ..."la recuperación. el regreso... desde oi. para mañana". Bajo el signo del deseo, el especulador ~e arriesga en múltiples dir.ecciones; convertido en anfitrión de un banquete solitario y erótico, funde exuemos y abre derroteros donde puedan agruparse y dilucidarse admiraciones tan encontradas en el mundo de la guerra como Borges. Lezama, Corretjer, Mallarmé y Antonio Pedreira. Cabe preguntarse hasta que punto será característico de toda una promoción tan marcado afán totalizante. Concluiré estas notas comentando un fenómeno demasiado incitador para que pueda pasarlo por alto; el de los "entierros" de Edgardo Rodríguez Juliá. Aunque se reconozca el carácter dominante del discurso narrativo en estos textos, tampoco puede negarse que el mismo funciona como contrapunto a las inrervenciones y comentarios criticos del ensayista. ¿Crónica ensayo? ¿Relato ensayo? ¿Periodismo? En más de un sentido todas las etiquetas son aplicables.

5. pO~jlaol: antolojía d~ la .tafp~cha, Editorial QI'aSI', Rio Pil'dras. 1978, p. 9.

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El Cortijo tiene que dejar deslumbrados a sus leClores, tanto por el espectacular encuentro de códigos académicos y populares en una escritura que no le debe demasiado a nadie, como por la honestidad deliberada de sus expresiones. Siguiendo la linea anterior podemos constatar la ubicación del sujeto enunciante. Rodríguez ]uliá pone las cartas sobre la mesa, nos extiende su persona de cronista prejuiciado a riesgo de hacerse antipático. Tal conciencia de sí marca al narrador-ensayista como hijo de la ruptura. aunque se considere un desda sado sin lealtades, uno de esos pistoleros de,Sam Peckinpah que tanto le gusta mencionar. o el mismísimo

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Holden Caulfield del subdesarrollo. La memoria subjetiva se conviene en objeto de un meladiscurso; el pueblo, victima fallida de un intento de remitificación. se desdobla en sujeto voyerista, sin sentido alguno de reverencia, como si exigiese una literatura que fuera algo más que literatura. La honestidad que es virtud de escritura en Rodrí· guez, señala un rumbo necesario: el ejercicio de una conciencia autocrítica que logre salvar los escollos de la autocensura y promover la libertad de expresión como práctica y ejemplo. No vislumbro. al día de hoy, forma más directa de contribuir, desde la literatura. a la soñada convergencia de las tradiciones.


La noche oscura del niño Avilés La subversión de la historia PoR RUBEN GONZALEZ

LA FABULACION DE LA HISTORIA

L

A COMPLEJIDAD DE LA NOVELA LA NOCHE OSCURA

del niño Avilés (1984)1, de Edgardo RodríguezJulíá, requiere de análisis que imaginen y disciernan el movimiento de su propuesta: el confronta miento de la historia y la cultura conocidas con las percepciones nuevas que de ellas se tiene. La fabulación histórica es uno de los aspectos sobre· salientes de este texto -lo veremos detenidamente más adelante. El acercamiento a lo "histórico" presupone aquí la invención de hechos y personajes cuyos límites originarios y devenir arrancan o frecuentan lo "veraz". Esa práctica, como veremos, implica. de una forma muy particular. un re-examen de la realidad histórica. Tal indagación es una aventura que Rodríguez ]uliá había emprendido antes con una novela mucho más corta: La renuncia del héroe Ballasar (1974).2 La como plejidad formal y temática deambas novelas es comple. me.1taria. En ambas, la composición y la técnica son similares. En ellas, distintos discursos cronísticos configuran el texto. Se aborda el pasado. siglo XVIII. yel lenguaje reproduce el habla de la época. El trabajo de Rodriguez Juliá. esa rdormuladón de lo "histórico", es parte de una tradición literaria que se rehace, que se actualiza en Puerto Rico.' Es una expe1. Edgardo Rodrlgu~z Juliá. La noche oscura del N,"o Avrlts. Rlo Piedras: Huracán. 1984. Citamos por eta edición; ylos núm~ros que se dan ~ntre paréntesis al rinal de cada pasaje son los de sus respectivas páginas. 2. En una res~ña. el crllico Arcadio Dlaz Quiñon~s haa jusla apreciación d~ La rmuncia del hboe Da/tasar. V~r Zona; carga y descarga, No. 9 (mayo·junio, 1975). 3. Una novela ant~ior que se silúa en un momento hislórico preciso (fin del coloniaj~~spai\ol) es La muerlt anduvo por el GU/J.sio (1959). de Luis HernándezAquino. Algunos cuentos de Vicente Palés MalOS. asl como la natTilliva de César Andrer. Iglesias, abordan,

riencia que comparten. desde su individualidad. entre otros narradores que han tratado el tema "histórico" recientemente, José Luis González, con La llegada (1980), donde se presentan diferentes percepciones de la invasión norteamericana ocurrida en 1898. O Luis López Nieves, con el popular cuento "Seva" (1983)4, que narraouna historia apócrifa: la primera invasión norteamericana a Puerto Rico, que acontece en mayo de 1898 (oficialmente, las tropas norteamericanas atacaron en julio de ese mismo año). El acercamiento de Rodríguez ]uliá al tema aporta una dosis de lenguaje poético que lo distingue de los otros narradores. Ofrece. como 10 hace un Lezama ~ima, un ceremonial creador donde la imagen va adelante. Así. como el cubano, su conocimiento metafórico penetra la historia, la interroga. y nos revela otra.

LA HISTORIA INVISIBLE La noche oscura comienza con un "Prólogo" donde se da a conocer un capítulo oculto de la hi~loria de Puerto Rico. El "Prólogo". firmado por un historiador ficticio. Alejandro Cadalso -quien es responsable de que se haga pública la historia desconocida-. refiere el

aunque a veces d~ manera lan~encial. situaciones "hislóricas" paniculares. Sospecho que los escritores d~ la I';l"neración del lrC~inla a menudo inciden en narracioncs con Iimilcs "históricos"" 4. "Seva" inicialment~ publicado en el suplemenlo cultural "En Rojo", del semanario elandad (25·29 dk., 1983), ("a usó revuelo en los medios Iilcrarios y polhiros d~ la isla. PU('5 no s(' identifiró como cucnlo y muchos lec tores pensaron que la información, en forma de canas. era v~rldica. "Seva". que.' ahora cntra en su l"uarla edición romo Iihro, ('5 atendido por una nltirn en su mayorla entusiasta.

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historiador, fue destruida por miedo. Dice en el' "Prólogo": Como panidario de esta ciudad invisible que redime nuestra hislOria y fundamenta nuestra esperanljl. ofreceré una explicación que por evidente ha. escapado a la ya notoria miopía de los co.lega~ opos~lOres. Nueva Venecia desaparece de la hlstonograCJa por decisión de las autoridades coloniales del siglo pasado. La presencia d~ aquel1a. ciudad ~i.benaria y utópica en la memona colecl1va. debla resultar inquietame para un régimen español am~nazado por el esruerzo libertador de Salivar.... Lo cIeno es que Nueva Venecia también desapareció de la memoria colectiva del pueblo. ya para siempre desterrada al olvido, convenido su recuerdo en pesadil1a de la historia, borrada de libros y canciones su bre\'e pasadura en el tiempo. Nueva Venecia seconvertía así en oscuro reverso de nueslta pacifica y respetable historia colonial. (p. 11) La burguesía criolla no tardó en inquietarse ante aquella ciudad que pronto se convertiria en esperanza de esclavos y cimarrones, jornaleros y liberlOS. Podemos adivinar la pesadilla racial que signi· [icó, para aquellos temerosos súbditos, 1.. presencia al otro lado de la bahia, de un ejército de cimarrones [oo.) (p. 12).

El niño Juan Panlal~ón Allílés. por joS( Campech~'

hallazgo de una colección de documentos descubierta años ames, en 1913, por un archivero llamado Don José Pedreira Murillo. La colección consta de enormes croo nicones que se suponen escritos hada finales del siglo XVIII. Además de las crónicas, el "historiador" da cuenta de la existencia de un retablo de pimuras, miniaturas de minucioso detallismo, que describen la histoda desconodda. Crónicas y reta"blo relatan la construcción de una ciudad lacustre hacia finales del siglo XVIII, llamada Nueva Venecia. El arquitecto de esta dudad. se nos dice, es el Niño Avilés. canónigo heterodoxo quien funda la colonia para negros libertos y cimarrones, y para quienes huían de la opresión española. Desembarazada de las autoridades. Nueva Venecia es, por tanto, una ciudad libre. O eso se supone que fuera, porque su existencia es debatida, negada. Algunos historiadores no le conceden autenticidad a los documentos de la colecdón Pedrei~a y consideran toda la historia apócrifa. Nueva Veneda desapareció, no consta en la historiografía oficial. ¿Por qué? La ciudad era decadente. un antro de prostitución y actos demoníacos, según un cronista testigo de la dudad, a quien Alejandro Cadalso cita pero inmediatameme tacha de equívoco. Para Alejandro Cadalso Nueva Venecia no fue borrada de la historia porque la sociedad (clero y milicia) de hace dos siglos sintiera ver· güenza de un lugar tan nefando; la colonia. según el 40

La noche oscura del Niño AviUs es la primera parte de un ciclo llamado Crónica de Nueva Venecia. Lo que se anuncia en el' 'Prólogo" no se desarrolla plenamente en el texto; es decir, la existencia de la ciudad lacustre, sus enigmas y significados, que es lo que se supone re\'elen las crónicas. no aparece; su presencia es más bien un milO. pero aun así. como ausencia. esta ciudad produce el imaginario de la historia. En el texto (o sea, en las crónicas -la mayor parte de ellas escritas por dos cronistas. Gradán y El Renegado. que también son actantes del mundo que se funda).~ sólo vemos tres movimientos: número uno. lo que de alguna manera constituye el nacimiento del Niño A\'ilés; número dos, un le\'antamiento Qe negros. que se proponen fundar una ciudad en la Plaza de San Juan, aCloquedesatados guerras por el control de la Plaza, una de ellas entre los mismos negros ya apoderados de la ciudad; y número tres. el proyecto visionario. comienzo de la ciudad lacustre. . En el "Prólogo", que no sólo quiere justificar las crónicas. sino también sugerir interpretaciones de las mismas. se adelaman dos aspectos importantes de la novela: uno. la historia como acontecer político y cul· tural; y dos, la situación de los negros escla\'os denlro de esa historia.

5. También son imporlanlt's los comt'tllarios (po<'mas t'n prosa) dt'l pOt'la Alt'jandro Juliá Marln. SUpUt'SIO Irsligo dt' aqut'1 mislt'· rioso mundo)' a quit'n M' rila a menudo. Esos comenlarios. qut' aparecen al cake- de las cr6nicas. constilll)'en otro discurso que. muchas \'e("rs. funciona cerno cOnlrapunto dt' las cr6nicas. pues rt'lati\'im In llt'rdtld d~ ésla!¡,


¡POR QUE LA HISTORIA1 Formalmente, la novela es un tejido de crónicas que se presentan como verdaderas; pero lo que relatan nunca aconteció. Según la historia conocida u oficial, en 1772 nunca huboun naufragio en Boca de Cangrejos ni se rescató milagrosamente a un niño (Avilés) de las agitadas aguas del mar, como se afirma en la novela. No hubo bataIlas entre ejércitos de negros y españoles y aquéllos nunca se posesionaron de la Plaza de San Juan. Frente a la historia "verdadera", el ordenamiento de Rodríguez Juliá es falso. Pero funciona como un intento de suplantación, se articula como una realidad otra. El entramado es muy complejo. No todo loelaborado por Rodríguez Juliá es inscripción imaginada. Mucho del material incluido parte o se inspira en suce· sos reales. Entre la Cicción y la historia hay una correspondencia. aunque no siempre exacta, ni en el tiempo ni en el espacio. Algunos personajes históricos aquí nombrados aparecen con otra personalidad, a veces son todo lo contrario de lo que en la realidad fueron. En ocasiones, los eventos narrados se asemejan grandemente, ya no sólo a sucesos históricos ocurridos en Puerto Rico, como se podría probar, sino también al de acontecimientos de otros paises del Caribe, como Haití o la República Dominicana. Estas correspondencias. distorsiones y semejanzas con respecto a la historia conocida tienen una funcionalidad doble. Primero, como técnica de maximización del discurso; es decir, la presencia del discurso se

"El Salvamento d~ don Ramón Power", por Jo.~¿ Campeche

impone como acontecimiento. Ello se posibilita no sólo por las distorsiones de la historia. que para el lector informado resultan notables, sino, además, por la presentación de las crónicas en el "Prólogo" como una serie de documentos verdaderos. Desde el comienzo, el discurso se promueve como algo insólito: un descubrimiento que revelará una historia que trató de ser escamoteada. He aquí, pues, una historia disi· dente, un pasado distinto, un pasado otro. En segundo lugar, el hecho mismo de la existencia de este discurso (de ficción) contrapuesto al pasado auténtico implica una nueva Corma deexaminar laque conocemos. Por consiguiente. aquí hay una noción histórica impuesta, y en un sentido estricto. al proponérsenos una historia que no fue, hay una reconsideración del pasado histórico. Al respecto. conviene citar ahora al historiador y filósofo francés Jean Chesneaux. Dice: Si el pasado cuenta, es por lo que si~nifica para nosotros. Es el prodUCID de nuestra memoria colectiva. es un tejido fundamental. Va se trate de lo que se ha sufrido pasivamente,...o de lo que se ha vivido activamenle.... Pero este pasado. próximo o lejano igualmenle. riene siempre un sentido para nasal ros. Nos ayuda a comprender mejor la sociedad en que vivimos hoy. a saber qué defender y qué preservar, a saber también que derribar y qué destruir. La historia es una relación activa con el pasado.'

En nuestro caso, se trata de volver al pasado. naturalmente. por la importancia del presente. En el presente puertorriqueño existe la urgencia todavía admirable de justificarnos, de identificar al país. de tener una identidad que nos clasifique y nos defina políticamente. "Nuestra tradición," dice el mismo Rodríguez Juliá en un ensayo crÍlico, "siempre ha vivido obcecada con la imagen de nosotros mismos, con eso que un tanto defensivamente se ha llamado el problema de la identidad; el esCuerzo de nuestra literatura ha sido Cundar la imagen de nuestro pueblo. "7 Si la idea de la historia implica un conocimiento del presente, de sus características y peculiaridades. desde los límites de sus fases de formación,l se explica por qué La noche oscura se formula como una práctica de la escritura que remeda las Cormas del pasado, particular· mente del siglo XVIII. Todo siglo es trascendente de un modo u otro. El XVIII puenorriq ueñ o se considera como uno de forma-

6. Jean Chesneaux, ¡Haumo.l tabla ra.la dd palado7 .ía t-d. Tra. ducción de Aurelin Gamin dd (;amino. Mi'xim: Si~lo XXI. 19811, p. 22, 7. Ed¡rdrdo Rodrl~uel Juliá. uTradic jón y ulnpia t'n t'l harmm taribtño", Ine:uilCJ. Pont'nc ia para Simpn~io Nut'va fSCTilura Ihc·rna· mericana, Nov. 19R4, Universidad dt, T('xa~, Ausiín. Tc·xas. 8. Ver el erudilo ensayo quc' sohn' la fu", ión dc' la hi~lCJria dtosarrolla Carlos Pt·reyra. l·n Hu/mía. ¡para qu¿7 Ml'xim: SiRln XXI. 1980.

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"Silio de la ciudad de San Juan de Puerto Rico por los mgleses en el año de 1797", por JOSt Campe.

che.

ci6n del pueblo. 9 Para el mundo, es un siglo panicularmente trascendente, sobre todo si consideramos el último cuáno, cuando suceden, entre otros acontecimientos imponantes, la Revolución francesa, la Revolución de las trece colonias americanas y la rebelión de los negros esclavos en Haití. Es el Siglo de las Luces europeo y es cuando Latinoamérica empieza a definir sus nacionalidades. ¿Pero cuáles son los fundamentos que la historia puertorriqueña registra en su siglo XVIII, particularmente hacia el final, época del Niño Avilés? A grosso modo" en el aspecto poli tico se empieza a cobrar conciencia de la "puertorriqueñidad." Por otro lado, se realizan obras públicas; el gobierno atiende el desarrollo de la ciudad de San Juan; los ingleses invaden (hacia el final del siglo) la capital; la pIratería y el contra-. bando coexisten y aumenta su tráfico; y el gobierno y los hacendados intensifican los medios de captura y castigo contra los esclavos negros. En 1770, el gobernador Miguel de Muesas dispone por orden oficial limitar los movimientos de los esclavos dentro y fuera de su área de trabajo. Para presentar un cuadro mínimo que ilustre la situación del negro durante la época, es preciso decir que en el siglo XIX el sistema esclavista.se hace más aplastante y el cimarronaje disminuye.t o De cierto modo, la novela mira de frente esa realidad. Las alusiones a la historia implican un rechazo de su pasado que, en este caso, no excluye el recurso de su reconsideración, como propone la novela. Si el conocimiento del pasado nos habilila para incrementar el control del presente, proponer y organizar otro pasado puede implicar querer cambiar el presente, suplir la 9. Vrr lnida FiKut'roa. 8rt'l/t' Historin dt' Punlo Rim. Vol. L Rlo 1979. 10. Vt'an5(' 1m t'X("t'lmtt's libros dt' Guillt'rmo A. Barall. Escllll'o.' rt'bt'ldn RIo Pit'dras: Huracán. 19111, y dt' Bt'njamin Ni5lal·Mort't. Eulal'o.' prófll~o., y t'imnrront's Rlo Pit'dras: lT,P.R.. 1911oJ. Pit'dras~ Edil.

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actualidad con actos distintos. Por eso la escritura en La noche será paródica y la historia quedará distorsionada. Por eso, también, un personaje histórico, el sargento Pepe Diaz, que en uno de los más grandes ataques de los ingleses a Puerto Rico, en 1779, hizo una defensa heroica de un puente importante (Manín Peña) y a quien todavía hoy se le recuerda en una copla popular, aparece en la novela como un pendenciero cruel, quizás sólo con el honor de ser perseguido por la ley inquisitorial de un obispo obsesionado con el poder y el exorcismo de demonios. Parodiar la historia es, ~n este caso, fondear el pasado y emerger con una imagen distinta. Cambiar la historia es buscar su reconquista. La historia que nunca fue -La noche OSCUTa-, que se opone a la historia oficial, invierte signos y valores, como en el caso de Pepe Díaz. y crea la parodia. La Plaza de San Juan, con sus fuertes como El Morro y su Castillo de San Cristóbal, es un bastión militar de gran importancia; ya lo era para 1772 y 1773, años en que se desarrolla la novela. 1I Cuando en la novela los negros rebelados se apoderan de la Plaza y fundan un reino africano, el cual tienen que defender de los ataques del obispo y los militares españoles. no organizan una defensa que responda al estado de guerra que se impondría; en realidad. a su líder no le importa organizarla. Dice uno de los cronistas: "Las celebraciones de los negros se convinieron en la mejor defensa de la ciudad. Aquellos ritos, danzas. incesantes toques de tambor perseguían cruelmente a las tropas invasoras [oo. JLa ruerza de aquel reino, rundado sobre el mito de un regreso a las tierras de los antepasados. mantu\'o la enorme marcha de hombres y mujeres [hacia la Plaza]. sus ojos encendidos de orgullo por un pasado que precariamente renacía." 11. Dt' ht'cho. por su imporlancia milimr ~' f'stratégka, Put'rlO Rko rra considt'rado 101 lIa\ t' 5('Xla dt') impt'rio t'spai\ol t'n 1015 Indias. A P.R. 5(' It' llamaba la lIa\'t' dt' las Antillas. \'t'r Loidil Figtlt'roa. 8rt'l't' historin. p. 91.


(pp. 46-7) Las danzas y los ritos de los negros burlan el aposento del poder y. de alguna manera. restauran una libertad que impugna el Cuero militar y esclavista y que, por cierto, desestima la situación de la colonia.

LA HISTORIA DESEANTE Este proceso de sustitución de lo histórico implica la valorización de otro pasado que. como Corma de lo inexistente, es un reclamo a la imaginación. Proponer otra historia requiere documentos. Pero los documentos que desde el "Prólogo" se presentan, crónicas y retablo de miniaturas. como dijimos. se debaten: su autenticidad se pone en duda. De modo que el pasado que la novela funda responde. más bien. a las proposiciones utópicas. De acuerdo a la dialéctica pasadopresente, un pasado otro definiría otra imagen para el presente. El espacio utópico con su dimensión creativa, positiva, supone un mundo mejor. posiblemente un enfrentamiento al colonialismo, la esclavitud y los distintos destierros. Sin embargo. el modelo utópico que arraiga en La noche oscura es de un radicalismo tal que el mismo discurso que enuncia la utopía presenta una cTÍtica inmediata. Por ejemplo, el reclamo de libertad que los negros levantan cuando se apoderan de la Plaza de San Juan se postula como una ilusión impracticable. Uno de los cronistas así lo expresa: "Todos sabíamos que eran reinos de fantasía, pero poca engañosa era la felicidad de hallarse libres. Y era lo más preciado de reinos tan tiernos que la tirania no podía brotar en sus ámbitos. Y aquellos eran los reyes más queridos, pues sólo gobernaban sobre la ilusión de libertad." (p. 54) La libertad en el reino africano será pasajera; luego, por lo menos dos guerras pródigas en odio y rencor habrán de dt:satarse. Otro ejemplo que se levanta dentro del ordenamiento utópico es la ciudad lacustre, motivo directo del sentido del texto pero que en éste sólo se posa en una dimensión imaginaria. De la ciudad lacustre se habla, es d espacio ambicionado por unos y condenado por otros. pero es la ciudad que la experiencia nunca corrobora, por lo menos en esta primera parte de Crónica de Nueva Venecia. La ciudad lacustre es la magnificencia del deseo, es la tierra prometida que se distrae de la realidad y sus menciones poseen la verdad de lo incierto. La ciudad, cuando se ambiciona, sólo se Dresiente; cuando se teme. como por ejemplo la teme el obispo, se condena, puesto que implica un desafío a Jos valores vigentes. El espacio abierto -pasado posible- es unaencrucijada que tiene más de ironía que de pasado correctivo. No es porque la ciudad lacustre, la ciudad utópica, nunca sea sino sólo una determinación. Antes bien, por ello su valor de utopía. La toma de la Plaza de San Juan por parte de los negros es la empresa que conmina la grandeza de la utopía, porque si el poder negro prevaleciera las estructuras sociales cambiarían, constaría otro valor humano del espacio. Pero esa perspectiva se limita., A la toma de la Plaza corresponde la voluntad

positiva; lo que sigue luego es la confrontación sangrienta de los nuevos ciudadanos. El pasado propuesto es un modelo utópico que fracasa. Cabría preguntarse, entonces. si el nivel de reClexión histórica es válido aquí, pues si la propuesta de un pasado alternativo deviene en utopía estrangulada o ineficaz, eJ valor que atribuimos a la función dialéctica pasado-presente quedaría mediatizado como explicación de la novela. Tal vez el esclarecimiento de esa dialéctica resida en el presente puertorriqueño. espacio, éste. políticamente indefinido y de una comprensión desigual entre sus componentes sociales. Si la novela constituye una propuesta de otro pasado que no llega a comprometer un cambio en el orden social básico, puesto que como hemos dicho. el reino negro se convertirá en pesadilla de la historia y la ciudad lacustre será sólo mención o temor. oscurecida entre pantanos. es porque el presente no puede contradecir la caracterización de aquella época, así como el pasado tiene que enfrentar la naturaleza del presente. De otro modo, la hi~toria se desenvolvería como un encuentro de posibilidades y nQ como algo más propio: la comprensión y conocimiento de los factores que hacen lás relaciones sociales. Si uno de los móviles de la novela es la urgencia de distinguir la imagen del puertorriqueño, el reconocimiento de la historia se entiende como una versión de ese abordaje. Si a lo largo de la historia las estructuras sociales en Puerto Rico se han apoyado en un sistema clasista (y racista) y además dependiente, se eXDlica que el espacio utópico propuesto en La noche oscura languidezca. pues no hay un sentido histórico que sostenga genuinamente la voluntad utópica ni que le preste autonomla a los acontecimientos. Por eso, también, la crítica a la propuesta utópica: los actos que la historia registra se hacen borrosos y permiten las incapacidades. El fracaso de la utopía en La noche oscura no se establece sólo como una relación axiomática donde el presente corresponde a las eventualidades del pasado y éste debe ser una abstracción de aquél. El reino negro, además, fracasa por la ausencia de un orden físico, de un plan ordenador que medie entre la nueva sociedad y el poder español represivo. No hay una razón ordenadora que diseñe el mundo citadino para la Plaza. Como ha explicado Angel Rama en su Ciudad letrada,l2 el establecimiento de una sociedad de carácter utópico requiere planificación. requiere de una forma para que el deseo pueda ejecutarse. La fundación del reino negro en la Plaza de San Juan no prevee el diseño del plano; sus proyecciones no se hacen sobre la realidad material del que conquista un mundo nuevo, y. en este caso (siglo XVIII, ya agravado con el fundonamiento de un poder colonial) más bien insisten en el ensueño dé una Edad de Oro, se posesionan de la visión de un reino

12. Ver AnJ;t'1 Rama. 1.0. ciudad 'tIrada. Hanov('r. N.H.:Edido· nes del NOTle. 19111.

4.1\


eterno. fantasma de nostalgia que transparenta su antiguo mundo africano. La planificación. como lo expone Rama. es exigencia colonizadora. administrativa. militar. comercial, religiosa del europeo. En la novela. el obispo que vence a los rebeldes planHica ampliamente todo movimiento. En el reino negro no se tiene la misma conciencia del conquistador; allí se ilusiona un mundo perfecto acompañado de celebraciones; las noticias que se tienen de su establecimiento son festivas; su líder planifica pero es el plan de un enorme sueño de libert;d. Dice el obispo Trespalacios sobre sus oponemes: "La manía de fundar ciudad arcádica se origina en la muy perezosa naturaleza de los habitantes de esta isla, que por años la plaza fuerte de San Juan Bautista ha sido adormidera de la volumad...... Luego añade: "Aún así la ciudad arcádica no es tan nefasta al humano género como la utópica; en esta transcurre un tiempo que modifica su espacio, la historia permanece suspendida allí. es como si los conflictos se esfumaran. ya no hubiera alicientes para sostener la esperanza. La oiudad llamada utópica es como diabólica máquina donde la esperanza se ha murado en un espacio perfecto. Y aseguro que los utópicos son verdaderos demonios de la soberbia". (pp. 286- 7). De nuevo, la época de la novela es finales del siglo XVIII. y en Puerto Rico la colonia se aupa por sobre el estado militar y desarrolla estructuras civiles. La rebelión de los negros que se apoderan de la ciudad debía estructurar su causa libertaria con el tiempo histórico. pero. más bien. se acercan a un tiempo mítico, nostál· gico. Construyen. según la crónica. "pueme a los amiguas reinos de Africa. Sólo en aquel lejano país ellos conocieron la libertad, que en estas tierras ni el rabo le habían visto. 1Sólo les queda el recuerdo de los antiguos reinos. de los antepasados!" (p. 104) Esta ciudad se vincula a una existencia ancestral que descuida el espacio ahora liberado. Este reino concebido como proyecto absoluto, independiente del resto de la sociedad. es más ilusión que práctica viable. Esa otra historia posible aquí probada fracasa. La propuesta de otro pasado (que nunca fue) y su proyección dialéctica con el presente puede definirse como un discurso mítico. utópico. pero irrestricto al horizome inmediato de la novela. Por cierto, al ser un discurso producido como problema histórico-social, su proyección en nuestro presente es inapelable. Lógicameme, la novela puede ilustrar una correspondencia emre el reino negro y el presente puertorriqueño: en ambos se hace verdadero acopio del deseo pero no se precisan los vínculos que, de frente al poder colonial. afilien el discurso libertario con las contradicciones de la sociedad y con la presencia de los demás discursos de su historia. En este sentido, la novela parecería señalar. ante todo. a la reflexión ya la lectura integradora de la historia. La historia de Puerto Rico es colonial. Esa imagen nos obsede. pero la negamos como definitoria. Esa encrucijada es nuestro presente irresuelto. Sin colonia. no tenemos topia, sólo la exaltación de La noche .:Jscura. 44

AL MARGEN DE LA HISTORIA

El tema histórico no es el único al que La noche oscura remite. Terminada su lectura. es posible pensar en una novela de aventuras. porque muchos hechos aquí son pasajes al acontecimiemo y las confrontaciones. A veces. parece una novela militar, con sus alza· miemos populares y guerras calculadas. Así mismo, también resulta ser una novela fantástica. o erótica. Es todas esas cosas y no se limita a ninguna de ellas, porque la exigencia de Rodríguez Juliá, como la de un Mario Vargas Llosa, por ejemplo, es monumental: los términos de su proyecto quieren abarcar todas las variantes posibles en un mundo. Por cierto, existen asombrosos paralelismos emre La guerra del fin del mundo (1981), de Vargas Llosa, y La noche oscura; para mencionar sólo uno: la disidencia popular de Canudos y la disidencia popular de los negros: la semejanza reside en los motivos y en los resultados de la rebelión. Son coincidencias y no influencia directa, pues aunque La guerra se publica en 1981 y La noche en 1984. ya ésta hacía ocho años que estaba escrita. Dicho entre paréntesis: es posible señalar extraordinarios paralelismos o coincidencias de La noche con otras novelas contemporáneas; por ejemplo. con El nombre de la rosa, del escritor italiano Umbetto Eco. Ambos autores se valen de una imroducción para presentar los textos. Pero esos textos resultan serIes ajenos: ellos son facilitadores (Rodríguez Juliá se vale de un historiador ficticio; Eco actúa como traduclor de un manuscrito). Más coincidencias: se cuenta un mundo pasado; siglo XVIII y Medioevo. Otra semejanza importante: el trata· miento del carácler de los personajes principales: cléri· gas ensoberbecidos que disfrazan su ambición de poder con la piedad. Punto final: Antes mencionamos el lenguaje. En este nivel la realización de Rodríguez J uliá es realmente nOloria. Pueden criticársele las torrenciales reilera iones; a veces el lenguaje es demasiado descriptivo (¡las descripciones de las torres!) y aun con lOda su poesía resuha monótono. Pero eso es pecado menor dentro de un barroquismo lujurioso y lleno de ingenio. La repro· ducción de la escrilura y el habla del siglo XVIII, regida (pero no reducida) por la intención paródica. rinde uno de sus mejores usos, por ejemplo, en los diálogos del cronista Gradan con el obispo Trespalacios. Es tam' bién significativo el trabajo combinatorio: cuando al lenguáje culto se le oponen b se le insertan frases coloquiales, a veces histriónicas, que responden a una sa,"ia popular del siglo XX. no del XVIII. Ese injerto de léxicos funciona como articuladón integradora de la cuhura puertorriqueña; y supone un habla pública. natural. que no se sustrae a ninguna época en panicular. En fin, es un lenguaje eficaz que. en su conjunto, sorprende al leclor y lo hace f1ucluar entre gradaciones de asombro e incredulidad respecto de esa historia puertorriqueña, ahora más, inclusiva.


Habla vulgar, habla coloquial, habla culta POR MANlJEL ALVAREl. NA7.ARIO

A REALlZACION COTIDIANA

DE LA LENGUA MATER·

L na que encarna en el corpus expresivo corriente de uso coloquial suele apoyarse a la vez en rasgos procedentes de los dos extremos opuestos del vulgarismo y del cultismo. dependiendo en su raiz el bulto cuantitativo y la frecuencia de empleo de uno u otro ingredientes del habla de las particulares circunstancias y calidades de ambientación sociolingülstica y de instrucción académica que conforman en su espiritu y cultura. y aun en sus contornos de presentación externa. en medida variable. a cada persona. En la sociedad organizada de los países civilizados corresponde a las agencias de cultura cuales son la escuela y los varios medios de comunicación -prensa escrita. radio. televisión, cinematógrafo- complementar de manera positiva la obligada tarea del hogar (lamentablemente muchas veces no atendida) de dirigir la expresión individual y colectiva, en lo que atañe especialmente al lenguaje vernáculo. por los cauces de la mayor corrección y propiedad. garantizadores de un decir claro y efectivo a la par que enmarcado dentro de las normas consagradas por el buen uso. y forjadores en cada persona. a lo largo de su existencia. de la más saludable conciencia lingüistica. no por vanos empeños de mera estética de la palabra. sino porque se entiende que cada individuo puede proyectarse mejor ante el mundo. en cuanto a la realidad de su ser interior. de su intelecto, de sus capacidades de esfuerzo creador, de convivencia y de voluntad de servicio a los demás, en la medida que se hace dueño -verdadero dueño y no esclavo- de la propia lengua. Los pobres de decir. parodiando a las Escrituras. y lo~ mancos de expresión. citando a Salinas, no pueden aspirar precisamente a desenvolver sus vidas y quehaceres en el cuadro amplio y generoso de las esencias y actuaciones trascendentes de la humanidad. Si volvemos la mirada a lo que ha sido nuestro • pasado como pueblo. buscando en e! ayer explicaciones

para e: hoy. encontramos que en la mismísima raíz de la colonia española en el siglo XVI queda establecida en Puerto Rico una sociedad más campesina que urbana. en cuyo medio de cultura lingüística. al igual que ocurre en otros establecimientos españoles en Indias, dada la participación mayoritaria de coloniza-O dores procedentes de las capas menos cultas de España, hubo de predominar ab i"itia la voz de la masa popular. ajena en general a las evoluciones y mayores cuida· dos de! idioma que se cumplen en las esferas superiores, agravado dicho estado de "ruralización del habla española en América" apuntalado en el número,l por el debilitamiento cultural que apareja el traslado a un medio nuevo. comprometido primariamente con los esfuerzos de supervivencia material. del orden decivilizadón de los conquistadores. Sobre este particular se expresa Menéndez Pidal: ... mientras éstas [las clases bajas} en España vivían en convenif'nte comactocon poblaciones de antiquísima cultura. se desarrollaban ahora en las colonias. bien jumo a ciudades nuevas cuya vida intelectual era forzosamente más débil que en la Península. bíen en completo aíslamíento de esos centros urbanos. El habla de estas clases bajas habla de producirse con mucha menor presión del elemento culto que en España.:

En el incipiente medio lingüístico de las colonias españolas del Nuevo Mundo, entre ellas Puerto Rico, pues. los reparos con que se enfrentaron los señores, los capitanes. los clérigos. los comerciantes. los funcionarios. al habla que se iba generalizando desde abajo hubieron de 1. V. A. AlonJo, El problema de la lengua en AmliTlCa, Madrid. 1955. pp. 155·I!I~. 2. R. Mlm~ndez Pidal. Carta a IOJ señores A. M. EJpinoJa y L.A. WiloHns, en La lengua de Colón y otros eJtudios del siglo XVI • Bu~nos Aius. 1942. pp: 115-116.

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quedar ahogados en la corriente más fuerte del pueblo.' En el caso especifico de nuestro país veremos luego que pasada la novedad de la conquista y con ella los sueños de riquezas fáciles, se fue definiendo una situación de estancamiento cultural que habría de prolongarse con mayor o menor intensidad hasta ya entrado el siglo XIX. El viajero francés Ledru, quien visita al país en 1797, ofrece una idea de lo que fue nuestro estado de cultura general a lo largo de aquellas centurias: El pueblo yace en la más completa ignorancia los frailes y algunas mugeres enseñan a un cofto nú~ero de ni.ños los .elementos de la religión y la gramática, y las siete décimas partes de la población de la Isla no saben leer.·

No será hasta el pasado siglo cuando tardíam~ntese manifestarían en el país ciertos acontecimientos importantes de desarrollo cultural -llegada de la imprenta, desarrollo del periodismo y de la literatura, fundación de instituciones de cultura como el Ateneo Puertorriqueño y el Instituto Civil de Segunda Enseñanza. establecimiento de algunas cátedras de facultad mayor-, de gran relevancia en la historia del adelanto material y espiritual de Puerto Rico, pero cuyos efectos vendrian a ser muy limitados respecto de la educación lingüística de las muchedumbres del pueblo, todavía ajenas en su gran número a los beneficios de la instrucción escolar. El ambiente de ignorancia que priva eOlre nosotros a lo largo de la historia insular, favorable a la libre acdón de las tendencias del vulgo en el plano del uso expres ivo ora1, se dejará senti r aú n en el transcurso de la presente centuria. A pesar de la notable ampliación de las facilidades educativas del país a partir de 1898, la escuela resulta todavía insuficiente para combatir efectivamente la incultura. Por los mediados del siglo actual gran parte de nuestro pueblo seguía siendo anal· fabeto, y un número considerable de la niñez crecia ajeno por completo a la influencia benéfica de las aulas. Según se desprende de estudios realizados al efecto, por el año de 1947, había en Puerto Rico enton~ ces "más de medio millón de personas analfabetas de cinco años en adelante", cifra que representaba alrede· dar de una cuarta parte de nuestra población de aquel momento. Dicho estado de analfabetismo presentaba además contornos más serios al explicarse que el 46.69% de los niños puertorriqueños de edad escolar se encontraba fuera de la escuela. y que el 52% de los que se matriculaban abandonaba las aulas del primero al ter· cer grado. "De cada 100 personas -se dice en resumen- 52 han tenido alrededor de año y medio o menos de instrucción".s Es muy posible que la sÍlua-

3. A. Alonso. loco cit. 4. A. -P. I.t'dru. J'mgt' a /tI iS/tI dt' Punlo RICO. t'Il t'l tiño dt'1797 (Trad. de J.1.. d(' Vill'arrondo). San Juan. 1865. p. 86. 5. V. l. Rodri¡;uel Bou. Prob/t'mas di' i'ducllc.lón t'Il PUi'TtO Rico Rlo Pit'dr.u. 1947. p. 81. .

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ción descrita haya variado para mejorar durante los años y decenios posteriores que llegan hasta la actualidad, merced a los programas oficiales de desanalfabeti· zadón que se emprenden a partir de 1953.' Por otro lado. sin embargo, el Puerto Rico de los tiempos modernos desde la década del cuarenta hasta el presente ha tenido que confrontar y confronta aún en el campo de la enseñanza otra situación de alarmantes resultados en cuaOlo a la trasmisión por la escuela de la cultura en general y la formación de los alumnos en el dominio de las destrezas básicas que impone el uso del vernáculo -lectura, escritura, expresión oral- en panicular. La transformación que se opera en la vida pública puertorriqueña en el espacio temporal de los últimos cuarenta y cinco años, abriéndole a la Isla las puertas de un insospechado progreso con direcciones más de horizontalidad que de verticalidad, el cual habrá de hacerse más notorio en multitud de aspectos del vivir material obliga al Estado a multiplicar de improviso las facili: dades de educadón para poder dar acogida en las aulas a la muchedumbre creciente de la niñez y juventud de edad académica, afanosa de auparse, por la vía de la escuela, en los niveles ascendeOles de la nueva sociedad que se gesta. La rapidez con que sobrevienen a una tantos .cambios en la estructura social. económica y educallva del país. agravada la situación por un notorio crecimiento desde eOlonces.en las ciCras poblacionales insulares, y embrollado aún más el ambiente isleño de vida, durante la primera mitad de la década del cuarenta, por la concurrencia de un estado bélico de alcances mundiales. todo ello en conj unto no dará tiempo a la escuela para planificar con juicio su expansión -ni tan siquiera se cuenta 'en un principio con los maestros necesarios, lo gue llevaría a la habilitación acelerada, como maestros temporeros. en rápidos cursos de verano, de una legión de recién graduados de escuela superior-. y así: poco a poco, la calidad de antaño se i~ di~olviendo gradualmente, rendida por los impera. tlvos mexorables de la cantidad. El antiguo programa diario de trabajo en las escuelas, que se extendía desde la mañana hasta la tarde, permitiendo con menos estu· diantes por secciones y por maestros una más reposada y efectiva enseñanza, desaparece arrollado por la necesi· dad de la doble sesión, una por la mañana y otra por la tarde, comprimiendo la acción docenteen un vértigo de clases sucesivas, con mayor número de estudiantes por sección y mayor número de secciones por maestro. Esta nueva enseñanza de masas, más nominal que real, afectará a toda la gama de las disciplinas escolares, pero en particular hace resentirse en sus timbres de calidad y en sus alcances inmediatos y a largo plazo a la instrucción en el vernáculo, instrumento primero en la adquisición del conocimiento todo, ¿Cómo es posible en la apretura del tiempo y en el amontonamiento de'los alumnos

6, 1'. Sin aUlor espedrkado. "Atrabt'lización. Rodríguez Bou st'ñala IO¡;Tos dt') programa", El MIUldo. San Jllan. 2S dt' didembre de 1951. p. 5,


crear el clima académico más apropiado para las delicadas tareas de la escritura abundante y bien trazada, requeridora de espaciosa corrección por parte del maestro; de la lectura honda y amplia. de la expresión oral que ha de cuidarse paso a paso de las incursiones del decir populachero y vulgar que pesa y se espesa en el aire de la convivencia cotidiana, de la penetración con el alma apretada en los misterios anísticos de la creación literaria que Corma parte importantísima de nuestro patrimonio cultural de pueblo hispánico? Agréguese a lo antedicho la insuficiencia, resultante de los crecidos números de la matrícula. de los materiales y recursos pertinentes a la docencia, empezando por los libros de texto. así como de las bibliotecas escolares y municipales, cuyos raquíticos Candas diCicilmente pueden complementar la actividad de la enseñanza en el salón de clases. Con el paso de los años los males que señalamos se han ido recrudeciendo, y lo que empezó como una corriente con fuerza de arroyuelo tiene hoy día la pujanza de una tromba de mar. De todo lo expresado hasta este punto se desprende la realidad -triste realidad- de que siempre ha existido en nuestro proceso histórico de pueblo civilizado una situación de vasta incultura lingüística, malamente tenida a raya por las limitadas Cacilidades educativas de antaño, y hoy. cuando contamos con mayores y mejores medios y recursos de instrucción, todavía atentatoria de las actividades de la buena docencia. lanto por la fuerza del número que representa en términos de la demografía isleña como por su peligroso movimiento de difusión con sentido así horizontal como verlical en el plano de la sociedad contemporánea. Por este rumbo último puede observarse hoy día en el país una increíble falta de conciencia lingüística, de creciente bulto en el tiempo. con calidades de Cenómeno común no precisamente propio en exclusiva de las clases de menores oportunidades y cultura. y sí detectable con harta Crecuencia en los niveles de las gentes semicultas y aun a veces en las esCeras de los hablantes supuestamente instruidos. egresados de los órdenes superiores del sistema educativo. Entre tales personas, cuyo entrenamiento en las técnicas de la comunicación en el vernáculo adolece de serias Callas a través de los años Cormativos en la escuela -insuficiencia de lecturas, Calta de ejercicios en lengua escrita y lengua oral-, se echa de menos esa particular sensibilidad de la expresión que permite al individuo saber adecuar el usodesu lenguaje materno a los requerimientos particulares que nos imponen en la vida de relación las distintas oportunidades y circunstancias del empleo hablado y escrito. Así solemos notar un manejo. siempre invariable para todas las ocasiones, del lenguaje propio del coloquio familiar de todos los días, teñido de vulgarismos de palabra y Crase, de extranjerismos viciosos. falto de riqueza léxica de noble timbre, pleno de vacilaciones y apoyos en muletillas. abundante en solecismos. desconocedor en fin del revestimiento que debe tener el pensamiento cuando ha de proyectarse en los moldes del lenguaje de la exposición culta y académica, reque-

ridora en su factura de llana elegancia del decir de dotes de selección. de finura. de pulimento. de buen gusto. La escuela puertorriqueña, y la Universidad a su cabeza, claves para la posible solución de tantos problemas en nuestro pueblo, tienen la obligación de acudir al remedio de este mal que señalamos. Se impone en primer término que las universidades fortalezcan apreciablemente la cultura y la capacidad de enseñar de los maestros que salen anualmente de sus recintos. Puerto Rico necesita desesperadamente maestros de vocación magisterial a toda prueba, de formación cultural pro· funda y redondeada, rica en lo especifico y en lo general; de sano juicio pedagógico capaz de superar las encerronas de pensamiento y acción que imponen ciertas teorias y modas educativas al uso; de sentido de incuestionable lealtad a su proCesión, a la escuela. a la patria. y además. ¿por qué no decirlo también?, maestros que puedan sentir la satisfacción de la remuneración generosa adecuada a los esfuerzos heroicos que de ellos se esperan. En lo que se refiere especificamente a la enseñanza del español es preciso que se imponga la obligación de haber cursado estudios especializados en el campo de la hispanistica para poder asumir la tarea docente en esta disciplina. Ya es tiempo de que se supere definitivamente en el país la idea, por demás errónea, en el semido de que "cualquiera puede enseñar español", contándose para ello con que la sola condición de hispanohablante capacita peT se a un individuo para pasar a realizar tal menester educativo. Ello es falso de toda falsedad: la docencia del español tiene su arte y tiene su ciencia, y no posee ni lo uno ni lo olro quien no lo haya estudiado a fondo y a plenitud. Aparle del conocimiento seguro que debe tener del amplio marco general de las Iileraturas hispánicas, y de la aptitud para penetrar en el ámbito de sus calibraciones estéticas. el maestro de español debe poseer aquella inteligencia de los fenómenos filológicos y lingüisticos que le permita enfrentarse con cabal responsabilidad a la imerpretación. valoración, y corrección si fuere neceo sario. de los hechos de expresión que observa en el uso vivo de sus alumnos. Y es de particular importancia que el maestro de español en Puerto Rico tenga adecuada conciencia de que la lengua vernácula de su tierra es el producto de un proceso histórico determinado -que la hermana con la del resto de Hispanoamérica- en muchos respectos distintos del que se cumple en el castellano central hoy con sede de prestigio en Madrid. El enseñar a hablar con corrección en Puerto Rico no debe ni puede partir de puntos de vista acomplejados a la luz del buen decir de Castilla. según se estila en Madrid, o en Avila. o en Burgos. Puede haber plena dignidad en un hablar culto de timbres fonéticos puertorriqueños y antillanos y rasgos léxicos privativos de la tierra y de América, de nobles y ricos recursos de vocabulario y frase, y fluido y armonioso discurrir de las estructuras oracionales, según se ha oido de siempre a las personas más ilustradas de nuestro medio. Que no se olvide que el hablar bien el español en Puerto Rico o en cualquiera otra parte d,.l

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Nuevo Mundo hispánico no ha de conformarse forzosamente a los modos que son privativos del castellano central. por cuya via su empleo entre nosotros no podrfa tener otros sabores que los de la aCectación y la pedantería. En segundo término es preciso reestructurar los programas de estudio de manera que la lectura. la escritura y la expresión oral puedan volver a tener en el aula las manifestaciones de primada que tuvieron en el pasado. Para lograr esto. desde luego. sería imprescindible reducir tajantemente el número de alumnos por sección y el número de secciones por maestro. La lectura continua e intensa. diestramente dirigida por el maestro en el salón de cIases -pidiendo cuentas al estudiante sobre el minimo sentido de las palabras, de las Crases, de las oraciones, y llamando además su atención hacia los valores de la creación y recreación literarias que el alumno no alcanzara a ver por sí 5010-, y luego ampliada esta lectura. fuera del aula, con la frecuentación suplementaria de otros textos. sin duda se constituye en uno de los medios más eficaces para penetrar los intimos entresijos de la lengua maternay de cualquier lengua-. actividad que cuando se

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realiza con pleno valor dejará en el educando importantes saldos de léxico nuevo, de modelos, frecuentemente inconscientes. de enlaces efectivos y proporcionados de las palabras en el discurso, y que de rebote contribuye asimismo a la aclaración de su pensamiento y al enriquecimiento, de su intelecto. Más que en las pesadas lecciones de gramálfca pura, el aprendizaje cierto de la lengua se fundamenta en la lectura yen su actividad complementaria. la escritura. Los pueblos jóvenes, como el nuestro de Puerto Rico, precisan todavía al presente, en muchos casos, de un más extenso tiempo histórico para poder superar determinadas taras y limitaciones que han venido operando negalivamente en su formación nacional. Es posible, sin embargo, que en nuestra propia época y en nuestra propia generación una entrega intensa y organizada del esfuerzo y del interés por parte de quienes tenemos la obligación y la encomienda de velar por la conservación y enriquecimiento del patrimonio cultural del país pueda contrapesar efectivamente los males de la expresión deficiente que le impiden al hijo de la tierra, a muchos hijos de la tierra, realizarse cumplidamente en aras de la palabra liberada en el decir.


Ludwig Schajowicz en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico (Impresiones subjetivas de un recuerdo.) POR VICTORIA ESPINOSA

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ON PERDO~ DE LOS ACADEMICOS. TENGO QUE DES·

pajar a mi maestro Ludwig Schajowicz del thulo de "doctor" con el que le conocemos todos. Así será más fácil este acercamiento. Además. el artista en el momento de la culminación de su vida, no necesita de títulos. Su obra se universaliza precisamente cuando se despoja de 10 inmediato y pasa a un nivel imperecedero. Esa es la única forma que llega a mí Ludwig SchajoWicl en un recuerdo de cerca de cuarenta años. En mi tesis doctoral El teátro de René Marqués}' la representación de su obra Los soles truncos, para la Universidad Nacional Autónoma de México en 1969, una escueta nota al calce lee así: "Ludwig Schajowicz: Austriaco, emineme erudito de las artes y conocedor de varios idiomas, tiene el privi. legio de haber asistido al &minario de Teatro de Reindhardl. Luego de haber sufrido de cerca los horrores de la Alemania nazi, ya en Cuba, organiza y dirige el Teatro Universitario de la Universidad de la Habana. AIIf, entre otras, dirige Nuestra Natacha de Casona y el extraordinario espectáculo de El urca de Numancia de Cervantes. A su llegada a Puerto Rico es Profesor Visitame desde 1947-1954 y además es direc· tor del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico. Aqul dirige la primera tragedia griega realizada en el pais: Ifigema en Aulide de Eurlpides; acontecimiento inolvidable y de gran repercusión artística entre la clase teatral. Su esposa Luisa Caba· lIero, cubana, diseila la escenografla para esta tragedia. Entre otras producciones dirigidas por Schajowicz, están: El viajero sin equipaje de Anouilh, El celoso farfullero de Moliere, El abanico de Gol· doni, Noche de Rtryes de Shakespeare y H&uba de Eurlpides. Las tres úhimas con escenograflas impresionantes de Carlos Marichal. Su última producción para el Departamento de Drama lo es el auto sacra· mental El gran teatro del mundo de Calderón, con escenografla de Luisa Caballero y queconstituyeotro acontecimiento artístico. Los cursos ofrecidos por Schajowicz durame su permanencia en el Departa-

memo de Drama: Drama clásico; Teatro alemán y Francés contemporáneo; Calderón y su innuencia en el Teatro Francés y Alemán; El Teatro y su relación con las demás artes; Historia del Teatro y Shakespeare en la escrna moderl'la, son un oasis de inspiración; un pórtico abierto que pone por primera vez a disposi· ción de los estudiosos puertorriqueños del teatro, el mundo teatral europeo. AUlorde varios estudios sobre Goethe, Schajowicz liene también a su haber. entre otras, una de las mejores investigaciones sobre Calde· rón de la Barca"

Hoy el Departamento de Filosofía de la Universidad de Puerto Rico. le hace un merecido homenaje, dedicándole un número de su revista Diálogos. Yo quiero unirme desde la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña. a ese homenaje y evocarlo tal y como le conoel; aunque las palabras no puedan expresar con exactitud la impresión subjetiva de ese recuerdo. Subje· tiva porque la relación discípulo-maestro es mucho más personal en el ambiente teatral y supongo que también en el de la danza, diferente a la misma relación en el resto de las bellas artes y en las otras disciplinas académicas. El primer contacto que los estudiantes de drama tenemos con él es como conferenciante en 1947. Siendo director del Teatro Universitario de la Universidad de la Habana, nos visita para hablarnos sobre El teatro como fiesta ritual", "La tragedia griega" y "El Teatro Medieval y Concepciones modernas de la fiesta teatral". Alli, boquiabiertos, le escuchamos en nuestro primer encuentro con el mundo maravilloso del Teatro Clásico. Si mal no recuerdo, allí estábamos entre otros: Iris Martínez, José Luis (Chavito) Marrero, Nilda González. José Angel (Pipo) Diaz, José Antonio González. José M. Lacomba. Rarael Enrique Saldaña, Angel F. Rivera, Myriam Colón, Orlando Rodríguez, Milagros Pablos. Nancy Colón, Pepe H. Rivera, Oneida Rivera, 49


Dr. Ludwig Schajowic%..

Nilda Martínez. Ludmila Trenche. algunos de los cua· les se iban a destacar más tardeen el quehacer teatral del País. Luego. en ese mismo año. cuando Leopoldo San· tiago Lavandero. entonces director del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico va a la Universidad de Yale a terminar su Maestría en Teatro, Schajowicz regresa a Puerto Rico a ocupar interinamente ese puesto. Su llegada coincide más o menos con la de otros intelectuales y artistas de Europa e Hispanoamérica. Entre algunos que recuerdo. la mayoría exilados, están: Jorge Enjuto: Miguel de Ferdinandy y su esposa Magdalena, Jorge Millas, Carlos Marichal. Miguel Enguídanos, Francisco Ayala, Alfredo Matilla, Risieri Frondizi. Federico de Onís, Sebastián González Garda. Nuestra Universidad se nutre de los conocimientos de estos proCesares que al compartir con los nuestros, para bien o para mal, contribuyen, junto con la nueva tecnología, al Puerto Rico de hoy. Mi preparación académica se divide entonces en dos recuerdos: En el primero, el eje es Leopoldo Santiago Lavandero a quien le debemos nuestro primer encuentro con las nuevas técnicas de montaje del teatro internacional. especialmente el norteamericano. Junto a él. Helen E. Sackeu y RaCael Cruz Emeric. De todos guardo un grato recuerdo. Recuerdo que merece un reconocimiento de mi parte en un próximo trabajo. En 50

el segundo recuerdo, el eje es Ludwig Schajowicz ya que al renunciar Santiago Lavandero a la dirección del Departamento, él ocupa el puesto en propiedad. Ahora 10 acompaña Luisita Caballero. que colabora con él. hombro con hombro. Cormando ambos un estupendo equipo de trabajo. También Carlos Marichal, escenógraCo y pintor español exilado. compartt" las labores en el Departamento. Continúan además, en éste. Helen E. Sacketl y RaCael Cruz Emeric. Todos van a dar al pah una hermosa cosecha intelectual y artística. Desde 1947·1954. Schajowicz dirige además de las seis obras mencionadas en la cita anterior, El tiempo es un sueño de Lenormand y La dama duende de Calderón. ocho en total. En el ir y venir de la memoria, las vivencias se multiplican en anécdotas inolvidables. SuCrimientos y alegrías... La voz estentórea de este director perfeccionista increíble (casi siempre con razón) retumbando en el ámbito escénico. Corrige aquí y allá, ante los asombrados proCesares. técnicos y alumnos. Necesario reajuste de adaptación a los métodos de su trasCondo cultural europeo. Cosmovisión de disciplina Cérrea en todos los ámbitos del Teatro. Sospecho que también en todas las artes yen todas las disciplinas que conoce. Tal vez se puede decir que son pocos los montajes teatrales en un periodo de siete años de trabajo. Pero también es cierto que por el aCán de perCeccionamiento de Schajowicz. cada representación llega a ser una obra de arte. Son verdaderos seminarios académicos de dedicación y estudio, que se complementan con los ocho cursos que él imparte y que también se mencionan en la cita anterior. más Actuación 1y 11. ¡Verdadero encuen· tro estético que compartimos todos en un excelente banquete espiritual! De mi propia cosecha de vivencias. ¿cómo olvidar la muy especial de [!igenia en Aulide1 Más de un año de ensayo, tres horas cuatro veces a la semana. Fuera de ensayos, al deambular por el campus universitario, ¡parecemos y nos sentimos griegos! En verdad Santiago Lavandero y Schajowicz logran que el Departamento de Drama se convierta en un centro cultural, muy importante en ese momento. Con sus tres dependencias: Teatro Universitario. Teatro Rodante Universitario yel Teatro'InCantil Universitario (luego Comedieta Universitaria), coge tanto presti. gio que llega a tener casi una connotación de Teatro Nacional. Tanto es así que los.críticos. Juan Luis Márquez. Nilita Vientós. René Marqués, Emilio Belaval. que yo recuerde, a veces nos elogian en extremo o simplemente limpian el piso con nosotros. Se olvidan que somos simplemente estudiantes, que nuestra labor es una académica y educativa. Claro que todo se debe en parte a que se tiene un presupuesto fijo. que permite que se haga teatro más o menos continuo. por 10 tanto eso nos pone en la mirilla de la crítica constantemente. Pero en honor a la verdad. junto a 10 que hacemos nosotros hay una escasa. pero encomiable labor de otros grupos como Areyto (1940) de Emilio S. Belaval. Club Dramático del Sagrado Corazón (1940) Sociedad


General de Actores (1942) de Man uel M~ndez Ballester y Tinglado Puertorriqueño (1944) de Francisco Arrivf. enlle OllaS. Jalda arriba luchan por hacer lo mejor que pueden con los escasos recursos de entonces. En 1948 con la tristemen te recordada huelga universitaria se precipita la labor acádemica y muchos colegios adelantan o sustituyen unos cursos por otros equivalentes. Asi que en 1949 a los que nos graduamos en la carrera de Teatro. dentro de la Facultad de Humanidades. se nos sustilUyen también algunas materias, entre ellas la de Dirección Escénica. Pero a pesar de que yo no tengo dicho curso como preparación académica, la observación directa y práctica como ayudante del director en algunos de los montajes de Schajowcz, me capacita para que él tenga suficiente fe en mi. como para recomendarme para que me haga cargo del entonces Teatro Infantil Universitario. Jaime Benilez. para esa época rector de la Universidad, aprueba el nombramiento. Empieza asi mi carrera profesional en el Teatro como profesora en el Departamento. ¿Y cómo empieza esa carrera? Pues nada más y nada menos que con La bella durmiente del bosque del Libro de Oro de los Niños y Sota de corazones de Louise Saunders, que realizo con estudiantes de la Escuela Intermedia y Superior del Colegio de Pedagogia de la Universidad de Puerto Rico. ¡Qué de recuerdos! ¿Tristes? ¿Alegres? Simplemente vivencias humanas. Schajowicz. ahora mi jefe inmediato y supervisor. continúa su labor pedagógica cultural. Estricto. tajante. critica mi trabajo con dureza... ¿Ugrimas! Si, muchas; crisol verdadero en mi preparación inmediata y futura en esa nueva etapa de mi vida. De una cosa sí estoy segura: Es de Schajowicz que aprendo a hacer de mi trabajo uno de autocrftica constante. Y nunca, nunca creerme una "divina garza". Schajowicz renuncia a la dirección del Departa· mento de Drama en 1956. Por un tiempo se hace cargo del Departamento de Bellas Artes y luego definitivamente ocupa la dirección del Departamento de Filoso(fa, hasta su jubilación. Aquf también realiza encomiable labor. Nilda González. exalumna y ahora también profesora de Teatro y yo. formamos parte del comité que junto a Helen E. Sackeu y Rafael Cruz Emeric. se hace cargo del Departamento de Drama. Nilda. que habia hecho estudios post graduados de Teatro en la Universidad de Vale, realiza los montajes de las obras del Teatro Universitario. Yo, los de la Comedieta Universitaria, antes teatro infantil. Ambas nos compartimos los del Teatro Rodante Universita· rio. De ahf en adelante ponemos en práctica todo el cúmulo de conocimiento adquiridos; y al fin podemos cortar el cordón umbilical que aún nos ataba a Santiago Lavandero ya Ludwig Schajowicz. Pero siempre quedará el sustrato vivencial de los recuerdos. Nilda González. pasa a ser directora del Departamento de Drama en el 1957. Inaugura el Teatro Experimental Universitario y amplfa el currículo; y consigue además que la Facultad de Pedagogfa apruebe la especialización en la carrera de Teatro dentro de ese colegio.

En 1958 el Primer Festival de Teatro Puertorriqueño auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña causa una gran efervescencia escénica. Se destaca desde ese momento toda la creación teatral posterior. Las obras presentadas en ese festival: Encrucijada de Méndez Bailester. la dirige Santiago Lavandero, La hacienda de los cuatro vientos de Belaval, la dirige Piri Fernandez; Vejigantes de Francisco Arrivi, la dirige Nilda González y Los soles truncos de René Marqués. la dirijo yo. Tres disdpulas companiendo hombro con hombro con su maeslro Leopoldo Santiago Lavandero. Nos sentimos muy honradas y muy emocionadas. ¡Algo que jamás podremos olvidar! Dos directoras de ese festival de Teatro, Nilda González y yo, aponamos también la semilla Schajowquiana... Por lo menos así lo he sentido. El texto de Los soles truncos el cual considero una tragedia moderna, me ofrece en esa ocasión la oportunidad de entrar de lleno en el juego sagrado, la imitación y la identificación, que fueron unos de los primeros conceptos dramáticos que aprendí de Schajowicz. Por lo tanto, lo que se logra en ese festival es también el logro de esos dos extraordinarios maestros. Con el auge del Teatro en el pais y la prorileración de grupos teatrales, la labor del Departamento pasa a lo que siempre debió ser. una labor exclusivamente docente. La critica se desplaza entonces hacia las representaciones profesionales y ven las del Departamento en su justa ubicación de preparación académica estudiantil. Por otro lado la crisis constante del Tealro Puertorriqueño, aparentemente aqui fuera de contexto, pero a la vez relacionada con éste. contradice la regla de que la crisis siempre trae cambios posilivos. Para combatir esto, nada mejor que volver los ojos atrás para rejuvenecernos en la fuente primaria del pasado. Mi 'Voz a veces es eco de las de todos mis maestros, desde los grados bajos, hasta los universitarios. Sospecho que mi obsesión constante de ver el Teatro como un templo, donde el rito y la fiesta son fuente perenne de emociones. viene de mis primeros contactos con Schajowicz. ¿No vendrá también de esa misma fuente aquello de que "el arte es amoral y asexual, porque no se puede ser ni juez, ni fiscal de la vida que se interpreta"? ¿Y no fue de ahí que salió también, lo deque "el actor no se enferma; el actor si se muere". frase con la que yo desconcierto a mis actores, cuando pretenden excusar sus ausencias por enfermedad. Pues muy saludable seria si con el bagaje del pasado. se aunaran fuerzas para trazar las pautas educativas y culturales necesarias que a gritos están pidiendo más subvención gubernamental, aparte de la que ya ofrece el Instituto de Cultura Puertorriqueña por medio de su Oficina de Fomento Teatral en los Festivales de Teatro Puertorriqueño e Internacional. Algo parecido a lo que con creces. hacen Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros paises, en donde el Tealro es una verdadera industria cultural en muchos casos. Schajowicz trata de ampliar las ejecutorias del 51


Deparlamento de Drama miemras es su director. pero por desgracia no puede lograrlo. Como parte de mis recomendaciones en el capítulo de mi tesis sobre ese Deparlamento. recojo aquí algo de ese sentir: "Otro proyecto engavetado es el Museo de Teatro Activo. En 1949 cuando José Ferrer ganó el Osear de Mejor Actor con la pellcula Cyrano de Bergerac. regaló ese trofeo a la Universidad de Puerto Rico. Yel entonces rector. Jaime Benltez, lo donó al Departamento de Drama. Por muchos años estuvo engavetado en un archivo. Recuerdo que cuando nos donaron ese trofeo, el Dr. Ludwig Schajowicz. entonces director del Departamento de Drama. dijo que para que se justificara tener un trofeo de esa naturaleza, debla hacerse un museo de teatro activo. si mal no recuerdo el término. Un museo que llevara a cabo serias investigaciones y experimentos sobre Teatro. Recuerdo que Carlos Marichal diseñó unos planos preciosos para ese museo y yo creo que esa idea nunca más que ahora estarfa tan vigente. Creo que además, si ese museo se instaurara. podrfa hacer publicaciones periódicas de ediciones de montajes con libretos de dirección, diseños de vestuario. escenograHa, fotograHas, etc. También este museo podrla organizar seminarios. foros, simposios. etC:"

Como resultado lógico de un seminario de esa natu· raleza, el cual podría comenzarse ampliando la actual pequeña biblioteca del Deparlamento. lo más lógico sería crear una Escuela de Teatro a nivel de Maestría y Doctorado. Ya en mi tesis esbozo algo al respecto. Pero ahora amplío aquí esa necesidad imperiosa ya. tal y como lo expresé en mi ponencia: Proyecciones del Teatro en Puerto Rico para el Segundo Seminario de Teatro: La representación teatral en Puerto Rico

Ifi~nia en

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Aulide. coro. A la

~xlTl."ma

dI."Tt."cha. Virtoria Espinosa.

(Estructura y desarrollo histórico) auspiciado por el Instituto de Cullura Puenorriqueña en l 98!': "Nuestro Departamento de Drama lleva ya más de cuarenta años de funcionamiento con una labor realizada y reconocida tanto aqul como en el exterior. Otras dependencias de la Universidad de Puerto Rico. pongo por ejemplo, los Departamentos de Literatura, Traducciones y Comunicaciones. con escasos años de funcionamienlO ya tienen doctorados y maes. trias. ¿Y por qué nuestro Departamento de Drama no? Tenemos ya profesores egresados del Departamento con maestrlas y doctorados. Además, esta escuela podría ser un centro académico de Teatro del Caribe. punto intermedio entre las dos Américas. Las posibi. lidades de esta escuela son vaslÍsimas. ¿Cuánto no se beneficiaria el Departamento de Drama. utilizando a los profesores jubilados como Leopoldo Santio.go Lavandero, y Nilda González, ambos residiendo en Miami; como el Dr. Ludwil; Schajo\\'iCl. Rafael Cruz Emeric. Helen E. Sackelt. Angel F. Rivera. etc.? Esta facultad estarla reforzada con profesores visitan· tes del exterior. En estos momentos está constituido un comité de propuesta, para esa Escuela Graduada que trabaja en las investigaciones preliminares. para someterla a las autoridades peninentes:Forman parte de ese comité. al cual me honro en pertenecer: Maria Eugenia Mercado, Edgar Martínez y Dean Za)as actual director del Departamento de Drama."

Cabe terminar aquí estas impresiones subjetivas con estas dos posibles proyecciones del Departamento de Drama de la Universidad de Pueno Rico. como si emanaran directamente de Ludwig Schajowicz. De realizarse. como así lo espero. sería parte de la culminación del pensamiento de este verdadero humanista.


Una Visita a Santander POR MARIGLORIA PALMA

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L LUGAR A LAS DOS DE LA TARDE A LA ESTACION del tren Principe Piode Madrid aquella tarde del 10 de julio de 1974, era aún temprano, pues el tren salía a las dos y media. El profesor Alfred Stern. su disdpulo Her· nán Rodríguez y yo nos sentamos en una mesa del café y pedimos refrescos, Madrid atravesaba por una ola de calor. Conversamos sobre diversas cosas: la Universi· dad de Madrid. el hijo de Hernán y la buena mesa del restaurant alemán Edelweiss y sus precios módicos. . Un rato después Alfredo y yo nos hallábamos senta- I dos en un tren eléctrico, bastante moderno, frente a dos 'ancianas idénticas. indudablemente gemelas. vestidas de la misma manera, con zapatos idénticos e idénticas expresiones en la cara. Sus ojos claros y pequeños, nos observaban fríamente. como si (uéramos dos animali· tos raros entrometidos en su mundo. sin previa autorización. Era molesto y maldije el moderno tren que pone cara a cara a unas parejas antagónicas: turistas y viejas aldeanas. El paisaje verde y dulce de las planicies inmediatas a Madrid se fue haciendo hosco. chirriante. Empezaron a aparecer enormes rocas negras, peladuras áridas y ruinosas soledades. El tren ascendía lentamente. De vez en cuando se veía alguna cabaña de piedra de techo bajo. donde supuse viviría algún pastor de ovejas. en minúsculos prados verdes abrazados por bajas tapias de piedra, ¿a quién pertenecían? A la distancia la humareda gris·azul de nuevas soledades; algún pájaro discursante. parlanchino. proclamando su autoridad abso. luta. ¿Pero cómo escapar a la mirada insistente, perforadora de dos caras idénticas pálidas, a su insolenda? Me fijé que vestían de medio luto y pensé que habrían perdido a un pariente en Madrid y que luego del entierro y el imprescindible apoyo moral, regresa. ban a la provincia. Al llegar a la estación del tren de Medina del Campo unas horas más tarde, se nos informó que el tren se

había roto y que debíamos trasbordar. Nos precipitamos fuera. yo sacudiéndome de encima los ojos de las vecinas. El próximo tren era viejo y allo. había que trepar pero trepamos ágilmente. Los asientos miraban todos en la misma dirección y tuvimos la suerte de conseguir uno cerca de la puerta. Alcancé a ver por la ventanilla una mole que derrotaba el sol y un sentimiento de placer y de asombro me sobrecogió, era el caslillo de la Mota. En aquel castillo vivió Juana la Loca al comienzo de su enajenación, sobrecogida por la violen· cia de los celos según nos cuenta Ludwig Pfandl en su interesante libro Juana la Loca. Estaba la real dama encinta y separada de su esposo Felipe el Hermoso. Se esperaba que el parlo aminorase la crisis por la cual atravesaba Juana. Sin embargo el parto no cambió su ánimo. En una ocasión intentó huir del castillo al cual consideraba su prisión. El obispo de Córdoba. quien custodiaba a la princesa le suplicó que esperase el regreso de su madre Isabel la Católica y. acto seguido. mandó a levantar los puentes y a cerrar las rejas de salida. Juana, en un arrebato de insania sacudía los barrotes de las rejas. En vano intentaron ponerle un manto y la toca para protegerla del frío de aqueIJa noche de noviembre, no hubo quien la separase del portón. y alH la encontró su madre. la reina Isabel al regresar y se llenó de espanto. Y fue en el castillo de la Mota que la reina Isabel murió llena de anicción el 26 de noviembre de 1504. El viejo tren es lento. afortunadamente nos regodeamos en la contemplación de la torre. Atravesábamos la campiña verde, fresca, en dos mitades bajo los últimos rayos de aquel intenso sol veraniego. Empecé a notar que el tren pareda resistirse, que careda de impulso, pero descarté de mi mente un nuevo inconveniente. La alegría de haberme libertado de los cuatro ojos de mis vecinas, la frescura reposada del paisaje y la perspectiva

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Santandcr. Gran Casino.

de la llegada supuestamente en tres horas, me compla. da; eran las seis de la tarde y campanas lejanas y dulces repicaban a la distancia. Una hora más tarde el tren disminuyó su marcha hasta detenerse súbitamente en una garganta estrecha y elevada. Nadie se explicaba la causa. Pensé que tal vez estariamos en un cruce o pr6ximo a éste. y el tren esperaba el acceso libre a la via. Media hora... una hora... encendieron las luces: silen· cio absoluto. Las cabezas giraban de lado a lado, alguien preguntaba, nadie sabia. Continuamos deteni· dos y nos fue tragando la noche con su sombra ah!loluta. Por fin un revisor apareció y dijo 'que se habla dañado la máquina (¡oh. Españal) y que vendrian a remolcar el tren de Santander. Tendriamos que esperar tal vez... otra hora más. Estábamos. supuestamente, como a dos horas y media de Santander. Y la llegada seria oficialmente, segú~ el itinerario, a las nueve y media de la noche. Pues cuando llegamos a la estación del tren de la ciudad eran casi las dos de la mañana. La gente saltaba del tren a una temperatura exterior casi frigida. Suerte que el filósofo y yo habiamos salido de Madrid, de su calor, con abrigos al brazo. Al entre· garnos dos grandes maletas recurrimos al único maleo tero que vimos y que iba apilando el equipaje de mucha gente en un solo carretón. Como no queriamos llegar a esa hora a El Sardinero, balneario muy cerca en la costa, y, cuyo apartamento un banquero, padre de una de las alumnas de Alfredo, nos habla cedido por dos semanas, nos dirigimos al maletero y cicerone único y le entregamos·las maletas. El hombre echó a caminar rápidamente seguido de su séquito de pasajeros, hacia un hotel que él indicó; avanzábamos por una calle recta y oscura. Al Dr. Stern, 54

como le pasaba siempre que cambiaba de temperatura súbitamente, le dio un ataque de asma y tuvo que detenerse. Allá entre las sombras lejanas vf'iamos el grupo seguir al maletero que alH y a esa hora habia cobrado dimensiones mágicas. Luego que el profesor mejor6 un poco del asma seguimos lentamente... Cuando llegamos al hotel ya las maletas habian sido descargadas y las pocas habitaciones libres, toma· das. Se nos dijo secamente que no habia. ¿Qué hacer? Nos dirigimos de nuevo al maletero, un viejo gordo de pies ligeros. Nos recomendó que tomáramos un taxi y fuéramos al Sardinero donde habia varios hoteles. Decidimos que si tenlamos que ir al Sardinero. mejor era irnos al apartamento directamente y cuya llave Alfredo tenia. Salimos del hotel al mismo tiempo que pasaba un taxi y otro pasajero lo tomaba. Pero pudio mos acomodarnos en el mismo. Cómo una celación corrimos por una avenida bien pavimentada a lo largo del puerto y luego por entre grandes casas con jardines, hasta llegar a un edificio moderno frente al cual el taxi se detuvo. Agarramos nuestras grandes y viejas maletas, asombro de los europeos, y arrastrándolas, nos dirigimos a una puerta de cristal. Alfredo probó las llaves y ninguna pareda corresponder. Nos miramos preocupados. Me dediqué yo entonces a tratar de conseguir la 11ave que abriera la puerta que alli ceñuda y transparente nos impedía entrar. ¡Al fin .. .! Cerramos, y, una vez en el moderno vestíbulo, sugerí que dejáramos las maletas am y fuése· mos a abrir el apartamento. Subimos, giramos alrededor, habia cuatro puertas idénticas y ninguna con esquela del residente: ¿cuál seria? Alfredo introdujo al azar la llave en la puerta primera de la izquierda. según le habla indicado su disdpula. Nada, no abrla. ¿Seria la


de la derecha? Vamos a probar... Dale vueltas y más vueltas a la llave; comparar, analizar. Se oyó una voz enojada de hombre: . -¿Quién está aM? ¿Quién nata de abrir mi puerta a estas horas? -,Ay, perdone, señor' Buscamos el apartamento del Sr. Pérez. -Eso es ahf al lado... -¿Al lado? Hay dos puertas... ¿Podrfa indicarnos? -No, bÚ5quenlo, usredes. Molestando a estas horas... Nos fuimos al ouo lado donde dos puertas silenciosas nos retaban con su misterio y su posibilidad de felicidad: ¿cuál de las dos. Santo Dios? Eran idénticas, como en un cuento mágico; ,valorl Alfredo inuodujo la llave: nada. Otra vez, otra vez, otra más. -Pues trata de abrir la otra- le dije. ,Qué cansanciol Sin comer ni beber agua desde el mediodfa, porque el viejo tren no tenfa cantina ni nada. Dejamos descansar las manos para probar de nuevo. Nada. Sugerf que bajáramos al vestíbulo y nos sentáramos a esperar que amaneciera y llegara el conserje. evidentemente nos habiamos equivocado de piso. Alfredo se sublevó. necesitaba descansar en una cama faltaban aún horas para amanecer. -Pues salgamos fuera y caminemos alrededor a ver si vemos un hotel. Estamos en la playa. ¿A qué lado quedada el mar? Era imposible saberlo. Bajamos. Alfredo trató de abrir la puerta de salida "in éxito. Era como una pesadilla. Decidi tratar yo; la

llave hada ruido a esa hora silenciosa de la noche. De pronto ofmos una puerta abrirse ya un hombre gritar: ", A ver si dejan dormir a la genteI" -Queremos salir del edificio, pero no podemo!i abrir la puerta de salida -dije yo-, ¿podda ayudarnos? No somos ladrones ni gente mala, somos gente decente. Alguien se precipitaba escaleras abajo y pensé que tal vez nuestra seguridad corda peligro, que vendría a sacamos de mala manera. Ante nosotros se detuvo enojado un hombre joven de cara pálida y pelo negro. No!' contemplamO!'l mutuamente; él diJO: - Ya que bajé les ayudo a subir las maletas. Vengan. (¡Oh, España') Echó mano a las maletas y subimos, nos ayudó a abrir la puerta del apartamento del Sr. Pérez. La que no habiamos podido abrir pertenecía al mismo apartamento: era la enuada del servicio. En ese momento me di cuenta de que habiamos tratado. dos veces sin darnos cuenta, de abrirla puerta que daba a la cocina del joven. Tuve que reirme cuando el vecino nos deseó las buenas noches y se aleió: habia sido amable. El apartamento era grande y cómodo. Pero ¡ayt, lo primero: tomar agua. Nos dirigimos a la cocina, todo estaba en orden. Abrimos la pluma...Nada, no había agua. ",No hay agual" exclamé incrédula y desfallecida. Corrí al baño...a alfa baño... -Bueno, nos acostaremos sin beber agua siquiera. -Ah, yo tengo un pan y queso, pero así a secas...dijo Alfredo.

Santand~. Vista parcial:

ss


Tuve una idea estúpida que yo consideré genial en aquel momento: sacar agua con un vaso de la caja del inodoro. AIJá fui, me sub( a la bacineta y estiré el brazo: lo que saqué fue un líquido rojo como sangre...¿Sería que no había agua nunca? AqueIJa agua sugería un estancamiento largo. ¡Qué secuencia de inconvenientesl Era como si los manes de Santander no nos quisie. ran en su territorio. -¡Qué Críol -dijo el proCesar temblando. El apartamento estaba muy frío. Busqué en las tablíJlas de la despensa: había azúcar, café y ron: podíamos damos un palo y así bajar el pan con queso. Si hubiera habido agua hubiéramos podido tomar una bebida estimulante. caliente y azucarada.... Nada que hacer. Nos Cuimos por los cuatro dormitorios recogiendo colchas gruesas para echárnoslas encima ... Un sol blanco se metió temprano por los cristales. Nada más incitante que despertar en una mañana clara en un sitio nunca visto. Descorrí la cortina y. a lo lejos, posada magníficamente. había una montaña verde bebiendo en un azul purísimo. En ese momento sentimos el timbre de la puerta: era el co~serje. un hombre rojo. afable. simpático. que dijo que nos había esperado hasta las nueve y media de la noche el día anterior. Le contamos sobre nuestras aventuras y el angel tutelar con un movimiento de sus manos mágicas convirtió en agua la sequedad y en calor la frialdad de la estufa. Desde ese momento los murciélagos de la noche anterior se convirtieron en cisnes blancos. Salimos y una brisa fría pero agradablemente templada por el sol. venía de un mar magnífico de un azul Fra Angelico, con sus extraordinarias costas montañosas verdes. primaverales. Santander es una ciudad bonita y refinada. Tiene una amplia avenida que corre a lo largo del puerto y más allá, como en casi todos los puntos donde se detiene la mirada. asoman sus verdes montañas. En la hermosa avenida del puerto están los monumentos a dos glorias santanderinas (o "montañeses" como eIJos se designan): José María de Pereda. nove· lista y Concha Espina. paisajista de las tierras del none de España. Hay también la biblioteca Menéndez y Pelayo con un impresionante monumento, al "poligrafo" santanderino, romo le llaman ellos. La ciudad los ha honrado bien y una ciudad que honra a sus hijos esclarecidos es dos veces hermosa. Son los talentos de

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un país: escritores. pintores. escultores, compositores. filósofos, científicos. historiadores. grandes estadistas, los que representan el espíritu por el cual sobreviven los pueblos. Son ellos el gran viento glorioso que sopla justificando al hombre en su esCuerzo civilizatorio y artístico. Santander es una ciudad bonita. más bien que interesante. Está como hecha de una sola pincelada; es armónica. Es europea, civilizada. Sus habitantes tienen ciena distinción física. Era un placer sentarse a una mesa de un café, en las amplias aceras. a ver pasar la gente; barato y deleitoso pasatiempo del turista. Pasaban señores de pelo blanco pausadamente y nos saludaban con afabilidad. En el gran mercado del centro de la dudad. la gente que vendía conversaba con nosotros. Uno tenía un pariente en Puerto Rico. otra una hija casada. Así en conversación contemplábamos el siempre seductor y multivario espectáculo de los viejos mercados. La catedral, uno de los edificios del centro de la ciudad. es sumamente interesante. Vista de costado es una impresionante mole ciega con ceño de alcázar. No tiene entrada por la avenida principal debido a ciertas imposibilidades del terreno. Cuando se sube por la empinada escalinata, se encuentra el visitante en un claustro con sabor a cripta fúnebre. de bajos arcos y columnas góticas. El ambiente está saturado de sobriedad monástica. ahumada, que invita a sentarse a medio taro Da a un jardín silencioso de árboles gráciles y tan verdes que parecen pintados. artificiales. Fue construida la catedral, o más bien empezada, en el siglo XV. Primero fue una hermita y luego abadía. Según las crónicas. se erigió por voluntad de doña Berenguela y la terminó luego el rey Fernando 111. el Santo. Su entrada principal da ~ la bahía. ocupadísimo puerto, lleno de mástiles, de barcas. de azul y verde. La Universidad Internacional Menéndez y P6layo. ubi· cada en el Palacio Real. en la península de Magdalena. es un paseo obligado: se IJega a ella siempre en la co"!pañía del mar. Como recompensa por las penurias de la IJegada, la escalada del alto repecho, la conquista del premio (1a ciudad parecía querer esconder sus encantos. como mujer púdica. de los ojos extraños) Santander nos entregó sus encantos. Días dorados se desdoblaron. saltaron. más bien. del almanaque veraniego a cuyo dorso queda escrito con letra lisonjera el nombre de una ciudad española.


Julio Cortázar: las claves misteriosas de algunos encuentros y desencuentros POR MANUEL ABREU ADORNO

UE EN SAN JUAN QUE RECIBI LA NonCIA DE LA F muerte de Julio Cortázar. El 14 de febrero. dia de

San Valentin. de los enamorados. al mismo tiempo que me llegaba un telegrama desde París de mi querida compañera Frederick, me enteraba. a través de la prensa local. del fallecimiento del gran escritor argentino. Curiosamente, tal vez porque la vida precisa de esa~ anútesis. un telegrama de felicitación. de amor. se yux· taponía al funesto parte de prensa. al obiluario de rutina proveniente de los servicios de información de la "Uniled Press International". La primera reacción fue, claro está. de incredulidad, porque. para los hombres. la muerte, la desaparición fisica. la ausencia definiliva de un ser. resulta una dimensión ininteligible. sin punto de referencia o medida posible. Inaceptable. de plano, la muerte nos obliga a captamos como incapaces de concebir esa fuga, ese viaje final. esa deserción, ese éxodo inesperado. Lo único verdaderamente cierto. irrefutable, irre· baúble. la muerte, se presenta como fenómeno alógeno. extraño. desconocido. No obstante, es lo único que conocemos como destino último. y al mismo tiempo se nos escapa. nos rebasa. se manifiesta ("omo condición antinatural. irracional. inconmensurable. Imposible reconocerse en la muerte. identificarse en Ja nada, proyectarse en el vado. Pero ahí está: ese hombre alto y grande. de aspecto y espíritu juvenil. juguetón y serio, briJIante e ingenuo, uno de los más extraordinarios cuentistas del siglo XX, eronopio mayor y amigo gene· roso. conversador apasionante. viajero infatigable y fantasioso. Y ya no está. El autor de Rayuela daba un salto decisivo sobre lo telúrico hacia lo estelar. El azar, Jo fortuito, Jo mágico. lo incondicionado. inscribían en ese inexorable decurso concluyente su potencia causal. Por fin las dicotomías falsas entre vigilia y sueño. reali· dad y ficción. objetividad y subjetividad, 10 cierto y lo faJso. Jo bueno y Jo malo. quedaban abolidas. Se mar·

chó en el último Metro para hacer un trayecto intermi· nable. Y alU en el Boulevard Sto Germain, en la esquina de Odéon, lo vi partir para siempre. una cálida noche de agosto. a la salida de un restaurante donde habíamos cenado iunto a otros ami~os. A los 18 años Id por vez primera un relato de Cortá· zar, de su libro Final del juego, como parte de las lecturas obligadas para la asignatura de español en la escuela superior. Para mí fue un gran descubrimiento, una poderosa revelación de algo que hasta entonces no había experimentado en mis lecturas adolescentes; él juego ingenioso. el humor sutil, contribuían sustancialmente al placer del texto. al goce de la complicidad en la lectura. Cortázar me hada sentir una profunda alegría a través de esa jubilosa fabulación que articu· laba magistralmente en sus cuentos. Esa identificación inmediata con una dimensión 'de la líteratura que hasta ese momento me había sido vedada, me convirtió Jápidamente en un asiduo y voraz lector de su obra, por no decir fanático. A Cortázar le debo esa noción de la literatura como objeto placentero, como lúdica representación verbal de una frescura infantil permanente, como prodigiosa experiencia creativa Que involucra al lector irremediable· mente, como continuo experimento tormal que no se agota. Le debo también su rigor y honestidad intelectual, su aguda sensibilidad de lo moderno y contemporáneo, la amplitud y diversidad de sus inquietudes, la gran riqueza de sus opciones literarias y culturales, la apertura sensorial y racional a otra realidad diferente de la que comunmente conocemos. La obra de Cortázar fue, es y será siempre, para el entonces incipiente y ahora joven escritor que esto le dedica póstumamente, con admiración y respeto, una provocación, un estimulo, una incitación a la creación. Conázar (ese escritor "amateur") es punto de partida: propulsor, 57,


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generador, inspirador; lugar de encuentro: agitador, desafiador, confabulador. Si algún cumplido se le puede rendir a la obra de un escritor (y esto lo hago con la obra de Cortázar), es haber tenido la facultad de modificar, alterar, transformar, de modo sustancial o parcial, las percepciones, categorias, actitudes y conductas de un lector. Siendo yo entonces estudiante en Barcelona, mi buen amigo y poeta catalán Joaquín Marco, me dio la dirección de Cortázar en Paris, pues yo preparaba un viaje a la capital francesa en la primavera de 1976. Le escribí, enviándole unos poemitas y para proponerle un encuentro, y sorpresivamente recibí una tarjeta suya con una fotografía de una película de Drácula y el siguiente comentario en inglés al interior: "There's somelhing abOUl you that 1 need". En la foto aparecía Drácula próximo a besarle el cuelJo a una bella e indefensa mujer en ropa de dormir. Me comentó que desgraciadamente partía de viaje hacia Cuba y Costa Rica y que no podríamos vernos, por 10 tanto, en París. Asi· mismo indicó su gratitud por el envio de los poemas y admitió haberle gustado mucho uno que yo había dedicado al Che Guevara. Ese fue mi primer contacto epis. talar con Conázar que luego se ensancharía con futuras cartas. Transcurrieron varios años, y en el otoño de 1978, encontrándome en París como estudiante V acabando 58

de publicar mi primer libro de cuentos, decidí escribirle para obsequiarle el libro e intentar nuevamente la concertación del anhelado encuentro. Unas semanas des· pués recibí una t:artita suya, en extremo elogiosa, donde expresaba su entusiasmo por mis cuentos, seña· lándome otra vez que debido a un próximo viaje que iba a hacer, no podríamos reunirnos hasta pasada, las Navidades. No creo que jamás haya sentido tal satisfacción (desde el punto de vista de mi obra literaria) cómo al recibir su carta. Esa carta de Cortázar, de noviembre de 1978, se encuentra entre las cartas más importantes que me han dirigido en toda mi vida. Volví a escribirle agradeciéndole su carta y para fijar una cita pero sus viajes frecuentes y sus múltiples compromisos hadan el proyecto irrealizable. Y una noche, habiendo transcurrido un tiempo considerable, decidí ir a una actividad en la Sorbona en apoyo a la campaña de alfabetización que lanzaba el recién constituido gobierno sandinista de Nicaragua. Cuando entré al anfiteatro, todavía no había comenzado la actividad, y mirando hacia la primera fila lo divisé conversando con un amigo mutuo, el escritor paraguayo Rubén Bareiro.Saguier. No pude contener la emoción y me apresuré a saludarlo, estrechando la mano de Rubén primero y luego presentándome directamente a él. "Se acuerda de mí, yo soy fulano de tal, etc..... "Si, desde luego, usted me ha escrito varias r;¡rtas y yo le he respondido algunas. Sí, recuerdo que me envió su libro de cuentos yque yo le escribí una carta sobre el mismo . ¿Qué está escribiendo ahora? Me parece muy bien .. Hay más posibilidades de publicación para una novela que para un libro de cuentos..... Y yo estaba tan nervioso que casi no presté atención cuando me presentó a su esposa, la escritora Carol Dunlop (fallecida hace mas de un año), que siendo mucho más baja de estatura que él sin embargo parecía corresponderle perfectamente. Me retiré. habiéndome quedado corto de palabras, repentinamente enmudecido por la excitación. Volví a escr·ibirle algunos días después de aquel encuentro breve pero muy gratificador para mí. Le pedí una entrevista donde se hablara de Puerto Rico, de su problema político en relación al resto de América Latina. No contestó a mi carta. Impulsado por el deseo de volver a verlo, le había propuesto, como excusa, la entrevista y el artículo periodístico. Sin embargo, tamo bién creía importante y necesario informarlo más sobre Puerto Rico, y la entrevista serviría a ese propósito. Algunos meses después, .encontrandome en una manifestación de solidaridad con El Salvador y los demás países centroamericanos, lo vi varios minutos antes de comenzar la marcha. Y allí en la Bastilla, dentro de un café atestado de manifestantes, tuve el segundo encuentro directo con. él. Lo saludé nueva· mente, recordándole quién era. "Si, claro, ¿cómo te va? Pero yo creía que estabas en Puerto Rico.. ." "No, sigo en París..." "¡Muy bien! Tendremos 0p0rlunidad de reunirnos con Saúl Yurkievich próximamente... Me alegra verte en estas actividades..... Le dije que hablaría con nuestro mutuo amigo Saúl Yurkievich para reunir-


nos en las próximas semanas. "Muy bien, ponte de acuerdo con él y que me llame", dijo estrechando mi mano. En decto, hablé con Saúl pero nunca logramos ponernos de acuerdo al respecto. Tal pareda que estaba destinado a ver a Combar, a encontrármelo, por un azar concurrente, por una casualidad imprevisible o por pura coincidencia de afanes en el terreno polftico. social. Eso correspondía a él y a su obra; 10 incOlldicionado, lo fortuito, determinaban nuestros encuentros y desencuentros.. Una cita formal, planificada, oficiali· zada, resultaría probablemente aburrida tanto para él como para mí. El "mágico encuentro" en el Metro de París (siempre lo busqué en el Metro y paresa nunca 10 encontré) no podía ser posible; era demasiado literario, imaginable. La trama era otra entre nosotros. Al cabo de un tiempo, volví a verlo, esta vez en el Palacio de Chaillot, en Troeadero, al final de una lec· tura de poemas de Saúl Yurkievich. Otra vez, sin que· rerlo. sin buscarlo, me topaba con el gran escritor argentino, ahora visiblemente afligido por la reciente muerte de su esposa Carol. Me rdteró su interés dt' reunirnos después de un viaje que iba a realizar en esos· días de noviembre de 1982. Luego supe cuáles habían sido las circunstancias del fallecimiento de su campa· ñera y me senú avergonzado por haberle propuesto imprudentemente que nos reuniéramos, estando él profundamente abatido por una pérdida reciente. Unos meses más tarde, mientras se celebraban las jornadas nacionales de poesía en Francia, en 198!J, el Centro Nacional de Arle y Cultura Ceorges Pompidou, organizó una lectura de poesía latinoamericana con la participación de Cortázar entre otros. Mi buen amigo y excelente poeta boliviano Eduardo Mitre, me invitó a acompañarlo a la lectura. Tratándose de una actividad

donde participaba Cortázar, accedi sin vacilación. Yo había escuchado varios discos donde Cortázar, con su acento francófono, leía algunos textos suyos, pero nunca lo había escuchado en persona. Confieso que fue conmovedora su participación aunque desde el punto de vista estrictamente poético sus textos fueron algo decepcionantes. Cortázar nunca se destacó como poeta propiamente (aunque la poesía asoma en algunas de las más memorables páginas de Rayuela al igual que en muchos otros textos suyos) y su lectura de un poema dedicado a su esposa muerla y de otro dedicado a la Nicaragua sandinista, me pareció matizada de un sentimentalismo bastante ingenuo. No obstante, desde el punlO de vista afectivo, transmitió su pena, su dolorfreme a la ausencia de la mujer que amaba, y manifestó su entu· siasmo, mezcla de esperanza y combatividad, por la Revolución Nicaragüense. Yo habia decidido no acero cármele otra vez, al finalizar la actividad. porque si algo quería comunicarle sólo podía hacerlo a ~ravés de mi obra, es decir, obsequiándole un nuevo libro. Ese era mi mayor tributo y la muestra más elocuente de mi simpatia por él y su obra. Desgraciadamente, tenía una novela, inédita, y por eso no hallaba en realidad nin· gún motivo válido para volver a abordarlo directa· mente. Queria poder tener mi primera novela, lista, publicada, para ofrecérsela. Desisú enlonces de todo imento de conlacto con él hasta tamo no tuviera Olro libro que entregarle. Me marché de la lectura conven· cido de que algún día. en un futuro no muy lejano. podria entregarle un ejemplar de mi próxima obra de carácter narrativo. En junio de 19S5, el Instituto Internacional de Ute· ratura Iberoamericana, celebró su congreso anual en la sede de la UNESCO en París. Como parte de las activi·

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dades del congreso. se llevaron a cabo lecturas y charlas a cargo de destacados escritores latinoamericanos. En la Maison de l'Amérique Latine. en el Boulevard Sto Cermain, se celebró una lectura donde participaron la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi. Cortázar y el poeta Montes de Oca. Fui a la lectura, en una acogedora y pequeña sala aúborrada de público. y de pie. al fondo, lo escuché leer tres textos suyos, de carácter narrativo. incluyendo uno de su delicioso libro Historia de eronopios y famas. Lo miré, intercambiamos miradas breve· mente, me sonrió reconociendo mi presencia entre el nutrido grupo de oyentes. Teniendo la oportunidad. por el reducido espacio de la sala y pOJ: la naturaleza intima de la lectura. de saludarlo y estrecharle la mano. decidí que era mejor esperar al momento cuando tuviera verdaderamente algo que decirJe. SaH muy complacido con su lectura, por la frescura infantil que todavía, a pesar de sus 69 años, co.hservaba. Una tarde de agosto, particularmente calurosa. me encontraba sentado en la terraza de un café frente al Fontaine des Innocents en el Quartier de Les Halles, en pleno centro de París. Tomaba una cerveza y observaba el desfile de gente, la procesión de turistas de todas partes del mundo que para esa fecha invaden la ciudad. Una muchacha se me acercó y me habló en español: "¿Tu no eres Manuel Abreu?", me preguntó con una duda genuina pintada en su cara. "Sí. por qué". respondí examinando su rostro. "Tú no te acuerdas de mí pero nos conocimos en el Viejo San Juan hace varios años. en el Bar "El Batey", yo soy la amiga de Ricardo..." Le dije canesmente que desde 1uego que me acordaba (era una muchacha muy guapa) aunque me tomó varios minutos ubicarla. Andaba con una amiga, también puertorriqueña. de viaje por Europa. Fue una sorpresa muy grata y decidí darles un "tour" por el Barrio Latino, como se debe hacer en tales circunstancias. Y una vez salimos de la librería "Shakespeare and Ca." escuché que alguien me llamó, "Manolito", desde la terraza de un café errcano. Era Manuel Maldonado 60

Denis. el destacado sociólogo puertorriqueño. que estaba acompañado de Juan Manuel Carda Passalacqua y de sus respectivas esposas. Lo insólito; encontrarse con seis puertorriqueños en las calles de París en una misma tarde. me sucedía por primera vez. Los saludos cordiales. las presentaciones de rigor, y luego fijamos una cita para el día siguiente en su hotel de la me de 1'0déon. ManoHn me anuncia que está de paso por París. que viene junto a Carda Passalacqua de un congreso en España. Me dice que va a ver a Angel Rama en la tarde y que en la noche ha invitado a cenar a Julio Cortázar. con quien trabó amistad en La Habana en 1965. Quedo generosamente invitado a acompañarlos a ambos compromisos. sin ser capaz de sospechar que esos dos hombres, poco tiempo después. estarían ambos muertos. Visitamos a Rama. un hombre cordial. intenso. y que luda algo cansado y enfermo (había sido operado del corazón y expulsado de los Estados Unidos). La conversación fue ágil y amena y se habló de los amigos comunes. del caso del Cerro Maravilla. de las razones de su expulsión arbitraria de los Estados Unidos, de las posibilidades de Puerto Rico de entrar a la UNESCO, entre otros temas. Nos despedimos y yo le prometí que lo llamada para reunirnos en otra ocasión. Esa reunión no tuvo lugar. aunque si hablamos por teléfono en dos o tres ocasiones y yo le envié por co'rreo un ejemplar de mi libro de cuentos. Tres meses después. Rama y su esposa Marta Traba, fallecían en un accidente aéreo en Madrid. En el mismo accidente perdía la vida también el conocido escritor peruano Manuel Scorza. A las siete de la tarde esperábamos a Conázar en la terraza del café Ceorge Killian's Tavern, frente al hotel donde se hospedaban Maldonado Denis, Carda Passalacqua y sus respecúvas esposas. Yo Cui quien primero lo vio venir bajando por la rue de 1'0déon. Le hice una señal con la mano y se acercó lentamente, con su "Le Monde" bajo el brazo, hacia donde estábamos sentados. Después de salurlamos. se sentó al otro extremo de la


mesa. frente a mi. Habló de su salud, de una enfermedad epidérmica que lo aquejaba, de su edad avanzada, como el que empieza a sentir los achaques de la vejez y tiene que acostumbrarse y resignarse. Algunos minutos después llegaron las respectivas esposas de ManoHn y Garda Passaiacqua y lo saludaron respetuosamente algo intimidadas. tal vez, por la enorme fama del novelista gigante y barbudo. Cortázar pidió un jugo de tomate y nosotros unos whiskies con hielo, mientras se ultimaban Jos detalles de su proyectado viaje a Puerto Rico, invitado por Ja Fundación Ana G. Méndez que Garda Passalacua representaba legalmente. Firmó el contrato sin leerlo y se discutió acerca del visado. de los problemas con la aduana norteamericana en San Juan. de las gestiones y trámites que deblan hacerse en la Embajada de Estados Unidos en Parfs. Luego él procedió a autografiar. a dedicar algunos ejemplares de sus libros que Maldonado habla traído de su habitación en el hotel. Se le entregaron varios libios de literatura puertorriqueña y el libro: PU"to Rico: una interpretación histórico-social, del propio Maldonado Denis. Dio las gracias sinceramente y prometió que los leel'fa con mucho gusto. Yo sugerí el restaurante "La Vagenende", en el Boulevard Sto Germain, que por su decoración "belle epoque". su buen servicjo y sus precios razonables. mas la calidad de su cocina. me pareció un lugar ideal para cenar con suficiente calma e intimidad. Y nos dirigimos a pie al restaurante cercano, ManoHn y yo escoltándolo, en cierto modo. mientras el resto del grupo iba un tanto rezagado con la lentitud caractel'fstica del que no está acostumbrado a un ritmo urbano vertiginoso. Le dije que había terminado una novela en esos dfas. mi segunda, y que me senúa bastante satisfecho con los resultados finales. Me preguntó si ya tenia editor para la misma y le respondf que mis amigos en Barcelona iban a ayudarme a publicarla. Tal parecia

.

que él queda ofrecerme su ayuda en ese sentido pero me send un tanto avergonzado y le respondl queconseguiría editor sin problema (no fue así). Hablamos de las novelas extensas, de Terra N ostra de Carlos Fuentes, de esa tendencia actual a la novela voluminosa, de fondo histórico, como El nombre de la rosa de Umberto Eco. Entrarnos al restaurante y nos sentarnos en una mesa del fondo. a la izquierda. Cortázar se sentó a mi lado. entre la esposa de ManoHn. Alma. y yo. Frente a nosotros estaban. de izquierda a derecha. Garda Passalacqua. su esposa, y ManoHn. Se ordenaron aperitivos. Vermouth, creo, y se pidió la lista de vinos. Cortázar seleccionó un vino tinto que iba muy bien con el "Faux filet" con papas fritas que habla seleccionado. Todos pedimos 10 mismo. en su nombre, y la conversación se inició con una discusión entre ManoHn yJuan Manuel acerca de cuál era el mejor hotel de San Juan para hospedar a Cortázar. La decisión, sin duda, estaba entre el Caribe Hilton y El Convento. Luego se evocó la figura mftica de Roberto Clemente y yo hablé de la alienación a través del deport~. Cortázar estuvo de acuerdo conmigo y citó el caso del Mundial de fútbol en Argentina. La "boricuada", aquella conversación desabrida. un tanto incoherente y heterogénea (se pasaba de Clemente a la junta militar argentina sin transición) pareda una de esas ensaladas criollas. burundanga tropical y caribeña, que sólo nosotros sabemos apreciar. Se habló de Rayuela. de El libro de Manuel; se hicieron preguntas a propósito de ambas novelas. El respondió con mucha delicadeza (¡cuántas veces no le hablan formulado las mismas preguntasl) demostrando su naturaleza refinada y generosa. A ratos. entre Manolín, Juan Manuel y el que esto escribe. pareda reproducirse algún debate dominical de los de "Cara a cara ante el país" (ante Cortázar en esta ocasión. éspectador y moderador al mismo tiempo) por lo indisimulable y ve~emente de nuestras diver~encias, expresadas con

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briosa cordialidad. sobre la realidad puertorriqueña. Se habló, a renglón seguido. de Cenuoamérica. de Nicaragua. de la intervención de los Estados Unidos en la zona. de la posibilidad de una invasión directa a la luz de los acontecimientos en Granada. El relató alguna que otra anécdota curiosa (en una ocasión, encontrándose en Nuevo México. firmó su autógrafo sobre un billete de un dólar) y yo elogié su trabajo como traductor (sobre todo las traducciones de la obra de foe, que fueron publicadas en Puerto Rico por primera vez). poco conocido por los am presentes. La "batalla de la lengua" en Puerto Rico ocupó nuestra atención durante varios minutos. Eramos hispanoparlantes porque hablamos resistido la asimilación lingüistica que se nos había impuesto. Yo hablé de Cuba. del español que se habla y se escribe en esa isla. como uno ae los más ricos en todo el ámbito hispanófono. Cortázar estuvo de acuerdo y añadió: "Y que tiene su más grande exponente en Lezama Lima". "Exactamente", respondi

muy complacido. "Hablaremos de él la próxima vez que nos reunamos. con Saúl". dijo para terminar. Habia mucha gente en el Boulevard St. Germain esa noche. Caminamos en dirección de Odéon, donde él tomarla el Metro hasta Chateau d'Eau, que era la estación más cercana a su casa en el número 4 de la rue Martel. Yo tenia otra cita esa noche y me despedi con mucha prisa pues ya estaba retrasado. Le di la mano a ManoUn, a Corrázar. que me dijo: "Hasta la próxima vez. cuando nos reunamos con Saúl". Me despedí de Juan Manuel, de las respectivas esposas y agradeci la invitación y la cena y me marché por la callecita Sto Gregoire de Tours muy contento. eufórico casi. seguro de que volverla a verlo. Y él entonces se marchó con el último Metro para hacer un trayecto interminable. Y allí, en el Boulevard St. Germain, en la esquina de Odéon, lo vi partir para siempre. una cálida noche de agosto. a la salida de un restaurante donde habíamos cenado j un to a otros amigos.

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Un día me quede sólo (Balada) PoR RICARDO COBIAN

Mi mujer cocina yo no mi mujer plancha yo no mi mujer la"a la ropa limpia el inodoro mapea de arriba abajo barre todos los días yo no mi mujer estudia yo salgo

prefiere eslar conmigo en la casa prefiero estar sin ella en la calle Ella trabaja pan time y )'0 a tiempo completo Hace la fila de los cupones la fila del desempleo la rila del supermercado yo no

miemras leo tiende la cama miemras duermo hace la compra

Hace el desayuno el almuerzo la comida sirve el café mi mujer es cariñosa conmigo recoge la mesa yo so)' cariñoso con otros yo fumo miemras bebo Ella es exirovenida y yo tacilUrno sociable mi mujer siempre me espera

A veces companimos las arrugas del rostro conversamos los recuerdos y devolvemos nuestras sombras a la vida a veces la casa se IIcna de golondrinas amarillas y de esperanzas

a veces siempre a veces a veces coinciden nuestras sonrisas y nuestros labios y viemres a veces nos bebemos la ternura a veces solo a veces Ella siempre dice que me quiere yo casi nunca digo que la amo Si se enferma me enfermo si me cubre de caricias la cubro de caricias A veces me odia desesperadameme a veces la quiero con fervor religioso Me adora yo no quería amor, su amor un día me quedé solo. (De Signo deJcaizo)

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El Deseo PoR NE5TüR BARRETü

Yo hice mi deseo en una luna nueva. Un cigarrillo y un deseo. Una luna nue\'a Y un deseo. La luna feliz escabulléndose como una anguila de entre las manos (Lo que fue un deseo de otra ocasión) Lo que otra vez fue un deseo o la espalda Guiada de un deseo. La cuestión es que yo hice mi deseo en las circunstancias Que describo. No quería luna, no quería los grupos velándola No quería en realidad las noches parvularias volviendo disfrazadas de ciencia A decirme que hacer y que no. Era un deseo que yo hice para que él a su vez me hiciera una luna nueva Que se quedara nue\'a, un cigarrillo de lemas. un jardín cerúleo tetradimensional (Por lo menos) y que pudiera vivir entre todas esas contradicciones. Olvídate De con qué. (Ese deseo tenía cola). Era un deseo que yo hice para que siempre hubiera luna que nunca se llenara. Era una luna que absorbería todo hacia su centro correcto en cuya playa estaríamos. Era una playa que me había dejado tocar piel. Tocar piel, mano (a). Un deseo; piel que nunca se llenará. Como una novia. No serían cartas que van a archivos.secretos. misivas de como se esr:í y qué- se hace En la luna, que aquí sería nueva siempre y allá igual, por supuesto. No serían cartas. . No serían videofonemas en los que se verían grupos al principio (cuando se creía que eso era) Los niños dándose por salir ellos en el medio. No serían videofonemas seguros. Ese deseo de primera instancia sería singular. Sería singular en el sentido, sería singular en las ciudadelas y sería singular En su escala. Prendería los lemures y las acacias. Y aunque no fuera singular. Respondería a la luna mas nueva. Tendría esa humedad y luego esa sequedad aun cuando sería esencialmente proyectativo En todo. Y al partirse frente a los acantilados de las verdades que tarde o temprano Tumban al mundo. rIotaría por un segundo que sería como de acero. noble. ¿Esto está mal?

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y mas de una vez en la calma qur las RuÍlarras descubren mientras se {'ntrf'lienen Tanto en mi imaRinación como rn la de ellas se hablará dr cuán singular mi deseo era mientras era sentido y Observando la luna llena que juvenece sus perros de luna. sus besos Clavados en mi imaRinación Sus singulares brsos clavados como ídolos en mi imaRinadón tanto como en su imaginación. Se hablará de cuanto imagina la luna mientra extemporizan ellas. Creo yo que no sería una voz sola que saldría de una casa, perdida su amistad sexual O cambiada por una sensación de reconocimiento general, una RTacia parecida A el.

Lo mas parecido lo mas parecido al deseo que yo hice con una luna nueva En un costado Era otra luna, que estaría satisfecha pero no unida, cerca de parasiempre Sin embargo justa. espantando las fieras y los vaivenes de quedarse nueva Constante. Así que no sería una voz sola entrando por la espalda de que lo hice y saliendo manantiada de un costado hacia otro deseo. O quizás sí. No quería una cosa que acabara con las ilusiones. Nunca. Ni algo que tuviera que acatar hasta que por consiguiente Se asfixiara la nueva y singular luna ante la cual Mi deseo bajó de mi mente y se unió al de ella. No quería confusión, no quería el arco colapsado sobre el (la) amañte de ella Ni enriquecerme con mensajes que de todas maneras es imposible. Era sólo un deseo que yo hice, sin ver las piezas. sin esperar al dócil clima Que hace batir las ramas de los caobas contra su atmósfera N i al sutil pero mortífero ledio. ¿Cómo te gustaría a tí ser el novio de un deseo? y ese era solo un deseo que yo hice intoxicado por el polvo nuevo de luna Quizás,' Loco por vivir en una novela también, Loco por sentirme dueño de mí mismo aún sabiendo que ella Que vive del Era mejor para eso.

(Oc Oulote. inédito).


Sobre el Mediodía POR OBED-EDO~1

El mediodía de la ira se posa en las palomas dormida palpita la tarde en el suspiro marítimo que asciende al soberano en ausencia de boca herido ciertamente el ocio contempla el futuro deslizarse pesado bajo la muerte abrazada a la presencia en la espuma de los espejos la altura del placer la ceniza que danza es la mirada pálida que entreteje el cielo en la noche en el día entreteje el "iento tiempo deshilado en el yacer que flota soñando muerte de palomas que se posan en el mediodía de la ira. JI

La ira del mediodía se posa dormida en la tarde las palomas palpitan el ocio del soberano que asciende al suspiro de la boca herida marítima que contempla ciertamente la presencia de la espuma abrazada a los espejos en ausencia del futuro deslizado bajo la altura pesada del placer la mirada que danza es la ceniza pálida que entreteje el cielo en el tiempo yace el "iento en el día en la noche entreteje flotando deshilado en la muene de la tarde que se posa en la ira del mediodía. IIJ

Se posa la ira en el mediodía del soberano la presencia de la herida se desliza en la espuma de las palomas abrazadas a la altura el suspiro de los espejos marítimos ciertamente contt'mpla la tarde que palpita en el ocio de la boca dormida la ausencia en el delo el placer que danza es la mirada entreteje el futuro pálido t'n la noche la ceniza que el día entreteje deshila la mut'rtt' que yace en el tiempo flotando dormido el mediodía en la ira del soberano.

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IV

El mediodía del ocio se posa en el suspiro la boca contempla el placer deslizarse en la ira marítima que asciende a las palomas dormidas en la tarde palpita ciertamente la ausencia de la danza abrazada al futuro de una mirada presencia del espejo en el cielo la altura es ceniza de tiempo que entreteje al soberano pálida la noche que el viento deshila muerto el día flotan las palomas en el odo del suspiro se posa el mediodía. V

La herida del mediodía se posa en el espejo

la ira se desliza en la mirada contempla la muerte del cielo abrazado a las palomas ciertamente pálidas de tarde y de noche la espuma palpita la danza del ocio marítimo entreteje el suspiro el futuro yace la presencia en la altura del día tiempo dormido la ausencia del soberano deshilado la ceniza en el placer flOlando el espejo del mediodía se posa en la herida. VI

Se posa el mediodía en la boca de la altura pálida la ausencia en la tarde palomas que entretejen la danza m,arítima el cielo dormido el viento ciertamf'nte soberano

de la ausencia que nota en el placer la presencia del suspiro en la mirada ceniza que asciende al ocio contempla soñando el tiempo abrazado al muerto deshilado el día palpita la noche en la boca del mediodía se posa la altura. VII

Dormido el mediodía se posa la mirada cielo deslizado en el suspiro del soberano ascip'nde la ausencia la ira de palomas abrazan ciertamente el viento del futuro la ceniza es boca de la tarde palpitas en el espejo del muerto danza pálida del placer ocio deshilado en la espuma notando la altura contempla la presencia marítima del día entreteje la noche el mediodía que se posa en la dormida mírada. VIII

El mediodía marítimo se posa en el cielo el viento pálido dormido el soberano en el suspiro del tiempo se entretejen el día y la noche ciertamente la danza de la boca en las palomas de la tarde la mirada deslizase la altura sobre la ausencia palpita el muerto soñando contempla abrazado a la presencia del ocio la mirada que flota en la herida placer que asciende al cielo marítimo del mediodía.

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El lagartijo, las alas y la luz POR JAN MARTINEZ

La luz que toca al lagartijo

en la mañana, le brinda una vaga prestancia incaica. el oro temprano del día

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hierático lo transp.orta a los antiguos ritos. Sus ojos se hacen esmeraldas. sus patas diminutos helechos, mineral simbiosis que por azar camina


y devora con la real pereza del oro

los oscuros azabaches de las moscas. Pedrería frágil la del

la~rto

en la mañana.

En la mitad del día la luz es un líquido que lorja en el lagarto las formas del sable la media luna endeble de su rabo. Una alta poesía de luz va tejiendo en su cuerpo el mimbre de una mágica caligrafía morisca. En la geometría del aire tiemblan las mariposas. Al borde de la tarde caza libélulas diminutas en los estanques serenísimos. Por el afan de engullir alas se hace de la delgadez que tiene el viento. Relámpago de bre\'e hojarasca el crepúsculo lo recorta contra el agua pintando en el cristal opaco una sombra ...

Mientras alma de fuente. afán del aire bajo los arcos pasa el Sena. El lagarto huye de las gargolas del relieve Es la noche y el lagartijo trabaja la esencial mariposa nocturna que busca la mentida luz del larol para quemar sus alas de siempre. En la 'ventana escapa la forma del lagano y es solo un cruj ido nervioso que caza insectos por la simpleza de sobrevivir. La luna ha perdido esta noche la gracia de su luz y es apenas en el azul marino una huella que camina hacia el olvido de la noche. Ningún paraje existe. Solo un lagarto pone su fe en la enfermiza luz del neón y su empeño en cazar un par de alas en las ventanas de mi casa. 14 de agoslo de 1985.

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Fiesta de máscaras en Hatillo POR OLC.,\ XOLU

El viejilo \'cslía una camisa Palm Beach de aquellas que se usaron en los años cincuema Fondo lUrquesa con palmeras dibujadas en negro

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yen rojo y en amarillo Era muy fuerte aún, de brazos musculosos dorados por el sol y tersas mejillas


Sentado en el escalón de la glorieta en la Plaza de Hatillo miraba desfilar las comparsas de máscaras Un veintiocho de diciembre Matanza de los inocentes Fiesta de máscaras en Hatillo Cielo azul Cinturón de palmeras cantando junto al mar detrás de techos \'erdes y casas blancas

y los brincos de los bacantes Todo esto bañado por la luz diáfana de Hatillo y la brisa del mar

Junto al vit'jito qut' vestía . camisa uzul turqut'sa había una señora dt' pt'lo Rris con un rostro más diáfano que la luz diáfana dt' Hatillo Lo miraba como a un niño dormido y sus manos estaban posadas como palomas sobre la camisa Palm Beach

El \'iejito vestía una camisa azul cielo de Hatillo y veía de¡;filar las comparsas de cascabeles cintas y sombreros multicolores frente a los jueces Alrededor de la plaza las carrozas dan vueltas hora uas hora sonando las bocinas Los caballos y sus jinetes dan \'uelta hora tras hora entre relinchos y gritos de fiesta

Todo el estruendo de la fiesta los rodeaba sin tocarlos Las alegría del mundo les daba vueltas. iba y \'Oh'ía mientras ellos permanecían sonriendo para el silencio nimbados por la tt'rnura de sus cuerpos juntos y el roce del recuerdo

Festín de carnaval. Un veintiocho de diciembre En la fiesta de máscaras de Hatillo Veía las \'ueltas del desfile

Fiesta de máscaras en Hatillo Entre la burla y el estrépido de los borrachos Carnaval de colores y de espejismos

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Bibliografía puertorriqueña, 1984 (Continuación)

ALCAIDE VELEZ, Rey, Hatillo: Notas para su historia. San Juan, Comité HislOria de los Pueblos, 1984, 87 p.; Humado.

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ALVAREZ. EmeslO, Obertura del Mar. Prólogo: Jorge Luis Morales. San Juan. Editorial Yaurel, 1984, 100 p. [poesía]

CuCHI COLL, Conchita, La espera. San Juan, 1984, 540 p.; impreso por Tipografía Raíces. [novela]

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Ediciones Mairena. 1984, 103 p. [poesía] MACEIRA. Luis A.• El ocaso de María Pérez (novela). Prólogo: Francisco Matos Paoli. Mayagüez. Imprenla Vélez. 1984. 137 p. MARTINEl MALDONADO. Manuel. La VOL sostenida (1953-1982). Prólogo: Laura Gallego. San Juan. Ediciones Maireffu, J 984. 70p. MASSA F'JGUEROA. DianÍl,AguasBuenas:Notasparasu historia. San Juan, Comité Historia de los Pueblos, 1984.95 p.; ilustrado. MATOS ONTRON. Wilfredo. Puerta sin casa: Crisis del PSP y encrucijada de la Izquierda. Tomo I. San Juan. Ediciones La Sierra, i984, 161 p. MIRO RAMOS, Magda E.• Río Grande: Notas para su historia. San Juan. Comité Historia de los Pueblos, 1984. 110 p. OJEDA REVES, Félix. La Manigua en París: Correspondencia diplomática de Betances. San Juan. Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en colaboración con el Centro de Estudios Puertorriqueños (Hunter College), títy Uníversity of New York. 1984, 158 p. ORTIZ GRIF}"JN. Julia L., Cuentos de aquí. de allá y de más allá. Santo Domingo, Editorial Corripio, 1984. 52 p. PADlLI.A MELf.NDU. Debra E., Toa Baja: Notas para su historia. San Juan, Comíté Historia de los Pueblos, 1984, 104 p. PASSALACQltA. José Rafael. Horizontes (Poesía). San Juan, s.i, 1984,97 p.

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VIDAI. ARMSTRONG,

Juan Martínez Capó

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