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Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

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REVISTA del INSTITUTO de CULTURA PUERTORRIQUEÑA ANTROPOLOGIA HISTORIA UTERATURA

ARTES PLÁSTICA~ TEATRO MOSICA ARQUITECTURA

... " JULIO· SEPTIEMBRE, 1970

San Juan de Puerto Rico


COLABORADORES


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DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre - Aurelio Tió - Elías López Sobá Arturo Santana - Esteban Padilla Milton Rua

Director Ejecutivo: Ricardo E. Alegría Apartado 4184

SAN JUAN DE PUERTO RICO Núm. 48

1970

A&O X¡'¡I

JULID-SEPTIEMBRE

SUMARIO

Cosas de Puerto Rico por Mercedes Pintor de Cabrera ... ... ... ...

1

Irena por Marcos Rodríguez Frese ...

7

El Bando de San Pedro por José Daubón ...

8

Encuentro íntimo con Carlos Marichal ... ... ... ...

12

Primer intento de independencia puertorriqueña (1811·1812) por Francisco Morales Padrón ... ... ... ... ...

16

La doctora Concha Meléndez por Angel Luis Morales

27

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Exposición de la obra de Carlos Irizarry ... '" ...

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33

La Sociedad Recolectora de documentos históricos: su colección documental por Isabel Gutiérrez del Arroyo ... ... ...

36

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Baneque y Borinquen: Apostillas a un enigma Colombino por José Juan Arrom , :.

45

Exposición colectiva de artistas puertorriqueños residentes en Nueva York ... ... ... .... ... ... ... ... ...

52

Elogios al valor puertorriqueño (Siglos XVII y XVIII) por María del Carmen Pescador del Hoyo ...

54

Bibliografía Puertorriqueña de 1970 (Primera Parte)

58

PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUE&A Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal Fotografías de Jorge Diana Aparece trimestralmente Suscripción anual

$2.50

Precio del ejemplar

$0.75

[Application for second cIass mail privilege pending at San Juan. P. R.]

DEPÓSITO LEGAL: B.

3343 - 1959

IMPRESO EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE MANUEL PAREJA BARCELONA - PRINTED IN SPAIN - IMPRESO EN ESPAÑA


MERCEDES PINTOR DE CABRERA estudió en la Universidad de Puerto Rico, donde hizo su Bachiller en Artes en 1952 y su Maestría en Estudios Hispánicos en 1957. Es autora de una tesis literaria, La novelística de Eduardo Mallea, con la que obtuvo el grado de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid en 1964. Actualmente se desempeña como catedrática asociada del Departamento de Humanidades de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico.

MARCOS RODRÍGUEZ FRESE nació en Cayey el 20 de octubre de 1941. Estudió en la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó de Bachiller en Ciencias Sociales. Es autor de los poemarios Todo el hombre y Arbol prohibido, premiados por el Ateneo Puertorriqueño en 1968 y 1969 respectivamente. Es uno de los diez poetas incluidos en la Antolol?ía de jóvenes poetas que publicara el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 1965. Su poesía se ha publicado, además, en las revistas Guajana, Mester, Palestra y Bayoán, entre otras. Actualmente estudia Derecho en la Universidad de Puerto Rico.


JOSÉ ANTONIO DAUBÓN nació en San Juan en 1840. Cursó la enseñanza primaria en esta ciudad y en Aguadilla, y la secundaria en el Seminario Conciliar de Puerto Rico. Poeta romántico y periodista; colaboró en varios diarios y revistas del país. En 1900 publicó el libro Poesía, colección de sus versos. Se le recuerda mejor como prosista, especialmente como escritor costumbrista. Fue un fiel observador de tipos y escenas populares. En 1904-1905 publicó Cosas de Puerto Rico, colección de cuadros sobre las costumbres y tradiciones del antiguo San Juan. Daubón falleció en su ciudad natal .en 1922.

FRANCISCO MORALES PADRÓN, doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, profesa una cátedra de Historia de América en la Universidad de Sevilla, y ocupa el cargo de redactor jefe del Anuario de Historia de Hispanoamérica. Ha dictado conferencias en las Antillas y en la América Central y es autor de varias monografías, entre ellas Jamaica española y Rebelión contra la Compañía de Caracas, aparte de numerosos artículos publicados en revistas de España y América, entre ellas la Revista del Instituto de Cultura Puertorriquéña. Fue Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla.

ANGEL LUIS MORALES, catedrático de la Facultad de Humanidades de 'la Universidad de Puerto Rico, hoyes director del Departamento de Estudios Hispánicos. Uno de los más conocidos especialistas puertorriqueños en literatura hispanoamericana. Ha publicado numerosos artículos en revistas literarias y periódicos, entre ellos: "Juicio de Hostos sobre Ruiz Belvis y Betances", "Eugenio María de Hostos - Apuntes sobre su obra literaria", "Alfonso Reyes y su obra literaria" y "El naturalismo en los cuentos de Rómulo Gallegos". En dos volúmenes, publicó en 1967 su Literatura hispanoamericana: Epocas y figuras. Acaba de publicar La naturaleza venezolana en la obra de Rómulo Gallegos, tesis con la. que obtuvo su doctorado en Letras en la Universidad de Madrid en 1951.


ISABEL GUTlÉRREZ DEL ARROYO. Historiógrafa, nació en Bayamón, Puerto Rico. Doctora en Filosofía y Letras del Colegio de México (1950), donde siguió cursos bajo la dirección del Dr. Silvia Zavala, durante algunos años fue profesora en las facultades de Estudios Generales y Humanidades de la Universidad de Puerto Rico. Ocupa actualmente el cargo de investigadora de historia del Instituto de Cultura Puertorri· queña, y como becaria de la Fundación Guggenheim realiza al presente investigaciones en los archivos de Estados Unidos. Ha publicado las obras: Fray li1.igo Abbad y Lasierra y su Historia de Puerto Rico (1948) y El Reformismo Ilustrado en Puerto Rico.

JosÉ J. ARROM, distinguido escritor cubano, se ha destacado por sus estudios sobre el teatro y la literatura hispanoamericana en general. Es autor, entre otras obras, del libro Esquema generacional de las letras hispanoamericanas, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, de Bogotá. Desempeña actualmente una cátedra de literatura hispanoamericana en la Universidad de Yale.

MARÍA DEL CARMEN PESCADOR nació en España el 18 de enero de 1911. Cursa el Bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media "Cardenal Cisneros". De la Universidad Central de Madrid obtiene la Licenciatura de Historia en 1930 y el grado de Doctor en Filosofía y Letras en 1936. Como requisito para obtener su doctorado presenta la tesis La Caballería villana en Castilla y León en la Edad Media. Desde 1931 pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y desde 1949 al Archivo Histórico Nacional de Madrid. Entre sus obras se destacan las siguientes: Documentos de Indias. Siglos XV-XIX (1954), Documentos históricos (1944) Y La Caballería popular en León y Castilla, su obra principal, publicada en 1961 por la Universidad de Buenos Aires.


JOSÉ ANTONIO DAUBÓN nació en San Juan en 1840. Cursó la enseñanza primaria en esta ciudad y en Aguadilla, y la secundaria en el Seminario Conciliar de Puerto Rico. Poeta romántico y periodista; colaboró en varios diarios y revistas del país. En 1900 publicó el libro Poesía, colección de sus versos. Se le recuerda mejor como prosista, especialmente como escritor costumbrista. Fue un fiel observador de tipos y escenas populares. En 1904-1905 publicó Cosas de Puerto Rico, colección de cuadros sobre las costumbres y tradiciones del antiguo San Juan. Daubón falleció en su ciudad natal .en 1922.

FRANCISCO MORALES PADRÓN, doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, profesa una cátedra de Historia de América en la Universidad de Sevilla, y ocupa el cargo de redactor jefe del Anuario de Historia de Hispanoamérica. Ha dictado conferencias en las Antillas y en la América Central y es autor de varias monografías, entre ellas Jamaica española y Rebelión contra la Compaiiía de Caracas, aparte de numerosos artículos publicados en revistas de España y América, entre ellas la Revista del Instituto de Cultura Puertorriquéña. Fue Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla.

ANGEL LUIS MORALES, catedrático de la Facultad de Humanidades de 1a Universidad de Puerto Rico, hoyes director del Departamento de Estudios Hispánicos. Uno de los más conocidos especialistas puertorriqueños en literatura hispanoamericana. Ha publicado numerosos artículos en revistas literarias y periódicos, entre ellos: "Juicio de Hostos sobre Ruiz Belvis y Betances", "Eugenio María de Hostos - Apuntes sobre su obra literaria", "Alfonso Reyes y su obra literaria" y "El naturalismo en los cuentos de Rómulo Gallegos". En dos volúmenes, publicó en 1967 su Literatura hispanoamericana: Epocas y figuras. Acaba de publicar La naturaleza venezolana en la obra de Rómulo Gallegos, tesis con la. que obtuvo su doctorado en Letras en la Universidad de Madrid en 1951.


DANZA

MARGARITA por

Manuel Gregario Tavรกrez

INSTITUTO DE. CULTUl?.A PUERTORRIQUEร A

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San Juan de 'Puerto Rico

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Margarita Danza TAVARE~

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M. PAREJA - Printed in Spain Dยก;=p6sit9 Legal: B. 3.343 -1959

SEPARATA DE MUSICA DEL NUMERO 48 DE LA REVISTA 'DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORR1QUE~A


Estudio Crítico

Cosas de Puerto Rico Por MERCEDES PINTOR DE CABRERA

l. INTRODUCCIÓN: 1904

A PARECE EN

NUESTRO PANORAMA LITERARIO UN PEqueño volumen de estampas puertorriqueñas pintadas con hábiles y festivos rasgos por don José Antonio Daubón. Cosas de Puerto Rico es una "serie de cuadros y de narraciones que se refieren, en su mayor parte, a tipos, costumbres y recuerdos de la capital", dice don Manuel Fernández Juncos, su prologuista. El prólogo, fechado en 1893, es prueba inequívoca de que para ese año ya el libro estaba preparado para hacer su presentación pública. Por causas que no hemos podido determinar no se publica hasta 1904. En ese intervalo, el señor Daubón escribió algunas escenas que añadió al núcleo original. En estas líneas de El banco de Turull vemos claramente que hay composiciones escritas después de 1898. "Yen el fondo del hermoso paisaje, continúa erguido el viejo San Cristóbal, donde on· dea al sol del trópico, otra bandera que no es la misma que vimos flotar de niños sobre aquellas almenas. ¡Cosas de la vida! "1 José Antonio Daubón, bordeando los cincuenta años, escribe su obra en un período de la vida en que insensiblemente el hombre va deslizándose, escapándose, hacia el mundo de las rememoraciones. Su espíritu va recreando aquellos días pintorescos y bulliciosos de su niñez y su juventud, y su mano va trazando pince1adas de vida que nuestros ojos recogen. Y vamos sumiéndonos con él en ese mundo de ayer que él vivió y am~. Riendo y gozando o participando de sus tristezas somos acompañantes interesados hasta el final.

n.

SíNTESIS BIOGRÁFICA:

En Crepúsculos literarios don Sebastián Dalmau y Canet nos presenta el hombre: "Alguna que otra vez a la semana suele visitar la redacción del Heraldo Español, La Correspondencia y El Boletín, un señor de mediana estatura, de carácter franco, conversación amena, de cultura extensa, rostro apacible, ojos vivos y pequeños que parecen lanzar la ironía de su temperamento algo burlón aunque siempre noble y bueno. "2 El apellido Daubón se une a la historia de Puerto Rico por el acto valeroso de un audaz marino francés, el capitán de fragata Antonio Daubón y Duprey. En abril de 1797 la escuadra británica al mando del almirante Sir Henry Harvey y los soldados del general Ralph Abercromby inician el asedio de San Juan. Dos fragatas francesas armadas en corso, L'Espiégle y Le Triompltant, que a la sazón estaban en el puerto, participan activamente en la defensa de la plaza junto a doscientos franceses que pelearon bajo el mando del cónsul francés. Entre ellos se distingue Antonio Daubón y Duprey. Y así une para siempre su destino al de la isla el primer Daubón, el fundador de la familia puertorriqueña que lleva su nombre y el abuelo de José Antonio. Nació José Antonio en San Juan en la calle de San Sebastián en 1840. Sus padres fueron don Nicolás Daubón y Valdés de Bazán y doña Carmen Quintana. Cursó la instrucción primaria en San Juan y Aguadilla. En 1852 ingresó en el Seminario Conciliar. En Blasillo él nos presenta un cuadro del Seminario fundado por el Obispo señor Gutié-


rrez de Coso "Seis años de excursión por los campos de Lacio, cuatro detrás de los zancajos de Cicerón y Tito Lívio, uno persiguiendo la Psicología y uno de Etica." De sus últimos años de estudiante dice en otro de sus trabajos: "Cuando ya terminábamos el cuarto año de Latín los muchachos que por el año de 1855 habíamos comenzado a estudiar Humanidades llegaron los Jesuitas a Puerto Rico. Venía con ellos un Padre Pujols, ca· talán sin duda, y un Padre Nubiola. Aquel fue el primer Rector Jesuita que tuvimos y éste, el primer Vice-rector. Cuando llegaron se dio por ter· minada la misión de los catedráticos que explicaban las asignaturas necesarias para el Bachillerato en Filosofía y que eran: don Manuel Sicardó y Osuna, en la de Matemáticas y dibujo; don José Julián de Acosta, en la de Geografía e Historia, y don Román Baldorioty de Castro, en la de Historia natural y Agricultura."] Sintió profunda simpatía por sus maestros legos, como él los llama, y al referirse a ellos desa· parece el tono burlón y humorístico que le caracteriza para dar paso a una evocación melancólica en la que se trasluce la gratitud y el afecto que hacia ellos sen tía. "1 Pobres maestros míos!". dice en una qcasión, "¡tan perseguidos y tan injustamente tratados por la suerte!" 4 De su propia obra se desprende que era un lector voraz y que leía no sólo obras españolas, sino también francesas y algunas inglesas. Conocía la literatura grecolatina, especialmente a Homero y a Virgilio y leyó, entre otros, a Dante, Maquiavelo, Quevedo y Gracián. Del siglo XIX Galdós, Pereda y Valera, Víctor Hugo, Zola, Tolstoy, Daudet y Pierre Loti son sus preferidos. Aunque alega que no le gusta la literatura de ficción dice: "En cambio, me encanta El Quijote, porque ha sido siempre el libro donde aprendí a conservar mi buen humor, y a reírme de tantos necios como se encuentran en el camino de la vida; dando siem· pre mi preferencia a aquellas obras que me ense· ñaban algo, y que me prestaban ocasión de tomar mis apuntes para refrescar más tarde la memoria." s Se especializó en el ramo de Hacienda donde estuvo empleado muchos años. Fue tesorero de la Jun ta del puerto de San Juan. Como labor complementaria se dedicó al cultivo de las letras y fue colaborador asiduo de El Clamor del País de Salvador Brau y El Buscapié de Manuel Fernández Juncos. Sus Cartas blancas aparecen en Carnaval. En los últimos años de su actividad literaria trabajó para La Correspondencia bajo la dirección de don Ramón B. López, su fundador. Hizo un largo viaje a Europa en 1871 y escribió un diario que publicó luego en la forma de amenas 2

crónicas de viaje. Así se inicia en el mundo de las letras. La Bibliografía Puertorríqueña de Pedreira meno ciona las obras publicadas por Daubón. Además de una serie de artículos en periódicos tiene un libro, Poesías, con prólogo del doctor Rafael del Valle; otro de prosa, Cosas de Puerto Rico, editado en dos series y tres opúsculos: Epístola a José Gualberto Padilla, Al Caribe y El negro José, tres poemas. Estas páginas las publicó Daubón de 1885 a 1905. Mucho tiempo antes de su muerte se retiró del trajín diario renunciando a toda clase de labor y se dedicó a vivir sus últimos años dentro del círculo familiar. Murió en San Juan en 1922 sin haber publicado nada más.

nI.

COSAS DE PUERTO

RIco: 1904

Con este título publica don José Antonio Daubón el libro en que recoge las estampas de San Juan que vamos a comentar en nuestro estudio. La vida de la ciudad capital de la segunda mitad del siglo XIX desfila por sus páginas, pero es la vida de las clases populares. El mismo lo dice en el cuadro que titula San Pedro: ..... Manuel Alonso llevó al lienzo literario el mismo paisaje que va a ser objeto de los brochazos míos. Pero él habló de su tiempo... , dibujó el festival aristocrático de su época. El mío es burgués, democrático y plebeyo hasta la médula. Vine después, y me encontré en el baile, precisamente cuando se refocilaban con el seis chorreao. No es mía la culpa. "6 Mi primer sombrero de copa, composición que sirve de pórtico al libro, es una espléndida reme· moración de la niñez en que el autor hace de su propia persona el centro de la burla. Describe en forma gráfica una procesión de Miércoles Santo dándonos detalles de cómo la comunidad en pleno tomaba parte en este festival religioso. La participación de la gente menuda en las fiestas navideñas queda recogida en Una trulla. Can· tos populares, instrumentos musicales y peripecias de muchachadas todo está descrito con gracejo sumo. Una fiesta de negros que remató en un gran baile en la plazuela de Santiago después de una procesión a través de las calles de la capital es el asunto de La fiesta de San Miguel, que resulta ser una sinfonía de colores abigarrados y música estrepitosa. Los jobos es un graciosísimo recuerdo de los días en que, en el decir de Rafael AIberti, se guardan los latines en la parte trasera de los panta· Iones y se van a la playa los muchachos. Escapadas a la Poza de los Frailes, a la Peña de Fortaleza y, como corolario, una parva en la cuadra de su Se·


ñoría confeccionada con testículos de cerdos acabados de castrar. La escena y los personajes de esta estampa parecen arrancados de una novela picaresca, y, sin embargo, el paisaje de trasfondo es sumamente poético. Otra escena de mucho movimiento, luz y color es la que nos pinta en El día de Santiago. Los muchachos, entre ellos Daubón, se disfrazan y palticipan de la emoción de ir a buscar al patrón a la capilla de Fortaleza. La alegría es desbordante y la chiquillada capitolina dirigida por Señó Escolástico goza plenamente de la fiesta. El barrio pobre y destartalado de Ballajá, desaparecido hace ya tantos y tantos años, surge como por arte de encantamiento de la brocha de Daubón en Un carnaval el1 Ballajá. La descripción es tan vívida que, a pesar de que el autor nos dice que no tengamos miedo de acompañarlo en espíritu, nos agachamos instintivamente para no recibir en pleno rostro uno de los famosos proyectiles más o 'menos perfumados con que se atacaban ¡as máscaras. En Un baile de mdscaras presenta Daubón el acontecimiento social más importante para las clases populares durante la temporada de carnaval: un baile en el Teatro Municipal. El viejo coliseo vestía sus mejores galas para recibir las distintas comparsas que se divertían durante toda la

noche, ya bailando o ya haciendo mil diabluras propias del reinado de Momo. En el calendario de fiestas de la isla el día 24 de junio, día de San Juan, estaba marcado con tinta roja. Era un día señalado para el goce y la broma. Juegos de azar, gallos, carreras de caballos diurnas y nocturnas eran parte obligada de las diversiones. En el cuadro titulado San Juan, recoge Daubón el momento en que la celebración ya había perdido su carácter oficial y ni el Gobernador ni el Intendente participaban en ella. Era fiesta de burguesía, de pueblo. El tema de El día de San Pedro no es nuevo en nuestra literatura. Ya había sido tratado por Alonso en El Jíbaro bajo el título de El bando de San Pedro. Daubón da menos importancia al bando cuya lectura no se termina, y más al aspecto populachero del festejo. Centra la atención en el personaje que ha de ·leer el bando haciendo una espléndida caricatura de un tipo popular. De paso nos presenta en unos cuantos brochazos el retrato del General Norzagaray que contempla el espec· t'áculo desde el balcón de su residencia oficial. Conjunción Cerebral es un cuadro en que se describe el levantamiento del cadáver de un ahorcado por lo que el pueblo llama la curia: el alcalde y un guardia urbano. El levantamiento del cadá· ver se repite con alguna variante, en días diferen-

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tes pues se trata de dos hermanos gemelos que se suicidan. La nota cómica la da el guardia civil que, ignorando el parentesco de los suicidas, cree que es el mismo muerto de la vez anterior, y sale disparado de la escena como alma que lleva el diablo. La nota puertorriqueña la da el paisaje del campo que irrumpe en la escena con su "olor de pomarrosa y arrayán". El nombre de un burro que es el personaje central da el título al cuadro Blasillo. Era un animal tan dócil y tan comprensivo de las travesuras de los estudiantes del Seminario Conciliar, con los cuales tenía una gran afinidad espiritual según el autor, que se dejó llevar, pintados los bigotes de negro y con antiparras coloradas, a ocupar la tarima desde la cual dictaba su cátedra el profe· sor de teología. El Beso es un cuadro aparentemente insignificante,. que recoge un momento crucial en la vida del joven quinto español Pedro Silveiro: la urgencia amorosa después de cuatro años de servicio alejado de su tierra y posiblemente de la novia de ]a adolescencia. Desde la garita donde presta servicio alcanza a ver una negra que su imaginación le hace creer joven y hermosa. Cuando termina ]a guardia se desliza rápidamente hasta ella espoleado por su deseo de besarla. Y entonces "jene la parte que llamaríamos tragicómica cuando "la esfinge" vuelve el rostro y resulta ser "un tulipán negro marchito por el paso de los años". El diálogo con que termina el cuadro es altamente elocuente para el estudio de la actitud de los españoles frente al problema racial. -¡Dame un beso, hermosal -¡Pero siño sordá: si yo maca tabaco! -Manque masques brea, ¡recontra! y se lo estampó en medio del hocico. El Teniente Riñones se vale de un truco para conseguir "voluntarios" para el ejército contra Santo Domingo y el chenche Cotorro cae en la redada. Este es el asunto de El chenche Cotorro estampa de la vida militar de un campesino recluta cantaor y bullanguero y cuya actitud ante la guerra es muy parecida a la del recluta nuestro de hoy. Como en casi todos los pueblos de la isla hay un tipo raro que despierta la admiración o el mie· do a los muchachos; en el San Juan de Daubón había uno que tenía la excentricidad de levantarse antes del amanecer para irse al mercado a esperar la salida del sol comiendo' buñuelos y tomando café. Respondiendo a una invitación de un grupo de jóvenes, entre cuyos miembros estaba el autor, se muda a la casita donde ellos guardaban sus bártulos deportivos. Ante el temor de no oír las campanas de la Catedral, que siempre lo desper-

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taban para su paseo matinal, buscó un gallo que puso en las patas de su catre para que le sirviera de despertador. De aquí que la estampa se titule El DespertQldor.

Por los cuadros de Daubón circulan hombres, animales y cosas como centro de las narraciones. Un banco que según la tradición fue construido por don José Turull es el centro de la estampa El banco de Turull. Sitio de reunión vespertina de un grupo de distinguidos capitalinos de la generación anterior a la del autor, el banco era es· pecie de peña donde don Martín Travieso, don Juan Antonio Díaz, don Francisco Cantero, y don Pablo Rodríguez entre otros, discutían y charlaban en agradable camaradería mientras contemplaban el bellísimo espectáculo de la puesta del sol. Una tarde Alejandro Tapia, siendo n1O.zalbete de la edad d.e Daubón más o menos, escandalizó cOn sus ideas filosóficas a estos señores que eran "más católicos que el mismísimo Pontífice Romano". Recoge', pues, el cuadro un momento interesante' de la vida de Tapia en plena juventud oponiendo su heterodoxia en materia religiosa al criterio cerrado :ie estos hombres que allí se reunían. Belisario es una estampa diferente donde aparece un personaje de campo: "un estanciero de altura, cosechero de café y personaje encuartado". Belisario es ·un "vivo", "reputado como el Quevedo rústico de la ciudad del Yagüez", que se asocia a un curandero de oficio para irse por los cam· pos a curar el cólera. El nos cuenta sus peripecias con el campesino de altura y la manera cómo lq engañó para, sacarle trescientos pesos. Este tipo tiene toda la simpatía del autor que nos lo describe así: "La primera noche que lo vi de cuerpo presente fue la noche en que brujuleaba por el teatro en traje de buhonero. Tenía un gran tupé y una sans fa~ons de diez y ocho quilates. Escuela de Zola, "que es la mía en la factura, no en el fondo, sin ciertas pestíferas menudencias, pero escuela de la verdad, lo que está tomado d'apres nature, como dicen los gabachos. Buen humor a prueba de bomba y capaz de reírse de un entierro."7 ¡Pero qué peras! narra el chasco que se llevan tres inmigrantes asturianos que se detienen a comer mondongo con pata de res en una fonda de San ruan..Acierta a pasar por allí un muchachote pregonando peras del' país a centavo. Uno de los asturianos decide comer una pero de postre, compra una, la muerde y ¡aquí fue Troya! J a supuesta pera va a parar a la cara del mozalbete y rueda la pepita, que otro de los asturianos recoge diciendo que la pera estaba dentro. La muerde y nuevamente la cara del muchacho sirve de blanco. Este, no obstante los golpes, se moría de risa y gritaba: ¡Pero qué peras I Una estampa que tiene para el autor un valor extraordinario es la que titula L'Espiégle. En ella


su abuelita le narra como San Juan fue salvada del sitio de los ingleses por Nuestra Señora de Belén y las once mil vírgenes mientras estaba en el puerto la fragata L'Espiégle comandada por el que luego iba a ser su esposo. Los primeros versos es un cuadro de las reuniones de los literatos en ciernes en la -época en que el autor escribe sus primeras composiciones poéticas. Aprovecha en él la ocasión para damos con· sejos sobre la originalidad. Además de estas estampas y cuadros de época el libro contiene seis cartas dirigidas a Blanca, una estudiante de escuela superior representativa de la adolescente puertorriqueña. Son una serie de recomendaciones destinadas a ayudar a formar el carácter y la. personalidad de la mujer puertorriqueña. En la primera ta aconseja sobre la preparación cultural que debe adquirir: y sobre la selección del marido; en la segunda le encomia el valor de la gimnasia y la higiene; en la tercera la previene contra la lectura de novelas por considerarlas mentirosas y contra el baile por creerlo in· moral; en la cuarta le- indica la conveniencia de aprender a cocinar y de estudiar mecanografía; en 1& quinta le señala que no debe entrar ni en la política ni en la literatura "porque son oficios de hombr~s"; en la sexta le recomienda el ahorro y la economía como las virtudes esenciales de la dueña de casa. En estas cartas el autor adopta una actitud de moralista sentencioso y severo que no le ·conocíamos. Cosas de Puerto Rico contiene también una ga· lería de retratos literarios: Mis Maestros, donde describe las figuras de José Julián Acosta y Román Baldorioty de Castro; El maestro Rafael Cordero; Pascasio P. Sancerrit, Fray Pablo (Rector del Seminario), y. Bartolo Camarones (un tipo de pueblo). Todas estas semblanzas, a excepción de la de Bartola Camarones, están hechas con mucho amor y en un tono sinceramente emocionado. Acompañan estos cuadros costumbristas, cartas y semblanzas; dos apuntes que no pueden cla· sificarse, a nuestro juicio, bajo ninguna de estas divisiones: María, que consideramos el boceto de un cuento, y Nuestras Calles un artículo periodístico. que podría ser un editorial. en donde consigna su protesta, en nombre de la tradición y del respeto al pueblo, contra el caprichoso cambio de nombre de las calles de San Juan. IV. ESTILO: En su aspecto de costumbrismo urbano el libro de José Antonio Daubón, Cosas de Pu~rto Rico, tiene antecedentes en nuestra literatura. Pero su estilo literario es completamente original. El mismo nos da la clave de su arte al decimos con pre-

cisión gráfica: "Empuño la brocha festiva y zam· bulléhdola en la caldereta de la alegría comienzo ,a emborronar el lienzo que tengo hoy sobre el caballete".8 . Como toda estampa, las de Daubón son breves y concisas. Comienzan en una forma hábil e interesante' y terminan con una rapidez que hace re· cordar la caída de un telón de teatro. El lenguaje vivo y chispeante de las clases populares que campea por estas páginas da la impre. sión de que estamos oyendo al autor, no leyéndolo. Nos parece formar parte de una peña de' amigos que oye regocijadamente este recuento de recuerdos. Este tono conversacional y amigable lo consigue por medio del uso de imágenes de sabor popular como cuando dice que un prójimo {'s "más malo que la cárcel", o describe a un ahorcado por medio de esta frase pintoresca: "era más feo que la estampa de la herejía". También por el uso de frases y palabras del lenguaje callejero que incorpora con la mayor naturalidad. Como por ejempl~: "¡voto al chápiro!, ja fotutazo limpio!, ¡recontrat. muchitanga, desforrondingado". entre otras muchas. Logra la nota humorística por medio del detalle característico y con imágenes tan ingeniosas como una que usa para describir los efectos de haber cabalgado mucho durante la celebración del día de San Juan: "teníamos abollada la caldereta de la trastienda por el trote de las cabalgaduras". Su humorismo nunca es amargo, sino que es siempre sano, sabroso. contagioso. Maneja también espléndidamente la ironía a través de la metáfora y la imagen. Es la suya una ironía fina, sin segunda intención, sin la nota amarga de muchos otros escritores. Veamos una buena muestra de su ironía. Después de un almuerzo de mondongo y pata dice: "Y he aquí como, lo más humilde. lo más pedestre. una pata de vaca, al fin, puede ejercer influencia directa, sobre el espíritu, que es lo más noble y levantado que tiene el hom· bre dentro del carapacho mientras respira." Su técnica de pintor impresionista produce una serie de espléndidas caricaturas que parecen cobrar vida. Da el rasgo sobresaliente. la caracterís· tica distintiva, y el tipo surge recortado por unos cuantos trazos. "¡Oh! Paréceme que lo estoy mirando. Era un enorme negrazo, boca descomunal. diente afilado, ojo saltón e inyectado en rojo; y la cabeza que parecía una bola de cañón inmóvil por el tremendo peso que soportaba. "9 En cambio, cuando enfoca' el paisaje lo hace con la minuciosidad del detalle poétJco que caracteriza la. pintura prerrafaelista. Recoge el detallito más delicado como en este pasaje: "A la izquierda arrancaba la playa inmunda de la Puntilla azotada por el soap:.. soap de la ola semi-muerta que lame 5


lánguida la orilla, babeándola con su espuma pegajosa. "10 En estas descripciones se eleva su tono a alturas líricas en algunos momentos, como cuando describe una puesta de sol: lO El sol ya moribundo, y semejando un enorme disco de acero enrojecido, se había hundido en las aguas del lejano Occidente. Pero tras la línea del horizonte, un incendio de oro y carmín, iluminando la enorme curva del espacio y defumándose en suave gradación, se convertía en un: azul purísimo al penetrar en las re· giones más altas de la atmósfera."1t Su poder descriptivo queda claramente revela'do en este cuadro de conjunto del paisaje visto desde la Peña de Fortaleza: "¡Es memorable esa Peña de Fortaleza! En ella han pescado muchas generaciqnes de .holgazanes, contemplando el mago nífico paisaje de la entrada de nuestra bahía. La hora de la mañana es la más a propósito, pues la peña quedaba resguardada por la apacible sombra del muro que sirv~ de base al palacio de Santa Catalina. A la derecha el Cañuelo y la Isla de Cabras que juega al tope con las olas, mayúsculas en aquel sitio, sobre todo en la época de los Nortes en que se hinchan las narices del viejo Atlántico; y detrás Palo-seco con la desembocadura del río Bayamón y un grupo de palmas que medio ocultan al caserío de paja. Al frente, la playa en forma de herradurá, con Cataño en la punta, y al fondo el lindo panorama del monte, herido por la luz tropical y presentando todos los matices del verde, desde el más pálido hasta el más oscuro. El cielo, como siempre, diáfano y azul."12 . No queremos cerrar estos apuntes sobre el estilo de Daubón sin dejar de aludir a su destreza en el manejo de la síntesis, cualidad esencial de un buen narrador.

V.

CONCLUSIONES:

A nuestro juicio el título de la obra Cosas de Puerto Rico no se ajusta adecuadamente a su contenido. Don Sebastián Dalmau' y Canet dice que debió llamarse mejor Cosas de mi tierra, pero nosotros creemos que el título más apropiado es Cosas de mi San Juan, porque es el que respondería mejor a su temática. Las Cartas blancas, María y Nuestras Calles son trabajos de índole diferente que- están fuera de lugar. Sus temas, tono y estilo rompen la upidad del libro. Estas pequeñas deficiencias, no alteran, sin eme bargo, el valor esencial del libro, ya como obra literaria de amena lectura, ya como un documento social qlte refleja las costumbres colectivas del pueblo dé San Juan y sintetiza los rasgos sobresalientes de su fisonomía. Cosas de Puerto Rico ha de tenerse en cuenta para el conocimiento de la infrahistoria puertorriqueña, porque sobre los hechos cotidianos del diario existir de un pueblo es que se asienta su historia. El tono del libro es festivo y ligero: ni aparece la nota melancólica de Alonso ante el pasado que se fue, ni la crítica dura de Mariano José de Larra ante lo que él considera las inconveniencias de muchas costumbres españolas. En fin, creemos que no nos excedemos en la apreciación de Cosas de Puerto Rico, al afirmar que con esta obra ingresa Daubón en la galería de los escritores costumbristas del siglo XIX y puede situarse, salvando distancias, junto a los autores de las Escenas matritenses y las Escenas anda· luz(lS.

BIBLIOGRAFIA (11) El banco de Turull, pág. 205.

I. Daubón, José Antonio. Cosas de Puerto Rico. San

Juan, Tip. La Correspondencia, 1904, 268 págs. (1) El banco de Turull. pág. 206.

(2) (3) (5) (6) (7) (8) (9)

Crepúsculos literarios, pág. 73. (4) Mis maestros, pág. 104. Cartas blancas, 111, pág. 174. El día de San Pedro, pág. 99. Belisario, pág. 241. El día de San Pedro, pág. 99. Mi primer sombrero· de copa,' pág. 10. (10) Los jobos, pág. 33. 6

(12) Los jobos, pág. 33.

n.

Estudios'sobre Cosas de Puerto Rico. 1. Dalmau y Canet, Sebastián. "José Antonio Daubón". Puerto Rico Ilustrado, San Juan, 19 de septiembre de 1936, pág. 7. 2. Matos Bernier, Félix. Isla de arte. San Juan, Imp. La Primavera, 1907, pág. 126.

3. Blanco, Tomás. Asornante. Nota a Cosas de Puerto Rico. San Juan, 1949, Vol. V, Núm. 2,

pág. 56.


Irena Por

N0

MARCOS RODR1GUEZ

FRESIl

PUEDO lilAGINAR DÓNDE ESTARÁS

ahora, muchacha de Helsinki, con tu boca infantil de cinco idiomas y las"manos de amor no desatadas. ¿Dónde andas aún? ¿A quién esperas? No regresé. Y sólo me fue dado sospechar tu diminuta firma que inauguraba el año en la tarjeta mínima recibida a destiempo. Llegó y pasó el verano que, a pesar de tu última mirada, de tu final palabra de esperanza, de tu postrer sonrisa y mi único adiós, ninguno esperó, acaso. Hoy navega un recuerdo por la rada de tu ciudad con su barco en la niebla, camina por la calle menos iluminada de la noche, cruza el anónimo puente donde nunca hubo más de una muchacha hermosa y me lleva a la desconocida embajada extranjera donde iniciamos nuestro juego absurdo en una primer noche sin posada. Ahora creo en mi adiós, en tu esperanza débil y mi desesperanza, en nuestro olvido justo y resurrecto y en la dulce tristeza de saber que el hombre es sólo un ave de paso y de nostalgia. 1961. 7


Páginas de nuestra Literatura .

El Bando de San Pedro* Por

Jos~ DAUBÓN

E

L BANDO DE SAN PEDRO DEBE OCUPAR UN LUGAR,

Y no secundario, en un cuadro de costumbres puertorriqueñas, porque además de su originalidad, viene a hacer precisa su aparición en un libro ",1 olvido en que comienza a caer este regocijo popular, que yo, a fuer de hombre amante de su país, quisiera se perpetuase en él para siempre. Para cumplir pues con mi propósito, y dar una idea de que comprende el título de esta escena, es neceo sario retroceder algunos años, pues de otra suerte no podría pintar el Bando de San Pedro, sino en l"l periodo de su civilizada decadencia; y así supongo que nos quitamos doce o catorce años de encima, lo cual harían de veras y con mucho gusto algunos de mis lectores. Eran las diez de la mañana; el sol, cubierto con un lienzo de nubes que debilitaba su ardor tropical, temblado además por la brisa diaria en aquel cli· ma durante .las abrasadas horas del día, alumbraba el recinto de una ciudad, que ya no existe, tal es la transformación verificada en ella en tan corto espacio de tiempo. Las calles no eran aseadas y agradablemente vis· tosas como en el día; una recua de caballerías mayores y menores, que recogían sus inmundicias, iba dejando por todas ellas señales no muy limpias de su paso; y gracias al empedrado, cuyas aceras de ladrillos puestos de canto, gastados unos, elevados otros, arrancados muchos y desiguales todos, el transeúnte no podía dar un paso, sin llevar, como suele decirse, los ojos en los pies; las plazas, hoy hermosas, estaban cubiertas de .hierba que daba pasto al caballo del carbonero, al macho del borriquero y a unas cuantas vacas y cabras que iban de puerta en puerta, y sin que nadie las molestase,

lo

* Escena II del libro Cosas de Puerto Rico. San Juan. 8

buscando los desperdicios que expresamente y para ellas estaban guardados. . Circulaba por toda la ciudad mayor número de personas que en los días ordinarios, causando aqueo lla especie de rumor que en las poblaciones de poco


movimiento, como era entonces ]a capital de Puerto Rico, es anuncio seguro de un día de fiesta popular. Infinidad de personas, que por su traje y maneras mostraban ser de los campos de ]a Is]a, discurrían acá y allá admirando ]a maravilla de una tienda de quincalla, de una confitería, o de una de aquellas barracas de madera llamadas casillas, que, llenas de juguetes y otras chucherías, estaban en ]a piaza de armas arrimadas a ]a negra y muy sucia pared del presidio, hoy bonita fachada del cuartel de Artillería. Los balcones, ventanas y puertas bajas, se veian cuajados de gente de todas clases, ]a plaza de armas llena de caballos para alquilar, y los m"uchachos corrían por todas partes; produciendo con sus gritos las notas más agudas de aquel bullicioso conjunto de sonidos, que, a fuerza de ser desacorde, tiene su armonía particular. Poco después veíanse pasar algunas máscaras a caballo que se encaminaban a la plaza principal, para formar un escuadrón, que, a estar en moda la mitología, pudiera llamarse el escuadrón de Momo. Reunidas allí todas, se dio ]a señal de marcha, segunda en el orden siguiente: 1.0 Caseros, eotisueltos, leclteros y guaraperos; éstos sin disfraz, aunque disfrazados con sus mismos trajes: los primeros eran jíbaros montados en los caballos que por sus malas mañas no habían podido alquilar, pero que con su garroneo y su fuete de a cuatro reales, hacían ir más ligeros que el vien. to; los segundos eran amigos de éstos de la capital, o jornaleros que gastaban en aquella broma el sa]ario de una semana; distinguíanse por los movimientos descompasados de todos sus miembros que hacían flotar su camisa como una bandera, y de aquí su dominación; las otras dos clases eran los que habiendo despachado su mercadería se solazaban paseando por las calles al galope de sus encanijados e inseparables compañeros. Esta era la vanguardia, formada como se ve, de gente de rompe y rasga, puesto que rota y rasgada llevaban no pocos ]a vestimenta.

2.0 Caballería ligera; compuesta de los muchachos que por su buen comportamiento en ]a escuela, o por otra causa, habían logrado el permiso de los papás; de jóvenes de todos oficios, artes )1 carreras, incluso los que en todo el año no tenían otra ocupación que correr aquel día, y.de las eumarraellas que muchos de ellos llevaban a la grupa; los caballos que montaban, si bien no del todo buenos, podían sin embargo, seguir a ]a vanguardia, y los trajes eran si no de gran invención, caprichosos y. variados desde el cotidiano hasta el de arlequín, o de negro, con la cara y brazos bien tiznados o cubiertos de seda. 3.0 Caballería pesada; ]a componían hombres de más edad, y entre ellos, muchas personas de posi-

CJon y respetables en todos conceptos; sobresalían

por la exagerada ridiculez de sus trajes, y por ]a inutilidad de sus rocines, cojos, tuertos o ciegos, desorejados:y con más faltas que sobras. Entre éstos (nu entre los rocines) iban el que hacía de notario, el pregonero, y los tocadores de cornetas y timbales. De esta suerte, llegaron delante de la Fortaleza o palacio del Capitán Genera]; el notario, acompañado del pregonero se colocó debajo de las ventanas del edificio; los trompetas y timbales tocaron furiosamente y con el mayor desconcierto por algunos momentos; luego callaron todos y poniéndose el primero unos anteojos de jiguera, comenzó a dictar, y el pregonero a repetir en alta voz, el siguiente BANDO: Don Tintinábu]o Caralampio de los Lepidópteros nocturnos, señor de las carambímbo]as de] Peñón de Río Grande, Pachá de las Is]as Baleares mayores y menores, que se hallan en tierra firme entre el Peloponeso y ]a Is]a de Madagascar, Presidente de] Senado de la China, y primer Cónsul de la República conchinchiniana, Conde del Manglar de Martín-Peña, de las tembladeras de Loíza, y de la cuesta del Cercadillo, Emperador de los Godos, Visigodos, A]anos, Puritanos y Samaritanos, Duque del Golfo de las Damas y Cabo 2.0 de ]a Compañía de Morenos de Cangrejos, etc. Hallándose el día de SAN PEDRO encima de nosotros, como nosotros encima de las bestias que nos rodean, y deseando que dicho día se celebre con toda clase de celebraciones y con la pompa, algazara y estrategia que son de costumbre, según consta de los archivos del Agua-buena. Deseando además, que ningún bicho viviente, ni por vivir, altere en ]0 más mínimo el búen orden y compostura, que debe rei· nar en estos días en que corren por esas calles toda clase de animales, y con el fin de evitar contumelias y otros accidentes desagradables que pudieran ocurrir. Ordeno y mando: Artículo 1.0 Queda prohibido bajo pena de ]a vida e] morirse, hasta pasados ocho días de ]a publicación de este bando. 2.° Todo individuo que coma, beba, duerma y haga otros menesteres que se dirán en caso preciso, está obligado a montar, como montan los hombres si fuere de] género masculino y a que ]e monten a las ancas, o como mejor ]e pareciere, si es del femenino. 3.0 Se previene a los tenedores de toda clase de comestibles, incluso los de ropa, que enciendan hogueras (vulgo candeladas) en los días de carreras; teniendo cuidado de apagarlas al toque de ]a oración, para no iluminar lo que debe pasar a oscuras. 9


4.0 Siendo las carreras de San Pedro una prueba de lo mucho que adelantamos, aunque siempre corremos por el mismo lugar, deben ser asimismo un modelo de cortesía; queda pues privada toda acción sospechosa, como toser, estornudar, etc. 5.° Queda igualmente prohibido el llevar las ma· nos a las narices, orejas, ni a ninguna otra parte de las que están vedadas por la buena educación; de· biendo al contrario tenerlas siempre de manifiesto para evitar malas interpretaciones. 6.° El gobierno de las bestias queda a cargo del bello sexo, por haber demostrado la experiencia, que el otro que no es bello no contiene muchas veces la fogosidad de los potros que quieren salir de las calles en dirección al campo' del Morro. 7.° Para impedir en dicho lugar caídas que pudieran causar rasguños, cardenales y chichones más o menos pronunciados, se pondrá, alrededor de la cantera que hay en el mismo, un guardián que avi· ·sará con un tiro de fusil, la aparición de todo ser animado. 8.0 En caso de ser estas apariciones tan frecuen· tes que no tuviese tiempo de cargar el arma, se duo plicará, triplicará y centuplicará el número de guardianes, hasta que entre todos hagan un continuo fuego graneado. 9.° No pudiendo usarse el agua, sino licores más ligeros y menos dañosos, como el cañete, anisao, etcétera, quedan cerrados todos los algibes, pozos y las cataratas del cielo, hasta pasados ocho días con· tados desde la fecha. 10. Será declarado reo de lesa carátula todo el que contraviniere en lo más mínimo las disposiciones adoptadas en este bando; siendo además juzgado con arreglo al código de Tío Luna. 11.° Encargo a los magnates y sacatecas de mis dominios que guarden y hagan guardar el presente Dando, a todo siniquitate que se halle bajo su férula, y que agarrochen a los que no quieran entrar por el surco. ¡Vivan las fiestas de San Pedro! ¡Vi. van las gentes de buen humor! ¡Viva todo el mundo! Dado en las Cuevas del Sumidero a 4 del mes de los gatos, y del año de las cornucopias. Firma· do: Tintinábulo Emperador de los Alanos, Puritanos y Samaritanos; Cabo 2.0 de la Compañía de Morenos de Cangrejos. Una endiablada gritería y los más furibundos toques de clarines, trompetas y timbales, anunciaron a larga distancia que había terminado la lectura del bando que antecede; emprendieron la marcha en el mismo orden que habían venido, y fueron repitiendo la publicación en los parajes más públicos, 10

después de lo cual se desbandaron, durando las carreras hasta las dos o las tres de la tarde. Tal era el Bando de San Pedro en la época a que me he referido; desde unos días antes ya servía de tema de conversaciones muy animadas y que te· nían por objeto la redacción del célebre documento, que todos deseaban leer; la invención de un disfraz, el hallazgo de un jamelgo indefinible por sus viciosas anomalías y otras muchas cosas que ocupaban a personas de todas las clases de la sociedad; los más entonados ib~ a caza de alimañas que despre. ciaría el gitano más hábil, y las más lindas manos se ocupaban en hilvanar, prender y atar ropajes, flores y cintas, que adornaban a sus allegados, ami· gos y aun a ellas mismas. Ahora que he procurado hacer que conozca o recuerde el lector el Bando de San Pedro, reflexionemos algo sobre el mismo; porque, como he di· cho al principio, temo que los progresos de la civi· lización, arrebatándonos nuestra sencillez de coso tumbres arrastren consigo todas aquellas diversiones que al par que deleitan, tienen el sello de 1a originalidad, diversiones que recuerdan nuestra in· fancia y que influyen no poco en el carácter de los habitantes de nuestras Antillas. UItimamente ha venido a reducirse esta costumbre, a carreras sin objeto ni fin alguno, y la clase privilegiada de la sociedad puertorriqueña se aparta cada día más de ella, considerándola quizás cosa no digna del buen tono y de la cultura de que con sobrada razón blasona; pero en mi humilde sentir, debieran interesarse en sostenerla, por ser un medio económico e infalible de divertir al pueblo y de procurar salida a muchas cosas que no la tienen sino en tiempo de tales fiestas. Aquel regocijo, a que eran llamadas todas las clases y del que disfrutaban todos, ya como actores, ya como espectadores, se acomoda mucho a los gustos y hábitos del país. La afluencia de gentes de los campos, aumentando las relaciones de éstos con la capital, satisfaría ese deseo innato de hospitalidad y franqueza tan conocido en los habitan· tes de Puerto Rico. Cada casa de la ciudad era una posada gratuita; y esto que de pronto parece una carga muy penosa, tiene allí indemnización segura; si una familia aloja y obsequia a otra que viene a divertirse con las máscaras de San Pedro, puede ir a su vez y por el tiempo que guste, a disfrutar de los encantos de la campiña, sin más trabajo que un aviso dado algunos días antes. Excusado es decir que el comercio gana, y no poco con el sostenimiento de esta y otras fiestas que empiezan a decaer; ¿quién es el que viene a una capital a divertirse sin que arregle su equipaje, que en los campos no suele estar siempre a punto de re· vista? ¿Quién es el que vuelve sin llevar un regalito para el pariente, amigo o esclavo a quien dejó el cuidado de su casa? ¿Los mismos que reciben :l


estos forasteros, no tienen preclslon de ataviarse como ellos, para acompañarles a todas partes? ¿El consumo dé la despensa es igual entonces al de los días ordinarios? Respondan a esto el bolsillo de algunos y las balanzas y la vara de medir de otros. Finalmente, los hacendados que se dedican a la cría caballar, ganan también, porque si en la mañana de la víspera de San Pedro no se miran las buenas cualidades de las bestias, no sucede lo mismo por la tarde y al día siguiente; cuando la concurrencia y rivalidad las ponen todas de manifiesto; y Dios sabe los tratos, ventas y cambalaches a que esto da lugar; de manera que no sé cómo empieza a olvidarse una costumbre tan útilmente graciosa, y tan graciosamente útil; mil veces he pensado remitir a mis paisanos una cartita que tengo borroneada, pero no lo he hecho por cortedad. Esta caro ta la trasmito en reserva a los suscritores del Gibara, y dice lo que sigue: "Queridos paisanos, los que - vivís felices, entre Vieques y Santo Domingo: gozo· so estoy a más no poder, con las noticias que recibo de esa nuestra tierra, porque según ellas cada día va siendo el país mejor de los posibles; por allá puede un hombre acostarse seguro de que, si no viene la pelona por sus pasos contados, despertará al día siguiente sin susto ni cosa que lo valga, 'o cual no sucede en todas partes por acá, en el mundo civilizado y si no: que lo digan los parisienses que hace poco han tenido el inocente desahogo de mano dar a la eternidad a más de diez mil de sus hermanos, con su añadidura de robos, mutilaciones y otras lindezas que no hay más que pedir. "Según he sabido, los caminos, puentes, calzadas, y otros medios de comunicación, que no hace mucho tiempo estaban buenos para los pájaros, ahora se va~ mejorando que es un gusto; la capital se ha convertido en una tazita de plata y todos los demás pueblos la van siguiendo, de suerte, que

cuando yo vuelva, que no está muy lejos, tendré que tornar un cicerone, que me explique cada una de las muchas novedades que se me ofrezcan a ia vista. "No puedo mt:nos de daro!> el parabién por tahta dicha y lo haría, si es posible, de mejor gana, si no hubiera llegado a entender que comenzáis a olvidar, junto con ciertas preocupaciones ridículas, algunas de nuestras sencinas y buenas costumbres: me han dicho, entre varias otras cosas, que apenas os acordáis del Bando de San Pedro, que tanto nos divertía, y juro por la cuesta del Guaraguao, que no hemos de tener la fiesta en paz, hasta que sepa que os habéis corregido. ¿Cómo se entiende? señores reformistas; ¿queréis que no quede rastro bueno ni malo de los usos de nuestros padres? ¿Tenéis acaso la vanidad de pensar que nada es bueno más que lo que hagamos nosotros? Si os molesta el sol porque os habéis vuelto más delicados, mu· ciad la hora, pero no toquéis a la costumbre; si algunas palabras que antes pasaban no pueden tolc· rarse en el día, porque el buen gusto se ha desarrollado, ingenios .hay en la Isla que os darán cada año un bando mejor que el Código Romano, y que las tablas de Salan. "Cuidado, señores míos, no nos suceda lo que al loco que dio en tener asco a sus propias uñas, y para impedir que crecieran quería cortarse los dedos; vayamos con tiento, no afinar tanto la guitarra que se le rompan las cuerdas y tengamos presente que hay un adagio que dice, que no por mucho madrugar, amanece más temprano. "Fuera de esto, aplaudo ese espíritu de regeneración bien entendido que se desarrolla entre vosotros y quisiera poder contribuir a vuestro adelanto; pero ya que no otra cosa, admiro vuestra cordura y sensatez, y quedo vuestro paisano y afectísimo S. S. - El Gibara de Caguas."

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Exposicidn en el Museo de Arte de Puerto Rico

Encuentro íntimo con Carlos Marichal

18 DE FEBRERO SE ABRIÓ AL Pt1BLICO, EN EL M SEO de Arte de Puerto Rico, la exposición "En· cuentro íntimo con Carlos Manchal", organizada en ocasión del primer aniversario de la muerte del distinguido artista español que de Puerto Rico hizo su segunda patria. Marichal, nacido en Santa Cruz de Tenerife en t 1923 Y fallecido en San Juan en 1969, se destacó \. como dibujante, grabador, pintor, ilustrador y es- ' cenógrafo, y en Puerto Rico hizo sentir profunda. mente su influencia en los campos de la escenografía y el diseño e ilustración de Ubros. La instalación de la muestra, evocadora del aspecto más íntimo y familiar de la obra del artista, estuvo a cargo de su viuda, doña Flavia Lugo, quien con dibujos, cartas y notas de viaje, en su mayoría ilustradas, logró reconstruir el mundo espiritual de MarichaI, mundo en el que la vida y el arte se unificaban como depositarios e intérpretes de los mismos valores eternos. Del material exhibido en la muestra, bajo los subtemas de Cartas a Flavia, Apuntes de sus via- L jes y El mundo familiar, ofrecemos algunas ilus- r traciones en estas mismas páginas. ~t. EL

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Primer intento de independencia puertorriqueña (1811-1812)* Por FRANCISCO MORALES PADRÓN

L A HISTORIOGRAFíA ESPAÑOLA, SALVO

EL CASO DE MAriano Torrente ("Historia de la Revolución Hispano-Americana", Madrid, 1829-30, 3 tornos) se ha inhibido durante mucho tiempo de tocar el proceso emancipador de la América hispana. Los avatares políticos del siglo XIX -tan ricos, varia· dos y críticos- y el epílogo final de 1898 semejan haber restado atención al fenómeno americano. Hemos tenido siempre una visión, un enfoque, unilateral del trascendental hecho de la independencia. Unilateral y parcial. Unilateral porque sólo la ha estudiado -la independencia- uno de los bandos; parcial, porque con frecuencia el estudio afecta al hecho de la independencia con relación a un país determinado. De ahí, lo enmarañado del terna a veces. De ahí que aún se sigan discutiendo "las causas de la independencia". El estudio o enfoque, pues, desde el punto de vista nacional resta perspectiva general. Esta puede lograrse analizando la revolución hispanoamericana -quizá- desde la orilla europea. Desde el otro bando conten· diente, podríamos decir, aunque esto resulta -es- falso ya que no hubo en la lucha nítidos bandos de americanos y españoles metropolitanos. Pero, según dijimos, el examen desde esta orilla faltó excepto la temprana historia de Torrente, muy cercana a los hechos para ser objetiva. Modernamente, Congresos y estudios del P. Pedro Leturia, M. Giménez Fernández, M. Fernández Almagro, A. Garcfa Gallo, V. Rodríguez Casado, O. Gil Munilla, Jaime Delgado Martín y otros, prueban que esta ausencia de curiosidad por parte de la, historiografía española comienza a quedar atrás.

" Conferencia dada en el Instituto de Estudios del Caribe dt: la Universidad de Puerto Rico en diciembre de 1961.

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y es que en España el material documental sobre la Independencia es inmenso, tanto en Si· mancas, en Madrid, corno en Sevilla (Archivo de Indias). Ya Torres Lanza inventarió los fondos sevillanos de interés, tarea que en nuestros días ha proseguido Ricardo Donoso (" Fuentes Documentales para la Historia de la Independencia de Amé· rica. J, México, 1960). El "Catálogo" de Torres Lanza corno las "Fuentes" de Donoso brindan un material que aún no ha sido explorado como debiérase. Especialmente en Simancas, y en la Secretaría de Estado, se guardan preciosos legajos desconocidos por los historiadores españoles. Y si no desconocidos, por lo menos no citados en publicaciones. Resulta pues: que la historiografía española no se ha acercacio al terna con el interés e intensidad con que lo ha hecho sobre otras épocas y que el material existente en España es rico y afecta a todo el continente. Ahora bien, un puesto para observar -en visión total- puede ser la península cuya prensa reflejaba el hecho (Vid. Fernández Almagro y J. Delgado). Otro puesto de observación pueden. ser las Antillas (Cuba y Puerto Rica). Este abservatorio permite seguir de cerca los sucesos de Tierra Firme y de Méjico, pero sobre todo atrae por ser base de apoyo para la acción realista y corno objeto de estudio. ¿Qué sucedió en las Antillas mientras en el Continente se desarrollaba el proceso emancipador? ¿Hubo algún plan de independencia? ¿Cómo reaccionó la población? ¿Qué efectos causaban las noticias continentales?! 1. Ayudan para iniciar en el tema las obras de Emeterio S. Santovenia, Bolivar y las Antillas. Madrid, 1935; Lidio Cruz Monclova, Historia de Puerto Rico (siglo XX). T. 1 (1808-1868). San Juan de Puerto Rico, 1952; Historia de la Nación Cubana, dirigida por R. Guerra. José M. Pérez,


Santo Domingo queda al margen, pues entonces no pertenece a España, aunque sus prohom. bres luchan contra los haitianos para reanexionar el sector oriental a la vieja metrópoli. La Española viene viviendo días terribles desde el alzamien· to de los hombres de color. Precisamente es esta sangrienta revolución de esclavos, hecha explotar por la Revolución francesa, y luego el alzamiento de los patriotas hispanoamericanos del continente, los dos hechos que van a influir fuertemente, en todos los aspectos, en Cuba y Puerto Rico. La revolución de Haití envía a las islas españolas a un inmenso número de colonos franceses que aportarán ideas políticas, formas de vida, téc· nicas agrícolas.2 La revolución del continente remitirá también a las Antillas gacetas, cartas, procIama1¡, hombres,3 etc., que van a influir en el statu político. Sobre las dos oleadas inmigratorias van a in· fluir prontamente dos hechos: la guerra contra Napoleón y el envío de tropas peninsulares a Amé· rica. La guerra con Napoleón -con Francia- determinará que en las islas se establezcan Juntas de Vigilancia que controlarán a los franceses. Estos serán empadronados, vigilados y obligados a salir rumbo a Estados Unidos de América y Nue· va Orleans (Luisiana aún es de Francia). Ni el papel de estos franceses ni su cantidad se conocen con detalle, y, sin embargo, se puede estudiar ambos fenómenos." J. J. Remos y E. S. Santovenia. T. 111. Habana, 1938, y la Historia Constitucional de Venezuela. T. 1, de José Gil Fortoul. Caracas, 1942. 2. Ormaechea, en Co11 y Toste, n, 248. Joaquín Maria Sanromá, Puerto Rico y $U Hacienda. Madrid, 1873, p. 12. E. A. Yanes, Crónica Suscinta del Primer Congreso de Venezuela reunido en Caracas en 1811, en Baletfn de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, Año VIII, número 16, pp. 134-135. José Ramón Abada, Puerto Rico en la Feria, Exposición de Ponce, Ponce, 1885, p. 44. Colección documental de la Sociedad Económica, t. 17, documento 3, folios 77, 79, 91, 100 Y 167; Y t. 18, 67. Enrique Gay Calbo, Orlgenes de la literatura cubana, en Revista Universidad de la Habana, año III (septiembre 1938), núms. 20-21. Apud. Lidio Cruz Monclova en Historia de Puerto Rico (siglo XIX), t. 1 (1808-1868), Puerto Rico. Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1952, pp. 94-95, notas 203 y 204. 3. Cartas del gobernador de Puerto Rico (1798-99) dan· do cuenta de reos llegados de Caracas (17 y 33). A. G. 1. Estado (Caracas), 71. 4. Al marqués de Someruelo, gobernador de Cuba, S. Kindelan, comunicándole que ha establecido Junta de vigilancia para empadronar a los franceses y a los extran· jeros. Le participa que como se ha pregonado un bando contra los franceses, por la guerra estallada entre España y Francia, ha habido algún que otro «español europeo. que rápidamente se presentó en casa de los franceses para despojarles, pero fueron apresados. Los Alcaldes de Hermandad en cuadrilla vigilan los campos. Se procedió a ocupar los puestos dejados vacan· tes para aprovisionarles de carne, legumbre, etc., que eran extranjeros. Igual en cuanto pesca y «exportación de agua potable para el mar dentro de la bahía... Se han habilitado barcos para el transporte de franceses que tengan que salir. Se reconoce que los extranjeros se han puesto veloz· mente a cumplir lo ordenado, vendiendo todo para salir hacia E. U. A. y N. Orleans. Los de color salen en barcos hacia Puerto Príncipe o Sto Jeremías en Haití. A. G. l., Cuba, 1702. .

El arribo de tropas servirá para amansar la efervescencia dejada sentir-en los marcos insula· res. Las fuerzas militares fueron una valla para los que soñaron hacer lo mismo que los hombres del continente. Pero -y ya entramos en nuestro tema- la in· quietud y los planes de independencia no faltaron, para nuestro caso, en Puerto Rico. En 1809, entre los muchos sucesos insulares, acontecía en Puerto Rico la elección de candidato que representaría a San Juan en la Junta Suprema y la arribada del nuevo gobernador brigadier. Salvador Meléndez Bruna, que iba a proporcionar muchos quebraderos de cabeza a algunas personasJ Ya en las fiestas celebradas en honor de Power se insinuaron las ilusiones de algunos puertorri. queños en cuanto a mejoras del status político. Fue el obispo Juan Alejo de Arizmendi, el mismo al que el patriota caraqueño Miguel Sanz enviaba revolucionarias cartas,6 quien insinuó estas ansias. Ansias recogidas también en las Instrucciones da· das al diputado Ramón Power, puesto que en las del Ayuntamiento de San Germán se solicita: "Artículo 2.°: Que en San Juan se integre una Junta Provincial compuesta por el Capitán Gf;ne. ral, el Obispo y cinco diputados de otros tantos Cabildos. Artículo 3.°: En esa Junta se refundirá toda la autoridad superior gubernativa, militar e intendencia. La Junta conocerá de ·las apelaciones de pleitos civiles que no excedan su interés de 10.000 pesos..., etc. Articulo 4.°: Puesto que se han habilitado cinco puertos en la isla, uno debe ser Guánico, suprimiéndose Cabo Rojo o Mayagüez. Articulo 5.°: Débese conceder a San Germán el tí· tulo de ciudad con Corregimiento o Alcaldía Mayor puesto que hace más de 200 años que fue fundada y su partido posee 23.997 vecinos. Artículo 6.°: Que sea creada una Universidad en el Convento Real de Portaceli (San Germán) con estudios mayores y menores. Articulo 7.°: Comercio franco por Guánico y demás puertos para lograr alzar pronta· mente la población de Guánico y fomentar la agricultura insular. Siguen hasta doce artículos en total. Estas instrucciones evidencian un descontento que podría expresarse violentamente. Y nos hemos fijado en estas de' San Germán porque la villa sería la cuna de la primera conspiración pro indepen. dencia."7 Prontamente llegaron noticias de Venezuela sobre los sucesos continentales. El coronel Manuel Fierro, destinado en Caracas, y el gobernador de S. Vid. Mario MénC1ez Bejarano, Bio-Bibliograffa de Ultramar. Madrid, 1915. 6. Vid. las cartas de Sanz que insertamos al final. 7. Se conocen las Instrucciones de los Ayuntamientos de San Juan, Coamo, Aguada y San Germán. Estas las· hemos leido en A. G. l. Ultramar, 450. San Germán, como villa revolucionaria, se habrfa distinguido de siempre, habiéndose dado en ella otra revuelta cien años antes.

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Maracaibo Fernando Miyares remitieron las nuevas y pidieron auxilio. Contra Miyares despotricará Miguel José Sanz en las cartas que insertamos en apéndice. Este Sanz llegó pronto a San Juan con otros presos y militares huidos, aunque luego se fugó. De Puerto Rico zarparon auxilios y a la Isla llegaron emisarios caraqueños con ánimos de soliviantar a los isleños y deseosos de incorporar Puerto Rico al movimiento emancipador.' No cabe la menor duda que el quehacer de los agentes revolucionarios venezolanos dio fruto. Y el ánimo separatista prendió.9 Pero al mismo tiempo, y como para contener toda posible subversión, el Consejo de Regencia concedió al gobernador de Puerto Rico máximas facultades. Pero digamos algo del ambiente que ya se respiraba en la Isla. En primer lugar había una corriente enemiga opuesta a marchar al continente con el objeto de luchar contra los venezolanos alzados. Otro grupo aprobaba la deposición de las autoridades españolas. Y no faltaba el sector que abrigaba anhelos de independencia. El gobernador Meléndez estrechó la vigilancia. Reorganizó tropas; annó corsarios; distribuyó espías ... De esta política resultó: l. Captura de cartas enviadas por el revolucio· nario venezolano Miguel José Sanz. Algunas de estas cartas, con fuertes alusiones al gobernador Meléndez, las incluimos al final como modelo de literatura subversiva llegada a Puerto Rico. 2. Incidente habido en el convite celebrado en el convento de Santo Domingo y consiguiente sumario. 3. Conjura de San Gennán. Veamos el asunto del Convento antes de pasar a la trama de San Gennán. En agosto de 1810, con motivo de la festividad del Santo Patriarca, se celebró en el Convento de Santo Domingo una comida, a la que asistieron "los Jefes de los cuerpos, prelados, religiosos y eclesiásticos". Entre otros, allí estaban el teniente coronel Lorenzo Ortiz de Zárate, el teniente de navío de la Real Armada y comandante de los tercios navales, José M.a Vértiz; el comandante del tercer Batallón del Regimiento Fijo, Federico San Just; el sargento mayor del mismo, Miguel Palatino; el sargento mayor de la Plaza, Rafael Chico; el secretario jubilado del Gobierno y Capitanía 8. A. G. l. Estado 58 y Sto. Domingo, 2326. El legajo Estado, 58, contiene datos de interés sobre la revolución caraqueña de 1799, sobre el alzamiento de los negros en Cartagena de Indias y sobre Picomell, Gual, España y Manzanares. 9. Por supuesto, las demandas oficiales del Ayuntamiento de Caracas no tuvieron una respuesta oficial afirmativa.

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General de Puerto Rico, Alonso Cangas; el ayudante primero de la Plaza, Emigdio Andino; el administrador princiI' l de Correos, Tomás Hernández; el provisor y vicario General del Obispado, José Gutiérrez de Arroyo; el Padre Superior del convento de San Francisco, Juan Crisóstomo Carreras, etc. Como se puede apreciar se trataba de una reunión de "fuerzas vivas". Muchos de ellos iban a ser prontamente acusados -alguno desterradojunto con el obispo Arizmendi, ante el Consejo de Regencia por el Gobernador Meléndez. Todo comenzó en la precitada comida. En me· dio de la charla general parece ser que el provisor Gutiérrez del Arroyo preguntó al teniente coronel Ortiz de Zárate si había visto los papeles llegados de Cartagena de Indias. Ante la negativa del mili· tar, el clérigo expresó que estaba totalmente de acuerdo con el manifiesto rebelde. Patriota, diríamos hoy. Aquello no gustó al militar que estimó era delito alzarse contra la autoridad pues no había que olvidar que San Pablo escribió: "Qui ressistir potestati, Dei autoritat resisti" "Obedite propositis vestis, etiam discolis" (sic). A esto replicó el provisor que había dos Leyes de Indias que disponían que los gobernadores mandarán de acuerdo con los ayuntamientos. Ortiz de Zárate consideró que podían estar derogadas estas leyes y que, de todos modos, si los súbditos estaban ofendidos debían recurrir a las autoridades, pues lo demás era subvertir el orden e introducir la anarquía, que era siempre peor que la tiranía. Notemos cómo el diálogo ha ido en un "crescendo" cuyo máximo se está alcanzando. No sólo por lo que a conceptos o ideas vertidas, sino por lo que a tono de voz. Apercibidos algunos de los comensales, y con intención de cortar la desagradable discusión, alguien'-don Antonio Sánchezrogó silencio, se tocó en platos y vasos con los cubiertos y, cuando alguno pensaba que Sánchez iba a recitar unos versos se oyó decir: .. ¡Copas, copas, copas!" La propuesta del brindis, por todos aceptada, cortó la disputa aunque luego se siguió en libelos y escritos. Intervino el gobernador e intervino el obispo indicándole al otro que se entrometía en el fuero eclesiástico.lo La actitud del provisor y otros clérigos como Juan Crisóstomo Ro. dríguez, y la del mismo obispo Arizmendi recibiendo cartas del revolucionario Sanz nos pone en guardia. ¿Era el alto clero partidario de la independencia?ll 10. A. G. l. Ultramar, 450. 11. L. Cruz Monclova, en su Historia de Puerto Rico (siglo XIX), 1. I (1808-1868), recoge las noticias Que hemos expuesto hasta el momento. Sin embargo, y pese a citar el le.gajo 450 de Ultramar. (A. G. 1.) donde se guarda el sumano redactado con motivo de la conjura, no se refiere a ella. T!lmp.l?co. Aurelio Tió en Fundación de San Germdn Y. su slgmflcaclón en el desarrollo político, económico, soc¡al y cultural de Puerto Rico. México, 1956.


Al año tenían lugar la conspiración de San Germán. Las relaciones con Caracas continuaban. Entre San Germán, Caracas y Santa Fe circulaban cartas y noticias. En la villa las familias Ramírez y Quiñones intrigaban. Los corifeos eran Francisco Antonio Ramírez' de Arellano; José de Quiñones, primo hermano del anterior; Felipe de Quiñones, alférez real del Ayuntamiento; Mauricio de Quiñones, capitán de Urbanos; Ramón Ramírez de Are· llano, alguacil mayor; Nicolás de Quiñones; Antonino de Quiñones, mayordomo de la Concepción; Vicente González (alias "chenche"), jefe o cabe· cilla de los mulatos y deudor de los fondos públicos; José María Guadalupe (alias "el Doctor" o "Niguas"); Pedro de Silva, capitán de Milicias; José Ursina, regidor decano; Juan Antonio Irisarri; el presbítero Buenaventura Barriento, hermano de Bonifació Barriento, reconocido simpatizante de los caraqueños; Bernardo Pavón Dávila; el escribano Juan Eloy Tirado; el mulato Tomás Cardoso, desterrado de Caracas; Carlos Plumet... y toda la familia de los Quiñones y Ramírez, que mostraban su desafecto a España y su desagrado a pagar las con tribuciones. Era un buen grupo de conspicuos, en los que los intereses económicos corrían pareja con sus ambiciones políticas. En el sitio de Guánica, donde tenía su residen· cia Francisco Antonio Ramírez, se efectuaban las reuniones. Ramírez se refugiaba allí con el pretexto de recoger la cosecha de granos aunque no tenía nada de importancia, 'Pero sin duda era para recibir en aquel puesto noticias de Caracas sin ser incomodado. u Para las autoridades insulares, la expresión escrita del deseo de independencia estaba en la Instrucción que el Ayuntamiento de San Germán remitió al diputado R. Power. Ins· trucción que ya conocemos. No le faltaba el apoyo de algunas personas de San Juan, como el Dr. Arroyo, el Fiscal y el Dr. Santaella. De la sumaria ordenada levantar por el gobernador resultaron ser también cabecillas Fernando de Rivera, José de Belvis, Juan de Olandés (sic), el Capitán Man· deli, Ildefonso del Toro, Domingo Barrios y otros. Pabón había manifestado que si le daban la dirección de la revolución le bastaba con 70 hombres para llevarla adelante. José González decía que con una revolución pensaba pagarle a la Real Hacienda lo que le debía. El sargento Felipe Nazario confesaba: 12. Tan pronto llegaron noticias tIe la insurrec~ión. de Caracas se dcjó sentir en San Germán cierta agl!~Clón. Su Cabildo. compuesto todo por la prepotente famlha de los Quiñones, convocó por boca del alcalde Francisco An. tonio Ramfrez a ciertas reunioncs. Pero por intcrvención dcl teniente Aguerra. cuñado del fiel regidor Andrés de Quiñones y del alcalde Miguel Ramirez. primo hermano dc Francisco Antonio Ramírez, se logró desbaratar el plan. Pero desde entonces flotó el ambiente revolucionario en. tre los componentes del Cabildo de San Germán.

"Ahora habrá de haber un procurador que su· piera representar como la gente, y no el que está, hagan otro el año que viene de la misma naturaleza, háganle... ese gobernador que selle moneda de baqueta, latón o papel, viene el día del donativo y le llevaré una vaca al Teniente y me volverá 19 pesos para cobrarme uno, y sobre todo este gobernador no nos debe gobernar, ni nosotros obedecer." José Velvis (sic) contaba que deseaba llegara la revolución para quitarle la cabeza a alguno y a su padre el primero. El escribano Juan Eloy Tirado pregonaba que todas las noticias que se recibían de España eran mentiras, adobadas para engañar. Toda Europa -decía- es de Francia y sólo quedan libres Cá. diz, Habana, Puerto Rico y Santo Domingo; nadie sabía si retornaría el Rey del exiliio, y si volvía "sería un rey de basto". Similares juicios corrfan por la Isla gracias a la tarea de Jos encartados. Del sumario es posible extraer más nombres, más datos personales, más actuaciones y circunstancias que permiten .dibujar totalmente el cuadro de esta conspiración abar· tada. Abortada porque fueron descubiertos y porque el desembarco de tropas españolas en Aguadilla, el 23 de diciembre de 1811, que impuso mod~ra. ción o temor, aunque seguía latente la rebeldía de unos pocos, porque siempre una minoría -interesada- es la que mueve a la masa. En estc caso el interés parece inclinarse hacia la negativa a pagar los impuestos. Estos dolían. En las manifestaciones antigubernamentales, el tema "impuestos" aparece con sorpechosa frecuen· cia. Al teniente a Guerra había declarado en plena calle Vicente González, colector de diezmos: "amigo, yo no pago nada porque aquí, dentro de muy poco tiempo, hemos de ser independientes". Tam· bién un tal Antonio Cordero, en casa del español José Balea, dijo "que muy pronto se acabarían las pitimas (impuestos) pues ya muy pronto tendría· mos la ley de Caracas". De los más significados, Francisco Antonio Ramírez y Vicente González (alias "Chenche") se sabía que el primero como mayordomo de la iglesia tehía que dar cuenta y debía diez mil pesos; el segundo adeudaba también el arrendamiento de diezmos y por ello manifestaba que no pagaba pues pronto serían in· dependientes. Francisco A. Ramírez y Antonio Quiñones eran los más sospechosos y peligrosos. A Quiñones se le consideraba como peligroso. De Ramírez se sabía que era un ardiente conspirador pues desdc Guánica "tramoya" con los Yauco, Ponce y Coamo. Sacudirse los impuestos, hacer recaer la autoridad en los cabildos, degollar a los catalanes y - arrojar a todos los españoles eran los objetivos 19


claves en este intento de independencia. El go· bernador era, para ellos, un pillo. A la Isla, la metrópoli no remitía sino "Gobernadores pobres, hambrientos y unos ladrones eternos que no nos han enseñado otra cosa que mil maneras de robar". Había que suprimirlos, junto con todos los españoles: "¿para qué los queremos aquí?" se preguntaba Juan Eloy Tirado. A los españoles se les llama cachacos 13 y junto a estos términos vemos cómo se barajan los de catalanes, puertorriqueños, europeos, isleños, "los de la tierra", forasteros, síntomas todos de un sentimiento regionalista y de una actitud antipeninsular. Todas estas pulsaciones del ambiente revolucionario respirado por este grupo se habían efectuado en diciembre de 1811. En ese entonces, coincidiendo con la Navidad, se pensaba provocar el alzamiento. ¿Con qué fuerzas? Sabemos que a Domingo Postigo, oficial de milicias,le propuso alguien la Jefatura del movimiento. Pero hemos de pensar que las tropas no secundaban el plan. Este era el sueño de unos pocos, radicados en San Germán, donde parece ejercían el cadeato unas familias que, amparándose en las alteraciones caraqueñas pensaban eliminar un régimen gubernamental del cual le molestaba, entre otras cosas, los tributos. Si estos fastidiaban hemos de pensar que tampoco contarían con grandes cantidades de dinero para financiar la empresa. En este sentido hay que recordar que uno de los testigos confesó que pensaban despojar a los europeos de sus bienes y con ellos hacer una masa que les permitiera hacer frente a los gastos de la revolución. El secreto sobre lo tramado no se pudo mano tener. Juan Varea había ido a casa de algunos vecinos pregonando que Ramírez y Quiñones cons· piraban. En San Juan comenzaron a hacerse diligencias... Viendo esto los comprometidos, mar· charon a San Juan y se presentaron al goberna. dor manifestando que todo era falso, que eran fieles vasallos y que no podían tolerar se manchara su prestigio. Algunos vecinos de San Germán no les tenían simpatía y les habían acusado. Ellos eran personas de carácter y opinión que sólo pretendía contener algunos abusos de los principales. Las reuniones en Guánica eran de tipo agrícola, ganadero... Pero la sumaria los acusó. Remitida ésta, junto con los presos más complicados, al gobernador éste la p.asó a informe del Fiscal José Joaquín Maroto (mayo, 1812), quien consideró que, dado el número e importancia de los comprometidos, lo mejor era sobreseer el asunto si no se quería ob· tener una reacción insular y el odio de familias sig~ificadas. Lo mejor era asegurar la Isla y ello 13. En Colombia se llama hoy así a un individuo bien vestido, y en el Pcro se usa el término para designar a la Guardia Civil.

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se lograría tomando medidas sobre los remates de diezmos y alcabalas que habían sido, en su mayor parte, el origen de los disgustos de San Germán. Había que rectificar las actuaciones del Ayuntamiento de San Germán y poner a su cabeza a un teniente de justicia mayor que inspirase respeto. Y, por supuesto, había que alejar de la villa a algunos individuos. Por entonces 'andaban de paso por la Isla. Pedro Benito Vidal y José Costa y Gali, oídor y fiscal, respectivamente, de la Audiencia de Caracas, a cuyo parecer se sometió la sumaria. Ambos estimaron que el asunto no se debía sobreseer pues nada era más perjudicial en estos casos que dejar un delito impune. Tamboco deberían introducirse variaciones en el Ayuntamiento de San Germán ya que la nueva Constitución (1812) variaba algo los mu.nicipios. En cambio estimaban que había que atacar la raíz del mal: las contribuciones. El gobernador, aceptando el dictamen del fiscal José Joaquín Maroto, ordenó, el 20 de mayo de 1812, que se enviase la sumaria a la Regencia y que ésta resolviese. l. Este es el material que hemos manejado para señalar este primer intento de independencia puertorriqueña. El trabajo resulta incompleto, pero esperamos que una alumna nuestra, la señorita María del Carmen Diaz Marcos, lo complete. Es preciso: 1. Señalar la influencia de los emigrados franceses procedentes de Haití. 2. Estudiar las relaciones con las zonas continentales rebeldes. 3. Analizar el papel de los exiliados patriotas o realistas y de las tropas llegadas de España. 4. Ver las ansias nacionalistas canalizadas a través de opiniones particulares y de la actuación de los Diputados insulares. 5. Seguirle el rastro a este anhelo hasta en· troncar con las diversas tendencias que más tarde aparecen: autonomismo, anexionismo, asimilismo, etc. Pasada la conmoción de la independencia, Cuba y Puerto Rico, "verdaderos estribos para en todo tiempo y momento emprender cualquier marcha rápida sobre la Costa Firme de América" serían los dos trozos de tierra que restarían a España en el Caribe. La pérdida de Santo Domingo se estimó grave, puesto que situada entre Cuba y . Puerto Rico podría servir como base naval para 14. A. G. 1. Ultramar, 450. Del gobernador de Puerto Rico al secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia. Le adjunta reservadamente causa abierta a rebeldes de San Germán. Los alzados, dice, son negros esclavos, Que sc cnteran de la libertad concedida en Ca· rncas. 8 junio 1812.


atacar a ambas islas. Los proyectos y planes para corregir el estado interno de la isla no faltarán. La Corona consulta. En 1821 Demetrio D. Daly, Diputado por Puerto Rico comunica que no pu~de dar noticias de la isla porque salió de ella siendo muy niño y al momento desconoce cuál es su si· tuación interna. 15 Son muchas las "Memorias" para defender y conservar Cuba y Puerto Rico cuando aún no se ha apagado el eco del último disparo de Ayacucho. Aparte de las consideraciones de índole estraté· gico (Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba situadas en una sola línea sirven como un muro y plataforma). Se hablará siempre de la fertilidad insular, de la decadencia, del estado de indefensión, del contrabando procedente de Santo Tomás, de la enorme cantidad de empleados, viudas y emigrados procedentes de Tierra Firme (años de 1812 a 1814). Al faltar el situado de Méjico y el comercio de antaño, la depresión ha sido enorme. No había dinero en metal, y sí una inflación del papel moneda. El intendente Ramfrez mejoró esta si· tuación. 16 Fueron cruciales para la isla los años mencionados y desde entonces se debatió una polémica que los "planes" y "memorias" intentaron cortar dando una solución. Pero ésta no llega sino en 1898 y entonces la solución frostra de nuevo los ideales de independencia.

CARTAS DE SANZ AL OBISPO ARIZMENDI

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En la Ciudad de- San Juan Bautista de Puerto-rico a los diez y seis días del mes de Noviembre de mil ochocientos diez años, el Señor Don Salvador Meléndez, Brigadier de los Reales Exerdtos, Gobernador Yntendente y Capitan General de esta Plaza é Ysla. Dixo: que á consequencia del cuidado y vigilancia que le asiste para mayor seguridad, y tranquilidad del territorio de su mando, y de la noticia que por aviso de carta particular, recibida por Santomas, que en poder de vn Frances venido de Curazao se habian visto quatro cartas bastante abultadas, dirigidas vna al Cura de Ponce, y las otras á qualquiera de los Pa· rrocos de la Ciudad, ó Costa de Puerto Rico, y que la letra de los sobrescritos es del Licenciado Sanz, cuyo individuo fué remitido preso á esta Capital por el Se· ñor Gobernador de Caracas D. Vicente emparan, y fué detenido en eJJa con liberalidad hasta que verificó su fuga sin noticia ni conocimiento de este Gobierno, y según seguras noticias se haBa ya residente en dicho Caracas, parage rebuelto, desobediente al reconoci· miento de la Junta del Gobierno de Regencia, y como tal sospecliosa toda su correspondencia; en cuya viro 15. A. G. l. Indiferente General, 1569. 16. Memoria del teniente coronel don Francisco Xavier de Zerreriz sobre defensa y conservación de Cuba Puer· lO Rico. Madrid, 24 de noviembre de 1825. A. G. . Esta· do, 86. 17. Todas en A. G. I. Ultramar. 450. Sobre Sanz vid. el trabajo de Juan Saturno Canelón.

l.

tud debiendo -este Gobierno asegurarse }: tomar conocimiento de dicha correspondencia, por si en ella se encuentra alguna materia, ó cosa perjudicial al estado y segu!Ídad y tranquilidad de estos dominios y que no se mtroduzcan en ella especies que puedan perturbar' ó alucinar la constante firmeza de amor y lealtad tan esperimentada en estos naturales, y llegan· d;o a sus manos dichas cartas con otras varias partl~ares que desde Santomas fueron dirigidas, y ha podido recogér de ,mano particular en virtud del cui· dado que sobre el particular ya obraba Su Señoría, debía mandar y mandó; que convocado á presencia de Su Señoría, el Señor Auditor Asesor General' el presente Escribano certifique del estado de di~has cartas, y demas con expresion de sus sobres, numerando cada vna de ellas, y en seguida se proceda á su apertura y reconocimiento, para que en su vista determinar lo que corresponda, segun lo que produz· ca, de que se pondrá la correspondiente diligencia, todo con la mayor reserva y sigilo. Y por este asi 10 mandó y firmó Su Señoria de que doy fé = =Salvador Melendez=

=Iuan José de Lloves=

Ante mi = Gregario Sandoval Escmo. de Gobierno= Doy fé: que las cartas contenidas en el antecedente auto, sus sobrescritos son los siguientes: N. 1... Al Presbitero Don Juan Ten, Teniente de Cura de Ponce en la Ysla de Puerto Rico, y en su defecto á qualquiera de los Curas de la Costa. N. 2... Al Señor Cura de Ponce, ó qualquiera de los Señores Curas de la Costa de la Ysla de Puerto Rico. N. 3... Al Señor Cura de Ponce, ó qualquiera de los Señores Curas de la Costa de Puerto Rico. N. 4... Al Señor Cura de Ponce, ó qualquiera de los Señores Curas de la Ysla de Puerto Rico; las qua· les -se hallaron cerradas, lacreadas y al parecer selladas con vna marca poco inteligible, y la letra de los quatro sobres hecha toda de vna misma mano, pluma, tinta y caracter. Dentro del paquete numero vno se halló, despues de abierta por Su Señoría vna carta cerrada y lacrea· da con el sobre al Yllmo. Señor Doctor D. Juan Alexo de Arizmendi dignisimo Obispo de la Ysla de Puerto Rico, al parecer de la misma letra que las anteriores, y con el tres cartas cerradas con oblea encarnada, con el sobre dos á D. Diego de Jugo y otra á D. José Ramon Monzon, todas de distintas letras; vna carta abierta dirigida al YlImo. Señor Diocesano de esta Ysla, escrita en Caracas, su fecha dos de Noviembre y firmada por Miguel José Sanz, y dos impresos, el vno notidas de Santafé, y el otro Pastoral del Arzobispo de Caracas D. Narciso ColI y Prats, de fecha 15 de Agosto de 1810: abiertas las dirigidas á D. Diego de Jugo contenia vna de ellas vna carta de Caracas fecha 29. de Agosto, firmada Rafael, y dos impresos, el vno noticias de Santafé, que se señaló con el nume· ro l." y la Gaceta de Caracas del Viernes 31. de Agosto vItimo, que se señaló con el número 2." Otra dirigida al mismo, la que abierta se halló contenida vna carta fechada de 28. de Agosto, firmada por Maria Antonia Gara, y dentro de ella otra rotulada á Papá de la misma fcha. que la anterior escrita en Caracas, y firmada Maria Luisa, y dos im· presos, el vno noticias de Santafé que se señaló con

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el número l." y otra gaceta de Caracas del viernes 3I. de Agosto que se señaló con el numo 2. Se habrió la dirigida á D. José Ramon Monzon y bajo su cubierta se halló vna carta escrita con fha. de Julio 9. de 1810, firmada de Ana Maria Zapata. Se procedió á la apertura del paquete señalado con el número 2." y dentro de ella vn paquete con el sobre. al Yllmo. S. D. D. Juan Alexo de Arizmendi. digo nisimo Obispo de la Ysla de Puerto Rico, pegada con oblea. y por encima lacreada con vn sello confuso, el qual abierto se halló contenia vna carta sin sobre escrita en Caracas con fcha. 11. de Octubre de 1810. fir· mada por Miguel José Sanz, dirigida al Yllmo. Señor Diocesano de esta Ysla, y tres cartas la vna con el sobre al Yllmo. Señor D. D. Juan Alexo de Arizmen· di, dignfsimo Obispo de Puerto Rico, cerrada con oblea, y abierta se halló contenia la gaceta de Cara· cas numero l." del Martes 9. de Octubre, la numero 123. del Viernes 5. del mismo mes, inclusa vna carta sin sobre, para su Yllma., escrita en Caracas en 9. de Octubre vItimo, firmada por Miguel José Sam, y dirigida al Yl1mo. Sr. Obispo D. Juan Alexo de Arismendi; y quatro cartas más cerradas con oblea las tres al parecer de vna misma letra, el sobre de la primera, á Manuel de Jesus Castillo, la segunda, á don José Xavier de Aranzamendi, la tercera a! Ca· pitan Don Francisco Antonio Rodriguez y la quarta á D. Diego de Jugo, la del numero 1: escrita en Caracas, fha. 9. de Octubre, reseñada con VD (sic) VDa S. al parecer de Sanz; la segunda numero 2: contenia la gaceta de Caracas de 5. del mismo mes del corrien· te año, y VDa carta escrita en Caracas con fha. de 11. de Octubre firmada de losé Miguel Sanz; la del numero 3." contenia VDa esquela fha. en Caracas 10. de Octubre, firmada Sanz, sin rubrica; la del numero 4. contenia vna carta abierta, fha. 11. de Octubre y firmada por Maria Antonia Gara, y VDa carta cerrada con oblea, y el sobre á D. Diego de Jugo, escrita en Caracas en 10. de Octubre y firmada Maria Luisa. Se procedió á. la apertura del paquete reseñado con el numero 3. y se halló dentro de ella otro pa· quete cerrado y lacreado, con el sobre, al Yl1mo. Sr. D. D. Juan Alexo de Arizmendi, dignisimo Obispo de la Ysla de Puerto Rico, y dentro vna gaceta de Cara· cas del 21. de Septiembre del corriente año, y otra extraordinaria de la misma Ciudad, del 22. del mismo mes, Vna carta abierta su fha. Caracas 25. de Sep· tiembre de este año, firmada por Miguel José Sam, la qual está escrita en ocho llanas en quarto, y tres más cerradas con oblea, la del numero 4." con el sobre á Manuel de Jesus del Castillo, el qual contiene vna carta doble escrita en Caracas en 26. de Septiembre, con las cifras M. J. S.al parecer de la letra de Sanz, y dentro otra cerrada con oblea, y el sobre, á D. Manuel Saviñon, escrita en Caracas en 26. de Septiembre vltimo, y firmada por María de Jesus Sanz. La del numero 2: con el sobre al Señor Coronel D. Ma· nuel Fierro; y dentro de el VDa carta escrita en Caracas el 24. de Septiembre ultimo. y firmado por Sanz. y la del numero 3, con el sobre á D. :Joaquín de Caso tro, fha. en Caracas en 26. de Septiembre. firmada por· Miguel José Sam. La del numero 4. con el sobre al Señor Cura de Ponce, ó cualquiera °de los Señores Curas de la Costa de la Ysla de Puerto Rico, abierta contenia, otro pliego cerrado con oblea, y lacrado por encima, y el sobre al Yllmo. S. D. Juan Alexo de Arismendi, Digni. sima Obispo de lo Ysla de Puerto Rico, el qual contenia vna carta dirigida al mismo Sr. Obispo, su fha. en Caracas 20. de Octubre de 1810. y firmado por Mi·

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. guel José Sanz, y dos gacetas de la misma Ciudad de 16. y 19. de Octubre vltimo, y otra cerrada con sobrescrito para el mismo Señor que incluia vna carta cerrada para D. Vicente Texera, fha. en Caracas á 7. de Octubre, y firmada Pedro Texera, y otra Manuel Jesus del Castillo sin firma, vna esquela sin membre. Vna carta particular, sereñada con el numero l." y el sobre al R. P. Fr. Juan Crisostomo Rodriguez y Carrera, Guardian del Convento Serafico en la Ysla de Puerto Rico, con vna nota que dice, con vn fardito de tres misales, cerrada con oblea, y abierta contenia VDa carta reservada, dirigida al mismo Fr. Juan Cri· sostomo, escrita en Cumana en 24. de Octubre vltimo. firmada Juan Bermudez, en cinco páginas en quarto. Dos cartas con el sobre á D. Diego Jugo en el Morro de Puerto Rico, reseñadas con el numero 2. la VDa contenia vna carta abierta escrita en ]a Guayra su fha. 11. de Octubre, y firmada Nicolas Vrbina, y otra cerrada con oblea para el mismo D. Diego Jugo, y dentro de ella despues de abierta se halló vna carta escrita con fha. 31. de Noviembre, firmada por Ma· ria Antonia Gara, y la otra cerrada contenia vna caro ta en 4. de Octubre y firmada por la misma Maria Antonia Gara. y para que conste 10 pongo por diligencia hoy diez y seis de Noviembre de mil ochocientos diez años.

= Gregorio

Sandoval

=

En dicho dia, mes y año: vistos y reconocidos cada carpeta de por si, á presencia del Señor Auditor de Guerra, y Escribano de Gobierno bajo el orden que contiene la anterior diligencia, impuesto substancia!· mente del contenido de las cartas é impresos rebolu· cionarios que se acompañan, en las personas que en ellas se expresan; atendiendo á la segtJr:idad de esta Ysla, y á atajar los progresos de la Costa firme. Dicto Su Señoria con parecer del Señor su Asesor: se VDan los dos expedientes que paran en este Gobierno y tienen conexión con la materia, que por las circunstancias aun no se han determinado en ellas; Y tenien· do en todo tendencia á la Comisión Regia del Sr. D. AntQnio Ygnacio de Cortabarria, residente en esta Plaza, para los objetos de su encargo, y por otra par· te correspondiente á este Gobierno por la seguridad publica, fue de sentir, se pasase todo al expresado Sr. Comisionado, para que en acuerdo y convenio se resuelba lo que mas convenga en vna materia tan delicada por las personas que en ella se mezclan. Y para la mayor reserva; el Sr. Asesor de Gobierno, pa· sará á entregár todo el expediente al Sr. D. Antonio Ygnacio de Cortabarria, acompañando VD oficio al efecto con inclusion de la Rl. Orden de 4. de Septiem· bre para los fines convenientes. = Melendez = Uoves := Ante mi. Gregorio de Sandoval, Escribano Rl. y de Gobierno. En el mismo día dexé en manos del Sr. Governa· dar, Capitan Gen!. é Yntendente este expediente con los legajos de cartas, y demás papeles constantes de la diligencia que antecede, doy fe = Sandoval = Es copia conforme á su original á que me refiero Melendez -RubricadoIllmo. Sor. Juan Alexo de ArismendLII 18. Obispo de Pta. Rico Primero y único puertorriqueño obispo en la Isla.


Caracas, Septiembre 25. de 1810.·' Yl1mo. Señor: teniendo escrito a V. S. Illma. dos cartas en que le doy noticia de mi llegada á esta Ciudad, y de mis notorias satisfacciones, recibí antenoche por el Sr. Roberson de Curazao la de V. S. Illma. de. S. de Agosto con la pacotilla de cartas de mi yerno, cuya tardanza me tiene incomodo y cuidadoso. No es sola la incomodidad de la .representación de los clerigos la que debe sufrir ese Baxá. Muchas se le preparan, y le irán llegando. En mis cartas incluí a V. S. Illma. la Pastoral de este Sor. Arzobispo, que está absolutamente conforme con este Gobierno y sus ideas. Incluyo ahora la gaceta del 21. y la del 22. que hablan de la mudanza del gobierno de Santafé, y deposisión de las antiguas autoridades, y si este bar· ca no se vá tan pronto para Curazao, irá también la del 28. Santafé y Caracas han mandado hacer á MiyareS" la vltima intimación para que se someta. No sé que partido tomará este infeliz hombre, á quien ha descubierto por cartas que le han cogido, la secreta in· teligencia con Lopez-Quintana (alias tia Conejo) para que le nombrasen Capitán-general de esta Provincia por el sacrificio de muchos miles que repartió para lograrla. La picardía que nos jugó la Sra. Regencia trastor· nando la consulta del Consejo, y manifestando su corrupcion, ó intriga para favorecer á su compañero Emparan, me han confirmado más y mas en la resolucion que tomé de venirme. Son todos vnos bribones conspirados contra los hombres de bien para arruinar la Nación, y envolver la America en ruinas, como vería V. S. Illma. por las cartas de Rodriguez. Ellos quieren que nosotros corramos su infeliz suerte, y que seamos, también franceses; pero se engañan, pues Caracas, y probablemente toda la America se desprenderá y separará para siempre de la Europa; menos Puertorico que lleva y sufre vilmente el yugo que quieren imponerle, y las vexaciones de ese tirano Baxd, que ya debía y podía estár arrastrado por las calles en justa venganza del desprecio que hace de los Puertoriqueños. - Me he reido mucho leyendo en la carta de V. S. Illma. quando dice que de resul·

tas del atentado contra los Clerigos no durard mucho. Es decir, ó creer V. l. lllma, que de Cadiz le vendra el castigo. ¿Es posible que todabía piensa V. S. I11ma. que de alli ha de venirnos cosa favorable? Desengañese V. S. Illma. y conozca que todos son lobos de vna camada: que todos están de acuerdo para ultrajarnos y humillarnos: y que no hay otro partido para de· fender nuestra religión, nuestro honor, ntros. bienes y aun nuestras vidas, y los dros. ,de ntro. Rey, que

acabar con quantos bribones han venido y vengan desde que este fué preso en francia. Algun dia llorará V. S. Illma. ese temor que equivocado en moderacion hace á esos tiranos más insolentes, y continua nuestra servidumbre. Ya Melendel. 21 debía estar arrastrado, o por lo menos metido en vn estrecho calabozo, mientras se lé castigaba y condenaba por el Pueblo. Satisfecho está el de la cobardia de los Portoriqueños, y sin embargo á sus solas tiembla, y no sabe que hacer· se esperando el golpe: No hay que temer: todo despota es cobarde, y se deshace como fantasma luego que 19. Tomo 20. 21.

Reproducida por Cruz Monclova incompletamente. 1, pp. 682·3. Gobernador de Maracaibo. Gobernador de Pto. Rico.

alguno le pone la mano. El exemplo de Santafe y Caracas comprueban esta verdad. Nada me ha contestado el Sr. Provisor y el Dr. Ces· tero á las cartas que le escribí. Si están sentidos commigo, no tienen razón, pues consideradas las circunstancias en que me hallaba era necesario el secre· to y la reserva, así por que se aventuraba el éxito de mi partida comunicandola á muchos, exponiendome á resultas muy graves, como por evitar á mis amigos el compromiso en que les ponia haciendoles partícipes de mi resolución, y obligandolos á que la , aprobaseri á lo menos con su silencio. Conserveme V. S. Illma. el tomo de ordenanzas y discurso sobre la introducción de Negros esclavos en esta Provincia, que dexé en su poder, para que quando las cosas se tranquilicen, y haya comunicación, me los remita. Supongo que habrán hablado de mi el tio Melen· dez y sus satélites, quanto han querido; pero no la echan en saco roto, y todos irán cayendo vno a vno, ó todos de vn golpe. Suplico a V. S. Illma. me haga entregar esas cartas; pero la que vá rotulada a Manuel de Jesus Castillo es de toda importancia, y espero que V. S. Illma. haga llamar al Capitán Saviñon, y se la entregue con reserva. Las cosas aquí se mejoran cada día. Los ingleses han resuelto en Londres' que sea qual fuese el partido

que tomare Caracas, no las hostilizard, ni romperd sus relaciones de comercio. Esta proposición es del mismo Ministerio de Londres. En conseqüencia, vino vn Comisionado á arreglar este comercio con las Colo'nias, y se fué satisfecho. Anteanoche vino otro á acla· rar algunas dudas, y de ellas se trata actualmente. En vna gaceta de Barbada se dice que Buenos Ayres ha depuesto al Virrey Cisneros (Marino por la gracia de Dios) y formado su Junta. Solo de Mexico, ni de Lima, nada se dice aun. Demele V. S. Illma. memorias a Juan, Domingo y demás de casa. Alexandra y Niñas hacen á V. S. Illma. infinitas expresiones, y desean· se abra la comunicación. Soy de V. S. Illma. amigo y Servidor Q.

B. S. M.

Migl. Jph. Sanz.

Posdata reservada. Ha salido orden para que Fierro buelba. No sé que resolverá. Nada le diga V. S. Illma. si el no le dice. CARACAS, Octubre 16. de 1810 Mi Manuel de Jesus Castillo: recibí sus cartas en que me participa el resultado de la expedicion que le dirigi desde Curazao, y el mal suceso de las imprudentes y precipitadas operaciones de esos infelices. De todo he dado cuenta á las personas que comisionó este Goberno para que se entiendiesen reserva. damente conmigo en este negocio, y en oficio de 20. de este mes me dicen 10 siguiente después de relatar el caso: -Es esta virtud espera de V. esta Suprema

Junta continue en sus esfuerzos generosos para salvar d nuestros Emisarios de las garras de So liman tercero. Es digno del patriótico caracter de V. inte· resarse por el glorioso motibo que los ha conducido d las cadenas: y S. A. dexa d su penetracion el con· ciliar los resortes que deban moberse para el feliz

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exito de vna empresa d que debe inducirle ademas del dro. que asiste d la inocencia, la gratitud, que se le debe al heroyco zelo y virtudes patrioticas por que se Ila sacrificado. S. A. es en vn todo responsable al resarcimiento de los gastos necesarios... y d su consideración agradecida queda reservada el premio que merezca el acertado suceso de vna empresa en que se interesa la humanidad en general, y el sentimiento de afliccion que debora en secreto d todos estos habitantes, sus parientes, y amigos" En este concepto y seguridad puede y debe V.. proceder convinando las cosas para que tengan efecto, y avisandome lo que se necesita; pero, amigo, crea V. que á vista de ningun efecto que tuvo mi expedición que dejé también combinada, no solo estoy avergonzado, sino temeroso y desconfiado de las demas diligencias; especialmente en lo que toca á dinero, pues si las cosas salen mal, podrá creerse que es algún aro tificio mio ó que el amigo de quien me he valido no es para el caso. En consequencia vea V. como entramos de nuebo en esto, no sea que buelba á errarse, y me mato. Yo estoy muy asegurado de la recompensa ventajosa de V. pues este Gobierno está desesperado, y no hallará con que premiar vna acción que causará tanto placer en la Provincia. Es necesario apremiar los pasos, por que según ván los asuntos de España y America, puede llegar el caso de que no se necesite nada para la libertad de esos hombres, entonces pierde V. la ocasión de esta· blecerse con honor y renta en esta Provincia. En Curazao está encargado el Comerciante Roberto Lyle de auxiliar esta empresa y si V. pudiera ponerla. en efecto luego, luego y trasladarse con los presos á dicha Ysla, hallaria V. en dicho Lyle quanto hubiese gastado y necesitase. Oxala que sin empezar de aqui auxilios, lograse V. el efecto. Esto seria mucho mas de agradecer y premiar. En fin, V. obrará seguro de la recompensa; y en quanto á Maria Jesus espera conocerle. Ya sabrá V. ó sepa que Santafé ha abrazado enteramente el sistema de Caracas, y que esta y aquel Reyno han intimidado á Miyares que se someta, y que de lo contrario entrarán las tropas á someterle, haciendole responsable de la sangre que se derrame. Considero á ese Miyares aflixidisimo y perdido, despues de haber sacrificado muchos miles de pesos para que le hiciesen Capitan·general de esta Provincia, se· gun las cartas de España que, le acaban de pillar. Aquí vivimos en la mayor tranquilidad, y todas las especies que ay nos decian. son falsas ó ponderadas. Hav muchos bribones y cobardes en este Mundo. Yo me- admiro de que en vna rebolucion, como esta vivan tan tranquilos. Sabrá V. también las jaranas en Cádiz, entre la Regencia, la Junta de Comercio, y el nuebo Regente Duque de Orleans. Todo eso es vna picardia, y sino mire V. lo que hizo la dicha Regencia con nuestro pleito, trastornando la consulta del Consejo. Son vnos picaros. vnidos todos para nuestra ruyoa. Solo Vmr. están con paciencia sufriendo é ese Ba· xá, que está de acuerdo con los traydores, sus paisa. nos. Ya debian de haberle arrastrado, pero a Vmr. les vá bien con la cadena, con el desprecio y vltrage. Sea por amor de Dios. Memorias á mis amigos, que aunque no les nombro, saben Vmd. quienes son. Ha salido vn decreto

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para que Fierro vuelba. Nada le diga V. si el no se dá por entendido. Suyo M. J. S.

Escribame V. por el conducto que vá esta carta, pues no me fio del que V. me indica. Es copia conforme á su original á qe. me remito. Rubricado. Caracas, Septiembre 24, de 1810. Mi amado Fierro: Desde Curazao escribi a V. y repetí á mi llegada á esta Ciudad, donde encontré lo mismo que yo me figuraba, todo amistad; todo regocijo; todo sinceridad; todo satisfacción; todo seguridad; todo decencia; nada de baxeza. Desengañese V. la virtud de los Americanos es la generosidad, por que esta es la virtud de todos los infelices. Ellos lo han sido, por que han sido esclavos de los Europeos, ó tratados como tales. Si los Europeos no conocen nuestra razón y justicia es por que les preocupa el grado de soberbia y de interes á que los habia llevado el habito del dominarnos, robarnos y "ltrajarnos. Los hombres de juicio, virtuosos, y despreocu. dos, venciedo sus pasiones, asi lo conocen y con· fiesan. Generalmente se ha sentido y siente la salida de V. que sucedió por efecto de cosas que no pueden evitarse en una fermentación; pero en estos días ha salido vn decreto para que V. buelba. Solo diré á V. que nada hay que temer; que hay seguridad; y que quantas cosas se decian en ese Puertorico, son mentiras, ó especies exageradas. Aseguro á V. que todo vá tranquilo, y que á excepción de algunas mucha· chadas sobre Europeos, Criollos, y Mulatos, todos vi· ven pacificamente. No hay mas que contener la lengua, y nor sér frivolo, ni ligero, en hablar; y en vna palabra buena fe. Si V. no se ha de someter con ella, no venga por que peligra. Este es mi sistema, y asi nada temo por que siempre voy consequente y con· forme al partido que abracé despues de muchas y serias reflexiones. Yo me alegraré abrazar á V. aquí; pero como V. ha dado en contradecir quanto yo pienso y discurro, nada le digo y aconsejo. Este fue el motibo principal por que no le comunique mi partida, y no quise como prometerme. En casa estamos buenos. Alexandra y las Niñas desean vér á V. y yo siempre su verdadero amigo

= Sanz = Dígame si sabe quien llevó mi primer tomo de mi Diccionario historico. Ya sabrán allá que Santafé desde 20. de Julio depuso las autoridades, y abrazó en todo el sistema de Caracas. Verguenza me dá que sepan que V. y Ca· gigal están en Puertorico haciendo la corte á ese Bar· baro -indign~ infame Baxá. Ni como es que vnos hombres de juicio vayan cauculado tan mal, teniendo á la vista á las cosas. y debiendo conocer las canse· quencias. Que lo errare yo por las noticias que V. y otros me comunicaron, vaya; sin embargo que de las mismas empeñadas ponderaciones me hicieron al fin conocer lo que en realidad había; pero vstedes es mucho que la errasen. Somos voa miseria.-Martinez ha escrito para volver aunque sea de Comerciante.


Es copia conforme á su original á qe. me remito. Rubricado.

YIlmo. Señor Dn. Juan Alejo de Arismendi. Caracas, Octe. 11. de 1810.

S. Dn. Joaquin de Castro: Caracas, Sepe. 26. de 1810. Amigo y Dueño mio: Escribí á V. desde Curazao, y también luego que llegué á esta Ciudad, endonde me tiene V. desde el 23 de Agosto sin novedad ninguna, deseos{simo de encontrar ocasiones en que acreditarle mi verdadera amistad y gratitud. Desde 20. de Julio abrazó Santafé el sistema de Caracas en vn todo. Ha pasado oficio aquella Suprema Junta á esta participándoselo, y solicitando vna confederacion. Al mismo tiempo esta Provincia, y aquel Reyno han intimado por vltima vez á Miyares, Capitan·general de la Laguna de Maracaybo, (as! por zaherirle y burlarle le nombran las gacetas de aquí) para que se someta, Ó que será responsable á la sangre que se derrame para obligarle por la guerra. Este hombre debe de estár en vna amarga aflicción. Le han cogido cartas de cuyo contenido resulta que derramó en Cadiz muchos miles de pesos, para que lo hiciesen Capitan·general: se baila sin auxilio por que la Corte de Londres ha declarado que sea qual fuere el partido que tomare Caracas, ni la hostilizará, ni romperá, sus relaciones de comercio con ella: en Cadiz todo se ha bueHo xaranas, y ya no se sabe quien manda, ni quien obedece: ¿Que hará, pues, en este conflicto? Lo peor será que le entreguen atado los Maracaybanos. Le juzgo hombre perdido. Sin embargo de operaciones tan necesarias vstedes siguen adorando á ese Baxá, que debia estar ya arrastrado, y antes desorejado, no solo por insolente y despota, indecente y mal criado, sino por que es vno de los muchos bribones que están de acuerdo para embolber la America en la ruyna que han cau· sado en España. ¡O, si yo lo pillara dos dedos fuera del cañón del morro, ó de la i ~la! Puede sér que al· gun dia pague, y que le acuerde yo quando me ame· nazó con que me pondria donde jamas viera la luz. ¡Que picaro! ¿Quien le daria facultad para vltrajar á los hombres, la razon, y la ley de esa manera? En fin, vamos adelante, que harto miedo le quitará muchas veces el sueño. ¿Quisiera yo saber si todabia piensa venir á conquistar á Caracas? ¡Que gracioso es el Andaluzl Ojalá y venga: este era el modo de que perdiera por lo menos las orejas. No sé que expresiones haya para que V. las tras· lade á mi amado D. Nicolás Nicolle, y á mi venerada Magdalena. Jamas se me olvidará la estimación y cariño que debía á Vmr: cuenten con esta memoria para quanto yo valga, y pueda Memorias muchas á M. Rati, y que me alegraré que nunca vuelba á caer, ni dañarse parte ninguna de su cuerpo. Mucho sentí, amigo, y siento, y sentiré haberme (sic) venido sin despedirme de mis amigos en esa Ciudad; pero las circunstancias as! lo exitieron. Soy de V. y b. s. m.

= Migl.

Jph. Sanz

=

Está encargada la alfombra mucho tiempo ha. Es copia conforme á su original á qe. me remito. Melendez. (rubricado)

Yllmo. Señor: Se ha aparecido por aquí el mani. fiesto con que el brutal Emparan trata de justificar. se, y zaherir este Gobierno. Se está actualmente disponiendo la contestación, y también la correspondiente á los insultos del Gobernador de Veracruz, vna v otra pieza remitiré por la misma via que ván mis :artas á V. S. Yllma. Es necesario que V. S. Yllma. haga entregar las inclusas del modo que parezca mas conveniente. La de Aranzamendi es dirigiendole la gaceta sobre la Fragata, y tratandole de asuntos particulares. Las otras son de la Muger de Jugo, que solo contendrá llantos domesticas. Mucho me alegraria que este contestase para tener la complacencia de entregar á aqueo lla la contestación. Sigue la causa de los presos, y el pueblo entusiasmado contra ellos. Algun peligro corren por que di· cen que el fin era sublevar á los esclavos y pueblos inferiores. Es inevitable que haya todas estas cosas en vnas circunstancias como las actuales. Soy de V. S. Yllma. y b. s. m.

=Migl. Jph. Sanz. =

Rubricado.

Yllmo. Señor Dn. Juan Alejo de Arismendi. Caracas, Octe. 9. de 1810. Yllmo. Señor: En los días pasados escribí á V. S. Yllma. por Santomas, rotulada á qualquiera de los Curas de la Costa de Puertorico, vna carta, incluyen· dole varias gacetas y cartas, y antes de la misma manera, y por la misma via le había dirigido otra. Aquí hay la novedad de haberse preso á algunos curopeos aturdidos, que habían proyectado, segun se dice, vna conspiración sanguinaria contra el Gobierno, cuyo objcto cra restablecer el antiguo con dependencia dcl que hubiese en Cadiz. Parece que estaban de acuerdo con Miyares, y algunos creen que con el Em· pcrador de los franceses. Me aseguran que está probada la conspiración, y nos tememos de que el Gobicrno, viendo que el sistema de la moderación dá lugar á estos crímenes, tomará el partido del rigor y la severidad contra los principales cabezas dcl motín. Yo no sé como es que piensan los europeos: su ambición y orgullo es causa de nuestra inquietud y de su perdición. En su concepto basta que haya en el Mundo vn Español para que los Americanos continuen en servidumbre como hasta aquí. Ya, pues, no es la Nación Española á quien pertenece la America. sino á qualquiera individuo de ella. ¡Que insolencia! La Ciudad de Merida, ha abrazado el sistema de Caracas, rcuniendose á nosotros. Se teme que si su. Illmo. Prelado manifiesta oposición, se teme el partido violento de extrañarle. Las cosas se van apuran· do de modo que es necesario caminar con tiento. El pueblo se vá ilustrando sobre sus derechos. Con motibo de la conspiración citada ha expedido nuestro Illmo. Arzobispo vna proclama eloqüente, amonestando á sus Diocesanos que se sometan tran· quilamente al actual Gobierno, y mandando á los Eclesiasticos que se interesen vivamente en ello. Si hu· biera vna copia impresa la incluiré. Va ahora vna gaceta que trata de ese excelentisimo Satrapa, y la que habla de Merida.

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Nada he sabido de mi yerno Rodriguez, y estoy con el mayor cuidado. Le be escrito varias cartas para que por cualquiera via se venga á esta Provincia don· de todos le esperan, y le recibirán con la mayor satisfacción y confianza, si hay ocasión para Cadiz en este puerto, dirigamele esa carta dentro de las de V. S. YlIma. con encargo á su apoderado de que se le solicite, y se la entregue. Memorias al Señor Provisor, al Dr. Cestero, á Juan Domingo, Martin, y Pedro. Soy de V. S. YlIma, su mas amante y apasionado Servidor q. b. s. m.

= Mig!.

Jps. Sanz

=

Es copia conforme á su original á qe. me remito.

disimo de que V. no pagase vna libranza que tiró contando con el dinero de la venta de la fragata como existente. Yo he disculpado á V. haciendo en. tender que puede haber habido alguna equivocación en el supuesto seguro de que no hay malicia, ni falta de parte de vrnd. Mucho me alegraria que V. le escri· biera de modo que quedase satisfecho. Aquí hay la novedad de haberse preso en estos días á algunas personas, que parece proyectaban de acuerdo con Miyares vna rebolución y trastorno del Gobierno. Creo que todo pasará, como pasa todo. Ync1uyo para que V. se divierta esa gaceta sobre la fragata Fernando 7.· ya que el tia Melendez hace in· sertar en las de esa Ciudad los barbaras acuerdos del Gobernador de Veracruz, cuya contestación se está disponiendo, como la del manifiesto del brutal Em· paran. Memorias a Echeverte y á Eguiguren, y V. rI,lande á su verdadero amigo q. b. s. m.

Rubricado.

= MigI.

Jph. Sanz =

Caracas, . Octubre 9. de 1810. Amigo mio: en dias pasados escribi á V. larga. mente sobre mi consabido proyecto, insinuandole la absoluta necesidad de liberar á esos hombres, y avisandole que el Gobierno espera conseguirlo por mi mano. Estoy empeñado en esto, y mi confianza está en Vmd. Es ya sabido de muchos que yo estoy en· cargado de esta diligencia, y los Padres, Madres, Mugeres, hijos, parientes y amigos de esos infelices no cesan de suplicarme por el efecto tan deseado. El Gobierno como escribi a Vmd. no repara en sacrifi· cios, y aguardo la respuesta de V. lo más pronto plr sible. Estos dias han preso aquí á varios atolondrados que locameJ'te proyectaron vna conspiración sangui. naria, y han sido descubiertos. El pueblo está entusiasmado cada vez mas, y ahora con la agregación de Santafé y Merida, es preciso que Coro y Maracaybo se rindan y sometan. Nada sé de mi yerno, y deseo me escriba V. si sabe algo, pues estoy desesperado por que se venga por que todos lo desean. Memorias á Fierro (pero no le descubran nuestro proyecto) á D. Gabino, á D." Francisca, á D.. Maria, á Benito, á Juana, á Candelaria, á Melchora, á Luna, á Vega &c. Suyo

S. Escribame poniendo el sobreescrito por via de Cura· zao pro el Correo de Santomas al Señor Coronel Juan Rober,son, Secretario de la Ysla de Curazao. Haga . que en Santomas hechen la carta en el correo. Es copia conforme á su original á qe. me remito.

Rubricado. Caracas, Octubre 11. de 1810. S. D. Joseph de Aranzamendi. Amigo y Dueño mio: hago esta solo por decir á V. que nuestro amigo D. Fernando Rey está senti·

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Es copia conforme. Rubricado. Caracas, Octubre 10. de 1810. Mi Rodriguez: muchas cartas he escrito á V. di. C!ue se venga sin cuidado ninguno y estoy mcomodlslmo por que la vltima carta que recibi por el conducto de ntro. Obispo es del 28. de Junio, y des. pues no he sabido de su existencia y paradero. En estos días ha habido la novedad de haberse descubierto por vn Europeo la conspiración qqe prlr yectaban algunos locos contra el Gobierno actual en que parece hacia cabeza Linares. Este, y sus he~a­ nos con algunos otros estan presos, y segun dicen la pasarán muy mal. El fin era poner otra Junta dependiente del Gobierno de Cadiz, y llamar á Miya. res. Entre tanto debian gobernar 10 civil dicho Linares, y lo militar vn sargento nombrado Alarcon. Es· taban seduciendo á los esclavos por medio de agen· tes, que también están presos. Parece que Linares queria pagar de esta manera ciento treinta y nuebe mil pesos que debe á la Rl. Hacienda, y 150.000 á particulares. Se pronostica que quedará arruinada esta casa, pues á Sebastian Mier y Teran le piden ahora cuentas de los muchos años que ha administra los caudales de las rentas de ganados para las quadrilIas. Estoy, Rodriguez, desesperado por que V. se venga. Ya escribí á V. que Santafé sigue el sistema de Caracas, y vItimamente Merida. Yo no sé que hará Miya. res y siento la situación de Ramon Correa. . En casa no hay mas novedad que la falta que V. hace en ella. Pariaguan y Capaya necesitan de hombre. Memorias á Ortega: que Peña es vno de los pre· sos: que he escrito á Valencia para que en mi nombre consuelen y sirvan á D.. Geronima: y que Pedrito no tiene novedad. ~iéndole

Suyo

= Sanz = Nuestro Galguera está muy estimado de todos por que se sabe conducir con juicio en esta borrasca. Es copia conforme á su original á qe. me remito. Rubricado.


La doctora Concha Meléndez* Por

ANCEL LUIS MORALES

1. Introducción N0S CONGREGAMOS ESTA NOCHE JUNTO A LA TRIBU-

na cultural del Ateneo Puertorriqueño con el objeto de unirnos al acto de otorgamiento de la Condecoración de la Orden de Andrés Bello a nues· tra distinguida compatriota, la doctora Concha Me· léndez. La condecoración que lleva el nombre del más preclaro maestro que la América española haya dado, se concede a aquellos que han realizado una labor destacada en la educación, la investigación científica o las artes y las letras. La doctora Concha Meléndez, primera mujer en recibirse de doctor en letras de la Universidad Nacional Autónoma de Mé· xico (1932), primera mujer también -según Andrés Henestrosa- en disertar desde la tribuna de la Academia Mexicana de la Lengua (agosto de 1970), es también el primer puertorriqueño que recibe la altísima distinción que por medio de su Honorable Cónsul en San Juan, le otorga el Gobierno de la República Venezolana. Se le otorga en mérito a su obra hispanoamericanista, tanto en la dimensión pedagógica -una vida dedicada al estudio y la ense· ñanza de las letras y los valores culturales hispanoamericanos- como en la dimensión literaria -una valiosa obra compuesta de trece volúmenes publi. cados y cinco en prensa en que cuajan, en madurado fruto, largos años de amoroso estudio y pa· ciente investigación de la literatura y la cultura de nuestra América. Iniciadora de la cátedra de literatura hispanoamericana en el Departamento de

* Palabras leídas en el acto de imposición de la Condecoración de la Orden de Andrés Bello a la Doctora Concha Meléndez, el 4 de marzo de 1971, en el anfiteatro del Ateneo Puertorriqueño, en ceremonia auspiciada por el Consulado de Venezuela en Puerto Rico, el Instituto de Cultura Puer· torriqueña, el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico y el Ateneo Puertorriqueño.

Estudios Hispánicos cuya dirección tuvo a cargo durante varios años, maestra de maestros durante treinta y seis años, profesor eméritus de la Univer· sidad de Puerto Rico en la actualidad, el nombre

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de Concha Meléndez es, para sus centenares de discípulos, de lectores y de admiradores intelectuales, símbolo de una de las manifestaciones más altas de la mujer puertorriqueña: la mujer intelectual, la mujer de letras. Como homenaje tIe simpatía y admiración, como acto de justicia de reconocer honor al mérito; al mismo tiempo que como saludable ejercicio de quien exalta un admirable modelo que imitar, intentemos, aunque sea con pobre y deslucida palabra fijar algunos de los perfiles característicos de la doctora Concha Meléndez.

2. Perfil magistral Nacida en el "claro calle de Caguas", en él transo curren los primeros siete años de su vida, años que más tarde recordará en una hermosa página titulada Infancia, (recogida en el tomo X de sus Obras completas actualmente en prensa): rizos negros y ojos asombrados; juegos infantiles cuya poesía desconoce la infancia de hoy; ofrecimiento de flores mayas a la Virgen María; primeras lecciones escolares; la confirmación recibida de un obispo "rubio, joven y apuesto" que "apenas hablaba español"; invenciones infantiles embarazosas para alguna de sus hermanas; travesuras como la escapada, en compañía de un &miguito de la misma edad, para correr en los caballitos que desde hada días giraban en el atrio de la iglesia; finalmente, el abandono del valle natal para trasladarse a Río Piedras. Aquí, enseñanza elemental en la Escuela Hawthome, donde un día del Arbol, a los once años, recitará Pomarrosas de De Diego; más tarde, enseñanza secundaria en la Escuela Superior de la Universidad, donde ya escribe y recita versos de sabor becqueriano: Canción misteriosa la que entona el bambú a su amiga torndtil la brisa que pasa. ¡Cudntas veces en vano he querido poder descifrarla! Después, los estudios universitarios y la docencia. Para 1921, ella y ese otro gran puertorriqueño que fue don Antonio S. Pedreira, combinan los es. tudios universitarios con la enseñanza en el Departamento Normal. "Cinco clases diarias de estudiantes rurales y una sobrematrícula que nos hada muy fatigosa y difícil la enseñanza." Sueldo: el mí· nimo de un instructor. Digna y decorosa protesta de ambos -en magnífica carta redactada por Pedreira- ante don Felipe Janer, director del Departamento de CasteJlano, quien con humor y sabiduría les aconseja calma. En 1925 les llega la gran ocasión. El nuevo Can-

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ciller, Dr. Thomas A. Benner proyectaba una reorganización universitaria, siendo uno de sus objetivos la creación de un Departamento de Estudios Hispánicos. Como núcleo del futuro departamento deseaba que algunos puertorriqueños con vocación por los estudios literarios y lingüísticos fuesen a estudiar a la Escuela de Filosofía y Lenguas Romances de la Universidad de Columbia, en Nueva York y piensa en los jóvenes ,instructores Concha Meléndez y Antonio S. Pedreira. Como no tienen el tiempo requerido para una licencia sabática, se les ofrece la mitad del sueldo; la Casa de España de Puerto Rico cóntribuye con el pago de sus matrículas para el primer semestre. En tales condiciones marchan a Nueva York donde entregándose por entero a sus estudios, con sacrificio de todo lo dernas, terminan su maestría en 1926. En 1927, ya de vuelta a Puerto Rico, se organiza el Departamento de Estudios Hispánicos con Pe· dreira como su primer director y Concha Meléndez uno de sus primeros profesores. En 1931, ambos deciden terminar los estudios de doctorado, pero esta vez los caminos se bifurcan debido al llamado vocacional: Pedreira marchará a España a ampliar su ya vasta cultura hispánica; Concha Melénd~z se marcha a México a continuar sus estudios hispanoamericanistas. En 1932 regresan con sus títulos de Doctor: Pedreira a continuar con la dirección del Departamento y la enseñanza de la literatura española, Concha Meléndez a fundar la cátedra de literatura hispanoamericana que desempeñó hasta su jubilación, siendo la iniciadora de numerosas generadones ce ,miversitarios en los estudios hispanoamericanistas y guía y orientadora de los ya iniciados mediante sus cursos monográficos, sus se· minarios de investigación y su dirección de tesis. En 1939, con la prematura muerte de Pedreira, la doctora Meléndez le sustituye en la dirección del Departamento, puesto que ocupará hasta 1944. Durante esos años dará un gran impulso a los estudios de literatura hispanoamericana y estimulará a seguir sus pasos un buen número de los profesores que, al jubilarse ella en 1957, hemos intentado continuar su labor si no con la misma excelencia por lo me· nos con tanto amor y dedicación, con tanto rigor y exigencia intelectual, como e]]a desplegó siempre en su enseñanza. Maestra hasta el fin, al jubilarse de la docencia universitaria antes de la edad fijada para ello, no abandonó la enseñanza; sustituyó una modalidad por otra, y de ese modo, los últimos catorce años de su vida ]os ha dedicado a la enseñanza religiosa en el ministerio de la Escuela Unity de Cristianismo Práctico. Hay, por ello, un hilo invisible que une a la jovencita vestida de rojo cardenal para explicar, . en esta misma tribuna, la poesía de Pablo Neruáa, y la dama vestida de gris que en 1956 aceptaba, agra·


A Don Federico de Onís, quien al leer y recomendar este libro al Instituto de las Españas dio a mi vida la más pura alegria y a mi vocación el más fuerte estímulo.

lidad del poeta -el psicólogo, el humorista, el pedagogo, el poeta astrónomo, el místico- poniendrJ de relieve, sobre todo, su amo. al misterio, al amor, a la vida y a la muerte. Original contribución en su momento al estudio de Nervo, este libro inicia una de las dos vertientes principales del ensayo de crítica literaria de nuestra autora, la vertiente que pademos llamar poético-impresionista a diferencia de la po¿tico-científica o estilística representada por trabajos como sus estudios sobre Neruda y Vallejo. formas, a su vez, distintas del estudio puramente científico, erudito, si bien no exento de oasis poéticos, como su Novela indianista en Hispanoamérica, su segunda obra hispanoamericanista. Este libro, publicado en 1934 como una de las Monografías de la Universidad de Puerto Rico, es obra de ciencia de la literatura, obra de erudición paciente en que tras una visión general del tema indianista en los demás géneros literarios, se estudia aquel género de novela romántica que, partiendo de rafees rouseaunianas y chateaubrianescas, idealizaba a un indio sentimental, pretérito y lejano. En prosa académica, que a ratos sufre distracciones poéticas, la autora estudia el desarrollo de este tipo novelístico desde la Netzula (1832) del mexicano José María Lafragua hasta Aves sin nido, de la peruana doña Clorinda Malta de Tumer (1889). Significativamente, este su más erudito libro, es el que menos efecto concita por parte de su autora. Es con todo, una apox:tación importantísima al estudio de las letras hispanoamericanas, y por ello, de cita obligada cuando se estudia la novela romántica o cuando se estudia la narrativa inspirada en el indígena de América. En el mundo de la erudición, este libro cimentó el prestigio ya alcanzado con la publicación de Amado Nervo. Firme en su dedicación a 10 hispanoamericano, dos años más tarde aparece su tercera aportación a este campo: Signos de Iberoamérica, impreso en México, en los talleres de la Imprenta de Manuel León Sánchez, 1936. Su libro más característico -en nuestra opinión- este libro manifiesta ya con toda claridad su visión de Hispanoamérica y traza ya la forma de la mayor parte de sus obras posteriore.s. Como Bolívar, como Martí, como Hostos, como todos nuestros grandes iluminados, la doctora Meléndez ve en Hispanoamérica no una suma de pueblos y naciones sino una unidad espiritual dificul· tada por el desconocimiento mutuo; viajar, en cuerpo o en espíritu, es el antídoto contra el aislamiento separador. Con belleza, precisión y brevedad expone su pensamiento en la primera página del libro, cuyos párrafos iniciales no puedo evitar la tentación de reproducir:

Con amoroso intelecto ya iniciado en el estudio de las religiones orientales y la teosofía, la autora explora los diversos aspectos de la compleja persona-

El engarce trabajado por mutuo conocimiento es, en los pueblos iberoamericanos, bella mitología de unos pocos. ¿Ignora alguien la realidad pura de los mitos? Lejanos signos se entrecruzan

decida, el homenaje que le tributaba la Asociación de Mujere~ graduadas y podía decir estas palabras: y hoy... esta mujer vestida de gris que les habla, es más joven que nunca porque ha al· canzado la comprensión espiritual que hacen de cada hora consciente aventura. Mira ·]a flor, la nube, el afecto que recibe con gratitud gozosa, porque los ve como expresiones del amor de Dios.

3. Perfil literario: dimensión hispanoamericana Paralela a su labor docente universitaria, si bien con más extensa proyección temporal, ha marchado su labor literaria. Ya hemos señalado su vocación por la poesía desde los años de enseñanza secundaria, y no nos extraña, por ello, que su primera publicación fuera un tomito de versos cuyo título callo porque la autora lo ha eliminado del padrón de sus obras. Desviado su interés hacia la prosa, especialmente la prosa ensayística de crítica literaria, el poeta reducido a silencio, ha estado siempre latente todo el tiempo en su producción literaria, como acertadamente 10 ha señalado don Federico de Onís: Antes de salir de Puerto Rico había escrito un libro de poesías. Esta capacidad de creación propia, está en el fondo de su interpretación de la originalidad de Hispanoamérica y su literatura, en sus obras primeras y en las que ha escrito después toda su vida. La vocación hispanoamericana de la doctora Meléndez se manifiesta temprano en su vida: desde los primeros tiempos de instructor-estudiante, en un curso de Español Avanzado que, junto con Pedreira, tomaba con don Felipe Janer. "Se trataba", nos dice ella misma en su conferencia Recordación de Pedreira, "de una especie de "Seminario" donde el profesor nos dejó elegir un tema para presentarlo al final del curso. Pedreira eligió el teatro de Ibsen; yo, la obra de Amado Nervo." Ahí, en esa preferencia por Nervo, se define una vocación a la que siempre será fiel a través de toda su vida: la vocación hispanoamericanista. Eclosión temprana de esa vocación es su primer libro en prosa, Amado Nervo (Nueva York, Instituto de las Españas en los Estados Unidos, 1926) publicado por recomendación de don Federico de Onís, a quien va dedicado con estas palabras:

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desde el Río Bravo hasta la Patagonia. El iberoamericano sensible a esa telegrafía. afianzará su conciencia en el espíritu de latinidad de su estación receptora. Desde el altiplano de La paz a la llanura rasa de Buenos Aires. desde la certidumbre de vasta extensión territorial que señorea Caracas, a la angustia de estrechez espacial de San Juan de Puerto Rico, atra~ará los signos si está alerta. Hemos asimilado las esencias europeas. No cerraremos ya las ventanas que miran al exterior. Mas el afán universalista ha de completarse con la atención a 10 nuestro. Viajar en materialidad -cuerpo, inteligencia, emoción- o viajar imaginariamente -emoción de lejanía a través de la inteligencia- es la me· jor manera de atesorar signos. O cifras, que es igual. (p. 9)

Ensayos, artículos, conferencias, revistas de Ji. bros, constituyen el contenido de Signos de Iberoamérica. Sobresalen, entre esas señales captadas por la antena espiritual de la autora, los siguientes tra· bajos: Jovillos y volantines. Homenaje a José de Diego, primer estudio global de la obra del gran poeta y patriota puertorriqueño; Alfonso Reyes. Flechador de ondas, agudo y hermoso estudio tle las zonas temáticas más importantes del egregio mexicano; Tres novelas de la naturaleza americana, lúcida síntesis tle las esencias artísticas de La vordgine, Don Segundo Sombra y Doña Bdrbara; Revisión de Daría, en que se adelan~, desde 1931, a se· ñalar los valores modernos de Daría, subrayando las geniales anticipaciones del nicaragüense; y Novelas -del novecientos en la América Hispana, con· centrado panorama de la novela hispanoamericana desde 1915 (Barrios, Arévalo Martínez, Azuela, Pra· do) hasta la novela vanguardista de los 30 (Torres Bodet, Anderson Imbert) que constituye una magnífica iniciación para los principiantes en este campo. Inteligencia aguda, intuición penetrante, cálida emoción, imaginación poética que se manifiesta ya en ficciones, ya en símbolos o imágenes, son los rasgos característicos, de estos ensayos. Del mismo año -1936- es su breve monografía Pablo Neruda, Vida y obra - Bibliografía - Antología, publicada en Nueva York por el Instituto de las Españas en los Estados Unidos. Tras un panorama biográfico en que destaca los viajes del poeta y los influjos principales recibidos -Maeterlink, Sao bat Ercasty, Walt Whitman y WiJliam Blake- y las categorías de su angustia, pasa a estudiar las diversas obras de Neruda, viéndolas, poéticamente, como otras tantas naves que el poeta armador arroja a la aventura del mar literario desde 1921 -La canción de la fiesta- hasta 1935 -Residencia en la tierra 1l. En cada uno de esos libros, y con más detenimiento en Residencia en la tierra, estudia los motivos poéticos fundamentales y analiza, a veces mediante poéticas paráfrasis, los poemas más ca· racterísticos. La parte más extensa del ensayo está

dedicada a un minucioso y penetrante estudio del estilo, especialmente de los símbolos, el adjetivo, el verbo y el adverbio. Es el trabajo sobre Neruda más riguroso y penetrante antes de la publicación del genial y extraordinario estudio de Amado Alon· so. Amor y admiración se funden al rigor de la más exigente crítica, y hacen de este ensayo ejemplo insuperable de la vertiente que hemos denomi· nado poético-científica. Un intervalo de siete años separa este libro del próximo. Asomante. Estudios hispanoamericanos (Universidad de Puerto Rico, 1943). La cátedra, y sobre todo, la dirección del Departamento d~ Estu· dios Hispánicos, han de haber sido factores influyentes en esta disminución productiva. Asomante es libro de factura semejante a Signos de lberoamé· rica, dividido en tres secciones: 1. Estudios puertorriqueños; 2. Estudios hispanoamericanos; y 3. Libros a la vista. Sobresalen, a nuestro juicio, Hostos y la naturaleza de América, en la primera sección, y Muerte y resurrección de César Vallejo y "España en el corazón" de Pablo Neruda, en la segunda, pero contiene también interesantes y valiosos estudios sobre Andrés Bello; Pedreira, Laguerre, Ciro Ale· gría. En el ensayo sobre Vallejo aplica los mismos procedimientos utilizados antes en el análisis de la poesía de Neruda, y logra con ellos uno de los mejores estudios que existen sobre el autor de Trilce. La dimensión hispanoamericana -interrumpida por la puertorriqueña en 1946, con la publicación de La inquietud sosegada. Poética de Evaristo Ribera Chevremont- se continúa con" Figuración de Puerto Rico" y otros estudios (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1958) de factura parecida a Signos de Iberoamérica y Asomante, sólo que ahora la sección de Libros a vista ha desaparecido y el volumen queda constituido por veintidós ensayos sobre autores y libros hispanoamericanos y puertorriqueños. Se destacan entre los primeros El arte de Jorge lsaacs en "María", detenido y perspicaz estudio de la técnica narrativa y el estilo en la famosa novela; Fic· ciones de Alfonso Reyes, en que estudia la obra na· rrativa del gran ensayista y sus aproximaciones a la ficción en obras no narrativas; y El crecer en la poesía de José Martí, su contribución al Congreso de Escritores Martianos de La Habana, 1953, en que destaca el proceso mediante el cual, desde Rubén Darío hasta hoy, la belleza y profundidad de la poesía martiana se le ha ido revelando a la crítica. Cierra la producción hispanoamericana publicada hasta hoy el volumen Literatura hispanoameri· cana (Editorial Cordillera, 1967), libro un tanto dis· tinto -aunque no del todo- en que recoge doce lec· ciones que la autora ofreció como conferencias de un cursillo de literatura hispanoamericana de abril a junio de 1939, en el Ateneo Puertorriqueño. Las conferencias, con sugestivos y poéticos títulos, ver-

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san sobre Sor Juana Inés de la Cruz, Sarmiento, Martí, José Asunción Silva, Rubén Daría, Rodó, González Prada, Alfonso Reyes,' Sabat Ercasty, Xa· vier Abril y "los rumbos de la novela de hoyn. Nuevos unos; ampliaciones y rcelaboraciones de trabajos anteriores, otros (los estudios sobre Reyes, Neruda y Abril), estas lecciones-ensayos armonizan poesía y ciencia, imaginación y razón, en una exposición que se dirige tanto a la sensibilidad como a la inteligencia y son magníficos ejemplos de la característica modalidad crítica de la autora. Un caso aparte, único, en esta producción literaria, por lo que lo he dejado para ocasión y lugar aparte, es el de Entrada en el Perú (La Habana, La Verónica, 1941). No se trata en este caso ni de estudio erudito, ni de crítica poético-impresionista o poético-científica, sino llana y simplemente de un libro de viajes. Entrada al Perú es una poética -en todos los sentidos de la palabra- y sentida visión de la tierra, el hombre y algunos aspectos de la cultura peruana que más impresionaron a la viajera. Los ojos de la autora, con aquel mismo deslumbramiento de belleza con que contel!lplaron de niña el paisaje del valle natal, contemplan ahora, llenos de emoción -emoción hermosamente captada por la palabra- la parte del Inca Garcilaso, de don Ricardo Palma, de González Prada, de Santos Chocano, de Eguren y de Vallejo. Una Antología de cuentos hispanoamericanos (México, Editorial Orión, 1953) completa la dimensión hispllnoamericana de la obra literaria de la doctol,a Concha Meléndez que haya visto la luz has· ta lloy. Están actualmente en prensa, como tomos de sus Obras completas editadas por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y por: la Editorial CordiJ!~ra: 1, Palabras para oyentes, en que recoge con· ferencias, presentaciones de escritores y de exposiciones pronunci..~ en diferentes instituciones del país, así como recuerdos de infancia, impresiones y resúmenes de trabajos más extensos; 2, Poetas hispanoamericanos diversos, que contiene trabajos sobre Darío, Neruda, Muñoz Rivera y Luis Palés Matos; 3, Personas y libros y 4, La poesía de Alfonso Reyes.

4. Perfil literario: dimensión puertorriqueña En la visión hispanoamericanista de la doctora Meléndez, Puerto Rico es siempre elemento integrante; Puerto Rico, por otro lado, aparece visto, más que con criterio localista con criterio hispanoamericano. Lo puertorriqueño, es pues, parte integrante, inseparable de lo hispanoamericano y por ello, algún aspecto de nuestras letras se encuentra siempre en todos sus libros a partir de La novela indianista en Hispanoamérica en que se estudia La palma del cacique de don Alejandro Tapia y Rivera. El ya cita-

do ¡ovillos y volantines - Homenaje a José de Diego así como su ensayo El llamado de la montaña. Apuntes sobre la novela de Enrique A. Laguerre, en Signos de lberoamérica,' la sección de Estudios Puertorriqueños de Asomante (Presencia del Yunque y el Asomante; El arte indio ·de Matilde Pérez; Hostos ~ la naturaleza de América; Juan Bosch ante Hostos; Antonio S. Pedreira,' Vida y expresión, y Solar Montoya: Novela de Enrique Laguerre); los ensayos Figuración de Puerto Rico, Nuevo verdor florece,' Homenaje a Lola Rodrígu~z de Tió; Pedreira; Autorretrato en su autocrítica; Pedreira; Discur· so a la juventud; Ana Roqué de Duprey: Bibliografía en cuatro tiempos; Aventuras de Alonso Ramírez; Abelardo Diaz Alfaro y la expresión puertorri. queña; Cuentos de René Marqués; La Resaca y La isla ignorada de Hernández Aquino del libro Figuración de Puerto Rico y otros ensayos; más los innumerables prólogos -generosos espaldarazos a noveles caballeros andantes de las letras-, revistas de libros, etc. no recogidos totalmente aún de las pági. nas de los periódicos y revistas -o simplemente de las cuartillas- en que yacen, son clara prueba del interés especial que dentro de lo hispanoamericano le mereció a la doctora Meléndez su propia tierra. Culminación de ese amoroso interés por las le· tras puertorriqueñas son los estudios dedicados a dos de nuestras más g¡:andes figuras poéticas: a Evaristo Ribera Chevremont y a José de Diego. El primero, La inquietud sosegada. Poética de Evaristo Ribera Chevremont (Universidad de Puerto Rico, 1946) consiste en un examen, del tipo que denominó poético-impresionista, de los motivos poéticos que han cuajado en más hermosos fnltos en la obra poética de Ribera Chevremont. Mediante cortes longitudinales, en vez de estudiar individualmente los libros del poeta, estudia los motivos poéticos, tomándolos separadamente y rastreando su huella a través de todos sus libros publicad<,s, con referencias, a veces, a obras inéditas. En los últimos capítulos, Color y Tonos 'l formas se aparta de la práctica anterior para darnos impresiones de conjunto de los libros cuyos títulos reproducen los de los capítulos. El comentario tiene calidad poética independiente de la poesía comentada, por Jo que nos encontramos con una especie de aquella crítica creadora preconizada por Osear Wilde. Li· bro unitario, cuyo objeto lo constituye la poesía de Ribera Chevremont, el mismo constituye un poético homenaje a la obra de uno de nuestros más puros, conscientes e inquietos creadores. José de Diego en mi memoria, es un libro distinto. Recoge, con motivo del primer centenario de nuestro gran patriota y poeta civil, diez ensayos de la autora -comenzando por Jovillos y volantines ya recogido en Signos de Iberoamérica- escritos de 1935 a 1966 y dedicados a comentar diversas facetas de la obra y la persona de José de Diego. Ligada a 31


de Diego por lazos de admiración y afecto personal, estos ensayos, obra de inteligencia y emoción en armónico consorcio, constituyen un valiosísimo homenaje a la memoria del poeta y una fuente importantísima para su conocimiento. Dos antologías del cuento puertorriqueño -El cuento. Antología de Autores Puertorriquejios, Ediciones del E.L.A. de Puerto Rico: 1957, y El arte del cuento en Puerto Rico, Nueva York, Las Américas Publishing Company, 1961- con valiosas introducciones y notas, completan por ahora esa obra. A ellas se añadirán el tomo en prensa Poetas lzispanoamericanos diversos, ya mencionado, en que aparecerán los siguientes trabajos: Luis MUllo, Rivera, Alegorías de Luis Palés Matos, Presencia J esucristiana en la poesía de Luis Palés Matos, e Introducción a fa Antología poética de Asomante. Lo mismo ocurre en Palabras para oyentes, y supongo que también ocurrirá en Personas y libros. Un volumen de las Obras ·completas en prensa, finalmente, va dedicado ínte· gro a las letras puertorriqueñas: Literatura de ficcid,t en Puerto Rico: cuento y novela. Así queda, hasta hoy, la dimensión puertorri. queña del perfil literario de la doctora Meléndez. Hagamos votos porque Dios le dé todavía muchos años de vida y de salud, para que esa obra continúe.

S. Conclusión Una y otra vez, a lo largo de estas líneas, nos hemos referido al carácter poético de la obra de la doctora Meléndez. Con excepción de La novela in· dianista en Hispanoamérica -a la que, por otra parte, no le faltan sus momentos de poesía-, todo el resto de su obra está escrita en una prosa que revela a un poeta voluntariamente alejado del verso. Emoción, riqueza imaginística,· ritmo, con mayor profusión en sus primeras obras, con restringida contención y discreción en su prosa de hoy, son siempre rasgos característicos suyos. Vemos dos ejemplos. Uno tomado de Signos de Iberoamérica:

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Hace tiempo que José de Diego, con ademán lejano, me pide en las orillas del recuerdo, una interpretación de su obra poética. A ello me compromete la gratitud por el hombre que alzó mi curiosidad de niña al trepar la adolescencia, ofreciéndome el primer deslumbramiento de visiones artfsticas. Estudios obligados en mi profesión; los viajes; conflictos íntimos que ponen barrocos interme· dios en los trasteIones de las apariencias más serenas, retardaron ese momento más allá de mi voluntad. (p. 11)

Otro de La inquietud sosegada: Al acercarnos a una vida, nos confunde el ale· tear de lo vivido en belleza y dolor. Nuestra indagación despierta las aves innumerables de lo que fue. Hay un vuelo sin rumbo en lo alto del recinto cerrado. Entonces se adelantan las siluetas concentradoras de los momentos esenciales, que son a la vez revelación y límite. Tras el guión de siluetas se ordenan y aclaran indicios y celajes. El intérprete se confronta con el peligro de caminar por un mundo frágil en que sólo la intuición aconseja. Un paso torpe puede llevar a desvío irreparable; lo que deseamos encontrar acaso se convierte en ceguera para lo imprevisto. Penetrar en el mundo de un poeta es someterse a todo riesgo. El mayor, perderse y regresar sin haber entrado en el centro del laberinto. Aun en ese extremo el intento tendrá un valor lauda· ble: incitar a otros a .la misma aventura. (p. 9)

Como por otro lado, esa hermosa prosa da expre· sión a contenidos de altos valores intelectuales. eru· ditos, de profundas y agudas intuiciones al mismo tiempo que de vastísimo saber, el valor de la obra de la doctora Meléndez es de los más subidos quilates. Imponente producción, tanto por su amplitud como por su calidad, esta obra constituye uno de los más hermosos monumentos erigidos en nuestra América al amoroso asedio de las esencias más va· liosas y características de las letras de nuestro continente. Bien merece, quien con tanto amor. pacien. cia y dedicación lo fue erigiendo año tras año con "inquietud sosegada", el merecido premio de la Con· decoración de la Orden de Andrés Bello.


Exposición de la obra de Carlos Jrizarry

CARLOS .IRIZARRY NACE EN SANTA ISABEL EN

1938

Y a la edad de ocho años se traslada a la ciu-

dad de Nueva York. Es en dicha ciudad que cursa estudios en la Escuela Superior de Arte y Diseño, pero es mayormente autodidacto. En 1966 regresa a Puerto Rico para fundar y dirigir su propia galería. Galería 63, dedicada al arte de vanguardia. En 1968 asume las funciones de director de arte para el periódico El Mundo. Su contacto con la tecnología de los medios de comunicación hoy se manifiesta en su obra. Su primera exposición tiene lugar en la Galería Caravan de Nueva York, seguido de una sucesión funciones: Galería 63; "La Nueva Plástica N, 1966; Tibor de Nagy Gallery, 1967; La Casa del Arte,

Cuadro alegórico a Pablo Picasso

1968. Es invitado a participar en exposiciones colectivas tales como Exposición del Dibujo Internacional, Mayagüez, 1968; Primera Bienal del Grabado Latinoamericano de San Juan, 1970; Contemporary Graphic Art on Contemporary Law and Justice, exposición circulante de Pratt Institute, 1970; Séptima Bienal del Grabado de Tokio, 1970; Exposición Panamericana del Dibujo y del Grabado, Cali, Colombia, 1970, y Hundred Acres Gallery, 1970. Sus obras se encuentran en colecciones públicas, tales como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Instituto de Cultura Puertorriqueña, y privadas, entre ellas las del Chase Manhattan Bank.


Biatra

Cartel de la eXptJ.sici贸n


El pintor junto a una de sus obras


La Sociedad Recolectora de documentos históricos: su colección doclunental Por ISABEL GUnéRREZ

S

E ENCUENTRA HOY EN EL ARC H ¡VO GENERAL DE

Puerto Rico, en San Juan, parte de la colección documental perteneciente a la Sociedad Recolectora de documentos históricos de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, organización constituida en Madrid, el 20 de marzo de 1851 por varios jóvenes estudiantes puertorriqueños que cursaban allí sus estudios profesionales.! Son dos los tomos rescatados --(':1 primero y el tercero- de los cuatro, que según noticia de Alejandro Tapia, formaron la colección originaV Faltan, pues, el segundo y el cuarto. Este acopio documental pasó a formar d contenido de nuestra primera colección de fuentes, la Biblioteca Histórica de Puerto Rico, pubJi. cada en San Juan, en 1854,3 por uno de los socios de la mencionada Sociedad Recolectora, Alejandro Ta· pia y Rivera. Completa este hallazgo otro tomo de manuscritos propiedad, no de la Sociedad Recolec· tora, sino de Román Baldorioty de Castro, con algunos otros papeles y pliegos sueltos, encontrándose entre éstos, el índice -creemos que incompleto- de los tomos tercero y cuarto de la colección de dicha Sociedad. 1. Archivo General de Puerto Rico, San Juan, P. R. Pa· peles de la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos. lomo rotulado: Documentos Históricos 1 Puerto Rico 11851. 6 + 155 folios útiles. f. 4 sin numerar. En lo sucesivo se citarán Jos tomos. de esta colección del modo siguiente: D. H. S. R. 2. Alejandro Tapia, Mis Memorias, San luan. P. R., Edi· torial Coquf, 1966, p. ]53. 3. La segunda edición de la Biblioteca Histórica de Puerto Rico la hizo el Instituto de literatura (San Juan, 1945) con prólogo de los doctores Juan A. y Salvador Perea. La tercera edición fue iniciativa del Instituto de Cultura Puertorri~ueña (San Juan, 1970). Sobre la significación de la Biblroteca Histórica hicimos un estudio 'lue publicó la Revista Asomante (San Juan. P. R., Oct.·Dic. 1954) Núm. 4, pp. 5-21 Y que ampliado y rectificado sin'e ahora de prólogo a la cuarta edición 9ue ha preparado el Instituto de Cultura Puertorriqueña. (Todas las referencias a la Bi· blioteca Histórica en este trabajo son a las ediciones tercera y cuarta del Instituto).

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DEL

ARRoyo

Estos tres tomos pasaron al Instituto de Cultura Puertorriq'.1eña en la parte que adquirió rlcl fondo de la Colección Junghanns; el resto de l..~lcho fondo quedó en poder de la Universidad de Puerto Rico. Desafortunadamente, no se encuentra entre estos papeles el reglamento original de la Sociedad Recolectora, ni la versión enmendada del mismo hecha en 1853. El Dr. C. Coll y Toste compulsó amhos textos en 1922 y prometió su publicación, lo que nunca llegó a realizar.4 Los tomos rescatados nos permiten conocer mejor, aunque todavía de modo incompleto, la labor de la Sociedad Recolectora. Don José Julián Acosta consigna N para que sirva de emulación", los nombres de los jóvenes que integraron la Sociedad Recolectora.! Menciona a Román Baldorioty de Castro, Segundo Ruiz Belvis. Lino Dámaso Saldaña, Alejandro Tapia, Calixto Romero, Ramón E. Betances, José C. Cintrón, José Vargas, Genaro Aranzamendi, Juan Viñals y Federico González. Falta en esta nómina el nombre del propio José Julián Acosta.6 El primer tomo de esta colección mide 336 mm. de largo por 212 de ancho y consta de 233 folios útiles y 7 sin foliar. Está encuadernado en cartón con cubierta de piel, bruñida y repujada, de color verde oscuro y con viñetas y orIa doradas. Lleva el 4. C. Coll y Toste, .Puertorriqueños Ilustres. R. Baldorioty de Castro" en el Boletín Histórico de Puerto Rico (B. H. P. R.) San Juan, P. R., 1914-1927. 13 vals., IX, p. 3. S. Iñigo Abbad y Lasierra. Historia Geogrdfica. Civil y Natural de la Isla de San Juan Bta. de Puerto Rico. anotada en la parte histórica, continuada en la estadfstica y económica por J. J. Acosta y Calbo, San Juan, P. R., Imp. Acos· ta, 1866, p. V, nota 1. 6. Lot:. cit. En la hoja 4 sin foliar del tercer tomo de los D. H. S. R. hay un apunte fechado en Madrid a 20 de julio de 1851 donde se da la nómina de los miembros de la Sociedad Recolectora y falUln en ella los nombres de Ramón E. Betances y Lino D. Salaaña. Posiblemente para la fecha del apunte todavfa no hablan ingresado como socios.


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Portada del primer tomo

siguiente rótulo en letras doradas: "Documentos / Históricos I Puerto Rico I 1 I 1851 n. La portada interior dice: "Colección I de I Documentos Históricos I relativos a I la Isla de S. J. B. de Puerto Rico I Tomo La I Madrid, Julio de 1851 I S. R." Estas últimas iniciales son las de la Sociedad Recolectora. Contiene este tomo su índice general. Se conserva en muy buen estado, completos sus folios y perfectamente legibles; el papel es de muy buena calidad. El tomo catalogado por Ba1dorioty como el tercero es de dimensiones menores; mide 323 mm. de ancho por 170 de largo y contiene 155 hojas úmes, más seis sin foliar. Está encuadernado en cartón con cubierta de piel, bruñida y repujada, de color negr:o y omada con viñetas doradas. Está rotulado del modo siguiente: "Documentos / Históricos I Puerto Rico /1851". La portada interior dice: "Colección de Documentos Históricos I relativos a I la Isla de S. 1. B. de Puerto Rico I Madrid, Julio de 1851 / S. R.". Como antes indicamos, son éstas las iniciales de la Sociedad Recolectora. El tomo propiedad de Baldorioty mide 213 mm. de ancho por 319 de largo. SIl encuadernación es pobre comparada con la de los tornos de la Sacie-

dad: está hecha en cartón con cubierta de papel verde oscuro, menos el lomo que lo tiene de piel negr.. y su rótulo en letras doradas dice: "Puerto Ric,., I Papeles Varier [sic]": las iniciales de Baldorioty, R. B. C., se leen en letras muy pequeñas al extremo inferior del lomo. Tiene este volumen muchas hojas en blanco y otras muchas mutiladas: conserva ahora 126 folios. A juzgar por la porción restante, las hojas mutiladas son unas diecisiete, más nueve o diez t.rrancadas. De las mutiladas, algunas, sin duda, estaban escritas pues se advierten rasgos en la porción restante del folio: de las otras, nada se puede saber pues fueron cortadas muy a raíz. Comprende este volumen (fs. 108 a 112) copia de un informe que Baldorioty de Castro rindió a la Sociedad Recolectora el 30 de julio de 1851: en él inserta el índice general correspondiente a los tres primeros tomos de documentos reunidos bajo su dirección y que en ese momento entrega a la SociedlJd. Parte de este informe está escrito en papel muy delgado ya bastante roto y por tanto ilegible en algunas partes. Sobre el cuarto tomo, además de la noticia de Tapia, contarnos, como antes advertimos, con parte de su Indice.7 El hallazgo de estos papeles corrobora el juicio que expresara en 1866 don José 1ulián Acosta en el sentido de que había sido su amigo Baldorioty el que mayor parte había tenido en la concepción del pensamiento de la Sociedad Recolectora y el que mayores servicios prestó a su ejecución.· Conviene subrayar que cuando la Sociedad Recolectora se constituye en Madrid el 20 de marzo de 1851, Baldorioty llevaba ya dos años copiando documentos relativos a Puerto Rico que le facilitaba el erudito venezolano, cubano por adopción, don Domingo del Monte.~ Recuérdese que Baldorioty de Castro y José Julián Acosta habían llegado a Madrid para hacer sus licenciaturas en ciencias físico-matemáticas el 24 de agosto de 1846, permaneciendo ambos en dicha metrópoli hasta principios de 1852 en que se trasladan a París.'o En el tomo propiedad de Baldorioty hay documentos copiados por él en Madrid en 1849. Su noticia sobre el manuscrito de la Historia.de Puerto Rico de Fr. Iñigo Abbad (fol. 63) y su apreciación de la misma está fechada en Madrid, el 23 de abril de 1849, suscribiéndola con sus inicia7. Supra, p. 1. Este cIndice- aparece en unos papel~ sueltos, Jt!uy delgados, deteriorados y por tanto no fácil· mente legibles. 8. Abbad. op. cit., p. V, nota l. Tapia afirma que la So. ciedad Recolectora... se fonnó a iniciativa de Baldorioty. Tapia, Mis Memorias, p. 153. 9. J. J. Acosta da expresivo testimonio de aprecio :r 1!dmiración por don Domingo del Monte. Cf. A. Acosta Quil!" tero, José Julidn Acosta :JI su tiempo, San Juan, P. R., Insti. tuto de Cultura Puertorriqueña, 1965, p. 71. la. Cf. L. Cruz Monclova, Romdn Baldorlo!)! de Castro, San Juan, P. R., Instituto de Cultura Puertornqueiia, 1966, pp. 8-11.

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Baldorioty su encomienda), solicitando permiso les y su rúbrica. Generalmente, las copias de don para copiar algunos documentos relativos a Puerto Domingo del Monte datan de 1848, noticia que BalRico en el archivo de dicha Academia. Esta comidorioty siempre consigna, añadiendo luego la fecha sionó a su bibliotecario, el erudito don Pedro Saioz de su propio traslado. Por ejemplo, en el folio suelto en que Baldorioty copia la portada de ]a de Baranda, para obtener de Tapia un informe más preciso sobre los documentos que interesaba copiar. obra de don Gabri~l de Villalobos, Grandezas de Hasta ahí la noticia. de Mons. Murga,u De que Tapia Indias, reproduce primero la nota relativa a la tuvo éxito en su gestión 14 da fe la mayor porción de copia autorizada, propiedad del Lcdo. Del Monte, hecha en Madrid a 7 de noviembre de 1848, seguida los extractos de la Colección Muñoz que pudo él incorporar a la Biblioteca Histórica de Puerto Rico por la referente a su propia copia datada en dicha sobre lo ya obtenido por Baldorioty.15 Al suceder ciudad el 1.0 de O'ctubre de 1850. A esta última fecha Tapia a Baldorioty en el encargo de la Sociedad, corresponde también la copia que hace Baldorioty de los extractos del tomo 75 de la Colección de sólo se habían copiado ]os extractos del tomo 75 Juan Bta. Muñoz, también cedidos por Del Monte.l\ de la Colección Muñoz que había facilitado don Domingo del Monte a Baldorioty, como anterior· El 30 de julio de 1851 Román Baldorioty le rinde mente explicamos 16 y los cuales comprenden todo a la Sociedad Recolectora el ya mencionado inforel contenido del tomo tercero de los tres entregados me sobre el resultado de sus investigaciones durante los cuatro meses transcurridos desde el 20 de , por Baldorioty a la Sociedad el 21 de julio de 1851. marzo en que la Sociedad le había hecho la "honDon Domingo del Monte sólo copiaba los documenrosa comisión" de buscar y seleccionar documentos tos referentes a Cuba pero "por un exceso de curiasidad" según el decir de Baldorioty, copió también relativos a ]a historia de Puerto Rico. Junto con el muchos referentes a Puerto Rico. informe, como ya advertimos, entrega tres tomos de Baldorioty a'precia cabalmente la importancia del documentos y un índice general de los mismos. acopio documental comprendido en la Colección Del primero y tercero ya conocemos algunos pormenores.u Del segundo, hoy sin localizar, nos dice Muñoz. El tomo tercero que ha entregado a la Saque contenía 281 folios útiles; por el índice general ciedad -dice- puede servir de muestra para que nos enteramos de su contenido del cual nos ocupalos señores socios puedan juzgar del colosal tra· remos más adelante. bajo" de Juan Bta. Muñoz, 10 que subraya con las Explica Baldorioty los obstáculos que le impisiguientes palabras: " ...me atrevo a decir que en dieron realizar a plenitud la encomienda de la su colección está la historia más rígidamente ver· Sociedad. En primer lugar, el más grave, el no dadera y más completa que se ha escrito de toda haber alcanzado autorización para entrar a la Bila América parcial y generalmente hablando... "; en blioteca de la Academia de la Historia en Madrid; ella, sigue diciendo, " ...encontraría el afortunado .....en los tiempos que alcanzamos -nos dice- es puertorriqueño que logre entrada en la referida esto poco menos que imposible". Razona contra Biblioteca, la historia de su país escrita por sus proesta determinación lo siguiente: .....Legítima herenpias autoridades en buen orden cronológico y que cia de la generación actual son las verdades que casi no espera más que una mano hábil que, antes hallaron y los errores en que incurrieron las genede trasladarla a la estampa, la depure y exorne". raciones pasadas como lo serán de las venideras las Estas reflexiones que nos pudieran impresionar verdades y errores que la presente va a legarles..... como exageradas se reducen a su justa proporción Sin embargo, como la ley ha dado todo el poder cuando más adelan.te el propio Baldorioty reconoce sobre esta herencia a los académicos, la mayoría de que para rehacer la historia de Puerto Rico es im· ellos " ...se cree con derecho exclusivo a poseer lo perativo realizar investigaciones en el Archivo de que a todos nos pertenece". Confía Boldorioty en Indias, en Sevilla.n Insta a los señores de. la Socieque al fin prive un criterio más liberal. Aconseja a los socios a .....tener la vista fija en esta Biblioteca 13. ef. V. Murga, Puerto Rico en los manuscritos de don Juan BtD. Muño1., Río Piedras, P. R., 1960, p. XII. y acechar y aún perseguir la ocasión más fugitiva 14. Tapia expresó su gratitud a don Pedro Sáinz de que pueda presentárseles para entrar en ella". Baranda y a don Domingo del Monte en el Prólogo a la primera edición de la Biblioteca Histórica (p. 4). Y enterado Alejandro Tapia, sucesor de Baldorioty en el carde la muerte de ambos, tan apreciados amigos, añade una go, no desoyó los consejos de su ilustre predecesor nota a modo de colofón en dicha primera edición con frases reiterantes de su gratitud (p. 730). Véase también y parece que con éxito. Mons. Vicente Murga en· Mis Memorias, p. 153. . contró en las actas de ]a Academia de la Historia, 15. In/ra, p. 13. 16. Supra, pp. 4-5. , un memorial de Alejandro Tapia de 19 de septiem17. En otra parte de su informe dice Baldorioty: ....Lo bre de 1851 (dos meses después de haber cumplido que no debo omitir es que (fuera de la utilidad que preIt

11. En el tomo de manuscritos de Baldorioty dichos extractos van del folio 3 al 34, numeración nuestra. 12. Supra, pp. 1·2.

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sentan los archivos y bibliotecas públicas y privadas) lo más indispensable, lo esencial de nuestro asunto no quedará colmado hasta que no logremos penetrar en la Biblioteca de la Academia de la Historia y en el Archivo de Indias que está en Sevilla.•


rían cierta actividad y alguna reserva... ". José Julián dad " ... quienes piensan sobrado gravemente sobre estos asuntos... " a sacrificar sus vacaciones veraAcosta confiesa haber copiado los cuadros estadísticos excluidos de la primera edición de la Histoniegas por provincias y a pasar en su lugar a Sevilla, donde además de hallar .. muchos documentos im· ria... de Puerto Rico de Fr. Iñigo Abbad y el facsí· portantes" se esclarecería " ...cuanto concierne al mile de la firma de éste.19 Estas copias aparecen en siglo XVI en cuyos principios demora la parte más el tomo particular de Baldorioty; no podríamos de· dramática de nuestra pobre historia". Indudab]ecir con certeza si dichas copias estadísticas son mente, ]a nítida conciencia histórica de Baldorioty obra de Ba]dorioty o de Acosta.20 capta cabalmente el sentido de la historia como Baldorioty agradece particularmente la colaboproceso. ración de don José M.a Cortón quien ha copiado El informe de Baldorioty nos deja ver el modo gratuitamente dos largos documentos; sugiere a )a de funcionar ]a Sociedad Recolectora. Era respon· Sociedad que dé testimonio de su gratitud declasabilidad de aquél localizar los documentos relativos rándolo socio. Aconseja también Baldorioty que se a la historia de Puerto Rico y determinar si debían cultive de un modo eficaz ]a amistad de don Doo no ser copiados. Una de las dificultades a este mingo del Monte, "distinguido literato" y "benepropósito nacía, nos dice, de la falta de importancia mérito americano, amigo decidido de ]a juventud de ]a Is]a, por lo cual no daba su nombre a ningún estudiosa. a la que tanto alienta con su ameno trato Códice por más que. hubiese en algunos de ellos como con sus libros y con su ejemplo"; a su "ilusmuchos documentos referentes a Puerto Rico. " ...Es tre generosidad" debe ]a Sociedad valiosos docupreciso caminar en virtud de probabilidades mumentos. También debe cultivar la amistad del "sa_ chas veces ilusorias... " Por ]0 dicho. parece que no bio orientalista" y "concienzudo literato" don Pascontaba con guías ni índices de clase alguna. Sin cual Gayangos a quien le agradece la copia de la embargo, ha tenido " ...con frecuencia buena forMemoria de Alejandro O'Reilly. Gayangos, dice Bal· tuna" cuando ha revisado aquellos códices que Ile· dorioty, " ...es uno de los hombres que más saben van nombres generales que pueden comprender a sobre libros así impresos como manuscritos.....; toda la América; además, siempre ha hallado algo además, está en relación directa o indirecta con en los que llevan el nombre de Santo Domingo o todos los libreros de España y posiblemente del La Españo]a. A veces ha dado con papeles relativos extranjero. Para aquella fecha Gayangos estaba fora Puerto Rico en códices cuya denominación parecía mando una biblioteca americana que, a juicio de excluirlos completamente. Baldorioty, sería "envidiab]e"; por lo cual cree muy Creemos que en términos generales no son los importante merecer su buena voluntad, sobre todo miembros de la Sociedad quienes copian los docu· cuando ya ha demostrado "no ser avaro" en aquellas mentas, salvo por supuesto, la notable excepción cosas referentes a Puerto Rico.tl de Baldorioty. Sus apuntes están firmados y rubriFinalmente, ¿cuál es el criterio que guía a Balcados y su letra es fácilmente identificable en buedorioty en ]a selección de los documentos? Conocena parte de las copias documentales del tomo de su mos de antemano que hubo factores externos limi· propiedad. La Sociedad se vale de los ser:vicios de tadores de su búsqueda. Pero a pesar de las circunsamanuenses a quienes paga a razón de dos reales tancias restrictivas priva en la selección de Baldopor pliego. Aparte de otras explicables razones, la rioty un amplio concepto de la historia. Esto es impericia paleográfica imposibilitaría a los socios obvio tanto en los. documentos escogidos en los ]a lectura de los documentos del siglo XVI; no pre· códices de la Biblioteca Nacional de Madrid como sentaban dificultad de lectura los extractos de en los extractos que selecciona de ]a "Colección Juan Bta. Muñoz y las copias cedidas por Del Mon· Muñoz" que ]e cede Domingo del Monte y que Balte. En el primer tomo hallamos varios apuntes sobre dorioty copia en octubre de 1850 en su propio libro; pagos hechos a los escribientes: por ]a copia de la estos extractos constituyen el contenido íntegro del carta que e] obispo López de Haro escribe a Juan tercer tomo de ]a Sociedad según ya hemos adverDíaz de la Calle en 1644, se pagaron nueve reales y tido.u Se podría alegar, no sin razón, que quien la copia de ]a Descripción de la Isla y ciudad de hizo la primera selección fue Del Monte, pero bien Puerto Rico (1647) del canónigo Diego de Torres Vargas costó cincuenta y ocho reales. la El costo 19. Abbad, op. cit. (e~. 1866), p. IV. Los cuadros ~ta. total de este primer tomo ascendió a 218 reales. dísticos que aparecen copiados en el tomo de manuscntos de Baldorioty son los que se insertan en los capítulos XXVI Aunque no parece haber sido responsabilidad de y XXVII de la Historia de Abbad. los socios el copiar documentos, algunos de ellos 20. Los apuntes en que Baldorioty comenta la Historla... de Abbad los suscribe con sus iniciales y rúbrica; no así los ofrecieron su colaboración sin gravar los fondos de cuadros estadísticos. la Sociedad. Baldorioty ]0 agradece pues dieron 21. En cuanto al carácter de Gayangos. Baldorioty e~ite este servicio precisamente " ...en copias que requeun juicio cauteloso: « .. .lo creo muy liberal en matenas lite18. D. H. S. R., T. 1, fs. 1. 164, 175.

rarias». Aclara que no ha tenido con intimidad». n. Supra, p. 6.

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pudo Baldorioty aplicar un criterio restrictivo a ia selección de aquél; por el contrario, incorpora además de lo propio y exclusivo de nuestra Isla, aquellos temas generales de interés para toda el área antillana en los comienzos de la colonización. El propio Baldorioty 10 justifica del modo siguiente: " ...hay otros [papeles] que no pertenecen exclusivamente a Pt,terto Rico, pero éstos o le comprenden juntamente con las demás provincias de América, o esclarecen algunos puntos de notable interés como la esclavitud... n. Así orientado, incluye en su selección una importante colección de documentos rela· tivos a la visita de los Jerónimos (pp. 236 a 264), otros textos procedentes de La Española sobre violación de las Leyes de Burgos, maltrato de los indios, males político-administrativos... (pp. 232· 236); licencias a mercaderes· extranjeros para esta· blecer factores en Indias (1573) (p. 305); licencias para la introducción de esclavos (1513) (p. 176). Fuera de los extractos de Muñoz provistos por Del Monte, se advierte este mismo amplio criterio en la selección de los documentos que copia en su integridad (pp. 451-469) Y que abarcan los siguientes asuntos: el relativo a la construcción de casas de piedra en Indias (1538); la prohibición de ejecutar por deudas a esclavos, herramientas, etc. que se usen en las minas (1540); las ordenanzas para la administración de la Real Hacienda (1554); la orden para que antes de ser comunicadas al Rey, se dé noticia a los virreyes y a las audiencias sobre las injusticias, los agravios y cosas que deben ser cambiadas en Indias (1558); sobre la presencia de herejes en Indias (1559); la revocación de taSas de esclavo~ negros (1561); la orden para que se recojan los libros relativos a las cosas de Indias que se hubiesen impreso sin licencia de S. M. (1560). Fueron también hallazgo y selección de Baldorioty los siguientes documentos que aparecen en la Biblioteca Histórica,' de los relativos al asedio de Drake, la carta de don Bemardino de Delgadillo (p. 494) y el discurso del Marqués de Sta. Cruz (p. 473 ss). Del Diario copió Baldorioty unos apuntes provistos por Del Monte, pero al lograr Tapia entra· da en la Biblioteca de la Academia de la' Historia, obtuvo el documento completo que ya insertó en la Biblioteca Histórica. Todas las piezas documentales . del siglo XVII a excepción del diario del cerco holandés, fueron también copiados por orden de Baldorioty; conocía de la existencia de dicho "Diario n y poseía la papeleta del mismo, pero como se conservaba en la Academia de la Historia no tuvo acceso a él. Obsérvese que de dicha centuria decimoséptima se incluyen fuentes de tanto valor como la carta a Juan Díaz de la Calle del Obispo López de Haro, 1644 (pp. 527·536) y la "Descripción de la Isla y ciudad de Puerto Rico" (1647) del canónigo

Diego .de Torres Vargas (pp. 537-595)23 Y los capítulos referentes a nuestra Isla de la Historia del Nuevo Mundo de Juan de Laet publicada en 1640.2~ Se· gundo Ruiz Belvis, miembro de la Sociedad Recolectora, hizo la versión española del original francés (p. 143). Baldorioty también aportó algunos interesantes documentos del siglo XVIII, como las dos reales cé· dulas de 1750 y 1789 prohibiendo la restitución de esclavos fugitivos procedentes del extranjero (pp. 604, 665), la de 1789 relativa a la coartación de es· clavos (pp. 662-664) y finalmente, la importante Memoria de Alejandro O'ReilIy de 1765 (pp. 624-661). Alejandro Tapia no se limitó a la mera empresa editorial de la Biblioteca Histórica,' enriqueció también de manera significativa el legado de Baldorioty. Incorporó los textos de los primitivos cronistas de Indias, Gonzalo Femández de Oviedo y Antonio d~ Herrera, relativos al descubrimiento, conquista y colonización de Puerto Rico.2S Incorporó asimismo el tema etnográfico, seleccionando particularmente varios capítulos de los libros quinto y sexto de la. obra de Oviedo que se ocupan prolijamente de dicho asunto.26 Aumentó en proporción notable !a parte comprensiva de los extractos provenientes de la Colección de Juan Bta. Muñoz legados por Baldorioty, al lograr acceso a la biblioteca de la Academia de la Historia.27 De los extractos que Tapia agrupa bajo el epígrafe "Varias Cédulas y Cartas del Rey, 1509-1543" (pp. 271-315) todos, con la ex23. Los otros documentos del siglo XVII seleccionados por Baldorioty son los siguientes: Cédula dando facultad (1636) al gobernador de Puerto Rico a nombrar sustituto en caso de ausencia o muerte (p. 519); titulo de contador (1638) para que tome las cuentas a los oficiales de Real Hacienda a favor de don Pedro Beltrán de Sta. Cruz (p. 520); oficios de la Isla de Puerto Rico, 1644 (p. 526). 24. La copia de estos capitulos se encuentra en D. H. S. R., 1, fs. 151-165v,y se hIZO de la obra de Lact con· servada en la Biblioteca Nacional. signatura Aa48. La por· tada interior de la obra se reproduce al folio 151 y es como sigue: L'Histoire du Nouveau Monde ou Descnption des Yndes Occidentales, contenant dix huit lilires par le Sieur Jean de Laet, d'Anvers¡ enrichi de nouvelles tables geographiques et fIgures des animaw:, plantes et truit. A. Leide, Chez Bonaventure et Abraham EIseuviers, ymprimeurs . ordinaires de l'Université, 1640. Se pagó al amanuense que hizo la copia 14 reales. 25. Hasta donde nos lo permiten los datos conocidos, creemos que la incorporación de los textos de los primitivos cronistas de Indias fue iniciativa de Tapia. Podemos suponer que los otros socios compartian su criterio pero no tenemos ninguna información al efecto. Baldorioty nada dice en su «Informe.. salvo su interés en incluir los capltulos relativos a Puerto Rico de la Historia de las Indias de Bartolomé de Las Casas. (Véase Infra, p. 15 Y nota 33). Además de Herrera y Oviedo, pretendió Tapia incluir algunos cantos de la cElegia a Juan Ponce de León.. de Juan de Castellanos pero la censura lo impidió. (Véase ¡nfra, pp. 15-16 Y notas 35 y 36). Sobre el criterio utilizado en las selecciones de Herrera y Oviedo y método empleado en el traslado, véase mi estudio ya citado cLa Biblioteca Histórica de Puerto Rico (En el centenario de su publicación, 1854-1954).. en Asomante, (San Juan, P. R., oct..<flC. de 1954). núm. 4, pp. 10-14. 26. Tapia sentia particular atracción por el tema indigena y se lamenta de las escasas noticias que de ellos nos lelSan los cronistas. Véase su nota preliminar a la Biblioteca Hzstórica. 27. Recuérdese que Baldorioty dependió de lo cedido por Del Monte quien interesaba principalmente lo relativo a Cuba. Supra, pp. 6-7.

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cepción de un decena, son aportación suya 2J e igual. mente fue suya la sección titulada "Varias cartas . dirigidas al Soberano de 1515 a 1555" (pp. 319-408) menos cerca de una veintena de extractos.2!l Completa Tapia las noticias referentes a las remesas de oro, además de agruparlas y ordenarlas cronológicamente.lO Merecen especial men~ión algunos de los ex-' tractos incluidos por Tapia, como, por ejemplo, el de la concesión de vecindades (pp. 164-165); el titu· lado "Varios cargos contra Conchillos" (pp. 180.188); el relativo al traslado de la capital de Puerto Rico a la isleta (pp. 192-195); el de las Leyes de Burgos de 27 de diciembre de 1512 (pp. 244-249)31 Y la subsiguiente Declaración de Valladolid de 28 de julio de 28. Del cotejo que hemos becho j)odemos afirmar ~ue de esta sección fueron aportación de Baldorioty los siguientes extractos: p. 271, el 1.°; p. 274, el 2.": p. 278, el 2.°; p. 291, el 4.°; p. 298, el 2."; p. 305, el 3"; p. 3fJ1, el 1.- y el 2.°; p. 314, el 2"; p. 315, el 2... (Las referenCIas de páginas son siempre a las ediciones tercera y cuarta). 29. Son aportación de Baldorioty los siguientes extractos: los incluidos en las págs. 319 a 325 con la excepción del último de la pág. 322 Y el último de la pág. 325: tambi61 fueron aportación suya el último de la p. 378, de la p. 388 Y el segundo de la pág. 389 Y de la p. 391. JO. Las partidas remitidas de 1509 a 1516, ambas inclu· sive, fueron copiadas por orden de Baldorioty; el resto hasta 1536 fue obra de Tapia. 3!. El extracto de Muiloz está fechado el 23 de enero de 1513 porque no utilizó el texto original de dichas leyes expedido en Burgos, el 27 de diciembre de 1512 sino el traslado que en aquella fecha se hizo para las islas de San Juan y de La Española. cr. Brau, lA cotonitaci6n de Puerto Rico, San JuanbP. R., 1966 (3.'" edición anotada), p. 226, notas 137 y 138. a idea de la importancia que tiene la inclusión de este extracto en la Biblioteca Historica el hecho de que el texto completo de las Leyes de Burgos no se publicó hasta la cuarta dl!cada de este siglo: en 1932. en inglés con algunas imperfecciones, y en 1938, el texto original con notas de don Rafael Altamira. ef. R. Altamira...El texto de las Leyes de Burgos de 1512. en la Revista de Historia de América (México, D. F., Dic. de 1938), núm. 4, pp. 5-79.

1513 (pp. 229-232), textos ambos de capital importancia en la historia de la legislación indiana referente al estatuto personal del indio. Son también resultado de la diligencia de Tapia en la Academia de la Historia, la sección de muy interesantes documentos copiados íntegramente, correspondientes todos al siglo XVI (pp. 411-428). Entre ellos 'vale destacar el texto de una concesión de encomienda (pp. 411-412) Y el de la declaración del Lcdo. Figueroa haciendo la distinción entre los indios caribes y los guatiaos (pp. 415-20). Fue asimismo iniciativa de Tapia, la inclusión de los diarios de los dos asedios ingleses, el de Drake (1595) (pp. 477-494) Y el de Harvey y Abercrombey (1797) (pp. 669-718) Y el holandés de 1625 (pp. 499-S19).lZ A su regreso a Puerto Rico, Tapia prosiguió aquí la búsqueda de documentos y a esta última pesqui· sa se debe el que enriqueciera la Biblioteca Históri· ca con los siguientes documentos: el ya citado sobre el asedio inglés de 1797, los referentes a la erección de la Catedral de San Juan Bta. de Puerto Rico en 1512 (pp. 428-447), los de la defensa de Arecibo por el Capitán Antonio de los Reyes Cortea, facilitado por sus descendientes (pp. 599-604) Y últimamente, la "Memoria" rendida en 1759 por el gobernador Bravo de Rivero (pp. 606-623). Indudablemente, el acopio de documentos hecho por Tapia da fe de la amplitud de su mirada his· tórica. Ahora bien, la selección de los documentos hecha por Baldorioty fue mucho más abarcadora de !o que revela la edición de la Biblioteca Histórica de Puerto Rico (1854). ¡apia excluyó algunos de los 32. Supra, p. 12.

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. .' Documentos relativos a la Historia de América

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textos recogidos por Baldorioty. Dicha exclusión obedeció a diversas razones. Excluyó, por ejemplo, los capítulos referentes a Puerto Rico de la Historia de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas.33 Tapia excusa esta omisión "en razón a no haber a mano la dicha obra"; sus originales, dice, permanecían inéditos en la Real Academia de la Historia de Madrid, guardándose además una copia en la Biblioteca Nacional de dicha metrópoli (p. 153). Del ma· nuscrito de este último repositorio precisamente había obtenido Baldorioty la copia de los capítulos mencionados. Tapia oculta la ve"rdadera razón de la exclusión. Optó por ella antes de poner en peligro la publicación, conociendo de sobra el excesivo rigor con que se aplicaba la censura en nuestra Isla.34 Fue sabia su previsión. Tapia tuvo dificultades con los cantos de la "Elegía a Juan Ponce de León" de la obra Elegías de los varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos. Al igual que con el texto de Las Casas, improvisa también ahora una supuesta razón justificadora: que su reciente publicación la hacía innecesaria (p. 153). La realidad fue otra. El censor exigía la supresión de una octava a todas luces inocua.35 Tapia trató de convencerlo de su error pero sin éxito y al reiterar aquél su exigencia, Tapia le contestó que" ...no publicaba el poema por bello sino como documento histórico", añadiendo con recto rigor metódico .. que si suprimiese alguna octava tendría que hacerlo sustituyendo puntos suspensivos y poniendo nota al pie".36 En conclusión, se suprimió el fragmento de Castellanos. Si así se procedía con este poeta cronista, ¿qué no hubiese sucedido con los capítulos de Las Casas? En éstos no faltaban sus invectivas contra la conquista, sus apasionados alegatos en favor de los indios, ilustrados, además, con' el catálogo de las crueldades cometidas por los españoles. Resulta interesante recordar a este respecto que la Academia de la Historia en Madrid intentó varias veces en el siglo XIX publicar la Historia de las Indias de Las Casas y otras tantas hubo de desistir de su propósito J7 y cuando al fin se hizo la primera edición de dicha obra en 1875 no fue por iniciativa de la referida corporación sino de particulares.JI Al mismo c~terio de prudencia debió obedecer 33. La selección de texto de Las Casas comyrendía lo siguiente: Lib. 1, cap. 85: descubrimiento: Lib. 1 , cap. 46: reconocimiento; cap. 55: conquista y población: Lib. nI, cap. 35: obispado de Puerto Rico y cap. 90: viaje de los Gerónimos. 34. Tapia así lo confiesa. Cf. Tapia, Mis Memorias, p. 94. 35. Se trata de la octava 17, canto n, Elegía VI. Ibid., p.9S. 36. Loe. cit. 37. Lo intentó en 1821, 18321 1856. 1857. Cf. Lewis Hanke, eLas Casas, hístoriadon., estudio preliminar a la edición de la Historia de las Indias de Las Casas, hecha en México por el Fondo de Cultura Económica en 1951, pp. XLI·XUII Y nota 14. 38. La publicaron en Madrid, en 1875 (5 vals.) el Marqués de Fuensanta del Valle y losé Sancho Rayón. Cf. Ibid., p. XLIII.

la omisión del capítulo 9, referente a Puerto Rico, de la obra Grandezas de Indias de Gabriel de Villalobos, marqués de Varinas.llI En esta obra se alude a los excesos cometidos por los capitanes generales en Puerto Rico, habiendo respondido sus naturales a estos vejámenes tomando las armas contra ellos como 10 demuestra .. el balazo que le tiraron al gobernador don Melchor [sic] de Aguilera" ~ y "la cuchillada que le dieron a don Gerónimo de Velas· CO".41

También excluyó Tapia UD corto documento de 1512 comprensivo del parecer de un fraile franciscano de La Española sobre cómo contribuir a la copservación y acrecentamiento de las islas, proponiendo no se den las indias a los cristianos porque algunos las enseñan a servir y a vestirse para que luego sepan "buscar de comer de muy mala manera y después de impuestas las -venden a vaqueros y mineros para muy mal uso".u En otros casos el criterio de exclusión parece estar determinado por la mayor o menor relevan~ cia del documento con relación a la historia puertorriqueña: se tiende a restringir el contenido a io exclusivo puertorriqueño. Probablemente eso explica la exclusión del documento de 1550 ordenando que los esclavos berberiscos y personas nuevamente convertidas de moros que se hallen en las Indias sean devueltos a España;u puede que a esta razón obedezca también la eliminación de la carta del obispo de Puerto Rico, Fr. Hernando Lobo del Castillo, fechada en la isla Margarita a 16 de julio de 1651 y dirigida a Juan DIaz de la Calle, enviándole una detallada relación de los anejos del obispado de Puerto Rico.44 A la misma razón, y probablemente a su gran extensión. obedezca la exclusión de la .. Instrucción" u ordenanzas que proveen para que todas las autoridades de Indias, políticas y eclesiásticas, hagan "averiguaciones, descripciones y relaciones" de todas las Indias y .. de cada parte y cosa de ella". para que los que gobiernen tanto en 10 temporal como en 10 espiritual mejor 10 entiendan y acierten en su gobierno. El documento está fechado en San Lorenzo el Real a 3 de julio de 1573. Es muy extenso; consta de ciento treinta y 39. D. H. S. R., I, fs. 133-136. Se copió en.la Biblioteca Nacional, Códice J. núm. 38. ColI 'f Toste publicó este texto en el B. H. P. R.! JII, 312·314; publicó además unas recomen· daciones de Vannas no incluidas en los manuscritos de la colección de la Sociedad &eoteetora. 40. No se lIaDV\ba Melchor sino Diego. Go~ó de 1650 a 1656. Para otros datos y fuentes s~bre su gobIerno y el proceso inquisitorial que se le sigwó, véase S. Goniález Gareía, eNotas so~re el gobierno y ~os BO.bern.ad0rel! de Puerto Rico en el slgl~ XVII» .en .la Revista Hiftona (UDlver· sidad de P. R., Río PIedras, Juma, 1962), 1, num. 2, pp. 1·98 Y sobre Aguilera en particwar, las págs. 78-81. 41. Velasco gobernó de 1664-1670. Tuvo una _accidentada residencia•. Ibid., pp. 85-86. 42. D. H. S. Ro, T. nI, fs. 20-21. 43. ¡bid., 1, fs. 6-8. 44. lb id., 1, fs. 140-145v.

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cuatro artículos.~5 Creemos que esta "Instrucción" corresponde a una de las muchas medidas tomadas como resultado de la visita de Juan de Ovando al Consejo de Indias y encaminadas a la obtención de una información precisa y en lo posible exhaustiva del mundo americano para el mayor acierto de su régimen gubernativo.46 Hay otros casos en que Tapia. con muy buen juicio. escoge el más aprovechable entre dos documentos, como ocurre con los titulados "Oficios de la ysla de Puerto Rico. 1644" y "Estado Militar de Puerto Rico. 1654"; suprime este último y copia el primero (p. 526) que abarca con creces el con· tenido de aquél. Elimina igualmente una descripción de la Isla de San Juan procedente de un códice de la Biblioteca Nacional, titulado "Descripción de las Indias Occidentales". Corresponde esta descripción más o menos a la sexta década del siglo XVI; es breve. su contenido pobre y no le faltan inexactitudes.41 Finalmente, de la selección que hace Tapia para la Biblioteca Histórica quedan excluidos otros cinco documentos del siglo XIX contenidos en el segundo tomo de la colección de la Sociedad Recolectora, tomo cuyo paradero, como sabemos, se desconoce V del cual sólo tenemos noticias por el Informe con Indice rendido por Baldorioty. Los documentos son los siguientes: "Informe de la contaduría del Consejo de Indias sobre comercio de.../roto/...• 1815" (fs. 188-231), cedido por don Domingo del Monte; "Informe del fiscal don Fernando Pérez de Rozas, 1838" (fs. 49·85), y un "Memorial del Intendente don Antonio M.a del Valle, 1840" (fs. 86-151), cedidos ambos por don Alejandro Ramírez de VilIa-Urrutia, hijo del primer intendente de Puerto Rico, residente en Madrid;4I "Memorial del Intendente don Manuel Núñez, 1850" (fs. 152-187) y "Memoria documentada sobre varios puntos del Gobierno de Puerto Rico, 1848" (fs. 232-281), procedentes ambos memoriales de Puerto Rico.49 45. Ibid., l. fs. 23-88. 46. Schlifer considera que la visita de Juan de Ovando se inició en 1570. ef. E. Schlifer, El Consejo Real y Supremo

de Indias, Sevilla. 1935, pp. 129·130. Peña Cámara considera que fue unos años antes, o a fines de 1566 o comienzos de 1567. Cit. por Hanke, op. cit., p. LII. 47. D. H. S. R., T. l. fs. 118-U9v. 48. Sobre Ramírez de VilIa·Urrutia. cf. E. Neumann. Hombres Notables de Puerto Rico, Ponce, 1896-99, 2 vols., l, 368, núm. 2. 49. De todos estos documentos y de su procedencia da cuenta Baldorioty en su tantas veces mencionado Informe de 30 de julio de 1851 inserto en su tomo particular de manuscritos.

Se prescindió asimismo en la edición de la Bi· blioteca Histórica de por lo menos cuatro otros memoriales sometidos por el obispo Fr. Damián López de Haro relativos a cuestiones diversas del gobierno de la diócesis y que abarcan algo más de veintiocho pliegos, según consta en el índice del cuarto tomo.50 Son los siguientes: "Memorial del Obispo de San Juan presentado a la Real Audiencia de la isla Española de Santo Domingo sobre l:ts violencias y exorbitancias con que en su persona y las de sus vicarios han sido ejecutadas las Provisiones Reales de las fuerzas contra la libertad y jurisdicción eclesiásticas". (Del original que existe en la Academia de la Historia) (14 pliegos}.Sl "Me· morial sobre causas diversas pertenecientes al servicio de Dios y religión católica de las iglesias uni· das y agregadas al obispado de San Juan de Puerto Rico por Fr. Damián López" (5 pliegos); "Memorial sobre las causas de la religión este obispado de San Juan de Puerto Rico por Fr. Damián" (9 pliegos); "Memoriales del obispo de San Juan de Puerto Rico, don Damián de Haro, sobre diversas causas espirituales y de conciencia pertenecientes al gobierno de dicho obispado". Indudablemente, la incorporación de los referidos manuscritos diocesanos y de los cinco citados documentos del siglo XIX hubiesen aumentado notablemente el volumen de la Biblioteca Histórica, exigiendo un esfuerzo editorial que presumiblemen. te sobrepasaba los cálculos razonables del proyecto de Tapia. Sin embargo, Tapia salvaba lo sustancial. la casi totalidad del fondo documental de la Sociedad Recolectora. Un comentario final. A falta del acta constitutiva y del reglamento de la Sociedad, se nos ocurre que quizás no entrara entre sus propósitos el dar a la estampa su acopio documental. El relativo lujo y solidez de la encuadernación en piel de sus tomos y la calidad del papel utilizado, como para desafiar el tiempo, parecen corroborar aquella presunción. Si tal fuese el caso -nos movemos en el plano puramente conjetural- tanto más encomiable la arriesgada iniciativa de Tapia al asumir la responsabilidad editorial, haciéndola asequible al mayor número y preservando para la posteridad un gesto de tanta trascendencia patriótica y cultural. SO. La noticia de estos Memoriales del Obispo López de Haro se incluye en el Indice de los tomos 3.° y 4.°. Sobre este índice. véase supra. pp. 1. 4. núm. 7. 51. Este documento relativo a las cédulas de fuerza lo inserta J. J. Acosta en sus notas al capítulo 2S de la Historia... de Puerto Rico de fray lñigo Abbad, pp. 259 y ss.


Baneque y Borinquen: Apostillas a un enigma Colombino Por

U

NA DE LAS CUESTIONES COLOMBINAS TODAvtA IRRE-

sueltas es la localización de cierta isla que el Almirante menciona en el Diario del primer viaje por el nombre de Babeque y luego Baneque. Como no logró dar con ella en ese viaje ni volvió a mencionarla después, la cuestión tendría escasa importancia de no haber sido que se ha intentado identificar a Baneque con Borinquen, y que de esa identificación se ha inferido que Puerto Rico fue descubierta por Martín Alonso Pinzón casi un año antes de que Colón arribara a sus costas. Planteado así el problema, ya no se trata únicamente de localizar una isla desconocida sino de esclarecer cuestion~s históricas y lingüísticas de mayor envergadura. La tesis de que la perdida Baneque es Puerto Rico fue lanzada en 1898 por Luis Lloréns Torres,l y ha sido puesta nuevamente en circulación por Alba Vallés Formosa en un artículo publicado en 1967 en esta misma revista.2 La argumentación de la Srta. Vallés se apoya en la tesis de Lloréns, y ésta a su vez en datos que se prestan a una interpretación diferente. Convendría, pues, reexaminarlos para constatar si en efecto son válidas las-condusiones que se han deducido de ellos. La comprobación lingüística, que en el planteamiento de Lloréns cobra el valor de argumento decisivo, se resume en el mencionado artículo del modo siguiente: 1. Luis L10réns Torres, América (estudios históricos y filológicos), Madrid y Barcelona, 1898; 2." ed., San Juan de Puerto Rico, 1967. En la 2." ed., por la cual cito, lo que, aquí ~os interesa se halla en la 1." parte, cap. IV y 2.· parte, cap. 11. 2. Alba Vallés Fonnosa, .En demanda de la isla de Baneque.., Revista del Instituto de Cultura Puertorrique· ña, Año X, núm. 36, julío-septiembre de 1967, págs. 3-5.

J0511 JUAN ARROM

En el segundo ViaJe, Colón arribó a las islas Caribes, a las Vírgenes y a Puerto Rico, de cuyos nombres se informó por los propios indígenas. Pero, a pesar de que estas lenguas tenían la misma raíz formativa que las lucayas, diferían en algunas alteraciones de tipo formativo o vocálico. De ahí que al consignar la llegada a Put!rto Rico se hable de Borique y no se relacione con la Baneque del anterior viaje. Pero al profundizar en las diferencias y analogías que median entre ambos dialectos, comprobamos que la raíz bo (cat:ibe) tiene el mismo valor que la raíz ba (lucaya), que la silaba que conserva en ambas igual significado, y que la T (de Ti) sufrió una conversión en n (ne) en el dialecto lucayo, tal como se ha comprobado en otros casos parecidos. De ahí resultaría que:

Bo = Ba ri = ne (r < n) que = que Bo-ri-que = Ba-ne·que Después de haber comprobado lingüísticamente que la isla de Baneque corresponde con la de BOTique, que el Almirante visitó en su segundo viaje, podemos deducir que, entonces, ya Martín Alonso Pinzón la había descubierto en el primer viaje, después de la separación de la nave del Almirante.' Temo que esta comprobación lingüística esté for· mulada con más fervor que conocimiento, pues las 3. Vallés, pág. 4, col. 2.

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inexactitudes e injustificadas generalizaciones en que abunda. le niegan validez. Para no enredarnos en largas digresiones baste con indicar una falla fundamental: el nombre indígena de Puerto Rico no era Bo-ri-que sino Bo-ri-quen - Bu-ri-quen o Bu-ren·quen, con n al final de la penúltima y última sílabas.• La arbitraria supresión de este fonema podrá apreciarse recordando lo que ocurre en nuestro propio idioma: no es lo mismo pincar que pitar. O para dar otro ejemplo, clásico en las comedias del Siglo de Oro, cansado que casado. Lloréns, empero, se deshace de este impedimento diciendo que prescinde "de las n finales de sílabas, que son sim· plemente conjuntivos y formativos".5 El argumento es fácil pero falso. Como se verá más adelante, esos fonemas son elementos de sustantiva importancia. para distinguir entre dos topónimos diferentes e investigar sus respectivos significados. Es curioso que Uoréns deseche luego la forma Borique y escoja la de Borinquen al indagar el sentido original del término. Escribe entonces: El vocablo Borinquen se descompone o puede descomponerse en los siguientes elementos: BO-RI-N-QUE-N. La primera raíz, bo, expresa la idea general de 'hombre'; 'señor'. como puede verse en las palabras bohío (casa del señor), Baroioan o Bo-ro-io-an (el señor que destruye las casas), etc.; la segunda raíz, ri, designa el concepto absoluto de 'valor, fuerza', con cuyo significado entra en la formación de muchos vocablos; ]a tercera slJaba, que, equivale a 'tierra, región, país', etc. El afijo n, colocado entre ]a dicción compuesta Bari (valiente señor) y la simple que (tierra), establece entre las mismas una relación de posesión, y la n final (corrupción de an) pluraliza ]a significación del vocablo. Así, pues, resulta 4. Las antiguas graffas varían pero todas terminan en ·ken. El Dr. Chanca, en la primera mención del nombre, lo escribe completo: Bu·ren·quen ("llegamos a vista de otra isla, llamada Burenquen.), pero luego vacila entre Buriquen y Boriquen ("Carta del Dr. Chanca al Cabildo de Sevilla, año 1493., en Martín Fernández de Navarrete, Viajes de Cristóbal Colón, 2.' ed., Madrid, 1934, págs. 235 y sigs.). Las Casas escoge Boriquen: "por señas hicieron entender al Almirante que no eran de aquella isla, sino de Boriquen, y ésta es la que agora llamamos la isla de Sant Juan. (Historia de las Indias, lib. 1, cap. 84). Y lo mismo hacen Oviedo (Historia general y natural de las ltldias, lib. 11, cap. 33), Juan López de Velasco (Geografia y descripción universal de las Indias... desde el año 1ST1 al de lST4, Madrid, 1894, pág. 126) Y otros. La primera de estas transcripciones, Burenquen, parece haber sido la más cerca· na a la voz original. Para una lista más copiosa de las va· riantes de Burenquen - Borinquen véase el citado libro de L1oréns, l.· parte, cap. V "El nombre indiano de Puerto Rico_ y los traliajos de Salvador Brau y Cayetano CoIl y Toste que allí alude. 5. L1oréns, pág. 219.

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que la palabra Borinquen significa: 'tierras de los valientes señores' o 'tierras de los fuertes hombres'.6 El autor apuntala esta parte de su tesis con un copioso aparato crítico. Y declara además que, con ]eves retoques, dicha etimología es la misma que pocos años antes había propuesto el erudito investigador puertorriqueño Cayetano CoU y Toste. Como a éste corresponde la distinción de haber sido el primero en proponerla, a su obra acudiremos directamente. Coll y Toste ]a. dio a conocer en 1893 con el título de ¿Qué significa Boriquén? 7 Partiendo de la noción, entonces en boga, de que los idiomas pasaban por una etapa monosilábica, pensó que ]a lengua. indo-antiUana se hallaba en esa etapa.! Y alegando la penuria de fuentes comparativas para el estudio de esta lengua, expuso que .. en las investigaciones del lenguaje indo-antillano todo es tinieblas; no nos queda un dialecto siquiera que pueda servir de apoyo para verificar nuestros . estudios".' Aquella noción y esta penuria lo indujeron a tratar de intuir el significado de cada una de las sílabas de la referida palabra, llegando a la conclusión de que uBoriquén puede traducirse por 'tierras del valiente señor'." 10 Es penoso disentir la etimología tan enaltecedora, especialmente cuando ha sido propuesta por un autor flor muchos conceptos digno de encomio. Pero si se ha de llegar hasta el fondo de esta cuestión es ineludible que reexaminemos las bases de esa conclusión. A ese fin comencemos por algunos de los ejemplos que aduce para demostrar que ba equivale a 'grande', 'señor'.u Apunta Coll y Toste: u Caona-bo. Señor del oro. Llamado así este régulo por hallarse en su cacicazgo las minas auríferas

6. Uoréns, pág. 219. 7. Cayelano Coll y Toste, ..¿Qué significa Boriquén?, en su libro Colón en Puerto Rico, disquisiciones históricofilológicas, Puerto Rico, 1893, págs. 128-138. 8. Explica Coll y Toste en la pág. 128: .. Los sabios están unánimes en admitir que la construcción del lenguaje ha principiado por la génesis de las raíces. Dice Max Müller 'Si el sánscrito, el hebreo o el griego no hubiesen atravesado la aglutinación o capa aglutinativa, si no hubie· ran atravesado un período como el chino, aislado o monosilábico, su forma actual seda un milagro'. El monosila· bismo, pues, ha sido el primer medio que los hombres han tenido para comunicarse.• 9. Ibid., págs. 129·130. Si existiao, pero él desconocía esas fuentes. En 1871 había aparecido el fundamental estudio de Daniel G. Brinton, ..The Arawack Languagc of Guiana in its Linguistic and Etnological Relations., Transactions 01 the American Philosophical Society, New Series, vol. XIV, 1871, págs. 427-444, y se conoelan los diccionarios de Raymor:d Breton y otros estudios afines, tales como los recogidos por J. Crévaux et. al., citados en la nota 17. 10. Ibid., pág. 138. 11. Los ejemplos se hallan en las págs. 134-137.


del Cibao". La explicación que dejó Mártir de Anglería es ésta: "Le llaman el cacique Caunaboa, esto es, Señor de la Casa del Oro, pues a la casa la llaman boa, al oro cauni y al rey cacique". (Décadas del Nuevo Mundo, Déc. 1.., lib. 11, cap. 6). Bo, por consiguiente, es 'casa' y no 'señor'. .. Bo-hechio. Señor de gran territorio. Nombre asignado al anciano cacique de Jaragua". En realidad no es Bo-hechio sino Be·hechio. Behechio escriben Oviedo (Historia general y natural de las Indias, lib. III cap. 1), Las Casas (Historia de las Indias, lib. r, cap. 113 y sigs.), y otros cronistas. O el autor <:opió malo manejaba textos sumamente estragados. "Bo-jío. Territorio del señor. Denominación adjudicada a la parte septentrional de Santo Domingo. También tenía este nombre el rancho do se guarecía el indio con su familia. Por antonomasia, la propiedad de un hombre jefe". Ni 'territorio', ni 'del señor', ni 'propiedad de un hombre jefe'. Como se sabe, es una modesta vivienda, de techo de guano y paredes de yagua, donde habitaba el indio común y corriente. La grafía generalmente aceptada es

bohío. "Bo-niata. Comida del Señor". Sobre este término explica Oviedo: "Esta yuca de este género, que el zumo de ella mata, como es dicho, la hay en gran cantidad en las islas de San Juan, y Cuba, y Jamaica, y la Española; pero también hay otra, que se llama boniata, que no mata el zumo de ella, antes se come la yuca asada, como zanahorias, y en vino, y sin él, y es buen manjar. Y en Tierra Firme toda la yuca es de boniata". (Relación sumaria, cap. 5). A mayor abundancia, Juan de Castellanos escribe en Elegías de varones ilustres de Indias (1.. parte, elegía XII, canto 2.°):

Había fertilisimos yucales que son unas raíces conocidas, que si se comen verdes son mortales y ansi privan a muchos de las vidas: No trato de las yucas boniatas, que se suelen comer como batatas. Por consiguiente, en ambos contextos boniata equivale a 'dulce' o 'comestible'. Sin detenemos en otros ejemplos de esta lista, pues carecen igualmente de sustancia, señalemus que el término que de veras pudiera haberle lIe'¡ado a descubrir la voz que equivale a 'señor', Coll y Toste lo sitúa en la tercera. AIli, sin percata.rse de !a ocasión que desperdiciaba, escribe para demostrar que la silaba quen significa 'tierra':

"Guamí-que-ní. Tratamiento que daban los indios a Cristóbal Colón, y que equivale a 'dueño de tierra y agua'." 12 Puntualicemos de entrada que la trans12. lbld., pág. 137.

cripción es inexacta. Las Casas registra varias veces ese término, siempre como guamiquina. Una de esas veces declara que los indígenas le llamaban a Colón "el guamiquina de los cristianos" porque "guamiquina llamaban al señor grande". (Historia de las Indias, lib. r, cap. 91). Y más adelante añade, refiriéndose a !rey Nicolás de Ovando y explicando la pronunciación: "Anacaona... mandó... hacer re· verencia y festejar al Guamiquina de los cristianos, que había venido entonces de Castilla. Guamiquina, la penúltima luenga, quiere decir en su lenguaje el señor grande de los cristianos". (lbfd., lib. 11, cap. 9). El testimonio de Las Casas se ve confirmado por lo que hoy se sabe de otro idioma de la familia arahuaca a la que pertenecía el taíno. En lokono o arahuaco legítimo C. H. de Goeje registra la voz wamd y la traduce por 'lord'.13 Entre los propios taínos, según he documentado en otra parte, NGua_ má fue el nombre (o quizá el titulo), del cacique que en Cuba asumió el mando de los indios rebeldes después de la captura y ejecución de Hatuey" ,14 En cuanto al resto de la voz, -iquina parece corresponder al arahuaco ·ikini~ registrado por Goeje con el sentido de 'the only one' (IbId., pág. 92, en 48 f). Guam(a)·ikini, por consiguiente, no significa 'dueño de tierra yagua' sino 'señor grande', esto es 'señor único o supremo'. Los anteriores comentarios bastan para eximirnos de la ingrata tarea de probar que ColI y Toste tampoco acertó en los demás ejemplos. Partiendo de premisas'hoy superadas, su animoso esfuerzo no pudo rendir mejores resultados. Y la etimología de Boriquén, si entonces pareció una audaz incursión en un terreno desconocido, hoyes sólo un endeble tejido de suposiciones fallidas. Refutado el que parecía argumento definitivo para demostrar la tesis de Lloréns, aquí pudiera dar por terminadas estas apostillas. Quedan, 'empero, algunos puntos que reclaman atención. En consecuencia, pasando del campo relativamente seguro de las comprobaciones al arriesgado de las hipótesis, intentemos un nuevo análisis lingüístico tanto de Borinquen como de Baneque. Advierta el lector que estos análisis no serán demostraciones categóricas sino inseguros acercamientos a realidades huidizas. Hecha esta advertencia, propongamos que Borin· quen-Burenquen tal vez esté compuesta de la base burén y el sufijo -ken. Burén se ha conservado en el habla de las Antillas para designar la plancha sobre la cual se cuece el cazabe. Escribe Oviedo: "Burén, que es una cazuela llana de barro y tan grande cuanto un harnero sin paredes, y debajo e!>tá mucho fuego, sin que la llama suba a la cazuela". 13. C. H. Goeje, The ~awack Language of Guiaua. Amsterdam, 1928, .pág. 199, en \66, 14. Arrom, El mundo mítico d.e los tainas; notas sobre el Ser Supremo, Bogotá, 1967, pág. 9.

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(Hist. general y natural, lib. VII, cap. 2). Y Las Ca· sas, precisando la pronunciación: "Estos hornos... son hechos de barro, redondos y llanos, de dos dedos de alto como una rodela que estuviese no por medio lev~tada, sino toda llana; estos llamaban burén, aguda la última". (Apologética historia de las Indias, cap. 9). El sufijo -ken ha sido registrado por Goeje como partícula intensitiva (op. cit., pág. 26), quien luego da estos ejemplos (pág. 92, en 48, d, 2): "íbi·n 'to be small', ibi.ken. to be too small'; karriken 'it aches very much'; k-aima-ken 'she, or it, is very bad'. Además, en el escasamente conocido Vaca· volario para la lengua arauea.15 el anónimo indígena que lo compuso apunta: "Muchíssimo: manxuaquen". O sea, en fin, que Burén-quen literalmente equivaldría a 'Buren·ísimo'. En tal caso, entre las interpretaciones que cabría sugerir, quizá la más cercana a otros topónimos taínos sería '[tierra de] muchos burenes' o 'de abundantes burenes'. Baneque parece estar formada de dos morfemas completamente diferentes: Bane _ Bani y eke. Pertenecería así a la serie de palabras tales como Maya. be + eque > Mayabeque, y Sabana + eque > Sabaneque, términos todos conservados en la toponimia e hidronimia de las Antillas. Bane .-.1 Bani pudiera ser el mismo topónimo cubano Bani, hoy Banes,16 y el dominicano Bani. Y hasta puede agregarse que la voz bani tal vez pueda ser la misma que reaparece en arahuaco, transcrita con grafía alemana, como bdnnije 'árbol de madera negra y dura'.I7 En cuanto a eke (adviértase que ahora es eke y no ken), Goeje registra las variantes eke, eki, iike, aeke (pág. 26) con el sentido de 'clothes, wrappage' (vestidos, envoltura) y luego da, entre otros ejemplos, los siguientes (pág. 20S,cn 171 b): plata eke 'a purse' (monedero), oniabu eki 'tbe waterpots' (vasijas de agua), aku·ke (aku = ojo) 'the eyelids (párpados) y eki 'bladder' (vejiga). Bane·que equivaldría, pues a 'la isla, región o puerto, en forma de bolso o botija, de Bani aBanes'. Si Baneque y Borinquen - Burenquen son topónimos totabi1ente distintos y nombran a islas como pletamente diferentes, ¿dónde localizar la que Colón no logró descubrir? ¿Y a dónde fue Pinzón en los días que estuvo separado del Almirante? La única fuente directa que nos queda, tanto sobre la cuestión geográfica como la histórica, es el Diario del primer viaje. Una detenida lectura de ese docu15. Ms. en la Biblioteca del Palacio de Oriente, Madrid, signatura 2913, fol. 12. 16 En un documento de 1514 se lee: c... y llegó a lns provincias de Bnni y de Baraxagua...- C:;0leccidn de documentos inéditos... Serie l, vol. Il, Madrid, 1869, p. 422Y en otro de 1532: «junto a las bocas de Bani- Coleccidn de documentos inéditos... 2." serie, tomo 4, II de la isla de Cuba, Madrid, 1888, pág. 233. 17. Arawakisch·Deutches Worterbuch, en J. Crévaux et. al., Grammaires et vocabulaires roucouyenne, arrouague, piapoco et d'autres langues de la rigion des Guyanes, París, 1882, pág. 105.

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mento tal vez nos brinde la posibilidad de postular una nueva solución. Comencemos por los datos geográficos. Y propongamos, a modo de hipótesis inicial, que los rumbos y distancias que consignó el Almirante aluden no a una sino a diversas Baneques. La primera mención aparece el lunes 12 de noviembre. Es la siguiente: Partió del puerto y río de Mares al rendir del cuarto de alba, para ir a. una isla que mucho·afirmaban los indios que traía que se llamaba Babeque,lS adonde, según dicen por señas, que la gente de ella coge el oro con candelas de noche en la playa, y después con martillo diz que hacían vergas de -ello, y para ir a ella era menester poner la proa al Leste cuarta del Sudeste. Después de haber andado ocho leguas por la costa delante halló un río, y dende andadas otras cuatro halló otro río... a quien puso por nombre Río del Sol... Navegó este lunes hasta el sol puesto 18 leguas al Leste cuarta del Sudeste, hasta un cabo, a que puso por nombre el Cabo de Cuba.19 Para que estos apuntes cobren cabal sentido es imprescindible que intentemos la identificación de esos parajes. Aunque no se sabe con certeza el sitio exacto donde Colón arribó al descubrir a Cuba el 28 de octubre, no cabe duda de que fue en alguna parte de la actual provincia de Oriente. Hecha esta salvedad, consignemos que quien hasta el presente ha procedido con mayores recursos científicos a comprobar la ruta de Colón ha sido Samuel E. Morison.20 Y según atestigua Morison, los pormenores descriptivos que Colón anotó en los días que estuvo en Río de Mares claramente lo identifican como el puerto de Gibara.2\ Y partiendo de Gibara hacia el Este, Río del Sol es Samá y Cabo de Cuba la Punta de Lucrecia.:ZZ Quien observe un mapa de esta región notará que después de Punta de Lucrecia la costa descien· de rápidamente hacia el Sur, fonnando un peque· ño golfo. Colón, empero, no siguió bordeando la costa, sino que continuó en la dirección anterior18. Al principio Colón -o tal vez el copista. que, no entendiendo del todo la letra de Colón, confundiÓ In u y la n- escribió Baueque, que hoy dada Babeque. Luego, aclarado el punto, se registra siempre como Baneque. 19. Las citas del Diario se hacen por la edición de Julio F. Guillén, El primer viaje de Cristdbal Coldn, Ma· drid, 1943. La presente ocupa las págs. 79-81. 20. Samuel E. Morison hizo el viaje desde España en la misma época del año y en una nave análoga a la «S~nla Marra- para seguir rigurosamente la ruta de Colón. DIO a conocer Jos resultados en su libro Admiral 01 the Ocean Sea, A Lile 01 Christopher Columbus, Boston, 1942, 2 vals. 21. Morison, l, 337. 22. Ibid., pág. 343.


mente señalada por los indígenas. Así, el martes 13 de noviembre asienta que pasó una punta que le pareció anoche obra de dos leguas, y entró en un gran golfo... Y porque deseaba ir a la isla que llamaban Babeque... acordó de hacerse a la mar y andar al Leste, desde el Cabo de Cuba... Comenzando del cabo del sobredicho golfo, descubrió a su parecer 80 millas, que son 20 leguas.23 El Almirante pronto cayó en cuenta de que ese día había navegado más allá de donde debía hallarse Baneque. Al siguiente, rectificando el rumbo, pone proa al Sur para acercarse de nuevo a la costa cubana y explorar los parajes que había de. jado atrás. El miércoles 14 de noviembre escribe: '" Porque los indios que traía le dijeron ayer martes que habría tres jornadas desde el Río de Mares hasta la isla de Babeque, que se debe entender jornadas de sus almadías, que pueden andar 7 leguas... al salir el sol determinó de ir a buscar puerto... Uegó a tierra... adonde vio muchas entradas y muchas isletas y puertos, y porque el viento era mucho y la mar muy alterada no osó acometer a entrar, antes corrió por la costa al Norueste cuarta del Oueste, mirando si había puertos, y vida que había muchos, pero no muy claros. Después de haber andado así 64 millas halló una entrada muy honda... donde vido tantas islas que no las pudo contar todas... Púsoles nombre la Mar de Nuestra Señora y el puerto que está cerca de la boca de la entrada de dichas islas puso Puerto del Príncipe.24 Esta Mar de Nuestra Señora es, según comprobaciones de Morison, la actual bahía de Tánamo.2S Antes de seguir adelante adviértase que, de acuerdo con los pasajes hasta aquí citados, esta primera Baneque, a tres jornadas en canoa desde Río de Mares, y en rumbo Este cuarta del Sudeste, se hallaría en Cuba, entre Punta de Lucrecia y Tánamo, precisamente en el pequeño golfo que había quedado sin explorar. Teniendo en cuenta que a ese golfo se abre el abrigado puerto de Banes, que és~e se halla en la dirección y distancia que los indígenas le dieron a Colón, y que su antiguo nombre en parte corresponde al Ban(e)-eke que hemos analizado, cabe al menos conjeturar que dicho puerto haya sido la primera Baneque de que tuvo noticias el Almirante. Puede objetarse que la dorada Baneque que el Descubridor buscaba era 23. Guilll!n, pág. 8224. ¡bid., págs. 83-84 25. MorisoD, 1, 344.

una isla y no un puerto. Recuérdese, empero, que a Colón todo se le volvían islas: el 29 de diciembre menciona, por ejemplo, las "islas" Guarionex, Cibao y Macoríx, cuando luego se ha sabido que eran respectivamente el nombre de un cacique y de dos regiones de la Española. Por otra parte, la conjetura de que esta primera Baneque haya sido Banes se acrecienta cuando se sabe' (y lo sé porque la he cruzado en barco), que la entrada del puerto de Banes es angosta, como cortada entre altos farallones, y produce el efecto de cuello de botella que impresionaría al imaginativo taíno que lo nombró Baneque. Volviendo a las páginas del Diario, es evidente que Colón era hombre de magníficas obsesiones. y obsesionado por las fabulosas riquezas de la isla del oro, se detiene cuatro días examinando pausadamente los cayos adyacentes a Puerto Prín· cipe. Pero no da con la ansiada Baneque. Y convencido de que está cerea de ella, opta por buscarla mar afuera. Dice el apunte del lunes 19 de noviembre: Partió antes que el sol saliese... y navegó al Nornordeste; al poner del sol le quedaba el Puerto del Príncipe al Sursudeste, y estaría de él 7 leguas. Vido la isla de Babeque al Leste justo, de la cual estaría 60 millas. Navegó toda la noche al Nordeste escaso; andaría 60 millas y hasta las diez del día martes otras 12, que son por todas 18 leguas.26 Causa cierta extrañeza que habiendo divisado 60 millas al Este la isla que llama Babeque no fuera en su demanda, sino que continuara al Nordeste hasta llegar a las inmediaciones de ,las que había descubierto un mes antes. Y que desde allí determinara volver a Cuba sin que intentase llegar a la isla tan afanosamente buscada. Escribe el martes 20 de noviembre: Ouedábanle el Babeque, o las islas del Ba· beque, al Lesudeste, de donde salía el viento que llevaba, contrario. Y viendo que no se mudaba y la mar se alteraba, determinó de dar la vuelta al Puerto del Príncipe, de donde habfa salido, que le quedaba 2S leguas.%7 La razón explícita es el mal tiempo. Pero pudie. ra Ser también una excusa para encubrir el fracaso del viaje. Porque Colón bien sabía, como diestro navegante, que esas islas que ahora llama "del Babeque" no estaban en el rumbo ni a la distancia que le habían indicado los indígenas. De todos modos) explicación o excusa, lo cierto es que no 26. Guillén, pág. 86. TI. lbld., pág. 86.

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fue entone!> en su demanda. Ni tampoco después. Los que han seguido de cerca los apuntes del Diario concuerdan con Morison, quien ateniéndose a las anotaciones correspondientes a los días 19 y 20 de noviembre, da por sentado que esta isla al Nordeste de Tánamo es la Gran Inagua.u Y esa sería, desde luego, la segunda Baneque. Colón regresa, en fin, al que llama Puerto del Príncipe. Y desde allí, siguiendo siempre hacia el Levante, explora el resto de la costa norte de Cuba, cruza el Paso de los Vientos y descubre a la Espa. ñola. Y en las consiguientes anotaciones continúa aludiendo a otras vagas e imprecisas Baneques en las inmediaciones de la costa Noroeste de la Española.19 En la ofuscación causada por los embrollados apuntes del Almirante no se ha caído en cuenta de que allí se refiere a una tercera Baneque, y que en las páginas del Diario ésta aparece y desaparece como si fuera no una isla sino varios lugares de una geografía de ensueño. En parte pudiera haber sido eso: una ínsula imaginaria, tan imaginaria como la mítica Matininó que, según el propio Colón (domingo 13 de enero), "diz que era poblada de mujeres sin hombres". Pero en parte pudiera haber obedecido a confusas noticias de un sitio verdadero. En este sentido es oportuno traer a colación un informe escasamente conocido: a una provincia al Noroeste de la Española, entre la costa y el río Hatibonico, en lo que hoyes Haití, antiguamente se le llamaba Banique.30 De todos modos, sueño o realidad, Colón ya no se esforzó por hallarla. Acaso habia comprendido que la Baneque original, la auténtica, la de las fabulosas recolecciones de oro en las playas, habia quedado atrás, para siempre inasequible. La cuestión histórica se origina en la separación de la "Pinta" al regresQ del infructuoso viaje a las Bahamas el 19 y 20 de noviembre. El miércoles 21 el Almirante apunta así el incidente: Este día se apartó Martín Alonso Pinzón con la carabela "Pinta", sin obediencia y voluntad del Almirante, por cudicia, diz que pensando que un indio que el Almirante había mandado poner en aquella carabela le había de dar mucho oro.u y el jueves 22 agrega:

Esta noche Martín Alonso siguió el cami· no del Leste para ir a la isla de Babeque, don· 28. Morison. J. 343. 29. Véanse los apuntes del S. 11, 14, 16 Y 17 de diciem· breo

30. Las Casas atestigua al describir la Española: .Tor· nando, pues, a la mano derecha de estas dos provincias que nombré Jguamuco y Banique, ocurre la provincia que en lenguaje de los indios se decfa Hatiey.. (Apologética his· toria de las Indias, lib. J, cap. S.) 31. Guillén, pág. 87.

so

de dicen los indios que hay mucho oro, el cual iba a vista del Almirante.3Z No hay por qué terciar en la polémica de si Pinzón se separo por falta de instrucciones precisas en medio de la noche, o si lo hizo por codicia o por afán de gloria. Lo importante es puntualizar que la separación ocurre en las inmediaciones de la Gran Inagua, isla a la cual Colón acababa de llamar Baneque. Y que las únicas noticias que tenemos del itinerario de Pinzón en los días que estuvo separado de la flotilla descubridora son las que nos da el propio Almirante. El 27 de diciembre, estando en la Española, en las inmediaciones del Fuerte de la Navidad (hoy bahía de Caracol, Haití), un indio le atestigua que "la carabela 'Pinta' esta· ba en un río al cabo de aquella isla". El 30 de diciembre, otro indio le informa "que había dos días que dejara la carabela 'Pinta' al Leste en un puerto". Y el domingo 6 de enero consigna: Después de medio día... vida venir la carabela "Pinta" con Leste a popa, y llegó el Almirante, y porque no había donde surgir por ser bajo, y volviose el Almirante al Montecristi, a desandar 10 leguas atrás que había andado, y la "Pinta" con él. Vino Martín Alonso Pinzón a la carabela "Niña", donde iba el Almirante, a se excusar diciendo que se había partido de él contra su voluntad... Después que Ma.rtín Alonso fue a la isla Baneque diz que no halló nada de oro, y se vino a la costa de la Española por información de otro~ indios, que le dijeron haber en aquella isla Española, que los indios llamaban Bohío, mucha cantidad de oro y muchas minas. 33 La rota de Pinzón es. por lo Que se acaba de ver, Cuba, Gran Inagua, la Espailola. Y en la costa de esta última, agrega a continuación el Almirante, "resgató la carabela mucho oro, que por un cabo de agujeta le daban buenos pedazos' de oro del tamaño de dos dedos y a veces como la mano, y llevaba el Martín Alonso la mitad, y la otra mitad se re~artía por la gente". ¿Llegaría en esos días hasta Puerto Rico, como alega la tesis de Lloréns? No existe evidencia alguna, ni a favor ni en contra. Lo único que puede decirse es que nada en los anteriores informes acredita que el capitán de la "Pinta" abandonase un comercio tan lucrativo para ir en pos de una isla desconocida. En fin, que así quedarían explicadas las múlti· pIes Baneques a que alude el Diario: una, a tres jornadas de sus almadias y en rumbo Este cuarta 32. Ibid., pág. 88. 33. Ibid., pág. 131.


del Sudeste de Río Mares, vendría a ser el abrigado puerto de Banes, en el pequeño golfo que a Colón se le quedó por explorar; otra, vislumbrada pero no visitada, al Nordeste de Tánamo, sería la que se llamaba y sigue llamando por el nombre indíge. na de Inagua, pero que Colón, acaso por endulzar su desengaño, nombró "las islas del Babeque", y otra, nebulosamente situada en diversos lugares del Noroeste de la Española, que correspondería a la provincia antiguamente llamada Banique, hoy

parte de Haití. Pero ninguna de ellas es Borinquen. De modo que, a la luz de las evidencias que nos quedan, no puede afirmarse que la acogedora tie. rra de "abundantes burenes" fuera descubierta por Pinzón en el primer viaje. Lo único' que se sabe a ciencia cierta es que el Gran Almirante llegó por primera vez a sus costas el 19 de noviembre de 1493. y que fue en ese día cuando la bella isla ano tillana realmente entró a formar parte de la hista. ria de Occidente•

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Exposición colectiva de artistas puertorriqueños residentes en Nueva York

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dc! Pedro VilIarillí

ONSTITUYÓ UNA DEMOSTRACIÓN ARTíSTICA MUY SIG·

nificativa la exposición colectiva que bajo los auspicios del Instituto de Cultura Puertorriquefia y de las entidades Fuerza Artística Puertorriqueña y Association tor Puerto Rican Spanish Culture, Inc, ambas con sede en Nueva York, se abrió al público en nuestro domicilio el día 3 de julio. Nueve artistas pertenecientes a la colonia puer· torriqueña de Nueva York -algunos de ellos profesionales y otros recién iniciados en las labores artísticas, pero todos nacidos en la Isla o hijos de puertorriqueños emigrados- expusieron un con· junto de 38 pinturas representativas de diversas escuelas, estilos y técnicas. Pese a esta variedad formal, quedó patente la presencia de dos elementos unificadores, que de una u otra manera se manifiestan en la obra de estos artistas: el vínculo del común origen. expre· .,ado principalmente en una temática dominada por la añoranza del paisaje y el folklore isleños, de los personajes, lugares y edificios más representativos del país; y la influencia ejercida por" el nuevo amo biente en la vida de nuestra colonia neoyorkina. En la muestra participaron Miguel A. Guzmán, ~ora N. García, Alejandro Alicea, Radamés Santos, LilJiam Almodóvar, Petra Manzanal Cintrón, Héctor Alvarez, Martín Rubio y Pedro ViIlarini. Las fotografías ilustran algunos detalles de la Exposición.


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"El pescador". . . de Pedro Viltarzm

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de Nora Garcla


Elogios al valor puertorriqueño (siglos XVII y XVIII) Por

PUERTO RICO ES ISLA PRIVILEGIADA. PERO A COMIENzos del siglo XVIlI también lo era el casco de la

vieja ciudad, que por su especial situación tenía óptimas condiciones de defensa. "Está aislada por todas partes", dice un informe del que sacamos datos. t Por esto desde su fundación en 1521 fue la que libró mejor de los ataques de los indios o de los corsarios, dentro de las islas del mar Caribe. No tuvo la misma suerte el poblado de Guadianilla, que fue quemado en los primeros años del siglo XVI por aquéllos, ni tampoco la tuvo la población de San Germán, o Nueva Salamanca, fundada según pare· ce cuatro leguas tierra adentro de aquella la que, si bien ~e libró de los indios, fue quemada por un navío francés en 1528.2 No era, sin embargo, suficiente esta situación privilegiada de San Juan, pues por motivo de no tener hecha ninguna fortificación, posiblemente fiándose en ello, los ataques de los caribes y los coro sarios franceses su sucedieron con frecuencia entre 1520 y 1533.3 Reconociendo la necesidad de tener 1. "Noticias del estado de distinlos puertos de Amé· rica según las espcrimcntadas y adqueridas por diferentes personas que se han aliado en los parages de que se hara expresion.» [Cádiz, 6 abril. 1701.] Archivo Hislórico Nacional, de Madrid (España), Sección de Diversos, serie 2.· de «Documentos de Indias._ Copia simple del si· glo XVIII. 2. El relato de estos hechos figura en una «Descripción de Puerto Rico» hecha en 1582 por el bachiller Sanla Clara y el clérigo prcsbltero Juan Ponce de León, cuya copia simple se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, Sección de Dive~os, serie «Documenlo' de Indias». doc. n." 253, fols. 3 vA. A estos sucesos se refiere Diego Angulo lñíJnlI!Z en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia «Bautisla Anlonelli. Las fortificaciones americanas del si· glo XVt», Madrid 1942, p. 21. 3. NIcolÁs CABR1UANA: «Las fortificaciones mili lares en Puerto Rico». Revista de Indias. Año XXVII. Enero-junio 1968,. núm. 107-108, pp. 157·188. Referencia: p. 160.

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MAIÚA DEL CARMEN PESCADOR DEL HOYD

una mejor protección tenemos noticia de la construcción de una "fortaleza" que se comienza hacia 1534 y se termina en 1540, fortaleza que, según nues· tras noticias, tenía muy poco de tal en opinión del tesorero Salinas.~ Completaba la defeqsa una plataforma para tres cañones construida sobre una roca en el Morro, que comunicaba por unos escalones con un torreón abovedado de piedra y ladrillo cons· •truido a treinta y seis pies sobre el nivel del mar.s No es de extrañar que con tan poca cosa, a pesar de la valentía de los naturales, no fuera suficiente para repeler un ataque de piratas franceses en 1554.6 Cuando Felipe 11, en 1581, casi a fines de su reinado, quiere saber en qué estado se encuentran sus posesiones ultramarinas 7 el informe que con fecha 1 de enero de 1582 envía el Gobernador y Justicia mayor de la isla Juan Melgarejo es desalentador. Llevaba éste en el cargo poco más de un mes por lo que encarga recoger datos al clérigo Juan Ponce de León y al abogado bachiller Antonio de Santa Clara los que, después de anotar datos históricos de su fundación y vicisitudes, declaran: ti . . . no tie· 4, CABRiu-ANA: ob. cit., recoge una referencia de Abbad

y Lasierra «Historia geográfica, civil y natural de la Isla de San Juan de Puerto Rico.. (Anotada por Acosta y

Calvo). Puerto Rico, 1866. que cita una carta del tesorero en que escribe: «Si hay algo de fortaleza es inúlil, ni la fortaleza vale cosa y la señorea el pueblo.» 5. CABRIUANA: ob. cit.. p. 170. 6. ANGULO IAIGUEZ: ob. cit., PIl. 21·23. 7. «Instrucción y memoria de las relaciones que se han de hazer para la descripción de las Indias; que su Magestad manda hazer para el buen guoierno y ennoblescimiento dellns.• [1581]. Imj). 2 fols. Se conservan varios ejemplares en el Archivo' Histórico Nacional de Madrid, Sección de Diversos, serie «Documentos de Indias», doc. n." 249. Es la .instrucción de molde» a que se refiere en el informe de 1 de enero de 1582 el Gobernador Juan Mclgarejo. doc. 253 de la serie y fondo citado.


ne defensa alguna para los corsarios".1 Por la descripción que se hace de la fortaleza sabemos que tenía entonces una plataforma con doce cañones y en "una angostura" seis piezas más de artÜlería mediana de bronce. Señala que si en el puerto hubiese "dos pedrero.s y dos culibrinas gruesas" sería inexpugnable.9 Se conocen otros informes hechos por el nuevo Gobernador Diego Menéndez de Valdés en 1586 y 1587 en el último de los cuales dice había mandado hacer junto a la bóveda una plaza para tres piezas.lo La consecuencia de estas comunicaciones es que por cédula real de 23 de noyiembre de 1588 encarga Felipe 11 a su ingeniero Bautista Antonelli que haga las trazas para construir las fortalezas que fuesen necesarias. u A lo largo de los años las descripciones y los informes se suceden. A la fortaleza de Santa Elena se va a unir la fortificación de San Felipe, en el Morro, pero antes de terminarla les tocaría rechazar en 1595 los ataques de Drake y de Hawkins, y dos años después el conde de Cumberland se apodera de la ciudad. Por el informe que manda al rey el Gobernador Juan Troche Ponce de León en 5 de abril de 1579 podemos ver el estado precario en que se encontraban, a falta de mano de obra, según escribe textualmente: "los vezinos desta ciu.dad son muy pocos y pobres en gran manera padescen mucho en la custodia de la ciudad". Pide cincuenta soldados y un capitán que se ocupen de la defensa para que, libres de este cargo, aumente la población y haya oficiales "para la obra del baluarte de la fortaleza",ll de la que dice "se derrumba la barranca que está sobre el mar". Debido a ello .. no puede jugar la artillería si no es con mucho riesgo de caerse todo el baluarte". Pide que le provean de ruedas para las piezas "que las más deHas no pueden jugar por falta de las no tener", con lo que el valor defensivo de la fortaleza es prácticamente nulo.U Poco después, en 31 de julio de 1578, .' 8. «Descripción de Puerto Rico.., Citada en la nota 2, 101. 4..Este es~ado de cosas promueve la emigración de !os vecmo~ a tle~ firme por lo que en la fccha dc este Informe solo hay Ciento setenta vecinos y catorce clérigos y prebendados (fol. 4 v.). 9. «Descripción de Puerto Rico.., citada en la nota 2, fol. 16 v. 10. Archivo General de Indias, de Sevilla. Indiferente. Utilizado por ANGULO IÑfauEZ en su obra citada, p. 22. 11. Archivo General de Indias de Sevilla. Puerto Rico, 2.496. ANau~o IÑlauEz en su .ob. cit~, p. 26, utiliza el documento y dlcc que se habla comumcado a los oficiales de Puerto Rico que pagasen los gastos de las fortificaciones Que se hiciesen confonne a la traza de éste y de Juan de Texeda. 12. Este documento, que se guarda en el Archivo Gene· ·ral de Indias, de Sevilla, papeles de la Audiencia de Santo Domingo, leg. 168, ha sido publicado por AURELtO Ttó: «Nuevas fuentes para la historia de Puerto Rico... Univer!iidad Internacional de Puerto Rico. Puerto Rico, 1961, p. 486, doc. n.· 12, con el Utulo: eInfonne al Rey por el Gobernador Juan Trochc Ponce de León en 5 de abril de 1597, Quien sustituyó a Francisco Ovando Meda como Gobernador. Infonne sobre la economía de la isla... 13. AURELtO TIl): ob. cit., doc. 12, pág. 488.

vuelve a escribir a la Península contando el saqueo efectuado por los franceses en el mes de junio pidiendo que en evitación de mayores males se hiciese una torrecilla para tres piezas de artilleria de suerte que pudiesen, en lo alto de ella, velar el artillero y dos centinelas, con lo que se protegía la entrada por el Boquerón. l • Entre 1608 y fines de 1609 se concluye por fin lo fundamental de la fortaleza del Morro, con 10 que' parece cerrase el duro periodo del siglo XVI. Pero en pocos años algo amenaza a la bella isla, ahora desde dentro: la pérdida de autoridad y desbarajuste de gobierno de los últimos monarcas de la dinastía austriaca, cuya política tiene por tónica una constante dilapidación de caudales. Las defensas de la ciudad, cuidadosamente estudiadas y realizadas por Felipe 11, no se reparan y al correr del siglo XVII van perdiendo eficacia desgastadas por los ataques del exterior y desmanteladas por el abandono en que las tienen sus gobernantes. La desc:ipción hecha en 1640 por el holandés Juan de Lacrt 15 nos llena de perplejidad cuando asegura que "aunque desprovista de murallas y baluartes está bien fortificada", citando como defensas "un castil~o respetable" y otro denominado "la Fortaleza".'6 En realidad desde 1625 se había iniciado el acarreo de materiales para la construcción de una muralla por la parte Este, única desprovista de defensa, ya que el acantilado abrupto del Norte y las fortalezas de Santa Elena y el Morro en el Oeste se consideraban suficientes,17 No obstante, la obra propiamente dicha de la muralla se llevó a cabo bajo la dirección de Juan Bautista Antonelli, hijo del arquitecto citado de Felipe 11, entre 1635 y 1642.'8 Dudamos de que, a pesar de todo, las defensas militares con que contaba la isla fueran suficien· tes, ya que en un informe dado por el Almirante de las Flotas de España en 1690 sobre el estado de aquella tierra se dice textualmente: "aquellos isleños que son valentísimos, son en quien consiste toda la defensa, con algunos honores a los vecinos del pueblo de San Germán".19 En efecto, en

14. Archivo General de Indias. Sevilla. Audiencia de S?-nto Domingo, leg. 168. Publicado por AURELIO TJó: ob. ClI., p. 511. doc. 13, con el título: -Otro informe al Rey por el Gobernador Juan Troche Ponce de León fechado en 31 de julio de 1579... 15. «Historia del Nuevo Mundo.., citada por TArtA y R!VERA, A.: «Biblioteca Histórica de Puerto Rico... Puerto RICO, 1854. 16. TAPIA: ob. cit., p. '139 y CABRIllAN.\: ob. cit. p. 167.

17. Noticia recogida por CASRIllANA: ob. cit., p. 175. 18: LI.AGUNO y AMtROI.A, E: «Noticias de ArCluitectos y ArqUItectura en España desde su restauración... Edic. anotada por Ccán Bennúdez. Madrid, 1829, p. 125. 19. Figura en el -Boletín Histórico de Puerto Rico.., T>ubl. por CAYETANO COLL y ToSTl!. San Juan de Puerto Rico, t. nI, p. 313. a que hace referencia Tló: ob. cit., página 196. .

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estos últimos años del siglo -tiempos calamitosos de Carlos II-, encontramos en precario estado de seguridad aquellas ciudades, cuyas fortificaciones se están derrumbando por no haber acudido a tiempo a su reparación y sostenimiento. En la mayor parte de ellas no hay guarnición de tropas suficiente y los pocos soldados con que cuentan no cobran sus haberes desde tiempo atrás, lo que motiva que los vecinos, sabiéndose indefensos, huyan de las ciudades por miedo a los ataques de los piratas y otros enemigos. como el perpetrado por los escoc~ses en la costra de Darién, o por los indios en la isla de Trinidad en la desembocadura del Orinoco, donde mataron al Gobernador, a varios misioneros y algunos vecinos. Con la instauración en España del primer monarca de la dinastía borbónica. Felipe V, procla· mado por tal el 24 de noviembre del año 1700, van a cambiar las cosas. Pronto se da cuenta del estado lastimoso a que se ha llegado en todos los asuntos de gobierno y una de sus primeras medio das es ordenar que se haga nuevo informe sobre las posibilidades de defensa de las provincias ul· tramarinas. El correspondiente a los puertos de esta parte está fechado en Cádiz a 6 de abril de 1701 y por él conocemos la gran estima en que se seguía teniendo en la Metrópoli a los naturales de Puerto Rico. Según este informe las islas de Trinidad y San· ta Margarita, el castillo de Araya. y también Cumaná, Cumanagote y Portobelo, son las plazas peor defendidas. De la primera de estas islas dice que Santa Fe y Santo Tomás tienen pocos vecinos y carecen de guarnición. De Santa Margarita, que tiene un "castillejo" tan corto que no tienen espacio para retroceso las once piezas de artillería que hay montadas y por guarnición están sólo los vecinos. El castillo de Araya están bien dotado, ya que hay cuarenta y nueve piezas de artillería, pero sólo están montadas once por falta de cureñas para las restantes. Las que faltan, aunque hay ma· dera para ello, tampoco se hacen porque los treinta soldados de infantería con que cuentan están descontentos porque hace tres años que no recio ben la paga (!), 10 que también ocurre a los de Portobelo. Cumaná y Cumanagote están "expues· tos a la violencia" por falta de gente. Es muy curioso lo que dice de Caledonia, la capital de la colonia escocesa fundada por William Paterson en el Darién, entre Cartagena y Portobe· lo, ahora recién abandonada por aquéllos -en 1700-, después del ataque decisivo del Gobernador de Cartagena Juan Pimienta. Afirma que la fortificación es la que hicieron "de tierra y fagi· na" 20 los escoceses en el tiempo en que estuvie20. Hay otra referencia a este material usado en la construcción de defensas en una certificación del Ministro

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ron establecidos. No es de extrañar que con tan deleznables materiales esté arruinada en su ma· yor parte por efecto de las continuas lluvias. Tam· poco es de muchos recursos el nuevo Gobernador Miguel Cordones al que, por toda defensa, sólo se le ocurre mandar que vayan cavando una zanja de tierra con ayuda de algunos negros "que allí tiene S. M,". Atribuye el informante esta peregri· na idea a "falta de más in teIigencia", por lo. que aconseja que el ingeniero de Cartagena o de Portobelo vayan a Caledonia y hagan una fortificación adecuada. De los restantes sitios los mejor pertrechados son Panamá y La Habana. Panamá tiene quinientos hombres que están levantando a toda prisa los lienzos de muralla que están caídos. En Cartagena hay más de quinientos hombres de guarnición y también se procede a reparar las fortificaciones, además de estar a punto de terminar de construir una galera. En cuanto a La Habana la escuadra metropolitana ha dejado como complemento de sus tropas doscientos infantes y munición sufi-_ ciente. Sus fortificaciones están bien conservadas y sólo es conveniente alargar la batería del casti· 110 de la fortaleza vieja por ser la principal que defiende la entrada del puerto. Es en este momento cuando se repite aquí el. elogío merecido en el informe de 1690 sobre el valor de los puertorriqueños, dedicado esta vez también a la isla de Santo Domingo. Dice de ésta que su plaza está muy bien defendida porque por el lado del mar es costa brava -de roca y altay por tierra está cercada de muraBa. La situación económica es tan mala como siempre, ya que de la paga de sus gentes "ignórase" quién la tenga recibida. No obstante asegura que los naturales son la principal defensa contra cualquier ataque enemigo. Dice de Puerto Rico que la población está aislada por todas partes y aunque algunos baluartes están arruinados tienen otros para su de· fensa. No se conoce el número de soldados de infantería que tiene de guarnición. Sin embargo, concluye:...... pero como en la antecedente son la principal defensa los naturales que lo han manifestado en las pocas veces que ha intentado el enemigo insul tarlos" .21 de la Real Hacienda de 3 de abril de 1802 en que se da noticia de una batería situada en el sitio llamado Peñon·· cilio, entre la Ensenada Onda y Puerto Real de Ponce, diciendo que «consta de veinticuatro varas y media de espesor con el alto correspondiente de buena fagina y estaqueada.. Es documento publicado por F.OIIARDO NEU' MAN GANOIA: «Gloriosa epopeya. Sitio de los gleses dc 1797, con datos hasta ahora no publicados.• Porce. 1897, p. 48, Apéndice, Letra B. Según el «Diccionario de la Lengua Española., publi· cado por la Real Academia en 1936, la fagina es: _Haz dc ramas del~adas muy apretadas, de que se sirven los ingenieros militares para diversos usos y m"" señaladamente para revestimientos.• 21. Documento reseñado en la nota 1.


.. Así, con estas sencillas palabras, en un infor· . me confidencial, es corno en España se tuvo una vez más conocimiento de la valentía de los puer· torriqueños en aquellos tiempos difíciles de comienzos del siglo XVIII, que les reservaba todavía la más dura prueba. En efecto, antes de finalizar el siglo, pudo como probarse que los elogios del informe que en 1690 da el Almirante de las Flotas de España, como los del informe dado en 1701 que acabamos de mencionar no eran vanos. Los puertorriqueños tuvieron ocasión, una vez más, de dar la medida de su valentía con motivo del ataque y sitio puesto por los ingleses del 17 de abril al 21 de mayo de 1797, verdadera epopeya nacional recordada tanto por los historiadores como por las tradiciones populares.22 Hasta trece héroes se destacan por sus acciones, sin contar con la arrogancia y valor del brigadier Ramón de Castro Gutiérrez, que no sólo rechaza el ultimátum para entregar la plaza, sino que aún toma la iniciativa haciendo en el mes de abril una fructífera salida que cuesta a los sitiadores la pérdida de muchas armas y cañones.2J La musa popular premia con la fama a sus predilectos corriendo de boca en boca coplillas como la dedicada a José Díaz, sargento mayor, que muere el 30 de abril en la defensa del puente de Martín Peña, puente que facilitaba el único paso del Camino Real de San Juan a Hato del Rey y Río Piedras: 24

.. En el puente de Martín Peña Murió don Pepe Diaz, Que era el hombre más valiente Que el Rey de España tenía. n 25 Es una lástica que los romances dedicados a los ponceños por Bibiana, hija de José Benítez, 22. NEUMANN: ob. cit., recoge todos estos episodios. 23. NEUMANN: ab. cit., pág. 14, refiere que con los ca· ñones cogidos al enemigo se levantó la estatua de Ponee de León en la pInza de San José. 24. ZAPATERO, JUAN, M.: .De la batalla del Caribe: el último ataque inglés a Puerto Rico (17 de abril a 21 de mayo de 1797).. Revista de Historia Militar, núm. 4, pp. 90-136 (1959), p. 103 25. NEUMANN: ab. cit., p. 37.

otro de los héroes, sobrino del anterior, no se ha· yan conservado escritos perdiéndose su tradición oral.26 De él se sabe que con sólo dos compañías de urbanos puso blindaje al almacén de pólvora de la Escuela práctica que se hallaba en la Puntilla logrando su propósito a pesar de las granadas incendiarias que caían para volar el polvorín. La valentía parece ser cualidad innata de esta fami· lia, pues también se conserva memoria de la hazaña realizada por un primo de José Diaz. llamado Francisco Díaz, que desembarcó en la playa del Condado al costado de las baterías enemigas y "sable en mano" asaltó las trincheras haciendo huir a trescientos ingleses y aun cogiendo algunos prisioneros. Después de lo cual metió a martillazos clavos en los oidos de los cañones y los dejó in· utilizados antes de emprender la retirada.z7 También los defensores de Aguadilla se distinguieron por su valor y el Gobernador y Capitán General supo reconocerlo cuando escribe: "Creo muy bien que esos fieles vasallos del Rey habrán resistido las ideas de los enemigos manifestando su leaItad, amor al Soberano y su patriotismo. 28 ti

La tradición del valor de los puertorriqueños continúa viva en el recuerdo de todos a fines del siglo XIX. Al recoger y comentar los hechos pasados merece estas palabras: "Por desgracia, durante el tiempo de las guerras de nuestra Metrópoli con otras naciones europeas siempre fue hi isla de Puerto Rico objeto de invasiones extranjeras; pero los hijos de este terruño, animados de atto espíritu de honor, sellaron con su valor su leal· tad, y de modo claro y terminante, manifestaron su propósito de continuar la vida nacional y dcfender el imperio español en esta apartada región de la patria con alma abnegada y entusiasta." 29 26.

NEUMANN:

ob. cit., p. 9.

27.

NeuMANN:

ab. cit., p. 38.

28. NEUMANN: ab. cit., p. 51. Apéndice, Letra D. Oficio de 29 de diciembre del Gobernador y Capitán General contestando parte de guerra del dfa 26 sobre la defensa de Aguadilla. 29.

NEUMANN:

ob. cit., p. S.

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Bibliograña puertorriqueña de 1970 . (Primera Parte)

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Rlt'. Amelia: Flores del romancero.

- N,w Jersey, I::nglewood Cliffs, Prentice Hall,

276 p;;'gs. Selección de romances españoles, entre eUos: históricos y legendarios, carolingios, artúricos, fronterizos y moriscos, novelescos y líricos, hasta llegar al siglo XVII. DE OLMi::.". Cecilia: El Director de Escuelas: Manual para prit.dpiantes. Puerto Rico, Imprenta

ARNAU>I

El Sol, 114 págs. La obra analiza la f-.lse de la dirección escolar

dentro del sistema educaiJvo. La autora dirige la Escuela Elemental de la Univc:rsidad de Puerto Rico. Rafael: El abismo (Poema de la vida ultraterrestre). - PuerLo Rico, 319 págs. Poema dividido en cinco partes: La Tierra, El Hondón Punitivo, La Meseta del Consuelo y del Remordimiento; El Espacio Infinito; El Cielo. El autor practica la medicina en Mayagüez.

AVALA,

BADIUO, Pedro E.: Antología de la filosofEa griega, cuarta edición revisada; Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 253 págs. Obra dividida en dos partes -La Filosofía Griega y Epoca Helenfstica- para uso de los estudiantes de filosofía de la Universidad de Puerto Rico. El autor es Decano de Estudios Generales. BAUTA, Nano: Arca de versos. - New York, Colección Mensaje, 62 págs.; prólogo: Odón Betanzos Pala· dos. Primer libro de versos del escritor puertorriqueño, cuyo nombre es Juan Bautista Castro y Montijo. BETANCES, Ramón Emeterio: La botijuela. - Obras del Dr. , 1; San Juan, Talleres Gráfir.us Inter·· americanos, 53 págs.; recopilación y notas de Ada Suárez Díaz. Nueva edición de la adaptación de la obra de Plau· to u Aulalaria", que Betances' (1827·1898) publicó en Nueva York en 1863. - - - : La Virgen de Borinquen. -:- Ponce. Editorial Cofresí, Vigía, Sociedad de Jóvenes Pro Cultura Puertorriqueña, s. p. Cuento autobiográfico publicado originalmente en Pans en 1859, en francés. Traducción al español de Mi· guel Angel Santana.

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BIAGGI, Virgilio: Las aves de Puerto Rico. - Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 371 páginas; ilustraciones: Lucila Madruga de Piferrer y Christine Boyce. Describe e ilustra 239 especies de la ornitología puertorriqueña; recoge, estudia y amplía todo lo que se conoce sobre las aves de Puerto Rico. El autor di· rige el Departamento de Biología del Recinto Universitario de Mayagüez.

BABfN, María Teresa: La cultura de Puerto Rico. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Bi· blioteca Popular, 188 págs. Edición abreviada del estudio publicado por primera vez en 1958, bajo el título: Panorama de la cultura puertorrique;ia, con adición de material nuevo.

BIRD, Jorge: Apuntes de mis viajes por el mundo. Madrid, Biosca, 188 págs.; prólogo: A. Pacheco Padró. Relato de los viajes que el autor realizó a distintos países mientras fue presidente del Leonismo Inter· nacional.

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BLANCO, Tomás: Cuentos sin ton ni son. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Biblioteca Popular, 195 págs.; prólogo: Margot Arce de Vázquez. Primera recopilación de los relatos del autor, que según la prologuista "son interpretaciones de la reali· dad puertorriqueña desde un punto de mira de reflexivo análisis ontológico".

- - - : Prontuariá histórico de Puerto Rico. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Bi· blioteca Popular, 140 págs. El autor señala su propósito de "explicarm-e mediante un intento de síntesis, la formación de nuestro pueblo" y reconoce como acicate la obra Insularismo, de Antonio S. Pedreira. BONAFOUX, Luis: Betances. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Biblioteca Popular, 394 págs. • Bonafoux se ocupa de la figura del prócer puertorriqueño en sus aspectos de revolucionario, en sus relaciones con Ruiz Zorrilla, como escritor, como ora· dar, en la intimidad y en el hogar. La primera edición es de 1901. BRASCHI, Wilfredo: Apuntes sobre el teatro puertorri. Ilueño. - San Juan, Editorial Coquí, -Ediciones Borinquen, 111 págs.; introducción: Emilio M. _Colón. Estudio del tt:iltro puertorriqueño desde sus orígenes hasta la década del cincuenta, con énfasis en lo moderno. Tesis para la maestría en la Universidad de Puerto Rico. BUITRAGO ORnz, Carlos: Estructura social y orienta· ciones valorativas en Esperanza, Puerto Rico y el Mediterrdneo. - Río Piedras, Editorial Edil, 145 páginas. ' El autor examina la estructura social y orientaciones valorativas en tres niveles: una comunidad rural al noroeste de Puerto Rico; la isla en general y el área mediterránea. BuLNES, José María, y ESTADES, Héctor (compiládores): Los estatutos legales fundamentales de Puerto Ri· co. - Río Piedras, Editorial Edil, 289 págs. Entre los documentos recopilados figuran la Carta Autonómica, de 1895; Tratado de París; Ley Foraker de 1900; Ley Jones de 1917; Ley Pública 600 y Ley de Relaciones Federales con Puerto Rico y la Constitución del Estado Libre Asociado. CADJUA. DE RUIBAL, Carmen Álicia: Alfabeto del sueño (Poesía niña). - Puerto Rico, Editorial del Departa. mento de Instrucción Pública, 71 págs. Obra de poesía infantil destinada a" las escuelas, que la autora dedica ~l niño puertorriqueño, para los cuales escribió anteriormente en prosa: "Mundo sin geografía". CALDERóN CARRlÓN, - Emilio: Poemas escogidos (Antología). - San Juan, 146 págs.; prólogo: Cesáreo Rosa·Nieves. Antología del poeta de Trujillo Al~o, que lia publi. ~ado: "Veredas de Borinquen" (1934); "Destellos en la penumbra" (1943) y "Cantares n (1967). CANINO DELGADO, Marcelino: La canción de cuna en la tradición popular de Puerto Rico. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 146 págs.; prólogo: Margot Arce de Vázquez.

Estudio de la tradición de la nana en Puerto Rico, con énfasis en la temática, música y estilo literario. Diversos apéndices recopilan nanas recogidas por el autor y dispersas en libros de otros folkloristas. CARRERO, Jaime: . Raquelo tiene un mensaje. - San Juan, Puerto Rico, 242 págs. Primera novela del autor, premiada por el Ateneo Puertorriqueño en el Certamen de Navidad de 1967. El autor dirige el Departamento de Arte de la Univer· sidad Interamericana en San Germán. CaLL, Edna: Cayetano Coll y Toste (Síntesis de estImu· los humanos). - Universidad de Puerto Rico, Edi· torial Universitaria, 147 págs. Biografía y estudio de la obra del polígrafo puertorriqueño (1850-1930) en sus fases de pensador, historiador, cuentista, poeta y médico. La autora es nieta de CoU y Toste. COLL y TOSTE, Cayetano: Historia de la instru=ción pública en Puerto Rico hasta el año de 1898. Bilbao, Editorial Vasco Amerit.:ana, 206 págs. El ensayo fue premiado con medalla de oro y diploma de honor en el Certamen Literario y Cien· tífico del Casino Español en 1909. COMAS PAGÜf, Juan Ezequiel: Puerto Rico. Poema lírico descriptivo. - Mayagüez, Marcos A. Comas, 16 págs. El cuaderno se publica con motivo del centenario del poeta (187().1928), con palabras liminares tomadas del prólogo que Mariano Riera Palmer escribiera al libro "Trozos del alma" en 1904. COMPOSTELA (Francisco Vázquez Díaz): Pingüinos. Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 62 págs.; prólogo: Salvador Tió. Colección de fotografías de esculturas de pingüinos por el artista español que hace treinta afias reside en Puerto Rico. CORDERO, Ricardo: Guerra Civil Gon..dlez. - San Juan, Puerto Rico, 350 págs. El autor continúa en esta novela el tema que según los editores es el primordial en su obra: la libertad de Puerto Rico, y que inició en "El Gigante y el alba". CORRETJER, Juan Antonio: Agüeibana (Poemas criollos); Utises (Versos al mar de un hombre de tierra adentro); Cdntico de guerra. - Ponce, Edi· ciones Alerta, en estarcido. Los editores, grupo de jóvenes de Ponce, han recopilado los primeros tres cuadernos poéticos de Corretjer, publicados en 1932, 1933 y 1937, respectivamente. - - - : La ¡ristoria que gritó en Lares. - Guaynabo, Puerto Rico, 103 págs. Colección de ensayos en torno del Grito de Lares, incluyendo "Mitología del Grito de Lares n , que se habra publicado separadamente.

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Imagen de Borinquen. Está dedicado a ]a temática de] indio borincano. CRUZ, Ruth Eve]yn: Meditaciones de una maestra. Puerto Rico, Editorial de] Departamento de Ins· trucción Públi~, 64 págs.; ilustrado; prólogo: Gladys Pagán de Soto. Poemas que ]a joven maestra dedica a sus' disdpulos y que emanan de su experiencia en Cidra. CucHf COll, Isabe]: La familia de Justo Malgenio. San Juan, Puerto Rico, 121 págs. Segunda edición -la primera es de 1963- de la obra en tres actos que Ueva por subtitulo: Puertorri· queños en Nueva York. CUEVAS, Clara: Kaleidoscopio del amor. - San Juan, Talleres Gráficos Interamericanos, 65 págs.; carta preliminar de Federico de Onfs. Segundo poemario de ]a autora, periodista de ofi· cio, quien en 1969 publicó: "Tríptico del amor, del dolor y de la muerte". DE DfAz GONúLEZ, Irene: Santos de Puerto Rico. - San Juan, Museo de Santos, 76 págs.; texto y fotografías de • Precede las fotografías un estudio 'sobre los antecedentes, técnicas, estilos y cronología del arte de ]a santería en Puerto Rico. Publicado con motivo de la apertura del Museo de Santos.

CURBELO

DALIA (Migdalia Nieves Albert): Muerte segunda. Puerto Rico, s. p.; prólogo: Dean Zayas; ilustraciones: Víctor. Primera colección de la joven estudiante de Hu· manidades, quien nace en Santurce en 1948. DELGADO, Edna Licelott: Y cuando digo todos. - Río Piedras, Editorial Edil, Colección Poética Edil, 56 páginas. Primera obra poética de ]a autora, quien la divide en cuatro partes: Entrega; Amor; Canción para la unidad y Presencia del amor. DELGADO CINTR6N, Cannelo: Las concesiones privadas y las zonas públicas de terrenos en la isla de Culebra. Un andlisis histórico y jurídico. - San Juan, Puerto Rico, 99 págs. E] autor se propone "determinar ]a validez de las reclamaciones de terrenos de ]a Marina de los Estados Unidos sobre las tierras públicas de Cu]ebra", desde un enfoque histórico-jurídico. DELGADO DB TORRES; A]ma: La toga llrica. - Poesías . Colegio de recopiladas y ordenadas por Abogados de Puerto Rico, 180 págs.; prólogo: Ma· nuel Rodríguez Ramos. Recopilación de poemas de' 36 abogados puertorriqueños vivos; primera de su clase en nuestras letras. ENAMORADO CUESTA, J.: Puerto Rico se nacionaliza: No se "americaniza". - San Juan, Editorial Puerto Rico Libre, 14 págs. Refutación de] cuaderno "El proceso de americanización en Puerto Rico - Un problema ético", de Pablo Garcfa-Kuenzli. FELICES, Jorge: Cantares de Bidfara. ciones Castilla, 88 págs.

líO

Madrid, Edi·

El autor al explicar el título del poemario señala que Biáfara es corrupción de Biafra. Es el nombre de ]a hacienda de su amada en Arecibo, donde murió un esclavo natural de Biafra, que quedó en la leyenda. FEUCIANO MENDOZA, Ester: Nanas. - Universidad de Puerto Rico, Editoria] Universitaria, 56 págs.; prólogo: Margot Arce de Vázquez; ilustraciones: W. Clegg. Nueva serie de poemas infantiles en los que la autora utiliza su forma poética predilecta: ]a nana o canción de cuna. F'ERN1NDEZ MámEZ, Eugenio: Historia cultural de Puerto Rico. 1943-1968. - San Juan, Ediciones El Cerní, 351 págs. El autor arranca desde unos "breves apuntes sobre un concepto de historia cultural", Y traza una historia de ]a cultura puertorriqueña desde los antecedentes ibéricos de la colonización hasta nuestros días.

- - - : Proceso histórico de la conquista de Puerto Rico (1508·1640). - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 92 págs. El autor divide la obra en dos partes: I. La adaptación minera (Primer período de ]a historia y conquista de Puerto Rico, 1508-1535) y n. El primer'ciclo de ]a economía azucarera, 1535·1640. FIGUEROA CHAPEL, Ramón: Quinto Evangelio. - Bilbao, Editorial Vasco Americana, 59 págs. Poemario dividido en tres partes: Responso y Jeta· nías por la muerte de un hijo; Quinto Evangelio; Poemas sueltos.

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FRONTERA, José Guillermo:

GARcfA-PASSALACQUA, Juan M.: La crisis política en Puerto Rico (1962-1966). - San Juan, Editorial Edi], 184 págs. El autor declara su propósito de ofrecer su testi· monio sobre "una crisis de importancia histórica como ]a ocurrida al popu]arismo entre 1962 y 1966". GAROON, Margarita: Con ojos de mochuelo enloquecido. - Río Piedras, Editorial Edil. Colección Poética Edil, 74 págs.; prólogo: Wilfredo Braschi. Segunda obra poética de la autora, que en 1966 publica su poemario: "La alondra se fue con la tarde". GAunER DAPENA, José A.: Baldorioty, Apóstol. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Biblioteca Popular, 189 págs. Obra sobre el Ifder del autonomismo puertorriqueño, Román Baldorioty de Castro, desde su nacimiento en 1822 hasta su muerte en 1889. GdMEZ ACEVEDO, Labor: Organización y reglamentación del trabaio en el Puerto Rico del siglo XIX (Propietarios y jornaleros). - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 502 págs. Obra que analiza un proceso que va desde 1838 hasta 1877, deteniéndose en el problema de la mano de obra en Puerto Rico y la lucha por resolverlo, y la implantación del régimen de ]a libreta.


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Catdlogo completo de la obra grdfica de Orozco. - Edición, introducción y notas de Luigi Marrozzini; publicación conjunta Instituto de Cultura Puertorriqueña y Universidad de Puerto Rico; ilustrado; diseño: Carlos Marichal; en inglés y español. , Recoge la primera exposición de ]a gráfica completa de Orozco que se presentó como parte de ]a Primera Bienal de San Juan de] Grabado Latinoamericano. Se ilustran y describen 48 obras del maestro mexicano. - - - : Primicias de las letras puertorriqueñas. San Juan, 516 págs.; introducción: Emilio M. Colón. Contiene las tres primeras manifestaciones literarias que en forma de libro dieron comienzo a la literatura puertorriqueña. Son las tres antologías: .. Aguinaldo Puertorriqueño" (1843); "Album PuertorriQueño" (1844) y "El Cancionero de Borinquen" (1846).

LAGUERRE. Enrique A.: El fuego y su aire. - Buenos Aires, Editoria] Losada, 289 págs. Ultima obra de ficción del novelista puertorriqueño. y que según los editores "es el testimol1i:> de la situación de los puertorriqueños que se ven obligados a emigrar a ]05 Estados Unidos". LAGUNA DtAz, Elpidio: Sombra azul. - Salamanca, Imprenta Calatrava, 92 págs. Prosas breves por el joven autor puertorriqueño que publicó su primera obra -"Pablo"- en 1969, además de su tesis: "El tratamiento del tiempo subjetivo en la obra de Gabriel Miró". VEGA, Maximiliano: Las cien mejores poesías de Puerto Rico (Joyas poéticas del arte boricua). -Río Piedras, Editorial Edil, 309 págs. La selección comprende ochenta poetas. Se divide en dos partes: Ciclo de románticos y parnasianos y Ciclo de modernistas y postmodernistas. LóPEZ DB

LUGO DE GUERNEW, Adelaida: Eugenio María de Has· tos. Ensayista y crItico literario. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueiía, 207 págs.; pro. logo: María Teresa Babín. Partiendo de las ideas de Bostos sobre literatura y crítica, la autora analiza su obra ensayfstica, estudiando a la vez las características particulares de la prosa de] escritor puertorriqueño. MAÑACH, Jorge: Teorla de la frontera. - Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, Editorial Universita· ria, 171 págs.; introducción: Concha Meléndez. Obra póstuma del escritor cubano. Contiene la serie de conferencias que iba a pronunciar en la Universidad de Puerto Rico cuando le sorprendió ]a muerte en 1961. Ordenadas por la doctora Meléndez, incluyen la discusión del caso de Puerto Rico. MAROU~,

René: David y lonatdn: Tito y Berenice (Dos dramas de amor, poder y desamor). -" Río Piedras, Editorial Antillana, 101 págs.; análisis prologal: F. Vázquez Alama. Dos piezas de ambiente bíblico-histórico, al igual_ que el drama anterior del autor: "Sacrificio en el Monte Moriah". MARTf, José: Marti y Puerto Rico. - Prólogo, se]ección y notas de Carlos Montaner; Río Piedras, Editorial San Juan, 192 págs. Trabajos de Martf sobre temas puertorriqueños, divididos en las partes: Puertorriqueños ilustres; El Partido Revo]ucionario Cubano; "Patria"; Gente puertorriqueña (Los clubs revolucionarios); Notas suelo tas; Un discurso; Una carta. MART1NEZ MAsDI!U, Edgar y Ml!LoN, Esther M.: Literatura puertorriqueña. Antologla general, Tomo [. Siglo XIX. - Río Piedras, Editorial Edil, 335 págs. Los autores se proponen "hacer accesible a ]05 que ,comienzan en el estudio de ]a literatura patria, una serie de lecturas que los familiaricen- con aquellos autores que a nuestro juicio vienen obligados a conocer". MATHEWS, Thomas: La poUtica puertorriqueña y el Nuevo Trato. - Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 330 págs.; traducción del inglés por Antonio J. Colorado.

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Primera versión completa al español de la obra: Rican Politics and the New Deal", que estudia el momento político en Puerto Rico de 1932 a 1938. ~Puerto

MATOS PAOLI, Francisco: Cancionero. - San Juan, Edi· ciones Juan Ponce de León, 158 págs. Nuevo poemario del autor puertorriqueño, cuya última ·publicación fue "El viento y la paloma", en 1969. MELámEZ, Concha: Obras Completas. Tomo 1. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 596 páginas; prólogo: Angel Luis Morales. Contiene los libros: "Amado Nervo" (1926); "La novela indianista en Hispanoamérica, 1832-1889" (1934); "Signos de Iberoamérica" (1936); "Entrada en el Perú" (1941).

_ ......- : Obras Completas. Tomo 11. -

San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña,. 691 págs. Cop.tiene los libros: "Asomante (Estudios Hispanoamericanos)" (1943); "La inquietud sosegada: Poética de Evaristo Ribera Chevremont" (1946); "Figuración de Puerto Rico y otros estudios" (1958) y "José de Diego en mi memoria" (1966).· La serie continuará con otros volúmenes de material publicado e inédito. ME~DEZ, Julio: El telar de las sombras (Cuentos).Vega Baja, Editorial Cibuco, 103 págs.; nota preliminar por Adrián Santos Tirado. Segundo libro de cuentos del autor -maestro de español en la Escuela Superior de Vega Baja- quien se inicia en el género con "La carne indócil", en 1964.

NEGRóN DE MONTILLA, Aída: Americanization in Puerto Rico and the Public.school System, 1900-1930. Río Piedras, Editorial Edil, 282 págs. Estudio del proceso de americanización en Puerto Rico con relación al sistema de enseñanza pública. Tesis doctoral sometida a la Universidad de Nueva York. NIEVES FALCÓN, Luis: Acción comunal y educación prc· 'escolar en zonas marginadas. - Río Piedras, Al'ción Social, Inc.; 103 págs.; prólogo: Wenceslao Serra Deliz. La obra se refiere a la labor realizada por Acción Social en el Centro de Demostración en Desarrollo Infantil, Urbanización Pública Jardines de Monte Ha· tillo. NOÑEZ, Guillermo: Islote. Poesía. - Instituto de Cultura Puertorriqueña; Centro Cultural Jesús María Muñoz de Utuado, 52 págs. Nuevo poemario del autor de: "Esta voz primera" (1964); "Esta otra voz" (1966) y "Esta voz-Amor" (1968). LóPEZ, Awilda y RUIZ ORTIZ, Ernesto: En la calle estabas... (La vida en una institución de menores). - Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 137 págs.; segunda edición revisada. Estudio de la vida de los internos en la Escuela Industrial de Mayagüez, utilizando la técnica del observador partícipe. PALAU

DE

DE LóPEZ, Awilda: Esbozo de la Ilistoria legal de las instituciones y tribunales de menores de

PALAU

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Puerto Rico. - Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 119 págs. _La' obra ofrece el trasfondo histórico y estudia las leyes que bregan con los niños delincuentes de la isla. PARRILLA BONILLA, Antulio (Mons.): Puerto Rico: Iglesia y sociedad 1967-1969. - Cuernavaca, Méx~co, Centro Intercultural de Documentación, Sondeos núm. 66; primera parte: 193 págs.; segunda parte: 121 págs.; tercera parte: 281 págs. _ Obras donde Mons. Parrilla recoge escritos relacionados con tres temas: La renovación de la rglesia y otros temas eclesiales conciliares; El estado colonial de Puerto Rico y temas polfticos relacionados; El cooperativismo como fórmula de reforma social y económica y otros temas de acción social. PASARELL, Emilio J.: Orlgenes de la afición. teatral en Puerto Rico. - Puerto Rico, Editorial del Departamento de Instrucción Pública, 465 págs.; ilustrado. Se recogen en un solo volumen -las dos partes publicadas por separado anteriormente: la primera, sobre el siglo XIX, y la segunda, sobre el siglo xx. PEDRaRA, Antonio S.: Obras. Tomo l. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 749 págs.; prólogo: Concha Meléndez. Contiene los libros: "Insularismo" (1934); "El año terrible del 87" (1937); "Aristas" (1930); "Aclaraciones y critica" (1941) y "Tres ensayos" (La actualidad del jíbaro, Curiosidades literarias de Puerto Rico y De los nombres de Puerto Rico).

- - - : Obras. Tomo 11. - San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 718 págs. Incluye dos obras: "El periodismo en Puerto Rico" (1941) y "Hostos, ciudadano de América" (1932). Pedreira nace en San Juan en 1899; fallece en Hato Rey en 1939. SANTIAGO, Carmen: El Gobierno de Puerto Segunda edición revisada; Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 813 págs. La obra, que describe el proceso político de Puerto Rico y la estructura de su gobierno, ha sido puesta al día hasta el resultado de las últimas elecciones.

RAMOS

DE

Rico. -

RIESTRA, Miguel A.: Fundamentos filosóficos de la educación. - Río Piedras, Editorial Universitaria, 317 págs. Primer libro de texto escrito en Puerto Rico sobre la filo~ofía educativa; viene precedido de una exposición de los principios fundamentales de la filosofía. El autor es catedrático asociado de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico. RODlÚGUEZ, Jaime Luis: Sin instinto de vuelo (Poemas). - Nueva York, Colección Mensaje, 31 págs. Segundo poemario del escritor puertorriqueño, hoy profesor de literatura en Pensilvania. Publicó "Pobre palabra mía" en 1962. RODRíGUEZ PASTOR, José: El retiro hacia una nueva vida. - San Juan, Editorial Cordillera, 190 págs. El autor se propone ofrecer un manual "que pueda ser de ayuda en los cursillos pre-retiro que se están ofreciendo a los empleados de las empresas


privadas y del gobierno cuando se acercan a los sesenta años de edad".

cialización del puertorriqueño en su cultura y en ámbito del poder neocolonial".

ROSA, Félix de la: Frente al Sinedrio. - San Ju~n, Puerto Rico, marzo de 1970; ilustraciones: David Goitía. Incluye poemas para la Semana Santa. El autor, ministro religioso puertorriqueño, vive retirado en Nueva York.

SERRA DELIZ, Wenceslao: Memoria. - Río Piedras, Editorial Edil, 55 págs. Poemario dividido en dos partes: El hombre y La Isla. Primera obra del joven poeta que ha venido publicando en las revistas Guajana y Bayoán, y figuro en la "Antología de Jóvenes Poetas" del Insti~to de Cultura Puertorriqueña, en 1965.

ROSA·NIEVES, Cesáreo y MELoN, Esther M.: BiografÚ¡s puertorriqueñas (Perfil histórico de un pueblo). Sharon, Conn., Troutman Press, 487 págs.; número 12, Serie: Puerto Rico- Realidad y Anhelo. Los autores presentan biografías "de algunas de las figuras más importantes de Puerto Rico, del pa· sado y el presente". En orden alfabético, con bibliografía general y selecta. ROSA·NIEVES, Cesáreo: Ensayos escogidos (Apuntaciones de crítica literaria sobre algunos temas puer· , torriqueños). - Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico, Cuaderno núm. S, 176 págs.; prologo: Washington L1oréns. Colección de once ensayos, entre los cuales los hay dedicados a escritores puertorriqueños como José Gautier Benítez, Lola Rodríguez de Tió, Marias González García, Miguel Meléndez Muñoz y Luis Palés Matos. ROSARIO, Rubén del: El español de América. - Sbaron, Conn., Troutman Press, 161 págs.; núm. 1, Serie: Lenguas y Culturas del Mundo. El autor se propone presentar "una introducción general al estudio de la lengua española hablada de uso común en Latinoamérica, con objeto de enmarcar y resaltar su actual fisonomía". Luis A.: El juicio de Victor CampoRío Piedras, Ediciones Bondo, 122 págs.; ilustrado. Segundo poemario del autor, joven abogado que utiliza el seudónimo de Víctor Campolo y quien aquí publica poemas "de protesta".

ROSARIO

QUlLES,

lo. -

S.(NCHEZ TARNIELLA, Andrés: Nuevo enfoque sobre el desarrollo politico de Puerto Rico (con un apéndice sobre la idea del voto presidencial). - Río Piedras, Editorial Edil, 161 págs. El autor señala su propósito de "ir palpando el contorno del proceso político del país, particularmente en lo que concierne a su fonnación en el tiempo". SEDA BoNIU.A, Eduardo: Réquiem por una cultura. Río Piedras, Editorial Edil, 201 págs... El antropólogo y sociólogo ha reunido una serie de trabajos bajo el subtítulo: "Ensayos sobre la so-

SILEN, Iván: Después del suicidio. - Santo Domin· go, R. D., Editora del Caribe, 52 págs.; prólogo: Alfredo Matilla Rivas. Primer poemario del joven escritor -hoy residente ep Nueva York- a quien el prologuista describe como "poeta revolucionario".

Hacia una visión positiva del puertorriqueño. - Río Piedras, Editorial Edil, 224 págs. El autor dice en 'la introducción que "éste es un

SlLEN, Juan Angel:

libro para entender la lucha por la independencia de Puerto Rico" y que "está concebido en forma de en· sayo, por su tooo polémico y abierto a debate". SU.(REZ DfAz, Ada: El doctor Ramón Emeterio Betances. Su vida y su obra. - San Juan, Talleres Gráficos Interamericanos, 39 págs.; portada: Lorenzo Homar. Segunda edición de la conferencia pronunciada en el Ateneo Puertorriqueño en noviembre de 1965. La autora prepara una biograffa de Betances: "El An· tillano".

- - - : El Instituto "José de Diego". -

San Juan, s. p. i., 11 págs. Ensayo publicado originalmente en la revista "Asomante" en 1966, en ocasión del centenario de . José de Diego. TAPIA y RIVERA, Alejandro: Obras Completas. Tomo 111. Biblioteca histórica de Puerto Rico. San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 730 págs. Colección de documentos inéditos sobre el Puerto Rico de los siglos XVI al XVllI. El Tomo I y el Tomo 11 de estas Obras Completas, publicados en 1968, contienen Novela y Teatro, respectivamente. WAGENHEIM, KaI: Puerto Rico. A Profile. - New York, Praeger, Publisbers, 286 págs.; prólogo: Piri Thomas; ilustrado. Introducción a la historia, la economía y la cultura de la Isla, por un periodista que ha residido largos años en Puerto Rico, donde fundó la Caribbean Review.

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