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Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

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REVISTA del INST.ITUTO de CULTURA PUERTORRIQUEÑA ANTROPOLOGfA HISTORIA LITERATURA ARTES PLÁSTICAS TEATRO

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JULIO - SEPTIEMBRE, 1969

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DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre - Aurelio Tió - Elías López Sobá Arturo Santana - Esteban Padilla Milton Rua

Director Ejecutivo: Ricardo E. Alegría Apartado 4184 AÑO XII

SAN JUAN DE PUERTO RICO 1969 JULIO-SEPTIEMBRE

Núm. 44

SUMARIO

Puerto Rico en su Poesía. Evaristo Ribera Chevremont y el color local por Anita Arroyo ... .oo

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La introducción de la imprenta en Puerto Rico y el primer periódico puertorriqueño por Lidio Cruz Monclova

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El primer libro de cuentos de Luis Rafael Sánchez por José Emilio González

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Alberto Peri por Grace Elaine Megwinoff

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El gallo en la poesía de Luis Lloréns Torres por Héctor Andrés Negroni .oo

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Manifestaciones literarias anónimas en prosa y verso que ven la luz pública en el "Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico", desde fines del año 1821 hasta mediados del 1822 por Josefina Rivera de Alvarez .oo

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Augusto Rodríguez, Ceiba por Francisco Arriví ...

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El pueblo donde nací por Salvador Tió Montes de Oca ...

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Instrucciones del Ayuntamiento de San Germán al diputado de Cortes ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

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Apuntes sobre las ideas políticas de don Mariano Rodríguez de Olmedo por Arturo Dávila ... ... ... ... ... ... ... ... ...

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El Martí de Martínez Estrada por Manuel Maldonado-Denis

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De la vida cotidiana a través de la prensa puertorriqueña por Juana Gil Bermejo... ... ... ... ... ... ... ...

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SEPARATA DE MÚSICA

TRES CANCIONCITAS DEL MAR 11. -

¡A NAVEGAR!

Música de Jack Delano Letra de Ester Feliciano Mendoza

PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal Fotografías de Jorge Diana Aparece trimestralmente Suscripción anual . Precio del ejemplar

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$2.50 ..

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COLABORADORES


ANITA ARROYO GoNZÁLEZ DE HERNÁNDEZ. Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana, ha profesado cátedras de Historia de la Literatura hispanoamericana en dicha Universidad y en la Nacional Autónoma de México. Tiene a su haber una larga labor en el periodismo de Cuba, donde ocupó el cargo de presidente del Lyceum de La Habana y fue secretaria de varios patronatos culturales y cívicos. Es autora de diversas antologías de cuentos hispanoamericanos y de los libros Raza y pasión de Sor Juana Inés de la Cruz (1952), América en su

Literatura y Raíz y Ala.

LIDIO CRUZ MONCLOVA. Nació en Río Piedras. Fue durante muchos años profesor de historia y literatura puertorriqueñas en la Universidad de Puerto Rico. Su obra principal ha sido la Historia de Puerto Rico - Siglo XVI, publicada en seis volúmenes aparecidos entre 1952 y 1964. Es también autor de las obras Historia del año 1887, Luis Muñoz Rivera: diez

años de su vida política y Baldorioty de Castro. Con Antonio J. Colorado es coautor de Noticia y pulso del movimiento político de Puerto Rico (1808-1890), y con Reece B. Bothwell, de Los documentos, équé dicen? Es compilador de las Obras Completas de Luis Muñoz Rivera, que viene publicando el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

JosÉ EMILIO GONZÁLEZ. Nació el 17 de febrero de 1918 en Gurabo, Puerto Rico. Cursó la enseñanza primaria en su pueblo natal y la secundaria en Caguas. Siguió estudios superiores ·especializados en Filosofía y en Ciencias Sociales en las Universidades de Puerto Rico, Chicago, Columbia, California. Se recibió de maestro en Artes en la Universidad de Bastan con la disertación Hostos como filósofo. Fue redactor del diario La Prensa, en Nueva York e instructor de ciencias sociales en la Universidad de P. R. donde actualmente profesa en el Colegio de Estudios Generales, sección de Humanidades. Desde joven ha cultivado la poesía en la que se manifiesta su honda preocupación por el destino de su patria. Ha publicado el libro Profecía de Puerto Rico (1954) Y ensayos filosóficos literarios entre los que se encuentran: Nuestra Pa-

tria: Ideales para la educación de Puerto Rico; Cervantes y la libertad; Criterios de la Universidad; Cántico mortal a Julia de Burgos (1956); Parábola del Canto (1960); Los poetas puertorriqueños en la década del Treinta (1. C. P., 1960); Josefina Romo Arregui en el arte de su palabra (1961 ).


GRACE ELAINE MEGWINOFF. Obtuvo su bachillerato en artes en la Universidad de Puerto Rico, y su maestría en literatura comparada en la Universidad de California, en Berkeley. Ha sido conferenciante en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico y profesora de literatura en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Actualmente sigue estudios hacia el doctorado en New York University, y dicta un curso de literatura puertorrique· ña en Hunter College.

HERMAN REICHARD ESTEvEs. Nace en Aguadilla. En la Universidad de Michigan se especializó en Historia y Literatura. Es autor de la monografía titulada: Luis

Muñoz Rivera: his Political, Social and Intellectual Contributions to Puerto Rico, publicada en la revista «The Southeastern Americanist» en el centenario del prócer. Ha estado adscrito a los centros universi· tarios de extensión desde que éstos existen en Aguadilla, como conferenciante en la Universidad Católica y catedrático asociado de la Universidad Interamericana. Prepara una monografía sobre Aguadilla en la

vida y en los versos de José de Diego.

EDWIN FIGUEROA BERIDOS. Nació en Guayama. Obtuvo su bachillerato en artes en la Universidad de Puerto Rico en 1948. En 1955 obtuvo su maestría en estudios hispánicos en la misma institución, con una tesis titulada: Estudio lingüístico de la zona de Cayey. Ha obtenido varios premios en certámenes de cuentos del Ateneo Puertorriqueño. Sus relatos están recogidos en el libro Sobre este suelo. Actualmente está adscrito a la Facultad de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico.

HÉCTOR ANDRÉS NEGRO I. Militar puertorriqueño, tiene el grado de Capitán en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Se ha destacado por su interés en la historia militar de la Isla. Se desempeña en la actualidad como profesor auxiliar de español en el Departamento de Lenguas Extranjeras de la Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, situada en el estado de Colorado.


JOSEFI A RIVERA DE ALVAREZ. Nació en Mayagüez y cursó estudios en la Universidad de Puerto Rico. Obtuvo el grado de Maestra en Artes en la Universidad de Columbia y el de Doctora en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Desde 1947 está adscrita al Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, donde desempeña una cátedra de español. Es miembro de número de la Academia Puertorriqueña de la Historia. En 1955 publicó su Diccionario de Literatura Puertorriqueña, cuya nueva edición en dos tomos publicará el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Acaba de aparecer el primer tomo de su Historia de la literatura puertorriqueña.

FRANCISCO ARRIvf. Nace en San Juan. Dramaturgo, poeta, ensayista, director de escena y luminotécnico. Se recibió de Bachi· ller en Artes en la Universidad de Puerto Rico. Becado por la Fundación Rockefeller, estudia radio y teatro en la Universidad de Columbia. Fundó la sociedad dramática Tinglado Puertorriqueño. Es autor de las piezas de teatro: El diablo se humaniza, Alumbramiento, María Soledad, Caso del muerto en vida, Club de Solteros, Bolero y plena, Vejigantes, Sirena y Cóctel de Don Nadie. En poesía: Isla y nada, Frontera, Ciclo de lo ausente y Escultor de la sombra. Ensayos: Entrada por las raíces, Areyto Mayor, Conciencia puertorriqueña del teatro contemporáneo. Dirige el programa de teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

SALVADOR TIÓ Mo TES DE OCA. Uno de los más destacados periodistas puertorriqueños del presente, también se ha dedicado al ensayo y a la poesía. Su prosa está enmarcada dentro de la trayectoria satírica y humorística. En 1954, la Universidad de Puerto Rico publicó su libro A fuego lento (Cien columnas de humor y una cornisa), selección de los artículos de crítica social y literaria de carácter polémico publicados en la prensa del país. Ha sido miembro de la Junta de Directores del Instituto de Cultura Puertorriqueña.


Tres cancioncitas del mar 11

¡A navegar! Música de .JACK DELANO

Letra de

E5TER FELICIANO MENDOZA

INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA

San Juan de Puerto Rico 1969


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JACK DELANO Nació en 1914 en una aldea cerca de la ciudad de Kiev, Ucrania. A la edad de nueve años emigró a los Estados Unidos y la familia se estableció en Philadelphia, Pennsylvania. Continuó sus estudios musicales, que ya había comenzado con su padre, en la Settlement Music School, con una beca. Allí, desde el 1923 hasta el 1932, estudió violín, armonía, teoría, composición y viola, con profesores del Curtis Institu te of Music. Luego formó parte, como violinista, de un cuarteto de cuerdas, mientras estudiaba arte con una beca en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts donde recibió un premio dt: un viaje a Europa para. estudiar y visitar los grandes museos. De 1940 hasta 1943 trabajó como fotógrafo-artista con la Farm Security Administration del gobierno federal y en 1941 fue asignado por dicha agencia para pasar tres meses en Puerto Rico para hacer un reportaje fotográfico de las condiciones sociales en la isla. Estas fotografías se encuentran ahora en la Biblioteca del Congreso. Después de tres años de servicio militar durante la guerra volvió a Puerto Rico con su esposa, habiendo recibido una beca de la Fundación Guggenhaim para continuaJ: su labor fotográfica en la isla. Reside en Puerto Rico desde el año 1946. Ocupó el puesto de director de la Sección de Cinematografía en la División de Educación de la Comunidad desde sus comienzos hasta 1953, donde aprovechó su preparación musical para componer la música de las varias películas que dirigió. Empezó a trabajar con la emisora del gobierno, la WIPR-TV, en 1957 y era Administrador General del Servicio de Radio y Televisión desde 1962 hasta marzo de 1969. Además de las partituras para películas, sus' obras musicales incluyen: 1. Los ballets La Cucarachita Martina, La Bruja de LoÍza, Sanjuaneras y El Sabio Doctor Mambrú. 2. Música incidental para el cuen!.:> de Tomás Blanco "Los Aguinaldos del Infante ". 3. Sonata para viola y piano (premio del concurso WIPR). 4. Cuarteto para cuerdas y piano. 5. Las canciones: Oración de Jimena (del Cantar de Mio Cid), Nocturno (letra de Luis Palés Matos; premio del certamen Festival de Navidad del Ateneo) Esta Luna es Mía (letra de José P. H. Hernández; premio del certamen, Albertus Magnus College), Tres Cancioncitas del Mar (letra de Nimia Vicéns, Esther Feliciano Mendoza y Carmelina Vizcarrondo). 6. Sonatina para flauta y piano (premio de publicación del Ateneo). 7.

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8. Ofrenda Musical a la memoria de Luis Palés Matos (para viola, trompa y' orquesta de cuerdas). 9. Arreglo para orquesta sinfónica de dos danzas de Juan Morel Campos (La . incógnita y Laura y Georgina). la. Tres tiempos para la suite "Fiestas Patronales" para quinteto de vientosmadera. 11. Cuatro Sones de la Tierra (letra de Tomás Blanco). 12. Concertino Classico para trompeta y orquesta. 13. Obertura "La Reina Tembandumba". Sinfónica.


Tres cancioncitas del mar 11 ¡A navegar! Letra de E5TER FELICIANO MENDOZA . ,

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SEPARATA DE MUSICA DEL NUMERO 44 DE LA REVISTA DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA


Puerto Rico en su Poesía. Evaristo Ribera Chevremont y el color local Por

pUERTO RICO HA SIDO DESCUBIERTO POCO A POCO POR

muchos pequeños Humboldts.* Entre ellos no hay duda que sobresale entre los mejores don Evaristo Ribera Chevremont. Su libro de versos Color, no sólo señala una etapa importante de su caudalosa producción poética -verdadero sistema fluvial perfectamente canalizado--, sino que es un hito en la búsqueda del "yo" puertorriqueño. Pero hay que precisar en seguida lo que es para este poeta de Color el color local. Durante mucho tiempo se cultivó en América un costumbrismo que, por cierto fue el origen de nuestra literatura de ficción, cuentos y novelas, que fotográficamente, a base de un realismo pormenorizado. como de lente fotográfica, trataba de reproducir nuestras características, nuestro tipicismo americano. Esta etapa de nuestra literatura hispanoamericana desempeñó una importante función en su momento histórico. Ayudó a descubrirnos. Pero después fue superada por una etapa menos fotográfica y más creadora en la que el paisaje y las costumbres locales, al ser no calcadas sino interpretadas, devinieron materia poética, sujeto estético de más originales y acabadas obras de arte. A esta segunda etapa pertenece don Evaristo y de hecho la inaugura en gran parte en nuestra Isla. El mismo explica esta nueva visión de la naturaleza en su estudio La Naturaleza en "Color" (1943). Al anegarme en la contemplación de la naturaleza, punzóme el ansia de la canción. Un entusiasmo primitivo incitábame a crear. Después de sondar el tema, medité largamente. ¿Cómo sería la canción? ¿Una exaltación de la naturaleza universal, o una demostración de la naturaleza de mi país, * Con razón llamado -el segundo descubridor de Amé-

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ANITA

ARROYO

tan inflamada en sus gamas y en sus lineaciones? Entonces me di cuenta de cuál era nuestra situación en la lírica del mundo. Nuestros poetas, desde el siglo XIX hasta los comienzos del siglo xx, no se habían separado de esa literatura que Luis Muñoz Marin, en sus días exclusivamente literarios, denominó "de fuga". Nuestros poetas, con algunas excepciones, no habían cesado de girar hacia lo exótico; lo autóctono, cuanto es flor de nuestra reverberante heredad, no los enamoraba. ¿Cuál era la razón de esta anomalía? Marcadísima habia sido la influencia de Europa sobre nuestros poetas. Tal influencia, explicable durante el período colonial, resultaba deplorable después de la obra de los emancipadores. Tal influencia, que provocaba la servidumbre intelectual, impedía el cuajo de un arte de América. Era imprescindible la rebelión. La repudiación de la literatura de fuga no debía suponer una desvinculación de la literatura de Europa. No era conveniente perder el contacto con Europa, matriz de la civilización de Occidente. Se trataba de engendrar una literatura que ofreciera, por continente y contenido, los rasgos originales de nuestra naturaleza y de nuestra vida. Se trataba de modelar, por una conciencia madura e iluminada, un arte que redundara en beneficio de nuestro hemisferio; arte capaz de ser sustentáculo de una cultura de robusto tipo. Coincidiendo con los ideales de Pedro Henríquez Ureña en sus Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión y aún antes con Nicolás Heredia, en su trascendental estudio La Sensibilidad en la Poesía Castellana -como el propio don Evaristo reconoce- marca este poeta una nueva visión de lo nuestro, ya madura y original que apunta hacia la plas. mación de un estilo ya americano. El adolescente,


sufrido el destete psicológico, se lanza a expresar su auténtica y robusta personalidad: nos referimos al espíritu americano, liberado de las viejas trabas -los moldes coloniales y los espejismos ex· tranjerizantes. Sobre las ideas estéticas, cualidades y virtudes del libro que nos proponemos comentar, como so· bre el resto de la producción poética de nuestro autor, poco o nada puede añadirse a los magníficos estudios realizados por nuestra primera crítica literaria, la sin par Concha Meléndez quien en La inquietud sosegada (1956) y en recientes prólogos, di· seca, con su fino bisturí, la obra poética del autor de "Color». Nuestras modestas consideraciones se limitan al tema de nuestra pequeña serie de apun· tes: "Puerto Rico en su poesía". El primer gran tema autóctono, imprimiéndole a lo local ese rango estético universal que nos con· cede la madurez, que exalta el poeta es la luz, verdadera protagonista del Trópico. La luz de Puerto Rico es más luz que en parte alguna: es una luz enceguecedora. La Isla entera es "poliedro luminoso de cromáticos fulgores"; su color es "de violentas, de vastas sugestiones" y "tendiéndose en la Isla, la bruñe, la sofoca". En el poema Nues· l ro Luz, pórtico encendido del libro, expresa: "Nuestra luz, exaltada, con brutal oleada -tendiéndose en la isla, la bruñe, la sofoca. -Nuestra luz. que es inculta, recia y diafanizada, en sus desbordamientos bruscos, todo lo toca. - Nuestra luz, que no tiene paralelo, es extrema ~xcesiva en sus ímpetus y en sus encendimientos. -Nuestra luz es suprema luz, y, por viva, quema. -Nuestra luz proporciona pasiones, ardimientos. -Nuestra luz, dominante luz de Trópico, empuja --con rayos ano churosos, fuertes y enardecidos- el iris y la nube, la hierba y la burbuja; y, como a tales fonnas, empuja mis sentidos. -Nuestra luz, en 10 crudo del solar, encandila --con sus Ilameamientos y sus entonaciones. -Nuestra luz, que es luz única, le ofrece a mi pupila --el color, de violentas, de vastas sugestiones." Hijas primigenias de la luz son todas nuestras islas caribeñas, islas primogénitas. Desde que El Navegante de los sueños realizados· las descubrió, se le encandiló la pupila y, enredado en el encanto de Las Once Mil Vírgents'¿eran 11.000? ¡No importa, eran tantas y tan bellas! -se olvidó de la rea· Iidad. Esto explica que, en el Sur de Cuba, a la altura de la península de Zapata, y ya casi al topar el extremo occidental de la isla, declarara solem· nemente, que habían llegado a la India: soñaba despierto y hasta vio extraños animales mitológi. cos... La luz, la luz lo emborrachaba: la luz lo confundía... Luz es color, matrimonio indestructi· ble. Por eso don Evaristo es pintor en este libro. * Cristóbal Colón.

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Pero su paleta, preciso es aclararlo, no es la del pino toresquismo turístico de pandereta: su paleta es la del artista. Nuestra admirada y querida Concha bien lo define: "Al querer determinar las esencias (esencias y no efervescencias, añadimos nosotros) de nuestro paisaje, le asaltaron como fuerzas avasaIIantes la luz y el color. En el decir del pl)eta, "las cosas, devoradas por la fiebre de la luz y el color, se posesionaron de mis sentidos. Los rojos, los anaranjados, los amarillos, los verdes, los azules, los añiles, los violetas, atravesando el aire en llamas, causábanme dichosos vértigos. La luz y el color inducíanme a la canción." .....Si la Isla es ante todo luz y color -añade Concha-, hay que expresarla así después de sentirla. Ve, como Osear Wil· de en el color, la presencia espiritual de las cosas, su centinela. Asido a la imaginación, se propone ex· presar esas cosas con objetividad" --con distancia estética, podríamos añadir-o Pero sabe que la belleza está tanto en las cosas como en el hombre. que "lo objetivo y lo subjetivo se confunden en toda obra de belleza". Entonces define su libro: "Color no es una improvisación, sino una estilización. Es el empeño de un arte de consistencia y elegancia. Es la maceración de una lengua para plegarla, en apuradas afinaciones, al tema de la luz y el color, el tema del paisaje en sus calientes expansiones." Así en esta isla, en la que" están como formadas de claridad las cosas", predominan el verde y el azul: "Voy cosechando azules en el azul escueto -de la zona del trópico. Los campos invadidospor vegetales masas, denuncian el secreto -de abril, el de los fuertes y lúbricos sentidos. - Por tanto azul los aires se muestran exaltados; palpita, en expansiones gozosas, la arboleda; -y revélanse lúcidos e hirvientes los poblados, - de los que se levanta brillante polvareda. - Vibra el azul, nutrido de fuerzas y alborozos, - sobre la verde isla. Con recios escarlatas, -refulgen incendiados azules. Toques mozos - tienen en los jardines las resurrectas matas. - Algunas flores, túmidas y azules sus corolas, -se inmergen en las lumbres magnéticas del día. -Dice el azul su aérea, compleja sinfonía". Verdadera Sinfonía en azul, como reza el título. y en otro poema -Baila Manuel- dice: "El cielo, de' azul puro, fieramente mordido -de sales ... El sol está presente en esta bendita tierra como Júpiter en un Olimpo tropical". "El sol cubre los muelles alongados y hundidos ... " "El sol, que es sol de Trópicos, arde tremendamente; -las nubes son infladas, pomposas, blanquecinas; -los canales refulgen; el pasto es reluciente; -y Surgen, recargadas de verde, las colinas. -En la ex· pansión enorme de lumbres aguzadas, -de lumbres apretadas, de lumbres agresoras, -las viviendas encienden techumbres y fachadas... " - El mediodía es áspero, sojuzgador, violento; --el mediodía


tunde con sus irradiaciones... JI; hasta el aroma del aire es caliente: "El aire está cargado del aroma caliente ...... todo lo invade y enciende el sol omnipresente. Y aún en las noches. cuajadas de destellos, la. luz está presente: .. Esta noche coruscan soles despavoridos - entre nubes monstruosas y en amontonamiento. - En la ciudad. cortada de voces y de ruidos. - vense radiar los focos con enardecimiento." - Los buques aparecen negruzcos. irreales. - febriles. sonambúlicas sus iluminaciones. en el fuliginoso betún de los canales. - Las luces en el agua con finas reflexiones"... Policromía siempre: "De orillas a horizontes. hervor blanco se advierte ..... : Todo bulle y hierve y refulge en este llarno de calor y de color. El sol es de oro y los astros fulgen más azules: "y. como si a los astros azules, purpurinos - y dorados loaran. estriden los insectos...... Topógrafo de la luz y del color en su empastada paleta poética, habría que colocar en lugar señero a este aeda en una antología de poesía tropi· cal que en Puerto Rico podría hacerse para deleite del lector. Son numerosos los poetas que ungen sus sonoros pinceles en nuestras islas: "Y las islas. Las islas ubérrimas. vibrantes. - de sinfónicas playas. Verdes congestionados - y deslumbradas nubes... " Sobre este luminoso y polícromo escenario, canta el poeta a los valores más entrañables de su tierra: desde Agueybana. el jefe de Borinquen. de "penacho de colores y vigorosas mazas". guardado por "los dioses del sol y de la luna" '-"en su jardín de yucas. hicacos y caimitos"~; pasando por la abuela española del poeta -"presencia delatora de estirp'e de hidalguía"-. y a través de "la lengua brotada del solar de Castilla.... t "La lengua -voz de siglos- a mi verbo se enlaza," - "No habrán de destruirla. porque es la mejor parte - lo subs· tancial, lo eterno, del todo de mi raza"-: desfilan por "Color" San Juan. Luquillo. -"Veo en el azul puro tu silueta, Luquillo". - los muelles de la ciudad del viejo Morro centinela: "San Juan junta sus piedras. tal como e~ cielo junta -sus nubes; y su mole ·se abrillanta, se afina. -El Trópico sus pastas de ardor y sueño unta - Al Morro. a San Cristóbal y a Santa Catalina"; no faltan pinceladas eglógicas. como la vigorosa acuarela del Valle de Yabucoa: "Valle que al clima tórrido. basto y vital conforma - sus anchurosidades y sus renacimientos. - Valle en que el clima ofrece su multiforme forma; - forma de exuberancias y de desborda-

mientas. - Azul de radiaciones. cargado de crude· zas, - de acentuación robusta. cubre tus extensiones. - Los picos que te ciñen, guardas de tu belleza. - enarbolan su verde sobre el verde que expones," Verde, verde, siempre verde; azul. azul, siempre azul: los dos colores dominantes del poeta-pintor de su isla. Y no faltan en su paleta isleña otros elementos locales: la décima criolla - "jalón del continente. - puntal de lo indohispano..... "De autoctonía vasta, de espíritu potente"...; el güiro -"ají bravo de la criolla orquesta"; el tiple - "De materias que ofrece la isla es construido..... - "Responde la silvestre fuerza de su sonido - a la simple.y desnuda fuerza de nuestro acento" -; árboles frutales de sabor local, como el tamarindo, "de agridulces frutos". y el aguacate como "pincelada de lo nuestro más hondo" que le satura de isla el jardín. que "no es laxo. sino impetuoso". Y no faltan árboles más recios, como el Tabarzuco, "recio, condensado, pujante"... y, entre los pájaros, el Guaraguao: "Aquí donde las formas son débiles y lacias, - me admira el guaraguao: sus bríos. sus audacias, - me admiran sus violencias. sus raptos y sus vuelos ..... Naturalmente. no podía omitir un poema al Jibaro, entonces todavía sumido en su pobreza ancestral: "Mísero y dolorido. con lo más puro sueña" mientras "al calor de la brasa, pláta· no verde asa". Este poemita, más que una acuarela, es un grabado en madera. y como remate de la visión luminosa y cromática de su Isla. que inserta naturalmente en el Trópico, el poeta-pintor ofrece un cuadro de Nuestro Continente: es su poema América: "muestrario de soles y paisajes. - América de' oro. flor de los con· tinentes. - Los pájaros denuncian tu luz en sus plumajes; - denuncian tu energía boscajes y torrentes. - La pasión y el arrojo son dioses consistentes - de tu naturaleza, 'de ímpetus salvajes; - y hechicerías bárbaras entonan tus ambientes. - Tus flores son inmensas; bruscos tus oleajes.. :' Puertorriqueño y americano y universal, el hombre y el poeta son hijo y artista a la vez de su isla, de su con· tinente y del mundo. El color local no lo reduce: es sólo el enfoque directo y a la vez más amplio para contemplar en su totalidad el Universo. América, en su evolución espiritual. agónica y larga, ha llegado a la madurez en poetas como don Evaristo. En la pupila de Evaristo Ribera Chevremont el color local se hace universal.

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La introducción de la inlprenta en Puerto Rico y el primer periódico puertorriqueño Por LIDIO CRUZ MONCLOVA

L os

ORíGENES DE LA IMPRENTA EN PUERTO RICO -factor de extraordinaria importancia en el desenvolvimiento general del país en el siglo XIX-, ha constituido por mucho tiempo un oscuro problema de nuestra historia sobre el cual han expuesto distinguidos escritores, tanto propios como extraños, las más diversas opiniones. La primera referencia respecto a este asunto, se debe a don Pedro Tomás de Córdova, quien en 1832 afirma, que la imprenta se fija aquí por pri· mera vez durante el mando del gobernador, Mariscal don Toribio Montes, es decir, entre los años de 1804 y 1809. Al tratar el mismo asunto en 1866 en sus Notas a la Historia de la Isla de Puerto Rico del Padre Abbad, don José Julián Acosta señala por fecha del magno suceso el año de 1808. En las Memorias escritas en 1882, siguiendo ob· viamente a Córdova y a Acosta, don Alejandro Ta· pia Rivera fija el advenimiento de la imprenta a esta Isla entre los años de 1804 y 1809. Cuatro años más tarde, o sea en 1886, don Fe· derico Asenjo Arteaga, repitiendo la opinión de Acosta, ubica el suceso nuevamente en 1809. En 1888, don Salvador Brau Asencio, publica en las columnas de El Clamor del País un interesan· tísimo artículo en el que expone la nueva tesis de que la imprenta había sido introducida en Puerto Rico por un francés de apellido Delarué a quien el gobernador Montes había comprado el valioso in· vento en la suma de mil doscientos pesos por me· diación de don Juan Rodríguez Calderón el 15 de marzo de 1807 para instalarlo como dependencia de la Capitanía General. En dos artículos posteriores, publicados respectivamente, el 16 de septiembre y el 15 de diciembre de 1892, Brau Asencio fija

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nuevamente el suceso en 1807. En 1893, sin embargo, señala la fecha de 1806. Pero, posteriormente, en un artículo publicado en El Buscapié vuelve a fijar la fecha en 1807. Y la misma fecha señala en su Historia de Puerto Rico, publicada en 1904, y en un artículo publicado en 1907 en el periódico El Heraldo Espaiiol. En un artículo publicado el 25 de octubre de 1892 y en otro publicado el 23 de marzo de 1897 don Pedro de Angelis -siguiendo la opinión de Brau-, fija la introducción de la imprenta en 1807. La misma fecha de 1807 señala en un artículo publicado elIde diciembre de 1892 don José Géi. gel Zenón. Y, la misma fecha, consignan en tumo, don Eduardo Neumann Gandía; el bibliógrafo cubano don Carlos M. TreHes; el bibliógrafo chileno don José Toribio Medina, y el bibliógrafo español don Antonio Palau Dulcet. Mientras, en 1910, don Cayetano Coll y Toste, en el libro Historia de la Instrucción Pública en Puerto Rico, propugna la tesis, fundada en parte en las versiones de Córdova y Tapia, de que la im· prenta había sido introducida por primera vez en Puerto Rico el año de 1806. Cuatro son, pues, en resumen, las fechas propuestas para la introducción de la imprenta en la Isla. La de 1808, por Acosta y Asenjo. La de 1807, por Brau Asencio, Angelis, Neumann Gandía, Tre· Hes, Medina y Palau Dulcet. La de 1806, por CoH y Toste. Y, las comprendidas entre 1804 y 1809 indio cadas por Córdova y Tapia Rivera. Ante tales discrepancias, la opción razonada, es verdaderamente riesgosa, y, harto dificil, hallar la solución cabal y exacta entre tan diversas opiniones; máxime, cuando ninguno de los preopinantes allega una sola acotación documental ni presenta


un raciOClnIO siquiera, sobre las fuentes utilizadas para su elaboración, que permitan aquilatar el fun· damento de sus respectivas conclusiones. Sin embargo, juzgamos que tres documentos nuevos, hallados durante una investigación practi· cada en el archivo general del Obispado de San Juan, arrojan viva y resplandeciente luz sobre el obscuro problema de la introducción de la imprenta en Puerto Rico. El primero consiste de una comunicación escrita por el señor Obispo don Juan Bautista de Zengotita y dirigida al rey don Carlos IV, el 8 de agosto de 1801, con el objeto de obtener la correspondiente licencia para establecer en la ciudad de San Juan una pequeña imprenta bajo las reglas y leyes establecidas sobre la materia, y, de cuyo texto se desprende claramente que para entonces no la había en la Capital. El segundo consiste de una comunicación del señor Obispo don Juan Alejo de Arizmendi y diri· gida al gobernador Montes con fecha 27 de agosto de 1806, solicitando permiso para reimprimir las antiguas Constituciones Sinodales, en la imprenta establecida en esta Capital. Señor Gobernador y Capitdn General -dice textualmente el oficio del Obispo Arizmendi-: El gran deterioro en que se llalla el único ejemplar de las Constituciones Sinodales de este Obispado, impreso en Madrid por Real Orden de 19 de septiembre del año de 1646, en el siguiente de 16471. existente en el archivo de esta Secretaría Episcopal; y la suma importancia de su conservación por la instrucción que generalmente debe tenerse en la Diócesis de las sanciones que comprende para el mds fdcil y puntual gobierno de ella, así en 10 espiritual como en 10 temporal, me impelen a tratar de la reimpresión de algunos ejemplares, en la imprenta establecida en esta Capital, a cuyo efecto 10 participo a Vuestra Señoría, a fin de que se sirva cooperar a tan importante objeto, comunicando por su parte, la orden conveniente para ello." Y, el tercer documento, complementario del anterior, consiste de otra comunicación de 10 de sep· tiembre del mismo año de 1806, por la cual se notifica al Obispo Arizmendi, que consultado sobre el asunto el Auditor de Guerra se había manifestado contrario a la reimpresión de :las Constituciones Sinodales en la imprenta establecida en esta Capital, entre otras r.azones, porque para ello se necesitaba la previa licencia del Real y Supremo Consejo de estos Dominios. El alcance y significado de estos tres documentos son, sin duda, tan valiosos como esclarecedores. Acreditada en forma rotunda por los dos últimos, la existencia de la imprenta en la ci.udad de San Juan en 1806, resulta evidente que el situar su introducción con posterioridad a esa fecha, constituye un claro anacronismo, y que, en consecuenIt

cia, se impone descartar de toda consideración subsiguiente, la versión de 1809 propugnada por Acosta Calbo y Asenjo Arteaga; la versión de 1807 sostenida por Brau Asencio, Angelis, Neumann Gandía, TreHes, Medina y Palau Dulcet; y, las fechas de 1807, 1808 Y IS09 englobadas en la versión prepuesta por Córdova y Tapia Rivera. Al propio tiempo que, conforme en parte a la versión de CoIl y Toste y el resto de la de Córdova y Tapia Rivera, bien se puede formular la nueva tesis de que la introducción de la imprenta en Puerto Rico tiene lugar, categórica y específicamente, entre estas fechas límites: el año de 1801, cuando, según la carta del Obispo Zengotita, no la hay en esta Capital, y el año de 1806, cuando, según las cartas del Obispo Arizmendi y el Auditor de Guerra, ya estd estable· cida en esta Capital. Asumiendo, sin embargo, que la imprenta se in· traduzca en 1806, Puerto Rico no es, ni con mucho, el último país del mundo en disfrutar el extraordi· nario invento de Gutemberg. Pues, si ciertamente, la introducción de la imprenta en Puerto Rico re· sulta más de un siglo posterior a su importación en México y Guatemala, ésta, en cambio, llega aquí dos años por lo menos antes que a Venezuela; cuatro años antes que a Uruguay; seis años antes que a Chile, y dieciocho años antes que a San Salvador.

* * * La introducción de la imprenta en la Isla no podla menos que producir la aparición del periódico. Y, en efecto, así 10 testimonia la de la Ga· zeta de Puerto Rico, el primero de nuestros periódicos, cuyo título, con profundo y rancio sentido histórico, expresa cabalmente el carácter o naturaleza de la publicación. «La palabra gaceta -dice el ilustrísimo erudito y bibliófilo inglés mister Isaac Disraeli en su famosa obra Curiosidades de la Literatura- acaso se deriva de la palabra gazzeva que significa parlotea. dar o hablador; o, mds probablemente, de una moneda de Venecia llamada gazetta que equivalía al precio corriente del periódico. No obstante, algu· nos etimologistas la hacen provenir de la palabra latina gaza, la que se convierte en gazeta, y significa una pequeña colección de noticias.p Sobre los orígenes de la Gazeta de Puerto Rico, como sobre los de la imprenta, se han expuesto también diversas y contrapuestas opiniones. La primera declaración en torno a este asunto se debe a don Salvador Brau Asensio, quien en el prólogo escrito para la segunda edición de El Gibaro en 1883, fija la aparición de la Gaceta en el año de 180S. En un articulo publicado cinco años más tarde, rectificándose a sí mismo, Brau Asencio re· trotrae el suceso a 1807. En otro articulo publicado el 15 de diciembre de 1892, fija nuevamente el suce·

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so en 1808. En 1893, sin embargo, señala la aparición de la Gaceta en 1806. Pero, más adelante, en su Historia de Puerto Rico, vuelve a situar el suce· so en 1807. En 1887, don Manuel María Sama afirma que nuestro primer periódico ve la luz pública en 1814. y la misma opinión· manifiestan en turno, don Ma· nuel de Elzaburu Vizcarrondo; don Sotera Figueroa; el periodista cubano don Juan Gualberto Gómez; el publicista español don José Sendras Burin, y el orador y escritor cubano don Rafael Maria de Labra. En un artículo publicaJo el 2S de diciembre de 1892, don Pedro de Angelis acepta la fecha de 1807, expuesta por Brau Asensio. Y la misma fecha propugna en 1896, siguiendo obviamente la opinión de Brau y Angelis, don Eduardo Neumann Gandía. Mientras, ya luego, en 1910, apartándose de todas las opiniones anteriores, don Cayetano Coll y Toste fija la aparición de la Gaceta en el año de lS06. Para los más de los i~vestigadores, la versión de CoIl y 'roste parecía exornada del mayor crédito, ya que conocida la existencia de un antiguo ejemplar de la Gaceta, correspondiente al miércoles 1 de ju· lio de 1812, rotulado número 18, volumen VII, una simple operación aritmética conduce forzosamente a fijar la aparición del volumen primero en el año de 1806. Si bien, se admitía que todo ello se fun· daba en un mero cálculo, basado en el inseguro y arriesgado supuesto de que el periódico se hubiera publicado con regularidad inalterada, bisemanal· mente, desde sus orígenes hasta el término del largo lapso indicado. Las dificul tades para hallar cabal solución al problema ante tan encontradas opiniones, hubieron de complicarse más todavía a la luz de una explícita y categórica declaración contenida en el núme· ro de la propia Gaceta correspondiente al 20 de julio de 1848, en el sentido de que ésta contaba para

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entonces cuarenta años de existencia, la cual venía a prestar particular autoridad a la tesis fijando su aparición en el año de 180S. Hoy, sin embargo, el viejo y complejo problema' sobre la aparición de la Gaceta ha dejado de serl~, merced al felicísimo hallazgo, realizado por el ilustrado profesor de la Universidad de Puerto Rico y distinguido compañero y amigo don Antonio Rivera Martínez, de una circular expedida el 26 de marzo de lS06 por el gobernador, Mariscal don Toribio Montes. «Estoy esperando en esta plaza -reza dicha circular- un impresor que dará dos veces a la se· mana por medio de gacetas, todas las noticias ocurrentes, por solo el estipendio de un peso mensual que exhibirá cada sujeto; y, como de esto resultará a los curiosos la facilidad de instruirse en dichas noticias por tan corto costo como es el expresado: lo aviso a los Tenientes a Guerra de los Partidos anotados al margen, con el objeto de que lo hagan saber a sus respectivos vecindarios, para que si les acomodase, se suscriban los que gusten en papel separado. que se ~e remitirá especificando qué personas de esta ciudad han contribuir los reales y a quién se han entregar las insinuadas gacetas.» Establecido por dicho documento en forma clara y categórica que desde su origen la Gaceta de Puerto Rico se publica bisemanalmente, resulta asimismo claro y evidente que su aparición, conforme a la tesis formulada por Coll y Toste, se verifica en el año de 1806. En este orden, como en lo referente a la introducción de la imprenta, Puerto Rico no va tampoco a la zaga de ·los demás pueblos del mundo. Pues.. si su primer periódico es posterior en muchos años al de México y Perú, aquél, en cambio, es coetáneo al primer periódico de Canadá; y, anterior en dos años al de Venezuela; en tres años al de Filipinas; en seis años al de Chile; en dieciocho años al de San Salvador, y en veinticuatro años al de Han· duras.


El primer libro de cuentos de Luis Rafael Sánchez Por JosÉ

ITL

PRIMER LIBRO DE. CUENTOS DE LUIS RAFAEL SÁN.

chez, En cuerpo de camisa (Santo Domingo, R. D., Editora Arte y Cine, 1966, con portada de Carlos Marichal), constituye un notable aporte a ese rena· cimiento de la narración breve que se inició hace aproximadamente veinte años en Puerto Rico con aquellos libros inolvidables: En la sombra y Cinco cuentos de sangre, de José Luis González, y, Terrazo, de Abelardo Díaz Alfara. Como precursor de ese renacimiento habría que mencionar al vigoroso e incisivo Emilio S. Belaval de Cuentos para fomentar el turismo. En medio de la pléyade actual de los estupendos Pedro Juan Soto, René Marqués y Emilio Díaz Valcárcel, Luis Rafael Sánchez levanta hoy bandera propia con honores. Esta edición endeble de EtI cuerpo de camisa (mi ejemplar ya está descosIdo y abundan las erratas) reúne once cuentos de valor desigual: ninguno que pueda llamarse malo, la mayor parte buenos y algunos excelentes. Hacia el fin de este trabajo daré mi escala apreciativa. Uno que otro habían salido ya en revistas. Las narraciones son cortas. La más prolongada apenas si supera las siete páginas (im· presas); la más breve, dos y media. Esfuerzo de concentración que augura ya economía de medios, pero el lector va a encontrarse con un mundo extra· ordinariamente rico. Estos cuentos hacen pensar que fueron escritos de un tirón, aunque, meditándolo más, yo conjeturo que piezas como" Aleluya negra" y .. ¡Jum! ro no pue· den ser la obra del mero impulso intUItivo. Por lo menos, en esas y otras, se vislumbra una conciencia técnica trabajando. El libro es muy legible; lo cual no quiere decir que sea fácil. A veces es preciso detenerse porque plano de lo real externo y plano de lo real interno se entrecruzan o se yuxtaponen :..J.

EMILIO GO,\LI:Z

de tal forma que hay que desenredar la madeja (y no siempre queda claro). Indicaré brevemente los asuntos, para pasar luego a los temas y a enfocar ciertos aspectos es· tructurales.

Agenda del dia En la agenda del día figuran los siguientes asun· tos: 1. "Que sabe a paraíso": un narcómano paga como precio de la inyección anhelada la entrega dt: su mujer al proveedor de la droga. II. .. La maro· ma": un falso ciego mendicante disfruta de la euforia generada por la noticia de que se ha terminado la colecta para operarle los ojos. III. .. La noche tiene una raíz": Gurdelia, prostituta, recibe la visita del niño Cuco. que viene también él a gozar de "lo divino", pero ella descubre su maternidad. IV... Aleluya negra": la mulata Caridad se deja sa· brosamente violar por Carmelo el Retinto. V. "Me· maria de un eclipse": una jamona pone fin a sus veinte años de espera con la noticia de la muerte de su amado remoto. VI. "La muerte mayúscula, la muerte minúscula": fulano de tal se imagina que ha asesinadó a su amigo. VII. "¡Jum! ": acosado por la condena social, el hijo de Trinidad -hamosexualse suicida. VIII. "La recién nacida sangre": A Pepe Dolores le han nacido tres hijos muertos; cuando su esposa sale encinta por cuarta vez, la mata (de esta interpretación no estoy seguro). IX. "Ejemplo del muerto que se murió sin avisar que se moría"; Una mujer vela a su concubina que se está muriendo (o se murió) y le derrama una "linterna por la cara (tampoco estoy seguro de esta interpretación). X. "La Parentela": Píramo y Tisbe juegan a la bolita 7


confiando en los muertos cercanos (al final no se sabe si la pareja también ha muerto o sencillamente se han dormido; conociendo a Luis Rafael Sánchez me sospecho lo último). XI. "Etc." -otro fulanito de tal, desempleado, se dedica a contem· pIar el trasero de las damas en una esquina bulliciosa, pero no registra las alusiones evidelltes a la infidelidad de su mujer.

Sexo, muerte, individuo y sociedad El despliegue temático se esparce en varias direcciones, mas predomina la inquietud con los problemas sexuales, la preocupación con la muerte, el análisis de la relación entre individuo y sociedad. De más está decir que estos tres rumbos unas veces se entrelazan, corren paralelos o se separan. Ligados a éstos aparecen temas menores como la esterilidad, la maternidad, el tiempo, la superstición, et· cétera. El sexo aparece directa o indirectamente tratado en seis cuentos. La muerte, en cinco. La situación social del individuo en la mayoría de los relatos, pero casi siempre derivada del problema existencial del sujeto. El cuadro de la vida sexual se halla aristado de dificultades. La actitud ambivalente de la sociedad puertorriqueña frente al sexo -por un lado, la indispensable aprobación para la continuidad de la especie; por el otro lado, la censura moralista como algo pecaminoso- que encaja con la tradición judeocristiana de Occidente, es un surtidor constante de conflictos. De ahí que aparezca una gradación matizada en este libro. La celebración del sexo como pura fuerza, elemental, biológica, en "Aleluya negra", no puede ser completa porque lo social nunca está lejos. La mulata Caridad va donde Colasa para que le saque el diablo que le dejó adentro Carmelo. Por la orientación heterosexual advertimos una serie de variaciones. En "La recién nacida sangre" el acto de la fecundación aparece como manantial de muerte y no de vida. Si, de acuerdo con mi interpretación, Pepe Dolores mata a Marcela, que siempre le da hijos muertos, entonces la muerte de la mujer por el marido es un acto de la vida para acabar con la muerte. (La tangencia es evidente con "¡Jum!", aunque aquí se plantea el problema de la marginalidad de los homosexuales). En "Ejemplo del muerto... " una mujer vela a su amante, que no sabemos si está en agonía o ya ha muerto, es decir, que quiere conferirle la inmortalidad, por la vía de la creencia. Elvirita, la solterona de "Memofia de un eclipse", es un caso de sexualidad re· foulée: acepta el sexo, pero lo rechaza. Su conciencia de lá raíz vital del sexo se despierta justo cuando le llega la noticia je la muerte de su Caballero de la Triste Figura, amante hipersublimizado. En estos últimos cuentos, que acabo de mencionar, 8

como puede observarse, la vida sexual y la muerte se abrazan. La culturalización del sexo en nuestra sociedad con sus fuertes imperativos de represión tiene otras consecuencias. La manera cómo el protagonista de "Que sabe a paraíso" goza su entrada al ídem es de calidad auto-erótica, parecida al placer que dedu· ce su colega de "Etc." (a veces uno piensa que podrían hasta ser la misma persona) de contemplar las nalgas femeninas y de "dar chino". El voyeuris. mo de éste se asemeja al de las tres beatas de "Tiene la noche una raíz". La sexualidad ha sido desplazada de sus cauces normales, como en el caso de Elvirita, y ya entramos por el campo de la marginalidad. Todavía dentro del mundo heterosexual, aparece la relación entre hombre y mujer generalizada hasta el punto de la objetificación en "La noche tiene una raíz". El sexo convertido en cosa vendible: "la mercancía". Pero Luis Rafael Sánchez acierta, en este excelente relato, al señalar la repulo sión que siente Gurdelia después de haber dormido al niño que le evocó sus sentimientos maternales. Mientras que en "¡Jum!" penetramos en el recinto de la marginalidad absoluta, lo socialmente insoportable, la homosexualidad. Este cuento, con su fin trágico, es una estupenda ilustración del prejuicio colectivo. Estamos en las antípodas de "Aleluya negra". Mucho más podría decir sobre las perturbaciones sexuales, socialmente impuestas, tal como se ven en este libro. Pero debo pasar al próximo tema: la muerte. Ya he dicho algo sobre ésto. La pregunta que se me ocurre en torno a este tema es: ¿cuáles son los papeles de la muerte? Luis Rafael Sánchez nos brinda un pequeño repertorio. En "Memoria de un eclipse" podemos decir que EIvirita, en efecto, ha matado a su amante, con tan larga espera, pero la muerte de éste, por efecto de bumerán, la mata a ella también. El asesinato fantaseado de Cariño Rodríguez por su amigo en "La muerte minúscula... " le sirve a éste para resolver la tirantez psicológica generada por su secreta hostilidad. Los hijos muertos en "La recién nacida san· grelO ofrecen la patencia inexplicable de la muerte, que suscita la furia del hombre y que conduce (si mi interpretación es correcta) también a la muerte. Aquí aparece la muerte como un círculo insalva· ble. Mientras que en "Ejemplo del muerto... ", el accidente por el cual la mujer derrama la linterna sobre su concubina muerto o a punto de morirse (si mi interpretación está bien), acusaría tal vez un deseo inconsciente de darle muerte, en contradicción con su ritual fúnebre que refleja un incons· ciente anhelo de inmortalidad. En afinidad con esto tenemos la historia de los muertos cercanos en "La Parentela". Píramo y Tisbe o son espiritistas o se les parecen muchísimo. Viven en íntimo diálogo con


los muertos, quienes les ayudan en sus combinaciones boliteras. Es decir, que creen en la inmortali· dad. Pero ellos también se mueren (¿o sueñan que se mueren?). En todos estos casos, la muerte apare· ce ligada a las relaciones entre individuos, salvo en "La Parentela". Mientras que en "¡Juml" aparece la muerte social, y no es una metáfora. El homosexual de este grupo es asesinado por el grupo, o, como hoy se dice, "la comunidad". Luis Rafael Sánchez logra dar al suicidio del hijo de Trinidad acentos de tragedia. Desembarcamos aquí en un tema que hemos tra· tado previamente, pero sólo en parte: las relaciones entre el individuo y la sociedad. Es preciso recalcar inmediatamente que: (1) la mayoría (sino todas) de las figuras humanas de estos cuentos son marginales (desde luego, hay distintos tipos de marginalidad; sobre esto, algo más adelante), y, (2) la realidad social está principalmente representada por el grupo, pero también por individuos. Hablaré primero de lo segundo. La manifestación del sentir colectivo, frente al individuo, se logra en una serie de variaciones. Grupo e indivi· duo pueden llegar casi hasta la perfecta coheren· cia, como sucede en "Aleluya negra". La mulata Caridad responde al grito de la solidaridad colectiva y acude a la cumbancha negra. He aquí cómo Luis Rafael Sánchez presenta al grupo: ¡Es la aleluya salapastrosa de los prietos, es la voz jedionda de la orilla que desconoce las buenas costumbres de las negritas emperifollás, las negritas relimpias que no se revuelcan con nadie, las negras resbalosas que no le enseñan el ombligo ni al cura de confesión! (Págs. 35·36.) De ese' grupo se desprende Carmelo el Retinto con quien Caridad disfruta comunión natural. Pero sobre la mulata viene a gravitar la visión de la otra "orilla", a la que ella pertenece cotidianamente, y se va a la Colasa para que la limpie. El individuo está ~quí encuadrado en estructuras sociales definidas. La oposición individuo-sociedad tiene valor estético. Mientras que en "¡Jum!" el grupo, es decir, la sociedad, como ya hemos dicho, es completamente hostil al individuo que encarna una desviación peligrosa de la práctica consagrada. He aquí al grupo en oposición tajante: No bien hubo dado tres pasos se le vino a la espalda una sombra y le asestó la palabra: -¡Malamañoso! Al levantar la vista vio dos sombras flacas que le talaban el paso. -¡Mariquita! -iFiestera! Luego a la izquierda dos -negrito presumía-

y dos más a la derecha -negrito relamfa-. Se detuvo. El corazón, pum, pum. Por la noche se escurrían las sombras. (Pág. 60.) En el coro final, el grupo, con un repique de insultos, acompaña el acto del suicidio del réprobo. Entre estos dos extremos caben matices que sería absurdo pensar que el autor va a desarrollar sistemáticamente. En "La maroma" hay simpatía y correlación entre el ciego de oficio y "el genterío" que lo sofoca con motivo de la noticia. Pero ésta sirve de precipitante de la conciencia, como la carta que recibe Elvirita en "Memoria de un eclipse", para darse cuenta que ha caído vÍCtima de la misma red social que ~l fomentó. El individuo solitario, en el fondo, protesta. Como es lógico, el consenso social también pue· de estar representado por individuos. Así, por ejemplo, las tres beatísimas en "La noche tiene una raíz" encarnan la cond~na oficial y morbosa de la prostitución. c.lvirita no quiere cerrar los ojos "delante de la gente" y disimula la espera, pero el punto de vista social sale por la boca de los saludos hipócritas de Primavera, que la acosa con su sonrisa. En "¡Jum!" también Luis Rafael Sánchez analiza espectralmente la actitud del grupo por medio de individualizaciones sucesivas: La Ochoteca, que le mandaba ]a fiambrera, ]e mandó un papelito diciéndole que estaba enferma y que no cocinaba más. Perdolesia le trajo las camisas planchadas y se quejó de la reuma. No se llevó las sucias. Lulo el barbero le dijo que no. Y Eneas Cruz compró alambre dulce para marcar la colindancia. (Pág. 58). El sujeto de "Etc." evade el conflicto abierto con el medio social con dos recursos. El primero es la ocultación de sus actividades: No me rasco la parte en velado ofrecimiento. Me rasco, s1. Me rasco, glotonamente. Me masajo a vuelta y vuelta la vergüenza. Pero desde el clan· destinaje de mi bolsillo. (Págs. 88-89). El segundo es la justificación racional hipócrita: Aclaro que mis ojos no procuraron en~ontrar­ se con las nalguitas. Soy decente de naCIón, decente al extremo de negarme a mirar las desnudeces de mi mujer sino es a través de una rendija. (Pág. 88). Y más adelante agrega: "No se me tuerza la intención. Se lo dice uno a los ojos. La boca ni se entera. Primero que nada la pudicia". En "Que sabe a paraíso" el rechazo social está implícito en el aislamiento de los narcómanos, que forman, sin embargo, un grupo internamente cohe· rente. Mientras que en "Ejemplo del muerto... " el componente social es más bien atmosférico. La cantilena de la amante satisface ciertas expectativas sociales. 9


afirmación parece contradecir lo que yo declaro en La oposición individuo-sociedad no se plantea la parte que titulo: "Agenda del día". Allí he resuaquí románticamente como antagonismo profundo mido cada asunto, que incluye siempre algún aconentre el sujeto genial -artista o creador- y una tecimiento. Valga la pena aclarar: siempre pasa sociedad altamente convencionalizada. Esta oposi· algo, pero 10 que pasa, aquello sobre 10 cual bascución es fundamentalmente social, puesto que es enla el cuento, no parece ser lo más importante. Me gendrada por la sociedad. Asume la forma de tensión generada por la marginalidad. Es decir, que la apresuro a señalar excepciones: la carta que recibe sociedad arrincona a ciertos individuos y aun a cierElvirita, el sueño de Cuco, el suicidio del hijo de tos grupos (por ejemplo, los negros, los pobres), los Trinidad. Ciertamente "¡Jum!" en este sentido y empuja hacia sus orillas y allí los estigmatiza. Esta desde este punto de vista se acerca más a la estructura tradicional del cuento. Pero ya "Memoria de función que revela las limitaciones de una sociedad concreta se desempeña por diversos cauces. Podría un eclipse" y "La noche tiene una raíz" me dan la hablarse de una marginalidad casi exclusivamente impresión de ser casos más débiles. psicológica, como la de Elvirita. Esta dama segura· Hay varias cosas que decir sobre esto. En pri· mente pertenece a la clase media y sigue pertenemer lugar, el autor se las ha arreglado para que no ciendo. Pero la sociedad la sanciona por no haberse retenga tanto nClestra atención el "acaecimiento" casado. Lo mismo puede decirse de un narcómano sino otros factores como, por ejemplo, la vida intede la alta burguesía. Su actividad puede ser oficialrior del personaje ("Que sabe a paraíso", "Etc.") o mente condenada pero su clase no lo expulsa. (No la experiencia de una atmósfera peculiar ("Aleluya ocurre en este libro). La mulata Caridad es étnicanegra"). El precio que tiene que pagar el tecato por mente marginal frente a los blancos pero no se rela inyección -la entrega de Delia a Pescarto- no nos interesa tanto como lo que nos dice sobre sus conoce marginal frente a los negros "de orilla". Ella pertenece a un grupo superior. Los narcómanos de propias vivencias. La llegada de las nalguitas frente "Que sabe a paraíso", el protagonista de "Etc.", la a Franklin es un episodio mínimo (y aun descaramante y Leoncia de "Ejemplo del muerto... ", el table) comparado con la complicación psíquica del voyeur. La noticia del cura en "La maroma" nos ciego de profesión de "La Maroma", el tipo que imagina la muerte de su amigo en "La muerte . deja sin cuidado frente al disfrute del mundo picamayúscula... ", Gurdelia, de "La noche tiene su raíz", resco del ciego. ¡Hasta el punto de que a veces no son todos marginales desde el punto de vista de la sabemos claramente lo que ha sucedido! Ejemplos: los finales de "Ejemplo del muerto... " y de "La Paclase. Pertenecen al lumpenproletariat. Pero sobre esta marginalidad básica viene a añadirse otra, conrentela". secuencia de su situación peculiar en el mundo: Gurdelia, además de ser pobre, es prostituta; para· El personaje nuclear y sus satélites lelamente, el amigo de Pescaíto es también tecato; el sujeto de "Etc.", además .de desempleado, es un Esto nos lleva a considerar dos problemas: (1) la "aplanacalles", "un tipo de esquina'~. Sobre todos creación del personaje, y, (2) la función del amcae la sanción de una sociedad que no ha sabido biente. integrarlos, desde el aislamiento psíquico ("Que Es obvio que mientras más breve la narración, sabe a paraíso", "Memoria de un eclipse") hasta la más difícil será crear un personaje. Se puede hablar cárcel (" La muerte minúscula... ") o el linchamiende una "plenificación" progresiva del personaje conto (" ¡Jum! lO). forme se alarga el relato. Per contra, idealmente, Como habrá observado el lector, hay otros temas por lo menos, a medida que se acorta se registraría en este libro, como, por ejemplo, la maternidad, la una esquematización gradual. esterilidad, la superstición, etc. Pero ya he discutido Al fondo de todo esto late la cuestión enigmátilos principales y no me vaya demorar en los otros. ca: ¿qué es un personaje? De manera que podría Sólo quisiera llamar la atención sobre la importansostenerse incluso que en E'1 cuerpo de camisa no cia del tema del tiempo en "Memoria de un eclipse", hay personaje alguno. En esta coyuntura, es una asunto fascinante al que, sin embargo, no puedo materia de decisión, y un poco nos estamos jugandedicar espacio en este trabajo. do la cabeza a que los hay. Quisiera pasar ahora a discutir varias facetas Según avanzamos en la lectura nos apercibimos estructurales. que el acontecimiento no es lo importante en estas piezas sino el personaje y, a veces, por lo menos una, el ambiente. Desvalorización del suceso Cierto que, según he sugerido antes, se trata más bien de tipos sociales que de individuos. Si por Una tendencia que he podido notar en estos un lado, el relato breve parece prestarse más fácilcuentos es la de ~esvalorizar el suceso, que normalmente a la presentación de los tipos, como lo demente constituiría el núcleo central del relato. Esta 10


mostró la picaresca y los costumbristas románticos. por otro lado. emerge ante el autor una ardua tarea: la de individualizar el tipo para que no proyecte la imagen de una pura abstracción. Luis Rafael 'Sánchez resuelve este problema me· diante dos recursos: (1) la psicologización del tipo -el cuento es prácticamente la narración de un pro· ceso de la vida interior-o como puede verse en "Que sabe a paraíso", "Memoria de un eclipse" y "Etc..•. (2) La caracterización mediante trazos vigorosos, que también puede incluir rasgos psicológicos. Veamos a Gurdelia: Gurdelia no era hermosa. Una murallita de dientes le combinaba con los ojos saltones y asuso tados que tenia, ¡menos mal!. en el sitio en que todos tenemos los ojos. Su nariguda nariz era suma de muchas narices que podían ser suyas (l prestadas. Pero lo que redondeaba su encanto de negrita bullanguera era el buen par de metáforas -princesas cautivas de un sostén cuarenticincoque encaramaba en el antepecho y que le hacían un suculento antecedente. (Págs. 25-26). Veamos a doña Elvirita: Conservar, en las horas que tenga el día. las primicias de su cuerpo otoñado; colorante para el pelo canoso. carmin tenue que devuelve frescura a las mejillas, limón nuevo para borrar las huellas de una vejez francamente prematura, el espejo no me retrata vieja, no, no me retrata vieja; sacudir el polvo que duerme en las cartas... (Página 42). Uno de los recursos más frecuentes para caracterizar es la caricaturización, como puede observarse en el ejemplo de Gurdelia. A veces, el autor llega a emplear lo grotesco: "...una vieja tragacristos lo abraza fuertemente, mascullando corderos degollados e invocando la paciencia como virtud del buen cristiano... Ve, éste. a través de su ceguera. la berruga que muer· de el labio de la decrépita, berruga que inicia la rimbombante jaculatoria en que se agradece .•1 Altísimo la cosecha de vides." (Pág. 21). El cuento está, pues. más bien montado sobre un personaje central que sobre un acontecimiento decisivo. Ese personaje provee el soporte integrativo del cuento. Es su eje. Por eso le llamo personaje nuclear. Alrededor de él dan vueltas, como satélites, en un sistema planetario, uno o dos o tres personajes más, que casi siempre están muy esquematizados. La estructura básica ya está dada en "La noche tiene una raíz", con Gurdelia, personaje nuclear. y Cuco, el niño, personaje satélite. Hay una tensión entre las fascinaciones que ejerce el uno sobre el otro y sus intereses contrapuestos. Esta dualidad, pero con otras variaciones, la hallamos también en ·"La muerte minúscula... ". Ahí se trata de oposiciones entre i.ndividuos.

Pero el satélite puede ser también un personaje colectivo, como ocurre en "¡Jum!" y en "La maroma". Ahí tenemos en forma bien gráfica la polaridad in· dividuo-grupo. Ya hemos hablado, en una sección anterior, sobre este nexo. El problema de las relaciones entre el sujeto individual y la sociedad lleva al autor a crear el personaje colectivo -el grupo. la gente- que incluso podría sostenerse que es verdadero personaje nuclear de cuentos como "¡Jum!" y como "Aleluya negra". Casi depende de dónde uno fije la mirada. Tenemos, naturalmente, otras combinaciones. Elvirita -la gente y Primavera- en "Memoria de un eclipse". La amante -Leoncia y el muerto- en "Ejemplo del muerto..... Pepe Dolores -Marcela, los niños muertos y el sepulturero- en "La recién nacida sangre". El protagonista de "Que sabe a pa· raíso" con su sistema planetario compuesto por cinco o seis narcómanos, y su mujer, Delia. Más complicado todavía: la mulata Caridad -la abuela. Carmelo el Retinto, la Colasa y los negros de ori· lla- en "Aleluya negra". Quedan por enfocar el caso de "La parentela", donde Píramo y Tisbe pueden ser considerados un solo personaje: al derecho y al revés. Se trata de tipificaciones caricaturescas perfectas. Frente a ellos, doña Ugolina. Pero no se trata de un sistema dual porque no hay contraste. Encontramos la dualidad dentro del personaje Píramo-Tisbe que a su vez dialoga con los muertos, en oposición. Por lo tanto: personaje nuclear, Píra· mo-Tisbe -satélites, los muertos, doña Ugolina-. En "Etc." el personaje satélite, que podríamos llamar el ambiente social. se halla vagamente genera· lizado de cara al voyeur. Se nos presenta impresionisticamente por segmentos que entran y salen del campo existencial del protagonista: la mujer, el primo, las nalguitas, el señor que protesta, las dos damas que comentan junto a la vidriera de Franklin. Estaría muy justificado preguntarse si se trata en verdad de un personaje. En todo 'caso, el amo biente social actúa como si lo fuera.

La función del ambiente Esto nos lleva de la mano al segundo problema: ¿cuál es el papel del ambiente, atmósfera, escenario o como quiera llamársele en estos cuentos? Empecemos por distinguir. Una cosa es el amo biente .del relato, la tonalidad y matización propios de ese mundo mínimo que es cada cuento y otra es la atmósfera del mundo en que se mueven los personajes. Para disponer de una cuestión previa. No hablo aquí del ambiente del relato, muy difícil, por lo de· más, de caracterizar conceptualmente y que se nos entrega en la vivencia inmediata de la lectura. Por lo demás, y muy posiblemente, no se trata de algo

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meramente objetivo, sino de algo que es el producto, en parte, del intercambio entre el lector y el texto, de modo que variará en diversos grados según las circunstancias, Volvamos a nuestro problema. Puede defenderse la teoría de que el ambiente social, representado por el grupo, es el verdadero protagonista de narraciones como "Aleluya negra" y "¡Jum!", La mulata Caridad y el homosexual -en diversas orientacio· nes- no pueden escapar a la gravitación del medio social. "Aleluya negra", si alguno, es un cuento donde lo social impone casi plenamente su atmós· fera. El falso ciego de "La Maroma" es casi pasivo frente a la manifestación de la euforia colectiva. La agresividad del ambiente social en relatos como "Memoria de un eclipse" y "Tiene la noche una raíz" le confiere calidad de antagonista, Pero si nos adentramos por "Que sabe a paraíso", "Memoria de un eclipse" y "Etc." lo psíquico prevalece. Claro que siempre el ambiente social tiene que ser psíquicamente vivido. Pero no se trata ahora de eso. Hay un cambio de signo. El cuento es, sobre todo, el despliegue del proceso psicol6-, gico del personaje central. Personaje y ambiente psíquicos son casi idénticos. (Esto también se pue· de ver muy claramente en .. La muerte minúscu· la... ) El autor logra crear un ambiente psíquico ca· racterístico, en que consiste precisamente la indio vidualización del tipo social y, por medio de este recurso, construye al personaje.,Mientras que en la relación entre ambiente social y personaje existe siempre una distancia, como resultante de la oposi. ción individuo-sociedad, el nexo entre ambiente psíquico y personaje es tan estrecho que parecen las dos caras de una sola y misma realidad. El ambiente social, en estos cuentos de Luis Rafael Sánchez, actúa como' agente precipitante para develar la verdad íntima del personaje mientras que el ambiente psíquico nos da las cualidades características de la vida interior del personaje, del cual apenas si puede distinguirse.

Aspectos lingüísticos Los aspectos lingüísticos de este libro merece· rían un estudio aparte. Con esto ya doy una idea de su interés, por dos costados, a saber: (1) el cuento corno obra de arte del idioma y, (2) corno revela· dor de la riqueza del lenguaje popular puertorri. queño. En cuerpo de camisa es una verdadera fiesta de la lengua. Baste mencionar, como ejemplo aro quetípico, "Aleluya negra". Remarquemos a la soltada que nos cortan el paso en seguida dos problemas: (1) el de la construcción de la prosa y, (2) el de la expresividad. Este a su vez se escinde en dos: (a) la utilización de filones populares y, (b) el empleo consciente de recursos con valor estético. 12

Pasemos al primero. En general, la prosa de la narrativa está dominada por el imperativo del tiempo. Es decir que, en principio, sus ritmos tienen que reflejar, de alguna manera, la fluencia temporal. Pero esta ley puede ser contravenida, y lo es, en ciertos casos, como el de Luis Rafael Sánchez, apelando a otros recursos, por ejemplo, el de la presentación directa a la manera del teatro, donde el recitativo y el diálogo imponen su urgencia dramática: el tiempo, por decirlo así, queda despedazado en diversas direcciones, o permanece recogido al fondo, a la merced de la intuitividad del espec· tador o del lector. (Véase "Ejemplo del muerto...... "La parentela"). Los ritmos de la duración temporal se van modulando en diversos tiempos y formas en "Memoria de un eclipse", "Que sabe a paraíso", "La muerte minúscula" y "Etc.". Estos cuatro cuentos brindan problemas interesantísimos sobre la relación entre prosa y tiempo. (Es evidente que no estarnos tomando en cuenta la duración vivencial del lector). Por mala fortuna, no podernos detenernos en cuestiones tan atractivas. Se cae de su peso que la construcción de la prosa, en cada cuento, está ligada a problemas de expresividad y de técnica del relato (con lo que nos acercarnos a nuestro segundo problema). No se puede hablar de una prosa. Se impone una tipologización, con la nota precautoria de que los diversos modos se mezclan frecuentemente o sencillamente coexisten lado a lado. Así, por ejemplo, la prosa de .. Memoria de un eclipse" ligada. corno ya he dicho, íntimamente al problema de la duración en la espera. es prosa de arte consumado. Prosa de artista consciente, construcción intuitiva de quien ha logrado resolver. con validez estética, problemas muy difíciles,' corno el de la manifestación literariamente eficaz del senti- . miento de la espera, el mundo de anhelos, intereses, deseos y esperanzas de Elvirita y el efecto catastrófico de la noticia de la muerte del Caballero de la Triste Figura. Prosa de lengua culta, de deli· cados matices, como corresponde a esa fina dama de la clase media que es Elvirita, que nos hace recordar a doña Rosita la Soltera, de García Larca. Si "Memoria de un eclipse" nos da el paradigma de esta prosa, la podernos rastrear también en ciertos pasajes de "La recién nacida sangre", de "Aleluya negra", de "iJum'" y de "La Parentela". Hay una segund~ prosa, que guarda ciertas afini·' dades con la primera, y es la que encontramos en "Que sabe a paraíso", "La muerte minúscula", y "Etc.", Aquí el problema era cómo la prosa va a revelar adecuadamente el desarrollo de un proceso psíquico. Inevitablemente en escritores como William Faulkner y Eugene O'Neill. La oración, la frase, se elastizan, se contraen o se expanden, siguiendo el contorno de la vivencia. Mientras que


"En memoria de un eclipse", el autor, por más que quiera ser el personaje desde adentro, guarda una cierta distancia, en "Que sabe a paraíso" el anhelo de expresividad lo lleva a una extremada subjetivización del personaje. Esto repercute sobre el cuento como obra de arte que se vuelve un río de asociaciones mentales. Pero Luis Rafael Sánchez no incu· rre en lo patentemente caótico, como Faulkner y Joyce. El cuento es una forma. La prosa es una foro ma. Esta va revelando los ritmos de la conciencia en estructuras lingüísticas. Los límites se convierten casi en muros de con· tención cuando 1.legamos al tercer nivel de la prosa. Es porque lo narrativo se va acercando más a la presentación directa, es decir, al teatro. Así, por ejemplo, veamos cómo empieza" Ejemplo del muerto que se murió sin avisar.....: La llaga del costado bendita sea. La llaga del costado bendita sea. -Leoncia, la vela, la vela, que se va, que se va. La corona de espinas le abonaba la frente. La corona de espinas le sembraba el dolor. -Leoncia, que se va, que se va. La cruz era la estrella clavada en el camino. La cruz era el camino del Santo Peregrino. (Pág. 71).

así continúa. Pero cuando lo narrativo recupera sus títulos, veamos cómo la prosa se abre:

y

Leoncia viró en redondo, algazara de faldas por el viento, dedo sin uña en la boca, baberío loco, pero la vitalina la revolvió para decirle -pérate, pérate, llévate esto. Leoncia se asombró y el miedo le arrendó las piernas. (Pág. 73.) Este modo de la prosa puede comprobarse también al principio de "La recién nacida sangre" en el uso del comentario (pág. 65). Otros ejemplos en "¡Jum!" (págs. 59 a 62). También en "Aleluya negra". En estos últimos cuentos que he mencionádo -obviamente el poeta dramático que hay en Luis Rafael Sánchez-, está luchando con el. cuentista. Es preciso recalcar el esfuerzo que hace el autor para aproximarse a la forma directa de presentación. Pero tal empeño altera los ritmos propios del' fluir narrativo, excepto en el récit psicológico como "Que sabe a paraíso" y "Etc.". Ahí se trata de un relatar de vivencias -especie de confesión- y, por lo tanto, no se contradice con la presentación di· recta. Tal módulo se reconcilia también con la prosa construida con la materia popular. Pues la lengua del pueblo es sobre todo habla, en el sentido de Saussure. Hemos dado un buen ejemplo cuando ci· tamos un pasaje de "Aleluya negra" donde se describe a los negros de orilla. De hecho, esta narra: ción es una instancia perfecta de este cuarto tipo de prosa, desde su comienzo:

Está la mulata tiznada con el trapero de colorín, sonreída de pies a cabeza, adobada con caro mín y rouge, ¡los dientes blancos sentados en primera fila! hasta el jocundo lenguaje de la abuela: "-Condi· nao negro prieto que lleva el diablo por dentro". "Etc." con su repetición casi obsesiva -"Ayer, martes, me estaba yo en la.esquina del Franklin como todas las mañanas de los últimos meses"- es otro ejemplo muy apto. Aquí la soltura de la lengua popular se concierta maravillosamente con el continuo batir de la vida interior: La de gente mal entrañada que se abraza a la puerca idea de que uno está empeñado en dar chino. ¡Perdón! La de gente mal vivida que se chupa, esconde, sume el" trasero con tal de no .dejarlo diz Q.ue a expensas de lo que llaman deslavado. A propósito, la otra tarde un magnate con pinta de gran cocoroco me faltó de palabras diz que porque me pegué con premeditación y frescura a una señora que era su mujer. (Pág. 87).

J

Otro cuento donde esto se ve bien es "La maroma". Estos cuatro niveles de prosa se entremezclan, viven juntos o se separan según las ocasiones. Es decir, que siempre media una voluntad artística. El autor muy conscientemente selecciona su medio lingüístico para lograr la mayor eficacia estética. Consideremos ahora el problema de la expresi. vidad. Hasta cierto punto ya 10 hemos discutido, pues se halla inextricablemente vinculado a las formas de la prosa. Pero ahora lo miraremos desde otro envés. Puesto que toda lengua poética es lengua expre· siva, se plantea siempre al escritor el problema que acabamos de señalar. Esta condición tiene que ser satisfecha y para hacerlo se le brindan varios re· cursos. Uno de los más valiosos es, sin duda, la utilización del habla popular, cantera inagotable de ricas expresiones. En los pasajes citados ya he dado varios ejemplos. Oigamos a la mulata Caridad: -Abre Colasa y prepárame un yerbajo" o sácamelo con ganzúa o con retama o con cuchillo pero déjame limpia la telera. (Pág. 37). O al amigo de Cariño Rodríguez: "Cariño se dejó matar para legarle el Hito, para obligarle a mamarse la perpetua. Cabón el Cariño. Para eso el paseo. Cosa de joderlo." (Pág 53). En cuerpo de camisa es una mina de expresividad popular. La técnica de la presentación directa, a que hemos hecho referencia, también intensifica la carga expresiva. En el récit tipo "Etc." tenemos la impresión que el aplanacaUes nos está hablando; que es nuestro interlocutor. Esto pesa más sobre nuestra afectividad. Si Luis Rafael hubiera empleado el mismo recurso en "Que sabe a paraíso" el cuento sería aún más fuerte. 13


El paso de la tercera a la primera persona también resulta una buena táctica. Como en .. Memoria de un eclipse": Rápido. la mirada se Hena de gente. Más de una vez se repite a sí misma: No cerrar los ojos. No cerrarlos delante de la gente. Quedarme aquí un momento, luego, despierta. seguir por la acera, por el fuego riguroso de unas once tropicales... (Pág. 41). La súbita interiorización añade fuerza. Otras veces, Luis Rafael Sánchez consigue el efecto de la apro. piación de lo externo intercalando su propia sub· jetividad y proyectándola en el personaje, como en esta "película" impresionista:

El genterío crece como fuego, anidan las letanías en los hpcicos, los ojos doblan la esquina cantando el grandioso ya lo sabe. Viene el cura jadeando, levantando las sotanas hasta enseñar las gambas piernas, viene el alcalde volando. (Página 21). y todo ese pasaje hasta el final tiene un sabor a

Quevedo o a Valle Inclán. Ya hemos hecho alusión, al discutir el problema de la individualización del tipo social, a los procedimientos de esquematización caracterizante. entre ellos, el de la caricatura. Citamos el uso del grotesco, como cuando el autor nos habla de la vieja tragacristos de "La maroma" o cuando nos describe los pechos de Gurdelia. Naturalmente, la caricaturización es un efecto intensificativo de la exigencia de expresividad. He aquí este procedimiento en desarrollos paralelos: Píramo siente una gota de sudor arrullándole la nariz. La nariz de Píramo es un rancho donde caben dos caballos. Ancha, ahuecada sin puente para subir a los ojos.. , Tisbe siente dos gotas de sudor bajándole por la nariz. La nariz de Tisbe es anchota en vuelta de tirabuzón, cómoda por dentro y por fuera. (Página 80). Dentro del marco de lo grotesto, señalemos tamo bién el uso de la parodia (en este caso de las letanías a la Virgen): puya prudentisima, puya venerable, puya lau· dable, puya poderosa, puya honorable. puya de insigne devoción, puya que ampara y protege. (Pág. 14). Todo el cuento "Que sabe a paraíso" 'es una gradación intensificativa. Pero aquí la tenemos en raccourci: ...ni siquiera cuando Bienve empezó a besar los hombros de Delia, ni siquiera cuando Chino empezó a besar las manos de Delia, ni siquiera cuando Manolín empezó a besar los muslos de Delia, ni siquiera cuando Nicolás Gutiérrez empezó a besar las piernas de Delia, ni siquiera cuando Pescaíto empezó el derrumbamiento de Delia para la posesión absoluta. (Pág. 12). 14

Aquí se logra el aumento de expresividad por medio de la repetición sucesiva de un acto ritual. Algo parecido en "Ejemplo del muerto... " En "Etc," la repetición de la frase" Ayer me estaba yo... " a distancias proporcionadas surte un efecto semejante. Ciertamente hay otros recursos dignos de mencionarse, pero mi estudio ya se extiende demasiado. Me limitaré a indicar meramente algunos elementos lingüísticos de expresión para que el lector tenga una idea de la riqueza que encierra este libro. Por donde quiera se encuentran ejemplos. Verbos de mucha vida reveladora: "La sangre... culebreaba en las venas". (Pág. 11). "¡Caballeros que arrellanan la asentadera, locas que se maman la pupeta, vejigantes que se sorben los dedos, descaradas que enseñan los pezones!" (Pág. 34). "Fue archivando miradas... " (Pág. 51). Sustantivos de gran impacto: "EI murmureo verderaba por los galillos". (Pág. 67). " ...el tingalatín de alguna limosna". (Pág. 20). " ... sin la preocupación del mantengo. acariciado por un benditaje " (Pág. 20). Adjetivos: "...aquellos ojos resbalosos " (Pág. 11). "Que se fugaba con un fula· no cochambroso..... (Pág. 59). " ... me agarró una sosera espesa... " (Pág. 66). Imágenes: "El sol es cabrito que tira al monte". (Pág. 79). "Con paso len· térrimo de araña culona". (Pág. 73). "Tuvo que abrir las piernas como si jugase a brinca la tablita". (Pá· gina 38). Ya he dicho que el lenguaje de este libro, por sí solo, merece estudio aparte.

Estimados finales El análisis que hemos hecho demuestra la gran flexibilidad y destreza de Luis Rafael Sánchez en el aprovechamiento de múltiples recursos. Estamos ante un escritor de garra, un cuentista nato, un alma de poeta y un espíritu crítico. Luis Rafael Sánchez posee el sentido de la narración breve como forma de arte. Se orienta hacia la realidad social, hacia su circunstancia, en el sen· tido orteguiano, para observarla y explorarla. Quiere descubrir sus secretas estructuras. Le interesa, sobre todo, el fenómeno humano y lo investiga tanto en su dimensión individual como en la colectiva. No sólo sabe cortar y separar los tejidos para abrirse paso hasta las fibras más recónditas -por donde transitan energías fundamentales- buscan· do al hombre que hay detrás de cada hombre, sino que se halla altamente sensibilizado a los conflictos y armonías entre individuo e individuo y entre individuo y sociedad. Se siente fascinado por los problemas que plantea la condición marginal de tantos hombres y grupos en la sociedad contemporánea. Auténtico creador, Luis Rafael Sánchez funda entes imaginarios que revelan la verdad superior del arte. Se trata, pues, de un artista maduro en la con·


ciencia de su oficio. Quien escribió este libro ha transitado mucho y se ha templado en la lumbre de los estudios literarios. En cuerpo de camisa sugiere que cuando su autor se puso a componer, el instru· mental para la creación ya estaba listo. Sensibilidad, inteligencia y disciplina se conjugan para plasmar una obra válida. Si es preciso hablar de influencias, terreno en qlu~ las posibilidades de error son muy grandes, lo haré con cautela. Ya he aludido a Faulkner y a Eugene Q'Neill. Me parece que, aparte de un conocimiento de los clásicos de nuestra lengua, este libro también refleja afinidades con ciertos aspectos de Sartre y de Valle Inclán. No sé hasta qué punto se podría evocar el nombre de Jorge Luis Borges. Entre los puertorriqueños a mí me hace recordar algunos cuentos de Emilio S. Belaval y de René Marqués. Ciertos procedimientos técnicos son verificables ta~bién en Pedro Juan Soto y Emilio Díaz Valcárcel. Si no he hablado de las deficiencias de este libro es porque creo que son muy pocas. La más importante ya ha sido señalada: cierta confusión que se nota en cuentos como .. Ejemplo del muerto... " y .. La parentela". Es evidente que la subjetivización extremada puede debilitar las condiciones de la comunicación -después de todo, un cuento se escribe

para ser leído por alguien. Creo que las otras fallas que se pudiera indicar no vulneran esencialmente los valores de esta creación. Ninguno de estos cuentos está mal hecho. Naturalmente, unos están mejor realizados que otros, y esto se podría discutir ad infinitum. En gran medida, esto depende de la concepción del cuento que cada uno tenga. El mejor cuento es el que más cuento me parece. De modo que mi escala personal va de más cuento a menos cuento. Y ahora me voy a arriesgar a presentarla: 1. "Memoria de un eclipse". 2. "Aleluya negra". 3. "¡Jum!" (Estos dos últimos compiten con el primero). 4. "La noche tiene una raíz". 5. "Que sabe a paraíso". 6... Etc.... 7. "La maroma". 8. "La recién nacida sangre". 9. "La muerte minúscula... " 10. "La parentela". Y 11. "Ejemplo del muerto... " Saludo con inmensa alegría este primer libro de cuentos de Luis Rafael Sánchez, como saludé Terra~o, Spiks, Otro día nuestro y El Asedio. Junto a Abelardo Diaz Alfara, José Luis González, René Marqués, Pedro Juan Soto y Edwin Figueroa, hay que izar este nuevo nombre: Luis Rafael Sánchez, testimonio de que en Puerto Rico continúa ese renacimiento del relato que ha llamado la atención tanto dentro como fuera de nuestra patria.

15


Alberto Peri Por

Pintor y grabador argentino, discípulo de Hora· cio Butler y de Yván Vassilef, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Buenos Aires, en el Taller de Grabado del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, Brasil, y en la Universidad Silpakorn de Bangkok, Tailandia. Ha tenido exposiciones en Buenos Aires, Río de Janeiro, Cuzco, Lima, Quito, Bangkok. En Puerto Rico hemos visto sus grabados en los salones del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y habremos de llevarlos a Arecibo, Ponce, Mayagüez. Sus trabajos figuran en el Museo de Arte Mo· derno, de Buenos Aires; Museo Río Hondo, de San· tiago del Estero; Museo de Río Jachal, de San Juan; Museo de Mercedes, San Luis; Palacio llama· rati, Brasil, y en colecciones privadas. A continuación expongo mis observaciones en torno a los grabados de Alberto Peri vistos en San Juan, Puerto Rico, entre febrero y marzo de 1969.

A

MEDIDA QUE VIVIMOS RECIBIMOS NUEVAS SENSACIO·

nes y aumentan nuestras percepciones. El aro tista de nuestro momento se enfrenta a la vida como problema, juega con la realidad, indaga, in· tuye posibilidades que interpreta a través del color, la forma o la línea. A su vez una línea, una forma, un color, un plano; concebidos, trazados en un instante, sugieren nuevas líneas, nuevos colores, combinaciones de los mismos. Juegos de planos que retroceden o se alejan, juegos de proporciones ad inUnilum, movilidad y cambios que se presentan al hombre mientras éste vive, piensa o pasa. Así vemos cómo de una creación original, surgen nuevas creaciones, quizás intuidas anteriormente, pero nunca antes vistas. Cada creación será distinta de 16

GRACE

ELAINE

MEGWINOFF

la anterior y con tantas posibilidades de interpre tación como gente que contemple. Frente a la obra de Alberto Peri nos preguntamos por qué han desaparecido los objetos, la figu~ ra humana, la realidad objetiva. La creación no es en este caso interpretación racional y fria de la rea· lidad del mundo objetivo. El artista nos presenta una realidad íntima y personal: la realidad del sentimiento. Y como persona de sensibilidad extraordinaria, capta Peri las vivencias que imperan en su ambiente. Interpreta entonces el hambre, la pobreza, la guerra, la injusticia. ¿Es que intenta el artista cambiar la realidad, buscar otra nueva y distinta, crear otra mejor? Esto que· da en manos del que contempla y comulga con su creación. En este caso el artista no busca, no encuentra, no va tras soluciones utópicas. Tan sólo intenta grabar la sensación, la realidad sentida. Comunica una vivencia que influirá o no a aquellos que la reciban. Es como el médico interno que ve al paciente y que por el momento se limita a diagnosticar la enfermedad. En la obra de Peri como en toda obra de arte lograda cuentan todos los planos; todas las partes fuertemente atadas están ligadas y unidas en una estructura superior a ellas, sin restar a su valor particular que es el mismo de todos los fragmentos de una realidad vivida y sentida. El artista en un tiempo psicológicamente con· cebido, real a la intimidad del ser, yuxtapone líneas, masas y planos utilizando una técnica barroca que nos lleva a realidades simultáneas, a veces contradictorias. Emerge la armonía lograda a base de contrastes, se contraponen las tensiones y se da la paz. El juego de las transparencias y las zonas opaa


cas da lugar a cualidades líricas, dramáticas, hu· morísticas, sensuales, sexuales y místicas. Si miramos y vemos detenidamente los grabados, descubrimos que en ellos hay planos que se adelantan o retroceden: planos entremezclados, superpuestos; finas transparencias, variedad de texturas; suaves o delicadas, sencillas o abigarradas. Los colores cálidos y fríos combinados en un pla. no, con armonías logradas a base de contrastes. Hay gran variedad de líneas: curvas, angulosas, continuas, cortadas, serpenteadas. Todo apunta a la realidad dual del hombre, al mundo de las posibilidades, negativas y positivas, posibilidades infinitas de la creación artística. El mundo estático, inerte y la mente creadora que le imparte movimiento, que busca relaciones y la memoria que atesora formas y colores que hablan de vivencias. En todos los trabajos pueden descubrirse rasgos de un erotismo refinado, "ital y vibrante, inciso y coloreado que por momentos llega a la melancolía y otras veces se acerca al humor. Así también son frecuentes los círculos y las espirales en un mundo psicológicamente masculino, por la fuerza y agresividad; crecen las texturas suaves, delicadas a manera de encaje. La naturaleza y la vida animal juegan un papel importante. Aparecen hojas vistas de cerca estudiadas casi bajo un microscopio. Peri no se queda en la superficie que presenta como fina transparencia, sino que va a sus venas y las muestra. Este es qui. zás su modo de acercarse al mundo, sentir y presentar la realidad. El no se contenta con las meras apariencias, con la superficialidad de 10 objetivo. Va más allá, adentro. La razón juega un papel importante. Nos muestra Peri una estructura que no puede ser descubierta a primera vista, y que se desentraña lentamente, estructura que sirve para integrar su mundo. Cuando aflora la vida animal en sus trabajos, vea composición n.O 1, no la más obvia, sino la del mundo de los moluscos, peces, reptiles: el mundo de los animales sutiles y silenciosos con gran capacidad para el movimiento rápido y sinuoso, inesperado y sutil. Semejantes son los movimientos del pintor-grabador, siempre rítmicos, a veces disonan· tes, a veces constantes. Generalmente con una franja de color fuerte, capta la atención del espectador. A veces por una línea agresiva le obliga a penetrar en profundida. des o capas insospechadas, con ritmo ya lento, acelerado o acompasado, que le lleva a sentir verdadero placer o regocijo. Y es entonces cuando se siente la vida intensamente. Sobresale entre las características de la obra de Peri el simultaneísmo. Ningún plano es realzado con exclusividad, sino que alternan su importancia en el tiempo y el espacio. Indica esto quizás la ca-

pacidad del autor de sentir y tener conciencia de las infinitas posibilidades de la realidad, los juegos y combinaciones de las mismas. La recurrencia del círculo ya perfecto o distorsionado es notable en la obra de Alberto Peri; representa quizás su deseo de integración, de unión con los semejantes, de comunicación. A veces dos círculos, uno al lado del otro, sugieren los dos ojos del ser humano, órgano principal a través del cual percibe el artista. Sugiere visión interior, penetración, el artista como vidente, que no sólo mira la realidad objetiva, sino que la penetra y ve. El pin-


tor, con su mirada energIca, desmenuzante, que apunta a una sensibilidad exacerbada, va más allá de lo objetivo, lo traspasa venciendo el tiempo y el espacio convencionales. Entre los círculos que aparecen en la obra de Peri llaman la atención aquellos con textura de encaje que reaparecen a través de su obra. Recuerdan el símbolo de Buda, un círculo afiligranado grabado en la planta del pie. Refleja este círculo toda una cosmogonía, la del hombre oriental que se piensa con vida semejante a la de la naturaleza, con ritmo cíclico. Hombre depurado del orgullo del occidental que sin pretensiones de ser el centro más importante de la creación, se considera como un ente más dentro del universo armónico. La perfección alcanzable para el hombre en devenir que va pasando por varias etapas, está simbolizada por una figura geométrica perfecta, el círculo. Vienen a propósito las palabras de Paul Klee sobre el círculo, al que definió como la forma cósmica dinámica que tiene lugar cuando las ataduras terrestres se han liberado. Aparecen colores místicos, azules, vio· láceos, verdosos, que evocan la idea de espacio simbólico. En el grabado 1, por ejemplo, junto al circulo de textura de encaje, desmaterializado, representando quizás el concepto de la vida del oriental,

desprendido de los bienes materiales, parece verse la figura de Cristo crucificado. Es como si se unieran oriente y occidente, dos cosmogonías encaminadas a un mismo fin: la perfección. El hom· bre puede llegar a la perfección en el devenir, en el presente, en el logro diario. Tanto Buda como Cristo abren posibilidades de desarrollo al bombre; salidas de la vida presente, limitada -a-una vida es· pacial en que tiempo y espacio no sólo son subje· tivos o psicológicos como en la creación artística, sino que son inconcebibles. no existen: allí se da el ser en plenitud atemporal, inmortal. El Cristo es también símbolo de la energía, la creación, el movimiento del hombre proyectado hacia el siglo venidero, hombre que a.ctúa en el presente; frente al estado de evolución del hombre que piensa y siente a Buda que a la larga conduce a algo similar: la perfección del hombre en su integración al cosmos. El pintor, hombre occidental, argentino porteño, que con beca de la UNESCO comulgara duran· te todo un año con la cultura oriental, es hombre de acción. Su acción-creación es pintar, grabar; con su arte pone el mundo en movimiento. Hombre que como todo artista, se siente más vivamente atraído por el ideal de lo perfecto; hombre pensante que busca sin cesar nuevos acercamientos, nuevos niveles de realidad, que se siente atraído por lo nuevo, y que por esto experimenta. Quizás inconscientemente luche por los mismos ideales re· Iigiosos de los místicos: La integración de la humanidad a través del vehículo, de sus grabados a color, a los que todos sin distinción de clases pueden acercarse y recibir el mensaje. Nos hace pene sar esto en el sentido religioso que cobra el arte y las distintas manifestaciones del mismo en el mun· do contemporáneo. El hombre quizás solitario. alejado de Cristo, vuelve a tener esperanza de solida· ridad, ahora, en el presente, al comulga.r con el artista cuantas veces así lo desee... Se vuelve a lo verdaderamente original que es la humanidad común a todos los hombres. Y en el arte cantamos todos unidos, somos todos hermanos, los hijos de la creación. Pido a la luz que Ult día ¡Qué extraño encuentro en esta noche oscura! ... pueda al fin la gracia, estado puro de la nueva tierra, establecerse en todo para siempre. Rafael Alberti. - «Los cuatro reyes de Audivert» (grabador J. Abierto a todas /loras.


La colaboración de José de Diego en el semanario «Emilio Mario» Por

E

HERMAN REICHARD ESTEVES

N LAs RESEÑAS BIOGRÁFICAS QUE SOBRE Jos~ DE

Diego se han escrito suele mencionársele como redactor de Madrid Cómico, La Semana Cómica, La Universidad, ¡Verán Ustedes!, El Progreso y Las Dominicales del Libre Pensamiento. Júzguese, pues, nuestro asombro y júbilo. ante el hallazgo. en una librería anticuarla de Barcelona, de la colección del semanario Emilio Mario, en la cual figuran trece poemas del bardo aguadillano. De Diego alude en el prólogo de Jovillos y Pomarrosas a algunas de las publicaciones citadas, porque en ellas vieron la luz casi todas las composiciones que luego él incluyó en estos dos poemarios. Nada dice del Emilio Mario, aunque dos de los sonetos que aparecen en Pomarrosas proceden de este semanario. ¿A qué se debió este silencio? Allá para el año 1884 varios intelectuales de la Ciudad Condal, amantes de la' música y el teatro, concibieron la idea de fundar una asociación líricodramática a la cual pudiesen asistir las familias más distinguidas de la sociedad barcelonesa: asocia· ción que, por la índole de su organización y el género de los espectáculos que ofreciera, debería te· ner un carácter marcadamente familiar. Los fundadores acordaron por unanimidad honrar la nueva asociación con el nombre de Emilio Mario, como se conocía generalmente a don Mario López Chaves, popularísimo y eminente primer actor y director de la compañía teatral que por entonces actuaba en el Principal de Barcelona. La Sociedad Emilio Mario tuvo tan entusiasta acogida, que su matrícula sobrepasó los cálculos de sus fundadores. Halagados por el éxito alcanzado, éstos acorda-

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ron fundar el semanario Emilio Mario como órga· no de la sociedad lírico-dramática del mismo nombre. Se inició la publicación el 7 de abril de 1885. E! último número apareció el 29 de noviembre de 1887. Presumimos que se descontinuó artrasladarse 19


López Chaves a Madrid para hacerse cargo de la dirección del Teatro de la Comedia. El formato del semana~io denota sobriedad y buen gusto. Durante el primer año de su corta exis· tencia, se repartía gratuitamente a los abonados y concurrentes a las funciones de la Sociedad. Con· tenía noticias teatrales de España y del exterior, crítica literaria, narraciones, crónicas, artículos, poesías y pasatiempos. En sus comienzos figuraba como semanario de literatura; al entrar en su ter· cer año, como «Periódico semanal de litératura y teatros, ilustrado con retratos de escritores y artis· tas». Eran los más renombrados, entre los asiduos colaboradores, Vital Aza, Javier de Burgos y Nar· ciso Díaz de Escobar. José de Diego, quien era muy amante del teatro, debió haber ingresado en la sociedad Emilio Mario a su regreso de Puerto Rico en 1886, cuando aún no había cumplido los veinte años; pues su colabo· ración, así como la de su íntimo amigo Ricardo J. Catarineu, comienza en el segundo tomo del serna· nario. En el número 48 de la revista aparece la pri. mera aportación del aguadillano, que no ostenta título:

.. .¡Frase bendita! Mi ignota suerte, El rayo de oro que el cielo esmalta, Del pensamiento la luz que salta, Todo lo diera por complacerte... ¡Menos la vida, que me hace falta Para quererte! ¿Que me engañabas? Mi fe en el arte, La sed ardiente del infinito, El mundo entero donde gravito, Todo lo diera por olvidarte... ¡Menos la vida, que necesito Para llorarte!

Del número 52 es el siguiente:

MADRIGAL Buscando leves pajas Para sus nidos Se encontraron un día Dos pajaritos, Pero de pronto Se fueron a hacer juntos Un nido solo. Yo buscaba la diosa De las mujeres, Tú buscabas amores ... ¿Qué te parece? ¿No es muy bonito Que hagamos lo que 11icieron Los pajaritos? 20

En el número 63 aparece el soneto ¡DUERME!... rDuerme!... si de la noche en el callado misterio, protector de aves y flores, faltara a tus pupilas los fulgores y el fuego de tu espíritu agitado; Si por tu oído a penetrar alado, llega el choque de un ósculo de amores; y escuchas unos lánguidos rumores que nacen y agonizan a tu lado,

¡Duerme, Casilda, duerme! Esos murmullos no son más que los cándidos arrullos de dos seres que ocultos se embelesan: No espantes la pareja enamorada resbalando invisible en tu almohada... ¡Porque son nuestras almas que se besan!

Del tema amoroso se aparta el poeta en su última colaboración del año 1886 (núm. 70), que es como un canto de rebeldía: . LA ALBORADA Las negras aves en confuso bando el vuelo e.~tdn con rapidez tendiendo, porque la voz del huracán tremendo se oye hace tiempo en el cenit vibrando• ¡Tras tanta sombra como va marchando y tanto enano como va muriendo, tanto gigante como va naciendo y tanto sol como nos va alumbrando! La sangre es fuego en las Ilinchadas venas: rechinan, al romperse las cadenas: de pronto ruge el popular torrente: Oscila ya el infame monopolio: golpea la piqueta; rueda el solio... ¡y surge la alborada en el Oriente!

En el tercer' y último tomo de la revista encono tramos un mayor número de poemas, tanto de De Diego, como de Catarineu. Del primero (en el nú· mero 74) es el siguiente: ¡PARA LA POBRE CIEGA! Alma de Dios, aurora fugitiva, tórtola virginal del infinito, niña del cielo, portador bendito, iris abajo, mariposa arriba. Yo, el que por prados a buscarte iba antes de amanecer, de pequeñito, hoy te invoco llorando. ¡Necesito toda tu luz esplendorosa y viva! Sus blanquísimos párpados despliega,' mitiga sus enojos, mis enojos, y en el misterio de su alcoba riega la brillantez de tus matices rojos. ¡Mira que está la pobrecita ciega! ¡A ver si sanas por favor sus ojosl


Jose de Diego junto a dos de sus amigos durante su estancill en &pa単il.

2J


Pulsando con más acierto la cuerda festiva que la sentimental, el poeta nos da, en el núm. 78 (refundida con el título de Arte Poético en Jovillos): COMPENDIO DE LITERATURA A UNA COQUETA tu espíritu, sin duda, una dolora;

,,¡Caramba, qué casas! ¡Parezco ya UlI niño! ¿La gente la dice?", ¡La geure ahora miente! ¡Parece mentira que quiera la gente can esos embustes matar mi cariña!.

tu boca un madrigal es que atesora la dulzura en sus frases escandida.

y ruge de nueva, que el diablo ID inspira,

Ulla Jeyenda tu azarosa vida;

La frase rosa a tu mejilla unida es un canto del rastra que colora, y de tu frente la risueiia aurora idilio tierno que al amar convida. Suave cantar de inspiración suprema es de tus ajas la expresiva llama, de la armonia celestial emblema, bello, más bella que la luz que ama,' resumen de 10 dicho: un graJl poema; la demds... debe ser un epigrama. Como Aromas de Tumba, que data de 1885 y figura en Pomarrosas, también está inspirado en el recuerdo de la madre muerta este otro poema. del núm. 86 del Emilio Mario: ¡QUIEN SABE! Cuando brota una planta misteriosa del cráneo amarillerIto de un cadáver. ¡quién sabe si es el alma del difunto quien presta vida al vegetal que 'lace! ¡Quién sabe si es el alma de los seres que en el silencio del sepulcro yacen, lo que forma las verdes hierbecillas, lo que anima los árboles gigantes! Por eso, cuando vea en la pradera trémula rosa de purptíreo cáliz, la beso COII afán, y es parque pienso ¡que puede ser el alma de mi madre! En el núm. 94, otra vez la nota festiva: COSAS DE CHICOS lzlanico la quiere, mas Juall na se casa Parque ella Ila tenida doscientos amares, y en ellos pensa'ldo de celos se abrasa, y dias y noches el pobre se pasa COII dudas horribles y vagos temores. Así es que Juanico jamás se resuelve }' esttí, aunque le gusta muc1lísinzo Elvíra, Que tira. que vuelve, Que vuelve, que tira. Sin duda, recuerda que san tall bonitos,

Tal! cándidas siempre, las dos tan traviesos ¡Porque a él le parece que san angelitOS De aquellas mejillas. aquellos hoyitas Ql/e el/anda se ríen pidiendo están besos!

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De pronto golpea su frente con ira, y empieza el demonio que en él se revuelve Que vuelve, que tira, Que tira, que vuelve. -¿Que fue muy amable con un pretendiente? ...

Mas luego su eterno martirío lo envuelve Que tira. que vuelve, Que vuelve. que tira. -¿Irá a ver a Elvira?... parque ella ¡quién sabe! .. Por fin se decide. cepilla la ropa, Se mira al espeja, se guarda la llave, Cl!rral'ldD. la puerta... ¡Y allá va la llave Poniéndo"setJ!1 alto sombrero de capa!

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Y afÍn va por"/d"qllle sabie'ldo que Elvira En t;:uanto la sepa, sU5.. c dudas resuelve, Que vLlelve, <·que tira, Que tira, que vl1elve. Le abrieron la puerta. y en vez de dar gritos, Saluda a su 'Iovia con gratos excesos: Se marc1la la madre, se queda" solitos... Y al ir a reiiirla ¡besó las Iloyitos QI/e al fin ~e saciaron de besos y besos! Elvira el! sus brazos amante le envuelve; JIIUllico la apríeta, se calla y suspira. Y piensa que piensa, que 110 se resuelve. Que vuelve que tira, que (ira que vuelve, Que tira ql/e vuelve, que vl/elve que tira. En la sección de Pasatiempos del núm. 95 en· contramos el siguiente EPIGRAMA Por Teresa, que es un cielo. Pregunté a D. Juan Nitrato, Y dijo: -Ya 110 me trato COIl gente de poco pelo.-

En que él es más que Teresa El ml/ndo entero conviene, Porque en cuanta a pelo tiene El pelo de la dehesa. Los dos sonetos que siguen, de los números 102

y J04 respectivamente. son los únicos poemas insertos posteriormente en Pomarrosas, refundidos. El primero es un canto a la libertad; el segundo, al poder del pensamiento, EN ALTA MAR La vista absorta la extensión domina, cruje el velamen que el turbión azota, y parece, al quejarse, la ola rota melancólica y triste ave marina. En el pala mayor la golondrina contempla el vuelo de la audaz gaviota, y en tanta el agua que oprimió barbota rompiendo espuma el bergantín camina.


-¡Amor 'Y libertad! -suena un acento entre el arrullo de la mar 'Y el viento que repercute tan hermosos nombres. ¡Y ante esa voz de comprender no acabo cómo vive allá en tierra tanto esclavo, habiendo aquí una patria para hombres!

FUERZAS IRRESISTIBLES Gimiendo va, sultana de la tierra, 11ija del siglo, audaz locomotora, que publica con voz atronadora cuanto de grande el Universo encierra. Si masa informe el horizonte cierra, sus entrañas graníticas perfora, 'Y surge, como espléndida señora, del corazón de la fragosa sierra. La idea es el vapor,' estro divino que cruza por el mundo como el viento, que unas veces es manso peregrino 'Y otras engendra el huracán violento.

¿Ponen una montaña en su camino? ¡Abre un túnel 'Y pasa el pensamiento!

La penúltima composición, en el núm. 106, según el autor fue escrita en Aguadilla, sin duda a Laura: EN EL ALBUM DE... Varios dulces poetas Puertorriqueiíos Dejaron en tu dlbum Flores y sueños. En rítmicas canciones Plumas de oro Pusieron desleído Todo un tesoro. Yo -si el genio tuviera De mis paísanosTambién te escribiría Versos lozanos. Pero el que nunca supo Cantar amores, Dejarte no ha Rodido Sueños y flores. Mas ya que bardo humilde No pueda eso, Al lado de mi firma Te escribo un beso. Pajarito que vuela Por estas hojas Le he dicho que te ruegue Que lo recojas. Blanco no me lo hagas De tus agravios. ¡Y a ver si no se muere De hambre de labios!

Termina la colaboración del autor de Sor Ana en el penúltimo número (107) del semanario, con el irreverente soneto

A UNA MONJA Pobre de ti cuando, en el mudo drama del que profesa 'Y se arrepiente luego, escuches al amor gritando ciego: -¡No eres de Dios! ¡El mundo te reclama! Pobre de ti cuando divina llama torne tu helado corazón en fuego, que en vano a Dios elevarás tu ruego, y no podrás decir: -¡Ese me ama! ¡Pobre de ti que, siempre de rodillas, y soñando con mundos esplendentes, cuando te inspire la oración agravios, no sabrás lo que valen las mejillas de un ser querido, al despertar ardientes los ósculos que duermen en tus labios!...

La Sociedad Emilio Mario tarpbién obsequió a sus suscriptores con un Album Literario dedicado a Mario en la noche de su beneficio, que se celebró en el Teatro Español el 2 de agosto de 1886. De Diego también colaboró en esta publicación con inspirados versos compuestos el 17 de junio ante· rior: PARA UN ALBUM A

EMILIO MARIO

¿Para el álbum que a Mario se prepara? Como es para mi honra inmerecida ¡Merecía si a ello me negara No poder hacer coplas en mi vida!

* * * Dios echó al mundo pájaros diversos, Vates y ruiseñores, Y juntos en los bosques o dispersos, Es el sino fatal de los cantores Ir por el mundo derramando versos Y por el cielo delirando amores. Pdjaro de otras tierras, peregrino, Es mi único destino Dar armonías y ocultar mi llanto Cuando desde los lindes del camino ..Canta. me dicen, y obedezco y canto. Hoy ante ti, como candente impulso, Siento en mi pec1to renacer el arte Y de entusiasmo y de emoción convulso Las rotas cuerdas de mi lira pulso Avido de cantarte. Yo, aquel pobre poeta vocinglero Que nunca se vendió: que no altanero Le pudo hacer cantar ningún tirano Me doblego ante ti, porque te quiero... ¿No eres artista? .. ¡Pues serds mi hermano! Muy niño aún, desde la patria mía, Criolla tropícal del Oceano, Tu nombre, Emilio, proclamar oía: Que cuando en los rumores de los mares, Llegó tu nambre hasta mis patrios lares ¡Tu nombre apenas balbucir podia! Y hoy, que soy casi un hombre, Huélgase, al evocar aquel recuerdo, Ante tu gloria mi canción sumisa:

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¿Y no te !le de cantar si yo me acuerdo Que con ¡Joz indecisa

Iba aprendiendo a pronunciar tu nombre Cuando aprendia el de mi madre Elisa? ¡Aquella santa que al alzar el vuelo Dejó en mi torno aterradora calma, La que me dio aquel ósculo de 'tielo, Que, según mi 'termanita, se fue al cielo Y, segtjn yo, se me quedó e't el alma!... Déjame, Mario amigo, que me goce De nuevo abriendo la profunda herida, y que mi pobre corazón destroce ¡Aquella 'termosa muerta de mi vida! De olvidar mis memorias indiscretas, Por fortuna tal vez, 'lO encuentro modo; Eso 'ta'l tenido siempre los poetas; No hablan de nada sin 'tablar de todo. Siempre turba mi llanto la alegría: Yana sé en qtlé consiste: Tú lo comprenderás: no es culpa mía: ¡Eso es culpa de Dios que me 'tizo triste!

* • * ¡Salve, rey de la risa, Gloria de Moratin, estro fecundo! ¡ Bien haya el genio que laureles pisa! ¿Verdad que es bello dominar el mundo? Te 10 pregunto, porque tú lo sabes Y yo no, ¡porque vivo en el olvido! ¡Yo soy de aquellas pobrecitas aves Cuyos cantos se ahogan en el nido! ¡Salve el artista que la escena cruza Repartiendo placer, y es su aureola Esa muc1tac',a joven y andaluza, La Comedia Espaiiola, Que, siempre, alegre el epigrama aguza Elltre sus rojos labios de amapola! Tú, cuyo nombre en el Teatro suena CDlt dulcísimos sones ¡Intérprete en el mundo de la escena Del idioma de Tirsos y Bretones!

• * • Yo que te vi fingiendo La trama de unos pícaros amores, Las iras de un esposo, enardeciendo, Vi prorrumpir al ptíblico rie'ldo En un coro de aplausos voladores. Y otra vez finges del burlado esposo Los justos celos que su honor le inspira Y loco buscas al rival, furioso, Para aplacar tu ira, ¡Una ira tan bien ',eella y tan risueña, Que la gente se empeiia Ell aplaudir la cómica mentira! Y mientras que a la adtUtera atropellas Mesándote de rabia los cabellos,

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Terrible el gesto al inquirir sus 'lUellas... ¡Palpitan besos en los labios de ellas Y surgen risas de los labios de ellos! Y cuando burlador, y no burlado, La fruta atisbas del amor vedado, Tanto es el gozo que le inspira verte, Que el público, contigo asimilado, Parece que te dice: -¡Buena suerte!Que si el pobre marido Siendo parte del público estuviera, Daría sus rencores al olvido ¡Y "asta el mismo marido te aplaudiera!

* • • ¡Un artista completo! ¡Enardecido Hizo algtín genio en su cerebro nido! La gloria alcanzó en él una conquista: Tiene del arte la difícil clave: No 'tay más que contemplarle ¡y ya se sabe Que tiene alma de artista! Gallardo al accionar mln"a provoca Ni da su acción a la moral t:.nojos ¡Y antes de decir algo con la boca Ya lo 'ta dicho hace tiempo con los ojos! Y tiene su lenguaje tal heo'tizo, Que en el proscenio al resonar lozano ¡Parece que se hizo Para que 10 Tlable él solo el castellano! Asesino cruel de toda pena Le dio la risa sus ',ermosos dones, ¡Intérprete en el mundo de la escena Del idioma de Tirsos y Bretones!

* •• ¿Querían que cantase? ¡Ya ha cantado! Conque adiós, Mario amigo: Tal vez estuve sin querer pesado: ¡Me era tan dulce conversar contigo! ¡Hdgate Dios feliz, rey de la risa, Gloria de Moratin, estro fecundo, Con los laureles que tu planta pisa! Y a mí que no 'te sabido enaltecerte ¡Concédame la suerte, En justo premio de mi afán profundo, Que olvide sus agravios Viendo en mis versos palpitar un mundo Palpitando mís versos en tus labios!...

Tal fue la aportación de José de Diego a la Sociedad Emilio Mario. Como las de Jovillos, éstas

también son llcoplas de estudiante». Y si él nunca mencionó esta colaboración, quizás por no considerarla digna de recordación, parécenos justo que hoy se den a conocer estas primicias literarias del bardo aguadillano.


Cuento

Los .perros no han ladrado todavía Por

TAMBI~ PUDIMOS HABERLE PUESTO EN LA CAJA

••• muchos ramos de cocuisas con abetos cogías aquí mismo en el batey. Y lo biesemos llevao a la iglesia del pueblo pa despedirlo con un responso como Dios manda. Y antes de enterrarlo, el compadre Ambrosio, que sabe de letras, biera dicho algo bueno de su persona. Y ella y yo bieramos besao el primer terrón al sepultarlo. Y en una corona hecha con mis propias manos le hubiera mandao a poner una cinta con un "no te olvida" pa guardarla de recuerdo con las cartas y los retratos. Y si ella biera tenido mas aquél, pudo guardarle luto por más tiempo, quel nunca dejó de escribirle hasta el mismo día que desapareció. Y no es por que sea mi hijo pero el muchacho siempre tuvo seriedá pa sus cosas y amás que ya tenía la palabra empeñá. Quizá si lo bieran traído y lo biéramos velao de cuerpo presente, las cosas no fueran así. Por lo menos ha debía resarle, más que na resarle, que es lo que necesitan los muertos. Pero esa puñetera gente del ejército no se han ocupao de buscarlo. Si a mi me bieran dejao entre mil muertos biera dao con mi Cheo.· Como una perra recién paría no biera descansao hasta jayarlo. Pero esos puñeteros me han dejao sin el consuelo de verlo. ¡Maldita la hora en que tú le metiste en la cabeza esa contrallá idea! Si yo biera sabía que tú le estabas echando gente pa que lo aconsejaran, me biese metía de por medio. ¡Que yo sí sé por lo que él debió dar la vida! ¡Cuánto inocente haberá matao! ¡La sangre que se ha perdía! ¡Sangre inútil!

••• y yo, ¿qué haré contigo ahora? Porque tú has vuelto aquí creyendo que ibas a verlo sano y salvo

EDWIN FIGUEROA BERRfos

con un porvenir asegurao. Mejor dicho, a oirlo, porque te has quedao con el corozo de los ojos en blanco y sin remedio. Pero ya sabes que no vuelve y to por tu culpa. Te tendrás que ir con otra desgraciá. Como aquella que te sacó de esta casa cuan· do más ilusioná yo estaba y cuando más te necesitaba. Y amás te vas sin la esperanza de volverlo a ver. Yo 10 he 1I0rao pero lo siento como si no estubiera muerto. El llanto me ha llevao la inconformidá. Me leían sus cartas y se me han quedao en la cabeza como si me estuviera hablando to el tiempo. Ahí en el tabique, al pie de donde tú estás sentao, están los retratos que tú no llegaste a ver nunca. Siempre se me presenta haciendo una tra· vesura de muchacho. Anoche mismo me pareció verlo en ·sueños cuando lo creía en la escuela. y después lo jayé retasando con el trompo y la cabuya en el maisal. -¡Que yo no subo esa jalda ni cruzo tanto do pa ir a esa escuela! Todavía guardo el trompo y la cabuya en el baúl. Tú no puedes soñar con él porque ni eso te queda, un buen recuerdo suyo. Cuando nació ya estabas liao con la marchanta aquella en la hacienda de los Mendoza. Cada vez que veía desde aquí la torre del molino en el cañaveral, me ardía la sangre como si fuera cal viva lo que llevaba edentro del cuerpo. Pero la torre del molino ya no se ve desde aquí. Es una pila de ladrillos viejos con los que espantan las bestias realengas y ya yo no tengo que ir a buscar nada a la hacienda. El tiempo pasó, pero entoavía estamos aquí pa recordarlo. Yo al· quilándome en cuanta casa hay por esos mundos de Dios. Ricos podrías de dinero que te sacan en cara el plato de comida que te dan. Pero así me

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aguanté como una burra de carga pa mampararme un poco y encaminarlo. El viejo mío se equivocó de medio a medio contigo. Le entraste por el ojo derecho con tu jaibería. Se creyó que eras un patriota de veras como él, que defendió lo suyo hasta lo último. Pero el trabajito en el municipio te viró al revés y el alcalde se echó en el bolsillo tus ideales. Me conformé cuando me diste a Cheo. Que si no, un cuartillo de gas me biera bastao pa quitarme del medio. Así de amargá me sentía. Dios me perdone por haberlo pensao. Ahora estás ahí hecho un inútil sin saber lo que pasa al lao tuyo. Ni la tienes a ella que se esgaritó con otro tan pronto quedaste ciego después del accidente, ni me tienes a mí, ni a tu hijo que ahora mismo no se sabe si está enterrao o si se lo habrán comio los perros, ingrimo y solo, mezclao con sabe Ojos cuántos muertos más. Yo por 10 menos me acompaño con el recuerdo que es como una flor que me ha quedado. Pero tú ni eso. Porque ella no te dio ninguno y tú creías que yo tampoco te lo iba a dar. Y .te fuistes mismamente cuando me habías dejao con él en las entrañas. Y el viejo no quiso que fuera a dar quejas a la corte. -"Allá él con su conciencia"-, me dijo, "que donde hemos comio dos, comeremos tres". Pero él se fue a de· fender lo que más quería y tuvo que cumplir diez años: ¿No lo sabías? Asi fue siempre, derecho como la espiga de la palma real.

*** No sé cómo has podio llegar h~sta este farallón tan alto donde me he quedao sola. Aquí vino a morir el viejo después que cumplió los diez años, por defender lo suyo. De aquí no se ve más que 10 azul, pa ande quiera que uno alongue buscando tropezar con algo. Lo único que se oye es el viento en Ala de la Piedra y la llorosa que canta de noche en el higüero cuando alguien va a morir. Pero ya no me asusta. Estoy impuesta a esta soledá. SÓlo la noche que él debió desaparecer se me quiso salir el corazón del pecho. La llorosa estuvo toa la noche aullando y yo, oyéndola, oyéndola como si no fuera a terminar nunca. Así fue también cuando murió el viejo.

*** Bébete este trago de café puya. Te 10 he ser· vía en la taza de Cheo. Está cargao como a ti te gusta. Pa que cojas fuerza pal regreso, que ya ya

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cayendo el día y la noche es muy cerrá cuando no hay luna. La brecha está mala pa transitarla sin vista. Llévate este bastón del viejo pa que bajes el primer trecho. Después, tan pronto ladren los perros del compay Ambrosio allá bajo en la guardarraya, sabrán que te vas acercando y vendrán a alcanzarte pa que llegues en compaña hasta el camino grande de los ausubos. Allá tienen bestias y te pueden ayudar. Es gente desprendía que no re· paran en na pa servirle al prójimo. Tú lo sabes. Así era Cheo, tenía el aquél de esta gente de altura que es buena de nación. Tú 10 sabes. No es decente que te quedes aquí después de to 10 que nos espera. Quiero estar sola cuando el viento empiece a soplar en Ala de la Piedra por este lao del farallón. Después la llorosa llega a dormir en el higüero y yo prendo las velas de los difuntos. Pero tengo que estar sola. Cheo debe haber muerto solo también. En la carta lo decía: "Estamos en una montaña. Es de noche. Yo estoy haciendo guardia en el pico más alto. El viento chilla como en Ala de la Piedra. Sólo oigo el viento y veo los relámpagos de los cañones en el cielo. Ayer barrimos un pueblo comple· too Ahora nos acercamos a otro, mañana.....

*

ji

*

¿Dónde estás? ¿Me oyes? Ha dejao el bastón del viejo. La brecha está mala y hay mucho abrojo. Ni las bestias pueden subir hasta aquí. No se tomó el trago de café. ¡Qué va a oir si ha desaparecía en un santiamén! ¿ Cómo ha podido bajar tan pronto? ¡Qué le vamos a hacer! No probó el café y el bastón está arrimao al banco ande estaba sentao. Ya está empezando a aullar el viento en Ala de la Piedra. No queda claridá por ninguna parte. Hace mucho rato que Cheo salió de aquí, pero los perros del compadre Ambrosio no han ladrado todavía... y el viento sopla de aquella parte. Ya es la hora de hacer la guardia en lo más alto de un pico donde soplan ventarrones como en Ala de la Piedra. Hoy hemos matado mucha gente y mañana mataremos más. ¡No te quedes así, levántate contra ellos, no mates a esos inocentesI ¡Aprende a alzarte contra la injusticial Sí, ya sé que estás herido, lo sé, hijo, lo sé. Te han dejado perdido, agonisando, entre mil muertos, entre tantos heridos, en ese campo de muerte donde ya no oyes el viento como en Ala de la Piedra. El cielo está fusiliando. La llorosa ha vuelto a cantar otra vez en el higüero. Y los perros no han ladrado todavía.


El gallo en la poesía de Luis Uoréns Torres Por

INTRODUCCION

E

L FENÓMENO LITERARIO DEL MODERNISMO EN PUERTO

Rico dio a la literatura hispánica dos hombres de taUa transcontinental que fueron Luis Lloréns Torres y Luis Palés Matos. Estos dos poetas representan en Puerto Rico una de las fases más importantes del modernismo: el canto a lo autóctono. Cada uno de ellos -Lloréns en el criollismo y Palés Matos en lo negroide- llevan estos temas regionalistas a sus más elevadas alturas. Como tema de este breve ensayo he escogido el criollismo de Lloréns Torres y dentro de este tema el símbolo del gallo en su poesía. Lloréns se destaca por su poesía criollista popular la cual le ha ganado el favor público. Sus poesías están en boca de todas las clases sociales... especialmente, en estos tiempos de afirmación puertorriqueña. Sus composiciones evocan con nostáIgia, pero con optimismo, una época y una vida que está en peligro de sucumbir ante el arrollador empuje del materialismo ideológico y el pragmatismo objetivo. Compete a cada uno de nosotros repasar nuestro Lloréns Torres tal y como acudimos a una gramática cuando estamos inseguros o titubeantes. Sus poesías son un testamento de nuestra herencia y i"es'olución de nuestra lucha para que estos valores adquieran su justa y merecedora perspectiva. En este ensayo me propongo hacer un breve recorrido por ese criollismo de Lloréns Torres, sus raíces, antecedentes, y principalmente uno de los símbolos de mayor importancia -en su poesía -el gallo de pelea puertorriqueño.

HSCTOR AND~ NEGRONI

EL HOMBRE Y SU OBRA

Nace nuestro bardo en el 1876, en el pintoresco barrio de Collares en Juana Díaz. Este barrio es conocido por todos ya que ha sido objeto de una de sus más logradas composiciones. Nuestro poeta viene de una familia acomodada y luego de completar estudios con el famoso profesor Janer (autor de la Gramática) en su escuela privada de Maricao, es enviado por sus padres a España para estudiar una carrera en derecho la cual termina en Granada. Durante -su estadía en Granada publica dos libros. El primer libro publicado por Lloréns es titulado América (1898) y es escrito en prosa con temas hist6rico-filológicos. Su segundo libro, Al pie de la Alhambra (1899) es un poemario dedicado a quien más tarde se convertiría en su esposa. El segundo libro es de temas amorosos, corte clásico, romántico de tratamiento y permeado por un sentido popular andaluz. Lloréns regresa a Puerto Rico y monta su bu· fete el cual tiene más de salón literario que de jurídico. En su estudio sobre la Vida y obra de Luis LIoréns Torres, la señora Carmen Marrero narra innumerables anécdotas sobre la fusión de lo jurídico y lo literario en la vida de Lloréns. Según eUa nos cuenta en las páginas de este estudio, Lloréns llegó a presentar un planteamiento jurídico en verso ante un tribunal de aquella época.l 1. Marrero, Luis Uoréns Torres, Vida y Obra, p. 76.

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En el 1911 entra L10réns Torres en lo que cabe llamar el pleno florecer modernista y que culmina con la fundación de La Revista de las Antillas en marzo del 1913. Esta empresa singular unía los esfuerzos de dos capitanes de nuestra literatura, Luis L10réns Torres y Nemesio Canales. El primero se distinguía en la poesía y el segundo en la prosa. La importancia de esta revista es incalculabie, pero basta decir que arrojó un saldo extraordinario a la cultura puertorriqueña, además de solidificar yencampanar el modernismo de nuestra Isla. En las páginas de esta revista se fragua la personalidad literaria de 'Luis L10réns Torres y en el 1914 nos da su libro Sonetos Sinfónicos, en cuyo prólogo expone sus doctrinas poéticas de pancalismo y pa· nedismo (originalmente aparecieron en la Revista de las Antillas). El profesor Luis Hernández Aquino hace una excelente interpretación de estas doctrinas en su tesis doctoral luego publicada en forma de libro.2 En el prólogo de este libro, L10réns también expone las tres épocas de su poesía afirmando que los sonetos titulados Sonetos Sinfónicos serán su última y definitiva arte poética.3 El tiempo 10 juzgará errado pues su obra poética se superará y multiplicará ya que nos lega dos libros y un drama histórico-poético. Sus dos últimos libros, Voces de la Campana Mayor (1935) y Alturas de América (1940), aumen· tan su estatura insondable. La campana mayor a que se refiere es una mujer sensual que debe amarse, y en este libro le canta a su patria como a una mujer. Su último libro, publicado en el 1940, tiene una composición antológica y tal parece que trató de imitar al libro de Santos Chocano, Alma América, pues abundan en este libro sus más selectos elogios a lo autóctono. En el libro Alturas de América hace un recuento de su producción literaria publicada y por publicar. Según nos dice en una de sus primeras páginas, tiene en prensa y en preparación seis libros que hasta hoy no han visto la luz del día. El no saber el paradero de éstos es una pérdida para nuestra literatura. Muere nuestro poeta nacional en el 1944, y la nación se reviste de luto. Muere, pero muere en su amado lar isleño. EL CRIOLLISMO y LLoRltNs TORRES

Como he mencionado anteriormente, es la nota criolIista en la cual se destaca L10réns Torres. "A pesar de que hace amagos de acercamiento a la nueva escuela modernista, le' fascina el fenómeno Ji terario; pero es demasiado puertorriqueñ.o, de2. Hernández Aquino. Nuestra Aventura Literaria, pági. nas 11-33. 3. L10réns Torres. Sonetos Sinfónicos,. p. 9.

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masiado jíbaro... " 4 Se podría afirmar categóricamente que este acercamiento no es sincero en su' naturaleza y que es sólo un alarde mental, porque tal vez existía duda en el pensamiento del poeta. Modernista o no, Lloréns Torres es el cantor de lo autóctono y tal parece que hereda este sentimiento de afirmación criolla de José de Diego. Los moti· vos más cantados en su poesía son:. el gallo, el flamboyán, el mar isleño, la cosecha, el cafetal, el güiro, nuestros primeros pobladores (los indios), nuestros pueblos, nuestros productos, nuestras costumbres. En fin, todo lo puertorriqueño que afirma, subraya y pone al relieve su fervor puertorriqueño. Si fuésemos a trazar la trayectoria de este sen· timiento autóctono tendríamos que remontarnos a su nacimiento. En sus obras primicias comenzamos a notar amagos de lo que luego será un pleno florecer. Ya el título de su primer libro lo apunta. A pesar de que en su libro segundo (Al pie de la Alhambra) no encontramos mención a la palabra gallo, alude a otros símbolos de nuestro lar isleño (palma real, machete, etc.... ). En su poema "Felici· tación'" ya encontramos la explícita añoranza de lo isleño cuando nos dice en la tercera estrofa de este poema: ¿Por qué de mi tierra l,ermosa ya no recuerdo los campos, ni las flores, ni las aves, ni sus plumas, ni sus calttas?'

En su libro Sonetos Sinfónicos tampoco menciona la palabra gallo, aunque en est'e libro emplea más símbolos criollos que en el anterior y demuestra el comienzo del capullo del amor a lo autóctono. Antes de pasar al tema de este ensayo conviene mencionar a pasos agigantados la costumbre y tradición de la riña de gallos en nuestra historia y en nuestra literatura. La llamada riña de gallos y. el empleo de los gallos como deporte tiene sus orígenes en lo más remoto de la historia. Según los zoólogos, el gallo tiene su origen en el Período Jurási· ca y tiene como predecesor al padre de todos los pájaros, el "archaeopteryx". ¡De esto hace unos 150 millones de años! Una de las primeras referen· cias a este deporte 10 hace Temístocles, quien los llamó "pájaros persas" y quien veía en ellos el ejemplo del pequeño pero feroz ejército griego que destrozaría a los persas (520 A. C.). Según los historiadores, nuestros gallos de pelea tienen su origen en India, Siam, Malaya y las Filipinas. Sabemos que cerca de tres mil años atrás existían en India leyes que gobernaban las riñas de gallos. De India los gallos deben de haber pasado a través de los 4. Marrero. op. cit., p. 74. 5. Lloréns Torres, Al Pie de la Alhambra, p.

en.


Alpes a Roma y de allí, se difundió el deporte por Europa de donde vinieron al Nuevo Mundo.6 En Puerto Rico el apego del jíbaro a su caballo y la afición a la pelea de gallos forman parte entra· ñable de las historietas y del folklore puertorriqueño. La famosa pintura del desterrado pintor espa· ñol Luis Paret 1 (mentor de Campeche) nos enseña un jíbaro con su gallo y su arma predilecta -el machete. En nuestra cultura criolla el gallo se considera como parte de la casa y como un miembro de la familia. A pesar de ser un exponente del combate es también un animal doméstico y el mimado de la familia. El mismo Lloréns tiene esta concepción del gallo cuando nos dice en su poema "Mariyan. dás de mi Gallo" (tercera parte: Mediodía) que: Mi gallo ama el bosque umbrío de la verde cordillera y la caricia casera de la hamaca en el bohío.'

Las riñas de gallos eran comunes en toda la América Española. Los jugadores se apasionaban por la calidad y apariencia de sus gallos y sentían gran cariño por los mismos. Se notaban afligidos cuando el gallo perdía, moría, o salía herido de la riña. En cambio, no les afectaba perder el dinero de la apuesta. Lo que les interesaba era que su gallo fuera buen gallo, valiente y espoleador. Una de las primeras descripciones de esta diversión la encontramos en las páginas de Iñigo Abbad quien nos dice que los puertorriqueños: Son apasionadas par los juegos sedentarios; el de gallos es muy común en toda la América y más en esta Isla. No tiene rubor un 110mbre de .obligaciones pasear las calles buscandQl quien quiera apostarlas con su gallo y aventura cuanto dinero tiene. fiado de la valentía del suYO.9

El original de esta historia de Abbad fue firmado y entregado en 1782 y editado en el 1788. Esto nos dará una idea del arraigo del deporte para esos tiempos. Según Brau, Abbad estuvo en la Isla en junio del 1772.'° Otra mención del deporte de los gallos en Puer· to Rico la encontramos en las páginas del Aguinal. do de 1878. El autor de este artículo. José R. Rodríguez MacCarty. deplora los gallos y espera que desaparezcan, como los bailes de garabato y otras costumbres grotescas, por el tiempo con su mano innovadora. El señor Rodríguez no propone medio das violentas para erradicar esta ficción. 1I 6. Pridgen, Tim. eourage. The Story of Modern Cock· fighting, págs. n.93. 7. Brau, Salvador, Historia de Puerto Rico. págs. 197. 204. 8. L10réns Torres. Alturas de América, p. 103. 9. Abbad, Historia.... p. 188. 10. Brau, op. cit., p, 190. 11. Aguinaldo de 1878, p. 91.

Nicolás Aguayo en el mismo Aguinaldo de 1878 dice que "la jugada de gallos merece justa reprobación por su sello de barbarie"}2 En contestación al señor Aguayo yo diría que los gallos ni son crue· les ni son bárbaros pues está en su naturaleza la valentía tanto como está en la naturaleza del cordero el ser dócil. Para las grandes crueldades tenemos un ladrillo por corazón, pero para lo natural, nuestro corazón es de cera. En Puerto Rico la temporada gallística empieza en noviembre, continúa hasta septiembre, y corre ininterrumpidamente por diez meses. Los dos meses libres se deben al acto natural y biológico de emplumamiento o "encañonamiento" (en términos gallísticos). Puerto Rico, según Tim Pridgen (autor del mejor tratado gallistico que he leído), puede .reclamar con autenticidad el título de "capital galIística del mundo. n u Siendo la riña de gallos no sólo una cosa típica nuestra sino una de las costumbres más arraigadas y más generalizadas en Puerto Rico, no podía pasar ésta sin ser objeto de tratamiento literario por nuestros novelistas, prosistas y poetas, algunos de ellos grandes aficionados a los gallos como es el ejemplo de Lloréns Torres. Ejemplos de este tratamiento lo tenemos en los artículos de Femández Juncos, "El Gallero"14 y "El Coleador".ls quien nos presenta un simpático cuadro de estos dos personajes a la par que nos describe incidentes que ocurren durante una pelea o riña de gallos. La mención a los gallos durante el modernismo obedece, tal parece, a la concepción de Laguerre sobre el modernismo en Puerto Rico. Laguerre establece cuatro características de nuestro modernismo 16 y en su segundo punto menciona que el modernismo "es el despertar de una conciencia espiritual puertorriqueñá que ahondó en lo indígena, en lo criollo y en lo hispanoamericano". Lloréns desarrolla una conciencia crioUista respondiendo a las demandas del modernismo puertorriqueño. En LIoréns, a diferencia de otros, este sentimiento se mues· tra con sinceridad y autenticidad debido a su ori· gen campestre. EL GALLO EN LLOR~NS TORRES

En este capítulo examinaré las diferentes maneras y los diferentes tratamientos en que aparece el gallo en la poesía de Lloréns Torres. Debido al hecho de que es un símbolo recurrente, no siempre aparece tratado de la misma manera. 12. ¡bid., p. 90.

13. Pridgen, op. cit., p. 120. 14. Fernández Juncos, Galeria Puertorriqueña. págs 153158. 15. 1bid., págs. 159-170. 16. Laguerre. La poesía modernista en Puerta Rico, p. 1. 29


En primer lugar, Lloréns ve en el gallo un sím· bolo de Puerto Rico. Otros poetas han asociado a Puerto Rico con un animal. un árbol, una fruta; pero para Lloréns Puerto Rico es un gallo. "Canales también ve un simbolismo adherido al gallo mismo en relación con la vida de la Isla. "17 En una de sus "Trovas Criollas" Lloréns nos dice:

En la tercera décima de la anterior composición añade:

Soy de la jíbara kabila que mejores gallos cría.. .J&

En este fragmento aparece el gallo no sólo en su aspecto viril, sino empleando su canto en forma onomatopéyica. Este tratamiento onomatopéyico se funde con el gallo como el símbolo del tiempo para apuntar el amanecer en el poema "Café Prieto":

Una "kabila" o "cabila" es una tribu de beduinos y al explicarnos cuál" kabila" es la suya, la identifica con los gallos de pelea. Lloréns ve también a los gallos como un sím· bolo de lo criollo frente a lo peninsular. Nuestro jíbaro tiene sus riñas de gallos y el español tiene sus corridas de toros. Para uno y para otro cada deporte los identifica. "El jíbaro es tan aficionado a los gallos, como los peninsulares a las corridas de toros. "19 Sin embargo, ni los toros ni los gallos se deben considerar como un deporte. El deporte es únicamente 10 que no es en serio y tanto en los gallos como en los toros se representa la vida en la antesala de la muerte haciendo arte. Los gallos tienen el elemento de muerte, pero tienen también el triunfo aun en la muerte. Tienen el triunfo, la belleza y la fineza, ya que ningún gallo es derrotado aunque lo maten a espuelazos. Una pelea de gallos ofrece entonces algo más. ya que si consideramos que la pasión humana por lo peligroso crece de su deseo de dominar la muerte y por consiguiente, entender la vida. nosotros también podemos y em· pezamos a apreciar las riñas de gallos. Los gallos son la vida en su forma más dramática... y ese dra· ma, la vida misma. El gallo también representa lo masculino, 10 viril. lo sexual y lo sensual. Nos dice Lloréns en su serie de cuatro décimas. "Mariyandás de mi Gallo": mi gallo duerme en la rama del viejo laurel sabino. Le corre ardor masculino desde el pico hasta la hiel.1D

Este símbolo de gallo asume un aspecto erótico· sensual en la "Trova Criolla a Doña Universidad" cuando dice Lloréns: Con cualquier rubia o trigueña de las que en San Juan se dan rompe mi gallo en San Juan sus amarres de majagua y se la bebe ni agua y se la come ni pan,u 17. Canales, Paliques. págs. 16-17. 18. L10réns Torres. .Trovas Criollas-o Bayoán. abril· junio 1964. p. 4. 19. Aguinaldo de 1878. p. 84. 20. Lloréns Torres. Alturas de América, p. 103. 21. Bayoán. p. 5.

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Por su dulce Dulcinea su Julieta, su Eloisa por la reina Blanca Luisa mi gallo quiquiriquea y se enfurece y pelea.ll

La neblina se arisca en el monte. Las hojas despiertan rocfo sutil, y en la muda campana del drbol,

el gallo repica su quiquiriqui.2J

La palabra gallo es empleada por Lloréns como un adjetivo que da connotaciones de virilidad y mas~ culinidad como en el poema "Palma Cocotera" en que llama al sol el "gallo sol". El gallo sol canta en la playa. zf

Hay veces que contrasta este "gallo sol" con el "buey sol". El buey sol...ZS

El "buey sol" crea una imagen de cansancio mien· tras que "el gallo sol" es el sol lleno de espíritu y ánimo. El cantío del gallo se asocia a veces con el bramido del toro y el relinchar del potro para demostrar el llamamiento a la unión sexual con la hembra. Esto,aparece en su poema "La Campana Mayor" y esta campana mayor es el amor como la fuerza motriz del mundo. Nos dice Lloréns: Cuando a Dios obediente, el león ruge, el gallo canta, el toro muge, el potro relincha, el tigre brama... es mi voz que a la naturaleza llama: soy yo quien relincha, ruge, brama.26

Este tratamiento sexual del gallo ha sido transferido a las artes plásticas pues hace poco apareció un cuadro del pintor puertorriqueño Francisco Rodón titulado "Penélope y el Gallo", que enseña una mujer desnuda sentada con un g"Uo en su falda. La gallina, el contrapeso del gallo. es también per·sonificada como madre de la prole del gallo. En ,"Campesina Criolla" aparece: ...tu gallina va a la tala seguida pe siete pollitos,l1 22. 23. 24. 25. 26. 7:1.

lbid.• p. 5. LJoréns Torres. Alturas de América, p. 5t. lbid., p. 59. lbieL. p. 90. L10réns Torres, Vaces de la Campana Mayar, p. 26. L10réns Torres, Alluras de América. p. 81.


Cuando la mujer es sensual deja de ser gallina para convertirse en "dorado gallo" o en "gallina encastada" como nos dice en su poema "Paula": ...gallina encastada de los muy castizos gallos de 1sabela... .. .gallos campeadores... gallos salazares y poncedeleones gallos guajatacas.l&

Uno de los rasgos sobresalientes y admirables del gallo es su valentía. Es por esta razón que el gallo es una criatura por antonomasia del jíbaro y representa la valentía y el honor. En nuestros cam· pos se reconoce en el gallo la nobleza y el estoicis· mo de "morir como un hombre" y "morir en la raya". No sólo en la gallera es el gallo valiente, pero también dentro de su gallinero. Así nos lo declara Lloréns en su conjunto de décimas "Trovas Criollas", cuando alude a Virgilio Dávila, a quien le gustaría retar (amistosamente, desde luego), pero reconoce que está en Bayamón (el gallinero de Virgilio) y no en Juana Díaz (su propio gallinero). Lloréns sabe: ...lo que es un gallo dentro de su gallinero. Z9

Lo contrario al "gallo de ley" -el gallo que reúne todos los requisitos por su porte y su valor en la lucha- lo representa el gallo "manila". Este gallo cobarde tiene su representante en la raza humana en el hombre servil que obedece ciegamente los más insultantes ataques sin asentar sus derechos. A este hombre, como al gallo "manila", "no hay quien lo haga pelear".JO Lloréns glorifica a nuestro gallo utilizando el léxico modernista y lo llama " ...el cisne de Puerto Rico")' Esta referencia de su poema "El Patito Feo" también menciona, " .. .la gorda pata norteamericana".32 Lloréns le da a nuestro gallo la supremacía entre las aves por su porte, valentía, nobleza, virilidad y por su inquebrantable honor. Como todos sabemos, nuestro jíbaro no se separa de su gallo por ningún dinero y como dice la muy popular plena "El Gallo Espuelérico" (de Mon· se García y Mon Rivera Padre): "si mi gallo se perdiérico yo con arroz me lo comiérico". El gallo cobarde sólo sirve de alimento mientras que el gallo valiente vive el resto de sus días castando su harén. Algo similar ocurre con las corridas de toros ya que se han dado casos (aunque muy esporádicos) en que se le da al toro noble de lidia un "indulto", Normalmente este "indulto" es pedido a las autoridades por el propio matador, pero a veces la afio 28. 29. 30. 31. 32.

Bayoán, p. 6. Bayoán, p. 4. Lioréns Torres, Alturas de América, págs. 148-149. ¡bid., p. 43. ¡bid.

ción taurina pide el indulto, En la afición gallística existe la expresión "levantar pá criá". Lloréns Torres era un amante de los gallos. Francisco Villaespesa lo recuerda nostálgicamente en su soneto "El Café de Colón", y, evocando la juventud de Lloréns en Granada, en donde lo conoció, pregunta: Qué habrá sido de aquel puertorriqueño amante de los versos y los claveles rojos y aficionado a juergas, toros, y a caballos, que hasta el último duro se jugaba a los gallos y la vida y el alma por la luz de unos ojos.JJ

La señora Marrero, en su monografía sobre Llo. réns, nos narra que éste era el abogado defensor de un pobre jíbaro acusado de arrollar a un peatón, Luego de terminado el juicio, el hombre salió abo suelto y "pagó los honorarios a su defensor con un gallo de pelea isabelino, considerado como lo mejor entre los gallos de pelea en Puerto Rico",J4 Lloréns mandó construir una jaula para este gallo y 10 presentaba como el mejor honorario con que había sido pagado. El gallo aparece en la poesía de Lloréns como símbolo del tiempo. Al despuntar del alba, "brinca el gallo de la rama".35 En "Mariyandás de mi Gallo" Lloréns nos dice que: y mds que veloz caballo, hiere la paz campesina la puñalada honda y fina del cantio de mi gallo.J6 El poema "La Hija del Viejo Pancho" comienza con una idea similar: Cuando canta en la enramada mi buen gallo camagüey..J1

Cabe apuntar que un gallo camagüey es un gallo blanco con plumas amarillentas. Además de medir el tiempo, el gallo sirve para medir distancias -la expresión jíbara, "al cantío de un gallo", Esta costumbre jíbara es empleada con astucia para despistar al de afuera, sobre todo, si es de la justicia engañándolo en cuanto a distancias. Nemesio Canales y Luis Lloréns Torres compartían entre sí una mutua admiración por los gallos. Canales admira los gallos porque, además de ser va· lientes y servir de distracción y educación sobre las leyes fundamentales de herencia, genética y biología, son bellos, Afirma Canales: 33. 34. 35. 36. 37.

Bayoán, p. 3. Marrero, op. cil.• p. 28. L1oréns, Alturas de América, p. 82. ¡bid.. p, 103. ¡bid., p. 118.

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Me gustan los gallos porque son bellos; bellos por el matiz brillante de su pluma; bellos por el corte impecable de su cuerpo euritmico; bellos por lo alegre y animoso de su canto,' bellos por el bizarro empuje de SttS bravas almas.JI

Esta concepción de la belleza del gallo tendría que estar de acuerdo con LIoréns si examinamos su concepto de belleza: "La Belleza, repito, es la compenetración de la carne y el espíritu de las casas".39 Por consecuencia, los gallos son para LIDréns y Canales símbolo de belleza. Finalmente, el gallo para LIoréns es un símbolo de amor y combate; así nos lo describe:

Para Canales: "Amor y lucha, la divisa del gallo es la divisa excelsa de todo lo que vive; amor y lucha, las dos fuerzas perennes y augustas que regulan el ritmo portentoso de la vida n ,41 LIoréns glosa poéticamente la prosa de Canales y describe su gallo como: Gallo que los tiene azules, es el de los sueños míos ensueñan en desafíos que el campo tiñen de gules. Que su plumaje de tules la lid desfleque y desfibre. y que cuando cante y vibre al lanzarse a la pelea, su canto de plata sea: ¡viva Puerto Rico libre!42

Cuando lanza su cantío es por su tierra y su amada galán de capa y espada es el donjuan de la fronda...40 38. Canales, op. cit., p. 16. 39. Lloréns Torres, Alturas de América, p. 11. 40. [bid., p. 104.

41. Canales, op. cit., p. 16. 42. L10réns Torres, Alturas de América, p. 104.

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Manifestaciones literarias anónimas en prosa y verso que ven la luz pública en el "Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico", desde fines de 1821 hasta mediados de 1822 Por

E

XPRESA MANUEL FERN~NDEZ JUNCOS QUE .. LA PREN-

sa periódica del país, fue [a lo largo del siglo XIX] -si no la madre, que ésa lo fue la literatura española-, la nodriza amorosa de la literatura puertorriqueña".' En efecto, durante el período que media entre la salida del primer periódico isleño, la Gaceta de Puerto Rico, en 1806, y la del Boletín Instructivo y Mercantil de Puerto Rico, en 1839, según deja indicado Pedreira, aparecen en las columnas de los voceros que se pu· blican por entonces en la Capital -además de los dos ya mencionados, el Diario Económico de Puerto Rico (1814.1815), El Cigarrón (1814), El Inves-. tigador (1820.1822?). el Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico (1821-1822), Piedra de Toque (1822), El Eco (1822.1823)-, mezcladas con la información de carácter político, administrativo y comercial, las primigenias manifestaciones de amena literatura que se dieron en el país, trabajos en prosa o en verso, generalmente de poca consis· tencia ideológica o de escaso vuelo poético, que dejaban traslucir claramente la incipiencia del es· fuerzo de sus autores. Figuraban entre estos eme peñas periodístico-literarios, raras veces firmados o sólo suscritos con iniciales, articulas históricos o biográficos sobre asuntos o personalidades extranjeras, discursos, alegorías, odas, anacreÓnti· cas, máximas, cuentos orientales e infinidad de remitidos.2 1. Véase M. Fernández Juncos, _Literatura y elocuen· cia., El libro de Pllerto Rico, San Juan. 1923. p. 764. 2. Véanse A. S. Pedreira, lnsularismo, Ellsayos de in· terpretación puertorriqueña, 2da. ed., San Juan. P. R., 1942, p. 54; El periodismo en Puerto Rico, Bosquejo his· tórico desde su Iniciación ',asta el 1930, La Habana. 1941, pp. 50-51.

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JOSEFIN,\ RIVERA DE ALVAREZ

Olivera clasifica esta inicial producción literaria, que surge en Puerto Rico acogida a los periódicos, en dos épocas claramente diferenciadas entre si por el tono y orientaciones generales que las presiden. La primera etapa, que llama "de orí· genes" el critico aludido y sitúa temporalmente entre los años de 1806 a 1823, es decir, entre el comienzo del periodismo insular y su cuasi liquidación tras el fracaso del segundo período constitucional (excepción hecha, desde luego, de la con· tinuada publicación del vocero oficial del Gobierno, la Gaceta de puerto Rico), representa en tendencias estéticas una prolongación, desvaída en nuestro medio, del neoclasicismo dieciochesco, y a la par, unos principios de criollismo-costumbrismo que alientan en parte las circunstancias políticas del momento; en el fondo de ideas, sobre todo con relación a la prosa, se descansa considerablemente en la problemática e intereses cívico-patrióticos que agitan el ambiente de entonces. La segunda época, que podemos definir como de continuado neoclasicismo y de iniciación romántica hacia sus finales, con la presencia pareja de expresiones criollista.costumbristas, arraiga en el tiempo después de 1823 (cuando ya no queda más órgano periodístico que la Gaceta de Puerto Rico, cuya importancia como vehículo literario venía en decadencia desde la aparición de otros voceros en la época ya cerrada, y en ésta se acentúa en especial desde el año 1835, a tono con la mordaza gubernamental de la palabra, tanto oral como escrita) hasta la salida en 1839 del Boletín Instructivo y Mercantil, para llegar a enlazar en 184"3 con la manifestación

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ya abierta y clara de nuestra primera generación romántica.] Al marco cronológico del primero de los dos periodos antes señalados pertenecen una serie de trabajos en prosa o en verso, firmados con inicia· les, que se publican en el Diario Liberal y de Va· riedades entre el 29 de diciembre de 1821 y el 28 de junio de 1822, y de los cuales procederemos a ofrecer en el presente ensayo unas muestras y comentarios que puedan permitir a los interesados formarse una idea de lo que fueron los andares incipientes de las letras en Puerto Rico hacia los tiempos primeros de la década tercera del si: glo XIX.

l.

Prosa

En el terreno de la factura prosística que po· dríamos clasificar como ensayismo artístico l1ama ]a atención el trabajo titulado "La azucena fecundada", autorizado por las iniciales R. S. Se inspira esta pieza literaria, a tono con la filiación neoclá· sica que demuestra, en el tema horaciano del "carpe diem", el cual desarrolla dentro de una prosa clara y sencilla, de líneas cuidadas y correctas, aunque exentas de rasgos reveladores de originalidad creadora. En la visión que comunica de la naturaleza, de léxico y frases estereotipadas, pre· dominan sobre la expresión del sentimiento cierta objetividad descriptiva y un no disimulado empe· ño didáctico: La naturaleza que siempre ostenta belleza y lozanía, las sacrifica a la utilidad. Así tú, ¡oh azucena gentil!, ayer ufana gozabas las dotes de la hermosura y del vigor, y hoy yaces mustia y abatida cercana tu belleza a desaparecer total· mente. ¡Cuán hermosa estabas! El 'Sol subido en el cenit dorado,. esparcía en torrentes de luz, amores y placeres, y el cefirillo juguetón agitaba sus alitas sonorosas en torno tuyo, empapándose en el aroma divino que al mecerte exhalabas. Tu enhiesto tilo, tu lozano verdor y tu cándida y esplendente corola respiraba la vida, excitando a amores sinceros y delicias puras. En misteriosa soledad te entregabas al placer y al blando sen· timiento que lo inspira, exhalabas el perfume más exquisito y el aroma más suave. Mas -tu gozo finalizó, y sucediéndose a la ]tr zanía el abatimiento, y al vigor la debilidad, tu mustia y decrépita corola se inclinó a la tierra, sin otra belleza que los restos de una vida feliz reconcentrados en el precioso germen, fruto de tus amores, hijo de tus deleites.

"Al inmortal día 2 de mayo de 1808", que firma M. P., muestra también un decir prosístico de corte diáfano, si bien vertido en moldes de latitud de· 3. Véase O. Olivera, .Una etapa olvidada de la literatu· ra puertorriqueña», Asomante, San Juan, 1965, XXI, núm. 3, pp. 55·58.

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clamatoria, expresivos de marcado fervor patriótico y liberal: ¡Sangre ilustre de los mártires de la patria! No fuiste inútilmente vertida en la capital del imperio español; tú hiciste brotar de nuestro suelo todas las virtudes que caracterizan a los héroes; tú encendiste en nuestros pechos la llama ardiente del patriotismo que aterró a los tiranos y a sus esclavos; tú consagraste el primer htr locausto a la libertad de la patria que yacía en opresión desde la funesta derrota del inmortal Padilla en los campos de Villalar; tú hiciste treo molar en todos los ángulos de ]a Península la bandera de la libertad española, tan horrible entonces a sus enemigos, y que ahora ondea triunfante y vencedora. Sí, al grito sagrado de la libertad, que lanzaron en las márgenes del en· sangrentado Manzanares las víctimas del Dos de mayo, correspondieron con entusiasmo los que habitan el Ebro, el Turia, el Llobregat, el Gua. dalquivir, el Tajo, el Guadiana, el Duero, el Miño. Rápidos como el rayo volaron los acentos de LIBERTAD O MUERTE desde el Pirineo hasta las columnas de Hércules; y ]a espantosa lucha entr~ los s~télites ~el tirano y los hijos de ]a pa· tna termmó glOrIosamente con el triunfo de la libertad. Luego de recordar los nombres de paladines de la gesta madrileña del 2 de mayo, como Daoíz y Velarde, invita el autor al "magnánimo Fernan· do" a gozarse en la memoria de tan glorioso día, llamándole "rey de un pueblo de héroes", que lo ha restituido "a un trono cimentado sobre las bases indestructibles de un pacto solemne, y soste· nido por el sincero amor de vuestros súbditos", atribuyendo la esclavitud nacional que significó el anterior periodo de gobierno absoluto a "la perfidia de viles consejeros", y pidiendo finalmente al monarca que siga "imperturbable marchando el primero por la senda constitucional". Se cierra el ensayo con un soneto, expresivo como la prosa que le precede de ardores cívicos y tono combativo, de indudables influjos prerrománticos a la manera de Quintana: ¡Salud y gloria, memorable dCa, en que la frente del sangriento mayo coronaron los hijos de Pelayo hollando al expirar la tirania! ¡Salud, caudillos de la patria mía, que fulminando de la guerra el rayo disteis al mundo tan heroico ensayo contra la extraña servidumbre impía! ¡Salud, fuerte Madrid, prez de CastilIa! ¡Tú, tú el primero la fatal cadena, del precipicio misero en la orilla, osaste quebrantar con mengua ajena... Temblar hiciste al déspota en su silla, y a los valientes de Marengo y lena. Una tercera selección, suscrita por B. O., quien la titula "Al bello sexo", más que elogio de la mujer parece ser en su primer párrafo loa exal-


-¡Oh 'rey! -respondió el favorito-, yo he usado de tu poder para hacer felices a tus vasa· llos y para aumentar tu gloria. Al paso que me conciliaba el afecto de los pueblos y el tuyo, alejaba de mi Jada a mis antiguos amigos; sólo un medio encuentro para tomarlos a mí y es el de cumplir mis deberes con menos exactitud y perder tu gracia. -Prosigue y nada temas -le dijo el rey-; el sol no debe dej."r de iluminar al universo porque su luz hiera los ojos de las aves noctur· nas.

tada de la propia juve.ntud y vivo sentimiento de su autor, dicha con palabra comunicativa de vehe· mente candor, no convincente del todo en su hin· chado entusiasmo: Mitad preciosa del género humano: mi voz, aunque demasiado débil para publicar vuestros loores, tiene hoy el arrojo de dirigiros sus acentos. Mi juventud me da este derecho: vosotras Jo sabéis. Solamente el joven es digno de alaba· ros, así como él sólo es acreedor a recibir vues· tros favores inestimables. Jamás se atreva un ano ciano a medir con su compás de nieve las perfecciones de las hermosas. ¡Jamás se escuche en el templo del amor, la voz trémula de los caducos mezclada con las nerviosas exclamaciones de los jóvenes enamorados! El que ha renunciado ya del sentimiento, renuncie también la satisfac· ción de describirlo: entréguese todo a las áridas especulaciones de ·la geometría. y deje a otros los himnos fervorosos del amor. y las canciones de la sensibilidad. Hacia los párrafos finales de su trabajo el escritor conjuga. quizás un tanto forzadamente, la alabanza galante con la nota cívico-polftica: "los hombres que tienen la felicidad de vivir en un gobierno libre se sujetan gustosamente al poder de vuestros encantos: enemigos declarados del despotismo político, no dudan rendiros vasallaje: ...salen al campo, lidian por su patria. vuelven coronados de laurel, y arrojan sus coronas a vuestros pies para llegar a vuestros brazos con la sencillez de un amante y sin los atavíos de un guerrero." En el conjunto de obras en prosa que desga. jamas de las páginas del Diario Liberal. presenta positivo interés el cuento oriental que lleva por tí· tulo "La envidia", publicado anónimamente, mues· . tra del cultivo embrionario de dicho género narra· tivo que se daba para estos años en Puerto Rico. De intenciones moralizadoras, está concebido den· tro de la tradición de las alegorías orientales y tiene evidentes puntos de contacto con las pará. bolas bíblicas. No empece su humildad artística. queda vinculado por su orientalismo a la misma moda literaria prevaleciente en el siglo XVIII en Europa, y de la cual son frutos cimeros, entre otros trabajos famosos, las Cartas persas de Montesquieu y las Cartas marruecas de Cadalso: Yo había visto en el palacio de Unglumish al hijo del gobernador de una provincia, que en una edad todavía tierna, tenía talento, prudencia y juicio, y ya en su fisonomía se notaba un carác· ter de fuerza y grandeza. El rey. que era muy joven, se hizo su amigo, y los jóvenes de ]a Corte le tomaron aversión: le tendieron lazos y procu· raron quitarle la vida, pero no pudieron impedir sus repetidos ascensos. El rey le dijo un día: ¿Cuál puede ser la cau· sa del odió violento que inspiras a mis cortesa· nos? ¿No podrías hacerlo cesar?

n.

Verso

La poesía de expresión cuIta que pertenece a este primer período de la actividad periodísticoliteraria en Puerto Rico se hace eco también de los anhelos y pugnas de carácter patriótico o político-partidista, alternando los cantos de loa a la constitución liberal con las adhesiones pseudopo· líticas a la causa de la monarquía absoluta tradicional. Asimismo se publican diversos poemas de otros temas y contenidos -con frecuencia, el del amor; la mujer, la vida retirada, la reflexión filosófico-moral (así la poesía titulada "Carácter del verdadero filósofo", en Pir..dra de Toque. 1822), el elogio de ocasión con motivo de nacimientos y defunciones-, por lo general enmarcados dentro de normas de hacer pertenecientes al neoclasicis· mo (abundan las odas y anacreónticas), si bien, en algún caso. como el del soneto de tema patriótico antes expuesto, se aprecian evoluciones del tono ya encauzadas dentro de las líneas del prerromanti. cismo. La factura formal y el fondo muestran por 10 común la inmadurez técnica y creadora de sus autores, pero en alguna que otra composición se aprecian atisbos de mayor capacidad artística. como en el siguiente soneto de estructura clásica que se publica sin firma ni iniciales en el Diario Liberal, 1822: y qué, ¿callando siempre y siempre ardiendo viviré en mi silencio sepultado? ¿Siempre al querer hablar. acobardado. y mientras callo. siempre hablar queriendo? De temor y esperanza juego siendo. me siento ya impelido, ya arredrado; huyo medroso cuando voy osado. y más me apego cuanto más me enciendo. ¡Amor! ¡Valiente dios! ¡De tu encendido pecho el ardor intrépido me asista! De tus hombros las alas y armas pido: Con tu venda también cubres mi vista; volaré citigo, armado, enardecido a la ardua lid, y espléndida conquista.

Otros poemas que salen para el mismo año en igual periódico evidencian a las claras su identi· ficación con el neoclasicismo, todos compuestos en 3S


heptasflabos, el metro más cultivado en la lírica de dicha escuela. Así la oda titulada "La apuesta del beso" (sin firma ni iniciales), que porta el sello bucólico de la escuela salmantina del si· glo XVIII - " A Filena la linda / varias veces su Celia / pidió muy tiernamente / a hurtadillas un beso", etc.-, y la anacreóntica sin título, suscrita por V., que comienza con los versos "¡Qué dulces son los lazos / con que el amor nos ata!", y pre· senta más adelante la nota curiosa de emplear pa· labra de sello tan criollo como bejuco (en contras· te con el uso, en verso cercano, de un cultismo tan neoclásico como segur) en una descripción paisa. jista de trazos eglógicos a la manera europea: ¿No veis en la pradera con qué perfecta alianza el bejuco amoroso, al drbol tierno abraza: y antes mds bien permite que la segur tirana acabe su existencia, que violar su confianza?

Logra cierta gracia y agilidad lírica la campo· sición "A mi flauta", firmada sólo con la inicial J., en la cual se conciertan los temas del amor y de la adversidad: Tú fuiste en algún tiempo flautilla desgraciada en el bosque sombrío la envidia de las ramas. Todas las avecillas sobre ti se paraban y tus trinos oían,' y su amor presenciabas: mas cuando al recio golpe de la segur insana desde lt¿ tronco al torno te miras trasladada, ¡qué diversa es tu suerte! sólo mi pena brava en patéticos tonos escuchas expresada. Mas ya que no I,ay remedio, y ni tú has de ser rama, ni yo he de estar alegre mientras ame una ingrata, lloremos los dos juntos mi amor y tu desgracia.

Asimismo en el Diario Liberal aparece anónima· mente en 1822, con el simple titulo de "Poesía", un romancillo hexasílabo (estrofa y metro también favorecidos por los poetas neoclásicos españoles), con repetición cada seis versos de los últimos dos de una cuarteta inicial, y una coda de ocho versos que termina también con el consabido estribillo. Constituye el mismo un canto, supuestamente, al tipo de mujer criolla, dicho con viveza y donaire. Aun cuando' no ap~rece identificado especfficamen36

te este poema con las hijas del país, puede consi. derársele con amplia base como el antecedente inmediato del soneto titulado "La puertorriqueña" que suscribirá veintidós años después Pablo Sáez en el Album puertorriqueño (1844). Cual Venus divina con sus gracias bellas, enamora, encanta mi ltermosa trigueña. Cuando un rico traje y exquisitas prendas, adornan su cuerpo, y hacia mí se acerca, con tal compostura de atractivos llena: enamora, encanta mi hermosa trigueña. Cuando desatada trae la cabellera, que por las espaldas veloz le undulea, y el blanco ropaje suelto y sin reserva: enamora, encanta mi hermosa trigueña. Cuando sus ojuelos derraman mil perlas, porque de su lado me arranca la ausencia, y echándome al cuello los brazos, me besa: enamora, encanta mi hermosa trigueiía.

Cuando por fortuna vuelvo a su presencia, y miro en sus labias la risa hec1ticera del júbilo puro que en su alma alimenta: enamora, encanta mi hermosa trigueña. Cuando por agravia me esquiva y desdeña, o me da enojada amorosas quejas, celosa de que a otras las mire siquiera: enamora, encanta mi Itermosa trigueña. Cuando cariiiosa, afable y risueña, me dice palabras amantes y tiernas, y de amor el juego honesto comienza: enamora, encanta mi hermosa trigueña.

Cuando está sentada, cuando se pasea, cuando está dormida, cuando está despierta, cuando se halla triste, cuando está contenta: enamora, encanta mi hermosa trigueña. La tribuna propicia al cultivo de las letras que representaba para los noveles escritores del ambiente isleño el Diario Liberal y de Variedades se pierde en aquel mismo año de 1822 al abandonarse la publicación de este periódico (también en igual año cierran sus páginas Piedra de Toque, de vida fugaz, y posiblemente, asimismo, El Investi· gador). Los acontecimientos políticos en España, durante el siguiente año de 1823, que traen en consecuencia la restauración del absolutismo fernandino y el cese del sistema constitucional, repercuten en Puerto Rico, ocasionando entonces la desaparición de la prensa periódica libre, para quedar sólo en publicación el vocero oficial, la Gaceta de Puerto Rico. Se inicia a partir de este mo-


mento un período de dieciséis años durante los cuales se reduce notoriamente en cantidad y cali· dad la literatura de entretenimiento y arte que se sirve al público desde la susodicha Gaceta, vertida principalmente en trabajos, tanto en prosa como en verso, en su mayoría de carácter encomiástico de quienes mandan o de celebración insípida de hechos y circunstancias del momento oficial y social. De ahí, pues, la magnitud que para las buenas letras en la Isla vendrá a .representar la fun· dación, a principios de marzo de 1839, del nuevo bisemanario, luego trisemanario, Boletín lnstructi-

va y Mercantil de Puerto Rico. en cuyas páginas se recogerán en adelante las nuevas manifestaciones en prosa y verso de los jóvenes escritores de la época,- abriéndose con ello una nueva oleada de insistente creación en la historia de la literatura en Puerto Rico, ya estudiada con detenimiento y provecho, en la fase del verso, por Eloísa Rivera de Garda.4 4. Véanse A. S. Pedreira, El periodismo en Puerto Rico,

pp. 56-58; O. Olivera, op. cit., pp. 54, 56-57; E. Rivera Rivera,

LA poesfa en Puerto Rico antes de 1843, San Juan de P. R., 1%5.

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Augusto Rodríguez, Ceiba Por

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A SOCIEDAD DE AUTORES PUERTORRIQUEÑOS RINDE

homenaje a extraordinario creador de la aún vigente generación de los treinta, esforzado adalid con la doble causa de enaltecer la esencialidad borinqueña a través del arte al tiempo que sumarla alarbe estético internacional, ceiba viviente con profundas raíces en la patria y sensitivas ramas en el Universo. Me refiero al" amantísimo por el fervor desplegado, al rodriguísimo por su consecu'encia ante la adversidad, al alejandrísimo por su vencimiento de fronteras, al augustísimo por la categoría de su logro: Augusto Alejandro Rodriguez Amador. Antes de conocerle desde mi asiento de discípulo en el año 1934, cuando dictara su primer curso de apreciación de formas y estilos musica· les, dos años antes de entrar en la pasión total que en éste, como hace treinta y dos, vive con todas las energías de su espíritu, Augusto Alejandro Rodríguez Amador, hijo de Andrés Rodríguez y Carmen Amador, nacido y criado en el antiguo San Juan -crónica en piedra de la Madre Patria, puente de la historia hacia la autoctonía de las monta· ñas-, había tenido a temprana edad por maestros de phino a Rosita Sicardó y a Elisa Tavárez bajo el magisterio de las cuales no sólo conoció la mecánica del solfeo y del teclado, sino que se bañó de alma en la corriente criolla de la danza puertorriqueña. Precoz, de los doce a los dieciséis años participa de pianista en dos orquestas de baile depositarias de la música con la que Puerto Rico se afirmó nación desde el siglo XIX, las de Manuel Tizol y Carmelo Díaz Soler. Por la misma época. también se le escuchó de pianista de orquesta en el Teatro Municipal (hoy «Alejandro Tapia») y en

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FRANCISCO

ARRIV{

varias salas cinematográficas en las cuales, al igual que en la escuela, tuvo que pensarse descendiente de una cultura y cuestionador de otra. Obtiene diploma del Curso Científico de la Es· cuela Superior Central en 1920, a los dieciséis años de edad, cuando inicia, todavía vacilante la vocación que ha de fundir su causa de espíritu con su voluntad de cuerpo, estudios preparatorios de Me· dicina que lo ligan de primera intención a la Uni· versidad de Puerto Rico y, luego, a la Universidad de Nueva York, "estudios que abandona en el año 1923 cuando cursa los requisitos del tercer año. Regresa a su país a trabajar en la ferretería del padre hasta el año 1932. Con el tiempo orientará a su hijo por concebir, Andrés Augusto Rodríguez, hacia la profesión de médico como 'Dara saldar su compromiso trunco con Hipócrates. La alquimia numérica del comercio no logra trasmutarle el alma. Lo reclama la música, atracción orfeica allende la orden de compra, la orden de despacho, la factura, el recibo, el depósito, el cheque, el haber, el deber... Tocar piano en la 1"adioemisora WKAQ a partir del año 1923 (prolongado hasta 1932) es una ventana; la orquesta Midnight Serenaders en 1925 (activa hasta 1932) una puerta; organizar el conjunto orquestal Sexteto Anónimo en 1928 y su Orquesta de Radio (integrada por dieCiocho músicos) en 1930, más puer· tas; descubrirse pigmaliónico en la dirección de las varias orquestas, un camino agrandándose hacia el horizonte; componer danzas puertorrique. ñas, danzones cubanos, valses, fox-trots para re· crearlos en las voces mágicas de cueI:das, cañas, metales, cueros y maderas, un milagro demiúrgico. Para entonces ha debido utilizar alguna forma cabalística para alargar las comunes veinticuatro


horas del día, pues la identificación con un nivel de cultura superior, lo que presupone tiempo adicional al dividido entre las obligaciones con la ferretería y las dedicaciones a los varios conjuntos orquestales, lo hacen merecedor en 1930 a la misión de Presidente de la Sección de Bellas Artes del Ateneo Puertorriqueño. El proceso por el cual Augusto Alejandro Rodríguez Amador comienza a devalarse del menor valor para desnudarse a mayor pasión, se vigoriza casualmente con el ejercicio del cargo honorífico, pero de gran sustancia anímica. del Ateneo Puertorriqueño. Con el desempeño del mismo y bajo inducción del lema Patria y Universo vendrá a definirse, junto a un cuadro notable de contemporáneos, como fuerza motriz idónea de la generación de los treinta de cuyos planteamientos hay mayor necesidad hoy que ayer. Entiendo tales planteamientos como deducciones de la perentoridad de afirmamos en las raíces, conocemos y dignificamos en la realidad y justipreciamos en 10 internacional, todo para salvaguardamos de la muerte en naturaleza propia, del no llegar a ser jamás en lo universal. Con la fundación de orquestas compu~stas por puertorriqueños, con las composiciones inspiradas en aires musicales del país, con el estudio histórico y analítico de la danza, hasta con la incursión en la poesía de vanguardia, cumple Augusto Rodríguez con la perentoriedad de afirmarse en las raíces y buscarse en la realidad. Con la fundación y dirección de la Orquesta Filarmónica en el año 1932. la que dura hasta 1935 y con la que da a conocer obras de Juan Sebastián Bach, Carlos Felipe Bach, Beethoven, Brahms. Handel, Haydn, Honegger, Mozart, Saint-Saens, Schubert, Schu· mann, Sibelius, Verdi, Weber, algunas de ellas estreno en su país, busca Augusto hermanar a Puerto Rico con el mundo internacional. Es la del dinámico organizador-director-compositor actitud característica de los jóvenes adelantados de la época: voluntad, de un lado, de desarrollar y afirmar una cultura puertorriqueña, de otro, de tomar posición dentro de las grandes culturas extranjeras, ambivalencia explicable por el afán de cerrar un abismo cuando todavía no han madurado las posibilidades de síntesis, pero se lucha por formularlas. En dicho particular se asemeja la generación puertorriqueña de los treinta a la generación española del noventa y ocho. Augusto comenzará a cerrar el abismo que lo hace pendulear a extremos, cuando, paradójicamente, regresa a Puerto Rico en el año 1934 de cursar estudios formales de música desde 1932 en la Universidad de Harvard y en el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, disciplina que agradece a sus maestros Edward Burlingame Hill, Wal-

ter Piston, Frederic S. Converse, G. Wallace Woodworth y Hugo Leichtentritt, pero la que no estima definitiva de su expresión pues se considera temo peramentalmente autodidacta. Busca en verdad, impulsado por su voluntariosa personalidad, una técnica de dirigir propia, la que ha de reconocerle Noel Strauss, crítico del New York Times, cuando el incontenible director asombra en 1949 a Carnegie Hall con su Coro de la Universidad de Puerto Rico. Comenta Strauss en el New York Times: cA choral conductor with an individual and evocative directorial technique.• En 1934, cuando le escucho desde mi silla de discípulo, se inicia en un profesorado con el cual cumple aún y que lo llevará a enseñar historia de la música, apreciación de las formas y estilos musicales, solfeo, teoría, armonía, metodología de canciones escolares, música coral. Todavía no menciona lo que ha de determinar su entrada en la pasión aunque debe llevarlo, como se ubican en Augusto todos sus afectos, el de familia, mujer, amigo, arte, patria, en las entrañas. Pienso en el Coro de la Universidad de Puerto Rico. El organizador-director-compositor y ahora profesor vuelve a trabajar durante un año en la ferretería de su padre. Regresa a prestar servicios como catedrático durante el año fiscal 1936-37 cuando reaparece en la Universidad afinado en la idea de comprometer de una sola vez todas sus facultades; la de organizar, la de dirigir, la de componer, la de enseñar. Para ello nada más inspirador que la juventud estudiantil con la cual ha tenido contacto en el año fiscal 1934-1935 y aquella con la que establece reciente contacto. Al llamar y organizar (y empujar) a un grupo de estudiantes a los que cataloga en sopranos, contraltos, tenores y bajos, y darles nombre, Coro de la Universidad, Augusto Alejandro Rodríguez Amador entra en la pasión. Busca sintetizar en suelo nuevo y fértil, al impulso de energías ciclópeas y talentos polifacéticos depurados los conceptos de patria y universo. El primer programa, presentado en 1937 luego de seis meses de minadores, moldeadores, pigmaliónicos ensayos, y compuesto de una primera parte de corales religiosos, de una segunda parte de corales laicos representativos de todas las épocas y todas las escuelas a partir del siglo XI (descartada Hispanoamérica) y una tercera parte de corales hispanoamericanos, incluido Puerto Rico, fija el modelo para la intensificada y progresiva labor de los años transcurridos desde entonces (treinta y dos) hasta el momento en que la Sociedad de Autores Puertorriqueños rinde homenaje al organizador-director-compositor-profesor Augusto, nombre con el que se ha hecho parte de la historia, del presente y del futUTO de Puerto Rico. A lo largo .de los treinta y dos años, el repertorio del Coro de la Universidad de Puerto Rico ha 39


de sumar cantos religiosos católico-romanos, griego-ortodoxos, ruso-ortodoxos, evangélicos y judíos; madrigales y canciones del Renacimiento; música de las épocas clásica, romántica y contemporánea; música popular y folklórica de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Haití, México, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Estados Unidos de Norteamérica, España, Bélgica, Checoeslovaquia, Rusia, Israel, Hawaii. Ha de cantar en hebreo, judío, latín, franct!s, italiano, español, vascuence, brasileño, inglés, ruso y dialectos afro-americanos. Detrás de la disciplina, la concentración, la pre· cisión técnica, la propiedad interpretativa, la conciencia de tema y detalle, el sentido, la emoción, la inteligencia, el estilo, la belleza con que el Coro de la Universidad ha de ganarse, primero, la admiración de Puerto Rico y, luego, la del mundo, hay un hombre que comienza a transformarse en fuego (y llama tornándose mfu; viva ha permanecido) desde que reúne por primera vez a los estudiantes mártires·héroes que han de constituir la matrícula orfeónica de 1937. ¿Que Augusto se comporta en ensayo irónica, sarcástica, injusta, tiránica y, sobre todo, malhabladamente? Pues, natural, si el cuerpo se le convierte en caldera, no para deformarlo en rinoceronte incomunicativo de humanidad como sucede en la superficción de Ionesco, si no para todo 10 con· trario, para impulsarlo a humanidad creadora de huma.nidad superior. Descubro entonces, desde el potro de galera en que me he colocado para ayudar al poseso a dar la sensación de que por lo menos hay cuatro tenores en el coro, que Augusto atesora a Puerto Rico en su corazón y que lo ama prometeicamente. A la par con la forja intelectual, emocional y técnica de los corifeos los cuales expresarán un día, automaravillados d~ descubrirse sonoros, la música transparente de Palestrina, o la galana de Purcell, o la límpida de Mozart, o la cardíaca de Tchaikovsky, o la sentimental-antillana de Morell Campos, Augusto se enfrasca en la composición para coro, lo que desarrolla hasta alcanzar una cifra impresionante de versiones a tales fines inspiradas tanto en su música, como en la de autores puertorriqueños y extranjeros. Es vía esta dedicación, simultánea a la preparación de los cantantes, con la que logra hermanar, sin concesiones a lo puertorriqueño, la expresión musical del país con la expresión musical del mundo, aunque lo mismo ocurra en el campo de la creación coral de corto tiempo. Estas creaciones que logra comunicar a través de gargantas polarizadas en anhelo de acendrado dominio técnico y absoluta belleza, constituyen, tanto por el suceso de su ejecución como por su valor estético puro, una de las grandes contribuciones de la generación de los treinta 40

al desarrollo artístico de Puerto Rico, especialmente las versiones corales de las Danzas de Morell Campos, de Los Carreteros, de Rafael Hernández y de El Piragüero, del propio Augusto Rodríguez, con las cuales este mago orfeónico alcanza óptima expresión musical de la esencialidad borinqueña. Augusto planea mucho más que conquistar el ámbito universitario vía el arte; se propone conquistar a Puerto Rico, animarle la sensibilidad a través de la cantata coral en la cual ha logrado excelencia técnica al tiempo que conjunción de patria y universo. Decide contra viento y marea efectuar una descomunal campaña estética con base en la «glorieta de música lO de la Universidad de Puerto Rico, forcejeo que rompe el cascarón de la docencia claustrofílica y lo lleva a toda clase de municipios, tanto a la zona urbana como a la comunidad rural, al llano que a la montaña, al templo religioso que a la mansión pedagógica, que al patio de presidio, que al salón festivo, que al hospital doliente, a la gran concentración que a la reunión íntima, al júbilo de boda, que a la pompa de la investidura, que al desgarre de la muerte. En el año 1944 solamente el Coro de la Universidad efectúa el increíble número de ochenta y cuatro cantatas, las que promue· ve quien organiza, quien dirige, quien compone, quien enseña, quien se ha convertido en oxígeno encendido. Estamos frente a llama de primera magnitud. Ya lo dice en 1941 el doctor Archihald T. Davison, catedrático de música coral de la Universidad de Harvard al dirigir, respondiendo a invitación, al Coro de la Universidad el cual celebra entonces el quinto aniversario de su fundación: « Una demostración de verdadera musicalidad no sólo cantan bien, sino que personalmente son maravillosos. No tengo palabras para expresar adecuadamente mi admiración por el logro sorprendente de Augusto Rodríguez. No encuentro frase para felicitar ya un coro tan hábil ni a su director... lO Esta uuverdadera musicalidad" le canta elIde febrero de 1945 a la América Latina desde los estu· dios de la Escuela del Aire vía la National Broad· casting Company, lo que hace exclamar al técnico de sonido en Nueva York: "¡Wonderful! ¡Wonderful! ¡Wonderful!" Fred Bates, Director de la División Internacional de la National Broadcasting Company, solicita por cable la aceptación del Coro de la Universidad para cantarle al mundo, lo que ocurre tres veces en cadena simultánea con Nueva York, Londres y Argel. Puerto Rico avanza, pues, en el orbe internacional a través de la pasión de Augusto. Durante los diez años de lucha, afirmación, construcción, logro, Augusto Rodríguez ha tenido tiempo también para intervenir en la Fundación de la Fe· deración de Músicos de Puerto Rico, 10 que tiene


lugar en 1939, y para presidirla, lo que desempeña por cinco años. Es conciencia de serio compromiso existencial que necesita darse de· cuerpo y alma, desde la energía y razón urg~nte de su particular naturaleza, a la circunstancia que le ha tocado vivir. Con el devalarse de lo administrativo de la Fe· deración de Músicos en 1944 y la inmersión cada 'vez más profunda por vía de alas en la misión de su Coro de la Universidad, siente que ha madurado la situación por la que debe romper hacia el orbe internacional como un día y hoy treinta y dos años ha roto hacia Puerto Rico a través de los muros uni· versitarios. La transmisión radiofónica hacia Amé· rica Latina, primero, y hacia el mundo total luego, no es sino tanteo periférico. En 1945 el compulsivo organizador· director - compositor - profesor siente constelada en su voluntad la necesidad de hacer acto de presencia viva con Borikén allende el cuadrángulo de playas. Arguye, se ensoberbece, malhabla, pelea, Lao· coonte en lucha contra desidias, acomplejamientos y envidias, por una tourneé que ha de llevar al Coro de la Universidad a Washington donde cantará en la sala de las Américas de la Unión Panamericana y ante cuya panoplia sin la bandera de Puerto Rico Augusto Alejandro Rodríguez Amador afirmará: «Nosotros somos la bandera." Cantará también en el ambiente cosmopolita del Club de la Prensa y en el parco estrado de la Cate· dral de los Mormones antes de partir a Nueva York en donde cosechará los entusiasmos y alabanzas de la ciudad capital en la vieja gradería coral de la Iglesia de la Trinidad y alcanzará la apoteosis en el grandioso santuario orfeico llamado Carnegie Hall, lugar donde un gran número de puertorriqueños y un gran número de otros nacionales se juntan bajo el imperio de una cantata que los une a todos en el agarre estético de un coro, un programa y una pasión armonizadores del alma lírica de Puerto Rico con el alma lírica de las demás naciones. Presencio esta victoria puertorriqueña en el rei· no del arte, emocionado y engrandecido por ella, pues he vivido la trayectoria de la fusión Augusto Rodríguez-Coro de la Universidad desde su concep· ción, y en su desarrollo he compuesto letras para muchas de las versiones corales del pájaro de fuego, entre ellas la del Himno de la Universidad de Puerto Rico, música original del mismísimo ardiente que declara su obra bandera de patria y universo. Me ha nombrado periodista de su tourneé, aprove· chando mi estadía en Nueva York a los fines de estudiar artes dramáticas, y resulta que no puedo escribir nada pues en todo lugar 'donde el Coro de la Universidad penetra los aires con su especial técnica y mensaje le cantan gloria lo que hace innece· saria una crónica y unas valoraciones que las acu-

sarán de comprometidas. Lo que Augusto, tan exhaustivo para los demás como para consigo mismo, me tolera, pero no me perdona. Perdonaqo sea por estas líneas posteriores hijas de ver y sentir con más claridad y en perspectiva el significado de la misión del año 1949, repetidas en 1953, 1954, 1957 Y 1965 para afirmar y afirmar y afirmar y afirmar, en fOI:cejeo agónico insobornable e interminable dentro del cóctel de la nada originado en el exterior, -lo consigue magistralmente en Lincoln Center en 1965 durante la celebración del Primer Festival In· ternacional de Coros Universitarios- que no debe dejarse morir a Puerto Rico por asimilación de su cultura a otra cultura, sino que debe salvársele por la creación arraigada en ella y en respiración del mundo. La extensión de esta epopeya no se limita al te· rritorio de Estados Unidos de Norteamérica. El Coro de la Universidad con el Augusto que viera el poeta José Antonio Dávila hace años con "un diminuto cerebro en cada dedo... con un secreto que revelal'... con una responsabilidad que desempeñar... con un destino sinfónico que cumplir... un ritmo que simbolizar", también hace acto de presencia y de consecuencia a lo largo y a lo ancho del mismo tiempo en Haití, Panamá, Santo Domingo y Chile (año de 1963) yen Chile nuevamente, Perú, Colombia, y Venezuela hace unas semanas. Busca sumarse, proyectado existencialmente, al ánimo de patrias de gran compatibilidad cultural con la patria puertorriqueña. Lo acompaña un gran éxito al participar en el Primer Festival de Coros de América llevado a efecto en Antofagasta en 1963. Colombia le pide y adopta el Himno de la Universidad para himno de los coros de dicha república los cuales rebasan el número de 200. Detrás de estos vuelos interamericanos late la idea de alcanzar a Europa, gran madre cultural, con sus cantores. Ya ha visitado a la Madre Patria como, director invitado del Coro de la Radio Nacional de España, invitación que le extendiera también el Harvard Glee Club, el Yale Glee Club y el Coro de Tanglewood del Festival de Berkshire. Pero Augusto sin su Coro de la Universidad, a una selección del cual le diera el nombre de Cantores del Instituto de Cultura Puertorriqueña para proyectar su obra en los Centros Culturales de éste, no es la síntesis redentora, la pasión integral, la llama de primera magnitud que se desnuda de su historia de pianista de orquestas de baile, de la fundación y dirección de cuatro orquestas, de los arreglos orquestales para las mismas, de la dirección de la opereta de La Viuda Alegre para el Casino de Puerto Rico, de la dirección musical de los Festivales de Coros de Escuelas Superiores de Puerto Rico, de la dirección de coros norteamericanos y españoles, de los fondos musi· 41


cales para varias películas documentales y de arte. de las grabaciones para la RCA Victor y la División de Educación de la Comunidad. de la participación en el Festival Casals, de sus ensayos sobre música puertorriqueña y temas de literatura y arte. de sus conferencias en Puerto Rico. Nueva York, Boston. Madrid y Valladolid, de la Medalla de Honor otorgada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, de la composición musical -ciento veinticincQ composiciones y versiones corales- hasta el momento en que la identifica totalmente con su pasión coral.

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Augusto Alejandro Rodríguez Amador siempre fervoroso amante. siempre rodriguisimo ante la ad· versidad, siempre alejandrisimo por su vencimiento de fronteras y siempre augustísimo por la categoría de su obra. lucha actualmente por consubstanciar su rito orfeónico en la atmósfera ancestral de Europa. Para él significa incursión en el seno de su Coro de la Universidad, como en el corazón de la Patria, como en los cielos del Universo. Unámonos a su existencial raíz. a su invencible sueño.


El pueblo donde nací Por

SALVADOR

TIÓ

MONTES DE OCA

En las aguas del Esteros que eran de luz y carilio la luna me vio de niño recogiendo mis luceros.

1

EL

PUEBLO DONDE NAcf

...... es un pueblÍto pequeño pero aún persiste en mi sueño como un canto de caqui. Por primera vez allí oí cantar de carreteros; oí los gallos altaneros desafiando a la mañana, y oí ahogarse la campana en las aguas del Esteros.

II

De allí guardo en la memoria el rostro de los abuelos. De allí los altos anhelos de un pueblo lleno de historia. y cuando para mi gloria a mis recuerdos me ciño, es con el amor que tiño los recuerdos de mi padre, y los ojos de mi madre que eran de luz y cariño.

III Durmiendo al moriviví con sus últimos fulgores la tarde era un mar de flores al despertar el caqui. y muchas veces me fui, porque Venus me hizo un guiño, a tejer sueños de armiño por los caminos del llanto, con dolor se hizo mi canto, la luna me vio de niño.

IV Yo sé del tiempo perdido, y del amor que se muere,

y del dolor que nos quiere matar a brazo partido. Pero aunque regreso herido traigo mis sueños enteros, y en las aguas del Esteros llenas de estrellas errantes, me encontrarán como antes recogiendo mis luceros.

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Documentos para nuestra historia

Instrucciones del Ayuntamiento de San Germán al diputado de Cortes

SEÑOR CAPITÁN GENERAL: DIRIJO A V. S. COMO EN~ cargado por el Iltre. Ayuntamiento, testimonio de las instrucciones formadas para el Excmo. señor don Ramón Power, a quien se le remiten y no se había verificado antes porque los obstáculos que se presentaron no se habían vencido hasta el 13 del corriente, con lo que contesto el oficio de V. S. de 4 del mismo. Dios guarde a SS. ms. as. - San Germán, 13 de noviembre de 1809. - (Fdo.). JUAfol ANTONIO RAMfREZ DE ARELLAfolO.

Instrucción que el Cabildo de la Villa de San Germán da al Caballero Diputado de esta Isla y Vocal de la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino de España el Excelentísimo Señor don Ramón Power en virtud de la Real Orden de veinte y dos de enero de mil ochocientos nueve.

1.0 - Primeramente debe protestar que esta Villa reconoce y se sujeta a dicha Suprema Junta Central ahora y en todo tiempo que gobierne en nombre de Nuestro muy Amado, Augusto y Digní. simo Rey el Señor don Fernando Séptimo y su Di· nastía; pero si por DisposiCión Divina (10 que Dios no permita) se destruyese ésta y perdiere la Península de España, quede independiente esta Isla y en libre arbitrio de elegir el mejor medio de la conservación y subsistencia de sus habitantes en paz y Religión Christiana. 2.° - Segundo. - Que en la Capital de la Isla se cree una Junta Provincial. compuesta de los ,Sres. Capitán General y Obispo y cinco diputados de 44

otros tantos Cabildos que hay en la misma Isla, presidiéndola el primero y debiendo decidir en los acuerdos la pluralidad en caso de discordia. 3.° - Tercero. - Que las gestiones de esta'Junta sean sobre los asuntos concernientes a favor de la Nación y Estado, del bien y utilidad de la Isla y sus habitantes, refundiéndose en ella toda la autoridad Superior Gubernativa, Militar y de Intendencia de la Provincia. Y respecto a que por la distancia de la Real Audiencia del Distrito ultramar, se dificul· tan los recursos de los pobres de que tanto abunda la Isla y perece su justicia, dilatándose el castigo de los delitos que necesitan de su aprobación y que de ejecutarse con brevedad resultaría mejor y más saludable escarmiento, que también sea la Junta Provincial la que conozca de las apelaciones de pleitos Civiles que no excedan su interés de diez mil pesos y en los Criminales y sus confirmaciones a excepción de los delitos de lesa Majestad Divina y Humana y en los que se trate de muerte civil o corporal de algún individuo de carácter, condecorado, útil al Estado y a la Isla o de otras semejantes consideraciones, acompañándose en las apelaciones y confirmaciones y demás recursos que le corresponda conocer con dos o tres Abogados de los que haya de mejor nota y que no tengan impedimento legal con las partes, los que deberá nombrar la misma Junta siempre que se ofrezca y haciendo de Fiscal en los casos que conforme a derecho sea neo cesario, el que hay nombrado por Su Majestad de Real Hacienda y Justicia; de cuyas sentencias sólo haya recurso a los respectivos Supremos Consejos. 4.° - Cuarto. - Que en atención a estar concedi. da la habilitación de cinco puertos de los de la


Isla, que siendo entre ellos el de Mayagüez y Cabo Rojo muy inmediato uno de otro y que hay más distante en la jurisdicción de esta Villa a la parte Sur el nombrado de Guánica de mucho mejor resguardo, capacidad y locación para los buques de comercio e invernadero de éstos y de los de guerra, sería conveniente que en lugar de uno de los primeros se habilitase éste, levantándose población en él. 5.° - Quinto. - Que teniendo esta Villa la antigüedad de más de dos siglos, que su Partido co::t· tiene veinte y tres mil novecientos noventa y siete habitantes, que entre los demás de su jurisdicción hay treinta y cinco mil ochocientos cuarenta y las Villas de Coamo y Aguada se han formado de la que está abrazada que era la mitad de toda la Isla, debe solicitar se le conceda para su distinción y preeminencia el titulo de Ciudad con Corregimiento o Alcaldía Mayor que la gobierne en lo politico y tocante a la Intendencia, debiendo ser este natural y de las calidades que exigen las Leye~ por considerarse más conveniente al mejor servicio, utilidad pública y bien de sus moradores, según nos enseña la experiencia de que Jos extraños sólo aspiran y atienden a sil propio beneficio y particulares intereses. y que se revivan y confirmen Jos privilegios que están concedidos por Nuestros Reyes antecesores en atención al amor, lealtad y buenos servicios que esta Villa y sus vecinos han hecho a la Patria y a la Monarquía de los cuales se acompañan los competentes testimonios. 6.° - Sexto. - Que habiendo tan crecido número de almas en la población de esta Villa y los de su jurisdicción, como queda detallado; que la juventud carece de educación y las instrucciones necesarias para la ilustración de tan buenos talentos que pudiendo ser útiles a la Religión, Estado y Patria, se hallan incultos y confundidos en la ignorancia por la mucha pobreza y falta de medios para poder los padres enviar a sus hijos fuera de la Isla y áun de su propio dom"icilio a seguir estudios, será muy cqn. veniente se crease en esta Villa una Universidad en donde se proporcionase la enseñanza de primeras letras y estudios menores y mayores de las principales Ciencias y Artes, formándose los Estatutos para su establecimiento en Junta del Vice Patrono Real Señor Obispo, cierto número de Literatos y dos diputados por este Cabildo, enviándose a la Suprema Junta Central para su aprobación. Y no habiendo lugar a dicha Universidad a lo menos se esfuerce la solicitud para Casa de Estudios menores y mayores, la que puede establecerse en el Convento Real de Porta·Celi que hay en esta Villa, aumentándose el número de religiosos al que se estime necesario para el desempeño de los Estudios, para cuya creación puede tomarse el arbitrio de que contribuyan por una vez los vecinos de esta Villa

Y los de los demás Partidos de su jurisdicción, dos reales por cada individuo. 7. -Séptimo.-Que para levantarse más breve en la pretendida nueva población de Guánica el caserío y los edificios públicos que se necesitan, fomentarse la agricultura en la Isla, estímulo de los agricultores, movimiento y adelanto de todas las Ciencias y Artes que hacen feliz y poderosa a una Nación, conviene también solicitarse Comercio franco con las Naciones amigas en el referido de Guánica y los demás habilitados de la Isla por veinte o treinta años. 0

8.° - Octavo. - Que se lleven a efecto las gracias concedidas a esta Isla de libertad de Diezmos y Al. cabalas a los frutos de café, algodón, añil y tabaco, a las nuevas plantaciones e ingenios de Azúcar según la Real Cédula de 22 de abril de mil ochocientos cuatro, que "amplía el Real decreto de veinte y dos de noviembre de noventa y dos. 9.0 -Noveno. -Que habiendo el mismo motivo de fidelidad, amor y servicios a la Monarquía en la invasión de los ingleses a esta Isla en abril de mil setecientos noventa y siete por lo que respecta a los habitantes de esta Villa acreditado su buen pa. triotismo y vasallaje desde tiempos muy anteriores, debe asimismo pretenderse que sean extensivos a esta Villa las gracias que se concedieron por la Real Cédula de trece de abril del año de mil setecientos noventa y nueve; y que se declare el espíritu de la tercera gracia que sin embargo de su concesión no ha gozado la Isla de eUa por dudas que se suscitaran. 10.° - Décimo. - Que pagando los vecinos de la Isla los Diezmos y Primicias, costean también en todos sus Pueblos la fábrica material de sus respec. tivas parroquias, su dotación, la congrua del cura y contribuyen con otras erogaciones, como el bautismo, casamiento, entierro y tramo de sepultura, de suerte que agregándose a estas pensiones las de los derechos reales, se ve tan abrumado el pobre habitante labrador, que los productos de su trabajo apenas le alcanzan para cubrirlas si tratan de remediar en algo las precisas asistencias propias y de las familias; por lo que atendiendo a estos grao vámenes se estima por muy importante el que se procure aliviarlos, solicitándose que se aplique a los curas y fábricas respectivas de las Iglesias pa· rroquiales lo que les corresponde de los Diezmos y Primicias, haciéndose la distribución de ésas y aquéllas por parroquias, conforme a las leyes y que cese la obligación del vecindario por lo que respecta a la fábrica material de dichas parroquias, su dota· ción y congrua del cura, a lo menos en la parte que alcancen aquellas pensiones de Diezmos y Primicias


que les tocan, mediante regulación proporcionada a la necesaria subsistencia y decencia del cura, como también a las fábricas de las respectivas iglesias parrQquiales, su culto y servicio; o en caso negativo, aunque sea que se les exonere de las referidas erogaciones respecto a que se consideran suficientes aquellas mercedes para remunerarle a los curas el trabajo del pasto espiritual que suministran a sus feligreses. 11.0 - Undécimo. - Que estando previsto en el Sínodo que todos los vecinos de esta Villa deben conducir el Diezmo a la casa del arrendatario, en que experimentan gravísimo perjuicio, especialmente los que se hallan muy distantes y escasos de cabalgadura para ello y que para verificarlo les re· sulta tal vez mayor el costo que el fruto que conduce, se hace muy conveniente que se les exima de esta pensión, imponiéndosela a los colectores de este ramo que sea de su cuenta y cargo tomando la parte que les corresponde en las casas de los diez· meros como se acostumbra en los demás pueblos de la Isla.

12.0 - Duodécimo. - Que para evitar las tiranías y mal manejo de harinas y otras provisiones que se introducen en esta Isla, principalmente en tiempo de escasez, con motivo de los huracanes que con freo cuencia se experimentan en ella, secas yenfennedades que son consecuencia de aquéllos, como sucedió el año pasado de mil ochocientos siete, es muy con· veniente, solicitarse sea libre la venta de víveres de los abastos públicos, principalmente los de pri. mera necesidad y en los tiempos de calamidad sin que a cuenta de las autoridades se atraviesen con ningún pretexto para después ex:penderse con exorbitantes lucros y perjuicio grave del pobre habitante y aun del mismo comercio. Sala Capitular de San Gennán, trece de noviembre de mil ochocientos nueve. (Firmado): 'FRANCISCO ANTONIO RAMIREZ DE ARELLANO. - GERMAN PAGAN. - DOCTOR FELIPE DE QUIlilONES. - RAMON RAMIREZ. ANDRES DE QUI~ONES. - MATEO BELVIS.JOSE MONSERRATE JUSINO. - JUAN ANTONIO IRIZARRY. - Ante mí: Juan Eloy Tirado, Escribano Real y Público.


Apuntes sobre las ideas políticas de don Mariano Rodríguez de Olmedo

EL

AÑO 1962~3 TRAJO CONSIGO U

CONMEMORACIÓN DE

las Cortes de Cádiz y su Constitución, promulgada en aquel 19 de marzo de 1812, día de lluvia y ventarrones con que se despedía el invernazo de la ciudad milenaria que fuera novia del mar hasta entonces. Más de uno atribuyó la furia del tiempo a un oscuro designio fatal sobre el futuro de aquel código, en que veían el remedio de España y tal vez de América los ideólogos formados en el tiempo de las luces. No era preciso el don de profecía para vaticinar los destinos de la Constitución, nacida de un congreso dividido ya en las dos facciones que dieron nombre y rostro al siglo XIX español. Cumplióse, en efecto, la suerte anunciada tan pronto puso pie en territorio de sus reinos Fernan· do VII el Deseado, retenido políticamente por Napoleón en Valen~ay como preciado rehén de negociaciones hasta 1814. Era el Príncipe, de cuyo espíritu taimado no es preciso hablar, un emigrado que volvía al cabo de seis años, con las naturales prevenciones frente al orden instaurado en Cádiz que eran de esperar de su genio, y como emigrado al fin, dotado de aquella funesta ceguera que carac· terizó años después al llamado Terror blanco en Francia, de cuyos partídarios se decía que durante su exilio, nada habían olvidado pero nada tampoco habían aprendido. La enorme carga afectiva de que era portador su nombre, la opinión que prevalecía entre los cuerpos de ejército que iba encontrando en su camino, de Figueras a Valencia y el criterio de sus íntimos, ratificaron en el ánimo del Príncipe la convicción de que estaba poseído, pero celoso,

como legitimista al fin, de la forma legal que sirviera de justificación a su real voluntad, buscó apoyo, no sólo en el ejército, cuyo respaldo le ofre· cían generales y oficialidad, sino en el seno de aquel mismo congreso cuya obra pensaba destruir, va· liéndose del célebre Manifiesto de los Persas, documento firmado por 68 diputados disidentes de la Constitución, del que hablan con rabioso desprecio los contemporáneos liberales como producto del servilismo, pero en el que ha visto una crítica más severa - y no es difícil comprobarlo con su lectura -, el reflejo de la opinión realista moderada, que soñó con una reforma de cariz tradicionalista, si bien compartiendo con el sector liberal el afán renovador enemigo del despotismo ministerial que hundió la monarquía bajo Godoy. Así pareció actuar el Rey con el decreto del 4 de mayo - en que se justificaba con el manifiesto para derogar el régimen constitucional- y la promesa de convocación de futuras Cortes, pero rodeado de la tristemente célebre camarilla, dio tal matiz personal al régimen que se enfrentó por una parte mediante la persecución, el destierro y las cárceles, con el sector reformista avanzado y defraudó las esperanzas del bando legitimista representado por la mejor parte de los Persas, aunque su profundo sentido legalista les hizo acatar el proceder arbitrario de Fernando VII.' 1. Vicens Vives. Jaime: Cataluña en el siglo XIX, Madrid. 1961, página 313.

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Los últimos tiempos de las Cortes gaditanas transcurrieron, como es sabido, en medio de una atmósfera de tensión cada día más marcada, sobre todo a partir de las inacabables y tormentosas discusiones en torno a la Inquisición y la reforma de regulares. A este ambiente, viciado por apasionadas banderías, llegó en mayo de 1813 un curioso personaje, con gesto al parecer de gran señor, eclesiástico estirado, si no en la figura al menos en el áni· mo, el diputado por la ciudad de La Plata y Provincia de Charcas en el alto Perú, don Francisco Mariano Rodríguez de Olmedo y Valle, firmante con el tiempo del Manifiesto de los Persas. Una cadena de acontecimientos le trajo años después, en 1817 a Puerto Rico, para cuya mitra había sido electo en 1815, como premio, entre otros motivos de peso a su actitud política. Nada hubiera vinculado a esta Isla al canónigo de La Plata, que terminada su misión se disponía a volver a su lejana Catedral, si la muerte del Obispo electo de Puerto Rico, Fray don Fausto Claver02 no le hubiera hecho entrar en consideración para colocar sobre sus hombros el peso de las tareas pastorales en la Isla. El origen patricio del prelado peruano, el clima realista de la ciudad de La Plata, su formación legalista y su propio carácter, sumados al cuadro de acontecimientos en que se vio envuelto, hicieron de él uno de los forjadores de la fisonomía política de Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XIX. Creyendo por tanto que en este sentido, bien merece un comentario su pensamiento y su actitud, le hemos dedicado estas breves notas, que esperan la confirmación de una documentación más amplia y explícita para adquirir cuerpo de tesis. Nació don Francisco Mariano Rodríguez de Olmedo en Guancargui -valle de Malles y Obispado de Arequipa - en el Reino del Perú, el 24 de septiembre de 1772. Hijo, al parecer, de la primera nobleza de aquella ciudad -la tradición lo presen· tará muy pagado de sus blasones -, debió escuchar con interés no exento de temor infantil la narración de los sucesos de la rebelión de José Gabriel TupacAmaru, comenzados cuando contaba ya ocho años de edad, en 1780. El carácter de subversión políticosocial que en trañaba el movimiento del Inca Tupac, debió llegar a sus oídos junto con las severas admoniciones episcopales que los prelados hicieron circular, condenando la rebelión y ponderando sus males. Signo de los tiempos que de tal forma dividen a aquellos de quienes parece esperarse un des· tino similar, es sin duda el que naciera en el mismo 2. Expediente de presentación de D. Mariano de Olmedo, Obispo de Puerto Rico. Embajada Legajo 683. Real despacho de 31 de julio de 181S, D. Antonio de Vargas y Laguna. Archivo del Asuntos Exteriores, Madrid.

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Rodríguez de Roma. dirigido a Ministerio

valle -Maxes o Majes- donde en 1748 viniera al mundo otro arequipeño, asendereado a la fuerza, el jesuita expulso Juan Pablo Viscardo y Guzmán (el célebre abate Viscardo) que en su «Carta dirigida a los españoles americanos por uno de sus compatriotas»! se refiere también a los sucesos del Perú de 1780 pero con muy otro matiz al que empleará años más tarde el futuro obispo de Puerto Rico. Hijos de un mismo patriciado indiano, naturales de una misma región y llamados ambos con el correr del tiempo al goce de unas rentas desahogadas, parará el primero por su vinculación a la Compañía de Jesús en un destierro miserable en Italia. acabando por conspirar activamente contra la Corona mientras que al segundo le sonreirá la fortuna y su genio y formación le inclinarán a la más rendida fidelidad a los principios del antiguo régimen. Salvada naturalmente, la apreciable diferencia generacional existente entre ambos - un cuarto de siglo - sus respectivos destinos son imagen de la mezclada geografía de las tendencias políticas en Hispanoamérica en las postrimerías del siglo XVIII y los comienzos del XIX. Seguramente leyó u escuchó Rodríguez de Olmedo las pastorales que en 1781 hizo imprimir en Buenos Aires el Obispo de Tucumán don Fray José Antonio de San Alberto, carmelita descalzo, ccon ocasión de la derrota del rebelde Tupac-Maro», en las que condena todo intento de derribar la autoridad constituida. Muy pronto, en 1783, fue promovido este prelado a la sede arzobispal de La Plata, donde encontraremos a Rodríguez de Olmedo como miembro del cabildo eclesiástico con el correr de los años. Sospechamos que debió existir alguna re· lación personal bastante próxima entre el canónigo y el arzobispo, pues su fidelidad -la del primero- a las ideas de Bossuet, parecen la aplicación práctica de las doctrinas propugnadas por Fray José Antonio de San Alberto, en cuyo "Catecismo Real" (Madrid, 1786), compuesto en 1784 y en vista seguramente de los pasados sucesos, se exponen y comentan con cerrada adhesión al Monarca estas líneas de la lección XV: De la obediencia que los vasallos deben a su Rey: .Para el buen vasallo esta proposición: El Rey 10 manda, ha de ser un equivalente de esta otra: Dios 10 manda; siendo de fe, que si los Reyes mandan, es por la potestad, que Dios les ha concedido para que manden. Es preciso, pues, obedecer a Dios en los Reyes y a los Reyes por Dios. Para el buen vasallo esta proposición: El Ministro del Rey 10 manda, es un equivalente de esta otra: El Rey 10 manda,' siendo cierto que no pudiendo el Reyes3. BatIlorí, Miguel, S. J.: El abate Viscardo. Historia y mito de la intervención de los jesuitas en la independencia de Hispanoamérica, Caracas, 1963, página 19 y apéndice In


tar en todos los lugares, ni mandarlo todo inmediatamente por sí, delega su potestad, da sus voces, habla y manda por sus ministros. Es necesario, pues, obedecer al Rey en sus Ministros, y a los Ministros por el Rey...• y más adelante: •... en caso de duda, está siempre la justicia de parte del Superior,' y se ha de juz.gar que lo que manda es bueno, sin que este juicio quede al arbitrio del inferior, a quien no pertenece el juz.gar, sino callar y obedecer, según aquellas palabras de Moyses "Oíd, israelitas, apren· ded y obrad".4 Con idéntico desparpajo interpretativo de textos bíblicos, copiado del Obispo de Meaux, atormenta el arzobispo de La Plata las citas de la Escritura en abono de los restantes títulos.• XVII: De la obliga· ción que tienen los vasallos de pagar los tributos. y cXVIlI: De la obligación que el vasallo tiene de pagar los diezmos al Rey., lecciones estas últimas que citamos por su vinculación evidente con las causas - algunas - de la rebelión mencionada. Pertenece el Padre San Alberto a la generación episcopal de don Antonio Caballero y Góngora, arzobispo virrey de Santa Fe, debelador de la rebelión de los comuneros e hijo como él del regalismo borbónico, al que en parte deben sus respectivas prela· cías. Su actitud política obedece a una lógica secuencia de ideas. Junto a la convicción -política o sincera- del origen divino de la monarquía. conviven las ideas de la Ilustración. El Arzobispo de La Plata, en quien probablemente vio Rodríguez de Olmedo un modelo de virtudes episcopales, cuidará con esmero de la instrucción, tanto en Tucumán, donde funda una congregación carmelitana de enseñanza, como en su vasto arzobispadoS en el que morirá el año de 1804. No sabemos la fecha precisa en que el futuro Obispo de Puerto Rico abandona América camino de España, pero en 1797 lo encontramos ya en Alcalá de Henares como colegial del Colegio de Málaga, después de haber cursado estudios en Arequipa.6 Desterradas de las Universidades hispánicas las doc· trinas populistas del Aquinate y fortalecido con juramento de fidelidad al Rey el estatuto de los Cale· gios Mayores después de las Reformas de Carlos 111, no cabe duda de que el joven peruano se encono tró en medio de un ambiente regalista capaz de crear en él unas convicciones políticas de corte abo 4. San Alberto, Fray José Antonio de. Arzobispo de la Plata, Cartas pastorales. página 53: Instrucción, donde por lecciones, preguntas y respuestas se enseñan a los niños y niñas las obligaciones más principales que un vasallo debt: a su rey y señor. 5. Egaña, Antonio de: Historia de la Iglesia en la América Española. Desde el Descubrimiento hasta comienzos del siglo X/X. 'Hemisferio Sur. B. A. C. Madrid, 1966, páginas 665-671. 6. Ciadoncha. Marqués de: Indice de los Colegiales de Alcalá. Instituto Jerónimo de Zurita, C. S. l. C., Madrid.

soluto en cuya acogida tendría no pequeña parte la especial mentalidad del patriciado criollo a que pertenecía. En Charcas le sorprendieron los acontecimientos de 1808 y 1810 Y el primero de marzo de 1813 lo encontramos en Cádiz, a donde acaba de llegar en la fragata San Miguel desde el Callao de Lima. Con esa fecha pasan a la Comisión de Poderes de las Cortes los que presenta en su calidad de diputado por la ciudad de La Plata y Provincia de Char· caso extendidos el 18 de abril de 1812. Un mes justo tardará la Comisión en evacuar el despacho de estos papeles y 10 hace el primero de abril. negando su aprobación por haber renunciado al cargo los otros candidatos: don Lorenzo Femández de Córdoba, que salió elegido a primeras suertes y el Conde de San Miguel de Carma en segundas, arguyendo am· bos fuertes impedimentos de carácter familiar, por lo que procedió el ayuntamiento a nombrar al ter· cero, Olmedo, sin contar con el Virrey o Capitán General a fin de que decidiera de acuerdo con la Audiencia, como era de rigor. Reprobaron sin em· bargo, las Cortes el dictamen y el cinco de abril habiendo prestado el juramento prescrito, tomó asiento en el congreso el diputado de Charcas. Nos preguntamos si otros motivos, no los meramente reglamentarios, pudieron determinar el dictamen de la Comisión de Poderes. pues en su actuación puede observarse una que otra vez algún manejo político, como ocurre a la llegada de don Miguel Ramos de Arispe en el año 181l.7 El día 30, Rodríguez de Olmedo lee un discurso en favor de la Universidad de San Francisco Xavier de La Plata, precedido de una alabanza a la ciudad, en la que se transparenta, en primer lugar. el re· cuerdo indeleble de Tupac Amaru. Dice así: ft ••• después en la rebelión que tanto eco formó en años pasados por la ilusión y fanatismo de Ga· briel Tupacamaru, La Plata y sus principales partidos, formados en masa sin distinción de clases, empleos, destinos ni otros cualesquiera pretextos, no sólo sostuvo sus deberes, sino que favoreció a otras provincias afligidas. V. M. está orientada cumplidamente de estos y otros aventajados hechos, y dio por ellos repetidas gracias a la provincia...

».·

Más adelante nos encontramos con un texto caro gado de interés, pues refleja con claridad el cantonalismo y las ocultas - o manifiestas - rivalidades y antagonismo latentes en América. unida por el vínculo de la Corona y que despiertan por estos 7. Diario de Sesiones de las Cortes generales y extraor· dinarias. Sesión del día 19 de marzo de 1811, T. l., Madrid, 1870, páginas 713 y ss... 8. T. VII, Madrid, 1870.

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RE~PRESENT.L\CION

MANIFIESTO

y

QUE .t4.ZGUNOS D)[JPUTADOS ,

A LAS CORTES ORDINARIAS

FIRMARON EN LOS MAYORES APUROS DE SU

o' P R E S ION

E N MA D R1D,

PARA QUE LA MAGESTAD

DEL SENoR D. FERNANDO EL VII. A la entrada eQ España de vuelta de su· cautividad, se penetr~se del estado de la nacion, del deseo de sus . provincifls, y del remedio que creían oportuno; todo fué presentado á S. M. en Valencia por. Ull0 de dichos diputados, y se imprime en cumplimiento de real órden.

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•

lA OCQOl

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MADRID IMPRENfA DE COLLADO

i820.

..


años para enfrentar una provincia a otra, una junta soberana a otra junta igualmente soberana, bajo las cuales se ocultaban las seculares diferencias y los rencores - casi africanos - de cabildo a cabildo:

«Señor, he vivido cerca de doce años en la capital de la Provincia; todo lo he visto, de todo tengo exacta idea y aun he sufrido con muchos vecinos de La Plata, del Potosí y otros pueblos, el yugo y la arbitrariedad de las provincias de Buenos Aires; todos hemos preferido la expatriación antes que doblar la rodilla al becerro infame y renegrido coloso, que ebrio de alevosía, no sólo quería separarnos del pabellón español que tremolaba en nuestros corazones, sino imponemos leyes como a viles y des· graciados esclavos... ».9 Después de ponderar la fidelidad de La Plata en los hechos del 5 de julio del año anterior (1812), pide finalmente para la Universidad de Charcas lo que le inspira el reformismo ilustrado en que se criara, parte primera, seguramente, de las instruc· ciones que aún estaban en camino.

«En este momento - citamos - reclamo de nue· la atención de V. M., la necesidaa perentoria el! que se halla la Universidad de Charcas de un fa. mento electivo, es digna de consideración, pues constituida en el pie que acabo de referir, es necesarísimo y su auxilio tan útil, que produciría venta· jas ('/1 los delicados ramos de ciencias exactas " demás que prosperen la mayor parte de la América meridional, reducida hasta el día al estudio de ulta antigua filOSOfía, sin gusto, sin método, ni principios de la sagrada teologfa y ambos derechos, ignorantes de los preciosos conocimientos que hacen rica )' muy poderosa una nación... fúndese las (cátedras) de mineralogía, de matemáticas, de medicina y si e~ posible de los ramos de arquitectura civil y mili· tar... ».IO

1'0

Puede apreciarse cómo encaja este plan - si bien magnificado por la importancia de Charcasen el programa de reformas llevado a cabo en Puerto Rico durante el reinado de Fernando VII. De aquí en adelante son raras las intervenciones de don Mariano Rodríguez de Olmedo en el salón de las Cortes. El 20 de mayo comunica la llegada de sus instrucciones y hace una alabanza ditirám· bica de la constitución, y el 25 se le concede licencia para entenderse directamente con el Gobierno para asuntos referentes a su provincia, seguramente el despacho de aquéllos cuya encomienda acaba de r:cibir. Una que otra vez vuelve a aparecer su nom9 cit., Ibfd. 10. cit., /bid.

bre en asuntos de importancia secundaria,tI hasta que firma el 12 de abril del año siguiente el Mani· fiesta de los Persas en Madrid. Ya no ha de abandonar la Corte, al parecer. sino rumbo al puerto de mar, camino de Puerto Rico. Muy pronto un detalle revelador va a poner de manifiesto su posición desahogada - circunstancia que no concurría en todos los diputados america· nos - y ese refinamiento del gusto, hijo de la sociedad opulenta en que naciera, que volverá a asomar de vez en cuando incluso con ribetes de ingenua va· nidad infantil. años adelante. En la sesión del 1: de julio de 1813 dio cuenta el Secretario de Hacienda, que se hallaba presente, de un oficio que le habia dirigido el intendente de Burgos notificándole el triunfo obtenido por Wellington el 21 de junio en Vitoria, de tan vital importancia para la liberación de la Península y aprobada consiguientemente la propuesta de un Tedéum para el día siguiente y nombrada una comisión para felicitar al embajador de Su Majestad Británica, propuso el señor Rus la acuñación de una medalla conmemorativa «con las alegorías alusivas a las Cortes y a la batalla presen· te para perpetuar la memoria de la acción más gloriosa que asegura la salvación de las Españas... », pero habiendo observado algunos diputados que el estado de la nación no permitía por entonces hacer gastos extraordinarios, no se admitió a discusión la propuesta. u Entusiasmado con la idea, en la sesión del día siguiente Rodríguez de Olmedo «Ofreció en honor de la ciudad de La Plata y Provincia de Charcas con· tribuir él mismo con la suma necesaria para acuñar Wla medalla con el busto del esclarecido duque de Ciudad Rodrigo y una inscripción o emblema alusivo a la expresada victoria». El Congreso aprobó la proposición y el diputado de La Plata formalizó su oferta comunicándose oficialmente por una orden de la Secretaría dicha aceptación un mes después, en la sesión del 1." de agosto. u Ningún asunto de peso trae a relucir su nombre en el diario de Cortes hasta que en la sesión del 14 de septiembre. última de las Cortes generales y extraordinarias, firma el acta d~ clausura entre un grupo de diputados americanos. 11. El 22 de mayo de 1813 leyó un discurso sobre los méritos del General Goyeneche y el día 25 .Se concedió licellcia al Sr. Olmedo (D. Mariano) Diputado por Charcas, para entenderse personalmente con el Gobierno sobre asun· lOS relativos a aquella Provincia.... En la sesión del dfa 29 se le nombra como miembro de la Comisión que recibirá a la Regencia al dla siguiente. Ob. cit., T. VII. 12. La ausencia de la edición del Diario de las Cortes de 1870 en las Bibliotecas de Puerto Rico. nos obliga a citar la edición primera dd Diario de las discusiones y actas de llls Curles, Cádiz, imprenta de D. Diego Campoy, año 1813. tomo 20, página 407. 13. Tomo 21, página 313.

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Fray José Antonio de San Alberto, Carmelita descalzo, Arzobispo de La Plata (1785·} 804)

Los acontecimientos ocurridos desde entonces hasta el célebre decreto del 4 de mayo de 1814, son sobradamente conocidos y basta para estas notas el recordar el traslado de las Cortes a Madrid y el consiguiente desplazamiento de los diputados desde Cádiz hacia la capital. En el clima de exaltado fer· nandismo que vive el Madrid de 1814, no es extraño que Rodríguez de Olmedo, amigo personal de Goye. neche, a quien encuentra en la Corte, sufra la influencia del desorbitado optimismo que veía en la persona del Rey el paladín de España y América. Restaurador del orden, defensor de la religión, aureolado por la fama de un cautiverio largo, Fernando VII aparecía a los ojos de todos en aquel año como la promesa de un momento nuevo, sin el . peligro de los ensayos revolucionarios, cuyas conmociones había experimentado Olmedo en La Plata. El mismo caerá en el maravillosismo femandino

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que caracteriza el momento. Del resto, se encargará la magia personal de1 Rey, ejercida sin esfuerzo hasta su muerte, aun a pesar del terror de 1824. Las ideas políticas cuya trayectoria intentamos trazar tienen un cauce en la primera pastoral que dirige a sus feligreses, el 19 de marzo de 1816, comentario al Breve Etsi longissil11o, de Pío VII, sobre la revolución hispanoamericana. El obispo electo de Puerto Rico ha conocido el texto de la encíclica tal vez por medio del Nuncio, y por no publicarse aún oficialmente no la menciona pero cumple los consejos pon~ificios al episcopado americano, que debe exhortar a la paz y a la fidelidad al Rey Católico de las Españas. El cuerpo·de la Pastoral es el desarrollo del epígrafe tomado de la epístola a los corintios: Pacel11 habete et Deus pacis et di/ectionís erit vobísCUI11. El Obispo se felicita porque entre las turbulencias que han arruinado la' Amé-


rica, Puerto Rico ha conservado la paz en el sentido agustiniano: tranquillitas ordinis. La recompensa celeste es la paz y el signo visible, la Real Cédula de Gracias: «Así es que el mismo Señor os ha librado de este cruel azote de la humanidad, en premio de vuestras pacíficas disposiciones: y su imagen sobre la tierra, el rey N. S. (Dios lo guarde) justo apreciador del mérito y la fidelidad, no ha podido contener su mano liberal y generosa en el momento en que llegó a su noticia vuestra adhesión a su real persona, ...y ved aquí que anhelando yo cooperar a los grandes fines que se proponen nuestro Dios y nuestro Rey, os dirijo en esta carta la primera prueba de mi amor pastoral, recomendándoos esta misma paz con las expresiones del apóstol San Pablo... l>,14 La frase más interesante entre las cuarenta y tres páginas de la circular es aquella en que el Obispo propone a la Isla como modelo para todo un continente: la conducta pacífica de los puertorriqueños «será un modelo para esaS desgraciadas regiones, que abandonadas a una guerra de desolación atizada por los mismos que desean esélavizarlas, no ven el abismo que se están abriendo para sepultarse». La lectura de la pastoral en los púlpitos de la Isla encontró ya un terreno abonado por la predicación del Padre Rafael de Sanlúcar, el capuchino andaluz que acompañó en su última visita pastoral (1814) al obispo Arizmendi y así 10 reconoce en su circular el vicario capitular don Nicolás Alonso Andrade y San Juan, al remitir encíclica y pastoral a los párrocos, El lenguaje untuoso, las frases ponderativas y

el aprecio de la institución de la monarquía tal como la concebía el aparato lógico de Bossuet, presentes en la Pastoral, pueden repugnar a un lector festinante, pero la consi~eración de la circunstancia histórica en que se produjo nos induce a un juicio más benévolo. Aunque el liberalismo exaltado de 1820 arrojará al Obispo Rodríguez de Olmedo, encausado y privado de sus temporalidades, al incondicionalismo fer· nandino, no parece ser ésta su actitud desde el principio. Su relación con el grupo catalán - se escribe con don Jósé LIocer de Codina, del cabildo de Barcelona -: Creus, Lázaro de Dou, Prats y Lladós así como también con el general. Castaños, Duque de Bailén, nos da más bien la imagen de un realista reformista alineado entre la mejor parte de los Persas y bastante alejado de un Ostolaza, por ejemplo, con todo y ser su paisano,l5 Por otra parte, el cuadro que ofrecía Améric3 de 1815 a 1816, realizada la "pacificación" en gran parte, podía forjar perfectamente la ilusión de una vuelta al viejo orden. ¿Y quién podía ver con claridad en el mezclado y confuso amasijo de intereses y pasiones que al par de la demagogia callejera, hacían la guerra de la Independencia en este lado del Océano? Un resultado inmediato: el «crak» de la economía americana y los horrores de la guerra a muerte llegaban magnificados a los oídos de aquellos que como el prelado peruano, obedecían a las ideas de una formación europea legitimista. Bien podemos creer que, al redactar su farrágosa. pastoral, al par de obedecer a lo que era convicción maciza en su pensamiento, buscaba el bien de su incógnita diócesis.

14. Dávila, Arturo V., Las Encíclicas sobre la Revolu· ción Hispanoamericana y su divulgación en PuerJo Rico, J. C. P. R., San Juan de Puerto Rico, 1965, página 34.

15. Expediente sobre la:; reliquias de Sall Pío Magno y San Mariallo Mdrtir, Archivo eclesiástico, Catedral de San Juan de Puerto Rico.

S3


El Martí de Martínez Estrada

ir

Por MANUEL MALDONAD(}I-DENIS

COMO CULM INACIÓN DE SU

FECUNDA

OBRA LITERA-

ria, Ezequiel Martínez Estrada, argentino y cubano por adopción, nos dejó a manera de testamento uno de los estudios más completos jamás hechos sobre la figura egregia de José Martí. Por desgracia es éste un trabajo inconcluso, trunco. Falta, según nos deja saber Fernández Retamar, en el prólogo a la parte que se publica en Cuba, un fragmento de la obra total. Ello no impide, sin embargo, que podamos aquilatar en estos dos tomos tan amorosamente escritos, unas huellas del Apóstol que permanecerán un tanto ocultas entre la profusa bibliografía del Prócer. Me refiero a la faceta Martiana que define todo sú ser y que Martínez Estrada resume bajo la rúbrica de "revolucionario". . La virtud del Martí de Martínez Estrada es que nos permite ver de cuerpo entero al Martí conspirador, al hombre obsesionado con la idea de la liberación de su patria y de todas las AntiJIas. Así se nos devuelve al Apóstol en una sola pieza como lo que realmente fue: un iluminado que rindió su "ida en la guerra que él mismo había invocado y que absorbió sus energías hasta su muerte en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895. "Es criminal quien promueve la guerra que se podría evitar, y quien deja de promover la guerra inevitable", escribía el Apóstol. Porque es en la inevitabilidad de la guerra que Martí cifra la esperanza de la liberación de Cuba y Puerto Rico. Una vez lanzado a la. guerra no hay retroceso, no • Ezequiel Martínez Estrada - Marti: el 'léroe y su acción revolucionaria (México: Siglo XXI, 1966), 259 págs.; Marli revolucionario (La Habana: Casa de las Américas, 19661, 618 págs.

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hay vuelta atrás. Así lo capta con claridad Martínez Estrada en su biografía. De ahí que el Apóstol aparezca ante nuestros ojos como un héroe mítico, como un ser predestinado al holocausto y al martirio. Pocos personajes históricos en la América Nues· tra se prestan mejor para esta interpretación de tónica rayana en lo místico que Martí. En verdad su vida y su ejemplo son sobrecogedores. Marti, con su vida acrisolada, limpia, arquetípica, nos muestra la grandeza humana en sus mejores momentos. Con justicia nos lo indica Martínez Es· trada en su Prefacio a Martí: el héroe y su acción revolucionaria: (MartO "representa al hombre en su plenitud y totalidad, al hombre en sus atributos esencialmente humanos. Como ya se dijo de él con acierto, es el hombre por antonomasia. No hay, pues, que trasladarse a remotos confines para ver la grandeza humana actuante, sino que la podemos encontrar aquí, 'en nuestros pueblos, entre aquellos prohombres que nos han legado una tradición re· volucionaria y humanística, y cuya prédica con el ejemplo dará a las generaciones presentes y por venir ese entronque que les permitirá identificarse con la auténtica tradición histórica -hasta hoy distorsionada por el colonialismo y el neo-colonialismo-- de pueblos que han sabido luchar tenazmen· te por su libertad". Porque en Martí -como bien nos demuestra Martínez Estrada- teoría y praxis marchan de la mano. No es el floreteo de la hueca frase preciosista lo que interesa al Apóstol, sino la agonía, la lucha, la transformación de un orden social predi· cado sobre la injusticia y la indignidad. En Mara" Revolucionario, nos dice el autor: "A cierta altura


del estudio de la obra de Martí es preciso estable· cer con toda la exactitud posible, qué relaciones hay entre su vida y su obra, pues en pocos que al mismo tiempo hayan sido hombres de acción se funden una y otra tan armoniosamente. No hubo contradicciones en este respecto como no las hubo entre su temperamento y su inteligencia. Hizo 10 que pensó y pensó lo que hizo." (El subrayado es nuestro). Y es que para Martí, como para Juárez, sus dichos son los hechos. Se trata de revolucionarios, de hombres cuyo pensamiento mismo les indica el camino de la acción. Martínez Estrada tiene un término para esta estirpe: "revolucionarios por convicción" les Uama. Escuchémosle: cJuárez y Martí fueron revolucionarios por convicción de que no era posible instaurar el. régimen de la ley en un sistema de injusticia, y porque este sistema estaba tan radicalmente consolidado que no era posible reformarlo sino mediante la violencia. El sistema legal imperan· te en los países subyugados a poderes extraños que actúan por delegación en sus órganos subordinados, es, lisa y llanamente, la justicia le· galizada, sacralizada. Es ya un sistema de violencia constituida y canónica; y la violencia significa la única forma viable de colocarlo en un equilibrio normal, eliminando con los únicos métodos operantes los obstáculos empedernidos que hacen inalterable el statu qua. La revolución en esos casos es la violencia contra la violencia, la justicia contra la ley, la razón y la decencia contra el poder, ·la mentira y la inmoralidad.• l Como dijo en su momento Juárez, el respeto al derecho ajeno es la paz. paz no puede haber, por consiguiente, mientras no se respete el derecho a la libertad de los pueblos. Así lo expresará Martí allá para 1894 en palabras que nos recuerdan a Juárez: «Un pueblo está hecho de hombres que resisten y hombres que empujan; del acomodo que acapara y de la justicia que se revela; de la soberbia que sujeta y deprime, y del decoro que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo. De los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos; y el gobierno de un pueblo es el arte de ir encami· nando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no hay un solo derecho mermado•.2 El temor que evoca hoy la palabra "revolución" entre aquellos que pretenden perpetuar las lacras del colonialismo y del neo-colonialismo es similar al terror que el término despertaba en el espíritu del imperialismo español. Sin que debamos por ello sorprendernos, encontramos a los portavoces 1. • (La

Ezequiel Martínez Estrada - Marlf, revolucionario Habana: Casa de las Américas, 1966), págs. 119·20.

2. ¡bid., pág. 121.

de estos intereses en aquel momento aduciendo términos condenatorios casi idénticos a los usados hoy en día por los defensores del "sub-desarrollo". De ahí que Martí -que concebía claramente su misión y su destino- fuese el objeto de la más burda campaña de calumnias y maledicencias. Más aún, se intenta asesinarle a través de un vino envenenado. En varias ocasiones la traición asora su faz. Martí se ve forzad9' a moverse continuamente. Es un perseguido, un hombre peligroso. Desde 1892 hasta su muerte -nos demuestra Martínez Estrada- sólo le obsede una cosa: la guerra revolucionaria que habrá de liberar a Cuba y a Puerto Rico. A partir del momento de la fundación del Partido Revolucionario Cubano el Apóstol se halla comprometido con la lucha revolucionaria. Su labor lite· raria es interrumpida por fuerza de la necesidad. "D~sde 1892 cesa la producción literaria de Martí, al cancelar sus corresponsalías, y sería necio buscar ninguna preocupación de carácter literario, toda ella sobre asuntos relacionados con la preparación de la guerra, aunque alguna que otra vez se des· prendan de ella pavesas y fosforescencias efímeras". (Mara. el héroe y su acción revolucionaria). Ello quiere decir, evidentemente, que en el momento culminante de su vida el revolucionario que hay en Martí eclipsa todo lo que hay en él de hombre de letras, de intelectual. Puede decirse, sin embargo, que ésta es solamente la culminación de un proceso que comienza con el presidio político de Martí a los diecisiete años y que no se halla inte· rrumpido realmente sino por el período preparatorio que precede a toda gran gesta heroica. Martínez Estrada enjuicia correctamente el papel que juega en la vida de Martí su bautismo de fuego como presidiario. La vida del Apóstol queda ya marcada, impresa con el conocimiento de la justicia esencial de su causa y de los medios a tomar para conseguir su fruición. Las páginas de El pre· sidio político en Cuba nos brindan un testimonio irrefutable de que allí quedó echada la suerte de Martí como revolucionario. El autor de Martí revolucionario nos define con precisión la cuestión cuando nos dice: ..Como punto de arranque para una empresa libertadora, la experiencia viva de la opresión que recoge Martí en el presidio, no puede compararse con la de otros prohombres de la Independencia de América. No se engañará en adelante confundiendo lo que dicen los libros ~e historia con lo que es realmente la historia que viven los pueblos; lo que es el producto historiográfico de la materia viva histórica. En su ánimo la libertad política de Cuba es un fin se· cundario tras el de la libertad del ser humano, allí reducido a la condición de esclavo sin derechos individuales ni sociales. Y, confirmando lo que ya pensara, concibe que no es posible pactar ni aceptar reformas, sino que es preciso ir al fondo de los males, atacarlos en la raíz y arran-

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carlos de cuajo. De ahí su actitud intransigente, su línea inflexible de conducta y de acción, que a muchos pareciera fanatismo obstinado. Toma partido por los infelices y perseguidos; su campaña será de redención cuanto de independencia, y el tono constante de sus exhortaciones, a par· tir del folleto que el presidio le inspira, será moral y humanitario y no político ni jurídico.,.) La experiencia del presidio, pues, es a manera de una iniciación, de un rito sacrificial que sirve a su vez como símbolo de todo cuanto representa el régimen colonial. La colonia es el presidio del espíritu, la deshumanización del hombre, la tiranía en acción. En el presidio se muestra el verdadero rostro de los opresores, su retrato al desnudo. Lue· go de esa experiencia Martí no puede emprender el camino del reformismo liberal. Será o todo o nada. Patria o muerte. No hay compromiso posible. Lo dice en pocas palabras Martí en carta a Máximo Gómez el 4 de enero de 1894: "Mientras no tengamos patria libre, Antillas amigas y libres, nuestra América libre, está en nuestros campos de batalla. ¿Formas, dice usted, y diferencias de formas? Ya verá cuán pocas. En la guerra, puesto que es dable poner en ella, sin estorbo -yen líneas generales, las salvaguardias todas de la República. Yo entiendo la guerra así: despertar con la primera batalla y no dormir hasta haber ganado la última". (Subrayado nuestro). Martí proclama, como Bolívar en su día, la guerra a muerte. Una vez comenzada no habrá vuelta atrás. Por ello es necesario demostrar que su vida es un mero capítulo en la lucha por la liberación, que su sangre fecundará los campos antillanos para que su ejem· plo sirva como modelo a aquellos que habrán de escribir la estrofa que aún resta por escribir al poema de 1810. Para ello el Apóstol lo sacrifica todo: familia, profesión, comodidades. Con dolor pero resignado le escribe a Manuel Mercado el 29 de septiembre de 1877 sobre su sacrificio incomprendido. Al referirse a su esposa Carmen Zayas Bazán le dice: "En cuanto a la mía, ella, como otros tantos, cree que obro impulsado por ciegos entusiasmos o por novelescos apetitos; se me reprocha que haga en prosa lo que se me tenía por bello cuando lo decía en versos. Yo no entiendo estas diferencias entre las promesas de la imaginación y los actos del carácter. Hago tristemente. sin gozo ni esperanza alguna, lo que- creo que es honrado en mí y útil para los demás que yo haga. Fuerzas quiero, que no premio para acabar esta tarea. Sé de antemano que rara vez cobijan las ramas de un árbol la casa de aquél que lo siem· bra". Transido de dolor, con la pena honda a cuestas marcha el héroe hacia su muerte. En su estudio 3. Ezequiel Martlnez Estrada -

Martí revolucionario

(La Habana: Casa de las Américas, 1966), pág. 83.

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Martínez Estrada nos 10 demuestra desde diversos ángulos, desde múltiples perspectivas. En su prístina sencillez se nos aparece Martí. 'Es el desinterés absoluto, la dación más generosa lo que nos conmueve y nos abruma. Sobre todo nos sobrecoge la soledad, la enorme soledad de aquel hombre. Recordamos a propósito los versos de Palés Matos: Oh, soledad, que a fuerza de andar sola se siente de sí misma compañera.

Soledad que marcha de la mano con cruentas enfermedades que mantienen a Martí en cama gran parte del tiempo. La soledad es el punto de partida, la necesaria búsqueda de su propio ser condenado al máximo sacrificio por la independencia de su patria. Martínez Estrada nos comunica cabalmente la premo-. nición del Apóstol respecto a su inexorable destino. Le vemos allí, predestinado ya en la trayectoria de su vida y muerte. Martí representa, en un determinado momento histórico, el héroe universal-histórico, el hombre que cristaliza en su persona las más altas virtudes de la colectividad. Representa, por así decirlo, el decoro de Cuba y de todas las Antillas. Con claridad nos lo dice el Apóstol en La Edad de Oro:' .Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado... En el mundo ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana... '" Los hombres sin decoro nunca podrán aquilatar una obra como la Martiana. Se aproximan, arañan inútilmente su grandeza, llegan incluso a dedicarle los más variados panegíricos. Pero la palabra con que mientan al Apóstol se hiela en su boca de renegados. Así .10 ve con meridiana claridad Martínez Estrada en su obra. No pueden invocar el ideario de Martí quienes día a día niegan el hondo sentido de su palabra y de su acción. Patria, decía Martí, es ~a porción de humanidad donde nos ha tocado vivir. Y el hombre -no importa su patria de origen- forma parte de esa hu· manidad más amplia, más vasta que abarca la bola del mundo. De ahí el credo internacionalista del Apóstol. La bofetada en el rostro de un hombre 4. Ezequiel Martlnez Estrada - Marti: el héroe y su acción revolucionaria (México: Siglo XXI. 1966), pág. 10.

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es la bofetada en el rostro de todos los hombres. "Nadie tiene derecho a dormir tranquilo mientras haya un solo hombre infeliz". (Carta al director de La Nación, 15-3-1887). Palabras que nos recuerdan el deber de laborar por el bien de la humanidad deponiendo actos estériles y engorrosos. Y nos re· calca Martí más adelante: ..Sólo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria, y aun ha de ser el deber cumplido en beneficio ajeno, porque si va con él alguna esperanza de bien propio, por legítimo que parezca, ya se empaña y pierde fuerza moral.»1 Como bien indica Martínez Estrada, la obra redentora de Martí se sintetiza en dos palabras: "ser\"ir" y "libertad ". Servir es la plena actualización del deber para con la liberación de la Patria sojuzgada. Y liberar es algo más que la mera liberación jurídica de una condición politic~ predicada sobre la inferioridad; es la eficaz liberac;:ión del hombre de todas las trabas que impiden su desarrollo pleno. Martínez Estrada define la cuestión de la manera siguiente: .Difícilmente se aprehendería la proyección en dirección sagital de sus pensamientos, si se olvidara que formaban parte de su convicción de que la independencia de los paises sojuzgados sólo podía realizarse mediante la liberación simultánea de la esclavitud de los brazos y de las mentes. Separar sus escritos de sus actos, su apostolado evangélico de su acción revolucionaria, es suprimir uno de los términos de la ecuación de la que resulta su personalidad. Con frecuencia insistió en que no se obtendría una independencia verdadera y perdurable sin quebrar la estructura de obediencia y acatamiento a las ideas y prejuicios que durante siglos se in· culcaron en las capas dirigentes de la población, y por presión en las inferiores. El deber de ata· car las construcciones seculares de esos prejuicios de ignorancia y crueldad, que observara en sus cimientos soterrados durante la prisión en La Cabaña, hace de ese deber un imperativo moral, una orientación intelectual y una consigna heroica simultáneamente. Deber de combatir, deber de libertar' con las letras y con las aro mas."La gestión amorosamente libertadora de Martí se ilustra a cabalidad en su incapacidad para odiar ni aun a sus más tenaces enemigos. Siempre se yergue con SU grandeza t:nagnánima por sobre sus propios detractores. No pierde nunca la fe en la justicia esencial de su causa. Por eso la revolución

Ezequiel Marlínez Habana: Casa de las 6. Ezequiel Martínez (La Habana: Casa de las 5.

(La

Estrada - Marti revolucionario Américas, 1966), pág. 148. Estrada - Marli revolucionario Américas, (966). pág. 150.

concebida por él es una revolución hecha con cariño, con amor. Resultará paradójico, pero es ésta la realidad. Como nos dice Martínez Estrada: .Como lider revolucion~rio resulta original, porque busca una realidad -la guerra en la re· volución concordante- cabalgando en sueños, poesía, música, virtudes, sacrificios apostólicos; atrayendo y seduciendo como un divino catequi• zador, zarpando el camino con un esfuerzo mitológico afirmando con el portento de su pluma y la grandiosidad de su oratoria... iSublime pa· radoja martiana: hacer una guerra revolucionaria con amor, inmolación personal, literatura y ciencia política; revolución sin atentados, sin perfidias, sin crímenes; verdadera cruzada cívi· ca y de heroísmo sin tacha.•?

o como el propio Apóstol nos e.xplica en carta a Emilio Núñez del 13 de octubre de 1880: .Hombres como usted y como yo hemos de querer para nuestra tierra una redención radical y solemne; impuesta, si es necesario y si es posible, hoy, mañana y siempre, por la fuerza; pe· ro inspirada en propósitos grandiosos, suficientes a reconstruir el pais que nos preparamos a destruir.•'

y a Máximo Gómez el 20 de julio de 1892 le escribe: .EI aborrecimiento en que tengo las palabras que no van acompañadas de actos, y el miedo de aparecer un agitador vulgar... Ya llegó Cuba, en su actual estado y problemas, al punto de enten· der de nuevo la incapacidad de una polftica conciliadora y la necesidad de una revolución vil)lenta•.'

El Martí de Martínez Estrada queda, pues, como un monumento biográfico a la memoria siempre fecunda del glorioso antilJano que luchó por la independencia de Cuba y Puerto Rico. Refiriéndose a José de la Luz y Caballero -maestro de su maestro Mendive- Martí lo ilumina con una frase pre· clara: "Sembró hombres", dice. BI estudio de Mar· t(nez Estrada permite que veamos al Apóstol como el ejemplo magnífico de un revolucionario auténtico. Nos permite por tanto ver a Martí como "sembrador de hombres" en esa labor literaria que se traza en vida todo revolucionario. Por eso al rendir homenaje hoya Martí, el revolucionario, rendimos homenaje también a todos aquellos hom· bres que él contribuyó a sembrar y que hoy fecundan con su sangre gloriosa las tierras de esa América Nuestra que tanto amó él.

7. Ezequiel Martinez Estrada - Martí: el Iréroe y su revolUCionaria (México: Siglo XXI, (966), pág. 38. 8. ¡bid.• pág. 53. 9. ¡bid., pago 194.

aé~ion

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De la vida cotidiana a través de la prensa puertorriqueña Por

A

TRAV~ DE LA PRENSA

o

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

se puede ver (o entrever) cómo se desenvuelve un país: La situación"y trayectoria de su economía, el ambiente social y político, las costumbres y aspi. raciones de sus habitantes. Si de esta generalidad nos adentramos en la particularidad de sus lectores, sabido es cómo la psicología individual, las tendencias personales, se reflejan por las inclinaciones hacia ciertos periódicos o determinadas secciones de los mismos. Es frecuente en las jovencitas que, tras una rápida ojeada a la parte gráfica, fijen su atención en las crónicas sociales. Las esquelas mortuorias atraen con temor, o cierto "respiro", a las personas de avanzada edad que ven desfilar ante sus ojos la nómina de aquellos que con sus mismos años pa· saron a mejor vida. No faltan los aficionados a los "platos fuertes" de los accidentes y catástrofes internacionales que la prensa destaca con grandes titul:;res. Espíritu observador muestran aquellos que compulsan, con más o menos detenimiento, toda clase de anuncios los que muchas veces reflejan bastantes más cosas de las que se dicen. Los espectáculos, los deportes, crucigramas y otros pasatiempos también tienen sus adeptos. Bajo estos supuestos es interesante la lectura de un periódico puertorriqueño correspondiente a la pasada centuria, aunque sea una publicación oficial como la Gaceta del Gobierno. Ante ella, tomemos el "pulso" a Puerto Rico en el verano de 1849. Los comentarios bélicos del exterior disponían de un escenario más restringido que en la actuali. dad; se concretaban a la Europa Central, donde se desarrollaba la Revolución austriaca, pero, eso sí,

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JUANA

GIL BERMEJO

como hoy día, la nación rusa no era ajena a la contienda. Según las crónicas de la Gaceta, los gobernantes austriacos, pese a sus declaraciones negativas, se concertaban "con la Rusia para reprimir la libertad de Hungría y luego la de la Ale· mania". Tema local y más agradable era el anuncio (l8 de mayo de 1849) del establecimiento del Colegio de Santo Tomás por su director don Tomás Cocco. En dicho anuncio, tras exponer sus experiencias y triunfos pedagógicos en Cuba y Estados Unidos, así como sus criterios docentes, totalmente enemi. gas "del ridículo pedantismo pedagógico y de la obscuridad y confusión", anunciaba las tres ramas de enseñanza -instrucción primaria, secundaria y de adorno- de que disponía el nuevo colegio radicado en el núm. 72 de la calle San Francisco. Merece la pena consignar el cuadro de profesores con que contaba y materias a enseñar por los mismos que eran las siguientes: Don Manuel Sicardó: Matemáticas, arquitectura civil, dibujo lineal y lavado de planos. Don J. M. Sistiaga: Latinidad, cosmografía y poética. Mr. A. Bourgeois: Francés. Mr. Fits Gibbon: Inglés. Don Manuel Andino: Aritmética mercantil y te· neduría de libros, matemáticas, inglés. Don Francisco Oller: Dibujo natural. Don Domingo Delgado: Piano y canto. Don Felipe Gutiérrez: Violín y flauta. La moral cristiana quedaría a cargo de un pia. doso e ilustrado sacerdote designado por el Obispo. No se reflejan sucesos delictivos de tipo violento; las transgresiones de la ley y faltas contra la propiedad ajena se reducían, aunque abundan.


tes, a los daños ocasionados por el ganado suelto. Le seguían en mínima proporción las correcciones impuestas a los que se embriagaban con escándalo y a los aficionados al juego de naipes. En las crónicas sociales, por tratarse de una publicación oficial, destacaba la fiesta dada por el Gobernador, con motivo del cumpleaños del Rey de España. Consistió en un baile de etiqueta que duró desde las nueve de la noche hasta las dos de la madrugada. De gran concurrencia y animación, no por ello se perdió el buen tono y decoro. Los trajes de las señoras competían en vistosidad con los variados uniformes de los caballeros. Con traje de azul·celeste se engalanaba la gobernadora que lució, además, ricas y abundantes joyas consistentes en pulseras y aretes de magníficos brillantes y un collar de tres hileras de perlas. Delicados dulces y helados regalaron con abundancia el paladar de los asistentes. Un ejemplo de la sección de anuncios nos lo ofrece el insertado por la fonda de Tuero, situada en la Plaza Mayor, que exponía una relación de los siguientes artículos que había recibido: Salchichón superior de Boloña; encurtidos; salsas de tomate;

marrasquino legítimo de Zara; vino de Burdeos en botellas grandes y medias; vermut, "licor propio para escitar el apetito". Se advertía que cada botella tenía una· explicación del modo de usarlo. El abogado de los Tribunales del Reino, don José Ramón Vendrell, anunciaba su cambio de residencia del pueblo de la Aguadilla al de Ponce. La Real Lotería, fuente de ilusiones de riqueza, anunciaba el número 100 de su sorteo ordinario y la Sociedad Económica de Amigos del País comunicaba a sus socios que jugaba el billete número 8.255. Las manifestaciones líricas no estaban ausentes con trozos poéticos de Schiller y Goethe, como el que sigue:

El alma del hombre parécese al agua: a los cielos sube, de los cielos baja; y asciende y desciende de nuevo, y se cambia y, alternando siempre, por la tierra pasa.

La tos, el refriado, la bronquitis é infiamacion., curadas oon el peotoral de Anaoahuita. El g'ran Remedio mejican~, que ha sido .quimicamente analizado, y su juicio crítico formulado por el Proto-medicato Ilnperial de Berlin, y endosado unánhnemente COI110 poseyendo la más alta excelencia. Cura toda. afeccion de la garganta, pulmones y pecho, radicalmente'. -te • •.,

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