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Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

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OCTUBRE· DICIEMBRE, 1968

San Juan de Puerto Rico

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DEL INST'ITUTO D-E CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre - Aurelio Tió - Elías López Sobá Arturo Santana - Esteban Padilla Milton Rua

Director Ejecutivo: Ricardo E. Alegría Apartado 4184 AÑO XI

SAN JUAN DE PUERTO RICO 1968 OCTUBRE-DICIEMBRE

Núm,41

SUMARIO El amor patriótico en la lírica popular de Puerto Rico por Marcelino J. Canino Salgado . . . . . San Juan por José Emilio González . . . . . . . .

9

Los motivos por Tomás Blanco . .

10

Recordando a José de Diego por Federico Marés. .

17

Exposición de Samuel Sánchez

24

Vida material: léxico de comidas, dulcería y bebidas por Manuel Alvarez Nazario . . . .

26

Poesía como decir del propio ser por Jorge Luis Morales .

31

El undécimo festlVal de teatro puertorriqueño 1968 por Francisco Arriví

35

José Muñoz Rivera por Cesáreo Rosa-Nieves

46

Una lección de historia: el descubrimiento de Puerto Rico por Juan Carreras . . . . . . . . . . .

51


Miguel Pou por María Teresa Cortés

55

Los protocolos del distrito notarial de San Juan por Carmen Hernández de Caragol .

56

Bibliografía Puertorriqueña - 1967 (Suplemento a la publicada en el número 39) .

65

SEPARATA DE MÚSICA

TRES FANTASIAS PARA PIANO Danza, por H. Campos Parsi

PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUE&A Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal Fotografías de Jorge Diana Aparece trimestralmente Suscripción anual

$2.50

Precio del ejemplar

$0.75

[Application for second class mail privilege pending at

San Juan, P. R.]

DEPóSITO LEGAL: B.

3343 - 1959

IMPRESO EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE MANUEL PAREJA BARCELONA - PRINTED IN SPAIN - IMPRESO EN ESPAÑA


MARíA TERESA CORTÉS. Nació en Manatí. Pianista y profesora de música. Obtuvo su diploma de profesor de solfeo, teoría y piano en la Escola Vidiella, de Barcelona, España. Mantuvo su estudio para la enseñanza del piano hasta 1961, cuando se retiró por razones de salud. Fue uno de los fundadores de Pro Arte Musical. Como presidenta de la Sección de Bellas Artes del Ateneo Puertorriqueño, propició la creación de "Acción Musical". Ha dictado conferencias y ha ofrecido recitales tanto en Puerto Rico como en el exterior.

CARMEN HERNÁNDEZ DE CARAGOL. Obtuvo dos bachilleratos en la Universidad de Puerto Rico: en Artes y en Educación. Obtuvo su maestría en historia en la Universidad de Fordham, en Nueva York, en 1943. En la Universidad de Puerto Rico cursó otra maestría en administración pública. Realizó estudios para su doctorado en historia en la Universidad Central de Madrid, y actualmente prepara su tesis. En el Archivo General de Puerto Rico se desempeñó como investigadora histórica. En la actualidad enseña en la Universidad Católica de Puerto Rico, en Ponce.


FRANCISCO ARRl\Í. Nace en San Juan. Dramaturgo, poeta, ensayista, director de escena y luminotécnico. Se recibió de Bachiller en Artes en la Universidad de Puerto Rico. Becado por In Fundación Rockefeller, estudió radio y teatro en la Universidad de Columbia. Fundó la sociedad dramática Tinglado Puertorriqueño. Es autor de las piezas de teatro: El diablo se humaniza, Alumbramiellto, Ataría Soledad, Caso del muerto en vida, Club de Solteros, Bolero y plena, Vejigantes, Sirena y Coctel de Don Nadie. En poesía: Isla y nada, Frontera, Ciclo de la ausente, Escultor de la sombra. Ensayos: Entrada por las raíces, Areyto Mayor, Conciencia puertorriqueiia del teatr'o puer/orriqueiio. Dirige el programa de teatro dd Instituto de Cultura Puertorriqueña.

CESÁREO ROSA-NIEVES. Nace en Cayey. En el año 1944 se recibió de doctor en Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de México. Poeta, ensayista, dramaturgo y crítico literario. ha publicado numerosos poemarios y proyectado en su producción teatral temas de la historia y el folklore puertorriqueños. Entre sus obras figuran: La poesía en Puerto Rico, La lámpara del faro, Tierra y lamento, Siete caminos en luna de sueños, Historia panorámica de la literatura puertorriqueña y un Agui-. naIdo lírico de la poesía puertorriqueña. en tres tomos. Ultimamente ha publicado obras de poesía ihfantil y novelas. Hasta hace poco fue profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico.

JUAN CARRERAS. Maestro, líder obrero y servidor público. Se dedicó a la instrucción pública de 1913 a 1926. Fue Subtesorero, y luego Tesorero interino de Puerto Rico de 1931 a 1940. De 1940 a 1945 fue Tesorero del Gobierno de la Capital. Fue tesorero, vicepresidente y luego presidente interino del Partido Socialista Puertorriqueño, de. 1931 a 1940. Ha pertenecido a la junta de directores de la Asociación de Maestros de Puerto Rico. Autor de: No haga eso, señorita, Escuelas para el hombre olvidado, Fascismo y democracia y Santiago Iglesias Pantín - Vida y obra.


MARCELlNO CANINO. Profesor de la Universidad de Puerto Rico, en la Facultad de Estudios Generales, donde enseña lengua y literatura. Crítico y folklorista. Es autor de la monografía: La copla y el romance populares en la tradición oral de Puerto Rico, contribución al estudio del folklore de la Isla, publicada en 1968 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Es éste el primer libro específico sobre este tema en Puerto Rico. Para este estudio, recogió material directamente de la tradición oral en 34 localidades y pueblos. Próximamente se publicará su nuevo estudio sobre La canción de cuna.

JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ. Nace en Gurabo. Estudió filosofía y ciencias sociales en las universidades de Puerto Rico, Chicago, Columbia y California. En la de Boston se recibió de maestro en Artes con la disertación: Bastos como filósofo. Hizo su doctorado en la Universidad de París, donde sometió una tesis sobre la poesía puertorriqueña ·contemporánea. Ha publicado los poemarios: Profecía de Puerto Rico (1954); Cántico mortal a Julia de Burgos (1956); Parábola del canto (1960) y los trabajos de crítica: Los poetas puertorriqueños en la década del Treinta (1960) y Josefina Romo Arregui en el arte de su palabra (1961).

TOMÁS BLANco. Ensayista, crítico, novelista e historiador, nace en San Juan. Cursó estudios d~ medicina. Ha colaborado en revistas del país y del extranjero, y es autor de las siguientes obras: Prontuario histórico de Puerto Rico, El prejuicio racial en Puerto Rico, Sobre Palés Matos, Los vates, La Dragontea, Los aguinaldos del Infante, Los cinco sentidos y Miserere. El Instituto de Cultura Puertorriqueña incorporó recientemente una nueva edición de Los cinco sentidos a su Biblioteca Popular. El Ateneo Puertorriqueño publicó su poemario: Letras para música.


FEDERICO MARés. Escultor, crítico de arte y coleccionista español. En 19.+6 donó a

la ciudad de Barcelona el museo que lleva su nombre, y que se considera un museo nacional de escultura en España. Es autor del monumento a Ruiz Belvis en Puerto Rico. l\larés conoció a José de Diego en Barcelona, donde su padre tenía una librería, y conserva la correspondencia cruzada entre su padre y el poeta y patricio puertorriqueño. Fruto de esta relación es la conferencia" El De Diego que yo Conocí", que dictara en el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

MANUEL ALVAREZ NAZARIO. Nace en Aibonito. Maestro en Artes por la Universidad de Puerto Rico, se recibe en 1954 de doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Desde 1949 profesa una cátedra de lenglJa española en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Mayagüez, de cuyo Departamento de Español fue director. Dedicado a los estudios lingüísticos, ha publicado las obras El arcaísmo vulgar en Puerto Rico (su tesis doctoral) y El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico (1961), libro premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña y publicado por el Instituto de Cultura.

JORGE LUIS MORALES. Nace en Ciales en el año 1930. Obtuvo su Bachillerato en Artes, con especializaCión en humanidades, en la Universidad de Puerto Rico. En la Universidad Central de Madrid se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis titulada: El concepto de la literatura española en el humanista mexicano Alfonso Reyes. Representó a Puerto Rico en el Encuentro de Poetas celebrado con motivo de las Olimpíadas. Está adscrito a la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico. Entre sus obras figuran: Metal y piedra, Mirada en el olvido, Inspiración del viaje, Decir del pro, pio ser, La ventana y yo, Jornada precisa, Discurso a los pájaros y Antología poética.


TRES FANTASIAS PARA PIANO danza de

Héctor Campos Parsi

INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUE~A San Juan de Puerto Rico 1969


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Tres ·¡fantasias 'para piano 1. Sobre la danza H. CAjl<¡POS PARSI

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El amor patriótico en la lírica popular de Puerto Rico Por

El amor patriótico y su devenir político MUCHAS SON LAS COMI'OSICIONCS ANÓNIMAS TRADI~

- cionales que canta el pueblo donde se expresa el amor al terruño borincano. Sorprende el hecho de que en estos cantares siempre se alude a nuestra Isla como "paraíso terrenal", "hennoso vergel", "jardín del edén", o como "perla de las antillas" o del "Caribe". En es· tos cantares se elogia con fruición al paisaje: valles, montañas, verdor de la campiña, flores, palmeras y playas. Toda una gama de bellezas naturales con· . trastada siempre con el variable azul del mar y del cielo. Hermosos elementos que agrupados artística· mente por nuestros trovadores, nos ofrecen una sinfonía poética inigualable. El tono de estos deliciosos cantares encajaría perfectamente en el llamado Beatus IIle. Ya que, quietud y vehemencia se aúnan para expresar poé. ticamente el sentimiento de amor al terruño, resultante casi siempre de una reposada contempla. ción a nuestro paisaje:

MARCELINO

J.

CANINO SALGADO

sus diamantes brilladores, los vívidos resplandores que pueblan la inmensidad encantan mi soledad, Borinquen, nido de flores. El céfiro, ese viajero que pasa por tu jardín, se entretiene en tu confin jugueteando placentero,' un ruiseñor y un jilguero en el naranjo florido dan dulce halago al oído, y son tus hijos tan bellos que su corona son ellos, de ninfas e in~ianos nidos.

Borinquen, nido de flores de ninfas e indianos nidos, sobre tus mares dormidos bello edén de mis amores.

Mar afuera en lontananza se divisa el marinero, como brillante lucero en la plácida bonanza,' pero si bajel alcanza más cerca su edén florido con entusiasmo atrevido te contempla enamorado, como un brillante pintado sobre tus mares dormidos.

Tú eres límpido destello del sol que llena el espacio inmenso y vivo topacio de guirnalda, alcázar bello; virgen que lleva en el cuello

El creador se inspiró, Puerto Rico, ,en tu belleza, pero la naturaleza de esmeralda te vistió; el ambiente perfumó 1


y dio a tus cíelo's colores, de tus campos seductores que puebla la inmensidad, y cantan mi soledad bello edén de mis amores.z Las imágenes que aluden a Puerto Rico como un nido para las aves de dulce trinar, como puerto para los navegantes, como motivo de inspiración para los poetas y como un bello jardín de flores, es cosa tradicional y frecuente entre nuestros "cantaores". Veamos una copla de glosa que se refiere al efecto:

Nido de los ruiseñores, foro de los navegantes, idilio de los cantantes, hermoso jardín de flores. (Gen. trad. oral, Norte de P. R.2) En el barrio Quebrada de Barceloneta, recogimos un pie de glosa en décima que ilustra muy bien lo que hemos venido señalando en relación a la popularidad de las imágenes arriba mencionadas:

Puerto Rico es un vergel donde hay bonitas flores que con sus ricos olores perfuman su amanecer; con dulzura y con placer dan alegría al viajero que con sus cantos sinceros se dirigen a los campos llenos de amor y de encanto gritan: Borinquen, te quiero.

dibujada una sonrisa y su mirada indecisa acá y allá se fijaba mientras al éter lanzaba el blando son de la brisa. y se vio que recogía el perfume de una rosa, una nota candenciosa de la celeste armonía, gran cantidad de alegría, un gran pedazo de sol, y en un inmenso crisol estos primores juntando formó a Borinquen flotando entre nubes de arrebol.4

(Pies de décimas, trad. oral, Lares, P. R.) Ese mismo sentimiento patriótico que hace gus· tar al pueblo de Jos cantares donde se elogia al paisaje nuestro, es el que guia y determina también las actitudes del pueblo y sus trovadores ante las situaciones precarias y de grandes crisis. Por eso se han conservado en la tradición oral de Puerto Rico, y aún se siguen repitiendo, aque·· Uos cantares que evocan las defensas heroicas logradas por nuestros valientes hombres en el pasado. Después del primer ataque inglés a Puerto Rico, en noviembre de 1595, se cantaba esta copla aún re· cordada entre nosotros:

En el Puente Martín Peña mataron a Pepe Díaz el soldado más valiente que el Rey de España tenía.s

(Pie de décima, trad. oral, Bo. Quebrada, Barceloneta. P. R.l) Para el trovador puertorriqueño. Borinquen es una isla de belleza inusitada. e.xclusiva. y cuando quiere explicar el origen de este privilegiado edén, recurre este a la invención de un poético mito. Nuestra Isla es la heredera de la alegría de Dios:

Cuando Dios se entretenía en formar este planeta, dicen que en su mente inquieta 1m pensamiento bullía. En su rostro se veía 1. La décima parece muy Vlela, en 1914 la recogió r. Alden Mason. 01' c:lt., núm. 25. p. lI5·] 16. Todavla es ·recordad.a y can· lada por los Irovadores de Puerlo Rico. Reñérasc a la bibllografla ñnal para el título de las obras citadas. 2. También fue recogida en San Juan. P. R., por lvcllc de Lourdu Jlménez, 01'. cit., p. 386. ]. Nos la caRló don Esteban Caballeto Pli\eiro de 49 ai\os de edad.

2

(Gen. trad. oral, P. R.) Asimismo cantaban aludiendo al derrotado Sir Francis Drake:

Los Drakes ya no se atreven a Puerto Rico llegar, pues le dimos la paliza que los hundiera en el mar.6 ([bid.) y esta otra:

¿De qué te vale al inglés el formar tanta trinchera, 4. La recoge y publica por primera vez ménez. Op. cit., p. 381·]84. Nosotros hemos cla aún en 1969, en el Centro y Norte de la 5. Es muy conocida en la. costa norte dc 6. MarIa Cadllla, Op. cit., p: 156.

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si sabe que Puerto RicQ tiene lanCltas cajioneras? 7 (/bid.) Más tarde, cuando el pueblo comienza a sentir· se oprimido ante las injusticias del régimen español, el sentimiento de solidaridad con los gobernantes representantes de la Metrópoli, comienza a debilitarse paulatinamente. Los trovadores auscultan el sentimiento del pue· blo y se convierten en eco de la colectividad. Así sucedió, por ejemplo, cuando en julio de 1849, el gobernador de la Isla, don Juan de la Pezuela y Cevallas, prohibió las carreras de caballos en las fiestas de San Juan y San Pedro; las que divertían sobremanera al vecindario de la capital. El pueblo para vengarse del gobernante, mandó a componer unas décimas que se divulgaron inmediatamente por toda la Isla. Los cantares, con una abierta sá· tira y en son de burla d,ecían así:

El nuevo Gobernador, por moral... y otros bizcochos... Ita prohibido las carreras... ¡Hombre, prohíbalo todo! Don Juanito, Don Juanito, de Ayacucho mal despojo & ¿a qué viene CO'l reformas de soldadito. de plomo? ¡Lárgate para los Andes, sacristán de tomo y lomo! ¡A beber chiclta o guarapo y a atracarte de mondongo! ¡Tú tienes tu cumarracha hecha de claveles rojos! ¡Y las visitas de noche en la casa de Ma'Goyo! Orgulloso militare, Izas metío el pie en un hoyo combatiendo las costumbres de este pueblo de criollos. 9 \

Igualmente, para conseguir una descentralización administrativa de España en la Isla, los criollos puertorriqueños, casi en su totalidad, aunaron sus fuerzas y, en marzo de 1887, organizaron el Partido Autonomista Puertorriqueño. Ante el hecho, el gobernador de la Isla, don Romualdo Palacios, reaccionó violentamente. Inició entonces un período de terror con el establecimiento de los "com· pontes", sometiendo con ellos a !os castigos más 7. ¡bid. El Ilobemador Pezuela fue trasladado a la Isla después de la Batalla de Ayac:ucho. 9. ColI y Toste. Tradiciones y leyendas puertorriqueñas, T. 11,

a.

1'. 142.

inusitados :i los simpatizantes y miembros del par·, tido citado. En el pueblo la ya incubada actitud negativa hacia los gobernantes españoles comienza a mani· festarse. Se desata, pues, el resentimiento en inten· tos emancipadores, y el más importante de ellos fue el Grito de Lares en 1868. Al terminar el siglo -dice Tomás Blan· ca- los habitantes de Puerto Rico, casi totalmente agrupados bajo el ideal autonomis· ta, pudieron lograr conciencia de pueblo, de unidad social, por la existencia de problemas locales. propios, por la indepep.<iencia admi· nistrativa y la libre orientación económica para resolver esos problemas que nos otorgaba el acta orgánica del '97, por la personali. dad internacional que en asuntos comerciales la Metrópoli nos reconoció al fin; pero, sobre todo, por la parcial fusión de nuestros entronques étnicos y la total conv.ivencia de sus ra~as; por la calidad de nuestros mejores hombres representativos, valor propios y al mismo tiempo extrafronterizos,lo Por fin, la Madre Patria fue justa con Puerto Rico. Pero cuando éste "se disponía a emprender una nueva etapa de madurez, en armonía con su pasado, sufrió la violencia de un cambio desqui. ciador". El 25 de julio de 1898 tuvo lugar la invasión norteamericana. Llegaron los norteamericanos con protestas y promesas de justicia y libertad para el pueblo oprimido. El general en jefe de la invasión, Nelson A. Miles, decía al pueblo de Puerto Rico: Venimos por la causa de la libertad, la justicia y la humanidad.... a promover vuestra prosperidad... , a dar a todos las ventajas y bendiciones de la civilización i1ustrada,1I Muchos fueron los puertorriqueños que se sin· tieron optimistas y esperanzados. No ocultaron sus alegrías y simpatías ante el poder de los Estados Unidos, como pesimistas se habían sentido ante España. . Surgen las discrepancias de criterios. se avivan los viejos resentimientos y, ante el hecho, la desorientación general se incrementa. "La mayoría de las clases populares, el campesino, el jornalero, el artesano, ignorante de la trascendencia del mamen· to, no hace -no está en condiciones de hacer más- sino reflejar la confusión de los estratos superiores," 12 lO. Tomás Blanco, Prontuario histórico de Puerto Rico, 1'. 9H·99. 11. Citado por Tomás Blanco, Op. rit., p. 112·113, 12. Ibid., 1'. 113,

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Los trovadores populares de la época dan fe en sus cantares de la admiración ingenua y esperanzadora en el nuevo vencedor:

El universo te admira. país de la libertad; en una era de paz te levantas dando vida, sembrando la siempreviva en sepulcral panteón, do la tiranía se hundió para siempre, pueblo invicto, tomando de Jesucristo la libertad, nuevo sol.u

(Glosa y pie, Masan)

(Pie de décima, Mason) Veamos otro cantar al estilo del anterior:

Hoy ya otro sol nos alumbra con poético destello. Veo mi cielo más bello y el despotismo en la tumba. Oigo la brisa que zumba; libres seremos al cabo. Si sufrimos demasiado como parias cruel castigo, llOY no se sufre lo mismo, lejos del ltogar preciado. u

Por otro lado no "faltaron numerosos puerto· rriqueños que no se solidarizaron nunca con el in· vasor".16 y los muchos que estaban esperanzados con las promesas de libertad del nuevo gobierno, comenzaron a desencantarse ante la falsedad del ofrecimiento y la dura realidad de ver cómo se implantaba una nueva colonia con raíces mucho más devastadoras que las de la vieja tiranía. El desengaño ante una realidad que no concordaba con las aspiraciones de un pueblo ilusionado con el bien y la libertad, motivó cantares de lamento entre nuestros trovadores populares:

Bajo tus verdes palmeras, cuántos suspiros lancé Borinquell, cuánto lloré por libertar a mi tierra.

([bid.) Sólo el anhelo desorbitado de libertad de los puertorriqueños y las seductoras palabras del ge· neral Miles pueden explicar las loas que hemos ca· ' piado arriba. A pesar de las esperanzadoras palabras de Miles y de las ingenuas loas de un sector de la población, reinaba, por otro lado, la desconfianza. La ingenuidad del pueblo "algo templada por el impreciso recelo que todo lo extranjero o extraño tiende a despertar entre simples buenas gentes, se tradujo en titubeos, mezcla de curiosidad y timidez, de pa· sividad y novelería". Un cantar de la época constata el recelo y la timidez que reinó entonces:

Los yanquis vie~ten por ai, agora ¿qué nos jacemos? Como no los conocemos nos pueden atropellai Escucha los tirolazos muchacho, busca la cota, que pué vení una pelota 13. Recogida en 1914 por J. Alden Masan, Op. cit., núm. 104. p. 35'. 14. ¡bid., núm. 104. p. 355·357.

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y romperte el espinaso. Anda, y corre por el vaso que 'te encargo la comai, yo me queo comprando, ¡ay, mai! pa' no volver más al pueblo; escucha lo que andall diciendo "los yanqtli~ vienen por ai",15

Como en quimérico suerio libertad te concebía, y oculta voz me decía sigue, sigue en' tus empeiios. Libre será el borinqueño me decía el ave parlera, y su hermosa cantinela sólo yo la comprendía, y un consuelo recibía bajo tus verdes palmeras. Hubo veces que creí la libertad imposible, y entonces martirio horrible se apoderaba de mí. ¡Qué triste es vivir así con férrea cadena al pie, y ver ceñido el laurel en la frente del tirano! Pálida la, de mi hermano cuántos suspiros lancé. Calumniados y ofuscada España no comprendía que si algo noble aquí llabía eran los que cara a cara lS. J. Alden M:lson, Op. 'u .. núm. 128, p. 368. 16. Tomás BI:lnco, Op. cit., p. 113.


" a BorillqllClI arroja rOll, izojas de l/n árbol caído.

sus defectos cellsuraban; sin pactos COII illterés de la luz y la luz brilló después por las armas de la ullión. ¿Y hoy? ¿trillnfa la m:'óll? Borinqucn, cuánto lloré. Aquel que libre Ila nacido no estorba la libertad ¿Por qué Ila de escatimar América lo ofrecido? Ese pueblo que fue llllgido el más libre de la esferfl ¿ha de amortiguar la ltoguera en que vivimos Ilermanos? Dadnos con pródiga mano la libertad de mi tierra. (Glosa, trad. oral, P. p.'7) A raíz de la invasión, el nuevo gobierno no perdió tiempo para establecer abruptamente sus instituciones civiles y someter a los habitantes dc la Isla, de inmediato, sin respeto a sus tradiciones y cuitura, a un sistema de vida extraño c inadecuado a la esencia del espíritu puertorriqueño. u Aumenta entonces la desorientación y el trauma psicológico se agudiza aún más. El propósito transcu1turador es evidente. La noble voz "juiciosa y documentada" de don Eugenio María de Rostos nos advierte y alarma, "para precavernos del riesgo inminente que corría nuestra personalidad de pueblo".19 Muchos cantares populares de la época reflcjan el enconado resentimiento, y despechan contra el invasor. La hermosura de la patria se opaca antc las nuevas injusticias y una amarga melancolía sa~ tura el sentir colectivo de un pueblo reducido y apocado: Hojas del árbol caídas juguetes del viento 5011,' las ilusiones perdidas son hojas, ¡ay!, desprendidas del árbol del corazólI. Patria, tus Ilijos recuerdan de tu perdurable historia y de tus largas memorias creo que jamás se acuerdan; en épocas que hoy concuerdan extrañas razas unidas en tu seno bendecidas tus jardines marchitaron

Aver eras paraíso p~rfulllado COIl las flores, COIl encantos arrebatadores de la vida dulce hechizo, que allá la natura quíso ilulIlinar de inspiración y formar en tu corazón nobles caciques por reyes,' lzoy con diferentes leyes juguetes del viento son. (Pies de glosa, Mason20 .)

y como el pueblo no puede regresar al tiem· po histórico, donde la vida era menos dolorosa espiritualmente, la añoranza por el pasado aflora valorando positivamente 10 que detestó en el pasado: Cuando el gobierno español todo lo que llabía era bueno corría más el dinero v se vivia mejor. el gobierno de hoy están más escasas las cosas; el hombre apacible goza aunque todo le es más caro, por no sembrar en su prado nardos" claveles y rosas. 2I

En

(Pie de glosa, trad. oral, Manatí, P. R.) Continúa la expectación y se mantiene la confusión en el pueblo, éste al fin, no sabe a qué atenerse, el escepticismQ se apodera de todos y, vuclan las coplas sat,íricas: Ya llegó el americano y se ha ido el espajiol, 110 se sabe todavía cual nos gobierna peor.u El pueblo resiente cl acaparamiento de ticrras en manos del extranjero invasor: Cuando el español reinaba se llevaba todo el oro, éstos se llevan la tierra . tesoro. 2J porque ya. no 1lay mas -~

17. 18. 19.

J.

Ald~n

Masan, Op. cit., nlim. lOS, p. Tomas Blanco. Op. dt., p. 115.139. Ibid., p. 118

20. 21. 22. 23.

,. Aldcn Maron. Op. cit., nlim. 42. p. J2~. de Lourd IImt!nez, Op. ~il •• p. 365. Monla Cadill~. Op. cit .• p. 156-157. Ibtd.

IV~lle

s


Lanzo al cielo mi oraClOn en pro de tu augusta suerte, primero venga la muerte de no ver tu redención, con todo mi corazón !zago esta humilde plegaria con franqueza temeraria que por los espacios vibr~,' ¡Yo, Patria, quiero ver libre tu alba Estrella solitaria!

Así también es' obvia la explotación de nues· tras pocos recursos por el nuevo gobierno; crece y se estimula por medio de éste la xenofilia, la que sirve como instrumento al invasor para desarrollar en el pueblo el sentimiento de dependencia e insuficiencia. Pero la voz de protesta se deja oír en enérgicos cantares:

Borinquen, patria querida ~ cómo te están acabando y cómo te están quitando los muchos días de tu vida. Tus playas entristecidas lloran tu despoblación; en qué triste situación dejas tus pobres hermanos, sin esperanzas ninguna Borinquen te estás quedando. Borinquen no es borincano, se divide y se comparte porque la~ tres cuartas partes las tomó el americano.

. (Pie de décima, Guánica, P. R.2S) Asimismo una "plena" puertorriqueña admira la belleza de nuestro emblema patrio, símbolo de la independencia:

¡Qué bonita bandera! ¡Qué bonita bandera, qué bonita bandera es la, bandera puertorriqueña! Azul, blanca y colorada y en el medio tiene una estrella; qué bonita, señores, es la bandera puertorriqueña.

Aquí el pobre ciudadano ha perdido su valor,' él que fue libertador y fue a la guerra a pelear por defender a su tierra ahora vive de favor.

Todo buen puertorriqueño es bueno que la defienda; qué bonita, seño~es, es la bandera puertorriqueña.

Ya se acabó tu tesoro, y los hombres que valieron !lasta la vida perdieron por defender tu decoro. Han venido a tus hermanos, y el extranjero gozando de tu grandiosa fortuna, sin esperanzas ninguna Borinquen te estás quedando. Aquí viene el italiano el alemán y el francés el ruso y el japonés y viven del borincano,' y llega el americano poniendo su instalación, le pides colocación y Izasta la espalda te viran, esto parece mentira llegar a esta situación.24 (Trad. oral, Lares, P. R.) El deseo por la libertad real y absoluta ca· mienza a exteriorizarse ante los atropellos a la nueva colonia: 24. Dictada por CleoCe Card~. de 70 años. aproximadamente. en el .barrlo Espino de Lares, P. R.

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Coro: ¡Qué bonita, señores, es,

qué bonita es ella, .qué bonita, señores, es la bandera puertorriqueña! En la actualidad la opinión pública del país está angustiosamente dividida entre independentistas, anexionistas pro norteamericanos y los par· tidarios del autonomismo que no rechaza la in· tervención de los Estados Unidos en nuestra vida política y social. No obstante -como bien ha dicho Ivette de Lourdes Jiménez en su estudio- y .. a pe~ar de las cifras y estadísticas de la política de nivel adminiStrativo que nos rige",~ la intrahistoria desde donde se templa el sentir lírico, revela un senti. miento separatista "radicalmente innegable. Por otro lado, el sentimiento anexionista no tiene, hasta la fecha, una. total representación en nuestro Call2S. p. 368. riantes 1912. , 26.

Fue reco¡lda por Ivelle de LOlll'des Jlmo!nez en su Op. cil .. Hemos podido constatar su actual vlgencJa con algunas vaen el léxico. Según la sel\ora Jlm~nez. la décima data del • . lvelte de Lourdes Jlménez. Op. dI .. p. 367.


dOllero lírico puertorriqueño.27 Si bien es cierto que esporádicamente aparecen cantares que expresan el punto de vista del "liberalismo" puertorriqueño, no faltan cantares donde se condenan las posiciones ambivalentes y se clama por la independencia. Pretendiendo sostener el" ideal del justo medio, dice un cantar recogido en Puerto Rico: No es mala la indepc.ndencia ni el estado lo es tampoco, pero hay que ir poco a poco con cautela y con prudencia. El ceder a la impaciencia trae malos resultados... pierde lo que hubo ganado quien no ha sabido esperar,' "No por mucho madrugar amanece más temprano." (Pie de décima, trad. oral, Mayagüez, P. R.) Para el pueblo puertorriqueño -tal y como se desprende de sus cantares- el ideal de estadidad es imposible, pues sería como forzar la naturaleza misma de las cosas:

Cuando el mime sea león y el alcatraz sea tormenta, y el número dos cuarenta

y el centavo sea vellón, y la hormiga sea dragón y lo seco sea humedád o cuando en la obscuridad un ciego lea de corrido, es que a mi suelo querido le darán la estadidad.u (Pie de décima, trad. oral, Vieques, P. R.) Es evidente que sólo con la pérdida de la identidad de nuestro ser, podrían llevarnos a ser otra cosa a 10 que por naturaleza somos. Así también, el choque cultural está represen· .tado en nuestro Cancionero, y siempre se está" de· fendiendo por encima del snob, el patrimonio cultural tradicional legado por nuestros abuelos. Y esperanzados en la común latinidad anhela nuestro pueblo el día de la victoria: 27. Nos rderimos ~ c~n1~res que Se hayan tr~dicionalizado totalmente. La sei\oról Jiménet sólo pudo encontrar dos décimas que alud(~n al Ideal ~nexionisla: vid., Op. cit.. p. 370. 28. IVelle de Lourdcs Jiménet. Op. di .. p. 371.

Americanos serán los niños que ustedes tengan que comprendan las maneras y las formas de ellos hablar. Nosotros por lo regular jamás, nunca lo seremos. Sajones se llaman ellos, nosotros somos latinos y llegará el día para unirnos, ¡humüde puertorriqueño!29 (Pie de glosa, trad. oral, ,Río Piedras, P. R.) El conflicto lingüístico tiene eco en los cantares del pueblo, donde la lengua española aparece como lo cotidiano, lo natural, como el preferido vehículo de comunkación:

Abrumador era el llanto de aquellas pobres ancianas que llamaban a sus hijas y en inglés le contestaban. -"Quiero me hables español que no soy americana". Esto es cosa cotidiana y de moda está el inglés. Ya muy pronto llorarán esas de "American, yes'~.'" (Trad. oral, Aguadilla, P, R.) y si nadie alcanza a comprender el por qué de la reiteración de estos cantares por nuestros trovadores, no importa, en la mente de éstos está bien claro:

Aunque al mundo no le cuadre yo tengo clara la idea no hay cosa alguna que sea como la patria y la madre. Aunque el dolor las taladre siguen en su abnegación ambas en su corazón te aguardan a todas horas, tus mejores protectoras la patria y la madre son.JI (Pie de glosa, trad. oral, Caguas, P. R.) 29. ¡bid., p. 368·)6!'. 3D. ¡bid., p. 378·)79, trac unól versión similar a la nuestra. 3l. Ivcllc de Lourdc5 J Im~nn. Op. cít" p. 382. recoge una en cl mismo lugar. pero en el segundo vs. de la dl!clma, trae la variante: "de mI ha nacido I est~ Idca",

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BIBLIOGRAFIA Prontuario histórico de Puerto Rico, 4" ed., San Juan, Dpto. de Instrucción Pública de P. R. (sin fecha), 153 p. CADILLA DE MARTtNEZ, MARiA: La poesía popular en Puer· to Rico, Madrid, 1933, Ed. Cuenca, 336 p. CANINO SALGADO. MARCELINO J.: La copla y el romance populares en la tradición oral de Puerto Rico, San Juan, l. C. P. R., 1968, 176 p. BLANCO, TOM,{s:

Mujer de Baree/oneta. grabado por Lorenzo Homar

s

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y una ventana se abre como una carcajada . súbita, en el silencio de una desierta sala.

de la bahía en llamas, San Juan, frente de piedra, en bronce se agiganta. '

Plaza de San José. Con tienda de campaña de la iglesia, tan blanca que se parece a un alma.

Bajo las palmas, viva ciudad arrodillada, refleja entre las sombras su escultura calcárea.

Calles de Sol y Luna, las vías planetarias del amor, como dos pupilas enlazadas.

San Juan, punta de lanza clavada en las espaldas del mar, por esta isla de olas asediada.

y el viejo Cementerio junto a la arena ávida con tumbas como naves hacia lo eterno viaja.

Su anillo de pelícanos todas las tardes danza frente al rigor geométrico de inflexibles murallas.

En La Perla hay un niño con la voz tan delgada que no puede subir adonde el pan se alcanza.

El Morro melancólico pesca con su mirada la musical diadema que desatan las aguas.

Su rostro de adoquines San Juan brilla en el alba. Con paño de lagunas 'se seca la esperanza.

Por las calles se escucha pasear oscuras ráfagas con crujido de antiguas escobas solitarias.

Allá en las torres sufre princesa encarcelada. Sólo se ve una estrella velando en su ventana.

JUNTO AL CRISTAL ARDIENTE

24 de noviembre de 1968 Río Piedras, Puerto Rico 9


Cuento rigurosamente falso *

Los Por

1 EL JIBARO QUE VIVE CASI A LA INTEMPERIE EN LA

altura del interior de mi antilla posee la in· consciente voluptuosidad del rodeo. Cuando le entran ganas de tomarse unos tragos de ron gusta de buscar primero un pretexto cualquiera. -¡Hay motivo! -dice entonces al compadre y explica a la comadre. . -¡Hay motivo!' -repite complacido, con frase ceremonial, entre paladeos y relamidas. No es siempre fácil dar con un buen "motivo". No siempre hay muchachitos que "bautismar", ni santo que celebrar, ni "licenciado" forastero que agasajar. Y el buen jíbaro apela a sutilezas para elevar a la categoría de "motivo" las cosas más triviales. Socorridos recursos son el relente húmedo de la noche, el fresco de la madrugada, el chubasco del mediodía. Todo, en fin, lo que su· giere frío..Pero el exceso de calor es también "motivo" aprovechable. Si la naturaleza -niega ocasión, basta con haber oído una décima bien trovada; o, simplemente, con que coincidan dos o más buenos amigos en una misma pulpería, en un mismo ventorrillo. En casos tales, la plausibilidad del "motivo" surge de la nada en virtud de unas cuan· tas frases llenas de enrevesada insinuación y de retóricas aldeanas. Hay jíbaros verdaderamente duchos en el ·feliz acierto con que inventan "motivos". Pero dudo que el más experto pueda aspirar a compararse con el poeta Xavier Algara, en sus buenos tiempos. Cuando la ocasión le brindaba asunto, Algara era un artífice; y, en no habiéndola, se convertía en prestidigitador que colmaba de "motivos" s0rPren•

Traducido del libro

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TOMÁS BLANCO

dentes cualquier vacío cuarto de hora. Del magín le afloraban a los labios como burbujas de ingenio; y él les iba dando suelta cual si echara mariposas a volar. Las botellas se descorchaban solas al verle aparecer. (Antes de pasar adelante con mi historia, quiero advertir que este cuento quizás no tenga otro in· terés que el de no serlo. Se trata de un sucedido en el cual figuré como uno de los protagonistas. Por parecerme caso inusitado 10 he creído digno de narrarse. Pero la más elemental discreción me obliga a cubrir Jos nombres propios con otros fingidos; empezando por el mío, que disfrazaré bajo el anagrama de Mateo Bouclá. Excusado es, pues, decir que el poeta de carne y hueso a quien me he referido, no se llama Algara en la vida real.)

II

Como soy uno de 105 personajes principales del relato, permítaseme, ante todo, que me presente. Soy alto, rubio, huesudo, delgaducho y bastante cabezón. Tengo los ojos azules, las manos largas, y los pies algo pequeños para mi estatura. Nací en la capital de Puerto Rico; hijo único de una fami· lia acomodada. Circunstancias que no vienen a cuento me empujaron a seguir la carrera de mé· dico. Desde mi niñez he sentido afición por las le. tras, espefi:ialmente por la poesía. Pero a pesar de ello, jamás he contado con las indispensables apti. tudes creadoras que permiten seguir esa vocación como medio de ganarse la vida. Recuerdo que de muchacho, cuando alguna novia me ponía en el aprieto de pedirme que le escribiera unas líneas en su álbum de autógrafos. tenía que acudir a Gabriel Ponce o a Fillín Soltero para que me sa 6


caran del compromiso; las galanterías que ellos me "dictaban yo prohijaba y firmaba como propias. Carezco/en absoluto dc la facultad de fantasear libremente. Por eso me hubiera sido imposible escribir esta narración, de no tencr como basc verídica unos acontecimientos que me han impresionado y a cuya realidad me ajusto. Sintiendo gran admiración por la literatura, y no siendo envidioso, es natural que contase siempre con un buen número de amigos entre pactas y escritores, tanto profesionales como aficionados. Entre todos ellos, nadie supo captarse mejor mi aprecio y mi cariño que Xavier Algara. Reconozco que hay en mi ticrra más de tres poetas superiores, en la totalidad de la obra, a Xavier; pero considero algunos de sus poemas como muestras magistrales de su facundia y brillantez; verdaderas gemas únicas de nuestra literatura local. Le conocí cuando estaba yo todavía de interno en la Clínica Marisol, apenas recién llegado de Europa con mi flamante título de médico. Fue el pobre Jaime Duarza (q. e. p. d.) quien me presentó. -¿No sabes quién es el vate Algara? -me pre· guntó-. Pues allí lo tienes. ¡Eh! ¡Xavier! Quiero presentarte al doctor Bouc1á, de Vieques ... Simpatizamos enseguida, y pronto fuimos in· separables. Juntos salíamos a la caza del flirt, al teatro, o, sencillamente, de paseo. Le agradaban las largas caminatas y cultivaba la conversación con raro gusto. Enfrascados en grandes discusiones, nos amanecíamos a veces por las calles altas de San Juan, menudeando las entradas y salidas en friquitines y "pocitos dulces". Cuando yo estaba de guardia y no podía salir, venía él a la clínica y charlábamos por horas enteras. Sus temas predilectos eran los misterios de la metapsíquica y la lírica contemporánea. Había leí· do mucho sobre ambas cosas y tan llena de ellas tenía siempre la cabeza que se le desbordaban in· conscientemente por la charla. Nuestras opiniones sobre poesía moderna casi nunca discrepaban. Pero en cuanto a 10 que él llamaba "las posibilidades desconocidas de la psiquis humana", ocurría todo lo contrario: Yo tomaba una actitud radicalmente escéptica, y, él se debatía en un cúmulo de hipótesis más o menos razona. bIes, más o menos místicas, o francamente absur· das.' Alguna vez llevamos la 'discusión al terreno experimental, intentado pueriles ensayos de tele· patía y magnetismo. Estas divergencias de opinión no enturbiaban la amistad. Con tan cordial afecto nos tratábamos que casi no pasaba día sin buscarnos. Hasta que inesperadamente le perdí de vista durante todo un mes.

III Cuando volví a ver a Xavier me explicó los mo· tivos complicados de su ausencia: Pilar de Avella· neda había sido la razón fundamental; la ley de 11


prohibición contra el alcohol, que regía entonces en Puerto Rico, fue causa contribuyente. La imaginación de Xavier se encargó de aunar ambas cosas con típico desparpajo. Enamorado de Pilar, quería casarse cuanto antes. Pilar no se oponía. Pero con un sueldo de reportero que no le alcanzaba para vivir él solo, mal podía casarse. Y concibió el proyecto disparatado de ingresar como agente inspector de la Oficina de Prohibición y actuar a la vez como distribuidor,_ a comisión, de licores contrabandeados. Hombre que en todas partes tenía amigos, puso en práctica su proyecto al día siguiente de madurarlo. -El dinero me entra a chorro suelto en los bolsillos -me decía, hablando a borbotones-. Sólo la mitología puede explicar fenómeno tan raro: Baca ha querido imitar a Júpiter y me ha tomado por Danae. Pero me falta tiempo hasta para cele· brarlo. Porque además trabajo duro en un libro. Quiero conquistar un nomhre en las letras. Lo necesito tanto como el dinero mismo. Esto no va a durar... Esta jupiterina lluvia de oro va a escamo par muy pronto... y pasó a detallarme el absurdo orden a que sometía sus actividades. Cada día dedicaba ocho horas a correr la isla, trajinando en un Ford desvencijado, cumpliendo sus contradictorias obligaciones. Alrededor de otras ocho, las empleaba en "'hacerse un nombre", según decía, alelado en buscar formas de expresión literaria. Las restantes ocho horas no le alcanzaban para celebrar digna. mente el auge de sus negocios, pues como pronto se casaría, habia que aprovecharlas despidiéndose de la vida de soltero. Es decir: dos estupendos "motivos" y apenas ocho horas diarias para hacerles honor. . Casi no dormía. La novia no lograba verle sino los domingos por la tarde. Y yo tenía que ser testigo de sus andanzas desorbitadas si quería pasar algún rato con él. Todo aquello me parecía descabellado, suicida, incalificable... Pero cuanto intenté para disuadirle de aquel plan de vida resultó inútil. Por fin se casó. Durante algún tiempo llevó vida más moderada. Luego, una pendiente escalonada de nuevos "motivos" le volvió a hundir en el alcoholismo crónico. Mientras más amistosamente le reconvenía yo, menos caso me hacia. Noté, sin eme bargo, que apelando a mi carácter de médico lograba atenuar un poco su dipsomanía. Así llegué a culo tivar un tono pedante y sentencioso, artificial en mí, que era lo que más le impresionaba. Pero aunque la estratagema de sermonearle en tono doctoral causaba por lo común buenos efectos, excepcionalmente le irritaba hasta tal punto que, desesperado, salia dando portazos y maldiciendo a todos los médicos que en el mundo han sido, sin excluir al" doctor Bouclá; que se quedaba atónito. Estas inesperadas reacciones me pusieron 12

sobre aviso y entendí que no debía abusar de mi re· curso. Muchas veces me conformé con amenazarle: -Si no te contienes, te abandonará el amigo y entrará en escena el conocido y joven doctor Bou. clá. La amenaza le ponía nervioso; pero no era raro que bastase para que abriera una pausa en su ince, sante beber. De este modo, sin darme cabal cuen· ta de cllo, fui desdoblando ante sus ojos mi perso.nalidad de amigo comprensivo de la de consejero médico. Y él aceptaba la disparidad entre el Vate Mateo y el Doctor Bouclá como cosa innegable.

IV Pasó algún tiempo. Yo trabajaba por mi cuenta y comenzaba a tener una regular clientela. Xavier Algara no era ya agente de Prohibición. Ya tampoco era contrabandista. Su mujer estaba para dar a luz bajo mi asistencia profesional, en la Clínica Marisol. Hacía días que Algara no probaba licor. Pero su sobriedad obedecía más bien a la falta de dinero que a la inminencia del parto de Pilar. Como tampoco andaba muy bien de salud, yo aproveché la ocasión para obligarle a reposar en cama y alimentarle debidamente. Así permaneció en ]a clínica hasta el mismo día en que nació su hijo. Pero aquel día perdí todo control sobre él. Hallando crédito inesperadamente, por el mero hecho de que le acababa de nacer un hijo y había que celebrarlo. -(¿Quién se lo iba a negar? ¡Con tan plausible motivo! Desde luego que no sería el gallego de la tienda junto a su casa quien se lo regateara. Ni su ex jefe de contrabando.)- Preparó, pues, una gran fiesta; y me nombró invitado de honor. Aquello fue un jubileo. La noticia se propagó como fuego en reseco cañaveral. Una multitud abi· garrada inundó las habitaciones con bullicioso flujo y reflujo. Blancos, mulatos y negros; parientes, amigos, conocidos y extraños abrazaban y volvían a abrazar a Xavier, felicitándole. Corría el ron, el coñac, la sidra y hasta el champaña. Salvas de ta. ponazos puntuaban la algarabía. El buen humor no decayó por horas y horas. Pero al anochecer ya quedábamos sólo los íntimos. Tras de cenar pasamos a una especie de despacho donde Xavier acostumbraba elucubrar sus versos y recibir a sus amigos. En un testero de aquella habitación había colgado un gran revólver, reliquia de la época en que Algara era, a la par, audaz contrabandista y valiente perseguidor de contrabandos. Alguien 10 descolgó y se puso a embromamos con él. -Deja eso -dije yo malhumorado, pues siempre he sentido supersticioso respeto por las armas de fuego. -No importa -me replicó Xavier-; déjalo que


haga lo que quiera. Ese revólver ni está cargado ni nunca lo ha estado, ni yo jamás he tenido una bala en mis manos, ni hay ahora una en toda la casa. -Sí -sentencié yo, cortando las risas provoca· das por las palabras de Xavier-, siempre que ocu· rre un accidente con armas de fuego es por la seguridad que se ha tenido de que estuvieran des. cargadas. -El diablo debe cargarlas entonces, como dicen las viejas -refunfuñó Algara; y tomando el revól· ver en sus manos lo desmontó para que viésemos todos que no tenía bala en la recámara. Luego, imi· tanda inconscientemente un gesto que se ve mucho en películas de cine, lo envolvió con cuidado en un gran pañuelo de seda y se lo echó a un bolsillo de la chaqueta. - Entre bromas y conversaciones se nos pasaron las horas como agua. Mediada la noche, Xavier comenzó a perder la cabeza y a beber mezclas detonantes de varios licores alternados con agua de coco y aspirina. Los últimos amigos fueron escurriendo el bulto. Por deferencia al justificado moti·

va de la fiesta, yo no había querido, hasta entonces, hacer mi acostumbrado papel moderador. Pero al quedarme solo, me decidí a poner término a la fiesta. Algo excitado, salí un momento del despacho con la vaga idea de serenarme y tomar una determinación. Me asomé breves minutos a una ventana, el alba empolvaba- ya las sombras de la noche; y la brisa del Sur que soplaba fresca me reconfortó la cabeza. Determiné poner en práctica el ardid que varias otras veces me había servido. Volviendo, pues, al despacho, y a punto ya de asomar a la puerta, enuncié en tono grave de sabihondo, con voz de bajo profundo: -Amigo Algara, aquí viene el doctor Bouclá a meterle en cintura... Con esta frase todavía en los labios, cruzaba yo el umbral. Algara me esperaba en pie, demudado, con la vista extraviada, empuñando el revólver. Al verme aparecer, me apuntó y apretó el gatillo. Antes de lograr poner ambos pies dentro de la habitación, me desplomé fulminado. 13


v Tres días más tarde volvía en mi, dolorido y aletargado, en una cama de la Clínica Marisol. Tenía la cabeza vendada y de pronto no recordaba bien la causa de encontrarme en tal estado. Cuando más tarde llegó el interno a curarme, me ayudó a recordar. Me quitó la venda y me mostró en un espejo un gran chichón acardenalado que tenía en medio de la frente y una herida larga, superficial y estrecha, que de abajo hacia arriba y de delante hacia atrás me cruzaba la sien derecha. -Esa herida te la hiciste al caer, rozando el picaporte de la puerta. En su filo dejaste una buena tira de pelJejo'. El golpe en la frente te produjo una concusión cerebral que te ha tenido tres días sin conocimiento. Una cosa recordaba yo vivamente, con claridad quizás anormal. Era el revólver. Casi podía verlo a "oluntad, como una alucinación, con la boca del cañón apuntándome; bajo la mirada febril, monocular, de Algara que resbalaba por la arista superior del arma y se clavaba en mí. -Y, ¿el revólver? -pregunté. -¿Qué revólver? -preguntó a su vez el médi· ca interno, momentáneamente sorprendido. y en seguida, haciendo un gesto ambiguo de comprensión, murmuró por 10 bajo a la enfermera que le asistía: , -Todavía no hay que darle mucha conversación. -Por más que luego volví a insistir sobre el tema del revólver, nadie parecía haberse dado cuen· ta del papel que había jugado el arma en el acci· dente. Pronto me sentí completamente sano. Pero por unos seis meses sufrí la amnesia más singular de que he tenido noticia. La pérdida de memoria no se extendía sino exclusivamente a mis conocimientos científicos. Aun dentro de ese limitado campo mostraba curiosas lagunas selectivas. Recordaba perfectamente mis estudios de anatomía, de fisio· logía, de biología general. En química y en botáni· ca no era ya tan perfecto mi recuerdo. Pero donde la amnesia se ensañaba con mayor rigor era en todo 10 referente a patología y terapéutica. Con este trastorno resultaba, más que difícil, imposible ejercer la medicina hasta no reeducar las zonas alteradas. En casos similares n.o es cosa del otro mundo recobrar los conocimientos temo poreramente perdidos. A ello me apliqué, con la ayuda de un colega, aunque no con todo el entusiasmo que hubiera sido' de desear. Mientras me reeducaba, y por distraerme, más que por otra cosa, aproveché una oportunidad que se me ofreció y emprendí un negocio de librería. 14

VI En todo aquel año no volví a ver a Xavier Algara. Supe que al verme caer pidió socorro a gran· des voces; que cuando me llevaron a la clínica me siguió silencioso con el empeño contumaz de un gozquecillo que persiste en seguir a su amo. Luego insistía en declararse culpable del accidente. Al verle en el estado en que se hallaba, el médico de guardia le hizo beber un sedante y le obligó a regresar a su casa acompañado de un ,'ecino como placiente y comprensivo. También me enteré que desde aquella noche era o}ra persona; y que ahora llevaba una vida de cam· po, sosegada y laboriosa. en una finca de su suegro. Un día le encontré, por casualidad, en San Juan. Salía de los almacenes de abono que posee la firma Stuchtz y Cía. en la calle de Tetuán esquina a Tanca. -iHola, vate! -le grité. -¡Hola, Mateo! ¡Tanto tiempo sin vernos! -y nos abrazamos. -¿Qué es de esa buena vida? -Ya ves; engordando... ¿Y tú? ,-¿Yo? Ahí, viviendo. Pero vamos a celebrar el encuentro. No dirás que no hay motivo. Vámonos


a la Cueva del Indio. Allí tomaremos una copita y charlaremos largo. -No, viejo, ya yo no bebo; pero podemos irnos a la Mallorquina, si te es igual, a tomarnos un café. ':'-Pero... ¿ni una copita? -insistí incrédulo. -Ni una copita. En serio. Nada absolutamente. -Entonces es verdad lo que me dicen, que estás hecho persona formal, gran padre de familia, marido modelo... -No tanto -me dijo sonriendo-, pero algo hay de eso; lo cierto es que no pruebo el alcohol. -Sigues tan extremista como siempre. Pero está bien, hombre; muy bien. Veo que te prueba. -¿Sí? -Así parece. Pero lo que me extraña es no ha· ber vuelto a ver nada tuyo publicado. -¿Versos? A ti no debe extrañarte -dijo, con vago aire enigmático. -y ¿cómo así? -repliqu~ tartamudeando de sorpresa. -Pues... por la misma razón que ahora llevo otra vida. No comprendes que en el mismo momento en que yo disparaba contra el doctor Bouc1á, en aquel mismo instante el pobre doctor ldgró hipnotizarme, como lo tenía por costumbre, y se fue para el otro mundo dejándome bajo su poder de sugestión. - y me explicaba esto con tranquila naturalidad, como si estuviera refiriéndose a una tercera persona-o Tú sabes que yo entiendo de estas cosas; las he estudiado a fondo... -añadió, y bajando luego la voz, se puso a rememorar-: ¡Pobre doctor! Era buena persona. Tenía magnificas intenciones. No quería que la bebida me em· bruteciera. Pero no sabía nada de poesía. Para él todos los versos, los buenos como los malos, eran la misma cosa: cuentas de vidrio y cascabeles:, baratijas por las cuales no se debe sacrificar nada. y como abrigaba la absurda creencia de que mi talento literario tenía origen en mis bohemiadas, odiaba mis trivialidades poéticas; aunque preten. diera lo contrario. Era un romántico... En medio de todo me hizo un gran favor. ¡Caro le costó! ¡Que Dios le tenga en gloria y a mí me perdone el crimen que cometí con él! Me quedé asombrado. Perplejo y confuso, me hundí en cavilaciones. Mecánicamente, las piernas me llevaron hasta la Mallorquina. Entré. Nos sen· tamos. Pedimos sendos cafés, bien cargados.

VII ¡Era verdad! El doctor Bouclá estaba muerto. Le mató aquella noche Xavier Algara. Yo no pude recordar mi terapéutica ni mi patología hasta que no tomé la firme resolución de abandonar la carrera. En cuanto me dec.idí a no ejercer y vendí

mi instrum,ental recordé otra vez todos mis estudios. Pero nunca sentí deseos de volver a emprender el ejercicio de la medicina. Hoy ya no existe sino Mateo Bouclá, librero. Los negocios le van bien y piensa fundar una ,casa editora. Es verdad que posee un pequeño laboratorio; consagrado -pOI' puro pasatiempo- exclusivamente a la ciencia. Porque Mateo Bouclá, Iibreró, dedica sus ocios a investigar la función reproductiva de la Pu1ex Pe· netrans (vulgo: nigua). Pero el doctor Bouclá está muerto y enterrado. Y en cuanto a su asesino, el poeta Algara, se suicidó en un rapto imaginativo, con la misma arma con que dio muerte a su ami· go médico. Ahora vivía en la Hacienda Carmela un tal Algara, actuando de mayordomo. Nada tenía que ver con el poeta... Estos pensamientos rumiaba yo en un rincón de la Mallorquina, mientras como un autómata, be· bía café y escuchaba a Xavier, que se expansionaba alegremente, lleno de salud, musculoso, algo calvo, y retostado por el sol de la altura. Al despedirnos, tomé en seguida un taxi y fui derecho a la Cueva del Indio. Lo que nunca hasta entonces había hecho lo hice aquella tarde nubla· da y calurosa. Pedí una botella de coñac, y yo solo, acostado en un diván de muelles reumáticos, contemplando una gran telaraña que se balanceaba blandamente en una esquina del resen'ado, me bebí la botella sorbo a sorbo. Supongo que después pedí otra y temo que también me la bebería; pues el Indio me cobró dos. Recuerdo que me faltaron cincuenta y cinco centavos que dejé a de· ber... Pero; ¿es que no había motivo?

EPILOGO

y, sin embargo, el poeta Algara no estaba muerto. Acaba de publicar la mejor novela antillana que se ha editado. La fibra lírica de esa prosa es superior a la calidad poética de sus antiguos "ersos. Hay demasiada vivacidad imaginativa en la trama. El estilo es todavía un tanto desigual, titubeante. Pero en sutileza analítica, en vigor sintáctico, en firmeza de trazos, se revela un novelista que promete obras mejores aún. ¿Era ésta la trayectoria que fatalmente iba a seguir Algara en su desarrollo literario? ¿Hubiera quizás escrito algo mejor, francamente genial, de no haber mediado el incidente que acabo de relatar? ¿O debe el éxito de su novela al cambio dl vida? -No lo sé. Lo único que sé de cierto -lo tengo decidido-, es que el próximo libro de Xavier lo he de edi· tar yo.

]S


ESTRAMBOTE Antes de publicar el anlerior eSI.:rito me pareció opo;tuno recabar la autorizadón del otro prota. gonista. Acompañado dc unas líneas aft.:cluosas le sometí el original. Y he aquí. sin comentarios, In desconcertante respuesta que recibí: Querido amigo: Tu cuento mc ha hecho gracia. Puedes, desde luego. darlo a la estampa. Pcro permite que te aclare algunos detalles sin impor. tancia. Jamás separé tu carácter de médico de tu individualidad. Al' contrario. Poco a poco me fui dando cuenta de que tenías razón. Tanto beber me estaba haciendo daño. Por eso cuando usabas aro gumentos científicos llegabas a impresionarme y yo cedía. . En cuanto a lo de la metapsíquica. más bien eras tú el que creías en esas cosas. Pero tu fe. como toda verdadera fe. ya lo dijo Unamuno. o no sé quién, se basaba en la duda. Y en el miedo. Un terror pánico a todo lo que no es explicable con fórmulas científicas. Adivinándolo yo, te llevaba la contraria por mero pasatiempo. Desde que determiné casarme di los versos de lado para dedicarme a escribir una novela. De ese modo es que pensaba "hacerme de un nombre". Veo que si no lo he logrado, estoy en camino de ello, pues tu certero instinto comercial me pronostica un futuro éxito rotundo. Al saber que mi mujer iba ~ tener un hijo. me sentí padrazo de pronto, reso¡' í no beber más. La súbita abstención me prestaba un aire de ensimismamiento que tú interpretaste como síntomas de enfermedad y de pobreza.

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Al naCCI" mí hijo tlcciLlí cerrar con una gran tra· ca final mi antigua vida. La alegría me relazaba por el cucrpo y como tenía algunos ahorros no tm'c quc pcdir crédito a nadic para dar mi fiesta. Aquclla nochc, cuando oí que venías hacia el dcspacho en plan de búho sabihondo, se me ocurrió gastarte una broma. Recordé lo que tú -no yo- habías dicho de que el diablo carga las armas dc fuego. Borracho como cstaba no pude ingeniar nada mejor quc amcnazarte con el pistolón inocen· te. Al verle caer mi asombro fue enorme. Movido por el cariño quc le tengo te seguí "como un gozo quecillo". Al día siguienle fui a verte, pero me di· jeron que estabas sin. conocimiento. Es natural que la nolicia me impresionara. Y mi buen suegro, al verme tan conmovido y nervioso. me trajo a su finca y regresó a San Juan para velar por mi mujer y darme noticias tuyas. Luego me aconsejaron que no perturbase tu lenta convalecencia con los recuerdos que mis visitas pudieran suscitar. Al encontrarte inopinadamente en la calle. al ver tu aire incrédulo e intrigado -por no decir otra cosa-o no pude contenerme y te dije aquellas barbaridades. Me arrepentí en seguida y estuve a punto de confesarte que todo aquello era un embeleco estúpido. Pero no pude... Puedes contar con ser el editor de mi Opera OmlIía. Te debo una reparación: En mi mano no tengo otra ... Con saludos cariñosos de mi mujer, te abraza

Xal'ie,·. P. O. Tengo la seguridad de que te bebiste dos botellas. El Indio, ~n su larga y utilísima "ida. jamás ha cobrndo a nadie sino Jo que ha consumido. Págnle el balnnce que le quedaste a deber. - Vale.


Recordando a Jo~é de Diego Por

A

FEDERICO MAR~S

COMIENZOS DE NUESTRO SIGLO TUVE LA OCASIÓN

de conocer a un ilustre puertorriqueño. Para mayor precisión añadiré que esto sucedió por allá el año 1906, en la librería de libros viejos que mi padre tenía establecida en la Ronda de la Universidad de Barcelona. La tienda, de planta rectangular, repleta de libros y carpetas con documentos y grabados curio· sos, tenía en sus extremos unas mesitas rinconeras para uso de los clientes. En una de ellas solía yo entretener mis ocios de estudio, dibujando. El dibujo era mi pasión, creo que ya dibujaba desde el día que nací, dibujaba siempre que podía, en donde fuese y como fuera. En aquella ocasión, un caballero atildado en el vestir había entrado en la librería de mi padre, atraído quizá por su afición a los libros. Le vi curiosear apasionadamente por los anaqueles, de arriba abajo, de un extremo a otro; y lo hacía con cierto nerviosismo, como quien busca impaciente algo que no encuentra. En uno de sus recorridos, abstraído, vino a tropezar con la mesa donde yo, absorto también, dibujaba en mi álbum la escena en que Don Quijote se hace armar por el ventero, lanza, casco y escudo, caballero andante, inspirada de un original de Gustavo Doré. Si bien yo era un adolescente de trece años, escasamente cumplidos, aquel señor, que entonces tendría sus cuarenta, disculpóse conmigo con tal miramiento que yo, ruborizado, me quedé sin saber qué decir. Al darse él cuenta de mi azoramiento, disimulando, quiso fijarse en lo que hacía y me pidió que le mostrase mi álbum, lámina por lámi-

na. Se interesó por mis dibujos y le sorprendió mi inclinación por los temas cervantinos, y con palabra de aliento supo estimularme a que perseverara trabajando, augurándome, de proseguir por este ca· mino, días de gloria. Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, la impresión que me produjo desde el primer mamen·

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to cierta particularidad, el tono de la voz, su cadencia melodiosa, su limpio castellano; también recuerdo cuánto tardé a comprender el sentido de sus palabras. Tanto se interesó por mis balbuceos de dibujante, tantos fueron sus elogios que, perplejo, sin saber qué decir, le ofrecí tímidamente cuanto podía ofrecerle entonces: mi álbum de dibujos. Quiso aceptar tan sólo una lámina, la de la escena del Quijote metido entre libros, absorto en la lectura de aventuras de caballeros andantes. Me pidió que se la dedicara; el rubor que sentí me hizo vacilar. Dándose él cuenta de mi estado de ánimo embargado por la emoción, me alentó a que le escribiera la dedicatoria siguiente: "A un poeta puertorriqueño gran amigo de España". Con mano temblorosa cumplí, rubricando la dedicatoria. Por .la noche, durante la cena, mi padre, al comentar lo sucedido, pronunció con respeto y admiración un nombre. Y aquella noche, por vez primera, en mis oidos resonaba un nombre sonoro: José de Diego. Supe que era poeta, y que residía en Puerto Rico, la isla bien amada de España. Lo poco que supe de él aquella noche lo hubiera podido olvidar fácilmente si la relación y la amistad con mi padre no se hubiese mantenido tras los años. Lo que ya no podía olvidar era su figura atildada, su ademán de señorío. Habían transcurrido los años, seis años aproximadamente, cuando en 1912 por segunda vez volví a encontrarme con Don José de Diego. Las cosas habían cambiado mucho desde entonces, mi forma· ción artística se hallaba en su momento álgido, mis estudios formales de escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes, llegaban a su término. La Real Academia de Bellas Artes habia convocadp oposiciones para la concesión de las dos más altas distinciones que otorgaba: las de pensionado, escultura y pintura, para ampliar estudios en el extranjero. Los alumnos destacados de la Escuela· luchaban en noble lid para alcanzar el más ambicionado galardón que iba a abrirles horizontes insospechados: París, Roma, Florencia. Después de dos meses de lucha, por voto unánime del tribunal, se me otorgaba la plaza de pensionado de escultura. Todo un mundo de posibilidades a mi alcance. Una segunda etapa se abría ante mí, etapa que iba a ser decisiva en mi formación artística. Mi formación había cambiado no poeo desde aquellos años que conocí a José de Diego; mis dis· cretas conocimientos literarios me permitían ahora, sino mantener un diálogo ceñido, sí ?or 10 menos, una discreta charla. Pero, hablemos ya, sin más digresiones, de mi segundo encuentro con vuestro poeta. Debian ser las nueve de la noche, de regreso de la Escuela Su· perior de Bellas Artes, al entrar en la librería me 18

encontré' a mi padre atareado con otro señor, enfrascados los dos en un apasionante diálogo sobre rarezas de bibliófilo; extendidos sobre la mesa muchos libros, entre ellos ediciones príncipes, de Raimundo Lulio, Boscán, etcétera. Saludé a mi padre e incliné la cabeza ante su amigo. Pero la verdad es que ni él ni yo nos reconocimos al momento, era natural, habian transcurrido sus años. Se alegró él, me alegré yo de vemos de nuevo los dos. Entonces me di cuenta de lo mucho que yo habia cambiado, mi timidez ya no era la misma del primer encuentro. Mi formación me daba otro aliento. El lo notó también cuando me dijo: "bueno, muchacho, ya sé por tu padre la buena marcha de tus es· tudios", y con aquella cordialidad y señorío de la primera vez añadió: "ahora podremos hablar los dos de libros y, sobre todo, de arte, y en esto si que me podrás enseñar mucho." iEnseñar!, pensé yo. Esta benévola suposición suya, que no esperaba, debo confesar que me desconcertó y volví a sonrojarme. Ello notó y dándome una palmada de afecto en el hombro derecho. dí· jame: "bueno. muchacho, cuéntame el triunfo de tus oposiciones, los ejercicios que habéis realizado, muéstrame fotografías o dibujos de los trabajos, me interesa todo ello". Su natural llaneza me pero mitió superar el bache y al no poderle complacer le invité a visitar la exposición de los trabajos en los salones de la Academia. A la mañana del día siguiente fuimos los dos a la Casa Lonja que es donde se hallaba establecida la Escuela Superior de Bellas Artes, desde 1775 y la Academia desde 1849. Vimos detenidamente los ejercicios realizados; se sorprendió ante su número e importancia, por lo visto no se imaginaba la categoría de los trabajos que se exigían en las oposicio. nes a pensionado. Le mostré los salones de la Academia y las clases de la Escuela. Se interesó en conocer su larga trae dición, los artistas famosos que habían pasado por allí, los mejores desde Fortunya Picasso. Dos siglos de enseñanza y de mecenazgo artísti· ca habían transcurrido por aquellos salones del edificio vetusto, uno de los más nobles dé la ciudad. Allí se formaro!l no pocos artistas hispanoamericanos. Algunas academias de aquellos países fueron fundadas por ex alumnos aventajados,de la escuela, entre ellas la de Méjico. Dos horas estuvimos recorriendo aquella casa; tampoco suponía, según me dijo, el contenido de aquel noble edificio. Se interesó especialmente por el museo de la Academia, historia viva del arte ca· talán de los siglos XVIII Y XIX. Almorzamos juntos aquel mediodía luminoso de primavera mediterránea en un restaurante cara al mar. Durante la comida se habló de todo y, como


era natural, me interesé, en franca reciprocidad. por su labor poética. Le recordé algunos versos que me sabía de memoria de su "Pomarrosas". tan llenos de nostalgias de su juventud, entre ellos los de la Oda a la "Patria". escrita en Barcelona en 1888.

¡Oh, Patria! Eva sublime, hostia del alma, cáliz de la vida, ¡quien se olvida de ti, de Dios se olvida! ¡quien comulga en tu templo, se redime! No lo esperaba. Se emocionó él y me emocioné yo al verle tan atento escuchando al discípulo. Quiso entonces evocar los poetas catalanes de sus años juveniles: Verdaguer, Maragall, pero, me in· vitó a que lo hiciera yo en lengua vernácula, que se conocía bien de su época de alumno de la Universidad de Barcelona. Recordé algunas estrofas de "La Atlántida" de Verdaguer, y de Juan Maragall "La vaca ciega ..... ¡Con qué atención escuchaba el maestraL .. Su efigie, sus ojos humedecidos reflejaban la honda emoción que sentía al oír voces amigas de un ayer lejano ya. y fui yo, después, el que se interesó por cono· cer los poetas de su país; no tuve que insistir, abe· deció gustoso, dándome a conocer, con memoria y dicción clara. algunas poesías llenas de sabor y nostalgia de su tierra bien amada. y para terminar quiso dedicar una ofrenda a la poesía clásica castellana. Ofrenda de poeta la suya. ¡Qué repertorio guardaba en su corazón, arca sagrada de perfumes y nostalgias! ¡Cómo fluían los versos renacentistas de Boscán. Garcilaso, los de los místicos. San Juan de la Cruz y Santa Teresa. la andariega de Avila. y, sobre todo. los del príncipe de los poetas castellanos Lope de -Vega!, aquellos versos con que el gran poeta. harto de devaneos de la carne. asqueado del mundanal ruido. cerraba el canto de "Sus Soledades":

A mis soledades voy de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos

con esta envidia que digo y las que paso en silencio,

a mis soledades voy de mis soledades vengo. Anochecía cuando nos levantamos de la mesa a respirar la brisa marinera. Le quedaban muchas cosas por hacer aún. Al día siguiente él debía em· prender el retomo a su tierra; yo, pocos días des·

pués. mi camino hacia París en plan de becario de la Academia de Bellas Artes. Nos despedimos cariñosamente y, por mi parte, además. con la profunda gratitud que me merecían las atenciones que supo tener conmigo. Por la noche, en la cena, mi padre -algo debió contarle el amigo- quiso que conociera bien quién era José de Diego, su destacada personalidad de hombre público, patriota insigne... Ya no volveríamos a vemos, uno y otro, íbamos a emprender rutas distintas. Yo, en adelante, sólo tendría noticias suyas a través de cartas de mi padre y él, por el mismo conducto, recibiría las mías. Así, en una ocasión, y ello debió suceder a principios del año 1913. se interesó para que, en su nombre, realizara una gestión personal cerca de Rubén Daría. Recordaba haber visto alguna vez al poeta de Nicaragua curiosear a la sombra de la mole gris del Louvre, por las "boutiques" de libros viejos en la orilla del Sena. Intenté verle en las horas de su "paseo higiéni. co", melancólico y filosófico", como él llamaba a su itinerario preferido, que abarcaba desde el "Quai d'Orsay" a "Notre Dame". Varias veces me paseé por alli sin verle hasta que me decidí a preguntar por él a mis amigos los "bouquinistes" del Sena. Efectivamente, el poeta nicaragüense hacía unos meses que se había marchado de París camino de Barcelona. Se encontraba enfermo el pobre, agotado. quemado por el alcohol. Vino la guerra. la invasión de Francia por los alemanes. la dispersión de extran· jeros, y aquello fue Troya. Ya en Barcelona, en octubre de 1914, me enteré de que Rubén, regresado de ~aI1orca iba a embar· car para Nicaragua. Su cuerpo entumecido. llevado por el flujo y reflujo alcohólico se extinguía. "Voy en busca del cementerio de mi tierra natal ...... dijo a sus amigos. Pero su agonía tenía que ser lenta aún; moría el 6 de febrero de 1916, devotamente abrazado a un crucifijo de marfil que le regalara otro gran poeta hispanoamericano, Amado Nervo. Aquel día todas las campanas del mundo hispano doblaron. Antonio Machado le despide con estas estrofas emocionadas:

Si era toda en tu verso la armonía del mundo, ¿dónde fuiste, Daría, la armonía a buscar? Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares, corazón asombrado de la música astral, ¿te ha llevado Diol1isos de su mano al infierno y con las nuevas rosas triunfante volverás? ¿Te han herido buscando la soñada Florida, la fuente de la eterna juventud, capitán? Que en esta lengua madre la clara ltistoria quede: corazones de todas las Españas, llora'd. Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro, 19


esta nueva nos vino atravesando el mar. Pongamos, españoles, en un severo mármol, su nombre, flauta y lira, y una inscripción no mds: Nadie esta lira pulse, sino es el mismo Apolo, nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pán. Perdonadme esta nueva digresión, aunque poética, en ofrenda de homenaje a vuestro poeta de Diego. Estoy plenamente seguro que, en la pervivencia del .espíritu, ha de complacerle. y ahora, señores, vamos a dedicar un breve comentario al epistolario de Don José de Diego, dirigido a mi padre. En cada una de sus cartas, en cada hoja, vibra su espíritu, su inclinación vocacional, su fe inquebrantable en los destinos de su patria. Este penetrar en el mundo sagrado de las inti· midades humanas nos permite conocer más y mejor al hombre en la doble faceta de sus actividades: la del intelectual y la del político. Y en el conocimien· to de este binomio de su personalidad comprenderemos la limpia línea de conducta en su ejemplar pie. nitud humana. Desde que recibí del Instituto de Cultura Puertorriqueña, a través de su presidente don Ricardo E. Alegría, la' formalización del contrato de encargo del monumento al ilustre patricio Segundo Ruiz Belvis, mantuve el deliberado propósito de revisar el archivo de mi padre para hacerme con la correspondencia cruzada entre los dos, que me ayudara a rehacer el perfil humano de José de Diego a través del epistolario que mantuvieron desde los comien· zas de este siglo hasta el año 1914, año de la Pri· mera Guerra Europea y de la inmediata muerte de mi progenitor. No era cosa fácil lograr tal propósito; había transcurrido medio siglo desde que tuve en mis manos una parte del dosier. La correspondencia de mi padre, mantenida con bibliófilos y libreros·anti· cuarios nacionales y extranjeros, destacados de la época, era numerosa. Había, por consiguiente, que revisar carteras y más carteras en número considerable. Pero, afortunadamente, pudimos dar con la carpeta de correspondencia hispanoamericana, en la que figuraba un índice con nombres de prosapia ilustre: Ricardo Palma, Amado Nervo, Rubén Daría, José de Diego, etcétera. Con pena, no obstante, tengo que reconocer que el epistolario de Don José de Diego aparecía incompleto al empezar en 1904. Y digo incompleto por la razón de que en la carta más antigua figuran referencias de notas anteriores y, sobre todo, hay una cordialidad en los términos epistolarios que, ciertamente, no se improvisan. . Las dos primeras cartas, fechas 3 y 14 de octubre de 1904, están escritas de su puño y letra en Mayagüez. El membrete de la primera ostenta con· 20

cretamente su nombre: "José de Diego", en la se· gunda añade la profesión: "Abogado", y el cargo político: "Miembro de la Asamblea Legislativa de Puerto Rico". Todas las demás van escritas a máquina, la ma· yoría fechadas en la misma ciudad de Mayagüez. No en tod~s.ellas campea el mismo membrete. Mien· tras en las cartas de 1908 podemos leer" Cámara de Delegados de Puerto Rico", "Oficina del Presidente", en las del año 1911 aparece de nuevo el nombre y la profesión o profesiones: "José de Diego, Abogado y Notario, Mayagüez, P. R.". En las de 1914 destaca ya el membrete de "Presidente de la Cámara de Delegados de Puerto Rico". El contenido de todas ellas es análogo, reflejan dos preocupaciones invariables: el libro y la política. Dos vocaciones irrenunciables: la del bibliófilo que ama el libro no sólo por su contenido, sino también por su belleza; y la del político, el hombre público que se entrega, en función de servicio, al bien de la nación. Creo de interés destacar el contenido de alguna de ellas. En una se refiere a la labor de 'mi padre: "Los depurados valiosos trabajos de usted, en materias bibliográficas, no encontrarán la merecida recompensa; pero esto es natural infortunio de todo el· que vive entre libros, en los cursantes tiempos de impiedad literaria y artística... " En otra se refleja ya el bibliófilo: "Escogió usted con experta mano la traducción de la Eneida por el doctor Luis Herrera. Ningún otro libro me hubiera sido más placentero: es un chef·d'ouvre, a nivelo a mayor altura de las más famosas versiones del gran poema a las lenguas vulgares. He comparado algunos pasa· jes con el original latino y es notabilísima la fideli· dad: hasta en el ritmo y plasticidad de los endecasílabos viene de lejos aquella vibrante y fuerte armonía de los exámetros del lírico maravilloso... " y en otros destaca su preocupación intelectual: "Quisiera que el Ministro de Instrucción Pública se pusiera en relación con usted; ayer comió en mi ·casa y me encargó preguntarle si sería posible encontrar en esa ciudad 500 o 1.000 ejemplares de la novela "María ", del sud·americano Jorge Isaacs. Se publicó no hace muchos años una larga edición en Barcelona, con prólogo del eminente crítico Yxart". "Estamos tratando de poner dicha obra como texto de lectura para los alumnos de las Escuelas Superiores... " "Tengo mucho interés en procurarme las ediciones más antiguas de las poesías de José María He. redia, el gran poeta cubano. La primera edición es de Nueva York, 1825; después se hizo otra en Toluca, en 1832, y también tengo noticias de una edi· ción en Barcelona, en 1840; búsqueme, y remítame en seguida, si las encuentra, estas ediciones, o cual A


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quiera otra que no sea la publicada por la "Biblioteca Poética" París, 1893, pues tengo esta edición conocidísima... " "Acabo de recibir el ejemplar de la Historia de Puerto Rico, por el Padre Iñigo, y el de "La destrucción de las Indias", por el Padre de las Casas, que son dos valiosas ediciones príncipes ... " "Me interesaría la "Historia de Acosta" de 1590, así como una edición de "Las poesías de Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés), que vio la luz en Barcelona, u otra anterior a la de la "Biblioteca de Poetas Americanos", París 1894. También tengo cu· riosidad por una "Recopilación de tratados comer~ ciales, actas y demás instrumentos internacionales de las naciones civilizadas", que acaba de publicar un escritor colombiano, editado en Barcelo& na, 1905." No hay carta en la que no recomiende una lista de libros. "Procure -dice en una de ellas-, ver la manera de proporcionarme, se lo agradeceré, las obras siguientes: "Connaissances necessaires a un bibliophile". Rouveyré, París, 1879·1880. "Tipografía Española", Madrid, 1861. Méndez. "Bibliografía Ibérica del siglo xv", de Heabler, La Haya, 1904. "Observaciones astronómicas y físicas en los Reynos del Perú", Madrid, 1740. "Voyages en Guinée et dans les Isles Caraibes en Amérique". "Relation d'un voyage fait en 1695·1696 et 1697", etcétera. Froger (Le G.). "Noticias Americanas". Entretenimientos físicohistóricos sobre la América meridional y septentrio· nal oriental, etc. A. Ulloa. "Códice Diplomático Americano de Cristóbal Ca· Ión". Colección de cartas, privilegios, cédulas, etc. .. Americanos del Norte" (Costumbres familiares de los), traducción de Florián." La personalidad de José de Diego queda bien re· flejada en su epistolario. Hombre de cultura amplia, ávido de curiosidad y de saber. Ninguna rama de la humana inteligencia pudo serIe ajena. Lo mismo se interesó por la literatura, por la ciencia pura, que por los estudios económicos y políticos. Espíritu humanístico, abierto a todas las in· quietudes, se interesó un tiempo por la obra del filósofo árabe Averroes, restaurador de la filosofía aris· totélica, basada en la unidad del pensamiento humano. Recuerdo que en mi época de pensionado en París, recibí, por mediación de mi padre, el encargo de José de Diego de buscar por las librerías de libros antiguos de la rue Bonaparte, una edición incunable, del filósofo cordobés. Buen bibliófilo, amó los buenos libros, los bellos ejemplares, las ediciones príncipes, las encuadernaciones de época. Se desvelaba por la mejor conser· 22

vaclpn de su biblioteca, así, al recomendar la en· cuadernación de unos libros advierte: "... desearía que la encuadernación fuese adecuada, sin que las hojas perdiesen nada de su antiguo aspecto. Si usted cree que es mejor conservar la primitiva encuader· nación, aun cuando esté deteriorada, mándeme la obra como se encuentre..... Se interesa para que los paquetes de libros "vayan bien firmes, a fin de que no sufran detri· mento en tan largo viaje... " Recomienda a mi padre, con preferencia, los li· bros antiguos sobre América, publicados en inglés, francés y español. Y le expone su propósito de mandarle una lista de bibliófilos de todo el Nuevo Mundo para que entre en relación con todos ellos. Le preocupaba el que la Cámara hubiese olvida· do aquel año de 1908, la inclusión en presupuesto de una partida para adquisición de libros. En cuanto al hombre público, interesan algunos párrafos tensos de vibra,ción patriótica insoborna· ble: "Yo sigo bien -escribe- en continua bl}.talla por el derecho y la libertad de mi tierra. El Partido Patriótico obtuvo un inmenso triunfo en las últimas elecciones. y esto echó sobre nuestros hombros las grandes fatigas y responsabilidades del Gobierno. Vamos adelante y llegaremos pronto a la cima del ideal... " .. No he podido volver a la buena y gloriosa Es· paña, bien a pesar mío: el año pasado fui a los Esta· dos Unidos y antes a Venezuela; pero mis deberes oficiales no me han permitido volver a Europa:.soy ahora presidente de la Cámara de Delegados, que se encuentra en sesiones, y gravita sobre mí un tra· bajo enorme; espero que Dios me deparará ver otra vez a la patria catalana..... "Puerto Rico ha entrado en una era de prosperidad económica y de grandes esperanzas en sus aspiraciones nacionales. No tenemos todo lo que deseamos, pero sostenemos la lucha y el triunfo será nuestro... " "Se ha clausurado la última legislatura y ahora descanso de mis faenas en la Presidencia de la Cá· mara de Diputados; a pesar de mis numerosos asuntos profesionales, tengo más espacio para las bellas letras y pienso concluir una obra jurídica que tal vez edite en esa Ciudad; quisiera ver a los bue· nos ,catalanes el año que viene y haré lo posible porque mis ocupaciones me permitan realizar mi deseo... " "Probablemente iré, en representación de la Legislatura de mi país, a las fiestas conmemorativas de las "Cortes de Cádiz" y luego me daré una vuelta por Barcelona y Londres. Iré a verle y departir con usted sobre libros viejos e ideales nuevos... " .. Nuestras continuas agitaciones políticas y mis permanentes viajes a los Estados Unidos me impi~


dieron realizar mis proyectados viajes por España y Francia..... y para terminar, señores, vayan unos brevcs comentarios a las posdatas de José de Diego, Iíncas íntimas, de afecto a la persona que hoyos habla. No podría eludirlas porque, de hacerlo, la conferencia quedaría incompleta y, por consiguientc. cuantos me escuchan podrían no sin razón, consi· derarse defraudados. Es rara la carta en la que no figure una posdata de su puño y letra interesándose por la marcha de mis estudios. Y no son las menos las que traen una que otra recomendación de consulta o encargo para mí. Ya hemos mencionado la de Rubén Daría. Señala y pide datos de documentos sobre Hispano. américa existentes en las Bibliotecas e Institutos de Francia; se interesa por la búsqueda en las libre· rías de París de ciertos libros raros y su posible adquisición. Sugiere ideas para que yo desarrolle en forma plástica. Una vez es el proyecto de un monumento a los libertadores del país. En otra anterior hablaba de los precursores. Cifraba gran ilusión en un pro· yecto de fuente monumental que simbolizara la Raza, España y Puerto Rico, unidos en abrazo fraterno, poema esculpido en la dureza del granito y el bronce, símbolo, luminar perenne de anhelos y virtudes. Este proyecto contaba ya con la aquiescencia del Gobierno. En una ocasión sugería a mi padre que al tér· mino de mis estudios me aconsejara para que fuera a Puerto Rico con el encargo de estudiar la posibi. lidad de crear una Escuela de Bellas Artes. Mi padre, por única vez, silenció lo que para él, hombre que de la amistad supo hacer un culto, fue siempre sagrado: la voz, el ruego del amigo. Mis

dcsplazamicntos al extranjero, cl cstado de su salud precaria, serían razoncs obvias para justificar su silcncio. Con todo cllo el clarín de la guerra resonaba en toda Europa. Los alemanes invadían Bélgica y, rápidamente, la dulce Francia. Al cabo de pocos mcses fallecía mi padre. Al término de la guerra me vi obligado a unos desplazamientos constantes, reclamado por encargos de responsabilidad. No volví a saber nada de José de Diego. Ignoro lo que pudo suceder; cabe en lo posible que, en el transcurso de la guerra, se hubiera extraviado al· guna carta; cabe, también, y esto 10 deploraría en el alma, que a de Diego le hubiese afectado el silcncio de mi padre a su último ruego. La amistad entrañable que mantuvieron no me· recería, ciertamente, este desenlace. Confío, no obs· tante, que no fue así, que uno y otro guardaron hasta el fin el recuerdo incólume de una limpia y noble amistad. Culpemos a la guerra, la de los males que afligen al mundo; ella truncó los mejores anhelos, proyec· tos e ilusiones forjados en la mente del gran pa· triota. En fin, señores, hemos de convenir que la Providencia tiene alcances imprevisibles que escapan a la mente humana, nada de lo previsto, de lo que debía suceder, dejó de cumplirse, más tarde o más temprano. Y, ya 10 veis; hoy, la Providencia, siempre gene· rosa con los hombres, ha querido que a los cincuenta y un años de la desaparición del ilustre poeta y gran patricio que fue José de Diego, viniera yo a recordároslo en la ocasión, seguramente, más grata a su espíritu, la de la entrega de una obra mía, ofrenda de Puerto Rico a otro gran patricio que mereció el bien de la Patria: Segundo Ruiz Belvis.


Exposición de Samuel Sánchez

25 DE OCTUBRE PASADO SE ABRIÓ AL Pt}BLICO EN LOS salones del Instituto de Cultura Puertorriqueña, ]a segunda exposición de obras· de Samue] Sánchez que patrocina esta institución. Samuel Sánchez nace en Corozal, Puerto Rico, en 1929. A los diecinueve años presenta su primera ex~ posición de pinturas en la Casa Alcaldía de Corozal. Posteriormente se traslada a San Juan, donde, ya convertido en artista profesional, participa en la. primera exposición al aire libre que tiene lugar en la Plaza Baldorioty y que auspicia el Centro de Arte Puertorriqueño (1950). En el año 1957, becado por la Universidad de Puerto Rico, se traslada. a París y luego a Nueva York, donde frecuenta los museos y galerías de arte. Tres años más tarde y mediante beca que le concede el Instituto de Cultura Puertorriqueña, se encauza hacia Méjico, donde realiza estudios en la técnica del mosaico. Samuel Sánchez ha participado en exposiciones colectivas, en Puerto Rico, en el Museo de la Universidad, Ateneo Puertorriqueño, Galería de las Antillas y Galería Pintadera; en Méjico, en la Ga· lería Nuevas Generaciones; además en Nueva York, Filadelfia, Washington, Unión Panamericana y Bi· blioteca del Congreso; y en Barcelona, en la Tercera Bienal. Ha realizado exposiciones individuales EL

en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Puerto Rico, en el Instituto de Cultura Puertorri· queña, y en los salones de Fuerza Unida Puertorriqueña. El artista ha recibido varios galardones, entre otros: primer premio de óleo por Muerte, Medita· ción y Esperanza, en la primera exposición al aire libre que auspicia el Centro de Arte puertorrique. ño (1950); primer premio por su óleo Vendimia del café, en e] Festival del Café en la ciudad de Ponce (1954); y en el mismo certamen, tercer pre· mio con su grabado Cosecha en la Altura; mención honorífica por su óleo Una voz conocida, en el Fes· tival de Navidad del Ateneo Puertorriqueño (1954); segundo premio en el Festival de Navidad de 1956, por su óleo Pesca de Gudbara; primer premio por un retrato al óleo de Juan Morel Campos, en el certamen que auspiciara en 1957 el Instituto de Cultura Puertorriqueña en ocasión del centenario del natalicio del ilustre compositor. Poseen obras de Samuel Sánchez diversas entida· des culturales y religiosas, entre otras el Museo de la Universidad de Puerto Rico, el Instituto de Cu]tura Puertorriqueña, la Iglesia de ]a Santa Cruz, de Bayamón, y la Iglesia Discípu]os de Cristo, de Cataño~ aparte de varios coleccionistas particulares.


Aspectos de la Exposici贸n


El Vocabulario Canario y sus resonancias en Puerto Rico

,Tida material: léxico de conlidas, dulcería y bebidas Por MANUEL ALVAREZ NAZARIO

EN EL Ll!XICO DE

LAS ISLAS CANARIAS, .\PARTE DEL gran caudal de voces que pertenecen al acervo común de la lengua española general, y de aqueo llas otras, en menor número, que por derivación o modificación formal o semántica respecto de los vocablos españoles originales, vienen a constituirse en regionalismos exclusivos del Archipiélago, se conservan algunas palabras heredadas de los desa· parecidos guanches, pobladores autóctonos de T~· nerife que pertenecieron al tronco racial líbico· berberisco. Con la conquista española, cumplida en diversas etapas a lo largo del siglo xv, se difunde por las islas el idioma de Castilla y hasta el día de hoy el habla campesina y popular de Ca· narias ha retenido en el uso numerosas voces, al presente arcaicas, que estuvieron en labios de los primitivos aposentadores peninsulares. Entre éstos, gente de procedencia varia en la España central, occidental y meridional -castellanos, leoneses, gallegos, extremeños, andaluces-, parece haber predominado el número de los colonizadores naturales del Mediodía, en cuya habla el fondo de vocablos recibidos de Castilla se acrecentaba con multitud de términos de herencia árabe. En el vocabulario español de las islas en general, se entre· mezclarán, con las palabras de cepa castellana, otras voces salidas de la periferia dialectal hispánica al oeste y sur de Castilla: galleguismos, leonesismos, extremeñismos, andalucismos. Por la localización del Archipiélago en la ruta que a partir del siglo XV siguen los portugueses en sus viajes de descubrimiento, exploración, comer~ cio y colonización en Africa, Asia y América, habrá de dejarse sentir asimismo en las islas en medida importante, no empece su incorporación política a la Corona de Castilla y León, la afluencia continua . de inmigrantes lusitanos, particularmente 26

durante los casi dos tercios. de siglo, entre el XVI y el XVII, cuando los Austrias españoles tienen tamo bién en sus manos el cetro de Portugal. Esta aportación humana de los portugueses a Ja población de Canarias se traducirá en apreciables huellas en el léxico insular} Por otra parte, las relaciones de Canarias con el Nuevo Mundo hispánico, desde el siglo XVI hasta el momento actual, de caracteres' particularmente importantes dada la gran contribución de gentes que hace el Archipiélago a la empresa colonizadora del orbe trasatlántico de nuestra lengua y en especial de las tierras en la región del mar Caribe, habrán de determinar la incorporación al léxico y fraseología de las islas de innumerables expre. siones de raíz americana, recogidas algunas sin duda al margen del tráfico entre ambas orillas del océano, agregadas y afirmadas las más en el uso canario por mediación de los emigran tes isleños que vuelven como indianos a su tierra de naci· miento. En este aspecto del vocabulario del Ar· chipiélago se aprecian con mayor realce las con· tribuciones de aquellos países de la América tro· pical -Cuba, Venezuela- con los cuales han mano tenido tradicionalmente las Canarias, quizás, lazos de correspondencia más intensa, sin que esta pre· ponderancia, desde luego, excluya aportaciones en menor cuantía procedentes de otras partes de His· panoamérica. . 1. Véanse E. Serra y ~fols, Los portugue.ses en Cana· rlas..., La Laguna, 1941, paSSlm; J. A. Pires de Lima, eA alma de Portugal na sua passagem para o Brasil», Revista de Dialectologla y Tradiciones Populares. 1948, IV, cuad. 3. pá. ginas 365-386; J. Pérez Vidal, eLos provincialismos cananas del Diccionario de la Academia.., Revista Hispdhica Moder· na, 1947, XIII, núm. 1·2. p. 137; - - , Clasificación de los portuguesismos del español hablado en Canarias, Coimbra. 1966; M. Alvar, El español hablado en Tenerife, Madrid, 1959, pp. 87·92.


Separaremos a continuación del cuerpo de par labras que constituyen el vocabulario canario, en el apartado de la vida material, una serie de voces relativas a comidas, dulcería y bebidas que en· cuentran eco en el español puertorriqueño, y de las cuales puede pensarse con fundamento que vienen a ser en nuestra habla insular préstamos recibidos de la del Archipiélago.2 l.

Comid{ls

1. Como nombres de las tres comidas princi. pales del día se dan en las islas, con carácter más general, las voces desayuno (de siete a ocho de la mañana, o a las nueve, o al levantarse), almuerzo (al mediodía) y cena (de siete a ocho, o a las nueve de la noche). La palabra almuerzo, sin embargo, es sinónima de desayuno en algunas localidades de Tenerife (así, por ejemplo, en La Laguna, según •Alvar), conforme al antiguo uso 'en España (hoy dialectal en algunas partes como Cespedosa de Tormes (Salamanca), Andalucía, Aragón) que entiende almuerzo como "desayuno", comida ligera que se toma al levantarse, todavía así registrado en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa, Bruselas, 1705, de Francisco Sobrino: almorzar "déjeuner", y cuyo empieo peninsular y canario hace eco en el pasado en Puerto Rico,

según lo ilustra la comedia costumbrista La juega c/c gallos o El negro bozal (1852), de Ramón e, F. Caballero, cuya acción se desarrolla en Arecibo, importante foco en la Isla de la inmigración ca· naria de antaño. Modernamente, tanto en nuestro país como en Canarias (aparte del uso tinerfeño antes señalado), almuerzo es la comida que se hace al mediodía (ef.: en la Península, el equivalente de nuestro almuerzo, tomado a media tarde, se llama comida, vocablo este último que en Puerto Rico ha pasado a denominar a la cena, tomada al finalizar la tarde o temprano por la noche); el término cella, todavía con plena vigencia en Canarias, sólo tiene empleo excepcional en Puerto Rico para aludir a una comida que se hace tarde en la noche en ciertas ocasiones especiales, como la cena de Nochebuena o de Navidad, si bien too davía registra Figueroa por la zona rural de Ponce el uso corriente del verbo cenar para referirse a la comida de las cinco de la tarde.3 2. El vocablo sancocho m., que en Castilla la Vieja (Burgos) significa "vianda a medio cocer" (en Soria, zancDcho,' además, en Avila, La Mancha y Andalucía, sancochado, p. p. se dice de "la vian· da cocida que queda medio cruda y sin sazonar"; en Murcia, sangochado guiso parecido al estofado"), pasa a Canarias para denominar allí al "sal· cocho de pescado y papas", según los Millares Cubas, plato característico de las francachelas y esparcimientos campestres" en el Archipiélago. Este empleo en las islas del aludido sustantivo y de las formas verbales relacionadas (sancoc!lar "cocer total y plenamente alimentos, especialmente patatas y batatas"; por extensión, sancocharse ref. "abrasarse de calor" -como en Puerto Rico-; sancoc/lado "lo que se sancocha: se dice en Te· nerife papas sancoc/ladas de las patatas sin pelar, cocidas en agua muy salada. o preferiblemente, en agua de mar") ha debido de contribuir sin duda a la difusión por el Nuevo Mundo de tales voces. El infinitivo sancochar aparece ya documentado para 1611 en Cartagena de Indias, de acuerdo con dato que aporta Rosenblat.4 Hoy día, en la zona del Caribe (Puerto Rico, Santo Domingo, Panamá, Colombia, Venezuela) y fuera de ella, en Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, sancocfw es el nombre de "determinada comida hecha en caldo, como puesta de carne, yuca, plátano y otros ingredienji

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2. Como fuentes documentales más importantes y más frecuentemente tenidas en cuenta en el presente trabajo respecto del lexíco canario, cabe citar en ~eneral las si· ¡;uientes obras: Sebastián de Lugo, ColecciOIl de voces y frases provillciale5 de CQJlarias, ed., prólogo y 'notas de J. P¿rez Vidal, La Laguna de Tenerife, 1946 (trabajo origi· nalmente compuesto en 1846); Elías Zerolo, ~La lengua, la Academia " los académicos~, en Legajo de varios, París, 1897, pp. 105·178 (trae lista de voces y rrases usadas en Ca· narias), pp. 160-172); Luis y Agustín Millares Cubas, Cómo Ilablan los callarios, Las Palmas [1932]; José Pérez Vidal, sus ya aludidos artículos, y además, .Conservas y dulces de Canarias», Revista de DIalectología y Tradiciones Popu· lares, 1947, III, cuad. 2, pp. 236-255, Y .Aportación de Cana· rias a la población de América. Su influencia en la lengua y en la poesia tradicional», Anuario de ESllldios Atlánticos, 1955. núm. 1, pp. 91·197; Manuel Alvar, su libro antes citado en la nota 1; Francisco Guerra Navarro, Contribución al léxico popular de Gran Canaria, prólogo de J. Pérez Vidal, Madrid, 1965; Miguel Santiago, .Vocabulario popular gran· canario empleado por Pancho Guerra en sus obras~, selec· cionado y ordenado, precisando sus significados... , epílo¡ro en el antes citado Iíbro de Guerra Navarro, Madrid. 1965, pp. 485-808. Ofrece también datos. de interés y provecho so· bre el léxico isleño a que nos contraemos, el P. José oe Viera y Clavijo, Noticias de la Ilistoria general de 'las 1sla.~ de Canaria, Madrid, ln2; otra ed.. Santa Cruz de Tenerirc, 1863, 4 vals., y aparte de la obligada consulta de numerosos trabajos monográficos que estudian el léxico ~alleJ!o, astu· riano leonés, extremeño, andaluz. y cuya relación detallada aquí 'resultaría prolij..a, y asimismo del Diccionario. de la Real Academia Espanola de la Lengua, se ha tenido en cuenta también el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellalla, Berna, 1954, 4 vols., por J. Corominas, de extraordinario valor al considerar el origen e historia del léxico español y su difusión pasada y presente en el plano geográfíco total de la Hispanidad. De mucha utilidad, además, a los fines de precisar lo que es específicamente canario en el Caribe y la América continental dentro del cuadro de las aportaciones dialectales hispánicas procedentes de las otras riberas del Atlántico resulta el libro de Raymond R. Mac Curdy. The Spanisll Dialect ilt Sto Ber· lIard París/t, Louisíana lI950), estudio del hnbla de una co· munidad ~isleña» fundada en Luisiana, hacia fines del XVlll, por emigrantes de Canarias.

3. v.. Edwin Figueroa ~erríos, Hab!a.y. folklore. ell !,Oll' ce (Puerto Rico) [MemOria doctoral medita], Umversld~d de Madrid, 1965, p. 373. Se ha consultad~ con frccuencl~, además en la elaboración de este trabajO el VocabularIO de Plle;to RICO San Juan, 1937, por AUlZusto MaJaret, y el Dicdollario gelieral de americallisllIos, México, 1942, 3 vals.• por Francisco J. Santa maría. Otras o!>ras relativas III e~pa­ nol hispanoamericano Que se han temdo en cuenta se cItan individualmente más adelante. 4 V Angel Rosenblat Bueltas y malas palabras en el castella,io de Venewela. éoh prólogo de Mariano Picón· Sao las, Caracas·Madrid, 1956, pp. 98·10\.

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les". plalo equivalenle del cocido español; en Cuba••. guiso mal hecho o insípido"; cn Tabasco (México). sancochado "sancocho". Se usan asi· mismo en varios dc los países americanos citados las formas sancochar tr. y sancocllado p. p. cn relación con el cocimiento de carnes. legumbres o verduras hecho sólo con agua y sal; entre los "isleños" dc Luisiana, sangochar (sancoc/lar) "to parboil".s 3. El español canario hereda del Occidente de España el término mojo, alusivo a cierta pre. paración culinaria (en la comarca salmantina de la Ribera, "manjar que consiste en sopa de pan con sangre y menudos de cerdo, cebolla, ajo, co. minos y especias, que se toma a la mañana si· guiente a la matanza, invitándose o mandándoselo a los parientes y amigos"; en Extremadura, mojo o moje "comida compuesta de carne frita o pes· cado frito con mucha salsa"; en Andalucía, mojo o moje "caldo de guisado") y lo aplica a la "salsa que se hace con aceite. ajo y pimiento. recibiendo Según el color de este último ingrediente los nomo bres de mojo verde o mojo colorado". En Puerto Rico. donde la procedencia de Canarias del plato aquí llamado de igual forma queda confirmada hasta el día de hoy por la denominación de mojo o mojito isleño que se oye por algunas partes de la Isla (en Salinas, por ejemplo). alude el citado nombre a una salsa preparada con aceite de oliva, cebollas, agua. alcaparrado, pimientos morrones, salsa de tomates, vinagre, sal y hojas de laurel, cocida al fuego y la cual suele servirse con pescado frito o con verduras u hortalizas. Por la zona del Caribe se da también este vocablo con parecida significación en Santo Domingo, Cuba (donde el término ha evolucionado semánticamente para nombrar asimismo a una bebida de ron y gaseo· sa), Tabasco (México) y Venezuela. 4. La acepción secundaria de .. despojo de reses" que dcsarrolla gandinga f. en Sevilla parece haber prendido en el Archipiélago (en Tenerife, según Pérez Vidal en nota a Lugo, se oye en Ta· coronte la variante mandinga -sin duda influida por el afroamericanismo de igual pronunciacióncon el sentido de "asadura, vísceras"; en Gran Ca· naria, gandinga es "comida hecha a base de me· nudillos del cerdo, con una salsa espesa"). En Cuba y en Puerto Rico, por ulterior evolución semántica del vocablo de uso andaluz y canario, pasa el mismo a significar "guisado hecho con el hígado de cerdo u otro animal", y por aparente refe· rencia al picadillo que se hacc de tal víscera en la citada confección culinaria, se dice figuradamente 5. Coinciden en criticar como ultracorrecto el uso de salcoclw en lugar de sallcocllO en nuestros paises, en Puerto Rico. Ruben del Rosario; en Santo Domingo, P. Henríqucz Ureña; en Venezuela, A. Rosenblat.

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en nuestro país hacer gandinga a uno "hacerle picadillo". 5. En el español canario, com9 sobrevivencia del habla de los guanches, denomina la palabra gofio m. a una harina que se obtiene moliendo el grano previamente tostado de un cereal -maíz (utilizado preferentemente en Gran Canaria), trigo (en Tenerife, La Gomera), trigo mezclado con garbanzos y otros ingredientes (en La Palma), cebada (en Fuerteventura y Lanzarote)-, y la cual se consume amasada con agua y sal, formando la pella (gofio ar puño), o diluida en caldo o leche (escal· dón), o amasada con miel de abejas o de caña. Dice Viera que los aborígenes de Tenerife usaban el gofio "como de pan quotidiano", a 10 que agrega Lugo que el mismo sigue siendo, después de la conquista castellana, el "alimento agradable i jeneral de los pobres de Canarias". Los emigrantes canarios que vienen al Nuevo Mundo traen con· sigo la voz gofio como nombre de una prepara· ción parecida a base de maíz tostado y molido en polvo (en Puerto Rico se le agrega corrientemente azúcar), que se conoce además en Santo Domingo, Cuba (Pichardo ya acredita alli su procedencia ca· naria para 1836 y registra que a los isleños les lla· man "come gofio", lo cual también se dice en copla puertorriqueña del siglo XIX: "Los isleños comen gofio, / los catalanes casabe, / los borincanos hartón / y los negros de Guinea / comen ñame, ñame, ñame"), Ecuador, Bolivia, Argentina. Asimismo se emplea el vocablo gofio "toasted commeal" entre los "isleños" de Sto Bernard, Luisiana, habiendo pasado además con igual significación al francés criollo de dicho estado norteamericano, y antaño,. según Buck, se dio también entre los canarios que emigraron a Tejas.6 En Venezuela, gofio es nombre de una especie de alfajor hecho con harina de maíz o de casabe y papelón. 6. Frente al uso castellano de pan del día" de confección reciente", Alvar registra en Tenerife (y es probable que se dé asimismo en las otras islas) la expresión pan fresco, corriente también en la lengua general de Puerto Rico. Igualmente en la citada isla de Tenerife se dice teta del cantero o punta del pan, denominación ésta hoy en aparente decadencia en Puerto Rico, pero que de muo chacha oíamos todavía por algunos puntos del sureste interior y sureste costanero del país (Aibonito, Coamo, Salinas). 11. Dulcería

7. La dulcería popular canaria, famosa para la época, en los siglos xv y XVI, cuando en las islas 6. Véanse E. Pichardo, Diccionario provincial casi·razo· nado de voces cubanas, Matanzas, 1836, artículo dedicado a gofio,' Samuel M. Buck, Yanagllarta's SlIccessors. The Stary 01 lile Canary Islanders' Inmigralion into Texas in Ihe Eigllleertlll Century, San Antonio, Texas, 1949, pp, 165, 178.


había ingenios azucareros y el extraordinario desa· rrollo que cobra allí la industria sacarina gana para el Archipiélago en el extranjero el nombre de .. Islas del Azúcar" -se atribuye a Góngora un romance que comienza con los versos "En cosas dulces, Ca· narias / no iguala la que poseo..."-, ha legado al léxico de Puerto Rico y de otros países de Hispanoamérica los nombres de varias confecciones que hasta el día de hoy subsisten entre nosotros: (a) al· fajor m., voz de origen arábigo-andaluz en el Archipiélago, menciona allí, a la ma.Qera española antigua (en Covarrubias, alfajor "conserva de miel, especias y pan rallado"), a un "dulce navideño pre· parado con una masa hecha con pan tostado y molido, revuelta en miel de abejas, y hervido con canela en polvo, anís y clavos, de forma de pequeño rombo"; en Puerto Rico (de manera parecida, tamo bién en Santo Domingo, y con ciertas variaciones, igualmente en Cuba, México, Venezuela) ei dulce así nombrado se prepara en forma de pasta hecha con casabe molido (como sustituto del pan), azúcar mascabado, agua y jengibre machacado, con casabe molido espolvoreado por encima y marcada dicha pasta en cuadros; (b) bienmesabe m., vocablo que a di· ferencia del uso que tiene en algunas regiones de la Península como nombre de cierta golosiná, signi. fica en Canarias, al igual que en Andalucía, "dulce compuesto de yemas de huevo, almendra molida, azúcar y raspapuras de limón", y en Puerto Rico (y asimismo en Cuba y Venezuela, con algunas variantes en su confección) dulce almibarado hecho con leche de coco, azúcar y yemas de huevo, ser· vido con bizcochitos o plantillas"; (c) pilón m. o su diminutivo piloncillo m. nombra en Canarias, al igual que en la Península, al "pan de azúcar hecho en forma de cono o de cono truncado", y así tamo bién, con la forma primera, en Puerto Rico y otros países hispanoamericanos (en Santo Domingo, ade· más, el topónimo Pilón de Azúcar; en México, piloncillos "azúcar prieta que se vende generalmente en panes de forma de cucurucho, o cono truncado"; entre los canarios emigrados a Tejas en el siglo XVIII, según Buck, peloncillos (que debe ser transcripción errónea por piloncillos, forma esta última usual aún con idéntico sentido entre los tejanos de habla española) "lumps of brown raw sugar"; (ch) pirulí o. pirulín m. se llama en Gran Canaria y tal vez también en otras de las islas (quizás por herencia recibida del Mediodía peninsular: en andaluz, pirulí "cierta clase de caramelo") a determinada clase de pastilla dulce que se clava en un palito por el cual se sujeta para facilitar chu· parla. La misma voz pirulí se oye en las Antillas (Puerto Rico, Santo Domingo, Cuba) y también en Venezuela y Colombia como nombre de un bombón acaramelado. En nuestro país tienen a vec.es el mis· mo sentido. en el lenguaje infantil, pirulí y pilón (V., supra); (d) rapadura f. (y también rapadura de fI

gofio) se llama ep Canarias a un dulce de figura cónica que se prepara vaciando en moldes de foro ma de em~udo una mezcla de gofio de trigo y de miel cocida convenientemente, a la cual, para me· jorar la calidad del producto. se añade, a veces, cierta proporción de almendras tostadas; se confecciona asImismo la rapadura con otros ingredientes: azúcar y leche; azúcar, leche y huevos; azúcar y miel; azúcar y chocolate, etc. El vocablo rapadura o raspadura (Pérez Vidal explica la caída de s en el ca· narismo rapadura a base de inconsciencia sobre el origen de la palabra en el Archipiélago, tras la desaparición alli de los ingenios azucareros, partiendo del raspado de los aparatos de elaborar el azúcar), aplicado a dulces de varias clases, se extendió al español de la zona del Caribe y desde aquí a otras partes de la tierra firme continental: en Puerto Rico raspadura (y también en Cuba, Honduras, Panamá, Ecuador), "el azúcar moreno que va quedando pe· gado a la paila en los trapiches"; en Santo Domingo, aparte del anterior sentido, "azúcar negro"; en Mé· xico "panela o chancaca, moldeada por lo común en cuerpos cónicos truncados y envuelta en atado de hojas, llamada piloneillos; en Venezuela "papelón o meladura de caña de azúcar cuajada en fonna cónica";' en Bolivia "torta de miel espesa de caña de azúcar"; en Brasil, rapadura "ac;ucar mascavo coalhado em forma de pequenos ladrilhos"; (e) tirijala f. se define en el Archipiélago como .. dulce correoso, hecho con miel de cañas o miel de abejas, aceite y harina de trigo, que tiene la forma (en La Palma) de una tira de tela que se ha doblado y torcido: (yen Tenerife) de. un cono, endurecido en cucuruchos de papel blanco", poco elaborado al presente, con tendencia a desaparecer; en Puerto Rico, también llamado' melcocha f., es "dulce elástico que se prepara hirviendo cierta cantidad de melao, a fuego l(mto, y vertiéndolo luego, al espesar, en un plato engrasado, donde se corta, una vez frío, en pedacitos". Con igual nombre de melcocha se conocen diversas preparaciones dulces en Cuba, Mé. xico, América Central. 8. Otras denominaciones que en el Archipié. lago se refieren a confecciones dulces, pero que en Puerto Rico han pasado a .nombrar preparaciones culinarias que no se consideran postres lo son: (a) pastel m., palabra que en Canarias nombra por antonomasia a una importantísima golosina úni. camente confeccionada en la Pascua de Navidad, compuesta por un molde de hojaldre que se rellena con carne de cerdo preparada, y suele tomarse caliente. Creemos ver en este uso canario de pastel, una etapa semántica intermedia entre el empleo que tiene la misma voz en la Península -" masa de harina y manteca, en que ordinariamente se en· vuelve crema o dulce, y a veces carne, fruta o pescado, cociéndose después al horno" -y el que ha desarrollado en Puerto Rico- "masa de arroz

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y carne, o de plátano, yautía y otras viandas, con el relleno de carne, y que para cocinarla, hervida en agua de sal, se envuelve en hojas de plátano atadas con hollejo de esta misma planta" -, también alusivo como en las islas a una preparación que siempre ha sido plato indispensable de las celebraciones de Navidad (1a documentación más antigua del nombre en nuestro país. con este sen~ . tido, en su forma completa original de pasteles de hoja, figura en el detalle de las cosas asociadas a las fiestas de la Navidad criolla que hace el escritor Francisco Vassallo Forés en su carta a los autores del Aguinaldo puertorriqueiio de 1843, recogida al final de dicho volumen);7 (b) piiión m., como probable derivación regresiva de los nomo bres de uso peninsular píiionata f. "género de con· serva que se hace de almendra raspada y sacada como en hojas, y azúcar en punto para que se incorpore" o pÍl10nate m. "masa de harina frita cortada en pedacitos que, rebozados con miel o almíbar, se unen unos a otros, formando por 10 común una piña", en Canarias se llama piñón m. a una golosina de feria o fiesta, hecha tradicional· mente con azúcar en pasta y almendras, si bien en épocas modernas se le ponen cacahuetes. En Puerto Rico, la misma palabra piñón ha llegado a denominar a una especie de pastelón, fruto de sartén, preparado con tajadas doradas de plátano maduro en su exterior, unidas entre sí a base de huevos batidos, y relleno con carne molida, que se condimenta con sal, salsa de tomates, ajíes dulces, cebolla, pimiento' verde, alcaparras, a cuya preparación se agregan habichuelas tiernas hervi· das; {c) pionono·m., que en el Archipiélago parece ser término llegado desde Andalucía (Pérez Vidal sugiere su origen como "traducción infiel del francés pet-de-nonne"), es allí" dulce formado por unas tiras delgadas de bizcocho que se enrollan con la cara interior recubierta de crema, de mermelada o de otro dulce pastoso, y que, por último, se melan en almíbar para dar más solidez y dulzura a las ruedecillas resultantes" (con el significado de cierta clase de golosina también se conserva la palabra en Santo Domingo, Cuba, Honduras, Costa Rica, Panamá); en Puerto Rico, sin embargo, ha pasado a denominar a una fritura que se hace con rebanadas de plátanos maduros, enrollados y rellenos con queso parmesano rallado y claras y yemas de huevo. 9. Por el contrario, son nombres de golosinas en Puerto Rico los siguientes vocablos de aparente 7. El escritor canario F. Guen-a Navarro. op. cit., p. 323. informa que en el Archipiélago no se dice nunca pastel ni pastelerla como en la Península -el único pastel en las islas es el arriba descrito-, sino dulce y dulcería: .. Todas las golosinas hech3S con pastas (i cremas son dulces, el sitio donde las hacen y expenden, dulceria, y dulcero, el industriala, observación ésta que también es cierta para Puerto Rico, con la misma salvedad respecto de lo que aquí se llama pastel.

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procedencia isleña inmediata en nuestro léxico, y los cuales en Canarias aluden a comestibles que no son dulces: (a) traltgollo m., que en el Archipiélago (así en Gran Canaria y en Tenerife), quizás por adaptación del portugués frangolJto, de uso en Madeira y otras islas atlánticas de Portugal con el sentido de "trigo quebrantado groseramente para comerlo", si es que no es occidentalismo español,. significa "millo o maíz partido en trozos pequeños, pero sin alcanzar la finura del gofio, que se consume cocido con agua, sal y leche", en Puerto Rico y también en Cuba denomina a un dulce seco, hecho de plátano verde triturado, a lo cual se agrega azúcar; en otras partes de Hispanoamérica presenta la misma palabra sentidos muy relacionados con el canario: en Chile, ""trigo, cebada o maíz triturados para comerlo"; en Argentina, "locro o guisado de maíz muy molido"; (b) millo m., palabra que en las islas, por influjo gallegoportugués, pasa a denominar al maíz (gallego, millo; portugués, milito), y en Puerto Rico (con uso ya decadente, entre otras partes, por Aibonito, MayagUez) se aplica a una golosina preparada a base de rosetas de maíz tostado y reventado, adheridas unas a otras con melaza para formar una bola (bola de millo).

IIl. Bebidas

10. Por simplificación de la denominación compuesta aguardiente de cOIia, de uso peninsular, en Gran Canaria y otras islas del Archipiélago, se dice caña f. del ron que se obtiene de la destila~ ción de las melazas y zumo de la caña dulce, nomo bre éste que en Puerto Rico da los derivados ca· liete m. (hoy desusado) y ca/lita f., aplicados al ron de ínfima clase, hoy de destilación clandestina. 11. Como conservación de antiguo uso penin. sular que emana del infinitivo chal1lpurrar "mezclar un líquido con otro, y también otras cosas como tabaco, azúcar, etc." (así en Diccionario de Autori· dades, como vulgarismo), y hoy, frente a la pronunciación más moderna chapurrar, se mantiene dialectalmente -en asturiano, c/tampurrear "mezclar, mixturar"; en andaluz, c1zampurrado "mezcla de licores"-, el español popular canario (por ejemplo, en Gran Canaria) dice champurriado, concretamente, de la "mezcla de ron con vermut o con ginebra", y también de la "mezcla de ron, azúcar y azufre, a la que se cree con virtudes te· rapéuticas contra el catarro". En Puerto Rico, al presente como forma en abierta decadencia, y al igual que en otros territorios de la América Central y del Sur, champurreado o c/tampurria( d)o m. "bebida de licores mezclados"; en Cuba, cham~ purrado o chapurrado "bebida compuesta de ciruelas cocidas con aIDIa, azúcar Y clavo".


Poesía como decir rlel propio ser* Por JORGE LUIS MORALES

PERMITIDME QUE, EN ESTA OCASIÓN, ME DESPOJE DEL

conquistado ajuar de profesor y luzca, en cam· bio, mi natural atavío de poeta. Me pliego así, con justeza insobornable, a las exigencias del discurso presente. Se me ha encomendado que aborrle el tema de la poesía -en la más pretenciosa de sus vertientes, la de su esencia. Al efecto, he de sonar las monedas de mis propias vivencias, porque no concibo que se deba abordar un tema tan inextri· ,cablemente unido a la sustancia de sí mismo, sino con las categorías de la efusión, más aún cuando ese tema se aureola de mito, de magia, de adivinación. Todos los que, de una forma u otra, se han acercado al misterio esencial de la poesía, indistintamente del talante de su discurso, han tenido que hacerlo, necesariamente, por la vía autobiográfica. Lucubrar sobre la poesía es, por tanto, refetir un testimonio personal. No he de ser yo la excepción. De mi augusta marinería poética he sacado en claro una razón incontrovertible: la poesía es el decir del propio ser. Hace tiempo, desde mis correrías de muchacho por las montañas de Ciales, urgido por un ímpetu de locura divina, me obsede el posible desencantamiento de la poesía. Las fórmulas -afortunadas unas, otras precarias- que aprendí tras intensas lecturas de nada me s!rvieron, de nada me han servido. Sucesivos viajes en amorosa contempla· ción de las más insignificantes maravillas de la * Palabras pronunciadas en el anfiteatro de Estudios Genera!cs. el !,TI.artes día 5 de marzo de 1968, y seguidas de un rc~lla! poetlco ~ cargo del dl!c1amador Raúl Carbonell y el pIanista Francls Schwarf.

naturaleza fueron sensibilizando mi espíritu para el acecho de la poesía. Pero de nada me sirvieron; de nada me han servido. Puede uno recorrer el mundo a todo lo ancho y lo iargo, por valles y oteros, cenices y nadires, de horizonte a horizonte, de alma a alma, de vida a vida, de muerte a muerte, de eternidad a eternidad, y recorrer todos los abismos humanos y divinos ¡y la poesía permanecerá tan escondida como siempre, para siempre! Nada ni nadie podrán decirnos nada de la poesía. ¿Qué espeso velo guarda el rostro de esta criatura amada, de este puro relámpago que tanto enamora y ciega? San Juan de la Cruz, aquel frutalísimo San Juan de la Cruz, el más grande de todos los poetas de todos los tiempos, cuánto nos dice San Juan de la Cruz! En sus Canciones entre el alma y el esposo exclama:

y todos cuantos vagan, de ti me van mil gracias refiriendo, y todos más me llagan, y déjame muriendo UP1 no sé qué que puedan balbuciendo. Balbucir. Qué extrañeza, qué confusión, qué ma· ravilla del deslumbrante misterio total: El hom· bre es inepto para la expresión de lo absoluto. Veremos por qué. San Juan de la Cruz nos ofrece la clave. Dice en Canciones que hace ·el alma en la íntima unión de Dios:

¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres 31


de mi alma en el más profundo centro! Pues ya no eres esquiva, acaba ya si quieres, rompe la tela de este dulce encuentro. Dulce encuentro. Profundo centro. Llama de amor. Dulce encuentro con la llama de amor, en el profundo centro. Eso es poesía; he ahí la intríngulis de la experiencia poética. Contados seres, sí, han tenido la gracia -y entiéndase este vocablo en todas sus significaciones religiosas y paganas- de experimentar el "dulce encuentro" en el "profun~ do centro". El hombre anda, de veras -no cree· mas que por moda, la irrisoria moda de estos tiempos- enajenado; y, por ello, de todo punto incapacitado -que siervo es de sus propias absurdas locuras- para el encuentro consigo mis· mo, con su propio ser. En la ergástula de los fié· bibles mitos de la carne delira su alma de energúmeno, percibiendo tan sólo las miasmas de su propia podredumbre. Esclavo del mundo, frecuentador impenitente de la alharaca circense, se cie· rra, paso a paso, día tras día, el estrecho, pero confiable camino de su liberación, sustentada en el hallazgo de sí mismo. Por regla general, el hombre es un ser con tropismo de espectáculo. En su acervo de valores suele otorgar preeminencia a lo heroico sobre lo trágico. Sojúzgalo cuanto hay de grandioso, cuanto ostenta contornos precisos, cuanto con su alarido excita los suburbios de sus sentidos. Son raros los seres de sordina, ·aquellos que se refocilan en el aprecio de lo menudo, insignificante y discreto, y quienes se aventuran, por soledosos caminos, a sorprender, como diría un querido poeta "el alma de las cosas". Es que el hombre está imbuiq.o de colectivismo; la sociedad -traspuesta su generosa misión natural y originaria, propiciatoria de re· cursos creacionales, por virtud de la salvaguarda del hombre, respecto de las inclemencias de los elementos- ha parado en fijar diques contra el impetuoso flujo de la individualidad. Constreñido, así, el hombre en el ejercicio de sus más íntimas facultades personales, cuando' creyó vislumbrar la redención de su destino, irónicamente, se vio atado a la férula de su propio fantasma. Fenómeno tal, patente en tan diversos órdenes de la cultura, se apreCia, también, dentro de la población poética, o más bien, entre los que pretenden calzar coturno de poeta. Las sectas poéticas, con sus ridículos marbetes, son testimonio fehaciente de que la crisis general, obcecada en la furia de sus tentáculos, no se conforma con su amplio agosto demográfico, sino que irradia hacia las zo· nas donde habita la inocencia. Las anteriores consideraciones en torno a la poesía como decir del propio ser me fuerzan a 32

anclar la nave en aguas platónicas. Platón, ignominiosamente odiado por miopes y présbites, aparte de ser poeta de insuperables mitos y de irrumpir con la noción de la belleza en la esfera de la metafísica, tuvo el tremendo acierto de concebir la poesía (poiesis), a diferencia del arte (techne), como toda actividad que determina un paso del no ser al ser. Vista así la poesía, la vivencia del hallazgo pauta la trayectoria de su descubrimiento. Ese "trastorno de todos sus sentidos" de que hablaba Rimbaud a propósito del poeta como "vidente" permite que se logre lo que Poe llamaba "la aspiración humana a la belleza suprema". y esa belleza suprema, ¿dónde hemos de encontrarla sino en nosotros mismos? El camino hacia la poesía obedece a un movimiento centrípeto hacia dentro, porque nada hay más hermoso que nuestro propio ser. A propósito, decía Novalis: .. El poeta está literalmente fuera de sí; mas, en compensación, todo se realiza dentro de él. Es literalmente su· jeto y objeto al propio tiempo, alma y universo." Tal imperio de lo individual sobre lo colectivo, del propio ser sobre lo extraño o extranjero, si queremos, de la lírica sobre la épica es lo que augura la redención última del hombre. Sólo los caminos de la poesía pueden devolvernos nuestra mismidad, por virtud del retomo a las fuentes primi. genias, que allí nos contemplaremos en la armo· niosa plenitud de nuestro ser. "En poesía, decía 'René Char, únicamente llegamos a ser definidos, y hasta alcanzar nuestra forma original y nuestras auténticas propiedades que prueban tal cosa, partiendo de la comunicación y de la libre disposisión de la totalidad de las cosas entre sí y a través de nosotros". Lucha espiritual, combate de Jacob con el ángel, encuentro de Dios y el demonio, ¡qué terri· ble aven'tura la de la poesía! Porque nada hay más difícil que ser, volcarse en el absoluto de sí mismo, y poder cantar, cantar con todos los ímpetus del corazón. Ello presupone, desde luego, locura, sí. pero la inteligente locura de, voluntariosamente,' renunciar al fantasma de sí mismo, a la máscara que nos pone el pérfido y alevoso mundo, me· diante una rigurosa ascética que propicie la purificación del alma. Unicamente quien vive en soledad siente el fuego de la libertad destruyéndole para eternizarlo en la poesía. Porque no hay aquí espíritu multitudinario donde la realidad se falsifique, distorsionándose, hemos de asistir al deslumbramiento de lo esencial, asequible sólo en la esfera de lo peculiarísimamente personal, para que tome cauce, en la amplitud múltiple de sus significaciones, la cifra justa de la trascendencia. Trabajos forzados los de la poesía, total desgarra. miento del alma, hacia el cumplimiento de su mi. sión primordial- la colocación del hombre en su


justo y preciso centro de gravitación natural y luminosa, por el enfrentamiento a la "llama viva" de su propio ser. Yo no sé qué es la poesía: tampoco me interesa saber qué es la poesía; es más, ni siquiera debo saber qué es la poesía. ¿Será posible conocer qué es la poesía cuando, precisamente, al momento de ese "dulce encuentro" nos hemos trocado ya en poesía? ¿Cómo objetivar la poesía cuando ya somos la sustancia de la poesía plena, y en el sagrado desvarío de la mística experiencia poética nos con· vertimos en limpia tensión eléctrica? ¿Y cómo saber qué es la poesía cuando ]a poesía no está hecha, que ella es la expresión suma del movimiento pero petuo, regida por una dialéctica de sucesivos e interminables nacimientos y muertes, de donde brota su sempiterna frescura virginal? Vuelvo a San Juan de la Cruz, el más grande testigo de la poesía: ¡Olt, cautiverio suave! ¡Oh, regalada llaga! ¡Oh, mano blanda! ¡Oh, toque delicado que a vida eterna sabe, y toda deuda paga! Estando, muerte el1 vida la llas trocado. ¡Oh, lámparas de fuego, en cuyos resplandores las profulldas cavernas del sentido, que estaba oscuro y ciego, con extraiíos primores calor y luz dan junto a su querido!

El paso de la muerte a ]a vida, la iluminación de "las profundas cavernas del sentido", ¿han de lograrse, acaso, con otra que no sea sacudida vehemente hacia los hondos y vibrátiles hontanares de la conciencia y el ser? Necesariamente, hemos de precisar una revisión del concepto de la mística. No se trata, no, de éxtasis, que ello sería enajena· miento; mas si se trata de un efectivo entusiasmo referido a la deidad del ser que, al instante de su propio reconocimiento, se abrasa en sí mismo, li· bertando la chispa de la belleza última en la razón de su amor. Un sólo dios hay: éste que late en lo íntimo del ser, nuestro propio ser, y sólo a él he· mos de encomendarnos, si es que, de veras, nos importa nuestro destino, el de aquí, que es el único valedero, para redimirnos en ]a esperanza, único modo de conjurar la nada. ¡Qué exuberante manantial este San Juan de la Cruz! ¡Cuán manso y amoroso recuerdas en mi seno, donde secretamente solo moras: y en tu aspirar sabroso,

de bien y gloria lleno, cuán delicadamente me enamoras!

Edificante es la poesía. Siempre. No precisa de epítetos que limiten en sentido. Libertad, amor, soledad, esperanza, purificación, belleza, desnudez, transparencia, ¿no son, acaso causa y efecto, a la vez, de toda finalidad edificante? Puerto de redención, la poesía como decir del propio ser ocupa la vanguardia entre todos los concebibles medios de espiritual liberación del hombre. Lo mismo en el orden individual que en el orden colectivo se ejercita la eficacia de su fuerza mesiá· nica. Si en el individuo imprime ese necesario sentido de confianza y de responsabilidad personal y social, otorgándole una clara con.cienci~ de v~.lo­ res, en los pueblos despierta el ansIa de hberaclon, por virtud de la superación de las mezquinas tra· bas que obstruyen, devorando su ~e, la glorio~a consecución de sus ideales. La poesJa como deCIr del propio ser es una actitud, una interpretación de la realidad, trabajosamente conseguida, pero generosamente y abnegada~ente ejercitada. N~nca en la historia se había VIsto tan en precaria la poesía. La demagógica irrupción de la inconciencia en el proceso político -nefasta, pero inconteni· ble oleada de los tiempos- ha conducido a la sub· versión en proporciones que representan un meno tís al sentido de lo humano. Sin embargo, tampoco antes, teniendo en cuenta el grueso de las circuns· tancias, se había manifestado la poesía con tan ardiente y cálidos destellos de arrojo y valentía. Justo es reconocer que el tan envidiable fenómeno de autodescubrimiento de los pueblos ha solido verificarse en aquellas sociedades humanas que, lejos de los pecaminosos mitos de la fraudulenta civilización de autosuficiencia, se han mantenido relativamente puros en el fervor de su higiénico primitivismo, sin que los haya atrapado la víbora de la enajenación. La poesía, una vez más, demues· tra ser patrimonio de los humildes de espíritu que, al margen de la aparatosa soberbia, se vuelcan, zaheridos de fe santa, en su propio manantial. Re· sulta, pues, patente que la poesía, en su más absoluta desnudez, en la precisa dimensión de su esencial finalidad estética, cumple de modo efi.. ciente tan certeros designios éticos que se convierte en espoleante pedagogía viviente. No es preciso para ello que, impulsado por un ansia de contemporización multitudinaria, el poeta descienda al pedestre campo del compromiso propagandístico, adhiriéndose a sectarismos efímeros, hijos de las circunstancias, perdiendo, de tal suerte, su abolengo 'de hombre enteramente libre. El poeta ha de clamar desde su propio mundo, desde la sede particular de su conciencia individual d9nde se compendia, virgíneo, el universo, para irradiar

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desde sí mismo esas esencias de libertad y sacri· ficio que suelen quedar obnubiladas en los más por razón de los intereses creados que atosigan la ética de las muchedumbres. Esta es, desde luego, mi personal postura frente al hecho poético. Cuando la poesía se .compromete sólo consigo misma, es decir, con el ser eterno y universal que alienta en cada ser humano se vislumbra el restáblecimic:mto de la armonía del mun·

Plaza del Mercado Grabado por Rafael López del Campo

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do, por gracia del despertar del sentido de valores y proporciones que informa el clima propicio a la convivencia humana. Eso es, precisamente, lo que se ha perdido -razón de la crisis aciaga que devora al hombre-; eso es, precisamente, lo que hemos de reivindicar, nosotros, los hombres de este siglo cuando, en breve -seamos optimistaslos mercaderes de la patria y del mundo dejen limpio el templo para la religión de la poesía.


El undécimo festival de teatro puertor..iqueño-1968 Por

I

El casorio (2 al 5 de mayo), drama en tres actos de Roberto Rodríguez Suárez, Arriba las mujeres (9 al 12 de mayo), farsa en tres actos de Manuel Méndez Ballester, El !tombre terrible del 87 (16 al 19 de mayo), drama histórico en tres actos de Julio Marrero Núñez, y La pasión según Antígona Pére, (30 de mayo al 2 de junio), crónica americana en dos actos de Luis Rafael Sánchez, alcanza a cuarenta el número de piezas montadas en los Festivales de Teatro Puertorriqueño. Cuatro de ellas, Mi señoría, de Luis Rechani Agrait, Vejigantes, de Francisco Arriví, Los soles truncos, de René Mar. qués, y Bienvenido, Don Goyito, de Manuel Méndez Ballester, se repiten durante el Noveno Festival de Teatro (1966) a manera de selección antológica de los dramas y comedias hasta entonces montados. Con la participación de Julio Marrero Núñez, sumarán a veinte los autores puertorriqueños fiscalizados frente a las candilejas inquisidoras de los festtvales de Teatro. Estos son: Alejandro Tapia y Rivera (llamado el padre del teatro puertorriqueño), Salvador Brau, Ramón Méndez Quiñones (ambos, juntos con Tapia y Rivera, representati. vos del teatro decimonono puertorriqueño), Emilio S. Belaval. Luis Rechani Agrait, Fernando Sierra Berdecía, Enrique Laguerre, Manuel Méndez Ba· llester, Julio Marrero Núñez (figuras todas de la generación de los treinta con un fuerte concepto literario socio-nacional, evolucionadas luego acorde con los nuevos tiempos), Ana Inés Bonnin Armstrong (trasplante a España con los ojos vuelo CON EL MONTAJE EN EL TEATRO TAPIA DE

FRANCISCO ARRIV(

tos a su país natal), Francisco AITiví, César Andreu Iglesias, René Marqués, Edmundo Rivera Alvarez (escritores de la generación de los cuarenta con apoyo en la generación de los treinta, pero tendidos vía un realismo poético hacia las más modernas promociones de la literatura),' Piri Fernández, Gerard Paul Marin, Victoria Espinosa (fundamentalmente imaginistas), Roberto Rodríguez Suárez (de estilo en },ransición de un realismo popular a un imaginismo sicológico), Myrna Casas y Luis Rafael Sánchez (figuras las más jóvenes de nuestra escena, llamadas a continuar dentro de su tiempo y de acuerdo con sus experiencias, la siempre renovadora labor integral de teatro -dramaturgia, dirección, actuación, escenografía- iniciada por Areyto, defendida por la Sociedad General de Actores, Tinglado Puertorriqueño, La Comedia Estudiantil Universitaria y Teatro Nuestro, Teatro Experimental del Ateneo y ampliada hasta la profesionalización por el Instituto de Cultura Puertorriqueña). . Con el estreno de El casorio (2 de mayo), dirigido por Alberto Rodríguez, y de El hombre terrible del 87, dirigido por Dean Zayas, llegan a quince los regidores de escena que han hecho posible ]a épica de cuarenta y cuatro montajes a lo largo de once Festivales de Teatro Puertorriqueño. Estos son: Leopoldo Santiago Lavandero, Piri Femández, Nilda González. Victoria Espinosa, Angel F. Rivera, Andrés Quiñones Vizcarrondo, José Lacomba, Alberto Zayas, José de San Antón, Pablo Cabrera, Francis Santiago del Rio, José Luis Marrero, Félix Antelo, Alberto Rodríguez y Dean ~ayas. Los dos últimos, quienes compartirán labores de dirección con José Luis Marrero, dir~ctor de Arri-

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El Casorio. Escena colectiva. Dirección de Al· berto Rodríguez. Escenografía de Julio Biaggi.

El Casorio. En escena Irene Pérez (Casi· mira), Eisa Román (Do~a Panchita), Alicia Moreda (Doña Lola), Luz María Rondón (Carmen Gloria) y Miriam Cruz (María Ele· na). Director: Alberto Rodríguez. Escenografía: Julio Biaggi.

Arriba las mujeres. En escena Ofelia D'Acosta (Rigoberta), Lydia Echevarría (Alejandra), Rolando Dchoa (Fortunato), José E.' Drtiz (Jimmy) e Ineabelle Colón (Una). Director: José Luis Marrero. Escenografía: Carlos Marichal.


ba las mujeres, ,y Pablo Cabrera, director de La paston según Antígona Pérez, corren suerte por primera vez, aunque curtidos por las experiencias ganadas a través de sus respectivas compañías his· triónicas Alta Escena y Teatro del Sesenta, ante la crítica que acecha con pasión a los Festivales de Teatro Puertorriqueño. Entienden perfectamen. te que el Festival de Teatro Puertorriqueño ha hecho posible, no el re-estreno de piezas teatrales ya probadas, sino la soberana aventura de poner en juego con ritmo anual una creación dramatúrgica nueva y particular cuyo advenir, perfilado a fines de los años treinta, se convierte en areyto mayor con las fiestas escénicas patrocinadas por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. (Véanse los libros Entrada por las raíces, Conciencia puertorriqueña del Teatro Contemporáneo 1937-1956, Areyto Mayor, Dinámica Puertorriqueña de Teatro Profesional y El Autor Dramático.) Aníbal Otero, de grata ¡:ecordación por su concepción escenográfica para el Sol y los Mae Donald, drama de René Marqués, debuta en el Festival de Teatro Puertorriqueño con el diseño y realización del ámbito escénico para La pasión según Antígona Pérez. Se suma a Carlos Marichal, de vasta y maestra obra dentro y fuera de los Fes. tivales de Teatro Puertorriqueño (diseña en esta ocasión el decorado de Arriba las mujeres) y a Julio Biaggi quien a partir de la producción de Las ventanas, de Roberto Rodríguez Suárez, ha venido a colaborar activamente en la creación de mundos escenográficos tales como las de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee; Des. pués de la caída, de Arthur Miller y Antígona, de Sófocles (diseña en esta ocasión los decorados de El casorio y El hombre terrible del 87.) La creación escenográfica -del Undécimo Festi. val, junto a la de los diez anteriores, se recogerá en un libro ilustrativo y explicativo de una extraor. dinaria y creciente labor artística en la que han ejercitado sus I:espectivas capacidades Rafael Ríos Rey, Carlos Marichal, Rafael Cruz Emeric, Fernan. do Rivera, Lorenzo Homar, Luis Maisonet, Pedro Luis Tasado, Nina Lejet, Bob Cothran, Amold Ta. raborelli, Irene y Jack Delano, Antonio Mariorell, Antonio Cataldo, José Iramo, Julio Biaggi y, ahora, Aníbal Otero. Un total de setenta bocetos, los que ya piden pública exhibición, expresan una época del teatro puertorriqueño en la que no sólo ha tomado' cuerpo una dramaturgia nacional, sino también en la que se ha dado una lucha de esti. los acorde con la lucha de estilos en el mundo internacional, constatación ambos fenómenos de un Puerto Rico interesado en su alma a la par que consciente del universo. Dentro de los mundos imaginados en armonía con el autor, el director y el escenógrafo, aparecerán no menos de setenta actores de la gran maI

tricula de la clase escemca que ha logrado destacar, mayormente a través de] Festival de Teatro Puertorriqueño, el Internacional y el de Ponee, notables figuras escénicas, capaces de atraer a las salas de representación, previa inclusión de obra apropiada sujeta a buen regidor de escena y publicidad estimuladora, un respetable público. Léan· se los nombres, entre muchos más y por contar aquellos de consecuente aparición en las tablas de Lucy Bascana, Rafael Enrique Saldaña, MadeUne Willemsen, Esther Sandoval, Marta Romero, Benjamín Mora]es, Josie Pérez, Rosaura Andreu, Norma Candal, Mercedes Sicardo, Elin Ortiz Reyes, José de San Antón, Alicia Moreda, Lydia Echevarría, Gilda Galán, Piri Fernández, Braulio Castillo, G]adys Aguayo, Ricardo Palmerola, Glo· ria Arjona, María Judith Franco, Delia Esther Quiñones, Estela de ]a Lastra, Manuel Pérez Durán, Víctor Arrillaga, Carlos Rodil, Raúl Dávila, Miguel Angel Suárez, Myma Názquez, Jacobo Morales, Iris Martínez, Juan Carlos Santa Cruz, Milagros Carrillo, Sandra Rivera, Eva Alers, Silvia del Villard, Charlie Gibbs, Myrna Casas, Orlando Rodríguez, Juan Miranda, WaIter Busó, José Manuel Caicoya, Luis Alberto Martínez, Félix Antelo, José Luis Marrero, Marcos Betancourt, Myrna Casenave, Angelina Morfi, Luis Vera, Esperancita Martínez, Gladys Rodríguez, Juan González, Luis A. Cosme, Vicente Vázquez, Horacio Olivo, Julie Rivera, David Ortiz, Félix Monc1ova, Axel Anderson, Esther Mari, Roberto Rivera Negr6n, Naida Dávila, Fran· cisco O'Neill, Raúl Carbonell, Luis Antonio Rivera, Ruth Cains, Esteban de .Pab]os, Francisco Ca· bañas, Francisco Prado, Ernesto Concepción, José Reymundí, Rosa Blanca Menéndez, María Soledad Romero, Joaquín Collazo... Jóvenes intérpretes como Luis Torres Nadal, Janice Marietti, Sharon Ri]ey, Friedda Stubbe, Daniel Lugo, Fernando Aguilú, Luz Minerva Rodríguez, Belén Ríos, Idalia Pérez, Irene Pérez, Nydia Navia, José Rodríguez, ya activos en el teatro profesional, infunden gran esperanza en los destinos de la máscara puertorriqueña. La clase teatral cuenta hoy con no menos de doscientos actores entre los que refulgen estrellas que se han ganado un puesto de honor por sus ejecutorias sobre las tablas luego de veinticinco años de voluntariosa, heroica labor con la que no solamente han dado a conocer su capacidad ex, presiva, sí que también echaron las bases para el clima de teatro profesional que comienza a tomar cuerpo en el país. Estos cimeros actores, y los que luchan por convertirse en primeras figuras en el ánimo del público, donde ocurre la verdadera grao duación, permiten, a la altura del año fiscal 1967· 1968, llevar a efecto el Tercer Festival de' Teatro Internaciona] (septiembre a octubre de 1967), el 37


A"iba las mujeres. En escena José E.Ortíz (Jimmy), Ofelia O'Aeosta (Rigoberta), Lydía Echevarría (Alejandra), Rolando Dehoa (Fortunato), José Luis Marrero (Adolfo), Víctor Arrillaga (Periodista) e lneahelle Colón (Una). Director: José Luis Marrero. Es~ cenografía: Carlos Marichal.

El hombre te"ible del 87. En escena William Agosto (Baldorioty de Castro) y Félix Monclova (General Palacio). Dirección: Oean Zayas. Escenografía: Julio Biaggi:

El hombre terrible del 87. En escena Sharon Riley (Muchacha 1lI), María Soledad Ramero (Muchacha 11), Janice Marietti (Muchacha 1), Félix Monclova (General Palacio) y Daniel Lugo (Comandante Vázquez). Dirección: Dean Zayas. Escenografía: Julio Biaggi.


Segundo Festival de Teatro de Ponce (febrero a marzo de 1968), amén de anunciar el Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño (mayo 13. junio de 1968), sin contar temporadas de tres obras cada una en San Juan y Ponce (agosto de 1967) y la temporada de Teatro de Vanguardia en el Ateneo (junio de 1968). Es posible, amparados los directores en la creciente matrícula de actores, a la cual estrangula el escaso número de salas de representación, promover tanto el desarrollo de una dramaturgia puertorriqueña como ilustrar la antología del teatro extranjero. La interpretación de la dramaturgia puertorriqueña, tal y como se presenta en el Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño (2 de mayo al 2 de junio), constituye por sí sola un reto al que no se podría responder si no existiera una gran matrícula de directores, actores y escenógrafos, para poder sustantivar y adjetivar obras tan variadas de forma y contenido como las seleccionadas en esta ocasión por la Junta Asesora de Artes Teatrales. Júzguese que en El casorio, Roberto Rodríguez Suárez nos discute al impulso de una observación realista un ambiente de pescadores al borde de la ruralía puertorriqueña y establece el conflicto como producto de la naturaleza social del lugar; que en Arriba las mujeres, Manuel Méndez Ballester, irrefrenable pintor de crisis puertorriqueñas -la del terrateniente en Clamor de los surcos, la de la familia jíbara en Tiempo muerto, la del emigrante puertorriqueño en Encrucijada, la de la cultura en Bienvenido, Don Goyito- nos enfoca esta vez la crisis de familia de la clase media alta; que Julio Marrero Núñez, abocado paradójicamente tanto a lo legendario como a lo histórico, nos pinta las evoluciones de conciencia del tiránico Gobernador Palacio luego de éste encarcelar, bajo decreto de fusilamiento, a Román Baldorioty de Castro, figura prócer del autonomismo puertorriqueño; que Luis Rafael Sánchez salta por encima de la frontera del" país a interpretamos el efecto de la típica dictadura hispanoamericana en el ánimo amoroso de una mujer y para ello pone en conflicto a un tal dictador Creonte Malina con una ferVorosa de la libertad de conciencia como Antígona Pérez, reencarnación ambos personajes, como 10 indican los nombres, de la tragedia de Sófocles. Se comprenderá que esta incitación de temas y de ambientes, sin contar la de estilos y de técnicas -progresiva en el orden programático de las obras: dialectismo directo de El casorio, sátira caricaturesca en Arriba las mujeres, imaginismo historicista con juego de planos de conciencia en El hombre terrible del 87, "estilo épico" en La pasión según Antígona Pérez- necesita de una extensa, flexible y culta clase escénica para poder concretarse en las dimensiones

de un festival que, por demás, estrena obras- freso cas de autores orientados a la dilucidación de la conflictiva existencial del hombre puertorriqueño. Nunca en el siglo de teatro que ha transcurri· do desde La cruz del Morro, drama de María Bibiana Benitez inspirado en sucesos heroicos del Borikén, y el momento actual, heroico en la lucha por la cultura de la buena patria puertorriqueña, cuando la 'clase escénica desarrollada con raíces en el país ha logrado establecer un repertorio de obras significativas de la existencia de un pueblo peculiar, muchas de las cuales han trascendido al extranjero, se había manifestado una conciencia dramatúrgica tan vasta y efectivamente acompañada de una conciencia interpretativa. ¡Loor a estos creadores intérpretes y a estos intérpretes cread~ res capaces con solidaria voluntad de simbolizamos vivicntemente en el ritual escénico, supremo acto de afirmación cultural! Importantísimo en el Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño lo es el programa antológico de bailables que ofrece Ballets de San Juan quien celebra su décima aparición en la fiesta es· cénica (a partir del Segundo Festival 1959) con coreografía de Ana García y Juan Anduze para música de Jesús Figueroa (Souvenirs), de Jack Delano (Sonata) y Héctor Campos Parsi- (Petroglifos, Urayoán, Divertimento) y posiblemente de Amaury Veray (La encantada, Cuando las mujeres). En el transcurso de diez años, Ballets de San Juan ha mediatizado el desarrollo de un repertorio de bailables, debido a la inspiración -inspiración Ballets de San Juan mismo- de comp~ sitores puertorriqueños. Ha vertido coreográficamente, además, piezas de compositores del ayer, entre otros, Morel Campos y Quintón. De dicha labor hace resumen desde el jueves 23 al domingo 26 de mayo cuando ofrecerá cada noche un programa distinto. Significa esto que Ballets de San Juan presentará dentro del marco del Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño, un festival por sí solo.

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. EL CASORIO Se inicia el Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño (Teatro Tapia, 2 de mayo al 2 de junio) con El casorio, drama en tres actos de Roberto Rodríguez Suárez quien contribuyera con Las ven· tanas al Décimo Festival de Teatro Puertorriqueño. Si ayer este autor-director-actor nos dejó conocer el ambiente del emigrante puertorriqueño a Nueva York al que trata de ver, no tanto individualmente, sino en su expresión colectiva, esta 39


vez nos deja saber del hombre puertorriqueño en un ambiente poco aludido en la literatura puertorriqueña, el de pescadores en ]a frontera del mar y ]a ruralía donde también se colectiviza al influjo del sueño y la miseria. Hubiera sido más justo presentar en primer lugar El casorio, puesto que en éste se ventila la ilusión de partir desde e] arraigo en el suelo patrio y en Las ventanas, prevalece la ilusión de volver luego de] desarraigo. De hecho, Roberto Rodríguez Suárez escribió El casorio antes que Las ventanas y una y otra vistas sucesivamente revelan un desarrollo dramatúrgico que va de la observación realista de] ambiente al juego imaginista con ]a realidad como puede apreciarse en su más reciente obra Lillie XIV. . El casorio es una obra entrañada en ]a niñez y adolescencia de este autor·director·actor que actualmente vive en Nueva York pero que sueña con reintegrarse a Puerto Rico a consumar una labor de teatro en los varios aspectos que ha practicado de ]a misma. Roberto Rodríguez Suárez conoció directamente en Naguabo el ap}biente de pescadores que sirve de fondo a su drama; correteó por é], secretamente se maravilló ante su gente, sintió un día la compulsión de expresarlo dramáticamente. Quizás sea ]a razón por la que luego ]0 dominó la necesidad de escribir Las ventanas a medida que desarrollaba en Estados Unidos, unas veces de maestro, otras' de participante en ]a escena profesional, su vocación de artista dra· mático. El casorio es obra básica para comprender su carácter de puertorriqueño. Nada más natural que al seleccionar El casorio la Junta Asesora de Artes Teatra]es (ICP) para montaje en el Undécimo Festival de Teatro Puer· torriqueño, Roberto Rodríguez Suárez hiciera pre· sencia en Puerto Rico y cargara con el director de la obra Alberto Rodríguez y e] escenógrafo Julio Biaggi para la playa de Naguabo, fuente de inspiración de su obra. Allí orienta, explica, sugiere las posibilidades de montaje a dos personas asaz receptivas para las imaginaciones de ]a escena como son Alberto Rodríguez y Julio Biaggi quienes proyectan respectivamente un plan de dirección y de expresión escénica a través de] proceso de asocia· ción ambienta] que requiere -El casorio. Roberto Rodríguez Suárez parte pues con sus intérpretes escénicos de donde partió él a escribir lo que nos promete en el inicio del Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño: una sincera y objetiva re· construcción de ambiente puertorriqueño como ya hemos conocido en El desmonte, Tiempo muerto y La carreta, obras fisonómicas de nuestra li· teratura teatral. La nota de pueblo pescador, el apego del autor a colectivizar el suceso dramático (repetido en Las ventanas), un diálogo corto, con·

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tenido, para permitir, sin duda, la presencia del actor como fuerza creativa (influencia del teatro norteamericano), constituyen variantes de las obras nombradas. Puede entreverse en El casorio un juego sutil entre ]a ver~ad de conciencia y ]a superstición. Aquí el drama de Roberto Rodríguez Suárez se yergue sobre ]a mera reconstrucción de ambiente y nos deja sentir e] protagonismo y e] antagonis. mo, pero siempre inmerso en e] movimiento coral dentro del cual se establece el conflicto que lo es en mayor o menor grado de todos los inte· grantes del villorrio de pescadores. Como en Las ventanas, cuando ante el acto de reintegrarse e] inmigrante a Puerto Rico queda el acto de adaptación de ]a prole a Nueva York, en El casorio el acto de confesión de verdad queda contrapuesto a la vocación de mito del ser humano. ¿Constante dramatúrgica del autor? En esta reconstrucción de ambiente orientado a expresar el afecto colectivo de un conflicto de conciencia participan un gran número de actores. A saber: Alicia Moreda, Miriam Cruz. Luz María Rondón, José Raymundí, Walter Rodríguez, Carlos Fernández, EIsa Román, Pablo Pizarra, Lolita Berrio, Silvia del Villard, Marietta Pérez, Irene Pérez, Vicente Vázquez, Luis Alberto Martínez, Aristeo Rivera Zayas, Pablo Rodríguez, Alberto Ortiz Collazo. Todos actuarán sujetos, según con· vicción de Alberto Rodríguez, el director, a un modo de teatro que despierta interés, no por las torrenciales turbulencias de titanes, sino por el, pequeño y usual detalle de las pequeñas y usuales vidas.

III ARRIBA LAS MUJERES Con el montaje de Arriba las mujeres, Teatro Tapia (9 a] 12 de mayo), comedia satírica en tres actos de Manuel Méndez Ballester, el Undécimo Festiva] de Teatro Puertorriqueño transporta de la observación de vida característica, según acon· tece en un villorio de pescadores de la costa de Naguabo (El casor-io, drama en tres actos' de Roberto Rodríguez Suárez) a ]a revelación, tocada de caricatura, de la conflictiva común de la clase media alta según se repite en e] seno de una elegante casa suburbana de San Juan. Al esfuerzo de Alber· to Rodríguez, director de escena, de Julio Biaggi, escenógrafo y de un crecido número de actoles por captar el clima y usos de una clase al bo:-de de la miseria, sigue, CQ.Il gran fuerza de contrt~ste, el esfuerzo de José Luis Marrero, director áe escena, Carlos Maricha], escenógrafo y un coneen·


trado número de actores (Lydia Echcvarría, José Luis Marrero, Myrna de Casena e, Ineabelle Colón, Víctor Cuchí, Ofelia O'Acosta, José Eduardo Ortiz, Rolando Ochoa) por mustrarnos a través de una pared descorrida, la compu~ición anímica de una clase al borde de la riqueza. Una y otra recreación de vida puertorriqueña aparecen continuas en el Undécimo FeslÍ\'al de Teatro Puertorriqueño con toda intención de que dicho contraste origine en los espectadores una conciencia en profundidad de Puerto· Rico, pues una y otra frontera no sólo ofrecen, considerados los respectivos significados en el compromiso de ser del país, un drama por sí, sino entre sí. Desde 1938 cuando estrena El clamor de los surcos, drama en tres actos alusivo a la crisis del terrateniente puertorriqueño provocada por el absentismo acaparador de tierras, Méndez Bailes· ter no ha descansado en su enfoque de crisis sociales y morales. En Tiempo muerto, drama en tres actos, nos expone con vigor la crisis de la familia jíbar.a prisionera en la economía del cañaveral. En Encrucijada nos describe el proceso de disolución del emigrante puertorriqueño en Nueva York. En Bienvenido, Don Goyito nos hace reír seriamente con la crisis de la cultura puertorri· queña al impacto de la cultura anglo-sajona según se manifiesta en Estados Unidos. En obras más abstractas, como La feria nos señala la crisis de lo humanístico dentro del maquinismo anonimizante. En El milagro nos discute, lucha crítica también, la lidia del espíritu' religioso contra el nihilismo. Arriba las mujeres resulta claro ejemplo de lo antedicho. Méndez Ballester, sensitivo radar de las afecciones de su patria puertorriqueña, se sien. te atraído, en ese momento, a examinar la contextura moral de una clase que ha tomado excepcional vigor en los últimos treinta años cuando el país ha disfrutado de la era de la opulencia: la clase media alta. ¿Qué nos sucede por el techo de las clases? se pregunta el autor, siempre atento a los malestares de vida puertorriqueña, y gira a proyectar su curiosidad anímico·social en un "san· tuario de cq,munes vivencias" situado en un reparto de los llamados "aristocráticos" por influencias de un ayer boricua ligado a la monarquía, tal y como se le llama peso al dólar. Satirizador irreÍrenable, nos deja conocer sus observaciones a tono con enfoques caricaturistas que llaman a risa al igual que en Bienvenido, Don Goyito, nunca deformaciones avinagradas, cáusticas, misantrópicas, sino desde un fondo de tole· rancia para las limitaciones humanas, pero firme en la idea de que no se ponga en peligro la na· turaleza de Puerto Rico ante la influencia de lo tonto, lo frívolo y lo fariseíco.

Si en El casorio el espectador se confronta con el patetismo de la vida apretada por la pobreza, estrechez instigadora de supersticiones e incivilidad de un lado y sueños y solidaridad de otro, en Arriba las mujeres se asomará a un mun· do que flota en comodidades, donde a la moda y a la posición social se le rinde culto místico y se azucara, como a bizcochos, las lacras del alma, pero donde, quiérase que no, aletea, pájaro de buen y mal agüero, la angustiosa conciencia de vanidad. IV EL HOMBRE TERRIBLE DEL 87 Con los montajes de La cuarterona, de Alejandro Tapia y Rivera y La vuelta al hogar, de Salvador Brau, el Festival de Teatro Puertorri· queño ilustra aspectos de la vida boricua del siglo XIX de acuerdo con el criterio dramatúrgico de autores que vivieron la época. Con los montajes de La Hacienda de los cuatro vientos, de Emilio S. Belaval, Mariana o el alba, de René Marqués, y La resentida, de Enrique A. Laguerre, revive la gran fiesta escénica del Instituto de Cultura Puertorriqueña sucesos decimononos desde el punto de vista de autores contemporáneos. A lo último, . suma el Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño (2 de mayo al 2 de junio) El ltombre te· rrible del 87, drama histórico en tres actos .de Julio Marrero Núñez que sube a escena en el Tea· tro Tapia del 16 al 19 de mayo. La cuarterona nos descubre la estratificación de clases y el prejuicio racial de entonces; La vuelta al 11Ogar, el conflicto entre ética familiar y las tentaciones del contrabandismo; La hacienda de los cuatro vientos, la lucha de una generación espa· ñola fiel a la monarquía y una generación criolla fiel a la libertad social en la nueva patria americana; Mariana o el alba, la rebelión política de un nuevo espíritu nacional contra el Imperio funda· dor y colonizador; en La resentida, violencias de campesinos contra sus antiguos señores a raíz de la derrota española en la guerra de 1898. Julio Marrero Núñez nos interpreta a El llOmbre terrible del 87 lo que posiblemente sea el momento culminante del siglo XIX puertorriqueño, el confron· tamiento del Gobernador Palacio, tiránico representante de la Corona Española, con Román Baldorioty de Castro, adalid civil de la criollez anti· llana según fraguara en Puerto Rico. Un antecedente indiscutible del drama de Marrero Núñez lo es Román Baldorioty de Castro, pieza teatral de Cesáreo Rosa-Nieves que pone de relieve la excelsa figura del gran prócer consciente de sus raíces históricas al tiempo que sensitivo y responsable ante la aurora de una nacionalidad 41


La pasión ~egún Antlgona Pérez. Escena colectiva. A la izquierda, Rafael Enrique Salda• • • • ña (Generalísimo Creón Molina) y Myma Vázquez (Antígona Pérez). Director: Pablo Cabrera. Escenografía: Anibal Otero.

La pasión según Antlgona Pérez. Escena co-

"JI ••1I11III-. lectiva. Abajo, a la izquierda, José Luis Marrero (Monseñor Bernardo Escudero) y Myrna Vázquez (Antígona Pérez). Director: Pablo Cabrera. Escenografía: Ambal Otero.

Urayoán. Ballet con música de Héctor Campos Parsi. Coreografía de Juan Anduze. Escenografía de Lorenzo Homar.


hija de España. Julio Marrero dirigió dicha obra para ]a Comedia Estudiantil Universitaria en 1947 ]0 que, sin duda, le dio pie para desarrollar el tema con más libre ima,ginación a la par con mayor modernidad de forma. Cesáreo Rosa·Nieves ve a Baldorioty de Castro directamente, lo recdnstruye en orden cronológico; Marrero Núñez lo forja vía la conciencia del Gobernador Palacio en la que progresivamente crece como fuerza simbólica de un Puerto Rico temido y odiado en el recinto imperial de La Fortaleza al que tarda cuatro siglos y medio en subir un gober· nadar puertorriqueño; un juego de planos, en el que la figura prócer, más presencia poética que relieve histórico, pasa del fondo lejano a crear una tiránica tormenta en su Exce]encia Manuel Pala· cio, puesto en primer plano, para luego fijar el hecho histórico indubitable, campanazo anunciador, sonoro aún a través de los tiempos, de que Baldorioty de Castro encamó una humana, justa y valiente conciencia de Puerto Rico no sólo con la vida, sino ante ]a muerte. E] juego de planos, a través del cual se presenta en espíritu e] adveni· miento de una patria, da fuerza dramática y alieno to poético a la pieza teatral de Julio Marrero Núñez, autor entre otras de Borikén, Guarionex y Papa Chan y del libro Cuentos del Castillo del Morro. Marrero Núñez funde tres vocaciones en la obra, ]a de historiador, la de folklorista y la de poeta. El lzombre terrible del 87 tiene por base una concienzuda búsqueda de datos de la época, no solamente respecto a Ba]dorioty de Castro y el Gene· ral Palacio, sino también del ambiente social de La Forta]eza, cuyo Salón de Espejos se estiliza en ]a obra para servir a los fines dramatúrgicos. El autor introduce también elementos del folklore musical 10 mismo que apunta las posibilidades de un traje nacional puertorriqueño inspirado en modas autóctonas de la época. Su don poético se revela en el lenguaje lo mismo que en el aliento de la acción, mayormente cómo destaca ]a figura de Baldorioty de Castro, historia trascendida a símbolo. Dean Zayas, el director, acompañado del esce· nógrafo, Julio Biaggi y un grupo de actores como puesto de Félix Monclova, WiIliam Agosto, Daniel Lugo, Marcos Betancourt, Janice Marietti, Soledad Romero, sharon Riley, Sonny santana, Fernando Luis Aguilú, Guillermo Cantillo, Luis Alonso, Félix Díaz, José Martínez, Noelia Crespo, Lisandro García, Enrique Santiago, Tally Malina y Carlos Dávila tienen frente a si ]a labor de fraguar finalmente en la escena una obra que por su forma e incitación t~mática ofrece ]a posibilidad de crecer como acto imaIrtnativo con raíces en ]a historia puertorriqueña. •

v LA PASION SEGUN ANTIGONA PEREZ Como último espectáculo dramático del Undécimo Festiva] de Teatro Puertorriqueño (2 de mayo al 2 de junio) sube a escena La pasión según Antígana Pérez (30 de mayo al 2 de junio) clasificada por su· autor, Luis Rafael sánchez, como u crónica americana" en dos actos y a la cual precede, indio cativo del núcleo dramatúrgico de ]a obra, el lema, tomado de A]bert Camas, nada en el mundo merece que se aparte uno de lo que más ama. La pasión según Antígona Pérez, que sin duda es, hasta el momento, la creación teatral más sigo nificativa del joven escritor, se inspira, como Hilarión en Edipo, Rey, en la tragedia griega Antígona, una y otra de Sófocles. A] igual que Méndez BalIester, sánchez se sirve del argumento y de los personajes del dramaturgo heleno, recaracterizados en un ambiente hispanoamericano para exponer dramáticamente el conflicto del ánimo amoroso libre de conciencia frente a la voluntad del estado tiránico; amor, hay que notar, que se agranda en ]a crucifixión como ]a pasión cristiana. Méndez Ballester, que escribe a Hilarión con Edipo, Rey en mente, termina, inconscientemente, por "antigonizar" a] personaje principal como si el espíritu puertorriqueño respondiera más a ]a tragedia de la hija de Edipo que a ]a de éste. Sánchez efectúa, por arte metafórico, una "reencarnación" directa de Antígona (Antígona Pérez, Crean· te Malina) a tenor con un "estilo épico" (llamémos]e también periodístico) que se sirve de actualidades para intensificar, por contraste con la esencialidad del drama griego, ]a universalidad del acto puro de amor sacrificado por ]a tiranía. Sánchez no responde con su obra, a pesar de las acusaciones que centellean aquí y allá, a institución política alguna, sino a una compulsión hu· manística ante e] conflicto del que ama y se niega a apartarse de ]0 amado o a rendirlo en un cóctel de ]a nada; pretende hablarle no sólo a los hombres de las Américas sino a los hombres de todo el ' mundo. Llama a un mundo cristiano, paradójicamente, a respetar y comprender el amor en aquella situación en que por reclamar su "libertad de amar" engendra su vía crucis. La ubicación'del drama en un lugar de Hispanoamérica abierto a la expectación universal sigue la pauta de emplazamiento cósmico de ]a tragedia griega al tiempo que el protagonismo y antagonismo argumentados frente al coro y contracoro re· velan la situación política de ]a sociedad donde se consuma la agonía, en el caso de La pasión según Antígona Pérez, dictadura militar atropelladora,

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nombre de la patria, de profundas hermandades del hombre. Hasta dicho punto, se acompaña el dramaturgo de la grandiosa tragedia griega, porque la ac· ción, por otro lado, se desarrolla acorde con una dinámica de teatro épico propio de la escena contemporánea, la cual en Bertolt Brccht, por ejemplo, se da muy influida por lo periodístico y cine· matográfico. El gran movimiento técnico de la obra de Sánchez torna compleja la labol' de dirección asignada a Pablo Cabrera, la de diseño y realización escenográfica encomendada a Aníbal Otero y la de actuación de Myrna Vázquez, Rafael Enrique Saldaña, Ruth Cains, Lillian Hurst, José Luis Ma· rrero, Flavia Lugo, Luis Antonio Cosme, Luis CarIe, Miguel Angel Suárez, Samuel Malina y Luis Ri~ vera. Luis Rafael Sánchez intenta establecer al im· pulso de un proceso técnico fluido, desarticulador poético del tiempo y del espacio, una especie de "música de la acción dramática" como puede verse en Medusas en la baIlía en escala reducida y luego con mayor amplitud en Los soles truncos. En La pasión segtín Antígona Pérel" toma .proporción que por limitaciones de orden mecánico y económico, no es posible efectuar según deja correr la inspiración su creador; pero dentro de los márgenes permisibles, la obra no desmerece porque sobre los innumerables recursos técnicos, simpli. ficados en la producción del Instituto de Cultura Puertorriqueña, se acusa po~erosamente lo que tiene fundamental y primer valor escénico: el conflicto de la conciencia por el hecho de vivir en tensión con otras conciencias.

VI BALLETS DE SAN JUAN Ballets de San Juan celebra del 23 al 26 de mayo su décima participación en el Festival de Teatro Puertorriqueño. Durante las seis funciones a efectuarse en el Teatro Tapia (noctl,lrnas: jueves, viernes, sábado, domingo; diurnas: sábado y do· mingo) monta un programa distinto cada día en los cuales combinarán los bailables: Nocturno, música de José Ignacio Quintón con coreografía de Ana García, Souvenirs, música de don Jesús Fi· gueroa con coreografía de Juan Anduze, Sonata, música de Jack Delano con coreografía de Ana García, Urayoán, PetrogUfos, Juan Bobo y Balletti, música de Héctor Campos Parsi, con coreografía los dos primeros de Juan Anduze y de Ana Garcta el tercero. Se traduce .de lo anunciado por Ballets de San Juan su propósito de concretar una antología de

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bailables puertorriqueños en la cual faltan los nombres de Cuando las mujeres y La encantada, ambas con música de Amaury Veray, para alcanzar cabalidad. Los mismos, en una publicación que incluya la música, los bocetos escenográficos, los figurines y sugestiones de coreografía, no deben faltar, pues, junto a los que han podido programar Ana García y Juan Anduze, constituyen prueba inequívoca de la ejemplaridad y calidad de un pugnante espíritu nacional. A la compulsión de la generación de los treinta por establecer un teatro nacional, claramente ex· puesto por Emilio S. Belaval en su ensayo Lo que podría ser un teatro puertorriqueño (1939) y concretado en la escena, también claramente, por la sociedad dramática Areyto (1940-41), se suma a raíz de la década de los cincuenta, la compulsión por expresar el mismo espiritu en términos oel bailable. Lo que en Areyto naufraga en 1941 y rescatan heroicamente la Sociedad General de Actores, Tinglado Puertorriqueño, la Comedia Estudiantil Universitaria, Teatro Nuestro y Teatro Experimental del Ateneo, reconoce amoroso y amplía ingentemente el Instituto de Cultura Puertorriqueña, en Ballets de San Juan, inspirado iniciador de su particularidad bajo el dinamismo de las llermanas Ana García y Gilda Navarra, se desarrolla consecuentemente hasta el día de hoy cnando se le antologiza al amparo de la misma organización. Con Ballets de San Juan, no hay duda, se inicia, desarrolla y cristaliza la idea de gestionar e interpretar, en un nivel de elaborada estilizaciónmusical y coreográfica, un repertorio de bailables expresivo de Puerto Rico. El· propósito ya se formula en el período en que Ana García y Gilda Navarra, recién llegadas de tournees con compañías profesionales, fundan academia de baile; comienza a realizarse con la incorporación de Ballets de San Juan como organización profesional donde participarán los discípulos sobresalientes y artistas visitantes; se consuma en el seno de los Festivales de Teatro Puertorriqueño donde crece a la par con las escenificaciones dramatúrgicas de los mismos. El programa de Ballets de San Juan para el Undécimo Festiv~l de Teatro Puertorriqueño, aun considerada la ausencia de Cuando las mujeres y La encantada, no confirma otra cosa que la existencia, con dimensiones de repertorio, de bailables nacionales de arte. El propósito por parte de Ballets de San Juan de constituir un repertorio de bailables nacionales de arte, se polariza de dos maneras: 1) interpretación de música puertorriqueña no compuesta para cuerpo de baile, pero adaptable y 2) interpretación de música especialmente compuesta para cuerpo de baile. Lo primero se puede estudiar en los montajes de Nocturno, músi.ca de José Igna-


cio Quintón, Souvenirs, mUSlca de don Jesús Figueroa, Sonata, música de Jack Delano y Balletti y Petroglifos de Héctor Campos Parsi. Lo segundo, en Urayoán y Las fiestas de Juan Bobo, música de Héctor Campos Parsi. A la última fase obedecen, entre otros bailables especialmente compuestos para Ballets de San Juan, La bruja de Loíza y Las brisas, con mtisica de Jack Delano, La encantada y Cuando las mujeres, con música de Amaury Veray. Mención especial merece el bailable Los Renegados, con música de Carlos Surinach, inspirado en la alegoría Los Renegados, de Ricardo E. Alegría, quien ha escrito varios libretos, tales como los de Urayoán y La bruja de Loíza, por mencionar algunos. Es esta solicitud de creación musical al tiempo que su interpretación, la contribución más importante de Ballets de San Juan. Con ello ha venido a efectuar lo que el coro de la Universidad, bajo la direc-

clon de Augusto Rodríguez, lograra para el coral y lo que Areyto, sus continuadores y el Instituto de Cultura Puertorriqueña para el drama, esto es, la orientación a entrar por las raíces de la cultura puertorriqueña. a crear desde sustancias propias una expresión estética reveladora al mundo internacional de una conciencia nacional más. En el creciente proceso artístico -representación dramática, baile, literatura. pintura, música, arquitectura, escultura, artesanías- a través del cual Puerto Rico dilucida y afirma la tensión y la expresión particular de su naturaleia, Ballets de San Juan ha motivado e interpretado la creación de unos bailables nacionales de arte, ejecutoria antes desconocida en el país. Bien merece el que lo celebre antológicamente dentro del Undécimo Festival de Teatro Puertorriqueño con un festival por sí solo.

PetrogJifos. Ballet con música de Héctor Campos Parsi Coreografía de Juan Anduze. Escenografía de Nina. 45


José Muñoz Rivera (Juan Sin Patria: 1868-1937)

Por CESÁREO ROSA-NIEVES

EL

MOVIMIENTO MODERNISTA EN PUERTO RIco, ARRANca del trasfondo de- un parnasianismo de esen· cias íntimamente románticas (a la luz del postro. manticismo de Bécquer), y se interna en la poética de lo rubendariano, con la generación estética de José de Diego, Arístides Moll, Jesús María Lago, Luis Lloréns Torres, Antonio Pérez Pierret, Evaristo Ribera Chevremont, Ferdinand R. Cestero, Antonio Nicolás Blanco, Arturo Gómez Costa, y otros. Las revistas que más acogida le dieron a estos jóve. nes del modernismo fueron: El Carnaval, El Palen· que de la Juventud, Puerto Rico Ilustrado, Juan Bobo, Idearium, El Diluvio, y la Revista de las An· tillas. Dentro de este mozo ambiente literario, los críticos que mejor comprendieron aquellos nuevos pentagramas del verso, fueron: Miguel Guerra Mon· dragón, Manuel Martínez Plée, Nemesio R. Canales, Eugenio Astol, Enrique Lefebre, Luis Samalea Iglesias y Rafael W _ Camejo. Entre esa falange de portaliras se destaca José Muñoz Rivera, poeta que publicó mucho en la prensa del país y del extranjero, pero sus poesías nun· ca se recogieron en forma de libro. El poeta es hermano de Luis Muñoz Rivera, paladín de los id~a. les libertarios de su época y gran cantor parnasiano. José nace en Barranquitas, el 6 de agosto de· 1868. Hijo de Luis Muñoz Barrios y Monserrate Rivera. Cursa sus estudios elementales en su ciudad natal. Desde muy joven, José Muñoz Rivera se dedica a los menesteres del comercio, esto hasta el año de 1899. Circunstancias de- progreso personal, - despiertan en el hombre anhelos de alejarse de su aldea querida, y en 1900, lo hallamos ubicado, en

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José Muñoz Rivera (Juan Sin Patria)


calidad de Secretario del Ayuntamiento de Comerío, después pasa al Ayuntamiento de Caguas (1903), hasta lograr ser nombrado como secretario de la Cámara de Delegados de Puerto Rico (1907-17). Sus diestras ejecutorias en esos qu"ehaceres del papeleo diario, y su idónea perseverancia en el cumplimiento del deber en sus labores, lo ameritaron para el alto cargo de Secretario"Qel Senado de Puerto Rico, puesto que desempeñara" inmaculadamente, desde 1917 hasta 1933. En los momentos de ocio, se deleitaba José Muñoz Rivera en sus tareas literarias, con preferencia al verso. Fue asiduo colaborador de La Democracia, Puerto Rico Ilustrado, El Mundo, El Palenque de la Juventud, El Imparcial, etc" Para nuestra apreciación literaria, los mejores poemas de José Muñoz Rivera son: Sol de Gloria, ¡Oh Montaña!, Madre Tierra, Gloria (canto épico), El Canto de la Esperanza; y sus preciosos madrigales El Vaso de la Vida, y Perlas. Este poeta fue un constante bordador de madrigales, género en donde es patente su filiación de simpatías estilísticas con el poeta mexicano Luis G. Urbina (1868·1938), autor del célebre poema de afiligranada estructura, Metamorfosis, y que comienza: Era un cautivo beso enamorado... De esta especie lírica, en donde la lira del bardo barranquiteño alcanza cúspides in. sospechables, recordamos dos, que se destacan por su ductilidad bella de orfebre de exquisita ilación. El primero, El Vaso de la Vida, dice así:

Dios que es tan bueno el vaso de la vida nos da lleno de un néctar celestial, pero es el caso que sedientos vivimos, y que cuando morimos está lleno de lágrimas el vaso. El otro poemita se titula Perlas, y suena de la siguiente forma:

Era el correr de aquella linfa suave, serenidad, como el volar de un ave. En ella se miraba el sol desde sus cúpulas de oro, y el cielo contemplaba de todas sus estrellas el tesoro. Cuando en el musgo abría a sus ansias de amor nuevos caminos, la detuvo una roca negra y fría deshaciéndola en polvos cristalinos, y la linfa a la roca en su agonía le dio un manto de aljófares divinos. (De El Mundo, 29 de junio de 1920; pág. 3.) Este tercer madrigal hemos espigado como paradigma mágico, y que el poeta rotula El Beso del Amor. Oigámoslo:

Son azules tus ojos, pues el cielo es azul; tus labios rojos, porque, cuando naciste, dulcemente, el amor, el más niño de los sabios, quiso besar tu frente, y como es ciego, te besó en los labios. (Inédito.)

* * * Un estudio sereno de la obra poética de José Muñoz Rivera, nos lleva inmediatamente (en sus raíces) a Gustavo Adolfo Bécquer. Su admiración por este poeta sevillano es honda. Así esplende su preferencia cordial por este aeda en las siguientes rimas de erotismo pedigüeño:

El alma triste, el corazón herido, llorando siempre, con voz que es un suspiro, tú me pides rimas de Bécquer. ¿Quieres que como el ave solitaria, muriendo cante; de mi lira en las cuerdas insonoras lágrimas cuaje; dé a esas perlas, rocío de las flores de un alma triste helada por los c.ierzos de la duda, luz y matices; y haga del sentimiento que solloza y con las fibras, rosas de pensamientos delicados, bouquets de rimas? ¡Vuelva, ya que el dolor sobre tu frente bate sus alas, y en el ala de nieve de un querube posa tu alma! Que él mire de tus lágrimas las perlas, gotas de soles, que le deslumbren de tus ojos verdes los resplandores; y que te adore como yo te adoro, que no 10 quieras, y que sufra de un alma los tormentos que a otra no besa. Aunque llore, que sufra, que bendiga, cantando siempre tu desdén, y vendrán a tus oídos rimas de Bécquer. (Inédito.)

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En el campo del amor, José Muñoz Rivera fue con sus manos primorosas vie~ne el arte! un ser monógamo. Es un caso insólito en el apia- •. ¡Cuán pequeñas sus humanas creaciones! rio de los líridas, tan generalmente volubles, ma¡Oh!, si fueras riposeadores, f10rinautas de mieles vírgenes en dis· musa mía, tintas rosas del jardín humano. Se trata de un y pusieras. hombre que sólo quiso a una mujer, a su esposa en mi pobre poesía Rafaela Santaella, a quien el poeta llamaba Celia. los matices de ideal policromía, Todavía, en la frontera invernal de los sesenta recibieras años, se arrullaban los amantes en el balcón de su mis canciones casa, bajo la luna de los jazmines, como si se hu· cual si fuesen la armonía bieran encontrado por primera vez en la existen· de las arpas de infinitos corazones. cia. De este dulce amor prolongado nacen los siA tu hijo, que es el hombre recio y fuerte, guientes hijos: Celia, Angela Luisa, Luis, Rafael, no lo formas en tu seno; mas sus míseros despojos . José Enrique y Carlos Alberto. A esta mujer de tu energía creadora los convierte encantador símbolo dentro de un cariño puro, el en efluvios de que emana poeta le ha dedicado, entre otras muchas, las si· la potencia soberana guientes líneas: de mil vidas en el campo de la muerte. ¿Olvidarte? ¡Oh, mi Celia inspiradora/, Las hormigas y candores están bajo yo no olvido a mi madre que fue un día tu ley sabia, cual los nidos y las flores: el sol de mi alegría, y son tuyas las hormigas del trabajo y tú vives en mi alma soñadora como tuyos son del genio los condores. cerca, muy cerca de la madre mía.

* * * En un estilo suave, pausado, elegantemente poético, pero sin mucho atuendo retórico, José Muñoz Rivera va tejiendo sus versos en cordajes líri· cos, pues siempre fue subjetivo, hasta en lo epapéyico, si pensamos en su poema, laureado por el Ateneo Puertorriqueño en 1925, y que él titula Gloria. El autor 10 significa como canto épico, y es poesía histórica escrita con motivo de la invasión holandesa a Puerto Rico, el año de 1625. Son )fneas vaciadas en silvas, de una apariencia de clásico quintanismo. Desde luego, que la fragancia del canto nos recuerda inmediatamente la posición estética de Azul (1888), de Rubén Daría. Como un ejemplo del versolibrismo simbolista vamos a citar, como muestra, a su poema Madre Tierra. Con esa poesía, no hay duda de que esta· mas en pleno ritmo modernista a la manera de Darío, José Santos Chocano y Luis Lloréns Torres.

Tierra madre fecundada por los besos del Sol padre, no sé cómo te saludo con mi acento pobre y rudo, cuando son los trovadores que te cantan sus amores mar y viento. Una ola, y otra ola, y otra ola, cada una ante el disco de la luna, te da en perlas su tesoro, como diera de sus minas el minero todo el oro. ¡Cuán humildes las ofrendas que a brindarte 48

Los esquifes que en las aguas dejan nítidos encajes de sus huellas, ya los cisnes de las olas van contando sus querellas los talleres y las fraguas en que cantan los martillos con las voces augurales del trabajo; las mansiones señoriales; los grandiosos monumentos consagrados a las glorias inmortales, y los libros en que tienen vida eterna los alientos de los hondos pensamientos, son tus hijos, porque el hombre es el padre que los [crea, es el genio que los forja, al conjunto de la idea, con los árboles erectos de tus montes, los metales de tus minas y los polvos de cristales de melenas que desatas en las frentes de tus níveas cataratas; con raudales de tus ríos, con los frutos que aromosos en tus eras, fueron gráciles capullos en alegres primaveras; y con mármoles que erguidos en las cimas de la [historia, son del mundo en el proscenio como carne de la [gloria. Madre tierra ¿qué sería sin ti el hombre? ¿Viviría cual un bólido perdido en regiones estelares, triste pájaro sin nido? ¿Qué serías sin el hombre que te admira en la [cabaña, te bendice en el palacio, que en ti aduna fuerza y nervio? ¿Qué serías con el oro de tu [entraña


sin fundirlo en los crisoles, sin ser cuna de la reina coronada con los rayos de mil soles que se llama la fortuna? ¿Qué ilusión inspirarían en un orto de esperanza tus auroras boreales, y tu iris de bonanza, y las rosas de tus prados, las culebras de cristales de tus ríos, y las crestas de tus montes, esmeraldas relucientes en azules horizontes?

es en días de las horas fraternales en que entonan sus idilios los anhelos celestiales; cuando el 110mbre tuerce el rumbo de su marcha, sube al árbol inclemente en que enrosca sus anillos la serpiente, y vertiendo roja escarcha en el campo de la vida, suelta airado, madre tierra, suelta airado a toda brida los corceles de la guerra.

Sin el hombre no eres nada, madre tierra venerada, en tus selvas abre rutas; cambÜl el curso de los [ríos, y convierte los breñales en plantíos; hace luz en tus abismos como sus manos [milagrosas; en tus ásperas escarpas vierte rosas,· da a los secos arenales la frescura de tus claros manantiales,· la madera de tus bosques pule y labra; carcelero peregrino, del fonógrafo en 'los cofres aprisiona la palabra; ella corre por el cable submarino, y ella es hija del divino genio humano, cuando vuela a las alturas sobre vérvido oleaje que las aguas del caudal del oceano riza y borda con tesoros de esmeraldas y de encaje. Tu hijo, el hombre, te saluda con los vuelos, madre tierra, del alígero aeroplano y convierte las riberas en altares para amarte y bendecirttf!, soberana de los mares; y te ofrece las etéreas energías, con anhelos infinitos de tu gloria, soberano de los cielos.

El destruye con su planta dura y fría lo que alcanza con su mano portentosa,· con el astro de su idea forma el día; después crea las angustias de la noche tenebrosa. Eres suya, madre tierra. Te bendice, pero luego te maldice. Maridaje de grandezas y egoísmos de rencores infecundos y de santos heroísmos, es de todas las alturas, ave egregia, viva· y fuerte; y es reptil de los abismos en que corren como sombras los espectros dé la muerte...

Madre tierra venerada, sin el hombre no eres nada, y él se aferra a sus pobres egoísmos, a sus locas ambiciones, tan pequeflO como es grande cuando expande la fecunda, santa fuerza de los bravos corazones. Es el mago que tus noches ilumina; en las tristes soledades de sus duelos rasgas velos de neblina, para darte cosas bellas: las estrellas de benditas ilusiones que en las almas dejan huellas luminosas. Y es en días en que cantan las risueñas alegrías;

Pide al cielo, madre tierra, qtle se extingan los nublados de la guerra,

y que el homb're en tu regazo dé a la vida la potencia de su brazo; que en tus surcos no haya sangre de inocentes, y que en ellos fructifiquen las simíentes de esperanza; que en campiñas florecientes de serena bienandanza, y en ambientes fraternales, brille siempre la hostia blanca de los nobles [ideales; que una eterna primavera dé al espíritu las rosas de purísimos anhelos; que haya sólo una bandera y una patria, sólo una, bajo el palio 4e los cielos! (De: Janer, Felipe. - Selecciones Poéticas. N~w York, 1926. Págs. 16.21.) Un raudo cotejo de los principales poemas de José Muñoz Rivera, nos pone de manifiesto los siguientes resultados analíticos, tomando en cuenta temas y técnica métrica. Los asuntos cardina· les en la poemática del poeta son: la liberación de . la patria (Libertad, El Himno, Campanero, El Patriota, Sin Patria, Lux et Umbra, Al Soldado Puertorriqueiío, Bendiciones, ¡Oh, Montaña!); el amor (Mi Corazón, Amor),· el sentimiento hagiográfico, como se vislumbra en La Cruz, El vaso de la Vida y Oración; y el motivo del paisaje en tonalidad ge-

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nenca, como se ve en sus poesías: Quebradillas, A Puerto Rico, La Primavera, Matinal y El Guajataca. De cuando en cuando el poeta hace pininos filosóficos, y en este aspecto nos recuerda a Campoamor. Así se manifiesta en su poemita La Piedra, que dice así:

Símbolo de voluntad si es peña que desafía furias de la mar bravía. y símbolo de ruinas si es guijarro. Levantad, amigos, conciencia y fe. ¡Siempre en alto el alma esté, y dad, en toda ocasión, a la peña~ el corazón, al guijarro... un puntapié! Otros temas, que hallamos desparramados en su obra de verso, son los derechos de justicia social (La Turba, El Pueblo, La Cruz, Umbra); y sus medallones en forma de retratos de hombres ilustres. Entre éstos nos llama la atención: El Padre Berríos, Eugenio Astol, José Gautier Benítez, Francisco Alvarez Marrero, José de Diego y Manuel Fernández Juncos. Los resortes técnicos de más visibilidad en los versos de José Muñoz Rivera, son: la silva (Gloria, El Poema de los Colores, Canto Nupcial), las estrofas Nuñezdearcianas (Umbra, Sol de Gloria), los sonetos (como los medallonés, anteriormente citados), el terceto clásico, que usa en Nuevas Auroras, el alejandrino de pie quebrado (Amor), y el versolibrismo que se manifiesta en Madre Tierra, Sol de Oro, ¡Madre!, y A la Mujer Puertorriqueña. Casi todos los poemas de mayores alientos en la obra

de José Muñoz Rivera, fueron escritos para los cero támenes del país, y aunque las justas literarias no hacen los poetas, los estimulan para la creatiología. Algo parecido ocurre con las poesías de Ramón Negrón Flores, Clemente Ramírez de Arellano y Enri· que Zorrilla, estos últimos, poetas pamasianos. Como la mayor parte de los poetas del modernismo boricua, José Muñoz Rivera, comenzó con asomos del parnasianismo de Salvador Díaz Mirón y Gaspar Núñez de Arce, en el aspecto formal de visión marmórea en la sintaxis, y en cuyo injerto lí·. terario se descubren reminiscencias becquereanas de elocu~nte impron~a. Aunque este poeta nativo no se separa radicalmente de sus raíces ancestrales, es de notar que se adentra con señorío grácil en el área simbolista de .R.ubén Daría (azulismo, vocabulario preciosista de música y color, los motivos 'de las piedras preciosas, versolíbrismo), y en ese cli· ma poético de procedencia ecléctica galoinglesahis· pana, el bardo puertorriqueño clava con original donaire la bandera de triunfo de su lirica expresión nativista. A pesar del modernismo del tipo de arte por el arte, que cultiva José Muñoz Rivera, especialmente en sus minipoesias madrigalescas, en los poemas de alto metraje, el autor se compromete con temas de elevada trascendencia vitalista, tales como la libertad política de la patria (a la manera de José de Diego y Luis Lloréns Torres), el llamado étnico del sentir religioso, el paisaje territorialista (al modo de Virgilio Dávila), y se interna en el asunto que más abunda en todos los estros de esta genera· ción, el erotismp de cuerda galante, como se observa a primer golpe de vista en José de Jesús Esteves, Vicente Rodríguez Rivera, Luis Lloréns Torres y Antonio Nicolás Blanco.

BIBLIOGRAFIA Quién es Quién en Puerto Rico. Diccionario Biográfico de Record Personal. Primera Edición, 1933-34. Real Hermanos, Inc., San Juan. P. R., pág. 112. (Contiene datos biográficos.) CARRERAS, CARLOS N.: Antología Completa: Poetas Puertorriqueños. Tomo n. Los Contempordneos, Biblioteca. Puerto Rico Ilustrado, San Juan, P. R., 1922; págs. 157 a 159. (Contiene el poema El Canto de la Esperanza.) CINTRóN CARDONA, WIFREDO: Madrigales de Puerto Rico. Caguas, P. R., 1964; págs. 14, 34 Y 35. (Se re· cogen aquí dos madrigales: El Vaso de la Vida y Perlas. Además unos breves datos biográficos.) JANER, FELIPE: Selecciones Poéticas. New York, 1926; págs. 16 a 21. (Contiene el poema Madre Tierra.) MuÑoz RIVERA, Jos~: Sol de Gloria. A España. .Tip. M. Surillo, San Juan, P. R., 1911; 16 págs. (Poema laureado con el segundo premio consistente en me· dalla de plata y diploma, en el Certamen Literario

y Cientffico. celebrado por el Casino Español de

1. AsENJO, CONRADO:

2.

3.

4.

5.

San Juan en 1909.)

Diccionario de Literatura Puertorriqueña. Ediciones de La Torre, Uni· versidad de P. R., Río Piedras, P. R., 1955; pág. 388. (Ofrece datos biográficos.) 7. ROSA.NIEVES, CESÁREO: Aguinaldo Lírico de la Poesía Puertorriqueña. Tomo II, San Juan, P. R., 1957; páginas 72 a 78. (Contiene biografía crítica, y los poemas: Madre Tíerra, El Vaso de la Vida y Perlas.) 8. ROSA-NIEVES, CESÁREO: Historia Panordmica de la Literatura Puertorriqueña (1589-1959). Tomo 11, Si· glo xx, San Juan, P. R., 1963; págs. 110 a 115. (Se dan apuntes biográficos y poemas.) 9. ROSA.NIEVES, CESÁREO: La Poesía en Puerto Rico. Historia de los temas poéticos en la literatura puer· torriqueña. Segunda edición, San Juan, P. R., 1958; págs. 71, 252, etc.

6.

RIVERA DE ALVAREZ, JOSEFINA:


I

'.,

r'

•

de historia: e Puerto Rico Por

JUAN CARRERAS

Al vIeJo amigo y compañero Angel Suro Colón.

ERA

EL

19

DE NOVIEMBRE DEL AÑo

1910...

Mi pupitre era uno del Octavo Grado elemental de la escuela de El Cerro de mi pueblo: Vega Baja. De tres a cuatro de la tarde -de lunes a viernes- disfrutaba yo de la clase de Historia de Puerto Rico a cargo de don Juan Rodríguez Cepero como maestro. Ese día presentóse don Juan ante nosotros con ánimo de fiesta y cargando en sus manos un sin'número de apuntes que leía y releía con la vista. Luego de damos su saludo habitual, nos dijo: "Hoy vamos a recordar a Cristóbal Colón en su hazaña milagrosa de su segundo viaje a Occidente, en el año 1493, cuando descubrió la Isla de Puerto Rico... " y a renglón seguido preguntó: "¿ Cuántos de ustedes desean convertirse en tripulantes para acompañar hoy al Gran Navegante en ese viaje de tanta significación para los puertorriqueños... ?" Todos levantamos las manos en señal de aceptación; y desde aquel momento n~estros ojos y oídos no se pierden una palabra ni una acción de aquel maestro inolvidable.

*' * * Don Juan Rodríguez Cepero era un maestro de cultura completa... Orador y conferencista en una sola pieza. Con,Oéla en lo profundo la psicología humana. Fuera del salón escolar llegó a ser en su época uno de los predicadores evangelistas más preclaros.

Nació en el pueblo de Ceiba (Puerto Rico), en el año 1878, y iuego de cursar los grados elemen· tales y superiores, se trasladó a los Estados Uni· dos para hacer estudios avanzados en la Universi· dad de Harvard. Regresa a Puerto Rico en 1903 y dio comienzo a su misión de educador en Vega Baja, donde contrajo matrimonio con una dama vegabajeña; formó un hogar y creó una familia... Don Juan era de estatura mediana, ojos claros, qe risa amplia y espontánea, dentadura perfecta. Su pelo negro y lacio se conservaba siempre cui· dadosamente peinado; vestía con elegancia y poseía una personalidad atractiva y respetable. Cuando se enfrentaba a nuestra clase, el alumnado lo miraba de pies a cabeza, no como a un mero maestro dador de información, sino como un mentor consagrado que señala los caminos de la sao biduría... Don Juan Rodríguez Cepero tenía don de gente. Jamás levantaba su voz para reprochar a nadie y en sus labios se producía una sonrisa permanente con la que saludaba a grandes y chicos... En una ocasión en que había fallecido en Vega Baja una maestra de escuela que gozaba de grandes simpatías por los servicios piadosos que había prestado a la comunidad, tocóle a don Juan despedir el duelo a nombre del magisterio vegabajeño. Su dis· curso de ese día hizo historia. Cuando el orador dio vuelos a su elocuencia y penetró en los secretos místicos de "por qué nac~mos", "por qué vivimos" y "por qué morimos", la inmensa multitud que 10 escuchaba se olvidaba del sencillo maestro de la escuela de El Cerro, y veía en él a un sabio precep51


tor que buscaba la verdad y la predicaba para sembrar amor en los corazones de todos los· seres humanos de la· tierra... Su elocuencia era limpia, sonora, libre, de pura expresión castiza; y los auditorios que lo seguían se manifestaban satisfechos por su cátedra clara y conceptuosa, que abarcaba pedagogía y religión, filosóficamente combinadas.

El drama del descubrimiento Don Juan Rodríguez Cepero, como maestro de escuelas, sentía predilección por las clases de Historia y Geografía... En la tarde de aquel día 19 de noviembre en que nos hacía invitación para acompañar a Cristóbal Colón en su segundo viaje a Occidente, una vez preparada la clase para tales propósitos, comenzó dándole a varios alumnos los nombres de los personajes principales que compo· nían el drama del descubrimiento... A uno lo bautizó con el nombre de Cristóbal Colón; a otros dos los señaló como a los hermanos Diego y Fernando, hijos del navegante genovés. Otros dos alumnos representaban a los reyes de España Fernando e Isabel, y a mí me correspondió el papel de don Juan Ponce de León... Con el auxilio de mapas a la vista describe don Juan el puerto de Cádiz y nos habla con drama· tismo sobre la despedida, con flores y lágrimas, ocurrida en la mañana fresca y gris del 25 de septiembre de 1493, cuando Colón levanta hacia los cielos el estandarte morado de los reinos de Castilla y de León, y jura solemnemente darle a España el fruto de sus glorias como resultado de aquel segundo viaje tan lleno de esoeranzas nuevas...

* * * Desde aquel momento, el pequeño salón de cla· ses se había convertido simbólicamente en un enorme barco y cada uno de nosotros vivíamos la ilusión de ser uno de los mil quinientos hombres que componían aquella histórica empresa. Aprovechaba don Juan la condición psicológica nuestra para darle mayor interés a su cátedra; y tomando el puntero, llevaba nuestros ojos hacia los mapas de la pared y nos describía con los colores de la imaginación, cómo las naves levantaron anclas, haciéndonos oír los cantares de marineros y tripulantes que se despedían de amigos y familiares que quedaban en la playa... Y en el instante supremo de aquella despedida, don Juan nos presenta a Colón -majestuoso y arrogante- de pie, y con la mirada en alto, musitando tal vez una plegaria pidiéndole a Dios un buen viaje y expresando grao titud para los Reyes Católicos de España, que le

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abrieron caminos de fe y de csp~ranza para la realización de aquella epopeya milagrosa...

.• * • Sigue el puntero en manos de don Juan; y a medida que mar y cielo se adueñan del panorama, va surgiendo la costa de Portugal bañada de sol y de azul... Luego se hace una breve pausa en Islas Canarias, donde Colón se provee de agua, cerdos y terneros. Dejan las Canarias el 7 de octubre y las diecisiete naves rompen mar adentro, rumbo al suroeste; y ya para el día 24 reciben los saludos de una bandada de golondrinas como señal inequívoca de que había tierra a la vista. Fue ahí cuando don Juan, sin despegar. el puno tero de los mapas, exclamó regocijado: -"Dios ha guiado triunfalmente los pasos del insigne navegante." y haciendo un reclamo vigoroso de nuestra atención, nos dice: -" El día 2 de noviembre de 1493, al amanecer, Cristóbal Colón se cubre de gloria al pisar por segunda vez las tierras de Amé. rica. A la primera isla encontrada la llamó Dominica, por ser domingo aquel día; a otra la llamó Marigalante, porque así se llamaba su bajel; Gua· dalupe fue la tercera, porque era el nombre de la virgen de su devoción... Y así fue dándole nombres a las demás islas descubiertas, tales como Santa Monserrate, Santa María, Santa Ursula, San Martín, Santa Cruz; pero como eran tantas optó por lIa· marIas a todas las Once Mil Vírgenes ...

Colón descubre a Puerto Rico Al llegar a la etapa trascendente de su relate. histórico, don Juan se muestra satisfecho y des· cansado. Puntero en mano señala ahora la ruta final que siguió Colón en busca de más tierras ame· ricanas en las áreas del Caribe; y continúa su cátedra de este modo: -"Parte Colón de la isla de Santa Cruz y dirige sus bajeles siempre hacia el noroeste; y al atarde. cer del domingo 19 de noviembre vislumbra las costas de una isla grande, revestida de verde floresta y circundada por aguas limpias y serenas. Ancla sus embarcaciones en el extremo oeste de la isla, y en ceremonia solemne, le da el nombre de San Juan Bautista y la ofrece en obsequio al príncipe don Juan, heredero de la Corona de Castilla. Rodeado de su inmensa tripulación, el intrépido navegante genovés enarbola entonces el estandarte del reino de España, levanta una Cruz en el sitio exacto donde posaban sus pies, para denotar el acto del descubrimiento de esta Isla y expresar la sumisión de ésta a la fe religiosa de los reyes don Fernando y doña Isabel... Tanto


Colón como su séquito, postrados de rodillas, en· tonan una Salve para dar gracias al Todopoderoso por haberles dado un viaje con éxitos y sin desgracias... " Hace don Juan una pausa para observar detenidamente los rostros de sus alumnos y pide de ellos que le formulen preguntas para aclarar dudas o ampliar conceptos. Tres nos pusimos de pie: Agustín Sánchez Fernández, Pepe Torres Orama y yo. Don Juan nos dio las gracias por la colaboración que le ofrecíamos y señaló a Agustín para que hi· ciera la primera pregunta; éste se expresó del modo siguiente: -"Me gustaría saber qué tipo de habitantes encontró Colón al desembarcar en la isla de Borinquen en noviembre de 1493, y tal vez pueda usted ilustrarnos en cuanto a la forma de vida de dichos nativos.. ." -Con mucho gusto, y gracias por tan intere· sante pregunta" -respondió gentilmente don Juan, quien comenzó diciendo-: "Cerca de la costa por donde Colón entró a la isla de Borinquen había un caserío de indígenas, de cuyo centro surgía una emplanada o batey. Una casa más grande que las demás y protegida por una verja o palizada rústica de caña·bambú, daba la impresión de ser la resi· dencia del cacique de la tribu; sin embargo, a la llegada de Colón y sus tripulantes, la aldea aparecía desierta, silenciosa, y. no se veía un ser humano por sus contornos. Dos días permaneció Colón en la isla de Bodnquen -continuó diciendo don Juan-' sin lograr ver a un nativo; por lo que se presume que habían huido hacia la montaña cuando vieron las escuadras de gente blanca invadiendo las costas... " Hace don Juan otra breve pausa para mostrar unos dibujos al carbón expuestos en gruesas' cartulinas, que ofrecían una aldea de indígenas bocincanos entregados a sus faenas domésticas en el batey; y continúa, entonces, diciéndonos: -"La historia nos habla de Las Memorias, escritas poc don Fernando Colón, segundo hijo del Descubridor genovés, en las que se hace amplia descripción del indio borincano, como perteneciente a una raza de piel color rojo bronceado, de cara ancha y nariz recta, ojos negros y redondos y de pelo, lacio negro y abundante... Estos indígenas vivían en casas construidas de forma rectangular y también en bohíos de construcción circular. Eran laboriosos;' labraban la tierra, practicaban los deportes y observaban ciertas costumbres y ritos místicos ... "

* * * Agustín, muy complacido, le dio las gracias al maestro por la brillante respuesta a su pregunta

y le correspondió a Pepe Torres Orama el turno

siguiente; éste se pone de pie y di~e: _" Si Colón bautizó a nuestra isla con el nomo bre de San Juan Bautista, ¿cómo surgió el nombre de Puerto Rico?" -"Esa pregunta la esperaba yo -respondió al instante don Juan- porque encierra una preocupación de todo lector que desea saber la relación histórica que hubo entre esos dos nombres. Trataré de explicarme lo mejor que pueda..." y luego de una pausa para tomar un trago de agua, el maestro empezó diciendo: -"Ya habíamos dicho que Cristóbal Colón, en ceremonia solemne, dio el nombre de San Juan Bautista a la isla de Borinquen, descubierta por él en noviembre 19 de 1493; también dijimos que ese nombre se le ocurrió al Descubridor como un dbsequio que quiso hacerle al príncipe Don Juan, heredero de la Corona de Castilla... 'Ahora bien -continúa explicando el maestro- la historia nos dice que después del descubrimiento, la isla estuvo olvidada por los españoles hasta el año 1508, cuando don Juan Ponce de León, un soldado español que había acompañado a Colón en su segundo viaje y que se había quedado residiendo en La Española, o sea en Santo Domingo, recibió órdenes de venir a Borinquen en calidad de Conquistador y Explorador. Al llegar a nuestra isla, Ponce de León hizo amistad con los indios, y en sus viajes pqr la costa norte contempló con admiración las bellezas naturales de una hermosa bahía -que es donde actualmente enclava la bahía de San Juan- y, romántico al fin, le da a todo el ámbito que rodeaba dicha bahía el nombre de Puerto Rico... -Ya en 1509 -sigue explicando don Juan--:' cercana a dicha bahía, funda Ponce de León un poblado que llamó Caparra,' y a medida que la colonización avanzaba, iban apareciendo los Cabil· dos o Ayuntamiento. El poblado de Caparra que ya había sido reconocido como Cabildo en 1511, fue elevado a la categoría de ciudad, pero con el nombre de Puerto Rico, concediéndosele, a la vez, por la Corona de España un Escudo de Armas... Don Juan no demuestra cansancio, al contrario, se nota en su rostro gran satisfacción por el dominio absoluto de su cátedra. Luego de breve pausa, continúa diciendo: -"En 1514 regresa Ponce de León de su viaje de aventuras románticas por tierras· de Florida llevando los títulos de Capitán de Tierra y el Mar de la Isla de San Juan Bautista y Regidor Vitalicio del Concejo Municipal de Puerto Rico, o sea de la antigua Caparra. Con los poderes que le daban di· chos títulos, Ponce de León dividió la Isla de San Juan Bautista en dos áreas: A una la llamó San Germán y Puerto Rico a la otra. Fue eqtonces cuando en 1521 la ciudad de Puerto Rico, o sea la antigua Caparra, quedó trasladada a la isleta 53


de la bahía y se cambiaron los nombres: El de la ciudad de Puerto Rico por el de ciudad de San Juan Bautista, y el de San Juan Bautista, que fue el nombre óriginal de la isla en su descubrimiento, quedó" convertido en el nombre de PUERTO RICO... Y San Germán, que hasta entonces cubría la mítad de la isla por disposición de Ponce de León, quedó reducida a los límites municipales de una ciudad..... -" Creo -termina diciendo don J uan- que sin los detalles a la mano, he tratado de llevar a conocimiento de ustedes el por qué nuestra Isla cambiÓ de nombre, esto es, cómo se trastocó el nombre de San Juan Bautista -por el de Puerto Rico.....

* * *

* * *

El tercer tumo de preguntas me correspondió a mí. Muy .respetuosamente me puse de pie y humildemente pregunto: "Si el descubrimiento de América ha sido el acontecimiento histórico de mayor trascendencia ocurrido en el mundo, y si esas glorias le cupo a Cristóbal Colón sin ambicionar recompensa material alguna, ¿por qué el gran navegante genovés muere amargado por las penas y decepciones luego de sufrir procesos inquisitoriales de parte de aqueo llos que él enalteció con la hazaña milagrosa del descubrimiento... r Don Juan lleva su vista hacia los cielos y busca el pensamiento más adecuado para responder a mi pregunta. En tono suave, como si le hablara a una multitud en un templo religioso, empezó diciendo: "Colón era un iluminado; como Cristo, rindió' una misión de sacrificios humanos sin esperar ni exigir recompensa alguna. Ese era su destino, y 10 cubrió con glorias y lágrimas. En su afán de darle a la Geografía una :-q!t"~nsi9.I( á.s completa sobre un mundo corppue~t~- de~cf1o& ,hemisferios, 'ji.{_

Colón le dio rienda suelta a la imaginación y se olvidó de los instrumentos mezquinos que utiliza el ,mal para tratar de empañar una obra redentora... Sócrates, por predicar la verdad fue sometido al sacrificio de la cicuta. Y Colón, como Cristo, sufrió todas las -alternativas dolorosas de la vida: fue humillado, escarnecido, amenazado de muerte y sometido al martirio. Pero el mundo que disfruta a plenitud de los éxitos de su intrépida hazaña, no podrá jamás empañar la Historia ni apagar las luces de esos éxitos... Porque lo que' brilla, brilla; . y la verdad, que es la esencia misma de la vida, brillará siempre, aunque un cataclismo pretenda ocultarla."

Al terminar don Juan la maravillosa descripción imaginaria del segundo viaje de Cristóbal Colón que culminó con el descubrimiento de Puerto Rico, no notábamos en su ánimo físico cansancio alguno. El maestro se sentía satisfecho porque sabía que la lección de ese día había encendido en nuestro espíritu. nuevas luces de conocimientos útiles para la vida. Los dieciocho alumnos que en aquel año escolar componíamos el Octavo Grado elemental, veíamos siempre con agrado a don Juan Rodríguez Cepero cuando se adelantaba hacia nosotros, de tarde en tarde, para damos su clase de Historia de Puerto Rico... Don Juan enseñaba con devoción cristiana, con inspiración elevada; sabía lo que enseñaba y daba su cátedra con dominio absoluto y hasta con amor patriótico. . Así fueron mis maestros de ayer... Los recordamos con gratitud y a Dios pedimos por su eterno descanso...

1....

FAcsfMILE DS LA FIRMA DE PONCE DE LB:6N

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JtfAN PONCE DE LEÓN

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Miguel Pon Por

MAIÚA TERESA CORT~

PARTISTE, RUMBO A DIOS

una tarde de mayo toda luz,' las siento, Miguel Pou, ue aún cerrados tus ojos a la Vida, vencerás a la Muerte... Seguirá por siempre la lu, de tu Borinquen brillando en tus pupilas... tus pupilas azules... luminosas... ebrias de 501 radiante... Porque al partir Ilevaste en eIlas, la rapsodia vibrante del verde-luz de nuestros cafetales, el brillo verdi-plata de los cañaverales y el estallido en rojo de nuestros flamb.oyanes..• Aquellos que en tus lienzos nos dejaste, por siempre florecidos ... y pienso, Miguel Pou, que el goce de tu Cielo no sería completo si en la Gloria no hubiera para ti, colores... y pinceles... y paleta, con que seguir pintando eternamente las cosas tan amadas por tus ojos•.• los amados paisajes de tu tierra.


Los protocol()s del distrito notarial de Sari Juan Por CARMEN HERNÁNDEZ

L os PROTOCOLOS DE ESCRIBANOS·

Y NOTARIOS' QUE custodia el Archivo General de Puerto Rico son un campo virgen para el análisis diplomático y una fuente histórica de la cual pocos historiadores han hecho uso. Son estos protocolos un rico venero de noticias de diversa naturaleza que constituye un testimonio fidedigno de la vida social, económica, religiosa y política de San Juan y pueblos limítrofes durante exactamente siglo y medio, ya que el más antiguo es de 1751 y el más reciente de 1900. Los protocolos notariales están clasificados según los conceptos jurídicos vigentes en la época. Conjuntamente con las escribanías públicas de número, existían una escribanía de guerra 3 y otra de marina,4 porque se reconocía un fuero especial a los individuos de esas clases. También funcionó un juzgado de Hacienda s con su escribanía. Al dividirse en distritos judicial capitaleño se creó una escribanía particular para el Juzgado de Catedral y otra para el

1. Los escribanos eran los individuos que ejercfan ofi· cio público que los autorizaba para dar fe de las escrituras y actos que pasaban ante ellos. El tc1rmino escribano dejó de usarse en Puerto Rico en 1873 eH virtud de la reforma notarial. , 2. Semejante a los escribanos, son los funcionarios públicos autorizados para dar fe en los contratos, testa· mentos y actos extrajudiciales. 3. La escribanía de guerra tiene protocolo desde 1816

a 1868.

4. La escribanía" de marina comprende los protocolos de los años 1824 a 1873. 5. Creado en Puerto Rico por Real Decreto del 26 de febrero de 1856.

56

DE

CARAGOL

de San Francisco. 6 El número de los protocolos de notarios es mayor que el de los escribanos, pues está en relación directa con el crecimiento pobladonal que hizo más compleja la vida de la ciudad y su distrito. En el aspecto social salta a la vista el contraste que existe entre aquella época y la presente. Encontramos que han habido cambios fundamentales en el transcurso del siglo pasado y anotamos como 10 más notable todo lo" relativo a la esclavitud, que por ser entonces una ,institución natural y corriente es el tema de numerosos contratos de compraventa en que figuraban como otorgantes y destinatarios miembros de prominerites faIllilias de la localidad, de gobernantes y eclesjasticos~7 Las cartas de libertad escas~an, pero son importantes para estudiar las condiciones de la manumisión. Aun en testamentos particulares se encuentran abundantes noticias de esclavos, algunas .muy conmovedoras. Las descripciones de los esclavos 'negros son muy pintorescas, en algunos casos se menciona su lugar de precedencia o la tribu a que pertenecían. La vida familiar manifiesta ángulos un tanto diferentes de los corrientes hoy día. Queremos destacar algunos contrastes. En nuestra sociedad d.e antaño era preciso dotar a la hija casadera, para ayu· 6. La demarcación judicial coincidió con la eclesiástica establecida en 1858. 7. Estas observaciones se refieren al pcríodo anterior' a la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, que tuvo lugar el 22 dc marzo dc 1873.


dar a sostener las cargas matrimoniales; B asimismo, al varón que quisiera contraer matrimonio cuando desempeñaba ciertos cargos oficiales se le exigía la justificación de capital para podér afrontar las nuevas responsabilidades hogareñas dentro del marco de su posición socia1.9 El jefe de la familia de. bía autorizar el matrimonio de su hija' o hermana por escritura de consentimiento, cumpliendo así con lo dispuesto en la pragmática del 23, de marzo de 1776 y en la cédula declaratoria del lS" de septiembre de 1788. 10 La viuda que contraía nuevas nupcias' perdía la tutela de sus hijos de primer matrimonio, y se les señalaba curador que era persona de garantía, con frecuencia también de la familia. De los intereses culturales de aquellos días se filtran interesantes noticias a través de los testamentos de ciertas figuras pe relieve, en particular de altos dignatarios eclesiásticos y de juristas de cuyas bibliotecas se haée detallado inventario, o de los legados parciaíes, que es preciso conozcan cuantos se interesen en la historia de las ideas en Puerto Rico en el siglo pasado. 11 Estos protocolos también nos enteran de peque· ños detalles de la vida diaria: de enseres caseros, muebles, prendas de vestir, joyas, artefactos de oficios, etcétera. Todas estas noticias nos llegan a través de los testamentos que son por excelencia, el tipo de documentos notarial que mejor refleja la vida social. La cambiante fisonomía de la ciudad surge como por arte de magia de los folios amarillentos de los protocolos. Puede apreciarse su desarrollo a través del conjunto de noticias inconexas sobre casas y 'calles, reparación de edificios públicos, reconstruc-

8. Entre las cartas dotales se destaca la otorgada a 1.- de diciembre de 1841 por el Regente jubilado de la Real Audiencia de Puerto Rico; don Juan Ramón Osés a favor de su hija Maria de la Presentación, que cont~jo matrimonio con el abogado don Agustín Maria de Sirgado. La dote ascendió a cinco mil trescientos. ocho pesos ($5,308.00), y comprendía tres esclavos, dos mil pesos ($2,000.00) ep plata macuquina efectiva, alhajas de oro, perlas y bnllantes, cubiertos de plata, cristalería, vajilla, muebles, cuadros, manteleria, cortinas, tapetes, ropa de cama, .enseres de .cocina, et~tera, y. el ajuar personal de la nOVIa que consIstía de veinte trajes de seda, muselina y saraza, doce pares de enaguas, veinticuatro pañuelos, seis i::hales, dos mantillas, cuatro pares de ~antes, seis abanicos, etcétera. Protocolo de Juan Basilio Nuñez, 1841, folios S46v.-

548.

9. La escritura dotal otorgada por don José Power a favor de su hijo don Joaquín; teniente segundo ayudante del Quinto Batallón de Milicias Discirlinadas, que proyec· taba matrimonio con doña Maria de Carmen Angulo. 10. Como ejemplo de esto, véase la licencia de esponsa· les otorgada por el doctor Francisco Dller a su hija Inocencia. Protocolo de Francisco de Acosta, 1819, folio 319. 11. Los testamentos del Ilustrísimo Señor Obispo don Pedro Gutiérrez de Cos y don Esteban González, Chantre Dignidad de la Catedral de San Juan son muy interesantes por la enumeración de los libros en sus bibliotecas, y lo es también por idéntica razón la escritura de participación de los bienes del Excelentísimo Señor Manuel Valdés y Li-

nares.

ción de iglesias, 12 presenciá de solares vacíos, etcétera, etcétera. Todo esto, tiene por lo tanto, un especial atractivo para los urbanistas que se esfuerzan en restaurar la vieja ciudad de San Juan. La vida económica se manifiesta. en gran variedad de contratos de compraventa, cartas de pago, cartas de obligación hipotecaria, fianzas, protestas de deudas, poderes especiales y generales, permutas, promesas y contratos de arrendamientos, contrato para suministro de materiales, escrituras para la constitución, alteración y disolución de sociedades mercantiles, etcétera. El movimiento mercantil de la isla y el extranjero quedó patente en numerosos documentos sobre bergantines y sus cargas y ocasionalmente se en,cuentran entre estos relatos de naufragios, averias y corsarios. 13 La vida religiosa se refleja en los testamentos, con sus conmovedoras confesiones de fe; en la multiplicidad de censos a favor del Santísimo Sacramento, la Vírgen de Belén, de distintas cofradías etcétera; por las promesas de misas a Nuestra Señora bajo diferentes advocaciones, y a varios santos; en las renuncias de religiosos franciscanos y dominicos y monjas carmelitas; en las protestas de las órdenes terceras; en las fundaciones de capellanía, etcétera. También la vida política y administrativa ha de-' jado sus huellas en los protocolos, pues allí apare': cen poderes, y fianzas de nuestros gobernadores 14 y de nuestros primeros diputados a las Cortes españolas 15 y noticias relativas a la fundación de pueblos. 16 Los procesos judiciales que se ventilaban ante el Tribunal de Gobierno y ante los alcaldes de San Juan fueron motivo de algunos documentos particulares entre los cuales se destacan las fianzas de cárcel segura 17 y numerosos poderes. ' En el caso de los protocolos, como documentos originales que son, disponemos del mejor material para el estudio diplomático. Estos protocolos están en bastante buen estado de conservación salvo los pertenecientes al siglo XVIII, que apenas pueden 12. Tiene singular interés una noticia sobre la reconstrucción de la Santa Iglesia Catedral de San Juan que apa· rece en el codicilo enmendando el testamento del señor Dean don Juan Lorenzo de Matos. 13. Véase principalmente los protocolos de la Escriba· nía de Marina y los dedicados a los aforados por los escri· banos públicos, asi como numerosos documentos intercalados en los protocolos geqerales. 14. Poder otorgado por don Toribio Montes, Protocolo de Gregario Sandoval, Sección de aforados 1809, folios números 19v.-22v. 15. Consúltese el protocolo de Francisco de Acosta de 1813, folios 175v.·176v., para la lectura del poder otorgado al diputado don José María Quiñones. 16. Protocolo de Rio Piedras, 1823. folios 37-39 y 1825, folios 39-51, para la fundación de Rlo Piedras y datos sobre Cangr~os. . 17., Este tipo de escritura no era muy frecuente, pero es interesante ver las circunstancias en que se otorgaba por su semejanza con técnicas actuales.

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Escritura del protocolo de Mauricio Guerra Mondragón de 1895. Obsérvese la fonna en que está redactada, y los diferentes tipos de letras usados para realzar algunos detalles. 58


leerse y algunos de las primeras décadas del siglo que están algo apolillados, sobre todo hacia las orillas. Principan gran número de estos protocolos con la invocación verbal: "En nombre de Dios todopoderoso. Amén", a veces expresada en latín. Aparece en otros sólo el siguiente encabezamiento: "Protocolos de los instrumentos públicos correspondientes al año - - - Puerto Rico, primero de enero de - - "seguidos del signo, firma y rúbrica del nota-' rio. Los notarios hacen al final del protocolo correspondiente a cada año la enumeración de los documentos contenidos en el que autorizaran personalmente o por medio de otros notarios, -declarando ser los únicos hechos en sus protocolos respectivos y signan, firman y rubrican esta declaración. A ve· ces cuando consta el producto de varios tomos ha· cen esta certificación en forma abreviada en cada uno. En los protocolos antiguos la foliación aparece sólo en guarismos y en los recientes la numeración de los folios está en guarismos y en letra. Las escrituras y otros documentos redactados por escribanos no iban identificados con número alguno. Los notarios, sin embargo, numeran todos sus documentos en forma sucesiva. Los escribanos escribían al margen el tipo de escritura y los nota· rios lo hacen dentro del texto y precediéndole a manera de título. La presencia de índices en estos protocolos no es uniforme. En los ~ antiguos procedía al protocolo un índice por materias sin ordenación alfabética y con ordenación cronológica o bien un índice alfabético de nombres de pila en vez de apellidos. Estos índices son de relativa utilidad, pues simplifican algo la búsqueda de las escrituras que puedan interesarnos. Hay mu~hos protocolos que carecen de ellos y parece que hacia mediados de siglo se trató de remediar esta deficiencia disponiéndose la con· fección de índices que a veces abarcan cerca de tres lustros. En los protocolos de notarios los Índices son muy completos y aparecen registrados en ellos todas las escrituras en estricto orden cronológico. señalándose además los nombres de los otorgantes y de los testigos y el tipo de escritura. En algunos protocolos los índices se encuentran al prin. cipio y en otros al final. En este punto cabe una pequeña digresión para beneficio de los investigadores. Existen entre los fondos documentales de la Real Audiencia Territorial de Puerto Rico unos testimonios de índice de escritura pública que podrían suplir la deficiencia de índices en los protocolos correspondientes. Es· tos índices se exigieron en virtud del auto acordado del 5 de marzo de 1840 y se siguieron preparando hasta la década del sesenta. Como complemento XIX

de estos testimonios podemos citar informes meno suales remitidos por los notarios que ejercían en la isla a la presidencia de ese tribunal. La presencia de los comprobantes de las escrituras públicas, bien formando parte del protocolo correspondiente o en volumen separado, enriquece y da mayor variedad a estos fondos. Como indica su nombre el comprobante desempeña la función de probar de manera fehaciente el derecho que asiste a las partes para disponer de sus propiedades o de· terminar algo concerniente a ellas. Revisten una diversidad de formas pues son diferentes tipos de documentos: certificaciones de la anotaduría de hi· potecas, instancias, escrituras antiguas, partidas sao cramentales, etcétera, que pueden ser de Puerto Rico, de España o de otros países. A veces están en papel sellado y otros en papel común. Algunos son muy antiguos. Otros tienen detalles muy curiosos: sellos de escribanos y notarios de otros lugares y sellos judiciales. El escribano al agruparlos les pone el número correspondiente al orden que aparece la escritura por él confeccionada en el protocolo respectivo. Estas notas que preceden pretenden señalar en términos generales las características más sobresalientes de los protocolos notariales. A esa visión de pájaro escapan muchas cosas significativas y es que sólo en el examen directo de numerosos do· cumentos como unidades representativas podríamos lograr una mejor comprensión de este grupo. Dada la variedad de negocios que atendían los escribanos y notarios sería tarea prolija y de difícil realización analizarlos dentro del marco de un breve ensayo. Para salvar esta dificultad sólo nos limitaremos al estudio y análisis de tres tipos de documen· tos: testamentos, compraventas y poderes. Con el fin de ilustrar la transformación sufrida por los documentos notariales en el transcurso de una centuria hemos seleccionado documentos producidos en dos momentos bien distantes dentro del siglo XIX. OBSERVACIONES El estudio esquemático de los instrumentos pÚo blicos presentados hace innecesario el contraste de los mismos, pero deja lugar para unos breves apuntes sobre la razón de ciertos términos usados y sobre las diferencias esenciales de su redacción. En los protocolos de escribanos se denomina a San Juan la "muy noble y muy leal ciudad" y es que era entonces muy reciente la concesión de este título honorífico con que fuera agraciada la ciudad capital. con motivo de su heroica defensa frente al ataque inglés de 1797. Los protocolos de notarios presentan unas cuantas diferencias que se deben a las disposiciones de

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la ley del 3 de marzo de 1873, que trata sobre la organización del notariado en las provincias de Ultramar con arreglo a la ley de 28 de mayo de 1862. Desde elLo de abril de 1874, en que entrara en vigor la ley del notariado a sus funcionarios se les denomina notarios. Estos estaban colegiados y tenían residencia señalada en un distrito notarial dentro del cual debían ejercer y todas estas circunstancias se expresaba en los instrumentos por ellos autorizados. En los protocolos de notarios se mencionan las cédulas personales, y es conveniente decir algo sobre este particular. Las cédulas personales se empleaban para justificar el domicilio y acreditar la personalidad del portador desde el 14 de mayo de 1867, en que se ordenó su uso. Desde 1870 en Es· paña se cobró un impuesto por estas cédulas, que se exigían para poder comparecer en juicio y atar· gar instrumentos públicos. Estaban obligados a usarlas todos los españoles mayores de catorce años. En Puerto Rico se usaron de manera semejante, y en la instrucción para la administración del impuesto sobre cédulas personales se prescribía su empleo para el otorgamiento de contratos públicos y privados. (art. 2, secc. 3). A los notarios se les prohibía autorizar instrumento o acta alguna a menos que los otorgantes justificaran su personalidad con la exhibición de su correspondiente cédula y ellos debían consignar las circunstancias de ésta en los términos expresados en el artículo 4.° de la citada instrucción.

Algunas cláusulas merecen también breve explicación. En los instrumentos de compraventa notamos la presencia de una cláusula adicional que prescribe la reserva de la hipoteca legal que tiene el Estado sobre terrenos que se gravan o enajenan para asegurar el cobro de la última anualidad del impuesto repartido y no satisfecho. Esta cláusula prescrita en el artículo 27 de la Real orden de 13 de agosto de 1893, determina la instrucción sobre la manera de redactar los documentos públicos sujetos a registro en las provincias de Ultramar. La cláusula final expresa la obligación del notario de permtir la lectura del instrumento a los participantes y testigos. Responde a lo dispuesto en el artículo 25 de la citada ley del notariado. En cuanto a la apariencia general de los instrumentos de escribanos y notarios hay que señalar diferencias básicas. Los escribanos escribían sus instrumentos en forma corrida. No hacían distinción de tópicos y el texto no se destacaba de las otras partes de la escritura... Sólo se notaba alguna división en el articulado de los testamentos y de algunos contratos cuya separación se destacaba mediante el uso del vocablo "item" o su respectiva abreviatura. Los libros no tenían los folios rayados y en muchos casos la. caligrafía era bastante irregular. Al terminar una escritura, inmediatamente después de las firmas, el escribano escribía la próxima sin dejar espacio en blanco. A partir de la implantación de la ley del nota-

Protocolo de escribano de principios del siglo XIX. Nótese el

extremado deterioro debido a la polilla.

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riada se nota un cambio radical en la presentación de los protocolos. Esto se debe a que se formulan· reglas para facilitar la redacción de los documentos públicos con claridad y método, procurándose la mayor concisión posible dentro de la enumeración de las circunstancias necesarias para su inscripción. Las cláusulas se debían escribir con la debida se· paración de párrafos y las partes componentes del protocolo inicial se destacaban con división de ele· mentas. A veces, para mayor énfasis, se empleaban distintos tipos de escritura. Se escribían las escri· turas separadas y se dejaban en blanco grandes espacios, aunque tomándose precauciones para evitar intercalaciones posteriores. Protocolos de escribanos Testamento Protocolo inicial Invocación: "En nombre de Dios todopoderoso". Notificación: "Sepan quantos esta carta de mi testamento última y postrera voluntad vieren" como ad· verbio que une la notificación a la in titulación. IllIittllación del otorgante: Yo, tratamiento, nombre patronímico, profesión, oficio o título, vecindad, proce. dencia, nombre de padres. Contexto: Preámbulo. Puede variar de acuerdo con circunstancias: enfermedad, vejez, peligros, viajes, etc., expresa razón para hacer el testamento. "pero en mi sano juicio, memoria y entendimiento natural" para demostrar su capacidad para testar. COllfesiól1 de fe: "creyendo como bien y firmemente creo en el Misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo -tres personas distintas, una sola divina esencia- y en todos los demás misterios que tiene, cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana bajo cuya buena fe V creencia he vivido y es' mi intención vivir y morir, y si acaso por tentación del demonio o por dolencia grave de mi enfermedad algo contra esto que creo, y confie· so, hiciere, dijere o mostrare desde ahora y para entono ces lo revoco y anulo con esta invocación divina y poniendo por mi intercesora a la siempre Virgen María, Santo Angel de mi guarda, el de mi nombre y demás celestes cortesanos para que intercedan por mí con In Magestad Divina me perdone los pecados y lleve a des· cansar a la vida eterna. Parte dispositiva: Relativa a su alma: "Primera· mente, encomiendo mi alma a Dios nuestro Señor que la creó para sí a su imagen y semejanza y redi· mió con el infinito precio de su sagrada vida pasión y muerte, Relativa a su cuerpo: y el cuerpo a la tie· rra de que fue formado y es mi voluntad que cuando la Divina [voluntad] fuese servido sacarme de esta presente vida a la eterna mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de vestido con la mortaja que se me señale y le acompañen la grueta ordinaria eclesiás· tica y se hagan los oficios", etc., en otros casos pide se cubra su cadáver con el hábito franciscano, "el el dominico o algún olro de su especial predilección y también disponen algunos entierros solemnes. Sufragios: Dispone se paguen las mandas pías forzosas y acostumbradas de Jerusalem dando a cada una un cuartillo de real de una. sola vez "con lo que las ex· c1uyo y aparto de mis bienes".

Dispone celebración de otras misas, sufragios y -Ii· mosnas para impetrar su salvación eterna y acortar su purgatorio. Declaración de Bienes: La parte más importante del testamento en lo material es la declaración de sus bienes y deudas que se detallan. Declaración de herederos: La declaración de herederos va precedida de la exposición hecha por el atar· gante. sobre su estado civil, soltero, casado "in facie Eclessiae según disposición tridentina con o viudo. Enumeración de .hijos habidos a quienes declara sus herederos. Si la esposa está viva tambicn la insti· tuye heredera. Menciona los bienes llevados al matrimonio por ambos cónyuges. Si los hijos son menor~s les señala tutor. Nombra albaceas para que ejecuten su testamen· taria y en muchos casos se le prorroga a los albaceas el término de un año que ticnen por ley. Cláusula de revocaciull de testamento allCcrior: Y por éste revoco anulo todo o; y cualesquier testamentos, me· marias codicialcs o poderes para testar que antes de éste haya hecho u otorgado por palabra o por escrito pues no quiero que valgan ni hagan fe en juicio ni fuera del solo este que otorgo ante el presente escrí. bano y testigos en esta muy noble y muy leal ciudad de San Juan de Puerto Rico a Jos once días del mes de enero de mil ochocientos - - - Corroboración: E yo el infrascrito escribano doy fc conozco al otorgan le que asi lo dixo y otorgo ante mi y no lo firmo porque dixo no saber, a su ruego lo hizo uno de los testigos que le fueron presentes y vecinos (sus nombres y apellidos) de que doy fé. Validación: A ruego del otorgante y como testigo Nombre, apellido y rúbrica Ante mi Firma y rúbrica del escribano

Partida de matrimonio de 1863 sacada de un libro de comprobantes. 61


Compraventa Protocolo inicial

Datación tópica y crónica: "En la muy noble y leal ciudad de San Juan a los once días de junio de mil ", ochocientos "Ante el notario infrascrito y testigos comparecen" el otorgante: tratamiento, nombre y apellido y vecino dad, - a quien el escribano certifica conocer y dijo. Contexto: Parte dispositiva: que ha hecho venta real y absoluta a favor de (destinatario) de unas tierras cuyos límites y guardarrayas especifica. Fórmula de venta: "lo vende con todas sus entradas y salidas, usos, costumbres y servidumbres tal como la he gozado e gozaron sus antecesores." Precio: y en precio y cantidad pesos moneda corriente de esta isla cantidad que le ha sido entregada y él ha recibido en conformidad "aunque de pre· sente no aparezca la entrega de la misma pero siendo cierta y verdadera renuncia la excepción y leyes de lu 'non numerata pecunia. Del total de la venta se ha satisfecho el 4 % del Real derecho de alcabala por la cantidad recibida se muestra satisfecho por ser "el justo valor y precio del mencionado terreno" que no vale mas ni menos y si acaso algo mas vale o valer puede en pocos o mucha cantidad que sea le hago grao cia e donación al citado comprador buena pura mera perfecta y acabada que el derecho llama intervivos par· tes presentes dado y elTtregado de mano a mano cerca de la cual renuncio las leyes del ordenamiento Real que hablan en razón de las cosas que se compran o venden por más o menos de la mitad de su justo pre· cio y los quatro años del engaño para pedir rescisión de este contrato o suplemento de él. n La acción de la venta y traspaso de los terrenos se hace con fórmula enfática: "y por este me desapodero, quito, aparto y a mis herederos y sucesores del dere· cho de acción propiedad señorio ti tulo voz y recurso y otras acciones reales y personales", etc. Sigue la correspondiente certificación del anotador de hipotecas para garantizar que la finca está libre de gravámenes o en caso de tenerlos los especifica. Va adjunta y posteriormente se incluye haciendo el tras· lado de la certificación original. Corroboración: "En cuyo testimonio así 10 otorgo ante mi y estando presente el otorgante no firmo por no saber" pero en su nombre un testigo acepto escri· tura de venta y firmó. Había tres testigos.

Escatocolo Validación: Firma el destinatario, el otorgante y el escribano.

Crónica: A los veintinueve días del mes de marzo de mil ochocientos años. Ante mi el infrascrito escribano y testigos compareció". Intitlllación del otorgante: tratamiento, nombre y apellidos y profesión - a quien doy fe, conozco y dijo: Contexto: Fórmula de otorgamiento: "Que daba y dió todo su poder cumplido y quanto se requiere y es necesario para valer generalmente a ---". Intitulación de destinatario: tratamiento, nombre y apellidos y profesión, Fórmula de representación: "para que' en su nombre y representando su propia persona, acciones y derechos pueda seguir y siga todas sus causas pretensiones solio citudes, pleitos negocios civiles, criminales, ex&utivos eclesiásticos o seculares", "así demanda como defen: dicndo y en todos y cada uno de ellos pueda parecer y parezca ante S. M. (Dios le guarde) señores de sus Reales y Supremos Consejos, Audiencias, chancillerías y otros jueces y justicias y en ellos presente memoria· les e~critos escrituras, papeles y otros despachos, testi· momos y todo género de prueba; oponga exepciones decline, jurisdicciones, pida beneficio de restitución, haga pedimentos, juramentos, requerimientos, protes· ,taciones y conclusiones; tache, redarguya y se oponga, a lo.que de contrario se hiciere, recuse jueces, letrados, eSCribanos y notarios, expresando las causas si fuere necesario o apartándose si conviniere; haga y pida se hagan los juramentos de calumnia, decisorio y otros que convengan; pida execuciones, secuestros, de consentimiento de soltura, alce embargos, haga ventas y remates de bienes, y acepte traspasos; concluya, y oiga autos y sentencias, interlocutorios y definitivas, con· sienta las favorables y de las en contrario suplique \' apele; siga uno y otro recurso donde y con derecho pueda y deba; gane reales provisiones, cédulas y otros despachos que le pertenezcan y los presente y haga cumplir, guardar y executar. Y finalmente practique y haga cuantos actos y diligencias asi judiciales como extrajudiciales convengan y que el otorgante haría por sí mismo siendo presente pues para todo ello le con· cede el mas eficaz y absoluto poder que para cada cosa necesite el expresado su apoderado pues así se lo confiere con incidencias, depedencias, anexida· des, conexidades libre franca y general ndministración y facul1ad de enjuiciar, jurar, substituir, revocar Jos substitutos, y nombrar otros de nuevo que a todos releva de ecisión y fianza en forma y a lo que en su virtud se obrare." Fórmula de obligación del poderdante: Para respal· dar cuanto en su nombre hiciera su apoderado "obliga sus bienes y rentas que al presente tiene y en adelante adquiriere con cláusula quarentigia contrato executorio da poder a las justicias de su Magestad con las sumisiones y renunciaciones de leyes en su favor y la gene· ,ral en forma." Corroboración: En cuyo testimonio así 10 otorgó y firmó ante mí siendo testigos - - - , - - - ,

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Poder Protocolo:

Escatocolo: Validación:

Datación: Tópica: "En esta muy noble y muy leal ciudad de Sau Juan Bautista de Puerto Rico."

62

Firmas del otorgante y rúbrica. Ante mí, firma del notario con rubrica,


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III. IV. V. VI-IX, X. XI. XII, XIII. XIV.

Protocolo del pueblo de Río Piedras. Escritura' de venta de diez cuerdas de terreno de la hacienda de don Francisco Aros otorgada el 14 de marzo de 1825 para la fundadación del pueblo de Río Piedras.

Protocolos de notarios

Iglesia ha vivido vi\'c y protesta vivir y morir como fiel cristiana." Encomiendá su alma a Dios que de la nada la creó y el cuerpo manda a la tierra de que fue formado. etc., dispone su entierro, etc. Lega a las mandas forzosas de Jerusalem medio real de plata a cada una de ellas y tres pesos a la pia de su instituto por una sola vez. Declara sobre su estado civil, si fue casado, d nombre, procedencia, vecindad de su cónyuge y enumeración de hijos habidos en su matrimonio. Declara sus bienes, inmuebles, negocios, efectos personales, etc. Distribución de la herencia mejorando con el tercio de sus bienes a hijos menores e hijos solteros. Legados varios. Nombramientos de Albacea. Tutor señalado para hijos menores o incapacitados. Nombramientos de Contador, repartidor de bienes. Designación de herederos. Cláusula de renovación de todo testamento anterior "para que ninguno valga ni haga fe en juicio, ni fuera del excepto este que ahora formaliza que quiere y manda se guarde como su última y postrimera voluntad o en aquella via o forma que mas haya lugar en derecho."

Corroboración: Y el otorgante que a mi parecer y el de los testigos presentes y vecinos mayores de edad y sin tacha legal para serlo (sus nombres) que manifiestan conocer al testador y a quienes yo el notario doy fe conocer se encuentra en su sano juicio así lo dijo otorgo y firmo ahora que son (1a hora del día). -A todos los presen tes yo el notario di lectura de este documento por haber renunciado el derecho que tenían para hacerlo de por si mismos del que les advertí de todo lo que doy fe. Validación: Firma y rúbrica en primer término de' otorgante y luego de los tres testigos y del notario en su signo también.

Testamento Protocolo inicial Datación: tópica y crónica. lntitulación: del notario ante el cual comparece el otorgante: Nombre, apellido, el lugar en que ejerce, su filiación, con el ilustre Colegio Notarial de Puerto Rico y sus testigos. Otorgante: tratamiento, nombre, apellido, .profesión u oficio, estado civil, edad, vecindad, cédula personal de clase talón número "que me exhibe y le devuelvo". COlllexto: Fórmula de conocimiento: Ita quien yo el notario doy fe conozco y asegurando hallarse en el pleno goce de sus derechos civiles sin que me conste nada en contrario. teniendo a mi juicio la capacidad legal necesaria para testar". Otorgante se identifica más diciendo lugar de nacimiento y nombre de sus padres y expresa "que se en· cuentra en su sano juicio, memoria y. entendimiento natural". Expresa su razón para testar temor de la muerte tan precisa a toda viviente criatura. Parte dispositiva. (Con disposiciones enumeradas). 1. Confesión de fe: "Declara que es católica, apostólica y Romana en el gremio de cuya sancta

Compraventa Protocolo inicial Datación tópica y crónica: En la ciudad de San Juan Bautista de Puerto Rico a treinta de octubre de mil ochocientos noventa y tres. lntitulación del notario: Ante mi Don , ve· cino y notario de la misma y del Ilustre Colegio Territorial de la Provincia y testigos que se dirán, campa· recen. lntitulación de otorgante: Don , soltero, propietario, mayor de edad, vecino de esta Capital con su cédula personal de - - clase talón número - - que me exhibe y le devuelvo. lntitulación del destinatario: Don nombre. estado civil, profesión, edad, vecindad cédula personal de - - - clase talón número - - que exhibe. El notario certifica conocerlos y ambos le aseguran hallarse en el pleno goce de sus derechos civiles, lo que él acepta y expresa que le parece que tienen capacidad legal para formalizar la presente escritura de compraventa. 63


Contexto: Disposición: Descripción del inmediato: Una finca que consta de. tantas cuerdas, en la jurisdicción de - - barrio de - - cuyos límites se describen y se nombran los colindantes. Se expresa en qué tomo y folio del Registro de la Propiedad del distrito se halla su inscripción. Certificación que está libre de gravámenes mediante testimonio adjunto del registrador de la propiedad. Fórmula de la venta: "que vende y da en venta real por juro de heredad y perpetua enajenación en favor de" Don la finca de referencia en los términos que especifica relativo al precio de venta que es justo y verdadero valor de la tierras enajenadas. y que al inscribirse en el Registro de La Propiedad "no se anulará ni rescindirá en perjuicio de tercero por ninguna de las causas consignadas en el artículo cuarenta y seis de la Ley Hipotecaria". El mero acto del otorgamiento de esta escritura da la posesión al comprador y el vendedor queda obligado a la evicción y saneamiento en forma. El comprador aceptó la escritura y está hecha según se ha convenido. Cl~usula de Ula expresa reserva de la hipoteca legal que tienen el Estado, la Provincia y el Municipio sobre preferencia al cobro de la última anualidad del impues. to repartido y no satisfecho por el terreno de que se trata". Advertencía del Ilotario sobre procedimientos a se· guir y sanción: uYo el Notario hice a las partes las ad· vertencias siguientes: Primera: que dentro del térmi· no de treinta días de la fecha deben presentar el testi· monio primordial de esta escritura en la Oficina liquidadora del impuesto de derechos reales y de tras· misión de bienes para satisfacer a la Hacienda Pública el que devengue. segun lo previene el Reglamento de la materia bajo la multa que el mismo establece a los morosos; y Segunda: de la conveniencia de inscribirla despues en el Registro de la Propiedad, sin cuyo requi· sito no perjudicará el tercero, ni será admitida en los Juzgados y Tribunales sino en la forma y casos preve· "nidos en la Ley Hipotecaria". Corroboración: Habiendo hecho esta escritura el comprador y el vendedor firman en presencia de tes· tigos, vecinos mayores de edad y sin excepción legal para serlo a quienes el notario atestigua conocer. El notario da lectura al documento en alta voz para beneficio de los comparecientes y testigos quienes ha· bían renunciado el derecho a hacerlo por sí mismos según les advirtiera el notario que da fe. Escatocolo Validación: Firmas y rúbricas de comprador y ven· dedor y testigos y firma, rúbrica y signo del notario.

Crónica: a cuatro de·enero de mil ochocientos ochenta y ocho. Intitulaciórp del notario: u Ante mi Don - - nota· rio del Colegio de este territorio, etc. con residencia en esta capital donde soy vecino", -otros dan su direc· ción-, u y testigos que diré compareció." Otorgante o' poderdante - intitulación tratamiento, mayor de edad, estado profesión, cédula personal (en 1876 se quedan con la misma y la ponen como comprobante). Contexto: Certificación del Notario El Notario da fe de que lo conoce y asegura hallarse en el pleno goce de sus derechos civiles teniendo a )uicio del notario la capacidad legal para el otorgamIento.

Motivación del otorgamiento: Fórmula de otorgamiento: Da y confiere "todo su poder tan amplio lleno cumplido eficaz y tan bastante cuanto por derecho se requiera y necesario sea para valer general a favor de" una o varias personas. Cuando es uno solo el representante da su intitulación trata· miento, vecindad. En caso de ~er más de uno ei representante se dan sus nombres y apellidos con el trata· miento que les corresponda y su vecindad y se expresa que a todos juntos y a cada uno de por sí in solidum para que le representen y. actúen en nombre del otor· gante y según sus instrucciones. Razón del otorgamiento: Hay numerosas circunstan· cias que hadan necesarios estos tipos de documentos y las más frecuentes eran las testamentarias y los neo gocios y el poderdante enumera las gestiones que autoriza a los destinatarios a realizar de acuerdo con el caso que se trate, cuántos actos y diligencias judiciales y extrajudiciales sean oportunas y conducentes: en el concepto de que así para lo principal como para lo accesorio, incidente y dependiente les confiere el otorgante el más amplio y eficaz poder que necesiten con libre y general administración relevación y facultad de sustituir este poder en todo o en parte revocar sustitutos y nombrar otros. Fórmula de obligación del poderdante: "que a aprobar y ratificar cuanto en su virtud practicaren obliga el confiriente sus bienes presentes y futuros con su· misión y renuncia de leyes, fueros y derechos de su favor." Corroboración: u Así 10 dijo otorgó y firmó después de leerle yo el notario el presente poder, por haber renunciado el derecho que tiene de hacerlo por sí estando presentes como testigos Don y Don que tambien suscrib~n y de todo doy fe."

Poder Protocolo inicial

Escatocolo:

Datación

Validación: Firmas del otorgante, de los testigos con rúbricas y del notario con rúbrica y signo.

Tópica: "En la ciudad de San Juan Bautista de Puer· to Rico."

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Bibliografia

Pu~rtorriqueña-1967

(Suplemento a la publicada en el Número 39)

ALEGRfA, Ricardo E.: Cuentos folklóricos de Puerto Rico. Recogidos y editados por ---o Buenos Aires, Barcelona, Editorial El Ateneo, 120 págs.; ilustraciones por Rafael Seco. Dice el compilador: "Todos los cuentos fueron re. cogidos por nosotros en diversos lugares de Puerto Rico. Para facilitar su lectura a los niños, y teniendo en cuenta que esta obra no es una de carácter cientí· fico, los hemos reescrito con ligeros cambios, pero mano teniendo siempre el estilo popular tradicional y todos los incidentes y detalles del cuento". ALONSO, Manuel A.: El Gibaro. (Cuadros de costum· bres de la isla de Puerto Rico), edición facsímil; San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Se· rie Biblioteca Popular, 204 págs.

DlAz ALFARO, Abelardo: Terrazo (Selección). San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña,' Serie Biblioteca Popular, 128 págs.; prólogo de Mariano Picón Salas. Edición que contiene el material esencial de una obra que se ha convertido en uno de los clásicos de la literatura puertorriqueña contemporánea; publica· da originalmente en 1948. ENCARNACIÓN, Natalio: Religión y mundo moderno. San Juan, 164 págs. ' El autor, un laico católico, se propone llevar al lec· tor "el mensaje de lo-que él considera la única verdad: el cumplimiento de la Ley de Dios", en una serie de artículos.

- - - : El Gibara, Puerto Rico. Editorial del Depar· tamento de Instrucción Pública, 239 págs. Nuevas ediciones de la obra publicada originalmen· te en 1849, y ampliada a dos tomos en 1882-83 con prólogo de Salvador Brau.

FREIRI!, Joaquín: Antología hispanoamericana. Puerto Rico, Editorial del Departamento de Instrucción Pública, 114 págs. Incluye selecciones de Bello, Bolívar, Daría Juárez Lincoln, L'Ouverture, Luperón, Nabuco, Palm'a RodÓ y Sarmiento. De Martí hay un trabajo sobre Baldorioty de Castro, y dos selecciones de Hostos.

BURGOS, Julia de: Antología poética. San Juan, Editorial Caquí, Ediciones Borinquen, 133 págs.; introducción de Emilio M. Colón; prólogo de Yvette J. de Báez. Esta primera antología de Julia de Burgos (19141953) fue preparada por Emilio M. Colón en estrecha c~laboración con Consuelo Burgos, hermana de la poetIsa.

GAUTIER BENfTEZ, José: Antología poética. Recopilación e introducción por Socorro Girón de Segura. San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña Serie Biblioteca Popular, 208 págs. ' Selección de 10 fundamental del más grande poeta romántico puertorriqueño (1851-1880), por una conocida estudiosa de su obra (v. ficha siguiente).

BALASOUIDE, L. A. (Dr.): Trazado biográfico sobre los hospitales generales de Ponce. Palma de Mallorca, Imprenta de Mossén Alcover, 100 págs. La obra incluye cinco hospitales: Hospital de Da· mas, Tricoche, San Lucas, de Distrito de Ponce y Clí· nica Doctor Pila. CUETO COLL, Luis: Two Essays, a Sermon and Sorne Thoughts. S. p. t, nov. 9, 1967, 40 págs. Contiene los trabajos: "Why did 1 not become a Roman Catholic"; "My tribute to Albert Schweitzer"; "How to conquer death"; "A collection of thoughts H

•

GIR6N

SEGURA, Socorro: Vida y obra de María Bibia· y Alejandrina Bel1ítez. Puerto Rico, 238 págs.; Ilustrado. Se recogen por primera vez las obras de María Bibiana Benftez (1783-1875) y su sobrina Alejandrina (1819-1879). Con este libro cierra la autora su ciclo aIre· dedor de la familia de José Gautier Benftez. DH

~a

INSTlTUTE OF CARIBBEAN STUDIES: Caribbean Integratioll. Papers on Social, Potitical and Economic Integratian. Edited by: Sybil Lewis, Thomas G. Mathews. Río Piedras, University of Puerto Rico, 258 p. 65


Colección de trabajos presentados en la Tercera. Conferencia de Investigadores del Caribe, celebrada en Guyana en 1966. Entre los autores figuran: Robert W. Anderson, Fuat M. Andic, Sidney W. Mintz, Milton Pabón y Eduardo Seda Bonilla. JIMÉNEZ DE BARBOSA, Frances: De tu rosal divino. San Juan, 76 págs.; portada de Pedro A. Molano. La primera parte contiene poemas de entronque religioso; la segunda, reflexiones en prosa. LóPEZ, Julio César: Peregrino de sombras. San Juan, 83 págs. Prosa de tendencia poética, dividida en dos partes: "Imágenes en la noche" y "Estaciones de la vigilia", publicadas "bajo el signo de distintos estados de ánimo o etapas vitales y en épocas bastante distantes entre sí".

- - - : Temas y estilos en oclto escritores, San Juan, 119 págs. Estudios sobre tres hispanoamericanos: Ciro Alegría, Sor Juana y Martí; un español: Cervantes, y cuatro puertorriqueños: Violeta López Suria, Manuel Alonso, Graciany Miranda Archilla y Fernández Juncos. MATHEWS, Thomas G.: La política puertorriqueña y el Nuevo Trato. Puerto Rico, Editorial del Departamento de Instrucción Pública, 237 págs. Traducción de Antonio J. Colorado, de la obra originalmente publicada en inglés en 1960, bajo el título: Puerto Rican Politics and the New Deal. McNEILL, William: La civilización de Occidente (Manual de Historia). Río Piedras, Universidad de Puerto Rico, Editorial Universitaria, 618 págs. Versión española del History Handbook 01 Western Civilization, a cargo de los profesores Rosa Lydia Vélez, Ana Fernández Seín y Luis González Vales; revisión de Georges Delacre y edición de George N. Atiyeh. Concha: Literatura hispanoamericana. San Juan, Editorial Cordillera, 389 págs.; Colección Hispanoamericana. Lecciones ofrecidas originalmente en el Ateneo Puertorriqueño en 1939. Incluyen, entre otros, ensayos sobre Sor Juana, Sarmiento, Martí, José Asunción Silva, González Prada, Alfonso Reyes y Pablo Neruda.

ME~NDEZ,

MORALES, Angel Luis: La angustia metafísica en la poesía de Rubén Daría. Universidad de Puerto Rico, Biblioteca de Extramuros, 20 págs. Con esta publi¡:ación inicia la Biblioteca de Extra· muros en Río Piedras su serie de Cuadernos Literarios. MORALES, Matilde T.: La maravilla de los países escandinavos. Barcelona. Grafesa, 105 págs., proemio del Dr. 1. A. Balasquide.

Libro de viajes sobre un recorrido por los países de Dinamarca, Suecia y Noruega. Tercer libro de viajes de la autora. PARODI DELFINO, ·Luis: Etica profesional del periodista. Ponce, Universidad Católica de Puerto Rico, 65 págs., con un epílogo: "Periodismo existencialista", por A. W. Maldonado. Con esta obra del religioso italiano, la Universidad Católica de Ponce inicia su colección: "Problemas de Actualidad". PASARELL, Emilio J.: De la pluma al papel. Barcelona, Ediciones Rvmbos, 282 págs. La obra recoge artículos, noticias y anuncios que provienen de periódicos como El Ponceño, La Demacra· cia, El Boletín Mercantil y La Revista de Puerto Rico, Actas del' Cabildo de San Juan y documentos del Archivo Notarial de Ponce.

- - - : Esculcando el siglo XIX en Puerto Rico. Barce· lona, Ediciones Rvmbos, 132 págs. El autor, que llama su libro "cronómetro desorbitado sin pauta cronológica", recoge en él noticias sobre la vida puertorriqueña en el pasado siglo, para ofre· cer un "panorama social". ---:Orígenes y desarrollo de la afición teatral en Puerto Rico - Siglo xx. Tomo n. Río Piedras, Edi· torial Universitaria, 336 págs. El Tomo I se publicó en 1951. El autor señala que en estos anales "se consigna o registra todo lo que de teatro ha transcurrido por los de San Juan y Ponce", en nuestro siglo. PEÑARANDA, Carlos: Cartas puertorriqueñas (1878-1880). San Juan, Editorial El Cemí, 136 págs.; prólogo de Eugenio Fernández Méndez. La primera edición es de 1885. Son cartas del poeta y crítico español, publicadas originalmente en serie en El Agente, periódico de don Félix Padial, y dirigidas al poeta español Ventura Ruiz y Aguilera. RIVERA SILVESTRINI, José: El cuento moderno venezola· no. Río Piedras, Colección Prometeo, 186 págs.; carta de Concha Meléndez. Tesis que trata los temas: "Ojeada al origen y desarrollo del cuento en Venezuela"; "Modernismo en Venezuela"; "Época de transición 1910-1920"; Década del veinte"; Década del treinta"; "Década del cuaren· ta"; "ültimas promociones". SANFIORENZO, Carmen de: Adiós póstumo (Vida, muer~e, eternidad). Río Piedras, 215 págs. La primera parte se basa en La amada inmóvil de Nervo; la segunda, es una recopilación de meditaciones sobre la muerte; la tercera, reúne prosa y verso de la autora.


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