Skip to main content

Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña

Page 1

REVISTA del INSTITUTO de CULTURA PUERTORRIQUEÑA ANTROPOLOG1A HISTORIA .1-

LITERATURA ARTES PLÁSTICAS TEATRO MOSICA ARQUITECTURA

número ABRIL-JUNIO, 1967

SanJuan de Puerto Rko


R E

v

1

s

T A

DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre - Aurelio Tió - Teodoro Vidal Arturo Santana - Esteban Padilla - Wilfredo Braschi

Director Ejecutivo: Ricardo E. Alegría Apartado 4184 AÑO X

SAN JUAN DE PUERTO RICO 1967 ABRIL - JUNIO

Núm. 35

SUMARIO Augusto Malaret

1

El idioma del jíbaro por Augusto MaZaret

2

¿Por qué llamamos jíbaro a nuestro campesino? por Augusto MaZaret . . . .

8

Nuestra Historia Natural y el Diccionario Académico por Augusto MaZaret . . . . .

10

Personalidad de don Augusto Malaret por María Teresa Babín. .

14

Don Rafo y los caballos . Cuento por Edwin Figueroa . . .

19

Al son del tiple doliente

22

Enrique A. Laguerre por Mario Marcilese

27

Los franciscanos: sus primitivas fundaciones de San Germán, Caparra y la Aguada por Lino G. Canedo .....

33

Gregoria Hernández, la Beata del Arecibo y Sor María Raggi de Quío por Arturo Dávila

4i

Luis Rodríguez Cabrero - 1864-1915 por Emigdio S. Ginorio . . .

45


Exposición de José Rosa y Rafael Rivera

48

Acoged este canto por Francisco Lluch Mora

50

Antonio Valero de Bernabé: un olvidado amigo del Libertador por Mario Briceño Perozo

52

SEPARATA DE MÚSICA

FIESTA DE AMIGOS Danza, por Juan Morel Campos

PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUE&A Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal Fotografías de Jorge Diana Aparece trimestralmente S..lscripción anual Precio del ejemplar

$2.50 $0.75

[Application tor second class mail privilege pending at San Juan, P. R.]

DEPOSITO LIlGAL:

B.

3343· 1959

IMPRESO EN LOS TALLERES GRÁFIcos DE «EDICIONES RVMBOS» BARCELONA - PRINTED IN SPAIN - IMPRESO EN ESPAÑA


COLABORADORES


MARIo MARCILESE se ha distinguido en su patria, Argentina, como dramaturgo, novelista y periodista. Es autor de la obra El escritor hispanoamericano en vivo (seis tomos), colección de datos autobiográficos de los diferentes autores de la América española, que incluye una serie de ensayos cortos sobre sus obras. Es también autor del libro 30 días en la U. D. F. Recientemente visitó Puerto Rico, donde dictó algunas conferencias.

V. DÁVILA nació en San Juan. Hizo sus estudios de licenciatura en la Universidad de Madrid, donde se especializó en Historia y obtuvo, en 1960, el grado de doctor en Filosofía y Letras. Es autor de la obra La isla de Vieques en la historia (su tesis doctoral) y de otros trabajos de investigación sobre la historia religiosa y el arte en Puerto Rico, algunos de ellos publicados en números anteriores de esta Revista. Ocupa una cátedra de Historia del Arte y la dirección del Departamento de Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico.

ARTURO


FRANCISCO LLUCH MORA nació en Yauco. En la Universidad de Puerto Rico se recibió de Bachiller en educación y de Maestro en artes especializado en Literatura española. Ensayista y crítico literario, ha colaborado en diferentes revistas y periódicos. En 1959-1960 ocupó la presidencia del Congreso de Poesía Puertorriqueña. En la actualidad desempeña una cátedra de Literatura hispánica en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de la Universidad de Puerto Rico (Mayagüez). Entre sus obras poéticas figuran: Del asedio y la clausura (1950), Del barro a Dios (1954), Canto desesperado a la ceniza (1955), El ruiseñor y el olvido (1960), premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña, La creación (1961) y Cartapacio de amor (1961).


MARÍA TERESA BABÍN, natural de Ponce, estudió en la Universidad de Puerto Rico, donde obtuvo el grado de Maestra en Artes, y en la de Columbia, que le confirió el doctorado en Filosofía y Letras. Ha ejercido la docencia en Puerto Rico y Estados Unidos. Actualmente desempeña una cátedra de Literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Nueva York. Aparte de sus numerosas colaboraciones en revistas literarias del país y del extranjero, ha publicado las obras: Introducción a la literatura hispánica (1949), El mundo poético de Federico Carcía Larca (1954), tesis doctoral, premiada por el Instituto de Literatura Puertorri· queña y el Ateneo Puertorriqueño, Carcía Larca: vida y obra (1955), Fantasía boricua, Estampas de mi tierra (1956; segunda edición 1957; traducción francesa en 1959).

EOWIN FIGUEROA BERRÍoS nació en Guayama. En la Universidad de Puerto Rico obtuvo en 1948 el grado de Bachiller en Artes, y en 1955 la Maestría en estudios hispánicos. Para optar a este grado presentó el trabajo titulado Estudio lingüístico de la zona de Cayey. Ha obtenido varios premios en certámenes de cuentos del Ateneo Puertorriqueño. Actualmente está adscrito a la Facultad de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico.


In memoria m

Augusto Malaret

1878-1967

E

L PAís ESTÁ DE LUTO CON LA MUERTE DE DON AUGUSTO

Malaret y Yordán, acaecida en Santurce, el 23 de febrero de 1967. La pérdida es particularmente sensible para las letras puertorriqueñas. Pocos de nuestros contemporáneos han hecho resonar el nombre de Puerto Rico en las esferas culturales del exterior como lo hizo don Augusto Malaret. Sus eruditos trabajos sobre la lexicografía puertorriqueña e hispanoamericana constituyen obras de obligada consulta para los estudiosos de la lengua española en ambos -hemisferios. La obra de Malaret es tanto más de apreciarse si se considera que su autor fue un autodidacta, y que fue por su cuenta y riesgo, como señala la doctora María Teresa Babín, que se impuso a sí mismo la tarea a la que consagró su vida, sin esperar ni recibir apoyo económico ninguno para costear sus investigaciones y la publicación de sus libros. Augusto Malaret nació en Sabana Grande el 31 de julio de 1878. La curiosidad que siendo aún muy joven despertó en él la peculiar manera de hablar y el vocabulario de nuestros jíbaros, fue el punto de partida para sus estudios de la lengua, que habrían de nutrirse en las obras de Menéndez Pidal, Navarro Tomás, Henríquez Ureña, Gili Gaya, Rufino J. Cuervo y otros lingüistas y lexicógrafos. Sus rutinarias labores como Registrador de la Propi~ dad de San Juan --cargo que desempeñó por muchos años- antes que estorbarle, propiciaron, tal vez, su vasta y paciente labor de investigador, de la que fueron fruto las obras Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (1917), Diccionario de americanismos (1925), Por mi patria y por mi idioma (1932), Vocabulario de Puerto Rico (1937) y Se· mdntica americana (1940). Del año 1928 es su libro de biografías titulado Medallas de oro. Lexicón de fauna y flora de América (1955).

En justo reconocimiento de sus méritos la Universidad de Puerto Rico le otorgó el grado de Doctor en Letras honoris causa (1958) y el Instituto de Cultura Puertorriqueña la Medalla de Oro del Instituto (1960). Fue nombrado ciudadano del año en Nueva York en 1959. Dedicamos el presente número de la revista a la memoria de don Augusto Malaret y Yordán.


El idioma del jíbaro * Por

E

STARÁ UNO EQUIVOCADO, O FUERA DE JUICIO, O ABRU-

mado de extravagancias ridículas -lo que quiera el adusto lector-, pero hemos de confesar aquí paladinamente, sin que nos ruborice el hacerlo público, que siempre nos ha encantado, dejando el alma envuelta en plácida añoranza, la fabla vulgar y pintoresca de nuestros ignaros y simples campesinos. Nos Uenan de admiración y de entusiasmo la oratoria de Castelar, las narraciones de P¡;rez Galdós, el teatro de Benavente y la novela de don Juan Valera, pero no tiene limites la emoción que embarga nuestro espíritu cuando pasan ante nuestros ojos, deslumbrados por tanta maravilla, las estrofas riquísimas del Mio Cid, los versos sencillos de Fray Luis de León y la prosa llana, hidalga y ame· na de don Miguel de Cervantes Saavedra. Yeso es lo que nos pasa al oír el barbullar de los jíbaros portorriqueños en sus tugurios y arra· bales, muchas de cuyas voces, de limpia y clara prosapia, ostentan el título honorífico de su antigüedad: volvemos la vista hacia atrás y nos recreamos en el clásico paisaje de los viejos caminos soleados de la literatura española. Al salpicar sus charlas con la preciada heredad de tantos agradables y bellos arcaísmos, decididos a no morir, pasan por nuestra imaginación las sombras admirables de aquellos ilustres varones que bace siglos asombraron al mundo con los frutos de su inteligencia y las exquisiteces ·de un estilo castizo y señorial. Sabido es que este fenómeno de la supervivencia de voces obsoletas no es originario ni privativo de Puerto Rico, sino común a todos los países hispanodicentes del Nuevo Mundo y a las mismas • Del libro Por mi Patria y por mi Idioma. Cádlz, 1932.

2

AUGUSTO

MAURET

provincias de la España peninsular. El charro de Méjico, el guaso de Chile, el llanero de Venezuela, el gaucho de la Argentina, el guajiro de Cuba y el vale de Santo Domingo conservan, sin saberlo, a flor de labio, los desheredados vocablos del amado tesoro español, como remedo y consecuencia del lenguaje que nos trajeron nuestros antepasados. Esta supervivencia se observa con más tesón y tozudez en el propio lar de Castilla. Vamos a transcribir algunas de esas rancias palabras feas o mal dichas del castellano colonial, arrumbadas por inservibles, proscritas del lenguaje literario, desterradas de toda sociedad culta, lanzadas impiadosamente al arroyo por la autoridad infalible de la Gramática, y que siguen siendo para nosotros arcaísmos atrayentes de buen abolengo, de un esplendor emocionante, rodeados. en su condición plebeya actual, de todo el misterio embrujador de las cosas antiguas. Son vino añejo de plácido sabor que cataron con deleite los príncipes de las letras. Fulgores clásicos de una época desaparecida que, si el lenguaje moderno, buscador de ritmos nuevos, en pulidez progresiva, en corrección constante, rechaza y abomina, se acogen, empero, al último calor amoroso de las rústicas, humildes multitudes, en fuga desordenada y vergonzante, luchando desesperadamente, con el ardor tradicional de su estirpe, contra la muerte y el olvido. Nos apena y llena de dolor el envejecimiento de esas eÁ-presiones de tentadora belleza que todavía se yerguen, recias y combativas, con anhelo de inmortalidad, sin resignarse de buen grado a la persecución de suplantadoras leyes filológicas. No es que aprobemos la hipertrofia del vocabulario jíbaro, el anquilosamiento de su expresión, pero no podemos menos que prestar toda la


indulgencia posible al escuchar esas autiguallas del estilo, de la mejor cepa y ralea que de luengos tiempos acá se han oído en el mundo, y que recuerdan aquella dichosa edad a la que las gentes le pusieron nombre de dorada. Oigamos con religiosa atención el lenguaje, hechicero en 'Su adversidad, en que se entienden las turbas populares, ignorantes y analfabetas, y rindamos una vez más el homenaje de nuestra admiración a aquellos grandes ingenios, inmortales de España, que dieron vida, pujanza y consistencia al divino romance castellano, derramando como joyas de incalculable valor en el casticismo de su estilo 10 que hoy Hamamos despectivamente vulgarismos de baja ley. No crevantemos el anatema, mantengamos la excomunión, si es necesario, pero escuchemos, aún torturado el corazón, la voz broncínea de los siglos: AGORA. - Pertenece a los períodos an'teclásico y clásico. Muy usado en el Romancero y el Mio Cid. «Pues, Juana, agora que eres flor temprana... » (Lope de Vega). «Fui Don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.» (Cervantes: Quijote, 2.", LXXIV). El escritor alemán Pajeken en su Grammatik der span (1868), pág. 60, dice: «Entre los jíbaros de Puerto Rico, descendientes de pura sangre de los primeros conquistadores, se ha conservado mejor el antiguo español. Es común ansi, agora, y la h de hambre, hembra, hablar, etc., se aspira tan fuertemente como en alemán haben, lland, /tund, etc.» AHUJERO. - Fue de uso extenso, como abujerear. En la Gramática arábicoespañola, de Cañes, (Madrid, 1775), se citan las grafias ahuja, abujera, ahujerear y otras. AJlLADO. - Fray Luis de León decía ahilado por extenuado, desfallecido. En Salamanca y León significa delgado o extremadamente flaco. Para Covarrubias (1619) es el que está transido de hambre. AJOTAR. - El P. Esteban de Terreros (1793), trae ahotar, que equivale a animar. Quizás las palabras ajotar y atajar vengan de la anticuada castellana enhotar, que significaba azuzar o incitar, y se decía ordinariamente de los perros. En gallego, ajotar es espantar las aves. ALABANCIA. - Gonzalo de Berceo, padre de la poesía castellana (1200), usó el vocablo alaban· za por elogio. En Andalucía y Murcia es corrien· te alabancia por jactancia, y alabancioso por jactancioso. La epéntesis de una i en la terminación de muchas palabras es vicio del dialecto

leonés, que hoy se extiende desde Asturias y Santander hasta Extremadura. ALENTARSE. - Conserva en nuestra tierra el antiguo significado de restablecerse, reponerse. Mariana, en su Historia de Espaiia: «Estaba a la sazón en Avila, apenas convaleciendo de una dolencia... Mucho le hizo al caso la edad... para que... con medicinas saludables se alentase... y el castizo Calderón en No hay cosa como callar, dijo: <lCVolé en extremo alentado.» AMA&ARSE. - Es voz de Cervantes: uNo me ama· ño a dejarle por más disparates que haga.» (Quijote, 2.·, XIII). «¿Quién diablos se ha de ama· ñar a reñir a secas?» (Quijote, 2.·, XIV). ANDAR. - En los principios de nuestra lengua este verbo fue regular. uAndó de sus pies sobre las aguas.» (Fuero Juzgo, lib. XII, tít. 111). ANDE, AHONDE. - Contracciones de «adonde», son de uso antiguo en toda España. El Dr. Mugica asigna a la forma ande procedencia toledana. ANGUILLA. - Esta vieja forma de uanguila» está en Nebrija y Covarrubias: - y aquello de resbalarse, cuando quieren, de las anguillas del Tajo», decía Lope de Vega refiriéndose al bello sexo. APERO. - El sentido fundamental de esta voz, «aparejo de las bestias de labranza», se encuen· tra en Covarrubias y en el Diccionario áe Autoridades. (1726). ARRANCAR. - Por huir, poner en fuga, se encuen· tra en el Poema del Cid. «Aquí no hay otro re· medio sino arrancar a corren, escribió Mareta en Lindo DOI1 Diego. ARREMPUJAR. - Voz antiquísima que se conserva en Andalucía, Extremadura y Salamanca. Igual que arrempujón. «Sobre ella tanta máquina no cabe. y por pasar de presto se arrempuja.» Villaviciosa: (La Mosquea, canto XII). ASEGÚN. - Así escribía Juan de la Encina, padre del teatro español. (Teatro, p. 387). uPorque cualquiera pasión Asegún veo y entiendo... » Gil Vicente: Obras, tomo 2.°, p. 141. ASIMESMO. - crAsimesmo, cubierto el rostro», decía Cervantes. (Quijote, primera, XXXVI). ASINA.- Voz clásica que se encuentra mucho en los escritos de Santa Teresa.

3


AV10. - En el lenguaje castizo significó preven· ción, apresto, utensilios necesarios para alguna cosa. BESTIA. -El significado exclusivo de «animales para cabalgar, o de carga», ~e encuentra en el Mio Cid. BUSCAR. - Con el significado de provocar, está también en el poema anónimo del Mio Cid. CALOR. - Nuestro campesino dice siempre da calor». Y este nombre, como color y otros terminados en or mantuviéronse como femeninos en los primeros tiempos del idioma castellano. Cervantes dice da calor» en el autorretrato que nos da en sus Novelas ejemplares. CAMBEAR. - Es el carnear del Mio Cid. Se con· serva cambear en gallego y en montañés. Esta conversión de iar en ear es vieja en España. Quevedo dijo que las aves chirrean. (Fortuna sin seso, p. 124). Y hay un refrán que canta: Molinillo, casado te veas, que así rabeas. CERRERO. - En el entremés La elección de los alcaldes de Daganzo, Cervantes habla de «novillos briosos y cerreros». COMPADRE. - Vocativo familiar afectuosísimo. De compadre trataba el Cura a Don Quijote y al barbero. En el capitulo XXV de la 2." parte del Quijote se usa repetidas veces este vocablo. COMPAAA-.Venid vos a mi compaña», se lee en Mio Cid. «Comieron los dos en buena paz y compaña.» (Quijote, 1.', capitulo X). CONTRA. -'Decimos que el carruaje, por ejemplo, se fue contra el barranco. En lugar de «hacia» se usa en el cantar del Mio Cid. CONVENENCIA.- «Soy más que contento desa condición y convenencia.ll (Quijote, 2.8 , XIV). Lope de Rueda escribía aparencia por apariencia (Coloquio de Camila), y en el Teatro de Juan de la Encina aparecen cencia, por ciencia; concencia por conciencia; pacencia por paciencia. CUCAR. - En Rebusco, del P. Mir, se prueba el uso clásico de esta voz con el significado de provocar. Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes, dice un viejo refrán español. CUCHILLA. - Con la acepción de «cima de una montaña» se halla varias veces en el Bernardo del Obispo Valbuena. Juan de Castellanos la cita mucho en sus Elegías (1590). «El indio guía por una cuchilla.» 4

DEMPUJ:.S. - eDempués de lo cual», escribía nuestro primer Gobernador Juan Ponce de León en la Relación que hizo a Ovando de su primer viaje a la isla de San Juan (1509). Y endespues era ya vulgar en tiempos de Lope de Vega. DENANTES. - «Aunque denantes dije que yo era licenciado, no soy sino bachiller.» (Quijote~ 1.8 , XIX). DENDE. - Fue palabra correcta hasta el primer tercio del siglo XVI. En 1492 le escribían los Reyes Católicos a Colón: eque vos podades den· de en adelante llamar e intitular don Cristobal Colón». Fray Luis de Granada escribía: «y recibir dende acá las arras de aquel divino casamiento». (Guía de pecadores, libro 1.0, parte 2.8, cap. XVI). DESAPARTAR. - Forma que censuraba el Diccio· nario de Autoridades (1726 ),pero que todavía perdura en España. DESMANDARSE. - «Y una vez que se desmandó a hacerlo.•. » (Quijote, 2.a, XVI). «Por eso yo no me desmando como otros.» (Lazarillo). DESVANECIDO.-eEstaba yo con esto desvanecido y hecho dueño de la venta.» Quevedo: El Buscón, l.", cap. IV. Está en Covarrubias, y lo usó Calderón en El Alcalde de Zalamea. DOLAMA. - Aparece en el Diccionario de Autoridades. DON. (Antepuesto al apellido), - Berceo empie. za sus versos A la Vida de Santo Domingo: «En el nombre del Padre que fizo toda cosa - et de don Jesucristo, fijo de la gloriosa.» El Arcipreste de Hita cita en sus Fábulas a don Júpiter, don Demóstenes, etc. En el Qui· jote se nombra repetidas veces a doña Rodríguez. (2.0 cap. XXXI). Este uso se conserva entre los judeos-españoles. DOTaR. - «Y estaba desesperado De ver la ignorante flema con que el dotor le decía... » Tirso de Molina: El amor médico; acto 1.0, esc. 1.' IICon que, cesando el dolor, Dijo, mirándola abierta. En postemas más acierta la mula que su dotor.» Tirso de Molina: ídem. ey en las ancas De la mula de un dotar Me escapé con linda gracia». Luis Vélez de Guevara. El diablo estd en Cantillana (1600).


ELLO. - El Maestro Correas habla de esta pala. bra que comienza muchas veces ociosa y se entremete baldíamente en muchas ocasiones. «Ello, yo no sé porque mi padre no me llamó la torda o la papagaya.» (La Picara lustina: Li· bro 1.0, cap. II, núm. 1). EMPRESTAR. - « Unas veces siento decir prestar, y otras emprestar., advertía Valdés en el Didlogo de las Lenguas. (1736). «Empresta para no devolver», escribía Larra en Los Calaveras, artículo 2.°, dando a empres· tar el 'Significado de pedir prestado. . EMPRINCIPIAR. - «Apostaré yo - dijo Sancho-, que dende el emprincipio me caló y me enten· dió.• (Quijote, 2.-, VII). ENANTES. - Se mantuvo en el lenguaje culto hasta el siglo xv. «Enantes que yo muera,), leemos en el Cid. (Canto 1). BNDENANTES. «y doy por bien empleado todo el susto de endenanteSll. Calderón de la Barca: La Puente de Mantible, jornada 2.-, escena XIV. ENDESPUES«más endespués De aquesto que oído habeis... » Gil Vicente: Obras. Tomo 2.°, pág. 138. ENJAGUAR. - Era la forma corriente, por enjuagar. «y pidió le dejasen enjaguar la boca con un poco de vino.• Quevedo. El Buscón, 1, cap. IV.

FALLLIDO. - «Toda la tierra era fallida o mengua· da», escribía Berceo, el humilde juglar. FIERRO. - Ya era arcaico en tiempos de Cervan· tes el cambio de h por f. La f en el siglo xv ya no se pronunciaba en facer, fijo, etc., sino como una ligera aspiración. (Menéndez Pidal). «Si vuestra fermosura, señora mía, 'Puede faceede su persona lo que más le viniere en talante... lI (Quijote,!.", VIII). HERVER. - Está en Nebrija (1942). Mal Hara re· gistra el refrán: el hijo por nacer y la papilla a herver. En gallego dicen ferver. JALAR. - La f se conservó en lenguaje escrito has·

ta fines del siglo xv, y luego fue sustituida por la h, que era verdadera aspirada en los siglos xv· y XVI. La aspiración del siglo XV se conserva confundida con la respectiva j de algunas reo. giones que pronuncian jacer, jiga, jaba, y la len-. gua literaria acogió ciertas voces de algunas de· estas regiones (sin duda Andalucía), como ja•. melgo, jaca, y, además, juerga, jolgorio, jume·. ra, jopo. (Menéndez Pidal: Gramdtica histórica, par. 38). «Lo que ha dicho Valdepeñas - ha sido muy' bien jablado.lI- «No se jable más de eso.» (Que·. vedo: Ideara: Pendencia, Mosquito). JUERTE. - En la segunda mitad del siglo XVI perdióse la aspiración que se escribía con h,. f o ff, como en juerza por fuerza, jué por fue,. que todavía se conserva en toda España y Amé·· rica. (Cejador).

ESCULCAR. - Con el significado de registrar está en el Diccionario de Autoridades.

LAMBER. - Se lee así en el Libro de Alexandre' (atribuido a Berceo). El grupo mb latino, que en castellano se hace m, se conserva en leonés.. «El güey suelto bien se lambeJl, escribe Pereda en Peñas arriba. En el Comendador Griego yen. Correas está el viejo refrán: «Más come el buey· de una lambida que la vaca todo el día.» Los~ judeos-españoles conservan esta grafia.

ESCURO. - cEl cielo dice, yo te alumbro de día y de noche con mis estrellas, porque no andes a escuras.. (Fray Luis de Granada: Gula de pecadores. Libro 1.0, par.te 1.-, cap. 3). «¿Y dejas, Pastor Santo, tu grey en este valle hondo, escuro... ?» (Fray Luis de León). Ercilla en La Araucana, canto XIV, escribe: «la escura tiniebla».

MAMA. - A principios del siglo XVIII empezó a. decirse mamá en España, lo que DO fue acep·· tado por el Diccionario de la Academia hasta. el 1803 en su quinta edición. «Pero como amor es niño, Y los niños nunca callan, Sacamos por los gorgeos Quién es a quien dice mama.» Tirso de Malina: Amar por señas, acto rr, ese. X.

Significando espolón se halla en el

MANCAR. - En el Cid está mancar significandofaltar, quedar por hacer. Y cuando decimos fu· lano no manca nunca: eso no manca, repetimos. otra vieja acepción que se conserva en el ju·· deo-español.

ENTIERRO. - Por tesoro oculto lo usa Cervantes. ENYUNTAR. - Por enyugar es antiguo en España. Recuérdese también el anticuado ayuntar.

ESPUELA. Mio Cid.

FALLA. - Por falta, aparece anotado en el Dic· cionariode Nebrija. (1492).

5:


.MESMO. - «Lo mesmo, y por la mesma razón.• (Valdés. Didlogo de las Lenguas). «Ya no hay aposento ni libros en esta casa porque todo se lo llevó el mesmo diablo.• (Cervantes: Quijote, 1.", VII). «No sin causa pienso Que necedad y ventura En este siglo es lo mesmo.• Tirso de Malina: Celos con celos se curan, acto La, esc. X. ·NACENCIA.-Así decía el Arcipreste de Hita. (Verso 113). .NAIDE. - La grafia naide, popular en el siglo XVI, se conserva en toda España. En Castilla cantan: «A la puerta de naide no llame naide, porque no sabe naide como está naide.• .NAGUAS. - Esta voz es indoantillana, pero la damos en esta relación para advertir que está relegada al uso plebeyo en Puerto Rico. La gente culta jamás dice así sino enaguas. Sin embargo, los clásicos españoles no 'Se inhibieron de usar esta grafia. «Naguas de tela de anjeo., decía Calderón en El privilegio de las mujeres, jornada 1.' e ¡Qué linda vista teneis, Pues de aquellas naguas frescas Vistes las randas flandescasl A fe que no me engañeis.• Lope de Vega: La boba para los otros y discreta para sí, acto 2.° :NENGUNO. - «inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a nenguno•. (Quijote, 2.", XXV). _~EBLINA.

- «La ñeblina, del agua es madrina ll , es frase que registra el Vocabulario del Maestro Correas.

~UDO.

- Forma arcaica que trae Covarrubias. El refrán dice: Clantes que te cases, cata que faces; que no es ñudo que así desates". Cervantes escribía: Cly añudemos el roto hilo de mi desdichada historia". (Quijote, V, XXVII). «!'ludas de amor estrechos, ciegos, crudos. Rudos de amor doy firmes y añudado-s.• (Fray Luis de León: Egloga VIII).

·ONDE. - «Quiero saber, reyna, ande es westra andada.• (Libro de Alexandre, verso 1720). «levantóse ande estava". (Idem, verso 2315). Está en el Mio Cid y en Calila e Dymna. Es corriente entre los judeos·españoles: «ni ande tu tía vayas cada día•.

PALA. - Ya Cervantes decía de las tierras de Amé· rica que eran «pala y cubierta de los jugadores•. (El celoso extremeño, pág. 1). PICAR. - Por huir, correr, lo usó Cervantes: ePorque en viéndose a caballo Dulcinea, todos picaron tras ella y dispararon a correr.• (Quijote, 2.', cap. X).

Pos que, igual a pues que, está en el Fuero Juzgo.

POS. -

Recordemos a Valdés en el Didlogo de las Lenguas: «Algunos dicen saldrá, por sao

ROMPIDO. -

!irá; a mí más me contenta salirá, porque viene de salir.» «He aquí, señor, rompidos y desbaratados estos agüeros.» (Cervantes: Quijote, 2.-, LXXIII). SOBERAO. - El vocablo está en el Fuero de Avilés; era corriente en el siglo xv; Nebrija, Minsheu y Oudin lo anotan, y pasó a América con los Conquistadores. eSube presto al soberao alto de la solana.» (La Celestina, año 1490, acto 3.°). «En un momento fue la casa llena, Y subidas al alto soberado... 1O (Castellanos: Elegias, p. 424). TIRICIA. - Lo anotan Covarrubias, el Diccionario de Autoridades y Terreros. TRASTE. - Hace más de un siglo que el Diccionario de Autoridades reconoció a traste equivalente a trasto. TRIBULANZA.- cde tribulanza sin tardanza venme a librar agora». Arcipreste de Hita. TROMPEZAR. - «Muchos sennores grandes en esto trompezaron.»

Rimado de Palacio. Trompezar y trompezón son vocablos de la antigua España. TROPA. - Meterse en tropa. Es frase castellana equivalente a ir en grupo. «Como son los ale· manes, cantando en tropa.• (Guzmán de Alfara· cite, parte 1. libro 3, cap. 2). Tropa es término colectivo de muchos hombres o animales juntos, dice el P. Terreros. 111

,

TROTEAR. - Recuérdese el viejo refrán: el que de joven no trotea, de viejo galopea. TRUJE. - eCuando me trujiste la respuesta de la carta.• (Quijote, 2.a , cap. IX). «También fue de oídas la vista y la respuesta que le truje.» (idem).


FIESTA DE AMIGOS danza ele

JUAN MOnEL CAMPOS arreglo para cuarteto de cuerdas por

JESUS FIGUEROA

INSIDL]UTO DE

CUL~URA

PUERTORRIQUE~A

San Juan de Puerto Rico 1967


iesta de anligos Danza

JUAN MOREL CAMPOS ~lodel'Ht()

(Paseo)

-

,\¡t

Violín 1

'-'

)

·

Violín II

~-.

-

-

H!f' ~~

rF

..

f

. r -...

1J

~

~

'Ü

··

.. eee. ~t.

D

~ ~~~ e~

F=;

-= i\

11

Oanza

~

r--=-,. e-

I

lo!

I

./'

~

-. ~

-...,¡

-. "

I

•

~ü

.tr

- ....

t...-J

•

•

,

1

t ~~~ ~ i

~

~~

•

.

--

e

~

.

--

-L.-J

~~~

--

riten.

n=

~

fl

-

1

,ü

=

_

:

Violoncello

.tl ::>

f

mf

~.".

r--,

·

Cuatro

--

-

f

~

~

S

)

~

-

....-.

•

~

L...J

anc¡'.o

,..

¡¡¡;¡;¡

,..

~~

,..

r

·· ..

I

P""'-=I

•

I ::>

::>

~

,.....,

~

~

V

V

·· .

.. -~ ..... ~

~

.

3.-

::>

-- --

::>

••••

·· ..

,......

.

l,..oJ

r

~.

t:..

~

&

:;

J ü

-- V

flJJ tJ ·

..

11

,......,

f\ ~I

~¡-o, --¡;;;iiiI"

.

----"!!!I

P""""

-

l,..-.-oJ

~

.f

""".

•

T.1

~

~

.

.'

L.....: L...J ~

•

.

.

•

V'

i"""'=l

I

~-

..

;>-

• >

=..J

l:::::L...J

,........,

.. -t'

¡"..-.


~~

.... --

*

~

r.'

~

:>---

..

..

~

;.

e

>

.~- ~

1.

~.

>

>

.--:-... .. 1!:.

)

f¡lJ

~

v

LI

l....:I

........,

~

..

-

l

..

~

...

¡"....l

.

..

-

·· L

I

.

rI

b~t~

~~~

II~

..

~

J

·

V

~ l!

l.

.

-

.

~

b~ ~

..

.. ~

l!

...

........,

¡",.,..oo

• LI

P I

1'"

I

..

.......

.

•

I

-...,¡

~

~

p

h_ _

..

¡

1:1-*

-.....I

t.

i'

~

e~~

~l!

,

.fI.

'1

...

=t1.

~-----..

,..> ......... L...

-

··

.....

. L

-

í

~ ti*h ..

··

LI

·

..

-

-

··

~

~ '-

7:"

:=o-

1'';1

.

f j'

..

-

~

~

L--.-...j

~ ~

.....-.-

)

2. :>

•

'll!

~

~

.

~

I

I::"""T~

b*"

.. . ~~

~

.

..

~

1"""",.",:

·

'1

-

q~'

.~

1.

)

,

-c:::

~

·

·

-.

.

..

~~

f'""""'1

¡",.,...-

~~

~

~ ¡¡

~ l!

.

¡,¡

. .

...

--.

~

I

..

¡-; .

>-

t-.. «

L..-J

1

';>

>-

...


SEPARATA DE MUSICA DEL NUMERO 35 DE LA REVISTA DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORJUQUERA Offset RVMBOS • Printed in Spain


«El otro trujo un plato.» (Quevedo: El Buscón, 1.-, cap. IV). «¿Qué se hizo el Rey don Juan? Los Infantes de Aragón ¿Qué se hicieron? ¿Qué fue de tanto galán, Qué fue de tanta invención Como trujeron?» Jorge Manrique. TUSAR. - Este verbo, y atusar, son equivalentes en el antiguo castellano. Tusar, por trasquilar, se oye en Asturias. VER.-«Yo no la vide arrojar.» (Luis Vélez de Guevara: La luna de la sierra. (1600). «Personas que vian el daño.» (Mareta: El desdén con el desdén). Para aquilatar los vocablos jíbaros abajar, afu· silar, alevantar, arrecostarse, no hay más que estudiar el proceso histórico del prefijo intensivo a: «Tiró un altibajo tal, que si Maese Pedro no se abaja... », escribe Cervantes en Quijote, V, capítulo XXVI. «Que se abaje de la mula.» (GÓngora). «Abaje ese cuello y agobie las espaldas.» (Quevedo). Agüela, güelta, giieno, giierfano, gamitar, eran del decir corriente en los siglos XVI y XVII. «Haga vucé cuando hablare, de la g, /t, Y de la h, g.» (Que, vedo: El Buscón). «Yo juro a los güesos de mi bisagüela... » (Lope de Rueda: El Deleitoso, paso 1.0, p. 147). «Tanto vales cuanto tienes, decía una mi agüela.» (Quijote, 2.-, capítulo XLIII). La terminación de la segunda persona de singular (astes, istes) se halla en Berceo (siglo XIII). En el siglo XIV la emplea el Arcipreste de Hita, léanse los famosos versos a la muerte de su padre. «Ya :hice lo que me mandaste.» (Quijote, 2.', cap., XXIII). «Muy bien hicistes en quebrarle la cabeza.» (Quevedo,: El Buscón, V, capítulo II). «Calla, marido: ¿y adónde lo plantastes?lt (Lope de Rueda: Las aceitunas).

Si leemos El Buscón, de Quevedo, hallaremosmuchas palabras empleadas en nuestros campos todavía: meleeina, platicante, agora, vide, dijistes, etcétera. Si abrimos el Guzmán de Alfarache, de MateoAlemán, encontraremos: dotar, priesa, truje, reeebir, rempujón, tuvistes, defunto, trompezar, y muchas voces más. «Aparejaos a recibir presta muerte.» (Quijote, 1.1', cap. VIII). «Yo no sé leer ni escribir.» (ldem, 1.., cap. X). «La chiminea de casa.» (Quevedo: El Buscón, 1, cap. II). «No le pidía de lo que él comía.» (ldem, 1, ca· pítulo II). El castellano antiguo evitaba ciertos grupos de consonantes (et, ce, ,pt, etcétera), y se decía perfeto, vitoria, dotrina, y así es como todavía pronuncian las gentes de nuestros campos. Igualmente suele el jíbaro convertir la r final de los infinitos en 1 ante la 1 inicial del pronombre enclítico, y dice: cogello, molello, colallo, bebello, que era lo correcto en España en los siglos XVI y XVII. el Yo pretendo persuadilla y metella por camino. JI Luis Vélez de Guevara: La luna de la sierra.

«Mejor fuera adorar en silencio la alteza deste misterio, que borrallo con la rudeza de nuestra lengua.» Fray Luis de Granada. «No estoy a dos dedos de ponello en duda.• (Cervantes: Quijote, 1.-, capítulo XIII). «Peor es meneallo, amigo Sancho, respondi6 Don Quijote.» (ldem, 1.-, capítulo XX). Para terminar, recordemos al astur-puertorriqueño don Manuel Fernández Juncos, cuya bien cortada pluma supo imitar con tanta exactitud, sin pecaminosa exageración, el habla de nuestros campesinos, y leamos una vez más las agradables décimas de La Serenata, donde resaltan tantas voces de lejanos orígenes que un día brillaron en auge afortunado, y cayeron después, condenadas a muerte, en la picota de la vergüenza pública.

7


¿Por qué llamamos jíbaro a nuestro canlpesino?* Por AUGUSTO MALARBT

LAS DIVERSAS TRIBUS IND!GI!NAS DI! NUESTRA E NTRE América, está 1a denominada «gibara. o «jíbara», en la América del Sur, tribu bárbara muy belicosa que habita en el Alto Marañón, entre el pongo del Manseriche y la confluencia del Pastaza. Se subdivide en ,las tribus llamadas muratas, huambisas, aguarunas y antipas, y parece que los «jíbaros» propiamente dichos .viven al norte de los antipas, en las provincias orientales del Ecuador a la vertiente de los Andes. Todavía se recuerda la suble· vación de estos indios en 1599, que exterminó poblaciones enteras de cristianos. El idioma de estos salvajes tiene nombres :para todos los animales y vegetales de la fauna y flora amazónicas, y los religiosos salesianos, especialmente, se han dedicado al estudio de esta habla, habiendo fundado en Gualaquiza (Ecuador), uno de los primeros Centros misioneros con este objeto. ddioma duro que, para aprenderlo, es indispensable mucho ejercicio con los mismos j lbaros, porque tienen Wl modo muy especial y propio de expresar sus ideas», dice el Padre Salvador Duroni en su «Diccionario de bolsillo del idioma jíbaro., publicado en Cuenca, ciudad del Ecuador, el 1928. Estos indios, pertenecientes, según unos autor~s, a la familia de 1.os aruacas, y según otros a !a de los ·guaraníes, parece que alguna vez invadieron a Puerto Rico, y llegaron hasta Santo Domingo, donde por lo que dice el Padre Murillo, llamaban jíbaros antiguamente a los mestizos. Pero en estas islas no dejaron idioma, ni des· cendencia, ni rastro alguno de su paso. • Del libro Por mi PoJria y por mi Idioma. Cád~. 1932.

Además de este nombre etnográfico, el vocablo jíbaro tiene otras acepciones en diversas partes del

Nuevo Mundo. En Honduras significa hombre alto y robusto. Usase como adjetivo y sustantivo. En Argentina, equivale, como en Puerto Rico, a cimarrón, rustico, inculto. En Perú es cierto baile entre los indios. 'En Cuba es nombre de dos especies de una planta euforbiácea (Savia sessiliflora y Gymnanthes albicans). También en Cuba fue adjetivo sinónimo de montaraz, rústico, indomable; pero ya en 18-36, cuando don Esteban Pichardo publicó su «Diccionario provincial de voces cubanas», se había redu· cido ia aplicación de esta palabra a muy raro ani· mal, el perro jlbaro, cierto perro salvaje, carnívoro y feroz. Don Alfredo Zayas, en su «Lexicografía Antillana. (1914) escribe: «Jíbaro. - Voz indoantillana. Cuba. Dícese del animal no domesticado, 'J, por analogía, de la persona que evade el trato de otras por cortedad de genio o por falta de sociabilidad. En Puerto Rico ha prevalecido este vocablo para designar a los campesinos. Según el Padre Murillo, este nombre se aplicó a los criollos y mestizos de Puerto Rico, La E~añola y otras islas•. También en Méjico tuvo vida esta palabra, dándole el nombre de jíbaro al descendiente de albarazado y calpamula, acepción etnográfica que 'Ya no se emplea, aun cuando la Academia española diga lo con· trario. No sabemos de otros países americanos en donde exista el uso de este vocablo, con excepción, claro está, de Puerto Rico, donde por antonomasia llamamos jíbaro al campesino, y por extensión, a la persona agreste, rústica, incivil, que en España


denominan paleto, baturro, patán y otros calificativos de igual jaez. En España es desconocida esta palabra, pero, en vizcaíno, «gebo», significa aldeano, y, además, joven fornido de maneras y formas toscas. Y ha de surgir naturalmente la duda de si jíbaro procede de gebo. Nuestro sabio amigo el doctor don Pedro de Mugica, de Berlín, nos llama la atención hacia el parecido de ambos vocablos. ¿Cuándo empez61a inmigraci6n de sangre eúskara en Puerto Rico con los Mujica, los Arzuaga, los Goenaga, los lriarte, etcétera? En 1715 permitió una Real Orden el comercio de nuestra isla con Cádiz, que hasta entono ces era únicamente con Sevilla. En 1775 se permitió con Cataluña. En 1777 con los mallorquines y no fue hasta 1815 que vino a admitirse la entrada y asiento en nuestra isla a los extranjeros católicos. Es ~or esta época, a principios del siglo, cuando empieza a llamarse jíbaro al campesino puertorriqueño. Recordemos que fue entonces cuando las sociedades revolucionarias del Continente, principalmente la de los «Soles de Bolívar», extendieron su radio de acci6n a las Antillas españolas, y no olvidemos, para los fines de este estudio, que el famoso «Decreto de Trujillo», de 1813, obligó la emigración de familias enteras sudamericanas, muchas de las cuales, procedentes en su mayoría de Venezuela, se refugiaron en nuestra isla. Si los vizcaínos no introdujeron el vocablo en Puerto Rico, nada de extraño tendría que lo impu. sieran antes en Sudamérica, pues hemos de advertir que no aparece en el citado diccionario del Padre Duroni, es decir, no es una voz del uso y conocimiento de los indios. El Dr. Cayetano con y Toste, en «Prehistoria de Puerto Rico», pág. 262, escribe: eJibara: Lugar y puerto de Cuba, de donde procede nuestro vocablo criollo jíbaro, esdrújulo, aplicado al hombre de monte, al campesino. En Cuba se usa como adjetivo, y se dice perro jibaro, por alzado, como sinónimo de montaraz. La palabra jíbaro está compuesta de la radical indoantillana, ¡iba, monte, y ro :por ero, que, como sufijo español, equivale a hombre.»

Don Salvador Brau, en ePuerto Rico y su Historia», dice que la voz ese aplica hoy (1894) como sinónimo de labriego, pero su significación primitiva era la de montaraz». Y copia un párrafo de la obra cColonies étrangeres», del abolicionista fran· cés Victor Schoe1cher (París, 1843), que empieza así: cEntre los jíbaros de Puerto Rico se cuentan de 180 a 190 mil individuos, apellidados blancos de la tierra.»

Esta es la cita más antigua que hemos encontrado del uso de dicho apelativo aplicado al campesino puertorriqueño, aunque la misma cita demuestra, por ser de un escritor extranjero, que era ya corriente y general en toda la isla. El Padre lñigo Abad no emplea este nombre en su conocida «Historia de Puerto Rico» (Madrid, 1788). Por el citado año 1843, publicó Vidarte sus versos A una jibarita. y no es hasta 1849 en que el Dr. Alonso edita en Barcelona, después de siete años de ausencia de la patria, su inolvidable libro «El Gibara», haciendo gala del extenso conocimiento que tenía del atra· sado vocabulario de nuestro campesino. La cg» y la «j» se usaron al principio indistinta· mente en el vocablo, pero pronto prevaleció el empleo de la ej» tanto en el sustantivo como en sus derivados ajibararse, jibarada y jibaresco. Puede ser que el vocablo proceda del gebo vizcaíno o haya sido formación híbrida del indoanti· llano ¡iba, monte, y el sufijo español ro por ero, hombre; pero así como la denominación de guajiro, dada al campesino de Cuba, se tomó del nombre de la tribu india establecida entre Venezuela y Colom· bia, nada más natural que el calificativo aplicado al campesino de Puerto Rico provenga directamente, si se toma en consideración la época en que su uso se extendi6 por la isla, del de -la tribu indígena del Ecuador a que nos hemos referido al principio de este trabajo, aunque sólo fuera por simple capricho del azar, ya que entre nuestro campesino y el indio salvaje sudamericano no existió nunca ni la más remota relación.

9


Nuestra Historia Natural y el Diccionario Académico * Por AUGUSTO MALARET

CUANDO NUESTRO ILUSTRE AMIGO DON Jos~ TORIBIO Medina nos envió su interesante libro Voces chilenas de los reinos animal y vegetOJl que pudieran incluirse en el diccionario de la Lengua Castellana y propone para Stt examen a la Academia Chilena, J. T. Medina (Santiago de Chile, 1917), no pudimos menos, al felicitarle por su hermosa labor, que darle a conocer la extrañeza con que habíamos leí· do el título del mentado libro, única cosa censura· ble en todo él. «¿Por qué dice usted -le preguntábamos al sabio maestro- que esas voces chilenas "pudieran incluirse" en el Diccionario de Madrid, y por que "las propone para su examen" a la Academia Chilena? ¿Podríamos, acaso, llamar con otros nombres a los animales y plantas silvestres de ese país, sino con aquéllos que el pueblo les dio siempre uniformemente y desde tiempo inmemorial? ¿No ha de entender inmediatamente un chileno de qué le hablan si le nombran el litre, el pellín, el copihue y la achira, la cuculí esbelta, la loica de puntas negras y pecho de encendido carmesí, y la diuca de color celeste, que canta a la alborada? ¿Pues, entonces? ¿Se resiente alguien de que esos nombres no aparezcan catalogados en el Diccionario de la Real Academia Española? Délos por ad· mitidos y ¡santas pascuas! ¿Y para qué examen los propone usted? Délos por examinados, y basta. Admftalos o no el ilustre Senado de los Inmortales, hacia cuya benevolencia dirige usted sus ruegos humildes, esos -vocablos ya han sido admitidos y examinados por todo un pueblo tan culto e ilustra· do como Chile, y muchos de ellos han 'traspasado la frontera nacional, con anhelos de unidad continen· tal, para incorporarse al idioma de otros países americanos. Todavía llega su bondad al extremo de • Del libro Por mi Palria y por mi IdiolflJJ.. C4d1z, 1932.

10

ofrecer trescientos y tantos vocablos para que la Academia "elija entre ellos los que guste", y esto es ya mendigar demasiado. No, no dé a elegir nada. Sigamos llamando al chagual, chagual, y al picaflor, picaflor y no se nos dé un ardite el reprochador de voquibles ni el qué dirán hablistas puntillosos, que eso será hablar a la llana, como Dios manda, sin que hayamos de caer en pecado mortal, porque de juro que no será usted de los que tienen, ni por pienso, corno artículo de fe que una palabra está bien y mal empleada según esté o no incluida en el inventario académico. Si afirma usted que esos nombres se dan en Chile a especies indígenas de botánica y .zoología, no hace maldita falta otra autoridad para así creerlo, ya que la bandera de firma tan valedera como la suya ampara la mercancía. Formemos nuestro Diccionario, que bien rico será, y no nos quite el sueño la omisión o la admisión de nuestros vocablos propios en el Léxico madrileño, porque si la Real Corporación no puede inventariar debidamente el lenguaje de veinte mi· llones de españoles, menos podrá parar mieútes en el de unos cuantos millones más de americanos hispanoparlantes que vivimos a tantas millas de distancia y, por consiguiente, casi fuera de su influencia.» Que la ilustre Academia Española no tiene tiempo para estudiar lo que es tan fácil de estudio, esto es, los nombres de nuestra historia natura!, como decíamos al señor Medina, es cosa tan cierta, desgraciadamente, que, contrayéndonos a Puerto Rico, podemos decir que ahora en la edición décimoquinta de su Diccionario y en el Manual complementario de 1927 admite por vez primera, como provincialismos exclusivos de Puerto Rico, tres únicos nombres uno de ellos equivocado de medio a medio. A ninguno de los tres le acompaña el término


científico, de acuerdo con mala costumbre tradicional que no se quiere corregir. No hay vuelta de hoja. Los nombres vulgares de la fauna y flora del continente colombino son un aporte necesario e imprescindible al idioma castellano. Son insustituibles. Es cierto que al principio de la colonización los españoles dieron impensadamente a varios animales y vegetales los mismos nombres con que conocían en la Península a seres que guardaban algún parecido, y por eso tenemos que el buitre, el león, el tigre, el castaño, el aceituno, el níspero y el ciruelo del Nuevo Mundo son absolutamente diferentes a sus homónimos europeos; pero, por la razón natural de las cosas, se fueron imponiendo los nombres originales, y Mártir de Anglería, Fernández de Oviedo y otros historiadores primitivos dieron a conocer los nombres autóctonos 'ají, batata, cacao, eucuyo, guayabo, guaya· cán, magüey, maíz, mamey, maní, nigua, papa, pita, tabaco, tomate, yuca 'Y otros más que desde entonces campean por sus respetos en los anchos dominios tie Castilla. Voces aborígenes de bellísimo colorido local que se acomodaron a la morfología y fonética del idioma invasor y contribuyeron a la riqueza y variedad del admirable lenguaje de nuestros progenitores. Damos a continuación una lista de voces peculiares de Puerto Rico que aparecen en nuestro Diccionario de Americanísmos como pertenecientes exclusivamente a nuestro pequeño reino natural y que llevan la pinta de su procedencia, el matiz del medioambiente en que se formaron. De todos los americanismos, estos nombres legítimos que se dan a seres de la naturaleza son las voces de mayor vitalidad, que más falta hacen y perduran en nuestras charlas cotidianas, por más que nos preocupemos del academismo del estilo, y no hay poder humano capaz de proscribidas del repertorio de nuestra habla. No las llamemos alteraciones fonéticas, corruptelas, vicios de dicción o voces bastardas, porque el Diccionario Académico no las prohija, sino elementos nuevos, formaciones neológicas de solar conocido, de pura nacionalidad americana, consagradas por el buen uso de todos, gente científica y vulgar, y de tanto fuste y empeño como las que dan apelativo a las 'Plantas y animales de la misma tierra española. Lejos de todo ánimo juzgarlas exóticas o forasteras y sí americanísimas, como españolísimas resultan pino, olmo, perro y caballo. Jamás podrá nadie marcarlas a derechas con el sello infamante de extranjía, porque muchas procedan del habla de los aborígenes. Flores lozanas de nuestra retórica popular, frutos espontáneos que tienen el exquisito sabor de la tierruca, nuestro castizo José Gualberto Padilla tuvo a gala usar de ellas en las octavas reales de su Canto a Puerto Rico, como el reputado gramático Andrés Bello lució su

ingenio de poeta al llevar expresiones semejantes a las espléndidas estrofas de El Proscrito. ~'

ABUSE. - «aquí las niguas, aradores, abuses, garrapatas y otros insectos incomodan grande. mente». P. Iñigo Abad: Historia de Puerto Rico, capitulo XXIV.

ACEITILLO. cIgual tributo el aceitillo paga con el menudo y rubio tabloncillo.1l J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico. AUSUBO. - «... pone el cuerpo fuerte como un estante de ausuboll. Zeno Gandía: La Charca. Cap. IV. BURUQUENA.«y por bien parecerte, cambio de ropa, en lo que tú preparas la hirviente sopa, o el no bien ponderado guiso criollo, o arroz con buruquenas o arroz con pollo.» Virgilio Dávila: Amor criollo. CACULO. - «... y pensar en el modo de ir extinguiendo las sanguijuelas, los caculos, la changa y otras sabandijas». Femández Juncos: Las Fiestas. CALAMBREl'tA. «Brota en la playa... En corimbos, menuda calambreña.• J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico. CAPÁ.-

«Danle asimismo vigas y tablares, ausubos y capás incorruptibles.1l J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico. CIENIGUILLO. - «Pues atrévase a cogerlos si no quiere probar el unto de cieniguillo.• P. Morales Cabrera: Cuentos Criollos, pág. 58. COJITRE. - «La sedante humedad de la mullida alfombra de cojitre y hojas secas.» L. Lloréns Torres: Retornelo. COQU1. «... se oye el caqui. Los mil insectos de la espesura alzan sus voces hacia la altura: caqui, coqui... » Gustavo Fort: Nocturno. CUCUBANO. - d..a tercera clase de estas lucernas, llaman cucubanos; son mayores y más luminosas que las otras.JI P. Iñigo Abad: Historia de Puerto Rico. Capítulo XXXV. 11


«'i para ornar tu bruna cabellera prendo en un alfiler un cucubano.» Virgilio Dávila.

CHAMALUCO. e Partióse de madrugada, llevando en las aguaderas chamalucos y taUotes, y yucas y calambreñas.» Salvador Brau: La ofrenda del miliciano. -CHANGA. - «y cuando la changa, el fisco, las san· guijuelas y las demás alimañas hayan acabado con las pocas haciendas que nos quedan... » Fernández Juncos: El arte de expedientear. ·CHINA. - «Ora fingiendo en campo de esmeralda el amarillo globo de la china.» J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico. EMAJAGUA. - «y sus formas ciñéndolas un traje de color de la flor de la emajagua». Vicente Rodríguez Rivera: Flor criolla. -GONGOU. - c... como también los alacranes, escOI'Piones, gongolíes 'Y otros animales». P. migo Abad: Historia de Puerto Rico. Capto tulo XXXV. ·GUAJANA. - cTienes... la caña en la feraz !>abana, lago de miel que con la brisa ondea, mientras su espuma, la gentil guajana, como blanco plumón se balancea.» José Gautier Benítez: Puerto Rico. «Adelantándose ufana Hasta el río que la riega, La caña mece en la vega el plumón de su guajana». José de Jesús Esteves: La campiña borinqueña. -GUAMA. -

cAltos guamás de pródiga verdura.» J. G. Padilla. Canto a Puerto Rico.

GUARAGUAO. - «... las gentes corrían al batey a ver el guaraguao». P. Morales Cabrera: Cuentos populares, 9. .cOlMO. - «Constituía el manjar principal de aquel almuerzo un asado de corí (gilimo), espe· cie de conejillo que abundaba en la isla.» J. González Ginorlo: Tanamd, 193.

JIGUILLO. - «Don. No amarre su bestia debajo de este jiguilIo. Se le va a pasmar.» Jaime Bagué: Don Confe. JUAN CALIENTE. - «Cogí el Juan Caliente de arrear la cuchinata, y le di una pela.» Fernández Juncos: Clemencia real. «Allá se ve salir a un muchacho... con un carretoncito de botellas de mabí.» Martínez Roselló: Galénicas, 257.

MABt. -

MALANGO. - «El campesino... consume, como base de su alimentación cotidiana, el malango y el bacalao.• L. Muñoz Rivera: Las causas del mal. MANGó. «Ya el copudo mangó cargado Ueva de hojas y frutas el robusto brazo». J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico.

MARIMBO. cDolor maldito. ¡Comprendí que era sólo, sólo marimbol. José Gordils: El güiro. MARIQUITA. - «En el patio de la casa había una majestuosa palma real donde una mariquita había hecho su nido... Vestía toda de negro con unas brillantes hombreras amarillas.• P. Morales Cabrera: Cuentos criollos, 197. MARUNGUEY. - «Es muy común una planta llamada marunguey.• P. Irugo Abad: Historia de Puerto Rico. Capítu, lo XXIV. MIME. - «Responde, balandrón, o te aplasto como a un mime. JI M. González García: El tesoro del ausubal. Ca· pítulo XXX. MOZAMBIQUE. - «y era el latido de la montaña como el de un corazón que se desborda, roto de amargura, más allá de los maizales, ennegrecidos de bandadas de gorriones y mozambiques.1I Antonio Oliver Frau: El rosal de la revolución.

JIOCAR. «El húcar recio, vegetal coloso, Que la branca viril enhiesto eleva, Al labrador ofrece generoso El mango firme, sólida la esteva.• J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico.

12

MOCARO. «El múcara fastidioso ya principia su garata.• Felipe N. Arana: Florecillas silvestres (1927), pá· gina 38.


ORTEGÓN. «... y años hubo En que estando pobrísimo el erario Fue el -santo de ortegón, o fue de ausubo •. J. G. Padilla: La imagen, el sacristdn y el monaguillo. PAJUIL. - «A veces vendían también multas, uvas de playa, jenjibre y castañas tostadas de pajuil.• Fernández Juncos: El ómnibus de Capetillo. PERON1A. «y de mi vientre ya seco la pulpa extrajo, y llenó de peronías el hueco•. José Mercado (Momo): La Maraca. POYAL. y de usos en desacato, caiia sembró en pedregal, ji

eLa otra cara., grabado por Rafael López del Campo.

regó tabaco en poyal, injertó fresa en boniato.... Salvador Brau: Los progresos de Homobono. QUENEPA.«Brota en la playa... La quenepa, de cutis rugaclizo.» J. G. Padilla: Canto a Puerto Rico. SICILIANA. «Cuando en gloriosas mañanas por agua vas a la fuente, luciendo tu pura frente diademas de sicilianas... J> Virgilio Dávila: Para el tiple. TABONUCO. - «prepararon unas teas con la resina de un árbol que allí cerca había, al que llamaron tabonuco•• J. González Ginorio: Tanamd.


/

Personalidad de don Augusto Malaret * Por MARIA

TERESA BABtN

AL MEDITAR SOBRE LA FIGURA INSIGNE DE DON AUGUS-

to Malaret se me ha enredado en la memoria con insistente reclamo una estrofa de Alfonso Reyes, el gran mexicano universal que dejó de existir hace apenas un mes y cuya obra le sobrevive para siempre... La idea de Alfonso Reyes en los versos A un pintor, revela para mí la esencia y la substancia de la vida fecunda de don Augusto Malaret: ¡Qué madurez superior la del que venció el halago, y sólo quiere por pago el premio de su labor!

El hombre que está aquí con nosotros en esta ocasión, el doctor Augusto Malaret Yordán, representa a Puerto Rico con esa «madurez superior:l> desde hace mucho tiempo y está reconocido como una de las figuras intelectuales de más relieve en la cultura hispánica. El prestigio auténtico, la obra duradera y perdurable del intelectual sin tacha, y la fama bien ganada en el trabajo de la inteligen. cia creadora son las prendas que adornan a don Augusto Malaret. En él tenemo los puertorriqueños un ejemplo magnífico de lo que es un ciudadano de la cultura. Desde la temprana mocedad, se ha dedicado a laborar calladamente y con amorosa entrega por mantener bien puesto el nombre de su patria en el mundo de las ideas. No sería posible entrar detalladamente en los diversos aspectos de la obra múltiple de Malaret en este momento. El carácter de sus libros requiere un análisis juicioso que no puede hacerse adecuadamente en una exposición oral. Los que hayan oído hablar de Mala* Conferencia leida en el acto celebrado por' el Instituto de Puerto RIco en Nueva York para conferir el titulo de .Cludadano del Ailoa a don Augusto Malaret, el domingo :u de enero de 1960, en el Tc;¡tro McMillln de la Universidad de Columbia. 14

La doctora doña María Teresa Babín y don Luis Quera Chiesa, Presidente del Instituto de Puerto Rico en Nue-

va York, haciendo entrega del pergamino que declara Ciudadano del Año a don Augusto Malaret

ret como lexicógrafo o los que hayan manejado alguna vez sus diccionarios o hayan leído sus trabajos eruditos o sus ensayos literarios, ya están familiarizados en parte con su obra. Me limitaré, pues, a repasar aquellos puntos de más fácil capta· ción para el oído de los presentes, tratando de se· ñalar el valor de su aportación a la cultura de Puer· to Rico y de la América Española.


Visión retrospectiva Traslademos la imaginación al siglo XIX en Puerto Rico unos veinte años antes del 98 ... Viven todavía muchos de los prosistas y poetas de la etapa finisecular cuyos nombres perduran en los anales de nuestra historia literaria: Alonso, El Caribe, Gautier Benítez, Tapia y Rivera, Elzaburu, Betances. Pa· chín Marín y tantos más de memoria perdurable... Están en plena madurez y le sobreviven al 98, Sal· vador Brau. Hostos, Lola Rodríguez de Tió, Fernán· dez Juncos, con y Toste, Zeno Gandía, Muñoz Rivera, José de Diego, Ana Roqué de Duprey y muchos más... Si evoco esos nombres escogidos 10 hago con el propósito de situar el momento en que don Augusto Malaret nace en Sabana Grande. Allí empieza a vivir una infancia fortalecida por las corrientes ideológicas y espirituales que emanan de esos compatriotas mayores en edad y cargan de chispas creadoras el ambiente puertorriqueño... El Ateneo aparece en el panorama intelectual el 1876 como un símbolo de la conciencia de cultura que ha cuajado en la capital de la Isla dos años antes de nacer don Augusto... Y cuando se desata la ignominiosa era de los infames campantes el año terrible del 87, don Augusto es un chicuelo de nueve años ... Para la fecha del paréntesis autonómico y la Guerra Hispanoamericana subsiguiente, ya don Augusto Malaret ha comenzado la obra que culminaría en los años primerizos del siglo xx. El mismo escribe más tarde dando testimonio del entusiasmo que siente cuando contaba solamente diecisiete años de edad, hacia el folklore de su tierra, «expresivo de la buena disposición intelectual de las clases más humildes y senciJIas»... Se dispone entonces -por el 1895- a recoger «a viva voz, en remotos barrios de las alturas o campos cafeteros del interior de la Isla... durante las rudas faenas agrícolas o al compás de instrumentos musicales, muchos y variados cantares de positivo valor sentimental en los cuales veía reflejados los amores, los deseos, las preocupaciones, las tristezas y la socarrona ale· gría de nuestras multitudes»... Malaret, el mucba· cbo que gustaba de correr en chongo por los cam· pos de su pueblo, se fue a Guánica con uno de sU! amigos de Sabana Grande el 25 de julio de 1898 para novelerear la entrada de los americanos en Puerto Rico. Creyente, como tantos otros, en las promesas de libertad que los Estados Unidos simbolizaban en aquella hora fronteriza, Malaret, el joven de veinte años, estaba nadando en una circunstancia ideológica que había invadido toda la América del Centro y del Sur. La voz señera de José Enrique Rodó le sirvió a esa juventud de advertencia provechosa en el mensaje de Ariel, para situarla con perspectiva juiciosa ante la nueva era política que se abría para el mundo iberoamericano con el triun· fa de los Estados Unidos sobre España al terminar un siglo y abrirse el siglo que vivimos.

Malaret, sin embargo, se repliega en sí mismo y en vez de dedicarse a las faenas políticas, se dedica a las faenas intelectuales en el Puerto Rico que había pasado de las manos de España al pode l' de los Estados Unidos. Cuando su familia le envía a una hacienda de café en Adjuntas para ocuparse del trabajo de los peones, aprovecha el tiempo para nutrirse a sí mismo con la sabiduría del jíbaro: recopila décimas y coplas y empieza a anotar todas las palabras del habla campesina, el lenguaje vivo, tal como lo hablan y lo cantan los poetas an6nimos de la tierra, con ese encanto secular que s610 el pueblo puede transmitirle a su voz limpia de prejuicios académicos. En Lares, en Cayey, en todos los pueblos donde Malaret vivió en alguna etapa de su vida, se evoca su recuerdo todavía. Era el joven elegante, que al igual que el profesor de fonética del Pygmalion de Bernard Shaw, llevaba consigo unos papeles que llenaba de apuntes donde quiera que estuviera. Más tarde viaja por España, y allí se solaza con las bellezas de la patria de sus progenitores, y siente en sus entrañas la fuerza poderosa de las raíces de su estirpe en el habla de Castilla, en las costumbres y en la actitud del español ante la vida, el amor y la muerte... En esa amalgama de sentimientos y en el amor de don Augusto Malaret por el folklore y el habla campesina está la fuente de su obra futura, cuando realiza el monumental Diccionario de Americanismos y el Vocabulario de Puerto Rico. Es el idioma vernáculo de su tierra, es la palabra, el verbo, lo que tiene un valor imperecedero para este hombre. Desdeña los bienes materiales, no medra en busca de puestos o de honores, no se siente atraído por el partidismo político, sino que hace patria día a día, en un empeño extraordinario por acumular un tesoro de cultura, no para sí mismo, sino para su pueblo, y para los pueblos de habla española en el mundo entero. El lenguaje castellano, desde su Isla hasta las planicies, montañas y selvas de las otras tierras americanas, ha de ser la cantera de su gran obra. Lee libros argentinos, chilenos, venezolanos, etcétera, y empieza a buscar pacientemente las variantes del vocabulario, cotejando con el caudal de la lengua en la Península Ibérica, para rendirle cuenta al mundo de la contribuci6n lingüística de los latinoamericanos al enriquecimiento del idioma español. Conjuntamente con esta paciente labor, don Augusto estudia Derecho y llega a hacerse abogado... En otras etapas de su vida ocupa un cargo en Aduanas y obtiene un empleo como Registrador de la Propiedad. Gana modestamente lo suficiente para vivir, pero sin abandonar jamás su vocaci6n intelectual, la que le daría renombre perdurable. Aunque podemos imaginarlo en el trajín de los asuntos pertinentes a pleitos y leyes, en los enredos de la Aduana, o en los problemas que incumben a todo un registrador 15


de la propiedad, se le ve con más precision en la sala de clase, pues también fue maestro de escuela... y en ese ir y venir constante de su juventud plena, se nos aparece retrospectivamente atento a la más mínima obsenración, siempre tomando apuntes, leyendo y escribiendo, con esa obsesionante perseverancia del que se ha impuesto a sí mismo el «trabajo gustoso» de penetrar los misteriosos latidos del lenguaje. Tengamos en cuenta que en aquel Puerto Rico anterior al 98 Y en la década posterior a esa fecha historica, hasta bien entrado el siglo xx, la instrucción era pobre y las facilidades educativas eran escasísimas, no en Puerto Rico solamente, sino en toda la América. Por eso tiene mucha más importancia la dedicación de hombres como Malaret a su formacion intelectual. Y la tarea de carácter especializado que él se impuso a sí mismo resulta tIoblemente admirable: no son muchos los que repechan por el difícil y abrupto sendero de las disciplinas lingüísticas, y entre los pocos que lo han hecho bien en nuestra América el nombre de don Augusto Malaret brilla con luz propia. Todo lo hizo por su cuenta y riesgo, y nunca recibio prebendas oficiales para sus investigaciones o para la edición de sus libros.

Diccionario de Americanismos La primera edición del Diccionario de America· nismos consta de 641 páginas con un índice científico de fauna y flora. Se publico el año 1925 en Mayagüez. Había sido precedido por un diccionario de Provincialismos de Puerto Rico del 1916, y diversos ensayos sobre derecho y temas literarios que le habían ganado al autor varias medallas de oro y diplomas de honor en certámenes del país. El Diccionario de Americanismos, del cual existen tres ediciones y ya está la cuarta en preparacion, coloca el nombre de nuestro compatriota en el mapa lingüístico del mundo. Conocemos los elogios y los juicios críticos de los hispanistas más famosos de España, Italia, Alemania, Francia, los Estados Unidos, y todos los países latinoamericanos sobre esta obra. Desde París, el eminente Foulché Delbosc opinaba que «es una obra de vastísima erudicion y admirable paciencia que ha de prestar inmensos servicios a cuantos nos interesamos por los estudios de la filología española»; mientras el novelista Armando Palacio Valdés escribía: «es un trabajo muy notable y de gran utilidad para nuestro idioma: es una obra benemérita que merece la gratitud tanto de españoles como americanos.... Y el eminente don Rodolfo Lenz, de Chile, comentaba lo siguiente: «Me gusta mucho la forma corta y precisa, sin palabrería, del Diccionario, de Malaret... Ojalá sinra también de modelo su manera de dar todos los nombres de fauna y flora con los equivalentes téc· nicos latinos, que son indispensables.» El año 1928,

16

Malaret da a la publicidad su propia Fe de Erratas de mi Diccionario de Americanismos... Obras de esta índole siempre pueden y deben aumentarse, corregirse y mejorarse, por lo cual don Augusto Malaret, ni lento ni perezoso, continúa su labor autocrítica durante varios años, añadiendo suplementos a las nuevas ediciones del Dicc:onario.

Vocabulario de Puerto Rico De esta obra hay dos ediciones: la primera, del 1937, Y la segunda, del 1955. En una encuesta realizada por la revista Asomante, el 1955 precisamente, varios intelectuales puertorriqueños coinciden al escoger el Vocabulario de Puerto Rico como una de las obras más importantes de este siglo en la isla. CIEn el campo de la lingüística -dice Antonio J. Calorado-, hay una figura puertorriqueña aquí muy poco conocida, pero de extraordinario renombre en el mundo hispanoamericano.... Hemández Aquino obsenra que «Mataret salva multitud de palabras puertorriqueñas, que de no ser por su paciente labor, se hubieran perdido para siempre, en perjuicio de nuestra cultura, pues ellas evidencian en parte nuestro modo de sen... Vicente Géigel Palanca y Miguel Meléndez Muñoz también unen sus voces de elogio para este libro de Mataret. Al escribir sobre la segunda edicion del Vocabulario en la re· vista «La Torre. de la Universidad de Puerto Rico, el año 1956, señalaba yo misma varias razones de peso por las cuales considero este diccionario de puertorriqueñismos una de las contribuciones más valiosas al caudal de nuestra cultura, ya que la lengua es la depositaria de todos los recursos históri· cos y creadores de un pueblo. El Vocabulario está precedido por un jugoso prologo en el cual el autor expone con acopio de citas los puntos referentes a las aportaciones del negro y del indio a la lengua española de la Isla; explica la evolución histórica del castellano desde el siglo XVI hasta el siglo xx en Puerto Rico; da una lista de palabras en las cuales el jíbaro no aspira la letra hache; entra en el análisis de la conversión de r final en 1 y todo lo relativo a la trasla· ción de los dos sonidos; señala los vulgarismos en el lenguaje culto y establece el contraste entre el castellano de Puerto Rico y el castellano del resto de América. Los datos sobre el folklore nativo acla· ran y refuerzan las teorías existentes sobre el te· ma. Incluye además una lista de refranes «que se tienen por originarios del país., y «algunas coplas volanderas que una vez saboreamos gozosamente, creyéndolas frutos naturales y espontáneos del amenísimo huerto nativo.. El contenido del libro se reparte en arcaísmos, palabras cuyo significado original ha cambiado en el país; vocablos de los idiomas aborígenes, y neologismos. Al significado sigue una cita de folklore o de obras literarias cultas para ilustrar el uso, se indica además la procedencia es-


pañola del término, si no es creación del país, y la extensión de su uso en otros países americanos cuando esto ocurre. Malaret ha dotado al Vocabulario de Puerto Rico de un matiz estilístico raras veces presente en obras eruditas, pues acierta a infundirle una dimensión humana y estética a un texto lexicográ. fico valiéndose de hermosos ejemplos, además de explicar con gran penetración y agudeza las varian· tes y las raíces históricas de nuestra manera peculiar de expresión. Tratándose de Puerto Rico esto asume una importancia de alcances hondos... Oiga. mas las explicaciones de don Augusto Malaret so. bre el castellano de Puerto Rico, en las cuales late la emoción de su sentir patriótico y su amor a la lengua española: «Puede asegurarse -dice- que la evolución del castellano en Puerto Rico se ha desarrollado, si ha· cernas excepción de la contribución indígena, casi como si la isla hubiera estado internada en la pro. pia tierra peninsular española, en la meseta caste· llana, entre Andalucía y Extremadura, por ejemplo. Como es natural algunos fonemas no se aclimataron en el medio ambiente tropical, mientras otros pren· dieron y persisten y aun dieron origen a neologismas... Sorprende en verdad la supervivencia de tantos arcaísmos, perduración de un encanto, en las regiones analfabetas de la Isla, y no podemos menos de incluir muchas de esas voces castizas de abolengo en el presente Vocabulario,' para no dejar pasar inadvertida la prueba más elocuente de nuestra legítima y genuina filiación espiritual•• Tanto el Diccionario de Americanismos como el Vocabulario de Puerto Rico son imprescindibles para el estudio de la lengua y la literatura de la América Española. Esas obras maestras del maestro Malaret son la clave para aclarar conceptos y voces cuya explicación no se encuentra frecuentemente en los diccionarios españoles... Si el famoso Dicciona· rio de la Real Academia ha llegado a incorporar varias voces americanas a sus ediciones modernas, y si otros diccionarios peninsulares contemporáneos atienden el aspecto americanista del lenguaje, se le debe esto en gran parte a la temprana y tenaz pero sistencia del lexicógrafo don Augusto Malaret, quien desde la década del 1930 señaló «errores y deficien· cias del diccionario general de la lengua españolall> en numerosas monografías... Para todos los hombres de buena voluntad que deseen conocer bien adentro el alma y la cultura de Puerto Rico y la de los pueblos hermanos de América, nada mejor que empezar a familiarizarse con su manera singu. lar de pensar y de sentir, revelada con maestría en el lenguaje estudiado por Malaret, arca de inestimable valor para aquilatar la riqueza espiritual de nuestros pueblos. Además de esas obras mayores, en la bibliografía de Malaret abundan las monografías y los artículos

dispersos en revistas y periódicos sobre temas múltiples, y varios estudios de gramática. Fuera de la órbita puramente lingüística, Malaret recogió el año 1928 unas semblanzas biográficas de Femández Juncos, Salvador Brau, Baldorioty de Castro, Gau· tier Benítez y Pachín Marin. Al despojarse del rigor científico escribe con soltura y apasionado fervor patriótico y romántico un librito muy hermoso, adecuadamente llamado Medallas de Oro. Además de haber recibido galardones por sus trabajos, Ma· laret es miembro de honor de varias academias de lengua, historia, etnología y folklore en los países latinoamericanos. La Universidad de Puerto Rico le confirió hace dos años el título de Doctor en Letras Honoris Causa. El propio Instituto de Puerto Rico le nombró presidente honorario el año 1956, en una simpática ceremonia íntima celebrada el 12 de octubre -fecha simbólica- de ese año. En aquella ocasión la doctora Eloísa Rivera de García pronunció un hermoso discurso exaltando la perso. nalidad y la obra de Malaret con fervor y admi· ración inolvidables... Don Augusto Malaret ha trabajado fervorosa·mente por la cultura que nos define como pueblo homogéneo en el mapa americano, y ha dado fe de nuestra personalidad en la palabra y en el folk· lore. Reside en Nueva York hace unos diez años... Es un deleite conversar con él: recuerda detalles preciosos de su vida pasada, habla con una gracia encantadora de sus experiencias en el campo, meno ciona a sus amigos don Manuel Femández Juncos o don Salvador Brau como si estuvieran todavía entre nosotros, recita versos de memoria, se solaza exponiendo el método que empleaba para enseñar aritmética cuando era maestro de escuela, o rememora sus aventuras en la juventud, o sus trabajos eruditos, con una sencillez y una naturalidad pe· culiar, con alegría contagiosa, sin alardes de nin· guna clase... Al compartir con él sobre estos temas hace una semana, en casa de nuestras amigas Carmen Sanguinetti y Eloísa Rivera de García, sentimos el influjo de su personalidad y la magia de su sabidu· ría. Pensamos entonces en silencio en su vida de hombre, en lo que siempre arde al rescoldo de todos los afanes intelectuales y creadores del ser humano... Con un profundo respeto ante la figura venerable del maestro, bajamos los ojos para no tocar indiscretamente su intimidad, la cual tiene que atesorar un caudal enorme de experiencias vitales y humanas ... Los gestos caballerescos de don Augusto, sus ojos vivaces y penetrantes, su porte refinado y su sonrisa bondadosa, son signos de su alma y de su hombría. Y don Augusto, adivinando la curiosidad inconfesada por penetrar el arcano de su vida ajena al libro, sonríe afable y nos habla espontáneamente de su familia, de sus cosas personales y de sus seres queridos. Entonces nos deja 17


leer algunos versos suyos que ha titulado con gracia y candor: Pecados de Juventud ... Tenía que ser así: don Augusto Malaret, puertorriqueño a carta cabal, hombre de estirpe catalana por la vfa paterna e italiana por la materna, enraizado en la trayectoria de nuestra raza antillana, también escribía versos de amor para descanso de las tareas intelectuales... Uenos de una dulzura romántica y de una ternura muy boricua, esos sencillos versos también retratan al hombre. De haberse dedicado a la creación pura, como otros poetas de Puerto Rico, don Augusto hubiese alcanzado la perfección lfrica que desplazó amorosamente hacia su obra erudita.

Palabras finales Es de lamentarse que en este acto no hayamos podido oír la voz autorizada de don Tomás Nava· rro Tomás o don Samuel Gili Gaya, o la de otros maestros de filología o fonética, quienes por su prestigio universal hubieran realzado este homenaje a don Augusto. Me hubiera complacido también oír la voz de escritores de Puerto Rico de la talla de Concha Meléndez, Tomás Blanco, José Balseiro o Margot Arce. Y de vivir aun Antonio S. Pedreira, quien murió tan joven todavía, él hubiera sido la persona indicada para realizar la apreciación de la obra de Mataret. A! recaer en mí la obligación de participar en este acto por invitación personal del señor presidente del Instituto, Luis Quera Chiesa, comprendí la seriedad y la responsabilidad que investía esta ceremonia. Me dispuse a hacer esta sencilla exposición sin olvidar un momento que todas las personas mencionadas y otras más, podían hacerlo con más autoridad que yo. He tratado de cumplir la encomienda del señor Quera Chiesa lo mejor posible, no sólo por tratarse de la figura venerable de don Augusto Malaret, sino porque al hacerlo me siento responsable hacia Puerto Rico y hacia mis maestros en la Universidad de Puerto Rico y aquí en la Universidad de Columbia -Navarro Tomás, Gilí Gaya, Federico de Onís, Concha Meléndez, Pe· dreira, Balseiro, Margot Arce y Angel del Río-, porque fueron ellos, cada uno a su modo, los que me enseñaron a amar la cultura de mi tierra y me dieron a conocer la aportación de don Augusto Malaret a esa cultura. Recuerdo las palabras de don Antonio Pedreira. como si lo escuchara: «Asombra pensar -decfa- que un solo hombre, con las horas laborables del día al servicio del Gobierno, haya podido hacer en sus nocturnas horas de descanso y en los días de fiesta oficial, un trabajo tan minucioso, lleno de rebeldes pormenores que, por pequeño que parezca cada uno, requiere horas de estudio y reflexiones.» Y es menester apuntar también que don Tomás Navarro Tomás. al realizar sus investigaciones el año 1927 sobre El Español en Puerto Rico, obra que se publica

18

tardíamente en el 1948, aprecia en su justo valor los trabajos de Malaret y los utiliza como fuente para su propia obra. Don Augusto MaJaret. pues, tiene un puesto de honor entre los eruditos eminentes de la América Latina, como lo fueron el venezolano ilustre don Andrés Bello, el dominicano inolvidable don Pedro Henrfquez Ureña, el colombiano de temple académico don Rufino J. Cuervo, y otros conocidos maestros de la técnica y las ciencias del lenguaje. ¡Salud a don Augusto Malaretl Y que su vida ejemplar dedicada al servicio de la cultura humana sin fronteras nos sirva de acicate constante para superamos y llevar el buen nombre de Puerto Rico a todas partes. Para realizar esa empresa de espíritu hay que trabajar sin pereza y sin desmayo. como ha hecho don Augusto desde la más temprana juventud, y hay que sentir, como él lo ha sentido, desde las entrañas de la tierra, en comunión con el pueblo, en un sentido total de responsabilidad ciudadana. En el ensayo final de mi libro Panorama de la Cultura Puertorriqueña he expresado esta idea, la cual recoge el espíritu que don Augusto Malaret ha captado en su obra en fonna precisa: «La cultura se templa en ese constante acto de fe, de sacrificio y de esperanza del vivir sin tregua del pueblo. En esa cantera soterrada de recuerdos, de amor, de dolor, de heroísmos sin ruidos. se fragua el devenir y se vislumbra el futuro: su arcano también guarda secretos y ha de germinar un día en flor de insospechada excelencia.. . Don Augusto Malaret establece el puente entre nuestro siglo XIX y el siglo xx. Su presencia entre nosotros, los puertorriqueños ausentes de la Isla, instalados en una circunstancia vital dentro de los Estados Unidos, es símbolo y vaticinio de los rumbos de la historia de nuestro pueblo. Tratemos de abrevar. no sólo en los libros de Malaret, sino también en esa dignidad sin jactancia de su persona, en su gesto aristocrático pleno de amor y de comprensión del pueblo borincano... Que la presencia de don Augusto Malaret en este acto despierte la voz dormida de nuestra conciencia colectiva y nos avive la responsabilidad moral de enaltecer a Puerto Rico en todo momento. La obra de don Augusto Malaret está ahí para la eternidad... y en esa obra palpita el alma de un pueblo que no renunciará jamás a su pasado hispánico y que ha de robustecer su presente y llenar de ímpetus su futuro con las esencias que emanan de su lengua vernácula... Ya lo ha dicho proféticamente Gabriela Mistral: .EI habla es la segunda posesión nuestra, después del alma, y tal vez no tengamos ninguna otra posesión en este mundo... » Muchas gracias. Reproducido de Jornadas Literarias, Editorial Guayacán. San Juan, Puerto Rico, 1967.


Cuento

Don Rafo y los caballos Por EDWIN FIGUEROA BERRfos

MEJOR DiA QUE AQUEL LUNES PARA COMENZAR UN .trabajo nuevo no lo había tenido nunca el viejo don Rafo. Sentado con los otros obreros en el banco de la camioneta que lo transportaba a las obras de la nueva carretera en construcción, discurría en silencio sobre su buena suerte. El viaje al amanecer; la certidumbre de que aún era útil para un oficio, y sobre todo el sentirse de nuevo en su tierra, movían en su ánimo una íntima sensación de bienestar y de fortaleza. El viento le traía olores a tierra removida, a yerbas medicinales, a humo de cocina jíbara; sensaciones que acre· cían aún más la emoción del ansiado regreso. Los obreros que lo acompañaban en «la jaula», como solían referirse a la camioneta de transporte, observaban disimuladamente su abstracción mientras desperezaban los temas de su diario vivir, entre bocanadas de humo y el rumoreo de soñolientas conversaciones. -¡Quién me iba a decir que se me cumplirla este deseo! -discurría el viejo entregado a sus cavilaciones-o ¡Después de treinta años en Nueva York, poder volver a trabajar bajo este sol y con este aire tan puro! Ni los hijos, ni la mujer entienden 10 que esto significa para mi. ¡Si tendría yo ganas de volver a pisar esta 'tierra! Por fin apareció el cerro, donde se había dete· nido la construcción de la carretera, mostrando la enorme laceración que las obras dejaban en su costado. El viaje se aproximaba a su término. Pero el viejo seguía caviloso. -¿Para qué vas a trabajar en eso?, si no hay necesidad, lwmbre. Debíamos volver a Nueva York cuanto más antes mejor. Yo no me encuentro en este pueblo donde ya no nos conoce nadie. Allá están los muchachos, los nietos y casi toda la pa· rentela ...

-¡Los muchachos! Ya los muc1zachos no quisieran ser nuestros hijos. Tú lo sabes, Paulina. No los entendemos, ni ellos nos entienden ... Hablan otro idioma y piensan de otra manera. Todo lo nuestro 10 encuentran ridículo. Y los nietos, no se diga. Ni una palabra me pueden decir en cristiano. Aquí por lo menos voy -a trabajar al aire libre, en el campo, en mi propia tierra, con gente que me habla y los entiendo. La verdad, Paulina, nunca debimos salir de aquí. -¡Un trabajo miserable! Eso es lo que te han conseguido. Para ganar algo tienes que ir a una factorla de esas que están abriendo en el sur o en la capital. ¿Y para quién vas a trabajar sino para ellos mismos? -No trabajaré con ellos. El trabajo que tengo conseguido es en el campo, al pie de donde nos criamos tú y yo. En Cerro Blanco están abriendo una nueva carretera. -¿A quién se le ocurre abrir caminos en aqueo lla sínsora? ¡Si aquéllo es piedra viva! ¡Verás cómo no podrán con ella! Son las antiguas indieras que nombrt1Jl1. Hay ánimas que guardan ese cerro, tú lo sabes. Y bestias que hacen asomos. Eso 10 hablan intentado ya cuando los coalicionistas esta· ban en el poder, antes de irnos, y fue tiempo y dinero perdidos. ::fú sabes bien la historia... los ca· baIlas aquéllos... -Eran cuentos de camino. Aquéllas eran 1114·uiobras del comisario del barrio para entretener la gente del partido. Cuando desapareció el dinero empezaron los cuentos. Ahora hay adelantos. No te figuras 10 que puede una máquina de esas que llaman «buldoser•. Pueden mover montañas o hacerlas llanitas como la palma de la mano. -Eso es vicio de desbaratar el campo. Allá o acá es lo mismo. Alld perdimos los hijos y acá per19


demos la tierra. ¡Tantos caminos y no tenemos a dónde ir[ Yo sólo quiero estar donde estdn mis hijos. Quiero quedarme allf hasta que me consuma. Tan pronto descendieron de «la jaulalt, don Rafa se dirigió a la caseta que hacía las veces de oficina. Al pasar frente al tractor y a la «buIdoser» notó la presencia de un hermoso caballo neo gro semioculto tras las máquinas, que daba tirones al cabestro como tratando de librarse de la atadura. El animal no relinchaba ni producía ruido alguno con sus movimientos. Entonces vio en el recuerdo el círculo de ros· tras expectantes y la voz que relataba sobre las cabezas de caballos que aparecían en los cangilones; el caballo que recorría de noche los cami· nos, sin relinchar, sólo galopes que iban aumen· tanda Con el miedo cuando había que transitar por lugares solitarios. Y aquel sueño que se repetía y en el que siempre se encontraba perseguido por los galopes. -Hay dnimas que guardan a Cerro Blanco y sueltan los caballos en las noches oscuras. Son los celajes de los muchos cabartos que murieron en las indieras durante las guasdbaras. Al regresar al grupo don Rafo volvió a la rea· lidad inmediata. Los obreros se habían juntado

20

movidos por la curiosidad al ver acercarse al ingeniero de obras en una cabalgadura mansa sobre la cual hacía una curiosa estampa. Todos se extrañaron cuando lo vieron venir a caballo pero tan pronto llegó hasta ellos, explicó que su «yiplt había sufrido un desperfecto y un carbonero que atendía su hoguera por aquellos contornos le ha· bía ofrecido su jamelgo. -Es un caballo manso, que no extraña a nadie -dijo, mientras de un sal· to caía a tierra y palmoteaba la cabeza del ani· mal en muestra de agradecimiento. La bestia, sin embargo, amusgó nerviosamente las orejas y se alejó rápidamente a triscar yerbajos por los al· rededores. El incidente trajo, de inmediato, a la mente del viejo el otro caballo que había visto detrás de la «buldoserlt unos momentos antes. Miró hacia el mismo lugar pero no lo vió. Con disimulada naturalidad se acercó y examinó el contorno con más detenimiento. Convencido de que no había huellas de la bestia fue a cerciorarse con los obreros, pero al instante desistió rehuyendo la posible incredu. lidad del grupo. Pudo ser que él sólo lo hubiese notado y probablemente no le darían crédito a su certidumbre. Dudó un momento si habría sido sueños o recuerdo fugaz... -Paulina y sus cuen·


tos, eso ha sido. El animal pudo haberse soltado. El cañaveral sube hasta allí cerca y es posible que el caballo se escurriera entre las cepas. La mañana transcurrió rápidamente entre el ruido horadante de las perforadoras y el movimiento constante de las máquinas de acarreo y las trituradoras de piedra. Hacia la media tarde el ingeniero de obras llamó al viejo para asignarle la inspección del otro lado del cerro. Debía revisar los dispositivos para estallar las cargas de dinamita a la mañana siguiente. -Baje por el camino del cañaveral y luego suba hasta las rocas. Inspeccione la localización de los cartuchos de explosivos y vuelva... El cyip» está descompuesto. Tendrá que ir a pie. Entonces se oyó una voz en la brigada: -¿Por qué no va usted en el caballo del carbonero? -Verdaderamente -afirmó el otro-. Tome el caballo que es manso. El camino es llano al principio pero es áspero al final. El viejo se acercó a la bestia con suavidad. Mientras la sacaba al camino tuvo, de pronto, la fugaz sensación de que había vivido aquella misma experiencia -la voz, el caballo, el camino- exactamente igual a cómo transcurría en aquel instante. Le pareció reanudar algo que había que· dado inconcluso. Montó la cabalgadura y se fue alejando por el camino de cañas mientras oía el rumor de las hojas contra el eco sordo y decreciente de las máquinas en la explanada del cerro. A medida que avanzaba le pareció que el camino se hacía más estrecho. Las cañas florecidas se extendían compactas a cada lado en medio de un silencio cada vez mayor. Por los lados se abrían callejones igualmente apretados, interminables, de cuyos bordes salían surcos y surcos como peque· ños caminos. El trote del caballo era lento. Sólo cuando el casco golpeaba sobre algún pedrusco se oía el ruido de las pisadas entreverado en el silencio de los callejones. El viejo iba mirando las bifurcaciones que apa-

recIan sucesivamente a ambos lados. -¡Las cosas de Paulina! -se dijo, y repitió mentalmente sus palabras. -¿Para qué tantos caminos si no tenemos a dónde ir? La imponente soledad de la tarde que avanzaba le fue abstrayendo en una diáfana visión interior. -Allí también yo estaba solo y los tenía a todos. VentalUlS y ventanas cerradas por todas par· tes. Un dolor más profundo lo aguijoneaba. -Mis hijos no querrdn nunca esta tierra. He perdido mi descendencia. El cerro estallard ma· ñana y habrd un camino mds. Pero no oiré las voces que me niegan. -Smile, father, please -en las despedidas del año. Por fin apareció el recodo para iniciar la su· bida. Al acercarse todo ocurrió súbitamente. El galope estruendoso de otro caballo se oyó en la vuelta del camino seguido de un espantable relin· cho. Un potro impetuoso como si viniese de una larga carrera surgió agresivo y piafante. La súbita aparición encabritó al jamelgo que asustado echó atrás al mismo tiempo que levantaba los remos delanteros. El movimiento fue tan brusco e inesperado que el jinete sin posible oportunidad de asirse al cuello de la bestia fue a dar al suelo. El caballo terriblemente espantado regresó en veloz carrera al lugar de donde había partido con el viejo. El potro desapareció rápidamente entre las cañas. Sobre el camino polvoriento don Rafa quedó tendido, con los ojos abiertos, inmóviles, oyendo el galope de los caballos. Era una cuadrilla de potros desbocados, corriendo por todos los caminos, en carrera loca, caballos sin jinete, sin saber a donde ir... La polvareda levantada fue cubriendo su cuerpo y su mirada inmóvil fija en el cielo transparente de la tarde, a medida que el galope desbocado se iba haciendo más lejano, más lejano, más lejano...

21


\Al son del tiple doliente *

y mandamos prontamente al ventorrillo de enfrente por más licor, y seguimos la fiesta, y amanecimos al son del tiple doliente.

a s hizo .. c' De agua hiZo una porc!. n que a la tierra va rodeando y fue después preparando las ovejas y alimañas; hizo también las montañas, y al mono siempre trepando. Un Domingo era este día, según nos dijo el profeta, se oyó una voz de trompeta resonar con alegría y mi espíritu seguía en alta meditación mirando la creación que ante mi vista se hallaba, un ángel allí me hablaba según mi revelación. Llegaron más trovadores comenzando la porfía, y a las diez la choza mía se llenó de bailaores. Se agotaron los licores .. Dl!clmns y c:oplns populares dc Puerto R1c:o. rec:og.[das dc la tradlc:lón oral. (A1'reg.[o dc Eugenio Fcm4nda M~da.)

22

Con las trovas que cantó el trovador campesino no quedó allí ni un vecino que a mi casa no llegó. El trovador prosiguió: la vida de nuestro ambiente hay que tenerla latente, igual que en otras edades cantaban en Navidades al son del tiple doliente. Siempre he llevado por lema, cuando empezaba a versar, desarrollar algún tema que de algo pueda tratar; para que pueda observar la persona inteligente: - t i los que aquí están presentes saludo por cortesía-, para explicar enseguida la atmósfera y sus corrientes. Abre sus poros la Tierra despidiendo de momento en el campo caloriento que dentro de sí encierra; el filósofo se aterra en pos de totalizar la parte atmosferical, bajo la acción refractoria puede, si tiene memoria, todo lo que siente, hablar. Si en física continuamos y le alcanza su talento


vamos a hablar de los vientos -debe de haberlo estudiado-, dígame qué nombre han tomado según el desequilibrio corrientes de aire fluido que la atmósfera recibe y de ahí es que se apercibe la transmisión del sonido. Voy a hablar del armazón del cuerpo humano, señores, vengan sabios trovadores a ver si hablo con razón. Doscientos ocho huesos son en su número completo los que a médulas sujetos viven dentro de la carne, yo creo no equivocarme hablando del esqueleto. La gran médula espinal con las vértebras influyen y son las que constituyen la columna vertebral. La que viene a descansar al hueso sacro directo, el que se mantiene quieto entre los de las caderas, yo estoy una noche entera hablando del esqueleto.

Ya que te han enseñado que es fuerza- de rotación y lo que es constelación en la escuela, si has estado, dime si te han enseñado de toda la astronomía¡ pues eso no se creería de un cantor como tú eres, que cantas a las mujeres con airosa valentia. Digo que Pólux y Cástor es el nombre de los gemelos, con la cabra y Aldebarán forman un triángulo en el cielo. A Porción lo encontraremos, marcada está claramente por Sirio y Orión, se advierte, toda región de la esfera, la más preciosa de veras la maravilla celeste. ¿Qué son estrellas movibles, qué es Camino de Santiago, y qué es planeta declarado?, versador presto decidme¡ ¿qué astros son los que despiden

por el campo su arrebol, y cuáles le dan calor a las aguas y a la tierra? y si conoces la esfera: ¿cuál es el astro mayor? Cuando se trata de un punto como bien la astronomía en la cuestión, la poesía tiene que poner asunto. Por eso es que te pregunto si eres comprendedor, dime cómo el versador tiene que hacer en su ciencia: -para hablar de esta advertencia pulsa la lira cantor-. Dicen que tan sólo encierra del mundo y dan por contado trescientos sesenta grados la órbita de la tierra. Se encuentra la especie humana dividida propiamente, tomando los continentes y provincias comarcanas y las tierras más lejanas habitadas de tal manera, pobladas por dondequiera por razas muy diferentes, y un linaje solamente dicen que tan sólo encierra. España la baña el mar al norte con maestría y al este con gran porfía la baña el Mediterráneo. Y si seguimos estudiando veremos las divisiones, al sur se encuentra, señores, el Atlántico y Gibraltar, y al oeste Portugal, venid, venid trovadores. Cuando Dios se entretenía en formar este planeta dicen que en su mente inquieta un pensamiento bullia. En su rostro se veía dibujada una sonrisa, y su mirada indecisa acá y allá se fijaba, mientras al éter lanzaba el blando son de la brisa. Y se vio que recogía el perfume de una rosa, una nota cadenciosa


de la celeste armonia. gran cantidad de alegría. un gran pedazo de sol. y en un inmenso crisol estos primores juntando, formó a Borinquen flotando entre nubes de arrebol. Es grande Borinquen bella si la dejamos atrás, ya que la queremos más cuando estamos lejos deHa. Cuando se pierde su huella en ondas del Océano. cuando en un país lejano el destino nos coloca. siempre nos viene a la boca el Lamento Borincano. Patria. jardin de la mar la perla de las Antillas, ganas me dan de llorar. ganas me dan de besar la arena de tus orillas. Puerto Rico es la menor de las llamadas Antillas que vio desde sus barquillas Colón el descubridor. A ciencia cierta el Autor o autores de nuestra historia no han dicho en forma notoria por dónde desembarcó Colón, cuando aquí llegó, en busca de Oro y de Gloria. Sacude el mar su melena sus crespas ondas rugiendo y con inmpetuoso estruendo los aires asorda y llena; pero una playa de arena su audaz cólera contiene. ¡Ay. quién habrá que refrene el tormentoso océano que en el pensamiento humano ni fondo ni orillas tiene! Yo sé que siempre la muerte vendrá por mí cualquier día; y el apurarla sería seguir contra la corriente. No me quejo de mi suerte, voy donde haga mejor brisa. no miro pa'onde se guisa, y en cuestiones de mogolla mientras no jumee la olla nunca camino de prisa. :24

Las tres desdichas del mundo dime cuál es la mejor, si es casarme o es morirme. o es estar en la prisión. Paso mi vida buscando y pierdo horas a gusto si en mis sentidos escruto lo que me puede pasar. cuando me pongo a pensar las tres desdichas del mundo. Si en las fiestas de esponsales y en las novenas de mayo. en los desafíos de gallos y en las fiestas patronales, cuando España. en fiestas Reales o en Pascuas de Navidad, en jiras de sociedad y en cumpleaños de Santos: ¿Por qué no ofrendar mis cantos a nuestra Universidad? Me pareció atrevimiento o estar de criterio falso, cantar a centro tan alto con tan humilde instrumento. Pero medité un momento y comprendí mi torpeza. que el tiple y los trovadores fueron los arrulladores de todas nuestras grandezas. Yo verso después de muerto hasta los cuarenta dias. nadie me canta en porfia porque marcha sin acierto. Con esto no debo agraviar a ninguno que sea entero, yo conozco con anhelo a todo el que sabe amar; mas digo. en este lugar. si me desprecian. desprecio. Ama el esposo a la esposa, el novio a su prometida, se ama la dicha sentida como se amara una diosa; se ama la virtud dichosa. el hogar y sus primores con celestiales colores; amor nos brinda la sangre, pero el amor de la madre es amor de los amores. Es el mayor fundamento para una mujer casada el coger la escoba ufana, barrer sala y aposento


y limpiar bien los asientos y después irse a guisar. Poner la mesa puntual pá cuando venga el marido: óyeme 10 que te digo si te pretendes casar. Es la mujer lo más bueno, es la mujer lo más malo, es para el hombre veneno, es para el hombre un regalo. Ni contigo ni sin ti puede hallar mi amor consuelo, contigo porque me matas y sin ti porque me muero. Yo probé los sentimientos de una joven que quería; me ausenté por unos días, y otro se sentó en mi asiento. Nadie se fíe de mujeres el que se quiera casar; las buenas están espueleadas, las malas qué tal serán.

este punto que yo toco, o es que se precia de loco, o es que no tiene ni seso; y así cantando por eso es que lo quiero alumbral. No canto porque me oigan, ni porque yo sé cantar; yo canto pa estar alegre y darle alivio a mi mal. No es muy práctico soñar cuando se enflaca la vaca, y las hijas se noj escapan por la puerta del corral. Amigo, hay que trabajar y no volverse un guajana; pitando no viene el viento, porque nunca ha sido bueno hacer lo que viene en gana. Sufre, corazón paciente, sufre con resignación, en tal triste situación no demuestres 10 que sientes.

Me quejo, porque me duele, que si no, no me quejara; ¿cuál es aquél que se queja sin que no le duela nada?

No hay corazón como el mío que sienta y calle sus penas, corazón que siente y calla no se encuentra en dondequiera.

Fortuna, ¿qué has visto en mi que tan en mi contra estás? Dime si sólo naci a padecer nada más.

No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, ni médico que lo cure, ni medicina en botica.

Responde cielo callado al conjuro que te invoca, abre el libro de tu boca por tanto tiempo sellado. Dime, ¿estoy equivocado, o acaso es otro el camino, o es que soy un peregrino con acceso de locura, que veo subir la basura al soplar el remolino?

Pedí a sabios y entendidos lo que anhelaba saber, pero no fui complacido sobre mi razón de ser: nadie pudo responder y atónito me quedé; el sabio que interrogué me vino con la evasiva de que él, también en la vida, vivía sin saber por qué.

La cuestión de vanidad, el orgullo y fantasía, todo viene a terminar llegando a una tumba fría.

¡Abre múcara los ojos! Que otro pájaro te engaña, te descascara el café. Iy tú parado en la rama! Tiene la naturaleza una fuerza sin igual, y hay una fuerza central que al bien y al mal contrarresta; si usted no se ha dado cuenta estudie bien la moral.

Muere el rico, muere el pobre, el mendigo, el pordiosero, que a orgullo sin fundamento pone la muerte final, el que escucha sin pesar

25


Ojos míos no lloréis. ¡Lágrimas, tened paciencial El que nace desgraciao desde la cuna comienza. Siente aquél que se destierra de un partido a otro aparente; también siente el inocente que otro le dé su sustento, y a los rigores del viento hasta los árboles sienten. Cada cual siente su mal si no se queja de vicio, siente aquél que fin no quiso si su amada se le enoja. Siente el que pregunta en vano

y siente quien se sonroja; vamos a doblar la hoja y paremos de sentir, que yo estoy para morir de tanta pena y congoja. Así queda interrumpida esta trama interesante que mañana -Dios mediante-será de nuevo ofrecida. Es una historia vivida en la campiña lejana, historia viva y humana de nuestro campo doliente; mil gracias, querido oyente~ ya nos veremos mañana.


Enrique A. Laguerre Por

MARIO MARCILESB

e

UANDO UN ESCRITOR DEMUESTRA DEMASIADO INTE~S

por la historia de su país y confiesa llanamente que para él son más importantes las noticias cablegráficas que trasmiten los sucesos del mundo actual, que la mitología griega, y prefiere saber qué se está haciendo ahora para aliviar las angustias del presente, y son temas de su total dedicación: el hombre y la patria, comprendemos que esa honradez intelectual y esa valentía parte «desde la raíz de su propio ser., de su nacencia. «Nací en 1906 en la zona rural de Moca, Jurisdicción judicial de Aguadilla, más cerca de este úl· timo pueblo y de Isabela que de Moca, Puerto Rico. Es una región de mogotes -pequeños cerros de piedra caliza, cubiertos de tupida maleza- en la frontera entre los cañaverales de los llanos costaneros y los cafetales de las abras. Me crié en esos campos, conviviendo con gente sencilla que se despertaba con el canto de los pájaros. Hasta el cuarto grado asistí a las escuelas rurales;'de un solo salón, donde un solo maestro enseñaba dos o tres grados. Entonces hube de caminar hasta cuatro kilómetros diariamente para llegar a mi escuela. Es quizás este contacto con la vida rural, hasta los 23 años -durante cinco años trabajé de maestro rural-, lo que me ha llevado a escribir tres novelas de tema campesino e intención social: La Llamarada (ya en su 15.- edición), Solar Montoya y La Resaca. Las primeras dos están comprometidas con ideas de redención social; la última, con ideas de redención política (siglo XIX) y, sin ser histórica, tiene como fondo la historia puertorriqueña del último tercio del siglo XIX•• 1 l. las citas estAn contenidas en la correspondencia enviada por el escritor al autor de la nota.

I

•

Hoy, frente a los tres voluminosos tomos que contienen sus obras completas, comprendemos por qué con la aparición de su primera novela La Llamarada en 1935, Laguerre pasa a ocupar un sitio de privilegio en la vida literaria insular. En ella se nos presenta el paisaje ingenuo en toda su extensión, al mismo tiempo que se desmenuzan las distintas etapas psicológicas de los personajes. El ruralismo y un definido concepto de la familia campesina,

27


despiertan en el lector hispanoamericano una simpatía y buena predisposición hacia ella, porque las razones afectivas hacen que más de una vez se en· cuentren a sí mismos en cada uno de los personajes. Así, Laguerre comienza abarcando la vida puertorriqueña. El afán de superación se advierte en su vida y en su obra: «Con un ligero curso de pedagogía, en el último año de mi escuela secundaria (Aguadi· Ua, 1924), salf, ese mismo año, a trabajar de maestro rural en el sector más montañoso de mi propia comunidad. »Desde entonces, comencé a estudiar, durante los veranos, en la Universidad de Puerto Rico. Terminé el bachillerato en 1937. De aquí en adelante, ya sólo trabajé, también de maestro, en pueblos y ciuda· des. Mientras ejercía funciones magisteriales en la secundaria y en la Escuela del Aire, estudié para adquirir mi grado de maestría (1941). Desde entonces soy Profesor de la Universidad, en donde he trabajado hasta el presente, con breves paréntesis de estudio y de viajes: 1949-51, Nueva York (en cuya Universidad de Columbia realicé estudios para el grado de doctor en letras); Francia, Inglaterra, España; 1951-52, Cuba, México. En México trabajé como codirector de un proyecto educativo de la UNESCO. 1961-62, Centroamérica, Brasil, Argentina, Uruguay, Islas Canarias, España, Italia. Caído Trujillo estuve en Santo Domingo en 1963.Con absoluta fuerza de voluntad Laguerre permanece callado para las letras de su país durante cinco años, porque ha ido adquiriendo conocimien· tos que lo llevan a ocupar un sitio en la Universidad, pero en 1940 aparece su segunda novela ~olar Montoya, en la que enfoca los problemas SOCIales del cafetal, con la misma intensidad con que tomó los problemas del cañaveral en su anterior novela. y tal como él lo afirma, aunque pequeño, en Puerto Rico hay notable diferencia entre la vida del llano del litoral y la sierra del interior de la isla. y es justamente en la sierra donde hallamos el pasado puertorriqueño, con sus leyendas indígenas y su folklore criollo. Mas, como afirma Concha Meléndez en su prólogo a Solar Montoya, «no todo es conflicto social y análisis psicológico en esta novela. Posee valores artísticos que la salvan de 10 contingente, asegurándole, junto a La Llamarada, persistencia segura». Ya en su segunda novela Laguerre denota un marcado perfeccionamiento de su técnica y depuración en el estilo. La síntesis lo conduce a simplificar el vocabulario y a prescindir de rebuscamientos y aunque el desenvolvimiento de los hombres del c~etal es lento, el relato mantiene suficiente agilidad, salvándose de pesadas estructuras.

28

Pero las inquietudes de Laguerre no se detienen en el escenario de su propia tierra: «Siempre deseé conocer Brasil por entender que el país es casi un misterio para el resto de Iberoamérica. Quería corregir los conceptos superficiales que Hollywood nos ha dado del gran país y, al mismo tiempo, confeccionar un curso de literatura brasileña para agregarlo a los de literatura hispanoamericana que enseño en la Universidad. Lo ofrezco hace tres años y, con él, he intentado interesar a mis alumnos en la cultura brasileña con el estudio de Machado de Asís, Euclides Da Cunha, Castro Alves, Olavo Bilac, Cruz e Sousa la gente de su rico y "diferente" modernismo, sin olvidar sus críticos y ensayistas, encabezados por Gilberto Freyre.» En 1943 se publica su tercera novela: El 30 de febrero. «Mi vida de estudiante pobre en la Universidad de Puerto Rico me llevó a escribir la historia del muchacho pobre, lleno de ambiciones, que lucha por hacerse hombre de provecho por su propio esfuerzo. El 30 de febrero se desarrolla en el cam· pus y en las casas de huéspedes de la Universidad. No es simplemente una novela estudiantil; como las otras dos, también enfoca problemas sociales.Esta novela no fue recibida por los lectores y la crítica con el mismo entusiasmo que las anteriores, quizás porque no se percibió el trasfondo de la personalidad tan peculiar de sus personajes. El principal protagonista, deforme físicamente y espiritualmente maltrecho, evasivamente busca disculpas para su empequeñecimiento y habla de la crisis de su generación. Así cree despersonificarse y sólo formar parte de una juventud herida y oscura, de la que no tiene culpa alguna. Pero su dolor es suyo y no lo puede negar, y es entonces cuando se aferra a una felicidad que le habrá de pertenecer yaguarda por un triunfo que llegará El 30 de febrero. En 1949 aparece La Resaca. «Mi cuarta novela, La Resaca, tiene como tema, tal cual he sugerido, los acontecimientos políticos puertorriqueños del último tercio del siglo XIX.De acuerdo con las afirmaciones de los críticos ésta es la novela preferida de Laguerre, en la que juegan a la par los valores históricos y naturales, y en la que se reúnen los requisitos indispensables para que se configure una buena novela. Para Laguerre la mejor novela: «es aquella que consigue artístico equilibrio entre las experiencias vitales (personales, vicarias e indirectas); la caracterización (personajes vistos en cinco direcciones: ser, creer ser, querer· ser, creer ser de otro, querer ser .de otro); la ideología (fondo de la novela); la técmea (variaciones dentro de las normas del género); y la atmósfera poética, con la que se da relieve al carácter artístico de la novela. La atmósfera poética estará presente en todos estos aspectos de la obra.


Como a Ortega, se me figura la concepción noveles· ca un pequeño mundo, un "microsomos" en donde el autor -pequeño dios- expone experiencias vitales en triple dimensión, caracterización compleja, ideas, aparato técnico y atmósfera creadora. Probablemente, el mayor grado de poesía está en el "querer ser". Unos "mundos" podrán ser más ce· rrados que otros. Con toda probabilidad, hay mejor caracterización en el "mundo" más cerrado, puesto que el autor dispone de mayor oportunidad de concentración. Se me figura, además, que se logra mayor dramatismo si se elabora una sucesión de pequeñas tensiones hacia una tensión abarcadora. »Tengo la impresión de que es en El Laberinto en donde he puesto en práctica, más obviamente, todos estos conceptos novelescos.» Nos retrotraemos a La Resaca, y paulatinamente iremos comprobando la aplicación de los conceptos en cada una de sus obras. En La Resaca, Puerto Rico vuelve a vivir los años que precedieron al cambio de soberanía en 1898 hasta el ciclón de San Ciriaco. Su título es una definición metafórica de los acontecimientos, durante los cuales se extinguen los ideales revolucionarios al ser derrotados los rebeldes. El novelista crea un clima de dramatismo y los símbolos parecen fogonazos de luz que se hacen carne y presencia en nues· tra mente. Pero también cuentan las metáforas, a veces con fonnas caprichosas, y las expresiones sensibles de los hombres de aquella época. La cuestión social es analizada una vez más y surgen los conflictos entre las familias de distintos niveles. Las ambigüedades de clases se continúan en Los dedos de la mano -1951-, en la que se narra los conflictos entre una familia patronal y otra familia venida a menos. En un ambiente de lucha contra el capitalismo, una mujer se afana infructuosamente por lograr una posición social más elevada. Es el caso de tantos que han tenido una niñez sufrida y luego de adultos se encuentran desubicados y sin poder hallar un camino que los conduzca al punto deseado. En resumen, las disyuntivas del ser humano vuelven a ser la principal preocupación del novelista. Desde el punto de vista técnico, crea un estado de ánimo persistente y tenso e introduce el monólogo interior. «En mis tres últimas obras La Ceiba en el tiesto, El Laberinto y Cauce sin río, he puesto en práctica un arte de novelar distinto. El compromiso con ciertas ideas se hace menos evidente y busco la expresión sencilla. (Debo declarar que para mí toda ma· nifestación artística debe estar algo comprometida.) No se me figura que exista eso que llaman "arte puro". El compromiso es más bien cuestión de grado. Con La Ceiba en el tiesto, quise escribir una novela apretada: síntesis. símbolo, impresionismo. En ella, por vez primera, los acontecimientos suce-

den fuera de Puerto Rico, en Nueva York, entre los emigrantes puertorriqueños que viven en la gran ciudad. Aun cuando la caracterización fue siempre mi mayor preocupación como novelista, en La Ceiba en el tiesto, 10 mismo que en El Laberinto y en Cauce sin río, se le da aún mayor relieve.» La Ceiba en el tiesto se conoce en 1956, yel personaje principal, obsesionado por sus ideales de li· bertad, forma parte de un grupo revolucionario en el que no puede hacer 10 que quisiera y hace lo que le mandan, contra su voluntad. Hay un grito de rebeldía contra la vida que le ha tocado en suerte y es como si llevara un gusano en el corazón, que le aproxima cada día un poco más hacia la muerte. Se repite la misma angustia de las novelas antericr res, es el hombre joven que se sabe débil yacorralado por sus propias indecisiones, pero esta vez: huye del lugar que lo agobia y se refugia en Nueva York, ciudad de acero y deshumanizada como toda gran metrópoli, en la que pasa a ser un alguien más, una figura anónima de entre los millones que pululan por las calles. Sin embargo busca el contacto con los puertorriqueños y se desenvuelve dentro de su costumbrismo provinciano. Hay un reencuentro consigo mismo y sosiego, pero la distancia no es portadora de verdad y su vida es ficticia; por eso regresa a Playa Rosada, en el sur de Puerto Rico, lugar que Laguerre tOIDa para convertirlo en un símbolo en el que el primitivismo es la mayor fuerza de solidaridad humana. La Ceiba en el tiesto es la más breve de sus novelas, y tal como su autor 10 aftnna, ha logrado la simplificación y la esquematización. Por primera vez usa voces inglesas, necesarias para delimitar con mayor precisión el ambiente y sus características. Sobre esta novela José Emilio González hace el siguiente juicio: «Estamos ante una de las mejores novelas de Laguerre; probablemente una de las mejores de nuestra literatura. Sus valores inmarchitables son: una lengua viva, poética, cargada de sentimiento y sentidos; un afán de renovación estilística, incorporación de los paisajes del sur con eficacia estética; personajes con tipos de cálida raigambre popular, símbolos como el de la barracuda, pletóricos de proyecciones y agudas interpretaciones de momentos significativos en nuestra vida social. Laguerre hace aquí despliegue de sus magníficas potencialidades. Concierta hábilmente el sentimiento de 10 real, el corte satírico, la sensibilidad poética y el constructivismo imaginista. »No creo en la novela demasiado densa en literatura; tampoco creo en el exceso de morosidad a 10 J oyse o Proust. Sí se me figuran muy eficacestales recursos como el flujo de conciencia, la retrospección periodística alternada con el presente, la simultaneidad de acción, los detalles reveladores.

29


No estimo, sin embargo, el detallismo que sugiere técnica de guión cinematográfico.• •Tengo la impresión de que es en El Laberinto en donde he puesto más en práctica mis conceptos novelescos. De paso, aunque los más importantes personajes de El Laberinto son puertorriqueños, la novela se desarrolla principalmente en Estados Unidos y en Santo Domingo, el Santo Domingo de tiempos de Trujillo. La libertad individual y colectiva es el tema de mayor resalte.l> Así entramos en El Laberinto, su séptima novela. Efectivamente, el personaje es puertorriqueño, pero trata de labrarse su porvenir en el extranjero. A pesar de la creciente norteamericanización de sus costumbres, no llega a adaptarse a un régi· men de imperialismo capitalista ni al de la tiranía de Santo Domingo. Su sueño es el de casi todos los emigrantes del mundo: regresar a su tierra para afincarse definitivamente. Pero una vez más la política juega como factor decisivo, coartando sus esperanzas, y muere junto con sus compañeros al intentar derrocar al tirano dominicano. En ésta, como en otras de sus novelas, Laguerre hace marcado hincapié en la política de su país, que es en definitiva la política latinoamericana. Esa política, cáncer de nuestros pueblos, desintegradora y voraz, por la que nuestras familias pasan parte de su vida en el exilio y martirizadas por la incertidumbre del regreso. Esa política que invade el intelecto y deshoja los sueños. El hombre americano vive dudando entre elegir la comodidad y pagar con su silencio, o arriesgarlo todo por UDa hipotética libertad. En mi opinión, ésa es la tremenda duda de los personajes de las novelas de Laguerre. .Cauce sin Río, a mi juicio, logra en cierta medida mi ideal de estilo y expresión artística. Algunos críticos han confundido el símbolo del contacto con la tierra -mito de Anteo- con el concepto poético del beatus ille. No me interesa el beatus ille; afir· mo categóricamente que a los puertorriqueños nos hace mucha falta afirmarnos en lo que somos para no perder la personalidad. No hemos de dar la espalda al progreso ni a la industria, pero tampoco hemos de rendirnos a la idea del materialismo ra· samente económico. Es probable que nos hayamos dejado hipnotizar por la influencia económica, si:1 dar importancia a lo social, a lo político y a lo espiritual. Un hombre que se esclaviza a las máquinas ya los sistemas y organizaciones industriales y mero cantiles, no es hombre completo, aunque goce de amplia afluencia económica y pueda amontonar objetos y rendir culto a su capacidad para el consu· mo. He aquí el problema que se le plantea al prota· gonista de Cauce sin Río -el problema del mundo de hoy-, y enloquece; sin renunciar al progreso equilibrado, alivia sus traumas cuando se pone en

30

contacto con la exuberancia de la vida natural. Resiste rendirse a la afluencia económica. Desea vivir.• Esta novela data de 1962 y es la última que ha escrito Laguerre, por lo menos de que tengo conocimiento. En ella, el personaje enfrentado imprevistamente con su conciencia, se refugia en la naturaleza, y comprende que todo aquello que deja de ser humano, es más o menos menos. La cultura al servicio del hombre, pero jamás el hombre absorbido por la técnica. Recordemos que no hay ideas que no tengan pueblo, y ellas no pueden sucumbir arrasadas por la máquina. Pero los problemas económicos hacen que muchas veces olvidemos que no hay mayor riqueza que la riqueza humana y la vida se vacía en un apagón. En su novela Laguerre no pretende desplazar el progreso, sino aminorar su dominio respecto a nuestra sensibilidad. El latinoamericano lucha contra las culturas impuestas, porque continúa siendo el dueño de su espíritu, pero los pueblos serán libres si Latinoamérica es justa. Diariamente como probamos que la riqueza hace por imponerse a la conciencia y esclaviza nuestra intimidad, pero el latino conserva ese instinto histórico que le es tan ,propio y que lo salva de una claudicación total. En Cauce sin Ría el hombre está en pugna con· sigo mismo y es por eso que la acción transcurre en su interior. El novelista ha logrado su objetivo y ha materializado un personaje que simplemente tomara de la vida real. Es nuestra tragedia actual: vender los sueños y subsistir como un tornillo más, o morir aferrados a ellos. Antes de finalizar con la novelística de Laguerre, para detenemos en su cuento, teatro y ensayo, es· cuchemos parte de lo que dijera en su obra El arte de novelar, publicada en la Revista de Educación en 1963: .Tenga el novelista el propósito de relatar sucesos de acción externa o de zahondar en el alma, siempre debe apoyarse en un caudal de experiencias vital. Esta puede ser directa o indirecta, quizá hasta vicaria. No hay novela sin expresiones autobiográficas. Pero el autor no tiene que haber vivido todos los sucesos de la creación. Parte de su experiencia vital son el medio donde vive, las experiencias ajenas que se le vuelcan encima por simple acto de convivencia, las ideas que hace suyas a través de la lectura y la comunicación. Un novelista no puede imaginar lances sin contar con la realidad, con las experiencias vitales. No importa el grado de fantasía que haya en una novela, esa fantasía debe tener en qué apoyarse. En suma, precísase de una cuerda para dar saltos mortales, según las palabras de Baraja. Creer es crear. Un novelista tiene que empezar por creer en algo, tener una mística. Puede ser optimista o pesimista, según 10 que ve a su alrededor y siente en su intimidad. No me ima-


gino a un creador con inclinaciones destructoras per se. Puede sí, expresar deseos de destrucción cuando, digamos, el sistema social a su alrededor no responde a sus ideas de mejoramiento humano; y téngase siempre presente que la mejor cultura no es narcisista ni onanista. Es muy posible que el purismo artístico -si es que tal cosa existe- sea fun· damentalmente negativo.• Definida y analizada su novela, aunque someramente, -pasamos a ocuparnos de su obra de teatro

La Resentida. cAdemás de novelas, he ensayado teatro con el drama La Resentida, que se ha presentado muchas veces en Puerto Rico y en Estados Unidos. En Puerto Rico lo presentaron el Teatro Universitario y el Instituto de Cultura.» El único drama que escribió Laguerre se estrenó en 1944 en el Teatro de la Universidad, bajo la di· rección de Leopoldo Santiago Lavandero, y se presentó nuevamente en el Segundo Festival de Teatro del Instituto de Cultura en 1959, dirigida por Angel F. Rivera. Dividido en tres actos y de esencia hist6rica, capta con particular dramatismo una época -fines del siglo pasado- en que los sediciosos aterrorizaban a los hacendados españoles afincados en los campos puertorriqueños. El tema es sencillo y común, mas crea un clima tenso y hace que el espectador o el lector se mantenga siempre a la espectativa por hechos que habrán o no de suceder. La acción se desenvuelve en tomo a Marta, que oculta un hijo haciéndolo pasar por sobrino. Todo se revela cuando logra el perdón de su esposo y de su hijastra, pero el hijo no logra comprenderla y desborda su sed de venganza. La madre tennina matándolo y el drama finaliza con una autoacusación, cuando dice: «Yo crié una fiera y yo tengo la culpa. Yo misma tengo la culpa, ¡que Dips me' ,perdone! ¡Hijo míol. cHe escrito para la radio y para la prensa: crítica artística y social. Puntos de partida, programa de radio semanal, duró siete años. Hojas libres, para El Mundo, va ya acercándose a sus cinco años, y aún se publica todos los lunes. De una selección de parte de los trabajos de Puntos de partida, nació mi libro de ensayos Pulso de Puerto Rico. También he dicho conferencias aquí, en Estados Unidos, en Brasil y en España. Cuando empecé mi labor periodística, pUbliqué artículos con diversos pseud6Dimos. Hojas libres se ha publicado siempre bajo mi nombre. »He participado en la investigación pedagógica y en la confección de libros de texto para la escuela en todos sus niveles. Realicé tareas de esa índole en Pátzcuaro, México, contratado por la UNESCO. Parecida tarea he realizado para la Escuela del Aire, de nuestro Departamento de Instrucción; en otras labores del mismo Departamento de Instruc-

ción y para el Consejo Superior de Enseñanza de la Universidad de Puerto Rico. Algunos de mis libros son textos en la escuela pública. .Casi toda la crítica acerca de mis libros anda dispersa en revistas y periódicos de mi país, Estados Unidos, México, Argentina, Chile, Venezuela y España, entre otros países. Recientemente se ha editado un estudio: Enrique Laguerre y su obra, de Angélica Morfi, publicación patrocinada por el Instituto de Cultura. La doctora Lucrecia Ruisánchez, Directora del Departamento Español de Hoftra Uni· versity, Long Island, Nueva York, presentó en la Universidad Central de Madrid su tesis de Enrique Laguerre y su obra novelesca. .He dedicado gran parte de mi tiempo a la cátedra de la Universidad de Puerto Rico. Mi ir y venir por el mundo fue con el ,prop6sito de capacitanne mejor para mis tareas profesorales. El viajar me ha dado una visión más exacta de mi país. Me preocupa el destino de mi país. El punto de partida del mejor universalismo es el medio en donde uno ha nacido y ha vivido.» Frente a las múltiples ocupaciones del intelectual puertorriqueño, comprobamos que en todas ellas tiende hacia la enseñanza corno medio de re· cuperación social. Su hondo sentido nacionalista lo lleva a conocer países para luego establecer comparaciones con el suyo y ver con mayor objetividad lo bueno y lo malo que hay en él. Porque es muy cierto que desde fuera cada uno observa mejor a su propio país y descubre valores que habían pasado desapercibidos por haberlos tenido demasiado cerca y constantemente. Además se finca en el viajero un fuerte deseo de superación, no para sí, sino para su patria, y si no lo hizo antes, echará a volar las verdades por los cuatro costados. Corno nos dijera Laguerre, en su libro Pulso de Puerto Rico están recogidos la mayoría de sus ensayos. En ellos plantea los problemas en busca de solución, y lo hace razonadamente. Sus notas son convincentes y mueven a la reflexión. Los temas son diversos, y tanto se refiere a una persona en particular, como la nota dedicada a Ricardo Alegría, como se retrotrae a los pintores puertorriqueños del siglo XVIII, o analiza libros o impulsa revistas literarias. Más que ensayos son notas periodísticas de mayor o menor extensión, según la importancia que asigna al autor, pero en cada una de ellas hay una gran responsabilidad y honestidad, aunque sus afirmaciones para unos sean acertadas y para otros no. Laguerre en su carta autobiográfica no habla de sus cuentos, quizás porque los considera como simples intentos de sus novelas posteriores. Acorde con esta suposición, Angelina Morfi en su libro Enrique Laguerre y su obra, aclara que sus cuentos El hombre caldo, El hombre que volvió y Renun31


ciación, prepararon el camino para La Llamarada,' el cuento Raíces fue un preludio para Solar Mon· toya y La Resaca; El enemigo sirvió como anticipo de una novela psicológica. En sus cuentos predomina su preocupación cons· tante: los problemas sociales y económicos. En va· rios de ellos pone de manifiesto la injusticia huma· na, que trae como consecuencia traumas psíquicos y desconciertos. Tampoco deja de estar presente el medio, la rebeldía, la resignación. Y también como en sus novelas el hombre se aferra a la naturaleza. En toda la obra creadora de Laguerre hay uni· formidad. Ya sea en la novela, en el cuento, en el teatro, en el ensayo, las imágenes son las mismas y persiguen idéntica finalidad: la libertad de los pueblos, el afianzamiento de la familia, la ordenación ~el país, la expansión de las ideas. Mas a pesar de los hechos dramáticos, hay optimismo y esperanza en su obra, como aseverando que no hay que hacer de un fracaso una tragedia. El ser humano no tiene un ámbito de vigencia ni en el tiempo ni en el es· pacio, yeso lo sabe Laguerre y por eso hay con· fianza en el fondo de sus inquietudes. Porque Jo

«Mercado,., grabado por Myrna Báez.

que aprendemos no es sólo para nosotros mismos y cada uno puede mejorar a otro y a su vez ser me· jorado. ¡Cuánto aprovechamiento significa la mutua comprensiónl Laguerre se esfuerza por lograrla y convencer a aquéllos que temen el fracaso sin haberlo experimentado. El hombre se contenta con· sigo mismo o se conforma, y busca refugio dentro de su piel, pero Laguerre es un luchador y lo sacude para que despierte y viva de acuerdo con sus pensamientos y palabras. Laguerre ha escudriñado en el alma del ser humano, para comprobar que demasiadas veces está tiranizado por la espera de la casualidad, y no puede admitir que los seres que están al alcance de su voz, corran para pasar los que van delante, porque cada uno de nosotros formamos un escalón -también los de atrás. Si podemos tolerar el tiempo que pasa en silencio, sabremos que nuestro esfuerzo no es un juego vanidoso; eso es justamente 10 que hizo Enrique Laguerre: acreditar calladamente los valores. Su obra contiene la fuelila del constraste y el tiempo no podrá destruirla.


Notas para la Historia Eclesiástica de Puerto Rico

Los franciscanos: Sus prhnitivas fundaciones de San Gerlnán, Caparra y la Aguada Por

NUESTRO CONOCIMIENTO DE LOS OlÚGENES HISTÓRICOS

de la evangelización cristiana en la zona del Caribe presenta todavía bastantes lagunas y puntos oscuros. Quizá conozcamos todos -o la mayoríade los documentos relativos a dicho período inicial, que se han conservado; pero falta mucho por hacer respecto al análisis, juicio critico y plena utilización de los mismos. Falta de crítica y la consiguiente repetición de errores o inexactitudes en obras de carácter general -y aun en trabajos especializados de autores poco escrupulosos- han contribuido embrollar y confundir los pocos datos que poseernos. La historia de Puerto Rico no es una excepción en este cuadro, y de ello nos ofrece una prueba el capítulo que intento esclarecer en este artículo. Mi propósito es el de esclarecer la historia de los comienzos de la actividad franciscana en la isla borinqueña, indicando con ]a mayor .precisión posible lo que es históricamente cierto, lo que es sólo probable y lo que no parece verosímil. Para ello será menester descender al examen minucioso de los textos y autoridades en que me fundo, lo cual ha de hacer un tanto pesada 'la lectura. Espero, sin embargo, que este inconveniente quede compensado por el interés en seguir un razonamiento bien fundado que nos lleve al establecimiento de la verdad en la forma más completa y exacta. Será preciso también que hagamos referencia previa a los primeros años de la historia franciscana en las Antillas, sin cuyo conocimiento sería imposible entender 10 que vamos a escribir sobre Puerto Rico.

LINO

G. CANEDO, O. F. M.

1. LA PROVINCIA FRANCISCANA DE SANTA CRUZ DE LA ESP.w:OLA Mientras no aparezca algún documento en con· trario, es necesario dar por supuesto que ningún sacerdote o religioso acompañó a Colón en su viaje descubridor de 1492. Pero consta que en el segundo viaje (1493) pasaron, por 10 menos, los franciscanos fr. Juan de la Deule y fr. Juan de Casio o Tsin,1 Vueltos a España en fecha que desconoce· mas, ambos regresaron a las Antillas en 1500 con el gobernador Bobadilla, formando parte de un gru,po de seis o más franciscanos.2 Probablemente, otros franciscanos pasaron a las Antillas aquel mismo año de 1500, pero la expedición fundadora -hasta diecisiete religiosos, a las órdenes de 1. Antonlne S. Tlbesar. .The Franclsc:an Pcovlnce of tbe Holy Cross of Espallola. 1SQS.1SS9-. en The AmeriCtU. vol. XIII, 1957. páginas 377·397; la referencIa en pp. 377-78. Tlbesar cree muy dl!blIes 111.5 razones aducIdas por Onego (La R4blda, JI, 26S ss.) en favor del paso de fr. Juan P~rcz en el segundo viaje; en l:WU1lo a la Inclusión del enigmátIco fr. RodrIgo. opina definitivamente que se truta de una falsa Interpretación. sIno de una equivocadll lecto· rn. Slll embargo, Ballesteros, Cristóbal Colón, 1, da como cIerto que fr. Rodrigo figuró en el segundo viaje. Vl!anse tambll!n J.karo de Aspun:. La aportación espailola a las misiones dd Palro1UZto Regio (Madrid. 1946) 46-49, Y LIno Gómez Canedo, .Primeros Intentos da evangelIzacIón francIscana en TIerra FIrme (1508-1553)-. en Archlvum Franciscanum Historicum, vol, L. 1957, 99. 2. Tibcsar, articulo dtado, p. 379. Sobre estos dos franciscanos. que proccdlan del convento de Atb en Halnau (antigua PicardJa) utllIza principalmente Tlbesar los datos reunIdos por HugolIno Uppens, eDe fr. Joanne de la Deule, mlsslonarlo Americae, 1493-1510., en Archivum Frllnc:iscanum Hisloricum, XXVII. 1934. 66 ss., y por Uvario OlIger, .Tbe Earllest Record on !he Franclscan M1ssions In Arnc:rica-, en Th/l CathoI/c Historlcal ReviIlW, VI. 1920, 59-65. Este últImo autor dIo a conocer Interesantes noticIas contenIdas en la vieja Chronica de Fr. NIcolás Glassberger.

33


fr. Alonso de Espinar-, no llegó a Santo Domingo hasta la primavera de 1502, formando parte de la gran annada del gobernador Nicolás de Ovando. En 1503 fue erigido el primer convento de San Francisco en la capital de la Española, y en el mismo año fundaba allí fr. Alonso de Espinar el Hospital de la Concepción, primera institución de su clase que hubo en el Nuevo Mundo.3 La obra franciscana debió alcanzar rápidamente cierto grado de solidez, pues la Orden acordó en 1505 erigir la Provincia de Santa Cruz de las Islas de las Indias. De esta manera, fueron los franciscanos quienes primero se establecieron oficial y permanentemente en América. Hasta 1524, en que se fundaría la Custodia del Santo Evangelio, de México, la Provincia franciscana de Santa Cruz, con sede en Santo Domingo, abarcó todos los territorios descubiertos, incluso los de la tierra firme, tales como Nicaragua, Panamá y Venezuela. En las constituciones que dio a esta Provincia (l524) el ministro general fr. Francisco de Quiñones -después célebre cardenal de Santa Cruz-, su territorio quedaba -limitado a Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico, Jamaica, Guadalupe «y demás islas grandes y chicas de la circunferencia, de suerte que no tenga convento ni extensión alguna a la tierra firme ni a la Nueva España»! A pesar de esta limitación impuesta, la Provincia de Santa Cruz no abandonó sus intentos de establecerse en la tierra firme, donde había mantenido ya fundaciones (Darién y Cumaná); es más, desde 1575 Venezuela comenzó a convertirse en su campo principal de operaciones.' Quizá el ministro general Quiñones entendió por «tierra firme» la recientemente descubierta Nueva 'España y otras partes de Centroamérica, de hecho evangelizadas desde México. Organizada la Provincia de Santa Cruz, vemos despertarse entre los franciscanos de España y Europa un gran entusiasmo por unirse a ·la misma. En la lista oficial de las Provincias de la Orden preparada hacia 1506, aparece significativamente la de Santa Cruz en esta fonna, bajo el número IX: «Provincia de las Islas de las Indias llamada de Santa Cruz, a que navegan ahora muchos frailes, los que no cesan de propagar la fe y religión».6 Fr. Antonio de Jaén asistió al Capítulo general de Barcelona, 1508, como «Custodio de las Indiaslll; con esta ocasión fue llamado a consulta por el Rey y éste pidió a los capitulares que destinasen a las Indias cuantos frailes pudiesen. De hecho, el padre Jaén sólo pudo embarcarse con ocho, aunque con provi3. Tlbesar, lugar cit., resume cuanto se abe acerca de estas ex· pedlciones. 4. Los documentos pertinentes se hallan publicados en Jose! TOo rrubla, Chronica de la Seraphica Rdigi6n del Glorioso Palriarca San Francisco de Asis... Novena Pllrte (Roma, 1756) caps. XVI-XVII. 5. Véase Uno G. Canedo, ~The Camlng of the Franclscans to Venezuela in 1575_, en TJI~ Americas, XVlII, 1962, 38G-393. 6. Trae esta tista Torrubla, obra citada, p. 70.

34

siones para equipar tres residencias.7 Una de ellas parece haber sido la de Santa María de la Antigua en el Darién.1 Por otra parte, fr. Juan de la Deule se hallaba ya en Jamaica;9 a su compañero fr. Juan de Tsin o Cosin :lo hallamos pocos años después en Cuba, acompañando a Diego Velázquez en la conquista de aquella isla. lo El propio fr. Antonio de Jaén se hallaba ya de nuevo en España a principios de 1511, y fue recomendado por el Rey (Sevilla, 29 de marzo de 1511) al Ministro general de la Orden.'1 Quizá estas gestiones tuvieron por resultado la numerosa expedición de veintidós franciscanos que en octubre de aquel mismo año -1511- estaban prontos a zarpar para las Antillas bajo la obediencia de fr. Diego de Torres, a que se califica de comisario del «Vicario general de la Orden».u Sabemos que otros grupos de franciscanos pasaron a las Antillas por estos años. 13 Los progresos de la colonización. y sus nuevas perspectivas tanto en las islas como en el continente, exigían nuevas levas de personal misionero. Una de las mayores fue llevada a cabo por fr. Alonso de Espinar en ocasión de su ida a España en 1512 para tomar parte en los debates sobre el mejor trato de los indígenas, que el dominico fr. Antón de Montesinos había provocado (5 diciembre 1511) con su famoso sermón en Santo Domingo. A mediados de 1512 daba el Rey su licencia al padre Espinar ,para colectar y equipar a costa de la hacienda real hasta cuarenta franciscanos con destino a las Indias. Sabemos que Espinar logró reunir treinta y cinco, por lo menos, y un buen número de los mismos pasaron a su destino. 14 7. Uno G Canedo, .Primlcla.s franciscanas en Venezuela-, en Miscellanea Melchor de Pobladura, vol. 1 p. 350 (Roma, 1964); Tlbesar, 383. Los documentos en AGI. Conlralacidn, legs. 4674 y 5536. 8. Tibe$lU', 383·84. 9. Uppens, p. 74, opina que falleció alll entre 1508-1511. 10. En una carta de Diego Veldzquez al Rey (Cuba, 1 abril 1514) dice que fr. Juan de TIsln le acompailaba siempre para cuidar del tralamlento de 10$ Indios. Se conserva en la Biblioteca Pública de Nueva York, sección de manuscritos, RIch 2, fol. 83. Citada por Tibesar, 384. 11. AGI. Indiferente, leg. 418, fol. 173. 12. Aspurz, p. 57, dice que salieron _con destino a Puerto RIco-, y cita en apoyo de este aserto a Conlralacidn, leg. 4674, lib. nt:Inual, (ols.. 62 y 77; sin embargo, yo no be conseguido !uü1nr tal re!ererldl1 expre5ll a Puerto Rico, sino la de que iban a _las In. dlas- y a la cIsla Española-. 13. A5:1 ellO de julio de 1509, el vicario general de la Observan· Cill, fr. Marcial Bouller, de visita en Españll, finnaba en Baza la licencia para que pudiesen parar a las IndIas fr. Bemardlno de Hoces y fr. Juan AlemlUUl o A1temang, quienes despachlldos a rUles de di ha afto (Ptuaieros a Indias, "01. 1, n. 23, p. 19). La IIcencil1. publicada en Archivo Ibero-Americano (Madrid) IV, 1915, p. 49, se conserva original en Conlrlllacidn, leg. 5536, lib. 1, p. 6. En julio de 1511 fu~ron despachados en Sevilla los franceses fr. Re. mlgio de Fl1ulx, fr. Pedro de Arcabaudi y fr. Gulllenno de Podio o Predio (Orteg:¡, La RAbida, III, 217; Aspurz, 57, citando a Con· tratación, leg. 4674, libro manual, rol. 52.) 14. Los documentos relativos Il estll expedlcióa se bailan en AGI. Contralrzción, leg. 4674, libros 2 y 3, en Indiferente, lego 418. Vllrlos de ellos fueron ya publicados por Orteg:¡, obro cit. III, 218-225. El atento estudio de las cuentas conservadas en el citado legajo de Conlralacidn (4674) permite coaclulr que más de veinte pasaron con el propio Espinar, quien !aUecló en la travesla; poseemos los pagos correspondientes al mantenlmlento de veinte que .han de pasar a 111 tierna firme y otras Islas desde la Isla Espnftolll-.


Las expediciones se multiplican en los años siguientes. A medida que la evangelización se extiende a las restantes islas antillanas y a la tierra firme, Santo Domingo se convierte en centro distribuidor de misioneros. Cumaná, la isla de Cubagua, Pana· má, Nicaragua, México y Perú -además de las islas- fueron absorbiendo rápidamente a cuanto personal negaba de Europa. Las enconadas disputas sobre política indigenista parece que desanimaron a no pocos. De hecho, la Provincia franciscana de Santa Cruz contaba hacia 1516 con sólo doce sacerdotes; a pesar de sucesivos refuerzos que le fue· ron llegando del Viejo Mundo, las condiciones generales en Santo Domingo y las Antillas -lugar de paso para tierras más prometedoras- hizo que no cobrase verdadera importancia y vida propia hasta que se asentó firmemente en la parte vene· zolana de la tierra firme, muy mediada ya la segunda parte del siglo XVI.

2. ALBORES APOSTOLICOS DE PUERTO RICO Pero en este lugar nos interesa sólo su expansión a una de las grandes islas del Caribe: Puerto Rico. Sobre los orígenes de la cristianización de la isla de San Juan de Puerto Rico se han estampado algunas afirmaciones inexactas, o por lo menos imprecisas y confusas. Será, pues, conveniente, que comencemos por examinar los documentos que se conocen hasta hoy sobre la materia. La primera referencia la encontramos en el proyecto de capitulación que Juan Ponce de León presentó (Villa de la Concepción, Isla Española, 1 de mayo de 1509) para el poblamiento de la isla borinqueña. El punto diez de dicho proyecto dice así: «Ansí mismo en la dicha isla es menester de aquí adelante clérigos que digan misa; vea Vuestra Magestad si manda que vayan frailes, inviándolos el Provincial, y si frailes no fueren sean clérigos, que para el salario que obieren de haber diezmos habrá de aquí adelante, placiendo a Nuestro Señor, de que se podrán pagar...tS 15. Este texto. que se conserva en AGI. Patronato. leg. 175, fue ya publlClldo en la Colección de documentos inl!dilos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españo. las en Aml!rica y en OcelUl(a, sacados en su mayor parte del Real Archi\lo de Indias. [CDIl de Pacheco-Cárdenas·Torres Mendoza (Ma· drid, 1864-1884; 42 vals.) vol. 34, p. 491, con evldentcs errores que fueron corregidos por Coll y Toste al reproducirlo en Boletln His. tórico de Puerto Rico, l. 1914, p. 123. Murga volvió a publicarlo en su Historia documental de Puerto Rico (Sant:lnder, 19S7j 11, 526; coincide cn la lectura con Coll y Toste. pero su puntuación es Incorrecta, a mi parecer. Al resumir lEl capitulación en atra obra (Ponce de León, p. 39) cscribe que en el citado punto se pedla el envio de cun cll!rigo o fraile franciscano. aunque insiste en Jo del cl~rigo.; na acierto n ver tal Insistencia, antes parece más bien que el clérigo se pide a falt:l de fr:1lle. Es posible que la palabra cclérigo. se use en distintos sentidos: como sacerdote en un caso y coma Individuo perteneciente al clero secular, en con· trnposiclón a fraile. Cuest:l Mendoza (Historia eclesidstica de Puerto Rico. l. 18) sigue en lEl puntuación 11 Murga, quizá por haber usado ambos la mism;l copia de Brnu.

La contestación del gobernador Ovando a esta propuesta fue 'la siguiente: .En cuanto al décimo capítulo, se le responde que al presente no hay clérigos que se pueda imbiar, pero que se screbirá al Padre Provincial, en· cargándole que imbie allá algún fraile que babtice los indios e confiesen e den los sacramentos a los christianoslO.1 6 Como se ve, en la capitulación no se habla expresamente de «franciscanos». Son los hermanos Perea (Orígenes del Episcopado Puertorriqueño, p. 13, nota 13) quienes escriben que «ya para el 2 de mayo de 1509, el Gobernador general de Indias, don Nicolás de Ovando, había prometido formalmente a Ponce de León, a requerimiento de éste, que se esforzaría en conseguir un fraile franciscano -el subrayado es mío- que bautizara a los indios y administrara los sacramentos». Murga (Ponce de León, 39) habla también de un fraile franciscano. En realidad, la identificación que hacen estos autores no podía ofrecer duda alguna, pues los franciscanos eran los únicos que entonces se encontraban en las Indias, organizados en Pro· vincia y bajo un Padre Provincial,17 Mientras las capitulaciones eran discutidas, don Cristóbal de Sotomayor preparaba su expedición a Puerto Rico, donde el Rey le había concedido que pudiese poblar y establecerse; no parece que haya traido religiosos ni clérigos. l ! Como es sabido, durante estos años hubo una serie de maniobras legales y políticas con respecto a la gobernación de Puerto Rico, un capitulo del pleito entre la Corona y el almirante don Diego Colón, que el Consejo de Castilla falló entonces a favor del último (5-V-1511). Poco era de esperar, en 'tales circunstancias, a favor de la evangelización de la Isla, y de hecho no parece que se hiciese nada en este terreno. Un intento serio en este sentido se hizo en 1511, cuando Juan Cerón y Miguel Díaz fueron restituidos en el gobierno insular, como consecuencia del mencionado fallo en los ·pleitos colombinos. En las instrucciones que el Rey dio (25 julio 1511) a Cerón y Miguel Diaz, figuraba el capitulo siguiente: .Ya sabeis como después que en esa dicha isla se comen~ó a celebrar e administrar el santo sacramento con la reverencia que debía, e haber mi· nistros en ella de religiosos e clérigos e flaires que lo administrasen, ha placido a Nuestro Señor de ~esar en ella las tormentas e terremotos que de antes venían, de las cuales su~edían los dapnos que sabeis e habeis visto; e porque es razón que en esa dicha isla haya flaires e clérigos que ad· ministren los dichos sacramentos e curen de la salud de las ánimas de los cristianos que en ella hay, 16. cm. 34, 495: Murga, Historia documtntada, 11, 529. mo· dernizando levemente el texto. 17. Según queda escrito. los franciscanos eriSieron en lS05 la Provinc:1n de Santa Cruz de las Indias. con sede en Santo Domingo. Los dominicos no pasaron a Indias iulst:l 1510. 18. Véase Murga, Ponce de Ledn. 41-43.

3S


luego en llegando procurareis con la más diligen~ia que ser pueda que se haga en la dicha isla un monesterio de flaires de San Francisco, porque es Religi6n e personas de quien se re!;ibe muy buena dotrinae mucha consola!;ión, y ansimismo procura· reis que se encomien~e luego la capilla que se ha de haser en ella, en que pueda estar el Sacramento seguramente, y será bueno que se nombre de la adVOC3!;ión de San Juan Bauti1;ta, pues que esa dicha isla tiene su nombre. Y el monesterio, por pequeño que sea, bastará, según es la isla• .!' 3. EL CONVENTO FRANCISCANO DE CAPARRA A primera vista, parece que el capítulo transcrito atestigua la presencia en Puerto Rico, con anterioridad a julio de 1511, de religiosos y clérigos que" celebraban la santa misa y administraban los sacramentos. Ello es muy verosímil, y lo son también las razones de conveniencia y lógica que aduce Cuesta Mendoza en su Historia eclesidstica del Puerto Rico Colonial, vol. 1, cap. 1, pp. 13-21. Apostillando una afinnaci6n de Brau sobre que «a fines de 1510 vinieron clérigos de Sevilla a Puerto Rico», observa que tal venida de clérigos debió tener lugar en fecha más temprana, pues existe -dice- una real cédula de 26 enero 1511 que manda pagar su salario a los sacerdotes, a cuenta de los diezmos. Dicho real mandato se dio a súplica de los vecinos, quie'nes representaron que, además de pagar los diezmos, venían contribuyendo aparte para el sostenimiento de los clérigos. Cuesta Mendoza supone que Puerto Rico tuvo ya iglesia en 1509.211 Volviendo a Juan Cerón y Miguel Díaz, sabemos que trajeron ornamentos, cálices y campanas para Ja incipiente villa de Caparra, como puede verse por los libramientos de la Casa de la Contratación correspondientes a septiembre de 151l.21 Consta también documentalmente la existencia de un cura en dicha población durante los años 1511.1512.22 Por otra parte, a fines de 1512 llegó a la Isla su primer 19. AGI. Indiferente, leg. 418, lib. 2, fol. 133; modemlzo un poco la grafía y la puntuación. El lellito babia sido publicado antes en eDI. 34, 315-16, Y reproducido en Colección de documentos iniditos relativos al descubrimiento, conquista 1 coloni· :.ación de las antiguas posesiones espoRolas de Ultramar, [eDU] publicadA por la Ren1 AcademldA de la Historia (Madrid, 1885·1932; 25 vols.) vol. V, 7:17. Coll publicó de nuevo las inslrucciones ea Bolelln Histórico de Puerto Rico, II, 67 ss. 20. No be podido bailar esa real ~dula de 26 enero de 1511 que cita Cuesta Mendoza. 21. AGI. Contratación, leg, 4674, lib. 3, libramientos de septiem· bre 1511. Murga, Ponce de üón, 296, copla de Contadurla 1071, tomn de las cuentas de 20-1.1512 la partida sIguIente: cIten un pliego dc asientos del veedor y del cura desta ViJIll>. En el mismo legajo hay un libramiento de Garda Troche (1 enero 1513) correspondiente al salario de luan Femándcz, cura de San Gennán, por sus servicios desde 14 de enero n 14 de octubre de 1512; tambiéa se le pagó por baber servido cinco meses y catorce días en In ciudad de Puerlo Rico y cen las guelTBs>; es decir, las de Ponee de León coalnl los indios (Murga, Ponee de León, 66 y 71). 22. Véase en COI. 36, p. 432, Y en Colección de documentos para la hi1toria de Hispanoam¿ric:a e Iberoam¿rica [CDHA] (Madrid, 1927·1930; 14 vols.) X, 185. Nombrado capItán de la annada contra los caribes por real ~dula de TI septiembre 1514, Ponee de León salló de Sevilla el 14 dc mayo de 1515; ea julio del Drlsmo llIio estaba ya en Puerto Rico (Murp, Ponce de üón, 144 ss.).

36

obispo, don Alonso Manso. ,Tuvo lugar asimismo, por entonces, la fundación de un convento franciscano en Caparra? Parece que sí. Ha negado hasta nosotros el resumen de una carta del tesorero de Puerto Rico, Andrés de Haro (San Juan, 6 de octubre de 1515) en la que se refiere c6mo «un sobrino de la mujer de Ponce de León dio ciertos palos a un alcalde ordinario, y no pudo ser preso, porque luego se fue al monesterio, e de allí se fue con la annada que Juan Ponce imbió por mandado de Vuestra Alteza contra -los caribes... »23 Después de citar este testimonio, concluyen los hennanos Perea (Orígenes, 38·39): «Trátase del convento franciscano establecido en 1511, que probablemente sirvió, además, de posada a los frailes que iban y venían de Santo Domingo o se detenían en Borinquen a predicar misiones especiales.» Es indudable que el convento de Caparra no pudo ser más que fran· ciscano, pues los dominicos, que eran la otra Orden religiosa por entonces establecida en las Indias, no llegaron a Puerto Rico hasta años después.23 ¿Cuándo llegaron estos franciscanos a Puerto Rico? Este no aparece como lugar de destino de la expedición que, en la primavera de 1511, preparaba en España fr. Antonio de Jaén y que dio probable. mente por resultado, según queda dicho, al grupo de veintidós franciscanos que condujo fr. Diego de Torres. Estos religiosos fueron provistos en virtud de una real cédula de 10 octubre de 1511, concertándose su pasaje en la nao de Sancho de Balma· ~eda; pero este nombre no aparece entre los maes· tres que Uegaron a la Isla hasta 20 de enero de 1512,24 Sin embargo, está comprobado documen· talmente que el 27 ete diciembre de 1512 llegaron dos frailes de San Francisco al puerto de San Germán, en la nao «Santa Maria de la Consolación., del maestre Juan Bono de Quejo. Es muy verosímil que estos dos franciscanos hayan formado parte de la referida expedición de fr. Diego de Torres.2! Es casi seguro que ellos fueron los fundadores del primer convento franciscano en Puerto Rico. ¿En Caparra o en otro lugar de la Isla? Sobre esto especularemos más adelante; ahora sigamos con los hechos. A mediados de 1512, fr. Alonso de Espinar-en España con motivo de las discusiones que condujeron a las Leyes de Burgos, según dejo anotadopreparaba una gran expedición de franciscanos para las Indias. Hasta cuarenta religasos autorizó el Rey que pudiesen ser equipados y enviados a cuenta de 23. Véase Antonio Cuesta Mendoza, Los dominicos en Puerto

Rico. 24. AGI. Contaduría, leg. 1071; Murp, Ponce d~ Ledn, 91, 98. 296. 25. AGI. Contadurfa, leg. 1D71; Murga, ponce de Le6n, 91, 98. Ln elIiPedlcl6n dc fr. Diego de Torres fue provista en dlclembrc: de 1511 (AGI. Indiferente, leg. 418, fols. 180 v. 181; Contratacldn, lego 4674, fals. 62 y 91. Ortega, Lo Rdbida, III, 216 S~. publicó ya v:mos de los documentos reh1tivos).


la real hacienda. El monarca recomendó el asunto tanto al superior general de la Orden como al capítulo general que aquella celebraba por entonces en Segovia. En la carta para este último (Burgos, 26 junio 1512), lo mismo que en las dirigidas posteriormente a los ministros provinciales de Santoyo, Santiago, Castilla, Aragón y Andalucía, se dice expresamente que tales religiosos iban destinados a la tltierra firme e islas de Cuba, Jamaica e de San Juan». En la real cédula de 28 de julio del mismo año, mandando a los oficiales de la Contratación que :provean de lo necesario a dichos cuarenta franciscanos, se puntualiza nuevamente que el «padre fray Alonso de Espinar, comisario de las Indias, va a la Isla Española e de San Juan»; otra real cédula a Diego Colón, sobre el mismo asunto, expresa que cel devoto padre Provincial de la Orden de San Francisco que en la dicha isla [de Santo Domingo] reside, tiene voluntad de enviar algunos religiosos... a la tierra firme e a otras islas». Las mismas o parecidas frases aparecen en otros documentos relativos a esta expedición.26 No podemos afirmar apodícticamente que algunos de estos franciscanos lle· gasen de hecho a Puerto Rico, pero lo verosímil y lógico es que sí. Sin embargo, ello no pudo haber sido hasta muy avanzado el año 1513 -probablemente no hasta su segunda mitad-; en mayo de dicho año todavía la expedición no había sido completada en España.27

4. ¿FUNDACIONES FRANCISCANAS EN SAN GERMAN Y LA AGUADA? De acuerdo con una tradición antigua y cons. tante, un convento franciscano habría existido en la Aguada. Torres Vargas la recoge así en su «Des· cripción» (1647): tl En la Aguada hubo en los principios de su fun· dación otro convento de señor San Francisco, que es el que ahora se ha transferido a esta ciudad, con pretexto de reedificación, por la contradicción que le hicieron los frailes dominicos; y deshízose aquel convento porque los indios caribes, que entonces infestaban mucho la Isla, martirizaron cinco reli· giosos a flechazos, de que no he podido saber los nombres por la antigüedad y falta de archivos y papeles, pero es cierto que fue la causa de su des· población el martirio de estos santos religiosos, 26. Véanse los respectivos documentos en AGI. Indifttr~lIte, leg. 418. y Contratación 4674; algunos ya publicados por Ortega, La Rd· bida, 111. 218-25. Los ullllzó Gómez Cnnedo, .Primeros Intento'., 102·103. y .Primicias franciscanas., 351·52. 27. Desde el convento del Abrojo, 22 abril de 1513. encargaba el Rey al Cardenal de Toledo -elsneros- que apremiase a los provinciales, .que no dan y han dado el número [de frailes] que se les mandó.; el 8 de mayo del mismo allo inslsllln desde Valladolid con 105 provInciales de Santoyo y Andalucla para que completasen el número de ocho religiosos que se les habl¡¡ aslgnndo (AGI. Indiferente. leg. 419. fols. 61 y 114).

que como entonces eran pocos y eran menester para obreros de esta nueva viña del Señor, quisieron guardarse para confesores, los que quedaron, más que para mártires.•28 Basándose en este texto y en la autoridad de Brau,29 escriben los hermanos Perea (Orígenes, pá. gina 39): «En la Aguada, sí hubo convento franciscano desde antes de 1528, fundación que se extinguió con el martirio de cinco de sus religiosos, que fueron asaeteados por los indios caribes.» Desde luego, tenemos que descartar la autoridad de Brau, pues parece claro que sufrió grave confusión en lo relativo a los orígenes franciscanos en Puerto Rico. Ignora la existencia -cierta- del convento de Caparra; por otra ¡parte no sé en que se apoya para esa historia del pretendido intento franciscano de fundar en San Juan después de 1520, cuando ya se hallaban establecidos allí los franciscanos (Coloni. zación, cap. 13; pp. 372-73 de la tercera edición).» No hallo mejor documentado lo que escribe sobre la fundación del convento de la Aguada y su a'niqui· lamiento por los caribes. Como prueba de que, a consecuencia del ataque caribe, «la Orden franciscana desapareció de la isla» (Obra cit. p. 385) remite al Archivo General de Indias, Eclesiástico, 85-3-1, signatura antigua que equivale a la actual de Santv Domingo, lego 2280 (Registro de reales órdenes para Puerto Rico, 1529-1604); pero una revisión de dicho legajo, hecha por encargo mío, no ha revelado nada respecto a ,franciscanos en Puerto Rico. En apoyo de la fundación franciscana de la Aguada se remite Brau (Colonización, cap. 13,373 de la 3 ed.) al mismo Archivo General de Indias, Simancas, 54·3·12,31 o sea, en la signatura actual, Santo Domingo, lego 161. Revisado este legajo, hallo que contiene la real cédula para la «reedificación» del convento franciscano de San Juan, 11 diciembre de 1641, junto con el acta de toma de posesión del solar para el mismo. Supongo que la licencia para «reedificar» o res28. Tapia, Biblioteca. 2 ed. 1945, p. 466. El original -o el que me paredó ser el original- se encuentra en la Ncwberry Ubruxy, de Chlcag[}, donde tuve ~Ión de l:ltIlII1inario ligeramente hace :va muchos alias. Comunicada por mJ esta noticia a varIos investiga· dores de Puerto Rlco, s~ que hoy existen en la Isla dos reproduc. ciones fotográficas de la • Descripción.. La cito según dIcho manuscrito de Chicago. corrigiendo a TlIpia, según podrá ver el erudito. 29. Brau trata principalmente de esta cuestión en su obra 14 colonización de Puerto Rico, que acaba de ser bellamente reeditada (1%6) por el Instituto de Cultura Puenorriqueña, con notas muy valiosas de Isabel Gutic!rrez del Arroyo. Utilizo esta reedlción. 30. La Dl'8. Gutlérrez del Arroyo reclifica en sus notas a esta ten:era edición (nos. 239-2 ) 105 errores de Brau sobre el primJtIvoestablecimiento de 105 franciscanos en Puert[} Rleo. 31. Aunque el legajo lleva por tItulo .Cartas y expedientes det gobernador de Pu~no Rlco, 1693·1%1>. la real cédula de 1614 y acta de pok$16n adjunta aparecen Insertos en el testimonio delos autos hechos por el gobernador de Puerto Rlco sobre la limos· na de vino y aeeile para el Convento de Santo Domingo de Porta Celb. de 1694. Ante la imposibilidad de verificar eslll cita en los Papeles de Brau, que consel'Va al parecer monseñor Murga, acudf al original del AGI.. que tuvo la extrema bondad de euminar para" mi la muy competente funcionaria tc!cnlca de aquel archivo, Dl'8. Vicenta Cortés. Me complazco ell expresarle mi profundo agradecimiento.

37


taurar dio base para las especulaciones de Brau, a pesar de que no se menciona la Aguada. Cuesta Mendoza, por su parte basado en el testimonio de Torres Vargas, no s610 acepta la «abs~ luta certeza histórica. de la fundación franciscana de la Aguada, sino que agrega: «En el Archivo Ge· neral de Indias existe rica documentación todavía intacta sobre este y otros hechos franciscanos de Puerto Rico y las Antillas.• 32 Por desgracia, la remisión que hace en nota a la Biblioteca de Tapia, página 466 de la ed. de 1945, es una simple referencia a la «Relación» de Torres Vargas; nos quedamos sin saber cuáles son esos aludidos documentos del Archivo de Indias, que tratan del convento franciscano de la Aguada. La única fuente clara que tenemos, por 10 tanto, es la de Torres Vargas; y su autoridad es ciertamente valiosa por 10 que toca al entonces recién fundado convento de San Francisco, de San Juan. Sin embargo, respecto al primitivo convento cuya ·existencia adujeron los franciscanos para obtener la regia aprobación del nuevo erigido en San Juan, "Torres Vargas 'no dispuso probablemente de otras pruebas que las informaciones entonces levantadas, más de un siglo después de los hechos. Veamos .que dicen estas infonnaciones oficiales. Los franciscanos habían intentado establecerse en San Juan hacia fines de 1603. Al efecto, fr. Alonso Carrillo, procurador de la «Provincia de Cara· ·cas» [Santa Cruz de Caracas, antes de la Española] presentó la correspondiente petición al Consejo de Indias, aduciendo la conveniencia del proyectado convento como lugar de hospedaje para los religiosos que de la isla Margarita -donde ya se hallaban establecidos los franciscanos- se dirigían a Santo Domingo, por el servicio que prestaría a las almas y la devoción que la ciudad tenía a la Orden, cuyos vecinos habían solicitado el nuevo convento. No se mencionaban en esta solicitud precedentes algunos. Al remitirla el Consejo (Valladolid, 11 octubre 1604) a informe del Obispo, del Gobernador y del Cabildo seglar, preguntó expresamente «si hay otro con· vento allÍ»; el Cabildo eclesiástico había ya dado su respaldo a la exposición de fr. Alonso Carrillo (San Juan, 30 diciembre de 1603).33 32. Historia eclesidstica del Puerto Rico Colonüzl, t. 1 (Ciudad Trujillo, 1!Ha) p. 314. 33. AGI. Sallto Domingo, leg. '11, ramo 2. Los capitulares que finnaban la recomendación eran el deán Fernando Altamlrano, chan· tre Diego Polo, canónigo Gnspar de Ojeda y racionero Pedro de Lizana. Diego Polo era ya canónigo en 1581, fecba en que 10 recomendaba al Rey el obispo Fr. Diego de Salamanca como .persona muy hábil en canto y en todas las demás cosas eclesiásticas-(AGI. Santo Daminllo, lego 174. ramo 2). En el mismo Inronne, elogill el Obispo 11 don Juan Ponce de I.eón, hombre .de mucho valor y partes y entendldo en letras humanns y persona de mucho :¡obiemo., ordenado de sacerdote un MO antes por el propio Sala· :manca, despu~ de haber sido contador, tenIente de gobernador y alcalde en San Juan.•Tiene un bijo clérigo de epístola -prosigueque se nombra don Fernando Altamirano, bien hábil y de buenas partes.; 10 propone para la chantría vacante. Sobre Ponce de León 'Y Altamirano véase Murga, Ponee de 1.edn, pp. 256-258, 268.

.38

Este intento parece no haber tenido éxito, quizá por la oposición de los dominicos, quizá simplemente porque el Consejo no creyó razonable autori· .zar dos conventos para tan corto vecindario como había en San Juan. Pero la idea no muere yen 1633 revive el proyecto de fundación, tal como atestigua Torres Vargas. El acuerdo de fundar en San Juan debe haber sido tomado por el capítulo que la Provincia de Santa Cruz celebró en Caracas en agosto de 1634; en el capítulo provincial siguiente, 1637, fue hecho ya guardianía dicho convento. Es decir, obtuvo rango pleno. Pero esta vez, la obtención de ·la real licencia fue enfocada en otra forma. El 26 de octubre de 1635, el mismo procurador de la ciudad, don Juan Maldonado, «estando en cabildo en las casas del ayuntamiento el señor don Iñigo de la Mota Sarmiento, gobernador y capitán ge· neral de esta isla», pidió se recibiese infonnación «de cómo en esta isla había habido fundación de la dicha Orden de San Francisco•. Así se hizo efectivamente, y en la segunda pregunta leemos: [Digan] «como en esta isla, en la parte donde hoy llaman Puerto de San Gennán, hubo antiguamente un con· vento nombrado San Francisco, de la dicha Orden, el cual por ser saqueado de enemigos e indios ca· ribes se dispobló, y asimismo la gente que allí había; la cual se pasó a otra parte y sitio desta isla donde llaman Pueblo Viejo, el cual no se pudo allí conservar por incomodidades que tuvo y falta de salud, y por las mismas causas y razones tamo poco pudo reedificarse el convento de los dichos religiosos, hasta que los dichos vecinos del dicho Pueblo Viejo, que eran los que habían salido del dicho lugar donde estaba el dicho convento de San Francisco, vinieron últimamente a fundar y fundaron en esta ciudad, a donde los dichos religiosos, siguiendo a los mismos vecinos, han procurado muchas veces hacer su convento, y no lo han hecho por no haber comodidad para ello hasta agora... lPI~ Un examen minucioso de esta información acaso permitiera descubrir algún nuevo indicio tanto sobre el misterioso convento franciscano como so· bre el primitivo emplazamiento de los pueblos de San Germán y de la Aguada. Como de costumbre, los testigos se limitan a responder afirmativamente a la tJregunta, y a ponderar que dicho convento fuese reedificado; al parecer, no dan otros detalles cronológicos o geográficos. Pero basta la pre· gunta, en lo que de la misma queda transcrito, para suscitar la duda de si el primer convento que los franciscanos tuvieron en la isla de Puerto Rico estuvo en la Aguada o en San Gennán.3S Sin eme 34. AGI. Santo Domingo, lego 176, ramo 2. 35. Parece más bien que el .sltlo de San Francisco>, donde ve· rosímilmente debió estar el convento franciscano y que cn 1528 fue escogido para nuevo asIento de la vJl1a de San Gennán, estuvo en el valle del río A1\asco. Véanse los razonamientos de Aurello Tió en Nuevas Fuentes para la Historia de Puerto Rico (San German, 1961), Desafortunadamente, entre la Ingente documentación que


bargo, la tradición que perduró lo colocaba en la Aguada; y merece advertirse que dicha población tiene por patrono a San Francisco de Asís, mientras la ermita del Espinar, relacionada con la presencia de los franciscanos, estaba dedicada a la Inmaculada Concepción... ¿Qué decir, por otra parte, respecto a los márti· res de la Aguada? El único testimonio que pudiera estar relacionado con este hecho es el del historiador franciscano fr. Jerónimo de Mendieta, quien compuso su Historia eclesiástica il1diana a fines del siglo XVI, pero había pasado de España a México hacia mediados de aquel siglo y conocía la ,zona del Caribe. Refiriéndose (Historia, lib. 1, cap. 8) a las correrías apostólicas que los franciscanos ha· cían, principalmente desde Santo Domingo, por las islas antillanas, dice que en el curso de tales ac· tividades murieron algunos religiosos, entre ellos fr. Hemando de Salcedo y fr. Diego Botella y otro su compañero, «todos tres -puntualiza- frailes franciscanos, y se los comieron, y llevaron los hábitos y cabezas en lugar de banderas». Esto habría sucedido, según Mendieta, hacia 1516. Pero el cronista franciscano parece que hace referencia a un hecho muy distinto.36

5. LOS FRANCISCANOS ABANDONAN PUERTO RICO Cabría especular un poco más sobre este interesante punto de la antigua historia de ~uerto Rico. P·refiero no hacerlo, dejando a otros la tarea de continuar la búsqueda de nuevas fuentes. Pero sí hay que decir algo sobre la fecha en que los franciscanos abandonaron la Isla. Según la que podríamos llamar versión de Brau, la destrucción del convento de la Aguada y martirio de sus frailes tuvo lugar hacia 1528. A la luz de cuanto hoy sabe· mas sobre la historia de los franciscanos en las Antillas, la fecha indicada por Brau parece dema· siado tardía; es posible pero no verosímil. De en tomo al año 1520 -de antes y después- tenemos bastantes noticias acerca de los franciscanos de las Antillas, y no conozco entre ellas cualquier referencia a Puerto Rico. Sabemos que la famosa «Misión de los Doce» para la Nueva España (1524) tocó en Puerto Rico, y fr. Toribio de Motolinia, uno del grupo, que nos proporciona este dato en su His· pubUca o utlllza no he podido encontrar nada que arroje nueva sobre el punto fundamental que me Interesa: cwlndo fue ere· sido y que labor realizó el pretcndldo convento. 36. Fr. Diego y ir. Hcrnando son 105 nombres de dos franciscanos del convcnto de la Isla de Cubagua que en 1534. los cuales, volviendo de la costa de Parillll donde hablan pasado con otro fraile, fueron muenos por los indios caribes. qulencs llevaron -dice la re:1l1CIÓn eDntemporánea- • banderas de los hábitos de los frailes e camisas-o En AGI. Sanlo Domingo, lego ID, se encw:nlrllD las informacioncs sobre dicho manlrio, que Jerónimo de OrUll mandó levantar en octubre: y dlclembre de 1534.

:..z

toria de los Indios de la Nueva E!.paiia, no hace la menor referencia a que hubiese franciscanos en la Isla. Claro que, si vivían en la región de la Aguada y el barco hizo escala en San Juan, la presencia de sus hermanos de hábito pudo muy bien pasarles desapercibida; sin embargo, es otro indicio negativo. Por otra parte, algunos de los treinta franciscanos colectados en 1530 para las Indias bajo la dirección del célebre escritor fr. Francisco de Osuna, debían pasar desde Santo Domingo a la isla de San Juan.37 Es muy posible que se tratase de un propósito de restauración, pero ¿se llevó a cabo? A propósito de esto, es necesario mencionar un testimonio de 1532, según el cual había entonces en Puerto Rico dos conventos de dominicos y otros tantos de franciscanos. Lo afirma así el alemán fr. Nicolás Herbom, quien en el capítulo general de la Orden (Tolosa de Francia, 18 mayo 1532) ha· bía sido elegido general de lo que se denomina Familia Ultramontana (Alemania, Francia, Inglate. rra, Irlanda, España... ). A base de las noticias re· cibidas en dicho capítulo sobre las actividades misioneras de los franciscanos en América, Herborn dirigió una carta a sus hermanos de hábito de Ale· mania, bajo el título Relatio de Novis Insu[is. Aunque esta relación es claram~nte ine:xg,cta en algu· nos detalles, revela una información bastante precisa y no sería prudente desdeñar enteramente todo lo que dice respecto a Puerto Rico. Hace una dcscripción de varias Islas antillanas y sobre la Duestra dice lo siguiente: «La cuarta se denomina de San Juan y hay en ella animales domésticos y sil· vestres y bueyes; es fértil y abundante en azúcar de caña. Se halla toda sujeta al Emperador. Existen en la misma cuatro conventos, dos de San Francisco y dos de Santo Domingo.»38 La verosi· militud de este testimonio parece difícil de admi· tir, por las razones que dejo indicadas; sin embargo, conviene consignarlo y tenerlo en cuenta para nuevas investigaciones sobre este oscuro capítulo de los orígenes franciscanos en Puerto Rico.

6. EN RESUMEN... Recopilando todo lo escrito en las páginas ano teriores, creo que podemos llegar a las siguientes conclusiones. En primer lugar, que en Caparra existía una residencia franciscana hacia 1515. Es probable que sus fundadores hayan sido aquellos franciscanos que desembarcaron en San Germán a fines de 1512, los cuales pudieran haber desa· 37. AGI. COrllra/ación, lego 4675, lib. 2; Con/adurla, lego 27D, fol. 241. 38. Esta Re/aclo de Novis Insulis fue editada por Antonino TI· besar en apéndice a su obra Franciscan Beginnilllls in Colonial Pero (Wl1Shington, Acadcmy of American FranclSCl1ll History, 1953) pp. 98-104. Sobre ella véase también Aspun, La aportación, 96.

39


rrollado también actividad temporal en regiones occidentales de la isla (San Germán-Aguada). No consta, pero es verosímil, que hayan llegado a Puerto Rico, para reforzar este primer contingente, algunos de los franciscanos que en 1513 trajo de España fr. Alonso de Espinar; entre los puntos de destino de esta expedición se indica siempre, en los documentos correspondientes, la isla de San Juan. Más adelante, hacia fines de 1616 o después, encontramos a un grupo de franciscanos en la Isla, qui.zá. de paso. En un memorial que parece ser de 1517-1518, fr. Juan Infante, uno del grupo cuenta como cuna vez, estando en la isla de San Juan con muchos frailes, un piloto de nuestra nao tomó una india mo~a y la for~ó contra su voluntad». Ante la indignación de todos, así indios como cristianos, el juez quería ahorcar al piloto, pero no lo hizo cpor no nos dejar sin piloto». Esto lo refiere el franciscano como prueba de los abusos que se cometían en las Indias -y probaría, por otra parte, que tales atropellos no eran condenados fácilmente por las autoridades-; pero en dicho memorial hay otro párrafo que indica el motivo porque los franciscanos habrían desistido por entonces de trabajar en Puerto Rico. Dice así: cIten otro fraire nuestro me dixo como un capitán mandó a unos indios que matasen a otros indios, y mataron un ca!rique Y ~rca de otros veinte principales. Y por estas sic el Padre nuestro comisario general mandó que todos nuestros

40

los fraires que estaban en tierra firme se viniesen por el poco fruto y muchos desafueros que se ha: cían. Y los fraires de la isla de San Juan, porque los cristianos tienen los indios repartidos en muchas partes, donde mueren de hambre y trabajo».J9 Aunque respecto al motivo pudiera caber duda -.porque estos memorialistas suelen dar su peculiar interpretación a los hechos-, el abandono debió tener lugar. Esto sucedio, por lo tanto, en 1517. La pretendida fundación en la zona de la Aguada ¿fue antes o después de esta fecha? ¿Existieron simultáneamente este convento y el de Caparra? En esta última suposición, lo que dice el P. Herhor.n en 1532 pudiera ser el eco de iofonnes suministrados por algún fraile que llevaba largo tiempo sin contacto inmediato con ]a situación en el Caribe. La hipótesis resulta más fácil de admitir si pensamos que los franciscanos debieron intentar por algún tiempo el regreso tanto a San Juan -Caparra- como a la Aguada. Se explicaría de este modo que perdurase durante algunos años la noción de que la Orden tenía dos conventos en Puerto Rico. Podríamos especular todavía en otras direcciones. Creo preferible, sin embargo, que limitemos las especulaciones y dejemos la solución de estos enigmas al hallazgo de nuevos documentos o al examen más cuidadoso de los ya conocidos. 39. El memorial de Fr. Juan Infante se encuentra en AGI. Patronato. leg. 231, n. 1. ramo 11.


Gregoria Hernández, la beata del Arecibo y Sor María Raggi de Quío Por

E

L SIGLO XVII PRESENCIA EN TODA AM~RICA LA APARI·

ción de la vida religiosa femenina. Hubo ya, ciertamente, fundaciones en el mismo XVI, precedidas por ensayos tempranos de beaterios, dedicados algunos a la enseñanza de las doncellas naturales. Tal vez la investigación descubra con el correr del tiempo las huellas de algún intento de establecer clausura femenina en Puerto Rico en el mismo XVI, pero hasta ahora hay que limitar las fechas a los que marcan la gestión fundacional de la Ciudad en 1616, reiterada bajo el pontificado de don Bernardo de Balbuena (1623) y por último a las instan· cias de la fundadora de las Carmelitas, doña Ana de Lansós y Menéndez de Valdés, que culminaron en la formación del Monasterio de San José en 1651. En el siglo y medio que pasa desde la formación de la Ciudad no hay noticias claras de que se logra· ra o al menos se intentara alguna forma inicial de vida religiosa, aún cuando no fuera precisamente la de clausura pontificia típica en América hasta fines del siglo XVIII. Y aún más extraña el que siendo los Padres Predicadores los únicos religiosos existentes en la Isla durante esos largos años, no se inaugurase bajo su dirección al menos algún experimento fundacional de este género. Es cierto que las fundaciones de monasterios de mujeres madrugaron en la Española y así vemos cómo las encargadas de iniciar en la vida religiosa a doña Ana de Lansós y. sus primeras compañeras fueron monjas del Orden de Predicadores y éstas precisamente del Convento de Regina Celí de Santo Domingo. Pero en el siglo XVII así como en la ceno turia anterior el establecimiento canónico formal de una comunidad de monjas era precedido gene.:.J

ARTURO

V. D¡(VlLA

ralmente por la formación de un beaterio de mujeres piadosas que vivían con hábito en calidad de terceras regulares del instituto respectivo. En Puerto Rico, siendo los dominicos prácticamente los únicos religiosos por más de cien años, debieron existir beatas de su orden que ya privadamente, ya en grupos, siguieran la forma de vida dominica· na que en Lima practicó Santa Rosa y en tantos otros lugares de América otras mujeres piadosas de su tiempo, en el corazón de las ciudades, ganando con el trabajo de sus manos el sustento diario. Carecemos, es cierto, de casi toda noticia sobre el particular pero no tanto que no se pueda aventurar una opinión con cierta base. La compendiosa Descripción del canónigo don Diego de Torres Vargas, del año 1645 contiene unas líneas notables por su extensión y el tono admirativo de su redacción a una mujer anatural del Areciboa, llamada Gregaria Hernández, que murió en San Juan en 1639, de edad de más de ochenta años y que a todas luces debió ser tercera o beata del hábito de Santo Domingo. Dice asf el párrafo: De este lugar hubo una mujer llamada Gregaria Herndndez que murió de mds de ochenta años y se enterró el de 1639, que murió en esta ciudad, en el convento de Señor Santo Thomas de Aquino; de quien su confesor, que era un religioso del mismo convento, que es ya muerto, decfa grandes cosas de su virtud y revelaciones,' y de su vida dicen otras virtuosas mujeres, que vivían con e/.la, que era de gran santidad y penitencUz, y lo que vio toda la Ciudad es que era humüde; y pidiéndola su marido, que llevado de su valor natural se fue a Italia, donde fue Capitdn de InfanterÚl y se llama·

41


ba Villodres, dos hijos que tenía solos, y envidndoselos a España los cautivó un navío de Turcos a entrambos y viniéndole la nueva de tan fuerte dolor, jamás le mostró, ni impaciencia, sino una confonnidad con la voluntad de Dios, que admiraba a los que la conocían; y su virtud era tan sólida y sufrida, que siendo pobrlsima, jamds salía de casa si no era a Misa, ni pedía a nadie limosna sino sólo pasaba CDll la del convento de Santo Domingo, cerca de donde vivía, que parece que imitaba a la beata María Raggi de Roma, y creo que no ha de ser menos la gloria de esta buena mujer por las virtudes de paciencia, humildad y pobreza, que toda esta ciudad conocla en ella».l En esta noticia, relativamente circunstanciada si se considera la atención que presta a otros asuntos el mismo cronista, queda contenido el germen de una relación más amplia que tal vez se remitió a Roma con el Provincial de los dominicos, Fray Diego .Cambero, con ocasión del capítulo general de 1644. Por el momento, sin embargo, tan sólo contamos con el presente párrafo y con la alusión a la venerable María Raggi, para trazar un cuadro de la vida de esta mujer. l. Tapia y Ribera, AlejllDdro: Blbllolc:ca tüstórica de Puerto Rico, 2.. ediciÓn. San Juan. 1945. páginas 467-468

Monumento a la Venerable Maria Raggi en Santa María Sopra Minerva

42

La cronología aproximada que fija Torres Vargas para la fecha de su nacimiento, la ubica en la década de 1550 al 60, pues si falleció de más de ochenta años y su muerte ocurrió en 1639, no puede colocarse antes del cincuenta ni después del cincuenta y ocho. Debió casar tempranamente, como era costumbre del siglo. Sobre las andanzas y hazañas bélicas de su marido, el Capitán de Infantería Villodres, puede que den cuenta los fondos documentales de Simancas o Sevilla. De su apellido no quedan rastros en los libros de la Catedral de San Juan, confirmando la desaparición de los hijos. Por el momento conocemos el extracto de una súplica de licencia del Capitán Manuel Fernández Villodres, vecino de Puerto Rico, para poder volver, suponemos que a los reinos de España, y llevar un hijo suyo y un criado, despachada favorablemente por el Consejo en 19 de noviembre de 1619.2 Cuándo se traslada a San Juan, no lo dice Torres Vargas. Pero sí nos comunica un dato fundamental para nuestro propósito. Entre los testigos de los hechos extraordinarios de la vida de esta mujer se encuentran eotras virtuosas mujeres que vivlan con eJía». Aquí tenemos, en la desnudez de la frase, la noticia de la existencia de una comunidad rudimentaria. Del texto, cuya puntuación parece defectuosa, se desprende que vivían en común, siendo la vivienda vecina al convento de Santo Tomás, en el que recibió enterramiento la virtuosa arecibeña. Podemos hablar ya de un núcleo de vida religiosa femenina en 'sentido amplio, anterior a la fundación del Convento de las Carmelitas y de cuya experiencia. se beneficiaron tal vez doña Ana de Lansós y sus compañeras portorriqueñas antes de la llegada del grupo fundacional de Santo Domingo. Torres Vargas anda cautelosamente por el vidrioso terreno de lo~ fenómenos místicos, en este caso, el de las revelaciones de que hablaba el confesor de Gregaria Hernández, buscando en seguida el más sólido asidero de la fama de santidad: la humildad de la beata arecibeña, patente a los ojos de «toda la Ciudad». Es aquí donde comienza la comparación que declara al final el autor entre la vida de Gregaria Hernández y la de María Raggi de Quío. Si bien sólo menciona Torres Vargas a la última al aludir al hecho de que la primera tenía su habitación, como la beata de la Minerva, en la vecindad del convento de los dominicos, inmediatamente añade: e ...y creo que no Iza de ser menos la gloria de esta buena mujer... », frase que nos revela la voluntad del autor de comparar más ampliamente la una con la otra. El motivo de comparar la vida de la beata puertorriqueña con la quía es clarísimo, ya que durante la primera mitad del siglo XVII se divulgó su fama 2. Archivo general de Indias. Sección: Santo Domingo. Legajo 26. AfIas 1617·1627, documento 34.


de santidad, habiéndose iniciado su proceso de beatificación en 1625. Debió leer Torres Vargas bien sea la primera biografía, escrita por el Padre Fray Miguel Loth de Ribera, publicada en Barcelona en 1606 () la del Padre Pedro Juan Zaragoza de Heredia, impresa en Orihuela en '1612.3 Pero sobre todo, debió escuchar de labios del Presentado Fray Jorge Cambero la relación de lo que oyó directamente en Roma en 1644, con ocasión del Capítulo general de su Orden, al que asistió en calidad de Provincial de Santa Cruz y donde pudo ver, recién instalado por entonces, el monumento sepulcral erigido en el año anterior de 1643 a la beata quía por Bernini en Santa María sopra Minerva. o4 Algo comentaría, además, sobre la singular disposición de los mármoles con Torres Vargas. Por otra parte, el Maestro General de la Orden de Predicadores lo era por entonces el Padre Fray Juan Bautista de Marini, en cuya casa vivió y muriÓ en Roma Sor María Raggi y de quien debió ,oír relaciones de carácter directo el Provincial de Santa Cruz. Todos estos motivos bastan para justificar la frase de Torres Vargas, ya citada. A falta de mayores datos que aquellos que ofrece, él mismo nos ha dado en parte ]a clave para saber a quién tomaba por arquetipo de santidad la beata del Arecibo. Y ciertamente hasta las apariencias de las vidas de ambas mujeres tienen un parecido sorprendente. La vida de María Raggi, natural de la isla de Quío en el Egeo, e hija de patricios genoveses, comienza en 1552. Dada a la oración y la penitencia <lesde su infancia de acuerdo al esquema clásico de la hagiografía barroca, perfilándose una vocación re· ligiosa, no obstante se desposa a los doce años con el patricio genovés Luciano Mazza, inducida por sus padres. A la temprana alianza se siguió la no menos precoz maternidad, fruto ambas de la época. Entre los trece años y los quince da a luz tres hijos, de los cuales dos varones y una hembra. La conquista <le la Isla por los turcos en 1567 pone fin a la vida tranquila de la colonia genovesa y la familia, empobrecida por los tributos de los conquistadores, pasa a Istambul bajo la protección de un pariente genízaro. Allí se somete María Raggi a la dirección espiritual de un Padre dominico, comenzando así su vinculación a la Orden de Predicadores. Ante la noticia, comunicada en secreto, del propósito de dedicar sus hijos al servicio del sultán en calidad de genízaros, María Raggi y su marido se disponen a huir, partiendo de inmediato para Candía. Advertida su ausencia, pasan desapercibidos a los ojos 3. Puede verse una nota bibliogrdfiea más amplill en: Taurisnno, Innocenzo M., O.P.: La Serva di Dio SUQT MarÚJ Raggl da Selo. Temarla Domenlcana (1552.1600). Roma, 1958, páginas 74·71. 4. Cuesta Mendoza, Antonio: Los Dominicos en d Puerto Rico colonial, 1521.1821. México, 1946, páginllS 231·232.

Monumento a la Venerable MarEa RJJggi. Detalle del medallón

de los guardias que examinan la nave y de Candía salen con dirección a Messina. Restablece allí la relación con los dominicos y en 1570, habiendo pasado su marido a Nápoles para tratar con el Virrey, en un encuentro naval perece a manos de los turcos. Queda por lo tanto, viuda a Jos dieciocho años. Al siguiente, 1571, recibe el hábito de la Orden tercera de Penitencia de Santo Domingo, y permanece por varios años bajo la dirección del Padre dominico fray Antonio de Marchi, natural como ella de Quío. Habiendo tomado el hábito dominico sus dos hijos y muerta en Messina la niña, marcha a Roma en 1584, donde vivirá dieciséis años en la vecindad del templo dominico de la Minerva, en casa de la noble familia de Marlni Giustiniani. Dirigida por teólogos del Colegio de Santo Tomás de la Minerva, lleva una vida recoleta, reducida a la visita de la iglesia inmediata en la mañana para oír misa y comulgar, hacer relación al confesor de los fenómenos místicos que experi· mentaba y pasar largos ratos de rodillas en oración. El resto del día y parte de la noche los pasaba en trabajo manual y en oración continua, que prolon· gaba en las noches de invierno. Penitencias consistentes en disciplinas de sangre y ayunos completaban el cuadro de sus prácticas piadosas, las mismas 43


de su época. La meditación de la Pasión de Cristo y los ejercicios en su honor corrientes por entonces, ocupaban los largos ratos de oración. Siguiendo el esquema bajomedieval de la vida de Santa Catalina de Siena, recibió según su biógrafo el Padre Pedro Zaragoza, los estigmas de la ?asión en la vigilia de Pentecostés del año 1586, estando en la Capilla del Rosario de la Minerva, y años adelante (1598).1~ corona de espinas. Dos años después, el 7 de enero de 1600, fallecía en casa de sus bienhechores. s Era conocida lo mismo que Gregaria Hernández, por su humildad, contándose de ella que no quiso revelar su origen noble al llegar a la casa De Marini, sentándose a la mesa con la servidumbre hasta que doña Teodora Giustiniani, señora de la casa, enterada de su condición, la obligó a acompañarla. A falta de unas notas de mano de los confesores de la beata arecibeña, sobre cuya opinión dice tanto en tan pocas líneas el cauteloso Torres Vargas, nos parece que la descripción del género de vida así como de las gracias místicas que acabamos de describir, nos acerca con bastante seguridad a lo que debieron ser las prácticas de piedad y las revelaciones de Gregaria Hernández. Con ligeras diferencias, la vida de Santa Rosa de Lima, también con· temporánea, ofrece este mismo cuadro de ascética rigurosamente penitencial y mística pasionista, copiado también de su patrona la célebre terciaria dominica de Siena, Santa Catalina. Con su rápida y brevísima mención de María Raggi, Torres Vargas S. Todas hu noticias bIográficas refcrentes a la beata quía ver· t1dllS cn cstas notllS proccden dcl llbro del Padre Innocenzo Tau· risano, dominIco dcI convcnto de la Minerva, cItado cn la nota nú' mero 3.

44

nos ha permitido sugerir, con toda reserva, ciertas analogías, en tanto que aparece documentación más explícita. Presumimos, además, que Gregaria Hernández ha tenido noticia de la existencia de María Raggi. Salida la primera biografía en 1606, como hemos indicado ya y muerta la beata arecibeña en 1639 según Torres Vargas, es cosa casi segura que oyó contar detalles de su vida, lo que nos permite suponer algo más: el carácter de arquetipo que pudo representar por su condición de beata dominicana, la noble viuda quía en la vida de la arecibeña. Publicamos varias fotografías del monumento funerario en honor de María Raggi en la Minerva, obra de Lorenzo Bernini, haciendo constar la particularidad de que es esta mujer el único muerto ilustre que cuenta en la Minerva con dos Memorias fúnebres: su supulcro, junto al muro de la derecha de la capilla de la Madgalena, vecina a la puerta de la Sacristía y los mármoles de Bemini, en el pilar frontero a la Capilla de San Pío V (hoy Capilla Braschi), encargo del Cardenal Octaviano Raggi de Génova. No tuvo igual suerte la beata del Arecibo,. pues el recuerdo del lugar de su sepultura se ha perdido. Asociada su memoria a la de la ilustre quía, bien merece que se perpetúe de alguna forma en la iglesia de Santo Tomás que custodia sus despojos mortales. Este homenaje corresponde en justicia a la primera puertorriqueña que ha merecido· un testimonio tan claro sobre el grado eminente de sus virtudes, que pudo considerarla Torres Vargas merecedora de la misma gloria de los altares para la que se juzgaba digna María Raggi.


Luis Rodríguez Cabrero 1864 - 1915 Por

E

Río VIEJO, BARRIO HATO Rey de Río Piedras, que forma parte de uno de los hipódromos, y el 2S de agosto de 1864, nació el que, candando el tiempo», había de ser un gran literato, un poeta no superado, un cuentista extraordinario, un político consecuente, ciudadano modesto hasta la exageración; ese día memorable nació N LA FINCA

NOMBRADA

Luis Rodríguez Cabrero.

Sus padres Pablo Rodríguez Amau y Juana Manuela Cabrero Echeandía, 10 llevaron al Colegio de Párvulos, a cargo de las Hermanas de la Caridad, y que fundara el Obispo Fray Pablo Benigno Carrión de Málaga en 1861, y que si aún subsiste es porque su fundador le legó bienes suficientes para ello. Del Colegio de Párvulos pasó Rodríguez Cabreo ro a la escuela del profesor, educado en Inglaterra, don Fernando Pena, de la que salió para ingresar en el Instituto de los Padres Jesuitas a estudiar el Bachillerato, que terminó en el Civil de Segunda Enseñanza, donde encontró maestros de tal valía como los doctores Ferrer, Gómez Brioso, Goyco, Font y Guillot y los licenciados Acosta, Becerra, García Salgado y otros; graduándose de Bachiller en Artes. Me contó mi querido condiscípulo y amigo Ramón Gandía Córdova, que cierto día, y en una de las clases, escribió Rodríguez Cabrero unos versos festivos que circulaban de mano en mano, celebrándolos sus compañeros con muestras inequívocas de aprobación tales, que el profesor preguntó a qué obedecían, recibiendo por respuesta los versos. Los encontró muy bien escritos y pronosticó en su autor un gran poeta, que deseaba conocer.

EMIGDIO

S.

GINORIO

Costó no poco trabajo que se pusiera de pie Rodríguez Cabrero a quien el Catedrático recomendó siguiera cultivando el arte poético, pero que lo dejara para fuera de clase pues distraía a sus compañeros. Después he sabido que Rodríguez Cabrero dedicó una poesía a don Pepe Acosta terminando todas las estrofas en palabra esdrújula. Don José hizo publicar la composición en El Agente, periódico autonomista de la época. Al ver el autor su nombre en letras de moldes, anduvo escondido, huyendo, como si hubiera cometido delito de lesa majestad, ausencia que notaron sus compañeros de la tertulia que venían celebrando en casa de don Manuel S. Cuevas y en la que figuraba y era muy estimado. A La Coruña, a estudiar Medicina en la antiquí· sima y acreditada Universidad de Santiago de Como postela, 10 mandaron sus padres, pero pronto aban· donó la clase. Se enamoró perdidamente de una hermosa gallega, y además, se echó una amiga del alma que contribuyó decisivamente a que tampoco siguiera la carrera de leyes, por la que había cam· biado la de Medicina. Su afán de fundar periódicos lo realizó estableciendo Café con gotas, semanario que tuvo corta duración. De Galicia 10 sacaron para Zaragoza a casa de su hermana, doña María, esposa del General Francisco Larrea, y en vez de estudiar, fundó el serna· nario satírico, con caricaturas, que denominó La Camisa, y que el Fiscal de imprenta destroz6 a fuerza de multas y secuestros. Encontró campo propicio a su ferviente vocación yendo a residir a la capital de España, al Jada de

4S


grandes poetas y escritores, empezando por cola'borar en Madrid Cómico, lo que, en brevísimo plazo, le creó un nombre pues sus versos satíricos y ocu· rrentes le abrier.on paso entre sus compañeros. Tal fue la aceptación que tuvo. Tengo para mí que si Rodríguez Cabrero se hu· biera quedado por allá habría llegado donde llegaron Felipe Pérez González, Vital Aza, Pérez Zúñi· ga y Jackson Veyan, aunque al más que siempre se asemejó, fue al primero que, como es sabido, trataba en verso, diariamente, el asunto de actualidad, yeso fue lo que siempre hizo nuestro compueblano en cuanto periódico colaboraba. La nostalgia del amado terruño pudo más y regresó a. sus lares. Muñoz Rivera, hombre de gran visión, que siempre supo rodearse de escritores de reconocida sol· vencia, 10 llamó a su lado y lo puso de redactor de La Democracia, y al año siguiente (1895) lo Clejó como su Director, pues Muñoz y Mariano Abril se ausentaron para España. Del editorial En pie que publicara Rodríguez Cabrero, al asumir la dirección de La Democracia, son estos dos párrafos: «La Democracia será lo· que siempre ha sido, pues inspirándonos en el hennoso y gallardo ejemplo que nos dejaran, primero Muñoz Rivera y, más tarde, Mariano Abril, sabremos colocarnos, en toda ocasión y en todo tiempo, frente a frente, de las injusticias y de los desafueros que se cometan en la Colonia,.fustigándolos sin piedad, suceda lo que suceda.• «Todo para el país y todo por el país.• y al lado de Muñoz Rivera estuvo hasta su muerte. No obstante su frecuente colaboración en La Democracia, fundó en Ponce, El sastre del campillo, y más tarde, en San Juan, Gil BIas. Ambas publicaciones vivieron muy poco. Al venir a esta ciudad Muñoz 10 puso al frente de El Territorio, en 1899 y al año, como redactor principal de El DÜlrio de Puerto Rico y, a propósi· to, he aquí lo que 46 años ha, me hizo Luis Rodrí· guez Catrero, lo que nadie conoce: Tuve la ocurrencia de emborronar por primera vez mias cuartillas y el atrevimiento de llevárselas a Muñoz por si las quería publicar. Las publicó dividiéndolas en dos parles, pero mi osadía no me lleg9 a estampar la firma, y apareció el trabajo con el seudónimo Salo Mondones, o sea el nombre y apellido de un formidable adversario político, que libró batallas en pro de su ideal republicano. ¿Qué había sucedido? Sencillamente. Que Muñoz le dijo a Rodríguez Cabrero: «Publique ese trabajo de Ginorio como de colaboraciónl> y, dicho y hecho, Rodríguez Cabrero le puso un seudónimo y... a las cajas con él.

46

Fue ése precisamente el primero de la serie de seudónimos que he usado y de los que me han hecho usar. Ya que hablamos de seudónimos digamos que Rodríguez Cabrero utilizó buen número, siendo los más conocidos: Diabolín, Triboulet, Agapito Hinojosa, Cortadillo, Sudrez de Mota y Pito Salces. A pesar del seudónimo siempre se le conocía porque, como ha dicho Jorge Luis Buffon «el estilo es el hombre- y Rodríguez Cabrero lo tenía propio. Escribió cuentos bellísimos: Anónimo, Eflmera, Placeres tristes, Sic Transit, Bosquejo, Tren expe· dicionario y otros más, que Muñoz poseía frente a los de Maupassant, Daudet, Soullié, Borget, Monta· gut, BIasca Ibáñez, Emilia Pardo Bazán y Echegaray. Fue redactor jefe de El Perro amarillo y antes de El Ideal Latino y La Araña, periódicos que fundara y que tuvieron corta vida. Su obra poética es inmensa y por demás interesante. No hay una que no merezca el aplauso, ya fuera política o social. Ha sido de los autores más fecundos. Su facilidad de expresión, unas veces festiva, otras seria, salía siempre fluida, fácil, sonora, que «se dejaba sentir- e invitaba a seguir leyendo. El único tomito que nos legara Rodríguez Ca· brero: Mangas y Capirotes, se debe exclusivamente al altruísmo de Paco Marxauch que hizo lo mismo con Novelas Cortas, de Carlos Casanovas, y Virutas, de Momo (1900). Toclas sus demás poesías se encuentran disemi· nadas en revistas y periódicos. Eran notables, por todos conceptos, sus A diestro y siniestro, sus Quisicosas del día y sus Burla Burlando, ya en prosa, ya en verso, pues con igual faciliclad manejaba una y otra forma del idioma cervantino. Su sátira burlona no ofendía a nadie, dificultad que pocos pueden vencer. Hacía reír sin lástima. Su musa festiva, jocosa, se pegaba al oído como la música alegre y juguetona que se queda en la memoria para siempre. De numen chispeante, de correctísimo estilo, se le comparaba con Quevedo. Entre sus muchas composiciones figuran: Desde el chiquero, Recuerdo de Antaño, El padre y .ms dos hijos, Teatro antiguo, Impromptu, Monólogo, El ratón dentro del queso. Reproduciremos algunas de las más cortas:

CANTARES

Tiene los ojos muy negros, y la tez tiene muy blanca. La cintura muy estrecha y la conciencia muy ancha.


¿De qué le sirve al cautivo tener cadenas de plata, si el desgraciado no puede ni venderlas ni enseñarlas? El cura de la Ci,alia tiene un ama pistonuda, y el ama tiene un chiquillo que es el retrato del cura. EL OSO

Da tres o cuatro vueltas medio atontado, se tira de los pelos y al fin se larga furioso, echando c11ispas, desesperado, ¡y, a los cinco minutos, vuelve a la carga/ A UNA FUENTE

¡Oh fuente que dilatas tu raudal por el valle y lo hermoseas y el espacio y los drboles retratas/ ¡Ldstima que no seas una fuente de carne con patatas/ A la muerte de Momo le dedicó sentidísima y extensa poesía por lo que sólo copiamos la primera estrofa:

e¡Pobre y generoso amigo/... En inolvidables dlas compartl sus alegrlas, de sus males fui testigo, supe de sus ensueños y de las negras traiciones que halló en dnimos pequeños. El gracioso episodio, que pasaré a relacionar brevemente, no tiene más objeto que enterar al lector del conocimiento que de la lengua del Lacio tenía Rodríguez Cabrero. Un amigo nuestro tuvo la feliz ocurrencia de que se celebrara el bautismo de un muñeco, pero en forma y modo como decía Rosendo Infante y comisionó a Momo para que organizara la fiesta: mas como Momo de latín no sabía ni papa, se fue donde Rodríguez Cabrero y le planteó el caso. eConsigue-

me un libro de bautismo, aunque sea en latín.; le contestó Rodríguez Cabrero, «que yo me encargo de lo demás•• Efectivamente, redactó en graciosísimos versos todo el ritual que se emplea en la imposiciÓn del primer sacramento y, revestido en carácter de Cura y Monaguillo, uno y otro poeta, cristianaron el muñeco. Del acto, que resultó espléndido, tomó una vista el decano de los fotógrafos que, para bien del arte. aún reside en San Juan, y aunque de elle va para medio siglo, quizás recuerde el festb'al Rafael Colorado. ' Tratándose de un político no podían faltarle desafíos. Rodríguez Cabrero tuve tres. Con- Angel Rivero Méndez, con Paco Cabrera Quiñones y con Modesto Cordero Rodríguez. En todos demostró una serenidad a prueba de pistola y de espadas. ¡No sabía manejar ni un mocho y se batió 3 vecesl ¿Qué más cabe decir de un ciudadano valiente en la arena del combate como lo había sido con las armas de las letras de molde? Después de treinta años de brega incesante. de lucha sin igual. pobre, y solo, rindió la jornada de la vida terrenal el 15 de abril de 1915. El homenaje que recibiera a su muerte lo han tenido muy pocos puertorriqueños. Despidieron el duelo de la patria Luis Muñoz Rivera y José de Diego. ¡Casi nadal ¡Qué suerte la de Rodríguez Cabrero y es que él se lo merecía y se le pagó como pagan los grandes hombres con discursos que pasan a la historial Muñoz no pudo terminar su corta oración, dijo: «Estoy llorando por dentro y, si sigo, acabaré por llorar por fuera.a y cedió la palabra al paladín de la independencia, al Castelar puertorriqueño, a José de Diego. que estuvo, como siempre, a la altura de su reconocida fama. La Asamblea Municipal de la ciudad universitaria, hará unos diez años, se honró poniendo a la calle Norte el esclarecido nombre de su hijo, reconocimiento que debemos a los cultos y estimados letrados José Ruiz de Val y Manuel Rodríguez Ra· mas, que comprendieron que el nombre de Luis Rodríguez Cabrero debía salvarse del olvido de modo evidente. perdurable, ya que su extensa obra político-literaria siempre se recordará, pues la supo inspirar oyendo su propia conciencia y convicciones, mientras respetaba la de los demás.

'47


,"

Exposición de José Rosa y Rafael Rivera

DE

LA CRECIENTE POPULARIDAD Ol'B

VIENE ADQUI·

riendo en Puerto Rico la serigrafía como medio artístico, ha constituido una excelente demostración la muestra conjunta que de sus obras presentaron en el Instituto de Cultura los jóvenes pintores y artistas gráficos José Rosa y Rafael Ri· vera. A juicio del pintor y critico Lorenzo Homar. las obras expuestas (treinta por cada autor), no sólo denotaron muy buen gusto y gran dominio técnico, sino que sirvieron para ilustrar las posibilidades que tiene la serigrafía, generalmente usada como medio gráfico multiejemplar, para realizar monotipos que realmente vienen a ser una forma distinta del óleo; óleos para los que se utiliza el tamiz en vez del caballete, pared o piso. Rosa y Rivera habían expuesto anteriormente en exhibiciones colectivas en la Galería Campeche y en el propio Instituto de Cultura. En estas mismas páginas reproducimos algunos aspectos de la muestra reseñada, cuya inauguración tuvo lugar el día 13 de enero.

Rafael Rivera. "loven" -

Serigrafla


José A. Rosa. "Rosin"

Josl. A. Rosa. "Patricia" -

SerigrafÚJ.

José A. Rosa. "Poeta" - Serigraffa

_-...1""",,-:,

José A. Rosa. "Artista"


Acoged este

can~o*

(A Ernesto Juan Fon/rlas)

Por

Acoged este canto de la voz conmovida donde entrego mi sangre en la palabra sola, en el claro murmullo de adjetivos heridos con que corto la sombra del mundo que me cerca. Acoged este canto ahora que hay ventanas para mirar la alondra más allá de la nube, para soñar el viento por el que va el recuerdo sembrando sus cristales en la flor y en las cosas.

FRANCISCO LLUCH MORA

y comprended el arco, que en mi voz se destroza, y contemplad el alto panorama del mundo, que en mi verso se muestra ensimismado firme. ¡Ah, el tiempo ,que recorre las vastas soledades, las doradas ciudades donde pulula el río de la gente que pasa incomprendida y tristel

Acoged este canto vosotros, los que disteis la incertidumbre negra para quebrar espejos, para tronchar otoños y.avivar las heridas que aún quedan en el torso de las viejas estatuas.

¡Ah, el tiempo en que combaten la paloma y el [tigre, el mismo que me tiene y en el que yo persisto, contemplando la rosa y oteando distancias, que están sin yo saberlo más allá de mí mismol

Acoged mis palabras de varón condolido que dice lo que siente, que os brinda su retrato, dond~ hay luz y penumbra velada de tristeza y un río de esperanza para dorar la arcilla.

¡Ah, el tiempo que yo soy con esta voz de ahora, con la que digo cosas que sé que no comprenden, y que acaso se borren, no bien las haya dichol Buscadme en las palabras heridas de mi canto

Acoged las palabras con que expreso mi sueño y escalo torreones para otear distancias, más allá de la línea que tiene el horizonte, a donde llega el grito que sacude la tarde.

y acaso encontraréis un mundo atravesado por puñales de cobre, una espada sangrando, un río junto a una a'ldea, una torre de piedra y una playa perdida llena de caracoles,

Es esta mi alegría, mi tristeza de siempre con que me invento el mundo y confirmo la rosa, este raro dualismo de la flor que perdura y el mundo en que me muevo creado por mi verbo.

donde se escucha el ritmo profundo de las olas, chocando contra el muro del alto acantilado. Buscadme en las palabras con que miento las cosas y descubro cristales que estaban escondidos

No busquéis mi epitafio, ni el llanto, ni la queja, amarrad vuestros barcos a la palabra tibia,

bajo el peso del polvo de antiguos cementerios y peces disecados, junto a globos barrocos. Buscadme en lo que digo a la orilla de los nombres que tienen en su insomnio las estatuas yacentes.

• Poema 1DIc1a1 del libro de

50

l"Cr~os

La lumbre y el ocaso.


Me encontraréis de nuevo en las cosas más raras; daguerrotipos viejos, palomas diamantinas, raras cartas de viaje con veleros de Flandes, grabados de otro tiempo: el puerto de la Habana,

pues la voz los posee y los toma en sustancia. Acoged este canto de la voz conmovida por el que van figuras que intercambian saludos. En ellas y en sus voces, en sus leves presencias

la catedral de México, el Golfo de Vizcaya, con sus raros tritones y las velas infladas de bajeles en ruta. Allí me encontraréis, en los objetos todos que he ido recogiendo

que quedaron grabadas como en un raro espejo, me encontraréis palpando sus siluetas remotas. Acoged este canto, ahora que hay ventanas para mirar adentro del mundo que alentamos,

por los blancos caminos y las grises ciudades. Son esos los objetos que han pasado a mi canto y que son en mi verso ya algo de mí mismo. En ellos me veréis, y en todo lo que digo,

este mundo de sueño que hemos construido en alas de la música que tiene nuestra sangre, en el que pugnan siempre la luz de la paloma y el terrible leopardo que la ataca inminente.


Antonio Valero de Bernabé: Un olvidado amigo del Libertador Por

E

N EL PROCERATO VENEZOLANO HAY PERSONAJES CUYA

dimensión los sitúa en lugar especial, salido de lo común, porque a sus cualidades personales y al mérito de haber contribuido a la construcción de la nacionalidad, a la existencia de la Patria como entidad soberana, independiente y libre, adicionan títulos anteriores o posteriores a su actuación ejemplar. Antonio Valero de Bernabé pertenece a esa ca· tegoría. Son hombres que no pasan a pesar del tiempo y a despecho, más aun, de la indiferencia de sus pósteros. La obra que dejaron, firme, varia· da, rica, hace perenne la gloria de sus nombres. Una sola de sus virtudes bastaría para que en Venezuela le rindiésemos permanente homenaje a Valero de Bernabé y es por aquella lealtad suya, tan diáfana por sincera, tan robusta por lo inalte· rabIe, tan admirable por lo desinteresada, que pro· fesó al Libertador en todo tiempo y circunstancia. Cuando tantos, nacidos y criados en el suelo pa· trio, obligados como ninguno a respetar y obedecer las órdenes de Bolívar, daban la espalda a sus disposiciones, Valero se comportaba respetuoso yobediente a la palabra del Padre de Colombia; cuando aquellos mismos, comprometidos moralmente a sus· tentar el ideal bolivariano, desertaban de su cumA plimiento, Valero permanecía ádherido a sus prin. cipios; y cuando, como complemento de la acción denegadora, como epílogo vitando de la obra antiA bolivariana, se escarnecía la memoria del héroe, en un vano empeño por desterrar su recuerdo del ca· razón del pueblo venezolano, Valero conservaba in· cólume su culto al Libertador. Hoy, a cien años de su muerte, es preciso que recordemos a las actuales generaciones de Venezue·

52

MARIO BRICEÑO PEROZO

General Antonio Valero

la y de los demás países de la órbita bolivariana, la deuda que todos tenemos con Valero de Bernabé; cómo en la hora del reconocimiento se impone res· catar su nombre del olvido, y presentarlo como un


símbolo, como una paradigma en que mire la juventud uno de esos regios modelos, tallados en piedra de excelencia, como los que llevó Plutarco a sus «Vidas paralelasll, y Pérez de Guzmán a sus loas y semblanzas, aquellos Varones ejemplares cuya biografía recomendaba Smiles se le inculcase a los jóvenes para sacar de éstos virtuosos ciudadanos. Durante treinta y siete años sirvió Valero a Ve· nezuela. De distintas maneras se le nombra en los papeles de la época, unas veces Manuel Antonio Valera, otras Antonio Valero, en ciertas oportunidades simplifica su finna A. Valero, como también ha de alargarla: M. Antonio Valero de Bernabé, pero todas se conjugan en una misma persona, e inconfundiblemente emergen de una misma mano de pulso firme y noble, con el rasgo vigoroso, revelador de la energía avasallante de su carácter.1 Valero nació en tierras boricuas en la Villa de Santiago de Fajardo, el 26 de octubre de 1790;2 era, pues, 7 años menor 'que Bolívar; Urdaneta le lleva1. Mariano Abril. en su obru Un htroe de la Independencia de Espai/D. y Am¿rlca (Real Hermanos, Impresores, Puerto ltico, 1929), reproduce la partida de nadmlento del prócer (Pág. 7), en este documento aparece bautizado bajo el nombre de AntOlÚo Vicente Miguel. Abril dice que Valero nunca firmó Manuel (Pág. 53). en 10 que no deja de tener razón, pero no es menos cierto que 51 lolero que lo llamasen con ese nombre, ya que esto consta en nume· rosos papeles. Por .otra parte, asienta, Igualmente, el citado autor que el General jamás se puso el Bemabé en estas tierras, cosa que es Inexacta, pues en el manifiesto suyo a 105 colombianos. c&. posición del General Villero a sus concludadanon, sin fecha, pero con pie de Imprenta de Jaime Cowle, Bogotá, vemos la f"lIlDa: M. Antonio Valero de Bernab¿. (Archivo General de la Nacl6n. Revolucl6n y Gran Colombia. Próceres. Tomo XCVI. Follo 195). Asimismo, en su impreso de 1846, referente a la Impllcacl6n de conspirador que se le hacia, suscribe: Antonio Valero de Bernab¿. A.GoN. Ibldem. Follo 169 wello. 2. Azpurua y Landaeta Rosales, ycrran al dar como ~o de n~cimlento del prócer. el de 1793; incluso, el primero sei\ala el J8 de Noviembre. La fecha C!lUIcla es la que damas, tomada de la fe de bautismo, a que en nota anterior hiclmos referencia. El trabajo blogrMico de Azpurúll puede leene en el A.GoN. Papeles de Don Ramón Azpurúll. Tomo V. Follas 176-181; Y el de Landacta, que fue publicado en cEl Diario de Caracas_, de 20 de Agosto de 1895, N.o 565, en el Archivo de la AcademIa Nacional de la Historia, Papele3 de úmdacta Rosale.s, Blograflas y Hojas de Servicios. IX. Fallos 11-12. El Doctor Vicente Dávila en su libro lnve3tigacione3 Históricas (Tlpografín Americana. Caracas, J927, tomo II, páginll 31), asevera: cen los papeles de D. Ram6n AzpunJa. tomo V, follo 176, del Archivo Nacional, hay una somera blQgI"3IIa de su hijo And~ Vnlero Lnra-. Por fnltn de claridad en la redacción del párrafo, se cree al principio que el blograf"lIIdo fuese Valero Lar:1, mas III leer el estudio referido se advierte que se trata del General Antonio Valero de Bernabl!. No hemos locallz:ldo el documento que pudo servir de base al Doctor Dávila para atribuir la paternidad de ese esbozo biográfico al hijo del General. La letra del original es indiscutiblemente de Azpurua, y éste no consigna ninguna explicación en el sentido de que no sea suyo el trabajo. Los descendientes de Valero I.lIra que hemos consultado al respecto, nada saben llCerca de que Don Andrés hubiese escrito esa pequefta obra, tan llena de elogios para su padre. Es muy probable que Valero Lara haya sumllÚstrndo datas y documentos 11 AzpurUn, siendo esta In úlÚca contribucl6n suya. De otro lado. el estilo de AzpurUn es inconfundible y aslmismo su disposición para la slotesls. Creemos, firmemente, pues, que el estudio en rcferencln es de Don Ramón AzpunJa, y que para su composici6n él recibió las informaciones que le transmitió el hijo del blograliado, tnl com/) otro Valero Lara (Josl!) realizó Igual suministro de nolicias sobre el prócer, a Mariano Abril para el libro de este distinguido escritor borlnquefto, que ya hemos citado.

ba 2, Salom 10 y Soublette 1; mayor que Sucre 5.. y 2 que Santander, pero coevo de Páez, Plaza, Freites y Rondón.J Hijo de Cayetano Valero de Bemabé, aragonés de ilustre prosapia, y de Rosa Pacheco de Onormandía, oriunda de Puerto Rico. El padre, Capitán de Regimiento, vino a Caracas, cuando aquél era un infante; y asentada aquí la familia, Antonio recibió en esta urbe su primera educación, período.. éste, sin duda, que hizo florecer en su espíritu el amor por Venezuela. A la muerte del viejo, doña Rosa tomó de nuevo a su isla nativa, en donde un: hermano suyo protegió al menor y lo trasladó a España y lo inició en la carrera militar. Aspiracióa que no le fue difícil realizar, primero por su calidad de noble y segundo por ser hijo de un Oficial de alto rango. Lo demás lo llenarán los atributos excepcionales del Cadete, y esto se evidencia de la rapidez con que conquista sus ascensos. Comienza el 2S de abril de 1803, en Valencia, y ya para el 30' de noviembre de 1804, a un año, 7 meses y 6 días de haber sentado la primera plaza, alcanza el grado de Subteniente. Sirve en Murcia, Guadalajara, Cuenca, Chinchilla, Madrid y Sevilla. Actúa como Primero y Segundo Ayudante de Estado Mayor en el Ejército de Ultramar y se bate gloriosamente en Tudela, Zaragoza, El Arrabal, El Gallego, Huerta del Convento de San Lázaro, Venta del Baúl, Ybi. CastaIla, Carcagente, Albaida. Participa en el sitio de Tarragona y en el del Castillo de Sagunto. En Tudela fue herido en la pierna derecha, sufrió contusión en la acción de la Huerta del Convento, en Arrabal cayó prisionero, pero se fugó luego. Su despacho de Coronel tiene data del 9 de marzo de 1809.. y el 31 de mayo de 1819, sus servicios totalizan 16· años y 26 días. Obsérvese que para la fecha en que obtiene el Coronelato, Valero sólo cuenta 19 años de edad. Todo un héroe de la independencia de España. Su arrojo, aplicación, c·apacidad y conducta, no sóloalcanzan el rápido discurrir de sus ascensos, pues el Estado a quien sirve, 10 galardona con la Cinta de Zaragoza, dos Escudos de Distinción, la Cruz de Zaragoza del tercero y segundo ejércitos (1816 y 1817), Benemérito de la Patria en grado heroico y eminente, declarado dos veces como tal y ungido con la Cruz laureada de San Fernando. La relación sobre los altos méritos del insigne soldado, la suscriben quienes fueron sus jefes y testigos de su actuación singular: don José María Rodríguez, Teniente Coronel de los Reales Ejércitos. 3. Otros próceres de nuestra Independencia, nacldos el a.II~ de 1790, son: Orencio Contastl (de Guayann), José Antonio Herrera (Calabozo), Carlos Núllez (Caracas), José Maria Pirela (MoracaIbo), José Tirado (Cumaná), Francisco Torres (Carara), Vicente Lecunn Pámlga (Valencia), losé Manuel Arráiz (Trujlllo), Herm6genes Mnza (Bogotá) y Bias Ortíz (CumanA). Circunscribimos la Informacl6n 11 aquellos de quienes cxistCD datos en el A.G.N. y en 111 A.N.H.

5>


Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegilda; don Antonio Muñoz, Teniente Coronel de Infantería, héroe de la Batalla de los Castillejos y Comandante del Segundo Batallón de Infantería de Sevilla; don Joaquín Ibáñez Cuevas y Grior, Marqués de la Cañada, Coronel de los Reales Ejércitos; don Raymundo de Soto y Langton, Conde de Clonard, Mariscal de Campo del Ejército español; y, don Luis María Balanzat, Caballero de las Ordenes de San Fernando y San Hermenegildo, Briga. dier de los Ejércitos Reales.· Empero los textos de Historia de España silencian el nombre de Valero, al tratar de la encarnizada guerra contra los franceses, la gloria se la conceden exclusivamente, a los jefes espigados, Francisco Javier Castaños, José de Palafox y Me1fi, José Ventura de Caro y algún otro. Valero estuvo alIado de ellos y de varios comandantes más, como don Juan de O'Donojú, a quien acompañará después a México; Sargento Mayor Luis María Adriani, General José Mamo, General Jesús de Alonso, etc. En el Diccionario de España desde sus orígenes hasta el fin del reinado de Alfonso XIII,! no se registra el nombre de este prócer, y está excluido de :las Mil figuras de la Historia, de Vicens Vives.6 Cuidadoso como Miranda, Valero solía dejar me· moria escrita de cuanto hacía y de lo que sucedía a su alrededor. Su descripción de los dos sitios de Zaragoza, los combates del 8 y 18 de febrero de 1809, constituye la reproducción viva de tremendas escenas de zozobra, destrucción y muerte; a la vez que en prosa clara y elocuente exalta, emocionado, los raptos de heroismo de los combatientes. Dice: Los niños zaragozanos, sin conocer el peligro, se mezclaban entre los ínclitos guerreros, corriendo por entre el fuego y el hierro, para auxiliarlos con municiones y refrescos. Las inalterables matronas, desnuddndose del sexo frdgil, alentaban a los maridos acompaiidndolos en la lid para vendar sus heri· das,' y muertos ellos ocupaban su puesto disparando el fusil. Las bizarras doncellas a la par de sus amantes se disputaban la gloria de descender primero al sepulcro, antes de quedar expuestas al oprobio. Yo veía a estas heroínas vender caras sus vidas por conservar ileso su honor.' Con un patetismo que electriza, narra el insólito espectáculo, cuando el General francés, a las puertas ya de la victoria, intima desde su Cuartel Gene· ral, la inmediata rendición, respondiendo los sitia4. A.G.N. Revolución y Gran Colombia. Próceres. Tomo XCVI. Folios 204 a 206. S. Edlmdo por «Revista de Occldente-, Madrid. 1952. Dos tomos. 6. D. JlÚme Viccns Vives, «Mil f1guraJ de la Historia, de los oñgenes IÚ Renacimiento, y del Imperio Hispano al Siglo XX_o Publicaciones del Instituto Gallach de Libreda y Ediciones. Bnrcelona (Espafta), 1959. 2 tomos. 7. A.G.N. Revolución y Gran Colombia. Próceres. Tomo CVI. Follo I7 y su welto.

S4

dos, en forma lacónica y tajante: Guerra hasta el puñal.1 Allí el heroismo de la bella Agustina, mujer del pueblo, que en momentos en que todo está perdido, se precipita sobre un cañón y excita a los soldados a recomenzar los fuegos, 10 que enciende el ánimo de los aragoneses y logra infligir decisivo golpe al enemigo. Conmueve la narración de Valero, cuando consigna su encuentro posterior con la heroína, a quien ve condecorada con el escudo y la cruz de Zaragoza, gozando de pensión y con el grado de Capitán. También cuando, en el Convento de Monjas de Altavoz, que servia de Cuartel General a los españoles, una hermosa novicia, Dorotea, que había entablado estrecha amistad con Valero, a quien colmaba a menudo de golosinas en medio a los fragores de la guerra, resolvió un día, para preservar a su amigo de un resfriado, cambiar su catre de lugar, pues en el que estaba desembocaba una corriente de viento gélido y húmedo. A un rato de este trueque, hecho por la sola voluntad de la joven religiosa, una bomba de alto poder perfora los techos y vuelve trizas el sitio que antes ocupaba el catre de Valero. Por este y otros trances de que escapa milagrosamente, puede barruntarse que Valero poseía el mágico atributo del carisma. II

Valero era elemento de ideas liberales y el amor por estos países del Nuevo Continente, le inclinaban a venirse, a fijar su tienda en uno cualquiera de los Estados que necesitasen de su contribución para mantener la vigencia de las instituciones republicanas. A pesar del elevado rango que tiene en el ejército real, de su influencia en las diversas esferas españolas, por ser uno de los perspicuos defensores de la Madre Patria, durante la invasión de los franceses, se 'siente incómodo con el absolutismo borbónico, llevado al paroxismo por Fernando VII. Si él había lidiado como un león para salvar a España de la dominación gala, no iba a ennegrecer sus laureles sosteniendo, con idéntico empeño, la desacertada política de un monarca sin relieves morales, ni estatura política. Entonces decide trasladarse a México, acompañando a su viejo comandante el General O'Donojú. A comienzos de 1821, Valero pone sus plantas en territorio mejicano y en seguida toma puesto en el ejército patriota. 8. Ibldem. Follo la.


Gracias al poder persuasivo de Valero y a su gran autoridad dentro de los cuadros de aquellas fuer.zas, O'Donojú e Iturbide suscriben los Tratados de Córdoba. Una vez tranquilizada la nación azteca, debido en su totalidad a la acción efectiva de los mílites del Trigarante e ilusionados todos con el programa de Iturbide, trazado en Iguala, se reconoce la labor extraordinaria que ha desarrollado Valero, y entono ces se le asciende a Brigadier, se le designa Jefe del Estado Mayor General de los Ejércitos Mexica· nos, se le otorga la Medalla de los Libertadores (Cruz de la primera época de la Independencia me· jicana) y además, se le da el honroso encargo de redactar, en unión de otros destacados Oficiales, la constitución militar y otros proyectos relacionados con el ramo, para presentarlos al soberano Congreso. Pero la armonía dura poco tiempo en México, la opinión se divide en dos bandos, los Borbonistas que, conforme al Plan de Iguala querían la unión de españoles y mejicanos bajo la forma monárqui. ca, y del otro lado los republicanos antimonárquicoso Escisión esta que aprovecha Iturbide para con· centrar en sus manos el poder. El 18 de mayo de 1822, las guarniciones comisionadas al efecto lo proclaman Emperador, bajo el nombre de Agustín 1. Valero, apunta: Dio el golpe y colocó sobre sus sienes parricidas la diadema de los Mocte,untaS, empwlando el cetro de los Nerones y Calígulas; destruyó la Representación Nacional, estableció la inquisición política y religiosa y empezó a perseguir a los republicanos, halagando a los borbonistas.' Valero no podía transigir con semejante estado de cosas. El estaba, precisamente, con los perseguidos, y su actitud no podía ser otra que la de abandonar al déspota. Le alucina la Gran Colombia y so· licita el pasaporte para tomar a estos alcores. Es natural que 1turbide inquiriese de este Ge. nerallas causas de su voluntario retiro y de su consiguiente salida del Imperio. Valero explica que estaba resuelto a salir para luchar en otros puntos de Hispanoamérica contra los tiranos que hollaban su suelo. Sin duda que pensaba en su Puerto Rico nativo, en Cuba y en otras colonias españolas que permanecían atadas al yugo borbónico, y en aquellas que, aun cuando libres, bregaban todavía por desterrar a los empecinados partidarios del Rey, como Venezuela y Perno De Veracruz sale hacia Jamaica. Frente a La Habana lo aborda un barco pirata y lo obliga a tomar puerto. Los españoles lo apresan, pero no pasa mucho tiempo sin que el bizarro hichador se fugue y emprenda nuevamente el viaje a costas venezolanas. Después de tocar en Estados Unidos, llega a 9. Ibldcm. Follo 195.

La Guayra y de inmediato busca contacto con los hombres del Gobierno. Es el año de 1822. Su punto

de enlace es Soublette, 10 quien eleva a la Superioridad la manifestación de Valero. Colombia, claro está, lo acoge y le reconoce el grado de General deBrigada. El 20 de octubre de 1823, Valero pide a Páez que lo incorpore a su ejército. Pero de Bogotá le llaman con insistencia y se ve privado entonces de acompañar al Centauro. Este se lamenta de haber perdido la oportunidad de tener a Valero entre sus conmilitones. Por ello en carta, fechada en Paso Real, a 29 del citado octubre, le manifiesta: Yo me hubiera ciertamente lisonjeado de tener por compañero de armas un militar ambicioso de gloTÚl· y de hacer sacrificios por la causa de Colombia.u En Bogotá se le nombra Ministro de la Suprema Corte Marcial, luego Comandante en Jefe del Ejército que debía reunir en el Magdalena para auxiliar al del Pern. El 19 de octubre de 1824 se pone en marcha. Llega a Guayaquil en noviembre, y en fe· brera del siguiente año ya está en su destino, al frente del Batallón Caracas, constante de mil efectivos. A las órdenes de Salom participa en el sitio de El Callao, permaneciendo allí desde el 6 de mar-zo hasta el 28 de diciembre de 1825. La impresión que Valero causa en el ánimo del Libertador, es harto favorable, trasunto fiel de esa.. pupila penetrante, inequívoca del genio de América. Veamos 10 que le comunica a Santander: Al General Valero, no he hecho más que verlo, pero me parece un excelente oficial por 10 que he visto y he oído de él, y por fisonomía. Le he dado el mando· de la División que sitia al Callao a las órdenes del' General Salom.l'l En esta plaza, Valero puso de resalto sus ya probadas condiciones de militar valeroso e ilustrado. Pero no alcanzó a presenciar la capitulación de Rodil, porque para el 23 de enero del 26 ya estaba fuera de la jurisdicción peruana. u Había regresado 10. Para entonces dcscmpcflaba _Soublcltc la Intendencia de Vcnezuela y cstaba encar¡ado dc la D1Rcclón dc la Gucrra cn los Departamentos dcl Norte dc la República. 11. A.G.N. Ibldnn. Follo 127. Valcro, como sc ve no estUIIO cn el ascdlo a Calzada en PucrtG. Cabello, caldo I!n podcr dc PlIez el 8 dc !'lo\icmbre de 182.3. Esta aclaración la hacemos con vista dc la correspondcncIa.. c:ruzada entre 10~ dos jefes, y en virtud dc que cl Doctor Vicentc· Dávlla (/Iustru Pr6ceru de 14 /n4epmdenCÚl SurlUrlericana, TIpo¡nffa Amcrlcana, Caracas. 1926. Tomo 11. Página 366). sitúa a Valero con Pl1cz cn aqUl:lIa plaza, 10 quc no es exacto. 12. Carta fechada cn Urna. el 18 dc Fcbrero dc 182!. «Archivo. de Santander-. Agul.la Ncsra Editorial. BogolA. 1918. Vol. XII. Pil· glDa 258. 13. Valcro &alIó del Callao a núz dc tcncr un fUertc altcrcadocon Salom. En esta oportunidad aqucl fue Injwto con el magn4Dimo porkJ5o, al pretendcr dirimir sw diferencias en el campo.. dcl lanee pcr5Dnal. Esto dio origen Il UnIl scrla reprimenda hecha a: retador por el MInlJtro Sccrclarlo de la República dc Colombia, 10S4! Gabriel p~,_ qulcn. desde Arcqulpll Ic puntualiza: .Us. ha venido a dar a ~ lombla, el primero, el cj~plo nunCll visto de retar a su 1efc pormatcrlas de servicio... SI Uso sc cree supcrlor al General Salom••


a Colombia con el Batallón Callao para guarnecer

el Istmo de Panamá. AlU es 2.° Jefe Militar de este Departamento, bajo el Comando General de José .María Carreña. En la tierra incásica, Valero dejó excelentes re.cuerdos como gentil hombre, por sus modales distinguidos, pulcritud, elegancia, ilustración, destreza en el manejo de la espada y de la pluma, espíritu "Sociable y comunicativo. Su condición de enérgico :soldado no desentonaba con la cordialidad para tratar a los hombres fuera del cuartel, ni para rendirse a los pies de las damas limeñas. A todo lo cual ."Sesumaba una señera habilidad, la de la ventriloquía. t4 -es preciso que sepa que este General tan virtuoso, como valiente, tan moderado como firme, ha contraído servicios en Colombia, -que lo colocan entre sus mAs distinguidos libertadores. El General Salom ha dado tantas y tan brillantes pruebas de valor en defensa de nuestra patrin, que no necesita de cometer el crimen a que LIs. lo Invlt6, para hacer su reputaci6n.. (Al RAor General de JJrigada Manuel Antnnio Valcro, 2.1.V·25). O'Lcary, Memorias, Imprentn de «El Monitor., Carneas, 1884. Tomo XXIII. Plig. 155). Este Incidente han de lamentarlo todos sus compafteros de armas. Veamos lo que Santander le dice a Bolfvar: «He sentido mucho el aeacclmJento de Valero. Este es oflclni bueno, pero or-gulloso, como todos los que se vlcnen de Espaftn.. (Carla fechadn -en Bogotá, a 21 de Agosto de 1825. Vid: Cartas de Santander, -compilacl6n de Vicente LecuOB. Caracas, Ut. y Tip. del Comercio, 1942. Tomo 11. Pág. 78). Mas entre dos hombres de la tnlln de Salom y Valcro no podía -crecer cl odio, la patria estaba por enclma de las diferencias personalcs, en norma de lo cu.al aquella se 0lvld6 y las cosas volvlcron B su sitio, al plano de In comprensl6n y de la camaraderla entre las jefes republicanos. Recuérdese que antes de la desavenencia con Salom, Valero habla escrito a Rodll (Abril, 2. de 1825) proponil!ndole un encuen· tro sln~IIU', a la usanm de las vlcjos caballeros castellanos. Espe. '0 al fm -expresa- que Vs. se encuentre digno defensor de la Corona usurpadora de Fernando, asf como yo tengo interh en llpa,ecer ante la faz. del mundo, como uno de los hilos de los Incas y de la ilustre Colombia, donde se plantd, parll siempre, el 4rbol sagrcu10 de la libertlld americana en el Continente del Sur, bajo ..10.1 auspicios del Libertador, el Htroe Simdn Bollvar, (A.G.N. Re"Voluci6n y Gran ColombIa. Tomo XCVI. Fol. 97). Con fecha 10 de Febrero de 1826, cuando se le concede a Jos sitiadores del Callao, la Medalla y el DIploma que los consagru Defensores Beneml!rltos de la dicha plllZll, Salom oficia a Va· lero congrutulándolo por tal otorgamiento. Y en 1857, en Puerto 'Cabello, 11 15 de Marzo, el egregio sitiador expide constancia 11 favor de Volero, y en ella da fe de quc «el comportamiento de ·este General durante los nueve mescs, veinte y dos dlas que asistió ~ silla como Jefe de la Divlsl6n, ha sido satisfactorio, pues ha llenado cumplidamente los deberes de su destino, no desperdiciando --ocasión de acreditar sus conocimientos mllltnres en el arte de la guerra•• (A.G.N. Ibldem. Follo 162). Sin embargo, en el ánimo de Bol{var, la querella con Salom y el haber recomendado Valero 11 un indeseable que se hacia p = -por Edec:lin del Ubertador y pariente de Santander, y como nllCldo en Vllrlas partes, según In conveniencia del pillo, niojó clertn reservl1 para con el ilustre puertorriquefto, a quien tratn con tl!rmlnos bastante duros en misiva dirigida a Santander, desde Magdalena el 7 de Junio de 1826. (Archivo de Santander, op. cit. Vol. XIV. Pi: glnas ~367). Esn reserva a que aludimos no persiste en Bol{\'3r, lo demues. tra a las claras el trato postcrior con que distingue a Vniero. 14. Ricardo Palma, despul!s de hacer altos elogios de Valero narra la forma como escapó l!ste de las garras de RodIl, gruclas a su ventriloculsmo, al ser sorprendida por una patrulla realIstn en una de las callejuelas de la ciudad en IIScdio. El hábil caballero, amparado por las sombras de la madrugada, hizo, desde un im· provisado escondrijo, que cada soldado escuchase, como brotando de la boca de sus carabinas, el grito de guerra: ¡Viva la PlltriaJ .JMueran los godos/ Lo que provocó la estampida de los sabuesos de la ronda espaftola. Y Valcro, pudo, tranqullamcnte, regresar a su Campnmento de Bellavista. Vid: Tradiciones Peruanas. Espasa Calpe, S. A., Madrid, 1953. 'Tomo IV. Pág. 183. Bien conocido es tambi6n lo ocurrido a Santa Cruz, durante

.56

111 Ac;lemás de desempeñarse en la Segunda Jefatura Militar del Istmo, Valero cumplió la especial misión de fortificar las costas de Portobelo y Chagres, que se hallaban bajo amenaza de invasión por parte de las fuer.zas españolas acantonadas en Cuba. Ante las contingencias de la época y el apre· mio del gobierno de Colombia en mover a los jefes de un sitio a otro, pues, así 10 imponían circunstancias de todo tipo, Valero sueña con dos objetivos, primero que si se redondea el proyecto de expedicionar contra Cuba y Puerto Rico, a él se le tome en cuenta, y segundo, que de no llegar a esta realización, entonces que se le mantenga en el Istmo. 1S Pero no se da ni 10 uno ni lo otro: y es transo un banquete en la ciudad de los Reyes, cuando al hlnClU' el tene· dar en el pollo que tenín sobre su plato, oyó, con espanto, que el gallináceo le pedla: Por amor de Dios, mI General, no me coma que soy padre de familia y tengo mucha genle a quien 1Itlurle falta. Mas, hubo de salir de su asombro el Mariscal peruano al reconocer que muy cerca de su puesto, estnba el del Gencral Va. lero, autor de la ocurrencia. 15. El mismo día que partl6 Valero con su columna pl1ra Cha· gres, Pedro BriccJio Ml!ndez, escribe a Santander, y rcflrll!ndose a aqul!I, le dice: «Antes de irse me hizo muchas instancias para que suplicara a usted que lo tenga presente sI se verifica alguna cxpcdicl6n contra Cuba o Puerto Rico, y que &1 no, lo emplee en este Departamento, donde no ve a nadie celoso de su fortWla, y l!onde puede al mismo tiempo pensar en formarse algún c.stnblecimiento para su familia. Usted sabe que 19 es muy buen oficial y que se hace amar. Estas dos circunstancias 10 hacen, sin duda, recomendable para este destino•• (Carta fechada en Panamd. el 20 de Mano de 1826. Archivo de Santander. ob. cit. Tomo XIV. Pá· g1nn 157). El plan de libertar a lu Antillas estaba en la mente y en el conu:6n de todos los jefes colombianos. Antes de un al\o de la nota de Bricefto Ml!ndez, Santander manifestaba al Ubertndor: d.o que yo puedn haccr, cuente Ud. con que har!! con III mejor voluntad, y como antigua enemigo de espailoles... Aquí está el general Valero que es puertorriquello y regullU' oficial. Cuando 10 vea pienso aguljonearle para que pida Ir: en el Estado Mayor servirá bien, según lo que entiendo.. (Fechada en Bogotá, a 2 de Marzo de 1827. Cartas de Santander. ob. cit. Tomo 111. Pág. 86). El candidato de BoHvar para la liberación de Puerto Rico y Cuba, era Pácz. Aun cuando es seguro que haya pensado tambll!n en Urdaneta. Son muy elOC\U!ntes las dos cartas que en relación con esta empresa, dirige BollvlU', en 1827, ni zuliano ClÚmlo. De· sesperanllldo por no haber ocurrido el esperado rompimiento entre Inglaterra y Espalla, dlcele: tanlpoco tendrd lugar ill apeo

dicidn a Puerto Rico. Suspenda Ud. todos Tos prepllrativos hasta otra orden (5 de Febrero)... Hasta tanto, estoy Indeciso, por una parte sobre la expedlci6n a Puerto Rico (20 de Febrero). Vid: Rnfael Urdaneta, Memorias, Edlcl6n del Concejo Municipal del Distrito Maracalbo. Empresa Panorama, S. A. Maracalbo, 1945. Págs. 201·203. Pácz consigna en su Aulobiografla: «Uno de los principales asWl' tos de que me habl6 el L1bertndor en 1827. fue el de la libertad de Cubo y Puerto Rico... ColISlstfa el plan del Libertador en mano darme a mí (con perd6n sea dicho de quien ha becho jefe de la expedición a Sucre cuando l!.ste se ha11llba a cuatro mil leguas desempcJ'londo la presidencia de Bolivia), en mandarme n mi, digo, con diez mil hombres de Infanteda y mil de caballería que se cmblU'carian en la escuadra de Colombia.... «Obstáculo muy gruYe encontró por otra parte, y cl mAs Inesperado para nosotros, un proyecto que parcela llnmado a no ser combatido sino por los espaftoles solamentc El gobierno de Was· hington -lo digo con pena- se opuso de todas veras a la Independencia de Cuba•• Vid: General Jos~ Antonio Páez, Autoblogrrzfla. Edlcl6n del MI· nlsterio de Edueaci6n (Venezuela). H. R. ElUot " Co., Inc. New York, 1946. Tomo l. Págs. 377-379 Y 383• Entre los papeles de Valero que guarda el Archivo General de la Nacl6n, están los fragmentos de un Plan para la independencia de P~rto Rico. De acuerdo con este proyecto la organlzacl6n dcl Ej~rclto ExpedIcionario cstarla a cargo de Carlos Soublette, y la nacl6n, ya llbre, se llamarla Estado de Borinquen. (Revoluci6n y GI"lII1 Colombia. Pr6ccres. Tomo XCVI. Fallos 161 y su vuelto)•


ferido a Bogotá donde se le nombra Subjefe del Estado Mayor del Ejército. En febrero de 1828, el Libertador lo designa Comandante General de los Valles de Aragua. Lo que le hace tornar a Venezuela. En agosto se recrudecen los alzamientos realistas en el Alto Llano, cuando las partidas del Comandante don José de Arizábalo y Orovío irrumpen con irreductible saña y siembran la consternación en Valle de la Pascua, Chaguaramas, Orituco y otras importantes regiones de aquella zona, 16 Páez piensa en Valero y de inmediato lo pone al frente de la Jefatura de Operaciones contra aquellos facciosos. Con inusitada actividad Valero se enfrenta a las guerrillas, persigue a los alzados y los bate en sus propias madrigueras, ya en la tierra llana O en los recodos de la montaña, hasta lograr la pacificación de los lugares infectados. De la actuación de Valero en esta oportunidad, hay varios testimonios de extraordinaria elocuencia. Al rumorearse, por noviembre del citado año 28, que el Jefe sería removido de su puesto, los nota· bIes de San Rafael de Orituco se reunieron en la sala consistorial y acordaron dirigirse al señor Jefe Superior de Venezuela, representándole, entre otras cosas, que: seria bien doloroso que habiendo llegado el tiempo en que iba a conseguirse la dulce tranquilidad a que aspiramos, se nos arrancase de nuestro seno a un tan digno jefe que con tanto acierto ha obrado hasta el presente... que se nos conceda la gracia -suplican- de que el General Antonio Valero pennanezca en la cabeza de los negocios de este Distrito hasta que se consiga la total pc.cíficación, como el escogido por la Providencia para empresa de tanta consideración. 17

El 13 de diciembre, los cabildantes de Chaguaramas, reconocen que Valero ha asegurado la confianza pública, tanto que los hombres honrados y

pacíficos descansan sin las zozobras que los han intimidado, así como el terror que ha causado a los perversos su nombre o su presencia... cualquiera novedad en su destino serd un mal que recibirdn los pueblos; que como una prueba de amor y gratitud hacia la persona del señor General Antonio Valero se le 11U1J1ifiesta el sentimiento que ha causado la noticia de su marcha)a Un tercer testimonio, surge de Valle de la Pascua, el 18 de diciembre, los alcaldes, el Comandante Militar, los Celadores de Alta Policía y los padres de familia de la Parroquia, se adunan para manifestar a Páez: Cuando creíamos lzabla llegado el 16. Interesante información sobre Arizábalo y los otros guerrllleros del Uano. 1ll da Pá~ en su Autobiograffa, ab. dt. Pá. ginas 426-445.

17. Gaceta del GobIerno. Canlcas. 3 de Enero de 1829. N.o 139. Página 3. 18. Ibldem. Págs. 3 '1 4.

ténnino a nuestros males y la pacificación de estos pueblos, se nos separa a un jefe cuyas acertadas disposiciones y medidas en favor de la libertad, y completa destrucción de los facciosos, nos hacían esperanzar con fundamento, el ténnino de nuestros padecimientos y trabajos... Nunca se nos había pre· sentado un porvenir mds halagüeño; la moral y la confianza pública se hablan restablecido, la equidad y la justicia habían tomado de nuevo su lugar; y estos pueblos que tanto tiempo gemlan en la orfandad, hablan encontrado en el Genera! Antonio Valero un bienhechor, un amigo y un respetador de nuestras propiedades y derechos, al paso que los criminales y malvados un juez severo. 19 Estas explosiones sinceras del llanero agrade. cido no serán en balde, pues si esta vez se retira a Valero de esta posición, para llevarlo, por disposiciones del Libertador, a la Gobernación Militar de Puerto Cabello, en 1829 vuelve con el mismo destino, y nuevamente se esfuena en conservar la buena reputación ganada con creces en el seno de aquella laboriosa comunidad.2lI Los porteños también lamentan la salida de Valero, cuyo buen comportamiento, espíritu conciliador y progresistas iniciativas, colman de justicieros elogios.u El año 29 es de órdago para la carrera de Valero. Además de acorralar las bandas de forajidos del Alto Llano que merodeaban en las montañas de Tamanaco y Los Güires, y merecer los parabienes de Bolívar, Páez y Soublette, sirve interinamente la Comandancia de Annas de la Provincia de Caracas y el Libertador lo selecciona para integrar la Junta de Generales que redactará la Ordenanza Militar. Estos títulos sirven de base para su promoción, el 30, a Subjefe, primero y luego a Jefe de Estado Mayor del Ejército de Venezuela, y asimismo a Secretario de Estado para el Despacho de Guerra y Marina.21 19. Ibldem. Pág. 4. 20. Esta vez Valcro ha' de contar con el aplauso de Bollvar. En carta de Popayán. el 22 de Noviembre de 1829. dlcele: -Doy

a Vd. la enhorabuena y 1115 gnu:j1l5 por el feliz 6xilo que Vd. ha tenido en la destrucc1ón de 105 facciosos que aniquilaban esa provincia. Vd. ha hecho un servicio importante a la República, pero aún más Importante a los habitantes de ese territorio que creo jlllJlás se olvidarán de su bcnefactol'». (VIcente Lecuna, Cartas del libertador. Tbe Colonial Press Inc. New York. 1948. Tomo Xl. N.o Z16. Págs. 391·392). _ 21. Gaceta de GObierno, Caracas, 23 de Mayo de 1829. n.O 180. Pág. 2Los vecinos de Puerto Cabello que encolbian la labor de Va· lero, tienen frases para 4!I, como 1115 siguientes: .Conservaremos siempre una buena memoria de VS. y la prueba de nuestro reconocimiento, tendri por 10 menos el fruto de hacer ver que los pueblos saben apreciar y corresponder a 1115 virtudes y buen com. portamiento de sus magistrados•• Las entregas de la Gacela que bemos dtado (N.os 139-180) pueden consullnrse en el A.G.N., • Papeles de Don Ramón Azpurúa•• Tomo XVII. Folios 1 y 77. 22. El decreto con esta designación, expedido por PAez, tiene fecha 28 de Mayo de 1830. Nombra Secretario de Interior. Justicia y Pollc1a a Antonio Cannona, a Valero para Marina y Guerra y a Santos Mlchelena para Hacienda, en reemplllW de M1¡uel Pe4a,

51


La Gran Colombia tocaba a su fin. A Valero le quedaban como imborrables recuerdos de la República unitaria: La Medalla del Busto del Libertador y la de los Sitiadores del Callao.

IV Si Valero había estado de acuerdo con que Venezuela se separase de Colombia y por ello aceptaba ser Ministro en el Gobierno Provisorio presidido por Páez, como amigo de Bolívar no transigía con la campaña de calumnias que se desataba en su contra. Su posición resultaba, a todas luces, incómoda, porque no era hombre proclive a tomar el camino de los oportunistas que tras de sacrificar el ideal bolivariano, se entregaban en cuerpo y alma al nuevo orden y contribuían a enlodar el nombre del Padre de la Patria. Apenas dura unos días como Ministro de la Guerra. Se le había designado el 28 de mayo, y ya para elLo de junio la cartera tiene nuevo titular, 10 es el General Francisco Carabaño. Valero había renunciado y se granjeaba con su actitud la ojeriza del Jefe del Estado. Resuelto a vivir en paz, es su propósito retirarse a la vida privada. En cualquier p'arte del interior de la República gozaría de sosiego en unión de su familia y guardaría incólume su lealtad a Bolívar. Mas, el ojo zahorí del Centauro no deja de vigi~ larlo. Y a poco se le complica en una conspiración en el Alto Llano, por 10 que se le procesa, y la Comandancia de Armas de Carabobo, el 9 de julio, 10 declara inhábil para obtener destino alguno en la República, a pesar de que 10 incluye en el indulto decretado por el Congreso Constituyente el 29 de junio anterior. Se le califica de desafecto a la causa de Venezuela junto con los Generales Trinidad Portocarrero y Julián Infante y el Coronel José de la Cruz Paredes. De manera que para los primeros días de octubre, ya existe un decreto de expulsión contra estos militares, y la autoridad policial les impone abandonar el país en la madrugada del 14, con rumbo a San Thomas. Valero está en Valencia y allí le comunica la severa orden el Coronel Juan José Conde, Jefe Mi~ litar de la Provincia de Carabcbo. El expulso le responde: Estoy pronto a cumplir con esta disposición y cualquiera otra que se me ordene, porque no hay sacrificio que no me halle dispuesto a hacer en bien de la patria... Quisiera llamar la atención del Gobierno sobre el modo inaudito con que se me atropella sin consideración ni respeto a mis derechos de ciudadano y demds garantías, si no conocieCulos Soubletle y Diego Bautista Urbaneja, respcctiV¡lInente, quie. nes Ic Incorporaban al Con¡relo Constituyente.

58

ra que en mi circunstancia mi voz se halla sofocada bajo el peso de la injusticia y que todo reclamo me es inútil.23 El 16 del mentado octubre, a las S de la tarde, partieron los proscritos a bordo de la goleta Rosarito; además de los citados iba el Capitán Antonio Jelambi.24 Constantes informes llegan al Gobierno de que los deportados a San Thomas, en combinación con otros bolivarianos irán a Río de Hacha y luego invadirán a Venezuela para someterla a Colombia. Pero las acusaciones se concretan a Portocarrero, Infante y Paredes. Valero logra hábilmente pasar inadvertido en 10 atinente a este tipo de actividades. El 4 de mayo de 1831, se dirige al Secretario del Interior ratificándole su anhelo de volver a esta tierra. Allí proclama con el corazón en la mano: Soy y quiero ser venezolano que desea la felicidad de mi patria, y que no hay sacrificio, por cruento que sea, que no esté dispuesto a consagrarle.1J En correspondencia del 21 del mismo mayo, Valera, expresa su regocijo frente al acuerdo tomado por el Congreso y la disposición emanada del Ejecutivo Nacional de permitirle su regreso al país. Anuncia que saldrá de San Thomas el 28. Ya en Venezuela, obtiene el 3 de octubre de 1831 que la Suprema Corte Marcial de la República suspenda la inhabilitación política a que lo había condenado el año 30 la Comandancia de Carabobo; de esta guisa el Alto Tribunal dictamina que el General Antonio Valero estd en capacidad de obtener los destinos del Estado que el Gobierno estime conveniente confiarle.'1II Esta decisión la suscriben los Magistrados Francisco Javier Yanes, José María Tellería, Juan Martínez, José Duarte, Juan de Escalona y Francisco Alcántara, actuando como Secretario Wenceslao Urrutia. 23. A.G.N. SccTclarla de Intcrlor y lu.stlcla (1830). Tomo X. Pollos 177 vuelto y 178 vuelto. 24. El Comisario de Policla dcl Cantón dc Puerto Cabello, l:On fecha 17 de Octubre de 1830, l:Omun1<:a a Conde que durante el emblU'que de los poUtll:OS, Infante, Portoearre:ro y Paredes se l:Om· portaron modcradamente, lo que no lXlIITió con Valero, quien visiblemente descompuesto cofreció volver dentro dc pocos dfas. y manifestó .quc ~ no se despedía de canallas.. (A.G.N. Ibldcm. Tomo elt. Follo 183 vuelto). 25. A.G.N. Ibldem. Folio 2111 vuc:1to. Con fecha 14 de Fcbrero de 1824, c:1 Vicepresidente Santander, conforme a la Ley dc 4 de 1u11o dc 1823, l:Onccde carlA de Daluraleza colombiana al General de Brigada M. Antonio Valero. Scparada Venezuela dc la Gran Colombia, Valero solicitó se le otOrga5C la DlIcionalidad venezolana. Conforme a la Ley, fue rc!rcD. dada: la carta dc 1824, el 30 dc Enero dc 1834. Estos documentos pueden Icerse en el A.G.N. Sel:Clón cltaia. Tomo XLVI. Folios 81 y 84. 26. Ibldem. Follo 79 vuelto. Cuatro alias despub de csta sentencia, Valcro envía al Secretario de Guerra y MllriDa UDIl tarta, uno de cuyos párrafos reza: .Puede suceder que los enemigos de la Constitución dlrijllll su.s fuenas liberticidas sobre esta capital o puntos Intermedlos. En esta virtud, es mi deber dirigirme a USo para manifestarle: que en cualquiera circunstancla de peligro, cl Gobierno pucdc contar l:Ol1 mi persona para emplearla en el punto que considere más a propósito en defensa de la Constltución y leyes.. (9 de Noviembre de 1835).


Empero la revocatoria del auto en mención no será utilizada por el recurrente para el retomo al Cuartelo a la Política; Valero continuará marginado de toda actividad de esta naturaleza, dedicado por entero a su familia y a sus negocios en el interior de los Valles de Aragua.27 Sin embargo, los malquerientes, envidiosos de su gloria llegarán hasta su refugio virgiliano de San Sebastián de los Reyes para espiar sus movimientos y contabilizar sus salidas y las de los amigos que a diario le visitan. Todo esto culmina CaD la denuncia formal ante la autoridad competente de que Valero conspira. De que trama una revolución incruenta para acabar con el orden constitucional y arrasar con Carlos Soublette, su antiguo compañero de armas que se halla al final de su período presidencial. Esto es en 1846. El juicio se abre, el presunto reo se defiende y cumplidas todas las formalidades procesales, Valero es absuelto; y los jueces, celosos del decoro de su ministerio, acuerdan el enjuiciamiento de los testigos que depusieron falsamente y el estableci. miento de la responsabilidad en que hayan incurrido los funcionarios judiciales que instruyeron el sumario.:za Después de oído el fallo absolutorio de última Instancia, el procesado habla a sus compatriotas: Bienes, tranquilidad, reposo..• Todo me lo han arrebatado... Apoderados mis enemigos de los destinos y del poder en San Sebastián, lugar de mi domicilio, fdcil les fue apoyarse en un motivo tan inicuo, aunque plausible para ellos, para presentarme como un pérfido, como un conspirador contra mi Patria... Mi espada y mi corazón son del Gobierno, y Francisco Hernálz, su compatriota y buen amigo, Il1l1Il1fI6stale el Gobierno: acepta sw servidos y los pcmdrd en ejercicio cuando lo e%iJan las circunstanCÍlU. Resolución que se acordó pu· bllcar en la Gaceta de Gobierno para satlslacd6n dd seílor General Valero. Esta es, sin duda, UIlJ1 mlllllfestaci6n de confianza. Hern4lz estaba encarsado, para entonces (11-11-35), de la Secretarf.ll de Guerra y Marina. Vid: Gru:eta de Venetuelll, Caracas, sábado S de Diciembre de 1835. N." 254. Pág. 4. Recu~rdese que para la I!poca de esta correspondencia de Valera, 105 epfgonos de la Revolución de las Reformas que hablan expulsado a Var¡¡as del Poder, amenazaban seriamente desde la I'Cgi6n oriental. 27. En 1835, hace un hito en su llIeJamlcnto de la alsa pública, es Diputado Provlncllll. Precisamente, cuando el amago de los reformlstas, Valero se encontraba en el desempello de esta repreIcnlacl6n. A pc:s;¡r de su conducta, orlentadll inequfvocamente al soslenImIento del régimen de Derecho, el Juez Letrado de Aragua instru· yó una Inquisición sumarial contra Villero, por indicio de conspi· raci6n. Autos que el instructor remitió al Secretario del Interior, <.1 3i de Octubre de 1m. (VId: A.G.N. Secretaria de Interior y Justicia. Tomo CX!. Fol. 449). Desp~s, ejerceri en SIlIl Sebasli4n la AIcaldfa Primera del Cantón. 28. El defensor de Villero es Miguel ClImacbo; el Juez de Primera Instancia del 4.1> Circuito, MllIluel M. Alfonzo; y 105 Intc:gnmtes de la Corte Superior de Justicia del 2.0 Distrito (Cllracas), Francisco Dfnz, lU111l 1. Romero y Manuel Cerezo. Los do! Tribunales absolvieron cn forma absoluta al General Valero y dispusieron el procesamiento de sus detractores. q~

estoy y estaré siempre dispuesto a hacer a la Patria el homenaje de mi lIida.29 Esta vez salía airoso Valero de la zalagarda que le habían tendido sus adversarios, que cobraban al prócer su apego fervoroso a las ideas liberales. V

Con José Tadeo Monagas cobra Valero nueva y relevante figuración. En 1848 el Presidente le confía la Comandancia de Armas de la Provincia de Coro, amenazada por los bravos partidarios de Páez. El 6 de abril del mismo año derrota a Judas Tadeo Piñango en Taratara. De este combate, célebre en los fastos de la historia eoriana, salió herido el jefe revolucionarlo, muriendo en la ciudad mariana poco después, a consecuencia de las lesiones recibidas. Piñango había caído prisionero y el noble gallar· do vencedor lo hizo conducir con toda considera· ción a Coro, donde fue atendido con solicitud por ,los médicos de la localidad, que obraron bajo la expresa recomendación de Valero, interesado, como ninguno, en que su antiguo camarada salvase la vida.3D En Taratara se batieron denodadamente, a las órdenes de Valero, los Comandantes corianos Juan Crisóstomo Falcón y Juan Garcés y ManzanO.31 El 30 de marzo de 1849, Valero recibe el ascenso a General de División. El 28 de junio, una partida de facciosos asalta y toma el parque de la plaza a su cargo, por lo que la insidia de sus rivales wel· ve a morderle. Pero él sabe salir otra vez al paso y por iniciativa suya, se abre una inquisición sumaria dirigida a determinar la fidelidad, interés y honor con que desempeñó aquel destino_ El 28 de septiembre, el Consejo de Guerra de Oficiales Generales, absuelve al GeneraI.32 29. A.G.N. Revolución y Gnm Colombia. Próceres. Tomo XCVI. folios 169 y su vuelto. 30. El 6 de Marzo (1848), los ejl!rcltos enemigos hablan tenido un primer encuentro en Cumare:bo, combate que, tradicionalmente, se ha dfcbo en la regi6n coriana, fue sanado por Pü\ango. Los historiadores le asignan poca Importllllcla; algunos ni siquie:ra lo mc:ncloQl1ll, dándole toda la figuración a Taratara. Gil Fortoul 51 lo toma en cuenta. Vid: J. G. P. Hisloria Constitucional de VenetuelG. Editorial Sur Aml!rica, Caracas, 1930. Tomo 111. Pág. 6. Un testigo prescndal narra que Valc:ro, dC5PU~ del combate de TllllItara, dispuso que un piquete al mando del Coronel Carlos Navarro, ccondujese al General Pü\ango a la ciudad, baclendo el euClUllO de las consideraciones y miramientos que deblan guardarse a este personaje•. cEI General Pillllllgo -<oulinÚA- fue puesto en la cludad de Coro en la casa del sellar Francisco Gurda. plaza del Convento, a retaguardia de San Clemente; y entonces aI1f fue visitado por el Doctor Herrera, casi cúnime o muerto.. (EmJJ1o Navarro. Lt: Revoluci6n Federal,' 18S9-186J. Imprenta Nacional, Caracas, 1963. Péglna 11). 31. Como oficllll de Cnbllllerla. pelc6, l¡¡ualmente, el valeroso León Colina, tambltn de la hidalga Coro. 32. La Corte Suprema Man:JaI de Justicia, repuso la causa al estado sumnrlo, B fin de subsanar algunos errores y Ilenu.r ciertas omisiones de sustanciación. Flrmllll Tomás Jo~ SllIlllma, Ruflno GolUála, J. l. Rojas, Josl! Prudencia Lanz. Santiago Marl.fto y Manuel Cilla. Caracas, 22 de Octubre de 1849.

59


Después de Coro, Valero es nombrado Comandante de Armas de la Provincia de Cumaná;33 para 1855 está al frente de la de Caracas, y por sepa· ración temporal del Ministro General Carlos Luis Castelli, asume, en 1858 la Secretaría de Guerra y Marina, última demostración del alto aprecio y confianza que siempre le tuvo el General Monagas. En 1859, dentro de los cuadros del Ejército Federal, Valero comanda, como General en Jefe, las fuerzas de las Provincias de Caracas, Aragua y Guárico. El 17 de agosto derrota a los centralistas en Bocachica, pero éstos toman la revancha y lo ven· cen el 3 de octubre en San Francisco de Tiznados, triunfo que repetirán, el 15 de enero del siguiente año, en Jengibre. Después de la muerte de Zamora en San Carlos (10-1-60) y ocurrido el desastre de CopIé (17·2-60), Valero, desencantado se va de Venezuela y toma, como otros liberales, el camino de la Nueva Granada. Entre sus prendas más sagradas lleva el Bus· to del Ubertador con que el Gobierno Nacional le condecoró en 1854. Empero, su retiro no es definitivo; la nostal· gia de la Patria le hace pensar en el retorno. Y en 1861 vuelve. Para estar más cerca de Venezuela, Valero se ha· bía radicado en Cúcuta desde el 25 de agosto de 1860. Allí había cultivado magníficas relaciones. Grandes amigos suyos eran los venezolanos don Miguel Monreal, don Evangelista Contreras, Berti, los Duplat, don Jaime Fossi y otros. El propio Gobernador de la Provincia del Táchira, Doctor Ramón Palenzuela,34 le invitaba a almorzar en San Antonio y le había extendido un salvoconducto para transitar por territorio tachirense. El 8 de diciembre sale con rumbo al Puerto de los Cachos, en el río Zulia; allí se embarca y el 16 arriba a Maracaibo. Se hospeda en la casa de la viuda del General Urdaneta. Se queja de que a doña Dolores Vargas París, no sólo le hayan i"ebajado la pensión de 100 pesos a 40 mensuales, sino que esta última no se la hagan efectiva. Dice: Injusticia cometida a la familia de un Prócer tan benemérito Los Conjueces militares (MarUlo y Cala) fueron de opinión que se confirmara la sentencia consultada. (Vid: GGcetg de Venezue/ez. Caracas. 6 de Enero de 1850. N.o 974. Págs. 81-82). 33. No c:xiste documentación acerca de la permanencla de Valero en Cuman4. Hay un oflclo del Secretario de Guerra y Marina, P. V. Mejla, en que le comunica, con fecha 23 de Abril de 1849, que el Gobierno ha previslO su designación para Cumaná, y le Uama a Caracas para que reciba 6rdenes. Valero estuvo con permiso en San Sebastián, y es seguro que haya estado, Igualmente, en Caracas, pero en lUIlll1" de salir para Cumaná vuelve a Coro, y aU.l lo hacen preso los facciosos que asaltan el parque el 28 de Junio. La noln de: Mejla estA en el A.G.N. Revolución y Gran Colombia. Pr6c:ercs. Tomo XCVI. Folio 159. 34. A Palermlelll lo nombró para el Táchlra el Presidente Gua!. Por un lapsus, Abril lo colOCa como Gobernador de ClÍeuta. (Op. clt. Pág. 240).

60

como el General Urd!i.neta, cuyos altos hechos han inmortalizado su nombre.J5 Dos meses y 10 días pennanece Valero en la ciudad lacustre. En ese corto lapso presencia varios acontecimientos de importancia singular. Entre éstos, el gesto rebelde del General Antonio Pulgar de desconocer a Páez, y proclamar la separación de Maracaibo, para escapar del radio de la Dictadura. 'La aprehensión de los Generales Luis Celis, Comandante de Armas, y Manuel Armas, Comandante del Apostadero. La expulsión del Gobernador paecista Pedro Bracho. Luego la irrupción del valiente Comandante Venancio Pulgar que insurge contra su tío, a quien pone preso y deporta panl Cúcuta, restableciendo a Bracho y demás jefes derrocados. Todos los actores del drama son amigos de Valera. Este se ha limitado al mudo papel de espectador. Pero ha tenido el cuidado de dedicar buena parte del tiempo a tomar notas de todo lo que acontece; apuntaciones que guardará celosamente en ·su vademécum. Su propósito de seguir a Caracas se 10 quiebra Páez. El dictador gi'ra instrucciones para que no se le pennita continuar viaje, y Valero ha de prepararse para el retorno a su base de Cúcuta. Esta negativa carecía totalmente de fundamento. Toda vez que ante la suspicacia del Gobierno frente a la presencia de Valero en territorio venezolano, el Coronel Bracho le insinuó, días antes, que finnase un acta en la que constara su resolución de no mezclarse en la revolución y someterse al régimen dictatorial de Páe.z. Yo me presté -dice Valeroa '10 que me exigió Bracho, añadiendo en el acta que yo gozaba de salvoconducto; que había residido en San Antonio del Tdchira y que había venido con un pasaporte de las autoridades de San Antonio. Esta acta se mandó al Gobierno y a mi me dejaron tranquilo.3/¡ 35. A.G.N. Revoluclón y Gran CololDbla. Próceres. Cuadernos inl!ditos del Genenll Valcro. TOlDO XCVI. Folio 68. CWUldo el traslado de los restos del Libertador, en el grandioso desfile del 17 de Dlclembre de 1842, Valcro vino de Slln Sebutl40, y de gran unIfonoe tomó parte en esta trascendental jornada boll· variana, bajo el comando slmbóllco y clvlco del General en Jefe Rafael Urdaneta. Sin duda que, en la casa del hl!roe marablno, Valcro recorda· rla con la viuda e hijos de aqul!l, el glorioso homenaje que, 19 alias atrás. tributaron cUas, de consuno con Venezuela entel'll, a las cenizas veneradas del Padre de la Patria. 36. A.G.N. Sc:cclón y lOmo citados. Cuadernos lnl!ditos del General Villero, Tomo XCVI. Follo 67 vuelto. ID Gobernador Bracho, como lo registra el mismo Valero. fue Uluy atento y considerado con éste. Y el hecho de que el General accediera a firmar el IICta de sometimlento. no puede consIderarse, en ningún momento. COlDO UDa claudicaci6n, menos COlDO un rasgo de servilismo del firmante, ya que él no venia al PlúS en plan de combatir a Pácz, sino acariciando la ilusión de unirse a la familia que eslaba en San 5ebastláD. • Es natural que despul!s de la negativa del Dictador a otorgarle salvoconduclo para IOIIllII' la vfa del centro, su disgusto con el denegador sea absoluto y que a partir de ese instanle le merezca la más desfavorable de las oplnJoncs. Valero explota y esas Cllplosioncs están en SUS Memorias (Cuadernos). Abril -que tuvo a la vista copla de estos papeles- altlÍa a Valero en contra de PW, antes de tiempo y llega hasta deformar


El 26 de febrero emprende el retomo, a bordo de la piragua Cora que lo llevará a La Horqueta; elLo de marzo trasborda al bongo Escalante y el 16 está en Los Cachos. El 17 se encuentra instala· do, de nuevo, en Cúcuta. Obsérvese que en Maracaibo, a 31 años de la muerte del Libertador, Valero busca el calor de la casona en donde se rinde culto sempiterno a Bo. lívar. Lo propio hizo en T'rujillo, 22 años atrás.37 Perdida toda esperanza de radicarse en su patria, Valero ofrece sus servicios a Colombia; oferta que merece la más amplia y calurosa acogida por parte de quien tiene en sus manos las riendas del gobierno, el General Tomás Cipriano de Mosquera; su antiguo conmilit6n y consecuente amigo. Se le incorpora al ejército federal colombiano (junio de la verdad contenida en dichos memorlaJes. En el Capflulo XVIII, página 240 de su obra, el escrllor pone como salido de la pluma del béroe lo sigulenle: .Ful llamado por el Gobernador Bracbo, qulen me aconsejó hiciera una manifestación de no mezclarme en la revolución y someterme a la Dictndura de Páez. Me negu~ 11 semeJllnte serviUsmo. Esto me bizo ver la lnfame poUllca de Páez•. Lo subrayado DO es de Valero. La cita correcta es la que noSotros hacemos, en que consta que el Prócer complació a Bracho, no por doblegadizo, porque Valero fue sIempre altivo, sino por el Inte~ de que lo dejaran tranquilo. y a su vez realizar el plan de reunirse con su esposa e hijos. Mas, despu~ de que firma el compromiso y a pesar de cJlo DQ la deja Páez seguir al Centro, enlonces si que ve la Infume poli· tica del n!gulo llanero. 37. En los fragmentos de uno de los cuademUJos de Valero, consta que estuvo en TrujiJIo, El Tocuyo y Qulbor. Es muy proba· ble que eslo ocurriese el al\o de 1839, culUldo el patricio vlslt6 a San Cristóbal y fue bubped de Don Evangelista Contreras, con quien hizo el recorrido en mención. Siguiendo el bllo de su relato, encontramos que Valero sale de la Quebrada, el 19 de Octubre (1839), pasa por Santiago del Burrero (hoy Santiago de Trujl1Jo) y a las 3'3 p.m. llega a SlID Lázllro. Se hospeda en la casa de los sobrinos de Cruz Carrillo, qulenes lo colman de obsequlos, aslmlsmo Don Ezequlel Urdaneta. El 20 sigue a TrujUlo, entra a estn capital por la Parroqula Chl· quinqulrá y se aloja en la casa del General Carrlllo: 1I1l1 le visitan los Parra, los Henrlquez, los Carrlllo. El 24 abandona la urbe: en marcha hacIa Santn Ana, lo acom· palian hasta Pie de Cuesta, a mds de una legua de camlno, el GeneroJ Carrillo y Don Pedro Pou. En Santn Ana recuerda el abrazo de Bollvar y Morillo y hace hlncapl6 en la necesidad de que ese becho, llamado a perpetuarse a trav6s de los siglos, se represenle con un monumento. Sigue a Caracbe, este pueblo le impresiona bien: duenne en la casa de un amigo suyo apellidado Leal y recibe los saludos del juez poUtlco Carrillo y de Don Tomds Paredes. El 26 parle de Carache, pasa por Agua de Obispo y pernocta en La Pelia, se maravilla de lo gl!neroso de la genle de este último silla, haciendo gran elogio del hacendado Luis Raga (A.G.N. Sección, tomo y cuadernos cllados. Folios 4 a 7). El I1 va a Bucnavlsta, el lB continúa viaje bacla El Tocuyo y el 4 de Noviembre es huésped en Qulbor del General Florencia JIm~ez, bolivariano Intachable, a qulen conoció Valero en El Callao. Con el arribo a Qulbor acaba estn parle de la relación de Valero. Respecto a lo de perennizar la entrevista de BoUvar y Morillo en Sanla Ana, conviene puntuaJlzar que, desde hace al\os existe en aquella población trujl1Jana un soberbio monumento que representa a los dos Insignes Caudillos, unidos en estrecho abrazo. Lo erigl6 el Goblerno Nacional, presidido por el General Juan Vicente Gómez. Las figuras en bronce son obra de Lorenzo GoDZáJez, renombrado escultor venezolano. Al pie está la piedra que los dos Mroes colocaron en el sitio como Inicio del monolito que alll habrla de perpetuar el histórico encuentro de los egregios contendores (1820). El Ejecutivo del Estado Trujl1Jo, a finales de 1958. ademds de macadamizar las calles principales de Santa Ana, asfaltar algunas transversales y dotarlas de aceras, reconslruyó, totalmente, el monumento y el parque en donde está emplazado. Por su clima, sus paisajes y la genlileza de sus moradores, esta histórica villa es uno de los mejores atractivos turlsUcos de los Andes venezolanos.

1862).31 A:llí continuará dentro de un clima más pro. picio a sus ideas, más acorde con sus convicciones poUticas. Hombre de amplia visi6n, de pensamiento pro. fundo, diestro conocedor de la mentalidad hispanoamericana, afianzado en su propia experiencia, Valero da un consejo que importa recordar: Se-

ñores mandatarios: Si queréis restablecer la paz y la concordia entre vuestros conciudadanos, debe· réis gobernar con la Ley y la Justicia; y con la imparcialidad que lo harta un buen padre de familia. Dejad a un lado los rencores y los odios que engendran las pasiones y los partidos. ¡No os engridis con el mando, vuestra misión es hacer la felicidad pública; estudiad la historia de las nuevas repúblicas y encontraréis en ella ejemplos palpitantes de estas verdades; de otro modo, en lugar de aplausos mereceréis maldiciones!39 Es la cátedra que dicta un profesor del civismo.

VI El General Valero había casado en Cartagena (España) con María Madrid, el 12 de septiembre de 1811; mujer de acerado temple, acompañó al luchador en México, en la prisión de La Habana y en Venezuela, donde falleci6. En segundas nupcias, se uni6 Valero a doña Trinidad Lara Martínez, victoriana, que comparte, desde el 12 de febrero de 1840, la vida del patricio, vida que no discurre muellemente, sino al compás de los vaivenes de la patria, inmersa en las pasiones partidarias y bajo el trágico signo de la guerra. De los troncos Valero-Madrid y Valero-Lara, una nutrida ramaz6n se extiende a lo largo del país, y sus vástagos, a través de los tiempos, han sabido guardar con orgullo, el blas6n inmarcesible de sus mayores. En Bogotá, a las 11 de la noche del 7 de junio de 1863, falleci6 el General en Jefe Antonio Valero de Bernabé.«I 38. Fue Comandante en Jefe de la Primera DIvisIón del 5.l) ejl!n:lto destinado a Boyad y Jefe del Estado Mayor General de los Ejl!n:itos de Colombia. Al saber la victoria de los federales, despul!s del Convenio de Coche, (24 de Abril de 1863), renunció a su alta posición en el ejl!n:lto colombIano, c:on In decisión de retornar a su patria, pero un fuerte ataque apoplético se lo impidió para siempre.

39. A.G.N. lbldem. Cuadernos Inl!dltos del General Valero. SO Y su vuelto.

F~

1105

40. En documento que suscribe el General en Jefe de los Ejú. cilos de la Unión y Ministro de Estado en los Despachos de Guerra y Marina, Juan Franclsco Pércz, el Gobierno reconoce el grado de General en Jefe que en 1859 dieron los revolucionarlos a Valero. En vIrtud de este reconoclmlento se concede Cl!dula del Montepío MUltar, con goce de pensión de cincuenta y tres pesos mensuales, a la viuda, sellora Trlnldad Laca. Carac:as, 22 de Julio de 1865. (Arc:Júvo General de la Nación. RevolucIón y Gran Colombia. Próceres. Tomo XCVI. Follo 183).

61


Guzmán Blanco, en su Decreto del 11 de febrero de 1876, incluye su nombre entre los Pr6El General en Jefe Wenceslao Casado y el General de División Narciso RIos, ~mo velA!raDos de la Guen'll LarBa, dan fe de que desde que se dio el grito de Federaclón en el Estado Aragua, el aAo de 1859, fue proclamado GerllJrGl IJIS Jefe del Ej~rcito que se or,IUIiz.6. d GIJIIerlll de Dillisión Antonio VGlero, conlirUndole ute mismo nombramiento el Gobierno pravisorlo que se in.stllld en aquella lecha, encarg4ndole del mando en lefe de todas las tropas que se organltaron. RIos difiere un poco de Casado al asentar que el mando en Ide lo recibió Valero, dcsp~ de resultar berido, en la aa:lón de La Victoria, el General Pedro Vicente Aguado, el mismo afta de 1859, pero c.\aro que colnc.\de con el otro en lo esencial del asunto. Los dos afirman, igualmente, que desp~ de las combates de Bocathfc:a, Timados y Jengibre, Valero UI1fó SWl tropas a las del ¡¡ran ej~1O en El Tinaco y estuvo en Copl~ con el Mariscal Falc6n. Estas eertfflc:aclones slrvferon de base para. el reconoc1mfenlo del grado de General en Jde a que anles bemos aludido. La de Casado tiene clnta del 15 de Mayo, y la de RIos del 18. entrambas del aAo 1865. Ibldem. Fallos 190 y 191.

62

ceres de la Independencia, cuyos restos reposarán en el Panteón Nacional.·. De todo lo expuesto surge la imagen de Antonio Valero de Bemabé, como la del paladín integral: héroe en España, libertador en México y en la Gran Colombia, federalista en la Venezuela nueva y asimismo en la Colombia liberal. Todo 10 da por estas tierras entrañables y acaba con el fin, precisamente de los grandes, de 10s Quijotes de la Libertad, desprovisto de bienes de fortuna, pero millonario de méritos, con una hoja de servicios, nítida y copiosa, que constituye una de las páginas más espléndidas de la Historia de Hispanoamérica. 41. Recopilación de Leyes Y Dec:retos de Venezuela. Imprenta de "La Op1nfón Nac.\onal., Caracas, 18M. Tomo VII. Decreto 1876P's\na 15.


路.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña by La Colección Puertorriqueña - Issuu