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ANFROPOLOGIA
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HISTORIA U71liRATURA AR!TBS PUS7IICAS .
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ARQUITECTURA
OCTUBRE路 DICIEMBRE 1966
San uan de Puerto Rico
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DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre - Aurelio Tió - Teodoro Vidal Arturo Santana - Esteban Padilla - Wilfredo Braschi Director Ejecutivo: Ricardo E. Alegría
Apartado 4184
SAN JUAN DE PUERTO RICO
AÑ"Ü IX
1966
Núm. 33
OCTUBRE - DICIEMBRE
SUMARIO Cómo conod a De Hostos por Trinidad Padilla de Smn ...
1
El universo estético de Cesáreo Rosa-Nieves por Patria Figueroa de Cifredo
3
Fábula segunda por Manuel F. Arraiza
7
Los retratos de José Campeche por Arturo V. Dávila
8
Dos aspectos en la poesía de Luis Palés Matos por Luis Morales Oliver ..
11
Exposición de Domingo Garda
18
.
Matías González Garda
21
El convite del compadre Baltasar por Matías González García ...
22
El XC aniversario del Ateneo Puertorriqueño
25
Fundación del Ateneo Puertorriqueño· Acta
26
Manuel Elzaburu, fundador del Ateneo Puertorriqueño por Cayetano Coll y Toste
29
Una antorcha que sigue alumbrando por Vicente Géigel Palanca
33
El Ateneo y sus primeros años por Luis Rodríguez Morales
35
Los 90 años del Ateneo Puertorriqueño por Nilita Vientós Gastón
37
Significado del Ateneo desde el punto de vista de un educador por Ismael Rodríguez Bou
39
El Ateneo y el pueblo puertorriqueño por Miguel Meléndez Muñoz
43
El Ateneo Puertorriqueño por Antonio Paniagua Picas o
45
Función del Ateneo en la vida puertorriqueña por Noél Colón Martínez ...
47
Exposición de Carlos Raquel Rivera
50
La inmigración canaria en Puerto Rico durante los siglos XVIII y XIX por Manuel Alvarez Nazario ...
52
PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEf'lA Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal Fotografías de Jorge Diana Aparece trimestralmente Suscripción anual....................................................................... Precio del ejemplar ..
$2.50 $0.75
[ApplicatioD for second class mail pri\'ilege pending at San Juan, P. R.]
DEPOSITO U!GAL:
B.
3343· 1959
IMPRESO EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE «EDICIONES RUMBOS» BARCELONA - PRINTED IN SPAIN • IMPRESO EN ESPAÑA
COLABORADORES
NOÉL COLÓN MARTÍNEZ nació en Moca en 1927. Bachiller en Artes (1948), y en Derecho (1951), de la Universidad de Puerto Rico, se ha distinguido en la actividad forense y en la vida cívica del país. Ha ocupado los cargos de juez de distrito, fiscal especial y fiscal general, y durante dos años consecutivos desempeñó la presidencia del Colegio de Abogados de Puerto Rico (1964·66). En la actualidad se dedica al ejercicio privado de su profesión.
MANUEL ALVAREZ NAZARIO nació en Aibonito. Maestro en Artes de la Universidad de Puerto Rico, en 1954 se recibió de doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. Desde 1949 profesa una cátedra de lengua española en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Muyagüez, de cuyo Departamento de Español es director. Dedicado a los estudios lingüísticos, ha publicado las obras El arcaisrno vulgar en Puerto Rico (su tesis doctoral), y El elemento afronegroide en el español de Puerto Rico (1961), libro premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.
MIGUEL MELÉNDEZ MUÑoz, natural de Cayey, consagró su vida al estudio e interpretación de la clase campesina puertorriqueña, con propósitos sociales y literarios. Sobre el tema del jíbaro ha publicado numerosos artículos, dispersos en revistas y periódicos y varias obras de carácter costumbrista y sociológico. Entre ellas señalaremos las tituladas Estado social del campesino puertorriqueño (1916), Cuentos del Cedro (1936) y Cuentos de la Carretera Central (1941). En 1960 fue premiado con la Medalla de Oro del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y recientemente el mismo Institu· to publicó sus Obras Completas (1964). Falleció en Cayey, en el año 1965.
ANTONIO PANIAGUA PICASO naCIO en San Juan en 1904. Se inició muy joven en el periodismo y colaboró en la prensa del país durante muchos años con valiosos artículos y ensayos sobre asuntos históricos, políticos y económicos. Entre sus trabajos y publicaciones principales se destacan El presente y el futuro de la realidad económica puertorriqueña, La crisis del capitalismo, un estudio sobre el escritor puertorriqueño Antonio Cortón, y la serie de artículos con que intervino en la polémica sobre cuál fue la primera Universidad de América. Desde el año 1932 hasta su muerte, en 1956, Paniagua Picaso ocupó el cargo de Secretario Ejecutivo del Ateneo Puertorri· queño.
LUIS MORALES OLIVER, catedrático jubilado de la Universidad Central de Madrid; ex-director de la Biblioteca Nacional y miembro de la Academia Sevillana de Buenas Letras. Entre sus estudios figuran: Benito Arias Montano, el Director de la Biblia Políglota de Amberes; Atrica en la Literatura Española; Sobre la Esencia de la Poesía. El doctor Morales ha ofrecido conferencias en España y América. En Puerto Rico dictó un ciclo hace tres años, figurando una sobre la poesía de Luis Palés Matos.
CAYETANO COLL y TOSTE, natural de Arecibo, donde nació en 1850, estudió medicina en la Universidad de Barcelona, y ejerció su profesión en su país a la vez que realizaba un inapreciable trabajo de investigación y divulgación histórica, intervenía activamente en la política y ocupaba cargos de representación social, como los de delegado a la Cámara de Representantes, presidente del Ateneo Puertorriqueño y presidente de la Academia Puertorriqueña de la Historia. Fue también notable poeta. Entre sus obras figuran Colón en Puerto Rico: disquisicimzes histórico-tilológicas (1893), Protohistoria de Puerto Rico (1907), La instrucción pública en Puerto Rico hasta el año 1898 (1918) Y Leyendas y tradiciones puertorriqueñas, tres tomos publicados en 1924-1925. Su más importante aportación a nuestra bibliografía es el Boletín Histórico de Puerto Rico, revista que publicó de 1914 a 1927, y que integran catorce tomos de documentación histórica y trabajos del mismo carácter referentes a Puerto Rico. Coll y Toste falleció en Madrid en 1930.
TRINIDAD PADILLA DE SANZ, mejor conocida por su seudónimo de "La Hija del Caribe", nació en Vega Baja, hija del poeta y médico José Gualberto Padilla, "El Caribe". Desde muy niña mostró afición por la música y la literatura, y a muy temprana edad compuso sus primeros versos. Lo mejor de su producción poética coincide con el apogeo del modernismo en Puerto Rico; sin embargo, se mantuvo esencialmente romántica. Se le deben Jos poemarios De mi collar (1926), Cdlices abiertos (1943), algunos libros de narraciones y de crónicas de arte, uno sobre la mujer, de cuyos derechos y libertades fue siempre una entusiasta defensora, y la obra Rebeldía (1918), conjunto de cuentos de carácter realista. Sus colaboraciones en la prensa fueron numerosas, y abarcaron temas literarios, cívicos y biográficos. Falleció en Arecibo, en 1957.
PATRIA FIGUEROA DE CIFREDO nació en Cataño. En la Universidad de Puerto Rico recibió el diploma de Normal y se graduó de Bachiller en Educación, y de Maestra en Artes. En 1956 ingresó en la misma Universidad como profesora de Literatura, y en 1963 se recibió de doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. En la actualidad profesa una cátedra de español en la Facultad de Administración Comercial de la Universidad de Puerto Rico. Tiene en prensa dos libros de investigación puertorriqueña: Apuntes biográficos en tomo a la vida y obra de Cesáreo Rosa-Nieves y Francisco Gonzalo Marín: héroe y poeta.
MANUEL F. ARRAIZA nació en Vega Baja, en 1937. Bachiller en Humanidades y en Derecho de la Universidad de Puerto Rico, ejerce la profesión de abogado en su pueblo natal. Es autor del poemario Imperio del canto (1965), y tiene en preparación los libros El canto exilado y La alianza, también de poesía.
ARTURO V. DÁVILA nació en San Juan. Hizo sus estudios de Licenciatura en la Universidad de Madrid, donde se especializó en Historia y obtuvo, en 1960, el grado de doctor en Filosofía y Letras. Es autor de la obra La isla de Vieques en la historia (su tesis doctoral) y de otros trabajos de investigación sobre la historia religiosa y el arte en Puerto Rico, algunos de ellos publicados en números anteriores de esta Revista. Ocupa una cátedra de Historia del Arte y la dirección del Departamento de Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico.
VICENTE GÉIGEL PaLANCa, natural de Isabela, se recibió de abogado en la Universidad de Puerto Rico. Cofundador de la revista cultural Indice (1929), de 1934 a 1940 figuró en la Junta de redacción de la Revista del Ateneo Puertorriqueño. Ha colaborado en la prensa del país con trabajos de diversa índole. Su obra principal la constituyen ensayos interpretativos de la realidad puertorriqueña y de crítica literaria. Se ha destacado como orador, conferenciante y legislador, y ha ocupado cargos de importancia en las esferas po líticas e intelectuales, entre ellos el de Presidente del Ateneo Puertorriqueño, fun· dador y Secretario de la Academia Puertorriqueña de la Historia, catedrático de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Puerto Rico, Senador y Procurador General de Puerto Rico. Actualmente preside la Sociedad de Autores Puertorriqueños. Entre sus obras figuran El despertar de un pueblo (1942), Valores de Puerto Rico (1943), ambos en prosa, y los poemarias Canto del Amor infinito (1962) y Bajo el Signo de Géminis (1963).
LUIS M. RODRíGUEZ MORALES es el Director del Archivo General de Puerto Rico. En 1946 obtuvo su Bachillerato en Humani· dades de la Universidad de Puerto Rico, habiendo cursado posteriormente cursos postgraduados de la Universidad Católica de América de Washington. Ha sido Instructor de Historia en nuestra Universidad. Ha publicado el libro de cuentos La Centella. Su obra más profusa ha sido de carácter histórico; de ésta pueden citarse las Actas Capitulares de San Juan (los dos primeros volúmenes en colaboración con la doctora Aída Caro de Delgado), Consideración en tomo a la Edición de Actas Capitulares y La Ciudad de San Juan a mediados del siglo XVIII vista a través de sus Actas Capitulares. Desde el año 1965 preside el Ateneo Puertorriqueño.
NILITA VIENTÓS GASTóN nació en San Sebastián, Puerto Rico, y se recibió de licenciada en Derecho en la Universidad de Puerto Rico. Por mucho tiempo ha venido desempeñando un alto cargo en la Secretaría de Justicia. Durante quince años (1946-1961) desempeñó la presidencia del Ateneo Puertorriqueño, y ha venido dirigiendo desde su fundación, en 1945, la revista Asomante, órgano de la Asociación de Mujeres Graduadas de la Universidad de Puerto Rico, y una de las más prestigiosas revistas intelectuales de Hispanoamérica. Colaboradora en revistas y periódicos del país y del exterior, publica hace años en El Mundo, la columna titulada "Indice cultural", desde la que realiza una constante labor de crítica literaria, con raíces y proyecciones en lo ético, político y social. Es autora de los libros Introducción a Henry James (1956), Impresiones de viaje (1957) e Indice cultural (1948-1955-1956), publicado en 1962, y merecedora de un premio de periodismo del Instituto de Literatura Puertorriqueña.
ISMAEL RODRÍGUEZ Bou nació en Orocovis y cursó estudios superiores en las Universidades de Puerto Rico, Columbia y
Tejas. En esta última se recibió de doctor en Filosofía, en 1944. Ha sido profe· sor de Sicología Educativa en la Uni versidad de Puerto Rico, y desde hace varios años ocupa el cargo de Secretario permanente del Consejo Superior de Enseñanza. Como representante y asesor técnico de la UNESCO realizó misiones educativas en la India (1949), y en His· panoamérica (1950-1951). Es autor de numerosos trabajos de investigación y análisis de los problemas de la educación en Puerto Rico.
Cómo conocí a De Hostos· Por TRINIDAD PADILLA DE SANZ
(La Hija del Caribe)
1898, y ESTÁBAMOS EN EL PEIÚODO de la invasión norteamericana. Era mi marido en esa época Administrador de la Aduana de esta ciudad (Arecibo), cargo que englobaba otros tres; a saber: Colector de Rentas Internas, Jefe de Sanidad Marítima y Jefe del Resguardo. La Aduana, como se sabe, ocupaba el edificio que ocupa hoy la· Corte de Distrito, y, al rendir mi e5poso, D. Angel Sanz y Ambrós los servicios bajo su dirección presentando su renuncia al Jefe del Regimiento de Massachussets que fue el que invadió esta ciudad, dei.amos nuestro hogar, que ocupábamos en la parte alta de dicha Aduana, y nos trasladamos a una casa de la plaza de esta CIudad, (hoy plaza Muñoz Rivera). A los pocos días de este acontecimiento, llegó a .mi casa el eminente doctor Rafael Castro y Molina, mi hermano político y padre de la ilustrada dama Ana Maria'Cestero de Blanco, acompañado del sabio filólogo, ilustre cien veces, don Eugenio Maria de Hostos, con el cual el doctor Cestero te· nia una intima amistad, pues fue uno de sus queridos alumnos. Tuve ese día el honor de conocer a don Euge. nio, y el de tenerlo en mi casa, algo que jamás se 'borrará de mi recuerdo. Estando en la sala de mi hogar comenzó el concierto matutino ·que todos los días daba"1a ban· da del citado regimiento, por cierto, magnífica, con músicos de primera, y un precioso instrumental, y, atraída, como era consiguiente por el inefable influjo que ella me hacía sentir, invité a De Hostos a que saliera conmigo al balcón para oirla
C
ORRíA EL AÑO
• Publicado en ID Revista Los
Quilot~.
marzo, 21 de 1942.
mejor: Me contestó airado, reflejándose en su noble rostro una mal reprimida indignación «Señam: Yo no me asomo a ver soldados que dominan a mi patria»... jamás olvidaré sus palabras. Como para mí en ese día sólo hubo una cosa: hablar con el milagroso puertorriqueño, podría precisar nuestra conversación que, sin copiarla podrá adivinar el que me lea: 1
Desapareció de mi lado el encanto que irradia· ba de su figura, y, sólo supe después de su volun· tario exilío, visitando ciudades de ia América latina, dejando en cada una de ellas la estela de su luz de astro con luz propia. y ahora, leyendo el programa de las fiestas para su primer centenario, se me ocurre, que, lo mejor que hubiéramos .podido hacer en honor a De Has· tos, era el haber llamado a este siglo, «El Siglo de Eugenio de Hostos», tal que Grecia destinó a Perides, su sabio más sabio, «El siglo de Pericles», pues si extraordinarias condiciones hubo de tener Perides para merecer tan alto dictado, con mucha razón, podríamos nosotros imitar ese rasgo con nuestro conterráneo, que, en mi sentir, supera por sus distintas y múltiples cualidades, hechos y pa· triotismo, sobre todo, al griego. La Grecia, enamorada de su dios, lo describe como un Apolo, bello, y nuestro De Hostos era aún más bello, porque encamaba la belleza física varonil. No hay más que recordar su rostro: aquella faz ascética, aquellas mejillas ·demacradas, hundi. das por la poderosa fuerza del pensamiento, aquella barba apostólica, aquel mirar profundo, aquella tez como muro de claustro viejo, y aquella amargura acordada a su figura, toda era el ejemplar más hermoso de lo que vale la pena de llamarse un hombre. Hablar de sus campañas patrióticas, pedagógicas y revolucionarias por el mundo, sería repetir lo que todos los puel'ltorriqueños, o mejor dicho, antillanos están diciendo a estas horas en libros, prensa y revistas, y, no gusto yo ni de imitaciones, ni de las frases hechas que poco trabajo cuesta el escribirlas; pero sí, puede decirse, que, en De Has· tos había sí, un revolucionario formidable, hermano gemelo de Martí, pero que nunca intentó la re· voluciólz armc;da en Puerto Rico, pues tenia seso, y sabía que la Patria estd, o debe estar siempre, por encima de nuestro ideario, aunque sacrifiquemos hasta la reputación libertaria en aras de ese amor, el más santo, el más puro -después del de la madre-, y esto lo proclaman mejor sus hechos sobre todo en favor de la Libertad y aa Demacra· cia, y hablar de ello (no encuentro otro símil más apropiado) significaría lo que nos extrañaría oír decir a una madre, que quiere a sus hijos... cuando
2
esto está en la misma Naturaleza... y él era eso, una voz de la Naturaleza. Por eso De Hostos prefirió el exilio, antes de ver soldados dominando su patria... ¡Qué grande elle en todo! Era como un árbol que levantara en su copa la carga de nido y flor, la promesa del mañana con la incer.tidumbre del presente ante la negación de nuestro destino... sin embargo, era ·tal la atracción de su genio, que ejercía su influencia insuflando el espíritu de la Libertad y la Democracia en todos los países por él visitados, solamente en el suyo su voz acusadora no tuvo repercusión, y eso no es nuevo, eso es de todos los que se erigen en redentores y en guías de pueblos, viene a reco· nocerse su doctrina cuando ya han desaparecido... Dueño de las masas ciudadanas, nada le importaba la opinión de los partidos, indignado, las más de das veces, ante el sistema de corrupción que impera siempre en los llamados políticos ejecutivos, esto es, la entrega infame .de todo lo que a ellos nada dice el alma, y por eso, tienen que triunfar siempre la codicia y el individualismo ante la majestad de los ideales. Sorprende la profundidad de sus pensamientos, la elegante firmeza con que trata las más inextricables cuestiones de índole cívica, pedagógica, idealista y moral, la na· turalidad con que se nos revela en zonas de fijosofía que .podríamos llamar inéditas, lo nuevo y lo rotundo de sus creaciones, la distinción como sub· yugada en su conversación, ya como un ateniense, nos dijo cosas que parece haberse oído por la primera vez, proporciÓn y armonía, y el dolor que le inspiraba el destino de su patria irredenta, es algo poco común entre los mOl'ltales. Por eso he dicho antes, que el homenaje de su pueblo, debiera consistir, principaJmente, en declarar este siglo (para Puerto Rico, mitad del pasado, y mitad del presente), siglo de De Hostos, pues es ·tan inmensa su figura, entre los grandes que han sido y son en la humanIdad, que hay que destacarlo con algo jamás usado para figura genial alguna, pues él solo representa un siglo.. Yo quisiera hoy purificar mis labios con el caro bón que purificó los labios de Isaías, para rendir aa inmenso educador el homenaje que tal vez no he acertado a e~resar en esta pequeña ofrenda, pues para atreverse a hablar de Eugenio María de Hostos, hay que estar muy por encima de la gramática.
El universo estético de Cesáreo Rosa-Nieves Por PATRIA FIGUEROA DE CIFREDO
D
1A DE FIESTA PARA LA CULTURA BORINQUEÑA ES EL
que marca la celebración de esta velada literaria en honor a una de las figuras más relevantes de las letras puertorriqueñas: el doctor Cesáreo Rosa· Nieves. I -
Presencia Existencial
Nace Rosa-Nieves en Juana Díaz, Puerto Rico, el 17 de julio de 1901. Fueron sus padres don Cesáreo Rosa·Soliván y doña Evangelia Nieves. De niño, sus padres lo trasladaron a Cayey, y ya es aquí en esta falda de El Torito donde crece y estudia los primeros grados y parte de su escuela superior. En este pueblo que tantas veces apare· ce citado en sus versos y en su prosa, es donde comienza sus estudios de música; aprende ins· trumentación y algunos rudimentos de armonía, contrapunto y composición. Inspirado por sus maestros Liborio Milián y Clodomiro Rodríguez. compone algunas piezas populares, valses, danzas. y pasodobles. Dirige orquestas y ejerce el atril para ganarse el pan diario. De 1917 al 1918 cursa su segundo año de Escuela Superior en Bayamón y a la vez estudia un ligero curso de comercio en la Escuela Particular de don José Navarro. Por el año 1921 se traslada a Río Piedras donde estudia y termina el nivel secundario en la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico. Duran· te el 1924 inicia sus materias de educación en la Universidad de Puerto Rico. Es nombrado Director de la Banda Militar del R.O.T.C. y de la Orquesta de la Universidad de Puerto Rico. En este mismo año el Departamento de Estudios Hispánicos le otorga en su primer año de Colegio la Medalla Cervantes por obtener notas sobresalientes en sus es'· tudios de literatura y por su ensayo de investiga-
ción La locura de Don Quijote. En 1925 termina su licenciatura de Normal, y en 1927 se recibe de Ba· chiller en Artes y Educación y comienza además su tarea de educador en ·las escuelas públicas de Humacao, Carolina y Caguas. Es durante 1928 que contrae nupcias en Huma· cao con la señorita Emilia Pérez, profesora de instrucción pública. De este matrimonio nace su úni· co hijo, el doctor César E. Rosa·Pérez. Fue por el año de 1936 cuando terminó su grado de Maestría en Letras en el Departamento de Es· tudios Hispánicos. Su tesis titulada La poesía en Puerto Rico la consideró el doctor Antonio S. Pedreira como una de las exhaustivas monografías en los temas nativos presentadas a la facultad de esa dependenoia universitaria. Es durante este pe· ríodo que el doctor Pedreira invita a Rosa·Nieves a entrar como miembro permanente de la Facultad del Departamento de Estudios Hispánicos. Aquí laboró con fructífera savia de maestro y de escolar en la formación de nuestras juventudes. Del año 1943 al 1944 va a Méjico y aquella fa· cultad le ofrece el título de doctor en Filosofía y Letras. A su regreso a la isla dicta cátedras de lite· ratura en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. En este nuevo ambiente trabaja infatigablemente en sus estudios de investigación y crítica, en su producción literaria yen su creación poética. 2. -
El Poeta
En la biografía sobre el escritor Rosa-Nieves, hemos dicho que su geografía vital (Juana Díaz, Cayey, Carolina, Humacao y Río Piedras) influye poderosamente en su poemática. En esa trayectoria de andanzas por .Jos años buscando su centro, pu3
hlicó los siguientes tomos de poesía: Las veredas olvidadas (1922), La feria de las burbujas (1930), Paracaídas (1933), Tú en los pinos (1938), Undum· bre (1953), Diapasón negro (1956), Siete caminos en luna de sueños (1957), Los nísperos del alba ma· duraron (1959), Girasol (1960) y El plenamar de las garzas de dmbcr (1964). De su primer libro Las veredas olvidadas nos dice el crítico, poeta y periodista Rafael Rivera Otero: «Rosa·Nieves tiene una imaginación fuerte, y sabe reproducir sus imágenes con una exactitud que deleita y admira. Su palabra es gráfica. Traza el cuadro con líneas decididas, firmes, y nos da una impresión cabal de su idea...,. Después de este primer balbuceo lírico modernista de carácter estudiantil, aparece su largo poe· ma La danza puertorriqueña, poesía versolibrista, en donde el poeta rinde pleitesía al verso libre de los simbolistas franceses, y comienza la nota telu· rista y su gran preocupación por los temas de la historia y el folklore isleño. Después de este poema laureado en Ponce, el portalira da a la luz en Humacao su manojo de poemas La feria de las burbujas. Del libro La feria de las burbujas nos ha dicho el poeta Juan Rivera Viera (Juan Vicente Rafael): «Todo lo ilumina este liróforo con la paleta má¡zica de su fantasía. Ha cogido un tarro de cristal. el vaso de su vida, terso y diáfano como la pupila de un recién nacido: ha llenado esa ánfora con la linfa clara de su imaginación: le ha mezclado algunas virutillas de jabón de la lucha; ha tomado en sus labios una caña agreste -la siringa de pan- y se ha puesto a soplar, a encampanar burbuias. zafiros y rubíes y esmeraldas: topacios. ópalos, crisoberilos: ágatas, margaritas y turquesas. Todas las pompas se han ido coloreando como si dentro de ellas se ocultara algún diminuto pinceL.,. Rosa-Nieves ha pertenecido a dos movimientos postmodernistas en Puerto Rico: el Noísmo (19251927) Y el Ensueñismo (1954). Aunque no creo que él siga escuela alguna, es muy significativo que de su posición ecléctica en su estilo, una nota es prin· cipal, y esa es su enorme preocupación por el paisaje y el paisanaje de su tierra, yeso no es otra cosa que Ensueñismo: panorama, luz, folklore, hombre, bestia, flor, cielo y estrella. ,En la poemática del poeta figuran los siguientes temas: el amor, la patria, el proletarismo, la fauna, el negro, la religi6n, la muerte y lo infantil. Por sus temas. es el poeta del amor y la tierra y por su reltistro métrico es el vanguardista que no 01· vida las viejas formas hispanas. En el recorrido cntico por los versos del poeta, notamos que su ingenio lírico es muy versátil en 4
cuanto a asuntos y temática en general. El temario principal del poeta es el amor, el paisaje y la religiosidad, en donde brota la fuerza penetrante de lo erótico, luce con esplendor plástico los colores vivos del trópico antillano y se sostiene una fe constante en Dios. Forma y fondo se van tornando carne y espíritu interior en la poemática de este poeta. Lo externo completa lo íntimo. Dentro de una alada musicali· dad el autor orquesta sus impresiones en un ritmo. de fantasía emocional de muy humano decir: claridad y hondura anímica. Es que en Rosa-Nieves la música de los vocahlos completa el alma del peno samiento. La idea se viste de armonías y el poema va surgiendo limpio y desnudo, cristalino y sinfónico. 3 -
El Dramaturgo
Una de las figuras más Tepresentativas del tea· tro lírico en verso en Puerto Rico es Cesáreo Rosa· Nieves. Su 'producción teatral se divide en dos grandes zonas estéticas: el drama de verso y el -le prosa. En el teatro poético situamos su tril01ía terrígena que inició con Baldorioty de Castro, Brazo de Oro y Pachtn Marin, y su 'trilogía lírica Flor de Areyto, El huésped del mar y La otra. En cuanto a sus dramas en prosa, ubicamos a Nuestra enemiga la piedra, Norka y Campesina en palacio. Sus piezas teatrales sesgan más hacia los estudios socio-psicológicos que hacia la 'Posición pura del arte por el arte: esto es un ·reto trascendental de hondas preocupaciones vitales. De ahí los caracteres sustancialmente distintos de su producción dramática. Su teatro comprometido con sus rc!'"is sociales dispuestas en los ciclos históricos corres· pondientes hacen relieves claramente en sus ohras. La historia, la honra y el proletarismo constituyen los motivos cardinales de su dramaJtursna. Como sus dramas, al refleiar los múltinles as-pectos de la vida, presentan variedad de temas, hemos c1R.c;ificado sus creaciones dramática~ nor el asunto: Dramas patrióticos e históricos: B(lTdnriotv de r.asfro, Brfl7.0 de Oro. Pachín Marín. E1 1111P.!;ped del mar y P'or de Arevto. Drama rural: Nuestra enemil!a la piedra v Norka. Drama fantástico: Cam"esina en "(llacio. Drama psico16mco: La otra. La característica <teatral Que aflora más meridianamente de su creación es su tendencia a dibujar nersonaies femeninos. Casi siempre los nT'l")tagonistas son muieres en sus obras, y cuando no están eiecutando naneles princinales resultan ser coonerarloras en los triunfos de los ideales de alron varón: Marcela, Norka, Luisa. Mariana Bracetti, etcétera. En el teatro actual. el personaie ha adouirido una figuración pirandelliana, personalidad suboons-
ciencial, una especie de preocupación del ser y su cruenta expresión anímica. Esa tendencia principa· lísima se infiltra en las obras del dramaturgo. Es, a nuestra manera de ver, una postura de curiosi· dad existencialista, intra movimiento de dolor y amargura patriótica, amorosa, ética y social. Palmariamen'te hay en este hombre de letras una rotunda y próspera vereda teatral por constante movimiento creador, una «irreductible vocación dramática» al decir del catedrático universitario doctor Wilfredo Brascbi. 4 -
El Ensayista
Entre todos los géneros cultivados por el escri· tor Rosa-Nieves. uno de los más interesantes es el del ensayo de crítica e investigación. Sus ensayos son de tipo terruñal y corresponden en dirección estética al Ensueñismo. En sus ensayos caben casi todos los temas de nuestra cultura: el folklore, la leyenda, las costumbres, la historia y la literatura en general. Del esfuerzo máximo que en el campo de la investigación y la crítica ha realizado el ensayista son los epígrafes siguientes: Francisco de Ayerra Santa Maria (1948), El aguinaldo lírico (Tomo r, II y III - 1957), La lámpara del faro (Tomo 1 - 1957 y Tomo 11 - 1960). La poesía en Puerto Rico (Segunda Edicjón. 1958), Tierra y lamento (1958) y La historia panorámica de la literatura puertorriqueiia (1961). En una ocasión dijo el versátil crítico español don Enrique Díaz eanedo: cLa poesía en Puerto Rico, de Cesáreo Rosa· Nieves. es obra de seria envergadura investiga. tiva. estudio sólido que irá ganando interés en el tiempo a medida que la conozcan en su fondo las generaciones hispanas.»
Sobre el A/{uinaldo lírico de la poesía puertorri. queña el académico de la lengua Washington LIo· réns dice: c Puerto Rico tiene ya su esperado florilegio. No ha movido al autor ni el capricho ni el favoritismo. sino la discreción y el buen gu~to. Tiene además. Rosa-Nieves. virtudes que se dan muy pocas veces en los coleccionadores de trozos selectos de materias literarias. Es crítico sobre poeta. y con esto queda dicho que le pone a la exaltación del poeta la mesura y la discreción del crítico.»
La prosa de Rosa-Nieves es en toda su obra,
tanto en el ensayo creacionista como en el ensayo de investigación, halo poético algunas veces y nrofun·didad ideológica otras. Su lengua refleja su vida y sus circunstancias, en un diapasón original rte dominio sintáctico, 'limpidez y ritmo sonoro de la
frase. Por el transfondo de sus oraci~nes discurre un chorro nervioso y decisivo de unas ideas nuevas de metafórico decir, que concuerdan con el expresionismo contemporáneo. El estilo se va nutriendo en su jornada lingüística de lengua culta y popu· lar: indigenismos y neologismos, hasta caer en una clarida.d tropical de depurado gusto artístico. Su dominio prosístico responde a su gran conocimien10 de la lengua española y su lexicología. Su pre· paración de tipo académico, adquirido en el menester diario de la clase de aulas y su faena del libro y el articulo de periódico, lo capacitan doblemente para lucir con gracia y hermosura en este arte del diestro hablar con la pluma. Decir poemático, pues, y penetración en;undiosa, van de la mano en el estilo prosístico de la obra de Rosa-Nieves, imprimiéndole a su manera una ·ductilidad alegre y un expresionismo de cogitaciones sutiles que van anunciando caJas de un verbo inqlÜeto. 5 -
El Novelista
En la obra general de Rosa·Nieves la novela ha pennanecido casi inédit~ hasta ahora. - De este género conocemos la obra El mar bajó . de la montaña (1963). que el autor la consi~era una 1 noveleta boricua. Está dividida en tres partes car-, , dinales: «Entre guabas despertó una mujer_; «Un' vuelo en falso», y «Otra vez la luna en el hampa!). Es el relato de una muier cualQuiera. una mujer sin historia elocuente pero de alta si~ificación social. sobre todo dentro de los actuales cánones de los estudios presentes de la sociología. La originalidad del escritor descansa en su fuer· za estilística e imasrlnativa, además de sus cromos de verismo contenido y sus descripciones hermosas y madrigalescas en varios instantes. En una len~a áspera y poética, narrador consciente y dominador del léxico, va desenvolviendo su trama entre estampas cua iadas de colorido y paisajes de la montaña, que hacen el encanto del lector. Su otra narración publicada es Mañana será la esperanza (1964), donde se presenta una valiente tesis contra el comunismo. 6-
El Cuentista
El Rénero del cuento es una de las fases menos conocidas y analizadas de nuestra expresión lite· raria. Uno de los escoBos que encuentra el estudio· so de esta materia en nuestra isla, es la variedad en el juicio de 10 que es un cuento en los autores mismos y en varios de los críticos literarios y ano tologistas. . 5
De este autor conocemos alrededor de trece relatos que están recogidos en el libro Mi vocación por el véspero (1965). Estas narraciones son: El 1tombre negro del rio, Chévere-chévere, Tierra negra, Una nave que viaja sin puerto, El tigre, La voz del barranco, El hijo, El otro, La hijastra, El huracán, Padre Fray Cielo, El soñador y Las manos Inuertas. Son láminas breves y dramáticas en un ambiente boricua en donde se enmarC3!ll trece conflictos :relatistas, de ligeros trazos panorámicos y sembrados de penetraciones anímicas. Conservan a veces el alado ritmo fresco del reportaje a flor de vista, y otras, la seria técnica de la trabazón del cuento contemporáneo, en donde el personaje central casi se convierte en ventana interior hacia la vida. A la luz de esta aseveración, la profesora y escritora universitaria doctora Mariana Robles de Cardona nos dice: .Con este haz de cuentos, el lector curioso de nuestras costumbres y particular sicología reúne curiosos testimonios, interpretaciones aclaradoras y otros elementos estimables con los cuales puede entrar con pie firme en el conocimiento de varios aspectos de nuestra vida insular. Tal es el acierto con que ha sabido escoger aquellos temas que prestan ancho margen para horadar hondo en los puntos claves de nuestro subsuelo espirituaL.» El cuento de Rosa·Nieves responde al sentido íntimo de su tierra. Son narraciones rurales y urbanas, pero sus argumentos se desarrollan en un clima boricua: hombres, costumbres, idiosincrasia y paisaje. Esporádicamente intercala en sus narraciones proverbios, coplas, parodias, poemas, conjuros, canciones de cuna o la ·letra de una plena isleña. Los cuentos se suceden jubilosos o tristes, finos o crudos, maravillosos o :realistas. Por estos cuentos cruza la vida palpitante del jíbaro y del ser urbano entre ondas sonoras de suspensos, drama-
tismo vitalista y la lengua neo-realista con vuelos poéticos. En muchas ocasiones el estilo del escritor invade la frontera de lo lírico y surge el poeta que late diariamente en toda su caliente palabra musical y colorista. Comentario final
Al valorar la creación literaria de Rosa-Nieves encontramos que su vida y la literatura se ligan en un abrazo íntimo y resulta imposible deslindar sus perfiles. El atractivo primordial de la personalidad de este hombre de letras reside en la sapiencia con que armoniza sus múltiples tareas profesionales: Catedrático, investigador, consejero, escritor y poe. ta, con las de esposo, padre y abuelo. Siempre 10 hallamos aureolado de esa luz en sosiego que di· mana de su afabilidad, tolerancia y llaneza. Al gozar el placer de sus escritos nos sentimos saturados de sus esencias y quedan flotando en el recuerdo sus palabras: •... siempre he pensado que la mejor manera de unir espiritualmente nuestros ,pueblos de América, es a través de los lazos literarios: movimiento dinámico de libros, congresos artísticos. intercambio de cátedras, de conferenciantes, recitadores, etc. Las actividades estéticas (y so· bre todo la poesía), son más efectivas que los embajadores, que los políticos y que el turismo para esta tarea de vincular corazones. Los hombres se comprenden mejor en el país de la belleza y se repelen con facilidad en la zona de los intereses creados...» Una vida así, consagrada a la educación de la juventud, a la organización científica de la cultura puertorriqueña, y a la expresión poética, dramáti· ca y narrativa, es digna de quedar impresa en las páginas del tiempo, no solamente para Puerto Rico, sino para todas las áreas de la cultura hispánica.
BIBLIOGRAFIA 1. Arce. Margot -
Enjuicia obras puertorriqueñas Rorndn Baldorioty de Castro, drama del Dr. RosaNieves y Terrazo, de Abelardo Díaz Alfaro. El Mtmdo, San Juan, P. R., 1 de junio de 1947; Año XXVIII, núm. 10963, 'P. 4 Y 14.
4. Salv;ldor. Tomás -
Antolopia 1!eneral del cuento puertorriqueño, «Rumbos», Barcelona, España, Noviembre, 1959; núm. 141, p. 85-89.
5. Soto Ramos, Julio 2. Arias, Pedro G. -
Un poeta puertorriqueño, Cesdreo Rosa-Nieves, «Rumbos., abril, 1957, Año XI, núm. 110, p. 101-103.
~ 3. Figueroa de Cifredo, Patria -
Vida y obra de Cesdreo Rosa-Nieves, Editorial Cordillera, San Juan, P. EL; 1965; p. 319.
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«Aguinaldo Lírico» (Primera Parte), El Mundo, San Juan, P. R., 3 de mayo de 1958; Año XL, núm. 14545, p. 30.
6. Soto Ramos, Julio -
"Aguinaldo Lírico» (Segunda Parte), El Mundo, San Juan, P. R., 10 de mayo de 1958; Año XL, nÚIn. 14551, p. 30.
Fábula segunda Por MANuEL F. ARRAIZA
1 Miro en el alto cielo la distancia que desde mí hacia ti vuela. La herida de este sentir murmura; es la sentida oración de la tierra que, en fragancia su homenaje de luz filtra y escancia. Porque llevo este estigma es que, ardida, tiendo la mano por sentir la vida que brota simple, en desnudez de infancia; porque conozco el árbol que en raíces penetra lenta y amorosamente como el beso que tú en silencio dices. Por sentirte sin verte, quedamente, deshojaré mis sueños más felices como gotas de luz sobre tu frente.
II Tú, que vas vas a dejar Oye mi voz la distancia
a seguir tu carne herida, la mía moribunda. antes de que te hunda en memoria de la vida.
Y, memoria tal vez, estés ardida por la flama que arde y fecunda
la muerte de la muerte. ¡Qué profunda cuando engendra la vida de la vida! El nacer... el morir... la olvidanza... ¿qué los distingue, sino el querer que llena la existencia de luz y de esperanza? El vivir y el amor es la serena nave que nos dará la confianza del cáliz que Dios da cuando El lo llena.
III Carne asaeteada, vive herida mi ansia, quieta y agónica en torrente. Hija de un hemisferio transparente abre su muerte en símbolo de vida y rezuma calor, y vive erguida ya vencido el nivel de la simiente. Carne razgada: bandada persistente te busca de ola en ola; ¡perseguida! Como un paso escondido entre pasturas se ahonda la raíz atormentada buscando voz y aliento, y sus figuras varían sobre la carne ya violada desde flecha feroz a las premuras de tiernas ansias de amor asaeteadas.
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Los retratos de José Campeche Por ARTURO V. D,{VILA
HACE TIEMPO NOS PREOCUPABA LA NOTABLE DIFEREN-
cia existente en el aspecto fisonómico entre los dos retratos de Campeche que poseemos, el atrio buido a Ramón Atiles (1804-1875) y el de Frasquito OUer (1833-1917). A primera vista creimos advertir en el de Atiles la fidelidad a un modelo contemporáneo de Campeche por los elementos de la como posición y en el segundo, ~a interpretación más libre y menos fiel. Esperábamos tranquilamente una noticia difícil: la del hallazgo del autorretrato de Campeche, cuando apareció en el número 67 de la revista Gaya (julio-agosto de 1965, páginas 3 a 11) un articulo del crítico de arte español Juan Antonio Gaya Nuño bajo el titulo de: José Campeche, el colega de Gaya en Puerto Rico. En este estudio se enfrenta Gaya con la tradicional descripción del fío sico de Campeche, hecha por Tapia y que copiamos a continuación: «... Era el pintor de buena estatura, un tanto delgado, y ágil de miembros, de color sonrosado al par que trigueño, :aso el cabello y pardos los ojos. Afable a la vez que serio y formal en su trato. De maneras excelentes, sobrio en sus comidas, enemigo de licores, y muy afecto a .todo lo que fuese honesto y agradable. •Vestía en lo ordinario calzón corto de hilo, medias largas, charreteras de' oro al calzón a usanza de la época, zapatos con hebillas de plata y cañas de oro, corbata blanca o negra, chaleco, chupa y sombrero de aquel color, tendido este último. En algu. nos dlas, capa o sobretodo color de pasas que llaman carro de oro, y por lo que respecta a los días c1dsicos, casaca de pafío negro y sombrero apun· tado.•1
1. Tapio y Rivera, Alejandro: Vida del PIntor 10si Campeche, San Juan de Pucrlo RIco, 2.• edición, 1946. Página 26.
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Sobre este texto opina Gaya lo siguiente: «Lo malo de esta descripción es que está redac· tada a los cincuen ta y tres años de haber muerto Campeche, por 10 que su puntualidad será relativa,
Retrato de Campeche, por Ramón Atiles. Colección del Sr. A. Marxuach. e incluso contiene detalles --el color sonrosado y el pelo lacio- que parecen una apologia de su pertenencia a la raza blanca, cual si fuera delito 10 contrario. Y el mismo prurito hallamos en el retra-
, to, igualmente de oídas, pintado por Ramón Atiles en años románticos, en tanto que el que haría Fran· cisco Oller de su gran colega, aun bastantes años ,después deja ver mucho más evidentemente a un mUlato o amulatado. Pero ni como la descripción literari~ de Tapia ni las pintadas de Atiles ni de Oller son documentaíes, quedamos con el desagrado de no conocer cuál fuera el talante externo de Cam· peche.» Las afirmaciones inexactas y la ignorancia de determinadas noticias que fijan la crono!ogía y fuente de dichos retratos nos mueve a hacer las precisione3 que siguen sobre el mismo asunto. Parte Gaya, si bien yerra por pocos años, de UD error de cálculo. Muerto Campeche en 1809 y escrita la biografía a cuyo contexto pertenecen las citas indicadas en 1854,2 son cuarenta y cinco años y ,DO cincuenta y tres los que median entre la desaparición del pintor y la redacción de la otra de Tapia. En cuanto a la validez de los datos contenidos en su descripción, hay que hacer constar que don Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882) además de ser ,natural de San Juan, conoció y trató a personas que a su vez habían tratado y conocido a Campeche, una de ellas don José Power y Giralt, de cuya me· maria feliz ha dejado un testimonio preciso.J Los ' familiares de Campeche, por otra parte, vivían toRetrato de Campeche. por Francisco OUer, davía en San Juan por aquellos años. En mayo en el Ateneo Puertorriqueño. de 1841 aparece premiado en la lotería Silvestre Andino Campeche, su sobrino y discípulo" Justamente un año después, encontramos la constande miniatura».6 Con que resulta que es el de Oller cia que avala la honradez con que procedió Atiles. primero y ·no el último, a menos que el de Atiles el En el informe de la Comisión nombrada por la pintara con anterioridad y se develara mucho se Real Sociedad Económica de Amigos del País para después. Hay que prescindir de este problema por honrar la memoria de Alejandro Ramírez y la de el momento para ocuparnos del asunto principal José Campeche, fechado en San Juan el 25 de fede estas Dotas. brero de 1841, se habla sobre el acuerdo de mandar Partimos, y esto es lo importante, de un dato hacer sus retratos. En el curso de la reunión que común: ambos retratos son copias de uno o unos resume dicho informe, manifestó don Nicolás originales hoy extraviados o perdidos definitivaAguayo que .podía conseguirse el de Campeche, mente. Por lo tanto, cae por su base la afirmación haciéndole copiar gratuitamente de uno que existe de que fueron pintados de oídas. Pasemos a deter· en la familia de éste... »5 El acuerdo tardó en ejecuminar en lo posible cuál es el más fiel. tarse pero al fin fue develado el retrato en la junta Basta mirar las dos composiciones para adveIpública celebrada la noche del 22 de enero de 1863. tir que proceden de un modelo común. En ambas, Ocho años antes, en junio de 1855, había presentaefectivamente, lleva el pintor la misma ropa y en do Oller un retrato de Campeche a la Real Junta ambas se nos muestra junto a un caballete. Pero de Comercio y Fomento. También éste está inspi. aquí mismo comienzan las diferencias que acero rada, según el texto de la Memoria, «en otro antiguo can a uno .y distancian al otro de lo que supone· mas fue el motivo de inspiración, esto es, un a~,o rretrato, obra del mismo Campeche. 2. Fue escrita por orden de la Real Junta de Fomento de Puerto Rlco cn 1854 y publicada en La Habana en El Bardo de Gua. La ausencia de un fondo historiado sugiere la manf en 1862. Nota de don AlcJandro Tapia y Dfaz, página 2 de probabilidad de que el retrato mencionado por el la 2.a edlcI6n. 3. Tapia y Rivera, Alejandro: Noticia hi.rtóric4 de Ramón Po· lIIer. San Juan de Puerto Rico. 2.a edlcl6n. 1946. Página SS.
4. Boletín Instructivo y Mercantil, núm. 228, mU!rcolcs S de mayo de 1841. página 281. 5. Tapia y Rivcra. AlcJandro: Vida del Pilltar lasto Campeche. página 46.
6. Mcmorla descriptiva de la segunda exposlcl6n pública de las Bellas Artes, agricultura e Industria dc la Isla de Pucrto Rleo, celebrada en Juolo de 1855. Botet/n Histórico de Puerto Rico, tomo VII, páginas 99-116.
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señor Aguayo sea la misma miniatura que utilizó Ollero Campeche lleva en los dos el simplicísimo traje de diario, blanco y negro. Son éstos los colores que según la Regla de los terciarios dominicos vigente en el siglo XVIII, debían llevar sus herma· nos.7 En el lienzo de Oller, el caballete está de espaldas al espectador y Campeche aparece en el acto de pintar, con la paleta en la mano. Varía el de Atiles en esto de forma que en seguida se aprecia un ordenamiento de planos totalmente familiar. Por ejemplo, esa mesa que Campeche interpone entre el primer plano y el fondo para crear profundidad se encuentra aquí sirviendo de apoyo al cuadro de Nuestra Señora de los Dolores. Campeche sostiene el lienzo o tabla con su mano derecha, mientras con la izquierda señala la misma pintura. Y la imagen, efigiada con la torsión de cuello y la facies de aflicción típica de la manera del artista (p. ej., el San Alberto de Sicilia y el Salvador Eucarístico del Convento de las Carmelitas) corresponde en todo a su estilo. El culto a la Do· lorosa es una de las formas preferidas de la devoción mariana en el siglo XVIII y su ciclo alcanza un punto culminante en los últimos años de Campeche, bajo el pontificado de Pío VII.! Esta composición cabe completamente, a manera de didascalía, en la pintura y la estampa del siglo XVIII, transmitiéndose al arte de la fotografía en el curo so del XIX. En cuanto a lo primero, basta entrar en los claustros romanos de San Alfonso en la vía Merulana y de los Pasionistas en el Monte Celia para encontrar señas de retratos de religio. sos de los siglos XVIII y XIX enarbolando crucifijos o mostrando alguna estampa o cuadro de María al que señalan con la mano o los ojos. En la Curia de los Redentoristas es el más notable el del Padre Antonio Tannoia, primer biógrafo de San Alfonso. Más vecino a ·nuestro tiempo, se encuentra el excelente retrato del Ilustrísimo Sr. Dar. Fray Pablo Benigno Camón de Málaga, en el Arzobispado de San Juan, al que en alguna desgraciada restaura·
ción se le borró el óvalo con la estampa del corazón de María con que aparece en sus fotografías. El retrato de Atiles, en este caso, nos revela también un rincón del alma de Campeche: su devoción personal a la Virgen Dolorosa. En cuanto al tipo étnico de Campeche, consta c1arísimamentc su origen mezclado, haciéndolo todavía más criollo su condición de mestizo, puesto que es el mestizaje la gran realidad racial de América desde Méjico a Chile. En Campeche se juntan la sangre africana y americana por parte de padre y las raíces europeas de la madre, natural de Canarias.9 No es probable, por lo tanto, que dieran estos elementos un tipo puro de africanía. El retrato de Oller, si se observa con detenimiento, da un tipo menos perfilado que el de Atiles pero me· nos expresivo y adolece de cierto aire infantil. En cambio, el de Atiles revela unos rasgos más diferenciados, como de un hombre entrado en los cincuenta. Los arcos cigomáticos bajan de manera marcada y se acentúan las ojeras. No podemos de· terminar de manera absoluta si es este último el más fiel, por faltar el original u originales de donde procedieron a copiar sus respectivas obras los dos pintores, pero no creemos que existiera en Atiles la voluntad de «blanquear» a Campeche en años en que gozaba de aprecio universal en la ciudad un personaje como el maestro Rafael, de evidente procedencia africana y con escasa o ninguna mezcla. ID En Campeche, según nos revelan ambos re· tratos y en particular el atribuído a Atiles, pudieron darse al mismo tiempo unos rasgos menos caracterizados de africanía, conservando en cambio la pigmentación. Sea cual fuere el retrato que más se acerca en parecido al físico de Campeche, el de Oller o el de Atiles, ambos proceden de un modelo del natural, probablemente UD autorretrato y la descripción que hace Tapia no encierra ningún disimulo de la verdad fisonómica del retratado sino que concuerda con los datos de la experiencia en zonas de mestizaje intenso.
7. Dávlla, Arturo: Un retrato moral de José Campeche: el testamento de Marfa Jordán y Marques. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Num. 22, págs. 52-SS. 8. Por un rescripto de 18 de septlembre de 1814. Pío VlI. a su welta de Fontalneblcau, extendió a la Iglesia Universal la fiesta de los Dolores. L'~p¡cier. Auguste Marle O. 5. M.: Matcr Dolorosa. Notes d'hisloire. de liturgte et d'tconographic sur le culte de Notre·Dame des Douleurs. Spa. 1948. Capitulo XV. página 73.
9. Ver Blanco, Enrique T.: José Campeche. Filiación genealógica documentada. Revista Alma Latina, San Juan, Abril. 1932. Actualmen· te espera SU publicación un documentadlslmo trabajo de la scflora Luisa Gelgel de GancUa. que aporta noticias fundamentales para el conocimiento de la genealogía de Campeche. 10. Tapia y Rivera. Alejandro: Mis Memorias o Puerto Rico como lo em:onlrl! y corno lo de;o. San Juan de Puerto Rico, 1946. Página 78.
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Dos aspectos en la poesía de Luis Palés Matos * Por
L
A ISLA DE PUERTO
RIco
ES TAN ATRAYENTE QUE
queda grabada para siempre en la memoria. Con acierto la llamó ya Juan Ramón Jiménez la «isla de la simpatía». Hablar, por consiguiente, de algún punto relacionado con esa joya de las Antillas, crea en el alma un sentimiento tan hondo, tan sustancial, que es una delicia evocar sus tradiciones, su paisaje, sus figuras literarias. Es lo que voy a hacer, reduciéndome a un solo nombre, al de un poeta cumbre, dentro de la serie magnífica de los poetas isleños contemporáneos. Me refiero a Luis Palés Matos, escritor que, paralelamente a su valoración intrínseca, reúne un motivo singular para traerle a un primer plano este año, ya que en 1865, hace un siglo, nació su padre, Vicente Palés Anés, a través de cuyo entronque le llega a su descendiente, de un modo filial, la brisa de un ceno tenario. Vamos, por 10 tanto, a seguir con sobriedad la obra del poeta, recogiendo, sobre todo, los aspectos comprensivos de dos tendencias básicas de su poesía, que encierran en sí matices fuertemente diferenciados. Porque este autor que había nacido el año 1898 en Guayama, en aquella región marinera, salitrosa. a veces ávida, grave como preparada para forjar espíritus tensos; este artista que seguirá la fisonomía de su tierra en su ritmo expresivo, la va a pulsar con tan segura mano que nos hará sentir el salitral y nos aderezará el ca· mino para que podamos comprender en su pleni· tud la complejidad de su isla y de sus versos. Desde los primeros días hasta su muerte en 1959, Palés recorre todos los caminos de la poesía • Conferencia pronunciada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid el 19 de noviembre de 1965 al Inaugurarse el II Semi· narlo de Cultura Puenorrlquella.
LUIS MORALES QUVER
contemporánea y actual, tanto el neorromántico y el parnasiano como el que procede del impresio· nismo, cargado de manchas de color, y del mundo simbolista y alado de los sueños. Y dentro de esta técnica variada, el poeta nos lleva como experto guía y empleando procedimientos antitéticos, unas veces por la trepidación fonética del tema negro y otras por los remansos de una poesía que viene a nosotros con la quietud de una más callada y con la hondura de una interioridad indefinible. Magníficos destellos de un artista que sabe mane· jar los resortes más contrapuestos. Es indudable que en Palés tiene voz y presencia la nostalgia romántica, aunque su contorno esté matizado de toques impresionistas e incluso se note un leve declive hacia el simbolismo. Las Ji. neas se apagan. Cuando nos presenta su poema Las formas fugaces, hay algo de evanescente en este romance en agudos que nos transporta a una noche de luna con llanto de flauta. mientras el vals se desvanece en el viento como niebla sonora, el silencio sube la blanca espiral de sus ensueños y una luz de zodíaco va empapando las cosas co· mo un agua de azalzar. ¿No es éste un romanticismo modernizado con imágenes de una tonalidad nueva? ¿No nos parece escuchar un vals de Chapin inserto en una modulación que anuncia a Debussy? Estas cualidades se refuerzan en su Nocturno y en su Claro de Luna, donde su mismo título y una amalgama de elementos superromán. ticos nos hacen flotar en una atmósfera sobrema· nera aérea y vaga, coloreada por un submarino claro y procedente de una luna acuosa. Las aves blandas sueñan y el poeta desea que se alargue esta lenta hora de gratitud en que las cosas ad· quieren una irrealidad suprema. La luna, su ciudad, su luz desvaida, nos coloca ante una de las 11
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fases de la poesía de Palés en la que, frente al parnasianismo, frente a sus formas rígidas y escultóricas, nos introduce en ese mundo delicuescente de la noche en que se escucha hasta el lamento de las ranas. De aquí pasamos al aspecto modernista, a ese otro aspecto que no podía faltar en un orbe poético tan atento a cobijar todas las novedades. Cuanto significa el modernismo can sus sinestesias, con su ambiente principesco, con su métrica musical, resuena en poemas como Las voces secretas, como Sus manos, como Evocación. Nada de lo más re· presentativo está ausente, ni el jardín adormecido, ni el ensueño de las rosas, ni la fontana de oro, ni 10 «panida», ni las islas de los golfos chinos. Acuden a dar vida a este ritmo los sonetos en alejandrinos, los largos dedos principescos, las blancas góndolas. y como una referencia modernista de alto sello viene a punto la ineludible nota de color atenuado, expresa en la despedida A un amigo muerto:
cansan los leones. Sus lágrimas supieron convertir a un alma pecadora. El retrato de este santo anacoreta le da pie al escritor para presentar una ga· lería pictórica de eremitas de cuya serie entresa· camos los nombres de San Teodosio de Antioquía, de San Senudí el beduíno. de San Pabnucio de Antinoe y de San Palem6n el ermitaño. Una anáfora de diez versos con estilización asindética ayuda a dar perspectiva a este cuadro transparente. La diversidad de motivos y sistemas es de tal naturaleza en Palés Matos que no pueden perderse en el olvido los elementos impresionistas y aún de neto simbolismo que renuevan y acondicionan el aire de su poesía hasta llevarla a las mismas fronteras de la vanguardia. No se priva de nada. Su inquietud le induce a escribir versos contorsionados y circenses:
¡Feliz tú que te fuiste a la oportuna hora en que todo lo invade la nostalgia del gris!
Todo ello sin perjuicio de ver el mar, cuando así le conviene, desde un ángulo deforme:
Pero la geografía poética del modernismo es tan amplia que, para acogerla en su plena dimensi6n, el poeta de Guayama, cantor de temas negros, no duda en incorporar a su tesoro antol6gico un mundo de poemas «blancos. a la manera de Ricardo Jaimes Freyre. Es lo que ocurre en su soneto Asfodelo con la pintura de aquella muier escandinavamente sensitiva, labrada en viva nieve, cuya be1te2a tiene un noruego encanto y que surge bajo un claro de luna de tristeza. Lo mismo puede decirse de su Sinfonfa nórdica donde, entre referencias a una bahía groenlandesa y a un imperio sublunar, escuchamos la voz tremulante de las walkirias en contraste con las notas sonoras de Chopin. de Grieg o de un vago piano de Schumann. Y todavía se acendra la sensación en su poema Walhal1a en cuyos versos nos sentimos llevados en un trineo por la estepa helada. impávidos como capitanes de las brumas, hacia quiméricas Thules. La alusión a la isla mencionada por Séneca en la Medea y por Cervantes en el Pérsi'es hace iuego con la armonía de los renos y con el oro eléctrico de las auroras boreales. Para que la topografía del modernismo complete más sus márgenes, también el Oriente de las Tebaidas y de los arenales bermejos, el Oriente de los desiertos y de los cenobitas está representado, como en Rubén o en Guillenno Valencia. en las poesías que Palés titula San Sabds. El destierro voluntario y Karedln Barbarroja. Contemnlamos en la t)rlmera a un anciano penitente de aldeana ingenuidad, blanco de ayuno y sacrificio, que al dormir se arropa con su barba y junto al cual des-
El mar en overol azul abotonado de islas y remendado de continentes...
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Vamos, acróbatas modernos, sobre trapecio 'de metáforas a hacer maromas peligrosas...
No es ésta, sin embargo, su t6nica general. Lo que domina, 10 que unifica esta variedad de transiciones y de estilos, tanto lo ya evocado como en lo que vamos a analizar, es una constante que se resuelve en dos planos, el de la manera dinámica, pasajera, pletórica de sonidos y de distorsiones y la de la poesía perenne, reposada, que se amansa como una blanda ternura. Cuanto podamos sentir en la música de sus versos, ya sean románticos y modernistas o bien se desenvuelvan dentro del impresionismo o de los temas vernáculos, todo se encuentra en el marco de esta doble vertiente. Unas veces le vemos envuelto en el temblor sonoro de un fonetismo negroide y otras se deja llevar por el soñado encanto de una dulzura acogedora y nutrida de silencios. Dos estilos, dos estados de alma que conviene analizar. El mundo negro imprime un sello muy indivi· dualizado a la poesía de Palés. Aflora en el escritor puertorriqueño un antillanismo que le coloca, sin fundir su personalidad a la altura poética de los cubanos Nicolás Guillén y Emilio Ballagas. Anima sus poemas con notas de color africano y empalma airosamente con una añeja tradición inserta en el alma hispánica. El tema contaba con antecedentes remotos en la literatura peninsular. Cervantes recuerda haber visto en su infancia a Lope de Rueda, famoso en sus caracterizaciones de negro. El mundo negroide
deja su huella en la poesía, en la prosa, en el teatro de los pasados siglos. No es solo Góngora el que se sentirá llamado por un asunto cuyo color anochecido le arrastrará hasta el delirio de la rei· teración de 10 negro. También Lope de Vega, Mira de Amesina y hasta Comella sentirán el imán de una trama que quedará patente en comedias tales como «El santo negro Rosambuco», «El negro del mejor amo» y «El negro sensible». Esta temática proliferó con mano generosa y ateniéndose a la fórmula de una fonetización predeterminada y colorista. Un ejemplo nos 10 da Sor Juana Inés de la Cruz con sus poesías negras en las que incluso .nos sorprende gratamente con la mención de Puer· to Rico. Hay que llegar, sin embargo, a los últimos años del XIX para asistir al anuncio de la gran explosión que, durante el siglo xx, preparó la conmoción del alma de los negros. Un músico Dvorak, un gran músico originario de Bohemia, de aquella región centro europea cuyo espíritu iba a musicalizar Smetana, sería el mensajero de este cambio inminente. Nombrado Director del Conservatorio de Nueva York, saboreó día a día, desde el año 1892 hasta el 1895, la vibración de los cespirituales» negros. La nostalgia, las lágrimas amables de estas canciones le hablaron al alma abriéndole las puertas de un nuevo lenguaje musical. Uniendo entonces la ensoñación de sus danzas eslavas, más bellas en la distancia, con el ritmo de aquellos cantos que sonaban con una misma templanza desde el barrio de Harlem hasta las orillas del Mississipí, compuso su obra maestra, la cSinfonIa del Nuevo Mun· do», que daría la vuelta al planeta llenándolo de un embelesamiento desconocido. Si a esto añadimos su «Cuarteto negro», podremos comprender la transformación musical que empezó a experi. mentar Europa. Era un nuevo hallazgo de incalculables consecuencias. De modo paralelo, en un medio bien preparado por los relatos de los animosos exploradores del Africa ecuatorial, por las novelas uRomulus Cucú» y «Batuala» de Paul Reboux y de René Maraut, por el libro «La magia negra» de Paul Morand, por las «Escenas Africanas» y el estudio del país de los Cubis de Más y Ladreda y por la conciencia del propio valer de los pueblos negros, una atmósfera y una literatura cada hora más exótica fue adquiriendo vigor y presencia en las nuevas generaciones hasta imponerse en número y contenido a par· tir, ya fortalecida, de la tercera década del siglo actual. El ambiente se pone en ebullición para crear una temática negra edificada sobre las nostalgia del Africa y la realidad de unos derechos cada vez más evidentes. Todo hierve. El trágico seísmo de la primera guerra europea y el intercambio de .pueblos arrastra en su corriente el légamo y las
rosas. Las modas y los modos de vida se trastor· .nan y renuevan. Hace su entrada la música del jazz y a su lado irrumpen la danza contorsionada y el concepto poético de un mundo de color que empezaba a despertar. Así fue cobrando vida una poesía negra -escrita incluso por blancos y muo latos- asentada en sentimientos ancestrales y foro jada sobre supersticiones y encantamientos, ruidos de selva, aparición de animales peligrosos y ritmo de bailes monocordes y mágicos. Ningún aspecto quedó excluído de su círculo, ni la pincelada de los paisajes inéditos, ni la ternura acompasada de las nanas meciéndose al arrullo de cantos maternales para dormir a los negritos. Un rumor único se extendió desde el Hudson hasta el Río de la Plata, pasando por España y las Antillas. Se can· taran temas de idéntica contextura en lengua his· pánica, francesa o norteamericana. Una técnica, aparentemente nueva, pero en realidad remozada, la jitanjáfora, brindó sus variaciones formales a los poetas más recientes, complaciéndose en las alteraciones, en el boato de las anáforas, en las acumulaciones insistentes, en el uso de palabras sin sentido, aunque con una fuerte personalidad melódica, y en el triunfo de lo fonético sobre lo con· .ceptual, de lo sugerente sobre 10 intelectivo, de los sensibilizado sobre lo razonable. Un movimien· to ondulado agitó el plano de lo poético utilizando procedimientos que ya Lope de Vega, con su olfato innovador, había puesto en práctica generalmente en su Araueo domado al dejarse llevar por la música de estos versos ultrasonoros: Piraguamonte, piragua, 'piragua, jevizarizagua...
Si afinamos un poco nuestra percepción notaremos que en este fonetismo a ultranza queda flotado un mundo inquietante de evocaciones, veladas bajo una bruma de sonidos. El sistema repetitivo se impuso sin reservas en todos los meridianos de la poesía. Un ejemplo extremado salió de la pluma de Nicolás Guillén al componer su poema Sensemayd en el que una corriente uniforme y monocroma transita desde el pricipio al final para, transmitir la sensación de muerte de una culebra. La anáfora vence desde los primeros versos: ¡Mayombe - Combe • mayombé! ¡Mayombe - Combe - mayombé! ¡Mayombe • Combe • mayombé!...
Y cuando el poeta está a punto de terminar, la reiteración se refuerza y duplica: ¡Mayombe • Combe • mayombé! Sensemayd, la culebra.
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¡Mayombe - Combe· mayombé! Sensemayá no se mueve. ¡Mayombe - Combe - mayombé! Sensemayd, la culebra. ¡Mayombe - Combe· mayombé! ¡Sensemayá se murió!... ¡Naturalmente! ¡Ni una culebra resiste la mOa dorra de tan machacona isocroníal El poeta de Guayama se incorpora al empuje torrencial de esta poesía desconcertante y descon· certada. Y la cultiva con decisión y con brío. Sien· te la llamada del tema africano en lo escondido de su ser y lo expresa sin rodeos: E~ta
noclte me obsede la remota visión de un pueblo negro. Es un pueblo de sueño, tumbado allá en mis brumas interiores a la sombra de claros cocoteros. Para dar más vida a la visión ilustrativa de ese pueblo, Palés acumula y acumula elementos visua· les y auditivos que lo definen y ambientan al pintarnos el compacto hipopótamo, el elefante de mar· fil y grasa, los aguazales, la luz rabiosa y los duo ros ocres, mezclados con el canto monorrltmico.
pululado de úes, que se aquietan en balsas de diptongos soñolientos " de guturaciones alargadas que dan un son de lejanía al verso. El africanismo poematizado le suscita impre· siones exóticas. Eu sus poemas Numen, Bombo y Falsa canción de baquiné, o en su Elegía del Du· que de la Mermelada, tan aliterativa, la zoología y la botánica complementan el sabor del conti· nente misterioso. Caimanes, serpientes, antílopes se mueven en la jungla, dentro de una topografía cene trada en la Nigricia, en Guinea o en el Congo y presidida por la presencia arbórea del gigantesco Baobab. Lanzado por este derrotero, es lógico que el baile gesticulante o la música primaria le sirvan al poeta de telón de fondo en sus compasiones negroides a las que transmite tan alta tensión que nos sobrecoge con el espanto de la noche fermentada de tambores que croan en la selva, o nos amo· ,dorra con la presentación de una danza que se prolonga sin descanso:
Los negros bailan, bailan, bailan ante la fogata encendida. Un último tramo en su avance por el mundo temático de colorismo afroecuatorial le impulsa a no prescindir ni de las escenas canibalescas al componer con audacia fon,ética, y apoyado en la
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onomatopeya, su alucinante poema titulado filam iíam. Más acá del ciclo africano, la poesía negra le ofrece a Palés claras posibilidades antillanas. Cuba, Haití y Puerto Rico constituyen el núcleo de la Canción festiva para ser llorada, con su ndñigo, vadú y burundanga. Curazao, Martinica y Guada· lupe se asoman más de una vez a sus versos: las dos últimas para ser interrogadas con gracejo pertrechado de extrañeza:
¿En qué, lorito aprendiste ese patud de melaza? las tres, para que figuren alternadamente entre las papiamentosas islas del ron y las patualesas del volcán; y todas las pequeñas Antillas para dejarlas estereotipadas en una imagen de raro acento:
Acordeón con sordina de palmeras Dada la exuberancia del negrismo poético en Palés Matos, ¿cómo extrañar que el sistema reiterativo abunde en su obra con intensidad pareci. da a la de otros poetas de la misma tendencia? ¿No es esta la norma de su conocida Danza negra, que anuncia ya su sonoridad agreste desde el comienzo?
Calabó y Bambú, Bambú y Calabó. El gran cocoroco dice: «Tu-cu·túJI. La gran cocoroca dice: «To-co·to•... 'El caudal de la poesía negra del poeta isleño quedó coleccionado en un libro que pensó llamar «El jardin de Tembandumba» y cuyo título definitivo fue el de Tuntún de pasa y grifería, equivalente a «Ritmo de negros y mulatos» por su alusión al pelo ensortijado de esta raza. En esa antología de sus versos mejores, impresa muchos años después que su primera publicación literaria, insertó Palés otras series poéticas tales como El esquife de Jasón, El taller de Benvenuto, El palacio en sombras y las Canciones de la vida media. En el Preludio en boricua dio salida a su entusiasmo patrio, llamando a Puerto Rico 11 mi isla are diente". No podemos despedirnos de la poesía negra sin dedicar un recuerdo bien ganado a aquel desbordamiento de ternura, de gracia rítmica y de amable susurro que se desprende de los temas infantiles con la suavidad de una caricia. Niñas negras de· fendidas en el cielo de la discriminación racial, ni· ños negros mecidos por sus madres al arrullo de nanas espiritadas, enriquecen en todos los meri· dianas con mano generosa la inspiración lírica dI: poetas como el argentino Luis Cané, el madrileño
Méndez Herrera, el uruguayo Pereda Valdés o el cubano Emilio Ballagas. Cuando escuchamos en ·las Antillas el Drumi, Mobila -ClDuerme, Mobilade Ignacio Villa, ¿no experimentamos algo así como un derretimien to de amor filial?
Drumi, drwni, drumi, Mobüa tu mamá ta la campo Mobüa E'va trae pajarito pa ti pa tli e'va trae coronise, pa tí Drumi, Mobila .. Calla, Mobita . No yora, Mobila... Drwni..., Mobita. y cuando vemos en la poesía de Cané a la niña negra que va a jugar, por orden de Dios, con 103 angelitos blancos, ¿no nos sentimos más cerca de las fuentes eternas de la bondad? Otro tanto puede decirse de la Nana negra de Méndez Herrera con su ululante estribillo:
Uuuu-ú-ú, ú·ú, ú-ú Tu madre te canta mientras duermes tú tu madre te mece con pausa de rlo tu rio Zambeze, que nunca está frlo. y no desmerece, dentro de esta senda, la Canción de cuna de Pereda Valdés:
Ninghe, Ninghe, Ninghe, tan chiquito, el negrito que no quiere dormir. Cabeza de coco, grano de café con lindas motitas con ojos grandotes como dos ventanas que miran al mar... Cada estrofa de esta temática minimizada de lo pequeño se recubre de tal emoción, de tal afectividad, que enternece hasta el ápice el mundo de los sentimientos. Cuando Ballagas sueña su nana Para dormir a un negrito, presentando el contraste entre el color azul oscuro del caimito y el blanco del merengue, ¡qué sensación de infancia nos in· vade!:
Drómiti, mi nengre, drómiti neugrito
Mi clziviricoco chiviricoquito Caimito y merengue merengue y caimito. A'ora yo te acuetta la maca e papito y te mese suave... duce, depasito ... y matá la pugga, y epanta moquito, pa que due'ma bien mi nengre bonito. No descansa sólo en lo estudiado el fundamento de la poesía de Palés. El negrismo, la vanguardia, el mundo nórdico, el desierto, las noches color de azahar o la luna que enfunda las copas de los árboles en una gasa de luz submarina, no son suficientes para aprehender la más fina esencia de su temblor poético. Hay algo -y muy profundoen su lenguaje inspirado. Hay un mundo íntimo, de una interioridad que tiene voz y sustancia, y un mundo vernáculo que le transforma en cantor de los paisajes y de las almas de Puerto Rico: paisa. jes y almas de Guayama; paisajes y almas del pue· blo, de las mujeres, de los jíbaros, de los hombres de mar; paisajes que alegran con su risa; paisajes que se nublan en llanto tras el hilo de unas coplas de belleza mansa. Es la otra vertiente de su modo de escribir. El ritmo ahora levemente reposado, incita a entrar con pie silencioso por sus umbrales. El poeta bebe en los mismos manantiales de lo popular. Capta, como experto, el latido del amor y del campo. El dialectalismo nativo se mezcla en sus versos con el drama para climatizar el mamen· to en que el jíbaro abre la puerta a su dolor sin orillas:
¡Qué triste está mi bollío dende que la tumba fria enguyóse la alegria del corasonsito mio! La entraña de lo popular se vierte así más emotivamente en coplas de sabor terrígena. Cuanto tiene relación con su pueblo dialoga en su alma. Hasta sus poetas cobran sentido. Al morir Luis Lloréns Torres le dedica un recuerdo cuyos últimos versos tiemblan con sensib~dad puertorri· queña:
un dia, allá en el fondo del campo, alguna triste jíbara enamorada, para endulzar su historia, dirá una copla tuya sin recordar quién fuiste. lY ese será el más grande monumento a tu gloria! ~
:s
Una brisa amable rejuvenece su obra al entrar en el huerto de su mejor poesía. Paisaje, hogar y
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espíritu forman un tríptico de consumado lirismo. Huyen los ruidos, la realidad se purifica, la natu· raleza se ablanda y las horas callan en este defini· tivo fluir de sus versos. Al contacto de su voz, los seres nos enseñan el oculto tesoro de su alma. Y la tierra y el mar se nos acercan con más pene· trante olor a iSla. Primero su región, su Guayama, país de salitre, de marismas resecas, de vaga tristeza indefinible, le refresca la memoria. Infancia e historia quedan impresas en su topografia, donde proclama ato· dos los vientos el orgullo de su procedencia.
Esta es la tierra donde vine al mundo. El campo le inspira cinco sonetos en alejandrinos en los que cOMlgura al jibaro mohoso -cuya barba se desarrolla como un hongo oscuro-- y en los que afina el sentido del olfato para vivir más su paisaje. El aroma penetrante de buen café tos· tado y el olor de la hierba fresca.
Yerba fresca a la hora del orvallo sincero, reafirman en el poeta la reminiscencia de su niñez. Al acercarse a esa tierra bien amada, se desprende de sus versos -como en su poema ¡Ay, se fue la aldeanaJ- una horaciana quietud, una paz de reloj de sol. ¡Cuán lejos estamos de su poesía negroide! Comprendiendo Luis Palés muy de cero ca a su pueblo, siente el rebrote de los afectos y exclama: Piedad, Señor, para él. y después de la tierra, el mar. Ahora las cosas se impregnan de un subido olor a yodo, a marisco ya brea:
Este olor a brea me trae el puerto... Sus poemas marinos, vistos desde un ángulo equivalente al de Tomás Morales, se vigorizan con brisas atlánticas. La humedad lo penetra todo. Se humedecen de llanto las campanas y los rosales. El sol rebrilla en Jas ondas como cangrejo de oro. La goleta duerme en el puerto sosegado y nos descubre un tiempo romántico con sus algas negras por los viejos costados y sus marinos lentos, cal· mudos, y generosos, recubiertos de barbas de cobre y con hombría suficiente para rezar con amor el Padre Nuestro. Un pueblecillo se recuesta a la sombra de su Patrona la Virgen del Carmen. El océano sugestiona con sus voces y los pescadores sueñan. Transpira en todo esto el seo'timiento de un autor identificado con la costa y con el mar hasta el punto de ver en sus aguas una alegoría de la vida con la misma trascendencia con que el poe· ta de Canarias cantaba en un poema brumoso:
Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño... 16
Palés desarrolla la comparación entre el vivir y la nave en su soneto Sobre el ronco tumulto de las olas. El paralelismo temático es completo. Des· lizándose en la superficie agitada, el bajel de su vida va conducido por sereno y dulce timonel ha· cia un blanco puerto de reposo total. Allí le espera, logrado por el propio sacrificio, el más noble triunfo:
venciéndome, me diste la más pura victoria. Como consecuencia, iluminado de gracia matutina, anhela ser un grano, el más pequeño, de tu incensario azul. Sorprendemos aquí, en esta idea poeti· zada del escritor borinqueño, un fondo religioso semejante al de una poes!a esperanzadora de Ru. bén Daría resumida en este verso:
mi corazón serd brasa de tu incensario. La interioridad avanza. Paso a paso va penetrando Palés en su palacio en sombras. Al resplan· dar vago de la joya que lleva escondida, las cosas cobran un sentido excelso, le interrogan, le enseñan, le hablan:
Tu morada es ésta; Descdlzate, y deja el polvo del mundo, Así estarás mejor, sin ese ruido que turba tu Así escucharás tu corazón. [quietud, Ahora tu vida es nueva ldmpara, El manantial de luz le dio su aceite de eternidad. Ahora te ves rodeado de ti mismo, Este palacio en sombras ya no tiene secretos para [ti; Todo lo sabes y lo penetras todo bajo la reposada ¡ntema de la joya que llevas escondida. [luz Al leer estos destellos intuitivos, una conmoción, un escalofrío invade el espíritu. ¿Es éste el Palés de la otra poesía que estallaba en sonoridades? ¿Se ha meditado lo bastante en esta modali· dad de su sentir íntimo? ¿No percibimos ahora como un murmullo que suena más allá del tiempo? En composiciones como El pozo, como El llamado, como tantas más, nos hace oír la diáfana consonan· cia de una interior angélica armo,úa. Le llaman desde alld. Ve su alma como un pozo de agua profunda en cuya paz imperturbable .ruedan los días apagando sus rumores mundanos: a veces un remoto sentido de etemidad lo llena. Sueña igualmente con una ciudad de graves torres blancas, sin relojes, ni horas, ni días, ni se· manas, con una aguja de plata en cada cúpula, con una estrella en cada aguja y con el silencio como antiguo transeúnte. Necesita levantar la mirada, necesita escuchar la palabra que le diga: Alza los ojos
y venís que inefable resplandor diliger¡.te va ao1arando tus sombras interiores, y como la luz... ...te hace amar la vida. ,Es el renacer del optimismo, fiel acompañante de todo aquel que recupera el paraíso de su alma. A nuevos estados interiores, nuevas exigencias expresivas. La corriente espirituaJ requiere, como contrapunto, un estilo espiritualizado. ausente de pompa, opuesto a toda contorsión, lleno de sustantividades, transparente como la conciencia. Con palabra adecuada lo expone Palés Matos en sus Canciones de la vida media. Nos da a conocer con alien,to de poeta los principios de su más depura. da intención estética. Son pocos, pero ilustrativos: Huir de retóricas y hojarascas que inquietaron [su infancia. Componer con desnudez de palabras y de Buscar lo sencillo y lo propio. [imágenes.
Ahora vamos de nuevo a cantar, alma mía,' a cantar sin palabras. Desnúdate de imágenes y poda extensamente tus viñas de ojarasca. No adulteres el mosto que hierve en tus lagares con esencias extrañas; y así te dará un vino sencillo, pero puro, porque es vino de casa. Umpio fuego poético. Fórmula perfecta que transforma su lirismo en un primor de naturalidad estilística, armonizado con la emoción profunda de los temas. Esclarecida su alma, libres de nieblas sus ojos interiores, el hogar le fascina a .Luis Palés en tres de sus creaciones poéticas conocidas con los títulos de Tú tienes, Oración y Esa mujer se parece a mi madre. Son tres ejemplos de equilibrio, de be· Ueza y de amor. La esposa, la casa y la madre esponjan con dulzura sus versos. Rodea a la esposa, ave de hogar de un encanto doméstico y tranquilo. Su descripción conserva la placidez del libro bíblico de los Proverbios o la serenidad de La perfecta casada de Fray Luis de León. Blanca entre sus tisanas y sus linos, buena esposa para el marido bueno, se afana con pisada leve desde que despunta el alba. Es la mano hacendosa del sereno asilo. ¡Oh mujer dara y pUlcra! Al pensar en la casa le nace una oración con calor hogareño, florecida en amores y redondeada con una invocación a Jesucristo. S,,!s peticiones se suceden en ritmos paralelos:
Para que haya pan blam:o en nuestra mesa y cada sol realice una promesa... Para que haya una sábana de armiño y un caballo con alas para el niño. Para que haya una aguja laboriosa para la mano de la buena esposa... y así por tu favor y nuestro tino, florecerá el hogar sobre el camino... ¿Podemos calcular la cantidad de ilusión con· densada en ese caballo con alas para el niño? Llegamos, por fin, al tema de su madre, a esa poesía única, íntima, soñadora, formada de recuero dos que envuelven al hijo en el mimbo a.zul de su mirada. Hasta la anáfora parece que se anima y se llena de bondad cuando el poeta escribe Esa mujer se parece a mi madre:
A mi madre, perdida en la distancia del pueblo viejo, donde estará ahora cayendo un agua cadenciosa y mansa... Yo siento la onda azul de su mirada envolviéndome en una cosa tibia de mansedumbre, de éxtasis, de alma... A fuerza de sufrir se ita vuelto buena, a fuerza de llorar se ha vuelto didfana, a fuerza de callar se ha vudto triste, a fuerza de querer se ha vuelto santa... Cuando un poeta nos eleva hasta las más sere· nas fuentes del amor y nos hace gustar el acorde de la melodía íntima; cuando nos acerca a las márgenes del lago dormido y nos ayuda a com· prender el sentido de la soledad,
...que a fuerza de estar sola se siente de sí misma compañera, es que su inspiración .no procede sólo de la tierra. Hay una región del espíritu que le habla un Jen· guaje e~tratemporaL En medio de los vaivenes, de las fluctuaciones, de los altibajos estilísticos y morales de su mundo poético, Palés probó también algunas gotas del manantial escondido, creando, por ello, tina poesía noble, con las raíces asentadas en lo más hondo de su isla, en lo más hondo de su casa, en lo más hondo de su espíritu. Así supo subir desde 10 más ·huidizo y efímero hasta lo más interior y perenne. Quien como él llegó a afinar sus versos hasta disponerlos para recibir las 11a· madas de lo eterno, bien púdo tener el privilegio de nacer en Puerto Rico.
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Exposición de Domingo García
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LOS PINTORES J6VENES DE PUERTO RIco figura en posición de avanzada Domingo Garda, tanto por la (calidad de su arte como por la inquietud creador, que le lleva a cultivar y explorar incansablemente nuevas formas de expresión artís- , tica. Nacido en San Juan en 1930, a los siete años de edad marchó a Nueva York, de donde sólo volvió a su pa~a para visitas efímeras hasta su regreso definitivd en 11958. En Nueva York estudió pintura bajo la dirección del pintor inglés William Locke. Luego estuvo algún tiempo en la National Academy of Art y en el Art Institute de Chicago. Desde su retorno a Puerto Rico, García ha estado vinculado a la Galería Campeche, fundada en el mismo año 1958, dedicando todo su tiempo a la pintura, el grabado y la serigrafía. Sus obras figuran en todas las colecciones públicas y privadas de importancia en el país y han sido expues tas en Puerto Rico, Estados Unidos, México y otros paises. Su primera exposición individual en el Instituto de Cultura Puertoh-iqueña -inaugurada el 19 de agosto- sólo comprendió obras recientes, identificadas con las últimas tendencias de la pintura contemporánea, y particularmente con las técnicas de Clhard-edgell> y «opll> de que son exponentes en Europa el grupo alemán Documenta !II, el francés Recherche de l'Art Visuel y el español Equipo 57. En la introducción al catálogo de la Exposición, señala Eladio Rodríguez Otero que García, con su meticulosa delineación de formas no figurativas, principalmente las abstracciones geométricas, y su aplicación de los colores en su máxima intensidad y en forma absolutamente lisa, «realiza un valioso esfuerzo por romper con los moldes tradicionales y con las mismas formas -del arte abstracto, para profundi.zar en el arte del presente y adentrarse en los secretos del arte del -futuro.,.
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NTRE
Matías González García
1866-1938
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Río Blanco, de Naguabo, en 1866, y murió en Gu· rabo, en 1938. Hijo de padre gallego y madre puer:torriqueña, estudió su bachillerato con los Padres Jesuitas en la Guardia (Galicia) e inició la carrera de Medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Motivos de salud le obligaron a abandonarla, regresando a Puerto Rico en 1886. Dedicó la mayor parte de su vida al magisterio y al periodismo e intervino activamente en la política del país, ocupando los cargos de delegado a la Cámara Legislativa (1904), y de alcalde de Gurabo (1920 a 1924). Su producción literaria fue abundante, contándose alrededor de 500 cuentos suyos, casi todos de carácter humorístico, diseminados en revistas y periódkos. Algunos de ellos fueron recogidos en Jos libros Cosas de al1taiio y cosas de llOgaiio (1918) y Cuentos de Malías González Garda (primera se· lección), publicado en 1960, y del cual procede el que aqui reproducimos. Escribió unas quince novelas, figurando entre las publicadas ErIlesto (1895) y Carmela (1903). Dejó inéditas ,'arias comedias y juguete!> cómicos, así como sus poesías festivas. ATtAS GONZÁLEZ GARetA NACIÓ EN EL BARRIO
El conyite del compadre Baltasar* Por MATíAS GONZÁLEZ GARCíA
LA CAUE CON EL COMPAdre Bal tasar. -Compadre Matías ... -Compadre Baltasar... -¿Y ]a comae? -Buena. -¿Y 'los niños? -También. -Que Dios se los conserve. -Muchas gracias. compadre Baltasar... ¿Y ]a comadre Rosa... ? ¿Y el ahijado... ? -Toítos buenos, mi compadre Matías. -¿Y a qué ha bajado usted hayal pueblo? -Pues na, compae; que tenía que pagar ]a con"trebusión, y como mi mujer me encargó que comprara algún líenso para los muchachos... -Caramba, compadre Y el ahijado debe estar ya hecho un hombre . ~Usted no sabe, compae... : ·]e dijo a usté que eso es un finómeno ... ¿Y cuándo piensa usté dir por allá... ? -Cualquier día, compadre BaHasar. ......Pues convídese a un amigo, y el domingo entrante nos comeremos una lichona... Precisamente tengo una tan buena y tan buena, que es un mesmo finómeno ... -Perfectamente: pues entonces, espérenos usted el .domingo compadre Baltasar. -Pa nojotros será de gran satisfacción, cornpae Matías. Y el domingo por la mañana, a eso de las ocho, ya estábamos mi amigo y yo montados en nuestros respectivos jamelgos y en disposición de emprender el camino de ]a cuchilla. Y que no era cualquier cosa, pues el compadre
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' IERTO DiA ME TROPEC~ EN l
• En: Cosas de antaño y cosas de ogaño. uleccioncs. por Ma. tfas Gonzálc1. Gare/a. Ml.Wco, Editorial Orión, 1953, p. 52-57.
Baltasar vivía en el barrio de Masas, a tres hora~ de la población y con unos caminos infernales. Pero, de 'todos modos, la idea de pasar un ale· gre día en aquellas alturas, y más que nada, ]a de saborear un trozo del clásico 'lechón asado, comido en yagua, con sus correspondientes plátanos. bajo un cielo azul y sobre la verde alfombra de nuestra hermosa campiña, halagaba nuestro ca· razón, por no decir nuestro apetito, que ya em· pezaba a manifestarse con sólo pensar en tan agradable convite. Repechamos, pues, por la cuesta del Pimien· to, y anda que te anda, escurriéndonos en ciertas ocasiones por la grupa del animal, cuando no apeándonos por las orejas del mismo; besando el santo suelo con frecuencia y dándonos al propio Satanás, pudimos distinguir por fin la morada del compadre Baltasar, aUá sobre una elevada loma y casi oculta por unos guayabales. Lo primero que se me ocurrió observar fue si salía algún humo de la citada casa o de sus cer canías, pues es ya probado que el consabido lechón, si no se asa en la cocina, por 10 regular e asa en el batey. Pero nada divisábase como no fuese alguna nubecilla que allá a ·10 lejos corría impulsada por el viento, cuando no alguna paloma o alguna tórtola que cruzaba el espacio, internándose en la espesura. -Antonio -le dije a mi amigo-, paréceme que mi compadre Baltasar no tiene mucha prisa y que el almuerzo estará tarde, pues ni humo veo por estos alrededores -No digas eso, hombre, que con el apetito que tengo sería capaz de comerme hasta a tu propio compadre... Lo que hay es que la lechona estará ya asada y debemos avanzar para que no se pasme. 21
y como obedeciendo a un mismo impulso, amo bos clavamos las espuelas a nuestros jamelgos que, como ya estábamos en una loma y el camino hasta la casa era fácil, echaron a correr, ansiosos tamo bién de llegar a su destino. y al poco rato entrábamos en el batey. Lo primero que se presentó a nuestra vista fue un chiquillo como de diez o doce años, sucio de pies a cab~;:a, medio desnudo. 'Y que saliendo del guayabal próximo, corrió a esconderse dentro de la casa. Por lo demás, tanto fuera, como en el interior de la misma reinaba un silencio, tan profundo, tan sólo interrumpido por el cacarear de las gallinas y el JFldrido d.e un perro flaco y tiñoso que nos - salió ai encuentro, aunque terminando por esconder el rabo entre las patas y meterse también en la vivienda. Tal recibimiento nos produjo un efecto terri· ble. -¡Compadre Baltasar... ! -grité con todos mis pulmones. ! Nadie contestó. -¡Compadre Baltasar... ! -volví a repetir. Esta vez nos respondió el aullido del perro. -¡Compadre Baltasar... ! Entonces se entreabrió ·la puerta de la casa, apareciendo nuevamente el muchacho sucio y hara. poso, que mirándonos con 'Sus ojillos de pillastre, nos dijo: , -Les manda a isir mamá, que papá no está aquí. -¿Yen dónde está? ....En el sercao. -Pues vete al cercado y avísale que aquí está su compadre-o Al oír esta última palabra, el chi· quilla se acercó a mí y quitándose la gorra, me saludó ,humildemente: -¡La bendición, pailino.. .1 Mi amigo Antonio soltó una carcajada y yo iba también a correspondel'le, cuando a ¡la puerta de la casa se presentó una mujer, que si no fea, pues aún demostraba en su rostro cierta juventud, aparecía pálida y ojerosa, mostrando al 'Sonreír, unos dientes sucios ry amarillos. Detrás de ella, dos niños de cort~ edad 'Se aga· rraban a su saya, tratando de ocultarse como si les infundiéramos miedo. -Dentren, señores, dentren... -dijo la doña, con voz dulce, aunque no exenta de temor-, dentren, que aunque mi maría no está en la casa, ya Casimo lo fue 'a buscar. y entramos. Después de los saludos de costumbre, ella se sentó, siempre sonriéndose, y tratando de calmar a los niños, uno de los cuales se le había subido a la falda, Uorando estrepitosamente, mientras que
el otro pataleaba en mitad del piso, chillando de un modo horroroso. Como habrá comprendido el lector, esta entrada no podía ser menos h~'lagüeña. La idea del lechón se habia esfumado en nues· . tras mentes. No hay que decir que ni la señora ni nosotrcls podíamos' hablar una sola palabra con el pataleo de los chiquillos. Por fortuna, al poco rato, se presentó el como padre Baltasar. Venía seguido del ahijado, quien antes de, en· trar, se detuvo en el 'batey y dió tres vueltas de carnero. Vestía unos pantalones- anchos y sucios, sujetos a la cintura por un pedazo de emajagua; unos -zapatos llenos de barro, en camiseta, con un espa· dín en las manos y cubierta la cabeza con un somo brero enorme. . Me saludó con .la mayor frescura, y dejando el espadín sobre una caja, que al par de mesa servía de granero, se atusó el bigote para decirme:. -¡Juro a nengún Dios, compae Matías... ! ¿Y qué fin6meno le ha echao por .esta casa? Mi amigo y yo nos miramos con la expresión que ya ustedes podrán figurarse. -Pues' venía a cumplirle lo ofrecido... -le con· testé. -¿Cómo lo ofresio? -¿Pero usted no me invitó a comernos una lechona... ? -¡Compae... ! -exclamó el jíbaro, dándose una palmada en la frente- ¡tié usted rasón... ! Pero es'to ha sío un finómeno y me equivocao, creyen. do que 'fuese el otro domingo. ~ora bien, como pae, si no una lichona, será otra cosa.. . - y diri. giéndose' a su mujer, continuó: -A ver, Rosa, hay que matar una gallina y jaser un arras para estos señores; ,pero de esos arrases que tú sabes... que sea to un finómeno ... La mujer dio un suspiro y se levantó, Heván.. dose a los dos muchachos, que no cesaban de Uoriquear. -Casimo... -dijo mi compadre al ahijado-, ve.te con tu mae para que le jagas los encargos. Y seguimos hablando de mil cosas: del tiempo,del tabaco, del maíz, de la cosecha del café... Pero ni mi amigo ni yo veíamos movimiento alguno dentro de la casa. Por de pronto, las gallinas continuablln muy tranquilas, picoteando en el 'batey, sin temor a que nadie las molestara. A mi compañero se le iban y venían los colo· res del rostro 'Y a cada rato consultaba el ·reloj, sin disimular su impaciencia. Como que era la una de la tarde. No habría transcurrido media hora, cuando se
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presentó el ahijado, y dirigiéndose al compadre, le dijo: -Dise siño Román que en la tienda se le aca· bó el arras y que le mande a pagar los seis riales que le debe. Me figuré yo que mi compadre se iba a enfurecer, pero concluyó por sonreír, diciendo: -Ese siño Román es un finómeno... y un sirvergüenza... Pero, no hay que apurarse... : toma· rán ustedes un poco de café. -¿Y el asúcar... ? -preguntó el ahijado. --Si no la hay, que la vayan a buscar. -5iño Román dise que no fía. Mi compadre, sin disimular ya su enojo, levan· tóse para castigar al muchacho; pero yo me in· terpuse, y sacando una peseta, le dije: -Anda y no te detengas, galopín; cómprate el azucaro Pero el ahijado se quedó mirándome, y sacan· do la cuenta con los dedos, concluyó por decirme: -Oiga, pailino, el asúcar cuesta sinco chavos ... <.Y pa quién es 10 que sobre de la peseta? -¡Para ti, bribón... ! El ·gran tuno pegó un salto y salió corriendo ~ue se 'las pelaba. El compadre Baltasar, ya completamente tran. quilo y riéndose can la ocurrencia del muchacho, <:oncluyó por decir: . -¿Compae Matias, no le desía a usté que su .ahijao era un finómino... ? Como a eso de -la media hora nos sirvieron el <:afé. Pero mi amigo Antonio no podía conformarse y preguntó al muchacho: -Dime Casimo, ¿yen esa tienda no habrá galletas o alguna lata de cualquier cosa... ? -¡Cómo no... ! ¡Cómo no... ! -se apresuró a responder mi compadre, antes de que el chiquillo lo hiciera-, hay latas de sa~dinas y de las bue·. nas ... ¡le digo a usté que son un finómino... ! -Pues tráete dos latas y una docena de ga. 'lletas. y le entregó medio peso. -¿Y qué hago con -la vuelta? -le preguntó el .ahijado.
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-Pues cógela para ti -respondió mi amigo, no de muy buenas ganas. Y llegaron las sardinas con las galletas, y el ahijado, haciendo sonar el dinero en el bolsillo, repetía: -¡Ahora sí que voy a comer mucho pan s~ bao... ! Con un cuchillo viejo, ·el único que, al pare· ct:r, se encontraba en la casa se procedió a la apertura de las consabidas latas. ·Pero cuan-do concluí esta operación y levanté la cabeza, tropecé con toda la familia que se agrupaba a mi alrededor, esperando el convite. Mi compadre Baltasar, 'Sin consultarme tan si· quiera, había repartido todas las ga:lletas dánd~ le dos a su mujer y otra a cada uno de sus hijos. Y no bien se hubieron abierto las dos latas, cuando él, sacando -la jusilla de partir la mascaúra, comenzó a pinchar sardina tras 'Sardina, llevándoselas a la boca y distribuyéndolas entre los suyos mientras repetía: -Le aseguro a usté, compae, que ~to es un finómino. Al observar tal desastre, el amigo Antonio no pudo reprimir un gesto de indignación, y yo solté una carcajada. Rióse también el compadre Baltasar, y pinchando la última sardina que quedaba en la lata, exclamó muy satisfecho: -¡Cuando le digo a usté, compae, que esta familia mía es un finómino.. .1 Come como una lJIa· ga mala... Y era la verdad, pues a pesar de haberse terminado el convite elgaIopín de mi ahijado me· tía aún el dedo en una de las ·latas, para chupárselo después, mientras que en mitad' del piso los otros dos muchachos peleaban por la posesión de la otra lata vacía. Y como a eso de las seis de la tarde, bajábamos por aquellas cuchillas, renegando el amigo Antonio de cuanto jíbaro pudiera existir en el mundo, y riéndome yo de la aventura, porque a la verdad, que aquel convite, como decía el compadre Baltasar, había resultado un verdadero «fi· nómino».
El XC aniversario del Ateneo Puertorriqueño
E instituciones culturales del país cumple 90 años
L ATENEO PUERTORRIQUEÑO, LA MÁS ANTIGUA DE LAS
de vida ininterrumpida; vigorosa y fecunda al servicio de las Artes y Letras. Para todos es motivo de orgullo este aniversario, que acredita la constante presencia en nuestra tierra, por encima de banderas ideológicas y al margen de las cambiantes circunstancias históricas, de un profundo sentido de responsabilidad y de autonomía cultural. La obra del Ateneo ha sido múltiple. Trib1.!Oa, cátedra y foros, en su recinto se han manifestado todas las ideas filosóficas y políticas y todas las tendencias cívicas. El Ateneo ha sabido, por último, ser fiel a su raíz nacional sin daño de su misión esencialmente universalista. Como tal, nada de lo puertorriqueño le ha sido extraño. Con motivo de este nonagésimo aniversario, el Instituto de Cultura PUertorriqueña se honra al dedicar al Ateneo este número de la revista.
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Fundación del Ateneo Puertorriqueño Acta de la Primera Junta General de Socios * San Juan, Abril 30 de 1876.
CONCURRENTES Francisco de P. Acuña. José Ignacio Beyens. Alejandro Tapia. José Ramón Becerra. José Geigel y Zenón. Juan Z. Hernández. Wenceslao Lugo Viña. José María Aragón. Ricardo Hernández. José Julián Acosta. Miguel Larregui. León M. Acuña. José de Jesús Tizo!. Polux J. Padilla. Fermín Toledo. Juan Iglesias. Gerardo Soler. Manuel López Bayo. Ramón Sarriera. Laureano Vega. Francisco Acosta. Antonio O16zaga. Calixto Romero. Juan Oller.
En la ciudad de San Juan de Puerto Rico a treinta de abril de mil ochocientos setenta y seis, habiendo sido convocadas por don Francisco de Paula Acuña, don Ramón María Moreno, don Jasé Pérez Moris, don José Ignacio Béyens, don Alejandro Tapia y Rivera, don José Ramón Becerra y don Manuel Elzaburu, cuantas personas se consi· • Boletín Hislórico de Puerto Rico.
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Raimundo Camprubí. José Ruiz. Francisco Cortés. Ignacio Díaz Caneja. José Antonio Gutiérrez. Manuel Elzaburu. Manuel Alcalá del Olmo. José Antonio Canals. Fidei Guillermety. Manuel Daubón. Severo Bastón. Francisco Fabro. Manuel J. Cuévas. César de Guillerna. Rafael Pacheco. Pablo Sáez. Gabriel Ferrer. Francisco del Valle. Fernando Núñez. Ramón Garcfa Moreno. Antonio Penedo. Enrique Losada. Felipe Gutiérrez. Juan Fort.
deraron que pudieran ser afectas al pensamiento de establecer en esta localidad un Ateneo cientí· fico, artístico y literario, se reunieron en los salanes del Excmo. Ayuntamiento los señores que al margen se expresan, y se constituyeron en Junta para lo cual los señores Béyens y Elzaburu habían alcanzado el competente permiso, y cons~guido del señor Alcalde don Rafael Palacios la sala principal del Excmo. Ayuntamiento.
Una vez que los señores concurrentes ocuparon sus asientos, sin haberse constituido mesa alguna, los señores invitantes suplicaron al Ledo. don Francisco de Paula Acuña, refiriese a su nombre el objeto que se habían propuesto al hacer la convocatoria, y acto seguido, el Ledo. Acuña ocupó la mesa y dijo: «que la casualidad de haber aparecido el Rrimero entre los que firmaban la invitación le ponía en el caso de explicar el objeto de la reunión. Que no necesitaba referir a quién se debía la iniciación del proyecto, pues en el ánimo de todos estaba quién había agitado la idea, y que no creía tampoco preciso encarecer las aspiraciones y fines del Ateneo, que se habían determinado claramente en el artículo primero de las bases repartidas profusamente, y las que terminantemente decían que el objeto exclusivo de la
institución era la cultura de las ciencias, letras y artes, tratando (como el nombre de Ateneo lo indicaba) de asemejarse a los que se designan de igual modo en Madrid y otras ciudades de la Pe· nínsula, quedando excluidas de su recinto toda discusión o conferencia que no fueran puramente la de su objeto, científico, artístico o literario.• Añadió «que tal proyecto por sí propio se recomendaba sin que fuera parte su escaso prestigio a encarecer y levantar un propósito 'tan laudable, al que todos desde el primer momento habían querido contribuir, para igualar en esto a esta provincia a las demás de la Nación, donde apenas hay una que no sustente una institución de este género. - Que dispuesto un número suficiente de personas a llevar a cabo el propósito con arreglo a lo propuesto en las bases, pareció natural a los
Ayuntamiento de San Juan, dOl,lde se celebró la reunión para fundar el Ateneo Puertorriqueño el día 30 de abril de 1876.
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que habían invitado, convocar a dichas personas, para desde luego proceder a los trabajos de fundación, como eran el nombramiento de una Junta Directiva, de una Comisión para redactar el Reglamento, y el señalamiento de las cuotas de entrada y estipendio mensual. - Y concluyó diciendo que la Junta tomaría determinación sobre estos u otros particulares, nombrando desde luego una mesa de edad que dirigiera la discusión.» Por unanimidad acordó la reunión, que el señor Acuña continuase en la Presidencia, acompañado del señor Elzaburu como Secretario, y ha· biendo indicado este último señor a don Juan Z. Hernández como el más joven, se acordó que lo fuesen ambos, hecho lo cual y habiendo ocupado los referidos señores la mesa, el Presidente dio la~ gracias, y abrió la discusión sobre el nombre y calidad de los socios que habían de componer el Ateneo. Sobre este punto tomaron ]a palabra por el orden de enumeración los señores Tapia, Elzaburu, Alca]á del Olmo, Díaz Caneja, Padilla y López Bayo, quedando acordado después por unanimi· dad, que se designaran con los calificativos de fundadores, numerarios y accidentales comprendiéndose en la primera denominación a todos los que se adhirieron desde el principio, y a los que se adhiriesen hasta el día de la inauguración. A indicación del señor Tapia el señor Presidente preguntó si todos los que estaban presentes insistían en la segunda parte del acuerdo de ser considerados los concurrentes como fundadores, y todos contestaron que sí. Sometióse luego a discusión la cantidad que debía designarse como cuota de entrada, y la que había de constituir el estipendio mensual, tercian· do en ella los señores Tapia, Sáez, Alcalá del Olmo, Guillerna, J. J. Acosta y Elzaburu acordándose por la reunión en definitiva, que fuese de cinco pesos la primera y uno la segunda para los socios fundadores y numerarios; y un peso cincuenta centavos para los accidentales, con la enmienda propuesta por el señor Guillerna de que fuesen admitidos en la categoría de numerarios los accidentales que hubiesen llegado a pagar con la diferencia mensual de sus cuotas el valor de la de entrada. En seguida se procedió al nombramiento de una Junta Directiva Provisional, que se encargase
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de formular un proyecto de Reglamento, y se entendiese en todo lo relativo a instalación y sus gastos, quedando, por indicación de los señores Sáez y' Acosta, convenido por la reunión, que la formaran los mismos que suscribieron la invitación, con más los señores don José J. Acosta, don Manuel Alcalá del Olmo, don Ignacio Díaz Caneja y don Juan Z. Hernánde7., que fueron indicados por el señor Elzaburu para aumentar el número de los de la Junta y poder cumplir con su auxilio mejor su cometido. Se designaron entre éstos los respectivos cargos, y por acuerdo unánime. quedó la Junta Directiva Provisional constituida en la siguiente forma: Presidente, don Francisco de Paula Acuña. Vocales: don Ramón María Moreno, don José Ignacio Beyens, don José Pérez Moris, don Alejandro Tapia y Rivera, don José Ramón Becerra, don Manuel Elzaburu, don José Julián Acosta, don Manuel Alcalá del Olmo, don Ignacio Díaz Caneja, don Juan Z. Hernández, y con el carácter de Tesorero y Secretario respectivamente los tres vocales Elzaburu, Becerra y Hernández, y facultándose a' esta Comisión para que por medio de su Tesorero, procediese a la recaudación de las cuotas de entrada y mensualidades desde mayo, para atender a los gastos de fundación. - Hecho lo cual y no habiendo otro asunto de que tratar, se levantó ]a sesión, de que certificamos. - Los Secretarios, Manuel Elzaburu - Juan Hernández. -V.o B.O Acuña. -Rubricado. - Es copia fiel del libro original de actas.!
1. Los Estatutos fúeron aprobados por el Gobierno Insular el 27 de lunio de 1876 y el dla 29 del mlsmo mes y alio, se llevó a efecto la inauguración pública de este Centro de cultura puenorriqueih en los altos de la casa numero 2lI de la calle de la Fortaleza. En 31 de lulio de 1885 se reformaron los Estatutos. - También en 23 de Marzo de 1900. - Con esta reforma se le dio en. trndn a las conferencias religiosas y políticas, siendo obligación del disertante poner en conocimiento de la Dlrceliva el tema de su discurso. De su fundAción a la fecha actual. hn tenido Jos sigulenle:5 Prcsidenlcs: Francisco de P. Aeulla. -los~ lulldn AcoslD.. - Alejandro Tapia y Rivera. - Ignacio Gan:fn Tudela. _ Ramón Rodrl~ Rivern. - Leonardo de Tejada. - Francisco Garrido Sánchez. - Cnlillto Romero. - Ramón Buegn. - Nicol4s Arczpacochaga. - Manuel Con:hado. -losé Laguna. - Francisco Larrea. - Fernando Ntiftcz. - José R. Becerra. - Manuel Elza. bum. - Manuel Alonso. - Benito Macfns. - A1beno Regúles. _ Manuel Fernández luncos. (3) - Enrique A1varez Pércz. - Fran· clsco del Valle Atiles. - José E. Saldaña. - Cnrlos M. Soler. -luan Hcrnández Lópex. - Gabriel Ferrer. - Manuel F. Rossy. - Salvador G. Ros. -losé Gómez Brioso. -Cayelano Coll y Toste. Mnnuel Quevedo Báez. (3) -Jacinto TCllidor. - Ferdlnnnd R. Cestero, (3) - Cayetano Coll y Toste. (3) -lesús M. Lago. - c.. y T.
Manuel Elzahuru, fundador del Ateneo Puertorriqueño" Por CAYETANO COLL
MANUEL ELZABuRu y VIZCARRONDO NACIÓ EN SAN Juan, el 2 de enero de 1851. Era descendiente de eúscaros por sus dos ramas ascendentes. Hizo sus estudios en el Seminario Colegio de los Padres Jesuitas de esta capital y con el título de Bachiiler en Artes p~ó a Madrid a estudiar Facultad Mayor, graduándose de Licenciado en Derecho civil y canónico. Vuelto Elzaburu a la tierra natal, a la vez que ejercía la carrera de abogado, cultivaba entusiasta la literatura con el seudónimo de Fabidn Montes. También terciaba animoso en las cuestiones polí. ticas, sentando plaza en las filas del Partido ·Liberal Reformista, hasta llegar a formar parte de su Directorio. -Publicó muy joven, en 1872, Las hojas de una cartera,' y en una de sus páginas, titulada Las dos mariposas, se expresaba así: «Hoy he ido a leer en el campo. Constantemente he visto una mariposa revolotear sobre las flores silvestres, que engalanaban un soto aislado y cercano. Alguna vez se alejaba un momento, pasaba por encima de un arroyo, que retrataba a intervalos sus inciertos vuelos, pero volvía en seguida a sus, flores. Cuando he dejado aquella agradable sombra, todavía seguía en sus amores. Pronto moverá sus irisadas alas y tomará algún nuevo camino y otro cariño. Lo he visto tantas veces. Así le pasa a la felicidad. Hay veces que se desvive con un ser; luego lo deja y no vuelve a acordarse de él. ¡Lo he visto en mí. mismol. .. » Hizo Elzaburu muy buenas traducciones de al· gunos poetas franceses, especialmente de Teófilo • BolctJn Histórico de Puerto Rico.
y
TOSTE
Gautier; citaremos: El madrigal panteísta, La sinfonía en blanco mayor, Lo dicen las golondrinas, La nube, Tristeza en el mar, La rosa té y Humo. En 1875 tomó 'Elzaburu con ahínco la fundación del Ateneo Puertorriqueño y en esta patriótica empresa no desmayó un instante. Por su elevación de espíritu y prudencia en los consejos llegó a ser uno de sus presidentes. Tropiezos hubo en la crea· ción de este centro de cultura ty ya los anotó discretamente nuestro amigo en su discurso de 29 de 29
enero de 1887 con motivo de la distribución de los desempeño el cargo de catedrático de Derech~ premios obtenidos en los certámenes públicos ca· Político y administrativo y también la cátedra de Economía Política. A la par de toda esta brega interrespondientes a los años de 1885 y 1886. Y era que los suspicaces ·reaccionarios -rémoras eternas lectual iba dotando la Casa de una rica y selecen los pueblos que trabajan por constituirse dentro ta biblioteca, en lo que le ayudaban entusiastas de la Libertad y la Democracia- temían se tI'atara . amigos. Que la lucha había sido fuerte 10 compruede la fundación de un centro filibu9ter.o. -No era de ban las siguientes palabras pronunciadas por el extrañar este inicuo rumor cuando tal mote hiriente mismo Elzaburu en su discurso del 10 de octubre se lo habían aplicado los gobernadores Marchessi de 1-888, con motivo de la inauguración de este Centro Superior ae Enseñanza y apertura solemne y Sanz, oyendo perversos consejos, a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, gloria del cé· del primer curso académico del 88 al 89. Dice así: lebre intendente don Alejandro Ramírez «Muchos obstáculos se han presentado, algunas Elzaburu trabajaba con fe, confiado en la ayuda oposiciones sordas, que hacen daño, han nacido; de la Metrópoli española; y así se desprende de Jas hasta ca'lladas guerras se han declarado, de esas· siguientes frases del citado discurso, que para aquiq.ue '1levan como elementos desde la franca y enorme fuerza pasiva de resistencia, que se encuentra latarlas bien es preciso retrotraernos a la época en nuestra proverbial apatía, hasta la perniciosa en que se pronunciaron: - Bien es cierto que esta sonrisa escéptica del -resabiado espíritu provincial, asociación por sí sola no habría podido nunca que cuando se inicia cunde como epidemia y como prestar tantos servicios, si no ·fuese ayudada gene~pidemia mata y malogra en flor los frutos de la rosamente por la Excelentísima Diputación Promás ·bella esperanza. ·Los que no han emprendido vincial, a quien unánimement hemos acordado dar algo en nuestra provincia no conocen, entre otras en este acto un solemne voto de gracias. Recíbalo rémoras que sufre todo proyecto, el poder de aquecon cariño aquella benemérita Corporación y quiella arma silenciosa, helada, cortante y resistente, ra el voto popular ser siempre tan afortunado como como templada en la flÍa incredulidad que reina lo ha sido en la elección de sus miembros, escoen el corazón de nuestros paisanos; y los que están giéndolos entre personas que, lejos de ser refracacostumbrados a que el esfuerzo individual surta tarias a la ilustración y al progreso moral de este en otros países sus naturales efectos y miran consse han declarado siempre afectos a los tra. pueblo, tantemente brotar, como por ensalmo, realizados bajos intelectuales, no sólo otorgándonos ayuda los pensamientos, al primer impulso de las volunpara estos certámenes, sino subvencionando en tades, no la comprenderán tampoco; pero los que muchos casos la publicación de obras útiles en Puerhemos vivido largo tiempo ya en nuestro quebranto Rico. ¡Honroso elogio a tan dignos Representantado suelo nativo y hemos acometido algo alguna tes de la provincial Pero, las letras empiezan a ser'. vez, sabemos de su esencia y conocemos su naturaafortunadas y a _estar de enhorabuena. Cada dfa leza, porque en ocasiones distintas la hemos visto se abren amplio y mejor camino. No sólo la provagar por muchos labios, esa risa de los pueblos vincia les da la mano, sí que la representación de que se conforman con anularse en la indiferencia, nuestro Estado mismo les da alientos también. a quienes la experiencia triste de muchas labores y así cordialmente estimamos como una garantía y perdidas les hace dudar de la eficacia del trabajo, un estímulo la presencia de nuestro actual Goberhace creer que la actividad y la voluntad huma. les nador General en esta solemnidad:" como una gana no sirven para nada y les hace hasta resignarse rantía, porque ella nos asegura una vez más que a a morir en ese quietismo desolador de nuestra tie. España no la representan en las Antillas los pocos rra, imagen viva de un corazón desesperado.a obstruccionistas de nuestro adelanto, que aún nos Pero, nuestro amigo era de los que poseen la cierran el paso; y como un estímulo, porque vemos fe inquebrantable, de los que saben que el si de ·los en esa personalidad, a quien saludamos con nues. creyentes ha de derrocar siempre al no de los es· tras mejores respetos, la entidad augusta de nuestra cépticos; de los devotos fervientes del gutta cavat Madre Patria, que no desdeña por modestas que lapidem soepe cadendo, de los elegidos para im· sean, las manifestaciones de nuestro espíritu esplantar y difundir ideas nuevas; y por eso, no despañol también, concurriendo por el contrario con mayó un solo instante en sus propósitos de trabanosotros, a celebrar como buenos .los tiempos de . jar silente y constante en pro de la tierruca. En westros ingenios, que es parte asimismo del gransu discurso de 9 de marzo de 1-889, con motivo de y gloriosísimo ingenio nacional.a de la celebración de los Juegos Florales del Ateneo, Sigue Elzaburu trabajando por el engrandecieligió el tema del Sentimiento de Nacionalidad, e miento del Ateneo hasta ver implantado en él dehizo una rica oración filosófica, profunda y erudifinitivamente la lnstntcción de Enseñanza Supe. ta, disertando sobre las ideas sociedad, pueblo, es· rior, por la que tanto había suspirado y por la que tado, nación y patria. Hablando de la región se extanto habían luchado nuestros antepasados. 'En ella presó en los siguientes tél"IDinos: 30
.Los climas desiguales, los territorios en ocasiones completamente desemejantes, las variantes de la 'leitgua misma, frecuentemente distintas unas .de otras; las ramas de la propia raza modificadas y hasta contradictorias, por último, en sus manifestaciones; las costumbres y tradiciones diferentes, dan carácter y espíritu de una esencialísima espe-cialidad a cada región, cuyos individuos, nacidos en ellas, se sienten más identificados entre sí que con .el resto de la nación.• y entrando de lleno a hablar de la tierra que le vio nacer, el orador se inspira, siente la sacudida nerviosa del patriotismo y exclama: .He aquí por qué se ama tanto, y más que nada, ese escalafón inferior, si queréis, de la Patria que se llama re· gión, y que bien pudiera llamarse la patria más íntima, la patria primera, la patria confidencial ·de donde arranca en primer ,término nuestro mismo amor nacional; porque es incuestionable que el .amor a la Patria tiene que empezar para nosotros, como para todo el mundo, en los lazos que DOS unen al territorio donde hemos nacido y arraigado -como plantas humanas, ante este prístino cielo que vieron nuestros ojos, frente a este sonante mar que nos adormeció el primero, bajo este diluvio de luz que nos enciende el corazón, cabe estos campos perpetuamente primaverales, que quieren regocijar nuestro ánimo con una eterna sonrisa... Esa patria regional es natural que se ame... Después de la patria regional, la patria total, la Patria una.... Conocí personalmente a Manuel ELzaburu en Arecibo, cuando iba a visitar a su novia Manuelita Fernández, la hija del marqués de Las Claras. Se hospedaba en un hotel, que estaba contiguo a mi casa vivienda. );0 era_I!1édico del marqués, y en una de las veladas de la casa nos encontramos y fuimos presentados. El apuesto galán, como también su elegante novia, gustaban mucho de hablar de li. teratura; así que prendida la charla nos dimos la lata mutuamente. El me conocía por mis trabajos publicados en La. Revista de Puerto Rico, de don Manuel Femández Juncos; y. por la misma causa le conocía yo a él. Alabamos mucho la labor cultural del asturiano puertorriqueño, cuyo magazine tenía tanta acepta· ción del público. Así volaron las .horas y me retire de la casa a la medianoche. Hogar en que acostumbraban sus dueños meterse en cama de nueve a diez. A la siguiente velada me presentaron el vistoso álbum, de cubiertas de nácar, de· Manuelita, para que escribiera algo en él. Noté que en el hermosísimo libro se había cultivado con empeño el género neutro. 'Padilla escribió Lo Grande, esculpiendo esta frase: «Niña, el árabe en su aduar - vueltos los ojos a Oriente - dice como buen creyente, Dios es gra~de: Alá·ach·ibarJ>. Brau grabó un soneto ti·
tulado Lo Bueno, que termina con estos versos: «Si el fin de 1;;1 existencia Amor resume - Amor es de la vida lo más bueno.• Fernández Juncos escri· ·bió Lo gracioso. El Dr. Ferrer, Lo Viejo. Daubón, Lo pequeño, anunciándoles a los recién casados la progenie en estas sentidas notas: «·Larva viviente, que en secreto guarda - la bella mariposa: - ya la verás volar, ya en tus oídos - resonará la nota que conmueve las fibras de tu pecho - más sensibles y hondas». Yo escogí como tema Lo Heroico, y por cierto, al.publicarse en La Revista de Juncos me trajo un disgusto con el Comandante militar del Departamento el Teniente Coronel ,Prats, quien me comunicó reservadamente (yo era el médico de su familia): que tenía órdenes del Gobernador de vigilar mi conducta en el pueblo por unos versos subversivos que había escrito en un periódico del
filibustero Fernández Juncos. Elzaburu era un jove~ buen mozo, de estatura regular, enjuto de carnes, aspecto muy simpático, atrayente por su yerba fluida y diplomática. Vestía siempre con elegancia; y era inclinado en 5US diálogos más al elogio entusiasta que a la sátira mordaz. No tenía enemigos personales. Era templado en política, aunque afiliado al Partido Autonomista. Sabía despreciar las injurias, una de las cosas más difíciles y necesarias en la vida. Tuvo la gloria inmortal de ser el fundador del Ateneo Puertorriqueño, en unos momentos históricos en que todas las personas sensatas de San Juan creían positivamente en que fracasaría en su empeño, tal era el bochornoso ambiente político de nuestra siociedad en aquella época. Al proponerles el bondadoso y sociable literato fundar en la capital de Isla un centro civilizador donde las personas de rica mentalidad pudieran prodigar sus conocimientos a sus compatriotas a la 'Vez que departir fraternalmente, se le echaban a reír en sus narices y le decían con ingenua franqueza: -'Pero, hombre, ¿en qué berengenal se quiere usted meter y meternos? Hay momentos en que es preciso llevar adelante una idea y no retroceder. Lo que ha de ser, es )" será. Y así como no hay quien impida el trueno, sujete el relámpago ni contrarreste el rayo, nadie pudo impedir que Elzaburu persistiera tesoneramente en su plan y triunfó al fin. El día 30 de Abril de 1876 quedó constituido el Ateneo Puertorriqueño,l con la inútil retranca, consignada en sus Estatutos 1 ¡de que no se podría hablar ni 1. Véase el Acta de su Puerto Rico tomo segundo, 2. Véanse los Estatutos l'uerto Rico, tomo séptimo,
fundación en el Boletín Histórico de página 141. del Ateneo en el Boletln Histórica de página 224.
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discutir en el Ateneo asuntos de religión y política!... Las dos cuestiones más esenciales a la vida de todo pueblo... Dice Víctor Hugo, o:]a verdadera virtud, la verdadera moral y ]a grandeza verdadera son inteligentes e indulgenteslII. Así era el ~l ma de Manuel Elzaburu. Y así pudo 'llegar a la cumbre. A fines del año 1891 trasladé mi hogar de Arecibo a San Juan, a fin de educar mis hijos en el Instituto Civil. . Cuál no había de ser mi sorpresa al ser llamado con premura alIas ~ocos meses a la casa de Elzaburu en una flía tarde del mes de Febrero de 1892. La casa estaba llena de gente, y en la sala tendido en una alfombra yacía el cadáver del infortunado amigo. Había muerto de repen• ~e, como herido por rn rayo. La esposa, desesperada e inconsolable, gemía postrada a su lado, con lágrimas que destrozaban el corazón de los que J;iresenciábamos tan. dolorosa escena. Elzaburu padecla del corazón, como Balzac y Soulié. No murió lentamente e hinchado como muchos cardíacos,. sino de súbito y trágicamente.
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La esposa seguía sollozando echada sobre el ca~ver. Yo me alejé de aquella sala que estaba impregnada de un dolor intenso. Al salir de la casa me detuvo la joven Ana María Padilla, la hija del
Caribe: -¿ Se va usted? -Los médicos sobramos, cuando no podemos dar la vida. Y como amigo, también soy aquí inútil. El único remedio es la resignación. Y esta amarga pócima corresponde a usted administrarla, como íntima amiga de Manuelita. La muerte es el saldo de una cuenta contraida a espaldas nuestras: pero al querido amigo le saldaron la suya antes de tiempo. Sucumbir EIzaburu en 1892 era muy prematuro. Cayó cuando todo sonreía en tomo de él. El cariño le rodeaba por todas partes. El' Ateneo aún llora su ausencia, aunque colocó su retrato en lugar preferente. Sobre su tumba florecerán siempre las siemprevivas del cariño, y el mirto y el laurel de la Patria que no le olvida. ¡Inolvidable 12 de Febrero de 1892!
Una antorcha que sigue alumbrando Por VICENTE GtIGEL POLANCO
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N LA VIDA DE UNA INSTITUCIÓN DE CULTURA, DEL
fecundo y dramático hacer del Ateneo Puertorriqueño a través del tiempo, llegar a los 90 años, sin flaqueza en los empeños, en plena y creciente promoción de los valores del espíritu, constituye un acontecimiento de alta significación en los fastos de un pueblo anheloso de afirmar su personalidad histórica. Alcanza el Ateneo ese privilegiado galardón del tiempo, que cobra sentido, no en el mero transcurrir de los años, que eso poco valdría, si no en la obra paciente, continua, animosa, de estímulo de las letras, las artes, la educación y las cienci:ls, en medio de la incomprensión, la apatía, la carencia de medios y a ratos hasta la hostilidad de quienes no aprecian lo que estos menesteres conllevan para el logro del destino entrañado del pueblo puertorriqueño. La antorcha simbólica que encendieron en la tarde del 29 de junio de 1876, entre otros, Manuel de Elzaburu, Alejandro Tapia y Rivera, José Julián Acosta, Francisco de Paula Acuña, José Géigel y Zenón, Félipe Gutiérrez, Pedro Gerónimo Goico, Federico Asenjo, Gabriel Ferrer, José Facundo Cintrón, Francisco del Valle, Laureano Vega, Manuel A:lcalá del Olmo, Ignacio Díaz Caneja, Juan Z. Hernández, Ramón María Moreno, Ignacio Beyéns, José Pérez Moris y Miguel Ferrer y Plantada, en el acto de apertura e instalación del Ateneo en los altos de la casa número 28 de la Calle de la Fortaleza de esta Capital, ha seguido alumbrando con cristalina luz la conciencia de Puerto Rico duran-
te 90 años consecutivos. La antorcha no se ha apagado jamás. De aquellas manos fundadoras pasó a otras, penetradas de igual sentido de responsabilidad de que el fuego sagrado que ilumina los caminos del saber no puede extinguirse nunca, sin menoscabo de la íntima valía, del decoro nacional, de la esencia misma de la vida individual y colectiva de nuestro pueblo. Y de esas manos pasó a otras, y a otras, a través de las generaciones, en sucesión inquebrantada, de hombres y mujeres, alertas a los valores de la cultura y a las funciones beneméritas que corresponden a esta Docta Casa en su tarea de aliento, vigilancia y promoción de las gestas del espíritu. Con el andar del tiempo, y frente a las vicisitudes que ha afrontado nuestro país en su desenvolvimiento histórico, el Ateneo ha quedadó como un bastión irreductible de la nacionalidad, oponiendo eficaz resistencia a las fuerzas de desintegración y propulsando victoriosamente, mediante empresas creadoras y de dinámico estímulo, el fomento de las letras, las artes, la educación y la ciencia. Tribuna libre -la única en Puerto Rico-, ya que en momentos aciagos de nuestra historia no ha habido otra disponible para la franca exposición de las ideas, sin trabas ni limitaciones; tribuna libre, cuando decretos gubernativos del colonialismo imperante han cerrado al pueblo escuelas y teatros, y hasta iglesias y cementerios para que no pudieran honrar la memoria venerada de los próceres patrios: tribuna libre para la difu33
S10n de todas las cátedras, de todas las orientaciones políticas, económicas y sociales, y de todos los clamores de justicia y de libertad de la ciudadanía, el Ateneo ha mantenido, a través del tiempo, abiertas sus puertas y accesibles sus facilidades para la libre expresión del pensamiento y el polémico examen de todos los problemas fundamentales. Una nueva generación rige hoy los destinos de esta Casa, multiplicando sus actividades de ayer, sin faltar a una sola de sus normas tradicionales;
al contrario, poniendo vigilante cuidado en que siga cumpliendo su alta encomienda en el claro ambiente de libertad y respeto y creadora eficien· cia que le ha caracterizado siempre. Al alcanzar el Ateneo 90 años de servicios eminentes a la cultura patria, está en orden un brindis de gratitud y afecto en honol: de los fundadores que encendieron la simbólica antorcha de sus preocupaciones en 1876 y de los que a través de los años han preservado el fuego sagrado de su alta misión.
PRESIDENTES DEL ATENEO DESDE LA FECHA DE SU FUNDACION
Por meses y trimestres Don Don Don Don Don Don Don Don Don
Francisco de Paula Acuña. Ignacio García Tudela. Ramón Rodríguez Rivera. Leonardo Tejada. Alejandro Tapia. Olimpio Aguado. Calíxto Romero. Francisco Garrido. Ramón Buega.
Don Don Don Don Don Don Don Don Don Don
Nicolás Arezpacoechea. Manuel Corchado. José Julián Acosta. José Laguna. Francisco Larrea. Fernando Núñez. José R. Becerra. Manuel Elzaburu. Manuel Alonso. Benito Macias.
Par años Don Alberto RegúJez (1886). Don Manuel Elzaburu (2. A época) (1887-89-90-91-92). Don Francisco del Valle AtiJes (1893). Don Carlos Maria Soler (1894). Don Juan Hernández López (1895-96-97-98). Don Francisco del Valle AtiJes (2.A época) (1899). Don Salvador G. Ross (1900-01). Don José Gómez Brioso (1902). Don Cayetano Coll y Toste (ler. semestre 1903). Don Manuel Fernández Juncos (2.0 semestre 1903). Don Manuel Quevedo Báez (1904-05-06). Don Jacinto Texidor (1907). Don Ferdinand R. Cestero (1908-09-10). Don Cayetano Coll y Toste (2." época)(1911-12-13-14). Don Jesús María Lago (1915). Don José de Diego (1916.17-18). Don Epifanio Fernández Vanga (1919-20-21). Don Jesús María Lago (2.- época) (1922-23-24-25-26). Don Manuel Benítez Flores (1927-28-29). Don Emilio del Toro Cuebas (1930-31). Don José Ramírez Santibáñez (1932). Don Rafael Rivera Zayas (1933). Don Samuel R. Quiñones (1934.35-36). Don Emilio S. Belaval (1937-38). Don Vicente Géigel Palanca (193940-4142). Don Miguel Meléndez Muñoz (1943-4445). Doña NiJita Vientós Gastón (1946-1961). Doña Piri Fernández de Lewis (1961-1965). Don Luis Rodríguez Morales (196534
El Ateneo y sus primeros años* Por LUIS M. RODR1GUEZ MORALBS
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L ATE~EO PUE~TORRIOU~ÑO PUEDE SENTIRSE COM-
placIdo al mIrar hacIa atrás y contemplar una vida larga y fructífera. El Ateneo, sin embargo, no siente la morosa complacencia del que vive de pasados laureles. Los laureles del pasado han de inspirar los esfuerzos del presente si es que han de merecer el respeto del futuro. Para el Ateneo no exis~en más laureles que una responsabilidad cumplida en el pasado y una obligación de continuar su ~mplimiento. No aprovechamos siquiera el hecho de celebrar estos primeros noventa años de vida para hacer un alto en nuestras labores. Habremos de aprovechar la ocasión para reforzar la voluntad de servir a la patria al máximo posible. Si miramos hacia el pasado del Ateneo, habremos de encontrar el necesario estímulo en la abundante evidencia de su aportación a la cultura del país. Desde su fundación hasta el presente ha sido preocupación de esta institución el conservar y enriquecer nuestra cultura. Aquellos hombres que bajo el liderato de don Manuel de Elzaburu fundaron el Ateneo Puertorriqueño el 29 de junio de 1876, se movieron a ello por compartir entre sí una preocupación cultural. Quisieron establecer un organismo que sirviera a las artes, a la educación, a la literatura y a las ciencias. Quisieron abrir caminos de conocimientos a sus conciudadanos y quisieron dar impulso al vuelo de su imaginación y su creatividad. Gestores primeros de esta idea lo fueron, junto a don Manuel Elzaburu, don Francisco de Paula Acuña, don Ramón María Moreno, don José Pérez Moris, don José Ygnacio Beyens, don Alejandro * Saludo del Presidente del Ateneo Puertorriquello en el acto de la celebración del nonall¿simo :miversarlo de la InstiludÓn.
Don Alejandro Tapia y Rivera, uno de los fundadores del Ateneo Puertorriqueño.
Tapia y Rivera y don José Ramón Becerra. A ellos se unió un grupo de 41 ciudadanos en la celebración de la primera reunión convocada para considerar la fundación del Ateneo Puertorriqueño y que se celebrara el 30 de abril de 1876 en la Sala Principal del Ayuntamiento de San Juan. 35
Ejecutadas las tramitaciones oficiales de rigor, el grupo quedó constituído el 29 de junio de 1876 en acto formal que presidiera don Miguel Ferrer y Plantada, Secretario del Gobierno General, y quien representó en esa ocasión al Gobernador don Segundo de la Portilla, Protector y Presidente Henorario del Ateneo. La Junta Directiva quedó constituída bajo la presidencia de don Francisco de Paula Acuña quien reiteró que «el objeto exclusivo de la institución es la cultura de las ciencias, letras y artes». El interés docente de la Institución quedó comprobado prontamente pues en la reunión del 9 de julio se acordaba el establecer cátedras gratuitas y públicas. A esos efectos don José Julián Acosta ofreció dar una serie de conferencias bajo el título de «Marcha progresiva de la Humanidad en el conocimiento de la superficie' de la tierra». El 29 del mismo mes don Alejandro Tapia anuncia sus conferencias tituladas: «La bella literatura y sus relaciones íntimas e imprescindibles con ,a estética». El 5 de agosto se aprueba el establecimiento de una cátedra de inglés y el 5 de septiem-
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bre don Narciso González ofrece dictar un curso sobre Filosofía. Demás resultaría en esta ocasión tratar de hacer una relación exhaustiva de las labores del Ateneo en sus primeros años. Baste con lo apuntado para dejar señalado el interés y la intención de aquellos hombres que hoy hace noventa años fundaron esta Casa para servir al pueblo puertorriqueño. Lo que desde entonces se realizó es en buena parte conocido de ustedes. Al extender este saludo a ustedes, los amigos y sostenedores del Ateneo Puertorriqueño quiero hacerlo con una palabra final de reconocimiento y de agradecimiento. Reconocimiento al talento creador de nuestros colaboradores que hacen posible continuar tan honrosa tradición cultural y agradecimiento porque este talento siempre ha venido unido a la generosidad que es característica del verdadero erudito, la generosidad de compartir la ciencia y el arte adquirido con tesón y constancia para ponerlo al alcance de una comunidad como la nuestra que merece el mayor esfuerzo de sus mejores hombres y mujeres. .
Los 90 años del Ateneo Puertorriqueño Por NnITA VIENT6s GASTóN
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UMPLE NOVENTA AÑos DE VIDA EL ATENEO PUERTOrriqueño, institución cuya importancia en la vida de nuestro país no es posible exagerar. Digo que no es ,posible exagerar su importancia por que el Ateneo Puertorriqueño es ]a institución que más ha hecho por ayudar al puertorriqueño a conservarse a sí mismo, la que más ha contribuido a que perdure e!l modo de ser puertorriqueño, la que nunca ha puesto en tela de juicio que existe un personaje en el gran drama de ]a his· toria que se llama Puerto Rico. Sin ella, dada ]a situación política de Puerto Rico, acaso no hubiera podido sobrevivir el espíritu puertorriqueño. Es la institución que ha tenido y tiene la más lúcida y amorosa conciencia de ]0 nuestro. En el discurso de inauguración don Miguel Fe· rrer y Plantada, uno de los 47 fundadores del Ateneo, terminó diciendo: «que el día 29 de junio no podía menos de ser y lo era en efecto un día de júbilo para Puerto Rico que avanzaba en el camino de la ilustración y del progreso con el establecimiento de un centro que redundaba en beneficio no sólo de la generación pJ.:esente sino tamo bién en el más alto valer de las generaciones venideras.. Y don Francisco de Paula Acuña, en otro discurso, señaló que era un error creer que las actividades culturales para las que se fundaba el Ateneo «tuvieran casi exclusivamente sentido especulativo cuando, por el contrario, se rozan íntimamente con la vidall. Las palabras de don Mi· guel Ferrer fueron proféticas: el Ateneo ha sido un instrumento firme y valioso para expresar el pensar y el sentir de tres generaciones de puertorriqueños. Y las palabras de don Francisco de Paula Acuña definen la función que ha cumplido
el Ateneo y explican su influencia. Porque para los hombres que fundaron esta Casa y para los que la han dirigido a través de su larga vida, el auténtico saber es el saber que ayuda a ver con más claridad el mundo en que vivimos, el que toma parte activa en todos los acontecimientos que afectan la vida del país. Las minorías que han di· rigido el Ateneo han cumplido una función rectora, siempre han tenido plena conciencia de la responsabilidad de ]a inteligencia. El Ateneo Puertorriqueño ha realizado una labor de tal magnitud -fue, para sólo citar UD dato, nuestra primera universidad con el establecimiento en 1888 del Instituto de Enseñanza Superiorque no puede escribirse la historia de Puerto Ri· ca a partir de 1876 sin hacer a la vez la historia de la institución. Pero para mí sus dos funciones prin. cipales, las funciones por las que continúa siendo la institución más necesaria al país son: su verdadero sentido del valor del pasado y su condición de tribuna libre. En un país en que, por nuestra situación política, se tiende a ignorar, menospreciar o desvalorizar el pasado, el Ateneo ha proclamado siempre que no se puede tener conciencia del presente, ni recursos para hacer frente al porvenir, sin el con· sentimiento del pasado; que el pasado no es «lo pasado», lo que ya se ha perdido en el tiempo: que el pasado es la historia. Ha señalado siempre que sólo hacen historia los hombres que tienen plena conciencia de su historia, que un pueblo sin sentido de su pasado es un pueblo despojado de la más rica fuente de enriquecimiento espiritual. Porque ha insistido siempre en familiarizar al puertorriqueño con su tradición, en destacar la relación orgánica que existe entre lo que ha sido
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el puertorriqueño y lo que es el Ateneo: la institución que más ha contribuído a que nuestro pueblo vea la realidad que vive, la que más luz arroja sobre nuestro confuso presente. Es la voz de la conciencia puertorriqueña. La otra función que destaco, la de tribuna libre, es hoy más necesaria que nunca. Atravesamos un período de crisis de los derechos civiles, en que se habla mucho de democracia, pero se menosprecia su espíritu, en que se mira al inconforme con recelo y al disidente como enemigo. El Ateneo Puertorriqueño es la institución que más se ha distinguido en Puerto Rico no sólo por permitir en su recinto la discusión de todas las ideas, por impopulares que sean, sino también por el respeto que ha tenido a la persona de los que las sustentan. El diálogo ha sido y es el alma de la institución. Sabe que el único modo de contribuir a formar una sana opinión pública es alentar la libre expresión del pensamiento. El Ateneo Puertorriqueño es la institución nuestra que mejor refleja el espíritu nacional y a la vez la que mejor refleja el espíritu de lo universal. Ninguna otra pone tanto empeño en hacer comprender a nuestro país que es sujeto de la historia, ninguna otra pone tampoco tanto empeño en darle a conocer las ideas por las que los hombres de todos los países viven y mueren. Y no podría ser de otro modo. Porque sólo el conocimiento y el respeto de 10 nuestro permite conocer y respetar 10 ajeno. Siempre se va a 10 universal por el camino de lo nacional. Yo diría que el Ateneo, que cumple esta doble función -que es bien vista una sola: ayudar a formar hombres libres- es, a pesar de sus noventa años y por 10 que ha hecho durante esos noventa años, la más viva de nuestras instituciones. Por que los valores que cultiva y exalta son los que justifican el quehacer del hombre, los que dan sentido a su vida. ¿Cómo expresar nuestro agradecimiento a los 47 puertorriqueños que con tanta fe y tanto entusiasmo fundaron esta Casa, en donde el puer-
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Francisco de Paul Acuña, Fundador y Presidente del Ateneo. torriqueño ha encontrado siempI:e 105 recursos espirituales para hacer frente a su destino? Creo que el mejor modo es cuidar este valioso legado, sostenerlo tan vivo como hoy para las generaciones futuras; que todo puertorriqueño considere un deber y un honor mantener siempre abierto el Ateneo Puertorriqueño, el mejor exponente en nuestro país del espíritu nacional y de los valores universales.
Significado del Ateneo desde el punto de vista de un educador* Por
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ISMAEL RODRíGUEZ
Bou
90 AÑOS DE VIDA EN EL preciso momento en que se hace necesario, por acontecimientos políticos recientes, emprender -sin partidismos, ni prejuicios, ni fantasíasuna serena, informada, documentada labor educativa sobre 10 que ha sido, es y quiere ser este pueblo como comunidad civilizada. El destino de un pueblo debe decidirlo el pueblo, pero no una masa que ignore aquello por lo cual decide, sino una comunidad ilustrada, esclarecida, educada y con cabal conocimiento de las implicaciones de la decisión a que llegue, en paz con su conciencia y en comunión con su espíritu. Harían bien todas las organizaciones educativas, cívicas y culturales en coadyuvar en la magna obra de educación que nos queda por delante. En esta tarea el foro abier· to y libre que es por tradición y razón de ser, el Ateneo Puertorriqueño, tiene destacada participación e indeclinable responsabilidad. No hay duda de que la descargará a satisfacción. Es innecesario de mi parte hacer un recuento de los cursos, conferencias, juegos florales, certámenes, seminarios, foros, representaciones teatrales, entre la sorprendente variedad de actividades culturales que en sus noventa años de vida ha patrocinado el Ateneo Puertorriqueño. La reseña de esta labor puede encontrarse en libros, revistas, periódicos y publicaciones varias, fácilmente asequibles en cualquier biblioteca del país. Para entender la obra y la actividad de una institución social y de cultura es imprescindible examinar el ambiente en que se fundó y las condiciones sociopolíticas y económicas de la época en que tuvo gestación.
La fundaci6n del Ateneo así como su persistencia en el tiempo, constituye una confirmación inequívoca de la fe de este pueblo en la educación como medio innegable de preservar su cultura, de fortalecer su personalidad, de definir cada día con mayor claridad su contorno de pueblo maduro y sereno, de preservar su idioma y su identidad. Lo que ha logrado el Ateneo es prueba clara y diáfana de la determinación ae unos hombres y del empeño de un pueblo de proveerse de una tribuna libre desde la cual unos seres libres e3tuvieran siempre ilispuestos a decir su verdad, a discutir los temas que los angustian e inquietan, a dialogar sobre los rumbos de su sociedad, a compartir obra creadora, a ilustrar a sus semejantes y a aprender enseñando. El Ateneo se funda en junio 29 de 1876. Para esa época las facilidades educativas en Puerto Rico eran escasas. En junio de 1869 asistían 8,129 alumnos a 313 escuelas públicas de la isla. Esta cifra representa una merma de cerca de dos mil alumnos en comparación con la matrícula dos años antes (1867).1 El crecimiento poblacional era «anormal» y subía como la espuma -de 150,000 habitantes en 1-821 subió a 600,000 en 1870 y ya en 1882 había en Puerto Rico unos 752 mil habitantes.2 Los que razonen un poco sobre la presión poblacional y sus efectos en la preparación y contratación de maestros, en las facilidades de aulas, equipos y mate· riales de enseñanza comprenderán 10 que significa esta explosión poblacional que nos afligió entonces y aún nos constriñe. La agitación política existente en España para la fecha en que se gesta el Ateneo Puertorriqueño es
• Ponencia presentada en el (oro celebrado el 16 de agosto de 1966 con motivo del nonag~slmo aniversario de la Inslltudón.
1. Juan Jos~ Osuna. A Hislory 01 Educatían in Puerto Rka. 2. Antonio Cuesla Mendoza, Historia de la Educacidn en el Puerlo Rico Colonial 1821.1898, p. 19.
L ATENEO CELEBRA
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trasfondo histórico que da relieve al tesón y empeño de sus fundadores. Del «1821 al 1898 hubo en Puerto Rico 47 Capitanes Generales, a razOn de uno por cada 18 meses».3 Estos generales movían y removían, estrangulaban, si querían, la oro ganización educativa. Quitaban y ponían maestros, alcaldes y concejales a su antojo. Es el Gobernador José Laureano Sanz quien en 1874 inicia su gobierno «destituyendo y separando muchos maestros por sus ideas liberales; consiguiendo que se abriera un concurso en la Península para que viniera un nuevo cuerpo de maestros a hacerse cargo de la enseñanza en Puerto Rico. Al mismo tiempo... prohibió la enseñanza privada, SIn previa autorización».4 En 1873 tuvo lugar la abolición de la esclavitud que abre las puertas de la libertad a unos 30,000 esclavos que deben educarse pcu:a su normal y justa integración al cuerpo social. El acto de jus· ticia y cristianismo, no por serlo, dejó de complicar el de suyo raquítico hacer educativo. La agitación política que afecta la metrópoli y a los pueblos americanos trajo como consecuencia la idea de restringir y censurar los procesos educativos por el temor de que a mayor ilustra· ción, a mayor luz de entendimiento, a mayores lecturas más propenso se estaba a los movimien· tos de independencia o lo que es igual, a mayor ignorancia menos posibilidad de subversión. Así es que el «gobierno local, temeroso de que las libertades disfrutadas por los puertorriqueños durante la República pudieran finalmente conducir a la pérdida de la colonia, adoptó medidas represivas con órdenes de restablecer la organización política anterior. A su arribo al país, el Go· bernador Sanz disolvió la Diputación Provincial, limitó los poderes de las municipalidades, censuró 10s periódicos, intervino con la libertad de prensa y 'llenó todos los puestos con elementos afines al gobierno. Descontinuó el Instituto Civil, la institución educativa más popular de la Isla, que se es· tableció el año anterior».s Antes de 1880 no existían bibliotecas públicas en Puerto Rico. Como si fuera poco este estado de cosas, la situación todavía mostraba las cicatrices del cólera de 1855 en que unas 30,000 personas perdieron sus vidas y el terremoto del 1867 en que otras tantas corrieron igual suerte. Es fácil deducir el temple, el coraje, pero a la vez la serenidad y el sosiego que sólo inspira la verdadera cultura, de aquellos hombres que, en 3. ¡bid., p. 2J. 4. Pcdro C. Timo!hcc, _Desarrollo dc la Instrucci6n pública en Pucrto Rlco_, Gratitud y Progreso, cuarto cen~nllrio dc coloni· zacl6n cristiana. (Publicación del Ateneo Pucrtorrlquello), p. J~ 11~.
1908.
S. Juan Jase! Osuna, op. cit., p. 63.
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medio de ese cuadro social, político y económico se dan a la tarea de fundar un Ateneo, como respuesta a la opresión, como antídoto al despotismo, como bálsamo a las desgracias naturales, como tribuna de libertad. El Ateneo fue propiamente nuestra primera Universidad al fundar la Institución de Enseñanza Superior. Ninguna otra institución educativa o cultural ejerció la influencia del Ateneo en la orientación, afianzamiento y ampliación de la cultura en Puerto Rico. Sorprende leer la lista de temas que se explica. ban y discutían en su ámbito: D. José Julián Acosta - Marcha Progresiva de la Humanidad en el Conocimiento de la Superficie Terrestre. Los teléfonos eléctricos. D. Alejandro Tapia - La bella literatura en sus íntimas e imprescindibles relaciones con la estética. D. Manuel Garcfa Salgado - Noción del dere· cho 'Y bases fundamentales del mismo. D. Manuel 'Elzaburu - Consideración legal de la mujer en la historia. D. Gabriel Ferrer - Historia de la medicina. D, Manuel Corchado - La justicia 'Y sus mani· festaciones. D. Francisco Garrido - La fiebre amarilla. D. Aureliano Jiménez y Sanz - Teorías modernas de la Química. D. Cecilia Pujazón - Explicación del objeto de su misión en las Antillas como Director del Observatorio Astronómico de San Fernando: estudio del paso de Venus. D. Rafael del Valle - Estudio sobre microbiologia. Entre las memorias escojo como ejemplo las siguientes:
Estado de las clases jornaleras de Puerto Rico: causas que lo sostienen,' 'Y medios pa. ra el progreso moral y material de estas tU· timas - Premiada, la de D. Salvador Brau. Estado actual de la instrucción pública en Puerto Rico: su pasado; su presente; 'Y nlO· do de mejorarla en lo futuro. - Premiada, la de D. Gabriel Ferrer Hernández. Entre las discusiones en las secciones señalo:
El gran adelantamiento en el progreso ma· terial, es o no en detrimento del progreso moral o lo impulsa y auxilia.
Se abren a concurso certámenes de cuentos, poesías, obras de teatro. No faltan. por supuesto, los certámenes de composiciones musicales y composiciones pictóricas. No es el Ateneo torre de marfil donde se en· claustran unos intelectuales que pierden contacto con la realidad y las condicienes del conglomera. do social en que se ubica la torre, sino que funda un Instituto de Enseñanza Libre por el ceinterés tradicional del Ateneo por la cultura popular» y por su empeño en «proporcionar gratuitamente cursos de cultura práctica a todas las personas ávidas de saber y especialmente a los trabajadores, empleados, estudiantes pobres y adultos que no hubieran tenido oportunidad de educarse con· venientemente».6 Su finalidad ceresponde», dicen las bases de su fundación. cea la necesidad de democratizar la enseñanza, de divulgar el saber. de poner la cultura en contacto directo con el pueblo, y de difundir los nuevos movimientos de orienta· ción social como medio indispensable para fortalecer la conciencia colectiva».7 Los cursillos reseñados para este Instituto constituyen una clara revelación de que esta casa ha sido una antena sensitiva, cual radar que otea horizontes antes que cnos coja el holandés». Entre los ofrecimientos aparecen cursillos sobre filosofía del derecho, sociología elemental. evolución del pensamiento socialista, movimientos contemporáneos de orientación social. legislación del trabajo y teoría crítica del marxismo y un cursillo -necesario en este momento- sobre noticias mundiales de actualidad. La lista de temas, de repetirse similares cursillos, tendrían en ascuas a muchos clubs y organizaciones cívicas, a no pocos nuevos ricos y a buen número de los conversos a la filosofía del «time is money» o cequien manda y vale es don Dinero». Ha sido el Ateneo el precursor del Departamento de Estudios Hispánicos, del Instituto de Cooperativas, del Instituto de Relaciones del Tra· bajo, de la Oficina de Investigaciones Pedagógi· cas, del Centro de Investigaciones Sociales, del Instituto del Caribe. Expuso el hambre por ahondar en estos campos, señaló el rumbo de sus tareas aunque sin referencia a su organización. En fin, la gama de temas at:tísticos, humanísticos, de ciencia y sociologia pueden cubrir el catálogo de cursos de cualquier institución de enseñanza superior o universitaria. Entre las funciones de una casa de pensamiento y cultura está la de adelantarse a los acontecimientos, la de guiar y orientar a los que en su 6. Vicente Geigel Po1anco, Ate"co Puertorriqueño, revista tri· mestral, p. l. 7. lbid., p. 2.
diario bregar carecen de los conocimientos suficientes para el certero razonar. Una casa de estudios, de cultura, de pensamiento, no debe convertirse en fortín de poder político, de proselitismo político, de parcialidad social, de preferencias religiosas o raciales. Una casa de cultura es seguridad de un pueblo, es sostén del pensamiento libre y es agencia libre de confusión y engaño. Este rico catálogo de temas que ha mantenido el Ateneo atado al ritmo de la vida del país hace recordar, en contraste, aquellas palabras de Antonio S. Pedreira: ceAguda lástima nos aprieta el ánimo cuando nos enteramos de las lecturas enanas que hacen tantos y tantos maestros... Esclavos del texto y del curso de estudio, no logran ofr el rumor de la vida que les queda enfrente, ni auscultan los pechos que han de enfrentarse al porvenir. Nadie puede sentir simpatías por esos profesores mínimos que s6lo se interesan por formar cabezas de alfileres. Vivir de la muchachez tomándola en usufructo es, además de villanía, un desfalco de la vida colectiva... ,,8 ¿Qué es, en fin, 10 que estos aportes del Ateneo significan para un educador. en este suelo, en nuestras circunstancias, en nuestra búsqueda de ca· minos y de perfiles propios? La misión del Ateneo es similar a la del educador. En momentos de mayor aflicción colectiva. cuando los valores y las jerarquías espirituales sufren merma y confusión por las ambivalencias culturales, el Ateneo abre sus puertas al diálogo, al debate, a la confrontación de ideas, a la conferencia iluminadora. Así el educador abre el aula para hacer luz y orientar. en perenne conversación, con sus alumnos. El político puede contemporizar, puede tranzar, buscar el consenso. El intelectual y el educador están comprometidos con la verdad. Su deber es atenerse a la verdad según la entiende; su obligación es esclarecer cuestiones en controversia y no confundir los issues. A quien tal misión le corresponde desempeñar y tal deber descargar no puede amedrentarse por la incomprensión, por el ostracismo, por los castigos sin vara ni fuete... Cumplir su misión es gozar su sacrificio... Al Ateneo no 10 ha amedrentado la infinidad de cargos y acusaciones que contra él se han hecho en diver· sas etapas de su vida. La penuria ha sido su aguijón y así el del maestro. En Puerto Rico, hoy como ayer, hay miedo a expresarse con franqueza, se ha creado una histeria comunista, se anda en busca de seguridad física aunque se atropellen los derechos civiles. Las agrupaciones cívicas más conocidas están prestas siempt:e a respaldar todo movimiento que 8. Antonio S. Pcdrelra. lnsularismo, p. 131·132.
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garantice el statu qua y a condenar cuanta idea no cuadre con los moldes tradicionales. Ya pocos se atreven a decir su cantar o a salir a pescar aunque los coja el holandés, en frase certera de Pedreira. Terminamos nuestra exposición repitiendo unas líneas de una conferencia que dictamos no ha mucho ante la Décimoquinta Convención de Orientación Social en Puerto Rico: «Pedimos participación ciudadana en el plan. teamiento, análisis y solución de problemas con que a diario se enfrenta la comunidad. Pedi· mos que la gente critique y sugiera cambios en los programas de gobierno. Pedimos que haya "'expresión frecuente, profunda, dedicada, incesan· te"'. Pero por otro lado insistimos en el neutralismo y en el consenso de las decisiones. Pero todos estamos pendientes de la señal... Es decir que alguien siempre piense y decida por no<;:>tras. En esta actitud no veo ni el neutralismo ni el consenso; lo que trae a mi memoria el cuento que oí de niño con relación al presidente de ]a asamblea municipal cada vez que som~ tía un asunto a votación. Decía él: "'los que estén de acuerdo dirán sís y los que no, sís también"'. La psicología del semáforo está bien para ordenar el tránsito de vehículos de motor, pero el pensamiento del hombre, su espíritu, no se arde· na con luz roja o verde o amarilla. Pedimos diálogo, intercambio de ideas, libre discusión. Aquí la gente habla, demuestra gran agresividad. Dice lo que quiere -a veces irrespetuosamente de sus gobernantes- de sus líde· res. Los que van al volante de un automóvil -hombres y mujeres- insultan a quien comt'te el más ]eve desliz en el nunca resuelto problema del tránsito. Los que escriben hojas suelo tas hacen más gala de vocabulario irresponsable y burdo que de ideas frescas y renovadora'i. Quizás ello se deba a que a la gente se le oye pero no se ]e hace caso; a que el poder se le figura tan lejano y absoluto que su único esca·
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pe, en la perenne frustración, es la estridencia, el alboroto, el grito... Son mecanismos defensivos ante la impotencia. Se crean juntas de gobierno para facilitar ]a representación ciudadana, pero las vistas públi. cas se convierten en puro formulismo. Las decisiones parecen estar hechas de antemano. Se crean comités para que oigan a los ciudadanos pero los informes congestionan las gavetas burocráticas. Se ordenan estudios, de los estudios, de ]os estudios. De las agencias de gobierno se da a conocer lo que es bueno, pero a las deficiencias se les pone sordina y se malquista quien señala una falla o evalúa su gestión. No considero buen estimulo al pensamiento libre, al libre juego de la inteligencia, el que los subalternos tengan por fuerza que darle absoluto respaldo a las ideas de sus jefes o proyectar o trasmitir siempre el pensamiento y ]a personalidad de su superior. Si la gente de inteligencia tienen que someter su inteligencia, su estilo, su pensar, su personalidad, siempre a la de su jefe, confirmamos la posición del filósofo Epicteto: "'abstine et sustine'" (abstente y aguántate), o la idea de los estoicos de "echarse llave a sí mismo'" o "considerarse en este mundo como en ciudad si· tiada". Ciertamente el ideal democrático -quizás ilusión universitaria y ateneista- es de disciplina, respeto y consideración, pero no el de "echarse llave a sí mismo", ni el de convertirse en carcelero de las propias ideas. Comparto mejor la otra máxima que aparece en el Enchi· ridión de Epicteto cuando aconseja que "no has de tener ambición de ser Senador, Cónsul ni Emperador; conviene que cuides solamente de ser libre".• Vamos a hacer votos por que el Ateneo cuide siempre de continuar siendo libre. En este propósito el educador y el Ateneo serán compañeros de viaje.
El Ateneo y el pueblo puertorriqueño * Por MIGUEL MEL~NDEZ MuÑoz
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A ESCUELA DEL AIRE DEDICA UNO DE SUS PROGRA-
mas instructivos al Ateneo Puertorriqueño. Y se me piden unas palabras de introducción por el motivo de presidirlo en estos momentos. ¿Y qué ocasión más propia que ésta para establecer la posición que ocupa nuestro Ateneo en nuestra vida social y enjuiciar las actitudes de la sociedad y del pueblo puertorriqueño ante la función cultural que realizó ayer esta Institución y desempeña ahora? Para algunos el Ateneo es el refugio de nuestra cultura. Cuando se pronuncia esta opinión se infiere que nuestra cultura ha tenido que huir de alguna parte. Se supone que se la ha desplazado de algún sitio, y muy preeminente, que ocupara en el conocimiento y en la vida de nuestra sociedad. Y, tácitamente, se afirma que ha sido atropellada, y perseguida en postrer instancia, de tal modo, que hubo de buscar un refugio y se asiló en el Ateneo... Porque esta Sociedad se fundó, hace setenta y tres años, para x:ecoger y conservar la cultura de aquella época, patrimonio de una élite, tal vez demasiado minoritaria; para llevarla al pueblo; para absorber la suya -folklore; estimular, desarrollar y fomentar el cultivo de las Bellas Artes en todas nuestras clases sociales. Y, en efecto, el Ateneo Puertorriqueño fue aula, tribuna, ágora, biblioteca, hemeroteca y sede de la Sociedad de Amigos del País. Claro, que por aquel tiempo fue también escenario de Juegos Florales y veladas lírico-literarias: tenía que someter* Tomado del libro Obras comple/as. de Miguel Meléndez MuJloz.
se a los mandatos de la época del polizón, del peinado griego, la falda larga, el corset; el cuello almidonado y el pantalón, como funda de paraguas, para el sexo feo. Alguna gente cree que han desaparecido de nuestros hábitos sociales ciertas modalidades distintivas y definitorias de nuestro carácter nacional. Y que se le han superpuesto otras de estilo colonialista que franquean el proceso de su hibrida· ción con perjuicio de la integración de nuestra pero sonalidad. Y al contemplar de pasada las cuatro paredes del edificio del Ateneo, o recordar su estructura física, piensan que en ellas han ido a refugiarse, a ejercer el viejo derecho de asilo, las características fundamentales y genotípicas de nuestro ser social. De otro ángulo, en el que se han situado los indiferentes y los que piensan que todas las actitudes sociales deben destilar, en fluir caudaloso, un placer orgánico o sensual, el Ateneo es una frágil reliquia del pasado que le sobrevive en prolongada agonía. Para los escépticos y los epicúreos, el Ateneo es un cenotafio en que yacen los restos de una cultura apolillada, representada por una serie de re· tratos de un procerato en olvido, una biblioteca de libros viejos y pasados de moda y algunas colecciones de antiguallas. Sitio donde se reúne un grupo de intelectuales para saturarse de esa ato mósfera de moho, de ese ambiente sepulcral, enra· recido por la descomposición del pasado, con la 43
fútil esperanza de que los cuelguen allí en estampa post·mortem. ¡Ah!, y para la mayoría del pueblo, para esa gran mayoría radicada en pueblos y campos lejos de esta ciudad, es un templo raro en el que se celebran extraños ritos de una liturgia incomprensi. ble. Ni las apariencias, ni la realidad que se halla latente bajo ellas, justifican ninguno de esos juicios, no mal intencionados ni perversos, pero sí caprichosos e irreflexivos. El Ateneo es lo que enunciara suscintamente. Pudo subsistir antes con clara modestia económica, porque las exigencias de la vida estaban limitadas por el desarrollo lento y espaciado de su progreso. En la época presente logra construir su hogar. Es a través de grandes dificultades, llamando a todas las puertas, utilizando todos los recursos petitorios, consustanciales a instituciones benéficas y filantrópicas, que solventa el remanente de la deuda que contrajera para la construcción de su edificio, en un largo proceso de diez años. Una reseña breve de la labor del Ateneo en los cuarenta y cuatro años de dominación americana, necesita tiempo y espacio que no se me puede otorgar en esta ocasión.
Baste recordar rápidamente, que cuantas instituciones culturales y artísticas se crearon en el país, tuvieron su génesis en el Ateneo inspiradas y propugnadas, casi siempre, por hombres de su afiliación: la Academia de la Historia Puertorriqueña, Pro-Arte Musical de Puerto Rico, Areyto (Saciedad Teatral), Instituto de Literatura Puertorriqueña, etcétera. y en aclaración a todas esas opiniones que ana· licé someramente, deseo recordar ahora que, desde que ocupo su presidencia, he dirigido, varias veces, mi palabra cordial a nuestro pueblo para mantener bien claro que el Ateneo estuvo siempre y ha de estar a su servicio, que no es custodio de valores congelados o inmortalizables, que los hom· bres que lo dirigimos no nos dedicamos a empastar y momificar nuestra cultura, ni a mantener normas anacrónicas ni formas vetustas de sus medios expresivos... Que no sostenemos que todo tiempo pasado fue mejor. Pero aspiramos a conservar lo mejor de todo el tiempo pasado de nues· tra civilización. Y postulamos que debemos perfeccionar los instrumentos de nuestra cultura con todos los ingredientes que les comunique más fuerte consistencia y más segura eficacia. 3 de noviembre de 1943.
En una fiesta celebrada por el Ateneo Puertorriqueño, un grupo de señoritas de San Juan, dirigidas por la señora Torruellas de Arteaga, cantó el Himno Antillano. En la velada participaron el prócer José de Diego y el precoz y ya notable pianista Jesús María Sanromá.
El Ateneo Puertorriqueño Por
E L ATENEO PUERTORRIQUEÑO ES LA MÁS ANTIGUA DE las instituciones dedicadas al fomento de las artes y las ciencias que continúa prestando señala· dos servicios a la cultura del país. Fue don Manuel de Elzaburu quien concibió la idea de fundar el Ateneo Puertorriqueño. Pero es de justicia consignar que el dramaturgo puertorriquetio don Alejandro Tapia y Rivera, con antela· ción al señor Elzaburu, animó la idea de crear esta institución. Para celebrar la primera reunión se invitó, según rezaba la convocatoria, ca cuantas personas se consideró pudiesen ser afectas al pensamiento de establecer en esta localidad un Ateneo científico, artístico y literario». El día treinta de abril de mil ochocientos setenta y seis, y en los salones del Ayuntamiento de San Juan, se celebró dicha reunión y acordóse elegir en ella una Junta Directiva Provisional que se encargó de formular un Proyecto de Reglamento y se en· tendiese en todo lo relativo a su instalación y sus gastos. El forzado laconismo de estas notas impide con· signar, como fuera de justicia, una exposición deta· lIada de tan fecunda labor a que han ido sucesivamente dando cima los varios ·Presidentes, au.xiliados por sus colegas de las varias Directivas; pero ya que no todas las Presidencias ni de dos de ellas siquiera, hay que hacer resaltar la prolongada y provechosa de su fundador don Manuel de EIzaburu. En aquella época desfilaron por su cátedra entre otros, conocidos y destacados, dos hombres de ciencia: el sabio naturalista cubano don Carlos de la Torre y el Director del Observatorio Astro· nómico de San Fernando, don Cecilia ·Pujazón. El doctor De la Torre pronunció durante el curso del
ANTONIO
PANIAGUA PICASO
año de 1883-1884 diecinueve conferencias sobre la evolución de los organismos. El Ateneo adquirió como es de notarse señaladí· sima importancia. Hasta entonces, las justas lite· rarias habían tenido en Puerto Rico solamente ca· rácter de certámenes; entonces, y por primera vez (1888), se celebraron unos Juegos Florales, según el ritual clásico. En ellos reverdeció sus laurales, conquistando 'la Flor Natural para sus broncíneos tercetos a la Patria, don Salvador Brau; Canto a la Fe de sus Mayores, con la fe de un convencido y la voz de un convincente, don Manuel Padilla Dávila; e hizo, ostensiblemente, sus primeras armas don José de Diego, arrebatando para su oda a la Patria el premio que se había predestinado para un canto al Amor. Fue también mientras presidía el mismo Elzaburu, cuando se creó en Puerto Rico, a iniciativa del Ateneo y bajo su dependencia, la clnstitución de Enseñanza SuperiorlD, universidad embrionaria, que no por ser embrionaria dejó de prestar, durante la década de su existencia, valiosísimos servicios a la causa cultural de nuestro país. Al hablar de los constantes y delicados es· fuerzas que culminaron en la creación de este alto y memorable centro docente, hay que poner, junto al nombre de aquel Presidente del Ateneo, el nombre de nuestro compatriota don Julio Vizcarrondo, residente a la sazón en la capital de España, en cuyas Cortes representaba, como Diputado, a Puerto Rico, y quien paralelamente laboró sin descanso ante las supremas autoridades legislativas y administrativas de aquella época, venciendo obstáculos, limando asperezas, destruyendo prejuicios, cal· deando entusiasmo, asegurándose colaboraciones y amistades. La Universidad de La Habana prestó un señaladísimo servicio a la cultura puertorriqueña, ya que
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catedráticos de esa antigua e ilustre Universidad se trasladaron a Puerto Rico con el objeto de examinar a los estudiantes de la Institución de Enseñanza Superior al finalizar el año académico. El edificio que sirve de albergue a la institución se construyó durante la presidencia del poeta don Jesús Maria Lago, a cuyo denodado esfuerzo se debe el que la institución lo posea actualmente. A partir de la presidencia de don Emilio del Toro Cuebas, se comenzó la labor de rehabilitación económica del Ateneo, continuada por sus presidentes licenciados Samuel R. Quiñones, Emilio S. Belaval y Vicente Géigel Polanco. Un legado de la señora Paniagua Adonis permitió al Ateneo saldar . su deuda y librar a la institución del gravamen en que se había incurrido para costear la edificación de su actual albergue. En estos últimos años resurgió de nuevo a la vida cultural la vieja institución con la creación del Instituto de Enseñanza Popular presidido por don Miguel Meléndez Muñoz con la cooperación entusiasta del Presidente a la sazón del Ateneo, licenciado Vicente Géigel Palanca. Durante la presidencia del licenciado Samuel R. Quiñones se reanudó la publicación de la revista Ateneo Puertorriqueño, órgano de la institución que llevaba la voz de la cultura puertorriqueña a todos los países de Norte y Sudamérica, así como a todos los países de la vieja Europa.
Reelecto Presidente del Ateneo don Miguel Meléndez Muñoz por su eficaz labor en el pasado año, dando un poderoso aliento económico y cultural a la institución, inaugura sus actividades del presente año con una conferencia del profesor español y poeta don Pedro Salinas, a la que seguirá una disertación del señor Meléndez Muñoz, sobre el siguiente temario: Jibaridad o Afirmación Puertorriqueña y Bilingüismo: Home vs. Hogar y Solio daridad Social. En otras fechas diferentes hablará el señor Meléndez Muñoz sobre «El mercantilismo en las profesiones y la crisis de su sentido humanista». También pronunciará otra conferencia el licenciado Emilio S. Belaval, ex presidente de la institución, cuentista y Juez de la Corte del Distrito de BayamÓD. Se ha señalado al Ateneo Puertorriqueño fiel al propósito que impulsara su creación, como el más acrecentado defensor de nuestra cultura y el idioma vernáculo. Alerta siempre a las más caras con· quistas de la libertad de pensamiento acordó re· cientemente, en relación con la enseñanza religiosa, «que el poder polftico del gobierno para dirigir la instrucción pública no debe utilizarse, ni directa ni indirectamente, para crear un estado de conciencia que acentúe la división sectaria de la comunidad». 15 de febrero de 1945.
El antiguo domicilio del Ateneo Puertorriqueño. Ubicado frente a la Plaza de Armas de San Juan, fue centro de intensa vida social y cultural. La fotografía muestra al público asistente a una velada literaria. Entre los concurrentes figura el doctor Manuel Quevedo Báez, quien durante algún tiempo fue presidente de la institución.
Función del Ateneo en la vida puertorriqueña* Por Noá COLÓN
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MARTfNEZ
bral del Ateneo Puertorriqueño con profundo respeto y con legítima esperanza. Diría más, penetrar su recinto sobrecoge el espíritu y lo inclina a reflexiones de reconocimiento y agradecimiento. No es necesario en este momento hacer un re· cuento detallado de los actos y de las actitudes que westra institución y la nuestra han hecho parte de su patrimonio. Imposible será asimismo no señalar algunos aspectos de común interés. Nuestra institución adscribe a los propósitos del Ateneo una primordial importancia y estamos convencidos que estos 90 años de fructífera labor en beneficio de las letras, la ciencia y las bellas artes no sólo hacen al Ateneo acreedor al mayor respeto sino que ha convertido a nuestro país y nuestros abogados en beneficiarios de un legado que ha enriquecido de modo permanente la vida de nuestro país. La del Ateneo ha sido una labor tesonera y difícil. El Ateneo Puertorriqueño y su labor: y misión de noventa años en la vida puertorriqueña no podría evaluarse con justicia si no tenemos primordialmente presente el marco social en que tiene que realizar su función. Desde su misma fundación el 29 de junio de 1876 responde a la necesidad de contar con un foro desde donde pudieran expresarse libremente las ideas de valor cultural para PUerto Rico. Nace esta institución en un momento crucial de nuestra historia. Había sido abolida la esclavitud tres años antes. Al día siguiente de su instalación
se aprueba la Constitución Española de 1876 que consolida la restauración monárquica y que garantiza con ciertas limitaciones la libertad de cultos, el derecho de reunión y la libertad de expresión. El Ateneo nace además con la misión de preser· var y promover el desarrollo intelectual de Puerto Rico estimulando la creación artística en todas. sus manifestaciones. En esta tarea tropezará con las fallas de una civilización que concede excesiva importancia a la adquisición y retención de bienes materiales y en la cual los valores culturales trascendentes y la dignidad y la libertad del hombre sufren el peligro de un continuo menoscabo. El Ateneo Puertorriqueño ha realizado una labor titánica estimulando la creación artística. Premiando las creaciones más destacadas año por año y en muchos casos haciendo posible su publicación o exposición. Como foro para la libre expresión del pensamiento de los puertorriqueños el Ateneo tiene el orgullo de ser la institución más consecuente a este principio abriendo sus puertas a todos los credos, a todas las ideologías políticas, a todas las corrien· tes de expresión. Esta tendencia ha unido nuestros esfuerzos durante los últimos años. El Colegio de Abogados ha compartido la preocupación por la protección de las minorías, por el derecho de todos a expresarse y a disentir y como ustedes hemos abierto nuestras puertas a la discusión de todas las ideas. En 1961 la compañera Leda. Nilita Vientós Gastón expresó en el periódico El Mundo refiriéndose al Ateneo lo siguiente:
• Palabras pronunciadas por el Presidente del Colegio de Abogados de PlIérlo Rico el 16 de agosto de 1966 en el Ateneo Puer., torrique/lo con motivo del nonagésimo aniversarlo de la InstitucIón.
"No ha sido una torre de marfil desde la que unos intelectuales se han atrincherado a contemplar con indiferencia lo que ocurre fuera de su
ABOGADOS DE PUERTO RICO CRUZAMOS EL UM-
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recinto. Sabe que el único medio de conservar los valores que llamamos eternos es estar siempre atentos a lo que ocurre en el mundo de todos los días. Ha tomado parte activa en los acontecimientos sociales y políticos y ayudado a fonnar la opinión pública. Tres ejemplos recientes 10 conCinnan: la protesta contra la Ley de la Mordaza, el foro sobre la Constitución del Estado Ubre Asociado y el pronunciamiento sobre las Cartas Pastorales." Obsérvese que de los tres elementos señalados, dos tienen tangencia con asuntos que nos conciernen directamente a los abogados y con relación a los cuales nuestro Colegio se pronuncia frecuentemente. Desde el año 1898 el pueblo de Puerto Rico, de idioma, tradiciones y cultura hispánica ha estado vinculado a Estados Unidos de Norteamérica, de orígenes, idioma y cultura distintos. El Ateneo Puertorriqueño ha realizado una misión gigantesca en la batalla por la preservación de nuestro idioma y en la organización de foros, conferencias y seminarios en donde se discute libremente el status político de Puerto Rico. El abogado puertorriqueño ha desempeñado un destacado papel en esta labor del Ateneo Puertorriqueño. Debe señalarse que en su organización original dos abogados ocupan cargos de importancia: su primer presidente, don Francisco Paula Acuña y su fundador don Manuel Elzaburu, quien, además de ser fundador fue el primer secretario y luego presidente hasta su muerte en 1892. Cabe señalar además como dato de interés que durante los últimos 50 años esta institución ha sido regida principalmente por abogados. Es grato recordar a don José de Diego en 1916; don Epifanio Femández Vanga en 1919; don Manuel Benítez Flores en 1927; don Emilio del Toro Cuevas en 1930; don José Ramírez Santibáñez en 1932; don Rafael Rivera Zayas en 1933; don Samuel R. Quiñones en 1934; don Emilio S. Belaval en 1937; don Vicente Géigel Polanco en 1939 y la compañera distinguida Nilita Vientós Gastón hasta 1961. Los anteriores fueron y son destacados miembros de nuestro foro pero fueron y son además hombres dedicados al cultivo de los valot:es del espíritu, en continuo esfuerzo por sembrar semillas de fe en el espíritu de su pueblo y difundir las preocupaciones. la creación y los sueños que agobian y enriquecen la vida del hombre en todos los lugares de la tierra. Puerto Rico y el mundo, el puertorriqueño y el ser humano en todas las latitudes han sido parejas preocupaciones de esta institución. Ha ido moviéndose su gestión entre problemas de gran interés universal y de gran interés para los puertorriqueños situados en su particular y peculiar perspectiva histórica, en sus circunstancias, con sus graves problemas y con sus sueños y aspiraciones. 48
Cuando don Manuel Corchado, jurista, orador forense y parlamentario dicta conferencias sobre la justicia y sus manifestaciones en 1887 o cuando el propio don Manuel Elzaburu dicta una conferencia sobre «La consideración de la Mujer en la Historialll están consagrando el carácter universalista de esta institución. Como he dicho, el Ateneo, su creación y su existencia, presuponen el desarrollo de una conciencia de lo universal y el cultivo de esos valores pero nuestras peculiares circunstancias históricas hacen necesario que se mantenga un balanc~ adecuado para no perder de vista la neceo sidad de preservar los valores de nuestra cultu· ra, nuestras tradiciones, la justicia que nos debemos recíprocamente los puertorriqueños, la libertad que debemos ganar y preservar todos los días y la igualdad entre los seres humanos que debemos vigilar celosamente como base de toda nuestra ordenación social. En el esfuerzo por conseguir ese balance el Ateneo Puertorriqueño nunca ha estado ajeno a los problemas de la vida puertorriqueña sino que por el contrario se ha adelantado a plantearlos. Tales son las memorias presentadas por los puertorriqueños como don Salvador Brau, el Dr. Gabriel Ferrer, y el Dr. Francisco del Valle Atiles en las cuales se cubren temas de interés permanente tales como el estado de las clases jornaleras de Puerto Rico, que fuera preocupación de don Salvador Brau en el 1882; el estado actual de la instrucción pública, que fuera preocupación del Dr. Ga· briel Ferrer en 1884 y una evaluación del estado del campesino puertorriqueño, que fuera preocupación social del Dr. Francisco del Valle Atiles en el año 1886. En los últimos tres años de la dominación española en Puerto Rico, el Ateneo tuvo una participación muy activa en la vida puertorriqueña. Era entonces su presidente don Juan Hemández López. Esta participación habrá de acrecentarse después de 1898. El Ateneo defenderá los principios democráticos auténticos, defenderá ·los derechos de la minoría a expresar sus ideas y defenderá y hará pasible el derecho democrático a disentir. Si no fuera más que ése el logro, el Ateneo Puertorriqueño ya habría justificado plenamente su existencia como uno de los más sólidos puntales de nuestra cultura. La segunda mitad del siglo xx sorprende a esta institución con un reto igual o mayor que el reto al que esta institución le ha hecho frente con tanto vigor y con tan buenos resultados en sus últimos 90 años. Puerto Rico tenía un serio problema politico-<:ultural en la segunda mitad del siglo XIX. La corriente liberal democrática que había venido produciendo en Europa documentos y actitudes yactividades para enaltecer el valor del hombre y su función en su comunidad nos llegaba en forma apagada y sin trascendencia. Los derechos del
hombre, que como preocupaclOn importante se reconoce en Grecia y en Roma y se eleva a la cate· goría de documento trascendental en Inglaterra a principios del siglo XIII y nutre los ideales de la Revolución Francesa y Norteamericana fue en Puerto Rico el acervo de una minoría militante, talentosa, dedicada y patriótica pero con pocas aunque importantes consecuencias verdaderamente trascendentales en la vida cotidiana de los seres humanos. Tal vez el reto nuevo, lo constituya la colaboración estrecha y desinteresada para que los frulos reales de la vida democrática tengan un amplio disfrute. Expandir el disfrute de los derechos civiles a todos nuestros ciudadanos puede parecer una tarea mecánica que consista en una vigilancia más estrecha de los que disfrutan privilegios y en un esfuerzo más decidido y eficaz para educa~ a nues· tra gente en el ejercicio de sus facultades como ciudadanos. En el fondo de todo el proceso, sin embargo, yace un esfuerzo creador de belleza incomparable. Sembraremos para exponer la libertad, para oírla, para disfrutarla, para hacerla un valor de la cultura que produzca el goce estético de la pintura, la delectación de la buena música, el sentido creador de la escultura. Hacia esos horizontes, que son horizontes de paz social y de verdadera promoción de los valores del espíritu debemos continuar el esfuerzo. Será un esfuerzo que a veces parecerá trascender nuestras reservas de energía y de paciencia. Será un esfuerzo que a veces parecerá arruinar nuestras reservas de sueños y de afán creador. No tendre· mas, sin embargo, otra alternativa que la de seguir la senda del propio esfuerzo continuado y renovado. Puerto Rico tiene aún graves problemas que afrontar. Todas las sustancias de su vida como pueblo parecen estar en peligro ante el avance de unas fuerzas que confunden la vida del hombre y enderezan sus pasos hacia la comodidad despreocupada y estéril. Quien haya resumido su existencia y la haya completado con la abundancia material y
se sienta así íntima y totalmente satisfecho no le preocupará que sus hijos hablen inglés o español o que él mismo no hable bien ninguno de ambos. No le preocupará que el destino de su pueblo dependa del azar, que no se haya logrado la justicia que su pueblo necesita en la relación con otro pueblo, no le molestará que le gobiernen desde afuera los asuntos de adentro. Sentirá complacencia en la seguridad que siempre trasmite el fuerte al débil cuando éste se coloca a su sombra. Sentirá que hay dignidad en una libertad precaria y rega· teada y sentirá su deber trasmitir a sus hijos ese legado conformista. Iremos olvidando en ese ambiente los conceptos de la dignidad, del pundonor, de la igualdad y con mayor frecuencia se señalará, por ejemplo, a los que tengan como base de su pensamiento político el respeto a nuestra soberanía de pueblo, como amigos de fórmulas superadas, de legalismos inútiles, de seres que viven un mundo irreal. Ya no será cierto que no sólo de pan vivirá el hombre sino que permeará nuestro diario vivir el criterio colectivo de que sí puede el hombre vivir sólo de pan. Nos conforta la esperanza, las lecciones de la historia, la pasión que hemos desarrollado por la verdad y el íntimo convencimiento de que sólo por errores momentáneos el hombre atenta contra su propia naturaleza de criatura de Dios, destinada a ganarse su pan con el sudor de su frente, pero destinada a superar sus limitaciones con el manteo nimiento de su libertad fundamental, de su espíritu creador, y la esperanza, larga o corta, de su reivin· dicación. Mi mensaje es de estímulo y de esperanza. Caminaremos la senda y venceremos. Afortunadamente el Ateneo nos sobrevivirá, si como tememos, en el esfueliZo se nos apaga la llama divina y vol· vemos a la tierra. Pero no tengo dudas de la contribución que instituciones como ésta y la nuestra habrán de aportar al logro de un resultado que mejore la calidad del hombre y supere sus aspiraciones en la tierra.
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Exposición de Carlos Raquel Rivera
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N SU PRIMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL EN EL INSTI-
tuto de Cultura Puertorriqueña, inaugurada el 19 de agosto, Carlos Raquel Rivera presentó medio centenar de obras representativas de su tra· bajo en los últimos años. Los estudios de este pintor, considerado como uno de los máximos exponentes de la pintura puer· torriqueña, comenzaron en la escuela que dirigía en San Juan Edna Coll. Porteriormente estuvo en Nueva York, en la Artists Professional League, pa· ra luego entrar -ya reintegrado a su patria- en la División de Educación de la Comunidad. Hace algunos años trabaja libremente. Carlos Raquel Rivera ha sido laureado en varias ocasiones, entre ellas en la Primera Bienal loter· americana de México. Ha expuesto numerosas ve· ces dentro y fuera de Puerto Rico y sus obras se hallan en -numerosas colecciones particulares y públicas.
Barbudos.
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Cltonqueles.
De su pintura comenta el doctor José R. Oliver que es <tel fruto de largos soliloquios, que no solo anteceden la obra, sino que la acompañan hasta su fin, porque el artista, tiránicamente intransi. gente consigo mismo, repasa y corrige el lienzo sin consideración ninguna al tiempo. En todo momento se exige el má"'<imo de capacidad tanto en la técnica como en el arte puro, y por ello cada una de sus pinturas es expresión fiel de su propósito y estado emotivo. La direclriz de tales ín· timas situaciones es así la misma directriz de su arte.» Las obras expuestas en el Instituto, ilustran la fase más reciente del pintor, en que, sin abandonar totalmente su anterior expresionismo de con· tenido social, penetra dentro del surrealismo, enfocando ahora su diatriba contra principios intangibles, y no contra seres reales y existentes.
Paisaje.
Conjetura.
51
La inlnigración canaria en Puerto Rico durante los siglos X'TIll y XIX Por
A) Los
L
INMIGRANTES ISLEÑOS DEL XVIlI
A NUEVA CORRIENTE EMIGRi\TORIA DE INlllV1J)UOS DE
origen canario que se inicia con rumbo a Puerto Rico a mediados de la década final del XVII habrá de proyectarse a lo largo de la centuria siguiente con caracteres de creciente importancia nu· mérica. A la luz de un nuevo reglamento que formula en 1718 el gobierno de la metrópoli, di· rigido a estipular las relaciones de España con sus dominios ultramarinos en América -informa Morales Padrón-, quedan abiertos al comercio con Canarias siete puertos de Indias, entre los cuales figura San Juan de Puerto Rico, que, juntamente con Trinidad y Cumaná recibía autorización para importar anualmente doscientas toneladas de mercancías procedentes del archipiélago.. Facilitadas así las comunicaciones de las islas con el Nuevo Mundo, entre 1718 y 1765 embarcan de Canarias para Indias unas 984 familias más dos personas adicionales, para un total de 4,909 emigrantes, de los cuales, 785 (cerca de 16%) salen para Puerto Rico.2 Sospechamos que dicho número de personas pasó en su gran mayoría a nuestro país durante la década de 1720 a 1730, cuando consta ]a llegada a la Isla de 157 familias canarias, de acuerdo con la siguiente información que trae Morales Padrón: •• F. Moral~s Padrdn. El cOIlll!r~io XVII Y XVUl). Sevilla, 1955, pp. so.SI.
callario·americano (si,los
XVI.
2. 1. Pl!rez: Vldal, «Aportación de Canarias a la población de América. Su Influencia en la lengua y en la poesfa tradlcional-. Anuario de Estudios Atlánticos. 1955. núm. 1, p. 121. El resto de talcs emigrantes canarIos se distribuye de la siguiente manern: 2.'1J1T van a Santo Domingo; 7lJ7 n la Florida; 2SO a Buenos Aln:~; 2SO a La Guaira; 189 a Maracalbo; 162 a Nuevas Filipinas (Tejas); 149 a Campeche; 97 a Montevideo; 13 a Trinidad. De cien ramio lIas no se indica el deslino. '1
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MANUEL ALVAREZ NAZ.\RIO
Año
Núm. de familias
1720 1722 1723 1724 1727 1730
20 30 25 21 27 2
Se ignora el origen en las islas de la mayoría de estos inmigrantes, aunque sí se sabe que par· te de los que vienen en 1720 y probablemente tamo bién en el caso de los que arriban en 1722 (de unos y otros salen los fracasados fundadores del nuevo pueblo de San Luis del Príncipe, en la ubio cación geográfica que hoy corresponde a Humacao).3 procedían de Tenerife, algunos, específicamente, de La Laguna. En relación con las familias que llegan en 1727 y 1730, respectivamente, por figurar su partida de Canarias en certificación expedida en Santa Cruz de Tenerife, podría quizás considerarse asimismo un posible origen tinerfeño. 4 Respecto de las veinticinco familias que vienen en 1723, cabría suponer que se ]es reclutó en la isla de Lanzarote, donde seis años después tiene poco éxito una nueva campaña de enganche de colonos para Indias, temiéndose allí que las susodichas familias emigradas antes a Puerto Rico se hubieran encontrado aquí con el fracaso.s J. V. 1. Gil Bcrm~jo. -La primera rundación de Humaca'J•• Revisla de Cultura Puerlorriqueña, 1964. VII, núm. 22. pp. 37-40.
4. F. Morales Padrón, «Colonos canarios en Indlas-. Anuario de ES/lidios Americanos, 1951, VIII. pp. 427-428.
S. Dice al er~to Samucl M. Buck. en su libro Yana¡¡ua"a's Suco ccssors. The 5/0'1 o{ tlle Ca"ary lslandcrs' lnmigralion itllo Texas in tlle Eiglltcentlt Celllllry. San Antonio. TCllaS. 1949, p. JI, -Lack of Interc~t In lile 'fCllas colonlzalion plan [solicitado por el Rey en 1729] should not llave bcen surprising In vicw of tbe faet that
Brau, quien consigna el arribo al país de setenta y sietc dc las familias arriba indicadas (número que parece sólo incluir los ingresos de 1720, 1722, J723 Y 1730 Y aparentemente excluyc los de 1724 y 1727), informa adicionalmente que las mismas quedaron distribuidas por Loíza, Bayamón y el Toa, pero que luego se suspenden los ingresos de ca· narios a Puerto Rico (suponemos que después de 1730), alegándose que entre los honrados y labo. riosos isleños ya avecindados aquí se habían filtrado gentes indeseables de ambos sexos.6 Pese a dicha disposición, pasado algún tiempo, es posible que la Isla continuara recibiendo gentes de Cana. rias en vista de la llegada a San Juan, en diversos años posteriores (1736, 1738, 1742, 1750, 1754, 1756) de barcos que salen de distintos puntos del archi. piélago (casi todos, desde Santa Cruz de Tenerife; uno, cada uno del Puerto de la Luz, en Gran Canaria, y de Las Palmas de Gran Canaria; otro, en los informes que manejamos, sin declaración del puerto de origen). Respecto de la embarcación que parte de Santa Cruz de Tenerífe en 1756, destina. da a Puerto Rico y Maracaibo, se sabe con certeza que traía emigrantes.7 Después de J765 -informa Pérez Vidal- el ar chipiélago pierde por varios motivos el disfrute del tonelaje que hasta entonces se le había permi. tido en su comercio con Santo Domingo, Puerto Rico y Trinidad, y se tropieza con parejas dificultades en La Habana, quedando así prácticamente anulado su comercio con el Caribe, excepción hecha del que sostenía con la capitanía general de Caracas.S Dentro de tal restricción de las comunicaciones directas con el archipiélago, es muy posible que para esos tiempos se recrudeciera en Puerto Rico lo que es probable fuera usual desde antes: la entrada de canarios por vía de las deserciones de los navíos que en viaje desde España y las Cana. rias a la Nueva España, recalaban en el puerto de la Aguada. El P. Abbad alude en 1788 a esta llegada furtiva de isleños al país, y nueve años después el viajero francés Ledru informa que cuando en 1772 y 1776 tocaron en el puerto de Aguadilla las flotas respectivas de Córdoba y de Unoa, un gran número de sus tripulantes las abandonaron para establecerse en dicho partido, donde «también se encuentran muchos Canarios, que arrastrados por el deseo de hacer fortuna emigran a las Antillas». Agrega que la población del partido era en 1778 de nn July 5. 1723. slx years previously, 2S farnllles went from the Canary Islands as volunteer selllers to Porto Rico. and as lhelr relatJons at home had not heard from them. It was assumed they had met dlsaster and perished. Had they known that these colo· nlsu had done well and some of them had become wealthy In Porto Rleo, en1istments for early passace to America mlght have taxed the capaclty af se\'eral reglsler ships•. 6. S. Brau. Historia de Puerto Rico, New York. 1904. p. 168. 7. F. Morales Padrón. El comercio canario.america"o, pp. 351. 353·354. 356. 360, 362.
8. J. Pcrc:t Vidal. op. cit., p. 126.
1,321 almas y que desde entonces a 1797 casi se ha duplicado la misma.9 De otro lado, con la habilitación en 1778 del puerto de San Juan, entre otros de América, para el libre comercio con Ca· narias, quedaba franca nuevamente la entrada de isleños al país al amparo de las comunicaciones mercantiles con las islas. lo La llegada de estos inmigrantes se vería estimulada, además, por el amo biente de progreso general que favorecen en Puerto Rico. para el último tercio de la centuria, la serie de medidas oficiales que traducen en nues· tro medio el espíritu del reformismo ilustrado de Carlos III y sus minitros. Considerada en sus alcances generales a lo largo del siglo XVIII, la inmigración canaria en Puerto Rico viene a constituir quizás el factor de ma· yor importancia dentro del extraordinario desarrollo poblacional que experimenta la Isla en di· cha centuria (con un total de 44,883 habitantes en 1765, la población insular casi se triplica para 1799, cuando alcanza el número de 153,232 almas), pudiéndose lograr merced a ello el definitivo afian· zamiento en nuestro suelo de la sociedad que aquí comenzó a establecerse en 1508. De las veintiocho poblaciones nuevas que vienen a sumarse entre 1714 y 1797 a los únicos cuatro núcleos urbanos ya existentes antes del xvItr en la Isla -la ciudad de San Juan y la villa de San Germán (fundadas en el XVI) y los pueblos de Coamo y Arecibo (funda dos en el xvn)-, '00 menos de diecinueve deben su surgimiento al esfuerzo colonizador de los hi· jos de Canarias. A través del territorio que ocupan dichos pueblos nuevos. en regiones costaneras e inmediatamente interiores a 10 largo de los litorales norte y oeste del país, la presencia de los isleños se aprecia, en la toponimia, por las fundaciones erigidas bajo la advocación de la tinerfeña Virgen de la Candelaria, patrona general de las Canarías: para 1729, ya existían bajo tal nombre re· ligioso las respectivas ermitas que servirían de nú9. l. Abbad y Laslerra. Historia, ¡:cos:ralla. civil y "atllral de ta ista do San ]lIall Bautista de Puerto Rico. Estudio preliminar por l. Gutlérrcz del Arro)-'o. [Rlo Piedras. P. R.l. 1959, pp. 133. t54; A..P. Lcdru. Vo}'al:e all% l1es de T¿n<!riffe. la Tr/niU, Saillt·Tllomas, Sain· te·Croix el Porlo Rieo.~, l'lIrls, 1810. 11, pp, 102·103; en la tradul:' clón espaílola de la parte referente a l'uerto Rico que prepara J. L. de Vizcarrondo, reed., [Rlo Piedras. P. R,l. 1957. véan e las pp. 66-67. En el proyecto de Galeones de 172D. que introduce Innovaciones en las rutas de las notas españolas que van a In· dias. se establece que la Flota de México. que saldrla de C:\diL en 1..... de junio. permanecerla seis dlas en Puerlo RIco para hacer aguada. (V. F. Morales PlIdrón. El comercio cauar/o-ameri· calla. pp. 115·116.) 10. F. Morales Padrón. El comercio eallarío-ar"uícallo. piigiDas 98·99. A esta misma aulorizadón de comercio libre de Cana· rias con "arios puertos de América se debe también muy Jlroloablemente la llegada a Santo Domingo de algunas familias del archipiélago canario. los únicos pobladores extranjeros que ~~ arraigan alll hacia el último tercio del XVIII, sesún el P. Sanchez Valverde (Idea del valor de la Isla Esparlola.... [J.ra ed.. 17851. Ciudad Trujillo, ed. de 1947. p. 132); y asimismo. el eslab.eci. mlenlo hacia 1778 de un numero de famillas canarias en el terri· torIo que luego será la parroquia de Sto Bernard. en Luislana. a 2S millas de Nueva Orléans. (V. R. R. MacCurdy. Thc Spa"istl Dialect ill SI. Bernard París". tOllís/alla, Albuquerqull. 1950, p. 19.)
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deos a los futuros establecimientos municipales de Manatí (1738) y Mayagüez (1760); en Bayamón y Vega Alta, pueblos que se levantan en 1772 y 1775, respectivamente (y así también, en el si· guiente siglo, en Lajas, que se fundará en 1883), Candelaria es denominación que se da a barrios campesinos; en la hacienda cel Plantaje., próxima al caserío de Palo Seco, se construye en 1779 otra Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria. En Manatí, además, el topónimo ,playero Mar Chiquita parece haberse originado en el recuerdo de la Mar Pequeña de Canarias. Por otra parte, consta ya que para fines del X\'HI (según testimonio del via· jera francés Ledru) 11 los habitantes de Utuado, en cuya fundación en 1739 fueron los isleños elemento poblacional de importancia, venían sostenien· do relaciones comerciales, a través de la cordillera, con la costa sur de la Isla, en territorio entonces adscrito a lo que era el partido de Coamo. Por la misma ruta mercantil debieron de producirse, ha· cia el sur y sureste, desplazamientos de poblado. res de origen canario, según nos hace pensar la introducción en Coamo del culto patronal de la Virgen de la Candelaria junto al del santo cuya protección invocaron los fundadores del pueblo en el XVIl, San BIas de IIIcscas. B)
Los
INJIIIGRANTES ISLEÑOS DEL XIX
El clima de auge económico general que hereda el siglo XIX en Puerto Rico del último tercio del XVIII continúa amparando desde los mismos albores de la nueva centuria el arribo de gentes del archipiélago. La Real Cédula núm. 80S, expedida el 27 de septiembre de 1803 "para que no se permita en esta Isla a los naturales de Canarias que lleguen sin pasaporte del Comte. General y Juez de Arribadas y a los que ya hubiesen pasado se les obligue a lo que expresa.,12 parece apuntar hacia una importante afluencia inmigratoria de la citada procedencia. Seis años más tarde, el 15 de septiembre de 1809, el alcalde don Pedro Yrisarri aboga cálidamente, en un informe que somete al Ayuntamiento de San Juan, en favor de importar al país trabajadores blancos de dicho origen. U En el aumento de 7,381 personas blancas que registra la población de la Isla para 1812, respecto del re. cuento de habilantes de diez años antes, se considera que es la inmigración que se recibe de Cana· rias uno de los factores determinantes del mismo. 14 Hasta ese año han surgido en el país siete 11. A,·P. Ledru. op. cit. (trad. española). pp. 64.65. 12 C. ColI y Toste. w[ndi e de Reales Cédulas., Bo/el/u l/is· tórico de Puerto Rico. 1914, l. P 69. 13. A. Morales Carrión. Puerlo Rico lUId tire Non lIispallic Ca· ribbcall: A S/lIdy iPl lile Dccline of Spallisfl Exclusivism. Rfo rie· dras. r. R.. 1952. p. 136. 14. L. CTUl': Monclova. Hi$tor!a de Puerto Rico (Silllo XIX). Tomo 1 (1808·1868). Santurcc, P. R. 1952, p. 93.
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agrupaciones urbanas nuevas (Trujillo Alto y Las Piedras, 1801; Barranquitas, 1803; Camuy, 1807; Ci· dra, 1809; San Lorenzo, 1811; Dorado, 1812), en la fundación de la gran mayoría de las cuales, por encontrarse localizadas en las zonas favorecidas desde el siglo anterior por los inmigrantes isleños, o en territorios próximos, cabe darse como hecho seguro la participación de éstos. Tras los acontecimientos políticos que culmi· nan en la Península en las Cortes de Cádiz y en la aprobación de la constitución española de 1812, proclamada y jurada en Puerto Rico, cobra nuevo in· terés en las esferas oficiales de la Isla la conveniencia de estimular, por medio de la inmigración, el crecimiento demográfico de la colonia. Esta nueva orientación de gobierno insular halla la oportuna voluntad de cumplirse en realidades en la gestión administrativa del primer intendente de Hacienda que tiene Puerto Rico, don Alejandro Ramírez. La colonización del país con gentes de fuera progresa notablemente durante el tiempo (18131816) cuando correspondió servir a la Monarquía en nuestro suelo a este excelente funcionario. Sobre las gestiones que realiza respecto de la particular vena poblacional que .estudiamos, se sabe que logra acomodar en el país a muchas familias canarias que tocaban en el puerto de San Juan con destino a Cuba y Costa Firme. A estos grupos que se insta a quedarse en Puerto Rico, por ejem. plo, pertenecen unos cincuenta y un labradores, componentes de doce familias naturales de Lan· zarotc, que se asentaron por Truii110 Alto. En las contratas que celebraron con ellos varios hacendados del referido término municipal, en las cua-, les se comenta la «fama de aplicados y honrados» que tienen los habitantes de la mencionada isla del archipiélago, aparece ya recogida la denomina· ción de cisleños», todavía en uso en algunos rin. eones de Puerto Rico (y por la información que tenemos, también en Cuba, Venezuela y Luisiana), para referirse a los inmigrantes de Canarias. Parte de otro grupo de labradores procedentes de "la isla de ,La Palma se agrega a fines de 1814 a ,las familias avecindadas antes por Trujillo; el resto se establece por Vega Alta. t5 La Real Cédula de Gracias que concede en 10 de agosto de 1815 el gobierno absoluto de Fernan· do VII que sucede en España al primer período constitucional, orientada hacia el fomento «de la población, el comercio, la industria y la agricultura. de la Isla, mantiene abiertas nuestras puertas a los inmigrantes canarios. Así, al núcleo de los ya establecidos en el país, van sumándose con el crc· 15. C. ColI '!I Toste••[nmi¡:ración de Canarias., Bolet/" Histórico de Pucrto Rico, 19m, VII. pp. 53-54: .Orlcen etnológico del campesino de Puerto Rico y meslízaje de las razas blanca. india y negra-. Bo/ellu llist6rico de Puerto Rico, 1924, X,I, pá¡;i· na 138.
ciente número de estas gentes que acude a Puerto Rico, otros nutridos grupos que se difunden por los campos de Hatillo, Camuy, Quebradillas e Isabela,, 6 Será precisamente debido en buena medida al número de tales nuevos vecinos que logran alcanzar sus declaratorias de pueblos, entre 1819 y 1823, las hasta entonces riberas de Isabela, Hatillo y QuebradilJas. En otras regiones del interior de la Isla hacia donde se van extendiendo los nuevos colonos, por ser tierras colindantes con las zonas donde venían estableciéndose sus paisanos desde el siglo XVIII, también surgen ocho pueblos adicionales, entre 1815 y 1829 -Gurabo y Adjuntas, 1815; Morovis, 1818; Ciales, 1820; Naranjito, 1824; Orocovis, 1825; Comería, 1826; Lares, 1829-, en cuyas respectivas fundaciones es preciso abonar el esfuerzo parcial de los inmigrantes isleños. A partir de 1821, además, procedentes de Venezuela, es probable que llegaran a Puerto Rico, como parle del contingente de peninsulares, isleños y criollos realistas que huyen de las huestes separatistas de Bolívar y aquí buscan refugio, un número indeterminado de canarios hasta entonces establecidos en aquel país. Por otra parte, el la de abril de 1826, a solicitud de la capitanía general de Puerto Rico, el ministerio de la Guerra, en Madrid, aprobaba el esta. blecimiento en Canarias de un banderín de enganche a los fines de que, cubriéndose con reclutas na. turales del archipiélago las bajas que ocurrieran en la guarnición militar de Puerto Rico, subsistiera ésta en su mismo nÚffiero,!7 Durante las décadas cuarta y quinta del siglo prosigue la entrada de canarios a Puerto Rico, solicitada y reglamentada dicha inmigración por las autoridades de la colonia. Así, en 1834 la Junta de Comercio de San Juan recomienda a los dos procuradores que, al amparo del Estatuto Real promulgado por la regencia de María Cristina, iban a representar al país en el estamento legislativo in. feriar del gobierno de Madrid, que gestionaran, entre otras cosas, «el aumento de la población hasta el límite que la Isla pudiera mantener, mediante la introducción de colonos de las islas Canarias'!! Esta necesidad de pobladores del archipiélago que continúa sintiéndose en el país, explotada inescrupulosamente por algunos patrones de buques, da pie al surgimiento de un repugnante comercio mediante el cual se recluta engañosamente a los emigrantes en Canarias para dejarlos luego entregados, en plan de siervos forzosos, en manos de quienes pagaren el subido flete que se cobI:aba por su 16. P. G. MiIlcr, His/oria de l'ucrlo Rico, Nue\'a York·Chicago. San Francisco, e:d. de 1946. p. 342. 17. C. eoil y Toste:, .Banderln de enganche en Canarias para cubrir bajns en In guarnición de Puerto Rico_, Bole/11l /lis/úrico de PI.er/o Rico. 1916, 111, p. 346. 18. L. Cruz Atonclova, op. di., p. 282, nola 8.
transportación al Nuevo Mundo. Una circular del gobernador don Santiago Méndez Vigo, publicada en ::lan Juan el 4 de diciembre de 1841, va dirigida a evitar en lo sucesivo tales prácticas. 19 De otra parte, durante el decenio que se extiende de:>dc aquel mismo año de 1841 hasta 1850, entre el número limitado de inmigrantes que por entonc~5 arriban a Puerto Rico, en su mayoría soldados y facciosos peninsulares, llegan algunos isleños uc Canarias, según ponen de manifiesto los e'itudios de la doctora Loubriel.20 En contraste marcado con la calidad de los humildes labradores que de siempre habían cons· tituido y seguirían constituyendo después la inmensa mayoria de los inmigrantes de Canarias aquí recibidos, llega a San Juan, en 1838, el deán don Garciliano Alonso, procedente de Trinidad. donde había permanecido desterrado desde que en 1823 al restaurarse el absolutismo de Fernando VII, se viera obligado a salir de la Península debido a sus ideas políticas liberales. Durante los meses que pasa en Puerto Rico, antes de regresar a su tierra natal, realizará este ilustre hijo de Canarias algunos trabajos literarios que habrán de dejar li· gado su nombre a la historia de las nacientes letras del país: publica en San Juan, en el citado año, una traducción del griego de las Odas de Anacrconte y del poema de Museo Los amores de Hero y Leandro, junto a una coleción de veintisiete anacreónticas originales que tituló El beso de Abibina, y compone, asimismo, varios poemas, aún inéditos recogidos en la colección manuscrita titulada Poesías varias, hoy depositada en el Museo Canario, de Las Palmas de Gran Canaria.21 Los diez años que van de 1851 a 1860 marcan la época de mayor flujo inmigratorio en Puerto Rico durante el XIX. Alrededor de una tercera par· te del total de entradas a la Isla de gentes de afuc· ra durante toda la centuria -informa la doctora Loubriel- ocurre en dicho decenio, y dentro de ese aluvión de nucvos vecinos, excluidos los de la clase militar, -quienes constituyen la mayor parte, figuran en cantidad de importancia, completando el resto, los jornaleros canarios y asiáticos que «vienen a llenar los huecos producidos en las fi19. V. .CirculaTCs expedidas por el Excmo. Sr. Presidente, Gobernador, Capitán General y GeCe Pollllco Superior a los Auto. ridades de la Isla. Capitanla General y Gobierno Superior Poli· tico. - Circul:lr número 89-, Gacela de Puerto Rico, 4 de dich:m· brc de 1841, Vol. lO, Núm. 145, p. 577. 20. E. Cifre de Loubriel. .Los inmlgnmles del siglo XIX. Su conl ribución a la Conn:lción del pueblo puertorriqueño., Rel'isla del lustilUlo de Cullura Puertorriqueña, 1960, IlI, núm. 7, p. 33. 21. M. Menéndcz y Pelayo. llisloria de la poes{a llispalloame. riC/llla, ed. preparada por Enrique Sánchez Reyes, S:lntander, 1948, 1, p. 332. AndllRdo el mismo siglo Xlll:, otro ilustre c:lnarlo vinculará 5'.1 nombre al de Puerto Rico, si bien nunca estuvo en nuestro p:lls: D. Benito Pérez Galdós, quien duranle los años de 1886 a 1990 se sienta en hls Caries Esp:lñol:ls como diputado cunero por el distrilo de Guayam:l.
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las obreras por la epidemia del cólera» (que azota a la Isla en 1855-1856).22 Para el último tercio del siglo, de década a década va reduciéndose gradualmente, con carácter precipitado, la cantidad general de inmigrantes -peninsulares, isleños, extranjeros- que llega a nuestras playas. Sin embargo, todavía en el decenio de 1871 a 1880 los inmigrantes representan en por. centaje alrededor de la mitad de los que entraron en los años de 1861-1870. Dentro del cuadro de tales ingresos de nuevos vecinos siguen teniendo peso los arribos de Canarias. Coll y Toste alude a la llegada, en el tercio final de la centuria, de «muchos cam1rios, que se internaron en los campos de Arecibo, Hatillo y Camuy».2J Otros, en grupos familiares procedentes de Tenerife, que desembarcan por San Juan en 11179 -según informes recogidos en Aguadilla-, se establecen por los barrios Corrales, Montaña y Ceiba Baja, de dicho municipio, trasladándose algunos de ellos posteriormente a Arecibo. Al cerrarse el siglo XIX y parejamente con la terminación de la centuria sobrevenir el ocaso de la soberanía española de Puerto Rico,2~ llega también a su fin en la Isla la inmigración de canarios en números apreciables.25 Ya durante el siglo había venido decreciendo la importancia cuantitativa que llegó a revestir la entrada de isleños al país durante el XVIII -base fundamentalisima de un desarrollo económico de caracteres casi exclusivamente agrícolas-, para ceder el lugar de primacía a las ondas inmigratorias de los colonos de origen cantábrico, catalán, mallorquín y gallego, represen22. E. Cirre de Loubriel, al'. cit., p. 32. lbid.• pp. 32·33; C. ColI y Tusle, cOrigen ctnolóllico del campesino de l'uerlo Rico y mestiz:lje de las = s bl:lnca. india y negra., Boletiu Histórico de 1'IIo:rlo Rico, 1924, XI, núm. 3. p. US. 24. Un dala de inter¿s histórico dentro del marco de estudio que represenlan cslos apuntes sobre la inmigración isleña en nucstru pals lu constituyc el hechu de que fue t:I capitán D. Angel Rivero M¿ndez. puertorriqueño hijo de canarios que se establecieron por Trujillo B:ljo, u quien, por deslgnaciún del general D. Ricllrdo Ortellll, el 15 de octubre de 1898. correspondió servir de facto, por cuarenta y ocho horas, como el último gobernador dc la plllZ3 española de SlIn Juan de Puerto Rico, encargado para efectuar la entrega en detalle, a los nortellmeriCllnos. de la plllZll. cuarteles, parques y todos lus ediricius militares. (V. del citado capitán Rh'ero, Cróllica de la guerra llispa"oalllcr¡ca"a e" Puerw /(ieo, Madrid, 19n. p. 2.)
n.
25. Blljo la sobcranla norteamerican:l, en el presente siglo, la inmigración de canarios y de espailolcs en generlll en Puerto Ricu reviste cameteres num¿ricos minimos, más IImitlldos aún después que el gobierno de los EE.UU. establece el sistema de cuolas para inmigrllntes extranjeros. 11 la luz del cual se conceden muy estrechlls oportunidades de entrllda II los nacionales de Espailll. La Isla. sin embargo, habrá de beneficiarse inconmensurablemenle, c:n lo que respecta a su desarrollo cultural. por el arribo al plIIs, en Ills prlmerllS dc!clldas del siglo, de los hermonos D. Romullldo, D. MlInuel y D. Mlltfas Relll (quienes oqul se unen 01 aIro hermllno. D. Cristóbal. llegado en Ills postrimerlas del XIX), notumles de Santo Grul de Tenerife. y en nuestro medio propulsores de notables empres¡¡s periodlsticlls y lilerari¡¡s, entre IlIS que sobre· salen las fundaciones respectivas de III revista Pllerto Rico I/us. (rado, en 1910. y del periódico El MUlldo, en 1919. <y. A. S. Pe:· drelm, El periodismo eu Puerro Rico; bosquejo Ilislárico desde su ¡"idadó" Ilasta el 1930, La lIabana, 1941, pp. 297-298, JOS.)
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tan tes, principalmente, de nuevas orientaciones de la economía apoyadas en los órdenes de lo comercial e industrial.2b
Las notas precedentes sobre la inmigración canaria en la Isla dejan demostrada la gran importancia que ha tenido entre nosotros dicha corriente pobladora, desde el siglo XVI al XIX, y con mayor peso y relieve, durante el XVIII, cuando gracias principalmente a los colonizadores del indicado origen que arriban al país, echa raíces duraderas en nuestro suelo y se consolida en definitiva la endeble e insegura sociedad insular de las dos centurias anteriores. Las noticias varias que hemos podido allegar sobre la aportación humana de las Canarias a nuestro crecimiento de pueblo durante las cuatro centurias que dura la colonia española confirman el aserto previo de Navarro Tomás en el sentido de que a través de su historia ha sido de dicho «archipiélago, y especialmente de Tenerife, [de donde] procede la corriente forastera que Puerto Rico ha recibido de manera más permanente y abundantell. 27 Esta realidad de la colonización del país habrá de proyectar consecuencias decisivas en el habla insular, en particular en la que se da por las zonas rurales donde secularmente se asentó el elemento poblador canario, el cual, por ser en su gran mayoría de raíz labriega, vino a afirmar el carácter campesino de nuestra sociedad de siglos pasados, base y fundamento de la del presente.u De ahí que podrá desprenderse un interesante balance de parecidos y coincidencias en el estudio comparado de las respectivas expresiones canaria y puertorriqueña en los niveles semiculto y popular, en los cuales residen los rasgos y giros del lenguaje más típicamente regional. 26. Informa III efecto E. Cifre de Loubriel. op_ cit•• pp. 34, 35. que IIIS provlncills espai\olos con mayor representllción proporcional en lo inmigrllCión del XIX en Puerto Rico lo son. en orden descendente: Oviedo. Barcelona, Gerona, Canlll'ias, Baleares, Pon· tcvedra. La Coruña. Madrid. Santander y Clidiz. conslituyendo 105 inmigranles de C:anarlllS del 5.6 ~b del total del siglo. 27. T. Novllrro. El espaiJol en PI/erlo Rico; cOlllribllcióII a la ¡¡/logra/la /i"gWslica lI/spallO(Jl/lericalla, Rlo Piedras, P. R., ·9~8. p. 195. 28. En 1765 el m¡¡riscal O'Rci11y encuentra que ctodos los ¡IUCbias a escepción de Puerto-Rlco [hoy San Juan], no tienen m:ís vi\'ientes de continuo que el Curll, los demás exislen siempre en el campo II escepción de todos los domingos que los inmediatos 11 III IsJt:sia :lcudcn o MI511. y los tres dios de Pascua en que concurren todos los felillreses generalmente.. (V. .Memoria de D. Aie~andro O'Rcilly sobre III Isla de Puerto·Rico., Biblioltca IlÍslrJrica de Puerlo Rico... por Alejandro Tapio y Rivera, San Juan, P. R., cd. de 1945, p. 529,) Casi tres décadlls después el P. Ab:':.d registra Idéntlcll ~ltuaclón: cAunque los pueblos están comúnrn"nte deslerlos, llcuden a ellos ¡¡ oir miSil. A los ocho dc la mal1ano suelen lIegllr cada uno rn su coballo. se apean en sus ca5'lS o en la prl1'il~ra qu~ les J'lllr.:¡;~. pues todas e:;lán abier· tllS; aton 105 coballos. y \"an II oir miso; despuc;s de éSlll vuel\'en a MIS haciendas sin detcnerse y que.lan las pob laclones tan soli· tarias conlo ant~~ •• (1'. Fr. l. Abbad y Lasierra. op. cil., rp. 192-193.)
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