REVISTA del INSTITUTO de CU1TUM FUERTOltRIQUEÑA ANTROPOLOGfA
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HISTORIA UTERATURA ARTES PL.tfmcAs TEATRO MOSICA ARQUITEC1VRA
número ¿.I
ABRIL· JUNIO, 1965 . ,.
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San Juan de Puerto Riéo
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DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA JUNTA DE DIRECTORES Guillermo Silva, Presidente Enrique Laguerre . Aurelio Tió - Teodoro Vidal Arturo Santana - Esteban Padilla - Wilfredo Braschi
Director Ejecutivo· Ricardo E. Alegría Apartado 4184
SAN JUAN DE PUERTO RICO
1965
AÑO VIII
Núm. 27
ABRIL-JUNIO
SUMARIO Un drama de Francisco Arrivi por José Ferrer Canales
1
Lloréns: Aproximación al bohío por Juan Antonio Corretjer
5
El tema del café en la literatura puertorriqueña por Ricardo E. Alegría ... ... ... ... ... ... ...
8
Juramento por Cruz Ortiz Stella ...
13
Exposición de Luis Hernández Cruz
14
Las golondrinas de la Intendencia por Manuel Fernández Juncos
... ... ... 16
Eugenio María de Hostos, revolucionarío por José Padín
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18
Ciudades yo viví por Evaristo Ribera Chevremont Sé que has pasado por aquí por Evaristo Ribera Chevremont
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Una exposición y dos encuentros con Francisco Vázquez Díaz (Compostela) por Luis Hernández Aquino 25 Oo,
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Crónicas andariegas: Abecedario vegetal en el país del «ay bendito» por Dora [sella Russell 31 .oO
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Origen y semántica de la palabra «chévere» por José J. Arrom oo'
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33
Semifusas de Media Luna Después será la Rosa por Cesáreo Rosa-Nieves
37
Exposición de Samuel Sánchez ... ... ... 38 Observaciones críticas a algunos puertorríqueñismos que figuran en los diccionarios de la Real Academia por Wáshington Lloréns ... ... .., ... ... ... ... 40 La visita pastoral del Obispo don Pedro Martínez de Oneca 42 Guía para la producción dramática de Puerto Rico en el siglo xx :por Emilio J. Pasarell ... ... ... ... ... ... ... ... 50
SEPARATA DE ARTE
El descubrimiento de Puerto Rico por Cristóbal Colón
PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA Director: Ricardo E. Alegría Ilustraciones de Carlos Marichal, Lorenzo Homar y M. Rodríguez Fotografías de Conrad Eiger, Jorge Santana y Jorge Diana Aparece trimestralmente Suscripción anual Precio del ejemplar
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$2.50 $0.75
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IMPRESO EN LOS TALLERES GRÁFICOS DE «EDICIONES RVMBOS» BARCELONA - PRINTED IN SPAIN - IMPRESO EN ESPAÑA
COLABORADORES
JOSÉ FERRER CANALES nació en San Juan. Obtuvo la maestría en artes en la Universidad de Puerto Rico y el doctorado en letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (1952). Fue profesor en las Universidades de Puerto Rico y de Dillard (Nueva Orleáns) y desde hace algunos años desempeña una cátedra de español en la Universidad de Howard (Washington, D. C.). Ha dictado conferencias sobre temas puertorriqueños e hispanoamericanos en Cuba, México y Estados Unidos y colaborado en publicaciones culturales de ambas Américas. Es autor de la obra Imagen de Varona.
JUAN ANTONIO CORRETJER, poeta, ensayista y periodista, nació en Ciales. Ha recogido gran parte de su obra poética en los libros Agueybana (1932), Ulises (1933), Amor de Puerto Rico (1937), Cántico de guerra (1937), El Leñero (1944), Y en la serie Imagen de Borinquen, de que ha aparecido tres títulos (1950-1957). Es, además, autor de varios libros de prosa política, entre ellos La revolución de Lares, Nuestra bandera (1947) y La lucha por la independencia de Puerto Rico (1949).
RICARDO E. ALEGRíA nació en San Juan. Estudió Antropología en la Universidad de Chicago, y en la de Harvard como becario de la Fundación Guggenheim. Ha publicado artículos sobre arqueología y folklore en revistas del país y del extranjero, y es autor de los libros Historia de nuestros indios (versión para la escuela elemental), publicado en 1952, y La fiesta de Santiago Apóstol en Loíza Aldea (1955). Desde hace varios años es profesor de prehistoria puertorriqueña en la Universidad de Puerto Rico, y dirige, desde su funda· ción, en 1955, el Instituto de Cultura Puertorriqueña.
CRUZ ORTIZ STELLA, natural de Humacao, ha intervenido activamente en la vida literaria y política del país. Abogado y senador, ha escrito poemas, ensayos, leyendas y apuntes biográficos y literarios. Se inició en el verso modernista con el libro Los oros se vislumbran (1918), al que siguió, en 1921, La caravana oscura. Es autor de la colección de poemas religiosos Misa de alba y de Elegía en la muerte de Ernesto Ramos Antonini. Se ha destacado también como epigramista, publicando, en 1962, unos Epigramas sobre el plebiscito, y en 1965, la obra en dos partes titulada Bromas en verso.
CESÁREO ROSA-NIEVES nació en Cayey. En 1944 se recibió de doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Poeta, ensayista, dramaturgo y crítico literario, ha publicado varias obras de poesía y proyec· tado en su producción teatral temas de la historia y el folklore puertorriqueños. Entre sus obras en prosa y en verso figuran: La poesía en Puerto Rico: estudio crítico-histórico del verso puertorriqueño (1943), La lámpara del faro (1957), Tierra y lamento (1957), Siete caminos en luna de sueños, del mismo año e Historia panorámica de ~a literatura puertorriqueña (1963). También ha compilado y anotado el Aguinaldo lírico de la poesía puertorriqueña, antología en tres tomos (1957). Pertenece al claustro de la Universidad de Puerto Rico.
WÁSHÍNGTON LLoRÉNs, natural de Ponce, estudió la carrera de Farmacia en la Universidad de Puerto Rico. Desde muy joven ha cultivado la crítica literaria, el cuento y el ensayo. Como editorialista de la revista Alma Latina recibió, en 1957, un premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña. El licenciado Lloréns es miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y correspondiente de la Real Academia de la Lengua. Ha publicado varias obras, entre las cuales figuran Críticas profanas (1936), Un intruso en el jardín de Academo (1957), Los grandes amores del poeta Luis Lloréns Torres (1959), El humorismo, el epigrama y la sátira en la literatura puertorriqueña (1960), La rebelión de los átomos (1960) y Dos mujeres del Quijote (1964).
DORA ISELLA RussELL, escritora uruguaya de renombre internacional, representó a su país en el IV Congreso de Poesía Puertorriqueña. Ha publicado los libros Sonetos (1943), El canto irremediable (1946), Oleaje (1949) y Los barcos de la noche (1954). Se ha distinguido igualmente como ensayista, y en el tal carácter se le deben varios trabajos sobre Juana de Ibarbourou, cuyas Obras completas (colección «Joya», de Aguilar), ha compilado y anotado. También ha pronunciado conferencias sobre temas literarios en varios países de Suramérica y en Puerto Rico.
JosÉ J. ARROM, distinguido escritor cubano, se ha destacado por sus estudios sobre el teatro y la literatura hispanoamericana en general. Es autor, entre otras obras, del libro Esquema generacional de las letras hispanoamericanas, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, de Bogotá. Desempeña actualmente una cátedra de Literatura hispanoamericana en la Universidad de Yale.
EVARISTO RIBERA CHEVREMONT nació en San Juan, y en Puerto Rico ha transcurrido toda su vida, con excepción de algunos años vividos en España. Poeta prolífico y versátil, ha publicado numerosos poemarios, entre ellos El tiempo de los alabastros (1919), Los almendros del paseo de Covadonga (1928), Color (1938), Tonos y formas (1943), Anclas de oro (1945), Verbo (1947), La llama pensativa (1954), Memorial de arena (1962) y Principio de canto (1965). En el mismo año fue honrado con la Medalla de Oro del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
LUIS HERNÁNDEZ AQUINO nació en Lares. Maestro ·en Artes de la Universidad de Puerto Rico, en 1952 se recibió en la de Madrid de doctor en Filosofía y Letras. Director de las revistas Insula, Bayoán y Jaycoa y colaborador en numerosos periódicos, su labor literaria le ha merecido premios de diversas entidades culturales. Ha publicado los poemarios Niebla lírica (1931), Agua de remanso (1933), Poema de la vida breve (1939), Isla para la angustia (1943), Voz en el tiempo (1952), y Memoria de Castilla (1956). Es, además, autor de varias antologías de poesía puertorriqueña y de la novela La muerte anduvo por el Guasio (1960). Pertenece al claustro de la Universidad de Puerto Rico.
MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS nacIO en Tresmontes (Asturias), en 1846, trasladándose a los once años a Puerto Rico, de la que hizo su segunda patria. Escritor autodidacta, fue periodista, crítico, autor de obras didácticas, cuentos, biograñas y cuadros de costumbres. Fundó el semanario El Buscapié (1877) y la Revista de literatura, ciencias y artes (1887). En 1897 figuró como miembro del Gabinete autonómico. En los años que siguieron al cambio de soberanía escribió importantes libros de texto que se necesitaban para mantener vivo en la escuela el idioma del país. Ha sido considerado con razón como «el más preclaro animador de nuestras letras criollas» del siglo XIX. Falleció en San Juan en 1928.
JOSÉ A. PADfN nació en San Juan en 1886. Ejerció durante muchos años la profesión de maestro y en 1930 pasó a ocupar el cargo de Comisionado de Instrucción Pública de Puerto Rico, que desempeñó con acierto, destacándose por las reformas realizadas y particularmente por haber sentado las bases para la restauración del español como idioma de la enseñanza. Fue uno de los directores de la casa editorial Heath & Company, de Boston, Estados Unidos, y al tiempo de su muerte (1963), era miembro del Consejo Superior de Enseñanza de Puerto Rico. El doctor Padín se distinguió como conferencista y ensayista. Sus artículos y ensayos giraron generalmente en torno de los problemas pedagógicoculturales y político-económicos del país. Varios de sus trabajos fueron recogidos en el libro Personas sobre cosas, publicado en 1951.
EMILIO J. PASARELL nació en Ponee. Ha cultivado el ensayo, la novela y el artículo periodístico sobre temas puertorriqueños de interés histórico y cultural, apareciendo sus colaboraciones en diversas revistas de Puerto Rico y Estados Unidos. Algunos de sus trabajos han sido laureados por el Ateneo Puertorriqueño. Fruto principal de sus investigaciones sobre nuestro teatro, a que se ha dedicado con particular empeño, ha sido la obra Orígenes y desarrollo de la afición teatral en Puerto Rico, publicada en 1951 por la Universidad de Puerto Rico. De 1963 es su libro Conjunto literario en que recoge varios trabajos misceláneos.
Un drama de Francisco Arriví Por Josa FERRER CANALES
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N UN ENSAYO SOBRB PROBLEMAS DB LA CULTURA
,puertorriqueña 1 he expresado que el título Búsqueda y plasmación de nuestra personalidad 2, obra critico-antológica de nuestro ensayismo, oro denada por la doctora Mariana Robles de Cardona, revela el espíritu de esta época de revisión, afir· mación y boricuismo. Hemos vivido una jornada histórica caracterizada por la indagación, el esfuerzo por conocer el alma nacional, su íntima intimidad, sus ralees y su destino. Es un bucear hacia nuestras dimensiones sicológicas más profundas para descubrir la auténtica personalidad. para contestarnos la interrogante ¿cómo somos?, para conocer, como ha escrito una estudiosa de nuestras ideas filosóficas, M. Lina Pérez-Marchand, nuestra radical identidad 3. Han captado nuestros hombres de letras aquel llamado, lejano en el tiem· po pero siempre válido. del mexicano universal, el Maestro Alfonso Reyes. recogido en La X en la frente; en aquella epístola en que escribe éste el aforismo Un pueblo se salva cuando logra vislumbrar el mensaje que ha traido al mundo, deja esta incitación: ¡En busca del alma nacional I Esta seria mi constante prédica a la juventud de mi pais 4. Esa actitud, que se reafirma en la tercera dé· cada del siglo, tiene verdaderos estfmtr10s con la obra de dos ensayistas interesados en develar c,los misterios cardinales» de nuestro espíritu colectivo: Antonio S. Pedreira, autor de Hostos, ciudadano de América (1932) e [nsularismo (1934), Tomás Blanco. autor del Prontuario Histórico (1935). Huellas y expresiones de ese despertar puertorriqueño son las investigaciones histórico-literarias sobre la ·novela. el teatro y la poesía popular, debida a esas ejemplares educadoras doña Carmen Gómez Tejera y las doctoras Antonia Sáez y María Cadilla de Martinez; las creaciones del novelista Enrique A. Laguerre como La llamarada y Solar Montoya; los Poemas de mi Tierra, Tierra del poeta, crítico y catedrático Francisco Manrique Cabrera; los en·
sayos jurídicos, políticos y literarios de Vicente Géigel Polanco como El despertar de un pueblo; cuentos cual los incluidos en Terrazo de Abelardo Dfaz Alfara, con cEI Josco» en que se funden en perfecta unidad o maridaje, la poesía y el civismo. la historia y la estética; la música de Rafael Her. nández y la de D. Jesús Figueroa; la pintura de artistas como Rafael Ríos Rey, Fran Cervoni o Lorenzo Homar. Ensayistas. críticos. poetas, periodistas, cada uno, desde su ángulo. contribuyen a develar el alma de la patria. Y, entre otros. preciso es incluir a D. Augusto Malaret, Miguel Melén. dez Muñoz, Concha Meléndez, José A. Balseiro. Margot Arce de Vázquez, Luis Hemández Aquino, María Teresa Babin, Francisco Matos Paoli, Nilita Vientós Gastón, Francisco Manrique Cabrera, Rubén del Rosario. Cesáreo Rosa Nieves. Josemilio González y Luis Palés Matos, uno de ilos grandes poetas de la lengua hispánica. Desde las revistas [ndice (1929-31) que lanzaron Pedreira, Géigel Polanco, Samuel R. Quiñones y Alfredo Collado Mar teH y Brújula (1934-37) hasta las de hoy, Asomante. Bayodn y Artes y Letras, puede verse lo que con palabras de Juan Antonio Corretjer, el noble poeta a quien debemos esa perspectiva épico-lírica, la Alabanza en la Torre de Ciales canto a Ja patria cde primaveras sosegadas», de cguaraguaos abusa· da» y de «pitirre esperanzada». es -la aspiración de escribir el perfil de nuestro ser. Contribuciones esenciales a tallar la imagen na. cional han sido las de los forjadores del teatro. Manuel Méndez Ballester. Emilio S. Belaval, René Marqués, Fernando Sierra Berdecfa y Francisco Arriví son algunos de los creadores del teatro puertorriqueño contemporáneo; y, entre los grupos dramáticos más activos en el último cuarto de siglo de nuestra vida artística, han aportado su entusias· mo y espiritu de renovación: Areyto, Tinglado Puertorriqueño, La Sociedad General de Actores, Comedia Estudiantil Universitaria. Teatro Nuestro. Tea1
tro Experimental del Ateneo y Teatro Universitario, con el Teatro Rodante, que hace evocar La Barraca de Federico García Larca. Como este esquema no puede ser un catdlogo de nombres, sólo señalo que figuras como las de Leopoldo Santiago Lavandero, Piri Fernández de Lewis. Nilda Gonzá· ~ez, Victoria Espinosa de Maisonet, y Lucy Boscana. Madelline Willemsen, Mona Marti, María Judith Franco, Mario Cox son inolvidables. Vivimos. contemplamos, gozamos estéticamente ya aquel teatro, con su repertorio de temas y motivos de decoración, que había profetizado el jurista y humanista Emilio S. Belaval. «Hay un teatro nacional puertorriqueño -concreta Enrique A. Laguerre, en 1958. Cada obra presenta un aspecto distinto de la vida...; cada obra plantea un caso de conciencia diferente; cada obra es un nudo en la garganta; hay una vida puertorriqueña que busca comprensión».s Justifican la tesis enunciada previamente sobre el carácter de autoanálisis de nuestras letras con· temporáneas y 10 vinculan definitivamente a la juventud de su época, unas palabras escritas por el dramaturgo y poeta Francisco Arrivi. Francisco Arriví (n. en San Juan. 1915) se formó a la sombra de nuestros maestros en el Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto Rico, y en la Universidad de Columbia, donde estudió artes dramáticas. En el Primer Seminario de Dramaturgia, celebrado en San Juan, bajo los auspicios del Instituto de Cultura Puertorriqueña, leyó esta autodefinición: ...he podido determinar el impulso central de mi dramaturgia (y) diría (que) toda mi expresión Uteraria, poesía. ensayo, teatro, guiones para la radio y la televisión, incluso... mi afecto por la iluminación escénica (es) la búsqueda en profundidad, desde la sombra y el silencio mismo, de la voluntad de ser del hombre existencial puertorriqueño.6 De ahí mi progresiva entrada en el teatro esenciaUsta luego de El Diablo se Humaniza. Este impulso -añade Arriví-, que se abs· trae de la superficie costumbrista del teatro de los treinta menor, mayor o totalmente. pero que no abandona el postulado de investigación anímica defendido por el mismo. se ramifica en -las variantes temáticas, formales, técnicas, aparenciales y estiUsticas de Alumbramiento (1945), Maria Soledad (1947), Caso de Muerto en Vida (1951). Bolero y Plena (1956), Vejigantes (1958) y Sirena (1959).' Paréntesis: la preocupación de Francisco Arriví por la voluntad de ser. la creo sugerida también en versos de su poemario Isla y Nada,· allí donde escribe: 2
y esta conciencia que resiste loca helarse solitaria en el vacío. (p. 50)
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cuando expresa: Súbito he comprendido que en vida soy misterio radicado, retención de paisaje y sueño humano. ansiosa voluntad contra el naufragio. He querido gritar, y con el grito, rescatar la constancia de mi ser, develar para el marco de los ojos el cielo, el mar, el árbol, la montaña, trasponer el silencio de la boca con el vuelo enfilado de la voz. (pp. 51-52)
En el poemario, con este rescatar la constancia de mi ser, esta ansiosa vO!fl.1ttad contra el naufragio y esa conciencia de no quedarse en el vacío, estamos aún en el ámbito de lo personal. En el drama Arriví trasciende lo más individual para acentuar una voluntad de ser colectiva, más abarcadora.) Esclareciendo más su ·mensaje, postula Francisco Arriví: .Mis obras son rituales contra los demonios que conturban el misterio sagrado de vivir. En ellas se aspira a la libertad más fructífera; la que engendra irresistiblemente las demás libero tades: la interior».' Mdscara Puertorriqueña es una trilogía de obras, que incluye el doblete Murciélago y Medusas en la Bahía. Vejigantes y Sirena. De éstas, la última. con ese título que trae la evocación de otro, del Urico y comediógrafo hispánico Alejandro Casona. es la más dramática. El propio autor se ha adelantado a críticos, profesores y periodistas, para exponer que en Medusas en la Bahía, Vejigantes y Sirena, más que un prejuicio, «un núcleo de vergüenza racial constituye una situación límite, una valla a la voluntad de cohesión espiritual y Ubre conciencia de un pueblo formado en gran parte por una mezcla visible del blanco y del negro y unas cucharadas diluidas del indiolO. IO Vejigantes 11 es. con Encrucijada de Manuel Méndez Ballester, La Hacienda de los Cuatro Vientos de Emilio S. Belaval y Los Soles Truncos de René Marqués. una de las obras presentadas en el Primer Festival de Teatro, auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que con tanto acierto y patriotismo orienta Ricardo Alegría. Ve-
jigantes -que trae las resonancias f01kl6ricas y mágicas de que habla el antropólogo don Fernando Ortiz 12-, es, está implícito en el sustantivo. enmascaramiento, ocultación carnavalesca de la esen· cialidad del ser, deformación a base de colorines que esconden los rasgos fundamentales, definitorios de la persona. Y Vejigantes, de Arriví, es, de acuerdo con el juicio del profesor Frank Dauster 13, una de las más perfectas entre las obras del teatro iberoamericano contemporáneo. El drama es en tres actos y se inicia en el palo mar de Loíza Aldea, a la sombra de cocoteros, flamboyanes y al ritmo de la bomba:
Joyalito. ay, Joyalito. Joyalito, ay. Joyalito, te olvidaron en el puente. Pero no es precisamente el encanto del folklore, sino el tono, el arte lo que dará trascendencia a este drama. En el acto I el gallego Benedicto hace ronda a la negra de salero, Toña; de la fusión de sus cuerpos quedará una semilla: la hija Marta. Sueña la madre -y se hace realidad- que su cuerpo se transforma en ,níspero maduro, que «un cuchillo de fuego abrió en dos», y que de su almíbar nació una niña más blanca que Toña. Eso fue hacia 1910 porque ha dicho el español: «Los yanquis nos birlaron a Puerto Rico hace diez años •. En el acto n, en el Condado, en 1958, Marta, de turbante de colores para ocultar su herencia racial. tiene un único propósito: casar a su hija Clarita con un nor· teamericano, Bill. «Quiero que viva lejos -dice. Donde no la toque el pasado nuestro•. A lo que comenta quien es ya Mamá Toña: cA veces pienso que Clarita debe zambullirse en el pasado. A la larga, cargará con menos espinas». En el acto 111, Clarita -inteligencia, sensibilidad, cordura-, que ha descubierto en Bill, hijo de Alabama, donde han linchado a negros, que él está aún encarcelado en los prejuicios raciales, se liberta del galán diabólico mientras proclama ante la madre que oculta su raza africana y escondía a la abuela: ...nos pertenecemos -con palabras a Clarita, mientras piensa en la madre, en la abuela y en sí misma-. Una savia común pasa de con· ciencia a conciencia...; aquí estamos para siempre. Me asqueaba la absurda... debilidad de pa· sar por blanca... ¡Decidí enterrar la triste mendicidad de la piel! y luego con emoción, ante Marta, antes de señalar hacia los flamboyanes:
Voluntad, mamá, y descubrirás un mundo más hermoso... Aquí se junta la sangre de todos los hombres en la flor de los flamboyanes.
Obra dramática es ésta trabajada por un joven observador, sicólogo y poeta. La solución llega en el acto III, pero es en el segundo donde crece el personaje Mamá Toña -origen y continuidad de este drama. Evoca eUa ·su pasado, a los timbaleros, los ritmos que bailaba. ¿Algunas de sus valoraciones? Recuerda cómo el español Benedicto «no tenía remilgos en bailar ,la bomba•. De paisanos de Bill, el galán de Alabama, cree: «Algunos resultan más falsos que la hoja del yagrumo». Aunque, con amplio sentido de justicia, aclara Mamá Toña: «Hay americanos y puertorriqueños de muchas clases.» Desearla ella, con su sabiduría, ver a los hombres firmes en su patria, conocedores de su pueblo y con nobles aspiraciones: «Aquí.... a los cuatro vientos..., raíces en tierra y ramas al 501..., como deben sentirse todos los hijos de esta tierra.• Es este personaje de la arcilla y del pueblo, el que con la autoridad que le da su vida, exclama ante los engaños de su hija: «Marta, créeme. Esta vida de máscaras no conduce a la vereda real. Tu padre, vestido de vejigante, me alejó de ella, y ese turbante parece cortado de aquellos colorines.» Al final, la verdad habla a través de Clarita. Cuando Marta acusa a sus compatriotas con esta dureza: «Somos un pueblo de erizos», es la nieta quien adelanta lo justo: crSomos un pueblo bueno que choca consigo mismo... ¡Si tuviéramos el va. lar de afirmar nuestra almal ¡Si fundiéramos lo mejor de nosotros (hacia el fondo de flamboyanes) en la hermosura de esta isla marnvillosal. Y en el aire vibran estas palabras trascendentales de la nieta cuando describe su realidad racial: «Mamá, vivamos de frente a esa realidad puertorriqueña... Nos sobrarán fuerzas para vencer este embrujo de vejigantes y buscar una dicha real.» Quiere así Francisco Arriví, la aceptación del ser radical como él es. Por eso creo muy justo el símil con que Piri Fernández de Lewis describe a nuestro dramaturgo y poeta, cuando hermosamente dice: Francisco Arriví es como un nuevo Atlas cargando el peso de la abrumadora responsabilidad del ser siendo... El hombre teatral, puertorriqueño es un ser haciéndose, cuestionándose. muriéndose, renaciendo, y así siendo. y el mensaje nos Uega en las alas del arte: unos personajes bien delineados: Mamá Toña, Marta y Clarita -tres momentos de una experiencia racial-; BiIl, amurallado en las teorías del viejo Sur, ser monstruoso y diabólico; unas situaciones de hondo interés; el uso de la más moderna luminotecnia que facilita las transiciones; la utilización de escenas retrospectivas, de áreas escenográficas parciales; el desdoblamiento del yo; una atm6sfera, 3
a veces poética; la perfecta unidad mantenida con el tema musical o leit motiv de Joyalito. También tenemos un dominio cabal de la lengua. Los personajes se expresan con propiedad. Aquí está lo popular: No me niegues tu melao; Españoles de rompa y rasga. O cuando Mamá Toña aconseja: No te dejes engatusar por cualquier tuntuneco con campanillas en los cuernos... El contraste es alguna frase que revela al poeta Arriví, el elogiado por Matos Paoli y José Gaos: La luz sabe a espuma de mar. La lengua es viva, a veces florecida de metáforas y símiles que tienen sus raíces en la naturaleza: Clarita tiene corazón de níspero; (hay) hombres mds falsos que la hoja del yagrumo. En síntesis, en Vejigantes gozamos el realismo poético, la atmósfera lírica, el análisis sicológico, el buceo en las almas para libertar conciencias, los diálogos tensos, el milagro de la lengua viva, el contraste de los -personajes, y vivimos, alma adentro, con estos seres, penetramos en su orbe, sufriunos e imaginamos con ellos cuando, tras la pesa·dilla, se establece la comunicación y las almas se alzan verticalmente, aplaudimos el tono, la visión estética personal, la noble juventud y la clara orientación de Francisco Arriví, fiel a su tiempo, a la hora develadora del misterio, la historia, la raíz y el destino nacional.
José Martí, el Apóstol, el visionario angélico y heroico de cuya palabra y espíritu de libertad vivimos, dejó esta intuición sobre la cultura iberoamericana que, en su época, se gestaba: Se ponen en pie los pueblos, y se saludan -escribió estando en México. «¿Cómo somos?. se preguntan, y unos a otros se van diciendo cómo son. Los jóvenes, de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que... la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. En el 1eatro contemporáneo de Puerto Rico -cuyo último laurel de 1965 es la obra Mariana o el Alba de René Marqués, sobre el tema histórico el Grito de Lares-, y en el arte de Francisco Arriví encuentro ejemplos. con creaciones vivas, de las verdades contenidas en aquella honda intuición estética de José Martí.
Howard University Washington, D. C.
NOTAS l. «Hora de Puerto Rico», Cuadernos Americanos, XXI, (1962, núm. 1), pp. 116-143. 2. Mariana Robles de Cardona, Búsqueda y plasmación de nuestra personalidad, Barcelona, Rvmbos, año 1958. 3. Monelisa L. Pérez-Marchand, «Crisis de una idea en la edad de Asomante (1945-1965)>>, Asomante, XXI, (1965, núm. 1), pp. 8-26. 4. Alfonso Reyes, La X en la frente, México, PoITÚa y Obregón, 1952, p. 87. 5. Cf.• Primer Festival de Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña., Teatro Puertorriqueño, Barcelona, Rvmbos, 1959, p. 7. 6. Habría que incluir a Francisco Arriví, de acuerdo con este testimonio, entre los que cultivan la crítica historicista y existencial. Ver: E. Anderson-Imbert, La critica literaria contempordnea, Buenos Aires, Gure, año 1957, pp. 5()'51. 7. Francisco Arrivi, «Evolución del autor dramático puertorriqueño», El autor dramdtico, Primer Seminario de Dramaturgia, Barcelona, M. Pareja, 1963. p. 137.
8. Isla y Nada, poemas, San Juan de Puerto Rico, Imprenta Soltero, 1958. 9. «Evolución del autor dramático puertorriqueño», ed. cit., p: 143. 10. Ibid., p. 142. 11. Vejigantes, Barcelona, Rvmbos, 1959. 12. Fernando Ortiz, «Los Diablitos Negros en Puerto Rico», Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña. V. (1962, núm. 16), p. 44. 13. Teatro Hispanoamericano. Edited by Frank N. Dauster, New York, Harcourt, Brace & World, 1965.
p.112.
14. Piri Femández de Lewis, «Temas del teatro puertorriqueño de hoy», El autor dramdtico, Primer Seminario de Dramaturgia, ed. cit.• pp. 178-179. 15. Marti. Prólogo de Mauricio Magdalero, México, Ed. Secretaría de Educación Pública, 1942, pp. 32. 16. Francisco Manrique Cabrera, «De René Marqués»; «Mariana o el Alba», El Mundo, Puerto Rico, Sábado, 15 de mayo de 1965, p. 18.
Lloréns: Aproximación al bohío Por
L A APROXIMACIÓN DE UN GRAN
POETA MODERNISTA A
tema tan contrario a la esencia misma de aquel movimiento -el tema del bohío-- habrá sido motivo de frecuentes meditaciones en muchos preocupados por observar cómo se mueve, en el ámbito de las letras americanas, el espíritu de nuestros pueblos. Yo, sin embargo, no hallo Jos comprobantes. Claro: la imposición del másculo ambiente, de la grandiosa naturaleza, acabó por quebrar en muchos casos la resistencia preciocista y permitir a las dilatadas pupilas alzarse hacia Momotombos y Aconcaguas, mientras de la montaña secular ven descolgarse los Tequendamas y Amazonas y Orinocos atravesar las llanuras ¡Umites. El hecho ha sido reconocido y señalado. Pero esto de nuestro Uoréns es otra cosa. Para acercarse al bohío viola leyes fundamentales del modernismo. Y no es sólo ya desacato a los mandamientos formales o al requerimiento de postura espiritual. Es -sea dicho de una vez- ruptura con el sentido histórico del movimiento. El modernis· mo significa una proclamación de independencia de la poesía hispanoamericana con relación a la española. Rechazar lo español, romper la hegemonía lirica de Madrid en América; imponer aún a la poesía española misma un lenguaje poético di· ferente y una manera distinta de poetizar son in· tenciones cardinales, históricas, del modernismo. El movimiento corresponde a la evolución histórica de la familia hispanoamericana. Y esta será. quizá la razón más valedera para que se le perdonen sus princesas y sus cisnes a los enrolados en la tropa Rubén Darío, ese montonero de lo exquisito. Mas a Lloréns la historia misma le plantea si· tuación radicalmente distinta a los demás poetas de nuestra América. El modernismo es, históricamente, una consecuencia de la guerra de indepen. dencia y de la consolidación política de la inde·
JUAN ANTONIO CORRETJER
pendencia hispanoamericana. La independencia, un hecho internacional, abre a nuevas corrientes, ma· neras, influencias, el alma hispanoamericana. Ya no se emocionará a la vieja manera española y, pronto tampoco al modo de los criollos que hicie· ron la independencia. Los maestros de la emoción y el arte del lenguaje estarán ahora en Francia o Ita1ia. Francia sobre todo. Y nada estará tan distante de .)a poesía modernista como esa que es la esencia mejor de la tradición española: la popular y anónima, -y aun éstas proyectándose en la culta poesía que lleva el nombre de sus autores. No quede sin decirse. La poesía modernista será, para decirlo con una frase ahora de uso corriente, alérgica a 10 político y 10 controvertible. Discurrirá como ausente de su tiempo y del drama contero· 'poráneo. La torre de marlil simboliza y resume toda esta insensibilidad irresponsable del modernismo. Lloréns no puede compartir tal irresponsable insensibilidad. En el crepúsculo finisecular ha culo minado el modernismo y se han hundido los úl· timos reductos del imperio español en América. Víctima la más dolorosa al caer el telón en esta parte del drama hispánico, nuestra patria queda inerme y desorientada, desgajada de la vida en común con la familia hispanoamericana de naciones y en garras del puma yanki. En la mayoría de los intelectuales y artistas honestos la reacción es volverse anímicamente ha· cia España. El nuevo dominador intenta, con el esfuerzo de dejarnos sin habla, arrancarnos de cuajo las raíces. Ante la inaudita, inesperada agresión, agarrarse a las fuerzas ancestrales y las radicales de la tradición deviene impulso patriótico y método diferenciador con el ocupante norteamericano. La tendencia pasa hasta el independen. tismo, en cuyas tiendas acampa buena parte del
s
viejo autonomismo que habrá de imponer, con el fulgor dieguino y la meditación matienzana, retrancas, recurvas, ambivalencias que hasta entonces le fueron desconocidas. Y aún se vigoriza cuando parte medular del antiguo españolismo, encabezado por don Vicente Balbás, levanta una espada que el neoindependentismo, castrado ya por los antiguos autonomistas, rehusa empuñar .
¿Cómo encara Lloréns este problema? El afán innovador, clave en el modernismo, lo lleva a romper con las formas tradicionales de la poesía castellana. Mas pone las nuevas formas a! servicio de un independentismo más cercano al socialismo que a! nacionalismo. Será, por lo tanto, el primer puertorriqueño de magnitud en acercarse a España sin apocamiento colonial pero también sin furia insurrecta. Y si se acerca a la tradición española será por el recto camino en el que ésta es ya, con la química de cuatro históricos siglos, tradición puertorriqueña: la poesía popular. Tema de la poesía popular es el bohío. Ahora nos toca ver cómo Lloréns se le aproxima.
EL TRONCO Y LA IMAGEN Los genios de la cultura, los insignes artistas, los grandes poetas, son fuerzas eficaces cuyo trabajo da a la humanidad resortes con que ésta se mueve hacia un futuro siempre mejor. Pero estas próceres individualidades no existen a solas. Viven en su tiempo y en medio un contexto social de los cuales ellos extraen sabiduría y eficacia. Su existencia no abole, magnifica la obra anónima y colectiva del genio de su pueblo. Estas cúspides majestuosas se alzan sobre una base. Hondos y anchurosos ríos, manan de una fuente cuyas entrañas han preparado sus aguas secreta y porfiadamente. Las grandes masas trabajadoras de los campos y los pueblos sentaron las bases de toda la cultura espiritual de la humanidad y condicionaron su progreso. Obra del pueblo fueron, bajo todos los cielos, .durante muchos siglos, el arte y la literatura. Antes de la literatura escrita, la epopeya, el romance, la narración, las tradiciones, el refranero y la canción fueron la cifra inmortal del genio colectivo. y ya surgida la cultura en el sentido en que ahora la entendemos, estos materiales dieron cimientos a la obra de artistas y escritores. Los grandes escultores, arquitectos y pintores cuyo nombre ilustra nuestra conciencia, vienen de la artesanía, ·las artes aplicadas y la arquitectura y escultura populares. Ahora mismo -Picasso lo comprueba- la artesanía sigue representando un valor artístico propio, fuente inagotable de inspiración, y de figuras y recursos representativos. Manos innominadas, en los valles y montañas de Puerto Rico trabajaron nuestra imaginería popular antes que el taller de los Campeche abriera sus puertas en San Juan. La forma nacional del arte y la literatura de cada país tiene su origen soterrado en la creación popular. De este tronco común extrae el genio la imagen particularizada. 6
POESIA y REALIDAD DEL BOHIO Dos bohíos hay: el de la poesía, idealizado como algo representativo hacia el cual, harta de urbe, cansada de impuesta extranjería, vuela desolada el alma puertorriqueña en busca, no de reposo, sino de autenticidad. El bohío deviene necesariamente, mito. La raíz es de puro romanticismo. El bohío representa no lo español, no lo europeo, mucho menos lo yanki: representa lo incUgena. Esta re· curva hacia lo primitivo como cura de la civilización opresora iza nuevamente el estandarte romántico. Talla una imagen falsa y reaccionaria del bohío. La realidad es otra. Si hay algo representativo en el bohío es de atraso social, de rémora política; de dolorosa convivencia de la promiscuidad y la miseria. No la belleza, la fealdad de una sociedad regida por la disciplina del hambre y el hábito de la servidumbre, se cobija bajo su techo pajizo. Si hay en el bohío un símbolo será el del coloniaje, en cuya múltiple condenable gama pueden mezclarse, lo mismo el desprecio propio con la admiración por el amo, como la televisión y el fogón de tres piedras. Nuestro poeta, a despecho de sus innovadoras posiciones, no resiste la tentación y cede al reclamo romántico del bohío. Una y otra vez exalta la imagen falsa, comprobando hasta la saciedad como la vida tiraniza a la conciencia. Pues Lloréns jamás logró traspasar, vitalmente, la línea de su clase, terratenientista y profesional. Y es, sin embargo, por ésto mismo, que su poesía del bohío tiene una autenticidad que no encontramos más que en él, y a veces en la poesía, más pedagógica, de Virgilio Dávila. Los otros poetas que desde San Juan tocan el tema trasudan superficialidad y artificio. Lloréns no. Lloréns siempre se acerca al bohío como señorito de hacienda, porque lo había sido.
Su canción no resuena con la ira del jíbaro estrujado por la explotación o burlado por el explotador. Vibra con la alegría del amor libre de todo compromiso. Su juventud amó bajo el ala del bohío; pero amó de veras, no por correspondencia. Esa jibarita que en su décima le da el corazón upedacito a pedacitoll, lo amó, realmente; no se trata de una ilusión mesocrática vivida desde una oficina en San Juan. Aquella que él desea esté viendo, a la puerta del bohío, el lucero del alba, despertó a su lado una madrugada de Collares. En el bohío poético de Lloréns no se sufre. Es que esa ausencia de dolor refleja una realidad social ávidamente vivida: la del acceso gozoso, fácil e irresponsable del joven hacendado a la hembra campesina. Su emoción no es, por lo tanto, una evasión histórica; es una añoranza personal. Y esta índole clasista timbra de legitima sinceridad su acercamiento poético. Llevado por su pensamiento político Lloréns dejará dicha su protesta en otras zonas de la opresión de clase. La experiencia erótica desorienta su poé. tica del bohío. ¿Es lástima? ¡Quién sabe! Como en todo caso de auténtico artista, volcar sinceramente en la obra hecha la experiencia vital resultará siempre lo más acertado. A veces, lo más revolucionario. Sin tal insobornable lealtad artística Balzac no ha· bría legado ese gigantesco mural de la sociedad burguesa de su época que es La Comedia Humana; y Shelley, a fuerza de ser lírico, no nos habría dado una poesía mucho más revolucionaria en lo profundo que la de su contemporáneo Byron en lo aparente. Lloréns no 'llora ni protesta en el bohío. Pero nos da, a nuestro más alto nivel poético, una imagen fidelísima de las relaciones de propiedad en términos de relaciones eróticas. Al hacerlo saca las entrañas al bohío, mostrándolas en toda su reaccionaria naturaleza de abuso social.
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El tema del café en la literatura puertorriqueña * Por
pOCOS ELEMENTOS DE
LA NATURALEZA
PUERTORRI.
queña están tan identificados con nuestra vida de pueblo como los verdes cafetales de nuestras montañas. A pesar de que aún no se han cumplido dos siglos desde que el cafeto fuera traído por primera vez a la Isla, ninguna otra planta ni siquiera la autóctona, ananás o piña, o la rica caña de azúcar -de tan enorme importancia en nuestro desarrollo económico- se ha identificado tanto con Puerto Rico como este arbusto de aromático fruto. En Puerto Rico se producía ya a fines del siglo XVIII el mejor café de América; el predilecto en Europa, particularmente en las cortes de Francia y España. Hacia 1788 manifestaba el ilustre historiador Fray Iñigo Abbad y Lasierra: eEl café de Puerto Rico es muy apreciado de los extranjeros; lo mezclan con el de Asia, que toma su mismo olor y sabor. Por estas circunstancias lo prefieren al de las otras islas, lo solicitan con ansia, y se puede decir que se llevan toda la cosecha de esta Isla, que es considerable... » y refiriéndose a nuestros campesinos, añadía: c ••• dedican su cuidado con más esmero al café, que fructifica pasmosamente, pide poco cuidado, y tiene salida segura para los extranjeros, que lo solicitan con ansia por su cali· dad.» (1)
A esta mágica bebida está entrañablemente ligada la figura de nuestro campesino, el jíbaro, el re· * IntroduccIón al libro .EI tema del café en la Ulm1Itura Puertorrlquella*. Instituto de CultUl'll Puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico, 1965.
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RICARDO
E.
ALEGRiA
presentante más auténtico del hombre puertorriqueño, cantera de dignidad y esperanza a la que hemos recurrido en los momentos más críticos de nuestra vida nacional. y de la que han surgido muchos de los próceres que han guiado a Puerto Rico en sus batallas difíciles. El café ha sido con frecuencia la única fuente en que el jíbaro ha podido obtener energías para su trabajo y en su lucha contra ~as adversidades y la injusticia social. Ya el propio Abbad había observado esta marcada dependencia del jíbaro respecto del café. Así nos dice: e...por la mañana y entre día usan mucho del café con miel y con esto se socorren cuando les molesta el hambre. que resisten por mucho tiempo sin manifestar flaqueza.• El cultivo del café se fue propagando por la zona de la Isla al mismo tiempo que se desarrollaba en nuestro pueblo la conciencia colectiva. Fue junto a los ricos cafetales del corazón de Puerto Rico donde a principios del siglo pasado comenzaron a surgir aquellas familias criollas que. gracias al aislamiento en que vivían, a las distancias que las separaba de la capital -sede del gobierno colonial- y a la independencia econóInica que les proporcionaba la venta del rico grano a los mercados europeos, se sintieron capaces de asumir posiciones de responsabilidad en la defensa de los derechos patrios. El cafetal puertorriqueño fue baluarte del mo· vimiento abolicionista y de todas las corrientes liberales que agitaron al país en el siglo XIX, precisamente porque gracias a la existencia de una industria basada en el trabajo Ubre, como la del café, casi no pudo implantarse en la zona montañosa la odiosa esclavitud negra.
El Aazbe. grabado tú 1lJlftld Tu/iño
Mujer pilando café, grabado de Rafael Tufiño
Fue en los cafetales de Lares donde el grito de independencia nacional encontró mayor eco en el siglo pasado. Fue también en la «altura. puertorriqueña donde, en la década del 1940 encontró sus más entusiastas militantes y seguidores el movimien10 de justicia social que ha transfonnado nuestra vida de pueblo. Aún hoy el cafetal sigue siendo el .baluarte inexpugnable de nue9tra libertad y de nuestra tradición cultural. El tema del café ha venido fascinando desde hace siglos a los escritores y literatos, y ha sido pun'to obligado de casi todos los que entre ellos han contraído hábito de esta bebida, cuya misteriosa influencia sobre el intelecto ya había atraído la atención de los pensadores africanos de la antigüedad, dando origen a interesantes mitos y leyen" das en que se atribuía a los dioses una íntima relación con la"mágica planta. Ese mismo interés se despertaría en los escritores europeos y americanos del siglo XVIII, en cuyas postrimerías se populariza el café en las principales ciudades europeas, convirtiéndose muy pronto en bebida indispensable -de litera'tos, artistas y políticos. Hasta tal punto fue esto así qué Jules Mj.~helet 'llegó a considerar al café como responsable en gran parte de la expansión intelectual del llamado siglo de las luces y de la gran revolución social y política que, iniciada en Francia, se extendi~ sacudiéndolo, a todo el mundo civilizado. De él son estas palabras: «...bebida soberana, poderoso instrumento de la mente que .contrariamente a los licores espirituosos, aumentas la penetración y la claridad; café que disipas los vapores pesados y las nieblas que enturbian la imaginación; que iluminas la realidad de las cosas con la diafanidad de la verdad...• El mismo hist<triador nos recuerda cómo los padres de las nuevas ideas, los autores intelectua. les de la revolución: Rousseau; Diderot, Buffon y otros, se reunían en el histórix:o Café Procope para discutir y difundir sus ideas y cómo, redoblando el ardor de sus espíritus impetuosos bajo los efectos del cargado licor antillano «vislumbraron en el fondo de sus tazas. de café negro los destellos del año de la revolución.• En España el consumo de café ,también empieza a popularizarse en las últimas décadas del siglo XVIII. Surgen entonces' en Madrid, al igÚal que en las demás capitales europeas. numerosos cafés donde se sirve el negro licor de las Antillas, especialmente el de Puerto Rico, objeto de tal predilección que aún hoy son muchos los españoles para quienes el nombre de Puerto Rico sólo evoca el del más excelente café del mundo. Hacia media· 10
dos de siglo, estos cafés constituían centros de ter. tulia de las más prominentes figuras de la literatura, las artes y la política española. Las páginas de numerosos literatos de la época romántica -adictos al café casi todos- han inmortalizado los nombres del café del Príncipe, ubicado junto al teatro del mismo nombre; el de Venecia, en ,la calle del Prado; el del Morenillo, en la plaza de Santa Ana, y el Suizo, tan frecuentado por Bécquer, quien alude a esta. bebida como «ese negro brebaje que alimenta mis nervios.. Posteriormente escritores como Ramón Gómez de la Serna, en su bo, nos han dejado vívidas descripciones de la vida en los cafés madrileños de principios de siglo. establecimientos que según Unamuno constituye. ron una verdadera «universidad popular.• La ciudad de San Juan también vio surgir en el siglo pasado los cafés donde los intelectuales y politicos puertorriqueños de dicha centuria y principios de la actual se reunirían para cambiar impresiones sobre -los movimientos literarios, escuchar la lectura de los últimos versos escritos por alguno de los poetas presentes. o discutir los acontecimientos políticos. Muchos ~e nuestros poetas se dieron a conocer por primera vez en las tertulias del café de Turull, <lel Colonial, de la Mallorquina y de otros establecimientos análogos del San Juan antiguo. En las boticas de la ciudad y en las de los pueblos de la Isla también se formaban terttiuas políticas y literarias en torno de la mesa en que hasta altas horas de la noche 5e bebía el café de nuestra montaña. Han sido muchos los escritores puertorriqueños que han experimentado la influencia del café y muchos los que le han dedicado sus mejores páginas a la bebida cuya liba. ción hace más placenteras las tertulias. Evocando las tertulias de los cafés de San Juan, José S. Alegría (2) la llama «bebida mulata» y nos asegura que «no sería posible hacer la historia de la literatura y el periodismo puertorriqueño sin bucear en esa taza de café, amortajada con puntas de cigarrillos y cenizas, que sirvió de pretexto a nuestros escritores para sentar sus sabrosas cátedras.• En su ensayo robre el café. Tomás Blanco (3) 10 llama «esencia de la mañana y musaraña de la noche., y la ¡dentifica con el sentido del olfato, pues para él; «más que bebida, antes que un ali' menta,' es olor grato y fino. inmutable aroma cerebral de gran altura, y al mismo tiempo entrañada, sen·sual, muy tierra-tierra de la tierra nuestra.. Como mujer al fin. la poetisa Trina Padilla de Sanz. La Hija del Caribe (4), ve en el café de la tierruca un «compañero del libro y las labaTes.• Y Gustavo Palés Matos (5) contemplándolo desde otra vertiente, afirma que el café es «orgullo de Puerto Rico... que lleva la honra esencial de la patria borinqueña.•
Pam-
Recogida del grano, grabado de Rafael Tufiño
Como era natural, el elogio del café no había de reducirse a sólo la bebida, sino que se extendería al grano de que se extrae y al arbusto que lo produce, al cafetal y a quienes -lo cult~van. Ferdinand R. Cestero (6) canta a los granos que brindan cel néctar de su esencia pura» y Virgilio Dávila (7) los compara con «esmeraldas y rubíes», en tanto que Cesáreo Rosa Nieves (8) evoca el cafetal florido que en «collares de azahares baja en bellos cantares. y refiriéndose al mismo cafetal se queja Juan Avilés (9) de que «ayer fue 'todo... y ya no es nada.» La vida de nuestros campesinos de la serranía, en su perenne comunión con el cafetal, inspira a Manuel Zeno Gandía (10) su gran novela La Charca - que . retrata la vida de una familia de la zona- y a Enrique A. Laguerre (11), nuestro principal nove· lista contemporáneo, ·su obra Solar Montoya. En esta novela Laguerre recoge las alegorías y penas del jíbaro del cafetal, cuya cosecha significa ela salvaguardia de sus obligaciones.. Francisco Manrique Cabrera (12) canta a los típicos piladores que con monótona y rítmica acción descascaran el rico grano. Luis Lloréns Torres (13) también se inspira en el tema. llamando su atención particularmente las campesinas recogedoras del grano. que en sus
canastas se llevan. cela sangre del cafetal.• En su cuento Montaña en flor, Wáshington Uoréns (14) describe en forma fotográfica la típica hacienda de café puertorriqueña y la vida de sus moradores, cuya gran fiesta del acabe de la terminación de la cosecha, describe Juan Antonio Corretjer (15) en su poema El acabe. que también evoca la ruina ocasionada en nuestros cafetales en 1899 por el huracán San Círiaco. Esta fiesta tradicional queda también descrita por Ernesto Juan Fonfrías (16) en su novela espiga del cafetal Raíz y espiga. Para Obdulio Bauzá (17) el cafetal es el sitio para el amor. Este tema y las ~eyendas de aparecidos y otros elementos de carácter sobrenatural, que los años han ido tejiendo alrededor del cafetal, han servido de inspiración a Antonio OUver Frau (18) para su obra Cuentos y leyendas del ca-
o
fetal.
Por último, historiadores como José Julián Acosta (19) y Salvador Brau (20), interesándose en los aspectos históricos del café, estudiaron su importación en la Isla en el siglo XVIII y su ascendente influencia en nuestra vida económica. El tema del café también ha ejercido una poderosa atracción sobre nuestros artistas, particular11
mente los grabadores. Rafael Tufiño, José R. Alicea y Carlos Marichal. entre otros.. se han desta. cado por sus interpretaciones artísticas de asuntos del cafetal. Ejemplo señalado de esta labor es el portafolio de grabados en linóleo hechos por Ra· fael Tufiño para el Instituto de Cultura Puertorriqueña.. En esta colección el artista recoge algunos de !os temas y momentos más caracteristicos y significativos de la vida del cafetal puertorriqueño, tales como los procesos de recolección, secado y ..pilado. del grano; las antiguas despuIpadoras. que aún se ven en nuestras haciendas de la serranía, y la tradicional fiesta del ..acabe. con que se celebra el fin de la cosecha. Esta colección de gra.
bados del café, de Tufiño, constituye un sentido homenaje artístico a nuestro cafetal y a ~os hombres y mujeres que le dedican su vida. Ya sea en su aspecto histórico y económico como en sus facetas estéticas, novelescas o poéticas, el café ha mantenido siempre un puesto de honor en el pensamiento de nuestros escritores y artistas. En nuestra vida cotidiana sigue siendo el café la bebida puemorriqueña por excelencia y expresión de un profundo sentimiento de unidad social. En cualquiera de sus aspectos el café ha sido y seguirá siendo uno de los símbolos de la vida puertorri. queña.
NOTAS 1. Fray Iñigo Abbad Y Lasierra. Historia geográ-
fica. civil Y política de la 1514 de San Juan de Puerto Rü:o. San Juan, 1866. 2. José S. Alegría, .Café, la bebida mulata», en PuUlo Rico Ilustrado, San Juan. 3. Tomás Blanco, Los cinco sentidos, Pan Ameri· can Book Ca.• San Juan, 1955. 4. Trina Padilla de Sauz. .El café de mi tiernu:a-, lUvista Escuda, 7 de octubre de 1958, Departamento de Instrucción Pública, San Juan. 5. Gustavo Patés Matos. .Canto al café». Revista del café. año 9, número 11 (junio, 1954). San Juan. 6. FerdiDand R. Cestero, .El café», en Lira y coravñr, San Juan, 1929. 7. Virgilio Dávila• • EI cafetal», en Aromas del ternáio, Bayamón, 1916. 8. Cesáreo Rosa-Nieves. • Dicima de la sierra», se publica por primera vez en esta antología. 9. -Juan Avilés. Prensa. año 2, nÚlr..:rO 2, San Juan, Puerto Rico, marzo 1956; página 10. 10. Manuel Zeno Gandía. La Charca, Pooce, 1894.
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11. Enrique A. Laguerre, Solar Montoya (Cap. IV). San Juan, Puerto Rico. 1941. 12. Francisco Manrique Cabrera, .Los piladores-. en Huell4, sombra y cantar, San Juan, 1943. 13. Luis Uoréns Torres. .Cogedoras de café-, en Alturas de América. Editorial Cultural, Río Piedras, año 1954. 14. Wáshington Lloréns. -Montaña en flor-, Revis· ta del café, año 9, nÚln. 11 Gunio 1954), San Juan. 15. Juan Antonio Corn:tjer• • EI acabe»; Don Diego en el cariño, San Juan. 16. Ernesto Juan Fonfrias. Raíz. y espiga. Editorial Coleoda. Madrid, 1963. 17. Obdulio Bauzá. -Canción del caleta", en Las hogueras de cal, San Juan, 1947. 18. Antonio Olivcr Frau. Cuentos y leyendas del cafetal, Yaueo. 1938. 19. José Julián Acosta, .El café», en Almanaque de Puerto Rico, San Juan, 1856. 20. Salvador Brau .De cómo y cuándo nos llegó el café», Vol. 1, núm. 4, Tierra, (revista agrícola). 20 de agosto de 1906. San Juan.
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Juramento * Por
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CRUZ ORTIZ STELLA
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Los pasos enmudecen en la a· ',' - , Yace mi cuerpo rígido en el ¡ Mis manos palidecen en mi . Y mortecina luz brilla en 1 ·I',,~~A»jrfl..~
Mujeres y hombres en el cuMm¿$fl¡~5~ Sentados o de pie; nadie m~ Pero sé que morí, aunque y De mi muerte imprevista, n Quien dirige el rosario da ur( E impiamente se interrumpe 1 Cubierto el rostro con un velo t . s Una mujer se llega al aposen, y dice en !triste voz. que es un
¡Nunca te olvidaré! ¡Yo te lo
• Del libro inédito .Misa de Requicm•.
Exposición de Luis Hernández Cruz LUIS HERNÁNDEZ CRUZ, UNO DI! LOS MÁ& DESTACADOS PIN-
Collage número 1, cortesla del señor Leopoldo SantÚ1go Lavandero
El artista LuiS.
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tores abstractos puertorriqueños, nació en San Juan en 1936, En 1959 se recibió de Maestro en Artes en la American University de Washington. Ha realizado exposiciones individuales en el Instituto de Cultura ·Puertorriqueña (1961), la Universidad de Puerto Rico (1962) y en años sucesivos en las -Galenas Campeche.., -Sol 13. y -First Federala. En el exterior ha participado en la exposición El arte actual de América y España (Madrid, 1963) Y en el Primer Salón Panamericano de Pintura (Cali, 1965). En 1964 obtuvo el primer premio en el Concurso Esso para Artistas Jóvenes (Puerto Rico). Sus obras figuran en colecciones públicas y privadas. Recientemente realizó un mural para el Centro Médico de Puerto Rico. Del arte de Hernández Cruz ha afirmado el pintor }' critico doctor José R. Oliver: • Para Hernández Cruz, como pará Pierre Francastel, el arte es, por definición, intransigencia, y el número de soluciones verdaderamente positivas necesariamente muy limitado. En esta limitación están los resortes que le mueven a una continua e infatigable labor. En muy corto tiempo su proceso evolutivo ha pasado de formas de solera sensorial a formas sin hilación alguna con el mundo exterior. La disolución de las formas en la luz-color de los ~mpre sionistas lleva a Hernández Cruz a concepción inversa, color.luz, y en el fondo a la geometrizacidn propia de una tendencia que tuvo entre sus progenitores al cubismo analítico.• La exposición, integrada por unas treinta y seis obras, fue abierta al público en el Instituto de Cultura el 23 de abril.
H~rnández
Cruz, junto a una
de sus obras
.
erjicie Amarilla. Collage 1965. Foto Marvin Schwart
Planta, cortesia de BeIge
Westerman
Páginas de nuestra Literatura
LllS
golondrinas de la Intendencia Episodio alado Por
L os HABITANTES DE
LA CAPITAL DE PUERTO RICO ANTE, riores a la Guerra Hispanoamericana recor· darán seguramente aquellas golondrinas que daban animación y singular atractivo a ·la fachada principal de la Intendencia. el edificio -más bello de la ciudad, construido durante el reinado de doña IsabellI. Es un precioso edif.icio d-e orden corintio. de gran pureza de líneas y proporciones admirables, con esbeltas columnas estriadas. con ·puertas y ventanas de muy acertada distribución, y con un elegante conjunto de cornisas y capiteles. Una gran legión de golondrinas pequeñas. de un tipo especial de color castaño llegaban en legIón compacta todos los años al empezar ·Ia temporada de invierno, y se situaban precisamente t:n el vis' toso edificio de la Intendencia, distribuyéndose en artística disposición decorativa a ,lo largo del pretil de la azotea, en los adornos monumenta'les del frontis, en las rosetas, hojas y volutas de los capiteles, en las cornisas generales y en -lo salien. tes de puertas y ventanas, en los ángulos de los balcones y antepechos, en dondequiera. que hallasen un sitio donde colocarse airosamente, formando grupos y combinaciones simétricas. grecas y ara. bescos ideales y caprichosos, de lindos efectos decorativos. No parecían preocuparse por ninguna otra cosa más que por el embellecimiento -de su fachada. No formaban nidos como .las golondrinas de otra especie, durante el período de su emigración, no daban señales ostensibles <lel amoroso y natural cuidado de formar parejas. Por la mañana se dispersaban un poco para alimentarse con insectos y granos. y para refrescarse en algún arroyuelo cristalino, alineándose de vez en cuando en los alambres del telégrafo, y dando algunas vueltas alrededor de su sitio predilecto, y antes de las cinco de la
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~NUEL
FERNÁNDEZ JUNCOS
tarde estaban ya organizándose en sus pOSICIones decorativas de la gran fachada que ocupaba todo el frente de la plaza principal. En esta obra de instalación artística revoloteaban aleteando con gran viveza. y fonnaban una charla vivísima y musical, semejante a ,los rumores de un arpa eólica. Este afán decorativo de las golondrinas de la Intendencia era todavía mayor que el de aquellas fanlosas palomitas azules, que suelen a veces adoro nar la fachada del Palacio Real de Madrid. Las damas de la ciudad de San Juan, cuando lucían sombreros elegantes, sabían que no era conveniente transitar desde las cinco de la tarde por la acera principal de la Intendencia. y se iban por la de enfrente, celebrando el charloteo de las sim' páticas golondrinas y su admirable afán de orna~ mentación. Eran muchas en número, y por más que se acomodaban compactamente lUIlidas en la fachada principa'l, tenían que acordarse de las exedentes, a rcgañapicos, en las fachadas laterales, de mejorar oportunamente su situación... Se aproximaba ya el momento de regresar esas golondrinas al 'País de su procedencia, cuando una madrugada (l2 de mayo de 1898) las sorprendió el bombardeo de la ciudad por la fonnidable escuadra del almirante Sampson. No se alarmaron mucho con los primeros disparos, suponiendo quizás que serían salvas de las que hacían aquí con frecuencia los buques de guerra que visitaban el.puerto; pero 3'1 notar que aquéllos se prolongaban mucho y que los estallidos se hacían más intensos y frecuentes, circuló entre las pequeñas aves como un oleaje nervioso de inquietud, y algunas de ellas se desprendieron de sus sitios en la fachada, como para orientarse bien de lo que ocurría. No se las vio volver al punto de partida; ·pero Ilas gentes que miraban con más atención hacia el espacio, vieron
descender, entre olros residuos de la trágica como bustión, algunas plumas oscuras y hasta fragmen. tos de pequeñas alas y de cuerpos diminutos. Un proyectil enorme que penetró en el edificio de la Intendencia, incendió algunas de sus oficinas, y uno de sus fragmentos que al estallar hirió al jefe de la guardia, fue como la señal de dispersión de las atribuladas golondrinas que se lanzaron todas a 'Ja región del aire, formando una nube oscura y entristecedora. ¡Era para ellas la peor ocasión! La parte del espacio que coronaba la ciudad parecía en ese momento una sección horrorosa del Infierno, olvidada por el Dante. Bajo este admirable cielo de un azul anacarado y luminoso pasaban súbitamente aos proyectiles, trazando rayas incandescentes rodeadas de humo y de chispas de fuego. silbando como fieras enfurecidas, como en busca de algo qué aniquilar. Unos iban rasantes y hacían estragos lastimosos en la parte inferior del grupo de golondrinas, y los que describían parábolas de mayor altura en su trayectoria. arrasaban la parte más elevada de la legión volante. A veces chocaban dos proyectiles en lo alto con fragoso estampido, bajando los fragmentos sobre la ciudad, y aunque se acercaban llenos de muertes, producían un efecto luminoso de fuegos artificiales. Un atronador y con' tinuó cañoneo que atormentaba los oídos servía
de acompañamiento a este conmovedor espectáculo. que parecía no tener otro objeto que el de quemar y destruir a las más inteligentes, bondadosas e inofensivas de las aves del cielo. Como ellas eran tantas, es posible que se hayan salvado muchas o por lo menos un grupo conside. rabIe, que allá en su país habrán propagado a su modo la noticia de 1a catástrofe. ¿De qué medios se valieron para este informe? La respuesta de esta pregunta hace pensar en que acaso no 'Sea utópica la leyenda del lenguaje de los pájaros. Lo verdaderamente cierto es, que a Puerto Rico no ha vuelto desde entonces (hace 25 años) una sola golondrina de aquella clase. Venían antes y vienen todavía al país en las temporadas de invierno, a'Wlque en número escaso, otras golondrinas de mayor tamaño, de cola y alas negras y más largas, de blanco pecho y prolongado pico, que forman sus nidos de gluten en los campanarios y en los aleros de las casas antiguas, crían, y se au· sentan con sus pichones al sentir el calor de la primavera, para volver en la estación del frío. Pero aquellas golondrinas del bombardeo, que por lo visto sólo venían a San Juan para adornar la fachada de la Intendencia y para enseñarnos perseverancia, dignidad ,social y amor a~ arte decorativo. ésas, como las golondrinas del amoroso poeta Bécquer..., no volverán.
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Eugenio María de Hostos, revolucionario * Por Josl1
E
UGENIO MARiA DB HOSTOS, EL PR6cER
PAD1N
ICANO
cuya memoria honramos, naci6 en M yagüez, Puerto Rico, el 11 de enero de 1839, h' ce cien años. La revoluci6n como instrumento de ambios políticos y sociales, lejos de haber caído e desuso o perdido vigor en los últimos cien años, h adquirido una actualidad inquietante. Por esta raz6n, y no porque Hostos se haya distinguido mo revolucionario de primera fila, es que me popongo explorar esta fase :de su laboriosa vida. Es in udable que Hostos se fonn6 en un ambiente 1'1 olucionario, que tom6 parte activa en los acont cimien' tos que preludiaron en España la revoluci6 del 68, que recorri6 una gran parte de Améri como propagandista de la causa cubana, que e una causa revolucionaria. Lo que no es tan patente es que Hostos, lo mismo que San Pablo, después de ayudar a lapidar mártires, hall6 su ca . o de Damasco, vio la 'luz. sufri6 una convulsin interior y se arrepinti6, o por 10 menos, per '6 la fe en la revoluci6n como agente eficaz para realizar cambios sociales deseables y permanentes. 1 maes' tro Hostos, fundador de la Escuela No al de Santo Domingo, educador de toda una ge eración de dominicanos, ya no cree en la revoluci n como el medio ,principal para transfonnar a Jos ueblos, En 1884, en la colaci6n de grados del prim grupo de maestros preparados bajo su direcci6 , decía Hostos: «En la república [de Santo Domingo] todos los tipos de revolución habían sido probados salvo el único que podía devolverle la salud al país. La república se moría por falta de 'raz6n en sus propósitos y de conciencia en su conducta, y a nadie • Reproducido de Revista Hispdl'tica M()dcrna. Nuev:l York. <rolu. bre de 1939.
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se le había ocurrido restablecer el imperio conciencia y de la raz6n... La anarquía, que un hecho político, sino un estado social, se apoderado de todo... Para que la república e en convalecencia, era indispensable forro ejército de maestros que combatieran la igno: la superstici6n, el cretinismo, la barbarie.•
~ ejército de maestros, según Hostos, de. :er una revolución moral en el alma de los mas de la república para que prevalecieran la conciencia y la razón contra la injusticia sión. revolución moral realizada por el maestro tela para establecer el predominio de la ra)re la pasión: he ahí la fórmwa revolucio. esarrollada por Hostos después de su larga nación por el mundo de habla española. visto tantos revolucionarios, tanta anarquía, nadie debe extrañarle que hubiera perdido aquel tipo de renovador social que fomenta reso a sangre y ·fuego, porque le parece muo .s fácil vencer que convencer al prójimo. tos fue enviado a España a cursar estudios res allá por el 1852. Contaba escasamente ños de edad. Allí permaneció. con breves as. hasta los treinta. De suerte pues que período de su adolescencia y primera ju. lo pasó Hostos en la Península. El dato es mte, porque explica en gran parte la for cultural de Hostos y sus principios revo. rios. que ver lo que era esta España de 1850 a uando Hostos llegó al Instituto de Bilbao lás de cuarenta años que liberales y conser" progresistas y tradicionalistas, andaban a a, aquéllos empeñados en limitar la monar>r medio de runa carta constitucional, que raban indispensable para encauzar la nar la vía del progreso, y éstos no menos disa impedir, por la fuerza cuando fuere mela implantación de cambios que ellos juzga. ltrarios a Ja tradición nacional y perjudicia' :tI bienestar y ordenado desenvolvimiento. bandos eran sinceros. No podemos dudar patriotismo aun cuando nos resistamos a r los procedimientos empleados. El español I siempre capaz de realizar los mayores sas por 'la defensa de un principio o de un ~adie menos dispuesto que él a transigir ;tiones de principio para salvar privilegios y dades. Por esto las luchas españolas suelen r un carácter trágico que provocan la ad. In del mundo entero. En otras naciones, du. 1 siglo diecinueve, se logró la limitación del 1 monárquico en más breve plazo y a un lenor de vidas y haciendas. En España. desamente, no fue así. Como la fiebre en las naláricas, la revolución se había hecho enen la España que conoció Hostos, con alzas en la temperatura nacional y con un índice nte de mortalidad. Unas veces triunfaban ~rales e imponían una constitución. la Cons· 1 del año tal o del año cual. Los conservar los amigos del trono la acataban, pero no
la respetaban. Se descuidaban los liberales un poco, y un golpe de estado en palacio o un alzamiento de algún general en provincias ponía fin a la frá. gil constitución, y la lucha se empeñaba de nuevo. Otras veces eran los sargentos los que se pronunciaban a favor o en contra de la constitución vi. gente. ¡Pronunciamientos, cuartelazos. motines! ¡Motines, cuartelazos, pronunciamientos! Esparte. ro. Narváez, O'Donnell. Serrano, Primo unas veces en el poder. otras en el campo mandando tropas amotinadas. y otras huyendo en el extranjero, aguardando aviso de sus partidarios de que el Re' gimiento de Cazadores de la Reina o el de Granaderos de la Princesa está conjurado para pronunciarse a favor o en contra del trono o de la cons' titución. De vez en cuando ocupa el centro del escenario un civil. Bravo Murillo, Cánovas, Sagas. ta, para subrayar mejor, por contraste. la importancia del elemento militar. Y de tarde en tarde, como si los tonos del cuadro no fueran bastante tétricos, el cólera hace su aparición en Madrid. España resbala cuesta abajo por la vertiente de la revolución y nada parece poseer fuerza bastante para contenerla. Durante todo este período, el estado de España oscila entre la anarquía y la descomposición. En este ambiente. a la tierna edad de trece años, cae el joven Hostos. En 1857, ya cumplidos los dieciocho. época de máxima combustibilidad, se traslada Hostos de Bilbao a Madrid e ingresa en la Universidad Central en calidad de estudiante de Derecho. En los países de habla española el estudiante de Derecho es tradicionalmente un pichón de revolucionario que no aguarda que lo lancen del nido para probar sus alas. Hostos comenzó a volar tempranc;, Su vuelo tempranero debe de haber sido algo fuera de 10 comÚD, porque captó la atención de otro joven, el futuro noveli-sta Be. nito Pérez Galdós. quien años más tarde había de recordarlo entre los estudiantes que tomaron parte en Jos sucesos de la Noche de San Daniel, descritos por Galdós en el episodio nacional Primo Hostos hubiera tenido que ser un hombre extra· ordinariamente singular para haber podido librar. se totalmente de la influencia del medio. El medio en el cual él se formó era revolucionario hasta [a medula. Tanto los que deseaban cambiar la nación como los que luchaban por mantenerla apartada del contagio progresista, apelaban a la fuerza para lograr su objeto, trataban de vencer más bien que de convencer, y esta es la esencia del procedimiento revolucionario. Tan revolucionarios en el fondo y en la forma eran los conservadores como los li. berales. La acción y la reacción eran iguales aunque opuestas. Hostos cayó del lado überal. El liberal cree que el hombre es originalmente bueno, capaz de progresar indefinidamente; que Ja 19
personalidad humana es un fin en sí y que por lo tanto debe respetarse en su integridad y dáfose]e las mayores facilidades para su libre desenvolvimiento. El liberal, por lo tanto, cree en la mayor suma de Hbertad individual, compatible con la se. guridad y el bienestar de la comunidad. Esto lo lleva a preferir Jos gobiernos de carácter democrático, ya sea bajo la forma monárquica, ya bajo la forma republicana, donde el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, 'tiende a ser cada día una realidad más tangible. El liberal cree, por fin, que todo esto es posible, además de desea. ble, si se crea por medio de la educación la igua.]. dad de oportunidad para todos los ciudadanos. Esto, más o menos, fue el credo que abrazó Hostos y que lo llevó a hacer causa común primero con los liberales españoles, más tarde con los liberales revolucionarios y por último con los revoluciona. rios republicanos. La lucha entre los liberales y conservadores españoles no se limitaba, claro está, a motines y pronunciamientos. En la tribuna y en la prensa la polémica no cesaba. En este terreno Hostos hizo sus primeras armas en 1863, y fue así uno de los precursores de la «gloriosa» Revolución del 1868. El episodio de la Noche de San Daniel -abril 10 de 1865- es 'típico del estado febrilde la España de entonces y de 'la participación de los es. tudiantes en los sucesos públicos. Castelar, uno de los liberales republicanos, había escrito un artículo censurando a la Reina y el Gobierno había ordenado su destitución como catedrático de la Universidad Central. BI Rector, considerando la ae.. ción del Gobierno atentatoria a los derechos del profesorado, había preferido renunciar antes que darle curso al úkase ministerial. Esta actitud in. dependiente del Rector -muy española, por cier. to- había producido honda impresión en las hueso tes liberales. Para testimoniarle su agradecimiento al Rector los estudiantes prepararon una manifes. tación pública, una especie de serenata, que el Gobierno 'Prohibió y luego dispersó a sablazo limpio. La algazara estudiantil, que comenzó con víA tares y música, terminó con sangrientos choques entre la tropa y el paisanaje en los cuales perdieron la vida muchos inocentes. «En el pasillo grande del Ateneo -dice Galdós en su novela Prim- permanecían dos corrillos de trasnochadores. El más nutrido y bullicioso ocupaba el ángulo próximo a la puerta del Senado; allí analizaba la bárbara trifulca un antillano llamado Hostos, de ideas muy radicales, talentudo y brioso.» Los sucesos de la Noche de San Daniel se prolongaron en una serie de represiones violentas, como ocurre siempre en las revoluciones. No hay duda de la participación de Hostos en la protesta estudiantil. «Yo fui. gracias a Dios y a mi indig20
nación -le escribe él más tarde a Sagasta, el caudillo liberal- el primero en protestar contra las infames matanzas de San Daniel. La protesta era un peligro y mi firma al pie de la protesta lo desafió.» A raíz de estos acontecimientos el liberal Hosto se convirtió en republicano revolucionario. Había llegado al convencimiento de que no era posible renovar a España sin antes derrocar la monarquía, que era indispensable apelar a la fuerza para acelerar el progreso social. Durante los cinco años siguientes hizo estrecha amistad con Pi y Margall. Castelar y los demás republicanos españoles, quienes le hicieron vagas promesas de autonomía 'Para Ouba y Puerto Rico. Pero Hostos no tardó en sen· tir «serias dudas y desconfianza en la revolución española porque -decía- no será 'Una renovación »c. Pi y Margall, agregaba Hostos. «no tiene fondo_ y Castelar «no tiene 'más que superficie&. La verdad era que Hostos estaba intensamente interesado en el porvenir de Cuba y Puerto Rico; que deseaba que estas dos antillas permanecieran bajo el pabellón español como provincias ultramarinas de España, gozando de la mayor autonomía compatible con la soberanía nacional; en fin. Hos. tos esperaba que no se siguiera desquiciando el imperio español, ya tan mermado con .Ja emanci. pación de las colonias americanas. Pero a los re. volucionariospeninsulares les importaba poco la suerte de Cuba y Puerto Rico. Eran hombres de espada, o de retórica abundante, o de pensamiento metafísico separado de la realidad por abismos de dimensiones astronómicas. No se podía esperar de ellos una visión amplia, capaz de abarcar en un solo golpe de vista todo el vasto mundo de ori. gen hispánico que ya llevaba en su seno una gran porción del porvenir de la humanidad. Si hubiera sido factible entonces conservar a Cuba y a Puer. to Rico unidos al tronco materno por fuertes vínculos de gratitud fiHal, quien sabe cuál hubiera sido la suerte de España. La solución del problema ano tillano hubiera establecido una pauta para enfocar los problemas peninsulares y resolveI."l1os por medios pacíficos. El destino dispuso otra cosa. El re· publicano revolucionario Hostos se convirtió en separatista. No era posible la renovación antillana sin antes separar ~as islas del dominio español. EllO de octubre de 1869 Hostos abandonaba a Europa y embarcaba para el nuevo mundo firme en su propósito de luchar por la independencia de Cuba y de Puerto Rico. Todavía seguía creyendo en .la revolución como agente de renovación. «Cuan. do todo se ha destruido. malo y bueno, empieza la tarea de reconstrucción. Se sacan de los escombros Gas materiales buenos que cayeron, se ligan a los buenos, y también a los malos, que ha traido el nuevo plan, y se reconstruye laborJosamente el
edificio. JI Pero todo indica que el gusano de la duda ya había mordido su conciencia. La tarea de reducir a escombros el viejo edificio era relati. vamente fácil; eso se hacía todos los días; lo di~ fícil era recoger los materiales buenos «que cayeronJl y ligarlos a los buenos, .pues no bien co~ menzaba la tarea de reconstrucción un nuevo ca. taclismo aumentaba los escombros a costa del nuevo edificio. Peor todavía: entre catástrofe y reconstrucción, la nación permanecía a la intemperie. azotada por crueles vendavales que agotaban su paciencia y la llevaban al borde de la anarquía o de la desesperación hasta que surgía el varón fuerte, duro de puño y de alma, el hombre a caballo, que mandaba recoger los escombros y construía con ellos mazmorras para encerrar a los rebeldes y restablecer el orden destruyendo a los descontentos. «Cuando se empieza una revolución", dice Has· tos, «nadie sabe dónde va; sólo se sabe que entre el punto de partida y la meta hay un abismo . Lo que se sabe es que -la sociedad. la nación . conmovidos por esa convulsión, no saldrán de ella como en ella entraron.JI Durante nueve años, de 1870 a 1879, Hostos re· corre Hispanoamérica en viaje de propaganda a favor de la independencia de Cuba y de Puerto Rico. Es un viaje lento que le permite detenerse, observar y reflexionar. Aquí funda un club. allá levanta una sociedad de fomento social. En todas partes ocupa -la tribuna y utiliza la prensa. La democracia no es la misma en todas las repúblicas; la revolución ha producido distintos efectos en las diversas colonias emancipadas de España; en algunas de ellas la revolución continúa. deteniendo la reconstrucción nacional; en otras hay señales de retroceso debido a largos períodos de anarquía o de estéril dictadura; son muchos los escombros y el albañil capaz de construir con ellos un nuevo hogar debe de estar tendido entre las ruinas pues no se Je ve por ninguna parte. Dice Pedreira, el biógrafo de Hostos: «Toda la experiencia acumulada en su reciente romería, todo el profundo malestar social del continente. minado de ignorancia y fanatismo, le iban empujando hacia la única revolución que todavía no se había hecho en América: la revolución edu· cativa.JI En Santo Domingo fue donde Hostos se dio cuenta por fin de que la única revolución eficaz y salvadora es la revolución moral. Los dominica. nos habían tenido que pelear contra españoles, franceses y haitianos para lograr su independencia y a .pesar de heroicos sacrificios la república con. tinuaba presa de 'la anarquía porque Santo Domingo, según Hostos, había probado todas las revoluciones menos la única que podía devolverle
la salud: la revolución educativa. En 1879 ltostos se 1rasladó a la República Dominicana para fundar la célebre Escuela Normal. Los últimos veinti. cuatro años de <su vida fueron dedicados a la en. señanza, a formar hombres y mujeres capaces de sostener gobiernos democráticos. porque para crear una república de tipo democrático no basta pegar un grito revolucionario, derribar un régimen c~ lonial o monárquico y aprobar una constitución. Eso es simplemente ¡la mina que reduce a escombros el edificio viejo e indeseable. Luego viene la albañilería de reconstrucción, ardua tarea, porque es mucho más fácil quitar que poner, destruir que construir. Los escombros buenos hay que utilizarlos en seguida porque si se dejan a la intempCl1ie se deterioran o a'lguien se los roba. De suerte que la revolución salvadora es la que facilita la obra de reconstrucción. Santo Domingo fue el camino de Damasco de Hostos. Hostos, firme creyente en la bondad original del ser humano, tenía que acabar por condenar Ja acción violenta como medio eficaz de realizar el bien. La v·iolencia fomenta la violencia y tiende a destronar la razón en beneficio de la voluntad. «La voluntad», dice Hostos. «es una facultad perversa. En este gobierno interior de cada hombre que Ha. mamas alma, hay fenómenos idénticos al gobierno de las sociedades. En éstas, el predominio del poder ejecutivo determina infaliblemente el despotismo; el despotismo es un trastorno de ~as leyes de la sociedad. La voluntad es el ejecutivo del espíritu; subordinado a la razón y al sentimiento, produce el bien; desligado del sentimiento y de la razón, produce el ma1.» «Una gran actividad de pasiones, aguijoneada por una voluntad, eso es el crimen. Los unos lo cometen en sí mismos: son suicidas. Otros lo cometen en su hermano, en su deudo, en su amigo, y ·tienen cien nombres en los códigos penales. Los otros lo cometen en un pueblo, y son tiranos, déspotas o autócratas.JI Ahora bien, agrega Hostos, «todos los hombres son buenos cuando no están colocados delante de una pasión o de un interés, y todos los hombres son malos cuando, colocados delante de una pasión o un interés. sólo tienen voluntad para viciarlos.» Hay que huir de los hombres voluntariosos como del cólera y hay que evitar la violencia porque la violencia engendra hombres de voluntad erimi. nat 'La voluntad es el agente de los instintos y éstos gozan de privilegios que no es bueno negarles por completo. El remedio está en someter la voluntad a la razón, ponerle una camisa de fuerza a los instintos cuando éstos .se amotinan y amenazan derrocar Ila razón por medio de un pronunciamiento. Todo esto está admirablemente dicho en el célebre ensayo sobre Hamlct publicado por Has21
tos en 1873. En aquella época el maestro no había llegado a conclusiones definitivas acerca del uso de 1a fuerza para hacer -la felicidad de los pueblos. Por eso, quizás. no dice que una de las mayores calamidades que suelen afligir al género humano es el patético espectáculo de un hombre bueno, pacífico, metido a revolucionario de Itipo violento. El hombre bueno disfrazado de revolucionario lo primero que hace es perder el juicio. como Hamlet, luego ponerse histérico y por fin dar estocadas a diestro y siniestro .para acallar la conciencia sublevada. propinándose a sí mismo la última. No termina ahí el desastre. Tan pronto el hombre bueno ha reducido a escombros el edificio que lo cobija y cae víctima de Wla violencia impropia de su carácter. Fortimbrás. el hombre fuerte, volun. tarioso, realista, aparece en escena y arrambla con los escombros. Hostos era un hombre bueno en el más noble sentido de esta palabra. Hay que agradecerle. en este año de 1939, que con rara visión haya vislum-
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brado hace más de sesenta años el peligro de la violencia como medio de lograr cambios deseables en la sociedad. La violencia como filosofía social y política es el retomo a la selva. a la ley de la garra y el colmillo. Siempre fue más fácil vencer que convencer. Quizás por eso fue que Caín mató a su hermano Abe!. Hostos pertenece al linaje de los emancipados civiles del Nuevo Mundo. Concluida ·la revolución separatista en América, 10 que urgía hacer inmediatamente era formar ciudadanos capaces de mantener gobiernos democráticos para salvar las repúblicas de la anarquía y de la dictadura. Nadie vio esto con mayor claridad que él. ni nadie trabajó con mayor ahínco en la obra de reconstrucción. Por eso merece el honroso título de ciudadano de América que sus admiradores y discípulos le han otorgado. América es tierra de promisión y renovación. y Hostos es uno de sus máximos profetas.
EL DESCUBRIMIENTO DE PUERTO RICO POR CRISTOBAL COLON Mosaico en una de las pechinas de la cúpula del Capitolio de Puerto Rico. según un boceto de Rafael Ríos Rey
SEPARATA DE ARTE DEL NUMERO 27 REVISTA DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUE~A
Olbct RVMBOS· Prlotcd lo Spaln
Conferencia de prensa
Una exposición y dos encuentros con Francisco Vázquez Díaz (Compostela) Por
1.
LUIS
HERNÁNDEZ AOUINO
La Exposición
FRANCISCO VÁZQUEZ DfAZ, o MEJOR, COMPOSTELA, ha vuelto a exponer, tras largos años y ahora mucho más completa -puesto que desde ]a ú]tima exposición el mundo se ha vuelto loco y el escultor gallego siguió pingüinizándolo a más y mejor- su 'Personal, su muy particular colección de esculturas de pingüinos. El Direct(lr del Instituto de Cultura, don Ri. cardo Alegría, persuadió a Compostela para que montara su exposición. Porque en verdad de verdades. al españolísimo Compostela se le hubiera dado lo mismo exponer que no exponer. ya que ha estado realizando obras muy a menudo: bustos, estatuas, figuras, que andan expuestas a la vista de todo el mundo por plazas, parques y recintos par. ]amentarios y universitarios. Pero lo de los pingüinos -¡nada más ni nada menos que treinta y pico de años realizándolos!- era ya otro cantar. ¿Cuál seria el nuevo mensaje de] escultor gallego? ¿Qué se ·traería entre manos Compostela en este momento crucial del rack and roll, viajes espaciales, guerra fría y caliente, industrialización puertor.riqueña, etc., etc.? Porque se sabía que Compostela seguía -único pin~inólogo conocido- pingüinizando el mundo .C;Óntemporáneo. La 'respuesta se logró para todos el viernes, 1S de enero de 1965, en los espaciosos salones de exhibición del Instituto de Cultura Puertorriqueña, cuando se abrió la exposición: 52 piezas, para ser exaotos, y entre ellas algunos conjuntos de figuras. Allí estaban las' esculturas de hace diez, quince. y tal vez más de veinte años. junto a las que fue creando el escultor. posteriormente: mar· cianos. teenagers y condominios del Polo. Desde el
pingüino del Pacto. con paraguas chamberleniano y a'tuendo diplomático, hasta los futuristas marcia.
nos del 1999. Nos hallarnos de pronto frente al mundo com· postelano, situado en repisas muy artísticamente preparadas, con atmósfera y fondo adecuados. Un mundo pingüinizado y revuelto, que tal vez por aquello del pecado original, ironizaba con un solo conjunto a nuestros primeros 'Padres. Así se explica Adán y Eva y la Manzana - 3 kilómetros. Sí. un mundo aquél por el que ~esfilaba la humanidad toda. vista con ese humor gallego que tiene sus expresiones más profundas en los páisanos literatos de Compostela: Julio Camba, Wenceslao Fernández Flóres. el esperpéntico don Ramón María del Valle.lnclán y el andariego y chispeante Cami· lo José Cela. Mundo en revol tillo, en el que Compostela vertió sus ironías, sus ternuras, sus represiones políticas espirituales. su amor, su morriña gallega. todo eso que lleva un buen artista en el fondo del espíritu y en las profundidades de su imaginación y que un buen ,día surge. como el vuelo de un pá. jaro, en el trazo fugaz, o como la presencia de la flor, en la plenitud de un gesto de la obra de arte. Bastaría mencionar otros nombres de las esculturas compostelanas. para que aquellos que no vie. ron (¿es un acto de fe toda mirada?) la exposición, hagan su composición -de lugar y sepan cómo el escultor realizó. a las mil maravillas. la expresión que se propuso: Romeo y Julieta, Los aP1tantes de Teruel, Mesa ,-edol1da y mesa cuadrada, El fa. ja'Zo, Toreando, Partida de balompié,. Tienen morriña (¡abre Santiago y cierra España!). Tocando el 25
violón. Tocando el l'iolín. Ccmferencia para sordos, Conferencia de prensa, Levantador de pesas, Le duele un pie, Recitador 1, Recitador 2, Jubilado, etcétera. Mundo revuelto. Una pesadilla ·lírica. con mú· sica secreta del mejor verso de Rosalía de Castro. la otra compueblana de Compostela- aterida y vestida de luto- y el contrapunto de un alejandrino del don Ramón de las barbas de clzivo. un verso tal vez modernista, sobre el reo que cuelga como badajo tieso en 'la horca. O quizá una pesadilla entre lírica y esperpéntica, con fiebre y aire de sonata.
2. Primer encuentro Recibo a Compostela en mi casa. Es de noche. Tenía interés en hablar con el escultor sobre su exposición. Hablamo's mucho, tal vez demasiado. Tomé apuntes sin ilación. Compostela resulta ser un torrente de palabras. Se ciñe primeramente al lado humorístico de la exposición. -Tiene gracia, sí. mucha gracia, lo que escribió el doctor Oliver para el programa. Eso del Aptenodytes fosteri, del género alca. suborden urinafores. de la familia de los álcidos, que tenninan llamán. dose a la pata 'la llana pájaros bobos, en español. y pingüinos en francés, es una pingiiinada. Digo, 26
una pingüinada para irole ·tomando el pelo a 'Jas gentes, porque todo se reduce a eso. ¡Y más en estos días! El hombre contemporáneo ha ido a los extremos de la pingüinización. También quise pingiiinizar con las fechas. Veo que no se fijó que en el grupo Adán y Eva se marcaba el 1850. porque además de lo de los 3 kilómetros -que se refiere al turismo febril de hoy e~ día- para llegar- al Paraíso. estaba la fecha clave: 1850. Igual aparece la fecha de 1999 en el grupo de pingüinos mareianos. Y la del hombre que viste de pingüino es 1810. ¡El chasco que se van a llevar los historiadores del año 2000, cuando quieran investigar la cronología de la pingüinización del mundo! Compostela hace un visaje y prende otro ciga. rrillo. Hablamos de mis gatos siameses, que campean por la sala. Le sigo preguntando y él habla en el plano de lo anecdótico. El éxito de la exposición le hace abrir la espita de la locuacidad.. -¿Y qué 'hay de vender los pingüinos. Como postela? Por ahí andan muchos turistas ricos. -Si se me presenta un tío norteamericano,' de esos que quieren comprarlo todo, no le vendo; Es mi colección particular. No hay dinero para comprarla. Son muchos los' años que he dedicado a mis pingüinos. Me hacen mucha falta. No hay dinero para pagarlos. Son mi modo de expresión; ·son como uno de esos libros que se escribe y después uno lee con mucho cariño y amor. ¡Porque hay cada cosa en el mundo de -los pingüinos! Por aquí vino un conferenciante de esos que nos caen de tarde en tarde y vienen en plan de saberlo todo. Era de los conferenciantes raros. Pues bien, éste ;trataba en sus conferencias solamente de los pingüinos. Traía una película en colores de sus andanzas por el Polo Sur y -según se decíahabia estudiado la vida y costwnbres de los pino güinos. Alguien le habló de mis escultu¡:as. las cuales el hombre contempló bien. quedando maravillado de mis pingüinos. ¿Sabe lo que me preguntó el mister? Que .cuánto tiempo me había pasado yo en el Polo Sur. Le contesté que nunca había pisado aquellas latitudes. Frunció el entrecejo el hombre. y un poco incómodo me aseguró que hablaba en serio. Para mí resultaba el conferenciante un caso de pingüinización.
3. Segundo encuentro Lo que ,habíamos hablado Compostela y yo no daba el perfil de una entrevista. Yo insistía en hacer una entrevista que no fuese 1an convencional, como sucede a las entrevistas para periódicos. Pero sucede que Compostela habla mucho y es, al mismo tiempo, elusivo. Hice una nueva cita con él, para verle un domingo por Ja noche, y en su casa.
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Ciudades yo viví. dli . Ni el metal, ni la piedr 11 '-J me agobiaron. Sí el h o en e lUIÍlnatas I ~. [-PO J . t l de blanco gris. Sí un sol que IU.e . e meblá
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Una voz, acortándome las ' se dio sazón. Siluetas entretejieron, con delgados roces y tenues ritmos, vaporosas...telas. ~--¡-,
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Ciudades yo viví. ¡(ostrQs n. Entrevistas mujeres. Vagaji::~'~~+~;~~ Amores sin nacer. No hay ren de anillo a quien silencia. .,~ Fantasmas nada más. fantasin;;1 Fantasmas por esquinas y esc ras. Fantasmas que cruzaban y ascendíaü:-
Me::::e~:::~::::::~es. ~ / , ¡/-¡/jl Pasé sin detenerme. IY una )¡uelll Mi planta resbaló por las aceras. No tomé nada, ni di nada. ¡NadaV ni
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Ciudades yo viví. Viví ciudades. /" Numeré fuentes, árboles y yeibas.t) y vi caer de las estatuas llanto ' que era interpretación de mis tristezas.
1VB:~.í. Viví,
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sin vida : vida da, en riqueza ien V!ve ~~~rí~~r1J,onor e la belleza.
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has pasado por aquí Por
EVARISTO RIDERA CHEVREMONT
rque palpo lo tuyo I aupamiento de las cosas s seres, en la cuajadura o hondo y lo límpido, ~e has pasado por aquí. ue palpo lo tuyo inconfundible: siedad de darte sin darte, me consumida adentro de ti, s tuyo en ti, orado por ti, e ser tan tuya mbriaguez de ir hacia quién sabe qué [fines, as pasado por aquí.
Porque el polvo, trlJ:"""''''' están enternecidos, . lo más leve en lo del azul embutidos blancos, sé que has pasado p
ue has pasado por aquí, todo lo que es lo revela, odo es más, .""'r.r....,..... todo es pleno, e irradia. .......;. ¡r.'''i
en la tierra. ada en la tierra M#1I¡J:a en el cielo. irada por la flor ~ rada por la nube. ú, . tí vuelta en las vueltas infinitas \ 'el ' ndo en que tú eres. Tú, a' vertida por mí. ..,...... ,...vf quien sostengo eyes planetarias, lo tramado quien fonna la vida. , lo más puro del más puro lado. ú, mujer. Tú, medida en mi medida.
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La -sala está llena de estantes de pingüinos enjaulados. Son estantes con vidrieras, muy bellos y finos. Nos acompaña un rato la esposa del escultor. :doña Margot Arce. ese fino espíritu y destacada sensibHidad, que ha hecho feliz a Campos-teJa; dándole tres hijos puertorriqueños y la necesaria alegría cotidiana. Hablamos los tres, cosas generales sobre amigos. políticos, intelectuales. Doña Margot se retira. Compostela -impenitente fumador- enciende un cigarrillo. -Sí, los estantes son de caoba. Es ~a mejor madera. Pero ya casi no se encuentra aquí. Han talado todos los -bosques. En cuanto a la caoba. hay que saber cuándo cortar el árbol. La caoba es una madera duradera. No le entra la polilla. Si se corta a destiempo. sí 1e entra la polilla. Es una pena que aquí no haya caoba. Esta me la trajeron de Santo Domingo. Y el aceitillo con que trabajo los pingüinos. ¡El aceitillo sí es madera! ¿Y el guayacán? Cuando vine por primera vez a Puerto Rico alguien me habló del guayacán: que si era muy -duro, que si no se podía trabajar con dicha madera. Para mí fue un reto. Ese pelícano (Compostela me señala una bella escultura situada en un ángulo de la sala, que mira pa,ra el techo), ligado a una historia sentimental mía, fue mi respuesta. La historia del alcatraz o pelícano realizado en guayacán. me permite ir acorralando a Compostela para que me cuente lo que yo deseo saber sobre su arte, su vida y sus antecesores.
El pintor
-No. Mis antepasados no fueron campesinos. Mi padre era cantero en Santiago. Yo nací en el corazón de Santiago, la calle de Algalia de Arriba. sí, porque hay otra Algalia. que llaman ode Abajo. Fui monaguillo en la Colegiata del Saar: Santiago ha tenido una tradición extraordinaria de retablos e imaginería. ¿Ha visto usted a.Jguna vez el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago? Fui alumno de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago. Yo sentía algo iIrreriQ11I1lente,un deseo de manifestarme artísticamente. Mis padres quenan enviarme a la Argentina. Yo 'Pensé en ir a Madrid. Compostela extrae otro cigarrillo. -¿Gusta usted? -No. Gracias. Compostela enciende su pitillo y continúa alumbrando sus recuerdos del Madrid a que se trasladó por los años veinte y pico. -Yo -tenía veinte años cuando marché a Madrid sin saber cómo. Para aquellos años se perfilaba otra dictadura. la de Primo de Rivera. Trabajé en talleres y me fueron saliendo obras. Pasado algún tiempo me dio con montar una exposición de ao que tenía hecho. Así es que, hice algunos ahorros y abandoné el taller para el cual trabajaba. Me conseguí un cuarto donde casi no me cabían las obras. No sé por qué, viendo a Compostela y oyéndole, me pongo a pensar en la morriña gallega. La morriña gallega equivale a Ja saudade portuguesa, a la añoranza 'Catalana. a la 'tristeza castellana. -¿Ha sentido usted la morriña ga'1lega? -¡La morriña gallega! Sí, la he sentido. Cuando más la sentí fue uno de los días finales del año 1926. 1.0 recuerdo muy claramente. Pero un gallego es duro de pelar con morriña o sin ella. Entraba el nuevo año y no quena darme por vencido de las tristezas que sentía entonces. Adopté el lema de cAño Nuevo vida nueva•. Así fue cómo, el -primero de enero del año 1927. man té la que di en llamar Exposición Efímera. que lo fue en todo el sentido del vocablo. Las obras eran tallas en madera policromada. Eran alrededor de veinticinco obras. Y la exposición fue en las mismísimas Cortes Españolas, frente al Hotel Palace. Tendí el anuncio entre las columnas del edificio. Coloqué un velador con paño de damasco y todo. Compostela goza contando el recuerdo de la exposición clandestina. Una exposición que, a pesar de ser efímera, ·le dio a conocer en toda Es. paña y aun en América. hasta donde ilegó ]a noticia de su audacia. -Porque sabrá usted, que como era día 'festivo, aproveché la ocasión y tal vez la oportunidad, de que no se apareciese por allí la Guardia Civil. Pero la Guardia Civil se dio cuenta cuando llegaron los fotógrafos de ·la prensa. Me exigieron el penniso, que yo no tenía, y fue entonces cuando ose armó
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el lío de los pastores con los fotógrafos. La Guardia Civil decomisó .las cámaras a los fotógrafos, pero así y todo, la prensa dio cuenta del asunto. El célebre Luis de Tapia, poeta festivo y satírico. muy popular entonces. quien publicaba sus versos en El imparcial y La Libertad, de Madrid. tomó mi caso para satirizar alas autoridades. ¡Qué coplas! Empezaban así: .. En esta tierra de gatos..... Porque sabrá usted que a los madrileños les apodan los gatos. Hay un cuento de un cocodrilo que podía ser cosa aparte. Pero no, el cuento del cocodrilo y la iguana es parte integrante de la Exposición EfímeTa y las peripecias futuras del joven escultor. Compostela, el impenitente fumador que es Compostela, saca otro cigarrillo, enciende, y continúa hablando con picardía y regocijo. -Sucede que yo había tallado un cocodrilo de tamaño natural y una iguana grande. Cuando la Guardia Civil. en plan de transacción conmigo. me buscó un carretero que me cargara las obras, con tal de que me largase de por allí, el cocodrilo -por su tamaño- dio mucho que hacer. El carretero. en vista de lo grande que era el animalucho, le sacaba el cuerpo. A pesar de todo, lo colocó con mis otros bártulos en el carromato. En llegando a la Castellana. en donde mismo está la estatua de don Emilio Castelar, hicimos al1o. El carretero. cansado de todo el aSU!I1to, me dejó con mis bártulos. Allí mismo inicié. a manera de otra exposición. Fue cuando me descubrió don Ignacio Bolívar, director del Museo de Historia Natural, donde yo iba a tomar como modelo a los animales vivos. Don Ignacio intervino, y fue mediante sus auspi· cios, que conseguí exponer días más tarde en la Carrera de San GerÓnimo. Fue casi una exposición oficial, con la ayuda del Conde de Vallellanos y todo. Las autoridades fueron a dicha exposición. En 1930, tiempos ya de la monarquía, y pasados los funestos días de la dictadura del General Primo de Rivera, consiguió Compostela una beca de la Junta de Aplicación de Estudios (Secretaría de Instrucción), para ir a París. En París comenzó a es· tudiar Compostela, pero los tiempos iban cambiando vertiginosamente. Aventuras artísticas, días de sufrimiento. Entonces es que nace la idea de pingüinizar al mundo. Se creará Compostela un arte personal, que además de ser' ejercicio creativo y recreativo. actúa de válvula de escape de sus recónditos penS:lres y sentires. -Yo no conocía La Isla. de los Pingüinos, de Anatole France. Mucho menos que esa obra encerraba sátira cáustica contra la sociedad y la Iglesia. El caso es. que un compañero mío, excondiscípulo de la Academia de San Fernando, de Madrirl, !nc CC¡1siguió empleo en una fábrica de vitrales. Le hablé al jefe del taller sobre hacer unas esculturas
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Astronautas de pingüinos, idea con la· cual estuvo conforme. Hechos mis pingüinos con cierta intención satirizante, vinieron a la sazón al taller un cura chileno y un tío muy rico, a quienes el jefe del taller quiso mostrar muy ufano mi obra. Ver el señor cura los frailes pingüinos. en yeso, echando a manera de un sermón, y protestar allí mismo, fue todo una misma cosa. Conclusión: Me echaron del taller. París es una capital de aventuras. Muchas tuvo allí Compostela. Sin embargo, una de las más in· teresantes fue la de la exposición de Madagascar y el ·lanzamiento del cocodrilo en el Sena. -Claro. Yo había llevado el cocodrilo a París. Echado del taller, me enteré de una exposición colonial de arte de Madagascar que se efectuaba entonces en la capital francesa. El cocodrilo venía a pedir de boca para esta exposición, por ser un bicho africano. El caso es que gané con él un premio en aquella exposición colonial. Mas, en tratándose de llevar el cocodrilo a mi 'pensión, se me crearon más líos. Así fue cómo, unA noche, en como pañía de otro amigo español, decidí echar el cocodr-ilo en las aguas del Sena. La que se armó entonces no tiene nombre. Había franchutes que nun·
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