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Próceres (1929)

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Prรณceres

}3iblioteca General U. P. 1{. AUG

19i9

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Manuel F ernรกndez Juncos ~,-


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Notas Biogrรกficas


Manuel Fernรกndez Juncos


Rasgos Biográficos "

I

DON MÁNUEL FERNANDEZ JUNCOS vino muy niño a Puerto Rico, abandonando la placidez de su cam~ piña asturiana para soportal' rigores y penalidades en un clima, que n la ~poca a que se contraen estas líneas, era l1l1a e 'pecie de tumba para la mayoría de los extraños, ya que la fiebre amarj])a y el vómito negro, enfermedades entonces endémicas, acababan con muchas existencias. I..Ja villa de Ribadesella, pequeño puerto del mal' Can" túbrico, vió partir una mañana primaveral de 1857, al pequeño l\Ianolín en unión de tres o cuatro paisanos más que seguían el mismo camino de América, y que llegaron a ocupar puestos distinguidos e~ el alto comer~io de la isla. Lástima grande que Fernández Juncos, tan diligente investigador, no haya dejado páginas acel:ca de sus pri~ meras andanzas, a bordo de la fragata Eusebia, que así se llamaba la nave, de la cual fué pasajero durante trM meses que debieron parecerle tres siglos! , La madre de Fernández Juncos, doña María de Juncos, casada con don Ramón Fernánc1ez y González, murió


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jóven y el padre no quiso cd'ntraer nuevas nupcias hasta después de haber preparado convenientemente a los tres pequeños que le queelaron. Uno de ellos era Manuel, que cursó instrucción primaria, en la escuela de su aldea na~ tal, 'l'resmontes. Las impresiones de sus primeros años de escolar quedan descritas en páginas admirables de sinceridad y de noble orgullo, en su libro de Puerto Rico a Madrid. Cuando don Mimuel pisó tierra puertorriqueña contaba once años. Vino al cuidado de un tío, que se hizo rico en el comercio detallista. La primera residencia d.el muchacho fué la ciudad de Ponce, donde pudo admirar la grandeza panorámica que ofrece el sur de la isla, de su amado Puerto Rico, que iba adoptar como su segunda patria, y que fué madre amorosa, que lo cubrió de honores, elevándolo hasta los puestos más altos a que po~ día aspirar en un país que no era el suyo. Una epidemia de fiebre amarilla, se enseñoreó de Ponce, y sus tíos decidieron enviar al niño al pueblo de Juana Díaz, distante de la ciudad algunas millas, pero que en aquel tiempo había que ha~er el viaje a caballo por un camino erizado de pedregales. Durante muchos meses vegetó por aquellos andurriales el pequeño asturiano, hizo vida campestre, corriendo por desfiladeros secos y áridos, donde la lluvia es tarda y perezosa, donde el sol parece que calcina la tierra. Supo de la vida del bohío, alzado entre ingenios de azúcar, escuchó en las faenas campesinas la décima jíbara, monótona canturria que externa las alegrías y penas, y al cerrar la noche, entre el canto del coquí, algún seis chorreao, que salía de alguna que otra casucha forrada de yaguas, daba aliento de vida a la monotonía desesperante de la sierra floreada por la jugosa caña.·


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La epidemia eguía haciendo víctimas en la ciudad del Sur, principalmente en el cuartel de tropas españolas y entre lo europeo recien llegados, y el pariente que c"llidaba de Fernández Juncos, dispuso 'que fuese llevado a. Adjuntas, que por su posición topográfica y por su sedante clima, ofrecía más seguro refugio contra el morbo d~ la enfermedad. Allí entró en una tienda de provisio~ hes, de don Luis Cavelje '0 Cuvelje, donde este y su es¡:'osa tomaron cariño al mocito y le procuraron el ma~ yor bienestar dentro de las modestas condiciones de aqueUa familia. o hace muchos años, alID pudimos visitar. en e. e pueblo, la tienda donde don Manuel, después de tTabajar todo el día en su oficio rudo y prosáico, destinab~ las llochps de luua para leer cuanto caía eh sus manos desde el folletón. de un periódico hasta la hoja pueblerina que comentaba algún lío político del Gobierno entre gran~ eles respetos y suavidades. Puede decirse que Fernández Juncos hizo entonces vida co~ún con los puertorriqueños de la altura, que eran y Son aun los más numerosos, los de más pura raza meridional y los de más pintorescas costumbres. Vistió como ellos, se mezcló en sus trabajos, áprendió su hablar, mezcla de lenguaje popular andaluz y castellano viejo, con algunas voces indígenas, sus creencias y sus preocu~ pnciones; tomó parte en sus fiestas, participó de sus alegrías, lloró sus pena8 cuando no pudo aliviarlas, y así que hubo conocido plenamente su vida exterior empezó a analizar sus s~mtimientos, sus anhelos, sus necesidades, .. . sus afectos, sus virtudes y sus vicios, en una palabra, se iuternó en el alma puertorriqueña como se había interna~ do antes en la espléndida campiña y en los bohíos de sus habitantes. No hay para qué añadir lo que esto influyó


-314 más tarde en la obra de don l\Ianuel como escritor coso tumbrista y como psicólogo de las multitudes, y lo que influyó también en su obra de político y de educador. Le oímos referir con verdadera emoción el hecho de haber ido a Ponce con caravanas de 200 mulas cargadas de café, conducidas por 50 peones; de haber vendido a precio alto el precioso fruto, de haber vuelto a las mulas con cargas de provisiones para Adjuntas, y que al día siglúente iba él solo, con las banastillas de su cabalgaelu~ ra, llenas de monedas de oro, que sonaban al andar del caballo, sin que una sola vez le saliese al camino un co' dicioso malhechor; - que otrás, con el tesoro en las banas~ tas, le había detenido de noche en casa de un pobre jíbaro, una de esas crecientes del río t?-n frecuentes en nuestros valles y cordilleras; que había presenciado repetidamente, sin poder impedir el hecho, haberse lanzado al río el dueño de la casa o uno ele sus hijos, para buscar alimento con qué obsequiar al desconocido huésped; que le dejaban la ímica hamaca medianamente cómoda de la casa o el mejor petate p,ara que pasara la noche; que le habían colmado de atenciones y cuidados, que no le había faltado nunca una sóla moneda de las que llevaba en las banastas, y que al irse encontraba tenaz resistencia en el pobre jíbaro y aun en sus hijos para hacerles acep~ tal' cualquier regalo en pago de tanta abnegación, y de servicios tan espontáneos y estimables. A los cuatro años de hallarse en Adjuntas, ocurrió el fallecimiento de su tío, y como él se sentía ya en edad de abordar empresas de más empeño, se decidió a dejar aquella vida que le era tan grata, para buscar en otras partes satisfacción a su vivo deseo de trabajar y de aprender.


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Aceptó una modesta proposición que le hicieron de liega Baja, pueblo no muy distante de ·San Juan, a donde "'olía ir de vez en cuando a comprar libros para instruir~ , e. Una feliz circunstancia le puso allí en relación con el Dr. Padilla..., que ha inmortalizado el pseudónimo de "El Caribe", quien se admiró de hallar en el escritorio de un pobre dependiente de comercio, libros excelentes de filosofía, de literatura y de ciencias sociales, con rayas y notas en sus máro'enes o , reveladoras de estudio inteligen _ te y metódico. Descubrió luego el cuaderno de ensayos y apuntes del muchacho, dió con el escondrijo de los ver~ sos, algunos de los cuales celebró y corrigió con gran cariño, y los dió luego a ]a publicidad con asombro y temor de Pernández Juncos (porque en aquella época se publi~ ca ba en San Juan un periódico de gran inh-ansigencia contra los ensayos poéticos) y desde entonces fué el Dr. Padilla preceptor entusiasta y amigo bondadoso del modesto jóven asturiano. Este por su parte conservó siem~ pre gran cariño y agradecimiento a su ilusbre bienhechor. Dejemos la palabra a don Manuel: "Era yo dependiente en una tienda en Vega Baja. Padecía de una gran inflamación en los ojos, sufría además dolores en la cabeza, y por último sobrevino la fiebre. l\Ii principal, que era un anciano bondadoso, mandó llamar al médico, y me anunció que recibiría la visita del doctor Padilla. j El Doctor Padilla! i El Caribe! Ya le admiraba yo y le respetaba sin haberle conocido íntimamen~e. Le veía pasar casi todas las mañanas por delante de la. tienda, cuando iba a visitar sus enfermos. Era madrugador. Iba siempre vestido de blanco, muy pulcro y elegante, (;on amplio sombrero de Panamá y botas y espuelas relu~


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cientes. Había leído yo algunos versos suyos, siempre ingeníosos y espontáneos, festivos y satíricos la más de las veces, y escritos con una gran pureza y elegancia de dicción. En esto pensaba yo, no sin cierta emoción entre alegre y temeroso de hallarme pronto en pI'e.c:.;encia de tan esclarecido personaje, cuando distinguí su voz robusta y varonil dominando los confusos ruidos de la tienda. ¿ Quién es aquí el enferm01-preguntó-después de cambiar un urbano saludo con el principal. Uno de los chicos-respondió éste. i Veámosle !-dijo el doctor, y entró sin más rodeos en el pequeño cuarto donde sudaba yo mi calentura. Mandó hacer luz, me tomó el pulso, me examinó cuidadosamente, me hizo algunas preguntas acerca de mi régimen de vida y de mis enfermedades anteriores, fijó en mí con tenacidad aquellos ojos grandes, de resplandor metálico y de penetrante mirar, y me preguntó: -~ Desde cuándo siente usted dolor en los ojos? -Desde hace una semana. -¿ y el dolor de cabeza? -Le sentí al mismo tiempo que el de los ojos, pero se hizo más fuerte hace dos días. -¡, y la fiebre 1 -Desde ayer. Pasado un breve instante añadió el doctor: -Tomará usted ahora una poción salina. Dieta de leche bien fresca. Mañana volveré, y si antes ocurre alguna novedad, que me avisen. -¿ En dónde hay papel y pluma 1 -En ese pupitre,-y le mostré mi pequeño escrito· río.


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Sentóse ante él, alzó la tapa en busca de recado de e.\;cribil', y exclamó con cierta sorpresa: - j Alberto Lista! j Gil de Zárate! De quién son estos libros? -De usted y míos, doctor. - Dónde los obtuvo -Uno de ellos de la librería de Acosta, en San Juan. El otro le pedí a España ... -..Aquí hay otro pequeño. -Es una antología de clásicos castellanos. -¿ N o tiene más -No señor. -Poco, pero bueno-dijo el médico poeta. Luego añadió con cierta curiosidad: ¿ Estudia usted con fre. cuencia en estos libros -Si señor. - ¿ A qué hora ~ ¡ . -Después de las diez de la noche. - ¿ Con qué luz '1 -Con esa misma. - j Un quinqué de aceite, que dá humo y desarrolla un oalor infernal! Ahora me explico el origen de la enfermedad de usted! Por de pronto me llevo los libros, o sean las piezas de convicción, para evitar nuevas ten.. taciones; y usted don Pancho, llévese el quinqué-le di· jo al principal. Para ahunbrar aquí basta por ahora una bujía, cuando no reine la luz del sol. . Recetó luego un líquido astringente y perfumado para bañarme con él los ojos; agregó unas píldoras amar. gas a la poción ;ra prescrita, y dispuso que me dieran bafios de pies bien calientes. A los tres días estaba yo sano, ... pero sin libros.


:.n8 Transcurrió cerea de un mes, y una mañana llegó a la tienda un criado del doctor Padilla con los tres vo~ lúmenes de mi devoción y una redoma esférica de cristal.' -El amo manda que le entregue a usted esto. Más tarde vendrá él mismo para explicarle no sé qué. Llegó en efecto el médico poeta, y entre risueño y grave me dijo: -Debía prohibir a usted esas lecturas a deshora; pero sé a lo que obligan las tentaciones de la vocación. Procure limitar a una hora o a menos sus vigilias estudiantiles; al encender ese quinqué asesino, interponga entre él y el rostro de usted esa redoma llena de agna, fresca, y use pantalla v~rde para atenuar el efecto de la luz en las retinas. Busqué luego entre los libros los borradores de mis ejercicios de composición y noté que faltaban algunos. Ya se comprenderá que no me atreví a pedirlos, y no valían gran cosa tampoco; pero a los pocos días aparecieron, con gran sorpresa mía, en "El Porvenir," de San Juan, periódico dirigido por el Intendente don Joaquín de Alba, _precedidos de lm elogio del doctor Padilla. Pero aquellos no eran mis pobres renglones desiguales. El áurea pluma del Maestro, con enmiendas y adiciones oportunas, había convertido en joyas literarias aquellos informes tanteos de mi inexperiencia y penuria intelec~ \ tual. El día en que recibí el periódico donde se publicaban las composiciones que el doctor daba como mías, fué de los más felices de mi vida. Luego siguió favoreciéndome a menudo con sus visitas de protector generoso, y ·de él recibí, mientras duró mi residencia en Vega Baja: las leccioneS más eficaces que recuerdo de literatura y


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len O'ua ca!':tellana. i Ojalá que en la expresión de estos recuerdos de él pudiera ;) o pagar al'go iquiera de la deuda de gratitud que tengo contraída con tan sabio maestro y tan generoso amigo !" Con motivo de la' publicación de algunas de sus pro· duccione. con el entusiástico elogio de Padilla, fué bien pronto solicitada la colaboración de Fernández Juncos ~ por varias publicaciones del país, desde entonces (1867) fomen tó sus relaciones de amistad y de compañerismo con los intelectuales puertorriqueños. Durante algunos años, sus producciones no tuvieron carácter de lucha ·política. Trataba aSlmtos literarios Y de in trucción pública y empezaba a ejercitar su pluma en aquellos cuadros de costumbres puertorriqueñas, que '. le hicieron tan popular. Vino luego la revolución Española del 68, se le dió a Puerto Rico el derecho de elegir diputados a Cortes, Y entone se empezaron a trazar los primeros lineamientos de la política militante. Empezaron a dirigir el movimiento político del gru~ po conservador o de resistencia sistemática a las reformas que el país anhelaba, unos hombres que habían estado en Cuba, donde efectivamente había ideas separatistas en ac' ción, y estallado ya dos insurrecciones, y donde verdaderamente fermentaba el espíritu anti-españal. Aquí no hubo ese sentimiento de hostilidad. Algunos sueños anexionistas,' acariciados años antes por muy contados capitalistas, que probablemente querían convertir .en dolla'rs sa"neados, miles de pesos mac1tq~¿inos,- n~ tuvieron eco ni' simpatía en el país, y esos ricach~s fueron los primeros en - únirse al núcleo de los cons'ervadores antirefor~


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mistas, Aquellos caudillos políticos a la cubana, creyeron o aparentaron creer que los puertorriqueños reformistas eran antiespañoles; así lo iban repitiendo al oído da los peninsulares aquí residentes, para inducirlos a formar el núcleo de imprudente rebeldía, y así lograron <i¡ue se agruparan sistemáticamente, todos los españoles, aun los de sentimientos más generosos y liberales, en el grupo de la resistencia absoluta, de la suspicacia ciega y de la intransigente negación, F';ernández Juncds colaboraba entonc~s con alguna frecuencia en La Razón de lVIayagüez, en El De1'e.cho, en El Pro(J1'eso y Don Simplicio, de San Juan, enviando sus trabajos desde su residencia de Vega Baja, pero cuando cayó la República en España y se acentuó aquí la reacción, hasta el punto de que desaparecieron casi todos los periódicos reformistas del país, Fernández Juncos se creyó en el deber de hacer nuevos esfuerzos en favor de una marcha política meDOS peligrosa de la que el gobierno se empeñaba en mantener, Y para acabar de ejercitar su pluma y su cerebro en trabajos de mayor empeño, í&.!.i5<4UJ.L..JJ.U~I:J.I.GLZa-o'e-.:~~a~c~to~r~e~n~E~l~.Agent e que dirigía por entonces don Féllx Padial, se trasladó a San -Juan,' ~ y fundó El Buscapié. l' El primer número de este semanario que llegó a ser ~so_en la historia eriodística a areció ello. de @.' de 8. El Buscapié se publicó durante veinticuatro años consecutivos, y fué el periódico más leído y más celebrado de su tiempo. No tuvo nunca exteriorización más graciosa, más típica, ni más donosamente insinuante el alma puertorriqueña. Y en medio del chiste y de la sátira que en rasgos sutilísimos ponía en evidencia los efectos del régimen y las flaquezas y. gorduras de la ad-

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321 ministración aparecían el e tudio reflexivo y certero, la observación profunda, la queja amarga, la advertencia oportuna, la in inuación delicada y sagaz, todo breve, rá.. 1 ido, vivo, 1 ero que olía dejar huella honda en el ánimo de sus lectores. Mucho de sus dichos y de sus graciosas fra es, 'obre todo de aquella parte inimitable de los suelto y pellizcos que publicaba con el título de "bu capié," han quedado como proverbiales en el país. Muerto Padial asumió Fernández Juncos la direcci'n de El Agente teniendo por compañeros de redacción a l\Iorales (Don José Pablo), Corchado, Gárcía Salgado, y más tarde Brau. Era· ya enorme el trabajo que pesaba sobre Fernán_ dez Juncos, y aun lo aumentó con la publicación de la , 'Re' "ª- Pu.er.torriqueña," publicación mensual de más d 100 páginas, en la que colaboraban los "más fecundos escritores de Puerto Rico, y que dió a conocer durante jete años, en el mundo literario de Europa y América, la ya vigorosa y variada intelectualidad de esta región. Los siete grandiosos tomos de ésta revista, son testimonios constantes de cultura. Hombres eminentes, alglillOS de los cuales fueron académicos, hombres de Estado en Ec::paña, Francia y Portugal figuraban como correspon a_ les permanentes de la Revista Puertorriqueña. Admira el hecho constante de que con todo este trabajo, le sobrára a Fernández Juncos, tiempo para asistir" a las sesiones de la Diputación provincial, en las que sos.. tuvo formidable lucha por restablecer el Instituto Civil de segunda enseñanza, de tomar parte en los acuerdos del Ateneo y la Sociedad Económica de Amigos del País, de a..:istir a los actos escolares, ele fundar la Institución ele Enseñanza Popular y elesemppñar constantemente en di-


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cho centro las cátedras de Moral y Sociología, de concurrir a las Juntas del Directorio del Partido político a que pertenecía, y del cual fué Presidente en los últimos años. de sostener una correspondencia copiosÍsima con literatos y políticos eminentes de Europa y América, de alentar, dirigir y contestar consultas a gran número de jóvenes puertorriqueños, que alcanzaron después alto puesto en las letras de su país y de España, para atender a la educación de sus hijos, de dar, en fin, impulso a toda idea generosa o a todo proyecto útil para el país, y que aun le sobrara alguna que otra hora de la noche para ir aumentando el caudal nada escaso en ciencias y artes, acL quiridas por si mismo, con el esfuerzo constante de su ·voluntad. Desde que empezó la última guerra de Cuba, y en vista de las deficiencias de la Sanidad Militar en campaña, estableció la gran Institución humanitaria de la Cruz Roja, interesó en ella a los médicos puertorriqueños, y a los demás de la islá, y no pasaba ni un solo vapor correo con tropas para el combate que no recibiese de esta sociedad abrigos, ropa blanca y abundante acopio de materiales sanitarios, antisépticos para su curación. Para en caso de que se estableciese en el país, el gobierno autonómico y en el supuesto de que le encargaran de la Secretaría de Instrucción Pública, para la que estaba indicado, estudiaba una reforma. de transcendencia extraordinaria, si el régimen autonomista hubiera logrado la paz de Cuba, o por lo menos el afianzamiento de la soberanía española en la pequeña Antilla. Trataba de fundar una Universidad Modelo, con el concurso de españoles y de los Estados americanos del Sur y elel Centro, y contaba ya con adhesiones de gran importancia pa-


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1'a dicho proyecto. Combinaciones de última hora le llevaron a la Se. cretaría de Hacienda, en cuyo desempeño dió pruebas de pericia y laboriosidad admirables. Recibió el Tesoro con esca os recursos; el bloqueo le cerró al mes todos los ingre O' de las aduanas, que eran los principales del pre~ supuesto, se aglomeraron en el país cinco batallones de tropas de línea, además de la de artillería y tres u cuatro buques de guerra, cuyas dotaciones había que pagar y racionar, y la falta. de comunicaciones con los mercados exteriores había hecho subir los cambios de un modo en arme. Y se vió con sorpresa que en lo más recio del bloqueo se normalizaron los cambios, se pagaban con gran exactitud las atenciones, se hacían gastos extraordinarios de defensa, y cuando Fernández Juncos, terminó su ges~ tión en Hacienda, entregó más de 800,000 pesos en metálico, todas las secciones satisfechas y todos los servicios organizados. Cuando se estudie la historia administra~ tiva. de ese periodo azaroso y se haga pública la correspondencia oficial, se conocerán cosas interesantes, relati~ vas a esta gestión. Al cesar la. soberanía de España, Fernández Juncos, jefe del partido autonomista histórico, renunció su car~ go, y con él las ambiciones lejítimas de toda una vida. de labor política, suprimió El B~(,8ca,pié, que era una gran fuente de ingresos de la cual vivía, y se inscribió en el Consulado Español, siendo uno de los primeros en el registro. Así procedió este generoso patriota, dando ejem. plos admirables de abnegación y de amor patrio a los mismos que le habían calumniado sin comprenderle. Todavía después de este acto que le dejaba libre de toda obligación pública, hubo de aceptar la comisión de


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representar' en Washington al comercio de Puerto Rico en el arreglo del arancel que había de dar a la isla parte de la prosperidad económica que hoy alcanza. Por este tiempo, surgió el conflicto de los libros de texto para las escuelas, y don Manuel facilitó su solución, escribiendo en términos relativamente breves, nueve libros para los grados elementales, que prestaron y prestarán buenos servicios a las· escuelas del país. Fernández Juncos fué varias veces diputado provin_ cial, presidió el tribunal de exámenes de ingreso para los alumnos del Instituto Civil, al restablecerse en 1882, fué fundador y Delegado general de "la Cruz Roja en Puerto Rico, Presidente y Catedrático de la Instit!1ción de Enseñanzas Populares, Presidente del Ateneo Puertorriqueño, ftmdador de la Biblioteca de San Juan, Primer Secretario de Hacienda. del Gobierno Autonómico, Representante electo para la primera Cámara, bajo el régimen au· tonómico, consejero de Administración, Presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas, Presidente de la Liga de Republicanos Españoles, Fundador y director de la sociedad filantrópica del Refugio de Niños Desamparados. Entre sus muchos títulos honoríficos, ostentaba el de in_ dividuo de la Academia Cervantica Española, del Instituto Geográfico ArgentÍI1P\¡.,.d~~..LLiceo Hidalgo, de Méjico, y de la Academy of PO)i~and Social Science, de los Estados Unidos. Cuando Fernández Juncos volvió a España por lutima vez, en el mes de junio de 1912, el Gobierno de Madrid quiso honrarlo con una alta condecoración, pero el noble asturiano rehusó, y pidió solamente que se fundase una escuela en su aldea natal de Tresmontes, lo que se cumplió, añadiéndose además una lápida conmemorativa en la ca¡sa donde nació. Ribadesella, el


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pueblo de la jurisdicción, también alzó en honor del prócer ilustre, un edificio escolar de cien mil dólares, que lleva su nombre, contribuyendo por partes iguales, el pueblo y el gobierno.


Fer ández Juncos, Periodista

En el año de 1 76 encontramos ya en San Juan, a }'el'nánc1cz .J uuco que acababa de abandonar su retiro ele Vega Baja. ' Viene decidido a triunfal' en el periodismo. Vislum. bra lo qUe debe el' un diario moderno, y lo define en esta forma: Un periódi'o es exposición de idea propias, aná lisis, rectificaciones o cen uras de las contraria ; crónlCfl. d~1 día, sínte is de la opinión, fotoO'rafía instantá. neas . e1.::1 pen amiento , ecO de la conciencia pública, impr¡-sIOne:;; clil'ec1as de la realidad, bocetos de ideas, comen. tario '-l":lámpagos gritos, sonrisas, carcajadas, en su~a, el resumen 0Táfico yivo y palpitante de la vida sOCIal, trazado (:011 rapidez, ingenio Y discreción. y pu o mano a la obra fUll a.n.d B'I./,Scn j', nombre que 111 u a tornó de Cel'vantes. Durante veinticuatro año, in que . e le agotasen lo entusiasmo por el trabajo y la litera. Í"llra, sin que a omara en su temple de alma un de falle. eimil'llto, bajo la pre. ión de una ley contraria a la liber. tad, o de una previa censura,. el periodista va acumulando en gpneros c1iver~o un'~ labor bteraria que a,ombra


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por su fecundidad. Así como l\Ienénc1ez Pelayo ha dicho qne no puede escribirse la historia contemporánea (1e Es~ paña sin tener presente los Episodios Nacionales de Galdós, tampoco, decimos nosotros, puede escribir'e la histo -ia olíUca de Puerto Rico _sin tener delante "Ef ~ "" eue es arsenal de datos sobre cuántos sucesos políticos, sociales y culturales se sgceden en ese período¡ y son refleJO de la vida intensa del país. Son realmente admirables las condiciones de e 'critor que demuestra poseer Fernández Juncós al juzgar cosas y hombres, con una agudeza tal de pensamiento y una visión tan clara del porvenir, un conocimiento tan profundo de la situación, que hoy sus Buscapiés, sus editoriales, sus comel1~ tarios satíricos, sns donaires burlescos son imprescindibles para el que quiera penetrar en la psicología de aque~ 110s hechos con certero juicio. l\1p.el'l.-G. s, al'.' 1l0~ fueron recJl}J a QS_P - e ~u.to - e 1 libros ".Q..Q.stumbres y Tradiciones"..:l "Ti o y Caracteres", q~e dejan ver en muchos de sus trabajos, aun cuando resplandece en .ellos el nervio y la originalidad propia, la traza de Meso' nero Romanos, filiación. literaria que el propio Fernández Juncos reconoce, en páginas de sutil observación, tales los admirables bocetos y estudios de carácter político que' llevan por título, "Carta de Juan a Perico," "La moral de antaño," "Revista de modas," "Monólogo triste,'; "Buenas cosas mal dispuestas," "A Guillermo Belmon_ te," "La política en imágenes," "El arte de expedientear," "El cementerio" y "Aquella casa." En la hu~ morada c6mico~burlesca, "Yo quiero ser poeta,' ,. trazó una imitación de Larra, que nos resulta tan magistral en ri_ queza de colorido y pureza de estilo, como la que el autor tuvo presente titulada "Yo quiero ser cómico." Con la


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r(layor libertad que el diari mo fué adquiriendo merced a la eliminación de trabas fiscales, Fernández Juncos fué modificando mucho u e tilo, aclal'ando su pensamiento sir:. di~frace que alejasen toda so pecha de lilla probable denuncia, ::t fin de que dice, conserva en a manera de marca c1' fábrica el ello característico del pueblo y de b ~poca en que alieron a luz. 'ro 10 mini ·terio e un apo tolado, y todo apo tolado e·... una l'elio·ión. El periodismo es un apostolado, luego e!s una religión. lanuel Fel'nández JlillCOS pertenecía a e ,<l. l' jigión de la libertad y del derecho, Nunca un sacel'clot ha o'ana 10 para la ,ida espiritual de los grande pncblo.s moc1erno.· más almas pan el engrandecimiento ele 1.1. libel.'hlcl que Manuel Fernández J tillCOS, Fué un periodi. ta, y dentro lel periodismo, un psicólogo. 1'u\'0 el r¡) 1'0 páülegio de dar a conocer en esta isla y fuera, en crónicas que forman la hi toria literaria y política d Puerto Rico todo los hombres de ,aler que e han distino'ui 10 desde c1iver os campos de la cultura. Perntmc1ez J\mcos ,'alía tanto como un,a institución. SuJ /. . ' macla,' todas y cada una. de las .empresas en que IlltervIllo, ,'luuados todo y cada tIllO de los artículo que ha escrito aunalHl0 la fuerza de u voh~tad y la fuel'rzas de su in teligl'ncia, que pu o al servicio del progreso de la isla, resulta que h. labor del maestro eS extraordinaria, pues tnltó :;obre tod¡)s las materias y en todas descolló, así la fi 1osofía, la ciencia, el arte en todas sus manifestaciones, h. escultura, la pintura, la oratoria, todo lo qne engrandece la vida de un país, encontró en él al apóstol má fer"iente, más apasionado, más entusiasta, y también al fervoroso propagandista. Fué un autodidacto. Aprendió sin maestro, y le hizo


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escritor, poeta y periodista, y todo en grado. eminente. }i'ué compañero de letras de' todas las grandes figuras re~ pn'sentativas desde] 868 hasta su muerte. Como escrilor costumbrista, no tuvo rival. Coruo satírico, PU::iO eátedril de bien decir, de ese decir intencionado y mordaz, pero que Se detiene en el umbral del hogar. Lleo'ó al ' II 1857, en días que la literatura patria tomaba fonna taw ~ en libros y producciones poéticas. No hay duda, ,que en campos distintos, pero en una misma línea de Jla~ triotismo, influyeron en su espíritu Baldol'Íoty y Acosj'?1. E; primero, con sus escritos políticos, el segundo, con su·' ti:<tudios históricos, de reivindicación social y política de Puerto Rico. Acosta fué jefe del Partido Liberal Reformista que sostenía las mismas ideas en cuanto al programa político de Puerto Rico que mantuvo Fernández Juncos. Ni Acosta, ni Baldorioty, ni Fernández Juncos, fueron jamás separatistas. Ellos aspiraban a un régimen autonómico que diera los mismos derechos y libertades a Puerto Rico que tenían las demás provincias españolas. La autonomía era un grito de libertad pero no era un grito de independencia. 'l'anto ello es así, que en un ar~ tículo que publicó Fernández .J uncos, a raíz de la Revolución de septiembre, llamaba la atención del Gobierno de Madrid hacia el peligro moral de mantener una grave e infundada sospecha como bandera de partido, y dij o que los términos en que se plantease desde un principio la lucha política de Puerto Rico, podían influir en el desarrollo de ideas que hasta entonces no habían tomado cuerpo en la conciencia pública. Cuando en los oídos de Fernández Juncos, cayeron las palabras de la errónea consigna de que "los puertorriqueños odiaban a España y conspí-


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raball 'on tra la yida de lo. penin: ulares en cada uno de los cun 1 s veían un mortal enemigo por lo que era nece. 'arjo ponerse en guardia ) unir e in reposo al partido ~on~ervndor ' Fl:'rn~l11dez Junco, que era una prueba \'l\'lcnte del error de esa infundada consigna, qui O pro' testar y protestó. Dijo entonces que tal acusación era inexada, y que i no 1 daban otra razon(' ,erídicas y d má' peso no podía hacer traición a su conciencia. Y como nadie pudo probarle que era verdad aquella acu. sncióTi., a la hora de tomar pu~ to en la política, no eú" tiendo má, que dos partido. en el país se afilió al ]aoo de lo' hombres que defendían la reforma ele un [,'gimen 00mpatible con el espíritu liberal ele todos los pueblos Y especialmente de los de Am 'ricá. Volviendo a la Re, i t Puertorri ue] ~ernández Juncos al concebir la idea de la mencionada publicación que Se editaba en San Juan, en la imprenta de don Jo:'(; González ] ont, en lo. años de 1887 al 94, trazó el prospecto de la mi. ma con alteza de miras que hoy no on indiferentes. Reproducimo el preámbulo, a fin de que ~I lector vea que no han variado los tiempos a pe.al' de los año transcurridos. "Se adYierh,,-decía don l\Ianuel,-en la vida inteLectual ele este país, un fenómeno que llama poderosameute la atención ele los hombre inteligentes. Por más que la expresión parezca un tanto paradójica pudiera decirse que en Puerto Rico hay literatos y no hay literatura. No faltan elementos aislados, producciones dispersas y esfuerzos illdividuale que a veces logran merecido triunfo; pero todo esto vegeta y languidece por falta de ambiente apropiado, de atmósfera literaria que favorezca


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el desarrollo de tan apreciables componentes. Se necesita ante todo núcleo, roce, contradicción razonada, exposición y cambio recíproco de ideas, palenque aeutral a donde no lleguen los exclusivismos de escuela rj los enconos de la lucha política, y medio de publicidad periódica, fácil y segura, no sólo para la propaganda en la Isla, sino para llevar la más alta expresión de nue tra cultura intelectual a todos los pueblo' de Europa Y Amé.. cica, en donde se hable el magnífico idioma castellano. La prensa política, destinada a recoger la impresiones diarias de la vida oficial, y a seguir paso a paso los accidentes de la lucha de los partidos, no puede en manera alguna satisfacer aquella necesidad. Si por acaso acoge en sus columnas alguna pequeña obra literaria sólo vive ésta lo que dura el día en que el periódico se publicó, y aun tan efímera vida resulta trabajosa y estéril, puesto que los correligionarios del periódico sueJ en mirar con desdén lo que no se refiere a la política palpitante, y los demás consideran defectuoso, fútil e indigno de ser leído todo lo que escriben o publican sus adversarios. Asímismo viene a ser ineficaz y hasta perturbador el ejercicio de la crítica literaria en aquellas condiciones, resultando las más de las veces sometido a la influencia política, de tal modo que para censurar-por ejemplolas producciones de un conservador hay que acudir a la prensa liberal, y vice versa. Es natural que la censura y la alabanza sean consideradas en el presente caso como armas políticas y no como juicio desinteresado y certero. Para evitar estos inconvenientes Se ven obligados nuestros hombres de letras a recurrir al folleto, medio de publicidad, harto costoso, que en vez de estimular cohibe la producción literaria, convirtiéndola en verdade-


333 r

:,;acl':fi"io pata el poeta o para el escritor.)) on l\Ianlll 1 t nía fe en el progreso de los pueblos, ':,bía que est- prO!;l're. o no había pasado en :rano para Plle1'1'o Rico en 'liS do últimos lustros, de tan notoria lnfll1 neia en ~l desarrollo de la instrucción pública. No l;:!Jloraba que ant que él, Tapia, Gautier Benítez y l\fa~ nucl Elzabl1l'n habían realizado noble tentativa' para ft nc1ar una re"i ·ta que fue. e reflejo de la literatura en ~;L~,,; m:l' {¡tile , bella'. elevadas manifestacione" Pero " " c:-:l'uerzos de aquellos o'ladiadore del pen amiento no k1 b;;ln tenido resultado, prácticos y creía que había 'llq:!'ado el in~ tante de que e intentara oh'a vez tal lau' :,lble e 'fu('l'zo. Ardua era la empresa y superior a las fnp'za.; de un hombre, pero si por de o'l'acia se equivocaba ":lbía. Qne l'n último término en tiria la satisfacción de 1U1bcr ini entado una obra meritoria, que otros lle,arinn el cabo d pué con má inteligencia y más fortuna, La l"t::\'ist, Pnertol'1'iqu ña 'ería como uu repertorio elt'cto en C'l CJue e reflejase con la mayor exactitud posible el Plo"imiento intelectual en sus diversa formas y tenden. cj¡:¡:;, No se limitó a la publicación de obras de imao'inat: ión y de crítica ino que acogió en sus página todas la demás manifes1 acione' que tienden a realizar la belleza, él difundir la idea del bien y a im estigar la verclad. Jo a'ljmentaba exclusivi mo de ninguna cla e ni era u pro. p6 ita apartar e de la región serena y libre de la~ idea, . e proponía estimular la buena producción literaria y 'Científica, retribuir a us colaboradores, ca a que en aque_ llos tiemp s resultaba nueva. Para llevar a {labo sus propósitos no olicitaba otra cosa que la cooperación de ) o~ hombres de ]etras y de ciencia~ del pais, para que too GO contribuyeran a una obra de utilidad pública, los unos


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con su colaboración y sus consejo., los otros con su lllftuencia y su propaganda. "Un pueblo sin literatura. de~ cía no tiene aptitud bastante para realizar sus altos fines. La literatura es el verbo de la Humanidad, y donde aquella no existe no puede haber historia y fácilmente. e aduL tETa o se pierde la tradición. Sólo e perpetúa lo que ha sido expresado con arte. rrrabajar por la literatura es trabajar por la patria, y todos debemos estar intere. ados en esta noble labor." Con este le.ma y con la voluntad de un temperamento conocedor de su valer no podía fracasar. Desde el primer número de la Revista, el país se (lió cuenta de la trascendencia de la obra. Convencido Fel'nández Juncos que la literatura regional no debía sustraerse al movimiento científico del exterior, buscó un crÍtico en Madrid que remitiera cada mes, el estado de la producción española. Este crítico fué Jacinto Octavio Picón. Miró más allá de las fronte"ras españolas, y quiso que la Revista fuese también portavoz del movimiento li_ terario francés. Y en la ciudad_luz encargó a otro li terato de fama, Leopoldo García Ramos que le enviara sus correspondencias mensuales. Si abora se recorren los voluminosos tomos de la Revista Puertorriqueña se en_ contrarán con fuentes preciosas acerca de autores y de li_ bros publicados desde el año 1887 hasta el 1894 y que hacen referencia a la literatura portuguesa, francesa y española. Siga el lector si le place, hojeando las página!> de la Revista y no saldrá de su asombro, marchando de sorpresa en sorpresa. Esas páginas, como relicario, son testimonio del poder del pensamiento puertorriqueño. All1 Frallcisco del Valle Atiles, clió a conocer su colosal estudio del campesino puertorriqueño, sus concliciones fL


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. ¡ca, iutelectuales y morales, y medios para mejorarlas; Lola Rodríguez de 'fió, como el ave feliz que sueña amo~ re., lanzaba. us trino en consonancias poéticas dignas de Fray Lui de IJeón' alvador Brau colgando por un momento u broncínea lira daba bellos contornos a su novela IJa Pecadora, de eductora prosa, y publicaba las rectifieacione. y adiciones de la historia de Puerto Rico 11. • 'us tiempo primitivo y en hi época poco e tudiada aun de . u d envolvimiento y conquista; Luis l\Iuñoz Rivenl desde, u atalaya de Barranquitas, reflejaba lo que sería más tarde con la publicación de sus nuevos poemas y .·us poe. Ías patriótica ; José A. Daubón en versos limp íos de hoj arasca daba a. conocer sus mejores trovas; AL b,··rto Regulez, eyocaba en artículos históricos la glorio~as ' pocas li terarias de los siglos XVI y XVII; Gabriel :B'errer Hernández hacía filigranas con el poema "El Vie_ jo y el Tiño," de inestimable mérito; Cayetano Coll y '1'0. ·te asomaba su poderosa personalidad en estudios de alta crítica y poe ías originales; Manuel Zeno Gandía, l!l1a:;:; veces en ver o y otras en prosa, perfilaba ya lo que ha bÍa ele significar como narrador castizo y trovador ga~ l<lnte; el Dr. 8. 8thal levantaba un monumento de eruel' ción con. us estudio. etnológicos sobre los indios borin~ ql1 ños; Jo é Gualberto Padilla, (El Caribe), publicaba sns epí:;:;tolas satíricas; Jo' de Diego, entonces estudian_ t": de·selló' Barcelona ::tñoraba su patria y la exaltaba en ver os dignos de tul Mm'tí; Antonio Cortón, puertorri_ qneño que desde muy joven residía en Madrid, recordaba el! animaelas páginas us recuerdos de juventud cuando frecuentaba la cátedra de ifetaií ica de Salmerón y la de Hi toria crítica de la literatura castellana de Amador el' 10R Ríos; Vicente Palés traclucía el Don Juan de Byron;


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336

~

José A. l\'Iachiavelo, el malogrado poeta de Arecibú, ),;::! elevaba en ala,' de su inspiración al describir ]as 1 l'Oczai'S dt' Herculano; Eduardo Neum~n disertaba sobre instrucción pública j Pedro C. 'l'imothée se daba a conocer como felíz traductor de lo. clásicos frances2.·. No a tan alto nivel como los apuntados, ulla pléyacl~ de escritores muy jóvenes, bacía volar su Pega 'o, en ala,' c1(~ su fantasía, en múltiples y variados {JUas acerca de problemas contemporáneos. La labor magna, mag'i tra!, de todas esas labores, era la que realizó Fernández JuncOs, que desde el primer número escribió crónicas en las qne' daba cuenta de las novedades literarias no solamente de España y de los países hispanoamericanos, si que también de Portugal y de Francia , v no sólo comentaba el argumento o la tésis de los volúmenes que llegaban hasta sl1 mesa. de redacción, sinó que estudiaba también In personalidad de sus autores. Titulaba esas crónicas Bibliografía y Notas Literarias y aparecen en todos los tomar; de la Hevista. Gracias a Fernández JuncOs, el ya citado Antonia Cortón que tanto brilló en Madrid, escribió su libro P demonium, public. el "-El Buscapié". 'rambién abrió las páginas de su Rev' t a Luis Muñoz Ri\'era. y. fQQo el te Oro oético de su obra Tropicáles, fué dado a ~onocer por Fernández Juncos a qliien Muñoz Rivera daba el cariñoso título de "maestro." En medio de las penosas tareas Y de las luchas candentes se consagraba don Manuel al estudia de los deL .úcos españoles que le eran familiares, Y entonces trazaba &.cabados relieves insertos en sus obras literarias. También publicó traducciones poéticas de Theuriet, Daudet, .á..rnaud, Rolland, Guerra Junqueiro, Snlly Prudhomme f ~


Deniz,

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oppée Ri hepin Baudelaire Y Verlaine.

E. cribían )-ª.ra la Revista y cobraban us artículos, el crítico_ Yxart, el atírico Bon o ,el cate~ático AL bedo Regulex Sanz del Río, los poetas Velarde, Ferrari y Rl'ina, el tribuno Castelar, el periodista Salvador Ca.. nal. "\ ilaró, el croniJ ta Ortega l\Iunilla, el crítico y novel i.. i a Jacinto O tavio Picón el gran Galdós el atenei ta Jo' Zahoncro y otros e critores de refulgente per ouali_ dad de nuestra América. En ese intercambio de ideas de escritores de Europa y .1\..m 'rica, vela Fernández Juncos, un lazo espiritual ll1ú.· indisoluble que ningún otro vlnculo de acercamiento, P J'qnt' consideraba las relaciones literarias, como fomentadoras de una verdadera confraternidad de los pueblo.3 unic10s má sólida e intL'nsa.mente, que por la diplomacia y la. política, y consideraba que esa poderosa corriente de ]a inteligencia a\'ivaba la mutuas simpatías, sobre todo, en pu bIos de una mi ma raza. Fel"uández Juncos difundla siempre en u escritos e."os pri"n.cipios como bien claro lo expuSO al juzgar el li_ bro "Pensadores Americanos" del historiador y pensador c1iileno don Pedro Pablo Figueroa.

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F er ández Juncos, Crítico

na ele las Ce ra terL tic¡:¡.s de Ferl1Andez Junc " eo. mo cri1-ico, fué el de dén que mostró siempre hacia la ma. nera ele versificar sin tener un pensamiento alto qu defL nir, lo que consideraba contrario a la na.turalidad Y al YCl'dadCÍ'o sentimiento poético. Sus reparos iban contra 1a:-; gen tes con pretensiones de literato, medio rÍlstica . eH donde hay abundancia de rt>pentistas o cantadore a lo el i vino, que improvi an con asombrosa facilidad preten. ¿¡ieudo hacer pasar por buenas glosas y canturrias, en detrimento del yerso aJado y sonante. En e a fauna de ma los trovadores, bacia destacar los valores positi\'o de la literatura regional que sobre alían por u imaginación, por u ingenio y por la pureza y gallardía de la forma. El l'utinarismo que trataba de corregir no implicaba ciertamente falta de dote ni de e pontaneidad ino por el contrario veía en sus mantenedores excelentes condicio. nes pero mal dirigidas, por la propensión de burlar e de las reglas métricas y del sentido común. El mal, según ~eña1aba, estaba en t>sa llamada poesía que esclaviza la idea, oscurece el pensamiento con O'iros j rodeos, cayendo


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en fútiles sutilezas, o en ficcione~ 0mpala.gosas, llena de alusiones mitológicas o pastoriles, de perifrasis alambicadas y de dicción alegórica y artificial. Unas ve.ces en tono serio y otras jocoso, no daba cuartel a esos convencio_ uaEsmos que se apartaban de los grandes ideales moder_ nos. Todas las dulzuras de su carácter que hacían de Fernández Juncos un ser bondadoso, se revolvían en sá_ tiras y burlas contra los poetas llorones que se entregaban a la mayor desesperación, agotaban el catálogo de las frases lúgubres, cantaban la muerte de sus ilu.siones, la enfermedad incurable de su corazón y el desencanto más absoluto, precisamente cuando se hallaban en los albores d( su vida, y tenían mayor acopio de ilusiones y e. peranzas. Con respecto a la poesía erótica, señalaba una marcada tendencia a tratar pueriles detalles, cÜ'cunstancias accidentales y. externas, en vez de buscar lo e encia] y permanente de este generoso afecto, alma del mundo, ideal eterno y siempre nuevo, fuente de inspiración y de poesía. No todo eran faltas, pues reconocía que con todo esa suma de defectos, la lírica había realizado esfuerzos prodigiosos para alcanzar un grado de perfección luchando contra los inconvenientes de un sistema opuesto a toda manifestación poderosa y enérgica-de la vida intelectual. La falta de centros públicos consagrados a las enseñan_ zas de humanidades, la carencia de modelos y hasta de libros en que estudiar contribuía a que las inspiraciones poéticas no surgieran pulidas con el ropaje de un léxico ~astizo. En medio de ese ambiente brillaban potentes astros como Gautier Benitez, Padilla, Rodriguez de 'l'ió, Erau, Sama, y tantos otros que al anclar del tiempo habían de llenar de luz todo un período de nuestra hi.storia. Nunca perdió el maestro la esperanza de un renacimieu_


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041

j'\),)), IR. poe ía, qu Jleo-ara a inspirar e en lo O'rande:; ldrale, modernos alzando ~u \ uelo hasta eru :lnchar SUIi L '11 izon te , ~, alc¡;¡nzar la cú, pide de hoy. TIe Ol'daba entonce a KúlÍ.ez de Arce cuando expre~ >-;:¡] 11. qne la "poe:'ía para cr grande y apre iada, debe (Wll al' y ,'entir reflejar la idea y pasiones, dolore y a legría~ ele la ,'ociedacl n qu vive; no cantal' como pá~ jaro 11 la selY3, extraíio a cuanto le rodea, y ,iemI re lo I~li~mo. Es precio o que remueva Jos afecto más íntimod tl 1 alma humana, Omo el arado remueve la tierra: '(1 bl'icndo surco¡. Y cnando más ahonde; cuanto más pe~ netr0 y encarne en la,' entrañas de un pueblo y de una <época, tanto má,' e"timada será, más sentida y menOS dis¡mtac1a Sil influencia," A:,;í quería Fernández Juncos fuesen los poetas ID .¡ue por ('so e entendiera que pretendía cónn~rtir un gé~ 11e1'O li [erario en ¡;n'ma de combate. Quería la poesía (1cl;inlcl'csada, pero no incUferente hasta. el extremo de ,,'nslracrs~ al espíritu a las a. piraciones, a los progre o . a 1a~ nece idacles de la 'poca a que pertenece. En tiempos más cercanos, Fernández Juncos, en una {;Onferellcia que pronunciara en la Univerisdad de Puer~ to Rico el once de marzo de 1910, acerca del origen y de. SRlTollo de la po ía puertorriqueña, escribió e ta pala. brDs: El moyjmiento rnolucionario de Esp:lña ~n 1 6 trajo aquí la libertad de imprenta, favoreció el comercio bibJioO'ráfico y facilitó los estudios literarios creando el Instituto de Segunda En eñanza, con todo lo cual recibió un impulso importante la poesía de e te país, Tmo en_ tonces sus manifestaciones más vehementes la Crítica li. tenlria ; Manuel Soler, un joven poeta muy entusiasta ,)' dl' notable inteliger..cia, que murió en los comienzos de

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342 sn vida literaria, publicó una estimable colección de poesías suyas y de otros varios autores, con el título de "Cancionero Puertorriqueño"; fundó Tapia la primera revista literaria de Puerto Rico, titulada "La Azucena," después de haber publicado varios libros de prosa Y verso; dió Brau a la escena su vigoroso ensayo dramático "Héroe y mártir," y la vida literaria entró aquí en un período de más holgura, variedad y animación. Ya para entonces la poesía puertorriqueña iba ad Luiriendo fisonomía propia, siu perder el aire de familia que lE: distinguió desde sus comienzos. El doctor Padilla, que ya se había hecho popularísimo con sus valientes réplicas a Manuel del Palacio, expresaba en romances de pura cepa castellana y en tercetos clásicos a lo l~ioja, sentimientos, a piraciones, quejas, censuras y sátiras de origen puramente puertorriqueño. Gautier Benitez, poeta fácil y harmon1oso, de inspiración fecunda y de exqui ita sensibilidad, dejaba los andadores de Zorrilla y de 'fassara para caminar por sí propio, cantando en versos sen. tidísimos las nostalgias de la patria ausente, el entusiasmo de su regreso a ella, la melancolía de sus insomnios de enfermo, y las bellas estrofas del Canto a Puerto Rico, que fué por desgracia su canto de cisne. Lola 'fió, que imitaba, en sus primeros años, la poesía candorosa y sen.· cilla de Fray Luis de León, enriqueció su lira con notas originales y cantó sus afectos propios y los diversos estados de ánimo de su país, ora en idilios dulcísimos, ora en canciones entusiastas, ora en vibrantes protestas o en dolorosas elegías. Brau dedicaba las energías de su pensamiento a celebrar las acciones heróicas de su patria, a ensalzar sus méritos y a censurar sus vicios, a defender sus derechos y a investigar su historia con ideas y estilo

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lJl'opios y con propio y acentuaclísimo temperamento literario. 1:\.my a fuer de políglota, ampliaba provecho an'l nte la esfera de u e tudios y los motivos de su in piración poética, enriqueciendo la lírica pueh'orriqueña con excelente, traduccion . Zeno Ganclía, poeta ecléctico, de' ingenio . util, de amplia cultura y de gusto literario exqui. ita culth aba la Ioesía parna iana con vi ta a la p:,:ico1ogía, pero ,in exageraciones de escuela y con sello peculiar. Daubón, Casanoya, Ferrer, Atiles García y González García, ,e en ~a) aron con éxito vario en distintos géneros. io'uieron a é to más tarde, otros como l\Iuñoz Ri_ v«.:ora, Jo 'é de Diego y Clemente Ramirez, que acentuaron Eotablemente el carácter regional de la poesía puertorriqueña. Dotado el primero de un e tro vigoroso y valiente, y de una gran energía de expresión, llevó a la poe ía ]',0 sólo las inquietudes y vehemencias de u temperamento literario, sino las amarguras, las contrariedades y ]0 anhelos de la batalla política. El segundo, meno apasionado y luchador, pero de compl-exión poética más variada y rica en matices, dió sabor y colorido locales a una gran p rte de su obra poética, y el tercero reprodujo en ~n ]jra con sonoras vibraciones los entusiasmos de su pueblo querido, y hoy extrem'a quiza en sus cantos ]a nota pE'sü'llista de ese mi mo 1 ueblo. Con respecto a estos tr poetas, puede decirse que ]a política, reteniéndolos a su servicio, acentuó, el carácter regional de sus produccioues a costa de la fecundidad poética de cada uno, y de la universalidad de ideas y sentimientos a la que propende con frecuencia la poesía. Coincidiendo con el establecimiento del In tituto,


cen el mayor desi:lrrollo de la ülsüucción pública ~~ ,on, la exp-ansión liberal de las ideas en el período que' 'sigúi6 a la revolu~ión nacional " , emIJezaron a florecer otras póetas que sostienen hoy el prestigio ,de la 'lírica pu€rtorriq\lcii.ii. A este número IJertene~en Astol , Rodrio'uez Cabrero, Neo grón, Sanjurjo, Matos Bernier, Gordits, Iel:cac1o, Virg'j~ lio Dávila, Cestero, Lago, 'Llorens, Esteve, Comas Pag~ll, Denítez C,a¡;¡taf(o, Emilio del Toro, Jo.'é ~(uííoz Rivera, Vanga, Zorrilla y otros que formaráu la generación po~~ tlca 'tiue aho'ra- elnpieza 'a florecer. ' Ya entonces se había fundado el Ateneo Puel'tonj~ queño, factor ele gran importanci~-en -el desarrollo de 1ff cultura literaria, y' de él recibió con frecuencia ,estímulo's considerable~ en veladas, recitaciones y ccrtií.menes pfi~ bEcos, además de la enseñanza que formaba parte su' I~lS~ titución de Estudios Superiores. A partir de esa époc'a fué cada día máyor en Puerto Rico el nl¡mei·o de los cuL tivadores elel verso, y en general, se noül un progreso constante en el c1~sarroIlo de ia líric~- puertorri(iuefia. SI bien en la época no Se' han producido obras ele cierto em~ peño después de la Sataniada, y en la dramática no han t~nido apenas continuadores las iniciativas de Tapia, }}r~u, Sam~ y, Corchado, en el que pudiéramos llamar' pe~ 1"iodo medIo de la poesía en este país. - , ' Aunqu~ en opini6n de alg~~os críticos ~clianse toda~ yía de menos la ar~ogancia y firmeza' de dicción 'de El Cm"ibe y la riqueza de sentimiento y la espontaneidad de ,Gautíer Benítez, -hay q~e réconocer que la lírica puertorrL queña ha ganado e~ amplítuél de horizontes, en colorida propio' y ~ñ si~ceridad. ,Las' ideas de progreso y de s'olL claridad humana, el concepto de patria en una signific'a~ ~ión: menos metafísica que antes, el regionalismo políticc, )

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345 y el nahu:al anhelo de libertad en UE múltiples formas; han entra lo en la mente de la nueva generacióñ poética, crcando nuevos motiYos ele inspiración." Fl'rllán lez Jun o dejó 'estudios bastante completos tT nue<:tro poetas y escritores. El que dedica a Sal ado11 Brau con moti YO ele . n triunfo premiándole la composición l'o~tica '?lE campo 'anta' con arreglo al dictámen de ilu 'tres literatos ele Maclrid, es un análisi psicológico que l;cloca a cualquier e. critor en primera línea entre los crí~ j'jc '; moderno. La emblanza de José Pablo ~Iora]e es al' lo má original, bello y conceptuoso que se ha escrito :; n nue. tL'OS día' no e ha publicado nada superior, .Jo, é Pablo 1\1orales, fué eglm el autor, el primer periodista yprcla 'leL'amen te popular y práctico de Puerto Rico, y el (~ne mó. logró apartarse en su tiempo del ,erbali mo aparatoso y vago de la alllpulo idad inútil de la artificial ~' pompo. a declamación. DiO'nas de la pluma del maestro son tnmbi0n las pinceladas que dedica a Jo é Julián Aeoo'ta, al estudiar su per onalidad como filántropo 111.<>to1'iador, catedrático y escritor. En el estudio de Alejandro Tapia y 11,i, era lo considera como el iniciador y el pa_ 1.J jorca de la literatura pucrtorriqueña, Modelos de bien decir y de erudición pueden considerarse los siguiente trabajo': "Conferencia sobre el descubrimiento de Amé_ rica"; "Las mujeres de Tirso"; "La psicología pe_ dagógica"; José Gnulbe.rto Padilla (El Caribe) "ER eonvellcionalismo en la poe ía puertolTiqueña"; ~¡La nueva esgrima"; "La mujer en Puerto Rico"; '¡¡'Juan Ponee de León"; "Carta literaria sobre la elec(!ión y lectura. ele novelas"; Calderón de la Barca; Cervante y Alareón; Francisco AJvarez; Miguel Sánchez PesT!l1era; Manuel Alonso; Orígen y desarrollo ele la poe..


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Síll puertorriqueña y Bernardo de Dalbuena; Obispo de Puerto Rico, que contiene: Apuntes Biográficos..-El Bernardo. -El Siglo de Oro. -La Grandeza Mejicana. -Ojeada sobre la literatura e pañola durante la época en que floreció Balbuena. Muy escasas noticias 'e conJ servaban con respecto al noble prelado, y aún menos Con respecto a su obra literaria, y Fernández Juncos enten_ diendo que es deber de todos lo pUl'blos cultos honrar 1<1 memoria de los grande hombres que les han becho algún beneficio, y a Balbuena le debe Puerto Rico na . ólo el de tener su nombre ligado al de una gloria nacional sino el de haber sido heredero de todos los bienes del ilustre poeta, y honroso legatario de sus cenizas, quiso contribui]' a la exaltación de su gloria con tan concienzudo estudio biográfico y crítico, en tanto que más afortunados escriJ tores diesen cima a esta obra de valorización de la salieuJ te personalidad española. Si se seleccionan las Notas Literarias Y BibliográfiJ cas, escritas por Fernández Juncos, en la Revista PuerJ torriqueña, podía hacerse un volumen sobre escritores contemporáneos españoles, no inferior a ninguna otra obra de este género publicada en España. Fernández Juncos, en sus Sembranzas Puertol'I'iqueJ ñas, adoptó un estilo anecdótico y festivo, por entender que la amenidad y el donaire son excelentes conductores de las ideas, cuidó siempre de no confundir lo cómico con lo grotesco, de manera que fuese compatible con la respe_ tabilidad de sus biografiados. Procedía estudiando Y pÜ1J tanda primero los personaje.<.; que iba conociendo y tratanJ do .más íntimamente, tomaba apuntes, anotaba juicios y observaciones, narraba hechos, recopilaba datos, copiaba rasgos y perfiles, para ir trazando el contorno de sus sen1.-

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47 -

branza., y poco a poco iban saliendo de u pluma como -ale la e tatua modelada a trazo de cincel. Dejó esbozo y silueta y bioO'rafía oriO'inales. don~ de resaltan la observación de psicólogo junto a la de há. bil narrador ade'má. e anticipó con clara vi ión de nues~ tros "' alores literarios, a eñalar a los que aun nO forma~ dos, lleO'arían a iO'nificar mucho en la literatura hispano. americana. ,Para los mediocres tenía siempre palabras de beneyolencia, y alentaba a los que con las ala de su fan. tasía . e remontaban sobre las cumbres para volar en es~ pacio má alto, El mismo Fernández Juncos, nos da a conocer el móvil que guió su pluma, "Quería yo, escribe, que estas . embranzas, bien o mal escritas, tuviesen principalmente el 111 'rito de la autenticidad, que se fundaran en la observación directa en el est.udio combinado y sintético del l:1Utor }' de sus obras, que fuesen algo así como el boceto físico moral e intelectual ele cada personaje en un 010 J pequeño cuadro." Cualquiera que pase los ojos por las "Sembranza. Puertorriqueñas" verá como el maestro cumplió su programa, sobre tocio ·en los juicios de nuestros valore representativos, guiado con el noble fin que nos indican es. tas líneas: "me apena el olvido en que suelen caer aquí los hombres que han sacrificado su comoclidad, su fortu~ na, su existencia entera en el servicio de su país ya ilustJ-ando y corriO'iendo sus costumbres, ya dando impulso y dirección a la vida literaria y artística, ya, en fin pro_ vagando ideas, rectificando error-es, formando hábito de discusión y de estudio, e iniciando en la prensa o en la tribuna las provechosas lides del pensamiento." Esa especie de desdén y de olvido en que caen nue _


348 r

tros prócere , mueve la pluma del escritor asturiano en la confianza de que con la serie de sus estudios logre avi_ var algún tanto, en el corazón de las nuevas generacione', el culto ·del agradecimiento hacia los maestros de ayer, hacia los iniciadores del movimiento intelectual con_ tl·mporáneo, hacia los que nos traje?'on las gallinas, co_ 'roo dijo en cierta ocasión con oportunidad .y gracia un éólebre novelista español. .Con re 'pecto a la labor poética de Fernández Junco" y a la importancia que daba a sus producciones, insertamos 'aquí un prólogo, hasta ahora inédito, que dejó a sus herederos para cuando dieran a la publicidad sus ver_ sos. Dice así:-

1\1IS VERSOS Fueron escritos a lo largo de mi vida accidentada y trabajosa, sin premeditación, sin la calma necesaria para esa clase de trabaj os, sin hondas emociones sen timen tales y sin la exaltación lírica creadora de este género de poe_ sías. No me han parecido, pues, ni bastante inspiradas, ni de otros méritos de fondo y forma qUe los hagan dig11013 de ser puestos en parangón con Las afortunadas crea_ ciones del númen poético. Los de mayor extell.'3ión y de ciertas condiciones académicas en la forma, fueron escri_ tos en mis mocedades como estudios y tanteos de estudiante para ir adquiriendo alguna destreza y soltura de expresión, en un género que leo siempre con deleite, pe_ ro que no he tenido nunca esperanza plena de triunfar en él. ¿ Por qué pues, escribí algunas veces en verso? Por djstracciones momentáneas de vez en cuando, como quien hace pajaritos de papel; otras veces por galanterí'a o por


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desatender lru .peticiones de que escribiese YervOS pa. l', algún álbum. Para salisfacer necesidades educati\:á:-J t~1Ye que escribir d~ yolúmiene de Ca.ncíones E::.colal'e', ,\' para dar am nielad y atractivo de carácter infantil a .Jo.: nuevo' libro' de lectura de las E cuelas primarias. L'~ 'ribí un consid rabIe número de composicione . cn ,'er~ _'o con el que se han familiarizado pronto los pequeño. lec.lol'e~, . , En 1 rebusco de mis trabajos litcrarios, social y 'cien~ .tlficos con destino a la publicidad, quedaban siempre rt'~ z(1o-ados mi ver 'os de mayor extensión y empeño, preté,. 'I.'i los muy a pe al' de mis entimientos paternale . Les fal~ 'taba en mi concl-'pto el q1¿id divinu?n que distingue el lenguaje de los dioses de la expresión corriente y usual erl t re no otra los hijos de la prosa. e me dir: que alen a luz con frecuencia volúmene: de vers s q ne carec n de aquellas condiciones; pero COll e rflzonmniento fun lado en el "mal de muchos' no pO~ dí a cons larme yo. Hay sin embargo, entre esos ver o, postergado, al. guno que conservan en más o meno~ grado el util en~ finto el la poe ía~ y en la h'aducciones de obra poétj~ cas extranjeras. e n~ta el parecer del célebre satírico italiano, cr o que n to"dOs lOs traductores on" traido~ l'es. " En mis estudios de literatura extranjera ID impre,'ionaron much alguna composiciones lírica, unas pOI' T: delicaclpza exquisita, otras por su inspirado asunto y 'Otros, en fin, por la gallardía poética de su dicción. Pro~ curé traducir lo mejor po ible aquellas belleza a nuestro rico y flexible idioma castellano, y me imagino que algo lCle su poesía original lo habrá acompañado en la tradll('~ 1 ,


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350-

ción. Claro está que esa parte de mérito qne habrá quedado en ellas no es mía, pero está en mi mallO como in_ térprete el poderlas incluir entre mis ensayos de versi_ ficación. Podrá objetárseme que la exigüidad numérica de esas traducciones no autoriza la multitud de versos sin poe íA que las acompaña; pero téngase en consideración que son hermanas por algún concepto, y que para un padre sensible son dolorosas en extremo las amputaciones. Harto hice con regalar a los últimos años de mi vida la publicación de este volÚIDen.

I


El próximo volumen:

1\

Antonio . . R. Barceló

I

.

(3esta de combate

1j

de triunfo

Por

. José Dávila Ricci .' ".

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S. Dalmau Canet

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II


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