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INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA San Juan de Puerto Rico 1960
PUBLICACION DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA SAN JUAN DE PUERTO RICO- 1960
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IMPRESO EN PUERTO RICO
Propiedad del autor
DE FRENTE AL SOL
Apuntes sobre la poesía de Luis Muñoz Rivera
En un llamamiento de Luis Muñoz Rivera a los dotados de fa cultades creadoras en la literatura puertorriqueña, titulado
Simples y fuertes,' dilucidó los tres principios que a su ver serán b[ásicos en todas las edades en las obras literarias perdurables: Ip elaridarl. la sinceridad y la^prnfundidad. Lo claro para él no es lo fácil, porque afirma: «Sólo se salvan las creaciones simples, labra das a golpe de buril, de cincel y de pluma.» La sinceridad es el triunfo sobre el artificio o la simulación; es, usando dos de sus
ejemplos, el arte de Goethe en Werther, de Jorge Isaacs en María. La profundidad surge como resultado de los dos primeros principios y la sencillez será añadida al conjunto, porque es acompañante que no falta en donde los tres principios rigen. Este corto manifiesto es la luz que me orienta para estudiar
su poesia. Mas como pocas veces la poesía y la vida han ido tan trabadas en la expresión total de un escritor, quiero advertir que al centrar mi atención en ella, sólo miro por una de las ventanas de
la casa fuerte y hermosa en su sencillez, que su habitante amó.
Hay otras ventanas, la de la oratoria, la del periodismo, la de la política, abiertas a perspectivas más anchas, más obvias, por su ob jetividad. Esta por la que me dispongo a mirar, es la de lo íntimo, lo secreto que se descubre a veces sin querer; es, en suma,la esen cia cardinal del alma.
1 1& Democracia 20 de agoato de 1915. Recogido en Obras Completas 11, Madrid, Edi torial Puerto Rico 1925 p. 264-286.
Biblioteca General U.
R.
OCT 2 4 1960
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1. Tropicales'-: selección y limites. Muñoz Rivera fue exigente
crítico de su poesía, y al seleccionar los poemas de Tropicales, dejó fuera muchos publicados en El Buscapié, de San Juan, El Pueblo, y El Estudio, de Ponce,la Revista Puertorriqueña. Entre esos poemas no recogidos en su libro,están Vasco Nuñez de Balboa(1882), poema épico muy elogiado por Manuel Fernández Juncos, y Vo.v Populi (1883) que el mismo crítico llamó, el poema de la esperanza al con trastarlo con Nulla est redemptio, canto de la desesperanza civil y política. En este estudio, y cumpliendo lo que parece un deseo im plícito del autor, me atengo a lo que seleccionó para Tropicales, apartándome de ese límite cuando sea necesario, para completar la interpretación de un tema o acentuar un matiz particular. En dife rentes poemas de este libro, el poeta nos ha dicho como es su poesía, cómo la ama y cómo la crea. Los límites temporales de esa creación
pueden situarse de 1882 a 1898, cuando escribe el poema alegórico Sísifo. Después de ese alíb sólo añade una poesía importante: Mens divinior, escrito a manera de epílogo p5ra el libro, en 1902. 2. El poeta y su poesía. — Pedro Sierra (Luis Dalta), ha visto en Muñoz Rivera un poeta que «lo es más por rebeldías de su alma que por vocación artística." Pienso que si las rebeldías de su alma
le llevaron muchas veces a la censura política^ y a sus más impor tantes poemas de inspiración civil y patriótica, la poesía fue en él vocación dominante al principio, soterrada después por su absor bente obra política, pero latente en el alma de quien sintió hasta el fin, nostálgica melancolía por ella. Un día de los que precedieron a su muerte, suavizó.su tristeza haciendo que sus amigos le leyeran versos, y oyó algunos de Puerto Rico lírico y otros poemas, libro de José Santos Chocano, a quien admiró. El nueve de julio de 1883 se llama a sí mismo «el humilde poeta de Barranquitas» en carta a Lola Rodríguez de Tió. Esta car
ta revela sus entusiasmos persistentes por el estudio, que describe metódico y constante, con la avidez de informarse sobre la ciencia, 2. New York H. M. Coll Printíng Co., 1902; Segunda Edición, Obras completas IV. Edi torial Puerto Rico, Madrid, 1925.
3. Véase Heiaitias. Ponce, Imp. El Vapor, 1891. Firmado con los seudónimos Heráclito
(Muñoz Rivera) y Demócrito (José Negrón Sanjurjo).
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la política, la religión, el arte. Pero confiesa que eran las letras su vocación y la poesía le inspiraba dominante interés. ¿Qué poetas estudiaba? Hay, como sucede casi siempre en esa
edad, una desproporción en la estimativa de los valores y en el gusto y elección de las lecturas. Víctor Hugo encabeza la enumera ción; siguen «los divinos tercetos de Dante, los poemas nerviosos de Byron, las melancólicas endechas de Heine,'' y descendiendo a un nivel más inseguro, Zorrilla, Campoamor, Echegaray, para pasar sin transición discernidora, de Thomas Moore, Musset y Leopardi a Andrés Bello y Quintana. Ya,¡tan temprano! describe su
esfuerzo por lograr «la forma gallarda"^ para «los relámpagos de inspiración" que su pluma no acertaba a traducir. Dice que esto ocurría a los diecisiete años, cuando «sus temerarias esperanzas" le llevaron al estudio de los clásicos griegos y latinos y los españo
les. Añade que hoy,(1883) conoce el francés, traduce algo del latín, «y no le son extrañas las teorías de la música." En carta a Lola Rodríguez de Tió también, dice que un año antes (1882) había pu blicado en El Pueblo de Ponce su primera poesía. Sus biógrafos
creen que esa poesía es ¡Adelante! Pero, ¿fue la primera que com puso? En el mismo año se publicaron en El Buscapié, Vasco Núñez de Balboa, A mis amigos de Comerío y Cidra,.Viajes etéreos, La flor de la dicha, y Quejas del mar, esta última el diez de diciembre. Su hermana Carmen guardaba esta poesía considerándola la pri
mera,según dijo a José González Ginorio en una entrevista."* Es una bella conjetura que está de acuerdo con lo que leía a los dieci siete años, inclinados sin duda más a Heine y a Musset, que «a los
divinos tercetos de Dante" que también leí^entonces. Quejas del mar contrasta en siete estrofas el estado de ino cencia en el amor, con el de culpa; risueño campo verde y cielo azul, reemplazados por nubes sombrías y «negros presagios de huracán." La niña del poema se llama Violante, como aquella que pidió a Lope de Vega un soneto. Pero el poeta se nombra sencillamente, Luis. Las dos primeras estrofas, las mejores, crean el clima de tris teza con la canción de los jóvenes, el ave solitaria que cruza ante ellos, la ola que gime: 4. José González Ginorio, Luis Muñoz Rivera a la luz de sus obras y su vida. D. C. Heath and Co., New York. 1919.
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Cabe la playa del mar Atlante allá en la noche, con emoción, al par modulan Luis y Violante triste canción.
Si cruza un ave rápida y sola notas siniestras al aire da, y si callada viene la ola
gime y se va.
Es notable el movimiento rítmico de los decasílabos, que ondu lan de pausa a pausa hasta parar en el pentasílabo último, sugeri dor en la segunda estrofa, del retroceso de la ola que "gime y se va." Este momento de suavidad y gracia, es único en la historia de esta
poesía y por eso me detuve en él. Nada parecido encontramos en
Tropicales, donde prevalece lo fuerte y lo sencillo, lo sincero y lo claro, y a veces lo profundo, cualidades deseables para Muñoz Rive ra según su declaración de principios sobre la literatura.
Encontramos la primera definición que el poeta hace de su
poesía, en Viajes etéreos, que apareció en El Buscapié en 1882. Describe la fuga de su pensamiento «del lodo que el vigor le quita" a «la esfera del sol" y se llama a sí mismo «trovador montañez de
plectro ^do." Sentía ya la penetración de la montaña en su ser, que había de dar tan fuerte relieve a su vida entera. La rudeza de saparece al llegar a la madurez de su arte. Entonces la turbulencia
que atribuye a sus estrofas, es más bien, interna, está en sus pen samientos y emociones antes de ser transformados en la fuerte ele gancia y el equilibrio de sus mejores instantes. Así cuando vuelve a
referirse a su verso en'Ráfagas^ en 1891, lo hace con majestad len ta que evade el preciosismo naciente en poetas hispanoamericanos de entonces;
Yo no nací para emitir las notas
del ruiseñor en la ciudad esclavo; voy por regiones ásperas e ignotas... Por eso en mis estrofas turbulentas
hay algo que responde a mis afanes, 5. A menos que se indique, los poemas citados se incluyeron en Tropicales.
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a veces guardan al plegarse lentas el soplo abrasador de las tormentas y el hálito fatal de los volcanes.
■ Como su contemporáneo Salvador Díaz Mirón, Muñoz Rivera acusa en estas estrofas, el amor al verso nítido y, como el poeta
mexicano, realiza en el estilo los propósitos del pamasianismo. Antes, en 1888, en Confidencias, había vuelto al tema de Viajes etéreos: el impulso de no rastrear el suelo, sino ascender... "tan alto como quiere o como sueña." Y a este sentimiento añade otro en la enumeración de los ejes de su poesía: «el turbulento
afán de lo imposible." Austeridad y fortaleza ética son los funda mentos de esta poesía y nadie como su autor, supo describirla: Mi musa altiva que el placer rehusa fue la trágica musa contra todos los dogmas insurrecta: armada con el yambo deslumbrante marchó siempre adelante y entre cien líneas eligió la recta. (Paréntesis p. 189.)
Al describir sus versos, usa repetidamente los adjetivos rudo,
salvaje, altivo, áspero. Mas son así antes de la doma espléndida des crita en Mens divinior, el poema que cierra a TropicaJes. Este
poema, y en otro tono, Sisifo, son a mi ver los momentos de más alta creación en Muñoz Rivera, desde el punto de vista artístico. Nos revelan su manera de crear llena de esfuerzo y misterio, en
ese pórtico del poema en que se rechazan o aceptan las palabras, las imágenes, los recuerdos. •Lector desde la adolescencia de los mejores poetas franceses
en su lengua original, Muñoz Rivera aquí aparece en perfecta alianza con el «esculpe, cincela, lima" de Teófilo Gautier. Se identi
fica en persistencia creadora con Bernardo de Palissy, buscando el esmalte, mejor que la piedra preciosa, para embellecer su verso. No son las palabras musicales, ni las sugeridoras de color las que este
arte prefiere: es el macizo idioma, los verbos fuertes: domar, rebo tar, domeñar, estampar; el adjetivo parco y esencial, insistiendo en lo duro, desigual, salvaje.
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Es la vieja contienda entre la forma alcanzada y el ensueño imposible; querer la rima «que solloza y canta" y ser derrotado por la equivez de «la eterna maniática que abreva—siglos y siglos en la misma onda." Ha prendido en el poeta d anhelo de la nota nue
va que los poetas buscan siempre, y en aquel tiempo ejercía sobre ellos fascinante atracción. La primera estrofa se repite, casi idén
tica en la última; la interrogación y rotunda respuesta de la prime ra: «¿Poeta? No," se ha reemplazado por «De frente al sol," que no es mera imagen poética.sino una declaración ética; la orientación
de un arte y de una vida hacia todo lo que la palabra sol sintetiza para él: rectitud, sacrificio, victoria soñada:
De frente al sol, sobre el macizo idioma
en que su huella el ideal estampa, domo mis versos cual el gaucho doma sus salvajes corceles en la pampa. {Mens divinior, p. 196)
y Persiguió, como Rubén Darío en el mismo trance creador, la perfección adusta «que jamás se entrega." Como Palissy, arroja su taller al fuego, desecha los viejos instrumentos de creación en bus
ca de «su esmalte," la nueva expresividad que anhela. Y siempre severo consigo mismo termina:
Y si no surge la visión que evoco
si de la pira ha de brotar la nada, dejad a mis ensueños poco a poco fundirse en la postrera llamarada. (Ibid., p. 197.)
Comentando un certamen de poesía del Ateneo, escribe desde Washington el artículo Brisas del trópico.'^ Confiesa ahí sus nostal gias «de una juventud que los ensueños y las estrofas poblaron de alegrías y esperanzas." "También como esos muchachos," dice, «puse mi entusiasmo al cultivo de la lírica... Cuando les oigo cantar, parece que algo muy hondo se renueva en mi espíritu que quiere recobrar sus atributos y pugna por romper los moldes de la política 6. La Democracia, 17 de julio de 1925. Recogido en Obras completas III, p. 311-315.
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^que lo aprisionaron...» Y después de resumir el estado de la poesía puertorriqueña cuando él empezó a escribir, dice con melancolía cómo él se detuvo «a la mitad de la jornada,» porque «vi a mis her manos sufrir y me pareció débil el verso para defenderlos contra la omnipotencia de los próceros coloniales.» Promete a los jóvenes f'"poetas, «si algún día nuestra patria no ha menester de mi pluma»
1 ^el regreso que secretamente contempló siempre, «a la buena paz ''^del arte.»
3. Imagen de Puerto Rico. — Mariano Abril en la crítica que recogió en Sensaciones de un cronista sobre Tropicales, señala la antítesis entre el poeta y el político, porque piensa que ser poeta es creer en la libertad, en la justicia y en el amor, y ser político es desconfiar de ellos. Pero declara, que Muñoz Rivera político es tan soñador y honrado como Muñoz Rivera poeta. Desconfió de su pue
blo cuando lo vio «sumido en la ignorancia y el servilismo, convir tiéndose en el fustigador constaté de tiranos y serviles.» Más que nada bajo el sol, amó a su isla, «la tierra novia» con que se entrela zó hasta volverse uno con ella. Por amor fue creando el paradigma, el retrato ideal que hizo más dolorosa la distancia entre lo soñado y lo manifestado, hundiéndole en el desaliento y el pesimismo. El poema Nulla est redemptio (1889) contrapone estas dos vi siones de nuestro pueblo. ¿Quién entre nosotros no sabe de memoria el primer verso de este poema? «Noble y altivo, generoso y bravo» quiso a su pueblo, y los cinco primeros tercetos trazan la imagen diciendo cuáles deben ser las virtudes y lo que no debe ser nunca: paria sumiso o fiera brutal. El resto del poema es una admonición profunda, ante la decadencia de ese pueblo sin haber llegado al es plendor, alternada con la tremenda acusación que se acerca más a la Epistola de don Francisco de Quevedo y Villegas al conde-duque de Olivares, que a los poetas franceses que fueron sus modelos en otras composiciones de censura política: ¡Qué desventura tan tremenda y honda! A la voz del honor y del deseo,
¿no habrá conciencia honrada que responda?
La imagen de la Isla queda en los versos finales, como virgen inerme y desventurada, «como una mancha estéril de verdura—
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perdida en la mitad del océano». Símil de desesperanza que traduce la actitud del poeta ante la reacción hacia vejámenes y limitaciones que temporalmente habían cesado durante el gobierno del General Despujol, para reaparecer en 1889, año en que se escribió Nulla est redemptio.
Pesimismo cruel pero valeroso vio Fernández Juncos en este poema
que se publicó en su periódico El Buscapié. Al comentarlo en su ar tículo Muñoz Rivera poeta,'' lo considera "el poema de pesimismo político más estupendo que se ha escrito en el Nuevo Mundo.» Fer
nández Juncos, casi siempre mesurado,se acerca aquí a la hipérbole, pero su entusiasmo se justifica en lo que toca a la América hispana, en donde se han escrito tremendas invectivas a dictadores como la
de José Mármol a Juan Manuel Rosas y la de Rufino Blanco Bom bona a Juan Vicente Gómez, pero no conozco nada parecido a Nulla est redemptio, donde la desesperación es causada por el desánimo de todo un pueblo y al entrar en el verso se vuelve amarga y admonitoria, sin apartarse del tono grave, decoroso. La imagen de Puerto Rico había aparecido antes en La estat;ua, escrito en la muerte del Dr. Manuel Corchado. Piensa el poeta que «cubrir de laureles inmortales el mármol de la tumba, no basta.» Quiere que la estrofa agite la exaltación que transforma a los hom bres en titanes. En otra carta a Lola Rodríguez de Tió del veinte de marzo de 1885, aclara el sentido y la intención de La estatua:
«Cuando nuestro pueblo aprenda a sentir y se atreva a luchar, será libre, y el día que lo sea, Corchado tendrá su estatua.»
En el poema III, en fin, del grupo Hora^ de fiebre, el tema de
la imagen de Puerto Rico se une a la descripción de su verso: Sobre esta roca solitaria y t^te cautivo de las ondas que me'cercan doy al viento las notas de mi canto, como este sol que me ilumina, ardiente, como este mar que me circunda, amargo.
7. Puerto Rico nustrado, 15 de noviembre de 1917.
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4. Ejemplos de rebeldía. — Encendido de protesta, ávido de reformas para su pueblo, Muñoz Rivera buscó ejemplos de rebeldía contra situaciones de despotismo e infelicidad, en otros pueblos, porque esa rebeldía concordada con la suya y servía para desper
tar la conciencia de los sumisos. Es en estos poemas donde se nota la influencia de poetas franceses como Auguste Barbier y por lo menos indirectamente a través de este poeta, la de André Chenier, que puso más arte en este estilo de poesía en su hermosos lambes, imitados por Barbier.
Suicidas y La Marsellesa se escriben en el mismo año de Eulla est redemptio, como su acento y marco. Pero en 1882, año de su presentación como poeta, cucontramos antecedentes de estos poe
mas en la traducción del francés de ¡Al arma!, himno polaco y Varsovia, compuesto en 1882 y publicado en El Estudio de Ponce en 1886. Originalmente el título fue En Varsovia. El asunto de este
poema es la defensa de los heroicos polacos contra la furia rusa, «el cosaco que un pueblo desquicia.» El tema surge en reflexión amarga: la duda de la justicia de Dios cuando triunfa «la ley de la fuerza.»
El poema, ordenado en dos partes, pudo terminar en la prime ra. La estrofa inicial describe nocturna paz en los pájaros que duer men, en el aire callado. Sumergidos en esa paz «un puñado de bra vos espera el amanecer.» El símil, «como espera la lava candente —que rompa su cráter el muerto volcán,» nos prepara para la lucha de todo el pueblo, descrita con intensidad. El decasílabo simple, el
de los himnos entonces, sólo se interrumpe por un dodecasílabo re petido cada tres versos con rítmica insistencia. La segunda parte es la reflexión ante el triunfo injusto que siembra en el alma del poeta «la amarga raíz de la duda.» Duda que no podrá arrancarse hasta que un mismo derecho iguale a todos los hombres y caigan rotos los ídolos.
La facilidad en el manejo de versos que fueron tan del gusto de los llamados precursores del modernismo, la aprovecha de ma nera muy diferente Muñoz Rivera, no para labrar poemas senti mentales o exquisitos, sino para condenar al déspota e invocar la justicia.
CONCHA MELENDEZ lo
Suicidas, con la alusión a la política francesa de 1888 que puso
en peligro, con la gestión de Boulanger, «la estabilidad del sistema republicano,^^ es un llamamiento al soldado y al obrero, «la falange infinita de resignados siervos» a que despierten y usen el poder que les da su número, levantándose «sin miedo y sin tumulto» a recla mar su derecho, dejando de ser suicidas. Es un poema escrito con
pesimismo universal, que subraya el particular pesimismo de Nulla est redemptio. La última estrofa sugiere con movimiento dramático y eficaz, la derrota de los suicidas: ruido de puentes que se bajan, pasos que se alejan, mazmorra oscura de donde ya no hay vuelta. En La Marsellesa, que también acompaña en el tiempo a Nulla est redemptio, ve surgir del lago de sangre, «la Themis del mundo moderno.»
* 5. El paso del déspota. — El grupo de poesías que en Tropicales llevan ese título, fue inspirado según otra nota del autor «por la tiranía brutal que en 1887 castigó a los puertorriqueños.» En estos poemas de rica variedad en la forma y los temas, y especialmente en El General, tremenda invectiva contra el gobernador Romualdo Palacios, es que nos recuerda el movimiento y fuerza de Auguste Barbier, en composiciones como La Curée^ y L'Idole. Muñoz Rivera no llega nunca a la desmesurada oratoria del poeta francés. Una estrofa de Plus quam civilia bella resume la visión dolorosa y re belde resuelta en la bella metáfora, casi nunca tan expresiva en él, como en el verso final:
La soldadesca impone, beoda y turbulenta 'el bárbaro suplicio con furia criminal, la ley es humo leve que arrastra la tormenta, el pueblo, pobre acacia que dobla el vendaval. La ironía profunda de los dísticos, A cualquier compatriota termina con un verso tomado de la última poesía de Horas defiebre. Se trata de una definición de la gloria: «es aire,es humo,es ilusión, es nada.» Resonancia de aquel verso de un soneto de Góngora: «en tierra, en humo, en sombra, en nada.» Sólo que Muñoz está pensan do en el arco iris de la gloria y Góngora, en lo deleznable de la be
lleza de una mujer. El contraste entre Borinquen sumisa y Cuba 8. Marcel Arland, Antkologie de la Poésie Francaise, París, Stock, 1947.
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rebelde, y la visión de la patria en sus sueños de niño «altiva, viril y gallarda» en contraste con la tristeza de la verdad contemplada, desembocan en el desaliento total de Parias.
Entre estos poemas atrae por su concisa realización de arte Las campanas. Sugerido quizás por^un verso de Barbier en La
Curée, y sin duda pensando en El canto de la campana de Schiller, Muñoz Rivera oye en la voz de las campanas, anuncio de vergüen zas y lágrimas en el alba o exhortación vibrante a la venganza. Le
jos ya el motivo histórico de ese poema, su belleza simple y fuerte según la norma que el poeta amó, perdurará por sí misma, por su adecuado ritmo imitativo del sonar de las campanas y el espíritu de noble desvelo por el bien y la justicia, válido en todo tiempo. 6. Sísifo. — No podemos detenernos en otras poesías que nos dicen mucho aún de aquella alma fuerte y radiante. Nombraremos de paso la sobria belleza del conjunto de poemas de amor Ella, la moderna frescura de Vendimiaría donde el tema del vino se canta
con la mirada puesta en lo universal, usando el procedimiento de
síntesis temática, que usa Rubén Darío en La cayición de los pinos y MaHna, que no se habían escrito aún; en Quia nominor leo donde
Muñoz canta como Martí en el poema VII de Versos sencillos, los valores eternos de España por encima de los errores de la España oficial que combatió; ni en Paréntesis, melancólica evocación del pasado, imitación en tono y forma del Idilio de Núñez de Arce Pero sí me detendré en Sísifo, alegoría majestuosa y patética,del momento más intensamente doloroso en el porfiado combate del autor.
Los mejores críticos que conozco de la poesía de Muñoz Rivera
—Mariano Abril y Fernández Juncos— no comentaron este poema escrito en 1898 y publicado por primera vez en Tropicales en 1902. Una nota de The Puerto Rico Herald en diciembre de 1902, anun
cia el libro en prensa en Nueva York y enumera las poesías inéditas hasta entonces incluidas en él. Entre ellas nombra a Quia nominor leo (1896), gran parte de El paso del déspota (1887) y Sísifo. El au tor de la nota sólo dice que el poema «es corto, escrito en versos li
bres, en que podrían descubrirse las luchas del patriota. Pero que-remos dejar íntegra a los lectores de Tropicales la primera impre sión de este poema.»
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Miguel Meléndez Muñoz en nuestro tiempo® ha señalado cómo «en la opinión común Muñoz es cuando más, el Sísifo del mito grie
go.» Considera que Sísifo es una de las más bellas poesías de Mu ñoz Rivera «de hondo sentido político-filosófico.» Lo es por la creación alegórica que revive al mito añadiéndole detalles nuevos, veladas alusiones al episodio histórico que en el alma del poeta fue tremendo derrumbe. Sísifo es, a mi ver, la más valiosa expresión de la poesía de Muñoz Rivera. Establece el para lelismo entre el castigo a que los dioses someten al héroe corintio y la suma de los esfuerzos largos y persistentes de Muñoz por al canzar para nuestro país libertades y felicidad, momentáneamente logradas, para caer poco después con el triunfo de los Estados Uni dos en la guerra con España en 1898. El paso de la esperanza cumplida, al desaliento y pesimismo total, le recordó a Sísifo, «imagen de la agitación perpetua y los es fuerzos impotentes del espíritu humano.» A su regreso de España, después del pacto con don Práxedes Sagasta, cuando con los otros comisionados autonomistas—Matienzo, Gómez Brioso, Degetau— consiguió «la mayor descentralización posible dentro de la unidad nacional,» el periodista Ramón B. López, en una entrevista para La Correspondencia—doce de febrero de 1897— le interroga sobre
la significación para Puerto Rico del día en que Sagasta «ocupe el banco azul.» -Muñoz Rivera le contestó con alegría: «El día en que eso ocurra, las cosas cambiarán para Puerto Rico... Llegará por fin por todos los caminos la regeneración social y económica de nues tro pueblo. »
Esa perspectiva de bienaventuranza fue la que borraron, al amanecer del doce de mayo de 1898, los cañones de la escuadra de los Estados Unidos, rompiendo fuego sobre San Juan. Esto es la experiencia vivida. Su transformación alegórica es el poema Sísifo. La identificación con el héroe es sólo en la absurdidad de su castigo
y no en la compleja leyenda que envuelve el personaje. Por haber denunciado a Asopo el rapto de su hija Egina por Júpiter, Sísifo es condenado después de su muerte a hacer rodar 9. Dos Luises ... Ponce, Puerto Rico, Talleres Gráficos de la Revista del Café, 1957, p. 2-3.
10. Decharme, Mythologie de la Gréce Antique, Paris, Garnier, p. 430.
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penosamente una enorme roca, sobre la pendiente de una montaña
hacia la cima, sin que pudiera llegar nunca a ella. Homero escribió la descripción más conmovedora del suplicio: «Aquejado de terri
bles sufrimientos, levanta con ambos brazos una enorme roca y la hace rodar con penosos esfuerzos, hacia la cima de una montaña.
Cuando está a punto de alcanzarla, Grates misma lo rechaza y hace caer la roca en la llanura. Al instante distiende los músculos, y reemprende su trabajo: el sudor se desliza por su cuerpo y el polvo vuela por encima de su cabeza."
Albert Camus fue atraído al mito de Sísifo por una experiencia parecida a la de Muñoz Rivera: el cataclismo de la derrota de Fran
cia en la segunda guerra mundial, la ocupación por los alemanes que hacía ver la liberación distante, cerrando los caminos del futuro con una visión filosófica donde se suprime todo optimismo. Camus piensa que no hay mayor castigo que el fútil y penoso esfuerzo sin esperanza. Pero termina su ensayo diciendo que la lucha en sí mis ma, es bastante para llenar el corazón del hombre. Y en cuanto a los mitos, fueron hechos para que los anime la imaginación.^' Eso hizo Muñoz Rivera en su poema. En las versiones del mito
la piedra espera a Sísifo en el Hades; en la versión de nuestro poeta «asusta y exaspera a los corintios," en la superficie de la tierra, cerca de la ciudad, acaso. Cuatro partes del poema describen el es cenario en donde aparecerá el héroe, que tiene por fondo la multi tud en movimiento, su rumor y sus gritos. Dos versos iniciales in troducen el asunto informándonos sobre la ofensa de Sísifo.
La segunda parte es la descripción de la roca, que ahora es bloque de granito, y el áspero monte a cuyos pies, «duerme inmóvil el sueño de los siglos." Bloque agrietado por el tiempo,'que nadie se ha atrevido a mover ni con la esperanza. En la tercera parte hay algo que el Sísifo de Homero no tuvo que vencer: en la roca hay grutas habitadas por leones con las fau ces abiertas y las zarpas prontas al ataque. Venidos de otros climas desatan el pavor y la muerte. En la cuarta parte la multitud clama contra el obstáculo que es peligro, amenaza, y «para ciertos seres, deshonor." La simple
aunque enorme roca del mito se carga de significado. Plutón, rey 11. Albert Camus, Le Mythe de Sisiphe, París, Gallimard, 1942.
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de las sombras, escucha los gritos que descienden hasta él. La ima
ginación sigue creando lo nuevo. Sísifo está en el Hades cuando Plutón le dice: «marcharás al punto.'' La mole que asusta a los co
rintios, tendrá que levantarla el enviado de Plutón y asentarla fir me en la cima. La orden termina: «ve adelante y trabaja;» manda to que siempre obedeció el poeta.
La quinta parte es la proeza de Sísifo, «el indomable, altivo, rudo.» Ahora es un titán que aplica el hombro a la masa gigante. La alegoría sugiere en este punto, la resistencia y el ataque de las fuerzas contrarias; la acometida de los monstruos, la lengua de los reptiles clavándose envenenada en el luchador, la multitud aplau diendo temerosa de lejos. El reflejo de los círculos infernales de Dante alumbra este instante del poema. El bloque lleno de fieras ocultas, resiste. Sísifo medita y vuelve a la acción liberadora. En la sexta parte, el poeta expresa en dos preguntas la angus
tia acompañada de reciedumbre para quienes vencer el obstáculo es vida, y no vencerlo, muerte. En la parte séptima, Sísifo logra le vantar la roca y caminar con ella hacia la cumbre. El poeta va asi do a su invención por el agrio risco. La ruta le parece inverosímil. Sangre y sudor brotan de sus pies desnudos, de su cuerpo herido por ortigas y cardos, de su frente. El polvo se ha trasmutado en sangre, símbolo de la vida entregada a su quehacer aunque lo con temple absurdo.
Mientras estudiaba este poema, me vino el recuerdo de otro, el XLV deFersos sencillos. Pero aquél no es una alegoría completa; Martí, sin sumergirse en un mito, es actor que habla en primera persona y la solución de su duda es una afirmación del heroísmo y acción hacia la esperanza. Esta parte octava del Sísifo de Muñoz Rivera, tiene el majes tuoso ritmo lleno de pausas de Los héroes de Martí, como llamamos al poema XLV. Logra el mismo efecto de marmórea escultura. Ni
un solo color, salvo el indeterminado oscuro, hay en todo el poema; ni lo melodioso, ni el repique de la rima. Asunto y forma se funden en el hábil manejo de verso libre, adecuado cual ninguno en este caso.
Es el momento en que lo inverosímil, lo absurdo, se olvidan un instante, porque el abismo ha quedado lejos y la cima se ve próxi-
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ma. El monte, como la roca, se ha llenado de expresivas quiebras, lagunas, repechos, vegetación agresiva. Tanto Camus como Muñoz Rivera, se apartan del mito en un punto esencial: en las versiones que conozco Sísifo no llega nunca a la cumbre. Parte de su castigo es verla próxima y casi al alcanzarla, sentir que la roca se desplo ma y rueda otra vez al abismo.
Sísifo en este poema «un día huella la fulgente cumbre—arroja en tierra la terrible carga.» No fue una pronta llegada; el tiempo «río de invisibles ondas» corrió a la callada eternidad. La palabra sugeridora de silencio, es ahogada por el estruendo de la multitud que aplaude al victorioso. El héroe, erguido, es ahora una escultura que sonríe sostenido sobre el pedestal de la montaña. Amanece. El
sol que ama lo hace centro de su nimbo de rayos. La alegoría se vierte ahora en un anticlimax. Leve rumor lle gando del norte se extiende, crece; relámpagos, horizonte oscure cido y al fin, el terremoto que desprende la roca humanizada por la furia. La conclusión del poema nos hace posible acercar este Sí sifo al del gran escritor francés. Como aquél, es «símbolo amargo de la estéril lucha,» del esfuerzo que nada alcanza, de la incomple ta gloria, del dolor del hombre, que el poeta cree eterno. No creo que ésta fuera la actitud filosófica permanente de nuestro poeta, sino uno de sus transitorios Getsemaníes. Porque en su vida, el esfuerzo no fue estéril: provocó más amor que odio, más esperanza que negación. Y ése es el saldo necesario y eterno en toda vida.
7. Montaña, árbol, hombre del trópico. - He repasado en estos días toda la prosa y el verso expresadores del amor de Puerto Rico a Muñoz Rivera; las impresiones que muchos poetas y prosistas re cogieron de sus últimos días, de su regreso, ya muerto a su aldea
acompañado por sus amigos y por la población campesina que baja ba a las orillas de la carretera para decirle adiós. Y comprobé, que el saldo del amor fue inmenso, tanto, que de él surgió una leyenda: la leyenda de un hombre amador de su Isla «con toda su mente, con toda su alma, con todo su corazón, con toda su fuerza.» Por amarla así fue transfigurado y fundido con ella: es ahora y para siempre, el hombre montaña,el hombre árbol,el hombre del trópico.
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CONCHA MELENDEZ
Virgen vastago de la montaña en el soneto de Lloréns Torres, terminada la metamorfosis que fue labrándose rasgo a rasgo, es, en Nemesio Canales, la montaña «ungida de calma, de ensueño y de enigma." «Lo miraba de lejos," escribe Pedro Sierra (Luis
Dalta). «Así hay que mirar las montañas, porque eso fue Muñoz en nuestro país, una montaña de energía combativa...» Jesús María Lago, en su mejor soneto, ve su gesto, su voz, sus
pensamientos de montaña. Y es Nemesio Canales de nuevo, quien termina la historia de esta trasmutación en que el contomo huma no se borra, para fundirse con el paisaje de que era parte. Én su artículo El regreso, Canales cuenta cómo, en el cementerio de Barranquitas, el gentío se disipa al fin y «el maravilloso jíbaro» se queda solo con la muerte. Entonces Canales ve «una sombra de
montaña avanzando y anegando la tumba de una penumbra vaga,
suave, dulce.» Sombra de luto de hermana, novia o madre, que flo ra, pero canta también, el regreso definitivo del hijo. La expresión del hombre montaña es el árbol. Víctor Gutiérrez
Ortiz le atribuye estas palabras cuando le preguntan por qué no escribe como Gautier Benítez: «Soy un roble de la montaña. Mis versos toman el color de mi temperamento.» No fue el roble su símbolo, como pensó Rafael Ferrer, al escribir su artículo La últi
ma jorvuda, ñiño que é\ fue el roble mismo. La corta elegía de
José Yumet Méndez, intuitivamente llega a la convicción por el asombro:
Era un árbol - y una isla ... y un millón de corazones donde el árbol arraigaba; cuando el árbol florecía, florecían ilusiones y a la isla perfumaba.
En el Responso que le canta Antonio Pérez Pierret, el corazón del árbol se ha fundido con el corazón del bosque para darnos su latido «tierno y enorme» respondiendo al canto del ruiseñor. Hombre del trópico se sintió él mismo, adorador del sol como
la raza de ámbar que cantó Gabriela Mistral. Podrá el título Tropi
cales hacer pensar a los desdeñosos del tropicalismo concebido co mo exceso verbal, sonoridad vacía, que el libro es argumento para
ellos. Pero, comprobación de las ideas de Pedro Henríquez Ureña sobre la falacia anti-tropical. Tropicales es la antítesis del tropica lismo.
DE FRENTE AL SOL
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Muñoz Rivera se siente hijo del trópico, porque busca siempre la claridad y la fuerza. Su declaración como hijo del sol tropical está en el prólogo que escribió para el drama El grito de Lares de Lloréns Torres. Manolo el Leñero, el insurrecto mártir, dice: «A mis pies los prados ... en torno mío, montañas, montañas, montañas ... Se adivina la proximidad del sol. ¿Es que baja? ¿Es que sube? En mi ruta marchando a través de la noche trabajé, su frí, medité.»
La imagen de Puerto Rico reaparece aislada como siempre por el mar: «En un repliegue de los mares, la isla; alrededor, las olas, y en la remota lejanía, las olas.» Piensa en el sol como llama que fortalece y redime: «jSol del trópico! ¡quema, quema!¡Necesito su mergirme en tus cataratas deslumbrantes!»
Ir de frente al sol, es el único modo de avanzar que conoció el
poeta. Dije que el sol para él es mucho más que el astro que nos alumbra. Sol para él es lo recto, lo justo, la claridad del bien desea do para su Isla, la perfección soñada para su verso.
r
Se acabó de imprimir este opúsculo el día 30 de junio de 1960 en los talleres
gráficos de la Litografié Real Hnos-, en Hato Rey, P. R. del cual se tiraron
2,000 ejemplares.
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