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Participación de la mujer en la historia de Puerto Rico (en las primeras décadas s. XX)

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PARTICIPACION DE LA MUJER EN LA HISTORIA DE PUERTO RICO (las primeras décadas del siglo veinte)

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RUTGERS Campus at New Brunswick


Centro de Investigaciones Sociales Universidad de Puerto Rico Centro Coordinador de Estudios, Recursos y Servicios a la Mujer (CEBES)

Dra. Celia E. Cintrón Directora CIS

Trabajaron en la investigación y preparación de este folleto: Alice Colón Margarita Mergal Nilsa Torres Editor - Wenceslao Serra Deliz Mecanografía - Minerva González Sosa Diseño e ilustración - Rafael Rivera Rosa Fotografías generosamente proporcionadas por la Dra. Isabel Picó

Esta edición ha sido auspiciada por el Consorcio para la Equidad en la Educación del Centro de Investigaciones Sociales en colaboración con Rutgers, la Universidad del Estado de Nueva Jersey, New Brunswick, New Jersey 1986


INDICE

Página Prólogo Capítulo I: Introducción

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Capítulo II: Feminismo e Historia

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Capítulo Ill: Incorporación de la mujer a los Cambios Económicos y Sociales

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Capítulo IV: Las Mujeres se Organizan

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Capítulo V: La Lucha por el Sufragio

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Capítulo VI: Conclusiones

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Notas

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Bibliografías

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PROLOGO Mirar nuestro pasado es una experiencia intensa y profunda de reencuentro con nuestras propias vidas. Es tornarnos hacia adentro para observar nuestros orígenes, sobrecogidos ante el trabajo de las mujeres y hombres que los hicieron posibles. Es, además, conmovernos ante ese presente con ojos de futuro; ver la trayectoria de las luchas aún no resueltas y reconocerla responsabi l idad que nos corresponde en la continuación de la historia. En este folleto queremos compartir nuestras primeras reflexiones sobre la participación de las mujeres puertorriqueñas sobre los procesos sociales y económicos a principios del presente siglo. Se ha escrito como material de referencia para estudiantes de escuela superior, pero esperamos que sea últi l a todas aquellas personas interesadas en conocer la aportación de las mujeres a nuestra historia. Aquí es importante señalar que no comienza con este escrito la investigación sobre los procesos que se anal izan. Nuestro trabajo ha tenido como una de sus bases los estudios pioneros de investigadoras e investigadores como Yamila Azize, Lydia M. González, Isabel Picó, Marcia Rivera, Magda Grissel Rosa, Blanca Silvestrini , Norma Val le, Lidio Cruz Moclova, Rubén Dávila, Gervasio García, Mariano Negrón, Bol ivar Pagán, Angel Quintero Rivera y todos los que encontrarán en las notas del presente texto. Deseamos reconocer su labor de reencuentro con los que ya son para nosotras nombres imborrables: Franca de Armiño, Genara Pagán de Arce, Ana Roqué de Duprey, Mercedes Solá y tantos otros. Esta, nuestra primera mirada, seguramente se transformará al volver sobre ella con información adicional, pero sobre todo, con nuevas prácticas y una nueva conciencia. El enriquecimiento que nos proveerán estas próximas miradas, sin embargo, no sería posible sin este compartir inicial y las luchas que lo fundamentaron. Esperamos que este folleto estimule también a nuestros lectores a una reevaluación de nuestro presente, reevaluación que provoque los cambios aún necesarios en nuestro futuro.


CAPITULO I INTRODUCCION En la sociedad puertorriqueña actual,muchas mujeres asumimos que durante los primeros diez y ocho años de nuestras vidas nos dedicaremos fundamentalmente a estudiar, y que de así desearlo y merecerlo, podremos continuar estudios superiores e ingresar a la profesión u oficio que queramos. Pensamos que tenemos derecho a un salario que nos permita vivir cómodamente; y que tenemos derecho a vacaciones con sueldo; que tenemos derecho a adquirir propiedades como, por ejemplo, una casa o un carro; que tenemos derecho al ocio, a la recreación, a los servicios de salud necesarios. Consideramos también que, si así lo deseamos, podremos casarnos con el hombre a quien amamos; que cuando lo estimemos conveniente o necesario nos podremos divorciar; que tendremos derecho a la custodia y patria potestad sobre nuestros hijos. Finalmente, sabemos que tenemos derechos políticos: podemos votar, ser electas o nombradas a puestos públicos y expresar públicamente nuestras opiniones. Si pensamos un poco más sobre nuestras vidas y lo que deseamos hacer con ellas, veremos que esta lista puede alargarse aún más. Todos estos elementos, necesarios para la existencia humana y que muchas mujeres y hombres damos hoy por sentado, no siempre fueron reconocidos como tales. El hecho de que las mujeres puertorriqueñas podamos hoy gozar de ellos, y aún pensar que nos quedan muchos más por conquistar, es el resultado de cambios muy profundos que se han desarrollado en nuestra sociedad. También se deben a largas luchas, al esfuerzo de muchas mujeres y hombres de Puerto Rico y del resto del mundo que dieron de su tiempo, su inteligencia y su esfuerzo para que hoy nuestras vidas sean más productivas, para que vivamos mejor y más cómodamente, para que la calidad de nuestras vidas como mujeres sea mucho mejor que la de las generaciones anteriores a la nuestra. El objetivo de este folleto es el de estudiar algunos de los aspectos del proceso histórico a través del cual la situación de la mujer ha cambiado en Puerto Rico. Obviamente, en un proyecto tan breve como éste, no es posible estudiar un proceso tan complejo desde sus inicios hasta el presente. Tampoco nos sería posible estudiar todos los problemas debatidos y todos los procesos de cambio que se han venido dando a través de nuestra historia. Vamos a destacar sólo algunos de los que entendemos que han sido fundamentales en la transformación de la vida de las mujeres. En la primera sección analizaremos algunos de los cambios en las formas de organizar la vida social y en las formas de pensar sobre la mujer que fueron sentando las bases para el desarrollo de dos tendencias básicas en el feminismo puertorriqueño. La primera, es el feminismo principalmente dirigido por mujeres profesionales provenientes de los sectores dirigentes y económicamente privilegiados de la sociedad. Este es un feminismo generalmente conservador, pues respondiendo a la posición de clase de sus adeptos, no abogaba por un cambio total y amplio en la forma en que la sociedad estaba organizada, sino por reformas, como el derecho a la educación y al sufragio. Entendían que estos cambios se lograrían, sobre todo, a través de reformas en la legislación vigente. La otra tendencia la hemos denominado feminismo obrero, pues sus miembros eran fundamentalmente obreras y sus demandas se entendían y se planteaban como parte de las demandas de la clasetrabajadora en general. Estas mujeres se organizaban como parte del movimiento obrero mismo y sus exigencias feministas eran consideradas como parte de un movimiento más amplio por la transformación total de la sociedad. Esto implicaba cambios en los grupos que dirigían la sociedad, en las normas y leyes que la guían, así como en las personas, en las ideas y formas de comportamiento que éstas 1


consideran como correctas y válidas. Mientras que el feminismo conservador abogaba por reformas en las leyes, el empleo y los derechos civiles; el feminismo obrero, que también apoyaba estas demandas, iba más lejos, exigiendo cambios en la forma de vida misma; cambios que afectaban la organización de la familia, el matrimonio y las relaciones entre los hombres y las mujeres; cambios en el concepto mismo de lo que es ser mujer. La segunda parte del folleto se ocupará fundamentalmente de escribir y analizar los cambios que se fueron dando en el orden económico de la sociedad puertorriqueña y cómo estos afectaron la posición que ocupaban las mujeres en la vida de nuestro pueblo. Veremos cómo en el Siglo XX se va extendiendo el sistema capitalista y cómo, dentro de este proceso, a diferentes mujeres se les exigen diferentes funciones económicas y sociales. Estas exigencias influyeron, tanto en la toma de conciencia del discrimen contra ellas, como en sus luchas por eliminarlo. En tercer lugar, veremos cómo esta lucha se organiza, cómo surgen grupos de carácter cívico, político y sindical que abogan por la igualdad para la mujer y que luchan por que se le reconozcan sus derechos. Algunos de estos grupos son feministas, es decir, que se dedican casi exclusivamente a las luchas de la mujer; otros son de carácter más amplio, pero incluyen demandas feministas en sus plataformas y programas. Por último, se analizará un proceso crucial en las luchas por cambiar la posición social de la mujer: la lucha sufragista. Para unas mujeres, lograr el sufragio era un motivo importante de lucha. Entendían que con este instrumento obtendrían el poder necesario para lograrlas otras reformas legislativas y sociales que deseaban. Para otras, el reconocimiento del derecho de la mujer al voto marcaría sólo una etapa en una lucha que se vislumbraba como más amplia y, por ende, mucho más larga. Ciertamente, la participación electoral y política de la mujer en Puerto Rico en forma alguna ha traído como consecuencia la igualdad social de las mujeres. No obstante, lograr que se reconociera el derecho al voto a las que sabían leer y escribir en 1929, así como el reconocimiento del derecho al voto universal en 1935, marcan un cambio fundamental en la forma en que se trata a las mujeres y en la imagen que se tiene de ellas. A partir de esto, ya no hay marcha atrás posible; el derecho al voto fue una conquista esencial. Es preciso señalar que al concentrar nuestra atención en las luchas de la mujer, podemos perder la vista la riqueza de un proceso histórico mucho más amplio y las relaciones que sedan entre las luchas de la mujer y otras luchas sociales. Como no es posible estudiar todos los aspectos de la historia de Puerto Rico a la vez, por fuerza tenemos que aislar y estudiar sólo partes de este proceso. Es por eso que nuestro análisis podría, en alguna medida, deformar la realidad que estudiamos. En nuestro caso específico, este problema se agrava, ya que el Siglo XX ha sido un período de gran crisis y de grandes conflictos en nuestra historia colectiva. Para reducir este peligro al mínimo, es necesario estar muy conscientes de que las luchas de la mujer no se dan en forma aislada. Son parte de las luchas sociales que se van dando en un contexto más amplio. Si durante este Siglo las mujeres hemos alcanzado una mayor participación en la historia social de nuestro pueblo es porque hemos luchado, porque nos hemos organizado; es porque hemos crecido nosotras mismas como personas y como miembros de nuestro colectivo nacional. Se debe, asimismo, a que se han ido presentando unas condiciones, un contexto, una coyuntura histórica dentro de la cual nos hemos podido mover para lograr estas metas. Es necesario verlas luchas de la mujer en términos de las luchas que se fueron trazando durante la segunda mitad del Siglo XIX; luchas en el orden político, social y económico que fueron fundamentales en la formación de nuestra nacionalidad. Estas deben verse, además, en el contexto de la invasión de los Estados Unidos a Puerto Rico en el 1898 y el cambio de soberanía que es secuela de esta invasión. También es preciso señalar que este proceso ha sido afectado por el desarrollo acelerado del capitalismo en Puerto Rico, de la 2


industrialización y de los extensos procesos de urbanización y modernización que le acompañan. Debemos, además, enfocar el estudio que comenzamos a esbozar en este folleto desde la perspectiva de estos procesos, recordando también que la historia nuestra no transcurre en forma aislada de la del resto del Caribe, de América y del mundo. El desarrollo del capitalismo y de los cambios políticos, sociales e ideológicos que le acompañan; la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado; así como las luchas de las mujeres por la educación, la salud, el sufragio y por mejores condiciones de vida y trabajo; transformaciones que vemos manifestarse en la historia de Puerto Rico en los Siglos XIX y XX, son parte de un proceso mundial. En cada lugar se produce en formas algo diferentes, en unos lugares más rápidamente, en otros con mayor lentitud. De ahí que lo que ocurre en Puerto Rico no sea algo extraño y único, sino parte de un cambio en todas partes del mundo. Para captar bien las luchas de la mujer es imperativo estudiarlas enfocándolas desde el punto de vista de esta totalidad de la cual forman parte. Debemos percatarnos, por otro lado, de que vemos el pasado desde nuestro presente, desde nuestras ideas, hábitos, costumbres, desde nuestra forma de vivir. Es por eso que nos hemos acostumbrado a ver la historia desde la perspectiva de la subordinación femenina. Nos hemos acondicionado a estudiar esa historia como si fuera un quehacer exclusivamente masculino. Nos han enseñado la historia como si ésta fuese la historia de la acción de los hombres dentro de la cual las mujeres, en el mejor de los casos, sólo somos figuras de apoyo a la gestión masculina. Los estudios de las sociedades indígenas americanas, de la conquista y la colonización europeas, de las luchas por la libertad y el desarrollo de nuestras naciones, pretenden crear la imagen de que las mujeres sólo han participado en esos procesos como adornos o instrumentos de trabajo al servicio de los hombres. Tradicionalmente se ha pensado que las mujeres éramos seres inferiores, incapaces de grandes cosas, incapaces de pensamiento lógico y racional, sujetas siempre a los impulsos y desvaríos de nuestros sentimientos. Según esa lógica, era imposible que nuestras acciones tuviesen algún significado histórico. Este enfoque nos impedía, de una parte, ver los aportes de la mujer y, de la otra, ir tomando acción significativa en nuestra propia historia. Hombres y mujeres pensaban, como todavía hoy algunas personas entienden, que la función de las mujeres en la sociedad era algo pautado, fijado por la naturaleza y, por tanto, inmutable. De acuerdo a este enfoque, el hombre se dedica ala producción, es un ser de acción y creativo que determina las condiciones de la vida social; labora en el mundo, en la sociedad y para ella. La mujer, por el contrario, es un ser pasivo; su función no es la producción, sino la reproducción. A ella le corresponde el tener y cuidar de los hijos y atender a los asuntos domésticos; laborar en el hogar y trabajar por la familia. Si hacemos el mínimo esfuerzo por ver la historia humana desde otra perspectiva, no nos será muy difícil descubrir que esta división de trabajo, de funciones, que percibíamos como algo natural, realmente no siempre ha sido así. Estas funciones son de carácter histórico, social y cultural. Estas formas de participación, supuestamente naturales, fueron poco a poco asignadas a las mujeres y comenzaron a desarrollarse en un período histórico particular: específicamente con el desarrollo del capitalismo. La división sexual del trabajo en la sociedad es, probablemente, tan antigua como los seres humanos mismos. También desde épocas muy remotas y en diversas sociedades, se ha manifestado el discrimen contra la mujer, así como la subordinación al hombre. Sin embargo, la situación particular de discrimen y opresión que hoy vivimos las mujeres hay que explicarla en el contexto en que se da: como parte del orden social capitalista. Este fenómeno se produjo en las sociedades capitalistas, en las que poco a poco se fue separando a las mujeres de la producción de bienes y servicios reconocidos como necesarios para la subsistencia

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económica. En consecuencia, se limitó su participación al trabajo del hogar, en donde se mantiene a las mujeres dependientes del salario de los hombres. Aún así, no todo ha sido aislamiento y subordinación. En Europa, desde el medioevo mismo, algunos hombres y mujeres iniciaban actividades de protesta contra la opresión de la mujer. Ya para la época de la Revolución Francesa estas propuestas, que casi siempre tomaban la forma de la denuncia escrita, cambian de aspecto. Las mujeres van desarrollando una acción política militante y organizada, con lo cual asistimos al comienzo del feminismo como movimiento social . Ya no se trata de protestaren forma individual, sino colectivamente; se trata de cambiar la sociedad. Durante todo el Siglo XX, unas veces con mayor intensidad que en otras, este movimiento social ha seguido cobrando auge. A la misma vez, ciertos cambios en el orden económico, político y social han ido exigiendo nuevamente cambios en la función social de la mujer. Lenta pero constantemente, las mujeres hemos ido incorporándonos a prácticamente todos los ámbitos de la vida social y hombres y mujeres hemos ido desarrollando una visión diferente de nuestra función social. Como punto final , es importante destacar que la situación de todas las mujeres no es la misma. Si bien es cierto que como mujeres hemos estado sujetas a una condición de discrimen y opresión, la forma particular que ésta adopta depende, no sólo del momento histórico, sino también de las condiciones de cada cultura, así como de las condiciones de clase de cada mujer. Se ha considerado a la mujer como un ser inferior por el hecho de ser mujer, pero las condiciones de su vida dependen de la cultura dentro de la cual vive y la clase social y económica a que pertenece. Partiendo de estas premisas y aclaraciones, vamos a darle una ojeada a la situación de las mujeres y del feminismo en Puerto Rico durante las primeras décadas de nuestro Siglo.

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CAPITULO II FEMINISMO E HISTORIA "Soy eco del pasado que viene a despertar a la mujer del porvenir." Ana Roqué de Duprey, "A Mis Compatriotas", en La Mujer del Siglo XX, 15 de agosto de 1917 La Mujer y el Desarrollo del Capitalismo Estudiar la historia es estudiar el cambio de la vida humana. Medimos nuestra propia vida en términos de décadas y día a día nos parece que las cosas no cambian significativamente. Sin embargo, cuando conversamos con nuestros padres y abuelos sobre las condiciones sociales que existían cuando ellos eran niños o jóvenes, notamos que la vida sí ha cambiado. Cuando estudiamos la vida de la sociedad, de los grupos humanos, entonces la medimos en siglos y sí podemos notar claramente cuánto han cambiado estas condiciones. Cambian las formas en que los seres humanos producen lo que necesitan y quieren, las formas en que se organizan, las formas en que viven y piensan. Así ha sucedido con la situación social de las mujeres; con las ideas que en cada época se tienen sobre ellas y las que ellas tienen sobre sí mismas. La sociedad capitalista, tal como nosotros la conocemos, tardó siglos en desarrollarse. Previo a las sociedades capitalistas, las familias de las clases trabajadoras producían o intercambiaban entre sí lo que requerían para su subsistencia. El desarrollo del capitalismo, por el contrario, exigió para su funcionamiento la existencia de un sistema de mercado en el cual estos bienes y servicios se producen, se compran y se venden por dinero. En este sistema, la producción depende de un grupo de personas que han acumulado capital y que lo utilizan para emplear a los que por un salario realizan el trabajo necesario en la sociedad. Aunque las personas que no tienen capital no se encuentran obligadas legalmente a trabajar o a trabajar para un patrono en particular, la mayoría de la población se ve presionada a emplearse por un salario para obtener el dinero que se requiere como medio de intercambio y subsistencia. Es con el desarrollo de esta organización social y económica que va surgiendo el hábito de pensar que los empleos que ofrecen mayores salarios son más valiosos y deseables. Las transformaciones económicas que trajo el capitalismo fueron afectando también la imagen social de la mujer y su trabajo.1 En las sociedades anteriores, las mujeres de las clases trabajadoras laboraban junto a los hombres en lo que era predominantemente una producción o intercambio familiar. Participaban así del trabajo reconocido social y económicamente como necesario. Aunque subordinadas al hombre, no se encontraban en total dependencia económica. Con el desarrollo del capitalismo, la familia fue dejando de ser una unidad de producción. Mientras los hombres se vieron más presionados a trabajar por un salario fuera del hogar, las mujeres y niños fueron quedando en una mayor dependencia de su ingreso. La esfera de la mujer fue así reduciéndose a lo que ahora constituía un ámbito doméstico aislado, en el cual su trabajo no se reconocía como una aportación económica. Desvalorizado su trabajo, se intensificaba la visión de inferioridad y subordinación de la mujer. Es éste el factor económico principal que ha sostenido el discrimen contra la mujer en las sociedades capitalistas y desde el cual debe analizarse su participación en el mercado de empleo. Sobre la base de viejos prejuicios se agudizó el concepto de inferioridad de la mujer. Se señalaba que las mujeres eran inferiores por naturaleza, eran más débiles, menos creativas, 5


más inestables. De esa manera, se justificaba el mantener a las mujeres haciendo las rudas tareas domésticas en sus hogares o supervisando a las sirvientas en el caso de las mujeres privilegiadas económicamente. Estas tareas de administración y servicio doméstico no se pagaban con sueldos cuando se hacían en la casa propia y, cuando se hacían para otros, eran los servicios peor pagados en la sociedad. Por esa razón, eran vistas como tareas sin importancia y sin valor, es decir, como "trabajo de mujeres". Las primeras en ser aisladas fueron las esposas de los miembros más prósperos de la clase que poco a poco se estaba convirtiendo en la dirigente de la sociedad, las esposas de los dueños del capital. Para las mujeres campesinas y trabajadoras, sin embargo, la situación fue diferente. La sociedad aún necesitaba su trabajo. La situación de inferioridad social en la que se tenía a la mujer permitía que a estas mujeres, que sí trabajaban por un salario, se les empleara en los trabajos más duros, se les obligara a trabajar más a prisa; sus jornadas de trabajo eran más largas y sus sueldos más bajos que los de los trabajadores varones. Con la indi strialización, con el empleo cada vez mayor de maquinaria, podían emplearse mujeres y niños, físicamente menos fuertes que los hombres, y cuyo trabajo le costaba menos al patrono.2 Si bien es cierto que el desarrollo del capitalismo aislaba a las mujeres al mantenerlas como responsables de las tareas domesticas, las iba también requiriendo como trabajadoras asalariadas en industrias y servicios en los que podían aprovechar sus destrezas pagándole menos. La industria textil y de ropa, la enfermería, el magisterio, por ejemplo, fueron abriéndose al empleo de mujeres como mano de obra capacitada y menos costosa. Justificado por la creencia popular de que el ingreso de las mujeres era por definición suplementario, se les ofrecía salarios más bajos que a los hombres por trabajos equivalentes y se les ocupaba en las posiciones peor pagadas.3 Para las mujeres, el trabajo asalariado no rompía, pues, con su subordinación social. Sometidas a bajos salarios, se mantenía su condición de inferioridad a lo que se añadía la presión de una doble jornada: el trabajo fuera del hogar y las tareas domésticas.4 No obstante, la incorporación al trabajo asalariado ha sido un factor importante en cambiar la posición social y económica de las mujeres.5 Esta ha ofrecido una mayor oportunidad de romper con el encierro doméstico, con la total dependencia económica y con la imagen de incapacidad femenina. Las mujeres han encontrado la posibilidad de ganar una experiencia más amplia, de compartir con aquellas que están en su misma posición y de empezar a considerar el hecho de que pueden cambiar sus condiciones de discrimen y opresión. Estos procesos, aún inconclusos, han requerido luchas organizadas y cambios en las ideas predominantes sobre la mujer, luchas y cambios en los cuales no todas las mujeres han participado de igual forma. Dentro de las condiciones generales que marcaban la época que anal izamos, cada mujer vivía una situación particular de acuerdo con su posición social y económica. De las diversas experiencias unidas surgió un feminismo muy amplio, con demandas tan diferentes como los sectores de clase dentro de los cuales se originaban: las clases dirigentes y sectores medios y las clases trabajadoras.

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El Feminismo en los Sectores Más Privilegiados de la Sociedad "Ser racional, la mujer es igual a/ hombre; éste tiene e/ derecho de mejorar por el cultivo de sus facultades las condiciones de su vida física y moral, ¿por qué no ha de tenerlo /a mujer?" Eugenio María de Hostos, "Sobre la Educación Científica de la Mujer", Discurso, Santiago de Chile, 21 de julio de 1873. E/ feminismo se ha estado expresando y discutiendo públicamente entre los sectores medios y las clases dirigentes desde hace ya más de un siglo. Desde mediados del Siglo XIX en adelante, se produce una muy rica gama de publicaciones que incluye libros, revistas, folletos y periódicos, donde encontramos frecuentemente e/ tema de /a mujer. Algunas revistas como La Azucena, La Guirnalda Puertorriqueña, La Mujer, Album Puertorriqueño, luego llamado El Heraldo da la Mujer, y La Revista Blanca, incluían predominantemente el tema de la mujer. La rica tradición feminista europea se dio a conocer a través de estas publicaciones, insertándose así esta tendencia en la corriente liberal que influyó tan marcadamente este período de nuestra historia.6 Como condiciones de organización política, la sociedad capitalista exigía que se reconocieran la igualdad y l ibertad como derechos de cada persona. Al movimiento social que respaldó estos cambios económicos, políticos, sociales y en las ideas prevalecientes, se le llamó liberalismo. Sus características más importantes fueron el supuesto de que, por naturaleza, todos los seres humanos son libres, racionales e iguales y la convicción de que deben existir leyes para garantizar los derechos civiles y políticos fundados en estos supuestos sobre la naturaleza humana. Estos derechos incluyen la libertad de pensamiento, expresión y asociación, el derecho a poseer y asegurar propiedad privada y, sobre todo, el control de las instituciones públicas y gubernamentales a través de la participación de una ciudadanía i nstruída.7 La Revolución Francesa representó en Europa el triunfo definitivo de los grupos que defendían, contra la nobleza y su régimen feudal, esta forma de actuar y pensar. Fue ésta la época del surgimiento del feminismo. Estas luchas económicas y políticas europeas tuvieron gran repercusión en América. Aquí sirvieron como estímulo a las luchas por la emancipación de las naciones americanas, por la abolición de la esclavitud negra y por la extensión de estos derechos civiles a sectores de población cada vez mayores, entre ellos a las mujeres.8 Con influencias del liberalismo, yen particular del movimiento feminista español, hombres mujeres como Eugenio María de Hostos, Rafael María de Labra, Gabriel Ferrer, Alejandro Tapia y Rivera, Alejandrina Benítez, Patria Tió y Carmen Eulate Sanjurjo escribían desde el siglo pasado a favor de los derechos de la mujer.9 Partiendo de estas tendencias, se concedía una importancia cardinal a la educación de la mujer. Se consideraba que la falta de instrucción ola educación inferior que entonces recibían las incapacitaba para una participación social más ampl ia. Se requería una educación que desarrollara la conciencia de la mujer y la preparara para dicha participación. Se pretendía, además, que las madres tuviesen una ingerencia mayor en la educación de los hijos, lo que hacía imprescindible su propia instrucción.1 0 Poco a poco este feminismo, preocupado fundamentalmente por la educación de la mujer, fue ampliándose. Los portavoces del movimiento y las mujeres que lo integraban fueron añadiendo más y más demandas a su programa: desde la paternidad responsable hasta el derecho al divorcio, la custodia y patria potestad sobre los hijos y, entre los sectores más 7


progresistas, el derecho de la mujer al trabajo asalariado. También algunas de estas mujeres tomaron conciencia de que el hombre monopolizaba todos los poderes en la sociedad y que, por lo tanto, era en parte responsable de la condición en que la mujer se encontraba. 11 Para la segunda mitad del Siglo XIX no sólo se expresaba nuestro feminismo literariamente, sino que comenzaba a tomar forma organizativa, particularmente en torno a la educación de la mujer. Desde 1860 se fundó en San Juan la Escuela San I ldefonso para mujeres y alrededorde esa época se organizó la Junta de Damas de Honor de la Sociedad Económica de Amigos del País, cuyo fin era establecer escuelas para niñas.12 En el 1885 se creó en Lares la Asociación de Damas para la Instrucción de la Mujer bajo el patronato de la Condesa de Verdú y fundada por el Profesor don José Córdovez y Berríos. Se planteaban como objetivos el que bajo la protección de "señoras y señoritas de las más elevadas clases" se pudiese "proporcionar a hijas de familias pobres o medianamente acomodadas que tengan vocación para la enseñanza, el medio de adquirir la educación e instrucción profesional y el título que para dirigir una escuela pública o privada se exige por la legislatura vigente..." Las materias que se enseñaban eran: comercio, telegrafía, tipografía, encuadernación, obstetricia y "otras a que se presta la inteligencia y laboriosidad de la mujer" . t3 Finalmente, ya en 1893, Ana Roqué fundó en Humacao una revista titulada La Mujer que era escrita e impresa, administrada y distribuida por mujeres. Dicha publicación tenía como fin "preparar profesoras aptas para el magisterio" y mostraba ya una conciencia claramente feminista. 14 Durante las últimas décadas del Siglo XIX y las primeras del XX nuestro feminismo cobró un auge notable y fue tema obligado de revistas, periódicos y tertulias. Se debatía cuáles eran las demandas fundamentales para la emancipación de la mujer; cuánto debían inmiscuirse las feministas en los asuntos politicos-partidarios; si el voto debía ser universal o para las mujeres que sabían leer y escribir solamente; qué relación, si alguna, se debía establecer entre el feminismo puertorriqueño y el de las mujeres en lucha en los Estados Unidos; su vinculación con el problema del status de Puerto Rico y, finalmente, cómo afectarían a las mujeres, los hombres y la familia puertorriqueña los cambios que éstas exigían.15 Las feministas puertorriqueñas también estaban conscientes de que éste era un movimiento de carácter mundial . En todas partes del mundo europeo y no europeo las mujeres estaban en lucha por su emancipación y las mujeres en Puerto Rico éramos parte de este grandioso movimiento progresista. Había un claro entendimiento de que para ser progresista, para estar a la altura de los tiempos, era necesario ser feminista.16 El feminismo de las mujeres de sectores medios y clases dirigentes pretendía representar a todas las mujeres puertorriqueñas. Desde una perspectiva liberal, filantrópica y en muchos casos patriótica, buscaban instaurar una sociedad más racional yjusta. Como expresara Isabel Andreu de Aguilar. l íder sufragista y autonomista: "La doctrina feminista sienta como principio fundamental la igualdad de los sexos. Igualdad de deberes y derechos, para construir una sociedad más perfecta en ideologia de libertad. "17 Entendía que el lema del feminismo podría ser el de servicio: deber de servir, derecho a servir para sí misma y para los demás.18 Para Ana Roqué se capacitaba mejora la mujer para trabajar por el porvenir y la felicidad de sus hijos y por su patria si se reconocía su derecho al voto. Su posición era independentista y latinoamericanista. En su visión, este trabajo trascendía todas las divisiones sociales: se trabajaba por el bien de la patria sin distinciones de clase ni de credo, sin partidarismos ni sectarismos; se buscaba la unidad de todas las puertorriqueñas.19

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Según observaráamos, el feminismo de las mujeres de estos sectores sociales, sin embargo, era de carácter conservador y, en unos casos con más intensidad que de otros, mantenía una distancia del feminismo desarrollado entre las mujeres obreras. Mercedes Solá, por ejemplo, quien también abogaba por un feminismo latino y puertorriqueño en vez de calcar el anglosajón, no veía contradicción alguna entre la emancipación de la mujer y su posición en el hogar, aunque afirmaba que "mientras el hombre predomine en el capital y el trabajo, la mujer estará en lugar secundario". Tampoco apoyaba totalmente el feminismo obrero, pues le preocupaba el "partidarismo político" en las organizaciones donde militaban obreras feministas.20 Carmen Eulate, escritora feminista, ofrece un ejemplo aún más claro de cuán conservador podía ser este feminismo. Veía en la incorporación de las mujeres socialistas a la lucha feminista una gran amenaza y hacía una llamada a la educación de las mujeres, ya que percibía como necesario "para salvar a la sociedad amenazada, educar bien a las mujeres que como madres y como esposas cristianas puedan solas oponer a la corriente que avanza, la santa barrera del hogar".21 Podemos concluir que dentro de todas sus múltiples variantes, el feminismo de los sectores privilegiados de la sociedad durante esta época identificaba la libertad de la mujer con el mayor bienestar para la patria; parte del progreso humano hacia un mayor desarrollo. Es, en un sentido, un feminismo conservador, como la propia Mercedes Solá lo define: "En el feminismo hay como en todo problema social, las dos tendencias: conservadora y radical... La mujer latina se muestra totalmente, por el tipo conservador... El conservador debe hacer ostentación de todos los rasgos de la feminidad. "22 Este feminismo que no atenta contra la forma de la familia que tradicionalmente ha existido y que sigue afirmando que la función principal de la mujeres la de ser esposa y madre, realmente no atentaba en el nivel más profundo contra la subordinación de la mujer al dominio masculino. No obstante, sus logros y la experiencia que ganaron las mujeres en este proceso, marcaron un cambio que conduce a la continuada exigecia de independencia y libertad personales. Nuestra gran Julia de Burgos la expresa magistralmente en su poema Yo misma Fui Mi Ruta:23 Yo quise ser, como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes, y mis pies planos sobre la tierra promisora, no resistían caminar hacia atrás, y seguían adelante, adelante, burlando las cenizas, para alcanzar el beso de los senderos nuevos.

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El Feminismo de los Trabajadores "Es hora ya de que la mujer no reclame sino que tome el sitio que le corresponde en la lucha de los pueblos y que si está en mejores condiciones que el hombre para representar a las multitudes, se apreste pronta a cumplir con su deber." Eduardo Conde, "Dedicado a las Mujeres Socialistas", V, Justicia, 9 de junio de 1925. La preocupación por la condición de virtual esclavitud en que se encontraba la mujer estuvo presente en el movimiento obrero en Puerto Rico desde sus primeras manifestaciones. Tanto en los Centros de Estudios Sociales, organizados en las postrímerias del Siglo XIX, como en las organizaciones sindicales que se desarrollaron a partir de entonces, se apoyaban las luchas por los derechos de la mujer.24 Si el feminismo de las clases dominantes estaba enraizado en las corrientes del pensamiento liberal, en el obrero, la influencia fundamental fue la socialista y muy particularmente la del socialismo libertario que se difundía a fines del Siglo XIX en Europa y América.25 Estas corrientes facilitaron que el feminismo obrero concibiera la defensa de las demandas de la mujer asalariada como un deber de toda la clase trabajadora. Incorporaron así la lucha de las mujeres al marco más amplio de la lucha sindical y obrera. El feminismo socialista libertario exigía no sólo la defensa de los derechos de la mujer, sino que estos preceptos se convirtieran en un modo de vida para los trabajadores; algo que no solamente se expresara en sus discusiones y peticiones sindicales y políticas, sino en sus vidas mismas. Esto implicaba practicarlos en las relaciones de compañerismo entre hombres y mujeres en el taller, en la escuela, en los centros de recreo, en las actividades de lucha, en el matrimonio y en el hogar. Así, poco a poco, en la lucha misma, se iba engendrando una nueva sociedad. En el periódico Unión Obrera del 14 de febrero de 1907 encontramos un artículo que hace una l lamada a la mujer obrera a amar y luchar: ". . .Desear, querer y trabajar para alcanzar lo hermoso, lo justo y todo lo que de progresivo existe, coloca al ser en su misión de humano.. . ¿Te crees débil para conseguirlo, porque así te lo han dicho quienes en tu debilidad e impotencia acrecentan sus preponderantes tiranías? No eres débil, pues nunca débil puede ser la que con dolores da al hombre la vida; no es débi l la que en el hogar lleva con heroísmo los pesares y fatigas de la prole soportando en doble carga la de obrera y la de madre. No, no eres débil sino fuerte y valerosa. Y así debes convencerte y marchar camino de la vida donde lucha el hombre para que sea mayor la victoria, pues nunca éste será libre mientras tú permanezcas esclava. ¡Sí, ama y lucha!"2fi Las mujeres trabajadoras tomaron muy en serio su responsabi l idad de amar y luchar. Siempre demostraron que su feminismo no entraba en contradicción con el amor por sus hijos, esposos, fami l iares. Muy por el contrario, entendían que una mujer liberada, una mujer productiva y creativa podría desarrollar al máximo su potencial humano, capacitándose mejor para sus relaciones afectivas y sus responsabilidades familiares. Exigían a sus esposos que las trataran como iguales, como compañeras en las responsabilidades del taller y de la lucha obrera, así como en las del hogar. Algunas fueron prolíficas escritoras, como Luisa Capetillo, y muchas fueron líderes del movimiento obrero.27 Como demandas específicas, las mujeres obreras exigían el derecho al trabajo asalariado, el derecho a recibir igual paga que el hombre por igual trabajo y el derecho a la sindicalización. Exigían igualdad y libertad, igual participación que los hombres en la vida de su país. 28 En sus luchas políticas, los trabajadores entendían que los miembros de los grupos que 10


tenían entonces más poder económico y político en la sociedad puertorriqueña eran sus enemigos. Veían a estos grupos como portadores de ideas conservadoras que ponían barreras al progreso y desarrollo del país y de los trabajadores. Es por esta razón que el patriotismo obrero, que se reflejaba a su vez en el feminismo de esta clase, fue de corte socialista.29 Abogaban por una mujer diferente a la que Eduardo Conde describía como muñequitas de biscuit y pedazos de carne con hueso, amigas del espejo, de los polvos y de otras tantas cosas que utilizaban para entretenimiento de los hombres. Afirmaba también Conde que estas mujeres no tenían la culpa pues hacían lo que se les había enseñado. Hablaba también de los "moralistas de cartulina" que se horrorizarían si la mujer se atreviera a hacer algún esfuerzo por tener la misma libertad de que gozaban los hombres.30 El feminismo de los trabajadores era, pues, amenazante para los que ostentaban las posiciones privilegiadas en la sociedad porque proponía la creación de un mundo donde los seres humanos establecían relaciones sobre bases muy diferentes y con entera libertad. En esta nueva propuesta de sociedad ellos perderían los privilegios a los cuales estaban acostumbrados por tanto tiempo. Estas diferencias entre ambas formas de feminismo, dos vertientes de origen y dirección tan marcadamente distintas, nos presentan dos proyectos feministas que si bien no son totalmente opuestos, se encontraban bastante distantes uno del otro. Respondían a intereses de clase diferentes y, de ese modo, marcan la historia del feminismo en Puerto Rico hasta el momento presente. Describiremos ahora más específicamente las transformaciones económicas que sirvieron de base a estas dos vertientes.31

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Luisa Capetillo, 1883-1922, oradora, escritora, corresponsal del diario Unión Obrera, y organizadora sindical junto a otros líderes obreros.


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Manifestación obrera celebrando el Día del Trabajo, 1916.


Los primeros graduados de la Universidad de Puerto Rico en junio de 1907. De los 2,791 graduados desde 1907-1923, las mujeres constituyeron el 74% del total.


CAPITULO III INCORPORACION DE LA MUJER A LOS CAMBIOS ECONOMICOS Y SOCIALES "El trabajo de la mujer es muy concienzudo, muy minucioso y por tanto, muy eficiente: al mismo tiempo se paga con la mitad, o menos, de la remuneración del hombre. Esta ventaja no pasa inarvertida para los que quieren aprovecharla." Mercedes Solá, Feminismo, 1922. Bases Históricas En la sociedad puertorriqueña actual resulta natural y común observar a miles de mujeres que salen diariamente a trabajar fuera del hogar. No nos sorprende que haya mujeres obreras en la industria, maestras, enfermeras, pediatras, abogadas y en toda otra serie de empleos que antes les eran vedados. Este cuadro que hoy nos parece tan natural comenzó a hacerse visible a principios de este siglo. Aunque las mujeres siempre habían trabajado en la producción familiar sin percibir remuneración económica, es a partir de 1900 que éstas se incorporaron ampliamente al trabajo asalariado. Los cambios sociales y económicos ocurridos a partir de esta fecha transformaron su participación en la economía y con ello su posición social. Daremos una ojedad a esta historia, destacando la aportación de las mujeres al sostén de nuestra economía como obreras en la manufactura y como profesionales en los servicios de educación y salud. Pero primero es necesario aclarar algunos elementos del contexto histórico dentro del cual se dieron estos cambios tan importantes en la vida de las mujeres y, por ende, en la de todos los puertorriqueños.1 Durante el Siglo XIX la mayoría de la población vivía en pequeñas fincas donde hombres, mujeres y niños sembraban, criaban animales y cosían, produciendo lo necesario para su subsistencia. Los trabajadores también producían en las haciendas de café y caña, por lo que podían recibir pago en vales o productos. El pago en dinero a artesanos y a trabajadores que vivían de un salario apenas comenzaba. Este pago en dinero, sin embargo, no era entonces ni lo más frecuente ni tan necesario como es hoy para mantener a las familias trabajadoras. La mayor parte de ellos vivían de los que ellos mismos producían o de lo que intercambiaban. Con el final de la Guerra Civil en los Estados Unidos el poder del capitalismo industrial de este país se afirma y sus procesos de expansión se intensifican. Es en este contexto que debemos ubicar los cambios que se van desarrollando en la economía puertorriqueña. Lentamente, a través de todo el Siglo XIX, las relaciones económicas entre los Estados Unidos y Puerto Rico fueron ampliándose. Desde mediados del siglo en adelante, la mayor parte de los productos importados a la isla provenían del mercado estadounidense. Durante la Guerra Hispanoamericana se consolidó esta penetración económica e influencia política y militar cuando en 1898 los Estados Unidos invaden a Puerto Rico y establecen un gobierno militar. Este gobierno, así como el establecido posteriormente mediante las Actas Foraker y Jones, fijaron su atención en los aspectos económicos del gobierno de los Estados Unidos en Puerto Rico proveyendo el marco de ley para el máximo desarrollo del capitalismo en la Isla. De Centro Cafetalero a Cinturón Cañero. Del Trabajo Familiar al Trabajo Asalariado... Planchando, Despalillando, Cosiendo Protegidas por las tarifas que se imponían a los productos importados no estadounidenses, 15


las inversiones norteamericanas en Puerto Rico aumentaron vertiginosamente. Asistimos así a un período de expansión de la industria del azúcar que dominó nuestra economía hasta entrada la década de 1930 y a un auge en la industria del tabaco que dura hasta la década de 1920. Finalmente, ante la abundancia de mano de obra barata que ofrecía aquí la crisis económica, vemos moverse a la Isla a la industria de la aguja durante las décadas de 1920 y 1930. Durante este período, por otro lado, el café, la industria principal durante el final del siglo pasado, fue decayendo ante los impuestos que exigía el gobierno norteamericano para su exportación a otros países y debido a la competencia que representaba el café brasileño en los Estados Unidos. Con el aumento en las inversiones norteamericanas se aceleraba una transformación en la organización económica de la Isla. La expansión de la industria del azúcar acaparó las mejores tierras costeras y fue eliminando las pequeñas fincas de produción familiar para la subsistencia. Los campesinos que tenían sus parcelas como agregados en las haciendas cafetaleras fueron también desplazados con su ruina. Los productos que se importaban masivamente para la venta, por otro lado, llegaron a resultar más baratos, más accesibles o más cómodos de obtener que aquellos producidos en los hogares o talleres artesanales. La importanción masiva de productos norteamericanos desplazaba así con su competencia a zapateros, panaderos y otros artesanos puertorriqueños. Sin tierras los campesinos y arruinados los artesanos, se vieron imposibilitados de producir lo que necesitaban para vivir. Según se hacía indispensable el dinero como medio para adquirir los productos y servicios necesarios para la subsistencia, el empleo asalariado se iba convirtiendo en un requisito para la supervivencia. Se desarrollaban de esta manera en Puerto Rico una forma de capitalismo llamada capitalismo corporativo. En éste dominaban pocas, pero muy poderosas corporaciones industriales, comerciales y bancarias que, en nuestro caso, eran casi en su totalidad estadounidenses. A la necesidad de un salario, sin embargo, se enfrentaba el hecho de que bajo esta nueva organización económica los empleos se hacían cada vez más escasos. Con las inversiones en la caña y el tabaco se observó inicialmente un acelerado aumento en el empleo asalariado, tanto de los hombres, como de las mujeres. Sin embargo, aunque la producción y las ganancias de los empresarios continuaron aumentando por un tiempo, a partir de 1910 comienza en Puerto Rico un descenso en el empleo. Ante la amenaza a las ganancias, provocada por la competencia internacional y acentuada por las demandas de los trabajadores, los empresarios incorporaron máquinas y otras medidas que aumentaban la capacidad productiva de la industria sin necesitar emplear más trabajadores. Este desempleo se agudizó con el descenso en la producción de trabajo a partir de 1920 y se agravó durante la gran Depresión económica de 1930. Ante esta situación, los trabajadores tenían que aceptar salarios más bajos y las peores condiciones de empleo, "buscárselas" o emigrar. A partir de 1920, aumentan los empleos inestables, tales como choferes, quincalleros, revendones y lo que se conoció popularmente como el "chiripeo" en los servicios. Durante esta época se expanden las industrias de la aguja y el despalillado de tabaco a domicilio, industrias con los salarios más bajos y condiciones inhumanas de empleo. Ya para principios de 1930, la industria de la aguja ocupaba el segundo lugar en el volumen de exportaciones de la Isla y era el sostén económico de miles de familias, principalmente a través del trabajo de las mujeres. De hecho, a través de la historia de Europa, Estados Unidos, América Latina y Oriente, la industria de la aguja siempre ha sido una de las más explotadoras del trabajo humano y muy especialmente del trabajo de las mujeres. Todos estos cambios económicos fueron transformando la manera en que las mujeres participaban en la economía.2 Durante el siglo pasado, la mayoría se habían mantenido en la producción familiar, mientras que las empleadas por un salario se concentraban en servicios domésticos y personales como lavanderas, planchadoras y sirvientas. Debido a que estas áreas de la economía aún no se habían desarrollado grandemente, sólo un grupo muy pequeño 16


se desempeñaba en las industrias manufactureras o como profesionales. Sin embargo, la proporción de mujeres empleadas aumentó de 9.9% en 1899 a 26.1% en 1930, mientras el empleo de varones descendía de 93.1% en 1910 a 81.0% en 1930.3 Una proporción cada vez menor de las empleadas trabajaban en servicios domésticos, aunque éstos continuaron siendo una importante fuente de empleo para mujeres y niñas. Por otro lado, el desarrollo de una economía industrial y comercial produjo un aumento en el trabajo de ventas y de oficina, en servicios profesionales y, sobre todo, en la manufactura. En ésta, las mujeres trabajaron principalmente en el tabaco y en industrias afines a sus destrezas tradicionales, tales como costura, calado y bordado: la industria de la aguja. Así vemos cómo las mujeres se van incorporando al trabajo asalariado, aunque siempre de manera limitada y cómo van constituyéndose en sostén de la nueva organización económica. ¿Por qué aumentaba así el empleo de las mujeres, mientras descendía relativamente el empleo de varones? Los inversionistas comprendieron que las mujeres eran trabajadoras hábiles y productivas a quienes se podía ofrecer salarios más bajos que a los hombres. En la asamblea de las Uniones de Tabaqueros, celebrada en 1911, se describía así la situación de injusticia que sufrían las trabajadoras: "Las compañías las explotan sin conciencia, las envilecen los empleados, les dan un salario tan menguado que no se puede considerar mayor de 20 a 30 centavos por día de 9 a 10 horas en el despalillado y la preparación de la hoja."4 Para 1934, la mayoría de las mujeres continuaban trabajando sobre 40 horas semanales y sólo aquellas que se desempeñaban como telefonistas, trabajadoras de oficina u operarias en el tabaco podían ganar entre 30 y 40 dólares mensuales. Las que trabajaban confeccionando sombreros de paja o en lavanderías comerciales y las cajeras ganaban generalmente entre 4 y 6 dólares semanales; mientras las despalilladoras y las que trabajaban en fábricas de ropa y enlatado de alimentos ganaban sólo entre 2 y 4 dólares semanales. Por otro lado, las condiciones físicas de las fábricas y talleres eran, en muchos casos, inadecuadas. Resultaban común la aglomeración, la falta de agua potable y servicios sanitarios, así como la escasa ventilación e higiene. El empleo más extendido en este momento histórico, sin embargo, llegó a serla industria de la aguja a domicilio, la que ofrecía los horarios de trabajo más largos por los salarios más bajos y hacía de los hogares más pobres, centros de trabajo para toda la familia. Para completar la tarea, cuyo pago equivalía a dos centavos o menos la hora, miles de familias trabajaban sin límite de tiempo: 9, 10, 11 horas diarias, semanas completas.5 ¿Por qué aceptaban las mujeres estas condiciones de empleo? Mencionamos cómo el capitalismo limitó la entrada de mujeres al trabajo asalariado y condujo a que se les viera como empleadas inferiores o suplementarias. Así, aunque el empleo de mujeres aumentaba, éste era aún mucho menor que el de los varones. Para la mayoría de las mujeres, quienes estaban acostumbradas a trabajar sin recibir salario, algún ingreso era mejor que ninguno. La falta crítica de empleo en la Isla, la competencia que surgía por la abundancia de trabajadores para ocupar los pocos empleos disponibles, además de la subordinación tradicional de las mujeres, las obligaba a trabajar por salarios que no les permitían sal ir de la pobreza. El temor de perder lo que era, en muchos casos, la única posibilidad de ingreso familiar llevaba a las mujeres a aceptarlos peores salarios y condiciones de trabajo y hacía más difícil el que se atrevieran a organizarse para exigir mejoras a su situación. Así, porejemplo, la presión del desempleo era el argumento principal de los que empleaban a las trabajadoras de la aguja ante los que denunciaban las condiciones en que éstas vivían y producían. Señalaban que cualquier intento de transformar las condiciones del trabajo a domicilio destruiría la industria y así la fuente de empleo de miles de familias y en particular de las mujeres.6 Las trabajadoras a domicilio sufrían, de hecho, las peores condiciones de empleo y salario.? Aunque ante la actividad del movimiento obrero, en el 1919 se aprobó una ley de salario 17


mínimo para la mujer, ésta excluía expresamente a las trabajadoras a domicilio y a las que laboraban en ocupaciones agrícolas, incluyendo a las despalilladoras de tabaco. De esta manera, en el trabajo a domicilio no se pagaba por hora, sino por piezas y no había leyes en cuanto a salario, horarios de trabajo o condiciones de salud y seguridad. Trabajando aisladamente en sus hogares, era difícil que las obreras se organizaran para luchar por sus derechos y lograr la reglametación de su trabajo. Es así como la industria de la aguja de Estados Unidos, que se extendió a Puerto Rico alrededor de 1917 buscando mano de obra abundante y barata, se movió de los talleres a los hogares. La débil situación de las trabajadoras a domicilio se manifestaba en la misma organización de la industria de la aguja. Las grandes casas comerciales de Nueva York establecían el pago total por las piezas terminadas que vendían luego a precios muy superiores. Contrataban a una serie de dueños de talleres, agentes y subagentes, quienes empleaban a las obreras, quedándose cada uno en promedio con 22% de comisión. Mientras más agentes y subagentes intervenían en ofrecer el trabajo, menor el pago a las obreras. El desempleo y la subordinación propiciaban, pues, un sistema en el cual los bajos salarios permitían las ganancias de una inmensa red de inversionistas e intermediarios. El desarrollo de las industrias en Puerto Rico explicaba así la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado y las condiciones que éstas se veían presionadas a aceptar. Ya en la década de 1930, las condiciones críticas de la Depresión provocaron las luchas de los trabajadores y forzaron a sectores del gobierno en Estados Unidos y Puerto Rico a considerar la reglamentación del trabajo a domicilio y otras reformas económicas que intentaban moderar un mayor conflicto social. Antela amenaza de un posible aumento en salarios que mermara sus ganancias, la industria de la aguja dejó la Isla hacia finales de 1930.8 Con la crisis del tabaco y la huida de la industria de la aguja finalizaba una etapa en nuestra economía y en el empleo de las mujeres en la manufactura. Se habían establecido, sin embargo, las bases para su empleo en las industrias de ropa y textiles que dominarían la economía puertorriqueña a partir de la Segunda Guerra Mundial. La Mujer en los Servicios: Enseñando, Orientando, Curando El movimiento hacia una sociedad industrial más avanzada requería, además del trabajo manufacturero y comercial, el desarrollo de sistemas de educación y salud que ayudaran a capacitar a la población para realizar las nuevas funciones económicas y sociales que ésta hacía indispensables. La mayor parte de las tareas que los trabajadores realizaban en un sistema de producción fundamentalmente agrario, no requerían las destrezas académicas básicas que adquiere cualquier persona con una educación elemental. Las ocupaciones que se abrían en el sistema industrial, sin embargo, sí lo requerían. Servicios como los de contabilidad, derecho, secretarial, reparación de equipos industriales y de oficinas y el manejo de estos equipos, no podían ofrecerse por trabajadores analfabetos. Por otro lado, en el campo de la salud pública se hacía indispensable eliminar las enfermedades relacionadas con los parásitos, las gastrointestinales, la anemia y la tuberculosis, que eran endémicas en Puerto Rico. Los trabajadores de la industria y el comercio modernos debían ser alfabetizados y estar saludables para que pudieran ser eficientes en su trabajo. El gobierno comenzó así a impulsar programas de educación y salud que abrían nuevas oportunidades de empleo a la mujer puertorriqueña, además de los que se iban abriendo en la industria y el comercio. De esta manera, la nueva situación de la mujer en Puerto Rico quedaba íntimamente vinculada al crecimiento de la industria y la gestión de política pública. Las mujeres eran un grupo ideal para realizar estas funciones. Una gran parte de las tareas pertinentes a la ejecución de esta política pública eran perfectamente compatibles con las que tradicionalmente se asignaban a las mujeres en la familia. Cuidar y educar a los niños, atender a los enfermos, servirle a los hombres, siempre habían sido ocupaciones femeninas. Ya preparadas por la experiencia para asumir estas funciones, ahora simplemente se les educaría 18


para cumplirlas de manera más especializada fuera del ámbito familiar. La disponibilidaddelas mujeres como trabajadoras capacitadas permitía así ampliar estos servicios ocupando las posiciones de menor poder y manteniendo los más bajos salarios. Desde 1900, los representantes del gobierno de Estados Unidos plantearon la necesidad de desarrollar en Puerto Rico una política pública educativa que respondiera a la posición estratégica de Puerto Rico con respecto al comercio internacional norteamericano.9 Para cubrir las necesidades de las industrias que se iban a traer a la Isla, era necesario, por un lado, una educación elemental y de tipo vocacional para las mayorías y, por otro, una educación avanzada para un número limitado de profesionales que actuarían como líderes en el gobierno, en los servicios y en el comercio. La participación de las mujeres en estos programas educativos las ubicaría en los que serían sus futuras ocupaciones. Fue así como comenzó un extenso programa de educación elemental en el cual participaron tanto niñas como niños. De modo complementario se fueron estableciendo programas de educación vocacional en los que a los niños se les enseñaban técnicas para la agricultura y crianza de animales ya las niñas, cocina, dibujo y costura.10 Se preparaba así a los trabajadores agrícolas y de la aguja, al mismo tiempo que se establecían funciones diferentes para hombres y mujeres, tanto en el empleo como en el hogar. La formación de mujeres profesionales recibió también un impulso. Durante el siglo pasado, la instrucción superior había sido sumamente limitada en la Isla, sobre todo para las mujeres. En 1899, sólo 5,045 habitantes de un total de 353,249, tenían instrucción superior, de los cuales poco más de una cuarta parte eran mujeres. Ya en 1903 se funda la Universidad de Puerto Rico, lo que produce un aumento, aunque limitado, en el número de hombres y mujeres profesionales. Entre 1903 y 1923 hubo 2,791 graduandos de la Universidad, del cual el 74% fueron mujeres. Dos profesiones recogían un gran número de éstas: el magisterio y la enfermería. 11 Las mujeres dedicadas al magisterio fueron instrumentales en el desarrollo del sistema de instrucción. Desde el siglo pasado, diversas agrupaciones preocupadas por la instrucción de la mujer, habían abierto instituciones para la formación de maestras. Según aumentaba la necesidad de maestros para extender los programas educativos elementales, las mujeres fueron dominando numéricamente la profesión. De un 30% del magisterio en 1899, las mujeres llegaron a constituir el 75% de la profesión en 1930.12 No obstante, mayoritariamente los puestos de inspectores escolares y los puestos ejecutivos de más alto poder permanecieron en manos de los hombres.13 Aún así, es en el magisterio donde surgieron líderes que promovieron la instrucción de la mujer dentro del desarrollo industrial establecido. Aquellas que lograron ocupar posiciones más destacadas, asumieron puestos administrativos en el sistema de instrucción y abrieron sus propios centros escolares. Milagros Benet de Mewton fue la responsable de la legislación que permitió la enseñanza de costura y bordado en las escuelas.14 Teresa Capó de Antonsanty, Obdulia Cottes de Lázaro, Angela Santaella y Olivia Paoli de Braschi, entre otras, fundaron centros escolares en los cuales se enseñaban cursos comerciales y de costura. Ana Roque de Duprey ofreció enseñanza en su hogar a estudiantes de escasos recursos económicos, dirigió escuelas del gobierno y fundó, además, el Liceo Ponceño y el Colegio Mayagüezano.15 Esta lista podría ampliarse aún más, pero es suficiente para demostrar cómo la política pública impulsó el surgimiento de un nutrido grupo de mujeres dedicadas al magisterio que fueron fundamentales en la ampliación de la educación formal del pueblo puertorriqueño. Continuando una trayectoria de origen en el siglo pasado, la lucha por la instrucción de la mujer estuvo íntimamente vinculada a la lucha por la igualdad de derechos frente al hombre. Las maestras fueron así también el grupo de donde surgieron la mayoría de las más reconocidas líderes sufragistas, aquellas feministas que luchaban por el derecho de la mujeral voto.16

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Era imperativo que el nuevo régimen también estableciera una política amplia para mejorar las condiciones de salud en la Isla. La insalubridad, la falta de higiene y las enfermedades contagiosas eran críticas desde antes de 1900. Según se agudizaba la crisis económica a partir de la década del veinte, estas condiciones empeoraban y aumentaban los casos de tuberculosis, la mortalidad general y la infantil.» Las autoridades aceptaban que la pobreza —falta de alimentación adecuada, la aglomeración, la falta de ventilación— así como el polvo del tabaco, estaban en la raíz de estas condiciones de salud.18 En tanto se eliminaba esta situación,la incipiente sociedad industrial inició el desarrollo de un sistema de salud más amplio, basado en técnicas de prevención modernas. De la misma manera que se adelantaba en la invención de maquinaria para las industrias, los científicos generaban descubrimientos en la medicina. Fue determinante el control de las enfermedades contagiosas, tales como la tuberculosis y la malaria, las cuales instituían las principales causa de muerte en la Isla. Se requería entonces centros de salud y un equipo de médicos, enfermeras y trabajadores sociales que, además de curar estas enfermedades, transmitieran los nuevos conocimientos médicos, de higiene y alimentación a la población. En estas condiciones surgen en Puerto Rico las primeras mujeres médicos, entre las cuales podemos mencionar a las doctoras Josefina Villafañe, Marta Robert y Lola Pérez Marchand, quienes fueron, además, líderes feministas.19 La participación de las mujeres en la enfermería fue mayor. Observamos así que en 1899 había 64 enfermeras, quienes representaban la mitad de esta población, mientras en 1930 había 921 enfermeras, las que representaban el 94% del total.20 Vemos que, al igual que en la educación, las mujeres fueron fundamentales en los programas de salud pública a través de los cuales mejoró la salud de nuestro pueblo. Estos datos, que en ningún sentido son exhaustivos, resultan, sin embargo, suficientes para comprobar que no sería correcto escribirla historia de Puerto Rico sin referirse al trabajo de las mujeres. Estas participaron siempre en las tareas del hogar, tareas tan importantes que las personas y los grupos no podrían sobrevivir sin que éstas se cumplan. También participaron en la producción familiar. Desde el siglo pasado empezaron a participar en el trabajo asalariado y con la llegada de este siglo, su empleo ha sido parte de las diferentes estrategias económicas que se han desarrollado en la Isla. Trabajaron en la industria del tabaco y fueron sostén económico en la industria de la aguja. Las mujeres profesionales asalariadas, a su vez, fueron esenciales en la implantación de los modernos sistemas de educación y salud. A pesar de que el trabajo de las mujeres era básico para estos programas económicos y sociales, éste se ofrecía en condiciones que, de una parte, limitaban a las profesionales a unas posiciones específicas y, de otra, permitían una pobreza extensa entre las obreras. Por esta razón, en esta época apenas encontramos mujeres abogadas, farmacéuticas o doctoras en medicina, las profesiones de mayor prestigio e ingreso. A las obreras también se les mantenía en las posiciones peor pagadas, además de que se burlaban continuamente las medidas destinadas a garantizarle mejores salarios y un horario razonable de trabajo. Era preciso, pues, que las mujeres se organizaran para demandar que sus derechos fuesen reconocidos.

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Recogida de café, 1919. Otro de los sectores al que se incorpora la mujer obrera.

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Las despalilladoras de tabaco. Casi todo el despalillado estaba en manos de mujeres. Estas realizaban las labores peor pegadas.


Fábrica de enlatado de piñas, 1920-1930. En éstas no se les proveía asientos a las obreras.


Mujeres en fábrica de sombreros, pañuelos y ropa, 1920-1930.

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Mujeres en fábrica de costura.


Estudiante de una escuela de San Juan trabajando en la preparación de un encaje fino llamado mundillo.

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Un gran número de niñas trabajando a domicilio en la confección de sombreros de paja.

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El magisterio llegó a ser una ocupación predominantemente femenina. Para el 1930, el 74% de todos los maestros eran mujeres.


Estudiantes de enfermería.


CAPITULO IV LAS MUJERES SE ORGANIZAN "Que la más enérgica y decidida campaña, sea llevada a la práctica, en pro de la organización de la mujer." Resolución: Para organizar prácticamente en el seno de la Federación Libre, la mujer obrera del país. Sexto Congreso Obrero de la Federación Libre de Trabajadores, 18-24 de marzo de 1910. Durante la celebración del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer en 1985 se confirmó que aún al final del Siglo XX, las mujeres se encuentran sufriendo una situación de desigualdad e injusticia. En Puerto Rico, como en otros países, durante la pasada década se organizaron grupos de trabajadores para adelantar la posición de las mujeres en nuestra sociedad. Este esfuerzo organizativo, sin embargo, no es producto de una sola década. Su origen está vinculado a una larga tradición organizativa feminista que se da en Puerto Rico desde principios de siglo. Ante la situación de discrimen que sufrían las mujeres, éstas sólo tenían una alternativa: aceptarla calladas y con resignación o luchar contra ella. Muchas hacían lo primero porque pensaban que no tenían otro remedio. Otras confrontaban individualmente el discrimen cuando le salía al paso en su vida familiar o en su empleo. Algunas se organizaban para combatir lo que entendían que era una grave injusticia. Estas optaban por luchar para mejorar su condición de vida y la de otras mujeres que compartían esa misma condición. A la vez, abrían camino a las próximas generaciones. Aquí revisaremos parte de la historia de las primeras organizaciones de mujeres que tuvieron impacto en procesos sociales de carácater más amplio y que culminaron en la lucha por sus propios derechos. En primer lugar, describiremos la organización de las mujeres como parte del movimiento obrero. En segundo lugar, las mujeres organizadas en agrupaciones cívicas, generalmente de carácter reformista o filantrópico y su relación con las organizaciones sufragistas. Mujeres en el Movimiento de los Trabajadores: Lucha Sindical y Feminismo Obrero Según aumentaba el número de los trabajadores asalariados, iba desarrollándose un movimiento obrero combativo que luchaba por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Al incorporarse al trabajo asalariado, la mujer obrera, por tradición limitada a la gestión del hogar y la familia, privada del estudio formal, y destinada a una condición de sumisión y servilismo, empezó a tomar conciencia de los derechos civiles y políticos que debían reconocérsele. Las organizaciones obreras incorporaban alas mujeres desde sus inicios.1 Así, el Centro de Estudios Sociales, fundado en 1898, y otros centros de estudio organizados por los obreros apoyaron la educación para ambos sexos. La Federación Regional de Trabajadores, primera organización de carácter sindical en la Isla, fundada en 1898, y la Federación Libre de Trabajadores, que continuó su labor en 1899, también sostuvieron como principio básico la organización de trabajadores de ambos sexos.2 31


La situación de desigualdad y pobreza de las mujeres trabajadoras no era lo único que impulsaba a la Federación Libre a organizar a las obreras. Se temía que las mujeres, dispuestas a aceptar menor paga, desplazaran a los varones e hicieran descender los salarios de todos los trabajadores De ahí, la necesidad de organizar y educar a las mujeres para evitar su amenaza como mano de obra barata.3 Con estos propósitos se crearon comités especiales para la organización de la mujer en congresos y asambleas y se formularon en su favor demandas de salario mínimo y mejores condiciones de salud y seguridad en el trabajo.4 Esperaban que las mejoras en sus condiciones de trabajo y la mayor conciencia que promovía su participación en el movimiento obrero la mantendría unida al varón en sus luchas, en lugar de hacerla su competidora. Este llamado a la organización, sin embargo. se dio con grandes preocupaciones por parte del liderato obrero. En las asambleas de las Uniones de Tabaqueros en 1911 y 1913, por ejemplo, cuando se planteó la necesidad de afiliara las mujeres, se llegó a considerare) impedirsu entrada al oficio si éstas no aceptaban organizarse.5 El temor del liderato obrero resultó no tener mucho fundamento. La participación activa de fas mujeres exigiendo que se les organizara, así como la necesidad de solidaridad entre los trabajadores de ambos sexos, llevó a que se les reconociera su capacidad y liderato. Así, cuando se funda el Partido Socialista en 1915, como brazo político del movimiento obrero, su programa exigía que para la creación de comités locales, una tercera parte de los afiliados fueran mujeres. También debía nombrarse una mujer entre los tres representantes de zona a la dirección central. Más aún, es el primer partido en exigir el voto para la mujer.6 En 1920, ademas, se sometieron enmiendas a la Constitución de la FLT con el propósito de que dos de los nueve vicepresidentes de esta organización fueran mujeres.? Resultaron electas Emilia Hernández y Joaquina Díaz Gamboa como Vicepresidentas de la FLT,mientras Concha Torres (legó a ser Vicepresidenta del Partido Socialista en 1930.8 El movimiento obrero incorporaba así demandas y líderes de agrupaciones feministas dentro del sus organizaciones. Definitivamente, las mujeres llegaron a constituir símbolos de lucha en las organizaciones obreras. Va en 1904 había 9 uniones de mujeres, las cuales aumentaron a 37 en 1911 durante el Sexto Congreso de la FLT. 9 Estas uniones organizaban lavanderas, planchadoras, costureras y trabajadoras del hogar, así como despalilladoras y escogedoras de café, con propósitos de ayuda mutua y para demandar reivindicaciones económicas y políticas.10 Miembros de estas uniones participaron en los congresos de la FLT, no sólo apoyando medidas que beneficiaban a fas muje'es sino a todos los trabajadores." En estas organizaciones se destacaron líderes como Francisca Escabí, Tomasa Vumart, Raimunda Otero, Juana Colón y Luisa Capetillo.12 La participación de las mujeres en movimientos huelgarios, manifestaciones y otras ac'ividades hacían evidente la firmeza de sus demandas. Los paros en el tabaco, en la aguja y en otras industrias que empleaban gran cantidad de mujeres fueron un apoyo y una chispa que prendió extensos movimientos huelgarios a través de toda la Isla. Estos se dieron fundamentalmente entre 1905 y 1907 y en la década del 1910, momentos de auge del movimiento obrero; y sobre todo. en la década de 1930 cuando la Depresión agudizaba las condiciones económicas y tos obreros buscaban alternativas de lucha. 13 Tras una época de auge, !a década de 1920fue una dedebilidad del movimientoobrerodebido al creciente desempleo y por la fusión en contra del Partido Socialista de los otros dos partidos entonces existentes. Estos se unieron hasta 1929 en la Alianza Unión Republicana. Al disolverse la Alianza,el liderato del Partido Socialista decidió unirse al Partido Republicano en la Coalición, que triunfó en las elecciones de 1932. Se aglutinaba así el voto de muchos que tenían esperanza de que un nuevo gobierno pudiera hacerle frente a las condiciones críticas de la Depresión. Durante esta década resurgieron, de hecho, las luchas de los trabajadores empleados y desempleados en Estados Unidos y aquí en Puerto Rico, con lo que se provocaba una situación de conflicto social. Estos presionaban para que el gobierno de los Estados 32


Unidos y el liderato del Partido Socialista discutieran medidas de salario mínimo, horario de ocho horas y otros beneficios para los trabajadores. Estas medidas, algunas de las cuales se aprobaron en Estados Unidos, encontraron aquí, sin embargo, gran resistencia de parte de los gobernantes norteamericanos en la Isla y de algunos legisladores puertorriqueños. El liderato del Partido Socialista también llegó a asumir una posición conciliadora y ambivalente ante éstas y otras demandas y medidas en beneficio de los obreros.14 Los obreros se vieron presionados por las condiciones económicas, alentados por las medidas de salario mínimo y horas de trabajo razonables que se discutían en los Estados Unidos y descontentos porque éstas no se aplicaban aquí en Puerto Rico. Esto trajo consigo una intensificación de la actividad dentro de la FLT y fuera de ésta cuando sus directrices no respondían a los intereses de los trabajadores. Así tenemos que en 1938 las uniones de trabajadores de la aguja apoyaban las leyes federales de Normas Razonables del Trabajo, tanto en comunicaciones a representantes del gobierno de los Estados Unidos, corno en asambleas, en abierta oposición a las posiciones del liderato del Partido Socialista y del gobierno de Puerto Rico.15 También se organizaron fuera de la FLT movimientos de consumidores en contra de los altos precios, y de desempleados exigiendo trabajo. Muchos de los participantes en estos movimientos fueron mujeres, particularmente aquellas que iban perdiendo sus empleos al abandonar la Isla la industria de la aguja.16 Ya para 1940, el movimiento obrero se aglutinó en una nueva organización, la Cofederación General de Trabajadores. También esta página de la historia obrera de Puerto Rico fue parte de la historia de la mujer puertorriqueña. Con la virtual desaparición de las uniones de mujeres de la FLT y las organizaciones desarrolladas durante la Depresión finalizaba, sin embargo, una etapa del movimiento obrero. Debe quedar claro que la historia de la organización de la mujer trabajadora es tan larga como la de este movimiento. Feminismo Obrero Quisiéramos finalmente destacar que a través de su participación en el movimiento obrero, las trabajadoras desarrollaron, además, conciencia de su situación como mujeres. Comenzaban a verse como iguales a los hombres ya desmostrar que se encontraban lejos de la imagen de sumisión y servilismo tradicional. Todas estas experiencias torraron forma en u~i definido feminismo obrero que permea la época antes descrita y que reseñaremos a grandes rasgos. En 1919, bajo la dirección de Emilia Hernández y Genara Pagán se celebró el primer Congreso de Trabajadoras de Puerto Rico, auspiciado por la FLT. En este Congreso se aprobaron resoluciones en torno al salario mínimo, horarios razonadles, protección de la salud y educación para la mujer. Apoyaron como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en todos los órdenes, incluyendo el derecho al voto.17 Con el fin de organizar ligas feministas que continuaran estos trabajos, se funda en 1920 la Asociación Feminista Popular de Puerto Rico con Franca de Armiño como Presidenta, Joaquina Díaz de Gamboa como Vicepresidenta, Betty Hall —sufragista estadounidense— corno Organizadora, y Luis Muñoz Marín como tnstructor y Director del Movimiento. ;R Este trabajo en pro de los derechos particulares de la mujer relaci3nó en a?,ou; os momentos mujeres del movimiento obrero con las organizaciones que represen«can ei otro sector de mujeres feministas, en el cual predominaban las mujeres profesionales. Milagros Benet y Mercedes Solá, de la Liga Femínea, participaron en la Convención Obrera de Mujeres en 1919.19 Mujeres obreras, además, formaron parte de la Liga Social Sufraáista, cuyas actividades se destacaron en la prensa obrera del país.2u Aunque las diferencias en posición social y visiones de la lucha impidieron la unificación de ambas tendencias, se dieron ocasiones en que las demandas y esfuerzos organizativos de ambos sectores coincidieron. Ante amenazas de dejar inoperante la ley de 1919 sobre salario mínimo para la mujer, se congregaron nuevamente las obreras en 1937 para fundar el Consejo Central de 33


Organizaciones Obreras Formadas Exclusivamente de Mujeres de la FLT. Las críticas condiciones que prevalecían en la industria de la aguja hacían prioritaria como demanda la reglamentación y eventual abolición del trabajo de la aguja a domicilio. Se continuó exigiendo, además, la promoción de la equidad en el salario, protección de la salud y el trato justo en los centros de trabajo como demandas particulares de las mujeres obreras.21 Entendemos que a través de estas actividades, las obreras expresaban una conciencia de que, si bien sus demandas estaban unidas a las del conjunto de los trabajadores, era necesario que se organizaran independientemente para solucionar sus problemas específicos como mujeres. Aún cuando se recabara la solidaridad de los hombres trabajadores, era a ellas a quienes correspondía liderear un movimiento orientado al reconocimiento de sus derechos como mujeres y como trabajadoras. Mujeres Profesionales: Reforma Social y Feminismo El surgimiento de un sector amplio de profesionales también dio origen a organizaciones que respondían al poder que les proveía su posición social. En un momento en que el gobierno apenas comenzaba a hacerse cargo de la educación y del alivio de la pobreza e insalubridad, muchas de las mujeres de sectores medios y clases dirigentes colaboraron con sus programas desde organizaciones cívicas y sufragistas. Aunque no todas las mujeres en las asociaciones cívicas eran feministas, sí lo fueron muchas de sus líderes, estableciéndose de ese modo una relación estrecha entre ambos tipos de organización. La participación extensa de las mujeres en organizaciones de apoyo a la seguridad militar de los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, se ha destacado como un factor importante de estímulo al movimiento feminista que luchaba por obtener el voto desde principios de siglo.22 Esto nos parece sólo parcialmente cierto. La participación de mujeres en organizaciones como el Concilio para la Defensa Nacional de Estados Unidos, la Cruz Roja Americana y el Programa de Bonos y Préstamos para la Victoria, ciertamente sirvió como argumento a estas mujeres para presionar al gobierno, de manera que se les reconocieran sus derechos.23 No obstante, es importante destacar que las organizaciones en que participaron mujeres profesionales, al igual que las de las obreras, fueron de una parte, previas a la Primera Guerra Mundial y, de la otra, trascendieron el período de la guerra. Tanto las luchas de las mujeres por sus derechos, como su participación en organizaciones con objetivos sociales más amplios, tuvieron una historia mucho más larga y profunda que sus aportes en favor del esfuerzo de guerra. Aún más, siguiendo el programa de la Alianza Internacional de la Mujer Sufragista, celebrada en Ginebra en 1920, feministas como Mercedes Solá se planteaban como objetivo trabajar en pro de una sociedad moralmente superior, en la que se rechazara la guerra y se realzaran los valores de bondad y paz atribuidos tradicionalmente a la mujer.24 Lejos de una orientación guerrerista, este feminismo se vinculaba al pacifismo y a la filantropía, que tomó forma en organizaciones de carácter benéfico. No sólo a través de su labor profesional, sino a través de organizaciones cívicas y religiosas, muchas mujeres de estos sectores canalizaron medidas para mitigar las pobres condiciones económicas e implantar reformas sociales. Colaboraron estrechamente con el gobierno en asociaciones como el Club Cívico de Damas, Hijas Católicas de América, Estrellas de Oriente, Ropero de Niños Pobres, Centavo Escolar, Liga Antituberculosa, Liga de Temperancia y asilos para niños y ancianos.25 De esta manera, las demadas de reforma y asistencia social en torno a la pobreza, educación y salud formaron también parte de los programas y planes de trabajo de las organizaciones feministas que luchaban por obtener el voto para la mujer, es decir, las sugragistas.26 Los objetivos de estas organizaciones cívicas y sufragistas, de hecho, se veían como afines a las del feminismo en su búsqueda de mejoras sociales. Las asociaciones cívicas y religiosas proveyeron a estas mujeres un medio para reconocer y desarrollar su capacidad de organización y liderato, sobre todo, para demostrarla a quienes se oponían a su participación social y política. Ofrecían también la oportunidad de aglutinar 34


mujeres en torno a problemas sociales más amplios, lo que podría servir de experiencia para organizarse y luchar por sus propios derechos. Es así como se funda el Club Cívico de Damas por iniciativa de una líder sufragista estadounidense.27 No es casualidad que la Liga Femínea de la Temperancia, organización que apoyaba la prohibición de las bebidas alcohólicas, se fundara en 1917, el mismo año que la Liga Femínea, organización sufragista, y que su liderato fuera parte de ambas organizaciones.28 Nombres como los de Isabel Andreu, Amina Tió, Soledad Lloréns Torres, Marcolina de Fernández Náter y Amparo Fernández Náter, son sólo algunos de los que se repiten en organizaciones cívicas y sufragistas. Observamos cómo las demandas sociales más amplias de las organizaciones en que predominaban las mujeres profesionales, al igual que entre las obreras, se tradujeron en demandas particulares para la mujer: el sufragio femenino, mejores condiciones de trabajo para las mujeres, salarios iguales para hombres y mujeres en tareas equivalentes, reformas en las leyes de divorcio y medidas relacionadas con el abandono de esposas y menores. En una comunicación a la Asamblea Legislativa en 1927, por ejemplo, la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas solicitaba el derecho al voto y también el derecho a la patria potestad de ambos cónyuges, disposiciones para asegurar la pensión alimenticia a los niños y la creación de un Negociado del Trabajo de la Mujer. Miembros de la Asociación favorecían, además, vacaciones por maternidad con paga y la creación de salas-cunas en centros de trabajo.3o Muchas de las demandas por reformas sociales y por los derechos de la mujer que caracterizaban estas organizaciones eran afines a las demandas del movimiento obrero. Esta afinidad, sin embargo, no llevó a una identidad total entre ambas tendencias. La ubicación en posiciones sociales diferentes y el carácter conservador de la mayoría de las organizaciones en que predominaban las profesionales, llevó a que éstas asumieran, en algunas instancias, posiciones contrarias y formas de lucha distintas a las de las obreras feministas. El objetivo de un gran número de las organizaciones cívicas y sufragistas era principalmente el proveer igualdad de oportunidades para que las obreras mejoraran su condición personal, aunque no necesariamente como grupo. Así, por ejemplo, aunque la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas promovía la educación para todas las mujeres, planteaba que sólo las mujeres que supieran leer y escribir deberían votar. En un momento en que aún existía un elevado índice de analfabetismo en la Isla, esto favorecía básicamente a los miembros de sectores sociales privilegiados. Se mantenía así una distancia entre las mujeres de ambas tendencias. Discutiremos ahora en más detalle esta lucha de las mujeres por el voto.

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Sexto Congreso de la Federación Libre de Trabajadores, 1910. Esta defendía el derecho al voto de todas las mujeres y fomentaba su incorporación al movimiento obrero organizado.


Huelga agrícola, 1914-1915. "Las mujeres de los trabajadores son las más interesadas en el movimiento de huelga. Ellas.., aseguran que... se gana porque alentarán a sus maridos," Unión Obrera, 28 de diciembre de 1915.


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CAPITULO V LA LUCHA POR EL SUFRAGIO La mujer puertorriqueña tiene el derecho de ejercer, junto al hombre, el derecho constitucional al sufragio, al voto. Esto, que hoy nos parece tan natural y lógico, no lo era para las mujeres que durante las primeras décadas del presente Siglo XX lucharon valientemente junto a hombres progresistas por el derecho a participar en el proceso electoral. La injusticia que representa negarle el derecho al voto a la mujer se hace más evidente cuando observamos que ya en 1885, en Nueva Zelandia, todas las mujeres tenían este derecho. En Australia se logra en 1893.E En Estados Unidos, después de prolongadas luchas y mediante enmiendas a la Constitución, se logra en 1920.2 Ese derecho no se extendió a la mujer puertorriqueña. Esta tuvo que continuarla batalla por ese objetivo. Hemos visto cómo la mujer, quien en las diversas etapas coloniales ha sido limitada al hogar y a la familia, al educarse y trabajar asalariadamente ha ido tomando conciencia de su posición desigual frente al hombre. De ahí su reclamo por igualarse a éste en derechos civiles y políticos. Entre estos derechos exigió su participación en la vida social y política de su país mediate el voto. En Puerto Rico, esta lucha se desarrolló desde dos vertientes: 1) la mujer en el movimiento obrero organizado, básicamente por la Federación Libre de Trabajadores (FLT) y 2) a través de las organizaciones de mujeres profesionales y de posición económica privilegiada, las sufragistas. Debates sobre ese Derecho Desde 1909, cuando Nemesio Canales presentó ante la Cámara de Delegados el primer proyecto reconociendo el derecho de la mujer al sufragio, hasta el 18 de abril de 1929, cuando se aprueba limitándolo a las mujeres que sabían leer y escribir, se presentaron aproximadamente doce proyectos ante la Legislatura de Puerto Rico.3 La cantidad de proyectos presentados y el gran debate que provocan demuestra la fuerte oposición que se expresaba a la participación electoral de la mujer. Esa oposición se dio desde el primer proyecto, cuando José de Diego planteaba que las mujeres no necesitaban más derechos de los que ya tenían.4 ¿Por qué la negativa a reconocer este derecho? ¿Por qué se produjo esta oposición? De una parte, se pretendía justificar la subordinación de la mujer, según lo reflejan algunos de los argumentos que se utilizaron para oponerse al proyecto.5 Se planteaban, entre otras, las siguientes razones. 1) La mujer no estaba preparada para la vida públ ica porque a su debil idad física, se añadíasu falta de capacidad moral e intelectual . 2) La función primordial de la mujer era atender el hogar y a la familia. Participar en cuestiones políticas equivalía a que, además de alejarse de sus hijos, se podrían crear conflictos con el esposo si hubiera diferencia en opiniones políticas. 3) La mujer perdería en poesía y se degradaría. Es decir, en las luchas políticas, se envolvería en asuntos rudos, mundanos, lejos de su esencia delicada. 4) No era realmente necesario que la mujer fuera electora ni ella deseaba serlo, ya que muchos problemas se habían resuelto sin el voto de ésta. Vemos, sin embargo, que los argumentos que se levantaban en su defensa refutaban los planteamientos anteriores. Se señalaba que: 1) la mujer tenía la cuidadanía y mayoría de edad que la ley requería; 2) la ciencia había demostrado que tiene tanta capacidad como el hombre y no debía culpársele por carecer de la educación formal que la sociedad no le proveía; 3) trabajaba y aportaba a la economía del país; 4) la responsabilidad del hogar y de los hijos no eran impedimento para que ejerciera su derecho al voto y las opiniones políticas no separarían 41


a los cónyuges más que las opiniones religiosas o de cualquier otro tipo; 5) en el sistema democrático de gobierno es el pueblo quien escoge sus gobernantes, por lo tanto, a la mujer, siendo mayoría en ese pueblo, no se le podía impedir participar en esa elección. Por otra parte, los debates sugieren que la oposición al sufragio para la mujer llegó a ser un aspecto de las luchas político-partidistas. En primer lugar, porque la misma trayectoria de la lucha por el sufragio daba a entender que el voto de la mujer podría favorecer al Partido Socialista y, por ende, constituir una amenaza para los partidos en mayoría. En segundo lugar, reconocer el voto a la mujer llegó a verse como una intervención en la autonomía del gobierno puertorriqueño. El Movimiento Obrero, el Partido Socialista y el Derecho a la Mujer al Voto La discusión sobre el derecho de la mujer al voto tuvo sus comienzos en el movimiento obrero organizado. Desde el Centro de Estudios Sociales, fundado por Santiago Iglesias Pantín en 1898, en la Federación Libre de Trabajadores (1899) y en el Partido Socialista (1915) se asumen posiciones de vanguardia a favor de los derechos de la mujer. Las mujeres obreras, analfabetas en su mayoría, alertadas por el sindicato, van tomando conciencia de la explotación e injusticia de que eran víctimas. Desde allí dan la batalla por mejorar sus condiciones de vida y por sus derechos civiles y políticos. Así, en 1908, durante el Quinto Congreso de la FLT, celebrando en Arecibo, se aprobó una resolución solicitando a la Legislatura de Puerto Rico una ley por la cual se concediera el derecho al voto electoral ala mujer.6 En 1919, en el Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras se aprueba una resolución para defender el derecho electoral de la mujer. Un año después, en 1920, en la Asociación Feminista Popular de Puerto Rico se proponían "demandar de la próxima Legislatura el sufragio de la mujer e impulsar el reconocimiento de los derechos civiles y públicos y la emancipación de la mujer". 7 Ese mismo año, en una demostración de disposición y valentía, Genara Pagán de Arce, una obrera y representante de la FLT, radicó un pleito legal ante la Junta Local de Inscripciones para exigir su derecho al voto.8 Aunque el fallo fue en su contra, con esta acción se obligó a la Junta a definir el status de la mujer respecto a un asunto de tan vital importancia. La combatividad y militancia demostrada por la mujer obrera, así como su gran capacidad organizativa, tendía a favorecer al Partido Socialista y por ello resultaba amenazante para los otros partidos. El Partido Socialista, el partido de los trabajadores, en su momento de más auge entre el pueblo, había aumentado de 25,000 electores en 1917 a 60,000 para el 1920.9 Desde el momento en que formaron parte de la Legislatura, atacaban desde allí a los dos partidos mayoritarios, el Partido Unión Puertorriqueña y el Partido Republicano.10 Denunciaban las condiciones horribles de miseria y hambre en que vivía el pueblo, situación que conocía de cerca tanto como la represión constante que sufrían los trabajadores por el gobierno de turno y la policía. 11 Por lo tanto, reconocer el derecho de la mujer al voto, cuando eran las obreras las más organizadas y combativas y el Partido Socialista el único que abogaba en ese momento por el voto femenino, podría resultar en la afiliación de la mujer obrera a este partido.12 Las Organizaciones Feministas-Sufragistas Otros grupos en lucha por el derecho al sufragio femenino fueron las mujeres profesionales y las de sectores económicos privilegiados. Las sufragistas esperaban aportar al mejoramiento del gobierno y las leyes y, por ende, mejorar su posición legal. Para lograr sus propósitos, fundaron diversas organizaciones. Entre éstas se destacan cuatro: la Liga Femínea (1917), que luego cambia su nombre a Liga Social Sufragista (1921), la Asociación PanAmericana de Mujeres (1923) y la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas (1925). La Liga Femínea se funda bajo la dirección e iniciativa de Ana Roque de Duprey y Mercedes Solá. A sus objetivos de reformas sociales, se añadió el abogar por el derecho de la mujer al 42


voto, pero limitado a la mujer que sabía ieer y escribir. Así lo plantearon en los memoriales enviados a la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, 13 posición que en sus inicios difiere de la del movimiento obrero. En 1921, sin embargo, la Liga Femínea cambia su nombre a Liga Social Sufragista yamplía sus objetivos. Defendía el voto de la mujer que no sabía leer y escribir, con lo cual se acercaron a las demandas del Partido Socialista.14 En 1924, Milagros Benet, miembro de la Liga y Presidenta de la Asociación Pan-Americana de Mujeres, igual que hiciera Genara Pagán, la tabaquera en 1920, radicó un pleito legal, un "caso prueba" ante la Junta Local de Inscripciones exigiendo su derecho al voto.15 Aunque tampoco en ésta ocasión se tuvo éxito, ambos casos sirvieron para divulgar el discrimen contra la mujer. El acercamiento de la Liga a las demandas del movimiento obrero se interpretó, entre algunos sectores, como favorecedor al Partido Socialista. En el 1924, año en que se funda la Alianza Unión Republicana, ante lo que llaman "una liga partidarista con tendencias socialistas, disociadoras y personalistas,"17 un grupo de mujeres se retira de la Liga Social Sufragista. Al año siguiente, en 1925, Ana Roque de Duprey e Isabel Andreu de Aguilar fundan la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas. Uno de sus principales objetivos fue luchar porque se reconociera el derecho al voto de la mujer alfabetizada.18 Hemos visto que aunque las mujeres que participaban en las organizaciones sufragistas abogaban por los derechos civiles y políticos de todas las mujeres, su visión desde una posición social diferente llevaba a algunas de éstas a reclamar que el derecho al voto se limitara a la mujer que sabía leer y escribir. Otras sufragistas consideraban esto como un paso en la lucha por el sufragio para todas las mujeres. ¿Se Debe Reconocer el Derecho al Voto a Todas las Mujeres o Sólo a las que Saben Leer y Escribir? Si el voto femenino debía ser limitado o no a la mujer alfabetizada fue tema de debate agrio y extenso en las organizaciones sufragistas, en los partidos políticos y en la prensa. Los que apoyaban el voto para la mujer literata señalaban que ser elector requería conocimientos que se adquirían solamente a través de la educación académica. Aquellas personas que no sabían leer y escribir no podían identificar los nombres en la papeleta electoral y se exponían a ser engañadas al ejercer ese derecho. Es decir, partiendo de los principios liberales que subrayaban la importancia y necesidad de la instrucción, se planteaba que sólo las personas educadas tenían el derecho al voto.19 De hecho, en ese momento también se consideró limitar el derecho al voto de los nuevos electores varones i l iteratos.20 El Partido Socialista se opuso a ambos planteamientos. Primero, porque entendían que esto representaba una injusticia hacia la mujer trabajadora iliterata, quien al sufrirlos en carne propia, era la qua mejor conocía los problemas públicos. Segundo, consideraban que limitar el voto de las personas iliteratas era otra medida que tendían a limitar el voto obrero y campesino, iliteratos en su mayoría y posibles electores del Partido Socialista. 21 La Liga Social Sufragista, aunque no se opuso al proyecto de ley que reconocía el derecho al voto de la mujer que sabía leer y escribir, planteaba que era un "proyecto de privilegio para los hombres, ahora, y de clases para el futuro".22 Es decir, de beneficio en ese momento para todos los hombres, supieran o no leer y escribir; y en el futuro, de privilegio para los sectores educados y que tuvieran el poder económico y social. Los documentos revisados hasta ahora sugieren varias posibles razones para reconocer el derecho al voto a la mujer literata. Con esta medida, se cedía a las presiones generadas por el movimiento feminista y, en particular, por algunas organizaciones sufragistas, mientras se reducía la amenaza política que el voto obrero femenino presentataba para los partidos contrarios al Partido Socialista. A la vez, los otros partidos podrían recoger el voto de la mujer 43


educada, la cual no había demostrado mayoritariamente inclinación hacia el Partido Socialista. Cabildeo en el Congreso de los Estados Unidos Otro argumento para negarse a reconocer el derecho de la mujer al voto fue que éste llegó a verse como una imposición del gobierno de los Estados Unidos. Como parte de la incorporación de Puerto Rico al régimen estadounidense, se promovieron en la Isla transformaciones culturales y legales que buscaban imponer sus instituciones. Así tenemos, por ejemplo, la enseñanza obligatoria en inglés en las escuelas, cuando el idioma del país era el español. Las prácticas de las corporaciones y del gobierno norteamericano generaron la resistencia de los hacendados, los sectores medios tradicionales y otros grupos que se vieron afectados política y económicamente. Esta resistencia tomó forma en una defensa de los valores y costumbres tradicionales mayormente entre los sectores aglutinados por el Partido Unión. A la visión tradicional que sobre la mujer se tenía, se añadió el argumento de que todo intento de cambiar esta situación era una negación de la cultura puertorriqueña.23 Aunque muchas de las líderes sufragistas promovían una identificación patriótica, cuando menos autonomista, veremos cómo tuvieron que lidiar en su lucha con esta postura defensiva. Ante la negativa de la Legislatura, las sufragistas fueron a los Estados Unidos en busca de apoyo a su causa. La Liga Social Sufragista se afilió al Partido Nacional de Mujeres, y la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas a la Asociación Nacional de Mujeres Votantes, ambas norteamericanas.24 Como resultado de su cabildeo en el Congreso de los Estados Unidos, en 1926 el Senador Bringham, Presidente del Comité de Territorios y Posesiones Insulares del Senado, radicó un proyecto para enmendar el Acta Jones, en el cual se reconocía el derecho al voto de la mujeren Puerto Rico. No obstante, aún los defensores del sufragio femenino en Puerto Rico se opusieron al mismo, pues la enmienda venía unida a otras medidas que restaban poderes a la Legislatura puertorriqueña.25 La posibilidad de que llegara a ser el Congreso de los Estados Unidos el que reconociera el derecho de la mujer al voto fue descrita por algunos sectores como una intervención inadecuada de éste en los asuntos puertorriqueños. A las organizaciones sufragistas se les tildó de antipatrióticas. 26 Finalmente, a instancias del Gobernador Towner para que fuera la Legislatura de Puerto Rico la que reconociera el derecho de la mujer al sufragio y no el Congreso de los Estados Unidos, se aprobó, el 18 de abril de 1929, el derecho al voto de la mujer alfabetizada.27 No es sino hasta el 23 de marzo de 1935, cuando se le reconoce ese mismo derecho a todas las mujeres puertorriqueñas al aprobarse una enmienda sometida ala Legislatura por el Legislador Bolívar Pagán.28 A raíz de este logro, las mujeres sufragistas intentaron mantener unas organizaciones fuera de líneas partidistas. Así la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas se transformó en la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Votantes y se creó el Bloque de Mujeres NoPartidaristas.29 Ambas organizaciones, sin embargo, duraron poco tiempo y muchas de las líderes feministas se incorporaron destacadamente a los trabajos de los partidos políticos. El Partido Liberal postuló dos mujeres como candidatas en las elecciones de 1932: Isabel Andreu de Aguilar por el Distrito de San Juan y Adela R. de Ramírez por el Distrito de Mayagüez. La Coalición llevó a la Cámara de Representantes a María Luisa Arcelay, dueña de una empresa de la industria de la aguja. 3o La década del treina marca así el final de una época en las luchas feministas en Puerto Rico. Para las mujeres sufragistas, el reconocimiento de su derecho al voto y la incorporación a los partidos políticos, cerró una etapa. Con la destrucción de la industria del tabaco y la aguja desaparecieron las uniones de mujeres más combativas y se redujo la tasa de participación de la mujer en la fuerza de trabajo asalariado, alterándose así la lucha organizada de las obreras. No obstante, la labor realizada por las mujeres de ambas vertientes fue un ejemplo de lo que podemos lograr si nos unimos y luchamos por un mismo objetivo. 44


Asamblea Constituyente de la Liga Femínea, 1917. Vestida de negro, doña Ana Roque de Duprey, fundadora de la Liga.


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---~ A LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE PUERTO RICO~~ C~f )

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Honorables Senadores y Representantesr— Motivo de hondo regocijo para esta tierra, es la constitución de esa Asamblea Legislativa, cuyos miembros, por vez primera en ambos cuerpos cokgiaiadores, son genuina representación del pueblo puertorriqueño. Esa asamblea así constituida es prueba evidente de que la. aurora de la lthertad política ha empezado a lucir para una parte del pueblo de Puertó Rico, siendo a vosotros, padres, hijos, esposos y hermanos nuestros, legisladores de hoy, a quienes toca hacer que esa aurora luzca por igual para todo nuestro pueblo, legislando en el sentido de dar a vuestras conterráneas los derechos políticos de'quº hasta le fecha no han disfrutado. La entidad política, "pueblo de Puerto Rico," es un conglomerado de hombres y mujeres, pero existe la anomalía de que sólo los primeros tienen derecho .a intervcrlir en los asuntos de la patria, estando nosotras, las mujeres, aun sometidas a tutela, de la que protestamos con la altivez propia de todo ser consciente de atar propios derechos y deberes. ¿Qué razones puedan aducirse para tamaña injusticia? La mujer puertorriqueña, respondiendo a los•signos de los tienspos y consciente de la mayor suma de deberes que apareja el mayor número de derechos, que mere sida y justicieramente se nos han concedido, reclama orgullosa su parte de responsabilidad en le árdua labor política de sus conciudadanos, deseando contribuir con todos sus leales esfuerzos a la realización más perfecta de un gobierno ideal para nuestra querida Isla. Vuestras compatriotas os han ayudado a formar una patria merecedora de las libertades que el Congreso Americano nos acaba de otorgar, organizando asociaciones de caridad y beneficencia, dirigiendo escuelas públicas en mayor proporción que el hombre, asistiendo a las mismas con asiduidad, y distingu.éndose en todos los órdenes de la vida al igual que el hombre, su compañero. Y necesariamente ha tenido que suceder así, puesto que toda obra humana sería incompleta sin la cooperación de los sexos que pueblan el mundo. No se hicieron los derechos para una parte de ,.• la humanidad sino para toda ella. Contamos hoy con abogadas, médicas, farmacéuticas, p-cfcsoras, ' contables, , artistas, escritoras, oradoras y todos los años se gradúan en nuestras escuela' ceño. ritas que disputan a los jóvenes en buena y noble lid, los más altos honores de Fa escuela. No existe, pues, razón justa para seguir sosteniendo la inferioridad política de la mujer, inferioridad vejaminosa que no queremos sa. cionar por nús tiempo con nuestro silencio, y por ello acudimos en nombre de Dios y la justicia, a vosotros, para que legisléis en el sentido de conceder a la mujer que sepa leer y escribir la prerrogativa del sufragio, a partir de las próximas elecciones que s_ celebren en Puerto Rico. La mujer puertorriqueña, al igual de sus hermanas de otros países, sabrá hacer buen uso de ese derecho. Todos vosotros sabéis que los Estados del Oeste, los'más medernos de la Unión Americana del Norte, han concedido el sufragio a la mujer, quien aseguro el triunfo del Presidente 1Vilson para un segundo período legislativo, sin lo quo hubiéramos retrogradado a los tiernpss de Taft y Casnon. Dios os guarde muchos años e ilumine vuestras mente. con e. mi e:cvado espíritu de equidad y justicia. San Juan, Puerto Rico, 21 de agosto, 1917.

Ii

thnnad.,', AnaarRoqué de Du;irey. l'rr.i.lrnt: .i; 1:: I!~.t t't•m'n.•:t ;l, .;.u: ttirm..,l., + Ange:a Negróts Muitcz t e`,rivaa. I'r. sitien.: .lr 1., l,,i;.. F con tic., ,i. I'.,n. c. Hinnadt.l Carlota Prlatieazo. l'resid.nt, de 14 Liga 1 emínca .I. l:t„ l',t.lr:ts. Nota: Siguen 1,000 firmas, que ac:mpaan a éste ::s:sao tnc _, riel prose tt _do hoy en la Cámara de Representantes de Puerto Rico. ~4 ---~ 1

Memorial de la Liga Femínea Puertorriqueña a la Asamblea Legislativa, 21 de agosto de 1917.

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Junta Directiva del Comité Feminista de Ponce, rama de la Liga Femínea Puertorriqueña.


San luan de Puerto Rico. Marzo 15 do 1521.

Año 111.

La Mujer

Numerotl.

i o XX.

Revleta Decenal, Deten.ora de loa Derecho. de la Mujer.

LITERATURA. CIENCIAS, ARTES. POLITICA, ACTUALIDADES. ar.eter► -Ad.nlnl•eNdor., McRCrorS

REDACCION

SOLA.

CALLE DE LA LUNA N.. a0

1300 S.me.tre en Puerto Rao y E.lados Unido..

Número Suelto, 20 Crnt.vo..

LIGA SOCIAL SUFRAGISTA DE PUERTO RICO Mensaje al Seaaado y Camnra de Representantes.

•

Honorable Presidente y Representantes a la preparados, pelo ellos solos no van a asumir lares Cimara de Puerto Rico. ponsabilidad al ponerlas en practica. Honorables señores: La mujer portorriqueña se ha adáptado mi.: En reunión celebrada en febrero 17, 1921 la que el hombre en los veintidos años de dominaLiga Social Sufragista de Puerto Rico adoptó por ción americana a las cosrumbi es y pregreso de los unanimidad la resolución de presentar a esa Ho Estados Unidos. Ambos van juntos a la escuela ucrahle Cimara de Representantes, un mensaje y reciben la mi..,ma instrucción. Somos ciudadademandando el sufragio para la mujer portorri- nas americanas lo mismo que los hombres y tene queña. Se basa nuestra petición en las siguientes mos que aceptar las mismas responsabilidades. razones: Reclamamos los mismos derechos.Durante la guerra, la mujer portorriqueña traLas mismas razones que existian para eliminar bajó en la venta de bones y en las actividades de la distinción política en contr a de las mujeres,ciu U Cruz Roja e hizo cuanto pudo para levantar el dadanas del Continente, subsisten con igual fuersentimiento patrio y ayudar a la Nación America za en pro de su eliminación en cuanto a las muje .a en aquel gran conflicto para conseguir las lires de Puerto Rico, ciudadanas americanas. No bertades del mundo. existe diferencia entre el ciudadano y la ciudada Según datos del Negociado de Trabajo (Bereau na americana del Norte: tampoco 'debe existir of Labor), hay más de 24..000 mujeres trabajan entre el ciudadano y la ciudadana ame -diferencia do en las industrias, comercio,y c`icinas públicas ricana de Puerto Rico. La Asociación de Maestros de Puerto Rico conRepresentantes, que las an señores Esperemos, fecha 23 de Febrero de 1921 ha presentado en su petición "Para instrucción Pública" tin apartado tenores razones justificarán nuestra actitud para solicitando el voto para la mujer puertorriqueña demandar tl derecho ciudadano, justa aspiración Esta asociación consta de 3..200 miembros, entre de la mujer del mundo entero. En nombre de la mujer portorriqueña en geneellos 2..297 mujeres mantenedoras de la cultura ral y en particular de la Liga Social Sufragista, del país. GRAN PARTE DEL CAPITAL QUE CON- que tengo el honor de presidir, pido a esta honodel estado rable Cimara, el sufragio para la mujer po,to..iTRIBUYE A LA CARGA de Puerto Rico pertenece a MUJERES VIUDAS, queña, ciudadana americana. SOLTERAS Y CASADAS. Milagros Benet de Mewton. Esas mujeres tienen el derecho indiscutible a elegir o a tener voz eq la elección de los represen P,esidtnta de la Liga Social Sufragista tantes. de Puerto Rico. Si los hombres piden aml lias reformas en nues San Juan P. R. marzo de 1921. tra CARTA ORGÁNICA, es por q. se consideran

Memorial de la Liga Social Sufragista de Puerto Rico a la Asamblea Legislativa, marzo de 1921.

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Gobernador Towner firma el proyecto de ley reconociendo el derecho al voto de la mujer literata, 1929.

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Varios aspectos de las Elecciones en la escuela ;rlatienzo. de Santurce toe pry t—pan SantiaOn, lgleaa, Fue tau ac nerve ea llegar a rotar, aynn ta p•uetw esta IUogra/a. Aqtt aparece eapernndo que aorlrran rl tolCyto dr la es.Ytela ' Matlea:a'. de Santurce. donde ddpodara .0 rolo

2--0ea/d de eleetorra, en el cual rtyuran ttrAaa aedarda ) aedorttaa de Santurce. ea capero de as turno. 5

2--Otro pupa de elnlures e', cl ...at tai iau/ere. eslaa en ma►ona 4 --flama, y ,etlurttai de-Su_ilturre hucen tila Itrate al eroleylu en el cual rutaron por prlmera re; S- Aqu/ aparecen tres de !a, hita, de dan Santiago Iglesia, quienes deps41arua su roto M la cartela Mat leave"

Elecciones de 1932. Primeras en las que participa un sector de la población femenina del país.

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CAPITULO VI CONCLUSIONES "El hombre está concediendo el voto a la mujer, pero sigue dudando de su capacidad... La mujer sabe esto, lo está observando, y se prepara para la creación de un mundo nuevo. Ella construirá ese mundo y lo adelantará con su pureza y su fortaleza." Evaristo Rivera Chevremont, "Cartas a Una Mujer", Puerto Rico Ilustrado, 7 de marzo de 1931. En un artículo titulado "La Mujer" que apareció en la Revista Puertorriqueña (Año IV, Tomo 4, 1889) Fernando López Tuero escribía: "Un cero no vale nada, ningún valor absoluto tiene, esto es cierto; pero también loes que cuando un número se aproxima a él, se hace diez veces mayoro diez veces menor, según se coloque a la izquierda o a la derecha. Tiene, pues, el cero un gran valor relativo o de posición; doble naturaleza, física y moral. Tal sucede con la mujer. Por su naturaleza física, por su constitución mecánica su valor es nulo; pero cuando un hombre se acerca a ella se engrandece o empequeñece según el lugar que ocupe: participa por lo tanto, la mujer como el cero, de un gran valor relativo o de posición." Aunque nos sorprenda, éste era un defensor de la mujer. Los detractores siempre fueron muchos. Planteaban que las mujeres éramos seres inferiores, incapacitados, débiles. No teníamos capacidad para otra cosa que no fuese ser madres y someter nuestra voluntad a un hombre para que éste nos guiara. Se planteaba que si a las mujeres se nos concedían los derechos que exigíamos, se ocasionaría un desastre en nuestra política yen nuestra sociedad. Reaccionando a la concesión del voto a la mujer en los Estados Unidos, el Vicepresidente de la Asociación de Agricultores, don Juan N. Matos, señalaba: "El sufragio femenino en Puerto Rico haría derramar lágrimas de sangre y talegas de dinero, sin que tales sacrificios reporten beneficio práctico alguno." (El Mundo, l6 de enero de 1929.) Estos cambios en la tradición política y familiar, en la relación entre los sexos que proponían las mujeres eran, para algunas personas, el equivalente del fin del mundo. Estas personas pensaban que se destruirían los lazos familiares, no exisitiría el respeto, las madres abandonarían a los hijos, se prostituirían; la lista de calamidades que recaerían sobre la sociedad puertorriqueña era algo increíble. Hoy nadie se atrevería a defender a las mujeres diciendo que son como el cero y que su valor es nulo, como lo hacía hace casi cien años Fernando López Tuero. Más de un siglo de debates,luchas, confrontaciones y logros han dejado un saldo de cambios para la mujer y la vida puertorriqueña ante los cuales ya no hay marcha atrás posible. Hemos visto cómo la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado dio origen a mujeres obreras y profesionales que fueron la base de dos tendencias importantes del movimiento feminista organizado. Junto a los hombres, estas mujeres participaron activamente en el movimiento obrero, afiliando a las compañeras no organizadas y en las 51


huelgas y congresos sindicales, con el fin de mejorar sus condiciones de vida con salarios más altos y jornadas de trabajo más cortas. La imperiosa necesidad de solidaridad entre los trabajadores de ambos sexos y la mostrada disposición y capacidad de las mujeres, llevaron a que se reconocieran sus demandas y su liderato como parte de las agrupaciones obreras. Estas demandas y liderato trascendieron las gestiones del movimiento obrero en su conjunto y desembocaron en un definido feminismo obrero que incorporaba ¿as luchas por los derechos como mujeres a la lucha obrera misma. Las mujeres profesionales constituyeron la base de organizaciones cívicas y sufragistas que participaron directamente con el gobierno en los programas de seguridad nacional de los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, así como en los programas de eduación, salud y de alivio a la pobreza generada por la crisis económica en Puerto Rico. Las organizaciones cívicas fomentaron, a su vez, la organización propiamente feminista, en pro de los derechos económicos y políticos de la mujer, incluyendo mejoras para las mujeres obreras. Aunque sus demandas de reforma social y política las acercaban así al movimiento obrero, estas organizaciones cívicas y sufragistas, predominantemente profesionales, tuvieron en muchos casos un carácter conservador que mantuvo una distancia entre ambos movimientos. Esta distancia entre sectores de mujeres profesionales y del movimiento obrero, las llevó en algunas instancias a sostener posiciones contrarias. Una de éstas fue la lucha por el sufragio, en la cual las mujeres obreras abogaban por el sufragio universal, mientras que muchas de las profesionales llegaron a pedir el sufragio sólo para las mujeres alfabetizadas. Los cambios económicos, políticos, organizativos e ideológicos que hemos descrito a través de este trabajo, así como los debates, conflictos y procesos organizativos que los generaron, marcan un momento clave en la historia nacional, así como en la historia de la mujer puertorriqueña. La mujer ha roto el encierro doméstico, ha descubierto que su única función en la vida no es la de madre, que no debe ser esclava de los hombres, que puede ganarse la vida con su trabajo, que puede participar en los asuntos políticos de su patria, así como organizarse y organizar a otros para hacer la historia, y afirmarse así misma como ser creativo, pensante y actuante. Si bien es cierto que aún queda mucho terreno por conquistar, que todavía la mujer puertorriqueña, en muchos ámbitos de la vida, se encuentra en una situación de subordinación y desigualdad frente al hombre, que la condición de vida de muchas mujeres en Puerto Rico dista mucho de serla laqueen justicia quisiéramos que fuese, también es cierto que ya no existe la posibilidad de dar marcha atrás. La función social que las mujeres desempeñan ha cambiado, el concepto de la mujer que se tiene en nuestra sociedad ha cambiado, el concepto que la mujer tiene de sí misma ha cambiado y su situación jamás volverá a ser la misma. Ya las mujeres hemos probado más allá de toda duda que nuestros argumentos eran correctos, que nosotras hemos ganado, nos hemos beneficiado con los cambios logrados y, junto a nosotras, la humanidad completa. En la lucha por lograr estos cambios hemos cometido errores. Hemos llegado a caer en excesos, debilidades, insuficiencias e incomprensiones. Nos queda mucho terreno aún por andar. Todavía sobrevive mucho de la ideología del pasado, no solamente en los hombres, sino también en muchas mujeres. Pero el adelanto logrado ha sido gigante. Las mujeres puertorriqueñas de hoy no somos ya las esclavas sumisas y calladas de los hombres. La mujer se ha insertado en la historia y la va haciendo suya paso a paso. Esperamos que esta ojeada que hemos dado a la historia de la mujer puertorriqueña durante las primeras décadas del Siglo XX haya servido para demostrar que si bien es cierto que, de una parte, la historia social nos ofrece coyunturas específicas, condiciones propicias para que se generen movimientos sociales, procesos de luchas que cambien nuestras vidas y transformen nuestra sociedad; de la otra parte, no es menos cierto que los seres humanos tenemos que convertirnos en actores sociales, que con nuestra creatividad e imaginación, así como con nuestro conocimiento y capacidad de lucha creamos y activamos las organizaciones que promueven esos cambios y transformaciones. 52


Al presentar esta fase en la historia de la mujer puertorriqueña pretendemos que ella sirva de ejemplo a los jóvenes de nuestro país. Que esto sea un estímulo para seguir investigando y escribiendo sobre estos temas, con el objetivo de hacer aportaciones al estudio, ya que éste nos permite entendernos mejor. Finalmente, esperamos que este estudio y entendimiento produzcan nuevas fuerzas para una acción que promueva una mejor y más justa sociedad para todos los puertorriqueños.

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NOTAS CAPITULO II FEMINISMO E HISTORIA 1. Sobre el tema de las transformaciones en la condición social y económica de las mujeres en las sociedades capitalistas hay una extensa bibliografía. Un buen análisis puede encontrarse en: Heleith I. B. Saffioti, Women in Class Society, New York: Monthly Review Press, 1978, Capítulos 2 y 3, pp. 31-73; Judith Blake, "The Changing Status of Women in Developed Countries" en The Human Population, A Scientific American Book, San Francisco: W. H. Freeman and Co., 1974, pp. 91-104; Margarita de Leonardo, "La mujer y las clases sociales en México" en La mujer: Explotación, lucha, liberación, Clara E. Aranda, Teresa Arreola, Jorge Carrión et al., México D. F.: Editorial Nuestro Tiempo, 1976, pp. 1-58. 2. de Leonardo, 1976, pp. 7-12. 3. Ibid. 4. Ibid. 5. Para una discusión sobre el impacto de las oportunidades de empleo y el desarrollo de las clases sociales en las luchas feministas y en los derechos políticos de las mujeres, ver: Richard Evans, Las feministas. Los movimientos de emancipación de la mujer en Europa, América y Australasia, 1840-1920, Madrid: Siglo XX, 1980; Isabel Picó, La mujer la política puertorriqueña, Río Piedras: Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, 1983, pp. 2-6. Una discusión de este tema en los inicios del feminismo la encontramos en Mercedes Solá, Feminismo, San Juan, Puerto Rico: Cantero Fernández y Co., Inc., 1922, pp. 14-17, 32-36. 6. Para un análisis de la influencia del liberalismo en la lucha de las mujeres durante el pasado siglo, ver: Lidio Cruz Monclova, "El movimiento de las ideas en el Puerto Rico del Siglo XIX", Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 2-3, 1974, p. 98; Norma Valle Ferrer, "Primeros fermentos de la lucha femenina en Puerto Rico", Revista del Instituto de Cultura de Puerto Rico, XXlI:84 (julio-septiembre 1979), pp. 15-19. Por ejemplo, en periódicos y revistas se publicaban a menudo ensayos de Concepción Arenal , de Emilia Pardo Bazán y se conocía la obra de Rosalía de Castro. Sobre el feminismo español, ver: Matilde Albert Robatto, Rosalía de Castro y la condición femenina, Madrid: Ediciones Partenón, 1981; Nilita Vientós Gastón, "Concepción Arenal", Revista Sin Nombre, VI I: 3 (octubre-diciembre 1976), pp. 46-61 7. Referencias sobre el liberalismo seencuentran en: Ann Foreman, Femininity as Alienation: Wowen and the Family in Marxism and Psychoanalysis, Pluto Press, 1978, pp. 9-12; Rosaria Manieri, Mujer y capital, Madrid: Tribuna Feminista, Editorial Debate, 1978, pp. 65101; H. S. Laski , El liberalismo europeo, México: Fondo de Cultura Económica, 1961. 8. Para una buena descripción y análisis de la vida de la mujer en el medioevo, ver: Frances Gies and Joseph Gies, Wowen in the Middle Ages, New York: Barnes and Noble, 1978; Vern L. Bullough, The Subordinate Sex, Baltimore: Penguin Books, 1974. También sobre la Revolución Francesa hay una extensa bibliografía. Recomendamos como inicio: Albert Soboul, Comprender la Revolución Francesa, Barcelona: Editorial Crítica, Grijalbo, 1983, particularmente Capítulo I I, pp. 230-243; Carol R. Berkin y Clara M. Lovett, Women, War, and Revolution, Holmes and Meier Publishers, Inc., 1980, Capítulo I, pp. 9-35. Para la influencia del liberalismo en Puerto Rico, vea: Cruz Monclova, 1974. 54


9. Vea, por ejemplo, obras como: Eugenio María de Hostos, "Sobre la educación científica de la mujer", Revista de la Asociación de Mujeres Graduadas 1:1 1 (diciembre 1938), pp. 2643; Eugenio María de Hostos. Obras completas, Tomo XV, Lecciones de Derecho Constitucional, San Juan: Editorial Coquí, 1969; Rafael María de Labra, La mujer y la legislación castellana, conferencias dominicales sobre la educación de la mujer, Quinta Conferencia, Universidad de Madrid, 21 de marzo de 1869, Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadenegra, 1969; Gabriel Ferrer, La mujer en Puerto Rico, sus necesidades presentes y los medios más fáciles y adecuados para mejorar su porvenir, memoria premiada en certamen en El Buscapié, 9 de octubre, 1880, San Juan: Imprenta el Agente, 1881; Alejandro Tapia y Rivera, "El aprecio de la mujer", La Azucena 1:2 (30 de noviembre de 1870), pp. 9-10; Alejandrina Benítez de Gautier, "Sobre la educación de las mujeres", Guirnalda Puertorriqueña 1:14 (20 de junio de 1856), pp. 1-3; Patria Tió, "Pensamiento" en María Luisa de Angelís, Mujeres puertorriqueñas que se han distinguido en el cultivo de las ciencias, las letras y las artes desde el Siglo XVII hasta nuestros días, Puerto Rico: Tipografía Boletín Mercantil, 1908, pp. 102-104; Carmela Eulate Sanjurjo, "Influencia de la mujer", La mujer, 24 de abril de 1894; Carmela Eulate Sanjurjo, La mujer moderna, Barcelona: Casa Editorial Mancci, 1927. 10. Ibid. Ver, además, Carmela Eulate, "La mujer", en Angelís, 1908, pp. 120-122; Sofá, 1922, pp. 17, 23-30; Camelia Acevedo de Quintana, "La mujer en la obra de Alejandro Tapia y Rivera", Tesis para el grado de Maestría en Artes, Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad de Puerto Rico, 1981. 11. Labra, 1869; Ferrer, 1881; Solá, 1922, pp. 22, 31; Leopoldo García-Ramón, "La recherche de la paternité", Revista Puertorriqueña, Año IV, Tomo 4, 1889, p. 997; Rafael López Landrón, La mujer puertorriqueña ante el Bill Jones, San Juan: Tipografía Boletín Mercantil, 1916; Andrés Rodríguez Vera, "Trabajo a domicilio", en Agrarismo por dentro y por fuera, San Juan: Imprenta La Democracia, 1929. 12. Referencias a la Escuela San Idelfonso, fundada en 1860 para la educación de maestras elementales, se encuentran en Angela Negrón Muñoz, Mujeres de Puerto Rico, desde el período de la colonización hasta el primer tercio del Siglo XX, San Juan: Imprenta Venezuela, 1935, pp. 86-87. Sobre la Junta de Damas de Honor de la Sociedad Económica de Amigos del País, ver: Negrón Muñoz, 1935, pp. 135-138. 13. Reglamento de la Asociación de Damas para la Instrucción de la Mujer, Puerto Rico: Tipografía de González and Co., 1886. 14. La mujer, 29 de julio de 1896, 3:9. 15. Ver Capítulo V de este texto, "La lucha por el sufragio". 16. Desde fines del Siglo XIX y durante el XX, las mujeres feministas puertorriqueñas conocen del movimiento feminista mundial. De una parte, porque revistas y periódicos reseñaban continuamente los eventos feministas internacionales o su expresión en eventos de carácter más amplio. De la otra parte, por su participación misma en estos eventos, de la cual la prensa puertorriqueña casi siempre informaba. Ver, por ejemplo, la descripción del sufragio femenino en otros países y la participación de las feministas puertorriqueñas en la Conferencia de la Alianza Internacional de la Mujer Sufragista, celebrada en Ginebra, Suiza, en 1920, en Solá, 1922, pp. 39-49. Se publicaba, además, la revista Heraldo de Mujer (anteriormente Album Puertorriqueño), como órgano de la Alianza Femenina Latino Americana en Puerto Rico. Esta relacionaba a las mujeres latinoamericanas entre sí y con actividades feministas en otras partes del mundo. 17. Negrón Muñoz, pp. 210-211. 18. Ibid.

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19. Ana Roqué, "A la mujer puertorriqueña", mensaje al aprobarse la ley concediendo el sufragio restringido a las mujeres en Puerto Rico, 1929, publicado en Revista de la Asociación de Mujeres Graduadas, octubre de 1941, pp. 20-22. 20. Mercedes Solá, "Aspiraciones feministas" en Libro Azul de Puerto Rico, San Juan: El Libro Azul Publishing Co., 1923, pp. 822-830. 21. Eulate Sanjurjo, 1894. 22. Solá, 1922, pp. 28-30. 23. Julia de Burgos, Antología poética, San Juan: Editorial Coquí, 1975, pp. 37-38. 24. Yamila Azize, Luchas de la mujer en Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico: Tipografía Metropolitana, 1979, pp. 19-20; Valle Ferrer, 1979, pp. 15-19. 25. Para un análisis del socialismo libertario, ver: Rubén Dávila Santiago, El derribo de las murallas y el Porvenir de Borinquen, Cuadernos CEREP, Núm. 8, febrero, 1983; Rubén Dávila, "Primeros pasos del socialismo en Puerto Rico (Los Centros de Estudios Sociales Obreros anarquistas en Puerto Rico durante la primera década del Siglo XX), 1984. En prensa. Para un análisis de los principios con relación a las luchas de la mujer que regían en el movimiento obrero a principios de siglo, ver a: Valle Ferrer, 1979, pp. 15-19. 26. Unión obrera, 14 de febrero de 1907. 27. Luisa Capetillo, Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, San Juan: The Times Publishing Co., 1911; Luisa Capetillo, Influencias de las ideas modernas, San Juan: Tipografía Negrón Flores, 1916. Ver, además, Azize, 1979, pp. 67-82; Norma Valle, Luisa Capetillo, San Juan, Puerto Rico: 1975. 28. Ver Capítulo IV de este texto, "Las mujeres se organizan". 29. Dávila, 1984, "El empuje militante", Capítulo II, Angel G. Quintero Rivera, "Clases sociales e identidad nacional; notas sobre el desarrollo nacional puertorriqueño" en A. G. Quintero Rivera, José Luis González, Ricardo Campos, Juan Flores, Puerto Rico: Identidad nacional y clases sociales, Río Piedras: Huracán, 1979, pp. 13-44. 30. Ver artículos de Eduardo Conde, "Dedicado a las mujeres socialistas", en los números de Justicia del 5 de mayo al 30 de jumo de 1924. 31. Obviamente, al referirnos a una vertiente o tendencia señalamos la posición general de un grupo amplio de personas que no es totalmente hemodéneo, cada una expresando una forma. una variante de dicha tendencia. A modo de ejemplo particular solamente podemos mencionar en el primer caso el feminismo conservador de Mercedes Solá o de Carmela Eulate Sanjurjo; en el segundo, la posición radical de Luisa Capetillo o Eduardo Conde.

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NOTAS CAPITULO III INCORPORACION DE LA MUJER A LOS CAMBIOS ECONOMICOS Y SOCIALES 1. Para mayor información sobre las transformaciones económicas y sociales que describiremos en este capítulo, puede consultar: Gervasio L. García y Angel G. Quintero Rivera, Desafío y solidaridad. Breve historia del movimiento obrero puertorriqueño, Río Piedras: Huracán, 1982; Miriam Muñiz Varela, "Análisis del capital azucarero y el papel del Estado en el proceso de transición al capitalismo en Puerto Rico: 1898-1920", Revista de Ciencias Sociales XXI I (julio-diciembre 1981), pp.443-496; Angel G. Quintero Rivera, "La clase obrera y el proceso político en Puerto Rico", Revista de Ciencias Sociales XIX (septiembrediciembre 1974), pp. 61-110; Angel G. Quintero Rivera, Conflictos de clase y política en Puerto Rico, Río Piedras: Huracán, 1977; Angel Quintero Rivera, "La base social de la transformación ideológica del Partido Popular en la década del '40" en Cambio y desarrollo en Puerto Rico: La transformación ideológica del Partido Popular Democrático, Gerardo Navas Dávila, ed., Río Piedras: Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1980, pp. 35-120; Marcia Rivera Quintero, "Notas para enmarcar el estudio del surgimiento y desarrollo de la industria de la aguja en Puerto Rico", San Juan, Puerto Rico, 1980. Mi meo. 2. La información referente a la participación de la mujer en la economía se encuentra en: Isabel Picó, "Apuntes preliminares para el estudio de la mujer puertorriqueña y su participación en las luchas sociales a principios de siglo": Marcia Rivera Quintero, "Incorporación de las mujeres al mercado de trabajo en el desarrollo del capitalismo"; Blanca G. Si lvestrini, "La mujer puertorriqueña y el movimiento obrero en la década de 1930". Todas en: Edna Acosta Belén, ed., La mujer en la sociedad puertorriqueña, Río Piedras, Puerto Rico: Ediciones Huracán, 1980; Marcia Rivera Quintero, "La mujer puertorriqueña en los procesos económicos y sociales del Siglo XX". Se reprodujo por New York Women's International Resource Exchange Service, 1977. 3. Picó, 1980, p. 24. 4. Unión de Tabaqueros. Federación Libre de Trabajadores, Actuaciones de la Segunda y Tercera Asambleas Regulares, San Juan, Puerto Rico: Progress Publ ishing. 1914: Actuaciones Tercera Asamblea, pp. 80-81. 5. Las condiciones de empleo de las mujeres en Puerto Rico se describen en detalle en el llamado Informe Manning de 1934, United States Department of Labor, Women's Bureau. "The Employment of Women in Puerto Rico", por Caroline Manning, Washington: United States Government Printing Office, 1934. 6. Blanca Si lvestrini de Pacheco, Los trabajadores puertorriqueños y el Partido Socialista (1932-1940), Rio Piedras: Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1978, pp. 39-40. 7. Las condiciones del trabajo a domicilio y de la industria de la aguja y su organización se describen en Silvestrini , 1980; Rivera Quintero, "Notas", 1980; United States Department of Labor, Informe Manning, 1934; Lydia M. González, "La industria de la aguja en Puerto 57


Rico (1918-1929). Apuntes para tejer una historia", ponencia presentada en el Seminario de Sociología Urbana en el Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico, junio de 1980. 8. Silvestrini de Pacheco, 1978; Silvestrini, 1980, pp. 84-90. 9. Para una descripción más extensa de la política educativa en Puerto Rico a principios de este siglo, ver: Isabel Picó, "Americanización o proletarización. Comentarios en torno al libro de la Dra. Aida Negrón de Montilla", La Escalera, Vol. V, Núms. 5-6, 1971, pp. 32-36. 10. Se describen estos programas vocacionales en: American Child Health Association, Puerto Rico: An Inquiry into the Health, Nutritional, and Social Conditions in Puerto Rico as They Affect Children, New York: [s.f. - 1930], pp. 143-147. 11. Picó, 1980, pp. 26, 27, 34. 12. Ibid., p. 27. 13. En 1919, de 37 inspectores escolares y de distrito, sólo 4 eran mujeres. John Joseph Osuna, Education in Puerto Rico, New York: Teachers College, Columbia University, 1923, p. 138. 14. Carmen Delgado de Votaw, Puerto Rican Women: Some Biographical Profiles, Washington: National Conference of Puerto Rico Women, 1978, pp. 1-2. 15. Para las biografías de éstas y otras mujeres que fueron líderes culturales, cívicas, políticas y feministas, ver: Negrón Muñoz, 1935, pp. 98-100, 115, 116, 160-161, 102-104, 104-110. Puede consultar también a Angelis, 1908. 16. Ver las biografías en Negrón Muñoz, 1935 en donde se identifican una gran cantidad de maestras entre las líderes feministas. 17. United States, Department of the Interior, Office of the Superior Board of Health, Report and Vital Statistics of the Superior Board of Health of Puerto Rico, May 1st, 1900 to June 30, 1903, San Juan, Puerto Rico: Boletín Mercantil, 1904; Puerto Rico, Departamento de Sanidad, Informe de los Negociados de Medicina Social y Puericultura, Tuberculosis y Enfermedades Venéreas. Año Fiscal 1923-24, San Juan, Puerto Rico: Negociado de Materiales, Imprenta y Transporte, 1925; American Child Health Association, [s.f. - 1930]. 18. Puerto Rico, Departamento de Sanidad, 1925, p. 45; American Child Health Association, [s.f. - 1930], pp. 12-27. 19. Negrón Muñoz, 1935, pp. 223-225, 229-230, 203-204. 20. Picó, 1980, p. 27.

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NOTAS CAPITULO IV LAS MUJERES SE ORGANIZAN 1. Para los análisis de la incorporación de la mujer al movimiento obrero entre 1900 y 1920, ver: Azize, 1979; Picó, 1980; Rivera Quintero, "Incorporación", 1980; Marcia Rivera Quintero, "El femenismo obrero en la lucha de clases en Puerto Rico (1900-1920)", ponencia presentada en la Segunda Conferencia de la Mujer Trabajadora, 6 de marzo de 1981, reproducida por New York, Women's International Resource Exchange Service, [s.f.]. Para el análisis de la participación en la década de 1930, ver además: Silvestrini, 1980; Picó, 1983; Norma Valle, "El feminismo y sus manifestaciones en las organizaciones de mujeres en Puerto Rico" en Acosta Belén, 1980, pp. 91-108. 2. Dávila, 1984; Azize, pp. 19-20; Silvestrini , 1980, p. 73. 3. Unión de Tabaqueros, 1914, Segunda Asamblea, pp. 51, 63-64; Tercera Asamblea, pp. 4849, 80-81; Federación Libre de Trabajadores de Puerto Rico, Procedimientos del Sexto Congreso de la Federación Libre de Trabajadores de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico: Tipografía de M. Burillo and Co., 1910, pp. 65-66; Betty Hall, ",Se ayudará el trabajador puertorriqueño a sí mismo?", Justicia, 2 de mayo de 1921, pp. 1-3. 4. Unión de Tabaqueros, 1914, Segunda Asamblea, pp. 105-117; Tercera Asamblea, pp. 4849; Federación Libre de Trabajadores, 1910, pp. 26, 65-66, 136, 150-151. 5. Unión de Tabaqueros, 1914, Segunda Asamblea, pp. 63, 64, 105; Tercera Asamblea, p.49. 6. Programa del Partido Socialista en Angel G. Quintero Rivera, Lucha obrera en Puerto Rico. Antología de grandes documentos en la historia obrera puertorriqueña, Río Pied ras: Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña, 1973, pp. 89-94; G. García y Angel G. Quintero Rivera, 1982, p. 78; Picó, 1983, p. 35. 7. Justicia, 16 de agosto de 1920, p. 9. 8. Ibid.; Silvestrini, 1980, p. 74. 9. Igualdad Iglesias de Pagán, El obrerismo en Puerto Rico: Epoca de Santiago Iglesias (1896-1905), San Juan: Ediciones Juan Ponce de León, 1973, pp. 323-327; Federación Libre de Trabajadores, 1910, p. 7. 10. Unión Obrera, 24 de mayo de 1907, pp. 1-2, 9; Unión Obrera, 2 de diciembre de 1910, p. 2. 11. Ver, por ejemplo, Federación Libre de Trabajadores, 1910, p. 50. 12. Picó, 1980, pp. 30-31; Silvestrini, 1980, p. 74; Valle, 1980. 13. Para análisis más detallados de estos movimientos huelgarios, ver: G. García y Angel G. Quintero Rivera, 1982; Silvestrini de Pacheco, 1978. 14. Ibid. 15. Silvestrini, 1980, pp. 88-89; Silvestrini de Pacheco, 1978, p. 135. 16. Silvestrini, 1980, p. 85, Silvestrini de Pacheco, 1978, pp. 87, 95. 17. Azize, 1979, p. 93. 18. Justicia, 3 de enero de 1921, p. 6.

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19. El Mundo, 16 de diciembre de 1919, pp. 1-3. 20. Ver, por ejemplo, Justicia, 1 de diciembre de 1924, pp. 3-4. 21. Silvestrini, 1980, pp. 86-87. 22. Evans, 1980, pp. 270-273. 23. En Puerto Rico se utilizó este argumento en el Memorial de la Liga Social Sufragista a la Legislatura en 1921 exigiendo el derecho de la mujer al voto. Mencionó esta participación, además, Solá, 1922, pp. 15-16. 24. Solá, 1922, pp. 19-21. 25. Ibid.: Solá, 1923. Para una descripción de estas organizaciones, ver las secciones acerca de la mujer en Libro Azul de Puerto Rico, pp. 812-845. Como ejemplo de la colaboración de estas organizaciones con la gestión gubernamental, ver su gestión en apoyo al Negociado de Medicina Social y Puericultura en Puerto Rico, Departamento de Sanidad, 1925, pp. 23-26. También ver la coordinación entre los programas gubernamentales de salud, educación y bienestar social y estas organizaciones en American Chi ld Health Association, [s.f. - 1930], pp. 165-166. Las biografías en Negrón Muñoz, 1935 y en de Angelís, 1908, ofrecen información acerca de las mujeres que pertenecieron a estas agrupaciones. Para información sobre el Club Cívico de Damas y sus miembros, ver: Delia Quiñones de Arnaldo Mayners, Oro cívico: Cinco décadas de civismo, historia, análisis, temas orientadores, Hato Rey: Ramallo Bros. Printing, Inc., [s.f. - 1961]. 26. Magda Grissel Rosa, "El sufragio femenino en Puerto Rico", disertación presentada como uno de los requisitos para el Programa de Estudios Intensivos, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Puerto Rico, 1977, pp. 99-101. 111, 115. 27. Quiñones de Arnaldo Mayners, [s.f.], pp. 17-19. 28. Entre éstas se encontraban, por ejemplo, Soledad Lloréns Torres, Lola Pérez Marchand y Amina Tió. Ver Negrón Muñoz, pp. 153-154, 203-204, 121-126. 29. Ibid., pp. 208-214, 187-189, 136-138. 30. El Mundo, 26 de febrero de 1927, p. 2; Beatriz Lasalle y Angela Negrón "La mujer soltera en Puerto Rico, sus medios de sostenimiento", El Mundo, 13 de febrero de 1927, pp. 3, 12, 13.

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NOTAS CAPITULO V LA LUCHA POR EL SUFRAGIO 1. Evans, 1980, pp. 68-69. 2. Bolívar Pagán, "El sufragio femenino", Estudio Jurídico, San Juan, 1924. 3. Isabel Andreu de Aguilar, "Reseña histórica del movimiento sufragista en Puerto Rico", se reprodujo de la revista Puerto Rico, junio de 1935 en la Revista de la Asociación de Mujeres Graduadas U.P.R., octubre de 1941, p. 39. 4. Nemesio Canales, "Palique LXXI I", Paliques, San Juan: Editorial Coquí, 1968, pp. 233-235; Indice, 13 de septiembre de 1929, p. 84. 5. Los argumentos a favor yen contra de reconocer el derecho de la mujer al voto se recogen en Luis Muñoz Morales, "El sufragio femenino", El Mundo, 5 y 7 de abril de 1928, pp. 12-13. Este artículo es reproducción de una conferencia que se ofreciera ante la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas. 6. Datos sobre el Quinto Congreso Obrero, celebrado en la ciudad de Arecibo de 18-23 de marzo de 1908 en Federación Libre de los Trabajadores de Puerto Rico, 1910, pp. 137-151. 7. "La Asociación Feminista Popular de Puerto Rico", Justicia, 3 de enero de 1921, p. 6. 8. Información sobre este caso se encuentra en: El Mundo, 3 de septiembre de 1920; Justicia,6 de septiembre de 1920 y Norma Valle en Acosta Belén, 1980, p. 96. 9. Betty Hall, "La campaña socialista en Puerto Rico", Justicia, 15 de noviembre de 1920, p. 1. 10. Bolívar Pagán, Historia de los partidos políticos puertorriqueños (1898-1956), Tomo I , España: Impresor M. Pareja, 1972, p. 169. 11. Ibid., pp. 170, 188. 12. Para más información, ver Picó, 1983, p. 39. 13. Ver memoriales enviados a la Asamblea Legislativa de Puerto Rico por la Liga Femínea Puertorriqueña el 21 de agosto de 1917 y febrero de 1919. Este último se reprodujo en la revista La Mujer del Siglo XX, 28 de febrero de 1919. 14. Ver memorial enviado por la Liga Social Sufragista al Senado y Cámara de Representantes en marzo de 1921 y que se reproduce en La Mujer del Siglo XX, 15 de marzo de 1921; ver carta de Rosario Bellber, Presidenta de la Liga Social Sufragista a Santiago Iglesias Pantín, Justicia, 9 de junio de 1924, p. 6. 15. Rosa, 1977, p. 139. 16. La Democracia, 8 de noviembre de 1924, p. 4; 22 de noviembre de 1924, p. 4; 24 de noviembre de 1924, p. 4; 26 de noviembre de 1926, p. 4; Justicia; 1 de diciembre de 1924, pp. 3-4, 16. 17. La Democracia, 20 de noviembre de 1924, p. 1. 18. Andreu, 1941, pp. 38-39. 19. Ver, por ejemplo: El Mundo, 1 de febrero de 1927; 2 de febrero de 1927; 9 de febrero de 1927; 10 de marzo de 1929; 26 de marzo de 1929. 61


20. Ver, por ejemplo: El Mundo, 24 de febrero de 1927, pp. 1-8; 21 de febrero de 1929, pp. 1-6; 4 de abril de 1929, pp. 1-6; 11 de abril de 1929, pp. 3-9; 12 de abril de 1929, p. 3. 21. El Mundo, 24 de febrero de 1927, pp. 1-8; 4 de abril de 1929, pp. 1-6;11 de abril de 1929, pp. 3-9; 12 de abril de 1929, p. 3. 22. El Mundo, 2 de marzo de 1928, p. 1. 23. Para un análisis de los cambios y reformas sociales y culturales, ver: Angel G. Quintero Rivera 1977, pp. 52-77; Isabel Picó Vidal, "Derecho de familia y cambio social: Una interpretación de los bienes gananciales" en Conferencia Judicial del 13-14 de diciembre de 1984, San Juan; Mariano Negrón Portillo, El autonomismo puertorriqueño, su transformación ideológica (1895-1914), Río Piedras: Huracán, 1981. 24. Andreu, 1941, p. 38. 25. El Mundo, 10 de febrero de 1927, p. 6; 13 de febrero de 1927, p. 1; Rosa, 1977, pp. 112, 155. 26. El Mundo, 18 de abril de 1928, pp. 1-12; 23 de abril de 1928, p. 6. 27. El Mundo, 21 de febrero de 1929, pp. 1-6; 11 de abril de 1929, pp. 3-9; 12 de abril de 1929, pp. 8-14; 19 de abril de 1929, pp. 1-6. 28. Leyes y Resoluciones de la Tercera Legislatura Ordinaria, 13ra. Asamblea Legislativa de Puerto Rico, Negociado de Materiales, Imprenta y Transporte, 1935, p. 147. Proyecto sometido por Bolívar Pagán. 29. Negrón, 1935, pp. 247-249. 30. Andreu, 1941, p. 39.

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Participación de la mujer en la historia de Puerto Rico (en las primeras décadas s. XX) by La Colección Puertorriqueña - Issuu