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EL DEBAÍE SOBRE EL de la actual bandera puertürrli|üeña: un análisis crltice Carmelo Rosario Natal
Un aspecto olvidado
T^l 17 <Je diciembre de 1895 un grupo de puertorriqueños en el ■Li ejdlio en la ciudad de Nueva York celebró ima reunión en
la oficina del distinguido médico ponceño Julio J. Henna. En la
misma se acordo celebrar una asamblea general de puertorriqueños para organizar un comité que dirigiera los trabajos destinados a lo
grar la independencia de Puerto Rico de la metrópolis española. Se fijaron el lugar y la fecha de la asamblea.^ El sábado 21 de diciem
bre apareció en el periódico martiano Patria el siguiente anuncio: A todos los Puertorriqueños: Mañana Domingo, a las dos y media de la tarde, se reunirán los Puertorriqueños en el salón principal de la casa n" 57, al oeste de la Calle 25, esquina Sexta Avenida para tra
tar asuntos de patriótica trascendencia. Se invita por estas líneas a todos los Puertorriqueños amantes de la independencia antillana."» La asamblea se celebró en la fedia y lugar indicados y a ella asistieron cincuenta y nueve personas. Las deliberaciones concluyeron con la organización de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucio
nario Cubano, órgano que estaría presidido por el doctor Henna. Se nombró al doctor Ramón Emeterio Betances, a la sazón residente en París, como Delegado General. Fue durante el transcurso de
esta asamblea que se adoptó la bandera que serviría de consigna a la lucha libertaria. Oigamos la información que recogen las actas: "Terreforte, uno de los supervivientes del grito de Lares, presentó la nueva bandera que es de la misma forma de la cubana, con la diferencia de haber sido invertidos los colores: franjas blancas y 1 Partido Revolucionario Cubano, Menioria de los Trabajos Realizados, por la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, 1S95-1898, New York, Im prenta de A. W. Howes, 1900, págs. 156-157. En lo sucesivo nos referiremos a esta obra como Actas.
2 Patria, n" 206, 21 de diciembre de 1895.
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triángulo azul en vez de rojo, con la misma estrella blanca solita ria en el centro."^ Esta información es muy breve y no indica a quién se le ocurrió la idea de invertir los colores de la bandera cubana
y de adaptar dicha inversión al mismo formato general de la con
signa mambí. Por la forma en que está redactada el acta, y por la evidencia que aparecerá más adelante, se demostrará que existía un acuerdo previo y que en la asamblea lo que ocurrió fue la presenta ción y la adopción formales de la nueva bandera.
El debate sobre el origen de la actual bandera puertorriqueña se ha concentrado en un solo aspecto del problema. Se ha tratado únicamente de identificar a la persona que se le ocurrió invertir los colores de la bandera cubana. La investigación histórica debe insis tir, desde luego, en hacerle justicia al patriota que ideo la bandera, pero en el proceso no debe olvidar, como lo ha hecho, aclarar cómo y por qué se adoptó la consigna. No conocemos ningún trabajo do cumentado que se plantee esta pregunta. Recientemente nos hemos
topado con alguna evidencia nueva que, aunque no identifica al diseñador de la bandera, señala la finalidad que se perseguía al adop tarla. Se trata de una carta que escribió el doctor Henna al doctor Éetances fechada el 28 de febrero de 1896 y de la cual existe una
copia en el Centro de Investigaciones Históricas del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. En el párrafo pertinente, escribe el doctor Henna: "La bandera que se juró en la última asam
blea de Pto.—^Riqueños [sic^ es ésta; {sigue un dibujo en tinta del diseño en que se indica la inversión de colores]. El objeto fue demostrar más sentimiento fraternal hacia Cuba, y sacar más parti
do. La de Lares nadie aceptó, y hubo que escoger la que la asamblea aclamó y juró públicamente según fue [sic] anunciado en la prensa. Le mando el escudo de armas escogido y en la semana entrante le remitiré dos {fotograbados] de diferentes tamaños para que se haga imprimir su papel oficial. Espero que nos dará su aprobación. .. Ni en el acta oficial de la asamblea general de Chimney Hall del 22 de diciembre de 1895 ni en la carta del doctor Henna hay
referencia alguna a la persona que ideó la bandera puertorriqueña. ¿Por qué? En el calor y el entusiasmo que generaron las delibera ciones de Chimney Hall el secretario de actas olvidó incluir el nom bre clave, limitándose a registrar uno de los acuerdos importantes en que aquellas desembocaron. Recuérdese que el proposito princi
pal de la asamblea era organizarse para impulsar los trabajos revo
lucionarios. Henna le escribe a Betances dos meses después de los
hechos que narra. Bien pudo incluir el nombre del diseñador de la 8 Actas, pág. 158.
,
* Heiina a Betances, 28 de febrero de 1896.
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bandera. Pero no lo hace. Debemos concluir que lo que realmente importaba, lo que constituyó el asunto central de las deliberaciones de
la asamblea en cuanto a la bandera se refiere, fue la prudencia polí
tico-diplomática de atraer simpatizantes cubanos a la causa puertorri
queña. Henna le escribió a Betances lo importante, el asunto de fondo que quería comunicarle: se adoptó la bandera cubana con los co lores invertidos porque ""el objeto fue demostrar más sentimiento fraternal hacia Cuba, y sacar más provecho." Considerado desde esta perspectiva hay que admitir que el debate que se originó pos teriormente sobre el origen de la bandera se centró en un asunto que, aunque de interés e importancia ilegítimos, fue de interés se
cundario para los protagonistas de Chimney Hall.® A los patriotas de 1895 les preocupó definir la función que serviría la nueva bandera. Después de todo, se constituían en I a Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Siendo ésta un brazo del Partido Revolucio
nario Cubano convenía fundir en un gesto simbólico lo que debía ser el esfuerzo concertado de cubanos y puertorriqueños por liberar a Cuba y a Puerto Rico del yugo español. La necesidad diplomática le jugaba así una mala pasada a la bandera de Lares y por una ironía histórica, aunque comprensible, los hombres de Chimney Hall olvida ban involuntariamente registrar el nombre del diseñador de la con signa boricua. ¿Fue Vélez Alvarado?
La teoría que encendió la polémica en el siglo xx apareció en las columnas de La Correspondencia el 5 de marzo de 1927. La tesis
propugnada en esa ocasión fue reiterada y ampliada por su propo nente en El Mundo el II de junio de 1936. Se trata del alegato de Antonio Vélez Alvarado, natural de Manatí, quien se identificó a sí mismo como la persona que ideó la inversión de los colores de
la bandera cubana. Antonio Vélez Alvarado se había distinguido en Puerto Rico por sus ideas de avanzada liberal, por las cuales tuvo que emigrar a Nueva York en 1887 a raíz del "año terrible" de los
compontes. En sus veinte años de exilio Vélez Alvarado logró repu
tación de revolucionario entre las colonias cubanas y puertorrique ñas de la gran urbe. Fue íntimo colaborador de José Martí y se destacó como uno de los miembros fundadores del Club Borinquen, una de las células revolucionarias que más impulso le dio al movi® Como dato adicional señalamos que la asamblea acordó enviar un cablegrama a Betances informándole sobre lai constitución de la Sección Puerto Rico. Se repro duce el texto del cable. Tampoco se menciona la adopción de la b.andera.
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miento liberacionista de las antillas.® Según Vélez Alvarado, en
junio de 1890 o 1891, mientras se encontraba observando una ban dera cubana en su oficina en Nueva York, le pareció ver los colores invertidos. Esta curiosa visión le sugirió la idea. Luego diseñó la nueva bandera y la mostró a Micaela Dalmau viuda de Carreras,
quien se encargó de bordarla. Después de darla a conocer a algunos amigos, alega Vélez Alvarado qué sometió el diseño al doctor Betances en París para que éste le diera su opinión. Betances le con testó que lo importante era conseguir la independencia y que después " cualquier trapo serviría de bandera".' El licenciado Roberto H. Todd había participado destacadamen te en los trabajos de la Sección Puerto Rico desde sus inicios y a partir de 1896 había ocupado la secretaría de este organismo en
sustitución de Gerardo Forrest. Fue Todd quien comenzó a cuestio nar la tesis de Vélez Alvarado y a exigirle que presentara la eviden cia documental que apoyara su alegato. La posición de Vélez Alvarado descansaba en la supuesta carta de Betances en que éste daba su opinión sobre la bandera. Ante la insistencia de Todd de que se presentara la carta de marras, Vélez señaló en enero de 1935
que en la obra de Luis Bonafoux, Betances (1901) había una carta del Delegado General acusando recibo del diseño. En la obra citada
de Bonafoux no se reproduce tal carta. Sí aparece una carta de Be tances a Vélez del 16 de diciembre de 1891 en la que Betances acusa recibo de una misiva de Vélez Alvarado con la cual éste le había enviado im tomo de versos de Martí. En la misma carta Betances
da su opinión sobre un proyecto que a la sazón se fraguaba de le vantar una estatua en honor de Román Baldorioty de Castro.® En
ningún momento pudo Antonio Vélez Alvarado presentar la su puesta carta que satisfaría a Todd y que habría terminado la contro versia. Por otro lado, mientras Vélez Alvarado aseguraba que "el entusiasmo con la nueva bandera fue extraordinario" desde 1891 al
extremo de que ésta "se popularizó tanto que en todas partes ya no se veía otra", Todd insiste en que a pesar de sus constantes relacio nes con la colonia boricua en esa época nunca oyó hablar a nadie de la bandera." Y continúa Todd señalando "fallos en la memoria"
de Vélez Alvarado."* Ciertamente, la incapacidad de Vélez Alvara do para documentar su alegato, sus evasivas ante los acercamientos insistentes de Todd y los "fallos de la memoria" que éste demuestra ® Puerto Rico Ilustrado, 28 de abril de 1927. ^ Rafael Montañez, "La Génesis de una Bandera", El Mundo 11 de junio de 1936.
® La carta en cuestión aparece en las páginas 432-434 del libro de Bonafoux. ® Roberto H. Todd, Génesis de la Bandera Puertorriqueña, segunda edición, Ma drid, 1967, págs. 22-23. "Ibid., págs. 23-24.
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sin lugar a dudas debilitan seriamente la tesis del insigne manatieño, tesis que algunos autores se han empeñado en entronizar como la verdad histórica antes y después de la crítica contundente de Todd.^^ Cabe indicar, no obstante, que la tesis de Vélez Alvarado ya no es admitida por autores más recientes como Julio Soto Ramos y Antonio Mirabal." La carta de Henna a Retantes del 28 de febrero de 1896 se refería
al juramento público de la bandera "según fue anunciado en la prensa". Hemos seguido esta pista. Por "la prensa" sólo puede en tenderse la prensa local; y los periódicos neoyorquinos más impor tantes de la época eran el Neu> York Times, el New York Tribune, el New York World y el New York Journal. Para los efectos de la
colonia rabano-puertorriqueña la revista Patria era el órgano prin cipal. No hay en estas publicaciones referencia alguna a Vélez Al-
varado ni a ninguno de los puertorriqueños con aiyos nombres se ha asociado el diseño de la bandera. Hay otros datos que deben abonarse a la revisión de la teoría de Vélez Alvarado. En 1964 sos tuvimos una entrevista con doña Coral Viuda de Vélez Alvarado
en su viejo caserón a las afueras de Manatí. Esta respetable dama nos permitió examinar los objetos personales y algunos papeles que aún conservaba de su desaparecido esposo. No había entre ellos nada que sugiriera el recuerdo de un hecho tan importante para la vida de ambos como debió ser lo que reclamaba el prócer manatieño. En abril de 1917 la revista Puerto Rico Ilustrado publicó un ar tículo que recogía una entrevista con Vélez Alvarado. Relataba éste su odisea política y sus trabajos periodísticos en el exilio. Curiosa mente, como bien ha señalado Mirabal, Vélez Alvarado no dijo
nada en esta ocasión sobre la bandera puertorriqueña. "En una oca sión como ésta era absurdo que dejase pasar la 'oportunidad para decir a su país por primera vez que él había sido el diseñador de la bandera, puesto que ya era ésta ampliamente conocida y su origen era ya disaitido"." Por último, recuérdese que en la carta de Herma
a Betances que hemos citado varias veces se le pedía a éste la apro bación del nuevo diseño. Se colige que la aprobación no tardó en llegar por la difusión que tuvo la bandera a partir de ese momento y por la fuerza del argumento de Henna, que sin duda era congruen te con la postura ideológica de Betances.^'' Betances era al mismo e. g., Rafael Montañez en el artículo citada; Juan Antonio Corretjer. Nuestra Bandera, San Juan, Editorial Bohique, 1947. Julio Soto Ramos, ''Génesis de la Bandera Puertorriqueña", El Imparcial
(edición sabatina), 20 da julio de 1968; Nydia Figueroa, "Teorías sobre el origen de la Bandera Puertorriqueña", El Alundo, 27 de julio de 1968. Nydia Figueroa, citando a Mirabal en su artículo ya mencionado. Ada Suárez, El Doctor Ramón Emeterio Betances: su vida y su Obra, San Juan, Ateneo Puertorriqueño, 1968, pág. 49.
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tiempo Delegado del Partido Revolucionario Cubano y Delegado General de la Sección Puerto Rico. Si, como alegaba Vélez Alvara-
do, desde el momento en que diseñó y divulgó la nueva insignia a
partir de 1891 o 1892 ésta se popularizó de tal modo "que en todas partes ya no se veía otra", no habría sido necesario enviarle un di bujo de la bandera a Betances. Siendo tan popular desde una fecha
tan temprana, es del todo probable que el propio Betances ya estu-
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viese enterado del diseño. La carta de referencia es la mejor prueba
^
de que no lo estaba. Por la evidencia directa que no pudo presentar, por la incongruencia de sus alegatos con los heclios conocidos y por las preguntas claves que sus planteamientos no contestan, la tesis
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de Vélez Alvarado debe ser descartada.
¿Fue Manuel Besosa?
Mientras sacudía los fundamentos de la posición de Vélez Al-
varado procedía Todd a elaborar sus propias conclusiones. Todd se había hecho cargo de la secretaría de la Sección Puerto Rico en septiembre de 1896. De inmediato le llamó la atención el que se hubiese omitido del acta de la asamblea de Chimney Hall el nom
bre del diseñador de la bandera que se adoptó en esa ocasión. Sos tiene el ex-secretario de la Sección Puerto Rico que la explicación
que se le dio "fue escrita y guardada" por el .secretario de actas y que en la misma "se ponía de manifiesto" lo siguiente; "El Directorio [provisional] comprendió desde su fundación que era
necesario que la Sedción Puerto Rico adoptase una bandera revolu-
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cionaria al igual que lo había hecho Cuba al levantarse en armas con-
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tra España. Al señor Terreforte se le ocurrió que debía adoptarse la
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mi.sma bandera que flotaron al viento los insurgentes de Lares en 1868. Discutida esta proposición fue derrotada, acordándose, por mayoría, que debería adoptarse una bandera completamente nueva. Después de alguna discusión propuso don Manuel Besosa que se adoptase la mis ma forma de la bandera de Cuba con los colores invertidos... Esta
moción de Besosa prevaleció por unanimidad, aunque alguien sugirió
que no teníamos derecho a usar como insignia una bandera similar, más o menos, a la de Cuba, sin la debida autorización del Delegado Don Tomás Estrada Pahna... El Delegado dio autorización amplia, verbalmente. El Directorio acordó entonces confeccionar una bandera
que fue la que se mostró en la Asamblea [de Chimney . Hall] Todd, Op. cit., págs. 19-20. Los papeles y cartas de Tomás Estrada Palma que hemos consultado no aluden a la autorización que se alega se le pidió en esta ocasión.
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Según Todcl, se instruyó al propio Manuel Besosa para que con feccionara la bandera. Este a su vez le encargó la tarea a su hija María Manuela (Mima) Besosa. Es en el testimonio citado y en el de doña Mima Besosa que descansa la principal contención de Todd. Una carta de doña Mima que ya se había publicado en febrero de 1936 parece confirmar la versión de que unos días antes de la Asam
blea de Chimney Hall don Manuel Besosa le encargó a su hija que cosiera la bandera cuyo diseño conocemos. Afirma doña Mima,
"con cierto orgullo, que fueron mis manos las que tuvieron el honor de coserla".^®
Con la refutación de Vélez Alvarado y con esta evidencia en su poder, sometió Todd su tesis a una distinguida comisión de histo riadores después de exponerla en forma de conferencia en la noche del 10 de septiembre de 1937 en los salones del Ateneo de Puerto
Pico. Tres meses y medio después la comisión rechazaba la tesis de Vélez Alvarado por considerarla "no respaldada por prueba do cumental" y aceptaba la de Todd ya que éste había "proporcionada la documentación histórica en que se apoyan sus alegatos" Parece difícil refutar la posición de Todd. Su evidencia parece terminante. Contrario al caso de Vélez Alvarado, en éste se ha pre sentado una carta clave. Se ha argumentado a base de los testimo nios de los supuestos protagonistas de los hechos. Por último, la tesis recibió la bendición de un respetable grupo de historiadores compuesto por Adolfo de Hostos, Juan B. Soto, Víctor Coll Cuchí, Rafael W. Ramírez y Vicente Géigel Polanco.^® Pero examínese la evidencia con cuidado y se observará que hay algunos detalles que debilitan la aparente coherencia de la argumentación. En primer término, no hay indicación directa o indirecta alguna en el texto mismo de las actas de la Sección Puerto Rico que asocie a Besosa con el diseño de la bandera. Por otro lado, nótese que Todd, al ma nifestar su preocupación en septiembre de 1896 porque no se hu biese incluido el nombre del diseñador de la bandera en el acta del
22 de diciembre de 1895, indica que se le dio una explicación que fue "escrita y guardada" por el secretario de actas y en la cual "se ponía de manifiesto" lo que hemos citado arriba. Todd no repro
duce el documento que fue "escrito y guardado" en septiembre de 1896. Solamente reconstruye de memoria lo que según el diclio docu mento "ponía de manifiesto". Es evidente que el propio Todd no
estaba exento de la posibilidad de haber incurrido también en "fa llos de la memoria". Por otra parte, Todd, apoyado en la carta de Ihid., págs. 27-28. Ibid., pág. 42. Ibid., págs. 39-44.
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doña Mima Besosa, subraya en cuatro ocasiones^® que esta dama
cosió la bandera por encargo de su padre pero no comenta las dudas de que está plagada su propia evidencia. La carta de doña Mima, además de afirmar categóricamente que ella cosió la bandera por encargo de su padre, dice: "Mi padre don Manuel Besosa o bien originó la idea de que se adop tase la bandera cubana con los colores invertidos... o fue [sic] co
misionado por la Junta para que preparara un modelo de bandera para ser sometida a la reunión que se llevó a efecto en la ciudad de Nueva York el día 22 de diciembre de 1895."
"Mi impresión es que fue él [Manuel Besosa] quien originó esta bandera."
"Tú, como membro de aquella memorable Junta de patriotas des
terrados, podrás aclarar el punto de si fue Terreforte o si fue mi p<Jdre quien presentó la bandera para que fuera adoptada". "Y aunque no me sea posible aclarar con toda seguridad si fue Terreforte o si fue mi padre quien originó la idea de la bandera..."®"
Es obvio que la "documentación histórica" de Todd es por lo menos cuestionable en cuanto tal. Significativamente, doña Mima
no puede asegurar que su padre diseñó la bandera. ¿Es que debemos asumir que al comunicarle a su hija el encargo de coser la bandera Besosa no le haya dicho que él propuso el diseño? Si fue así, se
comprende que ella manifestara sus dudas.®^ Si Besosa le dijo a su hija que él ideó la bandera al encargarle a ella que la cosiera, doña Mima habría subrayado este hecho en su carta tanto como ase
guró que ella la había cosido. Irónicamente, la honradez de doña Mima al expresar sus dudas no contribuyó a aclarar el misterio, y su carta a Todd sólo demuestra que Manuel Besosa fue comisionado por el Directorio Provisional para que confeccionara la nueva ban dera y que éste a su vez pasó el encargo a su hija. La tesis de Todd,
por lo tanto, se apoya en su parte esencial en su propio alegato, ba sado en la memoria, de que Besosa propuso la nueva bandera en una sesión del Directorio Provisional. Ciertamente, la comisión
de historiadores que dio su aprobación a los planteamientos de este Ibtd., págs. 26, 34, 35 (dos veces). Ibid., págs. 27-28. Subrayado nuestro. En ocasión de las ceremonias inaugurales del Estado Libre Asociado el 23 d«
julio de 1952 el periódico El Mundo publicó una entrevista con doña Mima Besosa, quien contaba entonces con, ochenta años de edad. Señala la entrevistada en esa oca sión que ella había cosido la bandera "no dándole mayor importancia que el cumpli
miento de un deseo ídq mi cariñoso padre". Esto indica la posibilidad de que don Manuel no le haya dicho que él fue el diseñador, en cuyo caso se comprenden las dudas que doña ¡Mima... En la misma entrevista ésta vuelve a señalar que tieaa "la impresión" de que su padre originó la bandera.
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ilustre puertorriqueño debió exigirle que incluyera entre su "docu mentación histórica" el supuesto documento de septiembre de 1896 en que se señalaba que Besosa propuso la inversión de los colores
de la bandera aibana poco antes de la Asamblea de Chimney Hall. No nos explicamos cómo la comisión concluyó que Todd había sus tanciado su teoría con documentación adecuada. En última instancia, tanto Todd como la comisión de historiadores que le favoreció con su veredicto, más que demostrar definitivamente que fue Besosa el
padre de la actual bandera puertorriqueña, han demostrado que no fue Vélez Alvarado.
^Vue Vachin Marín?
Existe una tercera versión menos conocida que las anteriores y que surgió a raíz de la reclamación original de Vélez Alvarado en 1927. En el número de septiembre de 1927 de la revista Gráfico,
que dirigía José Pérez Lozada, apareció un artículo de Domingo Co llazo, corresponsal de La Democracia en Nueva York, con el título
"La Bandera Puertorriqueña —Su autor—, Francisco Gonzalo Ma rín". En este artículo Collazo reproducía dos cartas cursadas entre él y José de Matta Terreforte en 1923. En la Carta a Terreforte del
18 de mayo de 1923 Collazo alega que el propio Terreforte le co municó a él, un día después de la Asamblea de Qiimney Hall, 'que la idea de adoptar para nuestra bandera los colores de la cubana invertidos se debió a Francisco Gonzalo Marín, el poeta arecibeño, y que éste se la había sugerido [a Terreforte] desde Jamaica, donde se hallaba entonces errante y a punto de salir para Nueva York..."
Collazo le recuerda el supuesto incidente a Terreforte y le pide que confirme los hechos. En su contestación del 20 de mayo de 1923 Terreforte escribe: ".. .le digo que tiene usted razón. La adopción de la bandera cubana, para la puertorriqueña, con los colores inver tidos me fue sugerida por el insigne patriota Francisco Gonzalo Ma
rín en una carta que me escribió desde Jamaica. Yo hice la proposi ción a los patriotas puertorriqueños que asistieron al mitin de Chim ney Hall y fue aprobada unánimemente". Esta es la evidencia en que se apoya Domingo Collazo, y con él el historiador Antonio
Mirabal, para sostener que fue el poeta arecibeño Pachín Marín el diseñador de la actual bandera puertorriqueña.^^ A esta teoría se le ha prestado muy poca atención. Ciertamente no figuró en el debate Todd-Vélez Alvarado ni en las consideracio nes de la comisión de historiadores que intervino en dicha contro22 Nydia Figueroa, en artículo citado.
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versia. Y es que la posición de Collazo es insostenible por razones en parte similares a las que hemos aducido para rechazar la de Vélez Alvarado. En esta ocasión también se menciona una carta que nunca se presentó. Terreforte, quien estaba en una excelente posi ción para hacerlo, no menciona detalles ni fechas. No sabemos cuándo se recibió la supuesta carta de Pachín Marín ni la acogida que tuvo la idea entre sus compañeros de exilio. Por último, la ver sión contradice los hechos conocidos. El acta de la Asamblea de
Chimney Hall, la carta de doña Mima Besosa a Todd y la carta de Herma a Betances demuestran definitivamente que el acuerdo básico sobre la bandera se produjo poco antes de la asamblea. Terre forte le indica a Collazo que él transmitió la proposición de Pachín Marín "a los patriotas puertorriqueños que asistieron al mitin de Chimney Hall" y que ésta fue aprobada unánimemente. Esto no es correcto. El diseño ya se había aprobado. Además, recuérdese que
en Chimney Hall Terreforte presentó la bandera. Es decir, se presen tó una bandera ya confeccionada y no una mera proposición. Todd recuerda que el doctor Henna se quedó con la bandera después de la asamblea. Doña Mima alega que su padre la conservó por un
tiempo y luego ella la perdió junto con todos sus muebles al desapa recer la goleta La Joven en el ciclón de San Ciriaco.^^ No importa quién tenga razón en este caso. Lo que sí es claro es que la bandera misma, y no una mera proposición del diseño, fue lo que se presen tó y juró en Chimney Hall. Resulta inexplicable la actitud de Te rreforte.
Conclusiones
No se ha presentado evidencia documental definitiva para apo yar ninguna de las tres teorías que se conocen sobre la identidad de
la persona que ideó la actual bandera puertorriqueña. Desde la pers pectiva de los conjurados de Chimney Hall el propósito que serviría la nueva insignia fue el factor decisivo en la adopción de la misma. La pregunta por el nombre del diseñador se la plantearon al per catarse de su olvido involuntario. De las tres contestaciones que se ha intentado dar a esta pregunta la de Roberto H. Todd es la más
probable; pero no por la cuestionable evidencia documental que so mete, sino a la luz del aiadro que emerge de las circunstancias com
probadas, Todd ha demostrado convincentemente que nadie había oído hablar del nuevo diseño antes de 1895. La idea surgió a fines de ese año arando se gestaba la Sección Puerto Rico. Aunque Todd Todd, op. c¡t.; págs. 20, 28.
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no tenía en su poder el documento de septiembre de 1896 que aludía a las deliberaciones del Directorio Provisional en que supuestamente Besosa propuso la bandera, su recuerdo se ajusta mejor que las otras versiones a los datos que confirman las cartas de doña Mima y de Henna. Al informarle a Betances que nadie aceptó la bandera de La res, Henna confirma de hecho que alguien la propuso. Todd alega que fue Terreforte, aunque esta moción fue derrotada. Esto le da
mayores visos de credibilidad a su alegato de que Besosa propuso entonces el nuevo diseño, ya que fue a este ultimo a quien se comi sionó para confeccionar la insignia. No obstante, queda por contes tar otra pregunta: ¿Por qué fue Terreforte y no Besosa mismo quien presentó formalmente la bandera? Quizá Terreforte, después de comprender y aceptar la conveniencia política de adoptar el diseño que aunaba simbólicamente los esfuerzos cubano-puertorriqueños y, a pesar de su preferencia personal por la bandera de Lares, recla
mó y se le adjudicó el honor de presentar el nuevo emblema de la lucha libertaria. A Terreforte se le veneraba como uno de los sobre
vivientes del Grito de Lares y su voz tenía mucho peso en la Sección Puerto Rico. Esto parece confirmarlo doña Mima Besosa al sostener
que su padre "dejó que su íntimo amigo, el señor Juan de Mata Te rreforte la presentara a la Junta [de Chimney Hall]". Terreforte
podría "dar más impulso y defender con más tesón la idea de que la misma fuera adoptada" en la asamblea del 22 de diciembre de 1895.='
Mientras no surja documentación terminante que la confirme o
la desautorice, la teoría de Todd parece ser la favorecida por la evi dencia circunstancial y la probabilidad histórica.
Reconocimiento
Debo a la gentileza del Dr. George N. Atiyeh, director de la Orientalia División de la Biblioteca del Congreso de los Estados
Unidos, la información del periódico Patria que se cita en el texto y la investigación correspondiente en los archivos de dos de los pe
riódicos neoyorquinos que se mencionan. Los investigadores del Ar chivo Nacional de Cuba correspondieron prontamente a mi solicitud de información sobre el tema. Aunque los materiales textuales y bibliográficos que me remitieron no aportan evidencia nueva, hago
expresión de mi agradecimiento por su disposición a contribuir con el autor de este modesto trabajo. El Mundo, 25 de julio de 1952.